Las Noticias de hoy 17 Mayo 2021

Enviado por adminideas el Lun, 17/05/2021 - 13:12

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 17 de mayo de 2021    

Indice:

ROME REPORTS

Regina Coeli, Papa: Jesús no nos abandona, permanece en oración

 Homilía del Papa: No dejen de mirar a lo alto y cuiden la fe

El Papa a Meter: sois el hogar de tantos niños cuya inocencia ha sido violada

EL DON DE CONSEJO : Francisco Fernandez Carbajal

Meditaciones: lunes 7ª semana de Pascua

SÉPTIMO DOMINGO DE PASCUA. : + Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

“Nada vale la pena, si no estamos junto al Señor” San Josemaria

El desafío de comunicar encontrando a las personas donde están y como son

Amor conyugal y vida de piedad : Rosamaría Aguilar

¿Quién es el Espíritu Santo?

Los problemas del método en la Crítica de la razón pura (Parte I): Ignacio Falgueras Salinas

El matrimonio, incubadora de la paternidad : María Calvo

La familia, “uno de nuestros grandes retos” : Jesús Domingo

Los paganos no rechazaron lo maravilloso como hoy : Plinio Corrêa de Oliveira

«El laicismo militante se nos presenta como una religión política propia de sistemas totalitarios»

Prioridades y emergencias: Valentín Abelenda Carrillo

Las peticiones de Francisco : Jesús Martínez Madrid

Con el avance de las técnicas de comunicación : Jesús Martínez Madrid

La Eutanasia : Suso do Madrid

Ministerio ecológico y medio ambiente : Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

Regina Coeli, Papa: Jesús no nos abandona, permanece en oración

En la Solemnidad de la Ascensión del Señor, el Papa Francisco se asoma desde el balcón del Palacio Apostólico para recitar la oración mariana del Regina Coeli. “La ascensión completa la misión de Jesús entre nosotros”.

Mireia Bonilla - Ciudad del Vaticano

“Normalmente las escenas de despedida son tristes, hacen que los que se quedan se sientan perdidos y abandonados; pero esto no les ocurre a los discípulos. A pesar de su separación del Señor, no están desconsolados, al contrario, están alegres y dispuestos a partir como misioneros en el mundo”. Con estas palabras el Papa Francisco ha descrito el pasaje del Evangelio de hoy, según San Marcos, en el que se presenta el último encuentro del Resucitado con los discípulos antes de ascender a la derecha del Padre.

La ascensión completa la misión de Jesús entre nosotros

Tras estas palabras, el Papa Francisco ha lanzado varias preguntas ante los fieles presentes en la Plaza de San Pedro: ¿Por qué los discípulos no están tristes? ¿Por qué debemos alegrarnos también cuando vemos a Jesús ascender al cielo? Y su respuesta inmediata: “Porque la ascensión completa la misión de Jesús entre nosotros. Porque si es por nosotros que Jesús bajó del cielo, es siempre por nosotros que asciende”.

De hecho, el Papa ha explicado que después de haber descendido a nuestra humanidad y haberla redimido, si Dios, el Hijo de Dios, desciende y se hace hombre, toma nuestra humanidad y la redime, ahora asciende al cielo llevándose nuestra carne: “Es el primer hombre que entra en el cielo, porque Jesús es hombre, verdadero hombre, es Dios, verdadero Dios. Nuestra carne está en el cielo y eso nos da alegría”.

Jesús no nos abandona, permanece en oración 

El Papa explica que no se trata en absoluto de un abandono, “porque Jesús se queda para siempre con los discípulos - con nosotros – y permanece en oración, porque él, como hombre, ora al Padre, y como Dios: hombre y Dios”. De hecho – dice – “le muestra las heridas, las heridas con las que nos redimió”. Y la oración de Jesús está ahí, con nuestra carne: “es uno de nosotros, Dios hombre, y reza por nosotros”. Y esto – señala el Papa – “debe darnos una seguridad, de hecho es una alegría, ¡una gran alegría!”.

Después, ha citado el segundo motivo de alegría: “la promesa de Jesús”. “Nos dijo: "Os enviaré el Espíritu Santo". Y allí, con el Espíritu Santo, se hace ese mandamiento que da precisamente en la despedida: "Id por el mundo, proclamad el Evangelio". Y será el Espíritu Santo quien nos lleve allí al mundo, para llevar el Evangelio”.

El Pontífice explica que es precisamente el Espíritu Santo quien ha hecho posible que todos nosotros seamos así hoy: “¡Una gran alegría! Jesús se ha ido: el primer hombre ante el Padre. Se fue con las heridas, que fue el precio de nuestra salvación, y reza por nosotros. Y luego nos envía el Espíritu Santo, nos promete el Espíritu Santo, para ir a evangelizar”. Y De ahí – concluye – “la alegría de hoy, de ahí la alegría de este Día de la Ascensión”.

 

 

Homilía del Papa: No dejen de mirar a lo alto y cuiden la fe

Francisco pidió esta mañana a los fieles birmanos residentes en Roma, que participaron en la Misa que celebró por la paz en Myanmar, que mientras su amado país está marcado por la violencia, el conflicto y la represión, no dejen la oración porque “es la única arma que tenemos para cuidar el amor y la esperanza en medio de tantas armas que siembran muerte”

 

Vatican News

La mañana de este VII domingo del Tiempo Pascual el Papa Francisco presidió en el Altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro la santa misa por la paz en Myanmar en la que participaron los fieles residentes en Roma, entre los cuales algunos budistas en signo de solidaridad. En su homilía, el Santo Padre comenzó recordando que en sus últimas horas de su vida, Jesús reza. Y siguiendo su modelo de oración propuso pensar en el verbo “cuidar” que usa Jesús cuando ruega al Padre por los suyos.

Cuidar la fe

El Papa invitó a los fieles birmanos, mientras su amado Myanmar está marcado por la violencia, el conflicto y la represión, que cuiden la fe “para no sucumbir al dolor ni dejarnos caer en la resignación de quien ya no ve una salida”.

Levantar la mirada al cielo como Jesús

También aludió a esa actitud de Jesús que rezaba levantando los ojos al cielo en las horas finales de su vida, cuando aumentaba su angustia por la pasión que se acercaba. Y afirmó textualmente:

“Custodiar la fe es mantener la mirada en alto, hacia el cielo, mientras sobre la tierra se combate y se derrama sangre inocente. Es no ceder a la lógica del odio y de la venganza, sino permanecer con la mirada puesta en ese Dios de amor que nos llama a ser hermanos entre nosotros”

Tener confianza en Dios a través de la oración

Francisco explicó que “la oración nos abre a la confianza en Dios, incluso en los momentos difíciles”, y “nos sostiene en la batalla cotidiana” sin ser “una fuga” o “un modo de escapar de los problemas”. Al contrario, dijo el Papa, “es la única arma que tenemos para cuidar el amor y la esperanza en medio de tantas armas que siembran muerte”.

“No es fácil alzar la mirada cuando estamos en medio del dolor, pero la fe nos ayuda a vencer la tentación de replegarnos en nosotros mismos”

Además, el Obispo de Roma reafirmó que no es el caso de “tener miedo, porque también esto es oración. En ciertos momentos, es una oración que Dios acoge más que otras porque nace de un corazón herido, y el Señor escucha siempre el grito de su pueblo y enjuga sus lágrimas”.

La división es una enfermedad mortal

Destacó asimismo otro aspecto del cuidar, cuando se refirió al hecho de “cuidar la unidad”, como Jesús cuando reza al Padre para que guarde a los suyos en la unidad, para que todos sean uno, una sola familia donde reinan el amor y la fraternidad”. Él conocía el corazón de sus discípulos; a veces los había visto discutir sobre quién debía ser el más grande, quién debía mandar.

“Esta es una enfermedad mortal: la división. La experimentamos en nuestro corazón, porque frecuentemente estamos divididos dentro de nosotros mismos”

De pequeños a grandes conflictos

Después de recordar que experimentamos la división en las familias, en las comunidades, entre los pueblos e incluso en la Iglesia, el Obispo de Roma afirmó que “son muchos los pecados contra la unidad: las envidias, los celos, la búsqueda de intereses personales en vez del bien de todos, los juicios contra los otros”. Se trata de pequeños conflictos que se reflejan después en los grandes conflictos, como el que vive en estos días Myanmar.

“Cuando los intereses de parte, la sed de ventajas y de poder se imponen, estallan siempre enfrentamientos y divisiones. La última recomendación que Jesús hace antes de su Pascua es la unidad. Porque la división viene del diablo que es el que divide”

El Papa afirmó también en su homilía que estamos llamados a cuidar la unidad, tomando en serio esta apremiante súplica de Jesús al Padre y dijo a los fieles birmanos que “tengan el valor de vivir vínculos de amistad, de amor, de fraternidad”.

“Sé que algunas situaciones políticas y sociales son más grandes que ustedes, pero el compromiso por la paz y la fraternidad nace siempre de la base. Cada uno, en lo pequeño, puede hacer su parte. Cada uno, en lo pequeño, puede comprometerse a ser constructor de fraternidad, a ser sembrador de fraternidad, a trabajar en la reconstrucción de lo que se ha roto, en vez de alimentar la violencia”

Promover el diálogo

Francisco dijo que también como Iglesia estamos llamados a ello, por lo que manifestó la necesidad de promover el diálogo, el respeto por el otro, la custodia del hermano, la comunión.

 

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Y, finalmente, se refirió al hecho de “cuidar la verdad”, puesto que Jesús pide al Padre que consagre en la verdad a sus discípulos, que son enviados por el mundo a continuar su misión.

"Cuidar la verdad significa ser profetas en todas las situaciones de la vida, es decir, estar consagrados al Evangelio y ser testigos aun cuando haya que pagar el precio de ir contracorriente. A veces, nosotros cristianos buscamos un acuerdo, sin embargo, el Evangelio nos pide estar en la verdad y para la verdad, dando la vida por los demás. Y donde hay guerra, violencia y odio, ser fieles al Evangelio y constructores de paz significa comprometerse, también a través de las decisiones sociales y políticas, arriesgando la vida".

El Señor no necesita gente tibia

El Santo Padre insistió en que el Señor “nos quiere consagrados a la verdad y a la belleza del Evangelio, para que podamos testimoniar la alegría del Reino de Dios también en la noche oscura del dolor y cuando el mal parece más fuerte”.

“Hoy quiero llevar al altar del Señor el sufrimiento de su pueblo y rezar con ustedes para que Dios convierta los corazones de todos a la paz. Que la oración de Jesús nos ayude a cuidar la fe también en los momentos difíciles, a ser constructores de unidad, a arriesgar la vida por la verdad del Evangelio”

“Y no pierdan la esperanza. Jesús – concluyó el Papa – todavía hoy ruega al Padre e intercede por todos nosotros, para que nos cuide del maligno y nos libere del poder del mal”.

 

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Cabe destacar asimismo que un sacerdote birmano manifestó, en nombre de sus compatriotas en Roma y en Myanmar, el inmenso agradecimiento al Santo Padre quien en estos últimos meses se refirió en diversas oportunidades a la situación de su país, instando a deponer las armas, utilizar el diálogo y construir la paz. Sin olvidar el viaje apostólico que Francisco realizó en 2017 a esta nación bajo el lema de "Amor y paz", y cuyos habitantes guardan en su corazón.

 

 

El Papa a Meter: sois el hogar de tantos niños cuya inocencia ha sido violada

Discurso del Santo Padre a la Asociación "Meter" que desde 1989 lucha por la protección y la defensa de los niños abusados y maltratados en el mundo. La exhortación del Papa: “Tenemos que luchar con esta vieja costumbre de encubrir”.

 

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

Esta mañana el Papa Francisco se ha reunido en la Sala Clementina del Vaticano con algunos representantes de la Asociación Meter, volcada desde 1989 en la protección y defensa de los niños abusados y maltratados. Fue fundada por monseñor Antonio Staglianò y a don Fortunato Di Noto, “cuando pocos hablaban de esta lacra – ha dicho el Papa – ellos se comprometieron en la lucha contra la pedofilia en Italia y en otros países”.

El Papa les ha dicho que gracias a su “generosa labor”, han contribuido a hacer visible el amor de la Iglesia por los más pequeños e indefensos: “¿Cuántas veces, como el buen samaritano del Evangelio, habéis tendido la mano con respeto y compasión, para acoger, consolar y proteger? ¡Cuántas heridas espirituales habéis atado!” y por todo ello, el Papa les asegura que la comunidad eclesial “les está agradecida”.

La Asociacion Meter es “un hogar de esperanza”

Después, el Papa ha comparado Asociación con una casa: “Cuando decimos "hogar" pensamos en un lugar de acogida, de refugio, de custodia. La palabra "hogar" tiene un sabor típicamente familiar, que evoca el calor, el afecto y la ternura que se pueden experimentar en una familia, especialmente en momentos de angustia y dolor. Y ustedes han sido y son el "hogar" de tantos niños cuya inocencia ha sido violada o esclavizada por el egoísmo de los adultos”. El Papa además puntualiza que han sido y son “una casa de esperanza, alentando en muchas víctimas un camino de liberación y redención”.

Desgraciadamente los abusos contra los niños continúan

El Santo Padre ha asegurado que el trabajo de la asociación Meter “es más necesario que nunca porque, desgraciadamente, los abusos contra los niños continúan”, puntualizando que se refiero, en particular, “a las solicitudes que se realizan a través de Internet y de los distintos medios sociales, con páginas y portales dedicados a la pornografía infantil”. “Se trata de una lacra que, por un lado, requiere ser abordada con renovada determinación por parte de las instituciones públicas y, por otro, requiere una concienciación aún mayor por parte de las familias y de los distintos organismos educativos”.

Acabar con la vieja costumbre de “tapar”

Durante su discurso, el Santo Padre ha recordado que hoy en día vemos cómo, a menudo, en las familias, la primera reacción es tapar todo. Y en otras instituciones, incluso en la Iglesia, siempre está ahí. “Tenemos que luchar con esta vieja costumbre de encubrir” ha exhortado el Papa.

Además, Francisco ha tachado al maltrato infantil de "asesinato psicológico" y en muchos casos – dice – es un “borrado de la infancia”. Por lo tanto, el Papa insiste en que la protección de los niños contra la explotación sexual “es un deber de todos los Estados, que deben identificar tanto a los traficantes como a los abusadores” y hace un llamamiento a la “denuncia” y “prevención” de esa explotación en los distintos ámbitos de la sociedad: la escuela, el deporte, las actividades recreativas y culturales, las comunidades religiosas y los individuos.

El logotipo de Meter tiene un significado especial

Por último, el Papa ha analizado el logotipo de la Asociación, el cual, dice, “está formado por una gran letra "M" que recuerda la idea de vientre, acogida, protección y abrazo a los más pequeños”. Y dentro de la "M" hay doce estrellas, símbolo de la corona de la Virgen María, Madre de Jesús y madre de todos los niños. “Ella, madre solícita, toda ella empeñada en amar a su Hijo Jesús, es un modelo y una guía para toda la Asociación, animándonos a amar con caridad evangélica a los niños víctimas de la esclavitud y la violencia” ha dicho el Pontífice. De hecho – continúa – “la caridad con el prójimo es inseparable de la caridad que Dios tiene con nosotros y que nosotros tenemos con él, por eso os exhorto a enraizar siempre vuestra actividad cotidiana en la relación diaria con Dios: en la oración personal y comunitaria, en la escucha de su Palabra y, sobre todo, en la Eucaristía, sacramento de unidad y vínculo de caridad”.

Logotipo Asociación Meter

 

 

 

EL DON DE CONSEJO

— El don de consejo y la virtud de la prudencia.

— El don de consejo es una gran ayuda para mantener una conciencia recta.

— Los consejos de la dirección espiritual. Medios que facilitan la actividad de este don.

I. Son muchas las ocasiones de desviarnos del camino que conduce a Dios, muchos son los senderos equivocados que a menudo se presentan. Pero el Señor nos ha asegurado: Yo te haré saber y te enseñaré el camino que debes seguir; seré tu consejero y estarán mis ojos sobre ti1. El Espíritu Santo es nuestro mejor Consejero, el más sabio Maestro, el mejor Guía. Cuando os entreguen –prometía el Señor a los Apóstoles refiriéndose a situaciones extremas en las que se encontrarían– no os preocupéis de cómo o qué hablaréis, porque se os dará en aquella hora lo que debéis decir. No seréis vosotros los que habléis, sino el Espíritu de vuestro Padre será el que hable por vosotros2. Tendrían una especial asistencia del Paráclito, como la han tenido los cristianos fieles a lo largo de los siglos en circunstancias similares.

La conducta de tantos mártires cristianos prueba cómo se ha cumplido en la vida de los fieles aquella promesa que les hizo Jesús. Conmueve el comprobar la serenidad y la sabiduría de personas a veces de escasa cultura, incluso de niños, según ha quedado constancia en numerosos documentos. El Espíritu Santo, que nos asiste aun en las circunstancias de menos relieve, lo hará de una manera singular cuando debamos confesar nuestra fe en situaciones difíciles.

El Espíritu Santo, mediante el don de consejo, perfecciona los actos de la virtud de la prudencia, que se refiere a los medios que se deben emplear en cada situación. Con mucha frecuencia debemos tomar decisiones; unas veces en asuntos importantes, otras, en materias de escasa entidad. En todas ellas, de alguna manera, tenemos comprometida nuestra santidad. Dios concede el don de consejo a las almas dóciles a la acción del Espíritu Santo, para decidir con rectitud y rapidez. Es como un instinto divino para acertar en el camino que más conviene para la gloria de Dios. De la misma manera que la prudencia abarca todo el campo de nuestro actuar, el Espíritu Santo, por el don de consejo, es Luz y Principio permanente de nuestras acciones. El Paráclito inspira la elección de los medios para llevar a cabo la voluntad de Dios en todos nuestros quehaceres. Nos lleva por los caminos de la caridad, de la paz, de la alegría, del sacrificio, del cumplimiento del deber, de la fidelidad en lo pequeño. Nos insinúa el camino en cada circunstancia.

La vida interior de cada uno es el primer campo donde este don ejerce su acción. Ahí, en el alma en gracia, actúa el Paráclito de una manera callada, suave y fuerte a la vez. «Es tan hábil para enseñar este sapientísimo Maestro, que es lo más admirable ver su modo de enseñar. Todo es dulzura, todo es cariño, todo bondad, todo prudencia, todo discreción»3. De estas «enseñanzas» y de esta luz en el alma vienen esos impulsos, las llamadas a ser mejores, a corresponder más y mejor. De aquí vienen esas resoluciones firmes, como instintivas, que cambian una vida o son el origen de una mejora eficaz en las relaciones con Dios, en el trabajo, en el actuar concreto de cada día.

Para dejarnos aconsejar y dirigir por el Paráclito debemos desear ser por entero de Dios, sin poner conscientemente límites a la acción de la gracia; buscar a Dios por ser Quien es, infinitamente digno de ser amado, sin esperar otras compensaciones, tanto en los momentos en que todo se presenta más fácil como en situaciones de aridez. «A Dios hay que buscarle, servirle y amarle desinteresadamente; ni por ser virtuoso, ni por adquirir la santidad, ni por la gracia, ni por el Cielo, ni por la dicha de poseerle, sino solo por amarle; y cuando nos ofrece gracias y dones, decirle que no, que no queremos más que amor para amarle; y si nos llega a decir pídeme cuanto quieras, nada, nada le debemos pedir; solo amor y más amor, para amarle y más amarle»4. Y con el amor a Dios llega todo lo que puede saciar el corazón del hombre.

II. El don de consejo supone haber puesto los demás medios para actuar con prudencia: recabar los datos necesarios, prever las posibles consecuencias de nuestras acciones, echar mano de la experiencia en casos análogos, pedir consejo oportuno cuando el asunto lo requiera... Es la prudencia natural, que resulta esclarecida por la gracia. Sobre ella actúa este don; es el que hace más rápida y segura la elección de los medios, la respuesta oportuna, el camino que debemos seguir. Existen casos en los que no es posible aplazar la decisión, porque las circunstancias requieren una respuesta segura e inmediata, como la que dio el Señor a los fariseos que le preguntaban con mala fe si era lícito o no pagar el tributo al César. El Señor pidió una moneda con que se pagaba el tributo, y les preguntó: ¿De quién es esta imagen y esta inscripción? Le respondieron: del César. Entonces les dijo: Dad, pues, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Al oírlo se quedaron admirados y dejándole se marcharon5.

El don de consejo es de gran ayuda para mantener una conciencia recta, sin deformaciones, pues, si somos dóciles a esas luces y consejos con que el Espíritu Santo ilumina nuestra conciencia, el alma no se evade ni autojustifica ante las faltas y los pecados, sino que reacciona con la contrición, con un mayor dolor por haber ofendido a Dios. Este don ilumina con claridad el alma fiel a Dios para no aplicar equivocadamente las normas morales, para no dejarse llevar por los respetos humanos, por criterios del ambiente o de la moda, sino según el querer de Dios. El Paráclito advierte, por sí o por otros, acerca de la senda recta y señala los caminos a seguir, quizá distintos de los que sugiere el «espíritu del mundo». Quien deja de aplicar las normas morales, importantes o menos importantes, a su conducta concreta es porque prefiere hacer su antojo antes que cumplir la voluntad de Dios.

Ser dóciles a las luces y mociones interiores que el Espíritu Santo inspira en nuestro corazón de ningún modo excluye «el que se consulte a los demás, ni el que se escuchen humildemente las directrices de la Iglesia. Al contrario, los santos se han mostrado siempre presurosos a someterse a sus superiores, con el convencimiento de que la obediencia es el camino real, el más rápido y seguro, hacia la santidad más alta. El Espíritu Santo inspira Él mismo esta filial sumisión a los legítimos representantes de la Iglesia de Cristo: Quien a vosotros oye, a mí me oye, y el que a vosotros desecha a mí me desecha (Lc 10, 16)»6.

III. Este don de consejo es particularmente necesario a quienes tienen la misión de orientar y guiar a otras almas. Santo Tomás enseña que «todo buen consejo acerca de la salvación de los hombres viene del Espíritu Santo»7. Los consejos de la dirección espiritual –por los que tantas veces y de modo tan claro nos habla el Espíritu Santo– debemos recibirlos con la alegría de quien descubre una vez más el camino, con agradecimiento a Dios y a quien hace sus veces, y con el propósito eficaz de llevarlos a la práctica. En ocasiones estos consejos tienen particulares resonancias en el alma de quien las recibe, promovidas directamente por el Espíritu Santo.

El don de consejo es necesario para la vida diaria, tanto para los propios asuntos como para aconsejar a nuestros amigos en su vida espiritual y humana. Este don corresponde a la bienaventuranza de los misericordiosos8, pues «hay que ser misericordiosos para saber dar discretamente un consejo saludable a quienes de él tienen necesidad; un consejo provechoso, que lejos de desalentarles les anime con fuerza y suavidad al mismo tiempo»9.

Hoy pedimos al Espíritu Santo que nos conceda ser dóciles a sus inspiraciones, pues el mayor obstáculo para que el don de consejo arraigue en nuestra alma es el apegamiento al juicio propio, el no saber ceder, la falta de humildad y la precipitación en el obrar. Facilitaremos la acción de este don, si nos acostumbramos a llevar a la oración las decisiones importantes de nuestra vida: «no tomes una decisión sin detenerte a considerar el asunto delante de Dios»10; si procuramos despegarnos del propio criterio: «no desaproveches la ocasión de rendir tu propio juicio», aconseja San Josemaría Escrivá11; si somos completamente sinceros a la hora de pedir un consejo en la dirección espiritual, o a la hora de hacer una consulta moral en algún asunto que nos afecta muy directamente: de ética profesional, o para valorar si Dios pide más generosidad para formar una familia numerosa... Si somos humildes, si reconocemos nuestras limitaciones, sentiremos la necesidad, en determinadas circunstancias, de acudir a un consejero. Entonces no acudiremos a uno cualquiera, «sino a uno capacitado y animado por nuestros mismos deseos sinceros de amar a Dios, de seguirle fielmente. No basta solicitar un parecer; hemos de dirigirnos a quien pueda dárnoslo desinteresado y recto (...). En nuestra vida encontramos compañeros ponderados, que son objetivos, que no se apasionan inclinando la balanza hacia el lado que les conviene. De esas personas, casi instintivamente, nos fiamos; porque, sin presunción y sin ruidos de alharacas, proceden siempre bien, con rectitud»12.

El que me sigue no anda en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida13. Si procuramos seguir al Señor cada día de nuestra vida, no nos faltará la luz del Espíritu Santo en todas las circunstancias. Si tenemos rectitud de intención, no permitirá Él que caigamos en el error. Nuestra Madre del Buen Consejo nos conseguirá las gracias necesarias, si acudimos a Ella con la humildad del que sabe que por sí solo tropezará y tomará frecuentemente sendas equivocadas.

1 Sal 32, 8. — 2 Mt 10, 19-20. — 3 Francisca Javiera del Valle, Decenario al Espíritu Santo, Rialp, 4ª ed., Madrid 1974, p. 96. — 4 ídem, loc. cit. — 5 Mt 22, 20-22. — 6 M. M. Philipon, Los dones del Espíritu Santo, Palabra, Madrid 1983, pp. 273-274. — 7 Santo Tomás, Sobre el Padrenuestro, en Escritos de Catequesis, Rialp, Madrid 1975, p. 153. — 8 ídem, Suma Teológica, 2-2, q. 52, a. 4. — 9 R. Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior, Palabra, 9ª ed., Madrid 2003, vol. II, p. 637. — 10 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 266. — 11 Ibídem, n. 177. — 12 ídem, Amigos de Dios, 86 y 88. — 13 Jn 8, 12.

 

 

Meditaciones: lunes 7ª semana de Pascua

Reflexión para meditar el lunes de la séptima semana de Pascua. Los temas propuestos son: los discípulos reciben el Espíritu Santo; paz en medio de las tribulaciones; la paciencia es un fruto del Espíritu Santo.

MEDITACIONES17/05/2021

Los discípulos reciben el Espíritu Santo.

Paz en medio de las tribulaciones.

La paciencia es un fruto del Espíritu Santo.


CUANDO SAN PABLO llegó a Éfeso, «encontró unos discípulos y les preguntó: “¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?”» (Hch 19,1-2). Llama la atención que la primera pregunta del apóstol de las gentes sea precisamente sobre el conocimiento acerca de la tercera persona de la Santísima Trinidad; esto manifiesta la prioridad que tenía en la iglesia primitiva y que sigue teniendo ahora. «Contestaron: “Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo”. Él les dijo: “Entonces, ¿qué bautismo habéis recibido?”. Respondieron: “El bautismo de Juan”» (vv. 2-3).

San Pablo quería que quienes abrazaban la fe conocieran la profundidad de la vida de Dios; en este caso, les aclara que «“Juan bautizó con un bautismo de conversión, diciendo al pueblo que creyesen en el que iba a venir después de él, es decir, en Jesús”. Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús» (vv. 4-5). En la escena vemos una comunidad que, además del Bautismo, recibió la Confirmación en la fe con el don del Paráclito: «Cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en lenguas extrañas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres» (vv. 6-7).

En el sacramento de la Confirmación nosotros también recibimos el Espíritu Santo «para comprometernos más plenamente en la batalla que libra la Iglesia contra el pecado (...). Para que podáis trabajar con fe profunda y caridad constante, para ayudar a que el mundo consiga los frutos de la reconciliación y de la paz»[1]. En nuestro camino de preparación para la fiesta de Pentecostés, podemos preguntarnos: «¿Qué sitio ocupa en nuestra vida el Espíritu Santo? ¿Soy capaz de escucharlo? ¿Soy capaz de pedir inspiración antes de tomar una decisión o de decir una palabra o de hacer algo? (...). ¿Pido que me guíe por el camino que debo elegir en mi vida, y también todos los días? ¿Pido que me dé la gracia de distinguir lo bueno de lo menos bueno? (...). Pidamos la gracia de aprender ese lenguaje para escuchar al Espíritu Santo»[2].


EN EL EVANGELIO de la Misa de hoy se lee el discurso de despedida de Jesús en la Última Cena. El Señor quiere preparar a sus discípulos para lo que ocurrirá dentro de pocas horas. Después de la alegoría de la vid y los sarmientos, el maestro les promete que enviará al Espíritu Santo. «Le dicen sus discípulos: “Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que has salido de Dios”. Les contestó Jesús: “¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo”» (Jn 16,29-32).

«Las dificultades y las tribulaciones forman parte de la obra de evangelización, y nosotros estamos llamados a encontrar en ellas la ocasión para verificar la autenticidad de nuestra fe y de nuestra relación con Jesús. Debemos considerar estas dificultades como la posibilidad para ser todavía más misioneros y para crecer en esa confianza hacia Dios, nuestro Padre, que no abandona a sus hijos en la hora de la tempestad»[3]. Jesús demuestra a sus discípulos que conoce lo que va a suceder; sabe que padecerá sufrimientos y les asegura que, a pesar de todo, él seguirá ofreciéndose como fundamento para que su fe no decaiga. Cristo confía en el amor del Padre; ese será su consuelo y el de sus discípulos en el futuro: «No estoy solo, porque está conmigo el Padre» (Jn 16,32).

Después de la Resurrección, los apóstoles recordarían estas palabras como un bálsamo, al ver que se había cumplido el resto del discurso. El Señor no había prometido a los discípulos una vida sin inquietudes ni problemas, sino que les anunció con realismo la misión apostólica. Sin embargo, también les dio la clave para superarlas: «En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo» (Jn 16,33). La vida del cristiano en la tierra entraña un esfuerzo constante para luchar con uno mismo y procurar encontrar en Dios el fundamento, abandonar en él nuestra alegría y nuestra paz. «Nunca podré tener verdadera alegría si no tengo paz –decía san Josemaría–. ¿Y qué es la paz? La paz es algo muy relacionado con la guerra. La paz es consecuencia de la victoria. La paz exige de mí una continua lucha. Sin lucha no podré tener paz»[4].


«OS HE HABLADO de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo» (Jn 16,33). Podemos pedir al Señor que nos conceda y nos aumente la paciencia, fruto del Espíritu Santo que «es el don de entender que las cosas importantes llevan tiempo, que el cambio es orgánico, que hay límites, y que tenemos que trabajar dentro de ellos y mantener al mismo tiempo los ojos en el horizonte, como hizo Jesús»[5]. La paciencia nos ayuda a «soportar la prueba, la dificultad, la tentación y las propias miserias»[6]; nos ayuda a mantener la esperanza en la propia lucha, a pesar de nuestras debilidades. Decía san Josemaría: «En las batallas del alma, la estrategia muchas veces es cuestión de tiempo, de aplicar el remedio conveniente, con paciencia, con tozudez. Aumentad los actos de esperanza. Os recuerdo que sufriréis derrotas, o que pasaréis por altibajos –Dios permita que sean imperceptibles– en vuestra vida interior, porque nadie anda libre de esos percances. Pero el Señor, que es omnipotente y misericordioso, nos ha concedido los medios idóneos para vencer»[7].

Ante las dificultades externas o las contrariedades que pueden surgir en el trato con los demás, nos servirá el consejo de Jesús: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,29). Si entramos en esa escuela, aprenderemos a «ver las cosas con paciencia. No son como queremos, sino como vienen por providencia de Dios: hemos de recibirlas con alegría, sean como sean. Si vemos a Dios detrás de cada cosa, estaremos siempre contentos, siempre serenos. Y de ese modo manifestaremos que nuestra vida es contemplativa, sin perder nunca los nervios»[8]. Es verdad que siempre «se presentan ocasiones en las que surge la impaciencia: interrupciones imprevistas en el trabajo, retrasos que hacen esperar, pequeñas o grandes contrariedades del día a día. Pensemos –¡hablemos!– enseguida con el Señor: ¡más paciencia has tenido tú conmigo, Jesús! La impaciencia, además de lo que pueda tener de reacción instintiva, es falta de mortificación interior y, en su raíz, falta de caridad. Al revés, la comprensión, la disculpa, la paz, son efecto del cariño a Dios y a los demás. Ante cualquier movimiento de impaciencia, procuremos sonreír y rezar por quien interrumpe, hace esperar o nos cansa en un momento determinado y ofrecérselo al Señor con alegría (...). Jesús, con tu gracia; Madre mía, con tu ayuda»[9].


[1] San Juan Pablo II, Homilía, 30-V-1982.

[2] Francisco, Homilía, 29-V-2017.

[3] Francisco, Ángelus, 25-VI-2017.

[4] San Josemaría, Camino, n. 308.

[5] Francisco, Soñemos juntos, Simon & Schuster, Nueva York, 2020, p. 45.

[6] San Josemaría, Cartas 2, n. 47.

[7] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 219.

[8] San Josemaría, Apuntes de una reunión familiar, 6-VII-1967.

[9] Mons. Fernando Ocáriz, A la luz del Evangelio, pp. 179-180.

 

SÉPTIMO DOMINGO DE PASCUA.

ASCENSION DELSEÑOR.

 

Mc 16,15.20

 

Meditar el evangelio con tres puntos.

 

 

Jesús resucitado sube al cielo y está sentado a  la derecha del Padre. La Ascensión es también nuestro triunfo, porque donde ha entrado nuestra cabeza que es Cristo, esperamos entrar nosotros que somos su cuerpo.

 

1.     Su subida es para estar más cerca de nosotros. Se ha ido a prepararnos una morada en el cielo. Su amor es siempre el que nos eleva y nos asciende.

 

2.     Se subraya que Él sigue con nosotros hasta el final de los tiempos. Su locura es estar con nosotros y curar las heridas que nos deja la vida.

 

3.     Marcos subraya el mandado de ir al mundo entero y proclamar el Evangelio a toda la creación. Asciende para quedarse más cerca. Resucitado con su humanidad, con su corazón vivo, es el único Mediador entre Dios y los hombres y sentado a la derecha del Padre intercede por cada uno de nosotros.

 

 

+ Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

 

 

“Nada vale la pena, si no estamos junto al Señor”

María, tu Madre, te llevará al Amor de Jesús. Y ahí estarás «cum gaudio et pace», con alegría y paz, siempre "llevado" –porque solo te caerías y te llenarías de fango–, camino adelante, para creer, para amar y para sufrir. (Forja, 677)

17 de mayo

María y José anduvieron la jornada entera, preguntando a los parientes y conocidos. Pero, como no lo hallasen, volvieron a Jerusalén en su busca (Lc II, 44–45.). La Madre de Dios, que buscó afanosamente a su hijo, perdido sin culpa de Ella, que experimentó la mayor alegría al encontrarle, nos ayudará a desandar lo andado, a rectificar lo que sea preciso cuando por nuestras ligerezas o pecados no acertemos a distinguir a Cristo. Alcanzaremos así la alegría de abrazarnos de nuevo a Él, para decirle que no lo perderemos más.

Madre de la ciencia es María, porque con Ella se aprende la lección que más importa: que nada vale la pena, si no estamos junto al Señor; que de nada sirven todas las maravillas de la tierra, todas las ambiciones colmadas, si en nuestro pecho no arde la llama de amor vivo, la luz de la santa esperanza que es un anticipo del amor interminable en nuestra definitiva Patria. (Amigos de Dios, 278)

 

 

El desafío de comunicar encontrando a las personas donde están y como son

El 16 de mayo, fiesta de la Ascensión, se celebra la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales con el lema «Ven y lo verás» (Jn 1,46).

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA16/05/2021

Queridos hermanos y hermanas:

La invitación a “ir y ver” que acompaña los primeros y emocionantes encuentros de Jesús con los discípulos, es también el método de toda comunicación humana auténtica. Para poder relatar la verdad de la vida que se hace historia (cf. Mensaje para la 54.ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 enero 2020) es necesario salir de la cómoda presunción del “como es ya sabido” y ponerse en marcha, ir a ver, estar con las personas, escucharlas, recoger las sugestiones de la realidad, que siempre nos sorprenderá en cualquier aspecto.

«Abre pasmosamente tus ojos a lo que veas y deja que se te llene de sabia y frescura el cuenco de las manos, para que los otros puedan tocar ese milagro de la vida palpitante cuando te lean», aconsejaba el beato Manuel Lozano Garrido[1] a sus compañeros periodistas. Deseo, por lo tanto, dedicar el Mensaje de este año a la llamada a “ir y ver”, como sugerencia para toda expresión comunicativa que quiera ser límpida y honesta: en la redacción de un periódico como en el mundo de la web, en la predicación ordinaria de la Iglesia como en la comunicación política o social. “Ven y lo verás” es el modo con el que se ha comunicado la fe cristiana, a partir de los primeros encuentros en las orillas del río Jordán y del lago de Galilea.

Desgastar las suelas de los zapatos

Pensemos en el gran tema de la información. Opiniones atentas se lamentan desde hace tiempo del riesgo de un aplanamiento en los “periódicos fotocopia” o en los noticieros de radio y televisión y páginas web que son sustancialmente iguales, donde el género de la investigación y del reportaje pierden espacio y calidad en beneficio de una información preconfeccionada, “de palacio”, autorreferencial, que es cada vez menos capaz de interceptar la verdad de las cosas y la vida concreta de las personas, y ya no sabe recoger ni los fenómenos sociales más graves ni las energías positivas que emanan de las bases de la sociedad.

CADA INSTRUMENTO ES ÚTIL Y VALIOSO SÓLO SI NOS EMPUJA A IR Y A VER LA REALIDAD QUE DE OTRA MANERA NO SABRÍAMOS

La crisis del sector editorial puede llevar a una información construida en las redacciones, frente al ordenador, en los terminales de las agencias, en las redes sociales, sin salir nunca a la calle, sin “desgastar las suelas de los zapatos”, sin encontrar a las personas para buscar historias o verificar de visu ciertas situaciones.

Si no nos abrimos al encuentro, permaneceremos como espectadores externos, a pesar de las innovaciones tecnológicas que tienen la capacidad de ponernos frente a una realidad aumentada en la que nos parece estar inmersos. Cada instrumento es útil y valioso sólo si nos empuja a ir y a ver la realidad que de otra manera no sabríamos, si pone en red conocimientos que de otro modo no circularían, si permite encuentros que de otra forma no se producirían.

Esos detalles de crónica en el Evangelio

A los primeros discípulos que quieren conocerlo, después del bautismo en el río Jordán, Jesús les responde: «Vengan y lo verán» (Jn 1,39), invitándolos a vivir su relación con Él. Más de medio siglo después, cuando Juan, muy anciano, escribe su Evangelio, recuerda algunos detalles “de crónica” que revelan su presencia en el lugar y el impacto que aquella experiencia tuvo en su vida: «Era como la hora décima», anota, es decir, las cuatro de la tarde (cf. v. 39). El día después —relata de nuevo Juan— Felipe comunica a Natanael el encuentro con el Mesías. Su amigo es escéptico: «¿Acaso de Nazaret puede salir algo bueno?». Felipe no trata de convencerlo con razonamientos: «Ven y lo verás», le dice (cf. vv. 45-46). Natanael va y ve, y desde aquel momento su vida cambia.

LA FE CRISTIANA SE COMUNICA COMO UN CONOCIMIENTO DIRECTO, NACIDO DE LA EXPERIENCIA, NO DE OÍDAS

La fe cristiana comienza así. Y se comunica así: como un conocimiento directo, nacido de la experiencia, no de oídas. «Ya no creemos por lo que tú nos dijiste, sino porque nosotros mismos lo hemos oído», dice la gente a la Samaritana, después de que Jesús se detuvo en su pueblo (cf. Jn 4,39-42). El “ven y lo verás” es el método más sencillo para conocer una realidad. Es la verificación más honesta de todo anuncio, porque para conocer es necesario encontrar, permitir que aquel que tengo de frente me hable, dejar que su testimonio me alcance.

Gracias a la valentía de tantos periodistas

También el periodismo, como relato de la realidad, requiere la capacidad de ir allá donde nadie va: un movimiento y un deseo de ver. Una curiosidad, una apertura, una pasión. Gracias a la valentía y al compromiso de tantos profesionales —periodistas, camarógrafos, montadores, directores que a menudo trabajan corriendo grandes riesgos— hoy conocemos, por ejemplo, las difíciles condiciones de las minorías perseguidas en varias partes del mundo; los innumerables abusos e injusticias contra los pobres y contra la creación que se han denunciado; las muchas guerras olvidadas que se han contado. Sería una pérdida no sólo para la información, sino para toda la sociedad y para la democracia si estas voces desaparecieran: un empobrecimiento para nuestra humanidad.

Numerosas realidades del planeta, más aún en este tiempo de pandemia, dirigen al mundo de la comunicación la invitación a “ir y ver”. Existe el riesgo de contar la pandemia, y cada crisis, sólo desde los ojos del mundo más rico, de tener una “doble contabilidad”. Pensemos en la cuestión de las vacunas, como en los cuidados médicos en general, en el riesgo de exclusión de las poblaciones más indigentes. ¿Quién nos hablará de la espera de curación en los pueblos más pobres de Asia, de América Latina y de África? Así, las diferencias sociales y económicas a nivel planetario corren el riesgo de marcar el orden de la distribución de las vacunas contra el COVID.

Con los pobres siempre como los últimos y el derecho a la salud para todos, afirmado como un principio, vaciado de su valor real. Pero también en el mundo de los más afortunados el drama social de las familias que han caído rápidamente en la pobreza queda en gran parte escondido: hieren y no son noticia las personas que, venciendo a la vergüenza, hacen cola delante de los centros de Cáritas para recibir un paquete de alimentos.

Oportunidades e insidias en la web

La red, con sus innumerables expresiones sociales, puede multiplicar la capacidad de contar y de compartir: tantos ojos más abiertos sobre el mundo, un flujo continuo de imágenes y testimonios.

La tecnología digital nos da la posibilidad de una información de primera mano y oportuna, a veces muy útil: pensemos en ciertas emergencias con ocasión de las cuales las primeras noticias y también las primeras comunicaciones de servicio a las poblaciones viajan precisamente en la web.

TODOS SOMOS RESPONSABLES DE LA COMUNICACIÓN QUE HACEMOS, DE LAS INFORMACIONES QUE DAMOS

Es un instrumento formidable, que nos responsabiliza a todos como usuarios y como consumidores. Potencialmente todos podemos convertirnos en testigos de eventos que de otra forma los medios tradicionales pasarían por alto, dar nuestra contribución civil, hacer que emerjan más historias, también positivas. Gracias a la red tenemos la posibilidad de relatar lo que vemos, lo que sucede frente a nuestros ojos, de compartir testimonios.

Pero ya se han vuelto evidentes para todos también los riesgos de una comunicación social carente de controles. Hemos descubierto, ya desde hace tiempo, cómo las noticias y las imágenes son fáciles de manipular, por miles de motivos, a veces sólo por un banal narcisismo.

Esta conciencia crítica empuja no a demonizar el instrumento, sino a una mayor capacidad de discernimiento y a un sentido de la responsabilidad más maduro, tanto cuando se difunden, como cuando se reciben los contenidos. Todos somos responsables de la comunicación que hacemos, de las informaciones que damos, del control que juntos podemos ejercer sobre las noticias falsas, desenmascarándolas. Todos estamos llamados a ser testigos de la verdad: a ir, ver y compartir.

Nada reemplaza el hecho de ver en persona

En la comunicación, nada puede sustituir completamente el hecho de ver en persona. Algunas cosas se pueden aprender sólo con la experiencia. No se comunica, de hecho, solamente con las palabras, sino con los ojos, con el tono de la voz, con los gestos.

La fuerte atracción que ejercía Jesús en quienes lo encontraban dependía de la verdad de su predicación, pero la eficacia de lo que decía era inseparable de su mirada, de sus actitudes y también de sus silencios. Los discípulos no escuchaban sólo sus palabras, lo miraban hablar. De hecho, en Él —el Logos encarnado— la Palabra se hizo Rostro, el Dios invisible se dejó ver, oír y tocar, como escribe el propio Juan (cf. 1 Jn 1,1-3). La palabra es eficaz solamente si se “ve”, sólo si te involucra en una experiencia, en un diálogo. Por este motivo el “ven y lo verás” era y es esencial.

LA PALABRA ES EFICAZ SÓLO SI TE INVOLUCRA EN UNA EXPERIENCIA, EN UN DIÁLOGO

Pensemos en cuánta elocuencia vacía abunda también en nuestro tiempo, en cualquier ámbito de la vida pública, tanto en el comercio como en la política. «Sabe hablar sin cesar y no decir nada. Sus razones son dos granos de trigo en dos fanegas de paja. Se debe buscar todo el día para encontrarlos y cuando se encuentran, no valen la pena de la búsqueda»[2].

Las palabras mordaces del dramaturgo inglés también valen para nuestros comunicadores cristianos. La buena nueva del Evangelio se difundió en el mundo gracias a los encuentros de persona a persona, de corazón a corazón. Hombres y mujeres que aceptaron la misma invitación: “Ven y lo verás”, y quedaron impresionados por el “plus” de humanidad que se transparentaba en su mirada, en la palabra y en los gestos de personas que daban testimonio de Jesucristo.

Todos los instrumentos son importantes y aquel gran comunicador que se llamaba Pablo de Tarso hubiera utilizado el correo electrónico y los mensajes de las redes sociales; pero fue su fe, su esperanza y su caridad lo que impresionó a los contemporáneos que lo escucharon predicar y tuvieron la fortuna de pasar tiempo con él, de verlo durante una asamblea o en una charla individual.

Verificaban, viéndolo en acción en los lugares en los que se encontraba, lo verdadero y fructuoso que era para la vida el anuncio de salvación del que era portador por la gracia de Dios. Y también allá donde este colaborador de Dios no podía ser encontrado en persona, su modo de vivir en Cristo fue atestiguado por los discípulos que enviaba (cf. 1 Co 4,17).

«En nuestras manos hay libros, en nuestros ojos hechos», afirmaba san Agustín[3] exhortando a encontrar en la realidad el cumplimiento de las profecías presentes en las Sagradas Escrituras. Así, el Evangelio se repite hoy cada vez que recibimos el testimonio límpido de personas cuya vida ha cambiado por el encuentro con Jesús. Desde hace más de dos mil años es una cadena de encuentros la que comunica la fascinación de la aventura cristiana. El desafío que nos espera es, por lo tanto, el de comunicar encontrando a las personas donde están y como son.

Señor, enséñanos a salir de nosotros mismos,
y a encaminarnos hacia la búsqueda de la verdad.

Enséñanos a ir y ver,
enséñanos a escuchar,
a no cultivar prejuicios,
a no sacar conclusiones apresuradas.

Enséñanos a ir allá donde nadie quiere ir,
a tomarnos el tiempo para entender,
a prestar atención a lo esencial,
a no dejarnos distraer por lo superfluo,
a distinguir la apariencia engañosa de la verdad.

Danos la gracia de reconocer tus moradas en el mundo
y la honestidad de contar lo que hemos visto.

Roma, San Juan de Letrán, 23 de enero de 2021, Vigilia de la Memoria de San Francisco de Sales.

Francisco


[1] Periodista español, que nació en 1920 y falleció en 1971; fue beatificado en 2010.

[2] W. Shakespeare, El Mercader de Venecia, Acto I, Escena I.

[3] Sermón 360/B, 20.


© Copyright - Libreria Editrice Vaticana

 

 

Amor conyugal y vida de piedad

"La familia que reza unida, permanece unida". Este dicho constata que Dios desea contribuir al proyecto de cada familia. Nuevo editorial de la serie sobre el amor humano.

AMOR HUMANO20/01/2016

Tenemos una gran suerte porque el matrimonio no es cosa de dos, sino de tres. ¿Y quién es el tercero en discordia, estaréis pensando? Pues, además de los cónyuges hay alguien todavía más interesado en sacar adelante el proyecto de cada matrimonio, el proyecto de santidad de cada cónyuge: Dios.

Jesucristo elevó el matrimonio natural a la alta categoría de sacramento, para dar una gracia especial a cada uno de los esposos al emprender este camino apasionante de formar una nueva ‘iglesia doméstica’; y además no nos deja solos, sino que se entremete en nuestra vida y es como si nos dijera: “Yo me implico en todo lo vuestro, pequeño o grande, permanente o efímero; recorreréis mi senda, habrá ratos para todo, estaremos en Nazaret, en Betania… y en el Calvario; pero no acaba ahí porque habrá también Resurrección: pero, confiad, pues Yo estaré siempre con vosotros animando vuestras jornadas”.

Como decía san Josemaría: “El matrimonio está hecho para que los que lo contraen se santifiquen en él, y santifiquen a través de él: para eso los cónyuges tienen una gracia especial, que confiere el sacramento instituido por Jesucristo. Quien es llamado al estado matrimonial, encuentra en ese estado –con la gracia de Dios– todo lo necesario para ser santo, para identificarse cada día más con Jesucristo, y para llevar hacia el Señor a las personas con las que convive”[1].

La vida conyugal es verdadero itinerario de santidad cristiana, y el truco que cualquier matrimonio busca para conseguir la felicidad consiste en hacer Su voluntad en cada situación y amar mucho, mucho, como Él nos ha amado. Por eso en una familia cuando uno está pendiente de los demás es más feliz, porque entonces de su felicidad se ocupan los otros y, por supuesto Dios: Él nunca falla.

Como nos ha dicho el Papa Francisco en su catequesis sobre la familia: “Dios ha confiado a la familia, no el cuidado de una intimidad en sí misma, sino el emocionante proyecto de hacer‘doméstico’ el mundo. La familia está en el inicio, en la base de esta cultura mundial que nos salva; nos salva de tantos, tantos ataques, tantas destrucciones, de tantas colonizaciones, como aquella del dinero o como aquellas ideologías que amenazan tanto el mundo. La familia es la base para defenderse”[2].

EL HOMBRE NO PODRÁ SACAR LO MEJOR DE LA MUJER SI NO ESTÁ CERCA DE DIOS, Y LA MUJER NO PODRÁ SACAR LO MEJOR DEL VARÓN SI NO ESTÁ CERCA DE DIOS.

En este sentido, vale la pena recuperar el sentido del matrimonio sacramental. No sólo como un evento festivo o familiar –que lo es–, sino porque entendemos con profundidad lo que vamos a hacer: la recíproca entrega-aceptación de nuestras personas en su conyugalidad, participando del misterio de amor entre Cristo y su Iglesia. De aquí que la etapa de noviazgo sea tan crucial para ir poniendo ya a Dios en el centro de nuestra vida personal: y que llegue a formar parte de un tu, un yo y de un nosotros abierto a los hijos, y a otras familias. El hombre no podrá sacar lo mejor de la mujer si no está cerca de Dios, y la mujer no podrá sacar lo mejor del varón si no está cerca de Dios. Estar o no cerca de Dios es clave para la felicidad matrimonial.

Desde nuestro matrimonio también podemos ser –sin mérito alguno de nuestra parte– luz para los demás: luz que diga –sin decir– que Dios está en nuestra vida porque las cosas en nuestro matrimonio y en nuestra familia, con naturalidad se sobrenaturalizan; no hacemos nada raro: trabajamos como los demás, salimos y nos distraemos como los demás, nos reímos como los demás, tenemos las inquietudes propias de nuestra edad, sueños, quimeras que quizá cumplamos o quizá no. Pero procuramos ponerlo todo en manos de Dios: esta es la diferencia… y lo vivimos con una alegría de fondo: porque si tenemos un hijo con problemas, o si parece que los hijos no llegan, si hay una enfermedad, lloraremos como los demás, pero con los pies en la tierra y los ojos mirando al cielo.

“La caridad llevará a compartir las alegrías y los posibles sinsabores –nos recuerda san Josemaría–; a saber sonreír, olvidándose de las propias preocupaciones para atender a los demás; a escuchar al otro cónyuge o a los hijos, mostrándoles que de verdad se les quiere y comprende; a pasar por alto menudos roces sin importancia que el egoísmo podría convertir en montañas; a poner un gran amor en los pequeños servicios de que está compuesta la convivencia diaria”[3].

Rezar juntos en familia –respetando la libertad y la edad de cada uno de los hijos: la fe se trasmite, no se impone– es algo que la tradición cristiana recomienda pues, a través de esas pequeñas pero concretas prácticas de piedad familiares, se ha transmitido la fe generación tras generación: rezar por la mañana –el ofrecimiento a Dios de nuestra jornada–, el Angelus al mediodía, y por la noche las tres Avemarías; invocar a Dios al empezar un viaje; asistir juntos a la Misa dominical; y quizá rezar el Rosario en familia, porque como se dice “la familia que reza unida, permanece unida”, pero siempre. Entre esas prácticas resulta muy familiar la bendición de la mesa, como nos recuerda Laudato si’: “Una expresión de esta actitud [contemplativa ante la creación] es detenerse a dar gracias a Dios antes y después de las comidas. Propongo a los creyentes que retomen este valioso hábito y lo vivan con profundidad. Ese momento de la bendición, aunque sea muy breve, nos recuerda nuestra dependencia de Dios para la vida, fortalece nuestro sentido de gratitud por los dones de la creación, reconoce a aquellos que con su trabajo proporcionan estos bienes y refuerza la solidaridad con los más necesitados”[4].

Los esposos tenemos el deber conyugal, que prometimos el día de nuestro matrimonio, de la ayuda mutua, y ayudar al otro es abrirle un horizonte para que pueda sacar lo mejor, y por supuesto animarle a estar cerca de Dios –sin atosigar, ni importunar indebidamente; porque el mejor y más eficaz modo de atraer a Dios, el compelle intrare (Lc 14,23) del evangelio, es amar y rezar por el otro cónyuge y por los hijos–, porque lo más importante para uno es llevar al cónyuge al cielo, pero ayudándole a apreciar el bien por sí mismo.

Hay que respetar los tiempos de cada quien, las posibles crisis: estando, acompañando, rezando y no agobiando. Pero al revés también: respetar al otro en sus ratos de intimidad con Dios, aunque el otro no los comparta, es algo que no entorpece nuestro matrimonio, sino que lo enriquece. Es importante el respeto mutuo, y más en lo que toca a la conciencia, que es el lugar en el que cada uno abre su interioridad al Señor, el lugar donde nuestra libertad cuaja las decisiones más trascendentes de su vida. La intimidad con Dios es personal y cada uno ha de descubrir su personal camino hasta Él, que ciertamente pasa por el otro cónyuge: esto es muy enriquecedor para ambos.

Dios se ha implicado en esta aventura del matrimonio con nosotros, porque le ha dado la gana, porque nos ama de modo entrañable y desea nuestra felicidad, y porque quiere que seamos luz para los demás, y que formemos una auténtica ‘Iglesia doméstica’ con nuestros hijos. “En la medida en que la familia cristiana acoge el Evangelio y madura en la fe, se hace comunidad evangelizadora (...). Esta misión apostólica de la familia está enraizada en el bautismo y recibe con la gracia sacramental del matrimonio una nueva fuerza para transmitir la fe, para santificar y transformar la sociedad actual según el plan de Dios”[5]. ¡Qué grande es la misión a la que Dios ha llamado a los esposos, y que ha puesto en sus manos! ¡Qué maravillosa responsabilidad estar en el mismo surgir de una sociedad renovada por la caridad de Cristo, y qué imperiosa necesidad de Su auxilio!

Rosamaría Aguilar

 


[1] San Josemaría, Conversaciones, n. 91.

[2] Papa Francisco, Audiencia 16/09/2015.

[3] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 23.

[4] Papa Francisco, enc. Laudato si’, n. 227.

[5] San Juan Pablo II, exhort. apost. Familiaris consortio, n. 52.

 

¿Quién es el Espíritu Santo?

En la fiesta de Pentecostés la Iglesia celebra la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles. ¿Quién es el Espíritu Santo? ¿Cómo fue la venida del Espíritu Santo? ¿Cómo actúa en la vida del cristiano? ¿Cuáles son los dones de Espíritu Santo?

PREGUNTAS SOBRE LA FE CRISTIANA30/04/2020

Ocho preguntas sobre el Espíritu Santo.

Sumario

1. ¿Cómo fue la venida del Espíritu Santo?

2. ¿Quién es el Espíritu Santo?

3. ¿Cuál es el nombre propio y los apelativos del Espíritu Santo?

4. ¿Qué símbolos del Espíritu Santo hay en la Sagrada Escritura?

5. ¿Qué misión tiene Jesucristo y el Espíritu Santo en la historia de la Redención?

6. ¿Cómo actúa el Espíritu Santo en la vida del cristiano?

7. ¿Qué son los dones del Espíritu Santo? ¿Cuáles son?

8. ¿Por qué se dice que el Espíritu Santo preparó a María con su gracia?


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1. ¿Cómo fue la venida del Espíritu Santo?

Lo narra san Lucas en los Hechos de los Apóstoles, en los capítulos 1 y 2. Antes de la Ascensión, Jesús había mandado a los discípulos “que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, -les dijo- pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días. Cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta los confines de la tierra”.

Unos días después -sigue narrando san Lucas- "cuando estaban todos juntos, de repente, vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y se llenaron todos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas”.

En este día se revela plenamente la Santísima Trinidad y a partir de ahora el Reino anunciado por Cristo está abierto a todos los que creen en Él.

Textos de san Josemaría para meditar

San Lucas también narra que después de que San Pedro proclamara la Resurrección de Cristo, muchos de los que le rodeaban se acercaron preguntando: ¿qué es lo que debemos hacer, hermanos? El Apóstol les respondió: Haced penitencia, y sea bautizado cada uno de vosotros en nombre de Jesucristo para remisión de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Aquel día se incorporaron a la Iglesia, termina diciéndonos el texto sagrado, cerca de tres mil personas.

Los Hechos de los Apóstoles, al narrar los acontecimientos de aquel día de Pentecostés en el que el Espíritu Santo descendió en forma de lenguas de fuego sobre los discípulos de Nuestro Señor, nos hacen asistir a la gran manifestación del poder de Dios, con el que la Iglesia inició su camino entre las naciones. La victoria que Cristo —con su obediencia, con su inmolación en la Cruz y con su Resurrección— había obtenido sobre la muerte y sobre el pecado, se reveló entonces en toda su divina claridad. Es Cristo que pasa, 127

Camino seguro de humildad es meditar cómo, aun careciendo de talento, de renombre y de fortuna, podemos ser instrumentos eficaces, si acudimos al Espíritu Santo para que nos dispense sus dones. Los Apóstoles, a pesar de haber sido instruidos por Jesús durante tres años, huyeron despavoridos ante los enemigos de Cristo. Sin embargo, después de Pentecostés, se dejaron azotar y encarcelar, y acabaron dando la vida en testimonio de su fe. Surco, 283

Ayúdame a pedir una nueva Pentecostés, que abrase otra vez la tierra. Surco, 213

2. ¿Quién es el Espíritu Santo?

El Espíritu Santo es una de las tres personas de la Santísima Trinidad. Es Dios con el Padre y el Hijo y con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, como señala desde antiguo el Símbolo Niceno-Constantinopolitano. Consubstancial con el Padre y el Hijo, es inseparable de ellos, tanto en la vida íntima de la Trinidad como en su don de amor para el mundo. Pero al adorar a la Santísima Trinidad vivificante, consubstancial e indivisible, la fe de la Iglesia profesa también la distinción de las Personas. Cuando el Padre envía su Verbo, envía también su Aliento: misión conjunta en la que el Hijo y el Espíritu Santo son distintos pero inseparables. Sin ninguna duda, Cristo es quien se manifiesta, Imagen visible de Dios invisible, pero es el Espíritu Santo quien lo revela. Catecismo de la Iglesia Católica 687-689

Textos de san Josemaría para meditar

El corazón necesita, entonces, distinguir y adorar a cada una de las Personas divinas. De algún modo, es un descubrimiento, el que realiza el alma en la vida sobrenatural, como los de una criaturica que va abriendo los ojos a la existencia. Y se entretiene amorosamente con el Padre y con el Hijo y con el Espíritu Santo; y se somete fácilmente a la actividad del Paráclito vivificador, que se nos entrega sin merecerlo: ¡los dones y las virtudes sobrenaturales! Amigos de Dios, 306

Los discípulos, que ya eran testigos de la gloria del Resucitado, experimentaron en sí la fuerza del Espíritu Santo: sus inteligencias y sus corazones se abrieron a una luz nueva. Habían seguido a Cristo y acogido con fe sus enseñanzas, pero no acertaban siempre a penetrar del todo su sentido: era necesario que llegara el Espíritu de verdad, que les hiciera comprender todas las cosas. Sabían que sólo en Jesús podían encontrar palabras de vida eterna, y estaban dispuestos a seguirle y a dar la vida por El, pero eran débiles y, cuando llegó la hora de la prueba, huyeron, lo dejaron solo. El día de Pentecostés todo eso ha pasado: el Espíritu Santo, que es espíritu de fortaleza, los ha hecho firmes, seguros, audaces. La palabra de los Apóstoles resuena recia y vibrante por las calles y plazas de Jerusalén. Es Cristo que pasa, 127

3. ¿Cuál es el nombre propio y los apelativos del Espíritu Santo?

El término "Espíritu" traduce el término hebreo Ruah, que en su primera acepción significasoplo, aire, viento. Por otra parte, Espíritu y Santo son atributos divinos comunes a las Tres Personas divinas. Pero,uniendo ambos términos, la Escritura, la liturgia y el lenguaje teológico designan la personainefable del Espíritu Santo, sin equívoco posible con los demás empleos de los términos.

Los apelativos del Espíritu Santo

Jesús, cuando anuncia y promete la Venida del Espíritu Santo, le llama el "Paráclito", abogado."Paráclito" se traduce habitualmente por "Consolador". Jesús también llama al Espíritu Santo "Espíritu de Verdad". Además de su nombre propio, que es el más empleado, en el libro de los Hechos y en las cartas de los Apóstoles se encuentran otros apelativos. San Pablo se refiere a Él como el Espíritu de la promesa, el Espíritu de adopción, el Espíritu de Cristo, el Espíritu del Señor, el Espíritu de Dios, y en San Pedro, el Espíritu de gloria. Catecismo de la Iglesia Católica 691-693

Textos de san Josemaría para meditar

Frecuenta el trato del Espíritu Santo —el Gran Desconocido— que es quien te ha de santificar. No olvides que eres templo de Dios. —El Paráclito está en el centro de tu alma: óyele y atiende dócilmente sus inspiraciones. Camino, 57

4. ¿Qué símbolos del Espíritu Santo hay en la Sagrada Escritura?

El agua del Bautismo significa la acción del Espíritu Santo en el alma. El fuego porque en forma de lenguas "como de fuego" se posó el Espíritu Santo sobre los discípulos la mañana de Pentecostés y los llenó de El. La tradición espiritual conserva este simbolismo del fuego como uno de los más expresivos de la acción del Espíritu Santo. La Paloma porque cuando Cristo sale del agua de su bautismo, el Espíritu Santo, en forma de paloma, baja y se posa sobre Él. Es la imagen más utilizada en el arte para representar a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Catecismo de la Iglesia Católica 694-701

Textos de san Josemaría para meditar

Siempre llevaba, como registro en los libros que le servían de lectura, una tira de papel con este lema, escrito en amplios y enérgicos caracteres: Ure igne Sancti Spiritus! —Se diría que, en lugar de escribir, grababa: ¡quema con el fuego del Espíritu Santo! Esculpido en tu alma y encendido en tu boca y prendido en tus obras, cristiano, querría dejar yo ese fuego divino. Forja, 923

Sequedad interior no es tibieza. En el tibio, el agua de la gracia no empapa, resbala... En cambio, hay secanos en apariencia áridos que, con pocas gotas de lluvia, se colman a su tiempo de flores y de sabrosos frutos. Por eso, ¿cuándo nos convenceremos?: ¡qué importancia tiene la docilidad a las llamadas divinas de cada instante, porque Dios nos espera precisamente ahí! Forja, 224

5. ¿Qué misión tiene Jesucristo y el Espíritu Santo en la historia de la Redención?

Jesús no revela plenamente el Espíritu Santo hasta después de su Resurrección. Sin embargo, lo sugiere poco a poco, incluso en su enseñanza a la muchedumbre, cuando revela que su Carne será alimento para la vida del mundo. Lo sugiere también a Nicodemo, a la Samaritana y a losque participan en la fiesta de los Tabernáculos. A sus discípulos les habla de él abiertamente apropósito de la oración: lo recoge san Lucas en el versículo 11 de su Evangelio: "Si voostros que sois malos, sabeis dar cosas buenas a vuestros hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan». Y cuando les explica el testimonio que tendrán que dar dice:"Cuando seais arrestados, no os preocupeis por lo que habéis de decir, ni cómo habéis de hablar. Llegado ese momento, se os comunicará lo que tengais que decir.Pues no series vosotros los que hablareis, sino el Espíritu del Padre el que hablará por vosotros”. Catecismo de la Iglesia Católica 689-690

Textos de san Josemaría para meditar

Nuestro Señor Jesús lo quiere: es preciso seguirle de cerca. No hay otro camino. Esa es la obra del Espíritu Santo en cada alma —en la tuya—: sé dócil, no opongas obstáculos a Dios, hasta que haga de tu pobre carne un Crucifijo. Surco, 978

También nosotros, como aquellos primeros que se acercaron a San Pedro en el día de Pentecostés, hemos sido bautizados. En el bautismo, Nuestro Padre Dios ha tomado posesión de nuestras vidas, nos ha incorporado a la de Cristo y nos ha enviado el Espíritu Santo. El Señor, nos dice la Escritura Santa, nos ha salvado haciéndonos renacer por el bautismo, renovándonos por el Espíritu Santo, que El derramó copiosamente sobre nosotros por Jesucristo Salvador nuestro, para que, justificados por la gracia, vengamos a ser herederos de la vida eterna conforme a la esperanza que tenemos. Es Cristo que pasa, 128

6. ¿Cómo actúa el Espíritu Santo en la vida del cristiano?

"Nadie puede decir: '¡Jesús es Señor!' sino por influjo del Espíritu Santo", dice san Pablo en la Epístola a los Corintios. Y en la Epístola a los Gálatas: "Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama ¡Abbá, Padre!". El conocimiento de fe no es posible sino en el Espíritu Santo. Para entrar en contacto con Cristo, es necesario primeramente haber sido atraído por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo, con la Trinidad Beatísima viene a inhabitar en el alma por el sacramento del Baustimo. El Espíritu Santo con su gracia es el "primero" que nos despierta en la fe y nos inicia en la vida nueva que supone conocer al único Dios verdadero, y a su enviado, Jesucristo. Catecismo de la Iglesia Católica 737-742

Textos de san Josemaría para meditar

Vale la pena jugarse la vida, entregarse por entero, para corresponder al amor y a la confianza que Dios deposita en nosotros. Vale la pena, ante todo, que nos decidamos a tomar en serio nuestra fe cristiana. Al recitar el Credo, profesamos creer en Dios Padre todopoderoso, en su Hijo Jesucristo que murió y fue resucitado, en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida. Confesamos que la Iglesia, una santa, católica y apostólica, es el cuerpo de Cristo, animado por el Espíritu Santo. Nos alegramos ante la remisión de los pecados, y ante la esperanza de la resurrección futura. Pero, esas verdades ¿penetran hasta lo hondo del corazón o se quedan quizá en los labios? El mensaje divino de victoria, de alegría y de paz de la Pentecostés debe ser el fundamento inquebrantable en el modo de pensar, de reaccionar y de vivir de todo cristiano. Es Cristo que pasa, 129

Un razonamiento que lleva a la paz y que el Espíritu Santo da hecho a los que quieren la Voluntad de Dios: Dominus regit me, et nihil mihi deerit —el Señor me gobierna, nada me faltará. ¿Qué puede inquietar a un alma que repita de verdad esas palabras? Camino, 760

7. ¿Qué son los dones del Espíritu Santo? ¿Cuáles son?

Los dones del Espíritu Santo infundidos en el alma del cristiano llevan a la perfección las virtudes y hacen a los fieles dóciles para seguir con prontitud y amor, en su actuar diario, las inspiraciones divinas. Los siete dones del Espíritu Santo son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Catecismo de la Iglesia Católica 1830-1831

Textos de san Josemaría para meditar

La Tercera Persona de la Trinidad Beatísima -dulce huésped del alma- regala sus dones: don de sabiduría, de entendimiento, de consejo, de fortaleza, de ciencia, de piedad, de temor de Dios. Amigos de Dios, 92

El Espíritu Santo, con el don de piedad, nos ayuda a considerarnos con certeza hijos de Dios. Y los hijos de Dios, ¿por qué vamos a estar tristes? La tristeza es la escoria del egoísmo; si queremos vivir para el Señor, no nos faltará la alegría, aunque descubramos nuestros errores y nuestras miserias. La alegría se mete en la vida de oración, hasta que no nos queda más remedio que romper a cantar: porque amamos, y cantar es cosa de enamorados. Amigos de Dios, 92

Entre los dones del Espíritu Santo, diría que hay uno del que tenemos especial necesidad todos los cristianos: el don de sabiduría que, al hacernos conocer a Dios y gustar de Dios, nos coloca en condiciones de poder juzgar con verdad sobre las situaciones y las cosas de esta vida. (…) No es que el cristiano no advierta todo lo bueno que hay en la humanidad, que no aprecie las limpias alegrías, que no participe en los afanes e ideales terrenos. Por el contrario, siente todo eso desde lo más recóndito de su alma, y lo comparte y lo vive con especial hondura, ya que conoce mejor que hombre alguno las profundidades del espíritu humano. Es Cristo que pasa 133

8. ¿Por qué se dice que el Espíritu Santo preparó a María con su gracia?

El Espíritu Santo preparó a María con su gracia. Convenía que fuese "llena de gracia" la Madre de Aquel en quien "reside toda la plenitud de la divinidad corporalmente". En María el Espíritu Santo realiza el designio benevolente del Padre. La Virgen concibe y da a luz al Hijo de Dios por obra del Espíritu Santo. Su virginidad se convierte en fecundidad única por medio del poder del Espíritu y de la fe. En fin, por medio de María, el Espíritu Santo comienza a poner en comunión con Cristo a los hombres "objeto del amor benevolente de Dios". Catecismo de la Iglesia Católica 721-726

Textos de san Josemaría para meditar

Es justo que el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo coronen a la Virgen como Reina y Señora de todo lo creado. —¡Aprovéchate de ese poder! y, con atrevimiento filial, únete a esa fiesta del Cielo. —Yo, a la Madre de Dios y Madre mía, la corono con mis miserias purificadas, porque no tengo piedras preciosas ni virtudes. —¡Anímate! Forja 285

María se muestra santamente transformada, en su corazón purísimo, ante la humildad de Dios: el Espíritu Santo descenderá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por cuya causa el santo que de ti nacerá será llamado Hijo de Dios. La humildad de la Virgen es consecuencia de ese abismo insondable de gracia, que se opera con la Encarnación de la Segunda Persona de la Trinidad Beatísima en las entrañas de su Madre siempre Inmaculada. Amigos de Dios, 96

Para saber más: Catecismo de la Iglesia Católica (CIC), capítulo tercero: Creo en el Espíritu Santo, nn 683-686

 

 

Los problemas del método en la Crítica de la razón pura (Parte I)

 

Escrito por Ignacio Falgueras Salinas

Dado el interés de este artículo y su longitud, hemos decidido publicarlos en tres partes, en días consecutivos

La Crítica de la razón pura (KrV) se divide en dos partes, la doctrina de los elementos y la doctrina del método. Kant justifica tal división con una analogía: él considera que la tarea de esta obra es semejante a la construcción

de un edificio, para la cual hacen falta ciertos elementos o materiales con los que construirlo, y, además, un plano o proyecto de lo que con ellos se va a edificar. La doctrina de los elementos vendría a equivaler al cálculo del tipo, altura y solidez de los materiales de que disponemos y que entrarán en la construcción. La doctrina del método, en cambio, equivale al plano del edificio, es decir, al proyecto de construcción, que ha de tener en cuenta los materiales disponibles así como el fin de la misma, que estriba en satisfacer nuestras necesidades (1).

Pasando de la metáfora al contenido real de la KrV, en la doctrina de los elementos se someten a examen las facultades de conocimiento (sensible, intelectual, judicativa, racional (2) con que contamos, y el alcance cognoscitivo de cada una, es decir, se establecen las condiciones materiales del conocimiento; en la doctrina del método se determinan las condiciones formales que ha de reunir la metafísica para ser una ciencia o un sistema completo de la razón pura.

Tras el gran esfuerzo requerido, normalmente, para entender la primera parte de la KrV, pudiera parecer, a algunos lectores, que esta segunda parte es menos importante, y por ello más prescindible que la primera. Sin embargo, si   se quiere comprender la propuesta filosófica de dicha obra, es ineludible entender adecuadamente también la segunda. Pero no acaba ahí la investigación para el filósofo, pues dada la magnitud de los problemas planteados y la importancia de las soluciones ofrecidas, si se quiere entender a fondo el pensamiento de Kant en esta obra, será preciso someterla a un examen de congruencia, que no exige poner en duda ni criticar, tan sólo demanda atender a la concordancia entre el método y los temas de esta obra.

Precisamente a esta última tarea es a la que se dedica esta investigación. Por eso, en lo que sigue no voy a desarrollar pormenorizadamente los contenidos de la «doctrina del método» (disciplina, canon, arquitectónica e historia), objetivo que una buena lectura puede cumplir, sino que intentaré señalar ciertos problemas de fondo que se presentan en relación con el método de la KrV. A ese fin, procederé de menos a más, o sea, desde los problemas sintomáticos, o más superficiales, a los etiológicos o más profundos.

EL PROBLEMA DE PARTIDA

Dividida en dos partes, como ya he dicho, la KrV desarrolla la doctrina del método en segundo lugar. Esto produce un primer desconcierto, puesto que la filosofía crítica kantiana tiene como signo distintivo el que en ella el método antecede a la ciencia. En tal descubrimiento reside una de las luces que cambió el rumbo de toda su filosofía, y que quedó consignada en la Dissertatio de 1770, en cuyo §23 se dice que en las ciencias el uso da el método, mientras que en la metafísica el método se anticipa a toda ciencia (“methodus antevertit omnem scientiam”) (3). Y, en plena consonancia con lo anterior, la KrV nos dice acerca de sí misma: “es un tratado del método, no un sistema de la ciencia misma” (4). En virtud de tal antecedencia del método, el criticismo se opone al dogmatismo, que él describe así: “Dogmatismo es, por consiguiente, el proceder dogmático de la razón pura, sin previa crítica de su propia facultad…” (5). Someter a examen crítico la facultad de conocer es una tarea propedéutica (6) necesaria para evitar las tentaciones tanto dogmáticas como escépticas del filosofar metafísico.

Estando así las cosas, resulta chocante que la doctrina del método vaya en segundo lugar en la KrV, cuando lógicamente el método debería ser lo primero, si es que ha de anteceder a la ciencia. Naturalmente, esta sorpresa parece quedar anulada en cuanto recordamos que toda la KrV es un tratado del método (7), de manera que tanto la doctrina de los elementos como la doctrina del método forman parte de lo que Kant considera como el método antecedente. ¿Pero qué sentido tiene, entonces, introducir dentro de lo que es ya enteramente método una «doctrina del método»? ¿Es que existe en el método antecedente algo que no es método (la doctrina de los elementos)? ¿Es, quizás, la «doctrina del método» sólo una parte del método?

El propio Kant afirma que la KrV, obra que desarrolla la tarea propedéutica mencionada, no debe ser llamada «doctrina de la razón pura», sino sólo «crítica» de la misma (8). La razón que alega Kant para llamar sólo «crítica» y no «doctrina» a la obra que examina las posibilidades de conocimiento de la razón es que la aportación que ella hace al saber tiene un alcance meramente negativo. Por tanto, va sobreentendido que por «doctrina» se significa un saber positivo, esto es, que desarrolla y amplía el uso de la razón, mientras que la «crítica» no hace tal cosa, más bien se limita a preservar de errores a la razón. Y, sin embargo, las dos partes que integran la KrV –que no debe llamarse «doctrina»– se llaman «doctrina», de los elementos y del método, respectivamente. ¿Cómo puede no ser «doctrina» el conjunto de dos «doctrinas»? O ¿cómo pueden llamarse «doctrina» las dos partes de un saber que no es «doctrina»? Y ¿en qué sentido podría ser negativo el balance de dos doctrinas positivas? (9)

Salta a la vista que el sentido crítico del método que antecede a la metafísica es distinto del sentido del método en cuanto que doctrina, pues el primero abarca tanto lo material (elementos) como lo formal (método), y tiene que ver con las posibilidades del saber, mientras que el segundo, en cambio, se refiere sólo a lo formal, concretamente a las condiciones formales, y tiene que ver con la posibilidad de que el saber racional sea sistemático. Además, el uno, como ya he dicho, tiene un sentido negativo, y el otro un sentido positivo. De manera que el primer tipo de posibilidades condiciona negativamente sólo a la metafísica como saber, mientras que el segundo tipo de posibilidad condiciona de modo positivo a cualquier sistema de saber racional, y, por ello, también a la metafísica para llegar a serlo completamente. Por tanto, nos encontramos con que, si bien el saber con pretensiones más abarcantes (la metafísica) ha de ser precedido por una crítica metódica negativa, a su vez esta crítica ha de ser construida, si quiere preparar a una metafísica científica, según los criterios positivos de la sistematicidad.

Y, en efecto, la distinción entre la «doctrina de los elementos» y la «doctrina del método» precede al desarrollo de la KrV (10). Por tanto, es introducida no por la crítica, o consideración antecedente del método, sino por la presunción de que todos los conocimientos de la razón pura especulativa han de integrar una construcción o sistema. Para Kant, nuestra razón es por sí misma (subjetivamente) un sistema (11), tanto es así que, si su principio resultara insuficiente para responder a una sola de las cuestiones que ella se plantea, habría que rechazarlo, pues en tal caso tampoco sería capaz de responder con seguridad a ninguna de las restantes (12). La construcción no sería, de acuerdo con esto, una mera metáfora de un cierto proceder libre por parte del investigador, sino una tendencia natural (arquitectónica) de la propia razón hacia la unidad (13). Por donde se ve que la división mencionada está relacionada con la naturaleza de la razón pura especulativa, que tiende a la unidad sistemática.

Ahora bien, la necesidad de hacer una crítica de la razón tiene como desencadenante la natural tendencia de ésta a plantearse cuestiones que no puede resolver (14); pero, como se acaba de ver, también el requisito de la sistematicidad tiene su fundamento en la propia naturaleza de la razón. Si ambas son tendencias intrínsecas de la razón, ¿por qué la exigencia de sistematicidad es admitida sin problemas por Kant, mientras que, en cambio, la búsqueda de las cuestiones últimas es reconocida por él como la fuente de todos sus problemas? ¿Caben, para él, unas tendencias naturales vacías y otras, en cambio, plenas?

Con todo –y para no dar saltos expositivos–, en la línea de la investigación que sigo, la cuestión que sale al paso es la siguiente: ¿qué exigencia es anterior para el saber metafísico, la crítica o la cientificidad? Kant nos dice, por un lado, que la crítica (método) tiene que anteceder a la ciencia, pero, por otro, que incluso la crítica ha de proceder según el método científico (15). Si la KrV ha de seguir un procedimiento científico, entonces la ciencia debe anteceder a la crítica; sin embargo, si a Wolff, que había seguido un procedimiento científico para exponer su metafísica, sólo le faltó someterla a un examen crítico previo (16), entonces es que la crítica ha de preceder a la ciencia en metafísica. He ahí el problema.

De este modo, de una cuestión aparentemente secundaria, a saber: la congruencia en el orden de la investigación de Kant, y hurgando en su pensamiento, se ha pasado a un problema más serio de congruencia acerca de la prioridad en el saber entre la crítica y la ciencia, sobre todo porque hemos averiguado que tanto la necesidad de una crítica como la propia ciencia tienen (inicialmente), según él, un mismo desencadenante: la naturaleza de la razón especulativa.

EL MÉTODO MIXTO DE KANT

La filosofía kantiana se presenta a sí misma como heredera del concepto de ciencia dogmático (Ch. Wolff, B. Espinosa) (17), con una sola modificación, que pretende ser radical: ha de estar precedido por la tarea crítica. La crítica no se opone al proceder dogmático de la razón en la ciencia, que ha de ser siempre dogmática –es decir, estrictamente demostrativa por principios–, sino al dogmatismo, es decir, a la pretensión de avanzar en el saber sólo con conceptos puros a priori, sin examinar el modo y el derecho con que se obtienen. El procedimiento de Wolff –o sea, establecer los principios vigentes, determinar claramente los conceptos, probar el rigor de las demostraciones y evitar saltos temerarios en las consecuencias–, es el modelo a seguir para emprender la marcha segura de una ciencia, y el que seguirá Kant para hacer de la metafísica una ciencia rigurosa(18). A Wolff, como ya he dicho, sólo le faltó preparar antes el terreno mediante una crítica de la razón pura. Pero los que rechazan el modo de su enseñanza y, a la vez, el proceder de la KrV no pueden tener en su cabeza otra cosa que no sea quitarse de encima las cadenas de la ciencia, cambiando el trabajo por el juego, la certeza por la opinión y la filosofía por la filodoxia(19). Vemos, pues, que incluso la crítica como tarea precursora de la metafísica ha de someterse al método de la ciencia, tanto como la propia metafísica, pues fuera de la ciencia sólo existe la opinión y el saber arbitrario. De modo que Kant sigue a Wolff, pero con una enmienda, la de la crítica previa.

Pues bien, para hacer una crítica semejante era necesario un método distinto del dogmático. La KrV afirma que en metafísica caben dos métodos, el dogmático y el escéptico –ambos con la obligación de ser sistemáticos–, pero ella intenta una tercera vía, la crítica (20), la cual, aunque no sea ni enteramente dogmática ni enteramente escéptica, participa de ambas, y también ha de ser hecha de modo sistemático. El camino intermedio hacedero para la crítica le fue sugerido a Kant por la ciencia física newtoniana, que encarna su inicial modelo de conocimiento, en la medida en que produce a priori lo que los datos intuidos confirman o rechazan a posteriori. La adopción de tal modelo en la KrV la podemos encontrar literalmente enunciada en el Prólogo a su segunda edición, cuando aclara la novedad del método crítico:

“Este método, imitado del que usa el investigador de la naturaleza, consiste, pues, en esto: buscar los elementos de la razón pura en aquello que puede verificarse o refutarse mediante un experimento. Ahora bien, para el examen de las proposiciones de la razón pura, sobre todo si ellas se aventuran más allá de los límites de la experiencia posible, no puede efectuarse ningún experimento con sus objetos (como en las ciencias de la naturaleza): por consiguiente, eso será factible sólo con conceptos y principios que nosotros admitimos a priori, en la medida en que se acondicionen de tal modo que los mismos objetos puedan ser considerados desde dos lados distintos, por un lado, como objetos de los sentidos y de la razón para la experiencia; pero, por otro lado, como objetos, que sólo se piensan, a lo sumo para la razón aislada y que intenta sobrepasar todos los límites de la experiencia. Si, en esta situación, se descubre que, cuando se consideran las cosas desde ese doble punto de vista, tiene lugar la concordancia con el principio de la razón pura, y que con un solo punto de vista, en cambio, surge una inevitable contradicción de la razón consigo misma, entonces el experimento decide si es correcta tal distinción” (21).

Aunque sea largo, el texto merece algún comentario. Las ideas clave son:

1)       Que la KrV es concebida como un experimento que prueba o refuta una hipótesis a priori. Es obvio que Kant ha comprendido hasta el fondo el método de la ciencia moderna, tanto que resuena aquí como eco suyo una parte de los planteamientos de K. Popper (22), aunque éste sólo admite como posible la refutación de las teorías científicas.

2)       Que el ideal kantiano de conocimiento perfecto es la demostración experimental o tecnocientífica, aquella que produce lo demostrado, poniendo ante los ojos o sentidos lo que piensa (hipotéticamente) el científico, es decir, la que conoce objetos que lo son, a la vez, de los sentidos y de la razón, por producir ella la coincidencia de la intuición sensible con el pensamiento, y cuyo modelo es la geometría, concebida como una producción conjunta de la sensibilidad y de la racionalidad.

3)       Que en referencia a ese ideal de conocimiento la metafísica es deficitaria, pues no alcanza, según Kant, la intuición, de modo que en ella no cabe esperar hacer demostraciones tecnocientíficas, al modo de la Física.

4)       Que, a pesar de eso, cabe hacer un experimento, no en la metafísica misma, sino en su propedéutica, o sea, en la crítica que la ha de anteceder. El experimento, para ser viable, debe adoptar a priori dos hipótesis enfrentadas, a saber: que existen conocimientos sintéticos –de los sentidos y de la razón–, y que existen pensamientos analíticos, aisladamente racionales. La demostración consiste en hacer ver que, si se admiten y se hacen jugar ambos presupuestos en su distinción, se elimina la contradicción entre ellos, mientras que, si se omite esa distinción, surgen contradicciones o conflictos insolubles de la razón consigo misma.

5)       Que el método es referido aquí especialmente a los elementos de la razón pura, cuya búsqueda y examen realiza en la KrV la «doctrina de los elementos». Por donde vuelve a asomar el problema inicial: el método crítico se ejerce en el epígrafe de la «doctrina de los elementos» más que en el de la «doctrina del método».

6)       Que la KrV antepone el método newtoniano al de Wolff para preguntar (y responder) por la posibilidad del saber, pero –como se explicará más adelante– teniendo en su base el planteamiento de la cuestión de la posibilidad, de inspiración leibniziano-wolfiana, la cual queda conjugada por Kant con el método físico-empirista en la forma de considerar las hipótesis pensadas como si fueran posibilidades de saber anteriores al conocimiento.

¿Es congruente este modo sintético de proceder? La propuesta de Kant, aunque da cierta preferencia al modelo newtoniano, es, en realidad, una mezcla alterada de las concepciones de la ciencia de Wolff  y de Newton. Adopta, sí, la forma newtoniana, la del experimento, pero el criterio para decidir la verdad o falsedad de la hipótesis reside en un principio de la razón: el principio de contradicción (23).

¿Qué es aquí lo decisivo, el parecido formal con la ciencia experimental o el criterio de razón que discierne entre lo falso y lo verdadero? Si el criterio con que se examina y decide es un principio puramente racional (no empírico), entonces el experimento no tiene nada de físico ni de experiencial, será, en terminología kantiana, puramente analítico y a priori. Ni tan siquiera se parece al experimento mental del Galileo, que al menos era imaginativo. ¿Son, entonces, compatibles ambos métodos tal como los propone Kant, es decir, como integrando un solo método? Por una parte, Kant rechaza las opiniones y las hipótesis en la KrV (24), pues su idea de la ciencia exige certeza, completitud y unidad. La razón ni es una hipótesis, ni admite meras hipótesis acerca de sí misma. Por otra parte, someter a experimento algo que no sea una hipótesis teórica carece de sentido: los datos no necesitan demostración. Es más, la crítica kantiana carecería de sentido si no se descartara como hipótesis falsa cierta pretensión de conocimiento. De modo que, si se admite que es un experimento, entonces la labor crítica no es congruente, por adoptar como criterio de decisión un principio a priori, pues la verdad de los experimentos es necesariamente a posteriori; y si se niega que sea un experimento, no podría ser crítica, no podría descartar el valor cognoscitivo de las ideas, reduciéndolas a meras hipótesis trascendentales sin fundamento fenoménico real.

Para poder admitir sin incurrir en contradicción flagrante lo que dice Kant, parece que habría que utilizar la modalidad metódica más propia de su pensamiento: el als ob (25). La KrV –cabría decir– no es, por el criterio de su método, un experimento, pero si la tomamos como si fuera (en su forma) un experimento (pregunta discernidora), podríamos entender que las ideas funcionen como si fueran conocimientos, aunque con valor meramente regulativo (no temático). De modo semejante, el método wolfiano ha de funcionar no como dogmático, sino como si lo fuera, reteniendo sólo su sistematicidad, de manera que, aunque no parte de principios, sino de una pregunta antecedente, se ordene según principios para su construcción.

El método crítico funciona, pues, como si fuera una hipótesis experimental –pregunta antecedente y discernidora– hecha por la razón sobre sí misma como si no fuera ella misma –sino en sus facultades–, siguiendo el método dogmático como si no fuera enteramente dogmático –sino sólo sistemático–, para evitar que la razón caiga en contradicción y, a la vez, para satisfacer el ideal de ciencia kantiano –la certeza de la intuición empírica (particular)–, el cual no coincide con el ideal de la razón –la completitud sistemática– más que cuando se toma éste como si fuera puramente formal.

El als ob interviene eliminando y conservando. ¿Qué se elimina y qué queda, entonces, del experimento en la crítica? Se elimina precisamente lo que tiene de experiencial; queda sólo un parecido metódico-formal: la antecedencia de la pregunta para dilucidar qué conocimientos efectivos podemos adquirir. ¿Qué se elimina y qué queda del método wolfiano en ella? Se elimina el dogmatismo, la pretensión de conseguir un conocimiento conceptual de cosas en sí; queda la forma o método de la exposición, aunque sin que sea identificable con el método de adquisición de conocimientos. Pero, entonces ¿de dónde proviene el criterio de decisión, que es la piedra de toque de toda la crítica? Aunque Kant no dice nada de su procedencia, ha de decirse que es obviamente wolfiano-dogmática, puesto que la ciencia empírica usa, mas no explicita, el principio de contradicción.

Si se reúne lo que se va diciendo, para Kant la KrV ha de ser una ciencia en su modo de proceder, que es semejante al dogmático, pero ha de imitar a la ciencia experimental por dirigir a la razón preguntas y exigirle respuestas, las cuales –con todo– no incrementan el saber, sólo evitan la contradicción. Como es patente, el juego nocional se enreda ahora más. Y, así, la KrV afirma, por un lado, que la ciencia ha de proceder siempre de forma dogmática (26); rechaza, por otro, todo método dogmático; y sostiene, a la vez, que el método puede ser siempre sistemático (27), siendo así que lo sistemático pertenece al método dogmático.

APARENTES SOLUCIONES, VERDADEROS ENREDOS

Lo que hemos averiguado hasta aquí es que la KrV está elaborada con un método mixto: por una parte, el método escéptico (Hume), modificado –a imitación del experimento físico– en la forma de una pregunta anticipada que pone a prueba nuestras posibilidades de saber; y, por otra, el método dogmático (Wolff), del que toma el criterio de decisión y al que sigue en su sistematicidad, procediendo en su exposición ordenadamente, esto es, desde principios, con rigor, y sin saltos, de manera que alcance la completitud formal. Si atendemos a las funciones de ambos métodos, podríamos decir que el método escéptico (crítica negativa) pretende establecer los contenidos que puede (o no) conocer nuestra razón teórica especulativa, mientras que el método dogmático proporciona la garantía formal de que esa crítica ha sido realizada de modo riguroso y completo. La labor escéptico-crítica afecta, pues, a los contenidos del saber, la labor dogmático-sistemática afecta a la forma científica del mismo.

Parece, pues, que los dos componentes del método se podrían avenir entre sí, pero sólo en la medida en que el método sea, a su vez, una construcción o ciencia compuesta de contenido y forma. Pero si el método es una ciencia, ¿cómo puede anteceder a la ciencia? ¿O es que existe una ciencia que antecede a toda otra ciencia? Y, en tal caso, el método ¿lo es de esa ciencia sola, o de todas?

De modo semejante, la paradoja inicial –según la cual la KrV es toda ella método anticipado y, sin embargo, la doctrina del método ocupa un segundo lugar en el cuerpo de la obra– puede entenderse también según esa duplicidad de los métodos. Mientras que el carácter previo de la KrV (como método) respecto de la metafísica tiene que ver, como salta a la vista, con el método escéptico-critico, la distinción entre la «doctrina de los elementos» y la «doctrina del método» se basa en el método dogmático-sistemático, es decir, en la ordenación sistemática requerida por el rigor científico. Y, en efecto, «doctrina» no sólo puede significar saber positivo, sino que, como aclara de pasada Kant en su Logik (28), equivale a «teoría demostrada». Ambas doctrinas querrían decir, de acuerdo con eso, teoría demostrada «de los elementos» y «del método», respectivamente. Siendo la demostración la tarea de la ciencia, la denominación de «doctrinas» les ha de venir de la pretensión de orden y rigor sistemáticos, no de la tarea escéptico-crítica. Sería, pues, la mezcla de métodos, experimental y ordenador, lo que daría como resultado la paradoja señalada. Pero ¿haber averiguado su origen resuelve la paradoja, o más bien mantiene el enredo? ¿Qué es anterior la pregunta crítica o el criterio de decisión (el principio de no contradicción)?

En cuanto a la segunda paradoja –esto es, la de que una obra que no puede ser llamada «doctrina» esté integrada por dos partes que son «doctrina»–, también está relacionada con la mezcla de métodos. La KrV no puede ser doctrina, es decir, suministrar conocimientos positivos que amplíen el saber especulativo (juicios sintéticos a priori), porque esa tarea le incumbe a la metafísica de la naturaleza (29), pero puede estar organizada en «doctrinas», entendiendo por esto último teorías demostradas. Dicho de otro modo, la KrV no puede ser doctrina positiva, porque ella es en su conjunto prevalentemente escéptico-crítica, pero sus dos partes pueden ser «doctrina» desde otra consideración, a saber, la dogmático-sistemática, como procedimiento por principios de la razón (30). Y, en este sentido, puede comprobarse que las tres críticas (KrV, KpV y KU) o están divididas en dos partes llamadas «doctrinas de los elementos» y «doctrina del método» o, al menos, contienen un apartado sobre la «doctrina del método», aunque cada una de ellas en sentidos distintos. Concretamente, la crítica del gusto no admite la división entre las doctrinas de los elementos y del método que precede a la ciencia, porque no es ciencia ni procede por principios (31). Pero si allí donde no cabe la ciencia ni el proceder por principios tampoco tiene cabida esa división, debemos entender, en consecuencia, que cuando aparezca en las críticas la paradoja señalada eso acontece por razón de la completitud o sistematicidad científicas (32). A lo que se añade, además, que Kant ha recogido y utilizado esa misma división en otras obras como, por ejemplo, en su Lógica y en la Metafísica de las costumbres, ambas fuera del campo de la crítica. Y la razón que alega para hacerlo es que ambas son ciencias (33). Por tanto, queda confirmado que la distinción entre ambas doctrinas procede de la consideración general de la ciencia como sistema, o lo que es igual, del método wolfiano, que se usa en el método crítico y también más allá de éste.

En cuanto a cuál sea la prioridad entre la crítica y la ciencia, parece claro que el intento de Kant es que las dos se unifiquen precisamente en el ejercicio de la KrV. Sin embargo, del mismo modo que en los casos anteriores no se ha conseguido otra cosa que repartir las responsabilidades de las paradojas según la dualidad de métodos, pero con repartirlas, aunque se puede entender lo que hace Kant, no basta para resolver los enredos que implican, así también aquí acontece algo semejante: se ha averiguado la existencia de un doble método en la KrV, a saber, un método antecedente (escéptico-crítico), y otro, vehiculador del saber científico racional (dogmático-sistemático), pero, con todo, los dos métodos siguen siendo distintos, por lo que el enredo no se deshace. No es igual someter a prueba que afirmar, ni tampoco coinciden en su proceder la pregunta que se anticipa hacia atrás (posibilidad), ensayando con nuestras facultades para decidir sobre sus capacidades, y la ordenación sistemática que, requerida por el rigor científico, discurre hacia delante desde principios. ¿Cabe mezclar en uno solo esos dos métodos tan diferentes?

Dejando aparte otras posibles consideraciones, ha de decirse que, cuando se trata de la metafísica, esa mezcla de métodos no es viable, pues la metafísica ha de ser el saber primero y su método ha de alcanzar el comienzo (34). Más en concreto, la KrV busca resolver por adelantado el problema kantiano de la metafísica, de manera que uno de los dos métodos ha de ser el primero: o bien lo es la pregunta, o bien lo es el principio de contradicción. Kant pretende que la KrV parta metódicamente, a la vez, como pregunta y desde principios. Pero si el experimento se entiende como una pregunta antecedente dirigida a la razón, entonces no parte de principios, sino de la perplejidad nacida de las antinomias; y si parte de principios, entonces no cabe una pregunta antecedente, porque los principios no admiten ser puestos a prueba. La síntesis de los métodos de Wolff y Newton es imposible en el saber primero: si lo primero es preguntar, entonces no se parte de principios; si se parte de principios, entonces ninguna pregunta o experimento se puede adelantar al conocimiento de los principios (35).

En este punto debe aclararse que la metafísica no es concebida por Kant como una ciencia más. Ante todo, porque (i) es una disposición o tendencia natural del hombre en virtud de la cual ha de plantearse necesariamente ciertas cuestiones últimas para las cuales no tenemos respuesta, ni mediante el uso experiencial de la razón ni mediante los principios de él derivados (36). Además, es distinta porque (ii) la resolución del problema de la metafísica tiene un alcance mayor que el desarrollo de cada una de las ciencias, en tanto en cuanto que afecta directamente a la razón pura, a la que pone en cuestión, mientras que los posibles problemas de las otras ciencias no parecen afectar a la razón pura, en la medida en que las ciencias no requieren una crítica previa (37) ni de ellas ni de la razón. Por último, difiere de las demás ciencias, porque (iii) en el requisito de la completitud sistemática va implícito que la metafísica tiene, por encima de todas las demás ciencias, la prerrogativa de abarcar todo el campo de los conocimientos que le pertenecen, o sea, de ser la única capaz de alcanzar el estatuto de ciencia completa y fundamental (38). Si la metafísica ha de ser la ciencia fundamental, no debería estar precedida por ningún otro saber (Lógica, Física, crítica…), porque si alguna otra ciencia la precediera de alguna manera, entonces no se entiende cómo podría ser el saber primero. E igualmente no se ve cómo saberes secundarios y necesariamente incompletos puedan servir de modelo para el saber que exige ser completo. Pero, eso no obstante, Kant toma de las ciencias, especialmente de la ciencia físico-empírica, el modelo de la certeza científica a alcanzar por la metafísica. Aunque fuera verdad, como piensa Kant, que la metafísica es un saber necesario, pero todavía no completo ni científico, ¿cómo podría tener por modelo a la Física, que ni es, según él, igualmente necesaria (39), ni será nunca un saber completo?

Insisto. Si Kant concibe la metafísica como la ciencia fundamental, ¿cómo puede adelantarse a ella la crítica como una ciencia previa? ¿No queda convertida así en ciencia fundamental la crítica? Una de dos, o la metafísica no es el saber fundamental, sino una ciencia más –y no es así para la KrV–, o la metafísica es el saber fundamental, y en este caso no puede ser precedido por nada. Pretender, a la vez, que sea la ciencia fundamental y que esté sustentada en otro saber es una incongruencia insostenible. Por eso, en Kant lo que lleva el nombre de metafísica son más bien unos saberes regionales (la naturaleza, por un lado, y la moral por otro), mientras que el saber primero, o que substituye a la metafísica, es la filosofía trascendental, de la que forman parte nuclear las tres críticas. Es patente, pues, la incongruencia de que el saber que debiera ser fundamental y necesario esté sustentado en otro anterior, y que, adicionalmente, el saber que lo substituye imite a saberes no fundamentales ni necesarios (experimentos). Para comprender de dónde procede tal incongruencia será preciso retroceder a los presupuestos primeros de la filosofía de Kant.

Ignacio Falgueras Salinas en Studia Poliana revistas.unav.edu

Notas:

(1) KrV, 2. Auflage, Kants gesammelte Schriften. Herausgegeben von der Königlich Preussischen Akademie der Wissenschaften (Ak), Berlin: 1904/11, 3. Band, 735. Todas las citas de esta obra serán referidas a esta segunda edición (B), salvo cuando los textos de la primera edición (A), editados en Ak 4. Band, no coincidan con ella.

(2) B 169.

(3) AK II, 411.

(4) B XXII.

(5) B XXXV.

(6) B 25; B 869.

(7) B XXII-XXIII.

(8) B 25 y 26.

(9) Kant resalta que la crítica, aunque sea negativa, suministra una información de importancia mayor que la de muchas informaciones positivas (B 737).

(10) B 29.

(11) B 765-766; B XXIII.

(12) A XIII.

(13) B 860 ss. Nótese que para Kant el único filósofo verdadero, el único maestro de filosofía, es la idea que prescribe la unidad de todos conocimientos racionales en orden a los fines de la razón (B 867- 868).

(14) A VII-VIII.

(15) B XXXV: “Die Kritik ist nicht dem dogmatischen Verfahren der Vernunft in ihrem reinen Erkenntniss, als Wissenschat, entgegensetzt (denn diese muss jederzeit dogmatische... sein)”.

(16) B XXXVI-XXXVII.

(17) Wolff recibió el influjo de Espinosa a través de Tschirnhaus, Cfr. W. RISSE, Vorwort zu Medicina mentis et corporis de E.W. TSCHIRNHAUS, Olms, Hildesheim, 1964, XV.

(18) B XXXV-XXXVI. “...vielmehr ist die Kritik die notwendige vorläufiger Veranstaltung zur Beförderung einer gründlichen Metaphysik als Wissenschat, die notwendig dogmatisch und nach der strengten Forderung systematisch, mithin schulgerecht (nicht populär) ausgeführt werden muss“ (Ibid.).

(19) B XXXVII.

(20) B 884.

(21) B XVIII-XIX, en nota.

(22) K. POPPER, La lógica de la investigación científica, trad. V. Sánchez de Zavala, Tecnos, Madrid, 1967, 31-34, 43-44, 52-54.

(23) El principio de contradicción es el principio de la posibilidad lógica, el principio de todos los juicios, o sea, junto con el de razón suficiente, es la conditio sine qua non de la verdad objetiva. No es una mera regla del entendimiento –de cuyo uso la Lógica es una propedéutica–, sino un criterio formal, y meramente negativo, de la verdad (Logik, Ak. IX, 51-52; Vorlesungen über die Metaphysik (Pölitz), Reprogr. Nachdr., Wissenschaftliche Buchgesellschaft, Darmstadt, 1988, 23), por tanto pertenece sólo a la razón, que es crítica merced a él.

(24) B 800-810, especialmente B 809: “Was reine Vernunft assertorisch urtheilt, muss (wie alles, was Vernunft erkennt) nothwendig sein, oder es ist gar nichts. Demnach enthält sie in der That keine Meinungen”. Las hipótesis, aunque no posean validez cognoscitiva, admiten un uso estrictamente polémico por parte de la razón especulativa: para silenciar al adversario, no para establecer la verdad.

(25) Cfr. B 699-728, repetidas veces. El als ob es una forma sutil de negar la validez objetiva, conservando sólo la utilidad subjetiva.

(26) B XXV: “... (denn diese [Wissenschat] muss jederzeit dogmatisch, d.i. aus sicheren Principien a priori strenge beweisend, sein)”.

(27) B 765: “Gibt es nun im spekulativen Gebrauche der reinen Vernunft auch dem Inhalte nach gar keine Dogmate, so ist alle dogmatische Methode... für sich unschiklich... Gleichwohl kann die Methode immer systematisch sein”.

(28) Einleitung, I, AK IX, 14: “5) eine Doktrin oder demonstrirte Theorie”.

(29) “Ein solches System der reinen (speculativen) Vernunft hoffe ich unter der Titel Matephysik der Natur selbst zu liefern...” (A XXI).

(30) B 883; Kritik der praktischen Vernunft (KpV), 2.Theil, AK V, 151: “Wissenschaft aber [bedarf] einer Methode, d.i. eines Verfahrens nach Principien der Vernunft, wodurch das Mannifaltige einer Erkenntnis allein ein system werden kann”).

(31) “Die Eintheilung einer Kritik in Elementarlehre und Methodenlehre, welche vor der Wissenschaft vorhergeht, läßt sich auf die Geschmackskritik nicht anwenden: weil es keine Wissenschaft des Schönen giebt noch geben kann, und das Urtheil des Geschmacks nicht durch Principien bestimmbar ist” (Kritik der Urtheilskrfaft (UK), § 60, AK V, 354-355).

(32) Como, por ejemplo, en la UK cuando dice: “Die Teleologie als Wissenschaft gehört also zu gar keiner Doctrin, sondern nur zur Kritik und zwar eines besondern Erkenntnißvermögens, nämlich der Urtheilskraft. Aber so fern sie Principien a priori enthält, kann und muß sie die Methode, wie über die Natur nach dem Princip der Endursachen geurtheilt werden müsse, angeben; und so hat ihre Methodenlehre wenigstens negativen Einfluß auf das Verfahren in der theoretischen Naturwissenschaft und auch auf das Verhältniß, welches diese in der Metaphysik zur Theologie als Propädeutik derselben haben kann”. Según este texto, la crítica no es doctrina, es decir, ampliación positiva del saber, tan sólo ejerce un influjo negativo sobre el modo de proceder la ciencia natural teórica y sobre la relación de ésta en la metafísica con la teología.

(33) Logik, §95: “Die Wissenschaft ist ein Ganzes der Erkenntniss als system und nicht bloss als Aggregat”; §96: “Wie die Elementarlehre in der Logik die Elemente und Bedingungen der Volkommenheit einer Erkenntniss zu ihrem Inhalt hat: so hat dagegen die allgemeinen Methodenlehre, als die andere Theil der Logik, von der Form einer Wissenschaft überhaupt, oder von der Art und Weise zu handeln, das Mannifaltige der Erkenntniss zu einer Wissenschaft zu verknüpfen” (AK IX, 139). Metaphysik der Sitten: “nur so fern sie Wissenschaft sein soll, also zu der methodischen Zusammensetzung aller Sätze, welche nach der ersteren aufgefunden worden, erforderlich sind” (AK VI, 412) y “Die letztere Eintheilung muß also, weil sie die Form der Wissenschaft betrifft, vor der ersteren als Grundriß des Ganzen vorhergehen“ (AK VI, 413).

(34) Cfr. El acceso, 27 ss.

(35) Téngase en cuenta que ninguna pregunta puede formularse si no es usando el principio de no contradicción, y menos aún las preguntas científicas, que han de estar hechas de modo que sólo quepa responder con un sí o con un no, habiendo de ser excluyentes de una de las posibilidades de las hipótesis. Por tanto, la pregunta no puede alcanzar nunca el comienzo o principio de contradicción. El expediente kantiano de atribuir el criterio de decisión del experimento a un principio de razón –en este caso, el de contradicción–, no hace otra cosa que refrendar la imposibilidad de que la pregunta sea en metafísica lo primero.

(36)  B 21.

(37)  B 20.

(38) B XXIII-XXIV. “Zu dieser Vollständigkeit ist sie daher als Grundwissenschaft auch verbunden, und von ihr muß gesagt werden können: nil actum reputans, si quid superesset agendum” (B XXIV). La metafísica es la única entre todas las ciencias que puede esperar la completitud y el carácter definitivo, esto es, la perfección del saber (A XX). Cfr. B 878-879.

(39) No dice Kant que todos los hombres hayan hecho o hayan de hacer necesariamente física newtoniana ni ninguna otra ciencia, sin embargo sí afirma que todos los hombres han hecho y harán metafísica, aun cuando estuvieren sumidos en la barbarie: “ob sie [die Metaphysik] gleich älter ist als alle übrige und bleiben würde, wenn gleich die übrigen [Wissenschatfen] insgesammt in dem Schlunde einer alles vertildigen Barbarei gänzlich verschlungen werden sollten” (B XIV).

 

 

El matrimonio, incubadora de la paternidad

Escrito por María Calvo

Se habla e investiga mucho sobre el vínculo de la madre con sus hijos, sobre los derechos de los niños y las mujeres

Pero, al tratar sobre la familia, el padre aparece como el gran olvidado. Numerosos estudios recuperan el valor de la paternidad y la relación entre esta y el matrimonio.

«Necesitamos varones que se den cuenta de que la paternidad
no finaliza con la concepción. Y que asuman
que la hombría no reside en su capacidad de tener hijos,
sino en la valentía de criarlos y educarlos» (Barack Obama)

En Europa, recientes datos muestran cómo el número de matrimonios ha descendido alarmantemente. En España, las parejas que han optado por pasar por el Registro Civil en los últimos diez años han disminuido un 25 por ciento. Esta tendencia es aún más acusada entre las bodas eclesiásticas, que han caído un 52 por ciento entre 2007 y 2013. En la última década en nuestro país, el descenso del porcentaje de bodas ha sido del 27 por ciento. A ello debemos sumar el elevado número de rupturas que también hace patente la crisis que atraviesa la institución matrimonial. Todos los años, según datos del Instituto Nacional de Estadística, por cada diez matrimonios que se celebran, se producen siete rupturas.

Estos datos tienen una consecuencia inmediata en relación con los hijos, pues cuando el vínculo entre hombre y mujer es débil, también lo es habitualmente el vínculo creado entre ellos y los vástagos; y muy especialmente entre la figura paterna y sus descendientes. En relación con las parejas casadas, cuando los padres separados no viven con sus hijos −en países desarrollados rara vez la custodia es compartida, y la mayoría de las veces se le atribuye a la madre (68-88 por ciento)− las investigaciones demuestran que, con el tiempo, la relación padre-hijo en muchos casos acaba desapareciendo. Como reflejan diversas estadísticas, diez años tras el divorcio, solo uno de cada diez niños ve a su padre al menos una vez a la semana.

La desconexión padre-hijo es aún superior si nos referimos a la separación de parejas que nunca habían estado casadas. Estas no solo tienden a romperse con mayor frecuencia que las que tenían un vínculo matrimonial, sino que, además, los estudios exponen que, una vez separadas, en un 90 por ciento de los supuestos el padre se desvincula totalmente de la familia

Hoy en día, en Europa y Estados Unidos, aproximadamente cuatro de cada diez hijos nacen fuera del matrimonio. También en España, la proporción de hijos extramatrimoniales aumenta vertiginosamente y se está convirtiendo en un fenómeno masivo. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, la proporción de hijos de padres no casados, que era del 4,4 por ciento en 1981, no ha dejado de crecer hasta el 40,9 por ciento alcanzado en 2013. Abundantes investigaciones exponen cómo muchos de los padres de hijos nacidos fuera del matrimonio pierden la conexión con sus vástagos, tanto afectiva como material —pues abandonan su manutención— en un plazo breve de tiempo; incluso entre padres que gozan de bienestar económico pero que, al perder el contacto físico con los hijos, se niegan a permanecer en un papel de meros abastecedores. Según datos de la Administración norteamericana, en comparación con los hijos nacidos dentro del matrimonio, los de parejas no casadas pero que viven juntos tienen tres veces más posibilidades de crecer en ausencia física del padre, y hasta cuatro veces más si los progenitores no cohabitaban. En general, estadísticas de Naciones Unidas (Men in Families and Family Policy in a Changing World) advierten cómo un 31 por ciento de los padres de parejas no casadas y que no viven juntos pierde el contacto con su hijo un año después del nacimiento

Consecuencias de la ausencia física del padre

El hecho de que exista una relación directa entre la ruptura de parejas −de manera especialmente intensa en el caso de las no casadas− y la pérdida de contacto de los hijos con el padre es importante. Sobre todo si tenemos en cuenta los profundos efectos sociales que lleva implícita la ausencia física del padre. Diversos estudios muestran cómo la carencia de padre está en la base de la mayoría de los conflictos sociales más urgentes, desde la pobreza y la delincuencia, hasta el embarazo de adolescentes, abuso infantil y violencia doméstica, según datos extraídos de la National Fatherhood Initiative. 

La ausencia del padre, física o simplemente psíquica −distancia emocional−, puede tener efectos muy negativos sobre los hijos, incluyendo problemas de salud graves, ya que su sistema inmunológico se ve afectado por el estrés que genera tal situación de desamparo, y ello a pesar de los esfuerzos de las madres en estos casos para compensar las carencias afectivo-educativas desde el ángulo paterno, ya que la relación madre-hijo, por mucho que algunos quieran, nada tiene que ver con la relación paterno-filial.

Los hijos que sufren la ausencia física del padre
viven la peor orfandad posible:
aquella en la cual sus padres están vivos

El sociológo Duncan Timms, de la Universidad de Estocolmo, realizó durante dieciocho años un seguimiento de todos los niños nacidos en Suecia en 1953. A intervalos regulares, se le hizo un psicodiagnóstico a cada uno de estos quince mil niños. Los que presentaron un grado mayor de disfunción psicológica fueron varones nacidos de madre soltera y que crecieron sin padre. Son convergentes con estas conclusiones los resultados de un seguimiento de más de diecisiete mil menores de diecisiete años que realizó en Estados Unidos el National Center for Health Statistics: el riesgo de problemas emocionales y de conducta es entre dos y tres veces más alto para niños que han crecido sin padre. 

Ronald y Jacqueline Angel, investigadores de la Universidad de Texas, publicaron en 1993 un trabajo en el que se evaluaron los resultados de todos los estudios cuantitativos que analizaron los efectos de la ausencia paterna: «El niño que crece sin padre presenta un riesgo mayor de enfermedad mental, de tener dificultades para controlar sus impulsos, de ser más vulnerable a la presión de sus amigos y de tener enfrentamientos con la ley. La falta de padre constituye un factor de riesgo para la salud mental del niño». Hace treinta años se pensaba que los motivos principales de las conductas conflictivas de los chicos se encontraban principalmente en la pobreza o la discriminación. Sin embargo, hoy se sabe que la ausencia de padre está en la base de la inmensa mayoría de estas actitudes asociales.

Las cifras expuestas por la Administración norteamericana son ejemplificadoras del problema: 

  • El 63 por ciento de los suicidios de jóvenes se da entre muchachos sin padre. 
  • El 90 por ciento de los niños que se va de casa son de familias sin padre. 
  • El 85 por ciento de los chicos con desórdenes de conducta proviene de familias sin padre. 
  • El 80 por ciento de violaciones con violencia las cometen chicos de padres ausentes. 
  • Los jóvenes sin padre protagonizan el 71 por ciento del abandono escolar en secundaria. 
  • El 75 por ciento de los adolescentes en centros de desintoxicación no conoce a su padre. 
  • El 70 por ciento de jóvenes internados en reformatorios creció sin padre. 
  • El 85 por ciento de jóvenes en prisión proviene de familias en las que solo estaba la madre. 

Un punto interesante de este estudio es que el impacto de una madre ausente con respecto a la variable criminalidad es casi nulo, lo que confirma la especificidad de la figura paterna en la conducta transgresora. En cuanto a la pobreza, los niños de familias sin padre tienen cinco veces más posibilidades de ser pobres, y hasta diez veces más de ser extremadamente pobres.

Para David Blankenhorn, director del Institute for American Values (EE. UU.), en las primeras décadas del siglo XXI, la principal línea divisoria de la sociedad estadounidense no será el color de la piel, la lengua, la religión o el lugar donde uno vive: «Será una cuestión de patrimonio personal: quién, siendo niño, recibió el amor y los cuidados de un padre preocupado por él y por su madre, y quién no lo tuvo. Así estará dividida nuestra próxima generación de adultos. Es una situación de tal seriedad, que, si se distinguiera entre los niños que van a vivir con su padre cuando cumplan dieciocho años y los que no, la población menor de todos los Estados Unidos quedaría dividida en dos grupos de igual tamaño». Los efectos negativos de la ausencia paterna adquieren mayor intensidad cuando los hijos son varones, en especial en lo relativo al autocontrol y al fracaso escolar. Estos chicos tienden a mostrar actitudes masculinas muy exageradas con radicalización de estereotipos por la falta de un modelo adecuado de masculinidad

En cuanto a las niñas, la presencia del padre es determinante para su autoestimaEn los hogares sin padre las niñas suelen embarcarse antes en relaciones sexuales, embarazos tempranos y divorcios. El riesgo de embarazo en la adolescencia se duplica en ausencia de padre −las consecuencias de este fenómeno trascienden lo individual y familiar: el costo de asistencia federal a madres solteras adolescentes en Estados Unidos es de cuarenta mil millones de dólares por año−. Por otra parte, la doctora Margo Maine, especialista en el tratamiento de desórdenes alimenticios, sostiene que la ausencia de padre −o su presencia débil y desdibujada− hace que las hijas necesitadas de las funciones que este debería brindarles no se sientan ni validadas ni valoradas y empiecen a dudar de sí mismas, a no gustarse, a tratar de modificarse, a partir de lo físico, de un modo obsesivo y, en última instancia, a tratar de llamar la atención a través de fenómenos corporales. Pero lo más grave es que nos encontramos ante un problema intergeneracional: los hijos que han crecido sin padre son más proclives a tener hijos fuera del matrimonio y no querer asumir responsabilidades al respecto. Estas cifras nos permiten medir cuantitativamente la tragedia, pero de ningún modo alcanzan a reflejar el dolor y sufrimiento de los miles de hijos afectados por esa triste carencia. Estos hijos viven la peor de las orfandades: aquella en la cual sus padres están vivos

Ausencia paterna y violencia

Entre el 6 y el 10 de agosto de 2011, muchos barrios de Londres y otras poblaciones inglesas sufrieron desórdenes generalizados, caracterizados por saqueos descontrolados y ataques incendiarios de violencia sin precedentes. Murieron cinco personas y al menos otras dieciséis resultaron heridas. Las pérdidas económicas por daño a la propiedad privada alcanzaron la cifra aproximada de doscientos millones de libras esterlinas, y la actividad económica local se vio afectada de modo significativo. Hasta el 15 de agosto, se detuvo a 3.100 personas y se presentó acusación formal contra más de mil de ellos. Un estudio sociológico posterior demostró que la mayoría de los detenidos eran varones jóvenes que habían crecido en ausencia física del padre o bien con una enorme distancia emocional de él. Como señaló el propio David Cameron: «¿Puede haber alguien que crea todavía que no hay relación entre la ausencia paterna y el salvajismo de los jóvenes que recorrían las calles como si fueran bestias?». 

Las culturas con mayor compromiso del padre
en la crianza de los hijos son las menos violentas

Estos hechos podrían repetirse en cualquier lugar del mundo desarrollado. Son muchos los estudios e investigaciones que marcan un nexo de unión directo entre ausencia paterna y violencia. La relación entre estructura familiar y delincuencia es mucho más sólida y relevante que la existente entre raza y criminalidad o pobreza y delincuencia. Las estadísticas prueban que solo el 13 por ciento de los delincuentes juveniles proviene de familias en las que el padre y la madre biológica están casados. Por el contrario, el 33 por ciento desciende de padres separados o divorciados y el 44 por ciento proviene de padres que nunca estuvieron casados. 

El Dr. James Dobson, fundador de Family Research Council, señala cómo, sin la guía y dirección de un padre, la frustración de los muchachos les conduce a variadas formas de violencia y comportamiento asocial. Desde los ocho o nueve años, los niños sin padre buscarán en la calle su medio de vida, sus modelos, sus líderes, sus ritos iniciáticos, su identificación y su sustento. Su vida no será una vida de familias, sino de bandas callejeras. Crecerán en el desorden, sin capacidad para integrarse en sociedad e incapaces, asimismo, de asumir más tarde su propia paternidad en toda su dimensión afectiva, educativa y social.

Los economistas de la Universidad de California Llad Phillips William Comanor, basándose en un seguimiento a más de quince mil adolescentes que realiza anualmente el Center for Human Resources (Universidad Estatal de Ohio), encontraron una fuerte asociación estadística entre ausencia de padre y delincuencia y violencia juvenil: el riesgo de actividad criminal en la adolescencia se duplica para varones criados sin figura paterna. También los antropólogos M. West y M. Konner detectaron una relación entre ausencia del padre y violencia al estudiar el funcionamiento de una serie de culturas diferentes. Las culturas con mayor involucración del padre en la crianza de los hijos resultaron ser las menos violentas. Para el Dr. Anatrella, especialista en psiquiatría social, el niño que no ha experimentado el conflicto edípico −chocar con el padre y sus corolarios sociales− tiene muchas posibilidades de lanzarse en su juventud a comportamientos asociales, violentos y agresivos. Estos jóvenes no encuentran el límite a su psicología que impone la presencia de la función paterna que les ayuda a interiorizar el sentido de la ley y en consecuencia, como no saben «cómo pertenecer»: roban, agreden y son violentos para ocupar, a la manera primitiva, un territorio. 

Según el psicólogo forense Shawn Johnsonno hay nadie más capacitado para frenar la agresión antisocial de un muchacho que su padre biológico. Algunos trabajos de investigación sugieren que la función paterna tiene una influencia crítica en la instauración y desarrollo de la capacidad de controlar los impulsos en general y el impulso agresivo en particular, es decir, la capacidad de autocontrol. Esta relación entre función paterna y control de impulsos tiene posiblemente un papel importante en las adicciones. De hecho el 50 por ciento de los toxicómanos en Francia y en Italia proviene de familias monoparentales.

En Estados Unidos, en junio de 2008, la National Fatherhood Initiative presentó un estudio en el que exponía cómo los problemas ocasionados como consecuencia de la ausencia de padres en los hogares costaban al Gobierno federal cien mil millones de dólares al año. El sistema judicial norteamericano se encuentra colapsado por la criminalidad de quienes crecieron en hogares sin padre. En palabras del doctor en filosofía Donald DeMarco, «la falta de padre nos conduce a la anarquía personal y social».

Beneficios de la presencia paterna activa

Como señala uno de los más destacados sociólogos de Estados Unidos, el Dr. David Popenoe: «Los padres son mucho más que simplemente los segundos adultos del hogar. Los padres implicados traen múltiples beneficios a los niños que ninguna otra persona es capaz de aportar». Nadie duda de que las madres son insustituibles en la vida afectiva y emocional de los hijos, así como en su desarrollo físico y equilibrio personal, pero el listado de beneficios que proporciona un padre implicado en la educación y configuración de la personalidad de los hijos es asimismo considerable y bien diferente. La psicología del vínculo maternofilial ha sido ampliamente estudiada desde hace siglos, pero recientes investigaciones (LambGreenbergMorrisLynn) han demostrado cómo los hijos establecen relaciones de apego con el padre tan fuertes como con la madre, y estos vínculos paternofiliales aportan consecuencias también muy beneficiosas. La poderosa influencia de un padre sobre sus hijos es única e irremplazable. El estímulo paterno cambia la vida de los hijos. 

Recientes investigaciones demuestran cómo los hijos
establecen con el padre
vínculos tan fuertes como con la madre

Diversos estudios indican una serie de diferencias cualitativas entre los niños que han crecido con o sin padre. Los niños que se han beneficiado de la presencia de un padre interesado en su vida académica, emocional y personal tienen mayores cocientes intelectuales y mejor capacidad lingüística y cognitiva; son más sociables; tienen mayor autocontrol; sufren menos dificultades de comportamiento en la adolescencia; sacan mejores notas; son más líderes; presentan una autoestima más elevada; no suelen tener problemas con drogas o alcohol; desarrollan más empatía y sentimientos de compasión hacia los demás; son más sociables y cuando se casan tienen matrimonios más estables, según datos extraídos del National Center for Fathering. Algunos estudios sugieren que la presencia activa del padre es especialmente importante desde los primeros instantes de vida de los niños. En esta línea, un trabajo de Jacinta Bronte-Tinkew, investigadora de la organización Child Trends, en 2008, centrado en el análisis de expresiones de balbuceo y capacidades de exploración, pone de manifiesto que los niños cuyos padres están más involucrados en su cuidado y supervisión presentan una probabilidad más baja de sufrir retrasos cognitivos. 

Junto con estos trabajos centrados en el desarrollo infantil, es cada vez más importante la evidencia que relaciona las actividades educativas de los padres con sus hijos en los primeros años de vida con los rendimientos escolares en etapas más avanzadas. Los estudios señalan, por ejemplo, que los bebés de seis meses cuyos padres se ocuparon activamente de ellos tienen un mayor nivel de desarrollo mental. La investigación realizada por el Dr. Blake Bowden, del Hospital Infantil de Cincinnati, sobre una muestra de 527 adolescentes, mostró que aquellos niños cuyos padres desayunaban, comían o cenaban al menos cinco veces a la semana con ellos tenían muchas menos probabilidades de tener dificultades en la escuela, alteraciones de conducta o consumo de drogas. En otro trabajo de campo desarrollado sobre 11 572 adolescentes (The National Longitudinal Study of Adolescent Health), se llegó a la conclusión de que la presencia del padre, temprano por las mañanas, después del colegio y a la hora de la cena y de acostarse, es fundamental para la educación de adolescentes tranquilos y con éxito escolar. La implicación activa del padre está íntimamente relacionada con un gran número de características positivas de los niños como el grado de empatía, autoestima e inteligencia social. Asimismo, incrementan el nivel de felicidad de los hijos y su compromiso en asuntos de su comunidad. Se detectan también menos problemas de comportamiento, incluyendo hiperactividad, ansiedad, depresión, comportamientos delictivos, especialmente entre hijos varones. Muchos de estos beneficios se constataron también en padres que, aunque no vivían con los hijos, tenían sin embargo un elevado nivel de implicación y compromiso con ellos, con contacto constante y regular.

Así como los padres son fundamentales
para el bienestar de los hijos,
el matrimonio es esencial
para el bienestar de los padres

En relación con la autoestima e independencia de las hijas, nuevamente la influencia paterna es determinante. En este sentido, merece la pena citar la investigación desarrollada por Lora Tessman, acerca de las primeras mujeres que lograron doctorarse en Estados Unidos en el prestigioso MIT (Massachusetts Institute of Technology). La mayoría de estas mujeres triunfadoras en un mundo tecnológico y dominado por hombres había tenido, desde su nacimiento, una relación paterno-filial intensa, sana y afectuosa. Y en relación con los propios padres, estudios recientes demuestran que los hombres que son padres responsables y activos tienen niveles de felicidad y satisfacción con la vida superiores a los que no lo son, y suelen gozar de matrimonios más estables. Los beneficios de la implicación activa de un padre y de la conexión afectivo-emocional con los hijos son inmensos y repercuten sobre el cuerpo entero de la sociedad, según el National Health Statistics Report, de Estados Unidos.

El matrimonio: Incubadora de paternidad

Cuando en una sociedad el fenómeno de la ausencia paterna adquiere carácter masivo, deben esperarse consecuencias, tanto en el devenir psicológico del individuo, como también de forma generalizada en el plano social. Como señaló el psicólogo alemán Alexander Mitscherlich: «Cada vez más, los procesos sociales han privado al padre de su importancia funcional». Es preciso reaccionar lo antes posible y adoptar medidas al respecto. Se trata no solo de favorecer la paternidad en sí, sino el vínculo matrimonial previo, que, como indican las investigaciones, es garantía de mayor estabilidad y conexión emocional entre el padre y los hijos. La paternidad es más efectiva y satisfactoria cuando va acompañada y resulta complementada por la maternidad y está enmarcada en el matrimonio. Así como los padres son fundamentales para el bienestar de los hijos, el matrimonio es esencial para el bienestar de los padres. La institución matrimonial parece ser el marco más adecuado para el desarrollo de la función paterna en plenitud. Según David Blankenhorn, en el matrimonio se dan dos de los requisitos básicos para una efectiva implicación de los padres en la crianza y educación de los hijos: residencia estable en el hogar común y colaboración íntima con la madre de los vástagos

Se trata no solo de favorecer la paternidad en sí,
sino el vínculo matrimonial previo, que es garantía
de estabilidad y conexión emocional
entre el padre y los hijos

Otras investigaciones establecen una relación de proporcionalidad directa entre la buena relación madre-padre con la relación padre-hijo. La relación con la madre es un predictor de la implicación del padre en la crianza y educación de los hijos. Además, varias investigaciones recopiladas por Naciones Unidas revelan cómo los individuos casados tienen mayor nivel de satisfacción con la vida y tienen menor riesgo de depresión y mortalidad, lo que afecta directamente al ejercicio de la paternidad. En la misma línea, la Children’s Society británica considera la estabilidad familiar como el principal predictor de bienestar de los hijos. Y, según estadísticas del National Center for Family & Marriage Researchlas parejas casadas se consideran más felices que las que no lo están, lo que repercute necesariamente en la propia felicidad de los vástagos.

En conclusión, el matrimonio es la gran incubadora de la paternidad. A pesar de esta evidencia, en España, sin embargo, no se están adoptando las medidas necesarias al respecto. A diferencia de otros países, como EE. UU. o Reino Unido, nuestro país sigue ignorando la necesidad de prestar la debida atención a los padres y a la institución matrimonial. En las políticas sociales actuales existe una profunda indiferencia ante la paternidad como función social y como valor. También en la práctica judicial se refleja tal indiferencia. Como señala acertadamente Evelyn Sullerot, socióloga y feminista francesa, un divorcio por mutuo acuerdo puede acabar convertido para el padre en una condena a prescindir del hijo, y dejar su paternidad humillada, atrofiada y herida. El divorcio es el medio que facilita a un número cada vez mayor de hombres hacerse conscientes del declive de la paternidad en nuestras sociedades. El papel del padre no puede ser eliminado ni desvalorizado ni ignorado ni tergiversado sin consecuencias negativas graves para el hombre que lo ejerce, para el hijo que lo necesita, para la mujer que lo complementa y, en general, para la familia y la entera sociedad.

Gobierno y Administración llevan años impulsando y promocionando a la mujer con medidas concretas, normativas y administrativas. Y esto debe seguir siendo así, pero hay que hacer lo mismo también con los varones, con los padres −casados o no; separados o no−, pues la mejor defensa de la mujer y de los hijos es también una política adecuada de fortalecimiento y apoyo a la paternidad −el Plan Integral de Apoyo a la Familia 2016-2017 no contiene ni una sola referencia expresa a la paternidad o a la función del padre−. Y esto sin perder de vista que padres y madres se complementan y equilibran. Los hombres tienen muchísimo que aprender de la educación materna, y las madres de la educación paterna. Padre y madre forman un equipo, la educación individualista y atomizada de cualquiera de los dos cónyuges conduce necesariamente al fracaso educativo y al desequilibrio emocional de los hijos. Todo encuentro entre un hombre y una mujer, entre el padre y la madre, es nutriente y enriquecedor para ambos, cuando estos están dispuestos a abandonar sus corsés mentales, a romper estereotipos del pasado y a crear juntos un espacio de unión y participación en beneficio de ambos y, en consecuencia, de los hijos.

María Calvo, profesora Titular de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III

Publicado en el Número 690 (enero-marzo 2016) de Nuestro Tiempo)

 

La familia, “uno de nuestros grandes retos”

El pasado día 15 leía el artículo “Asegurar el bienestar de las familias es uno de nuestros grandes retos”, de Carmen Quintanilla Barba. Presidenta Nacional de AFAMMER, Vicepresidenta de la Unión Europea de Mayores (ESU) y Parlamentaria Honoraria de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa.

Carmen Quintanilla empezaba su artículo diciendo “Hace poco leí una frase que afirmaba que la familia no es algo importante, lo es todo para la sociedad. Es la brújula que nos guía y la inspiración y el respaldo que nos impulsa a conseguir nuestras metas y que nos consuela en nuestros peores momentos”.

Recuerdo, en este contexto, que la Asamblea General de Naciones Unidas decidió declarar el 15 de mayo como el Día Internacional de las Familias, consciente de la importancia que las familias tienen en todos los individuos, pero principalmente por la gran importancia que juegan en la sociedad.

Con la institución de este día para las familias, las Naciones Unidas quieren crear conciencia a nivel gubernamental y social sobre los temas que tienen que ver con la familia, pero sobre todo, que reflexionemos sobre los principales desafíos y retos a los que se tienen que enfrentar.

Sin duda a día de hoy, las consecuencias económicas y sociales originadas por la pandemia constituyen el principal desafío para las familias de todo el mundo. Un reto que se suma a otros desafíos históricos como la necesidad de incentivar los nacimientos y la de alcanzar la conciliación y la corresponsabilidad de la vida laboral y el cuidado de los hijos y las personas dependientes.

Desde hace años, en estos día lo han vuelto a recordar, existen voces que alertan que en Europa vivimos un verdadero “suicidio demográfico”. En el año  2016  Eurostat ya avisó que en el continente europeo hasta 15 países tuvieron más muertes que nacimientos, entre ellos España.

Pero a pesar de las advertencias queda un largo camino por recorrer en lo que a fomento de la natalidad se refiere.  El 68% de los españoles afirma tener problemas para conciliar trabajo y familia, y ese porcentaje se dispara al 81,2% cuando el colectivo encuestado se reduce a solo mujeres con hijos o cargas familiares.

Como también, el 95%  de los trabajadores que mantienen una jornada laboral parcial para poder atender a familiares son mujeres. Lo que conlleva pensiones más bajas, brecha salarial, etc.

Y si miramos a la sociedad rural, donde por regla general los hombres pasan más horas fuera del hogar, observamos cómo se agudizan las situaciones de estrés sobre las mujeres ya que en ellas recae la total responsabilidad de las nuevas cargas familiares originadas por el coronavirus. Los datos así lo demuestran pues el 56,8% de las mujeres rurales afirma ser la única responsable del trabajo doméstico y familiar, donde el 98% de los hombres no intervienen.

Así mismo, el 21,6% de las mujeres de nuestros pueblos tienen a su alrededor una persona mayor o con discapacidad, siendo ellas las únicas cuidadoras en el 58,5% de los casos.

A pesar de que aún seguimos sufriendo las terribles consecuencias del coronavirus, es necesario afrontar de manera urgente medidas que nos permitan avanzar, respetar y apoyar a las mujeres que deciden ser madres y seguir desarrollando su carrera profesional en igualdad de condiciones, con la posibilidad de poder ascender a puestos de dirección en igualdad de oportunidades, sin que ello repercuta en el cuidado y bienestar de sus familias.

Solo así, y no de otra manera, estaremos defendiendo a la familia como pilar fundamental de la sociedad, pues apoyando la maternidad aseguramos la protección y el futuro de las familias. “Cómo así siempre he defendido durante los casi 20 años de mi etapa como parlamentaria en las Cortes Generales del reino de España”, afirma Carmen Quintanilla.

“Unas metas que siguen siendo una gran prioridad para mí como presidenta nacional de la Confederación Nacional de Familias y Mujeres del Medio Rural y como vicepresidenta de la Unión Europea de Mayores, donde trabajamos porque nuestros mayores sigan teniendo la importancia y el respeto que merecen dentro del núcleo familiar y que sobre todo, velen por el bienestar de las próximas generaciones que hoy son nuestros hijos y nietos”.

No podemos olvidar que la familia es la parte fundamental que nos define como personas durante nuestra vida. Somos lo que hemos aprendido en la niñez, por lo que asegurar su bienestar debe ser uno de los principales retos de la sociedad y de los gobiernos.

Jesús Domingo

 

Los paganos no rechazaron lo maravilloso como hoy

La belleza formaba parte de la vida en diferentes culturas y épocas. El mundo contemporáneo rechaza todo lo que es extraordinario, todo lo que es maravilloso, todo lo que es virtuoso, recto, noble o bello a cualquier título.

El Parthenon de Frederic Edwin Church (1871)

 

En el tiempo en que todo el mundo era pagano, ellos tenían religiones abyectas, pero ellos en alabanza de sus dioses a menudo construían bellos templos, hacían obras de arte, obras literarias, etc., que tenían una gran belleza, un gran valor. La propia mitología griega y romana, llena de mentiras y bobadas como estaba, tenía algunas cosas que enseñaban sabiduría.

En fin, en aquel “bric-a-brac” de locuras, algunas cosas se aprovechan, y de gran valor.

 

Formación en el amor a lo bello, deber de los padres

 

En general, los espíritus eran propensos a admitir que lo maravilloso puede intervenir corrientemente en la vida humana. Así que tuvieron grandes héroes, que admiraban; tenían grandes reyes, que reverenciaban; tenían grandes poetas, que aclamaban; todo cuanto era grande les atraía la atención y la reverencia. Ellos tenían una noción de que la vida humana sin lo maravilloso no es habitable y que es un absurdo, razón por la cual estaban abiertos para acciones también maravillosas de Dios que de repente cambiarían todas las cosas.

Decir que lo maravilloso no existe, y que es una mentira, es una forma de decir que Dios no existe. Y el mundo contemporáneo rechaza de modo completo todo lo que es extraordinario, todo lo que es maravilloso, todo lo que es virtuoso, recto, noble o bello a cualquier título.

Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

«El laicismo militante se nos presenta como una religión política propia de sistemas totalitarios»

Jaime Rossell es catedrático de Derecho Eclesiástico de la Universidad de Extremadura / Archivalencia

 

La Universidad Católica de Valencia ha celebrado una jornada sobre los Acuerdos Iglesia-Estado en la que además de analizar este importante hecho se hablado de varios conceptos clave como la libertad religiosa, la diferencia entre laicidad y laicismo, y los ataques que desde hace año recibe la Iglesia por parte de varios sectores políticos y sociales.

Una de las conclusiones de esta jornada es que la Ley Orgánica de Libertad Religiosa (LORL) no necesita su derogación tal y como piden algunos, sino actualización con consenso parlamentario y alejado del intento de propugnar un “laicismo militante” y una “religión política”.

Según ha explicado el catedrático de la Universidad de Extremadura, Jaime Rossell y ha recogido el Arzobispado de Valencia “la cooperación Iglesia-Estado ha de moverse en un delicado equilibrio, construyendo un modelo de laicidad positiva que no de laicismo, defendido por partidos políticos y sectores sociales que podría convertirse en una suerte de religión política. Desde el Gobierno del PSOE de Pedro Sánchez en coalición con Unidas Podemos y apoyado puntualmente por otros grupos políticos, no es difícil pensar según lo expresado en diferentes documentos políticos y proposiciones de ley, que podría convertirse en realidad”.

Además, “esto daría paso a una ley sin consensos parlamentarios que alumbrase una nueva regulación que apuesta por el laicismo estatal más que por la neutralidad del Estado ante el hecho religioso. Ese laicismo militante se nos presenta al modo de una religión política propia de sistemas totalitarios, o en los que, en aras de una pretendida neutralidad, se excluya cualquier manifestación religiosa de la vida pública”, ha asegurado.

Rossell, quien es miembro de la Comisión Asesora de Libertad Religiosa del Ministerio de Justicia, ha afirmado igualmente que “cuando el PSOE habla de avanzar en el desarrollo del principio de laicidad, olvida el sentido en que se utiliza este término por nuestro Tribunal Constitucional (TC). Y esa llamada a no confundir entre funciones religiosas y estatales es suficiente como para no necesitar una modificación de la LORL en la que se especifique cómo debe regularse el uso de símbolos religiosos en el espacio público, la presencia o no de funcionarios en actos religiosos o la neutralidad del estado en los actos públicos”.

El cardenal Cañizares, arzobispo de Valencia, también participó en esta jornada / Archivalencia

“La laicidad a la que se refiere el PSOE y en la que quiere seguir profundizando ya está garantizada en nuestro ordenamiento y amparada en la legislación en vigor. No es que la LORL no sea inmutable, pero ya protege suficientemente la cooperación de las confesiones religiosas, así como las concepciones no fideístas (ateos, agnósticos o indiferentes). Existe una coincidencia acerca de la necesidad de modificar la LOR adaptándola a los tiempos actuales, pero no por ello su derogación, como propuso ERC que lo que buscaba era seguir ahondando en la descentralización administrativa a través de la gestión del fenómeno religioso. La proposición de ley no prosperó, pero introdujo la necesidad de regulación de la libertad ideológica o de pensamiento y conciencia que se ha convertido en uno de los argumentos que se esgrimen para proponer una nueva ley”.

En este contexto, ha considerado que “tenemos que empezar a concienciarnos de que la libertad religiosa es buena y que la acción de la Iglesia católica es buena. Tenemos que ir hacia una defensa de la religión en la esfera pública”.

“Hay que defender un marco jurídico donde ejercer el derecho a la libertad religiosa sin que esto suponga defender un sistema igualitarista entre todas confesiones presentes en la UE. La reforma no necesita violentar el espíritu de la libertad religiosa individual y colectiva atendiendo a lo dispuesto por la Carta Magna, hasta el punto de que se ha convertido en modelo para los países de nuestro entorno y similar cultura jurídica. La Ley de 1980 sirvió para la concordia, que debería prevalecer en la España de 2021”, ha concluido Rossell.

 

 

Prioridades y emergencias

En nuestra sociedad moderna occidental tenemos el peligro de ir demasiado deprisa. Con frecuencia nos encontramos corriendo, azacanados con muchas cosas que hacer. A veces en el agobiante trabajo, que no respeta las ocho horas que se suponen, otras veces corriendo al supermercado o a una reunión con unos amigos. Con prisas. Sin pararnos a pensar.

Hay muchas personas que apenas se detienen para saber hacia dónde van por la vida. No tienen presente cual es el sentido de su vida y, por lo tanto, no saben cuáles son sus prioridades. O lo saben, pero no caen demasiado en la cuenta, porque en el día a día hay muchas emergencias.

No hay en la vida actitud más penosa que la de aquel que no tiene ni idea del porqué de su existencia. En gran medida piensan en el dinero. Seguramente para muchos es esa su prioridad, ganar cuanto más dinero mejor. Y eso supone muchas horas de trajín, complicarse mucho la vida y, seguramente, no tener demasiado presente a la familia, si es que es capaz de construir algo tan grande como una familia. Muchos no se casan, o se casan muy tarde, en gran medida porque hay mucho que trabajar, para ganar más y más.

Valentín Abelenda Carrillo

 

Las peticiones de Francisco

Con razón, la prensa ha destacado las peticiones de Francisco, desde el espíritu de solidaridad mundial: “vacunas para todos” y “una reducción significativa de la carga de la deuda de las naciones más pobres, que se ha visto agravada por la pandemia. Reducir la carga de la deuda de tantos países y comunidades hoy en día, es un gesto profundamente humano que puede ayudar a las personas a desarrollarse, a tener acceso a las vacunas, a la salud, a la educación y al empleo”.

Como es lógico, el papa no propone soluciones inmediatas, pero recuerda que el compromiso con la solidaridad económica, financiera y social implica mucho más que “actos esporádicos de generosidad”. Por eso confía en el discernimiento de los altamente cualificados participantes en esa “reunión de primavera”, para llegar a soluciones acertadas hacia “un futuro en el que las finanzas estén al servicio del bien común, en el que los vulnerables y los marginados se sitúen en el centro, y en el que la tierra, nuestra casa común, esté bien cuidada”.

Jesús Martínez Madrid

 

Con el avance de las técnicas de comunicación

Con el avance de las técnicas de comunicación se han producido los conocidos fenómenos de primacía de lo audiovisual y acentuación de los sentimientos, por encima de la clásica racionalidad. La restricción de los contactos personales, establecida en la lucha contra la pandemia, provoca que afloren al exterior viejas tendencias quizá escondidas. 

Leo en el boletín de noticias de la Universidad de Navarra que está disponible una nueva edición on line de su Guía de Expertos, una encomiable iniciativa nacida a finales del siglo pasado. Permite a los medios de comunicación localizar y establecer contacto con más de 500 profesores e investigadores.

Sin duda, el recurso a expertos permite precisar datos y criterios cuando se elabora información o se redactan artículos. Facilita también una mayor diversidad en los programas de radio y televisión que comentan la actualidad. Pero siempre con permiso del medio, que acaba configurando el mensaje, según la ley empírica –muy vigente a mi juicio- que elaboró históricamente Marshall McLuhan.

Porque la abundancia de expertos –no meros “tertulianos”- puede contribuir al conocimiento o al guirigay de opiniones, que compiten por imponerse, y aquí priman quizá con exceso los aspectos formales. La pasión por la igualdad, propia de los sistemas democráticos, aplicada a los debates de actualidad, puede hacer más difícil extraer consecuencias por la tendencia natural a valorar de modo equivalente –todo vale- cualquier opinión o información, pues en unos pocos segundos no es posible valorar fundamentos ni trayectorias vitales.

Jesús Martínez Madrid

 

La Eutanasia

La protesta de muchos sanitarios, médicos, enfermeros, ha sido y sigue siendo muy significativa. Ellos saben que su misión es curar, sanar, acompañar a los enfermos hasta el final de su vida en la tierra. Saben que ellos no les han dado la vida a los pacientes, y se niegan a quitársela. No quieren y no están dispuestos a ser ejecutores de órdenes de matanza impuestas por una “ley”, que, de lejos y de cerca, trae a la memoria “leyes semejantes” que se vivieron en los campos de concentración y exterminio que Stalin, Hitler, Mao Tse Tung, etc., montaron en el siglo pasado.

Los médicos y todas les personas que les acompañan en su sacrificado servicio, anhelan sanar las enfermedades más variadas de los pacientes que se encuentran; y hacerlo bien conscientes de la dignidad de las personas que tratan, que sufren, que se ponen en sus manos en circunstancias difíciles de su vida.

Y hacen muy bien en quejarse de que el Estado gaste ingentes cantidades de dinero en cosas fútiles y de provecho solo para algunos pocos amigos y ninguno para el resto de la sociedad, y no se preocupe de mejorar todos los servicios de cuidados paliativos que anhelan acompañar a los enfermos sin quitarles un día de la vida que Dios les ha dado.

Junto al aborto, la eutanasia es una muy clara manifestación del intento del hombre de apartar a Dios del profundo misterio de su vida, y de dejar sin sentido alguno, al fin de cuentas, todo tipo de enfermedad, dolor, sacrificio, que todos los humanos nos encontramos en el andar de los días de nuestro vivir. Y me atrevería a decir aún más: que la eutanasia es una acción que manifiesta que en el corazón de quien la lleva a cabo, y de quienes la pretenden imponer por ley, ha dejado de vivir el más sublime tesoro que alimenta la vida del hombre: Amar. Servir a los seres queridos. Dar su vida por los demás.

Suso do Madrid

 

 

Ministerio ecológico y medio ambiente

 

                                Por cuanto se publica y se habla, va siendo conciencia mundial que de alguna manera, hay que “salvar al planeta”; para ello hay que intentarlo con veracidad; y por tanto hay que eliminar al máximo, las basuras que “el mono humano”, hemos ido acumulando a lo largo de ya más de “dos siglos”; puesto que la contaminación no “viene sólo del plástico”; “viene desde mucho más atrás” y curiosamente, fue denunciado al presidente Norteamericano, nada menos que en 1855, precisamente por un jefe “piel roja”. Ver en mi Web, “El primer ecologista”; que está en “Trabajos literarios”, en la segunda portada de la misma. “Nadie le hizo caso”, pero fue una terrible profecía que se ha cumplido con amplitud horrorosa.

                                ¿Qué es lo que habría que hacer primero con esas inmensas cantidades de dinero público, que los políticos, malgastan, malversan, o sencillamente roban con una impunidad, que debiera ser condenada a cadena perpetua y con trabajos forzados? Sencillo para mí: Emplear la mayor parte posible en investigación, creando primero los técnicos necesarios para ello, y emprender la prohibición total de elementos no biodegradables, “y si no nos llevan a Marte o al fin de la galaxia vía tan altísimos y costosísimos “aparatos”; hay que convencerse que antes de todo ello, hay que limpiar “nuestra Tierra madre”, y encauzar una verdadera civilización que “ella” pueda soportarla junto a nosotros todos sus habitantes (flora y faunas incluidas) y pensado en las metas a llegar, “e ignorar las otras, “las de los nuevos dioses”, que nos han llevado precisamente a dónde nos encontramos”.

                                CREACIÓN DE EMPLEO: Imaginemos la enormidad de trabajo a realizar y los millones de nuevos empleos que pueden resultar de todo lo arriba indicado; “y en un mundo donde ese empleo escasea cada vez más”.

                                Aunque los desastres, realidades y evidencias, ya podemos afirmar que son de dominio público y planetario, pero hay que convencerse, de que… “no se debe tirar al suelo, ni una colilla de cigarrillo, envuelta de chicle o caramelo, menos aún “el contenido de los mismos”, o una simple “chapa o tapadera” de cerveza o refresco”; y todo ello hay que enseñarlo en la propia casa y luego en la escuela: reflejo a continuación, algunos casos dentro de España y dejo la dirección, por si quieren saber de muchísimos más, “dentro y fuera de nuestro país”.

                                “Casi la mitad de los residuos domésticos en España acaban en un vertedero, según datos del Ministerio para la Transición Ecológica. Hemos querido indagar sobre qué pasa con los productos una vez que acaban en la basura. Mi compañero Clemente Álvarez (junto con el equipo de Infografía) ha tratado de explicarlo en este interesante reportaje en el que analiza 10 artículos cotidianos a través de cuatro fases: su diseño y fabricación, la recuperación del residuo, su reciclaje y su uso como nueva materia prima. Spoiler: no todo lo que creemos que se recicla puede tener una nueva vida.

Han pasado 23 años desde el desastre medioambiental de Aznalcóllar (Sevilla), que supuso el vertido de seis millones de metros cúbicos de lodos tóxicos al entorno del Parque Nacional de Doñana tras la rotura de una balsa en 1998. Ahora os contamos que la Junta de Andalucía negocia en secreto desde hace casi cinco años con la multinacional minera Boliden, responsable del vertido, para que la empresa afronte el pago de la limpieza de la zona afectada, que asciende a 132 millones de euros. La propia Junta puso en marcha hace un lustro un plan para frenar el expolio del acuífero de Doñana; pasados estos años, el 83% de las medidas están incompletas, el 40% de ellas ni siquiera ha comenzado a aplicarse y solo el 17% del plan se ha ejecutado, tal y como os explicamos aquí”. http: // wiki-blues.blogspot.com/  (Mucho más, aquí).

 

            A LOS POLÍTICOS: TODOS: Si el ejercicio de la política siempre ha sido difícil; hoy lo es mucho más, y seguirá siéndolo por mucho tiempo del futuro; así es que el que sea “un pobre mercenario”, que entra en política, a ver lo que se lleva, que no entre en ella, y los que haya, hay que echarlos; “no se puede estar en política sólo pensando en la panza y el bolsillo”, tampoco en “las próximas elecciones”, sino en el presente y futuro más amplio posible; y en aportar soluciones, en la sociedad donde se ejerce este oficio; que no lo es: “LA POLÍTICA ES UNA VOCACIÓN DE SERVICIO AL PUEBLO”; el que no esté dispuesto a ello, sobra en la política; Y ya lo afirmaron sabios hace milenios, entre ellos, Confucio:… “que nadie que no sepa gobernar, su casa, su hacienda, su familia, entre a gobernar hombres”; si bien debió añadir lo de otra civilización: “hay que gobernarse primero a uno mismo”.

 

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes