Las Noticias de hoy 12 Junio 2021

Enviado por adminideas el Sáb, 12/06/2021 - 12:48

Fiesta del Inmaculado Corazón de la Virgen María - ACI Prensa

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 12 de junio de 2021      

Indice:

ROME REPORTS

Francisco: miremos con confianza al Sagrado Corazón de Jesús

Un decreto para el cambio del gobierno en las asociaciones internacionales de fieles

Sacerdotes "para y entre" el Pueblo de Dios

EL INMACULADO CORAZÓN DE LA VIRGEN MARÍA* : Francisco Fernandez Carbajal

Evangelio del sábado: la belleza de la sencillez

Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum!

“Ahora es Cristo quien vive en ti” : San Josemaria

Uno de los nuestros: la Encarnación : Fulgencio Espa

En Pentecostés la Iglesia de Cristo echa a andar: Pedro Beteta López

La Universidad define seis materias clave para lograr un aprendizaje transformador en el alumno : Isabel Rincón

Lemaître, religión, ciencia: “Había dos formas de llegar a la verdad. Decidí seguir ambas” : Manuel Ribes

DOMINGO XI. : + Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

Evangelio del domingo: el fruto eterno de la santidad

María, madre y hermana de los pobres : Álvaro Duarte

“Jerga” y cerebro.:           José Luis Velayos

En la mente del hombre “moderno” :

Plena satisfacción del Grupo Africano : Jesús Martínez Madrid

Pocas cosas hay tan grande en la tierra : Juan García.

LA ASQUEROSA POLÍTICA Y SUS “SANGUIJUELAS” : Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

Francisco: miremos con confianza al Sagrado Corazón de Jesús

Celebramos la Solemnidad del Corazón de Jesús: el Santo Padre nos invita, en un tweet, a "mirar con confianza al Sagrado Corazón de Jesús y a repetir con frecuencia, especialmente durante este mes de junio: Jesús manso y humilde de corazón, transforma nuestro corazón y enséñanos a amar a Dios y al prójimo con generosidad".

 

En la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús que celebramos en este mes de junio tradicionalmente dedicado al él, la "máxima expresión humana del amor divino", el Santo Padre llama, una vez más, a repetir con insistencia: "Jesús, manso y humilde de corazón, transforma nuestro nuestro corazón y enséñanos a amar a Dios y al prójimo con generosidad".

El Sumo Pontífice invita a cada uno de nosotros a mirar "con confianza al Sagrado Corazón". Con frecuencia Francisco ha llamado a abandonarnos en el Señor, pidiéndole, como dijo en la Audiencia General del pasado miércoles, que haga "nuestros corazones semejantes al suyo". Configurarnos al corazón de Jesús, implica humilidad, misericordia y perseverancia en el amor, en la oración y en las buenas obras.

Tal como explicó en la homilía en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús en 2014, "el sentido de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, es que "descubramos cada vez más y nos envuelva" la fidelidad humilde y la mansedumbre del amor de Cristo, "revelación de la misericordia del Padre". Se trata, por tanto, de un amor cuya ternura "podemos experimentar y gustar" en cada estación de la vida: en el tiempo de la alegría y en el de la tristeza, en el tiempo de la salud y en el de la enfermedad y las dificultades. Una promesa cierta, hecha por el mismo Jesús, que nos dice: "Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana".

 

09/06/2021Colombia renueva la Consagración al Sagrado Corazón de Jesús

La Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús - también Jornada para la Santificación de los Sacerdotes - se celebra el viernes siguiente a la Solemnidad del Corpus Christi. Casi como para sugerir que la Eucaristía/Corpus Domini no es otra cosa que el mismo Corazón de Jesús, de Aquel que, con "corazón", cuida de nosotros. 

 

11/06/2021Sacerdotes "para y entre" el Pueblo de Dios

 

La fiesta, obligatoria para toda la Iglesia a partir de 1856 con Pío IX, nos recuerda el corazón coronado de espinas de Cristo. Y cuando oímos la palabra "corazón", pensamos sobre todo en la esfera afectiva, sentimental. Pero en el lenguaje bíblico tiene un significado mucho más amplio, porque indica a toda la persona en la unidad de su conciencia, inteligencia y libertad. El corazón indica la interioridad del hombre, pero también su capacidad de pensamiento: es la sede de la memoria, el centro de las elecciones, de los proyectos. En el costado abierto de Jesús, Él nos muestra y nos dice: "Me interesas", "tomo en mi corazón tu vida". Pero también dice: "Haz esto en memoria mía: cuida de los demás. Con un corazón. Es decir, tener los mismos sentimientos que yo, toma las mismas decisiones que yo". 

 

Un decreto para el cambio del gobierno en las asociaciones internacionales de fieles

Aprobada por el Papa, la medida del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida que regulará la duración de los mandatos para que la autoridad sea un auténtico servicio a la comunión frente al riesgo de personalismos y abusos. Posibles exenciones para los fundadores.

 

Vatican News

El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida ha emitido un Decreto General con fuerza de ley que regula la duración y el número de mandatos de gobierno (con un máximo de 10 años consecutivos) en las asociaciones internacionales de fieles, tanto privadas como públicas, y la necesaria representatividad de los miembros en el proceso de elección del órgano de gobierno internacional. La medida, aprobada de forma concreta por el Papa Francisco y promulgada hoy, entrará en vigor en tres meses. Será vinculante para todas las asociaciones de fieles y otras entidades reconocidas o erigidas por el Dicasterio.

El propósito del Decreto es promover "una sana rotación" en los cargos de gobierno, de modo que la autoridad se ejerza como un auténtico servicio que se articule en la comunión eclesial.

Una Nota explicativa publicada por el Dicasterio junto al Decreto, señala que el Papa Francisco, "en línea con sus predecesores, sugiere entender las necesidades que requiere el camino de madurez eclesial de las agregaciones de fieles desde la perspectiva de la conversión misionera" (cf. Evangelii gaudium, 29-30), indicando como prioridades "el respeto a la libertad personal; la superación de la autorreferencialidad, la unilateralidad y la absolutización; la promoción de una sinodalidad más amplia, así como el preciado bien de la comunión".

La Nota señala que "no pocas veces, la falta de límites a los mandatos de gobierno fomenta, en los llamados a gobernar, formas de apropiación del carisma, de personalismo, de centralización de funciones, así como expresiones de autorreferencia, que fácilmente conducen a graves violaciones de la dignidad y la libertad personal e, incluso, verdaderos abusos. Un mal ejercicio de gobierno -se observa- crea inevitablemente conflictos y tensiones que hieren la comunión, debilitando el impulso misionero".

Por otra parte, la experiencia ha demostrado que "el relevo generacional de los órganos de gobierno, a través de la rotación de las responsabilidades directivas, aporta grandes beneficios a la vitalidad de la asociación: es una oportunidad de crecimiento creativo y un estímulo para la inversión formativa; revitaliza la fidelidad al carisma; da aliento y eficacia a la interpretación de los signos de los tiempos; impulsa formas nuevas y actuales de acción misionera".

Al mismo tiempo, el Dicasterio, "consciente del papel clave que desempeñan los fundadores", se reserva el derecho de dispensarles de los límites establecidos para los mandatos (art. 5 del Decreto), pero sólo "si lo considera oportuno para el desarrollo y la estabilidad de la asociación o entidad, y si tal dispensa corresponde a la clara voluntad del órgano central de gobierno".

En un artículo para L'Osservatore Romano, el padre jesuita Ulrich Rhode, decano de la Facultad de Derecho Canónico de la Pontificia Universidad Gregoriana y consultor del Dicasterio, señala que, además de las 109 entidades reconocidas o erigidas por el Dicasterio, el Decreto se aplica (con la excepción del Art. 3 sobre los procedimientos de elección) también a otras entidades sujetas a la vigilancia del Dicasterio, entre ellas el Camino Neocatecumenal, la Organización Internacional de Servicio del Sistema de Células Parroquiales de Evangelización, la Organización Mundial de Cursillos de Cristiandad y el Servicio Internacional de la Renovación Carismática Católica (CHARIS). El padre Rhode, por tanto, afirma: "Es de esperar que muchas asociaciones tengan que convocar una asamblea general para decidir los cambios que deben introducirse en los estatutos para someterlos al Dicasterio para su necesaria aprobación. Existe una urgencia especial para aquellas asociaciones en las que ya se han superado los límites previstos en el Decreto o se superarán durante el periodo del mandato actual". Por último, subraya la oportunidad de que las asociaciones diocesanas y nacionales, aunque no estén obligadas a observar el Decreto, lo tengan en cuenta en caso de una futura ampliación de las normas o incluso, simplemente, por su razonabilidad.

 

Sacerdotes "para y entre" el Pueblo de Dios

Hace 26 años se instituyó la Jornada de Santificación de los Sacerdotes, llamados a esforzarse por la santidad en el servicio al pueblo.

 

Debora Donnini - Ciudad del Vaticano

En una Carta a los sacerdotes con motivo del Jueves Santo de 1995, San Juan Pablo II estableció que la Jornada de Santificación de los Sacerdotes se celebrara en cada diócesis en la fiesta del Sagrado Corazón, o en otra fecha más acorde con las necesidades y costumbres pastorales del lugar. Un día para rezar por los sacerdotes, para que vivan "cada vez más en conformidad con el corazón del Buen Pastor".

Recordando la Exhortación Apostólica Pastores Dabo Vobis, el Papa Wojtyla recordó cómo "la nueva evangelización" tiene "necesidad de nuevos evangelizadores y éstos son los sacerdotes, que se comprometen a vivir su ministerio como un camino específico hacia la santidad". Y habló del "deber de esforzarse por la santidad, de ser 'ministros de la santidad' para los hombres y mujeres confiados a nuestro servicio pastoral".

Pastores con olor a oveja

Eso de ser "pastores con olor a oveja", "pastores en medio del rebaño" fue, pues, la expresión del Papa Francisco, que resume eficazmente su exhortación a los sacerdotes. Lo expresó desde su primera Misa Crismal como Pontífice, en 2013. Indica concretamente la cercanía a las personas que están llamadas a expresar, incluso en las periferias existenciales de nuestro tiempo.

 

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10/06/2021El Papa a seminaristas: el verdadero Pastor no se separa del Pueblo de Dios

Emocionante, de nuevo, entre sus intervenciones, la Carta que el 4 de agosto de 2019 el Papa Francisco había enviado a los sacerdotes con motivo del 160 aniversario del Santo Cura de Ars, patrón de los párrocos del mundo. Allí destacó, como ha hecho en otras ocasiones, la importancia de volver a la primera llamada, a la memoria de la vocación, de ese paso del Señor por la vida. Allí también destacó, como exhortación específica, precisamente la de la cercanía a las personas:

"Nada es tan urgente como estas cosas: la proximidad, la cercanía, estar cerca de la carne del hermano que sufre. ¡Qué bueno es el ejemplo de un sacerdote que se acerca y no se aleja de las heridas de sus hermanos! Un reflejo del corazón del pastor que ha aprendido el sabor espiritual de sentirse uno con su pueblo; que no olvida que salió de él y que sólo sirviéndole encontrará y podrá explicar su identidad más pura y plena, lo que le permite desarrollar un estilo de vida austero y sencillo, sin aceptar privilegios que no tengan el sabor del Evangelio; porque "eterna es su misericordia".

El sacerdocio ministerial: una consecuencia del sacerdocio bautismal

Un recordatorio que se repitió varias veces a lo largo del pontificado. También recientemente el Papa se ha dirigido a los sacerdotes. Al celebrar este año la misa de ordenación sacerdotal de nueve diáconos en la 58ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, les exhortó, en efecto, a ser pastores que "van con el pueblo de Dios: a veces delante, en medio, detrás del rebaño, pero siempre allí, con el pueblo de Dios". Con cuatro modos fundamentales de cercanía: con Dios, con el obispo, entre los hermanos y con el pueblo. Y de nuevo, dispensadores del perdón, "sacerdotes del pueblo, no clérigos del Estado", "no empresarios", porque el sacerdocio no es una carrera, sino un servicio.

 

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07/06/2021El Papa a la comunidad sacerdotal de San Luis de los Franceses

Hace tan solo unos días, en una audiencia con la comunidad sacerdotal de San Luis de los Franceses, el Papa volvió a tratar el tema del sacerdocio, exhortando a sustituir los "sueños de grandeza" de los "sacerdotes superman" por los sueños de "una Iglesia enteramente al servicio", abandonando toda ambición de "autoafirmación", para poner a "Dios y al pueblo" en el centro de las preocupaciones cotidianas, sin distraerse con críticas y charlas que corren el riesgo de transformar a los sacerdotes en "solterones". Arraigado en Cristo, también les invitó a tener sentido del humor que "es una de las características de la santidad, como señalé -dijo- en la Exhortación Apostólica sobre la santidad, Gaudete et exsultate.

"Me preocupa cuando la gente hace reflexiones, pensamientos sobre el sacerdocio, como si fuera una cosa de laboratorio: este sacerdote, aquel otro sacerdote... No se puede reflexionar sobre el sacerdote fuera del pueblo santo de Dios. El sacerdocio ministerial es una consecuencia del sacerdocio bautismal del santo pueblo fiel de Dios. Esto no debe olvidarse. Si piensas en un sacerdocio aislado del pueblo de Dios, eso no es un sacerdocio católico, no; ni tampoco un sacerdocio cristiano".

La cercanía al pueblo del que se procede, que no se puede olvidar: dos aspectos profundamente unidos, por tanto, en la vida sacerdotal, hasta el punto de que el Papa volvió a subrayar: "El Señor le dice a David: 'Te he elegido de la parte de atrás del rebaño', de ahí".

Y también ayer, en el encuentro con la comunidad del Seminario Regional "Pío XI", el Pontífice señaló a San José como modelo inspirador de la formación sacerdotal. Asimismo puso en guardia contra la rigidez, que "es una de las manifestaciones del clericalismo", "una perversión del sacerdocio". A continuación, volvió al corazón de su exhortación a estar con el rebaño, porque "el verdadero pastor no se separa del pueblo de Dios".  

 

EL INMACULADO CORAZÓN DE LA VIRGEN MARÍA*

Memoria

— El Corazón de María.

— Un Corazón materno.

— Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum.

I. En mí está toda gracia del camino y de verdad, en mí toda esperanza de vida y de fuerza1, leemos en la Antífona de entrada de la Misa.

Como considerábamos en la fiesta de ayer, el corazón expresa y es símbolo de la intimidad de la persona. La primera vez que se menciona en el Evangelio el Corazón de María es para expresar toda la riqueza de esa vida interior de la Virgen: María -escribe San Lucas- guardaba todas estas cosas, ponderándolas en su corazón2.

El Prefacio de la Misa proclama que el Corazón de María es sabio, porque entendió como ninguna otra criatura el sentido de las Escrituras, y conservó el recuerdo de las palabras y de las cosas relacionadas con el misterio de la salvación; inmaculado, es decir, inmune de toda mancha de pecado; dócil, porque se sometió fidelísimamente al querer de Dios en todos sus deseos; nuevo, según la antigua profecía de Ezequiel –os daré un corazón nuevo y un espíritu nuevo3–, revestido de la novedad de la gracia merecida por Cristo; humilde, imitando el de Cristo, que dijo: Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón4sencillo, libre de toda duplicidad y lleno del Espíritu de verdad; limpio, capaz de ver a Dios según la Bienaventuranza del Señor5firme en la aceptación de la voluntad de Dios, cuando Simeón le anunció que una espada de dolor atravesaría su corazón6, cuando se desató la persecución contra su Hijo7 o llegó el momento de su Muerte; dispuesto, ya que, mientras Cristo dormía en el sepulcro, a imitación de la esposa del Cantar de los Cantares8, estuvo en vela esperando la resurrección de Cristo.

El Corazón Inmaculado de María es llamado, sobre todo, santuario del Espíritu Santo9, en razón de su Maternidad divina y por la inhabitación continua y plena del Espíritu divino en su alma. Esta maternidad excelsa, que coloca a María por encima de todas las criaturas, se realizó en su Corazón Inmaculado antes que en sus purísimas entrañas. Al Verbo que dio a luz según la carne lo concibió primeramente según la fe en su corazón, afirman los Santos Padres10. Por su Corazón Inmaculado, lleno de fe, de amor, humilde y entregado a la voluntad de Dios, María mereció llevar en su seno virginal al Hijo de Dios.

Ella nos protege siempre, como la madre al hijo pequeño que está rodeado de peligros y dificultades por todas partes, y nos hace crecer continuamente. ¿Cómo no vamos a acudir diariamente a Ella? «“Sancta Maria, Stella maris” -Santa María, Estrella del mar, ¡condúcenos Tú!

»-Clama así con reciedumbre, porque no hay tempestad que pueda hacer naufragar el Corazón Dulcísimo de la Virgen. Cuando veas venir la tempestad, si te metes en ese Refugio firme, que es María, no hay peligro de zozobra o de hundimiento»11. En él encontramos un puerto seguro donde es imposible naufragar.

II. María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón12.

El Corazón de María conservaba como un tesoro el anuncio del Ángel sobre su Maternidad divina; guardó para siempre todas las cosas que tuvieron lugar en la noche de Belén y lo que refirieron los pastores ante el pesebre, y la presencia, días o meses más tarde, de los Magos con sus dones, y la profecía del anciano Simeón, y las zozobras de su viaje a Egipto... Más tarde, le impresionó profundamente la pérdida de su Hijo en Jerusalén, a la edad de doce años, y las palabras que Este les dijo a Ella y a José cuando por fin, angustiados, le encontraron. Luego descendió con ellos a Nazareth y les estaba sometido. Pero María conservaba todas estas cosas en su corazón13. Jamás olvidó María, en los años que vivió aquí en la tierra, los acontecimientos que rodearon la muerte de su Hijo en la Cruz y las palabras que allí oyó a Jesús: Mujer, he ahí a tu hijo14. Y al señalar a Juan, Ella nos vio a todos nosotros y a todos los hombres. Desde aquel momento nos amó en su Corazón con amor de madre, con el mismo con que amó a Jesús. En nosotros reconoció a su Hijo, según lo que Este mismo había dicho: Cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a Mí me lo hicisteis15.

Pero Nuestra Señora ejerció su maternidad antes de que se consumase la redención en el Calvario, pues Ella es madre nuestra desde el momento en que prestó, mediante su fiat, su colaboración a la salvación de todos los hombres. En el relato de las bodas de Caná, San Juan nos revela un rasgo verdaderamente maternal del Corazón de María: su atenta solicitud por los demás. Un corazón maternal es siempre un corazón atento, vigilante: nada de cuanto atañe al hijo pasa inadvertido a la madre. En Caná, el Corazón maternal de María despliega su vigilante cuidado en favor de unos parientes o amigos, para remediar una situación embarazosa, pero sin consecuencias graves. Ha querido mostrarnos el Evangelista, por inspiración divina, que a Ella nada humano le es extraño ni nadie queda excluido de su celosa ternura. Nuestros pequeños fallos y errores, lo mismo que las culpas grandes, son objeto de sus desvelos. Le interesan los olvidos y preocupaciones, y las angustias grandes que a veces pueden anegar el alma. No tienen vino16, dice a su Hijo. Todos están distraídos, nadie se da cuenta. Y aunque parece que no ha llegado aún la hora de los milagros, Ella sabe adelantarla.

María conoce bien el Corazón de su Hijo y sabe cómo llegar hasta Él; ahora, en el Cielo, su actitud no ha variado. Por su intercesión nuestras súplicas llegan «antes, más y mejor» a la presencia del Señor. Por eso, hoy podemos dirigirle la antigua oración de la Iglesia: Recordare, Virgo Mater Dei, dum steteris in conspectu Domini, ut loquaris pro nobis bona17, Virgen Madre de Dios, Tú que estás continuamente en su presencia, habla a tu Hijo cosas buenas de nosotros. ¡Bien que lo necesitamos!

Al meditar sobre esta advocación de Nuestra Señora, no se trata quizá de que nos propongamos una devoción más, sino de aprender a tratarla con más confianza, con la sencillez de los niños pequeños que acuden a sus madres en todo momento: no solo se dirigen a ella cuando están en gravísimas necesidades, sino también en los pequeños apuros que les salen al paso. Las madres les ayudan con alegría a resolver los problemas más menudos. Ellas –las madres– lo han aprendido de nuestra Madre del Cielo.

III. Al considerar el esplendor y la santidad del Corazón Inmaculado de María, podemos examinar hoy nuestra propia intimidad: si estamos abiertos y somos dóciles a las gracias y a las inspiraciones del Espíritu Santo, si guardamos celosamente el corazón de todo aquello que le pueda separar de Dios, si arrancamos de raíz los pequeños rencores, las envidias... que tienden a anidar en él. Sabemos que de su riqueza o pobreza hablarán las palabras y las obras, pues el hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca cosas buenas18.

De nuestra Señora salen a torrentes las gracias de perdón, de misericordia, de ayuda en la necesidad... Por eso, le pedimos hoy que nos dé un corazón puro, humano, comprensivo con los defectos de quienes están junto a nosotros, amable con todos, capaz de hacerse cargo del dolor en cualquier circunstancia en que lo encontremos, dispuesto siempre a ayudar a quien lo necesite. «¡Mater Pulchrae dilectionis, Madre del Amor Hermoso, ruega por nosotros! Enséñanos a amar a Dios y a nuestros hermanos como tú los has amado: haz que nuestro amor hacia los demás sea siempre paciente, benigno, respetuoso (...), haz que nuestra alegría sea siempre auténtica y plena, para poder comunicarla a todos»19, y especialmente a quienes el Señor ha querido que estemos unidos con vínculos más fuertes.

Recordamos hoy cómo, cuando las necesidades han apremiado, la Iglesia y sus hijos han acudido al Corazón Dulcísimo de María para consagrar el mundo, las naciones o las familias20. Siempre hemos tenido la intuición de que solo en su Dulce Corazón estamos seguros. Hoy le hacemos entrega, una vez más, de lo que somos y tenemos. Dejamos en su regazo los días buenos y los que parecen malos, las enfermedades, las flaquezas, el trabajo, el cansancio y el reposo, los ideales nobles que el Señor ha puesto en nuestra alma; ponemos especialmente en sus manos nuestro caminar hacia Cristo para que Ella lo preserve de todos los peligros y lo guarde con ternura y fortaleza, como hacen las madres. Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum, Corazón dulcísimo de María, prepárame..., prepárales un camino seguro21.

Terminamos nuestra oración pidiendo al Señor, con la liturgia de la Misa: Señor, Dios nuestro, que hiciste del Inmaculado Corazón de María una mansión para tu Hijo y un santuario del Espíritu Santo, danos un corazón limpio y dócil, para que, sumisos siempre a tus mandatos, te amemos sobre todas las cosas y ayudemos a los hermanos en sus necesidades22.

1 Antífona de entrada. Misas de la Virgen María, I. Misa del Inmaculado Corazón de la Virgen María, n. 28. — 2 Lc 2, 19. — 3 Cfr. Ez 36, 26. — 4 Mt 11, 29.  5 Cfr. Mt 5, 8. — 6 Cfr. Lc 2, 35. — 7 Cfr. Mt 2, 13. — 8 Cfr. Cant 5, 2. — 9 Cfr. Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 53. — 10 Cfr. San Agustín, Tratado sobre la virginidad, 3. — 11 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 1055. — 12 Antífona de comunión, Lc 2, 19. — 13 Lc 2, 51. — 14 Jn 19, 26. — 15 Mt 25, 40. — 16 Cfr. Jn 2, 3. — 17 Misal de San Pío V, Oración sobre las ofrendas de la Misa de Santa María Medianera de todas las gracias; cfr. Jer 18, 20. — 18 Mt 12, 35. — 19 Juan Pablo II, Homilía 31-V-1979. — 20 Cfr. Pío XII, Alocución Benedicite Deum, 31-X-1942; Juan Pablo II, Homilía en Fátima, 13-V-1982. — 21 Cfr. Himno Ave Maris Stella. — 22 Oración colecta de la Misa.

Después de la consagración del mundo al dulcísimo y maternal Corazón de la Virgen María en 1942, llegaron numerosas peticiones al Romano Pontífice para que extendiera el culto al Inmaculado Corazón de María, que ya existía en algunos lugares, a toda la Iglesia. Pío XII accedió en 1945, «seguros de encontrar en su amantísimo Corazón... el puerto seguro en medio de las tempestades que por todas partes nos apremian». A través del símbolo del corazón, veneramos en María su amor purísimo y perfecto a Dios y su amor maternal hacia cada hombre. En él encontramos refugio en medio de todas las dificultades y tentaciones de la vida y el camino seguro -iter para tutum- para llegar prontamente a su Hijo.

 

 

Evangelio del sábado: la belleza de la sencillez

Comentario del sábado de la 10° semana del tiempo ordinario. “Que vuestro modo de hablar sea: «Sí, sí»; «no, no». Lo que exceda de esto, viene del Maligno”. El idioma de la hipocresía es propio de quienes no aman la verdad. Se aman solo a sí mismos, y, de este modo, buscan engañar, implicar al otro en su engaño, en su mentira. Por el contrario, el hombre sencillo sabe descubrirse y descubrir a los demás como verdaderos hijos de Dios, a los que cuidar, habitar, amar.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Mt 5, 33-37)

 

También habéis oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en vano, sino que cumplirás los juramentos que le hayas hecho al Señor. Pero yo os digo: no juréis de ningún modo; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del Gran Rey. Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes volver blanco o negro ni un solo cabello. Que vuestro modo de hablar sea: «Sí, sí»; «no, no». Lo que exceda de esto, viene del Maligno.


Comentario

En su predicación, el Señor invita a todos a la transparencia, a ser sencillos, a quitarnos las caretas que nos encubren, a rehuir de la mentira: que vuestro modo de hablar sea “sí, sí”; “no, no”. Lo que exceda de esto, viene del Maligno (Mt 5, 37). Jesús habla con dureza contra la hipocresía, mientras que alaba agradecido a aquellos en los que no hay doblez ni engaño (cfr. Jn 1, 47). El hombre sencillo sabe descubrirse y descubrir a los demás como verdaderos hijos de Dios, a los que cuidar, habitar, amar.

Los primeros cristianos vivieron con profundidad este modo de hacer de Jesucristo mismo. En la carta de Santiago, encontramos la misma petición:”Que vuestro sí sea sí y que vuestro no sea no, para que no incurráis en juicio” (St 5, 12). También, San Pedro les habla de rechazar toda malicia y todo engaño, hipocresías, envidias y toda clase de maledicencias para poder acercarse a Dios, “para apetecer, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada” (1 P 2, 1-2).

El Papa Francisco ha hablado con energía del idioma de la hipocresía, propio de quienes no aman la verdad. Se aman solo a sí mismos, y, de este modo, buscan engañar, implicar al otro en su engaño, en su mentira. Tienen el corazón mentiroso; no pueden decir la verdad.

Como San Pedro, apela a la inocencia de los niños, a la leche espiritual no adulterada (1 P 2, 2): un niño no es hipócrita, porque no está corrompido. “Cuando Jesús nos dice: que vuestro modo de hablar sea: “sí, sí”, “no, no”, con alma de niño, nos dice lo contrario de aquello que dicen los corruptos (...). Pidamos hoy al Señor que nuestro modo de hablar sea el de la sencillez, el de los niños; hablar como hijos de Dios: por lo tanto, hablar en la verdad del amor”[1].


[1] Papa Francisco, Homilía, 4.VI.2013.

 

 

Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum!

“El Fundador del Opus Dei”, biografía escrita por Andrés Vázquez de Prada

ÚLTIMAS NOTICIAS06/12/2010

El Padre hubo de pasar en Roma el verano de 1951. Las circunstancias le obligaron —es expresión suya— a permanecer al pie del cañón. Esto representaba para él notable sacrificio, pues le cogía extenuado por el mucho trabajo de todo un curso académico, con la casa a medio construir y con la amenaza de los rigores estivales del ferragosto romano. A ello se sumaban las alteraciones propias de la diabetes, de manera que, ya por entonces, los padecimientos le resultaban tan intolerables que —echándolo a broma— decía que le traían de continuo memoria del Purgatorio. Por otra parte, tampoco podía moverse de Roma. De tiempo atrás había observado un casi imperceptible cambio en algunas personas de la Curia. Un día llegaba a sus oídos un comentario levemente crítico; otro, un Cardenal, viejo conocido de don Josemaría, negaba en público haber tenido trato con el Fundador |# 46|.

Por estos, y otros indicios, comenzó a sospechar que algo se estaba tramando, sin que alcanzase a definirlo, ni saber realmente en qué consistía. Tales señales, referidas y centradas en torno a la Obra, le indicaban la presencia de algo sospechoso. Sin duda, una grave amenaza se cernía sobre el Opus Dei. Y, aunque más que de noticias se trataba de difusos presentimientos, una extraña corazonada acabó dominando las reflexiones, los hábitos y hasta los gestos de don Josemaría, alegre y preocupado a un mismo tiempo. Gastaba bromas, pero insistiendo mucho en que encomendaran sus intenciones en la oración. Su estado de ánimo quedaba reflejado en una inquietud muy especial, un desasosiego interior que se traslucía en su mirada y hasta en su modo de caminar.

«Como siempre —testimonia Encarnación Ortega—, recurrió a la oración y a la mortificación. Pasaba días enteros sin comer nada o prácticamente nada, cosa que nos hacía temer por su salud. También sabíamos que dormía muy poco. Y cada día era más apremiante la urgencia con que nos hacía rezar, y más intenso el modo con que nuestro Padre rezaba. Un día, nos mandó interrumpir todas las actividades que nos ocupaban y marcharnos media hora al oratorio a "forzar" al Señor con nuestra oración [...]. Me parece que ha sido una de las veces que en nuestra vida hemos puesto más el corazón al pedirle a Dios que ayudase a nuestro Padre» |# 47|.

Uno de esos días —en la primera mitad del verano de 1951—, paseaba don Josemaría por el jardín de Villa Tevere, concentrado, con paso rápido, y tomando notas en una agenda de bolsillo, cuando se le acercó uno de sus hijos, Javier Echevarría:

— «¿Cómo está, Padre?», le preguntó.

— Lleno de paz y con fortaleza santa: como un león, dispuesto a defender esta Obra de Dios que el Señor me ha confiado. Reza y ayúdame |# 48|. Ésa fue su respuesta.

Aun desconociendo a ciencia cierta de qué se trataba, el Padre intuía una nueva contradicción para su persona y para toda la Obra. Ese oscuro presentimiento le calaba hasta los tuétanos de su ser |# 49|. Barruntaba un serio peligro, pero de una manera tan vaga, que no podía librarse de la impalpable sensación que le producía el adivinar un peligro cercano, sin llegar a saber de qué parte le vendría el golpe. Sentía la invisible amenaza, en tensión, con todos sus sentidos en actitud de alerta, en espera de que le atacasen:

Me siento como un ciego que se tiene que defender —les decía el Padre—, pero que no puede sino dar bastonazos al aire; porque no sé qué pasa, pero algo pasa... |# 50|.

 

Por lo demás, este presentimiento, aunque le desazonaba, era una gracia divina que empujaba a toda la Obra, con el Fundador al frente, hacia la Cruz de Cristo. El Señor permite tales oscuridades para que nos santifiquemos, y para que se fortalezca más la Obra |# 51|, escribía poco después.

En anteriores campañas de calumnias, chismes y villanías sabía a dónde recurrir, cómo responder y a quiénes replicar. Ahora tendría que pelear contra sombras impalpables. Los amigos, al sobrevenir la contradicción de los buenos solían aconsejarle dos clases de comportamiento. Según unos lo mejor era callar y dejar que calumniasen, envueltos en capa de humildad. Así, encajando los golpes en silencio, los enemigos no tendrían la oportunidad de vocear el escándalo por todas partes. Otros, en cambio, eran partidarios de proclamar la verdad a voces; y, por lo tanto, le animaban a defenderse: a responder, rechazar y rebatir a los detractores. Pensaba don Josemaría que ambas opiniones eran razonables y cristianamente compatibles. No era fácil, sin embargo, adivinar el justo modo de hacer las cosas, porque, reflexionando sobre cómo debía conducirse, por muy buena voluntad que pusiera, siempre llevaba las de perder. Pero la culpa no era suya, como nos resume haciendo historia de las persecuciones sufridas:

siempre los acontecimientos me han demostrado que me encontraba, en realidad, en la misma situación que se relata en el apólogo del padre, del hijo y del asno. Hiciera lo que hiciera, surgían murmuraciones |# 52|.

(Todo eran reparos y tergiversaciones. Le sucedía como al labriego que volvía del campo con su hijo |# 53|. Iba orondo sobre su asno, satisfecho de la vida, cuando se topó con un vecino, el cual afeó su conducta: — ¿Qué?, ¿contento?; ¡y al hijo que lo parta un rayo!

Se apeó el viejo y montó el hijo en el asno. Poco más adelante se encaró una mujer con ellos: — ¡Cómo!, exclamó indignada. ¿A pie el padre? ¡Vergüenza le debía dar al mozo!

Bajó éste del burro, y tras él caminaban padre e hijo cuando alguien les echó una indirecta: — ¡Cuidado, que se cansa el asno!

No sabiendo qué hacer, montaron ambos. Andaba cansino el burro el último trecho del camino cuando alguien les voceó de nuevo: ¡Se necesita ser bestias!; ¿no veis que el pobre animal no puede con su alma?)

 

La situación en que se hallaba era muy confusa; y la amenaza, invisible. ¿A quién podía rebatir?; y ¿de qué? No podía permanecer inactivo. Interiormente sentía que una fuerza misteriosa le impulsaba a defender la Obra con uñas y dientes: — hijos míos —solía comentar a quienes tenía entonces a su alrededor—, estoy como un león rugiente, tamquam leo rugiens, en vela, para que el diablo no nos muerda |# 54|.

Tenía la impresión de que pisaba arenas movedizas. Don Álvaro, para contrarrestar sus inquietudes, le presentaba argumentos de gozo: Padre —le decía—, si va todo bien, si hay muchas vocaciones y, gracias a Dios, hay muy buen espíritu de parte de todos |# 55|. Pero el Padre insistía en que era preciso hacer algo. Una fuerza divina le arrastraba, por necesidad sobrenatural, a agarrarse al manto de la Virgen, explicaría luego a sus hijos: Como no encuentro en la tierra quien de verdad y decididamente nos ayude, me he dirigido a Nuestra Madre Santa María |# 56|.

Una vez tomada la decisión, el 9 de agosto escribió a toda la gran familia del Opus Dei, diciéndoles que en la fiesta de la Asunción celebraría la Santa Misa en Loreto:

Y allí, dentro de aquella casita de la Sagrada Familia, Jesús, María y José, haré la consagración del Opus Dei al Inmaculado Corazón de María.

Después, todos los años, con la fórmula que os enviaré, en todas nuestras Casas y Centros, renovaremos esta consagración.

Va a ser una consagración ambiciosa, porque le consagraremos también los pueblos y naciones que están lejos de su Hijo Divino.

¡Bien propio es de nuestro espíritu! Uníos a mí, especialmente en ese día |# 57|.

Por esas fechas exhortaba a sus hijos a repetir incesantemente, incansablemente, una jaculatoria que estaba siempre en sus labios: Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum! |# 58|, para que el Corazón Dulcísimo de María protegiese el caminar de la Obra.

 

En la mañana del 14 de agosto, con un sol de justicia, el Padre con don Álvaro, acompañados de otros dos miembros de la Obra, salieron en coche de Roma. Tomaron la vía Salaria y luego cruzaron a la costa adriática. Sin detenerse llegaron hasta la basílica de Nuestra Señora en Loreto y fijaron la misa para el día siguiente en el altar de la Santa Casa. Mediada la tarde fueron a Ancona, donde pasaron la noche.

Al día siguiente, fiesta de la Asunción, estaba el Padre antes de las nueve de la mañana en Loreto, con la basílica llena de gentes venidas de los contornos. La Santa Casa, donde celebró la misa, es un pequeño recinto en medio del templo, donde se apretujaba una muchedumbre fervorosa que había acudido allí, precisamente, en la fiesta de Nuestra Señora. El Padre trataba de decir la misa con recogimiento. Pero las manifestaciones espontáneas de piedad de los asistentes no le dejaban concentrarse:

Así, mientras besaba yo el altar cuando lo prescriben las rúbricas de la Misa, tres o cuatro campesinas lo besaban a la vez. Estuve distraído, pero me emocionaba. Atraía también mi atención el pensamiento de que en aquella Santa Casa —que la tradición asegura que es el lugar donde vivieron Jesús, María y José—, encima de la mesa del altar, han puesto estas palabras: Hic Verbum caro factum est. Aquí, en una casa construida por la mano de los hombres, en un pedazo de la tierra en que vivimos, habitó Dios |# 59|.

Al volver de la sacristía, mientras don Álvaro decía misa a las nueve y media, el Padre consiguió refugiarse en el corredor que hay detrás del altar de la Santa Casa. Allí hizo la consagración al Corazón dulcísimo de María, imagen perfecta del Corazón de Jesús. En nombre de todo el Opus Dei le decía a la Señora:

te consagramos nuestro ser y nuestra vida; todo lo nuestro: lo que amamos y somos. Para ti nuestros cuerpos, nuestros corazones y nuestras almas; tuyos somos nosotros y nuestros apostolados |# 60|.

El Padre permaneció de rodillas todo el tiempo que duró la misa que dijo don Álvaro. Solo, perdido en oración, sin notar los pisotones del gentío que desfilaba continuamente por el pasillo detrás del altar, implorando gracias del Corazón de María:

Inflama nuestros pobres corazones para que amemos con toda el alma a Dios Padre, a Dios Hijo, y a Dios Espíritu Santo; infunde en nosotros amor grande a la Iglesia y al Papa, y haznos vivir plenamente sumisos a todas sus enseñanzas; danos un gran amor a la Obra, al Padre y a nuestros Directores; haz que, fieles a nuestra vocación, tengamos celo ardiente por las almas; elévanos, Señora, a un estado de perfecto amor de Dios, y concédenos el don de la perseverancia final |# 61|.

Al salir se dio cuenta el Padre de que llevaba la sotana pisoteada. Después de desayunar emprendieron el regreso a Roma. Era fuerte el calor; pero iba muy contento. Haciendo oración. Metido en Dios. En silencio. Dando gracias. Esa misma tarde vio a sus hijas y a sus hijos. Les contó de dónde venía y cómo la consagración a la Virgen le daba la seguridad de que la Señora tomaría una vez más al Opus Dei bajo su amparo. Y les encargó seguir suplicando al Corazón dulcísimo de María el: iter para tutum |# 62|.

Lleno de paz y confianza, don Josemaría hizo nuevas peregrinaciones a diversos Santuarios marianos, para agradecer los beneficios recibidos, renovando la consagración hecha en Loreto. El 21 de agosto fue de peregrino a Pompeya; y el 22 al Divino Amor. En el mes de octubre se llegó a Lourdes el día 6 y celebró allí misa el 7. De Lourdes se fue a Zaragoza, donde se postró a los pies de la Virgen del Pilar el día 9; y, después de atender a los apostolados de la Obra en Madrid, visitó a sus hijos de Portugal, renovando la consagración en Fátima el 19 de octubre |# 63|.

* * *

Con la acostumbrada bendición del Padre y una talla de la Virgen, el 8 de diciembre de 1949 partieron para Milán, in paupertate et laetitia, los primeros miembros de la Obra, a comenzar la labor apostólica de modo estable en esa capital. En diciembre se les unió Juan Udaondo, como sacerdote del Centro. Semanas más tarde se presentaron al Cardenal Schuster el director y el sacerdote del Centro.

— Vd. es un sacerdote que pertenece a una institución de derecho pontificio y yo soy el Obispo de esta diócesis, le dijo a Juan Udaondo. ¿Cómo nos las vamos a arreglar?

— Nuestro Fundador —le explicó el sacerdote— siempre nos ha enseñado a servir a la Iglesia como la Iglesia quiere ser servida, y a tirar del carro en la dirección que señale el Obispo. Deseamos tenerle informado de nuestra labor, por lo menos tanto como los párrocos de sus respectivas parroquias, si no más |# 64|.

En el verano de 1951 los de la Obra se fueron, en el mes de agosto, a una casa cerca de Roma, en Castelgandolfo, donde asistieron a un curso de formación.

 

Regresaron a Milán en septiembre y, al cabo de unos días, visitaron de nuevo al Cardenal, que les acogió como si estuviera impaciente por verles: — ¿Dónde habéis estado todo este tiempo?, les preguntó. Había mandado al párroco a que les avisase, pero se encontró con la casa cerrada. Tenía algo que decirles. Le habían referido cosas increíbles, burdas calumnias, respecto a la Obra. Pero podían estar tranquilos, él se hallaba muy contento de tenerlos en su diócesis. Sin embargo, añadía con gesto de refrescar su memoria..., ¿quién me lo ha dicho?, ¿quién me lo ha dicho?... ¡Desde muy arriba me lo han dicho!...; y el Cardenal dejaba en suspenso la frase |# 65|.

Inmediatamente refirieron al Padre la conversación mantenida con el Cardenal. Dos días más tarde, el 28 de septiembre, el Padre indicaba a los de Milán que visitaran de nuevo al Cardenal Schuster y que, luego de haberlo considerado en la oración, le contaran, punto por punto, y de manera precisa y concreta, lo sucedido en España: ataques desde el púlpito en 1940, habladurías consiguientes, falsa información a algunos obispos, hojas calumniosas, denuncias a la autoridad civil, visitas a las familias, etc. |# 66|. El Cardenal les escuchó con atención, repitiéndoles que estaba muy contento del trabajo de la Obra en Milán.

* * *

El 5 de enero de 1952, el Procurador General del Opus Dei, don Álvaro del Portillo, recibió un escrito oficial del Secretario de la Sagrada Congregación de Religiosos, Mons. Larraona, en el que cortésmente le pedía «copia de las Constituciones del Opus Dei y del Reglamento interno de la Administración, con una relación escrita —doctrinal y práctica— del régimen del Instituto en sus dos Secciones, así como el modo concreto de llevar a cabo la singular colaboración sancionada por las Constituciones» |# 67|.

Don Álvaro contestó con premura. Su carta de respuesta al Secretario tiene fecha del 6 de enero. Con ella se envían adjuntas copias de los Estatutos del Opus Dei y del Reglamento interno de la Administración doméstica, además de un documento de diez páginas dando razón, minuciosa y fundamentada, de la separación existente entre las dos Secciones de la Obra, y de su régimen y relaciones.

«Para poder entender y encuadrar rectamente, sea in iure o de facto, las relaciones que existen entre las dos ramas del Opus Dei —comienza advirtiendo el escrito—, permítasenos subrayar que es preciso tener presente y valorar, en su justo peso, lo que la Constitución Apostólica Provida Mater Ecclesia ha sancionado definitivamente en el orden doctrinal de los principios jurídicos y en el orden práctico de la vida» |# 68|.

 

¿A qué pedir una copia del Derecho particular del Opus Dei? Aunque don Álvaro no hace explícitamente esta pregunta en su escrito, su respuesta y razonamiento exhalan un leve estupor. En efecto, los argumentos expuestos por el Procurador General dejan un interrogante flotando en el aire: ¿no ha sido escrupulosa y detenidamente examinado, estudiado, aprobado y sancionado ese Derecho particular del Opus Dei? Porque es evidente que los Estatutos obtuvieron el nihil obstat del Santo Oficio en octubre de 1943, y que fueron sometidos más tarde a riguroso y exhaustivo examen por la Sagrada Congregación de Religiosos con ocasión de la erección diocesana en 1943; y otra vez al conceder el decretum laudis en 1947; y de nuevo en 1950 al solicitar la aprobación definitiva del Opus Dei |# 69|. Y, ese servicio doméstico que llevan las mujeres en las Administraciones de las casas del Opus Dei, ¿no ha sido acaso expresamente alabado y enriquecido con indulgencias por Pío XII en el Breve pontificio Mirifice de Ecclesia, de 1947? |# 70|.

Era evidente que algún tipo de denuncias había llegado a la Curia, en particular sobre la unidad jurisdiccional de las dos ramas del Opus Dei. Alguien se había encargado también de que surtieran efecto. Así las cosas, el Fundador recibió a los pocos días carta de sus hijos de Milán y una relación de Juan Udaondo de la visita que acababa de hacer al Cardenal Schuster:

«Milán, 15 de enero de 1952.

Esta mañana he ido con Juan Masiá a visitar al Cardenal Schuster. Nos ha preguntado que cómo andaban nuestras cosas: le hemos dicho que bien e inmediatamente después nos ha preguntado si nuestro Presidente —refiriéndose al Padre— tenía alguna Cruz. Le he contestado que al Padre nunca le faltaban pero que para nosotros la cruz era señal de alegría y de predilección divina y que el Padre nos dice muchas veces que "un día sin cruz es día perdido y que Jesucristo, Sacerdote Eterno, bendice siempre con la Cruz". Entonces el Cardenal nos ha dicho que tenemos que estar preparados, que seguramente continuarán las persecuciones y que él, leyendo la historia de las obras de Dios y las vidas de sus fundadores, se había dado cuenta de cómo siempre el Señor había permitido contradicciones y persecuciones y cómo incluso habían sido sometidas a visitas apostólicas y el Fundador había sido depuesto de su cargo de Superior. Nos hablaba con cariño; se le veía preocupado por la Obra y por el Padre y nos decía que no nos desanimemos si nos ocurre alguna de estas cosas, que debemos seguir trabajando con mucho empeño y ha repetido varias veces: continuate a lavorare, avanti, coraggio, etc.

Tanto Juan como yo le hemos escuchado muy tranquilos y le hemos dicho que no se preocupase, que la Obra era de Dios y que el Señor había acostumbrado al Padre y a todos nosotros a la persecución; que en todas estas cosas el Padre nos había hecho ver siempre la mano de Dios y que la Obra saldrá adelante de todas las persecuciones, que para nosotros son un motivo de alegría y nos ayudan y nos empujan a hacernos santos y a trabajar sólo por el Señor» |# 71|.

Con esto quedaba avisado el Fundador acerca del origen de la contradicción, pero carecía de datos concretos y suficientes para acusar a nadie u organizar una defensa apropiada. Pensó, sin embargo, que sería conveniente remachar el escrito del 6 de enero sobre el régimen de las dos Secciones de la Obra. Don Álvaro del Portillo, como Procurador General, escribió por segunda vez, el 3 de febrero, al Secretario de la Sagrada Congregación de Religiosos, P. Larraona, hombre justo y rectilíneo, que conocía el lado jurídico del Opus Dei, como ya ha sido expuesto. En el fondo, este nuevo escrito venía a mostrar lo imprudente e injusto que resultaba tal modo de proceder en la Curia, y el riesgo que corría la fama de toda una Institución al someterla, de buenas a primeras, a un proceso investigativo. Si venía funcionando sin escándalo, sin incidentes, con eficacia, durante casi un cuarto de siglo, ¿a qué pensar en cambiar ahora su estructura? El hecho de que se reexaminaran sus Estatutos, ¿no levantaría por fuerza infundadas sospechas, que los calumniadores se encargarían de difundir a los cuatro vientos, como si se estuvieran tomando medidas contra el Opus Dei a causa de un oculto escándalo? |# 72|.

Ante una operación tan improcedente, el Fundador, confiado en la intercesión de Nuestra Señora, recobró el optimismo:

Yo espero —escribía el 9 de febrero a Madrid— que, con la gracia de Dios y porque es de justicia, quede todo en agua de borrajas. Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum! |# 73|.

Aguardando el desenlace de los acontecimientos, le llegó un aviso apremiante de Milán. El Cardenal Schuster estaba en ascuas esa temporada. Cuando el 18 de febrero de 1952 le visitaron otra vez los de la Obra, apenas cambiados los primeros saludos, le faltó tiempo al Cardenal para preguntar por el Fundador:

— «¿No tiene en estos momentos una gran Cruz encima?

— Si es así, estará muy contento, porque siempre nos ha enseñado que si estamos junto a la Cruz, estaremos muy cerca de Jesús, le contestaron.

 

— No, no es eso, les interrumpió. Conozco la cruz de vuestro Fundador. Decidle de mi parte que se acuerde de su paisano San José de Calasanz, y que se mueva» |# 74|.

Cuando la carta de Milán llegó a manos del Padre, el papel había ya absorbido las lágrimas del que escribía. Demasiado bien entendió don Josemaría el mensaje del Cardenal y en qué consistía la tenebrosa trama urdida contra la Obra. Pretendían dividirla en dos instituciones separadas y extrañas entre sí, una para hombres y otra para mujeres. Bastaba para ello el decapitarla. Quitado de en medio el Padre, quedaba deshecha su unidad: «percutiam pastorem et dispergentur oves» |# 75|.

El Fundador actuó con rapidez. Se fue a ver al Secretario de la Congregación de Religiosos y le dijo:

Sepan que si me quitan del cargo de Presidente General sin explicarme los motivos, mi dolor durará tan solo cuatro segundos; más bien me hacen un favor, porque pediré la admisión y seré el último en el Opus Dei, como lo he deseado siempre. Pero si me alejan de la Obra, sepan que cometen un crimen, porque me asesinan |# 76|.

Indagó por el motivo de aquel revuelo. Se le informó que no había ninguno. Existía, en cambio, fuerte presión por parte de ciertas personas. (Era obvio que mediaba secreto de oficio. Ni le dijeron ni intentó averiguar el nombre de los ocultos promotores).

El siguiente paso fue hablar con el Cardenal Tedeschini que tomó posesión de su encargo de Cardenal Protector del Opus Dei el 24 de febrero de 1952 |# 77|.

Por aquel entonces don Josemaría preparó una carta, de estilo firme y sincero, y, acompañado de don Álvaro, fue a ver al Cardenal Tedeschini, a quien entregó el escrito, a él dirigido. El Cardenal Protector lo leyó con calma y prometió que su contenido llegaría a conocimiento del Santo Padre. La carta llevaba fecha del 12 de marzo de 1952 |# 78|. Todo el Opus Dei se hallaba en esos días entregado a intensísima oración, mientras el Padre, con el alma en vilo, dejaba entrever a sus hijos un corazón angustiado:

 

Hijo mío —decía a uno de ellos—, ¿cuántas veces me has oído decir que me hubiese gustado no ser de la Obra para pedir inmediatamente la admisión, y obedecer a todos y en todo, ocupando el último puesto? Tú bien sabes que no he querido ser fundador de nada. Ha sido Dios quien así lo ha querido. ¿Has visto cómo quieren destruir la Obra, y cómo me atacan? Me quieren echar de la Obra [...]. Hijo mío, si me echan me matan, si me echan me asesinan. Ya se lo he dicho: que me pongan en el último lugar, pero que no me echen; porque si me echan, cometen un asesinato |# 79|.

La víspera de san José, 18 de marzo, Tedeschini obtuvo audiencia papal, y leyó a Pío XII la carta que la semana anterior le había dirigido don Josemaría. El tono de la exposición era más bien subido, sincero y familiar. Ese estilo, evidentemente, podía emplearse con el Cardenal Protector, abriéndole de par en par el alma; pero los conceptos, aun yendo convenientemente arropados en ternura de lenguaje, resultaban duros ante el Sumo Pontífice. Era necesario, sin embargo, que el mensaje le llegara al Papa claro y directo, porque eran muchas las razones para sospechar que, quienes movían los hilos de aquel tenebroso asunto, tenían acceso directo al despacho del Pontífice.

Leía, pues, en voz alta el Cardenal Tedeschini y el Papa le seguía con atención:

Roma, 12 de marzo de 1952.

Eminencia Reverendísima:

Después de tantos años como amigo y protector de facto [...] y ahora, por disposición soberana del Sumo Pontífice, Protector de iure del Opus Dei, y siendo persona que siempre ha seguido con vigilante interés y paternal afecto el proceso interno y el desarrollo externo de nuestra Obra, nadie mejor que Su Eminencia podrá comprender y apreciar nuestro asombro, repleto de pena y profundo dolor, al recibir la carta de la Sagrada Congregación de Religiosos que lleva fecha del 5 de enero de 1952. De su contenido y de la respuesta a dicha carta tiene conocimiento Vuestra Eminencia por las copias de los dos documentos (6 de enero; 3 de febrero de 1952), que se le remitieron en el momento oportuno. Nos sorprende y nos aflige que se quiera volver de nuevo a cuestión tan a fondo discutida, examinada y decidida, juntamente con todo el ordenamiento del Opus Dei.

Permítasenos indicar, Eminencia, que este comportamiento de la Sagrada Congregación de Religiosos no puede tener otro origen que las denuncias contra el Opus Dei. Y en tal caso, animados por un vivo sentimiento de justicia y de amor a la verdad, nos atrevemos a exponer el deseo de que abiertamente se nos manifiesten dichas denuncias, y respetuosamente exigimos aducir las pruebas.

Y seguía la lista de chismes y falsedades contra la Obra. Finalmente, para concluir, el Fundador sometía al buen criterio del Cardenal Protector la conveniencia de proceder a la redacción de un nuevo Reglamento interno de la Administración para asegurar aún más cuanto se contempla en el Reglamento actual, porque de este modo se evitaría, por un lado, la posible preocupación de la Santa Sede; y, por otro, la difamación calumniosa de muchos millares de almas.

El Papa seguía atentamente la lectura del Cardenal. De cuando en cuando levantaba las manos, como para subrayar con un gesto las palabras. Y, tan pronto acabó Tedeschini con la carta, el Santo Padre, impaciente y sorprendido, exclamó: «Ma chi mai ha pensato a prendere nessun provvedimento?» |# 80|.

A la pregunta de a quién se le había ocurrido tomar medida alguna contra el Opus Dei, respondió el Cardenal con el silencio. El Papa quedaba sobre aviso, y fuera de juego quienes esperaban el momento propicio para deshacer el Opus Dei. El Fundador había llegado a tiempo de paralizar la maniobra |# 81|.

 

“Ahora es Cristo quien vive en ti”

Tus parientes, tus colegas, tus amistades, van notando el cambio, y se dan cuenta de que lo tuyo no es una transición momentánea, de que ya no eres el mismo. –No te preocupes, ¡sigue adelante!: se cumple el “vivit vero in me Christus” –ahora es Cristo quien vive en ti. (Surco, 424)

12 de junio

Qui habitat in adiutorio Altissimi, in protectione Dei coeli commorabitur, habitar bajo la protección de Dios, vivir con Dios: ésta es la arriesgada seguridad del cristiano. Hay que estar persuadidos de que Dios nos oye, de que está pendiente de nosotros: así se llenará de paz nuestro corazón. Pero vivir con Dios es indudablemente correr un riesgo, porque el Señor no se contenta compartiendo: lo quiere todo. Y acercarse un poco más a Él quiere decir estar dispuesto a una nueva conversión, a una nueva rectificación, a escuchar más atentamente sus inspiraciones, los santos deseos que hace brotar en nuestra alma, y a ponerlos por obra.

Desde nuestra primera decisión consciente de vivir con integridad la doctrina de Cristo, es seguro que hemos avanzado mucho por el camino de la fidelidad a su Palabra. Sin embargo, ¿no es verdad que quedan aún tantas cosas por hacer?, ¿no es verdad que queda, sobre todo, tanta soberbia? (Es Cristo que pasa, 58)

 

Uno de los nuestros: la Encarnación

La diferencia entre creer o no en Jesucristo no consiste solo en entender sus palabras, sino en reconocer su divinidad y su humanidad, encontrarse realmente con él y reconocerle como camino, verdad y vida nuestra.

LA LUZ DE LA FE10/08/2018

Las naciones se alegran con sus héroes, y los pueblos rememoran sus éxitos, sean de la índole que sean: artísticos, bélicos o de cualquier género. Los mausoleos recuerdan a primeros ministros, reyes o ingeniosos descubridores, y las calles, avenidas y plazas llevan nombres de pintores, músicos, artistas...

Al echar una mirada a la historia, emergen entre sus sombras figuras luminosas que engrandecen el corazón humano. Hombres extraordinarios que supusieron, por ejemplo, un avance sin posibilidad de retroceso para la ciencia, como Copérnico o Newton; escrutadores de la conciencia que nos dejaron testimonios perennes de la profundidad del corazón humano, como Agustín de Hipona o Fiodor Dostoievski; o pensadores religiosos que profundizaron en la relación del hombre con Dios y con su entorno: la moral, el culto, la sociedad. También se encuentran figuras que han causado asombro y que fueron perseguidas por sus enseñanzas, como algunos profetas del Antiguo Testamento o incluso como Sócrates en la antigua Atenas. Sin embargo, la fe cristiana tiene la audacia de decir que su fundador es infinitamente más que un simple genio religioso: ¿cómo se comprende esto?

¿Por qué se hizo igual a Dios?

CRISTO ES INFINITAMENTE MÁS QUE UN SIMPLE GENIO RELIGIOSO

Si queremos comprender la figura de Jesucristo, al menos tal y como Él se presentó, y tal y como lo entendemos los cristianos, en ningún caso puede ser interpretado solo como un genio religioso que, anclado en el pasado, continúa exhortando desde su cátedra de la historia sobre verdades universales, tales como el amor al prójimo o la misericordia con el débil. Cristo es algo más, alguien más, y para poder adentrarnos en ese misterio nos puede ayudar una historia concreta ocurrida hace menos de cien años, y cuyas protagonistas son dos mujeres: madre e hija.

Edith Stein fue una filósofa alemana judía de comienzos del siglo XX. De extraordinaria inteligencia, pronto colaborará en tareas universitarias y llegará a trabajar junto a uno de los filósofos más destacados del siglo: Edmund Husserl. Diversos acontecimientos de su vida, admirablemente narrados por ella misma[1], la condujeron primero a la fe cristiana, y después a la clausura en el Carmelo. Morirá en el campo de concentración de Auschwitz en agosto de 1942, dando su vida por el pueblo hebreo y por su fe cristiana.

El día antes de ingresar en el Carmelo fue a despedirse de su familia. Su madre era una mujer extraordinaria, judía de raza y religión, que con sorprendente fortaleza había sacado adelante el negocio maderero y la familia después de la prematura muerte de su marido. Ella nunca llegó a hacerse cristiana, como sí ocurriría con sus hijas Rosa y Edith. Sin embargo, aun no creyendo en Jesucristo, llegó a comprender la centralidad de su misterio y su inaudita pretensión.

«El 12 de octubre fue el último día que pasó en su casa, el día de su cumpleaños y, a la vez, la fiesta hebrea de los tabernáculos. Edith acompaña a su madre a la sinagoga. Fue un día nada fácil para las dos mujeres. "¿Por qué la has conocido [la fe cristiana]? No quiero decir nada contra Él. Habrá sido un hombre bueno. Pero ¿por qué se ha hecho Dios?" Su madre lloró»[2].

Habrá sido un hombre bueno, pero... ¿por qué se ha hecho Dios? Blasfemia o verdad absoluta: así se presentaba la figura de Jesús para la madre de Edith Stein. Si hubiera sido un hombre bueno, un sabio antiguo, un maestro de verdades universales... pero se ha hecho igual a Dios. Esta afirmación no puede ni debe dejar indiferente a nadie que se decida a acercarse, usando únicamente la razón, a la figura de Cristo. Pero, ¿cómo puede un hombre hacerse igual a Dios?

Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre

Esta afirmación subraya la continuidad de todo el Nuevo Testamento. El evangelio de san Mateo abre sus páginas indicando, mediante la genealogía, el origen judío de Jesús, su nacimiento virginal y el cumplimiento en Él de todas las promesas: Él restaurará nuestra relación con Dios. Por El podremos dirigirnos a Dios con confianza. El evangelio de san Lucas también es explícito en este sentido, y reconoce no solo el origen judío de Jesús, sino su condición de hijo de Adán: Jesús se presenta así como salvador de todos los hombres. Esta es su pretensión, y esa es la grandeza que tenemos que comunicar a nuestros familiares, compañeros de trabajo y vecinos: Jesús es para todos, y tiene una respuesta personalísima para cada uno.

Por su parte, el evangelio de Marcos presenta ya en sus primeros versículos la revolución de la irrupción de Jesucristo en la historia. Ha llegado la buena noticia, que no solo es palabra (doctrina), sino también obras: curaciones y gestos, en definitiva, historia de Dios con los hombres y de los hombres con Dios. Finalmente, el evangelio de Juan es si cabe más claro en este desplegarse de la divinidad de Jesús en su humanidad, y da detalles de su origen eterno, así como de su encarnación en el tiempo.

SU RESURRECCIÓN ES LA PRUEBA MÁS ELOCUENTE DE SU DIVINIDAD

Todos los evangelios concluyen de idéntica forma: narran la injusta muerte de Jesús mediante una dolorosa pasión y cruz, vivida con amor y espíritu de redención; nos cuentan de manera muy semejante los detalles más nimios de su sepultura, y presentan, de modos diversos, un hecho inaudito y jamás visto: su resurrección, la prueba más elocuente de su divinidad.

La conciencia cristiana cree, y así lo dicen explícitamente tanto los Evangelios como la Tradición de la Iglesia, que el cuerpo de Jesús no yace en el sepulcro, sino que resucitó a una vida nueva[3]. De ahí que el autor de la Carta a los Hebreos afirme con rotundidad que Jesús es «el mismo ayer, hoy y siempre» (Hb 13,8), porque Él vive para siempre y espera encontrarse con cada hombre hasta el final de los tiempos.

Los escritos de san Pablo, junto con otras cartas y el Apocalipsis, completan el Nuevo Testamento. Pablo no conoció los tiempos de Jesús por Galilea, ni tampoco estuvo en el Calvario o en el cenáculo después de su resurrección. Por eso, san Pablo es en cierta medida un modelo en el seguimiento de Jesús para todos aquellos que, como nosotros, no hemos caminado con Cristo por Galilea y Judea.

¿Quién es Jesús para San Pablo? ¿Qué supuso en su vida? La clave de toda la existencia de san Pablo es el encuentro con Cristo vivo; con él hay un antes ­­–Saulo– y un después –Pablo–. Encontrarse con Jesús es encontrarse con alguien vivo, no con un elenco de doctrina, un conjunto de normas morales o una ideología socio-política. No halló Pablo a un sabio religioso, sino que se encontró con aquel por quien todo lo estima basura (cfr. Flp 3,8), aquel que «me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gal 2,20), aquel que entrañablemente se quedó con nosotros para ser alimento de vida (cfr. 1 Cor 11,23-27).

La diferencia entre ser creyente o no en Jesucristo no consiste únicamente en entender cada una de sus palabras, sino en reconocer su divinidad y su humanidad, encontrarse realmente con él y reconocerle como camino, verdad y vida nuestra (cfr. Jn 14,6).

El centro de mi vida

«Lo normal ahora es tratar al Salvador del mundo de manera irreverente e irreal», predicaba el beato John Henry Newman, “como si fuera una idea o una visión; hablar de Él con tal estrechez y poco provecho como si solo supiéramos su nombre, aunque en la Escritura tenemos abundantes detalles de su estancia real entre nosotros, de sus gestos, palabras, hechos, donde fijar los ojos»[4]. El predicador llamaba la atención a sus oyentes del primer tercio del siglo XIX sobre algo que es particularmente actual: la consideración de un Cristo lejano, muerto, incluso para los propios cristianos. En el mejor de los casos, un conjunto de normas perennes.

Por eso, es lógico desear entender como cristianos, y ayudar a entender a los que no creen –pero quieren entender– la centralidad de Jesús en cada cabeza y corazón creyentes.

«Hasta que no captemos esto –concluía el beato Newman–, hasta que no nos dejemos de vagas afirmaciones acerca de su amor, de su disposición a recibir a los pecadores, a proporcionar arrepentimiento y ayuda espiritual, y cosas por el estilo, y empecemos a verlo a Él, en concreto, con sus palabras reales, las que constan en la Escritura, no habremos sacado del Evangelio el beneficio que nos ofrecen. Es más, quizá nuestra fe corra cierto peligro porque si el pensamiento de Cristo no es más que una creación de nuestra mente, es de temer que poco a poco esa fe vaya extinguiéndose, se pervierta o sea incompleta»[5].

Cristo presente para cada cristiano. Cristo vivo. En este mismo sentido se expresaba san Josemaría con palabras vibrantes al referirse a la formación de la gente joven: «Metamos a Cristo en nuestros corazones y en los corazones de los chicos. ¡Lástima!: frecuentan los sacramentos, llevan una conducta limpia, estudian, pero... la Fe muerta. Jesús –no lo dicen con la boca, lo dicen con la falta de vibración de su proceder–, Jesús vivió hace XX siglos... –¿Vivió? Iesus Christus heri, et hodie: ipse et in saecula; Jesucristo el mismo que ayer es hoy; y lo será por los siglos (Hebr. XIII,8). Jesucristo vive con carne como la mía, pero gloriosa; con corazón de carne como el mío. Scio enim quod Redemptor meus vivit, sé que mi Redentor vive (Iob XIX,25). Mi Redentor, mi Amigo, mi Padre, mi Rey, mi Dios, mi Amor ¡vive! Se preocupa de mí. Me quiere más que la bendita mujer –mi madre– que me trajo a este mundo (…)» .[6]

Cristo nació en Belén, se formó en Nazaret, predicó en Galilea y Judea, y vio la muerte en Jerusalén. Cristo resucitó de entre los muertos, y vive para siempre. Por eso los primeros cristianos cambiaron el día de culto al domingo, se distanciaron del templo y las costumbres judías que tanto amaban y empeñaron sus vidas hasta recibir, muchos de ellos, un fin violento y doloroso. Cristo estaba siempre con ellos, haciendo de su existencia una vida fundada en el amor.

Cristo presente en cada hombre

Elie Wiesel, premio Nobel de la Paz en 1986, fue confinado –cuando aún era adolescente– en un campo de concentración durante la segunda guerra mundial. Allí vivió una experiencia que le marcó de por vida: un niño fue ahorcado en el campo. Mientras se debatía entre la vida y la muerte, una voz exclamó: ¿Dónde está Dios? Elie en ese momento escuchó dentro de sí: «¿Dónde está? Aquí está. ¡Ahorcado en este patíbulo!».

DIOS ESTÁ CON CADA ALMA QUE PADECE

Elie Wiesel no era católico ni cristiano. Sin embargo, supo escuchar dentro de sí la voz de Dios. Cuando hay inocencia de vida es posible entender la solidaridad de Dios con cada uno de los hombres. Quizá hoy y siempre exista la tendencia a culpar a Dios de nuestros males –¿por qué ha permitido que me suceda esto?–, pero almas inocentes han entendido que, de algún modo, Dios sufre con cada hombre. Dios está con cada alma que padece.

Los creyentes tenemos, además, el conocimiento de la palabra evangélica. En san Mateo encontramos cómo Jesús afirma expresamente aquello que Wiesel y tantos han intuido. Jesucristo se identifica con los sedientos y los hambrientos, con los peregrinos y los forasteros, con los que pasan dificultades (cfr. Mt 25). Afirma que cuando vestimos a un desnudo, a Él le vestimos; cuando alimentamos a un hambriento, a Él se lo hacemos; cuando damos de beber un solo vaso de agua al sediento, nos hacemos merecedores de la vida eterna, porque a Él mismo servimos.

Jesucristo permanece en la historia como verdadero Dios, pero también como verdadero hombre; no deja ni dejará nunca la humanidad que asumió en María. Por esa razón, Jesús permanece unido de manera misteriosa a sus hermanos los hombres, muy especialmente al que sufre en el cuerpo y en el alma.

De esta convicción nace y mana todo el espíritu de caridad que gustosamente intentan vivir los cristianos: reconocer en el otro a Cristo, y practicar con él la caridad como si del mismo Cristo se tratase. De esta certeza surge la preocupación de los creyentes por los más necesitados, que ocuparán siempre y necesariamente un lugar privilegiado en el corazón de la Iglesia.

María, Virgen y Madre

Íntimamente unido al misterio de Cristo –Dios y hombre– está el misterio de María –Virgen y Madre–. Quizá hoy es especialmente difícil entender a María, porque ella es definida por dos aspectos que actualmente se rechazan en muchos ambientes la virginidad y la maternidad.

La fe de los cristianos confiesa que santa María concibió a Jesús virginalmente. Evidentemente, se trata de una afirmación de fe que tiene fundamento en los textos evangélicos. San Mateo dice expresamente que la concepción de Jesús fue obra del Espíritu Santo en el seno de María; san Lucas afirma expresamente este misterio en la anunciación de Gabriel, y san Juan concluye que el Verbo se hizo carne no mediante la humana y normal generación. Por otra parte, la Iglesia ha sido constante en afirmar el nacimiento virginal de Jesús.

Finalmente, María es también madre, madre de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. La íntima unión de Jesús con cada hombre, así como el encargo explícito que hizo a su Madre desde la Cruz, vincula a la Virgen con todo creyente como madre. En trance de muerte, Jesús confía a su madre al apóstol Juan, y confía a Juan a su madre (cfr. Jn 19,26-27). De ese modo, como ha entendido la Iglesia, Jesús declaraba a María madre de todos los hombres, y confiaba a los hombres custodiar la figura central de María para alimentar la fe de los pueblos. La devoción a María no es opcional o accesoria, porque encontrarse con Jesús es recibirla como madre, y encontrarse con María es ser conducido una y otra vez a la misericordia entrañable del corazón de Jesús, porque «a Jesús siempre se va y se "vuelve" por María»[7].

Fulgencio Espa


Bibliografía

Catecismo de la Iglesia Católica, 484-570, 720-726 y 963-975.

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 85-94.

Tema 9. La Encarnación, en Resúmenes de Fe cristiana.

Concilio Vaticano II, Const. Lumen Gentium, nn. 55-66.

- Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, (25-III-1987), n. 8.


- Benedicto XVI-Joseph Ratzinger, Jesús de Nazaret, La Esfera de los Libros, Madrid 2007, 23-30; 371-410 (Introducción y cap. 10).

- Newman J. H., Sermones Parroquiales/3, Encuentro, Madrid 2009.

- Santa Teresa Benedicta de la Cruz–Edith Stein, Estrellas amarillas, Editorial Espiritualidad, Madrid 1973.

- Bastero de Elizalde J.L., María, Madre del Redentor, 2ª ed., Eunsa, Pamplona 2004.

- Ocáriz F. – L.F. Mateo Seco – J.A. Riestra, El misterio de Jesucristo, 3ª ed., EUNSA, Pamplona 2004.

- Ponce Cuéllar M., María, Madre del redentor y Madre de la Iglesia, 2ª ed., Herder, Barcelona 2001.

[1] Cfr. Santa Teresa Benedicta de la Cruz - Edith Stein, Estrellas amarillas, Editorial Espiritualidad, Madrid 1973.

[2] Cfr. Biografía de Santa Teresa Benedicta de la Cruz–Edith Stein, redactada con motivo de su canonización el 11 de octubre de 1998, publicada en www.vatican.va.

[3] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 638 y ss.

[4] J. H. Newman, Sermones Parroquiales/3, Encuentro, Madrid 2009, p. 137.

[5] Íbid., p. 137. A continuación, añade: «Si contemplamos a Cristo como revelado en los evangelios –el Cristo que existe ahí, externo a nuestra imaginación– y vemos que es un ser que vive realmente, que pasó realmente por la tierra como cualquiera de nosotros, al final creeremos en Él con una convicción, una confianza y una integridad, tan indestructible como la creencia en nuestros propios sentidos. Para un cristiano, no es posible meditar en el Evangelio sin sentir, por encima de toda duda, que el sujeto de todo el Evangelio es Dios».

[6] San Josemaría, Instrucción 9-I-1935, n. 248, citado en Camino. Edición crítico-histórica, Rialp, Madrid 2002, p. 732.

[7] San Josemaría, Camino, n. 495.

 

 

En Pentecostés la Iglesia de Cristo echa a andar

 

Pentecostés se opone a la confusión de Babel. La religión católica tiene en Jesucristo su Fundamento. El destino del hombre no es vagar en la orfandad angustiosa del olvido de quien fue su Creador sino participar en su misma vida y permanecer en la intimidad de Dios. De lo hondo del alma emerge el grito agradecido de San Pablo: “Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre!”. Gracias al Verbo que se encarna por obra del Espíritu Santo en el seno de María Santísima, el hombre ha recibido el inmenso don de la filiación divina.

 

Hoy, ante un pasado histórico asaetado por sus infidelidades, el hombre alza su voz como Cristo en Getsemaní y en la Cruz, “con poderoso clamor y lágrimas” y grita al descubrir su verdad más íntima: la de ser hijo de Dios por obra del Espíritu Santo. “El Espíritu Santo, que el Padre envió en el nombre de su Hijo, hace que el hombre participe en la vida íntima de Dios; hace que el hombre sea también hijo, a semejanza de Cristo, y heredero de aquellos bienes que  constituyen la parte del Hijo. En esto consiste la religión del permanecer en la vida íntima de Dios, que se inicia con la encarnación del Hijo de Dios”[1].

 

El Espíritu Santo, Espíritu del Hijo que se manifestó en Pentecostés hace posible la manifestación gloriosa del Hijo encarnado al final de los tiempos. Desde Abel, el primer justo e inocente, hasta el último de los elegidos antes del Juicio universal, serán congregados en la casa del Padre, la Iglesia universal. La misión de la Iglesia viene a ser como la prolongación o expansión histórica de la misión del Hijo y del Espíritu Santo.

 

La Biblia presenta el pecado como fuente de hostilidad y violencia que se observa bien en el fratricidio de Caín y en la división de los pueblos que se fragmentan al no entenderse entre ellos como se ve en el episodio de la Torre de Babel. En Pentecostés, cuando la Iglesia naciente echa a andar se verifica el hecho contrario: hablan los Apóstoles en su idioma galileo y todos los habitantes, en aquellas fechas en Jerusalén, venidos de todo el mundo conocido les entienden cada uno en su propia lengua. Es el don de glosolalia.

 

La era de la Iglesia. Mirando todo lo sucedido en la historia de la humanidad, desde el nacimiento de Jesucristo, brota con espontaneidad el sentido de gratitud, de alabanza y de responsabilidad hacia la Iglesia, porque Cristo vive no ya sólo en el Cielo para nunca más morir sino que también vive en su Iglesia. La era de la Iglesia comenzó en Pentecostés, con la venida del Espíritu de Cristo sobre María, su Madre, los Apóstoles y sobre los discípulos que estaban reunidos en oración en el Cenáculo. “Dicha era empezó en el momento en que las promesas y profecías, que explícitamente se referían al Paráclito, el Espíritu de la verdad, comenzaron a verificarse con toda su fuerza y evidencia sobre los apóstoles, determinando así el nacimiento de la Iglesia”[2]. Verdaderamente nace la Iglesia en Pentecostés y con ello da comienzo la era de la Iglesia, pero la gestación que precede al nacimiento lo compone la vida terrena de Cristo, es decir la acción del Espíritu Santo en todos y cada uno de los actos –gestos y palabras– que acompañaron el transitar terreno del Verbo hecho Hombre.

 

Tras el envío del Espíritu Santo anunciado y prometido por Jesucristo, comienza la Iglesia su andadura, su era. Del comienzo de esta era, difícil por demás, nos habla San Lucas, con amplitud en los Hechos de los Apóstoles. Allí se ve el protagonismo que adquiere el Espíritu Santo y el consuelo que regala a los primeros cristianos aunque no les sean ahorrados los dolores;  sufrimientos que son, por otra parte, caricias y muestra de su cercanía. Estos primeros cristianos, nuestros primeros hermanos en la fe de la Iglesia con la venida del Espíritu Santo, fueron hechos capaces de realizar la misión que se les había confiado. Se sintieron llenos de fortaleza. Precisamente esto que obró en ellos el Espíritu Santo lo sigue obrando continuamente en la Iglesia, en los que somos sus sucesores[3].

 

La Iglesia es un misterio. La Iglesia es un misterio de Dios y, por tanto, un misterio trinitario. Un misterio que responde a una realidad compleja para nuestra inteligencia y que por ser precisamente un misterio del amor de Dios, es imposible alcanzar a definir. Un misterio al que deseamos acceder, porque la fe busca entender y en el que para penetrar, conviene –como dice el Catecismo de la Iglesia– “contemplar su origen dentro del designio la Santísima Trinidad y su realización progresiva en la historia”[4]. Dadas estas premisas y, no obstante las inmensas dificultades que se dan –por su misma y transcendente misteriosa riqueza– para delinear con palabras el misterio de la Iglesia, se puede intentar una aproximación verbal. En este acercamiento al misterio, creemos que puede ser válido aunque siempre será también deficiente, afirmar que la Iglesia es la comunión de todos los hombres con Dios Padre, y de ellos entre sí, en Cristo por el Espíritu Santo[5].

 

Según el Concilio Vaticano II, la Iglesia es en su esencia más íntima un misterio de fe, profundamente vinculado con el misterio infinito de la Trinidad. Según el magisterio del Concilio, heredero de la tradición, el misterio de la Iglesia está enraizado en Dios-Trinidad y por eso tiene como dimensión primera y fundamental la dimensión trinitaria, en cuanto que desde su origen hasta su conclusión histórica y su destino eterno la Iglesia tiene consistencia y vida en la Trinidad[6].

 

Esa perspectiva trinitaria resuena en boca de Jesús en las últimas palabras que dijo a los Apóstoles antes de su retorno definitivo al Padre: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”[7]. Todas las gentes, invitadas y llamadas a unirse en una sola fe, están marcadas por el misterio de Dios uno y trino. Todas las gentes están invitadas y llamadas al bautismo, que significa la introducción en el misterio de la vida divina de la Santísima Trinidad, a través de la Iglesia de los Apóstoles y de sus sucesores, signo visible de la comunidad de los creyentes[8].

 

La Iglesia es un hecho histórico, cuyo origen es documentable y está documentado. Dios ha pensado en todos. Es el pueblo de Dios. El pueblo de un Padre que convoca a quienes creen en Cristo, en su Santa Iglesia. Iglesia escogida antes de la creación del mundo, preparada admirablemente en la historia de Israel y en la Antigua Alianza y constituida en estos tiempos definitivos. En la Iglesia tiene la creación su fin[9]. Y esto porque es definitiva la plenitud que Cristo –Dios con nosotros– otorga al tiempo al entrar Dios en la historia humana mediante la encarnación del Verbo.

 

Dios Padre modela la Iglesia y Cristo y el Espíritu son sus manos. La respuesta de Dios al pecado original fue el comienzo, como el big-bang de la Iglesia, su comienzo. Se inicia y se expansiona primero bajo unas coordenadas espacio-temporales para trascenderlas después. La comunión de Adán con Dios y en Él, por Él y con Él con todos los hombres, haciéndose solidaria la humanidad, se rompió por el pecado. En Adán todos los hombres pecaron[10] y la comunión con Dios se destruyó. Por eso, si Dios en su infinita misericordia decide volver a unirnos con Él mediante su Hijo y por su Amor que todo lo puede, entendemos que la Redención sea la esencia de la Iglesia. Después del pecado tuvo lugar la promesa hecha a nuestros primeros Padres en el Paraíso, al ser expulsados de él. Adán primero, después Abel, más tarde Enoc, y en suma todos los justos hasta Cristo, prefiguraban la Iglesia que Él había de fundar. Los Santos Padres hablan, quizá por esto, de la Iglesia “antes de la Iglesia”.

 

La Iglesia es una realidad viva, que se está realizando. No se trata pues de una institución ya concluida, que tuvo su momento y ya está. No es así. La Iglesia es una realidad viva, dinámica, que está en crecimiento constante; una realidad que se está realizando hoy, ahora. Una realidad que, por tanto, no está acabada; pero que es tan rica y sublime que no es posible definirla con precisión. Estamos, insistimos, ante un misterio de Dios al que siempre habrá que acercarse con la cabeza sumisa y de rodillas.

 

De modo poético han visto algunos al Espíritu Santo y a Cristo como las dos manos del Padre con las que ha hecho la Iglesia[11], dando a entender con ello las dos misiones: la del Verbo y la del Espíritu Santo en la Iglesia. La Iglesia, Pueblo de Dios, tiene su origen en el Padre por la doble misión del Hijo y del Espíritu[12]. La Alianza que establece Dios con su pueblo elegido es, en todos sus pasos, una prefiguración de la Iglesia de Cristo. El origen único de la Iglesia se fundamenta en la unidad de un Dios tripersonal. Es una acción única, simultánea, como toda obra trinitaria ad extra y que posee la unidad operativa de las tres divinas Personas. No es un reparto, pues, de funciones dentro de la Trinidad[13]. No hay que extrañarse de que en ocasiones se haya empleado esta manera de hablar, pues venía acompañada del deseo de defender al pueblo cristiano de los modernistas, para quienes los Apóstoles reinventaron la Iglesia tras recoger las enseñanzas de Jesucristo. Pero quedarse ahí habría sido una deficiente defensa de la Iglesia; habría sido medirla con un rasero no sólo excesivamente humano sino sobre todo erróneo lo cual ya no sería disculpable. Tampoco es verdad lo que afirma Boff cuando dice que se predicó el Reino y salió la Iglesia[14].

 

Vino Jesucristo a lo que vino y realizó con plenitud su deseo; es decir, le salió lo que predicó. Cristo fundó la Iglesia porque quiso, y porque así lo quiso, lo hizo. Es el Fundador y su Fundamento porque es lo que quiso hacer, lo hizo –es Fundador– y en Él –su Fundamento– pervive. Hay una continuidad esencial entre el Jesús de Nazaret y el Cristo resucitado ya que se trata de la misma Persona. La acción fundacional de la Iglesia es en todos sus pasos la de una sola Persona, el Verbo encarnado, tanto durante su caminar histórico como después de su Resurrección.

 

Pedro Beteta López

Doctor en Teología

 


[1] Tertio Millennio Adveniente, n. 8

[2] Carta Encíclica Dominum et Vivificantem, n.7

[3] Cfr. Carta Encíclica Dominum et Vivificantem, n.7

[4] Catecismo de la Iglesia, n. 758

[5] Cfr. Pedro Rodríguez, El Opus Dei en la Iglesia, Ed. Rialp, (1993)

[6] Cfr. San Cipriano, De oratione dominica, 23; PL 4, 553

[7] Mt, 28, 19

[8] Cfr. Audiencia general, 9-X-1991

[9] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 760

[10] Cfr. Rom 5, 12

[11] Cfr. San Ireneo, Adv. Haer., V, 6, 1

[12] Cfr. Pedro Rodríguez, Eclesiología 30 años despues de Lumen gentium, Ed. Rialp (1994), p. 184

[13] Cfr. M.M. Garijo-Guembre, La comunión de los santos. Fundamento y estructura de la Iglesia, Biblioteca Herder, sección de Filosofía y Teología, nº 190, Barcelona 1991, 37-45.

[14] Cfr. L. Boff, Eclesiogénesis, Paris 1978, 79s y 84

 

La Universidad define seis materias clave para lograr un aprendizaje transformador en el alumno

Doscientos docentes han participado en la cuarta edición del Foro Innova, enmarcado dentro de Estrategia 2025


FotoManuel Castells/200 profesores han participado en el Foro Innova de la Universidad de Navarra, bajo el título "Docencia para un aprendizaje transformador".

11 | 06 | 2021

Texto Isabel Rincón

¿Cómo conseguimos que, más allá de la adquisición de conocimientos, los estudiantes universitarios se conviertan en ciudadanos responsables y que entiendan su profesión como un servicio a la sociedad? Bajo esta premisa, la Universidad de Navarra ha celebrado la cuarta edición del Foro Innova. Doscientos docentes han participado en este encuentro que se enmarca dentro de Estrategia 2025 y en el que se han definido los seis temas clave que se aplicarán en el centro académico para lograr un aprendizaje transformador en sus estudiantes: competencias transversales, pensamiento crítico, autonomía del alumno, sentido de servicio, internacionalización e integración de conocimientos.

Con el título Docencia para un aprendizaje transformador, el rector de la Universidad, Alfonso Sánchez-Tabernero presentó el encuentro y destacó la importancia de la innovación en la docencia y la necesidad de contar con un propósito definido. “Es preciso que nunca olvidemos el porqué y el para qué. Vamos a seguir encontrando caminos nuevos para que ese impacto en los estudiantes sea cada vez más duradero”, confirmó.

Durante el foro, se proyectaron seis vídeos donde una veintena de profesores de distintas facultades y centros contaron sus experiencias en torno a esos seis temas, que se abordaron después en una mesa redonda. Participaron José María Torralba, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras; Elisabeth Viles, profesora de Tecnun-Escuela de Ingeniería; Concepción Naval, decana de la Facultad de Educación y Psicología; y Ricardo Piñero, profesor de la Facultad de Económicas.

“El profesor debe despertar el deseo del saber”, relataba la voz en off de uno de los vídeos. El objetivo es enseñar a los alumnos a argumentar, más allá de las ideas preconcebidas; y a ser creativos, idear nuevas soluciones para resolver problemas: “Ayudemos a los alumnos a hacerse las preguntas sobre los temas”, incidió José María Torralba.

Aprendizaje-servicio

El encuentro abordó la necesidad de definir las competencias transversales que deben adquirir los estudiantes sin dar la espalda a las demandas de las empresas y la sociedad y a la opinión de los propios egresados. La profesora Elisabeth Viles habló de la necesidad de dotar a los alumnos de las herramientas para conseguir un aprendizaje autónomo. Y Concepción Naval explicó la metodología del Aprendizaje-Servicio como la manera de brindar al alumno no solo conocimientos teóricos sino también una enseñanza más vivencial. “El aprendizaje adquiere una dimensión afectiva, social y ética. Además de planteamientos teóricos, el alumno adquiere virtudes sociales y morales que le van a servir a lo largo de su vida”.

En el mismo sentido, José María Torralba señaló que la responsabilidad social, “debe ser algo común a todas las universidades. Tenemos la misión de formar al profesional del futuro no solo en términos de éxito sino también de servicio”.

Durante el coloquio surgió el concepto de "Internacionalización" entendido como la necesidad de contar con un profesorado capaz de gestionar entornos interculturales y abrir horizontes en el aula. “Formamos estudiantes para un entorno global. Hay que tener claro lo que está pasando en el mundo y transmitirlo con solidez, respeto, exigencia”, añadió Ricardo Piñero. La internacionalización, entendida no solo por la adquisición de competencias lingüísticas sino por la comprensión de los problemas, que se han vuelto globales.

El vicerrector de Ordenación Académica, Pablo Sánchez-Ostiz, cerró el encuentro y presentó las principales conclusiones. “La Estrategia 2025 trata de poner el foco en la educación transformadora. Debemos reflexionar sobre nuestro papel como docentes para que podamos realmente suscitar en los estudiantes algo distinto que la mera trasmisión de conocimientos. Dotémosles de instrumentos para que puedan continuar donde acaba nuestra tarea”, señaló.  

 

Lemaître, religión, ciencia: “Había dos formas de llegar a la verdad. Decidí seguir ambas”

Siempre me ha fascinado la imagen de un joven curita debatiendo con Einstein, en un apartado del Congreso Solvay de 1927 y la frase descorazonadora con la que éste le despidió en ese primer encuentro: “Sus cálculos, señor Lemaître, son correctos, pero su percepción física abominable”.

Einstein y Lemaître

Georges Lemaître apenas llevaba dos años como profesor en la Universidad Católica de Lovaina. Antes de ello tuvo que defender a su patria en la Gran Guerra, siendo uno de los cinco combatientes a los que condecoró el propio rey Alberto I[1]. Ingresó en el seminario y pidió permiso para estudiar la «relatividad». Obtuvo una beca del Estado que le permitió estudiar durante tres años en varias universidades de Inglaterra y Estados Unidos. Y acababa de publicar un artículo con el título Un univers homogène de masse constante et de rayon croissant, rendant compte de la vitesse radiale des nébuleuses extragalactiques[2], que cambiaría la concepción del Universo, pero que tardaría años en ser comprendido y aceptado por el mundo científico.

En este trabajo, Lemaître estableció la conexión fundamental entre la teoría de la relatividad y la cosmología. Las ecuaciones de la «relatividad» aplicadas a un Universo homogéneo e isótropo como lo percibimos realmente nos dicen que este debe estar en expansión. Y expresó la relación lineal entre la velocidad de separación de las galaxias distantes y su distancia de nosotros.

Einstein, por el contrario, y fiel al pensamiento dominante, creía en un Universo estático, para lo cual tuvo que introducir en su ecuación la llamada constante cosmológica. No entendía que las cosas pudieran ser de otra forma.

Las galaxias se separan y el Universo sí se expande

Pero en 1929, fruto de una sistemática observación desde el telescopio más potente de la época, Edwin Hubble pudo establecer la relación entre la desviación al rojo[3] de 46 galaxias y su distancia a la Tierra, aunque interpretó sus observaciones en términos de un habitual desplazamiento Doppler.[4]

La ley que un par de años antes dedujo Lemaître, que expresaba la relación lineal entre la velocidad de separación de las galaxias distantes y su distancia de nosotros, se confirmó empíricamente y pasó a llamarse ley de Hubble.[5]

El artículo de Lemaitre de 1927, escrito en francés y publicado en una revista belga, Les Annales de la Société Scientifique de Bruxelles, tuvo poca difusión, pero cuando en 1930 fue traducido y publicado en el MNRAS[6] tuvo un gran impacto y su idea de un universo en expansión y evolución se convirtió rápidamente en pilar fundamental de la cosmología relativista. Einstein cambió de opinión, aceptó la idea del Universo en expansión y eliminó la constante cosmológica de sus ecuaciones de campo. Más tarde afirmaría que este había sido el mayor error de su vida.

Lemaître continuó desarrollando sus ideas y en 1931 publicó en Nature su artículo más visionario El comienzo del Mundo desde el punto de vista de la Teoría Cuántica[7], en el que por vez primera se habla de un universo con un origen que debería estar gobernado por las leyes de la física, unas leyes que el hombre podría descubrir.

Trató de evitar una singularidad inicial (un punto donde el espacio y el tiempo adquirirían una curvatura infinita) y sugirió un estado mecánico cuántico anterior al espacio tiempo al que llamó Átomo primigenio.

Einstein y Lemaître tuvieron ocasión de debatir sobre estos temas en repetidas ocasiones y ello les acercó hasta desembocar en amistad personal. Dominique Lambert resume así lo que fue el intercambio de ideas entre ambos: Einstein le hizo saber que no le gustaba la “Hipótesis del átomo primitivo” porque, dijo, “sugiere demasiado la idea (teológica) de la creación”. Curiosamente y tal vez un poco irónicamente, Einstein había dicho después de una charla de Lemaître en Pasadena, donde este último explicó su cosmología del átomo primitivo: “¡Esta es la explicación más hermosa y satisfactoria de la creación que jamás haya escuchado!” Lemaître nunca inició una verdadera discusión filosófica con Einstein. Pero, claro, gracias a su formación tomista en Lovaina, Lemaître identificó perfectamente la confusión en la que caía su amigo, y también un gran número de cosmólogos después de él, entre “creación” y “comienzo”. Según Lemaître, la singularidad inicial no era “la creación” (en el sentido teológico) sino sólo el “comienzo natural”, como ha repetido muchas veces.

El modelo Big Bang se va completando

En 1948 George Gamow junto con Alpher y Herman continuaron desarrollando el modelo de Lemaître a partir de la teoría cuántica relativista en el que la energía gravitacional de un pequeño universo recién creado se convirtió en un plasma caliente de partículas y luz a medida que el espacio mismo se expandía rápidamente y la materia se enfriaba. Su teoría hizo dos predicciones numéricas históricamente importantes: la cantidad relativa de helio e hidrógeno y la existencia de microondas distribuidas uniformemente en el Universo[8].

Sin embargo, muchos científicos no se sentían cómodos con las implicaciones religiosas que parecía tener un universo con un comienzo. Esto, unido a que en el modelo de Lemaître no existían evidencias observacionales determinantes, abrió el camino al desarrollo de teorías alternativas. La que más aceptación tuvo fue el modelo de Estado Estacionario defendido por Hoyle y que justificaba el carácter eterno de su existencia mediante la creación de nueva materia y consecuentemente nuevas galaxias a medida que el Universo se expande.

El debate entre los diferentes modelos continuó vivo hasta que en 1965 la detección casual de la radiación cósmica de fondo de microondas, que había predicho Gamow, evidencia directa de un universo joven y caliente, determinaría la prevalencia del modelo Big Bang[9].

El legado científico de Lemaître

La profundidad del pensamiento de Lemaître le permitió hacer otras importantes aportaciones a la ciencia. Aunque es menos conocido, Lemaître fue en 1933 la primera persona en comprender la naturaleza del horizonte de un agujero negro, mucho antes de que se le llamara agujero negro[10].

La constante cosmológica es otro de los conceptos que supo valorar después de haber sido desechada por Einstein tachándola como el mayor error de su vida. Lemaître la utilizó, otorgándole un valor numérico muy diferente, para modelar la expansión cósmica. Consideró esto como una sustancia física, conocida hoy como energía oscura, que, desde 1998 en que se conoció la aceleración del Universo, se considera el constituyente más importante del mismo[11].

En respuesta a una pregunta de Einstein, Lemaître también demostró que, bajo ciertas condiciones, un comienzo del tiempo es inevitable en la Relatividad. Esto fue probado con total generalidad por Hawking y Penrose en la década de 1960 y enfatiza la naturaleza mecánico cuántica del átomo primitivo de Lemaître[12].

Todo ello ha permitido decir a James Peebles, premio Nobel de 2019 y una de las voces más autorizadas en cosmología: “Creo que en los años alrededor de 1930 Lemaître comprendió la teoría de la relatividad general de Einstein mejor que nadie.”[13] Incluso de modo más contundente Simon A. Mitton le califica como “el más grande cosmólogo de su generación”[14].

Fe religiosa y ciencia

A pesar de que una de las muchas virtudes de Georges Lemaître era la de pasar desapercibido, la enorme trascendencia de su propuesta científica le aportó visibilidad, sobre todo en Estados Unidos. Ello le dio la oportunidad de dirigirse al gran público y poner de manifiesto de forma llana sus ideas sobre la relación entre la ciencia y la fe religiosa. En febrero de 1933 se expresaba así en una entrevista concedida al New York Times: «Yo me interesaba por la verdad desde el punto de vista de la salvación y desde el punto de vista de la certeza científica. Me parecía que los dos caminos conducen a la verdad y decidí seguir ambos. Nada en mi vida profesional, ni en lo que he encontrado en la ciencia y en la religión, me ha inducido jamás a cambiar de opinión».[15]

Siempre mantuvo y defendió con celo esta clara separación. En 1951, en un acto protocolario de la Academia Pontificia de Ciencias, el Papa Pío XII pronunció estas palabras, en un discurso que seguramente le había preparado el académico Edmund Whittaker: “… Parece que la ciencia de hoy, retrocediendo en un salto de millones de siglos, ha logrado ser testigo de ese Fiat lux primordial, cuando, de la nada, estalló con la materia un mar de luz y radiación, mientras las partículas de elementos químicos se dividen y se reúnen en millones de galaxias”. Aunque el contexto de todo el discurso parecía más bien retórico, exaltando las capacidades de la ciencia, ello no le pareció bien a Lemaître, que hizo todo lo posible por trasladar mediante terceros su opinión al Papa, para posteriormente hacerlo personalmente en una reunión que mantuvieron poco después. Nada trascendió de la reunión, pero no volvió a manifestarse ninguna idea sobre el tema que permitiese una interpretación equívoca.[16]

El Congreso Solvay sobre Astrofísica de 1958 le dio una nueva oportunidad, que aprovechó, para enfatizar una vez más que el modelo del Big Bang no es más que una hipótesis científica, que debe ser verificada o falseada por observaciones, que permanece completamente fuera del ámbito de la metafísica o la religión[17].

George Lemaître falleció en 1966 habiendo presidido durante seis años la Academia Pontificia de Ciencias y poco después de haber conocido que la observación de la radiación cósmica de microondas validaba su idea del Universo.

Manuel Ribes

Observatorio de Bioética

 

 DOMINGO XI.

 

Mc 4,26.34

 

Meditar el evangelio con tres puntos.

 

Marcos nos vuelve a interpelar con parábolas lo que ha sido todo el argumento de su evangelio, el seguimiento de Cristo. Ser discípulo de Jesús es partir de lo pequeño, de lo humilde, de lo que no cuenta para el mundo. Estamos en la lógica de lo pequeño, de lo insignificante, de lo que no cuenta en las claves de la eficacia.

 

1.     Jesús enseña en parábolas porque es el lenguaje que entiende todo el mundo. Son a modo de cuentos que forman parte de la sabiduría de los sencillos y de los pobres que captan maravillosamente la moraleja de las parábolas.

 

2.     Las parábolas de hoy son claves porque destacan a través del grano de mostaza, de lo pequeño con vocación de crecer, de hacerse un arbusto donde aniden las aves del cielo. El evangelio es buena noticia para los pequeños. No nos podemos quedar en el lamento de la pequeñez, sino en la osadía de crecer con confianza.

 

3.     Seguir a Jesús es siempre una vida vivida desde todas nuestras pobrezas, llamadas a vivir creciendo en la confianza, como María, que creyó que para Dios nada hay imposible. Vivamos el discipulado como consecuencias de nuestro bautismo para ser coherentes desde nuestra pobreza.

 

+ Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

 

Evangelio del domingo: el fruto eterno de la santidad

Comentario del domingo de la 11° semana del tiempo ordinario. “El Reino de Dios viene a ser como un hombre que echa la semilla sobre la tierra, y, duerma o vele noche y día, la semilla nace y crece, sin que él sepa cómo”. Jesús quiere sembrar en los que le escuchan el santo deseo de tener una vida fecunda, recordando que el Espíritu Santo actúa en nuestra alma sin darnos cuenta y va haciendo fructificar nuestra vida sin que nosotros sepamos cómo.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Mc 4, 26-34)

En aquel tiempo, Jesús decía al gentío:

El Reino de Dios viene a ser como un hombre que echa la semilla sobre la tierra, y, duerma o vele noche y día, la semilla nace y crece, sin que él sepa cómo. Porque la tierra produce fruto ella sola: primero hierba, después espiga y por fin trigo maduro en la espiga. Y en cuanto está a punto el fruto, enseguida mete la hoz, porque ha llegado la siega.

Y decía: ¿A qué se parecerá el Reino de Dios?, o ¿con qué parábola lo compararemos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; pero, una vez sembrado, crece y llega a hacerse mayor que todas las hortalizas, y echa ramas grandes, hasta el punto de que los pájaros del cielo pueden anidar bajo su sombra.

Y con muchas parábolas semejantes les anunciaba la palabra, conforme a lo que podían entender; y no les solía hablar nada sin parábolas. Pero a solas, les explicaba todo a sus discípulos.


Comentario

Jesús tiene delante un gentío. Probablemente, muchos de los que le escuchan son personas que trabajan el campo y viven de sus frutos. Por eso, como leemos al final del pasaje, Jesús les hablaba conforme podían entender.

Pero el Señor no solo quería que entendieran desde el punto de vista intelectual: quería llenarlos de ilusión por el mensaje que estaba intentando transmitir, para que captaran que aquello que escuchaban estaba destinado a convertirse en vida.

¿Cuál es la ilusión de un sembrador? Sin duda alguna, ver fructificar aquello que sembró. Por eso, Jesús quiere sembrar en los que le escuchan el santo deseo de tener una vida fecunda. Quiere sembrar en ellos deseos de santidad, de vivir una vida plena.

Es por eso que les insiste en que la semilla nace y crece sin que el sembrador sepa cómo. El Señor nos quiere recordar que nuestras obras, cuando las hacemos en unión con Dios, cuando buscamos su gloria, nunca quedan estériles. El testimonio de la Sagrada Escritura es unánime en ese sentido: cuando obramos por amor de Dios, siempre, siempre hay fruto. “Mis elegidos no trabajarán en vano” (Isaías 65, 23); “Por tanto, amados hermanos míos, manteneos firmes, inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, sabiendo que vuestro trabajo no es vano en el Señor” (1 Corintios 15, 58).

Porque uno de los grandes retos de nuestra fe es ese: el paso del tiempo, la falta de brillo de nuestro trabajo cotidiano, la aparente falta de avance en nuestra vida espiritual. Por eso Jesús quiere animarnos a no desistir, a recordar que el Espíritu Santo actúa en nuestra alma sin darnos cuenta y va haciendo fecunda nuestra vida sin que nosotros sepamos cómo. Nuestra fe, tantas y tantas veces, habrá de traducirse en una tenaz perseverancia: “por vuestra perseverancia salvareis vuestras almas” (Lucas 21, 19).

Pero Jesús no se queda ahí: quiere que demos fruto, pero un fruto abundante (cfr. Juan 15, 5). Por eso trae a colación la imagen de la semilla de mostaza, que llega a hacerse la mayor de las hortalizas y echa ramas grandes.

Para comprobar que esa invitación del Señor es una realidad, basta fijarnos en la vida de los santos: tenemos gran cantidad de ejemplos de vidas aparentemente sin brillo, que quizá pasaron desapercibidas para sus contemporáneos, pero que dejaron una huella profunda y unos frutos que duran todavía. ¿Acaso no nos seguimos alimentando de la doctrina de san Agustín y de santo Tomás? ¿No seguimos deleitándonos con los escritos de santa Teresa y de san Juan de la Cruz? ¿No nos sigue removiendo el corazón el ejemplo de jóvenes valientes como los mártires san Tarsicio y santa María Goretti? Ellos fueron como granos de mostaza: vidas que a los ojos de muchos fueron insignificantes, pero que el día de hoy todavía permiten que vengan muchos a anidar bajo su sombra.

Así pues, como en tantas ocasiones, Jesús quiere animarnos a no tenerle miedo a la santidad. Dios Padre es el labrador (cfr. Juan 15, 1) que quiere vernos tener una vida fecunda. Por eso, este pasaje del evangelio puede ser una ocasión maravillosa para volver a abrir de par en par la puerta de nuestro corazón al Espíritu Santo, que es quien va llenando de valor eterno cada una de nuestras obras, incluso las más prosaicas y cotidianas, si las hacemos con amor.

Basta pensar en la vida de Santa María y de san José: dos semillas humildes que Dios quiso plantar en Nazaret, que dieron, dan y darán fruto abundante por toda la eternidad, y a cuya sombra se acoge toda la Iglesia universal.

 

María, madre y hermana de los pobres

 

Prototipos marianos en el Antiguo Testamento

La persona de María, hija de Dios Padre, madre de Dios Hijo, esposa del espíritu Santo, es el foco de nuestra atención desde el aspecto de madre y hermana de los pobres. En un vistazo a la Palabra de Dios se puede fijar la atención en el Antiguo Testamento. Si bien no se encuentra un dato mariológico propiamente dicho, existen ciertos elementos que pueden servir de indicio para un desarrollo en el Nuevo Testamento. ya el concilio Vaticano II legitima este proceder de acercamiento al texto bíblico:

La Sagrada escritura del Antiguo y del Nuevo Testamento y la venerable Tradición muestran en forma cada vez más clara el oficio de la Madre del Salvador en la economía de la salvación y, por así decirlo, lo muestran ante los ojos. Los libros del Antiguo Testamento describen la historia de la salvación, en la cual se prepara, paso a paso, el advenimiento de Cristo al mundo. estos primeros documentos, tal como son leídos en la Iglesia y son entendidos bajo la luz de una ulterior y plena revelación, cada vez con mayor claridad, iluminan la figura de la mujer Madre del Redentor. ella misma, bajo esta luz, es insinuada proféticamente en la promesa (ipsal sub hac luce, prophetice adumbratur in promissione) dada a nuestros primeros padres, caídos en pecado, de la victoria sobre la serpiente (cf. Gn 3, 15). Así también, ella es la Virgen que concebirá y dará a luz un Hijo, cuyo nombre será Emmanuel ( Is 7, 14; Mi 5, 2-3; Mt 1, 22-23). ella misma sobresale entre los humildes y pobres del Señor, que esperan con confianza la salvación. En fin, con Ella, excelsa Hija de Sion, tras larga espera de la promesa, se cumple la plenitud de los tiempos y se inaugura una nueva economía, cuando el Hijo de Dios asumió de ella la naturaleza humana para, con los misterios de su carne, liberar al hombre del pecado (LG 55).

El pobre

en el Antiguo Testamento el tema del pobre (da/, ‘aní) ocupa un lugar particular y, en cierto sentido paradójico, puesto que, si bien delante de la sociedad en general no son muy tenidos en cuenta, ante los ojos de Dios ocupanun lugar importante. el término “pobre” (‘aní) tiene la connotación de humilde, fiel, y es muy frecuente en los salmos. Muy cercano a esta palabra está el término ‘anawah, anawim que, para algunos autores, puede ser entendido como el plural de ‘aní; ahora bien, el plural propio de este término es ‘anayim. en el Antiguo Testamento la pobreza no aparece como un ideal sino como fruto de la injusticia, y los pobres son vistos de manera especial por parte de Dios.

Los profetas se convierten en los grandes defensores de los pobres, víctimas del comercio fraudulento (Am 8, 5-6; Os 12, 8), de la ambición de tierras (Mi 2, 2; Is 5,8), del abuso del poder (Am 5, 7; Jr 22, 13-17). Con frecuencia la actitud del pobre frente a Dios es de humildad (So 2, 3), de temor de Dios (Pr 15, 33; Pr 22, 4), de fidelidad (Si 45, 4). Los que tienen estas disposiciones y oran confiadamente al Señor son llamados los “pobres del Señor” (‘anawim Yhvh, cfr. Sal 74, 19; Sal 149, 4-5), casi a manera de una congregación de fieles humildes. En algunos lugares se mencionan grupos de “pobres”: humillados, desposeídos, esclavizados, marginados (1S 22, 2; Jc 11,3; Sal 12). En algunos casos el grupo se identifica con todo Israel (Sal 72, 2; Sal 74, 19; Sal 147, 6; Sal 149, 4; cfr. Is 49, 13), o con una determinado estrato en Israel. La expresión ‘aniyé ‘em o ‘anawé ‘em se refiere con frecuencia al pueblo o a un grupo de explotados y perseguidos (Sal 9; Sal 10; Sal 25; Sal 34; Sal 37; Sal 69; Sal 72; Sal 109).

Desde aquí, a manera de prototipos de María pobre, se pueden considerar algunos textos veterotestamentarios:

Prototipos de María madre y hermana de los pobres

Saldrá una rama del tronco de Jesé [y] un retoño brotará de sus raíces. Sobre él reposará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo [y] de fortaleza, espíritu de ciencia [y] de temor del Señor [-y] lo inspirará el temor del Señor. Él no juzgará según las apariencias ni decidirá por lo que oiga decir: juzgará con justicia a los débiles [y] decidirá con rectitud para los pobres del país; herirá al violento con la vara de su boca y con el soplo de sus labios hará morir al malvado. La justicia ceñirá su cintura y la fidelidad ceñirá sus caderas (Is 11, 1-5).

La mención del “retoño de un tronco” de donde vendrá el ungido (Mesías) por el espíritu de Dios así como la presentación del ungido humilde y bondadoso, es una referencia al “tronco”, al árbol cortado, figura que trae ciertamente connotaciones de humildad y que, en alguna forma llevan a pensar en María.

El tema del oráculo de la “almah” (Is 7, 14) que será citado más adelante, habla igualmente de la virginidad, realidad que, en el contexto de una cultura que exalta la maternidad, resulta de una gran pobreza para la mujer.

La profecía de Miqueas resalta la pequeñez de Belén, lugar en donde María va a dar a luz a su hijo, ofrece igualmente un contexto humilde y pobre: “[y] tú, Belén efratá, la más pequeña entre las ciudades de Judá, de ti me nacerá el que debe gobernar a Israel: sus orígenes se remontan al pasado, a un tiempo inmemorial” (Mi 5, 2).

Sara, la mujer de Abraham es avanzada en edad y sin hijos. Frente a la maternidad se siente desdichada y desamparada: “¿Tendré un hijo a esta edad avanzada y siendo viejo mi esposo?” (Gn 18, 12), palabra que recuerda la situación de María ante el anuncio del ángel: “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?” (Lc 1, 34).

Es dramático también el caso de Ana, que como Sara, se siente desconsolada por no tener hijos:

Entonces Ana oró, diciendo: Mi corazón se regocija por el Señor, mi poder se exalta por Dios; mi boca se ríe de mis enemigos, porque gozo con tu salvación. No hay santo como el Señor, no hay roca como nuestro Dios. No multipliquéis discursos altivos, no echéis por la boca arrogancias, porque el Señor es un Dios que sabe; él es quien pesa las acciones. Se rompen los arcos de los valientes, mientras los cobardes se ciñen de valor; 1os hartos se contratan por el pan, mientras los hambrientos engordan; la mujer estéril da a luz siete hijos, mientras la madre de muchos queda baldía. el Señor da la muerte y la vida, hunde en el abismo y levanta; da la pobreza y la riqueza, humilla y enaltece. Él levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para hacer que se siente entre príncipes y que herede un trono de gloria; pues del Señor son los pilares de la tierra, y sobre ellos afianzó el orbe. Él guarda los pasos de sus amigos, mientras los malvados perecen en las tinieblas, porque el hombre no triunfa por su fuerza. eI Señor desbarata a sus contrarios, el Altísimo truena desde el cielo, el Señor juzga hasta el confín de la tierra. Él da fuerza a su Rey, exalta el poder de su Ungido (1S 2, 1-10).

San Lucas tiene en su mente la oración de Ana al escribir el Magnificat, puesto que la figura de Ana, mujer llena de fe, de humildad y de confianza en Dios, aparece como alguien muy pobre según su contexto cultural porque no tiene hijos. Es claro que el cántico de Ana sirvió de base a san Lucas para el cántico del Magnificat.

También se encuentra el caso de Judit, quien es una mujer viuda, y como tal, pobre e indefensa, pero toma conciencia de una misión muy importante frente al pueblo, la derrota del poderoso y el triunfo de los humildes y desvalidos:

Tú has hecho el pasado, el presente [y] el porvenir; Tú decides los acontecimientos presentes [y] futuros, [y] solo [se] realiza lo que Tú [has] dispuesto. Las [cosas] que Tú has ordenado se presentan [y] exclaman: “¡Aquí estamos!”. Porque Tú preparas todos tus caminos, [y] tus juicios están previstos de antemano. Mira que los asirios, colmados de poderío, se glorían de sus caballos [y] sus jinetes, [se] enorgullecen del vigor de sus soldados, confían en sus escudos [y] sus lanzas, en sus arcos [y] sus ondas, [y] no reconocen que Tú eres el Señor, el que pone fin [a] las guerras. ¡Tu Nombre es Señor! Quebranta [-] su fuerza con tu poder, aplasta su poderío con tu ira, porque [se] han propuesto profanar tu Santuario, manchar la Morada donde habita la Gloria de tu Nombre, [y] derribar tu altar [a] golpes de hierro. Mira su arrogancia, descarga tu indignación sobre [sus] cabezas: concédeme, aunque no soy más que una viuda, la fuerza para cumplir mi cometido. Por medio de mis palabras seductoras castiga al esclavo junto con su jefe [y] al jefe junto con [su] esclavo. ¡Abate [su] soberbia por la mano de una mujer! Porque tu fuerza no [está] en el número ni tu dominio en los fuertes, sino que Tú eres el Dios de los humildes, el defensor de los desvalidos, el apoyo de los débiles, el refugio de los abandonados [y] el salvador de los desesperados. ¡Sí, Dios de mi padre [y] Dios de la herencia de Israel, Soberano del cielo y de la tierra, Creador de las aguas [y] rey de toda la creación: escucha mi plegaria! que mi palabra seductora se convierta en herida mortal para los que han maquinado un plan siniestro contra tu Alianza [y] tu Santa Morada, la cumbre de Sion [y] la Casa que es posesión de tus hijos. ¡Que toda tu nación [y] cada una de sus tribus reconozcan que Tú eres Dios, el Dios de toda fuerza [y] de lodo poder, [y] que no hay otro protector fuera de ti para la estirpe de Israel! (Jdt 9,5-14).

El caso de la reina ester es el de una mujer que representa a su pueblo humillado, abatido y amenazado de muerte. Con temor ella se aproxima al rey con el fin de hacer un acto de intercesión pero, por el mismo temor, cae desmayada. Una vez el rey la reanima ella insiste en su misión y, en su calidad de madre que se preocupa por el bien de sus hijos logra su cometido: el rey tendió hacia ester el cetro de oro. ella se levantó, permaneció de pie en presencia del rey y dijo: “Si al rey le parece bien y quiere hacerme un favor, si lo juzga conveniente y está contento conmigo, haga revocar por escrito los documentos que Amán, hijo de Hamdatá, de Agag, concibió [y] escribió para eliminar [a] los judíos de todas las provincias del Rey. ¿Cómo podré resistir, al ver la desgracia que [se] abatirá sobre mi pueblo? ¿Cómo podré ser testigo de la desaparición de mi estirpe?” (Est 8, 4-6).

Hija de Sion

Los textos sobre la hija de Sion, si bien se refieren a Jerusalén, han recibido una impostación mariana. En el texto de Miqueas la hija de Sion se queja y gime porque le ha llegado el momento del parto, sería un prototipo de los dolores de María:

Quéjate [y] gime, hija de Sion, [como] mujer que está de parto, porque ahora saldrás de la ciudad [y] morarás en el campo […]. Levántate y trilla, hija de Sion, porque haré tu cuerno como de hierro [y] tus uñas de bronce: desmenuzarás a muchos pueblos, [y] consagrarás al Señor su botín, [ y] sus riquezas al Señor de la tierra (Mi, 4, 10-13).

El texto de Sofonías alude al hecho de la maternidad, pues el rey de Israel se encuentra en su seno:

¡Alégrate, hija de Sion; da gritos de alegría, Israel! ¡Alégrate, hija de Jerusalén! el Señor es el Rey de Israel en ti. ¡No temas […] Sion! en tu seno está el Señor, tu Dios, el héroe, el Salvador. Él se llamará “yahveh salva” (So 3, 14-17).        

Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.. (Lc 1, 28-32)

En Zacarías, desde otra perspectiva, la humildad es del rey humilde, que hace humilde también a la hija de Sion: “¡Alégrate sobremanera, hija de Sion; grita de júbilo, hija de Jerusalén! He aquí que viene a ti tu rey, justo [y] victorioso, humilde […]. Proclamará la paz a las naciones” (Za 2, 14; Za 9, 9-10).

San Marcos

Aunque la perspectiva de los evangelios se centra en Jesús, sin embargo, es posible rastrear aquello que se refiere a la persona de María. San Marcos presenta la figura más antigua de María que puede rastrearse en los Evangelios. Él no habla de la infancia de Jesús sino que inicia con la presentación del Mesías (ungido), el Hijo de Dios (Mc 1, 1). María aparece ya en la vida pública de Jesús. Uno de los pasajes centrales es el siguiente:

Vinieron su madre y sus hermanos y, quedándose fuera, le mandaron llamar. Se había sentado gente a su alrededor y le dicen: “Mira, tu madre y tus hermanos te buscan allí fuera”. Él replicó: “¿quién es mi madre y mis hermanos?”. y mirando en torno, a los que se habían sentado a su alrededor, dijo: “Aquí tienen a mi madre y mis hermanos. el que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mc 3,31-35).

Estas palabras, en alguna forma, pudieron causar cierto efecto negativo en el corazón de María; si bien representan un elogio por ser ella modelo de cumplimiento de la voluntad del Padre, a la larga es claro que hay una gran novedad con relación a la nueva familia de Jesús en la cual se superan los nexos de sangre para pasar al plano de la fe. Desde esta perspectiva, hay diversas “madres” para Jesús, aquellas que hacen la voluntad de Dios.

Hay otro texto en San Marcos que representa un puesto muy especial con relación a la persona de María:

[Se] marchó de allí [y] fue a su tierra, [y] le siguieron sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso [a] enseñar en la sinagoga, [y] los muchos que le oían se admiraban diciendo: « ¿De dónde le viene esto? ¿y qué sabiduría [es] esta que se le ha dado? ¿y tales milagros hechos por sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María [y] hermano de Santiago [y] José [y] Judas [y] Simón? ¿[y] no están sus hermanos aquí con nosotros? y se escandalizaron de él (Mc 6, 1-3).

este pasaje es el inicio de una confabulación en contra de Jesús, lo cual, de igual manera es origen de preocupaciones y de dolor para la madre que sufre el rechazo que algunos dirigen a su Hijo. Este es un mérito especial del evangelio según san Marcos, pues se lleva la gloria de ser el único texto que llama a Jesús “el hijo de María”, algo muy extraño en el ámbito judío de la época, donde todo hombre era nombrado a partir del nombre de su padre.

El rechazo a Jesús es uno de los grandes motivos que causan dolor y sufrimiento a María: “[Se] enteraron sus parientes [y] fueron [a] hacerse cargo de él, pues decían: ‘está fuera de sí’” (Mc 3, 20-21). en este punto es claro que llaman loco a Jesús. San Marcos registra otra de las acusaciones que hacen sufrir mucho a María: “está poseído por un espíritu inmundo” (Mc 3,22).

San Mateo

San Mateo aporta otros elementos para considerar la figura de María, los cuales resultan interesantes desde la perspectiva que hemos tomado. San Mateo habla de la genealogía y de la infancia de Jesús.

En cuanto a la genealogía, inicia con una presentación clara: Jesús es el Mesías (ungido), hijo de David, hijo de Abraham. Cuando la genealogía menciona a una mujer se afirma que determinado varón engendró de una mujer a susodicho, de tal forma que “Judá engendró de Tamar a Fares; David engendró de la que fue mujer de Urías a Salomón” (Gn 38, 29). en el caso de María se dice solamente que “Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús” (Mt 1, 16). San Mateo aporta el nombre de José, el esposo de María, quien “era justo” (Mt 1,19). La filiación davídica viene a través de José.

estando reunidos los fariseos le propuso Jesús esta cuestión: “¿qué piensan ustedes acerca del Mesías? ¿De quién es Hijo?” Dícenle: “De David”. Replicó: “Pues ¿cómo David, movido por el espíritu le llama Señor, cuando dice: ‘Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies?’” (Sal 110, 1). Si, pues David le llama Señor, cómo puede ser Hijo suyo?” (Mt 22, 42-45).

María es madre del Hijo de David y del Hijo de Dios, gran misterio que le aporta tanto alegrías como sufrimientos.

Virginidad de María

Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José [y], cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo [y] no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo:

“José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del espíritu Santo. ella dará [a] luz un hijo, [a] quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará [a] su Pueblo de [todos] sus pecados”. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el profeta: “La Virgen [(parthenós)] concebirá [y] dará a luz un hijo [a] quien pondrán el nombre de Emanuel”, [(que traducido significa)]: “Dios con nosotros”, “Al despertar, José hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado: llevó [a] María [a] su casa, [y] sin que hubieran hecho vida en común, ella dio [a] luz un hijo, [y] él le puso el nombre de Jesús (Mt 1, 18-25).

Tomando en cuenta el evangelio según san Mateo, se puede considerar esta realidad inserta en el contexto bíblico. La misión fundamental de la mujer en la Biblia es la maternidad. La mujer puede estar casada (por ejemplo Sara, Ana), puede llegar a tener siete maridos, como Sara, la mujer de Tobías (Tb 3, 7-10), pero si no tiene hijos su vida carece de sentido. En este sentido la virginidad constituye un factor contrario a la vocación original de la mujer, destinada a prolongar la vida (eva o Havah es la que engendra la vida): “Por eso el Señor mismo [os] dará un signo. Mirad, la virgen [(almah)] quedará encinta [y] dará [a] luz un hijo, [y] lo llamará con el nombre de emanuel” (Is 7, 14).

En el “oráculo de la Almah” se encuentra esta palabra que significa “doncella”, pero que en el contexto de la época tiene unas connotaciones especiales. Si una mujer queda embarazada fuera del matrimonio corre el riesgo de la lapidación, por lo que el ser “doncella” implica el ser virgen (betulah). La mujer que no puede tener hijos, consecuentemente la virgen, es considerada “pobre”, es menospreciada como alguien que carga con una maldición.

En el pasaje sobre la hija de Jefté también se puede ver la existencia de otra connotación negativa de la virginidad en dicho contexto cultural:

Ella dijo [a su] padre: “que [se me] conceda esta gracia: déjame dos meses para ir [a] vagar por las montañas [y] llorar mi virginidad con mis compañeras”. Él le dijo: “vete”. [Y] la dejó marchar dos meses. Ella se fue con sus compañeras [y] estuvo llorando su virginidad por los montes (Jc 11, 36-38).

En María la virginidad se convierte en un lugar teológico para reafirmar la iniciativa y el poder de Dios en la historia. en la genealogía de Jesús se manifiesta la debilidad de la carne: Tamar, cananea, se disfraza de meretriz para obtener de su suegro la descendencia de su marido difunto; Rahab, la meretriz de Jericó, engendra a Booz: Rut, la moabita, engendra a Obed, abuelo de David. Se trata de extranjeras ajenas al linaje de David, pero son ellas quiens perpetúan su linaje. La maternidad de María se realiza por la fe. Como otros nacimientos admirables en la Biblia, el nacimiento de Jesús es un milagro de Dios por la aceptación de la acción del espíritu Santo en esta creyente.

San Lucas

El inicio del evangelio según san Lucas presenta una introducción que aclara la composición de su texto:

Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente los hechos que han tenido lugar entre nosotros, tal como nos los han transmitido los que presenciaron personalmente desde el comienzo mismo y que fueron hechos servidores del Mensaje, también a mí, que he investigado todo diligentemente desde sus comienzos, me pareció bien escribirlos ordenadamente para ti -ilustre Teófilo-, para que conocieras la certeza de las informaciones que has recibido (Lc 1, 1-4).

San Lucas se refiere a los “que presenciaron personalmente” y recoge estos testimonios en su evangelio. Se dice del evangelio según san Lucas que es el evangelio mariano. en efecto, en su evangelio encontramos datos distintos a los de los otros sinópticos. Dos veces afirma san Lucas que María es virgen (parthenos) (Lc 1, 27) y centra en ella la acción del Padre, del Hijo y del espíritu Santo: “envió Dios al ángel Gabriel [a] una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, [a] una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María” (Lc 1, 26-28).

La escena del nacimiento de Jesús concentra diversos elementos en la persona de María. Por especiales circunstancias, el censo ordenado por el emperador César Augusto, el niño nace en Belén, esto es, lejos de su hogar de Nazaret, lejos de su casa. San Lucas dice que “dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre [(fatné)]”, (Lc 2, 7), esto es, en circunstancias de extrema pobreza: María pobre, madre del Hijo de Dios, hecho pobre. Vale la pena tener en cuenta que el término fatné tiene unas connotaciones especiales, de artesa.

San Juan

San Marcos registra el nombre de María una sola vez, que es memorable, al llamar a Jesús “el Hijo de María”. San Mateo menciona a María cinco veces. San Lucas lo hace trece veces: doce en su evangelio y una en los Hechos de los Apóstoles. Sin embargo, San Juan no menciona el nombre de María.

“Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: ‘yo soy el pan que ha bajado del cielo’. Y decían: ‘¿No [es] éste Jesús, hijo de José, cuyo padre [y] madre conocemos? ¿[Cómo] puede decir ahora: He bajado del cielo?’” (Jn 6, 42). Agrega san Juan en esa ocasión: “y ni siquiera sus parientes creían en él” (Jn 7, 5).

Solo en dos grandes ocasiones san Juan se refiere a María: en las bodas de Caná y en el Calvario. en las bodas de Caná María interviene ante una situación de necesidad. en esa ocasión los necesitados son los esposos que celebran sus bodas y María interviene con una palabra llena de contenido: “Hagan lo que él les diga” (Jn 2, 5). Desde su actitud de solidaridad con el pobre actúa como una madre en dos sentidos. Como madre de Jesús, a pesar de que él le había objetado: ¿qué [nos importa] a ti y a mí, mujer? Todavía no ha llegado mi hora (Jn 2, 4), pero también asume una actitud maternal frente a la pareja de recién casados que “no tienen vino” (Jn 2, 3). Por la solidaridad de María con los necesitados, Jesús “realizó este primer signo [y] manifestó su gloria, [y] sus discípulos creyeron en él” (Jn 2, 11).

El otro gran momento en que san Juan hace referencia a María es en el Calvario:

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de [su[ madre, María, mujer de Cleofás, [y] María Magdalena. Jesús, viendo [a su] madre [y] junto [a] ella al discípulo [a] quien amaba, dice [a su] madre: “Mujer, ahí tienes [a] tu hijo”. Luego dice al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa (Jn 19,25-27).

La hora de Jesús y la hora de María, que en Caná no había llegado (Jn 2, 4), ahora se hace presente: la mujer, cuando da [a] luz, está triste porque ha llegado su hora, la del alumbramiento, pero cuando le ha nacido el niño [ya] no se acuerda del aprieto, por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo (Jn 16, 21). Es la hora dolorosa de la madre que contempla a su Hijo humillado en la cruz, y que en silencio, desde su corazón ora por su Hijo y por sus hijos adoptivos.

En el momento en que Jesús dice a su discípulo amado (cada uno de los creyentes) “Ahí tienes a tu madre”, María queda constituida como madre de todos aquellos que creen, que sufren, que tienen necesidades.

El Magníficat

Virtudes de María, son las virtudes del pobre (de los anawim Yhvh): Confianza, entrega, humildad, bondad, alegría, solidaridad, silencio, oración; que en alguna forma se encuentran reflejadas en la gran oración mariana: el Magníficat. La oración está inspirada en numerosos pasajes del Antiguo Testamento: 1S 2, 1-11; Ha 3, 18; Jb 12, 19-20; Jb 5, 11-12; Sal 34, 2-3; Sal 119, 9; Sal 103, 1; Sal 89, 11; Sal 107, 9; Sal 34, 10; Sal 98, 3; Sal 22, 9.

El Magníficat hace eco al cántico de Ana, madre de Samuel (1S 2, 1-10), en el cual Dios acaba con aquellos que se creen dioses y oprimen a los demás. En los Evangelios Jesús refleja la misericordia del Padre en su preocupación por los enfermos, los pobres, los endemoniados; como la personificación de Dios tiene preferencia por los pobres, los pequeños y los oprimidos.

el Magníficat inicia de modo muy semejante al cántico que recuerda Ana: “Mi corazón se regocija por el Señor, mi poder se exalta por Dios ¡proclama mi alma la grandeza del señor se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador!” (Lc 1, 46-56). en el cántico del Magníficat María asume la perspectiva misericordiosa de Dios con relación a los pobres: “Él hace proezas con su brazo: dispersa [a] los soberbios de corazón, derriba del trono [a] los poderosos [y] enaltece [a] los humildes, [a] los hambrientos los colma de bienes [y a] los ricos los despide vacíos” (Lc 1, 51-53). Curiosamente, los cantos más fuertes del Antiguo Testamento son atribuidos a mujeres: María (Ex 15, 20-21), Judit (Jdt 16), Débora (Jc 5), Ana (1S 2). el cántico recuerda las grandes acciones de Dios a su pueblo y el postulado de la misericordia: el amor de Dios a los pobres, a los pequeños, a los oprimidos. Así, María es esperanza para los pobres desde su amor de madre: “su misericordia llega a sus fieles de generación en generación” (Lc 1, 50).

María se presenta con mucha humildad, actitud propia del pobre desde el concepto bíblico. el Señor “ha mirado la humillación de su esclava” (Lc 1, 48), afirma, creando una atmósfera de humildad y de misericordia que acompaña todo el cántico, con lo cual se forma un tejido en el que caben los pobres de todos los tiempos. el Magníficat presenta también una visión crítica de la realidad que tiene la sociedad que se centra en sus propios intereses idolátricos, contrastada con la perspectiva de Dios, la cual es inversa a dichos intereses.

En el texto original los verbos del cántico están en pasado (hizo proezas, dispersó, derribó, enalteció, etc.), lo cual implica una conciencia histórica de la acción salvífica de Dios. Desde el pasado María mira el presente como el cumplimiento del plan salvífico de Dios. Es el anuncio de una palabra que ha sido cumplida, lo cual genera un dinamismo profético en María que tiene como efecto en las comunidades una visión esperanzadora y positiva de la realidad. Tiene igualmente este lenguaje una fuerza teologal, pues se percibe la acción histórico-salvífica de Dios, que anuncia la victoria final de su misericordia con los más necesitados.

Es el cántico que brota del corazón de María, aquilatado en la oración y en el silencio contemplativo, lo que mejor demuestra el amor inmenso hacia su Hijo. Es el canto de la madre de misericordia que toca los diversos planos de la historia. es el canto alegre de la esperanza para todos los pobres.

En el Magnificat María no se presenta como una mujer triste u oprimida, sino como una persona llena del espíritu Santo, conocedora de las realidades de los pobres, pero igualmente consciente de la urgencia de una mirada liberadora sobre la realidad. Las advertencias a los soberbios, a los poderosos y a los ricos son una invitación a que todos seamos más humanos, muy humanos; una invitación a la solidaridad de los ricos con los pobres, de los poderosos con los necesitados.

Un modelo acabado del discípulo del Señor: artífice de la ciudad celestial y eterna, pero peregrino que corre hacia la ciudad celestial y eterna; promotor de la justicia que libera al oprimido y de la caridad que socorre al necesitado, pero por encima de todo testigo activo del amor que edifica a Cristo en los corazones (Pablo VI, Marialis cultus, n. 37).

Totalmente dependiente de Dios y orientada por completo hacia Él por el impulso de su fe, María es, al lado de su Hijo, la imagen más perfecta de la libertad y de la liberación de la humanidad y del cosmos. es a ella a quien la Iglesia, que la tiene como madre y como modelo, tiene que dirigir sus miradas para comprender en su totalidad el sentido de su misión (Juan Pablo II, Redemptoris Mater, n. 37).

Conclusión

La consideración bíblica sobre el Magníficat en el contexto actual lleva necesariamente a pensar en la situación de Colombia y de América Latina. en los países en vías de desarrollo, cerca de un ochenta por ciento de la población la constituyen los pobres, los subempleados, los que sobreviven en la calle con el llamado “rebusque”, aquellas personas cuyos ingresos son ínfimos y no pueden tener un nivel de vida decente.

La preocupación de los medios de comunicación se centra con frecuencia en sofismas de distracción: problemas de los políticos, deportes o farándula; a lo que dedican horas y horas de trasmisión, lo cual ni resuelve, ni analiza, ni se preocupa por el alto porcentaje de la población que vive en necesidad. Con frecuencia las ciencias humanas que se preocupan por las minorías se centran en análisis de pequeños grupos o subculturas con resultados que frecuentemente no desbordan los límites áulicos.

La mirada sobre minorías marginadas, sobre desplazados, sobre niños explotados o vejados ha de llevarnos a mirar a María, mujer que vivió la pobreza, que conoció el dolor pero que opta por una transformación a partir de una actitud de respeto y sencillez. Así, su presencia y su obra es una invitación a la solidaridad por parte de los poderosos hacia los pobres.

Los elementos espirituales de oración, de fe, de seguridad en el Señor son enseñanzas que aportan un valor significativo a las demás propuestas que buscan el mejoramiento de las condiciones de la mayor parte de la población. La figura de María no puede dejarnos indiferentes ante la situación del pobre. La palabra “no tienen vino” (o seguridad social, o vivienda, o trabajo, o familias bien constituidas), son ciertamente una invitación para encontrar una salida digna a la situación de la mayor parte de los habitantes de nuestros países.

Proclama mi alma la grandeza del Señor, [Se] alegra mi espíritu en Dios mi Salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí: Su nombre es santo y su misericordia llega [a] sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa [a] los soberbios de corazón, derriba del trono [a] los poderosos y enaltece [a] los humildes, [a] los hambrientos los colma de bienes y [a] los ricos los despide vacíos. Auxilia [a] Israel, su siervo, acordándose de su misericordia como lo había prometido a nuestros padres, [a] favor de Abraham y su descendencia por siempre (Lc 1,46-55).

Álvaro Duarte

 

“Jerga” y cerebro.

Dedicado al Dr. Vicente Madrigal Díez,

Compañero y amigo

Una jerga es un conjunto de términos especializados, propios de una profesión concreta (ya sea médica o no). Es una palabra derivada de “jargon”, del idioma francés.

También se utiliza el término de “jerga” para el lenguaje ineducado, inapropiado, incorrecto, grosero, malsonante, negativo.

El cerebro reacciona más rápidamente con el lenguaje positivo que cuando se trata de palabras negativas, lo que explica que aquel tipo de lenguaje contribuye a mejorar la atención, la concentración y la creatividad.

Y es que, efectivamente, en estudios al respecto, se ha observado que cuando el lenguaje baja de calidad, y tal forma de hablar se torna en un hábito, el coeficiente intelectual puede reducirse de forma drástica. La costumbre del malhablado es perjudicial, no solo para los demás, sino también para él mismo, no solo con bajada del coeficiente intelectual, sino además,  con disminución de la propia autoestima.

Desafortunadamente, hoy día abunda el lenguaje negativo, soez (“palabrotas”, “tacos”, etc.), así como el narcisismo y la falta de empatía con los demás (el egoísmo es perjudicial para la salud).

Se da el lenguaje negativo en algunos jóvenes con un nivel académico que puede ser elevado, pero que denota una baja calidad humana. Y algunos, erróneamente, creen que el hablar mal es un signo de cultura.

Por descontado, la blasfemia, además de ser una ofensa a Dios o a sus santos (contraviene al segundo mandamiento de la Ley de Dios), es humanamente desagradable. No es elegante. Perjudica. No aporta nada, sino que mancha al individuo en concreto.

Y en cuanto a los sexos, siempre fueron los varones más propensos al “taco”, la blasfemia y el improperio. Pero actualmente, por una mal entendida igualdad, hay mujeres que, creyendo que así se igualan a los hombres, hablan groseramente,  incluso de forma manifiestamente exagerada.

Pero hablar bien no es solo de buena educación, sino también de un buen nivel humano. Además, está comprobado que hablar bien va con buena salud mental. Hablar bien dignifica al hablante y a los que le oyen.

Y la convivencia mejora si el lenguaje se cuida. No se trata solo del lenguaje hablado y del escrito, sino también del lenguaje corporal: el modo de vestir, el modo de andar, el modo de comer, bailar, gesticular, reír, etc. No es de “cursis” el comportamiento educado, correcto, sino de gente que sabe convivir con los demás, que respeta a los otros y se respeta a sí mismo. Por ejemplo, comer con urbanidad estando uno solo, constituye una forma de respetarse a sí mismo.

¿Qué zonas del cerebro se activan (o se inhiben) con el lenguaje negativo? ¿Se trata de áreas cerebrales diferentes? La realidad es que se implican numerosas zonas del cerebro, y especialmente las estructuras límbicas, áreas que están más relacionadas con lo emocional. La corteza prefrontal, muy desarrollada en la especie humana, debe de participar en el asunto. Y al mismo tiempo, debe de haber un componente hormonal, pues hay cierta relación entre el nivel de testosterona en sangre y la propensión al “taco”.

Y un componente esencial es el nivel de formación, que no es lo mismo que el nivel cultural. La formación ética, moral, religiosa, favorece que el hablar sea digno.

Cuestión distinta es la jergafasia, que es una deformación del lenguaje, que puede aparecer en las afasias. Es un lenguaje en el que se mezclan los neologismos, las parafasias, las disintaxias. Se trata de una cuestión patológica, consecuencia de un daño neural, que no tiene nada que ver con el tipo de lenguaje grosero más arriba comentado.

En el Quijote se relatan los dichos de Sancho Panza, que si bien denotan sabiduría y sentido común, van entremezclados a veces con palabras malsonantes, propias de gente vulgar. Pero Don Quijote, con una formación cultural y humana notables, le corrige continuamente, con el propósito de educar y formar a Sancho, y en esas ocasiones, a veces fuera de sí, con brusquedad, amonesta al bueno de Sancho, utilizando a su vez palabras malsonantes, como efecto de su mal humor. Como buen observador, Cervantes vio que el mal humor, en la vida corriente, puede provocar la eclosión de un lenguaje desagradable, aunque el nivel cultural del sujeto en cuestión sea bueno. Nadie está libre de cometer erro

          José Luis Velayos

 

En la mente del hombre “moderno”

Hans Küng y otros con él, por el contrario, cayó en ese “complejo”, y pretendió quedarse con un Jesucristo muy cercano a Dios, que manifestaba a Dios, pero la afirmación de su Divinidad, su ser Dios decía que no cabía en la mente del hombre “moderno”, y que, por tanto, había que actuar y razonar no teniendo en cuenta su ser Dios, y dejarlo aparcado.

“Para Küng lo que se da en Jesús es, de una parte, un Dios único e inaccesible, que se revela como fundamento de la realidad, pero sin comunicar su propia intimidad, y, de otra, un hombre, Jesús de Nazaret, que experimentó tan intensamente el sentido de la fiabilidad de Dios que ese sentimiento llenó su vida haciendo que estuviera en condiciones de transmitir ese mensaje con singular firmeza. De ese modo la doctrina trinitaria se volatiliza, el mensaje de Jesús es reducido a un mensaje ético-existencial y Jesús mismo considerado como un mero hombre” (Illanes).

Y este “complejo” sigue vivo, y tiene no pocas manifestaciones. Desde no arrodillarse ante la Eucaristía, hasta buscar la paz entre los hombres, sin hablar de la maldad del pecado y ni siquiera mencionar que la paz tiene sus raíces en que somos hijos de Dios y, los bautizados, hijos de Dios en Cristo Jesús. En las corrientes afirmaciones de que todas las religiones son iguales, reduciendo la religión a una especie de cultura más o menos transcendental y dejando de considerar la real venida de Dios, de Cristo, a la tierra para morir, salvar al hombre del pecado y de la condenación eterna, revelando al verdadero Dios;

y dejar una Iglesia que mantuviese viva Su presencia hasta el fin del mundo. Y, por supuesto, dejar de hablar en serio y con profundidad, de Dios Uno y Trino.  

JD Mez Madrid

 

Plena satisfacción del Grupo Africano

La presión para conseguir el acuerdo fue quizá la más intensa, en la comisión de la ONU sobre población y Desarrollo, para los delegados africanos llegó. El presidente de la sesión de la comisión de este año fue un africano, el Embajador Yendaogo Eric Tiare de Burkina Faso. Debido a la manera en que los diplomáticos perciben la dinámica de la UN, habría quedado pobremente reflejado en el Grupo Africano en conjunto si la comisión no hubiese sido capaz de alcanzar un acuerdo.

“Estamos realmente orgullosos de obtener el consenso bajo el liderato Africano.”, declaró el delegado de Marruecos. Habló en nombre de los 54 países africanos.

A pesar de la plena satisfacción del Grupo Africano,  un delegado de Egipto dijo que sólo aceptaba el término “derechos reproductivos” según la definición del término de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo de 1994. La conferencia destacó al no incluir en esta definición el aborto y los derechos de los LGBT.

Igualmente, el delegado de Brasil en la comisión, dijo que el lenguaje sobre salud sexual y reproductiva era controvertido y no gozaba de consenso general. Acusó,  a los “grupos de interés particular” de distraer la atención de la comisión del tema de la seguridad alimenticia a “temas tangenciales”

Nicaragua, Guartemala, Rusia, Hungría, Qatar e Iraq hicieron objeciones parecidas sobre el uso de términos controvertidos por la industria abortiva para promover el aborto.

Un delegado de la Santa Sede, representante del Papa Francisco en la UN, repitió su reserva de tiempo sobre el uso de estos términos. Puso énfasis en que desde la conferencia del Cairo de 1994 no había habido “ningún cambio en su ya conocida posición” y que el sexo debía ejercitarse “de acuerdo con las normas morales”.

Ambos, Rusia y la Santa Sede manifestaron que lamentaban también que no hubiese mención en el acuerdo, de la política de orientación familiar.

A pesar del atasco general en estos temas  controvertidos, los  países progresistas han usado con éxito el acuerdo para relanzar el tema de la seguridad alimenticia en el sentido de hacer sostenible la producción de alimentos con vistas al cambio climático.

La resolución adoptada por la comisión, incluye elementos aceptados ampliamente, destacando la nutrición de madres embarazadas y lactantes y los primeros cinco años de vida. El hambre y la malnutrición reclaman la vida de más de 3 millones de niños cada año.

Jesús Martínez Madrid

 

Pocas cosas hay tan grande en la tierra

Hoy puede haber bastantes motivos por los que es conveniente que la mujer desarrolle un trabajo fuera. Hay situaciones en las que el marido consigue un trabajo telemático y puede tener más tiempo para llevar a los niños al cole o para hacer la limpieza o la comida. Las situaciones que se dan ahora, quizá más después de la pandemia, son de tal variedad que no es posible hacer un juicio ni particular ni general. Pero lo que no se puede obviar es que el trabajo de la mujer que decide quedarse en casa para cuidar del hogar, para estar más tiempo con los pequeños, para hacer las compras adecuadas para todos los miembros de la familia, etc. es de lo más creativo y profundo que pueda pensarse.

Lo dice muy bien el autor inglés: “En su hogar, una mujer puede ser decoradora, cuentacuentos, diseñadora de moda, experta en cocina, profesora... Más que una profesión, lo que desarrolla son veinte aficiones y todos sus talentos. Por eso no se hace rígida y estrecha de mente, sino creativa y libre. Esta es la sustancia de lo que ha sido el papel histórico de la mujer” (p. 53). Y ver las cosas de otra manera supone una pobreza verdaderamente lamentable, se mire como se mire.

La tendencia a unos permisos de maternidad más amplios ayuda a que la mujer pueda cumplir mejor con su papel. Los permisos de paternidad también son útiles, pero menos naturales. No es lo mismo que los niños estén en edad escolar que sean recién nacidos. No es lo mismo tener una economía que permita pagar un servicio, que tener que manejarse solos. No es lo mismo tener mamá/suegra dispuesta a echar una mano que tener a la familia a muchos kilómetros.

Todo eso modifica las costumbres y las necesidades, pero qué duda cabe que no hay ocupación más completa para la mujer que ser madre. “Me asombra la insinuación de que pueda haber algo mezquino en poner el objetivo del matrimonio en el nacimiento de un niño. En realidad, este gran milagro natural es la parte más creativa, más imaginativa y más desinteresada de todo el proceso. La creación de un nuevo ser, de un foco independiente de conciencia, de experiencia y de alegría, es un acto inmensamente más grande y divino que el mismo amor entre amor entre hombre y mujer”.

Pocas cosas, o ninguna, hay tan grande en la tierra como la vocación a la maternidad.

G.K. Chesterton, Esencia de mujer, Homo Legens 2020

Juan García.

 

LA ASQUEROSA POLÍTICA Y SUS “SANGUIJUELAS”

           

            Hoy no tengo gana de escribir salvo esta entrada y la salida posterior; se demuestra con lo que copié, que “la política es una enfermedad y muy grave en general, y en particular en España, que es donde nací y vivo”; lo de “servir al pueblo, es mentira, lo del progreso, otra mentira, lo de justicia otra mentira más; el resultado es cuanto padecemos mundialmente y tristemente, es lo que nos espera, puesto que “esa es la historia del mono humano en este planeta”; que al no haber llegado, ni “a gobernarse a sí mismo”, es incapaz de gobernar a los demás; a los que explota según “sus instintos o apetitos animales”: vean lean y juzguen; y si quieren comprobar, les dejo la dirección en Internet:

 

“Hace una década sentían el duro asfalto de la Puerta del Sol (Madrid).

Y gritaban a los cuatro vientos aquello de que los políticos no les representaban. https://www.periodistadigital.com/politica/partidos-politicos/20210605/unidas-forrarnos-son-10-politicos-morados-han-enriquecido-noticia-689404478364/?utm_source=mailpoet&utm_medium=email&utm_campaign=boletin-pd-manana

Había nacido el 15-M, un movimiento que venía a regenerar la política y que, a la primera que algunos de sus representantes tuvieron la ocasión, han acabado por disfrutar de los mismos privilegios que con tanto ahínco criticaban.

Sacando de la ecuación a Pablo Iglesias, (que dicho sea de paso “se va millonario de la política”, si es que en realidad se va) ya que este ha dejado la primera línea de la formación para irse, de la mano de Jaume Roures, a hacer del nuevo ‘Jordi Évole‘, esta es la lista de los podemitas que más se han enriquecido en estos años y que este 5 de junio de 2021 publica La Razón:

1.     Irene Montero: En 2016 declaró tener 6.923,88 euros en tres cuentas corrientes, un coche adquirido en 2008 y una beca como investigadora en la Universidad Autónoma de Madrid de 13.704 euros. Ahora, como titular de Igualdad tiene 629.969,82 euros repartidos en 107.420,33 euros en cuentas corrientes, 335.049,49 en bienes e inmuebles y 187.500 en seguros de vida. Su patrimonio se ha incrementado en un 9.133%.

2.     Noelia Vera: La número dos de Montero declaró en 2017 poseer 8.480 euros en cuentas corrientes. Ahora esa cantidad se ha disparado hasta los 80.694,73 euros. Ahora mismo se ha metido en la adquisición de un chalet, amén de tener otra vivienda, dos plazas de aparcamiento, un terreno urbano en Cádiz y una parcela en Murcia. Su patrimonio se ha incrementado en un 851,5%.

3.     Nacho Álvarez: El secretario de Estado de Derechos Sociales dijo tener en 2016 13.924,93 euros en sus cuentas corrientes. Ahora, en 2021, declara poseer 92.859 euros en bienes, 47.290 euros en depósitos, 65.000 euros en seguros y 11.000 en demás bienes. Su patrimonio ha incrementado en un 1.452%.

4.     Ione Belarra: La ministra de Derechos Sociales tenía, según su declaración, 29.078 euros. Ahora disfruta de bienes por 100.000 euros y 45.649,03 en depósitos. Su patrimonio se ha incrementado en un 400%.

5.     Yolanda Díaz: La titular de Trabajo reconocía tener en 2013 unos 15.000 euros. En la actualidad, aunque sea de las que menos patrimonio tiene del Ejecutivo socialcomunista, la cifra se eleva a los 50.552 euros.

6.     Alberto Rodríguez: Su patrimonio no es tampoco de los más lucidos, pero también se ha visto incrementado. El dipiutado en la Cámara Baja ha pasado de tener 9.744 euros en sus cuentas corrientes en 2016 a disponer de cerca de 12.000 euros.

7.     Isa Serra: La portavoz de Podemos en la Asamblea de Madrid tenía en 2014 la irrisoria cifra de 106 euros en sus cuentas. En la actualidad dispone de 23.935 euros.

8.     Jaume Asens: El jefe del grupo parlamentario de Unidas Podemos en el Congreso de los Diputados  tenía 71.215 euros en 2014. Ahora reconoce tener 62.000 euros que se suman, fruto de una herencia, a una vivienda y una plaza de garaje en Barcelona.

9.     Pablo Echenique: El portavoz parlamentario tenía en 2014 un montante de 75.419,96 euros. Posteriormente, firmó una hipoteca por un valor de 83.640,59 euros para la adquisición de una vivienda en Zaragoza. En su última declaración reconocía tener 48.545,6 euros.

10.  Rafa Mayoral: El diputado morado contaba en 2016 con 8.552,00 euros. Ahora tiene 28.553, 50 euros, sin deudas y sin ninguna vivienda adquirida o vehículo. Su patrimonio se ha visto aumentado en un 233,8%”.

            Y seguro estoy, que en lo publicado no estará “todo lo que debiera estar”; no sabemos lo que pueda haber oculto, incluso situado en esa aberración política, cuales son los “malditos paraísos fiscales”, establecidos en el mundo, para uso y disfrute de los más destacados ladrones de todas las economías planetarias; pero con la prueba que se muestra, basta, para aborrecer la política actual, tan férreamente establecida, que con la multi complicidad de todos los gobiernos y todos los sistemas, no funciona otra cosa que es, “la acumulación de dinero, pues el dinero es el poder y eso es lo que quieren la mayoría de estos degenerados, que nos seguirán llevando como en todos los tiempos lo hicieron, de desastre en desastre, y donde siempre, siempre, siempre, pagaron y pagarán los que menos culpa tuvieron o tengan”. Amén.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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