Las Noticias de hoy 11 Junio 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 11 de junio de 2018       

 

Indice:

 

ROME REPORTS

Ángelus: El antídoto contra la destrucción de la buena reputación

Corea: El Papa Francisco y miles de personas oran por la paz

SAN BERNABÉ, APÓSTOL*: Francisco Fernández-Carvajal

"La tentación del cansancio": San Josemaria

Se aprueba el milagro para la beatificación de la química Guadalupe Ortiz de Landázuri

Tema 12. Creo en el Espíritu Santo. Creo en la Santa Iglesia católica: Miguel de Salis Amaral

ORACIÓN, LA GRAN PALANCA DE LA FE: Jesús Martí Ballester

La fe explicada por Benedicto XVI

Roma recuerda la Fe en la Eucaristía: Ernesto Juliá

DOS TIEMPOS PARA DECIDIR: René Mondragón

EDUCACIÓN DIFERENCIADA O MIXTA: Ing. José Joaquín Camacho                      

Hawking, el niño inglés y la estudiante panameña: MIGUEL ANTONIO ESPINO PERIGAULT

ESTO VI DEL EVANGELIO: Leo J. Mart.

Océanos amenazados por depredación humana: ALFREDO PALACIOS DONGO

La eutanasia: Juan García.

Para proteger la libertad y la paz: Jesús D Mez Madrid

Impacta de forma directa en la negociación europea: Domingo Martínez Madrid

1600 MILLONES, 8000 MILLONES Y…?:Antonio García Fuentes

 

 

ROME REPORTS

 

 

 

Ángelus: El antídoto contra la destrucción de la buena reputación

“Que Dios nos libere de esta terrible tentación”

junio 10, 2018 16:35Raquel AnilloAngelus y Regina Caeli

(ZENIT – 10 junio 2018).- “Aquí hay un verdadero veneno mortal”: el Papa Francisco analiza, en el Ángelus de este domingo 10 de junio de 2018, los estragos de los vendedores ambulantes de calumnias y chismes. Y ha  indicado el antídoto, tomar tan pronto como se manifiesten los síntomas.

“La malicia con la que, premeditadamente, uno quiere destruir la buena reputación del otro. ¡Que Dios nos libre de esta terrible tentación! Y si, al examinar nuestra conciencia, nos damos cuenta de que esta mala hierba está germinando en nosotros, vayamos inmediatamente a confesarla en el sacramento de la penitencia, antes de que se desarrolle y produzca sus efectos nocivos, que son incurables”, dice el Papa. “Estén atentos porque esta actitud destruye familias, amistades, comunidades e incluso a la sociedad”, ha advertido el Santo Padre.

El Papa también ha señalado el hecho de que la familia de Jesús vio con malos ojos su “disponibilidad” para las multitudes. Y ha señalado que Cristo ha fundado una “nueva familia”.

Resumiendo estas dos lecciones del Evangelio, el Papa ha concluido: “Acoger la palabra de Jesús nos hace hermanos, nos hace la familia de Jesús. Hablar mal de los demás, destruir la reputación de los demás, nos convierte en la familia del diablo”.

El Papa enseguida twitteó esto en su cuenta @Pontifex_es: “En cualquier circunstancia, tratemos de secundar la voz del Espíritu Santo mediante buenas acciones concretas”

Después del Ángelus, el Papa ha llamado a rezar por la paz en Corea, y ha saludado la beatificación de Adele de Batz en Agen (Francia).

Aquí está el comentario del Evangelio de este domingo propuesto por el Papa, en italiano, antes de la oración mariana del Ángelus en la Plaza de San Pedro, de nuestra traducción rápida de trabajo.

AB

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de este domingo (Marcos 3: 20-35) nos muestra dos tipos de incomprensiones a los que Jesús tuvo que hacer frente: la de los escribas y la de los miembros de su propia familia. La primera incomprensión la de los escribas que eran hombres educados en las Sagradas Escrituras y encargados ​​de explicarlas a la gente.

Algunos de ellos son enviados desde Jerusalén a Galilea, donde la fama de Jesús había comenzado a extenderse, para desacreditarlo ante los ojos de la gente. Para hacer el papel de chismosos desacreditando al otro, quitándole la autoridad, es una cosa muy fea y estos eran enviados para hacer precisamente eso. Y estos escribas llegaron con una acusación precisa y terrible, no ahorraban medios, iban a lo concreto y decían: “Éste está poseído por Belzebú y expulsa a los demonios por medio del jefe de los demonios” (v.22). Y el jefe de los demonios es Él quién lo empuja, es casi decir que este hombre era un endemoniado.

De hecho Jesús curaba a muchos enfermos y los escribas querían hacer creer a la gente  que no lo hacía con el Espíritu de Dios, como lo hacía Jesús sino con el espíritu del Maligno, con la fuerza del Diablo. Jesús reacciona con palabras fuertes y claras, no tolera esto, porque esos escribas, quizás sin darse cuenta, están cayendo en el pecado más grave: negar y blasfemar el Amor de Dios que está presente y obra en Jesús. La blasfemia es el pecado contra el Espíritu Santo, el único pecado imperdonable, así lo dice Jesús que parte de un cierre del corazón a la misericordia de Dios que actúa en Jesús. Pero este episodio contiene una advertencia que nos sirve a todos. De hecho, puede suceder que una fuerte envidia por la bondad y por las buenas obras de una persona puedan llevar a acusarla falsamente. Aquí hay un veneno mortal: la malicia con la que, de forma premeditada, uno quiere destruir la buena reputación del otro. ¡Dios nos libre de esta terrible tentación! Y si, mediante el examen de nuestra conciencia nos damos cuenta de que esta mala hierba está brotando dentro de nosotros, vayamos a confesarnos inmediatamente en el sacramento de la Penitencia, antes de que se desarrolle y produzca sus efectos malignos que son incurables.

Estén atentos porque estos comportamientos destruyen a las familias, a las comunidades y por tanto a la sociedad.

El Evangelio de hoy también nos habla de otra incomprensión muy distinta hacia Jesús: la de su familia. Estaban preocupados porque su nueva vida itinerante les parecía una locura (v. 21). De hecho, Jesús se mostró tan disponible para las personas, especialmente para los enfermos y pecadores, hasta el punto de que ya ni siquiera tenía tiempo ni para comer. Jesús era así, primero a la gente, ayudar a la gente, enseñar a la gente, Jesús era para la gente, no tenía tiempo ni para comer. Su familia, por lo tanto, decide traerlo de regreso a Nazaret. Llegan al lugar donde Jesús está predicando y lo envían a llamar. Le dicen a Jesús: “Mira, tu madre, tus hermanos y hermanas están afuera y te buscan” (v. 32). Él responde: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”, Y mirando a las personas que lo rodean para escucharlo, agrega: “¡He aquí mi madre y mis hermanos! Porque el que hace la voluntad de Dios, él es hermano, hermana y madre para mí “(v.  33-34).

Jesús ha formado una nueva familia, que ya no se basa en vínculos naturales, sino en la fe en él, en su amor que nos acoge y nos une entre nosotros, en el Espíritu Santo. Todos los que aceptan la palabra de Jesús son hijos de Dios y hermanos entre sí, recibir la palabra de Jesús nos convierte en hermanos y en familia entre nosotros. Hablar de los otros, destruir la reputación de los otros nos hace ser familia del Diablo. La respuesta de Jesús no es una falta de respeto por su madre y su familia. De hecho, para María es el mayor reconocimiento, por qué ella es la perfecta discípula que obedecía la voluntad de Dios en todo.

Que la Virgen Madre nos ayude a vivir en comunión con Jesús, reconociendo el trabajo del Espíritu Santo que actúa en Él y en la Iglesia, regenerando el mundo a una nueva vida.

 

Corea: El Papa Francisco y miles de personas oran por la paz

Un mensaje “para el mundo entero”

junio 10, 2018 14:56Anita BourdinAngelus y Regina Caeli

(ZENIT – 10 junio 2018).- El Papa Francisco ora por las – históricas – conversaciones programadas en Singapur entre el líder norcoreano Kim Jong-un y el presidente estadounidense Donald Trump el martes 12 de junio de 2018.

El Papa invitó a la multitud – unos 20,000 visitantes –  presentes en el Ángelus de este domingo, 10 de junio de 2018, en la Plaza de San Pedro, y a todos los que siguieron el Ángelus en vivo, a orar con él un “Ave María” para esta intención.

“Querría una vez más, aportar al querido pueblo coreano  un pensamiento particular de amistad y de oración. Las conversaciones que tendrán lugar en los próximos días en Singapur pueden contribuir a la elaboración de un camino positivo, que garantizará un futuro pacífico para la península de Corea y para todo el mundo. Por eso oramos al Señor. Juntos, pidamos a Nuestra Señora, Reina de Corea, que acompañe estas conversaciones. “Ave María … “, dijo el Papa Francisco en italiano después del Ángelus.

Desde San Juan Pablo II especialmente, los papas y la diplomacia vaticana se pronuncian regularmente por el diálogo de paz y la unidad de Corea.

El Papa Francisco saludó de diversas maneras la participación de ambos lados de la península en los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang, y una delegación de quince jóvenes atletas del norte y del sur han ofrecido una pequeña demostración simbólica de Taekwondo durante la audiencia general del pasado miércoles 30 de mayo en la Plaza de San Pedro, para abogar por la causa de la paz, desplegando una pancarta, en italiano: “la paz es más preciosa que el triunfo”.

Una joven vestida de blanco lanzó una paloma y un joven atleta vestido de negro hizo un salto acrobático para desplegar la pancarta “Un mundo, un taekwondo”.

Saludando a los atletas uno por uno, el Papa les dio las gracias: “¡Esta ha sido una manifestación de compromiso por la paz, representando a ambas Corea juntas! dijo, improvisando unas pocas palabras. Un mensaje de paz para toda la humanidad ¡Gracias!”

SAN BERNABÉ, APÓSTOL*

Memoria

— Corazón grande en el apostolado.

— Saber comprender para poder ayudar.

— Alegría y espíritu positivo en el apostolado con nuestros amigos.

I. Bernabé significa hijo de la consolación, y le fue impuesto por los Apóstoles como sobrenombre a José, levita y chipriota de nacimiento1. Su espíritu conciliador y su simpatía habrían inspirado este apelativo, según comenta San Juan Crisóstomo2.

Después del martirio de Esteban y de la persecución posterior, algunos cristianos llegaron hasta Antioquía, adonde llevaron consigo su fe en Jesucristo. Al conocerse en Jerusalén las maravillas que operaba el Espíritu Santo, enviaron a Bernabé3. Su celo por la extensión del Reino le llevó a buscar los instrumentos idóneos para aquella ingente labor que se presentaba. Por eso se dirigió a Tarso, para buscar a Pablo, y lo condujo a Antioquía. Estuvieron juntos en aquella Iglesia durante un año entero y adoctrinaron a una gran muchedumbre4. Supo descubrir en el recién convertido aquellas cualidades que la gracia transformaría en el Apóstol de las gentes. Bernabé había sido el que presentó a Pablo a los Apóstoles en Jerusalén poco tiempo antes, cuando muchos cristianos recelaban de su antiguo perseguidor5.

Con el Apóstol realizará el primer viaje misional, que tenía como objetivo la isla de Chipre6. Les acompañaba también Marcos, su primo, quien les abandonó a la mitad del camino, en Perge, y se volvió a Jerusalén. Cuando San Pablo proyectó el segundo gran viaje misional, Bernabé quería llevar de nuevo a Marcos, pero Pablo consideraba que no debía llevar consigo al que se había apartado de ellos en Panfilia y no les había acompañado en la tarea7. Esto produjo una disensión tan fuerte entre ambos que se separaron el uno del otro...8.

Bernabé no dejó a un lado a su primo Marcos, quizá entonces muy joven, después de aquella defección, en la que le fallaron las fuerzas. Supo reanimarlo y fortalecerlo, y hacer de él un gran evangelizador y un colaborador eficacísimo de San Pedro y del mismo San Pablo, con el que Bernabé siguió unido9. Más tarde demostrará Pablo para Marcos la mayor estima10, «como si viera reflejarse en él la simpatía y los gratos recuerdos de Bernabé, el amigo de la juventud»11.

San Bernabé nos invita hoy a tener un corazón grande en el apostolado, que nos llevará a no desanimarnos fácilmente ante los defectos y retrocesos de aquellos amigos o parientes que queremos llevar hasta el Señor, a no dejarlos a un lado cuando flaquean o quizá no responden a nuestras atenciones y a nuestra oración.

La posible falta de correspondencia, a veces aparente, ante nuestros desvelos ha de llevarnos a excedernos en tratar a nuestros amigos aún con más afecto, con una sonrisa más abierta, con más medios sobrenaturales.

II. Id y proclamad que el reino de Dios está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios... Este mandato del Señor, que leemos en el Evangelio de la Misa12, debe resonar en el corazón de todos los cristianos. Es el apostolado que ha de llevar a cabo cada uno personalmente en el lugar en el que se va desarrollando su vida: el pueblo, el barrio, la empresa, la Universidad... Encontraremos a muertos, que hemos de llevar al sacramento de la Penitencia para que recobren la vida sobrenatural; enfermos, que no pueden valerse por sí mismos y es preciso ayudar para que se acerquen a Cristo; leprosos, que quedarán limpios por la gracia a través de nuestra amistad; endemoniados, cuya curación nos exigirá una particular oración y penitencia...

Además de la constancia –no podemos olvidar que «las almas se mejoran con el tiempo»13– debemos tener en cuenta las diversas situaciones y circunstancias por las que atraviesan las personas que precisan nuestra ayuda. De San Bernabé se nos dice que era un hombre bueno, que mereció el sobrenombre de hijo de la consolación, que llevó la paz a muchos corazones. De su grandeza de corazón, manifestada en su generosidad y desprendimiento, nos hablan los Hechos de los Apóstoles en la primera noticia que de él tenemos: tenía un campo, lo vendió, trajo el dinero y lo puso a los pies de los Apóstoles14. Así pudo seguir más libremente al Señor. Un alma generosa y desprendida está en condiciones de acoger a todos y de comprender el verdadero estado en que se encuentran las almas. Cuando alguien se siente comprendido es más fácil que se deje ayudar. La mejor arma del cristiano en el apostolado es precisamente esa actitud abierta, acogedora, que sabe hacerse cargo de la situación de los demás, apreciándolos de verdad, pues «nadie puede ser conocido sino en función de la amistad que se le tiene»15.

Para comprender es preciso mirar a los demás en lo mucho que tienen de positivo, y ver sus fallos solo en un contexto de buenas cualidades, reales o posibles, y con el deseo de ayudarles. «Procuremos siempre mirar las virtudes y cosas buenas que viéremos en los otros, y tapar sus defectos con nuestros grandes pecados»16, aconsejaba Santa Teresa de Jesús. Y San Bernardo exhortaba vivamente: «aunque vierais algo malo, no juzguéis al instante a vuestro prójimo, sino más bien excusadle en vuestro interior. Excusad la intención, si no podéis excusar la acción. Pensad que lo habrá hecho por ignorancia, o por sorpresa, o por desgracia. Si la cosa es tan clara que no podéis disimularla, aun entonces procurad creerlo así, y decid para vuestros adentros: la tentación habrá sido muy fuerte»17.

Del Señor hemos de aprender a saber convivir con todos, a no tener demasiado en cuenta las faltas de correspondencia, de educación o de generosidad de quienes nos rodean, fruto muchas veces de su ignorancia, de su soledad o de su cansancio. El bien que pretendemos llevar a cabo está por encima de esas pequeñeces que, en la presencia de Dios, dejan de tener importancia. «Frecuentas el trato de ese compañero que apenas te da los buenos días..., y te cuesta.

»-Persevera y no le juzgues; tendrá “sus motivos”, de la misma manera que tú alimentas los tuyos para encomendarle más cada jornada»18. Esos «motivos» nuestros que tienen su origen y su centro en el Sagrario.

III. Tocad la citara para el Señor, // suenen los instrumentos: // con clarines y son de trompetas // aclamad al Rey y Señor...19.

Es posible que algunos cristianos, al ver el ambiente alejado de Dios y los modos de vida que adoptan muchos que quizá tendrían que ser ejemplares, se dejen llevar por un «celo amargo», tratando de hacer el bien pero con una continua lamentación del mal evidente, con frecuentes reproches a la sociedad, a quienes –según ellos– tendrían que tomar medidas drásticas para atajar esos males... No nos quiere el Señor así: Él dio su vida en la Cruz, con serenidad y paz, por todos los hombres. Sería un gran fracaso que los cristianos adoptaran una actitud negativa ante el mundo que han de salvar. A las gentes de las primeras generaciones que siguieron a Cristo se las ve llenas de alegría, a pesar de las frecuentes tribulaciones que hubieron de sufrir. San Lucas, cuando en los Hechos de los Apóstoles trata de hacer un resumen de las pequeñas comunidades que iban apareciendo por todas partes, señala que la Iglesia se consolidaba y caminaba en el temor del Señor y crecía con el consuelo del Espíritu Santo20. Es la paz del Señor, que nunca nos faltará si le seguimos de cerca; es la paz que hemos de dar a todos.

Imitando al Señor, debemos huir de actitudes condenatorias, adustas, con dejes de amargura. Si los cristianos llevamos la alegría al mundo, ¿cómo vamos a presentar la Buena Nueva de modo antipático y triste?, ¿cómo vamos a juzgar a los demás si no tenemos los elementos de juicio necesarios y, sobre todo, si nadie nos ha dado esa misión? Nuestra postura ante todos es siempre de salvación, de paz, de comprensión, de alegría..., incluso con aquellos que en algún momento nos han podido tratar injustamente. «Comprensión, caridad real. Cuando de veras la hayas conseguido, tendrás el corazón grande con todos, sin discriminaciones, y vivirás –también con los que te han maltratado– el consejo de Jesús: “venid a mí todos los que andáis agobiados..., que Yo os aliviaré”»21. Cada cristiano es «Cristo que pasa» en medio de los suyos, que los aligera de sus cargas y les muestra el camino de la salvación.

Al terminar nuestra oración le pedimos al Señor, con la liturgia de la Misa, aquel amor ardiente, que impulsó al apóstol Bernabé a llevar a las naciones la luz del Evangelio22. Nos lo concederá antes si lo pedimos además a través de Nuestra Señora: Sancta Maria, Regina Apostolorum, ora pro nobis..., ayúdanos en la tarea apostólica que queremos llevar a cabo con nuestros parientes, amigos y conocidos.

1 Cfr. Hech 4, 36. — 2 Cfr. San Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Hechos de los Apóstoles, 21. — 3 Hech 11, 23 — 4 Hch 11, 26. — 5 Cfr. Hech 9, 26. — 6 Cfr. Hech 13, 14. — 7 Hech 15, 38. — 8 Hech 15, 40. — 9 Cfr. 1 Cor 9, 5-6. — 10 Cfr. Col 4, 10; Fil 24; 2 Tim 4, 11. — 11 J. Prado, en Gran Enciclopedia Rialp, 5ª ed. Madrid 1989, voz Bernabé, vol. IV, p. 91. — 12 Mt 10, 7-13. — 13 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 78. — 14 Hech 4, 37. — 15 San Agustín, Sermón 83. — 16 Santa Teresa, Vida, 13, 6. — 17 San Bernardo, Sermón 40 sobre el Cantar de los Cantares. 18 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 843. — 19 Salmo responsorial. Sal 98, 5-6. — 20 Hech 9, 31. — 21 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 867. — 22 Misal Romano, Oración sobre las ofrendas de la Misa del día.

Natural de Chipre, se cuenta entre los primeros fieles de Jerusalén. Fue quien presentó a los Apóstoles a San Pablo, después de su conversión; le acompañó luego en su primer viaje apostólico. Intervino en el Concilio de Jerusalén y fue una figura de gran importancia en la Iglesia de Antioquía, el primer núcleo cristiano numeroso fuera de Jerusalén. Era pariente de Marcos, en quien ejerció una influencia decisiva. Vuelto a su patria, la evangelizó y murió mártir hacia el año 63. Su nombre figura en la Plegaria Eucarística, I (o Canon Romano).

 

"La tentación del cansancio"

Quiero prevenirte ante una dificultad que quizá puede presentarse: la tentación del cansancio, del desaliento. –¿No está fresco aún el recuerdo de una vida –la tuya– sin rumbo, sin meta, sin salero, que la luz de Dios y tu entrega han encauzado y llenado de alegría? –No cambies tontamente esto por aquello. (Forja, 286)

Si notas que no puedes, por el motivo que sea, dile, abandonándote en El: ¡Señor, confío en Ti, me abandono en Ti, pero ayuda mi debilidad!
Y lleno de confianza, repítele: mírame, Jesús, soy un trapo sucio; la experiencia de mi vida es tan triste, no merezco ser hijo tuyo. Díselo...; y díselo muchas veces.
–No tardarás en oír su voz: «ne timeas!» –¡no temas!; o también: «surge et ambula!» –¡levántate y anda! (Forja, 287)
Me comentabas, todavía indeciso: ¡cómo se notan esos tiempos en los que el Señor me pide más!
–Sólo se me ocurrió recordarte: me asegurabas que únicamente querías identificarte con El, ¿por qué te resistes? (Forja, 288)
Ojalá sepas cumplir ese propósito que te has fijado: "morir un poco a mí mismo, cada día". (Forja, 289)

 

 

 

Se aprueba el milagro para la beatificación de la química Guadalupe Ortiz de Landázuri

El Papa Francisco autorizó en la tarde de ayer que la Congregación de las Causas de los Santos promulgue el decreto con el que se aprueba un milagro atribuido a la intercesión de Guadalupe Ortiz de Landázuri, miembro del Opus Dei.

Noticias 09/06/2018

 

Opus Dei - Se aprueba el milagro para la beatificación de la química Guadalupe Ortiz de Landázuri

Roma, 9 de junio de 2018.- El Papa Francisco autorizó en la tarde de ayer que la Congregación de las Causas de los Santos promulgue el decreto de aprobación del milagro de Guadalupe Ortiz de Landázuri (1916-1975), miembro del Opus Dei. También autorizó los decretos relativos a las causas de canonización del beato Nunzio Sulprizio, de la venerable Concepción Cabrera y de Enrique Angelelli y compañeros, mártires en Argentina.

Al conocer la noticia, Mons. Fernando Ocáriz, prelado del Opus Dei, ha comentado: «La vida de Guadalupe nos lleva a comprobar cómo el darse enteramente al Señor, respondiendo con generosidad a lo que Dios va pidiendo en cada momento, hace ser muy felices aquí en la tierra y luego en el Cielo, donde se encuentra la felicidad que no se acaba.

Pido al Señor que el ejemplo de Guadalupe nos anime a ser valientes para afrontar con entusiasmo y espíritu emprendedor las cosas grandes y pequeñas de cada día, para servir con amor y alegría a Dios y a los demás».

El milagro consiste en la curación instantánea de Antonio Jesús Sedano Madrid, de 76 años, de un tumor maligno de piel junto al ojo derecho, en el año 2002.

Una noche, cuando faltaban solo unos días para la intervención quirúrgica en la que le extirparían el cáncer, Antonio acudió con fe a la intercesión de Guadalupe Ortiz de Landázuri, pidiéndole que no fuera necesario someterse a la operación. A la mañana siguiente, el tumor había desaparecido por completo. En sucesivas revisiones médicas, la curación fue confirmada.

Antonio Jesús Sedano Madrid falleció doce años después, en 2014, a causa de una patología cardíaca. Tenía 88 años. El cáncer de piel, del que se curó por intercesión de Guadalupe Ortiz de Landázuri, nunca volvió a aparecer.

En una entrevista, el postulador de la causa, el sacerdote Antonio Rodríguez de Rivera, define a Guadalupe como «una mujer enamorada de Dios, llena de fe y de esperanza que, con su trabajo y optimismo, ayudó a los demás en sus necesidades espirituales y materiales. Era manifiesta la alegría que impregnaba todo su quehacer, también ante situaciones más difíciles».

Datos y video sobre la curación milagrosa atribuida a Guadalupe Ortiz de Landázuri

Rasgos biográficos (resumen de la biografía que se encuentra aquí)

Nació en Madrid en 1916, el día de la Virgen de Guadalupe. Estudió Ciencias Químicas en la Universidad Central de su ciudad natal. Fue una de las cinco mujeres de su promoción. Durante la Guerra Civil española confortó a su padre, que era militar, en las horas previas a su ejecución. Perdonó desde el primer momento a los responsables. Tras el conflicto bélico, acabó la carrera universitaria y fue profesora de Física y Química en el Colegio de las Irlandesas y en el Liceo Francés de Madrid.

A comienzos de 1944, a través de un amigo, conoció al fundador del Opus Dei, san Josemaría Escrivá, quien le enseñó que el trabajo profesional y la vida ordinaria pueden ser lugar de encuentro con Cristo. Más tarde afirmaría: «Tuve la sensación clara de que Dios me hablaba a través de aquel sacerdote». Aquel mismo año se incorporó al Opus Dei.

A partir de entonces, Guadalupe vivirá esa entrega sin condiciones, con una delicada fidelidad a Jesucristo, a quien trataba de modo especial en la Eucaristía, buscando la santidad, con afán de servir, y tratando de acercar a Dios a muchas personas. En Madrid y luego en Bilbao atendió de modo primordial a la formación cristiana de gente joven.

 

Descargar con mayor resolución la infografía con la vida de Guadalupe Ortiz de Landázuri.Descargar con mayor resolución la infografía con la vida de Guadalupe Ortiz de Landázuri.

 

De 1950 a 1956 estuvo en México donde empezó el trabajo apostólico del Opus Dei. Quienes la trataron subrayan que su prioridad era cumplir la voluntad de Dios y que era constante su afán de ayudar a cada persona. Movidas por el aliento de Guadalupe, varias de sus amistades impulsaron actividades de promoción humana y cristiana, como un centro de capacitación social y profesional para campesinas, en una zona rural del Estado de Morelos.

En 1956 se estableció en Roma, donde colaboró con san Josemaría en el gobierno del Opus Dei. Después de dos años, por motivos de salud, se trasladó a España y reemprendió la enseñanza y la investigación en ámbito científico. Concluyó su tesis doctoral en Química y fue pionera del Centro de Estudios e Investigación de Ciencias Domésticas (CEICID). Al mismo tiempo, continuó ocupándose de tareas de formación cristiana en el Opus Dei. En todas sus acciones se refleja su anhelo de amar a Dios con su trabajo, su amistad y una honda alegría que transmitía paz y serenidad.

Como consecuencia de una enfermedad del corazón, falleció en Pamplona, con fama de santidad, el día la Virgen del Carmen del año 1975. Tenía 59 años.

Desde entonces, la devoción privada a Guadalupe se ha ido extendiendo cada vez más. Según el postulador, las personas que acuden a su intercesión reciben gracias muy variadas: curaciones, favores relacionados con el embarazo y con el parto, obtención de puestos de empleo, compaginar trabajo y familia, resolución de problemas económicos, reconciliaciones familiares, acercamiento a Dios de amigos y compañeros de trabajo, etc.

Ver una biografía más extensa de Guadalupe, dos videos y decenas de fotografías.

El itinerario de la causa de canonización (resumen de la cronología de la causa que se encuentra aquí).

El proceso sobre la vida, las virtudes y la fama de santidad de Guadalupe se instruyó en Madrid. Comenzó el 18 de noviembre de 2001 y finalizó el 18 de marzo de 2005. El tribunal interrogó a 32 testigos en Madrid y a 22 testigos en la Ciudad de México.

El 17 de febrero de 2006 la Congregación de las Causas de los Santos otorgó el decreto de validez del proceso y el 4 de agosto de 2009 fue presentada en ese dicasterio la Positio sobre la vida y las virtudes de Guadalupe.

Del 25 de mayo de 2007 al 16 de enero de 2008, se instruyó en Barcelona el proceso sobre la presunta curación milagrosa de Antonio Jesús Sedano Madrid, atribuida a Guadalupe. Posteriormente se entregaron las actas a la Congregación, que declaró la validez del proceso el 24 de octubre de 2008.

El 7 de junio de 2016, el congreso peculiar de los consultores teólogos dio respuesta positiva a la pregunta sobre el ejercicio heroico de las virtudes por parte de Guadalupe Ortiz de Landázuri. El 2 de mayo de 2017, la sesión ordinaria de los cardenales y de los obispos se pronunció en el mismo sentido.

El 4 de mayo de 2017, el Papa Francisco recibió del cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, una relación detallada de las fases de la causa, ratificó el voto de la Congregación de las Causas de los Santos y autorizó que se publicara el decreto por el que se declara venerable a la sierva de Dios Guadalupe Ortiz de Landázuri.

El 5 de octubre de 2017, el consejo de médicos de la Congregación de las Causas de los Santos, tras haber estudiado la curación de Antonio Jesús Sedano Madrid, declaró que es científicamente inexplicable. Y el congreso de teólogos consultores de la Congregación, reunido el 1 de marzo de 2018, afirmó que esa curación debe atribuirse a la intercesión ante Dios de Guadalupe.

En la sesión ordinaria del 5 de junio de 2018, los cardenales y obispos miembros de la Congregación de las Causas de los Santos, en conformidad con las conclusiones del consejo de médicos y del congreso especial de teólogos consultores de la Congregación, confirmaron la curación extraordinaria de Antonio Jesús Sedano Madrid por intercesión de Guadalupe Ortiz de Landázuri.

El 8 de junio de 2018, el Papa Francisco dio autorización a la Congregación para publicar el decreto sobre el milagro atribuido a Guadalupe.

Información sobre la Causa de canonización de Guadalupe

Biografía de Guadalupe.

Datos y video sobre la curación milagrosa atribuida a Guadalupe Ortiz de Landázuri.

Entrevista al postulador de la causa de Guadalupe.

Cronología de la causa de canonización de Guadalupe.

Publicaciones sobre Guadalupe.

Dossier informativo sobre Guadalupe Ortiz de Landázuri (para periodistas).

Tema 12. Creo en el Espíritu Santo. Creo en la Santa Iglesia católica

El Espíritu Santo une íntimamente a los fieles con Cristo de modo que forman un solo cuerpo, la Iglesia, donde existe una diversidad de miembros y funciones.

Resúmenes de fe cristiana 20/12/2016

El día de Pentecostés el Espíritu descendió sobre los Apóstoles y los primeros discípulos, mostrando con signos externos la vivificación de la Iglesia fundada por Cristo.

PDF► Creo en el Espíritu Santo. Creo en la Santa Iglesia católica.

RTF► Creo en el Espíritu Santo. Creo en la Santa Iglesia católica.

Serie completa► “Resúmenes de fe cristiana”, libro electrónico gratuito en formato PDF, Mobi y ePub

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1. Creo en el Espíritu Santo

1.1. La Tercera Persona de la Santísima Trinidad

En la Sagrada Escritura, el Espíritu Santo es llamado con distintos nombres: Don, Señor, Espíritu de Dios, Espíritu de Verdad y Paráclito, entre otros. Cada una de estas palabras nos indica algo de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Es “Don”, porque el Padre y el Hijo nos lo envían gratuitamente: el Espíritu ha venido a habitar en nuestros corazones (cfr. Ga 4,6); Él vino para quedarse siempre con los hombres. Además, de Él proceden todas las gracias y dones, el mayor de los cuales es la vida eterna junto con las otras Personas divinas: en Él tenemos acceso al Padre por el Hijo.

El Espíritu es “Señor” y “Espíritu de Dios”, que en la Sagrada Escritura son nombres que se atribuyen sólo a Dios, porque es Dios con el Padre y el Hijo. Es “Espíritu de Verdad” porque nos enseña de modo completo todo lo que Cristo nos ha revelado, y guía y mantiene la Iglesia en la verdad (cfr. Jn 15, 26; 16, 13-14). Es el “otro” Paráclito (Consolador, Abogado) prometido por Cristo, que es el primer Paráclito (el texto griego habla de “otro” Paráclito y no de un paráclito “distinto” para señalar la comunión y continuidad entre Cristo y el Espíritu).

En el Símbolo Niceno-Constantinopolitano rezamos «Et in Spiritum Sanctum, Dominum et vivificantem: qui ex Patre [Filioque] procedit. Qui cum Patre et Filio simul adoratur, et conglorificatur: qui locutus est per Prophetas». En esta frase los Padres del Concilio de Constantinopla (381) quisieron utilizar algunas de las expresiones bíblicas con las que se nombraba al Espíritu. Al decir que es “dador de vida” se referían al don de la vida divina dado al hombre. Por ser Señor y dador de vida, es Dios con el Padre y el Hijo y recibe por tanto la misma adoración que las otras dos Personas divinas. Al final, también han querido señalar la misión que el Espíritu realiza entre los hombres: habló por los profetas. Los profetas son aquéllos que hablaron en nombre de Dios movidos por el Espíritu para mover a la conversión a su pueblo. La obra reveladora del Espíritu en las profecías del Antiguo Testamento encuentra su plenitud en el misterio de Jesucristo, la Palabra definitiva de Dios.

«Son numerosos los símbolos con los que se representa al Espíritu Santo: el agua viva, que brota del corazón traspasado de Cristo y sacia la sed de los bautizados; la unción con el óleo, que es signo sacramental de la Confirmación; el fuego, que transforma cuanto toca; la nube oscura y luminosa, en la que se revela la gloria divina; la imposición de manos, por la cual se nos da el Espíritu; y la paloma, que baja sobre Cristo en su bautismo y permanece en Él» (Compendio, 139).

1.2. La Misión del Espíritu Santo

La Tercera Persona de la Santísima Trinidad coopera con el Padre y el Hijo desde el comienzo del designio de nuestra salvación hasta su consumación; pero en los “últimos tiempos” –inaugurados con la Encarnación redentora del Hijo– el Espíritu se reveló y nos fue dado, fue reconocido y acogido como Persona (cfr. Catecismo, 686). Por obra del Espíritu, el Hijo de Dios tomó carne en las entrañas purísimas de la Virgen María. El Espíritu lo ungió desde el inicio; por eso Jesucristo es el Mesías desde el inicio de su humanidad, es decir, desde su misma Encarnación (cfr. Lc 1, 35). Jesucristo revela al Espíritu con su enseñanza, cumpliendo la promesa hecha a los Patriarcas (cfr. Lc 4, 18s), y lo comunica a la Iglesia naciente, exhalando su aliento sobre los Apóstoles después de su Resurrección (cfr. Compendio, 143). En Pentecostés el Espíritu fue enviado para permanecer desde entonces en la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo, vivificándola y guiándola con sus dones y con su presencia. Por esto también se dice que la Iglesia es Templo del Espíritu Santo, y que el Espíritu Santo es como el alma de la Iglesia.

El día de Pentecostés el Espíritu descendió sobre los Apóstoles y los primeros discípulos, mostrando con signos externos la vivificación de la Iglesia fundada por Cristo. «La misión de Cristo y del Espíritu se convierte en la misión de la Iglesia, enviada para anunciar y difundir el misterio de la comunión trinitaria» (Compendio, 144). El Espíritu hace entrar al mundo en los “últimos tiempos”, en el tiempo de la Iglesia.

La animación de la Iglesia por el Espíritu Santo garantiza que se profundice, se conserve siempre vivo y sin pérdida todo lo que Cristo dijo y enseñó en los días que vivió en la tierra hasta su Ascensión [1]; además, por la celebración-administración de los sacramentos, el Espíritu santifica la Iglesia y los fieles, haciendo que ella continúe siempre llevando las almas a Dios [2].

«La misión del Hijo y la del Espíritu son inseparables porque en la Trinidad indivisible, el Hijo y el Espíritu son distintos, pero inseparables. En efecto, desde el principio hasta el fin de los tiempos, cuando Dios envía a su Hijo, envía también su Espíritu, que nos une a Cristo en la fe, a fin de que podamos, como hijos adoptivos, llamar a Dios “Padre” (Rm 8, 15). El Espíritu es invisible, pero lo conocemos por medio de su acción cuando nos revela el Verbo y cuando obra en la Iglesia» (Compendio, 137).

1.3. ¿Cómo actúan Cristo y el Espíritu Santo en la Iglesia?

Por medio de los sacramentos, Cristo comunica su Espíritu a los miembros de su Cuerpo, y les ofrece la gracia de Dios, que da frutos de vida nueva, según el Espíritu. El Espíritu Santo también actúa concediendo gracias especiales a algunos cristianos para el bien de toda la Iglesia, y es el Maestro que recuerda a todos los cristianos aquello que Cristo ha revelado (cfr. Jn 14, 25s).

«El Espíritu Santo edifica, anima y santifica a la Iglesia; como Espíritu de Amor, devuelve a los bautizados la semejanza divina, perdida a causa del pecado, y los hace vivir en Cristo la vida misma de la Trinidad Santa. Los envía a dar testimonio de la Verdad de Cristo y los organiza en sus respectivas funciones, para que todos den “el fruto del Espíritu” (Ga 5, 22)» (Compendio, 145).

2. Creo en la Santa Iglesia Católica

2.1. La revelación de la Iglesia

La Iglesia es un misterio (cfr., p. ej., Rm 16,25-27), es decir, una realidad en la que entran en contacto y comunión Dios y los hombres. Iglesia viene del griego “ekklesia”, que significa asamblea de los convocados. En el Antiguo Testamento fue utilizada para traducir el “quahal Yahweh”, o asamblea reunida por Dios para honrarle con el culto debido. Son ejemplos de ello la asamblea sinaítica, y la que se reunió en tiempos del rey Josías con el fin de alabar a Dios y volver a la pureza de la Ley (reforma). En el Nuevo Testamento tiene varias acepciones, en continuidad con el Antiguo, pero designa especialmente el pueblo que Dios convoca y reúne desde los confines de la tierra para constituir la asamblea de todos los que, por la fe en su Palabra y el Bautismo, son hijos de Dios, miembros de Cristo y templo del Espíritu Santo (cfr. Catecismo, 777; Compendio, 147).

En la Sagrada Escritura la Iglesia recibe distintos nombres, cada uno de los cuales subraya especialmente algunos aspectos del misterio de la comunión de Dios con los hombres. “Pueblo de Dios” es un título que Israel recibió. Cuando se aplica a la Iglesia, nuevo Israel, quiere decir que Dios no quiso salvar a los hombres aisladamente, sino constituyéndolos en un único pueblo reunido por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que le conociera en la verdad y le sirviera santamente [3]. También significa que ella ha sido elegida por Dios, que es una comunidad visible que está en camino –entre las naciones– hacia su patria definitiva. En ese pueblo todos tienen la común dignidad de los hijos de Dios, una misión común, ser sal de la tierra, y un fin común, que es el Reino de Dios. Todos participan de las tres funciones de Cristo, real, profética y sacerdotal (cfr. Catecismo, 782-786).

Cuando decimos que la Iglesia es el “cuerpo de Cristo” queremos subrayar que, a través del envío del Espíritu Santo, Cristo une íntimamente consigo a los fieles, sobre todo en la Eucaristía, los incorpora a su Persona por el Espíritu Santo, manteniéndose y creciendo unidos entre sí en la caridad, formando un solo cuerpo en la diversidad de los miembros y funciones. También se indica que la salud o la enfermedad de un miembro repercute en todo el cuerpo (cfr. 1 Co 12, 1-24), y que los fieles, como miembros de Cristo, son instrumentos suyos para obrar en el mundo (cfr. Catecismo, 787-795). La Iglesia también es llamada “Esposa de Cristo” (cfr. Ef 5, 26ss), lo cual acentúa, dentro de la unión que la Iglesia tiene con Cristo, la distinción de ambos sujetos. También señala que la Alianza de Dios con los hombres es definitiva porque Dios es fiel a sus promesas, y que la Iglesia le corresponde asimismo fielmente siendo Madre fecunda de todos los hijos de Dios.

La Iglesia también es el “templo del Espíritu Santo”, porque Él vive en el cuerpo de la Iglesia y la edifica en la caridad con la Palabra de Dios, con los sacramentos, con las virtudes y los carismas [4]. Como el verdadero templo del Espíritu Santo fue Cristo (cfr. Jn 2, 19-22), esta imagen también señala que cada cristiano es Iglesia y templo del Espíritu Santo. Los carismas son dones que el Espíritu concede a cada persona para el bien de los hombres, para las necesidades del mundo y particularmente para la edificación de la Iglesia. A los pastores corresponde discernir y valorar los carismas (cfr. 1 Ts 5, 20-22; Compendio, 160).

«La Iglesia tiene su origen y realización en el designio eterno de Dios. Fue preparada en la Antigua Alianza con la elección de Israel, signo de la reunión futura de todas las naciones. Fundada por las palabras y las acciones de Jesucristo, fue realizada, sobre todo, mediante su Muerte redentora y su Resurrección. Más tarde, se manifestó como misterio de salvación mediante la efusión del Espíritu Santo en Pentecostés. Al final de los tiempos, alcanzará su consumación como asamblea celestial de todos los redimidos» ( Compendio, 149; cfr. Catecismo, 778).

Cuando Dios revela su designio de salvación que es permanente, manifiesta también cómo desea realizarlo. Ese designio no lo llevó a cabo con un único acto, sino que primero fue preparando la humanidad para acoger la Salvación; sólo más adelante se reveló plenamente en Cristo. Ese ofrecimiento de Salvación en la comunión divina y en la unidad de la humanidad fue definitivamente otorgado a los hombres a través del don del Espíritu Santo que ha sido derramado en los corazones de los creyentes poniéndonos en contacto personal y permanente con Cristo. Al ser hijos de Dios en Cristo, nos reconocemos hermanos de los demás hijos de Dios. No hay una fraternidad o unidad del género humano que no se base en la común filiación divina que nos ha sido ofrecida por el Padre en Cristo; no hay una fraternidad sin un Padre común, al que llegamos por el Espíritu Santo.

La Iglesia no la han fundado los hombres; ni siquiera es una respuesta humana noble a una experiencia de salvación realizada por Dios en Cristo. En los misterios de la vida de Cristo, el ungido por el Espíritu, se han cumplido las promesas anunciadas en la Ley y en los profetas. También se puede decir que la fundación de la Iglesia coincide con la vida de Jesucristo; la Iglesia va tomando forma en relación a la misión de Cristo entre los hombres, y para los hombres. No hay un momento único en el que Cristo haya fundado la Iglesia, sino que la fundó en toda su vida: desde la encarnación hasta su muerte, resurrección, ascensión y con el envío del Paráclito. A lo largo de su vida, Cristo –en quien habitaba el Espíritu– fue manifestando cómo debía ser su Iglesia, disponiendo unas cosas y después otras. Después de su Ascensión, el Espíritu fue enviado a la Iglesia y en ella permanece uniéndola a la misión de Cristo, recordándole lo que el Señor reveló, y guiándola a lo largo de la historia hacia su plenitud. Él es la causa de la presencia de Cristo en su Iglesia por los sacramentos y por la Palabra, y la adorna continuamente con diversos dones jerárquicos y carismáticos [5]. Por su presencia se cumple la promesa del Señor de estar siempre con los suyos hasta el final de los tiempos (cfr. Mt 28, 20).

El Concilio Vaticano II retomó una antigua expresión para designar a la Iglesia: “comunión”. Con ello se indica que la Iglesia es la expansión de la comunión íntima de la Santísima Trinidad a los hombres; y que en esta tierra ella ya es comunión con la Trinidad divina, aunque no se haya consumado aún en su plenitud. Además de comunión, la Iglesia es signo e instrumento de esa comunión para todos los hombres. Por ella participamos en la vida íntima de Dios y pertenecemos a la familia de Dios como hijos en el Hijo por el Espíritu [6]. Esto se realiza de forma específica en los sacramentos, principalmente en la Eucaristía, también llamada muchas veces comunión (cfr. 1 Co 10, 16). Por último, se llama también comunión porque la Iglesia configura y determina el espacio de la oración cristiana (cfr. Catecismo , 2655, 2672, 2790).

2.2. La misión de la Iglesia

La Iglesia tiene que anunciar e instaurar entre todos los pueblos el Reino de Dios inaugurado por Cristo. En la tierra es el germen e inicio de este Reino. Después de su Resurrección, el Señor envió los Apóstoles a predicar el Evangelio, a bautizar y a enseñar a cumplir lo que Él había mandado (cfr. Mt 28, 18ss). El Señor entregó a su Iglesia la misma misión que el Padre le había confiado (cfr. Jn 20, 21). Desde el inicio de la Iglesia esta misión fue realizada por todos los cristianos (cfr. Hch 8, 4; 11, 19), que muchas veces han llegado al sacrificio de la propia vida para cumplirla. El mandato misionero del Señor tiene su fuente en el amor eterno de Dios, que ha enviado a su Hijo y a su Espíritu porque «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tm 2, 4).

En ese envío misionero están contenidas las tres funciones de la Iglesia en la tierra: el munus profeticum (anunciar la buena noticia de la salvación en Cristo), el munus sacerdotale (hacer efectivamente presente y transmitir la vida de Cristo que salva por los sacramentos) y el munus regale (ayudar a los cristianos a cumplir la misión y crecer en santidad). Aunque todos los fieles comparten la misma misión, no todos desempeñan el mismo papel. Algunos de ellos fueron elegidos por el Señor para ejercer determinadas funciones, como los Apóstoles y sus sucesores, que son conformados por el sacramento del orden con Cristo cabeza de la Iglesia de una forma específica, distinta de los demás.

Porque la Iglesia recibió de Dios una misión salvífica en la tierra para los hombres, y fue dispuesta por Dios para realizarla, se dice que la Iglesia es el sacramento universal de Salvación, pues tiene como fin la gloria de Dios y la salvación de los hombres (cfr. Catecismo, 775). Es sacramento universal de salvación porque es signo e instrumento de la reconciliación y de la comunión de la humanidad con Dios, y de la unidad de todo el género humano [7]. También se dice que la Iglesia es un misterio porque en su realidad visible se hace presente y actúa una realidad espiritual y divina que sólo se percibe mediante la fe.

La afirmación «fuera de la Iglesia no hay salvación» significa que toda salvación viene de Cristo-Cabeza por medio de la Iglesia, que es su Cuerpo. Nadie puede salvarse si, habiendo reconocido que ha sido fundada por Cristo para la salvación de los hombres, la rechaza o no persevera. Al mismo tiempo, gracias a Cristo y a su Iglesia, pueden alcanzar la salvación eterna todos aquellos que, sin culpa alguna, ignoran el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan sinceramente a Dios y, bajo el influjo de la gracia, se esfuerzan en cumplir su voluntad, conocida mediante el dictamen de la conciencia. Todo cuanto de bueno y verdadero se encuentra en las otras religiones viene de Dios, puede preparar para la acogida del Evangelio y conducir hacia la unidad de la humanidad en la Iglesia de Cristo (cfr. Compendio, 170 y ss.).

2.3. Las propiedades de la Iglesia: una, santa, católica, apostólica

Llamamos propiedades a aquellos elementos que caracterizan la Iglesia. Los encontramos en muchos de los Símbolos de la fe desde épocas muy antiguas de la Iglesia. Todas las propiedades son un don de Dios que conlleva una tarea que cumplir por parte de los cristianos.

La Iglesia es Una porque su origen y modelo es la Santísima Trinidad; porque Cristo –su fundador– restablece la unidad de todos en un sólo cuerpo; porque el Espíritu Santo une a los fieles con la Cabeza, que es Cristo. Esta unidad se manifiesta en que los fieles profesan una misma fe, celebran unos mismos sacramentos, están unidos en una misma jerarquía, tienen una esperanza común y la misma caridad. La Iglesia subsiste como sociedad constituida y organizada en el mundo en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él [8]. Sólo en ella se puede obtener la plenitud de los medios de salvación puesto que el Señor confió los bienes de la Nueva Alianza al Colegio apostólico, cuya cabeza es Pedro. En las iglesias y comunidades cristianas no católicas hay muchos bienes de santificación y de verdad que proceden de Cristo e impulsan a la unidad católica; el Espíritu Santo se sirve de ellas como instrumentos de salvación, puesto que su fuerza viene de la plenitud de gracia y verdad que Cristo dio a la Iglesia católica (cfr. Catecismo , 819). Los miembros de esas iglesias y comunidades se incorporan a Cristo en el Bautismo y por eso los reconocemos como hermanos. Se puede crecer en unidad: acercándonos más a Cristo y ayudando a los demás cristianos a estar más cerca de Él; fomentando la unidad en lo esencial, la libertad en lo accidental y la caridad en todo [9]; haciendo más habitable la casa de Dios a los demás; creciendo en veneración y respeto por el Papa y la jerarquía, ayudándoles y siguiendo sus enseñanzas.

El movimiento ecuménico es una tarea eclesial por la que se busca restaurar la unidad entre los cristianos en la única Iglesia fundada por Cristo. Es un deseo del Señor (cfr. Jn 17, 21). Se realiza con la oración, con la conversión del corazón, el recíproco conocimiento fraterno y el diálogo teológico.

La Iglesia es Santa porque Dios es su autor, porque Cristo se entregó por ella para santificarla y hacerla santificante, porque el Espíritu Santo la vivifica con la caridad. Por tener la plenitud de los medios salvíficos, la santidad es la vocación de cada uno de sus miembros y el fin de toda su actividad. Es santa porque da constantemente frutos de santidad en la tierra, porque su santidad es fuente de santificación de sus hijos –aunque en esta tierra se reconocen todos pecadores y necesitados de conversión y purificación–. La Iglesia también es santa debido a la santidad alcanzada por sus miembros que ya están en el Cielo, de modo eminente la santísima Virgen María, que son sus modelos e intercesores (cfr. Catecismo, 823-829). La Iglesia puede ser más santa, a través de la tarea de santidad realizada por sus fieles: la conversión personal, la lucha ascética por parecerse más a Cristo, la reforma que ayuda a cumplir mejor la misión y a huir de la rutina, la purificación de la memoria que remueve los falsos prejuicios sobre los demás, y el cumplimiento concreto de la voluntad de Dios en la caridad.

La Iglesia es Católica –es decir, universal– porque en ella está Cristo, porque conserva y administra todos los medios de salvación dados por Cristo, porque su misión abarca a todo el género humano, porque ha recibido y transmite en su integridad todo el tesoro de la Salvación y porque tiene la capacidad de inculturarse, elevando y mejorando cualquier cultura. La catolicidad crece extensiva e intensivamente a través de un mayor desarrollo de la misión de la Iglesia. Toda iglesia particular, es decir, toda porción del pueblo de Dios que está en comunión en la fe, en los sacramentos, con su obispo –a través de la sucesión apostólica–, formada a imagen de la Iglesia universal y en comunión con toda la Iglesia (que la precede ontológica e cronológicamente) es católica.

Como su misión abarca toda la humanidad, cada hombre, de modos diversos, pertenece o al menos está ordenado a la unidad católica del Pueblo de Dios. Está plenamente incorporado a la Iglesia quien, poseyendo el Espíritu de Cristo, se encuentra unido por los vínculos de la profesión de fe, de los sacramentos, del gobierno eclesiástico y de la comunión. Los católicos que no perseveren en la caridad, aunque incorporados a la Iglesia, le pertenecen con el cuerpo pero no con el corazón. Los bautizados que no realizan plenamente dicha unidad católica están en una cierta comunión, aunque imperfecta, con la Iglesia católica (cfr. Compendio, 168).

La Iglesia es Apostólica porque Cristo la ha edificado sobre los Apóstoles, testigos escogidos de su Resurrección y fundamento de su Iglesia; porque con la asistencia del Espíritu Santo, enseña, custodia y transmite fielmente el depósito de la fe recibido de los Apóstoles. También es apostólica por su estructura, en cuanto es instruida, santificada y gobernada, hasta la vuelta de Cristo, por los Apóstoles y sus sucesores, los obispos, en comunión con el sucesor de Pedro. La sucesión apostólica es la transmisión, mediante el sacramento del Orden, de la misión y la potestad de los Apóstoles a sus sucesores. Gracias a esta transmisión, la Iglesia se mantiene en comunión de fe y de vida con su origen, mientras a lo largo de los siglos ordena su misión apostólica a la difusión del Reino de Cristo sobre la tierra. Todos los miembros de la Iglesia participan, según las distintas funciones, de la misión recibida por los Apóstoles de llevar el Evangelio al mundo entero. La vocación cristiana es, por su misma naturaleza, vocación al apostolado (cfr. Catecismo , 863).

Miguel de Salis Amaral

Publicado originalmente el 21 de noviembre de 2012


 

Bibliografía básica

Sobre el Espíritu Santo

Catecismo de la Iglesia Católica, 683-688; 731-741.

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 136-146.

Juan Pablo II, Enc. Dominum et vivificantem, 18-V-1986, 3-26.

Juan Pablo II, Catequesis sobre el Espíritu Santo, VIII-XII.1989.

San Josemaría, Homilía El Gran Desconocido, en Es Cristo que pasa, 127-138.

Lecturas recomendadas

Catecismo de la Iglesia Católica, 748-945. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 147-193.

San Josemaría, Homilía Lealtad a la Iglesia (4-VI-1972), en Amar a la Iglesia, Palabra, Madrid 1986, pp. 13-36.


[1] Cfr. Concilio Vaticano II, Const. Dei Verbum, 8.

[2] «La venida solemne del Espíritu en el día de Pentecostés no fue un suceso aislado. Apenas hay una página de los Hechos de los Apóstoles en la que no se nos hable de El y de la acción por la que guía, dirige y anima la vida y las obras de la primitiva comunidad cristiana […] Esa realidad profunda que nos da a conocer el texto de la Escritura Santa, no es un recuerdo del pasado, una edad de oro de la Iglesia que quedó atrás en la historia. Es, por encima de las miserias y de los pecados de cada uno de nosotros, la realidad también de la Iglesia de hoy y de la Iglesia de todos los tiempos» (San Josemaría, Es Cristo que pasa, 127 y ss.).

[3] Cfr. Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 4 y 9; San Cipriano, De Orat Dom, 23 (CSEL 3, 285).

[4] «Cuando invoques, pues, a Dios Padre, acuérdate de que ha sido el Espíritu quien, al mover tu alma, te ha dado esa oración. Si no existiera el Espíritu Santo, no habría en la Iglesia palabra alguna de sabiduría o de ciencia, porque está escrito: es dada por el Espíritu la palabra de sabiduría (I Cor XII, 8)... Si el Espíritu Santo no estuviera presente, la Iglesia no existiría. Pero, si la Iglesia existe, es seguro que el Espíritu Santo no falta» (San Juan Crisóstomo, Sermones panegyrici in solemnitates D. N. Iesu Christi , hom. 1, De Sancta Pentecostes, n. 3-4, PG 50, 457).

[5] Cfr. Concilio Vaticano II, Const. Lumen Gentium, 4 y 12.

[6] Cfr. Concilio Vaticano II, Const. Gaudium et spes, 22.

[7] Cfr. Concilio Vaticano II, Const. Lumen Gentium, 1.

[8] Cfr. Ibidem, 8.

[9] Cfr. Concilio Vaticano II, Const. Gaudium et spes, 92.

 

ORACIÓN, LA GRAN PALANCA DE LA FE


"Dadme un punto de apoyo y moveré la tierra."

Es muy conocida esta frase de Arquímedes de Siracusa: “Dadme un punto de apoyo y moveré la tierra”, la verdad de cuyo principio ha sido demostrada por la ciencia y la experiencia. De sobra conocemos la fuerza prodigiosa que desarrolla la palanca, barra rígida apoyada sobre un punto llamado fulcro, según definición de la mecánica física, teniendo por una parte la resistencia, que es lo que se quiere levantar o mover, y por otra, la fuerza. La distancia que hay entre el punto de apoyo y la fuerza es el "brazo de palanca", que puede ser igual o desigual, como la balanza y la "romana", en la que al ser el brazo del peso muy corto y el de la fuerza muy largo, permite pesar toneladas con gramos. Si el brazo de la palanca es suficientemente largo, un solo gramo es capaz de contrapesar muchas toneladas. Leonardo Da Vinci, adelantándose en esto a Stevin de Brujas, aprovechó este conocimiento para demostrar la ley de la palanca por el método de las velocidades virtuales, principio que ya enunciaba Aristóteles, anticipándose a Bernardino Baldi y a Galileo. Con una palanca conveniente, hasta un niño puede levantar miles de toneladas: Dicho esto, hemos entrado en el tema. Ha dicho Jesús: “Si tenéis fe como un grano de mostaza diréis a esta montaña: “Lánzate al mar, y se lanzará”.

LA ORACIÓN, PALANCA MORAL

Con la fe como fulcro, o punto de apoyo, la esperanza como barra que sostiene el peso a levantar, la oración en el extremo opuesto, ésta se constituye en la palanca que levanta el mundo, según el principio científico de Arquímedes y el testimonio de la Sagrada Escritura.

El Movimiento de Cursillos de Cristiandad usa mucho el vocablo "palanca", incluyendo en ella la oración y los sacrificios que se hacen para conseguir el fruto del Cursillo. Resulta que la esperanza del orante y la confianza de conseguir lo que se pide, se convierten en brazo de palanca, de forma que cuanto mayor es la "confianza", mayor es el poder de la palanca, y bastará una fuerza pequeñísima para obtener lo que se pide. Sin fe, si no creemos que Dios puede darnos lo que pedimos, no hay oración posible. Si no creemos que Dios existe, o si, creyéndolo, pensamos que no puede darnos lo que le pedimos, la oración es inútil. Por eso los musulmanes, que creen en el fatalismo, determinado infaliblemente, no tienen oración de petición. Al no creer que Dios nos puede dar lo que le pidamos, sólo hacen oración de adoración, practicada, eso sí, con gran devoción tres veces al día; pero sin pedir nada a Dios, porque creen que es inútil.

LA FE, PUNTO DE APOYO Y LA CONFIANZA, BRAZO DE PALANCA

Para que la oración sea eficaz, es necesario esperar que Dios nos va a dar lo que le pedimos, y eso es confianza, que no sólo nace de la fe en que Dios puede darnos lo que le pedimos, sino fiarse de la promesa de Dios de escucharnos: “Pedid y recibiréis, llamad y se os abrirá, buscad y hallaréis”. “El que pide, recibe, al que llama se le abre, el que busca, encuentra”. Esa verdad revelada es la fuente de la que brota la confianza de que Dios nos concede lo que le pedimos porque lo ha prometido. Esta es la fe y la confianza que pide Cristo, cuando garantiza que si decís a esta montaña: “arráncate y arrójate al mar, os obedecerá”. “Si tenéis fe, todo lo que pidiéreis en la oración, lo alcanzaréis." La fe y la confianza, que se completan la una a la otra, hacen la oración eficaz.

LOS APOSTOLES VACILABAN

Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un espíritu que no lo deja hablar; cada vez que lo agarra lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que lo echen, y no han podido Jesús preguntó al padre del poseso: --¿Cuánto tiempo hace que esto sucede? --Desde la niñez –respondió-- y muchas veces lo ha tirado al agua y al fuego, para acabar con él. Pero si puedes algo, socórrenos, compadecido de nosotros. Jesús le dijo: --Si tú puedes creer, todo es posible para el que cree. El padre del muchacho exclamó: --¡Señor! Yo creo, pero ayuda tú mi incredulidad. Aquel padre creía, pero no creía con bastante firmeza para tener confianza ilimitada en Cristo. También los discípulos creían en el poder de Cristo, pero dudaban por falta de confianza y preguntan a Jesús: -- ¿Por qué no pudimos echarlo nosotros? -- Esta ralea no sale más que a fuerza de oración confiada. Los discípulos pidieron a Jesús que les aumentara la fe y la confianza: --Señor, auméntanos la fe. La diferencia entre la fe y la confianza se ve con mucha claridad en el caso del padre de este endemoniado. (Mc 11, 21).

Dice el texto latino: "Si habueritis fidem sicut granum sinapis et non haesitaveritis...". “Si tuviereis fe como un grano de mostaza y no vacilarais. El verbo “haesito”, significa dudar, vacilar e indica incertidumbre, irresolución. Cuando "la confianza" es ilimitada, o lo que es lo mismo, cuando el brazo de palanca es muy grande, la oración obra milagros. Pero este brazo de palanca tan colosal es escaso.

¿QUÉ REMEDIO?: LA POLEA

Cuando deseamos conseguir algo careciendo de esta confianza ilimitada, podemos usar la polea, verdadera palanca, que es una cuerda flexible y deslizante alrededor de una rueda, que en el extremo de la cuerda lleva el peso, y al otro extremo la fuerza para que tirando el peso vaya subiendo poco a poco. Una serie de tirones va elevando el peso; pero si se deja de tirar y se suelta la cuerda, el peso, que ya había subido a cierta altura, cae precipitadamente.

Así funciona nuestra oración, cuando la confianza es limitada... Y así resulta ser nuestra oración ordinaria, como elevada por la polea. Queremos obtener de Dios una gracia, que es como querer levantar un peso, pero no tenemos la confianza suficiente para poder alcanzarla de una vez, por falta de fuerza capaz de levantarla de un solo tirón, y pedimos repetidas veces a Dios lo que deseamos, como a pedacitos de confianza. Actuamos como con la polea, subimos el peso a base de tirones sucesivos. Si nuestra confianza fuera muy grande, como la del centurión de Cafarnaún, o la de la Cananea de Tiro, de los cuales dijo Jesús admirado: “No he encontrado tanta fe en Israel”, no necesitaríamos orar más que una vez para obtener lo que pedimos, como ellos. Al no tener esa confianza, necesitamos dar tirones sucesivos. Ha sido necesario repetir y repetir nuestra oración porque nuestra confianza es muy pequeña. Si nuestros pedazos de confianza son más grandes, necesitaremos repetir nuestra oración menos veces.

ANTE EL FRACASO DE LA ORACIÓN

Cuando la confianza es nula, aunque se repitan mil veces las oraciones no se logra nada, como si no se tira de veras de la polea, el peso se quedará donde está. Cuando se deja de orar porque se cede al cansancio de pedir, o se desconfía de ser escuchado, o se deja vencer por el aburrimiento el desánimo, no se conceden las peticiones. Como cuando se quiere subir un peso por medio de la polea, nos cansamos y soltamos la cuerda el peso cae, y los esfuerzos anteriores han resultado inútiles. Previendo esto los mecánicos, inventaron la polea compuesta, el polipasto, formado de dos o tres poleas simples, para que, aunque dejemos de tirar, el peso se mantenga. Este símil es por analogía, la oración hecha por dos o más personas. Mientras una deja de pedir, las otras siguen pidiendo, hasta que se consigue lo que se pide. Esta es la fuerza de la oración de la Iglesia, de la familia o de la comunidad. En este principio se basa el Apostolado de la Oración, en el que miles y miles de personas piden a Dios la misma gracia continuamente, como si cada una tuviera un cabo de diversas cuerdas unificadas, para conseguir de Dios la gracia que se pide.

ORACIÓN FRÍA Y RUTINARIA

Pero si los que piden no tiran de veras su oración resulta ser oración de disco, de CD, a la que le falta la confianza. Si cada uno ora con un poquito de confianza, probablemente Dios concederá nuestra petición. Si se reza mecánicamente, sin verdadero empeño, Dios no ha prometido darnos sin más ni más todo lo que le pidamos, aunque se lo pidamos millares de veces, o se lo pidan millones de personas. La promesa es clara: "Todo lo que pidiereis con fe, sin andar vacilando, se os concederá", y esto según la determinación de su Providencia, pero no en virtud de su promesa. En muchas ocasiones Dios concede lo que se le pide, aunque nosotros no lo veamos. Miles de almas alcanzan, por ejemplo, su salvación, y muchas personas han alcanzado la plenitud de las virtudes, sin que nos demos cuenta de que la consiguieron por nuestras oraciones.

Santa Teresita de Lissieux lo dice de esta manera plática: En la lamparita mortecina del sagrario, la sacristana encendió con cuidado una vela y con ella las de toda la comunidad.

Hemos convertido la palanca y la polea en una imagen para explicar de algún modo el funcionamiento de la oración, que, según San Agustín, es “la fuerza del hombre y la debilidad de Dios”.

HÁGASE TU VOLUNTAD

Jesús no ha señalado un catálogo de cosas que podemos pedir, su madre le pidió en Caná vino, el buen ladrón le pidió el paraíso. Podemos pedir de todo y todo, pero somos como niños que no saben lo que piden y debe quedar el discernimiento de la madre dar lo bueno y lo mejor y no dar lo malo, que a veces deslumbra y es bonito y bien visto, lo razonable es lo, después de pedir, lo dejemos en manos de Dios, que él sí sabe lo que nos conviene más o lo que nos puede dañar. Para que después no se nos pueda decir, “Fraile mostén, tú te lo tienes, tú te lo ten”, terminar siempre nuestras peticiones, como nos enseña Jesús en la oración que nos enseñó: “Hágase tu voluntad“, que es como Él oró en la agonía de Getsemaní: “Padre, si es posible, pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.

EL PADRE COLOMA

Escribe el Padre Coloma, insigne escritor costumbrista:

“Una tarde vi llegar al aperador del Cortijo. Fui volando a verlo: su hijo había llegado de África y por él supe que de tres de los míos que estaban en el ejército, el mayor había muerto; al segundo lo había matado a traición un moro y que el tercero estaba en el hospital de Algeciras. Volví en busca de Chana, mi mujer, y le di la noticia. Ella se encogió como si viera venir el torreón de Tepul: los ojos se le desencajaron y se puso más blanca que un papel. --Vamos a Algeciras, Cristóbal, me dijo. Aparejó la burra y tomamos el camino de Algeciras. Chana caminaba en la burra arrebujaá en un pañolón rezando credos y salves. Yo iba detrás echando sapos y culebras, y renegando de cuanto bicho viviente se menea… Yo no era malo, creía en Dios y en la Virgen Santísima y en cuanto hay que creer en el mundo; pero aquella pena me había derramado toda la hiel por el cuerpo, y hasta la saliva de la boca me sabía amarga... De repente tropezó la burra y tiró las alforjas… Me cegué… me cegué y eché una blasfemia. Chana saltó de la burra como si hubiera oído la trompeta del juicio; se me puso delante más tiesa que un muerto en la sepultura y me dijo: -¡Calla esa lengua, Cristóbal! ¡Calla esa lengua; que bien mereces que Dios te mate a tu hijo!”. - Y ¿por qué hace Dios con nosotros esas tropelías?- grité yo más furioso. –Porque somos pecadores, contestó con una voz que parecía un juez sentenciando a muerte .Mira –añadió levantando la mano-- esos puñados de estrellas: mira las lágrimas que costamos a María Santísima… Cuéntalas si puedes… ¡Ella las derramó y nosotros pecamos!... Yo no se lo que me pasó entonces; pero el corazón se me salía por la boca, y me fui quedando atrás, atrás, pare verme solo. Miraba yo esas benditas estrellas del cielo, y se me salían por los ojos las lágrimas como garbanzos. --Virgen Santísima que por mí lloraste- decía yo a voces-; si no supe lo que dije… ¡Madre de pecadores, ampara a esta oveja perdida! ¡Madre que perdiste a un hijo, ten piedad de quien pierde tres de un golpe!... --Llegamos a Algeciras por la mañana, y nos fuimos derechos al hospital; preguntamos a un cabo por Sebastián Pérez, y nos hizo entrar en la oficina del registro. Había allí un sargento, que buscó el nombre en el registro. --Sebastián Pérez -dijo- entró el 25 de mayo... Salió el 1 de junio. --Y ¿para dónde ha salido?, preguntó Chana. --Para el camposanto, con los pies por delante, respondió el sargento. --Sentí que Chana me clavaba las uñas en el brazo, y que temblaba como si tuviera frío de cuartanas. --Vamos al camposanto, dijo. Y fuimos al camposanto, pero ya lo habían cerrado y el conserje no nos quiso abrir. --Chana se sentó en el umbral y por una rendijilla de la puerta miraba allá dentro, por ver desde lejos la tierra que se comía a su hijo. Teníamos diez reales, y Chana mandó decir una misa a la Virgen de los Dolores. Yo me escurrí a la sacristía, en busca de un Padre cura, y me confesé mientras tanto, llorando de hilo en hilo. A la vuelta caminamos siete horas sin decir palabra. Al oscurecer me faltó hasta el aliento y me dejé caer junto a un pozo de abrevar ganado. Chana se apeó de la burra y se sentó a mi vera. --¿Qué haremos ahora, Chana?, pregunté yo, hablando primero. --¿Qué haremos? Lo que dice el Padrenuestro… Cristóbal… Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo…

Porque Dios sabe mejor que nosotros lo que nos conviene para nuestra mayor felicidad definitiva y eterna.

Autor: Jesús Martí Ballester

La fe explicada por Benedicto XVI

 

Bernabé, Silas y Apolo (Audiencia 31 de enero de 2007)

Posted: 09 Jun 2018 11:34 AM PDT

Catequesis "La Iglesia, los apóstoles y los primeros discípulos" - Bernabé, Silas y Apolo


Tema: Colaboradores de San Pablo

 

"Estos tres hombres brillan en el firmamento de los testigos del Evangelio por una característica común, además de por las características propias de cada uno. En común, además del origen judío, tienen la entrega a Jesucristo y al Evangelio, así como el hecho de que los tres fueron colaboradores del apóstol san Pablo. En esta misión evangelizadora original encontraron el sentido de su vida y de este modo se nos presentan como modelos luminosos de desinterés y generosidad".

 

Bernabé, Silas y Apolo

 

Queridos hermanos y hermanas: 

 

Prosiguiendo nuestro viaje entre los protagonistas de los orígenes cristianos, hoy dedicamos nuestra atención a otros colaboradores de san Pablo. Tenemos que reconocer que el Apóstol es un ejemplo elocuente de hombre abierto a la colaboración: en la Iglesia no quiere hacerlo todo él solo, sino que se sirve de numerosos y diversos compañeros. No podemos detenernos a considerar todos estos valiosos ayudantes, pues son muchos. Baste recordar, entre otros, a Epafras (cf. Col 1, 7; 4, 12; Flm 23), Epafrodito (cf. Flp 2, 25; 4, 18), Tíquico (cf. Hch 20, 4; Ef 6, 21; Col 4, 7; 2 Tm 4, 12; Tt 3, 12), Urbano (cf. Rm 16, 9), Gayo y Aristarco (cf. Hch 19, 29; 20, 4; 27, 2; Col 4, 10). Y mujeres como Febe (cf. Rm 16, 1), Trifena y Trifosa (cf. Rm 16, 12), Pérside, la madre de Rufo, de quien san Pablo dice que "es también mi madre" (cf. Rm 16, 12-13), sin olvidar a esposos como Prisca y Áquila (cf. Rm 16, 3; 1 Co 16, 19; 2 Tm 4, 19). Hoy, entre todo este conjunto de colaboradores y colaboradoras de san Pablo, centramos nuestra atención en tres de estas personas que desempeñaron un papel particularmente significativo en la evangelización de los orígenes: Bernabé, Silas y Apolo.

 

"Bernabé", que significa "hijo de la exhortación" (Hch 4, 36) o "hijo del consuelo", es el sobrenombre de un judío levita oriundo de Chipre. Habiéndose establecido en Jerusalén, fue uno de los primeros en abrazar el cristianismo, tras la resurrección del Señor. Con gran generosidad vendió un campo de su propiedad y entregó el dinero a los Apóstoles para las necesidades de la Iglesia (cf. Hch 4, 37). Se hizo garante de la conversión de Saulo ante la comunidad cristiana de Jerusalén, que todavía desconfiaba de su antiguo perseguidor (cf. Hch 9, 27). Enviado a Antioquía de Siria, fue a buscar a Pablo, en Tarso, donde se había retirado, y con él pasó un año entero, dedicándose a la evangelización de esa importante ciudad, en cuya Iglesia Bernabé era conocido como profeta y doctor (cf. Hch 13, 1).

 

Así, Bernabé, en el momento de las primeras conversiones de los paganos, comprendió que había llegado la hora de Saulo, el cual se había retirado a Tarso, su ciudad. Fue a buscarlo allí. En ese momento importante, en cierta forma, devolvió a Pablo a la Iglesia; en este sentido, le entregó una vez más al Apóstol de las gentes. La Iglesia de Antioquía envió a Bernabé en misión, junto a Pablo, realizando lo que se suele llamar el primer viaje misionero del Apóstol. En realidad, fue un viaje misionero de Bernabé, pues él era el verdadero responsable, al que Pablo se sumó como colaborador, recorriendo las regiones de Chipre y Anatolia centro-sur, en la actual Turquía, con las ciudades de Atalía, Perge, Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra y Derbe (cf. Hch 13-14). Junto a Pablo, acudió después al así llamado concilio de Jerusalén, donde, después de un profundo examen de la cuestión, los Apóstoles con los ancianos decidieron separar de la identidad cristiana la práctica de la circuncisión (cf. Hch 15, 1-35). Sólo así, al final, permitieron oficialmente que fuera posible la Iglesia de los paganos, una Iglesia sin circuncisión: somos hijos de Abraham solamente por la fe en Cristo.

 

Los dos, Pablo y Bernabé, se enfrentaron más tarde, al inicio del segundo viaje misionero, porque Bernabé quería tomar como compañero a Juan Marcos, mientras que Pablo no quería, dado que el joven se había separado de ellos durante el viaje anterior (cf. Hch 13, 13; 15, 36-40). Por tanto, también entre los santos existen contrastes, discordias, controversias. Esto me parece muy consolador, pues vemos que los santos no "han caído del cielo". Son hombres como nosotros, incluso con problemas complicados. La santidadno consiste en no equivocarse o no pecar nunca. La santidad crece con la capacidad de conversión, de arrepentimiento, de disponibilidad para volver a comenzar, y sobre todo con la capacidad de reconciliación y de perdón.

 

De este modo, Pablo, que había sido más bien duro y severo con Marcos, al final se vuelve a encontrar con él. En las últimas cartas de san Pablo, a Filemón y en la segunda a Timoteo, Marcos aparece precisamente como "mi colaborador". Por consiguiente, lo que nos hace santos no es el no habernos equivocado nunca, sino la capacidad de perdón y reconciliación. Y todos podemos aprender este camino de santidad.

 

En todo caso, Bernabé, con Juan Marcos, se dirigió a Chipre (cf. Hch 15, 39) alrededor del año 49. A partir de entonces se pierden sus huellas. Tertuliano le atribuye la carta a los Hebreos, lo cual es verosímil, pues, siendo de la tribu de Leví, Bernabé podía estar interesado en el tema del sacerdocio. Y la carta a los Hebreos nos interpreta de manera extraordinaria el sacerdocio de Jesús.

 

Silas, otro compañero de Pablo, es la forma griega de un nombre hebreo (quizá "sheal", "pedir", "invocar", que tiene la misma raíz del nombre "Saulo"), del que procede también la forma latinizada Silvano. El nombre Silas sólo está testimoniado en el libro de los Hechos de los Apóstoles, mientras que Silvano sólo aparece en las cartas de san Pablo. Era un judío de Jerusalén, uno de los primeros en hacerse cristiano, y en aquella Iglesia gozaba de gran estima (cf. Hch 15, 22), al ser considerado profeta (cf. Hch 15, 32). Fue encargado de llevar "a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia" (Hch 15, 23) las decisiones tomadas por el concilio de Jerusalén y de explicarlas. Evidentemente pensaban que era capaz de realizar una especie de mediación entre Jerusalén y Antioquía, entre judeocristianos y cristianos de origen pagano, y así servir a la unidad de la Iglesia en la diversidad de ritos y de orígenes.

 

Cuando Pablo se separó de Bernabé, tomó precisamente a Silas como nuevo compañero de viaje (cf. Hch 15, 40). Con Pablo llegó a Macedonia (a las ciudades de Filipos, Tesalónica y Berea), donde se detuvo, mientras que Pablo continuó hacia Atenas y después a Corinto. Silas se unió a él en Corinto, donde colaboró en la predicación del Evangelio; de hecho, en la segunda carta dirigida por san Pablo a esa Iglesia se habla de "Cristo Jesús, a quien os predicamos Silvano, Timoteo y yo" (2 Co 1, 19). De este modo se explica por qué aparece como coautor, junto a san Pablo y a Timoteo, de las dos cartas a los Tesalonicenses.

 

También esto me parece importante. San Pablo no actúa como un "solista", como un individuo aislado, sino junto con estos colaboradores en el "nosotros" de la Iglesia. Este "yo" de Pablo no es un "yo" aislado, sino un "yo" en el "nosotros" de la Iglesia, en el "nosotros" de la fe apostólica. Y Silvano es mencionado también al final de la primera carta de san Pedro, donde se lee: "Por medio de Silvano, a quien tengo por hermano fiel, os he escrito brevemente" (1 P 5, 12). Así vemos también la comunión de los Apóstoles. Silvano sirve a Pablo y sirve a Pedro, porque la Iglesia es una y el anuncio misionero es único.

 

El tercer compañero de san Pablo que hoy queremos recordar se llama Apolo, probable abreviación de Apolonio o Apolodoro. A pesar de su nombre de origen pagano, él era un judío fervoroso de Alejandría de Egipto. San Lucas, en el libro de los Hechos de los Apóstoles, lo define "hombre elocuente, que dominaba las Escrituras, con fervor de espíritu" (Hch 18, 24-25).

 

La entrada de Apolo en el escenario de la primera evangelización tuvo lugar en la ciudad de Éfeso: había viajado allí para predicar y allí tuvo la suerte de encontrarse con los esposos cristianos Priscila y Áquila (cf. Hch 18, 26), que le ayudaron a conocer más completamente "el camino de Dios" (cf. Hch 18, 26). De Éfeso pasó por Acaya hasta llegar a la ciudad de Corinto: allí llegó con el apoyo de una carta de los cristianos de Éfeso, los cuales pedían a los corintios que le dieran una buena acogida (cf. Hch 18, 27). En Corinto, como escribe san Lucas, "con la ayuda de la gracia, contribuyó mucho al provecho de los creyentes; pues refutaba vigorosamente en público a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús es el Cristo" (Hch 18, 27-28), el Mesías.

 

Su éxito en aquella ciudad originó una situación problemática, pues algunos miembros de aquella Iglesia, fascinados por su manera de hablar, en su nombre se oponían a los demás (cf. 1 Co 1, 12; 3, 4-6; 4, 6). San Pablo, en la primera carta a los Corintios, expresa su aprecio por la obra de Apolo, pero reprocha a los corintios que desgarraban el Cuerpo de Cristo, separándose en facciones contrapuestas.

 

San Pablo saca una importante lección de lo sucedido: tanto yo como Apolo —dice—, no somos más que diakonoi, es decir, simples ministros, a través de los cuales habéis llegado a la fe (cf. 1 Co 3, 5). Cada uno tiene una tarea diferente en el campo del Señor: "Yo planté, Apolo regó; mas fue Dios quien dio el crecimiento..., ya que somos colaboradores de Dios y vosotros, campo de Dios, edificación de Dios" (1 Co 3, 6-9). Al regresar a Éfeso, Apolo resistió a la invitación de san Pablo a regresar inmediatamente a Corinto, retrasando el viaje a una fecha sucesiva, que ignoramos (cf. 1 Co 16, 12). No tenemos más noticias suyas, aunque algunos expertos piensan que posiblemente es el autor de la carta a los Hebreos, que Tertuliano atribuye a san Bernabé.

 

Estos tres hombres brillan en el firmamento de los testigos del Evangelio por una característica común, además de por las características propias de cada uno. En común, además del origen judío, tienen la entrega a Jesucristo y al Evangelio, así como el hecho de que los tres fueron colaboradores del apóstol san Pablo. En esta misión evangelizadora original encontraron el sentido de su vida y de este modo se nos presentan como modelos luminosos de desinterés y generosidad.

 

Por último, pensemos una vez más en la frase de san Pablo: tanto Apolo como yo somos ministros de Jesús, cada uno a su manera, pues es Dios quien da el crecimiento. Esto vale también hoy para todos, tanto para el Papa como para los cardenales, los obispos, los sacerdotes y los laicos. Todos somos humildes ministros de Jesús. Servimos al Evangelio en la medida en que podemos, según nuestros dones, y pedimos a Dios que él haga crecer hoy su Evangelio, su Iglesia.

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Roma recuerda la Fe en la Eucaristía

Ernesto Juliá

En la conferencia que mencioné en el artículo anterior, Ratzinger se preguntaba donde residían especialmente las dificultades que entonces –1989- podían tener los católicos para reafirmar su Fe, y querer vivirla en la normalidad de sus vidas. La tercera y la cuarta de esas cuestiones eran las discusiones que estaban entonces creciendo en el seno de la Iglesia, en torno al “posible” acceso a los sacramentos de la Iglesia de los divorciados vueltos a casar; y a la “posible” ordenación sacerdotal de las mujeres. Dos cuestiones que afectaban directamente a la concepción sacramental de la Iglesia y a la Eucaristía.

Esas discusiones se han mantenido muy vivas a lo largo de los últimos años, y han seguido originado un cierto estado de desconcierto entre no pocos fieles católicos. Y en diferentes países, especialmente europeos.

Sobre la no ordenación de mujeres, Roma ha recordado hace pocas semanas que la cuestión estaba ya definitivamente resuelta. El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Luis Ladaria, en un escrito reciente recordó, y reafirmó, las palabras de Juan Pablo II en la carta apostólica Ordinatio sacerdotalis, del 22 de mayo e 1994. En ese documento, Juan Pablo II para eliminar “cualquier duda sobre una cuestión de tan gran importancia que tiene que ver con la misma divina constitución de la Iglesia” y “en virtud del ministerio de confirmar a los hermanos”, declaró que “la Iglesia no tiene de ninguna manera la facultad para conferir a las mujeres la ordenación sacerdotal y esta sentencia debe ser seguida definitivamente por todos los fieles de la Iglesia”.

Palabras claras y definitivas, reforzadas además por la afirmación del arzobispo Ladaria, de que esta verdad pertenece al depósito de la fe.

Los obispos alemanes han planteado la primera cuestión señalada por Ratzinger en otros términos con más posibles consecuencias doctrinales: admitir a la Comunión Eucarística a cristianos protestantes casados con fieles católicos.

No hubo acuerdo unánime en la reciente reunión de la Conferencia episcopal alemana que tomó esa decisión, y una minoría recurrió a Roma para que resolviera. La primera respuesta de Roma pudo ser interpretada –y de hecho lo fue- de maneras casi opuestas. Roma sencillamente aludió a la falta de unanimidad, para no entrar ahora en el problema, además de recordar que era una cuestión doctrinal que afectaba a toda la Iglesia, no sólo a los fieles alemanes.

La polémica siguió en pie; y Roma ha querido dar un paso más y tratar de poner un poco de luz en medio del desconcierto que estaba provocando la discusión libre de una cuestión semejante que implicaba la verdad de la Fe de la Iglesia en la Eucaristía, en la Presencia Real de Cristo en la Hostia Consagrada, y sobre las disposiciones de los fieles para recibir el sacramento del Cuerpo de Cristo.

En una carta del Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe al Presidente de la Conferencia Episcopal alemana, se dice:

“Nuestra conversación del 3 de mayo de 2018 mostró que el texto del subsidio plantea una serie de problemas de extraordinaria relevancia. Por eso el Santo Padre ha llegado a la conclusión que el documento no está maduro para ser publicado. Los motivos esenciales de esta decisión pueden resumirse como sigue:

“La cuestión de la admisión a la Comunión de los cristianos evangélicos en matrimonios interconfesionales es un tema que afecta a la fe de la Iglesia y tiene una relevancia para la Iglesia universal.

Esa cuestión tiene efectos sobre las relaciones ecuménicas con las otras Iglesias y con otras comunidades eclesiales que no hay que subestimar.

El tema remite al Derecho eclesial, sobre todo a la interpretación del canon 844 del Código de Derecho Canónico. Porque en algunos sectores de la Iglesia hay respecto a esto cuestiones abiertas, los competentes dicasterios de la Santa Sede ya se han encargado de producir una oportuna declaración de esas cuestiones a nivel de la Iglesia universal. En especial, parece oportuno dejar al obispo diocesano el juicio sobre la existencia de una "grave necesidad inminente".

La Fe en la Eucaristía, en la presencia real de Cristo en la Hostia Santa, es una Verdad asentada en el núcleo vital de la Iglesia. Verdad que la Iglesia ha anunciado desde sus orígenes y seguirá anunciando hasta el fin de los tiempos. Ya von Balthasar señaló en su momento que la banalización de la verdad de la Eucaristía impedía a los católicos seguir creciendo en la penetración de los misterios de la Verdad y del Amor de Dios.

Dejando sin valor alguno el documento preparado por obispos alemanes, Roma ha vuelto a recordar que la Fe en la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía es la clave de bóveda del sentido y tarea de la Iglesia. Si la clave se quita, o se banaliza, el edificio, se resquebraja, se derrumba porque pierde su sentido.            

ernesto.julia@gmail.com

 

DOS TIEMPOS PARA DECIDIR

Por René Mondragón

CONFLICTO EXISTENCIAL

Como siempre, mis extraordinariamente hermosas lectoras  y espléndidos lectores, hicieron llegar hasta la mesa de trabajo de este escribano, un par de joyas periodísticas que per se, adquieren un valor extraordinario, pero su amalgama potencia ambos contenidos.

La potenciación, en opinión del amanuense, radica en que de sendos escenarios proyectados puede deducirse una decisión tan importante como la que los mexicanos habremos de formular en los próximos días.

El conflicto existencial se centra en la respuesta a una pregunta: ¿Cuál es el México que queremos vivir, disfrutar, tener, caminar y amar para los siguientes años?

DOS VERTIENTES

Como en toda democracia, los mexicanos deambulamos por la retórica, las estadísticas, las promesas, los chismes y los cebollazos típicos de la política nacional. Pero al momento de encontrarnos en la casilla de votación, tendremos 20 segundos de libertad para votar y responsabilizarnos de esa decisión. El problema se encuentra, como dice el efebo hijo de mis entretelas: “¿Pa’ónde ápá?”

Los mexicanos de nuestro tiempo, ya no podemos comulgar con ruedas de molino; ya no es posible irnos con la finta de las fantasías, las ocurrencias, la demagogia o las promesas de que todo cambiará, para que todo siga exactamente igual.

PRIMER TIEMPO

Un primer elemento para decidir está en el análisis de los resultados que hoy tenemos y el lugar a donde llegamos. El aporte de entrada lo ofrece mi querido maestro Don Poncho Zárate -presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario (GCI)- en su obra más reciente “Análisis de un gobierno fallido”.

En el fondo, sostiene, el presidente Peña Nieto pertenece .en cuerpo y alma- a la facción priísta que agrupa iluminados bajo el dictum de Hank González: “Un político pobre, es un pobre político” Por eso, de esta divisa se han derivado todos y cada uno de los escándalos que usted y el escribano conocen. Por eso mismo, agrega don Poncho Zárate, "Los usos y costumbres del partidazo: el acarreo, las tortas, las matracas, las ofertas fantasiosas de millones de votos, la cargada"

Para emitir su diagnóstico el doctor Zárate traza un triple eje temático: violencia e inseguridad, altos índices de corrupción y el crecimiento económico raquítico y marginal.

Peña Nieto ofreció un gobierno en paz. Las cifras de homicidios, secuestros, asaltos, robos y extorsiones, dan un mentís a la administración de Peña Nieto.  Videgaray y su jefe ofrecieron crecimiento de un seis por ciento. No haberlo logrado, implica que entre 200 y 400 mil jóvenes estén fuera del mercado laboral. Y en el tema de corrupción, indica Zárate, la clase política que protege el sistema y se muestra como una camarilla voraz “que no tiene llenadera”. Como describe un alumno del escribano: “¿Por qué, si vamos tan bien como dice Peña, por qué todos nos sentimos tan mal”?

SEGUNDO TIEMPO

La segunda joya la ofrece mi querido Profe don Raymundo Riva Palacio cuando aborda el ideario-venganza del propietario de MORENA. El análisis resulta genial: El tabasqueño quiere  que México  crezca, que se acabe la pobreza, que deje de existir la corrupción y la impunidad. El ideario “es impecable” dice el maestro Riva Palacio, porque nadie en su sano juicio, podría oponerse a esos temas.

Como certeramente señala el Profe Riva Palacio, cuando el macuspano se presentó ante los CEOS de la industria mexicana que tienen influencia en el 29% del Producto Interno Bruto, que conforma un grupo de  37 empresarios dirigen la élite corporativa de 142 empresas y comparten mil 459 asientos en los Consejos de Administración, planteó un “proyecto de nación” de un lugar que dejó de existir en la década delos setenta.

El “Desarrollo Estabilizador”, el “Estado benefactor”, la economía central y estatizada, la sustitución de importaciones y el retorno a la fallida Alianza para la Producción, fracasada desde 1960 y que dejó en bancarrota a la hacienda pública, fueron la oferta y el plan de gobierno compartido por el tabasqueño. Las dudas no se aclararon y la incertidumbre, los extrañamientos y las cejas levantadas hicieron acto de presencia.

Los mexicanos de a pie, como el escribano, tenemos ya elementos para decidir el México que merecemos.

Podemos dar continuidad a la verborrea que tiene al país sumido en la ignorancia, la pobreza y la mediocridad; o podemos decidir regresar al nefasto y obsoleto pasado de estatismo, ocurrencias y del poder absoluto entregado a un solo hombre, como refiere el maestro Enrique Krauze.

Con todo y sus defectos –como cualquier democracia incipiente- es posible mirar hacia un futuro que ubica a México en otro nivel de cultura, de desarrollo espiritual y progreso material. Tendremos unos cuantos segundos, en la soledad de la casilla, para decidir qué país habremos de dejar a nuestros hijos. El asunto es libertad…eso es todo. El escribano se disculpa por el exceso de esta entrega.

 

EDUCACIÓN DIFERENCIADA O MIXTA
Ing. José Joaquín Camacho                      

Siglo 21, Guatemala sábado 9 junio 2018

    Recientemente la educación diferenciada ha recibido en España un fuerte apoyo  por  la sentencia emitida por el Tribunal Constitucional, que confirma definitivamente  su constitucionalidad.
    Porque estudios psicológicos, muestran actualmente como se debe tomar en cuenta la distinción entre los dos sexos para tener un correcto sistema de enseñanza, y paises como el Reino Unido, Alemania, Francia admiten esta opción e incluso la fomenta en sus sistemas públicos. Concretamente en Inglaterra siete de los diez primeros colegios del sistema público son de educación diferenciada.
Esto lo muestra un estudio de la Universidad de Madrid que da dos claras razones que explican el actual interés por la educación diferenciada. Una es la acumulación de pruebas sobre los distintos ritmos de desarrollo de cada sexo; la otra es la influencia en la escuela de un ambiente social erotizado que perturba la enseñanza sobre todo en los adolescentes, Y muestra abundantes estudios sobre los beneficios que reporta la educación diferenciada; cosa que, por lo demás, cualquier padre o madre ve de inmediato.
Tema interesante el de la educación separada según el sexo, que, como señalaba, en muchos lugares se plantea como una opción valiosísima. Y aclaraban que muchos expertos recomiendan hoy en día esa separación.
    Incluso hay lugares donde las autoridades señalaron que la enseñanza diferenciada es “una opción valiosa, porque los niños y las niñas tienen distintas formas de aprender”. Basándose en datos reales comprobaron que ambos sexos son capaces de llegar a los mismos conocimientos, lo que ocurre es que la forma de aprender es diferente y consecuentemente debe ser diferente su modo de educación. Igualmente en Francia, por las mismas fechas, señalaban que la coeducación es, en ocasiones, un obstáculo y planteaban la posibilidad de que también la escuela pública abriera clases separadas para ellas y ellos.
    Los partidarios de la educación diferenciada, ponen de relieve que es en la vida familiar donde se mezclan personas de uno y otro sexo, y donde verdaderamente  se aprende la sociabilidad.  Y que el ambiente actual reclama un ambiente escolar sereno, en el que pueda desarrollarse la peculiar vida afectiva de cada sexo; particularmente en la adolescencia, cuando se tienen a veces frustraciones y experiencias sexuales prematuras. Como índice, en escuelas mixtas hay más embarazos precoces.
Los padres deben poder decidir lo que consideran mejor para sus hijos, sin que el gobierno de turno decida por ellos. Y la educación separada pública y privada –aquí la polémica se centra en jóvenes de 12 a 18 años- es algo que los padres deben poder elegir. Y la razón es que es deseable un ambiente formativo sereno, en el que pueda desarrollarse la peculiar vida afectiva de cada sexo concretamente  en la adolescencia.

 
 

Hawking, el niño inglés y la estudiante panameña

ZETA, (MIGUEL ANTONIO ESPINO PERIGAULT).-

 En una de mis clases de ética de la comunicación en la facultad de comunicación social de la UP, durante el cruce de opiniones sobre el tema del aborto (que es tema de comunicación social), una joven estudiante tomó la palabra y nos ofreció el testimonio de su experiencia personal.

Dijo que al año de su matrimonio quedó en cinta; pero que la alegría producida por el esperado nacimiento se les tornó en tristeza y desesperación, a ella, a su esposo y a sus padres y familiares, al comprobarse que daría a luz a un niño discapacitado.

Para hacerle más dolorosa la situación, sus padres y su esposo le exigieron que abortara. Pero, ella no aceptó. El esposo amenazó con abandonarla si no abortaba.

Ella decidió seguir adelante con el embarazo y dar a luz a su hijo. El esposo decidió abandonarla. Pocos años después, como se esperaba, el niño moría en un lecho lleno de amor maternal. Había vencido la verdad de la mujer sobre la mujer inventada por las ideologías.

Se trata de una experiencia vivida por millones de mujeres, víctimas de incomprensión, hipocresía, engaño y manipulación ideológica.

En tales testimonios hallaremos consideraciones para la respuesta necesaria que ayude a la mujer a evitar el doloroso trauma del aborto.

La preservación de la vida humana debe ser política prioritaria en toda sociedad civilizada. Esta política debe atender las situaciones resultantes de los llamados “embarazos no deseados”, para que se completen satisfactoriamente. Con mayor razón ha de otorgársele toda la ayuda necesaria a los embarazos aceptados, con y sin dificultades.

Programas completos de asistencia social han de acoger a los niños que no puedan ser atendidos adecuadamente, antes y después del nacimiento deseado o no deseado.

La aceptación de niños con discapacidad es promovida, cada vez más, en todas partes del mundo civilizado, por asociaciones privadas y organizaciones religiosas; en apoyo a las familias y a las mujeres desamparadas. Los niños nacidos en desamparo o situaciones negativas, han de contar con el apoyo gubernamental necesario, que incluya escrupulosos programas y políticas se de adopción.

Abundan los ejemplos de madres que sacrifican la propia vida por la de sus hijos en peligro de muerte. Pero, esos casos no son noticia en la frívola prensa progresista. Millones de mujeres asumen la posición de nuestra estudiante.

También contamos en nuestro país con organizaciones privadas y religiosas que acogen a niños sanos abandonados, o con diversas discapacidades y ofrecen ayuda adecuada a sus madres necesitadas. Hay, también, intervenciones gubernamentales de asistencia. Pero, debe hacerse más.

 No olvidemos la labor desarrollada en este tema durante los gobiernos del presidente Chiari y, sobre todo, en tiempos del general Torrijos. Cuando también se ensayaron los primeros programas para niños superdotados: programas abandonados pocos años después.

Con relación a estos problemas, y para quienes lo quieran entender, el mundo ha recibido recientemente el más claro mensaje en defensa de la vida y, además, contra el aborto, la eutanasia y demás barbaridades. Dos casos relacionados con la vida humana y su valoración deben llevarnos a reflexionar.

Hace pocas semanas fallecieron, el famoso científico inglés, Stephen Hawking (8-01-42/14-03-18)y el niño de dos años, también inglés y, hasta entonces desconocido, Alfie Evans, a quien se le asesinó por orden de un juez, en cumplimiento de la eutanasia, hipócritamente llamada “muerte digna”, infanticidio que es legal y potestad del estado en el Reino Unido.

Hawking, era un cerebro brillante en un cuerpo destruido por la cruel enfermedad Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), que lo afectó a sus 21 años de edad, en el inicio de su carrera. La ELA debió causarle la muerte en pocos años, pero sobrevivió durante 55 años más, contra toda expectativa científica, mientras su cuerpo se deterioraba gradualmente, hasta dejarlo inválido y sin capacidad de hablar. Pero, esto no le impidió realizar una extraordinaria carrera de investigación científica sobre los misterios dl cosmos, principalmente el de los “agujeros negros”. Lo movía su extraordinaria voluntad de vivir y de descubrir la verdad de del universo.

El otro caso es el del niño Alfie Evans, quien, al igual que Hawking sobrevivía, inexplicablemente, a una penosa enfermedad. Pero, contrariamente a como sucedió en tiempos del joven Hawking, cuando la eutanasia no era signo de progreso o avance cultural, el niño Evans fue sacrificado por recomendación de los médicos anti vida y la decisión de un juez identificado con la ideología de género y prominente figura dela revolución cultural LGBT (homosexual). Médicos y un juez que desestimaron el deseo expresado por los padres del niño de luchar por la vida de su pequeño o de verlo morir en sus brazos.

No valieron las intervenciones, ni del Papa Francisco ni de grandes líderes políticos mundiales, quienes le ofrecieron al gobierno inglés atención médica al niño Evans.

Si Stephen Hawking, al declarársele la terrible enfermedad hubiera caído, en su tiempo, en las nanos de médicos y jueces como los que dejaron morir al niño Evans, la humanidad habría perdido, entonces, a un gran científico. Y, aunque del niño Evans nunca sabremos lo que hubiera sido como adulto, basta pensar que era un ser humano con derecho a vivir, obra de Dios, más maravillosa que las estudiadas por Hawking en el cosmos.

Podemos entender, ahora, el valor de la entrega amorosa al hijo amado, sacrificio personal, de nuestra recordada alumna de comunicación social.

espinomiguel21@gmail.com

 

 

ESTO VI DEL EVANGELIO

Leo J. Mart.

Sobre el Niño perdido y hallado en el templo. Lucas (2,41-51)

Siguiendo el consejo de san Josemaría de vivir los relatos evangélicos como un personaje más, representados como en una película, donde tú eres actor, esto fue lo que viví.

No se trata de leer, se trata de vivir con Jesús, María y José, la vida de los tres. Seguramente que en esta vivencia, acompañada por la loca imaginación habrá mucho de cordura, de actualidad y realismo, porque Dios se encarga de enriquecer la imaginación para mostrarnos la vida de Jesús.

La película comenzó así:

Salió el niño huérfano, de una edad aproximada de seis años, a la fiesta anual como era la costumbre. En el camino se encontró a una bella familia, Jesús, María y José, que se dirigían al mismo sitio. María le preguntó al niño por sus padres. El niño respondió: - Soy huérfano, no tengo padre ni madre.

María, conmovida,  le dijo al niño: - Si quieres puedes venir con nosotros, a adorar a Dios al templo, y entonces te protegeremos. Jesús será tu hermano, José será tu padre y Yo seré tu Madre. ¿Aceptas? El niño sorprendido, con mirada de desconfianza y a la vez de gran alegría, dijo: - ¡Acepto¡

Jesús no se detuvo en el diálogo. Siguió adelante caminando a paso rápido. El niño corrió a alcanzarlo al saber que era su hermano. Jesús al verlo caminar al lado suyo, no le dirigió palabra alguna, simplemente lo miró y le sonrió con un gesto complacido. Es el lenguaje de los niños, entre ellos no hay palabras sino gestos de ternura y de amor y en algunas ocasiones de rechazo.

El niño con este primer encuentro con Jesús, ya aprendió grandes lecciones de parte de su hermano mayor: cuando se camina no puedes cesar de caminar, porque si paras te congelas –como decía aquel aviador que cayó sobre la nieve-,  si paras de caminar se te enfrían los músculos y ya no puedes avanzar más. Cunado caminas no se habla, porque pierdes fuerzas, simplemente avanza.

 

JESÚS SE NOS PERDIÓ. Lucas (2,41-51)

Jesús tenía una gran habilidad para salirse con las suyas sin que los demás se dieran cuenta. Lo cierto del caso es que cuando terminó todo en el templo salimos de regreso. Pero Jesús se quedó en Jerusalén sin que nos diéramos cuenta. Habíamos avanzado un poco cuando María pegó un grito y mirándome a mí, dijo: - ¡Mi Hijo¡ ¿Dónde está Jesús? María llegó a pesar que como yo al conocer a Jesús ya no me separaba de Él, debería saber dónde se hallaba. La verdad es que el niño que andaba con Jesús, de un momento a otro lo perdió sin el querer.

Pensamos que Jesús, que anda tan rápido, se había ido adelante con los de otras caravanas. Comenzó entonces una intensa búsqueda que duró por espacio de tres días. No habíamos probado ningún bocado ni tomado un vaso de agua. Cundo uno siente dolor no siente hambre. María caminaba como a tientas, sostenida de su brazo por los brazos fuertes de José.

Al final de tres días de angustiosa búsqueda, se le ocurrió a José decir: - ¡Regresemos a la ciudad, vamos al templo¡ Pensé para mí con la con la lógica suspicacia de un niño: - ¡no lo hemos podido encontrar en la ciudad, mucho menos en el templo¡ Pero obedecí.

Entramos al templo y allí encontramos a Jesús rodeado de una gran cantidad de ancianos sabios que lo escuchaban complacidos. Nosotros quedamos atónitos. María al ver a su Hijo desde lejos, se llevó la mano al corazón e hizo un gesto de descanso. Pero se le notaba también en su rostro algo de molestia con Jesús, al no habernos avisado y hacernos pasar tamaño susto innecesario, cuando nos podía haber avisado y evitarnos este terrible y angustioso sufrimiento (pensé yo)

María interrumpió los discursos de Jesús y en medio de los ancianos le hizo el reclamo, mostrando cierto enojo: - Hijo, ¿Por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te hemos buscado por tres días angustiados. Los niños que repiten lo que dicen los adultos, le repetí a Jesús lo mismo que le dijo su Madre.

Me llamó poderosamente la desconcertante respuesta de Jesús:

 « ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»
Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. La verdad es que en ese momento tampoco entendí nada, pero con el paso del tiempo comprendí que Jesús hizo sufrir por tres días a sus padres para enseñarnos a los hijos, que primero está el Padre del Reino de los cielos, que los padres de la tierra. En el camino de regreso le dije a Jesús: - Jesús, que nunca más te pierda; pero si tengo la desgracia de perderte, ya sé dónde encontrarte, en el tempo, en compañía de María y de José.

leojmart@gmail.com

 

 

Océanos amenazados por depredación humana

Escribe: ALFREDO PALACIOS DONGO

Ver mi blog  www.planteamientosperu.com

El día de ayer, 8 de junio, se conmemoró el Día Mundial de los Océanos instaurado en 2009 por la Asamblea General de la ONU (Resolución 63/111), sin embargo, después de 9 años constatamos la grave situación de desprotección y descuido de los mares del mundo por actividades depredadoras humanas que impactan sus ecosistemas, tales como, uso de prácticas destructivas contaminantes, emisiones de gases nocivos, extracción irracional de todo tipo de especies por pesca ilegal, pesca de arrastre por flotas industriales y pesca de ejemplares juveniles que no alcanzan su potencial productivo afectando su continuidad.

La contaminación oceánica es muy grave por vertido de desperdicios, basura, petróleo, sustancias y productos químicos nocivos y residuos radiactivos procedentes de fuentes terrestres o de buques en alta mar. Anualmente en el mundo se producen 260 millones de toneladas de plástico, material que constituye el 90% del total de basura flotante en los océanos siendo acarreada por las corrientes hasta remotos rincones del planeta, estos restos matan alrededor de un millón de aves y cien mil mamíferos marinos, y además, se van desintegrando en cientos de años en microplástico siendo consumido por peces que luego pasan a la alimentación humana.

Tampoco se reflexiona sobre el efecto invernadero y emisiones de dióxido de carbono (CO2) que incrementan en 30% el nivel de acidez oceánica del planeta ocasionando grave impacto en la supervivencia de los ecosistemas marinos, alterando las cadenas alimenticias (plancton-peces-animales marinos), afectando la productividad oceánica y amenazando la supervivencia de muchas especies marinas, además, el derretimiento glaciar afecta la reproducción del krill (crustáceo sustantivo en la composición del plancton) deprimiendo el primer peldaño de la pirámide alimenticia marina.

Bajo este panorama, los océanos cubren 70% de espacio acuático de la superficie terrestre, regulan el clima y nos brindan ecosistemas e inmensos recursos, sin embargo, su degradación se acelera, por lo que es indispensable incrementar su protección para ayudar a sobrevivir de estas graves amenazas al ambiente marino y su ecosistema. Solo en el océano Pacífico existe una isla de basura que contiene 1.8 billones de piezas de plástico, Y en nuestro país tenemos graves elementos contaminantes ilegales y clandestinos como botaderos y colectores, desagües y vertederos mineros e industriales que ocasionan grave contaminación de nuestro mar y fauna marina la cual se incrementa por falta de control, mala gestión de residuos sólidos y líquidos, y falta de conciencia y educación ambiental ciudadana.

 

 

La eutanasia

La Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida ha publicado una nota ante las iniciativas legislativas sobre la eutanasia y el suicidio asistido. Recuerdo que la Iglesia ha considerado siempre la eutanasia como un mal moral y un atentado a la dignidad de la persona, y los obispos recuerdan ahora que no existe un derecho a disponer arbitrariamente de la propia vida, y que no es posible entender la eutanasia y el suicidio asistido como algo que se refiera exclusivamente a la autonomía del individuo, ya que implican la participación de otros, en este caso, del personal sanitario. Me parece conveniente que en estos días en los que Portugal ha rechazado legalizar la eutanasia lo tengamos muy en cuenta.

Juan García.

 

 

Para proteger la libertad y la paz

El nuevo proyecto europeo debe ser creíble conforme a sus raíces, auténticamente comunitario e integrador. Y España, ha declarado Tajani, puede contribuir a su fortalecimiento, como también deben hacerlo el resto de los países de la Unión. Una Europa fuerte es una garantía de libertad y de paz, el único modo en que nuestros países pueden tener peso específico en el complejo e inquietante panorama internacional. Del mismo modo, solo una Europa unida, socialmente viva e institucionalmente fuerte podrá seguir defendiendo de manera activa el Estado de Derecho y los Derechos Humanos más allá de sus fronteras. Esperemos a ver qué pasa con Italia y cómo evolucionará el nuevo gobierno español y en sí u en sus relaciones con los nacionalistas.

Jesús D Mez Madrid

Impacta de forma directa en la negociación europea

Una vez más, al campo español parece que le toca pagar los platos rotos de otros. La presentación de una moción de censura a Mariano Rajoy por parte del PSOE va a impactar de forma directa en la negociación de la PAC, hasta el punto de que el 1 de junio, el mismo día que se empieza a negociar la Política Agrícola Común en Bruselas, la ministra Isabel García Tejerina tuvu que estar en el Congreso votando en contra de esa moción de censura.

Sin entrar a valorar si la decisión socialista es buena o mala, adecuada en el tiempo o no, o si se han calibrado todas las consecuencias, porque para esto cada cual puede tener su legítima y válida opinión, lo cierto es que esta moción de censura va a tener mucha repercusión en el campo español y en la PAC.

Primero porque con el cambio de Gobierno, los planteamientos que se podrán defender pueden ser otros. Desde hace semanas, y tal y como se vio recientemente en el Senado, donde todo el mundo hablaba de unidad pero nadie se ponía de acuerdo en nada, ningún partido estaba contento con la política de la ministra y todos abogan por evitar los recortes anunciados. Pero una cosa es dejar clara una postura sentado en el banquillo de la oposición y otra, muy distinta, lograr sacarla adelante sentado en la mesa de negociación de Bruselas.  Además, habría que pensar en un ministro de Agricultura que tuviera experiencia no solo en el sector, sino en Europa.

Si el panorama previsto ya era complicado, todo hace indicar que ahora lo será mucho más. Y el verdadero problema es que no se está negociando algo puntual, sino el futuro de las ayudas a agricultores y ganaderos de los próximos años.

Domingo Martínez Madrid

 

1600 MILLONES, 8000 MILLONES Y…?

 

                                Me refiero a habitantes en este minúsculo planeta en que habitamos y, a esta “barbaridad de bichos humanos, autodestructivos para sí mismos como para la tierra madre que les dio vida y los mantiene en ella”.

                                La primera cifra es la que según se publica era la población  planetaria que ocupaba la “tierra poblada”, en el principio del “maldito” siglo veinte; y la segunda, es la que según datos últimos, ocupamos ya “la plaga de humanos que aún vivimos o malvivimos sobre la corteza terrestre”; lo que hace reflexionar, o al menos a mí me lo hace, puesto que yo nací en fechas catastróficas y que hacían preludio a otras mucho más devastadoras; puesto que me pare mi madre en un calurosísimo mes de agosto de 1938 y en plena guerra civil española; y un mes después se inicia la que está catalogada como la peor y más destructivas de las guerras planetarias, o sea la conocida como II Guerra Mundial; la que en realidad no llegó a terminar nunca y a la historia me remito, puesto que no hay nada más que recorrerla de forma ligera para comprobar que la guerra en el mundo no paró, ni se detiene hasta este mismo instante en que hoy escribo, puesto que en muchos lugares se sigue masacrando inocentes; eso sí, “uniformes tan pocos que ni merece la pena nombrarlos”.

                                Pues bien; pese a estas catástrofes mundiales, a las muchas enfermedades mortales, que entonces había; a las infinitas guerras intestinas o sectoriales, a las drogas, al alcohol, las continuas catástrofes humanas debidas a tantos factores que no necesito reflejar por lo conocidos, resulta –reitero- que por cada uno de los terrícolas vivos en el año 1900, hoy estamos cinco  en el planeta; así es que de seguir este mismo ritmo, no me quiero ni hacer una idea de lo que puede ocurrir aquí, sólo transcurridos otros cincuenta años de… “paz y progreso”, que dicen los inútiles políticos que nos han mangoneado hasta aquí; y que como los otros anteriores, se limitaron a depredar (robar) todos cuantos recursos materiales pudieron y a organizar “matanzas más o menos abundantes y premeditadas, o dirigidas a arreglar este pobre mundo en el que sin embargo, han ido creando cada vez más problemas insolubles y en ello seguimos o nos tienen”.

                                Aunque visto todo ello bajo otro prisma o faceta mucho más humana y comprensiva, hay que tenerles lástima o compasión, simplemente por aquello tan sabio que afirma que… “era tan pobre tan pobre que sólo tenía dinero”.

                                El mundo ha cambiado, sí y mucho; pero me pregunto, ¿en qué ha mejorado el conjunto de seres humanos? Antes, y por ejemplo, “unas pocas tribus de beduinos”, propietarios de unos pocos rebaños de cabras y algunos otros de dromedarios (que no camellos) amén de unos grandes desiertos improductivos de casi todo; pero que ricos en hidrocarburos, que hoy son “el motor del mundo dicen que civilizado”; y con la imprescindible ayuda del mundo del dinero y de la industria moderna, los han hecho tan ricos en dinero, que ya se pueden comprar “todo lo que quieran del planeta”; y que por ello les hace de los más poderosos de esta “mierda de planeta” (sí he dicho mierda y no es la primera vez que lo califico así, por lo que seguiré calificándolo de igual manera siempre que me venga a cuento) que les rinde sumisión, no solo “a sus chilabas”, sino incluso a “sus dioses y profetas”, por lo que estamos viendo que ocurre en ese mundo musulmán que tanto “jaleo” arma en el otro mundo, al que indudablemente, “quieren para ellos y que todos recemos inclinados hasta el suelo, mirando a sus santos lugares”.

                                En fin y termino hoy: Y como pueden notar, salgo muy optimista de mi estancia de cuatro días, en un hospital, en el que debido a mi retención de líquidos, me han hecho “mear” tanto, que en ellos he perdido, doce kilos de peso; lo que me libera de muchas cosas que me iban “matando”, pero que me condenan a una asistencia diaria de diuréticos que al menos me van a hacer “la vida tan entretenida”, como es el estar siempre cerca de “un orinal y su correspondiente aseo”, o sea una delicia, “de vida planetaria en este pequeño sistema solar”.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes