Las Noticias de hoy 05 Marzo 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    martes, 05 de marzo de 2019    

Indice:

ROME REPORTS

Jesús nos dice: “Es mejor que mires tus defectos y dejes vivir en paz a los demás”

Francisco anuncia la apertura de los Archivos Vaticanos de Pío XII el 2 de marzo de 2020

Audiencia a un grupo de la Pontificia Comisión para América Latina

GENEROSIDAD Y DESPRENDIMIENTO: Francisco Fernandez Carbajal

"Las almas santas tienen que ser felices": San Josemaria

¿Por qué 40 días de Cuaresma?

MIÉRCOLES DE CENIZA.: + Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres

Cuaresma 2019: la conversión personal se proyecta sobre la creación entera: Salvador Bernal

Cuaresma: Ana Teresa López de Llergo

¿Hemos avanzado o retrocedido las mujeres: Lucia Legorreta

¿Quién va a pagar las jubilaciones futuras, si hoy las familias no tienen suficientes hijos?: Francisco Gras

Algunas claves de la crisis familiar hoy: Pedro Beteta López

"La vida a una carta": José Luis Martín Descalzo

“El árbol se conoce por sus frutos”: Pedro Martinez Pirez

¿Qué es el pago verde?: Jesús Domingo

Catolicismo y Civilización: Plinio Corrêa de Oliveira

En los últimos días de la semana pasada: Jesús D Mez Madrid

Antibióticos, resistencias y manipulación: Domingo Martínez Madrid

El respeto fundamental de la vida: Xus D Madrid

España y otros: cambio y regeneración: Antonio García Fuentes

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

BAJA BOLETÍN: boletin-unsubscribe@ideasclaras.org

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

ROME REPORTS

 

 

 

Jesús nos dice: “Es mejor que mires tus defectos y dejes vivir en paz a los demás”

Homilía del Papa en la parroquia romana San Crispín de Viterbo

marzo 04, 2019 21:36RedacciónPapa y Santa Sede

(ZENIT – 4 marzo 2019).- El Papa visitó ayer, domingo, 3 de marzo de 2019, VIII domingo del tiempo ordinario, la parroquia romana de San Crispín de Viterbo en Labaro, en el sector norte de la diócesis de Roma.

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Al final, el Santo Padre encontró a los enfermos y discapacitados, saludó a los sacerdotes de la comunidad y administró el Sacramento de la Reconciliación a 5 feligreses de diferentes edades.

A las 17:20 horas el Papa presidió la celebración de la santa misa en la iglesia parroquial. Después de la proclamación del Evangelio pronunció una homilía improvisada.

Terminada  la celebración eucarística, antes de la bendición final, el párroco don Luciano Cacciamani se despidió brevemente del Papa, expresando su agradecimiento por la visita y dándole una foto del artista Meo Carbone, dedicada al tema de la inmigración.

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Antes de dejar la parroquia y regresar al Vaticano, el Santo Padre dirigió unas palabras de saludo a los muchos fieles que lo esperaban fuera de la iglesia.

Publicamos a continuación  la transcripción de la homilía y las palabras del Papa  durante los diferentes encuentros  de su visita a la parroquia de San Crispín de Viterbo.

***

Homilía del Papa Francisco

Hemos escuchado en el Evangelio cómo Jesús explica a las personas la sabiduría cristiana, con parábolas. Por ejemplo, un ciego no puede guiar a otro ciego; después, el discípulo no es más grande que el Maestro; luego,  no hay un buen árbol que produzca un mal fruto. Y así, con estas parábolas, enseña a la gente.

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Me gustaría centrarme en una, que no he repetido. Ahora la digo [lee]: “¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la vida que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja  que saque la brizna que hay en tu ojo, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? ¡Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano”. Y con esto, el Señor quiere enseñarnos a no ir criticando a los demás, a no mirar los defectos de los demás: Mira primero los tuyos, tus defectos. “Pero, padre, ¡no tengo ninguno!” – ¡Ah, felicidades! ¡Te aseguro que si no te das cuenta de que los tienes aquí, los encontrarás en el Purgatorio! Mejor verlos aquí.

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Todos tenemos defectos, todos. Pero estamos acostumbrados, en parte por inercia, en parte por la fuerza de la gravedad del egoísmo, a mirar los defectos de los demás: Somos especialistas, todos, en esto. Enseguida encontramos los defectos de los demás. Y hablamos de ello. Porque hablar mal de los demás parece dulce, nos gusta. No, en esta parroquia tal vez no ocurra [risas], pero en otras partes es muy común. Siempre sucede así: “Ah, ¿cómo estás?” – “Bien, bien, con este tiempo, estoy bien..” “¿Pero  has visto  a ese…?”. E inmediatamente [caemos en ello].

No sé si vosotros habéis escuchado estas cosas, pero es algo malo. Y no es nuevo: Ya se hacía en la  época de Jesús. Es algo que, con el pecado original que tenemos, nos lleva a condenar a los demás, a condenar. E inmediatamente somos especialistas en encontrar las cosas malas de los demás, sin ver las nuestras. Y Jesús dice: “Tú condenas a ese por una cosa tan pequeña, y tienes cosas mucho más grandes, pero no las ves”. Y es cierto: nuestra maldad no es tanta, porque estamos acostumbrados a no ver nuestros límites, no a ver nuestras faltas, pero somos especialistas en ver las faltas de otros.

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Y Jesús nos dice una palabra muy fea, muy fea: “Si vais por este camino, sois unos hipócritas”. Es feo decir hipócrita: Jesús se lo decía a los fariseos, a los doctores de la Ley, que decían una cosa y hacían  otra. Hipócrita. Hipócrita significa uno que tiene un doble pensamiento, un doble juicio: Uno lo dice abiertamente y otro a escondidas, con el que condena a los demás. Es tener una doble manera de pensar, una doble manera de dejarse ver. Se muestran como personas buenas y perfectas, y por debajo condenan. Por eso Jesús se escapa de esta hipocresía y nos aconseja: “Es mejor que mires tus defectos  y dejes vivir en paz a los demás. No te metas en la vida de los demás: Mira la tuya”.

Y esto no termina aquí: el chismorreo no termina con el chismorreo; el chismorreo va más allá, siembra discordia, siembra enemistad, siembra mal. Escuchadme, no exagero: Por la lengua comienzan las guerras. Tú, chismorreando de los demás, empiezas una guerra. Un paso hacia la guerra, una destrucción. Porque es lo mismo destruir al otro con la lengua que con una bomba atómica, es lo mismo. Tú destruyes Y la lengua tiene el poder de destruir como una bomba atómica. Es muy potente. Y no lo digo yo: Lo dice el apóstol Santiago en su carta. Tomad la Biblia y miradlo. ¡Es muy poderosa! Es capaz de destruir. Y con los insultos, con el hablar mal de los demás, comienzan tantas guerras: guerras domésticas,  -se empieza a gritar- guerras en el vecindario, en el lugar de trabajo, en la escuela, en la parroquia… Por eso Jesús dice: “Antes de hablar de los demás, toma un espejo y mírate a ti mismo;

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mira tus faltas y avergüénzate de tenerlas. Y así te volverás mudo sobre los defectos de los demás “. “No, padre, es que tantas veces hay gente mala, que tiene tantos defectos…”. Pues, vale, sé valiente, sé valiente y díselo a la  cara: “Eres malo, eres mala, porque estás haciendo esto y esto”. Díselo a la cara, no a la espalda, no por detrás. Díselo a la cara. “Pero no quiere escucharme”. Entonces díselo a quien pueda remediarlo,  a quien pueda corregir, pero no lo digas como chismorreo, porque el chismorreo no resuelve nada, al contrario. Empeora las cosas y te lleva a la guerra.

[Dentro de poco] comenzaremos la Cuaresma: Sería muy bonito que cada uno de nosotros, en esta Cuaresma, reflexionase sobre esto. ¿Cómo me porto con la gente? ¿Cómo está mi corazón frente a la gente? ¿Soy un hipócrita, sonrío y luego critico y destruyo con mi lengua? Y si al final de la Cuaresma hubiéramos podido corregir esto un poco, y no ir siempre criticando a los demás por la espalda,  os aseguro que la resurrección de Jesús se vería más hermosa, más grande entre nosotros… “Eh, padre, es muy difícil, porque me sale criticar a los demás”;  lo puede decir cualquiera de nosotros, porque es un hábito que el diablo pone en nosotros. Es verdad, no es fácil. Pero hay dos medicamentos que ayudan

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mucho. En primer lugar, la oración. Si a ti te sale lo de “despellejar” a otro, lo de  criticar a otro, reza por él, reza por ella y pide al Señor que resuelva ese problema y, a ti que te cierre la boca. Primer remedio: la oración. Sin oración no podemos hacer nada. Y en segundo lugar, hay otra medicina, que también es práctica como la oración: cuando sientas el deseo de hablar de alguien, te muerdes la lengua. ¡Fuerte! Porque así se te hinchará la lengua y no podrás hablar. [ríen] Es una medicina práctica, es muy práctica.

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Pensad seriamente en lo que Jesús dice: “¿Por qué miras los defectos de los demás y no miras los tuyos, que son más grandes?”. Pensadlo bien. Pensad que este hábito tan feo es el comienzo de tantas desuniones, de tantas guerras domésticas, guerras en el vecindario, guerras en el lugar de trabajo, tantas enemistades. ¡Pensadlo! Y rezad al Señor, rezad para que nos dé la gracia de no hablar mal de los demás. ¡Y todos los días tened la dentadura lista para aplicar el segundo medicamento!

¡El Señor os bendiga!

 

 

Francisco anuncia la apertura de los Archivos Vaticanos de Pío XII el 2 de marzo de 2020

Audiencia con los oficiales del Archivo Vaticano

marzo 04, 2019 21:06Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede, Pio XII

(ZENIT – 4 marzo 2019).- “He decidido que la apertura de los Archivos Vaticanos del pontificado de Pío XII tenga lugar el 2 de marzo de 2020, exactamente un año después del ochenta aniversario de la elección al Solio de Pedro de Eugenio Pacelli”, ha anunciado el Papa Francisco.

El Pontífice ha asegurado que “La Iglesia no tiene miedo de la historia, al contrario, la ama y la gustaría amarla más y mejor, ¡como Dios la ama!”. “Por eso –ha continuado– con la misma confianza de mis predecesores, abro y confío a los investigadores este patrimonio documental”.

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Esta mañana, 4 de marzo de 2019, el Santo Padre ha recibido en audiencia a los superiores, empleados y colaboradores del Archivo Secreto Vaticano, con motivo del ochenta aniversario de la elección al Sumo Pontífice del Siervo de Dios Pío XII, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico.

Publicamos a continuación el discurso que el Papa ha dirigido a los presentes durante el encuentro:

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Discurso del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas,

Os doy la bienvenida, grato de recibiros. Agradezco al obispo José Tolentino de Mendonça las amables palabras de saludo que me ha dirigido en nombre de todos vosotros. Saludo al arzobispo Sergio Pagano, al profesor Paolo Vian, nuevo vice-prefecto, y a vosotros, archivistas, escribanos, asistentes y empleados del Archivos Secreto Vaticano, así como a los profesores de la Escuela Vaticana de Paleografía, Diplomática y Archivos.

La ocasión de vuestra visita, – a tan breve distancia de mi encuentro con vosotros y con la Biblioteca Apostólica, el 4 de diciembre pasado –se coloca en el feliz aniversario, justo anteayer, de los ochenta años transcurridos desde la elección a Sumo Pontífice, el 2 de marzo de 1939, del Siervo de Dios Pío XII, de venerada memoria.

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La figura de ese Pontífice, que se encontró guiando la Barca de Pedro en uno de los momentos más tristes y oscuros del siglo XX, agitado y en buena parte rasgado por el último conflicto mundial, con el consiguiente período de reorganización de las naciones y de reconstrucción de la posguerra, esta figura ya ha sido indagada y estudiada en muchos aspectos, a veces discutida e incluso criticada (podría decirse con algún prejuicio o exageración). Hoy en día se reevalúa oportunamente y, todavía más, se coloca bajo la luz adecuada por sus cualidades multifacéticas: sobre todo pastorales, pero también teológicas, ascéticas y diplomáticas.

Por deseo del Papa Benedicto XVI, vosotros, superiores y oficiales del Archivo Secreto Vaticano, así como del Archivo Histórico de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano, desde 2006 hasta la fecha estáis trabajando en un proyecto común de inventario y preparación de la abundante documentación producida durante el pontificado de Pío XII, parte de la cual ya hicieron  consultable mis venerables predecesores San Pablo VI y San Juan Pablo II.

Por lo tanto, os doy las gracias, y a través de vosotros a los otros archivistas del Vaticano, por el trabajo paciente y escrupuloso realizado durante los últimos doce años, y que todavía estáis llevando a cabo, para completar la preparación mencionada anteriormente.

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El vuestro es un trabajo que se efectúa en silencio y lejos del clamor, cultiva la memoria y, en cierto sentido, me parece que pueda compararse con el cultivo de un árbol majestuoso, cuyas ramas se extienden hacia el cielo, pero cuyas raíces están sólidamente ancladas en la tierra. Si comparamos este árbol con la Iglesia, vemos que tiende hacia el Cielo, donde está nuestra tierra y nuestro último horizonte; las raíces, sin embargo,  se hunden en el terreno de la misma Encarnación del Verbo en la historia, en el tiempo. Vosotros, archivistas, con vuestra paciente fatiga, trabajáis en estas raíces y contribuís a  mantenerlas vivas, para que también las ramas más verdes y más jóvenes del árbol obtengan la buena savia para su crecimiento en el futuro.

Este constante  y no leve esfuerzo, vuestro y de vuestros colegas, me permite hoy, en memoria de ese significativo aniversario, anunciar mi decisión de abrir a la consulta de los investigadores la documentación archivística relacionada con el pontificado de Pío XII, hasta su muerte, en Castel Gandolfo el 9 de octubre de 1958.

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He decidido que la apertura de los Archivos Vaticanos del pontificado de Pío XII tenga lugar el 2 de marzo de 2020, exactamente un año después del ochenta aniversario de la elección al Solio de Pedro de Eugenio Pacelli.

Asumo esta decisión después de escuchar el parecer de mis colaboradores más cercanos, con ánimo sereno y confiado, seguro de que la investigación histórica seria y objetiva podrá evaluar, en su justa luz,  con la crítica apropiada, los momentos de exaltación de aquel pontífice y, sin duda, también los momentos de graves dificultades, de decisiones atormentadas, de prudencia humana y cristiana, que a algunos podrían haber parecido reticencia y que, en cambio, fueron intentos, humanamente también muy combatidos, por mantener encendida durante los períodos de la oscuridad más intensa y de crueldad la llama de las iniciativas humanitarias, de la diplomacia oculta pero activa, de la esperanza en las posibles buenas aperturas de los corazones.

La Iglesia no tiene miedo de la historia, al contrario, la ama y la gustaría amarla más y mejor, ¡como Dios la ama! Por eso, con la misma confianza de mis predecesores, abro y confío a los investigadores este patrimonio documental.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/03/SFO0843-1-413x275.jpgMientras os agradezco nuevamente el trabajo realizado, os deseo que prosigáis los esfuerzos para brindar asistencia a los investigadores -asistencia científica y material-  y también en la publicación de las fuentes del Papa Pacelli que se consideren importantes, como ya estáis haciendo desde hace algunos años.

Con estos sentimientos, os imparto con afecto mi bendición apostólica y os pido, por favor, que recéis por mí. Gracias.

 

 

Audiencia a un grupo de la Pontificia Comisión para América Latina

Discurso del Santo Padre

marzo 04, 2019 19:24RedacciónPapa y Santa Sede

(ZENIT – 4 marzo 2019).- A las 11:40 horas, esta mañana, en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico Vaticano, el Santo Padre Francisco ha recibido en audiencia a un grupo de la Comisión Pontificia para América Latina, al concluir el seminario intensivo de formación celebrado en el Vaticano, del 24 de febrero al 4 de marzo sobre el tema “Doctrina social de la Iglesia y compromiso político en América Latina: para una nueva generación de católicos latinoamericanos en la política”.

El Seminario, organizado para la formación de 26 jóvenes líderes católicos procedentes de culturas y profesiones diversas, se llevó a cabo como parte de un programa de postgrado en Doctrina Social de la Iglesia, organizado por la Pontificia Comisión para América Latina (CAL) y la Academia Latinoamericana de Líderes Católicos, en colaboración con el CELAM y la Fundación Konrad. Adenauer.

Publicamos a continuación el discurso que el Papa ha dirigido a los presentes:

Discurso del Santo Padre 

Queridos amigos:

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Agradezco las palabras del Cardenal Ouellet, e inicié esta intervención diciéndoles “queridos amigos”, y no por un mero recurso retórico sino porque al pensar en la iniciativa que han emprendido creo que puede ser oportuno recordar una línea del capítulo 15 del evangelio de san Juan, en el que Jesús dice a todos: «En adelante, ya no los llamaré siervos, porque el siervo no conoce lo que hace su señor. Desde ahora los llamaré amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí a mi Padre» (Jn 15,15).

Y Jesús funda la Iglesia con aires de una amistad, como un acto de amor, como un gesto de compasión por nuestra condición frágil y limitada. Y al encarnarse, Jesucristo abraza nuestra humanidad, abraza a nuestro “yo”, a veces egoísta, tantas veces temeroso, para regalarnos su fuerza y mostrarnos que no estamos solos en el camino de la vida, que tenemos un amigo que nos acompaña. Gracias a ello, cada vez que decimos “yo” podemos decir “nosotros”, es decir, somos comunidad con Él. Tenemos un “amigo” que nos sostiene, nos invita a proponer misioneramente esa misma amistad a todos los demás y así dilatar la experiencia de “Iglesia”.

Y esta verdad tiene muchas implicaciones en distintos ámbitos, pero en especial es importante para aquellos que descubren que son llamados a ser responsables de la promoción del bien común.

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Ser católico en la política no significa ser un recluta de algún grupo, una organización o partido, sino vivir dentro de una amistad, dentro de una comunidad. Si tú al formarte en la Doctrina social de la Iglesia no descubres la necesidad en tu corazón de pertenecer a una comunidad de discipulado misionero verdaderamente eclesial, en la que puedas vivir la experiencia de ser amado por Dios, corres el riesgo de lanzarte un poco a solas a los desafíos del poder, de las estrategias, de la acción, y terminar en el mejor de los casos con un buen puesto político pero solo, triste y con el riesgo de ser manipulado.

Jesús nos invita a ser sus amigos. Si nos abrimos a esta oportunidad nuestra fragilidad no va a disminuir. Las circunstancias en las que vivimos no cambiarán de inmediato. Sin embargo, podremos mirar la realidad de una manera nueva, podremos vivir con renovada pasión los desafíos en la construcción del bien común. No olvidemos que entrar en política, significa apostar por la amistad social.

En América Latina tenemos un santo que sabía bien de estas cosas. Supo vivir la fe como amistad y el compromiso con su pueblo hasta dar la vida por él. El veía a muchos laicos deseosos de cambiar las cosas pero que muchas veces se extraviaban con falsas respuestas de tipo ideológico. Con la mente y el corazón puestos en Jesús y guiado por la Doctrina social de la Iglesia, san Óscar Arnulfo Romero decía, y cito:

«La Iglesia no se puede identificar con ninguna organización, ni siquiera con aquellas que se califiquen y se sientan cristianas. La Iglesia no es la organización, ni la organización es la Iglesia. Si en un cristiano han crecido las dimensiones de la fe y de la vocación política, no se pueden identificar sin más las tareas de la fe y una determinada tarea política, ni mucho menos se pueden identificar Iglesia y organización. No se puede afirmar que solo dentro de una determinada organización se puede desarrollar la exigencia de la fe. No todo cristiano tiene vocación política, ni el cauce político es el único que lleva a una tarea de justicia. También hay otros modos de traducir la fe en un trabajo de justicia y de bien común. No se puede exigir a la Iglesia o a sus símbolos eclesiales que se conviertan en mecanismos de actividad política. Para ser buen político no se necesita ser cristiano, pero el cristiano metido en actividad política tiene obligación de confesar su fe. Y si en eso surgiera en este campo un conflicto entre la lealtad a su fe y la lealtad a la organización, el cristiano verdadero debe preferir su fe y demostrar que su lucha por la justicia es por la justicia del Reino de Dios, y no otra justicia».[1] Hasta aquí Romero.

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Estas palabras pronunciadas el 6 de agosto del 78 para que los fieles laicos fueran libres y no esclavos, para que reencontraran las razones por las que vale la pena hacer política pero desde el evangelio superando las ideologías. La política no es el mero arte de administrar el poder, los recursos o las crisis. La política no es mera búsqueda de eficacia, estrategia y acción organizada. La política es vocación de servicio, diaconía laical que promueve la amistad social para la generación de bien común. Solo de este modo la política colabora a que el pueblo se torne protagonista de su historia y así se evita que las así llamadas “clases dirigentes” crean que ellas son quienes pueden dirimirlo todo. El famoso adagio liberal exagerado, todo por el pueblo, pero nada con el pueblo. Hacer política no puede reducirse a técnicas y recursos humanos y capacidad de diálogo y persuasión; esto no sirve solo. El político está en medio de su pueblo y colabora con este medio u otros a que el pueblo que es soberano sea el protagonista de su historia.

En América Latina y en todo el mundo vivimos actualmente un verdadero “cambio de época”[2] –lo decía Aparecida– que nos exige renovar nuestros lenguajes, símbolos y métodos. Si continuamos haciendo lo mismo que se hacía algunas décadas atrás, volveremos a recaer en los mismos problemas que necesitamos superar en el terreno social y político. No me refiero aquí simplemente a mejorar alguna estrategia de “marketing” sino a seguir el método que el mismo Dios escogió para acercarse a nosotros: la Encarnación. Asumir. Asumiendo todo lo humano –menos el pecado– Jesucristo nos anuncia la liberación que anhela nuestro corazón y nuestros pueblos. Y entonces ustedes como jóvenes católicos dedicados a diversas actividades políticas serán vanguardia en el modo de acoger los lenguajes y signos, las preocupaciones y esperanzas, de los sectores más emblemáticos del cambio de época latinoamericano. Y les tocará buscar los caminos del proceso político más apto para llevar adelante.

¿Cuáles son los sectores más emblemáticos o significativos en el cambio de época latinoamericano? En mi opinión son tres, además lo deben de haber escuchado porque esta Carriquiri aquí, así que se lo copio a él. En mi opinión son tres a través de los cuales es posible reactivar las energías sociales de nuestra región para que sea fiel a su identidad y, al mismo tiempo, para que construya un proyecto de futuro: las mujeres, los jóvenes y los más pobres.

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En primero lugar, las mujeres. La Comisión Pontificia para América Latina el año pasado ha dedicado una reunión plenaria precisamente a la mujer como pilar en la edificación de la Iglesia y la sociedad.[3] Además, a los obispos del CELAM en Bogotá en 2017 les recordaba que «la esperanza en Latinoamérica tiene un rostro femenino».[4] En segundo lugar, los jóvenes, porque en ellos habita la inconformidad y rebeldía que son necesarias para promover cambios verdaderos y no meramente cosméticos. Jesucristo, eternamente joven, está presente en su sensibilidad, en la de ellos, en su rostro y en sus inquietudes. Y en tercer lugar, los más pobres y marginados. Porque en la opción preferencial por ellos la Iglesia manifiesta su fidelidad como esposa de Cristo no menos que sobre el ámbito de la ortodoxia.[5]

Las mujeres, los jóvenes y los pobres son, por diversas razones, lugares de encuentro privilegiado con la nueva sensibilidad cultural emergente y con Jesucristo. Ellos son protagonistas del cambio de época y sujetos de esperanza verdadera. Su presencia, sus alegrías y, en especial, su sufrimiento son una fuerte llamada de atención para quienes son responsables de la vida pública. En la respuesta a sus necesidades y demandas se juega en buena medida la verdadera construcción del bien común. Constituyen un lugar de verificación de la autenticidad del compromiso católico en la política. Si no queremos perdernos en un mar de palabras vacías, miremos siempre el rostro de las mujeres, de los jóvenes y de los pobres. Mirémoslos como sujetos de cambio y no como meros objetos de asistencia. La interpelación de sus miradas nos ayudará a corregir la intención y a redescubrir el método para actuar “inculturadamente” en nuestros distintos contextos. Asumir, y asumir en concreto, toda esta problemática significa ser concreto y en política cuando uno se desvía del ser concreto se desvía también de la conducción política.

Una nueva presencia de católicos en política es necesaria en América Latina. Una “nueva presencia” que no solo implica nuevos rostros en las campañas electorales sino, principalmente, nuevos métodos que permitan forjar alternativas que simultáneamente sean críticas y constructivas. Alternativas que busquen siempre el bien posible, aunque sea modesto. Alternativas flexibles pero con clara identidad social cristiana. Y para ello, es preciso valorar de un modo nuevo a nuestro pueblo y a los movimientos populares que expresan su vitalidad, su historia y sus luchas más auténticas. Hacer política inspirada en el evangelio desde el pueblo en movimiento se convierte en una manera potente de sanear nuestras frágiles democracias y de abrir el espacio para reinventar nuevas instancias representativas de origen popular.

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Los católicos sabemos bien que «en las situaciones concretas, y teniendo en cuenta las solidaridades que cada uno vive, es necesario reconocer una legítima variedad de opciones posibles. Una misma fe cristiana puede conducir a compromisos diferentes».[6] Por eso, los invito a que vivan su fe con gran libertad. Sin creer jamás que existe una única forma de compromiso político para los católicos. Un partido católico. Quizá fue esta una primera intuición en el despertar de la Doctrina social de la Iglesia que con el pasar de los años se fue ajustando a lo que realmente tiene que ser la vocación del político hoy día en la sociedad, digo cristiano. No va más el partido católico. En política es mejor tener una polifonía en política inspirada en una misma fe y construida con múltiples sonidos e instrumentos, que una aburrida melodía monocorde aparentemente correcta pero homogenizadora y neutralizante –y de yapa– quieta. No, no va.

Me alegra que haya nacido la Academia de Líderes Católicos y se expanda por diversos países de América Latina. Me alegra que ustedes busquen simultáneamente fieles al evangelio, plurales en términos partidistas y en comunión con sus Pastores.

Dentro de unos años, en 2031, celebraremos el V Centenario del Acontecimiento Guadalupano y, en 2033, el segundo milenio de la Redención. Quiera Dios que desde ahora en adelante puedan todos ustedes trabajar en la difusión de la Doctrina social de la Iglesia para así llegar a la celebración de estas fechas con verdaderos frutos laicales concretos de discipulado misionero. A mí me gusta repetir que tenemos que cuidarnos siempre de las colonizaciones culturales, no, las colonizaciones ideológicas, las hay económicas porque las sociedades tienen una dimensión de “coloneidad”; o sea, de ser abiertas a una colonización. Entonces defendernos de todo. Y al respecto me permito una intuición. A ustedes les tocará ajustar y corregir o no, pero es una intuición que la dejo a la mano de ustedes, sino quieren equivocarse en el camino para América Latina, la palabra es “mestizaje”. América Latina nació mestiza, se conservará mestiza, crecerá solamente mestiza y ese será su destino.

San Juan Diego, indígena pobre y excluido, fue precisamente el instrumento pequeño y humilde, que escogió Santa María de Guadalupe para una gran misión que daría origen al rostro pluriforme de la gran nación latinoamericana. Nos encomendamos a su intercesión para que cuando las fuerzas nos falten en la lucha por nuestro pueblo, recordemos que es precisamente en la debilidad que la fuerza de Dios puede hacer su mejor trabajo (cf. 2 Co 12,9). Y que la Morenita del Tepeyac nunca se olvide de nuestra amada “Patria Grande”, eso es América Latina, una Patria Grande en gestación, que nunca se olvide de nuestras familias y de los que más sufren. Y por favor no se olviden ustedes de rezar por mí. Gracias.

_____________

[1] S. Óscar Arnulfo Romero, Homilía, 6 agosto 1978.
[2] Cf. V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Aparecida, 44.
[3] Cf. Comisión Pontificia para América Latina, La mujer pilar de la edificiación de la Iglesia y de la sociedad en América Latina, Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 2018.
[4] Francisco, Discurso al Comité Directivo del CELAM, 7 septiembre 2017.
[5] Cf. S. Juan Pablo II, Novo millennio ineunte, 49.
[6] S. Pablo VI, Octogesima adveniens, 50.

 

 

GENEROSIDAD Y DESPRENDIMIENTO

— Necesidad de un desasimiento efectivo de los bienes materiales para seguir a Cristo.

— Jesús es infinitamente generoso en su recompensa a quienes le siguen.

— Siempre vale la pena seguir a Cristo. El ciento por uno aquí en la tierra y la vida eterna junto a Dios en el Cielo.

I. Después del encuentro con el joven rico que considerábamos ayer, Jesús y sus discípulos emprendieron de nuevo el camino hacia Jerusalén. En todos había quedado grabada la triste despedida de este adolescente que estaba muy apegado a sus posesiones, y las fuertes palabras de Jesús hacia aquellos que por un desordenado amor a los bienes de la tierra no son capaces –no quieren– de seguirle. Ahora, ya en el camino, probablemente para romper el silencio que ha provocado la escena anterior, Pedro dice a Jesús: Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido1. San Mateo recogió con toda claridad el sentido de las palabras de Pedro: ¿qué recompensa tendremos?2. ¿Qué vamos a recibir?

San Agustín, al comentar este pasaje del Evangelio de la Misa de hoy, nos interpela con estas palabras: «Te pregunto a ti, alma cristiana. Si se te dijese lo que a aquel rico: Vete, vende también tú todas las cosas y tendrás un tesoro en el cielo, y ven y sigue a Cristo, ¿te irías triste como él?»3.

Nosotros, como los Apóstoles, hemos dejado lo que el Señor nos ha ido pidiendo, cada uno según su vocación, y tenemos el firme empeño de romper cualquier atadura que nos impida correr hasta Cristo y seguirle. Hoy podemos renovar el propósito de poner al Señor como centro de la propia existencia con un desasimiento efectivo, con hechos, de lo que tenemos y usamos para que, como San Pablo, podamos decir: Todo lo tengo por basura, con tal de ganar a Cristo4. Ciertamente, «el que conoce las riquezas de Cristo Señor nuestro, por ellas desprecia todas las cosas; para este son basuras las haciendas, las riquezas y los honores. Porque nada hay que pueda compararse con aquel tesoro supremo, ni siquiera que pueda ponerse en su presencia»5. Ninguna cosa tiene valor en comparación con Cristo.

Nosotros lo hemos dejado todo... «¿Qué has dejado, Pedro? Una navichuela y una red. Él, sin embargo, podría responderme: He dejado todo el mundo, ya que nada he guardado para mí (...). Lo abandonaron todo (...) y siguieron a quien hizo el mundo, y creyeron en sus promesas»6, como queremos hacer nosotros. Podemos decir que lo hemos dejado todo cuando nada se interpone en nuestro amor a Cristo. El Señor exige –lo hemos considerado repetidamente, porque es un punto esencial para seguirle– la virtud de la pobreza a todos sus discípulos, de cualquier tiempo y en cualquier situación en la que los hayan colocado las circunstancias de la vida; también pide la austeridad real y efectiva en la posesión y uso de los bienes materiales, y ello incluye «mucha generosidad, innumerables sacrificios y un esfuerzo sin descanso»7, llega a decir Pablo VI; para ello es necesario aprender a vivir de modo práctico esta virtud en la vida corriente de todos los días: a la hora de ahorrar gastos inútiles evitando los caprichos personales, en el aprovechamiento del tiempo, al vivir la virtud de la generosidad en las cosas de Dios; igualmente, en el sostenimiento de obras buenas, en el cuidado de la ropa, de los muebles, de los utensilios del hogar...

También a quienes han recibido en medio del mundo y en el ejercicio de su profesión una llamada más específica al apostolado –como aquellos Doce– les puede pedir el Señor un desprendimiento total de bienes, riquezas, tiempo, familia, etc., en razón de una más plena disponibilidad en servicio de la Iglesia y de las almas.

II. Lo hemos dejado todo... Cuántas veces hemos experimentado, al responder con nueva generosidad ante las exigencias de la vocación cristiana, que el desprendimiento efectivo de los bienes lleva consigo la liberación de un peso considerable: como el soldado que se despoja de su impedimenta al entrar en combate para estar más ágil de movimientos. Saboreamos así, en el servicio de Dios, un señorío sobre las cosas que nos rodean: ya no se es esclavo de ellas y se vive con gozo aquello a lo que aludía San Pablo: estamos en el mundo como quienes nada tenemos, pero todo lo poseemos8. El corazón del cristiano que de esta manera se ha despojado del egoísmo se llena más fácilmente de la caridad, y con ella todas las cosas son suyas: Todo es vuestro, vosotros sois de Cristo y Cristo de Dios9.

Pedro recuerda a Jesús que, a diferencia del joven que acaban de dejar, ellos lo abandonaron todo por Él. Simón no mira atrás, pero parece tener necesidad de unas palabras del Maestro que les reafirme en que han salido ganando en el cambio, que vale la pena estar junto a Él, aunque no posean nada. El Apóstol se manifiesta muy humano, pero su pregunta expresa a la vez la confianza que le unía al Señor. Jesús se llenó de ternura ante aquellos que, a pesar de sus defectos, le seguían con fidelidad: En verdad os digo que no hay nadie que habiendo dejado casa, hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o campos por mí y por el Evangelio, no reciba en esta vida cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y campos, con persecuciones; y, en el siglo venidero, la vida eterna... «¡A ver si encuentras, en la tierra, quien pague con tanta generosidad!»10. No se queda corto Jesús. Ni un vaso de agua fría –una limosna, un servicio, cualquier buena acción– dado por Cristo quedará sin su recompensa11. Seamos sinceros al examinar cómo vivimos el desprendimiento, la pobreza: ¿podemos afirmar ante Dios que lo hemos dejado todo?

Si es así, Jesús no dejará de confirmarnos en el camino. Quien tiene en cuenta hasta la más pequeña de las acciones, ¿cómo podrá olvidar la fidelidad de día tras día por puro amor? Quien multiplicó panes y peces para una multitud que le sigue unas jornadas, quizá sin mucha rectitud de intención, ¿qué no hará por los que hayan dejado todo para seguirle siempre? Si estos que van en pos de Él tuvieran necesidad de una ayuda particular para seguir adelante, ¿cómo podrá olvidarse Jesús?, ¿qué nos negará nuestro Padre Dios cuando acudimos a Él ante la falta de medios? «Solo por volver a Él su hijo, después de traicionarle, prepara una fiesta, ¿qué nos otorgará, si siempre hemos procurado quedarnos a su lado?»12.

Las palabras de Cristo dieron seguridad a quienes le acompañaban aquel día camino de Jerusalén, y a cuantos a través de los siglos, después de haber entregado todo al Señor, de nuevo buscan en la enseñanza del Señor la firmeza de la fe y de la entrega. La promesa de Cristo rebasa con creces toda la felicidad que el mundo puede dar. Él nos quiere felices también aquí en la tierra: quienes le siguen con generosidad obtienen, ya en esta vida, un gozo y una paz que superan con mucho las alegrías y consuelos humanos. Y a este gozo y paz, anticipo del Cielo, hay que añadir la bienaventuranza eterna. «Son dos horas de vida y grandísimo el premio; y cuando no hubiera ninguno, sino cumplir lo que nos aconsejó el Señor, es grande la paga en imitar en algo a Su Majestad»13.

III. «A los hombres y a los animales, Señor –dice el salmista–, aseguráis la salud en proporción a la extensión inmensa de vuestra compasiva bondad (Sal 35, 7). Si Dios concede a todos, a los buenos y a los malos, a los hombres y a los animales, un don tan precioso, hermanos míos, ¿qué no reservará a aquellos que le son fieles?»14. Vale la pena seguir al Señor, serle fieles en todo momento, darlo todo por Él, ser generosos sin medida. Él nos dice, a través de San Juan Crisóstomo: «El oro que piensas prestar, dámelo a mí, que te pagaré más intereses y con más seguridad. El cuerpo que piensas alistar en la milicia de otro, alístalo en la mía, porque yo supero a todos en paga y retribución... Su amor es grande. Si deseas prestarle, Él está dispuesto a recibir. Si quieres sembrar, Él vende la semilla; si construir, Él te dice: edifica en mis solares. ¿Por qué corres tras las cosas de los hombres, que son pobres mendigos y nada pueden? Corre en pos de Dios, que por cosas pequeñas te da otras grandes»15.

No debemos olvidar que a la recompensa el Señor añade con persecuciones, porque estas también son un premio para los discípulos de Cristo; la gloria del cristiano es asemejarse a su Maestro, tomando parte en su Cruz para participar con Él en su gloria16. Si llegan estas pruebas, en sus formas más diversas (la persecución sangrienta, la calumnia, la discriminación profesional, la burla...), debemos entender que podemos convertirlas en un bien, parte del premio, pues permite el Señor que participemos de su Cruz y nos unamos más a Él.

Quien es fiel a Cristo tiene prometido el Cielo para siempre. Oirá la voz del Señor, a quien ha procurado servir aquí en la tierra, que le dice: Ven, bendito de mi Padre, al Cielo que tenía preparado desde la creación del mundo17. Oír estas palabras de bienvenida a la eternidad ya compensa todo aquello que dejamos a un lado para seguir mejor a Cristo, o lo poco que hubimos de padecer por Él. Se entra en la eternidad de la mano de Jesús.

Y aunque seguimos a Cristo por amor, si llegara el momento en que todo parece costar un poco más, nos vendrá bien repetir despacio alguna jaculatoria que nos ayude a pensar en el premio: vale la pena, vale la pena, vale la pena. Saldrá así fortalecida la esperanza y se hará seguro el caminar.

Si tenemos a Jesucristo, ninguna otra cosa echaremos en falta. De la vida de Santo Tomás de Aquino se cuenta que un día le dijo Nuestro Señor: «Has escrito bien de mí, Tomás, ¿qué recompensa deseas?». «Señor –respondió el Santo–, ninguna más que a Ti.» Tampoco nosotros queremos otra cosa: con Jesús, cerca de Él, andaremos por la vida llenos de alegría.

Que Santa María consiga para nosotros, con su intercesión poderosa, disposiciones firmes de desprendimiento y generosidad, y de esta forma, como Ella supo hacerlo, contagiemos a nuestro alrededor un clima alegre de amor a la pobreza cristiana.

1 Mc 10, 28-31. — 2 Mt 19, 27. — 3 San Agustín, Sermón 301 A, 5. — 4 Flp, 3, 8. — 5 Catecismo Romano, IV, 11, n. 15 — 6 San Agustín, loc. cit., 4. — 7 Pablo VI, Enc. Populorum progressio, 26-III-67. — 8 2 Cor 6, 10. — 9 1 Cor 3, 22-23. — 10 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 670. — 11 Cfr. Mt 10, 42. — 12 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 309. — 13 Santa Teresa, Camino de perfección, 2, 7. — 14 San Agustín, Sermón 255, sobre el «alleluia». — 15 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, 76, 4. — 16 Rom 8, 17. — 17 Cfr. Mt 25, 34.

 

 

"Las almas santas tienen que ser felices"

Te contaba que hasta personas que no han recibido el bautismo me han dicho conmovidas: "es verdad, yo comprendo que las almas santas tienen que ser felices, porque miran los sucesos con una visión que está por encima de las cosas de la tierra, porque ven las cosas con ojos de eternidad". ¡Ojalá no te falte esta visión! –añadí después–, para que seas consecuente con el trato de predilección que de la Trinidad has recibido. (Forja, 1017)

Te aseguro que, si los hijos de Dios queremos, contribuiremos poderosamente a iluminar el trabajo y la vida de los hombres, con el resplandor divino –¡eterno!– que el Señor ha querido depositar en nuestras almas.
–Pero "quien dice que mora en Jesús, debe seguir el camino que El siguió", como enseña San Juan: camino que conduce siempre a la gloria, pasando –siempre también– a través del sacrificio. (Forja, 1018)
En la tierra hay millones de hombres que se encaran con la sombra de Jesucristo.
Señor mío Jesús: haz que sienta, que secunde de tal modo tu gracia, que vacíe mi corazón..., para que lo llenes Tú, mi Amigo, mi Hermano, mi Rey, mi Dios, ¡mi Amor! (Forja, 913

 

 

¿Por qué 40 días de Cuaresma?

¿Cuándo empieza y termina el tiempo de Cuaresma? ¿Qué es el miércoles de Ceniza? ¿Qué obligaciones tiene un católico en Cuaresma? respondemos a varias preguntas sobre este tiempo litúrgico.

Preguntas sobre la fe cristiana28/04/2018

Opus Dei - ¿Por qué 40 días de Cuaresma?

Sumario

1. ¿Qué es la Cuaresma? ¿Desde cuándo se vive la Cuaresma? ¿Cuál es el sentido de la Cuaresma?
2. ¿Cuándo empieza y termina el tiempo de Cuaresma? ¿Cuáles son los días y tiempos penitenciales? ¿Qué se debe vivir los viernes de cuaresma?
3. ¿Qué es el miércoles de Ceniza? ¿Cuándo empezó la práctica de la imposición de la ceniza? ¿Cuándo se bendice y se impone? ¿De dónde proviene la ceniza? ¿Qué simboliza la ceniza?
4. ¿A qué invita la Iglesia en Cuaresma?
5. ¿Qué es la penitencia? ¿De qué modos se expresa la penitencia en la vida cristiana?
6. ¿Qué es la conversión? ¿Por qué tienen que convertirse los cristianos ya bautizados?
7. ¿Cómo puedo concretar mi deseo de conversión?
8. ¿Qué obligaciones tiene un católico en Cuaresma? ¿En qué consiste el ayuno y la abstinencia? ¿A quién obligan? ¿Puede cambiarse la práctica del ayuno y de la abstinencia?
9. ¿Cuál es el sentido de practicar el ayuno y la abstinencia?


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1. ¿Qué es la Cuaresma? ¿Desde cuándo se vive la Cuaresma? ¿Cuál es el sentido de la Cuaresma?

Llamamos Cuaresma al período de cuarenta días (cuadragésima) reservado a la preparación de la Pascua. Desde el siglo IV se manifiesta la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia.

"La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de la Gran Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto" (Catecismo de la Iglesia Católica, 540). Proponiendo a sus fieles el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto, se prepara para la celebración de las solemnidades pascuales, con la purificación del corazón, una práctica perfecta de la vida cristiana y una actitud penitencial.

Textos de san Josemaría para meditar

No podemos considerar esta Cuaresma como una época más, repetición cíclica del tiempo litúrgico. Este momento es único; es una ayuda divina que hay que acoger. Jesús pasa a nuestro lado y espera de nosotros —hoy, ahora— una gran mudanza. Es Cristo que pasa, 59

2. ¿Cuándo empieza y termina el tiempo de Cuaresma? ¿Cuáles son los días y tiempos penitenciales? ¿Qué se debe vivir los viernes de cuaresma?

La Cuaresma comienza el Miércoles de ceniza y concluye inmediatamente antes de la Misa Vespertina in Coena Domini. (jueves santo). "En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año (en memoria de la muerte del Señor) y el tiempo de cuaresma". (Código de Derecho Canónico, cánon 1250). Estos tiempos son particularmente apropiados para los ejercicios espirituales, las liturgias penitenciales, las peregrinaciones como signo de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna, la comunicación cristiana de bienes (obras caritativas y misioneras). Catecismo de la Iglesia Católica, 1438

En recuerdo del día en que murió Jesucristo en la Santa Cruz, "todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo." (Código de Derecho Canónico, canon 1251).

Textos de san Josemaría para meditar

La llamada del buen Pastor llega hasta nosotros: ego vocavi te nomine tuo, te he llamado a ti, por tu nombre. Hay que contestar —amor con amor se paga— diciendo: ecce ego quia vocasti me, me has llamado y aquí estoy. Estoy decidido a que no pase este tiempo de Cuaresma como pasa el agua sobre las piedras, sin dejar rastro. Me dejaré empapar, transformar; me convertiré, me dirigiré de nuevo al Señor, queriéndole como El desea ser querido. Es Cristo que pasa, 59

3. ¿Qué es el miércoles de Ceniza? ¿Cuándo empezó la práctica de la imposición de la ceniza? ¿Cuándo se bendice y se impone? ¿De dónde proviene la ceniza? ¿Qué simboliza la ceniza?

El miércoles de Ceniza es el principio de la Cuaresma; un día especialmente penitencial, en el que los cristianos manifiestan el deseo personal de conversión a Dios. La imposición de la ceniza es una invitación a recorrer el tiempo de Cuaresma como una inmersión más consciente y más intensa en el misterio pascual de Jesús, en su muerte y resurrección, mediante la participación en la Eucaristía y en la vida de caridad.

El origen de la imposición de la ceniza pertenece a la estructura de la penitencia canónica. Empieza a ser obligatorio para toda la comunidad cristiana a partir del siglo X. La liturgia actual, conserva los elementos tradicionales: imposición de la ceniza y ayuno riguroso. La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar dentro de la Misa, después de la homilía; aunque en circunstancias especiales, se puede hacer dentro de una celebración de la Palabra. Las fórmulas de imposición de la ceniza se inspiran en la Escritura: Gn, 3, 19 y Mc 1,15. La ceniza procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión del Señor, del año anterior, siguiendo una costumbre que se remonta al siglo XII. La fórmula de bendición hace relación a la condición pecadora de quienes la recibirán. Simboliza la condición débil y caduca del hombre, que camina hacia la muerte; su situación pecadora; la oración y súplica ardiente para que el Señor acuda en su ayuda; la Resurrección, ya que el hombre está destinado a participar en el triunfo de Cristo.

Textos de san Josemaría para meditar

Cuanto más seas de Cristo, mayor gracia tendrás para tu eficacia en la tierra y para la felicidad eterna. Pero has de decidirte a seguir el camino de la entrega: la Cruz a cuestas, con una sonrisa en tus labios, con una luz en tu alma. Via Crucis, II Estación: Jesús carga con la cruz.

4. ¿A qué invita la Iglesia en Cuaresma?

La Iglesia invita a sus fieles a hacer de este tiempo como un retiro espiritual en el que el esfuerzo de meditación y de oración debe estar sostenido por un esfuerzo de mortificación personal cuya medida, a partir de este mínimo, es dejada a la libertad y a la generosidad de cada uno. Bien vivida, la Cuaresma prepara para una auténtica y profunda conversión personal, para participar en la fiesta más grande del año: el Domingo de la Resurrección del Señor.

Textos de san Josemaría para meditar

Hay en el ambiente una especie de miedo a la Cruz, a la Cruz del Señor. Y es que han empezado a llamar cruces a todas las cosas desagradables que suceden en la vida, y no saben llevarlas con sentido de hijos de Dios, con visión sobrenatural. ¡Hasta quitan las cruces que plantaron nuestros abuelos en los caminos...! En la Pasión, la Cruz dejó de ser símbolo de castigo para convertirse en señal de victoria. La Cruz es el emblema del Redentor: in quo est salus, vita et resurrectio nostra: allí está nuestra salud, nuestra vida y nuestra resurrección. Via Crucis, II Estación: Jesús carga con la cruz

5. ¿Qué es la penitencia? ¿De qué modos se expresa la penitencia en la vida cristiana?

La penitencia, traducción latina de la palabra griega metanoia que en la Biblia significa la conversión (cambio espiritual) del pecador. Designa todo un conjunto de actos interiores y exteriores dirigidos a la reparación del pecado cometido, y el estado de cosas que resulta de ello para el pecador. Literalmente cambio de vida, se dice del acto del pecador que vuelve a Dios después de haber estado alejado de Él, o del incrédulo que alcanza la fe.

"La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el ayuno, la oración, la limosna, que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás. Junto a la purificación radical operada por el Bautismo o por el martirio, citan, como medio de obtener el perdón de los pecados, los esfuerzos realizados para reconciliarse con el prójimo, las lágrimas de penitencia, la preocupación por la salvación del prójimo, la intercesión de los santos y la práctica de la caridad "que cubre multitud de pecados" (1 Pedro, 4,8.)". Catecismo Iglesia Católica, n. 1434

Estas y otras muchas formas de penitencia pueden ser practicadas en la vida cotidiana del cristiano, en particular en tiempo de Cuaresma y el viernes, día penitencial. Compendio del Catecismo 301.

Textos de san Josemaría para meditar

La conversión es cosa de un instante; la santificación es tarea para toda la vida. La semilla divina de la caridad, que Dios ha puesto en nuestras almas, aspira a crecer, a manifestarse en obras, a dar frutos que respondan en cada momento a lo que es agradable al Señor. Es indispensable por eso estar dispuestos a recomenzar, a reencontrar —en las nuevas situaciones de nuestra vida— la luz, el impulso de la primera conversión. Y ésta es la razón por la que hemos de prepararnos con un examen hondo, pidiendo ayuda al Señor, para que podamos conocerle mejor y nos conozcamos mejor a nosotros mismos. No hay otro camino, si hemos de convertirnos de nuevo. Es Cristo que pasa, 58

6. ¿Qué es la conversión? ¿Por qué tienen que convertirse los cristianos ya bautizados?

Convertirse es reconciliarse con Dios, apartarse del mal, para establecer la amistad con el Creador. Supone dejar el arrepentimiento y la Confesión de todos y cada uno de nuestros pecados. Una vez en gracia (sin conciencia de pecado mortal), hemos de proponernos cambiar desde dentro (en actitudes) todo aquello que no agrada a Dios.

La llamada de Cristo a la conversión sigue resonando en la vida de los cristianos. Esta segunda conversión es una tarea ininterrumpida para toda la Iglesia que "recibe en su propio seno a los pecadores" y que siendo "santa al mismo tiempo que necesitada de purificación constante, busca sin cesar la penitencia y la renovación" (LG 8). Este esfuerzo de conversión no es sólo una obra humana. Es el movimiento del "corazón contrito" (Sal 51,19), atraído y movido por la gracia (cf Jn 6,44; 12,32) a responder al amor misericordioso de Dios que nos ha amado primero (cf 1 Jn 4,10). Catecismo de la Iglesia Católica, 1428

Textos de san Josemaría para meditar

Hemos entrado en el tiempo de Cuaresma: tiempo de penitencia, de purificación, de conversión. No es tarea fácil. El cristianismo no es camino cómodo: no basta estar en la Iglesia y dejar que pasen los años. En la vida nuestra, en la vida de los cristianos, la conversión primera —ese momento único, que cada uno recuerda, en el que se advierte claramente todo lo que el Señor nos pide— es importante; pero más importantes aún, y más difíciles, son las sucesivas conversiones. Y para facilitar la labor de la gracia divina con estas conversiones sucesivas, hace falta mantener el alma joven, invocar al Señor, saber oír, haber descubierto lo que va mal, pedir perdón. Es Cristo que pasa, 57.

Hay que estar persuadidos de que Dios nos oye, de que está pendiente de nosotros: así se llenará de paz nuestro corazón. Pero vivir con Dios es indudablemente correr un riesgo, porque el Señor no se contenta compartiendo: lo quiere todo. Y acercarse un poco más a El quiere decir estar dispuesto a una nueva conversión, a una nueva rectificación, a escuchar más atentamente sus inspiraciones, los santos deseos que hace brotar en nuestra alma, y a ponerlos por obra. Es Cristo que pasa, 58

7. ¿Cómo puedo concretar mi deseo de conversión?

De diversas maneras, pero siempre realizando obras de conversión, como son, por ejemplo: Acudir al Sacramento de la Reconciliación (Sacramento de la Penitencia o Confesión); superar las divisiones, perdonando y crecer en espíritu fraterno; practicando las Obras de Misericordia.

Textos de san Josemaría para meditar

Te aconsejo que intentes alguna vez volver... al comienzo de tu "primera conversión", cosa que, si no es hacerse como niños, se le parece mucho: en la vida espiritual, hay que dejarse llevar con entera confianza, sin miedos ni dobleces; hay que hablar con absoluta claridad de lo que se tiene en la cabeza y en el alma. Surco, 145

8. ¿Qué obligaciones tiene un católico en Cuaresma? ¿En qué consiste el ayuno y la abstinencia? ¿A quién obligan? ¿Puede cambiarse la práctica del ayuno y de la abstinencia?

Los católicos tienen que cumplir el precepto de la Iglesia del ayuno y la abstinencia de carne (Compendio del Catecismo 432: en los días establecidos por la Iglesia), así como con el de la confesión y Comunión anual. El ayuno consiste en hacer una sola comida al día, aunque se puede comer algo menos de lo acostumbrado por la mañana y la noche. Salvo caso de enfermedad. Obliga vivir la ley del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que tengan cumplido cincuenta y nueve años. (cfr. CIC, c. 1252). Se llama abstinencia a privarse de comer carne (roja o blanca y sus derivados). La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años.(cfr. CIC, c. 1252). "La Conferencia Episcopal de cada País puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad". (Código de Derecho Canónico, cánon 1253).

Textos de san Josemaría para meditar

Hay que decidirse. No es lícito vivir manteniendo encendidas esas dos velas que, según el dicho popular, todo hombre se procura: una a San Miguel y otra al diablo. Hay que apagar la vela del diablo. Hemos de consumir nuestra vida haciendo que arda toda entera al servicio del Señor. Si nuestro afán de santidad es sincero, si tenemos la docilidad de ponernos en las manos de Dios, todo irá bien. Porque El está siempre dispuesto a darnos su gracia, y, especialmente en este tiempo, la gracia para una nueva conversión, para una mejora de nuestra vida de cristianos. Es Cristo que pasa, 59

9. ¿Cuál es el sentido de practicar el ayuno y la abstinencia?

Debe cuidarse el no vivir el ayuno o la abstinencia como unos mínimos, sino como una manera concreta con la que nuestra Santa Madre Iglesia nos ayuda a crecer en el verdadero espíritu de penitencia. Como ya en los profetas, la llamada de Jesús a la conversión y a la penitencia no mira, en primer lugar, a las obras exteriores "el saco y la ceniza", los ayunos y las mortificaciones, sino a la conversión del corazón, la penitencia interior. Sin ella, las obras de penitencia permanecen estériles y engañosas; por el contrario, la conversión interior impulsa a la expresión de esta actitud por medio de signos visibles, gestos y obras de penitencia (cf Jl 2,12-13; Is 1,16-17; Mt 6,1-6. 16-18). CEC, 1430.

En el Nuevo Testamento, Jesús indica la razón profunda del ayuno, estigmatizando la actitud de los fariseos, que observaban escrupulosamente las prescripciones que imponía la ley, pero su corazón estaba lejos de Dios. El verdadero ayuno, repite en otra ocasión el divino Maestro, consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial, que “ve en lo secreto y te recompensará” (Mt 6,18).

 

 

 MIÉRCOLES DE CENIZA.

Cuando busquéis la santidad.

Comenzar este tiempo de cuaresma, el primer catecumenado de la Iglesia, exige una vida de conversión como camino de santidad. La santidad es vivir con los sentimientos del Corazón de Cristo y no se puede alcanzar sin oración, sin ayuno y sin limosna.

La oración de Jesús es una oración que tiene una gran novedad pues es una oración desde el interior del corazón, desde la autenticidad de crecer por dentro para servir por fuera. Es una oración que provoca la autenticidad de la entrega. Es orar entrando en la habitación donde tu Padre que ve en lo secreto te transformará.

Los fariseos se quedan en la cascara, en la exterioridad por tanto en la esterilidad por falta de amor.

Cuando ayunéis, que siempre tiene razón de medio, nunca de fin; lo hacemos para tener hambre de Dios, de caridad, de ser generosos. Nunca se ayuna porque si, ni porque toca, ni porque siempre se ha hecho así. Se ayuna para vivir en la libertad de los hijos de Dios y como un camino de abrir el corazón para tener los sentimientos del Corazón de Cristo, lleno de humildad y ternura.

Cuando deis limosna, en la Iglesia siempre se explicó como ser misericordiosos, es la expresión de caridad, fraternidad... Sin compartir con los más necesitados a nuestro itinerario cuaresmal hacia la Pascua le falta algo, o mejor dicho, le falta Alguien. La limosna y toda generosidad con los más necesitados es la "prueba del algodón"  que nos dice que hemos acertado de lleno en el camino de la santidad.

+ Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres

 

 

Cuaresma 2019: la conversión personal se proyecta sobre la creación entera

Salvador Bernal

Miércoles de Ceniza.

photo_camera Miércoles de Ceniza.

Estudiaba primero de Derecho en Madrid cuando leí una máxima que tendría mucha influencia en mi vida: “De que tú y yo nos portemos como Dios quiere -no lo olvides- dependen muchas cosas grandes” (Camino, 755). Me ha venido a la cabeza al leer estos días el mensaje pontificio para la Cuaresma de 2019, titulado “La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios (Rm 8,19)”.

En la presentación del documento en Roma, intervino el Card. Turkson, Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. Hizo un recorrido histórico-bíblico, a partir de los relatos del libro del Génesis, sobre la creación y el pecado, con la figura de Noé, protagonista de la primera salvación del resto de fieles, frente a la apostasía universal que habría movido a Dios a destruir los seres humanos… Pero Noé anuncia la liberación del mal y el pecado; a la vez, la creación entera será redimida de la maldición, de los males que sufre a causa del pecado de la humanidad. Lo había señalado Gaudium et Spes 13: “Al negarse con frecuencia a reconocer a Dios como su principio, rompe el hombre la debida subordinación a su fin último, y también toda su ordenación tanto por lo que toca a su propia persona como a las relaciones con los demás y con el resto de la creación”.

El mensaje de Cuaresma invita a celebrar la Pascua como fiesta de la llamada del hombre a una nueva generación, cuya realización, aun proyectada hacia el futuro, está arraigada en el presente: vivir la realidad de la redención, ganada por la Muerte y Resurrección de Cristo, que nos hace hijos de Dios, y reabre las puertas a la relación con las tres Personas de la Trinidad.

Como señala el cardenal Turkson, “la maduración y el crecimiento de la imagen de Cristo en nosotros nos guían hacia la regeneración en la gloria de los hijos de Dios, y con nosotros también el resto de la Creación. Este es el escenario de nuestro compromiso de Cuaresma de este año: experimentando constantemente el pecado humano (que es una relación de filiación traicionada), tenemos al mismo tiempo la posibilidad de la gracia de la redención de Cristo y del don de su Espíritu”.

En el cuerpo del mensaje, el papa Francisco sugiere varios puntos de reflexión, ordenados alrededor de tres puntos:

1. La redención de la creación: vivir como hijos de Dios –esto es, como personas redimidas que se dejan llevar por el Espíritu Santo (cf. Rm 8,14)-, “beneficia también a la creación, cooperando en su redención”. No ignora el pontífice el gran contrapunto, agudizado quizá en los tiempos que corren: “La armonía generada por la redención está amenazada, hoy y siempre, por la fuerza negativa del pecado y de la muerte”.

2. La fuerza destructiva del pecado: “Efectivamente, cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas —y también hacia nosotros mismos—, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca”. No es necesario detenerse a describir consecuencias que están en la mente de todos, tanto en el plano personal como respecto de los demás, la sociedad y el planeta enteros: prepotencias, avidez, búsqueda inmoderada del placer, indiferencia hacia el prójimo, explotación ilimitada de las personas y de la creación. Pero el cristiano no desespera, porque tiene a su disposición recursos ilimitados, especialmente la capacidad de perdón, ignorada a mi juicio por las religiones de cuño oriental o las conocidas vulgarmente como “del libro”. Lo resume el papa en el tercer punto de reflexión:

3. La fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón: el camino hacia la Pascua llama “a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual.

Ese enfoque aporta un sentido social, cósmico -¿cómo no recordar el cántico Trium puerorum del Libro de Daniel?-, a los elementos clásicos de la Cuaresma, como signo sacramental de la conversión: el ayuno, la oración y la limosna. Ayuno, frente a la tentación de “devorarlo” todo, de saciar la avidez. Oración, “para renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia”. Dar limosna, contra “la necedad de vivir y acumular todo”.

La Cuaresma ayuda a recuperar “la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir amarle, amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad”.

 

Cuaresma

Ana Teresa López de Llergo

La cuaresma puede cambiar de interpretación en cada persona, pero sin duda es una tradición que se debe respetar.


Cuaresma


Convine detenernos en el significado que tiene para nosotros la Cuaresma y, para convencernos de que no es perder el tiempo, vale la pena pensar en otras personas que también lo hacen, y muchas son emblemáticas como Su Santidad que además siempre ofrece al mundo una reflexión.

A nivel periodístico tradicional se difunden los días de carnaval, obviamente hay un interés económico, pero también se promueven costumbres licenciosas que dejan huella. Me viene ahora el recuerdo de una amiga que hace algunos años me dijo que un conocido suyo joven, en las fiestas de San Fermín en Pamplona, se inició en el consumo de alcohol y llevaba una vida desordenada.

Pues en los días de carnaval, previos a los de cuaresma, se promueve el desenfreno de darle al cuerpo, a la carne –de allí el origen de la palabra carnaval- todos los caprichos, porque luego vendrá la cuaresma para arrepentirse y recomponer el desorden. Ojo: no se puede perder de vista que los actos dejan huella e inclinación a repetirlos, tanto los buenos como los malos, pero los malos son más fáciles porque son para bajar no para subir como los actos buenos.

Los cuarenta días de la cuaresma tiene el propósito de ayudarnos a contemplar los cuarenta días en que Jesús vivió en el desierto, preparándose para sus tres años de vida, para llenarnos de enseñanzas y señalar el camino al cielo. Por eso, la cuaresma termina en la Semana Santa, semana que nos recuerda el precio que Jesús paga por cada persona para recuperar nuestra amistad con Dios. Si queremos, podemos entrar al Paraíso. Estamos hablando de lo más importante que nos puede suceder.

Ante estas verdades, si las tomamos en serio, me parece que hemos de replantearnos el modo de pasar esos días de asueto. Muchas personas santas con sus obras y sus dichos nos dan ejemplos cercanos para animarnos. Por ejemplo: San Josemaría Escrivá de Balaguer mostraba el fundamento de su amor a todos al expresar “veo bullir la sangre de Cristo” en las personas.

Este año la cuaresma empieza el 6 de marzo, miércoles de ceniza. Ese día la Iglesia nos recuerda que la vida terrena se termina, por eso, al imponer la ceniza pueden decirnos: polvo eres y al polvo volverás, o arrepiéntete y cree en el Evangelio. Porque el Evangelio nos muestra los hechos y palabras de Jesús.

Para recorrer la Cuaresma de este año 2019, el Papa Francisco ha enviado un mensaje. El título reproduce las palabras de San Pablo en su carta a los romanos 8,19: “La creación expectante está aguardando la manifestación de los hijos de Dios”.

Simplemente el título es estremecedor, nos pone ante la realidad del sitio que ocupamos y de lo que todas las criaturas esperan de nosotros. Esperan una conducta digna de los hijos de Dios. Pero para pasar de nuestras limitaciones y defectos a esa conducta, los consejos de Papa muestran el camino de conversión. Cada uno nos lo hemos de aplicar del modo más adecuado a nuestra persona y circunstancias.

Son tres aspectos: la redención de la creación, la fuerza destructiva del pecado y la fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón.

La redención de la creación nos recuerda un hecho consumado y puesto a nuestra consideración en el Triduo Pascual. Ya se dio la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Si este regalo lo aceptamos, el Espíritu Santo nos ayuda a vivir la ley de Dios: ley inscrita en el corazón de cada uno y en la naturaleza. Por eso, todas las criaturas esperan con gozo que vivamos así, pero también se estremecen ante la posibilidad de que no lo hagamos.

En la fuerza destructiva del pecado, el Papa nos hace ver el mal que ocasionamos cuando adoptamos actividades que violan nuestra condición humana. Cada uno sabemos de qué somos capaces cuando nos dejamos llevar por la ira, la violencia, la envidia, la mentira, la calumnia, la injusticia,… todo ello es corrupción.

Para animarnos a cambiar, nos propone contemplar la Resurrección de Jesucristo y desear unirnos a ella. El modo de lograrlo es eliminar el pecado que nos aleja de Dios y nos coloca en el sitio que no nos corresponde. Textualmente el Papa dice: “Se trata del pecado que lleva al hombre a considerarse el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto y a no usarla para el fin deseado por el Creador, sino para su propio interés, en detrimento de las criaturas y de los demás”.

¿Estamos dispuestos a reconocer actos semejantes y a no repetirlos?

En el tercer punto, la fuerza regeneradora del arrepentimiento y el perdón, nos abre al horizonte de la esperanza que se alcanza con el deseo sincero de rectificar y de la seguridad del perdón. Todos los demás anhelan esta decisión, que se puede concretar en ayunar, orar y dar limosna. Son propósitos concretos.

Ayunar es cambiar la actitud con los demás, no caer en la tentación de “devorar” a los demás.

Orar es declararnos necesitados del Señor y de su misericordia.

Dar limosna nos lleva a no acumular asegurando un futuro que tal vez no será así.

Termina con la siguiente idea: sólo así nos liberaremos de la esclavitud de la corrupción. Por lo tanto, si de verdad vamos contra la corrupción, hemos de empezar por desterrarla en cada uno.

 

 

¿Hemos avanzado o retrocedido las mujeres

Lucia Legorreta

Las mujeres han evolucionado a lo largo de la historia, pero ¿ha sido para bien o para mal?

Día de la mujer

En el marco del Día Internacional de la Mujer me gustaría plantearme junto contigo esta pregunta: ¿hemos avanzado o retrocedido las mujeres? Después de años de lucha por los derechos de las mujeres, ¿vivimos mejor que aquellas que nos antecedieron?

Durante los últimos años, el papel de la mujer ha cambiado muchísimo. Retrocedamos tres generaciones y veamos cómo las mujeres nacidas en los años treinta, muy pocas trabajaban o estudiaban. Se casaban muy jóvenes, de catorce o quince años; se dedicaban de lleno a su casa, a su marido, las familias eran más grandes: el promedio de hijos por mujer en los años sesenta, en México, era de siete; no trabajaban a menos que fuera necesario.

Con las mujeres que nacieron en los años cincuenta y sesenta, se inició el cambio: empezamos a estudiar, a formarnos, a trabajar, a votar. Las oportunidades de trabajo y realización se incrementaron en los campos políticos, laborales, económicos y sociales. Las familias se vieron reducidas a dos o tres hijos: aparece el movimiento feminista y una nueva forma de vida en la cual la mujer compagina familia y trabajo.

Ahora prácticamente las mujeres jóvenes estudian o estudiarán preparatoria, muchas terminarán una carrera y hasta una maestría; piensan trabajar, hablar varios idiomas, saber de computación, tienen pensado el número de hijos que les gustaría tener (uno o dos máximo); no se quieren casar a temprana edad. En fin, su vida es muy diferente a la de sus abuelas o la de sus mamás.

El día típico de una mujer ejecutiva o profesionista que está casada y tiene un empleo de gran responsabilidad en una empresa, es mucho más ajetreado y estresante que el de la mujer de hace unas décadas. Muy probablemente se inicia en las primeras horas de la mañana y no termina antes de las once de la noche. Su trabajo puede incluir varios viajes al mes, comidas o cenas fuera de casa, largos horarios de oficina y, por supuesto, estar disponible en su celular para cuando la necesiten.

Si bien estas condiciones de trabajo son las mismas para los hombres, para una mujer estas actividades se suman a las responsabilidades de atender el hogar y a los hijos, y en algunas ocasiones a sus propios padres.

Encontramos entonces mujeres luchando día a día por ser buenas profesionistas, esposas, madres, amigas e hijas; haciendo ejercicio para estar en forma; buscando métodos de belleza para estar guapas y atractivas; asistiendo a reuniones sociales y terminando muchas de ellas totalmente agotadas, estresadas o hasta deprimidas a lo largo de los años.

Por un lado, acepto esta realidad en el cambio de la mujer. Me parece algo maravilloso ya que tenemos más oportunidades que antes; pero, por otro lado, percibo el gran riesgo que tenemos de caer en un desequilibrio de vida, que nos lleve a descuidar nuestra esencia como mujeres, como madres y como esposas.

“¿Quién inventó eso del Feminismo?”, me preguntaba una amiga, si hace unos años estábamos tan contentas, y ahora resulta que tenemos que ser súper mujeres: hacer de todo y hacerlo bien.

La liberación femenina ha traído, sin duda, muchos beneficios. No obstante, en este camino se han perdido algunas ventajas, tales como el tiempo libre, la serenidad y vivir con más sencillez.

¿Dónde está aquella mamá tranquila y en paz a la que encontrabas en su casa por las tardes? ¿Dónde está aquella esposa que estaba al pendiente de las necesidades de su cónyuge? ¿Dónde está aquella mujer que vivía feliz y serena?

Como todo en esta vida, el equilibrio es lo más deseable. Estoy convencida de que no podemos y no queremos volver a las condiciones de hace tiempo, pero tampoco me convence la vida que nos estamos “autoimponiendo”.

Vivamos un Feminismo en equilibrio. Esto implica el realizarnos como mujeres en el campo laboral, pero también realizarnos como mujeres en el campo familiar y personal y no permitir que este dizque feminismo nos llene de ideas absurdas de competir con los hombres y hasta de vivir peleados con ellos.

Recobremos nuestra feminidad, ¡para que resurjan los caballeros de antes!

El sentirnos protegidas por un hombre no es señal de debilidad, dejémonos consentir y conquistar por ellos, y comprobaremos cuánto más felices podemos ser.

La vida es muy corta, hay que aprovecharla al máximo, pero también ¡gozarla en su totalidad y con equilibrio!

 

¿Quién va a pagar las jubilaciones futuras, si hoy las familias no tienen suficientes hijos?

ESCUELA PARA PADRES

¿Quién va a pagar las jubilaciones futuras, si hoy las familias no tienen suficientes hijos?

1,912 Palabras. Tiempo de lectura 7:00 aproximadamente.

Los que no tengan hijos o los que tengan uno sólo, que no se enfaden conmigo. Pretendo explicar una realidad, poniendo en contexto este grave problema, presente y futuro.

Actualmente las mujeres en el mundo occidental tienen una media de 1,30 hijos, pero tendrían que tener una media de 2,00 hijos como mínimo, para reponer el número de personas de la nación. Esta situación produce una tasa de crecimiento cero. Por lo tanto, no solamente no hay reposición de la población, sino que estamos muy por debajo del umbral de reemplazo generacional. Con este decrecimiento poblacional, se llega a una población más envejecida y peor atendida socialmente, por falta de ingresos en el Gobierno. La escasez de nacimientos, influenciado también por el desempleo endémico, ha llegado al límite del desafío vegetativo, promotor del invierno demográfico.

Criar un hijo hasta los 18 años, cuesta aproximadamente 220,000 Dólares, si va a una escuela pública y gratuita. Si va a un colegio privado cuesta muchísimo más. El costo de criar 2 hijos (media mínima de nacimientos necesarios para la reposición de la población), supondría 440.000 Dólares. Con lo que cuesta criar a dos hijos, para asegurar la tasa de reposición de las jubilaciones, se puede ir haciendo un fondo de reserva económica, para comprar una póliza de seguros privada, que garantice un fondo importante de pensiones. Estas inversiones privadas, son mucho más rentables financieramente, que los obligatorios planes de pensiones del gobierno.

Es injusto, que las familias que tienen varios hijos, sean las que tienen que, además de pagar obligatoriamente los mismos impuestos al trabajo, que las que no tienen hijos o tienen uno sólo, no tengan alguna compensación nacional. Y además que sean castigadas económica y socialmente, a pagar las pensiones futuras de los que solamente tienen un hijo o no tiene ninguno. La injusticia radica en el coste desmesurado para las familias, que tienen dos o más hijos.

Otras familias, prefieren poner el dinero que podrían dedicar a ahorrar para su jubilación, en la crianza de los hijos, que es el fin absoluto por el que se unieron en matrimonio, para formar una familia.

Además de la voluntaria inversión económica, que se emplea en la crianza de los hijos, hay otras energías como el tiempo, la educación, la formación en las virtudes y valores humanos, el ejemplo, etc. Más la renuncia a otros modelos de vida que no se pueden llevar, por el desgaste en esas energías.

Algunos gobiernos consideran que criar hijos, es un capricho voluntario, por lo cual, dicen que el que quiera tener hijos, que los pague. Y que si no hay suficientes hijos, para la reposición de las pensiones de jubilación, suben los impuestos de los trabajadores y todo arreglado.

Algunas familias voluntariamente no tienen hijos, o tienen uno solo por varias razones: Económicas, sociales, miedos a no poderlos mantener, para que no les limiten sus posibilidades de viajes, consumo, comodidades, deterioro del aspecto físico, tener que asumir la responsabilidad de criarlos y educarlos, miedo a la pérdida del trabajo y a sus consecuencias, etc. o por la edad avanzada para la natalidad.

El futuro del importe de las pensiones es muy incierto. Son los hijos los que reponen la población de los trabajadores, cuando estos se van jubilando. Sin hijos que reemplacen a los trabajadores, estos no tendrán la opción de cobrar las pensiones, aunque las hayan estado pagando durante años.

La madre del agua es la familia, compuesta de una madre, un padre e hijos. Es el principal pilar de la sociedad y factor clave, para el desarrollo sostenible que garantiza la continuidad de la raza humana, lo mismo que hace el agua.

Las familias no se pueden dormirse en los laureles, creyendo que el Estado u otros, van a resolver sus propios problemas, más los que determinadas estamentos de la sociedad les producen, con sus hostigamientos. Tienen la obligación de formarse bien y tomar todas las medidas posibles, para eliminar o minimizar esos ataques.

Conceptos de los fondos de pensiones, comunes o individuales.

  • Los países tienen dos sistemas públicos, muy diferentes, sobre la forma de administrar el financiamiento del dinero, correspondiente a las pensiones: A) El Sistema Solidario de Reparto (SSR) o fondo común. B) El Sistema de Capitalización Individual (SCI) o fondo individual.
  • En el Sistema Solidario de Reparto (SSR), la pensión de cada persona, se financia con los aportes de todos los trabajadores activos. El dinero aportado va a un fondo común, que lo administra el Estado, para financiar todas las pensiones. Este sistema se caracterizaba por tener cotizaciones indefinidas y beneficios definidos. Es decir, el monto de la pensión, no se relaciona necesariamente con lo aportado durante la vida activa, sino con las características del fondo común y con el cumplimiento de ciertos requisitos legales, que dan derecho a una pensión previamente definida.
  • En este sistema (SSR) o fondo común, el valor efectivo de las pensiones cada vez es menor, ya que suben anualmente menos que el índice de precios al consumo. Las familias que más soportan el peso del sistema son penalizadas, a pesar de que sin ellas, el sistema no es viable.
  • En este sistema (SSR) o fondo común, no es lógico que las familias que tienen hijos, tengan que pagar las futuras pensiones de los jubilados, que no han tenido hijos. Olvidando todos los sacrificios y satisfacciones que suponen, tienen que pagar con los impuestos que produzcan esos hijos, las pensiones de los que voluntariamente no los tienen. Por ejemplo los solteros, las parejas del mismo sexo, los matrimonios que deciden no tenerlos, etc.
  • En este sistema (SSR) o fondo común, las pensiones del mañana, no dependen de lo que cada trabajador haya cotizado, sino de las personas que estén cotizando, en el momento de la jubilación. Hay más variables, pero a largo plazo, la clave está en la natalidad, ya que sin más de 2 hijos por mujer y otras medidas complementarias, no habrá futuras pensiones dignas.
  • En el Sistema de Capitalización Individual (SCI) o fondo individual, cada trabajador posee una cuenta privada, donde se depositan sus cotizaciones obligatorias, las cuales se van capitalizando y ganando la rentabilidad de las inversiones, que las empresas administradoras realizan. Al término de la vida activa del trabajador, este capital le es devuelto al afiliado o a sus beneficiarios sobrevivientes, en la forma de alguna de las modalidades de pensión.

 

Es muy incierto el futuro de las pensiones de jubilación. Todos los gobiernos dicen que en los próximos años, no tendrán dinero para poder pagar las pensiones, pues el fondo de pensiones está con déficit y los ingresos para las pensiones futuras, son menores que las obligaciones, puesto que no tiene ingresos, ya que son muy pocos los nuevos jóvenes que se incorporan al mercado laboral. A pesar de que el importe de las pensiones, cada vez tiene menor poder adquisitivo, ya que no se incrementan adecuadamente al costo de vida.

11 Posibles soluciones. Buenas y malas:

  1. Apoyar la natalidad de las familias, protegiéndolas socialmente y ayudándoles con ventajas fiscales.
  2. La posible conciliación de horarios laborales y familiares.
  3. La disminución o eliminación de los abortos.
  4. La promoción de la maternidad desde la religión, el estado y la sociedad. Pero pedir a las familias, mediante técnicas de “marketing”, que no tengan miedo a ser padres, etc. Todo esto debe ir acompañado de profundas medidas de ayuda.
  5. Fomentar la inmigración para que ellos y sus futuros hijos, con sus impuestos paguen por las pensiones de los que ahora no tienen suficientes hijos, y así asegurar la tasa de reposición de los trabajadores actuales.
  6. Instaurar en las pensiones el Sistema de Capitalización Individual (SCI) o fondo individual y eliminar el Sistema Solidario de Reparto (SSR) o fondo común.
  7. Jubilarse, obligatoriamente, cinco años más tarde e lo que se hace ahora, suponiendo que haya trabajo para todos.
  8. Aumentar los impuestos generales para poder cubrir, incluso a largo plazo, los costos de las pensiones.
  9. Rebajar el importe de las pensiones a percibir o ponerles un techo, de máximos importes.
  10. Aumentar los años de cotización, para tener derecho a las pensiones.
  11. Subir las cuotas mensuales, que automáticamente se deducen de los sueldo.

Cada vez la esperanza de vida es mayor, se vive durante más años y más saludablemente, lo que origina que haya más defunciones que nacimientos, originando un camino cuesta abajo, que lleva al colapso demográfico. También aumentan los costos, relacionados con la salud de las personas mayores, y el costo del mayor número de años, de cobro de pensiones. Todo ello ocasiona la imposibilidad de cubrir, los mayores costos médicos y el aumento de los años de pensiones, con los ingresos que en su día hicieron.

La belleza y la necesidad de la familia, fundada en el matrimonio y abierta a la vida, nunca decaerá, aunque el actual pensamiento único, siga denigrando la institución familiar y promoviendo otros tipos de unión, que son opuestos y no comparables, a las peculiaridades de la verdadera familia.

El derecho a tener hijos y a percibir ayudas sociales del Gobierno para criarlos, no puede ser aplastado por los Gobiernos, ni siquiera en nombre de los deseos privados, de algunos grupos sociales. Formar una familia y tener hijos es una cosa buena, lógica y natural, que se equilibra con los momentos de alegría, de sano orgullo, de esperanzas, de dolor, de desilusiones, de trabajo, etc.

La maternidad ha entrado en una crisis profunda, a medida que está cambiando el concepto de familia, lo que origina que los países occidentales, se despueblan. La Ideología de Género lo impregna todo, incluso el concepto determinante de la maternidad. El peor miedo, es el miedo a tener miedo. No hay que tener miedo, a no ser esclavos de la corrección política, ni a ser amigos de las verdades, que siempre han soportado el concepto de la familia.

La dictadura del pensamiento único del grupo LGTB está tan atrincherada, que quienes se atreven a desafiarlo, se encuentran fuera del ámbito de la cortesía y de la educación social. Teniendo en cuenta la gravedad de los nuevos dogmas de la corrección política, de la ideología dominante y la presión de las leyes de los grupos LGTB, los que no se someten a su dictadura, pueden incurrir hasta en penas legales.

Situaciones actuales contradictorias: Occidente metido de lleno en un invierno demográfico, con una media de 1,30 hijos por mujer. China con una ley que prohibía a las mujeres tener más de 1 hijo, hasta ahora que la han ampliado a poder tener 2 hijos. Inglaterra con un castigo económico, a quien tenga en el futuro inmediato, más de 2 hijos.

Conclusiones: Piensen que con el importe de la pensión, que le pagará el gobierno cuando Vd. se jubile, no le llegará para poder vivir, haya cotizado lo que haya cotizado. Para esas fechas, tendrá que tener ahorrado, una cantidad considerable de dinero, según el tipo de vida futura que quiera tener. Lo adecuado es comprar un plan de jubilación, desde el momento que empieza a trabajar. Calcule que aproximadamente, suelen ser más de 40 años de trabajo cotizando y 25 años posteriores de cobro de pensión. Haga los números con un profesional de los seguros y las finanzas, y obre en consecuencia, pues la realidad, aunque sea cruel, es la realidad.

francisco@micumbre.com

 

Algunas claves de la crisis familiar hoy

Como reza el título de estas líneas exponemos algunos enfoques filosóficos claves que enmarcan la crisis de la familia. No se pretende hacer nada exhaustivo en tan poco espacio de papel. Se trata de algo parcial –“algunas claves”– y más bien con una finalidad enunciativa.

La primera de ellas es el rechazo del realismo.

Una de las causas que a simple vista no se ven por la lejanía de varios siglos, en el horizonte filosófico pero con vigencia actual es el rechazo del realismo. Descartes dio un giro copernicano, incoado siglos antes por el nominalista Ockam, conduciendo la filosofía hacia el idealismo. En esas seguimos estando. Permanecen activos esos cráteres inmanentistas de querer crear la realidad con nuestro pensamiento. Es lo del principio, es lo de siempre: ser como dioses. Permanece la soberbia de superar al Creador haciendo buenas las cosas con mi voluntad; yo hago buenas las cosas. No aceptamos que Dios no elige lo bueno, hace bueno lo que elige. Nosotros queremos ser igual. ¿Desde cuándo el Creador se identifica con la criatura?, ¿el árbol con su sombra? A lo más… trasmite un pálido parecido y si hay luz.

La desconexión entre la realidad y el pensamiento conduce a la inseguridad de poder alcanzar la verdad. Esta falta de seguridad en la verdad de las cosas desemboca inexorablemente en el relativismo. Es el para mi no es malo. Yo te respeto. Si tú piensas así no lo hagas, pero respeta mis ideas. De este modo “justifica” el idealismo la postura subjetiva y hace de su pensamiento un dogma personal irrebatible para cobijar el “divorcio”.

Es el desprecio a la naturaleza de las cosas. Las cosas son como son al margen de cómo yo las vea o quiera que sean. Se ha perdido el respeto metafísico del ser de las cosas y en consecuencia de su obrar. El obrar sigue al ser, no al revés. Primero las cosas son y son de una manera, y después, de acuerdo a esa manera de ser, actúan. Un ejemplo: ¿la hierba es buena o mala? ¿Es buena para comer o no? Depende de la naturaleza de quien la coma. Para un rumiante, la vaca por ejemplo, es algo bueno pero para el hombre que las cuida es muy indigesta. Las cosas son buenas, por tanto, en relación con la naturaleza de las cosas.

El positivismo jurídico.

Otra de las causas de la crisis actual familia se encuentra en el positivismo jurídico. Las leyes para ser justas han de ser racionales; es decir, conforme a la recta razón. Las leyes han de defender la vida y no al revés. La realidad vital no debe acomodarse a la ley humana. No fuerza el sastre a que su cliente vaya encorvado para que le “caiga bien el traje”, debe el sastre corregir la hechura para que se adecúe al cliente. Pues igual. Si no es así el legislador pierde las referencias estables sobre el hombre y la objetividad de lo que es bueno. Entra en juego el sociologismo, la mano alzada, las estadísticas, etc., pero no se tiene el modelo delante: el hombre. Por ejemplo si el Estado ve igual el matrimonio que la cohabitación de una pareja del mismo sexo no atiende a lo que las cosas son sino que se ampara en una aparente cuestión formal. “Hay quien lo ve de otra manera y no puedo imponer un modelo porque todo es relativo”, dicen.

Esta altivez de querer ser “como dioses” homologando las leyes humanas a las divinas –en realidad dejan de ser leyes para ser leguleyas–, hace que dichas “legislaciones” no solamente dejen de obligar sino que han de ser combatidas con la desobediencia.

El relativismo moral

Junto a esto aparece otra causa más en la situación crítica familiar de hoy: el relativismo moral. Como consecuencia de dudar sobre la capacidad de alcanzar la verdad y dar la espalda a la Verdad que nos revela con certeza quienes somos, de dónde venimos, adónde vamos, etc., se abre paso un relativismo moral y el individuo se muestra como absoluto. El hombre es ciertamente un absoluto por su dignidad, pero un absoluto-relativo; en cambio Dios es el Absoluto-absoluto, como lo llama Cardona. El relativismo permisivo suele desembocar en el totalitarismo con facilidad. La opción relativista escamotea el fundamento objetivo de la realidad entera y, por tanto, también de la persona humana y del sentido de la diferenciación sexual.

La libertad como pura indeterminación

Por último queremos destacar, entre otras más causas de la crisis en la familia, ésta: entender la libertad como pura opción. Es decir como pura indeterminación. A más indeterminación más libertad, lo cual es una falacia y, por tanto, una falsedad encubierta. Es verdad que la libertad hace referencia a una cierta indeterminación, puesto que es capacidad de autodeterminarse para obrar o no y en el caso primero, para hacerlo de una manera o de otra entre varias posibles. Pero la libertad no es esencialmente eso, indeterminación. No puede ser la libertad sólo y exclusivamente indeterminación.

No es más libre, mejor escritor quien no sabe qué palabra escribir y tacha a cada dos por tres. No es más libre el ciego que posee una gran indeterminación para caminar hacia cualquier sitio que el que ve y elige la dirección adecuada hacia la puerta que le de acceso a su destino. Es libre el que ante la indeterminación posee capacidad para decidir y determinarse por lo correcto. Es más libre el escritor que escribe de corrido con perfección y el vidente que conoce los destinos de los caminos merced a su conocimiento de ellos o al mapa por el que se orienta. La libertad como escribió Ruíz Retegui es “una síntesis singular de determinada indeterminación”. Para optar correctamente es necesario formarse bien la conciencia y ésta, al ser norma subjetiva de la Ley, enjuiciará a su caso particular la norma general. La naturaleza de las cosas no sufrira merma así.

La realidad muestra que el hombre es un ser inacabado. Hombre desde que nace pero no lo es en plenitud. Debe desarrollarse en un dinamismo de actos que le hagan ser cada vez más hombre, mejor persona, etc., mediante el uso correcto de su voluntad eligiendo el bien y haciéndolo. Dios respeta la libertad de su criatura, que al ser creada “a su imagen y semejanza” participa de la Libertad divina. Dios es libertad absoluta, el hombre participa en un pequeño grado de ella y acertará siempre que respete la verdad que ilumina su naturaleza. Cada vida es una biografía escrita con actos creadores de libertad pero será una novela de amor divino si se hace a la luz de la verdad de Dios sino será una tragedia. Hay quien como Santa Teresa de Jesús, Patrona de las Misiones y Doctora de la Iglesia morirá a los 23 años tuberculosa en la soledad de un convento, sufriendo por amor a Dios y hay quien lo también morirá a la misma edad en el ensordecedor bullicio de una discoteca por… sobredosis de heroína.

Pedro Beteta López

Teólogo y escritor

 

 

"La vida a una carta"

José Luis Martín Descalzo,

En el primer volumen de las Memorias de Julián Marías leo una frase que me conmueve y que comparto hasta la última entraña. Escribe después de su boda, en la cima de la felicidad, y dice: «Siempre he creído que la vida no vale la pena más que cuando se la pone a una carta, sin restricciones, sin reservas; son innumerables las personas, muy especialmente en nuestro tiempo, que no lo hacen por miedo a la vida, que no se atreven a ser felices porque temen a lo irrevocable, porque saben que si lo hacen, se exponen a la vez a ser infelices.»

Efectivamente, una de las carcomas de nuestro siglo es ese miedo a lo irrevocable, esa indecisión ante las decisiones que no tienen vuelta de hoja o la tienen muy dolorosa, esa tendencia a lo provisional, a lo que nos compromete pero no del todo», que nos obliga «pero sólo en tanto en cuanto». Preferimos no acabar de apostar por nada, o si no hay más remedio que hacerlo, lo rodeamos de reservas, de condicionamientos, de «ya veremos cómo van las cosas».

Ocurre esto en todos los terrenos. Por de pronto, la vida matrimonial. Cuando en España se discutía la ley del divorcio, yo escribí varias veces que no me preocupaba tanto el hecho de que algunas parejas se separasen como el que se difundiera una mentalidad de matrimonios-provisionales, de matrimonios-a-prueba. Hoy tengo que confesar que mis previsiones no carecían de base: en España, como en todos los países donde la ley del divorcio se introdujo, éstos no fueron muy numerosos en la generación que se casó con la idea de perennidad, pero empieza a crecer y no dejarán de aumentar hoy que tantos jóvenes comienzan su amor diciéndose: «Y si las cosas no van bien, nos separamos y tan amigos.» Esto, dicen, es más civilizado. Pero yo no estoy nada seguro de que ese amor con reserva sea verdadero amor.

El «miedo a lo irrevocable» llega incluso a lo religioso y lo más intocable, que es el sacerdocio. En mis años de seminarista -y no soy tan viejo-, lo del sacerdos in aeternum, sacerdote para la eternidad, era algo, simplemente, incuestionable. Es que ni se nos pasaba por la cabeza dejar de ser aquello que libremente elegíamos. Sabíamos, sí, que había quienes fracasaban y derivaban hacia otros puertos; pero eso, pensábamos, no tenía que ver con cada uno de nosotros; era, cuando más, como un accidente de circulación, en el que no se piensa cuando se empieza un viaje y que, en todo caso, no se prevé como una opción voluntaria. Por eso a mí me asombró tanto cuando empecé a oír a algunos teólogos eso del sacerdocio ad tempus, eso de que uno podía ordenarse sacerdote para cinco, para siete años, prestar ese servicio a la Iglesia y luego replantearse si seguir en esa misma tarea o regresar a otros cuarteles. Me parecía, en cambio, a mí, que el sacerdocio o era para siempre o no era sacerdocio; que si la entrega a Cristo y a la Iglesia era una entrega de amor, no cabían ya planes quinquenales. Uno podía fracasar y equivocarse, es cierto, pero ¿cabía mayor fracaso que lanzarse a volar con las alas atadas por toda una maraña de condicionamientos?

Y lo que ahora más me preocupa del problema es que parece que este pánico a lo irrevocable se ha convertido en una de las características espirituales de la mayor parte de nuestra juventud y de un buen porcentaje de adultos. La gente, tiene razón Marías, no es amiga de jugarse la vida a una carta en ningún terreno; prefiere embarcarse hoy en el barco de hoy y mañana ya pensará en qué barco lo hace.

Y, repito, lo más grave es que esto se está presentando como un ideal, como «lo inteligente», como «lo civilizado». ¿Con qué razones? Te dicen: todo es relativo, comenzando por mí mismo. Yo sé cómo es hoy el hombre que yo soy; pero no sé cómo seré mañana. Todos cambiamos de ideas, de modos de ser. ¿Por qué comprometerlo todo a una carta cuando el juego de mañana no sé cómo se presentará?

Y hay en este raciocinio algo de verdad: es cierto que hay muchas cosas relativas en la vida, muchas ante las que un hombre debe permanecer y en las que hasta será bueno cambiar en el futuro, cuando se vean con nueva luz. Pero, relativizarlo todo, ¿no será un modo de no llegar nunca a vivir?

En realidad, esas cosas permanentes son pocas: el amor que se ha elegido, la misión a la que uno se entrega, unas cuantas ideas vertebrales y, entre ellas, desde luego, para el creyente, su fe.

En éstas, lo confieso, mis apuestas siempre fueron y espero que sigan siendo totales. Por esas tres o cuatro cosas yo estoy dispuesto a jugar a una sola carta, precisamente porque estoy seguro de que esas cosas o son enteras o no son. Así de sencillo: o son totales o no existen. Un amor condicionado es un amor putrefacto. Un amor «a ver cómo funciona» es un brutal engaño entre dos. Un amor sin condiciones puede fracasar; pero un amor con condiciones no sólo es que nazca fracasado, es que no llega a nacer.

 

 

“El árbol se conoce por sus frutos”

Jesús nos invita a mirar primero la “viga” que tenemos en nuestro ojo para después mirar la “paja” en el de tu hermano. El tiempo de CUARESMA se acerca con su llamado a la CONVERSIÓN; es decir, a volver nuestra mirada sobre nosotros mismo y sobre DIOS; viendo a los demás como DIOS los mira PARA ASÍ VIVIR COMO HERMANOS.

Somos propensos a vivir juzgando a los demás; a creernos “santos” (mejores que los demás) y los demás “pecadores”. Con esa actitud jamás podremos “regresar a Dios” pues la HIPOCRESÍA es el pecado que más nos aleja de Él. Estamos en “carnavales” y mucha gente acostumbra a “ponerse una careta”; pues bien, que sea este el momento de “quitárnosla” para presentarnos antes Dios como pecadores que somos todos(as); necesitados de su infinita MISERICORDIA y PERDON. “Si es PAZ lo que buscas, trata de cambiarte a ti mismo y no a los demás”.

“De la abundancia del corazón, habla la boca”. Si tienes PAZ en tu corazón, hablaras de Paz y serás hacedor e instrumento de ella en toda ocasión; si lo que tienes es ODIO, hablarás y serás agente de guerra, violencia y de muerte. “El árbol se conoce por sus frutos”; como un árbol bueno no puede dar frutos malos; el hombre bueno no puede producir “acciones malas”. El fin no puede justificar los medios que uses; para un fin bueno, necesitas usar medios buenos. Felices los pacificadores porque ellos serán llamados los “Hijos de Dios”; los que promueven la guerra, serán llamados “hijos del maligno”. Hay que elegir entre la guerra o la Paz

 

 

¿Qué es el pago verde?

Los agricultores ya están elaborando la DUN para el año 2019. Con cierta frecuencia, los medios hablan de conceptos muy técnicos y/o concretos relacionados con las relaciones que los agricultores tienen con las Administraciones y muy concretamente con las de la Unión Europea. Cuando oímos hablar de la PAC (Política Agraria Comunitaria) y de lo que por ella cobran los agricultores suele aparecer el concepto “pago verde”. Es el pago que se realiza para compensar el esfuerzo de llevar a cabo prácticas beneficiosas para el clima y el medio ambiente, este es conocido también como “pago verde”, ‘ecologización’ o ‘greening’, es un aspecto de la política que permite conceder un pago anual por cada hectárea admisible vinculada a un derecho de pago básico, siempre que se respeten determinadas prácticas medioambientales, dependiendo de la estructura de la explotación agrícola.

A este pago le dedica el Fondo Español de Garantía Agraria la tercera de las ocho fichas técnicas que ha publicado con ocasión del inicio de la campaña de solicitud de ayudas de la PAC 2019, y en las que informa, de manera amena y práctica, a modo de preguntas y respuestas, sobre los pagos directos a los agricultores, con el fin de ayudar a la toma de decisiones ante el periodo de presentación de solicitud única de ayudas.

En esta tercera ficha se explica qué es la diversificación de cultivos, se detalla cuánto cobrará el agricultor por el “pago verde” y cómo se financiará, quién puede ser beneficiario y qué prácticas medioambientales debe respetar.

También se informa sobre otros conceptos como el mantenimiento de pastos permanentes, las superficies de interés ecológico (SIE),  cómo afecta la prohibición del empleo de fitosanitarios en barbechos SIE, qué se consideran cultivos fijadores de nitrógeno y cómo afecta la prohibición del empleo de fitosanitarios, qué explotaciones están exentas de respetar las prácticas del Pago Verde o qué tipo de reducciones y/o sanciones se aplican por incumplimiento de las prácticas del Pago Verde. Estas informaciones las recoge la organización agraria ASAJA Sevilla.

Jesús Domingo

 

 

Catolicismo y Civilización

Las naves portuguesas llevaron a los misioneros

Carabelas portuguesas

En los últimos siglos, con la industrialización y los descubrimientos científicos, muchos imaginaron que la humanidad entraría en una era “paradisíaca”, en que la tecnología resolvería todos los problemas. ¡Mera fantasía!

Irrumpimos, más bien, en una época caracterizada por el abandono espiritual, una gran desilusión “que ha empujado a más de una generación a los abismos de la droga y otros vicios”, y una incertidumbre cada vez mayor con relación al futuro.

El hombre al adorar el progreso material, se esclavizó a la máquina.

Plinio Corrêa de Oliveira, en un artículo escrito para el semanario «El Legionario» en 1931 (cuando el autor tenía sólo veintitrés años) analiza las tendencias de ese período que hoy llegaron a su auge, y señala la solución para la crisis contemporánea: la recristianización del mundo, conquistando un progreso auténtico, sin abandonar los valores del pasado.

En todas partes donde la acción de la Iglesia se hace sentir, ella es eminentemente civilizadora en sus diversas manifestaciones.

Al mismo tiempo que el Cristianismo irrumpía en Alemania con San Bonifacio, también entraba con él la civilización greco-romana en los matorrales salvajes de la Teutonia.

Y el mismo soplo de Cristianismo, que barrió de la agreste Germania los fantasmas inconsistentes de su antigua mitología, desterró también el salvajismo y la crueldad que caracterizaban a las implacables hordas de bárbaros, que asolaban constantemente las fronteras del Imperio Romano.

Los misioneros, junto con la fe, trajeron la civilización

Fundación de la ciudad de Sao Paulo, Brasil

Lo que San Bonifacio hizo en Alemania, lo hicieron en todas las naciones occidentales innumerables misioneros humildes que, como pregoneros de la verdad, recorrían en toda su extensión la Europa bárbara y salvaje de los primeros siglos medievales.

Acción de los misioneros

Contenidos

 

De aquellos misioneros, algunos fueron elevados a la honra de los altares. Otros yacen sepultados en el olvido. Su obra, sin embargo, les sobrevivió.

Y cuando el hombre supercivilizado de nuestros días “orgulloso de la velocidad de sus ferrocarriles” recorre rápidamente la España meridional o la parte de Portugal que baña sus costas en el Atlántico, en una atmósfera límpida, llena de vida y de luz; o la gélida Suecia, eternamente sumergida en su somnolienta y melancólica neblina; en vez de envanecerse con los inventos de su siglo, debería antes recordar que no hay trazado de línea ferroviaria, no hay recorrido de autopista, no hay campo de aviación y no hay puerto de mar alguno, fuera de los límites del antiguo Imperio Romano, en que, muchos y muchos siglos atrás, no hubiese nuestra civilización penetrado por primera vez con el cayado de un misionero anónimo y abnegado.

Y esta verdad no es sólo europea, se desdobla por todo el universo.

Ningún trasatlántico altivo puede surcar en demanda del Oriente o de América, sin que la sombra de los antiguos misioneros católicos le recuerde que, antes que el lucro del mercader, el ardor del apóstol había recorrido los mismos caminos, enfrentando las mismas dificultades, removiendo los mismos obstáculos y venciendo, por la dulzura y por la predicación, a las mismas gentes que los mercaderes irían a vencer por las armas y por la sangre.

Un ejemplo: el beato José de Anchieta

La calle 15 de Noviembre (1), en la que vibra toda la civilización americana, en la vida agitada de los bancos o en la futilidad de las vanidades femeninas, es con razón el orgullo de los paulistanos.

¿Quién, sin embargo, se acuerda que esa arteria trepidante no es más que el fruto bendecido del sudor de un misionero humilde y delgado, que 400 años atrás recorría el mismo lugar “por entonces eriazo y peligroso” catequizando a los indios, y recristianizando con el riesgo de su propia vida a los ambiciosos y crueles exploradores portugueses?

¿Quién recordará que toda esta vida, toda esta grandiosidad que se ostentan en la São Paulo moderna, no son más que los frutos de un árbol pujante que el padre Anchieta plantó con la semilla del sacrificio, y regó con la sangre de las maceraciones y las lágrimas de la penitencia? Nadie.

Es preciso, sin embargo, que a toda costa esta injusticia cese.

Nuestra época debe ser sobre todo una época de reparaciones, en que busquemos atar nuevamente las cosas a sus raíces verdaderas. Y la mayor de las reparaciones, la más urgente “la única, en último análisis” es la reparación de lo que concierne a la Iglesia.

Carencia de fuerza moral

Mucho se habla de nuestro progreso. El siglo XX, que fue en su primera década una comedia, se transformó bruscamente en una dilatada y sangrienta tragedia, que está lejos de haber llegado a su fin.

Aún una larga serie de lances dolorosos nos separa del desenlace fatal de la lucha de tantos elementos que chocan hoy en día. Y, como en todo ambiente verdaderamente propicio para las tragedias, podemos distinguir en nuestra época grandes vicios.

Nuestra civilización material es soberbia. El hombre conquistó los aires y puede escudriñar los secretos del fondo del mar. Suprimió las distancias. Voló…

Nuestras fábricas tienen herramientas que pueden torcer como alfileres las más sólidas barras metálicas.

Mientras tanto, nuestra mentalidad padece precisamente del mal contrario. En vez de torcer las barras de metal, como si fuesen alfileres, el alma del hombre moderno se siente débil con relación a los alfileres de los menores sacrificios morales, como si fuesen barras de metal.

Todo se desagrega

Nuestras aspiraciones son desencontradas. Como niños que jugasen en una sala de visitas, los hombres quiebran hoy, inconsciente y estúpidamente, los últimos objetos preciosos y joyas que nos restan de nuestra verdadera Civilización.

La mecánica es utilizada para la destrucción y para la guerra. La química no interesa sólo a los hospitales, sino a las fábricas de gases asfixiantes. Los tóxicos no tienen apenas uso de laboratorio; alimentan también los vicios de una generación inepta para la vida, que busca evadirse de la realidad en las regiones siempre nuevas del sueño y de la fantasía. La máquina, después de haber devorado las tradiciones del pasado, devora actualmente las esperanzas del futuro. La producción ya no tiene proporción con el consumo.

El Renacimiento fue el comienzo de una revolución que dura hasta nuestros días y que ha destruido la Civilización cristiana

El Renacimiento trajo consigo el desarreglo de los instintos y el deterioro de la armazón moral de la sociedad

Todo se desarregla, todo se desagrega. Y el hombre de nuestros días comienza apenas a percibir que, junto a los frutos amenos de una civilización material rica en comodidades refinadas, también brotan los frutos amargos de un sibaritismo llevado a su auge por las propias armas que la civilización forjó.

El jarrón roto

Desengañado de todo, el hombre de hoy (al contrario de lo que sucedía a principios del siglo XX) ya no dibuja más el progreso en sus cuadros alegóricos, como una mujer envuelta en una túnica griega, con una antorcha luminosa en las manos, rompiendo las cadenas del pasado y dirigiéndose, con la mirada radiante de esperanzas, hacia un futuro lleno de promesas.

Sólo en las pequeñas revistas y en las estampas de nuestro principio de siglo XX tal ingenuidad consiguió encontrar un lugar. Hoy esas alegorías aparatosas fueron relegadas al olvido. Y si alguien quisiese representar exactamente nuestra época, antes debería pintarla como un niño llorando despavorido ante los pedazos de un jarrón de porcelana que rompió, y que no sabe más cómo reparar.

El hombre incivilizado

Llegó el momento que indaguemos las verdaderas causas de tal desastre. Ha llegado la ocasión para que escudriñemos nuevamente la Historia, no como pasto para fantasías y utopías liberales, sino como laboratorio en cuyos hechos y accidentes, como en retortas y alambiques, se elaboró el presente.

Y llegó el momento en que los católicos debemos proclamar y demostrar la gran verdad de la cual proviene, como de fuente única, la salvación: el progreso, en su acepción moral más elevada y en sus manifestaciones materiales legítimas, proviene directamente de la Iglesia. El cortejo de vicios, de errores, de torpezas que él arrastró atrás de sí provino de un verdadero retroceso a la barbarie, que se generó en el Renacimiento. Y esto porque el Renacimiento fue bárbaro, como es bárbara la condición primitiva de vida de los hotentotes (2). Efectivamente es una tendencia esencial de la civilización hacer cada vez más perfecta la vida de las colectividades humanas.
Bárbaro, por lo tanto, e incivilizado es el hombre que no gobierna sus instintos, y que se vuelve así inapto para la vida social.

Una Sodoma electrificada

Que ese desgobierno de instintos se cubra con los encajes y sedas de los sibaritas, o que ostente solamente el taparrabo de los polinesios o de los hawaianos, hay en ello apenas una cuestión de escenario. Más civilizada sería una nación sin encajes ni sedas, sin tranvías ni telégrafos, pero en la cual la moralidad reinase, que una Sodoma electrificada en todas sus manifestaciones vitales, pero podrida en toda la armazón de su estructura moral.

La moral de nuestro siglo es tan frágil que se atenta contra los fundamentos de la vida

El hombre se ha atrevido a manipular y destruir la vida humana

El cimiento de toda civilización es la moralidad. Y cuando una civilización se edifica sobre los cimientos de una moralidad frágil, cuanto más crece, tanto más se aproxima de la ruina.

Es como una torre que, asentándose sobre cimientos insuficientes, caerá desde que alcance cierta altura. Cuanto más se superponen unos pisos a otros, tanto más próxima está su ruina.

Y cuando los escombros que atiborren la tierra hubiesen demostrado la debilidad del edificio, ciertamente los arquitectos de las Torres de Babel envidiarán la casa de amplios cimientos y de número limitado de pisos, que desafía las intemperies y el paso del tiempo.

El trabajo que la humanidad ha efectuado desde el siglo XIV consistió en debilitar los cimientos y en aumentar el número de pisos.

Los cimientos del mundo

La Iglesia, que pudo actuar libremente hasta el siglo XIV, trabajó en sentido contrario: dilatar los cimientos, para más adelante edificar sobre ellos; no el monumento vano de un orgullo temerario, sino el fruto vigoroso y admirable de la prudencia y de la sabiduría.

La catedral de Orvieto fue construida en la Edad Media para conmemorar el milagro eucarístico de Bolsena: de la Hostia manó sangre

Catedral de Orvieto, Italia

Los cimientos que aún hoy soportan el peso inmenso de un mundo que se desmorona son obra de la Iglesia. Nada es realmente útil si no es estable. Y lo que aún hoy nos resta de estable y de útil “de Civilización, en suma” lo edificó la Iglesia.

Al contrario, los gérmenes que amenazan nuestra existencia nacieron precisamente de la inobservancia de las leyes de la Iglesia.

Éste es el diagnóstico irrefutable de la sociología católica, que debemos denodadamente defender.

La cultura católica

Uno de los factores característicos de nuestro desordenado ambiente (y, por lo tanto, de nuestro anti-catolicismo, pues el catolicismo y el orden se identifican) es la existencia de males opuestos y antagónicos que, lamentablemente, en vez de destruirse recíprocamente, mutuamente se agravan.

Así, de un lado, el exceso de preocupaciones científicas generó en nuestros días un cientificismo abusivo.

De otro lado, la incapacidad intelectual cada vez más acentuada del hombre moderno produjo una decadencia de la espiritualidad general, verdaderamente funesta en todas sus consecuencias.

Entre estos dos extremos, nacidos del paganismo, el Catolicismo quiere introducir la solución equilibrada, y por lo tanto católica, de una cultura racional sin ser racionalista, y suficientemente generalizada, para impedir el embrutecimiento progresivo de las masas.

Elevación moral

Para la Iglesia, la ciencia no tiene su fin en sí misma. De ese modo, ésta pierde la soberanía que le quiso atribuir el racionalismo, para así doblegarse a sus finalidades naturales y lógicas. Es decir, al conocimiento por la vía de la razón de todo aquel conjunto de problemas que son de interés para la vida del hombre.

Es la restricción que la Iglesia impone al cientificismo desabrido. Desaparece así el derecho que el liberalismo confiere a los pseudo-científicos, de esconderse detrás de falsos principios científicos para hacer del saber un privilegio de perturbadores del orden, y de la intelectualidad una palanca de restricciones y anarquía.

Pero, por otro lado, una cierta dosis de cultura e instrucción, que actualmente anarquiza al mundo, es requerida como condición esencial para la conveniente formación espiritual y moral del hombre.

Y en esta tarea nos cabe a los católicos, el deber de pugnar por la elevación del nivel moral e intelectual de la juventud, expuesta hoy a tantos peligros.

Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

En los últimos días de la semana pasada

En los últimos días de la semana pasada se escucharon en El Vaticano las historias de muchas víctimas, que deben estar en el centro de la preocupación de la Iglesia, rompiendo así una práctica perversa, denunciada ya por Benedicto XVI, de orillarlas para preservar la buena imagen de la institución. El Papa Francisco quiere que se establezcan procedimientos claros y transparentes para abordar este drama, basados en la responsabilidad, la rendición de cuentas y la transparencia.

El P. Lombardi hablaba de un cambio de mentalidad, y el Secretario general de la Conferencia en Episcopal, Luis Arguello, ha dicho que ahora se trata de mirar a los ojos a las víctimas y poner en práctica una protección de los menores que sea eficaz. Sin olvidar que el mal no se erradica mediante normas y protocolos, y demanda en última instancia la conversión, como tantas veces ha señalado el Papa.

Jesús D Mez Madrid

 

 

Antibióticos, resistencias y manipulación

A principios del mes leía un titular “McDonald’s no usará carne obtenida de animales tratados con antibióticos”. Dicho así, se nota que es el titular de un artículo propagandístico que va dirigido a un público muy afín a muy ignorante.

Es cierto que utilizar antibióticos sin el adecuado control puede crear resistencias. Puede pasar que estos individuos, cuando de nuevo requieran su uso, los antibióticos resulten menos efectivos e incluso ineficaces. Recuerdo que generalmente las resistencias no se producen por el uso que se haya hecho en la producción de alimentos sino por el abuso en el consumo propio como medicamento, con mucha frecuencia excesiva o innecesaria. 

En el artículo de McDonald’s se lee que ello ha incrementado en los países desarrollados la mortalidad por esta causa, la resistencia a los antibióticos. Ahora McDonald’s se adhiere a la campaña contra el uso sin ‘control’ de antibióticos, al anunciar que “van a prohibir el uso de estos fármacos en los animales de los que se proveen de carne, para tratar de reducir así la resistencia a los antibióticos”. Pregunto a estos vendedores de carne ¿Qué han de hacer sus proveedores cuando aparezca una enfermedad infecciosa que sólo se  cura con antibióticos? Por favor, seamos serios, una cosa es utilizar y otra abusar de la misma manera que no es lo mismo informar que manipular.

Domingo Martínez Madrid

 

 

El respeto fundamental de la vida

 “El respeto fundamental de la vida, de la libertad y de la dignidad de las personas”

En el Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz del último año, Francisco hacía algunas consideraciones sobre una política que quiera  empeñarse, de verdad, en buscar la paz entre las naciones, de sembrar la paz.

 “La política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, de la libertad y de la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad”.

Con estas palabras el Papa recordaba un ideal de la acción política que está, por desgracia, muy lejos de la realidad que vivimos en nuestros días. No hay respeto a la vida. No hay respeto a la libertad. No hay respeto a la dignidad de las personas.

La afirmación de esos tres No puede parecer un poco fuerte; pero basta abrir un poco los ojos para darnos cuenta de que son, también por desgracia, verdad, realidad.

Cuando la cifra de abortos en el año que acababa de cerrar su tiempo es de 42 millones en todo el mundo, podemos decir sin temor a equivocarnos demasiado, que el respeto a la vida ha desaparecido de la conciencia, de la mente, del corazón de muchas personas y de un número considerable de políticos. Cuando el aborto es considerado un “derecho” por muchas legislaciones; ¿por qué nos extrañamos de tantas muertes ocasionadas por violencias de todo tipo, desde terrorismo hasta luchas callejeras, mafiosas, fratricidas?

Xus D Madrid

 

 

España y otros: cambio y regeneración

 

       Lo que leerá lo escribí en 2011… igual lo podía haber escrito veinte años antes, hoy o dentro de otros veinte años; “lo saco hoy por las elecciones de Andalucía y las varias que nos esperan, para al final, seguir el aberrante MÁS DE LO MISMO”.

       Se emplea mucho, creo que ya en demasía; la palabra cambio... ¿pero cambio a qué o para qué? ¿La mayoría de españoles de verdad quieren un cambio donde predominen las obligaciones y la justicia al enchufismo, el compadreo, la vagancia y todas las demás lacras que padece españa (adrede con minúscula) desde ni se sabe cuantos siglos? Seamos crudos, yo creo que no y el que no lo viera o vea, es que necesita una revisión de ojos y de... cerebro.

            Lo hemos visto en esta nueva época que creíamos nos traería mucho positivo y ha terminado por traernos el muladar y la ruina que soportamos; aquellos que aún caliente el cadáver de Franco, preconizaban palabras excelsas, como “libertad sin ira, igualdad, progreso, justicia”, muchos de ellos “cuasi muertos de hambre” (otros ricos pero querían mucho más) llegados a los centros de poder y decisión, ¿que hicieron, que han hecho, que han dejado de hacer?; todos o casi todos fueron a la trinca, a colocarse privilegios, a considerarse una clase de intocables y una nueva aristocracia del tipo de las épocas absolutistas, donde no caía nada más que el que caía en desgracia del soberano o el valido que gobernaba en nombre del inútil de la época... palabras, palabras, palabras; pero todo ello era el terrible “quítate tú que me ponga yo”; que es lo que sigue imperando.

            Y es que en españa (ya hay que escribirlo con minúsculas) sigue imperando la envidia, la pereza, la vagancia, la mala leche... y en general nadie quiere que la cosa cambie, en su fuero interno lo que la mayoría quiere es el..."QUÍTATE TÚ QUE ME PONGA YO"; por ello aquí iremos de culo aún muchas décadas o centurias; no nos engañemos, aquí queremos que cambie el de enfrente, pero nosotros no y ese es el cáncer que padece españa.

 

No dudo que esto mismo ocurra en otros muchos países, pero aquí es en forma de plaga, puesto que en cada español hay un dictador cuando no un tirano, un orgulloso omnipotente que quiere que su palabra y deseos sean ley, que le importan dos cojoness lo que los demás digan si él posee la fuerza para tapar la boca a todos. Y si no es así, se arrastrará mendigando hasta llegar al lugar que pretende, para lo que empleará todo tipo de medios, aunque sean abyectos.

            ¿Regenerarse españa y los españoles? No me hagan reír, aquí de regenerados o nacidos menos contaminados, lo que hay son los que siempre hubo, minorías que en general son tratados como apestados y como por ejemplo trataron a Goya y otros “afrancesados” de su época, aquí no hay voluntad de que cambie nada, aquí lo que hay es la envidia y el terrible deseo de apoderarse del poder y mandar, mandar, mandar y que le aplaudan al mandamás; o más aún... que “lo chupapolleen” mientras viva y que luego de él, escriban una brillante historia aunque no la merezca, que queden estatuas y cuadros costosos (veamos sobre ello como cada mandatario por ínfimo que sea, se hace costear su retrato (que paga el pueblo) para que pase a la galería de la historia, mientras y como ya ocurre hoy, hay quien ya no tiene ni para comer caliente); esa es españa... y también gran parte del mundo; pero como español, a mi lo primero que me preocupa es mi patria... si es que se puede aún decir patria a “esto”.

            Muchos de los que han gritado y logrado que desaparezcan las estatuas, calles y demás “orgullos” del régimen anterior; en su fuero interno, lo que quieren es ser ellos los que ocupen esos lugares... y es claro que los de su cuerda.

            Vi recientemente en un documental a trabajadores hindúes, haciendo zapatos de lujo, en cuclillas en el suelo, o en estanterías instalados como colocan a las gallinas para que pongan más huevos... Les pagaban lo justo para que no se mueran de hambre y esos zapatos los venden en los mercados de lujo y a precio muy alto.

“Libertad, justicia, igualdad, reciprocidad”  ¿Sabremos de verdad  entender y aplicar todas estas palabras y muchas otras y que una realidad demuestre que se ha llegado a ello? No... La panza y el bolsillo sigue mandando en el ser humano... y ello no tiene remedio... al menos por el momento y a plazo corto, se necesita tiempo, mucho tiempo y preparación de los cerebros, para que los llamados a aplicarlo se conciencien, formen y eduquen para ello... pero viendo lo que hay alrededor y más lejano... mejor no seguir... que siga el lector si así lo prefiere, yo por hoy ya he dicho bastante.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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