Las Noticias de hoy 1 Julio 2021

Enviado por adminideas el Jue, 01/07/2021 - 12:19

La amistad es el más bonito de los rega

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 01 de julio de 2021   

Indice:

ROME REPORTS

Francisco: "Dejemos que Dios transforme nuestra existencia con el Evangelio"

Rezar con Francisco por la paz en el Líbano

Los 3 consejos del Papa para una economía social exitosa

EL VALOR INFINITO DE LA MISA : Francisco Fernandez Carbajal

Evangelio del jueves: tus pecados te son perdonados

"Quiso experimentar la fatiga y el cansancio"  San Josemaria

La oración cristiana, explicada por el Papa Francisco y Benedicto XVI : José Manuel Martín Q.

Muy humanos, muy divinos (IV): Nosotros, el hábitat de las virtudes : José Manuel Antuña

Las carreras de Dios : Diego Zalbidea

Ante la OIT el papa Francisco aboga por un trabajo verdadera y esencialmente humano : Salvador Bernal

Vidas sin “utilidad pública” : Juan Moya

La sombra del padre : Mario Arroyo.

Contra el padre, contra los hijos : Salvador I. Reding V.disminuir el tamaño de la fuente 

Involúcrate en la Educación Escolar : Sheila Morataya

Ideología de género: Primer blanco, la Familia : Oscar Alzamora Revoredo

Sin familias no hay futuro : JD Mez Madrid

Solo desde su dignidad originaria : Domingo Martínez Madrid

“No se mueve la Iglesia por ninguna ambición terrena” : Jesús D Mez Madrid

De Estados Unidos a Europa : José Morales Martín

Las muchas guerras civiles en España : Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Francisco: "Dejemos que Dios transforme nuestra existencia con el Evangelio"

Reflexionando sobre la carta de San Pablo a los Gálatas, la cual aborda en profundidad los conflictos que atravesaban las comunidades cristianas de aquella época, el Papa explicó en su catequesis de hoy, la importancia de "volar alto" hacia lo esencial de las cosas, en busca de la verdad y la libertad que caracteriza a los cristianos. "Dejémonos conducir por esta conciencia: la gracia de Dios transforma nuestra existencia y la hace digna de ser puesta al servicio del Evangelio", dijo Francisco.

 

Sofía Lobos - Ciudad del Vaticano

La mañana del miércoles 30 de junio el Papa Francisco celebró la última Audiencia General del mes y su respectiva catequesis centrada en la Carta de San Pablo a los Gálatas en la que se refleja que los cristianos de aquella época se encuentran en conflicto sobre cómo vivir la fe.

 

 

29/06/2021Papa: "Como Pedro y Pablo, experimentemos nuestra liberación con Cristo"

En este contexto, el Santo Padre explica que el apóstol empieza a escribir su Carta recordándoles las relaciones pasadas, "el malestar por la distancia y el amor inmutable que tiene por cada uno de ellos" y hace hincapié en que Pablo se preocupa porque la comunidad siga el camino correcto, comportándose como un padre que tiene una intención muy clara: "reafirmar la novedad del Evangelio, que los Gálatas han recibido de su predicación, para construir la verdadera identidad sobre la que fundar la propia existencia".

San Pablo: verdadero apóstol por la "llamada de Dios"

En este contexto, el Pontífice señala que el apóstol “vuela alto” y a través de esta carta, nos indica también a nosotros cómo comportarnos cuando se crean conflictos dentro de la comunidad eclesial, sin detenerse en la superficialidad de los problemas, sino más bien, profundizando en la raíz de ellos, porque "lo que está en juego es la verdad del Evangelio y la libertad de los cristianos, que es parte integrante del mismo".

Asimismo, Francisco destaca que en primer lugar, Pablo se siente en el deber de recordar a los Gálatas que es un verdadero apóstol "no por mérito propio", sino por la llamada de Dios.

“Él mismo cuenta la historia de su vocación y conversión, que coincide con la aparición de Cristo Resucitado durante el viaje hacia Damasco (cfr Hch 9,1-9). «Encarnizadamente perseguía a la Iglesia de Dios y la devastaba, y cómo sobrepasaba en el Judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, superándoles en el celo por las tradiciones de mis padres» (Gal 1,13-14)”

Dejar que nuestras vidas sean transfromadas

Igualmente, el Papa señala que es fundamental dejar que nuestras vidas sean transformadas por la mano de Dios, tal y como argumenta el apóstol en su carta, subrayando, por un lado, que había perseguido ferozmente a la Iglesia, había sido un «blasfemo, un perseguidor y un insolente» (1 Tm 1,13); y por otro, evidenciando la misericordia de Dios con él, que le lleva a vivir una transformación radical, bien conocida por todos:

“Es como si quisiera decir a los gálatas que él podría ser de todo menos apóstol. Había sido educado desde niño para ser un irreprensible observador de la ley mosaica, y las circunstancias le habían llevado a combatir los discípulos de Cristo. Sin embargo, sucedió algo inesperado: Dios, con su gracia, le había revelado a su Hijo muerto y resucitado, para que él se convirtiera en anunciador en medio de los paganos (cfr Gal 1,15-6)”

"¡Los caminos del Señor son inescrutables!"

Es por ello que el Santo Padre destaca el misterio con el que Dios actúa y marca, a través de un encuentro, la existencia de quienes abren sus corazones para Él. 

"¡Los caminos del Señor son inescrutables! Lo tocamos con la mano cada día, pero sobre todo si pensamos en los momentos en los que el Señor nos ha llamado!",afirma Francisco indicando que nunca debemos olvidar el tiempo y la forma en la que Dios ha entrado en nuestra vida:

“Tener fijo en el corazón y en la mente ese encuentro con la gracia, cuando Dios ha cambiado nuestra existencia. Cuántas veces, delante de las grandes obras del Señor, surge de forma espontánea la pregunta: ¿cómo es posible que Dios se sirva de un pecador, de una persona frágil y débil, para realizar su voluntad? Sin embargo, no hay nada casual, porque todo ha sido preparado en el diseño de Dios. Él teje nuestra historia y, si nosotros correspondemos con confianza a su plan de salvación, nos damos cuenta”

La llamada conlleva siempre una misión

El Papa finalizó su alocución puntualizando que la llamada del Creador conlleva siempre una misión a la que estamos destinados; por esto se nos pide que nos preparemos con seriedad, sabiendo que es Dios mismo quien nos envía y nos sostiene con su gracia: "Dejémonos conducir por esta conciencia: su gracia transforma la existencia y la hace digna de ser puesta al servicio del Evangelio", concluyó.

 

29/06/2021Santos Pedro y Pablo, conversión y martirio. El último Miguel Ángel

A continuación compartimos el texto integral de la síntesis del la catequesis del Papa pronunciada en español:

Queridos hermanos y hermanas:

Seguimos nuestras consideraciones sobre la Carta a los Gálatas. San Pablo escribe a los cristianos de Galacia con la preocupación de un padre, consciente de que están en conflicto sobre el modo de vivir la fe. Para ayudarlos, el Apóstol, profundo conocedor del misterio de Cristo, no se queda en la superficie sino que va a lo esencial: les recuerda sus orígenes, cuando recibieron el Evangelio por medio de su predicación y conocieron al Señor, el único da la vida verdadera.

Pablo también les comparte su propio testimonio, recordando la historia de su vocación y de su conversión. Quiere dejar en claro que Dios no lo llamó porque él lo mereciera, sino por pura gratuidad y misericordia. El Apóstol también describe con elocuencia el contraste de su vida, en la que pasó de ser perseguidor de los cristianos a convertirse en discípulo de Jesucristo. Dios lo llamó por medio de su gracia y le reveló a su Hijo, dándole la misión de anunciarlo a todas las gentes. 

Al final de la Carta se explicita que el núcleo de la discusión entre los gálatas era la circuncisión, es decir, la principal tradición judía. Pero Pablo ahonda más en la cuestión, porque se da cuenta que lo que verdaderamente está en juego no es un asunto secundario, sino la verdad del Evangelio y la libertad de los cristianos. El Apóstol nos enseña también a nosotros a “volar alto” y nos indica cómo comportarnos cuando surgen problemas en la comunidad eclesial.

***********************

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. Pidamos al Señor que nos ayude a tener presente su paso en nuestra vida y a responder con disponibilidad y confianza a la vocación recibida, sabiendo que es Él mismo quien que nos llama, nos sostiene con su gracia y nos envía a los hermanos. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

 

Rezar con Francisco por la paz en el Líbano

En el Vaticano, el Papa se reunió con representantes de las comunidades cristianas del País de los Cedros para una jornada de reflexión sobre la preocupante situación libanesa y para rezar juntos por el don de la paz y la estabilidad. A lo largo de su pontificado, el Pontífice ha lanzado, en varias ocasiones, sentidos llamamientos por este querido país.

 

Amedeo Lomonaco - Ciudad del Vaticano

El Líbano, desgarrado, lleva casi un año sin gobierno, desde que el Primer Ministro Hassan Diab dimitió tras la devastadora explosión que sacudió la zona portuaria de Beirut el pasado 4 de agosto. La jornada del 1 de julio pretende reavivar las luces de la esperanza en este país afligido desde hace varios años por una grave crisis económica y financiera.

Más de la mitad de la población libanesa vive por debajo del umbral de la pobreza y la mayoría de los libaneses han visto reducido su poder adquisitivo. Según las estimaciones de la ONU, la tasa de pobreza aumentará al 55% en 2020. El porcentaje de libaneses que viven en la extrema pobreza ha pasado del 8% al 23%. Según el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, el 41% de la población tiene difícil acceso a los alimentos y a las necesidades básicas. Según los datos facilitados por el Banco Mundial, se prevé que el producto interior bruto se contraiga un 9,5% a finales de 2021. La tasa de desempleo ha aumentado considerablemente y la pobreza galopante también ha afectado a la clase media. Dirigiendo su mirada hacia este atormentado país, el Papa Francisco, al final del Ángelus del 29 de junio, en la solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, lanzó un nuevo llamamiento invitando a rezar para que el País de los Cedros "se recupere de la grave crisis que atraviesa y vuelva a mostrar al mundo su rostro de paz y esperanza". En el Ángelus del pasado 30 de mayo también se produjo un importante anuncio. En esa ocasión, Francisco entrelazó sus palabras con los sufrimientos y las esperanzas del País de los Cedros.

El próximo 1 de julio me reuniré en el Vaticano con los principales líderes de las comunidades cristianas presentes en el Líbano, para una jornada de reflexión sobre la preocupante situación del país y para rezar juntos por el don de la paz y la estabilidad. Confío esta intención a la intercesión de la Madre de Dios, tan venerada en el Santuario de Harissa, y desde este momento os pido que acompañéis la preparación de este evento con la oración solidaria, invocando para ese querido país un futuro más sereno.

30/05/2021Francisco se reunirá con representantes cristianos del Líbano

Tras rezar la oración del Ángelus el Papa anunció que el 1 de julio se reunirá en el Vaticano con los principales líderes de las comunidades cristianas presentes en el Líbano, para ...

Una tierra de encuentro, convivencia y pluralismo

Como expresaron recientemente los obispos del Líbano al concluir el Sínodo de los Obispos de la Iglesia Maronita, la jornada de reflexión sobre la preocupante situación del Líbano puede contribuir a reafirmar la identidad de la Tierra de los Cedros como "modelo de libertad, democracia y convivencia cristiano-islámica, en el respeto del pluralismo". Una esperanza, la de los prelados libaneses, que enlaza con las palabras pronunciadas por el Papa Francisco el 4 de abril de 2021 con motivo del mensaje Urbi et Orbi para la Pascua.

Que el pueblo libanés, que atraviesa un período de dificultad e incertidumbre, experimente el consuelo del Señor resucitado y sea apoyado por la comunidad internacional en su vocación de ser una tierra de encuentro, convivencia y pluralismo.

La promesa de un viaje apostólico

La promesa de una visita al Líbano, hecha por el Papa Francisco en su conversación con los periodistas tras el viaje apostólico a Irak, fue acompañada, no sólo en el País de los Cedros, por sentimientos de emoción y esperanza. En la rueda de prensa del 8 de marzo de 2021 durante el vuelo de regreso, el Pontífice dijo estas palabras al responder a una pregunta sobre una posible e inminente visita:

El Papa. El Líbano es más que un equilibrio (8-03-2021)

El Líbano sufre, el Líbano es más que un equilibrio, tiene la debilidad de las diversidades, algunas aún no reconciliadas, pero tiene la fortaleza del gran pueblo reconciliado, como la fortaleza de los cedros. El Patriarca Raï me pidió que por favor hiciera una parada en Beirut en este viaje, pero me pareció poco. Una migaja ante un problema, de un país que sufre como el Líbano. Le escribí una carta, le prometí hacer un viaje. Pero el Líbano en este momento está en crisis, pero en crisis -no quiero ofender- en crisis de vida".

30/06/2021El Papa pide rezar en julio por la construcción del diálogo y la amistad social

El Santo Padre, a través de El Video del Papa, centra su mirada en el diálogo como “camino para mirar la realidad de una manera nueva, para vivir con pasión los desafíos de la ...

El Líbano mantiene su identidad

Fomentar la estabilidad en Líbano requiere "un renovado compromiso político nacional e internacional". Así lo subrayó Francisco el 8 de febrero de 2021, al reunirse con los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede. En esa ocasión, el Pontífice recordó que el país "atraviesa una crisis interna y corre el riesgo de perder su identidad y verse aún más involucrado en las tensiones regionales".

Es más necesario que nunca que el país mantenga su identidad única, también para garantizar un Oriente Medio plural, tolerante y diverso, en el que la presencia cristiana pueda ofrecer su contribución y no se vea reducida a una minoría que hay que proteger. Los cristianos constituyen el tejido conectivo histórico y social del Líbano y, a través de las numerosas obras educativas, sanitarias y caritativas, deben tener asegurada la posibilidad de seguir trabajando por el bien del país del que fueron fundadores. Al debilitar a la comunidad cristiana se corre el riesgo de destruir el equilibrio interno y la propia situación libanesa. La presencia de refugiados sirios y palestinos también debe tratarse desde esta perspectiva. Además, sin un proceso urgente de recuperación económica y reconstrucción, el país corre el riesgo de caer en la bancarrota, con la posible consecuencia de peligrosas derivas fundamentalistas. Por ello, es necesario que todos los dirigentes políticos y religiosos, dejando a un lado sus propios intereses, se comprometan con la búsqueda de la justicia y con la realización de verdaderas reformas por el bien de los ciudadanos, actuando de forma transparente y asumiendo la responsabilidad de sus actos.

En el camino de la reforma y la convivencia

En su mensaje Urbi et Orbi para la Navidad de 2020, el Papa expresó, en particular, su deseo de que "el Líbano pueda recorrer un camino de reformas".

Que la estrella que iluminó la noche de Navidad sea una guía y un estímulo para el pueblo libanés, para que, en las dificultades que atraviesa, con el apoyo de la comunidad internacional no pierda la esperanza. Que el Príncipe de la Paz ayude a los dirigentes del país a dejar de lado los intereses particulares y a comprometerse con seriedad, honestidad y transparencia para que el Líbano siga un camino de reformas y continúe con su vocación de libertad y convivencia pacífica.

Estas palabras vienen precedidas por las que el 24 de diciembre de 2020 Francisco dirigió en una carta a los libaneses con motivo de la Navidad. "Grande es mi dolor", dice la misiva del Papa, "al ver el sufrimiento y la angustia que sofocan el ingenio y la vivacidad innatos del País de los Cedros. Más aún, es doloroso ver secuestradas todas las más queridas esperanzas de vivir en paz y de seguir siendo para la historia y para el mundo un mensaje de libertad y un testimonio de buena convivencia; y yo, que con verdadero corazón participo, como lo hago en todas vuestras alegrías, también en todas vuestras penas, siento en el fondo de mi alma la gravedad de vuestras pérdidas, sobre todo cuando pienso en los muchos jóvenes que se ven privados de toda esperanza de un futuro mejor. Pero en este día de Navidad "el pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz", la luz que mitiga los temores e infunde a todos la esperanza en la certeza de que la Providencia no abandonará nunca al Líbano y sabrá convertir incluso este luto en algo bueno".

 

 

Los 3 consejos del Papa para una economía social exitosa

El Papa Francisco envía un video mensaje a la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (Argentina) con ocasión de su XXIV Encuentro Anual, coincidiendo con el centenario del nacimiento del siervo de Dios Enrique Shaw

 

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

“Pido a Enrique Shaw que los acompañe en este encuentro y que los haga progresar”. Bajo este deseo, el Papa Francisco ha iniciado su video mensaje dirigido a los miembros de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa Argentina. A ellos, les ha recordado que la mirada cristiana de la economía y de la sociedad “es distinta de la mirada pagana o de la mirada ideológica”, pues – dice – “es cristiana y nace del mensaje de Jesús, de las bienaventuranzas y de Mateo 25”.

En su mensaje explica la importancia de que “todos” construyan una comunidad justa, económicamente y socialmente: “sindicalistas y empresarios, trabajadores y dirigentes. Tenemos que ir por el camino de la economía social. Seamos realistas, la economía últimamente, en los últimos decenios, engendró las finanzas y las finanzas tienen el riesgo de terminar como la cadena de San Antonio, ¿no?, que creemos que hay mucho y al final no hay nada”. El Papa además advierte de la inflación de negocios mediáticos y pide volver a la economía de lo concreto: “Y lo concreto es la producción, el trabajo de todos, que no haya falta de trabajo, las familias, la patria, la sociedad”.

La economía debe ser social

Francisco lo dice claro: “En una sociedad donde haya un margen de pobreza muy grande, uno se tiene que preguntar cómo va la economía, si es justa, si es social o simplemente busca intereses personales”. Pues para el Papa lo esencial es que todos miremos por el bien común y se genere empleo, ¿como? “con las PIME” dice el Papa.

No esconder la plata en los paraísos fiscales

El Papa exhorta a “invertir en el bien común y no esconder la plata (dinero) en los paraísos fiscales”.  También a “saber invertir” y “no esconder”, pues – dice – “uno esconde cuando no tiene la conciencia limpia o cuando está rabioso. Cuando escondemos es porque algo está funcionando mal”. Por eso Francisco hace una fuerte petición: “Claridad, transparencia y producción” y como no, también pide “invertir” porque la inversión “es dar vida, es crear”.

Nunca traicionar la confianza

Por ultimo habla de la importancia de la “confianza social” para que la economía vaya viento en popa: A veces esos grandes acuerdos de grandes empresas o grandes inversores están todos alrededor de la mesa, después de horas hacen el acuerdo, lo firman, y en el momento que están brindando por el acuerdo éste que está del lado de la mesa con aquél que está allá hacen uno por debajo de la mesa. No, con confianza y nunca traicionar la confianza”.

 

EL VALOR INFINITO DE LA MISA

— El sacrificio de Isaac, imagen y figura del Sacrificio de Cristo en el Calvario. Valor infinito de la Misa.

— Adoración y acción de gracias.

— Expiación y propiciación por nuestros pecados; impetración de todo aquello que necesitamos.

I. Leemos en el libro del Génesis1 cómo Dios quiso probar la fe de Abrahán. Le había sido prometido que su descendencia sería como las estrellas del cielo. El Patriarca ve el paso del tiempo hasta llegar a una edad muy avanzada; y su mujer era estéril. Pero él siguió creyendo en la palabra de Dios.

Yahvé le había anunciado que tendría un hijo, y Abrahán lo creyó contra toda esperanza; cuando al fin vino al mundo lo llamó Isaac, y cuando, ya mayor, constituía el premio a su confianza, Dios, señor de la vida y de la muerte, le mandó que lo sacrificara: Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en uno de los montes que Yo te indicaré. Pero en el momento en que iba a sacrificar al hijo amado, el Ángel del Señor le detuvo. Y oyó el Patriarca estas palabras llenas de bendiciones sobreabundantes: Por haber hecho esto, por no haberte reservado a tu hijo, tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo serán bendecidos en tu descendencia, porque me has obedecido.

Los Padres de la Iglesia han visto en el sacrificio de Isaac un anuncio del sacrificio de Jesús. Isaac, el único hijo de Abrahán, el amado, cargado con la leña hacia el monte donde va a ser sacrificado, es figura de Cristo, el Unigénito del Padre, el Amado, que camina con la cruz a cuestas hacia el Calvario, donde se ofrece como sacrificio de valor infinito por todos los hombres.

En la Misa, después de la Consagración, el Canon Romano celebra la memoria de esta oblación de Abrahán, la entrega de su hijo. Él es nuestro «padre en la fe». Dirige tu mirada serena y bondadosa sobre esta ofrenda, decimos a Dios Padre: acéptala como aceptaste los dones del justo Abel, el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec...2.

La obediencia de Abrahán es la máxima expresión de su fe sin condiciones a Dios. Por eso, recobró de nuevo a Isaac y, después de haberlo ofrecido, lo recibió como un símbolo. Pensaba, en efecto, que Dios es poderoso para resucitar de entre los muertos; por eso lo recobró y fue como una imagen de lo venidero3.

Orígenes señala que el sacrificio de Isaac nos hace comprender mejor el misterio de la Redención. «El hecho de que Isaac llevara la leña para el holocausto es figura de Cristo que llevó su cruz a cuestas. Pero, al mismo tiempo, llevar la leña para el holocausto es tarea del sacerdote. Luego Isaac fue a la vez víctima y sacerdote (...). Cristo es al mismo tiempo Víctima y Sumo Sacerdote. Según el espíritu, en efecto, ofrece la víctima a su Padre; según la carne, Él mismo es ofrecido sobre el altar de la Cruz»4. Por eso, cada Misa tiene un valor infinito, inmenso, que nosotros no podemos comprender del todo: «alegra toda la corte celestial, alivia a las pobres almas del purgatorio, atrae sobre la tierra toda suerte de bendiciones, y da más gloria a Dios que todos los sufrimientos de los mártires juntos, que las penitencias de todos los santos, que todas las lágrimas por ellos derramadas desde el principio del mundo y todo lo que hagan hasta el fin de los siglos»5.

II. Aunque todos los actos de Cristo fueron redentores, existe, sin embargo, en su vida un acontecimiento singular que destaca sobre todos, y al que todos se dirigen: el momento en que la obediencia y el amor del Hijo ofrecieron al Padre un sacrificio sin medida, a causa de la dignidad de la Ofrenda y por el Sacerdote que la ofrecía. Y es Él quien permanece en la Misa como Sacerdote principal y Víctima realmente ofrecida y sacramentalmente inmolada.

En la Santa Misa, los frutos que miran inmediatamente a Dios, como la adoración y la acción de gracias, se producen siempre en su plenitud infinita, sin depender de nuestra atención, ni del fervor del sacerdote. En cada Misa se ofrecen infaliblemente a Dios una adoración, una reparación y una acción de gracias de valor sin límites, porque es Cristo mismo quien la ofrece y el que se ofrece. Por eso, es imposible adorar mejor a Dios, reconocer su dominio soberano sobre todas las cosas y sobre todos los hombres. Es la realización más acabada del precepto: Adorarás al Señor tu Dios y a Él solo servirás6.

Es imposible dar a Dios una reparación más perfecta por las faltas diariamente cometidas que ofreciendo y participando con devoción del Santo Sacrificio del Altar7. Es imposible agradecerle mejor los bienes recibidos que a través de la Santa Misa: Quid retribuam Domino pro omnibus quae retribuit mihi?... ¿Cómo retribuiré a Dios por todos los beneficios que ha tenido conmigo? Elevaré el cáliz de la salvación e invocaré el nombre del Señor8. Qué gran oportunidad para agradecer a Dios tantos bienes como recibimos..., pues a veces es posible que nos olvidemos de dar gracias a Dios por sus dones, tantos y tantos; puede sucedernos como a los leprosos curados por Jesús...

«La adoración, la reparación y la acción de gracias son efectos infalibles del sacrificio de la Misa que miran al mismo Dios»9, ya que es el mismo el que ofrece y se ofrece. ¡Qué honor tan grande el de los sacerdotes, al prestarle a Cristo la voz y las manos en el sacrificio eucarístico! ¡Qué grandeza la de los fieles de poder participar en tan gran Misterio!

«Dile al Señor que, en lo sucesivo, cada vez que celebres o asistas a la Santa Misa, y administres o recibas el Sacramento Eucarístico, lo harás con una fe grande, con un amor que queme, como si fuera la última vez de tu vida.

»—Y duélete, por tus negligencias pasadas»10.

III. En el monte Moria no fue sacrificado Isaac, el hijo único y amado de Abrahán; en el Calvario, Jesús padeció y murió por todos nosotros, pro peccatis, a causa de nuestros pecados. Este fruto de expiación y de propiciación alcanza también a las almas de quienes nos precedieron y que se purifican en el Purgatorio, esperando el traje de bodas11 para entrar en el Cielo.

El sacrificio eucarístico realiza, por sí mismo y por su propia virtud, el perdón de los pecados; «pero lo opera de una manera mediata... Por ejemplo, una persona que pida a Dios sin asistir al sacrificio la gracia de mudar de vida y de confesarse, la obtendrá solo en virtud de su fervor y de sus instancias...; pero si oye Misa con este fin es seguro que obtendrá este favor eficazmente con tal de que no oponga obstáculos a ello»12.

Jesucristo, al ofrecerse al Padre, pide por todos. Él vive para interceder por nosotros13. ¿Qué mejor momento encontraríamos que este de la Santa Misa para acercarnos a pedir lo que tanto necesitamos?

Cada Misa es ofrecida por la Iglesia entera, que suplica a su vez por todo el mundo. «Cada vez que se celebra una Misa es la sangre de la Cruz la que se derrama como lluvia sobre el mundo»14. Junto a la Iglesia, pedimos de modo particular por el Papa, el obispo diocesano, el propio prelado y todos los demás que, «fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica»15. Junto a este fruto general de la Misa, hay también un fruto especial, de diverso modo, para quienes participan en el Santo Sacrificio: quienes han procurado que se celebre; para el sacerdote hay un fruto especialísimo irrenunciable, puesto que depende de su voluntad meritoria el que se diga la Misa; participan de este fruto especial los acólitos, los cantores... y todo el pueblo santo que esté presente en el Sacrificio, cada uno según sus disposiciones: todos los circunstantes, cuya fe y entrega bien conoces... Por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos y ellos mismos te ofrecen este sacrificio de alabanza a ti, eterno Dios, vivo y verdadero16.

Además de los frutos de alabanza y de adoración a Dios, también produce la Santa Misa, de modo infinito e ilimitados en sí mismos, los frutos de remisión de nuestros pecados y de impetración de todo aquello que necesitamos, pero son finitos y limitados según nuestras disposiciones. Por eso es tan importante la preparación del alma con la que nos acercamos a participar de este único Sacrificio, y los momentos de recogimiento ya acabada la acción sagrada. «¿Estáis allí –pregunta el Santo Cura de Ars– con las mismas disposiciones que la Virgen Santísima en el Calvario, tratándose de la presencia de un mismo Dios y de la consumación de igual sacrificio?»17.

Pidamos a Nuestra Señora que la celebración o la participación del sacrificio eucarístico sea para nosotros la fuente donde se sacian y se aumentan nuestros deseos de Dios.

1 Primera lectura. Año I. Gen 22, 1-19. — 2 Misal Romano, Plegaria Eucarística, 1. — 3 Cfr. Heb 11, 19. — 4 Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8, 6, 9. — 5 Santo Cura de Ars, Sermón sobre la Santa Misa. — 6 Mt 4, 10. — 7 Conc. de Trento, Sesión 22, c. 1. — 8 Sal 115, 12. — 9 R. Garrigou-Lagrange, El Salvador, p. 457 — 10 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 829 — 11 Cfr. Mt 22, 12. — 12 Anónimo, La Santa Misa, Rialp, Madrid 1975, p. 95. — 13 Cfr. Heb 7, 25. — 14 Ch. Journet, La Misa, Desclée de Brouwer, 2ª ed., Bilbao 1962, p. 182. — 15 Misal Romano, Plegaria Eucarística, I. — 16 Ibídem. — 17 Santo Cura de Ars, Sermón sobre el pecado.

 

 

Evangelio del jueves: tus pecados te son perdonados

Comentario del jueves de la 13° semana del tiempo ordinario. “Tus pecados te son perdonados”. El Señor nos espera en el sacramento de la penitencia, para perdonarnos los pecados, y llenar nuestra vida de paz como sucede con el paralítico.

COMENTARIOS AL EVANGELIOe

Evangelio (Mt 9, 1-8)

Subió a una barca, cruzó de nuevo el mar y llegó a su ciudad. Entonces, le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe de ellos, le dijo al paralítico: —Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados.

Entonces algunos escribas dijeron para sus adentros: «Éste blasfema».

Conociendo Jesús sus pensamientos, dijo: —¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: «Tus pecados te son perdonados», o decir: «Levántate, y anda»? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar los pecados —se dirigió entonces al paralítico—, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.

Él se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la gente se atemorizó y glorificó a Dios por haber dado tal potestad a los hombres.


Comentario

La fama de Jesús se va extendiendo y allá adónde va le presentan enfermos para que los cure. Este día llega a Cafarnaúm, su ciudad, y le presentan a un paralítico en una camilla.

Jesús, en cuanto le ve, le dice: “ten confianza, tus pecados te son perdonados”. Jesús mira al corazón de la persona y por eso le dice: tus pecados te son perdonados. Sí, aquella persona necesita ser curada, no puede valerse por sí misma, pero su corazón está necesitado del perdón de Dios.

Los fariseos, al escuchar a Jesús, piensan mal. Tienen un corazón mezquino, pequeño, cerrado, incapaz de abrirse a la verdad. Se creen poseedores de la verdad y terminan por no conocerla.

Jesús tiene con los fariseos una conducta acogedora, les dice: “¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: tus pecados te son perdonados o decir: levántate y anda?”

Y Jesús hace el milagro: “levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. El paralítico se levanta, coge la camilla y se marcha a su casa.

Vuelve a su casa totalmente curado. Vuelve con el corazón limpio y con la capacidad de hacer vida normal.

Los que asisten al milagro vuelven a su casa glorificando a Dios por las maravillas que han presenciado.

San Josemaría se maravillaba al contemplar el perdón de Dios. Decía en una ocasión: “Si consideramos las cosas despacio, veremos que un Dios Creador es admirable; un Dios, que viene hasta la Cruz para redimirnos, es una maravilla; ¡pero un Dios que perdona, un Dios que nos purifica, que nos limpia, es algo espléndido! ¿Cabe algo más paternal? ¿Vosotros guardáis rencor a vuestros hijos? ¿Verdad que no? Así Dios Nuestro Señor, en cuanto le pedimos perdón, nos perdona del todo. ¡Es estupendo!”[1].

Jesús nos espera en el sacramento de la penitencia para perdonarnos como perdonó al paralítico y llenar de paz nuestros corazones por el perdón.

 


[1] https://opusdei.org/es-es/article/la-misericordia-...

 

"Quiso experimentar la fatiga y el cansancio"

No sabes si será decaimiento físico o una especie de cansancio interior lo que se ha apoderado de ti, o las dos cosas a la vez...: luchas sin lucha, sin el afán de una auténtica mejora positiva, para pegar la alegría y el amor de Cristo a las almas. Quiero recordarte las palabras claras del Espíritu Santo: sólo será coronado el que haya peleado «legitime» –de verdad, a pesar de los pesares. (Surco, 163)

1 de julio

La alegría, el optimismo sobrenatural y humano, son compatibles con el cansancio físico, con el dolor, con las lágrimas –porque tenemos corazón–, con las dificultades en nuestra vida interior o en la tarea apostólica.

Él, «perfectus Deus, perfectus Homo» –perfecto Dios y perfecto Hombre–, que tenía toda la felicidad del Cielo, quiso experimentar la fatiga y el cansancio, el llanto y el dolor..., para que entendamos que ser sobrenaturales supone ser muy humanos. (Forja, 290)

Cuando nos cansemos –en el trabajo, en el estudio, en la tarea apostólica–, cuando encontremos cerrazón en el horizonte, entonces, los ojos a Cristo: a Jesús bueno, a Jesús cansado, a Jesús hambriento y sediento. ¡Cómo te haces entender, Señor! ¡Cómo te haces querer! Te nos muestras como nosotros, en todo menos en el pecado: para que palpemos que contigo podremos vencer nuestras malas inclinaciones, nuestras culpas. Porque no importan ni el cansancio, ni el hambre, ni la sed, ni las lágrimas... Cristo se cansó, pasó hambre, estuvo sediento, lloró. Lo que importa es la lucha –una contienda amable, porque el Señor permanece siempre a nuestro lado– para cumplir la voluntad del Padre que está en los cielos (Cfr. Ioh IV, 34.). (Amigos de Dios, 201)

 

 

La oración cristiana, explicada por el Papa Francisco y Benedicto XVI

San Josemaría insistía en la necesidad de que los cristianos acudiéramos a la oración para conocer mejor a Jesucristo y para darlo a conocer. Y tanto Benedicto XVI como Francisco han dedicado ciclos de audiencias a la oración, que ahora agrupamos en dos libros electrónicos gratuitos.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA30/06/2021

Catequesis sobre la oración. Papa Francisco

38 intervenciones, entre mayo de 2020 y junio de 2021, en las que ha querido resaltar que “somos acogidos en el diálogo de Jesús con el Padre en la comunión del Espíritu Santo. Hemos sido queridos en Cristo Jesús, y también en la hora de la pasión, muerte y resurrección todo ha sido ofrecido por nosotros. Y entonces, con la oración y con la vida, no nos queda más que tener valentía, esperanza y con esta valentía y esperanza sentir fuerte la oración de Jesús e ir adelante: que nuestra vida sea un dar gloria a Dios conscientes de que Él reza por mí al Padre, que Jesús reza por mí”.

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Portada del libro «Catequesis sobre la oración», del Papa Francisco

 


Escuela de oración. Benedicto XVI

Se recogen, agrupados, los textos de las catequesis que el papa Benedicto XVI impartió durante casi un año y medio en las audiencias de los miércoles, desde mayo de 2011 a octubre de 2012. Son en total 43 alocuciones, que constituyen un ciclo completo dedicado a la oración o, mejor, a enseñar a orar.

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Portada del libro «Escuela de oración», de Benedicto XVI

 

Prólogo del libro «Escuela de oración»

En otras ocasiones, la predicación de Benedicto XVI ha sido puesta como modelo, y comparada con la homilética, sencilla, precisa y eficaz del papa san León Magno. Homilías que han servido para ilustrar los misterios sagrados celebrados en la acción litúrgica. Homilías donde la verdad sobre Jesucristo iba de la mano con el bien de los creyentes y la belleza y sobriedad de la exposición. Homilías que no quedaban en frases abstractas o difíciles, sino que explicaban la fe de los sencillos, que hacían memoria de las maravillas de Dios en su Pueblo y llenaban el corazón de esperanza cierta y alegre.

En esta entrega sobre las catequesis de Benedicto XVI, presentamos sus enseñanzas sobre la oración. Otro subgénero de la ‘retórica’, el catequético, muy importante para la transmisión de la fe. Se puede decir que sin catequesis la Iglesia no crece, ni hacia afuera, haciendo discípulos que crean que Jesucristo es el Señor, el Hijo de Dios encarnado; ni hacia adentro, para profundizar en el conocimiento de su doctrina salvadora “de modo orgánico y sistemático”, con miras a que todos “lleguen a la plenitud de la vida cristiana” (cf. san Juan Pablo II, Catechesi Traendae, 18).

Si más arriba decíamos que el papa Benedicto ha sido modelo de predicador, y que −se puede añadir− la compresión de su magisterio quedaría mermada si faltara una adecuada atención al conjunto de sus homilías; algo similar se ha de decir de sus catequesis, donde se muestra como modelo de Pastor de almas, a las que desea atraer a Cristo. El pastor muestra el camino, busca el alimento bueno y verdadero, sana las heridas, da su vida: es pastor con el único Pastor, camino, verdad y vida (cf. Jn 14, 6); y eso encontramos en sus catequesis, un camino verdadero que se ha hecho vida.

Este ciclo quiso el papa titularlo “Escuela de oración”, y tiene como punto de referencia la parte cuarta del Catecismo de la Iglesia católica, dedicada a «La oración cristiana». Pienso que no nos encontramos simplemente ante un lema o una etiqueta, más o menos sonora o, incluso, grandilocuente en su llaneza. De las definiciones, escuetas, que encontramos en el Diccionario de la Real Academia sobre el término ‘escuela’, he escogido dos, que pueden ayudarnos a entender mejor lo que intento expresar.

La primera es “Enseñanza que se da o se adquiere”, algo que me parece de primer orden: lo que transmite una catequesis es una enseñanza, un conocimiento. Pero el conocimiento cristiano −o, mejor, el conocimiento de Cristo− no es un conocimiento puramente intelectual, es también y sobre todo un conocimiento del corazón, por con naturalidad, que tiene mucho de empático, algo que se realiza en el personal encuentro con la Verdad personal, Jesús, Señor y Maestro, pero que recibimos a través de sus instrumentos limitados. De tal modo que, para el cristiano, la formación es siempre autoformación: deseo de adquirir, incorporando a la propia vida, esa enseñanza: y así se hace camino y luz con Cristo−Camino y Luz.

La segunda es “Método, estilo o gusto peculiar de un maestro para enseñar”. De aquí resaltaría tres aspectos que no juzgo accidentales para la eficacia de una catequesis. El método, es decir, la vía de acceso al conocimiento −y al seguimiento− de la vida cristiana que propone Benedicto XVI es habitualmente la Sagrada Escritura, la palabra que nos lleva al encuentro de la Palabra que se ha hecho hombre, y luego Pan eucarístico. El estilo o gusto tiene mucho que ver con lo que acabamos de decir, y de ahí la importancia de transmitir bellamente la verdad sobre el vivir cristiano; sintomático de esta preocupación pastoral es que dedica una catequesis al tema “Arte y oración”, en la cual el arte es presentado como vía hacia Dios.

Por último, quisiera detenerme un momento sobre la palabra maestro; en algunos lugares, despreciada, en otros, relegada o casi proscrita. Sin embargo, quizá, la llamada crisis de la educación a la que el mismo papa Benedicto se refirió en distintas ocasiones tenga que ver con la falta de verdaderos maestros: maestro no es el que instruye, el que meramente transmite unas habilidades, el académico, el erudito, sino el que enseña con su vida, es decir, el que ha hecho de su enseñanza vida. Maestro es quien aprende enseñando, necesita seguir enseñando para seguir formándose: para ser buen maestro hay que volver a entrar en la escuela, hacerse discípulo y así seguir aprendiendo; −y, ¿qué aprende?, podemos preguntar: −Vida, responde: el enseñar del maestro es siempre una ganancia, la mejor, tiempo compartido, tiempo vivido.

Pienso que en estas catequesis Benedicto XVI nos ofrece la oportunidad de entrar en una escuela de vida, porque la oración no es otra cosa que vida del espíritu, aliento, alimento, gracia de Dios y combate contra nosotros mismos, don y respuesta (cf. Catecismo de la Iglesia católica, 2725). La oración es necesaria para tener vida en Cristo, como necesario es el corazón para el bullir de la sangre, y no caben excusas o componendas. En este sentido, el Catecismo de la Iglesia católica en el n. 2729, con realismo, señala: “La dificultad habitual de la oración es la distracción. (…) Salir a la caza de la distracción es caer en sus redes; basta volver a concentrarse en la oración: la distracción descubre al que ora aquello a lo que su corazón está apegado. Esta humilde toma de conciencia debe empujar al orante a ofrecerse al Señor para ser purificado. El combate se decide cuando se elige a quién se desea servir (cf. Mt 6, 21−24)”.

La oración también es necesaria porque es la genuina respuesta de la fe, el lugar donde cada uno puede tomar consciencia de su libertad: no de esa libertad que se manifiesta en decisiones puramente triviales, ¿qué me compro, o qué voy a comer hoy?; sino de la libertad que configura nuestro ser y nos hace crecer como personas, allí donde se produce el íntimo encuentro con nuestro Creador y Redentor. De esta suerte lo describe san Josemaría, con la plasticidad del lenguaje poético: “Nos libramos de la esclavitud, con la oración: nos sabemos libres, volando en un epitalamio de alma encariñada, en un cántico de amor, que empuja a no apartarse de Dios. Un nuevo modo de pisar la tierra, un modo divino, sobrenatural, maravilloso” (Amigos de Dios, 297; de la homilía “Hacia la santidad”).

José Manuel Martín Q.

 

Muy humanos, muy divinos (IV): ​Nosotros, el hábitat de las virtudes

Nuestro anhelo de ser mejores se alimenta del clima en el que vivimos y, a la vez, fructifica en las relaciones con los demás.

Dios no vive solo. Es una familia, una Trinidad de personas unidas por el amor; una fuente inagotable de vida, un manantial que se entrega y se comunica sin cesar. Cada persona divina vive libre y enteramente para las otras, mirando a las otras, en una gozosa dependencia. Nuestro Dios, decía Benedicto XVI, es «un Ser-para (el Padre), un Ser-desde (el Hijo) y un Ser-con (el Espíritu Santo)»[1]. Y esta misma lógica resplandece también en todo lo que ha salido de sus manos. De manera muy especial, en el hombre. Sí: la vida trinitaria está grabada en lo profundo de nuestro ser. Nuestra existencia solo es auténticamente humana, y auténticamente divina, si se desarrolla según estas coordenadas trinitarias de comunión: desde Dios y desde los demás; con Dios y con los demás; para Dios y para los demás.

El equilibrista

Todas las virtudes, hasta la más pequeña o insignificante, apuntan a un crecimiento en la comunión con los demás. Es cierto que, en la medida en que nos proporcionan un cierto dominio sobre aspectos particulares de nuestra persona, las virtudes (de virtus, fuerza) nos empoderan. Entrelazadas entre sí, nos hacen ser más verdaderamente nosotros mismos. Sin embargo, no persiguen una perfección individual, porque la felicidad nunca es un camino aislado. Las virtudes nos hacen capaces «de expresar el amor: ese amor precisamente en el que el hombre-persona se convierte en don y, mediante este don, realiza el sentido mismo de su ser»[2]. Una auténtica virtud no se alcanza al margen o a pesar de los demás. La senda es, más bien, la contraria: la del crecimiento en una libertad para los demás; una libertad que nos permite comprometernos, entregarnos a quienes nos rodean. La virtud, a fin de cuentas, consiste en poseerse para darse. Esa es la verdadera fuerza, el verdadero poder.

Podemos imaginar a un equilibrista que avanza sobre un cable en las alturas, ante la mirada inquieta del público. Día tras día realiza el mismo recorrido, de un lado al otro del alambre. En él se da una mezcla de osadía y de cautela: teme la caída, pero disfruta de la altura y del riesgo. Busca superar sus límites, y su objetivo le exige un minucioso entrenamiento. Necesita una habilidad que solo alcanzará si, superando el vértigo día tras día, repite el ejercicio sin detenerse. De modo análogo, para ser personas virtuosas —ordenadas o agradecidas, por ejemplo— necesitaremos vencer las resistencias, con tiempo y adiestramiento. ¿Cuál es nuestra motivación para dejar las cosas en su sitio o para dar las gracias amablemente? Solo si sabemos que al principio y al final del alambre nos espera alguien a quien amamos, personas que necesitan esos regalos, merece la pena arriesgarse sobre el vacío. No queremos únicamente alcanzar una armonía o una perfección individual. Todas las virtudes tienen como horizonte, pues, la apertura a los demás; son personales y, al mismo tiempo, tienen una dimensión de comunión, potencian los vínculos con los demás.

Ser-desde: el regalo de depender

Algunos libros de autoayuda ofrecen claves para vivir en paz con uno mismo, e identifican la felicidad con una vida plena e independiente: como si depender de otros fuera frustrante, algo así como una traba para el desarrollo personal. Pero si volvemos la mirada a la Trinidad, entendemos que las cosas son de otra manera. En primer lugar, Dios Hijo procede del Padre y recibe de él todo su ser. Esta filiación lleva a Jesús a hacer en todo, y con gozo, la voluntad del Padre (cfr. Jn 4,34). De una manera análoga, como criaturas de Dios, y mucho más si hemos recibido el Bautismo, que nos incorpora a la vida de Jesús, nuestra existencia tiene un carácter filial. No nos damos a nosotros mismos la vida. Otras personas, que todavía no nos conocían, nos han traído hasta aquí. Y de estas relaciones de filiación —hijos de Dios e hijos de nuestros padres— surgen las demás relaciones humanas: porque somos hijos, somos hermanos y somos familia.

De esta manera, en lo íntimo de la persona humana se descubre una dependencia radical. Nuestra existencia se despliega desde Otro y desde otros. Esta realidad es especialmente visible cuando consideramos el amor esponsal, que consiste en vivir totalmente unido a otra persona y depender de tal modo del afecto mutuo que no se puede vivir sin ella. Necesitar a los demás no estrangula, por tanto, la libertad; al contrario, hace más valiosa a la persona, la conduce hacia una alegría más plena. Saber que he recibido amor y que puedo devolverlo llena la vida de sentido.

Además, las virtudes solo pueden ser adquiridas, de hecho, en un ambiente relacional: su hábitat es el «nosotros». Nuestras disposiciones interiores se educan en el contacto con los demás. Es lo que hacen los padres cuando enseñan a sus hijos algunas maneras de comportarse: «hijo, ¿no das las gracias?»; «hijo, deja las cosas en su sitio». Crecemos gracias a los consejos que recibimos; gracias a conversaciones que iluminan la razón con principios firmes. Principios que, llevados a la vida, van formando las virtudes y van facilitándonos entender dónde está el bien, y cómo alcanzarlo.

En este proceso, el ejemplo de las personas que nos rodean es fuente también de enseñanza. Un clima virtuoso en la familia o en el lugar del trabajo es un vivero virtudes. Y también sucede, lamentablemente, lo contrario: allá donde el clima es descuidado, resulta más difícil crecer humanamente. Un hogar sobrio educa a los hijos en la templanza; una madre detallista enseña a sus hijos el valor de lo pequeño. Lo mismo sucede entre amigos, entre compañeros de trabajo y en cualquier comunidad humana. Forma parte de nuestra tarea evangelizadora crear a nuestro alrededor un ambiente que ayude a descubrir y a crecer en este camino. Es lo que hace la Iglesia al presentar como modelo la vida de los santos: ahí no tenemos la teoría, sino las virtudes encarnadas en una persona; ahí vemos que es verdaderamente posible dejar entrar a Dios y a los demás en nuestra vida.

 

Ser-con: la alegría de acompañar

El Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo, es el amor compartido y enviado a los hombres para ser-con nosotros[3]. Él es «el manantial inagotable de la vida de Dios en nosotros»[4], de esa vida que solo puede desplegarse en forma de comunión interpersonal. Así es: los hombres y mujeres no vivimos sin más, sino que con-vivimos; nuestra existencia es un ser-con quienes nos rodean. Solo hay vida donde hay comunión. Los vínculos que creamos con los demás son muchas veces la fuerza que permite nuestro propio crecimiento personal.

Aunque algunos modos de pensar y de vivir en nuestros días nos ofrezcan un modelo de hombre independiente y, en cierto sentido, autosuficiente, la Palabra de Dios nos dice que no somos náufragos que sobreviven en su aislamiento, sino personas necesitadas de los demás. San Pablo recuerda a los de Corinto que todos son parte de una misma unidad: «Vosotros sois el cuerpo de Cristo y cada uno individualmente un miembro de él» (1 Cor 12, 27). Estamos implicados por fuertes hilos de gracia y de amor, incluso con quienes nos han precedido y con quienes nos seguirán en el camino hacia Dios. Así lo expresa el Catecismo de la Iglesia: «El menor de nuestros actos hecho con caridad repercute en beneficio de todos, en esta solidaridad entre todos los hombres, vivos o muertos, que se funda en la comunión de los santos»[5]. Seremos mejores en la medida en que nos ayudamos entre todos, desde y con los demás.

No estamos solos en el camino por adquirir las virtudes. Como decía san Josemaría, «ninguno es un verso suelto (…): de alguna manera, nos ayudamos o nos perjudicamos. Todos somos eslabones de una misma cadena»[6]. Durante su infancia, muchos niños se divertían jugando a construir castillos con los naipes: una carta se apoyaba en la que tenía más cerca y juntas se sostenían. Encima, a su vez, se colocaban otras, que se mantenían en pie gracias a las de abajo; y así, poco a poco, se edificaban unos castillos muy delicados que con cualquier movimiento en falso se podían derrumbar. Análogamente, también nuestra vida es un tejido de relaciones y de encuentros, un ser-con los demás: «Vuestra mutua flaqueza es también apoyo que nos sostiene derechos (...): como mutuamente se sostienen, apoyándose, los naipes»[7].

Es fuente de alegría sentir la cercanía de personas que nos ofrecen su apoyo, y a las que nosotros también sostenemos. Acompañar a los demás y ser acompañados por ellos es el sello de una existencia verdaderamente cristiana. Pensemos en los discípulos de Emaús: si no se hubieran encontrado con aquel caminante misterioso que les abrió los ojos, habrían seguido encerrados en su desconcierto (cfr. Lc 24,13-17). Tener personas cerca sirve de acicate para seguir adelante; ellos nos sabrán sostener o levantar. Cuando ayudamos a otros a alcanzar la mejor versión de sí mismos, hacemos lo mismo que hizo Jesús con los dos discípulos que abandonaban Jerusalén. Rodeados de personas que nos quieren y en las que confiamos, es más fácil crecer.

Todas las virtudes tienen un carácter relacional, incluso las que parecen más individuales. La fortaleza o la templanza, por ejemplo, también nos dirigen hacia los demás: nos permiten compartir el bien que hemos descubierto. Las virtudes abren las puertas al encuentro generoso y nos facilitan la donación. No existen personas virtuosas pero encerradas en sí mismas: eso sería solo apariencia de virtud. En realidad, «no cabe virtud alguna que pueda facilitar el egoísmo; cada una redunda necesariamente en bien de nuestra alma y de las almas de los que nos rodean»[8].

 

Ser-para: el gozo de servir

El Padre es el origen de la vida trinitaria. Todo en él es donación al Hijo, plenitud que sale y entrega gratuitamente todo lo que tiene, con delicadezas de madre (cfr. Mt 23,37; Sal 131,2). Esta paternidad divina es la fuente de toda paternidad (Ef 3,15), un don que Dios nos confía a cada uno, para que también seamos origen de vida en los demás. Todos estamos llamados a ser padres o madres: un discípulo es hijo de su maestro, un amigo es padre e hijo de otro amigo, etc. Todos somos hijos y, a la vez, nos convertimos en personas maduras en la medida que nos preparamos para ser padres o madres, cada uno según su vocación personal.

Cada persona se encuentra verdaderamente a sí misma solo cuando consigue salir de su encerramiento y darse a los otros. El Concilio Vaticano II afirma en muchas ocasiones, como repitiendo un mensaje especialmente oportuno para nuestra época, que el hombre no puede «encontrar su propia plenitud si no es a través de un don sincero de sí»[9]. Solo así somos verdaderamente felices. Regalar la vida «a los demás es de tal eficacia, que Dios lo premia con una humildad llena de alegría»[10]. Y la alegría de ser-para los demás se manifiesta en actos concretos de entrega, de servicio, de comprensión. Tenemos multitud de oportunidades cada jornada: cuando acudimos con rapidez a hacer un favor, cuando juzgamos con misericordia el comportamiento de los demás, cuando somos personas con las que se puede contar siempre para una necesidad… Así fue el estilo de vida de los primeros cristianos, tan sorprendente para los paganos, que repetían: «Mirad cómo se aman, (…) mirad cómo están dispuestos a morir el uno por el otro»[11].

María también se ocupa de los demás en un completo olvido de sí: sabe cuidar de Isabel en el tramo final del embarazo, en Caná está pendiente del feliz desarrollo de la boda, en el Calvario acompaña a su Hijo con enorme serenidad en medio del dolor… En ella «encontramos seguridad y también fuerza para seguir llevando el consuelo de su Hijo a quienes lo necesitan»[12]. Toda la gracia y la virtud de la madre de Cristo se vuelcan espontáneamente en los demás porque, para quienes queremos seguir a Jesús, no hay bien que no se transforme en bien de todos.

José Manuel Antuña


[1] Joseph Ratzinger, Fe, verdad y tolerancia, Sígueme, Madrid, 2005, p. 214.

[2] San Juan Pablo II, Audiencia, 16-I-1980.

[3] Cfr. Ricardo de San Víctor, De Trinitate, III, 2-4.

[4] Francisco, Audiencia general, 8-V-2013.

[5] Catecismo de la Iglesia católica, n. 953.

[6] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 76.

[7] San Josemaría, Camino, n. 462.

[8] Amigos de Dios, n. 76.

[9] Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, n. 24.

[10] San Josemaría, Forja, n. 591.

[11] Tertuliano, Apologeticum, 39, 1-18.

[12] Mons. F. Ocáriz, Mensaje, 29-IV-2020.

 

Las carreras de Dios

En estos días de cuarentena, la mayoría de nosotros tenemos muy difícil acudir a la confesión. Tal vez esté aún lejos el momento del retorno a la normalidad; sin embargo, cuando nos ve arrepentidos, Él mismo corre hacia nosotros, emocionado, feliz y orgulloso de que regresemos a casa.

VIDA ESPIRITUAL21/03/2020

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Jesús piensa que ha llegado el momento de manifestar hasta qué extremo ama su Padre a los hombres. Quiere introducirles en la antesala del cielo, y aspira a que disfruten del gozo que embarga a Dios cada vez que un pecador decide volver a casa. Les narra una parábola. No es fácil imaginar la emoción y el asombro de los discípulos al escuchar por primera vez la historia del hijo pródigo (cfr. Lc 15,11-32). Debió sorprenderles la desproporción entre la desfachatez del hijo pequeño y el cariño del padre, o la reacción airada de su hermano mayor.

NO SABEMOS CUÁNDO PODREMOS VOLVER A CONFESARNOS, PERO NO DEBEMOS DUDAR DE QUE NUESTRO PADRE DIOS, SI ACUDIMOS A ÉL CON UN CORAZÓN «CONTRITO Y HUMILLADO»

En estos días de cuarentena, la mayoría de nosotros tenemos muy difícil acudir a la confesión, y mucho más difícil es acercarse a ese sacramento con la frecuencia que quizá nos gustaría. Las restricciones de la circulación física de las personas para prevenir nuevos contagios pueden comportar el retraso por un tiempo indeterminado de la recepción del sacramento de la Misericordia divina. Esta contrariedad, junto a otras que estamos viviendo, son también un modo de crecer para adentro: «Es bueno recordar que el Señor nos da su gracia para santificarnos también en esas circunstancias de incertidumbre»[1]. No sabemos cuándo podremos volver a confesarnos, pero no debemos dudar de que nuestro Padre Dios, si acudimos a Él con un corazón «contrito y humillado» (Sal 50,19), siempre nos ofrece su perdón, por grande que haya sido nuestra fragilidad (cfr. Lc 15,20-24).

 

Un regalo que no se merece

El hijo menor añora su casa: «¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan abundante mientras yo aquí me muero de hambre!» (Lc 15,17). Aunque no piensa en la angustia y el dolor de su padre, no exige el perdón —¿cómo va a hacer eso?—; lo implora. Espera y confía en la bondad de su padre. Y ese es ya un primer cambio en su corazón.

SENTIMOS LA NECESIDAD DE PEDIR PERDÓN A DIOS (...) PERO ¿PENSAMOS EN EL EFECTO QUE PRODUCE EN ÉL NUESTRO ARREPENTIMIENTO?

A nosotros nos sucede a veces algo parecido. Luchamos por confesarnos con la regularidad que hace bien a nuestra alma. Somos muy conscientes de cuánto bien nos hace y la alegría que nos transmite una confesión contrita. Es verdad que no la consideramos un derecho ante Dios —¡faltaría más!; nadie tiene derecho al perdón. Como escribía san Bernardo: «Nadie tiene una misericordia más grande que el que da su vida por los sentenciados a muerte y a la condenación. Luego mi único mérito es la misericordia del Señor. No seré pobre en méritos, mientras él no lo sea en misericordia»[2].

Estamos convencidos de que todo es gracia. Sentimos la necesidad de pedir perdón a Dios, quizá incluso aumentada en estos días, pero ¿pensamos en el efecto que produce en Él nuestro arrepentimiento?

 

Un Dios que corre a nuestro encuentro

El corazón del hijo pródigo tenía aún mucho por descubrir. «Cuando aún estaba lejos, le vio su padre y se compadeció. Y corriendo a su encuentro, se le echó al cuello y le cubrió de besos» (Lc 15,20). San Josemaría se conmovía al contemplar esta imagen: «Ante un Dios que corre hacia nosotros, no podemos callarnos, y le diremos con San Pablo, Abba, Pater!, Padre, ¡Padre mío!, porque, siendo el Creador del universo, no le importa que no utilicemos títulos altisonantes, ni echa de menos la debida confesión de su señorío»[3]. No es solo que su padre sea bueno, es que sigue considerándole hijo, el hijo de su alma. No es que no quiera castigarnos, es que quiere abrazarnos fuerte, y llenarnos de besos, y susurrarnos al oído: «Hijo mío, hija mía,…».

Dios no va a esperar a que lleguemos, a que logremos efectivamente confesarnos. Tal vez esté aún lejos el momento del retorno a la normalidad; sin embargo, cuando nos ve arrepentidos, Él mismo corre hacia nosotros, emocionado, feliz y orgulloso de que regresemos a casa. Por eso, no merece la pena detenernos demasiado en nuestros pecados: «Siguiendo los impulsos del Espíritu, que ahonda en lo más íntimo de Dios, pensemos en la dulzura del Señor, qué bueno es en sí mismo. Pidamos también, con el salmista, gozar de la dulzura del Señor, contemplando, no nuestro propio corazón, sino su templo, diciendo con el mismo salmista: Cuando mi alma se acongoja, te recuerdo»[4].

 

Regálame tus pecados

Al papa Francisco le gusta mucho narrar una historia: «Me acuerdo de un pasaje de la vida de un gran santo, Jerónimo, que tenía muy mal genio, y trató de ser manso, pero con ese genio… porque era un dálmata y los de Dalmacia son fuertes… Había logrado dominar su forma de ser, y así ofrecía al Señor tantas cosas, tanto trabajo, y le preguntaba al Señor: "¿Qué quieres de mí?" –"Todavía no me has dado todo". –"Pero Señor, te he dado esto, esto y esto…" –"Falta algo". –"¿Qué falta?" –"Dame tus pecados". Es hermoso escuchar esto: "Dame tus pecados, tus debilidades, te curaré, tú sigue adelante"»[5].

EN ESTOS DÍAS ECHAREMOS EN FALTA ESAS PALABRAS, PERO, AGUZANDO EL OÍDO, OIREMOS LA VOZ CARIÑOSA Y SUAVE DE JESÚS QUE NOS CONSUELA

Nuestro sufrimiento y nuestra tristeza es lo que causa dolor a Dios, porque es el principal resultado de la estafa que supone cualquier pecado. Por eso, si regresamos a Él, su dolor cesa, y cesa también nuestro mal. El poder del pecado es limitado, la Cruz le ha robado su veneno: estamos salvados, si somos humildes y nos dejamos salvar.

A menudo podremos decir: «Me basta examinar las pocas horas que llevo de pie en este día, para descubrir tanta falta de amor, de correspondencia fiel. Me apena de veras este comportamiento mío, pero no me quita la paz. Me postro ante Dios, y le expongo con claridad mi situación. Enseguida recibo la seguridad de su asistencia, y escucho en el fondo de mi corazón que Él me repite despacio: meus es tu!; sabía —y sé— cómo eres, ¡adelante!»[6].

En la confesión escuchamos la voz tierna y serena de Dios que nos dice: «Yo te absuelvo de tus pecados». En estos días echaremos en falta esas palabras, pero, aguzando el oído, oiremos la voz cariñosa y suave de Jesús que nos consuela.

La mejor de las devociones

A san Josemaría le encantaba comparar los actos de contrición con algo que había aprendido de los italianos. Afirman, respecto a las tazas de café, que hay que tomar no menos de tres y no más de treinta y tres: «¡cuantos más, mejor!»[7].

La contrición es el dolor que experimentamos frente a los pecados cometidos. La Iglesia ha distinguido tradicionalmente entre una contrición perfecta y otra imperfecta. El Catecismo enseña que la contrición perfecta es el dolor que «brota del amor de Dios amado sobre todas las cosas»[8]. Por ser un acto de Amor, se entiende que es ya una obra de la gracia, y por eso «perdona las faltas veniales» y puede obtener «también el perdón de los pecados mortales, si comprende la firme resolución de recurrir tan pronto sea posible a la confesión sacramental»[9].

LA CONTRICIÓN ES EL DOLOR QUE EXPERIMENTAMOS FRENTE A LOS PECADOS COMETIDOS

Existe también una contrición imperfecta, que «nace de la consideración de la fealdad del pecado o del temor de la condenación eterna y de las demás penas con que es amenazado el pecador»[10]. Podría parecer un dolor inmaduro, y sin embargo «es también un don de Dios, un impulso del Espíritu Santo»[11], que nos prepara para la confesión y la absolución de los pecados, aunque no alcance por sí misma el perdón de los pecados graves.

El Papa Francisco lo ha resaltado en una homilía de estos días: «si no encuentras un sacerdote para confesarte, habla con Dios, que es tu Padre, y dile la verdad: “Señor, he hecho esto, esto, esto... Perdóname”, y pídele perdón con todo tu corazón, con el Acto de Dolor, y prométele: “Me confesaré más tarde, pero perdóname ahora”. Y de inmediato, volverás a la gracia de Dios. Tú mismo puedes acercarte, como nos enseña el Catecismo, al perdón de Dios sin tener un sacerdote a mano. Piensa en ello: ¡es la hora! Y este es el momento adecuado, el momento oportuno. Un acto de dolor bien hecho, y así nuestra alma se volverá blanca como la nieve»[12] .

Por otra parte, la dificultad actual puede servirnos para pedir a Dios por las personas que quisiéramos que se confesaran, o por aquellos que están atravesando situaciones graves y necesitan reconciliarse con Dios. Viviremos así esta particular comunión de los santos que tanto consuelo ha dado a los cristianos en momentos difíciles.

* * *

Saber todo esto puede que no sea suficiente en algún momento para restaurar la paz y la alegría en nuestros corazones. Es entonces el turno de nuestra Madre, de sus caricias que todo lo arreglan: «Todos los pecados de tu vida parece como si se pusieran de pie. —No desconfíes. —Por el contrario, llama a tu Madre Santa María, con fe y abandono de niño. Ella traerá el sosiego a tu alma»[13].

Diego Zalbidea


[1] Carta del Prelado del Opus Dei, 14 de marzo de 2020.

[2] San Bernardo, Sermón 61, 3-5.

[3] Es Cristo que pasa, n. 64.

[4] San Bernardo, Sermón 5, 4-5.

[5] Francisco, Homilía, 7-VII-2017.

[6] Amigos de Dios, n. 215.

[7] Surco, n. 480.

[8] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1452.

[9] Ibídem.

[10] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1453.

[11] Ibídem.

[12] Francisco, Homilía, 20-III-2020.

[13] Camino, n. 498.

 

Ante la OIT el papa Francisco aboga por un trabajo verdadera y esencialmente humano

Salvador Bernal

Confieso mi nostalgia ante la OIT, porque mi primer estudio académico, publicado en la revista jurídica de la universidad de Zaragoza a mediados de los sesenta, versó sobre los convenios internacionales relativos a la libertad sindical: se trataba de un esfuerzo intelectual, obviamente, de futuro. Esos convenios no se aplicaban en España. Como sucede también hoy, y no sólo aquí, con acuerdos y convenciones en espera de aplicación, especialmente en países del tercer mundo, que se aprovechan del llamado dumping social.

Ciertamente, los grandes principios y declaraciones exigen no sólo ratificación jurídica, sino tiempo para que calen en la sociedad civil. Algo semejante puede suceder, en ambientes cristianos, con la doctrina social de la Iglesia. Por eso, me permito aconsejar la lectura del texto del videomensaje enviado por el papa a los participantes en la sesión de la Conferencia Internacional del Trabajo, que este año se celebra de forma virtual. Destacaré algunos puntos.

La experiencia de los problemas causados por la pandemia, que ha destruido muchos puestos de trabajo, debería animarnos a refundar el trabajo desde principios sólidos, para que sea “verdadera y esencialmente humano”, como “componente esencial de nuestro cuidado de la sociedad y de la creación”.

Se impone superar planteamientos basados en la mera eficiencia tecnocrática, en la competitividad económica y el consumismo, en los nacionalismos -“la pandemia nos ha recordado que no hay diferencias ni fronteras entre los que sufren”-; acaban despreciando –discriminando- a ese amplio sector constituido por los desechos del sistema: las diversas formas de vulnerabilidad social.

La doctrina social de la Iglesia tiene dos ejes vertebradores: la primacía de la persona y el bien común. El trabajo del futuro exige “servir y cuidar el bien común y garantizar la participación de todos en este empeño”. Nadie debería quedar fuera del diálogo, para “construir, consolidar la paz y la confianza entre todos”. “Y una de las características del verdadero diálogo es que quienes dialogan estén en el mismo nivel de derechos y deberes”.

El papa recuerda el riesgo de un virus peor que el covid: la indiferencia egoísta. Por eso insiste en la necesidad de “garantizar que todos obtengan la protección que necesitan según sus vulnerabilidades: enfermedad, edad, discapacidades, desplazamiento, marginación o dependencia”. Los sistemas de protección social deben “asegurar el acceso a los servicios sanitarios, a la alimentación y a las necesidades humanas básicas”.

Muchos temen, y no sin razón, los inconvenientes derivados de un ordenamiento jurídico, como el laboral, en ocasiones excesivamente tuitivo e intervencionista. Pero la “desregulación” no es una panacea. Al contrario, “la Santa Sede apoya una regulación uniforme aplicable al trabajo en todos sus diferentes aspectos, como garantía para los trabajadores”. Estas normas jurídicas “deben ser orientadas hacia la expansión del empleo, el trabajo decente y los derechos y deberes de la persona humana. Todos ellos son medios necesarios para su bienestar, para el desarrollo humano integral y para el bien común”. En cualquier caso, es muy necesario que la protección y asistencia social llegue también “a la economía informal y preste especial atención a las necesidades particulares de las mujeres y de las niñas”.

Por otra parte, “si el trabajo es una relación, tiene que incorporar la dimensión del cuidado”. Contribuye así “a la restauración de la plena dignidad humana”, “a asegurar un futuro sostenible a las generaciones futuras”. En la empresa todos han de sentir la preocupación por cuidar de los demás, en aplicación práctica de “una cultura de la solidaridad, para contrastar con la cultura del descarte”. Especial responsabilidad corresponde a los empresarios, a quienes Francisco recuerda su vocación de producir riqueza al servicio de todos, para mejorar así el mundo.

Finalmente, en una sede como la OIT, el papa se dirige a los líderes sindicales, que se enfrenta también hoy con “desafíos trascendentales”. Con palabras entrañables, alude al aspecto “profético” de su tarea, que expresa el perfil de la sociedad y da voz a quienes no la tienen (aun con el riesgo de corromperse y convertirse en pseudopatronos distanciados del pueblo). También, como centinelas, “deben vigilar los muros de la ciudad del trabajo, como un guardia que vigila y protege a los que están dentro de la ciudad del trabajo, pero que también vigila y protege a los que están fuera de los muros”. Por esto, han de ocuparse también de “los que todavía no tienen derechos, a los que están excluidos del trabajo y que también están excluidos de los derechos y de la democracia”.

 

Vidas sin “utilidad pública”

Juan Moya

 Francisco en un encuentro con ancianos.

Los condenados en el "procés" han sido indultados por el gobierno por "utilidad pública". No me corresponde a mí valorar la realidad de esa "utilidad"; los organismos jurídicos competentes lo dirán. Pero inevitablemente me ha llevado a pensar -como habrá sucedido a muchos-  que para estos mismos gobernantes, al parecer hay muchas vidas que no tienen "utilidad pública": todos aquellos que pueden ser susceptibles de la eutanasia que hoy comienza. Lo "útil" de muchos enfermos y ancianos, para los gobernantes, es que desaparezcan.

El que ha cometido un delito grave y ha sido condenado justamente vemos que puede ser indultado, aunque no esté arrepentido y además manifieste públicamente que volverá a cometerlo. El gobernante habla además de la necesidad de perdonar, y otras consideraciones piadosas.

Por contraste, los enfermos y ancianos a los que se les va a aplicar la eutanasia han cometido el gran delito de no ser ya "útiles" y por tanto no se les puede "indultar" por carecer de una cualidad tan importante. ¿Y la piedad de la que nos hablan donde está ahora?: se nos dice que en evitarles sufrimientos. Falsa piedad, cinismo inadmisible.

Estos enfermos y ancianos han podido hacer muchas cosas útiles a lo largo de su vida, en servicio de la sociedad, incluso heroicas, pero ya no..., y no merecen vivir. Ese es el pago que van a recibir. Para los partidarios de la eutanasia, la persona es como un objeto, tiene un valor relativo, no absoluto.

Los que promovieron y organizaron los campos de exterminio del siglo XX también pensaban que había muchas personas que no eran útiles (por su raza o sus ideas), y debían desaparecer. Los culpables de aquellos crímenes, en su ceguera triunfalista, no eran conscientes de que ellos también acabarían desapareciendo...

Todos tendremos que dar cuentas a Dios de nuestros actos. Y entonces ya no será tiempo de  "indultos".

 

La sombra del padre

Escrito por Mario Arroyo.

La paternidad debe flexibilizarse y ser capaz de asumir también los roles que antiguamente eran feudo exclusivo de la mujer.

La naturaleza, en sentido filosófico, no biológico, es muy clara. El ser humano es “hijo”, necesita de un “padre” para encontrar su lugar en el mundo, para descubrir y desarrollar su propia identidad. La cultura, sin embargo, le ha hecho muy mala fama a la paternidad. La narrativa del “heteropratriarcado”, unida a una visión de dureza, rigidez e imposición, por un lado, no le permiten desarrollar su misión con el sano orgullo que merece. Unido a ello está el triste fenómeno del abandono del hogar y las rupturas familiares, que han producido una generación de huérfanos de padres; no podemos extrañarnos de que esa generación sea muy frágil: al faltarle el padre, carece del punto firme de apoyo, desde el cual proyectar la propia existencia.

Por eso es conveniente celebrar el “Día del Padre”, que con facilidad pasa desapercibido. Dista mucho de ser la “primavera comercial” del “Día de la Madre”, y por ello atrae menos los reflectores. Pero cuando se han cargado las tintas, ofreciendo una visión negativa de la paternidad, muchas veces motivada por su ausencia, es urgente otorgarle el reconocimiento debido. Si no, con más facilidad se caerá en el fenómeno de ir dejando hijos regados por ahí, sin la cercanía, el apoyo y la seguridad que ofrece la figura paterna.

Urge, en consecuencia, hacerle un buen marketing a la paternidad, y no sólo para obtener pingües beneficios el “Día del Padre”, sino para que más personas aspiren a ella y la vean como una de las formas más sublimes de realización personal. El tema de la realización suele ser también otro obstáculo, porque se considera solo desde la esfera profesional, la cual, siendo importante, no es sino una faceta a más a integrar dentro del conjunto de bienes que corresponden a la vida lograda. A veces las personas retrasan o de plano rechazan la paternidad por motivos profesionales: “si no voy a poder dedicarle tiempo, ¿para qué tengo un hijo?” Cuando el planteamiento correcto es justo al revés: “si este trabajo no me permite tener familia, ¿es en realidad algo bueno para mí?”

No es banal la precisión, personalmente me llama la atención vivir en una zona donde abundan los perros y escasean los niños. Es más cómodo tener un perro que un niño; abundan también los “paseadores de perros”, porque tampoco pasa mucho si no le dedico tiempo a mi perro, a diferencia de a mi hijo. Pero, obviamente, no son realidades equiparables, y denota una aguda pérdida de humanidad, de captar el sentido de la vida en su conjunto, el preferir a los animales que a las personas por una comodidad no exenta de egoísmo.

Por eso es preciso insistir, incansablemente, en la idea de que una de las formas más elevadas y excelsas del desarrollo humano masculino, de su realización como persona, es traer hijos al mundo. Las personas que se dan esa oportunidad, muchas veces se asombran de la maravilla que supone el que alguien te llame, simple y llanamente, “papá”. Y ello vale más que todos los asensos o los puestos a los que se podría escalar sin ella. Es importante insistir en que la realización familiar es más importante que la profesional; y que muchas veces, con orden y disciplina, no están de hecho contrapunteadas. Ambos bienes, el familiar y el profesional, pueden integrarse en el conjunto de valores que configuran la vida lograda.

La paternidad debe recuperar también su función de autoridad, precisamente para indicar a los niños, con claridad, dónde está el bien y dónde está el mal. El padre es en gran medida el faro de los valores del hijo, particularmente de los valores religiosos. Si mi padre ha practicado la fe, me resultará más sencillo hacerlo a mí también, precisamente porque lo veo como a una autoridad, como un punto de referencia firme.

Otra cuestión es que la paternidad debe flexibilizarse, y ser capaz de asumir también los roles que antiguamente eran feudo exclusivo de la mujer. Debe colaborar en casa, porque la sacan adelante entre los dos, lo mismo que en la educación de los hijos. Esta flexibilización de los roles domésticos es, sin duda, una de las más valiosas aportaciones de la cosmovisión actual, pues obliga a que el padre esté más presente e involucrado en los asuntos del hogar, sacando adelante su familia y realizándose como persona.

 

Contra el padre, contra los hijos

Salvador I. Reding V. 

No es posible que una mujer dañe a los hijos que tanto dice querer, privándoles de su papá, y que la sociedad y las familias simplemente vean hacia otro lado.

La sociedad se ha acostumbrado tanto a ver como causante principal del rompimiento familiar a un padre irresponsable, que ni siquiera se ocupa de los casos contrarios, cuando el origen radica en conductas de la madre. Conviene reflexionar un poco sobre esto.

Canciones, películas e historias tratan del machismo que abandona familias como si cambiara simplemente de casa. El varón es el malo de la película, que riega hijos, que dilapida la raya semanal, que se va con otras y que golpea a esposa e hijos. Pero no siempre es así. También hay madres desnaturalizadas, aunque para el Día de las Madres, TODAS son santas en vida.

Hay papás amorosos con sus hijos, que dan todo por ellos, desde el sacrificio de su bienestar para darles una profesión, hasta la salud o la vida misma. Pero el Día del Padre casi nadie se ocupa de eso, es más bien ocasión de promociones comerciales: ¡cómprale, regálale a papá tal o cual cosa!

Hay casos de rompimiento matrimonial en donde el padre es, junto con los hijos, la víctima, y aunque que son los menos, valdría la pena ahondar en el tema. Cuando hay divorcio por crisis conyugal, puede deberse a falta de uno o de ambos, pero ese “malo de la película” puede variar.

Cuando una mujer sin buenas bases morales, familiares, o con serios trastornos psicológicos, decide lastimar o dañar al marido, puede llegar a hacerlo sin límite alguno.

Pero sin que lo mande matar, que llega a pasar, sí puede llegar a extremos de causarle el mayor daño posible, sobre todo psicológico y profesional. Para ello se vale de la mentira, la calumnia, y hasta de inventarle delitos.

El propósito de esas mujeres es no solamente alejar al marido de ellas, sino también, y principalmente, de los hijos. Una madre insensible al concepto familia hará todo lo que esté a su alcance para alejar a los hijos del padre, legal y en especial ilegalmente. Busca el mayor mal posible para éste: privarlo de sus hijos.

La madre irresponsable hace un paquete de ella y los hijos y, si tiene un conflicto con el esposo, lo lleva conceptualmente a un pleito entre él y “ellos”: “su padre no NOS quiere”, “su papá NOS quiere abandonar”, “su papá NOS grita”. Y que no se le ocurra a un hijo defender al papá, porque le irá muy mal con su mamá.

Esa madre considera a los hijos como SU obra, SU propiedad, y no está dispuesta a compartirla con su ahora adversario, el padre-marido.

La estrategia sobada es poner a los hijos contra el padre; busca, a como dé lugar, dañar la imagen que los hijos tienen de su papá, llegando a infundirles verdadero odio contra él.

Quiere quitarle los hijos al padre, pero ni siquiera se le ocurre que les está quitando el padre a los hijos, y si alguien se lo hace notar, lo rechaza: ¡estás de parte de él, contra NOSOTROS!

Casos, sobran, pero lamentablemente pasan desapercibidos, en gran parte porque mucha gente no concibe que la falla sea materna: por fuerza ese malo de la película debe ser el varón. Hay una solidaridad gravemente malentendida, que lleva inclusive y principalmente a otras mujeres, parientas o amigas, a tomar partido en contra del marido, apoyando el alejamiento de los hijos.

Judicialmente, recurren a abogados corruptos o a mujeres abogadas que acepten estar, en solidaridad femenina tergiversada, por principio y en lo chueco o derecho, del lado materno, para dañar moral, económica y profesionalmente al hombre, y alejarlo de los hijos. Se levantan falsas acusaciones, muy fáciles de llevar adelante en un sistema judicial corrupto en alto grado, como es lo penal.

Lo ideal para esas malas madres y malos abogados es que el padre de familia termine en la cárcel, y no tenga contacto con los hijos. Si no se puede, al menos asegurarse la custodia de los menores también a como dé lugar, y reducir la convivencia forzosa al mínimo, utilizando cuanta trampa se les ocurra; y si es posible, maravillosamente posible, quitarles la misma patria potestad, que también se puede, y así impedirá a la prole pasar algunos momentos con su padre.

Es grave que los hijos crezcan sin la figura paterna, sin el papá que los acompañe, les dé tiempo, amor, atención, dirección y consejo. Lo sabemos, muchas veces esa ausencia paterna es por abandono de familia, total o parcial, o porque un hombre emigra buscando ingresos para la familia y la educación de los hijos. Puede tratarse así de una maldad o de una decisión incorrecta. Pero hay otros casos.

Cuando un padre está ausente porque la madre se ocupa de que no pueda convivir con los hijos, y éstos no tienen papá en su infancia y adolescencia, el caso es totalmente diferente. El resentimiento, el odio, la repulsión de una mujer contra su hombre, llega a extremos inaceptables. Si puede, huirá con ellos a otra ciudad, para que no los encuentre. Su afán de agresión daña terrible e irremediablemente a los hijos, pero ni siquiera lo considera así.

Estos casos del buen padre y la mala madre deben ser considerados y abordados por el Estado y por la sociedad, sobre todo por los familiares cercanos. No es posible que una mujer dañe a los hijos que tanto dice querer, privándoles de su papá, y que la sociedad y las familias simplemente vean hacia otro lado.

Tanto derecho tienen ambos padres de estar con sus hijos, de cuidarlos y educarlos, como los propios hijos tienen el correspondiente derecho de tener a ambos padres, amarlos y recibir de ambos cuanto quieren y puedan darles, y no verse privados de alguno de ellos, por perversidad del otro o la otra, que es el caso aquí abordado, de la convivencia padres-hijos.

 

Involúcrate en la Educación Escolar

Tu presencia es indispensable en la formación humana y espiritual de tus hijos, pero también, para dar carácter al estudiante del futuro. Adiestrar, instruir, educar… ¡que gran tarea!

Involucrarte en la educación de tus hijos, ser protagonista diaria de la evolución de su inteligencia, enseñarles a desarrollar su creatividad e ir desarrollando paso a paso las formas que darán carácter al estudiante del futuro ¡que reto más grande y que acto de generosidad tan gratificante!

¿Han comenzado tus hijos el kindergarten?, ¿Has pensado lo importante que es aprender y descubrir con ellos el fascinante mundo de la educación? , ¿sabes la dimensión de la tarea que tienes por delante?. Si hasta hoy lo has formado en virtudes humanas como el orden, la disciplina, la introducción a la generosidad, etc. hoy es el momento de empezar a profundizar en cada una de esas virtudes, para que todo el potencial humano y espiritual de tu hijo salga a la luz, ayudándole a ser un estudiante feliz con cada esfuerzo por realizar y terminar las cosas bien hechas.

Por supuesto, sin tu sí generoso, esto es algo que no se dará automáticamente, pues involucrarse de lleno en la educación de tus hijos pequeños, vendrá acompañado con una serie de “tendrás…” que no fácilmente, todas las que somos madres estamos dispuestas a dar.

Los “tendrás…”

“La educación durante toda la vida permite, ordenar las distintas etapas, preparar las transiciones, diversificar y valorizar las trayectorias”. (Informe de la Unesco)

La preparación para entrar al que es prácticamente el umbral de la educación, puede ser una verdadera aventura o un verdadero dolor de cabeza para ti como mamá. Pues la “gran tarea” por delante, no te pide uno, ni tres, ni cuatro años, sino más que eso, “tendrás” que estar dispuesta a recorrer con ella, él o ellos, las diferentes etapas que van desde el kindergarten y culminan con el bachillerato.

Claro, al llegar a cierta etapa en sus estudios, si has puesto mucho de tu tiempo y cuidado será un estudiante independiente, pero aún así, tendrás que estar muy dispuesta a seguir “estando presente” para ayudarle en su proceso formativo humano y espiritual. Ves a lo que me refiero con los “tendrás”. Veamos algunos de ellos:

– Dependiendo de tu país y el sistema educativo, lo primero que “tendrás” que hacer, es anotarte como voluntaria para la junta de padres y los que tienen a su cargo vigilar que todas las actividades de la escuela se lleven a cabo como esta planificado; por otro lado, también estas juntas de padres se encargan de organizar fiestas especiales, cumpleaños de maestros, celebraciones importantes y otros eventos. Estando en una de estas juntas, tendrás la oportunidad de conocer a otros padres que piensan y sienten como tu, acerca de la educación de sus hijos.

– “Tendrás” que ofrecerte de voluntaria por lo menos una vez a la semana para ayudar en el salón de clases de tus hijos pequeños. Un niño de cinco años todavía no tiene la madurez emocional que se necesita para seleccionar amigos, por lo tanto, tu tienes que seguir vigilando muy de cerca quienes son sus amiguitos y cuales son sus costumbres. Con tu participación una vez por semana, no sólo ganarás simpatía con su maestra, sino también podrás observar el comportamiento de cada uno de los niños y así decidir con quien tu hija tendrá días de juego después de la escuela.

– “Tendrás” que ponerte a revisar las lecciones estudiadas de cada jornada todos los días. Como un niño de kindergarten apenas está aprendiendo a leer y a descubrir por sí mismo el mundo del conocimiento, es importante que desde “ya”, aprenda que estudiar es un placer, un regalo, un juego maravilloso y la oportunidad más grande que te da la vida para llegar a ser todo lo que tu quieras ser. Es reforzar junto a él, ella o ellos, que uno de los derechos que tenemos como hijos de Dios es descubrir, aprender y desarrollar la inteligencia. El estudio hace todo esto, encárgate de que lo interioricen muy bien. Quince minutos de lectura diaria, con hora fija para hacer las tareas, y el talante alegre que observen en ti, serán cruciales para las actitudes que tendrá o no tendrá en el futuro.

– “Tendrás” que estar dispuesta a involucrarte en actividades extra escolares. Como son los programas para el desarrollo del carácter, los deportivos; los grupos de música o danza, etc. Todo esto requiere una enorme dosis de voluntad, generosidad, paciencia que no se cansa y conciencia de que es necesario estar presente en la vida de tus hijos. Los niños lo observan y sienten todo. Conozco una mamá que trabaja y tiene una lista enorme de obligaciones, sin embargo, desde que su hija comenzó la escuela, decidió lo que era importante en ese momento. Me comentaba el otro día que “nada la hace sentir más plena y feliz” que ver la cara de alegría de su niña, cuando la ve llegar todas las semanas a su salón de clases para ayudar a su maestra.

Todo lo anterior amiga, es para ayudar a que te animes seriamente en involucrarte en la educación de tus hijos pequeños. Ten la seguridad que al hacerlo, también tu estarás ayudando a tu propia formación y preparación, pues estarás familiarizada e inmersa en ese proceso educativo. Llegarás a ser una madre verdaderamente profesional, que se toma su papel muy en serio. No lo dudes: “ellos merecen el esfuerzo”.

Hay muchos consejos más que quisiera darte, pero me parece que hay uno especialmente importante cuando se trata de educar hoy para el futuro. Se trata de la educación de la voluntad.

Ya lo sabes, es con esta virtud, como tu misma te impones metas y las logras; es ella la que te motiva a terminar lo que comienzas, a perder esos kilos de más, y ahora te impulsará a involucrarte en la educación de tus hijos.

A medida que tus hijos te vean luchar y avanzar con ellos por el apasionante camino de las primeras letras, estarás descubriendo -y al mismo tiempo enseñando- como se lleva a cabo el proceso de querer aprender, querer mejorar y querer esforzarse por llegar a ser una persona completa. Todo esto esta anclado en la voluntad de poder hacer.

Profundizaras junto con tus hijos en el “cómo” se adquieren las virtudes y en el “cómo” se llega a ser una mujer u hombre de carácter. Generalmente las palabras no son suficientes para ayudar a los niños a interiorizar, si te ven “haciendo” eso que dices es tan importante, ten por seguro que llevas muchos pasos adelante.

La educación amiga, tiene la misión de permitir a todos sin excepción, hacer fructificar todos sus talentos y todas sus capacidades de creación, lo que implica que cada uno pueda responsabilizarse de sí mismo y realizar su proyecto personal.

¡Anímate a ser una gran protagonista en la educación de tus pequeños!

Sheila Morataya

 

Ideología de género: Primer blanco, la Familia

Oscar Alzamora Revoredo

La principal razón del rechazo feminista a la familia es que para ellas esta institución básica de la sociedad "crea y apoya el sistema de clases sexo/género"

"El final de la familia biológica eliminará también la necesidad de la represión sexual. La homosexualidad masculina, el lesbianismo y las relaciones sexuales extramaritales ya no se verán en la forma liberal como opciones alternas, fuera del alcance de la regulación estatal, en vez de esto, hasta las categorías de homosexualidad y heterosexualidad serán abandonadas: la misma institución de las relaciones sexuales, en que hombre y mujer desempeñan un rol bien definido, desaparecerá. La humanidad podría revertir finalmente a su sexualidad polimorfamente perversa natural" (1)

Estas palabras de Alison Jagger, autora de diversos libros de texto utilizados en programas de estudios femeninos en Universidades norteamericanas, revelan claramente la hostilidad de las "feministas del género" frente a la familia. "La igualdad feminista radical significa, no simplemente igualdad bajo la ley y ni siquiera igual satisfacción de necesidades básicas, sino más bien que las mujeres -al igual que los hombres- no tengan que dar a luz". La destrucción de la familia biológica que Freud jamás visualizó, permitirá la emergencia de "mujeres y hombres nuevos, diferentes de cuantos han existido anteriormente" (2).

Al parecer, la principal razón del rechazo feminista a la familia es que para ellas esta institución básica de la sociedad "crea y apoya el sistema de clases sexo/género". Así lo explica Christine Riddiough:

"La familia nos da las primeras lecciones de ideología de clase dominante y también le imparte legitimidad a otras instituciones de la sociedad civil. Nuestras familias son las que nos enseñan primero a ser buenos ciudadanos, tan completa es la hegemonía de la clase dominante en la familia, que se nos enseña que ésta encarna el orden natural de las cosas. Se basa en particular en una relación entre el hombre y la mujer que reprime la sexualidad, especialmente la sexualidad de la mujer" (3).

Para quienes tienen una visión marxista de las diferencias de clases como causa de los problemas, apunta O’Leary, diferente es siempre desigual y desigual siempre es opresor. En este sentido, las "feministas de género" consideran que cuando la mujer cuida a sus hijos en el hogar y el esposo trabaja fuera de casa, las responsabilidades son diferentes y por tanto no igualitarias. Entonces ven esta desigualdad en el hogar como causa de desigualdad en la vida pública, ya que la mujer, cuyo interés primario es el hogar, no siempre tiene el tiempo y la energía para dedicarse a la vida pública. Por ello afirman:

"Pensamos que ninguna mujer debería tener esta opción. No debería autorizarse a ninguna mujer a quedarse en casa para cuidar a sus hijos. La sociedad debe ser totalmente diferente. Las mujeres no deben tener esa opción, porque si esa opción existe, demasiadas mujeres decidirán por ella" (4).

Además, las "feministas de género" insisten en la desconstrucción de la familia no sólo porque según ellas esclaviza a la mujer, sino porque condiciona socialmente a los hijos para que acepten la familia, el matrimonio y la maternidad como algo natural. Al respecto, Nancy Chodorow afirma:

"Si nuestra meta es acabar con la división sexual del trabajo en la cual la mujer maternaliza, tenemos que entender en primer lugar los mecanismos que la reproducen. Mi recuento indica exactamente el punto en el que debe intervenirse. Cualquier estrategia para el cambio cuya meta abarque la liberación de las restricciones impuestas por una desigual organización social por géneros, debe tomar en cuenta la necesidad de una reorganización fundamental del cuidado de los hijos, para que sea compartido igualmente por hombres y mujeres" (5).

Queda claro que para los propulsores del "género" las responsabilidades de la mujer en la familia son supuestamente enemigas de la realización de la mujer. El entorno privado se considera como secundario y menos importante; la familia y el trabajo del hogar como "carga" que afecta negativamente los "proyectos profesionales" de la mujer. Este ataque declarado contra la familia, sin embargo, contrasta notablemente con la Declaración Universal de los Derechos Humanos promulgada, como es sabido, por la ONU en 1948. En el artículo 16 de la misma, las Naciones Unidas defienden enfáticamente a la familia y al matrimonio:

1. Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia; y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio.

2. Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio.

3. La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.

Sin embargo, los artífices de la nueva "perspectiva de género" presentes en la cumbre de la mujer pusieron al margen todas estas premisas y por el contrario apuntaron desde entonces la necesidad de "desconstruir" la familia, el matrimonio, la maternidad, y la feminidad misma para que el mundo pueda ser libre. En cambio, los representantes de las principales naciones comprometidas con la defensa de la vida y los valores familiares que participaron en Pekín, alzaron su voz en contra de este tipo de propuestas, sobre todo al descubrir que el documento de la cumbre eliminaba arbitrariamente del vocabulario del programa las palabras "esposa", "marido", "madre", "padre".

Ante tal hecho, Barbara Ledeen, Directora del Independent Women Forum, una organización de defensa de la mujer ampliamente conocida en Estados Unidos, señaló:

"El documento está inspirado en teorías feministas ultra radicales, de viejo sello conflictivo, y representa un ataque directo a los valores de la familia, el matrimonio y la femineidad".

Lamentablemente, la propuesta del Consejo Europeo para la Plataforma de Acción de Pekín se pronunció de la siguiente manera:

"Ya es hora de dejar en claro que los estereotipos de géneros son anticuados: los hombres ya no son únicamente los machos que sostienen la familia ni las mujeres sólo esposas y madres. No debe subestimarse la influencia psicológica negativa de mostrar estereotipos femeninos" (6).

Ante esta postura, O’Leary escribe en su informe que si bien es cierto que las mujeres no deben mostrarse únicamente como esposas y madres, muchas sí son esposas y madres, y por ello una imagen positiva de la mujer que se dedica sólo al trabajo del hogar no tiene nada de malo. Sin embargo, la meta de la perspectiva del género no es representar auténticamente la vida de la mujer, sino una estereotipificación inversa según la cual las mujeres que "sólo" sean esposas y madres nunca aparezcan bajo un prisma favorable.

Salud y Derechos Sexuales Reproductivos

En la misma línea, las "feministas de género" incluyen como parte esencial de su agenda la promoción de la "libre elección" en asuntos de reproducción y de estilo de vida. Según O’Leary, "libre elección de reproducción" es la expresión clave para referirse al aborto a solicitud; mientras que "estilo de vida" apunta a promover la homosexualidad, el lesbianismo y toda otra forma de sexualidad fuera del matrimonio. Así, por ejemplo, los representantes del Consejo Europeo en Pekín lanzaron la siguiente propuesta:

"Deben escucharse las voces de mujeres jóvenes, ya que la vida sexual no gira sólo alrededor del matrimonio. Esto lleva al aspecto del derecho a ser diferente, ya sea en términos de estilo de vida -la elección de vivir en familia o sola, con o sin hijos- o de preferencias sexuales. Deben reconocerse los derechos reproductivos de la mujer lesbiana" (7).

Estos "derechos" de las lesbianas, incluirían también el "derecho" de las parejas lesbianas a concebir hijos a través de la inseminación artificial, y de adoptar legalmente a los hijos de sus compañeras. Pero los defensores del "género" no sólo proponen este tipo de conductas sino que además defienden el "derecho a la salud" que, en honor a la verdad, se aleja por completo de la verdadera salud del ser humano. En efecto, ignorando el derecho de todo ser humano a la vida, estos proponen el derecho a la salud, que incluye el derecho a la salud sexual y reproductiva. Paradójicamente, esta "salud reproductiva" incluye el aborto y por tanto, la "muerte" de seres humanos no nacidos. No en vano, las "feministas de género" son fuertes aliadas de los Ambientalistas y Poblacionistas.

Según O’Leary, aunque las tres ideologías no concuerdan en todos sus aspectos, tienen en común el proyecto del aborto. Por un lado, los Ambientalistas y Poblacionistas, consideran esencial para el éxito de sus agendas, el estricto control de la fertilidad y para ello están dispuestos a usar la "perspectiva de género". La siguiente cita de la Division for the Advance of Women (División para el Avance de las Mujeres) propuesta en una reunión organizada en consulta con el Fondo de Población de la ONU, revela la manera de pensar de aquellos interesados primariamente en que haya cada vez menos gente:

"Para ser efectivos en el largo plazo, los programas de planificación familiar deben buscar no sólo reducir la fertilidad dentro de los roles de género existentes, sino más bien cambiar los roles de género a fin de reducir la fertilidad" (8).

Así, los "nuevos derechos" propuestos por las "feministas de género", no se reducen simplemente a los derechos de "salud reproductiva" que como hemos mencionado ya, promueven el aborto de un ser humano no nacido, sino que además exigen el "derecho" a determinar la propia identidad sexual. En un volante que circuló durante la Conferencia de Pekín, la ONG International Gay and Lesbian Human Rights Commission (Comisión Internacional de los Derechos Humanos de Homosexuales y Lesbianas) exigió este derecho en los siguientes términos:

"Nosotros, los abajo firmantes, hacemos un llamado a los Estados Miembros a reconocer el derecho a determinar la propia identidad sexual; el derecho a controlar el propio cuerpo, particularmente al establecer relaciones de intimidad; y el derecho a escoger, dado el caso, cuándo y con quién engendrar y criar hijos, como elementos fundamentales de todos los derechos humanos de toda mujer, sin distingo de orientación sexual".

Esto es más preocupante aún si se toma en cuenta que para las "feministas de género" existen cinco sexos. Rebecca J. Cook, docente de Leyes en la Universidad de Toronto y redactora del aporte oficial de la ONU en Pekín, señala en la misma línea de sus compañeros de batalla, que los géneros masculino y femenino, serían una "construcción de la realidad social" que deberían ser abolidos. Increíblemente, el documento elaborado por la feminista canadiense afirma que "los sexos ya no son dos sino cinco", y por tanto no se debería hablar de hombre y mujer, sino de "mujeres heterosexuales, mujeres homosexuales, hombres heterosexuales, hombres homosexuales y bisexuales". La "libertad" de los propulsores del "género" para afirmar la existencia de 5 sexos, contrasta con todas las pruebas científicas existentes según las cuales, sólo hay dos opciones desde el punto de vista genético: o se es hombre o se es mujer, no hay absolutamente nada, científicamente hablando, que esté en el medio.

1. Alison Jagger, "Political Philosophies of Womens Liberation", Feminism and Philosophy, Littlefield, Adams & Co., Totowa, New Jersey, 1977, p. 13.

2. Allí mismo, p. 14.

3. Christine Riddiough, "Socialism, Feminism and Gay/Lesbian Liberation", Women and Revolution, p. 80.
4. Christina Hoff Sommers, Who Stole Feminism?, Simon & Shuster, New York, 1994, p. 257.

5. Nancy Chodorow, The Reproduction of Mothering, U. of CA Press, Berkeley, 1978, p. 215.

6. Council of Europe, "Equality and Democracy: Utopia of Challenge?", Palais delEurope, Strausbourg, Febrero 9-11, 1995.
7. Allí mismo, p. 25.

8. "Gender Perspective in Family Planning Programs", Division for the Advancement of Women.

Fuente: Texto publicado por la CEP

 

 

Sin familias no hay futuro

En las últimas semanas, en España, se ha producido un acalorado debate en torno a la misma idea, a partir de un discurso valiente de la escritora Ana Iris Simón, que se atrevió a decir, sobre los planes del Gobierno, que sin familias no podemos pensar en una España próspera para el horizonte de 2050. Las reacciones virulentas y el acoso mediático que la joven escritora ha sufrido, especialmente por parte de quienes no tienen pudor en aparecer luego como adalides del feminismo, retratan a los protagonistas y vuelven a mostrar la dificultad que tenemos en España para articular un debate público que sea crítico, sereno y fecundo.

Dado el tiempo de confusión e incertidumbre en el que nos encontramos, son cada vez más necesarias personas que se atrevan a presentar la realidad tal cual es y a señalar, si viene al caso, que, como en el conocido cuento, los emperadores que se dedican a vendernos el humo de sus ropajes, están, en realidad, desnudos. Sin jóvenes y sin familias, queramos o no entenderlo, no hay futuro. Y el primer paso para ponerle remedio es reconocerlo.

JD Mez Madrid

 

 

Solo desde su dignidad originaria

Y solo desde su dignidad originaria se puede entender el respeto del hombre a la mujer y el de la mujer al hombre. “Una persona puede convertirse en un objeto de uso para otra persona. Es la mayor amenaza de nuestra civilización, especialmente de la civilización del mundo de las riquezas materiales. Entonces, el lugar de la complacencia desinteresada ocupa en el corazón humano el deseo de apoderarse de otro y de utilizarlo” (p. 53). Es el gran problema y somos bastante conscientes de ello, aunque algunos quieran engañarse y no enterarse

 

La avaricia, que no tiene otro nombre ese afán desmedido de comodidad, de aparentar, de seguridad económica, lleva a un planteamiento profundamente egoísta. Y cuando es la egolatría lo que mueve tantas veces a las personas, no nos puede extrañar que haya múltiples divisiones, especialmente en el matrimonio. La generosidad, el respeto, el llegar a apreciar debidamente a cada persona, es la clave para un cambio profundo en la sociedad.

 

“Cada persona es irrepetible. La no repetición no es una limitación, si no que muestra la profundidad. Tal vez el Señor quiere que precisamente tú se lo digas a ella, le digas en qué consiste su valor irrepetible y su singular belleza” (p. 59).

 

Es la valoración del don que se me hace con las personas que me rodean. Siguiendo a San Juan Pablo II, en Meditación sobre el don, Didaskalos 2021

 

Domingo Martínez Madrid

 

 

“No se mueve la Iglesia por ninguna ambición terrena”

El Concilio Vaticano II lo reafirmó con claridad: “No se mueve la Iglesia por ninguna ambición terrena, sólo pretende una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu Paráclito, la obra del mismo Cristo, que vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido” (Gaudium et spes, n. 3).

“Para cumplir esta tarea, corresponde a la Iglesia el deber permanente de escrutar afondo el signo de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, de manera acomodada a cada generación, pueda responder a los perennes interrogantes de los hombres sobre el sentido de la vida presente y futura y sobre la relación mutua entre ambas”.

La Iglesia no ha recibido del Señor ninguna potestad para resolver los problemas de la sociedad, para coronar reyes o dar su aprobación a presidentes de repúblicas, o para fijar los límites entre las naciones, o imponer un tratado a paz, aquí o allá; ni para organizar mejor el cambio de clima, o el buen andar de la economía; ni para “sinodalmente” inventarse una iglesia al gusto del consumidor, etc., etc. aunque en algunos momentos de la historia a algunas personas con autoridad en la Iglesia les haya parecido, o les pareciese, que eso era lo más importante de su tarea.

Jesús D Mez Madrid

 

De Estados Unidos a Europa

En gran medida, sea eco o no del movimiento de “nuevos filósofos” nacido en Francia a finales del siglo pasado, la cuestión de la identidad nacional está demasiado presente hoy, y será objeto de muchas discusiones a un año vista de la elección presidencial. Se hablará más que nunca de viejas cuestiones, como el laicismo o la universalidad de los derechos humanos, frente al multiculturalismo que puede dar origen a planteamientos que algunos califican como neotribalismo occidental. Ahora, y cada vez más, con la simplicidad y los estereotipos impuestos por las redes sociales.

Estos problemas están desplazando otros de más enjundia, como la recuperación económica, la defensa del medio ambiente o el incremento de las desigualdades sociales.

También los eurodiputados juegan a lo políticamente impuestos desde Bruselas-Estrasburgo: instan a los Estados miembros a incorporar a las legislaciones nacionales una nueva ética en materia de costumbres. Van más allá de las exigencias de la Carta de los derechos fundamentales de la UE, aprobada a finales del 2000. En el proyecto de informe aprobado por la Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género por 27 votos a favor, 6 en contra y 1 abstención, subrayan que el derecho a la salud, en particular la salud sexual y reproductiva, es un derecho fundamental de las mujeres, que debe reforzarse y no puede diluirse ni eliminarse. Las violaciones de este derecho constituyen una forma de violencia contra las mujeres y las niñas y obstaculizan el progreso hacia la igualdad de género. Los Estados deberían el acceso a una gama completa de servicios de salud y derechos sexuales y reproductivos de calidad, completos y accesibles, y que eliminen todas las barreras que impiden el pleno acceso a estos servicios, es decir, garantizar el acceso al aborto seguro y legal, así como la anticoncepción y la educación sexual.

Se trata, tanto en América como en Europa, de una batalla dialéctica unidireccional y excluyente, que mezcla buenas palabras con realidades vergonzantes, y omite cuestiones mucho más importantes para el bienestar social. Estos debates pillan a los creyentes en medio del huracán: constituyen un reto para su imaginación encontrar modos de distinguir las exigencias efectivas del bien común, a las que prestar apoyo, de las derivas ajenas a la dignidad de la persona, incompatibles con sus creencias. El problema no es fácil, porque unas y otras se entremezclan a la hora de la verdad, como experimentan en su carne los estadounidenses partidarios de Trump o de Biden, y no alcanzan a descifrar el mal menor.  De ahí la necesidad de nuevos planteamientos culturales, previos a la acción política, casi siempre partidista.

José Morales Martín

 

 

Las muchas guerras civiles en España

 

                                Cuando se hable de España, hay que decir primero, que es la tercera nación que como tal se conforma en el mundo de la civilización occidental y en el planeta; antes sólo hay dos y mucho más antiguas; son China y Japón; pero pese a ello, “no se consolida esa unidad nacional”, por cuanto siempre hubo y hay; “luchas intestinas”; lo que entre otros muchos calificativos, cito el del unificador “de todas las tribus alemanas”; o sea, el conocido como “Canciller de Hierro”; Otto von Bismark, que en el siglo XIX, afirma y sentencia… “España es la nación más fuerte del mundo, los españoles llevan siglos tratando de destruirla y no lo consiguen”; cito de memoria pero es la realidad de lo que dijo y tristemente no se equivocó.

                                La historia de Hispania (luego España) se inicia al sur de la península y siglos antes de Cristo; en la civilización de Tartesos o Tartésica, seguida por los pueblos, “iberos o íberos” del sur, como continuadores; todo ello conformó una civilización avanzada y equivalente a otras de su tiempo, que supieron, mediante aplastamiento, el erigirse como “superiores”; pero sepamos que “los túrdulos y turdetanos”, tenían hasta alfabetos propios y dominaban técnicas, que luego les copiaron los romanos (“la espada fálcata, técnicas guerreras, etc.); Hay infinidad de datos, no sólo en Internet, sino en el mucho más antiguo, “Gran Espasa” (Enciclopedia española de más de cien grandes volúmenes).

                                Si aquellas civilizaciones no llegaron “a más protagonismo histórico”, fue sencillamente por sus luchas intestinas o guerras inacabables entre las muchas tribus ibéricas (y que de alguna manera se mantienen hasta hoy).

                                Tras los dominios cartagineses (que las emplean como tropas mercenarias) y luego los romanos, que son los que las aplastan y dominan totalmente; luego vienen los “bárbaros” (Godos y Visigodos) y sus luchas intestinas; tras ellos, los musulmanes que mediante un gran traidor (Conde de Ceuta) entran envalentonados y eufóricos, en plena expansión de su Islam; y encontrándose un territorio “siempre en lucha”; fácilmente se apoderan de casi toda la península, lo que mantienen mientras “su nuevo Califato, se mantiene en toda su fuerza”; luego disuelto éste, siguen las luchas, entre “las desmembradas coras o reinos menores musulmanes”, unidas a las de los ya constituidos “reyes cristianos”; que  poco a poco van imponiéndose; pero sin que por ello, no sufran también “sus luchas intestinas”; hasta que por fin, y gracias a la “unión de los Reyes Católicos”, se logra la España actual; salvo Portugal, que ya y por su propia fuerza, luchando contra España, mantiene su independencia. También son los reyes católicos, los que nos van a dotar con nuestra mejor arma, cuál es el idioma ESPAÑOL (que no castellano) y que igualmente son los que inician, el Imperio Español, costeando hasta el viaje de Cristóbal Colón.

                                Tras ellos, vienen “nuevas calamidades” con su tan “famoso” nieto, cual fue Carlos I, el que viene simplemente a hacerse cargo del gran botín que por herencia le pertenece, pero que “España y lo españoles” le importan dos cojones; puesto que a lo que viene, es por el oro y poder que aquí hay; y con lo que compra, su famoso cargo de “Emperador”; para ello lo primero que va a hacer, es cargarse a “los comuneros de Castilla”; “las guerras de las Germanías en el levante español”, e implantar el poder absoluto, que va a padecer España y los españoles. Posteriormente su hijo y nietos, tendrán que mantener guerras, con “los moriscos” de Las Alpujarras y otras con los del levante español, hasta liquidarlos o expulsarlos… y así, hasta la terrible guerra civil de 1936/1939 y hasta 1963; que yo considero así, por cuanto es en ese año, fusilado, el último de los represaliados y que se llamó, Julián Grimau; pero volvamos atrás.

                                Tras el dominio de los extranjeros “Austrias”; nos vienen nuevas guerras, puesto que nos llegan, “los nefastos Borbones”, los que salvo excepciones; “lagarto-lagarto”; puesto que vinieron a explotar “la gran finca heredada. Y así se llega hasta la calamidad nacional, que fue, “el rey felón” (Fernando VII) y el que tras “sus crímenes y traiciones”, provoca las denominadas, “Guerras Carlistas”, que de nuevo llenan de sangre y latrocinios las tierras de España (1);

                                Lamentablemente y como al pueblo español, siempre sus malos gobernantes, lo han mantenido en “la inopia”, o máxima ignorancia; ayer y en una tertulia de “amigos”; sufrí los ataques de un, “furibundo ignorante que no sabiendo apenas “una papa” de la historia de su nación, se me enfrentó como para “comerme con sus desconocimientos”; y es por ello por lo que hoy he realizado, este boceto de la terrible historia de este siempre “mangoneado país, o nación denominado España”; y en el que en la actualidad, mangoneado por muchos, que debieran ya estar “sentados en banquillos ante verdaderos jueces y justicia”; siguen con sus dislates, y lo que permite, que “el tirano marroquí siga jugando a la pita con España”; y que el nuevo presidente estadounidense, “ni le haga puto caso a tan indeseable inútil, que servilmente ayer mismo se arrimó a él, simplemente buscando que le pasase la mano por el lomo”; y cuyo nombre me niego hoy a escribirlo; por tanto seguiré, “rumiando mis amarguras como español total, que me siento; y pese a que muchas veces, sienta vergüenza de manifestarlo, viendo lo que muchos hacen con el mismo; y ni se inmutan”.

 

 

(1) Las guerras carlistas fueron una serie de contiendas civiles que tuvieron lugar en España a lo largo del siglo xix. Se debieron, por un lado, a una disputa por el trono, y, por el otro, a un enfrentamiento entre principios políticos opuestos. Los carlistas, que luchaban bajo el lema de «Dios, Patria y Rey», encarnaban una oposición reaccionaria al liberalismo y defendían la monarquía tradicional, los derechos de la Iglesia y los fueros, mientras que los liberales exigían hondas reformas políticas por medio de un gobierno constitucional y parlamentario.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes