Las Noticias de hoy 26 Diciembre 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 26 de diciembre de 2018      

Indice:

ROME REPORTS

Urbi et Orbi. El Papa: “Navidad es fraternidad entre personas de toda nación y cultura”

Homilía del Papa en Nochebuena: Del pesebre al cenáculo Dios se dona a nosotros

Card. Parolin en Iraq: el Papa está cerca de ustedes

SAN ESTEBAN, PROTOMÁRTIR: Francisco Fernandez Carbajal

“Jesús está buscando todavía posada”: San Josemaria

Tiempo de Navidad: la luz de Belén: Juan Rego

Las primeras celebraciones de la Natividad en América

Misterio de Belén, misterio de Dios: Prisciliano Hernández Chávez

Navidad: Mensaje de Amor: Jutta Burggraf

Compras o Nacimiento de Jesús: ¿dónde poner la mirada?: Sheila Morataya

El cuarto Rey Mago: Daniel Tirapu

  LA NAVIDAD ES FELIZ SI MANTENEMOS SU SENTIDO:     Ing. José Joaquín Camacho                           

EL PORQUÉ DE LA NAVIDAD: Javier López

DESPEDIDOS DEL MUNDO, ¡UNÍOS!: René Mondragón

Formar una única nación mundial es antinatural: Plinio Corrêa de Oliveira

Mujeres que abortaron lamentan no haber encontrado más ayuda e información: ACI/InfoCatólica

La Redención, eje de la Historia: Plinio Corrêa de Oliveira

Todo opinable: Enric Barrull Casals

Y cada vez más mayores: Jesús Martínez Madrid

Los pobres nos ayudan:  Domingo Martínez Madrid

La invasión migratoria en Europa y otras: Antonio García Fuentes (Escritor y filósofo)

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Urbi et Orbi. El Papa: “Navidad es fraternidad entre personas de toda nación y cultura”

Este 25 de diciembre, en su tradicional Mensaje navideño y Bendición “Urbi et Orbi”, el Papa Francisco pidió: “Que en esta Navidad redescubramos los nexos de fraternidad que nos unen como seres humanos y vinculan a todos los pueblos”.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Que el Niño pequeño y con frío que contemplamos hoy en el pesebre proteja a todos los niños de la tierra y a toda persona frágil, indefensa y descartada. Que todos podamos recibir paz y consuelo por el nacimiento del Salvador y, sintiéndonos amados por el único Padre celestial, reencontrarnos y vivir como hermanos”, lo dijo el Papa Francisco en su Mensaje Navideño, pronunciado este martes 25 de diciembre, desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, desde donde impartió su bendición "a la ciudad y al mundo", en la Solemnidad de la Navidad de Jesús.

Lea también

 

Mensaje y Bendición Urbi et Orbi

25/12/2018

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Mensaje y Bendición Urbi et Orbi

Gozoso anuncio de Belén

Dirigiéndose a los fieles de Roma, a los peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro, y a todas las personas de todas las partes del mundo que siguieron a través de los medios de comunicación este mensaje, el Santo Padre les renovó el gozoso anuncio de Belén: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad».

“Como los pastores, que fueron los primeros en llegar a la gruta, contemplamos asombrados la señal que Dios nos ha dado: «Un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2,12)”

Dios es Padre bueno y nosotros somos todos hermanos

Pero, ¿qué nos dice este Niño, que nos ha nacido de la Virgen María? ¿Cuál es el mensaje universal de la Navidad? Nos dice que Dios es Padre bueno y nosotros somos todos hermanos. “Esta verdad – precisó el Pontífice – está en la base de la visión cristiana de la humanidad. Sin la fraternidad que Jesucristo nos ha dado, nuestros esfuerzos por un mundo más justo no llegarían muy lejos, e incluso los mejores proyectos corren el riesgo de convertirse en estructuras sin espíritu”.

Fraternidad entre personas de toda nación y cultura

Por eso, mi deseo de feliz Navidad, indicó el Papa Francisco,  es un deseo de fraternidad. Fraternidad entre personas de toda nación y cultura. Fraternidad entre personas con ideas diferentes, pero capaces de respetarse y de escuchar al otro. Fraternidad entre personas de diversas religiones. Jesús ha venido a revelar el rostro de Dios a todos aquellos que lo buscan.

Y el rostro de Dios se ha manifestado en un rostro humano concreto. No apareció como un ángel, sino como un hombre, nacido en un tiempo y un lugar. Así, con su encarnación, el Hijo de Dios nos indica que la salvación pasa a través del amor, la acogida y el respeto de nuestra pobre humanidad, que todos compartimos en una gran variedad de etnias, de lenguas, de culturas…, pero todos hermanos en humanidad.

Lea también

 

Homilía del Papa en Nochebuena: Del pesebre al cenáculo Dios se dona a nosotros

24/12/2018

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Homilía del Papa en Nochebuena: Del pesebre al cenáculo Dios se dona a nosotros

Nuestras diferencias son una riqueza

Entonces, nuestras diferencias, enfatiza el Papa Francisco, no son un daño o un peligro, son una riqueza. Como para un artista que quiere hacer un mosaico: es mejor tener a disposición teselas de muchos colores, antes que de pocos. La experiencia de la familia nos lo enseña: siendo hermanos y hermanas, somos distintos unos de otros, y no siempre estamos de acuerdo, pero hay un vínculo indisoluble que nos une, y el amor de los padres nos ayuda a querernos. Lo mismo vale para la familia humana, pero aquí Dios es el “padre”, el fundamento y la fuerza de nuestra fraternidad.

Los diferentes rostros de la fraternidad

Que en esta Navidad redescubramos los nexos de fraternidad que nos unen como seres humanos y vinculan a todos los pueblos. Que haga posible que israelíes y palestinos retomen el diálogo y emprendan un camino de paz que ponga fin a un conflicto que ―desde hace más de setenta años― lacera la Tierra elegida por el Señor para mostrar su rostro de amor.

La amada y martirizada Siria

Que el Niño Jesús permita a la amada y martirizada Siria que vuelva a encontrar la fraternidad después de largos años de guerra. Que la Comunidad internacional se esfuerce firmemente por hallar una solución política que deje de lado las divisiones y los intereses creados para que el pueblo sirio, especialmente quienes tuvieron que dejar las propias tierras y buscar refugio en otro lugar, pueda volver a vivir en paz en su patria.

África y Yemen

Pienso en Yemen, con la esperanza de que la tregua alcanzada por mediación de la Comunidad internacional pueda aliviar finalmente a tantos niños y a las poblaciones, exhaustos por la guerra y el hambre.

Pienso también en África, donde millones de personas están refugiadas o desplazadas y necesitan asistencia humanitaria y seguridad alimentaria. Que el divino Niño, Rey de la paz, acalle las armas y haga surgir un nuevo amanecer de fraternidad en todo el continente, y bendiga los esfuerzos de quienes se comprometen por promover caminos de reconciliación a nivel político y social.

La Península coreana

Que la Navidad fortalezca los vínculos fraternos que unen la Península coreana y permita que se continúe el camino de acercamiento puesto en marcha, y que se alcancen soluciones compartidas que aseguren a todos el desarrollo y el bienestar.

La amada Ucrania

Que el Señor que nace dé consuelo a la amada Ucrania, ansiosa por reconquistar una paz duradera que tarda en llegar. Solo con la paz, respetuosa de los derechos de toda nación, el país puede recuperarse de los sufrimientos padecidos y reestablecer condiciones dignas para los propios ciudadanos. Me siento cercano a las comunidades cristianas de esa región, y pido que se puedan tejer relaciones de fraternidad y amistad.

Centro América y Venezuela

Que este tiempo de bendición le permita a Venezuela encontrar de nuevo la concordia y que todos los miembros de la sociedad trabajen fraternalmente por el desarrollo del país, ayudando a los sectores más débiles de la población.

Que delante del Niño Jesús, los habitantes de la querida Nicaragua se redescubran hermanos, para que no prevalezcan las divisiones y las discordias, sino que todos se esfuercen por favorecer la reconciliación y por construir juntos el futuro del país.

Las comunidades minoritarias

Deseo recordar a los pueblos que sufren las colonizaciones ideológicas, culturales y económicas viendo lacerada su libertad y su identidad, y que sufren por el hambre y la falta de servicios educativos y sanitarios.

Dirijo un recuerdo particular a nuestros hermanos y hermanas que celebran la Natividad del Señor en contextos difíciles, por no decir hostiles, especialmente allí donde la comunidad cristiana es una minoría, a menudo vulnerable o no considerada. Que el Señor les conceda ―a ellos y a todas las comunidades minoritarias― vivir en paz y que vean reconocidos sus propios derechos, sobre todo a la libertad religiosa.

 

 

Homilía del Papa en Nochebuena: Del pesebre al cenáculo Dios se dona a nosotros

«El cuerpecito del Niño de Belén propone un modelo de vida nuevo: no devorar y acaparar, sino compartir y dar. Dios se hace pequeño para ser nuestro alimento. Nutriéndonos de él, Pan de Vida, podemos renacer en el amor y romper la espiral de la avidez y la codicia». Homilía del Papa en la Noche de Navidad

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

El canto de la Calenda resonó fuerte en la Basílica de San Pedro: fue el canto del Anuncio gozoso del nacimiento de nuestro Salvador, el pregón de Navidad, la buena noticia de Dios que asume la realidad de nuestra carne. La homilía del Papa en la Santa Misa de Nochebuena, comenzó situándose en la “subida” de María y José hacia Belén. Esta noche – dijo el Papa – también nosotros subimos a Belén para descubrir el misterio de la Navidad.  

El Romano Pontífice desarrolló su homilía en torno al lugar que vio nacer a Jesús en nuestro mundo, dividiéndola en dos partes: en la primera de ellas habló del significado del nombre Belén, es decir, la “casa del Pan”, mientras que en la segunda habló de Belén como “ciudad de David”.

Belén, la “casa del pan”

«En esta ‘casa’ – dijo - el Señor convoca hoy a la humanidad. Él sabe que necesitamos alimentarnos para vivir. Pero sabe también que los alimentos del mundo no sacian el corazón».

Francisco señaló que en la "casa del pan", Dios nace en un pesebre, y esto es como si nos dijera: “Aquí estoy para ustedes, como su alimento”. Jesucristo “no toma, sino que ofrece el alimento”, explicó. No da “algo”, sino que “se da a sí mismo”. Según el Sucesor de Pedro, este lugar es “el punto de inflexión” que cambia “el curso de la historia”.

El cuerpecito del Niño de Belén, un modelo de vida nuevo

En Belén Dios se hace pequeño para ser nuestro alimento: “Él sabe que necesitamos alimentarnos todos los días”, dijo el Papa Francisco, precisando que en ello descubrimos que Dios “no es alguien que toma la vida, sino Aquel que da la vida”:

«Al hombre, acostumbrado desde los orígenes a tomar y comer, Jesús le dice: ‘Tomad, comed: esto es mi cuerpo’ . El cuerpecito del Niño de Belén propone un modelo de vida nuevo: no devorar y acaparar, sino compartir y dar. Dios se hace pequeño para ser nuestro alimento. Nutriéndonos de él, Pan de Vida, podemos renacer en el amor y romper la espiral de la avidez y la codicia».

Amor, caridad y sencillez alimentan la vida

«Desde la ‘casa del pan’, - prosiguió el Papa - Jesús lleva de nuevo al hombre a casa, para que se convierta en un familiar de su Dios y en un hermano de su prójimo. Ante el pesebre, comprendemos que lo que alimenta la vida no son los bienes, sino el amor; no es la voracidad, sino la caridad; no es la abundancia ostentosa, sino la sencillez que se ha de preservar».

Del pesebre al cenáculo Dios se dona a nosotros

Como el Señor “sabe que necesitamos alimentarnos todos los días”, se ha ofrecido a nosotros "todos" los días de su vida, "desde el pesebre de Belén al Cenáculo de Jerusalén”:

«Todavía hoy, en el altar, se hace pan partido para nosotros: llama a nuestra puerta para entrar y cenar con nosotros. En Navidad recibimos en la tierra a Jesús, Pan del cielo: es un alimento que no caduca nunca, sino que nos permite saborear ya desde ahora la vida eterna».

La vida de Dios corre en las venas de la humanidad

El Santo Padre recordó que en Belén descubrimos que “la vida de Dios corre por las venas de la humanidad” y, “si la acogemos, la historia cambia a partir de cada uno de nosotros”. Esto porque “cuando Jesús cambia el corazón, el centro de la vida ya no es mi 'yo', hambriento y egoísta, sino Él, que nace y vive por amor”.

¿Cuál es mi alimento? ¿Necesito tantas cosas?

En este día en que muchos cristianos hacen un “balance” interior del año que está por terminar, el día en que conmemoramos y celebramos el nacimiento de nuestro Salvador, el Romano Pontífice invitó a hacernos algunas preguntas, guiándonos ante la imagen del pesebre, para reflexionar:

«Al estar llamados esta noche a subir a Belén, casa del pan, preguntémonos: ¿Cuál es el alimento de mi vida, del que no puedo prescindir?, ¿es el Señor o es otro?»

«Después, entrando en la gruta, individuando en la tierna pobreza del Niño una nueva fragancia de vida, la de la sencillez, preguntémonos: ¿Necesito verdaderamente tantas cosas, tantas recetas complicadas para vivir? ¿Soy capaz de prescindir de tantos complementos superfluos, para elegir una vida más sencilla? En Belén, junto a Jesús, vemos gente que ha caminado, como María, José y los pastores. Jesús es el Pan del camino».

¿Parto mi pan con quien no tiene?

A Jesús, siguió diciendo el Papa, “no le gustan las digestiones pesadas, largas y sedentarias, sino que nos pide levantarnos rápidamente de la mesa para servir, como panes partidos por los demás”.  Por ese motivo preguntó aún:

“En Navidad, ¿parto mi pan con el que no lo tiene?»

Belén, la ciudad de David

En la segunda parte de la homilía el Santo Padre se centró en la figura de David, joven pastor elegido por Dios para ser pastor y guía de su pueblo, y recordó que “en Navidad, en la ciudad de David, los que acogen a Jesús son precisamente los pastores”.

Nuestro Pastor todo lo vence

Francisco recordó que los pastores en aquella noche “se llenaron de gran temor”, pero allí estaba el ángel, que les dijo «No temáis»:

«Resuena muchas veces en el Evangelio este no temáis: parece el estribillo de Dios que busca al hombre. Porque el hombre, desde los orígenes, también a causa del pecado, tiene miedo de Dios: ‘me dio miedo […] y me escondí’, dice Adán después del pecado. Belén es el remedio al miedo, porque a pesar del ‘no’ del hombre, allí Dios dice siempre ‘sí’: será para siempre Dios con nosotros. Y para que su presencia no inspire miedo, se hace un niño tierno. No temáis: no se lo dice a los santos, sino a los pastores, gente sencilla que en aquel tiempo no se distinguía precisamente por la finura y la devoción. El Hijo de David nace entre pastores para decirnos que nadie estará jamás solo; tenemos un Pastor que vence nuestros miedos y nos ama a todos, sin excepción».

Los pastores vigilan la venida del señor y actúan

Haciendo una aproximación entre los pastores y nosotros, es decir, con los pastores del hoy que vamos al encuentro de Jesús, Francisco recordó el modo en que los pastores de entonces van a su encuentro, es decir, para señalarnos cuál debe ser nuestra actitud hoy. Pero el Papa también puso en guardia sobre la inactividad en la que se puede caer si lo esperamos en el sofá:

«Los pastores de Belén nos dicen también cómo ir al encuentro del Señor. Ellos velan por la noche: no duermen, sino que hacen lo que Jesús tantas veces nos pedirá: velar. Permanecen vigilantes, esperan despiertos en la oscuridad, y Dios ‘los envolvió de claridad’. Esto vale también para nosotros. Nuestra vida puede ser una espera, que también en las noches de los problemas se confía al Señor y lo desea; entonces recibirá su luz. Pero también puede ser una pretensión, en la que cuentan solo las propias fuerzas y los propios medios; sin embargo, en este caso el corazón permanece cerrado a la luz de Dios. Al Señor le gusta que lo esperen y no es posible esperarlo en el sofá, durmiendo. De hecho, los pastores se mueven: ‘fueron corriendo’, dice el texto. No se quedan quietos como quien cree que ha llegado a la meta y no necesita nada, sino que van, dejan el rebaño sin custodia, se arriesgan por Dios. Y después de haber visto a Jesús, aunque no eran expertos en el hablar, salen a anunciarlo, tanto que «todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores».

Correr el riesgo por Jesús es un acto de amor

«Esperar despiertos, ir, arriesgar, comunicar la belleza: son gestos de amor. El buen Pastor, que en Navidad viene para dar la vida a las ovejas, en Pascua le preguntará a Pedro, y en él a todos nosotros, la cuestión final: ‘¿Me amas?’ (Jn 21,15). De la respuesta dependerá el futuro del rebaño. Esta noche estamos llamados a responder, a decirle también nosotros: ‘Te amo’. La respuesta de cada uno es esencial para todo el rebaño».

Será Navidad cuando podré decirte....

La exhortación final del Papa en esta Navidad 2018 fue de ir hacia Belén como lo hicieron los pastores. Y aunque el camino, “también hoy, es en subida”, se debe “superar la cima del egoísmo”:

«Es necesario no resbalar en los barrancos de la mundanidad y del consumismo», dijo. Y concluyó: 

«Quiero llegar a Belén, Señor, porque es allí donde me esperas. Y darme cuenta de que tú, recostado en un pesebre, eres el pan de mi vida. Necesito la fragancia tierna de tu amor para ser, yo también, pan partido para el mundo. Tómame sobre tus hombros, buen Pastor: si me amas, yo también podré amar y tomar de la mano a los hermanos. Entonces será Navidad, cuando podré decirte: 'Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo'».

En el final de la celebración, como todos los años, el Santo Padre Francisco llevó la imagen del Niño Jesús hacia el pesebre situado en el interior de la Basílica Vaticana

 

 

Card. Parolin en Iraq: el Papa está cerca de ustedes

El Secretario de Estado Vaticano visita Iraq del 24 al 28 de diciembre. En la homilía de Navidad busca dar ánimo y esperanza a la comunidad cristiana golpeada por el largo conflicto bélico.

Manuel Cubías – Ciudad del Vaticano

Palabras de esperanza

El Cardenal Parolin celebró la misa de Navidad en la Catedral Latina de Bagdad. Desde allí saludó a la comunidad cristiana. Su mensaje busca ser una noticia de ánimo y esperanza para una comunidad que se ha visto debilitada a causa de la violencia:

“Estamos acostumbrados a oír malas noticias. Las dificultades abundan en todo el mundo, los desafíos se multiplican y se vuelven cada vez más complejos. En los últimos años, en su país y en su región, ustedes han vivido la trágica e injusta experiencia de la violencia y el terrorismo, han sufrido mucho, junto con todos sus compatriotas”.

Las palabras del Cardenal Parolin resuenan, cómo el nacimiento del niño Jesús : “ La alegre noticia, la palabra de consuelo, el anuncio de la salvación: "Tu Dios reina" (Is 52, 7) nos llega a nosotros y al pueblo de Israel que estaba en el exilio. Sorprendámonos una vez más con esta buena noticia… La Palabra se hizo carne y vino a habitar entre nosotros". (Gv l, 14). Es una palabra de amor, una palabra de reconciliación, una palabra de paz!”.

Sostenerse mutuamente

“Les exhorto a seguir viviendo su pertenencia a la Iglesia y su misión con generosidad y gratitud, con confianza y esperanza, en esta tierra donde comenzó la historia de la salvación, que hoy continúa a través de ustedes. Es una historia marcada por las tribulaciones y el dolor, pero nunca desprovista de la fidelidad y el apoyo de Dios. Tengan también la seguridad de que el Santo Padre Francisco está cerca de ustedes, los lleva en su corazón y reza siempre por ustedes. Gracias por tu testimonio de fe”.

 

SAN ESTEBAN, PROTOMÁRTIR

— Calumnias y persecuciones de diversa naturaleza por seguir a Jesucristo.

— También hoy existe la persecución. Modo cristiano de reaccionar.

— El premio por haber padecido algún género de persecución por Jesucristo. Fomentar también la esperanza del Cielo.

I. Las puertas del Cielo se han abierto para Esteban, el primero de los mártires; por eso ha recibido el premio de la corona del triunfo1.

Apenas hemos celebrado el Nacimiento del Señor y ya la liturgia nos propone la fiesta del primero que dio su vida por ese Niño que acaba de nacer. «Ayer, Cristo fue envuelto en pañales por nosotros; hoy, cubre Él a Esteban con vestidura de inmortalidad. Ayer, la estrechez de un pesebre sostuvo a Cristo niño; hoy, la inmensidad del Cielo ha recibido a Esteban triunfante»2.

La Iglesia quiere recordar que la Cruz está siempre muy cerca de Jesús y de los suyos. En la lucha por la justicia plena –la santidad– el cristiano se encuentra con situaciones difíciles y acometidas de los enemigos de Dios en el mundo. El Señor nos previene: Si el mundo os odia, sabed que antes me ha odiado a mí... Acordaos de la palabra que os he dicho: no es el siervo más que su señor. Si me han perseguido a mí, también a vosotros os perseguirán3. Y desde el mismo comienzo de la Iglesia se ha cumplido esta profecía. También en nuestros días vamos a sufrir dificultades y persecución, en un grado u otro y en diferentes formas, por seguir de verdad al Señor. «Todos los tiempos son de martirio –nos dice San Agustín–. No se diga que los cristianos no sufren persecución, no puede fallar la sentencia del Apóstol (...): Todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, padecerán persecución (2 Tim 3, 12). Todos, dice, a nadie excluyó, a nadie exceptuó. Si quieres probar si es cierto ese dicho, empieza tú a vivir piadosamente y verás cuánta razón tuvo para decirlo»4.

En los mismos comienzos de la Iglesia, los primeros cristianos de Jerusalén sufrirán la persecución de las autoridades judías. Los Apóstoles fueron azotados por predicar a Cristo Jesús y lo sufrieron con alegría: salieron gozosos de la presencia del Sanedrín, porque habían sido hallados dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jesús5.

Los Apóstoles recordarían, sin duda, las palabras del Señor: Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el Cielo: de la misma manera persiguieron a los profetas que os precedieron6.

«No se dice que no sufrieron, sino que el sufrimiento les causó alegría. Lo podemos ver por la libertad que acto seguido usaron: inmediatamente después de la flagelación se entregaron a la predicación con admirable ardor»7.

Poco tiempo después, la sangre de Esteban8, derramada por Cristo, será la primera, y ya no ha cesado hasta nuestros días. De hecho, cuando Pablo llegó a Roma, los cristianos ya eran conocidos por el signo inconfundible de la Cruz y de la contradicción: de esta secta –dicen a Pablo los judíos romanos– lo único que sabemos es que por todas partes sufre contradicción9.

El Señor, cuando nos llama o nos pide algo, conoce bien nuestras limitaciones, y las dificultades que encontraremos en el camino. Jesús no deja de estar a nuestro lado cuando llega la hora de la dificultad, ayudándonos con su gracia: En el mundo tendréis tribulación, pero confiad: Yo he vencido al mundo10, nos dice.

Nada nos debe extrañar si alguna vez en nuestro andar hacia la santidad hemos de sufrir alguna tribulación, pequeña o grande, por ser fieles a nuestro camino en un mundo con perfiles paganos. Pediremos entonces al Señor imitar a San Esteban en su fortaleza, en su alegría y en el afán de dar a conocer la verdad cristiana, también en esas circunstancias.

II. No siempre la persecución ha sido de la misma forma. Durante los primeros siglos se pretendió destruir la fe de los cristianos con la violencia física. En otras ocasiones, sin que esta desapareciera, los cristianos se han visto –se ven– oprimidos en sus derechos más elementales, o se trata de llevar la desorientación al pueblo sencillo con campañas dirigidas a minar su fe. Incluso en tierras de gran solera cristiana se ponen todo tipo de trabas y dificultades para educar cristianamente a los propios hijos, o se priva a los cristianos, por el mero hecho de serlo, de las justas oportunidades profesionales.

No es infrecuente que, en sociedades que se llaman libres, el cristiano tenga que vivir en un ambiente claramente adverso. Puede darse entonces la persecución solapada, con la ironía que trata de ridiculizar los valores cristianos o con la presión ambiental que pretende amedrentar a los más débiles: se trata de la dura persecución no sangrienta, que no infrecuentemente se vale de la calumnia y de la maledicencia. «En otros tiempos –dice San Agustín– se incitaba a los cristianos a renegar de Cristo; ahora se enseña a los mismos a negar a Cristo. Entonces se impelía, ahora se enseña; entonces se usaba de la violencia, ahora de insidias; entonces se oía rugir al enemigo; ahora, presentándose con mansedumbre insinuante y rondando, difícilmente se le advierte. Es cosa sabida de qué modo se violentaba a los cristianos a negar a Cristo: procuraban atraerlos a sí para que renegasen; pero ellos, confesando a Cristo, eran coronados. Ahora se enseña a negar a Cristo y, engañándolos, no quieren que parezca que se los aparta de Cristo»11. Parece que el santo hablara de nuestros días.

También quiso prevenir el Señor a los suyos para que no se desconcertaran ante la contradicción que viene no ya de los paganos, sino de los mismos hermanos en la fe, que con esa actuación injusta, movida ordinariamente por envidias, celotipias y faltas de rectitud de intención, piensan que hacen un servicio a Dios12. Todas las contradicciones, pero esas especialmente, hay que sobrellevarlas junto al Señor en el Sagrario; allí adquiere especial fecundidad el apostolado que estemos llevando a cabo entonces.

Esas circunstancias expresan una especial llamada del Señor a estar unidos a Él mediante la oración. Son momentos en los que se deben poner de manifiesto la fortaleza y la paciencia, sin devolver nunca mal por mal. Es más, nuestra vida interior necesita incluso de contradicciones y de obstáculos para ser fuerte y consistente. De esas pruebas, el alma, con la ayuda del Señor, sale más humilde y purificada. Gustaremos de una manera especial la alegría del Señor y podremos decir como San Pablo: Estoy lleno de consuelo, reboso de gozo en todas nuestras tribulaciones13.

Señor, concédenos la gracia de imitar a tu mártir San Esteban, que oraba por los verdugos que le daban tormento, para que nosotros aprendamos a amar a nuestros enemigos14.

III. El cristiano que padece persecución por seguir a Jesús sacará de esta experiencia una gran capacidad de comprensión y el propósito firme de no herir, de no agraviar, de no maltratar. El Señor nos pide, además, que oremos por quienes nos persiguen15, veritatem facientes in caritate16. Estas palabras de San Pablo nos llevan a enseñar la doctrina del Evangelio sin faltar a la caridad de Jesucristo.

La última de las Bienaventuranzas acaba con una promesa apasionada del Señor: Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y os calumnien por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo17. El Señor es siempre buen pagador.

Esteban fue el primer mártir del cristianismo y murió por proclamar la verdad. También nosotros hemos sido llamados para difundir la verdad de Cristo sin miedo, sin disimulos: no temáis a los que matan el cuerpo y no pueden matar el alma18. Por eso no podemos ceder ante los obstáculos, cuando se trata de proclamar la doctrina salvadora de Cristo, de forma que se nos pueda decir: «No tengas miedo a la verdad, aunque la verdad te acarree la muerte»19.

El día en que los cristianos son perseguidos, calumniados o maltratados por ser discípulos de Jesús, es para ellos un día de victoria y de ganancia: Vuestra recompensa será grande en los cielos. También en esta vida paga el Señor con creces, pero será en la otra donde nos espera, si somos fieles, un inmenso premio. Aquí la alegría no puede ser plena; pero cuando estamos cerca del Señor, por la oración y los sacramentos, gozamos de un anticipo de la felicidad eterna. Tengo por cierto, escribía San Pablo a los primeros cristianos de Roma, que los padecimientos del tiempo presente no son nada en comparación de la gloria que ha de manifestarse en nosotros20.

La historia de la Iglesia muestra que a veces las tribulaciones hacen que una persona se acobarde y enfríe su trato con Dios; y en otras ocasiones, por el contrario, hacen madurar a las almas santas, que cargan con la cruz de cada día y siguen a Cristo identificados con Él. Vemos constantemente esa doble posibilidad: una misma dificultad –una enfermedad, incomprensiones, etcétera–, tiene distinto efecto según las disposiciones del alma. Si queremos ser santos es claro que nuestras disposiciones han de ser las de seguir siempre de cerca al Señor, a pesar de todos los obstáculos.

En momentos de contrariedades es de gran ayuda fomentar la esperanza del Cielo. Nos ayudará a ser firmes en la fe ante cualquier género de persecución o de intento de desorientación. «Y con ir siempre con esta determinación de antes morir que dejar de llegar al fin del camino, si os llevare el Señor con alguna sed en este camino de la vida, daros ha de beber con toda abundancia en la otra y sin temor de que os haya de faltar»21.

En épocas de dificultades externas hemos de ayudar a nuestros hermanos en la fe a ser firmes ante esas contrariedades. Les prestaremos una gran ayuda con nuestro ejemplo, con nuestra palabra, con nuestra alegría, con nuestra fidelidad y nuestra oración; y hemos de poner especial delicadeza al vivir con ellos la caridad fraterna en esos momentos, porque el hermano, ayudado por su hermano, es como una ciudad amurallada22; es inexpugnable.

La Virgen, Nuestra Madre, está particularmente cerca en todas las circunstancias difíciles. Hoy nos encomendamos también de modo especial al primer mártir que dio su vida por Cristo, para que seamos fuertes en todas nuestras tribulaciones.

1 Antífona de entrada de la Misa. — 2 San Fulgencio, Sermón, 3. — 3 Jn 15, 18-20. — 4 San Agustín, Sermón, 6, 2. — 5 Hech 5, 41. — 6 Mt 5, 11-12. — 7 San Juan Crisóstomo, Hom. sobre los Hechos de los Apóstoles, 14. — 8 Cfr. Hech 7, 54-60. 9 Hech 28, 22. — 10 Jn 16, 33. 11 San Agustín, Comentarios sobre salmos, 39, 1. 12 Jn 16, 2. — 13 2 Cor 7, 4. — 14 Oración colecta de la Misa. — 15 Cfr. Mt 5, 44. — 16 Ef 4, 15. — 17 Mt 5, 11. — 18 Mt 10, 28. — 19 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 34. 20 Rom 8, 18. — 21 Santa Teresa, Camino de perfección, 20, 2. — 22 Prov 18, 19.

 

 

“Jesús está buscando todavía posada”

Jesús nació en una gruta de Belén, dice la Escritura, “porque no hubo lugar para ellos en el mesón”. –No me aparto de la verdad teológica, si te digo que Jesús está buscando todavía posada en tu corazón. (Forja, 274)

No me aparto de la verdad más rigurosa, si os digo que Jesús sigue buscando ahora posada en nuestro corazón. Hemos de pedirle perdón por nuestra ceguera personal, por nuestra ingratitud. Hemos de pedirle la gracia de no cerrarle nunca más la puerta de nuestras almas.
No nos oculta el Señor que esa obediencia rendida a la voluntad de Dios exige renuncia y entrega, porque el Amor no pide derechos: quiere servir. El ha recorrido primero el camino. Jesús, ¿cómo obedeciste tú? Usque ad mortem, mortem autem crucis, hasta la muerte y muerte de la cruz. Hay que salir de uno mismo, complicarse la vida, perderla por amor de Dios y de las almas. He aquí que tú querías vivir, y no querías que nada te sucediera; pero Dios quiso otra cosa. Existen dos voluntades: tu voluntad debe ser corregida, para identificarse con la voluntad de Dios; y no la de Dios torcida, para acomodarse a la tuya.
Yo he visto con gozo a muchas almas que se han jugado la vida ‑como tú, Señor, usque ad mortem‑, al cumplir lo que la voluntad de Dios les pedía: han dedicado sus afanes y su trabajo profesional al servicio de la Iglesia, por el bien de todos los hombres.
Aprendamos a obedecer, aprendamos a servir: no hay mejor señorío que querer entregarse voluntariamente a ser útil a los demás. Cuando sentimos el orgullo que barbota dentro de nosotros, la soberbia que nos hace pensar que somos superhombres, es el momento de decir que no, de decir que nuestro único triunfo ha de ser el de la humildad. Así nos identificaremos con Cristo en la Cruz, no molestos o inquietos o con mala gracia, sino alegres: porque esa alegría, en el olvido de sí mismo, es la mejor prueba de amor. (Es Cristo que pasa, 19)

 

 

Tiempo de Navidad: la luz de Belén

Dentro de la serie de editoriales sobre el Año Litúrgico, publicamos uno referente a la Navidad, momento en el que recordamos que Jesús nació "para iluminar nuestro camino sobre la tierra".

Año Litúrgico26/12/2015

Opus Dei - Tiempo de Navidad: la luz de Belén

Cristo, redentor del mundo, Unigénito del Padre, nacido inefablemente del Padre antes de todos los tiempos, «Christe, redemptor omnium, / ex Patre, Patris Unice, / solus ante principium / natus ineffabiliter»[1]. Estas palabras, las primeras que la Iglesia pronuncia cada año al inicio del tiempo de Navidad, nos introducen en la vida íntima de Dios. Las celebraciones litúrgicas durante estos días, los ratos de meditación delante del Belén, la vida familiar más intensa, nos quieren ayudar a contemplar a la Palabra que se ha hecho Niño; a mirarlo «con las disposiciones humildes del alma cristiana» que no quiere «reducir la grandeza de Dios a nuestros pobres conceptos (...) sino comprender que ese misterio, en su oscuridad, es una luz que guía la vida de los hombres»[2].

Una luz que nos lleva al Padre

«Dios es luz»[3]: en Él no hay oscuridad. Cuando interviene en la historia de los hombres, las tinieblas se disipan. Por eso, en el día de Navidad cantamos: «lux fulgebit hodie super nos, quia natus est nobis Dominus»[4]; una luz nos envolverá en su resplandor, porque el Señor ha nacido para nosotros.

«Dios es luz»: en Él no hay oscuridad. Cuando interviene en la historia de los hombres, las tinieblas se disipan.

Jesucristo, el Verbo Encarnado, nace para iluminar nuestro camino en la tierra; nace para mostrarnos el rostro amable del Padre y revelar el misterio de un Dios que no es un ser solitario, sino Padre, Hijo y Espíritu Santo. En la eternidad el Padre genera al Hijo en un acto perfectísimo de Amor que hace del Verbo el Hijo Amado: del «Padre de las luces»[5] procede Aquel que es «Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero»[6]. Aunque esa generación de Luz es inefable y nuestros ojos no pueden percibirla aquí en la tierra, el Señor no nos ha dejado en las tinieblas: nos ha dejado un signo en el que atisbar algo de tal misterio. Ese signo es el nacimiento virginal de Jesús en la noche de Belén.

«La virginidad de María manifiesta la iniciativa absoluta de Dios en la Encarnación. Jesús no tiene como Padre más que a Dios»[7]. El único Hijo de María es el Unigénito del Padre; el nacido inefablemente del Padre antes de todos los tiempos, nace también de modo inefable de una Madre Virgen. Por eso, la Iglesia canta «talis partus decet Deus»[8], un nacimiento así de admirable convenía a la dignidad de Dios. Se trata de un misterio que revela, a los que son humildes, el resplandor de la gloria divina[9]. Si nos acercamos al Niño con sencillez, como la de los pastores que acuden con premura a la gruta[10], o como la de los Magos que «postrándose le adoraron»[11], podremos reconocer, en la luz que irradia la faz del Niño, el reverberar de su generación eterna.

El inicio del camino hacia la Pascua

«Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre porque no había sitio para ellos en la posada»[12]. Es fácil imaginar la alegría que María había experimentado desde el momento de la Anunciación. Un gozo que iría creciendo conforme pasaban los días y el Hijo de Dios se iba formando en su seno. Sin embargo, a Nuestra Señora y a san José no se les ahorró toda amargura. La noche santa del nacimiento del Redentor está marcada por la dureza y la frialdad del corazón humano: «vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron»[13]. De este modo, si el nacimiento sin dolor anticipaba la gloria del Reino, anticipaba también la “hora” de Jesús, en la que daría su vida por amor a las criaturas: «Sus brazos -lo admiramos de nuevo en el pesebre- son los de un Niño: pero son los mismos que se extenderán en la Cruz, atrayendo a todos los hombres»[14].

La noche santa del nacimiento del Redentor está marcada por la dureza y la frialdad del corazón humano: «vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron».

En la liturgia del tiempo de Navidad, la Iglesia nos invita a recordar el inicio de aquella pasión de Amor de Dios por los hombres que culmina con la celebración anual de la Pascua. De hecho, a diferencia de la Pascua anual, la fiesta de la Natividad del Señor no comenzó a celebrarse litúrgicamente hasta bien entrado el siglo IV, conforme el calendario reflejaba cada vez más la unidad de todo el misterio de Cristo. Por eso, al celebrar el nacimiento de Jesús y dejarnos tocar por su ternura de Niño, el sentido de su venida a la tierra se actualiza, como canta aquel villancico que tantos recuerdos traía a san Josemaría: «Yo bajé a la tierra para padecer». La Navidad y la Pascua están unidas no solo por la luz, sino también por la potencia de la Cruz gloriosa.

«Dum medium silentium… Cuando un sosegado silencio todo lo envolvía y la noche se encontraba en la mitad de su carrera, tu Palabra omnipotente, cual implacable guerrero, descendió del cielo, desde el trono real»[15]. Son palabras del libro de la Sabiduría, que hacen referencia inmediata a la Pascua antigua, al Éxodo en que fueron liberados los israelitas. La liturgia las emplea con frecuencia en el tiempo de Navidad para presentarnos, a través de contrastes, la figura del Verbo que viene a la tierra. El que es inabarcable se circunscribe en el tiempo; el Dueño del mundo no encuentra sitio en su mundo; el Príncipe de la Paz desciende como «implacable guerrero» desde su trono real. De este modo, podemos comprender que el nacimiento de Jesús es el fin de la tiranía del pecado, el inicio de la liberación de los hijos de Dios. Jesús nos ha liberado del pecado gracias a su misterio Pascual. Es la “hora” que atraviesa y guía toda la historia humana.

Jesús toma una naturaleza como la nuestra, con sus debilidades, para liberarnos del pecado a través de su muerte. Esto solo se puede comprender desde el amor, pues el amor pide la unión, pide compartir la misma suerte que la persona amada: «La única norma o medida que nos permite comprender de algún modo esa manera de obrar de Dios es darnos cuenta de que carece de medida: ver que nace de una locura de amor, que le lleva a tomar nuestra carne y a cargar con el peso de nuestros pecados»[16]

A Dios «no le importan las riquezas, ni los frutos ni los animales de la tierra, del mar o del aire, porque todo eso es suyo; quiere algo íntimo, que hemos de entregarle con libertad: dame, hijo mío, tu corazón» (San Josemaría).

El Señor quiso tener un corazón de carne como el nuestro para traducir al lenguaje humano la locura del amor de Dios por cada una, por cada uno. Por eso, la Iglesia se regocija al exclamar: «Puer natus est nobis»[17], nos ha nacido un Niño. Porque Él es el Mesías esperado por el pueblo de Israel, su misión tiene un alcance universal. Jesús nace para todos, «se ha unido, en cierto modo, con todo hombre»[18], no se avergüenza de llamarnos “hermanos” y quiere alabar con nosotros la bondad del Padre. Es lógico que en los días de la Navidad vivamos de modo especial la fraternidad cristiana, que queramos a todas las personas sin hacer distinciones de proveniencia o capacidades. Hemos de acoger el amor liberador de Jesús, que nos saca de la esclavitud de nuestras malas inclinaciones, derrumba los muros entre los hombres, para hacernos finalmente «hijos en el Hijo»[19].

Un misterio que ilumina a la familia

«Las fiestas en torno al misterio de la Encarnación (Anunciación, Navidad, Epifanía) conmemoran el comienzo de nuestra salvación y nos comunican las primicias del misterio de la Pascua»[20]. Estas primicias provienen siempre del contacto con Jesús, de las relaciones que se crean en torno al Niño que, como las de cualquier niño que viene al mundo, son en primer lugar relaciones familiares. La luz del Niño se extiende, pues, en primer lugar a María y a José, y desde ellos a todas las familias.

Dentro del tiempo de Navidad, la fiesta de la Sagrada Familia nos recuerda que las familias cristianas están llamadas a reflejar la luz del hogar de Nazaret. Son un don del Padre celestial, que quiere que haya en el mundo oasis en los que el amor haya sido liberado de la esclavitud del egoísmo. Las lecturas de la fiesta proponen algunos consejos para hacer santa la vida familiar: «revestíos de entrañas de misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga queja contra otro; como el Señor os ha perdonado, hacedlo así también vosotros»[21]. Se trata de actitudes concretas para hacer realidad esa gran paradoja del Evangelio: que solo la renuncia y el sacrificio conducen al verdadero amor.

La octava de Navidad se cierra con la solemnidad de Santa María Madre de Dios. Esta fiesta empezó a celebrarse en Roma, posiblemente en relación con la dedicación de la iglesia de Santa María ad martyres, situada en el Pantheon. Esta celebración nos trae a la memoria que el Hijo de Dios es también Hijo de aquella que creyó en las promesas de Dios[22], y que Él se ha hecho carne para redimirnos. Así, pocos días después festejamos el Nombre de Jesús, ese nombre en el que encontramos consuelo en nuestra oración, pues nos recuerda que el Niño que adoramos se llama Jesús porque nos salva de nuestros pecados[23].

La salvación para todos los hombres

Los últimos días del ciclo de Navidad conmemoran la fuerza expansiva de la Luz de Dios, que quiere reunir a todos los hombres en la gran familia de Dios. El rito romano conmemoraba antiguamente en la fiesta del Bautismo del Señor también la “manifestación” a los Magos de Oriente -primicias de los gentiles- y las bodas de Caná, primera manifestación de la gloria de Jesús a sus discípulos. Aunque la liturgia romana celebra hoy estas “epifanías” en días distintos, quedan algunos ecos de esa tradición que han conservado las liturgias orientales. Uno de ellos es una antífona del mismo 6 de enero: «Hoy la Iglesia se ha unido a su celestial Esposo, porque en el Jordán Cristo la purifica de sus pecados; los magos acuden con regalos a las bodas del Rey y los invitados se alegran por el agua convertida en vino»[24].

En la solemnidad de la Epifanía la Iglesia invita a seguir el ejemplo de los Magos, que perseveran en la búsqueda de la Verdad, no tienen miedo a preguntar cuando pierden la luz de la estrella y encuentran su propia grandeza adorando al Niño recién nacido. Como ellos, también nosotros queremos darle todo lo mejor, conscientes de que dar es propio de enamorados y que al Señor «no le importan las riquezas, ni los frutos ni los animales de la tierra, del mar o del aire, porque todo eso es suyo; quiere algo íntimo, que hemos de entregarle con libertad: dame, hijo mío, tu corazón (Pr 23, 26)»[25].

Festejar el Bautismo

La fiesta del Bautismo del Señor cierra el tiempo de Navidad. Nos invita contemplar a Jesús que se abaja para santificar las aguas, para que en el sacramento del Bautismo nos podamos unir a su Pascua: «Nosotros, con el Bautismo, somos inmersos en esa fuente inagotable de vida que es la muerte de Jesús, el más grande acto de amor de toda la historia»[26]. Por eso, como dice el papa Francisco, es natural que recordemos con alegría la fecha en que recibimos este sacramento: «Conocer la fecha de nuestro Bautismo es conocer una fecha feliz. El riesgo de no conocerla es perder la memoria de lo que el Señor ha hecho con nosotros; la memoria del don que hemos recibido»[27]. Así hacía San Josemaría, que cada 13 de enero recordaba con agradecimiento a sus padrinos y al mismo sacerdote que le había bautizado[28]. En uno de sus últimos cumpleaños en la tierra, al salir del oratorio de Santa María de la Paz después de haber celebrado la Misa, se detuvo un momento ante la pila bautismal, la besó, y apostilló: «Me da mucha alegría besarla. Aquí me hicieron cristiano».

Cada tres años, en el primer domingo después del Bautismo del Señor se proclama el evangelio de las bodas de Caná. Al inicio del Tiempo Ordinario, se nos recuerda que la luz que resplandeció en Belén y en el Jordán no es un paréntesis en nuestra vida, sino una fuerza transformadora que quiere llegar a toda la sociedad a partir de su núcleo, las relaciones familiares. La transformación del agua en vino nos sugiere que las realidades humanas, incluido el trabajo de cada día bien hecho, se pueden transformar en algo divino. Jesús nos pide que llenemos las tinajas «usque ad summum»[29], que con la ayuda de su gracia colmemos hasta el borde nuestros esfuerzos, para que nuestra vida adquiera valor sobrenatural. En esta tarea de santificar la labor cotidiana encontramos de nuevo a Santa María: la misma que nos ha mostrado al Niño en Belén, nos dirige hacia el Maestro con aquel consejo seguro: «¡Haced lo que Él os diga!»[30].

Juan Rego


[1] Himno Christe, redemptor omnium, I Vísperas de Navidad.

[2] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 13.

[3] 1 Jn 1, 5.

[4] Cfr. Misal Romano, Natividad del Señor, Ad Missam in aurora, Antífona de entrada (Cfr. Is 9, 2.6).

[5] St 1, 17.

[6] Símbolo Niceno-Constantinopolitano.

[7] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 503.

[8] Himno Veni, Redemptor Gentium.

[9] Cfr. Hb 1, 3.

[10] Cfr. Lc 2,16.

[11] Mt 2, 11.

[12] Lc 2, 6-7.

[13] Jn 1, 11.

[14] Es Cristo que pasa, n. 38.

[15] Sb 18, 14-15.

[16] Es Cristo que pasa, n. 144.

[17] Cfr. Misal Romano, Natividad del Señor, Ad Missam in die, Antífona de entrada (Cfr. Is 9, 6).

[18] Concilio Vaticano II, Const. Past. Gaudium et spes, n. 22.

[19] Ibidem.

[20] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1171.

[21] Col 3, 12-13 (2ª lectura de la fiesta de la Sagrada Familia).

[22] Cfr. Lc 1, 45

[23] Mt 1, 21.

[24] Antífona ad Benedictus, Laudes del 6 de enero.

[25] Es Cristo que pasa, n. 35.

[26] Francisco, Audiencia general, 8-I-2014.

[27] Ibidem.

[28] Cfr. A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. I, Rialp, Madrid 1997, pp. 14-15.

[29] Jn 2, 7.

[30] Jn 2, 5.

 

Las primeras celebraciones de la Natividad en América

Las primeras celebraciones de la Natividad en América

La Nochebuena se celebró pronto en la América española, prácticamente desde el primer momento del descubrimiento. Tras aquella jornada histórica del 12 de octubre de 1492, se sucedieron las exploraciones.

Colón y sus hombres llegaron a La Española, la actual isla que comparten Haití y la República Dominicana. Era ya diciembre y, mientras exploraban el territorio y tomaban contacto con los indígenas, llegó la Nochebuena. El Diario de a bordo, redactado por Colón, habla de lo acontecido en aquellos días. Y aunque no está consignado, se cree que llegado el día 25 hubo fiesta y celebración de la Navidad, pues la religiosidad de los españoles en aquella época era muy profunda, y ésta era una de las tres grandes fiestas religiosas del año.

Al final del día, hacia la medianoche, el almirante se despertó a consecuencia de un gran ruido y una fuerte sacudida. La Santa María había encallado y se hallaba inclinada con una vía de agua abierta en su costado. La nave se hundía y los marineros abandonaron el barco.

El miércoles 26 de diciembre Colón ordenó que se sacase cuanto se pudiera aprovechar de la nao. Colón creyó que el accidente había sido providencial y que con este naufragio Dios estaba mostrando su voluntad de que algunos hombres fundasen una villa en la que establecerse en ese preciso momento. De este modo surgió el Fuerte de Navidad, así llamado por haberse producido el accidente en el día citado.

Junto con el proceso de descubrimiento y conquista, tuvo lugar una intensa evangelización de las nuevas poblaciones, ahora convertidas en españolas.

La celebración de las fiestas de Navidad, por tanto, se dio desde los inicios, no sólo para los peninsulares sino también para los nativos. Tengamos presente que la difusión del Evangelio estaba considerada por la Corona española como una de sus principales obligaciones, si no la primera.

En general, y pese a dificultades de gran magnitud tales como las dimensiones del territorio, los resultados alcanzados fueron extraordinarios. En pocas décadas los misioneros habían predicado y bautizado a la mayor parte de la población. El esfuerzo humano y material había sido formidable, así que no es de extrañar que también lo fuesen los resultados, visibles entre otros muchos aspectos en la aceptación de la Navidad entre los indios.

Extractado del libro «Breve historia de la Navidad», de Francisco José Gómez Fernández (2013).

ELEMENTOS INDÍGENAS DE LA NAVIDAD EN MÉXICO

Por Francisco José Gómez

Los principales momentos de la celebración de la Natividad de Jesús eran los mismos que en la España peninsular, aunque existían costumbres locales, procedentes por lo general de la cultura indígena, que le conferían un carácter propio.

En este tiempo tenía lugar la celebración de «Las Posadas», una costumbre que consistía en la realización de un novenario, nueve Misas o Rosarios entre el 6 y el 14 de diciembre, en los que se seguía figuradamente el viaje que realizaron José y María entre Galilea y Belén. Las nueve Misas recordaban también los nueve meses de gestación de Jesús. La ceremonia, o los rezos, se oficiaban una vez que se había puesto el sol, en plazas y calles, iluminadas por velas. El padre de esta tradición fue el fraile agustino Diego de Soria, que en 1587 logró el permiso del Papa Sixto V para celebrar el novenario.

Una vez llegado el día 24, la convocatoria a la Misa de Gallo se hacía al toque de tambores y trompetas, hasta la llegada de las primeras campanas. Al acabar la citada Misa se ponía al Niño en el pesebre del belén y comenzaban los regocijos propios de estas festividades de la Natividad. La tradición de colocar belenes llegó tempranamente a la América española. Pronto aparecieron escuelas autóctonas y tipologías de nacimientos, y durante los siglos XVII y XVIII se realizaron grandes cantidades de figuritas de tal gusto y calidad que llegaron a exportarse.

El día de Navidad era la jornada festiva por excelencia, en la que se acostumbraba romper la piñata. Y al igual que en España se representaban autos de Navidad, en América se hizo lo propio con las pastorelas.

 

 

Misterio de Belén, misterio de Dios

Misterio de Belén, misterio de Dios

Por P.Prisciliano Hernández Chávez, CORC.

A veces constatamos en la alegría bullanguera de los niños una afirmación que invita a contemplar su horizonte: “yo ya soy una niña o un niño grande”, aunque tenga dificultades para hablar y mantenerse quieto. No permiten que se les trate como un bebé, aunque todavía plácidamente tomen su mamila y adopten posees de bebé. Pero lo grave es que los grandes muy pronto olvidamos que fuimos bebés; como lo señala Antoine de Exupéry: “todas las personas mayores han sido niños antes. Pero pocas lo recuerdan”. Y esta es una tragedia, porque de los niños es el Reino de los Cielos; Jesús invita, pues, a tener corazón de niño o de bebé, en la reflexión de von Balthasar. En el misterio de Belén, se nos pone la muestra: Dios encarnado en la condicón de un Bebé, el Niño Jesús. Este es el signo del Mesías que da la Paz, no como la paz romana de Augusto César, del estilo de los poderosos, “si vis pacen, para bellum”, es decir, si quieres la paz está listo para la guerra, armado hasta los dientes con el poderío de quien amenaza con la furia de la guerra de aniquilación, según su método disuasivo. Pero el estilo de Dios es del atractivo del Bebé, indefenso y tierno; el Dios omnipotente y aparentemente lejano, sin dejar su trascendencia, se hace cercanía y caricia. Es la gran profecía de Isaías que se cumple, la del Niño con atributos reales: “Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos da dado; lleva sobre sus hombros el signo del imperio y su nombre será: ¨Consejero admirable¨, ¨Dios poderoso¨, ¨Padre sempiterno¨, ¨Príncipe de la paz¨…” y (Is 9,1-3,5-6). Por eso san Pablo en su carta a Tito, nos invita a vivir una vida sobria, justa y fiel a Dios (2,11-14). El misterio de Belén, es el Mistero del Dios cercano. Por eso vamos a Belén para encontrarnos con los pastores, gente sencilla y pobre, para encontrarnos a ese Niño, envuelto en pañales, en un pesebre, abrazado por su Madre, María (Lc 2,10-11); vamos a Belén para volver a descubrir en los niños del mundo, los cercanos y los lejanos, el rostro del Niño Jesús, digno de nuestro amor y de respeto a su dignidad y fragilidad elevadas por el Niño de Belén a la condición de ser Él mismo uno de ellos; vamos a Belén para recibir el Regalo de Regalos del Padre Celestial y de la Virgen Madre, su Hijo, y en Él aprender a regalar ofrendado nuestra vida. Que el canto de Los Ángeles “gloria Dios en el Cielo y Paz en la tierra a los hombres que ama el Señor”, nos inunde de gozo interior y de alegría exterior, con nuestros villancicos de aquí y de allá, y participemos del júbilo celestial. Este es el misterio de Belén, este es el misterio de Dios. Porque el Verbo, -Aquél que es la Palabra, se hizo hombre y hemos visto su gloria. (Jn 1, 14). Lejos de la superficialidad de los domesticados por la rutina y la costumbre, peor que el comportamiento de los perversos, según Charles Péguy. Vivir en el estupor de este acontecimiento, extasiados por el Espíritu que solaza nuestra alma en familia o en el templo, -en el nacimiento, en la contemplación y en la acción de Jesús Bebé, siempre Bebé.

 

 

Navidad: Mensaje de Amor

Jutta Burggraf

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Dios nos manifiesta que su entrega a los hombres no tiene límites. Jesús revela a un Dios que se oculta en la pequeñez, desciende a la debilidad completa y se deja vencer.

Es nuestro mundo al revés. Y es un mensaje de amor. Estamos de nuevo en esta lógica de amor de un Dios que desciende, y desciende a lo más bajo. Un Dios que se humilla. Nos encontramos ante un Dios que se hace pequeño y pobre, que ocupa el último puesto, el puesto del niño. El niño simboliza a todos los que no pueden desenvolverse solos, el pobre representa a los que tienen «hambre y sed», los que están encarcelados o en una tierra extranjera. «Cuánto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25, 40). Es un misterio sobrecogedor que el mismo Dios –la grandeza, la belleza y el poder absoluto– se oculte en el más pequeño, en el más débil, en el que sufre más.

Dios nos manifiesta desde el misterio de la Navidad que su entrega a los hombres no tiene límites. Está dispuesto a compartir nuestras necesidades y nuestros sufrimientos. Por eso oculta la gloria de su divinidad y se hace presente en un Niño. Toma libremente el camino descendente para sanarnos en lo más hondo de nuestro ser y atraernos al corazón de su amor trinitario.

Isaías había anunciado ya la ternura del Mesías: «No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, ni apagará la mecha que se extingue». Su misión consistirá en «llevar la Buena Nueva a los pobres, curar los corazones oprimidos, anunciar la libertad a los cautivos y la liberación a los presos»

Jesucristo ofrece a todos los hombres el don de una nueva vida, que consiste esencialmente en una nueva amistad con Dios. No excluye a nadie, por pobre y pequeño que sea. Se muestra cercano a los afligidos y abatidos, a los enfermos e ignorantes, a los marginados y condenados: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso». Los débiles y despreciados de toda clase descubren en Jesús una felicidad inesperada. Se ha acabado el tiempo de la soledad, de la vergüenza y de la humillación. Sienten cómo son acogidos, cómo se les devuelve una dignidad en la que ya no creían.

Jesús se hace amigo de los niños y de los pobres, e incluso se identifica con ellos. El niño simboliza a todos los que no pueden desenvolverse solos, el pobre representa a los que tienen «hambre y sed», los que están encarcelados o en una tierra extranjera. «Cuánto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25, 40). Es un misterio sobrecogedor que el mismo Dios –la grandeza, la belleza y el poder absoluto– se oculte en el más pequeño, en el más débil, en el que sufre más.

La lógica del amor

Los hombres solemos admirar a una persona importante y grande, pero también la tememos. Ordinariamente es más fácil amar a alguien que es débil y que nos necesita. Quizá sea esta una de las razones por las que Jesucristo se hace pequeño y vulnerable: quiere entrar en comunión con nosotros. Nos enseña así que la lógica del amor es distinta de la de la razón o del poder: amar es ponerse al alcance del otro.

En su paso por la tierra, Jesucristo perdona los pecados a los que se arrepienten de ellos; al mismo tiempo nos revela la alegría de Dios al perdonar; nos muestra a un Dios que se «conmueve» ante nuestro destino. La parábola de la oveja extraviada, por ejemplo, nos da a conocer la felicidad del pastor que recupera su pequeño animal; no dice nada sobre el «estado anímico» de la oveja: cuando el pastor la encuentra, se la coloca, rebosante de alegría, sobre los hombros.

En la narración de la mujer pobre que ha perdido una moneda, Jesús nos lleva de nuevo más allá de la escena cotidiana. El desvalimiento y la angustia de esta pobre mujer son una imagen de otro dolor, en este caso infinito: el «dolor» del mismo Dios en su búsqueda del hombre perdido. A través de la protagonista de la parábola, Jesús nos habla de Dios que está removiendo cielo y tierra para encontrar lo que está perdido. Y la alegría de la mujer al encontrar su moneda es la felicidad de Dios por haber encontrado al hombre desviado”.

Padre misericordioso

La historia del hijo pródigo expresa el mismo hecho con la máxima claridad. Cuando el padre ve a su hijo volver a él –descamisado, flaco y mugriento–, corre a abrazarle, sin juzgarle, sin hacerle reproches, sin ni siquiera decirle «te perdono». El padre sólo tiene un deseo: recuperar a su hijo, vivir en comunión con él. Este deseo es más fuerte que las heridas que el joven le ha provocado.

Así ama Dios a los hombres. Baja del cielo para liberarles de su culpa y su miseria. No es nuestro amor la causa y la medida del perdón divino. Es el amor misericordioso y absolutamente gratuito de Dios el que, por el contrario, tiende a provocar nuestro amor contrito y agradecido.

Cuando Jesucristo comienza su ministerio público, Juan el Bautista declara que no es digno de ponerse de rodillas ante Él para desatarle la correa de sus sandalias`. Más tarde, una mujer pecadora lava con sus lágrimas los pies del Mesías, y María de Betania los unge con un valioso perfume . Estos gestos, por pequeños que sean, parecen adecuados en el trato con un Dios que se ha hecho hombre, ya que expresan mucho respeto y un gran amor.

Maestro que sirve

Sin embargo, poco antes de la pasión vemos a Jesús arrodillado ante los apóstoles lavando sus pies. En lugar de servir al maestro, es ahora el maestro quien sirve a sus discípulos. De esta manera les da a entender que el Reino prometido ya ha llegado el Reino en el que el mismo Señor «se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá».

Estamos de nuevo en esta lógica de amor de un Dios que desciende, y desciende a lo más bajo. Un Dios que se humilla”. Nos encontramos ante un Dios que se hace pequeño y pobre, que ocupa el último puesto, el puesto del niño o del esclavo. En la cultura judaica de aquel tiempo, era normalmente el esclavo el que lavaba los pies a su señor. «Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve».

Jesús –como se canta en un villancico navideño- bajó «a la tierra para padecer». Nos ha prestado el máximo servicio con su muerte en la cruz. Allí escuchamos la última palabra del amor, si es que puede tenerla el amor. Que Dios se haya revelado definitivamente en un crucificado es algo que contradice todas las expectativas humanas. Es «escándalo para los judíos, locura para los gentiles». Dios pobre, se pone de rodillas como un simple criado, se deja atacar e injuriar, ya crucificado. Es un escándalo. Es nuestro mundo al revés. Y es un mensaje de amor.

Jesús revela a un Dios que se oculta en la pequeñez, desciende a la debilidad completa y se deja vencer. Su descenso se inicia cuando toma la naturaleza humana, se manifiesta claramente en el lavatorio de los pies y culmina en la pasión y la muerte. «Hemos visto su gloria», exclama San Juan, refiriéndose principalmente a la gloria de la cruz. La «gloria de Dios» es el amor.

Es el descenso de Dios por amor al hombre (kenosis) en la pasión de Jesús lo que comienza a exaltar a Jesús (cfr. Jn 12, 32). De este modo se cumple en Jesús la paradoja que se cumple en todo amor auténtico: es la entrega y el empequeñecerse a sí mismo por el bien del otro, lo que más engrandece a una persona.

Gloria a Dios en el Cielo y en la tierra

Dar gloria a Dios -«en el Cielo», cantan los Ángeles en Belén-, pero también en la tierra, no es simplemente una forma de hablar, sino una forma de vivir. Dios nos llama a un estilo de vida completamente nuevo: nos invita a entrar en su Reino, no sólo después de la muerte, sino aquí y ahora. Para quien ha comprendido esto, la unión con Cristo llega a ser más importante que cualquier otra cosa. Una pequeña anécdota lo ilustra de un modo gráfico: en una ocasión, preguntaron a un párroco por uno de sus feligreses: «¿Quién es el señor que acaba de salir de la iglesia?» Y el párroco contestó: «Es uno de mis ancianos que vive en comunión con Dios y que, además, hace zapatos»

Vivir con Dios es una experiencia liberadora; es como si una persona hubiera atravesado el Mar Rojo, haciendo el paso de la esclavitud a la libertad. Tiene ahora una nueva conciencia de sí misma, siente un gran alivio y un amor que corresponde a los deseos más profundos de su corazón. El hombre no se contenta con soluciones pasajeras. No quiere vivir cien años, sino para siempre. No quiere ser un poco feliz, sino plenamente. El único camino para lograrlo es la comunión con Cristo.

Una persona libre sabe liberar también a los demás. Despierta la vida de los que le han sido confiados, y ayuda a cada uno a crecer según su propio ritmo.

No es verdad que la fe en la vida eterna haga insignificante la vida terrena. Por el contrario, sólo si la medida de nuestra vida es la eternidad, también esta vida sobre la tierra es grande y su valor inmenso. Estamos llamados a vivir en íntima comunión con Dios y con los demás hombres, y a convertir así toda nuestra existencia en una alabanza al Creador. De este modo podemos anticipar la realidad del Reino de Dios. En otras palabras, nuestra vida tiene la seriedad de un «ensayo general» de lo que haremos por toda la eternidad: transparentar el amor, la bondad y la misericordia divinas.

No se trata de una relación externa entre la tierra y el cielo, tal como un niño puede entender las enseñanzas religiosas: si cumples la voluntad de Dios en este mundo, recibirás un premio en el otro. Hay más bien una conexión interna y necesaria entre nuestra actuación aquí y allá. Si una persona no llegara a ser «alabanza de su gloria», sería un cuerpo extraño en el cielo.

Conviene estar preparados para la «representación final» cuando se realice plenamente el plan creador de Dios. Lo que vamos a hacer después de nuestra vida no debería cogernos por sorpresa. Por eso es tan importante darnos cuenta de que los acontecimientos que vivimos constituyen el lugar de cita con Dios en cada momento. Dar gloria al Señor en la tierra es descubrir y comunicar, aquí y ahora, la felicidad del cielo: «alabamos tu nombre por siempre, ahora y en la eternidad», rezamos en el Te Deum.

El sentido del misterio de Belén, del humanarse de Dios Hijo, haciéndose Niño, pequeño, desvalido, se podría resumir así: «Dios nos llama a su propia bianeventuranza» (CEC, n. 1719). Por eso, el Ángel les dice a los pastores: «¡Alegraos!, os anuncio una gran noticia, que lo será para todo el pueblo…»

 

Compras o Nacimiento de Jesús: ¿dónde poner la mirada?

Sheila Morataya

Esta semana es una de las más ocupadas en los Estados Unidos y en el mundo entero gracias a la Navidad. El Obispo de San Angelo Michael J Sis nos recordaba en su discurso que la fecha fue creada por la Iglesia, alrededor del soltiscio de invierno que celebran los paganos para de esta  forma acercar a más gente al mensaje de Amor y Salvación de Cristo Jesús y sacarlos de la oscuridad . Esta semana la puedes vivir como quieras, corriendo a comprar regalos y celebrando  de fiesta en fiesta sin recordar porque lo haces o, lo puedes hacer despertando la conciencia en ti  de porque se usan cada uno de los colores, símbolos y rituales para esperar con júbilo este día del año tan señalado.

¡Ven Jesús! canta la iglesia durante la época de espera.

 Somos peregrinos

Pregúntate, ¿vivo esperándolo o estoy cerrado y  viviendo en automático estos días? ¿confío que Jesús nace nuevamente en mí o tengo dudas de que Jesús es el Dios de la salvación no solo en la tierra sino también para la vida eterna?

Por esto poner la mirada, como nos explicaba el Obispo Sis en toda la simbología de la Navidad te puede ayudar a  tí y a mí a permanecer en estado de alerta y espera interior aún en medio de todo este ruido que llena la tierra entera y que para millones todavía no necesariamente representa el nacimiento de un Rey Salvador.

Por ejemplo, sabes ¿por qué los colores de la navidad son blanco, verde y rojo? Blanco es el color de navidad porque litúrgicamente es el color de la pureza y representa esa pureza que sólo se ha dado en nuestro Dios. El verde representa la eternidad, pues utilizamos las coronas de acebo en forma de círculo. El acebo se cree nunca muere, siempre esta vivo  y la promesa de Cristo es la vida eterna.  El rojo representa el sufrimiento de nuestro Dios. Por ello tú y yo también nos vestimos de rojo y adornamos la casa con red berries o bayas  para recordar toda la sangre que derramo este Dios del amor por cada uno de nosotros.

Además las luces que ponemos en nuestras casas, en las ciudades, los parques y las iglesias se ponen porque Jesús vino a sacarnos de la oscuridad, para que cada uno pueda ver la luz y recordarnos que como bautizados el primer deber de cada uno es convertirse en la luz de Cristo en el mundo.

Tratemos de volver nuestra mirada hacia el interior y busquemos la luz que habita ahí. ¿Qué tan fuerte es? ¿con cuánta confianza salgo a iluminar a los demás? ¿cuánto amo aún y en contra de la ingratitud a la que se haya visto sometida mi vida?

Me gusta usar mucho los ángeles para decorar mi casa. En esta época están en ella por todos lados y es que los ángeles se aparecieron a los pastores para anunciar su nacimiento y los pastores, gente humilde y pobre quienes creyeron y corrieron a adorarlo. Deseo que tú y yo nos convirtamos en pastores esta Navidad. Que lo mucho o poco que tengamos lo regalemos no para satisfacer alguna necesidad material, sino para recordarnos este gran regalo que Nuestro Padre Dios nos hace por amor: regalarle al mundo a su Hijo único para enseñarnos el verdadero sentido de la vida. Respondamos a  El con el regalo de convertirnos también luz en el mundo proclamando la Luz en cada fiesta, en cada oportunidad, en cada segundo de nuestra vida antes de que El nazca.

Jesús Venti!

Sheila Morataya

 

 

El cuarto Rey Mago

Daniel Tirapu

Adoración de los Reyes Magos, de Andrea Mantegna

Adoración de los Reyes Magos, de Andrea Mantegna

Esta es la noche de los niños y de los mayores que nos inclinamos para ser niños. Qué nervios, que impaciencia, qué ilusión, eso sí que es magia de la buena.

Me contaron una vez que había un cuarto Rey mago. Había quedado con los otros tres en un punto, pero se retrasó y llegó a Belén en la matanza de Herodes; gracias a su valentía y arrojo salvó a dos niños. Siguió durante años buscando al niño de la estrella, localizó a María y José, pero el niño se había perdido.

Otro día estaba a punto de encontrarle pero se cruzó con un hombre que había sido asaltado por unos ladrones, lo curó y lo dejó en la posada. Al fin llegó a Jerusalén, en un día muy raro porque estaban ejecutando a uno que se hacía llamar el Rey de los judíos.

Le vio con la cruz a cuestas y supo que  aquel niño que buscaba era aquel hombre con el rostro deformado. Por su perseverancia y amor encontró a Cristo en la cruz y supo también de su resurrección. Desde entonces hace regalos a los más desamparados y olvidados, trayendo amor, paz, alegría, preocupación por los demás. ¡Qué vivan los Reyes Magos! ¡Feliz Navidad, feliz Epifanía!. 

 

 

 LA NAVIDAD ES FELIZ SI MANTENEMOS SU SENTIDO
    Ing. José Joaquín Camacho                           

   Siglo21, sábado 22 diciembre 2018
    
    
    Salieron varios comentarios sobre el pasado artículo “El espíritu de la navidad”. Alguno señalaba que a veces sucede que cuando llega la Navidad hay quienes ss preguntan : ¿Qué estamos celebrando? Si no lo sabe bien y busca información en la calle (publicidad, radio, televisión, internet…), se encuentra con una fiesta consumista por excelencia.
      Y cuando el excesivo consumo domina sobre los demás aspectos de la vida humana, se corre el peligro de banalizar hasta lo más valioso. Sin duda la alegría de una celebración, el poder hacerlo con un grupo de amigos aumenta la amistad. Pero la exageración puede ocultar el valor de lo que se trata de celebrar.
    Da alegría el que la celebración de la Navidad se haya extendido por casi todo el mundo. Y que incluso en países no cristianos aprovechen esta fiesta para estrechar los lazos familiares. Pero disgusta, sin embargo, que haya sitio donde todo se centre en los regalos y la reunión familiar, con cena incluida.
    Por ello, comentan, sería deseable esforzarnos por recuperar el sentido original de la fiesta> el aniversario del nacimiento de Jesús y aquellas costumbres que siempre nos han acercado a ello.
    Los medios de comunicación tienen un poder inmenso para orientar a millones de personas. En este sentido, nos gustaría que no sólo en Navidad  se exalten la unidad familiar y los valores.
    Quizás todos podamos contribuir al restablecimiento de una Navidad auténticamente cristiana.
    Y mencionan algunos consejos:
    Coloquemos el Nacimiento en un lugar preferencial de nuestro hogar. También
el árbol es un símbolo cristiano.
      Hagámonos unos regalos -simbólicos-, que son expresión del afecto que nos tenemos.
      Procuremos de alguna manera contribuir a la celebración de la Navidad de nuestros hermanos más necesitados.
       Y cenemos o almorcemos juntos -toda la familia- siguiendo una tradición que viene del pueblo judío; que Jesús asumió y los cristianos mantenemos como una costumbre milenaria.
    De esta manera nos aseguraremos de celebrar adecuadamente la Navidad.
    Y aquI es muy razonable recordar a Juan Pablo II que decia  que esta verdad ha cambiado totalmente la historia. Desde la noche de Belén, la humanidad sabe que Dios se ha hecho hombre: se ha hecho hombre para dar al hombre parte en su naturaleza divina
y que a partir de entonces adquiere una nueva dimensión. Es Dios mismo el que escribe la historia para entrar en ella. De esta manera, el acontecimiento de la Encarnación se amplía para abrazar a toda la historia humana, desde la creación.
Y este nacimiento terrenal de Jesús «atestigua de una vez por todas que en él todo hombre se ve inmerso en el misterio del amor de Dios, que es la fuente de la paz definitiva», observaba el Papa en su homilía de 1997. Por lo tanto, «toda la creación está invitada a cantar al Señor un cántico nuevo, a alegrarse y exultar juntos con todas las naciones de la tierra».

 

 

 

EL PORQUÉ DE LA NAVIDAD

gansosÉrase una vez un hombre que no creía en Dios. No tenía reparos en decir lo que pensaba de la religión y de las festividades religiosas, como la Navidad.

Su mujer, en cambio, era creyente y criaba a sus hijos en la fe en Dios y en Jesucristo, a pesar de los comentarios desdeñosos de su marido.

Una Nochebuena en que estaba nevando, la esposa se disponía a llevar a los hijos al oficio navideño de la parroquia de la localidad agrícola donde vivían. Le pidió al marido que los acompañara, pero él se negó.

-¡Qué tonterías! -arguyó-. ¿Por qué Dios se iba a rebajar a descender a la Tierra adoptando la forma de hombre? ¡Qué ridiculez!

Los niños y la esposa se marcharon y él se quedó en casa.

Un rato después, los vientos empezaron a soplar con mayor intensidad y se desató una ventisca. Observando por la ventana, todo lo que aquel hombre veía era una cegadora tormenta de nieve. Y decidió relajarse sentado ante la chimenea.

Al cabo de un rato, oyó un gran golpe; algo había golpeado la ventana. Luego, oyó un segundo golpe fuerte. Miró hacia afuera, pero no logró ver a más de unos pocos metros de distancia. Cuando empezó a amainar la nevada, se aventuró a salir para averiguar qué había golpeado la ventana. En un campo cercano descubrió una bandada de gansos salvajes. Por lo visto iban camino al sur para pasar allí el invierno, y se vieron sorprendidos por la tormenta de nieve y no pudieron seguir. Perdidos, terminaron en aquella finca sin alimento ni abrigo. Daban aletazos y volaban bajo en círculos por el campo, cegados por la borrasca, sin seguir un rumbo fijo. El agricultor dedujo que un par de aquellas aves habían chocado con su ventana.

Sintió lástima de los gansos y quiso ayudarlos.

-Sería ideal que se quedaran en el granero -pensó-. Ahí estarán al abrigo y a salvo durante la noche mientras pasa la tormenta.

Dirigiéndose al establo, abrió las puertas de par en par. Luego, observó y aguardó, con la esperanza de que las aves advirtieran que estaba abierto y entraran. Los gansos, no obstante, se limitaron a revolotear dando vueltas. No parecía que se hubieran dado cuenta siquiera de la existencia del granero y de lo que podría significar en sus circunstancias. El hombre intentó llamar la atención de las aves, pero solo consiguió asustarlas y que se alejaran más.

Entró a la casa y salió con algo de pan. Lo fue partiendo en pedazos y dejando un rastro hasta el establo. Sin embargo, los gansos no entendieron.

El hombre empezó a sentir frustración. Corrió tras ellos tratando de ahuyentarlos en dirección al granero. Lo único que consiguió fue asustarlos más y que se dispersaran en todas direcciones menos hacia el granero. Por mucho que lo intentara, no conseguía que entraran al granero, donde estarían abrigados y seguros.

-¿Por qué no me seguirán? -exclamó- ¿Es que no se dan cuenta de que ese es el único sitio donde podrán sobrevivir a la nevada?

Reflexionando por unos instantes, cayó en la cuenta de que las aves no seguirían a un ser humano.

-Si yo fuera uno de ellos, entonces sí que podría salvarlos -dijo pensando en voz alta.

Seguidamente, se le ocurrió una idea. Entró al establo, agarró un ganso doméstico de su propiedad y lo llevó en brazos, paseándolo entre sus congéneres salvajes. A continuación, lo soltó. Su ganso voló entre los demás y se fue directamente al interior del establo. Una por una, las otras aves lo siguieron hasta que todas estuvieron a salvo.

El campesino se quedó en silencio por un momento, mientras las palabras que había pronunciado hacía unos instantes aún le resonaban en la cabeza:

-Si yo fuera uno de ellos, ¡entonces sí que podría salvarlos!

Reflexionó luego en lo que le había dicho a su mujer aquel día:

-¿Por qué iba Dios a querer ser como nosotros? ¡Qué ridiculez!

De pronto, todo empezó a cobrar sentido. Entendió que eso era precisamente lo que había hecho Dios. Diríase que nosotros éramos como aquellos gansos: estábamos ciegos, perdidos y a punto de perecer. Dios hizo que Su Hijo se volviera como nosotros a fin de indicarnos el camino y, por consiguiente, salvarnos. El agricultor llegó a la conclusión de que ese había sido ni más ni menos el objeto de la Natividad.

Cuando amainaron los vientos y cesó la cegadora nevada, su alma quedó en quietud y meditó en tan maravillosa idea. De pronto comprendió el sentido de la Navidad y por qué había venido Cristo a la Tierra. Junto con aquella tormenta pasajera, se disiparon años de incredulidad. Hincándose de rodillas en la nieve, elevó su primera plegaria: "¡Gracias, Señor, por venir en forma humana a sacarme de la tormenta!"

Con este relato, les deseo con cariño una felicísima Navidad en la que el Niño Jesús les colme de bendiciones.

Javier López

 

 

DESPEDIDOS DEL MUNDO, ¡UNÍOS!

Por René Mondragón

FELICES FIESTAS 4T

¿Cuántos de esos burócratas habrán votado por las promesas del nuevo presidente, esperando conservar el empleo, y en más de algún caso, suspirando por un incremento salarial? A mis bellísimas lectoras y amabilísimos lectores, les parece que fueron varios miles los que fueron a engrosar la fila de los 30 millones.

¿Cuántos más ahora, estarán arrepentidos? Es pregunta, porque otros tantos miles, sin duda, pasarán unas pobres fiestas decembrinas, porque a partir  del 21 de diciembre, les dieron “las gracias” pidiéndoles no regresar a sus oficinas en enero del 2019, porque se van a la calle en nombre de la Transformación de Cuarta, la austeridad republicana y la “honrosa medianía” juarista, donde “por el bien todos” –así reza la máxima- “primero los pobres”; esos pobres que engrosan hoy la dramática fila de los desempleados  en México.

NUMERALIA A TRASLUZ

En una espléndida entrega del periodista Israel Alatorre en El Heraldo de León (Diciembre 21, 2018) se aportan varios datos locales que, por lo mismo, revelan en números llanos lo que sucede en la región, pero que igual golpea el resto del país.

Las cifras corresponden al Sistema de Administración Tributaria en la ciudad de Irapuato. La información recogida por el periodista destaca un dato: “El personal de Recursos Humanos informó a los burócratas del SAT que a partir de este viernes 22 de diciembre la oficina cerraría sus puertas y que ya no era necesario que se presentaran a laborar”

Con ese modelo de explicaciones profundamente cálidas y comprensivas, es seguro que las familias de los primeros 200 empleados despedidos ”…y sin liquidación” revela el comunicador, pasarán un diciembre republicano y austero, “donde no puede haber gobierno rico con pueblo pobre”. Pero la suerte está echada: si no están de acuerdo con engordar las filas de los sin trabajo, pues “que se amparen”. Ese es el mecanismo previsto para los funcionarios a quienes les redujeron el sueldo.

En Tuxpan, en el estado mexicano de Veracruz, el recorte de la 4T le pegó a la economía de 150 familias más. En el municipio de Poza Rica a otras 300 que seguramente ya razonaron su voto “pa’ la que viene”.

Los nuevos desempleados subrayan que no son legales los despidos, que también, aseguran, “nosotros somos mexicanos”. El rastrillo moreno, de acuerdo con la nota que comentamos, alcanzó también a algunos empleados con 30 años de trabajar en el SAT.

EL PROCEDIMIENTO REPUBLICANO

Como se procede en estos casos, a varios empleados les “sugirieron” firmar su renuncia “de manera voluntaria”, sin liquidación, pero eso sí, les entregarían su fondo de ahorro.

Argumentaron que había una “re-estructuración” en diversas áreas del SAT.

No faltó quien se negara a firmar, al tiempo de impedir que los echaran de las oficinas donde habían trabajado.

Un buen número de los despedidos indicaron que “por solidaridad” en muchas oficinas del país se negaron a abandonar el centro de trabajo esperando un comunicado “del gobierno de la Cuarta Transformación”, cierra su nota el periodista.

¿Para qué esperarse?

Si no están de acuerdo, pues ¡Que se amparen! Para esto están las leyes y los Tribunales. AMLO dixit!

De aquí que el escribano lanza un aserto: “Despedidos del mundo, uníos” No os queda de otra. Dad las gracias a 30 millones de aplausos que así lo querían. ¡Bienvenidos a la RENATA! (Reserva Nacional de Talentos)

 

Formar una única nación mundial es antinatural

Declaraciones a la radio francesa sobre el Tratado de Maastricht

Plinio Corrêa de Oliveira

Sin duda, existe en la actualidad una poderosa corriente de opinión que tiende hacia la unificación de grandes bloques de Naciones.

Si examinamos con precisión los motivos en que se basa esta corriente de opinión, se llegará a una consecuencia extrema, pero inevitable: las mismas razones que llevan a  unirse en un sólo bloque nacional o supranacional , empujarán en un momento u otro,  a todos estos pueblos a formar una sola nación internacional, una nación mundial.

Por lo tanto, vamos a llegar a la abolición de todas las patrias y todas las naciones, lo que parece absolutamente antinatural e indeseable.

Es por eso que estoy en contra de grupos del tipo de Maastricht para Francia, para los países de Europa, como también me opongo a un grupo similar que se intenta establecer en América del Sur, incluyendo Brasil, Paraguay, Argentina.

Este bloque, que posiblemente se formará en nuestro continente, terminará convirtiéndose en un bloque sudamericano.

Ya existe un tipo de bloque de América del Norte, formado por México, por los Estados Unidos y Canadá. Esto conducirá necesariamente a la formación de un solo bloque americano.

Si usted transforma cada continente en un bloque, llegará en breve a la formación de un gobierno mundial.

Aprovecho la oportunidad de esta pequeña exposición para agradecer al público tan amable de esta radio por su audiencia que accedió a concederme.

Declaraciones grabadas para la radio francesa sobre el Tratado de Maastricht – Noviembre de 1992 –

 Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

Mujeres que abortaron lamentan no haber encontrado más ayuda e información

ACI/InfoCatólica - 11.12.2018

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Foto: Rawpixel

En una reciente encuesta a mujeres que habían abortado destacaron que la falta de recursos, apoyo e información fue determinante en su decisión.

En respuesta a una encuesta realizada por el sitio web FemCatholic, las mujeres consultadas dijeron que hay una falta de información práctica sobre el apoyo disponible para madres jóvenes. Además expresaron su temor al rechazo por parte de familiares y seres queridos.

Una encuestada dijo que lo que necesitaba urgentemente cuando se encontró con un embarazo inesperado, pero que no pudo encontrar, eran «recursos prácticos, consejos e información».

«¿Cómo puedo terminar mi carrera y ser madre? ¿Dónde viviré? ¿Podré quedarme en la residencia de estudiantes? ¿Hay otras madres con carreras prósperas que comenzaron con un embarazo no deseado y solteras?», escribió la entrevistada.

En muchos casos, la razón por la que las mujeres optaron por un aborto fue porque nadie les dijo que podían continuar con sus vidas y al mismo tiempo ser madre a una edad joven, indicaron.

La misma encuestada escribió que después del aborto, descubrió que había una vivienda especial y ayuda financiera en su universidad para estudiantes como ella y que podía haber terminado sus estudios.

«Me enferma pensar en ello. Si esa información hubiera estado disponible, hoy tendría un hijo de diez años», dijo.

FemCatholic se inspira en las «campañas efectivas e inteligentes para la promoción de la mujer» de san Juan Pablo II. El sitio web dice que la encuesta se realizó de forma anónima, con el objetivo de conseguir un apoyo más eficaz a las mujeres vulnerables que puedan estar pensando en abortar.

Falta de confianza, apoyo y miedos

Varias mujeres detallaron experiencias similares, asegurando que casi no encontraron recursos de apoyo. «Ni una sola persona a mi alrededor me dijo que estaría bien tener al bebé. Nadie mostró confianza en mí. Creía en las mentiras de que abortar era la decisión más responsable que debía tomar una joven en la universidad», escribió una mujer.

Otra dijo: «Todo inclinaba a elegir el aborto: la pobreza, estar soltera, estar en la escuela secundaria, no poder darle una buena vida a un niño. Es demasiado difícil, será rechazado, no tendrá ayuda. Vivirás del gobierno para siempre, nadie más te querrá».

Mientras que en todos los casos citados por FemCatholic, las mujeres eligieron el aborto, algunas escribieron sobre cómo sus propias experiencias han ayudado a otras mujeres a preferir la vida.

Muchas de las mujeres, y más de un hombre, también hablaron sobre el temor de la madre a que su familia la rechazaría cuando se descubriera que estaba embarazada. Varios describen el «terror» del rechazo por parte de los padres y la comunidad en general.

Una colaboradora relató la experiencia de su hermana y dijo que, si bien su madre le dio una enseñanza firme en contra del sexo prematrimonial, esto solo empeoró su sensación de aislamiento y vergüenza cuando descubrió que estaba embarazada.

«Creo que necesitamos un cambio cultural en la forma en que hablamos sobre el sexo y el embarazo para que las mujeres en estos casos no se sientan tan excluidas y avergonzadas como para intentar deshacer la situación sin que nadie lo sepa», escribió.

Los resultados del aislamiento y el miedo son que las mujeres sienten que no tienen dónde acudir, escribió el colaborador. Otras personas dijeron que les preocupaba el estigma social o la presión para casarse con el padre, incluso si no querían hacerlo.

Al final, las respuestas concluyeron que hay muchas razones diferentes por las cuales una mujer podría sentir que debía elegir un aborto, pero que «todas están basadas en el temor extremo».

La encuesta también preguntó a las mujeres sobre el impacto duradero que el aborto había dejado en sus vidas. Muchas se refirieron a los problemas de salud física y mental que habían sufrido, incluido el daño a su matriz, los ataques de pánico y el dolor por sus hijos perdidos.

«Todavía pienso en mi hijo cada mes de junio, el día que hubiera nacido. Debería obtener ayuda. Solo rezo por ser sanada», escribió una mujer todavía afligida.

Si bien el dolor todavía era intenso para muchos, otras hablaron sobre el apoyo que habían recibido de esposos, familiares, sacerdotes y del ejemplo de figuras católicas.

«Me siento espiritualmente y físicamente sanada. La confesión y la unión a la Iglesia ayudaron enormemente. Lo que todavía duele es que extraño a mi hijo. ¡Pero ahora tengo más motivación para luchar por el Cielo para poder conocerlo!», escribió una mujer en respuesta a la encuesta.

 

 

La Redención, eje de la Historia

Nuestro Señor Jesucristo trajo la Redención del género humano de las tinieblas del pecado y de la muerte

Giovanni di Paolo, Adoración de los Reyes Magos (detalle)

Se acercan las entrañables fiestas del año en que nos disponemos a conmemorar el Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, que trajo la Redención del género humano de las tinieblas del pecado y de la muerte.

Además de la incalculable gloria que tuvo para Dios con el sacrificio de su Hijo, se manifestaron de modo especial su infinita grandeza, generosidad y bondad. Es también interesante considerar el alcance maravilloso que la Redención tuvo para transformar al hombre y al mundo.

Sobre este asunto, encontramos algunas certeras reflexiones en un artículo escrito por Plinio Corrêa de Oliveira.

La transformación del hombre y de las instituciones

“La Encarnación de Nuestro Señor y su Nacimiento son acontecimientos de los cuales derivarían los más notables hechos de la Historia del mundo.

San Luis fruto indigne de la preciosísima sangre de Nuestro Señor Jesucristo

San Luis, Rey de Francia, fue una de las joyas conquistada por la preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo

La Redención de la humanidad, que es el hecho central de toda nuestra Historia, determinó la caída del paganismo, el aparecimiento y el triunfo de la Iglesia Católica, la implantación de una civilización basada en concepciones completamente nuevas de la familia, del Estado, del individuo y de la Religión, que fueron los hechos iniciales y la causa del gran progreso que hoy admiramos.

La familia pagana, transformada y sobrenaturalizada por el contacto con los Sacramentos de la Iglesia, se transformó en foco admirable de perfección espiritual, y en escuela austera de disciplina de los instintos inferiores.

El Estado pagano, transformado en su base por el Catolicismo, dejó de ser privilegio de plutócratas o demagogos, para ser antes que nada un admirable medio de distribución equitativa de la justicia y protección a todos los individuos.

La caballería medieval, fruto de la civilización cristiana

La caballería, con sus nociones de honra, lealtad y protección al débil

El individuo, que en el paganismo era presa de sus pasiones, vio abrirse delante de sí el admirable ideal de perfección espiritual predicado por el Hombre-Dios; y el hombre medieval, descendiente de los sibaritas de la Antigüedad, se transformó en el cruzado, en el asceta o en el filósofo cristiano.

La Religión, en fin, consiguió traer al mundo, con sus Sacramentos, con la gracia de que es vehículo, y con el admirable apostolado jerárquico de la Iglesia, una continuidad de acción santificadora que ha sido la columna de la civilización, y que es aún hoy el único obstáculo contra la acción invasora del comunismo, como lo fue contra las invasiones bárbaras o musulmanas.

“Todos estos acontecimientos gloriosos tuvieron su origen en la Redención”.

 Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

Todo opinable

De la mano del relativismo y una curiosa interpretación de la libertad, se ha instalado entre nosotros, los europeos, el reino de lo opinable. Incluso comienza a abrirse camino en ámbitos en los que hasta ahora no había penetrado, como el científico. La reciente polémica protagonizada por los enemigos de las vacunas es una muestra de este fenómeno, al que le traen sin cuidado las certidumbres apodícticas, sustituidas ahora por la conjetura, el engaño o la realidad imaginada. La doxa platónica ha triunfado finalmente sobre la episteme, y en la caverna ingeniada por el gran ateniense quedan pocos que salgan a ver el sol y retornen para contarlo, manteniéndose la verdad cada vez más inexplorada en infinidad de terrenos. Dentro de poco la ley de la gravedad se convertirá en algo cuestionable y la manzana de Newton en una pera limonera.

La razón cuenta hoy con menos espacio, ocupando su lugar esa locuacidad fácil que huye del serio conocimiento de las cosas. Esto sucede en buena medida por la deliberada postergación de cualquier certeza, física y no digamos metafísica, y su conversión de un mundo virtual tipo Matrix en el que da igual que algo sea cierto o falso, porque lo importante es que las palabras o la imagen vayan más rápidas que el pensamiento, y que la vana apariencia lo presida todo.

En la actualidad, hasta las mayores evidencias son materia de opinión. Ni el test del pato sirve ahora, porque aunque veamos a un pájaro que nade o grazne como él, o cuente con su pico y sus plumas, siempre habrá quien sostenga que es discutible que se trate de un pato. Según Javier Junceda

Enric Barrull Casals

 

Y cada vez más mayores

RedMadre presentaba un estudio que asegura que España destina solo 3 millones a madres embarazadas mientras que invierte más de 34 millones en el aborto. El informe elaborado por la Fundación RedMadre confirma que las Administraciones Públicas han destinado en 2017 una ayuda media de 7,6 euros anuales por mujer embarazada. Un 24 % menos que en 2016. Este informe es más ilustrativo todavía, si se tiene en cuenta la preocupación en España por los pocos niños que nacen. En el mes de junio, el Instituto Nacional de Estadística (INI) dio a conocer el dato de que los nacimientos en España se han reducido a una cuarta parte en solo 10 años.

Durante 2017 nacieron en España 391.930 niños, lo que supuso un descenso del 4,5 % respecto al año anterior. El número de hijos que tenemos se ha reducido a la mitad en menos de 50 años. El año en el que la natalidad alcanzó en España su máximo histórico las mujeres tenían 2,77 hijos por mujer, hoy son solo 1,31.

El número de mujeres en edad de ser madres (entre 15 y 49 años) se ha reducido a 10,57 millones en 2017. Además la edad media de maternidad de las españolas es hoy de 32,6 años, la cifra más alta de la última década. Es decir, cada vez menos nacimientos de cada vez menos mujeres, y cada vez más mayores.

Jesús Martínez Madrid

 

Los pobres nos ayudan

Por segundo año la Iglesia celebraba la Jornada Mundial de los pobres, instituida por el Papa Francisco, una jornada que refleja el magisterio y pensamiento de este Pontífice, aunque en realidad se trata de un mensaje que impregna de la primera a la última página del Evangelio. La cercanía a los pobres es mucho más que asistencia, imprescindible en ocasiones, pero que puede llegar a resultar alienante.

El Papa apela a combatir las razones estructurales de la injusticia, pero advierte de que tampoco esto es suficiente. La cercanía a los pobres es un valor genuinamente cristiano que va mucho más allá de la justicia social. Tiene que ver con abrirles “la puerta del corazón y de la vida” para hacerles “sentir amigos y familiares”, en palabras del propio Francisco. Tiene que ver, incluso, como aprender a encontrar al mismo Jesucristo en la persona necesitada, en quien sufre por causa de la pobreza, de la enfermedad o de la soledad, o por haber tenido que abandonar su país.

Domingo Martínez Madrid

 

La invasión migratoria en Europa y otras

 

                                Las migraciones del hombre no son nada nuevo, en todos los tiempos las hubo y las seguirá habiendo; lo que no debiera ser es la forma actual en que se vienen “tolerando”, puesto que “el desorden no trae nada más que desorden, conflictos de todo tipo y al final enfrentamientos donde la sangre correrá”; por ello y si de verdad, tuviésemos gobernantes (“y no los inútiles que mantenemos”) ello se estudiaría con inteligencia y aprovechamiento mutuo, puesto que hay una verdad insoslayable y que rige en este planeta, cual es la siguiente… “nicho que queda vacante por ausencia de una especie, otra lo ocupa para habitarlo”; y para saber ello, no tengo nada más que apreciar “las tórtolas que desde siglos venían al mar de olivos de mi provincia y que cada año nos venían de África… hoy esas tórtolas han desaparecido y el hueco lo ocupan otras tórtolas asiáticas y que nos vienen desde Turquía y las que ya pasan aquí todo el año”. En la costa del Sol, hay una invasión de “cacatúas o loros argentinos” y que poco a poco van ocupando todo el litoral mediterráneo por su propio empuje reproductivo y con ello expulsan a las aves que ocuparan aquel nicho antes de ellas”.

                                En Europa y más en España, ya que aquí “las hembras en edad de parir, no paren, o no lo hacen con la frecuencia necesaria”… por ello, aquí, los ancianos llegaremos a ser plaga y una vez muertos o mucho antes, “otros hombres y mujeres de fuera, habrán ocupado lo que la decadente población actual no supo o quiso ocupar”. Este será un hecho natural e imparable, por tanto lo inteligente es programarlo con inteligencia y en paz y concordia, para que “los trasplantes no sean dolorosos o mortales para los invadidos y antes del tiempo natural de los procesos de mestizaje que habrá”.

                                En España (seguro que en otras muchos países) ya hay muchas zonas rurales abandonadas y donde desaparecen poblaciones enteras (municipios antes) y campos que quedan en la ruina… ¿No se puede estudiar e imponer una política europea que canalice las poblaciones que vienen hacia esos lugares en los que obligatoriamente tendrían que vivir explotando los recursos de esas tierras, por tiempos obligados y de paso que de ellos, surgiera la renovación poblacional más o menos general y sin muchos contratiempos? Lo que no se puede ni debe admitirse, es inmigrantes PARÁSITOS; que vienen aquí no a producir riqueza y bienestar, sino por el contrario a disfrutar el que ya producimos, los que hoy estamos a pie “del ataúd”.

                                En nuestra historia hispana y a lo largo de los siglos, hubo traslado de poblaciones para precisamente repoblar grandes territorios; la más notable de ellas fue la que hizo Carlos III, trayendo de otras zonas europeas, a gran contingente de gentes para repoblar y fundar nuevos municipios, revitalizar tierras abandonadas o inexplotadas y de paso, eliminar bandidos y ladrones; y aquello fue un éxito; aquellos extranjeros terminaron por integrarse totalmente en España y aquí quedaron y siguen sus sucesores. Franco (el tan criticado Franco) también tuvo una feliz idea, e hizo expropiar a grandes latifundistas; y en aquellas tierras, fueron creadas, lo que se denominó “colonización de nuevas poblaciones” y hoy hay gran cantidad de nuevos pueblos que más o menos prósperos, pero que mantienen su existir; y si no prosperaron más, fue por cuanto lo sucesivos gobiernos, no dotaron “aquellos entornos” con los avances que la vida fue distribuyendo en otras tierras españolas igualmente, las que a su vez prosperaron tanto, que mucha de aquella población debió emigrar a ellas.

                                Si todo esto no se estudia y adecua a “los nuevos tiempos”, será una vez más, no por falta de medios, sino por la casi siempre inutilidad de políticos mercenarios, que lo que van es a vivir ellos, atesorar cuanto más mejor; y a los demás “que les den por la retafumba”; así es que reitero, a legislar como es debido y a abrir caminos, a los que de verdad puedan integrarse en las sociedades europeas, ¿el resto? Que hagan lo que muchos pueblos hicieron, “liberarse de sus tiranos y quedarse en sus tierras, puesto que seguro en ellas hay riqueza más que suficiente para que cada pueblo progrese sobre la bases lógicas de siempre… INTELIGENCIA, TRABAJO, AUSTERIDAD, BUENA ADMINISTRACIÓN Y AFÁN DE PROGRESO VERDADERO. Amén.

                                Como complemento del “gran problema que nos han creado nuestros pésimos gobernantes”… lean lo que sigue: En la últimas semanas, a raíz del desplazamiento hacia nuestras costas de la rutas migratorias, provocado por el irresponsable efecto llamada de Sánchez—que ofreció primero sanidad y ventajas sociales gratis a sin papeles, aceptando barcos de Soros & Cía que nadie quería, y ofendiendo gratuitamente al rey de Marruecos—, han salido en tromba mercenarios del globalismo, del Gobierno y de la izquierda, tratando de engañar a los españoles con la inaudita patraña de que los inmigrantes "aportan más que lo que cuestan". El costo neto supera los 10.000 millones al año, y lo que es infinitamente más grave, oculta la destrucción de nuestra cultura, de nuestra identidad, de nuestros valores y de la seguridad de nuestras calles y de nuestros hijos.

La inmigración es hoy la principal preocupación en las sociedades europeas y hasta Merkel afirma ahora que "si el problema de inmigración no se resuelve, puede suponer la destrucción de la UE", algo que los burócratas de Bruselas son incapaces de frenar con una política común, obligando a más de la mitad de los países a implantar un rígido control de fronteras mientras España hace lo contrario. Tan es así que el primer ministro italiano acusa a Sánchez, con toda razón, de “favorecer la inmigración fuera de control”. Hace unas semanas, apareció en Alemania un vídeo titulado 'La mentalidad de los inmigrantes', que se ha hecho viral y ha impactado tan profundamente en el pueblo alemán (13-8-2018 Roberto Centeno) El Confidencial: https://blogs.elconfidencial.com/economia/el-disparate-economico/2018-08-13/efecto-llamada-caotica-gestion-migratoria_1603625/

Antonio García Fuentes (Escritor y filósofo)

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