Las Noticias de hoy 10 Junio 2021

Enviado por adminideas el Jue, 10/06/2021 - 11:58

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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 10 de junio de 2021        

Indice:

ROME REPORTS

Que la oración sea el pentagrama de la melodía de nuestra vida

El Papa en el Corpus Christi: “Ensanchemos nuestro corazón”

Francisco alienta al John 17 Movement: "¡El amor puede cambiar el mundo!"

El Papa pide formar a las familias para que comprendan su compromiso eclesial

MOTIVOS PARA LA PENITENCIA : Francisco Fernandez Carbajal

Evangelio del jueves: por el perdón hacia el amor

"Enamórate y no 'le' dejarás" : San Josemaria

Mensaje del Prelado (10 junio 2021)

El camino de la liberación: del pecado a la gracia : José Brage

¿Cómo ser contemplativos en la vida cotidiana? :

Ocho recursos para la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

Tres mensajes de ‘Camino’

Junio es el mes del Corazón de Jesús – “Corazón de misericordia” : primeroscristianos

 ¿Eutanasia encubierta? : Jose Luis Velayos

Valores perennes: Tradición, Familia y Propiedad : Plinio Corrêa de Oliveira

Aprender del pasado: Ana Teresa López de Llergo

El envejecimiento activo : Lucía Legorreta

No usar el nombre de Dios en vano : Enric Barrull Casals

Las primeras ESA : Domingo Martínez Madrid

Paz en el nombre de Dios : José Morales Martín

Nuevo impulso a la elección de escuela :  José Morales Martín

Pensar y deducir es el mayor trabajo : Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

Que la oración sea el pentagrama de la melodía de nuestra vida

Lo afirmó Francisco en su penúltima catequesis sobre la oración, durante la audiencia general celebrada en el Patio de San Dámaso. El Papa se refirió a la perseverancia en la oración, que debe ser como “el fuego sagrado que arda en nosotros sin cesar”. Y recordó que pasado mañana se celebrará la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. De ahí su invitación a pedir al Señor “que haga nuestros corazones semejantes al suyo”

 

Vatican News

El Papa Francisco celebró esta mañana a las 9.30, en el Patio de San Dámaso, su tradicional audiencia semanal en un lugar que le permite tener, al menos, algún tipo de contacto con los fieles y peregrinos que, en número reducido a causa de las medidas adoptadas por la pandemia, acuden a este encuentro para escuchar su catequesis de los miércoles y recibir su bendición apostólica.

El Santo Padre propuso la penúltima catequesis sobre la oración, y abordó el tema del perseverar en el amor, es decir, ser perseverantes al rezar. Una invitación, dijo, que también es un mandamiento que nos viene de la Sagrada Escritura.

Necesitamos la oración como el aire que respiramos

“‘Orar constantemente’ es una invitación, más aún, una exhortación que nos hace la Sagrada Escritura. Pero, ¿cómo es posible rezar sin interrupción? Esta fue la búsqueda del Peregrino ruso, que descubrió la oración del corazón, una oración breve que consiste en repetir, al ritmo de la respiración y durante toda la jornada: ‘Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mí, pecador’”

Tras afirmar que “en la vida necesitamos tanto de la oración como del aire que respiramos”, Francisco se refirió a la historia de la espiritualidad en la que diversos autores insisten en la necesidad de una oración perseverante y continua, “que sea el centro de la existencia cristiana, el pentagrama donde se apoye la melodía de nuestra vida, el fuego sagrado que arda en nosotros sin cesar y que nada lo pueda apagar”.

Que nuestra oración no nos aleje de la realidad

El Papa Francisco añadió textualmente mientras resumía su catequesis en nuestro idioma:

“Vivir estos principios no es fácil. Pero estamos llamados a hacerlos vida manteniendo el equilibrio entre trabajo y oración, es decir, intentando que el trabajo no nos absorba hasta el punto de no encontrar tiempo para orar y, por otra parte, estando atentos a que nuestra oración no se convierta en un espiritualismo, que nos aleje del contacto con la realidad”

“En definitiva – concluyó – la circularidad entre fe, vida y oración mantiene encendido en nosotros el fuego del amor: los tiempos dedicados a estar con Dios reavivan nuestra fe, y esto se traduce en nuestra vida concreta”.

Saludos del Papa

“Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. En estos días en que nos preparamos a celebrar la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, pidamos al Señor que haga nuestros corazones semejantes al suyo: humildes, misericordiosos y perseverantes en el amor, en la oración y en las buenas obras. Que Dios los bendiga. Muchas gracias”

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09/06/2021Audiencia General 9 de junio 2021

En portugués

Al saludar a los fieles de lengua portuguesa y antes de impartirles su bendición, el Santo Padre los invitó, en este mes de junio dedicado al Sagrado Corazón, a experimentar en la oración la invitación a ir hacia Jesús, “llevando nuestros cansancios y dificultades, para encontrar descanso y así aprender de Él, que es ‘manso y humilde de corazón’".

En francés

A los fieles francófonos el Papa en su saludo les recordó que “la oración es una necesidad vital para una vida cristiana sana y fructífera”. Por esta razón sugirió: “Aprendamos a encontrar en el corazón de nuestras actividades diarias momentos de recogimiento y meditación para ofrecer al Señor nuestras preocupaciones, nuestras emociones, nuestras esperanzas, así como la vida del mundo. Entonces seremos discípulos según el corazón de Cristo. Sobre cada uno de ustedes, invoco la paz y la bendición de Dios”.

En inglés

Al saludar cordialmente a los peregrinos de habla inglesa Francisco los invitó “a cultivar una oración constante, capaz de unir nuestra vida cotidiana y ofrecerla como un sacrificio agradable al Señor”. Después de lo cual invocó sobre todos ellos y sus familias “la alegría y la paz de Cristo. ¡Que Dios los bendiga!”.

En alemán

En su saludo a los queridos hermanos y hermanas de lengua alemana, el Papa les recordó: “El viernes celebramos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Pidamos al Señor que haga latir nuestro corazón con el suyo: que lo purifique de todo lo terrenal, de todo lo que es orgullo y desorden, de todo lo que es insensible; que lo llene de sí mismo, para que en su amor y en su temor nuestro corazón encuentre la paz”.

En polaco

También al saludar cordialmente a todos los polacos el Obispo de Roma les recordó: “El próximo viernes celebraremos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Ese día, en el centenario de la consagración del pueblo polaco al Sacratísimo Corazón de Jesús, sus obispos renovarán solemnemente este acto. Los exhorto a que, imbuidos del amor divino, trabajen por la construcción de la civilización del amor. Los bendigo de corazón”.

En árabe

Al saludar a los fieles de habla árabe, el Papa Francisco les dijo: “La oración es el aliento de la vida, y todos estamos invitados a vivirla, para que sea una oración ininterrumpida. La oración está en el corazón de la existencia cristiana, como la respiración, que no puede faltar. Que el Señor los bendiga a todos y ¡los proteja siempre de todo mal!”.

En italiano

Por último, al dirigir un cordial saludo a los peregrinos de lengua italiana, el Santo Padre nombró en particular a los jóvenes comunicadores que participaron en la iniciativa del Dicasterio para la Comunicación, a los jóvenes del grupo "Contatto" de Turín, a los jóvenes de Grottaferrata que recaudaron fondos para vacunas destinadas a los más necesitados, y a los estudiantes de la Región de los Abruzos que participaron en el concurso de belenes.

Además, recordó: “Pasado mañana celebraremos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, en la que el amor de Dios se dio a conocer a toda la humanidad”.

“Invito a cada uno de ustedes a mirar con confianza al Sagrado Corazón de Jesús y a repetir con frecuencia, especialmente durante este mes de junio: ‘Jesús, manso y humilde de corazón, transforma nuestros corazones y enséñanos a amar a Dios y al prójimo con generosidad’”

Por último, como es costumbre, el pensamiento del Papa se dirigió a los ancianos, a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, a quienes les dijo: “Que el Corazón de Cristo, fuente del amor que redimió al mundo, los acompañe y sostenga siempre. A todos mi bendición”.

 

 

El Papa en el Corpus Christi: “Ensanchemos nuestro corazón”

El Papa preside la Santa Misa del Corpus Christi y se detiene en tres imágenes del Evangelio para explicar como debemos prepararnos para la Pascua del Señor: “Convirtámonos en una Iglesia con el cántaro en la mano, que despierta la sed y lleva el agua, abramos de par en par el corazón para ser la habitación amplia donde todos puedan entrar y encontrar al Señor, desgastemos nuestra vida en la compasión y la solidaridad, para que el mundo vea por medio nuestro la grandeza del amor de Dios”.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

En la tarde del domingo 6 de junio, el Pontífice ha presidido la Santa Misa del Corpus Christi desde el altar de la Catedra en la Basílica Vaticana, deteniéndose, durante su homilía, en explicar de que manera podemos nosotros hoy preparar la Pascua del Señor - al igual que los discípulos prepararon el lugar donde iban a celebrar la cena Pascual - y entender cuales son lugares de nuestra vida en los que el Señor pide que lo recibamos. Sus respuestas se han detenido en tres imágenes del Evangelio:

La primera imagen: el hombre que lleva un cántaro de agua

Jesús dice a los suyos que adonde los conduzca un hombre con un cántaro de agua, allí se podrá celebrar la cena de Pascua. “Ese hombre, totalmente anónimo, se convierte en guía para los discípulos que buscan el lugar que después será llamado el Cenáculo. Y el cántaro de agua es el signo para reconocerlo. Un signo que nos lleva a pensar en la humanidad sedienta, siempre en busca de un manantial de agua que la sacie y la regenere” ha dicho el Papa Francisco. Pero – dice - esta “señal” simbólica se refiere a que, para saciar esta sed, el agua de las cosas mundanas no sirve “porque se trata de una sed más profunda, que sólo Dios puede satisfacer”.

Por tanto, el Papa explica que para celebrar la Eucaristía “es preciso reconocer, antes que nada, nuestra sed de Dios: sentirnos necesitados de Él, desear su presencia y su amor, ser conscientes de que no podemos salir adelante solos” y pone de relieve e drama actual en el que encontramos a menudo que la sed ha desaparecido: “Se han extinguido las preguntas sobre Dios, se ha desvanecido el deseo de Él, son cada vez más escasos los buscadores de Dios. Dios no atrae más porque no sentimos ya nuestra sed profunda”. Por ende, la invitación de Francisco es que como Iglesia no puede ser suficiente el grupito de asiduos que se reúnen para celebrar la Eucaristía; “debemos ir a la ciudad, encontrar a la gente, aprender a reconocer y a despertar la sed de Dios y el deseo del Evangelio”.   

La segunda imagen: la habitación amplia en el piso superior

Es allí donde Jesús y los suyos celebrarán la cena pascual y esta habitación se encuentra en la casa de una persona que los aloja. Se trata – dice el Papa – de “una habitación amplia para un pequeño pedazo de Pan”. Dios se hace pequeño como un pedazo de pan y justamente por eso es necesario un corazón grande para poder reconocerlo, adorarlo y acogerlo: “La presencia de Dios es tan humilde, escondida, en ocasiones invisible, que para ser reconocida necesita de un corazón preparado, despierto y acogedor” explica el Santo Padre. De hecho, dice: “Si nuestro corazón no tiene una habitación amplia, se parece a un depósito donde conservamos con añoranza las cosas pasadas; si se asemeja a un desván donde hemos dejado desde hace tiempo nuestro entusiasmo y nuestros sueños; si se parece a una sala angosta y oscura porque vivimos sólo de nosotros mismos, de nuestros problemas y de nuestras amarguras, entonces será imposible reconocer esta silenciosa y humilde presencia de Dios”.

Por tanto, destaca la invitación del Papa a “ensanchar el corazón”, a “salir de la pequeña habitación de nuestro yo y entrar en el gran espacio del estupor y la adoración”. Además, invita también a la Iglesia a ser una sala amplia: “No un círculo pequeño y cerrado, sino una comunidad con los brazos abiertos de par en par, acogedora con todos”. “La Iglesia de los perfectos y de los puros – dice – es una habitación en la que no hay lugar para nadie; la Iglesia de las puertas abiertas, que festeja en torno a Cristo es, en cambio, una sala grande donde todos pueden entrar”.

La tercera imagen: Jesús que parte el pan

Es el gesto eucarístico por excelencia, el gesto que identifica nuestra fe, el lugar de nuestro encuentro con el Señor que se ofrece para hacernos renacer a una vida nueva. Se trata de un gesto “sorprendente” dice el Papa, pues hasta ese momento se inmolaban corderos y se ofrecían en sacrificio a Dios, “ahora es Jesús el que se hace cordero y se inmola para darnos la vida”. Es más, el Papa explica “que es el Señor, que no quebranta a nadie, sino que se parte a sí mismo; es el Señor, que no exige sacrificios, sino que se sacrifica él mismo, es el Señor, que no pide nada, sino que entrega todo”. Al final de su homilía, el Papa recuerda que, para celebrar y vivir la Eucaristía, también nosotros estamos llamados a vivir este amor: “Porque no puedes partir el Pan del domingo si tu corazón está cerrado a los hermanos. No puedes comer de este Pan si no compartes los sufrimientos del que está pasando necesidad”.

 

 

Francisco alienta al John 17 Movement: "¡El amor puede cambiar el mundo!"

A través de un video mensaje el Papa Francisco expresó su cercanía a los miembros del "John 17 Movement" reunidos en el Seminario de San José de Nueva York, con ocasión del retiro especial sobre "Reconciliación Relacional, un Nuevo Camino para la Reconciliación de los Cristianos". El Pontífice subrayó los valores de amor y fraternidad que promueve este Movimiento y que son fundamentales para cambiar el mundo.

 

Sofía Lobos - Ciudad del Vaticano

La tarde del 9 de junio el Papa Francisco envió un video mensaje a los miembros del "John 17 Movement" reunidos en el Seminario de San José de Nueva York, con ocasión del retiro especial sobre "Reconciliación Relacional, un Nuevo Camino para la Reconciliación de los Cristianos" (Jn 17,13-17).

Un evento que contó con la participación del Rector del Seminario, el Obispo James Massa y del Cardenal Joseph Tobin. 

Descubrirnos hermanos: hijos de un mismo Padre

En el video el Santo Padre saludó a todos cordialmente y agradeció el compromiso de este Movimiento:

"John 17 Movement trata sobre el amor de quienes, alrededor de la mesa tomando un café cappuccino, almorzando o disfrutando de un helado, se descubren hermanos, no por el color de la piel, ni la nacionalidad, ni la procedencia, ni las diversas formas en las que viven su fe; sino como hijos de un mismo Padre", subrayó.

Además, el Papa hizo hincapié en que esta fraternidad nace incluso en lugares donde a causa de la pobreza y la guerra "ni siquiera hay una mesa, ni un cappuccino, ni un helado para compartir", ya que lo esencial del vínculo que nos une -añadió- es que "somos hijos de un mismo Padre".

Por otro lado, el Pontífice destacó que el amor no necesita de profundos conocimientos teológicos, aunque estos también sean necesarios:

“El amor es un encuentro de vida, primero con el Señor, con la persona de Jesús y de allí, de ese encuentro de amor, nace la amistad, la fraternidad, y la certeza de ser hijos del mismo Padre. La vida que se comparte y se entrega a un fin superior: ¡El amor puede cambiar el mundo pero primero nos cambia a nosotros mismos!”

Permanecer juntos en el amor para cambiar el mundo

Para Francisco es posible cambiar el mundo en el que vivimos si los cristianos "permanecemos juntos en el amor" y de esta manera "podemos cambiarnos a nosotros mismos porque Dios es Amor".

 

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09/06/2021El Papa pide formar a las familias para que comprendan su compromiso eclesial

Igualmente, en el video, el Pontífice lamenta que a causa de la actual pandemia no pudo encontrarse con el  "John 17 Movement", tal y como estaba previsto hace algunos meses: "Ya nos encontraremos más adelante, ojalá lo hagamos pronto, antes de fin de año", expresó.

Compartir la vida y el amor fraterno

Antes de despedirse, el Papa exhortó a todos a seguir caminando juntos compartiendo la vida y el amor fraterno:

“John 17 Movement y el testimonio que han compartido conmigo cada vez que nos hemos encontrado, me da esperanza, y me da alegría. Como dice Joe Tosini, el amor es lo más importante del mundo y sin embargo ¡nadie enseña cómo amar! Amas o no amas, pero el amor que se hizo carne, el amor que dio su vida por nosotros, ese es el camino”

Finalmente, Francisco puso en guardia sobre el riesgo de confundir el amor "con una especie de filosofía platónica e idealista".

"El amor es concreto, el amor da la vida por los demás, como Jesús la dio por nosotros. El amor no se enseña, ¡se vive! ¡Ustedes nos están enseñando esto... Viviéndolo!", concluyó el Papa pidiendo a los integrantes de este Movimiento que no se olviden de rezar por él, "porque este trabajo no es nada fácil", puntualizó sonriendo.

Origen del "John 17 Movement"

El John 17 Movement comenzó en 2013 cuando el pastor pentecostal Joe Tosini -según relata él mismo- se despertó en la madrugada con un fuerte deseo de rezar por el recién elegido Papa Francisco. Al no ser católico, esto le sorprendió mucho, pero también presintió que un día se encontraría con el Pontífice y comenzaría a trabajar con él por la unidad de la Iglesia. 

Desde entonces inició un camino de diálogo y fraternidad entre el Movimiento y la Iglesia católica en favor de la cultura del encuentro, que busca siempre tender puentes humanos y nunca muros.

 

El Papa pide formar a las familias para que comprendan su compromiso eclesial

El Pontífice envía un video mensaje a los participantes del Foro “¿Hasta dónde hemos llegado con Amoris laetitia? Estrategias para la aplicación de la exhortación apostólica del Papa Francisco" organizado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.

 

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

Entre saludos y agradecimientos por la iniciativa al Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, el Papa Francisco ha comenzado su video mensaje dirigido a los participantes del Foro “¿Hasta dónde hemos llegado con Amoris laetitia? Estrategias para la aplicación de la exhortación apostólica del Papa Francisco", que pretende estimular un discernimiento eclesial fecundo sobre el estilo y la finalidad de la pastoral familiar en la perspectiva de la nueva evangelización, cinco años después de la promulgación de la exhortación apostólica Amoris laetitia.

La exhortación Amoris laetitia, tal y como dice el Papa en su video mensaje, “es el fruto de una profunda reflexión sinodal sobre el matrimonio y la familia y, como tal, requiere un paciente trabajo de aplicación y una conversión misionera”. Es por ello que este Foro – puntualiza – “está en continuidad con el camino sinodal, que debe concretarse en las Iglesias locales y que requiere cooperación”.

De hecho, dice, dicho Foro “representa un momento esencial de diálogo entre la Santa Sede, las conferencias episcopales, los movimientos y las asociaciones familiares” y expresa su deseo de que “el Espíritu Santo lo convierta en un evento fecundo para la Iglesia, pastores y laicos juntos, para escuchar las necesidades concretas de las familias” y “ayude a emprender los procesos necesarios para renovar el anuncio de la Iglesia”.

La familia es hoy más que nunca un signo de los tiempos

El Papa también aclara que hoy más que nunca “la familia es un signo de los tiempos” y la Iglesia está invitada “a escuchar activamente a las familias” y al mismo tiempo “a involucrarlas como sujetos de la pastoral”, de hecho – dice – “es necesario dejar de lado cualquier idea de que la evangelización está reservada a una élite pastoral” pues como explica el Papa, “cada uno de los bautizados es agente evangelizador".

En este sentido, Francisco asegura que para llevar el amor de Dios a las familias y a los jóvenes necesitamos la ayuda de las propias familias, de su experiencia concreta de vida y de comunión: “Necesitamos cónyuges junto a los pastores, para caminar con otras familias, para ayudar a los más débiles, para anunciar que, también en las dificultades, Cristo se hace presente en el sacramento del matrimonio para dar ternura, paciencia y esperanza a todos, en cualquier situación de la vida”. 

El matrimonio tiene una misión en la edificación de la Iglesia

“El matrimonio, al igual que el sacerdocio, tiene una finalidad directa de construcción y dilatación del Pueblo de Dios y confiere a los cónyuges una misión particular en la edificación de la Iglesia”. Para el Papa, la familia es "Iglesia doméstica", es decir, ese lugar donde la presencia sacramental de Cristo actúa entre los esposos y entre los padres y los hijos y la corresponsabilidad en la misión llama, a los cónyuges y a los ministros ordenados, especialmente a los obispos, “a cooperar con fecundidad en el cuidado y la custodia de las Iglesias domésticas”. Dicho esto, el Papa Francisco pide a los pastores llamar a los matrimonios “que muchas veces están ahí, están listos, pero no son llamados”. “Si los llamamos – dice el Papa – a trabajar con nosotros, si les damos espacio, pueden brindar su aporte a la construcción del tejido eclesial”.

Ser conscientes del gran Don que se recibe con el Sacramento del matrimonio

Por último, el Papa pide a los participantes del Foro que es importante “hacer un esfuerzo especial para formar a los laicos, especialmente a los cónyuges y a las familias, para que comprendan mejor la importancia de su compromiso eclesial”. Pues – aclara – “muchas familias no son conscientes del gran don que han recibido en el Sacramento, signo eficaz de la presencia de Cristo que acompaña cada momento de su vida. Cuando una familia descubre plenamente este don, siente el deseo de compartirlo con otras familias, porque la alegría del encuentro con el Señor tiende a difundirse y genera otra comunión; es naturalmente misionera”.

 

MOTIVOS PARA LA PENITENCIA

— Quitar lo que estorba. Renuncia al propio yo. Corredención.

— Invitación de la Iglesia a la penitencia. Su influencia en la oración. Sentido penitencial de los viernes.

— Algunos campos de la mortificación. Condiciones.

I. Convocó Jesús a la muchedumbre y a sus discípulos, y les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará1.

El Señor ya había enseñado que para ser su discípulo era necesario desasirse de los bienes materiales2; aquí pide un desprendimiento más profundo: la renuncia a lo que se es, al propio yo, a lo más íntimo de la persona. Pero en el discípulo de Cristo cada entrega lleva consigo una afirmación: dejar de vivir para mí mismo, a fin de que Cristo viva en mí3. La «vida en Cristo», por cuyo amor todo lo sacrifiqué...4, escribe San Pablo a los cristianos de Filipo, es una verdadera realidad de la gracia. La existencia cristiana es toda ella una afirmación: de vida, de amor, de amistad. Yo he venido -nos dice Jesús- para que tengan vida y la tengan en abundancia5. Nos ofrece la filiación divina, la participación en la vida íntima de la Trinidad Beatísima. Y lo que estorba a esta admirable promesa es el apegamiento a nuestro yo, a la comodidad, al bienestar, al propio éxito... Por eso es necesaria la mortificación, que no es algo negativo, sino desprendimiento de sí para permitir que Jesús esté en nosotros. De ahí la paradoja: «para Vivir hay que morir»6: morir a sí mismo para tener vida sobrenatural. Si vivís según la carne, moriréis; si con el espíritu mortificáis las obras de la carne, viviréis7.

Si alguno quiere venir en pos de mí... Para responder a la invitación de Jesús, que pasa a nuestro lado, necesitamos caminar paso a paso, progresar de continuo. Es preciso «morir cada día un poco», negarse: negar al hombre viejo8, que llevamos dentro de nosotros, aquellas obras que nos separan de Dios o dificultan crecer en su amistad. Para caminar hacia la santidad a la que el Señor nos ha llamado es necesario someter las inclinaciones desordenadas, las pasiones, pues después del pecado original y de los pecados personales ya no están debidamente sujetas a la voluntad. Para progresar en pos de Cristo debemos ser dueños de nosotros mismos y orientar nuestros pasos en una determinada dirección: «somos como un hombre que lleva un asno; o conduce al asno o el asno le conduce a él. O gobernamos las pasiones o ellas nos gobernarán»9. Cuando no hay mortificación, «parece como si el “espíritu” se fuera reduciendo, empequeñeciendo, hasta quedar en un puntito... Y el cuerpo se agranda, se agiganta, hasta dominar. —Para ti escribió San Pablo: “castigo mi cuerpo y lo esclavizo, no sea que, habiendo predicado a otros, venga yo a ser reprobado”»10.

El mismo San Pablo nos señala otro motivo de penitencia: Ahora me gozo en mis padecimientos por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a la Pasión de Cristo en beneficio de su cuerpo que es la Iglesia11. ¿Es que la Pasión de Cristo no fue suficiente por sí sola para salvarnos? –se pregunta San Alfonso Mª de Ligorio–. Nada faltó, sin duda, de su valor y fue plenamente suficiente para salvar a todos los hombres. Con todo, para que los méritos de la Pasión se nos apliquen, debemos cooperar por nuestra parte, llevando con paciencia los trabajos y tribulaciones que Dios nos mande, para asemejarnos a Jesús12.

Nosotros somos los primeros que nos beneficiamos de esta participación en los sufrimientos de Cristo13 cuando le seguimos con una mortificación generosa; además, la eficacia sobrenatural de la penitencia alcanza a la propia familia, de modo particular a los más necesitados, a los amigos, a los colegas, a esas personas que queremos acercar al Señor, a toda la Iglesia y al mundo entero.

II. «La Iglesia –al paso que reafirma la primacía de los valores religiosos y sobrenaturales de la penitencia (valores capaces como ninguno para devolver hoy al mundo el sentido de Dios y de su soberanía sobre el hombre, y el sentido de Cristo y de su salvación)– invita a todos a acompañar la conversión interior del espíritu con el ejercicio voluntario de obras externas de penitencia»14. El dolor, la enfermedad, cualquier tipo de sufrimiento físico o moral, ofrecido a Dios con espíritu penitente, en lugar de ser algo inútil y dañino adquiere un sentido redentor «para la salvación de sus hermanos y hermanas. Por lo tanto, no solo es útil a los demás, sino que realiza incluso un servicio insustituible. El sufrimiento, más que todo lo demás, hace presente en la historia de la humanidad la fuerza de la Redención»15.

La Iglesia nos recuerda frecuentemente la necesidad de la mortificación. Si alguno quiere venir en pos de mí... De modo particular ha querido que un día a la semana, el viernes, consideremos la necesidad y los frutos del negarse a uno mismo y que nos propongamos alguna mortificación especial: la abstinencia de la carne, o bien algo costoso (trabajo mejor realizado, hacer la vida más grata a aquellos con quienes convivimos...) o una práctica piadosa (lectura espiritual, el Santo Rosario, la Visita al Santísimo, el ejercicio piadoso del Vía Crucis...) o alguna obra de misericordia (hacer compañía a un enfermo, dedicar tiempo a alguien que está necesitado, limosna...). Pero no debemos contentarnos solo con esta muestra de penitencia semanal, que es recuerdo de la Pasión de Nuestro Señor, de lo que sufrió por nosotros y del valor del sacrificio; diariamente espera el Señor que sepamos negarnos en pequeñas cosas, que vivificarán el alma y harán fecundo el apostolado.

III. En primer lugar, debemos tener presentes las llamadas mortificaciones pasivas: ofrecer con amor aquello que nos llega sin esperarlo o que no depende de nuestra voluntad (calor, frío, dolor, ser pacientes ante una espera que se prolonga más allá de lo previsto, una contestación brusca que nos desconcierta...). Junto a las mortificaciones pasivas, aquellas que tienden a facilitar la convivencia (poner empeño en ser puntuales, escuchar con interés verdadero, hablar cuando se hace sentir un silencio incómodo, ser afables siempre venciendo los estados de ánimo, vivir con delicadeza las normas habituales de cortesía: dar las gracias, pedir disculpas cuando sin querer hemos podido molestar a alguien...) y el trabajo (intensidad, orden, acabar con perfección la tarea, ayudar y facilitar la tarea a otros...). Mortificación de la inteligencia (evitar actitudes críticas que faltan a la caridad, mortificación de la curiosidad, no juzgar con precipitación) y de la voluntad (luchar con empeño contra el amor desordenado de sí mismo, evitar que las conversaciones se centren en nosotros, en lo que hemos hecho, en nuestras cosas, en lo que personalmente nos interesa...). Mortificación activa de los sentidos (de la vista, del gusto, viviendo la sobriedad y ofreciendo un pequeño sacrificio que nos cueste en las comidas...). Mortificación de la sensibilidad, de la tendencia a «pasarlo bien» como primer objetivo de la vida... Mortificación interior (pensamientos inútiles que retardan el camino de la santidad..., de modo muy particular cuando estos pensamientos se presentan en la oración, en la Santa Misa, en el trabajo).

Examinemos en la presencia de Dios si de verdad podemos decir con alegría que llevamos una vida mortificada. Si cada día dominamos el cuerpo, si hemos ofrecido al Señor, con afán redentor, el dolor y la contrariedad que, de algún modo, siempre están presentes en todo camino. Si de verdad estamos decididos a perder la vida –paso a paso, poco a poco– por amor de Cristo y del Evangelio.

Nuestra mortificación y penitencia en medio del mundo tiene una serie de cualidades. En primer lugar, ha de ser alegre. «A veces –comentaba aquel enfermo consumido de celo por las almas– protesta un poco el cuerpo, se queja. Pero trato también de transformar “esos quejidos” en sonrisas, porque resultan muy eficaces»16. Muchas sonrisas y gestos amables deben nacer –si somos mortificados– en medio del dolor y de la enfermedad.

Continua, que facilite la presencia de Dios allí donde nos encontremos, que ayude a realizar un trabajo más intenso y acabado, y nos lleve a mantener unas relaciones sociales más amables, donde el espíritu apostólico esté siempre presente.

Discreta, amable, llena de naturalidad, que se note por sus efectos en la vida ordinaria, con sencillez, más que por unas manifestaciones poco normales en un fiel corriente.

Por último, la mortificación ha de ser humilde y llena de amor, porque nos mueve la contemplación de Cristo en la Cruz, a quien deseamos unirnos con todo nuestro ser; nada queremos si no nos lleva a Él.

En la mortificación, como en el Calvario, encontramos a María: pongamos en sus manos los propósitos concretos de este rato de oración, pidámosle que nos enseñe a comprender en toda su hondura la necesidad de una vida mortificada.

1 Mc 8, 34-39. — 2 Cfr. Lc 14, 33. — 3 Gal 2, 20. — 4 Flp 3, 8. — 5 Jn 10, 10. — 6 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 187. — 7 Rom 8, 13. — 8 Ef 4, 21. — 9 E. Boylan, El amor supremo, p. 113. — 10 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 841. — 11 Col 1, 24. — 12 Cfr. San Alfonso Mª de Ligorio, Reflexiones sobre la Pasión, 10. — 13 Cfr. Pablo VI, Const. Apost. Paenitemini, 17-II-1966, II. — 14 Ibídem. — 15 Juan Pablo II, Carta Apost. Salvifici doloris, 11-II-1984, 27.  16 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 253.

 

 

Evangelio del jueves: por el perdón hacia el amor

Comentario del jueves de la 10° semana del tiempo ordinario. “Si al llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, vete primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve después para presentar tu ofrenda”. Toda ofensa entre los hombres es una ofensa a Dios. Es un modo de decirle a Dios, “esa persona que está ante mí no es buena, no es un regalo, un don para mí. Te has equivocado al crearla y ponerla junto a mí”.

COMENTARIOS AL EVANGELIO 

Evangelio (Mt 5, 20-26)

Os digo, pues, que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se llene de ira contra su hermano será reo de juicio; y el que insulte a su hermano será reo ante el Sanedrín; y el que le maldiga será reo del fuego del infierno.

Por lo tanto, si al llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, vete primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve después para presentar tu ofrenda. Ponte de acuerdo cuanto antes con tu adversario mientras vas de camino con él; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al alguacil y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que restituyas la última moneda.


Comentario

Jesucristo sigue desgranando sus enseñanzas en el monte de las bienaventuranzas. Los discípulos a sus pies. Y una multitud de personas de toda condición le escucha sin perder palabra.

Les abre todo un horizonte de vida, un horizonte que da vida.

Y para ello, les habla del perdón. No tiene sentido presentarse ante Dios si primero uno no se ha reconciliado con su hermano. Adelantarse con un gesto de reconciliación, salir a su encuentro, tener un corazón misericordioso que ve más allá de las torpezas del otro, es una condición para dar culto a Dios.

Porque toda ofensa entre los hombres es una ofensa a Dios. Es un modo de decirle a Dios, “esa persona que está ante mí (marido, mujer, hermano, amigo, compañero de trabajo, vecino, sea quien sea) no es buena, no es un regalo, un don para mí. Te has equivocado al crearla y ponerla junto a mí”.

Y la ofensa solo se supera mediante el perdón. Pero el perdón no consiste en olvidar, en ignorar lo que ha sucedido. La ofensa tiene que ser reparada, sanada. Ya que es una herida causada en el propio corazón y en el de los demás.

El perdón nos lleva a la reconciliación, a una renovación de la relación que se ha roto. A poder mirar de nuevo a los ojos de la otra persona y rehacerla en esa mirada. Cuando perdonamos le estamos dando la posibilidad de nacer de nuevo, de renovarla, de devolverle la originalidad perdida. Le estamos diciendo: “Esa torpeza, esa ofensa, no te identifica. Tú eres un don de Dios para mí y quiero renovarte con mi perdón”.

Perdonar se convierte así en un acto que da gloria y alabanza a Dios.

Ahora bien, el perdón solo se puede conseguir mediante la comunión con aquel que ha cargado con nuestras culpas y nos ha perdonado total y radicalmente. Como señala Benedicto XVI, el perdón es una oración cristológica: “Nos recuerda a Aquel que por el perdón ha pagado el precio de descender a las miserias de la existencia humana y a la muerte en la cruz”[1].

Solo en Jesucristo somos capaces de perdonar, y dar así el culto agradable a Dios en nuestro día a día. Por el perdón nos introducimos en el amor de Dios.


[1] Joseph Ratzinger / Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, I. Desde el bautismo a la transfiguración, La Esfera de los Libros,Madrid, 2007, p. 196.

 

"Enamórate y no 'le' dejarás"

¿Que cuál es el secreto de la perseverancia? El Amor. -Enamórate, y no "le" dejarás. (Camino, 999)

10 de junio

Me hace temblar aquel pasaje de la segunda epístola a Timoteo, cuando el Apóstol se duele de que Demas escapó a Tesalónica tras los encantos de este mundo... Por una bagatela, y por miedo a las persecuciones, traicionó la empresa divina un hombre, a quien San Pablo cita en otras epístolas entre los santos.

Me hace temblar, al conocer mi pequeñez; y me lleva a exigirme fidelidad al Señor hasta en los sucesos que pueden parecer como indiferentes, porque, si no me sirven para unirme más a Él, ¡no los quiero! (Surco, 343)

El desaliento es enemigo de tu perseverancia. -Si no luchas contra el desaliento, llegarás al pesimismo, primero, y a la tibieza, después. -Sé optimista. (Camino, 988)

¡Bendita perseverancia la del borrico de noria! -Siempre al mismo paso. Siempre las mismas vueltas. -Un día y otro: todos iguales.

Sin eso, no habría madurez en los frutos, ni lozanía en el huerto, ni tendría aromas el jardín.

Lleva este pensamiento a tu vida interior. (Camino, 998)

 

Mensaje del Prelado (10 junio 2021)

El Prelado del Opus Dei nos anima a participar en la preparación del centenario de la Obra, que abarcará desde el 2 de octubre de 2028 hasta el 14 de febrero de 2030.

CARTAS PASTORALES Y MENSAJES

Queridísimos, ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

En la carta del pasado 28 de octubre os recordaba que nos vamos acercando ya al centenario de la Obra: una especial oportunidad de renovar nuestro deseo de servir a Dios, a la Iglesia y a la sociedad entera.

La crisis sanitaria que estamos viviendo en todo el mundo nos ha confirmado en la necesidad de cuidarnos unos a otros, con amplitud de miras, buscando el bien de todas las personas. Un cuidado que podemos prestar a los demás con la oración, el trabajo ordinario –extraordinario, cuando sea necesario y posible-, en medio de las variadas circunstancias de cada día. Para esto, procuremos vivir más unidos al Señor, orientados a servir a todos. ¡Qué gran panorama se presenta constantemente ante nosotros!

La celebración del centenario abarcará desde el 2 de octubre de 2028 hasta el 14 de febrero de 2030, cuando se cumplirán cien años del comienzo de la labor de la Obra con mujeres. Será, por tanto, una celebración con dos fechas, como expresión de unidad. Aunque queda aún tiempo por delante, a propuesta de la Asesoría Central y del Consejo General, se ha constituido un comité inicial, para que trabaje en los preparativos.

Deseo que todos participemos en la preparación. Por esto, durante los próximos años, este comité se dedicará sobre todo a escuchar a fieles de la Obra y a muchas otras personas. Las sugerencias que se reciban servirán para plantear mejor la celebración.

El centenario será un tiempo de reflexión sobre nuestra identidad, nuestra historia y nuestra misión. Esto habrá de llevar a cada una y a cada uno a la acción de gracias, a la petición de perdón y a propósitos de mejora. Siempre con el enfoque que hemos aprendido de nuestro Padre: procurar vivir el presente con amor, con humildad personal y colectiva, sirviendo en lo ordinario.

Este evento será también un momento propicio para considerar los desafíos que se presentan a la Iglesia y a la sociedad y plantearnos cómo podríamos contribuir mejor. Será un tiempo oportuno para mirar al futuro y pensar juntos –a los más jóvenes os tocará un papel fundamental– sobre cómo llevar el Opus Dei a los próximos cien años. Es una ocasión para rejuvenecernos, para reconocer el amor de Dios en nuestra vida y llevarlo a los demás, especialmente a los más necesitados.

Seguid apoyando, con la oración, la reestructuración territorial de algunas circunscripciones de la Prelatura; ahora, la nueva región erigida en América Central, uniendo las que hasta ahora se denominaban Septentrional y Meridional; y El Salvador.

Con mi bendición más cariñosa

vuestro Padre

 

Roma, 10 de junio de 2021

 

El camino de la liberación: del pecado a la gracia

Si el pecado entró en la humanidad por un ejercicio equivocado de la libertad, el «hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38) que pronunció María abrió una nueva etapa en la Historia: el Hijo de Dios bajó a la tierra para entregar su vida en un acto supremo de libertad, por estar originado en el Amor.

LA LUZ DE LA FE30/06/2018

Después de que Adán y Eva comieran del fruto del árbol prohibido, el Señor «echó al hombre, y a oriente del jardín de Edén colocó a los querubines y una espada llameante que brillaba, para cerrar el camino del árbol de la vida» (Gn 3,24). Comenzaba así el drama de la historia humana: el hombre y la mujer caminarían como exiliados de su verdadera patria, que se caracterizaba por la comunión con Dios. Lo expresa maravillosamente Dante al comienzo de su Divina comedia: «A mitad del camino de la vida, / en una selva oscura me encontraba / porque mi ruta había extraviado»[1]. Sin embargo, este andar no es una noche sin luz; el Señor también anunció una esperanza: «Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; él te herirá en la cabeza, mientras tú le herirás en el talón» (Gn 3,15). La venida de Cristo marcaría el paso del pecado a la vida de la gracia.

La “culpa” original

Es el conocimiento de Dios lo que hace nacer el sentido de pecado, y no a la inversa. No alcanzaremos a comprender el pecado original y sus consecuencias mientras no percibamos, en primer lugar, la Bondad de Dios al crear al hombre, así como la grandeza de su destino. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma: «El primer hombre no fue solamente creado bueno, sino también constituido en la amistad con su creador y en armonía consigo mismo y con la creación en torno a él; amistad y armonía tales que no serán superadas más que por la gloria de la nueva creación en Cristo»[2].

ES EL CONOCIMIENTO DE DIOS LO QUE HACE NACER EL SENTIDO DE PECADO

El pecado de Adán y Eva introdujo una ruptura fundamental en la unidad interna del hombre. La sujeción de la voluntad humana a la Voluntad divina, que era como la piedra clave del arco de las facultades corpóreas y espirituales de la naturaleza humana, quedó rota por la desobediencia a Dios y, al quitar la clave, todo el arco se desmoronó. Como consecuencia, «la armonía en la que se encontraban, establecida gracias a la justicia original, queda destruida; el dominio de las facultades espirituales del alma sobre el cuerpo se quiebra (cf. Gn 3,7)»[3].

A este primer pecado, se le llama pecado original, y se transmite, junto con la naturaleza humana, de padres a hijos, con la única excepción, por especial privilegio de Dios, de la Santísima Virgen María. «Por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores» (Rom 5,19), dice San Pablo. Ciertamente, esta realidad es difícil de comprender, incluso un poco escandalosa para la conciencia actual: «Si yo no hice nada, ¿por qué voy a cargar con este pecado?».

El Catecismo de la Iglesia Católica afronta este tema: «es un pecado que será transmitido por propagación a toda la humanidad, es decir, por la transmisión de una naturaleza humana privada de la santidad y de la justicia originales. Por eso, el pecado original es llamado "pecado" de manera análoga[4]: es un pecado "contraído", "no cometido", un estado y no un acto»[5]. Reflexionando sobre este tema, Ronald Knox escribió que «se ahorraría muchísimo trabajo si llegásemos todos al acuerdo de llamar culpa original al pecado original. Porque el pecado, según la mentalidad del hombre corriente, es algo que él mismo comete, mientras que la culpa es algo que le puede corresponder sin falta alguna por su parte»[6].

Y esto es lo que sucede con el pecado original: nuestros primeros padres pecaron y, al hacerlo, perdieron la santidad y justicia originales que Dios les había otorgado, y su naturaleza quedó «herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al imperio de la muerte e inclinada al pecado»[7]. Y como nadie puede dejar en herencia lo que ya no posee, Adán y Eva no pudieron dejarnos lo que habían perdido: ese estado de santidad y justicia originales, y la naturaleza íntegra. Nos transmitieron su naturaleza, tal y como quedó en ese momento: herida por el pecado. Por eso pudo escribir san Agustín: «de ellos no nacería otra cosa que lo que ellos fueran. La enormidad de la culpa y la condenación consiguiente corrompió la naturaleza, y lo que en los primeros pecadores precedió como penal, en los descendientes vino a ser natural»[8].

Así pues, el pecado original es la causa del estado en que nos encontramos por la mala herencia recibida y, como afirma el Catecismo«no tiene, en ningún descendiente de Adán, un carácter de falta personal»[9]. Pero todos venimos al mundo afectados por sus consecuencias: cierta ignorancia en la inteligencia, una vida marcada por el sufrimiento, sometidos al imperio de la muerte, la voluntad inclinada al pecado y las pasiones desordenadas. Cualquier persona tiene la experiencia de esa disgregación, de esa incoherencia, de esa debilidad interna. ¡Cuántas veces nos proponemos algo que luego no hacemos!: llevar un régimen de comidas necesario para la salud, dedicar diariamente un tiempo a aprender un idioma, tratar con más dulzura a los hijos, no enfadarse con los padres o el cónyuge, no quejarse del trabajo, ayudar a un pobre o a un enfermo, acompañar con generosidad a los más vulnerables, hablar bien de los demás y alegrarse con sus éxitos, mirar con limpieza de corazón el mundo y a las personas… Por no hablar de las veces que hacemos precisamente lo que no queremos: dejarnos llevar por un arranque de ira injustificada, sucumbir a la pereza en vez de servir con amor, disculparnos con una mentira para no quedar mal, ceder a la curiosidad en internet…

EL PECADO ORIGINAL ES LA CAUSA DEL ESTADO EN QUE NOS ENCONTRAMOS POR LA MALA HERENCIA RECIBIDA

Se experimenta también la tiranía del deseo que, buscando vehemente un bien aparente, particular y limitado (un placer, un privilegio, el poder, la fama, el dinero, etc.), arrastra en su dirección una voluntad debilitada, y la desvía del bien íntegro y verdadero de la persona (la felicidad, la vida con Dios) que debería perseguir. Del mismo modo la inteligencia, luz para señalar ese fin verdadero, está oscurecida y corre el riesgo de transformarse en un simple instrumento para conseguir lo que una voluntad esclavizada por el deseo ya ha decidido buscar.

Pero no todo está maldito en el hombre, ni mucho menos. La naturaleza humana no está totalmente corrompida, conserva su bondad esencial. Venimos al mundo con las “semillas” de todas las virtudes, llamadas a desarrollarse con la ayuda de los demás, el ejercicio de nuestra libertad y la gracia de Dios. En realidad, la virtud corresponde más a lo que verdaderamente somos que el pecado, pues este último es siempre un acto contra la naturaleza, un «acto suicida»[10]. Benedicto XVI lo expresaba así: «Se dice: ha mentido, es humano. Ha robado, es humano. Pero esto no es realmente humano. Humano es ser generoso. Humano es ser bueno. Humano es ser un hombre de justicia»[11].

De la esclavitud a la liberación

En la raíz de todo pecado se halla la duda sobre Dios, la sospecha de que quizá no quiera o pueda hacernos felices: «¿Es tan bueno como dice ser? ¿No nos estará engañando?» «¿Con que Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?» (Gn 3,2), dice la serpiente a Eva. Y cuando ella contesta que no es así, que solo del árbol que está en medio del jardín tienen prohibido comer para no morir, la serpiente siembra el veneno de la desconfianza en su corazón: «No, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal» (Gn 3,4-5). En realidad, tras esta falsa promesa de libertad infinita, de autonomía absoluta de la voluntad (imposibles para una criatura), se esconde una gran mentira. Porque al intentar arreglárnoslas por nuestra cuenta, sin apoyarnos en Dios, aparece el cortejo del mal que nos esclaviza y encadena, porque nos impide ser felices con Dios.

El pecado puede aparecer porque somos libres, vive de esa libertad, pero acaba matándola. Promete mucho y no da más que dolor. Es un engaño que nos convierte en «esclavos del pecado» (Rom 6,17). Por eso: «el mal no es una criatura, sino algo parecido a una planta parásita. Vive de lo que arrebata a otros y al final se mata a sí mismo igual que lo hace la planta parásita cuando se apodera de su hospedante y lo mata»[12].

Si el pecado entró en la humanidad por un ejercicio equivocado de la libertad, el remedio a este y el inicio de una vida nueva también entró por la decisión libre. El «hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38) que pronunció Nuestra Señora de una manera plenamente libre abre una nueva etapa en la historia, la plenitud de los tiempos. Así, el Hijo de Dios bajó a la tierra para entregar su vida en un acto supremo de libertad, por estar originado en el amor: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú» (Mt 26,39). Y ahora nos eleva, para que podamos responder porque me da la gana a su invitación de vivir la «libertad gloriosa de los hijos de Dios» (Rom 8,21).

Es precisamente con nuestra libertad de hijos de Dios como podemos volver a dejarnos mirar y curar por el Señor, acudiendo con humildad a Él, que nos renueva interiormente con su gracia. Aprendemos así que «la voluntad de Dios no es para el hombre una ley impuesta desde fuera, que lo obliga, sino la medida intrínseca de su naturaleza, una medida que está inscrita en él y lo hace imagen de Dios, y así criatura libre»[13]. En realidad, Dios es el garante de nuestra libertad. Es libre quien se deja amar por Dios, quien no desconfía de Él, quien cree en su Amor. Con la fe desaparecen los límites que nos imponen la duda, la mentira, la ceguera y el sinsentido. Con la esperanza se derrumban el miedo, el desánimo, la inquietud, la culpabilidad que nos atenazan. Con la caridad dejamos atrás el egoísmo, la avaricia, el repliegue sobre uno mismo, las frustraciones y amarguras que reducen la medida de nuestra vida.

La gracia de Dios

LA RESPUESTA DE DIOS A NUESTROS PECADOS ES LA ENCARNACIÓN Y REDENCIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

San Juan Pablo II escribió en su último libro que «la Redención es el límite divino impuesto al mal por la simple razón de que en ella el mal es vencido radicalmente por el bien, el odio por el amor, la muerte por la Resurrección»[14]. La respuesta de Dios a nuestros pecados es la Encarnación y Redención de Nuestro Señor Jesucristo. «Jesucristo fue entregado por nuestros pecados» (Rom 4, 25), afirma san Pablo. Él nos reconcilia con Dios, nos libera de la esclavitud del pecado, y nos concede el don de la gracia: «un don gratuito de Dios, por el que nos hace partícipes de su vida trinitaria y capaces de obrar por amor a Él»[15]. No deberíamos acostumbrarnos a esta realidad: la gracia es un don inmerecido, una participación en la vida divina, nos introduce en la intimidad amorosa de Dios, y nos hace capaces de obrar de un modo nuevo: como hijos de Dios.

La gracia es mucho más abundante que el pecado: «donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia» (Rom 5,20). Y mucho más fuerte. En una famosa novela, la protagonista acude al confesonario y, una vez allí, manifiesta su pecado calificándolo como gravísimo. La respuesta que escucha del confesor es esta: «No, hija mía –decía tranquilamente y casi con frialdad–, usted no ha ofendido a Dios más gravemente que una infinidad de hombres: ¡sea usted humilde incluso en la confesión de su pecado! Grande, en su vida, sólo ha sido la Gracia; sólo la Gracia es siempre grande. El pecado en sí, su propio pecado, es pequeño y corriente»[16]. Por eso san Josemaría podía afirmar: «Nuestro Padre del Cielo perdona cualquier ofensa, cuando el hijo vuelve de nuevo a Él, cuando se arrepiente y pide perdón. Nuestro Señor es tan Padre, que previene nuestros deseos de ser perdonados, y se adelanta, abriéndonos los brazos con su gracia»[17]. Una gracia que se nos concede abundantemente en la oración y los sacramentos. Y que se recupera, si se ha perdido por el pecado grave, en el sacramento de la Penitencia[18].

Uno de los himnos de la Liturgia de las Horas reza así: «Restaña, Señor, con el rocío de tu gracia, las heridas de nuestra alma enferma, para que, sofocando los malos deseos, deplore sus pecados con lágrimas»[19]. La gracia sana las heridas del pecado en nuestra alma: identifica la voluntad humana con la Voluntad Divina mediante el amor de Dios, ilumina la inteligencia mediante la fe, ordena las pasiones al fin verdadero del hombre y las somete a la razón, etc. En una palabra: es la medicina de todo nuestro ser. En definitiva: «Nada hay mejor en el mundo que estar en gracia de Dios»[20].

Quizás algunas personas se preguntan: «si la gracia de Dios es tan poderosa, ¿por qué no tiene efectos más decisivos en las personas?» De nuevo tropezamos con el misterio de la libertad humana. La gracia «previene, prepara y suscita la libre respuesta del hombre»[21], pero no fuerza esa libertad. «Quien te creó sin ti no te salvará sin ti»[22], sentenció san Agustín. Tenemos a nuestra disposición una central nuclear con miles de megavatios, pero hemos de conectar la red de nuestra casa si queremos que esa energía nos ilumine, caliente y aproveche. Hemos de recibir la gracia con humildad, agradecimiento y arrepentimiento de nuestros pecados, y luchar con amor por seguir dócilmente sus impulsos. Sin perder nunca de vista, como nos recuerda el Papa Francisco, que «esta lucha es muy bella, porque nos permite celebrar cada vez que el Señor vence en nuestra vida»[23]. Evitaremos así todo asomo de voluntarismo, conscientes de la absoluta prioridad de la gracia en nuestra vida.

LA GRACIA «PREVIENE, PREPARA Y SUSCITA LA LIBRE RESPUESTA DEL HOMBRE» (COMPENDIO CATECISMO) , PERO NO FUERZA ESA LIBERTAD

Pero es que, además, «en esta vida las fragilidades humanas no son sanadas completa y definitivamente por la gracia»[24]. «La gracia, precisamente porque supone nuestra naturaleza, no nos hace superhombres de golpe. Pretenderlo sería confiar demasiado en nosotros mismos (…). Porque si no advertimos nuestra realidad concreta y limitada, tampoco podremos ver los pasos reales y posibles que el Señor nos pide en cada momento, después de habernos capacitado y cautivado con su don. La gracia actúa históricamente y, de ordinario, nos toma y transforma de una forma progresiva. Por ello, si rechazamos esta manera histórica y progresiva, de hecho, podemos llegar a negarla y bloquearla, aunque la exaltemos con nuestras palabras»[25]. Dios es delicado y respetuoso con nosotros. Así reflexionaba en una ocasión el cardenal Ratzinger: «Yo creo que Dios ha irrumpido en la historia de una forma mucho más suave de lo que nos hubiera gustado. Pero así es su respuesta a la libertad. Y si nosotros deseamos y aprobamos que Dios respete la libertad, debemos respetar y amar la suavidad de sus manos»[26]. Que es tanto como decir: amar la suavidad de su gracia.

José Brage

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Bibliografía editoriales sobre el pecado y la gracia

Lecturas recomendadas

Catecismo de la Iglesia Católica nn. 374-421, 1846-1876 y 1987-2029.

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 72-78 y 422-428.

- San Juan Pablo II, Exhortación apostólica “Reconciliatio et Paenitentia” (2-XII-1984).

- Concilio Vaticano II, Constitución pastoral “Gaudium et spes” (7-XII-1965), nn. 13, y 37.

- Benedicto XVI, Homilía (8-XII-2005); Discurso a los alumnos del Colegio Universitario Santa María de Twickenham, Londres, 17-IX-2010; Encuentro con los párrocos de la diócesis de Roma, el 18 de febrero de 2010.

- Francisco, Exhortación Apostólica “Gaudete et exultate” (19-III-2018), nn. 47-62 y 158-165 Palabras en la visita a Auschwitz, 29 de agosto de 2016, Palabras desde la ventana del Arzobispado de Cracovia, 29 de agosto de 2016.

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- Joseph Ratzinger, Creación y pecadoDios y el mundo, pag. 106-130: “Sobre la cración”.

- San Agustín, La Ciudad de Dios, Libros XIII y XIV: “La muerte como pena del pecado” y “El pecado y las pasiones”.

- Santiago Sanz, La elevación sobrenatural y el pecado original, en "Resúmenes de fe cristiana", tema 7 (www.opusdei.org).

- Juan Luis Lorda, Antropología teológica, EUNSA, Barañáin 2009, pag. 287-438.

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- Ronald Knox, El torrente oculto, Capítulo XVIII: “Pecado y perdón”.

- Thomas Merton, La montaña de los siete círculos.

- Dante Aligieri, La divina comedia.

- Evelyn Waugh, Retorno a Brideshead.


[1] DANTE ALIGHIERI, Divina comedia, Infierno, Canto I, 1-3.

[2] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 374.

[3] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 400.

[4] Conviene entender bien el concepto de analogía: es la relación de semejanza entre cosas distintas. Aplicado a nuestro caso: la caída original tiene semejanza con el pecado, pero es distinta del pecado personal.

[5] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 404.

[6] KNOX, R., El torrente oculto, Rialp, Madrid 2000, p. 266.

[7] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 405.

[8] SAN AGUSTÍN, La Ciudad de Dios, Libro XIII, III, 1.

[9] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 405.

[10] SAN JUAN PABLO II, Ex. Ap. Reconciliatio et Paenitentia (2-XII-1984), n. 15.

[11] BENEDICTO XVI, Encuentro con los párrocos de la diócesis de Roma, 18-II-2010.

[12] RATZINGER, J., Dios y el mundo, Galaxia Gutemberg, Barcelona 2002, p. 120.

[13] BENEDICTO XVI, Homilía, 8-XII-2005.

[14] SAN JUAN PABLO II, Memoria e identidad, La esfera de los libros, Madrid 2004, p. 36.

[15] Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 423.

[16] LE FORT, G. Von, El velo de Verónica, Encuentro, Madrid 1998, p. 314.

[17] SAN JOSEMARÍA, Es Cristo que pasa, n. 64.

[18] Cfr. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 310.

[19] Himno latino de Vísperas del martes de la XXV semana del Tiempo Ordinario.

[20] SAN JOSEMARÍA, Camino, n. 286.

[21] Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 425.

[22] Sermo 169, 13.

[23] FRANCISCO, Ex. Ap. Gaudete et exultate (19-III-2018), n. 158.

[24] Ibidem, n. 49.

[25] Ibidem, n. 50.

[26] RATZINGER, J., La sal de la tierra, Palabra, Madrid 1997, p. 238.

 

¿Cómo ser contemplativos en la vida cotidiana?

El Papa Francisco dijo en la audiencia que es importante que haya “equilibrio entre trabajo y oración”, es decir, “que el trabajo no nos absorba hasta el punto de no encontrar tiempo para la oración y, por otra parte, estando atentos a que nuestra oración no se convierta en un espiritualismo que nos aleje del contacto con la realidad”.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA09/06/2021

Queridos hermanos y hermanas:

En esta penúltima catequesis sobre la oración hablamos de la perseverancia al rezar. Es una invitación, es más, un mandamiento que nos viene de la Sagrada Escritura.

El itinerario espiritual del Peregrino ruso empieza cuando se encuentra con una frase de san Pablo en la primera carta a los Tesalonicenses: «Orad constantemente. En todo dad gracias» (5,17-18). La palabra del Apóstol toca a ese hombre y él se pregunta cómo es posible rezar sin interrupción, dado que nuestra vida está fragmentada en muchos momentos diferentes, que no siempre hacen posible la concentración. De este interrogante empieza su búsqueda, que lo conducirá a descubrir la llamada oración del corazón. Esta consiste en repetir con fe: “¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí pecador!”. Una oración sencilla, pero muy bonita. Una oración que, poco a poco, se adapta al ritmo de la respiración y se extiende a toda la jornada. De hecho, la respiración no cesa nunca, ni siquiera mientras dormimos; y la oración es la respiración de la vida.

¿Cómo es posible custodiar siempre un estado de oración El Catecismo nos ofrece citas bellísimas, tomadas de la historia de la espiritualidad, que insisten en la necesidad de una oración continua, que sea el fulcro de la existencia cristiana. Cito algunas de ellas.

Afirma el monje Evagrio Póntico: «No nos ha sido prescrito trabajar, vigilar y ayunar constantemente —no, esto no se nos ha pedido— pero sí tenemos una ley que nos manda orar sin cesar» (n. 2742). El corazón en oración. Hay por tanto un ardor en la vida cristiana, que nunca debe faltar. Es un poco como ese fuego sagrado que se custodiaba en los templos antiguos, que ardía sin interrupción y que los sacerdotes tenían la tarea de mantener alimentado. Así es: debe haber un fuego sagrado también en nosotros, que arda en continuación y que nada pueda apagar. Y no es fácil, pero debe ser así.

San Juan Crisóstomo, otro pastor atento a la vida concreta, predicaba así: «Conviene que el hombre ore atentamente, bien estando en la plaza o mientras da un paseo: igualmente el que está sentado ante su mesa de trabajo o el que dedica su tiempo a otras labores, que levante su alma a Dios: conviene también que el siervo alborotador o que anda yendo de un lado para otro, o el que se encuentra sirviendo en la cocina» (n. 2743). Pequeñas oraciones: “Señor, ten piedad de nosotros”, “Señor, ayúdame”. Por tanto, la oración es una especie de pentagrama musical, donde nosotros colocamos la melodía de nuestra vida. No es contraria a la laboriosidad cotidiana, no entra en contradicción con las muchas pequeñas obligaciones y encuentros, si acaso es el lugar donde toda acción encuentra su sentido, su porqué y su paz.

Cierto, poner en práctica estos principios no es fácil. Un padre y una madre, ocupados con mil cometidos, pueden sentir nostalgia por un periodo de su vida en el que era fácil encontrar tiempos cadenciosos y espacios de oración. Después, los hijos, el trabajo, los quehaceres de la vida familiar, los padres que se vuelven ancianos… Se tiene la impresión de no conseguir nunca llegar a la cima de todo. Entonces hace bien pensar que Dios, nuestro Padre, que debe ocuparse de todo el universo, se acuerda siempre de cada uno de nosotros. Por tanto, ¡también nosotros debemos acordarnos de Él!

Podemos recordar que en el monaquismo cristiano siempre se ha tenido en gran estima el trabajo, no solo por el deber moral de proveerse a sí mismo y a los demás, sino también por una especie de equilibrio, un equilibrio interior: es arriesgado para el hombre cultivar un interés tan abstracto que se pierda el contacto con la realidad. El trabajo nos ayuda a permanecer en contacto con la realidad. Las manos entrelazadas del monje llevan los callos de quien empuña pala y azada. Cuando, en el Evangelio de Lucas (cfr. 10,38-42), Jesús dice a santa Marta que lo único verdaderamente necesario es escuchar a Dios, no quiere en absoluto despreciar los muchos servicios que ella estaba realizando con tanto empeño.

En el ser humano todo es “binario”: nuestro cuerpo es simétrico, tenemos dos brazos, dos ojos, dos manos… Así también el trabajo y la oración son complementarios. La oración – que es la “respiración” de todo – permanece como el fondo vital del trabajo, también en los momentos en los que no está explicitada. Es deshumano estar tan absortos por el trabajo como para no encontrar más el tiempo para la oración.

Al mismo tiempo, no es sana una oración que sea ajena de la vida. Una oración que nos enajena de lo concreto de la vida se convierte en espiritualismo, o, peor, ritualismo. Recordemos que Jesús, después de haber mostrado a los discípulos su gloria en el monte Tabor, no quiere alargar ese momento de éxtasis, sino que baja con ellos del monte y retoma el camino cotidiano. Porque esa experiencia tenía que permanecer en los corazones como luz y fuerza de su fe; también una luz y fuerza para los días venideros: los de la Pasión. Así, los tiempos dedicados a estar con Dios avivan la fe, la cual nos ayuda en la concreción de la vida, y la fe, a su vez, alimenta la oración, sin interrupción. En esta circularidad entre fe, vida y oración, se mantiene encendido ese fuego del amor cristiano que Dios se espera de nosotros.

Y repetimos la oración sencilla que es tan bonito repetir durante el día, todos juntos: “Señor Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí pecador”.


Algunos recursos relacionados con la catequesis del papa Francisco sobre la oración

• Conocerle y conocerte (V): Cómo nos habla Dios.

• ¿Qué es la oración?, ¿cómo se hace?, ¿Dios escucha y responde? (de la serie Preguntas sobre la fe cristiana)

• «Dejé de rezar porque no se cumplía nada de lo que pedía» (Historia de “Regreso a Ítaca”, volver a creer a los 50)

• Catequesis del Papa Francisco sobre el Padre nuestro.

• Serie Conocerle y conocerte sobre la oración.

• Meditación del prelado del Opus Dei sobre la oración (15 min.)

 

Ocho recursos para la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

Textos y audios para vivir la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, que se celebra este viernes.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA09/06/2021

Detalle del cuadro “Alegoría del Sagrado Corazón” de Federico Laorga, que se encuentra en el Santuario de Torreciudad.

«Podemos decir que hoy la Iglesia celebra la solemnidad litúrgica del amor de Dios: hoy es la fiesta del amor», afirmó hace unos años el Papa Francisco. «El apóstol Juan -añadió- nos dice qué es el amor: no que nosotros hayamos amado a Dios sino que “Él nos ha amado primero”. Él nos esperaba con amor. Él es el primero en amar».


1. El corazón de Cristo, paz de los cristianos (audio y texto): homilía con motivo de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.

2. Comentario del evangelio de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.

3. ¿Sabes cuál es el origen de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús? Te explicamos también la liturgia de esta fiesta.

4. Mensaje del Prelado (19 junio 2020). En la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, Mons. Ocáriz nos invita a que pidamos al Señor un corazón manso y humilde, que sea descanso y consuelo para muchas almas.

5. Relato sobre la consagración del Opus Dei al Sagrado Corazón de Jesús.

6. Meditación del retiro de junio sobre esta fiesta.

 

7. Consagración al Sagrado Corazón de Jesús y otras plegarias de Benedicto XVI en la JMJ (audio y texto)

8. Libro electrónico “La ternura de Dios”. Este libro gratuito reúne ocho artículos sobre la misericordia. Reflexiones para la meditación personal que quieren ayudar a que cada una y cada uno acoja esa ternura de Dios, y la transmita desde su entorno inmediato al mundo entero, tan necesitado de comprensión, de perdón, de paz...

 

 

Tres mensajes de ‘Camino’

Mossèn Lluís Raventós publicó hace tiempo tres libros que eran una invitación a leer ‘Camino’. Estos libros enseñaron a poner a Dios en sus vidas a un gran número de personas cuando eran jóvenes. Ahora están en Internet, al alcance de todos, y no han perdido su vigencia.

REVISTA DE PRENSA09/06/2021

Mossèn Lluís Raventós

Noticia publicada en Aleteia: Este sacerdote muestra con sus dibujos las maravillas de la vida interior

Mossèn Lluís Raventós (Raimat, Lleida 1933) sigue poniendo la misma ilusión y entusiasmo en cada uno de los libros que publica y ya son seis. Sus historias han servido para que varias generaciones de jóvenes pongan a Dios en sus vidas.

Hace sólo unos meses, en noviembre de 2020, salió publicado su último libro: “Trazo a trazo. La vida cristiana en dibujos”.

Este sacerdote, ordenado el día de San José de 1964 y que pertenece al Opus Dei, es capaz de comunicar los conceptos básicos de la vida cristiana para aplicarlos a la actividad diaria gracias a sus dibujos muy gráficos, pedagógicos y catequéticos.

Hablamos con él sobre sus libros, su inspiración, su estilo personal. Incluso de su relación con el pintor Joan Miró, al que conoció en su estudio de Mallorca y de quien aprendió que un trazo lento y sentido puede estar cargado de vida.

No cabe duda de que los años no pasan para él, quien se conserva joven de espíritu. Y esto se nota en la frescura de sus ilustraciones y en la agudeza y buen humor de los comentarios que acompañan a las historietas de sus libros.

Visión cristiana y positiva de la vida

De hecho, sus historias surgen de la vida misma, así que están ligadas a lo real. Todas las situaciones concretas que cualquiera de nosotros puede encontrar en los diferentes ámbitos de la vida -familia, trabajo, amistades-, están reflejadas en sus páginas.

En realidad, sus libros son vivencias del autor y reflejo de su niñez, de su vida en familia junto a sus padres y sus 10 hermanos.

Como él mismo recuerda: “Admiro y agradezco el ambiente de familia que crearon mis padres, de paz, de serenidad, de sencillez, de alegría, de espíritu de servicio, de libertad, de respeto por el talante de cada uno, de responsabilidad y de preocupación por los demás. También de piedad: nunca faltó el rosario y cuando éramos niños íbamos todos juntos el domingo a Misa. Celebrábamos las fiestas y cantábamos mucho, especialmente en los viajes en charrete o tartana, los villancicos ante el pesebre, y cantos propios del mes de mayo a María, y en junio, al Sagrado Corazón. Mi libro Trazo a trazo, la vida cristiana en dibujos, debe mucho a la formación cristiana que recibí en mi familia”.

Búsqueda de la santidad en lo ordinario

Le preguntamos sobre cómo surgió su primera publicación y quién le empujó a escribir. Nos aclara que su primera publicación fue “El trabajo de Pedro”, editada en 1967.

Y sigue contándonos: “Sucedió así: Estaba en las afueras de Arnedillo (La Rioja) con un amigo sacerdote al que acababan de nombrar consiliario de una rama obrera de la Acción Católica. Yo le hablaba de la importancia de descubrir a los obreros la necesidad de buscar la santidad en el trabajo. «¡Fíjate!, le dije, mirando a un labrador que araba a lo lejos con una junta de bueyes- si este hombre quisiera escucharnos, le podríamos enseñar que puede llegar a santo, haciendo lo que hace». Me miró con incredulidad. Allí entendí que hacía falta hacer un libro para niños que encantara a los padres y que por este camino llegara a los curas el mensaje de la búsqueda de la santidad en lo ordinario”.

Así que volvió a su casa y en solo tres horas, garabateó todos los dibujos y terminó la maqueta de su primer libro.

Temática de sus libros

Básicamente, son tres los temas que protagonizan sus primeras obras. En realidad, estos temas coinciden con las ideas que le impactaron, por su novedad, durante el primer Curso de retiro que realizó con el Opus Dei en 1954.

El primero, la santificación del trabajo al que, como hemos señalado ya, dedicó su volumen “El trabajo de Pedro”; el segundo tema, el valor de las cosas pequeñas; y el tercero, la importancia de las virtudes humanas.

Mn Raventós nos explica como surgieron los otros libros de su trilogía: “Durante un año intenté garabatear un libro sobre el segundo tema, el valor de las cosas pequeñas, y no lo conseguí; mi dificultad radicaba en que me había propuesto que la protagonista fuera una chica y no resultaba. Al darme cuenta de ello, pasé el protagonismo a Antonio, un tornero ajustador, y este salió triunfador al poco tiempo. Titulé mi libro “Antonio I el Grande” (1969).

Faltaba el tercer libro de la trilogía, dedicado a la importancia de las virtudes humanas… “Lo intenté durante diez años sin conseguirlo. Hasta que un día un amigo sacerdote me preguntó: ¿Ya no publicas más libros Le conté mis dificultades. Y él me dijo: Tienes que escribir un libro en que el protagonista se llame Pablo. ¿Pablo?, ¿por qué?, pregunté yo. Porque es el nombre de mi hermano pequeño, me respondió.

Así que aquella noche entendí con claridad cómo tenía que ser el libro. Pablo, como san Pablo. Y lo titulé “Los combates de Pablo” (1981).


Descarga en PDF: “El trabajo de Pedro” | “Antonio I el Grande” | “Los combates de Pablo”


Un estilo muy particular de dibujar

Cuando empezó con sus dibujos e historietas a finales de los años 60, Mn Raventós no tenía un estilo claro ni unos conocimientos sólidos de dibujo. Solo había recibido las clases de Dibujo Lineal en 2ª de Bachillerato en el colegio. Entonces se utilizaba el tiralíneas y un incómodo tintero con tinta china. En ocasiones dibujaban también con carboncillo.

Fue entonces cuando se compró su primer lápiz Staedtler 0.3 y comenzó a garabatear su primer personaje, Pedro. Él nos lo aclara así: “Trazaba el dibujo a lápiz, sin borrar, sobreponiendo rayas y más rayas sobre lo ya dibujado; luego -por pura intuición- intentaba, muy despacio, con el Staedtler, resaltar la línea que me parecía más acertada entre todas las que había trazado. Lo llamaba dibujo sismográfico. Y, luego, a borrar y borrar. Cuando ya andaba con el segundo libro, pensé que tal vez me conviniera recibir clases de dibujo, pero me lo desaconsejaron: «Perderás tu espontaneidad». Así he seguido hasta hoy: incapaz de hacer un retrato, una caricatura, o una copia igual de lo que ya antes he dibujado”.

Si le preguntan en qué pintores o estilo se inspira, su respuesta es tajante: “¡En ninguno!”. Y es cierto.

Nuevas publicaciones

Después de la publicación de su trilogía inicial, han seguido otros libros. En el 2000 publicó “Himno a la vida”, una biografía sobre Pepe Serret, amigo personal suyo y gerente de una importante empresa que falleció en un accidente.

Años más tarde, en 2018, publicó Parábolas del Evangelio que recopila las 34 parábolas que le encargó ilustrar Mn. Antoni Carol, director de la web Evangeli.net, para la nueva sección del “Evangelio para la familia: 365 dibujos al año”.

A continuación, le preguntamos cómo surgió la idea de su último libro “Trazo a trazo, la vida cristiana en dibujos” editado en noviembre de 2020: “El capellán de un colegio de Tarragona, donde resido actualmente, me pidió que le dibujara un póster con un mensaje para fijar junto a la puerta del oratorio. Dibujé el póster de Las tres avemarías de la noche. Después, a este dibujo inicial le siguieron otros muchos hasta llegar a los cuarenta. Los utilizaban en ese colegio y también en otros centros formativos. Así que, para dar estilo y carácter final al libro, le añadí comentarios y pasaron a formar parte de “Trazo a trazo, la vida cristiana en dibujos”.

Último proyecto literario

Finalmente, nos interesamos en saber si tiene en mente algún otro proyecto. Y como ya hemos señalado, Mn Raventós vive con entusiasmo y no le faltan ideas ni motivación.

De hecho, nos anuncia que “Ráfagas al atardecer” está próximo a publicarse. En él se recogen cincuenta imágenes gráficas que san Josemaría utilizó varias veces en su predicación.

Y nos asegura: “Son de un interés enorme para la vida interior de un cristiano; pienso que muchas personas agradecerán su lectura”. Estamos seguros de ello. Esperamos ansiosos su próxima publicación para seguir disfrutando de sus dibujos, que iluminan la sonrisa y llenan y enriquecen el alma.

 

Junio es el mes del Corazón de Jesús – “Corazón de misericordia”

 

Corazón de misericordia

Junio es el mes del Corazón de Jesús. En el retiro espiritual que el Papa Francisco impartió con ocasión del jubileo sacerdotal (2-VI-2016), la víspera de la fiesta del Corazón de Jesús, explicaba qué es la misericordia de Dios y cómo nos va cambiando en personas misericordiosas.

 

La misericordia aparece ante todo como atributo de Dios (el nombre de Dios es misericordia), de sus “entrañas maternas” y de su fortaleza y fidelidad paterna. También como fruto de la Alianza con su Pueblo elegido. Y esto nos llega en el perdón de nuestros pecados por el sacramento de la Confesión o de la Penitencia.

La misericordia se derrama, explica Francisco, por dos vertientes: la misericordia de Dios con nosotros y nuestra misericordia con los demás, que nos conduce siempre a recibir de nuevo, con un espléndido efecto “boomerang”, la misericordia de Dios. Dos vertientes, y al mismo tiempo, una sola fuerza unitiva, la mayor fuerza unitiva que atraviesa la vida espiritual.

Tres sugerencias iniciales apunta el Papa para la oración sobre la misericordia: saborear con gusto lo que Dios nos concede, para agradecerle sus dones; evitar una excesiva intelectualización de la misericordia (que está hecha para la acción, para el servicio y para ayudar a los demás); pedir la gracia de crecer en misericordia, es decir, de ser más capaces de recibir y dar misericordia. Y en esta línea ycomo consecuencia, pide el Papa también la “conversión institucional, la conversión pastoral”.

Sigamos ahora el desarrollo de cada una de las tres meditaciones.

 

De la vergüenza a la fiesta

1. “De la distancia a la fiesta”. Conviene que nos examinemos para ver dónde están nuestras heridas, dónde está nuestra distancia de Dios y nuestra sed de verdad, de bien y de belleza. Así se despertará en nosotros, como en el hijo pródigo, la nostalgia por la casa de nuestro Padre. Así pasaremos “de la distancia a la fiesta”, de la vergüenza por nuestros pecados a la dignidad por recuperar la condición de hijos de Dios. Y todo, gracias al corazón del Padre y al corazón de Cristo que late al unísono con el de su Padre.

Ese experimentar una “vergonzosa dignidad”, como percepción a la vez del corazón y de la inteligencia, es bueno para el sacerdote (y también, cabría añadir, para todo cristiano; pues cada bautizado, como decía san Josemaría refiriéndose al sacerdocio común de los bautizados, tiene “alma sacerdotal”, participa del sacerdocio de Cristo y ejerce de mediador entre Dios y los hombres en la vida ordinaria, cuidando de sanar heridas, ser “buen Samaritano”, en las relaciones familiares, en el encuentro con las personas en su trabajo, en su vida social y cultural, en todos los horizontes de su existencia).

El Papa nos invita a contemplar nuestros pecados y tantos males y sufrimientos que hay en el mundo: “Tantas cosas comprende nuestra mente solo viendo a alguien tirado en la calle, descalzo, en una mañana fría, ¡o viendo al Señor clavado a la cruz por mí!”.

Junio - sagrado corazon

Esto nos debe llevar a implicarnos, a “mancharnos las manos”, a arriesgar las propias comodidades y seguridades para ayudar alos demás, para llevarles la misericordia.

“No es –observa Francisco– que la misericordia no considere la objetividad del daño provocado por el mal. Pero le quita poder sobre el futuro —y ese es el poder de la misericordia—, le quita poder sobre la vida que transcurre hacia adelante”. Así la misericordia (como el perdón al que va vinculada) quita el poder a la muerte, que es fruto amargo del pecado.

No es la misericordia (primero la de Dios, luego la nuestra) ingenua; porque ve el mal, pero perdona totalmente con el deseo de que el otro se ponga rápidamente en camino, también para dar vida a otros, quizá más alejados, frágiles y heridos.

Y un broche final: la misericordia no sabe de excesos: “El único exceso ante la excesiva misericordia de Dios es excederse en recibirla y en el deseo de comunicarla a los demás”.

Llagas y cicatrices

2. “El receptáculo de la misericordia”. La misericordia de Dios, dice Francisco, se derrama precisamente sobre nuestro pecado, una y otra vez. Dios no se cansa de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón. No solo eso, sino que Dios va reparando el odre haciéndolo cada vez nuevo, para derramar el vino nuevo de su misericordia de modo que a través de nosotros llegue a los demás.

Y hay que mantener viva la experiencia de haber sido objeto de misericordia, mirarse a sí mismo cada uno, contarse su propia historia, cómo Dios nos ha ido recreando el corazón.

De todo ello son imagen viva las llagas del Señor, sobre todo la de su “corazón llagado”. La impronta del pecado restaurado por Dios no se borra ni se infecta, sino que es, sobre todo en Jesús resucitado, una cicatriz. Y las cicatrices tienen una sensibilidad especial: nos recuerdan la herida sin mucho dolor mientras la vancurando.

Al llegar aquí, en el centro mismo del retiro, la meditación de Francisco alcanza su cúspide. Así describe cómo la misericordia de Dios va haciendo en nosotros su “receptáculo”:

“Contemplando el corazón llagado del Señor nos reflejamos en Él. Se parecen, nuestro corazón y el suyo, porque ambos están llagados y resucitados. Pero sabemos que el suyo era puro amor y fue llagado porque aceptó ser herido; nuestro corazón, en cambio, era pura llaga, que fue sanada porque aceptó ser amada”.

De esta manera cada santo recibe la misericordia de Dios “en” su pecado: Pablo en su “espina” (cf. 2 Co 12, 7); Pedro, en su negación a seguirle (cf. Jn 21, 22); Agustín en su nostalgia de haber llegado “tarde” al amor; Francisco de Asís en su custodia silenciosa de la Orden por él fundada; Ignacio de Loyola en su vanidad que se transforma en la búsqueda de la gloria de Dios; el “cura rural” de Bernanos en la aceptación de sí mismo; el “Cura brochero” en la aceptación de su enfermedad con rectitud de intención; el cardenal Van Thuan redescubriendo en la cárcel la prioridad de Dios; y sobre todo, María como recipiente y fuente a la vez de la Misericordia.

 

 

Para una cultura de la misericordia

3. “El buen olor de Cristo y la luz de su misericordia”. En las obras de misericordia podemos hoy sentir ese buen olor y percibir esa luz.

Los sacerdotes somos instrumentos del amor misericordioso de Dios con el pecador sobre todo en el sacramento de la Confesión. Por eso nos debe doler “que uno se pierda, o que se quede atrás, o que se equivoque por presunción; que esté fuera de lugar, digamos; que no esté preparado para el Señor, disponible para la tarea que Él quiere confiarle”. (Sobre la figura del sacerdote, ver el discurso del Papa Francisco a la Conferencia episcopal italiana, el 16-V-20016)

Debemos ser signos e instrumentos de su Misericordia, con coherencia, claridad y comprensión, evitando la “autorreferencialidad” y estando disponibles, sin ser nunca “burócratas de lo sagrado”. Así no perderemos el “olor de las ovejas” ni ellas perderán el “olor del pastor”, de modo que nos salvaremos a través del rebaño que se nos ha confiado como gracia.

Nos anima el Papa a todos los cristianos, cuando nos recuerda que “para ejercer las obras de misericordia el Espíritu escoge más bien los instrumentos más pobres, los más humildes e insignificantes, que tienen ellos mismos más necesidad del primer rayo de la misericordia divina”. Y añade que, además de las obras de misericordia concretas, hemos de aspirar a una “cultura de la misericordia”.

Así es, en efecto, la fiesta de la misericordia que Dios quiere hacer, con el concurso de nuestra libertad y saliendo al encuentro de nuestra miseria con su Corazón, en nuestra vida y en la vida del mundo.

 

+ info –

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

 

 

 ¿Eutanasia encubierta?

 

   La fe en el progreso indefinido y la idea de que sólo las ciencias experimentales pueden darnos las claves para ser verdaderamente felices arrancan, por lo menos, desde los tiempos de la Ilustración.

   Quizá podrá conseguirse que la vida se prolongue mucho, pero no será indefinidamente. La vida de las células del organismo tiene un límite.

   No es lo mismo dolor que sufrimiento. El dolor se alivia, se anula, con analgésicos, con sedantes. El sufrimiento, con comprensión, acompañamiento, amor.

   La concienciación del dolor físico se hace en áreas somatosentoriales de la corteza cerebral parietal; el aspecto emotivo se refleja en zonas más profundas del cerebro. La corteza prefrontal, del lóbulo frontal, es esencial, ya que recibe amplia información de toda la corteza cerebral en conjunto

   Existe un control neural del dolor físico. Existen vías nerviosas que controlan la sensación dolorosa; se originan en el hipotálamo  (situado en la zona central del cerebro ) y alcanzan estructuras inferiores, que reciben directamente la información dolorosa. Además, en el organismo existen sustancias naturalmente opiáceas (encefalinas, endorfinas), que atenúan las señales del dolor.

   Las vías neurales del dolor físico son complejas, implicando a casi todo el sistema nervioso, lo que constata la globalidad del fenómeno, abarcativo de todo el individuo: ”me duelen las muelas, pero soy yo el que tengo dolor”.

  Así pues, el estudio neurológico de las bases del dolor físico es tema difícil; y hay que añadir el asunto subjetivo, los aspectos inmateriales correspondientes, la biografía del individuo:

   Hay personas que soportan el dolor mejor que otras. A unos, el dolor les hunde, a otros les fortalece. Los animales no son capaces de soportar el dolor por un ideal; el hombre, sí. Jesucristo rechazó el vino mirrado, narcótico que ofrecían a los ajusticiados para aminorar el dolor.

   Si ese dolor, corporal o no, se carga de significado, aun siguiendo siendo dolor, puede paradójicamente incrementar el sentido de libertad.

   Es bueno suprimir el dolor, aliviarlo, para evitar la posible “alienación” del enfermo. Pero no cabe engaño: el doliente es una persona con más necesidad de atención que el sano. Por eso, para evitarle mayores sufrimientos, puede ser necesaria la sedación farmacológica, siempre que esté de acuerdo el enfermo, (los allegados pueden dar el consentimiento, si el paciente no puede discriminar bien la situación), aunque, como consecuencia, haya un probable riesgo de muerte. Hay que informar debidamente al enfermo.

   Es bueno evitar la ansiedad, el nerviosismo, pero siempre si previamente se han atendido necesidades importantes: auxilio espiritual, dispensación de cariño, acompañamiento, solucionar problemas económicos (por ejemplo, herencia, deudas), temas sociales,  etc.

   Existen en la actualidad potentes sedantes, que inhiben las zonas del sistema nervioso que reciben la información dolorosa. El propofol es un anestésico de última generación, de corta duración, que hace que el enfermo pierda la consciencia de forma muy rápida, recuperándola súbitamente, sin la angustia que se percibía con anestésicos antiguos, como era, por ejemplo, el cloroformo.

   Si al administrar un sedante, la intención es practicar eutanasia (por ejemplo, pasarse en la dosis, para eliminar la vida), la sedación no es ética. Constituiría una gran hipocresía sedar al enfermo con el fin de acelerar su muerte. No hay que olvidar que el sujeto sedado sigue teniendo la condición de persona. No sería honrado tratarle como si fuese una cosa, un "fardo".

   Por otra parte, ¿Es totalmente real el poder morir sin dolor, sin darse cuenta? ¿No constituye un misterio el final de la vida, que no conocemos cómo sucede realmente? ¿Qué cataclismos suceden en ese momento, aunque el paciente esté sedado? ¿Qué ocurre en ese instante, atemporal?

  Es conveniente considerar que el moribundo, aparte del miedo a la muerte, tiene una serie de temores: miedo al dolor, al sufrimiento, a la soledad, a que la vida no haya tenido sentido; en algunos casos, el enfermo no es consciente (por ejemplo, en situación de coma).

   Ante estas situaciones, caben tres actitudes:

   Considerar que el paciente no es humano o no completamente humano.

   Que esa vida es de ínfima calidad, y la muerte se hace necesaria, deseable.

   Que toda vida humana es digna de respeto, independientemente de las circunstancias concomitantes.

   Cuando las circunstancia hacen que la calidad de vida sea ínfima, lo adecuado es mejorar, aliviar tales circunstancias, para dar más calidad a esa vida; con ello, su muerte adquirirá toda la dignidad que merece un ser humano. Lo contrario no es ético.

   El hecho de que una persona vaya a morir pronto no es razón para suprimir su vida. El dicho vulgar afirma: “mientras hay vida hay esperanza”.

   A modo de colofón:

   Tener como meta el conseguir falta de dolor y de sufrimiento en la vida es utópico. Otra utopía es vivir eternamente aquí abajo.

   Quizá estas sean las equivocaciones de la actualidad, pues el dolor, la enfermedad y la muerte son nuestros acompañantes.

 

 

Valores perennes: Tradición, Familia y Propiedad

Amor de madre

Es de Émile Faguet si no me equivoco, la siguiente apología: cierta vez había un joven dilacerado por una situación afectiva crítica. Quería con toda su alma a su esposa. Y tributaba afecto y respeto profundos a su propia madre.

Ahora bien, las relaciones entre nuera y suegra eran tensas y, por celos, la joven encantadora pero mala concibiera un odio infundado contra la anciana y venerada matrona.

En cierto momento, la joven colocó al marido entre la espada y la pared: o él iría a la casa de su madre, la mataría y le traería el corazón de la víctima, o la esposa abandonaría el hogar.

Después de mil vacilaciones el joven accedió. Mató a aquella que le diera la vida, le arrancó del pecho el corazón, lo envolvió en un paño, y se dirigió de vuelta hacia su casa.

En el camino, el joven tropezó y cayó. Oyó entonces una voz que, partiendo del corazón materno, le preguntó llena de desvelo y cariño: “¿Te golpeaste, hijo mío?”.

El amor materno

Contenidos

 

Con esta apología quiso el autor destacar lo que el amor materno tiene de más sublime y enternecedor: su desinterés completo, su entera gratuidad, su ilimitada capacidad de perdonar.

La madre ama a su hijo cuando es bueno; no lo ama sin embargo sólo por ser bueno. Lo ama aún cuando es malo. Lo ama simplemente por ser su hijo, carne de su carne y sangre de su sangre. Lo ama generosamente, y hasta sin esperar retribución.

Lo ama en la cuna cuando aún no tiene capacidad de merecer el amor que le es dado. Lo ama a lo largo de la existencia, aunque suba al auge de la felicidad y de la gloria, o ruede por los abismos del infortunio y hasta del crimen. Es su hijo y está todo dicho.

Un amor conforme a la razón

Este amor, altamente en conformidad con la razón, tiene en los padres también algo de instintivo. Y en cuanto instintivo, es análogo al amor que la Providencia puso hasta en los animales por sus crías. Para medirse la sublimidad de este instinto, basta decir que el más tierno, el más puro, el más soberano y excelso, el más sagrado y sacrificado de los amores que haya existido en la tierra, el amor del Hijo de Dios por los hombres, fue por

Este comparado al instinto animal. Poco antes de padecer y morir lloró Jesús sobre Jerusalén, diciendo: “¡Jerusalén, Jerusalén, cuántas veces quise Yo reunir a tus hijos como la gallina recoge a sus pollitos bajo sus alas, y tú no lo quisiste!”.

Corresponde a la familia destilar a lo largo de las generaciones el estilo de educación y de vida doméstica, bien como de actuación privada y pública.

Sin este amor, no hay paternidad ni maternidad digna de este nombre. Quien niega este amor en su excelsa gratuidad, niega por lo tanto la familia.

Propiedad y herencia

Es este amor que lleva a los padres a amar a sus hijos más que a otros –de acuerdo con la ley de Dios– y a desear para ellos con afán una educación mejor, una instrucción mayor, una vida más estable, una ascensión verdadera en la escala de todos los valores, inclusive los de índole social.

Para esto, los padres trabajan, luchan y economizan. Su instinto, su razón, los dictámenes de la propia fe los llevan a tal cosa. Acumular una herencia para ser transmitida a los hijos es deseo natural de los padres. Negar la legitimidad de ese deseo, es afirmar que el padre está para su hijo como para un extraño. Es arrasar la familia.

Sí, la herencia es un instituto en el cual la familia y la propiedad se besan.

*   *   *

La tradición

Y no sólo la familia y la propiedad, sino también la tradición. En efecto, de las múltiples formas de herencia, la más preciosa no es la del dinero. La herencia –el hecho es de observación corriente– fija muchas veces en una misma estirpe, sea ella noble o plebeya, ciertos trazos fisonómicos o psicológicos que constituyen un ligamen entre las generaciones, testimoniando que de algún modo los ancestros sobreviven y se continúan en sus descendientes.

Le corresponde a la familia, consciente de sus peculiaridades, destilar a lo largo de las generaciones el estilo de educación y de vida doméstica, bien como de actuación privada y pública, en que la riqueza original de sus características alcance su más justa y auténtica expresión. Este deseo, realizado en el transcurso de los decenios y de las centurias, es la tradición.

 

El Papa Pío XII sobre familias católicas numerosas

 

O una familia elabora su propia tradición como una escuela de ser, de actuar, de progresar y de servir, para el bien de la patria y de la cristiandad, o ella corre el riesgo de generar no raras veces, desajustados, sin definición de su propio yo y sin posibilidad de encaje estable y lógico en ningún grupo social.

¿De qué vale recibir de los padres un rico patrimonio, si de ellos no se recibe – por lo menos en estado germinativo, cuando se trata de familias nuevas – una tradición, o sea, un patrimonio moral y cultural?

Verdadero concepto de tradición

Tradición, bien entendido, que no es un pasado estancado, sino la vida que la semilla recibe del fruto que la contiene. O sea, una capacidad de germinar, de producir algo de nuevo que no sea lo contrario de lo antiguo, sino el armónico desarrollo y enriquecimiento de él. Vista así, la tradición se amalgama armoniosamente con la familia y la propiedad, en la formación de la herencia y de la continuidad familiar.

Gratitud hacia los bienhechores

Este principio está en el sentido común universal. Y por esta razón vemos casos en que aún los países más democráticos lo acogen. Es porque la gratitud tiene algo de hereditario. Ella nos lleva a hacer por los descendientes de nuestros bienhechores, aunque ya fallecidos, lo que ellos nos pedirían que hiciésemos. A esa ley están sujetos no sólo los individuos sino también los Estados.

Artículo publicado en Evening News de EEUU sobre la liberación de Ramón Colón

Habría una flagrante contradicción en que un país guardase en un museo, por gratitud, un bolígrafo, los lentes, o hasta las pantuflas de un gran bienhechor de la patria, pero relegase a la indiferencia y al desamparo aquello que él dejó de muchísimo más suyo que las pantuflas, o sea, la descendencia.

De ahí la consideración que el sentido común consagra a los descendientes de los grandes hombres, aunque sean personas comunes.

Por esto, por ejemplo en los Estados Unidos, todos los descendientes de Lafayette, el militar francés que luchó por la independencia, gozan de las honras de la ciudadanía americana, aunque hayan nacido en otro país.

De ahí también un lance histórico de los más bellos, ocurrido durante la guerra civil española [de 1936]. Los comunistas se habían apoderado del Duque de Veragua, último descendiente de Cristóbal Colón, e iban a fusilarlo. Todas las repúblicas de América se unieron para pedir clemencia por él. Porque no podían ver con indiferencia que se extinguiera sobre la tierra la descendencia del heroico descubridor.

*   *   *

Estas son las consecuencias lógicas de la existencia de la familia y de los reflejos de ella en la tradición y en la propiedad.

¿Privilegios injustos y odiosos? No. Desde que se salve el principio de que la herencia no puede encubrir el crimen, ni impedir la ascensión de valores nuevos, se trata simplemente de justicia. Y de la mejor…

Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

Aprender del pasado

Ana Teresa López de Llergo

El amor es el hilo conductor del pasado, presente y futuro. Da unidad al tiempo. Por lo tanto, quien reniega del pasado o del presente es un depredador del futuro.

En la línea del tiempo hay tres épocas: el pasado, el presente y el futuro. El pasado ya sucedió, ya se dio, superó los sueños o las posibilidades, tuvo sus características y enfoques acertados unos y otros no, constructivos y justos unos y otros no. El pasado tiene la fuerza de la existencia, de lo real. Ya se extinguió, pero nos guste o no influye en los sucesos siguientes.

El presente es el tiempo que nos envuelve y fluye, muy pronto se hace pasado, pero el presente es el tiempo en el que vivimos y actuamos, es el tiempo que ocupamos o desperdiciamos. Lo mejor es aprovecharlo para planear, ejecutar y conseguir la meta. Para el perezoso lo mejor es verlo pasar porque es derrotista y solamente piensa en función del pasado, no encuentra el valor del presente porque no tiene horizonte ni el sentido de la solidaridad para concatenarse con el presente de sus contemporáneos, dejar huella y forjar el futuro.

El futuro es el tiempo que vendrá, pero no es, no existe aún, será bueno si en el hoy del presente construimos en el bien y el bien. Será decadente si no lo forjamos. Por eso, es necesario estar en el presente y considerando los recursos humanos y materiales. Pero no solamente los recursos presentes, sino también revisar cómo usaron sus recursos los antecesores.

De hecho, la cultura, la civilización, la ciencia, la tecnología aprovechan los adelantos heredados y los mejoran, y no olvidan los errores para evitar repetirlos. Por lo tanto, el pasado es una fuente inagotable de experiencias nada despreciables. Es un error empobrecedor despreciar el pasado, simplemente porque se considera antiguo.

También es un error ver el pasado como un tiempo de recuerdos hirientes y dañinos. Porque todo tiempo contiene heroísmos y cobardías. Por supuesto en el pasado y en el presente los hay, y los habrá en el futuro. La actitud constructiva se fija mucho más en lo bueno, sin desconocer la posibilidad de errar, pero eso no debe paralizar porque rectificar es otro modo de progresar.

La memoria es muy importante, da razones para valorar la propia identidad y para encontrar respuestas a las preguntas de qué me pasa, por qué me pasa y para qué me pasa. Saberlo y aceptarlo forja buena parte de la historia personal y capacita para recibir con gallardía los sufrimientos y los gozos del presente, y para continuar escribiendo las páginas en blanco de la propia vida.

Recordar es volver al pasado valorándolo con el corazón. La memoria trae una luz del pasado, actualiza el pasado. La ruptura del pasado con el presente es un deterioro, es señal de debilidad ante las heridas que pudo causar. La respuesta es el perdón, la reconciliación y la reconstrucción. Los recuerdos han de estar impregnados de verdad y asumirlos con serenidad y justicia. Así la memoria puede ser una aliada para configurar la identidad personal, la de la familia, e incluso la de la patria.

No es sano utilizar la memoria para fomentar el enojo, el odio, porque eso no es constructivo, eso rompe los vínculos en la sociedad y segrega a muchas personas. Esto empobrece las relaciones. Muchas veces se hicieron acusaciones injustas y hay personas y familias que aún sufren las consecuencias, estos sucesos llaman a la reparación.

Construir una democracia verdadera es aplicar una justicia objetiva, que evite la polarización y la parcialidad. La justicia ha de aplicarse a todos y eso requiere castigar a quien lo merece, con la finalidad de rehacerlo y premiar a quien se lo ha ganado, con el fin de mostrar a los demás caminos ejemplares y animar a seguirlos. Cuando el pasado se digiere bien es más fácil aprovechar el tiempo en el presente.

El tiempo nos acompaña, pero no es una propiedad pues se comparte con los contemporáneos, es una realidad, se manifiesta y ofrece la oportunidad de dar resultados. Por eso, el tiempo se ocupa y en él la persona se forja con su trabajo, aprende a convivir colaborando y el producto que obtiene es un beneficio personal y social. Esta es la manera de forjar el futuro en el presente. Además, el presente se convierte en herencia por los productos obtenidos. En el presente aprovechado por el ser humano, él mismo aumenta su capacidad y su experiencia. Paradójicamente, en los productos el tiempo no pasa, permanece. El instante se eterniza en la producción humana. Así la realidad del tiempo de algún modo se detiene y ofrece dádivas.

El presente agranda el pasado, pero se hace herencia para el futuro. Esta realidad ha de convertirse en un relevo intergeneracional. Con respeto y con confianza en la libertad de los demás, es posible pensar en un mundo más solidario. Un mundo en el que se presta ayuda y los demás desean sinceramente dejarse ayudar.

El amor es el hilo conductor del pasado, presente y futuro. Da unidad al tiempo. Por lo tanto, quien reniega del pasado o del presente es un depredador del futuro. El amor mutuo y el amor a la patria son el riquísimo ingrediente que puede reformar las costumbres viciadas. Es muy urgente poner los medios para hacer el mundo más solidario, y por eso, más habitable sin excluir a nadie.

La mejor herencia que podemos dejar es aprovechar muy bien el hoy ahora, pues nadie sabe cuánto le durará.

 

 

El envejecimiento activo

Lucía Legorreta

Tenemos que dejar de ver a la persona mayor como un ser pasivo al que hay que darle asistencia y empezar a verlo como protagonista de su vida y agente de cambio apoyado por la sociedad.

Es un hecho que una persona de cincuenta años en el siglo pasado, se parece a una de sesenta años de este siglo. Los 70 años de antes, equivalen a los 80 de ahora. Antes una mujer o un hombre de 65 años era ya visto y considerado como un viejo, en la actualidad es una persona aún joven y con muchos años por vivir.

Al hablar de envejecimiento, no sólo hay que deshacerse de los estereotipos negativos, sino de la noción de un grupo homogéneo con necesidades y fortalezas compartidas.

El término envejecimiento activo ha sido planteado por varios investigadores que afirman que se pueden potencializar las capacidades de la persona mayor para que participe activamente en su autocuidado e intervenga en la sociedad.

Han estudiado por qué algunas personas envejecen más positivamente que otras y encontrado que aquellas que tienen mayor capacidad de valerse por sí mismas, que son independientes y funcionales, se adaptan mejor a su entorno y reportan una calidad de vida muy satisfactoria.

La participación de la persona mayor implica, además del autocuidado, la participación social, económica, cultural, espiritual y cívica. Se tiene que lograr un equilibrio entre los siguientes factores: entorno físico, sexo, vida personal, sanidad y servicios sociales, determinantes conductuales, cultura, así como los determinantes sociales y económicos.

¿Qué significa esto? Que hace unas décadas los adultos mayores dejaban de participar activamente en la sociedad, se les consideraba incluso como inútiles; se les asignaba un cuidador o se les recluía en un asilo o residencia para ancianos.

Esto ha cambiado drásticamente. Cada vez hay más estudios que demuestran que la persona de la tercera edad puede seguir activa física y mentalmente dentro de la sociedad. Los avances médicos han mejorado la salud y la calidad de vida.

Ahora bien, esto no se logra de un día para otro. Desde que somos jóvenes debemos conocer nuestras capacidades individuales, nuestra potencia físico, social y mental. Cultivar intereses y hobbies para que al llegar a la tercera edad seamos personas activas y que participemos en la vida comunitaria, cultural, económica, espiritual y cívica.

Los gobiernos deben de cambiar el paradigma sobre la vejez y las políticas sobre la vejez y crear políticas centradas en las personas mayores. No de protección únicamente, sino de fomentar que se mantengan activas y productivas.

Es interesante observar cómo este envejecimiento activo habla de empoderar a las personas mayores para que reconstruyan su auto concepto de manera positiva, que recuperen la capacidad de decidir sobre su propia vida y refuercen su confianza y autoestima.

Que sepan que tienen el derecho y la capacidad para influir en su calidad de vida, modificar en cualquier momento sus proyectos personales y desarrollar su potencia intelectual y físico. En otras palabras: se convierte en esa persona consciente que busca envejecer en plenitud.

Me parece muy positivo este planteamiento, tenemos que dejar de ver a la persona mayor como un ser pasivo al que hay que darle asistencia y empezar a verlo como protagonista de su vida y agente de cambio apoyado por la sociedad.

Y si tú ya estás en la tercera edad, toma tus decisiones, goza cada momento y vive tu vida al máximo.

 

No usar el nombre de Dios en vano

Recuerda el Segundo Mandamiento de la Ley de Dios: No se puede usar el nombre de Dios en vano. Es precisamente en el nombre de Dios, como ha hecho Francisco, en el que hay que pedir que cesen las hostilidades, especialmente a los que tienen la responsabilidad de hacer cesar el ruido de las armas y de recorrer el camino de la paz, con la ayuda también de la comunidad internacional.

Aunque, en efecto, nos pueda parecer que poco podemos hacer nosotros, la realidad es que hay cosas que sí están en nuestras manos, como informarnos de manera rigurosa de lo que allí está pasando, porque a veces los discursos simplistas que nos llegan desde los medios, no nos ayudan.

Y podemos, por supuesto, poner en nuestras intenciones a las víctimas, a las personas que más están sufriendo, así como rezar incesantemente por ellas, para que puedan encontrar cuanto antes el camino del diálogo y del perdón, para ser pacientes constructores de paz y de justicia, abriéndose paso a una esperanza común y a la convivencia entre hermanos que son tan urgentes y tan necesarias.

Enric Barrull Casals

 

Las primeras ESA

A finales de mes, el gobernador de Virginia Occidental firmó la ley que crea las primeras ESA (education savings account) del estado. Es el programa de este tipo más amplio de Estados Unidos. En la primera fase, que comenzará en 2022, podrán optar a una cuenta todas las familias de los alumnos ya matriculado en la enseñanza pública o que vayan a entrar en ella para empezar la educación infantil, sin límite de número. A partir de 2026, el programa se abrirá a alumnos de escuelas privadas, pero en el caso de estos sí habrá un cupo: no podrán pasar del 5% de la población escolar del estado. Cada familia recibirá el equivalente del costo medio de un puesto escolar público, que actualmente está en unos 4.600 dólares anuales.

También en marzo, se aprobó en Kentucky un nuevo programa de becas financiadas con donaciones desgrava-, bIes. En este caso, el gobernador, demócrata, vetó la ley; pero el parlamento del estado anuló el veto gracias a la amplia mayoría a favor de la medida. Las becas están destinadas a familias de clase media o baja, que no superen determinado tope de ingresos. Podrán emplearlas en escuelas privadas o en tutorías de refuerzo o complementarias. La ley permite también cambiar de distrito escolar, si en el propio los padres no encuentran un colegio de su gusto.

En el mismo mes se adoptaron dos ampliaciones de fórmulas ya existentes para elegir escuela. Georgia aumentó la dotación para los cheques escolares que ofrece a alumnos con necesidades educativas especiales. Y Dakota del Sur decidió extender a los alumnos de escuelas privadas las tax-credit scholarships.

Hay más medidas similares en trámite parlamentario. Las Cámaras de Representantes de otros dos estados, Indiana y Misuri, votaron a favor de crear las cuentas deahorro educativo. En Arizona, que fue el primer estado en instaurarlas, en el año 2011, el Senado aprobó un proyecto de ley para ampliarlas, y otro para aumentar las becas dotadas con donaciones des-gravables.

Antes, en 2020, Utah promulgó su segundo programa de elección de escuela: unas becas para acudir a alguna de las escuelas privadas del estado que ofrecen educación especial. Han comenzado a concederse este año. El monto es el equivalente del 98% del coste del puesto escolar público.

En Tennessee iba a comenzar este curso un programa piloto para ensayar el primer cheque escolar del estado. Se aplicaría en los dos distritos más poblados y ofrecería a cada familia beneficiaria el equivalente de hasta el 83% del coste de un puesto escolar público. El dinero se podría emplearen la matrícula de una escuela privada y en servicios educativos complementarios. Pero el programa fue recurrido en los tribunales y está suspendido hasta que resuelvan los jueces.

Domingo Martínez Madrid

 

Paz en el nombre de Dios

El Papa Francisco clamaba el domingo, 16 de mayo, por la paz en Tierra Santa. Como le sucede a tanta gente de bien, en todo el mundo, el Papa reconocía que está siguiendo con grandísima preocupación lo que estaba sucediendo en esas tierras esos días, con los violentos choques armados en la franja de Gaza y en Israel, que se multiplicaban y corrían el riesgo de degenerar en una espiral de muerte y destrucción.

Numerosas personas han sido heridas y muchos inocentes han muerto, entre ellos niños, en esos días. Como subrayaba Francisco, el aumento del odio y de la violencia es una herida grave a la fraternidad y a la convivencia pacífica entre los ciudadanos, y será difícil pararlos si no se abre inmediatamente la vía del diálogo.

José Morales Martín

 

 

Nuevo impulso a la elección de escuela

Se han presentado unos cincuenta nuevos proyectos que amplían las opciones de las familias. En el último año se han puesto en marcha en EE.UU. más iniciativas para facilitar a las familias que elijan escuela. Algunas son totalmente nuevas; otras amplían programas que ya estaban en funcionamiento.

Además del clásico cheque escolar, que no está muy extendido y suele limitarse a determinadas zonas y familias, y de las charter schools, que son escuelas públicas de gestión privada, desde la segunda década del siglo se han adoptado otras fórmulas.      

La que más ha prosperado es la llamada cuenta de ahorro educativo (education savings account, o ESA). Como el cheque, pone en manos de los padres el dinero -generalmente no todo- que el estado gasta en una plaza escolar en la red pública. Pero en vez de destinarlo a pagar el colegio que cada familia elija, lo ingresa en una cuenta para gastos en educación que ella administra como mejor le parece. Así, los padres pueden emplear los fondos para costear una plaza en una escuela privada, o bien para clases particulares, enseñanzas complementarias, etc.

También se han ideado desgravaciones fiscales por contribuir a la dotación de becas para estudiar en escuelas privadas. Esta fórmula, que se suele conocer como tax-credit scholarships, está en vigor en 16 estados. Se aplica preferentemente a alumnos con necesidades educativas especiales, para que puedan acudir a un centro que les dé la atención que precisan pero no encuentran en la red pública.

José Morales Martín

 

Pensar y deducir es el mayor trabajo

 

                                La denominada “sabiduría”, la entiendo como “algo de una inmensidad inabarcable”; y la que debió iniciarse aún antes de que “el mono humano”, bajase de los árboles; puesto que entiendo, que lo primero que debió de aprender, fue a “saber lo que podría comer y lo que no; ya que en esa primera aventura, ya tuvo que correr el riesgo de perecer, comiendo lo que no debía ingerir y que pagaría con la muerte”; pero aún en ello, “enseñaría a los que quedaran vivos para que no comieran de aquello”; de ese primer “escalón”, hasta hoy; se encierra esa sabiduría, que al final sigue siendo lo que sentenció Sócrates, que aun siendo “iletrado”, plasmó su frase universal, confesando que, él… “no sabía nada”; pienso que así seguimos, “los actuales monos”.

                                Por cuanto he leído, pensado y repensado, hasta el agotamiento; lo que hoy sabemos, o decimos saber; sus orígenes, no vienen ni de Egipto, ni de China, ni tampoco de Grecia o Mesopotamia; vienen de lo que hoy es “India” y pese a la decadencia a que llegaron, aunque después, mucho después; lograsen tener la “bomba atómica”; y más como “arma de guerra y destrucción que de cultura alguna”; puesto que afortunadamente, ha quedado claro, que, “no pueden emplearse tan enormes artefactos”, por cuanto correrían el riesgo de acabar “con el planeta”; y en cuanto a extraer energía de ellos, recordemos los desastres ya sufridos y no sólo del de Chernóbil, sino el más cercano de Fukushima; ambos surgidos “en dos culturas muy diferentes”; cuales eran el comunismo y el capitalismo; hoy “unificados ambos por China, con su invento, del “comunismo-capitalismo-consumismo, que en realidad, será otro sistema destructivo”.

                                ¿Y por qué digo lo que digo hoy? Simplemente, mi libertad, “condicionada y natural”, me incita a ello; y que explico hoy “a mi manera”; Primero invito a analizar y meditar, sobre los siguientes pensamientos, “hindúes”, ya escritos en sus antiquísimos libros… Y ojo, sólo es una pequeña muestra de, “sus saberes”.

“Todo lo compuesto, se descompone; todo lo que nace, muere. Acepta lo inevitable con ecuanimidad.

     Hasta en una brizna de hierba habita el Alma Universal.

     La mente es amiga y enemiga. Aprende a subyugarla.

     El mayor ignorante hallará la paz si su intención es genuina; el erudito más destacado proseguirá a oscuras si su intención no es la correcta.

Nadie puede monopolizar la verdad, ni la verdad es patrimonio de nadie”.

         ¿Y por qué he dicho lo de… “mi libertad condicionada”?  Por cuanto lo de “libertad  o libre albedrío”, es mentira; puesto que no somos libres, o totalmente libres; hay algo que nos condiciona siempre, que nos limitará siempre, y si infringimos esa ley (Karma o Causa y efecto) lo que recibiremos, será tan horrible, que tras sufrirlo, habremos de pagar, hasta la última consecuencia, de ese hecho, “mal hecho”; lo dice esa ley, que también, “nace en la hoy India”; pero que curiosamente, muchos siglos después, esa no libertad, la confirma, un destacado “cristiano”, católico, que dejó de serlo al ser el promotor de la “Reforma Protestante”, puesto que lo, dijo Martín Lutero, con estas palabras: “Somos marionetas cuyos hilos mueve Dios”. Y yo creo en esa “verdad”; puesto que La Creación o Dios (el nombre no importa pues para mí es lo mismo) es esa fuerza, que queramos aceptarlo o nó; es la que se supone, “marca todos los movimientos del Universo”, del que los “monos humanos, aun considerándolos unos nada, pero somos un algo, dentro del mismo”.

            Pues y me refiero a mí mismo; yo no puedo mandar en mis pensamientos, mi cerebro, mi ser, “o lo que sea mi verdadero yo”; esa misma unidad (puesto que ante todo somos individuos y no masa) me martiriza muchas veces, llevándome a dónde ni puedo imaginar momentos antes; igualmente me ayuda en momentos críticos, y en todo momento, “me habla aunque yo no quiera; y de lo que no quiera”; por tanto sí, acepto ser, “una marioneta cuyos hilos vitales, mueve algo que no sé definir de otra forma a como hoy lo he hecho”.

            Pero eso sí, hace tiempo que no tengo “los miedos que atormentan al mono humano”; puesto que me convenzo cada día más, “que hay algo y mucho mejor, después de la muerte física” (si aquí he cumplido con el trabajo que viniera a realizar, como cada ser humanos viene), puesto que lo que, “en realidad sea el denominado ser humano; no muere; y seguirá vivo o latente en otras etapas, o esferas, de las que también se habla en esa civilización, y en todas las posteriores; por algo será”: Amén.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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