Las Noticias de hoy 27 Mayo 2021

Enviado por adminideas el Jue, 27/05/2021 - 12:35

Dios Bendiga Años sacerdote | Memes, Ecard meme, Ecards

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 27 de mayo de 2021       

Indice:

ROME REPORTS

El beso del Papa en el brazo de Lidia, superviviente de Auschwitz

Francisco: El Padre Celestial siempre escucha nuestras oraciones

El Papa lanza la plataforma Laudato si': “hay que perseguir la ecología integral”

JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE* : Francisco Fernandez Carbajal

Evangelio del jueves: fe a gritos

“Reina de la paz, ruega por nosotros” : San Josemaria

«La oración no es una varita mágica: es un diálogo con el Señor»

Frases de San Josemaría sobre los sacerdotes

Vosotros sois la luz del mundo : Carlos Ayxelà

¿Existe Dios? : Dr. José R. Martínez Villamil

Dos mil años de historia de la salvación. ¿Sin redención? : Cardenal Joseph Ratzinger

 Desafío al Vaticano: Mario Arroyo.

El rector y la presidenta de la Fundación Cotec destacan la necesidad de la colaboración público-privada para construir una sociedad postpandemia : Isabel Rincón

Ambiente terreno que produce inapetencia del Cielo : Plinio Corrêa de Oliveira

La incertidumbre como principio inviolable : Jesús Martínez Madrid

La dignidad humana :  Enric Barrull Casals

Pero nunca estamos preparados para ello : Jesús Martínez Madrid

Morir, también llegará : Jesús Domingo Martínez

LA REALIDAD DEL “VIRUS CHINO” Y LA “OMS” : Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

El beso del Papa en el brazo de Lidia, superviviente de Auschwitz

Lidia Maksymowicz, una mujer polaca de origen bielorruso que sobrevivió a los campos de concentración nazis y a los experimentos de Mengele, mostró hoy al Papa Francisco, en la audiencia general, el número de su deportación al campo de concentración tatuado en su brazo. Lidia entregó tres regalos para el Pontífice que simbolizan la memoria, la esperanza y la oración. Asimismo comentó a Vatican News: "Con el Santo Padre nos entendimos con una mirada, no hicieron falta palabras".

 

Salvatore Cernuzio - Ciudad del Vaticano

"70072". Cuando Lidia Maksymowicz, una mujer polaca de origen bielorruso que sobrevivió a los campos de concentración nazis, dejó su brazo al descubierto hoy en la audiencia general, mostrando su tatuaje de ex prisionera de Auschwitz, el Papa Francisco la miró durante unos instantes. Luego se inclinó y le dio un beso en ese mismo número que después de 76 años le recuerda a diario el horror que vivió. Sin palabras, como ya hizo el Pontífice en aquella visita a Auschwitzal en 2016, sólo un gesto espontáneo, instintivo y afectuoso. Un gesto que, explica Lidia a Vatican News, mientras su voz (entre el cansancio y la emoción) se apaga ligeramente, "me ha fortalecido y me ha reconciliado con el mundo".

En Italia para contar su testimonio

"Con el Santo Padre nos entendimos con los ojos, no tuvimos que decirnos nada, no hacían falta las palabras", explica la mujer, una de las últimas supervivientes en Europa, que ahora vive en Cracovia, y que actualmente se encuentra en Italia como invitada de la asociación "La Memoria Viva de Castellamonte" (Turín) para contar a los jóvenes su testimonio, ahora recogido en un documental dedicado a ella, "La niña que no sabía odiar".

 

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Lidia quiso aprovechar su visita a Italia -ya planeada pero luego pospuesta varias veces a causa de la pandemia- para pasarse por Roma, acogida por la Embajada de Polonia en Italia, y conocer al Papa al que dice querer profundamente: "Después de Juan Pablo II, quiero al Papa Francisco. Sigo sus ceremonias por televisión, rezo por él todos los días, le soy fiel y le profeso un profundo cariño".

Las dos madres: la que perdió en Auscwhitz y la adoptiva

Un encuentro muy esperado que tiene lugar en un día especial para esta anciana señora que irradia vida: el Día de la Madre en Polonia. "Para mí es un aniversario especial, porque he tenido dos madres: la que me dio a luz, y que me robaron en el campo de concentración cuando tenía tres años, y la madre polaca que me adoptó una vez libres y a la que debo mi salvación".

Tres regalos para el Pontífice: memoria, esperanza y oración

En esos pocos instantes al final de la audiencia, Lidia no pudo contarle al Papa toda su historia, pero le entregó tres regalos que simbolizan lo que ahora son las piedras angulares de su vida: la memoria, la esperanza, la oración. La memoria, representada por el pañuelo con una franja azul y blanca con la letra "P" de Polonia, sobre un fondo triangular rojo, que todos los prisioneros polacos utilizan en las ceremonias de conmemoración.

Esperanza, con un cuadro pintado por su asistente Renata Rechlik que la retrata de niña, de la mano de su madre, mientras observan de lejos desde las vías la entrada al campo de Birkenau, símbolo del principio del fin para millones de judíos y otros prisioneros. Por último, la oración: en las manos del Pontífice, Lidia colocó un rosario con la imagen de San Juan Pablo II, bendecido por su ahijado el sacerdote P. Dariusz. "Es el que uso cada día para rezar", añadió.

Deportada a la edad de 3 años

De hecho, Lidia no dejó de creer en Dios, a pesar del mal que se vertió sobre ella cuando sólo tenía tres años y, en 1941, fue arrancada de su hogar y de sus afectos, junto con su madre y sus abuelos maternos, deportados por ser sospechosos de colaborar con los partisanos. "Era pequeña, era muy joven, pero ya tenía una gran experiencia tras haber vivido escenas de guerra en la antigua Unión Soviética. Estaba preparada para el dolor, para el mal hecho por los hombres contra otros hombres, pero no esperaba experimentar lo que viví en Auschwitz".

"Fui deportada en un tren sólo apto para animales, quizá ni siquiera para eso. Cuando las puertas se abrieron, vi escenas terribles. Mis abuelos fueron separados de nosotros y de los demás, y luego enviados a un barracón con una chimenea de la que salía un humo con un hedor atroz. Mi madre y yo, sucias, hambrientas, asustadas, obedecíamos a los soldados que gritaban palabras incomprensibles mientras los perros ladraban. No entendíamos nada, hacíamos todo lo que nos decían, estábamos aterrorizadas".

Los experimentos de Mengele

Identificadas ambas en el campo como prisioneras polacas, con la "P" cosida en sus uniformes a rayas, la madre fue trasladada a los barracones de los trabajadores. Lidia, en cambio, a una "casa llena de niños de diferentes edades y nacionalidades". Era el barracón en el que trabajaba el médico Josef Mengele, el hombre que ya entonces era apodado el "ángel de la muerte".

Esa casa era el depósito que Mengele utilizaba para llevar a cabo sus experimentos con mujeres embarazadas, bebés gemelos y personas con malformaciones. Le habían enviado a Lidia porque era una "niña bonita y sana". Después de casi ochenta años, no recuerda lo que Mengele hizo con su cuerpecito, pero sí recuerda bien "el dolor" y su mirada: "Era una persona atroz, sin límites ni escrúpulos. Día tras día, muchas personas perdieron la vida en sus manos. Después de la guerra, se encontraron libros con referencias a números tatuados, incluido el mío".

El encuentro con su madre biológica después de 17 años

Una vez liberada, Lidia vivió una vida rocambolesca: fue acogida por una pareja polaca que representaba a su verdadera familia, luego fue trasladada a Rusia, a Moscú, donde explica que quisieron utilizar su historia con fines políticos, y finalmente regresó a Cracovia. En 1962, encontró a su madre natural a través de la Cruz Roja: "Nunca dejé de buscarla, aunque la creía muerta. Nos reencontramos después de 17 años".

Mientras tanto, su afecto se había fundido en las arenas del tiempo, al igual que los recuerdos de esos tres años que vivieron juntas antes de que el campo de concentración rompiera su vínculo. Después de tantos años, para Lidia aquella mujer -que entretanto había creado una nueva familia- era una figura del pasado a la que, sin embargo, debía mostrar gran respeto. Se abrazaron, lloraron, intercambiaron algunas palabras, pero Lidia decidió quedarse con su familia adoptiva, reconociéndola siempre como "mi primera madre".

Un llamamiento a los jóvenes: "Nunca más vuelva esta atrocidad"

Lidia Maksymowicz afirma hoy que está cansada, pero se aferra a la vida con todas sus fuerzas porque quiere cumplir una misión: mantener viva la memoria de las nuevas generaciones que crecen en una época en la que los fantasmas del racismo y el nacionalismo parecen resurgir. Lidia pide hacer un llamamiento a través de Vatican News y Radio Vaticano:

"En sus jóvenes manos está el futuro del mundo. Escuchen mis palabras, vayan a visitar Auschwitz - Birkenau y asegúrense de que esta atrocidad no vuelva jamás. Esa historia no debe repetirse jamás".

 

Francisco: El Padre Celestial siempre escucha nuestras oraciones

En la audiencia general de esta mañana, celebrada ante un número reducido de fieles en el Patio de San Dámaso, el Santo Padre prosiguió con su catequesis sobre la oración que centró en “la certeza de ser escuchados”. Al referirse a “la lección del Padrenuestro”, el Papa dijo que lo contrario “sería una suerte de magia que busca satisfacer los propios deseos e intereses sin verificar si son o no conformes al proyecto de Dios”

 

Vatican News

El Papa Francisco reanudó esta mañana la tradicional audiencia general de los miércoles, también en esta ocasión en el Patio de San Dámaso de la Ciudad del Vaticano, donde se congregó un número reducido de fieles y peregrinos de diversas nacionalidades para escuchar sus enseñanzas. En su 35ª catequesis sobre la oración, centrada en “la certeza de ser escuchados” el Santo Padre explicó que “Jesús nos llama a crecer en la fe, de modo que sea esta virtud la que guíe nuestra oración y todos nuestros deseos tengan como fin la mayor gloria de Dios”. 

La audiencia comenzó con la lectura del Evangelio según San Marcos (Mc 5, 22-24.35-36), que relata la intervención del Señor en favor del jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, quien suplicó la curación de su hija que, sin embargo, había fallecido y a la que Jesús despertó del sueño de la muerte, tras haberle dicho que no temiera, sino que tuviera fe. Este pasaje evangélico le dio la oportunidad al Papa de reflexionar sobre una dificultad que supone para muchos una verdadera piedra de tropiezo en su vida espiritual:

“¿Es verdad que Dios me escucha? Y si lo hace, ¿por qué no obtengo lo que pido?”

Nuestra mirada sobre las cosas es limitada

“Dos respuestas – dijo Francisco – se pueden dar a esta cuestión, la primera y más obvia es que nuestra mirada sobre las cosas es limitada y en la oración deberíamos intentar escuchar su voz y conformarnos a su designio de amor”. Y explicó que ésta es “la lección del Padrenuestro que en sus tres primeras peticiones nos llama a ponernos de parte de Dios: para que se haga su voluntad, venga su reino y sea santificado su nombre”.

“Mientras lo contrario `sería una suerte de magia que busca satisfacer los propios deseos e intereses sin verificar si son o no conformes al proyecto de Dios'”

Dios no siempre responde como esperamos

En cuanto a la segunda respuesta, el Papa dijo que es la más delicada, puesto que muchas personas rezan de forma humilde y piden cosas buenas, pero “Dios no siempre responde en la forma que esperamos”. Por esta razón conviene fijarnos en la lección que nos da el Evangelio:

“Jesús recibe muchas peticiones de multitud de fieles que se acercan a Él, a veces la respuesta es inmediata”

El Señor nos llama a la perseverancia

Sin embargo, en otras ocasiones – afirmó el Papa – “el Señor nos llama a la perseverancia, como a la mujer cananea que pedía por su hija, o a embarcarnos en un viaje de fe”. Y en el caso de Jairo, el jefe de la sinagoga, “primero siente que Jesús se detiene para atender otra petición, después recibe la noticia de que ya no hay esperanza”. De ahí que Francisco haya recordado que: “En todas estas situaciones Jesús nos llama a crecer en la fe, de modo que sea esta virtud la que guíe nuestra oración y todos nuestros deseos tengan como fin la mayor gloria de Dios”.

Saludos del Papa

Como es costumbre, después de saludar a los fieles en diversas lenguas y antes de rezar el Padrenuestro en latín, el Santo Padre impartió a todos su bendición apostólica, bendijo los rosarios que los peregrinos llevaban consigo y se detuvo unos minutos con todos ellos con muestras de cariño antes de regresar a sus actividades.

“Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. Los animo a dejarse guiar por el Espíritu que clama en nuestro interior ‘Abba, Padre’. Pidamos crecer en la fe, la esperanza y la caridad, para en todo y por todo buscar la gloria de Dios y la salvación de los hombres. Que el Señor los bendiga. Muchas gracias”

Al saludar a los fieles de lengua portuguesa el Santo Padre los animó a vivir siempre bajo la mirada de nuestra Madre del Cielo. “Ella – les dijo – consuela a todos los que están en la prueba y mantiene abierto el horizonte de la esperanza”. A los peregrinos francófonos Francisco les sugirió que, tras haber celebrado la fiesta de Pentecostés, deben dejar que el Espíritu Santo actúe y suscite la oración que conviene dirigir al Padre para “entrar generosamente en su voluntad”.

Al dar su cordial bienvenida a los peregrinos de habla alemana, el Papa les recordó que María, Madre de la Iglesia, “es el ejemplo luminoso de la oración perseverante que el Espíritu Santo inspira a los fieles”, por lo que manifestó su deseo de que Ella les obtenga “la gracia de no cesar nunca en la oración y en la acción de gracias”.

El Padre siempre noa escucha

A los fieles de lengua árabe el Papa también les recordó la celebración del domingo pasado de la fiesta de Pentecostés en la que Jesús envió el Espíritu Santo sobre nosotros, el Paráclito que fortalece nuestra fe y sostiene nuestra oración. Y los invitó a repetir la oración que el Señor nos enseñó: "Hágase tu voluntad" y no la nuestra.

Mientras a los fieles de habla inglesa el Santo Padre les dijo: “en este mes de mayo, unidos a la Virgen, crezcamos en la certeza de que nuestro Padre Celestial siempre nos escucha en nuestras oraciones”.   

Memoria de San Felipe Neri

Al saludar cordialmente a los peregrinos italianos Francisco recordó que Hoy se celebra la memoria litúrgica de San Felipe Neri, comúnmente llamado el "santo de la alegría". Por eso les deseó que “la alegría tranquilizadora, don del Señor, los acompañe y enriquezca el camino de cada uno de ellos.

Por último, el pensamiento del Santo Padre se dirigió a los ancianos, a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, a quienes exhortó “a cultivar la oración, porque es el único modo de alimentar la fe, en cuya luz todo puede ser comprendido y acogido”.

 

El Papa lanza la plataforma Laudato si': “hay que perseguir la ecología integral”

El Pontífice envía un video mensaje para el lanzamiento de la plataforma Laudato si': “Nuestro egoísmo, nuestra indiferencia y nuestros estilos irresponsables están amenazando el futuro de nuestros hijos. Cuidemos de nuestra madre Tierra”.

 

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

Hoy, junto al lanzamiento de la plataforma Laudato si’ – el programa que pretende implicar a todo el mundo católico en un proceso de conversión ecológica, según el espíritu de la encíclica Laudato si' y la ecología integral – el Santo Padre ha enviado un video mensaje para recordar que nuestro planeta está enfermo y urgen acciones ecológicas y eco-sostenibles.

Necesitamos una ecología humana integral y nuevos estilos de vida

En el video Francisco recuerda su Encíclica Laudato si', promulgada en 2015 y en la que invitó a todas las personas de buena voluntad a cuidar la Tierra, nuestra casa común y señala que, desde hace tiempo, “esta casa que nos acoge sufre las heridas que provocamos por una actitud depredadora, que nos hace sentir dueños del planeta y de sus recursos y nos autoriza a un uso irresponsable de los bienes que Dios nos ha dado”. Además – dice – “hoy, estas heridas se manifiestan dramáticamente en una crisis ecológica sin precedentes que afecta al suelo, al aire, al agua y al ecosistema en el que viven los seres humanos” y la actual pandemia ha sacado a la luz de forma aún más contundente el clamor de la naturaleza y el de los pobres, que son los que más sufren las consecuencias.

Ante este panorama, el Papa insiste, una vez más, en que “necesitamos un nuevo enfoque ecológico que transforme nuestra forma de habitar el mundo, nuestros estilos de vida, nuestra relación con los recursos de la Tierra y, en general, nuestra forma de ver al hombre y de vivir la vida”. De hecho, subraya que necesitamos una ecología humana integral “que involucre no sólo las cuestiones ambientales sino al hombre en su totalidad”.

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Tenemos una gran responsabilidad con las generaciones futuras

“¿Qué tipo de mundo queremos dejar a nuestros niños y jóvenes?” se pregunta el Papa, pues – continúa – “nuestro egoísmo, nuestra indiferencia y nuestros estilos irresponsables están amenazando el futuro de nuestros hijos”. De ahí su llamamiento a “cuidar de nuestra madre Tierra”, a “superar la tentación del egoísmo que nos convierte en depredadores de los recursos”, a “cultivar el respeto por los dones de la Tierra y de la creación” y a “inaugurar un estilo de vida y una sociedad por fin eco-sostenibles”. “De las manos de Dios hemos recibido un jardín; no podemos dejar un desierto a nuestros hijos” puntualiza.

Plataforma Laudato si' como resultado del Año Laudato si’

El año pasado el Papa Francisco proclamó el año Laudato si' y hoy esto se traduce en un proyecto de acción concreto: la Plataforma de Acción Laudato si'. “Un viaje de siete años que verá a nuestras comunidades comprometidas de diferentes maneras para llegar a ser totalmente sostenibles, en el espíritu de la ecología integral” dice el Papa.

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Es por ello que Francisco hoy invita a todos “a emprender juntos este camino”, y en particular se dirige a esas siete realidades: familias - parroquias y diócesis - escuelas y universidades - hospitales - empresas y granjas - organizaciones, grupos y movimientos - instituciones religiosas. “Trabajen juntos – pide el Papa – sólo así podremos crear el futuro que queremos: un mundo más inclusivo, fraternal, pacífico y sostenible”. Por último, asegura que, en estos próximos siete años, se perseguirá la visión de la ecología integral: “responder al grito de la Tierra, responder al grito de los pobres, la economía ecológica, adoptar un estilo de vida sencillo, la educación ecológica, la espiritualidad ecológica y el compromiso comunitario”. “Hay esperanza – dice el Santo Padre – todos podemos colaborar, cada uno con su propia cultura y experiencia, cada uno con sus propias iniciativas y capacidades”.

A continuación, el video mensaje del Santo Padre en italiano: 

 

 

JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE*

Memoria

— Jesús supremo Sacerdote para siempre.

— Alma sacerdotal de todos los cristianos. La dignidad del sacerdocio.

— El sacerdote, instrumento de unidad.

I. El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec1.

La Epístola a los Hebreos define con exactitud al sacerdote cuando dice que es un hombre escogido entre los hombres, y está constituido en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados2. Por eso, el sacerdote, mediador entre Dios y los hombres, está íntimamente ligado al Sacrificio que ofrece, pues este es el principal acto de culto en el que se expresa la adoración que la criatura tributa a su Creador.

En el Antiguo Testamento, los sacrificios eran ofrendas que se hacían a Dios en reconocimiento de su soberanía y en agradecimiento por los dones recibidos, mediante la destrucción total o parcial de la víctima sobre un altar. Eran símbolo e imagen del auténtico sacrificio que Jesucristo, llegada la plenitud de los tiempos, habría de ofrecer en el Calvario. Allí, constituido Sumo Sacerdote para siempre, Jesús se ofreció a Sí mismo como Víctima gratísima a Dios, de valor infinito: quiso ser al mismo tiempo sacerdote, víctima y altar3. En el Calvario, Jesús, Sumo Sacerdote, hizo la ofrenda de alabanza y acción de gracias más grata a Dios que puede concebirse. Fue tan perfecto este Sacrificio de Cristo que no puede pensarse otro mayor4. A la vez, fue una ofrenda de carácter expiatorio y propiciatorio por nuestros pecados. Una gota de la Sangre derramada por Cristo hubiera bastado para redimir todos los pecados de la humanidad de todos los tiempos. En la Cruz, la petición de Cristo por sus hermanos los hombres fue escuchada con sumo agrado por el Padre, y ahora continúa en el Cielo siempre vivo para interceder por nosotros5. «Jesucristo en verdad es sacerdote, pero sacerdote para nosotros, no para sí, al ofre»6. Este es hoy nuestro propósito.

II. De la misión redentora de Cristo Sacerdote participa toda la Iglesia, «y su cumplimiento se encomienda a todos los miembros del Pueblo de Dios que, por los sacramentos de iniciación, se hacen partícipes del sacerdocio de Cristo para ofrecer a Dios un sacrificio espiritual y dar testimonio de Jesucristo ante los hombres»7. Todos los fieles laicos participan de este sacerdocio de Cristo, aunque de un modo esencialmente diferente, y no solo de grado, que los presbíteros. Con alma verdaderamente sacerdotal, santifican el mundo a través de sus tareas seculares, realizadas con perfección humana, y buscan en todo la gloria de Dios: la madre de familia sacando adelante sus tareas del hogar, el militar dando ejemplo de amor a la patria a través principalmente de las virtudes castrenses, el empresario haciendo progresar la empresa y viviendo la justicia social... Todos, reparando por los pecados que cada día se cometen en el mundo, ofreciendo en la Santa Misa sus vidas y sus trabajos diarios.

Los sacerdotes –Obispos y presbíteros– han sido llamados expresamente por Dios, «no para estar separados ni del pueblo mismo ni de hombre alguno, sino para consagrarse totalmente a la obra para la que el Señor los llama. No podrían ser ministros de Cristo si no fueran testigos y dispensadores de una vida distinta de la terrena, ni podrían servir si permanecieran ajenos a la vida y condiciones de los mismos»8. El sacerdote ha sido entresacado de entre los hombres para ser investido de una dignidad que causa asombro a los mismos ángeles, y nuevamente devuelto a los hombres para servirles especialmente en lo que mira a Dios, con una misión peculiar y única de salvación. El sacerdote hace en muchas circunstancias las veces de Cristo en la tierra: tiene los poderes de Cristo para perdonar los pecados, enseña el camino del Cielo..., y sobre todo presta su voz y sus manos a Cristo en el momento sublime de la Santa Misa: en el Sacrificio del Altar consagra in persona Christi, haciendo las veces de Cristo. No hay dignidad comparable a la del sacerdote. «Solo la divina maternidad de María supera este divino ministerio»9.

El sacerdocio es un don inmenso que Jesucristo ha dado a su Iglesia. El sacerdote es «instrumento inmediato y diario de esa gracia salvadora que Cristo nos ha ganado. Si se comprende esto, si se ha meditado en el activo silencio de la oración, ¿cómo considerar el sacerdocio una renuncia? Es una ganancia que no es posible calcular. Nuestra Madre Santa María, la más santa de las criaturas –más que Ella solo Dios– trajo una vez al mundo a Jesús; los sacerdotes lo traen a nuestra tierra, a nuestro cuerpo y a nuestra alma, todos los días: viene Cristo para alimentarnos, para vivificarnos, para ser, ya desde ahora, prenda de la vida futura»10.

Hoy es un día para agradecer a Jesús un don tan grande. ¡Gracias, Señor, por las llamadas al sacerdocio que cada día diriges a los hombres! Y hacemos el propósito de tratarlos con más amor, con más reverencia, viendo en ellos a Cristo que pasa, que nos trae los dones más preciados que un hombre puede desear. Nos trae la vida eterna.

III. San Juan Crisóstomo, bien consciente de la dignidad y de la responsabilidad de los sacerdotes, se resistió al principio a ser ordenado, y se justificaba con estas palabras: «Si el capitán de un gran navío, lleno de remeros y cargado de preciosas mercancías, me hiciera sentar junto al timón y me mandara atravesar el mar Egeo o el Tirreno, yo me resistiría a la primera indicación. Y si alguien me preguntara por qué, respondería inmediatamente: porque no quiero echar a pique el navío»11. Pero, como comprendió bien el Santo, Cristo está siempre muy cerca del sacerdote, cerca de la nave. Además, Él ha querido que los sacerdotes se vean amparados continuamente por el aprecio y la oración de todos los fieles de la Iglesia: «Ámenlos con filial cariño, como a sus pastores y padres –insiste el Concilio Vaticano II–; participando de sus solicitudes, ayuden en lo posible, por la oración y de obra, a sus presbíteros, a fin de que estos puedan superar mejor sus dificultades y cumplir más fructuosamente sus deberes»12: para que sean siempre ejemplares y basen su eficacia en la oración, para que celebren la Santa Misa con mucho amor y cuiden de las cosas santas de Dios con el esmero y respeto que merecen, para que visiten a los enfermos y cuiden con empeño de la catequesis, para que conserven siempre esa alegría que nace de la entrega y que tanto ayuda incluso a los más alejados del Señor...

Hoy es un día en el que podemos pedir más especialmente para que los sacerdotes estén siempre abiertos a todos y desprendidos de sí mismos, «pues el sacerdote no se pertenece a sí mismo, como no pertenece a sus parientes y amigos, ni siquiera a una determinada patria: la caridad universal es lo que ha de respirar. Los mismos pensamientos, voluntad, sentimientos, no son suyos, sino de Cristo, su vida»13.

El sacerdote es instrumento de unidad. El deseo del Señor es ut omnes unum sint14, que todos sean uno. Él mismo señaló que todo reino dividido contra sí será desolado y que no hay ciudad ni hogar que subsista si se pierde la unidad. Los sacerdotes deben ser solícitos en conservar la unidad15, y esta exhortación de San Pablo «se refiere, sobre todo, a los que han sido investidos del Orden sagrado para continuar la misión de Cristo»16. Es el sacerdote el que principalmente debe velar por la concordia entre los hermanos, el que vigila para que la unidad en la fe sea más fuerte que los antagonismos provocados por diferencias de ideas en cosas accidentales y terrenas17. Al sacerdote corresponde, con su ejemplo y su palabra, mantener entre sus hermanos la conciencia de que ninguna cosa humana es tan importante como para destruir la maravillosa realidad del cor unum et anima una18 que vivieron los primeros cristianos y que hemos de vivir nosotros. Esta misión de unidad la podrá lograr con más facilidad si está abierto a todos, si es apreciado por sus hermanos. «Pide para los sacerdotes, los de ahora y los que vendrán, que amen de verdad, cada día más y sin discriminaciones, a sus hermanos los hombres, y que sepan hacerse querer de ellos»19.

El Papa Juan Pablo II, dirigiéndose a todos los sacerdotes del mundo, les exhortaba con estas palabras: «Al celebrar la Eucaristía en tantos altares del mundo, agradecemos al eterno Sacerdote el don que nos ha dado en el sacramento del Sacerdocio. Y que en esta acción de gracias se puedan escuchar las palabras puestas por el evangelista en boca de María con ocasión de la visita a su prima Isabel: Ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre (Lc 1, 49). Demos también gracias a María por el inefable don del Sacerdocio por el cual podemos servir en la Iglesia a cada hombre. ¡Que el agradecimiento despierte también nuestro celo (...)!

»Demos gracias incesantemente por esto; con toda nuestra vida; con todo aquello de que somos capaces. Juntos demos gracias a María, Madre de los sacerdotes. ¿Cómo podré pagar al Señor todo el bien que me ha hecho? La copa de salvación levantaré e invocaré el nombre del Señor (Sal 115, 12-13)»20.

1 Antífona de entrada. Sal 109, 4. — 2 Heb 5, 1. — 3 Misal Romano, Prefacio pascual V. — 4 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 3, q. 48, a. 3. — 5 Heb 7, 25. — 6 Pío XII, Enc. Mediator Dei, 20-II-1947, 22. — 7 A. del Portillo, Escritos sobre el sacerdocio, p. 39. — 8 Conc. Vat. II, Decr. Presbyterorum ordinis, 3. — 9 R. Garrigou-Lagrange, La unión del sacerdote con Cristo, Sacerdote y Víctima, Rialp, 2ª ed., Madrid 1962, p. 173. — 10 San Josemaría Escrivá, Amar a la Iglesia, pp. 71-72. — 11 San Juan Crisóstomo, Tratado sobre el sacerdocio, III, 7. — 12 Conc. Vat. II, loc. cit., 9. — 13 Pío XII, Discurso póstumo, cit. por Juan XXIII en Sacerdotii Nostri primordia, 4-VIII-1959. — 14 Jn 17, 21. — 15 Ef 4, 3. — 16 Conc. Vat. II, Decr. Unitatis redintegratio, 7. — 17 Cfr. F. Suárez, El sacerdote y su ministerio, Rialp, Madrid 1969, pp. 24-25. — 18 Hech 4, 32. — 19 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 964. — 20 Juan Pablo II, Carta a los sacerdotes, 25-III-1988.

De la misión redentora de Cristo Sacerdote participa toda la Iglesia. A través de los sacramentos de la iniciación cristiana los fieles laicos participan de este sacerdocio de Cristo y quedan capacitados para santificar el mundo a través de sus tareas seculares. Los presbíteros, de un modo esencialmente diferente y no solo de grado, participan del sacerdocio de Cristo y son constituidos mediadores entre Dios y los hombres, especialmente a través del Sacrificio de la Misa, que realizan in Persona Christi. Hoy es un día en el que de modo particular debemos pedir por todos los sacerdotes.

 

 

Evangelio del jueves: fe a gritos

Comentario del jueves de la 8° semana del tiempo ordinario. “Y muchos le reprendían para que se callara. Pero él gritaba mucho más”. Ningún obstáculo en la tierra tiene la fuerza de ahogar el don de la fe, si la vivimos con la oración perseverante.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Mc 10,46-52)

En aquel tiempo:

Cuando salía Jesús de Jericó con sus discípulos y una gran multitud, un ciego, Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al lado del camino pidiendo limosna. Y al oír que era Jesús Nazareno, comenzó a decir a gritos:

— ¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!

Y muchos le reprendían para que se callara. Pero él gritaba mucho más:

— ¡Hijo de David, ten piedad de mí!

Se paró Jesús y dijo:

— Llamadle.

Llamaron al ciego diciéndole:

— ¡Ánimo!, levántate, te llama.

Él, arrojando su manto, dio un salto y se acercó a Jesús.

Jesús le preguntó:

— ¿Qué quieres que te haga?

— Rabboni, que vea — le respondió el ciego.

Entonces Jesús le dijo:

 

— Anda, tu fe te ha salvado. Y al instante recobró la vista. Y le seguía por el camino.


Comentario

Bien conocido debía de ser entre los discípulos el personaje del evangelio de hoy, cuando el evangelista menciona su nombre y el de su padre. Es fácil imaginarlo contando su inolvidable experiencia a la salida de Jericó. Contemplemos este encuentro entre estos dos hombres: el hijo de Timeo y el hijo de David. El primero es ciego y pobre; el segundo es luz del mundo y rico en misericordia.

La ceguera y la pobreza no impiden a Bartimeo oír. En sus largas horas “al lado del camino” sonaban de vez en cuando las monedas que aliviaban su penuria. Aquel día, en cambio, sus oídos escucharon algo novedoso: pasaba por ahí el Maestro de Nazaret. Y empezó a gritar suplicando piedad. Escuchó luego los reproches de muchos que le hacían callar. Pero sus gritos eran más fuertes y llegaron hasta los oídos de Jesús, que le hizo llamar. Despreciando lo poco que tenía, el manto y algunas monedas, se encontró con el mismo Dios. Se cumplió lo que quizá Bartimeo había rezado ya muchas veces: “Señor, escucha mi oración, llegue hasta Ti mi clamor” (Salmo 102,2).

Y Bartimeo, con su sonora fe, obtiene del Mastro la curación. Y la historia continúa con una nueva vida. Ya no está “al lado” sino en el camino, recorriéndolo. Jesús es su Camino. En Bartimeo parece cumplirse lo que también testimonia San Pablo: “olvidando lo que queda atrás, una cosa intento: lanzarme hacia lo que tengo por delante” (Filipenses 3,13).

Con frecuencia nos puede pasar que no vemos claro nuestro camino. Es el momento de avivar la fe con una oración más perseverante, dispuestos a escuchar también el consejo de un buen amigo (“Ánimo, levántate, te llama”) y obtener por fin la fuerza que nos impulsa a saltar, dejando lo que pueda ser un estorbo para seguir al Maestro: el manto, nuestra ceguera, nuestro pasado... Hagamos nuestra la súplica de Bartimeo, como nos aconseja San Josemaría: “Ponte cada día delante del Señor y, como aquel hombre necesitado del Evangelio, dile despacio, con todo el afán de tu corazón: Domine, ut videam! —¡Señor, que vea!; que vea lo que Tú esperas de mí y luche para serte fiel”.

 

“Reina de la paz, ruega por nosotros”

Santa María es –así la invoca la Iglesia– la Reina de la paz. Por eso, cuando se alborota tu alma, el ambiente familiar o el profesional, la convivencia en la sociedad o entre los pueblos, no ceses de aclamarla con ese título: «Regina pacis, ora pro nobis!» –Reina de la paz, ¡ruega por nosotros! ¿Has probado, al menos, cuando pierdes la tranquilidad?... –Te sorprenderás de su inmediata eficacia. (Surco, 874)

27 de mayo

No hay paz en muchos corazones, que intentan vanamente compensar la intranquilidad del alma con el ajetreo continuo, con la pequeña satisfacción de bienes que no sacian, porque dejan siempre el amargo regusto de la tristeza. (...)

Cristo, que es nuestra paz, es también el Camino (Ioh XIV, 6.). Si queremos la paz, hemos de seguir sus pasos. La paz es consecuencia de la guerra, de la lucha, de esa lucha ascética, íntima, que cada cristiano debe sostener contra todo lo que, en su vida, no es de Dios: contra la soberbia, la sensualidad, el egoísmo, la superficialidad, la estrechez de corazón. Es inútil clamar por el sosiego exterior si falta tranquilidad en las conciencias, en el fondo del alma, porque del corazón es de donde salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias (Mt XV, 19.). (Es Cristo que pasa, 73)

 

 

«La oración no es una varita mágica: es un diálogo con el Señor»

Durante la catequesis del miércoles Francisco reflexionó sobre algo que “supone para muchos una verdadera piedra de tropiezo en su vida espiritual. ¿Es verdad que Dios me escucha? Y si lo hace, ¿por qué no obtengo lo que pido?”. Dijo que puede haber dos razones. En primer lugar porque puede haber deseos que no convienen. En segundo lugar, porque en ocasiones Dios “llama a crecer en la fe” y en la “perseverancia”, por lo que no concede lo que se le pide de modo inmediato.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA26/05/2021

Queridos hermanos y hermanas:

Hay una contestación radical a la oración, que deriva de una observación que todos hacemos: nosotros rezamos, pedimos, sin embargo, a veces parece que nuestras oraciones no son escuchadas: lo que hemos pedido –para nosotros o para otros– no sucede. Nosotros tenemos esta experiencia, muchas veces.

NOSOTROS REZAMOS, PEDIMOS, SIN EMBARGO, A VECES PARECE QUE NUESTRAS ORACIONES NO SON ESCUCHADAS

Si además el motivo por el que hemos rezado era noble (como puede ser la intercesión por la salud de un enfermo, o para que cese una guerra), el incumplimiento nos parece escandaloso. Por ejemplo, por las guerras: nosotros estamos rezando para que terminen las guerras, estas guerras en tantas partes del mundo, pensemos en Yemen, pensemos en Siria, países que están en guerra desde hace años, ¡años! Países atormentados por las guerras, nosotros rezamos y no terminan. ¿Pero cómo puede ser esto? «Hay quien deja de orar porque piensa que su oración no es escuchada» (Catecismo de la Iglesia Católica, n.2734).

Pero si Dios es Padre, ¿por qué no nos escucha? Él, que ha asegurado que da cosas buenas a los hijos que se lo piden (cfr. Mt 7,10), ¿por qué no responde a nuestras peticiones? Todos nosotros tenemos experiencia de esto: hemos rezado, rezado, por la enfermedad de este amigo, de este papá, de esta mamá y después se han ido, Dios no nos ha escuchado. Es una experiencia de todos nosotros.

El Catecismo nos ofrece una buena síntesis sobre la cuestión. Nos advierte del riesgo de no vivir una auténtica experiencia de fe, sino de transformar la relación con Dios en algo mágico.

La oración no es una varita mágica: es un diálogo con el Señor. De hecho, cuando rezamos podemos caer en el riesgo de no ser nosotros quienes servimos a Dios, sino pretender que sea Él quien nos sirva a nosotros (cfr. n. 2735).

He aquí, pues, una oración que siempre reclama, que quiere dirigir los sucesos según nuestro diseño, que no admite otros proyectos si no nuestros deseos. Jesús sin embargo tuvo una gran sabiduría poniendo en nuestros labios el “Padre nuestro”. Es una oración solo de peticiones, como sabemos, pero las primeras que pronunciamos están todas del lado de Dios. Piden que se cumpla no nuestro proyecto, sino su voluntad en relación con el mundo. Mejor dejar hacer a Él: «Sea santificado tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad» (Mt 6,9-10).

CUANDO REZAMOS PODEMOS CAER EN EL RIESGO DE NO SER NOSOTROS QUIENES SERVIMOS A DIOS, SINO PRETENDER QUE SEA ÉL QUIEN NOS SIRVA A NOSOTROS

Y el apóstol Pablo nos recuerda que nosotros no sabemos ni siquiera qué sea conveniente pedir (cfr. Rm 8,26).

Nosotros pedimos por nuestras necesidades, las cosas que nosotros queremos, “¿pero esto es más conveniente o no?”. Pablo nos dice: nosotros ni siquiera sabemos qué es conveniente pedir. Cuando rezamos debemos ser humildes: esta es la primera actitud para ir a rezar. Así como está la costumbre en muchos lugares que, para ir a rezar a la iglesia, las mujeres se ponen el velo o se toma el agua bendita para empezar a rezar, así debemos decirnos, antes de la oración, lo que sea más conveniente, que Dios me dé lo que sea más conveniente: Él sabe.

Cuando rezamos tenemos que ser humildes, para que nuestras palabras sean efectivamente oraciones y no un vaniloquio que Dios rechaza. Se puede también rezar por motivos equivocados: por ejemplo, derrotar el enemigo en guerra, sin preguntarnos qué piensa Dios de esa guerra. Es fácil escribir en un estandarte “Dios está con nosotros”; muchos están ansiosos por asegurar que Dios está con ellos, pero pocos se preocupan por verificar si ellos están efectivamente con Dios.

En la oración, es Dios quien nos debe convertir, no somos nosotros los que debemos convertir a Dios. Es la humildad. Yo voy a rezar pero Tú, Señor, convierte mi corazón para que pida lo que es conveniente, pida lo que sea mejor para mi salud espiritual.

CUANDO REZAMOS DEBEMOS SER HUMILDES: ESTA ES LA PRIMERA ACTITUD PARA IR A REZAR

Sin embargo, un escándalo permanece: cuando los hombres rezan con corazón sincero, cuando piden bienes que corresponden al Reino de Dios, cuando una madre reza por el hijo enfermo, ¿por qué a veces parece que Dios no escucha? Para responder a esta pregunta, es necesario meditar con calma los Evangelios. Los pasajes de la vida de Jesús están llenos de oraciones: muchas personas heridas en el cuerpo y en el espíritu le piden ser sanadas; está quien le pide por un amigo que ya no camina; hay padres y madres que le llevan hijos e hijas enfermos… Todas son oraciones impregnadas de sufrimiento. Es un coro inmenso que invoca: “¡Ten piedad de nosotros!”.

Vemos que a veces la respuesta de Jesús es inmediata, sin embargo, en otros casos esta se difiere en el tiempo: parece que Dios no responde. Pensemos en la mujer cananea que suplica a Jesús por la hija: esta mujer debe insistir mucho tiempo para ser escuchada (cfr. Mt 15,21-28). Tiene también la humildad de escuchar una palabra de Jesús que parece un poco ofensiva: no tenemos que tirar el pan a los perros, a los perritos. Pero a esta mujer no le importa la humillación: le importa la salud de la hija. Y va adelante: “Sí, también los perritos comen de lo que cae de la mesa”, y esto le gusta a Jesús. La valentía en la oración. O pensemos también en el paralítico llevado por sus cuatro amigos: inicialmente Jesús perdona sus pecados y tan solo en un segundo momento lo sana en el cuerpo (cfr. Mc 2,1-12).

Por tanto, en alguna ocasión la solución del drama no es inmediata. También en nuestra vida, cada uno de nosotros tiene esta experiencia. Tenemos un poco de memoria: cuántas veces hemos pedido una gracia, un milagro, digámoslo así, y no ha sucedido nada. Después, con el tiempo, las cosas se han arreglado, pero según el modo de Dios, el modo divino, no según lo que nosotros queríamos en ese momento. El tiempo de Dios no es nuestro tiempo.

JESÚS, EN EL EVANGELIO, DICE QUE LA FE MUEVE MONTAÑAS. PERO, TENER LA FE EN SERIO

Desde este punto de vista, merece atención sobre todo la sanación de la hija de Jairo (cfr. Mc 5,21-33). Hay un padre que corre sin aliento: su hija está mal y por este motivo pide la ayuda de Jesús. El Maestro acepta enseguida, pero mientras van hacia la casa tiene lugar otra sanación, y después llega la noticia de que la niña está muerta. Parece el final, pero Jesús dice al padre: «No temas; solamente ten fe» (Mc 5,36). “Sigue teniendo fe”: porque la fe sostiene la oración. Y de hecho, Jesús despertará a esa niña del sueño de la muerte. Pero por un cierto tiempo, Jairo ha tenido que caminar a oscuras, con la única llama de la fe. ¡Señor, dame la fe! ¡Que mi fe crezca! Pedir esta gracia, de tener fe. Jesús, en el Evangelio, dice que la fe mueve montañas. Pero, tener la fe en serio. Jesús, delante de la fe de sus pobres, de sus hombres, cae vencido, siente una ternura especial, delante de esa fe. Y escucha.

También la oración que Jesús dirige al Padre en el Getsemaní parece permanecer sin ser escuchada: “Padre, si es posible, aleja de mí esto que me espera”. Parece que el Padre no lo ha escuchado. El Hijo tendrá que beber hasta el fondo el cáliz de la Pasión. Pero el Sábado Santo no es el capítulo final, porque al tercer día, es decir el domingo, está la resurrección.

El mal es señor del penúltimo día: recordad bien esto. El mal nunca es un señor del último día, no: del penúltimo, el momento donde es más oscura la noche, precisamente antes de la aurora. Allí, en el penúltimo día está la tentación donde el mal nos hace entender que ha vencido: “¿has visto?, ¡he vencido yo!”. El mal es señor del penúltimo día: el último día está la resurrección. Pero el mal nunca es señor del último día: Dios es el Señor del último día. Porque ese pertenece solo a Dios, y es el día en el que se cumplirán todos los anhelos humanos de salvación.

Aprendamos esta paciencia humilde de esperar la gracia del Señor, esperar el último día. Muchas veces, el penúltimo día es muy feo, porque los sufrimientos humanos son feos. Pero el Señor está y en el último día Él resuelve todo.


Algunos recursos relacionados con la catequesis del papa Francisco sobre la oración

• Conocerle y conocerte (V): Cómo nos habla Dios.

• ¿Qué es la oración?, ¿cómo se hace?, ¿Dios escucha y responde? (de la serie Preguntas sobre la fe cristiana)

• «Dejé de rezar porque no se cumplía nada de lo que pedía» (Historia de “Regreso a Ítaca”, volver a creer a los 50)

• Catequesis del Papa Francisco sobre el Padre nuestro.

• Serie Conocerle y conocerte sobre la oración.

• Meditación del prelado del Opus Dei sobre la oración (15 min.)

 

 

Frases de San Josemaría sobre los sacerdotes

Selección de textos breves de San Josemaría sobre la vida y la vocación de los sacerdotes, con motivo de la solemnidad de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote.

BIBLIOGRAFÍA Y ENSAYOS27/05/2021

1. ¿Cuál es la identidad del sacerdote? La de Cristo. Todos los cristianos podemos y debemos ser no ya alter Christus sino ipse Christus, otros Cristos, ¡el mismo Cristo! Pero en el sacerdote esto se da inmediatamente, de forma sacramental (Amar a la Iglesia, 38).

2. A los sacerdotes se nos pide la humildad de aprender a no estar de moda, de ser realmente siervos de los siervos de Dios (...), para que los cristianos corrientes, los laicos, hagan presente, en todos los ambientes de la sociedad, a Cristo (Conversaciones, 59).

3. Un sacerdote que vive de este modo la Santa Misa -adorando, expiando, impetrando, dando gracias, identificándose con Cristo-, y que enseña a los demás a hacer del Sacrificio del Altar el centro y la raíz de la vida del cristiano, demostrará realmente la grandeza incomparable de su vocación, ese carácter con el que está sellado, que no perderá por toda la eternidad (Amar a la Iglesia, 49).

4. He concebido siempre mi labor de sacerdote y de pastor de almas como una tarea encaminada a situar a cada uno frente a las exigencias completas de su vida, ayudándole a descubrir lo que Dios, en concreto, le pide, sin poner limitación alguna a esa independencia santa y a esa bendita responsabilidad individual, que son características de una conciencia cristiana (Es Cristo que pasa, 99).

5. ¡Valor de la piedad en la Santa Liturgia!

Nada me extrañó lo que, hace unos días, me comentaba una persona hablando de un sacerdote ejemplar, fallecido recientemente: ¡qué santo era!

—¿Le trató Vd. mucho?, le pregunté.

—No —me contestó—, pero le vi una vez celebrar la Santa Misa (Forja, 645).

6. No quiero —por sabido— dejar de recordarte otra vez que el Sacerdote es "otro Cristo". —Y que el Espíritu Santo ha dicho: "nolite tangere Christos meos" —no queráis tocar a "mis Cristos" (Camino, 67).

7. El trabajo —por decirlo así— profesional de los sacerdotes es un ministerio divino y público, que abraza exigentemente toda la actividad hasta tal punto que, en general, si a un sacerdote le sobra tiempo para otra labor que no sea propiamente sacerdotal, puede estar seguro de que no cumple el deber de su ministerio (Amigos de Dios, 265).

8. Cristo, que subió a la Cruz con los brazos abiertos de par en par, con gesto de Sacerdote Eterno, quiere contar con nosotros —¡que no somos nada!—, para llevar a "todos" los hombres los frutos de su Redención (Forja, 4).

9. Ni a la derecha ni a la izquierda, ni al centro. Yo, como sacerdote, procuro estar con Cristo, que sobre la Cruz abrió los dos brazos y no sólo uno de ellos: tomo con libertad, de cada grupo, aquello que me convence, y que me hace tener el corazón y los brazos acogedores, para toda la humanidad (Conversaciones, 44).

10. Aquel sacerdote amigo trabajaba pensando en Dios, asido a su mano paterna, y ayudando a que los demás asimilaran estas ideas madres. Por eso, se decía: cuando tú mueras, todo seguirá bien, porque continuará ocupándose Él (Surco, 884).

11. Me convenció aquel sacerdote amigo nuestro. Me hablaba de su labor apostólica, y me aseguraba que no hay ocupaciones poco importantes. Debajo de este campo cuajado de rosas —decía—, se esconde el esfuerzo silencioso de tantas almas que, con su trabajo y oración, con su oración y trabajo, han conseguido del Cielo un raudal de lluvias de la gracia, que todo lo fecunda (Surco, 530).

12. ¡Vive la Santa Misa!

—Te ayudará aquella consideración que se hacía un sacerdote enamorado: ¿es posible, Dios mío, participar en la Santa Misa y no ser santo?

—Y continuaba: ¡me quedaré metido cada día, cumpliendo un propósito antiguo, en la Llaga del Costado de mi Señor!

—¡Anímate! (Forja, 934).

13. Ser cristiano —y de modo particular ser sacerdote; recordando también que todos los bautizados participamos del sacerdocio real— es estar de continuo en la Cruz (Forja, 882).

14. No nos acostumbremos a los milagros que se operan ante nosotros: a este admirable portento de que el Señor baje cada día a las manos del sacerdote. Jesús nos quiere despiertos, para que nos convenzamos de la grandeza de su poder, y para que oigamos nuevamente su promesa: venite post me, et faciam vos fieri piscatores hominum, si me seguís, os haré pescadores de hombres; seréis eficaces, y atraeréis las almas hacia Dios. Debemos confiar, por tanto, en esas palabras del Señor: meterse en la barca, empuñar los remos, izar las velas, y lanzarse a ese mar del mundo que Cristo nos entrega como heredad (Es Cristo que pasa, 159).

Si es verdad que arrastramos miserias personales, también lo es que el Señor cuenta con nuestros errores. No escapa a su mirada misericordiosa que los hombres somos criaturas con limitaciones, con flaquezas, con imperfecciones, inclinadas al pecado. Pero nos manda que luchemos, que reconozcamos nuestros defectos; no para acobardarnos, sino para arrepentirnos y fomentar el deseo de ser mejores (Es Cristo que pasa, 159).

15. Sacerdote, hermano mío, habla siempre de Dios, que, si eres suyo, no habrá monotonía en tus coloquios (Forja, 965).

16. La guarda del corazón. —Así rezaba aquel sacerdote: "Jesús, que mi pobre corazón sea huerto sellado; que mi pobre corazón sea un paraíso, donde vivas Tú; que el Ángel de mi Guarda lo custodie, con espada de fuego, con la que purifique todos los afectos antes de que entren en mí; Jesús, con el divino sello de tu Cruz, sella mi pobre corazón" (Forja, 412).

17. Cuando daba la Sagrada Comunión, aquel sacerdote sentía ganas de gritar: ¡ahí te entrego la Felicidad! (Forja, 267)

18. Para no escandalizar, para no producir ni la sombra de la sospecha de que los hijos de Dios son flojos o no sirven, para no ser causa de desedificación..., vosotros habéis de esforzaros en ofrecer con vuestra conducta la medida justa, el buen talante de un hombre responsable (Amigos de Dios, 70).

 

Vosotros sois la luz del mundo

La fe es un regalo de Dios que nos cambia la vida. La serie de editoriales que ahora comenzamos con el título “La luz de la fe” —dirigida a creyentes, vacilantes y no creyentes abiertos a Dios— desea ayudar a descubrirlo, y a compartir el hallazgo.

LA LUZ DE LA FE09/05/2017

«El pueblo que yacía en tinieblas ha visto una gran luz; para los que yacían en región y sombra de muerte una luz ha amanecido» (Mt 4,16). De la mano del profeta Isaías, san Mateo presenta bajo el signo de la luz el inicio de la actividad apostólica del Señor en Galilea, tierra de transición entre Israel y el mundo pagano. Jesús, como profetizaba el anciano Simeón décadas antes con el Niño entre sus brazos, es «luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel» (Lc 2,32). Lo dirá el Señor de sí mismo: «Yo soy la luz del mundo» (Jn 8,12). Con la luz de la fe, con la luz que es Él, la realidad adquiere su verdadera profundidad, la vida encuentra su sentido. Sin ella, al final parece que «todo se vuelve confuso, es imposible distinguir el bien del mal, la senda que lleva a la meta de aquella otra que nos hace dar vueltas y vueltas, sin una dirección fija»[1].

Son muchas las personas que, a veces sin saberlo, buscan a Dios. Buscan su felicidad, que solo pueden encontrar en Dios, porque su corazón está hecho por Él y para Él. «Ya estás tú en sus corazones —reza San Agustín—, en los corazones de los que te confiesan, y se arrojan en ti, y lloran en tu seno a vista de sus caminos difíciles (…) porque eres tú, Señor, y no un hombre de carne y sangre; eres tú, Señor, que los hiciste, quien los restablece y consuela»[2]. Sin embargo, también hay quienes esperan encontrar la felicidad en otra parte, como si el Dios de los cristianos fuera un competidor de sus ansias de felicidad. En realidad, le están buscando a Él: se encaran solo «con la sombra de Jesucristo, porque a Cristo no lo conocen, ni han visto la belleza de su rostro, ni saben la maravilla de su doctrina»[3].

SON MUCHAS LAS PERSONAS QUE, A VECES SIN SABERLO, BUSCAN A DIOS: SU CORAZÓN ESTÁ HECHO POR ÉL Y PARA ÉL.

—«¿Crees tú en el Hijo del Hombre?» —pregunta Jesús al ciego de nacimiento, que ha recobrado ya la vista. —«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» (Jn 9,35s). En todos los rincones del mundo hay hombres y mujeres que, en el fondo de la indiferencia u hostilidad que puedan mostrar hacia la fe, esperan quien les indique dónde está Dios, dónde está el que puede iluminar sus ojos y saciar su sed. Retratan bien su situación unas palabras que san Ireneo escribe sobre Abrahán: «Cuando, siguiendo el ardiente deseo de su corazón, peregrinaba por el mundo preguntándose dónde estaba Dios, y comenzó a flaquear y estaba a punto de desistir en la búsqueda, Dios tuvo piedad de aquel que, solo, le buscaba en silencio»[4]. A cada uno de ellos debemos llegarnos los cristianos, con el convencimiento humilde y sereno de que sabemos de Aquel a quien buscan (cfr. Jn 1,45s; Hch 17,23), aunque también nosotros constatemos tantas veces que aún no le conocemos bien. A todos los cristianos el Señor nos dice: «vosotros sois la luz del mundo» (Mt 5,14); «dadles vosotros de comer» (Mt 14,16).

Levadura de esta masa

El Evangelio «es una respuesta que cae en lo más hondo del ser humano. Es la verdad que no pasa de moda porque es capaz de penetrar allí donde nada más puede llegar»[5], porque alcanza a «iluminar toda la existencia del hombre»[6], a diferencia de los saberes humanos, que solo consiguen esclarecer algunas dimensiones de la vida. Sin embargo, esta luz que «brilla en las tinieblas» (Jn 1,5) se encuentra con frecuencia con la frialdad de un mundo que tiene por real solamente lo que se puede ver y tocar, lo que se deja ver a la luz de la ciencia o del consenso social. Por una inercia cultural de siglos, la fe se percibe a veces como «un salto que damos en el vacío, por falta de luz, movidos por un sentimiento ciego; o como una luz subjetiva, capaz quizá de enardecer el corazón, de dar consuelo privado, pero que no se puede proponer a los demás»[7].

Sin embargo, también aquí hay motivos para el optimismo. Benedicto XVI constataba ya hace unos años cómo la ciencia ha empezado a tomar conciencia de sus límites: «muchos científicos dicen hoy que de alguna parte tiene que venir todo, que debemos volver a plantearnos esa pregunta. Con ello vuelve a crecer también una nueva comprensión de lo religioso, no como un fenómeno de naturaleza mitológica, arcaica, sino a partir de la conexión interior del Logos»[8]: poco a poco va quedando atrás la idea, demasiado simple, de que creer en Dios es un recurso para cubrir lo que no sabemos. Se abre camino una concepción de la fe como la mirada que logra dar mejor cuenta del sentido del mundo, de la historia, del hombre y, a la vez, de su complejidad y misterio[9].

EL EVANGELIO «ES UNA RESPUESTA QUE CAE EN LO MÁS HONDO DEL SER HUMANO. ES LA VERDAD QUE NO PASA DE MODA PORQUE ES CAPAZ DE PENETRAR ALLÍ DONDE NADA MÁS PUEDE LLEGAR» (PAPA FRANCISCO)

Estas nuevas perspectivas traen consigo un desafío para la teología, la catequesis y, en definitiva, el apostolado personal: «la religiosidad tiene que regenerarse de nuevo en este gran contexto y encontrar así nuevas formas de expresión y de comprensión. El hombre de hoy no comprende ya sin más que la sangre de Cristo en la cruz es expiación por sus pecados (…); se trata de fórmulas que hay que traducir y captar de nuevo»[10]. En efecto, es tarea de la teología no solo profundizar en los distintos aspectos de la fe, sino también acercar cada generación al Evangelio. La teología y la catequesis no deben contemporizar, en el sentido de rebajar la fe a las miopías de cada época, pero están llamadas a hacer contemporáneo a Cristo: a acoger las inquietudes, el lenguaje y los desafíos de cada momento, no como un mal menor, sino como la materia y el ambiente en que Dios espera que hagamos un pan sabroso, un pan para alimentar a todos (cfr. Mt 14,16). «Fuimos invitados a ser levadura de esta masa concreta. Es cierto podrán existir “harinas” mejores, pero el Señor nos invitó a leudar aquí y ahora, con los desafíos que se nos presentan. No desde la defensiva, no desde nuestros miedos sino con las manos en el arado, ayudando a hacer crecer el trigo tantas veces sembrado en medio de la cizaña»[11].

La atención a la sensibilidad del presente no viene a añadirse desde fuera a la fidelidad al Evangelio, sino que forma parte esencial de ella. Para proteger la fe, para vivirla con sentido, y para ir por todo el mundo enseñándola (cfr. Mc 16,15), se hace necesario recibirla hoy de nuevo, percibirla y hacer que los demás la perciban como lo que verdaderamente es: un don de Dios que nos cambia la vida, que la llena de luz. «Algunos pasan por la vida como por un túnel, y no se explican el esplendor y la seguridad y el calor del sol de la fe»[12]. El esfuerzo por mostrar esa luz y calor de la fe está transido de una solicitud sincera por hacerse cargo de las perplejidades y las dudas de nuestros coetáneos, sin considerarlas de antemano como impertinencias o complicaciones. Así uno se pone en mejores condiciones de encontrar, en cada caso, las palabras adecuadas. Hay personas, escribía San Josemaría, «que no saben nada de Dios..., porque no les han hablado en términos comprensibles»[13]. Cuando alguien no entiende, puede ser porque quien les habla tampoco ha comprendido lo que explica, o no se ha hecho cargo de sus inquietudes, y habla, quizá sin querer, de un modo abstracto y despegado. A la vez, es bueno no olvidar que «nunca podremos convertir las enseñanzas de la Iglesia en algo fácilmente comprendido y felizmente valorado por todos. La fe siempre conserva un aspecto de cruz (…). Hay cosas que solo se comprenden desde esa adhesión que es hermana del amor, más allá de la claridad con que puedan percibirse las razones y argumentos»[14].

Los católicos pueden verse a veces criticados como gente de miras estrechas, por el hecho de que no se pliegan a ciertos postulados que el mundo da por buenos. Sin embargo, si no dejan que les invada el miedo o el resentimiento ante las descalificaciones, si procuran desentrañar la inquietud o la herida que late en una respuesta airada, si no se cansan de pensar nuevos modos de dar cuenta de su visión del mundo, de hecho serán reconocidos, cada uno a su nivel, como personas con «amplitud de horizontes (…); una cuidadosa atención a las orientaciones de la ciencia y del pensamiento (…); una actitud positiva y abierta, ante la transformación actual de las estructuras sociales y de las formas de vida»[15].

EL LENGUAJE QUE MUEVE NO ES NECESARIAMENTE EL DEL GRAN ORADOR, SINO EL DE QUIEN HABLA, DESDE SU MODO DE SER, CON SUS PALABRAS, DE SU EXPERIENCIA DE LA FE.

La serie de editoriales que ahora inicia se propone ilustrar cómo la fe responde a las aspiraciones más profundas del corazón del hombre del siglo XXI, cómo Cristo, en enseñanza del Concilio Vaticano II, «manifiesta plenamente el hombre al propio hombre»[16]. Se quiere prestar atención a las dificultades que muchas personas encuentran —incluso cristianos con buena formación— para comprender el sentido de determinados aspectos de la fe, y para explicarlos a otros cuya fe se ha enfriado, o que querrían acercarse a ella. Se dirige, por tanto, a un público amplio: creyentes, vacilantes y no creyentes con apertura, quizá latente, a la fe. Las distintas cuestiones se abordan sin pretensión de exhaustividad, centrando el esfuerzo en recuperar accesos, en trazar nuevos caminos hacia puntos que pueden resultar menos claros hoy: mostrando, en fin, cómo la fe ilumina la realidad, y cómo se puede vivir la propia vida bajo esa luz. ¿Qué significa para mi vida, por ejemplo, que Jesucristo haya resucitado, o que Dios sea una Trinidad de personas? ¿En qué sentido la fe en la creación cambia la visión de la realidad? ¿Si el más allá no es un lugar físico, cómo pensar que sea tan real como el suelo que piso?

Donde está tu síntesis

Quien sigue un partido de tenis por la televisión no mejora con eso su forma física o su técnica: solo al jugar en la cancha entran en movimiento la técnica, el estilo, el golpe. De modo análogo, la formación doctrinal no se limita al acopio de conocimientos o de argumentos. Nos podemos beneficiar mucho de lo que leemos o estudiamos, pero no basta con retener: es necesario elaborar una comprensión propia de las cosas, hacerlas nuestras. «El estudio de la teología, no rutinario ni simplemente memorístico, sino vital, ayuda en gran medida a que lleguen a ser plenamente connaturales a la inteligencia las verdades de nuestra fe y a aprender a pensar en la fe y desde la fe. Sólo así se está en condiciones de valorar las múltiples cuestiones, en ocasiones complejas, que suscitan las ocupaciones profesionales y el desarrollo de la sociedad en su conjunto»[17].

La caridad, el amor fraterno, por el que vemos en cada hombre un hermano, es sin duda el testimonio más auténtico y luminoso de la fe: «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor unos a otros» (Jn 13,35). Cuando una persona se sabe querida de verdad, sin reservas, adivina el Amor de quien «nos amó primero» (1 Jn 4,19), un Amor que no es de este mundo, porque pasa por encima de tantas cosas —errores, antipatías, timidez, desconocimiento— que en el mundo llevan a la gente a ignorarse o a despreciarse. «A Dios se le puede ver con el corazón: la simple razón no basta»[18]: si la caridad, que habla al corazón, hace visible a Dios, su falta desdibuja su presencia en el mundo, y deslegitima al evangelizador; hace de él un falso profeta (Cfr. Mt 7,15). Sin embargo, la autenticidad que se espera hoy de un cristiano no se limita al testimonio de la caridad: se refiere también, en una medida importante, al modo personal y natural en que habla de Dios. Si uno tiene el hábito de pensar y de explicarse su propia fe, si ese diálogo interior nutre su oración y se nutre de ella, al hablar de Dios no transmitirá solo nociones teológicas o doctrinales: hablará de su experiencia, la de alguien que vive con Él y de Él. Por contraste, decía san Agustín, «pierde el tiempo predicando exteriormente la Palabra de Dios quien no es oyente de ella en su interior»[19]. Escuchar la Palabra de Dios es dejar que modele nuestro modo de pensar, de hablar, de vivir; que ilumine nuestras situaciones, intereses, encuentros; que se haga, en definitiva, nuestra.

LAS IDEAS DE OTROS PUEDEN AYUDARNOS MUCHO, PERO NO BASTA CON HACER ACOPIO DE ELLAS SI QUEREMOS HABLAR DE CORAZÓN A CORAZÓN.

«Donde está tu síntesis, allí está tu corazón», escribe el Papa, parafraseando una frase del Señor (cfr. Mt 6,21): «la diferencia entre iluminar el lugar de síntesis e iluminar ideas sueltas es la misma que hay entre el aburrimiento y el ardor del corazón»[20]. El lenguaje que mueve no es necesariamente el del gran orador, sino el de quien habla, desde su modo de ser, con sus palabras, de su experiencia de la fe. Por eso la formación doctrinal no está llamada a discurrir en un sector de nuestro saber, aislado del resto, sino a dialogar con todo lo que vivimos y somos, de modo que aun tomando tantas formas como personas, se pueda reconocer el mismo Espíritu en todas ellas. Así lo vemos en los santos, que nos hablan de Dios de mil modos, y así sucede con tantos santos escondidos. Si cada época —hoy quizá más— tiene sus Babeles, marañas de voces enfrentadas o discordantes (cfr. Gn 11,1-9), la pluralidad de lenguas del Espíritu Santo sigue ensanchándose en una «nueva Pentecostés»[21] allí donde hay cristianos que le escuchan, porque «si el Espíritu Santo no da interiormente la inteligencia, el hombre trabaja en vano (...): si el Espíritu Santo no acompaña el corazón del que oye, será inútil la palabra del doctor»[22].

Intenta beber de tu propia fuente

Se ha dicho que la cultura es lo que queda cuando uno olvida lo que estudió: es aquello que crece al cultivar la tierra de nuestra alma. «Nuestra formación no termina nunca»[23], solía decir san Josemaría: es necesario estudiar durante toda la vida, y hacerlo con la mentalidad evangélica y evangelizadora del agricultor (cfr. Mt 13,3-43). El cultivo es un trabajo paciente y sostenido, pero lleno de gratificaciones, cuando salen los primeros brotes, y cuando llegan los frutos. Junto al diálogo con Dios en la oración, y la disposición a conversar con los demás, facilita mucho ese cultivo la reflexión personal, por la que se adquiere una voz propia, auténtica, abierta. En ese diálogo interior, es necesario arar, sembrar, regar: ir dando forma a las ideas, buscar las palabras, aunque a veces salgan solo balbuceos. Las ideas de otros pueden ayudarnos mucho, pero no basta con hacer acopio de ellas si queremos hablar de corazón a corazón.

No se trata, pues, solamente de saber cosas, según una noción meramente cuantitativa del saber, sino de adquirir y renovar una mirada penetrante y apasionada sobre la realidad en toda su amplitud, es decir, con los demás y con Dios. La comprensión de la fe es tarea para cada uno, con sus modos: la profesora universitaria, el trabajador manual, la asistenta social, el auditor. Esta tarea intransferible no se añade al interés por conocer la fe, sino que le da forma: es una actitud por la que uno procura hacer suyo lo que oye, no solo en las obras, sino también en las ideas, en el lenguaje. «Soy un hombre de este tiempo si vivo sinceramente mi fe en la cultura de hoy, siendo uno que vive con los medios de comunicación de hoy, con los diálogos, con las realidades de la economía, con todo, si yo mismo tomo en serio mi propia experiencia e intento personalizar en mí esta realidad. Así estamos en el camino de hacer que también los demás nos entiendan. San Bernardo de Claraval, en su libro de reflexiones a su discípulo el Papa Eugenio, dijo: intenta beber de tu propia fuente, es decir, de tu propia humanidad. Si eres sincero contigo mismo y empiezas a ver en ti qué es la fe, con tu experiencia humana en este tiempo, bebiendo de tu propio pozo, como dice san Bernardo, también puedes decir a los demás lo que hay que decir»[24].

AUNQUE EL CRISTIANO TIENE LA RESPONSABILIDAD DE DEFENDER LA FE, SU ESPÍRITU DE FONDO NO ES EL DE QUIEN RECUPERA UN ESPACIO PERDIDO, SINO EL DE QUIEN SE SABE PARTE DE UNA SERENA CONQUISTA.

Quien se conduce así aprende de todas las conversaciones, no se arredra ante las objeciones, sino que las acepta como retos para comprender mejor su propia fe, para hacerse cargo de cómo piensan los demás, para percibir con ellos sus vértigos. Quien vive así escucha mucho, aprende con todos y de todos; concibe el diálogo, más que como una lucha por afianzar posiciones y rebatir argumentos, como un baile, en el que todo puede cooperar a esclarecer la realidad, aunque no sea siempre por la línea recta. «Un diálogo es mucho más que la comunicación de una verdad. Se realiza por el gusto de hablar y por el bien concreto que se comunica entre los que se aman por medio de las palabras. Es un bien que no consiste en cosas, sino en las personas mismas que mutuamente se dan en el diálogo»[25].

Aunque el cristiano tiene la responsabilidad de defender la fe, su espíritu de fondo no es el de quien recupera un espacio perdido, sino el de quien se sabe parte de una serena conquista. Sabemos dónde está la felicidad que busca nuestro corazón y el de todos los hombres y mujeres. Y la buscamos con ellos: «de ti piensa mi corazón: “Busca su rostro”» (Sal 27,8). Qué paz nos da esa certeza, para dialogar con todos, como hermanos que buscan a quien yo busco, que comparten conmigo mucho más de lo que piensan; para crecer con ellos, sabiendo que a su tiempo se hará la luz: nuestros amigos descubrirán «ubi vera sunt gaudia», dónde se encuentra la verdadera alegría[26], y nosotros lo redescubriremos con ellos.

Carlos Ayxelà

*****

Lecturas para profundizar

Sigue una lista, no exhaustiva, de libros, artículos y documentos acerca del modo de hablar de la fe hoy. Se indican en primer lugar algunos textos del Magisterio reciente y de otros organismos de la Iglesia, y después textos de otros autores. En las próximas entregas de esta serie se indicarán también textos específicos sobre los respectivos temas.

Francisco, Enc. Lumen Fidei, 29-VI-2013.

Francisco, Ex. Ap. Evangelii Gaudium, 24-XI-2013, esp. capítulo 3, “El anuncio del evangelio”.

Francisco, Catequesis en el Año de la Fe, de marzo a diciembre 2013 (disponibles en vatican.va)

Benedicto XVI, Catequesis en el Año de la Fe (octubre 2012 – febrero 2013, disponibles en vatican.va; p.ej. “¿Cómo hablar de Dios?”, 28-XI-2012 [leer]; “El deseo de Dios”, 7-XI-2012 [leer]).

San Juan Pablo II, Carta Ap. Novo Millennio Ineunte, 6-I-2001 (leer)

San Juan Pablo II, Catequesis sobre el Credo (marzo 1985 – noviembre 1997, disponibles en vatican.vapdb)

Beato Pablo VI, Ex. Ap. Evangelii Nuntiandi, 8-XII-1975 (leer).

Catecismo de la Iglesia Católica (vatican.vaintratext) y Compendio del Catecismo (ebook)

Consejo Pontificio de la Cultura ¿Dónde está tu Dios? La fe cristiana ante la increencia religiosa, Valencia: Edicep, 2005 (leer).

Consejo Pontificio de la Cultura La vía pulchritudinis, camino de evangelización y de diálogo (leer).


Babendreier, J. La fe explicada hoy, Rialp, 2016 (The Faith Explained Today: Popular Edition)

Barron, R. Catolicismo: un viaje al corazón de la fe, Doubleday, 2013; disponible también en dvd (Catholicism: a Journey to the Heart of the Faith).

Biffi, G. Corso inusuale di catechesi (3 vols.) Elledici, 2006.

Burggraff, J. “La transmisión de la fe en la sociedad postmoderna”, en Burggraff, J. La transmisión de la fe en la sociedad postmoderna y otros escritos, Eunsa, 2015 (disponible en opusdei.org).

Chaput, Ch. Strangers in a Strange Land. Living the Catholic Faith in a Post-Christian World, Henry Holt, 2017.

Dolan, T. – Allen J. Un pueblo de esperanza. Conversaciones con Timothy Dolan, Palabra, 2015 (A People of Hope. The Challenges facing the Catholic Church and the Faith that can save it).

Hadjadj, F. La suerte de haber nacido en nuestro tiempo, Rialp, 2016 (L’aubaine d’être né en ce temps).

Hadjadj, F. ¿Cómo hablar de Dios hoy? Anti-manual de evangelización, Nuevo Inicio, 2013 (Comment parler de Dieu aujourd’hui? Anti-manuel d’évangelisation).

Hahn, S. La evangelización de los católicos. Manual para la misión de la Nueva Evangelización, Palabra, 2014 (Evangelizing Catholics).

Hahn, S. - Socías, J. La fe cristiana explicada. Introducción al catolicismo, Edibesa - MTF, 2015 (Introduction to Catholicism for Adults)

Ivereigh, A. - De la Cierva, Y. Cómo defender la fe sin levantar la voz. Respuestas civilizadas a preguntas desafiantes, Palabra, 2016 (Ivereigh, A. - Lopez, K. J. How to Defend the Faith without Raising your Voice).

San Josemaría, “Sed amigos sinceros y realizaréis un apostolado y un diálogo fecundos”, ABC, 17-V-1992 (leer).

Knox, R. El Credo a cámara lenta, Palabra, 2000 [3ª ed.] (The Creed in Slow Motion).

Lewis, C.S. Mero cristianismo, Rialp, 1995 (Mere Christianity).

Mora, J.M. “10 claves para comunicar la fe”.

Ratzinger, J. Dios y el mundo: creer y vivir en nuestra época, Galaxia Gutenberg, 2002 (Gott und die Welt. Glauben und Leben in unserer Zeit).

Ratzinger, J. “La nueva evangelización”, Conferencia en el Congreso de Catequistas y Profesores de Religión, Roma 10-XII-2000 (leer).

Trese, L.J. La fe explicada, Rialp, 2014 [28ª ed.] (Faith Explained).


[1] Francisco, Enc. Lumen Fidei (29-VI-2013), 3.

[2] San Agustín, Confesiones V.2.2.

[3] San Josemaría, Es Cristo que pasa, 179.

[4] San Ireneo de Lyon, Demostración de la predicación apostólica, 24 (Sources Chrétiennes 406, 117).

[5] Francisco, Ex. Ap. Evangelii Gaudium (24-XI-2013), 265.

[6] Francisco, Lumen Fidei, 4.

[7] Francisco, Lumen Fidei, 4.

[8] Benedicto XVI, Luz del mundo, Herder, Barcelona 2010, 145.

[9] Cfr. Benedicto XVI, Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12-IX-2006.

[10] Benedicto XVI, Luz del mundo, 145.

[11] Francisco, Homilía, 2-II-2017.

[12] San Josemaría, Camino, 575.

[13] San Josemaría, Surco, 941.

[14] Francisco, Evangelii Gaudium, 42.

[15] Surco, 428.

[16] Concilio Vaticano II, Const. Gaudium et Spes (7-XII-1965), 22.

[17] Javier Echevarría, Carta Pastoral con ocasión del Año de la Fe (29-XI-2012), 35.

[18] Joseph Ratzinger, Jesús de Nazaret. Desde el Bautismo a la Transfiguración, La esfera de los libros, Madrid 2007, 121.

[19] San Agustín, Sermón 179, 1.1.

[20] Francisco, Evangelii gaudium, 143.

[21] Surco, 213. Cfr. Hch 2,1-13.

[22] Santo Tomás de Aquino, Super Evangelium S. Ioannis, 14.6.

[23] San Josemaría, notas de una reunión familiar, 18-VI-1972 (citado en J. Echevarría, Carta sobre la nueva evangelización, 2-X-2011).

[24] Benedicto XVI, Discurso, 26-II-2009 (cfr. San Bernardo, De consideratione libri quinque ad Eugenium tertium, II.3.6. [PL 182, 745]).

[25] Francisco, Evangelii gaudium, 142.

[26] Misal Romano, domingo XXI del tiempo ordinario, oración colecta.

 

¿Existe Dios?

© Dr. José R. Martínez Villamil
 

  • Introducción
  • ¿Qué importa?
  • ¿Creer o no creer?
  • Argumentos de la Existencia de Dios
  • Kalam Cosmológico
  • Teológico
  • Moral
  • Principio Antrópico
  • Otros argumentos

El tema de la existencia de Dios, que algunos consideraban como "muerto" en los años 70, ha resurgido en los círculos filosóficos del mundo.

En este breve artículo no probaré la existencia de Dios. Nadie puede. Como tampoco nadie puede probar su no-existencia. Sin embargo, a lo largo de esta sección (examinada con el conjunto de las otras secciones de Mente Abierta) creo que se dejará demostrada la racionalidad de la creencia en Dios. Haciendo uso de argumentos conocidos (cosmológico, diseño, moral) y otros menos conocidos (Principio Antrópico, Kalam) deseo despejar el camino de aquellos que sinceramente buscan... Estos temas serán elaborados en artículos subsiguientes.

Como conjunto, estos argumentos recuerdan a la persona que piensa que la creencia en Dios no sólo es razonable, sino creíble y defendible en los albores del siglo XXI.

La trascendencia de la existencia de Dios es inmensa. Si la tesis teísta (la creencia en Dios) es verdadera, sus implicaciones para nuestra vida presente y futura son incalculables. Le invito a “dudar de su duda,” a “abrir su mente” y a que se disponga al examen de la evidencia y a decidir por usted mismo...

“Dios nos ha dado evidencia suficientemente clara para convencer a aquellos con un corazón abierto, pero suficientemente vaga de modo que no obligue a aquellos cuyos corazones están cerrados.”

Blaise Pascal

Introducción

Una vez, un amigo me explicaba cómo para él era muy fácil no creer en Dios. Entonces no le entendí pero pude entenderlo después. La realidad es que a aquellos que creemos en Dios con frecuencia se nos olvida que existe una avalancha de posibles razones para dudar de su existencia.

De modo que si usted es de los que no creen (o dudan), ¡Bienvenido! Esta sección es probablemente la más ambiciosa de todo este proyecto. No pretendemos tratar todo lo que el tema requiere en esta primera etapa. Iremos añadiendo artículos que poco a poco contribuyan a examinar tan importante tópico de manera más completa.

¿Qué importa?

Para algunos el tema de la existencia de Dios es un callejón sin salida. No hay solución clara para la cuestión, por lo que optan por el agnosticismo. Para otros, el tema ha perdido toda relevancia. Piensan que tras los pronunciamientos de Kant y de Nietzsche el concepto de Dios ha pasado a mejor vida. Aún otros han percibido que los adelantos científicos han hecho “innecesaria” la existencia de Dios.

Nada más lejos de la realidad. El tema sigue vivo. En círculos filosóficos el tema de la Existencia de Dios ha cobrado nueva vida y actualidad. La revista Time (7 de abril de 1980) decía:

En una silenciosa revolución en pensamiento y argumento que a penas nadie hubiera previsto hace dos décadas, Dios está escenificando un retorno. Más curioso aún, esto está sucediendo no entre los teólogos o en los creyentes ordinarios, sino en los círculos intelectuales de los filósofos, donde hace tiempo el consenso había hecho desaparecer al Todopoderoso del discurso fructífero.

En círculos científicos el debate continúa sobre las implicaciones no científicas del “Big Bang” y sobre las suposiciones metafísicas que algunos han hecho de la teoría evolucionista.

Es mucho lo que está en juego. Estamos hablando de lograr una visión coherente del universo, la historia y la vida; de buscar contestación a nuestras inquietudes existenciales y de poder sentar unas bases sólidas para poder desarrollar un código de moralidad coherente.

¿Creer o no creer?

¿Cómo acercarnos al tema de la existencia de Dios? Ya hemos dicho que ésta no puede ser demostrada fuera de toda duda. No podemos someter a Dios a pruebas de laboratorio, al escáner, ni al espectrofotómetro, como tampoco podemos demostrar su presencia “invisible” bombardeándolo con electrones en un acelerador de partículas.

Esta tensión nos dejaría en el terreno del agnóstico. ¿Hay algo más? Creo que sí. Creo que es posible argumentar en favor de la racionabilidad de la creencia en Dios. Y también creo que el modelo teísta (y, mejor aún, el cristiano) es la mejor manera para explicar el universo, la humanidad y la historia. Esto son palabras mayores. De modo que, comencemos.

Puntos de partida

Asumo de inicio que es posible hablar sobre la persona de Dios. Creo que la trascendencia de la Persona de Dios no es un impedimento para articular nuestro entendimiento sobre él. También acepto que la razón, a pesar de sus limitaciones, es capaz de conducirnos por el laberinto de las argumentaciones y llevarnos al puerto seguro de conclusiones razonables.

Argumentos de la Existencia de Dios
Argumento Kalam
La palabra “Kalam” viene del vocablo árabe para filosofía o religión. Representa un argumento de la teología islámica en la Edad media y que recientemente ha sido “resucitado”. Podemos resumir su línea argumental de la siguiente manera.

  • Todo lo que comienza a existir debe su existencia a una causa. Hablar de un comienzo “de la nada” y sin causa va contra la ley de No Contradicción de la lógica. ésta establece que un objeto NO puede ser “A” y “No A” a la misma vez y en la misma relación. Para un objeto surgir “de la nada” tiene que, en efecto, crearse a sí mismo, o “ser” y “no ser” a la vez, lo cual es imposible.
  • El universo tuvo un principio. La posibilidad de un Universo que ha existido siempre es una imposibilidad filosófica. Retroceder a partir de un presente hacia un pasado infinito real no es posible, como tampoco lo es llegar al presente añadiendo sucesivamente hasta formar un infinito real o actual
  • Por lo tanto el universo tuvo una causa.

Argumento cosmológico

Este es uno de los más antiguos argumentos. Fue usado por Platón, Aristóteles y, por supuesto, Tomás de Aquino. En esencia, este argumento dice lo siguiente: "Dios existe porque el universo existe." Se puede expresar de otra manera. La existencia de un universo presupone la existencia de una Primera Causa (Dios) que le diera su existencia.

No es tan sencillo como parece, ¿verdad? Inmediatamente surgen interesantes preguntas. Consideremos ésta primeramente: ¿y qué si el Universo (y no Dios) es eterno? Pero esto sólo pospone la dificultad, pues un universo que ha existido siempre presenta las mismas dificultades conceptuales que la existencia de Dios. También tenemos que recordar que la posibilidad de que el universo haya existido siempre ha sido desmentido en principio por la Ciencia (para una más completa argumentación en este sentido ver el artículo sobre El Origen del Universo).
Por último, un universo que siempre ha existido es una incongruencia filosófica porque supone la existencia de un pasado infinito real que haría imposible llegar a la actualidad. Me explico. Primero tenemos que distinguir entre un infinito teórico (como en las matemáticas) y un infinito real. El primero es posible como un concepto abstracto. El segundo no es posible en la realidad material. Obviamente cuando hablamos del pasado lo hacemos desde la perspectiva de nuestra realidad, o sea el presente. Si existiera un pasado infito eso querría decir que ha transcurrido un tiempo infinito hasta llegar a nuestro presente, lo cual es imposible (porque es infinito).

En cuanto a Dios, éste es definido como un ser existente en sí mismo, lo que obvia el problema del infinito real. Pero, preguntarás, ¿es todo un asunto de definiciones? ¿No podríamos entonces definir el Universo de la misma manera? Pues sí. Podríamos hacer eso, pero esta alternativa nos dejará con otros problemas en nuestro razonamiento como, por ejemplo, en la explicación del orden del Universo (ver más abajo), del complejo diseño evidente en los organismos vivos, etc.

Una posibilidad que se menciona es que El Universo surgió de la nada. Este es un planteamiento que, en la superficie, parece no estar tan lejos de la creencia en Dios. ¿No le parece? Pero la realidad es que el que el Universo viniera de “la nada” es una imposibilidad filosófica. La Ley de la No Contradicción (importante ley en el estudio de la Lógica) hace imposible tal planteamiento pues, para ser cierto, requiere que esa "nada" sea "algo" y "nada" a la misma vez, lo que es imposible.

Big Bang. ¿No ha demostrado el “Big Bang” el origen del Universo desde un punto de vista materialista (esto es, sin la necesidad de un Creador)? Para aquellos no muy familiarizados con este concepto les recuerdo lo siguiente. Ésta es una teoría que dice que el universo tal y como lo conocemos hoy comenzó hace 15.000 millones de años, en una gigantesca (“Big”) explosión (“Bang”). De este evento, y respondiendo a leyes de la física, surgieron a lo largo de milenios elementos químicos, galaxias y planetas y, eventualmente, la vida.

Pero, claro está, este concepto no nos explica lo que sucedió antes. ¿Qué fue “eso” que explotó? ¿No presupone esta idea la existencia de “algo” antes que el Big Bang? ¿No es esa idea, entonces, una simple posposición de la pregunta última de los orígenes?

La contestación de los físicos es la siguiente. Antes del Big Bang ocurre se dio una “singularidad”, esto es, unas condiciones únicas, donde ni la materia, ni el espacio ni el tiempo existían. Y esta idea, ¿de donde viene? Es una teoría. Y la definición de singularidad no es tan diferente de cómo a veces se describe a Dios.

De modo que el “Big Bang” no excluye la existencia de un Creador. Antes al contrario, pues demuestra el origen del universo en un momento en el tiempo. Como un caricaturista presentó en un periódico español, “a fin de cuentas pudiera se que esta gran explosión fuera tan sólo el chasquido de los dedos de Dios...”
(Para una más completa argumentación en este sentido ver la sección sobre El Origen del Universo).

Argumento teleológico

Este argumento, antiguo también, dice que el Universo, tanto en sus más pequeñas unidades estructurales (átomo, célula), como en la inmensidad del cosmos, parece reflejar la existencia de un diseñador inteligente. La analogía más común es la del relojero. Enfrentados con la inspección de un reloj, a nadie se le ocurriría pensar que éste es el producto de la mezcla de sus piezas en una caja agitada por unos minutos. Aducir esta complejidad y “diseño” a un proceso impersonal y mecánico, no es la solución.

Argumento moral

Sencillamente dicho, este argumento establece que la universalidad de un carácter moral en el ser humano sugiere la existencia de Dios.

Aún cuando se reconocen variaciones en los conceptos morales, éstas no son tan drásticas como se supone, y son mínimas al compararlas con sus semejanzas. La existencia misma del hecho moral, de que hay “bueno” y “malo,” es indicio del reflejo de un Ente Moral superior, cuyo carácter (imagen) nosotros reflejamos.

Es por esta razón que los ateos quedan sin una base sólida para sus planteamientos éticos. No que el ateísmo en sí mismo sea inmoral. Simplemente sus postulados excluyen una base objetiva para su moralidad, por lo que los ateos que viven moralmente lo hacen a pesar de las consecuencias filosóficas de sus convicciones y no basados en ellas (ver Ética sin Dios).

Principio Antrópico

Volviendo a la comparación del reloj, el universo no sólo parece una máquina creada, sino también perfectamente ajustada para la preservación de la vida humana.
La Tierra posee características específicas que permiten la vida humana. Existe una cantidad considerables de variables físicas y químicas que, de alterarse ligeramente, harían imposible la vida en el planeta. Por ejemplo, la distancia del sol. Ésta es la adecuada para la vida. La variación de esta distancia es de un 3% a lo largo del curso de la travesía de la Tierra alrededor del Sol. Si fuera de 10% no podría haber vida por los cambios en temperatura, y luz ultravioleta. La atmósfera, que deja pasar la luz, pero protege de la radiación. El centro semilíquido del planeta que ayuda en la creación del campo magnético lo que a su vez protege de las radiaciones cósmicas.
Otras incluye la Fuerza de Gravedad, la velocidad de expansión del Universo, velocidad de rotación de la Tierra, inclinación del eje del planeta, etc.
Este tema será tratado más detenidamente en el futuro.

Otros argumentos

A los argumentos anteriores podemos añadir (ya en favor de un teísmo propiamente cristiano) la persona de Jesús, y su resurrección de entre los muertos. Estos son considerados en otra sección.

Conjunto de los argumentos

Vistos uno por uno los anteriores argumentos tienen un peso considerable. Examinados en conjunto son evidencia contundente para que, al menos, “dude de su duda” y abra su mente a la hermosa posibilidad de la existencia de Dios, un Dios personal e interesado en usted.

© Dr. José R. Martínez Villamil

 

Dos mil años de historia de la salvación. ¿Sin redención?

Hace dos mil años se proclamó la historia de la salvación, y desde hace dos mil años existe una Iglesia que, como sucesora de Cristo, se hace responsable del nuevo ser humano, de la paz, la justicia y el amor al prójimo. Justo al acabar el segundo milenio después de Cristo, el balance parece más negativo que nunca. El escritor americano Louis Begley ha denominado al siglo XX como "requiem satánico". Es un infierno de asesinatos y homicidios, de masacres y crímenes violentos, un compendio de atrocidades. En el siglo XX se ha matado a más hombres que nunca. A este siglo le corresponden el holocausto y la bomba atómica. Durante un tiempo se pensó que, después de la segunda guerra mundial, habría una época de paz. Se pensaba que el holocausto nos había demostrado a lo que podía llegar el racismo. Pero después del año 1945 hubo un período de tensiones que desembocó en más guerras de las que nunca ha habido. Y en la Europa de los años 90 hay guerra, y una guerra de religiones, y la hambruna, los destierros, el racismo, la criminalidad, el predominio del mal va aumentando en el mundo. Sin embargo, al final de este milenio también se registran grandes transformaciones, muy positivas: el final del despotismo del Estado en los países comunistas, la caída del telón de acero en Centroeuropa, la disposición a mantener conversaciones de acercamiento en zonas críticas del Oriente Medio. Cardenal Ratzinger, muchos se plantean serias dudas y se cuestionan, después de todo esto, la eficacia de Dios y la de los hombres sobre el mundo. ¿El mundo está de verdad redimido? Estos años después de Cristo, ¿pueden llamarse, de verdad, de salvación? Sus palabras constituyen un cúmulo de observaciones y preguntas, pero la pregunta fundamental del conjunto sería ésta: ¿el cristianismo ha traído la salvación, ha traído la Redención, o todo ha sido en vano? ¿No será que el cristianismo ha perdido toda su fuerza? Creo que habría que empezar diciendo que la salvación, la salvación que procede de Dios, no es algo cuantitativo ni puede añadirse a otros sumandos. Los conocimientos técnicos que tiene la humanidad tal vez puedan detenerse ocasionalmente, pero siempre van en la línea de un continuo avance. El ámbito cuantitativo es medible, puede concretarse en mayor o menor medida. Pero cuando el hombre da un paso adelante en el bien, no se puede cuantificar, porque cada vez es un nuevo hombre y, por tanto, con cada nuevo hombre empieza en cierto sentido otra nueva historia. Es importante resaltar esa distinción. La bondad del hombre, vamos a expresarle así, no es cuantificable. De ahí que no se pueda deducir que el cristianismo, que en el año cero comenzó siendo como un grano de mostaza, deba acabar siendo un erguido y robusto árbol, y que todo el mundo pueda contemplar cómo ha ido mejorando de siglo en siglo. Es un árbol que puede derribarse y cortarse; porque la Redención ha sido confiada a la libertad del hombre, y Dios nunca privará al hombre de su libertad. La Ilustración sostenía la idea de que el proceso civilizador debía introducir a la humanidad en la verdad, la belleza y el bien casi de forma imperativa, para que siguiera mejorando. Consecuentemente, pensando en el futuro, los actos de barbarie eran inconcebibles. Se trata de ese carácter de aventura, por llamarlo así, de la Redención, que siempre remite a la libertad. Pues la Redención no ha sido decretada ni impuesta al hombre, ni tampoco está cimentada sobre una base estable, la Redención se apoya en el frágil recipiente de la libertad humana. Cuando el ser humano cree haber llegado a una escala superior, debe contar siempre con que todo puede desplomarse y venirse de nuevo abajo. En eso consisten, creo yo, las polémicas que se han planteado frente a Jesús. ¿La Redención está cimentada sobre algún aspecto del mundo cuantificable, medible, en el sentido de poder decir, "todos han recibido su pan, ya no habrá más hambre,,? ¿.0 bien la Redención es algo muy diferente? Porque si está ligada a la libertad, si no ha sido impuesta al hombre bajo ningún aspecto, sino ofrecida a su libertad, por esa misma razón es, hasta cierto punto, también destruible. Hemos de considerar, además, que el cristianismo ha sido siempre una siembra de arnor. Si analizáramos todo lo acaecido en la historia gracias al cristianismo, comprobaríamos que, realmente, es bastante considerable. Goethe dijo: "respetemos lo que tenemos bajo nosotros". Por el cristianismo surgió la atención a los enfermos, la protección a los más débiles y una gran organización del amor. Gracias al cristianismo ciertamente, se extendió el respeto a los hombres en cualquier situación. Es interesante saber, por ejemplo, que cuando el emperador Constantino reconoció el cristianismo, se sintió obligado, desde el primer momento, a introducir cambios en las leyes dominicales y a preocuparse de que los esclavos también pudieran disfrutar de sus derechos. O también recuerdo, por ejemplo, a Atanasio -gran obispo alejandrino del siglo IV- que describía cómo se enfrentó, él mismo, a gentes de todas las razas con el cuchillo en la mano hasta que, finalmente, los cristianos le inspiraron un sentimiento de paz. Estas cosas no son fruto de la estructura de un reino político, y como vemos hoy en día, también pueden venirse abajo. Donde el hombre se aparta de la fe, los horrores del paganismo se presentan de nuevo con reforzada potencia. Yo creo, y eso puede comprobarse, que Dios ha irrumpido en la historia de una forma mucho más suave de lo que nos hubiera gustado. Pero así es su respuesta a la libertad. Y si nosotros deseamos y aprobamos que Dios respete la libertad, debemos respetar y amar la suavidad de sus manos. Antes, el cristianismo no estaba extendido universalmente como lo está ahora. Pero su expansión no ha estado siempre acompañada de santidad Esa expansión cuantitativa del cristianismo -con el imprescindible crecimiento del número de fieles- no siempre conlleva una mejora del mundo, porque, de hecho, no todos los que se dicen cristianos lo son realmente. El cristianismo repercute, indirectamente, en la configuración del mundo a través de los hombres, a través de su libertad. Pero el cristianismo en sí, no es un nuevo y organizado sistema político-social para acabar con el mal. Con respecto a si ha habido Redención o no ha habido Redención, ¿qué significado tiene la existencia del mal en el mundo? El mal tiene poder y está en los caminos de la libertad del hombre, configurando sus propias estructuras. Porque, evidentemente, hay formas del mal que presionan al hombre y pueden bloquear su libertad, llegando, incluso, a levantar un muro que impida la irrupción de Dios en el mundo. Pero Dios no venció al mal en Cristo en el sentido de que éste ya no pudiera volver a tentar a la libertad del hombre, sino brindándonos la posibilidad -sin obligarnos- de tomarnos de su mano para enderezar nuestros caminos. ¿Con eso quiere decir que Dios tiene poco poder sobre este mundo? En cualquier caso, no ha querido ejercer su poder como a nosotros nos hubiera gustado. Lógicamente, en este Weltgeist, en este espíritu de la época, yo también me haría esa pregunta que usted me hace: "¿por qué sigue impotente?", "¿por qué reina tan débilmente, crucificado, como un fracasado?". Sin embargo, es evidente que quiere reinar así, ese es el poder divino. Porque dominar por imposición, con un poder que se ha conseguido y se mantiene por la fuerza, al parecer, no es la forma divina de poder. Volviendo a la pregunta de antes: esta situación del mundo en el siglo XX, que ha sido calificada como "requiem satánico", ¿no debería asustarnos? Nosotros, los cristianos, sabemos que el mundo está siempre en manos de Dios. Aun cuando el hombre se alejara de Dios hasta el punto de abocarse a la destrucción al final de los tiempos, Dios volverá a establecer un nuevo comienzo. Nosotros hacemos las cosas con la fe puesta en Dios, para que el hombre no se aleje de Él y el mundo sea, en la medida en que nosotros podamos, una nueva Creación suya, que el hombre pueda vivir una nueva vida como criatura suya. Pero, por supuesto, también podría hacerse un diagnóstico más pesimista. Podría ocurrir que la ausencia de Dios -Metz lo formuló de un modo un tanto extraño, como la "crisis de Dios"- sea tan fuerte, que el hombre entre moralmente en barrena y tengamos ante nosotros la destrucción del mundo, el apocalipsis, el caos. También se puede contar con esa posibilidad. No debemos excluir un diagnóstico apocalíptico. Pero, incluso entonces, contaríamos con la protección de Dios que acoge a los hombres que le buscan; y el amor siempre es más fuerte que el odio. "A finales del segundo milenio" -decía Juan Pablo II en cierta ocasión- "la Iglesia ha vuelto a ser Iglesia de los mártires." Y por otra parte, usted, Señor Cardenal, hizo un balance parecido sobre la situación actual: "Si no recuperamos un poco de nuestra identidad cristiana, no seremos capaces de hacer frente a los desafíos de la hora presente" Pero, como decíamos anteriormente, la Iglesia también irá adquiriendo nuevas formas. Será una Iglesia de minorías, menos identificada con las grandes sociedades, y compuesta por círculos de creyentes plenamente convencidos, con vida interior; y entonces la Iglesia podrá ser mucho más operativo. Podrá ser, con palabras de la Biblia, precisamente, "la sal de la tierra". En esta transformación es nuevamente muy importante que lo constante en el hombre, lo que es esencial para él, no se destruya nunca, y las energías que le sostienen como hombre serán aún más necesarias. La Iglesia tiene que tener, por una parte, flexibilidad para aceptar los cambios de actitudes y de sistemas en la sociedad, y seguir solucionando sus anteriores obligaciones de un modo nuevo. Pero, por otra, también tiene cada vez mayor necesidad de la lealtad del hombre, para poder sostenerle y ayudarle a sobrevivir, y a mantener su dignidad. La Iglesia tiene que dejar constancia de esto Y ayudar al hombre, tirando de él hacia arriba, hacia Dios; sólo así recibirá el hombre el vigor y la fortaleza que exige la paz en la tierra. Hay gente que piensa que la Iglesia a veces actúa de forma que parece incompatible con la Revelación. Un ejemplo de esas "grietas" en la historia del segundo milenio del cristianismo sería lo que el Papa denominó intolerancia en contra los nombre de la religión y complicidad en los delitos derechos humanos. Ahora, la Iglesia habla con cierta frecuencia de sus errores en relación con los judíos, o en relación con la mujer Estas confesiones parecían hasta ahora una pérdida de la propia autoridad. ¿No se debería hablar, incluso con una actitud más abierta todavía, de los fallos que la Iglesia ha tenido a lo largo de la historia? La sinceridad es una virtud capital para todo, también para saber qué es y qué no es la Iglesia, y para conocernos a nosotros mismos un poco mejor. En este sentido, una decepción -si se puede decir así- producida por no ocultar el lado sombrío de la historia de la Iglesia, también es una muestra de su honradez y de la importancia de la sinceridad. Si una confesión, digámoslo así, si reconocer las propias culpas es propio de la naturaleza del cristiano, porque sólo de ese modo puede ser justo y sincero consigo mismo, lógicamente, también es propio de la naturaleza de la personalidad colectiva de la Iglesia realizar esa puesta al día, ese reconocimiento de los propios errores. Así que, efectivamente, la Iglesia necesita ese "salmo penitencial" para poder presentarse lealmente ante Dios y ante los hombres. No obstante, creo muy importante recordar y no pasar por alto que, pese a sus fallos y debilidades, la Iglesia siempre ha proclamado la Palabra de Dios y ha impartido los sacramentos, dejando así constancia de la fuerza y del vigor de la salvación, y haciendo evidente que posee la fuerza capaz de vencer al mal. Y el poder de Dios también se manifiesta en que, cuando el cristianismo parece a Punto de extinguirse y quedar reducido a brasas y cenizas, la fe cristiana florece de nuevo. Me estoy refiriendo, Por ejemplo, al siglo X, cuando el papado era una ruina que hacía pensar que, en Roma, el cristianismo acabaría definitivamente. Y, sin embargo, fue entonces cuando, con la vida monástica, resurgió un dinamismo nuevo para la fe. Es posible que, ahora, en medio de esta decadencia de la Iglesia, el cristianismo perdure sólo como una realidad apenas vivida. Pero la presencia de Cristo en su Iglesia ejerce un dinamismo interior que constantemente la va renovando incluso en lugares inesperados. El peso de la historia que presiona sobre la Iglesia parece bastante importante. Lo digo, porque con motivo de las celebraciones del Quinto centenario del descubrimiento de América por Colón, se observaron algunos sentimientos críticos hacia las misiones, con tanta fuerza que parecía que habían tenido lugar ayer. Ahí, por supuesto, había muchos juicios globales que no responden a la verdad de la historia; más bien respondían a las emociones del momento. Yo no pretendo discutir los fallos o errores que pudieron someterse. Pero, precisamente ahora hay nuevos estudios, más profundos, en relación con ese tema; y las nuevas investigaciones dejan al descubierto que la fe -y la Iglesia también- realizó una gran tarea de protección de la cultura frente a aquel aplastamiento brutal de los hombres, debido, sobre todo, a un afán desmedido de posesión por parte de los descubridores. El Papa Pablo III Y sus sucesores intercedieron con firmeza en favor de los derechos de los indígenas y ordenaron los correspondientes ordenamientos jurídicos. La corona española, en concreto el emperador Carlos V, también dictó nuevas leyes, en gran parte irrealizables, pero que honran a la corona española, pues protegían los derechos de los indígenas a los que, expresamente, reconocían como seres humanos y, por tanto, titulares o portadores de derechos humanos. En el siglo de oro de España, los teólogos y los canonistas españoles fueron los que dieron origen a la idea de los derechos humanos. Posteriormente, otros los hicieron suyos, pero para entonces ya habían sido redactados, en España, por Vitoria. Aquel gran movimiento misionero de franciscanos y dominicos se transformó en un movimiento defensor del hombre. No hablo sólo de Bartolomé de las Casas, sino de otros muchos misioneros, de un gran número de misioneros anónimos. Ahora ha salido a la luz un aspecto muy interesante de la historia de las misiones. Aquellos primeros franciscanos que fueron a Méjico como misioneros aún estaban influenciados por la teología del siglo XIII y predicaban un cristianismo muy sencillo, muy directo y sin que mediara ninguna institución. Pero los indígenas apenas hubieran prestado atención al cristianismo -como vemos que sucedió en Méjico- si no hubiera sido porque percibían en la fe una especial fuerza liberadora. Liberadora también del culto que habían tenido hasta entonces. Méjico fue conquistado porque el pueblo oprimido cerró filas junto a los españoles para poder liberarse de aquel dominio. Todo ello junto da una imagen muy diferente y en la que no existen culpas que perdonar. En la fe había una gran fuerza protectora y liberadora que hizo posible que exista una numerosa población india en Centro y Sudamérica; de no haberla habido, las cosas hubieran sido muy diferentes. Y, dígame, ¿cómo puede explicar que la rehabilitación de Galileo haya tardado siglos en efectuarse? Yo diría que aquí más bien se ha rendido homenaje a un tema que ya había prescrito. Nadie se sentía en la necesidad de proceder a una rehabilitación expresa. El caso Galileo fue intencionadamente ensalzado por la Ilustración, como ejemplo concreto del conflicto entre Iglesia y ciencia. Tenía peso propio, históricamente hablando, pero la sobrecarga de tensiones electrizantes y casi míticas no se justificaba. La Ilustración quería hacer de ese asunto el prototipo del comportamiento de la Iglesia frente a la ciencia. Y, de ese modo, el caso de Galileo fue hinchándose para poder poner de relieve la enemistad y la hostilidad de una Iglesia demasiado anticuada frente a la ciencia. Pero, lentamente, se fue forjando el juicio: "esto no está en el pasado, es algo que va horadando los espíritus y que conviene depurar explícitamente". Qué habría hecho el mundo sin la Iglesia es una interrogante sin respuesta. Pero no se puede negar que la fe cristiana también ha liberado y cultivado al mundo, por ejemplo, en el desarrollo de los derechos humanos, en la cultura y en la ciencia, en la educación ética. Europa no hubiera sido posible sin esa fecundidad. El periodista judío Franz Oppenheimer escribió: "Las democracias deben su origen al mundo judeo-cristiano de Occidente. La historia de su origen condiciona fundamentalmente nuestro mundo pluralista. También a su origen hemos de agradecer las normas que hasta ahora han aprobado, juzgado y corregido nuestras democracias ". Y usted mismo también ha dicho que la existencia de las democracias tenía algo que ver con la existencia de los valores cristianos. Yo sólo puedo subrayar eso que ha escrito Oppenheimer. Hoy en día, todos sabemos que el modelo democrático procede de la constitución monástico, que fue pionera con sus capítulos y sus votaciones. La idea de derechos iguales para todos encontró ahí su forma política. También es cierto que antes había habido una democracia griega de donde se tomaron algunas ideas decisivas, pero después del ocaso de los dioses, tenían que ser transmitidas de alguna otra forma. Es un hecho evidente que las dos primeras democracias -la americana y la inglesa- están basadas en una misma conformidad de valores procedente de la fe cristiana, y que sólo pueden funcionar, y funcionan, cuando existe un acuerdo fundamental sobre los valores. De no ser así, se disolverían, se desintegrarían. De ahí se obtiene un balance histórico muy positivo para el cristianismo que desplegó una relación nueva del hombre consigo mismo y con una nueva humanidad. La antigua democracia griega dependía de la seguridad de los dioses. La democracia cristiana de la Edad Moderna dependía de los auténticos valores de la fe obtenidos por la elección de una mayoría. Justo en ese balance del siglo XX que hacía antes, quedaba demostrado que, cuando se suprime el cristianismo, irrumpen de nuevo los poderes del mal que han de ser nuevamente rechazados por el cristianismo. De forma puramente histórica podría decirse que no hay democracia sin fundamentos religiosos. El Cardenal inglés Newman dijo a propósito del mensaje que la Iglesia trae al mundo: "Sólo por nosotros los cristianos se podrá detener la caída del mundo, porque una red internacional de comunidades cristianas se extiende universalmente. La existencia del mundo está vinculada a la existencia de la Iglesia. Si la Iglesia cayese enferma, el mundo elevaría una protesta por ello". Esa formulación tal vez resulte demasiado drástica, y, sin embargo, yo diría que, precisamente, la historia de las grandes dictaduras ateas de nuestro siglo - nacionalsocialismo y comunismo- ha demostrado que, cuando faltan la fuerza de la Iglesia y el empuje de la fe, el mundo salta en pedazos. El paganismo precristiano aún tenía cierta inocencia y la vinculación a los dioses también encarnaba valores primitivos que ponían límites al mal, ahora si desaparecieran las fuerzas contrarias al mal se produciría un enorme cataclismo. Ahora podemos decir, basados en la certeza de la experiencia, que, después de haber sido arrancada de cuajo la autoridad moral que representa la fe cristiana, la humanidad se encuentra como un gran barco después de chocar contra un iceberg, dando bandazos y afrontando enormes riesgos para poder sobre

 

Desafío al Vaticano

Escrito por Mario Arroyo.

Se calcula que hubo alrededor de 110 servicios religiosos en Alemania para bendecir parejas homosexuales.

Bajo el grito de “#liebegewinnt” (el amor gana) se organizó en Alemania una desobediencia masiva a la Santa Sede, en concreto, a la respuesta negativa que la Congregación para la Doctrina de la Fe dio el pasado 15 de marzo, a la propuesta de bendecir parejas homosexuales. Una parte consistente de obispos y sacerdotes alemanes dijeron “no” a esta directriz de Roma, aprobada por el Papa, y organizaron el 10 de mayo una bendición masiva de parejas gay en muchas iglesias católicas de Alemania.

Se calcula que hubo alrededor de 110 servicios religiosos en todo el país para bendecir parejas homosexuales, y que sencillamente se trataba de sacar a la luz pública lo que ya se hacía en secreto. Los organizadores justifican su actitud afirmando: "Cada una de estas personas es querida por Dios en la forma precisa, como ellas son y cómo viven. La Iglesia Católica está obligada a encontrar una respuesta a esta realidad, debe encontrar actitudes y ritos". Sin embargo, Georg Bätzing, Presidente de la Conferencia Episcopal Alemana puntualizó: “Los servicios religiosos tienen su propia dignidad teológica y sentido pastoral. Y no deben utilizarse como instrumentos para manifestaciones y protesta de la política eclesial".

A la “rebelión alemana” se unen otras voces centroeuropeas, discordantes con los dictados de Roma. En Austria una asociación que aglutina a 350 sacerdotes, lanzó un “llamado a la desobediencia 2.0” para seguir bendiciendo parejas homosexuales. No es extraño, pues el Cardenal de Viena, Christoph Schönborn se ha mostrado favorable a este tipo de bendiciones. De igual forma, presbíteros de Suiza y Bélgica comparten el rechazo a la normativa de la Santa Sede. El agua esta revuelta en Centroeuropa para la Iglesia, particularmente en Alemania, donde su “Camino Sinodal” tiende a tomar posturas doctrinales y pastorales heterodoxas.

Roma, por su parte, obra con cautela. Espera. Sabe que está mucho en juego, la cuestión es, ¿hasta cuándo podrá resistir el tirón sin romperse la comunión? En efecto, lo que se trata de evitar a toda costa, es un nuevo cisma en la Iglesia Católica, que rompería la comunión con la Iglesia alemana. Para muchos el cisma ya se ha dado de hecho, pues los obispos alemanes no parecen estar muy dispuestos a dejarse orientar por la Santa Sede, y de hecho funcionan de forma independiente. El Papa tiene que soportar desafíos provocadores como este, con paciencia, la pregunta es ¿hasta dónde se puede tolerar la desobediencia notoria, pública, escandalosa, provocadora? ¿Qué eficacia real tendría un llamado de atención formal? No la tienen fácil las autoridades vaticanas ni los pocos obispos alemanes fieles a Roma.

Más allá del hecho concreto, las bendiciones masivas a parejas homosexuales, está el talante provocador y subversivo del evento. Los católicos del resto del mundo contemplamos con mucha tristeza la situación de la Iglesia en Alemania, una Iglesia muy antigua, muy culta, puede decirse que junto con la de Francia, forman la élite intelectual del catolicismo; una iglesia con muchísimos medios materiales, con los cuales ayuda a las iglesias más necesitadas económicamente del mundo (a mí mismo me pagaron los estudios en Roma dos instituciones alemanas). No nos queda sino cerrar filas en torno al Papa y apoyarle con la importante limosna de nuestra oración; porque sin duda, este es uno de los asuntos más delicados y urgentes que están sobre su escritorio.

Desde la publicación de la Encíclica Humanae Vitae no se veía una reacción tan abiertamente contraria a las enseñanzas pontificias desde dentro de la Iglesia. No había habido una resistencia activa por parte del clero a las enseñanzas papales. Vale la pena pensar una estrategia de salida. La más sencilla, la simple obediencia, por lo pronto no se ve posible, pues los ánimos están muy exacerbados. Hay que hacer un ulterior esfuerzo por comprender las razones de los disidentes, intentar ver lo que ellos ven, el bien que buscan custodiar y que consideran desprotegido por las normas. Se trata, una vez más, del conflicto entre doctrina y pastoral, tan frecuente en la Iglesia. Esperemos que Francisco encuentre la actitud de empatía adecuada, y la Iglesia alemana ponga de su parte, para que no se consume este inminente cisma.

 

El rector y la presidenta de la Fundación Cotec destacan la necesidad de la colaboración público-privada para construir una sociedad postpandemia


FotoManuel Castells/Cristina Garmendia, presidenta de la Fundació Cotec, y Alfonso Sánchez-Tabernero, rector de la Universidad

18 | 05 | 2021

Texto Isabel RincónLikeTweetShareWhatsApp

"La Universidad es un lugar maravilloso y privilegiado para potenciar la recuperación porque es libre y abierto a todos. Debemos entendernos con otras universidades, con los empresarios, con los políticos, con el mundo sindical, etc. Lo bueno de la Universidad es que no tiene un proyecto contra nadie. Está en una posición idónea: para formar bien a sus estudiantes; producir ciencia de alta calidad; contar con un propósito solidario y colaborativo y tener ese punto icónico de ‘vamos a estar unidos’".

Con estas palabras, el rector de la Universidad de Navarra, Alfonso Sánchez-Tabernero, habló de cuál y cómo debe ser la aportación de las universidades para la reconstrucción de una sociedad post covid. Lo hizo acompañado por la presidenta de la Fundación Cotec, ministra de Ciencia e Innovación durante los años 2008 a 2011 y antigua alumna de la Universidad, Cristina Garmendia, dentro del seminario online organizado por el Centro de Gobierno y Reputación de Universidades de la Universidad de Navarra. El ciclo cuenta con 250 personas inscritas, de 70 universidades y 20 países.

La colaboración público-privada, la capacidad de liderazgo, contar con un propósito y definir prioridades fueron algunas de las claves que ambos identificaron en las instituciones para superar esta crisis. Abordaron la necesidad del trabajo de la Universidad cerca de la empresa y la de vincular las ayudas públicas a indicadores de desempeño para fomentar la eficiencia y el rigor de las organizaciones. 

"La cooperación es uno de los aprendizajes que ha salido reforzado de esta crisis. El bien común no es potestad del sector público, es lo que tenemos que buscar todos y cada uno de nosotros y todas las instituciones sean de la naturaleza que sean, públicas o privadas", reclamó Cristina Garmendia.    

Garmendia habló de una Universidad que debe abordar la formación continua para transformar las tareas y conservar empleos. "La excelencia científica y académica no está reñida con querer ayudar a la empresa a proveer del talento que necesita para defendersu fin social. Creo que este va a ser uno de los grandes cambios. Desarrollar una Universidad más abierta y más participativa. Ahora más que nunca la formación en continuo debe formar parte del empleo. O promovemos una transformación de las tareas dentro de cada empleo o estos desaparecerán. La Universidad no debe quedar al margen de este desafío", comentó. 

En este sentido, Alfonso Sánchez-Tabernero no dudó en afirmar que, ante esta nueva etapa, las universidades van a ser más exigidas. "Se nos pregunta: ¿Qué hacen ustedes para formar gente que utilice su formación como palanca para la cohesión social y no como palanca para su interés personal; para la formación a lo largo de la vida; para promocionar en el emprendimiento en su entorno próximo; para trabajar codo con codo con la empresa?". El rector insistió en la necesidad de medir la aportación de las instituciones a la sociedad. "Estoy convencido de que el apoyo público, que proviene de nuestros impuestos, a instituciones públicas y privadas, va a estar vinculado a indicadores de desempeño, porque sin incentivo las organizaciones y también las universidades pierden rigor y pierden eficiencia".  

El rector señaló que la mejor manera para superar una crisis es tener un propósito cautivador y definir prioridades; y contar con gente comprometida. "Conseguir que la gente que trabaje en la Universidad sienta pasión por la misión y a la vez, se sienta valorada por sus jefes", añadió. Por su parte, Cristina Garmendia se refirió a la capacidad de liderazgo de las empresas; la capacidad tecnológica y su preparación para la digitalización; la apuesta por la innovación; y la virtud de avanzar de una manera inclusiva. Al respecto, advirtió: "La crisis y digitalización ha acentuado brechas ya existentes y han creado otras nuevas. Las instituciones tienen que avanzar de forma inclusiva y tener muy presente este aspecto en su estrategia. (...) Todas las universidades no estaban igualmente preparadas para afrontar la crisis y esto genera un dato preocupante: probablemente estemos ante el año académico más desigual en nuestra historia en términos de aprendizaje".

 

 

Ambiente terreno que produce inapetencia del Cielo

Times Square de Nueva York : movimiento, luces… agitación

 

Vista nocturna de la Times Square de Nueva York. Todos los recursos de la propaganda luminosa están utilizados para deslumbrar al transeúnte, atraer de todos modos su atención, excitarlo de las más diversas maneras, para finalmente convencerle de que compre algo que normalmente no compraría.

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Fray Angélico representó a Santo Domingo en meditación

El cuadro famoso de Fray Angélico, representando a Santo Domingo en meditación, constituye un contraste chocante con la primera fotografía.¿Sería posible a la población de las “urbes” babilónicas de nuestros días conservar esa distensión psíquica espléndida, que prepara las almas para elevarse a las más altas esferas del estudio y de la meditación?

¿Quién no ve que la agitación moderna aparta a la inmensa mayoría de los hombres del gusto de recogerse en Dios para estudiar y orar? En el Cielo, dice San Agustín, “descansando contemplaremos, contemplando amaremos, y amando loaremos. Esto constituirá nuestro fin sin fin”. (De Civit. Dei, I. XXII. C, 30, n° 5)

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¿La agitación contemporánea prepara al hombre para comprender y anhelar esta felicidad?

Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

La incertidumbre como principio inviolable

Estamos en unos momentos donde se habla de incertidumbre. Los mensajes que recibimos a través de los medios son muchas veces contradictorios.

Los jóvenes no ven salida, los que trabajan no están seguros de cobrar una pensión cuando las limitaciones físicas le impidan trabajar, después de pasar toda la vida trabajando.

Los que ya cobran la pensión no saben si se la rebajarán para ahorrar el dinero que cuesta mantenerlos. Hoy hay que hacer esto, dentro de un mes el criterio es el contrario y puede pasar que la situación nos lleve a una visión, no lo vamos a llamar de histeria, pero si de incertidumbre, inseguridad general y pesimismo global, y que se instale de modo crónico. 

Muchos han tratado sobre ella desde distintos puntos de vista. El que la consagró como principio inviolable de la realidad física, fue Heissemberg, es decir, antes estalla el universo que deje de cumplirse. En contraste, Platón que da un salto metafísico en el diálogo Critón.

Jesús Martínez Madrid

 

La dignidad humana

La dignidad humana desde la óptica cristiana es global y no está sometida a intereses partidistas ni a inventos de una Constitución: “uno no tiene dignidad humana como tiene una pierna o un cerebro El hombre no adquiere su dignidad,  y por lo tanto no puede perderla. Se da a cada personal incluso antes de que comience su concepción, y forma pare de la voluntad de Dios crear personas a su imagen y semejanza”.                                       

Afirma que la dignidad humana no es un subjuntivo (una posibilidad) sino un indicativo (una realidad presente), y aún más un imperativo, que la Iglesia en su doctrina y en la práctica de los fieles se esfuerzan por desarrollarlo en todos los ámbitos del saber, desde el derecho a la medicina, pasando por los medios de comunicación.

Por ello considera que: “Es poco probable que los cristianos católicos y protestantes construyan nuevas catedrales en nuestros días. Más esenciales que las catedrales de piedra, sin embargo, son los de piedra viva, cotidiana. Ellos y sus pastores tienen que volver a llegar radicalmente al cielo y a la eternidad, prepararse para esa Segunda Venida de Cristo que profesan en el credo que comparten, para que la Iglesia vuelva a brillar y fascine”.

Enric Barrull Casals

 

Pero nunca estamos preparados para ello

Para quienes han sufrido el zarpazo del traicionero virus chino, los datos, las estadísticas o las curvas que suben o bajan, sirven de bastante poco. Millones han visto sus vidas truncadas aunque hubieran tratado de cuidarse, antes de estallar esta maldita calamidad. La pandemia nos ha acercado a la cruda realidad de nuestra propia muerte, un asunto del que no queremos oír ni hablar.

Los que han tenido próximo el final de algún ser querido saben bien de qué va esta copla. Y los que han estado debatiéndose entre vivir y morir. La única diferencia estriba en esta ocasión en la soledad: ni las familias han podido acompañar al enfermo en sus últimos momentos, ni este ha podido despedirse de ellos. Los que han librado la batalla y han sanado, tantas veces sin saber el motivo, lo han hecho igualmente aislados, sin nadie al lado. Y no me digan que los móviles han servido para conectarse, porque el calor de una mano o un sentido beso en la frente no puede ser sustituido jamás por una videollamada.

Que la muerte nos alcanzará cuando menos lo sospechemos, es una verdad de perogrullo. Pero nunca estamos preparados para ello. Nuestra sociedad tampoco quiere saber nada de eso, ni está dispuesta a aceptar de buen grado cosas así de sombrías, pese a su inevitabilidad. Cuando ronda la parca, se desatan grandes temores que debieran darse por sentados, precisamente por nuestra condición mortal. Esa súbita realidad nos sitúa de repente ante el desafío más imponente de nuestra existencia, multiplicando los interrogantes y el natural desasosiego.

Jesús Martínez Madrid

 

 

Morir, también llegará

Tras nuestro ocaso provocado por la pandemia todo seguirá igual. O no. La angustia, sin embargo, continúa concentrándose en ese mismo instante en el que todo concluye y se deja físicamente de estar presente sobre las tablas en las que has interpretado tu papel y te has convertido en la persona que eres. Desde luego, el que muere no sabemos lo que experimenta en ese concreto trance, aunque existan vivencias de otros que apunten a luminosos reencuentros con seres queridos que ya han fallecido. Es el miedo a la última hora, a la indeterminación del tiempo en que se producirá, al dolor que pueda generarte, a la situación en que dejarás a los tuyos, a la tristeza de no poder seguir siendo el protagonista de tu propia biografía y de la de los que te rodean lo que polariza esos escatológicos pensamientos. Pero también está la poderosa esperanza en el Dios justo y bueno, en los que así creemos.

Hay que recordar que la muerte nos acompaña desde que nacemos y va proyectando su alargada sombra desde entonces. Pero renunciamos a mirarla a la cara, tal vez porque nos consideramos inmortales o porque siempre es mejor hacerse el unguis.

Pensar en las postrimerías ayuda bastante a pensar en la vida. Y a valorar el inmenso regalo cotidiano de disfrutar de la salud, la alegría, un paisaje, una buena cerveza, la familia o la amistad. Pero sin perder de vista que algún día todo eso acabará, abriéndose para los que así confiamos un radiante horizonte sin fin, sin dolores ni preocupaciones.

No tengo claro que la tragedia que estamos viviendo esté suscitando demasiadas reflexiones de este tipo, salvo en los más directamente afectados. No estaría mal que así fuera, para poder sacar conclusiones verdaderamente humanas de esta catástrofe y reconocer de una vez nuestra profunda fragilidad, así como la brevedad de nuestro paso por este efímero mundo.

Jesús Domingo Martínez

 

 

LA REALIDAD DEL “VIRUS CHINO” Y LA “OMS”

 

“EL ORGANISMO INTERNACIONAL INSISTIÓ EN QUE LAS VÍAS HABITUALES DE CONTAGIO SON LAS GOTITAS DE LA TOS O ESTORNUDOS DE UNA PERSONA INFECTADA: La OMS concluye que el coronavirus no se transmite por el aire: ‘No es necesario utilizar mascarillas en espacios públicos’. Recomienda mantener la distancia social, el lavado de manos y la limpieza de las superficies cercanas a los enfermos”. PERIODISTA DIGITAL 12 Agosto 2020 

 

El coronavirus que provoca el Covid-19 se transmite por el contacto con gotitas de saliva que procedan de tos, estornudos o de la simple respiración cercana de otra persona. Pero no queda flotando en el aire ni es posible que se trasmita a través de él si salimos a la calle o caminamos por un supermercado donde pasó un rato antes una persona infectada.

Así lo concluyó un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que evaluó la evidencia científica disponible hasta el momento y que por eso mismo reiteró que no es necesario utilizar mascarillas para transitar por las calles.

El documento de la OMS ha señalado, sin embargo, que existe riesgo de contagio si no se mantiene la distancia de seguridad recomendada de un metro, ya que estamos más expuestos a las gotitas respiratorias con capacidad infectiva que produce una persona contagiada cuando tose o estornuda.

Pero el virus es pesado y no se dispersa a distancias mayores a un metro. Cae antes al suelo por su propia gravedad.

Otra vía de contagio es tocar alguna superficie sobre la que haya tosido o estornudado una persona portadora del virus.

“La transmisión por gotitas se produce cuando una persona que se encuentra en estrecho contacto (menos de un metro) de otra que tiene síntomas respiratorios (como tos o estornudos) y entra así en riesgo de poner sus propias mucosas (boca y nariz) o sus ojos expuestos a sus gotitas respiratorias potencialmente infecciosas”, explica el informe de la OMS.

“Así, el contagio puede producirse por contacto directo con una persona infectada o por contacto con una superficie o un objeto que ésta haya utilizado”.

Por ello, la OMS insistió en la importancia extrema de la higiene frecuente de las manos y la limpieza y desinfección ambiental.

La OMS salió así a corregir el estudio de los científicos de los Institutos Nacionales de Salud y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y la Universidad de Princeton publicado en The New England Journal of Medicine.

Este trabajo aseguraba que el coronavirus SARS-CoV-2 aguantaba suspendido en el aire hasta tres horas de media y que era capaz de mantenerse con capacidad de contagio en superficies como el plástico o el acero inoxidable hasta tres días y en el cartón hasta 24 horas.

La OMS recordó que ese estudio se llevó a cabo en el laboratorio, usando aparatos que no reflejan las condiciones reales de la tos o el estornudo humanos.

En circunstancias normales, es extremadamente poco probable que haya partículas virales flotando en el aire. Investigadores de Singapur tomaron muestras de aire en habitaciones de pacientes sintomáticos con Covid-19 y no hallaron ARN viral en el aire, tal como publicaron en la revitsta JAM.

Es el mismo resultado obtenido al analizar 75.465 casos de la Covid-19 en China, donde tampoco se ha reportado ningún contagio por transmisión aérea del virus.

Sanitarios todo el mundo ha mostrado sus preocupación por la explosión de la demanda de mascarillas por parte del público que siente que estará más protegido de la pandemia si utiliza uno en su casa y cuando transita en lugares públicos. El estudio de la OMS intenta corregir definitivamente esa percepción.

La solicitud de los especialistas es no agotar los stocks de esos productos que sí son necesarios para los médicos y enfermeros que trabajan sobre pacientes ya infectados, encima de su respiración

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MI OPINIÓN: ¿Y si esto lo afirma el máximo organismo internacional que vela por la salud, qué cojoness se traen estos políticos tiránicos, que nos obligan a llevar, bozales como si todos estuviésemos apestados? ¿Qué negocios enormes o sobornos, hay tras la venta masiva de mascarillas? ¿Por qué incluso médicos y farmacéuticos insisten en que hay que llevarlas? Descaradamente tras esta declaración, se demuestra que todo son negocios y a costa de quienes sean y que lo que hay detrás son asquerosos negocios, como seguro que los va a haber cuando se inicien la implantación de vacunas. Y TODO BASADO EN EL MIEDO QUE HAN CREADO.

Antonio García Fuentes

Escritor y filósofo – www.jaen.ciudad.es (aquí mucho más)

 

Jaén: 14 de Agosto del 2020 (Ha transcurrido ya casi un año y siguen con “el bozal”)

NOTA: Lo he publicado de nuevo hoy, puesto que es evidente, los abusos las tiranías a que los gobiernos nos han sometido y someten sin motivos justificables: AGF 24-05-2021