Las Noticias de hoy 22 Mayo 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 22 de mayo de 2019      

Indice:

ROME REPORTS

Santa Marta: La paz, “don prometido por Jesús”

“Promover la paz juntos”- Conferencia del Consejo para el Diálogo Interreligioso

Italia: Francisco pide a los obispos la aplicación de la reforma del proceso matrimonial

LA VID Y LOS SARMIENTOS: Francisco Fernandez Carbajal

“Participaremos en su maternidad espiritual”: San Josemaria

«Servir es fuente de alegría; vamos a estar siempre muy contentos»

Por María hacia Jesús

El matrimonio: una vocación y un camino divino: R. Pellitero

Gilbert K. Chesterton: Por qué me convertí al catolicismo: primeroscristianos

Guadalupe: Ángel Cabrero Ugarte

Mujeres que inspiran: Guadalupe Ortiz de Landázuri, feliz: Nuria Chinchilla

La Virgen de Sheshan defiende a la Iglesia de la opresión de Pekín: Salvador Bernal

Vivir contra corriente – El ejemplo de los primeros cristianos: Ezra Pound

Ambiente terreno que produce inapetencia del Cielo

Caso Vincent Lambert: no a cultura del descarte

Los mártires silenciosos: Suso do Madrid

El temor a un retorno del islamismo: Jaume Catalán Díaz

Emergencia en Mozambique: Valentín Abelenda Carrillo

Costo y rendimiento de un preso en España: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

Email: felixfernandez@ffastur.com

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ROME REPORTS

 

 

Santa Marta: La paz, “don prometido por Jesús”

Compatible con la tribulación

mayo 21, 2019 19:09Larissa I. LópezPapa y Santa Sede

(ZENIT –21 mayo 2019).- Según informa Vatican News, la homilía del Santo Padre de hoy, 21 de mayo de 2019, ha versado sobre la paz, un don prometido por Jesús antes de despedirse de los discípulos.

Como es habitual, la celebración de la eucaristía ha tenido lugar en la capilla de la Casa de Santa Marta.

La paz en las tribulaciones

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Para Francisco, las tribulaciones y persecuciones que experimentó san Pablo en los Hechos de los Apóstoles son compatibles con las palabras de Jesús en la Última Cena (“Les dejo la paz, les doy mi paz”) porque así está reconocido en la última de las Bienaventurazas: “Bienaventurados ustedes cuando los insultarán, los perseguirán y, mintiendo, dirán todo tipo de mal contra ustedes por mi causa”.

El Pontífice explicó que “la paz de Jesús va con esta vida de persecución, de tribulación. Una paz que está muy por debajo, muy por debajo, muy profunda en todas estas cosas. Una paz que nadie puede quitar, una paz que es un don, como el mar que está tranquilo en las profundidades y en la superficie hay ola”.

Los santos no pierden la paz

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El Pontífice añadió que solo de esta manera se puede entender la razón por la que tantos santos no perdieron la paz, incluso cuando iban a ser martirizados.

No obstante, no es un don que podamos obtener por medios humanos “yendo, por ejemplo, al médico o tomando ansiolíticos”.

Se trata de una paz profunda que proviene “del Espíritu Santo dentro de nosotros”, describió el Santo Padre, que nos proporciona la fortaleza para seguir adelante.

Soportar

Y continuó expresando que esta paz de Jesús nos enseña a soportar, esto es, “llevar sobre los hombros la vida, las dificultades, el trabajo, todo, sin perder la paz. Es más, llevar sobre los hombros y tener el valor de seguir adelante. Esto sólo se lo entiende cuando el Espíritu Santo está dentro de nosotros y nos da la paz de Jesús”.

En contraposición, según el Obispo de Roma, si cuando vivimos nos dejamos llevar por el nerviosismo y perdemos la paz, “hay algo que no funciona”.

Paz y sentido del humor

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En definitiva, una vez que tenemos en nuestro interior el “don prometido por Jesús”, que no procede del mundo o del dinero que hay en el banco, se pueden afrontar hasta las dificultades “más feas” y se sigue adelante.

Además, Francisco señaló que “la persona que vive esta paz jamás pierde el sentido del humor. Sabe reírse de sí misma, de los demás, es más también de su propia sombra, se ríe de todo… Este sentido del humor que está tan cerca de la gracia de Dios”.

Finalmente, el Santo Padre exhortó: “Que el Señor nos dé esta paz que viene del Espíritu Santo, esta paz que le es propia y que nos ayuda a soportar, a continuar, las tantas dificultades en la vida”.

 

 

“Promover la paz juntos”- Conferencia del Consejo para el Diálogo Interreligioso

En colaboración con el Consejo Mundial de Iglesias

mayo 21, 2019 12:52RedacciónEcumenismo y diálogo interreligioso

(ZENIT- 21 mayo 2019).- El Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso (PCID) junto al Consejo Mundial de Iglesias (CMI) han organizado una Conferencia titulada “Promover la paz juntos” que se celebra hoy, 21 de mayo de 2019, en el Centro Ecuménico de Ginebra.

Así ha informado el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso a través de un comunicado publicado por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

En este evento participan representantes de organizaciones internacionales y el Cuerpo Diplomático presente en Ginebra y se centrará en dos documentos históricos relacionados con la construcción de la paz: “Fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común”, firmado por el Papa Francisco y por Ahmad Al Tayyib, Gran Imán de Al-Azhar, el 4 de febrero de 2019 en Abu Dhabi;   y  “Educación para la paz en un mundo multirreligioso: una perspectiva cristiana, elaborado conjuntamente por el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso y el Consejo Mundial de Iglesias.

Este último documento será presentado oficialmente al final de la conferencia por Monseñor Miguel Ángel Ayuso Guixot, Secretario del PCID y el reverendo Olav Fykse Tveit, Secretario general del CMI.

PCID y CMI

El Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso (PCID) junto al Consejo Mundial de Iglesias (CMI) comenzaron  a trabajar juntos en 1977. Fruto de esta colaboración, ambas instituciones han elaborado varios documentos comunes interreligiosos tales como “Oración Interreligiosa (1994), “Reflexión sobre el matrimonio interreligioso” (1997) y  “Testimonio cristiano en un mundo multirreligioso: Recomendaciones para la conducta” (2011).

Esta conferencia supone una muestra relevante de los esfuerzos conjuntos del CMI y el PCID para fortalecer las relaciones ecuménicas mediante el fomento del diálogo interreligioso.

 

Italia: Francisco pide a los obispos la aplicación de la reforma del proceso matrimonial

Inauguración de la 73 Asamblea General

mayo 21, 2019 11:37Larissa I. LópezConferencias Episcopales

(ZENIT- 21 mayo 2019).- El Papa Francisco ha pedido la aplicación “completa e inmediata” de la reforma del proceso matrimonial en todas las diócesis durante la apertura de la 73 Asamblea General de la Conferencia Episcopal Italiana, que tiene lugar en Roma, desde ayer, 20 de mayo de 2019, hasta el jueves 23. El tema de este encuentro es “Modalidades e instrumentos por una nueva presencia misionera”.

En su discurso, el Santo Padre también habló sobre la sinodalidad de la Iglesia y la relación entre el obispo y los sacerdotes diocesanos.

Reforma canónica

Según el Obispo de Roma, el impulso reformador del proceso de nulidad del matrimonio canónico, que data de 2015, requiere una conversión de estructuras y personas en la que no se puede admitir que el interés económico de los letrados o el miedo a perder poder por parte de los jueces provoque demoras o restricciones en el desarrollo del cambio.

Además, el Papa resaltó ante los prelados que este proceso de reforma tiene como finalidad manifestar que la Iglesia es madre y se preocupa por el bien de sus hijos, que en este caso han vivido la experiencia de un amor roto.

Proximidad y gratuidad

Francisco explicó que el consabido proceso debe basarse en la proximidad, traducida en que el juicio se celebre en la diócesis sin retrasos ni esperas innecesarias; y la gratuidad, referida al mandato evangélico de dar gratis lo que así se ha recibido, de manera que las personas con menos recursos puedan acceder a él si procede.

Sinodalidad

El Pontífice valoró la decisión de los Obispos de profundizar en el asunto de la sinodalidad durante su Asamblea General, ya que, tal y como se reconoció en  la Comisión Teológica Internacional sobre la sinodalidad en la vida y la misión de la Iglesia (2017),  “la sinodalidad, en el contexto eclesiológico, indica el modus vivendi et operandi específico de la Iglesia, del Pueblo de Dios que se manifiesta de manera concreta y se da cuenta de su comunión para caminar juntos, reunirse en asamblea y participar activamente en todos sus miembros en su misión evangelizadora”.

Asimismo, Francisco continuó explicando el significado y la vinculación de los conceptos de sinodalidad y de colegialidad. El primero “recuerda la participación de todo el Pueblo de Dios en la vida y misión de la Iglesia” y el segundo constituye “la forma específica en que se manifiesta y se realiza la sinodalidad eclesial a través del ministerio de los Obispos en el nivel de comunión entre las Iglesias particulares en una región y en el nivel de comunión entre todas las Iglesias en la Iglesia universal. Toda manifestación auténtica de sinodalidad requiere, por su propia naturaleza, el ejercicio del ministerio colegial de los Obispos”.

Desde abajo hacia arriba

Igualmente, respecto a un posible sínodo italiano, el Papa aclaró que se debe realizar desde abajo hacia arriba, prestando atención a “la existencia y el buen funcionamiento de la Diócesis: los consejos, las parroquias, la participación de los laicos”. Después de ello, se puede trabajar en sentido contrario.

Relación Obispo- sacerdotes

Por último, el Santo Padre recomendó a los obispos que estuvieran cerca de los sacerdotes, manteniendo una relación sólida basada en el amor incondicional que atestigua Jesús en la Cruz.

Esta cercanía debe demostrarse, dice el Pontífice, “sin discriminación y sin preferencias”. Todos los presbíteros deben sentirse “amados y valorados por ‘su’ obispo”.

Asimismo, Francisco resaltó el hecho de que los sacerdotes son atacados frecuentemente por los medios de comunicación, siendo ridiculizados o condenados por las faltas de otros. Por ello, estos pastores presentan la necesidad de encontrar en el obispo la figura de un padre y un hermano que les anime en los momentos difíciles.

 

 

LA VID Y LOS SARMIENTOS

— Jesucristo es la vid verdadera. La vida divina en el alma.

— «Jesús nos poda para que demos más fruto». Sentido del dolor y de la mortificación. La Confesión frecuente.

— Unión con Cristo. El apostolado, «sobreabundancia de la vida interior». El sarmiento seco.

I. Yo soy la verdadera vid, y vosotros los sarmientos; el que permanece en mí, y yo en él, ése da fruto abundante, leemos en el Evangelio de la Misa1.

El pueblo elegido había sido comparado con frecuencia, por su ingratitud, a una viña; así, se habla de la ruina y restauración de la viña arrancada de Egipto y plantada en otra tierra2; en otra ocasión, Isaías expresa la queja del Señor porque su viña, después de incontables cuidados, esperando que le daría uvas le dio agrazones, uvas amargas3. También Jesús utilizó la imagen de la viña para significar el rechazo de los judíos al Mesías y la llamada a los gentiles4.

Pero aquí el Señor emplea la imagen de la vid y de los sarmientos en un sentido totalmente nuevo. Cristo es la verdadera vid, que comunica su propia vida a los sarmientos. Es la vida de la gracia que fluye de Cristo y se comunica a todos los miembros de su Cuerpo, que es la Iglesia. Sin esa savia nueva no producen ningún fruto porque están muertos, secos.

Es una vida de tan alto valor, que Jesús derramó hasta la última gota de su sangre para que nosotros pudiésemos recibirla. Todas sus palabras, acciones y milagros nos introducen progresivamente en esta nueva vida, enseñándonos cómo nace y crece en nosotros, cómo muere y cómo se nos restituye si la hemos perdido5. Yo he venido, nos dice, para que tengan vida y la tengan en abundancia6. Permaneced en mí y yo en vosotros7.

¡Nos hace partícipes de la misma vida de Dios! El hombre, en el momento del Bautismo, es transformado en lo más profundo de su ser, de tal modo que se trata de una nueva generación, que nos hace hijos de Dios, hermanos de Cristo, miembros de su cuerpo, que es la Iglesia. Esta vida es eterna, si no la perdemos por el pecado mortal. La muerte ya no tiene verdadero poder sobre quien la posea, que no morirá para siempre, cambiará de casa8, para ir a morar definitivamente en el Cielo. Jesús quiere que sus hermanos participen de lo que Él tiene en plenitud. «La vida que de la Trinidad adorable se había derramado en su santa Humanidad se desborda de nuevo, se extiende y se propaga. De la cabeza desciende a los miembros (...). La cepa y los sarmientos forman un mismo ser, se nutren y obran juntamente, produciendo los mismos frutos porque están alimentados por la misma savia»9.

Esto os escribo, nos dice San Juan después de habernos narrado incontables maravillas, para que conozcáis que tenéis la vida eterna10. Esta vida nueva la recibimos o se fortalece de modo particular a través de los sacramentos, que el Señor quiso instituir para que de una manera sencilla y asequible pudiera llegar la Redención a todos los hombres. En estos siete signos eficaces de la gracia encontramos a Cristo, el manantial de todas las gracias. «Allí nos habla Él, nos perdona, nos conforta; allí nos santifica, allí nos da el beso de la reconciliación y de la amistad; allí nos da sus propios méritos y su propio poder; allí se nos da Él mismo»11.

II. Todo sarmiento que en mí no da fruto lo corta, y todo el que da fruto lo poda para que dé más fruto12.

El cristiano que rompe con los canales por los que le llega la gracia –la oración y los sacramentos– se queda sin alimento para su alma, y «esta acaba muriendo a manos del pecado mortal, porque sus reservas se agotan y llega un momento en que ni siquiera es necesaria una fuerte tentación para caer: se cae él solo porque carece de fuerzas para mantenerse de pie. Se muere porque se le acaba la vida. Pero si los canales de la gracia no están expeditos porque una montaña de desgana, negligencia, pereza, comodidad, respetos humanos, influencias del ambiente, prisas y otros quehaceres (...) los obstruye, entonces la vida del alma va languideciendo y uno malvive hasta que acaba por morir. Y, desde luego, su esterilidad es total, porque no da fruto alguno»13.

La voluntad del Señor, sin embargo, es que demos fruto y lo demos en abundancia14. Por eso poda al sarmiento para que dé más fruto. Y dice Jesús a continuación: Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado15. El Señor ha utilizado el mismo verbo para hablar de la poda de los sarmientos y de la limpieza de sus discípulos. Al pie de la letra habría que traducir: «A todo el que da fruto lo limpia para que dé más fruto»16.

Hemos de decirle con sinceridad al Señor que estamos dispuestos a dejar que arranque todo lo que en nosotros es un obstáculo a su acción: defectos del carácter, apegamientos a nuestro criterio o a los bienes materiales, respetos humanos, detalles de comodidad o de sensualidad... Aunque nos cueste, estamos decididos a dejarnos limpiar de todo ese peso muerto, porque queremos dar más fruto de santidad y de apostolado.

El Señor nos limpia y purifica de muchas maneras. En ocasiones permitiendo fracasos, enfermedades, difamaciones... «¿No has oído de labios del Maestro la parábola de la vid y los sarmientos? —Consuélate: te exige, porque eres sarmiento que da fruto... Y te poda, “ut fructum plus afferas” —para que des más fruto.

»¡Claro!: duele ese cortar, ese arrancar. Pero, luego, ¡qué lozanía en los frutos, qué madurez en las obras!»17.

También ha querido el Señor que tengamos muy a mano el sacramento de la Penitencia, para que purifiquemos nuestras frecuentes faltas y pecados. La recepción frecuente de este sacramento, con verdadero dolor de los pecados, está muy relacionada con esa limpieza de alma necesaria para todo apostolado.

III. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí18.

En el trato personal con Jesucristo nos disponemos y aprendemos a ser eficaces, a comprender, a estar alegres, a querer de verdad a los demás y a llevarlos más cerca de Dios; a ser buenos cristianos, en definitiva. «Por tanto –comenta San Agustín–, todos nosotros, unidos a Cristo nuestra Cabeza, somos fuertes, pero separados de nuestra Cabeza no valemos para nada (...). Porque unidos a nuestra cabeza somos vid; sin nuestra cabeza (...) somos sarmientos cortados, destinados no al uso de los agricultores, sino al fuego. De aquí que Cristo diga en el Evangelio: Sin mí no podéis hacer nada. ¡Oh Señor! Sin ti nada, contigo todo (...). Sin nosotros Él puede mucho o, mejor, todo; nosotros sin Él nada»19.

Son muy diversos los frutos que el Señor espera de nosotros. Pero todo sería inútil, como el intentar recoger buenos racimos de un sarmiento que quedó desgajado de la cepa, si no tenemos vida de oración, si no estamos unidos al Señor. «Mirad esos sarmientos repletos, porque participan de la savia del tronco: solo así se han podido convertir en pulpa dulce y madura, que colmará de alegría la vista y el corazón de la gente (Cfr. Sal 103, 15), aquellos minúsculos brotes de unos meses antes. En el suelo quedan quizá unos palitroques sueltos, medio enterrados. Eran sarmientos también, pero secos, agostados. Son el símbolo más gráfico de la esterilidad»20.

La vida de unión con el Señor trasciende el ámbito personal y se manifiesta en el modo de trabajar, en el trato con los demás, en las atenciones con la familia..., en todo. De esa unidad con el Señor brota la riqueza apostólica, pues «el apostolado, cualquiera que sea, es una sobreabundancia de la vida interior»21. Ya que Cristo es «la fuente y origen de todo apostolado de la Iglesia, es evidente que la fecundidad del apostolado de los laicos depende de la unión vital que tengan con Cristo. Lo afirma el Señor: El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada. Esta vida de unión íntima con Cristo en la Iglesia se nutre con los auxilios espirituales comunes a todos los fieles... Los laicos deben servirse de estos auxilios de tal forma que, al cumplir debidamente sus obligaciones en medio del mundo, en las circunstancias ordinarias de la vida, no separen la unión con Cristo de su vida privada, sino que crezcan intensamente en esa unión, realizando sus tareas en conformidad con la Voluntad de Dios»22.

En todas las facetas de la vida pasa lo mismo: «nadie da lo que no tiene». Solo del árbol bueno se pueden recoger frutos buenos. «Los sarmientos de la vid son de lo más despreciable si no están unidos a la cepa; y de lo más noble si lo están (...). Si se cortan no sirven de nada, ni para el viñador ni para el carpintero. Para los sarmientos una de dos: o la vid o el fuego. Si no están en la vid, van al fuego; para no ir al fuego, que estén unidos a la vid»23.

¿Estamos dando los frutos que el Señor esperaba de nosotros? A través de nuestro trato, ¿se han acercado nuestros amigos a Dios? ¿Hemos facilitado que alguno de ellos se encamine al sacramento de la Confesión? ¿Damos frutos de paz y de alegría en medio de quienes más tratamos cada día? Son preguntas que nos podrían ayudar a concretar algún propósito antes de terminar nuestra oración. Y lo hacemos junto a María, que nos dice: Como vid eché hermosos sarmientos, y mis flores dieron sabrosos y ricos frutos24. El que me halla a mí, halla la vida y alcanzará el favor de Yahvé25. Ella es el camino corto por el que llegamos a Jesús, que nos llena de su vida divina.

1 Jn 15, 1-8. — 2 Cfr. Sal 79. — 3 Cfr. Is 5, 1-5. — 4 Cfr. Mt 21, 33-34. — 5 Cfr. P. M. de la Croix, Testimonio espiritual del Evangelio de San Juan, Rialp, Madrid 1966, p. 141. — 6 Jn 10, 10. 7 Jn 15, 4. — 8 Cfr. Misal Romano, Prefacio de difuntos I. — 9 M. V. Bernadot, De la Eucaristía a la Trinidad, Palabra, Madrid 1976, pp. 12-13. 10 1 Jn 5, 13. 11 E. Boylan, El amor supremo, Rialp, 3ª ed., Madrid 1963, p. 210. 12 Jn 15, 2. — 13 F. Suárez, La vid y los sarmientos, Rialp, 2ª ed., Madrid 1980, pp. 41-42. 14 Cfr. Jn 15, 8. — 15 Jn 15, 3. 16 Cfr. nota a Jn 15, 2, en Santos Evangelios, EUNSA, Pamplona 1983. 17 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 701. 18 Jn 15, 4-6. — 19 San Agustín, Comentario al Salmo 30, II, 1, 4. 20 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 254. 21 Ibídem, 239. — 22 Conc. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 4. 23 San Agustín, Trat. Evangelio de San Juan, 81, 3. 24 Eclo 24, 17.— 25 Prov 8, 35.

 

 

“Participaremos en su maternidad espiritual”

Recurre constantemente a la Virgen Santísima, Madre de Dios y Madre de la humanidad: y Ella atraerá, con suavidad de Madre, el amor de Dios a las almas que tratas, para que se decidan –en su trabajo ordinario, en su profesión– a ser testigos de Jesucristo. (Forja, 911)

Si nos identificamos con María, si imitamos sus virtudes, podremos lograr que Cristo nazca, por la gracia, en el alma de muchos que se identificarán con El por la acción del Espíritu Santo. Si imitamos a María, de alguna manera participaremos en su maternidad espiritual. En silencio, como Nuestra Señora; sin que se note, casi sin palabras, con el testimonio íntegro y coherente de una conducta cristiana, con la generosidad de repetir sin cesar un fiat que se renueva como algo íntimo entre nosotros y Dios. (Amigos de Dios, 283)

 

«Servir es fuente de alegría; vamos a estar siempre muy contentos»

El prelado del Opus Dei, Fernando Ocáriz, quiso concluir su visita a Madrid con motivo de la beatificación de Guadalupe Ortiz de Landázuri con un encuentro con las voluntarias y voluntarios que durante estos días han trabajado entre bastidores para que todo saliera bien.

Noticias20/05/2019

Opus Dei - «Servir es fuente de alegría; vamos a estar siempre muy contentos»

Mons. Fernando Ocáriz les agradeció su trabajo y les animó a que el deseo de servir que les ha movido estos días se convierta en ellos en una actitud permanente. Quizá sus intervenciones puedan resumirse en dos palabras: libertad y amistad. Amistad con Dios y con los demás.

“Todos tenemos la experiencia de que servir es fuente de alegría, mientras que la tristeza es, en palabras de San Josemaría, la escoria del egoísmo. Os doy la enhorabuena, vamos a estar muy contentos. ¡Hoy y siempre! Y para eso tenemos el camino: pensar en los demás”, les dijo el prelado al inicio del encuentro.

Los voluntarios aprovecharon el rato para contar al prelado muchas anécdotas surgidas durante estos días. Susi, responsable del Área de Acogida de la beatificación, por ejemplo, contó cómo se había carteado con un abuelo mexicano para ayudarle a superar las dificultades para venir a Madrid, o cómo una pareja de africanos había llegado al evento con unos trajes iguales en los que aparecía estampada la cara de Guadalupe.

Voluntarias de la beatificación de Guadalupe, con el prelado del Opus DeiVoluntarias de la beatificación de Guadalupe, con el prelado del Opus Dei

Mons. Ocáriz agregó otra anécdota: una mexicana que acudió vestida con una chaqueta roja en la que llevaba impresa a la espalda una fotografía antigua de Guadalupe con otras mujeres de México y una flecha junto a la frase ‘Ésa soy yo’.

Otra de las anécdotas la protagonizó Cristina, una periodista que trabajó junto a los realizadores en la unidad móvil de la televisión encargada de retransmitir la ceremonia. Al regresar a casa, ya de noche, se le ocurrió contar al taxista lo que había ocurrido en Vistalegre, y él la invitó a transmitirlo a sus colegas taxistas de Madrid a través de la emisora con la que se comunican habitualmente.

Los voluntarios aprovecharon el rato para contar al prelado muchas anécdotas surgidas durante estos días

Al acabar de explicar quién era Guadalupe, algunos taxistas preguntaron por el milagro que había servido para la beatificación, y al saber los detalles el taxista que la transportaba a su casa pidió a Cristina que les enviará por WhatsApp una estampa de la nueva beata para difundirla entre los taxistas madrileños y empezar a pedirle favores. “Nada se pierde”, comentó divertido don Fernando.

En la tertulia participaron voluntarias jóvenes y mayores, como Adela, de 92 años, que ha trabajado en uno de los 38 roperos puestos en marcha en España durante los meses previos a la beatificación, y a los que se han añadido otros de países como Líbano o Suiza. Su labor les sirvió para pedir por los sacerdotes que iban a usar esos lienzos y por los frutos de la beatificación.

Dos de las voluntarias refirieron al prelado cómo decidieron dar estampas de Guadalupe a los trabajadores de seguridad y limpieza del recinto, explicándoles quién era la nueva beata y animándoles a pedirle favores, y el agradecimiento de todos ellos.

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María José y Paula, encargadas de los recorridos históricos sobre Guadalupe por Madrid, contaron al prelado del Opus Dei que su propósito fue llevar a las calles las virtudes de la nueva beata. “Al fin y al cabo dejó su vida por las calles de Madrid”, explicó María José. Miles de personas que llegaron de otros países se beneficiaron de la ayuda de su equipo de guías.

Juliana, mexicana de 21 años, relató cómo había conversado con una empleada de seguridad sobre Dios y el Opus Dei, y cómo le había animado a regresar a la fe a pesar de que llevaba años lejos de la práctica religiosa.

Luis, que ha trabajado en el comité organizador, comentó el buen ambiente e impacto entre los empleados del recinto, que vivieron tres eventos seguidos en apenas día y medio, con un contenido tan original como fue la beatificación. Luis habló de esos eventos como tres cimas, tres docemiles [por el número de participantes en cada acto] y que ahora tocaba llanear y avanzar por lo ordinario, como hizo Guadalupe.

Luis ha trabajado en el comité organizador de la beatificación de Guadalupe Ortiz de LandázuriLuis ha trabajado en el comité organizador de la beatificación de Guadalupe Ortiz de Landázuri

Otro voluntario se había fijado en la palabra “disponibilidad”, actitud que el prelado ha glosado varias veces en relación a la nueva beata: la disponibilidad se apoya en la fe y nuestro proyecto personal queda engrandecido y multiplicado si se inserta en los planes de Dios, comentó monseñor Ocáriz. Miguel Ángel, profesor de Periodismo, preguntó sobre cómo hacer compatible la investigación y el trato preferente con cada alumno, y el Padre le habló de esforzarse en el orden y la alegría.

Con el ejemplo de la beata Guadalupe la vocación y los itinerarios profesionales y personales estuvieron presentes en el encuentro. El prelado del Opus Dei animó a preguntar a Jesús en la oración, a pedirle luz para ver y fuerza para querer. Citó a san Pablo cuando dice “yo he sido alcanzado por el Señor”, y glosó que no sucede al revés en nuestras vidas, destacando la decisiva actuación del Señor que se adelanta. Dijo también: “todos tenemos vocación —manifestación del su amor por cada uno—. No nos quiere en bloque; para cada uno tiene un plan, un plan que nos proporcionará la felicidad. Nunca nos pedirá algo que nos perjudique”.

Mons. Ocáriz se marchó muy contento de ambos encuentros, e invitó a todos a a estar muy alegres y a acompañar al Papa con la oración.

 

Por María hacia Jesús

Homilía de San Josemaría con motivo del mes de mayo, tradicionalmente dedicado a la Virgen María.

Homilías en audio30/04/2019

Una mirada al mundo, una mirada al Pueblo de Dios (Cfr. I Pet II, 10.), en este mes de mayo que comienza, nos hace contemplar el espectáculo de esa devoción mariana que se manifiesta en tantas costumbres, antiguas o nuevas, pero vividas con un mismo espíritu de amor.

Da alegría comprobar que la devoción a la Virgen está siempre viva, despertando en las almas cristianas el impulso sobrenatural para obrar como domestici Dei, como miembros de la familia de Dios (Eph II, 19.).

Seguramente también vosotros, al ver en estos días a tantos cristianos que expresan de mil formas diversas su cariño a la Virgen Santa María, os sentís más dentro de la Iglesia, más hermanos de todos esos hermanos vuestros. Es como una reunión de familia, cuando los hijos mayores, que la vida ha separado, vuelven a encontrarse junto a su madre, con ocasión de alguna fiesta. Y, si alguna vez han discutido entre sí y se han tratado mal, aquel día no; aquel día se sienten unidos, se reconocen todos en el afecto común.

María edifica continuamente la Iglesia, la aúna, la mantiene compacta. Es difícil tener una auténtica devoción a la Virgen, y no sentirse más vinculados a los demás miembros del Cuerpo Místico, más unidos también a su cabeza visible, el Papa. Por eso me gusta repetir: omnes cum Petro ad Iesum per Mariam!, ¡todos, con Pedro, a Jesús por María! Y, al reconocernos parte de la Iglesia e invitados a sentirnos hermanos en la fe, descubrimos con mayor hondura la fraternidad que nos une a la humanidad entera: porque la Iglesia ha sido enviada por Cristo a todas las gentes y a todos los pueblos (Cfr. Mt XXVIII, 19.).

Esto que acabo de decir es algo que hemos experimentado todos, puesto que no nos han faltado ocasiones de comprobar los efectos sobrenaturales de una sincera devoción a la Virgen. Cada uno de vosotros podría contar muchas cosas. Y yo también. Viene ahora a mi memoria una romería que hice en 1935 a una ermita de la Virgen, en tierra castellana: a Sonsoles.

No era una romería tal como se entiende habitualmente. No era ruidosa ni masiva: íbamos tres personas. Respeto y amo esas otras manifestaciones públicas de piedad, pero personalmente prefiero intentar ofrecer a María el mismo cariño y el mismo entusiasmo, con visitas personales, o en pequeños grupos, con sabor de intimidad.

En aquella romería a Sonsoles conocí el origen de esta advocación de la Virgen. Un detalle sin mucha importancia, pero que es una manifestación filial de la gente de aquella tierra. La imagen de Nuestra Señora que se venera en aquel lugar, estuvo escondida durante algún tiempo, en la época de las luchas entre cristianos y musulmanes en España. Al cabo de algunos años, la estatua fue encontrada por unos pastores que –según cuenta la tradición–, al verla comentaron: ¡Qué ojos tan hermosos! ¡Son soles!

Madre de Cristo, Madre de los cristianos

Desde aquel año de 1935, en numerosas y habituales visitas a Santuarios de Nuestra Señora, he tenido ocasión de reflexionar y de meditar sobre esta realidad del cariño de tantos cristianos a la Madre de Jesús. Y he pensado siempre que ese cariño es una correspondencia de amor, una muestra de agradecimiento filial. Porque María está muy unida a esa manifestación máxima del amor de Dios: la Encarnación del Verbo, que se hizo hombre como nosotros y cargó con nuestras miserias y pecados. María, fiel a la misión divina para la que fue criada, se ha prodigado y se prodiga continuamente en servicio de los hombres, llamados todos a ser hermanos de su Hijo Jesús. Y la Madre de Dios es también realmente, ahora, la Madre de los hombres.

Así es, porque así lo quiso el Señor. Y el Espíritu Santo dispuso que quedase escrito, para que constase por todas las generaciones: Estaban junto a la cruz de Jesús, su madre, y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Habiendo mirado, pues, Jesús a su madre, y al discípulo que él amaba, que estaba allí, dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después, dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquel punto el discípulo la tuvo por Madre (Ioh XIX, 25–27.).

Juan, el discípulo amado de Jesús, recibe a María, la introduce en su casa, en su vida. Los autores espirituales han visto en esas palabras, que relata el Santo Evangelio, una invitación dirigida a todos los cristianos para que pongamos también a María en nuestras vidas. En cierto sentido, resulta casi superflua esa aclaración. María quiere ciertamente que la invoquemos, que nos acerquemos a Ella con confianza, que apelemos a su maternidad, pidiéndole que se manifieste como nuestra Madre (Monstra te esse Matrem (Himno litúrgico Ave maris stella).).

Pero es una madre que no se hace rogar, que incluso se adelanta a nuestras súplicas, porque conoce nuestras necesidades y viene prontamente en nuestra ayuda, demostrando con obras que se acuerda constantemente de sus hijos. Cada uno de nosotros, al evocar su propia vida y ver cómo en ella se manifiesta la misericordia de Dios, puede descubrir mil motivos para sentirse de un modo muy especial hijo de María.

Los textos de las Sagradas Escrituras que nos hablan de Nuestra Señora, hacen ver precisamente cómo la Madre de Jesús acompaña a su Hijo paso a paso, asociándose a su misión redentora, alegrándose y sufriendo con El, amando a los que Jesús ama, ocupándose con solicitud maternal de todos aquellos que están a su lado.

Pensemos, por ejemplo, en el relato de las bodas de Caná. Entre tantos invitados de una de esas ruidosas bodas campesinas, a las que acuden personas de varios poblados, María advierte que falta el vino (Cfr. Ioh II, 3.). Se da cuenta Ella sola, y en seguida. ¡Qué familiares nos resultan las escenas de la vida de Cristo! Porque la grandeza de Dios, convive con lo ordinario, con lo corriente. Es propio de una mujer, y de un ama de casa atenta, advertir un descuido, estar en esos detalles pequeños que hacen agradable la existencia humana: y así actuó María.

Fijaos también en que es Juan quien cuenta la escena de Caná: es el único evangelista que ha recogido este rasgo de solicitud materna. San Juan nos quiere recordar que María ha estado presente en el comienzo de la vida pública del Señor. Esto nos demuestra que ha sabido profundizar en la importancia de esa presencia de la Señora. Jesús sabía a quién confiaba su Madre: a un discípulo que la había amado, que había aprendido a quererla como a su propia madre y era capaz de entenderla.

Pensemos ahora en aquellos días que siguieron a la Ascensión, en espera de la Pentecostés. Los discípulos, llenos de fe por el triunfo de Cristo resucitado y anhelantes ante la promesa del Espíritu Santo, quieren sentirse unidos, y los encontramos cum María matre Iesu, con Maria, la madre de Jesús (Cfr. Act I, 14.). La oración de los discípulos acompaña a la oración de María: era la oración de una familia unida.

Esta vez quien nos transmite ese dato es San Lucas, el evangelista que ha narrado con más extensión la infancia de Jesús. Parece como si quisiera darnos a entender que, así como María tuvo un papel de primer plano en la Encarnación del Verbo, de una manera análoga estuvo presente también en los orígenes de la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo.

Desde el primer momento de la vida de la Iglesia, todos los cristianos que han buscado el amor de Dios, ese amor que se nos revela y se hace carne en Jesucristo, se han encontrado con la Virgen, y han experimentado de maneras muy diversas su maternal solicitud. La Virgen Santísima puede llamarse con verdad madre de todos los cristianos. San Agustín lo decía con palabras claras: cooperó con su caridad para que nacieran en la Iglesia los fieles, miembros de aquella cabeza, de la que es efectivamente madre según el cuerpo (S. Agustín, De sancta virginitate, 6 (PL 40, 399).).

No es pues extraño que uno de los testimonios más antiguos de la devoción a María sea precisamente una oración llena de confianza. Me refiero a esa antífona que, compuesta hace siglos, continuamos repitiendo aún hoy día: Nos acogemos bajo tu protección, Santa Madre de Dios: no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestra necesidad, antes bien sálvanos siempre de todos los peligros, Virgen gloriosa y bendita (Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei Genetrix: nostras deprecationes ne despicias in necessitatibus, sed a periculis cunctis libera nos semper, Virgo gloriosa et benedicta.).

Tratar a María

De una manera espontánea, natural, surge en nosotros el deseo de tratar a la Madre de Dios, que es también Madre nuestra. De tratarla como se trata a una persona viva: porque sobre Ella no ha triunfado la muerte, sino que está en cuerpo y alma junto a Dios Padre, junto a su Hijo, junto al Espíritu Santo.

Para comprender el papel que María desempeña en la vida cristiana, para sentirnos atraídos hacia Ella, para buscar su amable compañía con filial afecto, no hacen falta grandes disquisiciones, aunque el misterio de la Maternidad divina tiene una riqueza de contenido sobre el que nunca reflexionaremos bastante.

La fe católica ha sabido reconocer en María un signo privilegiado del amor de Dios: Dios nos llama ya ahora sus amigos, su gracia obra en nosotros, nos regenera del pecado, nos da las fuerzas para que, entre las debilidades propias de quien aún es polvo y miseria, podamos reflejar de algún modo el rostro de Cristo. No somos sólo náufragos a los que Dios ha prometido salvar, sino que esa salvación obra ya en nosotros. Nuestro trato con Dios no es el de un ciego que ansía la luz pero que gime entre las angustias de la obscuridad, sino el de un hijo que se sabe amado por su Padre.

De esa cordialidad, de esa confianza, de esa seguridad, nos habla María. Por eso su nombre llega tan derecho al corazón. La relación de cada uno de nosotros con nuestra propia madre, puede servirnos de modelo y de pauta para nuestro trato con la Señora del Dulce Nombre, María. Hemos de amar a Dios con el mismo corazón con el que queremos a nuestros padres, a nuestros hermanos, a los otros miembros de nuestra familia, a nuestros amigos o amigas: no tenemos otro corazón. Y con ese mismo corazón hemos de tratar a María.

¿Cómo se comportan un hijo o una hija normales con su madre? De mil maneras, pero siempre con cariño y con confianza. Con un cariño que discurrirá en cada caso por cauces determinados, nacidos de la vida misma, que no son nunca algo frío, sino costumbres entrañables de hogar, pequeños detalles diarios, que el hijo necesita tener con su madre y que la madre echa de menos si el hijo alguna vez los olvida: un beso o una caricia al salir o al volver a casa, un pequeño obsequio, unas palabras expresivas.

En nuestras relaciones con Nuestra Madre del Cielo hay también esas normas de piedad filial, que son el cauce de nuestro comportamiento habitual con Ella. Muchos cristianos hacen propia la costumbre antigua del escapulario; o han adquirido el hábito de saludar –no hace falta la palabra, el pensamiento basta– las imágenes de María que hay en todo hogar cristiano o que adornan las calles de tantas ciudades; o viven esa oración maravillosa que es el santo rosario, en el que el alma no se cansa de decir siempre las mismas cosas, como no se cansan los enamorados cuando se quieren, y en el que se aprende a revivir los momentos centrales de la vida del Señor; o acostumbran dedicar a la Señora un día de la semana –precisamente este mismo en que estamos ahora reunidos: el sábado–, ofreciéndole alguna pequeña delicadeza y meditando más especialmente en su maternidad.

Hay muchas otras devociones marianas que no es necesario recordar aquí ahora. No tienen por qué estar incorporadas todas a la vida de cada cristiano –crecer en vida sobrenatural es algo muy distinto del mero ir amontonando devociones–, pero debo afirmar al mismo tiempo que no posee la plenitud de la fe quien no vive alguna de ellas, quien no manifiesta de algún modo su amor a María.

Los que consideran superadas las devociones a la Virgen Santísima, dan señales de que han perdido el hondo sentido cristiano que encierran, de que han olvidado la fuente de donde nacen: la fe en la voluntad salvadora de Dios Padre, el amor a Dios Hijo que se hizo realmente hombre y nació de una mujer, la confianza en Dios Espíritu Santo que nos santifica con su gracia. Es Dios quien nos ha dado a María, y no tenemos derecho a rechazarla, sino que hemos de acudir a Ella con amor y con alegría de hijos.

Hacerse niños en el Amor a Dios

Consideremos atentamente este punto, porque nos puede ayudar a comprender cosas muy importantes, ya que el misterio de María nos hacer ver que, para acercarnos a Dios, hay que hacerse pequeños. En verdad os digo —exclamó el Señor dirigiéndose a sus discípulos—, que si no os volvéis y hacéis semejantes a los niños, no entraréis en el reino de los cielos.

Hacernos niños: renunciar a la soberbia, a la autosuficiencia; reconocer que nosotros solos nada podemos, porque necesitamos de la gracia, del poder de nuestro Padre Dios para aprender a caminar y para perseverar en el camino. Ser pequeños exige abandonarse como se abandonan los niños, creer como creen los niños, pedir como piden los niños.

Y todo eso lo aprendemos tratando a María. La devoción a la Virgen no es algo blando o poco recio: es consuelo y júbilo que llena el alma, precisamente en la medida en que supone un ejercicio hondo y entero de la fe, que nos hace salir de nosotros mismos y colocar nuestra esperanza en el Señor. Es Yavé mi pastor —canta uno de los salmos—, de nada careceré. Me hace descansar en frondosas praderas, junto a aguas sabrosas me conduce; me devuelve la vida, y me guía por caminos derechos, en virtud de su nombre. Aunque yo ande por valles tenebrosos, ningún mal temeré, porque tú estás conmigo.

Porque María es Madre, su devoción nos enseña a ser hijos: a querer de verdad, sin medida; a ser sencillos, sin esas complicaciones que nacen del egoísmo de pensar sólo en nosotros; a estar alegres, sabiendo que nada puede destruir nuestra esperanza. El principio del camino que lleva a la locura del amor de Dios es un confiado amor a María Santísima. Así lo escribí hace ya muchos años, en el prólogo a unos comentarios al santo rosario, y desde entonces he vuelto a comprobar muchas veces la verdad de esas palabras. No voy a hacer aquí muchos razonamientos, con el fin de glosar esa idea: os invito más bien a que hagáis la experiencia, a que lo descubráis por vosotros mismos, tratando amorosamente a María, abriéndole vuestro corazón, confiándole vuestras alegrías y vuestra penas, pidiéndole que os ayude a conocer y a seguir a Jesús.

Si buscáis a María, encontraréis a Jesús. Y aprenderéis a entender un poco lo que hay en ese corazón de Dios que se anonada, que renuncia a manifestar su poder y su majestad, para presentarse en forma de esclavo. Hablando a lo humano, podríamos decir que Dios se excede, pues no se limita a lo que sería esencial o imprescindible para salvarnos, sino que va más allá. La única norma o medida que nos permite comprender de algún modo esa manera de obrar de Dios es darnos cuenta de que carece de medida: ver que nace de una locura de amor, que le lleva a tomar nuestra carne y a cargar con el peso de nuestros pecados.

¿Cómo es posible darnos cuenta de eso, advertir que Dios nos ama, y no volvernos también nosotros locos de amor? Es necesario dejar que esas verdades de nuestra fe vayan calando en el alma, hasta cambiar toda nuestra vida. ¡Dios nos ama!: el Omnipotente, el Todopoderoso, el que ha hecho cielos y tierra.

Dios se interesa hasta de las pequeñas cosas de sus criaturas: de las vuestras y de las mías, y nos llama uno a uno por nuestro propio nombre. Esa certeza que nos da la fe hace que miremos lo que nos rodea con una luz nueva, y que, permaneciendo todo igual, advirtamos que todo es distinto, porque todo es expresión del amor de Dios.

Nuestra vida se convierte así en una continua oración, en un buen humor y en una paz que nunca se acaban, en un acto de acción de gracias desgranado a través de las horas. Mi alma glorifica al Señor —cantó la Virgen María— y mi espíritu está transportado de gozo en el Dios salvador mío; porque ha puesto los ojos en la bajeza de su esclava, por tanto ya desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Porque ha hecho en mí cosas grandes aquel que es todopoderoso, cuyo nombre es santo.

Nuestra oración puede acompañar e imitar esa oración de María. Como Ella, sentiremos el deseo de cantar, de proclamar las maravillas de Dios, para que la humanidad entera y los seres todos participen de la felicidad nuestra.

María nos hace sentirnos hermanos

No se puede tratar filialmente a María y pensar sólo en nosotros mismos, en nuestros propios problemas. No se puede tratar a la Virgen y tener egoístas problemas personales. María lleva a Jesús, y Jesús es primogenitus in multis fratribus, primogénito entre muchos hermanos. Conocer a Jesús, por tanto, es darnos cuenta de que nuestra vida no puede vivirse con otro sentido que con el de entregarnos al servicio de los demás. Un cristiano no puede detenerse sólo en problemas personales, ya que ha de vivir de cara a la Iglesia universal, pensando en la salvación de todas las almas.

De este modo, hasta esas facetas que podrían considerarse más privadas e íntimas —la preocupación por el propio mejoramiento interior— no son en realidad personales: puesto que la santificación forma una sola cosa con el apostolado. Nos hemos de esforzar, por tanto, en nuestra vida interior y en el desarrollo de las virtudes cristianas, pensando en el bien de toda la Iglesia, ya que no podríamos hacer el bien y dar a conocer a Cristo, si en nosotros no hubiera un empeño sincero por hacer realidad práctica las enseñanzas del Evangelio.

Impregnados de este espíritu, nuestros rezos, aun cuando comiencen por temas y propósitos en apariencia personales, acaban siempre discurriendo por los cauces del servicio a los demás. Y si caminamos de la mano de la Virgen Santísima, Ella hará que nos sintamos hermanos de todos los hombres: porque todos somos hijos de ese Dios del que Ella es Hija, Esposa y Madre.

Los problemas de nuestros prójimos han de ser nuestros problemas. La fraternidad cristiana debe encontrarse muy metida en lo hondo del alma, de manera que ninguna persona nos sea indiferente. María, Madre de Jesús, que lo crió, lo educó y lo acompañó durante su vida terrena y que ahora está junto a El en los cielos, nos ayudará a reconocer a Jesús que pasa a nuestro lado, que se nos hace presente en las necesidades de nuestros hermanos los hombres.

En aquella romería de que os hablaba al principio, mientras caminábamos hacia la ermita de Sonsoles, pasamos junto a unos campos de trigo. Las mieses brillaban al sol, mecidas por el viento. Vino entonces a mi memoria un texto del Evangelio, unas palabras que el Señor dirigió al grupo de sus discípulos: ¿No decís vosotros: ea, dentro de cuatro meses estaremos ya en la siega? Pues ahora yo os digo: alzad vuestros ojos, tended la vista por los campos y ved ya las mieses blancas y a punto de segarse. Pensé una vez más que el Señor quería meter en nuestros corazones el mismo afán, el mismo fuego que dominaba el suyo. Y, apartándome un poco del camino, recogí unas espigas para que me sirvieran de recordatorio.

Hay que abrir los ojos, hay que saber mirar a nuestro alrededor y reconocer esas llamadas que Dios nos dirige a través de quienes nos rodean. No podemos vivir de espaldas a la muchedumbre, encerrados en nuestro pequeño mundo. No fue así como vivió Jesús. Los Evangelios nos hablan muchas veces de su misericordia, de su capacidad de participar en el dolor y en las necesidades de los demás: se compadece de la viuda de Naím, llora por la muerte de Lázaro, se preocupa de las multitudes que le siguen y que no tienen qué comer, se compadece también sobre todo de los pecadores, de los que caminan por el mundo sin conocer la luz ni la verdad: desembarcando vio Jesús una gran muchedumbre, y enterneciéronsele con tal vista las entrañas, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a instruirlos en muchas cosas.

Cuando somos de verdad hijos de María comprendemos esa actitud del Señor, de modo que se agranda nuestro corazón y tenemos entrañas de misericordia. Nos duelen entonces los sufrimientos, las miserias, las equivocaciones, la soledad, la angustia, el dolor de los otros hombres nuestros hermanos. Y sentimos la urgencia de ayudarles en sus necesidades, y de hablarles de Dios para que sepan tratarle como hijos y puedan conocer las delicadezas maternales de María.

Ser apóstol de apóstoles

 

Llenar de luz el mundo, ser sal y luz: así ha descrito el Señor la misión de sus discípulos. Llevar hasta los últimos confines de la tierra la buena nueva del amor de Dios. A eso debemos dedicar nuestras vidas, de una manera o de otra, todos los cristianos.

Diré más. Hemos de sentir la ilusión de no permanecer solos, debemos animar a otros a que contribuyan a esa misión divina de llevar el gozo y la paz a los corazones de los hombres. En la medida en que progresáis, atraed a los demás con vosotros, escribe San Gregorio Magno; desead tener compañeros en el camino hacia el Señor.

Pero tened presente que, cum dormirent homines, mientras dormían los hombres, vino el sembrador de la cizaña, dice el Señor en una parábola. Los hombres estamos expuestos a dejarnos llevar del sueño del egoísmo, de la superficialidad, desperdigando el corazón en mil experiencias pasajeras, evitando profundizar en el verdadero sentido de las realidades terrenas. ¡Mala cosa ese sueño, que sofoca la dignidad del hombre y le hace esclavo de la tristeza!

Hay un caso que nos debe doler sobre manera: el de aquellos cristianos que podrían dar más y no se deciden; que podrían entregarse del todo, viviendo todas las consecuencias de su vocación de hijos de Dios, pero se resisten a ser generosos. Nos debe doler porque la gracia de la fe no se nos ha dado para que esté oculta, sino para que brille ante los hombres; porque, además, está en juego la felicidad temporal y la eterna de quienes así obran. La vida cristiana es una maravilla divina, con promesas inmediatas de satisfacción y de serenidad, pero a condición de que sepamos apreciar el don de Dios, siendo generosos sin tasa.

Es necesario, pues, despertar a quienes hayan podido caer en ese mal sueño: recordarles que la vida no es cosa de juego, sino tesoro divino, que hay que hacer fructificar. Es necesario también enseñar el camino, a quienes tienen buena voluntad y buenos deseos, pero no saben cómo llevarlos a la práctica. Cristo nos urge. Cada uno de vosotros ha de ser no sólo apóstol, sino apóstol de apóstoles, que arrastre a otros, que mueva a los demás para que también ellos den a conocer a Jesucristo.

Quizás alguno se pregunte cómo, de qué manera puede dar este conocimiento a las gentes. Y os respondo: con naturalidad, con sencillez, viviendo como vivís en medio del mundo, entregados a vuestro trabajo profesional y al cuidado de vuestra familia, participando en los afanes nobles de los hombres, respetando la legítima libertad de cada uno.

Desde hace casi treinta años ha puesto Dios en mi corazón el ansia de hacer comprender a personas de cualquier estado, de cualquier condición u oficio, esta doctrina: que la vida ordinaria puede ser santa y llena de Dios, que el Señor nos llama a santificar la tarea corriente, porque ahí está también la perfección cristiana. Considerémoslo una vez más, contemplando la vida de María.

No olvidemos que la casi totalidad de los días que Nuestra Señora pasó en la tierra transcurrieron de una manera muy parecida a las jornadas de otros millones de mujeres, ocupadas en cuidar de su familia, en educar a sus hijos, en sacar adelante las tareas del hogar. María santifica lo más menudo, lo que muchos consideran erróneamente como intrascendente y sin valor: el trabajo de cada día, los detalles de atención hacia las personas queridas, las conversaciones y las visitas con motivo de parentesco o de amistad. ¡Bendita normalidad, que puede estar llena de tanto amor de Dios!

Porque eso es lo que explica la vida de María: su amor. Un amor llevado hasta el extremo, hasta el olvido completo de sí misma, contenta de estar allí, donde la quiere Dios, y cumpliendo con esmero la voluntad divina. Eso es lo que hace que el más pequeño gesto suyo, no sea nunca banal, sino que se manifieste lleno de contenido. María, Nuestra Madre, es para nosotros ejemplo y camino. Hemos de procurar ser como Ella, en las circunstancias concretas en las que Dios ha querido que vivamos.

Actuando así daremos a quienes nos rodean el testimonio de una vida sencilla y normal, con las limitaciones y con los defectos propios de nuestra condición humana, pero coherente. Y, al vernos iguales a ellos en todas las cosas, se sentirán los demás invitados a preguntarnos: ¿cómo se explica vuestra alegría?, ¿de dónde sacáis las fuerzas para vencer el egoísmo y la comodidad?, ¿quién os enseña a vivir la comprensión, la limpia convivencia y la entrega, el servicio a los demás?

Es entonces el momento de descubrirles el secreto divino de la existencia cristiana: de hablarles de Dios, de Cristo, del Espíritu Santo, de María. El momento de procurar transmitir, a través de las pobres palabras nuestras, esa locura del amor de Dios que la gracia ha derramado en nuestros corazones.

San Juan conserva en su Evangelio una frase maravillosa de la Virgen, en una escena que ya antes considerábamos: la de las bodas de Caná. Nos narra el evangelista que, dirigiéndose a los sirvientes, María les dijo: Haced lo que El os dirá. De eso se trata; de llevar a las almas a que se sitúen frente a Jesús y le pregunten: Domine, quid me vis facere?, Señor, ¿qué quieres que yo haga?.

El apostolado cristiano —y me refiero ahora en concreto al de un cristiano corriente, al del hombre o la mujer que vive siendo uno más entre sus iguales— es una gran catequesis, en la que, a través del trato personal, de una amistad leal y auténtica, se despierta en los demás el hambre de Dios y se les ayuda a descubrir horizontes nuevos: con naturalidad, con sencillez he dicho, con el ejemplo de una fe bien vivida, con la palabra amable pero llena de la fuerza de la verdad divina.

Sed audaces. Contáis con la ayuda de María, Regina apostolorum. Y Nuestra Señora, sin dejar de comportarse como Madre, sabe colocar a sus hijos delante de sus precisas responsabilidades. María, a quienes se acercan a Ella y contemplan su vida, les hace siempre el inmenso favor de llevarlos a la Cruz, de ponerlos frente a frente al ejemplo del Hijo de Dios. Y en ese enfrentamiento, donde se decide la vida cristiana, María intercede para que nuestra conducta culmine con una reconciliación del hermano menor —tú y yo— con el Hijo primogénito del Padre.

Muchas conversiones, muchas decisiones de entrega al servicio de Dios han sido precedidas de un encuentro con María. Nuestra Señora ha fomentado los deseos de búsqueda, ha activado maternalmente las inquietudes del alma, ha hecho aspirar a un cambio, a una vida nueva. Y así el haced lo que El os dirá se ha convertido en realidades de amoroso entregamiento, en vocación cristiana que ilumina desde entonces toda nuestra vida personal.

Este rato de conversación delante del Señor, en el que hemos meditado sobre la devoción y el cariño a la Madre suya y nuestra, puede, pues, terminar reavivando nuestra fe. Está comenzando el mes de mayo. El Señor quiere de nosotros que no desaprovechemos esta ocasión de crecer en su Amor a través del trato con su Madre. Que cada día sepamos tener con Ella esos detalles de hijos —cosas pequeñas, atenciones delicadas—, que se van haciendo grandes realidades de santidad personal y de apostolado, es decir, de empeño constante por contribuir a la salvación que Cristo ha venido a traer al mundo.

Sancta Maria, spes nostra, ancilla Domini, sedes sapientiæ, ora por nobis! Santa María, esperanza nuestra, esclava del Señor, asiento de la Sabiduría, ¡ruega por nosotros!

 

El matrimonio: una vocación y un camino divino

Llegar juntos al Cielo: esa es la ilusión que puede impulsar a cada matrimonio. Ofrecemos un nuevo editorial sobre el amor humano.

Amor humano20/09/2015

Opus Dei - El matrimonio: una vocación y un camino divino

Unas palabras del Papa Francisco, en el encuentro con las familias que celebró en Manila, han dado la vuelta al mundo:

“No es posible una familia sin soñar. Cuando en una familia se pierde la capacidad de soñar, de amar, esta energía de soñar se pierde, por eso les recomiendo que en la noche cuando hagan el examen de conciencia, también se hagan esta pregunta: ¿hoy soñé con el futuro de mis hijos, hoy soñé con el amor de mi esposo o esposa, soñé con la historia de mis abuelos?”[1].

Soñar

 

Esta capacidad de soñar tiene que ver con la ilusión –en el sentido castellano del término– que ponemos en nuestros horizontes y esperanzas, sobre todo en relación con las personas; o sea, los bienes o logros que les deseamos, las esperanzas que nos hacemos respecto de ellos. La capacidad de soñar equivale a la capacidad de proyectar el sentido de nuestra vida en los que queremos. Por eso es, efectivamente, algo representativo de cada familia.

Desde muy pronto, san Josemaría ha contribuido a recordar, dentro de las enseñanzas de la Iglesia, que el matrimonio –germen de la familia– es, en el sentido pleno de la palabra, una llamada específica a la santidad dentro de la común vocación cristiana: un camino vocacional, distinto pero complementario al del celibato –ya sea sacerdotal o laical– o a la vida religiosa. “El amor, que conduce al matrimonio y a la familia, puede ser también un camino divino, vocacional, maravilloso, cauce para una completa dedicación a nuestro Dios”[2]

Por otra parte, esta llamada de Dios en el matrimonio no significa en modo alguno rebajar los requerimientos que supone seguir a Jesús. Pues, si “todo contribuye al bien de los que aman a Dios”[3], los esposos cristianos encuentran en la vida matrimonial y familiar la materia de su santificación personal, es decir, de su personal identificación con Jesucristo: sacrificios y alegrías, gozos y renuncias, el trabajo en el hogar y fuera, son los elementos con que, a la luz de la fe, construir el edificio de la Iglesia.

Soñar, para un cristiano, con la esposa o con el esposo, es mirarlo con los ojos de Dios. Es contemplar, prolongado en el tiempo, la realización del proyecto que el Señor tiene pensado, y quiere, para cada uno, y para los dos en su concreta relación matrimonial. Es desear que esos planes divinos se hagan realidad en la familia, en los hijos –si Dios los manda–, en los abuelos, y en los amigos que la providencia les vaya poniendo para acompañarles en el viaje de la vida. Es, en definitiva, ver cada uno al otro como su particular camino hacia el cielo.

El secreto de la familia

 

En efecto, Cristo ha hecho del matrimonio un camino divino de santidad, para encontrar a Dios en medio de las ocupaciones diarias, de la familia y del trabajo, para situar la amistad, las alegrías y las penas –porque no hay cristianismo sin Cruz–, y las mil pequeñas cosas del hogar en el nivel eterno del amor. He ahí el secreto del matrimonio y de la familia. Así se anticipa la contemplación y el gozo del cielo, donde encontraremos la felicidad completa y definitiva.

En el marco de ese “camino divino” de amor matrimonial, san Josemaría hablaba del significado cristiano, profundo y bello, de la relación conyugal: “En otros sacramentos la materia es el pan, es el vino, es el agua… Aquí son vuestros cuerpos. (…) Yo veo el lecho conyugal como un altar; está allí la materia del sacramento”[4]. La expresión altar no deja de ser sorprendente, y al mismo tiempo es consecuencia lógica de una lectura profunda del matrimonio, que tiene en la una caro[5] –la unión completa de los cuerpos humanos, creados a imagen y semejanza de Dios– su núcleo.

Desde esta perspectiva se entiende que los esposos cristianos expresen, en el lenguaje de la corporalidad, lo propio del sacramento del matrimonio: con su entrega mutua, alaban a Dios y le dan gloria, anuncian y actualizan el amor entre Cristo y la Iglesia, secundando la obra del Espíritu Santo en los corazones. Y de ahí viene, para los esposos, para su familia y para el mundo, una corriente de gracia, de fuerza y de vida divina que todo lo hace nuevo.

Foto: Aurelio Asiain (cc).Foto: Aurelio Asiain (cc).

Esto requiere una preparación y una formación continua, una lucha positiva y constante: “Los símbolos fuertes del cuerpo –observa el Papa Francisco– tienen las llaves del alma: no podemos tratar los lazos de la carne con ligereza, sin abrir una herida duradera en el espíritu”[6].

El vínculo que surge a partir del consentimiento matrimonial queda sellado y es enriquecido por las relaciones íntimas entre los esposos. La gracia de Dios que han recibido desde el bautismo, encuentra un nuevo cauce que no se yuxtapone al amor humano, sino que lo asume. El sacramento del matrimonio no supone un añadido externo al matrimonio natural; la gracia sacramental específica informa a los cónyuges desde dentro, y les ayuda a vivir su relación con exclusividad, fidelidad y fecundidad: “Es importante que los esposos adquieran sentido claro de la dignidad de su vocación, que sepan que han sido llamados por Dios a llegar al amor divino también a través del amor humano; que han sido elegidos, desde la eternidad, para cooperar con el poder creador de Dios en la procreación y después en la educación de los hijos; que el Señor les pide que hagan, de su hogar y de su vida familiar entera, un testimonio de todas las virtudes cristianas”[7].

Los hijos son siempre la mejor “inversión”, y la familia la “empresa” más sólida, la mayor y más fascinante aventura. Todos contribuyen con su papel, pero la novela que resulta es mucho más interesante que la suma de las historias singulares, porque Dios actúa y hace maravillas.

De ahí la importancia de saberse comprender –los esposos entre sí y a los hijos–,de aprender a pedir perdón, de amar –como enseñaba san Josemaría– todos los defectos mutuos, siempre que no sean ofensa a Dios[8]. “Cuántas dificultades en la vida del matrimonio se solucionan si nos tomamos un espacio de sueño. Si nos detenemos y pensamos en el cónyuge, en la cónyuge. Y soñamos con las bondades que tiene, las cosas buenas que tiene. Por eso es muy importante recuperar el amor a través de la ilusión de todos los días. ¡Nunca dejen de ser novios!”[9].

Parafraseando al Papa, se podría añadir: que los esposos nunca dejen de sentarse para compartir y recordar los momentos bellos y las dificultades que han atravesado juntos, para considerar las circunstancias que han procurado éxitos o fracasos, o para recobrar un poco el aliento, o para que los dos piensen en la educación de los hijos.

 

Foto: Ismael Martínez.Foto: Ismael Martínez.

Cimiento del futuro de la humanidad

 

La vida matrimonial y familiar no es instalarse en una existencia segura y cómoda, sino dedicarse el uno al otro y dedicar tiempo generosamente a los demás miembros de la familia, comenzando por la educación de los hijos –lo que incluye facilitar el aprendizaje de las virtudes, y la iniciación en la vida cristiana–, para abrirse continuamente a los amigos, a otras familias, y especialmente a los más necesitados. De este modo, mediante la coherencia de la fe vivida en familia, se comunica la buena noticia –el Evangelio– de que Cristo sigue presente y nos invita a seguirlo.

Para los hijos, Jesús se revela a través del padre y la madre; pues para ambos, cada hijo es, ante todo, un hijo de Dios, único e irrepetible, con el que Dios ha soñado primero. Por eso, podía afirmar Juan Pablo II que “el futuro de la humanidad se fragua en la familia”[10].

Las familias que no han podido tener hijos

 

¿Y cuál sería el sentido que deben dar a su matrimonio los esposos cristianos que no tengan descendencia? A esta pregunta, san Josemaría respondía que, ante todo, deberían pedir a Dios que les bendiga con los hijos, si es su Voluntad, como bendijo a los Patriarcas del Antiguo Testamento; y después que acudan a un buen médico. “Si a pesar de todo, el Señor no les da hijos, no han de ver en eso ninguna frustración: han de estar contentos, descubriendo en este mismo hecho la Voluntad de Dios para ellos. Muchas veces el Señor no da hijos porque pide más. Pide que se tenga el mismo esfuerzo y la misma delicada entrega, ayudando a nuestros prójimos, sin el limpio gozo humano de haber tenido hijos: no hay, pues, motivo para sentirse fracasados ni para dar lugar a la tristeza”.

Y añadía: "Si los esposos tienen vida interior, comprenderán que Dios les urge, empujándoles a hacer de su vida un servicio cristiano generoso, un apostolado diverso del que realizarían en sus hijos, pero igualmente maravilloso. Que miren a su alrededor, y descubrirán enseguida personas que necesitan ayuda, caridad y cariño. Hay además muchas labores apostólicas en las que pueden trabajar. Y si saben poner el corazón en esa tarea, si saben darse generosamente a los demás, olvidándose de sí mismos, tendrán una fecundidad espléndida, una paternidad espiritual que llenará su alma de verdadera paz"[11].

En todo caso, a san Josemaría le gustaba referirse a las familias de los primeros cristianos: “Aquellas familias que vivieron de Cristo y que dieron a conocer a Cristo. Pequeñas comunidades cristianas, que fueron como centros de irradiación del mensaje evangélico. Hogares iguales a los otros hogares de aquellos tiempos, pero animados de un espíritu nuevo, que contagiaba a quienes los conocían y los trataban. Eso fueron los primeros cristianos, y eso hemos de ser los cristianos de hoy: sembradores de paz y de alegría, de la paz y de la alegría que Jesús nos ha traído”[12].

R. Pellitero


[1] Papa Francisco, Discurso en el Encuentro con las familias, Manila, Filipinas, 16-01-2015.

[2] Cfr. San Josemaría, Homilía “Amar al mundo apasionadamente”, en Conversaciones, n. 121; cfr. “El matrimonio, vocación cristiana”, en Es Cristo que pasa.

[3] Rm 8, 28.

[4] San Josemaría, Apuntes tomados de una reunión familiar (1967), recogido en Diccionario de San Josemaría, Burgos 2013, p. 490.

[5] Cf. Gn 2, 24; Mc 10, 8.

[6] Papa Francisco, Audiencia general, 27-05-2015.

[7] San Josemaría, Conversaciones, n. 93.

[8] Cf. San Josemaría, Apuntes tomados de una reunión familiar, 7-VII-1974.

[9] Papa Francisco, Discurso en el Encuentro con las familias, Manila, Filipinas, 16-01-2015.

[10] San Juan Pablo II, Familiaris consortio, n. 86.

[11] San Josemaría, Conversaciones, n. 96.

[12] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 30.

Foto de portada: EkeMiedaner (cc)

 

Gilbert K. Chesterton: Por qué me convertí al catolicismo

G. K. Chesterton (*) (*) Famosísimo periodista, novelista, poeta y crítico literario (1874-1935) es una figura única y genial en la literatura inglesa y uno de los autores modernos más frecuentemente citados. Autor de las novelas del Padre Brown, Ortodoxia (escrito muchos años antes de convertirse), etc.  Hablaba así sobre su conversión:

Aunque sólo hace algunos años que soy católico, sé sin embargo que el problema “por qué soy católico” es muy distinto del problema “por qué me convertí al catolicismo”. Tantas cosas han motivado mi conversión y tantas otras siguen surgiendo después… Todas ellas se ponen en evidencia solamente cuando la primera nos da el empujón que conduce a la conversión misma. Todas son también tan numerosas y tan distintas las unas de las otras, que, al cabo, el motivo originario y primordial puede llegar a parecernos casi insignificante y secundario. La “confirmación” de la fe, vale decir, su fortalecimiento y afirmación, puede venir, tanto en el sentido real como en el sentido ritual, después de la conversión. El convertido no suele recordar más tarde de qué modo aquellas razones se sucedían las unas a las otras. Pues pronto, muy pronto, este sinnúmero de motivos llega a fundirse para él en una sola y única razón. Existe entre los hombres una curiosa especie de agnósticos, ávidos escudriñadores del arte, que averiguan con sumo cuidado todo lo que en una catedral es antiguo y todo lo que en ella es nuevo. Los católicos, por el contrario, otorgan más importancia al hecho de si la catedral ha sido reconstruida para volver a servir como lo que es, es decir, como catedral.

¡Una catedral! A ella se parece todo el edificio de mi fe; de esta fe mía que es demasiado grande para una descripción detallada; y de la que, sólo con gran esfuerzo, puedo determinar las edades de sus distintas piedras.

A pesar de todo, estoy seguro de que lo primero que me atrajo hacia el catolicismo, era algo que, en el fondo, debería más bien haberme apartado de él. Estoy convencido también de que varios católicos deben sus primeros pasos hacia Roma a la amabilidad del difunto señor Kensit.

El señor Kensit, un pequeño librero de la City, conocido como protestante fanático, organizó en 1898 una banda que, sistemáticamente, asaltaba las iglesias ritualistas y perturbaba seriamente los oficios. El señor Kensit murió en 1902 a causa de heridas recibidas durante uno de esos asaltos. Pronto la opinión pública se volvió contra él, clasificando como “Kensitite Press” a los peores panfletos antirreligiosos publicados en Inglaterra contra Roma, panfletos carentes de todo juicio sano y de toda buena voluntad.

Recuerdo especialmente ahora estos dos casos: unos autores serios lanzaban graves acusaciones contra el catolicismo, y, cosa curiosa, lo que ellos condenaban me pareció algo precioso y deseable.

En el primer caso —creo que se trataba de Horton y Hocking— se mencionaba con estremecido pavor, una terrible blasfemia sobre la Santísima Virgen de un místico católico que escribía: “Todas las criaturas deben todo a Dios; pero a Ella, hasta Dios mismo le debe algún agradecimiento”. Esto me sobresaltó como un son de trompeta y me dije casi en alta voz: “¡Qué maravillosamente dicho!” Me parecía como si el inimaginable hecho de la Encarnación pudiera con dificultad hallar expresión mejor y más clara que la sugerida por aquel místico, siempre que se la sepa entender.

En el segundo caso, alguien del diario “Daily News” (entonces yo mismo era todavía alguien del “Daily News”), como ejemplo típico del “formulismo muerto” de los oficios católicos, citó lo siguiente: un obispo francés se había dirigido a unos soldados y obreros cuyo cansancio físico les volvía dura la asistencia a Misa, diciéndoles que Dios se contentaría con su sola presencia, y que les perdonaría sin duda su cansancio y su distracción. Entonces yo me dije otra vez a mi mismo: “¡Qué sensata es esa gente! Si alguien corriera diez leguas para hacerme un gusto a mi, yo le agradecería muchísimo, también, que se durmiera enseguida en mi presencia”.

Junto con estos dos ejemplos, podría citar aún muchos otros procedentes de aquella primera época en que los inciertos amagos de mi fe católica se nutrieron casi con exclusividad de publicaciones anticatólicas. Tengo un claro recuerdo de lo que siguió a estos primeros amagos. Es algo de lo cual me doy tanta más cuenta cuanto más desearía que no hubiese sucedido. Empecé a marchar hacia el catolicismo mucho antes de conocer a aquellas dos personas excelentísimas a quienes, a este respecto, debo y agradezco tanto: al reverendo Padre John O’Connor de Bradford y al señor Hilaire Belloc; pero lo hice bajo la influencia de mi acostumbrado liberalismo político; lo hice hasta en la madriguera del “Daily News”.Este primer empuje, después de debérselo a Dios, se lo debo a la historia y a la actitud del pueblo irlandés, a pesar de que no hay en mí ni una sola gota de sangre irlandesa. Estuve solamente dos veces en Irlanda y no tengo ni intereses allí ni sé gran cosa del país. Pero ello no me impidió reconocer que la unión existente entre los diferentes partidos de Irlanda se debe en el fondo a una realidad religiosa; y que es por esta realidad que todo mi interés se concentraba en ese aspecto de la política liberal. Fui descubriendo cada vez con mayor nitidez, enterándome por la historia y por mis propias experiencias, cómo, durante largo tiempo se persiguió por motivos inexplicables a un pueblo cristiano, y todavía sigue odiándosele. Reconocí luego que no podía ser de otra manera, porque esos cristianos eran profundos e incómodos como aquellos que Nerón hizo echar a los leones.

Creo que estas mis revelaciones personales evidencian con claridad la razón de mi catolicismo, razón que luego fue fortificándose. Podría añadir ahora cómo seguí reconociendo después, que a todos los grandes imperios, una vez que se apartaban de Roma, les sucedía precisamente lo mismo que a todos aquellos seres que desprecian las leyes o la naturaleza: tenían un leve éxito momentáneo, pero pronto experimentaban la sensación de estar enlazados por un nudo corredizo, en una situación de la que ellos mismos no podían librarse. En Prusia hay tan poca perspectiva para el prusianismo, como en Manchester para el individualismo manchesteriano.

Todo el mundo sabe que a un viejo pueblo agrario, arraigado en la fe y en las tradiciones de sus antepasados, le espera un futuro más grande o por lo menos más sencillo y más directo que a los pueblos que no tienen por base la tradición y la fe. Si este concepto se aplicase a una autobiografía, resultaría mucho más fácil escribirla que si se escudriñasen sus distintas evoluciones; pero el sistema sería egoísta. Yo prefiero elegir otro método para explicar breve pero completamente el contenido esencial de mi convicción: no es por falta de material que actúo así, sino por la dificultad de elegir lo más apropiado entre todo ese material numeroso. Sin embargo trataré de insinuar uno o dos puntos que me causaron una especial impresión.

Hay en el mundo miles de modos de misticismo capaces de enloquecer al hombre. Pero hay una sola manera entre todas de poner al hombre en un estado normal. Es cierto que la humanidad jamás pudo vivir un largo tiempo sin misticismo. Hasta los primeros sones agudos de la voz helada de Voltaire encontraron eco en Cagliostro. Ahora la superstición y la credulidad han vuelto a expandirse con tan vertiginosa rapidez, que dentro de poco el católico y el agnóstico se encontrarán lado a lado. Los católicos serán los únicos que, con razón, podrán llamarse racionalistas. El mismo culto idolátrico por el misterio empezó con la decadencia de la Roma pagana a pesar de los “intermezzos” de un Lucrecio o de un Lucano.

No es natural ser materialista ni tampoco el serlo da una impresión de naturalidad. Tampoco es natural contentarse únicamente con la naturaleza. El hombre, por lo contrario, es místico. Nacido como místico, muere también como místico, sobre todo si en vida ha sido un agnóstico. Mientras que todas las sociedades humanas consideran la inclinación al misticismo como algo extraordinario, tengo yo que objetar, sin embargo, que una sola sociedad entre ellas, el catolicismo, tiene en cuenta las cosas cotidianas. Todas las otras las dejan de lado y las menosprecian.

Un célebre autor publicó una vez una novela sobre la contraposición que existe entre el convento y la familia (The Cloister and the hearth). En aquel tiempo, hace 50 años, era realmente posible en Inglaterra imaginar una contradicción entre esas dos cosas. Hoy en día, la así llamada contradicción, llega a ser casi un estrecho parentesco. Aquellos que en otro tiempo exigían a gritos la anulación de los conventos, destruyen hoy sin disimulo la familia. Este es uno de los tantos hechos que testimonian la verdad siguiente: que en la religión católica, los votos y las profesiones más altas y “menos razonables” —por decirlo así— son, sin embargo, los que protegen las cosas mejores de la vida diaria.

Muchas señales místicas han sacudido el mundo. Pero una sola revolución mística lo ha conservado: el santo está al lado de lo superior, es el mejor amigo de lo bueno. Toda otra aparente revelación se desvía al fin hacia una u otra filosofía indigna de la humanidad; a simplificaciones destructoras; al pesimismo, al optimismo, al fatalismo, a la nada y otra vez a la nada; al “nonsense”, a la insensatez.

Es cierto que todas las religiones contienen algo bueno. Pero lo bueno, la quinta esencia de lo bueno, la humildad, el amor y el fervoroso agradecimiento “realmente existente” hacia Dios, no se hallan en ellas. Por más que las penetremos, por más respeto que les demostremos, con mayor claridad aún reconoceremos también esto: en lo más hondo de ellas hay algo distinto de lo puramente bueno; hay a veces dudas metafísicas sobre la materia, a veces habla en ellas la voz fuerte de la naturaleza; otras, y esto en el mejor de los casos, existe un miedo a la Ley y al Señor.

Si se exagera todo esto, nace en las religiones una deformación que llega hasta el diabolismo. Sólo pueden soportarse mientras se mantengan razonables y medidas. Mientras se estén tranquilas, pueden llegar a ser estimadas, como sucedió con el protestantismo victoriano. Por el contrario, la más alta exaltación por la Santísima Virgen o la más extraña imitación de San Francisco de Asís, seguirían siendo, en su quintaesencia, una cosa sana y sólida. Nadie negará por ello su humanismo, ni despreciará a su prójimo. Lo que es bueno, jamás podrá llegar a ser DEMASIADO bueno. Esta es una de las características del catolicismo que me parece singular y universal a la vez. Esta otra la sigue: Sólo la Iglesia Católica puede salvar al hombre ante la destructora y humillante esclavitud de ser hijo de su tiempo. El otro día, Bernard Shaw expresó el nostálgico deseo de que todos los hombres vivieran trescientos años en civilizaciones más felices. Tal frase nos demuestra cómo los santurrones sólo desean —como ellos mismos dicen— reformas prácticas y objetivas.

Ahora bien: esto se dice con facilidad; pero estoy absolutamente convencido de lo siguiente: si Bernard Shaw hubiera vivido durante los últimos trescientos años, se habría convertido hace ya mucho tiempo al catolicismo. Habría comprendido que el mundo gira siempre en la misma órbita y que poco se puede confiar en su así llamado progreso. Habría visto también cómo la Iglesia fue sacrificada por una superstición bíblica, y la Biblia por una superstición darwinista. Y uno de los primeros en combatir estos hechos hubiera sido él. Sea como fuere, Bernard Shaw deseaba para cada uno una experiencia de trescientos años. Y los católicos, muy al contrario de todos los otros hombres, tienen una experiencia de diecinueve siglos. Una persona que se convierte al catolicismo, llega, pues, a tener de repente dos mil años.

Esto significa, si lo precisamos todavía más, que una persona, al convertirse, crece y se eleva hacia el pleno humanismo. Juzga las cosas del modo como ellas conmueven a la humanidad, y a todos los países y en todos los tiempos; y no sólo según las últimas noticias de los diarios. Si un hombre moderno dice que su religión es el espiritualismo o el socialismo, ese hombre vive íntegramente en el mundo más moderno posible, es decir, en el mundo de los partidos. El socialismo es la reacción contra el capitalismo, contra la insana acumulación de riquezas en la propia nación. Su política resultaría del todo distinta si se viviera en Esparta o en el Tíbet. El espiritualismo no atraería tampoco tanto la atención si no estuviese en contradicción deslumbrante con el materialismo extendido en todas partes. Tampoco tendría tanto poder si se reconocieran más los valores sobrenaturales. Jamás la superstición ha revolucionado tanto el mundo como ahora. Sólo después que toda una generación declaró dogmáticamente y una vez por todas, la IMPOSIBILIDAD de que haya espíritus, la misma generación se dejó asustar por un pobre, pequeño espíritu. Estas supersticiones son invenciones de su tiempo —podría decirse en su excusa—. Hace ya mucho, sin embargo, que la Iglesia Católica probó no ser ella una invención de su tiempo: es la obra de su Creador, y sigue siendo capaz de vivir lo mismo en su vejez que en su primera juventud: y sus enemigos, en lo más profundo de sus almas, han perdido ya la esperanza de verla morir algún día.

 

G. K. Chesterton (*) (*) Famosísimo periodista, novelista, poeta y crítico literario (1874-1935) es una figura única y genial en la literatura inglesa y uno de los autores modernos más frecuentemente citados. Autor de las novelas del Padre Brown, Ortodoxia (escrito muchos años antes de convertirse), etc. De él dijo su gran amigo Bernard Shaw: “un genio colosal”, y el Times Literary S. “Ha llegado la hora, medio siglo después de su muerte, para hacer una limpieza chestertoniana. Su perspicacia crítica era muy aguda, su campo de acción universal, su vigor invencible. El premio nobel T.S. Eliott quedó maravillado con su libro sobre Dickens. Su obra sobre Tomás de Aquino fue lo mejor que se ha escrito sobre el tema. Su periodismo ejerció una atracción magnética mucho más poderosa que lo que de cualquier columnista o presentador de televisión podría esperarse hoy día.

 

 

Guadalupe

Ángel Cabrero Ugarte

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Hay un sentir bastante generalizado en torno a una mujer extraordinaria, como es Guadalupe Ortiz de Landázuri, una idea que surge de inmediato cuando se comenta alguna de las biografías escritas sobre ella, aunque creo que de un modo especial en la última editada: “En vanguardia”. Es la impresión de que esta santa -en ciernes- es de las nuestras, es de nuestro nivel, por así decir, tuvo las mismas luchas que muchos cristianos de la calle, empeñados en vivir cara a Dios.

 

Es ese descubrimiento de que Guadalupe no fundó nada, no fue mártir, no salió en los periódicos por algún hecho extraordinario. Por eso el lector sale muy reconfortado. Es verdad eso de que todos podemos ser santos. Porque ¿qué aprendemos de ella? Vemos alegría. Una alegría constante, lógica, porque está cerca de Dios, porque está pendiente de los demás. O sea, una felicidad normal, asequible, porque todos sabemos que podemos mejorar en el trato con los demás, que podemos ser más generosos. Todo es ponerse.

El gran tesoro de esta biografía es la gran cantidad de cartas que se incluyen. Muchas cartas a San Josemaría, por quien sentía un gran cariño, cartas a otras personas del Opus Dei, cartas a su hermano, etc. De manera que no estamos ante una narración de terceros, de una autora –que sin duda ha hecho su trabajo-, de unas personas que la conocieron y nos cuentan –que también hay algo- sino que conseguimos conocerla  a través de lo que ella siente, piensa, lucha. Se podría decir que la visión propia es siempre subjetiva y, por lo tanto, de poco valor. Pero el lector observa coherencia.

 

En sus cartas se ven sus luchas. Tiene un empeño sincero por tratar a Dios, por hacer sus ratos de oración, por rezar el Rosario a la Virgen, pero se da cuenta de que cuando tiene mucho jaleo exterior en su vida, su plan de vida cristiano a veces le falla. Y se lo cuenta, con toda sencillez, al Fundador de la Obra, a quien escribe como a un director espiritual. A San Josemaría, a quien ha conocido personalmente –su primer contacto con la Obra fue una conversación con él- le tiene un gran cariño y tiene con él una gran confianza. Y le escribe constantemente, para contarle su vida, para contarle sus logros, sus batallitas. Y esas cartas, debidamente archivadas son, para nosotros, un auténtico tesoro.

Es muy sorprendente el empuje de esta mujer. Quizá sobre todo en los relatos sobre sus años en México, queda uno conmocionado con el empeño que pone por ayudar a las personas con las que se encuentra. Detecta enseguida cuales son las necesidades de la gente con quien va tropezando, sobre todo graves deficiencias en la formación. Se encuentra a gente muy buena, pero con poca catequesis. Y no se conforma con lamentarse. En ningún momento observa, sin más, los problemas que existen. Siempre la llevan a poner remedio, y, en dos o tres años, organiza las cosas para que haya centros de formación para llegar a los diversos tipos de gente, con sus problemáticas.

Nos encontramos ante una mujer feliz, porque está muy cerca de Dios, porque está constantemente pensando en los demás, porque se deja la vida por servir, porque su trato con Dios le ayuda en todo momento a descubrir las necesidades de los demás. El lector encuentra un ejemplo asequible, no una vida lejana. Por eso, este libro es gratificante y animante. Uno, fácilmente, dice: yo quiero ser como ella.

 

 

Mujeres que inspiran: Guadalupe Ortiz de Landázuri, feliz

https://blog.iese.edu/nuriachinchilla/files/2019/05/guadalupe-como-modelo-300x169.jpghttps://blog.iese.edu/nuriachinchilla/files/2019/05/3d0876da-a076-41bb-a072-c073019fef68-245x300.jpgAlgo está cambiando… cuando una mujer normal y corriente, formada como tantas otras del mundo actual, doctora en química, investigadora y profesora, emprendedora en proyectos de servicio social (para lo que se hace emigrante al otro lado del mundo), es proclamada beata por la Iglesia Católica. Pensemos primero en la palabra beata, como lo expresa el profesor y filósofo de la Universidad de los Andes, Joaquín Gª Huidobro:

 Si atendemos a su etimología, la palabra “beata” simplemente significa “feliz”. Feliz ella y felices nosotros, que recibimos a Guadalupe en el momento en que más la necesitábamos, porque esta hora de la vida de la Iglesia es la hora de la gente de a pie.

https://blog.iese.edu/nuriachinchilla/files/2019/05/1cd3ba1c-f930-4dca-bcd5-38bef2134f25-263x300.jpghttps://blog.iese.edu/nuriachinchilla/files/2019/05/1ff99cd8-7fc7-4a33-b2f9-c960a7e98843-300x300.jpghttps://blog.iese.edu/nuriachinchilla/files/2019/05/0f81421b-d767-429f-a114-4047b5473ec3-2-300x300.jpg

Guadalupe era laica, es decir, cristiana de a pie, no era monja, ni religiosa. El papa Francisco la ha puesto como ejemplo de “santidad de la normalidad“, lo que él llama “santos de la puerta de al lado“.  Es la primera mujer del Opus Dei que la Iglesia sube a los altares (su fiesta litúrgica se celebrará a partir de ahora cada 18 de mayo, también cumpleaños de san Juan Pablo II). Fue pionera como estudiante e investigadora en ciencias, algo que todavía hoy es necesario promover (mujeres y STEM, aquí tenéis un ejemplo de nuestros días). Cuando vivió en África por el trabajo de su padre, que era militar, ya tuvo que insistir para que le dejaran ir al colegio. Gracias, ya de vuelta en Madrid, pudo ir a la universidad. En su clase de la Facultad de Químicas eran cinco mujeres. También fue pionera en el CEICID (Centro Internacional de Ciencias Domésticas), que puso en marcha junto a otras personas, para desarrollar otro aspecto muy actual de la sociedad de hoy: la profesionalización del cuidado. 

Como emprendedora, se trasladó a México, donde ayudó a levantar  (entre otros proyectos) la institución Montefalco, partiendo de unas ruinas que nadie quería. Hoy centro de enseñanza y capacitación profesional y humana de niñas y jóvenes, con gran influencia en su entorno. Como formadora, también en España, Guadalupe desarrolló su sueño de dotar a la mujer de su época de un más profundo sentido de la libertad personal, capacitándola para elegir lo que quería ser en la vida: esposa y madre, pero también profesional si así lo deseaba.

Este domingo, durante el rezo del Regina Coeli, el papa Francisco pidió un aplauso por su beatificación y puso de relieve que “su testimonio es un ejemplo para las mujeres cristianas comprometidas en actividades sociales y en la investigación científica“.

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Imagen: Saintips

La ceremonia de beatificación, de la que podéis leer más aquí, o ver resumida en el vídeo del final de este post, reunió en el Palacio de Vistalegre de Madrid a más de 11.000 personas de 60 países. Estuvo presidida por el prefecto de la Congregación para la causa de los Santos, cardenal Becciu, y concelebrada por los cardenales Carlos OsoroRicardo Blázquez, y el prelado del Opus Dei, Fernando Ocáriz, así como por 200 sacerdotes. También estaba presente el cardenal Robert Sarah. Fueron momentos de gran emoción y alegría. La “normalidad” de la nueva beata nos hacía sentir a todos más cerca de la meta. Así fue también en la tertulia con el Prelado del Opus Dei por la tarde en el mismo lugar. Como no se cansaba de repetir la nueva beata Guadalupe, también en los muchos momentos de su vida en que tuvo que enfrentarse a graves dificultades familiares, personales, profesionales, de salud…”y tan contenta“!

Estos son algunos de los testimonios y comentarios de esa tarde en “la sala de estar más grande del mundo“:

  • Anjelica, de Nigeria,  presente en la celebración, recuerda el interés de Guadalupe por el desarrollo social. Aplaude la iniciativa de Harambee de financiar cien becas para científicas africanas en los próximos diez años con motivo de la beatificación… Y se pregunta: ¿Cómo podemos vivir las personas con recursos teniendo muy presente a los que no tienen? La clave es vivir sobriamente, tengas lo que tengas.

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A Guadalupe le gustaba pilotar aviones

  • Teresa Navarro, 20 años, Viene de San Sebastián. Joven y brillante. Estudia un grado de gastronomía en el Basque Culinary Center, porque hace ya unos años decidió que iba a dedicar su vida a servir a los demás como numeraria auxiliar y como masterchef para la gente de su familia. Pisa fuerte con el argumento de su vida sobre los tópicos que miran con recelo los trabajos del hogar, precisamente en un mar de sentimientos que vienen, sentimientos que van, corrientes que pegan y corrientes que arrastran. A ella le arrastra la vida coherente y feliz de Guadalupe.
  • Teresa Robles, junto a su marido, Íñigo. 21 años casados. Siete hijos. Dos de ellos con discapacidad y el último, Josemaría, con síndrome de Down y una leucemia. Duele, pero Teresa y su marido son un ejemplo de que aceptar la realidad y sobreponerse a las dificultades lógicas siembra frutos positivos que nunca se imaginaron. Josemaría es el protagonista de una cuenta de Instagram (@ponundownentuvida), con más de 25.000 seguidores. Esa red arrastra muchos peces: historias de gente que veían el Down desde abajo, y que, gracias a este pequeño influencer han empezado a mirarlo en modo up. Arriba.

https://blog.iese.edu/nuriachinchilla/files/2019/05/Maruja-y-Gol-294x300.jpgGuadalupe Ortiz de Landázuri entendió bien que “su proyecto” no era tal: cada uno de los que encontró en los diferentes lugares donde vivió y trabajó, pasaron a ser sus proyectos. Tenía el espíritu que define la misión del IESE: toda misión de liderazgo debe ser de servicio… El pasado día 13, en el Campus Barcelona, recordamos a la nueva beata en la conmemoración que hacemos cada año de la vida de mi colega y amiga la profesora Maruja Moragas, que nos dejó hace 6 años. Dos mujeres que inspiran, con tanto en común, como nos explicó la profesora Esther Jiménez: liderazgo personal, valentía, confianza, capacidad de entender, de escuchar y de adaptarse, serenidad, fortaleza, resiliencia, humildad, generosidad y capacidad de perdonar, alegría y buen humor y, en la base de todo, intensa vida de piedad.

Y tan contentas!

 

La Virgen de Sheshan defiende a la Iglesia de la opresión de Pekín

Salvador Bernal

La Virgen de Sheshan

photo_camera La Virgen de Sheshan

La solemne beatificación de Guadalupe Ortiz de Landázuri en el palacio Vista Alegre de Madrid, ha tenido como fondo gráfico una original y bella representación de la imagen de la Virgen Patrona de México y de las Américas. No sé por qué –tal vez por la presencia de rostros orientales entre los asistentes a las ceremonias-, me vino a la mente el recuerdo de Benedicto XVI, que compartió su devoción a la Virgen con la decisión de establecer en 2007, en la fiesta de María Auxiliadora, el 24 de mayo, una jornada mundial de oración por la Iglesia en China.

La nueva beata comenzó hacia 1950 el trabajo del Opus Dei en México, una tierra que sufrió una de las grandes persecuciones anticristianas al comienzo del siglo XX. Dio lugar, incluso, a la guerra de los cristeros, no siempre bien comprendida ni siquiera entre los creyentes de otros países. Pero, ya en la segunda mitad de ese siglo, se fue decantando una praxis que admitía con normalidad la no aplicación de la intolerancia religiosa del ordenamiento jurídico, con base en la Constitución de Querétaro (por lo demás, importante en la historia del constitucionalismo, por ser la primera –cito de memoria- que distinguió formalmente la parte dogmática de la orgánica).

No voy a destrozar en unas líneas la historia de las magnalia Dei que los mexicanos agradecen a diario a la Virgen de Guadalupe en su Villa. Si fue gran protagonista de la primera evangelización, no podía abandonar a su pueblo siglos después. Pero pienso que una protección semejante de María se condensa en la devoción popular que recibe en el santuario de Sheshan, de la diócesis de Shanghái. Benedicto XVI compuso su “Oración a Nuestra Señora de Sheshan”, cuando instituyó en su fiesta la jornada de oración por la Iglesia en China.

El papa emérito manifestó un particular afecto hacia el pueblo chino, especialmente hacia los creyentes que vivían su fe en circunstancias muy difíciles. Es conocido su intenso esfuerzo para impulsar la reconciliación en todos los campos, dentro y fuera de la Iglesia, incluidas las relaciones con el Estado. Proseguía los trabajos realizados por Juan Pablo II, con la inestimable colaboración durante años del Cardenal Roger Etchegaray, que protagonizó una específica legación del Romano Pontífice en sus viajes a Pekín. Dirigió por aquellos días de 2007 una extensa carta a los católicos de China, que sigue siendo punto esencial de referencia para entender la solicitud actual del papa Francisco y el trabajo concretado en el acuerdo provisional sobre nombramiento de obispos.

Aunque no contenten a todos, se han dado pasos adelante, como la readmisión a la plena comunión eclesial de los obispos “patrióticos” ordenados sin mandato pontificio, y el nombramiento de los primeros prelados previo consenso entre autoridades civiles y religiosas. Ciertamente, no es fácil armonizar la libertad de la Iglesia con el proceso de chinización, lanzado por el presidente Xi Jinping: intenta la completa subordinación al partido comunista de cualquier realidad social, incluidas las organizaciones religiosas. La cuestión de fondo es cómo hacer compatible esa tendencia con la clásica inculturación inseparable de la tarea evangelizadora.

El Secretario de Estado, Cardenal Pietro Parolin, acaba de conceder una larga entrevista al Global Times, periódico en inglés del partido comunista, sobre el futuro de las relaciones entre la Santa Sede y el Vaticano. Ha tenido más eco en los medios occidentales que en la propia República Popular, según informaciones de la agencia Asia News. Pero, en mayo, dos obispos chinos han participado en un evento fuera de su país, organizado por la Universidad Católica de Milán: “1919-2019. Esperanzas de paz entre Oriente y Occidente”. Allí, el obispo de Pekín subrayó que, en el plano de la fe, la Iglesia en China “es la misma que la Iglesia católica de cualquier otro país del mundo: la misma fe, el mismo bautismo, fiel a la ‘una, santa, católica y apostólica’, en comunión con la Iglesia universal”.

Por otra parte, el cardenal Parolin declaró recientemente al diario italiano La Repubblica que “los sufrimientos de los católicos chinos están muy presentes y nos preocupan mucho. Y prestamos una atenta consideración a las voces de quienes los recuerdan. La Iglesia es madre y no puede permanecer indiferente ante sus hijos que se encuentran en dificultades. Y ésta es la razón de haber promovido el diálogo”.  Su esperanza es que contribuya a eliminar las tensiones entre los “clandestinos” y “patrióticos”, que provoca mucho sufrimiento.    Ante las dificultades, vale la pena acudir, especialmente en la fiesta de María Auxiliadora el próximo día 24, con palabras de la oración que compuso en Benedicto XVI para que el Pueblo de Dios sea siempre fermento de convivencia armónica entre todos los ciudadanos: “Señora nuestra de Sheshan, alienta el compromiso de quienes en China, en medio de las fatigas cotidianas, siguen creyendo, esperando y amando, para que nunca teman hablar de Jesús al mundo y del mundo a Jesús. En la estatua que corona el Santuario tú muestras a tu Hijo al mundo con los brazos abiertos en un gesto de amor. Ayuda a los católicos a ser siempre testigos creíbles de este amor, manteniéndose unidos a la roca de Pedro sobre la que está edificada la Iglesia. Madre de China y de Asia, ruega por nosotros ahora y siempre. Amén".

 

 

Vivir contra corriente – El ejemplo de los primeros cristianos

La fuerza de la fe

Si un hombre no está dispuesto
a dar la vida por sus ideas,
es porque sus ideas no valen nada
o él no vale nada.

Ezra Pound

En el año 304, el emperador Diocleciano prohibió a los cristianos, bajo pena de muerte, tener las Escrituras, construir lugares para el culto o reunirse el domingo para celebrar la Eucaristía. En Abitina, una pequeña localidad de la actual Túnez, cuarenta y nueve cristianos fueron sorprendidos un domingo mientras, reunidos en la casa de Octavio Félix, celebraban la Eucaristía, desafiando las prohibiciones imperiales. Tras ser arrestados, fueron llevados a Cartago e interrogados por el procónsul Anulino.

Fue significativa, entre otras, la respuesta que un cierto Emérito dio al procónsul, que le preguntaba por qué habían transgredido la severa orden del emperador. Respondió: “Sine dominico non possumus”. Es decir, sin reunirnos el domingo para celebrar la Eucaristía, no podemos vivir, nos faltarían las fuerzas para afrontar las dificultades diarias y no sucumbir.

Después de atroces torturas, estos mártires de Abitina murieron heroicamente, pero con ello vencieron, y ahora los recordamos y nos llevan a reflexionar también a nosotros, cristianos del siglo XXI, sobre la Eucaristía y sobre nuestra disposición a dar la cara por nuestra fe.

En el año 320, durante la persecución de Licinio, hubo otro grupo de mártires que se hizo muy popular entre los primeros cristianos: los cuarenta mártires de Sebaste. Estaban enrolados en una legión de guardia de frontera. Los cuarenta eran muy jóvenes, de menos de veinte años. Cuando llegó al campamento la orden de Licinio de que los soldados participaran en los sacrificios idolátricos, ellos rehusaron. Fueron arrestados, atados a una larga cadena y encerrados en la cárcel. La prisión se prolongó mucho tiempo, probablemente porque se aguardaban órdenes superiores, o incluso del mismo emperador. Durante la espera, previendo su fin, los presos escribieron un testamento colectivo en el que se recogían los nombres de cada uno.

Llegada la sentencia de condenación, fueron destinados a morir de frío. Debían estar expuestos desnudos por la noche, en pleno invierno, en un estanque helado y ahí aguardar su fin. El lugar elegido para la ejecución fue un amplio patio delante de las termas de Sebastia. Para aumentar el tormento de las víctimas, se dejó abierta la entrada a las termas, de donde salían chorros de vapor del calidarium. Bastaban pocos pasos para salir unos de las angustias, renegar de Cristo y recuperar en las termas esa vida que se estaba yendo de sus cuerpos minuto a minuto. El tiempo pasaba y ninguno de los condenados salía del estanque helado. Mientras sufrían aquel frío tan intenso oraban pidiendo a Dios, que, ya que eran cuarenta los que habían proclamado su fe en Cristo, fueran también cuarenta los que lograran la gracia del martirio. El vigilante de las termas asistía estupefacto a la escena. De repente, uno de los condenados, extenuado por los espasmos del frío, salió del estanque y se arrastró hacia la puerta iluminada. Al ver esto, el vigilante decidió remplazarlo completando nuevamente el número de cuarenta: se proclamó cristiano y se arrojó junto a los otros condenados.

      
       -¿Y crees que era necesario morir de esa manera?

Creo que el mundo avanza y sobrevive gracias al testimonio de personas que no se dejan doblegar y saben hacer frente con valentía a los atropellos que se hacen a la dignidad del hombre.

Podríamos referirnos de nuevo al ejemplo de Santo Tomás Moro, que en 1534 prefirió ser destituido de todos sus cargos, ver confiscados sus bienes y acabar recluido en Torre de Londres, antes que aceptar las infamias de Enrique VIII. Allí estuvo encerrado durante quince meses, hasta que fue decapitado, soportando todo tipo de presiones para no ser fiel a lo que Dios, a través de su conciencia, le pedía. Su testimonio de coherencia cristiana hasta el martirio explica que su fama haya crecido incesantemente con el paso de los siglos. Su nombre figura tanto en el martirologio católico como en el anglicano, y su figura es reconocida universalmente, por encima de fronteras nacionales y de confesiones religiosas, como símbolo de integridad y como testimonio heroico de la primacía de la conciencia.

También podríamos recordar el caso de San Estanislao de Polonia, que en el año 1079 tuvo la audacia de censurar al mismísimo rey Boleslao II por sus múltiples inmoralidades. El rey ordenó matarlo, y como sus sicarios no se atrevían a atentar contra una persona tan santa, subió él mismo al altar de la catedral de Cracovia y, mientras celebraba la Santa Misa, lo asesinó con sus propias manos.

-Supongo que no habrá sido en vano el testimonio de tantas muertes en defensa de la fe, pero dan ganas de responder de otra manera ante los atropellos y las injusticias.

Es cierto, y por eso en muchas ocasiones nos preguntamos por qué razón Dios se queda callado, por qué no hace de inmediato lo que para nosotros resulta quizá evidente. Muchas veces desearíamos que Dios se mostrara más fuerte, que actuara con más contundencia, que derrotara de una vez al mal y creara un mundo mejor.

Sin embargo, cuando pretendemos organizar el mundo adoptando o juzgando el papel de Dios, el resultado es que hacemos entonces un mundo peor. Podemos y debemos influir en que el mundo mejore, pero sin olvidar nunca quién es el Señor de la historia. Porque, como ha señalado Benedicto XVI, nosotros quizá sufrimos ante la paciencia de Dios, pero todos necesitamos de su paciencia. El mundo se salva por el Crucificado y no por los crucificadores. El mundo es redimido por la paciencia de Dios y destruido por la impaciencia de los hombres.

El testimonio de los santos ha tenido un gran peso a lo largo de la historia. Chesterton decía que, a fin de cuentas, todos los siglos han sido salvados por media docena de hombres que supieron ir contra las corrientes de moda en ese siglo. Cada época tiene sus audacias, y cada audacia, un hombre que tiene el valor de vivir contra corriente ante las ofuscaciones y cobardías del momento.

Además, muchas veces, esas persecuciones han sido ocasión de grandes bienes. Si recordamos, por ejemplo, la figura de San Esteban, el primer mártir del cristianismo, vemos que a su asesinato siguió una persecución contra los cristianos, la primera en la historia de la Iglesia, pero aquella persecución, que les obligó a huir de Jerusalén y a dispersarse, les hizo transformarse en misioneros itinerantes, de manera que la persecución, y la consiguiente dispersión, se convirtieron en misión, y el Evangelio se propagó por Samaria, Fenicia y Siria, hasta llegar a la gran ciudad de Antioquía, donde, según cuenta San Lucas, fue anunciado por primera vez también a los paganos.

En todas las épocas y lugares, aunque a primera vista no lo parezca, ha sido difícil vivir la fe o la entrega a Dios. Tampoco es fácil ahora, aunque en pocos sitios haya ya prohibiciones o persecuciones formales. El mundo en el que vivimos, marcado a menudo por el consumismo, por la indiferencia religiosa o por un secularismo cerrado a la trascendencia, aparece muchas veces, para la entrega a Dios, como un desierto no menos inhóspito que el de otros tiempos. Pero quizá precisamente por eso, vivir contra corriente es tanto o más necesario.

 

 

Ambiente terreno que produce inapetencia del Cielo

Times Square de Nueva York

Times Square de Nueva York : movimiento, luces… agitación

Vista nocturna de la Times Square de Nueva York. Todos los recursos de la propaganda luminosa están utilizados para deslumbrar al transeúnte, atraer de todos modos su atención, excitarlo de las más diversas maneras, para finalmente convencerle de que compre algo que normalmente no compraría.

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Santo Domingo meditando

Fray Angélico representó a Santo Domingo en meditación

El cuadro famoso de Fray Angélico, representando a Santo Domingo en meditación, constituye un contraste chocante con la primera fotografía.¿Sería posible a la población de las «urbes» babilónicas de nuestros días conservar esa distensión psíquica espléndida, que prepara las almas para elevarse a las más altas esferas del estudio y de la meditación?

¿Quién no ve que la agitación moderna aparta a la inmensa mayoría de los hombres del gusto de recogerse en Dios para estudiar y orar? En el Cielo, dice San Agustín, «descansando contemplaremos, contemplando amaremos, y amando loaremos. Esto constituirá nuestro fin sin fin». (De Civit. Dei, I. XXII. C, 30, n° 5)

 

 

Caso Vincent Lambert: no a cultura del descarte

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Pierre Lambert, padre de Vincent (AFP or licensors)

En Francia, se ha iniciado el procedimiento para dejar de alimentar e hidratar a Vincent Lambert, que está hospitalizado en Reims desde el 2008. Para algunos está en un estado de “conciencia mínima” para otros en un estado “vegetativo crónico”. El Papa, que en el 2018 ya había lanzado dos llamamientos, ha publicado hoy un tweet: la vida es un don de Dios, desde el principio hasta el fin natural.

El día que el hospital de Reims, en Francia, inició el procedimiento para dejar de alimentar e hidratar a Vincent Lambert, el Papa lanzó este tweet en la cuenta @Pontifex:

“ Roguemos por cuantos viven en estado de grave enfermedad. Custodiemos siempre la vida, don de Dios, desde el inicio hasta su fin natural. No cedamos a la cultura del descarte ”

Los padres: ¡no lo maten!

El hombre de 42 años está hospitalizado desde 2008 tras un accidente de tráfico: es tetrapléjico y, según algunos médicos, vive en un estado de “conciencia mínima”, mientras que, según otros, se encuentra en un estado “vegetativo crónico”. Vicent respira autónomamente, el latido del corazón es espontáneo, no se está muriendo. Los padres se oponen a la muerte de su hijo por hambre y sed y desean trasladarlo a otro centro para que pueda recibir una rehabilitación adecuada. Han presentado otro enésimo recurso  de urgencia. La madre, según Bfm-Tv, dijo: “Lo están matando, sin habernos dicho nada”. En cambio, la esposa, habla de ensañamiento terapéutico y apoya la decisión de la interrupción de los cuidados.

Comité ONU: no interrumpir la alimentación y la hidratación

Después del Consejo de Estado francés, también el Tribunal Europeo de Derechos Humanos rechazó la petición de los padres de Lambert de seguir alimentando e hidratando a su hijo. Por su parte, el  Comité de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad había pedido a Francia que no inicie procedimientos para poner fin a la vida de Vincent: quiere examinar el caso. Sin embargo, la ministra francesa de Sanidad, Agnès Buzyn, dijo que no consideraba que la solicitud del Comité fuera vinculante.

La Convención ONU sobre los derechos de las personas con discapacidad

Los abogados de los padres, por su parte, señalan que Francia ha ratificado la Convención de las Naciones Unidas sobre los derechos de las personas con discapacidad, aceptando libremente someterse a las obligaciones que de ella se derivan.  Los Estados que se adhieren a la Convención, aprobada en el 2006, se comprometen a reconocer, de acuerdo con el artículo 25, “que las personas con discapacidad tienen derecho a gozar del más alto estándar posible de salud, sin discriminación por motivos de discapacidad”.  Además, se comprometen a “adoptar todas las medidas pertinentes para asegurar  el acceso de las personas con discapacidad a servicios de salud (…) incluida la rehabilitación relacionada con la salud” y a impedir “que se nieguen, de manera discriminatoria, servicios de salud o de atención de la salud o alimentos sólidos o líquidos por motivos de discapacidad”.

Los llamamientos del Papa: sólo Dios es el dueño de la vida

El año pasado, el Papa Francisco lanzó dos llamamientos públicos a favor de Vincent Lambert, relacionándolo a la historia del pequeño Alfie Evans. El 15 de abril de 2018, en ocasión de la Regina Caeli, dijo:

Confío a sus oraciones a las personas como Vincent Lambert, en Francia, el pequeño Alfie Evans, en Inglaterra, y otras en diferentes países, que viven, a veces por largo tiempo, en un estado de grave enfermedad, asistidos médicamente para sus necesidades básicas. Son situaciones delicadas, muy dolorosas y complejas. Recemos para que cada enfermo sea siempre respetado en su dignidad y atendido de una manera apropiada a su condición, con el acuerdo de los familiares, de los médicos y de otros trabajadores de la salud, con gran respeto por la vida.

Tres días después, al final de la audiencia general del 18 de abril de 2018, afirmó:

Llamo de nuevo la atención sobre Vincent Lambert y el pequeño Alfie Evans, y quisiera reiterar y confirmar con firmeza que el único dueño de la vida, desde el inicio hasta el fin natural, ¡es Dios! Y nuestro deber, nuestro deber es hacer todo lo posible para custodiar la vida.

La Iglesia de Reims: no emprender el camino de la eutanasia

El arzobispo de Reims, Monseñor Éric de Moulins-Beaufort, y su obispo auxiliar, Monseñor Bruno Feillet, publicaron el pasado 13 de mayo una declaración sobre el caso de Vicent, en la que declaran:

Está en juego el honor de una sociedad humana de no dejar que uno de sus miembros muera de hambre o sed y hacer todo lo posible para mantener hasta el final las atenciones apropiadas. Permitirse renunciar a ella porque un tal tratamiento tiene un coste o porque sería inútil dejar vivir a la persona humana arruinaría el esfuerzo de nuestra civilización. La grandeza de la humanidad consiste en considerar la dignidad de sus miembros, especialmente los más vulnerables, como inalienable e inviolable. Nuestras sociedades bien equipadas se han organizado de tal manera que las personas en estado vegetativo o de conciencia mínima sean apoyadas hasta el final por hospitales y seguidas por personal competente. También sus familiares y amigos están llamados a brindar apoyo en caso de que uno de sus seres queridos se encontrara en una situación de este tipo y las bases para un buen acompañamiento se encuentran en la confianza mutua entre estas personas. Muchas personas experimentan que este apoyo, aunque agotador, ayuda a hacerlos más humanos. El deber de la sociedad es ayudarlos. Seguimos rezando y los invitamos también a ustedes a que lo hagan, para que nuestra sociedad francesa no emprenda el camino de la eutanasia.

L’Osservatore Romano: no es un caso de ensañamiento terapéutico

En Francia, la eutanasia está prohibida, pero los tribunales en el caso Lambert han admitido la suspensión del tratamiento porque consideran que su continuación es una obstinación irrazonable, un acto inútil y desproporcionado según afirma la ley Clays-Leonetti sobre el fin de vida. Pero el hecho es que Vincent no se está muriendo. En este contexto, el sábado pasado el L’Osservatore Romano habló sobre el caso publicando un artículo de Don Roberto Colombo, profesor de la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad Católica del Sagrado Corazón. Don Colombo afirma: seguir alimentando e hidratando, aunque sea artificialmente, a Vicent, que no se está muriendo, nada tiene que ver con el deber de “respetar el inevitable inicio de la muerte y no oponerse al curso natural de la agonía con intervenciones inadecuadas que sólo prolongan el sufrimiento del moribundo”.

Don Colombo cita al Papa Francisco, quien subrayó que sólo para un paciente en condiciones terminales, respetar el curso natural sin ensañamiento terapéutico es “una elección que asume responsablemente el límite de la condición humana mortal, cuando reconoce que ya no puede oponerse a ella”. Aparece clara entonces la diferencia ética entre la práctica del ensañamiento terapéutico (uso de medios desproporcionados) y la eutanasia, que pretende interrumpir la vida, causando la muerte. Este sería exactamente el efecto de suspender la hidratación y la nutrición a Vincent. Si incluso la ley o una sentencia lo permitieran -concluye Don Colombo- esta acción “sigue siendo inaceptable e indigna de una sociedad fundada en el respeto y la acogida de la vida de todos”.

Ciencia y Vida: también una cuestión de costos

En los últimos días,  intervino en Vatican News el jurista Alberto Gambino, presidente de Ciencia y Vida, hablando de una tendencia en algunos países a rediseñar los sistemas de salud con el posible resultado de “interrumpir la existencia humana porque puede que ya no sea eficiente e incluso se pueda recortar costes”. En Inglaterra -dice- ha habido un fuerte impulso hacia las prácticas de eutanasia, después de la reforma del sistema de salud que ha requerido la reducción de muchos costos”.

“Si llegamos a una drástica cuenta -añadió Gambino- de lo que puede costar permanecer en un hospital, en una estructura, cuando no hay posibilidad de recuperación desde el punto de vista de la plenitud de la fisiología propia, entonces, a este punto, se vuelve dramático no sólo el caso Lambert, sino muchas situaciones en las que encontramos una existencia que no está en plena conciencia. Pensemos cuánto es lábil el confín entre una patología grave, irreversible, y muchos estados depresivos que podrían configurarse como patologías y que podrían llevar al resultado exicial de la muerte” a través del abandono del paciente. Y concluyó: “Esto realmente no puede suceder en Europa, cuna de la civilización, y es correcto que los médicos se opongan a todo esto”.

(Sergio Centofanti – Ciudad del Vaticano, vaticannews.va)

París. Tribunal ordena reanudación cuidados de Vincent Lambert

Mientras que la dieta y la hidratación de Vincent Lambert habían sido interrumpidas el lunes 20 de mayo, el Tribunal de Apelación de París ordenó la misma noche que se reanudara el tratamiento de este hombre de 42 años, tetrapléjico en estado vegetativo durante más de diez años. En este contexto de sucesivos retrocesos, la Iglesia ha hecho oír su voz, recordando el valor inestimable de la vida y la primacía del amor en las relaciones humanas

En un tweet publicado el lunes 20 de mayo al mediodía, el Papa Francisco transmitió este mensaje: “Oremos por aquellos que viven en un estado de discapacidad severa. Protejamos siempre la vida, don de Dios, desde el principio hasta el fin natural. No nos dejemos llevar por la cultura del descarte”. El llamado del Santo Padre fue consistente con sus otras intervenciones sobre este complejo tema.

El 15 de abril de 2018, durante la oración de Regina Coeli, el Papa describió el caso de Vincent Lambert como “una situación dolorosa y compleja”. También pidió que “cada paciente sea respetado en su dignidad y tratado de manera adecuada a su estado de salud”.

Escogiendo entre la civilización del derroche y la civilización del amor

El lunes, el arzobispo de París, Mons. Michel Aupetit, también habló en una declaración. Ahora hay una elección muy clara de la civilización”, explica, “o bien consideramos a los seres humanos como robots funcionales que pueden ser eliminados o desechados cuando ya no son útiles, o bien consideramos que lo propio de la humanidad no se basa en la utilidad de una vida, sino en la calidad de las relaciones entre las personas que revelan amor”. “Una vez más nos encontramos ante una elección decisiva: la civilización del despilfarro o la civilización del amor”, resumió en términos que se hicieron eco de los del Papa. “Cristo nos reveló el único camino para crecer en humanidad: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado. Y nos ha dado la única manera de expresar este amor: “No hay amor más grande que dar la vida por los que amas”, dice el arzobispo de París.

Un hombre vivo “en un estado estable”

“En el caso concreto del Sr. Vincent Lambert, podemos ver que tiene los ojos abiertos, que respira con normalidad, que se encuentra en un estado estable, no en absoluto al final de su vida”, dice el Arzobispo, él mismo un ex médico. Mons. Aupetit señala que “no se menciona que tenga un sufrimiento insoportable que requiera una sedación profunda, excepto, obviamente, en el caso de que la suspensión de la hidratación por parte de los médicos causaría el cruel dolor de morir de sed”. No se trata de una “obstinación terapéutica”, ya que no se trata de un cuidado curativo de una enfermedad incurable, sino simplemente de un cuidado corporal y nutricional básico que también se debe a las personas mayores dependientes y hemipléjicas y a los bebés que aún no son autónomos”.

“Mi corazón sacerdotal me lleva a rezar por él, sometido a tantas presiones, y cuya vida sólo puede depender de decisiones que se le escapan”, escribió el arzobispo de París sobre el paciente, en el corazón de un “caso especial” y “emblemático de la sociedad en la que queremos vivir”.

La reanudación de los cuidados divide a la familia

El tweet del Papa y la declaración del obispo Aupetit fueron publicados mientras que el departamento de cuidados paliativos del hospital de Reims apagaba las máquinas que proporcionaban a Vincent Lambert comida e hidratación. Por la noche, el Tribunal de Apelación de París ordenó la restauración del tratamiento para mantenerlo con vida, al menos hasta que un comité de la ONU -el Comité Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad- decida sobre el fondo de su caso. La madre de Vincent Lambert saludó “una gran victoria” y dijo que estaba “orgullosa de la justicia”.

Los padres del paciente tetrapléjico habían presentado el lunes nuevas acciones legales en un intento de detener lo que ellos consideraban una “eutanasia disfrazada”. Pero la decisión del Tribunal de Apelación también conmocionó a parte de la familia de Vincent Lambert, que estaba a favor de suspender el tratamiento. Su sobrino denunció “puro sadismo por parte del sistema médico-judicial”. El 21 de mayo, el hospital de Reims acogerá a los dos abogados de los padres de Vincent Lambert, que se encargarán de que se reanude la dieta y la hidratación de su hijo.

(Ciudad del Vaticano, vaticannew.va)

 

Los mártires silenciosos

En la sociedad descreída, materialista, hedonista, etc. en la que vivimos hay, sin duda muchos mártires silenciosos. El sacerdote que limpia las paredes de la iglesia rezando por las personas que las han ensuciado con frases obscenas. La madre de familia, que se alegra y da gracias con un nuevo embarazo, el quinto, y sigue adelante con el hijo en su seno rechazando las presiones de parientes y amigos para que aborte, porque la criatura tiene síntomas de ser Down. El amigo que recomienda a un compañero de trabajo que pida el consejo de un buen psicólogo para que le ayude a vencer esas tendencias homosexuales que no quiere seguir, en modo alguno; y que se expone, así, a recibir una multa por usar libremente de su libertad, de su amistad.

Es la joven que comienza a vivir su noviazgo con el firme deseo de llegar virgen al matrimonio; y el del novio que reafirma ante sus amigos que da gracias a Dios por haberse encontrado con una mujer así, que le ha hecho olvidar sin pena alguna a otras mujeres que había conocido; y porque ha vuelto a tratar a Jesucristo, a confesarse y a vivir la Misa.

Mártires silenciosos.  Reciben todo tipo de adjetivos, incluso insultos: “reaccionario/a”, “antigua/o”, “retrasado mental”, etc. etc. Hasta alguno le puede llegar a decir que “¿quién te has creído?”, ¿quieres llamar la atención, no haciendo lo que hacemos todos?”. No les importan mucho; rezan por todos, y siguen adelante su camino.

Suso do Madrid

 

 

 

 

El temor a un retorno del islamismo

En el seno del Frente de Liberación Nacional, el principal partido político que antaño fue partido único controlado por el régimen, se han abierto grandes dudas sobre una transición que podría abrir las puertas a los movimientos islamistas argelinos que sobreviven a la guerra civil de los años noventa. Ahora es el Ejército el que invoca la Constitución actual para pedir la inhabilitación de Buteflika y controlar así el proceso de sustitución. Será crucial para comprobar hasta qué punto la iniciativa del general Salah ha sido acogida por los manifestantes, que siguen expresando su rechazo a las iniciativas del Poder. Lo cierto es que nadie quiere perder el control de las instituciones y de la economía, y que se extiende el temor a un retorno del islamismo en Argelia.

Jaume Catalán Díaz

 

Emergencia en Mozambique

Idai es el nombre de un devastador ciclón que durante el mes de marzo provocó una tremenda catástrofe en Mozambique. Este país ha soportado meses lluvias torrenciales que han afectado a más de 13.000 familias en todo su territorio. La ciudad de Beira, la más afectada, se ha visto destruida en un 90%. Amplias zonas de Mozambique carecen de agua potable y de luz, y tras la destrucción de viviendas, carreteras y hospitales, el mayor problema hoy es la epidemia de cólera.

Las ayudas de emergencia pasan por la satisfacción de las necesidades más primarias, la asistencia sanitaria y la reconstrucción de las infraestructuras más vitales. Con todo, Mozambique se enfrenta a un problema a medio plazo. La ONG Manos Unidas alerta de los problemas alimentarios a los que el país va a enfrentarse, porque si grave es la pérdida de las viviendas, no lo es menos la de las cosechas.

Valentín Abelenda Carrillo

 

 

Costo y rendimiento de un preso en España

 

                                Siempre y desde que aprendí a pensar y deducir me hecho la siguiente pregunta. ¿Por qué si una persona honrada y para poder vivir o sobrevivir tiene necesariamente que trabajar y un preso no tiene que hacerlo y el Estado lo mantiene incluso mucho mejor que a muchos de los otros mentados? Digo preso, pero igual opino sobre “presas”, e incluso sobre adolescentes delincuentes ya y que por su edad, “saben que  lo que han hecho es delito”; y  por descontado que cada delito tiene que tener asignados un tipo de trabajo y por significarlos, opino que deben ser desde los más llevaderos hasta los más duros y peligrosos.

                                No soy yo el que ha designarlos puesto que ya pagamos ejércitos de empleados públicos, que son los indicados  a asignarlos al tipo de delitos y la duración de los mismos, Lo que no entiendo por mucho que me lo expliquen es, “la inactividad y el almacenamiento de seres humanos para que simplemente vegeten y que muchos de ellos vivan mejor atendidos que lo estarían en su propio domicilio si es que lo tienen”.

                                No se trata de forzar sino muy al contrario, el convencerles de que tienen que trabajar para el Estado por cuanto han delinquido en  él y han de contribuir a su propio mantenimiento como mínimo; y si opino así para los nativos españoles, mucho más duro considero debe ser para quién viene sin ser llamado; y viene a España a delinquir como fin único de su viaje.

                                Por si lo ignoran, cada preso cuesta al contribuyente español, diariamente casi sesenta euros; cantidad más que suficiente para que viva una familia numerosa bastante dignamente en esta depauperada España; dato más que suficiente para que pensaran en ello, tantos y tan “vocingleros” políticos como estamos pagando y que en realidad no se preocupan de la mayoría de “cosas” por las que sí nos preocupamos los indefensos súbditos españoles.

                                Abajo les dejo la dirección de un reciente informe publicado en el diario cibernético “Vozpópuli” y en el que pueden informarse con cierta amplitud del problema nacional,  que padecemos y que debido al aumento de la delincuencia, seguirá creciendo cada vez más puesto que España y como afirmé en uno de mis recientes artículos, se ha convertido en el “edén de los delincuentes de medio mundo”, por qué aquí los tratan muy bien y entran y salen como les viene en gana.

                                De lo publicado en dicho periódico les copio lo que sigue.

                                “Violencia en las cárceles: 3.303 agresiones a funcionarios desde el año 2000. Cada preso cuesta a los españoles aproximadamente 21.298,82 euros al año, si dividimos los presupuestos destinados a instituciones penitenciarias entre el número de reclusos existentes (exceptuando Cataluña). Esto, a su vez, se traduce en que los centros penitenciarios cuentan con una media de 58 euros al día por preso ya que, según nos informan para Vozpópuli desde la dirección de instituciones penitenciarias, 1.124,663 millones de euros fue la cantidad con la que en el 2015 contaba la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias dentro de los Presupuestos Generales del Estado para gastos internos, a excepción de Cataluña que dispone de sus propios presupuestos, independientes del resto de comunidades. El gran monto del presupuesto penitenciario va destinado al mantenimiento de las infraestructuras, equipamientos y servicios de las prisiones. (Ver  aquí el resto) http://www.vozpopuli.com/actualidad/nacional/cuesta-preso-Espana- carcel_0_976702696.html

 

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y http://blogs.periodistadigital.com/nomentiras.php