Las Noticias de hoy 15 Junio 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    viernes, 15 de junio de 2018     

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

“Gritar, responder y liberar”: Propuesta del Papa para ayudar a los pobres

Así será la II Jornada Mundial de los Pobres

II Jornada Mundial de los Pobres: ‘Este pobre gritó y el Señor lo escuchó’

PUREZA DE CORAZÓN: Francisco Fernández-Carvajal

“El trabajo es una bendición de Dios”: San Josemaria

Tema 16. Creo en la resurrección de la carne y en la vida eterna: Paul O’Callaghan

Diginidad humana y defensa de la familia: Pedro Beteta López

La conciencia de ser padres: Mirtha Flor Cervera Vallejos

Inmensidad de Dios: Daniel Tirapu

El problema de la inmediatez: Mónica Muñoz

Sexo y cerebro.: José Luis Velayos - Catedrático Emérito - Medicina

"Aprender a equivocarse": José Luis Martín Descalzo

1 DE JULIO: LAS PRISAS: René Mondragón

Homosexualidad: el mito romántico y la trágica realidad: Acción Familia

En la familia, el papá es una pieza muy importante. ¿Tú ya lo sabías?: Silvia Del Valle Márquez

Padres fuertes, hijas felices: Lucia Legorreta

Bienvenida y pleno éxito a la copa del mundo de Fútbol masculina en Rusia y destaco (masculina.): Guy CREQUIE

Reflexiones en el hospital: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

ROME REPORTS

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta


Jueves, 14 de junio de 2018

El Evangelio de Mateo (5,20-26) recoge un discurso de Jesús sobre la justicia, el insulto y la reconciliación. «Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto». La invitación de Jesús a los discípulos es sabiduría humana: siempre es mejor un mal acuerdo que un buen juicio. Para entender bien su enseñanza sobre la relación de amor, de caridad con nuestros hermanos, el Señor usa un ejemplo de todos los días. Pero luego va más allá y explica el problema de los insultos.

Son insultos anticuados los citados por Jesús. Ahora tenemos una lista de insultos más floreados, más folclóricos, más coloreados. Y es duro porque al “no matar” de los Mandamientos añade: «Todo el que esté peleado con su hermano será procesado». Decir al hermano “imbécil” o “renegado” lleva a la condena. Porque el insulto es comenzar a matar, es descalificar al otro, quitarle el derecho de ser respetable, es ponerlo a parte, es matarlo por la sociedad. Desgraciadamente, estamos acostumbrados a respirar el aire de los insultos. Basta conducir a hora punta. Ahí hay un carnaval de insultos. Y la gente es creativa para insultar. Y los pequeños insultos que quizá se dicen en hora punta mientras conducimos, se convierten luego en insultos gordos. Y el insulto borra el derecho de una persona: “No, no la escuchéis”, y la hunde. Esa persona ya no tiene derecho a habar, se le ha quitado su voz.

El insulto es tan peligroso porque muchas veces nace de la envidia. Cuando una persona tiene una discapacidad, mental o física, no me amenaza, y no se nos ocurre insultarla. Pero si una persona hace algo que no me gusta, la insulto y la descalifico: discapacitado mental, discapacitado social, discapacitado familiar, sin capacidad de integración. Y eso mata: mata el futuro de una persona, mata el camino de una persona. Es la envidia la que abre la puerta, porque cuando una persona tiene algo que me amenaza, la envidia me lleva a insultarla. Casi siempre es la envidia.

El Libro de la Sabiduría no dice que por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo. Es la envidia la que trae la muerte. Si decimos: “yo no tengo envidia de nadie”, piénsalo bien: esa envidia está escondida y cuando no está escondida, es fuerte, es capaz de ponerte amarillo, verde, como hace el líquido biliar cuando estás enfermo. Gente con el alma amarilla, con el alma verde por la envidia que les lleva al insulto, les lleva a destruir al otro. Pero Jesús dice: “No, eso no se hace”. «Si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano». Jesús es así de radical. La reconciliación no es una actitud de buenas maneras, no: es una actitud radical, un comportamiento que procura respetar la dignidad del otro y la mía. Del insulto a la reconciliación, de la envidia a la amistad. Ese es el camino que Jesús nos propone hoy.

Hoy nos vendrá bien pensar: ¿cómo insulto yo? ¿Cuándo insulto yo? ¿Cuándo saco al otro de mi corazón con un insulto? Y ver si ahí hay esa raíz amarga de la envidia que me lleva a querer destruir al otro para abrumarlo en la competencia. No es fácil esto. Pero pensemos: ¡qué bueno no insultar nunca! Es bonito, porque así dejamos crecer a los demás. Que el Señor nos dé esta gracia.

 

 

“Gritar, responder y liberar”: Propuesta del Papa para ayudar a los pobres

Mensaje de la II Jornada Mundial de los Pobres

junio 14, 2018 18:37Rosa Die AlcoleaJornada Mundial de los Pobres

(ZENIT – 14 junio 2018).- El Papa Francisco ha titulado el Mensaje de la II Jornada Mundial de los Pobres “Este pobre gritó y el Señor lo escuchó”, palabras del Salmo 37. “¿Cómo es que este grito, que sube hasta la presencia de Dios, no alcanza a llegar a nuestros oídos, dejándonos indiferentes e impasibles?” plantea el Papa en documento.

La presentación del Mensaje ha tenido lugar esta mañana, 14 de junio de 2018, en la Santa Sede, a cargo de Mons. Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización y Mons. Graham Bell, Subsecretario del mismo dicasterio.

El Santo Padre firmó simbólicamente el Mensaje para la II Jornada Mundial de los Pobres –que se celebrará el domingo, 18 de noviembre de 2018– el día 13 de junio de 2018, fiesta de San Antonio de Padua, patrono de los pobres.

Pobreza del hombre moderno

Mons. Rino Fisichella ha aclarado que el Papa Francisco se dirige con este Mensaje “a todos los fieles, de forma individual, a través de las parroquias y grupos de voluntarios, para que dirijan todavía más la mirada hacia los pobres, para escuchar su grito, a menudo silencioso, pero expresado con una mirada elocuente, y para reconocer sus necesidades”.

Así, el Pontífice invita a “no olvidar” que la pobreza social sobre la que esta Jornada quiere llamar la atención es solo “una de las muchas formas de pobreza que sufre el hombre moderno”. “El pobre al que se tiende simbólicamente de la mano” –como recuerda el logotipo de la Jornada Mundial de los Pobres– “representa a toda la humanidad”, que en la experiencia cotidiana sabe que “necesita el abrazo de Dios”, ha indicado el Presidente del Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización.

“Gritar”

El contenido del mensaje se desarrolla alrededor de tres verbos: “gritar”, “responder” y “liberar”. Para cada uno de estos tres, el Papa Francisco elabora una breve síntesis existencial que nos llama a reflexionar.

Francisco se pregunta en primer lugar -ha señalado Mons. Rino Fisichella– “¿cómo es que este grito, que sube hasta la presencia de Dios, no alcanza a llegar a nuestros oídos, dejándonos indiferentes e impasibles?”.

A lo que responde positivamente afirmando que: “El silencio de la escucha es lo que necesitamos para poder reconocer su voz. Si somos nosotros los que hablamos mucho, no lograremos escucharlos. A menudo me temo que tantas iniciativas, aunque de suyo meritorias y necesarias, estén dirigidas más a complacernos a nosotros mismos que a acoger el clamor del pobre. En tal caso, cuando los pobres hacen sentir su voz, la reacción no es coherente, no es capaz de sintonizar con su condición. Se está tan atrapado en una cultura que obliga a mirarse al espejo y a cuidarse en exceso, que se piensa que un gesto de altruismo bastaría para quedar satisfechos, sin tener que comprometerse directamente…”.

“Responder”

El segundo verbo es “responder” asegura el Papa en el Mensaje: “El Señor, dice el salmista, no sólo escucha el grito del pobre, sino que responde”.

La respuesta de Dios al pobre es siempre una intervención de salvación para curar las heridas del alma y del cuerpo, para restituir justicia y para ayudar a retomar la vida con dignidad. La respuesta de Dios es también una invitación a que todo el que cree en Él obre de la misma manera dentro de los límites de lo humano.

La Jornada Mundial de los Pobres pretende ser una “pequeña respuesta que la Iglesia entera, extendida por el mundo, dirige a los pobres de todo tipo” y de toda región para que no piensen que su grito se ha perdido en el vacío.

“Atención amante”

Probablemente es como una gota de agua en el desierto de la pobreza; y sin embargo puede ser un “signo de compartir” para cuantos pasan necesidad, que hace sentir la presencia activa de un hermano o una hermana.

Los pobres no necesitan un acto de delegación –advierte el Papa– sino del “compromiso personal de aquellos que escuchan su clamor”. La solicitud de los creyentes “no puede limitarse a una forma de asistencia” – que es necesaria y providencial en un primer momento –, sino que exige esa «atención amante» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 199) que honra al otro como persona y busca su bien.

“Liberar”

El Papa Francisco describe que la acción liberadora del Señor: “Es un acto salvación para quienes le han manifestado su propia tristeza y angustia. Las cadenas de la pobreza se rompen gracias a la potencia de la intervención de Dios”.

Ofrecer al pobre un “lugar espacioso” equivale a liberarlo de la “red del cazador” (cf. Sal 91, 3), a alejarlo de la trampa tendida en su camino, para que pueda caminar expedito y mirar la vida con ojos serenos, puntualiza el Santo Padre.

La salvación de Dios “toma la forma de una mano tendida” hacia el pobre, que ofrece acogida, protege y hace posible “experimentar la amistad de la cual se tiene necesidad” –expresa Francisco–. Es a partir de esta cercanía, concreta y tangible, que comienza un genuino itinerario de liberación: «Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 187).

 

 

Así será la II Jornada Mundial de los Pobres

El 18 de noviembre de 2018

junio 14, 2018 19:08Rosa Die AlcoleaJornada Mundial de los Pobres

(ZENIT – 14 junio 2018).- La II Jornada Mundial de los Pobres será una jornada “donde se celebra el encuentro con el otro”, ha indicado esta mañana Mons. Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, en la presentación del Mensaje del Papa para este encuentro.

El II Día Mundial de los Pobres se celebrará el próximo 18 de noviembre de 2018. Para ello, ha señalado el Cardenal, se han imaginado algunas iniciativas propuestas a toda la Iglesia y que se concretarán también en el Vaticano por obra del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización con el apoyo de algunos financiadores.

Eucaristía con los pobres

El domingo 18 de noviembre a las 9:30 horas el Papa encontrará a  los pobres, acompañados por las asociaciones y los  grupos parroquiales  en la basílica de San Pedro, donde se celebrará la santa Eucaristía.

Posteriormente, el Santo Padre participará  en el almuerzo en el Aula Pablo VI con alrededor de 3.000 pobres, que será ofrecido por el ‘Roma Cavalieri – Hilton Italia’, en colaboración con el ‘Ente Morale Tabor’. Al mismo tiempo, en muchas parroquias que se han unido a la iniciativa, en los centros de voluntariado y en algunos colegios y escuelas, cada uno según sus posibilidades, se ofrecerá un almuerzo a los pobres, como un momento de fiesta y compartición, ha indicado Mons. Fisichella.

“En muchas Diócesis, esta fue una experiencia que, el año pasado, enriqueció la celebración de la primera  Jornada Mundial de los Pobres. Muchos encontraron el calor de un una casa, la alegría de una comida festiva y la solidaridad de cuantos quisieron compartir la mesa de manera simple y fraterna”(6). Como dice el Papa Francisco en su mensaje: “Quisiera que también este año y en el futuro esta Jornada fuera celebrada bajo el signo de la alegría por redescubrir el valor de estar juntos. Orar juntos y compartir la comida el día domingo…” (6).

Vigilia de oración

El sábado 17, como preparación, se celebrará una vigilia de oración en la basílica de San Lorenzo Extramuros, para todos las asociaciones de voluntariado y para los que, como “verdaderos artífices de la misericordia”, diaria y discretamente, prestan servicio de asistencia las personas que viven estas difíciles realidades, ha anunciado Mons. Fisichella.

Ambulatorio de Salud

Casi 600 personas indigentes pudieron recibir tratamiento médico gratuito tras la celebración de la I Jornada Mundial de los Pobres, el 19 de noviembre de 2017, por lo que se repetirá la experiencia del Ambulatorio de Salud, ha declarado el Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización.

A lo largo de la semana del lunes 12 al domingo 18 de noviembre, se instalará un Ambulatorio de Salud en la Plaza Pio XII, donde desde primeras horas de la mañana hasta la noche se ofrecerá atención médica para diversas especialidades. Dermatología, infectología, cardiología, ginecología y andrología, oftalmología, podología, análisis clínicos con respuesta a muy corto plazo, serán las áreas médicas cubiertas.

Participación de todas las organizaciones

Hasta la fecha han dado su disponibilidad, además del Departamento de Salud del Vaticano, los especialistas respectivos de la Universidad Católica Gemelli y de la Universidad de Tor Vergata. “Estamos esperando recibir otras participaciones en los próximos días”, ha anticipado el Cardenal Fisichella.

La llamada está dirigida, por lo tanto –ha señalado– a las asociaciones, a parroquias y a “todas aquellas organizaciones que actúan en el ámbito de la asistencia a los pobres” para que puedan seguir ayudando a los necesitados a utilizar este servicio para vencer la natural desconfianza que a menudo caracteriza estas situaciones.

 

 

II Jornada Mundial de los Pobres: ‘Este pobre gritó y el Señor lo escuchó’

Mensaje del Papa Francisco

junio 14, 2018 12:55RedacciónJornada Mundial de los Pobres

(ZENIT – 14 junio 2018).- Este pobre gritó y el Señor lo escuchó es el título del Mensaje que ha escrito el Santo Padre Francisco para la II Jornada Mundial de los Pobres, que se celebrará el  XXXIII domingo del Tiempo Ordinario –este año el 18 de noviembre 2018–.

Esta mañana, 14 de junio de 2018, ha tenido lugar en la Oficina de Prensa de la Santa Sede la conferencia de presentación del Mensaje para la II Jornada Mundial de los Pobres, instituida por el Papa Francisco, al final del Jubileo de la Misericordia.

Han intervenido Mons. Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización y Mons. Graham Bell, Subsecretario del mismo dicasterio.

El título Este pobre gritó y el Señor lo escuchó alude al Salmo (34, 7): “Las palabras del salmista se vuelven también las nuestras a partir del momento en que somos llamados a encontrar las diversas situaciones de sufrimiento y marginación en las que viven tantos hermanos y hermanas, que habitualmente designamos con el término general de pobres”, explica el Papa en el texto, señalando que quien escribe tales palabras, a pesar de tener una experiencia directa de la pobreza, “la transforma en un canto de alabanza y de acción de gracias al Señor”.

Mensaje del Papa Francisco

Este pobre gritó y el Señor lo escuchó

1. «Este pobre gritó y el Señor lo escuchó» (Sal 34, 7). Las palabras del salmista se vuelven también las nuestras a partir del momento en que somos llamados a encontrar las diversas situaciones de sufrimiento y marginación en las que viven tantos hermanos y hermanas, que habitualmente designamos con el término general de “pobres”. Quien escribe tales palabras no es ajeno a esta condición, al contrario. Él tiene experiencia directa de la pobreza y, sin embargo, la transforma en un canto de alabanza y de acción de gracias al Señor. Este salmo permite también a nosotros hoy comprender quiénes son los verdaderos pobres a los que estamos llamados a volver nuestra mirada para escuchar su grito y reconocer sus necesidades.

Se nos dice, ante todo, que el Señor escucha los pobres que claman a Él y que es bueno con aquellos que buscan refugio en Él con el corazón destrozado por la tristeza, la soledad y la exclusión. Escucha a cuantos son atropellados en su dignidad y, a pesar de ello, tienen la fuerza de alzar su mirada hacia lo alto para recibir luz y consuelo. Escucha a aquellos que son perseguidos en nombre de una falsa justicia, oprimidos por políticas indignas de este nombre y atemorizados por la violencia; y aun así saben que en Dios tienen a su Salvador. Lo que surge de esta oración es ante todo el sentimiento de abandono y confianza en un Padre que escucha y acoge. En la misma onda de estas palabras podemos comprender más a fondo lo que Jesús proclamó con las bienaventuranzas: «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5, 3).

En virtud de esta experiencia única y, en muchos sentidos, inmerecida e imposible de describir por completo, nace por cierto el deseo de contarla a otros, en primer lugar a aquellos que son, como el salmista, pobres, rechazados y marginados. En efecto, nadie puede sentirse excluido del amor del Padre, especialmente en un mundo que con frecuencia pone la riqueza como primer objetivo y hace que las personas se encierren en sí mismas.

2. El salmo caracteriza con tres verbos la actitud del pobre y su relación con Dios. Ante todo, “gritar”. La condición de pobreza no se agota en una palabra, sino que se transforma en un grito que atraviesa los cielos y llega hasta Dios. ¿Qué expresa el grito del pobre si no es su sufrimiento y soledad, su desilusión y esperanza? Podemos preguntarnos: ¿cómo es que este grito, que sube hasta la presencia de Dios, no alcanza a llegar a nuestros oídos, dejándonos indiferentes e impasibles? En una Jornada como esta, estamos llamados a hacer un serio examen de conciencia para darnos cuenta si realmente hemos sido capaces de escuchar a los pobres.

El silencio de la escucha es lo que necesitamos para poder reconocer su voz. Si somos nosotros los que hablamos mucho, no lograremos escucharlos. A menudo me temo que tantas iniciativas, aunque de suyo meritorias y necesarias, estén dirigidas más a complacernos a nosotros mismos que a acoger el clamor del pobre. En tal caso, cuando los pobres hacen sentir su voz, la reacción no es coherente, no es capaz de sintonizar con su condición. Se está tan atrapado en una cultura que obliga a mirarse al espejo y a cuidarse en exceso, que se piensa que un gesto de altruismo bastaría para quedar satisfechos, sin tener que comprometerse directamente.

3. El segundo verbo es “responder”. El Señor, dice el salmista, no sólo escucha el grito del pobre, sino que responde. Su respuesta, como se testimonia en toda la historia de la salvación, es una participación llena de amor en la condición del pobre. Así ocurrió cuando Abrahán manifestaba a Dios su deseo de tener una descendencia, no obstante él y su mujer Sara, ya ancianos, no tuvieran hijos  (cf. Gén 15, 1-6). Sucedió cuando Moisés, a través del fuego de una zarza que se quemaba intacta, recibió la revelación del nombre divino y la misión de hacer salir al pueblo de Egipto (cf. Éx 3, 1-15). Y esta respuesta se confirmó a lo largo de todo el camino del pueblo por el desierto: cuando el hambre y la sed asaltaban  (cf. Éx 16, 1-16; 17, 1-7), y cuando se caía en la peor miseria, la de la infidelidad a la alianza y de la idolatría (cf. Éx 32, 1-14).

La respuesta de Dios al pobre es siempre una intervención de salvación para curar las heridas del alma y del cuerpo, para restituir justicia y para ayudar a retomar la vida con dignidad. La respuesta de Dios es también una invitación a que todo el que cree en Él obre de la misma manera dentro de los límites de lo humano. La Jornada Mundial de los Pobres pretende ser una pequeña respuesta que la Iglesia entera, extendida por el mundo, dirige a los pobres de todo tipo y de toda región para que no piensen que su grito se ha perdido en el vacío. Probablemente es como una gota de agua en el desierto de la pobreza; y sin embargo puede ser un signo de compartir para cuantos pasan necesidad, que hace sentir la presencia activa de un hermano o una hermana. Los pobres no necesitan un acto de delegación, sino del compromiso personal de aquellos que escuchan su clamor. La solicitud de los creyentes no puede limitarse a una forma de asistencia – que es necesaria y providencial en un primer momento –, sino que exige esa «atención amante» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 199) que honra al otro como persona y busca su bien.

4. El tercer verbo es “liberar”. El pobre de la Biblia vive con la certeza de que Dios interviene en su favor para restituirle dignidad. La pobreza no es buscada, sino creada por el egoísmo, el orgullo, la avaricia y la injusticia. Males tan antiguos como el hombre, pero que son siempre pecados, que involucran a tantos inocentes, produciendo consecuencias sociales dramáticas. La acción con la cual el Señor libera es un acto salvación para quienes le han manifestado su propia tristeza y angustia. Las cadenas de la pobreza se rompen gracias a la potencia de la intervención de Dios. Tantos salmos narran y celebran esta historia de salvación que se refleja en la vida personal del pobre: «Él no ha mirado con desdén ni ha despreciado la miseria del pobre: no le ocultó su rostro y lo escuchó cuando pidió auxilio» (Sal 22, 25). Poder contemplar el rostro de Dios es signo de su amistad, de su cercanía, de su salvación. «Tú viste mi aflicción y supiste que mi vida peligraba, […] me pusiste en un lugar espacioso» (Sal 31, 8-9). Ofrecer al pobre un “lugar espacioso” equivale a liberarlo de la “red del cazador” (cf. Sal 91, 3), a alejarlo de la trampa tendida en su camino, para que pueda caminar expedito y mirar la vida con ojos serenos. La salvación de Dios toma la forma de una mano tendida hacia el pobre, que ofrece acogida, protege y hace posible experimentar la amistad de la cual se tiene necesidad. Es a partir de esta cercanía, concreta y tangible, que comienza un genuino itinerario de liberación: «Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 187).

5. Me conmueve saber que muchos pobres se han identificado con Bartimeo, del cual habla el evangelista Marcos (cf. 10, 46-52). El ciego Bartimeo «estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna» (v. 46), y habiendo escuchado que pasaba Jesús «empezó a gritar» y a invocar el «Hijo de David» para que tuviera piedad de él (cf. v. 47). «Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más fuerte» (v. 48). El Hijo de Dios escuchó su grito: «“¿Qué quieres que haga por ti?”. El ciego le contestó: “Rabbunì, que recobre la vista!”» (v. 51). Esta página del Evangelio hace visible lo que el salmo anunciaba como promesa. Bartimeo es un pobre que se encuentra privado de capacidades básicas, como son la de ver y trabajar. ¡Cuántas sendas conducen también hoy a formas de precariedad! La falta de medios básicos de subsistencia, la marginación cuando ya no se goza de la plena capacidad laboral, las diversas formas de esclavitud social, a pesar de los progresos realizados por la humanidad… Como Bartimeo, ¡cuántos pobres están hoy al borde del camino en busca de un sentido para su condición! ¡Cuántos se cuestionan sobre el porqué tuvieron que tocar el fondo de este abismo y sobre el modo de salir de él! Esperan que alguien se les acerque y les diga: «Ánimo. Levántate, que te llama» (v. 49).

Lastimosamente a menudo se constata que, por el contrario, las voces que se escuchan son las del reproche y las que invitan a callar y a sufrir. Son voces destempladas, con frecuencia determinadas por una fobia hacia los pobres, considerados no sólo como personas indigentes, sino también como gente portadora de inseguridad, de inestabilidad, de desorden para las rutinas cotidianas y, por lo tanto, merecedores de rechazo y apartamiento. Se tiende a crear distancia entre ellos y el proprio yo, sin darse cuenta que así se produce el alejamiento del Señor Jesús, quien no los rechaza sino que los llama así y los consuela. Con mucha pertinencia resuenan en este caso las palabras del profeta sobre el estilo de vida del creyente: «soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; […] compartir tu pan con el hambriento, […] albergar a los pobres sin techo, […] cubrir al que veas desnudo» (Is 58, 6-7). Este modo de obrar permite que el pecado sea perdonado (cf. 1Pe 4, 8), que la justicia recorra su camino y que, cuando seremos nosotros lo que gritaremos al Señor, Él entonces responderá y dirá: ¡Aquí estoy! (cf. Is 58, 9).

6. Los pobres son los primeros capacitados para reconocer la presencia de Dios y dar testimonio de su proximidad en sus vidas. Dios permanece fiel a su promesa, e incluso en la oscuridad de la noche no hace faltar el calor de su amor y de su consolación. Sin embargo, para superar la opresiva condición de pobreza es necesario que ellos perciban la presencia de los hermanos y hermanas que se preocupan por ellos y que, abriendo la puerta del corazón y de la vida, los hacen sentir amigos y familiares. Sólo de esta manera podremos «reconocer la fuerza salvífica de sus vidas» y «ponerlos en el centro del camino de la Iglesia» (Exhort. apost. Evangelii gaudium, 198).

En esta Jornada Mundial estamos invitados a hacer concretas las palabras del Salmo: «los pobres comerán hasta saciarse» (Sal 22, 27). Sabemos que en el templo de Jerusalén, después del rito del sacrificio, tenía lugar el banquete. En muchas Diócesis, esta fue una experiencia que, el año pasado, enriqueció la celebración de la primera  Jornada Mundial de los Pobres. Muchos encontraron el calor de un una casa, la alegría de una comida festiva y la solidaridad de cuantos quisieron compartir la mesa de manera simple y fraterna. Quisiera que también este año y en el futuro esta Jornada fuera celebrada bajo el signo de la alegría por redescubrir el valor de estar juntos. Orar juntos y compartir la comida el día domingo. Una experiencia que nos devuelve a la primera comunidad cristiana, que el evangelista Lucas describe en toda su originalidad y simplicidad: «Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. […]Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno» (Hch 2, 42. 44-45).

7. Son innumerables las iniciativas que diariamente emprende la comunidad cristiana para dar un signo de cercanía y de alivio a las variadas formas de pobreza que están ante nuestros ojos. A menudo la colaboración con otras realidades, que no están motivadas por la fe sino por la solidaridad humana, hace posible brindar una ayuda que solos no podríamos realizar. Reconocer que, en el inmenso mundo de la pobreza, nuestra intervención es también limitada, débil e insuficiente hace que tendamos la mano a los demás, de modo que la colaboración mutua pueda alcanzar el objetivo de manera más eficaz. Nos mueve la fe y el imperativo de la caridad, pero sabemos reconocer otras formas de ayuda y solidaridad que, en parte, se fijan los mismos objetivos; siempre y cuando no descuidemos lo que nos es propio, a saber, llevar a todos hacia Dios y a la santidad. El diálogo entre las diversas experiencias y la humildad en el prestar nuestra colaboración, sin ningún tipo de protagonismo, es una respuesta adecuada y plenamente evangélica que podemos realizar.

Frente a los pobres, no es cuestión de jugar a ver quién tiene el primado de la intervención, sino que podemos reconocer humildemente que es el Espíritu quien suscita gestos que son un signo de la respuesta y cercanía de Dios. Cuando encontramos el modo para acercarnos a los pobres, sabemos que el primado le corresponde a Él, que ha abierto nuestros ojos y nuestro corazón a la conversión. No es protagonismo lo que necesitan los pobres, sino ese amor que sabe esconderse y olvidar el bien realizado. Los verdaderos protagonistas son el Señor y los pobres. Quien se pone al servicio es instrumento en las manos de Dios para hacer reconocer su presencia y su salvación. Lo recuerda San Pablo escribiendo a los cristianos de Corinto, que competían ente ellos por los carismas, en busca de los más prestigiosos: «El ojo no puede decir a la mano: “No te necesito”, ni la cabeza, a los pies: “No tengo necesidad de ustedes”» (1Cor 12, 21). El Apóstol hace una consideración importante al observar que los miembros que parecen más débiles son los más necesarios (cf. v. 22); y que «los que consideramos menos decorosos son los que tratamos más decorosamente. Así nuestros miembros menos dignos son tratados con mayor respeto, ya que los otros no necesitan ser tratados de esa manera» (vv. 23-24). Mientras ofrece una enseñanza fundamental sobre los carismas, Pablo también educa a la comunidad en la actitud evangélica respecto a los miembros más débiles y necesitados. Lejos de los discípulos de Cristo sentimientos de desprecio o de pietismo hacia ellos; más bien están llamados a honrarlos, a darles precedencia, convencidos de que son una presencia real de Jesús entre nosotros. «Cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo» (Mt 25,40).

8. Aquí se comprende cuánta distancia existe entre nuestro modo de vivir y el del mundo, el cual elogia, sigue e imita a quienes tienen poder y riqueza, mientras margina a los pobres, considerándolos un desecho y una vergüenza. Las palabras del Apóstol son una invitación a darle plenitud evangélica a la solidaridad con los miembros más débiles y menos capaces del cuerpo de Cristo: «¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él. ¿Un miembro es enaltecido? Todos los demás participan de su alegría» (1Cor 12, 26). Del mismo modo, en la Carta a los Romanos nos exhorta: «Alégrense con los que están alegres, y lloren con los que lloran. Vivan en armonía unos con otros, no quieran sobresalir, pónganse a la altura de los más humildes» (12, 15-16). Esta es la vocación del discípulo de Cristo; el ideal al cual aspirar con constancia es asimilar cada vez más en nosotros los «sentimientos de Cristo Jesús» (Flp 2,5).

9. Una palabra de esperanza se convierte en el epílogo natural al que conduce la fe. Con frecuencia son precisamente los pobres los que ponen en crisis nuestra indiferencia, hija de una visión de la vida en exceso inmanente y atada al presente. El grito del pobre es también un grito de esperanza con el que manifiesta la certeza de ser liberado. La esperanza fundada sobre el amor de Dios que no abandona a quien en Él confía (cf. Rom 8, 31-39). Santa Teresa de Ávila en su Camino de perfección escribía: «La pobreza es un bien que encierra todos los bienes del mundo. Es un señorío grande. Es señorear todos los bienes del mundo a quien no le importan nada» (2, 5). Es en la medida que seamos capaces de discernir el verdadero bien que nos volveremos ricos ante Dios y sabios ante nosotros mismos y ante los demás. Así es: en la medida que se logra dar el sentido justo y verdadero a la riqueza, se crece en humanidad y se vuelve capaz de compartir.

10.Invito a los hermanos obispos, a los sacerdotes y en particular a los diáconos, a quienes se les impuso las manos para el servicio de los pobres (cf. Hch 6, 1-7), junto con las personas consagradas y con tantos laicos y laicas que en las parroquias, en las asociaciones y en los movimientos hacen tangible la respuesta de la Iglesia al grito de los pobres, a que vivan esta Jornada Mundial como un momento privilegiado de nueva evangelización. Los pobres nos evangelizan, ayudándonos a descubrir cada día la belleza del Evangelio. No echemos en saco roto esta oportunidad de gracia. Sintámonos todos, en este día, deudores con ellos, para que tendiendo recíprocamente las manos, uno hacia otro, se realice el encuentro salvífico que sostiene la fe, hace activa la caridad y permite que la esperanza prosiga segura en el camino hacia el Señor que viene.

Vaticano, 13 de junio de 2018
Memoria litúrgica de San Antonio de Padua

Francisco

© Librería Editorial Vaticano

 

 

PUREZA DE CORAZÓN

— El Noveno Mandamiento y la pureza del alma.

— La guarda del corazón y la fidelidad según la propia vocación y estado.

— La guarda de la vista, de la afectividad y de los sentidos internos.

I. El Señor señala en diversas ocasiones cómo la fuente de los actos humanos está en el corazón, en el interior del hombre, en el fondo de su espíritu; y esta interioridad ha de mantenerse pura y limpia de afectos desordenados, de rencores, de envidias... En el corazón se origina todo lo bueno que luego se hace realidad en la conducta externa de la persona. En él se consolidan, con la gracia, una piedad sincera para tratar a Dios, y el amor limpio, la comprensión y la cordialidad en las relaciones con el prójimo. La pureza del corazón agranda su capacidad de amar, mientras el aburguesamiento, el egoísmo, la ceguera espiritual son consecuencia de una interioridad manchada. Porque del corazón provienen también los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias...1. Por eso advierte el Libro de los Proverbios: Guarda tu corazón más que toda otra cosa, porque de él brotan los manantiales de la vida2. El corazón es el símbolo de lo más íntimo del hombre.

El Señor nos señala hoy en el Evangelio de la Misa3: Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio en su corazón. Jesucristo declara en su sentido más auténtico la esencia del Noveno Mandamiento, que prohíbe los actos internos (pensamientos, deseos, imaginaciones) contra la virtud de la castidad; también supone una transgresión de este precepto todo afecto desordenado, aunque aparentemente parezca limpio y desinteresado, si no está de acuerdo con la voluntad de Dios en las circunstancias de cada uno.

Para vivir con delicadeza este Mandamiento –condición de todo amor verdadero– es necesario, en primer lugar, tratar a Dios, para que su amor acabe por llenar nuestro corazón. Además, es necesario evitar los motivos de tentaciones internas contra la castidad. Éstas pueden tener lugar cuando falta la prudencia para guardar los sentidos, cuando no se mortifica la imaginación y se la deja vagar en fantasías que alejan de la realidad y del cumplimiento del deber, o en busca de compensaciones afectivas, de vanidad..., o revolviendo recuerdos. Si, una vez advertidas esas tentaciones internas, no se rechazan con prontitud y no se ponen los medios para alejarlas netamente, entre los que está en primer lugar la oración humilde y confiada, se mantiene un clima interior confuso, con falta de correspondencia a la gracia, y el alma se acostumbra a no ser generosa con el Señor; y, si se empeña en estar en ese límite dudoso del consentimiento, es fácil que la falta de mortificación interior llegue a constituir verdaderos pecados internos contra la santa pureza. Con esa actitud se hace difícil, quizá imposible, avanzar en el camino del verdadero progreso espiritual. Por el contrario, cuando el alma está decidida a mantenerse limpia, con la ayuda de la gracia, o rectifica con prontitud si ha tenido un descuido, aunque sea pequeño, entonces el Espíritu Santo, dulce Huésped del alma, da más y más gracias. Y de ese modo se va afianzando en ella la alegría, que es uno de los frutos del Paráclito en quienes le prefieren a Él y renuncian a ridículas compensaciones que suelen dejar en el alma un poso de tristeza y de soledad.

II. No solo pide el Señor en este Mandamiento que evitemos lo que claramente es impuro en pensamientos y deseos contra la castidad, sino también que guardemos el corazón, defendiéndolo de aquello que puede incapacitarlo para amar. Conservar el alma limpia significa cuidar la intimidad, los afectos, ser prudentes para que la ternura no se desborde donde y cuando no debe, ser consecuentes en todo momento con la propia vocación y estado4. Quienes han sido llamados por el camino del matrimonio deben guardar su corazón para conservarlo siempre entregado a la persona con quien se casaron; y esto en los comienzos y cuando pasen los años. Y para ello es necesario encauzar el corazón con perseverancia, vigilarlo para no dejar que se enrede en compensaciones reales o imaginarias. Los esposos no deben olvidar «que el secreto de la felicidad conyugal está en lo cotidiano, no en ensueños (...). Digo constantemente, a los que han sido llamados por Dios a formar un hogar, que se quieran siempre, que se quieran con el amor ilusionado que se tuvieron cuando eran novios. Pobre concepto tiene del matrimonio –que es un sacramento, un ideal y una vocación–, el que piensa que el amor se acaba cuando empiezan las penas y los contratiempos, que la vida lleva siempre consigo»5.

Aquellos a quienes el Señor pidió un día su corazón por entero, sin compartirlo con otra criatura, tienen además motivos más altos para conservar su alma limpia y libre de ataduras. Sería un lamentable engaño dejar el corazón enredado en unas pequeñeces que ahogarían –como el tallo frágil entre espinas– el amor infinito de Dios, al cual fue llamado desde la eternidad. «¿Tú crees –pregunta San Jerónimo– que has llegado a la cumbre de las virtudes, porque has ofrecido una parte del todo? A ti mismo te quiere el Señor como hostia viva y grata a Dios»6. El Señor da siempre su gracia para conservar el corazón intacto para Él y para las almas todas por Él: sin compensaciones, sin hilillos o cadenas que le impidan alcanzar las alturas a las que fue llamado, con generosidad, con fortaleza para cortar una atadura o rectificar un afecto.

Para la guarda del corazón es preciso primero cuidar el amor, pues una persona desamorada en lo humano, tibia en el trato con Dios, difícilmente podrá impedir que penetren en su alma deseos y afán de compensaciones, pues el corazón fue hecho para amar y no se resigna a la sequedad y al hastío.

Examinemos en nuestra oración cómo cuidamos esos momentos de nuestro plan de vida más particularmente dedicados al Señor: la Comunión, la Visita al Santísimo, el rato de oración, el recogimiento en las horas de la noche... Miremos hoy si nuestro trato con Jesús es un trato personal, como el de un Amigo, si huimos de la rutina y de la mediocridad. Veamos si los afectos de nuestro corazón están ordenados según el querer de Dios, si rechazamos con prontitud cualquier pensamiento que los enturbien o distorsionen.

III. La guarda del corazón comenzará en muchas ocasiones por la guarda de la vista. Entonces, el sentido común y el sentido sobrenatural ponen como un filtro delante de los ojos, para no fijarse en lo que no se debe mirar. Y esto con naturalidad y sencillez, sin hacer cosas raras, pero con reciedumbre, sabiendo bien lo que se guarda; por la calle, en el trabajo, en las relaciones sociales.

Para conocer y querer es necesario el trato. Y para evitar que el corazón se quede apegado a lo que no deba será necesario mantener una prudente distancia con aquellas personas «con las que es más fácil que esto suceda» y «Dios no quiere que suceda». Se trata de esa distancia moral, espiritual, afectiva, que se manifiesta en evitar confidencias indebidas, manifestaciones y desahogos de penas o disgustos... Suele haber circunstancias en las que la prudencia aconseje incluso poner por medio una distancia física... Si hay rectitud en la conciencia, el examen atento y sincero descubrirá una intención menos recta en esa compañía o en esos desahogos: lo que parece quererse y lo que en realidad se busca.

Para evitar que se desborde la afectividad no es necesario suprimirla (no sería posible, ni quizá humano), sino ordenarla y encauzarla según el querer de Dios: llenar el corazón de un amor fuerte y limpio que lo defienda de afectos no gratos a Dios.

Con la guarda del corazón está relacionado el control de la memoria, para rechazar escenas, diálogos, imágenes que pueden encender los rescoldos de una afectividad que impide tener el corazón donde se debe. De modo parecido, el refugio en una imaginación desbordada, en unos sueños fantásticos, impide estar abiertos a la realidad cotidiana. Cuando se cede con alguna frecuencia a esta tentación –que quizá se agudiza en momentos de cansancio, de aridez interior, o como compensación a los pequeños fracasos de la vida normal–, se va produciendo una falta de unidad de vida entre ese mundo interior en el que la vanidad sale siempre triunfante, y la vida real, austera, que es la única válida para llevar a cabo la santificación personal, para hacer el bien que Dios espera de cada hombre, de cada mujer. Un alma descontenta de su situación y dada a evadirse en esa interioridad irreal y fantástica difícilmente afrontará con generosidad y realismo lo que le corresponde hacer en cada momento para crecer en las virtudes. ¿Cómo es posible vivir de fantasías sin descuidar los propios deberes? ¿Cómo luchará contra sus defectos quien, en vez de afrontarlos con humildad y esperanza, los rehúye y los vence solo en su imaginación? ¿Qué alegría se puede poner en aquello que exige sacrificio cuando existe el hábito de refugiarse en el reducto de la fantasía llena de sueños y de irrealidad? También es posible tener el corazón apegado –atado– a personajes sacados de una película, de una novela o de la vida real, pero con los que no se tiene trato alguno. Y el corazón así atado, y quizá manchado, no puede subir hasta el Señor.

Examinemos hoy dónde tenemos puesto el corazón a lo largo del día, en quién pensamos, quién es el personaje central de nuestro mundo interior. Pidámosle a Nuestra Señora que Jesús sea el centro real de nuestro vivir y, junto a Él, el querer noble y limpio real, sacrificado, que Él también desea para cada hombre y para cada mujer, según la propia vocación.

«Permíteme un consejo, para que lo pongas en práctica a diario. Cuando el corazón te haga notar sus bajas tendencias, reza despacio a la Virgen Inmaculada: ¡mírame con compasión, no me dejes, Madre mía! —Y aconséjalo a otros»7. ¡No me dejes... no les dejes, no le dejes, Madre mía!

1 Mt 15, 19. — 2 Prov 4, 23. — 3 Mt 5, 27-32. — 4 Cfr. J. L. Soria, Amar y vivir la castidad, p. 116. — 5 Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, 91. — 6 San Jerónimo, Epístola 118, 5. — 7 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 849.

 

 

“El trabajo es una bendición de Dios”

El trabajo es la vocación inicial del hombre, es una bendición de Dios, y se equivocan lamentablemente quienes lo consideran un castigo. El Señor, el mejor de los padres, colocó al primer hombre en el Paraíso, “ut operaretur” –para que trabajara. (Surco, 482)

El trabajo acompaña inevitablemente la vida del hombre sobre la tierra. Con él aparecen el esfuerzo, la fatiga, el cansancio: manifestaciones del dolor y de la lucha que forman parte de nuestra existencia humana actual, y que son signos de la realidad del pecado y de la necesidad de la redención. Pero el trabajo en sí mismo no es una pena, ni una maldición o un castigo: quienes hablan así no han leído bien la Escritura Santa.
Es hora de que los cristianos digamos muy alto que el trabajo es un don de Dios, y que no tiene ningún sentido dividir a los hombres en diversas categorías según los tipos de trabajo, considerando unas tareas más nobles que otras. El trabajo, todo trabajo, es testimonio de la dignidad del hombre, de su domino sobre la creación. Es ocasión de desarrollo de la propia personalidad. Es vínculo de unión con los demás seres, fuente de recursos para sostener a la propia familia; medio de contribuir a la mejora de la sociedad, en la que se vive, y al progreso de toda la Humanidad.
Para un cristiano, esas perspectivas se alargan y se amplían. Porque el trabajo aparece como participación en la obra creadora de Dios, que, al crear al hombre, lo bendijo diciéndole: Procread y multiplicaos y henchid la tierra y sojuzgadla, y dominad en los peces del mar, y en las aves del cielo, y en todo animal que se mueve sobre la tierra. (Es Cristo que pasa, 47)

 

 

Tema 16. Creo en la resurrección de la carne y en la vida eterna

Esta verdad afirma la plenitud de inmortalidad a la que está destinado el hombre; constituye por tanto un recuerdo de la dignidad de la persona, especialmente de su cuerpo.

Resúmenes de fe cristiana 16/12/2016

 El cuerpo resucitado será real y material; pero no terreno, ni mortal.

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Al final del Símbolo de los Apóstoles la Iglesia proclama: «Creo en la resurrección de la carne y en la vida eterna». En esta fórmula se contiene en forma breve los elementos fundamentales de la esperanza escatológica de la Iglesia.

1. La resurrección de la carne

En muchas ocasiones la Iglesia ha proclamado su fe en la resurrección de todos los muertos al final de los tiempos. Se trata de algún modo de la “extensión” de la Resurrección de Jesucristo, «el primogénito entre muchos hermanos» (Rm 8,29) a todos los hombres, vivos y muertos, justos y pecadores, que tendrá lugar cuando Él venga al final de los tiempos. Con la muerte el alma se separa del cuerpo; con la resurrección, cuerpo y alma se unen de nuevo entre sí, para siempre (cfr. Catecismo, 997). El dogma de la resurrección de los muertos, al mismo tiempo que habla de la plenitud de inmortalidad a la que está destinado el hombre, es un vivo recuerdo de su dignidad, especialmente en su vertiente corporal. Habla de la bondad del mundo, del cuerpo, del valor de la historia vivida día a día, de la vocación eterna de la materia. Por ello, contra los gnósticos del II siglo, se ha hablado de la resurrección de la carne , es decir de la vida del hombre en su aspecto más material, temporal, mudable y aparentemente caduco.

Santo Tomás de Aquino considera que la doctrina sobre la resurrección es natural respecto a la causa final (porque el alma está hecha para estar unida al cuerpo, y viceversa), pero es sobrenatural respecto a la causa eficiente (que es Dios) [1].

El cuerpo resucitado será real y material; pero no terreno, ni mortal. San Pablo se opone a la idea de una resurrección como transformación que se lleva a cabo dentro de la historia humana, y habla del cuerpo resucitado como “glorioso” (cfr. Flp 3,21) y “espiritual” (cfr. 1 Co 15,44). La resurrección del hombre, como la de Cristo, tendrá lugar, para todos, después de la muerte.

La Iglesia no promete a los hombres en nombre de la fe cristiana una vida de éxito seguro en esta tierra. No habrá una utopía, pues nuestra vida terrena estará siempre marcada por la Cruz. Al mismo tiempo, por la recepción del Bautismo y de la Eucaristía, el proceso de la resurrección ha comenzado ya de algún modo (cfr. Catecismo, 1000). Según Santo Tomás, en la resurrección, el alma informará el cuerpo tan profundamente, que en éste quedarán reflejadas sus cualidades morales y espirituales [2]. En este sentido la resurrección final, que tendrá lugar con la venida de Jesucristo en la gloria, hará posible el juicio definitivo de vivos y muertos.

Respecto a la doctrina de la resurrección se pueden añadir cuatro reflexiones:

– la doctrina de la resurrección final excluye las teorías de la reencarnación, según las cuales el alma humana, después de la muerte, emigra hacia otro cuerpo, repetidas veces si hace falta, hasta quedar definitivamente purificada. Al respecto, el Concilio Vaticano II ha hablado de «único curso de nuestra vida» [3], pues «está establecido que los hombres mueran una sola vez» (Hb 9,27);

– una manifestación clara de la fe de la Iglesia en la resurrección del propio cuerpo es la veneración de las reliquias de los Santos;

–aunque la cremación del cadáver humano no es ilícita, a no ser que haya sido elegida por razones contrarias a la fe (CIC, 1176), la Iglesia aconseja vivamente conservar la piadosa costumbre de sepultar los cadáveres. En efecto, «los cuerpos de los difuntos deben ser tratados con respecto y caridad en la fe y la esperanza de la resurrección. Enterrar a los muertos es una obra de misericordia corporal, que honra a los hijos de Dios, templos del Espíritu Santo» (Catecismo, 2300);

– la resurrección de los muertos coincide con lo que la Sagrada Escritura llama la venida de «los nuevos cielos y la tierra nueva» (Catecismo, 1042; 2 P 3,13; Ap 21,1). No sólo el hombre llegará a la gloria, sino que el entero cosmos, en el que el hombre vive y actúa, será transformado. «La Iglesia a la que todos hemos sido llamados en Cristo Jesús y en la cual, por la gracia de Dios, conseguimos la santidad», leemos en la Lumen Gentium (n. 48), «no será llevada a su plena perfección sino “cuando llegue el tiempo de la restauración de todas las cosas” (Hch 3,21) y cuando, con el género humano, también el universo entero, que está íntimamente unido con el hombre y por él alcanza su fin, será perfectamente renovado». Habrá continuidad ciertamente entre este mundo y el mundo nuevo, pero también una importante discontinuidad. La espera de la definitiva instauración del Reino de Cristo no debe debilitar sino avivar, con la virtud teologal de la esperanza, el empeño de procurar el progreso terreno (cfr. Catecismo, 1049).

2. El sentido cristiano de la muerte

El enigma de la muerte del hombre se comprende solamente a la luz de la resurrección de Cristo. En efecto, la muerte, la pérdida de la vida humana, se presenta como el mal más grande en el orden natural, precisamente porque e algo definitivo, que quedará superada de modo completo sólo cuando Dios en Cristo resucite a los hombres.

Por un lado la muerte es natural en el sentido que el alma puede separarse del cuerpo. Desde este punto de vista la muerte marca el término de la peregrinación terrena. Después de la muerte el hombre no puede merecer o desmerecer más. «La opción de vida del hombre se hace definitiva con la muerte» [4]. Ya no tendrá la posibilidad arrepentirse. Justo después de la muerte irá al cielo, al infierno o al purgatorio. Para que esto tenga lugar, existe lo que la Iglesia ha llamado el juicio particular (cfr. Catecismo, 1021-1022). El hecho de que la muerte constituya el límite del periodo de prueba sirve al hombre para enderezar bien su vida, para aprovechar el tiempo y los demás talentos, para obrar rectamente, para gastarse en el servicio de los demás.

Por otro lado, la Escritura enseña que la muerte ha entrado en el mundo a causa del pecado original (cfr. Gn 3,17-19; Sb 1,13-14; 2,23-24; Rm 5,12; 6,23; St 1,15; Catecismo, 1007). En este sentido debe ser considerada como castigo por el pecado: el hombre que quería vivir al margen de Dios, debe aceptar el sinsabor de la ruptura con la sociedad y consigo mismo como fruto de su alejamiento. Sin embargo, Cristo «asumió la muerte en un acto de sometimiento total y libre a la Voluntad de Dios» (Catecismo, 1009). Con su obediencia venció la muerte y ganó la resurrección para la humanidad. Para quien vive en Cristo por el Bautismo, la muerte sigue siendo dolorosa y repugnante, pero ya no es un recuerdo vivo del pecado sino una oportunidad preciosa de poder corredimir con Cristo, mediante la mortificación y la entrega a los demás. «Si morimos con Cristo, también viviremos con Él» (2 Tm 1,11). Por esta razón, «gracias a Cristo, la muerte cristiana tiene un sentido positivo» (Catecismo, 1010).

3. La vida eterna en comunión íntima con Dios

Al crear y redimir al hombre, Dios le ha destinado a la eterna comunión con Él, a lo que san Juan llama la “vida eterna”, o lo que se suele llamar “el cielo”. Así Jesús comunica la promesa del Padre a los suyos: «bien, siervo bueno y fiel, porque has sido fiel en lo poco entra en el gozo de tu Señor» (Mt 25,21). La vida eterna no es como «un continuo sucederse de días del calendario, sino como el momento pleno de satisfacción, en el cual la totalidad nos abraza y nosotros abrazamos la totalidad. Sería el momento del sumergirse en el océano del amor infinito, en el cual el tiempo –el antes y el después– ya no existe. Podemos únicamente tratar de pensar que este momento es la vida en sentido pleno, sumergirse siempre de nuevo en la inmensidad del ser, a la vez que estamos desbordados simplemente por la alegría» [5].

La vida eterna es lo que da sentido a la vida humana, al empeño ético, a la entrega generosa, al servicio abnegado, al esfuerzo por comunicar la doctrina y el amor de Cristo a todas las almas. La esperanza cristiana en el cielo no es individualista, sino referida a todos [6]. Con base en esta promesa el cristiano puede estar firmemente convencido de que “vale la pena” vivir la vida cristiana en plenitud. «El cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha» ( Catecismo , 1024); así lo ha expresado san Agustín en las Confesiones: «Nos has hecho, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» [7]. La vida eterna, en efecto, es el objeto principal de la esperanza cristiana.

«Los que mueren en la gracia y la amistad con Dios, y están perfectamente purificados, viven para siempre con Cristo. Son para siempre semejantes a Dios, porque lo ven “tal cual es” (1 Jn 3,2), es decir “cara a cara” (1 Co 13,12)» (Catecismo, 1023). La teología ha denominado este estado “visión beatífica”. Dios «a causa de su trascendencia, no puede ser visto tal cual es más que cuando Él mismo abre su Misterio a la contemplación inmediata del hombre y le da la capacidad para ello» (Catecismo, 1028). El cielo es la máxima expresión de la gracia divina.

Por otra parte, el cielo no consiste en una pura, abstracta, e inmóvil contemplación de la Trinidad. En Dios el hombre podrá contemplar todas las cosas que de algún modo hacen referencia a su vida, gozando de ellas, y en especial podrá amar a los que ha amado en el mundo con un amor puro y perpetuo. «No lo olvidéis nunca: después de la muerte, os recibirá el Amor. Y en el amor de Dios encontraréis, además, todos los amores limpios que habéis tenido en la tierra» [8]. El gozo del cielo llega a su culminación plena con la resurrección de los muertos. Según san Agustín la vida eterna consiste en un descanso eterno, y en una deliciosa y suprema actividad [9].

Que el Cielo dure eternamente no quiere decir que en él el hombre deje de ser libre. En el cielo el hombre no peca, no puede pecar, porque, viendo a Dios a cara a cara, viéndolo además como fuente viva de toda la bondad creada, en realidad no quiere pecar. Libre y filialmente, el hombre salvado se quedará en comunión con Dios para siempre. Con ello, su libertad ha alcanzado su plena realización.

La vida eterna es el fruto definitivo de la donación divina al hombre. Por esto tiene algo de infinito. Sin embargo la gracia divina no elimina la naturaleza humana, ni en su ser ni en sus facultades, ni su personalidad ni lo que ha merecido durante la vida. Por esto hay distinción y diversidad entre los que gozan de la visión de Dios, no en cuanto al objeto, que es Dios mismo, contemplado sin intermediarios, sino en cuanto a la cualidad del sujeto: «quien tiene más caridad participa más de la luz de la gloria, y más perfectamente verá a Dios y será feliz» [10].

4. El infierno como rechazo definitivo de Dios

La Sagrada Escritura repetidas veces enseña que los hombres que no se arrepientan de sus pecados graves perderán el premio eterno de la comunión con Dios, sufriendo por el contrario la desgracia perpetua. «Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de El para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra “infierno”» ( Catecismo, 1033). No es que Dios predestine a nadie a la condenación perpetua; es el hombre quien, buscando su fin último al margen de Dios y de su voluntad, construye para sí un mundo aislado en el que no puede penetrar la luz y el amor de Dios. El infierno es un misterio, el misterio del Amor rechazado, es señal del poder destructor de la libertad humana cuando se aleja de Dios [11].

Es tradicional distinguir respecto al infierno entre la “pena de daño”, la más fundamental y dolorosa, que consiste en la separación perpetua de Dios, anhelado siempre por el corazón humano; y la “pena de los sentidos”, a la que se alude frecuentemente en los evangelios con el imagen del fuego eterno.

La doctrina sobre el infierno en el Nuevo Testamento se presenta como un llamamiento a la responsabilidad en el uso de los dones y talentos recibidos, y a la conversión. Su existencia le hace vislumbrar al hombre la gravedad del pecado mortal, y la necesidad de evitarlo por todos los medios, principalmente, como es lógico, mediante la oración confiada y humilde. La posibilidad de la condenación recuerda a los cristianos la necesidad de vivir una vida enteramente apostólica.

Sin lugar a dudas, la existencia del infierno es un misterio: el misterio de la justicia de Dios para con aquellos que se cierran a su perdón misericordioso. Algunos autores han pensado en la posibilidad de la aniquilación del pecador impenitente cuando muere. Esta teoría resulta difícil de conciliar con el hecho de que Dios ha dado por amor la existencia –espiritual e inmortal- a cada hombre [12].

5. La purificación necesaria para el encuentro con Dios

«Los que se mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo» (Catecismo, 1031). Se puede pensar que muchos hombres, aunque no hayan vivido una vida santa en la tierra, tampoco se han encerrado definitivamente en el pecado. La posibilidad de ser limpiados de las impurezas e imperfecciones de una vida, más o menos malograda, después de la muerte se presenta entonces como una nueva bondad de Dios, como una oportunidad para prepararse a entrar en comunión íntima con la santidad de Dios. «El purgatorio es una misericordia de Dios, para limpiar los defectos de los que desean identificarse con El» [13].

El Antiguo Testamento habla de la purificación ultraterrena (cfr. 2 M 12,40-45). San Pablo en la primera carta a los Corintios (1 Co 3,10-15) presenta la purificación cristiana, en esta vida y en la futura, a través de la imagen del fuego; fuego que de algún modo emana de Jesucristo, Salvador, Juez, y Fundamento de la vida cristiana [14]. Aunque la doctrina del Purgatorio no ha sido definida formalmente hasta la Edad Media [15], la antiquísima y unánime práctica de ofrecer sufragios por los difuntos, especialmente mediante el santo Sacrificio eucarístico, es indicio claro de la fe de la Iglesia en la purificación ultraterrena. En efecto, no tendría sentido rezar por los difuntos si estuviesen o bien salvados en el cielo o bien condenados en el infierno. Los protestantes en su mayoría niegan la existencia del purgatorio, ya que les parece una confianza excesiva en las obras humanas y en la capacidad de la Iglesia de interceder por los que han dejado este mundo.

Más que un lugar , el purgatorio debe ser considerado como un estado de temporánea y dolorosa lejanía de Dios, en el que se perdonan los pecados veniales, se purifica la inclinación al mal que el pecado deja en el alma, y se supera la “pena temporal” debida al pecado. El pecado no sólo ofende a Dios, y daña al mismo pecador, sino que, por medio de la comunión de los santos, daña a la Iglesia, al mundo, a la humanidad. La oración de la Iglesia por los difuntos restablece de algún modo el orden y la justicia: principalmente por medio de la Santa Misa, las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia (cfr. Catecismo, 1032).

Los teólogos enseñan que en el purgatorio se sufre mucho, según la situación de cada uno. Sin embargo se trata de un dolor con significado, «un dolor bienaventurado» [16]. Por ello, se invita a los cristianos a buscar la purificación de los pecados en la vida presente mediante la contrición, la mortificación, la reparación y la vida santa.

6. Los niños que mueren sin el Bautismo

La Iglesia confía a los niños muertos sin haber recibido el Bautismo a la misericordia de Dios. Hay motivos para pensar que Dios de algún modo los acoge, sea por el gran cariño que Jesús mostró a los niños (cfr. Mc 10,14), sea porque ha enviado a su Hijo con el deseo que todos los hombres se salven (cfr. 1 Tm 2,4). Al mismo tiempo el hecho de fiarse de la misericordia divina no es razón para diferir la administración del Sacramento del Bautismo a los niños recién nacidos (CIC 867), que confiere una particular configuración con Cristo: «significa y realiza la muerte al pecado y la entrada en la vida de la Santísima Trinidad a través de la configuración con el Misterio pascual» (Catecismo, 1239).

Paul O’Callaghan

Publicado originalmente el 21 de noviembre de 2012


Bibliografía básica

 

Catecismo de la Iglesia Católica, 988-1050.

Lecturas recomendadas

Juan Pablo II, Catequesis sobre el Credo IV: Credo en la vida eterna, Palabra, Madrid 2000 (audiencias desde el 25-V-1999 hasta el 4-VIII-1999).

Benedicto XVI, Enc. Spe salvi, 30-XI-2007.

San Josemaría, Homilía La esperanza del cristiano, Amigos de Dios , 205-221.


[1] Cfr. Santo Tomás, Summa c ontra gentiles, IV, 81.

[2] Cfr. Santo Tomás, Summa Theologiae, III. Suppl., qq. 78-86.

[3] Concilio Vaticano II, Const. Lumen Gentium, 48.

[4] Benedicto XVI, Enc. Spe salvi, 30-XI-2007, 45.

[5] Ibidem, 12.

[6] Cfr. Ibidem, 13-15, 28, 48.

[7] San Agustín Confessiones, 1, 1, 1.

[8] San Josemaría, Amigos de Dios , 221.

[9] Cfr. San Agustín, Epistulae, 55, 9.

[10] Santo Tomás, Summa Theologiae, I, q. 12, a. 6, c.

[11] «La opción de vida del hombre se hace en definitiva con la muerte; esta vida suya está ante el Juez. Su opción, que se ha fraguado en el transcurso de toda la vida, puede tener distintas formas. Puede haber personas que han destruido totalmente en sí mismas el deseo de la verdad y la disponibilidad para el amor. Personas en las que todo se ha convertido en mentira; personas que han vivido para el odio y que han pisoteado en ellas mismas el amor. Ésta es una perspectiva terrible, pero en algunos casos de nuestra propia historia podemos distinguir con horror figuras de este tipo. En semejantes individuos no habría ya nada remediable y la destrucción del bien sería irrevocable: esto es lo que se indica con la palabra infierno» (Benedicto XVI, Enc. Spe salvi, 45).

[12] Cfr. Ibidem, 47.

[13] San Josemaría, Surco, 889.

[14] En efecto, Benedicto XVI en la Spe salvi dice que «algunos teólogos recientes piensan que el fuego que arde, y que a la vez salva, es Cristo mismo, el Juez y Salvador» (Benedicto XVI, Enc. Spe salvi, 47).

[15] Cfr. DS 856, 1304.

[16] Benedicto XVI, Enc. Spe salvi, 47.

 

 

Diginidad humana y defensa de la familia

La familia originada en el matrimonio está sometida a un ataque feroz. Intereses ideológicos, políticos, económicos, etc., confluyen en esa agresiva persecución. Es un hecho, tristemente constatable, que existen hoy gran cantidad de focos que ponen al matrimonio y a la familia en crisis. La miopía sobre qué es el hombre desenfoca la recta actuación de la persona que ya no sabe qué es bueno y qué es malo.

Entre esos diversos focos que provocan la actual crisis en la familia podríamos destacar: la difusión de un erróneo concepto de libertad desligada de la verdad del ser humano; la trivialización del sexo desvinculándolo de la dignidad humana que expresa; la visión del matrimonio como un formalismo convencional o una tradición superada (o a superar) porque condiciona la libertad; percibir la familia cristiana como un modelo impuesto por condicionantes históricos y culturales sin fundamento en la naturaleza humana, etc.

Si a esto añadimos las posibilidades técnicas de disociación entre matrimonio y descendencia que desdibujan la verdadera naturaleza de la procreación tendremos un panorama que da explicación al aberrante y furioso ataque a la familia, tal como la ha diseñado el Creador desde que puso al hombre –varón y hembra– en el Paraíso formando la primera familia del mundo.

Ante esto, la mayor parte del mundo no ha movido un músculo, han quedado impertérritos. Pero ¿cómo se han llegado a estas aberraciones sin que haya una rebelión masiva? Una vez más para explicar las funestas consecuencias del pecado hay que volver la kirada al pecado de origen. La causa está en la primera desobediencia, en aquella libre decisión de elegir el consejo de una criatura en vez de seguir el mandato amoroso del Creador. Con ello quedó herida nuestra naturaleza. Desde entonces tenemos la inteligencia oscurecida para alcanzar la verdad fácilmente y la voluntad debilitada enormemente para hacer lo bueno.

Esta debilidad para conocer la verdad y para hacer el bien movió a la misericordia de Dios a revelarnos cosas que pudiendo nosotros alcanzar solos sería un sendero arduo. De ahí que Dios no sólo haya querido revelarnos verdades que superan el alcance de la razón (p.e el misterio trinitario), sino otras que –como ésta– el hombre podría llegar por sí mismo con esfuerzo: los Mandamientos. Así, fiándose de Dios, todos los hombres pueden llegar a conocer estas verdades fundamentales con certeza y sin mezcla de error. Por eso, cuando el hombre da la espalda a Dios queda debilitado y confundido porque “sin el Creador la criatura se diluye”.

Alertaba Benedicto XVI de esa crítica falsa e injusta al cristianismo acentuada a partir de la Ilustración, de valorar los Mandamientos de la Ley de Dios de manera negativa; no es un reglamento de prohibiciones sino una defensa divina del hombre de su enemigo: él mismos. Esa visión absolutamente negativa, venenosa, como la expuso Friedrich Nietzsche, es fuente subterránea de algunos males que afloran ahora contra la familia. 

Los mandamientos de la Ley de Dios están en la entraña del hombre pero le era costoso verlos con nitidez y Dios se los revela a Moisés y Cristo los subraya en el Evangelio. ¿Qué misión tiene el Decálogo para la humanidad? Defender la dignidad de su naturaleza de cualquier tipo de vulneración. Los mandamientos del Decálogo expresan en fórmulas breves y sintéticas el deber de no lesionar la dignidad de la persona en ninguna de sus formas posibles. Desde esta perspectiva personal se capta la sublimidad del amor divino por la criatura que el Decálogo expone.

Así, en los tres primeros mandamientos se ordena la recta relación con Dios. Se manifiesta que la persona que no tiene adecuada relación su Creador es una persona dañada en su propia dignidad personal. Se garantiza esta relacion prohibiendo todo intento de manipulación por medio de palabras: blasfemias, magias, etc. Ordena esa relación en el ámbito de la vida de la persona en el mundo.

Los siete restantes prohíben vulnerar la persona a través de su condición “tradicional”, ya sea natural, cultural, etc.; defiende a la persona frente a la amenaza del daño que se le puede hacer a través de la condición corporal que ofrece su naturaleza; cuida que su dignidad personal no sea lesionada en su condición sexual, exponente de su singularidad corporal; defiende todo lo que se refiere también a la condición material de la persona en cuanto que necesita cosas del mundo para poder vivir y protege la dimensión más personal del hombre en su condición mundana, cual es la de relacionarse con sus iguales: veracidad, honor, fama, sinceridad, la fidelidad, etc., donde no pueden caber las discriminaciones.

Otro aspecto esencial que emboca en estos errores es el desenfoque del hombre como unidad sustancial; la dicotomía cartesiana en res extensa y res cogitans impide adentrarse en la realidad de la naturaleza humana tal y como Dios la ha creado. La familia originada en el matrimonio se fundamenta en un compromiso de amor. Se hace preciso subrayar antes el compromiso que dará origen al vínculo matrimonial que al amor aunque éste sea el “detonante” que hay que cultivar con esfuerzo toda la vida para que se convierta en “pólvora mojada”. Entre el amor y lo divino existe una cierta relación en la que se trasciende lo efímero; se promete infinidad, eternidad, una realidad más grande y completamente distinta de nuestra existencia cotidiana. Es un privilegio humano el de amar tan grande que supera al mismo hombre evitando, si quiere, el dejarse dominar por el instinto. Hace falta una purificación y maduración, que incluyen también la renuncia. Esto no es rechazar el amor humano, ni envenenarlo sino “sanearlo para que alcance su verdadera grandeza”

Será imposible captar la grandeza del amor si no se entiende la constitución del ser humano como un compuesto de unidad sustancial de cuerpo y alma. “El hombre es realmente él mismo cuando cuerpo y alma forman una unidad íntima”, pero “si el hombre pretendiera ser sólo espíritu y quisiera rechazar la carne como si fuera una herencia meramente animal, espíritu y cuerpo perderían su dignidad. Si, por el contrario, repudia el espíritu y por tanto considera la materia, el cuerpo, como una realidad exclusiva, malogra igualmente su grandeza”.

Pedro Beteta López

Doctor en Teología

 

Gaudium et Spes, n. 36

Cfr. BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n. 3

Cfr. BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n. 5

BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n. 5

BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n. 5

BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n. 5

 

 

La conciencia de ser padres

Escrito por Mirtha Flor Cervera Vallejos

Los padres nunca deben perder autoridad sobre los hijos porque es una autoridad sostenida en el amor, de gran preocupación por su futuro

Cuando dos amigos querían casarse, no falto un sabelotodo que les preguntó: ¿se aman?, la respuesta no fue rápida, dudaron por segundos en decir sí, pero un sí fuerte, imperativo convencidos de la decisión tomada. Luego les explicó, qué abarcaba esa decisión que de hecho es para toda la vida, aún con defectos o debilidades tan propios de nuestra naturaleza.

La anécdota me permite ahondar en una realidad humana grandiosa: la conciencia de ser padres y de ser familia. Y otra más, ya casados el médico ante una consulta de los esposos les pregunta ¿cuántos libros tienes en tu biblioteca sobre como formar a tus hijos? Respuesta, ninguno y ¿cuántos sobre tu profesión?, respuesta muchísimos. Estas realidades evidencian lo poco que leemos cómo padres.

La sabiduría de ser padres, como cualquier otra actividad humana no se improvisa, se aprehende y se aprende con los modelos propios de nuestros padres y con la preparación interesada que cada uno asuma desde que sabe que va a tener un hijo, y no busca pretextos para evitarlos, por el contrario cuando los hijos van creciendo, mantienen acciones que les compete como tales , desde jugar, enseñar a rezar, buscar alternativas, participar en el mundo de los hijos, hasta exigir, poner retos, sancionar o felicitar.

Los padres nunca deben perder autoridad sobre los hijos porque es una autoridad sostenida en el amor, de gran preocupación por su futuro. Por ello, podrían llamarse verdaderos héroes en un 90% para que los hijos imiten el 50% y no cansarse nunca de serlo. Está de por medio el futuro de quienes son parte de su ser, son la familia que un día planearon tener.

Familia, que sabe de pobreza, y bienestar, dolor y sufrimiento, éxitos y fracasos, situaciones que las afectan, pero juntos, unidos, en entrega mutua, luchando día a día para que sus valores se sientan y prevalezcan en una sociedad que considera que ya no existen, que ya no es necesaria la familia, que los hijos pueden hacer lo que se les da la gana, incluso te hablan de una reingeniería social con necesidad de reconstruir todo, sin bases cristianas sólidas.

Razonar sobre ser padres y tener una familia, es razonar sobre tus principios reguladores, las promesas realizadas y las acciones que llevas a cabo en el cotidiano de cada contexto familiar; tiene que haber coherencia entre ambas aun con equivocaciones, si no es así, comienza un resquebrajamiento en la familia, primero leve y luego más visible, afectando, especialmente las relaciones familiares entre padres e hijos, ya no existe interés sobre que pasarán en el colegio o la universidad, les da lo mismo que estén una hora o pasen todo el día en internet o no lleguen a dormir un día. Es necesario reaccionar, y volver sobre los propios compromisos para rectificar pronto.

Ser padres y tener una familia, es lo más grandioso que le puede suceder a una persona, pues nuestra familia tiene una historia, memoria, raíces, por ello, no la pueden destruir, aun en momento de crisis, cuando uno de los padres se queda sin empleo, o uno de los hijos padece una enfermedad terminal, o muere uno de los padres, o uno de ellos por equivocación o provocación deja la casa, todo es superable, si existe verdadero amor, sólo el amor y el compromiso une, arraiga, vincula; cuántas veces la percepción de una corporalidad sufriente a causa del vicio, no estaba presente ningún amigo, novia, compañero de estudio, pero si estaba presente la familia, la madre los hermanos que ayudaban de una manera u otra a superar las equivocaciones que un día te parecieron fascinantes y ahora sólo tienes el cariño y la compañía de quienes sí te quieren de verdad , tus padres y tu familia.

Dra. Mirtha Flor Cervera Vallejos
Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo. Perú

 

 

Inmensidad de Dios

Daniel Tirapu

La creación ;el firmamento, las estrellas, los mares, las selvas, los valles, los ríos, los montes, los animales pequeños y los grandes, los volcanes, el cielo, las nubes, el macromundo  y el micromundo.

Alguien muy poéticamente decía que con su imaginación no se le habría ocurrido un mundo así. Es más un mundo como el de "avatar" es posible por las referencias a la realidad. A veces da la impresión, me da la impresión de que existe una grandeza que podría calificar como de exagerada.

San Pablo recuerda que los gentiles pueden llegar a Dios a través de la creación. Es curioso que al entrar en una casa jamás se nos ocurre pensar que fue el azar la que la hizo, y con el mundo natural sí.

La creación es huella del creador.

 

 

El problema de la inmediatez

Por: Mónica Muñoz

A principios del siglo pasado, la rutina de las ciudades era muy diferente a la de la actualidad, por supuesto, porque la vida era más simple y tranquila. Quien encuentre un documental del tiempo de don Porfirio Díaz, podrá notar que era raro ver vehículos de motor, a lo más que llegaban era al tren jalado por mulas o a grandes carruajes tirados por caballos, que poco a poco fueron desapareciendo.  Así, llegando a la mitad del siglo XX, podía percibirse un cambio más que notable: los automóviles circulaban por las calles de la gran ciudad y el ritmo de vida se había acelerado, de la misma manera que la incursión de la radio y la televisión en los hogares marcaba la diferencia entre ricos y pobres.

En fin, que dar un vistazo al pasado nos ayudará a entender que, de la misma manera que los avances tecnológicos transformaron la vida de la gente, han marcado el ritmo del día a día.  Basta con citar un ejemplo: hace 50 años, para enterarnos de las noticias acaecidas del otro lado del mundo, había que esperar que los noticieros o los periódicos las anunciaran al día siguiente de ocurridas. Hoy, con sólo entrar a cualquier portal de noticias en el celular podemos enterarnos de los acontecimientos de manera inmediata.

Sería necio pensar en volver al pasado. Escuché a alguien comentar que ninguna época anterior ha sido mejor que la que vivimos actualmente, pues cada una tiene su razón de ser.  Concuerdo con esa aseveración, pero me preocupa que ante tanta aceleración, hayamos perdido el sentido de la calma, la reflexión y la tranquilidad, y entre todo eso, la paciencia.  El hecho de tener todo al momento nos ha privado de la cualidad de saber esperar.  ¿A quién no le ha tocado que, en cuanto cambia el semáforo a verde, el del vehículo de atrás instantáneamente suena el claxon? O si estamos en la caja del supermercado, la persona que sigue de nosotros, de manera impaciente, vacía su mercancía y se nos pega lo más que puede para acelerar el proceso, invitándonos a irnos a la voz de ¡ya!

Bueno, ojalá todo quedara en eso.  Lo malo es que los niños, adolescentes y jóvenes están contagiados del mismo mal.  Y, como siempre, los encargados de su educación son responsables de ello.  Porque no les han enseñado a ser pacientes.  Porque desde pequeños, les han tomado la medida a sus padres, quienes al menor berrinche, conceden a sus hijos lo que desean.  Los psicólogos modernos dicen que no se debe dejar al niño llorar porque puede generarle sentimientos de frustración, sin embargo, si nos hemos asegurado de que no le ocurre nada grave, podemos ayudarlo a entender que no siempre estaremos a sus órdenes en cuanto comience el llanto, dejando que llore un poco.  Conforme vayan creciendo, será más fácil que se dominen y aprendan que las cosas llegan en su momento.

Un educador comentaba hace poco que muchos adultos imitan el comportamiento egoísta de los niños, en el sentido de que todo quieren para sí y lo quieren ya.  No por nada existe un alto índice de personas inconformes con su trabajo, pareja, amigos y en general, con su vida.  Y si no obtienen lo que desean, se enojan, vociferan, se desquitan con quien sea, justamente porque no aprendieron la virtud de la paciencia.  Ese es el problema de la inmediatez. Todo se obtiene fácil y en el instante, por eso los negocios actuales se dedican a mejorar sus servicios para atender al público de la manera más rápida posible.  “Tiempo es dinero”, dirían los vecinos de Estados Unidos. No digo que todo sea malo.  A todos nos cae muy bien que nos atiendan de manera eficiente y expedita, pero en otros ámbitos de la vida no está bien pedir todo con tanta velocidad.

Démonos tiempo para disfrutar de la familia, de la compañía de los amigos, de la plática con las personas que encontramos en la calle y que teníamos tiempo sin ver, disfrutemos las puestas del sol, el tiempo que pasamos con nuestros niños, porque crecen muy rápido y después sólo quedarán los recuerdos. Pero también entendamos que debemos dar tiempo a que las cosas lleguen en su momento.  Muchas veces resulta contraproducente pedir inmediatez. Imagino un pastel que queda crudo por cortar el tiempo de cocción. Así pasa con nosotros. Dejemos que el tiempo transcurra y vivamos con más calma, demos espacio a la reflexión y observemos detenidamente lo que pasa a nuestro alrededor, y sobre todo, enseñemos a nuestros menores a esperar con paciencia los frutos de sus esfuerzos.  Recordemos lo que dice la sagrada escritura: “”Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo” (Eclesiastés 3, 1), o, como reza la sabiduría popular: “no por mucho madrugar, amanece más temprano”.

 

 

Sexo y cerebro.

   La persona es una totalidad cuerpo/alma, en que la condición sexuada (masculinidad/feminidad) es inseparable de ella ya que no es un atributo sino un constitutivo esencial de la misma. La condición sexuada está en su modo de ser, corresponde al núcleo íntimo de la persona y afecta a todas sus dimensiones corporales/espirituales. La sexualidad binaria, masculina y femenina, tiene como fin la complementación de cada uno de los sexos con el otro, especialmente dirigida a la transmisión de la vida.

       Los sexos están diseñados para la procreación. Una utilización del sexo para otros fines es desnaturalizar su esencia. El sexo masculino hace referencia a la posibilidad de paternidad; el femenino, a la de maternidad. Y la actividad sexual, con su finalidad procreativa, va naturalmente con el placer consiguiente, haya o no fecundación. De forma similar a como el ojo está diseñado para ver, el sexo está programado, de forma natural, para la reproducción. Se cumpla o no, esta es su finalidad, su significado esencial. El placer, cuestión fisiológica, normal y legítima, va íntimamente unido a la actividad sexual, pero no es su finalidad. Por tanto, la búsqueda del placer como finalidad exclusiva, no es natural.

Hablar de los dos sexos significa hablar de dos formas de ser persona, con similitudes y con diferencias, que se expresan a nivel celular y corporal y también psicológicamente y neuralmente.

Todas las células del varón tienen los cromosomas sexuales X e Y; y las de la mujer, X y X.

Corporalmente, las diferencias son patentes, no solo a nivel genital, sino también en los aspectos morfológicos globales. Y hormonalmente, también son patentes las diferencias.

En lo que respecta al sistema nervioso, se sabe que el encéfalo del varón, aunque similar, es distinto que el de la mujer, al menos en cuanto a determinadas estructuras del mismo: es el dimorfismo sexual. Por ejemplo, la llamada área preóptica (situada en el hipotálamo, zona localizada en el “cogollo”, en el centro del cerebro), con funciones hormonales específicas, en el varón es dos veces mayor que en la mujer; es una estructura que después del nacimiento crece, y más tarde decrece en las niñas. El cuerpo calloso, conjunto de fibras nerviosas que interconectan ambos hemisferios cerebrales, es mayor en la mujer que en el varón.

Por otra parte, la sensibilidad en el varón es distinta que en la mujer. En líneas generales, lo visual tiene cierta preponderancia en el varón; lo tactil y lo auditivo es más destacado en la mujer.

Y psicológicamente, como es bien sabido, al mismo tiempo que hay semejanzas, hay diferencias entre los dos sexos.

En cuanto al desarrollo del cerebro, hay que hacer constar que el cerebro del embrión, del feto, es masculino o femenino muy tempranamente. Es una condición determinada genéticamente. Durante toda la vida el cerebro será masculino o femenino. La presencia del gen SRY en el cromosoma Y es esencial para la formación del cerebro masculino.

Y muy pronto surge el pudor, sentimiento de no dejarse observar, mirar, en lo que no se debe mirar (no es lo mismo ver que mirar). Y es que en el ámbito sexual interviene toda la persona, en su cuerpo y en su alma. Por eso se admite que se pueda hablar de almas masculinas y femeninas. En cierta medida relacionado con este asunto está el hecho de que la corteza cerebral puede controlar al sistema límbico, en otras palabras, la voluntad puede dominar lo que es de otro nivel neural y orgánico. Los enfermos con lesiones de la corteza prefrontal pierden el pudor. Probablemente, sea esta corteza e incluso la corteza cingular las relacionadas con la vergüenza, con el pudor. La corteza prefrontal es la zona más anterior del lóbulo frontal del cerebro; la corteza cingular (más desarrollada en la mujer que en el varón) se encuentra en la zona media, en la cara interna de cada hemisferio cerebral.

Pero no se debe afirmar que todo esté localizado en el cerebro. Sería caer en el error de la frenologia: el localizacionismo cerebral a ultranza de los dos siglos pasados. Además, la persona no es solo cerebro. Es mucho más.

Filosóficamente, ontológicamente, el varón sale de sí mismo y se queda en la mujer y en los hijos. Para la masculinidad podría utilizarse el adverbio “desde”, y para la feminidad, “en”. Se trata de dos formas de ser con libertad, y por tanto con voluntad para controlar los estratos más inferiores, comunes con los animales: el ser humano, sea varón, sea mujer, puede optar; puede controlar el instinto; el animal, en cambio, sigue obligadamente lo que le indican sus necesidades instintivas.

Al mismo tiempo, ha de considerarse la igualdad radical de los dos sexos, ya que existe un ser humano completo en ambos casos. Por eso, eliminar una sociedad de sexos, deconstruir el lenguaje, tratar como igual a lo que no puede ser igual no va con lo biológico.

 

"Aprender a equivocarse"

José Luis Martín Descalzo

Una de las virtudes-defecto más cuestionables: el perfeccionismo. Virtud, porque evidentemente, lo es el tender a hacer todas las cosas perfectas. Y es un defecto porque no suele contar con la realidad: que lo perfecto no existe en este mundo, que los fracasos son parte de toda la vida, que todo el que se mueve se equivoca alguna vez.

He conocido en mi vida muchos perfeccionistas. Son, desde luego, gente estupenda. Creen en el trabajo bien hecho, se entregan apasionadamente a hacer bien las cosas e incluso llegan a hacer magníficamente la mayor parte de las tareas que emprenden.

Pero son también gente un poco neurótica. Viven tensos. Se vuelven cruelmente exigentes con quienes no son como ellos. Y sufren espectacularmente cuando llega la realidad con la rebaja y ven que muchas de sus obras -a pesar de todo su interés- se quedan a mitad de camino.

Por eso me parece que una de las primeras cosas que deberían enseñarnos de niños es a equivocarnos. El error, el fallo, es parte inevitable de la condición humana. Hagamos lo que hagamos habrá siempre un coeficiente de error en nuestras obras. No se puede ser sublime a todas horas. El genio más genial pone un borrón y hasta el buen Homero dormita de vez en cuando.

Así es como, según decía Maxwel Brand. "todo niño debería crecer con convicción de que no es una tragedia ni una catástrofe cometer un error". Por eso en las persona siempre me ha interesado más el saber cómo se reponen de los fallos que el número de fallos que cometen.

Ya que el arte más difícil no es el de no caerse nunca, sino el de saber levantarse y seguir el camino emprendido.

Temo por eso la educación perfeccionista. Los niños educados para arcángeles se pegan luego unos topetazos que les dejan hundidos por largo tiempo. Y un no pequeño porcentaje de amargados de este mundo surge del clan de los educados para la perfección.

Los pedagogos dicen que por eso es preferible permitir a un niño que rompa alguna vez un plato y enseñarle luego a recoger los pedazos, porque "es mejor un plato roto que un niño roto".

Es cierto. No existen hombres que nunca hayan roto un plato. No ha nacido el genio que nunca fracase en algo. Lo que sí existe es gente que sabe sacar fuerzas de sus errores y otra gente que de sus errores sólo casa amargura y pesimismo. Y sería estupendo educar a los jóvenes en la idea de que no hay una vida sin problemas, pero lo que hay en todo hombre es capacidad para superarlos.

No vale, realmente, la pena llorar por un plato roto. Se compra otro y ya está. Lo grave es cuando por un afán de perfección imposible se rompe un corazón. Porque de esto no hay repuesto en los mercados.

 

1 DE JULIO: LAS PRISAS

Por René Mondragón

CELERIDAD INSÓLITA

Es evidente que, a unos cuantos días de la elección presidencial y las que se anexan a la misma, los estrategas de partidos, candidatos y coaliciones aceleren el encuentro y las fascinación de un grupo mayor de electores, buscando además, que los indecisos dejen de serlo y se asimilen a la causa de un determinado candidato.

La divisa pareciera: Todos contra todos y se vale, de todo. El escribano lo ha consignado así y las preciosísimas lectoras junto con nuestros espléndidos lectores, expresan igualmente su coincidencia.

No es de extrañar entonces, que Ricardo Anaya haya acorralado al propietario de Morena en el debate y éste, se haya limitado a dejar de saludarlo al final del encuentro. Tampoco, cuando Pepetoño Meade apuntó que, “el único indiciado” en la mesa, era justamente, el panista. Menos aún se hicieron fuera de tono, las alusiones de Rodríguez el ía un referenteindependiente, contra los otros tres candidatos.

MÁS RAREZAS

Este amanuense se detiene en la expresión de Meade Kuribreña: ¿La emoción de su narrativa hizo que “se le saliera” la expresión de que Anaya ya tenía la calidad de indiciado ante el Ministerio Público…o ya tenía el antecedente de lo que habría de suceder un poco después? Es pregunta.

El nuevo Cordero del PRI –así llamado por algunos columnistas y opinólogos- que nunca ha negado su cercanía con Meade más que con el PRI, ¿visualizó desde inicio las repercusiones de su solicitud para que la PGR citara en calidad de indiciado a Ricardo Anaya o es mera coincidencia?

La bancada del PRI en la Comisión Permanente, emitió ahora un punto de acuerdo para que la PGR rinda un informe al Legislativo sobre “el caso Anaya”, y lo haga dentro del término de 10 días naturales; es decir, antes del día de la elección presidencial… ¿No suena a una estrategia perfectamente bien definida y aceitada?

¿NADIE SABE Y NADIE SUPO?

La nota del periodista Iván Saldaña es clarificante (13/06/2018 -  IVÁN E. SALDAÑA - http://www.excelsior.com.mx/nacional) en particular, por la captación de reacciones de distintos liderazgos de opinión.  La entrada es interesante: La Permanente “avaló un exhorto” para que la PGR “…informe el avance de la investigación sobre su candidato presidencial Ricardo Anaya, por presunto lavado de dinero” y también solicita un reporte del estatus de las investigaciones contra Manuel Barreiro “…señalado como cómplice de Anaya”

Esto resulta curioso, porque “alguien” desea que la opinión pública vea en Anaya a un delincuente convicto y confeso. Es lo que los clásicos denominan “un linchamiento mediático”; y en este país, sí funciona.

¿Por qué tanta virulencia? Es factible por las veces que Anaya señaló que llevaría a Meade y a Peña Nieto ante la justicia, y de salir culpables, éstos enfrentarían la cárcel. ¿Vendetta pura?

EL OTRO ENFOQUE

La panista Adriana Dávila –ex senadora- aportó un nuevo enfoque, sin duda, interesante, que responde a las razones de esa variable de presiones en contra del candidato del Frente.

Primera distinción: Si Meade Kuribreña ocupara el segundo lugar en las encuestas, Anaya no sería prioridad. Si el ciudadano que no es priísta tuviese una campaña eficazmente competitiva, lo lógico en su cuarto de guerra, sería que fueran por la cabeza del señor que lo resuelve todo yendo contra la corrupción. Esto es, se privilegiaría el golpeteo en contra de Morena.

Lo  asombroso de la persecución contra Anaya, es que la velocidad al señalarlo como indiciado, despide un aroma a arreglos del PRI con MORENA, lo que abriría las puertas de par en par, a su propietario. Adriana Dávila apunta: Esa es la mejor señala de “que ya pactaron”.

Por otra parte, la apuración para que se diga que Anaya está contra la pared, curiosamente también se pretende que sea antes de la elección, con lo que el panista quedaría fuera de la jugada. La paradoja: El Bronco, Napito, Néstora… cualquiera puede entrar y aparecer en la contienda por cualquier cargo de elección. Anaya, no pasa. Esa parece la consigna….Por eso tantas prisas.

 

Homosexualidad: el mito romántico y la trágica realidad

El movimiento homosexual presenta una visión idílica y romántica de su estilo de vida, a la que fielmente hacen eco la industria del entretenimiento y la media de izquierda. Hollywood presenta a los homosexuales y lesbianas como jóvenes, de buena apariencia, saludables e irradiando felicidad. Asimismo, las parejas homosexuales son presentadas como románticas y exitosas.

El psicólogo Gerard van-den-Aardweg

Esta imagen de la pantalla está en completa contradicción con la trágica realidad y contribuye poderosamente a la aceptación o al menos a la indiferencia con que muchos ven la legalización de tales uniones.

a) La trágica realidad

La trágica verdad es que esta imagen romántica de “amor” homosexual contrasta con la realidad. Detrás del alegre barniz, el estilo de vida homosexual está lleno de violencia, infidelidad y trauma.

Los hechos fríos y rudos prueban que el sentimentalismo erótico (y neurótico) entre personas del mismo sexo nada tiene del amor conyugal, que une a un hombre y a una mujer en el legítimo matrimonio tradicional contraído de acuerdo con el plan de Dios y la ley natural. Ninguna coreografía puede ocultar la verdad.

b) Una “monogamia” indeseada

Si la homosexualidad quiere ser aceptada como normal, necesita parecerse con la heterosexualidad. Por esta razón, el Movimiento Homosexual crea el mito de la “monogamia” homosexual [1] en el cual las “parejas” estables guardan una “fidelidad” semejante a la del verdadero matrimonio.

Sin embargo, una relación basada en un sentimiento y una tendencia desviados no puede crear las condiciones para la fidelidad que se encuentran en el verdadero matrimonio monogámico. Las pocas parejas homosexuales que mantienen vínculos estables son excepcionales. Además, la estabilidad en el mundo homosexual no significa fidelidad.

En realidad, el mito de la “monogamia” va en sentido contrario a la experiencia homosexual. En un estudio de jóvenes homosexuales holandeses, la Dra. Maria Xiridou, del Servicio Municipal de Salud de Amsterdam indicó que las relaciones duran una media de entre 1 y 1½ años. Ella también informó que cada homosexual tiene al mismo tiempo como promedio otras ocho parejas por año.[2]

La activista lesbiana Brenda Schumacher afirma que “no todas las lesbianas están interesadas en la monogamia o en la monogamia sucesiva.” [3]

El psicólogo Gerard van den Aardweg afirma: “La intranquilidad homosexual no puede ser apaciguada, mucho menos teniendo una pareja, porque estas personas son impelidas por un insaciable deseo de una inalcanzable imagen fantasiosa.” [4]

c) Haciendo que el Marqués de Sade “parezca una enfermera de la Cruz Roja”

El célebre Best-seller de Marshall Kirk y Hunter Madsen, “After The Ball”

Marshall Kirk y Hunter Madsen afirman: “Los hombres homosexuales tienden a traer a su relación una serie de conceptos erróneos, neurosis y expectativas irreales, y sobrecargan sus amoríos más allá del punto en que pueden manejarlos.” [5]

No podría ser de otro modo en una relación basada en una pasión antinatural y desordenada de la carne. Como San Pablo enseña: “Ahora la obra de la carne es obvia: inmoralidad, impureza, vida licenciosa, idolatría, brujería, odios, rivalidad, celos, explosiones de furia, actos de egoísmo, disensiones, discordias, ocasiones de envidia, borracheras, orgías y cosas semejantes.” [6]

Kirk y Madsen dan una cierta visión de cómo las palabras de San Pablo se aplican al mundo homosexual: “El bar homosexual es la arena de competencia sexual que saca a la luz todo lo que es más repugnante en la naturaleza humana. Allí, despojados de la apariencia de sabiduría y euforia, los homosexuales se revelan como obstinados y egoístas predadores sexuales… y representan papeles de desdén y crueldad que hacen que el Conde de Sade parezca una enfermera de la Cruz Roja.[7]

d) Un infierno de promiscuidad

La promiscuidad del estilo de vida homosexual bordea lo inimaginable. Todas las estadísticas, memorias y biografías homosexuales señalan la promiscuidad, con consecuencias abismales en materia de salud pública y social.[8]

Esto se debe a que los homosexuales simplemente no ven la promiscuidad como perjudicial. Como dice el escritor homosexual Lars Eighner: “No veo nada errado en la promiscuidad homosexual. Pienso que es uno de los aspectos más positivos de la vida gay que la gente de circunstancias muy diferentes puedan alcanzar intimidad muy rápidamente.” [9]

Thomas E. Schmidt, director del Westminster Institute, de Santa Bárbara [EE.UU], nota que “la promiscuidad entre hombres homosexuales no es un mero estereotipo, y no es sólo la experiencia mayoritaria – es virtualmente la única experiencia.” [10]

Los científicos sociales Robert T. Michael, John H. Gagnon, Edward O. Laumann y Gina Kolata realizaron una amplia encuesta sobre el comportamiento sexual norteamericano y publicaron su trabajo en 1994. Los autores comentan las investigaciones hechas por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades en 1982, cuando el SIDA apareció, y concluyen: “Los hombres gay con SIDA entrevistados a comienzos de 1980 informaron que tenían como promedio 1.100 parejas en sus vidas y algunos habían tenido muchas más.” [11]

e) Tasas más altas de “violencia doméstica”

El estilo de vida homosexual es también caracterizado por tasas más altas de violencia doméstica.

Quizá influenciada por el enfoque de Hollywood, Kali Munro, psicoterapeuta de lesbianas, escribe: “Cuando oí hablar por primera vez acerca de la violencia en las relaciones entre lesbianas, me pareció difícil de creer. No calzaba con mi imagen idealizada de la comunidad lesbiana.” [12]

Numerosos autores documentan la violencia en parejas homosexuales y lesbianas.[13] Un estudio publicado en diciembre de 2002 en el American Journal of Public Health concluyó:

Las tasas de víctimas de agresiones entre hombres urbanos que mantienen relaciones sexuales con hombres, son substancialmente más altas que entre hombres heterosexuales y posiblemente mujeres heterosexuales. Se necesita hacer esfuerzos de salud pública dirigidos a la violencia íntima entre esos hombres.[14]

Mayor abuso de alcohol y drogas

Drogas y alcohol

También se informa de tasas más altas de abuso de alcohol y drogas. El Dr. Schmidt proporciona hallazgos significativos:

Un estudio de Boston encontró que por los años 1985-1988, 80 por ciento de 481 hombres homosexuales habían usado marihuana…60 por ciento cocaína, 30 por ciento anfetaminas y 20 por ciento LSD. Un estudio canadiense en 1988-1989 encontró que 76,3 por ciento de 612 hombres homosexuales consumían habitualmente alcohol, 32,2 por ciento tabaco, y 45,6 por ciento al menos una droga. Un estudio nacional de 1.924 mujeres homosexuales realizado en 1984 encontró que el 83 por ciento bebía regularmente alcohol…el 47 por ciento fumaba marihuana y el 30 por ciento fumaba regularmente tabaco.

Cuando estos estudios consideran las conexiones [entre tales factores], muestran una correlación directa entre el número de parejas, el uso de droga y la probabilidad de sexo inseguro.[15]

f) SIDA y enfermedades sexualmente transmitidas

En Julio de 2002, la Asociación Médica de Gay y Lesbianas publicó un boletín sobre asuntos de salud especialmente dedicado a los homosexuales. En la publicación se observa:

Las enfermedades sexualmente transmitidas se producen en una alta tasa entre hombres gay sexualmente activos. Esto incluye infecciones EST que tienen tratamiento efectivo disponible (sífilis, gonorrea, clamide, parásito púbico y otras), y por otras para las cuales no hay cura disponible (HIV, Virus de Hepatitis A, B o C, Virus Papiloma Humano, etc.).[16]

Según los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC), el total estimado de casos de SIDA en adultos en Diciembre de 2002 era de 877.275. De este número, un total de 496.354 adultos, o 57 por ciento, murieron. El desglose de estos 877.275 casos por grupos de riesgo muestra que 420.790 casos, o 48 por ciento, resultan de contacto sexual entre hombres. Otros 59.719 casos, o 7 por ciento, resultan de una combinación de contactos entre hombres y uso de inyección de drogas.[17] Considerando que los hombres homosexuales suman menos que el tres por ciento de la población masculina, la desproporción es impresionante.

En su publicación “Una Mirada a la Epidemia HIV” el CDC afirma: “Por riesgo, los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres (MSM) representan la mayor proporción de nuevas infecciones.” El boletín también estima que el 60% de todas las nuevas infecciones con SIDA, cada año, resulta de contacto sexual de un hombre con otro.[18]

g) Luchando con el suicidio

La depresión grave, así como pensamientos e intentos suicidas son también más frecuentes entre los homosexuales, especialmente cuando son jóvenes, que en la población en general. Aparecen estudios, uno tras otro, con los mismos resultados en ese sentido.

En su estudio de 1997 de 750 hombres entre 18 y 27 años de edad, Christopher Bagley y Pierre Tremblay informaron:

Tasas significativamente más altas de ideas y acciones suicidas ya ocurridas fueron informadas por hombres de orientación homosexual, llegando a 62,5% los que intentaron suicidarse. Estos hallazgos, que indican que los hombres homosexuales y bisexuales están 13,9 veces más en riesgo de un intento serio de suicidio, son coherentes con conclusiones anteriores.[19]

h) Jugando con fuego

Estos hechos prueban que la analogía entre la unión homosexual y el matrimonio tradicional no tiene base. Tasas más altas de violencia, epidemias y suicidio indican un estilo de vida que pone a sus trágicas víctimas en alto riesgo. En realidad, quienes entran en este altamente promiscuo e intranquilo mundo están jugando con fuego.

(In “En Defensa de una Ley Superior”. – Puede bajar gratuitamente el libro en http://www.accionfamilia.org/publicaciones/libros/defensa-ley-superior/)


[1] Desde una perspectiva etimológica, la palabra monogamia sólo puede ser usada para el verdadero matrimonio. (Del latin monogamia, del Griego, monogamos, monogamous, de mon- + gamos matrimonio, de gamein casarse.) Por esta razón, cuando nos referimos a las relaciones homosexuales, usamos comillas.
[2] Maria Xiridou, y otros., “The contribution of steady and casual partnerships to the incidence of HIV infection among homosexual men in Amsterdam,” SIDA, (2003) 17(7), p. 1031.[3] Rex Wockner, “Sex-Lib Activists Confront ‘Sex Panic,’” Pink Ink, Dec. 1997, Vol. 1, no. 3, www.khsnet.net/pinkink/vol1-3/sexlib.htm.[4] van den Aardweg, p. 62. (Destaques en el original.)[5] Kirk and Madsen, p. 320. Observaciones similares han sido hechas por especialistas. Cf. van den Aardweg, pp. 53-57, y Joseph Nicolosi, Reparative Therapy of Male Homosexuality (Northvale, N.J.ew Jersey: Jason Aronson, Inc., 1997), pp. 109-123.[6] Gal. 5:19-21.[7] Kirk y Madsen, p. 313. El mal afamado Donatien Alphonse François, Conde de Sade, más conocido como el Marqués de Sade (1740-1814), fue un libertino impío cuyos escritos mezclan aberraciones sexuales con blasfemias y sacrilegios. Su práctica de torturar prostitutas para su propio placer sexual dio origen a la palabra sadismo.[8] Cf. Alan P. Bell and Martin S. Weinberg, Homosexualities: A Study of Diversity Among Men and Women (New York: Simon & Shuster, 1978); “Resurgent Bacterial Sexually Transmitted Disease Among Men Who Have Sex With Men – King County, Washington, 1997-1999,” Morbidity and Mortality Weekly Report, Sept. 10, 1999, Vol. 48, no. 35, pp. 773-777.

[9] Lars Eighner, “Why I Write Gay Erotica,” www.io.com/~eighner/works/essays/why_i_write_gay_erotica.html.

[10] Thomas E. Schmidt, Straight & Narrow? Compassion & Clarity in the Homosexuality Debate (Downers Grove, Ill.: Inter Varsity Press, 1995), p. 108.

[11] Robert T. Michael, y otros., Sex in America: A Definitive Survey (Boston: Little, Brown and Co., 1994), p. 209.

[12] Kali Munro, “Talking About Lesbian Partner Abuse,” Siren, Oct./Nov. 1998, www.kalimunro.com/article_partnerabuse.html.

[13] Cf. www.lib.jjay.cuny.edu/research/DomesticViolence/v.html.

[14] Gregory L. Greenwood y otros., “Battering Victimization Among a Probability-Based Sample of Men Who Have Sex With Men,” in American Journal of Public Health, Dec. 2002, Vol. 92, no. 12, pp. 1964-1969.

[15] Schmidt, p. 111.

[16] “Ten Things Gay Men Should Discuss with Their Health Care Providers,” www.glma.org/news/releases/n02071710gaythings.html.

[17] Cf. www.cdc.gov/hiv/stats.htm.

[18] www.cdc.gov/nchstp/od/news/At-a-Glance.pdf

[19] Christopher Bagley y Pierre Tremblay, “Suicidal behaviors in homosexual and bisexual males,” Crisis (1997), Vol. 1, pp. 24-34. La cita está tomada del resumen hecho por los autores, y que está disponible en: www.virtualcity.com/youthsuicide/gbsuicide1.htm.

 

 

En la familia, el papá es una pieza muy importante. ¿Tú ya lo sabías?

Silvia Del Valle Márquez

Jun 13, 2018

Feliz Día del Padre. Dios te bendiga y mamita María te cubra con su manto.

Hoy que en México se celebra el Día del Padre, es importante hacer conciencia del gran papel que tiene en el desarrollo y crecimiento de la familia.

A veces los papás sienten que con llevar el sustento a casa es suficiente pero no es así. El papá tiene un papel indispensable en el desarrollo crecimiento de los hijos.

Gracias a su ejemplo y compañía los hijos crecen seguros y sanos. Por eso aquí te dejo mis 5 tips para ser un papá cercano e involucrado en la vida cotidiana de la familia.

Primero. Interésate en lo que tiene que ver con tus hijos. Aunque tengas que ir al trabajo y regreses muy cansado es muy necesario que te intereses por las cosas que para tus hijos son importantes.

Es necesario que sepas cuáles son los gustos de cada hijo, sus necesidades, sus debilidades, sus preferencias en cuanto a la comida, al deporte, al juego, a la lectura, en., en una palabra, que sepas lo que lo hace feliz y lo que le desagrada y esto se logra observándolos y platicando con con cada uno.

No es necesario que dediques mucho tiempo a ello, con 10 minutos de calidad al día son más que suficiente.

Con esto logras que ellos te sientan cercano, que vean que sus cosas te interesan y que les dedicas tiempo de tu apretada agenda, eso quiere decir que son importantes para ti.

Segundo. Procura platicar con ellos por lo menos 10 minutos a diario. Como te decía, el diálogo con tus hijos es muy importante por lo que te recomiendo hacer un plan si tienes muchos hijos, así podrás dedicarle un tiempo a cada uno.

Y si tus ocupaciones no te permiten hacerlo a diario, busca la forma de que el día que descanses, les dediques el mayor tiempo posible.

Es una inversión que vale mucho tema pena ya que con esto detalles los estás educando y así estás cumpliendo con la misión que Dios te ha encomendado.

Se trata de que haya un diálogo, no monólogos interminables o sermones de tu parte. En este caso, es mejor escuchar que hablar, así podrás conocer y comprender mejor a tus hijos.

Tercero. Revisa tus prioridades. La familia siempre debe ir primero. En este sentido, es muy importante que tengas claro esto, así será más difícil que las situaciones complicadas en el trabajo te cambien.

Tu familia es tu ancla, tu motor y tu motivación. Y tus hijos deben ser parte de tu agenda.

Cuando santa alguna situación complicada en el trabajo, es bueno que si la edad de tus hijos lo permite, dialogues con ellos y les expliques las cosas. Seguro estarán dispuestos a cooperar para que todo salga bien.

Cuarto. Pasa el mayor tiempo posible con tu familia. Como debes salir a diario a trabajar, es bueno que procures pasar el mayor tiempo posible con tu familia.

Tus hijos te van a agradecer mucho este detalle y verán que en verdad son importantes.

Y ojalá sea tiempo de calidad y no migajas que te quedan después de ver la televisión y atender el celular.

Y quinto. Se tu quien invite a la familia a rezar. Cuando el papá es quien invita a mis niños a rezar o a ir a misa, los hijos comprenden que es algo muy importante ya que papá le está dando un tiempo en su agenda.

El papá debe ser el guardián de la fe y por lo mismo debe ser quien la promueva y fomente en la familia.

Ojalá que te des un tiempo de celebrar en familia y de rezar El Rosario a diario.

Es una forma de pasar tiempo de calidad en familia y además de decirle a Dios y a María que ellos están presentes en nuestras vidas a pesar de todo lo que tengamos que hacer en el día.

Papá, busca ser un papá presente e involúcrate en la educación de tus hijos. Ellos te necesitan.

Y tú, lograrás cosas maravillosas sólo con estar con tus hijos, a pesar de los errores que puedas tener.

Feliz Día del Padre. Dios te bendiga y mamita María te cubra con su manto.

 

 

 

Padres fuertes, hijas felices

Lucia Legorreta

Jun 13, 2018

Tu hija necesita encontrar en ti una guía, si ella se siente cerca de ti, es mucho más probable que tome buenas decisiones.

Durante este mes de Junio se celebra el Día del Padre, lo que nos lleva a pensar en un regalo para él o en como lo celebraremos.

Hoy, me gustaría hablarles directamente a los “papás”, a ti hombre que tienes una o varias hijas y que algunas veces te preguntarás: ¿qué tanto influyo yo en la vida de mi hija? ¿soy importante para ella?

“Padres fuertes, hijas fuertes”, es el título del libro de Meg Meeker, pediatra y consejera familiar, quien durante veinte años a trabajado con adolescentes y padres de familia.

Estos llamados “secretos que todo padre debe conocer”, son producto de la escucha y observación de niñas y adolescentes durante muchos años: que opinan de sus padres, que esperan de ellos, que las acerca y aleja, en que está basada una buena relación entre ella y su progenitor.

Los comparto contigo hoy papá para que reflexiones sobre como está tu relación con tu hija o hijas y en que puedes mejorarla:

Muéstrale quién eres realmente.

Desde que es una bebé, habla con ella, busca su mirada, abrázala. Esto hará que se desarrolle saludablemente, su cociente intelectual irá creciendo y su desarrollo progresará; pero lo más importante, ella comprenderá que la vida es buena porque tu la quieres. Tu eres su introducción al amor.

Cuando vaya a la guardería, y después a primaria y secundaria donde empezará a enfrentar desafíos, lo importante será siempre este sentimiento: “Papá, ¿sigues estando conmigo?”

Abre los ojos a su mundo.

Ser padre no es tarea sencilla. Tendrás que enfrentarte a muchos obstáculos, y la mayoría procederán de la sociedad en la que tu hija ha nacido: la escuela, la colonia, sus amigos. Es posible que no puedas contrarrestar los cambios de la sociedad que la rodea, pero lo que tu “hagas y digas”, el ejemplo que le ofreces y el liderazgo que ejerzas puede lograr que tu hija se mantenga en el buen camino, o por el contrario, que se aleje del mal que no le conviene.

Tu influencia es de máxima importancia. Y aunque creas que ya es demasiado tarde y que está alejada de ti, nunca es tarde y no dudes en ir a buscarla. No importa la edad que puedan tener, sigue siendo tu hija y tu todavía eres su padre.

Lucha por su cuerpo.

El mayor de los peligros que acechan a tu hija es la mercadotecnia que se está manejando de la sexualidad, el cual sino es controlado, le proporciona un sentimiento erróneo de ella misma.

Al entrar a la pubertad, sino es que antes, se enfrenta a bombardeos de videos, imágenes, películas que la invitan a tener relaciones sexuales en la adolescencia poniendo en riesgo su salud, a consumir alcohol, drogas y cigarros.

No permitas que esto suceda, protege su cuerpo. Establece reglas, mantente vigilante para que se cumplan; conoce a sus amistades y no tengas miedo de exigirle. Protégela y defiéndela, y ella sabrá que tu la quieres.

Lucha por la salud de su mente.

Conoce cuales son sus pensamientos, preocupaciones, inquietudes. Tienes que decirle que ella es valiosa por el mero hecho de ser persona, que es bonita, que tiene cualidades y fortalezas que la harán ser una gran mujer.

No permitas jamás que las modas y las costumbres sociales te roben a tu hija. Enséñale el sentido de la familia, la importancia de la humildad y las satisfacciones que ofrece la costumbre de ayudar a los demás. Enséñale a que vea más allá de si misma.

Lucha por su espíritu.

Tu hija te preguntará sobre el sentido de la muerte y de lo sobrenatural. Si eres creyente, háblale de Dios y enséñale a conocerlo, acudan juntos a la Iglesia o al templo. No le niegues la aventura espiritual de comprender a Dios.

Lucha por mantener tu relación con ella.

Lo que más quiere tu hija de ti, es tu “tiempo”. No lo escatimes.

Muchos papás consideran necesario entretener a sus hijas haciendo algo especial.Lo que ella quiere es simplemente estar contigo, compartir pequeñas tareas. Limítate por lo tanto a vivir con ella.

Tu hija necesita encontrar en ti una guía, si ella se siente cerca de ti, es mucho más probable que tome buenas decisiones.

Un buen día, cuando haya crecido, escogerá a otro hombre como marido, el cual la defenderá y amará mucho. Pero jamás le reemplazará en su corazón, porque tu fuiste el primero.

Y este será el mejor regalo: haber sido un buen padre.

 

 

Bienvenida y pleno éxito a la copa del mundo de Fútbol masculina en Rusia y destaco (masculina.)

Destaco masculina: y ello, ya que los salarios de los jugadores y los medios concedidos por los patrocinadores al fútbol masculino no tienen nada que ver con los bien más modestos de las jugadoras del fútbol femenino.

Ciertamente entre los jugadores, existe un volante de parados, de mal pagados, pero las estrellas de este deporte de élite, es comprado por clubes afortunados y esto, en centenar de millones de euros o dólares.

Mientras que el mejor equipo triunfa en este torneo mundial y Rusia ofrece infraestructuras adaptadas y sin ninguna duda, será capaz de garantizar la seguridad de los deportistas de este acontecimiento mundial. Que el principio: ¡mente sana en cuerpo sano triunfa! Y ello, ya que el esfuerzo y la preocupación de pertenencia a un colectivo contribuyen al espíritu de concordia.

Es también también por el deporte que la adhesión una nación, su historia, su bandera….se simbolizan dibujando valores humanos y democráticos.

Sin embargo, el deporte y en este marco el fútbol, en particular, están en el centro de la lógica comercial de los grandes grupos, los cuales, ante la lógica competitiva asocian sus imágenes y sus productos al fútbol para hacerse conocer.

El fútbol: como lo escribió el filósofo Lucien SEVE, en ce que considero ser uno de las obras principales de los años 90 (1) “me convierto en una mercancía, ciertamente particular, pero que permite producir dinero y construir una imagen que tiene efectos financieros directos e indirectos. Al mismo tiempo, la competencia entre cadenas de televisión, hacen de esta herramienta comercialización una verdadera industria de programas ......”

Entonces, el fútbol de alto nivel, se convirtió en yacimiento de programas y audiencias. Es decir: ¡un medio para las finanzas!

Así pues, la subordinación del hecho deportivo a la lógica industrial pudo a veces hasta pervertir el espíritu del juego.

Se vio; árbitros comprados y partidos amanados .....

A medida que crecen lo que está en juego a niveles económicos, el imperativo de la victoria deportiva se substituye a la lógica puramente deportiva del gusto del esfuerzo y competición. Así: patrocinadores de país extranjeros compran, asumen clubes nacionales prestigiosos al ejemplo de Qatar con la París Santo-Germana pero tanto de d ` otros clubes en el mundo.

Algún superdotados apenas principal ganan cerca de 1 millón de dólares al mes bien más allá de este pueden ganar lo más brillante del científico o los conciliadores de paz.

Hay una veintena de años, el instructor emblemático del AJ Auxerre, operado del corazón había explicado, obstruido, que el cirujano que lo había operado, y que tenía su vida entre sus manos de experto, ganaba 10 veces menos que él mensualmente.

Mañana, va a celebrarse la apertura de esta Copa del mundo de fútbol. No dudo, que acostumbrado a los espectáculos grandiosos, Rusia delante su Presidente Vladimir PUTIN, decenas de millares de espectadores y cientos de millones de telespectadores, nos ofrecerán un espléndido espectáculo factor de simbiosis entre el pueblo.

Que juventud vibra, se define a sus héroes, y entonces el arco iris de la diversidad nos ofrecerá en esta competición de los momentos de emoción, y de alegría, ciertamente de tristeza momentánea para los perdedores y de alegría para los ganadores, pero que en total nos recuerda a nuestra humanidad.

(1) Lucien SEVE: ” Para una crítica de la razón bioética” ediciones Odile Jacob 1994

Copyright Guy CREQUIE

Escritor francés-observador social

 

Reflexiones en el hospital

 

                                Llevaba ya tiempo con “un cansancio crónico”, que me invitaba, más a estar sentado o acostado que a otra cosa; no podía apenas andar; era algo así como si se me cayese el cuerpo entero a tierra; y me encontraba carente totalmente de deseos de emprender algún ejercicio físico por moderado que fuese; es más, se habían apoderado de mí, unos deseos más mortales que de vitalidad alguna; son esos momentos o vivencias en que ya estimas que “lo tienes todo hecho”; y ya lo que te falta, es, “el feliz infarto”, que te liquide y te mande al otro mundo, en el que yo sigo creyendo y donde pasaremos (como decía Pitágoras) a otra vida y a nuevas experiencias.

                                Apreciando un aumento de peso anormal y una hinchazón de pies y piernas igualmente alarmante, decido ir al médico de atención primaria, el que tras hacerme un reconocimiento in situ, me dice que lo que yo tengo es de hospital y no de consulta médica como la suya, que él desde esta no puede controlar lo que tengo y que nota que puedo ya tener líquidos incluso en la pleura.

                                Visto ello me da hoja de ingreso en el hospital provincial y allí que nos encaminamos mi hija mayor (que me acompaña) y yo; tras el reconocimiento previo que por “urgencias” se me hace, hay que sentarse a esperar puesto que no hay camas vacantes; y tras muchas horas de espera por fin las hay y me trasladan a la tercera planta del centro y donde se atiende a los enfermos de cardiología que es por lo que se me ingresa en principio, si bien me tienen que ver también en urología y otros departamentos, por cuanto puede haber otras complicaciones, no vistas ahora.

                                Tras el examen y preparación oportunas, diligentemente (tenemos una muy buena atención médico hospitalaria en España y de la que los extranjeros se benefician con asombro) empiezan los tratamientos, que   intravenosos y por donde se me van a inyectar en el cuerpo tres veces al día, para que orine de forma forzada y que me van a hacer padecer los consiguientes dolores y molestias que conocemos todos cuantos hemos sido sometidos a tratamientos diuréticos.

                                Y así estuve cuatro días hospitalizado, teniendo que estar “atado al urinario controlado” y por causas fáciles de comprender. Al cabo de los mismos me dan el alta (que la pido) pero con tratamiento de comprimidos para lo mismo y para seguir en casa el tratamiento de eliminar líquidos forzadamente. Así en esos cuatro días me hacen adelgazar diez kilos y dos días después otros cinco más, por lo que “me han descargado de nada menos que quince kilos de peso”, que si no dejarme “nuevo”, cosa no posible por cuanto ya soy un viejo de casi ochenta años; pero sí que me han mejorado tanto, que ya hasta puedo pasear con cierta ilusión; y lo que es mucho más interesante; he vuelto a ver la vida de “otro color mucho menos amargo”, del que venía viéndolo hace ya casi un año o mucho más tiempo, puesto que ahora no lo puedo precisar.

                                Desde el hospital y viendo y observando, todas las miserias y padecimientos que hay a tu alrededor, valoras infinitamente mucho mejor tu estado y aceptas el mismo, ya que en cierta forma y manera, “no estás tan mal como tú mismo te habías figurado”; y lo más importante, que encuentras motivos más que suficientes para seguir viviendo, amando la vida y seguir haciendo los que hiciste hasta aquí, o sea procurar ser útil a la sociedad en que viniste a nacer y no ser una carga, como ya lo estabas siendo; hay que luchar con la vitalidad que se nos da y no rendirse; y es lo que pienso hacer; esperemos que “los dioses me ayuden y por el tiempo que crean oportuno, puesto que yo, siempre me he considerado un desterrado en “esta tierra”.)

                                Y cosa muy importante, estas experiencias de dolor propio y observar el ajeno, te enseñan a una muy importante cosa: “a quererte cada vez más a ti mismo y aceptarte con todos tus defectos y las virtudes que poseas, puesto que queriéndote cada vez más, de alguna manera estás queriendo a toda la humanidad a que perteneces”.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes