Las Noticias de hoy 11 Agosto 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 11 de agosto de 2018     

Indice:

ROME REPORTS

Chile: Francisco sigue los pasos que se están dando para afrontar los casos de abuso

Etiopía: Iglesias quemadas y sacerdotes asesinados en la región somalí

Día Mundial del Turismo: Desarrollo sostenible con el uso de la tecnología

EL PODER DE LA FE: Francisco Fernández-Carvajal

“Que si han dicho, que si pensarán...”: San Josemaria

Uno de los nuestros: la Encarnación: Fulgencio Espá

Trabajo y descanso: F. J. López Díaz. C. Ruiz Montoya

El problema de quien no cree: P. Eduardo María Volpacchio

XIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDIANRIO 2018: +Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres

¡Argentina dice sí a la vida!: Redacción YI

La cooperación entre los cónyuges: Juan Ignacio González Errázuriz

Hijos felices ¿cómo lograrlo?: José Luis Olaizola

Memoria viva de una figura universal…

No darás falso testimonio, ni mentirás: Fernando Arce Meza  

Nadie desea su muerte: José Morales Martín

¿Qué hará el Gobierno de España?: Suso do Madrid

Retroceso del aborto: Josefa  Romo

Anuncios en Educación: Jesús Domingo Martínez

Aborto libre y gratuito: Jorge Hernández Mollar

VIAJE A ALEMANIA: JULIO 1977 (6):   Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

Chile: Francisco sigue los pasos que se están dando para afrontar los casos de abuso

Encuentro en Santa Marta para informarse

agosto 10, 2018 20:22RedacciónPapa y Santa Sede

(ZENIT – 10 agosto 2018).- El Papa Francisco ha recibido esta mañana en la residencia de Santa Marta a Mons. Juan Ignacio González, obispo de San Bernardo (Chile), y a Ana María Celis Brunet, Presidenta del Consejo Nacional chileno de Prevención de Abusos y Acompañamiento de Víctimas, informa la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

El objetivo del encuentro era “informarse e intercambiar opiniones sobre los pasos que se están dando en Chile para afrontar los casos de abuso y para prevenir que vuelvan a suceder”, señala la Santa Sede.

Un punto importante de la conversación ha sido el sufrimiento de las víctimas y su necesidad de hallar consuelo y reparación.

El Papa Francisco, que sigue con interés cada avance por parte de la Conferencia Episcopal Chilena, ha expresado su deseo de que se sigan aclarando todos los interrogantes para que se pueda dar una respuesta justa a cada uno, concluye la nota de la Oficina de Prensa del Vaticano.

 

 

Etiopía: Iglesias quemadas y sacerdotes asesinados en la región somalí

Llamamiento para orar y ayunar 16 días

agosto 10, 2018 19:22RedacciónGuerra y terrorismo

(ZENIT – 10 agosto 2018).- El Patriarca Mathias I y el Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Tewahedo de Etiopía han hecho un llamamiento para ofrecer 16 días de ayuno y oración que preceden y siguen la solemnidad litúrgica de la Asunción de Santa María Madre de Dios (celebrada el 15 de agosto), para invocar la bendición de paz y reconciliación en Jijiga y en la región somalí, después de la violencia étnica, estallado en estos últimos días en esa parte de Etiopía, causando unas 30 víctimas mortales, informó la Agencia de Noticias Fides.

La Iglesia Ortodoxa Etíope ha pagado un alto precio debido a la espiral de violencia: según la información de los medios locales, al menos siete iglesias ortodoxas han sido atacadas e incendiadas, y fuentes locales hablan de al menos seis sacerdotes y varios fieles asesinados.

Los enfrentamientos comenzaron a fines de la semana pasada, cuando hombres armados de la milicia Liyu, de etnia somalí y bajo las órdenes de Abdi Illey (presidente de la región somalí) intentaron interrumpir una reunión entre miembros del parlamento regional y representantes del ciudad de Dire Daua, con la intención de denunciar la violación de los derechos humanos en la región.

Los incidentes de violencia causaron la intervención del ejército etíope, que desplegó sus tropas también alrededor de la sede institucional, incluida la construcción del parlamento regional y el palacio presidencial del mismo Abdi Illey.

Una intervención masiva fue seguida de ataques contra objetivos vinculados a grupos étnicos minoritarios, fomentados por miembros de la milicia Liyu. La espiral de violencia también acentuó los contrastes entre la administración regional y el gobierno de Addis Abeba, lo que también llevó a la renuncia del gobernador regional Abdi Illey, quien en las últimas horas –como informaron los medios locales– también ha sido arrestado y puesto bajo custodia por las autoridades de Addis Abeba.

La región somalí ha estado inestable durante algún tiempo. El primer ministro, Abyi Ahmed, quería hacer su primera visita a esa zona del país después de asumir el cargo a principios del pasado mes de abril.

En este momento, según fuentes oficiales de la Iglesia Ortodoxa Tewahedo, más de 20.000 etíopes desplazados son apoyados y asistidos por las parroquias ortodoxas de Jijiga.

La Iglesia Ortodoxa Tewahedo de Etiopía, dirigida por Abuna Matthias I, es el único grupo eclesial autóctono y de derivación apostólica directa en el África subsahariana. “La clave de la unidad entre las iglesias –dijo el Patriarca etíope después de encontrarse con el Papa Francisco en Roma el 29 de febrero de 2016– hoy yace en el ecumenismo de los mártires”.

 

 

Día Mundial del Turismo: Desarrollo sostenible con el uso de la tecnología

Mensaje del Cardenal Peter Turkson

agosto 10, 2018 20:05Rosa Die AlcoleaJornadas Mundiales, Naturaleza y ambiente

(ZENIT – 10 agosto 2018).- “El uso de instrumentos digitales en el ámbito de los operadores y usuarios del sector turístico es una gran oportunidad que permite incrementar servicios que más satisfacen las nuevas demandas, pero también educar en la corresponsabilidad por la ‘casa común’ en la que vivimos”, indica el Cardenal Peter Turkson, prefecto del Dicasterio para el Servicio Integral de Desarrollo Humano.

La Oficina de Prensa de la Santa Sede hizo público el pasado 4 de agosto el Mensaje para el Día Mundial del Turismo que, como de costumbre, se celebrará el próximo 27 de septiembre, con el lema Turismo y transformación digital.

El cardenal, en este contexto, llama a generar “formas de innovación encaminadas a la recuperación funcional de residuos, el reciclado y la reutilización creativa que ayudan a proteger el medio ambiente”.

El objetivo final “no es implementar el turismo con las nuevas tecnologías digitales”, advierte Mons. Turkson, sino que “el uso progresivo de la tecnología vaya acompañado de una creciente conciencia de la persona y de la comunidad con respecto al uso respetuoso del medio ambiente para un desarrollo sostenible”.

A continuación, publicamos el Mensaje para el Día Mundial del Turismo, difundido por el Dicasterio para el Servicio Integral de Desarrollo Humano del Vaticano.

***

Mensaje de la Jornada Mundial del Turismo

La Jornada Mundial del Turismo, promovida por la Organización Mundial del Turismo (OMT), se celebra cada año el 27 de septiembre. El tema propuesto para 2018 – El turismo y la transformación digital – se centra en los avances de la tecnología digital que ha transformado nuestro tiempo y nuestros comportamientos, cambiando drásticamente nuestra forma de vivir el tiempo del descanso, las vacaciones, la movilidad y el turismo bajo todas sus formas.

Numerosos son los cambios que derivan de la implementación de las nuevas tecnologías digitales y afectan la vida social de las personas, la forma de concebir las relaciones interpersonales, el trabajo, la salud, la comunicación, extendiendo a todas partes la “conexión” y, por lo tanto, el intercambio de informaciones, permitiendo expresar y comparar una multiforme y variada riqueza de ideas, opiniones y visiones del mundo. Las últimas tendencias muestran que aproximadamente un 50% de los viajeros digitales se inspiran de la observación de imágenes y comentarios en línea, y el 70% consulta vídeos y opiniones de quienes ya han viajado, antes de tomar una decisión[1].

Por lo tanto, esta celebración nos invita a reflexionar sobre la contribución de los avances tecnológicos, no solo para mejorar los productos y servicios turísticos, sino también para que los mismos se sitúen en el ámbito del desarrollo sostenible y responsable, en nombre del cual hay que orientar el crecimiento del sector. Por consiguiente, la innovación digital tiene por objeto promover la inclusividad, aumentar la participación de las personas y las comunidades locales y lograr una gestión inteligente y equilibrada de los recursos. El año pasado, el sector turístico internacional registró un aumento global del 7% anual y se prevé un crecimiento constante también para la próxima década. La exigencia de la “sostenibilidad turística” no debe subestimarse, ya que en algunos destinos turísticos de mayor renombre y más frecuentados se experimentan los efectos negativos de un fenómeno que se opone a un turismo sano y justo, el llamado “sobreturismo”.

La Iglesia siempre ha prestado especial atención a la pastoral del turismo, del tiempo libre y de las vacaciones, como oportunidades de recuperación, para fortalecer los lazos familiares e interpersonales, levantar el espíritu, disfrutar de las extraordinarias bellezas de la creación y crecer en la “humanidad integral”. “Cada criatura tiene una función y ninguna es superflua. Todo el universo material es un lenguaje del amor de Dios, de su desmesurado cariño hacia nosotros”[2]. Por lo tanto, el turismo es un vehículo eficaz de valores e ideales cuando ofrece oportunidades y ocasiones para hacer crecer a la persona humana, tanto en su dimensión trascendente, abierta al encuentro con Dios, como en su dimensión terrenal, en particular en el encuentro con las otras personas y en el contacto con la naturaleza.

El uso de instrumentos digitales en el ámbito de los operadores y usuarios del sector turístico es una gran oportunidad que permite incrementar servicios que más satisfacen las nuevas demandas, pero también educar en la corresponsabilidad por la “casa común” en la que vivimos, generando formas de innovación encaminadas a la recuperación funcional de residuos, el reciclado y la reutilización creativa que ayudan a proteger el medio ambiente[3]. Sin embargo, si “se tiende a creer que todo incremento del poder constituye sin más un progreso, un aumento de seguridad, de utilidad, de bienestar, de energía vital, de plenitud de los valores, como si la realidad, el bien y la verdad brotaran espontáneamente del mismo poder tecnológico y económico”[4] se incurre en un uso impropio y aniquilador de la misma dignidad humana, con consecuencias nefastas.

En particular, esto concierne la producción y el uso de los “datos”, especialmente datos personales, que se generan dentro del “mundo digital” y el papel preponderante de los algoritmos que procesan los datos mismos y producen, a su vez, más datos e informaciones, a diferentes niveles, disponibles también para aquellos que pretendan utilizarlos meramente con fines comerciales, propagandísticos o incluso con finalidad y estrategias de manipulación. Los algoritmos, de hecho, no son simples números y secuencias neutras de operaciones, sino más bien elaboraciones de intenciones que persiguen propósitos precisos y pueden usarse para condicionar opciones y decisiones personales, e influir en la formación del pensamiento y de la conciencia individual. Cuando los instrumentos tecnológicos, “se convierten en omnipresentes, no favorecen el desarrollo de una capacidad de vivir sabiamente, de pensar en profundidad, de amar con generosidad”[5].

Ha llegado la hora de aceptar cierto decrecimiento en algunas partes del mundo aportando recursos para que se pueda crecer sanamente en otras partes (…). Las sociedades tecnológicamente avanzadas estén dispuestas a favorecer comportamientos caracterizados por la sobriedad, disminuyendo el propio consumo de energía y mejorando las condiciones de su uso”[6]. El acceso a los equipos digitales debe ser posible para todos, siempre respetando y salvaguardando la libertad de elección de cada persona. El objetivo final no es implementar el turismo con las nuevas tecnologías digitales, sino que el uso progresivo de la tecnología vaya acompañado de una creciente conciencia de la persona y de la comunidad con respecto al uso respetuoso del medio ambiente para un desarrollo sostenible.

Mención especial merecen las generaciones más jóvenes que constituyen la porción más amplia de usuarios digitales. En el Instrumentum Laboris de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos[7] sobre los jóvenes, se habla en el n. 3 de cómo es necesario ofrecerles cursos de formación y educación antropológica, para que puedan vivir su “vida digital”, sin separar sus comportamientos on-line y off-line, ni dejarse engañar por el mundo virtual que distorsiona la percepción de la realidad causando la pérdida de identidad vinculada a una representación incorrecta de la persona. Como recuerda el Papa Francisco: “No basta pasar por las ‘calles’ digitales, es decir simplemente estar conectados: es necesario que la conexión vaya acompañada de un verdadero encuentro. No podemos vivir solos, encerrados en nosotros mismos. Necesitamos amar y ser amados”[8].

El deseo que este Dicasterio dirige a todos, turistas y veraneantes, es “que el turismo contribuya a glorificar a Dios y a valorar cada vez más la dignidad humana, el conocimiento mutuo, la fraternidad espiritual, el refrigerio del cuerpo y del alma”[9].

Ciudad del Vaticano, 26 de julio de 2018

Peter K. A. Cardenal TURKSON

Prefecto

 

EL PODER DE LA FE

— La fe capaz de trasladar montañas. Cada día tienen lugar en la Iglesia los milagros más grandes.

— Más gracias cuanto mayores son los obstáculos.

— Fe con obras.

I. Entre una inmensa muchedumbre que espera a Jesús, se adelantó un hombre y, puesto de rodillas, le suplicó: Señor, ten compasión de mi hijo...1. Es una oración humilde la de este padre, como reflejan su actitud y sus palabras. No apela al poder de Jesucristo sino a su compasión; no hace valer méritos propios, ni ofrece nada: se acoge a la misericordia de Jesús.

Acudir al Corazón misericordioso de Cristo es ser oídos siempre: el hijo quedará curado, cosa que no habían logrado anteriormente los Apóstoles. Más tarde, a solas, los discípulos preguntaron al Señor por qué ellos no habían logrado curar al muchacho endemoniado. Y Él les respondió: Por vuestra poca fe. Porque os digo que si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este monte: trasládate de aquí allá, y se trasladaría y nada os sería imposible.

Cuando la fe es profunda participamos de la Omnipotencia de Dios, hasta el punto de que Jesús llegará a decir en otro momento: el que cree en Mí, también hará las obras que Yo hago, y las hará mayores que estas, porque Yo voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre eso haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si pidiereis algo en mi nombre, Yo lo haré2. Y comenta San Agustín: «No será mayor que yo el que en mí cree; sino que yo haré entonces cosas mayores que las que ahora hago; realizaré más por medio del que crea en mí, que lo que ahora realizo por mí mismo»3.

El Señor dice a los Apóstoles en este pasaje del Evangelio de la Misa que podrían «trasladar montañas» de un lugar a otro, empleando una expresión proverbial; entre tanto, la palabra del Señor se cumple todos los días en la Iglesia de un modo superior. Algunos Padres de la Iglesia señalan que se lleva a cabo el hecho de «trasladar una montaña» siempre que alguien, con la ayuda de la gracia, llega donde las fuerzas humanas no alcanzan. Así sucede en la obra de nuestra santificación personal, que el Espíritu Santo va realizando en el alma, y en el apostolado. Es un hecho más sublime que el de trasladar montañas y que se opera cada día en tantas almas santas, aunque pase inadvertido a la mayoría.

Los Apóstoles y muchos santos a lo largo de los siglos hicieron admirables milagros también en el orden físico; pero los milagros más grandes y más importantes han sido, son y serán los de las almas que, habiendo estado sumidas en la muerte del pecado y de la ignorancia, o en la mediocridad espiritual, renacen y crecen en la nueva vida de los hijos de Dios4. «“Si habueritis fidem, sicut granum sinapis!” -¡Si tuvierais fe tan grande como un granito de mostaza!...

»—¡Qué promesas encierra esa exclamación del Maestro!»5. Promesas para la vida sobrenatural de nuestra alma, para el apostolado, para todo aquello que nos es necesario...

II. Señor, ¿por qué no hemos podido curar al muchacho? ¿Por qué no hemos podido hacer el bien en tu nombre? San Marcos6, y muchos manuscritos en los que se recoge el texto de San Mateo, añade estas palabras del Señor: Esta especie (de demonios) no puede expulsarse sino por la oración y el ayuno.

Los Apóstoles no pudieron librar a este endemoniado por falta de la fe necesaria; una fe que había de expresarse en oración y mortificación. Y nosotros también nos encontramos con gentes que precisan de estos remedios sobrenaturales para que salgan de la postración del pecado, de la ignorancia religiosa... Ocurre con las almas algo semejante a lo que sucede con los metales, que funden a diversas temperaturas. La dureza interior de los corazones necesita, según los casos, mayores medios sobrenaturales cuanto más empecinados estén en el mal. No dejemos a las almas sin remover por falta de oración y de ayuno.

Una fe tan grande como un grano de mostaza es capaz de trasladar los montes, nos enseña el Señor. Pidamos muchas veces a lo largo del día de hoy, y en este momento de oración, esa fe que luego se traduce en abundancia de medios sobrenaturales y humanos. Esta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe7. «Ante ella caen los montes, los obstáculos más formidables que podamos encontrar en el camino, porque nuestro Dios no pierde batallas. Caminad, pues, in nomine Domini, con alegría y seguridad en el nombre del Señor. ¡Sin pesimismos! Si surgen dificultades, más abundante llega también la gracia de Dios; si aparecen más dificultades, del Cielo baja más gracia de Dios; si hay muchas dificultades, hay mucha gracia de Dios. La ayuda divina es proporcionada a los obstáculos que el mundo y el demonio opongan a la labor apostólica. Por eso, incluso me atrevería a afirmar que conviene que haya dificultades, porque de este modo tendremos más ayuda de Dios: donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia (Rom 5, 20)»8.

Las mayores trabas a esos milagros que el Señor también quiere realizar ahora en las almas, con nuestra colaboración, pueden venir sobre todo de nosotros mismos: porque podemos, con visión humana, empequeñecer el horizonte que Dios abre continuamente en amigos, parientes, compañeros de trabajo o de estudio, o conocidos. No demos a nadie por imposible en la labor apostólica; como tantas veces han demostrado los santos, la palabra imposible no existe en el alma que vive de fe verdadera. «Dios es el de siempre. —Hombres de fe hacen falta: y se renovarán los prodigios que leemos en la Santa Escritura.

»—“Ecce non est abbreviata manus Domini” —El brazo de Dios, su poder, no se ha empequeñecido!»9. Sigue obrando hoy las maravillas de siempre.

III. «Jesucristo pone esta condición: que vivamos de la fe, porque después seremos capaces de remover los montes. Y hay tantas cosas que remover... en el mundo y, primero, en nuestro corazón. ¡Tantos obstáculos a la gracia! Fe, pues; fe con obras, fe con sacrificio, fe con humildad. Porque la fe nos convierte en criaturas omnipotentes: y todo cuanto pidiereis en la oración, como tengáis fe, lo alcanzaréis (Mt 21, 22)»10.

La fe es para ponerla en práctica en la vida corriente. Habéis de ser no solo oyentes de la palabra, sino hombres que la ponen en práctica: estote factores verbi et non auditores tantum11. Haced, realizad en vuestra vida la palabra de Dios y no os limitéis a escucharla, nos exhorta el Apóstol Santiago. No basta con asentir a la doctrina, sino que es necesario vivir esas verdades, practicarlas, llevarlas a cabo. La fe debe generar una vida de fe, que es manifestación de la amistad con Jesucristo. Hemos de ir a Dios con la vida, con las obras, con las penas y las alegrías... ¡con todo!12.

Las dificultades proceden o se agrandan con frecuencia por la falta de fe: valorar excesivamente las circunstancias del ambiente en que nos movemos o dar demasiada importancia a consideraciones de prudencia humana, que pueden proceder de poca rectitud de intención. «Nada hay, por fácil que sea, que nuestra tibieza no nos lo presente difícil y pesado; como nada hay tampoco tan difícil y penoso que no nos lo haga del todo fácil y llevadero nuestro fervor y determinación»13.

La vida de fe produce un sano «complejo de superioridad», que nace de una profunda humildad personal; y es que «la fe no es propia de los soberbios sino de los humildes», recuerda San Agustín14: responde a la convicción honda de saber que la eficacia viene de Dios y no de uno mismo. Esta confianza lleva al cristiano a afrontar los obstáculos que encuentra en su alma y en el apostolado con moral de victoria, aunque en ocasiones los frutos tarden en llegar. Con oración y mortificación, con el trato de amistad, con nuestra alegría habitual, podremos realizar esos milagros grandes en las almas. Seremos capaces de «trasladar montañas», de quitar las barreras que parecían insuperables, de acercar a nuestros amigos a la Confesión, de poner en el camino hacia el Señor a gentes que iban en dirección contraria. Esa fe capaz de trasladar montes se alimenta en el trato íntimo con Jesús en la oración y en los sacramentos.

Nuestra Madre Santa María nos enseñará a llenarnos de fe, de amor y de audacia ante el quehacer que Dios nos ha señalado en medio del mundo, pues Ella es «el buen instrumento que se identifica por completo con la misión recibida. Una vez conocidos los planes de Dios, Santa María los hace cosa propia; no son algo ajeno para Ella. En el cabal desempeño de tales proyectos compromete por entero su entendimiento, su voluntad y sus energías. En ningún momento se nos muestra la Santísima Virgen como una especie de marioneta inerte: ni cuando emprende, vivaz, el viaje a las montañas de Judea para visitar a Isabel; ni cuando, ejerciendo de verdad su papel de Madre, busca y encuentra a Jesús Niño en el templo de Jerusalén; ni cuando provoca el primer milagro del Señor; ni cuando aparece –sin necesidad de ser convocada– al pie de la Cruz en que muere su Hijo... Es Ella quien libremente, como al decir Hágase, pone en juego su personalidad entera para el cumplimiento de la tarea recibida: una tarea que de ningún modo le resulta extraña: los de Dios son los intereses personales de Santa María. No es ya solo que ninguna mira privada suya dificultase los planes del Señor: es que, además, aquellas miras propias eran exactamente estos planes»15.

1 Mt 17, 14-20. 2 Jn 14, 12-14. 3 San Agustín, Datado sobre el Evangelio de San Juan, 72, 1. — 4 Cfr. Sagrada Biblia, Santos Evangelios, EUNSA, Pamplona 1983, in loc. — 5 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 585. — 6 Mc 9, 29. — 7 1 Jn 5, 4. — 8 A. del Portillo, Carta pastoral 31-V-1987, n. 22. — 9 San Josemaría Escrivá, o. c., n. 586. — 10 ídem, Amigos de Dios, 203. — 11 Sant 1, 22. — 12 Cfr. P. Rodríguez, Fe y vida de fe, p. 173. — 13 San Juan Crisóstomo, De compunctione, 1, 5. — 14 San Agustín, cit. en Catena Aurea, vol. VI, p. 297. — 15 J. M. Pero-Sanz, La hora sexta, Rialp, Madrid 1978, p. 292.

 

 

“Que si han dicho, que si pensarán...”

Cuanto más alta se alza la estatua, tanto más duro y peligroso es después el golpe en la caída. (Surco, 269)

Oímos hablar de soberbia, y quizá nos imaginamos una conducta despótica, avasalladora: grandes ruidos de voces que aclaman y el triunfador que pasa, como un emperador romano, debajo de los altos arcos, con ademán de inclinar la cabeza, porque teme que su frente gloriosa toque el blanco mármol.
Seamos realistas: esa soberbia sólo cabe en una loca fantasía. Hemos de luchar contra otras formas más sutiles, más frecuentes: el orgullo de preferir la propia excelencia a la del prójimo; la vanidad en las conversaciones, en los pensamientos y en los gestos; una susceptibilidad casi enfermiza, que se siente ofendida ante palabras y acciones que no significan en modo alguno un agravio.
Todo esto sí que puede ser, que es, una tentación corriente. El hombre se considera, a sí mismo, como el sol y el centro de los que están a su alrededor. Todo debe girar en torno a él. Y no raramente recurre, con su afán morboso, hasta la simulación del dolor, de la tristeza y de la enfermedad: para que los demás lo cuiden y lo mimen.
La mayor parte de los conflictos, que se plantean en la vida interior de muchas gentes, los fabrica la imaginación: que si han dicho, que si pensarán, que si me consideran... Y esa pobre alma sufre, por su triste fatuidad, con sospechas que no son reales. Su amargura es continua y procura producir desasosiego en los demás: porque no sabe ser humilde, porque no ha aprendido a olvidarse de sí misma para darse, generosamente, al servicio de los otros por amor de Dios. (Amigos de Dios, 101)

 

Uno de los nuestros: la Encarnación

La diferencia entre creer o no en Jesucristo no consiste solo en entender sus palabras, sino en reconocer su divinidad y su humanidad, encontrarse realmente con él y reconocerle como camino, verdad y vida nuestra.

La luz de la fe 10/08/2018

Opus Dei - Uno de los nuestros: la Encarnación

Las naciones se alegran con sus héroes, y los pueblos rememoran sus éxitos, sean de la índole que sean: artísticos, bélicos o de cualquier género. Los mausoleos recuerdan a primeros ministros, reyes o ingeniosos descubridores, y las calles, avenidas y plazas llevan nombres de pintores, músicos, artistas...

Al echar una mirada a la historia, emergen entre sus sombras figuras luminosas que engrandecen el corazón humano. Hombres extraordinarios que supusieron, por ejemplo, un avance sin posibilidad de retroceso para la ciencia, como Copérnico o Newton; escrutadores de la conciencia que nos dejaron testimonios perennes de la profundidad del corazón humano, como Agustín de Hipona o Fiodor Dostoievski; o pensadores religiosos que profundizaron en la relación del hombre con Dios y con su entorno: la moral, el culto, la sociedad. También se encuentran figuras que han causado asombro y que fueron perseguidas por sus enseñanzas, como algunos profetas del Antiguo Testamento o incluso como Sócrates en la antigua Atenas. Sin embargo, la fe cristiana tiene la audacia de decir que su fundador es infinitamente más que un simple genio religioso: ¿cómo se comprende esto?

¿Por qué se hizo igual a Dios?

Cristo es infinitamente más que un simple genio religioso

Si queremos comprender la figura de Jesucristo, al menos tal y como Él se presentó, y tal y como lo entendemos los cristianos, en ningún caso puede ser interpretado solo como un genio religioso que, anclado en el pasado, continúa exhortando desde su cátedra de la historia sobre verdades universales, tales como el amor al prójimo o la misericordia con el débil. Cristo es algo más, alguien más, y para poder adentrarnos en ese misterio nos puede ayudar una historia concreta ocurrida hace menos de cien años, y cuyas protagonistas son dos mujeres: madre e hija.

Edith Stein fue una filósofa alemana judía de comienzos del siglo XX. De extraordinaria inteligencia, pronto colaborará en tareas universitarias y llegará a trabajar junto a uno de los filósofos más destacados del siglo: Edmund Husserl. Diversos acontecimientos de su vida, admirablemente narrados por ella misma[1], la condujeron primero a la fe cristiana, y después a la clausura en el Carmelo. Morirá en el campo de concentración de Auschwitz en agosto de 1942, dando su vida por el pueblo hebreo y por su fe cristiana.

El día antes de ingresar en el Carmelo fue a despedirse de su familia. Su madre era una mujer extraordinaria, judía de raza y religión, que con sorprendente fortaleza había sacado adelante el negocio maderero y la familia después de la prematura muerte de su marido. Ella nunca llegó a hacerse cristiana, como sí ocurriría con sus hijas Rosa y Edith. Sin embargo, aun no creyendo en Jesucristo, llegó a comprender la centralidad de su misterio y su inaudita pretensión.

«El 12 de octubre fue el último día que pasó en su casa, el día de su cumpleaños y, a la vez, la fiesta hebrea de los tabernáculos. Edith acompaña a su madre a la sinagoga. Fue un día nada fácil para las dos mujeres. "¿Por qué la has conocido [la fe cristiana]? No quiero decir nada contra Él. Habrá sido un hombre bueno. Pero ¿por qué se ha hecho Dios?" Su madre lloró»[2].

Habrá sido un hombre bueno, pero... ¿por qué se ha hecho Dios? Blasfemia o verdad absoluta: así se presentaba la figura de Jesús para la madre de Edith Stein. Si hubiera sido un hombre bueno, un sabio antiguo, un maestro de verdades universales... pero se ha hecho igual a Dios. Esta afirmación no puede ni debe dejar indiferente a nadie que se decida a acercarse, usando únicamente la razón, a la figura de Cristo. Pero, ¿cómo puede un hombre hacerse igual a Dios?

Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre

Esta afirmación subraya la continuidad de todo el Nuevo Testamento. El evangelio de san Mateo abre sus páginas indicando, mediante la genealogía, el origen judío de Jesús, su nacimiento virginal y el cumplimiento en Él de todas las promesas: Él restaurará nuestra relación con Dios. Por El podremos dirigirnos a Dios con confianza. El evangelio de san Lucas también es explícito en este sentido, y reconoce no solo el origen judío de Jesús, sino su condición de hijo de Adán: Jesús se presenta así como salvador de todos los hombres. Esta es su pretensión, y esa es la grandeza que tenemos que comunicar a nuestros familiares, compañeros de trabajo y vecinos: Jesús es para todos, y tiene una respuesta personalísima para cada uno.

Por su parte, el evangelio de Marcos presenta ya en sus primeros versículos la revolución de la irrupción de Jesucristo en la historia. Ha llegado la buena noticia, que no solo es palabra (doctrina), sino también obras: curaciones y gestos, en definitiva, historia de Dios con los hombres y de los hombres con Dios. Finalmente, el evangelio de Juan es si cabe más claro en este desplegarse de la divinidad de Jesús en su humanidad, y da detalles de su origen eterno, así como de su encarnación en el tiempo.

su resurrección es la prueba más elocuente de su divinidad

Todos los evangelios concluyen de idéntica forma: narran la injusta muerte de Jesús mediante una dolorosa pasión y cruz, vivida con amor y espíritu de redención; nos cuentan de manera muy semejante los detalles más nimios de su sepultura, y presentan, de modos diversos, un hecho inaudito y jamás visto: su resurrección, la prueba más elocuente de su divinidad.

La conciencia cristiana cree, y así lo dicen explícitamente tanto los Evangelios como la Tradición de la Iglesia, que el cuerpo de Jesús no yace en el sepulcro, sino que resucitó a una vida nueva[3]. De ahí que el autor de la Carta a los Hebreos afirme con rotundidad que Jesús es «el mismo ayer, hoy y siempre» (Hb 13,8), porque Él vive para siempre y espera encontrarse con cada hombre hasta el final de los tiempos.

Los escritos de san Pablo, junto con otras cartas y el Apocalipsis, completan el Nuevo Testamento. Pablo no conoció los tiempos de Jesús por Galilea, ni tampoco estuvo en el Calvario o en el cenáculo después de su resurrección. Por eso, san Pablo es en cierta medida un modelo en el seguimiento de Jesús para todos aquellos que, como nosotros, no hemos caminado con Cristo por Galilea y Judea.

¿Quién es Jesús para San Pablo? ¿Qué supuso en su vida? La clave de toda la existencia de san Pablo es el encuentro con Cristo vivo; con él hay un antes ­­–Saulo– y un después –Pablo–. Encontrarse con Jesús es encontrarse con alguien vivo, no con un elenco de doctrina, un conjunto de normas morales o una ideología socio-política. No halló Pablo a un sabio religioso, sino que se encontró con aquel por quien todo lo estima basura (cfr. Flp 3,8), aquel que «me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gal 2,20), aquel que entrañablemente se quedó con nosotros para ser alimento de vida (cfr. 1 Cor 11,23-27).

La diferencia entre ser creyente o no en Jesucristo no consiste únicamente en entender cada una de sus palabras, sino en reconocer su divinidad y su humanidad, encontrarse realmente con él y reconocerle como camino, verdad y vida nuestra (cfr. Jn 14,6).

El centro de mi vida

«Lo normal ahora es tratar al Salvador del mundo de manera irreverente e irreal», predicaba el beato John Henry Newman, “como si fuera una idea o una visión; hablar de Él con tal estrechez y poco provecho como si solo supiéramos su nombre, aunque en la Escritura tenemos abundantes detalles de su estancia real entre nosotros, de sus gestos, palabras, hechos, donde fijar los ojos»[4]. El predicador llamaba la atención a sus oyentes del primer tercio del siglo XIX sobre algo que es particularmente actual: la consideración de un Cristo lejano, muerto, incluso para los propios cristianos. En el mejor de los casos, un conjunto de normas perennes.

Por eso, es lógico desear entender como cristianos, y ayudar a entender a los que no creen –pero quieren entender– la centralidad de Jesús en cada cabeza y corazón creyentes.

«Hasta que no captemos esto –concluía el beato Newman–, hasta que no nos dejemos de vagas afirmaciones acerca de su amor, de su disposición a recibir a los pecadores, a proporcionar arrepentimiento y ayuda espiritual, y cosas por el estilo, y empecemos a verlo a Él, en concreto, con sus palabras reales, las que constan en la Escritura, no habremos sacado del Evangelio el beneficio que nos ofrecen. Es más, quizá nuestra fe corra cierto peligro porque si el pensamiento de Cristo no es más que una creación de nuestra mente, es de temer que poco a poco esa fe vaya extinguiéndose, se pervierta o sea incompleta»[5].

Cristo presente para cada cristiano. Cristo vivo. En este mismo sentido se expresaba san Josemaría con palabras vibrantes al referirse a la formación de la gente joven: «Metamos a Cristo en nuestros corazones y en los corazones de los chicos. ¡Lástima!: frecuentan los sacramentos, llevan una conducta limpia, estudian, pero... la Fe muerta. Jesús –no lo dicen con la boca, lo dicen con la falta de vibración de su proceder–, Jesús vivió hace XX siglos... –¿Vivió? Iesus Christus heri, et hodie: ipse et in saecula; Jesucristo el mismo que ayer es hoy; y lo será por los siglos (Hebr. XIII,8). Jesucristo vive con carne como la mía, pero gloriosa; con corazón de carne como el mío. Scio enim quod Redemptor meus vivit, sé que mi Redentor vive (Iob XIX,25). Mi Redentor, mi Amigo, mi Padre, mi Rey, mi Dios, mi Amor ¡vive! Se preocupa de mí. Me quiere más que la bendita mujer –mi madre– que me trajo a este mundo (…)» .[6]

Cristo nació en Belén, se formó en Nazaret, predicó en Galilea y Judea, y vio la muerte en Jerusalén. Cristo resucitó de entre los muertos, y vive para siempre. Por eso los primeros cristianos cambiaron el día de culto al domingo, se distanciaron del templo y las costumbres judías que tanto amaban y empeñaron sus vidas hasta recibir, muchos de ellos, un fin violento y doloroso. Cristo estaba siempre con ellos, haciendo de su existencia una vida fundada en el amor.

Cristo presente en cada hombre

Elie Wiesel, premio Nobel de la Paz en 1986, fue confinado –cuando aún era adolescente– en un campo de concentración durante la segunda guerra mundial. Allí vivió una experiencia que le marcó de por vida: un niño fue ahorcado en el campo. Mientras se debatía entre la vida y la muerte, una voz exclamó: ¿Dónde está Dios? Elie en ese momento escuchó dentro de sí: «¿Dónde está? Aquí está. ¡Ahorcado en este patíbulo!».

Dios está con cada alma que padece

Elie Wiesel no era católico ni cristiano. Sin embargo, supo escuchar dentro de sí la voz de Dios. Cuando hay inocencia de vida es posible entender la solidaridad de Dios con cada uno de los hombres. Quizá hoy y siempre exista la tendencia a culpar a Dios de nuestros males –¿por qué ha permitido que me suceda esto?–, pero almas inocentes han entendido que, de algún modo, Dios sufre con cada hombre. Dios está con cada alma que padece.

Los creyentes tenemos, además, el conocimiento de la palabra evangélica. En san Mateo encontramos cómo Jesús afirma expresamente aquello que Wiesel y tantos han intuido. Jesucristo se identifica con los sedientos y los hambrientos, con los peregrinos y los forasteros, con los que pasan dificultades (cfr. Mt 25). Afirma que cuando vestimos a un desnudo, a Él le vestimos; cuando alimentamos a un hambriento, a Él se lo hacemos; cuando damos de beber un solo vaso de agua al sediento, nos hacemos merecedores de la vida eterna, porque a Él mismo servimos.

Jesucristo permanece en la historia como verdadero Dios, pero también como verdadero hombre; no deja ni dejará nunca la humanidad que asumió en María. Por esa razón, Jesús permanece unido de manera misteriosa a sus hermanos los hombres, muy especialmente al que sufre en el cuerpo y en el alma.

De esta convicción nace y mana todo el espíritu de caridad que gustosamente intentan vivir los cristianos: reconocer en el otro a Cristo, y practicar con él la caridad como si del mismo Cristo se tratase. De esta certeza surge la preocupación de los creyentes por los más necesitados, que ocuparán siempre y necesariamente un lugar privilegiado en el corazón de la Iglesia.

María, Virgen y Madre

Íntimamente unido al misterio de Cristo –Dios y hombre– está el misterio de María –Virgen y Madre–. Quizá hoy es especialmente difícil entender a María, porque ella es definida por dos aspectos que actualmente se rechazan en muchos ambientes la virginidad y la maternidad.

La fe de los cristianos confiesa que santa María concibió a Jesús virginalmente. Evidentemente, se trata de una afirmación de fe que tiene fundamento en los textos evangélicos. San Mateo dice expresamente que la concepción de Jesús fue obra del Espíritu Santo en el seno de María; san Lucas afirma expresamente este misterio en la anunciación de Gabriel, y san Juan concluye que el Verbo se hizo carne no mediante la humana y normal generación. Por otra parte, la Iglesia ha sido constante en afirmar el nacimiento virginal de Jesús.

Finalmente, María es también madre, madre de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. La íntima unión de Jesús con cada hombre, así como el encargo explícito que hizo a su Madre desde la Cruz, vincula a la Virgen con todo creyente como madre. En trance de muerte, Jesús confía a su madre al apóstol Juan, y confía a Juan a su madre (cfr. Jn 19,26-27). De ese modo, como ha entendido la Iglesia, Jesús declaraba a María madre de todos los hombres, y confiaba a los hombres custodiar la figura central de María para alimentar la fe de los pueblos. La devoción a María no es opcional o accesoria, porque encontrarse con Jesús es recibirla como madre, y encontrarse con María es ser conducido una y otra vez a la misericordia entrañable del corazón de Jesús, porque «a Jesús siempre se va y se "vuelve" por María»[7].

Fulgencio Espá

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BIBLIOGRAFÍA:

- Catecismo de la Iglesia Católica, 484-570, 720-726 y 963-975.

- Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 85-94.

- Tema 9. La encarnación, en Resúmenes de Fe cristiana (www.opusdei.org).

- Concilio Vaticano II, Const. Lumen Gentium, nn. 55-66.

- Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, (25-III-1987), n. 8.

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- Benedicto XVI-Joseph Ratzinger, Jesús de Nazaret, La Esfera de los Libros, Madrid 2007, 23-30; 371-410 (Introducción y cap. 10).

- Newman J. H., Sermones Parroquiales/3, Encuentro, Madrid 2009.

- Santa Teresa Benedicta de la Cruz–Edith Stein, Estrellas amarillas, Editorial Espiritualidad, Madrid 1973.

- Bastero de Elizalde J.L., María, Madre del Redentor, 2ª ed., Eunsa, Pamplona 2004.

- Ocáriz F. – L.F. Mateo Seco – J.A. Riestra, El misterio de Jesucristo, 3ª ed., EUNSA, Pamplona 2004.

- Ponce Cuéllar M., María, Madre del redentor y Madre de la Iglesia, 2ª ed., Herder, Barcelona 2001.

[1] Cfr. Santa Teresa Benedicta de la Cruz - Edith Stein, Estrellas amarillas, Editorial Espiritualidad, Madrid 1973.

[2] Cfr. Biografía de Santa Teresa Benedicta de la Cruz–Edith Stein, redactada con motivo de su canonización el 11 de octubre de 1998, publicada en www.vatican.va.

[3] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 638 y ss.

[4] J. H. Newman, Sermones Parroquiales/3, Encuentro, Madrid 2009, p. 137.

[5] Íbid., p. 137. A continuación, añade: «Si contemplamos a Cristo como revelado en los evangelios –el Cristo que existe ahí, externo a nuestra imaginación– y vemos que es un ser que vive realmente, que pasó realmente por la tierra como cualquiera de nosotros, al final creeremos en Él con una convicción, una confianza y una integridad, tan indestructible como la creencia en nuestros propios sentidos. Para un cristiano, no es posible meditar en el Evangelio sin sentir, por encima de toda duda, que el sujeto de todo el Evangelio es Dios».

[6] San Josemaría, Instrucción 9-I-1935, n. 248, citado en Camino. Edición crítico-histórica, Rialp, Madrid 2002, p. 732.

[7] San Josemaría, Camino, n. 495.

 

 

Trabajo y descanso

La llamada divina a trabajar incluye la necesidad del descanso. Como se deduce del relato de la creación, «la alternancia entre trabajo y descanso, propia de la naturaleza humana, es querida por Dios mismo».

Trabajo 19/04/2016

Opus Dei - Trabajo y descanso

«El hombre tiene que imitar a Dios tanto trabajando como descansando, dado que Dios mismo ha querido presentarle la propia obra creadora bajo la forma del trabajo y del descanso» [1].

Estas palabras de Juan Pablo II hacen referencia al relato de la Creación, primer «evangelio del trabajo» [2]. El autor sagrado, después de narrar cómo Dios, durante seis días, da la existencia al cielo, a la tierra y a todo su ornato, concluye: "Terminó Dios en el día séptimo la obra que había hecho, y descansó en el día séptimo de toda la obra que había hecho. Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó, porque ese día descansó Dios de toda la obra que había realizado en la creación" [3].

A partir de entonces, corresponde al hombre perfeccionar esa obra divina mediante su trabajo [4], sin olvidar que él es también criatura, fruto del amor de Dios y llamado a la unión definitiva con Él. El descanso del día séptimo, que Dios santifica, tiene para el hombre un hondo significado: además de una necesidad, es tiempo apropiado para reconocer a Dios como autor y Señor de todo lo creado, y anticipo del descanso y alegría definitivos en la Resurrección.

La familia, espacio espiritual, es una escuela para aprender a descansar pensando en los demás.

Una vida que transcurriese sumergida en los afanes del trabajo, sin considerar el fundamento del que todo proviene y el sentido –el fin– hacia el que todo tiende, «correría el peligro de olvidar que Dios es el Creador, del cual depende todo» [5], y hacia el cual todo se orienta.

Hacer todo para la gloria de Dios –la unidad de vida– es vivir con fundamento sólido y con sentido y fin sobrenaturales, es descansar en la filiación divina dentro del propio trabajo y convertir el descanso en servicio a Dios y a los demás [6].

Situar el trabajo y el descanso

El trabajo es un don de Dios y la misma creación es ya una llamada [7]: el hecho de que Dios llame a la existencia a una criatura libre, y la cree por amor, lleva implícita una vocación a corresponder. El trabajo es ámbito de encuentro entre la libertad creadora de Dios y la libertad del hombre, lugar de respuesta, y por tanto de oración hecha obras y de contemplación. Viendo la mano de Dios en todas las cosas, y especialmente en los demás hombres y en sí misma, la criatura se esfuerza para llevar todo a la perfección querida por Dios, buscando así su propia plenitud.

La invitación divina a trabajar es consecuencia de un corazón de Padre que quiere contar con la colaboración de sus hijos. El esfuerzo que esa tarea conlleva ha de ser humilde, filial, respuesta de amor y no iniciativa autónoma que busque la propia gloria.

Se podría aplicar al trabajo aquella imagen de nuestro Padre, en la que un pequeño se acerca a un grupo pescadores que tiraban de la red con enorme fuerza: agarró la cuerda con sus manecitas y comenzó a tirar con evidente torpeza. Aquellos pescadores rudos, nada refinados, debieron de sentir su corazón estremecerse y permitieron que el pequeño colaborase; no lo apartaron, aunque más bien estorbaba [8].

Dios conoce bien a sus criaturas. Al mismo tiempo que nos invita a colaborar con Él, sabe que nuestra naturaleza es frágil y quebradiza. La llamada divina a trabajar incluye la necesidad del descanso. Como se deduce del relato de la creación, «la alternancia entre trabajo y descanso, propia de la naturaleza humana, es querida por Dios mismo» [9].

Sabiendo que somos de Dios y que no nos pertenecemos, tenemos la responsabilidad de cuidar la salud, de estar en condiciones de dar a Dios toda la gloria.

Esta necesidad parte, en primer lugar, de la limitación física. Sobrestimar las propias fuerzas o un espíritu de sacrificio mal entendido podrían dar lugar a daños en la salud que Dios no quiere y que, a la larga, condicionarían la disponibilidad para servirle. Sin embargo, en algún momento, el Señor puede pedirnos mayor desgaste, situaciones que exijan un desprendimiento heroico incluso de la propia salud para cumplir su Voluntad.

Don Álvaro, saliendo a la calle con cuarenta grados de fiebre para buscar medios económicos, mientras se levantaban los edificios de Villa Tevere, es un ejemplo de ese amor sin condiciones.

Pero, por el mismo motivo –servir a Dios–, es bueno dedicar el tiempo necesario al descanso, como nuestro Padre ha señalado en numerosas ocasiones: Me parece, por eso, oportuno recordaros la conveniencia del descanso. Si llegara la enfermedad, la recibiremos con alegría, como venida de la mano de Dios; pero no podemos provocarla con nuestra imprudencia: somos hombres, y necesitamos reponer las fuerzas de nuestro cuerpo [10].

Sería una pena que, pudiendo descansar, mermaran las fuerzas por falta de reposo. Sabiendo que somos de Dios y que no nos pertenecemos, tenemos la responsabilidad de cuidar la salud, de estar en condiciones de dar a Dios toda la gloria.

El descanso es también una necesidad espiritual, «es una cosa sagrada, siendo para el hombre la condición para liberarse de la serie, a veces excesivamente absorbente, de los compromisos terrenos y tomar conciencia de que todo es obra de Dios» [11].

Salir de las exigentes solicitaciones –plazos, proyectos, riesgos, incertidumbres– que demanda el trabajo profesional, facilita el sosiego necesario para redimensionar la existencia y la propia tarea.

Saber despegarse periódicamente de esos reclamos supone, en ocasiones, un acto de abandono en el Señor, y contribuye a relativizar la importancia material de lo que hacemos, «persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio» [12].

Trabajamos por fidelidad, por amor, para que Dios se sirva –ha querido servirse– de nuestra entrega, sin atribuirnos la eficacia: ni el que planta es nada, ni el que riega, sino el que da el crecimiento, Dios [13]. La interrupción de la tarea habitual ayuda a valorar la desproporción entre nuestra aportación personal y los frutos de santidad y de apostolado que produce.

Si somos objetivos, con la objetividad que dan la fe y el trato con el Señor, veremos que también el esfuerzo que ponemos en el trabajo es don de Dios que sostiene, guía y empuja. El trabajo profesional –en el laboratorio, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia–, siendo el eje de la santidad, y la actividad que de algún modo estructura la existencia, no debe absorber otras facetas igualmente importantes.

«Por tanto, si después de seis días de trabajo el hombre busca un tiempo de distensión y de más atención a otros aspectos de la propia vida, esto responde a una auténtica necesidad, en plena armonía con la perspectiva del mensaje evangélico» [14]. Dedicar tiempo a la familia, a los amigos; emplearlo para incrementar la formación y la cultura y para tratar al Señor con más calma suponen también excelentes ocasiones para buscar la santidad en las que «las preocupaciones y las tareas diarias pueden encontrar su justa dimensión: las cosas materiales por las cuales nos inquietamos dejan paso a los valores del espíritu; las personas con las que convivimos recuperan, en el encuentro y en el diálogo más sereno, su verdadero rostro» [15].

El descanso responde también, por tanto, a la necesidad de vigilar, de pararse a rectificar el rumbo para poner a Dios en el centro y descubrirle en los demás. Las Convivencias, un paseo con la familia, los ratos de oración, las tertulias, los tiempos de retiro..., cada uno de estos ejemplos, a su modo, está en consonancia con esa necesidad y contiene notas esenciales de lo que significa descansar con sentido.

Reponer fuerzas en el cuerpo y en el espíritu: un cambio de actividad –el descanso no es no hacer nada–, que se distancia de las preocupaciones diarias, situándolas en su justa medida.

Esto es particularmente importante en ambientes donde una competitividad desmesurada, movida muchas veces por el deseo de gloria humana, tiende a absorber tal cantidad de tiempo y energías que hacen difícil atender otras obligaciones. El obrar de Dios es el modelo del obrar humano. Si Dios tomó respiro el día séptimo, también el hombre debe reponerse y hacer que quienes están a su lado, especialmente los más necesitados, recobren aliento [16].

«En esta perspectiva, el descanso dominical y festivo adquiere una dimensión profética, afirmando no sólo la primacía absoluta de Dios, sino también la primacía y la dignidad de la persona en relación con las exigencias de la vida social y económica, anticipando, en cierto modo, los cielos nuevos y la tierra nueva, donde la liberación de la esclavitud de las necesidades será definitiva y total. En resumen, el día del Señor se convierte así también, en el modo más propio, en el día del hombre» [17].

Anticipo de la Resurrección

Con la plenitud de la Revelación, en Cristo, el trabajo y el descanso alcanzan una comprensión más plena, insertados en la dimensión salvadora: el descanso como anticipo de la Resurrección ilumina la fatiga del trabajo como unión a la Cruz de Cristo.

«Mi Padre sigue obrando todavía... (Jn 5, 17); obra con la fuerza creadora, sosteniendo en la existencia al mundo que ha llamado de la nada al ser, y obra con la fuerza salvífica en los corazones de los hombres, a quienes ha destinado desde el principio al descanso (Hb 4, 1; 9-16) en unión consigo mismo, en la casa del Padre (Jn 14, 2)» [18].

Así como en Cristo, Cruz y Resurrección forman una unidad inseparable, aunque sean dos acontecimientos históricos sucesivos, análogamente, el trabajo y el descanso deben estar integrados en unidad vital. Por eso,más allá de la sucesión temporal, del cambio de ocupación que supone el descanso respecto al trabajo, se descansa en el Señor, se descansa en la filiación divina.

Esta nueva perspectiva introduce el descanso junto al propio trabajo, como una tarea filial, sin quitar al trabajo lo que tiene de esfuerzo y fatiga. Lo que queda excluido es otro género de cansancio bien distinto, que se deriva de trabajar por el orgullo de buscar como meta suprema la afirmación personal, o de trabajar sólo por motivos humanos. Ese cansancio, Dios no lo quiere: En vano madrugáis, y os vais tarde a descansar los que coméis el pan de fatigas [19].

Descansad, hijos, en la filiación divina. Dios es un Padre, lleno de ternura, de infinito amor. Llamadle Padre muchas veces, y decidle –a solas– que le queréis, que le queréis muchísimo: que sentís el orgullo y la fuerza de ser hijos suyos [20].

Esa fuerza de ser hijos de Dios conduce a un trabajo más sacrificado, a una mayor abnegación, hasta abrazar la Cruz de cada día con la fuerza del Espíritu Santo, para cumplir ahí la Voluntad de Dios, sin desfallecer; permite trabajar sin descanso, porque el cansancio del trabajo pasa a ser redentor. Entonces, vale la pena empeñarse con todas las energías en la tarea porque ya no sólo se están obteniendo frutos materiales, sino que se está llevando el mundo a Cristo.

Cuando se trabaja con esa disposición, más allá del esfuerzo humano de hacer fructificar los talentos, aparece el fruto sobrenatural de paz y alegría: Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor [21], y la fecundidad apostólica: Muy bien, siervo bueno, porque has sido fiel en lo poco, ten potestad sobre diez ciudades [22].

Por lo tanto, el trabajo «no puede consistir en el mero ejercicio de las fuerzas humanas en una acción exterior; debe dejar un espacio interior, donde el hombre, convirtiéndose cada vez más en lo que por voluntad divina tiene que ser, se va preparando a aquel “descanso” que el Señor reserva a sus siervos y amigos» [23].

En el episodio de la Transfiguración se narra que seis días después de anunciar su Pasión y muerte, Jesús se llevó con él a Pedro, a Santiago y a Juan su hermano, y los condujo a un monte alto, a ellos solos. Y se transfiguró ante ellos [24]. Santo Tomás, comentando este pasaje, relaciona el día séptimo en el que Dios descansó de la obra creadora con el séptimo día –seis días después– en que el Señor se manifestó a sus discípulos para mostrarles un anticipo de la Resurrección gloriosa, para que, levantando la mirada, no se quedasen en una visón terrena [25]. Los tres discípulos, admirados ante la contemplación de la gloria, ante la presencia del fin al que están llamados, expresan la alegría de descansar en el Señor y con el Señor: qué bien estamos aquí; si quieres haré aquí tres tiendas [26] –afirma Pedro–, viviendo anticipadamente la alegría y la paz del Cielo. Ese momento no iba a perpetuarse todavía. Sin embargo, la luz y la paz del Tabor serán fuerza para continuar el camino que, pasando por la Cruz, conduce a la Resurrección.

También nosotros hallamos descanso en el abandono filial: la paz y la serenidad de quien sabe que detrás del cansancio, las dificultades y las preocupaciones propias de nuestra condición terrena, hay un Padre eterno y omnipotente, que nos sostiene. Trabajar con visión de eternidad evita preocupaciones inútiles y desasosiegos infecundos y anima cualquier tarea con el deseo de ver definitivamente el rostro de Cristo.

Trabajar con visión de eternidad evita preocupaciones inútiles y desasosiegos infecundos.

Santificar el descanso, y especialmente el domingo –paradigma del descanso cristiano que celebra la Resurrección del Señor–, ayuda a descubrir el sentido de eternidad y contribuye a renovar la esperanza: «el domingo significa el día verdaderamente único que seguirá al tiempo actual, el día sin término que no conocerá ni tarde ni mañana, el siglo imperecedero que no podrá envejecer; el domingo es el preanuncio incesante de la vida sin fin que reanima la esperanza de los cristianos y los alienta en su camino» [27].

Santificar el descanso y las diversiones

Los primeros cristianos vivían su fe en un ambiente hedonista y pagano. Desde el principio, se dieron cuenta de que no se puede compatibilizar el seguimiento de Cristo con formas de descansar y de divertirse que pervierten y deshumanizan.

San Agustín, en referencia a espectáculos de este tipo, decía en una homilía: «Niégate a ir, reprimiendo en tu corazón la concupiscencia temporal, y mantente en una actitud fuerte y perseverante» [28]. No es extraño que se repitan ahora, en ambientes neopaganos, manifestaciones clamorosas de esa indigencia espiritual.

Es preciso discernir «entre los medios de la cultura y las diversiones que la sociedad ofrece, los que estén más de acuerdo con una vida conforme a los preceptos del Evangelio» [29].

No se trata de permanecer en un ambiente cerrado. Es necesario ponerse en marcha, con iniciativa, con valentía, con verdadero amor a las almas, de modo que cada uno nos esforcemos para transmitir en los ambientes sociales el sentido y el gozo cristiano del descanso. Como nos recordaba don Álvaro, es una labor importante para cada uno la creación de lugares en los que impere un tono cristiano en las relaciones sociales, en las diversiones, en el aprovechamiento del tiempo libre [30].

Jesús, María y José nos muestran cómo hay en la vida familiar tiempo para el descanso y para la fiesta: iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua [31]. La familia, espacio espiritual, es una escuela para aprender a descansar pensando en los demás. Para ello conviene programar bien las vacaciones, emplear los tiempos de descanso para estar con los hijos, para conocerles bien y conversar con ellos, para jugar con los más pequeños...

Es preciso aprender a pasarlo bien en familia, sin caer en la solución fácil de dejar a los más jóvenes solos frente al televisor o navegando en Internet.

Es preciso aprender a pasarlo bien en familia, sin caer en la solución fácil de dejar a los más jóvenes solos frente al televisor o navegando en Internet. En este sentido, seleccionar en la televisión cuáles son los programas más interesantes y verlos junto a los hijos, o enseñar a utilizar el ordenador con sobriedad, sabiendo en cada momento para qué se usa –principalmente como herramienta de trabajo–, adquieren hoy una importancia no pequeña.

El Evangelio de San Lucas muestra también cómo el niño Jesús, movido por el Espíritu Santo, aprovecha la subida a Jerusalén con motivo de la fiesta de la Pascua para iluminar a los hombres: Cuantos le oían quedaban admirados de su sabiduría y de sus respuestas [32].

El descanso no es una interrupción de la tarea apostólica. Al contrario, abre nuevas posibilidades, nuevas ocasiones de profundizar en la amistad y conocer personas y ambientes a los que llevar la luz de Cristo.

El Concilio Vaticano II anima a todos los cristianos a esta imponente labor: a cooperar «para que las manifestaciones y actividades culturales colectivas, propias de nuestro tiempo, se humanicen y se impregnen de espíritu cristiano» [33].

La Iglesia está necesitada de personas que actúen, con mentalidad laical, en este campo de la nueva evangelización. Urge recristianizar las fiestas y costumbres populares. –Urge evitar que los espectáculos públicos se vean en esta disyuntiva: o ñoños o paganos. Pide al Señor que haya quien trabaje en esa labor de urgencia, que podemos llamar “apostolado de la diversión” [34].

F. J. López Díaz

C. Ruiz Montoya


1. Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25.

2. Ibid.

3. Gn 2, 1-3.

4. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 307.

5. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 65.

6. A solas con Dios, n. 29.

7. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2566.

8. Amigos de Dios, n.14.

9. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 65.

10. De nuestro Padre, Carta 15-X-1948, n. 14.

11. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 65.

12. Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25.

13. 1 Cor 3, 7.

14. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 67.

15. Ibid.

16. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2172.

17. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 68.

18. Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25.

19. Sal 127 [126], 2.

20. A solas con Dios, n. 221.

21. Mt 25, 21 y 23.

22. Lc 19, 17.

23. Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25.

24. Mt 17, 1-4.

25. Cfr. Santo Tomás, In Matth. Ev., XVII, 1.

26. Mt 17, 4.

27. Cfr. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 26.

28. San Agustín, Sermo 88, 17.

29. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 68.

30. Don Álvaro, Cartas de Familia (1), n. 386.

31. Lc 2, 41.

32. Lc 2, 47.

33. Conc. Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, n. 61.

34. Camino, n. 975.

 

 

El problema de quien no cree

¿Cuál es el verdadero problema de quien carece de fe?

Por: P. Eduardo María Volpacchio

“Si el ser humano sólo confía en lo que ven sus ojos, en realidad está ciego porque limita su horizonte de manera que se le escapa precisamente lo esencial.
Porque tampoco tiene en cuenta su inteligencia. Las cosas realmente importantes no las ve con los ojos de los sentidos, y en esa medida aún no se apercibe bien de que es capaz de ver más allá de lo directamente perceptible.”
Joseph Ratzinger, Dios y el mundo, p. 16


Tener fe o no tener fe, esa es la cuestión
Hay personas con fe y personas sin fe. Personas que la tienen y viven como si no la tuvieran; y personas que no la tienen y quisieran tenerla.

Personas que nacen en el seno de una familia cristiana y son casi genéticamente cristianas. Personas a las que nunca nadie habló de Dios, no lo conocen y por falta de experiencia “divina” carecen de sensibilidad para las cosas espirituales. La fe no les dice nada, porque no pueden imaginar lo que es tenerla.

Personas que perdieron la fe que alguna vez tuvieron; se les quedó por el camino y no les interesa mucho por dónde. No les dice nada porque se aburrieron de lo que creían.

Personas ansiosas por encontrar un sentido a la rutina de sus vidas.

En estas breves páginas, quisiera explicar al creyente (que más allá de crisis coyunturales nunca ha experimentado lo que es vivir sin fe) el problema de quien carece de fe. Porque, digámoslo de entrada, aunque no sea conciente, quien no tiene fe tiene un problema muy serio.

¿Cuál es el problema de quien carece de fe?
Para comenzar, se pierde de conocer mucho de la realidad. Y, en concreto, lo más elevado.
Puede alcanzar sólo una visión muy superficial de la vida humana: lo que se ve, se oye, se come, engorda, enferma, etc. Pero el hombre es bastante más que una máquina que procesa comida, trabaja y se reproduce. Quien pierde el espíritu humano (lo más valioso del hombre) pierde mucho (y la relación con Dios es la expresión más alta del espíritu humano).

Pierde, además, la trascendencia y su vida queda así encerrada en la “cárcel” de la inmanencia de este mundo. Podrá disfrutar muchas cosas, divertirse, etc., pero su vida -considerada globalmente- se ha convertido en un camino hacia el cáncer y la tumba. Es duro, pero no cabe esperar otra cosa.

Pierde el sentido más profundo del amor, que sin espíritu queda reducido a mero placer.
Se le escapa el sentido más profundo de la vida (para qué vivo, dónde voy…). No sabe de dónde viene ni adónde va.

No es capaz de alcanzar lo único que, en definitiva, realmente importa. No tiene una sola respuesta para los problemas cruciales de la existencia humana. Como reconocía un premio Nobel español, agnóstico, lleno de tristeza hacia el final de su vida: “no tengo una sola respuesta para las cosas que realmente me interesan. Soy un sabio muy especial. Un sabio que no sabe nada de lo que le importa”.

Quien dice que sólo creerá lo que toque y vea (“si no lo veo no lo creo”), en realidad no sabe lo que está diciendo. La realidad más profunda de las cosas no está a nivel superficial y, por tanto, está fuera del alcance de los sentidos. No se ve con los ojos, no se pesa en una balanza, ni siquiera se alcanza con un microscopio. Se “ve” con la inteligencia, pero más allá de donde llegan los sentidos. Y, la verdad más grande -cómo es la vida íntima de Dios-, supera incluso esta capacidad intelectual de “ver”: sólo se accede a ella por la fe.

De modo brillante y resumido se lo explica el zorro al Principito cuando le dice: “no se puede ver sino con el corazón. Lo esencial está oculto a los ojos” (Antoine de Saint-Exupery, El Principito, XXI).

El hombre sin fe nunca llega a entender algunas de las cosas más importantes de su vida

Como por ejemplo:

  • La felicidad y las ansias de infinito
  • Las realidades espirituales
  • El sentido de la vida (para qué estamos acá)
  • Los anhelos más profundos de la persona
  • El fracaso
  • El dolor
  • La muerte (tanto en general, como la propia y la de los seres queridos)
  • Y sobretodo lo que viene después.

Quien se cierra en su no-creeencia tiene cerrado el acceso a Dios, a la redención, a la salvación.
Cerrado a la trascendencia, está cerrado a su desarrollo más pleno, y sobre todo a la felicidad perfecta.

En el ser humano hay unas ansias de infinito que no es posible reprimir: nada de este mundo lo satisface plenamente, porque las cosas de aquí le “quedan chicas”. Esas ansias de infinito serán saciadas después de esta vida. Por eso quien está cerrado a la trascendencia, está frustrado existencialmente, pues le resulta imposible concebir como posible la satisfacción de la tendencia más radical de su ser: su tendencia a la plenitud.

Sólo quien sabe quién es puede vivir con plenitud

En la Misa inaugural de su Pontificado Benedicto XVI recordó que “únicamente donde se ve a Dios, comienza realmente la vida. Sólo cuando encontramos en Cristo al Dios vivo, conocemos lo que es la vida. No somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario. Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con él. La tarea del pastor, del pescador de hombres, puede parecer a veces gravosa. Pero es gozosa y grande, porque en definitiva es un servicio a la alegría, a la alegría de Dios que quiere hacer su entrada en el mundo” (Benedicto XVI, Homilía del 24.4.05).

El hombre sin fe, se pierde lo mejor de la vida (que no necesariamente es lo más divertido): Dios y la vida eterna quedan fuera del horizonte de su vida y de su alcance.

Algunos, con buen corazón, pueden ocuparse de cosas muy nobles, como la ciencia o el arte; también contribuir al bien temporal de los demás. Todo esto es muy bueno. Pero, les falta algo, en realidad mucho: la apertura al infinito y la perfección, que da sentido y valor a lo que hacen. Para ellos, este bien, en cierta manera, se convierte en un camino hacia Dios.

Otros -quizá coherentemente con su visión materialista de vida (quien no cree en la trascendencia queda “encerrado” en la materia)- viven en la frivolidad (“comamos y bebamos que mañana moriremos”) pueden distraerse (dis-traerse: alejar la atención de lo importante), entretenerse (entre-tener: pasar ligeramente un rato entre dos cosas), divertirse (ocuparse jugando de cosas livianas), vivir en y para la pavada.

La sociedad actual (tecnológica) les ofrece todo tipo de medios para conseguirlo... y pueden distraerse, entretenerse y divertirse con bastante éxito... y de a ratos olvidarse de quienes son, pero no se realizan: pierden la vida.

Pueden pasar su existencia distraídos, entretenidos y divertidos (con la atención fuera de lo que lo conduciría a una vida realizada).

Incluso morir sin darse cuenta. Pero al final, se desvelará el misterio y se verá cómo han frustado su existencia llenándola de nada.

¿Es cómodo ser creyente?

Hay quienes repiten una frase gastada: “es duro ser no creyente”.

Como si la postura de los creyentes fuera más cómoda. Como si los no creyentes fueran más honrados al no creer al precio de su inseguridad (cosa realmente dolorosa).

Esta expresión tiene dos partes.

Ser creyente es mucho más seguro y, al mismo tiempo, exigente.

Es cierto que sin fe se carece de la seguridad del creyente. Y esto no puede no ser duro. Pero también puede resultar muy cómodo. No se puede conocer el interior de las personas. Hay quienes para estar cómodos “pagan” el precio de vivir en la oscuridad. No se comprometen con la verdad, no la buscan. Viven tranquilos en su ignorancia para no exponerse a tener que hacer aquellas cosas que les exijiría la fe si la encontraran… y por eso prefieren no buscarla.

No están condenados a no creer. Quienes son honestos consigo mismo no nunca abandonan la búsqueda de la verdad.

La curiosa pretensión del agnóstico Resulta realmente curioso el planteo del agnóstico: afirmar la imposibilidad de conocer lo que él no conoce...

¿No sería más razonable afirmar simplemente que él todavía no pudo conocer lo que no conoce? Hace una extrapolación que no es válida: pasar de un dato particular (su no-conocimiento personal de Dios) a la afirmación general de la imposibilidad del mismo. Pero que él no conozca no demuestra en lo más mínimo que sea imposible conocer.
La fe es el tesoro escondido en un campo.

No haberlo encontrado todavía no alcanza para negar su existencia. Sólo prueba que debo seguir buscando. En cambio, parece bastante irrefutable el hecho de que muchas personas cuerdas (no están locas) han vendido todo lo que tenían para comprar ese campo...

La fe y las apuestas

Quien no cree arriesga demasiado.

La fe no es cuestión de probabilidades, tampoco de cálculos de intereses y conveniencias, pero hace ya mucho tiempo, una mente matemática como la de Pascal planteó las siguientes alternativas:

  • Si creo en Dios y Dios existe, lo he ganado todo.
  • Si creo en Dios y Dios no existe, no pierdo nada.
  • Si no creo en Dios y Dios existe, lo pierdo todo.
  • Si no creo en Dios y Dios no existe, no gano nada.

Pero no es cuestión de apuestas. La fe no es una apuesta, aunque por cálculo de probabilidades tenga más chances de ganar.

No cree el que quiere sino el que puede La fe es un don que Dios no niega a nadie. Es un misterio de la gracia y la libertad humana.

Impresiona ver a Jesús dar gracias al Padre celestial porque se ha mostrado a los humildes y ha ocultado a los que se tienen a sí mismos por sabios y prudentes (cfr. Mt 11,25). Dios se esconde y se muestra. Sólo los humildes son capaces de ver.

La verdad no se impone: cada uno debe recorrer el camino que conduce a ella. Un camino muy personal. Buscar la verdad y ponerse en condiciones de poder encontrar a Dios.

No se trata de conseguir entender a Dios, sino de encontrarlo. Y cuando se lo encuentra, entonces, se entiende y sobretodo se lo ama.

Ser capaz de escuchar a Dios y ser capaz de hablar a Dios
¿Cómo se llega a encontrar a Dios, a escucharlo y hablarle?
“¿Hay que aprender a hablar con Dios?”

Uno puede ser -o volverse- sordo para las cosas de Dios. “El órgano de Dios, explica el Card. Ratzinger, puede atrofiarse hasta el punto de que las palabras de la fe se tornen completamente carentes de sentido”.

“Y quien no tiene oído tampoco puede hablar, porque sordera y mudez van unidas”. Entonces habrá que aprender -hacerse capaz- a comunicarse con Dios. “Poco a poco se aprende a leer la escritura cifrada de Dios, a hablar su lenguaje y a enteder a Dios, aunque nunca del todo. Poco a poco uno mismo podrá rezar y hablar con Dios, al principio de manera infantil -en cierto modo siempres seremos niños-, pero después cada vez mejor, con sus propias palabras” (Joseph Ratzinger, Dios y el mundo, p. 16).

¿Cómo?

No hay fórmulas mágicas, hay recorridos. En primer lugar, con la apertura a la trascendencia: quien descartara de entrada la posibilidad de lo sobrenatural, cerraría la puerta a la verdad. Estaría rechazando apriorísticamente la existencia de algo que no es irracional. Y con esta actitud obviamente, difícilmente encontrará aquello cuya existencia rechaza voluntariamente. Pero no es que la verdad se le oculte, sencillamente la niega.

Después con todo lo que favorece la actividad del espíritu: arte, poesía, música, etc. Las expresiones del espíritu humano.

  • Con el realismo filosófico.
  • Con la lectura de vidas ejemplares (los santos), y en particular con el recorrido de los grandes conversos de la historia.
  • Con la lectura de la Sagrada Escritura: Dios habla en ella.
  • Con la oración. Incluso aunque parezca que no sirve para nada: Dios escucha aunque yo no sea consciente de su presencia.

Un secreto

Georges Chevrot nos explica que “Dios se hace amar antes que hacerse comprender” (El pozo de Sicar, Ed. Rialp, p. 291). En efecto, a Dios lo conocemos más a través del amor que de la inteligencia. Juan entendió más a Jesús no porque fuera más inteligente sino porque amó más y, por tanto, tuvo más intimidad con El. Quien no lo entiende, debería comenzar a tratar de amarlo y lo acabará entendiendo. El camino inverso no es de éxito seguro: con facilidad se enreda por la soberbia, y para encontrar la fe, la humildad es requisito fundamental.

Y a quien lo entiende –aquel a quien el cristianismo le “cierra” perfectamente– todavía le queda camino por recorrer, para llegar a amarlo con todo el corazón.

Buscarlo, intentar dirigirse a El, incluso antes de creer en El. La fe es un acto de conocimiento, pero también supone el ejercicio de la voluntad: hay que querer creer. Es difícil que alguien queriendo no creer llegue a creer. Dios no fuerza nuestra libertad. Son muy raros los encuentros inesperados como los de San Pablo o André Frossard (en su libro “Dios existe, yo me lo encontré” cuenta su historia personal).

Pero la fe, es sobretodo un encuentro. No se alcanza por razonamientos intelectuales, sino que la inteligencia se rinde cuando se encuentra delante de Dios. En concreto, un encuentro personal con Cristo (de quien los cristianos afirmamos que vive y por eso es “encontrable”).

Un riesgo frecuente

No pocas personas caen en la tentación de crearse una fe a su medida, según su propio gusto. Pero esto sería un auto-engaño notable.

La verdad tiene que venir de afuera. En el caso de Dios, sólo puede provenir de El. Por mi cuenta puedo llegar a conocer algunas cosas de Dios, pero lo más importante es lo que El revela, que es inaccesible a nuestra inteligencia.

La grandeza de la fe

Permite ir más allá de las apariencias, más allá de este mundo. Descubrir las realidades más profundas, el verdadero sentido de las cosas, el sentido de la vida. Y penetrando en el misterio, encontrarse con Dios.

Los cristianos deberíamos tener una sano complejo de superioridad... que en realidad no es un complejo propiamente dicho. Es simplemente el gozo de vivir una realidad superior. Saberse llamados a algo muy grande, a la vida eterna.

La fe da respuesta a los interrogantes más importantes de la persona. Los más vitales, acuciantes, agudos. Los que el hombre no puede dejar de plantearse. Los que modelarán su vida según la respuesta que les dé.

Quien carece de fe no los resuelve, sencillamente necesita negarse a planteárselos porque sabe que no puede encontrar respuesta para ellos.

Las cuestiones de fe requieren fe. Esto es obvio. Para creer hay que tenerla. Quien no la tiene no puede “ver”.

Pero también es cierto que muchas cosas no “cierran” sin fe (la existencia del mal, la vida después de la muerte, el sentido del dolor, y un largo etc.) y las cosas de la fe “cierran” (no son fábulas descolgadas): llegan a explicar el mundo de un modo totalmente coherente.

La fe no es demostrable, pero creer es razonable. Mucho más razonable que no creer.

 

XIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDIANRIO 2018

Jn. 6, 41-51

PAN VIVO

La Eucaristía es el invento de la locura del Amor de Dios por estar siempre con nosotros y en nosotros, para que tengamos vida y la tengamos en abundancia.

Cuando Jesús habla de que es el Pan Vivo que ha bajado del cielo se responde con una fuerte contestación. Se le reconocen sus raíces humanas, su condición de “hijo de José” y que el Mesías vendrá del cielo, pero no conoceremos ni su linaje humano ni nada ¿Cómo puede decir que ha bajado del cielo? ¿Cómo puede decirnos que es el Pan Vivo, el maná?

Jesús, vuelve a dejar claro lo que realmente pone nervioso y furiosos a los judíos: Por una parte, habla de que Él es el pan de vida que ha bajado del cielo y que es su Padre el que lo ha enviado. Aquí, el Señor está poniendo las bases del cristianismo como fe en la Trinidad, en Jesús como verdadero Dios y verdadero hombre Salvador, y en la Eucaristía que es el pan vivo para la vida eterna. Habla abiertamente de su divinidad y, a la vez, que es plenamente humano.

Vuelve a insistir en que los que comieron el maná murieron, algo tan evidente para subrayar que la vida es Cristo, el Señor. Sin embargo el que coma del pan que Yo le daré, mi propio cuerpo entregado, no morirá jamás

A este discurso se le ha llamado con razón, el sermón del pan vivo. Jesús nos alimenta con su cuerpo y con su sangre. Es nuestra vida. Fijaos cuando se asiste a algún funeral que siempre se nos recuerda que el cuerpo que enterramos tiene, por la Eucaristía, por la comunión, una promesa de vida eterna que ha realizado en este discurso Jesús. Quien come su cuerpo tiene vida eterna.

¿Qué sabemos nosotros de la acción de gracia que el Señor realiza con aquellos que recibimos la comunión, aunque no fuese más que una vez en la vida?

Está claro que el que recibe a Jesús tiene una promesa de vida eterna. “El que come de este pan vivirá para siempre”. Esto nos lanza a valorar más el encuentro eucarístico con Jesús, al recibirle como pan de vida, como el Amigo fiel que nunca falla.

¿No será esta una de las grandes causas de las crisis del corazón humano, de la humanidad, de la gente que no reciben y acogen a Jesús en la Eucaristía y que mueren de tristeza? Porque el pan que yo os daré es mi carne para la vida del mundo. ¿No será esta una de las causas de la falta de vitalidad en las parroquias, en los grupos, en las comunidades donde la centralidad no es Cristo en la Eucaristía?

+Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres

 

 

¡Argentina dice sí a la vida!

Redacción YI

Ago 09, 2018

Tras más de 12 horas de sesión el Senado de Argentina rechazó la iniciativa de ley –aprobada en la Cámara de Diputados- con la que se pretendía legalizar el aborto hasta la semana 14 de gestación.


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Con 38 votos en contra y 31 a favor, dos abstenciones y una ausencia, la cámara alta del país sudamericano cerró –por lo pronto- el debate que durante varios meses dividió a los argentinos.

Bajo una lluvia constante, miles de personas se reunieron afuera del recinto legislativo para esperar el resultado de la votación.

El júbilo estalló entre quienes apoyaron el movimiento “Salvemos las dos vidas”, que logró movilizar a cientos de miles de personas en varias manifestaciones de rechazo a la iniciativa.

Durante la jornada, decenas de senadores subieron a tribuna para expones sus motivos a favor o en contra de la legalización.

“Tanto la propuesta de Diputados como las modificaciones que se proponen son increíblemente exageradas: se pasa de convertir algo que es un delito en algo que es una obligación, lo cual es un poco exagerado” aseguró en su participación Federico Pinedo, presidente provisional del Senado.

La expresidenta Cristina Fernández de Kirchner habló a favor de la iniciativa y aseguró que su posición en contra del aborto cambió al ver que “miles de chicas salieron a la calle”.

La senadora Silvia Elías de Pérez también mostró su rechazo a la legalización del aborto, argumentando que significaría una especie de discriminación entre quienes son aceptados para nacer y quienes son rechazados.

“Realmente legalizar el aborto es admitir lisa y llanamente el fracaso del Estado; es desentenderse de trabajar en la prevención”, puntualizó.
Leer: ¿Por qué Argentina debate la legalización del aborto?

La Iglesia pide profundizar el diálogo

En este debate la Iglesia Católica tuvo un papel preponderante. En un comunicado, la Conferencia Episcopal de Argentina, encabezada por el obispo de San Isidro Oscar Ojea y el arzobispo de Buenos Aires Mario Poli, agradeció a los argentinos, a los legisladores y a las organizaciones que dieron la batalla en defensa de la vida.

"(damos las gracias) a tantos hombres y mujeres, a los Senadores y organismos e instituciones que se han pronunciado en defensa de la vida (…) agradecemos especialmente el testimonio de los pobres, que siempre nos enseñan a recibir la vida como viene y a saber cuidarla porque es un don de Dios"

Asimismo, la Iglesia Católica llamó a todos los sectores involucrados a un diálogo renovado para un nuevo compromiso social en apoyo a las vidas más vulnerables.

“Nos encontramos ante grandes desafíos pastorales para anunciar con más claridad el valor de la vida: la educación sexual responsable, el acompañamiento a los hogares maternales surgidos especialmente en nuestros barrios más humildes para acompañar a mujeres embarazadas en situaciones de vulnerabilidad y la atención a personas que han pasado por el drama del aborto”.

¿Ahora qué sigue?

La iniciativa no podrá ser discutida en el congreso argentina, al menos en lo que resta del año legislativo.

Cabe recordar que, aunque aseguró que personalmente su postura era provida, el presidente Mauricio Macri fue quien impulsó el debate en el legislativo. Incluso, de acuerdo con activistas de la campaña ‘Salvemos las dos vidas’, fue presionado por organismos internacionales para ello.
Leer: “A los provida ya no nos callan más”: Activistas

Ahora, de acuerdo con el diario argentino Clarín, el gobierno estudia la posibilidad de impulsar una Reforma al Código Penal, para descriminalizar a las mujeres que aborten, con lo que la ley pesaría sobre médicos, enfermeros y quienes asistan el aborto.

 

 

La cooperación entre los cónyuges

Juan Ignacio González Errázuriz
6 agosto 2018

La castidad conyugal es una conquista de ambos cónyuges.

La castidad conyugal es una conquista de ambos cónyuges. Para conseguir esta mutua conquista ambos deben vivir su vida íntima en común acuerdo respecto de aquellas conductas que contradicen la verdad moral de la ley de Cristo. Como el acto conyugal se realiza por la acción conjunta del hombre y la mujer, existen en él dos acciones morales que corresponden a los sujetos que actúan. Lo normal será que ambos cónyuges, de común acuerdo, quieran realizar el acto conyugal sin contrariar la ley moral. Pero así como los dos pueden formalmente cooperar para que el acto íntimo sea moralmente bueno, así también puede uno de ellos tener una intención diversa y realizar el acto conyugal sin sujetarse a las reglas morales que lo ordenan. Se disocian así las voluntades del marido y la mujer y mientras uno concibe, quiere y realiza un acto sexual de por si bueno, el otro, pervirtiendo el orden debido, lo transforma en un acto malo o moralmente reprochable. Se sigue de esta conducta que el cónyuge que obra bien coopera al pecado del que obra mal y de alguna manera puede hacerse participe del mal. Nunca puede aceptarse la cooperación formal al mal, es decir estar voluntariamente de acuerdo en realizar un acto conyugal que intencionalmente esta privado de su apertura a la vida. “En efecto, desde el punto de vista moral, nunca es lícito cooperar formalmente en el mal. Esta cooperación se produce cuando la acción realizada, o por su misma naturaleza o por la configuración que asume en un contexto concreto, se califica como colaboración directa en un acto contra la vida humana inocente o como participación en la intención inmoral del agente principal. Esta cooperación nunca puede justificarse invocando el respeto de la libertad de los demás, ni apoyarse en el hecho de que la ley civil la prevea y exija. En efecto, los actos que cada uno realiza personalmente tienen una responsabilidad moral, a la que nadie puede nunca substraerse y sobre la cual cada uno será juzgado por Dios mismo (cf. Rm 2,6; 14,12)”[1]. La regla general es la ilicitud moral de la cooperación material: es decir, cuando se realiza la copula conociendo el mal que obra el otro cónyuge, cosa que ocurre cuando se aprueba interna o externamente el pecado de la otra persona.

Si el cónyuge que quiere actuar conforme a la razón moral mantiene siempre su recta intención, su cooperación no es propiamente voluntaria, es material, al pecado del otro cónyuge, porque él no quiere pecar. Pero, como hemos dicho, tal circunstancia no hace por si sola que dicha cooperación sea licita y el cónyuge inocente debería intentar oponerse al mal que quiere realizar el otro, tanto por rechazo al pecado mismo, como por caridad hacia su cónyuge, pues debe dolerle verlo ofender a Dios. Pero puede ocurrir, especialmente en el caso de la mujer, que el marido ejerza una presión indebida, física, pero sobre todo moral, por la que pese a la desaprobación de la conducta mala se le obligue a realizar el acto conyugal. El Papa Pío XI en la Encíclica Casti connubbi se refirió a esta situación, señalando que conforme a la moral católica el cónyuge inocente podría cooperar materialmente el pecado del otro. Para que dicha cooperación pueda ser lícita deben cumplirse ciertas condiciones:

a) que la parte inocente no consienta con el pecado del su cónyuge y le manifieste su desaprobación de alguna manera (por ejemplo, expresándoselo, resistiéndose moderadamente a la realización de la copula, etc.) Para que pueda decirse que el cónyuge inocente no consiente en el pecado del otro debe el primero desaprobar interna y externamente el pecado ajeno. No se debe inquietar la conciencia del cónyuge inocente que coopera materialmente al pecado del otro si de su cooperación se siguiera la complacencia en lo que hay de natural en la unión conyugal. El cónyuge inocente debe desaprobar de la manera que estime más oportuna el pecado del otro cónyuge. No implica que necesariamente debe advertirlo en el momento de la unión ni en cada ocasión [2];

b) que la actuación del cónyuge inocente sea conforme a la naturaleza, es decir sin perversión, como sería el caso de cooperar en la realización de un acto sexual anal o bucal u otras formas ilícitas de satisfacción sexual completa;

c) que exista una causa proporcionalmente grave para proceder así, como sería el temor fundado (porque ya ha ocurrido, por ejemplo) a la violencia física, o de un posible adulterio, (cuando el cónyuge inocente conoce o intuye que ha ocurrido o puede ocurrir), el rompimiento de la unidad familiar (amenaza de abandono del hogar) o una hostilidad continua, y por último;

d) la cooperación del cónyuge inocente al pecado del otro debe ser pasiva, pero la pasividad no se refiere a la unión en cuanto tal: significa que el cónyuge inocente no puede ser el causante de la acción que priva a la unión matrimonial de su orden a la procreación, ni siquiera indirectamente, como por ejemplo, quejándose de los inconvenientes que traería consigo un nuevo hijo, etc.

Además, sobre la posible licitud de la cooperación material y pasiva, habría que agregar que puede ser lícita en ciertos casos la cooperación de la mujer al acto conyugal, cuando sabe que el marido tiene intenciones de practicar el onanismo [3]. También puede ser lícita la cooperación, por causas muy graves, cuando el otro cónyuge se ha esterilizado definitiva o temporalmente, ya sea con medios quirúrgicos o por medio de fármacos no abortivos y nunca puede ser lícita la cooperación cuando el otro cónyuge pretende realizar una unión antinatural, como ya lo señalamos. Si los peligros son especialmente agudos, la parte inocente puede incluso lícitamente pedir el débito conyugal, aún sabiendo que el otro cónyuge abusará del matrimonio.

Hay circunstancias en que nunca es lícita la cooperación al pecado del otro cónyuge: a) el caso del varón que realiza el acto conyugal cuando la mujer ha tomado un fármaco abortivo, pues dicha cooperación implica, por su misma naturaleza, una colaboración directa en un acto contra la vida humana inocente [4]

b) cuando la mujer tiene en el útero el llamado dispositivo intrauterino o “T”, cuya finalidad es siempre abortiva ya que trata de evitar el anidamiento de huevo ya fecundado, y el caso de ciertas píldoras anticonceptivas con efectos abortivos, cosa que ocurre con muchas de las que están actualmente en el mercado, pues suelen tener un doble efecto; anovulatorio el primero y abortivo el segundo. En realidad, si hay una certeza de que la mujer está tomando un fármaco o usando u medio abortivo, el varón no sólo cooperaría a un acto gravemente pecaminoso, sino además a un posible aborto, que es un mal gravísimo y totalmente desproporcionado respecto de los males que se evitarían con la cooperación pasiva.

[1] EV, n. 74
[2] Pontificio Consejo para la Familia, Vademécum para los confesores, 3. 13,3, Roma, 12 de febrero de 1997.
[3] Respuesta de la S. Penitenciaria, de 3 de abril de 1916
[4] Vademecum, ob. cit., n. 14 y nota 48.

 

 

Hijos felices ¿cómo lograrlo?

José Luis Olaizola
7 agosto 2018

hijosfelicescomolograrlo.encuentra.com.int
Antes, como lo de tener hijos era algo natural, había menos exigencias. Ahora, desde lo de la paternidad responsable, los hijos te pueden pedir cuentas sobre si has sido suficientemente responsable a la hora de tener determinado número de ellos.

La cuestión se formula en los siguientes términos: si usted tiene demasiados hijos, no les puede dar lo mismo que si sólo tiene uno, dos…, como mucho tres. Incluso hay sesudos sociólogos que cuantifican muy bien el problema, hasta con fórmulas algebraicas. Por ejemplo: si usted pertenece a la clase media, o es funcionario público, o ejerce una profesión liberal, o es dueño de un establecimiento comercial, y tiene dos hijos, podrá darles estudios superiores, subvencionarles cursos de inglés en el extranjero y pagarles la entrada de un piso de dos habitaciones, salón comedor y cocina. Es decir, les facilita el ser felices de mayores. Pero si tiene tres, ya no podrá pagarles la entrada del piso, y si tiene cuatro no digamos.

Esta digresión se me plantea como consecuencia de un artículo escrito hace unos meses, en el que sostenía que no hacía falta que nuestros hijos supieran montar a caballo, ni realizar múltiples actividades extraacadémicas para que fueran felices. Pero cometí la imprudencia de rematar el artículo con una interrogante: ¿Entonces qué nos aconseja usted? Y efectivamente, algunas lectoras de TELVA, con encantadora ingenuidad, me preguntan: ¿qué nos aconseja usted para que nuestros hijos sean felices? Si yo fuera capaz de contestar a esa pregunta, sería el hombre más sabio del mundo. Para salir del paso suelo contestar que quererlos mucho y que ellos se sepan queridos.

Pero en un coloquio en el que me tocó participar recientemente, una de las asistentes, no conforme con tan elemental respuesta, insistió en saber cómo había que quererles, y si se podía querer lo mismo a muchos que a pocos hijos, y hasta qué punto el exceso de hijos no limitaba sus posibilidades formativas, ni les privaba de un razonable bienestar material. Un lío. Lo único que quedó claro es que en los tiempos que corren el problema no es de exceso de hijos, sino de defecto, sobre todo en España, en el que ustedes las mujeres están quedando fatal en lo que a fecundidad se refiere, con una tasa del 1,6, la más baja de la Comunidad Europea.

A tal extremo han llegado las cosas que, según una encuesta realizada por la Universidad de Valencia, lo que más echan de menos los niños españoles son hermanos con quienes jugar. Eso ya lo tenía comprobado yo en mi familia, y en las familias colaterales que arrancan del mismo tronco. Cada vez que alguna de las mujeres de mi vida se queda en estado se produce una auténtica conmoción, y cuando el niño nace, el estallido de alegría es épico. Una de mis hijas mayores ha tenido dos hijos, y como tiene serios problemas para tener más, ha iniciado complejos trámites para adoptar niños colombianos. ¿Por qué colombianos? Porque hay más y hasta se pueden adoptar de dos en dos. Esto último es lo que pretendía mi hija, pero su marido le ha convencido que es mejor probar de uno en uno. Los que más encantados están son sus dos hijos (de 14 y 12 años), ante la idea de tener un nuevo hermano. A mí, dado el amor que tengo por aquellos países, no me desagrada la idea de convertirme de la noche a la mañana en el abuelo de un indito chibcha, guajiro o mulato.

¿Qué pasa?, podrían preguntarme, ¿es que es usted partidario de la familia numerosa? En esta ocasión sí tengo respuesta: ni soy ni dejo de ser, pero vivo inmerso en ella por los siglos de los siglos. Nací el pequeño de nueve hermanos y, a su vez, he tenido nueve hijos. Por tanto, sólo sé cómo se vive en el seno de familias numerosas, y mi impresión es que no se vive mal del todo. A veces la convivencia resulta compleja, ardua, pero en ningún caso aburrida.

Volviendo al tema que nos ocupa: ¿qué hace falta para que los hijos sean felices? Pues, según la citada encuesta de la Universidad de Valencia, ya hemos visto que hace falta que tengan hermanos, pues si no, sobre todo en las grandes ciudades, se sienten aislados y acaban buscando la compañía que menos les conviene: la de la televisión indiscriminada. Pero según el mismo estudio, el 98 por 100 de los niños encuestados (entre 4 y 14 años) lo que más les atrae es estar con sus padres. Y aquí viene la gran paradoja: muchos padres bien intencionados, pero un tanto despistados, se pasan mucho tiempo fuera de casa, trabajando, y no quieren tener más de uno o dos hijos, para poder darles de todo. De todo menos lo que parece ser que los niños quieren: más hermanos y más compañía suya.

 

 

Memoria viva de una figura universal…

Ago 10, 2018

Memoria viva de una figura universal…

Ya han pasado 452 años del fallecimiento del fraile dominico Bartolomé de las Casas, el protector de los indígenas americanos. Sin embargo, ni siquiera su causa de beatificación está concluida.

Cuatro grados por recorrer

Por lo pronto, en su camino a los altares, se encuentra en la categoría de «siervo de Dios». Para llegar hasta la recta final de la canonización hace falta transitar por cuatro grados:

Siervo de Dios

El obispo de la diócesis que promueve la causa, junto con el postulador, hacen llegar a la Congregación para las Causas de los Santos la solicitud para iniciar el proceso de canonización,  presentando un informe sobre la vida y las virtudes de la persona; y la Congregación, tras examinar el informe, dicta el Decreto  de nihil obstat, con el que da constancia de que nada impide iniciar la causa de quien desde ese momento es oficialmente considerado «siervo de Dios».

Venerable

En un tribunal diocesano se hace un proceso sobre la vida, virtudes y escritos del siervo  de Dios. Se envían los resultados a la Congregación para la Causa de los Santos, la que nombra un relator, quien elabora la Positio, que debe ser discutida por una comisión de teólogos. Si se aprueba, el Papa dicta el Decreto de Heroicidad de Virtudes, y con ello  el Siervo de Dios pasa a ser considerado «Venerable».

Beato

El Venerable es presentado a la comunidad diocesana como modelo e intercesor ante Dios.  Será tarea del postulador de la causa probar la fama de santidad con una lista de las gracias y favores pedidos a Dios por los fieles por intermedio del venerable, así como los milagros atribuidos a su intercesión. Si la diócesis determina que efectivamente hubo un milagro, remite la información a la Congregación para las Causas de los Santos, que lo examina con ayuda de médicos y teólogos. Si el veredicto final es favorable,  el Papa aprueba el Decreto de Beatificación y determina la fecha para la ceremonia litúrgica, con la que el venerable pasa a ser «Beato».

Santo

El proceso de canonización requiere  la aprobación de un segundo milagro, ocurrido en fecha posterior a la beatificación. Para examinarlo se siguen los mismos pasos que para el primer milagro. Aprobado el segundo milagro, el Papa emite el Decreto de Canonización, determina la fecha de la canonización y preside la ceremonia litúrgica  con la cual el beato recibe oficialmente el título de «Santo».

¿Por qué ha tardado tanto?

Como se ve, Las Casas apenas ha recorrido el primer escalón, es decir, es considerado en la Iglesia como «Siervo de Dios».

El proceso para que la Iglesia declare santa a una persona no tiene una duración determinada. Hay muchos factores que influyen en su rapidez o dilación; entre ellos,  el fervor que despierte la causa, los datos con que se cuenta, y las polémicas.

Y es precisamente por las polémicas  que la causa de fray Bartolomé de las Casas estuvo tantos siglos atascada.

A decir del historiador y escritor español Pío Moa —que se declara «no creyente», pero que defiende el cristianismo como base de la cultura occidental—, la leyenda negra antiespañola «procede de la chifladura y falta de escrúpulos de Bartolomé de las Casas».

Es que, en su afán de proteger a los indígenas, el fraile empleó cifras infladas e imprecisas para denunciar los abusos de los conquistadores. Además,  los enemigos de España usaron los datos de la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, de fray Bartolomé, para crear una corriente mundial antiespañola y anticatólica; el escrito se convirtió en un auténtico best seller cuyas traducciones se multiplicaron entre 1579 y 1700, incluyendo 29 en holandés, 13 en francés y 6 en inglés.

En la protestante Holanda, por ejemplo, una de las traducciones cambió el nombre de la Brevísima poniéndole el amañado y larguísimo título de  Tiranías y crueldades que los españoles cometieron en las Indias Occidentales, el Nuevo Mundo, descritas brevemente por el hermano obispo don Bartolomé de las Casas o Casaus, de la orden de Santo Domingo, traducido por Jacques de Migrode para servir como ejemplo y advertencia a las XVII provincias del país.

A finales del siglo XVI y a inicios del siglo   XVII había denuncias contra Las Casas como falsario; pero fue hasta que los  enciclopedistas franceses cuestionaron  la veracidad de las cifras que se  comenzó a hacer caso ante el hecho de que no pudieron ser 20, 30 o 50 millones los indígenas muertos a manos de la conquista española.

En su Ensayo sobre las costumbres, de 1756, Voltaire decía que Las Casas exageró de forma premeditada el número de muertos e idealizó a los indios para llamar la atención sobre lo que consideraba una injusticia.

En el siglo XX, el historiador estadounidense John Tate Lanning hacía notar que para haber podido dar muerte a tantos indígenas, cada español que había llegado a América tendría que haber «matado a un indio en cada día laborable y tres los domingos durante los cincuenta años inmediatos al descubrimiento. Hubiera sido preciso el transcurso de una generación para alcanzar la cifra».

Hay que admitir que, en la Brevísima, fray Bartolomé contabiliza en algunos territorios un número de muertos superior a la población existente. Sin embargo, esto logró los fines buscados, es decir, la formulación de mejores leyes para proteger a los indígenas.

Igualmente hay que tener en cuenta que las intenciones del fraile dominico no eran antiespañolas, ni siquiera mera promoción de los derechos humanos, sino que partían de una profunda visión cristiana. El hispanista Josep Pérez, en su libro La leyenda negra, describe que la intención de fray Bartolomé era «mostrar la contradicción entre el fin, la evangelización de los indios, y los medios utilizados: la guerra, la esclavitud, el trabajo forzoso, los malos tratos; porque así no se comportaban los cristianos sino los mahometanos. El que fueran españoles era secundario».

Es decir, la crítica de Bartolomé de las Casas no estaba enfocada contra los españoles, sino contra los malos cristianos.

Su causa de canonización

La causa de canonización de fray Bartolomé de las Casas dio inicio el 2 octubre de 2002, en Sevilla, España.

La ceremonia de apertura de la causa tuvo lugar en la parroquia de Santa María Magdalena, ya que se trata del antiguo templo dominicano del convento de San Pablo, lugar donde fue consagrado obispo en 1544, tras ser promovido al obispado de la diócesis de Ciudad Real de Chiapas.

El entonces arzobispo de Sevilla (hoy emérito), Carlos Amigo, presidió la liturgia con la cual se abrió el proceso canónico. Como postulador de la causa fue nombrado el padre Innocenzo Venchi (de Roma), y como vicepostulador, el padre Fernando Aporta (de Sevilla).

Esto  escribieron los religiosos dominicos en su página web:

«Todo el mundo reconoce el trabajo realizado por fray Bartolomé ante la Corte y demás instancias tanto civiles como eclesiales en orden a mejorar la legislación y aplicarla en toda su amplitud.

«Los dominicos, a cuya familia religiosa perteneció el padre Las Casas, tenemos una gran deuda con esta figura universal que, estando su memoria viva no sólo en los investigadores y demás hombres de ciencia, la hemos dejado adormecer en el pueblo sencillo.

«La iniciativa de introducir el proceso ha sido bien recibida, aunque siempre hay que contar con voces discrepantes, aunque no muy significativas. La jerarquía a nivel de conferencias episcopales, tanto de Europa como de América, está refrendando la petición de canonización así como los más cualificados lascasistas y el pueblo especialmente de aquellos lugares que fray Bartolomé defendió y no solamente con su palabra oral y escrita, sino de obra, exponiendo reiteradamente su vida a peligros de muerte».

 

 

No darás falso testimonio, ni mentirás

En el anterior escrito se comentaba la falta de líderes en el Perú, y a consecuencia de esta carecía era por demás inevitable que no hubiera sido posible decidir sobre los problemas y las soluciones que cabría sobre los temas de reformas y cambios en la sociedad peruana, y especial del Estado tan ajeno a la ciudadanía.

Sus autoridades casi siempre timoratas, pero paradójicamente antes los problemas del entorno de sus gobiernos si toman decisiones, en que la mayoría de veces esas decisiones estén cargas de autoritarismo, haciendo gala de poder y de un aparente principio de autoridad.  

Lo que manifestamos tiene graduación, una cosa es lo que ocurre a cualquier ciudadano, y otra es que el asunto sea de un alto funcionario o autoridad de gobierno y del Estado.

El tema de decidir abierta y a escondidas de parte de un ejecutivo, vocal,, fiscal y congresista debe ser vista dentro de los marcos de la ley, hay también el caso de las decisiones de ficción o esas engañadoras ofertas de los candidatos, como la de los funcionarios, tipo Fiscal de la Nación como el señor Gonzalo Chavarry que en menos de una semana batió el record de mentir y volver a mentir “de ser o no amigo del Vocal Hinostroza” y porque éste buscaba ayudarlo ante la orfandad de una prensa que seguramente no le sería adicta. .

Gonzalo Chavarri el susodicho Fiscal, por ejemplo asumió el cargo sin tener la capacidad, y por tanto no quería entender que debería dar un paso al costado. Se presume que el fiscal muestra una conducta interesada en hacer valer  el alto cargo de ser fiscal de la nación, tanto es así que su colega y amigo el vocal Hinostroza se adelanta conociendo que no tenía empatía con la ciudadanía y le ofrece, y él acepta –aunque también lo desmintiera- porque requiere de una prensa adicta, y que por confesión propia estaba por recibir ataques de los caviares.

Cuando un político o funcionario público en el Perú es evidenciado por las cosas que hace no son legales ni legítimas, vuelve la cara para manifestar que los caviares lo persiguen y por tanto no lo pueden ver y que todos los comentarios lo van a denigrar, razón por la cual creen que la mayoría congresal saldrá en su defensa. Es importante tomar en cuenta de quienes evalúan y por tanto critican, los anti caviares no fundamentan nada al respecto, otra vez no enfrentan como medidas  que aporten nada por parte del poder conservador y sus compañeros de ruta sean fujimoristas, apristas y demás infiltrados sean leales con la república.

El fiscal Chavarry insinúa la presencia horrible y detestable de los diablos caviares, y se pondría a nivel de los congresistas Becerril y también Mauricio Mulder, en cuanto que son personajes intocables, que saldrán airosos de ser próximos a los juicios del congreso que buscan desaforarlos. Esto de sacar como justificación en que se descubre lo malo que hacen los políticos es obra de los caviares, y son precisamente los fujimoristas y sus compañeros de viaje por no decir que esos acompañantes vergonzantes, que esconden su verdadera entraña son tanto conservadores, como fujimoristas.

Es así que al fiscal Chavarriy lo defienden a morir los congresistas de FP; asimismo, se suman en este sentido los apristas que en el caso de Mulder, donde aflora su derechismo reprimido. Y que desde hace mucho tiempo el aprismo con Haya de la Torre antes y después, se convirtió en un movimiento conservador y defensor de los intereses de la derecha más exaltada, y que hoy la llaman la derecha bruta y achorada.

El fiscal Chavarry resulta no sólo mediocre para ser fiscal supremo, sino como todo burócrata tiene su pasado que lo denuncia al haber sido secretario general de la Fiscalía nombrado por Nélida Colán, durante el gobierno nada democrático de Alberto Fujimori. El fiscal Chavarry forma parte de los magistrados tradicionales, la palabra que en estos tiempos tiene una carga despectiva y finalmente negativa. Este es el entorno de un fiscal que por muchos años ha servido en el MP y que pudo llegar hasta fiscal supremo. No es pues ninguna excepción y menos una lumbrera, para ejercer tamaño cargo  en la magistratura.

Chavarry es pues uno esos funcionarios de perfil bajo, pero acostumbrado aparentemente de gozar de autonomía, y que cuando le toca en este caso de ser Fiscal de la Nación, no pueden ir contra de su línea y sale a flote lo que en verdad son; es decir, capaces de mentir. Empoderados del cargo, se defiende a como de lugar y siguen mintiendo, pero siendo fiscal nacional, el mentir se convierten en discursos y son mensajes adheridos al “no darás falso testimonio”.

El código penal considera que mentir es un delito, y en ello caído fiscal de la nación Gonzalo Chavarry, solamente en el Perú pueden seguir en el cargo, además su falta de ética y haciendo un mínimo de lógica común no ha dado un paso al costado.

Significa que esto último debe haber sido evaluado por quienes piden su desafuero (el grupo del frente amplio), y que el ponente de la acusación sea un hombre que no siendo abogado tiene profesionalismo y de político no tradicional, no es caviar, seguramente actuará conociendo los avatares finales (de mentiroso) del Fiscal de la Nación Gonzalo Chavarry y sus antecedentes.

El Perú requiere reivindicaciones de la verdad proveniente de los hombres públicos, en sus comportamientos que como Juan  al pedir que el fiscal Chavarry no merecen el cargo, no siendo el único en el Ministerio Público donde se aprecia al igual que los ex consejeros del CNM liquidado, carecen de profesionalismo, de una ética personal y condiciones para ejercer los cargos con una moral de trabajo al servio de la justicia en la república.

Décadas han pasado y en casi doscientos años de vida independiente poco ha sido el aporte de los organismos de justicia. De acuerdo a los proyectos del sistema de administración que presenta el Ejecutivo y que el Congreso debatirá y el pueblo en referéndum dará su veredicto; se espera que los actuales fiscales en especial y casi también los supremos que no son para sus válidas acusaciones y sentencias, deben ser cesados y jubilados en razón tanto por su recorrido en las fiscalías y cortos de justicia, como de su formación académica más cuando se trata de sus designaciones por el ex CNM y de las pruebas que hacía éste para la renovación de los cargos.

Estos fiscales y jueces supremos fueron en gran parte nombrados por el ex CNM, sus consejeros son iguales a los anteriores, Dios los cría y ellos se juntan, esta figura no pertenece a la república soñada de los constituyentes del 1822/1823 fundadores de la república, de los egregios del siglo XX y de sus héroes de la guerra y de la civilidad democrática.   

Atentamente,

Fernando Arce Meza  

 

 

Nadie desea su muerte

Mienten los tozudos promotores de esta ley, la de la eutanasia quiero decir, cuando esgrimen estadísticas prefabricadas sobre la aceptación social de la eutanasia. Hay muchos jóvenes que ven la muerte muy lejos y se muestran partidarios. Muchos jóvenes y mayores están impactados, y manchados, por la propaganda de casos extremos presentados como sufrimientos indecibles. Sin embargo, no se dice nada de los cuidados paliativos, de la eliminación práctica del dolor, o de la profesionalidad del personal sanitario, que califican la eutanasia como la “legalización del asesinato”. Uno de ellos ha manifestado que de más de mil pacientes atendidos en el último año ninguno había pedido la eutanasia

José Morales Martín

 

¿Qué hará el Gobierno de España?

La Euroorden nació para ser ejecutada. Sin embargo la Justicia alemana ha decidido aportar creatividad y poner en solfa una institución que se sostiene sobre el reconocimiento mutuo de las resoluciones judiciales y la asunción de que todos los países de la Unión Europea disponen de sistemas judiciales justos y de garantías legales plenas.

La Justicia española sabía que esto podía suceder. También lo sabía el independentismo. Y desgraciadamente ha sucedido lo peor: que los acuerdos que implica la Euroorden se han puesto en entredicho. Otro asunto más para tratar en todas y cada una de las reuniones de la Unión Europea.

Suso do Madrid

 

 

Retroceso del aborto

Se lee: “el Norte argentino, azote al aborto legal”. La ley del aborto en Argentina, aprobada por exigua mayoría en el Congreso de los Diputados, ha sido tumbada en el Senado. ¡Vaya mi felicitación para los argentinos! Es una buena noticia. Hablar de aborto legal no disminuye su brutalidad. En honor a la verdad, jamás puede considerarse ético o moral la eliminación de una vida inocente, cualquiera que sea su edad.  La vida humana comienza en la fecundación, y es tan digna entones como cuando han pasado por ella pocos o muchas años. Matar siempre es matar, y a ello se oponen tanto la Iglesia, defensora a sin fisuras de los derechos del hombre y de la Ley de Dios ( quinto mandamiento: “no matarás”), como cualquier persona individualmente considerada, creyente o no pero dotada de sentido común y espíritu solidario. Siempre ha habido abortos; pero nunca fueron legales hasta la implantación, en la dictadura comunista en Rusia, de esa política sanguinaria en 1920 para disminuir la natalidad. Cayeron los planteamientos económicos comunistas: pero persisten sus errores, que se extienden incluso entre políticos que se dicen conservadores o de derechas. Ahora, en Rusia, han caído los abortos de forma considerable, seguramente  “gracias a la aparición en consultas médicas femeninas y hospitales de maternidad de 1.500 despachos y centros de ayuda psicológica y médico-social a mujeres embarazadas en situaciones difíciles” (El País)

Josefa  Romo

 

Anuncios en Educación

La ministra de Educación, Isabel Celáa, ponía sobre la mesa en la Comisión de Educación del Congreso una serie de medidas que están muy lejos de contribuir al diálogo educativo. La responsable del gobierno ha dejado claro que la asignatura de religión no será computable y por tanto dejará de tener efectos académicos. Tampoco tendrá una alternativa. Con esta decisión la asignatura queda en la indigencia y el derecho de los padres a elegir la formación en materia religiosa y moral de sus hijos en entredicho. Además se incumplen los Acuerdos entre la Santa Sede y el Reino de España.

Jesús Domingo Martínez

 

Aborto libre y gratuito

“El Senado argentino entierra el sueño del aborto libre” Así encabeza la noticia un  importante diario nacional y he de confesar  que me ha producido una extraña sensación de desagrado . Describir como un sueño la práctica de un aborto “libre y gratuito” es lo que más se contrapone al sueño de millones de mujeres en el mundo que desean realizarse en lo más misterioso y emocionante de su existencia: la maternidad y la procreación de un ser humano.

No voy a agotar mi reflexión en consideraciones científicas o incluso éticas y morales. Me basta con detenerme en la simple constatación del primer aliento de vida que nace de la unión natural entre un hombre y una mujer, para comprender que la vida es la consecuencia de un acto biológico que tiene su origen en la entrega generosa y total de dos personas, hombre y mujer, que dicen “atraerse y amarse”

Yo creo que la finalidad de la ley no es favorecer los sueños que destruyen la creación de una vida, con todo lo que ello supone no solo para la reproducción de la especie humana y su desarrollo, sino también para el equilibrio y conservación  de la naturaleza, de la que el hombre y la mujer son sin duda, los seres más perfectos.

Evidentemente el afán proabortista que sufre una parte de  la sociedad de hoy no es más que el fruto de la colisión de la ley civil con la innombrada y casi olvidada ley natural. Si no existiera más que la ley civil tendríamos que admitir que cualquier valor, incluso aquellos por los que el hombre ha luchado y considerado como cruciales avances en la larga marcha hacia la libertad, pueden ser cancelados por una simple mayoría de votos.

Ignorar la ley natural es cerrar los ojos ante  la posibilidad de que ocurran casos como el que acabo de describir sobre la libertad y promover leyes que lesionan las exigencias derivadas del bien común supondría conducir a la sociedad hacia una dirección errónea y peligrosa. Intentemos al menos cambiar a esa sociedad que dice “soñar con un aborto libre y gratuito” por una sociedad que sueñe con dar vida a personas libres, felices y respetuosas con la naturaleza. Empeñarse en ello vale la pena.

Jorge Hernández Mollar

 

 

VIAJE A ALEMANIA: JULIO 1977 (6)

 

Amanece nuestro nuevo día en Frankfurt y tras el desayuno, emprendemos viaje en el autocar y acompañados de nuestra guía, con la que ya confraternizamos mucho y todos nos mostramos muy contentos por “habernos conocido”. Se nos informa de que en principio vamos a visitar la ciudad de Colonia, la que dista más de cien kilómetros, pero que debido a la muy buena red de “autoban”[1] (autopistas) el viaje será cómo un paseo y así es, aunque vamos de prisa... siempre deprisa... “es el signo de los tiempos”[2], puesto que y cómo ya he dicho; tenemos previsto, hacer un mini-crucero por el río Rhin y tenemos que tomar el “barco-correo-autobús-regular” (o cómo se denomine) a una hora determinada y tenemos que estar allí puntualmente. Pero antes de ello, tenemos que hacer otras visitas en la citada, bella, antigua  e histórica ciudad de Colonia[3].

            Llegados frente a la misma, tenemos que cruzar  por un viaducto o puente, tendido sobre este grande y caudaloso río, cual es el Rhin... el que sobrecoge verlo desde éstas alturas y viendo pasar por debajo de nosotros, la gran cantidad de todo tipo de embarcaciones que lo navegan en ambas direcciones. Visitamos la ciudad en una panorámica desde el autocar (o sea que ni pisamos el suelo) y así se nos va explicando lo más notable de todo el gran contenido de esta vieja e histórica ciudad/capital, dónde y como es de suponer, destaca la mole de su gran catedral de estilo gótico y la que fuera comenzada en 1248 y terminada en 1880 ( “seis siglos y medio después”) nada hemos visto de su interior y sólo nos queda el recuerdo de sus altísimas torres gemelas, cuya altura es de 157 m.; lo que es admirable, visto y analizado la época de su inicio y diseño, pues aquellas torres debieron ser pensadas en el s. XIII fecha de su inicio. Ello me hace pensar en la igualmente majestuosa catedral (en estilo renacentista) de mi ciudad natal, cuyas torres gemelas, apenas sobrepasan los 60 m. de altura... y desde luego y vistas desde la plaza dónde da la fachada principal, causan admiración por su belleza; pero esta catedral de Colonia, es “monstruosa” por sus dimensiones y alturas, ya que en realidad es una catedral-basílica y contiene cinco naves, con crucero de otras tres... lo que ya nos da una idea, pues generalmente estos templos suelen tener un máximo de tres naves.

            Tristemente nada hemos podido admirar de cerca, no sólo en la catedral, que contiene “grandes tesoros artísticos”, sino igualmente en tan gran ciudad que es abundante en ellos... la prisa, el tiempo, él  y como dije antes... “ir deprisa hacia ninguna parte”.

            Llegamos por fin al embarcadero, con el tiempo justo y rápidamente nos embarcamos y empieza el viaje sobre las aguas del río. Navegaremos contra corriente y ello reducirá la velocidad de nuestra embarcación, que no es muy grande, dicho sea de paso. Ello me va a permitir recrearme en el paisaje, pues el día como todos los que hemos estado aquí, es de un luminoso y de un cielo azul, que me recuerda los cielos de España y más aún los de Andalucía, por ello voy tomando notas muy apretadas,  las que ahora “deslío” y plasmo cuanto sigue.

            Destacan en primer lugar una gran cantidad de castillos, construidos en los promontorios más abruptos y por tanto defendibles, dónde los diferentes señores feudales (seguro) mantenían su centro de poder y control del territorio que les perteneciera o pudieran defender, puesto que se intuyen continuas guerras o reyertas por la ambición del poder y el control, de los diferentes tramos de esta importante vía de comunicación y transporte. Estos castillos, fortalezas y palacios, se observan de infinidad de estilos y apariencias; más austeras o lujosas, más o menos fortificados y dependiendo de la época de los mismos, pero en general impone ello, pues es como una continua y gigantesca trinchera de fortificaciones escalonadas y con las que se controla cada espacio del río por mínimo y recóndito que esté, puesto que es claro que este río tiene sus curvas y recodos, a pesar de su gran tamaño; también vamos pasando por ciudades, pueblos y villas (incluso hemos bordeado por la hoy capital federal: Bonn[4], que dista 45 km. por vía fluvial desde Colonia) y que son innumerables, puesto que todo el trayecto que recorreremos es en sí mismo, un conjunto de vida y actividad enormes y ello se nota a simple vista y en ambas orillas y dentro de la corriente, por cuanto diré.

            Ambas márgenes del río están cubiertas por líneas ferroviarias (algunas de doble vía) y por las que van y vienen, gran cantidad de trenes de todo tipo, tanto de pasaje como de carga y todo ello es algo que asombra, pues por lo que veo de día, intuyo que igualmente ocurre de noche. Unamos a todo ello las muy bien cuidadas vías o carreteras asfaltadas, amén de las ya mentadas autopistas. Sumemos todo el tráfico fluvial que navega constantemente por este río, donde una gran cantidad de embarcaciones de todo tipo y tonelaje, mueven incalculables cantidades de toneladas, amén del  personal que viaja o se traslada por el gran río, o bien lo cruza en los innumerables trasbordadores que existen aquí. En el transporte destacan unos extraños convoyes, compuestos de cuatro grandes gabarras metálicas, de estilizado casco y poco calado, las que unidas, en forma que dos van detrás de las otras dos; llevan unido a ellas y de forma que las va impulsando, un extraño y gran complejo impulsor, especie de barco parecido a una plataforma de gran tamaño (por denominar algo nunca visto por mi) que con potente máquina a motor diesel, impulsa estos grandes transportes que en conjunto deben transportar una carga enorme y son numerosos en estas aguas[5], que como antes apuntamos, son navegables desde el lago suizo donde nace tan gran caudal y por tanto, en todo su recorrido que reitero es de 1320 km. y lo que aparte de ello, hay que sumar toda la red antes referida, de canales y ríos europeos. Hoy (reitero) se organizan por esta red, incluso cruceros de cierto lujo... en verdaderos “hoteles flotantes”.

 

            Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (Aquí más temas)

Jaén: 09 de Agosto del 2018

 


[1] Las primeras autopistas europeas y a las que los alemanes denominan “autoban” (fonéticamente suena así) fueron construidas en la época de Hitler, en los años 30 y aún están en funcionamiento, puesto que yo he visto algunos puentes o viaductos de la mismas, donde el hiero de que están construidos, está sujeto por remaches, ya que la soldadura autógena, “otro invento alemán para la guerra”, fue realizado en el transcurso de la II Guerra Mundial y para acelerar la fabricación de material de guerra, en especial barcos y submarinos.

[2] Sonrío al acordarme de gran parte de mi propia vida... SIEMPRE DEPRISA... en la que ya hace bastantes años acuñé la siguiente frase... “Nos están llevando muy de prisa hacia ninguna parte”... era alusiva a la marcha de los acontecimientos y avances internacionales. Hoy al parecer “ya hemos llegado”, es principios del año 2003 y sobre el horizonte humano, sólo se ven “nubarrones”; hasta el Papa actual Juan Pablo II, con su ya débil voz (está muy viejo y achacoso) ha clamado hoy en Roma y por enésima vez y en diferentes idiomas, en la ceremonia de primero de año, que es retransmitida internacionalmente... por la paz en el mundo y el entendimiento para evitar la guerra que se avecina... “lo oyen como el que oye llover”: hoy es uno de enero de 2003: EE.UU. no cede y se ve a su presidente actual, muy lanzado hacia una guerra más, esta vez el pretexto es Irak... en el fondo es el petróleo de Irak y de todo el mundo. A.G.F.