Las Noticias de hoy 5 Junio 2021

Enviado por adminideas el Sáb, 05/06/2021 - 12:41

Agustín de Hipona: En la caridad el pobre es rico

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 05 de junio de 2021     

Indice:

ROME REPORTS

El Papa: "Urge administrar la creación con responsabilidad mirando al futuro"

Corpus Christi. El Papa: la Eucaristía, soporte en medio de las dificultades

Michael, activista climático: Con muletas va al Polo Norte bendecido por el Papa

El Papa en la catequesis: debemos ser conscientes de que Jesús reza por nosotros

EL VALOR DE LO PEQUEÑO : Francisco Fernandez Carbajal

Evangelio del sábado: los ricos en el reino de los cielos

“Dóciles al Espíritu Santo” : San Josemaria

¿Qué es la conciencia? ¿Qué es la objeción de conciencia?

«Tu rostro, Señor, buscaré»: la fe en el Dios personal

JESUCRISTO ESTÁ AHORA GLORIOSO EN EL CIELO Y EN EL SAGRARIO. : Jorge Loring

Solemnidad del Corpus Christi

Evangelio del domingo: Corpus Christi

En el Día de la Caridad los obispos nos invitan a la entrega y a la fraternidad

¿Dios escucha siempre? Esperar el último día : José Martínez Colín.

Liderazgo integrado e integrador. In Memoriam Prof. Maruja Moragas : Nuria Chinchilla

Tristeza, depresión, suicidio, suicidio asistido, cerebro. : José Luis Velayos

Político, ¿santo? : Mario Arroyo.

Tres símbolos para un mismo soplo de Vida! : Enric Barrull Casals

Orden en los libros :  Pedro García

El Comité sobre los Derechos del Niño : Jaume Catalán Díaz

Los Bravo : Suso do Madrid

Del lejano ayer al hoy… ¿Qué ha cambiado? : Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

El Papa: "Urge administrar la creación con responsabilidad mirando al futuro"

El Santo Padre Francisco ha enviado un mensaje en el marco del lanzamiento del Decenio de la ONU para la Restauración de los Ecosistemas, que iniciará mañana 5 de junio con la finalidad de asumir compromisos decenales "destinados a cuidar nuestra casa común". El Papa pide poner la mirada en las futuras generaciones y hace hincapié en la urgente necesidad de convertirnos en "administradores responsables de la creación".

 

Sofía Lobos - Ciudad del Vaticano

En vísperas del inicio del Decenio de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas, que tendrá lugar el 5 de junio, coincidiendo con la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente, el Papa Francisco envió un mensaje dirigido a Inger Andersen, Directora Ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y a Qu Dongyu, Director General de la FAO.

En el mensaje difundido en video y leído en inglés, por el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado Vaticano; el Santo Padre indica que esta conmemoración anual nos anima a recordar que todo está conectado:

“La auténtica preocupación por el medio ambiente debe ir unida a un amor sincero por el ser humano y a un compromiso permanente respecto a los problemas de la sociedad (Carta Encíclica Laudato si', 24 de mayo de 2015, n. 91)”

Además, el Papa explica que la celebración de mañana cuenta con un significado especial, ya que tendrá lugar en el año en el que la ONU lanzará este Decenio para la Restauración de los Ecosistemas, que nos invita a asumir -dice Francisco- compromisos decenales destinados a cuidar nuestra casa común, apoyando e incrementando los esfuerzos para prevenir, detener e invertir la degradación de los ecosistemas en todo el mundo.

Todos somos parte de la creación

En este sentido, el Pontífice puntualiza que todos somos parte de este regalo de Dios que es la creación: "Somos parte de la naturaleza, no estamos separados de ella. Esto es lo que nos dice la Biblia", añade Francisco, subrayando que la situación actual del medio ambiente "nos llama a tomar medidas urgentes ahora para convertirnos en administradores cada vez más responsables de la creación y devolver a la naturaleza lo que hemos dañado y explotado durante demasiado tiempo".

 

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De lo contrario -advierte el Santo Padre- "corremos el riesgo de destruir los cimientos de los que dependemos. Nos arriesgamos a sufrir inundaciones y hambre, y a sufrir graves consecuencias para nosotros y para las generaciones futuras. Esto es lo que nos dicen muchos científicos".

De ahí la insistencia del Papa en cuidarnos los unos a los otros, poniendo especial atención en los más débiles. Y todo ello creando una conciencia responsable, puesto que, "seguir por este camino de explotación y destrucción -de los seres humanos y de la naturaleza- es injusto y desconsiderado".

Una casa común "habitable" para nuestros hijos

Asimismo, el Pontífice hace hincapié en que tenemos la responsabilidad de dejar una casa común habitable para nuestros hijos y las generaciones futuras, a pesar de que cuando miramos a nuestro alrededor, "vemos la destrucción de la naturaleza, una pandemia mundial que está causando la muerte de millones de personas y muchas crisis climáticas catastróficas que están teniendo graves efectos en las sociedades humanas e incluso la extinción masiva de varias especies".

Más allá de este complejo panorama al que se enfrenta el mundo, el Papa asegura que hay esperanza:

“Estamos asistiendo a una nueva atención y compromiso por parte de muchos estados y actores no gubernamentales: autoridades locales, sector privado, sociedad civil, jóvenes... Esfuerzos destinados a promover lo que podríamos llamar «ecología integral» que es un concepto complejo y multidimensional: exige una visión a largo plazo; pone de relieve la inseparabilidad de la preocupación por la naturaleza, la justicia hacia los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior. Hace que cada uno de nosotros sea consciente de su responsabilidad como ser humano hacia sí mismo, hacia el prójimo, hacia la creación y hacia el Creador”

Nos estamos quedando sin tiempo

Igualmente, el Santo Padre recuerda que no podemos ignorar el hecho de que nos estamos quedando sin tiempo, ya que los científicos dicen que los próximos diez años (el plazo de este Decenio de las Naciones Unidas) serán claves para lograr restaurar los ecosistemas, lo que supondría la recuperación integral de nuestra relación con la naturaleza:

“Las numerosas advertencias que estamos viviendo, entre las que podemos identificar el Covid-19 y el calentamiento global, nos instan a actuar con urgencia. Espero que la COP26 sobre el cambio climático, que se celebrará este mes de noviembre en Glasgow, contribuya a darnos las respuestas adecuadas para restaurar los ecosistemas, tanto a través de una mayor acción climática como de la concienciación y sensibilización”

La Generación de la Restauración

El Papa se despide invitando a repensar nuestras economías y a comprender el significado intrínseco del concepto restaurar:

"Restaurar la naturaleza que hemos dañado significa, ante todo restaurarnos a nosotros mismos. Al dar la bienvenida a este Decenio de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas, seamos compasivos, creativos y audaces", concluye Francisco, deseando que la humanidad ocupe el lugar que le corresponde como la "Generación de la Restauración".

 

Corpus Christi. El Papa: la Eucaristía, soporte en medio de las dificultades

En vista de la celebración de la Solemnidad de Corpus Christi, el Santo Padre invito en la Audiencia General de este miércoles, 2 de junio, a que esta celebración “nos haga más conscientes de la presencia real de Jesús entre nosotros en la Eucaristía”.

Renato Martinez - Ciudad del Vaticano

“Que el Cuerpo y la Sangre de Cristo sean para cada uno de ustedes una presencia y un soporte en medio de las dificultades, un consuelo sublime en el sufrimiento de cada día y una prenda de resurrección eterna”, lo dijo el Papa Francisco al final de su catequesis, en la Audiencia General de este miércoles, 2 de junio, al saludar a los fieles de lengua italiana, con ocasión de la celebración de la Solemnidad de Corpus Christi, que en Italia y otros países se traslada al próximo domingo.

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Eucaristía, misterio de amor y de gloria

El Santo Padre también invitó a todos los fieles – que participaban en la Audiencia General en el Patio de San Dámaso y a quienes seguían su catequesis a través de los medios de comunicación – a “encontrar en la Eucaristía, misterio de amor y de gloria, esa fuente de gracia y de luz que ilumina los caminos de la vida”. Asimismo, el Pontífice saludando a los fieles de lengua inglesa dijo que, “la inminente celebración de la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo nos haga más conscientes de la presencia real de Jesús entre nosotros en la Eucaristía”.

Junio está dedicado al Sagrado Corazón de Jesús

Finalmente, el Papa Francisco saludando a los fieles de lengua española recordó que, “este mes de junio, está dedicado al Sagrado Corazón de Jesús”, y en vísperas de celebrar la Solemnidad del Corpus Christi invitó a que, “pidamos al Señor que nos conceda tener un corazón orante, lleno de confianza y audacia filial, así también como la gracia de permanecer siempre unidos a Él y también unidos entre nosotros por la participación en el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre”. 

 

 

Michael, activista climático: Con muletas va al Polo Norte bendecido por el Papa

"Decidí caminar porque la tierra está en silla de ruedas", afirma este libanés, paralizado desde los seis años por una lesión medular. Hoy es embajador del medio ambiente de las Naciones Unidas y fue bendecido por el Santo Padre antes de emprender su próximo reto: caminar 100 kilómetros por el Ártico.

Salvatore Cernuzio y Felipe Herrera-Espaliat - Ciudad del Vaticano

El 75% de su cuerpo quedó paralizado cuando tenía seis años, pero su voluntad de vivir, no, eso nunca sufrió una parálisis. Michael Haddad, libanés de la zona del Monte Líbano, deportista profesional y embajador de buena voluntad de la ONU para cuestiones medioambientales, se reunió hoy con el Papa Francisco al final de la Audiencia General. Era solo un niño cuando un accidente de moto acuática le causó una lesión medular que lo inmovilizó del pecho para abajo. Desde entonces, ha perdido tres cuartas partes de sus funciones motoras.

"La discapacidad es solo un estado mental"

Ese trágico evento, que probablemente habría sumido a cualquiera en una espiral de desesperación, fue en cambio el comienzo de una nueva vida, aunque nada fácil. El trabajo fue muy duro, la fatiga inmensa, los retos muchos y, en un principio, la silla de ruedas se presentó como única posibilidad de movimiento. Luego vinieron las muletas y los primeros pasos inciertos. Sin embargo, Michael ha superado todos los obstáculos bajo el lema personal “La discapacidad es solo un estado mental".

Gracias a la medicina y a la investigación científica, ahora puede esquiar y escalar libremente una montaña, ostentando tres récords mundiales. Gracias a su fe, mantiene la llama encendida, lo que le lleva a ser no solo un hombre sereno, sino también un testigo en numerosas campañas de sensibilización y un ejemplo para muchos otros en su misma condición. "Como persona incapaz de caminar, levantarse y sentarse de forma autónoma, decidí explorar mi potencial. Descubrí que nada es imposible. Esto se debe a dos cosas: la fe y la determinación. Fe en nuestro Creador, fe en nosotros mismos. Determinación, en la certeza de que dentro de nosotros hay potencialidades ilimitadas para avanzar y vencer todas las barreras", afirma con total convicción.

Un exoesqueleto le permite caminar

Haddad se mueve gracias a un exoesqueleto, desarrollado especialmente por un equipo de ingenieros, médicos e investigadores, que estabiliza su tronco, hombros y brazos. Así logra empujar su cuerpo hacia adelante y avanzar un paso a la vez. Levantarse de la silla de ruedas, sobre todo después de estar mucho tiempo sentado, le cuesta esfuerzo, pero Michael no se rinde y, de hecho, concedió esta entrevista en la plaza de San Pedro estando todo el tiempo de pie. "Soy fuerte", asegura. Estira primero la pierna derecha, luego la izquierda, se levanta y se arregla la corbata. Ni una sola vez durante estos esfuerzos hace una mueca de dolor. Siempre sonríe, con un rostro que, a los 40 años, todavía tiene rasgos infantiles. "Sonreír, eso también es una misión. Es un síntoma de la felicidad que llevo dentro. Uno de los propósitos en la vida es ser feliz, Jesús nos dijo que transformáramos el miedo en alegría", puntualiza.

La ayuda de la fe

Michael es creyente: "Soy cristiano, creo en Jesucristo", dice. Y añade que la fe le ha ayudado en todas las batallas, incluyendo la que lleva a cabo a diario y que él llama "mi gran misión", es decir, crear conciencia en el mundo acerca de los problemas medioambientales. "Decidí caminar, explica, porque la tierra está en silla de ruedas. Debemos unirnos para salvarnos a nosotros mismos y al planeta. Lo hago bajo una bandera, la de las Naciones Unidas, con la que intentamos en todo el mundo hacer este cambio. Y debemos hacerlo ahora".

Una rama de un cedro y una foto de un bosque junto a una iglesia fueron los regalos que Michael le dio al Papa.

Escalada, esquí, maratones y ahora el Polo Norte

Michael ha escalado montañas, esquía, ha cruzado desiertos y también ha participado en dos maratones: una en El Cairo y otra en Beirut, en su Líbano natal, para recaudar fondos para la reconstrucción del hospital devastado por la explosión del puerto en agosto de 2020.

Ahora tiene otra misión: recorrer 100 kilómetros en el Polo Norte. Una aventura que debía enfrentar en 2020 y que se saltó por la pandemia. Ahora está prevista para febrero o marzo de 2022. "Ciertamente es un reto”, comenta Haddad, quien añade que "recorrer 100 kilómetros hasta el Polo Norte no es solo un mensaje, sino una contribución a la ciencia. Trabajo con un gran equipo científico y me han considerado una de las pocas personas en el mundo que puede hacer algo así en mi condición. Por ende, todo lo que estamos planeando antes, durante y después de esta caminata contribuirá a la investigación científica para ayudar a que otras personas vuelvan a caminar".

El Papa: "Reza por mí en el Polo Norte"

Este miércoles, en la primera fila de la Audiencia General en el Patio de San Dámaso, acompañado por Theresa Panuccio, representante oficial del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), saludó al Papa, conversó con él y le pidió una bendición para su misión en el Ártico.

"Cuando le conté al Santo Padre mi historia, posó su mano sobre mi cabeza. Le dije que intentamos llevar un mensaje de humanidad, a favor de la tierra y del medio ambiente. Me bendijo y le pedí: 'Padre, reza por mí'. Y él me respondió: ‘Reza por mí en el Polo Norte’. No puedo quitarme esta frase de la cabeza. Me ha dado fuerzas y mucho que pensar. Me siento más comprometido, ya no solo, sino junto con el Papa para intentar hacer este cambio".

Dos regalos, símbolos del Líbano

A Francisco, Michael le trajo dos regalos: la ramita de un cedro, símbolo de su patria, el Líbano, un país al que Juan Pablo II llamó ‘un mensaje’. "Es un árbol eterno, que se menciona varias veces en la Biblia, y se llama el Cedro de Dios", detalló. El Papa también recibió una foto de una iglesia rodeada de uno de los bosques de cedros más antiguos. "La madera de esos cedros se conectó a la tierra hace diez mil años. Así que hay un doble significado: la historia y la estrecha relación del hombre con el planeta. Antes vivíamos en los bosques, es hora de recordarlo, porque sin un planeta sano no hay humanidad sana. Debemos enviar este mensaje al mundo".

"Gracias", repitió el Papa varias veces. Y Michael le pidió al Pontífice que se tomaran un selfie. Una foto que ahora muestra con orgullo desde su teléfono inteligente.

Michael Haddad obtuvo una "selfie" junto al Santo Padre

 

 

El Papa en la catequesis: debemos ser conscientes de que Jesús reza por nosotros

"Sostenidas en la oración de Jesús, nuestras tímidas oraciones se apoyan en alas de águila y se elevan al cielo": lo aseguró el Santo Padre en la Audiencia General del miércoles 2 de junio, en su catequesis dedicada a la oración. Francisco exhortó a no olvidar que Jesús reza por nosotros al Padre, "aún en el momento de la prueba y en el momento del pecado". Debemos "ser conscientes", pidió el Santo Padre, de que "Jesús reza" por nosotros.

Nunca dejar de confiar en Jesús, porque Él reza por nosotros ante el Padre: lo aseguró el Papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 2 de junio, presidida en el Patio de San Dámaso del Vaticano. En su catequesis dedicada a la oración, precedida por la Lectura del Evangelio de San Lucas, (22,28-29) se refirió a la importancia de la oración en la vida de Jesús y en su relación con los discípulos. 

Jesús siempre dispuesto a esperar la conversión del discípulo

Haciendo presente que eligió a sus discípulos tras una noche de oración y diálogo con el Padre, a pesar de los errores y las caídas que ellos mostrarían en el futuro, el Santo Padre puso en evidencia cómo Él esperó "con paciencia" su conversión rogando a Dios por ellos, para que permanezcan a su lado en las pruebas y no pierdan la fe. Esto porque el Maestro,  incluso en sus errores y caídas, “así como los recibió del Padre tras Su oración, así los lleva en Su corazón”.

Es impresionante saber que, en el momento del desfallecimiento, el amor de Jesús no cesa. “Pero Padre, si estoy en pecado mortal, ¿el amor de Jesús sigue ahí? – Sí - ¿Y Jesús sigue rezando por mí? - Sí - Pero si he hecho cosas feas y cometido muchos pecados... ¿Jesús sigue amándome? – Sí”. El amor de Jesús, la oración de Jesús por cada uno de nosotros, no cesa, no se detiene, al contrario, se hace más intensa y nosotros estamos en el centro de su oración. Esto debemos tenerlo siempre presente: Jesús está rezando por mí, está rezando ahora ante el Padre y le está mostrando las heridas que lleva consigo, para hacer ver al Padre el precio de nuestra salvación. Es el amor que nutre por nosotros.

Rezar intensamente, Jesús no nos abandona

Como escribimos, Jesús espera “con paciencia” la conversión de los discípulos y “ruega” por ellos al Padre, “para que permanezcan a su lado en las pruebas y no pierdan la fe”. Lo hace, recordó el Papa, “en un momento crucial de su camino”, es decir, en la verificación de su fe, cuando les dice: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». Haciendo presente cómo “las grandes decisiones" de la misión de Jesús están siempre precedidas por la oración "intensa y prolongada”, y no por una oración pasajera, afirmó que Él es el "modelo perfecto de la persona que ora", pero que además "quiere que aprendamos a orar como Él", enseñándonos "con sus palabras y su ejemplo". 

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02/06/2021Audiencia General del 2 de junio 2021

 

Siguiendo con el repaso del Evangelio, el Santo Padre señaló que, aunque "la verificación de la fe" de los discípulos parecía ser una meta, fue un punto de partida renovado para ellos, porque, a partir de entonces, fue como si Jesús "subiera de un tono en su misión", hablándoles abiertamente de su pasión, muerte y resurrección. Y en esta perspectiva de la Pasión, muerte y Resurrección de Jesucristo, “que suscita instintivamente repulsión, tanto en los discípulos como en nosotros que leemos el Evangelio”, es cuando la oración “es la única fuente de luz y fuerza”. De ahí que, según el Sumo Pontífice, sea necesario "rezar más intensamente, cada vez que el camino se hace cuesta arriba”. 

Jesús nos asegura que, aún cuando sintamos que nuestras oraciones parezcan vanas o ineficaces, Él no nos abandona, está siempre a nuestro lado. Reza en nosotros y con nosotros. Intercede a nuestro favor, nos alienta a que perseveremos en la oración, sobre todo en los momentos más difíciles de nuestro camino, porque Su oración es la que hace que nuestras humildes peticiones sean eficaces y lleguen al cielo.   

En la manifestación anticipada ante Pedro, Santiago y Juan de la gloria del Señor, que tuvo lugar en la oración (cfr. Lc 9,28-31) surge una “Palabra clara” para los discípulos, a saber, la voz del Padre que les dice: "Este es mi Hijo amado; escúchenlo". Por eso Francisco recalcó que "de la oración surge la invitación a escuchar a Jesús".

Seamos conscientes, Jesús reza al Padre por nosotros

El Obispo de Roma finalizó su catequesis pidiendo hacer un ejercicio de memoria: recordar que “Jesús reza” por nosotros.                                                                                                                 

Jesús no sólo quiere que recemos como Él reza, sino que nos asegura que, aunque nuestros intentos de oración fuesen completamente vanos e ineficaces, siempre podemos contar con su oración. Debemos ser conscientes - exhortó - : Jesús reza por mí.

No olvidemos que lo que nos sostiene a cada uno en la vida es la oración de Jesús por cada uno de nosotros con nombre, apellido, ante el Padre, mostrándole las llagas que son el precio de nuestra salvación. 

“Aunque nuestras oraciones fueran sólo balbuceos, si estuvieran comprometidas por una fe vacilante, nunca debemos dejar de confiar en Él: yo no sé cómo rezar, pero Él reza por mí.”

En el saludar a los fieles de lengua española, invitó a pedir al Señor en este mes de junio dedicado al Corazón de Jesús, y también en vísperas celebrar la Solemnidad del Corpus Christi, que nos conceda tener un corazón orante, lleno de confianza y audacia filial, así también como la gracia de permanecer siempre unidos a Él y también unidos entre nosotros por la participación en el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre. 

 

 

EL VALOR DE LO PEQUEÑO

— La limosna de la viuda pobre. Lo importante para Dios.

— El amor da valor a lo que es en sí pequeño y de escasa importancia. La tibieza y el descuido en lo pequeño.

— La santidad es un tejido de pequeñas menudencias. El crecimiento en las virtudes y las cosas pequeñas.

I. Nos relata San Marcos en el Evangelio de la Misa1 que estaba Jesús sentado frente al cepillo del Templo y observaba a la gente que echaba dinero en él. La escena tiene lugar en uno de los atrios, en la llamada Cámara del tesoro o Sala de las ofrendas; los días de la Pasión están ya cercanos.

Ante muchos que daban grandes cantidades, el Señor no hizo el menor comentario. Pero vio Jesús una mujer que se acercaba con el clásico atuendo de las viudas, con clara apariencia de ser una mujer pobre. Había esperado quizá a que la aglomeración desapareciera, y dejó dos monedas pequeñas; eran, entre las que estaban en circulación, las de menos valor. San Marcos aclara para los lectores no judíos, a quienes se dirige particularmente su Evangelio, la entidad real de estas monedas. Quiere llamar la atención de todos sobre la exigua cantidad que representaban. De cara a los hombres aquella limosna tenía muy poco valor: las dos monedas hacían un cuadrante, es decir, la cuarta parte de un as. Esta moneda era a su vez la decimosexta parte de un denario, que constituía la primera unidad monetaria; un denario era el jornal de un trabajador del campo. Pocas cosas se podían comprar con un cuadrante.

Si alguien hubiera llevado una relación de las ofrendas que se hicieron aquel día en el Templo, quizá habría pensado que no valía la pena tomar nota de la limosna de esta mujer. ¡Y resultó ser, entre todas, la más importante! Tan grata fue a Dios que Jesús convocó a sus discípulos dispersos por los alrededores para que aprendieran la lección de aquella viuda. Aquellas piezas de cobre apenas hicieron ruido, pero Jesús percibió claramente el amor sin palabras de esta mujer que daba a Dios todos sus ahorros. Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía2.

¡Qué diferente es con frecuencia lo importante para Dios y lo importante para nosotros los hombres! ¡Qué diferentes medidas! A nosotros nos suele impresionar lo llamativo, lo grande, lo sorprendente. A Dios le conmueven –el Evangelio nos ha dejado abundantes testimonios– pequeños detalles llenos de amor, que están al alcance de todos; también los sucesos que nosotros consideramos de gran importancia, pero cuando están realizados con el mismo espíritu de rectitud, de humildad y de amor. Los Apóstoles, que serían más tarde el fundamento de la Iglesia, no olvidaron la lección de esta jornada. Aquella mujer nos ha enseñado a todos cómo conmover el corazón de Dios cada día con lo único que corrientemente tenemos a nuestro alcance: cosas pequeñas. «¿No has visto en qué “pequeñeces” está el amor humano? Pues también en “pequeñeces” está el Amor divino»3.

Aprendemos también en este pasaje del Evangelio el verdadero valor de las cosas. Cualquier acontecimiento –aunque parezca sin importancia– podemos convertirlo en algo gratísimo a Dios. Y, por ser grato a Él, valioso. Solo tiene valor real, verdadero y eterno lo que hacemos agradable a Dios.

Hoy, en nuestra oración, podemos considerar la gran cantidad de oportunidades que nos salen al paso: «Raras veces se ofrecen grandes ocasiones de servir a Dios, pero pequeñas continuamente. Pues ten entendido que el que sea fiel en lo poco será constituido en lo mucho. Haz, pues, todas tus cosas en honor de Dios, y todas las harás bien: ora comas, ora bebas, oras duermas, ora te diviertas, ora des vueltas al asador, si sabes aprovechar estas haciendas, adelantarás mucho a los ojos de Dios realizando todo esto porque así quiere Dios que lo hagas»4.

II. Son las cosas pequeñas las que hacen perfecta una obra y, por tanto, digna de ser ofrecida al Señor. No basta que aquello que se realiza sea bueno (trabajo, rezar...), sino que además debe ser una obra bien terminada. Para que haya virtud –enseña Santo Tomás de Aquino– es necesario atender a dos cosas: a lo que se hace y al modo de hacerlo5. Y en cuanto al modo de hacerlo, la cincelada, la pincelada, el retoque final convierte aquel trabajo en una obra maestra. Por el contrario, la chapuza, lo desmañado y defectuoso es señal de languidez espiritual y de tibieza en el cristiano, que se ha de santificar con su trabajo de cada día: conozco tus obras y que tienes nombre de viviente y estás muerto (...). Porque yo no hallo tus obras cabales en presencia de mi Dios6. El cuidado de las cosas pequeñas viene exigido por la naturaleza propia de la vocación cristiana: imitar a Jesús en los años de Nazaret, aquellos largos años de trabajo, de vida de familia, de trato amistoso con las gentes de su pueblo. Poner amor en lo pequeño por Dios requiere atención, sacrificio y generosidad. Un pequeño detalle aislado puede no tener importancia: «lo que es pequeño, pequeño es; pero el que es fiel en lo poco, ese es grande»7.

El amor es el que hace importante lo pequeño8. Si faltara este amor no tendría sentido el interés por cuidar las cosas pequeñas: se convertirían en manía o fariseísmo; se pagarían diezmos de la hierbabuena, del eneldo y del comino –como hacían los fariseos–, y se correría el riesgo de abandonar los puntos más esenciales de la ley, de la justicia y de la misericordia. Aunque lo que podamos ofrecer nos parezca poca cosa –como la limosna de esta pobre viuda–, adquiere un gran valor si lo ponemos sobre el altar y lo unimos al ofrecimiento que el Señor Jesús hace de Sí mismo al Padre. Entonces, «nuestra humilde entrega –insignificante en sí, como el aceite de la viuda de Sarepta o el óbolo de la pobre viuda– se hace aceptable a los ojos de Dios por su unión a la oblación de Jesús»9. Otras veces, los detalles, tanto en el trabajo, en el estudio, como en las relaciones con otros, son la coronación de algo bueno que sin ese detalle quedaría incompleto.

Uno de los síntomas más claros de que se inicia el camino de la tibieza es que se valoran poco los pormenores en la vida de piedad, los detalles en el trabajo, los actos pequeños y concretos en las virtudes; y se acaba descuidando también lo grande. «La desgracia es tanto más funesta e incurable cuando al deslizarse hacia lo profundo apenas se nota, y se verifica con mayor lentitud (...). Que con este estado se da un golpe mortal a la vida del espíritu, es cosa a todos manifiesta»10. El amor a Dios, por el contrario, se pone de relieve en el ingenio, en la vibración, en el esfuerzo por encontrar en todo ocasión de amor a Dios y de servicio a los demás.

III. El Señor no es indiferente a un amor que sabe estar en los detalles. No es indiferente, por ejemplo, a que vayamos a saludarle –lo primero– al entrar en una iglesia o al pasar delante de ella; al esfuerzo por llegar puntuales (mejor unos minutos antes) a la Santa Misa; a la genuflexión bien realizada ante Él en el Sagrario; a las posturas o al recogimiento que guardamos en su presencia... Además, cuando se ve a alguien doblar con devoción la rodilla ante el Sagrario es fácil pensar: tiene fe y ama a Dios. Y ese gesto de adoración ayuda a los demás a tener más fe y más amor. «Os podrá parecer quizá que la Liturgia está hecha de cosas pequeñas: actitud del cuerpo, genuflexiones, inclinaciones de cabeza, movimiento del incensario, del misal, de las vinajeras. Es entonces cuando hay que recordar las palabras de Cristo en el Evangelio: El que es fiel en lo poco, lo será en lo mucho (Lc 16, 10). Por otra parte, nada es pequeño en la Santa Liturgia, cuando se piensa en la grandeza de Aquel a quien se dirige»11.

El espíritu de mortificación se nos concreta normalmente en pequeños sacrificios a lo largo de la jornada: lucha perseverante en el examen particular, sobriedad en las comidas, puntualidad, afabilidad en el trato, levantarse a la hora, no dejar la tarea aunque nos resulte costosa y falte ilusión humana, orden y cuidado de los instrumentos de trabajo, comer con agradecimiento lo que nos sirven, sin andar con caprichos...

Para vivir la caridad en un tono cada vez más delicado y heroico será necesario también descender a los detalles pequeños y menudos de la convivencia cotidiana. «El deber de la fraternidad, con todas las almas, hará que ejercites el “apostolado de las cosas pequeñas”, sin que lo noten: con afán de servicio, de modo que el camino se les muestre amable»12. En ocasiones será poner verdadero interés en lo que nos cuentan; otras, pasar por alto las preocupaciones personales para atender a quienes conviven con nosotros; el no enfadarnos por cosas sin importancia; no ser susceptibles; ser cordiales; la ayuda, quizá inadvertida, que alivia el peso; pedir a Dios por una persona necesitada; evitar toda crítica; ser siempre agradecidos..., cosas que están al alcance de todos... Y así ocurre en cada una de las virtudes.

Si estamos atentos a lo pequeño, viviremos con plenitud todos los días, sabremos dar a cada momento el sentido de estar preparando la eternidad. Para eso, pidamos con mucha frecuencia la ayuda de María. Digámosle frecuentemente: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros... ahora, en cada situación ordinaria y pequeña de nuestra vida.

1 Mc 12, 38-44. — 2 Mc 12, 43-44. — 3 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 824. — 4 San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota, III, 34. — 5 Cfr. Santo Tomás, Quodl. IV, a. 19. — 6 Apoc 3, 1-2. — 7 San Agustín, Sobre la doctrina cristiana, 14, 35. — 8 Cfr. San Josemaría Escrivá, o. c., n. 814. — 9 Juan Pablo II, Homilía en Barcelona 7-XI-1982. — 10 B. Baur, La confesión frecuente, p. 105. — 11 Pablo VI, Alocución 30-V-1967. — 12 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 737.

 

Evangelio del sábado: los ricos en el reino de los cielos

Comentario del sábado de la 9° semana del tiempo ordinario. “En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos los que han echado en el gazofilacio, pues todos han echado algo de lo que les sobra; ella, en cambio, en su necesidad, ha echado todo lo que tenía, todo su sustento”. Esta pobre mujer nos da un ejemplo vivo de cómo la pobreza cristiana nos hace más libres para amar a Dios y a los demás.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Mc 12,38-44)

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo:

— Cuidado con los escribas, a los que les gusta pasear vestidos con largas túnicas y que los saluden en las plazas; los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes. Devoran las casas de las viudas y fingen largas oraciones. Éstos recibirán una condena más severa.

Sentado Jesús frente al gazofilacio, miraba cómo la gente echaba en él monedas de cobre, y bastantes ricos echaban mucho. Y al llegar una viuda pobre, echó dos monedas pequeñas, que hacen la cuarta parte del as. Llamando a sus discípulos, les dijo:

— En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos los que han echado en el gazofilacio, pues todos han echado algo de lo que les sobra; ella, en cambio, en su necesidad, ha echado todo lo que tenía, todo su sustento.


Comentario

En el evangelio de hoy, san Marcos narra el episodio de una mujer viuda y pobre que echa unas monedas en el cepillo del templo, ganándose la alabanza del Señor.

Las palabras de Jesús sobre la generosidad de esa buena mujer que “ha echado todo lo que tenía” dejan entrever una profunda alegría y admiración del Señor hacia ella.

Durante el Sermón de la Montaña, el Señor había alabado a los “pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos” (Mt 5,3). La pobreza es una virtud cristiana que nos ayuda a dar el valor verdadero a las cosas materiales y a poner todo nuestros deseos y fuerzas para lograr los bienes imperecederos.

En ocasiones esta virtud se vivirá desde la carencia de los bienes materiales, incluso de los que se presentan como necesarios para vivir. En otras ocasiones, la pobreza no implicará esta carencia, pero la necesidad de vivir con este deseo de lograr los bienes imperecederos será la misma.

Por eso, la pobreza es una virtud que tiene mucho que ver con la grandeza de corazón y también con la libertad, para no quedar esclavizados por las cosas terrenas.

Casi veinte siglos después, durante una estancia de san Josemaría en Argentina, en uno de los numerosos encuentros que tuvo, tomó la palabra una mujer de mediana edad que, con gran sencillez, le contó que era pobre. También comentó que nunca se había sentido desdichada por ser de condición humilde, pero, acto seguido, reconoció que en ese momento sí sentía pena por no tener más posesiones, porque le gustaría darle más cosas a san Josemaría para que pudieran emplearse al servicio de las almas.

En la filmación que existe de ese momento, se ve a san Josemaría conmovido ante las palabras de esa mujer, pobre de bienes terrenos pero muy rica en deseos de generosidad y entrega a Dios y a los demás. Podemos pensar que el Señor habría sentido algo parecido ante la escena de la viuda echando esas monedas en el cepillo del templo.

Pidamos al Señor que nos ayude a vivir la verdadera pobreza cristiana, que nos hace más libres para amar a Dios y a nuestros hermanos.

 

 

“Dóciles al Espíritu Santo”

Nuestro Señor Jesús lo quiere: es preciso seguirle de cerca. No hay otro camino. Esta es la obra del Espíritu Santo en cada alma –en la tuya–, y has de ser dócil, para no poner obstáculos a tu Dios. (Forja, 860)

5 de junio

Para concretar, aunque sea de una manera muy general, un estilo de vida que nos impulse a tratar al Espíritu Santo ‑y, con Él, al Padre y al Hijo‑ y a tener familiaridad con el Paráclito, podemos fijarnos en tres realidades fundamentales: docilidad ‑repito‑, vida de oración, unión con la Cruz.

Docilidad, en primer lugar, porque el Espíritu Santo es quien, con sus inspiraciones, va dando tono sobrenatural a nuestros pensamientos, deseos y obras. Él es quien nos empuja a adherirnos a la doctrina de Cristo y a asimilarla con profundidad, quien nos da luz para tomar conciencia de nuestra vocación personal y fuerza para realizar todo lo que Dios espera. Si somos dóciles al Espíritu Santo, la imagen de Cristo se irá formando cada vez más en nosotros e iremos así acercándonos cada día más a Dios Padre. Los que son llevados por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios.

Si nos dejamos guiar por ese principio de vida presente en nosotros, que es el Espíritu Santo, nuestra vitalidad espiritual irá creciendo y nos abandonaremos en las manos de nuestro Padre Dios, con la misma espontaneidad y confianza con que un niño se arroja en los brazos de su padre. Si no os hacéis semejantes a los niños, no entraréis en el reino de los cielos, ha dicho el Señor. Viejo camino interior de infancia, siempre actual, que no es blandenguería, ni falta de sazón humana: es madurez sobrenatural, que nos hace profundizar en las maravillas del amor divino, reconocer nuestra pequeñez e identificar plenamente nuestra voluntad con la de Dios. (Es Cristo que pasa, 135)

 

 

¿Qué es la conciencia? ¿Qué es la objeción de conciencia?

¿Qué es la conciencia? ¿Cómo funciona? ¿Cómo se forma la conciencia? ¿Qué es la objeción de conciencia? Algunas preguntas y respuestas sobre el "espacio interior de diálogo" entre Dios y los hombres.

PREGUNTAS SOBRE LA FE CRISTIANA05/06/2021

Sumario

1. ¿Qué es la conciencia?
2. ¿Cómo funciona la conciencia?
3. ¿Cómo se forma la conciencia?
4. Conciencia y verdad
5. Conciencia y libertad
6. ¿Qué es la objeción de conciencia?


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El espíritu humano es lámpara del Señor, que examina todo lo más hondo del ser”. Proverbios 20,27

“Cuando los paganos, que no tienen la Ley, guiados por la naturaleza, cumplen las prescripciones de la Ley, aunque no tengan la Ley, ellos son ley para sí mismos, y demuestran que lo que ordena la Ley está inscrito en sus corazones. Así lo prueba el testimonio de su propia conciencia, que unas veces los acusa y otras los disculpa, hasta el Día en que Dios juzgará las intenciones ocultas de los hombres por medio de Cristo Jesús, conforme a la Buena Noticia que yo predico”. Carta a los Romanos 2, 14- 16

1. ¿Qué es la conciencia?

La conciencia es el espacio interior de diálogo entre Dios y el hombre. Se le llama conciencia moral porque a través de ella, el hombre identifica el bien y el mal en su propia vida. Se habla de ella en dos sentidos: en sentido global y más amplio, es el conocimiento del bien y del mal que permite a la persona enjuiciar moralmente la realidad y los actos. En sentido estricto, es el juicio práctico que actúa para discernir la bondad o maldad de cada acción singular.1

En definitiva, “La conciencia es el testigo exclusivo de lo que sucede en la intimidad de la persona, de su esencial rectitud o maldad moral.”2 A través de ella, el hombre entra en un diálogo consigo mismo, pero sobre todo con Dios, que es el autor de la ley moral, a la que el hombre se orienta y aspira para alcanzar su felicidad.

En la constitución pastoral Gaudium et spes se afirma que “es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla. Es la conciencia la que de modo admirable da a conocer esa ley cuyo cumplimiento consiste en el amor de Dios y del prójimo.” (n. 16)

En palabras del Papa Francisco: La conciencia es el espacio interior de la escucha de la verdad, del bien, de la escucha de Dios; es el lugar interior de mi relación con Él, que habla a mi corazón y me ayuda a discernir, a comprender el camino que debo recorrer, y una vez tomada la decisión, a seguir adelante, a permanecer fiel.3

Meditar con San Josemaría

 

Ruega al Señor que te conceda toda la sensibilidad necesaria para darte cuenta de la maldad del pecado venial; para considerarlo como auténtico y radical enemigo de tu alma; y para evitarlo con la gracia de Dios. Forja, 114

De acuerdo, has obrado mal por debilidad. —Pero no entiendo cómo no reaccionas con clara conciencia: no puedes hacer cosas malas, y decir —o pensar— que son santas, o que carecen de importancia. Forja, 164

2. ¿Cómo funciona la conciencia?

El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que la conciencia moral está presente en el interior de cada persona y actúa en el momento oportuno ordenándole a practicar el bien y evitar el mal. Cuando la persona se encuentra ante distintas opciones en su actuar, la conciencia juzga la bondad o maldad de todas ellas y llama a elegir el bien, al cual el hombre se siente atraído por estar vinculado a su verdadera felicidad. “El hombre prudente, cuando escucha la conciencia moral, puede oír a Dios que le habla.”4

Esto implica que el hombre tiene obligación de seguir lo que su conciencia le dicta. Tiene además la obligación de formarla de manera tal que sus dictámenes sean juicios rectos que le acerquen al bien verdadero. El Catecismo afirma: “ante la necesidad de decidir moralmente, la conciencia puede formular un juicio recto de acuerdo con la razón y con la ley divina, o al contrario un juicio erróneo que se aleja de ellas.”5

Meditar con San Josemaría

Te preguntaron —inquisitivos— si juzgabas buena o mala aquella decisión tuya, que ellos consideraban indiferente.

Y, con segura conciencia, contestaste: “sólo sé dos cosas: que mi intención es limpia y que... conozco bien lo que me cuesta”. Y añadiste: Dios es la razón y el fin de mi vida, por eso me consta que nada hay indiferente. Surco, 583

3. ¿Cómo se forma la conciencia?

“Dios hace partícipe al hombre de su ley, de manera que el hombre, [...], puede conocer más y más la verdad inmutable. Por lo tanto, cada cual tiene la obligación y por consiguiente también el derecho de buscar la verdad en materia religiosa, a fin de que, utilizando los medios adecuados, se forme, con prudencia, rectos y verdaderos juicios de conciencia.” Dignitatis Humanae n. 3

Algunos medios concretos que ayudan al hombre a tener una conciencia que formule juicios rectos son la formación moral y religiosa, la amistad y el consejo de personas formadas, la práctica de las virtudes que facilitan la elección del bien moral, y la oración, lugar específico de diálogo con Dios. Es importante tener en cuenta que las amistades y la elección de los ambientes que frecuentamos también tienen un rol en la formación de nuestra conciencia. En definitiva, pueden contribuir positivamente a su formación si en ellos encontramos un sincero deseo de búsqueda del bien común y personal; o bien deformarla si, por el contrario, fomentan la toma de malas decisiones que generen daños personales o al entorno.

Respecto a estos medios, la Dignitatis Humanae nos invita a buscar la verdad “de modo apropiado a la dignidad de la persona humana y a su naturaleza social, es decir, mediante una libre investigación, sirviéndose del Magisterio [es decir, de las enseñanzas de la Iglesia Católica] o de la educación, de la comunicación y del diálogo, por medio de los cuales unos exponen a otros la verdad que han encontrado o creen haber encontrado, para ayudarse mutuamente en la búsqueda de la verdad; y una vez conocida ésta, hay que aceptarla firmemente con asentimiento personal.”6

En la medida en que el hombre se esfuerza por alcanzar una conciencia formada siguiendo estos medios, su conciencia tendrá más luz y claridad para discernir y actuar más rectamente en las situaciones concretas y singulares en las que por su libertad se encuentra.

Meditar con San Josemaría

Estudiante: fórmate en una piedad sólida y activa, destaca en el estudio, siente anhelos firmes de apostolado profesional. —Y yo te prometo, con ese vigor de tu formación religiosa y científica, prontas y dilatadas expansiones. Camino, 346

4. Conciencia y verdad

El Papa Francisco nos invita a oír más nuestra conciencia, pero también nos advierte: “¡cuidado! Esto no significa seguir al propio yo, hacer lo que me interesa, lo que me conviene, lo que me apetece... ¡No es esto!”7

Entonces, ¿cuál es la relación entre conciencia y verdad? “En lo profundo de su conciencia —afirma el Concilio Vaticano II—, el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, pero a la que debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, llamándolo siempre a amar y a hacer el bien y a evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia está la dignidad humana y según la cual será juzgado.” Veritatis Splendor n. 54

Meditar con San Josemaría

«Sancta Maria, Sedes Sapientiae» —Santa María, Asiento de la Sabiduría. —Invoca con frecuencia de este modo a Nuestra Madre, para que Ella llene a sus hijos, en su estudio, en su trabajo, en su convivencia, de la Verdad que Cristo nos ha traído. Surco, 607

5. Conciencia y libertad

En la medida en que el hombre forma su conciencia y es capaz de conocer la ley inscrita por Dios en su corazón, conoce más profundamente la verdad a la que está llamado y esto lo hace más libre. Jesús en su paso por la tierra, vivía en constante diálogo con su Padre, y al hacerlo, sabía cuál era su voluntad y la seguía aunque esto le supusiera dar su vida en la Cruz. La Pasión de Jesús se nos presenta como una elección libre de amor, consecuencia de descubrir la voluntad del Padre y reconocer en ella el bien.

“Jesús nos quiere libres, ¿y esta libertad dónde se hace? Se hace en el diálogo con Dios en la propia conciencia. Si un cristiano no sabe hablar con Dios, no sabe oír a Dios en la propia conciencia, no es libre, no es libre.”8

Meditar con San Josemaría

Con agradecimiento, porque percibimos la felicidad a que estamos llamados, hemos aprendido que las criaturas todas han sido sacadas de la nada por Dios y para Dios: las racionales, los hombres, aunque con tanta frecuencia perdamos la razón; y las irracionales, las que corretean por la superficie de la tierra, o habitan en las entrañas del mundo, o cruzan el azul del cielo, algunas hasta mirar de hito en hito al sol. Pero, en medio de esta maravillosa variedad, sólo nosotros, los hombres —no hablo aquí de los ángeles— nos unimos al Creador por el ejercicio de nuestra libertad: podemos rendir o negar al Señor la gloria que le corresponde como Autor de todo lo que existe.

Esa posibilidad compone el claroscuro de la libertad humana. El Señor nos invita, nos impulsa —¡porque nos ama entrañablemente!— a escoger el bien. “Fíjate, hoy pongo ante ti la vida con el bien, la muerte con el mal. Si oyes el precepto de Yavé, tu Dios, que hoy te mando, de amar a Yavé, tu Dios, de seguir sus caminos y de guardar sus mandamientos, decretos y preceptos, vivirás... Escoge la vida, para que vivas” (Dt 30, 15-16. 19).

¿Quieres tú pensar —yo también hago mi examen— si mantienes inmutable y firme tu elección de Vida? ¿Si al oír esa voz de Dios, amabilísima, que te estimula a la santidad, respondes libremente que sí? Volvamos la mirada a nuestro Jesús, cuando hablaba a las gentes por las ciudades y los campos de Palestina. No pretende imponerse. Si quieres ser perfecto..., dice al joven rico. Aquel muchacho rechazó la insinuación, y cuenta el Evangelio que abiit tristis, que se retiró entristecido. Por eso alguna vez lo he llamado el ave triste: perdió la alegría porque se negó a entregar su libertad a Dios. Amigos de Dios, 24

6. ¿Qué es la objeción de conciencia?

Por respeto a su conciencia y dignidad humana, el hombre tiene la obligación y el derecho de seguir su propia conciencia, incluso cuando una ley civil pretende obstaculizarla. La declaración Dignitatis Humanae sobre la libertad religiosa, afirma que “el hombre percibe y reconoce por medio de su conciencia los dictámenes de la ley divina; conciencia que tiene obligación de seguir fielmente, en toda su actividad, para llegar a Dios, que es su fin. Por tanto, no se le puede forzar a obrar contra su conciencia. Ni tampoco se le puede impedir que obre según su conciencia…” (Dignitatis Humanae n. 3)

Meditar con San Josemaría

“Libertad de conciencia: ¡no! —Cuántos males ha traído a los pueblos y a las personas este lamentable error, que permite actuar en contra de los propios dictados íntimos.

Libertad “de las conciencias”, sí: que significa el deber de seguir ese imperativo interior..., ¡ah, pero después de haber recibido una seria formación!” Surco, 389

Cuando, durante mis años de sacerdocio, no diré que predico, sino que grito mi amor a la libertad personal, noto en algunos un gesto de desconfianza, como si sospechasen que la defensa de la libertad entrañara un peligro para la fe. Que se tranquilicen esos pusilánimes. Exclusivamente atenta contra la fe una equivocada interpretación de la libertad, una libertad sin fin alguno, sin norma objetiva, sin ley, sin responsabilidad. En una palabra: el libertinaje. Desgraciadamente, es eso lo que algunos propugnan; esta reivindicación sí que constituye un atentado a la fe.

Por eso no es exacto hablar de libertad de conciencia, que equivale a avalorar como de buena categoría moral que el hombre rechace a Dios. Ya hemos recordado que podemos oponernos a los designios salvadores del Señor; podemos, pero no debemos hacerlo. Y si alguno tomase esa postura deliberadamente, pecaría al trasgredir el primero y fundamental entre los mandamientos: amarás a Yavé, con todo tu corazón (cfr. Dt 6,5).

Yo defiendo con todas mis fuerzas la libertad de las conciencias, que denota que a nadie le es lícito impedir que la criatura tribute culto a Dios. Hay que respetar las legítimas ansias de verdad: el hombre tiene obligación grave de buscar al Señor, de conocerle y de adorarle, pero nadie en la tierra debe permitirse imponer al prójimo la práctica de una fe de la que carece; lo mismo que nadie puede arrogarse el derecho de hacer daño al que la ha recibido de Dios.

Amigos de Dios, 32


  1. Cfr. Elegidos en Cristo para ser santos. Enrique Colom- Ángel Rodríguez Luño, pág 281
  2. Elegidos en Cristo para ser santos. Enrique Colom- Angel Rodríguez Luño, pág 287
  3. Papa Francisco, Ángelus del 30 de junio de 2013.
  4. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 1777
  5. Ibidem, 1786
  6. Dignitatis Humanae, 3
  7. Papa Francisco, Ángelus del 30 de junio de 2013
  8. Ibidem.

 

 

«Tu rostro, Señor, buscaré»: la fe en el Dios personal

La fe cristiana es una fe con Rostro, una fe que dice: no estás solo en el mundo… hay Alguien que ha querido que existas, que te ha dicho «¡vive!».

LA LUZ DE LA FE13/02/2018

«De ti piensa mi corazón: “Busca su rostro”. Tu rostro, Señor, buscaré» (Sal 27,8). Este verso del salmista responde a un motivo que recorre la Sagrada Escritura, desde el Génesis hasta el Apocalipsis[1]: toda la historia de Dios con los hombres, que sigue hoy su curso, entre los pliegues de sus páginas. En este anhelo se expresa, pues, algo que late también —de un modo más o menos explícito— en el corazón de los hombres y mujeres del siglo XXI. Porque si durante años podía parecer que el declive de la religión en el mundo occidental era imparable, que la fe en Dios era ya poco más que un mueble obsoleto frente a la cultura moderna y el mundo científico, de hecho sigue viva la búsqueda de Dios y de un sentido trascendente para la propia existencia.

HOY SE HA VUELTO MÁS DIFÍCIL RECONOCER EL ROSTRO DE UN DIOS PERSONAL, O ADVERTIR DE MODO VITAL SU CERCANÍA

En esta búsqueda de lo sagrado, no obstante, se ha dado un notable cambio cualitativo. El cuadro de las creencias es hoy más complejo y fragmentado que en el pasado. En la Iglesia católica ha caído la práctica y han aumentado quienes se declaran cristianos, pero no aceptan algunos aspectos de la doctrina de fe o de la moral. También se da una tendencia a mezclar libremente creencias diversas (por ejemplo, el cristianismo y el budismo). Ha aumentado el número de personas que dicen creer en una fuerza impersonal y no en el Dios de la fe cristiana, así como el de los miembros de las religiones no cristianas, especialmente orientales, o movimientos New Age. Para muchos, la imagen de lo divino se difumina en los contornos de una fuerza cósmica, de una fuente de energía espiritual o de un ser distante e indiferente. En definitiva, se puede decir que en la presente atmósfera cultural se ha vuelto más difícil reconocer el rostro de un Dios personal, considerar verdaderamente creíble el mensaje cristiano sobre el Dios que se ha hecho visible en Jesucristo, o advertir de modo vital su cercanía.

Si hay culturas en las que la visión impersonal de Dios se debe a que la fe cristiana ha tenido poco influjo sobre ellas, en el mundo occidental se trata más bien de un fenómeno cultural complejo: «un extraño olvido de Dios» por el que «parece que todo marche igualmente sin él»[2]. Este olvido, que no puede evitar un cierto «sentimiento de frustración, de insatisfacción de todo y de todos»[3], se manifiesta entre otras cosas en la tendencia a concebir la religión desde una óptica individual, como un “consumo” de experiencias religiosas, en función de las propias necesidades espirituales. Aunque desde esta óptica es difícil comprender que Dios nos llama a una relación personal, tampoco lo facilitaba una concepción bastante extendida tiempo atrás, que veía la práctica religiosa fundamentalmente como una “obligación” o un mero deber exterior hacia Dios. Resulta iluminante en ese sentido la mirada penetrante del beato John Henry Newman sobre la historia: «cada siglo es como los demás, aunque a quienes viven en él les parece peor que cualquiera de los anteriores»[4].

El contexto en el que la fe cristiana se desenvuelve en la actualidad reviste, ciertamente, una nueva complejidad. Pero también hoy ―como ayer― es posible redescubrir la fuerza arrolladora de una fe con Rostro, una fe que nos dice: no estás solo en el mundo; hay Alguien que ha querido que existas, que te ha dicho «¡vive!» (cfr. Ez 16,6) y que te quiere feliz para siempre. El Dios de Jesucristo, al que se ha criticado de «haber rebajado la existencia humana, quitando novedad y aventura a la vida»[5], quiere realmente que tengamos vida, y vida en abundancia (cfr. Jn 10,10), es decir, una felicidad que nadie ni nada nos podrá quitar (cfr. Jn 16,22).

El misterio de un Rostro y los ídolos sin rostro

De modo especial en Occidente, algunas personas perciben hoy la espiritualidad y la religión como antagónicas: mientras en la “espiritualidad” perciben autenticidad y cercanía ―se trata de sus experiencias, de sus sentimientos―, en la religión ven sobre todo un cuerpo de normas y creencias que les resulta ajeno. La religión aparece así, quizá, como un objeto de interés histórico y cultural, pero no como una realidad esencial para la vida personal y social. Junto a otros factores, esto puede deberse a ciertas carencias en la catequesis, porque, de hecho, la fe cristiana está llamada a hacerse experiencia en la vida de cada uno, como lo son los encuentros interpersonales, la amistad, etc. «La vida interior ―escribía san Josemaría― si no es un encuentro personal con Dios, no existirá»[6]. En esa misma línea, ha escrito el Papa Francisco: «invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él»[7].

EL ENCUENTRO CON DIOS NO RESPONDE A LA LÓGICA INMEDIATA DE LO AUTOMÁTICO: NO SE ACCEDE A UNA PERSONA COMO SE ACCEDE A UNA WEB, SIGUIENDO SENCILLAMENTE UN LINK

Este encuentro, sin embargo, no responde a la lógica inmediata de lo automático. No se accede a una persona como se accede a una web, siguiendo sencillamente un link; ni se descubre verdaderamente a una persona como se encuentra un objeto cualquiera. Incluso cuando parece que el hallazgo de Dios ha sido repentino, como sucede con algunas conversiones, los relatos de los conversos suelen mostrar cómo aquel paso se había venido preparando desde mucho tiempo antes, a fuego lento. El camino hacia la fe, y la vida misma del creyente, tiene mucho de espera paciente. «¡Debemos vivir a la espera de este encuentro!»[8]. Los vaivenes de la historia de la salvación ―tanto los que se relatan en la Escritura como los que vemos en la actualidad― muestran cómo Dios sabe esperar. Dios espera porque trata con personas. Pero también por eso, porque Él es Persona, el hombre debe aprender a esperar. «La fe, por su propia naturaleza, requiere renunciar a la posesión inmediata que parece ofrecer la visión; es una invitación a abrirse a la fuente de la luz, respetando el misterio propio de un Rostro, que quiere revelarse personalmente y en el momento oportuno»[9].

El episodio del becerro de oro en el desierto (Cfr. Ex 32,1-8) es una imagen perenne de esa impaciencia de los hombres con Dios. «Mientras Moisés habla con Dios en el Sinaí, el pueblo no soporta el misterio del rostro oculto de Dios, no aguanta el tiempo de espera»[10]. Se entienden así las advertencias insistentes de los profetas del Antiguo Testamento acerca de la idolatría[11], que atraviesan los siglos hasta hoy. Ciertamente, a nadie le gusta que le llamen idólatra: la palabra tiene una connotación de sumisión y de irracionalidad que la hace poco conciliadora. Sin embargo, es interesante observar que los profetas dirigían el término sobre todo a un pueblo creyente. Porque la idolatría no es solo ni principalmente un problema de «las gentes» que no invocan el Nombre de Dios (cfr. Jr 10,25): tiende a hacerse un lugar también en la vida del creyente, como una “reserva” por si Dios no fuera a llenar las expectativas del corazón, como si Dios no fuera suficiente. «Ante el ídolo, no hay riesgo de una llamada que haga salir de las propias seguridades, porque los ídolos «tienen boca y no hablan» (Sal 115,5). Vemos entonces que el ídolo es un pretexto para ponerse a sí mismo en el centro de la realidad, adorando la obra de las propias manos»[12]. Esta es, pues, la tentación: asegurarse un rostro, aunque no sea más que el nuestro, como en un espejo. «En lugar de tener fe en Dios, se prefiere adorar al ídolo, cuyo rostro se puede mirar, cuyo origen es conocido, porque lo hemos hecho nosotros»[13]. Se deja por imposible la búsqueda del Dios personal, del Rostro que quiere ser acogido, y se opta por rostros que elegimos nosotros: dioses “personalizados” ―con el sabor agridulce que a veces deja este adjetivo―; dioses «de plata y oro, de bronce y hierro, de madera y piedra, que ni ven, ni oyen, ni conocen» (Dn 5,23), pero que se prestan a nuestros deseos.

DIOS ESPERA PORQUE TRATA CON PERSONAS; PERO TAMBIÉN POR ESO, PORQUE ÉL ES PERSONA, EL HOMBRE DEBE APRENDER A ESPERAR

Podemos vivir aferrados a esas seguridades durante un tiempo, más o menos largo. Pero es fácil que un revés profesional, una crisis familiar, un hijo problemático o una enfermedad grave hagan derrumbarse esa seguridad. «¿Dónde están los dioses que te hiciste? Que se levanten, si es que pueden salvarte» (Jr 2,28). El hombre se da cuenta entonces de que está solo en el mundo; como Adán y Eva en el paraíso tras el pecado, cae en la cuenta de que está desnudo, suspendido en el vacío (cfr. Gn 3,7). «Llega siempre un momento en el que el alma no puede más, no le bastan las explicaciones habituales, no le satisfacen las mentiras de los falsos profetas. Y, aunque no lo admitan entonces, esas personas sienten hambre de saciar su inquietud con la enseñanza del Señor»[14].

 

El Dios personal

¿En qué sentido el cristianismo puede superar las insuficiencias de los ídolos y saciar esa inquietud? Mientras para otras religiones o espiritualidades «Dios queda muy lejos, parece que no se da a conocer, no se hace amar»[15], el Dios cristiano «se ha dejado ver: en el rostro de Cristo vemos a Dios, Dios se ha hecho “conocido”»[16]. El Dios cristiano es el Alguien por quien suspira el corazón humano. Y Él mismo ha venido a mostrarnos su rostro: «lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y han palpado nuestras manos a propósito del Verbo de la vida (…) os lo anunciamos» (1 Jn 1,3). Cuando todas las seguridades humanas fallan, cuando la vida y su sentido se vuelven inciertos, entra en escena el «Verbo de la vida». Quien le rechaza queda como prisionero de su necesidad de amor[17]; quien le abre las puertas, y decide no agarrarse a sus propias seguridades o a su desesperación, quien se reconoce ante Él como un pobre enfermo, un pobre ciego, puede descubrir su rostro personal.

Ahora bien, ¿qué significa que Dios es persona, que tiene rostro? Y sobre todo, ¿tiene sentido esta pregunta? Cuando Felipe pide a Jesús que les muestre al Padre, responde el Señor: «El que me ha visto a mí ha visto al Padre» (Jn 14,9). El hecho de que Dios se haya hecho hombre en Jesús, de que a través de su humanidad se haya manifestado Dios en persona ―evento que es el centro mismo de la fe cristiana―, muestra que esta pregunta no designa una quimera sino que tiene una meta real.

Sin embargo, si Dios tiene rostro personal, si se ha revelado en Jesucristo, ¿por qué se esconde a nuestra mirada? «¿No lo daría uno todo con tal de que se le permitiera verlo andar por la calle, oír el timbre de su voz, penetrar su mirada, sentir su “poder”, percibir con la experiencia más íntima quién es él?»[18] ¿Por qué, si Dios vino al mundo, ha vuelto ahora a esconderse en su misterio? En realidad, el Génesis ―que no solo versa sobre los orígenes, sino también sobre los ejes mismos de la historia― muestra que es más bien el hombre quien se esconde de Dios por el pecado (cf. Gn 3,9-10).

Con todo, imaginando que Jesús se hubiera quedado en la tierra, ¿verdaderamente sería más personal la relación con Él? Cada uno dispondría, en el mejor de los casos, de unos pocos instantes en la vida para estar con Él. Unas palabritas, y una foto, como con los famosos... Admitiendo, pues, que Dios «se esconda»... se puede decir que lo hace precisamente porque quiere entablar una relación personal con cada hombre y cada mujer: de tú a tú, de corazón a corazón. En la relación con Dios sucede, en el modo más intenso posible, algo que es propio todas las relaciones personales: que nunca acabamos de conocer al otro del todo; que es necesario buscarle. «Sí, por detrás de las gentes te busco. / No en tu nombre, si lo dicen, / no en tu imagen, si la pintan. / Detrás, detrás, más allá»[19].

«El que me ha visto a mí ha visto al Padre» (Jn 14,9). La Encarnación de Dios hace de la personalidad humana un camino apto para acercarse al misterio del Dios personal. De hecho se trata del único camino, porque no conocemos de modo directo ningún otro modo de existencia personal. Al recorrerlo, sin embargo, es necesario evitar el antropomorfismo: la tendencia a describir un Dios a la medida del hombre, algo así como un ser humano agrandado, perfeccionado. Ya el hecho mismo de que Dios sea una Trinidad de personas muestra cómo su Ser personal desborda los marcos de nuestra propia experiencia; pero no la hace por eso inútil para intentar acercarnos a su Misterio, con las alas de la fe y de la razón[20].

Retomemos, pues, la pregunta: ¿Qué significa ser persona? Una persona se distingue de los seres no personales en que «se posee a sí misma por la voluntad y se comprende perfectamente por la inteligencia: es la trascendencia de un ser que puede decir “yo”»[21]. Trascendencia, porque el “yo” de cada persona ―incluso de quienes no pueden decir “yo”― hace de ella una realidad irreductible al resto del universo; por así decir, cada persona es un abismo. «Un abismo llama a otro abismo» (Sal 42,8), dice el verso de un salmo, en el que san Agustín reconoce el misterio de la persona humana[22]. Pues bien, decir que Dios es persona significa que se trata de un “Yo” que es dueño de sí y que es distinto de mí, pero que a la vez no está junto a mí como cualquier otra persona humana. Dios es, como decía también san Agustín en una expresión de una profundidad y belleza difíciles de superar, interior intimo meo: Él está más profundamente dentro de mí que yo mismo[23], porque se encuentra en el origen más profundo de mi ser. Es Él quien ha pensado en mí, y quien ya nunca dejará de hacerlo.

DIOS ESTÁ MÁS PROFUNDAMENTE DENTRO DE MÍ QUE YO MISMO, PORQUE SE ENCUENTRA EN EL ORIGEN MÁS PROFUNDO DE MI SER

Precisamente aquí se dibuja una frontera decisiva entre nuestro ser personal y el de Dios. Nuestra existencia es radicalmente dependiente de Dios: somos porque Él ha querido; nuestro ser está en sus manos. «En el comienzo de la filosofía occidental aparece repetidamente la cuestión del arjé, el principio de todas las cosas, y se le dan variadas y profundas respuestas. Pero hay solo una respuesta que responda realmente: darse cuenta religiosamente de que mi principio está en Dios. Digámoslo mejor: en la voluntad de Dios, dirigida hacia mí, de que he de ser, y ser el que soy»[24]. Dios ha decidido que yo exista, y sea precisamente tal como soy; por eso puedo aceptarme y considerarme un bien. Es lo que sucede cada vez que el hijo se descubre amado por sus padres, cada vez que una mirada, una sonrisa, un gesto le dice: «¡Para mí es bueno que existas!»[25]: se reconoce enteramente dependiente… y al mismo tiempo querido sin reservas.

«Él nos hizo y somos suyos» (Sal 100,3). Esta dependencia radical ¿supone una forma de dominio? Para responder afirmativamente haría falta decir que, cuando una madre sonríe a su hijo pequeño, lo hace con afán de dominarlo. ¿Es el dominio el único modo de relación entre personas? Más aún, ¿es el principal? Frente a la lógica del dominio se nos presenta enseguida otra más poderosa: la lógica del amor. Frente a la posición de quien dice a otro: «Tienes que ser como digo yo», se alza el grito más hondamente personal: «¡Es bueno que existas… como eres!». Esa es la palabra que se dirige a la persona amada, al hijo enfermo, al padre anciano, cuando se le afirma tal como es… y se le quiere.

Reconocer que yo no soy mi origen, pues, no supone sin más aceptar mi finitud: esa es una conclusión que se queda en la superficie de las cosas. En realidad, significa abrirme a la infinitud de Dios; significa reconocer que «en cuanto yo existo, somos dos. Mi existencia es en su misma esencia, relación. Solo subsisto porque soy pronunciado por otro. Reconocer esa absoluta dependencia es simplemente ratificar lo que soy. Solo existo porque soy amado. Y existir será para mí amar a mi vez, responder a la gracia con la acción de gracias»[26]. La Revelación cristiana nos da a conocer a un Dios que se rige por esta lógica. Un Dios que crea por Amor, por una sobreabundancia de Amor. Más: un Dios que es Amor. Y precisamente en el encuentro con él descubrimos nuestro rostro personal: descubrimos quiénes somos.

 

El rostro de Dios

«No somos el producto casual y sin sentido de la evolución ―apuntaba Benedicto XVI al ser elegido para la sede de Pedro―. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario»[27]. Esta realidad no es simplemente objeto de una captación intelectual. En otras palabras, no basta decir: «De acuerdo, ya lo entiendo». Es una chispa que enciende la vida entera: da una visión del cristianismo que supera en mucho la de un sistema intelectual y transforma la existencia desde su raíz.

RECONOCER QUE YO NO SOY MI ORIGEN SIGNIFICA ABRIRME A LA INFINITUD DE DIOS; RECONOCER QUE SOLO EXISTO PORQUE SOY AMADO

Desde esta nueva visión, la oración adquiere un lugar central en la existencia, tal como vemos en la vida de Jesús[28]. Lejos de algunas concepciones que desfiguran su sentido, la oración no consiste en un vaciamiento de sí, ni en un servil acatamiento de una voluntad ajena. Lo ilustra bien el Papa Francisco, al describir cómo reza: «siento como si estuviera en manos de otro, como si Dios me estuviese tomando la mano. Creo que hay que llegar a la alteridad trascendente del Señor, que es Señor de todo, pero que respeta siempre nuestra libertad»[29]. La oración es, entonces, en primer lugar, descubrir que estamos con Dios: Alguien vivo, real, que no soy yo mismo; Alguien en quien descubro realmente quién soy, en quien descubro mi verdadero rostro.

Al reconocernos creados por Dios, pues, no nos sentimos negados, sino precisamente afirmados. Alguien nos ha dicho: «¡Es bueno que existas!». Y ese Alguien, además, lo ha ratificado y lo ha definido para siempre al dar su vida por cada uno de nosotros. La alternativa ante Dios no es someterse o rebelarse, sino cerrarse al amor o, sencillamente, dejarse amar para responder amando. Nuestro Origen es el Amor, y para el Amor hemos sido elegidos y llamados por Dios. Por eso, cuando en el cielo «veamos el rostro de Dios, sabremos que siempre lo hemos conocido. Ha formado parte, ha hecho, sostenido y movido, momento a momento, desde dentro, todas nuestras experiencias terrenas de amor puro. Todo lo que era en ellas amor verdadero, aun en la tierra era mucho más Suyo que nuestro, y solo era nuestro por ser Suyo»[30].

Lucas Buch - Carlos Ayxelá

* * * *

Lecturas para profundizar

Francisco, Ex. Ap. Evangelii gaudium, 24-11-2013, nn. 264-267: “El encuentro personal con el amor de Jesús que nos salva”).

Francisco, Enc. Lumen Fidei, 29-6-2013, nn. 8-39.

Benedicto XVI, Audiencia, 16-1-2013.

Consejo Pontificio para la Cultura, Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso (2003), Jesucristo, portador de agua viva. Una reflexión cristiana sobre la «Nueva Era» (acerca del cristianismo, ante el auge del New Age y otras espiritualidades).

Congregación para la doctrina de la fe (1989) Orationis Formas. Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana (acerca de la relación personal con Dios, como aspecto esencial de la oración cristiana)


Borghello, U. Liberare l’amoreLa comune idolatria, l’angoscia in agguato, la salvezza cristiana, (caps. 2-4), Ares, 2009.

Burggraf, J. “La libertad, don y tarea” (disponible on-line), en Burggraf, J. La transmisión de la fe en la sociedad postmoderna y otros escritos, Eunsa, 2015.

Daniélou, J. Dios y nosotros, Cristiandad, Madrid 2003, cap. 2, “El Dios de los filósofos” (orig. Dieu et nous).

Guardini, R. La aceptación de sí mismo – Las edades de la vida, Guadarrama, Madrid 1962 (orig. Die Annahme seiner selbst).

― Mundo y persona. Ensayos para una teoría cristiana del hombre, Encuentro, 2000. (orig. Welt und Person. Versuche zur christlichen Lehre vom Menschen)

Ratzinger, J. Introducción al cristianismo (I.4.2 “El Dios personal”) Sígueme, 2016 (orig. Einführung in das Christentum)

― El Dios de los cristianos (I.1 “Dios tiene nombre”), Sígueme, 2009 (orig. Der Gott Jesu Christi. Betrachtungen über den Dreieinigen Gott).

― Fe, verdad y tolerancia. El cristianismo y las religiones del mundo (I.1. “La unidad y la pluralidad de las religiones. El lugar de la fe cristiana en la historia de las religiones”) Sígueme, 2005 (orig. Glaube, Wahrheit, Toleranz. Das Christentum und die Weltreligionen)

― “Sobre el concepto de persona en teología”, en Ratzinger, J. Palabra en la Iglesia, Sígueme, 1976 pp. 165-180 (orig. “Zum Personverständnis in Theologie”). Disponible on-line en inglés.

 

Cuadro del editorial: Pedro y Juan corriendo al sepulcro, de Eugène Burnand.


[1] «Tendré que ocultarme de tu rostro, vivir errante y vagabundo por la tierra» (Gn 4,14); «No podrás ver mi rostro, pues ningún ser humano puede verlo y seguir viviendo» (Ex 33,20); «El Señor haga brillar su rostro sobre ti y te conceda su gracia» (Nm 6,25); ¿Por qué me escondes tu rostro y me tratas como a tu enemigo? (Jb 13,24); «¿Cuándo podré ir a ver el rostro de Dios?» (Sal 42,3); «No apartaré de vosotros mi rostro, porque soy misericordioso» (Jr 3,12); «Verán su rostro y llevarán su nombre grabado en la frente» (Ap 22,4).

[2] Benedicto XVI, Homilía, 21-VIII-2005.

[3] Ibídem.

[4] J.-H. Newman, Lectures on the Prophetical Office of the Church, Londres 1838, p. 429.

[5] Francisco, Enc. Lumen Fidei, 29-VI-2013, n. 2.

[6] Es Cristo que pasa, n. 174.

[7] Francisco, Ex. Ap. Evangelii gaudium, 24-XI-2013, n. 3.

[8] Francisco, Audiencia general, 11-X-2017.

[9] Francisco, Lumen Fidei, n. 13.

[10] Ibídem.

[11] Cfr. por ejemplo Ba 6,45-51; Jr 2,28; Is 2,8; 37,19.

[12] Francisco, Lumen Fidei, n. 13.

[13] Ibídem.

[14] Amigos de Dios, n. 260

[15] Benedicto XVI, Lectio divina, 12-II-2010.

[16] Ibidem.

[17] Cfr. U. Borghello. Liberare l’amore, Milano, Ares 2009, p. 34.

[18] R. Guardini, El Señor, IV.6, “Revelación y misterio”.

[19] P. Salinas, La voz a ti debida en Poesías Completas, Barral 1971, p. 223.

[20] Con la imagen de las “alas” se refiere san Juan Pablo II a la fe y la razón, al inicio de su encíclica Fides et Ratio (14-IX-1998).

[21] J. Daniélou, Dios y nosotros, Cristiandad, Madrid 2003, p. 95 (el subrayado es nuestro).

[22] Cfr. San Agustín, Enarrationes in Psalmos, 41, nn. 13-14.

[23] San Agustín, Confesiones III.6.11.

[24] R. Guardini, La aceptación de sí mismo – Las edades de la vida, Guadarrama, Madrid 1962, p. 29.

[25] Esta es la definición que da del amor J. Pieper en su conocida obra Las Virtudes fundamentales, Rialp, Madrid 2012, pp. 435-444.

[26] J. Daniélou, Dios y nosotros, p. 108.

[27] Benedicto XVI, Homilía en la Misa de inicio del pontificado, 24-IV-2005.

[28] Cfr. Benedicto XVI, Audiencia, 30-XI-2011.

[29] S. Rubin, F. Ambrogetti, El Papa Francisco, 54.

[30] C. S. Lewis, Los cuatro amores, Rialp, Madrid 1991, p. 153.

 

JESUCRISTO ESTÁ AHORA GLORIOSO EN EL CIELO Y EN EL SAGRARIO.

45,1. Jesucristo es Dios y Hombre verdadero. Como Dios está en todas partes. Como Hombre está solamente en el cielo y en el sagrario, en el Sacramento de la Eucaristía.

El sagrario es lo principal de la iglesia; aunque a veces no está en el altar mayor. El sagrario es una especie de casita, con su puerta y con su llave. Allí está Jesucristo, y por eso, al lado hay encendida una lamparita. Siempre que pasemos por delante, debemos poner la rodilla derecha en tierra, en señal de adoración, lo mismo si está reservado que si está expuesto.

45,2. Las imágenes merecen nuestra veneración y respeto porque están en lugar del Señor, de la Virgen y de los Santos, a quienes representan. Son sus retratos, sus estatuas. Pero lo que hay en el sagrario no es un retrato o estatua de Jesucristo, sino el mismo Jesucristo, vivo, pero glorioso: como está ahora en el cielo. Las imágenes no se adoran, se veneran. A Jesucristo, en el sagrario, sí lo adoramos. Adoración consiste en tributar a una persona o cosa honores de Dios. Se llama culto de latría. Se diferencia del culto de dulía que consiste en la veneración que se tributa a todo lo que no es Dios, pero se relaciona con Él (imágenes, reliquias, etc.). A los santos se les tributa culto de dulía, que es de intercesión ante Dios.

La adoración sólo se tributa a Dios. El doblar la rodilla tiene distintos significados, según la voluntad del que lo hace: ante la Eucaristía es adoración, ante una imagen es veneración, ante los reyes es reverencia. La veneración de las imágenes no va dirigida a la materia de la que está hecha (piedra, madera, lienzo o papel) sino a la persona a la que representa. Cuando tú besas la foto de tu madre, tu beso no se dirige al papel fotográfico sino a tu madre en persona.

La idolatría se dirige a la imagen misma.

Dice el Concilio II de Nicea: el honor tributado a la imagen va dirigido a quien está representado en ella.

El Dios del Antiguo Testamento no tenía cuerpo. Era invisible. No se le podía representar por imágenes. Las imágenes de aquel tiempo eran ídolos. Pero desde que Cristo se hizo la imagen visible del Dios invisible, como dice San Pablo, es lógico que lo representemos para darle culto.

Los textos de la Biblia que prohíben hacer imágenes[546] son para los del Antiguo Testamento, por el peligro que tenían de caer en la idolatría como los pueblos vecinos. Ya no valen hoy día; como tampoco valen otras leyes del Antiguo Testamento, por ejemplo, la circuncisión, y la pena de muerte para los adúlteros.

El Nuevo Testamento perfecciona el Antiguo.

Los textos del Nuevo Testamento que hablan de los ídolos, se refieren a auténticos ídolos adorados por paganos, pero no a simples imágenes.

Por eso el Concilio Ecuménico de Nicea del año 787, justificó el culto de las sagradas imágenes.

Las imágenes son la Biblia del pueblo. Decía San Gregorio Magno: Las imágenes son útiles para que los iletrados vean en ellas lo que no son capaces de leer en los libros.

Los Testigos de Jehová, hasta el saludo a la bandera nacional lo consideran como un acto de idolatría. Esto es absurdo.

45,3. Es muy importante que consideres a Jesucristo en el sagrario, no como una cosa, sino como una Persona que siente, que ama, que te está esperando. Jesucristo está en el sagrario, deseando que vayamos a visitarle. Debemos ir con frecuencia a contarle nuestras penas y necesidades, y a pedirle consuelo y ayuda.

Es muy buena costumbre entrar a saludar a Jesucristo al pasar por delante de una iglesia, al menos una vez al día. Aunque sea brevemente. Por mucha prisa que tengas puedes entrar un momento y decir:

Señor:

Yo creo que estás aquí presente en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía.

Te adoro con todo mi corazón, como al único Dios verdadero.

Te amo sobre todas las cosas.

Te doy gracias por todos los beneficios que de Ti he recibido.

Te pido por todo por todas mis intenciones.

Te ruego que me ayudes en todo lo que necesite. Amén.

No has tardado ni un minuto.

Algunas veces, se hace la exposición del Santísimo Sacramento. Los fieles se arrodillan ante Él para adorar al Señor, darle gracias por su amor, y pedirle su ayuda. Al final de la exposición, se da la bendición con el Santísimo a los fieles: entonces, es el mismo Cristo quien les bendice y derrama sobre ellos sus gracias.

46.- JESUCRISTO ESTA REAL Y VERDADERAMENTE PRESENTE EN EL SAGRARIO, AUNQUE ENCUBIERTO BAJO APARIENCIAS DE PAN, EN LA HOSTIA CONSAGRADA.

47.- JESUCRISTO TAMBIÉN ESTÁ ENCUBIERTO BAJO APARIENCIAS DE VINO EN EL CÁLIZ CONSAGRADO.

47,1. En la Eucaristía permanecen el olor, color y sabor del pan y del vino; pero su substancia se ha convertido en el Cuerpo y en la Sangre de Jesucristo.

Substancia es aquello por lo cual algo es lo que es. Lo que hay de permanente en el ser, por lo cual subsiste. No lo que es transitorio y accidental, que no es esencial y constante, y que necesita una substancia donde residir: como son el color, el olor y el sabor.

47,2. La Hostia, antes de la Consagración, es pan de trigo. La Hostia, después de la Consagración, es el Cuerpo de Jesucristo, con su Sangre, su Alma y su Divinidad. Del pan sólo quedan las apariencias, que se llaman especies sacramentales.

47,3. En el cáliz, antes de la Consagración, hay vino de uva. En el cáliz, después de la Consagración, está la Sangre de Cristo, con su Cuerpo, su Alma y su Divinidad. Del vino sólo quedan las apariencias, que se llaman especies sacramentales.

Jesucristo en razón de su única Persona está entero en cada una de las dos especies sacramentales; por eso, para recibirlo, no es necesario comulgar bajo las dos especies de pan y vino: basta cualquiera de las dos para recibirlo entero.

47,4. La palabra griega «soma» en la antropología hebrea significa cuerpo en su totalidad; no en contraposición con la sangre. Igualmente la palabra «aima» (sangre) significa lo que es el hombre en su totalidad. Cristo repite la misma idea para confirmarla, para remacharla. Es un paralelismo llamado «climático» muy frecuente en el modo de hablar hebreo.

48.- EL PAN Y EL VINO SE CONVIERTEN EN EL CUERPO Y EN LA SANGRE DE JESUCRISTO EN LA SANTA MISA POR LAS PALABRAS QUE EL SACERDOTE DICE EN EL MOMENTO DE LA CONSAGRACION, PUNTO CENTRAL DE LA MISA

48,1. Por eso las normas litúrgicas dicen que durante la consagración los fieles deben ponerse de rodillas, si no hay motivo razonable que lo impida. Y así lo han recordado varios obispos.

En la elevación podrías decir en silencio: «Señor mío y Dios mío, que tu santa redención consiga mi salvación eterna y la de todos los que han de morir hoy. Amén».

49.- JESUCRISTO INSTITUYÓ LA EUCARISTÍA PARA PERPETUAR POR LOS SIGLOS, HASTA SU VUELTA, EL SACRIFICIO DE LA CRUZ, Y ALIMENTAR NUESTRAS ALMAS PARA LA VIDA ETERNA

49,1. En su Ultima Cena, Jesucristo, instituyó el sacrificio eucarístico de su Cuerpo y de su Sangre.

Jesús ofreció aquel día en el cenáculo el mismo sacrificio que iba a ofrecer pocas horas más tarde en el calvario: con anticipación, se entregó por todos los hombres bajo las apariencias de pan y vino.

Con las palabras «haced esto en memoria mía»[547], Jesús dio a los Apóstoles y a sus sucesores el poder y el mandato de repetir aquello mismo que Él había hecho: convertir el pan y el vino, en su Cuerpo y en su Sangre, ofrecer estos dones al Padre y darlos como manjar a los fieles.

49,2. Jesucristo está en todas las Hostias Consagradas entero en cada una de ellas. Aunque sea muy pequeña. También un paisaje muy grande se puede encerrar en una fotografía muchísimo más pequeña. No es lo mismo; pero esta comparación puede ayudar a entenderlo.

La presencia de Cristo en la Eucaristía es inextensa, es decir, todo en cada parte. Por eso al partir la Sagrada Forma, Jesucristo no se divide, sino que queda entero en cada parte, por pequeña que sea. Lo mismo que cuando uno habla y le escuchan dos, aunque vengan otros dos a escuchar, también oyen toda la voz. La voz se divide en doble número de oídos, pero sin perder nada. Esta comparación, que es de San Agustín, puede ayudar a entenderlo.

Todo esto es un gran misterio, pero así lo hizo Jesucristo que, por ser Dios, lo puede todo. Lo mismo que, con su sola palabra hizo milagros así, con su sola palabra, convirtió el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre cuando dijo: «Esto es mi Cuerpo..., éste es el cáliz de mi Sangre...»[548].

En otra ocasión dijo: «Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida»[549]. Y los que oyeron estas palabras las entendieron en su auténtico sentido; por eso no pudieron contenerse y dijeron «dura es esta doctrina»[550]. Los discípulos que las oyeran las entendieron de modo real, no simbólico. Por eso dice San Juan que cuando le oyeron esto a Jesús algunos, escandalizados, le abandonaron diciendo: esto es inaceptable. Les sonaba a antropofagia. Si lo hubieran entendido en plan simbólico no se hubieran escandalizado.

El mismo San Pablo también las entendió así. Por eso después de relatar la institución de la Eucaristía añade rotundamente: «de manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere este cáliz indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor»[551].

Por todo esto los católicos creemos firmemente que en la Eucaristía está el verdadero Cuerpo y la verdadera Sangre de Jesucristo. Las interpretaciones simbólicas y alegóricas de los no católicos son inadmisibles.

La presencia de Cristo en la Eucaristía es real y substancial.

El sentido de las palabras de Jesús no puede ser más claro. Si Jesucristo hablara simbólicamente, habría que decir que sus palabras son engañosas. Hay circunstancias en las que no es posible admitir un lenguaje simbólico. Qué dirías de un moribundo que te promete dejarte su casa en herencia y lo que luego te dejara fuera una fotografía de ella» Si no queremos decir que Jesucristo nos engañó, no tenemos más remedio que admitir que sus palabras sobre la Eucaristía significan realmente lo que expresan.

La Biblia de los Testigos de Jehová traduce falsamente en el relato de la Cena: «esto significa mi Cuerpo». Sin embargo, todos los manuscritos y versiones, sin excepción, traducen «esto es mi Cuerpo»[552]. No es lo mismo el verbo «ser» que el verbo «significar».

La bandera significa la Patria, pero no es la Patria.

Es cierto que nosotros no podemos comprender cómo se convierten el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo; pero tampoco comprendemos cómo es posible que la fruta, el pan, un huevo, un tomate o una patata se conviertan en nuestra carne y en nuestra sangre, y sin embargo esto ocurre todos los días en nosotros mismos. Claro que la transformación que sufren los alimentos en nuestro estómago es del orden natural, en cambio la transubstanciación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo es de orden sobrenatural y misterioso.

Este misterio se llama Santísimo Sacramento del Altar y, también, la Sagrada Eucaristía.

49,3. La presencia de Cristo en la Eucaristía está confirmada por varios milagros eucarísticos que, ante las dudas del sacerdote celebrante u otras circunstancias, las especies sacramentales se convirtieron en carne y sangre humana, como consta por los exámenes científicos realizados en los milagros de Lanciano, Casia y otros[553].

Puede ser interesante mi vídeo: «El Santo Grial de Valencia y milagros eucarísticos», donde presento las razones que nos permiten afirmar con fundamento que el Santo Cáliz de Valencia es el mismo que utilizó Jesucristo en la Ultima Cena, y relato los milagros eucarísticos de los Corporales de Daroca, La Sagrada Forma de El Escorial, El Milagro de los peces de Alboraya (Valencia) y la carne eucarística de Lanciano (Italia), analizada recientemente.por científicos.

50.- LA MISA ES EL ACTO MÁS IMPORTANTE DE NUESTRA SANTA RELIGIÓN, PORQUE ES LA RENOVACIÓN Y PERPETUACIÓN DEL SACRIFICIO DE CRISTO EN LA CRUZ

50,1. En la Misa se reactualiza el sacrificio que de su propia vida hizo Jesucristo a su Eterno Padre en el calvario, para que por sus méritos infinitos nos perdone a los hombres nuestros pecados, y así podamos entrar en el cielo. En la Misa se hace presente la redención del mundo. Por eso la Misa es el acto más grande, más sublime y más santo que se celebra cada día en la Tierra.

Decía San Bernardo: el que oye devotamente una Misa en gracia de Dios merece más que si diera de limosna todos sus bienes.

Oír una Misa en vida aprovecha más que las que digan por esa persona después de su muerte.

Con cada Misa que oigas aumentas tus grados de gloria en el cielo.

La única diferencia entre el sacrificio de la Misa y el de la cruz está en el modo de ofrecerse: en la cruz fue cruento (con derramamiento de sangre) y en la Misa es incruento (sin derramamiento de sangre), bajo las apariencias de pan y vino. «Los sacrificios de la Ultima Cena, el de la Cruz y el del altar, son idénticos»[554].

Todos los fieles que asisten al Sacrificio Eucarístico lo ofrecen también al Padre por medio del sacerdote, quien lo realiza en nombre de todos y para todos hace la Consagración.

A los hombres nos gusta celebrar los grandes acontecimientos:

bautizos, primeras comuniones, bodas, aniversarios, etc. Estas celebraciones suelen consistir en banquetes. La Eucaristía es un banquete para conmemorar la Ultima Cena. Los cristianos nos reunimos para participar, con las debidas disposiciones, en el banquete eucarístico.

50,2. Hay quienes dicen que no van a Misa porque no sienten nada.

Están en un error. Las personas no somos animales sentimentales, sino racionales.. El cristianismo no es cuestión de emociones, sino de valores. Los valores están por encima de las emociones y prescinden de ellas. Una madre prescinde de si tiene o no ganas de cuidar a su hijo, pues su hijo es para ella un valor. Quien sabe lo que vale una Misa, prescinde de si tiene ganas o no. Procura no perder ninguna, y va de buena voluntad.

Para que la Misa te sirva basta con que asistas voluntariamente, aunque a veces no tengas ganas de ir. La voluntad no coincide siempre con el tener ganas. Tú vas al dentista voluntariamente, porque comprendes que tienes que ir; pero puede que no tengas ningunas ganas de ir.

Algunos dicen que no van a Misa porque para ellos eso no tiene sentido. Cómo va a tener sentido si tienen una lamentable ignorancia religiosa» A nadie puede convencerle lo que no conoce. A quien carece de cultura, tampoco le dice nada un museo. Pero una joya no pierde valor porque haya personas que no saben apreciarla. Hay que saber descubrir el valor que tienen las cosas para poder apreciarlas.

Otros dicen que no van a Misa porque no les apetece, y para ir de mala gana, es preferible no ir. Si la Misa fuera una diversión, sería lógico ir sólo cuando apetece. Pero las cosas obligatorias hay que hacerlas con ganas y sin ganas. No todo el mundo va a clase o al trabajo porque le apetece. A veces hay que ir sin ganas, porque tenemos obligación de ir. Que uno fume o deje de fumar, según las ganas que tenga, pase.Pero el ir a trabajar no puede depender de tener o no ganas. Lo mismo pasa con la Misa. Ojalá vayas a Misa de buena gana, porque comprendes que es maravilloso poder mostrar a Dios que le queremos, y participar del acto más sublime de la humanidad como es el sacrificio de Cristo por el cual redime al mundo. Pero además, la asistencia a la Misa dominical es obligatoria, pues es el acto de culto público oficial que la Iglesia ofrece a Dios.

La Misa es un acto colectivo de culto Dios. Todos tenemos obligación de dar culto a Dios. Y no basta el culto individual que cada cual puede darle particularmente. Todos formamos parte de una comunidad, de una colectividad, del Pueblo de Dios, y tenemos obligación de participar en el culto colectivo a Dios. No basta el culto privado.

El acto oficial de la Iglesia para dar culto a Dios colectivamente, es la Santa Misa. El cumplimiento de las obligaciones no se limita a cuando se tienen ganas. Lo sensato es poner buena voluntad en hacer lo que se debe.

El cristianismo es una vida, no un mero culto externo. El culto a Dios es necesario, pero no basta para ser buen cristiano.

La asistencia a Misa es sobre todo un acto de amor de un hijo que va a visitar a su Padre: por eso el motivo de la asistencia a Misa debe ser el amor.

Muchos cristianos no caen en la cuenta del valor incomparable de la Santa Misa. Le oí decir a un sacerdote, que hablaba del valor de la Misa, que si a él le ofrecieran un millón de pesetas para que un día no celebrara la Santa Misa, él, sin dudarlo, dejaría el millón, no la Misa. Al oír esto pensé que yo también haría lo mismo. Unos días después al decir yo esto en unas conferencias que estaba dando en Écija, el millón me pareció poco, y dije: diez, cincuenta, cien, mil millones, ni por todo el oro del mundo dejaría yo de decir una sola misa. Repartiendo mil millones de pesetas yo podría hacer mucho bien:

pues ayudo más a la humanidad diciendo una Misa; pues los mil millones de pesetas tienen un valor finito, y la Santa Misa es de valor infinito. «Una sola Misa glorifica más a Dios que le glorifican en el cielo por toda la eternidad todos los ángeles y santos juntos,

incluyendo a la Santísima Virgen María, Madre de Dios»[555]. La razón es que la Virgen y los Santos son criaturas limitadas, en cambio la Misa, como es el Sacrificio de Cristo-Dios, es de valor infinito

50,3. Siendo la Santa Misa «reproducción incruenta del sacrificio del calvario, tiene los mismos fines y produce los mismos efectos que el sacrificio de la cruz»[556].

La Misa se celebra por cuatro fines:

1 Para adorar a Dios dignamente. Todos los hombres estamos obligados a adorar a Dios por ser criaturas suyas. La mejor manera de adorarle es asistir debidamente al Santo Sacrificio de la Misa.

2 Para satisfacer por los pecados nuestros y de todos los cristianos vivos y difuntos.

3 Para dar gracias a Dios por los beneficios que nos hace: conocidos y desconocidos por nosotros.

4 Para pedir nuevos favores del alma y del cuerpo, espirituales y materiales, personales y sociales.

Para alabar a Dios, para darle gracias por un beneficio, para pedirle un nuevo favor, para expiar nuestros pecados, para aliviar a las almas del purgatorio, etc., etc., lo mejor es oír Misa.

Por lo tanto, nuestras peticiones, unidas a la Santa Misa tienen mayor eficacia. Pero la aplicación del valor infinito de la Misa depende de nuestra disposición interior.

50,4. La Misa se ofrece siempre solamente a Dios, pues sólo a Él debemos adoración, pero a veces se dice Misa en honor de la Virgen o de algún santo, para pedir la intercesión de ellos ante Dios.

Una sola Misa, bien oída, nos aprovecha más que mil Misas que nos apliquen después de nuestra muerte.

Muchos cristianos tienen la costumbre de ofrecer Misas por sus difuntos. Es ésta muy buena costumbre, pues una Misa ayuda a un difunto mucho más que un ramo de flores sobre su tumba.

Cuando se encargan Misas se suele dar una limosna al sacerdote que la dice para ayudar a su sustento, según quería San Pablo[557]. Pero de ninguna manera debe considerarse esta limosna como precio de la Misa, que por ser de valor infinito, no hay en el mundo oro suficiente para pagarla dignamente. Lo que se da al sacerdote no es el precio de lo que recibimos, sino que le damos un donativo para ayudar a su sustento con ocasión de la ayuda espiritual que él nos ofrece.

50,5. La Liturgia es la oración pública y oficial de la Iglesia.

El Concilio Vaticano II, en la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, ha recalcado la importancia de la Liturgia en la formación de los cristianos de hoy: «la Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia, y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza»[558]. Pero primero dice que «la Sagrada Liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia»[559], y después que «la participación en la Sagrada Liturgia no abarca toda la vida espiritual»[560]. «Por eso, junto a la liturgia y con justa autonomía, han de fomentarse otras expresiones, culturales o no, como la evangelización, la catequesis, el apostolado, los ejercicios ascéticos, la acción caritativa y social, y la vida de testimonio en el mundo»[561].

La Liturgia en nada se opone, sino al contrario, exige vehementemente un intenso cultivo de la vida espiritual, aun fuera de las acciones litúrgicas, con todos los medios ascéticos acostumbrados y conocidos en la tradición cristiana.

Hay que tener cuidado de que el despliegue que van alcanzando las celebraciones litúrgicas comunitarias no se produzca a base de pisar y expropiar su terreno a la piedad y oración privadas.

Porque en tal caso el auge de las celebraciones litúrgicas ya no estaría de acuerdo ni con la letra ni con el espíritu de la Constitución Conciliar sobre la Sagrada Liturgia. Hoy padecemos una hipertrofia del sentido comunitario. Se pretende a veces que lo común sobresalga de tal modo que ahogue lo individual. Pero todos los movimientos que en la pendular historia de las ideas han pasado por un máximo excesivo, han terminado por reducirse a sus justos términos.

«El hombre tiene un valor inalienable en sí mismo. Aunque él se salva en comunidad, se salva en virtud de su respuesta individual al llamamiento a participar en la vida de esta comunidad»[562].

51.-LA SAGRADA COMUNIÓN ES EL ACTO DE RECIBIR A JESUCRISTO, CON SU CUERPO, SU SANGRE, SU ALMA Y SU DIVINIDAD, BAJO LAS APARIENCIAS DE PAN Y VINO.

51,1. Hay obligación bajo pecado grave, de comulgar una vez al año, y en peligro de muerte.

Dice el Código de Derecho Canónico: En peligro de muerte, cualquiera que sea la causa de donde ésta proceda, obliga a los fieles el precepto de recibir la Sagrada comunión por Viático.

La obligación de comulgar, que antes era por Pascua Florida, el Nuevo Código de Derecho Canónico, lo expresa así en el canon 920:

Todo fiel, después de la Primera Comunión, está obligado a comulgar por lo menos una vez al año.

Este precepto debe cumplirse durante el Tiempo Pascual, a no ser que por causa justa se cumpla en otro tiempo dentro del año. Este Tiempo Pascual comienza en el Triduo Pascual, el Jueves Santo, y termina con el domingo de Pentecostés. En España desde 1526 el Cumplimiento Pascual puede cumplirse desde el Miércoles de Ceniza hasta el domingo de la Santísima Trinidad.

Para un cristiano, comulgar una vez al año es lo mínimo. La Iglesia desea que los cristianos comulguen más a menudo, como lo expresa en el nuevo canon 898: Tributen los fieles la máxima veneración a la Santísima Eucaristía, tomando parte activa en la celebración del sacrificio augustísimo, recibiendo este sacramento frecuentemente.

La comunión frecuente puede ser mensual, semanal y mejor aún diaria.

La mejor devoción que podemos tener es la comunión diaria en la Santa Misa.

Comulgar es el acto más sublime que podemos hacer en la vida, pues es recibir a Dios en nuestro corazón. Jesucristo, que por ser Dios es infinitamente sabio y poderoso, no pudo dejarnos cosa mejor. Aunque no se puede ni comparar, podemos decir que con una comunión ganamos más que si nos toca la lotería. No es exageración. Es una realidad. Y si lo dudamos, es que no tenemos fe.

Si comulgáramos más, estaríamos acumulando un capitalazo para la eternidad. Sin embargo, una pereza increíble nos hace desaprovechar lo más grande y fácil que se nos puede presentar en la vida.

Pero sobre todo, comulgando damos gusto a Jesucristo. Para eso se ha quedado en la Eucaristía.

A Jesucristo no le bastó hacerse hombre y morir por los hombres. Quiso quedarse para siempre entre nosotros en la Eucaristía, y hacerse pan para unirse a nosotros en la Sagrada Comunión. Por amor a Él comulga lo más a menudo que puedas. Dice Cristo que quien comulga, vivirá eternamente.

Pero además, la comunión nos es necesaria porque es el alimento del alma que la robustece para la lucha de la vida. Quien no comulga tiene el alma débil, y fácilmente cae en el pecado. Quien comulga a menudo fortifica el alma y encuentra más fácil la victoria contra el pecado.

La comunión es el mejor medio de vencer las tentaciones porque debilita nuestras malas inclinaciones, aumenta la gracia santificante y nos preserva del pecado mortal.

Si alguna vez no puedes comulgar sacramentalmente, porque no estás en condiciones, haz al menos una comunión espiritual. La fórmula de la comunión espiritual la tienes en los Apéndices.

51,2. Antes de comulgar, debemos prepararnos con reverencia, pensando que el que viene a nosotros -pobres pecadores- es nada menos que Jesucristo, Dios, infinitamente poderoso, Creador del Universo; pero que nos ama tanto, que se ha querido quedar con nosotros en el sagrario para que podamos recibirle.

Al comulgar nos empapamos de Cristo como una esponja se empapa de agua. Es más, al comer el Cuerpo de Cristo, el alimento espiritual nos transforma a nosotros, y no nosotros al alimento: como cuando comemos comida material. La idea es de Santo Tomás[563].

Sería un error privarse de la comunión por un sentimiento exagerado de indignidad propia. Para comulgar fructíferamente basta estar en gracia de Dios. No es necesario ser santo, sino que comulgamos frecuentemente para poder serlo.

Lo mejor es comulgar en medio de la Misa, pero si no puedes oír Misa, al menos comulga.

Los sacerdotes tienen obligación de darla a cualquier hora a todos los fieles que la pidan razonablemente.

Cuando vayas a comulgar, acércate al comulgatorio con los brazos cruzados en actitud respetuosa.

Cuando el sacerdote vaya a darte la Sagrada Forma, te dirá: «El Cuerpo de Cristo». Tú le respondes: «Amén», y levantas la cabeza, la echas un poco hacia atrás, abres suficientemente la boca y sacas un poco la lengua por encima del labio inferior para que te deposite en ella a Nuestro Señor. Es dificilísimo dar la comunión a personas que tienen su cabeza inclinada hacia delante, la boca poco abierta y sin sacar la lengua. Hay peligro de que se caiga la Sagrada Forma.

Después, retírate a tu puesto. Para tragar con facilidad la Sagrada Forma, deja que se humedezca un poco con la saliva. Si se pega al paladar, despréndela con la lengua.

También puedes recibir la Sagrada Forma en la mano, poniendo la mano izquierda como bandeja y tomando la Sagrada Forma con la derecha.

Después de comulgar debemos darle gracias durante un ratito por beneficio tan grande, y pedirle por todas nuestras necesidades.

Háblale como a un amigo; pídele por tu familia, para que todos tengan salud y trabajo, y para que sean buenos y se salven; pídele por tus amigos, conocidos y compañeros de trabajo; por tu Patria, el Papa, la Iglesia y los grandes problemas de la Humanidad; y rézale las oraciones que para después de comulgar te pongo en el Apéndice.

Cuando se deshace la Sagrada Forma, Jesucristo ya no está corporalmente, pero queda en el alma la gracia santificante, que no se va hasta que se comete un pecado grave. El pecado grave destruye la gracia santificante.

52.- PARA COMULGAR ES NECESARIO ESTAR EN GRACIA DE DIOS Y HABER GUARDADO EL AYUNO EUCARISTICO.

52,1. El ayuno eucarístico, hoy día, se ha reducido a una hora para sólidos y líquidos (incluso bebidas alcohólicas). Este mismo margen hay que dejar para las comuniones de media noche (Misa de Nochebuena).

La hora se entiende aproximadamente. Si faltan cinco o diez minutos,

no importa.

El agua y las medicinas no rompen el ayuno. No importa haberlas tomado incluso un momento antes de comulgar.

El ayuno eucarístico queda suprimido para los enfermos, aunque no guarden cama, para los fieles de edad avanzada, y para las personas que cuidan enfermos y ancianos o familiares de éstos que desean recibir con ellos la Sagrada Eucaristía A los enfermos se les puede llevar la comunión a cualquier hora del día o de la noche. Y a juicio del Obispo, pueden recibir la comunión bajo la sola especie de vino, si les cuesta tragar.

Normalmente se suele recibir la comunión una vez al día. Pero se puede comulgar de nuevo, por segunda vez, cualquier día con tal de que sea oyendo misa entera. También pueden comulgar por segunda vez en el día los que acompañan al que recibe el viático.

Se puede comulgar sin haber guardado ayuno eucarístico, en peligro de muerte y para evitar una irreverencia al Santísimo Sacramento, por ejemplo, en un incendio, en una inundación, en una persecución religiosa, etc. En estos casos, si no hay sacerdote, podrá administrar la comunión, a otros y a sí mismo, cualquier seglar que esté en estado de gracia. Si uno no está en gracia, que haga un acto de contrición.

52,2. Además del ayuno, para comulgar hay que estar en gracia de Dios.

Cuando tenemos la desgracia de cometer un pecado grave, ya no estamos en gracia de Dios; por lo tanto, así no podemos comulgar; y si comulgamos sabiendo que estamos en pecado grave, cometemos un pecado tremendo que se llama sacrilegio. Dice San Pablo que quien comulga indignamente «se traga su propia condenación»[564]. Aunque con un acto de contrición perfecta -como luego diremos- se perdonan los pecados, con todo, quien tiene conciencia de estar en pecado grave no puede comulgar sin antes confesarse, a no ser por causa grave. Así lo manda la Santa Iglesia, en el Código de Derecho Canónico.

Causa grave es aquella necesidad moral que, si no se atiende, nos produce un grave perjuicio; como sería el que los demás adviertan que estamos en pecado mortal. Por eso, si después de acercarte a comulgar te das cuenta que estás en pecado grave, no es necesario que retrocedas: puedes comulgar haciendo antes un acto de contrición, con propósito de confesarte después. Si tienes duda de estar en gracia, puedes comulgar haciendo antes un acto de contrición. Como te explico en el n 84, puedes hacer un acto de contrición en tres palabras: Dios mío, perdóname.

Juan Pablo II afirmó que la confesión es imprescindible para quien tiene conciencia de pecado grave y quiere acercarse a la comunión. El Papa dijo que la preparación penitencial del comienzo de la Santa Misa no es suficiente para que pueda comulgar el que tenga conciencia de pecado grave.

No es necesario confesarse cada vez que uno comulga, a no ser que se tenga sobre la conciencia algún pecado grave. Dijo Juan Pablo II el 30 de enero de 1981: «está y estará vigente siempre en la Iglesia la norma, establecida por San Pablo y por el mismo Concilio de Trento, por la cual a la digna recepción de la Eucaristía se debe anteponer la confesión de los pecados, cuando uno es consciente de pecado grave»[565].Los que creen estar en gracia de Dios, pueden acercarse a comulgar sin confesarse previamente. Sin embargo, es muy recomendable hacer siempre un acto de contrición perfecta antes de acercarse a comulgar. Sobre el acto de contrición te hablo en los núms. 80-84.

[546] - Éxodo, 20:4

[547] - Evangelio de San Lucas, 22:19

[548] - Evangelio de San Mateo, 26:26ss

[549] - Evangelio de San Juan, 6:56

[550] - Evangelio de San Juan, 6:61

[551] - SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 11:27ss

[552] - G. HERBERT, S.I.: Los Testigos de Jehová, su historia y su doctrina, III, 3. a. Ed. PPC. Madrid, 1973. Éste es uno de los mejores libros para refutar con profundidad los errores de los Testigos de Jehová.

[553] - BOB-PENNY LORD: Milagros de la Eucaristía, I, V, XV. Librería Niño Jesús. San Jorge 357, Santurce. Puerto Rico

[554] - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología Moral para Seglares, 2º, 2ª, III, 98. Ed. BAC. Madrid

[555] - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología de la Perfección Cristiana nº 235. Ed. BAC. Madrid

[556] - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.:Teología Moral para Seglares,2º, 2ª, III,nº100.Ed.BAC. Madrid

[557] - SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 9:13s

[558] - Concilio Vaticano II: Sacrosantum Concilium: Constitución sobre la Sagrada Liturgia, nº 10

[559] - Concilio Vaticano II: Sacrosantum Concilium: Constitución sobre la Sagrada Liturgia, nº 9

[560] - Concilio Vaticano II: Sacrosantum Concilium: Constitución sobre la Sagrada Liturgia, nº 12

[561] - Documento de la Comisión Episcopal de Liturgia del 1-XI-1987

[562] - Pastoral Colectiva de los Obispos de los EE.UU.: Revista ECCLESIA nº 1376(3-II-68)

[563] - SANTO TOMÁS in 4 Sent. Dist. 12 q. 2, a, 1

[564] - SAN PABLO: 1ª Carta a los Corintios, 11:27ss

[565] - Revista ECCLESIA, 2018 (14-II-81)8.

 

Solemnidad del Corpus Christi

Textos, vídeos y audios para vivir –este jueves o el domingo, según las disposiciones litúrgicas de cada lugar–, la Solemnidad del Corpus Christi y su Octava.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA03/06/2021

Recursos sobe la Eucaristía para la fiesta del Corpus Christi
Evangelio del Corpus Christi y homilía de san Josemaría
Devoción eucarística
Lecturas para profundizar en el misterio de la Eucaristía
Preguntas y respuestas sobre el Corpus Christi y la Eucaristía
Resúmenes de fe cristiana


Evangelio del Corpus Christi y homilía de san Josemaría

∙ En la fiesta del Corpus Christi: texto y audio de esta homilía de fundador del Opus Dei.

∙ Comentario al Evangelio: “Tomad, esto es mi cuerpo”.

∙ San Josemaría habla sobre la presencia de Cristo vivo en el Pan y el Vino consagrados: “Señor: sé que vives, que estás ahí escondido por Amor”.


Devoción eucarística

∙ Dios escondido en la Eucaristía: rezar con san Josemaría.

∙ El prodigio de la Sagrada Eucaristía: el Beato Álvaro del Portillo detalla las actitudes del alma verdaderamente eucarística.

∙ Jueves santo: institución de la Eucaristía. Meditación breve de Mons. Javier Echevarría.

∙ Oraciones para la adoración eucarística (devocionario móvil).

El himno 'Adoro te devote', compuesto por Sto. Tomás de Aquino.

 


Lecturas para profundizar en el misterio de la Eucaristía

∙ Libro electrónico: «Catequesis del Papa Francisco sobre la Santa Misa» (2018).

∙ Homilía en la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (Papa Francisco, 14 de junio de 2020)

∙ Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia (san Juan Pablo II)

∙ Exhortación apostólica sinodal Sacramentum caritatis (Benedicto XVI, 2007)

∙ Carta de Mons. Javier Echevarría sobre la Eucaristía (2004), en la que desglosa el himno eucarístico Adoro te devote. Disponible en PDF.


Preguntas y respuestas sobre el Corpus Christi y la Eucaristía

∙ ¿Cómo fue la Última Cena?

∙ ¿Por qué la fiesta del Corpus Christi?: Benedicto XVI explica su origen.

∙ ¿Qué es la Eucaristía? Respuesta a algunas de las preguntas más habituales sobre la presencia de Jesucristo en la Eucaristía.

∙ ¿Cómo recibir bien a Jesús en la Eucaristía? Respuesta a las preguntas más habituales sobre la Sagrada Comunión.


Resúmenes de fe cristiana

∙ Tema 19. La Eucaristía: La Eucaristía es el memorial de la Pascua de Cristo, la actualización de su único sacrificio, en la liturgia de la Iglesia.

∙ Tema 20. La Eucaristía (2): La Santa Misa es sacrificio en un sentido propio y singular porque re-presenta (= hace presente), en el hoy de la celebración litúrgica de la Iglesia, el único sacrificio de nuestra redención, porque es su memorial y aplica su fruto.

∙ Tema 21. La Eucaristía (3): La fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía ha llevado a la Iglesia a tributar culto de latría al Santísimo Sacramento, tanto durante la liturgia de la Misa, como fuera de su celebración.

 

 

Evangelio del domingo: Corpus Christi

Comentario de la solemnidad del Corpus Christi. “Tomad, esto es mi cuerpo”. Jesús que se queda con nosotros oculto bajo la apariencia de pan. Tan gran misterio nos invita a contemplar y asombrarnos de su Amor por nosotros.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Mc 14, 12-16.22-26)

El primer día de los Ácimos, cuando sacrificaban el cordero pascual, le dicen sus discípulos:

—¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?

Entonces envía dos de sus discípulos, y les dice:

—Id a la ciudad y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Seguidle, y allí donde entre decidle al dueño de la casa: «El Maestro dice: “¿Dónde tengo la sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?”». Y él os mostrará una habitación en el piso de arriba, grande, ya lista y dispuesta. Preparádnosla allí.

Y marcharon los discípulos, llegaron a la ciudad, lo encontraron todo como les había dicho, y prepararon la Pascua.

Mientras cenaban, tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, se lo dio a ellos y dijo:

—Tomad, esto es mi cuerpo.

Y tomando el cáliz, habiendo dado gracias, se lo dio y todos bebieron de él. Y les dijo:

—Ésta es mi sangre de la nueva alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que ya no beberé del fruto de la vid hasta aquel día en que lo beba de nuevo en el Reino de Dios.

Después de recitar el himno, salieron hacia el Monte de los Olivos. Y les dijo Jesús:

—Todos os escandalizaréis, porque está escrito:

Heriré al pastor

y se dispersarán las ovejas


Comentario

“¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?”. En el contexto de la Pascua Jesús instituye el sacramento de la Eucaristía y lo hace libremente.

A la pregunta de los discípulos: “¿Dónde quieres?”. Jesús responde: “Id a la ciudad y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua”. Jesús comunica a los discípulos, con todo detalle, la manera en la que celebraría la que sería la Última Cena, en la que instituiría el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre. No lo hace obligado por las circunstancias, sino que lo lleva a cabo como cumplimiento del designio del Padre. Al hacerlo libremente lo hace por Amor porque sólo donde hay libertad hay Amor de verdad. Jesús, en su vida, todo lo ha llevado a cabo libremente y cuando se acercan los últimos momentos de su existencia resalta con más fuerza el valor de la libertad. Al hacerlo transparenta el Amor con que lo realiza.

Los hechos que van aconteciendo tienen lugar como Jesús les había indicado. “Y marcharon los discípulos, llegaron a la ciudad, lo encontraron todo como les había dicho, y prepararon la Pascua”.

“Mientras cenaban, tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, se lo dio a ellos y dijo: -Tomad, esto es mi cuerpo”. Jesús antes de ofrecer su vida en la cruz, por la salvación del mundo, quiso quedarse entre nosotros. Lo hizo convirtiendo el pan en su Cuerpo. Las palabras de Jesús no admiten otra interpretación: “esto es mi cuerpo”.

La razón más alta que le lleva a Jesús a permanecer con nosotros bajo la apariencia de pan es el Amor. Así lo enseñaba san Josemaría: “Jesús se quedó en la Eucaristía por amor..., por ti.

—Se quedó, sabiendo cómo le recibirían los hombres... y cómo lo recibes tú.

—Se quedó, para que le comas, para que le visites y le cuentes tus cosas y, tratándolo en la oración junto al Sagrario y en la recepción del Sacramento, te enamores más cada día, y hagas que otras almas —¡muchas!— sigan igual camino”[1].

Después de convertir el pan en su cuerpo, “tomando el cáliz, habiendo dado gracias, se lo dio y todos bebieron de él. Y les dijo: -Ésta es mi sangre de la nueva alianza, que es derramada por muchos”. Jesús convierte el vino en su sangre que sería derramada enteramente en la cruz, al día siguiente. Con su muerte y posterior resurrección establece una nueva alianza entre Dios y los hombres. Lo hace dando su vida por nosotros que es la mayor muestra de amor: “Nadie tiene amor más grande que el de dar uno la vida por sus amigos” (Jn 15, 13).

Todo en la Eucaristía nos habla, a gritos silenciosos, del Amor de Cristo por nosotros. Son gritos silenciosos porque espera nuestra respuesta libre. El Amor no se puede imponer. La Eucaristía es el encuentro de dos libertades: la libertad de Jesús y la nuestra. Es un misterio de Amor profundo que estamos llamados a contemplar y la fiesta del Corpus Christi es una ocasión espléndida para hacerlo. Juan Pablo II en la última encíclica en la que trató de este misterio nos dijo que con ella lo que quería era suscitar el asombro eucarístico[2].

 


[1] San Josemaría, Forja n. 887

[2] San Juan Pablo II, Encíclica Ecclesia Eucharistia, n. 6

 

En el Día de la Caridad los obispos nos invitan a la entrega y a la fraternidad

«La pandemia está dejando tras de sí muchas vidas rotas y profundas heridas que, sin embargo, están siendo cicatrizadas gracias al fomento de los lazos de colaboración, ayuda mutua y redes comunitarias que brotan de la fraternidad en una comunidad que sostiene».

Nos lo recuerdan los obispos de la Subcomisión de Acción Caritativa y Social de la Conferencia Episcopal con motivo del Día de la Caridad, que se celebra en la Solemnidad de Corpus Christi este próximo domingo 6 de junio.

Este es el mensaje que han publicado los obispos con el título «Conmigo lo hicisteis», donde invitan a ser fraternos con las personas más vulnerables y estar cerca de los pobres, los más vulnerables, los niños, los enfermos, los discapacitados, los ancianos, los tristes y solos, los agobiados por la pesadumbre de la existencia.

“Conmigo lo hicisteis”, el mensaje de los Obispos

“Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40).

En este tiempo de pandemia, con la convicción de que el Señor camina con nosotros, celebramos la Solemnidad del Corpus Christi, el Día de la Caridad, en el que estamos haciendo de las dificultades del momento una gran oportunidad para tocar las llagas de Cristo y descubrir que, detrás de sus heridas, encontramos el dolor y sufrimiento de nuestros hermanos abriéndonos al misterio de Cristo crucificado y resucitado donde resplandece la gloria de Dios.

Dios no deja jamás de estar a nuestro lado cumpliendo su promesa: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin de los tiempos” (Mt 28, 20). Estos “tiempos recios”, donde se necesitan amigos fuertes de Dios, invitan a recuperar el sentido de nuestra vida sabiéndonos frágiles y necesitados de salvación. Una necesidad que se hace concreta en la vida de cada día, en la projimidad, en la cercanía, en la fraternidad y en la esperanza cristiana que brotan de la Eucaristía.

En estos tiempos singulares en los que se están tomando iniciativas excepcionales para evitar y detener el contagio de un virus trágicamente mortal, todos percibimos cómo se hacen esfuerzos  en muchos lugares de nuestra sociedad para proteger a las personas, a las familias, incluso a las diversas realidades laborales, de los trágicos zarandeos que han herido especialmente a los vulnerables y más empobrecidos, abriendo, así, caminos a la esperanza. En todas esas acciones vamos aprendiendo a hacernos prójimos, hermanos y hermanas. Como discípulos queremos aprender de forma nueva que es a Cristo a quien se lo estamos haciendo, y Él siempre nos responde con su acogida e infinita misericordia.

Entrega

Estar cerca de los pobres, los más vulnerables, los niños, los enfermos, los discapacitados, los ancianos, los tristes y solos, los agobiados por la pesadumbre de la existencia nos cansa, bien por lo abrumador y desbordante de tantas situaciones, bien por la fragilidad que nos descubren en cada uno, bien porque nos enfrentan a nuestra debilidad. A este respecto encontramos aliento en las palabras de san Manuel González: “En la Eucaristía, está el Corazón incansablemente misericordioso, que a cada quejido de nuestros labios y a cada lágrima de nuestros ojos… responde – ¡estad ciertos! – con un latido de infinita compasión” (Un corazón hecho Eucaristía, n 107).

La Eucaristía nos ofrece el don de poder amasar de forma inseparable la caridad  y la vida de los pobres. ¿Cómo vivir la Eucaristía sin estar cerca de aquellos más hambrientos , de aquellos con quienes Cristo se identifica al tener hambre, sed, estar desnudo, enfermo o en la cárcel? (Mt 25, 31-46). En esta unión descubrimos la esencia de la dignidad humana que cobra sentido al enraizarse en el mismo Jesucristo.

Él, por medio del amor hecho servicio hasta el extremo, ofreciendo  su vida, ha llevado a plenitud el valor de la dignidad humana haciéndonos hermanos  y adentrándonos en el misterio de la donación. Esta caridad, corazón de nuestra fe y de la propia solemnidad del Corpus Christi, nos lleva a poner en las manos del Dios, que nos ha amado tanto que nos ha entregado a su propio Hijo, todo lo que somos y lo que tenemos, especialmente nuestras pobrezas y fragilidades y nos mueve al amor fraterno, pues “cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios” (Deus caritas est 16).

Ante el Cuerpo de Cristo tomamos conciencia de que es tiempo de potenciar la capilaridad en los pueblos, barrios y ciudades para cuidar y acompañar tanto sufrimiento. Así nos exhorta el papa Francisco: El servicio es, “en gran parte, cuidar la fragilidad. Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo […] El servicio siempre mira el rostro del hermano, toca su carne, siente su projimidad y hasta en algunos casos la «padece» y busca la promoción del hermano” (Fratelli tutti 115).

Fraternidad

La pandemia está dejando tras de sí muchas vidas rotas y profundas heridas que, sin embargo, están siendo cicatrizadas gracias al fomento de los lazos de colaboración, ayuda mutua y redes comunitarias que brotan de la fraternidad en una comunidad que sostiene. “He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear la vida aisladamente […] Se necesita una comunidad que lo sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos!” (Fratelli tutti 8).

De estas palabras del Papa son testigos, durante las veinticuatro horas del día, los discípulos misioneros de Jesucristo en Cáritas, las personas que hacen posible el servicio de la caridad en las parroquias o en otras instituciones caritativas de la Iglesia.

Los obispos reconocemos y agradecemos este servicio generoso, al tiempo que animamos a que sean muchos más los cristianos que se comprometan con los más pobres y excluidos de nuestra sociedad. Cáritas, con sus trabajadores y equipos de voluntarios, hace cada mañana que las fronteras y los muros se concreten en la dimensión universal de la caridad: “Al amor no le importa si el hermano herido es de aquí o es de allá. Porque es el amor que rompe las cadenas que nos aíslan y separan, tendiendo puentes; amor que nos permite construir una gran familia donde todos podamos sentirnos en casa […] Amor que sabe de compasión y de dignidad” (Fratelli tutti 62).

Creemos en el Dios que se hace carne y se presenta como compañero de viaje. Él atraviesa la vida de cada pueblo, ciudad, hospital, escuela o centro de trabajo. Y lo hace por medio de sus discípulos, de los pobres y víctimas de esta crisis. Aunque este año no salgamos por las calles acompañando al Señor sacramentado en procesión, proclamemos nuestra fe y hagamos de nuestras parroquias, comunidades, oratorios y de nosotros mismos, custodias del Cristo que comulgamos como expresión de nuestro amor agradecido y fuente de bendición para muchos.

Adoración

En el contexto de esta pandemia, el día del Corpus Christi, día de la Caridad, el Señor, con su Cuerpo entregado y su Sangre derramada, nos urge a la esperanza, que  “nos habla de una sed, de una aspiración, de un anhelo de plenitud, de vida lograda, de un querer tocar lo grande, lo que llena el corazón y eleva el espíritu hacia cosas grandes, como la verdad, la  bondad y la belleza, la justicia y el amor… la esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna. Caminemos en esperanza” (Fratelli tutti 55).

Hoy, al adorar al Señor en el Pan Eucarístico, nos adentramos en el dinamismo del gozo, la alegría y la esperanza que necesita nuestro mundo. Una esperanza que brota de la presencia de Cristo en el mundo y entre nosotros, de sus salidas a los caminos de este mundo sufriente por los estragos del coronavirus para convocar a todos a la alianza del Espíritu.

Santa Teresa de Calcuta, con su vida entregada a los más pobres y su amor a la adoración del Santísimo, donde encontraba la fuerza para la caridad, nos enseña algo que ella experimentaba y alentaba su esperanza: “El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz”. En las palabras de la Santa tenemos de modo palpable, una concreción de lo dicho por el Señor: “Conmigo lo hicisteis”.

Hoy al adorar el cuerpo sacramental, nacido de la Virgen María, se aviva el dinamismo de nuestra fe, amor y esperanza; nos adentramos en la verdad y la novedad del testimonio apostólico que encuentra ánimo en las palabras del apóstol San Pablo: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos suyos muy queridos. Y haced del amor la norma de vuestra vida, a imitación de Cristo que nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros como ofrenda y sacrificio de suave olor a Dios” (Ef. 5, 1-5).

Nos ponemos en las manos de la Sagrada Familia de Nazaret, Jesús, María y José, en ese hogar donde se fraguaba cada día la caridad, con pensamientos, palabras y obras y pedimos al Señor que nos encuentre dignos de su presencia por haber hecho con nuestro prójimo ejercicio creíble de la caridad.

Subcomisión Episcopal de Acción Caritativa y Social

(Conferencia Episcopal Española)

 

¿Dios escucha siempre? Esperar el último día

Escrito por José Martínez Colín.

En la oración, es Dios quien nos debe convertir, no somos nosotros los que debemos convertir a Dios.

1) Para saber

Un abuelo preguntaba a su pequeña nieta si rezaba sus oraciones todas las noches antes de dormir. Su nieta le respondió que sí. “¿Y por las mañanas también rezas?”, volvió a preguntar. Su nieta reconoció que no rezaba por las mañanas. “Y ¿por qué no?”, le preguntó. Entonces la nietecita con mucha naturalidad le dijo: “Es que en las mañanas no me da miedo”.

Se puede pensar que no es necesario rezar si no se requiere algo. Pero en ese caso, estaríamos viendo la oración como una “varita mágica”, advirtió el papa Francisco en su reciente audiencia. Hay que evitar convertir nuestra relación con Dios en algo “mágico”, pues la oración es, ante todo, un diálogo con el Señor, no un medio para obtener nuestros deseos. Oramos para hablar con Dios y en ese diálogo a veces entran nuestras peticiones. Al rezar podemos caer en el riesgo de no ser nosotros quienes servimos a Dios, sino pretender que sea Él quien nos sirva a nosotros. El peligro va más allá, pues cuando no recibimos lo que pedimos, podemos desanimarnos, debilitarnos en la fe o decidir dejar de rezar pensando que no nos sirve de nada. El papa nos invita aprender de la oración del “Padre nuestro”, en donde antes de pedir, queremos que se cumpla la voluntad de Dios.

2) Para pensar

Hay unas paradojas que nos muestran que a veces no recibimos lo que queremos, sino lo que realmente necesitábamos:

“Pedí salud que puedo obtener, Dios me hizo débil para poder obedecer.

Pedí riquezas para ser feliz, Dios me dio pobreza para ser prudente.

Pedí fuerza para poder hacer cosas grandes, Dios me dio debilidad para hacer cosas mejores.

Pedí todas las cosas para disfrutar de la vida, Dios me dio vida eterna para disfrutar de todas las cosas.

No recibí nada de lo que pedí, pero recibí mucho más de lo que deseaba”.

En la oración, es Dios quien nos debe convertir, no somos nosotros los que debemos convertir a Dios.

3) Para vivir

Ante la experiencia de rezar y no recibir lo pedido, parecería que Dios no nos ha escuchado. El apóstol Pablo nos recuerda que nosotros no sabemos lo que sea conveniente pedir (cfr. Rm 8,26). Por ello, la primera actitud para rezar es hacerlo con humildad confiando que Dios nos dará lo más conveniente: Él sabe mejor que nosotros lo que más nos conviene para nuestra salud espiritual.

¿Por qué a veces parece que Dios no escucha? Los Evangelios nos presentan que la respuesta de Jesús no siempre es inmediata. La misma oración de Jesús en el Getsemaní parece permanecer sin ser escuchada. Pero al tercer día está su resurrección. Por ello, dice el Papa, el mal es señor del penúltimo día, el momento donde es más oscura la noche y la tentación hace creer que el mal ha vencido. Pero el mal nunca es señor del último día: Dios es el Señor del último día. Aunque no recibimos respuesta, experimentamos que después, con el tiempo, las cosas se arreglan, pero según el modo de Dios, no según lo que nosotros queríamos en ese momento. El tiempo de Dios no es nuestro tiempo.

Aprendamos esta paciencia humilde de esperar la gracia del Señor, esperar el último día, nos invita el Papa. Muchas veces, el penúltimo día es muy feo, porque los sufrimientos humanos son feos. Pero el Señor está y en el último día Él resuelve todo.

 

Liderazgo integrado e integrador. In Memoriam Prof. Maruja Moragas

Prof. del IESE Maruja Moragas

Recientemente se han cumplido 8 años del fallecimiento de mi colega y amiga del alma, la profesora del IESE Business School Maruja Moragas. Como cada año, desde la Cátedra Carmina Roca y Rafael Pich.Aguilera Mujer y Liderazgo, ofrecemos una sesión I-WiL In Memoriam. Este año, junto a mi también colega en IESE la prof. Esther Jiménez, hemos sido anfitrionas de una sesión online -Covid 19 manda, y en IESE cumplimos todas las medidas necesarias-.

 

Tras un vídeo de tres minutos, que podréis ver en la grabación de la sesión íntegra al final de este post, respondimos a las preguntas que los asistentes nos iban haciendo llegar desde Q&A. A través de las respuestas, fuimos dando claves para desarrollar el conjunto de competencias que son necesarias para hacer que una organización sea más competitiva y sostenible, contando para ello con la sinergia hombre-mujer y lograr con ello un liderazgo integrado e integrador.

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Os dejo con la grabación íntegra de la sesión y espero vuestros comentarios. ¡Seguimos!

 

Tristeza, depresión, suicidio, suicidio asistido, cerebro.

Constituye  una paradoja la coexistencia del instinto de conservación de la propia vida, que es muy fuerte, y las ideas de autolisis, de suicidio. Es totalmente antinatural el llamado “suicidio asistido”.

¿Sucede en el suicidio una alteración del concepto que uno tiene de sí mismo, es decir, una alteración del amor a sí mismo? ¿Es quizá una consecuencia de pensar más en sí mismo que en los demás? En este sentido, ¿es provocado por el aislamiento del individuo, por soledad, por falta de relaciones, falta de ideales? La inactividad, ¿puede llevar a tal enajenación?

¿Qué le pasa por la cabeza al suicida? ¿Qué trastornos son los responsables de tal decisión? ¿Es totalmente libre? ¿Hay causas materiales, somáticas, mentales? En algún estudio se han observado valores de colesterol en los suicidas menores que en los individuos normales.

¿Qué zonas del cerebro tienen que ver con el instinto de conservación?

Probablemente en la depresión se afecta el hipotálamo, con sus centros de la saciedad y del apetito, lo que explicaría las alteraciones alimentarias que se suelen observar en la misma; se afecta también el cuerpo estriado (que explica el cansancio concomitante), la corteza orbitofrontal (con alteraciones emotivas importantes), etc. La corteza prefrontal del lóbulo frontal, muy desarrollada en el humano debe de estar alterada en estas situaciones. No en balde esta zona de la corteza cerebral tiene relación con la planificación y previsión de la conducta.                                            

En la depresión hay una disminución del nivel de serotonina (llamada “hormona de la alegría”),  neurotransmisor segregado por los núcleos del rafe del tallo cerebral o tronco del encéfalo. El locus coeruleus, también situado en el tallo cerebral, segrega noradrenalina; y conecta con múltiples áreas que reciben la influencia de la serotonina. En  la depresión hay un desequilibrio  en la serotonina, pero, visto el asunto de forma unitaria, hay un trastorno en el balance global y equilibrio de la tasa de neurotransmisores. Y se puede decir que la alteración del nivel de neurotransmisores es una consecuencia, pero también es causa de las modificaciones de los estados de ánimo.

El estado de salud corporal también influye en el ánimo del sujeto, así como las convicciones, su religiosidad, su sociabilidad, sus aficiones, etc. El individuo enfermo, el anciano, y también el descreído propenden más a la depresión; y los dolores corporales pueden ser fuente de desánimo. Por otra parte, el sujeto deprimido percibe con más fuerza emotiva el dolor y la enfermedad.

Con la edad, es más frecuente la depresión. Las depresiones son muy poco frecuentes en los niños;  y es que los niños son más vitales que los jóvenes, adultos y ancianos.

Una de las causas de la depresión podría estar en los medios de comunicación, ya que, cuando dan noticias abundantes o bien subrayadas de forma excesiva, referentes a hechos luctuosos, influyen de forma importante en las tendencias suicidas; se provoca así un incremento en el número de intentos y actos suicidas.

En Italia se ha observado que después de grandes catástrofes, como son los terremotos (comprobado en el norte del país), aumenta el número de suicidios.

El amor es uno de los más potentes remedios contra la tristeza, porque el amor se vierte hacia los demás, pone en segundo plano el propio yo. Esto explica que los enamorados estén normalmente alegres, con muchas ganas de vivir. Y el amor de Dios, la oración, el trato con el Creador, es fuente de alegría, pues Dios es alegre. Se puede decir que la oración es el gran “quitapesares”.

Paradójicamente, es posible llorar a causa de la tristeza, pero también se llora de alegría.

Siempre asombrará el acto heroico de San Maximiliano Kolbe, que en el campo de concentración nazi de Auswicht ofreció su vida a cambio de la de un preso, hombre éste casado y con hijos. 

Dar la vida por los demás, en aras de un ideal noble es una gran muestra de amor, contrario a la depresión y la tristeza. El mayor ejemplo es el de Cristo, que, clavado en la Cruz, dio su vida por la felicidad de la Humanidad. En cambio, en el suicidio, salvo alteraciones mentales, suele dominar un falso amor a sí mismo.

 José Luis Velayos

 

 

Político, ¿santo?

Escrito por Mario Arroyo.

Robert Schuman no es cualquier político, fue uno de los cuatro padres fundadores de la Unión Europea y es propuesto como modelo y reconocido como santo.

Robert Schuman, uno de los padres de la Unión Europea, está a punto de ser reconocido “Venerable”, es decir, que vivió heroicamente las virtudes y que puede ser propuesto como modelo, aunque todavía no se le puede dar culto público. Es el paso previo, antes de recibir el reconocimiento como beato, para lo cual se necesita comprobar un milagro hecho por su intercesión. Un segundo milagro comprobado le abre las puertas de la santidad.

El tema fuerte, sin embargo, es que en una profesión tan usualmente denostada como corrupta y oportunista, donde son casi inevitables situaciones o acuerdos inmorales, un político de éxito pueda ser propuesto como modelo y reconocido como santo. Robert Schuman no es cualquier político, fue uno de los cuatro padres fundadores de la Unión Europea; tres de ellos fueron católicos practicantes, y otro más va camino de los altares, el Siervo de Dios Alcide De Gasperi (el otro católico fue Konrad Adenauer). Muestran de esta forma cómo la idea del Papa de que “la política es una forma alta de la caridad” no se reduce a una frase feliz, de ocasión, sino que se encarna en individuos concretos y, sobre todo, es realizable.

Por ello es más que nunca oportuno contar con el ejemplo de políticos santos recientes. Ya tenemos a Santo Tomás Moro, pero es mártir y del siglo XVI. Necesitamos políticos que hayan muerto en su cama, pero que hayan demostrado que, a través de los escollos de la actividad política, se puede ser fiel a Dios y servir al bien común de manera eficaz. Y no políticos “segundones”, sino protagonistas de la vida política, como Schuman, quien fuera Presidente del Consejo de Francia, Ministro de Justicia y de Asuntos Exteriores y diputado por muchos años, y primer presidente de la Asamblea Parlamentaria Europea. Aunque lo esencial es que fue él quien, en su famoso discurso conocido como la Declaración Schuman, del 9 de mayo de 1950, propuso la creación de una comunidad franco-alemana del carbón y el acero, para evitar futuros conflictos bélicos –la guerra apenas había terminado cinco años antes-, y comenzar así un proyecto de unidad. De ahí nació la Comunidad Europea del Carbón y el Acero, a la que se sumaron Bélgica e Italia, primer paso en orden a configurar, años después, la Unión Europea.

Sí resulta irónico que la Unión Europea, siendo actualmente tan marcadamente laicista, tenga en sus raíces a dos políticos católicos que van camino a los altares. Resulta irónico y trágico a la vez. Incluso la bandera de Europa, según su diseñador, el también católico Arsène Heitz tiene como fuente de inspiración a la Virgen María Apocalíptica (“Una mujer, vestida de sol… con una corona de doce estrellas sobre su cabeza” Apocalipsis 12, 1). En efecto, la bandera de Europa es de color azul, el color de la Virgen, tiene 12 estrellas, no por los estados, pues en 1955 cuando la diseñó no había todavía doce estados miembros y ahora son muchos más, sino por la Virgen. En gran medida fueron católicos practicantes quienes hicieron posible esa maravillosa unidad –de la que se acaba de bajar Gran Bretaña- que es la Unión Europea.

Ahora bien, reconocer a Schuman como venerable significa afirmar, tras una detallada investigación histórica, que en lo que se puede saber, fue coherente con su fe y, lógicamente, con la moral, a la hora de desempeñar sus altos cargos públicos –lo más difícil- y en su vida privada también. De esta forma se ofrece como modelo a tantos otros políticos católicos que se enfrentan a la disyuntiva de ser pusilánimes y pensar que, si quieren ser fieles a su conciencia, deben contentarse con puestos periféricos o marginales, o de plano desertar de la política. Se presenta como modelo también para los otros políticos católicos de gran éxito, que han dejado sus principios católicos en casa, para que “no influyan en la política” en aras de una supuesta neutralidad política. No podemos dejar de pensar en Joe Biden o Justin Trudeau que, reconociéndose católicos practicantes, promueven políticas radicalmente opuestas a los principios del catolicismo.

Robert Schuman y Alcide De Gasperi muestran con sus vidas que se puede ser un político altamente eficaz, trabajar por el bien común como el que más y permanecer fieles a su identidad católica en lo público tanto como en lo privado.

 

Tres símbolos para un mismo soplo de Vida!

Durante Pentecostés, celebramos la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles. Tercera persona de la Trinidad, consolador y defensor enviado por el Padre, tras el Hijo, para guiarnos, el Espíritu de Dios está a nuestro lado. La Biblia lo describe de múltiples maneras; del Génesis a los Actos de los Apóstoles (¡y hasta hoy en nuestras vidas!), Él envía su soplo sobre el mundo.

-Viento: El Espíritu de Dios es un espíritu de libertad; está aquí y allá, nada lo encierra ni lo restringe. “El viento sopla donde quiere, y tú oyes su ruido; pero no sabes de donde viene ni adónde va. Así es para todo hombre nacido del Espíritu.” (Juan 3; 8). Indefinible, inalcanzable, su presencia es tanto caricia de la brisa como ímpetu y movimiento en nuestras vidas.

 -Fuego: El Espíritu de Verdad es purificador. Consume en nosotros todo lo que no es Dios. Es luz y nos guía en nuestras vidas. Para esto, nos dispensa sus 7 dones: sabiduría, inteligencia, ciencia, fuerza, consejo, piedad, temor. San Juan Pablo II nos dejó una corta oración para pedir la gracia de estos dones al Espíritu Santo; los encontramos también en la letanía del Espíritu Santo.

 -Paloma: El Espíritu Santo es también Espíritu de Amor que trae la señal del renacimiento, de la paz, de la vida nueva, de la ternura de Dios con sus hijos.

“En cuanto Jesús fue bautizado, salió del agua; he aquí que los cielos se abrieron, y vio el Espíritu de Dios descender como una paloma y posarse sobre él. Y desde los cielos, una voz dijo: “Este es mi Hijo bien amado; en él he puesto todo mi amor.” (Mateo 3; 16-17)

¡Para Pentecostés, dense el tiempo para descubrir el rostro del Espíritu Santo, con este hermoso retiro sobre Hozana!

Enric Barrull Casals

 

Orden en los libros

Los lectores compulsivos, esos que no podemos pasar un día sin leer algo, tenemos un problema. Un problema de espacio. ¿Dónde se pueden meter todos esos libros que hemos ido comprando, más los que nos regalan aquellos amigos que, por cualquier motivo, no se lo piensan dos veces y me regalan otro, más los que les sobran a otras personas cercanas, etc. Son muchos los libros que nos gustan, y nos gustan de papel. ¿En epub? Bueno, si no queda más remedio…

Pero ya me he encontrado más de un lector concienzudo que lee en la Tablet o similar. Asegura que es lo mismo, que se lee muy bien, pero no quieren reconocer que el problema con los libros de siempre es el almacenamiento. Nuestras casas no dan para tanto, entre otras cosas porque como dice Marchamalo, “en todas las bibliotecas, incluso en las de gente fuera de toda sospecha, existe siempre una parcela de libros de difícil justificación”.

Es un problema muy antiguo, las cantidades de ejemplares amontonados. “Hay quien dice que las bibliotecas definen a sus dueños, y estoy seguro de que es cierto”. Y no es fácil que nos muevan de esas sensaciones tan maravillosas, de libros y libros en más o menos orden, colocados según mi entender más meditado.

Así que llega un momento en que no queda más remedio que desechar. ¡Qué tarea tan tremendamente difícil! Empiezas a mirar y no te sale ni uno que quieras dejar en la basura, con lo que el problema subsiste y los panoramas que encontramos en algunas casas es desolador, sobre todo para el visitante que no es tan lector.

Porque claro, uno de los problemas importantes es cómo ordeno toda esa cantidad interminable de libros. Decía Margerite Yourcenar “que reconstruir la biblioteca de una persona era una de las formas más idóneas de informarnos de cómo es”. Aunque luego puede ocurrir que “un método mucho más científico era el utilizado, hasta hace relativamente poco, en las bibliotecas públicas, donde los libros, para ahorrar espacio, se ordenaban por tamaños –pequeños con pequeños, medianos con medianos y grandes con grandes–, de ahí que en muchas fichas sigan figurando todavía las medidas del libro”.

Pedro García

 

 

El Comité sobre los Derechos del Niño

Uno de los asuntos que pueden resultar más alarmantes a los padres sobre “información poco fiable en línea” internet, es que los niños tienen el “derecho a la libertad de expresión, [incluida] la libertad para buscar, recibir, e impartir información e ideas de todo tipo, usando cualesquiera medios de su elección”. La mayoría de los padres en el mundo seguramente tendrían objeciones a esta noción de que los niños tengan un derecho a información de “todo tipo”, de cualquier fuente.

El Comité que está preparando este documento, pidió a algunos niños informar al Comité sobre sus pareceres. Estos “niños reportaron que valoraban buscar en línea información y apoyo relativos a la salud y el bienestar, incluidos acerca de salud física, mental y sexual y reproductiva, pubertad, sexualidad y concepción”. Los redactores continúan diciendo que “los adolescentes querían especialmente acceso a servicios en línea de salud mental y de salud sexual y reproductiva, gratuitos, confidenciales, apropiados a su edad y no discriminatorios”. Previamente, la ONU ha definido “servicios de salud reproductiva” de modo que incluyan el aborto.

El Comité lidió con lo que ahora es comúnmente llamado “sexting“, práctica en la que las personas, incluidos niños, envían fotografías sexualmente explícitas a amigos e incluso desconocidos a través de Internet. El sexting puede ser ilegal cuando es realizado por niños, y el Comité quiere hacerlo legal. Dice el Comité: “Debiesen crearse canales amigables para los niños, para permitir a los niños buscar consejo y asistencia en lo que se refiere a contenido sexualmente explícito autogenerado”.

El Comité sobre los Derechos del Niño es el Comité de “expertos” designados por Estados miembros de la ONU para hacer sugerencias a los países firmantes acerca de cómo implementar el tratado subyacente; en este caso, la Convención sobre los Derechos del Niño. Los conservadores, particularmente en los Estados Unidos, han criticado el tratado por muchas razones, entre ellas que el tratado trata a los niños como poseedores de derechos separadamente de sus padres.

Los Estados Unidos son casi los únicos que jamás han ratificado la Convención sobre los Derechos del Niño.

Jaume Catalán Díaz

 

Los Bravo

Entre los premiados Bravo, que otorga la Comisión de Comunicaciones Sociales de la Conferencia Episcopal, hay que destacar el reconocimiento a TRECE por su aportación al pluralismo televisivo desde una clara identidad cristiana; el premio a la artista Rozalén, que ha recordado sus orígenes como cantante en el coro de su parroquia de Fátima en Badajoz, y a las productoras Goya e Infinito más Uno. También la historia y su pretensión de ser memoria de la verdad de los hechos pasados ha estado presente en la persona de otro de los galardonados, el jesuita e historiador Fernando García de Cortázar. Como ha señalado Monseñor José Manuel Lorca, “la comunicación está llamada a unir a las personas, a facilitar relaciones, a difundir conocimientos, a señalar los caminos de la convivencia. No puede ponerse al servicio de los que buscan separar, crispar, dificultar los acuerdos o impedir los encuentros”.

Suso do Madrid

 

 

Del lejano ayer al hoy… ¿Qué ha cambiado?

 

                           Las reflexiones que hoy “saco de mi archivo”, son de la época de la vieja China, en que aún no inventado el papel; escribían en tablillas de bambú, y había bibliotecas, pero aún “éstos libros”, fueron quemados “por el poder”; al igual que siguieron haciendo, hasta la época de Hitler; aunque también, “se queman libros”; impidiendo impresiones o lecturas, que no interesan, “al poder que sea”; o impidiendo que la inteligencia, salga en las modernas, “ondas de radio o televisivas”; el poder es “el de siempre” y tiraniza todo lo que puede “y más”; “y más o menos así seguimos hoy”; puesto que aunque se deje, “la tan celebrada libertad de expresión”, “ésta no sirve para nada, si en su contra siempre está el poder del Estado y la fuerza que tiene”; puesto que ni la justicia será justicia, “si se deja sobornar por el poder”.

                           Por todo ello y “viendo el panorama actual”; que no es otro que el de siempre, si bien y como afirmara el autor del, “Gatopardo” (Lampedusa) con la frase “lampedusiana” de, “cambiemos algo para que no cambie nada”; y que el autor no pudo verla impresa en las imprentas de su tiempo (y ya pasada la II Guerra Mundial) precisamente por, ese, “asqueroso poder que siempre impide el paso a la inteligencia”… hoy 22 de mayo, asqueado de la realidad del actual, “mundo mundial”; he escrito lo que sigue:

LA REALIDAD DEL HOY Y “LA NO POLÍTICA” QUE PADECEMOS: Esto y a nivel mundial (no es sólo España) se ha convertido en una nueva tiranía, la de los políticos (todos parecen iguales); y la del GRAN CAPITAL; y como ambos "bandos", legislan sólo a favor de sus intereses; que es explotar el rendimiento de todos los demás; huelgan comentarios; no hay NI IDEAS NI IDEOLOGÍAS; sólo los mueve EL DINERO Y COMO CONSEGUIR LA MAYOR CANTIDAD; todo lo demás que nos digan es mentira; y a la vista está como marcha este perro mundo.

                           Por ello y ante la impotencia del miembro “de las masas”, busco en mis archivos y me consuelo, leyendo y meditando, sobre algunos contenidos del “Tao”, que son los que siguen:

 REFLEXIONES SOBRE EL " T A O " (LAO TSE: de su libro TAO TE KING)

      “En todo Estado, cuanto más estricta es la organización, más débil es la capacidad creadora de sus habitantes.

     Una vez cumplida la obra, retírate, tal es la ley del cielo.

     Producir y hacer crecer, producir sin apropiarse, actuar sin esperar, guiar sin constreñir, es la virtud suprema.

      Se debe temer ese estudio que los hombres temen, porque todo estudio es interminable.

      Si los fenómenos del cielo y de la tierra no son duraderos, ¿cómo las acciones humanas podrían serlo?

     Quien se alza sobre la punta de los pies no se mantendrá mucho tiempo en pie. Quien da grandes zancadas no llegará muy lejos. Quien se exhibe no deslumbrará. Quien se afirma no se impondrá. Quien se glorifica no verá su mérito reconocido. Quien se exalta no se convertirá en jefe... Aquel que conoce la ley de la naturaleza no erigirá así su morada”.

            Y después de leer y releer varias veces, estas sentencias o pensamientos del sabio; simplemente, sonrío y me retiro a mi rincón de lectura, para seguir leyendo algún libro, mientras oigo por “Radio Clásica”, músicas, que, a ver si tengo suerte y me calman y alimentan, mi ya muy cansada “alma”.

NOTAS:

 EL PAPEL: Se considera tradicionalmente que el primer proceso de fabricación de papel moderno fue el desarrollado por el eunuco Cai Lun, consejero del emperador He de la dinastía Han Oriental, en el s. II a. C. Su innovación consistió en la utilización de fibras vegetales con alto contenido en celulosa extraídas de la morera, el ramio y el algodón, y también de trapos y telas viejas. Colocaba el material en un mortero con agua y lo machacaba hasta conseguir una pasta homogénea y compacta que luego laminaba y secaba.

Lao-Tse, también llamado Lao TzuLao ZiLaozi o Laocio (en chino simplificado y tradicional, 老子; pinyinlǎozǐ, literalmente ‘viejo maestro’), es una personalidad china cuya existencia histórica se debate. Se le considera uno de los filósofos más relevantes de la civilización china. La tradición china establece que vivió en el siglo VI a. C., pero muchos eruditos modernos argumentan que puede haber vivido aproximadamente en el siglo IV a. C., durante el período de las Cien escuelas del pensamiento y de los Reinos Combatientes. Se le atribuye haber escrito el Dào Dé Jing (o Tao Te Ching), obra esencial del taoísmo. De acuerdo con este libro, el tao (o dao, ‘camino’) puede verse como el cambio permanente y este es la verdad universal. Dentro de las dudas sobre la existencia de Lao-Tse y sobre la época en la que vivió, se cree que pudo ser contemporáneo de Confucio.(Wiquipedia)

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (Aquí mucho más)