Las Noticias de hoy 09 Enero 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 09 de enero de 2019     

Indice

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

27ª Jornada Mundial del Enfermo: La vida es un don, no “una mera posesión o propiedad privada”

Video del Papa: Rezar para que los jóvenes “comuniquen la alegría del Evangelio al mundo”

‘Siervo de la esperanza’: Logo y lema del viaje del Papa a Marruecos

Abusos sexuales: El Papa indica una solución, escribe Andrea Tornielli

ENCONTRAR A JESÚS: Francisco Fernandez Carbajal

“Bendita perseverancia la del borrico”: San Josemaria

Mensaje del Prelado (9 enero 2019)

Enseñanzas de san Josemaría acerca de la santificación del trabajo profesional: Vicente Bosch

Remi Brague insiste: las raíces de Europa son ajenas al laicism: Salvador Bernal

Buscando, y enterrando, la Paz: Ernesto Juliá

Vivir juntos y luego quizá casarnos: estudios demuestran que no siempre es buena idea: Pablo J. Ginés/ReL

Repaso a las mejores campañas de esta Navidad: Alfonso Mendiz

DIPLOMACIA AVESTRUCIANA: René Mondragón

DESAPERCIBIDO MONITOREO DE CULTIVOS DE COCA 2018: Alfredo Palacios Dongo

Decisiones: Ángel Cabrero Ugarte

La Navidad real y desconocida.: José Manuel Belmonte

Tiempo para jóvenes emprendedores: Mary Velázquez Dorantes

Navidad y felicidad: JD Mez Madrid

El fundamento de la concordia: Jesús Domingo Martínez

Por qué se empeña en apagar la Navidad: Jesús Martínez Madrid

Quiero ser funcionario y vivir “de la teta estatal”: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Martes 8 de enero de 2019

“Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios”, dice San Juan en la primera lectura (1Jn 4,7-10). Y el apóstol explica cómo “se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su unigénito, para que vivamos por medio de él”. Ese es el misterio del amor, que Dios nos amó primero. Él dio el primer paso, un paso hacia la humanidad que no sabe amar, que necesita las caricias de Dios para amar, del testimonio de Dios. Y ese primer paso que dio Dios es su Hijo: lo envió para salvarnos y dar sentido a la vida, renovarnos, recrearnos.

Por su parte, el Evangelio (Mc 6,34-44) recoge la multiplicación de los panes y los peces. ¿Por qué lo hizo Dios? Por compasión, compasión de la muchedumbre que ve al bajar de la barca, a orillas del lago de Tiberíades, que estaban solos, “como ovejas que no tienen pastor”. El corazón de Dios, el corazón de Jesús se conmueve, y ve aquella gente, y no puede quedarse indiferente. El amor es inquieto. El amor no tolera la indiferencia. El amor tiene compasión. Pero compasión significa poner el corazón en juego; significa misericordia. Jugarse el corazón por los demás: eso es el amor. El amor es poner el corazón en juego por los demás.

Jesús “se puso a enseñarles muchas cosas” a la gente, y los discípulos, al final, se aburren, porque el Señor decía siempre las mismas cosas. Y mientras Jesús enseña con amor y compasión, quizá comienzan a hablar entre ellos. Al final miran el reloj: ¡qué tarde! “Estamos en despoblado, y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer”. Prácticamente dicen: “que se apañen y compren ellos el pan, que nosotros estamos bien”. Sabían que tenían pan para ellos, y querían guardarlo. Es la indiferencia. A los discípulos no les interesaba la gente: les interesaba Jesús, porque lo querían. No eran malos: eran indiferentes. No sabían qué era amar. No sabían que era compasión. No sabían qué era la indiferencia. Tuvieron que pecar, traicionar al Maestro, abandonarlo, para comprender el meollo de la compasión y de la misericordia. Y Jesús les da una respuesta tajante: “Dadles vosotros de comer”. Haceos cargo de ellos. Es la lucha entre la compasión de Jesús y la indiferencia, la indiferencia que siempre se repite en la historia, siempre. Hay mucha gente buena, pero que no comprende las necesidades ajenas, no es capaz de compasión. Es gente buena, pero quizá no ha entrado el amor de Dios en su corazón, ¡o no lo han dejado entrar!

Hay una foto en una pared de la Limosnería Apostólica, un retrato espontáneo que hizo un chico romano que lo regaló a la Limosnería. Fue Daniele Garofani, hoy fotógrafo de “L’Osservatore Romano”, al volver de distribuir comida a los sintecho con el cardenal Krajewski. Es una noche de invierno, se ve por el modo de vestir de la gente que salía de un restaurante. Gente muy abrigada y satisfecha: habían comido, estaban entre amigos. Y ahí había una mujer sintecho, en el suelo, con la mano extendida pidiendo limosna. El fotógrafo fue capaz de disparar en el momento en que la gente mira para otra parte, para que sus miradas no se crucen. Eso es la cultura de la indiferencia. Eso es lo que hicieron los Apóstoles: “Despídelos, que vayan por el campo, de noche, con hambre. Que se las apañen: es su problema. Nosotros ya tenemos cinco panes y dos peces”.

El amor de Dios siempre nos precede, es amor de compasión, de misericordia. Es verdad que lo opuesto al amor es el odio, pero en mucha gente no hay un odio consciente. Lo opuesto más habitual al amor de Dios, a la compasión de Dios, es la indiferencia. “Yo estoy satisfecho, no me falta nada. Tengo de todo, he asegurado esta vida, e incluso la eterna, porque voy a Misa todos los domingos, soy un buen cristiano”. ¡Sí, pero al salir del restaurante, miras para otro lado! Pensemos en ese Dios que da el primer paso, que tiene compasión, que tiene misericordia, y en nosotros, que tantas veces tenemos esa actitud de indiferencia. Pidamos al Señor que cure a la humanidad, comenzando por nosotros: que mi corazón se cure de esa enfermedad que es la cultura de la indiferencia.

 

 

27ª Jornada Mundial del Enfermo: La vida es un don, no “una mera posesión o propiedad privada”

Mensaje del Santo Padre

enero 08, 2019 21:34Rosa Die AlcoleaJornadas Mundiales, Papa y Santa Sede

(ZENIT – 8 enero 2019).- Gratis habéis recibido; dad gratis es el lema de la 27ª Jornada Mundial del Enfermo que se celebrará el próximo 11 de febrero de 2019, en Calcuta, India.

Precisamente porque es un don –escribe Francisco– la existencia “no se puede considerar una mera posesión o una propiedad privada”, sobre todo ante las conquistas de la medicina y de la biotecnología, que podrían llevar al hombre a ceder a la tentación de la manipulación del “árbol de la vida”.

Enfermeros

La Oficina de Prensa de la Santa Sede ha publicado esta mañana, 8 de enero de 2019, el Mensaje del Papa Francisco con motivo de la 27ª Jornada Mundial del Enfermo, que, como es habitual, tiene lugar el 11 de febrero, el memorial litúrgico de la Santísima Virgen María de Lourdes, y que este año se celebra en forma solemne en Calcuta, India.

El Papa Francisco anuncia que el don es “ante todo reconocimiento recíproco, carácter indispensable del vínculo social” y señala que en el don “se refleja el amor de Dios”, que culmina en la encarnación del Hijo, Jesús, y en la efusión del Espíritu Santo.

Necesitados

“Solo cuando el hombre se concibe a sí mismo, no como un mundo aparte, sino como alguien que, por naturaleza, está ligado a todos los demás, a los que originariamente siente como “hermanos”, es posible una praxis social solidaria orientada al bien común”, ha indicado el Papa. “No hemos de temer reconocernos como necesitados e incapaces de procurarnos todo lo que nos hace falta, porque solos y con nuestras fuerzas no podemos superar todos los límites”.

Estructuras sanitarias católicas

En concreto, el Papa ha especificado que la dimensión de la gratuidad debería animar, “sobre todo, las estructuras sanitarias católicas”, porque “es la lógica del Evangelio” la que cualifica su labor, “tanto en las zonas más avanzadas como en las más desfavorecidas del mundo”.

En este sentido, ha dicho que las estructuras católicas están llamadas “a expresar el sentido del don, de la gratuidad y de la solidaridad, en respuesta a la lógica del beneficio a toda costa, del dar para recibir, de la explotación que no mira a las personas”.

Celebración en Calcuta

En el marco de la solemne celebración de la Jornada en la India, el Pontífice ha recuerda con “alegría y admiración” la figura de la santa Madre Teresa de Calcuta, un “modelo de caridad que hizo visible el amor de Dios por los pobres y los enfermos”.

Así, Francisco ha señalado que Santa Madre Teresa nos ayuda a comprender que el único criterio de acción debe ser el amor gratuito a todos, sin distinción de lengua, cultura, etnia o religión. Su ejemplo sigue guiándonos para que abramos horizontes de alegría y de esperanza a la humanidad necesitada de comprensión y de ternura, sobre todo a quienes sufren.

RD

Publicamos a continuación el mensaje del Santo Padre Francisco:

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Mensaje del Papa Francisco

«Gratis habéis recibido; dad gratis» (Mt 10,8)

Queridos hermanos y hermanas:

«Gratis habéis recibido; dad gratis» (Mt 10,8). Estas son las palabras pronunciadas por Jesús cuando envió a los apóstoles a difundir el Evangelio, para que su Reino se propagase a través de gestos de amor gratuito.

Francisco ha visitado a los enfermos de 'CasAmica onlus' © Vatican Media

Con ocasión de la XXVII Jornada Mundial del Enfermo, que se celebrará solemnemente en Calcuta, India, el 11 de febrero de 2019, la Iglesia, como Madre de todos sus hijos, sobre todo los enfermos, recuerda que los gestos gratuitos de donación, como los del Buen Samaritano, son la vía más creíble para la evangelización. El cuidado de los enfermos requiere profesionalidad y ternura, expresiones de gratuidad, inmediatas y sencillas como la caricia, a través de las cuales se consigue que la otra persona se sienta “querida”.

La vida es un don de Dios —y como advierte san Pablo—: «¿Tienes algo que no hayas recibido?» (1 Co 4,7). Precisamente porque es un don, la existencia no se puede considerar una mera posesión o una propiedad privada, sobre todo ante las conquistas de la medicina y de la biotecnología, que podrían llevar al hombre a ceder a la tentación de la manipulación del “árbol de la vida” (cf. Gn 3,24).

Frente a la cultura del descarte y de la indiferencia, deseo afirmar que el don se sitúa como el paradigma capaz de desafiar el individualismo y la contemporánea fragmentación social, para impulsar nuevos vínculos y diversas formas de cooperación humana entre pueblos y culturas. El diálogo, que es una premisa para el don, abre espacios de relación para el crecimiento y el desarrollo humano, capaces de romper los rígidos esquemas del ejercicio del poder en la sociedad. La acción de donar no se identifica con la de regalar, porque se define solo como un darse a sí mismo, no se puede reducir a una simple transferencia de una propiedad o de un objeto. Se diferencia de la acción de regalar precisamente porque contiene el don de sí y supone el deseo de establecer un vínculo. El don es ante todo reconocimiento recíproco, que es el carácter indispensable del vínculo social. En el don se refleja el amor de Dios, que culmina en la encarnación del Hijo, Jesús, y en la efusión del Espíritu Santo.

Cada hombre es pobre, necesitado e indigente. Cuando nacemos, necesitamos para vivir los cuidados de nuestros padres, y así en cada fase y etapa de la vida, nunca podremos liberarnos completamente de la necesidad y de la ayuda de los demás, nunca podremos arrancarnos del límite de la impotencia ante alguien o algo. También esta es una condición que caracteriza nuestro ser “criaturas”. El justo reconocimiento de esta verdad nos invita a permanecer humildes y a practicar con decisión la solidaridad, en cuanto virtud indispensable de la existencia.

Esta conciencia nos impulsa a actuar con responsabilidad y a responsabilizar a otros, en vista de un bien que es indisolublemente personal y común. Solo cuando el hombre se concibe a sí mismo, no como un mundo aparte, sino como alguien que, por naturaleza, está ligado a todos los demás, a los que originariamente siente como “hermanos”, es posible una praxis social solidaria orientada al bien común. No hemos de temer reconocernos como necesitados e incapaces de procurarnos todo lo que nos hace falta, porque solos y con nuestras fuerzas no podemos superar todos los límites. No temamos reconocer esto, porque Dios mismo, en Jesús, se ha inclinado (cf. Flp 2,8) y se inclina sobre nosotros y sobre nuestra pobreza para ayudarnos y regalarnos aquellos bienes que por nosotros mismos nunca podríamos tener.

En esta circunstancia de la solemne celebración en la India, quiero recordar con alegría y admiración la figura de la santa Madre Teresa de Calcuta, un modelo de caridad que hizo visible el amor de Dios por los pobres y los enfermos. Como dije con motivo de su canonización, «Madre Teresa, a lo largo de toda su existencia, ha sido una generosa dispensadora de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos por medio de la acogida y la defensa de la vida humana, tanto la no nacida como la abandonada y descartada. […] Se ha inclinado sobre las personas desfallecidas, que mueren abandonadas al borde de las calles, reconociendo la dignidad que Dios les había dado; ha hecho sentir su voz a los poderosos de la tierra, para que reconocieran sus culpas ante los crímenes […] de la pobreza creada por ellos mismos. La misericordia ha sido para ella la “sal” que daba sabor a cada obra suya, y la “luz” que iluminaba las tinieblas de los que no tenían ni siquiera lágrimas para llorar su pobreza y sufrimiento. Su misión en las periferias de las ciudades y en las periferias existenciales permanece en nuestros días como testimonio elocuente de la cercanía de Dios hacia los más pobres entre los pobres» (Homilía, 4 septiembre 2016).

Santa Madre Teresa nos ayuda a comprender que el único criterio de acción debe ser el amor gratuito a todos, sin distinción de lengua, cultura, etnia o religión. Su ejemplo sigue guiándonos para que abramos horizontes de alegría y de esperanza a la humanidad necesitada de comprensión y de ternura, sobre todo a quienes sufren.

El Papa abraza a una persona discapacitada en el Aula Pablo VI © Vatican Media

La gratuidad humana es la levadura de la acción de los voluntarios, que son tan importantes en el sector socio-sanitario y que viven de manera elocuente la espiritualidad del Buen Samaritano. Agradezco y animo a todas las asociaciones de voluntariado que se ocupan del transporte y de la asistencia de los pacientes, aquellas que proveen las donaciones de sangre, de tejidos y de órganos. Un ámbito especial en el que vuestra presencia manifiesta la atención de la Iglesia es el de la tutela de los derechos de los enfermos, sobre todo de quienes padecen enfermedades que requieren cuidados especiales, sin olvidar el campo de la sensibilización social y la prevención. Vuestros servicios de voluntariado en las estructuras sanitarias y a domicilio, que van desde la asistencia sanitaria hasta el apoyo espiritual, son muy importantes. De ellos se benefician muchas personas enfermas, solas, ancianas, con fragilidades psíquicas y de movilidad. Os exhorto a seguir siendo un signo de la presencia de la Iglesia en el mundo secularizado. El voluntario es un amigo desinteresado con quien se puede compartir pensamientos y emociones; a través de la escucha, es capaz de crear las condiciones para que el enfermo, de objeto pasivo de cuidados, se convierta en un sujeto activo y protagonista de una relación de reciprocidad, que recupere la esperanza, y mejor dispuesto para aceptar las terapias. El voluntariado comunica valores, comportamientos y estilos de vida que tienen en su centro el fermento de la donación. Así es como se realiza también la humanización de los cuidados.

La dimensión de la gratuidad debería animar, sobre todo, las estructuras sanitarias católicas, porque es la lógica del Evangelio la que cualifica su labor, tanto en las zonas más avanzadas como en las más desfavorecidas del mundo. Las estructuras católicas están llamadas a expresar el sentido del don, de la gratuidad y de la solidaridad, en respuesta a la lógica del beneficio a toda costa, del dar para recibir, de la explotación que no mira a las personas.

El Papa bendice a los enfermos de la Casa Madre Teresa © @antoniospadaro

Os exhorto a todos, en los diversos ámbitos, a que promováis la cultura de la gratuidad y del don, indispensable para superar la cultura del beneficio y del descarte. Las instituciones de salud católicas no deberían caer en la trampa de anteponer los intereses de empresa, sino más bien en proteger el cuidado de la persona en lugar del beneficio. Sabemos que la salud es relacional, depende de la interacción con los demás y necesita confianza, amistad y solidaridad, es un bien que se puede disfrutar “plenamente” solo si se comparte. La alegría del don gratuito es el indicador de la salud del cristiano.

Os encomiendo a todos a María, Salus infirmorum. Que ella nos ayude a compartir los dones recibidos con espíritu de diálogo y de acogida recíproca, a vivir como hermanos y hermanas atentos a las necesidades de los demás, a saber dar con un corazón generoso, a aprender la alegría del servicio desinteresado. Con afecto aseguro a todos mi cercanía en la oración y os envío de corazón mi Bendición Apostólica.

Vaticano, 25 de noviembre de 2018

Solemnidad de N. S. Jesucristo Rey del Universo

FRANCISCO

© Librería Editorial Vaticano

 

Video del Papa: Rezar para que los jóvenes “comuniquen la alegría del Evangelio al mundo”

“Especialmente los de América Latina”

enero 08, 2019 16:46Rosa Die AlcoleaJornada Mundial de la Juventud, Papa y Santa Sede

(ZENIT – 8 enero 2019).- En el Video del Papa del mes de enero, a tan solo 13 días del comienzo de la JMJ en Panamá, el Papa Francisco propone que “recemos por los jóvenes, especialmente los de América Latina, para que, siguiendo el ejemplo de María, respondan al llamado del Señor para comunicar la alegría del Evangelio al mundo”.

El video para el mes de enero del nuevo año, 2019, ha sido difundido por la Red Mundial de Oración del Papa, del Apostolado de la Oración, una iniciativa global para colaborar en la difusión de las intenciones mensuales del Santo Padre sobre los desafíos de la humanidad.

Este mes, el Santo Padre pide a los jóvenes católicos que aprovechen la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá “para contemplar a Cristo con María”. Y añade: “Cada uno en su idioma, recemos el Rosario por la paz”.

Así, el Pontífice les dice a los jóvenes que tienen en la Virgen María un “motivo de alegría” y una “fuente de inspiración” y los invita a pedirle “fuerzas para soñar y trabajar por la paz”.

 

 

 

‘Siervo de la esperanza’: Logo y lema del viaje del Papa a Marruecos

30 y 31 de marzo de 2019

enero 08, 2019 22:15RedacciónViajes pontificios

(ZENIT – 8 enero 2019).- Siervo de la esperanza es el tema del viaje del Papa Francisco a Marruecos el 30 y 31 de marzo de 2019, anuncia Vatican News en inglés.

El Papa Francisco se reunirá con el líder de los musulmanes marroquíes, 800 años después de la reunión entre San Francisco de Asís y el Sultán Al-Malik al-Kāmil de Egipto, como señaló el Papa en su discurso ante los embajadores el 7 de enero.

Rabat y Casablanca

El Pontífice hará esta visita apostólica en respuesta a la invitación del Rey Mohammed VI y los obispos del país.

El viaje incluye las ciudades de Rabat y Casablanca y será el vigésimo sexto viaje papal fuera de Italia. También será la segunda visita de un papa a este país después de la reunión de San Juan Pablo II en Casablanca con jóvenes musulmanes el 19 de agosto de 1985.

Logo oficial

El logotipo oficial de la visita del Papa fue elegido entre 50 proyectos, presentados al concurso. La Oficina de Prensa de la Santa Sede ha indicado que la cruz y la media luna, símbolos del cristianismo y el islam, “enfatizan las relaciones interreligiosas entre cristianos y musulmanes, siguiendo los pasos de San Francisco”.

La ilustración tiene los colores de los dos estados: verde y rojo – horizontal de la cruz y creciente – para Marruecos, amarillo y blanco – la vertical de la cruz y el fondo – para el Vaticano. “Marruecos” está escrito en inglés y árabe.

El tema de la visita está inscrito con el nombre de Papa Francisco: Siervo de la Esperanza, que es el título de la carta pastoral que la Conferencia Episcopal Regional del Norte de África (CERNA) entregó al Papa Francisco durante la última Visita ‘ad Limina’ a Roma en 2015.

Emiratos Árabes

El Papa también tiene previsto visitar los Emiratos Árabes Unidos del 3 al 5 de febrero: dijo el lunes 7 de enero que sus visitas a estos dos países de mayoría musulmana “representan dos oportunidades importantes para promover el diálogo interreligioso y el entendimiento mutuo entre los fieles de ambas religiones celebraron este año el octavo centenario del histórico encuentro entre San Francisco de Asís y el Sultán al-Malik al-Kāmil “.

 

 

Abusos sexuales: El Papa indica una solución, escribe Andrea Tornielli

Editorial sobre la Carta del Pontífice a los obispos estadounidenses

enero 08, 2019 14:22Anne KurianPapa y Santa Sede, Protección de Menores

(ZENIT – 8 enero 2019).- El Papa Francisco indica una solución en la lucha contra los abusos sexuales, escribió Andrea Tornielli, nuevo Director Editorial de Dicasterio de Comunicación, el 3 de enero de 2019.

En un editorial publicado por Vatican News, Tornielli recuerda la carta que el Papa Francisco envió a los Obispos de los Estados Unidos, reunida en un retiro sobre este tema, una carta que ofrece una clave de lectura para comprender su punto de vista sobre la crisis de los abusos”.

El Papa “va a la raíz del problema, proponiendo una solución”, dice Tornielli.

El “nodo central” de este mensaje es el consejo del Pontífice es el de no confiar demasiado en acciones que parecen “útiles, buenas y necesarias” e incluso “justas”, pero que no tienen el “perfume del Evangelio, si tienden a reducir la respuesta al mal solo a un problema de organización”.

Por lo tanto, el Santo Padre no quiere una Iglesia transformada en una “agencia de recursos humanos”, que “confía solo en las estrategias, en los organigramas, en las mejores prácticas comerciales”, en lugar de “confiar ante todo en la presencia de Él”, quien ha guiado la Iglesia durante 2000 años, “en la fuerza salvadora de la gracia, en la obra silenciosa y diaria del Espíritu Santo”.

Tornielli señala que durante varios años “los pontífices han introducido normas más adecuadas y más severas para luchar contra el fenómeno de los abusos: otros indicadores vendrán de la confrontación colegial entre los obispos de todo el mundo unidos a Pedro. (en febrero, ndlr). Sin embargo, el remedio podría ser ineficaz si no está acompañado por un cambio en nuestro estado de ánimo (metanoia), nuestra forma de orar, nuestra relación con el poder y el dinero, nuestro ejercicio de autoridad y la forma en que nos relacionamos entre nosotros mismos y el mundo alrededor de nosotros”.

“La credibilidad no es reconstruida por las estrategias de marketing, concluyó el Director Editorial. Puede ser el fruto de una Iglesia que puede ir más allá de las divisiones y oposiciones internas. Una iglesia cuya acción surge del hecho de que refleja una luz que no es de ella, sino que se le da constantemente. Una Iglesia que no se proclama a sí misma o que conoce la valentía, una Iglesia hecha de pastores y fieles, quienes, como afirmó el Papa, se reconocen pecadores e invitan a la conversión porque ellos mismos han experimentado y experimentado el perdón y la misericordia”.

 

 

ENCONTRAR A JESÚS

— Jesús perdido y hallado en el Templo. El dolor y la alegría de María y de José. Nosotros le perdemos por nuestra culpa.

— La realidad del pecado y el alejamiento de Cristo. La tibieza.

— Poner nosotros los medios para no perder a Jesús. Dónde podemos hallarlo.

I. Jesús creció en un clima de piedad y de cumplimiento de la Ley. Parte importante de esta eran las peregrinaciones al Templo. Tres veces al año celebraréis fiesta solemne en mi honor... Tres veces al año comparecerá todo varón ante Yahvé, su Dios1. Estas fiestas eran las de la Pascua, Pentecostés y la de los Tabernáculos, y, aunque no obligaban a ir al Templo a quienes vivían lejos, eran muchos los judíos de toda Palestina que se trasladaban a Jerusalén en alguna de esas fechas. La Sagrada Familia solía hacerlo en Pascua: Todos los años sus padres iban a Jerusalén por la fiesta de la pascua2. Aunque solo era obligatorio para los varones mayores de doce años, María, según se deduce del relato de San Lucas, acompañaba a José.

Nazaret dista de Jerusalén algo más de cien kilómetros por el camino más recto. Al llegar la Pascua solían reunirse varias familias para hacer el camino juntos, en cuatro o cinco jornadas.

Al ser ya el Niño de doce años cumplidos, subió a Jerusalén, según solían hacer en aquella fiesta3. Terminados los ritos pascuales, se inicia la vuelta a Nazaret. En estos viajes, las familias se dividían en dos grupos, uno de hombres y otro de mujeres. Los niños podían ir con cualquiera de los dos. Esto explica que pudiera pasar inadvertida la ausencia de Jesús hasta que terminó la primera jornada, momento en el que se reagrupaban todos para acampar.

¿Qué sintieron y pensaron entonces? Parece inútil describirlo. Creyeron haber perdido a Jesús, o que Jesús les había perdido a ellos, y andaba solo, Dios sabe por dónde. La aglomeración a la salida de la ciudad y por los caminos que a ella conducen era muy grande en esos días. Aquella noche debió ser terrible para María y para José. Por la mañana, muy temprano, comenzaron a desandar el camino y se dirigieron de nuevo a Jerusalén. Pasaron tres días, cansados, angustiados, preguntando a todo el mundo si habían visto a un niño como de doce años... Todo inútil.

María y José le perdieron sin culpa suya. Nosotros le perdemos por el pecado, por la tibieza, por la falta de espíritu de mortificación y de sacrificio. Entonces, nuestra vida sin Jesús se queda a oscuras.

Cuando nos encontremos en esa oscuridad hemos de reaccionar enseguida y buscarle, hemos de saber preguntar a quien puede y debe saberlo: «¿Dónde está el Señor?».

«La Madre de Dios, que buscó afanosamente a su Hijo, perdido sin culpa de Ella, que experimentó la mayor alegría al encontrarle, nos ayudará a desandar lo andado, a rectificar lo que sea preciso cuando por nuestras ligerezas o pecados no acertemos a distinguir a Cristo. Alcanzaremos así la alegría de abrazarnos de nuevo a Él, para decirle que no lo perderemos más.

»Madre de la ciencia es María, porque con Ella se aprende la lección que más importa: que nada vale la pena, si no estamos junto al Señor; que de nada sirven todas las maravillas de la tierra, todas las ambiciones colmadas, si en nuestro pecho no arde la llama de amor vivo, la luz de la santa esperanza que es un anticipo del amor interminable en nuestra definitiva Patria»4.

II. María y José no perdieron a Jesús, fue Él quien se ausentó de su lado.

Con nosotros es distinto; Jesús jamás nos abandona. Somos nosotros los hombres quienes podemos echarlo de nuestro lado por el pecado, o al menos alejarlo por la tibieza. En todo encuentro entre el hombre y Cristo, la iniciativa siempre ha sido de Jesús; por el contrario, en toda situación de desunión, la iniciativa la llevamos siempre nosotros. Él no nos deja jamás.

Cuando el hombre peca gravemente se pierde para sí mismo y para Cristo. El hombre anda entonces sin sentido y sin dirección, pues el pecado desorienta esencialmente. El pecado es la mayor tragedia que puede sucederle a un cristiano. En unos pocos momentos se aparta radicalmente de Dios por la pérdida de la gracia santificante, pierde los méritos adquiridos a lo largo de toda su vida, queda sujeto de algún modo a la esclavitud del demonio y disminuye en él la inclinación a la virtud. El alejamiento de Dios «lleva siempre consigo una gran destrucción en quien lo realiza»5.

Por desgracia, lo peor de todo es que para muchos esto apenas tiene importancia. Es la tibieza, el desamor, el que lleva a valorar poco o nada la compañía de Jesús, Él sí que valora estar con nosotros: murió en una cruz para rescatarnos del demonio y del pecado, y para estar siempre con cada uno de nosotros en este mundo y en el otro.

María y José amaban a Jesús entrañablemente; por eso le buscaron sin descanso, por eso sufrieron de una manera que nosotros no podemos comprender, por eso se alegraron tanto cuando de nuevo le encontraron. «Hoy no parece que haya mucha gente que sufra por su ausencia; cristianos hay para quienes la presencia o ausencia de Cristo en sus almas no significa prácticamente nada. Pasan de la gracia al pecado y no experimentan sufrimiento ni dolor, aflicción ni angustia. Pasan del pecado a la gracia y no dan la impresión de hombres que han vuelto del infierno, que han pasado de la muerte a la vida: no se les ve el alivio, el gozo, la paz y el sosiego de quien ha recuperado a Jesús»6.

Nosotros hemos de pedir hoy a María y a José que sepamos apreciar la compañía de Jesús, que estemos dispuestos a todo antes que perderle. ¡Qué oscuro estaría el mundo, y nuestro mundo, sin Jesús! ¡Qué gracia tan grande darnos cuenta de esto! «Jesús: que nunca más te pierda...»7. Pondremos todos los medios, sobrenaturales y humanos, para no caer en el pecado mortal y ni siquiera en el pecado venial deliberado. Si no ponemos empeño en aborrecer el pecado venial, sin la falsa excusa de que no es «grave», no llegaremos a un trato de intimidad con el Señor.

III. El Templo de Jerusalén tenía una serie de dependencias destinadas al culto y a la enseñanza de las Escrituras. En una de estas dependencias entraron María y José. Probablemente se trataba del atrio del Templo, donde se escuchaban las explicaciones de los doctores y se podía intervenir con preguntas y respuestas. Allí se encontraba Jesús; sus preguntas llamaban la atención de los doctores por su sabiduría y ciencia. Está como uno de tantos oyentes, sentado en el suelo, y también interviene como harían otros, pero las preguntas descubren su maravillosa sabiduría. Con todo era un modo de enseñar acomodado a su edad.

María y José están maravillados contemplando toda esta escena. María se dirige a Él llena de alegría por haberle encontrado. En sus palabras encuentra San Agustín una muestra de humildad y de deferencia hacia San José. «Pues, aun con haber merecido alumbrar al Hijo del Altísimo, era Ella humildísima, y al nombrarse no se antepone a su esposo, diciendo Yo y tu padre, sino: Tu padre y yo. No tuvo en cuenta la dignidad de su seno, sino la jerarquía conyugal. La humildad de Cristo, en efecto, no había de ser para su madre una escuela de soberbia»8.

La pérdida de Jesús no fue involuntaria por su parte. Teniendo plena conciencia de quién era y de la misión que traía, quiso comenzar de algún modo a cumplirla. Igual que hará después, busca ahora cumplir la voluntad del Padre celestial sin que sea un obstáculo la de sus padres terrenos. Para ellos debió de ser una dolorosa prueba; pero también un rayo de luz, que les va descubriendo el misterio de la vida de Jesús. Fue un episodio de la vida de Jesús que jamás olvidarían.

Para todos queda claro la conciencia que Jesús tiene de su misión y de ser el Hijo de Dios. Para penetrar un poco más en la respuesta habría que haber oído la entonación de la voz de Jesús mientras se dirige a sus padres. De todas formas, nos hace ver que los planes de Dios están siempre por encima de los planes terrenos, y si alguna vez se presenta conflicto entre ambos, es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres9.

Si alguna vez perdemos a Jesús, acordémonos de aquel consejo del mismo Señor: Buscad y encontraréis10. Le encontramos siempre en el Sagrario, en aquellas personas que Dios mismo ha dispuesto para señalarnos el camino; y si le hubiéramos ofendido gravemente, siempre nos está esperando en el sacramento de la Penitencia. En este sacramento nos disponemos a purificar nuestros ojos manchados por las faltas de amor y por los pecados veniales.

Quizá hoy nos puede hacer mucho bien, especialmente cuando estemos delante del Sagrario o cuando veamos los muros de una iglesia, decir como jaculatoria, repetir en la intimidad de nuestro corazón: «Jesús: que nunca más te pierda...»11. María y José serán nuestras ayudas para no perder de vista a Jesús a lo largo del día, y de toda nuestra vida.

1 Ex 23, 14-17; Cfr. Dt 16, 18. — 2 Lc 2, 41. — 3 Lc 2, 42. — 4 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 278. — 5 Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 13. — 6 F. Suárez, José, el esposo de María, p. 195. — 7 San Josemaría Escrivá, Santo Rosario, quinto misterio de gozo. — 8 San Agustín, Sermón 51, 18. — 9 Hech 5, 9. — 10 Lc 11, 9. — 11 San Josemaría Escrivá, l. c.

 

 

“Bendita perseverancia la del borrico”

Si no es para construir una obra muy grande, muy de Dios –la santidad–, no vale la pena entregarse. Por eso, la Iglesia –al canonizar a los santos– proclama la heroicidad de su vida. (Surco, 611)

Si la vida no tuviera por fin dar gloria a Dios, sería despreciable, más aún: aborrecible. (Camino, 783)
Bendita perseverancia la del borrico de noria! -Siempre al mismo paso. Siempre las mismas vueltas. -Un día y otro: todos iguales.
Sin eso, no habría madurez en los frutos, ni lozanía en el huerto, ni tendría aromas el jardín.
Lleva este pensamiento a tu vida interior. (Camino, 998)
¿Que cuál es el secreto de la perseverancia?
El Amor. -Enamórate, y no "le" dejarás. (Camino, 999)
La entrega es el primer paso de una carrera de sacrificio, de alegría, de amor, de unión con Dios. –Y así, toda la vida se llena de una bendita locura, que hace encontrar felicidad donde la lógica humana no ve más que negación, padecimiento, dolor. (Surco, 2)
¿Que cuál es el fundamento de nuestra fidelidad?
–Te diría, a grandes rasgos, que se basa en el amor de Dios, que hace vencer todos los obstáculos: el egoísmo, la soberbia, el cansancio, la impaciencia...
–Un hombre que ama se pisotea a sí mismo; le consta que, aun amando con toda su alma, todavía no sabe amar bastante. (Forja, 532)

 

Mensaje del Prelado (9 enero 2019)

Mons. Fernando Ocáriz propone aprovechar el nuevo año para renovar la escucha de Dios, que nos llama en las situaciones ordinarias de la vida.

Cartas pastorales y mensajes09/01/2019

Opus Dei - Mensaje del Prelado (9 enero 2019)

Queridísimos, ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Un año que comienza es una nueva oportunidad –"año nuevo, lucha nueva", como decía san Josemaría– para renovar nuestra ilusión por oír a Dios que nos habla en las circunstancias diarias, por limpiar lo que empañe nuestra mirada y nos dificulte ver a Jesús. Procuremos caminar in novitate sensus (cfr. Rm 12,2), con un sentido nuevo, con una lucha serena y alegre, para conocer y amar más a Jesucristo; y acoger el regalo de una vida siempre nueva: Su vida en nosotros.

No contamos solo con nuestras fuerzas sino, sobre todo, con la gracia de Dios y la ayuda de los demás. Toda la Iglesia en la tierra y en el cielo nos sostiene –verdadera comunión de los santos– en este renovado propósito esperanzado de seguir caminando. También nosotros apoyamos a los demás con nuestra oración y con nuestras luchas, llenando nuestro corazón de rostros y nombres. En este año, nos acogemos de manera especial a la intercesión de la futura beata Guadalupe Ortiz de Landázuri.

Acabo uniéndome a los deseos que expresó san Josemaría al final de 1958: "Quisiera que en el año que va a comenzar fuerais muy felices y muy fieles".

Con mi bendición más cariñosa,

vuestro Padre

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Enseñanzas de san Josemaría acerca de la santificación del trabajo profesional

Artículo de Vicente Bosch sobre el tema de la santificación del trabajo, elemento central del mensaje de san Josemaría Escrivá de Balaguer.

Trabajo02/12/2016

Opus Dei - Enseñanzas de san Josemaría acerca de la santificación del trabajo profesional

Foto: Álvaro García Fuentes.

El tema de la santificación del trabajo es central en la enseñanza de san Josemaría: el Opus Dei “es camino de santificación en el trabajo profesional”; el eje o el quicio de la santificación en medio del mundo

El Fundador del Opus Dei al hablar del trabajo cita muchos textos de la Sagrada Escritura, pero sobre todo se fija en el ejemplo de Jesús: el sentido de su trabajo no puede ser el de ocupar el tiempo o ser uno más de su conciudadanos hasta que iniciara su vida pública, «en manos de Jesús el trabajo (...) se convierte en tarea divina, en labor redentora, en camino de salvación»

El presente artículo es una síntesis y elaboración personal de la cuestión tratada en E. BurkhartJ. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, vol 3, Rialp, Madrid 2013, pp. 134-221.

I. Contexto histórico y teológico

La noción de “trabajo” remite a toda actividad humana −intelectual y corporal− que, implicando esfuerzo y perseverancia, modifica y transforma el mundo. Expresa el dominio del hombre sobre la naturaleza. Es actividad productiva que, por transformar nuestro existir y el de las futuras generaciones, tiene importancia antropológica, social e histórica.

Aunque en nuestros días todas las ciencias humanas se ocupan del trabajo, el tema no fue objeto de reflexión filosófica hasta bien entrado el siglo XIX. El estudio del trabajo por parte de la teología inició el pasado siglo XX con las encíclicas papales, la teología francesa de las realidades terrenas, y, sobre todo, el documento conciliar Gaudium et spes. Su ubicación en el ámbito de la espiritualidad es más reciente e incide, obviamente, en la santificación de los fieles laicos. Aunque muchos no sean conscientes, el trabajo afecta a la persona en su interioridad: independientemente del producto, importa el cómo y el porqué de esa actividad.

El tema de la santificación del trabajo es central en la enseñanza de san Josemaría: el Opus Dei “es camino de santificación en el trabajo profesional”; el eje o el quicio de la santificación en medio del mundo. También el Catecismo de la Iglesia Católica afirma en el n. 2427 que «el trabajo puede ser un medio de santificación y de animación de las realidades terrenas en el espíritu de Cristo». ¿Cómo se ha llegado a tal afirmación?

El aprecio por el trabajo en el cristianismo tiene su raíz en la Sagrada Escritura. Lo que en síntesis nos transmite la Biblia acerca del trabajo −sin entrar en el análisis de los numerosos textos− es que el hombre recibe la naturaleza como un don de las manos de Dios, y “trabajándola” se realiza a sí mismo si descubre el sentido del don y abre su intención al absoluto, sin cerrarse en la sola satisfacción de los bienes finitos y en el afán de poseer. Esa actitud permite que el trabajo pueda convertirse en mediación para la comunión con Dios y con los hombres, en ocasión de encuentro con Dios. San Josemaría al hablar del trabajo cita muchos textos de la Sagrada Escritura (cfr. homilías En el taller de José y Trabajo de Dios), pero sobre todo se fija en el ejemplo de Jesús: el sentido de su trabajo no puede ser el de ocupar el tiempo o ser uno más de su conciudadanos hasta que iniciara su vida pública, «en manos de Jesús el trabajo (...) se convierte en tarea divina, en labor redentora, en camino de salvación» (Conversaciones, n. 55).

Los Padres y los antiguos escritores cristianos, fieles a la enseñanza bíblica, muestran una alta estima por el trabajo. Lo que en resumen nos transmiten es que el cristiano es tan trabajador como el pagano −aportando recursos para su familia y la sociedad−, pero, además de estar obligado por la fe a considerar la moralidad de su oficio, sabe encontrar en su actividad laboral el fin trascendente que marca su vida y que necesariamente le conduce a comportarse de un modo diverso de los paganos. Más tarde, el desarrollo de la vida monástica será la causa de que algunos escritores de ese ámbito presten atención al tema del trabajo, bajo un aspecto muy particular: su carácter ascético para evitar el ocio y unirse con la fatiga a los sufrimientos de Cristo. El ora et labora benedictino se entiende, sin embargo, como dos actividades complementarias que no se funden: no es el “convertir el trabajo en oración” como enseña san Josemaría. Además, el trabajo es visto como una “profesión” que caracteriza el ciudadano de la sociedad civil, fuente de preocupaciones que distraen del trato con Dios y dificulta la vida espiritual.

La mentalidad negativa hacia el trabajo −como obstáculo a la santidad− está muy bien reflejada en el conocido texto del duo genera christianorum del Decreto de Graciano, de mitad del siglo XII[1]. En los albores de la Edad Moderna, Lutero afirmó con rotundidad la universalidad del deber de trabajar para obedecer al mandato divino, aunque este paso −en principio positivo− está viciado por su polémico rechazo de la vida monástica (vida de contemplación = ocio) y por negar el valor de toda obra humana para la salvación.

Con la revolución industrial del siglo XIX se produce un profundo cambio en la consideración del trabajo, que ahora adquiere dimensiones éticas y sociológicas antes insospechadas. Los Papas dirigen su atención hacia el trabajo: León XIII con la enc. Rerum novarum (15-V-1891) y Pío XI con Quadragesimo anno (15-V-1931) proclaman exigencias de justicia en la organización laboral (derechos de los obreros, salario, relaciones trabajo-capital, etc.). Siendo cuestiones importantes, son, sin embargo, adyacentes al trabajo: éste reclama una consideración más profunda en cuanto actividad que tiene por objeto mejorar la creación y al hombre, temas que entran de lleno en la reflexión teológica. El primer tímido intento en teología espiritual es el de Tanquerey, que en su Compendio de teología ascética y mística (1923) incluye, entre los medios exteriores de perfección, la “santificación de las relaciones profesionales” (es decir, los deberes de justicia, prudencia y caridad que imponen la profesión)[2]. En cambio la “santificación del trabajo” aparece por primera vez en un discurso de Pío XI, del 31-I-1927:

«El secreto para gozar continuamente del encuentro con Cristo (…) es santificar el trabajo cotidiano, el mismo trabajo que llena todos los días y las horas de su vida, y de este modo suavizarlo. (…) Qui laborat orat, el que trabaja reza, lo cual significa hacer del trabajo oración (…). Hace falta bien poco para santificarse cuando se trabaja: basta la buena intención que dirija el trabajo a Dios y mantenga unidos a Dios (…)»[3].

La primera vez que en los apuntes manuscritos conservados de san Josemaría se hace referencia a la santificación del trabajo es el 28-III-1933, cuando anota: «el trabajo santifica»[4]. Pero sabemos que esos términos fueron empleados por san Josemaría desde la fundación del Opus Dei:

«Desde 1928 mi predicación ha sido que (…) el quicio de la espiritualidad específica del Opus Dei es la santificación del trabajo ordinario» (Conversaciones, n. 34).

Según el estudio de Burkhart-López, aunque haya una evidente afinidad entre la enseñanza de san Josemaría, el discurso de Pío XI en 1927 y otros autores de la época (Joseph Cardijn, fundador de la Jeunesse Ouvrière Chrétienne5[5], Raoul Plus, etc.), los conceptos no son idénticos debido a que: 1) estos últimos se refieren sólo al trabajo manual, que permite rezar mientras se trabaja, dejando fuera de ese ámbito el trabajo intelectual; 2) la finalidad de las J.O.C. estaba más centrada en la acción sindical, colectiva, para lograr mejores condiciones de trabajo, que en el mejoramiento personal con la actividad laboral[6].

A partir del magisterio de Pío XII (que introdujo el 1-V-1955 la fiesta de San José Obrero), y más todavía con Juan XXIII y Pablo VI, la atención al trabajo ya no se limita a cuestiones sociales sino que se dirige al trabajo mismo y a su papel en el plan divino de la Creación y de la Redención. Autores come Thils, Congar y Chenu contribuyeron con sus reflexiones a preparar la constitución conciliar Gaudium et spes, que enmarcó en los nn. 33-39 la actividad humana en el mundo, y abordó en el n. 67 la cuestión del trabajo señalando que «con el trabajo, el hombre (…) puede ejercer la caridad verdadera y cooperar en el perfeccionamiento de la creación divina. Más aún (…) se asocia a la obra misma de la redención de Jesucristo, quien dio al trabajo una dignidad eminente trabajando con sus propias manos en Nazaret». La enseñanza de san Josemaría está en perfecta sintonía con estas palabras, que superan los planteamientos de la primera mitad del siglo XX para llegar a la base antropológica del trabajo. Después del Concilio, san Juan Pablo II expondrá en el último capítulo de Laborem exercens (14-IX-1981) algunos “elementos para una espiritualidad del trabajo” en línea con la enseñanza del Fundador del Opus Dei (participación en la obra creadora de Dios, el ejemplo del trabajo de Cristo en Nazaret, el sentido redentor del trabajo, etc.).

En definitiva, la enseñanza de san Josemaría sobre el trabajo irrumpe cuando ya el Magisterio hablaba de santificación del trabajo, pero su contenido va más a fondo transmitiendo ideas como: 1) conversión del mismo trabajo en oración; 2) eje de la santificación personal en medio del mundo; 3) elemento de cristianización de la sociedad.

II. La noción de trabajo en San Josemaría

En un largo texto de la homilía En el taller de José (Es Cristo que pasa, n. 47) encontramos los elementos de la noción de trabajo en san Josemaría:

a) La idea general de trabajo. El hombre fue creado por Dios para que trabajara, y su trabajo es participación en la obra creadora de Dios, con un triple sentido: 1º) perfeccionar la creación (hacer que el mundo refleje cada vez más su bondad; imitar a Dios en su trabajo de la creación); 2º) perfeccionarse a sí mismo (trabajar como Dios con sabiduría y amor, nos transforma, nos hace vivir una serie de virtudes); 3º) servir a los demás y a la sociedad (vínculo de unión a los demás; hacer del mundo un hogar para todos).

b) La distinción entre trabajo y fatiga. No son sinónimos; la fatiga aparece como consecuencia del pecado original, y acompaña la actividad de trabajar, pero hay que distanciarse de la visión del trabajo como de una pena de la que hay que librarse. Además, con Cristo, la fatiga y el dolor se transforman en instrumentos de redención.

c) La dignidad de todo trabajo. El cristianismo desbarató la idea griega de que el trabajo era una actividad servil, la forma ínfima de la actividad humana, indigna de los hombres libres que tienen su ideal en la filosofía (contemplación de la verdad, actividad intelectual −no manual−) y en las hazañas o gestas bélicas. La dignidad de los trabajos manuales está en la espiritualización de ese “contacto” con la materia. Por tanto, la dignidad del trabajo no depende de “aquello que se hace”, sino de la calidad de la acción espiritual: la «dignidad del trabajo está fundada en el Amor» (Es Cristo que pasa, n. 48).

d) Trabajo y “Trabajo profesional. Por profesional se entiende “oficio públicamente conocido”, que implica una formación profesional y comporta deberes, responsabilidades y derechos. No serían profesionales las actividades ejercidas para cultivar una afición o la práctica del deporte por diversión, aunque esas actividades cuesten esfuerzo y puedan reportar beneficio económico. El adjetivo “profesional” añade el matiz de “dedicación de la vida”. El Fundador del Opus Dei al hablar de trabajo profesional solía añadir intelectual o manual. Por último, dejamos constancia de que san Josemaría utilizaba el adjetivo “profesional” con un sentido análogo en dos tipos de actividades: la labor del sacerdote (tarea en sí misma santa, no profana, pero en cuyo ejercicio el sacerdote debe santificarse), y situaciones como enfermedad, vejez y desempleo.

III. El trabajo como realidad santificable y santificadora

«Al haber sido asumido por Cristo, el trabajo se nos presenta como realidad redimida y redentora: no sólo es el ámbito en el que el hombre vive, sino medio y camino de santidad, realidad santificable y santificadora» (Es Cristo que pasa, n. 47).

«Para la gran mayoría de los hombres, ser santos supone santificar el propio trabajo, santificarse en el trabajo, y santificar a los demás con el trabajo, y encontrar sí a Dios en el camino de sus vidas» (Conversaciones, n. 55).

Con esta fórmula ternaria –“santificar el propio trabajo”, “santificarse en el trabajo”, y “santificar a los demás con el trabajo”, tres dimensiones de un único fenómeno– queda delimitada, desde el punto de vista de la espiritualidad, la realidad que estamos tratando. Veámosla más de cerca.

a) Santificar el propio trabajo

Santificar el trabajo significa hacer santa la acción de trabajar y, consecuentemente, el efecto exterior o producto de esa acción. La santificación del trabajo, en cuanto fuente −la acción de la persona−, es prioritaria respecto a los otros dos aspectos de santificación de las personas y de las estructuras del mundo, que son sus consecuencias: el trabajo santificado constituye la dimensión objetiva y es, al mismo tiempo, conditio sine qua non para el resto. Por trabajo santificado entendemos “obras realizadas en Cristo”, que construyen el mundo y santifican a la persona que las realiza, y, evidentemente, presupone estar en gracia de Dios y la intencionalidad de realizar esa tarea por Cristo, con Cristo y en Cristo. Si el sujeto no se inserta en el dinamismo del obrar santo y santificador de Cristo, no santificará nada, pues la acción humana de trabajar no santifica ex opere operato, por muy humanamente perfecto que sea el sujeto y por muy bien hecho que esté el trabajo. Hace falta la intención: la actividad de trabajar se hace santa cuando se realiza por un motivo sobrenatural −dirigir el mundo hacia Dios y darle gloria−; es decir, cuando la prioridad y primacía recae sobre el finis operantis −el motivo por el que se realiza el trabajo−, entonces, la causa final influye en la actividad y en el resultado del trabajo[7]. Si a un conductor de autobús de una línea urbana se le preguntara a mitad de trayecto “¿a qué se dedica usted?”, las respuestas podrían ser variadas: “¡ya ve: conduzco autobuses!”, sería quizá la más probable; tampoco extrañaría escuchar algo así como “saco la familia adelante conduciendo en este tráfico infernal”; estrechando el círculo de probabilidades se podría obtener un “procuro ser útil a la gente haciendo lo mejor posible este servicio público”; pero no debería pertenecer a otro planeta la contestación “intento santificarme conduciendo este autobús”. En la primera de las respuestas el conductor no se plantea ninguna finalidad: ejerce ese oficio y basta (quizá su padre y su abuelo ya trabajaban en esa misma empresa); en las otras tres, en cambio, se ve que el sujeto tiene una intención o finalidad, cada vez con más amplias miras, hasta llegar a la de santificarse, santificando esa actividad.

Otro elemento importante en la santificación del trabajo es la buena realización de esa actividad, la perfección humana del trabajo y la competencia profesional: «el trabajo de cada uno (…) ha de ser un ofrenda digna para el creador, operatio Dei, trabajo de Dios y para Dios: en una palabra, un quehacer cumplido, impecable» (Amigos de Dios, n. 55). La posible imperfección del trabajo jamás deberá ser consecuencia de la intención del sujeto, ya que el motivo sobrenatural tiende per se hacia una trabajo humanamente perfecto y sólo per accidens el trabajo santificado puede ser defectuoso.

Consecuencia no desdeñable del papel que juega la intención en la santificación del trabajo es la evidencia de que todo trabajo honesto es santificable. Todo trabajo honesto es santo cuando está imperado e informado por el amor a Dios y a los demás. Esa es la sustancia del “motivo sobrenatural” del que hablábamos. Si el modelo de todo trabajo es la Creación, conviene preguntarse cómo creó o trabajó Dios. Una respuesta nos la da la liturgia en unas palabras de la Plegaria Eucarística IV de la Santa Misa: «Te alabamos, Padre Santo, porque eres grande y porque hiciste todas las cosas con sabiduría y amor». Aquí está en síntesis la clave para santificar el trabajo: realizarlo con sabiduría (competencia profesional, estudio, orden, prudencia, etc.) y con amor (para la gloria de Dios y el servicio a los demás). Por tanto, si alguien nos preguntara “¿cuáles son las condiciones para poder santificar el trabajo?”, se tendrían que señalar estas cuatro: 1º) estar en gracia de Dios (en estado de pecado no se puede santificar nada); 2º) que el trabajo sea honesto y no sea contrario a la fe y a la moral; 3º) que haya un motivo sobrenatural, la intención de santificar esa actividad para la gloria de Dios; 4º) la perfección humana y competencia profesional.

b) Santificarse en el trabajo

El primer fruto del trabajo es inmanente: la autorrealización humana y sobrenatural del que trabaja. La acción de trabajar modifica en primer lugar al sujeto. Se trata de ese trabajo en sentido subjetivo −acción no transitiva− del que hablaba Laborem exercens. Indudablemente, la santificación del trabajo requiere que el sujeto viva toda una serie de virtudes: en primer lugar las teologales, puesto que sin fe y sin amor no es posible imitar a Jesús Obrero; pero también virtudes humanas como la laboriosidad, constancia, diligencia, paciencia, fortaleza, justicia, prudencia, mansedumbre, orden, etc. Y poner en práctica todo esto mientras se lleva a cabo la actividad laboral, evidentemente, perfecciona a quien realiza ese trabajo[8].

Ayuda, también, considerar que ese trabajo santificado no es sólo trabajo hecho “para” Dios, sino que, necesariamente, ese trabajo es “de” Dios, ya que es Él quien lo santifica. Es Él quien nos ha amado primero y hace posible que nuestro amor esté presente en la intencionalidad del trabajo. Es Cristo quien con su gracia hace fecundar la actividad humana del trabajador y la hace capaz de que pueda serle ofrecida, para que Él la asuma como propia y la asocie a su Cruz redentora. Todo esto gracias al sacerdocio común de los fieles, que pueden ofrecer sus vidas y actividades en ofrenda agradable a Dios a través del sacrificio del altar. En definitiva, el hombre cuando trabaja, además de transformar las cosas, realiza principalmente su ser, y realizar nuestro ser cristiano es lo que llamamos “santificarse”.

c) Santificar a los demás con el trabajo

El trabajo santificado –su dimensión objetiva– tiende a la reforma de los modos y estructuras de la convivencia, favoreciendo el desarrollo humano y sobrenatural de los hombres que participan en aquellas actividades y estructuras. Es decir, la capacidad que tiene el trabajo santificado de perfeccionar a la persona que lo realiza alcanza, también, a quienes son testigos de esa actuar y a quienes se benefician del producto de ese trabajo. El fruto de mi trabajo no sólo permanece en mí, en mi perfección, sino que se expande a las personas y a las cosas. Se supone, además, que cuando el cristiano trabaja no debe buscar la propia autoafirmación, sino que actúa con espíritu de servicio para contribuir al bien de los demás. El trabajo hecho por amor de Dios, santificado, es instrumento para santificar al prójimo. No cabe duda, por ejemplo, de que las relaciones con los colegas, cuando están llenas de caridad y simpatía, son instrumento de la gracia de Dios. Todo trabajo comporta una red de relaciones personales −colegas, clientes, representantes, usuarios, consumidores, etc.− que constituyen potenciales receptores del mensaje cristiano presente en un trabajo bien hecho por amor de Dios y de los demás, y cauce directo para el apostolado personal[9]. Por otra parte, el trabajo santificado y «santificante de quien lo realiza, coopera necesariamente no sólo a configurar un mundo justo, sino también a informarlo con la caridad de Cristo, a santificarlo»[10].

IV. Explicación de la frase ‘El trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor’ (Es Cristo que pasa, n. 48)[11]

Las tres expresiones reflejan en modo completo lo que es “trabajar por amor”, nos dicen cómo se convierte la actividad de trabajar en algo santo. Se trabaja “por amor de Dios” cuando se dan a la vez las tres expresiones.

a) El trabajo nace del amor

Significa que es el amor a Dios lo que me lleva a trabajar (es decir, el sentido eficiente de la preposición “por”). Implica el ejercicio de la virtud de la laboriosidad, justo medio entre trabajar poco o nada y trabajar en exceso. La laboriosidad lleva a trabajar “cuantitativamente” en lo que se debe (en la profesión de cada uno) y “cualitativamente” con el esmero, orden y atención que nacen del amor. A la laboriosidad se opone la pereza, que san Josemaría considera como «el primer frente en el que hay que luchar» (Carta 24-III-1931, n. 10). En el extremo opuesto se coloca la “profesionalitis”, que consiste en no poner los debidos límites al trabajo para atender al descanso, a la familia y a otras relaciones necesarias. Por último, resulta importante considerar que la vocación profesional es parte importante de la vocación divina.

b) El trabajo manifiesta el amor

Si el amor se trasparenta en el modo de trabajar afecta también a los resultados, porque se trabaja con perfección e ilusión. Como Dios contempla ese trabajo, ha de ser «tarea santa y digna de Él: no sólo acabada hasta el detalle, sino llevada a cabo con rectitud moral, con hombría de bien, con nobleza, con lealtad, con justicia» (Carta 15-X-1948, n. 26). Aquí entran en juego conceptos como “perfección sobrenatural y humana”, “moral profesional”, “ilusión profesional”, y el “cuidado de las cosas pequeñas”, opuesto al “perfeccionismo” que busca la autocomplacencia o la aprobación de los demás más que agradar a Dios.

c) El trabajo se ordena al amor

Aquí la preposición de la frase “trabajar por amor” tiene sentido final: que Dios sea el fin último del trabajo, que la actividad de trabajar se ordene a la gloria de Dios (que sirva al reinado de Cristo y a la edificación de la Iglesia [no podemos desarrollar aquí la interesante cuestión del carácter eclesial del trabajo profesional de los laicos]). Ese trabajar para dar gloria a Dios lleva a contemplar a Dios en el trabajo. Cuando el cristiano realiza su trabajo profesional con perfección humana, con rectitud de intención, con amor y por amor, está de hecho rezando: todo su obrar −no sólo el pensamiento, sino también la acción física− manifiesta externamente la comunión con Dios que existe en su corazón, y esto constituye una verdadera oración que podríamos llamar “oración de las obras” (se reza con y a través de las obras). El trabajo es acto de la persona en que el participan cuerpo y espíritu; es al hombre entero al que se dirige la Palabra de Dios, y el hombre responde con todo su ser -cuerpo y espíritu-, con su actividad, y esa respuesta es precisamente la oración.

Por tanto, la expresión “santificarse en el trabajo” no indica una simple conexión entre trabajo y oración, entre ocupación temporal y vida teologal: no se trata de una sobreposición de dos realidades, sino de la plena unión de ambas. El trabajo santificado y santificador no sólo es oración, sino verdadera oración contemplativa. Para san Josemaría, transformar el trabajo en oración significa tener alma contemplativa:

«Cuando respondemos generosamente a este espíritu, adquirimos una segunda naturaleza: sin darnos cuenta, estamos todo el día pendientes del Señor y nos sentimos impulsados a meter a Dios en todas las cosas, que, sin Él nos resultan insípidas. Llega un momento, en el que nos es imposible distinguir dónde acaba la oración y dónde comienza el trabajo, porque nuestro trabajo es también oración, contemplación, vida mística verdadera de unión con Dios –sin rarezas–: endiosamiento» (Carta 6-V-1945, n. 25, §2).

La contemplación en medio del mundo no es una contemplación de bajo nivel, de segunda categoría, sino verdadera oración contemplativa, pues nuestro mirar a Dios se realiza a través de los acontecimientos y circunstancias que entretejen la vida ordinaria. La contemplación en medio del mundo es una modalidad existencial de la oración contemplativa, una modalidad peculiar, presente en el carisma fundacional que recibió san Josemaría el 2-X-1928.

Vicente Bosch


[1] «Hay dos géneros de cristianos. Uno de ellos entregado al oficio divino y dedicado a la contemplación y oración, y alejado de todo ruido de lo temporal, que son los clérigos y devotos a Dios (…) Todos ellos Dios los eligió para sí. (…) Y esto simboliza la corona en la cabeza. (…) Existe otra especia de cristianos a la que pertenecen los laicos. Laós significa pueblo. A ellos se les permite poseer bienes temporales, pero sólo para su uso. Nada es, en efecto, más miserable que despreciar a Dios por el dinero. A ellos se les concede casarse, cultivar la tierra, juzgar causas, defender la propia causa, llevar ofertas al altar, pagar las décimas, y así podrán salvarse si evitan los vicios y hacen el bien» (Graciano, Decretum, Causa XII, q. 1, c. 7 [ed. Friedberg, Corpus Iuris canonici I, Akademische Druck, Graz 1959, col. 678]).

[2] Cfr. A. Tanquerey, Compendio de Teología Ascética y Mística, Palabra, Madrid 1990, pp. 323-325.

[3] Pío XII, Discurso, 31.1.1927, en Discorsi di Pio XI (a cura di D. Bertetto), Torino 1960, vol I, p. 675 (traducción de E. Burkhart – J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanaza de San Josemaría, vol III, Rialp, Madrid 2013, p. 143-144).

[4] Apuntes íntimos, n. 971, del 28.3.1933 (texto citado en Edición crítico-histórica de “Camino”, p. 368).

[5] Este autor definirá el trabajo como una «Misa prolongada» en la que los obreros ejercen plenamente su sacerdocio laico (cfr. Ph. Jourdan, La spiritualité du travail dans la Jeunesse Ouvrière Chrétienne [1925-1939], Roma 2006).

[6] Cfr. E. Burkhart – J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, vol 3, o.c., pp. 145-148.

[7] Cfr. F. Ocáriz, El concepto de santificación del trabajo, en Ídem, Naturaleza, gracia y gloria, Eunsa, Pamplona 2000, p. 267.

[8] San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 49 [ed. histórico-crítica, cit., pp. 358-359: «En esa tarea profesional vuestra, hecha cara a Dios, se pondrán en juego la fe, la esperanza y la caridad. Sus incidencias, las relaciones y problemas que trae consigo vuestra labor, alimentarán vuestra oración. El esfuerzo por sacar adelante la propia ocupación ordinaria, será ocasión de vivir esa Cruz que es esencial para el cristiano. La experiencia de vuestra debilidad, los fracasos que existen siempre en todo esfuerzo humano, os darán más realismo, más humildad, más comprensión con los demás. Los éxitos y las alegrías os invitarán a dar gracias, y a pensar que no vivís para vosotros mismos, sino para el servicio de los demás y de Dios».

[9] San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 49 [ed. histórico-crítica, cit., p. 358): «El trabajo profesional es también apostolado, ocasión de entrega a los demás hombres, para revelarles a Cristo y llevarles hacia Dios Padre, consecuencia de la caridad que el Espíritu Santo derrama en las almas. Entre las indicaciones que san Pablo hace a los de Efeso, sobre cómo debe manifestarse el cambio que ha supuesto su conversión, su llamada al cristianismo, encontramos esta: el que hurtaba, no hurte ya, antes bien trabaje, ocupándose con sus manos en alguna tarea honesta, para tener con qué ayudar a quien tiene necesidad (Ef 4, 28). Los hombres tienen necesidad del pan de la tierra que sostenga sus vidas, y también del pan del cielo que ilumine y dé calor a sus corazones. Con vuestro trabajo mismo, con las iniciativas que se promueven a partir de esa tarea, en vuestras conversaciones, en vuestro trato, podéis y debéis concretar ese precepto apostólico»[9] (Es Cristo que pasa, n. 49).

[10] F. Ocáriz, El concepto de santificación del trabajo, cit., p. 266.

[11] «Conviene no olvidar, por tanto, que esta dignidad del trabajo está fundada en el Amor. El gran privilegio del hombre es poder amar, trascendiendo así lo efímero y transitorio. (…) −Por eso el hombre no debe limitarse a hacer cosas, a construir objetos. El trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor» (Es Cristo que pasa, n. 48 [ed. histórico-crítica, cit., p. 357]).

 

 

Remi Brague insiste: las raíces de Europa son ajenas al laicism

Salvador Bernal

Remi Brague

photo_camera Remi Brague

La Unión Europea es mucho más que la despectiva “Europa de los mercaderes”. Ciertamente, en el origen de los movimientos integradores del siglo XX hay elementos económicos: así en el pionero Benelux, que pronto cumplirá 75 años: del tratado de unión aduanera que firmaron los gobiernos de Bélgica, Holanda y Luxemburgo, exiliados en Londres por la guerra mundial.

Los habitantes del viejo continente tienen muchas cosas en común, con independencia de los mercados y las soluciones políticas. No son menores las tradiciones religiosas. Curiosamente, y a pesar de tópicos y estereotipos, los musulmanes no hacen ascos a la celebración del nacimiento del profeta Jesús. Dos botones de muestra de estos últimos días: también este año el presidente egipcio Abdel Fattah al Sisi participó en la liturgia copta de la vigilia de Navidad, presidida por el patriarca Tawadros II, a modo de inauguración de la nueva Catedral dedicada a la Natividad de Jesús, construida en la que será también nueva capital administrativa de Egipto. De otra parte, el gobierno de Iraq revisó el régimen de fiestas, y declaró la Navidad fiesta nacional para todos los ciudadanos, cristianos y musulmanes. El cardenal-patriarca Sako había solicitado a las autoridades de Bagdad que siguieran el ejemplo de otros países de mayoría musulmana, como Jordania, Siria o El Líbano, donde el nacimiento de Jesús se celebra civilmente sin problema.

En el contexto del Concilio Vaticano II –entre el profetismo de san Juan XXIII y las cavilaciones de san Pablo VI-, no faltaron soñadores de una “Nueva Cristiandad”. Pero el también santo Juan Pablo II dejó claro que la nueva evangelización a la que estaban convocados los fieles nada tenía de nostalgia, menos aún en el plano político-social. De hecho, la encíclica Centessimus annus desarrolla textos de Gaudium et Spes con una importante reflexión sobre los fundamentos teológicos de la democracia. Los argumentos fueron ampliados después por Benedicto XVI: son una buena herramienta para fortalecer esa forma de gobierno en estos tiempos de crisis. Desde luego, están netamente alejados de todo confesionalismo.

Nunca se insistirá bastante en que el laicismo es una enfermedad del espíritu de laicidad presente en el Nuevo Testamento, sintetizado quizá en el “dad al César lo que es del César”. No han faltado ni faltan resistencias –así, Francisco sigue criticando formas actuales de clericalismo-, pero la separación de esferas se abrió paso decididamente en la doctrina católica. Y Europa no se sostendrá si renuncia a sus valores religiosos, no confesionales. Curiosamente, con el Brexit no estará ya presente en Europa un residuo de viejos tiempos: la Corona, cabeza de la Iglesia anglicana.

Vuelve sobre el tema Remi Brague, un gran filósofo contemporáneo, 71 años, emérito de Filosofía medieval y árabe en La Sorbona; lleva décadas trabajando sobre el fundamento del hecho religioso, y su último libro en Flammarion no puede tener un título más clásico: Sur la Religion. Insiste en sus tesis sobre las raíces cristianas de Europa, aunque él prefiere el término fuentes: las considera vivas, porque vivimos aún de ese tesoro.

No faltan quienes agitan el espectro de las guerras de religión. A Brague le parece una ironía que, en Francia, los partidarios de un laicismo militante –es decir, bélico: Revolución, Comuna, post-Resistencia- pretendan avergonzar a los creyentes recordando violencias del pasado. Las atribuyen a la religión, no al contexto secularizador moderno protagonizado intelectualmente por Maquiavelo y Hobbes. Recuerda la reciente apología de otro filósofo, Jean-Luc Marion, en la línea de la segunda generación de Padres de la Iglesia. Los apologistas respondieron a las calumnias con que el poder romano intentaba justificar la persecución violenta. Hoy no es violenta, pero sí muy agresiva, con sarcasmos y silencios clamorosos, o con una acentuación de exigencias de “pureza democrática” -no de raza- para quienes tienen méritos más que suficientes para ocupar puestos de relieve en la vida social y pública.

A Brague le preocupan menos las situaciones personales, que la consistencia de la fe. Pero reclama a Europa que se defienda de la hipocresía del laicismo, si quiere asegurar la felicidad de las generaciones futuras. Hace un año, al agradecer su nombramiento como doctor honoris causa de una universidad polaca, se preguntaba, como escribí en Aceprensa el 28 de mayo: ¿qué tiene que decir el cristianismo a Europa?: “Nada nuevo. Nada que el hombre no haya sabido o no haya tenido que saber desde hace mucho tiempo. Solo hay una cosa que el cristianismo tiene la posibilidad y el deber de enseñar a los europeos de hoy: ver lo humano incluso donde otros sólo ven lo biológico seleccionable, lo económico explotable, lo político manipulable”...

 

 

Buscando, y enterrando, la Paz

Ernesto Juliá

No nacido en el vientre materno. (Fotografía: Conferencia Episcopal de Paraguay)

En el Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz, Francisco hace algunas consideraciones sobre una política que quiera  empeñarse, de verdad, en buscar la paz entre las naciones, de sembrar la paz.

“La política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, de la libertad y de la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad”.

Con estas palabras el Papa recuerda un ideal de la acción política que está, por desgracia, muy lejos de la realidad que vivimos en nuestros días. No hay respeto a la vida. No hay respeto a la libertad. No hay respeto a la dignidad de las personas.

La afirmación de esos tres No puede parecer un poco fuerte; pero basta abrir un poco los ojos para darnos cuenta de que son, también por desgracia, verdad, realidad.

Cuando la cifra de abortos en el año que acaba de cerrar su tiempo es de 42 millones en todo el mundo, podemos decir sin temor a equivocarnos demasiado, que el respeto a la vida ha desaparecido de la conciencia, de la mente, del corazón de muchas personas y de un número considerable de políticos. Cuando el aborto es considerado un “derecho” por muchas legislaciones; ¿por qué nos extrañamos de tantas muertes ocasionadas por violencias de todo tipo, desde terrorismo hasta luchas callejeras, mafiosas, fratricidas?

Desde que se “legalizó” el aborto en tantos países, el número de los condenados a muerte, y ejecutados, ha superado en muchos millones a todos los muertos en las guerras y en los campos de concentración del siglo XX, de todas las ideologías de muerte, en todo el mundo.

Cuando se pueden “comprar” hijos e hijas, y “fabricarlos”, como si fueran muebles a medida; sin el más mínimo respeto a la criatura que va a ser puesta en venta para satisfacer el capricho de personas que no son sus padres, y que no tienen el mínimo derecho sobre ella; ¿por qué nos extrañamos de tanta corrupción? ¿Dónde está el respeto a la dignidad de la persona humana, cuando se la considera un objeto de compra y venta?

Cuando se trata de imponer por decreto, y ya se ha impuesto en no pocos países, una anti-natural y depravada educación sexual con aceptación plena de la “ideología de género”, que lleva consigo –ya que no tiene la menor base racional y mucho menos científica- la paulatina desaparición del verdadero Amor en el mundo; ¿dónde está el respeto a la libertad de las personas, a las que incluso se les prohíbe que rechacen esa “ideología”, y vuelvan a vivir como lo que son: hombres/ mujeres; mujeres/hombres?

Cuando se desprecia la vida, y se desprecia la libertad; ¿dónde está el respeto a la dignidad de la persona? Y más cuando se promueve la existencia de uniones entre seres humanos que nada tienen que ver con la familia: hombre y mujer, mujer y hombre, hijos, nietos. ¿Es que se pretende que también las “uniones” entre seres humanos y animales, por aquello de los “derechos de los animales”, sean legisladas como “familia”?

 

Vivir juntos y luego quizá casarnos: estudios demuestran que no siempre es buena idea

Pablo J. Ginés/ReL – 17.08.2018

 

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Foto: Freepik

La idea de casarse sin antes convivir con la pareja es minoritaria entre los jóvenes españoles: según el más reciente estudio de la Fundación Santa María, en el cual sólo declaraban esa intención uno de cada diez jóvenes.

Sin embargo, años atrás (encuestas de 2016), uno de cada tres declaraba "pienso casarme, pero antes convivir con mi pareja". La idea de vivir en pareja sin ningún plan de casarse la tienen uno de cada cinco (un 20%). Y un gran cambio se nota en los absolutamente indecisos: casi un 30% que declaran "no sé lo que haré", mientras que diez años antes esos indecisos eran un 17%.

Los absolutamente liberales ("pienso formar una pareja abierta con total libertad sexual") son en la teoría menos de un 2%... pero en la práctica es evidente que las parejas sexuales se pueden ir sucediendo una tras otra allí donde no hay una voluntad clara de exclusividad y unión indisoluble "hasta que la muerte nos separe".

Cohabitar para "probar": una superstición popular

En España, como en otros países, muchos jóvenes (y sus padres) creen en una superstición absolutamente contraria a los datos científicos recopilados durante décadas: la superstición de que es bueno y prudente cohabitar antes de casarse "para probar nuestra convivencia" o "para probar la compatibilidad".

Así, hemos visto que uno de cada 3 jóvenes menores de 25 años quiere cohabitar con la idea de pasar luego al matrimonio. Y según esta encuesta de Fundación Santa María, un 31% de todos los jóvenes declara que cohabitaría "para probar como es la convivencia", casi un 19% lo hace para ahorrar papeleo en caso de ruptura y un 16% lo hace porque no se siente seguro con la pareja que ha escogido.

¿Cómo les va a los que cohabitan "para probar”?

Un estudio norteamericano de Stanley y Rhoades se centró en analizar qué tal les iba a los que declaraban que cohabitaban "para probar la convivencia" (distintos a los que lo hacen "por conveniencia").

Los resultados sugieren (como en muchos otros estudios y países) que este "probar" no ayuda nada a la pareja:

- los hombres que cohabitaban "para probar" tenían mayores índices de síntomas depresivos, ansiedad generalizada, problemas para depender de otros y ansiedad por temor al abandono.

- las mujeres que declaraban "probar" tenían mayor ansiedad de temor al abandono.

- tanto hombres como mujeres, declaraban un menor nivel de confianza en la relación, peor interacción y más agresión psicológica.

- entre los varones que "probaban" se detectaba más agresividad física y menos niveles de dedicación a la relación.

Stanley admite que muchos de esos factores negativos estaban ahí antes de empezar a cohabitar... pero los cohabitadores se "enganchan" a ellos, los aceptan y piensan que cohabitando más "mejorarán" (o, más bien, que "el otro mejorará").

Cohabitar ciega y dificulta cortar cuando habría que cortar

"Lo que la gente ve menos en el cohabitar es que hace más difícil el romper", insiste. No es que se rompa menos: se rompe más que en las parejas de novios que sólo quedan y salen. Pero, además, se rompe más tarde y peor.

Los sociólogos llaman a esto "la inercia de la cohabitación". Esa inercia no solo implica que puedes alargar una relación tóxica o mala por la dificultad de "empezar de nuevo saliendo de esta casa", sino que hay parejas que pasan de cohabitar a casarse "por inercia". La ruptura llegará más tarde.

No hay estudios sociológicos que demuestren que cohabitar antes de casarse disminuye el riesgo de ruptura. Ni que los que cohabitan rompen menos que los que se casan. Los estudios muestran siempre lo contrario.

Solo recientemente hay algunos estudios que señalan que cohabitar no empeora (aunque tampoco mejora) los índices de ruptura del matrimonio, y se da solo cuando se suman estos factores:

- Haber cohabitado solo con quien luego es tu cónyuge

- Haber empezado a cohabitar teniendo los dos muy claro, y haberlo declarado, que el objetivo era luego casarse

- Empezar esa cohabitación con más de 23 años de edad

Pero "cohabitar con el objetivo firme y declarado de casarse después" no es muy común, en realidad. Normalmente, uno de la pareja lo desea, o espera, o le gustaría... y el otro prefiere no pensar mucho en ello, hasta que, quizá, "se desliza".

¿Tienen los dos voluntad declarada y firme de envejecer juntos?

Stanley insiste que esa voluntad declarada de compromiso, de querer vivir siempre juntos, expresada, es lo que da firmeza frente a la ruptura. Esa voluntad declarada y firme es lo que debe haber en un noviazgo. Y el ritual de una boda y el apoyo público de la comunidad tiene, entonces, una eficacia real y da una fuerza real en esos casos a la pareja.

Lo peor es que en la cohabitación uno queda "enganchado" y tarda en ver esas cosas y dar el paso a dejarlo. Cohabitar dificulta ambas cosas: detectar los problemas y cortar la relación: un piso que pagar, un coche compartido, quizá incluso hijos, etc...

"Hay muchas formas mejores de probar una relación que hacer algo que dificulta el romper porque te lo has imaginado todo. Es mejor tomar un curso sobre relaciones (por ejemplo, los cursos prematrimoniales anteriores incluso a prometerse en matrimonio), hablar de cómo será el futuro juntos y ver si sois compatibles saliendo en el noviazgo. Tomad el tiempo de ver a vuestra pareja en distintos ámbitos sociales", propone Stanley. 

 

Repaso a las mejores campañas de esta Navidad

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Esta Navidad ha sido generosa en campañas emotivas y con valores. Primero nos sorprendió el spot de Lotería de Navidad (“Otra vez 22”), con un Scroge egoísta y solitario que cada mañana, al despertarse, vuele a vivir la lotería del 22 de diciembre: un simpático homenaje a Dickens (y al Día de la marmota).

Después llegó Ruavieja con su interpelación sobre el poco tiempo que dedicamos a nuestros familiares y amigos… y su definitiva propuesta: “Tenemos que vernos más”.

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La nota más alta en emotividad y reflexión la puso IKEA, con su spot de preguntas y respuestas a varias familias que se preparan para Nochebuena: todos conocen la vida de los famosos y de las redes sociales, pero desconocen lo más importante y cercano: cómo se conocieron tus padres, cuál es el grupo musical preferido de tu hijo, cuál es el sueño incumplido de tu mujer...

Después tuvimos la sorpresa de Leche Pascual: la historia de una madre creativa que, en la víspera de Reyes, convierte un robo desalmado (apenas les ha quedado nada) en un simpático desaguisado de Sus Majestades.

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Y, en fin, el anuncio #BelieveInChristmas nos hizo ver que hasta las aristas más punzantes de un erizo (en realidad, cualquiera de nosotros) pueden suavizarse y convertirse en armonía cuando hay verdadera amistad.

Antes de olvidar para siempre esta fecunda Navidad de 2018, quiero compartir con vosotros otras campañas que han sabido también tocar la fibra de nuestro corazón. Os agradeceré que me digáis cuál de todos -también de los anteriores- os ha gustado más:

1. Bouygues Telecom: La marca francesa de telecomunicaciones nos ha ofrecido la historia de un padre y su hijo a través de los años. Empieza con un padre que quiere hacer reír a su bebé con una canción de Redbone, y termina… con un claro mensaje de volver a la familia en Navidad.


2. El Corte Inglés: También para esta marca española las relaciones familiares están muy en el centro de su campaña navideña. La figura de un padre que educa, acompaña y dedica tiempo a su hijo, que es capaz de hacerse niño cuando está con él, se convierte en la gran propuesta para todos nosotros.


3. Apple: Con una brillante animación, que nos sitúa perfectamente en el punto de vista infantil, Apple nos cuenta la maravillosa historia de una niña imaginativa que, por vengüenza, no quería que nadie viera sus creaciones. Su lema es todo un proyecto de vida: “Comparte tu don”.

4. Cruz Roja: Nos emocionó con su campaña “El único regalo que Santa Claus no puede entregar”. En plena zona de guerra, Papa Noél se encuentra con las manos atadas, a pesar de su valentía y de su impronta mágica. Y es que hay cosas que nadie puede arreglar, salvo –quizás– la propia Cruz Roja. Todo un mazazo sobre la conciencia del espectador.

Y ahora, por favor, decídmelo: ¿cuál de todos os ha gustado más? Me encantará saberlo y compartirlo. ¡Feliz 2019!

 

 

DIPLOMACIA AVESTRUCIANA

Por René Mondragón

“ASEGUNES”

Para nuestras bellísimas lectoras en Duseldorf, Frankfort, Polonia, Checoeslovaquía, Ciudad Neza y la alcaldía de Gustavo A. Madero, cuando los mexicanos decimos que algo “tiene su “asegunes”, nos referimos a que el tema representa muchas aristas no siempre favorables a los propósitos deseados.

Desde siempre, la diplomacia en México –salvo un par de honrosas excepciones- se ha orientado por un laisser aller, laisser aller, en una posición  

de amplio confort político y diplomático que, ya en alguna oportunidad un político local definía como “ni los veo ni los oigo”. ¿Resultado? A la más vieja y pura usanza del echeverriato, se traduce como “No sé, no me importa, no es mi problema y me vale…”  Todo ello en nombre de “la no intervención”.

ESTABA BIEN

Ese mecanismo de pensamiento diplomático se ha entronizado como causa de una diplomacia avestruciana que se esconde, cierra los ojos y evade cualesquier posicionamiento.

Eso se ha traducido también en un nivel social de indolencia (que no duele) en la forma de vivir de nuestro pueblo. Pueden estar lastimando a alguien y nadie die una palabra; pudieron atropellar a cualquier ciudadano, un señor golpea a una mujer en plena calle y solo se oyen gritos para que la deje, pero nada más; pasan decenas de personas, se asoman a ver el desastre y se van con un lastimero comentario, pero sin hacer absolutamente nada…. “Es que no podemos intervenir”.

Pero toda esta cultura del “me hago a un lado, no me vayan a salpicar”, ahora ya no tiene espacio en un mundo global en donde lo que haga alguien, tiene repercusiones al otro lado del mundo.

YA NO SE VALE

Ese modelo de auto-aislamiento del resto del mundo ya no es viable, porque todo nos pega, para bien o para mal. Y así sucedió en la reunión del Grupo de Lima que pidió al dictador venezolano ya no postularse para otro período presidencial. Simple y llanamente, el representante mexicano hizo mutis y fue un convidado de piedra. El ridículo que hizo México fue feroz. Solo Evo Morales felicito al tabasqueño. Los demás, hicieron un serio extrañamiento sobre esa postura.

AGUDA OBSERVACIÓN

El efebo hijo de mis entretelas sostiene que, si a Jesucristo lo hubieran crucificado en México, seguramente, el fiscal especial todavía seguiría investigando quién fue. Si Martin Luther King hubiese pronunciado el I have a dream en nuestro país, apenas sería nota en Ventaneando. Si Madre Teresa hubiese fundado su Congregación en Iztapalapa, la bancada de MORENA ya hubiese impulsado la expropiación de la obra por ir en contra del estado laico.

Hace algunas lunas (https://expansion.mx/mundo/2018/05/14) el Grupo de Lima le había dado un ultimátum a Maduro… Obvio, al dictador le importó un soberano Cucumis sativus. Lo destacable es que, en ese momento, México dio su visto bueno y firmó el documento del 14 de mayuo del 2018, al lado de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía, con la participación de España, y por videoconferencia el secretario de Estado de Estados Unidos.

¿DE QUÉ SE TRATA?

No se busca meterse en asuntos ajenos, porque el agravamiento de la crisis política, moral, económica, social y estructural de Venezuela, es un evidente caso de CRISIS HUMANITARIA y frente a eso, nadie sensato puede permanecer indiferente.

Es como si se pudiera acusar a los rescatistas suizos, españoles o canadienses, de meterse en asuntos nacionales, cuando vinieron a salvar vida durante el  terremoto de septiembre. Lo que está en juego son vidas humanas, familias enteras.

Por lo mismo, resulta poco comprensible que el presidente mexicano haya “preferido” no suscribir la Declaración del Grupo de Lima contra Nicolás Maduro. Las razones esgrimidas (https://www.infobae.com/america/mexico/2019/01/05): No se firmó el documento, porque “quiere evitar conflictos con otros países”; porque “su gobierno, no intervendrá en asuntos internos de otros países”

Esto es, podría darse una nueva hambruna en cualquier parte de los países en extrema pobreza, pero con este criterio, México no puede enviar ayuda humanitaria, porque si se hace, los otros países van a querer hacer lo mismo. Por eso, don Maximiliano Reyes, el representante, solo comió con tal de no hablar.

Como dice el legislador Juan Carlos Romero Hicks: Eso es inaceptable, porque México se vuelve cómplice de Maduro. ¿O no?

 

 

DESAPERCIBIDO MONITOREO DE CULTIVOS DE COCA 2018

Escribe: Alfredo Palacios Dongo

Como para que pase desapercibida la grave realidad sobre drogas en nuestro país, faltando solo tres días para la navidad fue publicado el último Monitoreo de Cultivos de Coca - diciembre 2018 por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) conjuntamente con Devida (normalmente es publicado meses antes), el cual obviamente pasó inadvertido y no pudo ser analizado. La mayoría de datos clave registrados de 2017 aumentaron respecto al año anterior, entre ellos, el área de cultivos 49,900 (+14%) con incremento continuo los últimos 3 años, también aumentó la producción de hoja seca 117,292 TM (+11%) principal insumo para producción de cocaína cuyo valor de producción alcanza US$ 399 millones (+22%), contrariamente lo que disminuyó fue la erradicación de cultivos registrando 25,784 ha (-14%). La incautación de pasta básica (15.3 TM) y clorhidrato de cocaína (21.4 TM) es irrisoria comparada a la producción que sale al exterior y aunque no se cuenta con cifras oficiales desde hace 10 años (la última fue de 302 TM)  se calcula que podría llegar hasta 500 TM) los monitoreos desde 2008 repiten que no cuentan con el factor actualizado de conversión coca-cocaína, lo cual es inaudito.

Viendo el mapa de la superficie de coca por zona de producción, es muy grave que haya aumentado la cantidad de cultivos en las 13 zonas cocaleras evaluadas, siendo las más afectadas Pichis, Palcazú, Pachitea (+554%), San Gabán (+226%), y Vraem, como la zona más compleja y relevante, registra 21,646 ha (67% de la producción total y con la más alta productividad) pero a pesar de ello jamás se ha erradicado ni una hectárea, además, los cultivos en las Áreas Naturales Protegidas crecieron 36% y en las zonas de amortiguamiento 15% siendo los más afectados el Parque Nacional Bahuaja Sonene (Puno) y la comunidad nativa Shinpen-chariato (Junín-Vraem).

Bajo este panorama, los cultivos de coca se incrementan y los narcotraficantes producen mayores cantidades de cocaína de mejor calidad y pureza (emplean permanganato de potasio como antioxidante en el proceso de refinación)  incrementado su precio en todas las zonas de producción. Nuestro país ostenta el vergonzoso segundo lugar como productor y exportador mundial de cocaína (después de Colombia) debido a erradas políticas, mala gestión, dobles discursos, indefiniciones, estrategias antidrogas inadecuadas, y como resultado, el flagelo del narcotráfico sigue creciendo generando una peligrosa realidad que corroe el tejido social y amenaza nuestra estabilidad nacional.

Ver mi Blog:  http://www.planteamientosperu.com

 

Decisiones

Ángel Cabrero Ugarte

Jóvenes y alcohol.

photo_camera Jóvenes y alcohol.

Con las decisiones tenemos un problema. Quien más quien menos, nos hemos enfrentado con esas situaciones en las que nos convertimos en malabaristas, con grave riesgo de jugarnos la vida. “Tomar una decisión”, dicho con voz queda y preocupada es síntoma de un problema no resuelto. Y la impresión que podemos tener muchas veces es que la sociedad actual crea personas débiles, incapaces de decidir. Es indudable que nos encontramos cada día adolescentes inseguros de 30 o más años.

Se ha publicado recientemente un libro, “Atreverse a decidir”, que me ha hecho volver una vez más sobre la problemática, complicada, de las decisiones que tomamos o que deberíamos haber tomado. En ese libro se habla de muchos factores que rondan en torno a cómo tomar decisiones. El riesgo, el compromiso, el futuro, la perspectiva de fracaso, la prudencia, la libertad… Aspectos todos ellos que influyen y, por lo tanto, que alguien nos diga algo siempre ayuda.

Se me ocurre que todo ese lío se resume en la libertad. Libertad como la capacidad que tiene el hombre de dirigirse al fin último que da sentido a su vida. Todas aquellas cosas que nos dificultan ese camino son esclavitudes. Hay, por lo tanto, muchas personas que creen, con simpleza, que son libres, pero tienen infinidad de esclavitudes que les atan. Y la prueba más palpable de su falta de libertad es que no son capaces de tomar decisiones.

La inmadurez sería el concepto que califica a más jóvenes viejos. La inmadurez hace esclavos. La inmadurez normalmente es infantilismo, es duda sistemática, es egoísmo. Es bastante natural en los muchachos de 14 a 17, por ejemplo. Están despertando a la vida, somos comprensivos con ellos y a veces incluso nos reímos un poco de esas situaciones por las que ha pasado casi todo el mundo. Pero lo que produce vergüenza es la contemplación de adolescentes de 25 a 30 años. Un poco de burla y un poco de lástima.

Ha fracaso nuestro sistema educativo si creamos unos jóvenes inseguros, flojos, sin virtudes. Es una dificultad habitual comprobar que muchachos que hicieron el bachillerato brillantemente, sean unos inútiles en primero de carrera, simplemente porque la máxima de muchos colegios es “tienen que aprobar la selectividad…”. Les han puesto innumerables examencitos a lo largo del año, perfectamente anunciados, y luego se encuentran con que en la facultad todo va al final, y mientras tanto no dan ni golpe. Mal educados.

Y así resulta que ante las cosas más importantes de la vida hay muchos que tardan años para decidirse, o simplemente no se deciden nunca. No se casan, porque es una decisión muy grave y arriesgada. Y mientras prefieren jugar con ellas o con ellos. No son capaces de decisiones definitivas, porque les da mucho miedo. Así que me parece que al final antes las decisiones vemos niñatos inútiles, muchas veces por culpa del sistema, pero sobre todo culpa del capricho hedonista al que les han acostumbrado.

Lo demás, el riesgo, el compromiso, el futuro, la perspectiva de fracaso, la prudencia, etc., pues sí, pero es más de lo mismo.

 

 

La Navidad real y desconocida.

 

          La gente anda desconcertada. Muchos han pasado la Navidad en la playa o disfrutando en la montaña, pero no como otros años: no hay nieve en la mayoría de las estaciones y no han podido abrir sus pistas.

         Ni siquiera los niños, este año, en España, han cantado con la alegría de otros años, la famosa canción: ¡Oh Blanca Navidad!

https://youtu.be/iUiI3GrdQXg

         En la falta de nieve tendrá, seguro, que ver el "cambio  climático". Pero  ¿el cambio afecta solo a la  Naturaleza, o va más allá? ¿Es normal esta temperatura en pleno invierno? ¿Es realidad o estamos viviendo en la ficción y la apariencia?  

         Hace un día espléndido y tenemos una mañana soleada  que  invita a los tres amigos a sentarse en la terraza  y tomar algo.

        Al tomar asiento, Mara, Gabi y yo, Balta (en adelante M.G. y B) le entra un mensaje al móvil de Mara y dice: Es de Avaaz.  Parece una respuesta a lo que veníamos hablando. ¿Os lo leo?

       - G: Vale, pero, solo un poco, que estanos empezando el año.

       -M: Es de Ricken Patel, dice textualmente: "En nuestro mundo se están moviendo fuerzas poderosas. Se puede sentir cómo se aproximan grandes cambios, algunos maravillosos, otros terribles. ¿Girará el mundo hacia el miedo y la oscuridad? ¿O hacia el amor y la esperanza? ¿Y qué se supone que Avaaz y cada uno de nosotros debemos hacer y ser en respuesta a esta era? Me he estado haciendo estas preguntas durante un tiempo, y esta es la respuesta a la que he llegado: Juntos hemos logrado victorias hermosas y poderosas que han servido y servirán al futuro de la humanidad. Pero aún no hemos desarrollado completamente el potencial de nuestro mayor poder: la magia de la conexión humana... el amor".

           - B: Jo, no sé quién es el tal Ricken, pero...

           - M: creo que es el fundador y director ejecutivo de Avaaz, una  de las mayores organizaciones cívicas, online, del mundo.

            -G: Vale, pero hemos venido a tomar una caña, ¿no?

            -M: Es cierto, pero veníamos hablando de lo desconcertante que este sol y este calor, cuando hace solo 12 días  que ha comenzado el invierno. Tú has sido, quien lo ha mencionado.

            - B: Callar, un momento, y escuchar un poco a la mesa de al lado. Nos hicimos señas de "silencio" para escuchar. Eran un grupo normal. No parecían raros, por su aspecto, pero  parecen estar "piraos". Como no sabemos sus nombres pongo números:

        - 1.- ¡Te digo que es verdad! Como sabía que allí no le darían las uvas a su hora, por eso  fui a las 18,30 y se las di.

      -2.-¿Te esperaba?.

     - 1.-No. En absoluto. Fue una sorpresa total. Estuvimos hablando, y  hacia las siete  me pidió que se las diera, porque luego tenía la cena. Un bote con 12 uvas sin pasa, para evitar problemas estaba sobre su mesilla. Pusimos un poco de música y las campanadas grabadas en el móvil.

      - 3.- Tío, ¿pero eso es verdad? No lo puedo creer. ¿cómo se te pudo ocurrir algo así?

      - 4.-¿Le conocemos nosotros?

     - 1.-Se me ocurrió porque no tenía nada que hacer y pensé que también él tenía derecho a comer las uvas, ¿o no? No creo que le conozcáis. Lleva más de 10 años con la enfermedad del ELA.  Está en silla de ruedas. Sale poco, porque ve muy poco.

     -2.- ¿Puede comer? Quiero decir que si tiene alguna dificultad. Recuerdo cuando aquella campaña de "un cubo de hielo por el ELA", que esa enfermedad es muy jodida.

     - 1.-Sí, claro. Es cierto que el verano pasado tuvo un problema y, el médico de guardia aconsejó una dieta blanda. Algunos tienen dificultad para tragar. Así que ya sabes, solo come purés y papillas. La médico titular, no cambió lo que había dicho el otro médico, y hasta hoy.

     -2.- ¿Y pudo comer las uvas sin problema, con Esclerosis Múltiple? ¿Y si le pasa algo?

      -1.- Esas uvas no tienen piel, ni pepitas y flotan en el recipiente con agua. Hay  que ir dándoselas directamente a la boca, sin prisa y, hablando con tranquilidad de un deseo para el año nuevo...

     -3.- Lo imagino.

     - 2.-Me hubiera gustado verlo. A mí me gusta conocer gente que se sale de lo normal.

     -1.-Como todo iba bien, su cara,  era un poema de entusiasmo y felicidad.  Al terminar las 12 uvas, alzó los brazos para abrazarme y dijo: "¡Feliz año nuevo! Espero que el año que viene esto se repita. ¡Me ha encantado!"

      (Roberto, estaba emocionado. Y es que los familiares o amigos que de vez en cuando le visitan, esa noche están cada uno en su casa con los suyos. Le dejan las uvas encima de la mesita, para que se las coma mientras escucha en la radio las campanadas. La radio es su compañera desde la mañana hasta la noche. Antes tenía ordenador, con una gran lupa de 10 centímetros para ver las líneas. Pero ahora el ordenador ya no puede usarlo. Tampoco ve la tele, aunque puede escucharla. Le molesta ya que al no ver, percibe movimiento por el color. La radio preferible, mejor para invidentes. Los oyentes no ven al locutor, ni éste puede verlos).

     -2.-Y tú ¿cómo reaccionaste cuando te dijo eso?

     -1.- Yo le abracé, casi se me saltan las lágrimas...leche, ¡que uno no es de piedra! Le prometí repetir el próximo año.  La puerta de su habitación estaba abierta. Y...entonces un médico pasaba por el pasillo y, al vernos pasó para saludarnos y desearnos Feliz año nuevo. Le preguntó si yo era un familiar suyo.  Y Roberto respondió: "Es más que un familiar. Es un gran amigo". Nos saludamos y, después de hablar unos momentos, se fue. Yo, me despedí a la hora de la cena. Mi amigo ya había tenido una Noche Vieja especial.

       Venga, brindemos por mi amigo. Seguro que vosotros también tenéis algo que decir, ¿no?

     - 2.-¡Por Roberto!

     -3.-¡Por Roberto y por la amistad!

     -1.-¡Brindo por eso y porque seguro que vosotros también habéis tramado algo a fin de año!

    -2.-Yo no he tramado nada, pero...

    -3.-¿Pero qué? Venga, cuenta.

    -2.-Pues yo estaba en casa. Recibí una llamada de una mujer. Me pregunto si podría llevarle un paquete de tabaco. Pero ...¡no empecéis a hacer cábalas...!

    - 1,-¿Te das cuenta? Y ¿qué pasó?

    -2.-No pasó nada, ¡tenéis una imaginación desbocada! Cogí el coche, compré el tabaco, (ya sabéis que no fumo) y...se lo llevé.

    -3.- ¿Eso es todo? ¡Venga ya!

    -2.-Habéis dejado el vaso, y os disponéis a escuchar, como si ya supierais el final. Pero... ¿qué sabe nadie? Cuando creemos tenerlo todo y saberlo todo, resulta que, a veces,  descubrimos otra realidad. Un ser humano y sobre todo si es una mujer, es un mundo.

 

     -3.-Eso es verdad. ¡Y lo será siempre!

     -2.- Se trata de una "mujer coraje".  No puede levantarse. Mejor, no puede mover ni manos ni pies. Lleva en cama 30 años. Un accidente de coche la dejó tetrapléjica. Puede hablar, claro. ¿Queréis saber más o ya es suficiente?

     -1.- No te pares, después de dejarnos ante alguien impresionante.

     -3.-Dinos cómo lo lleva, por fa.

     -2.-Podéis imaginar  que es una persona, dependiente. Necesita de los demás para lavarse, para comer, para poner la tele, o llamar por teléfono y para cambiar de posición en la cama, porque cuando está mucho tiempo en una posición tiene dolor. Pero, no abusa, es agradecida y muy amable.

         Dice que, desde el accidente ha aprendido a valorar la vida, tal vez de una manera diferente.

       -3.-¿Es mayor?

       -2.- Depende a qué  llamamos "mayor".  Yo desconozco realmente su edad, pero puedo afirmar que no ha cumplido aún los 50. ¿Sabéis lo primero que me pidió, después de saludarnos? ... "Agua".

          Generalmente tiene una botella de medio litro de agua, que tiene una apertura en el tapón y con una pajita larga para que ella pueda beber, ya que tiene la botella aprisionada con su brazo rígido contra su pecho. Pero, tal vez no se dieron cuenta, y se le había terminado.

          Le dejé lo que me había pedido. Me lo agradeció e incluso se excusó de hacerme salir de casa y tener que ir.

         Y comprobé que tenía 5 unidades de 12 uvas sobre la mesilla de noche. Cuatro estaban en 4 recipientes en forma de bote en lotes de 2 y 2. Eran uvas sin piel ni pepita. La otra estaba en una bolsita de plástico y eran uvas normales.

         Antes de marchar me pidió, por favor , que abriera uno de los botes y se las diera. Y, después de desearle que terminara bien el año y un feliz año nuevo, me pidió que le subiera el embozo,  se lo subí hasta la barbilla. "Más, por favor, hasta más arriba de los ojos".

         Apagué y me fui dejándola con sus pensamientos. Por supuesto, yo me fui con los míos, sin dejar de pensar en ella y las circunstancias tan complejas o por lo menos distintas, en algunas personas.

      -1- Me puedo imaginar, el grado de autocontrol y la fuerza de voluntad, que tiene que tener una persona así. Debe ser un encanto de mujer y una fuerza invisible para muchos.

         La magia existe, no hay duda. Hay mucha más realidad en Navidad y en fin de año, que la que venden como noticia los medios de comunicación. Y... está cerca de nosotros. Lo que dice Ricken de Avaaz es cierto, pero tenemos que descubrir que además de energía invisible, es más real de lo que nadie se imagina. Cuando seamos conscientes y lo descubramos, veremos que el amor es el verdadero regalo de la vida. Puede faltar la nieve. Puede haber cambio climático. Mientras tipos así sigan haciendo esas locuras... habrá poesía y los niños descubrirán la magia de un año nuevo, igual que ayer, pero en el que merezca la pena vivir. La vida es un don, que cada año y cada día nos ofrece descubrir o profundizar en lo que somos.

José Manuel Belmonte

 

 

Tiempo para jóvenes emprendedores

Tiempo para jóvenes emprendedores

Por Mary Velázquez Dorantes

El nuevo mundo busca jóvenes innovadores, creativos, capaces de enfrentar los retos del nuevo siglo. Detrás de las esferas políticas y sociales existe un reto para la juventud mexicana: emprender. Los jóvenes emprendedores  buscan ser diferentes, generar un impacto en la sociedad; pero, sobre todo, desean desarrollar proyectos que ayuden a México, a las familias, a la ecología, a las finanzas.

El 33% de los emprendedores mexicanos tiene entre 24 y 35 años. Su filosofía de vida está llena de dinamismo, pasión, desafíos no sólo para ellos mismos, sino para las comunidades donde habitan.

Buscan desarrollar sus potencialidades y capacidades. Algunos comienzan en los centros de estudio, otros buscan emprender desde sus escenarios de realidad. En el país, 3 de cada 10 emprendedores han colocado su negocio por necesidad económica, son arriesgados y se colocan retos a vencer. Para México la juventud que se vuelve emprendedora se convierte en el motor económico del país. Algunos de ellos han llegado a materializar sus ideas en proyectos que se incuban y se fortalecen.

Algunos expertos llaman a los emprendedores los creativos de los nuevos tiempos. El 54% de los emprendedores mexicanos son solteros y el 52% de sus negocios son operados desde casa.

SIN MIEDO AL FUTURO

América Latina se ha convertido en el ecosistema de los emprendedores, donde México, Guatemala, Ecuador, Brasil, Perú y Argentina son los países que más jóvenes innovadores generan. De acuerdo con El Observatorio Nacional del Emprendedor, crear empresas no es suficiente, sino que es necesario motivar a los jóvenes para que no desistan en sus negocios, evitar que tengan miedo del futuro y fortalecer los apoyos no sólo económicos que la juventud mexicana requiere.

Más del 50% de los jóvenes que emprenden tienen oportunidades en el lugar donde viven, mientras que 6 de cada 10 mujeres se vuelven emprendedoras frente a los varones. Estos jóvenes buscan un cambio cultural en el país,  dado que las nuevas generaciones tienen cambios en los paradigmas de observar la vida en un futuro; buscan crear hábitos seguros y estables para quienes vienen desarrollándose en el camino.

Más del 90% de los emprendedores en el país utilizan sus ahorros para iniciar una idea que sobreviva y subsista en el entorno de México. Los emprendedores desean tener horarios flexibles, tener diferentes ocupaciones, ayudar a otras personas y disfrutar sus proyectos.

CREER EN LAS IDEAS

El principal desafío para quien busca emprender es creer que su idea es justo lo que necesita el país. Más del 50% de los jóvenes que emprenden van mucho más allá de la necesidad monetaria. Su principal compromiso es desarrollar una idea posible que no solo beneficie a uno solo, sino a la comunidad que les rodea; su lógica de acción es encontrar respuestas a problemas sociales, ambientales, políticos, estructurales, para tener un mejor sitio donde vivir.

Desean ser los mejores para crear generaciones mejores. El 43% considera que emprender es una oportunidad de mejora de vida, mientras que el 41% considera que el riesgo es necesario para sobrevivir en la idea. 

La juventud explora sus habilidades intelectuales y cognitivas, así como habilidades de desempeño laboral. Las estadísticas no los intimidan, al contrario, buscan esforzarse por realizar con éxito la idea que emprenden;  para ellos una buena actitud es lo que cuenta.

NO MORIR EN EL INTENTO

Aunque grandes emprendedores han logrado el éxito, lo cierto es que también existe una mirada diferente para los jóvenes. Ocho de cada 10 ideas emprendedoras fracasan en menos de dos años.  No solo es enamorarse de las ideas, sino fijar objetivos alcanzables para no morir en el intento. El riesgo no significa exponer todo con lo que se cuenta; la mayoría de los emprendedores deben evaluar la idea a realizar, los costos y los períodos de éxito. Otros deben aprender de los fracasos para salvar las crisis y convertirlas en oportunidades.

La vida real es diferente a la vida imaginaria, por lo que se requiere establecer prioridades sin sensibilizarse con el rechazo o la negatividad. El nuevo emprendedor debe evaluar el tiempo invertido, el capital en riesgo, la idea del negocio, pero, sobre todo, realizar un plan. Si buscas emprender tienes que confiar con un gramo de realidad para evitar perder y sentir que las ideas no valen la pena.

 

 

Navidad y felicidad

Hemos pasado la Navidad 2018, como siempre unos mejor que otros. No obstante pienso que existe una Navidad feliz. Es la que nace del corazón y de la amistad con Jesús y se expresa con obras fraternas y solidarias con los más necesitados, como, por ejemplo, los ancianos que viven solos, los impedidos y los enfermos. Es más feliz el que da que el que recibe.

Pero no podemos ignorar que la esencia o espíritu de la Navidad tiene el riesgo de oscurecerse en la actual sociedad consumista. La idolatría de las cosas puede distanciar al hombre de su Creador, incluso en el momento en el que se conmemora que Él vino a nuestro encuentro. Decía Aristóteles que la felicidad no está en lo efímero, sino en la vida honesta, conforme a la virtud.

Sin llegar al extremo de la idolatría, puede ocurrir que reduzcamos la Navidad a su “envoltura”, sin penetrar en su “meollo” o misterio; que nos quedemos en las típicas costumbres navideñas: decoración de la casa, poner el belén y el árbol de Navidad, cantar villancicos, etc. Todo eso está muy bien, porque son signos cristianos que sirven para crear un ambiente propicio en la familia, pero no es lo más importante. ¿Por qué? Porque es vivir la Navidad hacia afuera. Lo esencial es vivirla hacia adentro.

En las felicitaciones se unen dos palabras: “Navidad” y “felicidad”; esto significa que muchas personas vemos la Navidad como fuente potencial de felicidad ligada a su profundo mensaje: con el nacimiento de Cristo comienza la Redención, la plenitud de los tiempos. Fue el momento elegido por Dios para manifestar su amor a los hombres, entregándonos a su propio Hijo.

Este hecho debe llenar nuestras vidas; cada Navidad debe ser para nosotros un nuevo encuentro personal con Jesús, un nacimiento de Dios en el alma de cada uno, que posibilita una renovación de la vida espiritual.

JD Mez Madrid

 

 

El fundamento de la concordia

Con perspectivas diferentes, tanto el Papa Francisco como el rey Felipe VI han hablado en estas fechas navideñas de fraternidad y concordia como cimiento de la convivencia y la paz, el bien más preciado. El Papa subrayó en su tradicional mensaje navideño al mundo entero, que con su encarnación, el Hijo de Dios muestra que la salvación pasa a través del amor, la acogida y el respeto de nuestra humanidad, que se expresa en una gran variedad de etnias, lenguas y culturas. Como explicó Francisco, nuestras diferencias no son un daño o un peligro, son una riqueza. Y desde esa clave urgió a superar mediante el diálogo y el perdón los numerosos conflictos que atormentan a nuestro mundo.

Jesús Domingo Martínez

 

 

Por qué se empeña en apagar la Navidad

Una muestra son las "ciudades oscuras" que han pretendido imponer algunos alcaldes a pesar de las fechas. Como, por ejemplo, Ada Colau en Barcelona, y el inenarrable Kichi en Cádiz.

El presidente del Gobierno ha dejado al Palacio de La Moncloa sin belenes, a pesar de disponer de auténticas joyas históricas y artísticas.

Lo que se ha contado menos es que no pocos funcionarios y trabajadores del complejo presidencial que no son precisamente creyentes han mostrado su disgusto por esa decisión, y su pena al no ver en salas y vestíbulos unas representaciones tradicionales, tan arraigadas en España.

Lo cual ha provocado, de rebote, que algunos hayan optado por colocarlos por su cuenta en su despacho y zona de trabajo.

¿Se acuerdan de lo que ocurrió en Madrid, cuando Carmena quitó el belén monumental de la Puerta de Alcalá? Pues que madrileños particulares, incluyendo numerosas familias, se acercaron por su cuenta a colocar allí portales y figuras, que fueron llenando el espacio ajardinado.

Menos mal que este año la señora alcaldesa ha rectificado, y en ese lugar céntrico puede admirarse una artística escena navideña. Son tiempos pre electorales... pero bienvenida sea la rectificación.

Menos aún entiendo a quienes, de forma incivilizada, se han dedicado a atacar, desmontar y hasta destruir algunos belenes. Lo cual es, entre otras muchas cosas, muestra de un extraño complejo de inferioridad.

Deberían dejar en paz la Navidad. Y nunca mejor dicho.

Jesús Martínez Madrid

 

 

Quiero ser funcionario y vivir “de la teta estatal”

                                Es “el sueño del español y más si cabe de los padres de las criaturas”; aquí ello se considera “conquista vitalicia”, puesto que generalmente y salvo secuelas ya antiguas (como las de la guerra civil y sus perdedores) el chollo, dura de por vida y de él no te apartan por “casi nada del mundo”; además se considera que en muchos de ellos, o no haces nada, o haces “la nini nana” y a cobrar puntualmente, con menos horas de trabajo que el resto de la masa; más vacaciones, días libres, horas libres y en fin, lo que en España se considera “un chollo magnífico”, donde cobrar bien o mucho y no haces nada es lo que prima, cosa que presumían y presumen, esos “padres de las criaturas, que más que hijos, han parido lo que consideran príncipes o princesas y por tanto intocables y menos por las fatigas que el resto de españolitos han de pasar, simplemente para sobrevivir, pagando todo lo que se les exige y más; y careciendo de muchas cosas que las clases (“sí, en España sigue habiendo clases privilegiadas”) o castas hispanas, disfrutan una vez alcanzado el estatus de casta oficial; o sea “una delicia y de las que tratan de perpetuarse pese a quien pese y pase lo que pase”. Es claro que así fue y sigue yendo esta “inmortal España”.

                                En resumen es el pensamiento idiota de quienes creen que los recursos oficiales o del Estado, son inagotables y que allí, “hay miel para todo el que llega a su seno”. Consecuencia de ello es la ruina estatal en todos sus estamentos (nacional, provincial o simplemente municipal) cuando estos organismos y como “las gusaneras”, se llenan de parásitos de todo tipo y condición y donde la inmensa mayoría, no producen otra cosa que gastos, que se traducen en impuestos y que estos terminan por arruinar a todo el Estado, como ya ocurriera en el poderoso Imperio Romano.

                                En éste es en la época del emperador Caracalla cuando este mismo y con su propia voz exclama al saber los que ocurre en “su imperio”… ¡Ya somos más los contribuidos que los contribuyentes! Por lo que ello nos dice que es mentira lo que nos cuentan de que “fueron los bárbaros los que se cargaron el imperio; puesto que considerando la confesión de aquel emperador, los que se lo cargaron, fueron los inútiles administradores, o sea los propios funcionarios del Estado imperial, los que con sus excesivos derroches, terminaron por colapsar aquel imperio, que si llegó a tal estado fue cuando de verdad, dejó de ser práctico en sus austeridades y buena administración, que fue lo que le llevó a ser lo poderoso e influyente que fue… “y aún sigue siendo”.

                                ¿Qué ocurre hoy en este pobre mundo? Sencillo, ya que teniendo todas las modernas “democracias”, llenas a rebosar de parásitos, van llegando al colapso que les espera, puesto que vean la infinidad de departamentos oficiales que han creado y los impuestos ya confiscatorios que quieren cobrarnos y que nos cobran con toda impunidad; la pobreza que van creando y que va en aumento… y todo ello llegará a igual o peor exclamación de la de aquel emperador… ¡YA SON INFINITAMENTE MUCHOS MÁS, LOS CONTRIBUIDOS QUE LOS CONTRIBUYENTES! Y por consiguiente, llegado ese “crack”, de nuevo a un volver a empezar, puesto que el imbécil ser humano no aprende, ni con la Historia, ni simplemente observando su propio entorno, donde en casos individuales, empresariales o incluso sectoriales; ello se está produciendo con una abundancia que el que no lo vea, es que es “tonto de remate”.

                                En España, las dos comunidades más pobres o arruinadas que hay en la actualidad, son la de Extremadura y la de Andalucía; seguro que son las más cargadas de parásitos de todo tipo, de coches oficiales y de absurdos administrativos; y de limosnas, que a nada conducen… por aquello viejo y chino, de… “No des un pescado a un hombre… enséñalo a pescar”… Amén.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes