Las Noticias de hoy 22 Abril 2021

Enviado por adminideas el Jue, 22/04/2021 - 12:03
 

EN DEFENSA DE LA VIDA

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 22 de abril de 2021      

Indice:

ROME REPORTS

El Papa en la catequesis: no despreciar la oración vocal, es la más segura

Papa a la Cumbre Iberoamericana: "Vacunas contra el Covid para todos"

EL PAN QUE DA LA VIDA ETERNA: Francisco Fernandez Carbajal

Meditaciones: jueves 3ª semana de Pascua

“Nadie da lo que no tiene” : San Josemaria

«La oración vocal es la oración de los sencillos, la que nos ha enseñado Jesús»

San Josemaría Escrivá y la Eucaristía

La dignidad de la familia

El nacimiento del concepto de libertad de enseñanza: Alfonso Aguiló

“El futuro de la familia” : Alejandro Llano

“La familia ligth” : Enrique Monasterio

Cuando cae la religiosidad se hunden los nacimientos: la secularización, mortal para algunos países : Elena Faccia Serrano.

Seguir pensando sobre las exigencias éticas y políticas de la nueva economía : Salvador Bernal

¡QUIERO RESUCITAR!: MAGUI DEL MAR

Espiritualidad atea B: Mario Arroyo.

Un plus que marca la diferencia : Prince Martínez

El Año de la Familia : Jesús Domingo Martínez

Educación de los hijos: Juan García. 

Para que sean libres : Domingo Martínez Madrid

Los hombres nos perdemos un poco : JD Mez Madrid

Dios, creyentes, ateos, agnósticos : Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

El Papa en la catequesis: no despreciar la oración vocal, es la más segura

Desde la Biblioteca del Palacio Apostólico, este miércoles 21 de abril, el Santo Padre ha pronunciado su catequesis dedicado a la “Oración vocal”, y ha dicho que “no debemos despreciar” este tipo de oración, porque no es una cosa de niños o para la gente ignorante, sino que es una oración sencilla, la nos ha enseñado Jesús.

 

Ciudad del Vaticano

“La oración humana elemental es siempre vocal. Y aun cuando rezar no signifique repetir sólo palabras, la oración vocal es parte de la oración cristiana. No la podemos despreciar, pensando que se trate sólo de una aburrida repetición de fórmulas”, lo dijo el Papa Francisco en la Audiencia General de este miércoles, 21 de abril, continuando con su ciclo de catequesis sobre la oración. En esta ocasión, el Pontífice dedicó su catequesis a la “Oración vocal” a partir del Salmo 130. El Santo Padre recordó que, “la oración es diálogo con Dios; y toda criatura, en un cierto sentido, dialoga con Dios. En el ser humano, la oración se convierte en palabra, invocación, canto, poesía”.

Las palabras modelan los sentimientos

Asimismo, el Papa Francisco señaló que, las palabras son nuestras criaturas, pero son también nuestras madres, y de alguna manera nos modelan. El Papa dijo que, las palabras esconden sentimientos, pero existe también el camino inverso: en el que las palabras modelan los sentimientos. En este sentido, la Biblia educa al hombre para que todo salga a la luz de la palabra, que nada humano sea excluido, censurado. Sobre todo, el dolor es peligroso si permanece cubierto, cerrado dentro de nosotros. Porque, un dolor cerrado dentro de nosotros, agregó el Papa, puede envenenar el alma, es mortal.

Rezar también con palabras a veces audaces

Por esta razón, el Pontífice subrayó que, la Sagrada Escritura nos enseña a rezar también con palabras a veces audaces. Los escritores sagrados no quieren engañarnos sobre el hombre: saben que en su corazón albergan también sentimientos poco edificantes, incluso el odio. Ninguno de nosotros nace santo, y cuando estos sentimientos malos llaman a la puerta de nuestro corazón es necesario ser capaces de desactivarlos con la oración y con las palabras de Dios. En los salmos encontramos también expresiones muy duras contra los enemigos; y también son palabras que pertenecen a la realidad humana y que han terminado en el cauce de las Sagradas Escrituras. Están ahí para testimoniarnos que, si delante de la violencia no existieran las palabras, para hacer inofensivos los malos sentimientos, para canalizarlos para que no dañen, el mundo estaría completamente hundido.

La oración vocal es la más segura

El Santo Padre también señaló que, la primera oración humana es siempre una recitación vocal. En primer lugar, se mueven siempre los labios. Aunque como todos sabemos rezar no significa repetir palabras, sin embargo, la oración vocal es la más segura y siempre es posible ejercerla. Los sentimientos, sin embargo, aunque sean nobles, son siempre inciertos: van y vienen, nos abandonan y regresan. No solo eso, también las gracias de la oración son imprevisibles: en algún momento las consolaciones abundan, pero en los días más oscuros parecen evaporarse del todo. La oración del corazón es misteriosa y en ciertos momentos se ausenta. La oración de los labios, la que se susurra o se recita en coro, sin embargo, está siempre disponible, y es necesaria como el trabajo manual.

Los grandes intercesores de las parroquias

Asimismo, el Papa Francisco dijo que, en la iglesia existen los ancianos que recitan a media voz las oraciones que aprendieron de niños, llenando el pasillo de susurros. Esa oración no molesta el silencio, sino que testimonia la fidelidad al deber de la oración, practicada durante toda la vida, sin fallar nunca. “Estos orantes de la oración humilde son a menudo los grandes intercesores de las parroquias: son los robles que cada año extienden sus ramas, para dar sombra al mayor número de personas. Solo Dios sabe cuánto y cuándo su corazón está unido a esas oraciones recitadas: seguramente también estas personas han tenido que afrontar noches y momentos de vacío. Pero a la oración vocal se puede permanecer siempre fiel”.

La oración repitiendo infinitas veces la misma invocación

En este sentido, el Santo Padre afirmó que todos tenemos que aprender de la constancia de ese peregrino ruso, del que habla una célebre obra de espiritualidad, el cual aprendió el arte de la oración repitiendo infinitas veces la misma invocación: “¡Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Señor, ten piedad de nosotros, pecadores!”. Si llegaran gracias en su vida, si la oración se hace un día suficientemente caliente como para percibir la presencia del Reino aquí en medio de nosotros, si su mirada se transforma hasta a ser como la de un niño, es porque ha insistido en la recitación de una sencilla jaculatoria cristiana. Al final, esta se convierte en parte de su respiración.

No debemos despreciar la oración vocal

Por tanto, no debemos despreciar la oración vocal, concluyó el Papa Francisco, no es una cosa de niños o para la gente ignorante, no debemos caer en la soberbia de despreciar la oración vocal, ya que es una oración sencilla, la nos ha enseñado Jesús. Y sobre todo son las únicas, de forma segura, que dirigen a Dios las preguntas que Él quiere escuchar. Jesús no nos ha dejado en la niebla. Nos ha dicho: “¡Ustedes, cuando recen, digan así!”. Y ha enseñado la oración del Padre Nuestro.

 

Papa a la Cumbre Iberoamericana: "Vacunas contra el Covid para todos"

A través de una carta dirigida a los participantes de la XXVII Cumbre Iberoamericana, el Papa Francisco reitera que la inmunización extensiva contra el Covid-19 debería ser considerada un “bien común universal”, y pide más solidaridad entre los Países para garantizar una distribución equitativa de las vacunas, "no basada en criterios puramente económicos, sino teniendo en cuenta las necesidades de todos, especialmente los más vulnerables".

 

Ciudad del Vaticano

El miércoles 21 de abril el Papa Francisco envió una carta a Rebeca Grynspan Mayufis, Secretaria de la Secretaría General Iberoamericana, con el fin de saludar a los participantes de la XXVII Cumbre Iberoamericana que se desarrolla en Andorra en un contexto particularmente difícil a causa de los terribles efectos de la pandemia del Covid-19. El evento internacional debía celebrarse en 2020 pero fue pospuesto debido a la crisis sanitaria.

 

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En su escrito, el Santo Padre recuerda a "los millones de víctimas y de enfermos" asegurando sus oraciones por ellos y por sus familiares.

"La pandemia no ha hecho distinciones y ha golpeado a personas de toda cultura, credo, estrato social y económico" - escribe Francisco- indicando que "todos conocemos y hemos sentido la pérdida de alguna persona cercana que ha fallecido por el coronavirus, o que ha sufrido los efectos del contagio".

Siendo consciente de la dura crisis que ha sufrido la economía mundial, así como del fuerte impacto que la pandemia ha generado en niños y jóvenes (las futuras generaciones), el Pontífice sigue con preocupación las consecuencias que esta "trágica situación" podría causar de cara a un futuro.

Por otro lado, Francisco elogia "la ardua labor de los médicos, enfermeros, personal sanitario, capellanes y voluntarios, que, en esos difíciles momentos, además de tratar a los enfermos, con riesgo de sus vidas, han sido para ellos el familiar y el amigo que les faltaba".

Garantizar vacunas contra el Covid para todos

Reconociendo los esfuerzos en la búsqueda de una vacuna efectiva para el Covid-19 en tan breve tiempo, el Papa reitera que la inmunización extensiva debería ser considerada como un “bien común universal”, una noción -continúa explicando Francisco- que requiere acciones concretas que inspiren todo el proceso de investigación, producción y distribución de las vacunas. 

 

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21/04/2021El Papa en la catequesis: no despreciar la oración vocal, es la más segura

Y en este ámbito, el Santo Padre afirma que son "particularmente bienvenidas las iniciativas que buscan crear nuevas formas de solidaridad a nivel internacional, con mecanismos dirigidos a garantizar una distribución equitativa de las vacunas, no basada en criterios puramente económicos, sino teniendo en cuenta las necesidades de todos, especialmente de los más vulnerables y necesitados".

De esta pandemia tenemos que salir "mejores"

Asimismo, el Papa señala que de esta pandemia tenemos que salir "mejores":

"La crisis actual es una ocasión propicia para replantear la relación entre la persona y la economía que ayude a superar -escribe Francisco- "el cortocircuito de la muerte que vive en todo lugar y en todo tiempo”.

“Debemos unir esfuerzos para crear un nuevo horizonte de expectativas donde el beneficio económico no sea el objetivo principal, sino la tutela de la vida humana. En este sentido, es urgente considerar un modelo de recuperación capaz de generar soluciones nuevas más inclusivas y sostenibles, dirigidas al bien común universal, realizando la promesa de Dios para todos los hombres”

En su carta el Papa también lanza otra importante consideración a tener en cuenta:

“La necesidad de reformar la «arquitectura» internacional de la deuda, como parte integrante de nuestra respuesta común a la pandemia, pues la renegociación de la carga de deuda de los Países más necesitados es un gesto que ayudará a los pueblos a desarrollarse, a tener acceso a las vacunas, a la salud, a la educación y al empleo. Tal gesto debe ir acompañado por la puesta en práctica de sólidas políticas económicas y por una buena administración que llegue a los más pobres”

Más solidaridad entre los Países

En este contexto, el Pontífice destaca la urgencia de "tomar medidas que permitan el acceso a una financiación externa, a través de una nueva emisión de Derechos Especiales de Giro, llamando a una mayor solidaridad entre los Países, que consienta que los fondos sean destinados para impulsar y alentar el desarrollo económico y productivo, con el fin de que todos puedan salir de la actual situación con las mejores posibilidades de recuperación".

Antes de concluir, Francisco hace hincapié en que nada de esto será posible "sin una férrea voluntad política que tenga la valentía de decidir cambiar las cosas, principalmente las prioridades, para que no sean los pobres los que paguen el costo más alto de estos dramas que están golpeando a nuestra familia humana".

Finalmente, el Papa augura los mejores éxitos a la XXVII Cumbre Iberoamericana y asegura sus oraciones "para que el encuentro sea fructífero".

 

 

EL PAN QUE DA LA VIDA ETERNA

— El anuncio de la Sagrada Eucaristía en la sinagoga de Cafarnaún. El Señor nos pide una fe viva. Himno Adoro te devote.

— El Misterio de fe. La transubstanciación.

— Los efectos de la Comunión en el alma: sustenta, repara y deleita.

I. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron. Este es el pan que baja del Cielo para que si alguien come de él no muera1. Es el sorprendente y maravilloso anuncio que hizo Jesús en la sinagoga de Cafarnaún, que hoy leemos en el Evangelio de la Misa. Continúa el Señor: Yo soy el pan vivo que ha bajado del Cielo. Si alguno come de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo2.

Jesús revela el gran misterio de la Sagrada Eucaristía. Sus palabras son de un realismo tan grande que excluyen cualquier otra interpretación. Sin la fe, estas palabras no tienen sentido. Por el contrario, aceptada por la fe la presencia real de Cristo en la Eucaristía, la revelación de Jesús resulta clara e inequívoca, y nos muestra el infinito amor que Dios nos tiene.

Adoro te devote, latens deitas, quae sub his figuris vere latitas: te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias, decimos con aquel himno a la Sagrada Eucaristía que compuso Santo Tomás y que desde hace siglos fue adoptado por la liturgia de la Iglesia. Es una expresión de fe y de piedad, que puede servirnos para manifestar nuestro amor, porque constituye un resumen de los principales puntos de la doctrina católica sobre este sagrado Misterio.

Te adoro con devoción, Dios escondido..., repetimos en la intimidad de nuestro corazón, despacio, con fe, esperanza y amor. Quienes estaban aquel día en la sinagoga entendieron el sentido propio y realista de las palabras del Señor; de haberlo entendido en un sentido simbólico o figurado no les hubiera causado la extrañeza y confusión que San Juan describe a continuación, y no hubiera sido ocasión de que muchos le dejaran aquel día. Dura es esta enseñanza, ¿quién puede escucharla?3, dicen mientras se marchan. Es dura –sigue siendo dura– para quienes no están bien dispuestos, para quienes no admiten sin sombra alguna que Jesús de Nazaret, Dios, que se hizo hombre, se comunica de este modo a los hombres por amor. Te adoro, Dios escondido, le decimos nosotros en nuestra oración, manifestándole nuestro amor, nuestro agradecimiento y el asentimiento humilde con que le acatamos. Es una actitud imprescindible para acercarnos a este misterio del Amor.

Tibi se cor meum totum subiicit, quia te contemplans totum deficit: a Ti se somete mi corazón por completo y se rinde totalmente al contemplarte. Sentimos necesidad de repetírselo muchas veces al Señor, porque son muchos los incrédulos. También a nosotros, a todos los que queremos seguir al Señor muy de cerca, nos pregunta: ¿También vosotros queréis marcharos?4. Y al ver la desorientación y la confusión en que andan tantos cristianos que se separaron del tronco de la fe, que tienen el alma como adormecida para lo sobrenatural, se reafirma nuestro amor: Tibi se cor meum totum subiicit... Nuestra fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía debe ser muy firme: «creemos que, como el pan y el vino consagrados por el Señor en la Última Cena se convirtieron en su Cuerpo y en su Sangre, que enseguida iban a ser ofrecidos por nosotros en la Cruz, así también el pan y el vino consagrados por el sacerdote se convierten en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo, sentado gloriosamente en el Cielo, y creemos que la presencia misteriosa del Señor, bajo la apariencia de aquellos elementos, que continúan apareciendo a nuestros sentidos de la misma manera que antes, es verdadera, real y substancial»5.

II. No se pueden mitigar las palabras del Señor: el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo. «Este es el misterio de nuestra fe», se proclama inmediatamente después de la Consagración en la Santa Misa. Ha sido y es la piedra de toque de la fe cristiana. Por la transubstanciación, las especies de pan y vino «ya no son el pan ordinario y la ordinaria bebida, sino el signo de una cosa sagrada, signo de un alimento espiritual; pero adquieren un nuevo significado y un nuevo fin en cuanto contienen una “realidad”, que con razón denominamos ontológica; porque bajo dichas especies ya no existe lo que había antes, sino una cosa completamente diversa (...), puesto que convertida la sustancia o naturaleza del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, no queda ya nada de pan y de vino, sino las solas especies: bajo ellas Cristo todo entero está presente en su realidad física, aun corporalmente, aunque no del mismo modo como los cuerpos están en un lugar»6.

Nosotros miramos a Jesús presente en el Sagrario, quizá a pocos metros, o se nos va el corazón hacia la iglesia más cercana, y le decimos que sabemos, mediante la fe, que Él está allí presente. Creemos firmemente en la promesa que hizo en Cafarnaún y que realizó poco tiempo después en el Cenáculo: Credo quidquid dixit Dei Filius: nihil hoc verbo veritatis verius: creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta palabra de verdad.

Nuestra fe y nuestro amor se deben poner particularmente de manifiesto en el momento de la Comunión. Recibimos a Jesucristo, Pan vivo que ha bajado del Cielo, el alimento absolutamente necesario para llegar a la meta.

En la Sagrada Comunión se nos entrega el mismo Cristo, perfecto Dios y perfecto Hombre; misteriosamente escondido, pero deseoso de comunicarnos la vida divina. Cuando le recibimos en este Sacramento, su Divinidad actúa en nuestra alma, mediante su Humanidad gloriosa, con una intensidad mayor que cuando estuvo aquí en la tierra. Ninguno de aquellos que fueron curados: Bartimeo, el paralítico de Cafarnaún, los leprosos... estuvo tan cerca de Cristo –del mismo Cristo– como lo estamos nosotros en cada Comunión. Los efectos que produce este Pan vivo, Jesús, en nuestra alma son incontables y de una riqueza infinita. La Iglesia lo sintetiza en estas palabras: «todo el efecto que la comida y la bebida material obran en cuanto a la vida del cuerpo, sustentando, reparando y deleitando, eso lo realiza este sacramento en cuanto a la vida espiritual»7.

Oculto bajo las especies sacramentales, Jesús nos espera. Se ha quedado para que le recibamos, para fortalecernos en el amor. Examinemos hoy cómo es nuestra fe; ante tantos abandonos, veamos cómo es nuestro amor, cómo preparamos cada Comunión. Le decimos con Pedro: hemos conocido y creído que Tú eres el Cristo8. Tú eres nuestro Redentor, la razón de nuestro vivir.

III. La Comunión sustenta la vida del alma de modo semejante a como el alimento corporal sustenta al cuerpo. La recepción de la Sagrada Eucaristía mantiene al cristiano en gracia de Dios, pues el alma recupera las fuerzas del continuo desgaste que sufre debido a las heridas que permanecen en ella por el pecado original y los propios pecados personales. Mantiene la vida de Dios en el alma, librándola de la tibieza; y ayuda a evitar el pecado mortal y a luchar eficazmente contra los pecados veniales.

La Sagrada Eucaristía aumenta también la vida sobrenatural, la hace crecer y desarrollarse. Y a la vez que sacia espiritualmente, da al alma más deseos de los bienes eternos: el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá nunca sed9. «La comida material primero se convierte en el que la come y, en consecuencia, restaura sus pérdidas y acrecienta sus fuerzas vitales. La comida espiritual, en cambio, convierte en sí al que la come, y así el efecto propio de este sacramento es la conversión del hombre en Cristo, para que no viva él sino Cristo en él y, en consecuencia, tiene el doble efecto de restaurar las pérdidas espirituales causadas por los pecados y deficiencias, y de aumentar las fuerzas de las virtudes»10.

Por último, la gracia que recibimos en cada Comunión deleita a quien comulga bien dispuesto. Nada se puede comparar a la alegría de la Sagrada Eucaristía, a la amistad y cercanía de Jesús, presente en nosotros. «Jesucristo, durante su vida mortal, no pasó jamás por lugar alguno sin derramar sus bendiciones en abundancia, de lo cual deduciremos cuán grandes y preciosos deben ser los dones de que participan quienes tienen la dicha de recibirle en la Sagrada Comunión; o mejor dicho, que toda nuestra felicidad en este mundo consiste en recibir a Jesucristo en la Sagrada Comunión»11.

La Comunión es «el remedio de nuestra necesidad cotidiana»12, «medicina de la inmortalidad, antídoto contra la muerte y alimento para vivir por siempre en Jesucristo»13. Concede al alma la paz y la alegría de Cristo, y es verdaderamente «un anticipo de la bienaventuranza eterna»14.

Entre todos los ejercicios y prácticas de piedad, ninguno hay cuya eficacia santificadora pueda compararse a la digna recepción de este sacramento. En él no solamente recibimos la gracia, sino el Manantial y la Fuente misma de donde brota. Todos los sacramentos se ordenan a la Sagrada Eucaristía y la tienen como centro15.

Oculto bajo los accidentes de pan, Jesús desea que nos acerquemos con frecuencia a recibirle: el banquete, nos dice, está preparado16. Son muchos los ausentes y Jesús nos espera, a la vez que nos envía a anunciar a otros que también a ellos les aguarda en el Sagrario.

Si se lo pedimos, la Santísima Virgen nos ayudará a ir a la Comunión mejor dispuestos cada día.

1 Jn 6, 48-50. — 2 Jn 6, 51. — 3 Jn 6, 60. — 4 Cfr. Jn 6, 67. — 5 Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios, 24. — 6 Pablo VI, Enc. Mysterium fidei, 3-lX-1965. — 7 Conc. de Florencia, Bula Exultate Deo: Dz 1322-698. — 8 Jn 6, 70. — 9 Jn 6, 35. — 10 Santo Tomás, Coment. al libro IV de las Sentencias, d. 12, q. 2, a. 11. — 11 Santo Cura de Ars, Sermón sobre la Comunión. — 12 San Ambrosio, Sobre los misterios, 4. — 13 San Ignacio de Antioquía, Epístola a los efesios, 20. — 14 Cfr. Jn 6, 58; Dz 875. — 15 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 3, q. 65, a. 3. — 16 Cfr. Lc 14, 15 ss.

 

 

Meditaciones: jueves 3ª semana de Pascua

Reflexión para meditar el jueves de la tercera semana de Pascua. Los temas propuestos son: Dios Padre nos atrae hacia Jesús; pedir el pan de vida; la Eucaristía nos llena de esperanza.

MEDITACIONES22/04/2021

 

Dios Padre nos atrae hacia Jesús.

Pedir el pan de vida.

La Eucaristía nos llena de esperanza.


CUANDO JESÚS anunció en la sinagoga de Cafarnaún que él era el pan de vida, los asistentes, con una comprensible lógica humana, se preguntaban: «¿No es este Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?» (Jn 6,42). El Señor reaccionó de inmediato y explicó: «Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado» (Jn 6,44).

Este pasaje nos introduce «en la dinámica de la fe, que es una relación: la relación entre la persona humana y la persona de Jesús, donde el Padre juega un papel decisivo, y naturalmente también el Espíritu Santo, que está implícito. No basta encontrar a Jesús para creer en él. No basta leer la Biblia. Eso es importante, pero no basta. No basta ni siquiera asistir a un milagro como el de la multiplicación de los panes. Muchas personas estuvieron en estrecho contacto con Jesús y no le creyeron. Es más, lo despreciaron y condenaron. ¿Por qué? ¿No fueron atraídos por el Padre? Esto sucedió porque su corazón estaba cerrado a la acción del Espíritu de Dios. Si tenemos el corazón cerrado, la fe no entra. Dios Padre siempre nos atrae hacia Jesús. Somos nosotros quienes abrimos nuestro corazón o lo cerramos»[1].

También a nosotros el Padre nos lleva hasta su Hijo para que aprendamos de él y le demos toda la gloria. Esta misión nos exige procurar estar siempre cerca de Jesús, dejarnos instruir por él para ser sus discípulos. «La fe, que es como una semilla en lo profundo del corazón, florece cuando nos dejamos “atraer” por el Padre hacia Jesús, y “vamos a él” con ánimo abierto, con corazón abierto, sin prejuicios: entonces reconocemos en su rostro el rostro de Dios y en sus palabras la palabra de Dios»[2].


VER A DIOS, contemplarlo a lo largo del día, no es una meta imposible. Al contrario, es una promesa que podemos alcanzar, de varias maneras, gracias a Jesús. El mismo Dios, que puso en nuestros corazones las ansias de eternidad, se quedó en la Eucaristía para estar siempre con nosotros. En Cristo presente en la Eucaristía es donde mejor se satisfacen nuestros anhelos de amor eterno. Podemos dialogar con él en la oración, visitarlo en el sagrario, escuchar sus palabras en el evangelio. Jesús se convertirá poco a poco en nuestro mejor amigo y podremos pedir al Padre cualquier cosa en su nombre: «Si pedimos en nombre de Jesucristo, el Padre nos lo concederá, estad seguros. La oración ha sido siempre el secreto, el arma poderosa (...). La oración es el fundamento de nuestra paz»[3].

En este impulso de petición, Jesús nos enseñó a pedir sobre todo ese «pan de vida», ese alimento de eternidad. «Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron» (Jn 6,49), dice Cristo, comparándose con el alimento que envió Dios por intercesión de Moisés. Señala que, mientras aquel era efímero, la Eucaristía es pan eterno; no se trata de un simple recuerdo, sino de un memorial, una actualización, como rezamos en todas las plegarias eucarísticas y en algunos himnos: O memoriale mortis Domini! Panis vivus, vitam praestans homini![4]; ¡oh, memorial de la muerte del Señor, pan vivo que da vida al hombre! La Eucaristía no mira solamente al pasado, sino al presente y al futuro. Nuestro paso por la tierra es una peregrinación de Eucaristía en Eucaristía hasta la participación definitiva en el banquete celestial. «Cada vez que la Iglesia celebra la Eucaristía recuerda esta promesa y su mirada se dirige hacia “el que viene” (Ap 1,4)»[5].

«En los días llenos de ocupaciones y de problemas, pero también en los de descanso y distensión, el Señor nos invita a no olvidar que, aunque es necesario preocuparnos por el pan material y recuperar las fuerzas, más fundamental aún es hacer que crezca la relación con él, reforzar nuestra fe en aquel que es el “pan de vida”, que colma nuestro deseo de verdad y de amor»[6].


JESÚS NOS PROMETE un alimento divino que estará siempre a nuestra disposición «para que el hombre coma de él y no muera» (Jn 6,50). Con ese pasaporte podemos confiar en que, si somos fieles, nuestra llamada a la vida eterna será una realidad. Así, el mismo Dios nos llena de esperanza, aquella «virtud teologal por la que deseamos y esperamos de Dios la vida eterna como nuestra felicidad, confiando en las promesas de Cristo, y apoyándonos en la ayuda de la gracia del Espíritu Santo para merecerla y perseverar hasta el fin de nuestra vida terrena»[7].

Jesús concluye su predicación en la sinagoga reiterando el mensaje central de todo el discurso: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo» (Jn 6,51). El Señor nos promete lo impensable: la comunión en su propia vida, por toda la eternidad. Esta esperanza, aunque encuentra su plenitud en el cielo, ilumina nuestros pasos aquí en la tierra. Esta esperanza «nos dice también que nuestras actividades diarias tienen un sentido que va más allá de lo que vemos inmediatamente: como afirmaba san Josemaría, adquieren vibración de eternidad si las hacemos por amor a Dios y a los demás»[8].

Todo esto nos llena de optimismo, conscientes de que Dios está siempre junto a nosotros. La alegría cristiana se funda en aquella promesa divina de que viviremos para siempre con él. Por esa razón, la tradición llama a la Eucaristía «prenda de la gloria futura»: porque nos fortalece en la peregrinación de nuestra vida terrena y nos hace desear la vida eterna, uniéndonos a Cristo, a la Santísima Virgen y a todos los santos[9].


[1] Francisco, Ángelus, 9-VIII-2015.

[2] Ibíd.

[3] San Josemaría. Carta 14-II-1944, n. 18.

[4] Himno Adoro Te devote.

[5] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1403.

[6] Benedicto XVI, Ángelus, 5-VIII-2012.

[7] Compendio del Catecismo de la Iglesia, n. 387.

[8] Mons. Fernando Ocáriz, Mensaje, 4-XI-2018.

[9] Cfr. Compendio del Catecismo de la Iglesia, n. 294.

 

 

“Nadie da lo que no tiene”

Convéncete: tu apostolado consiste en difundir bondad, luz, entusiasmo, generosidad, espíritu de sacrificio, constancia en el trabajo, profundidad en el estudio, amplitud en la entrega, estar al día, obediencia absoluta y alegre a la Iglesia, caridad perfecta... –Nadie da lo que no tiene. (Surco, 927)

22 de abril

No lo olvides: tanto mejor convencemos cuanto más convencidos estamos. (Surco, 929)

"No se enciende la luz para ponerla debajo de un celemín, sino sobre un candelero, a fin de que alumbre a todos los de la casa; brille así vuestra luz ante los hombres, de manera que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos".

Y, al final de su paso por la tierra, manda: «euntes docete» –id y enseñad. Quiere que su luz brille en la conducta y en las palabras de sus discípulos, en las tuyas también. (Surco, 930)

¿Que es vieja esa idea del catolicismo, y por tanto inaceptable?... –Más antiguo es el sol, y no ha perdido su luz; más arcaica el agua, y aún quita la sed y refresca. (Surco, 937)

Algunos no saben nada de Dios..., porque no les han hablado en términos comprensibles. (Surco, 941)

Créeme, el apostolado, la catequesis, de ordinario, ha de ser capilar: uno a uno. Cada creyente con su compañero inmediato. (Surco, 943)

 

 

«La oración vocal es la oración de los sencillos, la que nos ha enseñado Jesús»

Durante la catequesis el Papa Francisco habló de la oración vocal. Dijo que es oración hecha “palabra, invocación, canto, poesía” y que no se debe despreciar, “pensando que se trate sólo de una aburrida repetición de fórmulas”. De hecho, pidió reflexionar sobre el Padrenuestro, una oración vocal que Jesús enseña a sus discípulos. Recordó cómo los apóstoles, “atraídos por la oración silenciosa de Jesús”, le pidieron que les enseñase a rezar

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA21/04/2021

Queridos hermanos y hermanas:

La oración es diálogo con Dios; y toda criatura, en un cierto sentido, “dialoga” con Dios. En el ser humano, la oración se convierte en palabra, invocación, canto, poesía… La Palabra divina se ha hecho carne, y en la carne de cada hombre la palabra vuelve a Dios en la oración.

Las palabras son nuestras criaturas, pero son también nuestras madres, y de alguna manera nos modelan. Las palabras de una oración nos hacen atravesar sin peligro un valle oscuro, nos dirigen hacia prados verdes y ricos de aguas, haciéndonos festejar bajo los ojos de un enemigo, como nos enseña a recitar el salmo (cfr. Sal 23).

LA SAGRADA ESCRITURA NOS ENSEÑA A REZAR TAMBIÉN CON PALABRAS A VECES AUDACES

Las palabras esconden sentimientos, pero existe también el camino inverso: ese en el que las palabras modelan los sentimientos. La Biblia educa al hombre para que todo salga a la luz de la palabra, que nada humano sea excluido, censurado. Sobre todo, el dolor es peligroso si permanece cubierto, cerrado dentro de nosotros… Un dolor cerrado dentro de nosotros, que no puede expresarse o desahogarse, puede envenenar el alma; es mortal.

Por esta razón la Sagrada Escritura nos enseña a rezar también con palabras a veces audaces. Los escritores sagrados no quieren engañarnos sobre el hombre: saben que en su corazón albergan también sentimientos poco edificantes, incluso el odio.

Ninguno de nosotros nace santo, y cuando estos sentimientos malos llaman a la puerta de nuestro corazón es necesario ser capaces de desactivarlos con la oración y con las palabras de Dios. En los salmos encontramos también expresiones muy duras contra los enemigos —expresiones que los maestros espirituales nos enseñan para referirnos al diablo y a nuestros pecados—; y también son palabras que pertenecen a la realidad humana y que han terminado en el cauce de las Sagradas Escrituras. Están ahí para testimoniarnos que, si delante de la violencia no existieran las palabras, para hacer inofensivos los malos sentimientos, para canalizarlos para que no dañen, el mundo estaría completamente hundido.

LA ORACIÓN VOCAL ES LA MÁS SEGURA Y SIEMPRE ES POSIBLE EJERCERLA

La primera oración humana es siempre una recitación vocal. En primer lugar, se mueven siempre los labios. Aunque como todos sabemos rezar no significa repetir palabras, sin embargo, la oración vocal es la más segura y siempre es posible ejercerla. Los sentimientos, sin embargo, aunque sean nobles, son siempre inciertos: van y vienen, nos abandonan y regresan. No solo eso, también las gracias de la oración son imprevisibles: en algún momento las consolaciones abundan, pero en los días más oscuros parecen evaporarse del todo.

La oración del corazón es misteriosa y en ciertos momentos se ausenta. La oración de los labios, la que se susurra o se recita en coro, sin embargo, está siempre disponible, y es necesaria como el trabajo manual. El Catecismo afirma: «La oración vocal es un elemento indispensable de la vida cristiana. A los discípulos, atraídos por la oración silenciosa de su Maestro, éste les enseña una oración vocal: el “Padre Nuestro”» (n. 2701). “Enséñanos a rezar”, piden los discípulos a Jesús, y Jesús enseña una oración vocal: el Padre Nuestro. Y en esa oración está todo.

Todos deberíamos tener la humildad de ciertos ancianos que, en la iglesia, quizá porque su oído ya no está bien, recitan a media voz las oraciones que aprendieron de niños, llenando el pasillo de susurros. Esa oración no molesta el silencio, sino que testimonia la fidelidad al deber de la oración, practicada durante toda la vida, sin fallar nunca.

LA ORACIÓN VOCAL ES COMO UN ANCLA: AFERRARSE A LA CUERDA PARA QUEDARSE AHÍ, FIEL, SUCEDA LO QUE SUCEDA

Estos orantes de la oración humilde son a menudo los grandes intercesores de las parroquias: son los robles que cada año extienden sus ramas, para dar sombra al mayor número de personas. Solo Dios sabe cuánto y cuándo su corazón está unido a esas oraciones recitadas: seguramente también estas personas han tenido que afrontar noches y momentos de vacío. Pero a la oración vocal se puede permanecer siempre fiel. Es como un ancla: aferrarse a la cuerda para quedarse ahí, fiel, suceda lo que suceda.

Todos tenemos que aprender de la constancia de ese peregrino ruso, del que habla una célebre obra de espiritualidad, el cual aprendió el arte de la oración repitiendo infinitas veces la misma invocación: “¡Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Señor, ten piedad de nosotros, pecadores!” (cfr. CIC26162667). Repetía solo esto. Si llegan gracias en su vida, si la oración se hace un día suficientemente caliente como para percibir la presencia del Reino aquí en medio de nosotros, si su mirada se transforma hasta ser como la de un niño, es porque ha insistido en la recitación de una sencilla jaculatoria cristiana. Al final, esta se convierte en parte de su respiración. Es bonita la historia del peregrino ruso: es un libro para todos. Os aconsejo leerlo: os ayudará a entender qué es la oración vocal.

NO DEBEMOS DESPRECIAR LA ORACIÓN VOCAL

Por tanto, no debemos despreciar la oración vocal. Alguno dice: “Es cosa de niños, para la gente ignorante; yo estoy buscando la oración mental, la meditación, el vacío interior para que venga Dios”. Por favor, no es necesario caer en la soberbia de despreciar la oración vocal. Es la oración de los sencillos, la que nos ha enseñado Jesús: Padre nuestro, que está en los cielos… Las palabras que pronunciamos nos toman de la mano; en algunos momentos devuelven el sabor, despiertan hasta el corazón más adormecido; despiertan sentimientos de los que habíamos perdido la memoria, y nos llevan de la mano hacia la experiencia de Dios. Y sobre todo son las únicas, de forma segura, que dirigen a Dios las preguntas que Él quiere escuchar. Jesús no nos ha dejado en la niebla. Nos ha dicho: “¡Vosotros, cuando recéis, decid así!”. Y ha enseñado la oración del Padre Nuestro (cfr. Mt 6,9).


Algunos recursos relacionados con la catequesis del papa Francisco sobre la oración

• Conocerle y conocerte (V): Cómo nos habla Dios.

• ¿Qué es la oración?, ¿cómo se hace?, ¿Dios escucha y responde? (de la serie Preguntas sobre la fe cristiana)

• «Dejé de rezar porque no se cumplía nada de lo que pedía» (Historia de “Regreso a Ítaca”, volver a creer a los 50)

• Catequesis del Papa Francisco sobre el Padre nuestro.

• Serie Conocerle y conocerte sobre la oración.

• Meditación del prelado del Opus Dei sobre la oración (15 min.)

 

San Josemaría Escrivá y la Eucaristía

El 23 de abril de 1912, san Josemaría recibió por primera vez la Comunión. El Señor “quiso venir a hacerse el dueño de mi corazón”, decía.

RELATOS BIOGRÁFICOS21/04/2021

 

En España no solían hacer los niños la Primera Comunión hasta haber cumplido los doce o trece años, costumbre seguida también en otros muchos países. Fue en virtud de un decreto de san Pío X, en 1910, cuando se rebajó esa edad al momento en que se alcanzase el uso de razón, alrededor de los siete años.

La fecha de la disposición coincidía con los preparativos para el Congreso Eucarístico Internacional que iba a celebrarse en Madrid en junio de 1911. Por ello se hizo en todas las parroquias de España una intensa labor catequética, con la idea de que se acercasen a recibir la Sagrada Eucaristía el mayor número posible de niños.

 

Recordatorio de la Primera Comunión de San Josemaría.

 

Un religioso escolapio, el padre Manuel Laborda de la Virgen del Carmen —el “padre Manolé”, como le llamaban con afectuosa jovialidad los alumnos—, se ocupó de preparar a Josemaría. Y, en tanto llegara el tan esperado día de la Primera Comunión, le enseñó al niño una oración que mantenía vivo su deseo: —«Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre; con el espíritu y fervor de los santos». Oración que, desde entonces, recitó con mucha frecuencia.

 

El fundador del Opus Dei aprendió la “comunión espiritual” gracias al Padre Manuel Laborda.

 

Hizo la Primera Comunión el 23 de abril de 1912, justamente a los diez años de haber sido confirmado. Era la fiesta de san Jorge, patrono de Aragón y Cataluña, y día tradicional para la ceremonia, que tuvo lugar en la iglesia del colegio de los Escolapios. En el momento de recibir la Sagrada Comunión pidió por sus padres y hermanas, suplicando a Jesús que le concediese la gracia de no perderlo nunca.

Siempre recordó con fervoroso candor los aniversarios de esa fecha, en que el Señor, como decía: “quiso venir a hacerse el dueño de mi corazón”.


• La comunión espiritual, una oración que dio la vuelta al mundo.

• La comunión espiritual que repetía san Josemaría. Podcast del historiador José Luis González Gullón.

• Los deseos de Dios. En estos meses de pandemia en algunos lugares se ha tenido que suprimir hasta la celebración pública de la Eucaristía. Le suplicamos a Dios que esta situación pase y pronto pueda volver a tocar nuestras almas a través de la Comunión sacramental.

• ¿Qué le digo después de comulgar? Textos de San Josemaría para orar.

• Libro electrónico: «Catequesis del Papa Francisco sobre la Santa Misa».

• Carta de Mons. Javier Echevarría sobre el Año de la Eucaristía (2004)

• Tema 21. La Eucaristía (Texto de Resúmenes de fe cristiana).

 

La dignidad de la familia

La familia es uno de los instrumentos naturales queridos por Dios para que los hombres cooperen en la Creación.

FAMILIA15/04/2016

Al finalizar la obra de la creación del universo, en el sexto día, «formó Yavé Dios al hombre del polvo de la tierra, y le inspiró en el rostro aliento de vida, y fue así el hombre ser animado» (1). Si en todas sus obras se había complacido, en la formación del género humano Dios se alegró sobremanera: vio que era “muy bueno” lo que había hecho, testimonia la Escritura (2), como si el autor inspirado quisiera reafirmar la peculiar acción divina en la creación del hombre, hecho a imagen y semejanza del Creador por su alma espiritual e inmortal. No contento con esto, el Señor le confirió gratuitamente una participación de su misma vida íntima: le hizo hijo suyo y lo llenó con los llamados dones preternaturales.

Para que los hombres alcancen el Reino de los Cielos, la Providencia divina ha querido contar con su libre colaboración. Y para que esta colaboración en la transmisión de la vida no quedara al vaivén de posibles caprichos, el Señor quiso protegerla mediante la institución natural del matrimonio (3), elevado luego por Cristo a la dignidad de sacramento.

La familia —la gran familia humana, y cada una de las familias que habrían de componerla— es uno de los instrumentos naturales queridos por Dios para que los hombres cooperen ordenadamente en su decreto Creador. La voluntad de Dios de contar con la familia en su plan salvador se confirmará, con el correr de los tiempos, a través de las distintas alianzas que Yavé fue estableciendo con los antiguos patriarcas: Noé, Abraham, Isaac, Jacob. Hasta que la promesa del Redentor recaiga en la casa de David.Llegada la plenitud de los tiempos, un ángel del Señor anunció a los hombres el cumplimiento del plan divino: nace Jesús, en Nazaret, de María, por obra del Espíritu Santo. Y Dios provee para su Hijo una familia, con un padre adoptivo, José, y con María, la Madre virginal. Quiso el Señor que, también en esto, quedara reflejado el modo en que Él desea ver nacer y crecer a sus hijos los hombres: dentro de una institución establemente constituida.

«Los diversos hechos y circunstancias que rodean el nacimiento del Hijo de Dios acuden a nuestro recuerdo, y la mirada se detiene en la gruta de Belén, en el hogar de Nazaret. María, José, Jesús Niño, ocupan de un modo muy especial el centro de nuestro corazón. ¿Qué nos dice, qué nos enseña la vida a la vez sencilla y admirable de esa Sagrada Familia?» (4). A esta pregunta que nos sugiere San Josemaría podemos responder con palabras del Compendio del Catecismo, señalando que la familia cristiana, a imagen de la familia de Jesús, es también iglesia doméstica porque manifiesta la naturaleza comunional y familiar de la Iglesia como familia de Dios (5).

Por su misión natural y sobrenatural, por su origen, por su naturaleza y por su fin, es grande la dignidad de la familia. Toda familia tiene una entidad sagrada, y merece la veneración y solicitud de sus miembros, de la sociedad civil y de la Iglesia. Por eso, resultaría una trágica corrupción de su esencia reducirla a las relaciones conyugales, o al vínculo de sangre entre padres e hijos, o a una especie de unidad social o de armonización de intereses particulares. San Josemaría insistía en que «debemos trabajar para que esas células cristianas de la sociedad nazcan y se desarrollen con afán de santidad» (6).

El hogar ha de ser la escuela primera y principal donde los hijos aprendan y vivan las virtudes humanas y cristianas. El buen ejemplo de los padres, de los hermanos y de los demás componentes del ámbito familiar, se reflejan de manera inmediata en la configuración de las relaciones sociales que cada uno de los miembros de esa familia establece. No es casual, por tanto, el interés de la Iglesia por el adecuado desarrollo de esa escuela de virtudes que ha de ser el hogar. Pero no es éste el único interés: mediante la colaboración generosa de los padres cristianos con el designio divino, Dios mismo «aumenta y enriquece su propia familia» (7), se multiplica en número y virtud el Cuerpo Místico de Cristo sobre la tierra, y se ofrece desde los hogares cristianos una oblación especialmente grata al Señor (8).

La realidad familiar funda unos derechos y unos deberes. Antes que nada las obligaciones: todos sus miembros han de tener conciencia clara de la dignidad de esa comunidad que forman, y de la misión que está llamada a realizar. Cada uno ha de cumplir sus deberes con un vivo sentido de responsabilidad, a costa de los sacrificios que sean precisos. En cuanto a los derechos, la familia reclama el respeto y la atención del Estado por un doble título: es la familia la que le ha dado origen, y porque la sociedad será lo que sean las familias (9).

Para cumplir todos estos deberes, es indispensable que los miembros de la familia sobrenaturalicen su afecto, como sobrenaturalizada está la familia. De este amor —suave y exigente a la vez— brotan esas delicadezas que hacen de la vida de familia un anticipo del Cielo. «El matrimonio basado en un amor exclusivo y definitivo se convierte en el icono de la relación de Dios con un pueblo, y, viceversa, el modo de amor de Dios se convierte en la medida del amor humano» (10).

En los momentos actuales de la vida de la sociedad, se hace especialmente urgente volver a inculcar el sentido cristiano en el seno de tantos hogares. La tarea no es sencilla pero sí apasionante. Para contribuir a esta inmensa labor, que se identifica con la de volver a dar tono cristiano a la sociedad, cada uno ha de empezar por “barrer” la propia casa.

Adquiere entonces particular importancia en la consecución de este proyecto la educación de los hijos, aspecto fundamentalísimo de la vida familiar. Para responder a este gran reto —educar en una sociedad en buena medida descristianizada— conviene recordar dos verdades fundamentales: «La primera es que el hombre está llamado a vivir en la verdad y en el amor. La segunda es que cada hombre se realiza mediante la entrega sincera de sí mismo» (11). En la educación están coimplicados tanto los hijos como los padres, primeros educadores, de modo que sólo se puede dar en la «recíproca comunión de las personas»; el educador, de algún modo «engendra» en sentido espiritual, y según «esta perspectiva, la educación puede ser considerada un verdadero apostolado. Es una comunicación vital, que no sólo establece una relación profunda entre educador y educando, sino que hace participar a ambos en la verdad y en el amor, meta final a la que está llamado todo hombre por parte de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo» (12).

 


1. Gn 2, 7.

2. Cfr. Gn 1, 31.

3. Cfr. Gn 1, 27.

4. SAN JOSEMARÍA, Es Cristo que pasa , n. 22.

5. Cfr. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica , n. 350.

6. SAN JOSEMARÍA, Conversaciones , n. 91.

7. CONCILIO VATICANO II, Const. past. Gaudium et spes , n. 50.

8. Cfr. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica , n. 188.

9. Cfr. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica , n. 457-462.

10. BENEDICTO XVI, Enc. Deus caritas est , n. 11.

11. JUAN PABLO II, Carta a las familias (2-II-1994), n. 16.

12. Ibid.

 

El nacimiento del concepto de libertad de enseñanza

Todo este proceso de protagonismo del Estado en la educación planteó a lo largo del siglo XIX un problema que hasta entonces apenas había sido considerado. ¿La educación era un derecho de los particulares y las instituciones ciudadanas, o era del Estado? Hasta entonces, la educación no era sentida tanto como un derecho, sino sobre todo como una imperiosa necesidad. Era algo que resultaba evidente tanto para el nuevo Estado como para los propios ciudadanos. Pero si nos situamos en la perspectiva del individuo o de las instituciones sociales, está claro que a medida que fue avanzando ese protagonismo del Estado fue surgiendo de inmediato en la sociedad civil una reclamación de unos mínimos de autonomía y, con ella, el concepto de libertad de enseñanza, considerada como un derecho con el que defenderse frente a una creciente invasión de los poderes públicos.

Esa idea de libertad de enseñanza se va configurando sobre todo en dos aspectos: la libertad de crear establecimientos docentes privados, por un lado, y la libertad de cátedra por otro. Ambas libertades son en cierta manera ambivalentes e incluso a veces un tanto contrapuestas. A lo largo del siglo XIX, lo más habitual es que las corrientes de lo que hoy llamaríamos la izquierda europea defiendan sobre todo la libertad de cátedra frente al derecho a la creación y dirección de escuelas, normalmente confesionales; y que lo que hoy llamaríamos la derecha europea reclame la libertad de creación y dirección de centros docentes frente al Estado, y busquen limitar la libertad de cátedra para que los docentes sean leales al ideario propio del centro.

A su vez, será frecuente que la libertad de creación de centros de enseñanza sea invocada en algunos países por escuelas laicas que hacen frente al Estado confesional, y en otros, por el contrario, esa libertad de creación de centros privados es sobre todo de origen confesional frente a un Estado laico o laicista.

Un caso atípico e interesante fue el de Países Bajos, donde inicialmente el gobierno y la principal confesión protestante se complementaron en la gestión de la escolarización, pero en determinado momento se produjo una escisión que, unida a la reclamación de la minoría católica, desembocó en un largo debate que se prolongó durante décadas y que concluyó en 1917 con una solución constitucional que otorga igual estatus y financiación a todas las escuelas públicas y todas las privadas religiosas, lo que ha llevado a que hoy sea el país con menor porcentaje de escuela pública del mundo.

Si consideramos el avance temporal de esas ideas en los diferentes países, podríamos decir que inicialmente esa libertad de creación de centros fue negada en muchos Estados al comienzo del siglo XIX. Luego fue poco a poco una libertad tolerada, en buena parte por la incapacidad de los poderes públicos de atender toda la demanda educativa existente. A mediados de siglo empezó a ser ya una libertad aceptada y reconocida. Y a finales de siglo estaba ya recogida en la mayoría de las constituciones europeas.

En cuanto a la libertad de cátedra, fue planteada como un derecho del profesor a la libertad de expresión dentro de su aula, y se entendió sobre todo como una defensa frente al Estado, pues repugnaba a la sensibilidad ciudadana que el Estado quisiera imponer una verdad oficial obligatoria a través de sus profesores. Este derecho se irá reconociendo poco a poco en la mayoría de las constituciones del siglo XIX, aunque ha sido vulnerado muchas veces, tanto por los Estados confesionales como por los Estados laicos.

Alfonso Aguiló

 

“El futuro de la familia”

Una tendencia común a todas las épocas parece ser la proclividad a considerar que ese tiempo que en cada caso se está viviendo tiene algo de excepcional. Siempre tiende a pensarse que es el final de una etapa ya completamente superada y la inauguración de un período radicalmente nuevo, en el que será posible despedirse definitivamente de las viejas costumbres.

Por ejemplo, desde mediados del siglo XVIII se da al cristianismo por muerto y enterrado. Pero el cristianismo entierra a sus enterradores y renace de sus cenizas como el Ave Fénix. También aquí vale lo del clásico del teatro español: “Los muertos que vos matáis gozan de buena salud”. Para desesperación de los secularistas a ultranza, es preciso seguir contando con la religión, porque una mayoría de la población mundial continúa estimándola como indispensable. Algo de eso está sucediendo hoy con la familia, a la que algunos —confundiendo quizá su deseo con un pensamiento— dan por disuelta y acabada. No es la primera vez ni será la última.

Pero, afortunadamente, la institución familiar sale adelante. La inclinación de la mujer y el varón a crear entre ellos un vínculo estable y fecundo, que sirva de cauce al amor mutuo y permita educar hondamente a los hijos fruto de ese amor, está demasiado enraizada en la condición humana como para que una mutación social o económica acabe anulándola. Se dice que en el momento en el que el hogar dejó de ser un centro de producción y de consumo la familia tradicional tuvo que dejar paso a la familia nuclear. Quizá hubo algo de esto, pero en todo caso la institución familiar se adaptó a los cambios y salió incluso reforzada de tal lance. Pero se da un nuevo giro de rosca a esta idea y se mantiene que el hecho de que la mujer haya empezado a trabajar fuera de casa implica la muerte de la propia familia. Ahora bien, la noticia de tal fallecimiento parece un poco exagerada. Porque ya son muchísimos los grupos familiares que han atravesado la nueva situación y, con más o menos dificultades, han logrado consolidar esa comunidad cercana que constituye la única salvaguarda contra la soledad, y que no puede ser sustituida por ningún aparato jurídico que regule los modos de afrontar situaciones de dependencia. Se comienza a mantener, en la actual línea política de intentar asustar a los presuntos conservadores, que el gran enemigo de la familia es el capitalismo. Y, por tanto, que son incoherentes quienes defienden a la vez la institución familiar y la libre empresa. Pero los que lanzan tal especie no se dan cuenta de que la libertad es indivisible y que la familia es la raíz que nutre la vitalidad de la sociedad civil. Los ataques actuales a la familia dejan siempre tras de sí un inconfundible tufo a totalitarismo que un progresismo tan proclamado como irreal no consigue disipar.

La memoria histórica también tiene en este punto mucho que decir. Desde luego, el materialismo economicista —sea de izquierdas o de derechas— no es el mejor amigo de la familia. Pero, en todo caso, no es su único enemigo. La familia ha sido la víctima típica de las paradojas del Estado de Bienestar. Ha sido instrumentalizada primero y descartada después por la arrogancia de los políticos, la codicia de los traficantes y la propaganda de los ideólogos. Todos ellos han intentado convertirla en una instancia suplantable y prácticamente superflua, porque se ha prescindido sistemáticamente de los vínculos permanentes de responsabilidad personalizada que constituyen la médula de las relaciones familiares. El adversario más insidioso de la familia no proviene hoy de los intercambios mercantiles, sino de la ideología de género. Atrás han quedado, como si estuvieran superados, el feminismo radical y la organizada presión homosexista. La perspectiva de género intenta realizar socialmente algo aún más turbio. Se trata de un poliformismo emocional que deconstruye la sexualidad y lleva a una postura vital letalmente ambigua. La vieja dialéctica, retraída ya de las relaciones de producción, se ha refugiado en la sensitividad corporal. El bucle conceptual que ahora se riza es la superación de todas las diferencias y, al mismo tiempo, su integración en un mismo cuerpo, de manera que no haya diques para el despliegue del deseo. A la mentalidad de género se están sacrificando actualmente las mejores energías de nuestra sociedad. Pero el mimetismo hacia la familia, la necesidad de imitarla y de beneficiarse de su prestigio, es algo que sigue muy vivo. Prueba de ello es el intento de integrar el matrimonio en la perspectiva de género, y el empeño por facilitar jurídicamente la adopción de niños o facilitar su producción tecnificada. En cualquier hipótesis, el futuro pertenece siempre a la familia. Porque no sólo le corresponde la generación de las nuevas vidas, sino también su cuidado y su educación. La familia no admite sustituto válido.

 

 “La familia ligth”

Enrique Monasterio

La familia es un ecosistema natural para defensa de la vida humana y de la libertad. Una afirmación tan redonda merece un breve comentario: Desde que el mundo es mundo, el Poder (adjetívese como mejor parezca: (político, económico, etc.) siente la perversa tentación de influir en el modo de pensar del personal y, si le es posible, de manipularlo. Los medios de que dispone son cada día más eficaces: el Poder, como su propio nombre indica, puede una barbaridad: ¿será preciso insistir en las catástrofes encefálicas que se producen en un cerebro tipo estándar cuando se le aplica una dieta de 700 horas anuales de televisión? El adoctrinamiento a que nos someten los poderosos -jamás renuncian a tan abnegada tarea- no se debe al amor que nos profesan. En el mejor de los casos buscan sólo nuestro voto, y para hacerse con él, nada mejor que formar ciudadanos dóciles a la ideología dominante, enchufados a los electrodomisticadores que el Poder controla, para que nunca caigan en la tentación de pensar por cuenta propia.

Gracias a Dios, el Poder encuentra algunos obstáculos en su empeño domesticador. Y el primero es, precisamente, la familia.

Y es que Dios, Nuestro Señor, ha previsto que los individuos vengan al mundo en un medio natural, llamado “familia”: un ecosistema fundado en el amor del hombre y de la mujer, que crea entorno a sí un ámbito de intimidad, necesario para el nacimiento y para la formación de los hijos.

En esa intimidad familiar es, hoy más que nunca, un reducto de libertad frente al totalitarismo. Es la capa de ozono que protege de los rayos del Poder, mucho más peligrosos que los ultravioleta.

Cuando una familia cumple con su misión, transmite convicciones y valores; educa en las virtudes; enseña a pensar, a luchar, a amar, a hablar con Dios, y defenderse de las influencias y agresiones externas. En resumen: vacuna a los espíritus contra los eslóganes y los tópicos, y proporciona a los hijos las armas imprescindibles para actuar libre y responsablemente.

A un Estado con tentaciones totalitarias, la familia le molesta. Prefiere entenderse directamente con individuos emancipados, “liberados” (las comillas que sean gordas, por favor) de cualquier influencia que no la del propio Poder.

El problema es que la familia existe, y su prestigio no decrece a pesar de los años más o menos internacionales que se organizan en su contra. ¿ Qué puede hacer entonces el Poder para entrar en saco en las mentes de los ciudadanos? Su estrategia ha sido la de ir debilitando esa capa de ozono a que me refería antes, hasta conseguir que la familia quede reducida casi a una pura fachada, a una especie de residencia de individuos autónomos unidos por vagos sentimientos de afecto y por una nevera bien repleta.

Así nació la familia light: una institución propia de los países ricos, ya que los pobres no están en condiciones de permitirse tales lujos.

Describir en serio sus características nos llevaría demasiado espacio. Contémoslas, por tanto, en broma. Y, aunque no os sintáis aludidos por el retrato pensad que tal vez, alguno de estos rasgos formen parte de vuestra caricatura… o de la mía.

* La familia light suele ser pequeña. Desde luego, hay muchos matrimonios estupendos con pocos hijos; pero nada como una familia numerosa para vacunarse definitivamente contra esa enfermedad.

* La familia light gira en torno a tres electrodomésticos fundamentales: la nevera, la televisión (con vídeo) y el equipo de sonido.

* la nevera sirve para comer a la carta en cualquier momento del día o de la noche, sin someterse a horarios ni a dietas maternas. Es útil también para convivir lo menos posible con los demás y para tomarse una cerveza con alguna cosa delante de * la televisión. Se enciende al amanecer y, gracias a la función de timer, se apaga sola cuando ya todos duermen. Hay tantas en la casa como habitaciones: la tele de la cocina sirve para ver a Arguiñano. La del comedor, para no correr el riesgo de hablar si, por casualidad, un día se reúne la familia entera. La del salón es la del padre, que viene superestresado del trabajo y necesita relajarse en su sillón con una película del canal plus. La de la salita es para la madre, que también tiene derecho a su culebrón cotidiano; y las de los dormitorios, como su propio nombre indica, sirven para dormir sin tener malos ni buenos pensamientos.

* Los equipos de sonido (también llamados comecocos), o, en su defecto el walkman, produce un delicioso efecto aislante: corta toda relación con los demás y, es perfectamente compatible con la consola de videojuegos, que es el hipnótico de los más jóvenes.

* En la familia light existe una férrea autoridad para todo lo accesorio (la elección del coche, el lugar del veraneo) y una total anarquía para lo fundamental (asistencia a Misa, etc.).

* Los miembros de una familia light nunca rezan juntos, tal vez porque se verían obligados a apagar la televisión. En realidad, la vida espiritual de cada uno es una cuestión tan íntima y profunda, que, para encontrarla, habría que hacer excavaciones.

* En la familia light se habla mucho de sexo: el pudor está superado por completo, y todos tienen una exhaustiva información sexual (un buen manual de instrucciones, quiero decir). En cambio jamás se habla en serio de amor, de fecundidad, de fidelidad, de entrega… (¡Niño esas porquerías ni se nombran!) A la familia light sólo le interesa el sexo light.

* También estas familias tienen sus tragedias, sus amarguras y disgustos. He aquí cuatro significativos ejemplos: 1. El “fracaso escolar” del niño. La culpa, por supuesto, es siempre del colegio, que se complace en producir traumas, probablemente irreversibles, en la autovaloración de la criatura.

2. La niña ha engordado y no tiene nada que ponerse para la fiesta de cumpleaños de Vanessa.

3. A Manolito se le ha ocurrido decir que quiere ser misionero en Uganda. (“Nos acechan las sectas”, comenta apesadumbrado el padre). Hay que tener presente que, en una familia light, la entrega a Dios se considera como una neurosis, tolerable en las familias de los demás.

4. Al “Audi” de papá le han hecho un rascón en la popa y no se habla de otra cosa en tres días.

* ¿Y si el niño llega a casa al amanecer rezumando ginebra por las orejas? Entonces, sí; el padre de familia light tomará una decisión firme: se esconderá debajo de la mesa camilla para no enterarse. “Cualquiera día de estos -se dirá preocupado- tengo que hablar seriamente con el chico”.

* En la familia light existe una discreta biblioteca y una nutridísima videoteca. El padre se ocupa de comprar los dos o tres libros más vendidos del mes, y siempre se encuentran también otros títulos tan sugerentes y profundos como “Cómo aprobar sin dar golpe”; “Como ligar con la hija del jefe”; “Jesulín de Ubrique visto por su novia”; “Breve tratado de papiroflexia” o “Guía de Restaurantes y de Hoteles”.

* En la familia light todo es trivial salvo lo trivial. Todo es opinable, salvo el principio de la opinabilidad universal. Nadie tiene convicciones ni creencias, sino opiniones. En resumen: padecen un síndrome de inmunodeficiencia moral de difícil tratramiento y mal pronóstico, ya que se ven expuestos a todas las infecciones ideológicas de moda. A ellos no les preocupa. Lo único que les importa es la buena salud y conservar por los siglos de los siglos ese lustre sonrosado de los adolescentes de telefilme.

Postdata: El artículo que publiqué en Mundo Cristiano acababa así: en punta y hacia abajo. Mi madre, que es mi conciencia crítica más severa, me dijo que no le gustaba el final.

-No puedes terminar de esa forma… Habrá que dar soluciones. No querrás desahuciar a las familias light.

Tenía razón, pero no era fácil rematar el artículo en cuatro líneas. Una enfermedad tan grave no se cura con pomadas. Del aburguesamiento, de la tibieza no se sale poco a poco, como sin querer; es precisa una conversión, un cambio radical de actitud. Y de eso estamos hablando: de una mediocridad que igual puede afectar a las personas singulares que a las familias, a los matrimonios, a los hogares, cristianos o no.

-¿Entonces…? Entonces hay que pedir al Señor que, cuanto antes, nos haga entender la seriedad del problema.

Que nadie se acostumbre a la tristeza del amor light y del egoísmo.

Que los padres quieran reaccionar, y reaccionen.

Que se reconstruya la capa de ozono, de la que hablaba antes, para que ni la voracidad del Poder ni el peso de las ideologías alteren este ecosistema de amor y libertad.

Y, sobre todo, que los más jóvenes vayan al matrimonio con ganas de aventura, dispuestos a entregarse, a formar una familia y a llenar su vida con esta empresa colosal que Dios les encomienda.

 

Cuando cae la religiosidad se hunden los nacimientos: la secularización, mortal para algunos países

El profesor Philip Jenkins muestra una relación entre la secularización urbana y la caída de la natalidad. Foto: Scott Evans / Unsplash.

Existe una relación constatada entre el hundimiento demográfico y el hundimiento de la religiosidad, especialmente llamativo en los países cristianos, y más en particular aún en las naciones católicas. Philip Jenkins, profesor de Historia y codirector del Programa de Estudios Históricos de la Religión en la Baylor University, escribió el año pasado una exhaustiva investigación sobre el tema, Fertility and Faith [Fertilidad y fe]. Giulio Meotti le ha entrevistado en Il Foglio sobre la dramática correspondencia entre "cunas vacías e iglesias vacías":

Raramente un número ha tenido tantas implicaciones y tan distintas, para una sociedad: implicaciones culturales, económicas y humanas. El número es 2,1. Es el número de niños que debería tener cada pareja para que la población de un país se mantenga estable. "Las sociedades con una natalidad muy alta tiene muchos jóvenes y son turbulentas e inestables; en cambio, las sociedades con una baja natalidad están caracterizadas por poblaciones ancianas y tienen otros problemas".

Quien habla así es Philip Jenkins, uno de los más renombrados estudiosos de la religión en Estados Unidos, cuyo libro lleva como subtítulo: "La revolución demográfica y la transformación de las religiones mundiales".

Todo empezó en los 60: protestantes y católicos

"A partir de los años 60, empezando por Europa, muchos países en todo el mundo pasaron a este modelo de baja natalidad. En Italia, una mujer en el 1900 tenía 4,5 hijos. En 1964, el número era 2,7 y en 1995, 1,2. Hoy es 1,3. En términos históricos, estas cifras son sorprendentemente bajas. Es una revolución social que tiene muchas implicaciones para la política, la economía, las relaciones de género, las actitudes morales y muchos otros aspectos de la vida". La tesis de Jenkins es que el descenso de la natalidad y la secularización van siempre de la mano.

"Existe una estrecha relación entre los índices de natalidad de una comunidad y el grado de fervor religioso. Las sociedades con una natalidad elevada, como la mayor parte del África contemporánea, son sociedades fervientes, devotas y religiosamente entusiastas. Viceversa, menor es el índice de natalidad, menor es la dimensión de la familia; y mayor es la tendencia a separarse de la religión. Europa es el ejemplo más claro al respecto, puesto que su descenso de la natalidad está relacionado con una rápida secularización. Pero ahora este modelo de baja natalidad y fe se está difundiendo en todo el mundo, en América Latina, en Asia oriental y en parte del mundo islámico".

Philip Jenkins es el autor de "Fertility and Faith".

Ambas condiciones caminan en paralelo, y la disminución de la práctica religiosa precede al descenso demográfico. "Los índices de natalidad proporcionan un indicador eficaz del comportamiento religioso, y los cambios rápidos deberían servir como campana de alarma sobre una inminente secularización y el declive de la religión".

El cambio tuvo lugar en los años 60. "Cuando este proceso empezó en los países escandinavos y los Países Bajos, los estudiosos pensaron que estaba relacionado con el protestantismo progresista. Pero a inicio de los años 70 también empezó a afectar a los países católicos. Ese cambio estaba estrechamente relacionado con el fuerte descenso de la práctica religiosa, medido con la regularidad con la que se iba a la iglesia, las vocaciones al sacerdocio y el número de mujeres en las órdenes religiosas. A medida que los vínculos religiosos disminuyen, las personas definen cada vez más sus valores en términos que son individualistas y laicos. Están más dispuestas a oponerse a las iglesias o las instituciones religiosas sobre cuestiones sociales y políticas de género y moralidad.

»También en países que antaño eran firmemente católicos como Italia, España, Bélgica o Irlanda, asistimos al progreso de la anticoncepción, el divorcio y el aborto. En muchas naciones, el declive de la natalidad está estrechamente relacionado con la aceptación del matrimonio entre personas del mismo sexo, algo impensable hace unos decenios. Vemos que, en todo el mundo, a medida que disminuyen los índices de natalidad, crecen los derechos de los homosexuales con una fuerte oposición a la Iglesia".

Italia ofrece un ejemplo de la relación entre natalidad e influencia de la religión. 
"Empezó en los años 70, el periodo en el que la Iglesia sufrió diversos reveses. En 1964 tuvo lugar el referéndum sobre el divorcio y en 1978 el del aborto. Una cronología que sigue fielmente el declive de la natalidad: en 1976 la tasa era de 2,1; en 1981 había bajado a 1,6. Un cambio demográfico extremo en muy pocos años, más rápido que cualquier otro registrado en la historia.

»Tanto los Países Bajos como Bélgica eran países muy religiosos, uno protestante y el otro católico. Ahora ambas sociedades tienen una natalidad bajísima y son de las más laicas del mundo. Sus cambios iniciaron en los años 60. Bélgica fue un famoso centro de la vida espiritual y cultural católica, caracterizado por una elevada natalidad y familias numerosas. Todo cambió en los años 60. El índice de natalidad alcanzó el mínimo en 1985 (1,51). Hoy es inferior al de Dinamarca y los Países Bajos.

»En 1964 una mujer española tenía de media tres hijos, un índice que bajó a 1,1 en 1997. En el espacio de una sola generación –entre 1964 y 1995–, Italia bajó de 2,65 a 1,19. Un dato comparable al de la católica Austria. Entre 1955 y 1971, nueve millones de italianos emigraron dentro del país, abandonando las ciudades pequeñas para trasladarse a ciudades grandes como Milán y Turín. El éxito urbano e industrial se refleja en la creciente despoblación de las zonas rurales, históricamente marcadas por una elevada natalidad. Al final de siglo, grandes zonas de Italia y España tenían una densidad de población tan bajas como las de Laponia; se las conoce como zonas 'vaciadas'". 

"Los gobiernos no pueden hacer mucho"

Decíamos de Bélgica. "La participación a la misa dominical es actualmente inferior al 10% y menos de la mitad de los padres bautizan a sus hijos. Las vocaciones han caído hasta, literalmente, cero. Solo el 55% de los belgas se identifica como cristiano, un nivel comparable al de Escandinavia. Incluso para los estándares europeos, Bélgica está a la vanguardia de los enfoques laicos y progresistas. En 1990 Bélgica legalizó el aborto y en 2003 fue el segundo país del mundo, después de los Países Bajos, en aprobar el matrimonio homosexual. En 2002 aprobó la eutanasia y en 2014 la eutanasia infantil. Como suele suceder, podemos hacer un mapeo del cambio demográfico y la secularización de manera muy detallada".

Los países occidentales están invirtiendo mucho dinero para intentar detener el colapso demográfico. "En general, los intentos de aumentar la natalidad pueden tener algún impacto, pero son caros y los resultados escasos", nos dice Jenkins. "Las dictaduras pueden tener un cierto impacto, como el régimen comunista de Rumania antes de 1989, que suprimió los derechos de las mujeres. Pero los gobiernos no pueden hacer mucho para aumentar la natalidad". 

Estados Unidos: el final de la excepción

Norteamérica ha sido una excepción. "Respecto a Estados Unidos, la sorpresa de los investigadores duró mucho tiempo porque era un sociedad muy avanzada con un índice elevado de natalidad y religiosidad, lo opuesto de lo que sucedía en Europa. Pero en el último decenio, Estados Unidos se ha movido hacia la que se considera una trayectoria normal. El índice de natalidad está descendiendo por debajo del índice de reemplazo y estoy está cercano al de Dinamarca.

»Este cambio está acompañado de signos evidentes de secularización. Si la tendencia continúa, Estados Unidos sufrirá algo similar a la revolución demográfica europea, si bien con retraso. Estamos en las primeras fases de una auténtica revolución religiosa y cultural. Los 'Nones', es decir, las personas que, cuando se les pregunta sobre su pertenencia religiosa, responden 'ninguna' ["none" en inglés], son actualmente un cuarto de la población, la misma proporción en el número de evangélicos y más elevada en el de los católicos. En términos relativos, el número de cristianos estadounidenses ha disminuido drásticamente. Hay un fuerte declive religioso en Estados Unidos, que se parece cada vez más a Europa".

Islam: dos modelos

Aún no se sabe qué pasará con el mundo islámico, pero se puede intuir. "Cuando pensamos en la 'explosión demográfica' del Tercer Mundo, la asociamos al mundo islámico. Pero es una idea obsoleta. Efectivamente, algunos de estos países tienen índices de natalidad muy altos, otros no. En Indonesia, en el Magreb árabe del noroeste de África y en la misma península arábica están bajando. Hay un islam a dos niveles.

»Todo esto es muy importante para imaginar el futuro del islam en Europa, porque en países como Argelia y Marruecos la natalidad está bajando a gran velocidad. Y, lo que es aún más sorprendente, en 1982 Irán tenía un índice de natalidad de 6,5 hijos por mujer; hoy es inferior a 1,7, menos que en Dinamarca. Si bien los líderes iraníes son muy fundamentalistas, las personas que gobiernan son cada vez más laicas. También han bajado los índices de práctica religiosa en el país. El jefe de la Guardia revolucionaria se ha lamentado porque solo se frecuentan 3.000 de las 60.000 mezquitas de la nación".

Rusia: un cambio de trascendencia milenaria

Rusia es otro caso de manual. "Surgió en los años 90, con las arduas circunstancias demográficas de la ex Unión Soviética, en la que los índices de natalidad eran alarmantes. Las cosas empeoraron durante la dura crisis social y económica de los años 90. En 1999, el índice de natalidad alcanzó el mínimo histórico de 1,17, que luego subió a 1,7. Actualmente la población rusa es de 145 millones de personas, pero en 2050 será de 130. Como afirmó Putin, 'la demografía es una cuestión vital. O seguimos existiendo o desapareceremos'.

»La relación entre demografia y religión representa una amenaza especial. En la época soviética, las minorías musulmanas demostraron ser más fértiles que los eslavos y otras poblaciones europeas. Actualmente, los musulmanes tienen un índice de crecimiento superior al 2,3, muy superior al de los pueblos eslavos. En 2018, el número récord de 320.000 musulmanes frecuentó las mezquitas de Moscú durante el Eid. Los musulmanes son el 15% de la población rusa. Según el Gran Muftí ruso, los musulmanes son 25 millones, es decir, el 18% del total, y prevé que este porcentaje podría superar el 30% a mediados de los años 30 [de este siglo]. Esto representa una cuota musulmana de la población mucho más alta respecto a la de las naciones europeas preocupadas por la amenaza de la 'islamización'.

»La visión de un futuro próximo en el que un tercio de Rusia sea islámico exige replantear con detalle y en profundidad los relatos tradicionales sobre la historia de este país, y su pretensión de representar uno de los centros de la cristiandad".

África, la religiosa

Por consiguiente, el centro del desafío demográfico y religioso será el África subsahariana. "A lo largo del siglo pasado, el crecimiento de la población africana fue uno de los hechos más significativos de la historia. La población total de África ha crecido desde los 110 millones que tenía en 1900 a los mil millones de 2015, con un probable aumento a 2,5 mil millones antes de 2050. En 1900, los africanos representaban el 7% de la población mundial; en 2050 representarán más del 25%.

»Se calcula que, precisamente en 2050, de los veinte países con mayor población, no menos de seis serán naciones africanas: Nigeria, República Democrática del Congo, Etiopía, Tanzania, Uganda y Kenia. En conjunto, en 2050 estos países tendrán más de 1,1 mil millones de ciudadanos. Salvo Rusia, ningún país europeo aparecerá en una lista similar sobre las naciones más pobladas".

Es el conjunto de Europa la que está perdiendo el peso demográfico. "En 1950, el europeo medio tenía 29 años, hoy tiene 43. En África, en el mismo periodo, la edad media de la población ha aumentado de los 19 a los 20 años, es decir, casi no se ha movido. Este dato influye en todos los aspectos de la vida, el trabajo y el gobierno.

»En África, la lealtad religiosa es muy fuerte en todas partes. En una encuesta realizada en 2015 se les preguntó a los entrevistados si se sentían religiosos. En la parte más alta de la lista había tres países africanos –Etiopía, Malawi y Níger, todos con un porcentaje del 99%– y el total de las primeras veinticinco naciones se encontraban en África, Oriente Medio y el Sudeste Asiático. En cada uno de estos veinticinco países se censaron sentimientos religiosos con índices que llegaban al 95%. En el otro extremo de la lista había veintitrés naciones, toda en Europa y alguna asiática. A la pregunta sobre el papel que la religión tenía en su vida, África tuvo los números más altos: 98% en Etiopía, 88% en Nigeria, 86% en Uganda.

»Este entusiasmo religioso se expresa en las dos grandes religiones. El islam está creciendo a gran velocidad en algunas áreas, sobre todo en el África negra, que aún es una sociedad muy joven y con altos índices de fe y natalidad. El islam y el cristianismo están creciendo juntos muy rápidamente. A menudo se oye hablar de violencia entre musulmanes y cristianos en África, que en gran parte tienen lugar a lo largo del décimo paralelo. En Nigeria hay historias terribles de violencia entre musulmanes y cristianos. Pero es importante verlo no solo en términos de una religión particular violenta o peligrosa, porque el factor principal es demográfico.

»En una sociedad con una natalidad muy elevada, como es la mayor parte de África, vemos una 'expansión juvenil', que sucede cuando un porcentaje muy elevado de la población tiene una edad comprendida entre los 15 y los 25 años. Es muy similar a la Europa de los años 30, cuando era fácil para los movimientos políticos extremistas reclutar a jóvenes para combatir a los enemigos en las calles".

El reto de la Iglesia

La cristiandad tiene ante sí un desafío enorme. "El crecimiento de la secularización es más que evidente y será muy difícil invertir la ruta", concluye Jenkins a Il Foglio. "También los países que siguen siendo religiosos, como Polonia, sufrirán este cambio en un decenio más o menos. Pero el islam no está creciendo tan rápidamente como se temía, y muchos musulmanes europeos son más bien laicos. Las iglesias europeas seguramente se dirigirán a las minorías. Actualmente, en Italia el 40% del clero es extranjero.

»La fe se diversificará cada vez más. Las iglesias deben reflexionar seriamente sobre cómo afrontar las nuevas realidades demográficas, entre ellas, la de una sociedad que envejece con gran rapidez".

En los años 50, la población de Lagos, Nigeria, era de 300.000 habitantes; hoy es de 20 millones y en 2050 será de 40 millones. Poco menos que Italia en el peor escenario de declive demográfico. En 1950, Níger, con 2,6 millones de personas, era más pequeño que Brooklyn. En 2050, con 68,5 millones, tendrá las dimensiones de Francia. Ese mismo año, Nigeria, con 411 millones de personas, será mucho más grande que Estados Unidos e igualará a la Unión Europea. Son las cunas, más que la covid, las que deciden el mundo de mañana.

Elena Faccia Serrano.

 

Seguir pensando sobre las exigencias éticas y políticas de la nueva economía

Salvador Bernal

photo_cameraDinero.

Recibo desde hace tiempo el blog de Antonio Argandoña sobre responsabilidad social y ética de la empresa. Aparte de difundir el criterio del autor, da noticia de artículos o libros de los que sin esa ayuda no llegaría a conocer. En la entrada del 14 de abril, escribe a propósito de un comentario de John Cochrane sobre unas declaraciones de Janet Yellen, la Secretaria del Tesoro de los Estados Unidos; sitúa el cambio climático como principal reto del sistema financiero norteamericano, y se pregunta: “¿Hemos perdido el norte en las empresas?”

La cuestión de fondo planteada por Cochrane es si las cuestiones relacionadas con el clima pueden ser más graves, en el sistema financiero, que una crisis de la deuda soberana, un pánico bancario, otra pandemia, una guerra, una revolución, la ruina de los cultivos en una parte del globo, el malestar social o un ciberataque…

En este campo, como en tantos otros, la propaganda política –imbuida con frecuencia por criterios de lo cada vez más políticamente impuesto- tiene el efecto quizá no deseado de cierta inicial desorientación de los ciudadanos, que acaba fraguando en la desconfianza profunda hacia sus dirigentes, porque no escuchan sus auténticos problemas. Argandoña hace ética, no cosmética, en lo que toca. De ahí su insistencia en que la primera responsabilidad –ética, social- de una entidad económica es resolver sus problemas de producción, ventas, financiación, estabilidad, plantilla y clientela.

Tiene razón Jérôme Fenoglio, director de Le Monde, al justificar en su editorial del 14 de abril, una nueva responsabilidad ante el desastre de Covid-19, cuando Francia se convertía en el octavo país del mundo en cruzar la barrera de los 100.000 muertos por la pandemia: el cuarto de Europa tras el Reino Unido, Italia y Rusia. En Francia, ha sido la epidemia más virulenta desde la gripe “española” de 1918.

Se comprenden las amplias medidas de protección social incluidas en los planes de emergencia adoptados por los gobiernos, con independencia de su orientación política, porque la inmensa mayoría de los ciudadanos anteponen la solidaridad a otras consideraciones. Fenoglio concluye que “en Francia, como en Estados Unidos, como en cualquier lugar, esta decisión implica una nueva responsabilidad: no conformarse con reparar los daños inmediatos de esta catástrofe, sino, mucho más allá, colmar las grietas que estas 100.000 muertes ponen de manifiesto en nuestra sociedad”.

Lo recordaba el papa Francisco en su carta a los participantes de la Reunión de Primavera 2021 del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, que se celebró on line del 5 al 11 de abril: un texto breve, pero muy significativo para entender las grandes líneas de la doctrina social de la Iglesia, actualizada ante circunstancias inéditas en documentos mucho más extensos –como la encíclica Fratelli Tutti, oportunamente citada-, así como los sueños del pontífice:

“Espero que vuestras discusiones contribuyan a un modelo de ‘recuperación’ capaz de generar soluciones nuevas, más inclusivas y sostenibles para apoyar la economía real, ayudando a los individuos y a las comunidades a alcanzar sus aspiraciones más profundas y el bien común universal. La noción de recuperación no puede contentarse con una vuelta a un modelo de vida económica y social desigual e insostenible, en el que una exigua minoría de la población mundial posee la mitad de la riqueza”.

Con razón, la prensa ha destacado las peticiones de Francisco, desde el espíritu de solidaridad mundial: “vacunas para todos” y “una reducción significativa de la carga de la deuda de las naciones más pobres, que se ha visto agravada por la pandemia. Reducir la carga de la deuda de tantos países y comunidades hoy en día, es un gesto profundamente humano que puede ayudar a las personas a desarrollarse, a tener acceso a las vacunas, a la salud, a la educación y al empleo”.

Como es lógico, el papa no propone soluciones inmediatas, pero recuerda que el compromiso con la solidaridad económica, financiera y social implica mucho más que “actos esporádicos de generosidad”. Por eso confía en el discernimiento de los altamente cualificados participantes en esa “reunión de primavera”, para llegar a soluciones acertadas hacia “un futuro en el que las finanzas estén al servicio del bien común, en el que los vulnerables y los marginados se sitúen en el centro, y en el que la tierra, nuestra casa común, esté bien cuidada”. 

 

 

¡QUIERO RESUCITAR!

Autora: MAGUI DEL MAR

La Dama Azteca de la Pluma de Oro

Poeta Mexicana.

(Pascua de Resurrección).

Acerquéme a tu tumba...silenciosa,

sabiendo que muy pronto no estarías

porque Tú prometiste, en esos días,

retomarías tu vida…¡Ya gloriosa!.

En tus palabras creo, Jesús amado,

ahí, tras esa losa, te percibo

y espero tu volver definitivo

a pesar de morir…crucificado.

Quiero resucitar también, Contigo…

quiero dejar atrás, todo lo viejo

y con el alma en paz, ser tu reflejo.

De todo lo pasado, yo me alejo,

quiero todo olvidar, mi dulce Amigo,

mas todo eso, sin Ti…¡no lo consigo!

Derechos Reservados.

 

MAGUI DEL MAR

La Dama Azteca de la Pluma de Oro

ruizrmagui@gmail.com

 

 

Espiritualidad atea B

Escrito por Mario Arroyo.

Puede haber ateos con espiritualidad, pero no una espiritualidad atea pues, en definitiva, sí es un oxímoron.

¿Puede existir una espiritualidad atea?, ¿no se trata más bien de un oxímoron? La tesis que sostiene este breve texto es que puede haber ateos con espiritualidad, pero no una espiritualidad atea pues, en definitiva, sí es un oxímoron. ¿Cómo compaginar ambos asertos?

La razón de que no pueda haber una espiritualidad atea descansa en el hecho de que el ateísmo usualmente lleva consigo una postura metafísica muy concreta: el materialismo. Es decir, sólo existe la materia. Dios se niega precisamente por no ser material, por no haber evidencia empírica, contrastable, experimentable de su existencia. Es decir, se niega a Dios por ser, en su sentido usual, una realidad espiritual, y para el materialista ese tipo de realidad no existe, es un invento de la imaginación humana. No existe Dios, ni los seres espirituales –comúnmente llamados ángeles- ni el alma humana en cuanto alma espiritual. Nada del hombre permanece después de su muerte, porque solamente es un ser material. Si acaso se admite el alma, esta no es espiritual, no subsiste después de la muerte, simplemente es un principio de orden del compuesto material, que al morir la persona se pierde, disgregándose los elementos que lo componían.

En la medida en que el materialismo va unido al ateísmo, la existencia de una espiritualidad atea no puede sino ser un oxímoron. El materialismo en cualquiera de sus acepciones: naturalismo, positivismo, cientificismo, secularismo, etc., es ateo y niega por ello la dimensión espiritual de la realidad. Todas esas visiones metafísicas son monistas, es decir, afirman que sólo existe una realidad, la material. El espíritu se define, negativamente, como aquello que no es material. La diferencia entre ambos es que lo material es corruptible, lo espiritual no; por ello, para el que acepta la existencia de la espiritualidad, Dios es eterno y el alma incorruptible; permanece íntegra después de la muerte del sujeto. La muerte es sencillamente la separación del cuerpo y el alma del individuo, comenzando a corromperse el cuerpo mientras permanece el alma. Para una visión atea, nada permanece, el individuo es su cuerpo, por ello no puede sostener una espiritualidad.

¿Por qué se afirma entonces que puede haber ateos con espiritualidad? En primer lugar, por ser un dato de experiencia. ¿No entra en contradicción esto con lo afirmado más arriba? No, simplemente se trata de ateos no muy coherentes con sus principios metafísicos materialistas. En realidad, es muy sencillo, aunque el ateo niegue que tiene alma espiritual, no por eso deja de tenerla, y en ese sentido tiene necesidades espirituales que debe satisfacer. No es fácil hacerlo, pues intenta simultáneamente, hacer compatibles sus necesidades espirituales reales con su negación teórica del alma espiritual.

¿Cómo logran satisfacer esa necesidad espiritual los ateos? De muchas formas, entre ellas, a través de una serie de prácticas, importadas del budismo y del hinduismo, desenraizadas de su origen religioso, como pueden ser el yoga o el mindfulness. En este sentido, el budismo ha ofrecido una alternativa espiritual al occidente cansado de las religiones, por tratarse de una religión atea, que no habla de Dios. Puede adoptarse como estilo de vida, sin la necesidad de admitir a un Dios ni a una realidad espiritual. El problema o el límite de tal aproximación atea a la espiritualidad, es que no llega a tocarla, la confunde con sucedáneos.

El mindfulness por ejemplo, como práctica de origen hindú separada de su matriz religiosa, que se ejercita en un contexto secular en occidente, ofrece excelentes resultados físicos, todos ellos tangibles, medibles, compatibles con el canon materialista de la realidad. Pero no toca la realidad espiritual o, mejor dicho, la confunde o la reduce a estados psicofísicos de paz y bienestar. El que quiera sostener una espiritualidad basada en el mindfulness, por ejemplo, confunde el ámbito emotivo sensible, con la realidad espiritual. La prueba más contundente de este aserto es que ofrece respuestas única y exclusivamente para el presente; pero nada dice del futuro. ¿Qué pasa con nuestro “yo” cuando llega la muerte? No hay respuesta. La auténtica espiritualidad, en cambio, afirma la permanencia del “yo” y de la conciencia personal del individuo. La espiritualidad no me ofrece solamente una sensación gratificante y de plenitud para el momento presente, sino también una respuesta para lo que sucede después de mi muerte; puede ofrecerla porque lo espiritual no es corruptible y es por ello trascendente.

 

 

Un plus que marca la diferencia

Por Prince Martínez / Blogs LaFamilia.info - 15.04.2021

¡Cuántas carreras profesionales se podrían mencionar! ¿Cuántas maestrías, doctorados y especializaciones podrías enumerar? Innumerables.

De todos esos jóvenes que se matriculan a estudiar en la Universidad, muchos tendrán como proyecto futuro casarse y formar una familia, pero muy pocos para no caer en el silogismo de decir ninguno, ¡piensan especializarse en una carrera que los prepare para ser un buen PAPÁ y/o MAMÁ!, sin prever que al final de los años, la familia constituye un valor importante, en los triunfos logrados.

Esto de ser padres de familia lo dejamos un poco al azar, a la intuición, a hacer lo que conocemos por lo que nuestros padres nos enseñaron.

Pero esto no es así, tenemos que prepararnos para ser papás y cumplir ese rol de manera profesional. De verdad que no existen recetas, ni manuales que indiquen que hacer en cada momento, pero si existen orientaciones que ayudan a tomar decisiones y a adoptar comportamientos apropiados. Muchas variables hay porque cada ser humano es único e irrepetible, pero repito, si hay comportamientos que se pueden detectar y reglas para conocer y seguir.

No porque mi época fuera mejor, pero si muy diferente a la actual, especialmente porque el ambiente era un apoyo educativo de los padres. ¡No existía la televisión ni el internet, menos los celulares! Tampoco edificios, ni conjuntos residenciales: El barrio y el vecindario. Todos los protagonistas del barrio, vecinos, empleados juntamente con los papás y el colegio, formaban parte de nuestra formación. Todos educaban, incluyendo las empleadas del hogar. Recuerdo que el que vendía los “popcicles” que pasaba tocando las campanitas de su carrito, nos regañaba si empujábamos a la amiga para ser la primera en ser atendida. El “sereno” con su silbido, como les llamaban a los vigilantes, que conocía a cada uno de los muchachos de la cuadra, contaba si se volaban la paredilla para entrar a la casa cuando llegaban muy tarde.

Ahora, como entonces, los hijos son hijos de papá y mamá, pero también ¡hijos del mundo! Como hijos del mundo, tenemos que incluir todos los actores que están involucrados en el lugar donde vivimos actualmente: Un mundo apasionante, lleno de inventos, cambiante a un ritmo acelerado. Un mundo diría yo ¡alucinante! Que genera unos padres que deben moverse al ritmo de lo que se está viviendo.

Hay muchísimos recursos porque siempre en todas las épocas de la historia surgen las dificultades, pero a la vez las respuestas y bondades para asumirlas.

A modo de conclusión les dejo unos tips sencillos para trabajar en el hogar con los hijos:

Incorporar a cada hijo en las responsabilidades de la casa
Desde pequeños que tengan un encargo que cumplir. Así se darán cuenta que deben ser útiles a los demás. Confiando en que lo harán muy bien. A modo de ejemplo para los más pequeños, apagar una luz de una de las estancias de la casa antes de irse a dormir. Otro para uno más grandecito, lavar el carro, poner la mesa, limpiar sus zapatos…

El uso del dinero
El dinero es un instrumento al servicio del hombre, más sin duda, puede esclavizarlo poniendo al hombres al servicio del dinero en lugar de que el dinero esté al servicio de la persona.
Dales menos dinero del que necesiten para que lo valoren, fomenta el ahorro, que lo ganen a través de un trabajo en vacaciones…

Ofrecerles generosamente nuestro tiempo
Tener tiempo para escucharlos, jugar y compartir con ellos sus anhelos, inquietudes… Consejo oportuno.

Educar la afectividad
Esto va intrínsecamente relacionado con la educación de su sexualidad. Adelantarse para llegar a tiempo y no después de que en la calle hayan aprendido el significado del amor de manera distorsionada.

***

 

Prince Martínez
Tulia Martínez de Barrios, más conocida como “La Prince” es Orientadora Familiar de la Universidad de la Sabana y Universidad de Navarra (España). Fundadora de los colegios de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen en Cartagena, Colombia. Asesora y consultora en temas de dirección, administración y gestión de la educación.

 

El Año de la Familia

La doctrina y la praxis cristianas se apoyan en el amor: desde el Génesis o el Cantar de los cantares, hasta el Evangelio y los primeros cristianos, con ejemplos inolvidables en los grandes místicos –entre nosotros, Teresa de Jesús y Juan de la Cruz- y en tantos santos contemporáneos. Es uno de los fundamentos de la alegría, rasgo inseparable de la vida de fe, aun en momentos de dolor o incertidumbre. Lo hemos palpado durante catorce meses ya de pandemia. Como sabíamos antes, en los países latinos no había estallado la revolución, porque la familia era inesperado pero seguro refugio del galopante desempleo juvenil.

 

Amoris laetitia ayuda a profundizar en la belleza gozosa de la familia, para darla a conocer y vivir sus exigencias con buen ánimo. En cierto modo, es un gran manual para superar con éxito la asignatura pendiente de difundir las ‘magnalia Dei’, las maravillas que darán a una civilización quizá cansada una nueva esperanza.

 

Además, para los católicos, el Año de la Familia se solapa hasta la fiesta de la Inmaculada con el de san José, que comenzó en diciembre pasado. Como ha escrito Mons. Fernando Ocáriz, “esta coincidencia puede ser una ocasión para acudir especialmente a la intercesión del santo Patriarca, para que cuide nuestras familias y las de todo el mundo, y también para que muchos jóvenes descubran la belleza de emprender la vida matrimonial, conscientes además de la misión evangelizadora de la familia cristiana”.

 

Jesús Domingo Martínez

 

 

Educación de los hijos

Hace aproximadamente un mes, con motivo de la festividad de San José aproveché para releer la exhortación apostólica Amoris Laetitia, con la que el Papa Francisco nos invita a reflexionar sobre los más diversos frentes que se le planean a la familia en un tiempo convulso fruto de la posmodernidad. Y como sigue tristemente sobre la mesa el debate público de la nueva Ley de Educación propuesta por la ministra Celáa, norma restrictiva de los derechos y libertades, llama especialmente la atención la claridad con la que la Iglesia nos recuerda tres principios fundamentales para los padres, hoy puestos constantemente en entredicho.

Uno, el primero, es casi de cajón, pero la sociedad se empeña en ocultarlo: el amor conyugal que, además, está abierto a la vida, fruto de esa entrega de hombre y mujer el uno por el otro. No son buenos tiempos para el amor. La sociedad de la “hiperfelicidad” ha con fundido los fines últimos de la persona, que cada vez se vuelve más egoísta en una búsqueda perpetua de lo que cree felicidad y es en realidad alegría momentánea o placer efímero. Y como el matrimonio no es un camino de rosas, aunque sea camino feliz, uno de los primeros aspectos en el que ya no confiamos es el amor “para siempre”.

Juan García. 

 

Para que sean libres

Es curioso, porque nadie duda del “amor para siempre” de un padre con sus hijos, así sea el padre, así sean los hijos, o incluso del “amor para siempre” entre buenos amigos. Pero parece que no se estila el amor para siempre entre los esposos y el más mínimo roce de convivencia es razón suficiente para plantear que se ha acabado el amor, que cada uno tiene “derecho a ser feliz” y que será mejor que sigan “caminos diferentes” aunque acaben de destrozar el camino común de la familia.

Otro punto importante es el que aborda el Papa en el punto 11 de la exhortación apostólica Amoris Laetitia y explica que la familia es la transmisora de ese conjunto de valores, de virtudes, de juicios que permiten distinguir el bien del mal. Pero eso tampoco está de moda, de forma que muchas familias, con un miedo atroz a ser acusadas de adoctrinamiento, dejan a sus pobres párvulos sin una guía clara de por dónde se deben mover cuando lleguen a la complicada vida adulta. La consecuencia es que unos hijos sin una educación firme en los criterios fundamentales de la vida son más fáciles de manipular y correrán más riesgo de caer en cosmovisiones que les acabarán haciendo daño a largo plazo. Ese relativismo hace mella en su ser y lo bueno y lo malo se desdibujan para adquirir contornos intercambiables.

El error radica en una actitud un tanto soberbia y egocéntrica de muchos padres extraordinariamente protectores que piensan que siempre estarán ahí ante el peligro que acecha. Pero nos recuerda la Amoris Laetitia que “los hijos no son una propiedad de la familia, sino que tienen por delante su propio camino de vida” de modo que nuestra tarea como padres es formarlos para que estén preparados. Por eso es tan importante que eduquemos en libertad. Esto pasa por que los padres podamos elegir libremente el tipo de educación que queremos para nuestros hijos, y también por que les traslademos los valores y principios en los que creemos y confiemos en que, incluso con caídas, serán capaces de ponerlos en el centro de sus propias vidas, para así elegir lo bueno, lo bello y lo verdadero en un mundo que es un bazar de relativismo que brilla falsamente como una baratija.

Domingo Martínez Madrid

 

Los hombres nos perdemos un poco

Los hombres nos perdemos un poco en medio de todos los acontecimientos que acompañan nuestro vivir. Llenamos nuestra mente y nuestro corazón de pequeñas ilusiones, de diferentes trabajos, de deseos preciosos y también banales, luchas e intereses políticos, económicos, culturales, etc.,  con las que pretendemos llenar nuestro “egos”; y disposiciones de servir a los demás con las que anhelamos saciar nuestro afán de amar a los demás.

La Iglesia tiene la misión de ayudarnos a elevar nuestra mirada, y recordarnos la venida del Hijo de Dios a la tierra, y anunciarnos la vida eterna que esperamos cuando el curso de nuestra vida se acabe en la tierra, con la muerte, y siga otros caminos más allá del tiempo y del espacio. Por eso Jesús, Cristo, envió a los apóstoles y a los discípulos a ir por el mundo entero anunciando su Nombre, que es el mejor servicio de amor que podemos hacer por los demás:   "Así está escrito: que el Cristo tiene que padecer y resucitar de entre los muertos. y que se predique en su nombre la conversión para el perdón de pecados en todas las gentes, comenzando desde Jerusalén." (Lucas 24, 46-47).

"Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos." (Hechos de los Apóstoles 4.12).

JD Mez Madrid

 

Dios, creyentes, ateos, agnósticos

 

                          Dios es la palabra más misteriosa que a mi entender, pudo imaginar “el mono humano”, para definir “algo” indefinible y que sigue sin serlo, pese a los innumerables nombres “o sonidos”, con que en las diferentes lenguas o lenguajes, del ser humano lo ha intentado. Pero “el hecho sigue” y está ahí a la vista de todo el que la tiene, o incluso el tacto y los otros sentidos que aún tiene el ciego o invidente; con los que todo el que mueva un poco “su caletre”, puede encontrar a ese Dios invisible, dentro de la inmensidad de lo que se le atribuye es su Creación; puesto que a mi entender, “nadie ha visto a Dios, pese a lo que nos digan los relatos más o menos fantásticos, que las religiones han ido difundiendo para irrogarse una paternidad igualmente misteriosa, puesto que esa es la verdad indiscutible; no sabemos nada de Dios, salvo el saber que existe, como lo demuestra su inabarcable obra, puesto que esa es la única verdad que considero no es discutible, “si existe la Creación es por que existió su Creador, la nada es nada, y de la nada y por casualidad, nada surge de la nada; sí por el contrario, si en vez de casualidad, fue causalidad; o sea y concluyendo, que todo lo que no es obra de ningún ser mortal, es obra de esa inmortalidad que consideramos es la Creación; la que por la lógica de un inconmesurable “mecanismo de funcionamiento”, no la concibo como, una “asociación de casualidades, sino más bien, como una bien ordenada serie de causalidades, que encadenadas, lograron ese “todo”, donde nos debatimos, todos los que ni sabemos, el por qué y el para qué, nos pusieron aquí, a padecer más que a gozar de la vida.

                                ¿Qué ese Dios quiera la adoración de sus criaturas? Nadie puede asegurarlo, puesto que es de entender, que; “nadie pudo ver y menos hablar con Dios”; más bien puedo imaginar, que lo que pudiera querer, si es que algo quiere, es que se respete y cuide su Creación; si bien, Él, destruye y crea a su inescrutable capricho, y de ello, lo estamos viendo constantemente, puesto que no sólo en este pequeño planeta, sino, en todo el Universo, es una inconmensurable máquina, siempre en movimiento, “creador y destructor de sus cuerpos, por inmensos que sean”; en cuanto al “mono humano”, considerado en el plano en que vivimos; insignificante planetario; ese mono o ser humano, es “la criatura más inteligente que aquí ha creado El Creador o su Creación”; aunque si valoramos la inteligencia de este “singular animal que piensa y obra”, hay que echarse a llorar, viendo lo que ha realizado a lo largo de la historia, que de él, conocemos; y más concretamente, en el transcurso de la vida, que como “semejantes” hemos compartido en este pequeño y variadísimo planeta, que incluso sin el hombre; seguro que funcionaría mucho mejor que con la plaga que el mismo significamos por cuanto lo hemos trasformado, degenerando y destruyendo su ser.

                                “Navego hoy en estos insondables y abisales pensamientos, puesto que acabo de ver y leer en una revista (XLSEMANAL) unos especímenes, horribles en su apariencia física, procedentes de  las profundidades marinas del Pacífico, y los que aumentados y retratados fielmente, gracias a los modernísimos microscopios con que hoy cuenta la técnica, muestran su horrible “belleza”; asegurándonos de que estos “bichos”, existen a millones, en lugares donde ni llega el reflejo de la luz solar, que como sabemos, es la que produce la vida en este planeta; lo que nos dice igualmente que en general, “todo es un misterio” y del que no sabemos apenas nada, “del, qué y el por qué; así el cómo para qué, nos sirve  o va a servir”.

                                Así es que como creyente (imaginando que todo el que piense un poco obrará de forma similar) creo en Dios, por cuanto “Su Obra” me da testimonio de que existe. Dudo que existan ateos en el mundo, puesto que “si mueven un poquito, muy poco, su caletre”, fácilmente llegarán a mis deducciones; al fanático, simplemente compadecerlo, puesto que lo sepa o no, es un simple juguete en manos de otros mucho más listos que él, puesto que de él viven; y de los agnósticos (que si bien hablaron y escribieron de los dioses, pero siempre anteponiendo a un Dios único y principal, Creador de la obra donde vivieron y se realizaron) puesto que somos creyentes en ese Dios, o en esa Fuerza, “creadora destructora”, pero no en las parafernalias religiosas y mucho menos; en las fanáticas, que tanto daño hicieron y siguen haciendo en todas las agrupaciones humanas, donde logran imponerse transformando al hombre en un ser sin personalidad y como juguete o esclavo de “sus dioses”.

                                La religión entendida por los sabios antiguos, la valoraron, como un conjunto de saberes tras infinitas deducciones, de principios y normas, para procurar vivir mucho mejor y más pacíficamente el género humano, integrado en La Creación.

                                Por mi parte y respetando toda creencia que respete las mías; que cada cual, “busque a su Dios como mejor entienda debe hacerlo… y allá cada cual”; mi resumen religioso y político (que en realidad ambas cosas van unidas o son lo mismo) es el siguiente:

LA FILOSOFÍA, LA RELIGIÓN y LA POLÍTICA: No hagas a nadie nada que no quieras que a ti te hagan, sea a un ser humano, un animal o una planta; incluso a la tierra, el mar y resto de aguas que frecuentas, incluido el aire que respiras; y que fue lo que te dio la vida; si así lo haces, notarás un estado de bienestar que ni te lo imaginas.

                                Y si piensas en profundidad, y pudieras tú dar a tus seres queridos, más vida y cuantos bienes y felicidades pudieras… ¿se los negarías? Piensa pues, que si desciendes de ese Dios o Fuerza que te dá junto a la vida, ese sentimiento; lógico que Él, lo poseerá en mucho mayor grado que tú; y que por lógica, te lo tendrá reservado, así es que espera, aguanta y espera; “que todo llegará y lo que tiene que ser, será”: Amén.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes