Las Noticias de hoy 14 Junio 2021

Enviado por adminideas el Lun, 14/06/2021 - 12:38

ALGUNAS CHICAS NO PUEDEN IR A LA ESCUELA... ➤ Colección De Las Mejores  Frases

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 14 de junio de 2021  

Indice:

ROME REPORTS

El Papa en el Ángelus: Jesús nos infunde confianza, el bien crece en silencio

El Papa: Que las tragedias en el Mar Mediterráneo abatan el muro de la indiferencia

El Papa: No cerremos los ojos ante la explotación infantil y la carestía en el Tigray

LA VIDA DE LA GRACIA : Francisco Fernandez Carbajal

Evangelio del lunes: romper los ciclos del odio

“Fiesta del Corpus Christi” : San Josemaria

¿Un Dios que deja hacer? El mal y el dolor : Antonio Ducay

Desprendimiento : encuentra.com

El Examen Diario : encuentra.com

Don Mariano Fazio tiene un método : José Francisco Serrano Oceja 

La cruel masculinización de la mujer : Acción Familia

¿Es el cambio de sexo un Derecho Humano fundamental? : Julio Tudela

Educar para la democracia : Ana Teresa López de Llergo

¿Qué es la timidez?: Lucía Legorreta

Descanso : Mario Arroyo.

Feminismo y maternidad : Jesús Martínez Madrid

Dios es amor : Jesús Martínez Madrid

Junio 2021 : Josefa Romo Garlito

La despoblación : Valentín Abelenda Carrillo

Intimidar a los delegados que defienden las leyes y políticas pro-vida o pro-familia. : Pedro García

La lucha, la guerra y el cobarde gobierno : Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

El Papa en el Ángelus: Jesús nos infunde confianza, el bien crece en silencio

Este domingo, 13 de junio, en su alocución antes de rezar a la Madre de Dios, el Santo Padre invitó a los fieles a cultivar la confianza de estar en las manos de Dios y, al mismo tiempo, a esforzarnos todos por reconstruir y recomenzar, con paciencia y constancia, para así salir bien de la pandemia.

 

Renato Martinez - Ciudad del Vaticano

“Que María Santísima, la humilde sierva del Señor, nos enseñe a ver la grandeza de Dios que obra en las cosas pequeñas, y a vencer la tentación del desánimo fiándonos de Él cada día”, lo dijo el Papa Francisco en su alocución antes de rezar la oración mariana del Ángelus, de este XI Domingo del Tiempo Ordinario.

Buscar y hallar a Dios en todas las cosas

El Santo Padre señaló que, el Evangelio de este domingo, 13 de junio, en el que retomamos el tiempo litúrgico “Ordinario”, nos presenta dos parábolas que se inspiran precisamente en la vida ordinaria, y revelan la mirada atenta y profunda de Jesús, que observa la realidad y, mediante pequeñas imágenes cotidianas, abre ventanas hacia el misterio de Dios y la historia humana. “Así, nos enseña que incluso las cosas de cada día – precisó el Pontífice – esas que a veces parecen todas iguales y que llevamos adelante con distracción o cansancio, están habitadas por la presencia escondida de Dios”. Por tanto, necesitamos ojos atentos para saber “buscar y hallar a Dios en todas las cosas”, como le gustaba decir a San Ignacio de Loyola.

 

13/06/2021El Papa: No cerremos los ojos ante la explotación infantil y la carestía en el Tigray

El bien crece de modo humilde, a menudo invisible

Con estas parábolas, afirmó el Papa Francisco, Jesús compara el Reino de Dios, su presencia que habita el corazón de las cosas y del mundo, con el grano de mostaza, la semilla más pequeña que hay. “A veces, el fragor del mundo y las muchas actividades que llenan nuestras jornadas nos impiden detenernos y vislumbrar en qué modo el Señor conduce la historia. Y, sin embargo – asegura el Evangelio – Dios está obrando, como una pequeña semilla buena que silenciosa y lentamente germina. Y, poco a poco, se convierte en un árbol frondoso que da vida y reparo a todos”. También la semilla de nuestras buenas obras puede parecer poca cosa; mas todo lo que es bueno pertenece a Dios y, por tanto, humilde y lentamente, da fruto. El bien – recordémoslo – crece siempre de modo humilde, escondido, a menudo invisible.

 

13/06/2021Ángelus del 13 de junio de 2021

Dios actúa siempre en el terreno de nuestra vida

Con esta parábola, ratificó el Pontífice, Jesús quiere infundirnos confianza. De hecho, en muchas situaciones de la vida puede suceder que nos desanimemos al ver la debilidad del bien respecto a la fuerza aparente del mal. “Y podemos dejar que el desánimo nos paralice cuando constatamos que nos hemos esforzado, pero no hemos obtenido resultados y parece que las cosas nunca cambian”. El Evangelio – señaló el Papa – nos pide una mirada nueva sobre nosotros mismos y sobre la realidad; pide que tengamos ojos grandes que saben ver más allá, especialmente más allá de las apariencias, para descubrir la presencia de Dios que, como amor humilde, está siempre operando en el terreno de nuestra vida y en el de la historia.

“Y esta es nuestra confianza, es esto lo que nos da fuerzas para seguir adelante cada día con paciencia, sembrando el bien que dará fruto. ¡Qué importante es esta actitud para salir bien de la pandemia! Cultivar la confianza de estar en las manos de Dios y, al mismo tiempo, esforzarnos todos por reconstruir y recomenzar, con paciencia y constancia”

Con Dios siempre hay esperanza de nuevos brotes

Finalmente, el Papa Francisco explicó la segunda parábola que nos presenta el Evangelio de hoy y dijo que, también en la Iglesia puede arraigar la cizaña del desánimo, sobre todo cuando asistimos a la crisis de la fe y al fracaso de varios proyectos e iniciativas. Pero no olvidemos nunca – afirmó el Papa – que los resultados de la siembra no dependen de nuestras capacidades: dependen de la acción de Dios. A nosotros nos toca sembrar con amor, esfuerzo, paciencia. Pero la fuerza de la semilla es divina. Con Dios siempre hay esperanza de nuevos brotes, incluso en los terrenos más áridos.

 

El Papa: Que las tragedias en el Mar Mediterráneo abatan el muro de la indiferencia

Tras rezar la oración mariana del Ángelus, de este domingo 13 de junio, el Santo Padre agradeció a los voluntarios y donantes de sangre por su testimonio de generosidad y gratitud; asimismo, dirigió su pensamiento a las muchas tragedias en el Mar Mediterráneo para que se abata el muro de la indiferencia.

 

Ciudad del Vaticano

“Esta tarde tendrá lugar en Augusta, en Sicilia, la ceremonia de acogida de los restos de la barca que naufragó el 18 de abril de 2015. Que este símbolo de las muchas tragedias del mar Mediterráneo siga interpelando a la conciencia de todos y favorezca el crecimiento de una humanidad más solidaria, que abata el muro de la indiferencia”, lo dijo el Papa Francisco después de rezar la oración mariana del Ángelus de este domingo 13 de junio, recordando la ceremonia de recepción de los restos del naufragio del 18 de abril de 2015, que se realizará en el Muelle Nuevo de Augusta, en Sicilia.

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Un aguijón que interpela nuestras conciencias

Esta iniciativa forma parte de las celebraciones de la Madonna della Stella Maris, en ella la barcaza, cuyo hundimiento provocó la muerte de más de un millar de migrantes, fue recuperada en 2016 del mar por el Gobierno italiano para llevar a cabo la penosa labor de traslado y posible reconocimiento de los seres humanos atrapados en su interior. El derrelicto se expuso en la Bienal de Arte de Venecia en 2019 y el pasado 20 de abril volvió a Sicilia. Su ubicación en el Muelle Nuevo asigna al pecio el papel de aguijón para las conciencias, símbolo de todas las tragedias, conocidas y desconocidas, que han afectado a hombres, mujeres y niños obligados a abandonar sus tierras para buscar una vida mejor.

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Donantes de sangre: testimonio de generosidad

Asimismo, el Santo Padre en vista de la celebración del Día Mundial del Donante de Sangre agradeció a los voluntarios por su testimonio de generosidad y gratitud. “Doy las gracias de corazón a los voluntarios, y los animo a proseguir su obra, testimoniando los valores de la generosidad y de la gratuidad”. Además, el Pontífice saludó cordialmente a todos los fieles y peregrinos procedentes de Roma, de Italia y de otros países, en particular a los peregrinos llegados en bicicleta desde Sedigliano y desde Bra; a los fieles de Forlì y a los de Cagliari. A todos les deseó un feliz domingo y pidió por favor, que no se olviden rezar por él, a todos deseo un ¡Buen almuerzo y hasta la vista!

 

El Papa: No cerremos los ojos ante la explotación infantil y la carestía en el Tigray

Este XI Domingo del Tiempo Ordinario, el Santo Padre realizó unos llamamientos en favor de la población de la Región de Tigray, en Etiopia, que sufre la carestía y a renovar juntos el esfuerzo para eliminar la explotación del trabajo infantil, la esclavitud de nuestro tiempo.

 

Renato Martinez - Ciudad del Vaticano

“No es posible cerrar los ojos ante la explotación de los niños, privados del derecho a jugar, a estudiar y a soñar”, es el llamamiento del Papa Francisco después de rezar la oración mariana del Ángelus de este domingo, 13 de junio de 2021, al recordar que el día de ayer hemos celebrado el Día Mundial contra el Trabajo Infantil.

Explotación infantil: Una tragedia de nuestro tiempo

El Santo Padre señaló que, según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo, los niños que hoy son explotados laboralmente son más de 150 millones. El Papa dijo que esto es ¡una tragedia! Y que los menores explotados suman “más o menos como todos los habitantes de España, junto con Francia, y junto con Italia”. El Pontífice reiteró que esto está ocurriendo hoy y que muchos niños sufren esto, son explotados por el trabajo infantil. Por ello, el Papa invitó a todos a renovar juntos el esfuerzo para eliminar esta esclavitud de nuestro tiempo.

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Tigray: que se restablezca la armonía social lo antes posible

Asimismo, el Papa Francisco manifestó su cercanía con la población de la región de Tigray, en Etiopia, golpeada por una grave crisis humanitaria que podría exponer a los más pobres a la carestía. “Hoy hay hambruna – afirmó el Papa – hay hambre. Recemos juntos para que la violencia cese inmediatamente, para que se garanticen los alimentos y la asistencia sanitaria para todos, y para que se restablezca la armonía social lo antes posible”. En este sentido, el Pontífice agradeció a todos los que trabajan para aliviar el sufrimiento de la gente y junto con los fieles y peregrinos que se dieron cita en la Plaza de San Pedro rezaron a la Virgen por estas intenciones.

 

LA VIDA DE LA GRACIA

— Una vida nueva. Dignidad del cristiano.

— La gracia santificante, participación en la naturaleza divina.

— La gracia nos lleva a la identificación con Cristo: docilidad, vida de oración, amor a la Cruz.

I. Los cristianos, desde el momento en que se nos infunde la gracia santificante en el Bautismo, tenemos una nueva vida sobrenatural, distinta de la existencia común de los hombres; es una vida particular y exclusiva de quienes creen en Cristo, de aquellos que nacen no de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de querer de hombre, sino que nacen de Dios1. En el Bautismo, el cristiano comienza a vivir la misma vida de Cristo2. Entre Él y nosotros se ha establecido una comunión de vida distinta, superior y más fuerte e íntima que la de los miembros de la sociedad humana. La unión con el Señor es tan profunda que transforma radicalmente la existencia del cristiano, y hace posible que la vida de Dios se desarrolle como algo propio en el interior del alma. Nuestro Señor habla de la vid y los sarmientos3, San Pablo la compara a la unión entre el cuerpo y la cabeza4, pues una misma savia y una misma sangre recorren la cabeza y los miembros.

La primera consecuencia de esta realidad es la dicha incomparable de hacernos hijos de Dios; la filiación divina no es un mero título. Cuando alguien adopta a otro como hijo le da su apellido y sus bienes, le ofrece su cariño, pero no es capaz de comunicarle algo de su propia naturaleza ni de su propia vida. La adopción humana es algo externo: no cambia a la persona ni le añade perfecciones o cualidades que no sean meramente externas (mejores vestidos, más medios para aumentar su cultura...). En la adopción divina es distinto: se trata de un nuevo nacimiento, que produce una admirable mejora de la naturaleza de quien es adoptado. Carísimos -escribe San Juan-, nosotros somos ya ahora hijos de Dios5. No es una ficción, no es otorgar un título honorífico, porque el mismo Espíritu de Dios está dando testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios6. Es una realidad tan grande y tan alegre que le hace escribir a San Pablo: no sois extraños ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios7.

¡Cuánto bien hará a nuestra alma considerar a menudo que Cristo es la fuente de la que mana a raudales esta nueva vida que se nos ha dado! Por Él -escribe San Pedro- Dios nos ha dado las grandes y preciosas gracias que había prometido, para hacernos partícipes por medio de estas mismas gracias de la naturaleza divina8.

Ante tal dignidad, la cabeza y el corazón se inclinan para dar continuas gracias al Señor, que ha querido poner en nosotros tanta riqueza, y nos decidimos a vivir conscientes de las joyas preciosas que hemos recibido. Los ángeles miran al alma en gracia llenos de respeto y de admiración. Y nosotros, ¿cómo vemos a nuestros hermanos los hombres, que han recibido o están llamados a recibir esa misma dignidad? ¿Cómo nos comportamos, llevando un tesoro de tan altísimo valor? ¿Sabemos de verdad lo que vale nuestra alma, y lo manifestamos en la conducta, en la delicadeza con que evitamos aun lo más pequeño que desdiga de la dignidad de nuestra condición de cristianos?

II. Al principio, después de la primera creación, la criatura era nueva, perfecta, según la había hecho Dios. Pero el pecado la envejeció y causó en ellas grandes estragos. Por eso, Dios hizo otra nueva creación9: la gracia santificante, una participación limitada de la naturaleza divina, por la que el hombre, sin dejar de ser criatura, es semejante a Dios, participa íntimamente en la vida divina.

Es una realidad interior que produce «una especie de resplandor y luz que limpia todas las manchas de nuestras almas y las torna hermosísimas y muy brillantes»10. Esta gracia es la que une nuestra alma con Dios en un estrechísimo lazo de amor11. ¡Cómo deberemos protegerla, convencidos de que es el mayor bien que tenemos! La Sagrada Escritura la compara a una prenda que Dios pone en los corazones de los fieles12, a una semilla que echa sus raíces en el interior del hombre13, a un manantial de aguas que manará sin cesar hasta la vida eterna14.

La gracia santificante no es un don pasajero y transitorio, como ocurre con esos impulsos y mociones para realizar u omitir alguna acción, a los que llamamos gracias actuales; es «un principio permanente de vida sobrenatural»15, una disposición estable radicada en la misma esencia del alma. Porque determina un modo de ser estable y permanente –aunque se puede perder por el pecado mortal–, se la llama también gracia habitual.

La gracia no violenta el orden natural, sino que lo supone, lo eleva y perfecciona, y ambos órdenes se prestan mutua ayuda, porque uno y otro de Dios proceden16. Por eso, el cristiano, lejos de renunciar a las obras de la vida terrena –al trabajo, a la familia...–, las desarrolla y las perfecciona, coordinándolas con la vida sobrenatural, hasta el punto de ennoblecer la misma vida natural17.

Con esta dignidad hemos de vivir y de comportarnos en todas nuestras acciones; en ningún momento del día debemos olvidar los dones con que hemos sido favorecidos. Nuestra existencia será bien diferente si en medio de los quehaceres diarios tenemos presente el honor que nos ha hecho nuestro Padre Dios: que –por la gracia– nos llamemos hijos suyos, y que de verdad lo seamos18.

III. La gracia santificante diviniza al cristiano y le convierte en hijo de Dios y en templo de la Trinidad Santísima. Esta semejanza en el ser debe reflejarse necesariamente en nuestro obrar: en pensamientos, acciones y deseos –a medida que progresamos en la lucha ascética–, de modo que la vida puramente humana vaya dejando paso a la vida de Cristo. Se ha de cumplir en nuestras almas aquel proceso interior que indican las palabras del Bautista: conviene que él crezca y yo mengüe19. Hemos de pedir al Señor que se haga cada vez más firme en nosotros esta aspiración: tener en el corazón los mismos sentimientos que tuvo Jesucristo en el suyo20; y desterrar el egoísmo, el pensar excesivamente en nosotros mismos, cualquier síntoma de aburguesamiento... Por esto, quienes se ufanan de llevar el nombre de cristianos, no solo han de contemplar al Maestro como un perfectísimo Modelo de todas las virtudes, sino que han de reproducir de tal manera en sus costumbres la doctrina y la vida de Jesucristo que sean semejantes a Él21, en el modo de tratar a los demás, en la compasión por el dolor ajeno, en la perfección del trabajo profesional, imitando los treinta años de vida oculta en Nazaret...

Así se repetirá la vida de Jesús en la nuestra, en una configuración creciente con Él que realiza de modo admirable el Espíritu Santo, y que tiene como término la plena semejanza y unión, que se consumará en el Cielo. Pero, considerémoslo serenamente en nuestra oración, para llegar a esa identificación con Cristo se precisa una orientación muy clara de toda nuestra vida: colaborar con el Señor en la tarea de la propia santificación, quitando obstáculos a la acción del Paráclito y procurando hacer en todo lo que más agrada a Dios, de tal manera que podamos decir, como Jesús: Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y dar cumplimiento a su obra22. Esta correspondencia a la gracia –que se ha de hacer realidad día tras día, minuto a minuto– se podría resumir en tres puntos principales: ser dóciles a las inspiraciones del Espíritu Santo, mantener en toda circunstancia la vida de oración, a través de las prácticas de devoción que hemos concretado en la dirección espiritual, y cultivar un constante espíritu de penitencia.

Docilidad, porque el Espíritu Santo «es quien nos empuja a adherirnos a la doctrina de Cristo y a asimilarla con profundidad, quien nos da luz para tomar conciencia de nuestra vocación personal y fuerza para realizar todo lo que Dios espera»23 en nuestro personal crecimiento interior y en el abundante apostolado que hemos de ejercer entre nuestros amigos, parientes y colegas.

Vida de oración, «porque la entrega, la obediencia, la mansedumbre del cristiano nacen del amor y al amor se encaminan. Y el amor lleva al trato, a la conversación, a la amistad. La vida cristiana requiere un diálogo constante con Dios Uno y Trino, y es a esa intimidad a donde nos conduce el Espíritu Santo»24.

Unión con la Cruz, «porque en la vida de Cristo el Calvario precedió a la Resurrección y a la Pentecostés, y ese mismo proceso debe reproducirse en la vida de cada cristiano»25, aceptando en primer lugar las contradicciones, grandes o pequeñas, que nos llegan, y ofreciendo al Señor cada día otras muchas pequeñas mortificaciones a través de las cuales nos unimos a la Cruz con sentido de corredención, purificamos nuestra vida y nos disponemos para un diálogo íntimo y profundo con Dios.

Examinemos hoy, al terminar nuestra oración, cómo es nuestra correspondencia a la gracia en estos tres puntos, porque de ella depende el desarrollo de la vida de la gracia en nosotros. Le decimos al Señor que no queremos contentarnos con el nivel alcanzado en la oración, en la presencia de Dios, en el sacrificio...; que, con su gracia y con la protección de Santa María, no nos detendremos hasta llegar a la meta que da sentido a nuestra vida: la plena identificación con Jesucristo.

1 Jn 1, 13. — 2 Cfr. Gal 3, 27. — 3 Jn 15, 1-6. — 4 1 Cor 12, 27.  5 1 Jn 3, 2. — 6 Rom 8, 16. — 7 Ef 2, 19. — 8 2 Pdr 1, 4. — 9 Cfr. Santo Tomás, Comentario a la Segunda Carta a los Corintios, IV, 192. — 10 Catecismo Romano, II, 2, n. 50. — 11 Cfr. ibídem, I, 9, n. 8.  12 Cfr. 2 Cor 5, 5.  13 Cfr. 1 Jn 3, 9. — 14 Jn 4, 14. — 15 Pío XI, Enc. Casti connubii, 31-XII-1930. — 16 Cfr. ídem, Enc. Divini illius Magistri, 31-XII-1929. — 17 Cfr. ibídem; cfr. Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 40. — 18 Cfr. 1 Jn 3, 1. — 19 Jn 3, 30. — 20 Flp 2, 5. — 21 Cfr. Pío XII, Enc. Mystici Corporis, 29-VI-1943. — 22 Jn 4, 24. — 23 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 135. — 24 Ibídem, 136. — 25 Ibídem, 137.

 

 

Evangelio del lunes: romper los ciclos del odio

Comentario del lunes de la 11° semana del tiempo ordinario. “Al que quiera entrar en pleito contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto. A quien te fuerce a andar una milla, vete con él dos”. Vivir la ley de Cristo en plenitud implica saber perdonar, renunciando si es necesario a exigir que se aplique “milimétricamente” la justicia cuando alguien nos ha causado un daño.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Mt 5,38-42)

»Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo: no repliquéis al malvado; por el contrario, si alguien te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Al que quiera entrar en pleito contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto. A quien te fuerce a andar una milla, vete con él dos. A quien te pida, dale; y no rehúyas al que quiera de ti algo prestado.


Comentario

En el Evangelio de hoy, el Señor nos hace ver que para ser sal de la tierra luz del mundo hemos de vivificar la justicia por el amor. Vivir la ley de Cristo en plenitud implica saber perdonar, renunciando si es necesario a exigir que se aplique “milimétricamente” la justicia cuando alguien nos ha causado un daño.

En sus palabras, Jesús hace una alusión a la ley del talión: ojo por ojo y diente por diente. En el libro del Éxodo, se menciona esta ley para regular el modo en que se hacía justicia, evitando que se convierta en una venganza desproporcionada: nadie podía excederse, cobrándose el doble, o siete o diez veces más, sino que el castigo sería igual a la ofensa. Ese mismo libro hace una larga lista de posibles agravios (dejar tuerto a alguien, golpear a un esclavo, recibir la cornada de un buey, etc.) y de cómo tendría que ser la reparación.

La solución que nos propone Jesús está por encima de toda casuística. Es una ley de amor, que nos indica el camino para que alcancemos una justicia duradera. Este camino es el perdón. Lógicamente, en la medida de lo posible se debe reparar el daño. Pero en ocasiones, aunque el otro está arrepentido, no está en condiciones de reparar todos sus errores. Y podría suceder que al exigir sin clemencia justicia para nosotros perdamos la capacidad de sanar la relación y perpetuemos los ciclos del odio.

El Señor nos invita a mirar la situación de cada uno. Muchas veces, para conseguir su conversión, será mejor dejarle el manto de nuestra misericordia, que cubre sus defectos, y seguir andando con él pacientemente las millas que hagan falta para que recapacite.

 

“Fiesta del Corpus Christi”

"Este es mi Cuerpo...", y Jesús se inmoló, ocultándose bajo las especies de pan. Ahora está allí, con su Carne y con su Sangre, con su Alma y con su Divinidad: lo mismo que el día en el que Tomás metió los dedos en sus Llagas gloriosas. Sin embargo, en tantas ocasiones, tú cruzas de largo, sin esbozar ni un breve saludo de simple cortesía, como haces con cualquier persona conocida que encuentras al paso. –¡Tienes bastante menos fe que Tomás! (Surco, 684)

14 de junio

Hoy, fiesta del Corpus Christi, meditamos juntos la profundidad del amor del Señor, que le ha llevado a quedarse oculto bajo las especies sacramentales (...)

Ante todo, hemos de amar la Santa Misa que debe ser el centro de nuestro día. Si vivimos bien la Misa, ¿cómo no continuar luego el resto de la jornada con el pensamiento en el Señor, con la comezón de no apartarnos de su presencia, para trabajar como Él trabajaba y amar como Él amaba? Aprendemos entonces a agradecer al Señor esa otra delicadeza suya: que no haya querido limitar su presencia al momento del Sacrificio del Altar, sino que haya decidido permanecer en la Hostia Santa que se reserva en el Tabernáculo, en el Sagrario.

La procesión del Corpus hace presente a Cristo por los pueblos y las ciudades del mundo. Pero esa presencia, repito, no debe ser cosa de un día, ruido que se escucha y se olvida. Ese pasar de Jesús nos trae a la memoria que debemos descubrirlo también en nuestro quehacer ordinario. Junto a esa procesión solemne de este jueves, debe estar la procesión callada y sencilla, de la vida corriente de cada cristiano, hombre entre los hombres, pero con la dicha de haber recibido la fe y la misión divina de conducirse de tal modo que renueve el mensaje del Señor en la tierra. No nos faltan errores, miserias, pecados. Pero Dios está con los hombres, y hemos de disponernos para que se sirva de nosotros y se haga continuo su tránsito entre las criaturas.

Vamos, pues, a pedir al Señor que nos conceda ser almas de Eucaristía, que nuestro trato personal con Él se exprese en alegría, en serenidad, en afán de justicia. Y facilitaremos a los demás la tarea de reconocer a Cristo, contribuiremos a ponerlo en la cumbre de todas las actividades humanas. (Es Cristo que pasa, nn. 150-156)

 

¿Un Dios que deja hacer? El mal y el dolor

¿Por qué existe el mal? ¿Qué sentido tiene el dolor? ¿Por qué Dios permite el mal? Estas son las preguntas que toda persona se hace en algún momento de la vida. Hacen referencia a uno de los grandes misterios del hombre.

LA LUZ DE LA FE24/10/2018

Introducción
El mal procede de la libertad creada
El sufrimiento como prueba o purificación
El sufrimiento en la naturaleza
El sufrimiento redentor
La última carta
¿Cómo ayudar a los que sufren?


Introducción

La existencia del mal en el mundo, especialmente en sus formas más agudas y difíciles de entender, es una de las causas más frecuentes del abandono de la fe. Ante sucesos que parecen claramente injustos y sin sentido y frente a los que nos sentimos impotentes, surge de modo natural la pregunta de cómo puede Dios permitirlo. ¿Por qué el Señor, que es bueno, que es omnipotente, deja que ocurran males semejantes? ¿Por qué personas sencillas, que acarrean ya mucho peso en la vida, deben cargar con el drama de una tragedia imprevista, como un desastre natural?¿Por qué Dios no interviene? Son preguntas que no dirigimos al mundo, ni tampoco a nuestros semejantes, sino a Dios, porque confesamos que Él es el Creador y el Señor del mundo [1].

Estas cuestiones, en cierta manera, desbordan los confines de la Revelación y penetran en el misterio de Dios mismo; al fin y al cabo, nada hay en la creación que escape a la sabiduría y a la voluntad de Dios. Del mismo modo que no podemos abarcar la infinita bondad de Dios, tampoco podemos sondear completamente sus proyectos. Por eso, muchas veces, la mejor actitud ante el mal y el dolor es la del abandono confiado en Dios, que siempre “sabe más” y “puede más”.

Pero es también natural que tratemos de iluminar el oscuro misterio del mal, de modo que la fe no se apague por la experiencia de la vida, sino que, precisamente en esos momentos, siga siendo luz clara en nuestro camino, «lámpara para mis pasos» (Sal 119,105).

El mal procede de la libertad creada

Dios no ha creado un mundo cerrado, al que sólo tenga acceso Él, ni tampoco ha hecho el mundo perfecto. Lo ha hecho abierto a muchas posibilidades y perfectible, y ha creado a los hombres y a las mujeres para que lo habiten y lo completen con su ingenio. Nos ha hecho inteligentes y libres y nos ha dado espacio para desarrollar esos talentos. En ese sentido Dios, al llamarnos a la existencia, nos pone a prueba: nos encarga la tarea de hacer el bien según nuestras posibilidades. Y eso es, con frecuencia, una tarea fatigosa. «Negociad hasta que vuelva» (Lc 19,13): como en la conocida parábola de Jesús, los talentos no se pueden enterrar o esconder: cada uno está llamado a hacer fructificar su vida, a desarrollar lo que recibimos. Pero a menudo no lo hacemos, o incluso hacemos todo lo contrario, nos proponemos voluntariamente cosas malas y las llevamos a cabo: somos, muchas veces, culpables.

EL VERDADERO MAL, EL QUE MÁS HEMOS DE TEMER: EL PECADO. DE ÉL PROVIENEN LOS OTROS MALES DE UN MODO O DE OTRO

La humanidad lo fue desde el principio, desde aquel acto que fue cabeza de los demás males. Todo lo que hay de mal en el mundo gira en torno a esto: al mal uso de la libertad, a la capacidad que tenemos de destruir las obras de Dios: en nosotros mismos, en los demás, en la naturaleza. Cuando lo hacemos nos privamos de Dios, se oscurece nuestro corazón, e incluso podemos hacer que nuestra vida o la de otros se conviertan en un infierno. Este es el verdadero mal, el que más hemos de temer: el pecado. De él provienen los otros males de un modo o de otro.

El sufrimiento como prueba o purificación

Pero entonces ¿el mal es siempre el fruto directo de la culpa? Primero hay que aclarar qué es el mal. En sí mismo no es más que la otra cara del bien, la cara que la realidad muestra cuando el bien falta, cuando lo que debería ser no es y lo que tendría que estar presente no lo está. El mal es privación, no tiene entidad positiva, es negatividad, y necesita agarrarse al bien para existir[2]. Sufrimos cuando experimentamos esa ausencia de lo bueno. Desde luego, la culpa, nuestra o de los demás, produce siempre un daño; sin embargo, no siempre que sufrimos un daño lo sufrimos por haber sido culpables.

En la Sagrada Escritura el libro de Job trata con profundidad este problema. Los amigos de Job quieren persuadirlo de que las desgracias que el Señor le ha enviado son consecuencia de sus pecados, de su injusticia. Aunque no pocas veces sea así, porque los delitos merecen un castigo –algo lógico según el orden humano y también según el divino–, el caso de Job nos muestra que también los justos y los inocentes sufren. Refiriéndose a este libro sagrado san Juan Pablo II escribió: «Si es verdad que el sufrimiento tiene un sentido como castigo cuando está unido a la culpa, no es verdad, por el contrario, que todo sufrimiento sea consecuencia de la culpa y que tenga carácter de castigo»[3]. De hecho, para Job su sufrimiento supuso una prueba para su fe, de la que salió fortificado. En ocasiones Dios nos prueba, pero siempre nos da su gracia para vencer y busca el modo de que podamos crecer en el amor, que es el sentido último del bien.

Otras veces el sufrimiento tiene un sentido de purificación. Así sucedió con Israel en el tiempo de Moisés, cuando el pueblo era voluble y caprichoso. Dios lo purificó con un largo viaje a través del desierto, y así lo fue formando hasta que fue capaz de entrar en la tierra prometida y reconocer la fidelidad de Dios a su palabra. Con frecuencia, el sufrimiento adquiere –en la Providencia divina– un valor semejante, purificador. Existen personas que, enfrascadas en el ajetreo de la vida, no se plantean las preguntas decisivas hasta que una enfermedad, o un revés económico o familiar, les lleva a interrogarse más a fondo. Y es frecuente que se opere un cambio, una conversión, o una mejora, o una apertura a la necesidad del prójimo. Entonces el sufrimiento es también pedagogía de Dios, que quiere que el hombre no se pierda, que no se disipe en las delicias del camino o entre los afanes mundanos. Por tanto, aunque hay una medida de mal en la vida de cada uno con la que cuenta la Providencia divina, ese mal se revela en último término servicio al bien del hombre.

El sufrimiento en la naturaleza

En esta luz adquiere también un cierto sentido el sufrimiento natural, ese que está presente y como inscrito en nuestro entorno creado: la fatiga del crecimiento para saber más y progresar, la caducidad de los seres, que envejecen y mueren, la falta de armonización en los fenómenos naturales (que se imponen como destruyendo el orden de la creación). Sufrimientos que no podemos evitar, que no dominamos ni controlamos, que están ahí, inscritos en la naturaleza.

CUANDO CONTEMPLAMOS UNA NATURALEZA DESATADA HEMOS DE PENSAR QUE EL SEÑOR NOS PRESENTA ALLÍ LA FIGURA DE UN MUNDO EN EL QUE NO PUEDE REINAR

En ocasiones se trata de males necesarios para que puedan subsistir otros bienes. Santo Tomás pone el ejemplo del león que no podría conservar su vida si no diera caza al asno o a algún otro animal[4]. Pero, con frecuencia, se nos ocultan los bienes que puedan tener relación con los sucesos trágicos de la naturaleza. No es fácil entender por qué Dios los permita, ni por qué ha creado un universo donde está implicada la destrucción y que, a veces, no parece estar regido por la Bondad y el Amor. Una posible luz viene del hecho de considerar que, en general, la destrucción originada por los fenómenos naturales, tiene que ver, según el designio creador, con nuestra libertad y con la capacidad que tenemos de rechazar a Dios.

El hábitat en que vivimos y que tantas veces nos maravilla con su belleza –el mundo físico– puede también convertirse en un lugar horrible, de modo semejante a como nuestro corazón, hecho para amar a Dios y tener el Cielo dentro, puede también llegar a ser un lugar triste y oscuro: si se abandona, si se deja llevar por las semillas que planta el diablo. De modo que, cuando contemplamos una naturaleza desatada que causa destrucción sin miramientos ni atisbos de justicia, hemos de pensar que el Señor nos presenta allí la figura de un mundo en el que no puede reinar y de un corazón que rechaza el amor y la justicia. La profunda relación entre la Creación y el hombre, que fue puesto como cabeza para que la custodiase (cfr. Gén 2,15), se muestra también en ese desorden.

Los hombres y también «la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto» (Rm 8,22), porque participa del proyecto creador y redentor de Dios. Ella también «tiene la esperanza de ser liberada de la corrupción» y «participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21).

El sufrimiento redentor

Pero sin duda lo que ilumina de modo más importante el sentido del mal es la Cruz de Jesús. Y junto a la Cruz, la Resurrección. Su Cruz nos indica que el sufrimiento puede ser el signo y la prueba del amor. Más aún, que puede ser la vía de la destrucción del pecado. Porque en la Cruz de Jesús el amor de Dios lavó los pecados del mundo. El pecado no resiste, no puede resistir, al amor que se abaja y se humilla por el bien del pecador. Como expresa un famoso personaje creado por Dostoievski, «la humildad del amor es una terrible fuerza, la más fuerte de todas, a la cual no hay nada que se asemeje»[5].

En la Cruz, el sufrimiento de Jesús es redentor porque su amor al Padre y a los hombres no retrocede ante el rechazo y la injusticia humanas. Él dio su vida por los pecadores, los sirvió con su entrega total, y así su Cruz se convirtió en fuente de vida para ellos.

También nuestros sufrimientos pueden ser redentores, cuando son fruto del amor o se transforman por el amor. Entonces participan de la Cruz de Cristo. Como enseñaba san Josemaría, el sufrimiento es fuente de vida: de vida interior y de gracia para uno mismo y para los demás[6]. En realidad, no es el sufrimiento en cuanto tal lo que redime, sino la caridad presente en él.

Ya en lo humano el amor tiene capacidad de modelar la vida: la madre que no escatima esfuerzos por la felicidad de sus hijos, el hermano que se sacrifica por el hermano necesitado, el soldado que se juega la vida por su pelotón. Son ejemplos que perviven en la memoria y honran a sus protagonistas. Cuando ese amor está motivado y fundado en la fe, entonces, además de ser algo hermoso, es también divino: participa de la Cruz y es canal de la gracia que proviene de Cristo. Allí el mal se transforma en bien, mediante la acción del Espíritu Santo, don que procede de la Cruz de Jesús.

La última carta

Pero a todo lo que se ha dicho hasta ahora para intentar explicar el sentido del mal se podría añadir una consideración conclusiva. Y es que, aunque el mal está presente en la vida del hombre sobre la tierra, Dios tiene siempre en su mano una última carta, es siempre el último jugador por lo que se refiere a la vida de cada uno. Dios nos quiere, nos aprecia, y por eso se reserva la última carta, que es la esperanza del mundo: su amor creador omnipotente. El amor que se manifiesta también en la resurrección de Jesucristo.

Pues por grandes e incomprensibles que lleguen a ser los dramas de la vida, mucho mayor es el poder creador y re-creador de Dios. La vida es tiempo de prueba y, cuando se acaba, empieza lo definitivo. Este mundo es pasajero. Sucede con él como con el ensayo de un concierto: quizá alguien se olvidó el instrumento y otro no se aprendió bien la partitura y un tercero está desafinando. Para eso están los ensayos. Es el tiempo de ajustar, de armonizar instrumentos, de adaptarse al director de la orquesta. Luego, al fin, llega el gran día, cuando todo está ya listo, y el concierto tiene lugar en una sala fastuosa, en medio del alborozo y de la emoción general.

La vida de Cristo no muestra sólo el amor de Dios sino también su poder, el poder de devolver con creces todo aquello que no correspondió a la justicia, todo aquello en lo que pareció que Dios no estaba presente, allí donde le dejó hacer al mal y al dolor más allá de lo que llegamos entonces a comprender. Jesús experimentó también su momento de abandono (cfr. Mc 15,34), lo sufrió con amor, y a la Cruz le siguió una eterna gloria. El último libro de la Escritura, el Apocalipsis, nos habla de un Dios que «enjugará toda lágrima» (Ap 21,4) porque Él hace nuevas todas las cosas (cfr. Ap 21,5) y será fuente de una felicidad sobreabundante.

¿Cómo ayudar a los que sufren?

En muchas ocasiones, ante el dolor ajeno nos sentimos impotentes y solamente podemos hacer lo mismo que el buen samaritano (cfr. Lc 10,25-37): ofrecer cariño, escuchar, acompañar, estar al lado; es decir, no pasar de largo. Algunas obras de arte retratan al buen samaritano y al hombre asaltado con el mismo rostro. Y puede interpretarse como que Cristo cura y, a la vez, es curado. Cada uno de nosotros somos, o podemos ser, el buen samaritano que cura las heridas de otro, y en ese momento somos Cristo. Pero a veces también necesitamos que nos curen porque algo nos ha herido –una mala cara, una mala contestación, un amigo que nos ha dejado– y somos curados por un buen samaritano, que puede ser el mismo Cristo cuando acudimos a Él en la oración, o una persona cercana que se convierte en Cristo cuando nos escucha. Y nosotros somos Cristo para los demás, porque cada uno de nosotros somos imagen y semejanza de Dios.

El sufrimiento permanece siempre como un misterio, pero un misterio que por la acción salvadora de Nuestro Señor nos puede abrir hacia los demás: «En todas partes hay chicos abandonados o porque los abandonaron cuando nacieron o porque la vida los abandonó, la familia, los padres y no sienten el afecto de la familia. ¿Cómo salir de esa experiencia negativa de abandono, de lejanía de amor? Hay un solo remedio para salir de esas experiencias: hacer aquello que yo no recibí. Si tú no recibiste comprensión, sé comprensivo con los demás. Si no recibiste amor, ama a los demás. Si sentiste el dolor de la soledad, acércate a aquellos que están solos. La carne se cura con la carne y Dios se hizo carne para curarnos a nosotros. Hagamos lo mismo nosotros con los demás»[7].

Muchas personas han sentido la caricia de Dios justamente en los momentos más difíciles: los leprosos acariciados por santa Teresa de Calcuta, los tuberculosos a los que confortaba material y espiritualmente san Josemaría o los moribundos tratados con respeto y amor por san Camilo de Lelis. Esto también nos dice algo sobre el misterio del dolor en la existencia humana: son momentos en que la dimensión espiritual de la persona puede desplegarse con fuerza si se deja abrazar por la gracia del Señor, dignificando hasta las situaciones más extremas.

Antonio Ducay


[1] Cfr. Juan Pablo II, Carta Apostólica Salvifici Doloris, n. 9.

[2] Cfr. J. Ratzinger, Dios y el mundo, Creer y vivir en nuestra época, Barcelona 2005, p. 120.

[3] Juan Pablo II, Carta Apostólica Salvifici Doloris, n. 11.

[4] Cfr. San Tommaso d’Aquino, Summa Theologiae, I, q. 48, a. 2 ad 3

[5] Los hermanos Karamazov, Colihue, Buenos Aires 2006, p. 447.

[6] Cfr. S. Josemaría, Via Crucis, Estación XII.

[7] Papa Francisco, Discurso en el estadio Kerasani de Nairobi, 27-XI-2015.

 

Desprendimiento

El valor del desprendimiento nos enseñará a poner el corazón en las personas, y no en las cosas materiales.

El valor del desprendimiento consiste en saber utilizar correctamente nuestros bienes y recursos evitando apegarse a ellos y, si es necesario, para ponerlos al servicio de los demás.

El desprendimiento como valor se origina al reconocer que todos tenemos necesidades y en algunos casos encontramos personas con carencias. En cualquier situación debemos superar nuestro egoísmo e indiferencia para colaborar en el bienestar de los demás, no importa si es mucho o poco lo que hacemos y aportamos, lo importante es tener la conciencia de ofrecer algo, de aportar. En la generosidad que requiere el desprendimiento no cabe el ofrecer algo que nos sobra.

El valor del desprendimiento tiene que ver con varios aspectos, entre ellos: la importancia que le damos a las cosas, el uso que hacemos de ellas y la intención que tenemos para ponerlas al servicio de los demás.

En ocasiones vivimos y trabajamos sin descanso para poseer aquello que tanto nos ilusiona (autos, joyas, ropa, aparatos, etc.) y nuestra vida se mueve a ese compás, sin embargo si no tenemos cuidado puede llegar el momento en que a pesar de la insatisfacción que nos produce llenarnos de cosas, pretendemos que éstas llenen un vacío interior.

A veces en broma, pero muchas veces en serio hemos escuchado decir de alguien: “quiere más a su coche que a (…)”, “ni se te ocurra tocar sus (…) porque tendrás problemas”, “ni se lo pidas, jamás presta lo que tiene”, “ todo su dinero lo ocupa para (…)”, etc., y todas ellas reflejan a una persona con apego inmoderado por lo que tienen. Debemos recordar que en el orden de los afectos, las personas y su bienestar ocupan el primer lugar antes que nuestra persona misma o lo que poseemos.

Existen personas que materialmente ponen el corazón en las cosas materiales. A veces por los recuerdos que evocan, pero en otras debido al valor económico que tienen o simplemente por el trabajo que supuso adquirirlos. A esta particular forma de afecto se le llama apego y de ninguna manera se relaciona con el hecho de cuidar las cosas y hacer buen uso de ellas.

Cuando nuestro aprecio es mayor por las cosas que por las personas, nos parece absurdo compartir lo que tenemos, o en su defecto lo hacemos a regañadientes. El desprendimiento supone un esfuerzo para superar ese sentimiento de posesión y exclusividad de lo que poseemos para ofrecerlo gustosamente a los demás.

No debemos confundir el desprendimiento con el hecho de deshacernos de todo aquello que no utilizamos, que es inservible o se ha convertido en un estorbo, esta actitud manifiesta poco respeto por la persona que lo recibe, independientemente de su condición y situación actual. Somos tan soberbios que consideramos un insulto recibir algo de segunda mano, ¿por qué los demás deben soportar lo que nosotros consideramos desprecio?.

Puede parecer que este valor se enfoca únicamente a objetos, pero nuestros recursos van más allá de lo que se puede tocar, poseemos conocimientos, cualidades y habilidades que muchas veces nos cuesta trabajo poner a disposición de las personas, porque requiere prescindir de nuestro descanso, gustos, preferencias y comodidades para llevarse a efecto.

Nos sorprendemos con el médico que atiende enfermos sin cobrar honorarios; personas que pasan los días trabajando en obras de caridad; profesores que trabajan horas extras desinteresadamente; padres de familia que se niegan gustos y diversiones personales para pensando en su familia; lo más inaudito es que muchos de ellos no viven en una condición del todo desahogada. El verdadero desprendimiento no tiene medida, sin calcular cuánto es lo indispensable para cumplir, es una entrega generosa de todo, Sí, de todo lo que tenemos.

Para vivir el desprendimiento puedes:

Hacer una lista de las cosas que tiene y determinar cuales realmente necesitamos y cuales son caprichos, vanidades, etc.

– Ayudar a una obra de caridad haciendo una aportación significativa, de acuerdo con tus posibilidades.

– Enseñar a otros algo que sepas hacer bien (sin olvidar de enseñarles los “secretos” que pudieras atesorar sobre el tema)

– Regala o dona un bien al que sientas que te has apegado.

– Procura decir más veces “si” cuando te pidan algo prestado sin poner pretextos.

El valor del desprendimiento ayudará a nuestra sociedad al convertirnos en personas más altruistas y generosas, brindará un mejor ambiente en nuestras relaciones con amigos y familiares y nos convertirá en personas que tienen el corazón puesto en el lugar correcto.

 

El Examen Diario

Es necesario revisar cómo estamos viviendo los valores para alcanzar nuestras metas.

Ahora que hemos trazado nuestro Plan Maestro como la estrategia para adquirir y vivir los valores de forma continua, es muy importante no dejarnos vencer por las dificultades que se nos presenten.

El camino que hemos emprendido, es en cierta forma “cuesta arriba”; si las metas que nos propusimos para comenzar son relativamente sencillas, todavía existe un “enemigo” al cual debemos vencer: nosotros mismos.

Es muy fácil sentirnos motivados a alcanzar nuestras metas, sobre todo si las cosas salen bien; pero conforme pasa el tiempo, ese ánimo corre el riesgo de decaer por el natural cansancio, la rutina diaria de nuestro trabajo, las obligaciones cotidianas en casa o la escuela, el excedernos en la diversión…; en esos momentos, cuando “el ímpetu” comienza a desfallecer, necesitamos nuevos bríos para seguir luchando.

El recobrar ánimo no debe identificarse con el sentirnos bien, a gusto, cómodos y “con ganas” de continuar, de ahí la importancia de saber como va nuestra vida. Comparemos nuestro Examen Diario de los valores con la labor de un comerciante: este último revisa diariamente cuanto vendió, la ganancia o pérdida que obtuvo, los productos que más se vendieron y cuales le hicieron falta, con esos datos está en condiciones de establecer la estrategia del día siguiente, y así, impedir que su negocio vaya a la ruina.

Por eso es de vital importancia hacer el Examen Diario de cómo estamos viviendo los valores y si estamos cumpliendo con nuestras metas.

Para hacer nuestro examen, daremos los siguientes pasos:

1.- Establece 10 minutos diarios para reflexionar. Cualquier hora es buena, siempre y cuando tengas tiempo de hacerlo con calma. De otra manera, por la prisa o el cansancio perdemos de vista los detalles importantes.

2.- En una hoja de cuadrícula dibujarás una tabla con filas y columnas. Del lado izquierdo y en la primer columna, escribe la lista con las metas que propusiste en el Plan Maestro; en la parte superior de las siguientes columnas escribirás los días con su fecha

3.- En la parte inferior y después de la tabla, dibujarás tres columnas para escribir el resultado de tu examen (no olvides escribir la fecha), cada una tendrá los siguientes encabezados:

a) Lo que hice bien

b) Lo que hice mal y por qué

c) Lo que haré mañana

4.- Reflexionar y analizar cada una de las Metas. (Recordaremos algunos ejemplos vistos en el Plan Maestro):

– ¿Lo cumplí si o no?

Si; apunté todos mis pendientes.

(En el cuadro correspondiente al día, marcamos de alguna manera su cumplimiento (“/”) o incumplimiento (“X”), por ejemplo).

– ¿Qué hice bien?

Tuve mi agenda sobre el escritorio todo el tiempo y así no olvidé escribir.

– ¿Qué hice mal? ¿Por qué?

Estregué un trabajo fuera de tiempo, porque olvidé escribir la fecha en la que debía estar terminado.

– Lo que haré mañana.

Marcaré un espacio en la agenda para indicar la fecha (o la hora) en la que debo terminar cada tarea.

** Esto último puede convertirse en un medio para cumplir la Meta diaria y motivo de revisión.

Meta 2: Una vez por semana llamaré a un amigo para saludarlo.

– ¿Lo cumplí si o no?

Si; es media semana y pude platicar con Juan (tenía 2 meses sin saludarlo).

(Marcamos en el cuadro correspondiente).

– ¿Qué hice bien?

Escogí el mejor momento para la llamada, no tuve prisa y pude conversar tranquilamente.

– ¿Qué hice mal? ¿Por qué?

Todo salió bien, como estaba planeado…

– Lo que haré la próxima semana.

Conseguiré el número telefónico de Luis y buscaré el momento más oportuno.

Este mismo análisis lo haremos siempre, con todas nuestras metas.

Recordemos:

“A mayor constancia, mayores resultados”.

Con todo lo anterior, podemos considerar que:

– Siempre habrá obstáculos.

– Al identificarlos rápidamente, estamos en condiciones de establecer las estrategias que nos ayudarán a superarlos concretando propósitos inmediatos, y de esta manera, alcanzar nuestros objetivos.

– Ver nuestros logros en la tabla de registro, es la mejor motivación.

– Tenemos más disposición para continuar cuando las cosas salen bien.

El vivir los valores y por consiguiente superarnos como personas, es un esfuerzo que vale la pena; no podemos renunciar a mejorar, si ya llegaste a este punto: ¡Adelante!, tu esfuerzo esta dando frutos.

 

Don Mariano Fazio tiene un método

En su libro ‘Contracorriente… hacia la libertad’, aborda la conciencia y la libertad a través de Moro, Newman y Chesterton

José Francisco Serrano Oceja 

Es cierto. Don Mariano Fazio, Vicario Auxiliar del Opus Dei, el número dos, vamos, tiene un método a la hora de escribir libros. Bueno, y también a la hora de trabajarlos.

Su bibliografía se puede encuadrar dentro de dos grandes tipos de obras. La primera, las de carácter histórico, en las que priman las perspectivas diacrónicas sobre ámbitos del pensamiento, la cultura, la historia general y la historia de la Iglesia. Y, en segundo lugar, una serie de volúmenes dedicados a personas destacadas de esas historias, a protagonistas del acervo y de la construcción de la civilización occidental. Hombres y mujeres que han aportado algo significativo y que tienen que estar en la cabeza de cualquier persona medianamente formada.

Catolicismo anglosajón  

El método de don Mariano, que se refiere más al segundo grupo de sus obras, arranca de una comprensión de lo que pudiéramos denominar procesos de personalización. Es decir, el ejemplo de cómo se construyen las personalidades en la historia y cómo adquieren determinados protagonismos, en el mundo de la cultura, de las artes, de las letras, del pensamiento, de la sociedad y, por qué no, de la Iglesia. De este grupo, por cierto, he leído bastante de sus aportaciones e, incluso, algunas ya se han reseñado en esta página.

Ahora nos llega al mundo español un libro que ya se había editado en Argentina en 2012. Con algún añadido y con alguna mejora correctiva. Este libro supone una incursión de don Mariano en el ámbito anglosajón, también del catolicismo anglosajón. Lo hace un argentino ya universal desde la biografía de, nada más y nada menos, que Tomás Moro, John Henry Newman y G. K. Chesterton. Dos santos y un hombre bueno, santo de la estética y del sentido común. Entre medio, y para dar continuidad a la historia, ha añadido un relato del catolicismo anglosajón desde el XIX hasta casi el presente que me ha parecido una de las mejores síntesis leídas hasta el presente al respecto.

Conciencia y libertad 

Es cierto que el título del libro destaca la cuestión de la libertad. Pero junto a este concepto el otro gran protagonista del libro es la conciencia. Se podría haber titulado, además de Contracorriente…, de la conciencia a la libertad, o la libertad que nace de la conciencia. De Tomás Moro ya lo dijo Juan Pablo II cuando le declaró patrono de los políticos. Nos habla de la inalienable dignidad de la conciencia. A partir de ahí, nuestro autor hace una serie de interesantes reflexiones sobre la cuestión de la vocación de los cristianos en la sociedad actual, otro de sus grandes temas.

Creo que no es necesario que recuerde nada de la relación entre Newman y la conciencia. “La conciencia –escribe el santo siguiendo a santo Tomás- no es una especie de egoísmo previsor ni un deseo de ser coherente con uno mismo: es un mensajero de Dios, que tanto en la naturaleza como en la gracia nos habla desde detrás de un velo y nos enseña y rige mediante sus representantes”.  

Tiempo para callar y tiempo para hablar 

Son importantes las reflexiones que don Mariano Fazio hace a propósito de la lucha de san John Henry Newman contra el clericalismo de su tiempo y la necesidad de la autonomía de los cristianos laicos no solo en el mundo. “Hay un tiempo para callar, y hay un tiempo para hablar”. El tiempo de hablar ha llegado.

Y quien habló con ironía, lógica y sentido común fue G. K. Chesterton. He aquí una conseguida semblanza del escritor inglés que nos enseñó, entre otras cosas, que atacar a la razón es de mala teología. 

Este libro se presenta por el autor este semana en Madrid. Veremos

Contracorriente… hacia la libertad

Mariano Fazio

 

 

La cruel masculinización de la mujer

El trabajo, muchas veces brutal, que trajo la Revolución industrial.

Las circunstancias de la vida moderna y las situaciones de crisis, como las guerras mundiales, obligaron a muchas mujeres a salir de sus hogares y a entrar en el terreno laboral, desgraciadamente muchas veces brutal, que trajo la Revolución industrial.

Poco a poco la masculinización de la mujer fue aumentando. Apareció un gusto manifiesto de estar en la calle enfrentando imprevistos, pasando peripecias, llevando en fin una vida que ya no está enteramente vuelta para los placeres castos de la vida de familia.

En la primera fotografía vemos a una joven trabajadora moderna, en un ambiente hostil e inhumano. Su fisonomía es dura, rígida, tensa, en un entorno donde todo habla de fuerza bruta. Una actividad que en nada se diferencia de las actividades más penosas que un hombre puede realizar, y que exige el cultivo de cualidades típicamente masculinas. Esto nos ayuda a aquilatar la gran crueldad que representa para la mujer la igualación de los sexos.

***

Dignidad y belleza moral de una simple empleada doméstica

En la segunda pintura podemos ver lo que era una camarera doméstica en otros tiempos y podemos sentir cuanto el ser humano ha perdido.

En un ambiente doméstico, esta mujer puede expandir con gran amplitud las preciosas cualidades típicas de su sexo, la dulzura, la afabilidad, la gracia, la bondad, la distinción.

Su fisonomía está distendida, plácida e impregnada de afectividad, cualidades que tan bien se concilian con lo que tiene de más suave la delicadeza femenina.

El ambiente y la cultura, nacidos de la Civilización cristiana, permitieron que simples personas empleadas del hogar pudieran tener esa dignidad y belleza moral.

 

 

¿Es el cambio de sexo un Derecho Humano fundamental?

Cambio de sexo. ¿Debería legislarse para garantizar la libertad de elección de sexo?

Si lo es, debería legislarse para garantizar la libertad de elección de sexo. Pero ¿lo es realmente? ¿Debe por tanto regularse legalmente y facilitarse desde los servicios sanitarios en todo caso?

Como ya hemos analizado anteriormente, son varios los parámetros que contribuyen a plantear iniciativas como la que ahora ha sido frenada en el Congreso, que perseguía la aprobación de la nueva Ley Trans, como se ha conocido popularmente.

Entre otros puntos conflictivos deben señalarse los siguientes:

– ¿Es posible el cambio de sexo, es decir, la reversión biológica de la identidad sexual para redefinirla como la del sexo contrario?

– ¿Es posible elegir, diseñar o definir la propia naturaleza, constitutiva de mi identidad personal?

– ¿Debe normalizarse (“despatologizarse”) la situación por la que algunas personas sufren disforia de género, es decir, un profundo malestar por la dificultad en aceptar su fenotipo sexual?

– ¿Son verdaderamente útiles y seguras las terapias de transición de género en las personas que sufren esta disforia?

– ¿Debe facilitarse al máximo el cambio en el registro legal de identidad de género sin más intervención que la simple solicitud del interesado y sin límite de edad?

Freno a la ley Trans

Algunos que antes la apoyaban, ahora se abstienen. ¿Por qué? En las respuestas a las cuestiones que hemos formulado puede estar la clave de este cambio de postura.

Cambio de sexo

La evidencia de la realidad biológica sexuada, constitutiva de la identidad personal desde la concepción y durante toda la vida del individuo, impide su banalización por parte de los que pretenden convertirla en una opción más, como puede ser la indumentaria. El cambio de sexo no es posible y este es error fundamental que invalida el constructo de la ideología de género. Modificar el fenotipo (apariencia) para asimilarlo al del sexo contrario no altera la identidad biológica binaria del individuo desde su concepción.

 

Autonomía

Muchos de los caracteres psico-físicos que nos definen como individuos únicos no son elegibles. Algunos son modificables, pero entre ellos no figura el sexo. La libertad de elección, la autonomía del individuo no es ilimitada ni constituye un absoluto. Afirmar lo contrario es confundir. El “primum non nocere”, u obligación de no producir daños intencionadamente, evitando además en la medida de lo posible los daños previsibles, es un principio elemental en Bioética. Ignorar los importantes efectos secundarios indeseables asociados a los tratamientos hormonales y quirúrgicos de transición de género que pueden afectar al individuo durante el resto de su vida, es actuar en contra de la rectitud ética y la evidencia científica.

Despatologización

Pretender normalizar o despatologizar las situaciones que atraviesan las personas que sufren disforia de género, es ignorar sus necesidades, omitir la atención debida y, en la mayoría de los casos, alimentar los conflictos que pueden subyacer a la experiencia de esta disforia. Numerosos estudios científicos y recientes posicionamientos de distintos organismos así lo confirman.

La complejidad de muchas de las situaciones que atraviesan las personas que manifiestan un deseo de cambio de sexo, incluye en muchos casos la presencia de patologías asociadas que pueden representar el origen de la disforia o su agravamiento. Un diagnóstico pluridisciplinar y un correcto abordaje terapéutico se muestran necesarios antes de emprender cualquier proceso de transición. (ver más AQUÍ).

El reciente cambio de posición del Hospital Karolinska de Suecia, que entró en vigor en mayo de 2021, obliga a que, en el futuro, las intervenciones de tratamiento hormonal de bloqueo de la pubertad y transición de género para menores con disforia de género solo pueden realizarse en un entorno de investigación aprobado por la junta de revisión de ética de Suecia. La política establece que se debe realizar una evaluación cuidadosa del nivel de madurez del paciente para determinar si el paciente es capaz de brindar un consentimiento informado significativo. Del mismo modo, se establece que tanto los pacientes como sus tutores reciban información adecuada sobre los riesgos e incertidumbres de esta vía de tratamiento. No está claro si los menores de 16 años serían elegibles para tales ensayos.

Terapias de transición

Las terapias de bloqueo hormonal y transición de género, junto a las cirugías asociadas, han revelado estar relacionadas con numerosos efectos secundarios indeseables, en muchos casos irreversibles, no contribuyendo la mayoría de las veces a resolver las causas que originan la experiencia de disforia o deseo de cambio de sexo; más bien, al contrario, parecen agravar los síntomas y sus consecuencias.

La acumulación de datos que apuntan hacia un bajo nivel de evidencia científica de los beneficios de estos tratamientos, frente al daño potencial de las intervenciones médicas de bloqueo y transición hormonal en menores con disforia de género, las alternativas no invasivas, como la provisión de servicios psicológicos, pueden empezar a ganar protagonismo en el tratamiento de los casos de deseo de cambio de sexo o disforia de género, aún con la contradicción de su prohibición por parte de algunos gobiernos, como el español (ver AQUÍ).

Rectificación de la mención registral del sexo

La propuesta de la actual ley que pretende facilitar al máximo el cambio de registro de la identidad sexual sin más intervención ni requisito plantea, además de las cuestiones ya señaladas, otras de carácter social, que inspiran la actual oposición por parte de ciertos colectivos feministas a su actual redacción. La posibilidad de que un individuo, incluso menores de edad, transite sin dificultad alguna de un género a otro, con posibilidad, además, de revertir la transición sin límite alguno, parece amenazar la igualdad entre ciudadanos que, en razón de su sexo, acceden a determinadas opciones, protecciones, ayudas o promociones, que persiguen ofrecer las mismas oportunidades a todos, estableciendo prerrogativas en razón del sexo dirigidas a asegurar la libre elección, la igualdad de oportunidades y el acceso a los beneficios disponibles en cada caso. El caso del deporte -varones que practican halterofilia y pretenden competir contra mujeres por el simple hecho de que se definen como tales, limitándose a mantener a raya sus niveles de testosterona, por ejemplo- resulta paradigmático de este disparate.

Pero no es el único. La necesidad de conocer el sexo biológico en los individuos participantes en investigaciones biomédicas, otro ejemplo, es un requisito para la correcta evaluación de los resultados de las investigaciones y su aplicación clínica. (Segarra I, et al. “Sex-divergent clinical outcomes and precision medicine: an important new role for institutional review boards and research ethics committees.Frontiers in pharmacology.2017;8:488.)

Conclusión 

Estas y otras muchas cuestiones que no pueden ser analizadas en este breve escrito, están detrás de los enormes conflictos que suscita la legalización y normalización de los procesos de transición de género en los términos en los que se plantean en leyes como la que nos ocupa, que, por cierto, no constituye ninguna novedad, pues otras normas ya aprobadas recogen muchos de los errores que ahora pretenden normalizarse, por cierto, apoyadas en su día por algunos de los que ahora muestran su oposición. Nunca es tarde si la dicha es buena para los afectados, que deben ser ayudados eficazmente y con rigor científico.

Julio Tudela

Observatorio de Bioética

 

Educar para la democracia

Ana Teresa López de Llergo

El voto es necesario y resulta un buen arranque cuando sabemos por quién votamos como persona y conocemos sus ideas y sus propuestas.

En la escuela y en el hogar es importante desarrollar las actividades en equipo. Este es un modo de capacitar a las personas para desarrollar las aptitudes incipientes de ser un ciudadano con competencias para vivir la democracia.

Después de unas elecciones tenemos la oportunidad de observar las reacciones de los miembros de la familia en la casa, o de los alumnos en la escuela, o de los compatriotas en la calle y descubrir aspectos que sintonizan con un espíritu democrático y otros que son totalmente contrarios. Es una oportunidad que va más a fondo que el simple hecho de estar o no de acuerdo con los ganadores.

Si no están claras las manifestaciones se pueden hacer preguntas que lleven a pensar a los interlocutores o a investigar qué habrían hecho o dicho si se hubieran dado otros resultados. Sea lo que sea, lo más importante es comprender lo de fondo, lo permanente de las diferencias y aprender a convivir con ellas.

El primer paso es reconocer la ayuda de quien sabe hacer o resolver asuntos para los que no tenemos habilidad. Es un paso muy importante pero no el único, pues debe darse después el agradecimiento y el deseo de restituir prestando los servicios en donde nos movemos con soltura.

Muchas veces, con ejemplos deportivos se superan modos de ser rígidos e incomprensivos. Qué pasaría si en un equipo de futbol todos fueran porteros, o en carreras de coches faltaran los mecánicos. Además, los jugadores han de aprender a dominarse tanto si ganan y, mucho más si pierden. Han de aceptar los resultados, pues siempre hay un ganador y un perdedor. Pero lo más importante es considerar que sin equipos contrarios no habría juego. Por lo tanto, respetarse mutuamente.

Después de estas consideraciones siguen otras mucho más importantes pues llevan a profundizar en el propio conocimiento y descubrir todo tipo de tendencias. Por ejemplo, cuando se juega aparece la pasión de ganar, y puede suceder que cuando se gana puede despreciarse al contrincante. Pero si se va perdiendo se desea ganar a toda costa, incluyendo trampas. De allí la importancia de la ética.

Desgraciadamente en la actualidad se promueve el éxito a como dé lugar, y así hay un olvido generalizado de la buena conducta. La admiración por el hecho de triunfar desconoce la honestidad y se premia la mentira, la calumnia o la trampa. Se premia la sagacidad de quien destruye al prójimo.

Una sociedad edificada así se convierte en una selva donde gana el más fuerte, el más violento, el que somete a los demás bajo un régimen de miedo. Especialmente delicada es la situación de un país donde quienes asumen el poder, actúan de este modo. Y, esto se llega a dar por el descuido de algunos padres que por miopía no forman a sus hijos para buenos ciudadanos. También por el descuido de los maestros que no ven en los alumnos a los futuros constructores de la sociedad.

Lo más grave es cuando se instala democráticamente un gobierno formado por ciudadanos carentes de principios. Esto quiere decir que los ciudadanos no supieron elegir. Esta es una señal de alarma terrible porque o el pueblo ha perdido el sentido ético y también está pervertido o, no menos grave, perdió su responsabilidad de elegir con profundo conocimiento de los candidatos.

La democracia es muy exigente, nos incluye a todos durante todo el tiempo. Es sumamente pobre pensar que con el voto termina el protagonismo del pueblo. El voto es necesario y resulta un buen arranque cuando sabemos por quién votamos como persona y conocemos sus ideas y sus propuestas.

Pero el seguimiento de las promesas es muy necesario, así como el gobernante ha de llevar a cabo todo lo que prometió, los demás seguimos cuidando a nuestra patria y deseamos su mejora. Por eso, hemos de seguir los pasos de las propuestas. Además, como salen nuevos problemas con el transcurso del tiempo, hemos de mantener un protagonismo propositivo. Y, todo esto con un profundo respeto por quien asume la autoridad.

Por lo tanto, la educación cívica para la democracia tiene muchas exigencias. En primer lugar, como ya se dijo, aprender a tratar a los diferentes y respetarlos con la idea de admitir la participación de todos. Las habilidades para tener apertura con los diferentes empiezan por respetar a los demás, e interesarse por conocer qué proponen.

Luego sigue el diálogo para descubrir qué es lo mejor y establecer acuerdos. Esto no es claudicar de los principios, pero sí llevarlos a cabo dosificándolos y evaluando los beneficios. No se trata de imponer sino de observar con justicia los resultados. Si son buenos, como se esperaba, seguirlos con constancia. Si no son buenos, rectificar y estudiar otros que garanticen los resultados esperados.

Como vemos, son muchas las habilidades que necesitamos para practicar la ciudadanía. Por lo tanto, los educadores han de incluir este tema dentro de los fines que buscan en sus educandos. Por este motivo los padres y los maestros han de incluir dentro de sus metas esta noble finalidad.

Todos, en este terreno también hemos de ayudarnos a vivir nuestra democracia.

 

¿Qué es la timidez?

Lucía Legorreta

Las personas tímidas no quieren estar aisladas, quieren relacionarse, pero no saben cómo hacerlo.

¿Eres una persona tímida?, ¿un hijo tuyo lo es?, ¿es algo positivo o más bien negativo? Hoy platicaremos sobre este tema.

La timidez es el sentimiento de inseguridad, miedo o ansiedad que algunas personas sufren en determinadas situaciones sociales por miedo a ser rechazadas, humilladas o juzgadas en forma negativa.

Esta sensación hace más difícil el que se pueda relacionar con los demás, y provoca que la persona tímida evite circunstancias que le causen ansiedad.

Numerosos estudios han encontrado que alrededor del 50% de las personas son tímidas en ciertas situaciones. Hay quienes han aprendido a disimularlo mejor y quienes siguen con dudas y miedos. La diferencia está en la intensidad, ya que todos nos sentimos nerviosos en algún momento.

Hay dos tipos de timidez, una que es normal a ciertas edades y situaciones que, normalmente no llegan a bloquear el desempeño social de la persona y que desaparece sola con el paso del tiempo. Yo recuerdo haber sido muy tímida de niña.

El segundo tipo se puede considerar patológico, porque impide que la persona se relacione con normalidad y puede llegar a ser crónico. No es una sensación pasajera, sino que está arraigada a la persona y le dificulta su funcionamiento normal.

Es cierto que quien es tímido experimenta diferentes limitaciones en las situaciones sociales. Le cuesta trabajo romper el hielo para iniciar una conversación, no se siente cómodo hablando de sí mismo y esto puede repercutir negativamente en sus relaciones con los demás.

Y por qué no mencionarlo, se pierde de muchas oportunidades que se le presentan, por darle excesivo valor a la opinión de los demás. Las personas tímidas no quieren estar aisladas, quieren relacionarse, pero no saben cómo hacerlo.

Esto no significa, de ningún modo, que quien sea tímido esté condenado a fracasar. Que no se desenvuelva con soltura en las relaciones sociales tiene muy poco que ver con lo que puede lograr en el ámbito intelectual, laboral o afectivo.

Algunos consejos para vencer la timidez:

1. Haz una lista de las situaciones que te provocan ansiedad, lo más concreta que puedas: hablar en público es demasiado general, ¿frente a qué tipo de público te pones muy nervioso?, ¿delante de desconocidos?, ¿cuándo te evalúan? Cuánto más concreto seas, mejor sabrás como afrontarlas después y ordénalas de menor a mayor. No te pongas situaciones que odias demasiado.

2. Divídela en etapas y enfréntate a ellas poco a poco. Si te da pena hablar con alguien a quien no conoces bien. Empieza por saludarlos, después hazle un comentario trivial: hola, buenas tardes, y continúa con una pregunta: hacia dónde te diriges y finalmente interésate por esa persona, y verás que encontrarás algo bueno en ella.

3. Y si llega a aparecer un miedo que te paraliza, recuerda las experiencias anteriores que te salieron bien, y esto puede ayudarte a superarlo.

Es muy claro que unas veces se gana y otras se aprende, y que romper un hábito tan arraigado no ocurre de la noche a la mañana. Requiere de tiempo, esfuerzo y el deseo de conseguirlo.

Estoy segura de que gozarás mucho más la vida, conociendo a personas y viviendo experiencias nuevas si logras vencer la timidez y aprovechar las grandes oportunidades que se te presentan.

 

Descanso

Escrito por Mario Arroyo.

La perfección de lo humano es lo cristiano, debido a que Jesús es perfecto hombre y perfecto Dios, modelo acabado de toda perfección humana.

La actividad febril de nuestra vida puede dificultarnos descansar. El prurito de hacer, producir, el culto a la eficacia, la necesidad de generar resultados… A ello se añade el hecho de que no es fácil descansar o, por lo menos, no podemos dar por descontado que sabemos hacerlo. Mucha gente no sabe descansar, o plantea sus planes de descanso en forma tal, que finalmente resultan agotadores por intensos, dándose la paradoja de que frecuentemente nos encontramos en la tesitura de necesitar descansar de nuestro “descanso.”

Desde una perspectiva judeocristiana, el descanso es querido por Dios. Es un mandamiento –santificar las fiestas-; le agrada a Dios que descansemos. De hecho, con frecuencia, en el evangelio se repite la escena de que Jesús lleva a sus discípulos a un lugar apartado para descansar después de su extenuante actividad apostólica. Jesús mismo se retira en ocasiones a un lugar apartado para estar a solas con su Padre Dios. Según el evangelio, no siempre fue posible ese descanso, pues a veces las multitudes los seguían y Él se conmovía porque las veía “como ovejas que no tienen pastor”, y comenzaba a enseñarles muchas cosas. Pero lo intentaba.

La perfección de lo humano es lo cristiano, debido a que Jesús es perfecto hombre y perfecto Dios, modelo acabado de toda perfección humana. A Él debemos mirar si queremos alcanzar la auténtica plenitud humana y no conformarnos con sucedáneos superficiales de moda. Y Jesús descansó, y puso los medios para que sus discípulos lo hicieran; podemos, en consecuencia, poner los medios e intentar imitarlo: aprender a descansar. La plenitud humana requiere del descanso. También así cultivamos una virtud fundamental: la humildad; el reconocimiento llano y sincero de que no somos superhombres, ni somos máquinas; somos humanos frágiles que necesitan rehacerse periódicamente.

El descanso del espíritu está muy unido a la contemplación. La capacidad de maravillarse con la vida, la naturaleza, los detalles. Hay una contemplación humana que es preludio de la sobrenatural; el papa lo acaba de señalar en sus catequesis de los miércoles. Es necesario cultivar la primera, patrimonio común de todos los hombres, independientemente de su religión o ausencia de ella, para poder dar paso a la segunda, la cual requiere siempre el don de la fe. Muchas veces esa contemplación natural se vuelve preámbulo de la fe para hombres con una sincera apertura espiritual; con actitud abierta hacia la verdad, se encuentre donde se encuentre. Pero esa primera contemplación tiene como requisito el recogimiento de los sentidos, externos e internos –imaginación, memoria-, la paz del alma. Solo así se tiene la mirada serena, la actitud conveniente, para poder maravillarse con la vida y el mundo.

La oración mental habitual es un buen medio para conseguir la paz del alma, la serenidad de espíritu, condiciones para acceder a una contemplación, que a través de escalones nos lleve del mundo hacia Dios. En Dios encontramos el descanso de nuestro espíritu, la serenidad de nuestras angustias, lo que se llama “el santo abandono”. El ponerlo todo en manos de Dios, dejar nuestras angustias e inquietudes en Sus Manos, sabiendo que son las mejores Manos. “Señor, Dios mío, en tus manos abandono lo pasado, lo presente, lo futuro, lo pequeño y lo grande, lo poco y lo mucho, lo temporal y lo eterno” (San Josemaría). El descanso profundo tiene algo de don del Espíritu, pues es la paz del alma, el sosiego interior que Dios quiere concedernos para que nos rehagamos.

Hay distintos tipos de contemplación. Una, la habitual, compatible con el fragor de la calle, con la intensidad de actividades. Hacerlo todo metidos en Dios, con Dios en el alma mientras externamente lo damos todo. Pero para que esa contemplación sea posible, se requieren espacios de silencio, de soledad acompañada, de un saber distanciarse prudentemente de las actividades habituales para repesar las cosas; verlas desde una cierta distancia, con perspectiva. Para recuperar la capacidad de maravillarnos con lo pequeño: con una flor, un atardecer, un paisaje, una sonrisa o nuestra propia vida. Esto último requiere descanso, no solo del cuerpo, sino también del alma. No implica “hacer cosas”, sino saber estar, darse cuenta y contemplar. Démonos la oportunidad de descansar; luchemos para que todos puedan darse este espacio vital.

 

 

Feminismo y maternidad

El agobiante ambiente trans que surge por cualquier esquina y en cualquier debate, parece borrar la auténtica maravilla que supone el papel del hombre y de la mujer en el matrimonio y en la familia. El desorden montado en torno al feminismo puede llegar a términos tan absurdos que es mejor mirar para otro lado para no llenarse de vergüenza.

Me ha resultado de gran clarividencia el punto de vista de un autor tan serio, tan conocido y tan valorado, sobre todo en el mundo católico, como Chesterton. Argumentos no le faltan para subrayar el papel de la mujer en su papel de esposa y madre, señora de su casa, aun cuando el marido sea también un gran experto en la educación y en la cocina.

“Nunca he entendido cómo surgió la superstición de considerar modesto el trabajo de casa y excelso el de fuera de casa. Puede haber todo tipo de razones excelentes para que una persona haga o no una de las dos cosas, pero no puedo entender cómo la tarea doméstica puede ser considerada inferior. Porque la mayor parte de los trabajos fuera de casa son bastante rutinarios, y en gran medida sucios”.

Jesús Martínez Madrid

 

 

Dios es amor

Dios es amor, por eso culto y caridad van de la mano. Hay dos días al año en los que la Iglesia lo resalta de modo especial: el primero es el Jueves Santo, cuando se conmemora la institución de la Eucaristía y se celebra el Día del Amor Fraterno. El segundo, el Corpus Christi, la fiesta del Cuerpo de Cristo, es también el Día de la Caridad, celebrado entre el jueves y este domingo, ayer. “La Eucaristía nos ofrece el don de poder amasar de forma inseparable la caridad y la vida de los pobres”, escriben los obispos españoles en el mensaje de este año.

“¿Cómo vivir la Eucaristía –se preguntan– sin estar cerca de aquellos más hambrientos, de aquellos con quienes Cristo se identifica al tener hambre, sed, estar desnudo, enfermo o en la cárcel?”. Esa referencia al conocido pasaje del Evangelio de Mateo se lee hoy desde la perspectiva de “las muchas vidas rotas y profundas heridas” que deja la pandemia. Una pandemia que nos ha recordado que la persona es frágil y que necesita ser sostenida por los demás. La breves procesión que se han celebró el pasado jueves i/o ayer domingo han sifo un signo de que ya se ve la luz al final del túnel.

Jesús Martínez Madrid

 

 

Junio 2021

Que el mes de junio está dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, lo sabe cualquier católico que pisa con frecuencia el templo. En todas las iglesias de España se venera su imagen y cada vez son más las parroquias que celebran la novena o, al menos,  el triduo al Corazón de Jesús en los días previos a su fiesta. Dos son los atributos característicos del Sagrado Corazón: el Amor y la Misericordia.

El culto universal al Sagrado Corazón data del siglo XIX,  con el Papa León XIII (escribió la Encíclica Annum Sacrum), quien consagró el mundo al Sagrado Corazón (1899) y recomendó a todos los obispos que celebraran la  fiesta en sus diócesis. Antes, Clemente XIII ya la había instituido para Polonia. La devoción se extendió por Europa con el papa Pío IX ( 1792-1878), quien había aprobado oficialmente este culto, que profesaban íntimamente los cristianos desde que Longinos atravesara con su lanza  el Corazón de Cristo. A partir de Pío IX, todos los Papas han sido grandes devotos del Corazón de Jesús y han escrito sobre Él importantes Encíclicas y páginas bellísimas.

Fue a partir de Santa Margarita María de Alacoque ( Francia. 1647- 169) cuando la devoción al Sagrado Corazón se extendió por Europa. A ella se le apareció el Sagrado Corazón y le pidió la comunión reparadora los primeros viernes. Entre otras cosas, le dijo: “ He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres y en cambio, de la mayor parte de ellos, no recibe nada más que  ingratitud, irreverencia y desprecio en este Sacramento de Amor [ la Eucarsitía]. Si supieseis cuan grande será el galardón que dará a los que se consagran a él y le honran! (…). Este divino Corazón os pagará, no solamente en vuestra persona, sino en la de vuestros parientes y de todos aquellos por quienes  os interesáis, a los cuales mirará con ojos propicios y misericordiosos para socorrerlos y protegerlos en todo, con tal que acudan a Él con confianza”.

En España, América y Filipinas, el culto al Sagrado Corazón se extendió gracias a la labor divulgativa del Beato Bernardo de Hoyos ( 1711-1735), quien contempló, en la iglesia de San Ambrosio de Valladolid ( hoy, Basílica de la Gran Promesa), el Corazón de Jesús envuelto en llamas de amor y coronado con la cruz. Le encargó la celebración de una fiesta en su honor y le hizo esta Promesa: “Reinaré en España y con más veneración que en otras partes”. La Basílica de la Gran Promesa se ha convertido en centro de peregrinaciones, con gran sentido. También, desde este Santuario se celebra y extiende el culto a la Divina Misericordia de tan adorable Corazón, “en el que reverbera el Amor del Padre” ( Cardenal Blázquez. Homilía en la Fiesta del Sagrado Corazón).  

Josefa Romo Garlito

 

 

La despoblación

La despoblación fue convirtiéndose en una realidad en España hace 70 años a causa de la economía, la educación y los servicios. No es un problema de hoy. Millones de españoles que se trasladaron a vivir a grandes o medianas ciudades vuelven a su pueblo de origen a pasar días o temporadas, con notable alegría, con cierta dosis de nostalgia buena.  Las raíces se avivan, los lazos familiares se consolidan, nadie se considera superior a nadie por haber logrado en las ciudades una proyección laboral o académica que en los pueblos no pueden lograr, la convivencia rural enriquece a unos y otros.

La España Vaciada nos dio un ejemplo, que es un auténtico hito de lucha para frenar la despoblación, para lograr una calidad de vida en los pueblos acorde con nuestro tiempo y el desarrollo tecnológico. Y la joven escritora Ana Iris Simón reclamó un estilo de vida que envidia, que entronca con muchas de las peticiones de la España Vaciada. No es cuestión de nostalgia, sino de calidad de vida, de justicia y derechos.

Valentín Abelenda Carrillo

 

 

Intimidar a los delegados que defienden las leyes y políticas pro-vida o pro-familia.

El borrador del acuerdo entre la Unión Europea (UE) y los países de las regiones del Pacífico, el Caribe y África para finalizar un nuevo acuerdo de cooperación para el desarrollo con un plazo temporal de veinte años, también exige que los países en desarrollo y la Unión Europea adopten “posiciones comunes en el escenario mundial”, una disposición que probablemente se utilizará para presionar a los delegados y doblegar sus postulados hasta ajustarlos con los de la UE, o incluso intimidar a los delegados individuales que defienden las leyes y políticas pro-vida o pro-familia.

Desde 2000, la asociación entre África, el Caribe y el Pacífico (ACP) y la UE, que comenzó a finales de la década de 1950, estuvo sujeta a un acuerdo adoptado en Cotonú, la capital de Benin. Uno de los aspectos más controvertidos del Acuerdo de Cotonú fue su aspecto político, el cual condicionó la ayuda internacional a cambio del respeto de los derechos humanos. Si bien esto puede parecer positivo, las crecientes discrepancias sobre la definición de los derechos humanos en los organismos multilaterales de alto nivel, a menudo dirigidos por la UE, crean un motivo de preocupación.

En una consulta previa de la Comisión Europea sobre la asociación posterior a Cotonú, ” la conclusión de los dirigentes europeos fue unánime: la ayuda europea debe seguir estando condicionada al respeto de los derechos humanos y al estado de derecho en los países receptores”.

Entre las áreas de mayor desacuerdo se encuentran la orientación sexual y la identidad de género, particularmente entre la UE y la región africana. De igual importancia es el cambio radical en las cuestiones LGTB que ha tenido lugar en la región europea desde el 2000; un año antes de que los Países Bajos fueran los primeros en aprobar el matrimonio legal entre personas del mismo sexo.

Si se adopta en su forma propuesta actualmente, el nuevo acuerdo dotaría de mayor fuerza a la UE para promover su agenda de “derechos sexuales” en todo el mundo: atando hilos a la ayuda, silenciando las voces opuestas en las instituciones multilaterales y sumando fracasos de negociaciones anteriores, como el Consenso de Montevideo y el Protocolo de Maputo, que consiguen afianzarse con mayor solidez.

Pedro García

 

 

La lucha, la guerra y el cobarde gobierno

 

                           Todo bicho viviente en este mundo (“y el mono humano somos un bicho más”) está sujeto a una “lucha continua”, simplemente para poder vivir; esa es la “ley Universal”, la que inexorablemente nos rige a todos; y en ello ni se piensa individualmente y menos, “se les pasa por sus obtusos caletres a la pandemia de políticos que hoy mangonean a todo el planeta”; dónde el último gobernante que para mí, fue el más digno, de todo el siglo veinte, fue, Winston Churchill; puesto que fue el que más arriesgó, en los momentos más difíciles, y logró la victoria completa.

                           En definitiva; aquel ejemplo “mundial”, es el ejemplo y el camino a seguir, por cualquier individuo, el que individualmente tendrá que tomar decisiones, cruciales a lo largo de la vida, en las que puede triunfar o fracasar, pero, “esa es la vida”. Los cobardes políticos  que no han sabido “luchar” con el virus chino (“cosa que los chinos y como padres del virus sí lo hicieron y triunfaron”) se contagiaron con un miedo que nunca debe tener, el que se atreve a “gobernar hombres”; y en vez de estudiar a “los chinos y su hacer”, se dedicaron a transmitir sus impotencias, miedos y terrores, a sus indefensos gobernados; y el resultado es “la catástrofe mundial que hoy padecemos la mayor parte del planeta; salvo los chinos, que seguro se están riendo de todos los demás, aparte de haber conseguido un negocio inmenso, que es lo que, seguro, pretendieron cuando “lanzaron el virus” a todo el planeta; produciendo un nuevo tipo de “guerra”, que aún no se ha clasificado así, pero que para mí, es una guerra más; y de las más perversas que ha inventado “el mono humano”; por todo ello es hoy China, la indudable primera potencia (“material”) de este podrido planeta, que hoy lo está, en grado de descomposición; o pudrición tan grave, que desde luego, los que dicen gobernar, ni lo aceptarán, ni lo reconocerán nunca; sencillamente, porque todos ellos y en “su parte alícuota”, son los culpables de la muy decadente situación actual.

                           Y aunque me preocupa el planeta, “como ciudadano del mundo” que hace tiempo me considero; pero por lógica, me preocupa más, “mi casa y mi país”; y por ello reflejo lo que aquí ha ocurrido, que más o menos (seguro) está ocurriendo en todos los demás; puesto que “la epidemia o pandemia”, no es la del virus chino, sino “la otra” y a la que no se le ha puesto aún nombre. Veamos:

            La crisis fulmina 90.000 empresas en España desde el inicio de la pandemia: El tejido productivo español es más vulnerable porque un 97% de las empresas son pymes, y el 35% solo tienen un empleado. https://www.vozpopuli.com/economia_y_finanzas/cierre-empresas-espana-coronavirus.html  El impacto económico del coronavirus se ha cebado con las pequeñas empresas de este país, muchas de las cuales han tenido que bajar la persiana. A término de abril -último dato disponible de la Seguridad Social-, España cuenta con 89.351 empresas menos de las que había a cierre de febrero de 2020, el último mes antes de que irrumpiera la pandemia en nuestro país y de que el Gobierno decretara el estado de alarma y el confinamiento domiciliario. Las pymes lideran la destrucción de empleo con un 83% de los despidos desde febrero. El Banco de España prevé que las empresas insolventes crecerán entre un 4% y un 8%. La destrucción de empresas se ha producido principalmente entre las pymes y, dentro de ellas, en las microempresas. De las casi 90.000 empresas que han cerrado, 52.344 tenían solo un trabajador; 20.639 tenían sólo entre dos y cinco empleados; y 15.219 tenían entre seis y 50 trabajadores. El saldo de las compañías de mayor tamaño no ha sido tan negativo. En estos quince meses se han cerrado 689 empresas de entre 51 y 100 trabajadores y se han destruido 518 compañías de entre 101 y 500 empleados.

El único grupo que ha crecido ha sido el de las grandes empresas de más de 500 trabajadores, que ha sumado 58 compañías desde febrero del pasado año. Esto es así no tanto porque se hayan instalado muchas nuevas empresas en el país, sino por el hecho de que las grandes compañías son las que han tenido mayor capacidad de crear empleo: al contratar personal, algunas de las que estaban clasificadas en el grupo de 250 a 500 trabajadores han pasado a ser consideradas de más de 500 empleados. La mayor parte de empresas que han cerrado son pequeñas porque precisamente son las que han experimentado la mayor caída de ventas y facturación y, por tanto, las que han tenido más necesidad de liquidez y han acabado por ser insolventes debido, además, a sus mayores dificultades para acceder a líneas de crédito y financiación externa”.

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            Y como escribiera hace ya muchos años, “la vida establecida por el mono humano en este planeta, es como un látigo inmenso”; y en el que logra agarrarse al mango, moverá siempre éste, proyectando, “trallazos”, que a los que más dañarán siempre es a lo extremos del mismo”… Y ese “látigo”, se ve claramente en lo que a ocurrido en España, donde y como siempre, los más indefensos, son siempre los que pagan el pato y la justicia distributiva, nunca llegó, llega, ni llegará a ellos. Y ese, reitero, es “el látigo político-tiránico que aquí ha existido siempre”.

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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