Las Noticias de hoy 16 Mayo 2020

Enviado por adminideas el Sáb, 16/05/2020 - 12:49

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 16 de mayo de 2020   

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

Mensaje del Papa para la 106ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

Carta de Benedicto XVI en el centenario de Juan Pablo II

SANTO ROSARIO: Francisco Fernandez Carbajal

“Acude con confianza a la Virgen”: San Josemaria

Mensaje del Prelado (15 mayo 2020)

México, 1970: 50 años de la súplica de un hijo a su Madre

Os he llamado amigos (I): ¿Dios tiene amigos?: Giulio Maspero y Andrés Cárdenas

¿No estoy aquí que soy tu Madre?​: meditación de San Rafael (16.V.2020)​

Comentario al Evangelio: Paráclito

Voluntarios del amor de Dios: Ernesto Juliá

Laicidad y laicismo: Daniel Tirapu 

La soledad, una nueva epidemia mundial: Lucía Legorreta  

Jesús maestro: Silvia del Valle.

La Universidad presenta un plan frente al Covid19 para el curso 2020/21

Estudian el uso de la ivermectina para disminuir la transmisión del COVID-19: Clínica Universidad de Navarra

La magnitud de la pandemia: Enric Barrull Casals

No un subsidio permanente: Suso do Madrid

De la España vacía: Domingo Martínez Madrid

 Han vuelto a rezar el Padrenuestro: Jesús Martínez Madrid

Dos opuestos: Para mí admirables en política:  Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Viernes, 15 de mayo de 2020

https://youtu.be/P3fiEHiQGpk
 
Monición de entrada

Hoy es la Jornada mundial de la familia: recemos por las familias, para que crezca en las familias el espíritu del Señor, el espíritu de amor, de respeto, de libertad.

 Homilía

En el Libro de los Hechos de los Apóstoles vemos que en la Iglesia, al inicio, había tiempos de paz, lo dice muchas veces: la Iglesia crecía en paz y el Espíritu del Señor se difundía; tiempos de paz (cfr. Hch 9,31). Y también había tiempos de persecución, comenzando por la persecución de Esteban (cfr. Hch 7,59), luego Pablo perseguidor, convertido, y después también él perseguido (cfr. Hch 13,50)… Tiempos de paz, tiempos de persecuciones, y también había tiempos de desconcierto. Y ese es el tema de la primera lectura de hoy: un tiempo de desconcierto. Escriben los apóstoles a los cristianos que han venido del paganismo: «Habiéndonos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alborotado con sus palabras, desconcertando vuestros ánimos» (At 15,24).
 
¿Qué había pasado? Los cristianos que provenían de los paganos creyeron en Jesucristo y recibieron el bautismo, y estaban felices: recibieron el Espíritu Santo. Del paganismo al cristianismo, sin ninguna etapa intermedia. En cambio, los que se llaman“judaizantes”, sostenían que eso no se podía hacer. Si uno era pagano, primero tenía que hacerse hebreo, un buen judío, y luego hacerse cristiano, para estar en la línea de la elección del pueblo de Dios. Y aquellos cristianos no entendían esto: “Pero cómo, ¿somos cristianos de segunda clase? ¿No se puede pasar del paganismo directamente al cristianismo? ¿Acaso la Resurrección de Cristo no disolvió la antigua ley y la llevó a una plenitud aún más grande?”. Estaban desconcertados y había muchas discusiones entre ellos. Los que querían eso eran personas que, con argumentos pastorales, argumentos teológicos, incluso algunos morales, sostenían que no: que se debía dar el paso así. Y esto ponía en tela de juicio la libertad del Espíritu Santo, y también la gratuidad de la Resurrección de Cristo y de la gracia. Eran metódicos y también rígidos. De ellos, Jesús había dicho, de sus maestros, de los doctores de la Ley: “Ay de vosotros que recorréis cielo y mar para hacer un prosélito y cuando lo encontráis lo hacéis peor que antes. Lo hacéis hijo de la Gehena”. Más o menos así dice Jesús en el capítulo 23 de Mateo (cfr. v. 15). Esa gente, que era “ideológica” –más que “dogmática”, era “ideológica”– había reducido la Ley, el dogma a una ideología y “hay que hacer esto, y esto, y esto”: una religión de prescripciones, y con eso quitaban la libertad al Espíritu. Y la gente que les seguía era gente rígida, gente que no se sentía a gusto, no conocía la alegría del Evangelio. La perfección del camino para seguir a Jesús era la rigidez: “Hay que hacer esto, esto, esto, esto…”. Esa gente, esos doctores “manipulaban” las conciencias de los fieles, o los volvían rígidos… o se iban.
 
Por eso, yo me repito tantas veces, y digo que la rigidez no es de buen espíritu, porque cuestiona la gratuidad de la Redención, la gratuidad de la Resurrección de Cristo. Y eso es algo viejo: durante la historia de la Iglesia, esto se ha repetido. Pensemos en los pelagianos, en esos rígidos famosos. Y también en nuestros tiempos hemos visto algunas organizaciones apostólicas que parecían muy bien organizadas, que trabajaban bien… pero todos rígidos, todos iguales uno al otro, y luego hemos sabido de la corrupción que había dentro, incluso en los fundadores.
 
Donde hay rigidez no está el Espíritu de Dios, porque el Espíritu de Dios es libertad. Y esa gente quería dar pasos quitando la libertad del Espíritu de Dios y la gratuidad de la Redención: “Para ser justificado, debes hacer esto, esto, esto, esto…”. ¡La justificación es gratuita! ¡La muerte y la Resurrección de Cristo son gratuitas! No se paga, no se compra: ¡es un don! Y estos no querían hacer eso.
 
Es bonito lo que leemos: los apóstoles se reúnen en ese concilio y al final escriben una carta que empieza así: «Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables» (Hch 15,28), y ponen unas obligaciones más morales, de sentido común: no confundir el cristianismo con el paganismo, absteniéndose de las carnes sacrificadas a los ídolos, etc. Y al final, esos cristianos que estaban desconcertados, reunidos en asamblea recibieron la carta y «al leerla, se alegraron mucho por aquellas palabras alentadoras» (v. 31). Del desconcierto a la alegría. El espíritu de rigidez siempre te lleva al malestar: “¿Esto lo he hecho bien? ¿No lo he hecho bien?”. El escrúpulo. El espíritu de libertad evangélica te lleva a la alegría, porque es eso lo que Jesús hizo con su Resurrección: ¡trajo la alegría! El trato con Dios, el trato con Jesús no se basa en “hacer cosas”: “Yo hago esto y Tú me das esto”. Un trato –que el Señor me perdone– comercial: ¡no! Es gratuito, como es gratuito el trato de Jesús con los discípulos. «Vosotros sois mis amigos» (Jn 15,14). “Ya no os llamo siervos, os llamo amigos” (cfr. Jn 15,15). «No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros» (Jn 15,16): eso es la gratuidad.
 
Pidamos al Señor que nos ayude a discernir los frutos de la gratuidad evangélica de los frutos de la rigidez no-evangélica, y que nos libre de toda molestia de los que ponen la fe, la vida de la fe bajo prescripciones casuísticas, prescripciones que no tienen sentido. Me refiero a las prescripciones que no tienen sentido, no a los Mandamientos. Que nos libre de ese espíritu de rigidez que te quita la libertad.

 Comunión espiritual

A tus pies, Jesús mío, me postro y te ofrezco el arrepentimiento de mi corazón contrito que se abaja en su nada y en tu santa presencia. Te adoro en el Sacramento de tu amor, la inefable Eucaristía. Deseo recibirte en la pobre morada que te ofrece mi corazón. En espera de la felicidad de la comunión sacramental, quiero poseerte en espíritu. Ven a mí, Jesús mío, que yo voy a ti. Que tu amor inflame todo mi ser, en la vida y en la muerte. Creo en ti, espero en ti, te amo. 

 

 

Mensaje del Papa para la 106ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

Dedicado a los desplazados internos

MAYO 15, 2020 11:33LARISSA I. LÓPEZPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 15 mayo 2020).- La Oficina de Prensa de la Santa Sede ha difundido hoy el mensaje del Santo Padre para la 106ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebrará el 27 de septiembre de 2020.

El documento, titulado “Como Jesucristo, obligados a huir. Acoger, proteger, promover e integrar a los desplazados internos” ha sido presentado también en este día en una rueda de prensa.

Francisco remite en su mensaje a las “Orientaciones Pastorales sobre Desplazados Internos”, recientemente publicadas por la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral: “Un documento que desea inspirar y animar las acciones pastorales de la Iglesia en este ámbito concreto”.

Drama de los desplazados internos

Es por ello que decidió dedicar este Mensaje “al drama de los desplazados internos, un drama a menudo invisible, que la crisis mundial causada por la pandemia del COVID-19 ha agravado” y lo extiende “a todos los que han experimentado y siguen aún hoy viviendo situaciones de precariedad, de abandono, de marginación y de rechazo a causa del COVID-19”.

El Papa recuerda la escena de la huida de Egipto en la que la Sagrada Familia experimentó “la trágica condición de desplazado y refugiado”, “marcada por el miedo, la incertidumbre, las incomodidades”, trasladándola a la realidad actual de las familias de migrantes y refugiados: “Estamos llamados a reconocer en sus rostros el rostro de Cristo, hambriento, sediento, desnudo, enfermo, forastero y encarcelado, que nos interpela (cf. Mt 25,31-46). Si lo reconocemos, seremos nosotros quienes le agradeceremos el haberlo conocido, amado y servido”.

Así, considera que los desplazados internos ofrecen “esta oportunidad de encuentro con el Señor” y se trata “de un reto pastoral al que estamos llamados a responder con los cuatro verbos que señalé en el mensaje para esta misma Jornada en 2018: acoger, proteger, promover e integrar”. De este modo, el Pontífice añade “otras seis parejas de verbos, que se corresponden a acciones muy concretas, vinculadas entre sí en una relación de causa-efecto”.

Conocer y comprender, hacerse prójimo para servir

En primer lugar, es necesario “conocer para comprender”, pues “cuando hablamos de migrantes y desplazados, nos limitamos con demasiada frecuencia a números. ¡Pero no son números, sino personas! Si las encontramos, podremos conocerlas. Y si conocemos sus historias, lograremos comprender”.

Después, “hay que hacerse prójimo para servir”, explica el Obispo de Roma: “Los miedos y los prejuicios —tantos prejuicios—, nos hacen mantener las distancias con otras personas y a menudo nos impiden ‘acercarnos como prójimos’ y servirles con amor”. Pero, acercarse al prójimo “significa, a menudo, estar dispuestos a correr riesgos, como nos han enseñado tantos médicos y personal sanitario en los últimos meses” y el ejemplo más grande “nos lo dejó Jesús cuando lavó los pies de sus discípulos: se quitó el manto, se arrodilló y se ensució las manos (cf. Jn 13,1-15)”.

Escuchar para reconciliarse, compartir para crecer

“Para reconciliarse se requiere escuchar”, continúa. En la actualidad “se multiplican los mensajes, pero se está perdiendo la capacidad de escuchar” y “solo a través de una escucha humilde y atenta podremos llegar a reconciliarnos de verdad”. Gracias a esta escucha, “tenemos la oportunidad de reconciliarnos con el prójimo, con tantos descartados, con nosotros mismos y con Dios, que nunca se cansa de ofrecernos su misericordia”.

En cuarto lugar, el Santo Padre remarca que “para crecer hay que compartir”, pues, es preciso “aprender a compartir para crecer juntos, sin dejar fuera a nadie. La pandemia nos ha recordado que todos estamos en el mismo barco”. “Darnos cuenta que tenemos las mismas preocupaciones y temores comunes, nos ha demostrado, una vez más, que nadie se salva solo” y que para crecer realmente, “debemos crecer juntos, compartiendo lo que tenemos”.

Involucar para promover, colaborar para construir

El Papa sostiene también que “se necesita involucrar para promover”. A veces, “el impulso de servir a los demás nos impide ver sus riquezas”, no obstante, si queremos realmente promover a las personas a quienes ofrecemos asistencia, “tenemos que involucrarlas y hacerlas protagonistas de su propio rescate”.

De este modo, remarca que de deben “motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad” (Meditación en la Plaza de San Pedro, 27 marzo 2020).

Por último, Francisco subraya que es “indispensable colaborar para construir. La construcción del Reino de Dios, compromiso común de todos los cristianos, “requiere que aprendamos a colaborar, sin dejarnos tentar por los celos, las discordias y las divisiones”.

Y en el actual contexto, “es necesario reiterar que: ‘Este no es el tiempo del egoísmo (…)’, (Mensaje Urbi et Orbi, 12 abril 2020)” y para preservar la casa común y que esta se parezca, cada vez más, al plan original de Dios, “debemos comprometernos a garantizar la cooperación internacional, la solidaridad global y el compromiso local, sin dejar fuera a nadie”.

A continuación, sigue el mensaje completo del Papa Francisco.

***

Mensaje del Santo Padre

A principios de año, en mi discurso a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, señalé entre los retos del mundo contemporáneo el drama de los desplazados internos: “Las fricciones y las emergencias humanitarias, agravadas por las perturbaciones del clima, aumentan el número de desplazados y repercuten sobre personas que ya viven en un estado de pobreza extrema. Muchos países golpeados por estas situaciones carecen de estructuras adecuadas que permitan hacer frente a las necesidades de los desplazados” (9 enero 2020).

La Sección Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral ha publicado las “Orientaciones Pastorales sobre Desplazados Internos” (Ciudad del Vaticano, 5 mayo 2020) un documento que desea inspirar y animar las acciones pastorales de la Iglesia en este ámbito concreto.

Por ello, decidí dedicar este Mensaje al drama de los desplazados internos, un drama a menudo invisible, que la crisis mundial causada por la pandemia del COVID-19 ha agravado. De hecho, esta crisis, debido a su intensidad, gravedad y extensión geográfica, ha empañado muchas otras emergencias humanitarias que afligen a millones de personas, relegando iniciativas y ayudas internacionales, esenciales y urgentes para salvar vidas, a un segundo plano en las agendas políticas nacionales. Pero “este no es tiempo del olvido. Que la crisis que estamos afrontando no nos haga dejar de lado a tantas otras situaciones de emergencia que llevan consigo el sufrimiento de muchas personas” (Mensaje Urbi et Orbi, 12 abril 2020).

A la luz de los trágicos acontecimientos que han caracterizado el año 2020, extiendo este Mensaje, dedicado a los desplazados internos, a todos los que han experimentado y siguen aún hoy viviendo situaciones de precariedad, de abandono, de marginación y de rechazo a causa del COVID-19.

Quisiera comenzar refiriéndome a la escena que inspiró al papa Pío XII en la redacción de la Constitución Apostólica Exsul Familia (1 agosto 1952). En la huida a Egipto, el niño Jesús experimentó, junto con sus padres, la trágica condición de desplazado y refugiado, “marcada por el miedo, la incertidumbre, las incomodidades (cf. Mt 2,13-15.19-23). Lamentablemente, en nuestros días, millones de familias pueden reconocerse en esta triste realidad. Casi cada día la televisión y los periódicos dan noticias de refugiados que huyen del hambre, de la guerra, de otros peligros graves, en busca de seguridad y de una vida digna para sí mismos y para sus familias” (Ángelus, 29 diciembre 2013). Jesús está presente en cada uno de ellos, obligado —como en tiempos de Herodes— a huir para salvarse. Estamos llamados a reconocer en sus rostros el rostro de Cristo, hambriento, sediento, desnudo, enfermo, forastero y encarcelado, que nos interpela (cf. Mt 25,31-46). Si lo reconocemos, seremos nosotros quienes le agradeceremos el haberlo conocido, amado y servido.

Los desplazados internos nos ofrecen esta oportunidad de encuentro con el Señor, “incluso si a nuestros ojos les cuesta trabajo reconocerlo: con la ropa rota, con los pies sucios, con el rostro deformado, con el cuerpo llagado, incapaz de hablar nuestra lengua” (Homilía, 15 febrero 2019). Se trata de un reto pastoral al que estamos llamados a responder con los cuatro verbos que señalé en el Mensaje para esta misma Jornada en 2018: acoger, proteger, promover e integrar. A estos cuatro, quisiera añadir ahora otras seis parejas de verbos, que se corresponden a acciones muy concretas, vinculadas entre sí en una relación de causa-efecto.

Es necesario conocer para comprender. El conocimiento es un paso necesario hacia la comprensión del otro. Lo enseña Jesús mismo en el episodio de los discípulos de Emaús: “Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo” (Lc 24,15-16). Cuando hablamos de migrantes y desplazados, nos limitamos con demasiada frecuencia a números. ¡Pero no son números, sino personas! Si las encontramos, podremos conocerlas. Y si conocemos sus historias, lograremos comprender. Podremos comprender, por ejemplo, que la precariedad que hemos experimentado con sufrimiento, a causa de la pandemia, es un elemento constante en la vida de los desplazados.

Hay que hacerse prójimo para servir. Parece algo obvio, pero a menudo no lo es. “Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó” (Lc 10,33-34). Los miedos y los prejuicios —tantos prejuicios—, nos hacen mantener las distancias con otras personas y a menudo nos impiden “acercarnos como prójimos” y servirles con amor. Acercarse al prójimo significa, a menudo, estar dispuestos a correr riesgos, como nos han enseñado tantos médicos y personal sanitario en los últimos meses. Este estar cerca para servir, va más allá del estricto sentido del deber. El ejemplo más grande nos lo dejó Jesús cuando lavó los pies de sus discípulos: se quitó el manto, se arrodilló y se ensució las manos (cf. Jn 13,1-15).

Para reconciliarse se requiere escuchar. Nos lo enseña Dios mismo, que quiso escuchar el gemido de la humanidad con oídos humanos, enviando a su Hijo al mundo: “Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él […] tenga vida eterna” (Jn 3,16-17). El amor, el que reconcilia y salva, empieza por una escucha activa. En el mundo de hoy se multiplican los mensajes, pero se está perdiendo la capacidad de escuchar. Sólo a través de una escucha humilde y atenta podremos llegar a reconciliarnos de verdad. Durante el 2020, el silencio se apoderó por semanas enteras de nuestras calles. Un silencio dramático e inquietante, que, sin embargo, nos dio la oportunidad de escuchar el grito de los más vulnerables, de los desplazados y de nuestro planeta gravemente enfermo. Y, gracias a esta escucha, tenemos la oportunidad de reconciliarnos con el prójimo, con tantos descartados, con nosotros mismos y con Dios, que nunca se cansa de ofrecernos su misericordia.

Para crecer hay que compartir. Para la primera comunidad cristiana, la acción de compartir era uno de sus pilares fundamentales: “El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma: nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía, pues lo poseían todo en común” (Hch 4,32). Dios no quiso que los recursos de nuestro planeta beneficiaran únicamente a unos pocos. ¡No, el Señor no quiso esto! Tenemos que aprender a compartir para crecer juntos, sin dejar fuera a nadie. La pandemia nos ha recordado que todos estamos en el mismo barco. Darnos cuenta que tenemos las mismas preocupaciones y temores comunes, nos ha demostrado, una vez más, que nadie se salva solo. Para crecer realmente, debemos crecer juntos, compartiendo lo que tenemos, como ese muchacho que le ofreció a Jesús cinco panes de cebada y dos peces… ¡Y fueron suficientes para cinco mil personas! (cf. Jn 6,1-15).

Se necesita involucrar para promover. Así hizo Jesús con la mujer samaritana (cf. Jn 4,1-30). El Señor se acercó, la escuchó, habló a su corazón, para después guiarla hacia la verdad y transformarla en anunciadora de la buena nueva: “Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?” (v. 29). A veces, el impulso de servir a los demás nos impide ver sus riquezas. Si queremos realmente promover a las personas a quienes ofrecemos asistencia, tenemos que involucrarlas y hacerlas protagonistas de su propio rescate. La pandemia nos ha recordado cuán esencial es la corresponsabilidad y que sólo con la colaboración de todos —incluso de las categorías a menudo subestimadas— es posible encarar la crisis. Debemos “motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad” (Meditación en la Plaza de San Pedro, 27 marzo 2020).

Es indispensable colaborar para construir. Esto es lo que el apóstol san Pablo recomienda a la comunidad de Corinto: “Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo Sentir” (1 Co 1,10). La construcción del Reino de Dios es un compromiso común de todos los cristianos y por eso se requiere que aprendamos a colaborar, sin dejarnos tentar por los celos, las discordias y las divisiones. Y en el actual contexto, es necesario reiterar que: “Este no es el tiempo del egoísmo, porque el desafío que enfrentamos nos une a todos y no hace acepción de personas” (Mensaje Urbi et Orbi, 12 abril 2020). Para preservar la casa común y hacer todo lo posible para que se parezca, cada vez más, al plan original de Dios, debemos comprometernos a garantizar la cooperación internacional, la solidaridad global y el compromiso local, sin dejar fuera a nadie.

Quisiera concluir con una oración sugerida por el ejemplo de san José, de manera especial cuando se vio obligado a huir a Egipto para salvar al Niño.

Padre, Tú encomendaste a san José lo más valioso que tenías: el Niño Jesús y su madre, para protegerlos de los peligros y de las amenazas de los malvados.

Concédenos, también a nosotros, experimentar su protección y su ayuda. Él, que padeció el sufrimiento de quien huye a causa del odio de los poderosos, haz que pueda consolar y proteger a todos los hermanos y hermanas que, empujados por las guerras, la pobreza y las necesidades, abandonan su hogar y su tierra, para ponerse en camino, como refugiados, hacia lugares más seguros.

Ayúdalos, por su intercesión, a tener la fuerza para seguir adelante, el consuelo en la tristeza, el valor en la prueba.

Da a quienes los acogen un poco de la ternura de este padre justo y sabio, que amó a Jesús como un verdadero hijo y sostuvo a María a lo largo del camino.

Él, que se ganaba el pan con el trabajo de sus manos, pueda proveer de lo necesario a quienes la vida les ha quitado todo, y darles la dignidad de un trabajo y la serenidad de un hogar.

Te lo pedimos por Jesucristo, tu Hijo, que san José salvó al huir a Egipto, y por intercesión de la Virgen María, a quien amó como esposo fiel según tu voluntad. Amén.

Roma, San Juan de Letrán, 13 de mayo de 2020, Memoria de la Bienaventurada Virgen María de Fátima.

FRANCISCO

© Librería Editorial Vaticano

 

Carta de Benedicto XVI en el centenario de Juan Pablo II

El mensaje del santo sobre la misericordia

MAYO 15, 2020 14:07LARISSA I. LÓPEZBENEDICTO XVIJUAN PABLO II

(zenit – 15 mayo 2020).- “A lo largo de su vida, el papa buscó apropiarse subjetivamente del centro objetivo de la fe cristiana, que es la doctrina de la salvación, y ayudar a otros a apropiarse de ella. A través de Cristo resucitado, la misericordia de Dios es para cada individuo”, destaca Benedicto XVI sobre el mensaje de Juan Pablo II.

Con motivo del centenario del nacimiento de san Juan Pablo II, que tendrá lugar el próximo lunes 18 de mayo, el papa emérito ha enviado una carta a la Conferencia Episcopal Polaca en torno a la trascendencia de la figura del papa de dicho país.

“La misericordia es para todos”

“Gracias a Cristo resucitado, la misericordia de Dios es para todos”, recuerda el Papa emérito, y “todos deben saber que la misericordia de Dios al final se revelará más fuerte que nuestra debilidad”.

“Aquí debemos encontrar la unidad interior del mensaje de Juan Pablo II y las intenciones fundamentales del Papa Francisco: al contrario de lo que se dice a veces, Juan Pablo II no es un rigorista moral”, prosigue.

Signo de esperanza y confianza

Demostrando la importancia esencial de la misericordia divina, el santo “nos da la oportunidad de aceptar las exigencias morales impuestas al hombre, aunque nunca podamos satisfacerle plenamente. Nuestros esfuerzos morales se emprenden a la luz de la misericordia de Dios, que se revela como una fuerza que cura nuestra debilidad”, explica Benedicto XVI.

Además, en la misiva subraya que “es cierto que el poder y la bondad de Dios se hicieron visibles para todos nosotros en Juan Pablo II. En un momento en que la Iglesia sufre una vez más la aflicción del mal, este es para nosotros un signo de esperanza y confianza”.

A continuación, sigue la carta completa del papa emérito, proporcionada por el episcopado polaco.

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Para el centenario del nacimiento del santo papa Juan Pablo II (18 de mayo de 2020)

El 18 de mayo, se cumplirán 100 años desde que el papa Juan Pablo II nació en la pequeña ciudad polaca de Wadowice.

Polonia, dividida durante más de 100 años por las tres grandes potencias vecinas – Prusia, Rusia y Austria –, había recuperado su independencia al final de la Primera Guerra Mundial. Fue una época llena de esperanza, pero también de dificultades, ya que la presión de las dos grandes potencias, Alemania y Rusia, siguió pesando sobre el Estado que se estaba reorganizando. En esta situación de angustia, pero sobre todo de esperanza, creció el joven Karol Wojtyla, que perdió muy pronto a su madre, a su hermano y, finalmente, a su padre, de quien había aprendido una piedad profunda y cálida. El joven Karol era particularmente apasionado de la literatura y el teatro, y después de estudiar para sus exámenes de secundaria, comenzó a dedicarse más a estas materias.

“Para evitar la deportación, en el otoño de 1940, comenzó a trabajar en una cantera que pertenecía a la fábrica química de Solvay” (cf. Don y Misterio). “En Cracovia, había ingresado en secreto en el Seminario. Mientras trabajaba como obrero en una fábrica, comenzó a estudiar teología con viejos libros de texto, para poder ser ordenado sacerdote el 1 de noviembre de 1946” (cf. Ibid.). Por supuesto, no solo estudió teología en los libros, sino también a partir de la situación específica que pesaba sobre él y su país. Es una especie de característica de toda su vida y su trabajo. Estudia con libros, pero experimenta y sufre las cuestiones que están detrás del material impreso. Para él, como joven obispo – obispo auxiliar desde 1958, arzobispo de Cracovia desde 1964 – el Concilio Vaticano II se convirtió en una escuela para toda su vida y su trabajo. Las grandes preguntas que surgieron especialmente sobre el llamado Esquema 13 – luego Constitución Gaudium et Spes – fueron sus preguntas personales. Las respuestas desarrolladas en el Concilio le mostraron el camino a seguir para su trabajo como obispo y luego como Papa.

Cuando el cardenal Wojtyla fue elegido sucesor de San Pedro el 16 de octubre de 1978, la Iglesia estaba en una situación desesperada. Las deliberaciones del Concilio se presentaban al público como una disputa sobre la fe misma, lo que parecía privarla de su certeza indudable e inviolable. Un pastor bávaro, por ejemplo, comentando la situación, decía: «Al final, hemos acogido una fe falsa». Esta sensación de que no había nada seguro, de que todo estaba en cuestión, fue alimentada por la forma en que se implementó la reforma litúrgica. Al final, todo parecía factible en la liturgia. Pablo VI había cerrado el Concilio con energía y determinación, pero luego, una vez terminado, se vio confrontado con más asuntos, siempre más urgentes, lo que finalmente puso en tela de juicio a la Iglesia misma. Los sociólogos compararon la situación de la Iglesia en ese momento con la de la Unión Soviética bajo Gorbachov, cuando toda la poderosa estructura del Estado finalmente se derrumbó en un intento de reformarla.

Una tarea que superaba las fuerzas humanas esperaba al nuevo Papa. Sin embargo, desde el primer momento, Juan Pablo II despertó un nuevo entusiasmo por Cristo y su Iglesia. Primero lo hizo con el grito del sermón al comienzo de su pontificado: “¡No tengan miedo! ¡Abran, sí, abran de par en par las puertas a Cristo!” Este tono finalmente determinó todo su pontificado y lo convirtió en un renovado liberador de la Iglesia. Esto estaba condicionado por el hecho de que el nuevo Papa provenía de un país donde el Concilio había sido bien recibido: no el cuestionamiento de todo, sino más bien la alegre renovación de todo.

El Papa ha viajado por el mundo en 104 grandes viajes pastorales y proclamó el Evangelio en todas partes como una alegría, cumpliendo así su obligación de defender el bien, de defender a Cristo.

En 14 encíclicas, volvió a exponer completamente la fe de la Iglesia y su doctrina humana. Inevitablemente, al hacerlo, provocó oposición en las iglesias del Occidente llenas de dudas.

Hoy, me parece importante enfatizar sobre todo el verdadero centro desde el cual debe leerse el mensaje de sus diferentes textos. Este centro vino a la atención de todos nosotros en el momento de su muerte. El Papa Juan Pablo II murió en las primeras horas de la nueva fiesta de la Divina Misericordia. Permítanme agregar primero un pequeño comentario personal que revela un aspecto importante del ser y el trabajo del Papa. Desde el principio, Juan Pablo II se sintió profundamente conmovido por el mensaje de Faustina Kowalska, una monja de Cracovia, que destacó la Divina Misericordia como un centro esencial de la fe cristiana y deseaba una celebración con este motivo. Después de todas las consultas, el Papa había escogido el domingo in albis. Sin embargo, antes de tomar la decisión final, le pidió a la Congregación de la Fe su opinión sobre la conveniencia de esta fecha. Dijimos que no porque pensamos que una fecha tan antigua y llena de contenido como la del domingo in albis no debería sobrecargarse con nuevas ideas. Ciertamente no fue fácil para el Santo Padre aceptar nuestro no. Pero lo hizo con toda humildad y aceptó el no de nuestro lado por segunda vez. Finalmente, hizo una propuesta dejando el histórico domingo in albis, pero incorporando la Divina Misericordia en su mensaje original. En otras ocasiones, de vez en cuando, me impresionó la humildad de este gran Papa, que renunció a las ideas de lo que deseaba porque no recibió la aprobación de los organismos oficiales que, según las reglas clásicas, había de consultar.

Mientras Juan Pablo II vivió sus últimos momentos en este mundo, la Fiesta de la Divina Misericordia acababa de comenzar tras la oración de las primeras vísperas. Esta celebración iluminó la hora de su muerte: la luz de la misericordia de Dios se presenta como un mensaje reconfortante sobre su muerte. En su último libro, Memoria e Identidad, publicado en la víspera de su muerte, el Papa resumió una vez más el mensaje de la Divina Misericordia. Señaló que la hermana Faustina murió antes de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, pero que ya había dado la respuesta del Señor a este horror insoportable. Era como si Cristo quisiera decir a través de Faustina: “El mal no obtendrá la victoria final. El misterio pascual confirma que el bien prevalecerá, que la vida triunfará sobre la muerte y que el amor triunfará sobre el odio”.

A lo largo de su vida, el Papa buscó apropiarse subjetivamente del centro objetivo de la fe cristiana, que es la doctrina de la salvación, y ayudar a otros a apropiarse de ella. A través de Cristo resucitado, la misericordia de Dios es para cada individuo. Aunque este centro de la existencia cristiana solo nos lo da la fe, también es importante filosóficamente, porque si la misericordia de Dios no es un hecho, debemos encontrar nuestro camino en un mundo donde el poder último del bien contra el mal es incierto. Después de todo, más allá de este significado histórico objetivo, es esencial que todos sepan que, al final, la misericordia de Dios es más fuerte que nuestra debilidad. Además, en esta etapa actual, también se puede encontrar la unidad interior entre el mensaje de Juan Pablo II y las intenciones fundamentales del Papa Francisco: Juan Pablo II no es un rigorista moral, como algunos lo intentan dibujar en parte. Con la centralidad de la misericordia divina, nos da la oportunidad de aceptar el requerimiento moral del hombre, aunque nunca podemos cumplirlo por completo. Sin embargo, nuestros esfuerzos morales se hacen a la luz de la divina misericordia, que resulta ser una fuerza curativa para nuestra debilidad.

Cuando murió el Papa Juan Pablo II, la Plaza de San Pedro estaba llena de personas, especialmente jóvenes, que querían encontrarse con su Papa por última vez. No puedo olvidar el momento en que Mons. Sandri anunció el mensaje de la partida del Papa. Sobre todo, el momento en que la gran campana de San Pedro repicó, hizo que este mensaje resultara inolvidable. El día del funeral, había muchas pancartas diciendo “¡Santo subito!”. Eso fue un grito que, de todos lados, surgió a partir del encuentro con Juan Pablo II. No solo en la plaza, sino también en varios círculos intelectuales, se discutió la idea de darle el título de “Magno” a Juan Pablo II.

La palabra “santo” indica la esfera de Dios y la palabra “magno” la dimensión humana. Según el reglamento de la Iglesia, la santidad puede ser reconocida por dos criterios: las virtudes heroicas y el milagro. Los dos criterios están estrechamente vinculados. La expresión “virtud heroica” no significa una especie de hazaña olímpica; al contrario, en y a través de una persona se revela algo que no proviene de él, sino que se hace visible la obra de Dios en y a través de él. No es una competencia moral de la persona, sino renunciar a la propia grandeza. El punto es que una persona deja que Dios trabaje en ella, y así el trabajo y el poder de Dios se hacen visibles a través de ella.

Lo mismo se aplica a la prueba del milagro: aquí tampoco se trata de un evento sensacional sino de la revelación de la bondad de Dios que cura de una manera que va más allá de las meras posibilidades humanas. El santo es un hombre abierto a Dios e imbuido de Dios. El que se aleja de sí mismo y nos deja ver y reconocer a Dios es santo. Verificar esto legalmente, en la medida de lo posible, es el significado de los dos procesos de beatificación y canonización. En los casos de Juan Pablo II, ambos procesos se hicieron estrictamente de acuerdo a las reglas aplicables. Por lo tanto, ahora se nos presenta como el padre que nos deja ver la misericordia y la bondad de Dios.

Es más difícil definir correctamente el término “magno”. Durante los casi 2.000 años de historia del papado, el título “Magno” solo prevaleció para dos papas: León I (440-461) y Gregorio I (590-604). La palabra “magno” tiene una connotación política en ambos, en la medida en que algo del misterio de Dios mismo se hace visible a través de la actuación política. A través del diálogo, León Magno logró convencer a Atila, el Príncipe de los Hunos, para que perdonara a Roma, la ciudad de los príncipes de los apóstoles Pedro y Pablo. Desarmado, sin poder militar o político, sino por el solo poder de la convicción por su fe, logró convencer al temido tirano para que perdonara a Roma. El espíritu demostró ser más fuerte en la lucha entre espíritu y poder.

Aunque Gregorio I no tuvo un éxito tan espectacular, también logró proteger a Roma contra los lombardos, de nuevo al oponerse el espíritu al poder y alcanzar la victoria del espíritu.

Si comparamos la historia de los dos Papas con la de Juan Pablo II, su similitud es evidente. Juan Pablo II tampoco tenía poder militar o político. Durante las deliberaciones sobre la forma futura de Europa y Alemania, en febrero de 1945, se observó que la opinión del Papa también debía tenerse en cuenta. Entonces Stalin preguntó: “¿Cuántas divisiones tiene el Papa?”. Es claro que el Papa no tiene divisiones a su disposición. Pero el poder de la fe resultó ser un poder que finalmente derrocó el sistema de poder soviético en 1989 y permitió un nuevo comienzo. Es indiscutible que la fe del Papa fue un elemento esencial en el derrumbe del poder comunista. Así que la grandeza evidente en León I y Gregorio I es ciertamente visible también en Juan Pablo II.

Dejamos abierto si el epíteto “magno” prevalecerá o no. Es cierto que el poder y la bondad de Dios se hicieron visibles para todos nosotros en Juan Pablo II. En un momento en que la Iglesia sufre una vez más la aflicción del mal, este es para nosotros un signo de esperanza y confianza.

Querido San Juan Pablo II, ¡ruega por nosotros!

Benedicto XVI

Ciudad del Vaticano, 4 de mayo del 2020

MAYO 15, 2020 14:07BENEDICTO XVIJUAN PABLO II

 

 

SANTO ROSARIO

— En el Rosario, Nuestra Señora nos enseña a contemplar la vida de su Hijo.

— El Rosario en familia. Es «arma poderosa».

— Las distracciones en el Rosario.

I. El amor a la Virgen se manifiesta en nuestra vida de formas muy diversas. En el Santo Rosario, la oración mariana más recomendada durante siglos por la Iglesia, la piedad nos muestra un resumen de las principales verdades de la fe cristiana; a través de la consideración de cada uno de los misterios, Nuestra Señora nos enseña a contemplar la vida de su Hijo. Ella, íntimamente unida a Jesús, ocupa en ocasiones el primer lugar; otras, es Cristo mismo quien atrae en primer término nuestra atención. María nos habla siempre del Señor: de la alegría de su Nacimiento, de su muerte en la Cruz, de su Resurrección y Ascensión gloriosa.

El Rosario es la oración preferida de Nuestra Madre, y «con la consideración de los misterios, la repetición del Padrenuestro y del Avemaría, las alabanzas a la Beatísima Trinidad y la constante invocación a la Madre de Dios, es un continuo acto de fe, de esperanza y amor, de adoración y reparación»1.

Según su etimología, el Rosario «es una corona de rosas, costumbre encantadora que en todos los pueblos representa una ofrenda de amor y un símbolo de alegría»2. «Es el modo más excelente de oración meditada, constituida a manera de mística corona en donde la salutación angélica, la oración dominical y la doxología a la Augusta Trinidad se entrelazan con la consideración de los más altos misterios de nuestra fe: en él, por medio de muchas escenas, la mente contempla el drama de la Encarnación y de la Redención de Nuestro Señor»3.

En esta plegaria mariana se funden la oración vocal y la meditación de los misterios cristianos, que es como el alma del Rosario. Esta meditación pausada hace posible que, con las mismas palabras, cada uno exprese su oración personal. Ayuda a rezarlo bien «el meterse, como un personaje más», dentro de las escenas que se consideran. Así, «viviremos la vida de Jesús, María y José.

»Cada día les prestaremos un nuevo servicio. Oiremos sus pláticas de familia. Veremos crecer al Mesías. Admiraremos sus treinta años de oscuridad... Asistiremos a su Pasión y Muerte... Nos pasmaremos ante la gloria de su Resurrección... En una palabra: contemplaremos, locos de Amor (no hay más amor que el Amor), todos y cada uno de los instantes de Cristo Jesús»4.

Con la consideración de los misterios, la oración vocal –el Padrenuestro y las Avemarías– queda vivificada; la vida interior se enriquece con un hondo contenido, que es fuente de oración y de contemplación a lo largo del día. Poco a poco nos identifica con los sentimientos de Cristo y nos permite vivir en un clima de intensa piedad: gozamos con Cristo gozoso, nos dolemos con Cristo paciente, vivimos anticipadamente en la esperanza la gloria de Cristo resucitado. «Aunque sea en planos de realidad esencialmente diversos –decía Pablo VI– (la liturgia y el Rosario), tienen por objeto los mismos acontecimientos salvíficos llevados a cabo por Cristo. La primera hace presentes (...) los misterios más grandes de nuestra redención; la segunda, con el piadoso afecto de la contemplación, vuelve a evocar los mismos misterios en la mente de quien ora y estimula su voluntad a sacar de ellos normas de vida»5.

II. El Concilio Vaticano II pide «a todos los hijos de la Iglesia que fomenten con generosidad el culto a la Santísima Virgen (...); que estimen en mucho las prácticas y los ejercicios de piedad hacia Ella recomendados por el Magisterio en el curso de los siglos»6. Y bien sabemos con qué insistencia ha recomendado la Iglesia el rezo del Santo Rosario. Concretamente, es «una de las más excelentes y eficaces oraciones comunes que la familia cristiana está invitada a rezar»7, y en muchos casos será un objetivo de vida cristiana para muchas familias. En ocasiones bastará comenzar con el rezo de un misterio solamente, aprovechando quizá ocasiones tan singulares como es el mes de mayo, la visita a un santuario o ermita de la Virgen... Mucho se tiene ganado si se empieza a enseñarlo a los hijos desde que son pequeños.

El Rosario en familia es una fuente de bienes para todos, pues atrae la misericordia del Señor sobre el hogar. «Tanto el rezo del Ángelus como el del Rosario –decía Juan Pablo II– deben ser para todo cristiano y aún más para las familias cristianas como un oasis espiritual en el curso de la jornada, para tomar valor y confianza»8. Y pocos días más tarde volvía a insistir el Santo Padre: «conservad celosamente ese tierno y confiado amor a la Virgen, que os caracteriza. No lo dejéis nunca enfriar (...). Sed fieles a los ejercicios de piedad mariana tradicionales en la Iglesia: la oración del Ángelus, el mes de María y, de modo muy especial, el Rosario. Ojalá resurgiese la hermosa costumbre de rezar el Rosario en familia»9.

Hoy podemos examinar en nuestra oración si acudimos al Santo Rosario como «arma poderosa»10 para conseguir de la Virgen aquellas gracias y favores que tanto necesitamos, si lo rezamos con la necesaria atención, si procuramos ahondar en su riquísimo contenido, particularmente deteniéndonos y meditando durante unos momentos cada uno de los misterios, si procuramos que nuestros familiares y amigos comiencen a rezarlo y así traten y amen más a nuestra Madre del Cielo.

III. A veces, cuando los cristianos tratamos de difundir el rezo del Santo Rosario como una forma de tratar a la Virgen cada día, nos encontramos con personas, incluso de buena voluntad, que se excusan diciendo que se distraen con frecuencia en él y que «para rezarlo mal es mejor no rezarlo», o algo similar. Enseñaba el Papa Juan XXIII que «el peor de los rosarios es el que no se reza». Nosotros podemos decir a nuestros amigos que, en vez de dejarlo, es más grato a la Virgen procurar rezarlo lo mejor que podamos, aunque tengamos distracciones. También puede ocurrir que –como escribe San Alfonso Mª de Ligorio– «si tú tienes muchas distracciones durante la oración, puede ser que al diablo le moleste mucho esa oración»11.

Algunos han comparado el Rosario a una canción: la canción de la Virgen. Por eso, aunque alguna vez no tengamos del todo presente «la letra», la melodía nos llevará, casi sin darnos cuenta, a tener puesto el pensamiento y el corazón en Nuestra Señora.

Las distracciones involuntarias no anulan los frutos del Rosario, ni de otra oración vocal, con tal de que se luche por evitarlas. Santo Tomás señala que en la oración vocal puede ponerse una triple atención: la correcta pronunciación de todas las palabras de que consta, el fijarse más en el sentido de esas palabras y el poner especial empeño en el fin de la oración, es decir, en Dios y en aquello por lo que se ora. Esta última es la atención más importante y necesaria, y pueden tenerla incluso personas de pocas letras o que no entienden bien el sentido de las palabras que pronuncian, y «puede ser tan intensa que arrebate la mente a Dios»12.

Si nos esforzamos, cada vez podemos rezar mejor el Santo Rosario: cuidando la pronunciación, las pausas, la atención, deteniéndonos unos instantes para considerar el misterio que iniciamos, ofreciendo quizá esas diez Avemarías por una intención concreta (la Iglesia Universal, el Romano Pontífice, las intenciones del obispo de la diócesis, la familia, las vocaciones sacerdotales, el apostolado, la paz y la justicia en determinado país, un asunto que nos preocupa...), tratando de que esas «rosas» ofrecidas a la Virgen no estén ajadas o marchitas por la rutina o por dejar paso a distracciones más o menos voluntarias... Evitar todas las distracciones será muy difícil; en ocasiones, prácticamente imposible, pero la Virgen también lo sabe y acepta nuestro deseo y nuestro esfuerzo.

Para rezarlo con devoción, convendrá reservarle una hora oportuna. «Un triste medio de no rezar el Rosario: dejarlo para última hora.

»Al momento de acostarse se recita, por lo menos, de mala manera y sin meditar los misterios. Así, difícilmente se evita la rutina, que ahoga la verdadera piedad, la única piedad»13. «Siempre retrasas el Rosario para luego, y acabas por omitirlo a causa del sueño. —Si no dispones de otros ratos, recítalo por la calle y sin que nadie lo note. Además, te ayudará a tener presencia de Dios»14.

El Rosario tiene la ventaja de que puede rezarse en cualquier parte: en la iglesia, en la calle, en el coche..., solo o en familia, mientras se espera en la sala de visitas del médico, o en la cola para retirar unos impresos. Pocos cristianos podrán decir con sinceridad que no encuentran tiempo para rezar «la oración más querida y recomendada por la Iglesia».

Un día, el Señor nos mostrará las consecuencias de haber rezado, con devoción, aunque con algunas distracciones también, el Santo Rosario: desastres que se evitaron por especial intercesión de la Virgen, ayudas a personas queridas, conversiones, gracias ordinarias y extraordinarias para nosotros y para otros, y los muchos que se beneficiaron de esta oración y a quienes ni siquiera conocíamos.

Esta oración tan eficaz y grata a la Virgen será en muchos momentos de nuestra vida el cauce más eficaz para pedir, para dar gracias. También para reparar por nuestros pecados: «“Virgen Inmaculada, bien sé que soy un pobre miserable, que no hago más que aumentar todos los días el número de mis pecados...”. Me has dicho que así hablabas con Nuestra Madre, el otro día.

»Y te aconsejé, seguro, que rezaras el Santo Rosario: ¡bendita monotonía de avemarías que purifica la monotonía de tus pecados!»15.

1 San Josemaría Escrivá, Santo Rosario, Rialp, 24ª ed., Madrid 1979, Al lector, p. 11. — 2 Pío XII, Alocución, 16-X-1940. — 3 Juan XXIII, Enc. Grata recordatio, 26-lX-1959. — 4 San Josemaría Escrivá, loc. cit., p. 15. — 5 Pablo VI, Enc. Marialis cultus, 46. — 6 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 67. — 7 Pablo VI, loc. cit., 54. — 8 Juan Pablo II, Ángelus en Otranto, 5-X-1980. — 9 ídem, Homilía, 12-X-1980. — 10 San Josemaría Escrivá, loc. cit., p. 9. — 11 San Alfonso Mª de Ligorio, Tratado de la oración. — 12 Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2, q. 83, a. 3. — 13 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 476. — 14 Ibídem, n. 478. — 15 Ibídem, n. 475.

 

 

“Acude con confianza a la Virgen”

Cuando te veas con el corazón seco, sin saber qué decir, acude con confianza a la Virgen. Dile: Madre mía Inmaculada, intercede por mí. Si la invocas con fe, Ella te hará gustar –en medio de esa sequedad– de la cercanía de Dios. (Surco, 695)

16 de mayo

Contemplemos ahora a su Madre bendita, Madre nuestra también. En el Calvario, junto al patíbulo, reza. No es una actitud nueva de María. Así se ha conducido siempre, cumpliendo sus deberes, ocupándose de su hogar. Mientras estaba en las cosas de la tierra, permanecía pendiente de Dios. Cristo, perfectus Deus, perfectus homo (Símbolo Quicumque), quiso que también su Madre, la criatura más excelsa, la llena de gracia, nos confirmase en ese afán de elevar siempre la mirada al amor divino. Recordad la escena de la Anunciación: baja el Arcángel, para comunicar la divina embajada –el anuncio de que sería Madre de Dios–, y la encuentra retirada en oración. María está enteramente recogida en el Señor, cuando San Gabriel la saluda: Dios te salve, ¡oh llena de gracia!, el Señor es contigo (Lc I, 28.). Días después rompe en la alegría del Magnificat –ese canto mariano, que nos ha transmitido el Espíritu Santo por la delicada fidelidad de San Lucas–, fruto del trato habitual de la Virgen Santísima con Dios.

Nuestra Madre ha meditado largamente las palabras de las mujeres y de los hombres santos del Antiguo Testamento, que esperaban al Salvador, y los sucesos de que han sido protagonistas. Ha admirado aquel cúmulo de prodigios, el derroche de la misericordia de Dios con su pueblo, tantas veces ingrato. Al considerar esta ternura del Cielo, incesantemente renovada, brota el afecto de su Corazón inmaculado: mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu está transportado de gozo en el Dios salvador mío; porque ha puesto los ojos en la bajeza de su esclava (Lc I, 46–48.). Los hijos de esta Madre buena, los primeros cristianos, han aprendido de Ella, y también nosotros podemos y debemos aprender. (Amigos de Dios, 241)

 

 

Mensaje del Prelado (15 mayo 2020)

En tiempos de progresivo desconfinamiento, Mons. Fernando Ocáriz invita a mantener la iniciativa apostólica y a transmitir con la propia vida el atractivo de ser discípulos de Cristo.

CARTAS PASTORALES Y MENSAJES15/05/2020

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Durante las pasadas semanas de confinamiento en tantos países, se han puesto de manifiesto la limitación y la grandeza humanas. Hemos sido testigos de cómo un virus ha desestabilizado nuestra vida, junto a la de millones de personas en todo el mundo. Quizá hemos aprendido a valorar más conscientemente cosas que dábamos por descontadas.

Sigamos rezando especialmente por quienes han fallecido y por sus familias que, en muchos casos, no han podido acompañarles físicamente en los últimos momentos. También nosotros hemos vivido ese dolor en carne propia con tantos fieles de la Obra que se han marchado a la casa del Cielo y a quienes nos encomendamos.

Por otro lado, hemos visto la entrega generosa –en ocasiones heroica– de tantas personas que han hecho turnos casi sin descanso en los hospitales, que han cuidado de los demás en sus hogares, que han alargado su jornada laboral desde casa o que han atendido trabajos imprescindibles para la sociedad, aun con el riesgo de contagiarse. Su ejemplo nos ha recordado esas palabras que Jesús dirigió a sus apóstoles durante la Última Cena: «Yo estoy en medio de vosotros como quien sirve» (Lc 22,27).

Las circunstancias tan especiales de estos días de aislamiento han impulsado a muchas personas a reflexionar sobre el sentido de la vida y, en no pocos casos, ha despertado un mayor deseo de Dios. Tal vez nos haya sucedido también a nosotros. Al mismo tiempo, la imposibilidad de recibir los sacramentos de manera ordinaria –especialmente la Eucaristía y la Penitencia– ha llevado probablemente a valorarlos y desearlos más. En cualquier caso, hemos intentado tratar más al Señor y acercar a Él a los demás. Dios se ha hecho presente en muchos ambientes y nos ha dado fuerza, como a tantísimas otras personas, para acompañar a quienes se han encontrado solos o han sufrido especialmente.

En ese sentido, a través de la iniciativa de muchas personas, las actividades formativas que ofrece la Obra se han podido mantener –e incluso, en algunos casos, potenciar– a través de la tecnología. Doy gracias a Dios por el afán apostólico de mis hijas y de mis hijos que han empleado su creatividad y su tiempo para seguir difundiendo el mensaje de Cristo. Ha sido grande el interés y el agradecimiento de tantísima gente que ha podido asistir a estas actividades de un modo adecuado a las circunstancias del momento. Estos días nos han hecho ver, con una nueva amplitud, que los medios digitales podrán ser también en el futuro una gran ayuda para mantener la formación cuando existen obstáculos de distancia, enfermedad, etc., y para realizar otras muchas actividades.

Naturalmente, en todo este tiempo hemos echado en falta la cercanía física de muchas personas. La necesaria distancia que hemos mantenido probablemente ha renovado en cada uno la ilusión por el trato personal directo, tanto en las múltiples expresiones de amistad, como en los medios de formación –círculos, retiros, meditaciones, charlas personales y clases de formación doctrinal–, que poco a poco volverán a desarrollarse de modo presencial.

Hace algunas semanas, fijándose en la relación de Jesús con sus discípulos, el Papa recordaba que la Iglesia se forma a través de una «familiaridad concreta» (cfr. Homilía, 17-IV-2020), que se refleja en vivir cerca del Señor mediante los sacramentos y cerca de los demás con nuestra presencia. Tal como os dije hace unos meses, nuestras casas «deben ser lugares en los que muchas personas encuentren un amor sincero y aprendan a ser amigas de verdad» (Carta pastoral, 1-XI-2019).

Por esto entendemos muy bien a Juan y Andrés cuando preguntan a Jesús: «Maestro ¿dónde vives?» (Jn 1,38). Necesitaban su compañía, necesitaban estar físicamente con Cristo y no solamente conocerle a través de lo que otros les podían contar. Esta cercanía con Jesús dio una nueva profundidad a esa amistad, que les llevaría a entregar su vida, a ser apóstoles. Me vienen a la memoria estas palabras de san Josemaría: «Jesús sabe de delicadezas, de decir la palabra que anima, de corresponder a la amistad con la amistad: ¡qué conversaciones las de la casa de Betania, con Lázaro, con Marta, con María!» (Carta 24-X-1965, n. 10).

Aunque, en muchos sitios, se está volviendo gradualmente a una nueva y relativa normalidad, todavía queda camino por recorrer. Pidamos al Señor la fuerza para llevar con buen ánimo las serias dificultades que este periodo está dejando en las familias, en los ambientes profesionales y en las iniciativas de apostolado. No dejemos tampoco de acompañar con nuestra oración y –cuando sea posible– con nuestra ayuda a las innumerables personas que, en diversos países, aún se encuentran en situaciones particularmente dramáticas.

En este mes de mayo, y ante la situación global de este mundo nuestro, acudimos muy especialmente a la mediación materna de Santa María, Mater misericordiae.

Con todo cariño os bendice

vuestro Padre

Roma, 15 de mayo de 2020

 

 

México, 1970: 50 años de la súplica de un hijo a su Madre

El 15 de mayo de 1970, san Josemaría llegó a México para rezar ante la Virgen de Guadalupe y conocer a los fieles del Opus Dei del país norteamericano. "Me faltan las palabras para demostrarte mi alegría, tan grande, de estar junto a ti, Señora", oró ante la Virgen. Ofrecemos relatos y recursos de ese aniversario.

NOTICIAS15/05/2020

El 15 de mayo de 1970, de madrugada, san Josemaría llegó a la Ciudad de México. “He venido a ver a la Virgen de Guadalupe, y de paso a veros a vosotros”, anunció a sus hijos en los primeros saludos. Al día siguiente, 16 de mayo, sin esperar siquiera a aclimatarse al cambio de altura y horario, fue a la Basílica y comenzó su novena que duró hasta el 24.

Durante los próximos días, en esta página se ofrecerán recursos, artículos y vídeos para conmemorar esa peregrinación.

∙ San Josemaría ante la Virgen de Guadalupe.

Relato de los nueve días que san Josemaría acudió a la Villa para suplicar a la Virgen que protegiera a la Iglesia.

∙ La novena de san Josemaría en los corazones más jóvenes (Vídeo)

 

Ya pasaron 50 años desde que san Josemaría aterrizó en México, pero su visita sigue dejando huella en los corazones mexicanos, incluso en el de los más pequeños.

∙ Timeline de la peregrinación elaborado por el CEDEJ (Centro de Documentación y Estudios Josemaría Escrivá de Balaguer).

Línea del tiempo interactiva que narra la visita del fundador del Opus Dei al lugar de las apariciones de la Virgen en México.

Timeline preparado por el Centro de Documentación y Estudios Josemaría Escrivá de Balaguer.

∙ Una llamada inesperada (Vídeo)

Comenzaba mayo cuando Jorge Alberto Castro recibió una llamada desde Roma. Era don Álvaro, con un encargo y una pregunta: "¿Cómo está el clima en la Ciudad de México?".

∙ Todo está preparado (Vídeo)

Era Domingo de Ramos y Chela no podía esperar hasta el Viernes Santo para entregar un recado personal a san Josemaría, pues sabía que ese mensaje sería el comienzo de una gran historia.

 

Os he llamado amigos (I): ¿Dios tiene amigos?

Dios siempre ha buscado activamente la amistad con los hombres, ofreciéndonos vivir en comunión con Él. Ni la debilidad humana ni el polvo del camino le han hecho cambiar de opinión. Dejarnos abrazar por ese Amor incondicional nos llena de luz y de fuerza para ofrecerlo a los demás.

OTROS15/05/2020

Una pregunta frecuente que seguramente se encuentre entre nuestros mensajes en el teléfono móvil es: «¿Dónde estás?». También la habremos enviado a nuestros amigos y familiares buscando su compañía, aunque sea a distancia, o simplemente por traer a la otra persona a nuestra imaginación de una manera más concreta. ¿Dónde estás? ¿Qué haces? ¿Todo va bien? Esa pregunta es también una de las primeras frases que Dios, mientras «paseaba por el jardín a la hora de la brisa» (Gn 3,8-9), dirige al hombre. El Creador, desde el inicio de los tiempos, quería caminar junto a Adán y Eva; podríamos pensar, con cierto atrevimiento, que Dios buscaba su amistad –y ahora la nuestra– para contemplar plenamente realizada su creación.

Una novedad que va in crescendo

Esta idea, que tal vez no es totalmente nueva para nosotros, ha causado bastante extrañeza en la historia del pensamiento humano. De hecho, en uno de sus momentos de mayor esplendor, se había aceptado con resignación la imposibilidad para el ser humano de ser amigo de Dios. La razón era que entre ambos media una absoluta desproporción, son demasiado distintos[1]. Se pensaba que podría haber, como mucho, una relación de sometimiento a la que, en el mejor de los casos, podríamos acceder lejanamente a través de ciertos ritos o de ciertos conocimientos. Pero una relación de amistad era inimaginable.

Sin embargo, la Escritura presenta una y otra vez nuestra relación con Dios en términos de amistad. El libro del Éxodo no deja lugar a dudas: «El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como se habla con un amigo» (Ex 33,11). En el libro del Cantar de los Cantares, que recoge de manera poética la relación entre Dios y el alma que lo busca, a esta última la llama continuamente «amiga mía» (cfr. Ct 1,15 y otros). También el libro de la Sabiduría señala que Dios «se comunica a las almas santas de cada generación y las convierte en amigos» (Sb 7,27). Es importante notar que en todos los casos la iniciativa proviene del mismo Dios; la alianza que ha sellado con su creación no es simétrica, como podría ser un contrato entre iguales, sino más bien es asimétrica: nos ha sido regalada la desconcertante posibilidad de hablar de tú a tú con nuestro propio creador.

LA ESCRITURA ESTÁ LLENA DE EJEMPLOS QUE MUESTRAN LA LA BÚSQUEDA CONSTANTE POR PARTE DE DIOS DE ESTABLECER UNA RELACIÓN DE AMISTAD CON LOS HOMBRES

Esta manifestación de la amistad que nos ofrece Dios, la comunicación de esta novedad, continuó in crescendo a lo largo de la historia de la salvación. Todo lo que nos había dicho por medio de la alianza se ilumina definitivamente con la vida del Hijo de Dios en la tierra: «Dios nos ama no solo como criaturas, sino también como hijos a los que, en Cristo, ofrece una verdadera amistad»[2]. Toda la vida de Jesús es una invitación a la amistad con su Padre. Y uno de los momentos más intensos en los que nos transmite esta buena noticia es durante la Última Cena. Allí, en el Cenáculo, con cada uno de sus gestos, Jesús abre su corazón para llevar a sus discípulos –y a nosotros con ellos– a la verdadera amistad con Dios.

Del polvo a la vida

El evangelio de san Juan se divide en dos partes claras: la primera se centra en la predicación y en los milagros de Cristo, la segunda en su pasión, muerte y resurrección. El puente que las une es el siguiente versículo, que nos adentra en el Cenáculo: «Sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, como amase a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin» (Jn 13,1). Allí estaban Pedro y Juan, Tomás y Felipe, todos los doce juntos, apoyados cada uno hacia un costado, como era costumbre en la época. Por lo sucesos que se narran, probablemente era una mesa de tres lados –con forma de U– en la que Jesús se encontraba casi en un extremo, el importante, y Pedro en el opuesto, el del sirviente; es posible que estuvieran frente a frente. Jesús, en un determinado momento, a pesar de que no era una tarea que le correspondía a quien estaba situado en ese lugar preferencial, se puso de pie para realizar un gesto que quizá su Madre habría realizado muchas veces con él: tomó una toalla y se la ciñó a la cintura para quitar el polvo de los pies de sus amigos.

La imagen del polvo está presente desde el inicio en la Sagrada Escritura. En la historia sobre la creación se nos cuenta que «el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra» (Gn 2,7). Entonces, para que dejara de ser algo inanimado, muerto e incapaz de relacionarse, Dios «insufló en sus narices aliento de vida y el hombre se convirtió en un ser vivo» (Gn 2,7). Desde ese momento, el hombre experimentará una tensión que proviene de ser polvo y espíritu, una tensión entre sus límites radicales y sus deseos infinitos. Pero Dios es más fuerte que nuestra debilidad y que cualquiera de nuestras traiciones.

Ahora, en el Cenáculo, el polvo del hombre vuelve a aparecer. Cristo se dobla sobre el polvo de los pies de sus amigos, para recrearlos, devolviéndoles la relación con el Padre. Jesús nos lava los pies y, divinizando el polvo del que estamos hechos, nos regala la amistad íntima que tiene con su Padre. En medio de la emoción que le embarga, con los ojos de todos sus discípulos fijos en él, dice: «A vosotros, en cambio, os he llamado amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he dado a conocer» (Jn 15,15). Dios quiere compartirlo todo. Jesús nos comparte su vida, su capacidad de amar, de perdonar, de ser amigos hasta el fin.

EN EL HOMBRE COEXISTEN EL POLVO Y EL ESPÍRITU. DIOS LO SABE Y SALE A NUESTRO ENCUENTRO

Todos hemos tenido la experiencia de cómo las buenas relaciones de amistad nos han cambiado; tal vez no seríamos los mismos si no hubiésemos encontrado esas relaciones en nuestra vida. También ser amigos de Dios transforma nuestro modo de ser amigos de quienes nos rodean. Así, como Cristo, podremos lavar los pies de todos, sentarnos a la mesa de quien nos podría traicionar, ofrecer nuestro cariño a quien no nos comprende o incluso no acepta nuestra amistad. La misión de un cristiano en medio del mundo es precisamente «abrirse en abanico»[3] a todos, porque Dios sigue infundiendo su aliento al polvo del que estamos hechos y actúa en esas relaciones enviándonos su luz.

Dejarnos llevar hacia la comunión

Hemos visto que la amistad que nos ofrece Jesucristo es un acto de confianza incondicional de Dios en nosotros, que no termina nunca. A distancia de veinte siglos, en nuestra existencia diaria, Cristo nos cuenta todo lo que sabe sobre el Padre para continuar atrayéndonos a su amistad. Sin embargo, aunque esto no nos faltará, será siempre una parte, ya que «a esta amistad correspondemos uniendo nuestra voluntad a la suya»[4].

Los verdaderos amigos viven en comunión: en el fondo de su alma quieren las mismas cosas, se desean la felicidad el uno al otro, a veces ni siquiera necesitan utilizar palabras para comprenderse mutuamente; se ha dicho incluso que reírse de las mismas cosas es una de las mayores manifestaciones de compartir intimidad. Esta comunión, en el caso de Dios, más que un agotador esfuerzo en tratar de cumplir ciertos requisitos –esto no sucede entre amigos– se trata igualmente de estar el uno con el otro, de acompañarse mutuamente.

Un buen ejemplo puede ser precisamente el de san Juan, el cuarto evangelista: dejó que Jesús se acercara y le lavara los pies, se recostó tranquilamente en su pecho durante la Cena y, finalmente –tal vez sin comprender completamente lo que sucedía–, no se despegó de su mejor amigo para acompañarlo en los mayores sufrimientos. El discípulo amado se dejó transformar por Jesucristo y, de esa manera, Dios fue quitando poco a poco el polvo de su corazón: «En esta comunión de voluntades se realiza nuestra redención: ser amigos de Jesús, convertirse en amigos de Jesús. Cuanto más amamos a Jesús, cuanto más lo conocemos, tanto más crece nuestra verdadera libertad»[5].

LA COMUNIÓN ENTRE DOS AMIGOS SE MANIFIESTA, FUNDAMENTALMENTE, EN EL DESEO MUTUO DE ESTAR JUNTOS, DE ACOMPAÑARSE, DE DEJARSE TRANSFORMAR POR EL OTRO

Jesús, en esa Última Cena, nos muestra que el secreto de la amistad está en permanecer con Él: «Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí» (Jn 15,4). Es Jesús quien quiere amar en nosotros. Sin él no podemos ser amigos hasta el fin. «Por mucho que ames, nunca querrás bastante», señala san Josemaría. Pero inmediatamente añade: «Si amas al Señor, no habrá criatura que no encuentre sitio en tu corazón»[6].

***

«¿Dónde estás?» son las palabras que Dios, mientras paseaba por aquella espléndida creación que había salido de sus manos, dirigió al hombre. También ahora quiere entrar en diálogo con nosotros. Nadie, ni siquiera el más brillante de los pensadores, podía imaginar un Dios que pidiese nuestra compañía, que mendigase nuestra amistad hasta el extremo de dejarse clavar en una cruz para así no cerrarnos nunca sus brazos. Habiendo entrado en esa locura de amor, nos veremos impulsados también nosotros a abrirlos sin condiciones a todas las personas que nos rodean. Nos preguntaremos mutuamente: ¿Dónde estás? ¿Todo va bien? Y a través de esa amistad podremos devolver la belleza a la creación.

Giulio Maspero y Andrés Cárdenas


[1] Cfr. Aristóteles, Ética a Nicómaco, 1159a, 4-5.

[2] F. Ocáriz, Carta pastoral 1-XI-2019, n. 2.

[3] Cfr. San Josemaría, Surco, n. 193.

[4] F. Ocáriz, Carta pastoral 1-XI-2019, n.2.

[5] Joseph Ratzinger, Homilía en la Misa pro eligendo pontifice, 18-IV-2005.

[6] San Josemaría, Via Crucis, VIII estación, n. 5.

 

¿No estoy aquí que soy tu Madre?​: meditación de San Rafael (16.V.2020)​

Durante estas semanas publicaremos, en formato audio, algunas meditaciones predicadas por sacerdotes, que ayuden a fortalecer la vida de oración.

ÚLTIMAS NOTICIAS14/05/2020


Escucha la meditación “¿No estoy aquí que soy tu Madre?” (16.V.2020)

“Mamá está con mamá…”. Con una historia de una niña y la Virgen de Guadalupe comienza está meditación, que nos sirve para acercarnos con san Josemaría a nuestra Madre.

Hace 50 años el fundador del Opus Dei peregrinó a la Villa de Guadalupe para dejar sus preocupaciones en manos de “la Morenita”, para rezar por la Iglesia, la Obra y por el mundo entero.


🎧 Escucha la meditación “Bernabé, ejemplo de amistad” (9.V.2020)

Durante el tiempo de Pascua se leen varios pasajes de los Hechos de los Apóstoles, que cuentan la historia de los primitiva cristiandad.

Un personaje de este libro es José, apodado Bernabé, conocido por animar a los demás (Bernabé significa “hijo de la consolación”), pues estaba al lado de las personas, también en las dificultades.

Fue él quien acogió a Saulo, tras su conversión cuando muchos dudaban de él, y se lo presentó a los apóstoles, y juntos fueron enviados a predicar el Evangelio por tierras lejanas.

🎧 Escucha la meditación “El Buen Pastor” (2.V.2020)

¿Quién puede querernos tanto como Jesús? En la parábola del Buen Pastor el Señor quiere hacernos entender que nos ama hasta dar la vida por cada uno, con nuestro cuerpo y alma. Y, sin embargo, no siempre caemos en la cuenta.

Ante la tentación de querer ser autosuficientes, de no depender de nadie -incluso de Dios-, podemos recordar unas palabras de Benedicto XVI: “¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida”.


🎧Escucha la meditación “Aprender de María Magdalena” (25.IV.2020)

¿Por qué regaló Jesús a María Magdalena verle resucitado antes que a los apóstoles? Tiempo atrás había expulsado de ella siete demonios. La Magdalena había estado aherrojada por el pecado y sin embargo…

¿Qué experimentó María Magdalena? ¿Cómo podemos imitarla? El Papa Francisco resaltó la figura de esta mujer e instituyó su fiesta, como apóstol de apóstoles. Ella fue la primera que dio testimonio de Cristo resucitado, a quien siguió con toda su vida apasionadamente porque se supo perdonada y amada por Él.


🎧Escucha la meditación “La Divina Misericordia” (18.IV.2020)

Cristo vive y vive en nosotros. Por eso el tiempo de Pascua es un tiempo de alegría: es el más cristiano porque es gozar de la gloria de Dios. Pero podría suceder que, en estas semanas más difíciles, se nos escapara.

Lo propio de la Pascua se capta en varias escenas del Evangelio de estos días. Es la alegría por haber encontrado de nuevo a Jesucristo, ahora resucitado y glorioso. Un reencuentro con el Él transforma la vida de los apóstoles, de las santas mujeres o de los discípulos de Emaús.

Como a ellos, Jesucristo puede tocar nuestros miedos y fracasos para darnos fortaleza, esperanza y paz. Eso es vivir de Cristo. Ha resucitado y eso significa que la muerte -nuestros defectos, miserias y pecados- no tienen la última palabra, porque Él nunca nos abandona.

En el evangelio del Domingo de la Misericordia (Jn, 20, 19-31), podemos extraer tres enseñanzas. En primer lugar Jesús saluda con la paz a los discípulos, que están encerrados por miedo. Él tiene la paz que necesitamos, una paz diferente a la que propone el mundo. Es una paz -don de Dios-, que no se pierde aunque haya problemas. En segundo lugar, Jesús muestra las heridas de la crucifixión para que reconozcan el amor de Dios Padre, para que entiendan que la Cruz era la respuesta de Dios al mal. Esta imagen se representa en la imagen del la Divina Misericordia, en la que Jesús muestra sus manos atravesadas por los clavos y los rayos de sus dones que salen de su Corazón. La última idea es el momento en el que instituye el sacramento de la Confesión, sacramento de la misericordia de Dios. Fomentemos los deseos de recibir este sacramento, con actos de contrición como ha aconsejado el Papa Francisco.


🎧Escucha la meditación “La hora de los valientes (4.IV.2020)

Es tiempo de evitar las quejas y de preocuparnos y de rezar por tantas personas que lo necesitan. Mañana, con el Domingo de Ramos, comienza la Semana Santa en la que podemos contemplar -con la ayuda del Evangelio y de nuestra imaginación- cómo se entregó Jesucristo por nosotros.

De la misma manera que ahora caemos en la cuenta de que no es lo mismo un médico más que uno menos -por las acuciantes necesidades de tantos enfermos-, podemos entender que cualquiera de nosotros es imprescindible: todos tenemos un papel protagonista, una misión. Podemos ser mediadores ante Dios rezando y trabajando por los demás, con la valentía de Marcia que, con su ejemplo y amistad, llevó a su amiga Junia al encuentro con Jesucristo.


🎧Escucha la meditación “La pregunta acertada (28.III.2020)

“Había un enfermo que se llamaba Lázaro, de Betania, la aldea de María y de su hermana Marta”. Así comienza el evangelio de mañana, 5º domingo de Cuaresma, en el que Jesús nos enseña a confiar en Él a pesar de que a veces parezca que no atiende a nuestras peticiones, también ante todo lo que nos sucede durante la pandemia del coronavirus.

Jesucristo quiere mostrarnos cuál es la actitud; no preguntarnos tanto por el porqué sino por el para qué. Y que, de esta manera, confiemos en Él y nos esforcemos por acogerle, con detalles de servicio y cariño en nuestras casas, con la oración y los pequeños sacrificios.


🎧Escucha la meditación “Que vea con tus ojos, Cristo mío” (21.III.2020)

El ciego de nacimiento protagoniza el evangelio del domingo 4º de Cuaresma. Una escena en la que Cristo, no solo le hace recobrar la vista sino que también le conduce a aceptarle como el Salvador.

La luz de de Jesús puede iluminar nuestro corazón. Nos llevará a mirar los problemas y dificultades con sus ojos, a percibir esta situación de cuarentena como una ocasión para ganar en santidad, como una oportunidad para aceptar y comprender a los demás, incluso con buen humor.

Oración introductoria y final del rato de oración (Imagen de Saintips)

 


🎧Escucha la meditación “La llave de tu corazón (14.III.2020)

Crecer para adentro. Estas semanas son una oportunidad para tratar a Jesucristo con mayor intimidad, para contemplarlo en las páginas del Evangelio.

Como en este tiempo se reducirán las actividades formativas en los Centros de la Obra, ofrecemos esta meditación en la que el sacerdote utiliza las circunstancias en las que nos encontramos --lejanamente similares al periodo de aislamiento de san Josemaría con un grupo de personas de la Obra, en 1937, durante la guerra civil española-, y el evangelio del domingo para proponer unos puntos para conversar con el Señor.


 

¿Qué es una meditación de San Rafael?

Es un medio o instrumento que desarrolla el Opus Dei para la formación de la gente joven.

En cada centro de San Rafael se organiza al menos una meditación semanal predicada por el sacerdote: un rato de oración a partir de un texto del Evangelio, de la liturgia del día, etc. La oración es una exigencia de la vida cristiana: “El contacto vivo con Cristo es la ayuda decisiva para continuar en el camino recto [...]. Quien reza no desperdicia su tiempo, aunque todo haga pensar en una situación de emergencia y parezca impulsar sólo a la acción”. Por eso, la pedagogía del arte de la oración será siempre una prioridad educativa en la obra de San Rafael.

Si es posible, la meditación se suele tener los sábados, día tradicionalmente dedicado a la Virgen, como manifestación de amor a la Madre de Dios. De ordinario, la meditación va seguida de la exposición y bendición con el Santísimo Sacramento y del canto de la Salve o de otra antífona mariana, según el tiempo litúrgico. Es una expresión más del lugar central que ocupa la Eucaristía en la Iglesia.

 

 

Comentario al Evangelio: Paráclito

Evangelio del Sexto Domingo de Pascua (Ciclo A) y comentario al evangelio.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Jn 14,15-21)

Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros siempre: el Espíritu de la verdad, al que el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce; vosotros le conocéis porque permanece a vuestro lado y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, yo volveré a vosotros. Todavía un poco más y el mundo ya no me verá, pero vosotros me veréis porque yo vivo y también vosotros viviréis. Ese día conoceréis que yo estoy en el Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre, y yo le amaré y yo mismo me manifestaré a él.

 


Comentario

Estas palabras nos introducen en ese clima de intimidad con el que Jesús abría su corazón a los Apóstoles durante la última cena.

Comienza diciendo algo claro y exigente: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos” (v. 15). Dios no es veleidoso, ni sus mandamientos son ocurrencias arbitrarias para imponer su autoridad. Al contrario, son expresión del amor con el que un buen Padre enseña a sus hijos cómo comportarse para ser felices. Ciertamente, en algunas situaciones ajustarse a lo que Dios manda resulta costoso. De hecho, “en las discusiones sobre los nuevos y complejos problemas morales, puede parecer como si la moral cristiana fuese en sí misma demasiado difícil: ardua para ser comprendida y casi imposible de practicarse. Esto es falso –respondía San Juan Pablo II–, porque –en términos de sencillez evangélica– consiste fundamentalmente en el seguimiento de Jesucristo, en el abandonarse a él, en el dejarse transformar por su gracia y ser renovados por su misericordia (…). El seguimiento de Cristo clarificará progresivamente las características de la auténtica moralidad cristiana y dará, al mismo tiempo, la fuerza vital para su realización. (…) Quien ama a Cristo observa sus mandamientos”[1]. La justa correspondencia al amor que recibimos de Dios reclama dejarse querer, y eso no consiste en otra cosa que en guardar fielmente todo lo que ha mandado. Así lo dice Jesús confidencialmente a sus discípulos: “el que acepta mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama” (v. 21).

Jesús es consciente del esfuerzo que supone guardar sus mandamientos, pero nos asegura que contaremos con una ayuda inestimable: “yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros siempre” (v. 16). La palabra Paráclito viene del griego parakletós, un término que significa uno llamado al lado para ayudar – un consolador, defensor o abogado. Es alguien invitado a caminar junto a nosotros, que nos acompaña, nos advierte de los obstáculos, nos defiende, pero, a la vez, va hablándonos suavemente, confortando, sugiriendo, animando… El Paráclito es un fiel compañero inseparable.

Jesús mismo no dejará nunca de ser nuestro parakletós, como lo prometió a los discípulos: “no os dejaré huérfanos, yo volveré a vosotros” (v. 18). Pero, además de él, promete “otro Paráclito para que esté con vosotros siempre” (v. 16). Se refiere al Espíritu Santo. “En efecto, el primer Paráclito -son palabras de Benedicto XVI- es el Hijo encarnado, que vino para defender al hombre del acusador por antonomasia, que es satanás. En el momento en que Cristo, cumplida su misión, vuelve al Padre, el Padre envía al Espíritu como Defensor y Consolador, para que permanezca para siempre con los creyentes, habitando dentro de ellos. Así, entre Dios Padre y los discípulos se entabla, gracias a la mediación del Hijo y del Espíritu Santo, una relación íntima de reciprocidad: ‘yo estoy en el Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros’, dice Jesús (v. 20)[2]”.

“Meditando estas palabras de Jesús –nos dice el Papa Francisco–, nosotros hoy percibimos ser el Pueblo de Dios en comunión con el Padre y con Jesús mediante el Espíritu Santo. (…) El Señor hoy nos llama a corresponder generosamente a la llamada evangélica, al amor, poniendo a Dios en el centro de nuestra vida y dedicándonos al servicio de los hermanos, especialmente a los más necesitados de apoyo y consuelo”[3].


[1] S. Juan Pablo II, Enc. Veritatis splendor, n. 119.

[2] Benedicto XVI, Homilía, 27 abril de 2008.

[3] Papa Francisco, Regina coeli, 21 de mayo de 2017.

 


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Voluntarios del amor de Dios

Ernesto Juliá

Exposición del Santísimo Sacramento.

En medio de todas las restricciones del culto que hemos vivido estos días, y esperemos que pronto se pueda volver a la normalidad con los cuidados necesarios para que el virus no rebrote, estamos asistiendo a unas manifestaciones de caridad en muchas parroquias que, sin duda, habrán sido muy bien recibidas en el Cielo.

Hombres y mujeres, jóvenes y personas de una cierta edad, se han presentado voluntarios para atender a enfermos, acompañar a ancianos que estaban solos en sus casas, llevar comida a familias necesitadas, cuidar a desvalidos en cualquier situación difícil, etc.; y han sacado adelante su tarea con todos los cuidados y prevenciones sanitarias necesarias.

He visto a muchas de esas personas llegar al templo, arrodillarse ante el Sagrario, estar un rato de oración y adoración, cada uno guardando las distancias previstas, ante el Señor Sacramentado que no abandona jamás la tierra, ni se recluye ante ninguna pandemia; y salir luego a llevar a cabo su misión de caridad cristiana. Y digo caridad, aunque las noticias hablen con mucha más frecuencia de solidaridad que de caridad, por lo que añado a continuación.

Muchos de estos voluntarios quizá no son conscientes de que, al verlos con esa disposición y pidiéndole a Él ayuda, adorándolo, para realizar su labor, el Señor se va a servir de sus disposiciones para hacer llegar Su Amor a todas esas personas necesitadas a las que van a atender.

La gente que conocí en aquella parroquia era muy consciente de que no iban a vivir con aquellos necesitados de cariño, de atención, un simple deseo de ser solidarios con su situación. Ellos rezaron, y rezan, para que con su cercanía el corazón y la mente de esas personas descubran que Quien les está atendiendo y dando cariño es el mismo Cristo.

Amor a Dios, amor al prójimo. Es el Mandamiento Nuevo de Jesús; y amar al prójimo como Él nos ama. Los cristianos, y todos los hombres, tenemos un cierto y grave deber de mejorar en nuestra relación con el prójimo, para que no sea una simple solidaridad en sus necesidades y sus penas que, si acaso, llegaría a ser una caridad horizontal, de hombre a hombre; pero que no llegaría a abrirles el alma para que ellos amen a Cristo, que es el mejor bien que un ser humano puede recibir.

En estos voluntarios no había ese peligro. Al adorar de rodillas a Cristo Sacramentado estaban abriendo su corazón y renovando su buen deseo de amar a Dios sobre todas las cosas. Vivirían una caridad también vertical, de Dios al hombre, y su corazón sería un cauce para que el amor de Dios se derrame en aquellos necesitados de pan y de amor que iban a acompañar. 

Al verlos prepararse con sus mascarillas, guantes, me acordé de una visita semejante que hice con un par de seminaristas a un sacerdote anciano que estaba enfermo en un hospital. Nos recibió un poco extrañado. Después de un rato de intentar establecer una buena relación, me preguntó que queríamos de él, que él no nos podía dar nada. Le miré con cariño, estaba muy triste, y le dije que no queríamos nada, que solamente deseábamos que pasara un buen rato, y que viera que había sacerdotes y futuros sacerdotes que le querían, y que le daban gracias por toda su sacrificada vida sacerdotal. Comenzó a llorar; cambió su disposición, y después de un rato de paz y alegría, al despedirnos y después de bendecirnos, me pidió que le confesara.

Aquellos voluntarios regresaron contentos y conmovidos de su misión. Con las comidas y la compañía están desarrollando su labor con Cristo, por Cristo y en Cristo. Y con Cristo piden a Dios que los que atienden respiren ese buen aroma de Cristo, descubran el amor de Cristo en la Cruz que les acompaña en sus sufrimientos de cada día, y recen con ellos a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, que es a Quien rezan aunque se hayan olvidado hasta del Padrenuestro y, por sus circunstancias, no sean del todo conscientes de lo que hacen.

ernesto.julia@gmail.com

 

Laicidad y laicismo

 Daniel Tirapu 

photo_cameraEstado laico

El profesor Viladrich en los años 80 desarrolló el concepto de laicidad del Estado, entendiendo por tal que el Estado no es competente en materias religiosas en cuanto tales, que la Fe es libre de Estado, que por supuesto el Estado ni es ateo, ni agnóstico, ni confesional, ni concurre, ni compite, ni sustituye al ciudadano en su creencia religiosa. Por ello la laicidad significa que el Estado en cuanto tal es Estado y se relaciona con el hecho religioso y las confesiones a través del Derecho en su repercusión social y jurídica.

Esto lleva a concluir que el Estado no puede ser agresivo, hostil, laicista frente a la religión. Cosa diferente sería equiparar Estado y sociedad. La sociedad mantiene sus creencias que deben ser tenidas en cuenta por los poderes públicos y reguladas por acuerdos con las confesiones religiosas (en España con la Iglesia católica y, por el momento, con musulmanes, judíos y protestantes). Otro equívoco, a mi entender, es el contraponer laico a confesional o religioso, de tal modo que si eres creyente o cuentas con tus convicciones religiosas, ya no eres laico. Laico lo es el creyente y el no creyente, porque ambos son ciudadanos en plena igualdad, ni más ni menos. Por tanto, personalmente no renuncio a ser laico.

Otro malentendido no casual es pensar que el pensamiento del creyente determina su discurso académico, político, científico; y en cambio el pensamiento “laico” es neutro, científico, objetivo, no sometido más que a la razón. Nada más lejos de la realidad: el pensamiento “laico” está lleno de ideología, concepciones del hombre y la sociedad y, en algunas ocasiones, imbuido de su aparente neutralidad, puede intentar imponerse como un laicismo confesional.

 

La soledad, una nueva epidemia mundial

Lucía Legorreta 

La soledad se ha catalogado como una epidemia social, que en el caso de Inglaterra afecta a nueve millones de personas, que representa al 14 por ciento de la población.

Me llamó mucho la atención, al mismo tiempo que me dio tristeza cuando leí que la primera ministra de Gran Bretaña creó una Secretaria de Estado para luchar contra la soledad.

Se ha catalogado como una epidemia social, que en el caso de Inglaterra afecta a nueve millones de personas, que representa al 14 por ciento de la población. Es una triste realidad de la vida moderna y se ha convertido en un desafío para los gobiernos.

Consiste en atender a la soledad que padecen hombres y mujeres mayores, aquellos que han perdido a seres queridos, a los cuidadores, en resumen, a aquellas personas que no tienen a nadie con quien hablar o compartir sus pensamientos y experiencias.

El problema crecerá a medida que la expectativa de vida crece, hay cada vez más adultos mayores que viven solos.

La soledad está muchas veces asociada a enfermedades cardiovasculares, demencia, depresión y ansiedad, las cuales además de afectar a la persona, le cuestan dinero al país.

Estudios han demostrado que la soledad produce estrés y que puede ser tan dañina para la salud como fumar o beber en exceso. Somos seres sociables, y el no comunicarnos con los demás, tiene efectos peligrosos en nuestra salud.

Para que te des una idea de la situación. Hasta 200 mil personas mayores en Reino Unido no han tenido una conversación con un amigo o familiar en más de un mes. ¡Te imaginas esto! En España, en uno de cada cuatro hogares, vive una persona sola.

Pero la soledad no sólo se está presentando en personas mayores. La adicción entre los jóvenes a la tecnología está causando no solo aislamiento social, sino trastornos de atención, depresión, ansiedad e ideas suicidas según la nueva campaña en los Estados Unidos La verdad sobre la tecnología.

En las últimas décadas, la soledad ha pasado de desgracia personal a, como ya mencionamos, una epidemia social. Cada vez más personas viven solas, trabajamos en casa, estamos inmersos en la tecnología, pasamos tiempo solos y convivimos poco con los demás.

Después de estudios e investigaciones en los Estados Unidos, Europa, Asia y Australia, se ha llegado a afirmar que la soledad, entendida como aislamiento social, puede representar una mayor amenaza para el sistema sanitario que la obesidad, y que además la conexión social puede reducir en un 50% la muerte prematura de quienes están o se sienten solos.

¿Qué hacer ante esta epidemia moderna?

Por supuesto que los gobiernos deben fomentar lugares de convivencia, parques y actividades para que los ciudadanos convivan, pero nosotros podemos hacer mucho también.

Reflexiona si algún familiar o persona cercana está sola. Acércate a ella, convive y no permitas que se aísle. En nuestro país la familia sigue siendo un valor muy importante, no lo perdamos.

¿Y por qué no? Hacer que la gente solitaria haga trabajo voluntario. El ayudar a los demás crea un propósito de vida. ¿Por qué no convertir el altruismo en una herramienta para ayudar a combatir la soledad?
Te parece bien, empecemos hoy y no permitamos que nadie a nuestro alrededor viva en soledad.

 

Jesús maestro

Escrito por Silvia del Valle.

Los maestros tienen un papel fundamental en la formación humana por eso debemos ser agradecidos con ellos. 

El papel de Jesús es muy importante porque Él es el Maestro por excelencia y por lo mismo debe ser el ejemplo de los maestros para nuestros hijos.

Y así también nuestros hijos deben respetar a los maestros porque son figuras de Cristo y porque con su testimonio les ayudan a ser mejores.

En la actualidad es muy difícil mantener el respeto por las personas que tienen autoridad, en especial por los maestros, por eso aquí les dejo mis 5Tips para lograrlo.

Primero. La dignidad es primero.

Es importante recordar que antes que nada somos personas, hechas a imagen y semejanza de Dios, por eso merecemos ser tratadas como tales.

Vale la pena que eduquemos a nuestros hijos para que sepan respetuosos y obedientes con los maestros con nuestro ejemplo.

Nuestro hijos deben saber que cualquier persona debe ser tratada como hijo de Dios.

Segundo. La gratitud ante todo.

Es importante que también nuestros hijos sean agradecidos con los maestros ya que ellos les dedican su trabajo y su tiempo.

La gratitud nos ayuda a tratar mejor a las personas ya que nos hace querer corresponderles todo lo que hacen por nosotros.

Si nuestros hijos saben ser agradecidos, tratarán bien a sus maestros y harán caso de los que les piden pues comprenderán que todo lo que hacen los maestros es por su bien y para que su educación sea completa e integral.

Con esto no quiero decir que no puedan estar en desacuerdo con las formas de ser de sus maestros; pero sí que siempre deben ser respetuosos y que sepan hablar y expresar lo que sienten para llegar a acuerdos, de forma respetuosa y educada.

Tercero. La autoridad viene de Dios.

Si tenemos claro este punto, será más fácil respetar y obedecer a los maestros, porque podremos ver en ellos la imagen de Dios.

Vale la pena que eduquemos a nuestros hijos así, para que puedan sacar el mayor beneficio en su educación y también puedan recibir los mayores frutos de los talentos que Dios le ha dado a cada maestro.

Si algunos de sus maestros no les transmiten a Dios, es importante que nosotros les ayudemos a encontrarlo en ellos y de no ser posible, es mejor que nosotros hablemos con los maestros para expresarles lo que sienten o perciben nuestros hijos.

Siempre deben sentir que estamos ahí para ayudarles y ser mediadores.

Cuarto. Hay que aprender a escuchar y comprender.

En muchas ocasiones los problemas o malos entendidos se dan por no saber escuchar y comprender lo que nos dicen.

No niego que hay casos dónde es el maestro el que comete errores, algunos muy graves; pero en su mayoría, todos los problemas se dan por una mala comunicación.

Si enseñamos a nuestros hijos a escuchar es más fácil que entiendan a los maestros y que tengan una buena relación con ellos.

Y si por alguna razón no comprenden lo que dicen, es mejor preguntar y aclarar las cosas y que puedan realizar lo que se les pide o que puedan obedecer con prontitud y diligencia.

Quinto. Nuestro ejemplo es necesario.

Como decíamos, nuestros hijos aprenden de nosotros, así que es básico no hablar mal de los maestros, y menos en presencia de nuestros hijos.

En muchas ocasiones, nuestros hijos sólo repiten lo que escuchan que nosotros decimos de los maestros, así que debemos tener cuidado con esto.

Los maestros pueden y deben ser nuestros mejores aliados en la educación de nuestros hijos.

Oremos por nuestros maestros para que sean maestros a ejemplo de Jesús.

 

La Universidad presenta un plan frente al Covid19 para el curso 2020/21

El centro destinará 2 millones de euros más a becas alcanzando los 6,5 millones de euros para grado y máster. Apuesta por mejorar la calidad docente, presencial y online, y un protocolo sanitario con acceso a test PCR para estudiantes y empleados

FOTO: Manuel Castells

 

La Universidad de Navarra refuerza su programa de ayudas y va a destinar 2 millones de euros más para estudiantes de grado y de máster, cuyas familias atraviesen dificultades económicas debido a la crisis del coronavirus.

 

El presupuesto global destinado a becas para el próximo curso ascenderá a 6,5 millones de euros, incluidos otros programas como Becas Alumni. El objetivo es que se beneficien alrededor de 3.000 alumnos, mil más que este año. «La Universidad pretende realizar un esfuerzo especial y se propone también solicitar ayuda a antiguos alumnos, empresas, instituciones y donantes particulares que quieran contribuir a formar una nueva generación de profesionales, capaces de afrontar los desafíos futuros», ha explicado el rector, Alfonso Sánchez-Tabernero.

Este incremento de las ayudas al estudio es uno de tres ejes del plan denominado Prepara2, diseñado para afrontar el próximo curso académico y hacer frente a la crisis generada por la pandemia.  “Estamos preparados para seguir poniendo nuestro trabajo, nuestro conocimiento y nuestra investigación al servicio de la sociedad, ahora más que nunca, necesitada de solidaridad. Para garantizar que ningún alumno que quiera estudiar en la Universidad de Navarra se quede sin poder hacerlo; impartir una docencia innovadora; y convertir nuestros campus en lugares seguros para empleados, estudiantes y visitantes”, ha continuado.

El rector se ha dirigido hoy a todos los empleados de la Universidad durante una sesión online y ha explicado las medidas que la entidad tiene previstas para estos próximos meses y para el curso 2020-21. Además de las ayudas económicas, se sigue abogando por una docencia personalizada y el cuidado de la salud de toda la comunidad universitaria.

Docencia para construir un mundo más humano

“En la Universidad de Navarra nos preparamos para vivir un mundo nuevo. A primera vista, sobreviene un sentimiento de incertidumbre y temor. Sin embargo, la crisis sanitaria del Covid19 ha subrayado lo que siempre hemos enseñado y aprendido: que la ciencia está al servicio de la vida, que somos vulnerables y necesitamos del cuidado del otro, que construir un mundo más humano y solidario es la opción más hermosa e inteligente. Nuestra docencia tiene esa finalidad formativa y la crisis no ha hecho más que reforzarla”, ha indicado Sánchez-Tabernero.

La Universidad sigue apostando por la presencialidad, la relación entre profesores y alumnos de diferentes países y la convivencia. Al respecto, el rector ha señalado que el centro está trabajando con un objetivo claro: el comienzo de las clases de forma presencial el próximo 1 de septiembre, siempre que lo permitan las autoridades y aplicando todos los protocolos sanitarios.

No obstante, la institución no descarta la docencia online en caso de que fuera necesario, si hay estudiantes que no pueden asistir a clase temporalmente o si hubiera que volver a cerrar las aulas. “En todos los escenarios posibles hay una condición invariable: los profesores impartirán una docencia de calidad, de cada profesor a cada alumno, de manera que no se vea deteriorado su rendimiento académico”, ha asegurado.

De cara al curso que viene, el servicio de Calidad e Innovación continúa trabajando para diseñar nuevas metodologías docentes que estimulen el aprendizaje-servicio y el trabajo intelectual y colaborativo, incorporando todo lo que, de forma acelerada, se ha aprendido durante los meses de marzo, abril y mayo.La actividad de la Universidad de Navarra no se ha parado con el confinamiento. Después de casi dos meses de docencia online se han impartido 1.889 asignaturas de forma no presencial, 24.640 horas lectivas, y se están realizando 68.742 exámenes de modo no presencial. Los alumnos han recibido 1.000 sesiones online al día, han participado en 29.258 foros de discusión, han generado 3,5 millones de archivos y han presentado un total de 1.379 trabajos fin de grado y de máster.

“Son datos que hablan de una intensa actividad en la red y también del carácter extraordinario de nuestros alumnos. En estos días han entendido que ahora les toca a ellos liderar su proceso de aprendizaje y han comprendido que no podemos controlar todas las variables”, ha señalado el rector.

Precisamente a los alumnos de último curso ha querido Sánchez-Tabernero referirse de un modo especial: “Muchos de vosotros volveréis a la Universidad para cursar un máster. Al mismo tiempo nos gustaría que todos pudierais celebrar la graduación que soñáis, en cuanto sea posible. Queremos acompañaros y ayudaros en estos momentos que para vosotros son muy complicados, por  las dificultades para encontrar el primer empleo”. Además, en las facultades se han constituido grupos de apoyo para atender las necesidades de los estudiantes.

Test PCR para empleados y alumnos

El plan Prepara2 muestra especial atención al cuidado de la salud. Entre otras medidas, incluye que los estudiantes y los empleados de la Universidad, siempre que las autoridades sanitarias lo permitan, puedan hacerse la prueba PCR. Se ha establecido un protocolo sanitario en caso de detectar síntomas de Covid19 y los estudiantes recibirán información específica sobre cobertura sanitaria. Está prevista la puesta en marcha de una oficina médica virtual para atender las consultas de los alumnos.

Además, se han establecido una serie de medidas de prevención e higiene en todos los espacios del campus que incluyen, entre otras: promover el distanciamiento interpersonal o social, controlando aforos y flexibilizando los horarios para evitar aglomeraciones en aulas, comedores y otros espacios comunes; el uso generalizado de mascarilla y alcogel; y se han empezado a colocar mamparas protectoras en distintos puestos de trabajo, comenzando por los que requieren un contacto directo con el público.

 

 

Estudian el uso de la ivermectina para disminuir la transmisión del COVID-19

La Clínica Universidad de Navarra y el Instituto de Salud Global de Barcelona inician un ensayo clínico para determinar la eficacia de este antiparasitario para reducir el transporte viral a los 7 día

El equipo investigador de la Clínica Universidad de Navarra se conecta con los investigadores del ISGlobal.

14 de mayo de 2020

La Clínica Universidad de Navarra y el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), un centro impulsado por la Fundación ‘la Caixa’, inician un ensayo clínico para investigar la eficacia de la ivermectina en la disminución de la transmisión del COVID-19. En colaboración con Idifarma, buscan determinar si en las personas tratadas con ivermectina, el virus desaparece con mayor rapidez.

“La ivermectina tiene un efecto antiviral comprobado contra otros virus de ARN de cadena única como el dengue o la fiebre amarilla, ante los cuales ha logrado inhibir su replicación in vitro”, explica el Dr. Carlos Chaccour, especialista de la Clínica y de ISGlobal. “Además, tiene un papel inmunomodulador que es interesante evaluar, ya que se ha visto que uno de los grandes problemas del virus SARS CoV-2 es su respuesta inmune desordenada”, añade el investigador principal.

Recientemente, se ha demostrado que la ivermectina puede inhibir la replicación del SARS-CoV-2 in vitro a muy altas dosis, pero todavía no se ha estudiado in vivo. Un paso que se va a llevar a cabo en este ensayo aleatorizado en 24 pacientes con enfermedad leve, con menos de 48 horas desde la presentación de síntomas y sin factores de riesgo, a quienes se va a administrar una dosis única en comprimidos.

Estos pacientes de reciente diagnóstico no precisan ingreso, por lo que el seguimiento se realiza en sus hogares durante su periodo de aislamiento domiciliario. “Les daremos una sola dosis a los pacientes en el momento que vengan a la Clínica a la realización de la prueba PCR y, posteriormente, les haremos un seguimiento durante un mes en sus casas, a las que acudiremos cinco veces para tomarles muestras nasales y controlar la sintomatología. Así veremos si la invermectina consigue que negativicen más rápido”, detalla.

El proyecto tiene el nombre de SARS-CoV-2 Ivermectin Navarra ISGlobal Trial (SAINT) y ha sido financiado con fondos propios de la Clínica Universidad de Navarra e ISGlobal.

Toda la muestra de pacientes se seleccionará en la Clínica Universidad de Navarra en su sede de Pamplona, mientras que el análisis de la respuesta inmune se realizará de forma conjunta con ISGlobal. 

 

 

La magnitud de la pandemia

Pocos atendieron a los avisos que periódicamente se difundían sobre las deficiencias o quiebras del estado del bienestar, como si fuese algo adquirido para siempre y sin riesgos especiales. Así, en las discusiones de la vigente carta social europea, aparecía más el deseo de reflejar un mapa de lo conseguido que una hoja de ruta hacia el porvenir. Para críticos radicales, todo se reducía a una operación cosmética de la Europa de los mercaderes.

La magnitud de la pandemia hace aflorar las grandes virtudes ocultas de muchas personas, pero también la existencia de problemas sociales más serios de los que quizá pensábamos. Afectan a núcleos de población muy extensos, con notables diferencias lógicamente de unos países a otros, en función del desarrollo. Pero no hay una Arcadia feliz.

Querría repasar algunos de estos problemas, anotados según leía, para darle vueltas en tiempos de confinamiento. Escribo sin orden de preferencia: no hay jerarquía de valores; todos son importantes, porque afectan a personas singulares -no pocas, además. Excluyo de antemano, porque me parece ostensible, lo relacionado con los sistemas sanitarios y la lucha contra las enfermedades endémicas. A naciones de África, como el antiguo Congo belga, les llega el coronavirus cuando no acaban de salir de ébola, y siguen sin tener vacunas contra la malaria y enfermedades infecciosas, que causan un número incontable de muertos.

Enric Barrull Casals

 

 

No un subsidio permanente

En línea con lo que ha venido diciendo el Papa Francisco, el Secretario de la Conferencia Episcopal explicó con gran claridad y matización que es urgente atender a la necesidad perentoria de mucha gente en estos momentos, pero que eso no debería significar establecer una suerte de subsidio permanente que retirase del horizonte del trabajo a amplias franjas de la población.

Pienso que atender a las necesidades básicas con la fórmula técnica que se arbitre es urgente para buena parte de la población, que ya estaba en situación de extrema vulnerabilidad o que se ha visto golpeada por la pandemia y ha perdido su empleo. Pero que grupos amplios de ciudadanos vivan subsidiados de manera permanente no es un horizonte deseable ni para ellos ni para el bien común.

Suso do Madrid

 

 

De la España vacía

Volver sobre los grandes libros de nuestros clásicos es un ejercicio espléndido. Muchos españoles han leído, quizá en sus tiempos de colegio, uno de los libros más famosos de Miguel Delibes, El camino. Y una vez más se manifiesta, en este libro, la diferencia tan notoria entre lo que engancha o gusta en la primera lectura y lo que percibimos años después.

El centenario del nacimiento del autor es una ocasión buena para volver a disfrutar de su obra. La historia que se relata es de otros tiempos, lo cual añade un interés cultural a la lectura. Ahora apenas hay comparación. Todo lo que ocurre en un pueblo del norte de Castilla, ya cerca de las montañas, en el valle, no tiene apenas parecido con las costumbres y modos de vivir ahora en los pueblos de Castilla o de cualquier otra parte de la geografía hispana.

En los años cincuenta del siglo pasado, en los que se sitúa esta historia, los niños iban a la escuela en el pueblo. En general eran escuelas de un aula, con una maestra o un maestro para todas las edades. Al llegar los diez años hacían el examen de ingreso, no en el pueblo, en la capital de la provincia, y, si la familia tenía posibles, el niño se trasladaba a la ciudad, y allí vivía como interno, compartiendo aula con los chicos de la ciudad, que eran los externos. La mayoría de esos internados eran de religiosos.

El futuro que se le presenta a Daniel, el Mochuelo, es totalmente distinto a lo que ha vivido toda su corta vida y la noche previa a su partida piensa en su mundo, que debe dejar. Sus amigos, el campo, la montaña, las praderas, los personajes que han girado en su entorno, en un ambiente que ahora se nos antojaría intolerable. No había televisión. Se cuenta como en una circunstancia especial y por motivos que ahora resultarían sorprendentes, se pone un cine en una cuadra reciclada.

Es entrañable la vida pequeña de un pueblecito. Pero nos sorprende que los pocos habitantes que hoy quedan no busquen un hueco en nuestras ciudades. Estamos convencidos de que vivirían mejor, pero la verdad es que en la ciudad les espera un pisito incómodo en un barrio extremo. En el pueblo tenían una casa, un trabajo y toda la naturaleza para disfrutar, con sus momentos buenos y malos.

Nos da pena oír hablar de la España vacía. Pero al mismo tiempo entendemos que tiene poco remedio. No hace falta gente allí, junto a los campos, para arar la tierra o recoger los frutos.

Ahora hay tractores y cosechadoras. Pero al leer las vicisitudes de Daniel, el Mochuelo, le comprendemos y produce cierta tristeza que tenga que desplazarse a una vida tan distinta. Yo, que viví el mismo problema, sólo unos años después, de niño, había obtenido un sobresaliente en el examen de ingreso, me negué, sólo unos años después comprendí que, aunque la ciudad no era para mí, debía estudiar, trabajando y estudiando conseguir el título de Ingeniero Técnico Agrícola, del cual, aunque ya jubilado, soy el Presidente del CETAFC.  

Domingo Martínez Madrid

 

 

Han vuelto a rezar el Padrenuestro

Quizá algunos han olvidado el Padrenuestro que rezaban de niños, entendiendo entonces mucho más que cuando se han hecho adultos al perder la limpieza de alma, pues se creen superhombres: solo ven el trabajo de tejas abajo, el poder y el honor de una casta superior, alcanzando unos escaños con apaños urdidos en la sombra.

Conozco a muchas personas que han vuelto a rezar el Padrenuestro y las oraciones de siempre, no tanto por miedo cuanto por el sosiego que permite reflexionar sobre el sentido de la propia vida, el valor de la familia y de la amistad, y la importancia de contar con Dios. Como nunca hasta ahora son innumerables las familias que participan cada día en la Misa retransmitida por cadenas de televisión, que practican la comunión espiritual con una profundidad que nunca habían advertido, que rezan el Rosario ante la imagen de la Virgen de su hogar contemplada con renovado amor.

Termina la Caballé las peticiones del Padrenuestro cantando con emoción “no nos dejes caer en la tentación. Y líbranos del mal. Amén”. Y muchos pedimos lo mismo tantas veces para que, cuando salgamos de esta reclusión forzosa y recuperemos las libertades abolidas por decreto, no volvamos a olvidarnos de Dios.

Jesús Martínez Madrid

 

 

Dos opuestos: Para mí admirables en política

 

                                Uno ya marchó de este mundo hace dieciocho años (Enero de 2012); el otro y cuando esto escribo, se encuentra ya, “en la antesala del más allá”; y por tanto, ambos que fueron famosos, íntegros, fieles a sus creencias o principios, tienen asegurada su presencia en la historia de esta España, donde “la chaqueta del político”, cambia de color cuasi como cambiamos de camisa, pantalones o incluso calcetines; la mayoría de españoles, “o españolitos de a pie, siempre empleados, como “juguetes políticos y expoliados, por los hunos y por los hotros”.

                                El primero (por su edad) se llamó, Manuel Fraga Iribarne y el segundo (más joven pero ya viejo) se sigue llamando, Manuel Anguita Parrado; ambos destacados y verdaderos líderes de masas; y que en la zona donde llegaron a gobernar, dejan recuerdos imborrables, de su buen hacer, como administradores de “la res pública y sus impuestos”; de su integridad como hombres de bien, insobornables y sobre todo fieles creyentes de los principios que propagaron; y cosa rara en España, a ninguno se le ha visto envuelto en ninguno de los, “repugnantes enjuagues de la sucia política española y que tiene a España tal y como nos la encontramos”; ese día en que éste aún vivo líder de masas, se encuentra en ese estado de, “fin de carrera; y puede que de fin de estancia en este perro mundo”.

                                Al primero y sin conocerlo de nada, en un discurso que vino a pronunciar en un teatro de mi ciudad, le interpelé con una clara y dura pregunta…  “¿Y qué nos ofrece usted o su partido, a esta tierra tan abandonada por todos los gobiernos?”; (más o menos puesto que juega la memoria, pero que fue muy aplaudida por los asistentes a aquel teatro (el Asuán ya desaparecido), puesto que eran los primeros tiempos tras el franquismo, y el orador, era fiel o bastante seguidor de Franco, al fundar, “su Alianza Popular”; y las gentes de mi tierra, aún tenían, “los miedos y reparos al recién muerto dictador y allí acudieron en inmensa mayoría, los de su cuerda para oír al que pensaban, sería su continuador”; no fue así y al final, fue postergado y nunca llegó a presidente de un gobierno de España, cosa que yo estimo, fue una perdida enorme, ya que luego demostró, lo que era como gobernante, cuando logró regir su región natal (Galicia); y dónde “la siembra que allí dejó”, fructificó con gran enraizamiento, puesto que prácticamente, siguen siendo sus seguidores, los que rigen aquel territorio; del que diré algo y el porqué de mis convicciones.

                                Fue en 1973 y en los días en que Franco por su grave enfermedad, tuvo que delegar en el entonces príncipe Juan Carlos; la jefatura del Estado; lo que creó en España, “los miedos que sólo saben los que los padecieron o padecimos”; más mi esposa y yo, que nos encontrábamos en La Coruña, en una excursión, para “aprender cosas de la hostelería, en la que entonces éramos muy novatos, pese a que el año anterior, habíamos inaugurado un pequeño hotel, que se sigue denominando, EUROPA; (le puse ese nombre, puesto que intuía por lógica, que antes o después, los ricos usureros del continente, tendrían que admitir a España; cosa que hicieron, pero atándola bien) y yo, me encontraba, con tres hipotecas y metido en un negocio que sólo conocía desde fuera, por lo que tenía que viajar, para ver y aprender. Aquel viaje fue inolvidable, por aquello de Franco hospitalizado y nosotros a mil kilómetros de nuestros tres hijos, muy menores de edad y que necesitaban a sus padres cerca de ellos… “¿Y si se lía algún follón de los que abundaron en España y nos dejan cortados tan lejos de nuestros lares? Hay que vivirlo para valorarlo”. Afortunadamente no pasó nada y pudimos terminar de conocer gran parte de aquella región y regresar felizmente a nuestro hogar. Pero aquella Galicia, más o menos estaba como mi Andalucía… “Y la Galicia que luego conocí veinte años después y gobernando Manuel Fraga, era ya otra muy diferente y ello se notaba con amplitud; no me extiendo más, pues esto es un artículo y por tanto solo puede ser un boceto.

                                En cuanto a Manuel Anguita (“curiosamente se trata de dos manueles”); como viajante o representante de comercio; visité la capital y principales pueblos de su provincia, desde el año 1963 al 1973 y conocía todo aquel territorio. Luego y por las noticias que la prensa, radio, televisión, Internet; fueron difundiendo del líder comunista, en su etapa de Alcalde de Córdoba, amén de sus muchísimas intervenciones hablando claro y “pretendiendo programas (en el parlamento como diputado y porta voz de su grupo) y no promesas que luego se olvidan”; llegué a la conclusión de lo que arriba digo, o sea, que ha sido un verdadero líder de masas, y que mantuvo su comunismo mientras pudo, hasta que ya retirado, esta ideología ha quedado en lo que es en realidad, o sea, “unos más y como todos, de panza y bolsillo”; puesto que ideales ya no hay ninguno, e ideas prácticas y a tenor con los tiempos y las necesidades de las masas de indefensos; es que ni se “huelen”; sigue imperando la fuerza del más fuerte, y el dinero convertido en “el dios supremo a adorar y sacrificarle todo lo habido y por haber”: Amén.

 

 

                                                    Antonio García Fuentes                

                                                       (Escritor y filósofo)                   

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes