Las Noticias de hoy 15 Mayo 2021

Enviado por adminideas el Sáb, 15/05/2021 - 13:02

En Alemania nacen menos niños, y cada vez hay más ancianos | Alemania Hoy |  DW | 31.07.2020

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 15 de mayo de 2021       

Indice:

ROME REPORTS

El Papa: "Sin natalidad no hay futuro. Mujeres no escondan su vientre"

El Papa a Scouts franceses: sean discípulos sembradores de esperanza

Cardenal Parolin: el afecto de los Papas por la Iglesia en China

EL DON DE CIENCIA : Francisco Fernandez Carbajal

Meditaciones: sábado 6ª semana de Pascua

“La hermosura de la santa pureza” : San Josemaria

El trabajo, clave de cuestiones sociales y mucho más : Domènec Melé

La intimidad en el matrimonio: felicidad para los esposos y apertura a la vida (I) : Javier Escrivá Ivars

Acuérdate, oh piadosísima Virgen María.. : encuentra.com

EL RECURSO NECESARIO A MARÍA, MADRE DE DIOS : Alberto García-Mina Freire

La Ascensión del Señor al Cielo

Evangelio del domingo: la Ascensión del Señor

El descenso del Espíritu Santo y la vida de los primeros cristianos : primeroscristianos.com

¿Liberar las patentes de las vacunas aumentaría el nivel de vacunación mundial? : Justo Aznar

¿Puede un hombre gestar y dar a luz un hijo? : Julio Tudela.  Justo Aznar

La Fundación Conocimiento y Desarrollo sitúa a la Universidad en el primer puesto en las áreas de Farmacia, Medicina y Enfermería : María Salanova

Un camino al encuentro. Meterse en el Evangelio : José Martínez Colín.

Dos grandes riesgos : Xus D Madrid

En comunión con el Papa : Jesús Martínez Madrid

El ejemplo de los mártires de Casamari : Domingo Martínez Madrid

Había un niño de 12 años : Pedro García

Pensamientos y reflexiones 299 Los socialistas y… “Los socialistos” : Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

El Papa: "Sin natalidad no hay futuro. Mujeres no escondan su vientre"

El Pontífice inaugura los Estados Generales de la Natalidad promovidos por el Foro de Asociaciones Familiares junto con el primer ministro italiano Mario Draghi. El Papa critica la situación en la que se encuentran tantas mujeres en el trabajo, temerosas de que un embarazo pueda suponer un despido, hasta el punto de llegar a ocultar su barriga.

Salvatore Cernuzio - Ciudad del Vaticano

Por un lado, el "desconcierto por la incertidumbre laboral", por otro, los "temores dados por los costes cada vez menos sostenibles de la crianza de los hijos" y la "tristeza" por las mujeres "que en el trabajo se ven desanimadas a tener hijos o tienen que esconder la barriga". Todas ellas son "arenas movedizas que pueden hundir a una sociedad" y contribuyen a hacer aún más "frío y oscuro" ese invierno demográfico que ya es constante en Italia. El Papa Francisco inauguró los trabajos de los Stados Generales de la Natalidad, el encuentro promovido por el Foro de Asociaciones Familiares en el Auditorium de la via de la Conciliazione en Roma y dedicado al destino demográfico de Italia y del mundo.

Asistencia del Primer Ministro italiano Mario Draghi

El Pontífice llegó hacia las 9:00 horas al vestíbulo de la gran estructura situada a pocos pasos de la Plaza de San Pedro. El Primer Ministro, Mario Draghi, también está presente, y a su discurso le seguirá el de otros invitados en tres mesas temáticas: representantes de bancos, empresas, compañías de seguros, medios de comunicación, deportes, todos reunidos para debatir y contar de forma coral el tema de la natalidad en un país que ha visto reducirse los nacimientos en un 30% de aquí a 2020.

La mitad de los jóvenes piensa tener más de dos hijos

Esta es precisamente la tendencia que hay que "invertir" para "volver a poner a Italia en movimiento, a partir de la vida, a partir del ser humano", dice Francisco al comienzo de su discurso, en el que dirige su pensamiento sobre todo a los jóvenes cuyos sueños se han roto en el hielo de este duro invierno, desanimados hasta el punto de que "sólo la mitad cree que podrá tener dos hijos en su vida".

"Italia se encuentra así desde hace años con el menor número de nacimientos de Europa", señala el Pontífice, "en lo que se está convirtiendo en el viejo continente no ya por su gloriosa historia, sino por su avanzada edad."

 

El Papa a Scouts franceses: sean discípulos sembradores de esperanza

La mañana de este viernes, 14 de mayo, el Santo Padre recibió en audiencia a los miembros del grupo Scouts Unitaries de Francia, con ocasión de su 50 Aniversario de fundación.

Ciudad del Vaticano

“Espero que este Jubileo sea para cada uno de ustedes una oportunidad de renovar sus compromisos, según la herencia recibida de quienes los han precedido, para ayudar a los jóvenes a convertirse en personas libres y responsables, respetuosas con los demás y con su entorno”, lo dijo el Papa Francisco a los miembros del grupo Scouts Unitaries de Francia, a quienes recibió en audiencia, la mañana de este viernes, 14 de mayo, con ocasión de su 50 Aniversario de fundación.

El movimiento scout, un signo de aliento para los jóvenes

En su discurso, el Santo Padre manifestó su agradecimiento al Consejo para la Pastoral de la Infancia y la Juventud de la Conferencia Episcopal de Francia, así como a los responsables de esta iniciativa que reconoce a los jóvenes scouts, como protagonistas de la evangelización y de la construcción de la sociedad. “En la sociedad, encontramos con demasiada frecuencia una degradación de las relaciones humanas y una falta de modelos fiables para los jóvenes que buscan formación. Esta situación es aún más precaria por la actual crisis sanitaria, que ha reducido las posibilidades de reunirse para confraternizar y forjar nuevas amistades. Frente a todas estas dificultades, vuestro movimiento scout es un signo de aliento para los jóvenes, porque les invita a soñar y a actuar, a tener el valor de mirar al futuro con esperanza”.

Ser cristianos dinámicos como scouts fieles

Asimismo, el Papa Francisco recordó que, el scout, con su voluntad de servir al prójimo, también está llamado a trabajar por una Iglesia más "extrovertida" y por un mundo más humano. “Tienen para ello la noble misión de testimoniar allí donde estén que, con su fe y su compromiso, pueden potenciar la riqueza de las relaciones humanas y hacer de ellas un bien común que ayude a la renovación social”. Por lo tanto, los insto a ser tanto cristianos dinámicos como scouts fieles. Y lo harás tratando de ser coherente con los valores que llevas, teniendo fuertes convicciones basadas en el Evangelio, con un espíritu de apertura a los demás. Entonces tus acciones beneficiarán, de diversas maneras, a la sociedad en la que vives.

El Señor quiere que sean sus discípulos siempre

Por todo ello, el Santo Padre invitó a los Scouts franceses a no desanimarse por el egoísmo del mundo, a no encerrarse en ellos mismos, a no ser jóvenes inactivos, sin ideales y sin sueños. “No pierdan nunca de vista que el Señor los llama a todos a llevar sin miedo el anuncio misionero allí donde estén, especialmente entre los jóvenes, en sus barrios, en el deporte, cuando salgan con los amigos, en el voluntariado y en el trabajo. ¡Comparte siempre y en todas partes la alegría del Evangelio que te hace vivir! El Señor quiere que sean sus discípulos y que difundan la luz y la esperanza, porque cuenta con su audacia, valor y entusiasmo”.

Scouts sembradores de esperanza

Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco alentó a los jóvenes a hacer del escultismo católico un movimiento de sembradores de esperanza y un redescubrimiento de la vida comunitaria. Además, agradeció a Dios por el testimonio que han dado durante estos cincuenta años al servicio de los hermanos y de la Iglesia, a la que ayudan sobre todo con tus oraciones. Por ello, encomendó a los Scouts de Francia a la protección maternal de la Virgen María. “Que ella dirija su mirada misericordiosa a cada uno de ustedes y los lleve a ser fieles discípulos de su Hijo. Los bendigo a todos, a sus familias y a las personas que los acompañan con su apoyo espiritual y material

 

Cardenal Parolin: el afecto de los Papas por la Iglesia en China

El Cardenal Secretario de Estado traza una rápida historia de las relaciones de los Papas y la Santa Sede con la comunidad católica china en el prólogo del libro: “Un puente con China. El Papa y la Delegación Apostólica en Pequín”, del Padre Adel Afif Nasr.

Ciudad del Vaticano

“Las páginas que tenemos ante nosotros son capaces de dar una noble respuesta, que derivan de los esfuerzos del amor del Papa por China. Gracias de nuevo al Padre Adel Afif Nasr y al editor Padre Christian Gabrieli, osb, por el ‘puente’ que simbólicamente han dejado entrever entre la Santa Sede y China”, lo escribe el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado Vaticano, en el Prólogo del libro “Un puente con China. El Papa y la Delegación Apostólica en Pequín (1919 – 1939)”, del Padre Adel Afif Nasr, publicado este 13 de mayo de 2021.

Cercanía con el pueblo chino

El Cardenal Pietro Parolin, presentando la obra del sacerdote de origen libanes – incardinado a la diócesis de Concordia-Pordenone, Italia, que por algunos años fue enviado como sacerdote Fidei donum al Vicariato de Kuwait y Arabia del Norte – señala que el afecto y la cercanía de los Pontífices y de la Santa Sede al pueblo chino se dieron, particularmente, desde 1952, cuando el Papa Pío XII envió la Carta Apostólica Cupimus imprimis, en momento verdaderamente difícil de su historia para consolarlos y exhortarlos paternalmente. “Un momento en el que muchos Obispos, sacerdotes y laicos que se dedicaban a la evangelización – recuerda el Cardenal Parolin – se vieron apartados de su trabajo o impedidos en el ejercicio de sus respectivas actividades”.

Maximum illud, la gran magna charta de las misiones

Este sentimiento de cercanía remite a un impulso constante a lo largo del tiempo por parte de los sucesores de Pedro, afirma el Secretario de Estado; un vínculo muy especial de afecto y estima sinceros, que luego se refleja en las decisiones y formas de entablar relaciones cada vez más fructíferas, fraternas y caritativas con China. “Creo que este es el contexto y el sentimiento, tan auténticamente fundado en el Evangelio, que ha impulsado a la Santa Sede a buscar formas siempre nuevas de relacionarse con China y, al mismo tiempo, el deseo de crear plataformas misioneras capaces de llevar a buen término el proyecto del Papa, que se hizo evidente con Benedicto XV, cuando en 1919 escribió la Carta Apostólica Maximum illud, la gran magna charta de las misiones.

La creación de la Delegación Apostólica en China

El Cardenal Parolin también señala que, su sucesor, Pío XI, se dedicó de lleno en el proyecto y, apenas elegido, buscó y encontró la clave que le permitiera abrazar al pueblo chino. Para tener éxito en su proyecto, necesitaba construir un puente sólido, y por eso creó la Delegación Apostólica en China, con el objetivo de servir de enlace para todas las misiones del territorio y, al mismo tiempo, dar la sacudida que la Maximum illud había pedido explícitamente como indispensable. Confió esta representación pontificia a Monseñor Celso Costantini, que se convirtió en un intérprete autorizado y coadyuvante del proyecto y sentó unas bases sólidas para el futuro de las misiones en China.

Se lograron objetivos verdaderamente estratégicos

El futuro Cardenal supo sortear mil dificultades con la política imperante y la presión siempre presente de las naciones extranjeras. A pesar de ello, con la ayuda del Papa y de los distintos Dicasterios romanos, logró alcanzar objetivos verdaderamente estratégicos, fuertemente deseados desde hace tiempo: En primer lugar, la convocatoria del primer (y hasta ahora único) Concilio plenario de China, con representantes de todas las misiones; la descolonización religiosa y una mayor inculturación; un importante desarrollo dado al clero indigeno (este es verdaderamente el objetivo principal de la voluntad expresada por la Maximun Ilud, con el deseo de fundar verdaderamente la plantatio Ecclesiae en China), con el consiguiente nombramiento de los primeros Obispos chinos, muy deseados por el Papa, que él mismo consagró en San Pietro en 1926.

Establecer relaciones diplomáticas directas con China

El Cardenal Pietro Parolin además subraya que, el Delegado Apostólico siempre ha tratado de promover estos sentimientos, a lo largo del período en que permaneció en China. Incluso intentó, en varias ocasiones, instar a la Santa Sede a que estableciera relaciones diplomáticas directas con China a través de un concordato (o de un instrumento diplomático similar), que permitiera las relaciones directas con el Gobierno, sin intermediarios extranjeros. Desgraciadamente, la situación política y diplomática del país no permitió el resultado deseado, pero no cabe duda de que se intentó. Otro esfuerzo se refería a la llamada cuestión de los ritos chinos, una peculiar controversia que la Congregación de Propaganda Fide consiguió finalmente resolver en 1939.

Una gran masa de documentos existentes en la Santa Sede

Todos estos aspectos, naturalmente sólo esbozados, afirma el Secretario de Estado, constituyen la base del excelente trabajo editorial del Padre Adel Afif Nasr, presbítero de la diócesis de Concordia-Pordenone y postulador de la causa de beatificación del Cardenal Celso Costantini. A él se le unió el monje benedictino Padre Christian Gabrieli, osb, que ha editado esta publicación. Sin duda, el autor de esta obra se encontró con la dificultad de sintetizar la gran masa de documentos existentes, especialmente en los archivos de la Santa Sede. Por este trabajo expreso mi profunda gratitud. 

La urgencia del conocimiento mutuo y del diálogo constructivo

Las circunstancias actuales también nos enfrentan a la urgencia del conocimiento mutuo y del diálogo constructivo. Espero que este trabajo sea un paso adelante en esta dirección. El Papa Francisco nos recuerda a menudo que es crucial, para abordar los numerosos problemas que agobian la vida de la Iglesia en China, tener un espíritu de auténtica reconciliación, dejando de lado los malentendidos y las divisiones que son herencia del pasado. ¿Cómo es posible superar esta situación? ¿Cómo podemos eliminar los obstáculos en las relaciones? Las páginas que tenemos ante nosotros son capaces de dar una noble respuesta, que derivan de los esfuerzos del amor del Papa por China. Gracias de nuevo al Padre Adel Afif Nasr y al editor Padre Christian Gabrieli, osb, por el "puente" que simbólicamente han dejado entrever entre la Santa Sede y China.

 

 

EL DON DE CIENCIA

— Nos hace comprender lo que son las cosas creadas, según el designio de Dios sobre la creación y la elevación al orden sobrenatural.

— El don de ciencia y la santificación de las realidades temporales.

— El verdadero valor y sentido de este mundo. Desprendimiento y humildad necesarios para disponernos a recibir este don.

I. «Las criaturas son como un rastro del paso de Dios. Por esta huella se rastreará su grandeza, poder y sabiduría y todos sus atributos»1. Son como un espejo en el que se refleja el esplendor de su belleza, de su bondad, de su poder...: los cielos pregonan la gloria de Dios y le anuncia el firmamento, que es la obra de sus manos2.

Sin embargo, en muchas ocasiones, a causa del pecado original y de los pecados personales, los hombres no saben interpretar esa huella de Dios en el mundo, no alcanzan a conocer al que es la fuente de todos los bienes: por la consideración de las obras no supieron descubrir a su divino Artífice. Seducidos por la hermosura de las cosas creadas, las tuvieron por dioses. Que aprendan a conocer –sigue diciendo la Sagrada Escritura– cuánto mejor es el Señor de todo lo creado, pues es el autor de la belleza quien hizo todas estas cosas3.

El don de ciencia facilita al hombre comprender las cosas creadas como señales que llevan a Dios, y lo que significa la elevación al orden sobrenatural. El Espíritu Santo, a través del mundo de la naturaleza y del de la gracia, nos hace percibir y contemplar la infinita sabiduría, la omnipotencia, la bondad, la naturaleza íntima de Dios. «Es un don contemplativo cuya mirada penetra, como la del don de inteligencia y del de sabiduría, en el misterio mismo de Dios»4.

Mediante este don, el cristiano percibe y entiende con toda claridad «que la creación entera, el movimiento de la tierra y el de los astros, las acciones rectas de las criaturas y cuanto hay de positivo en el sucederse de la historia, todo, en una palabra, ha venido de Dios y a Dios se ordena»5. Es una sobrenatural disposición por la que el alma participa de la misma ciencia de Dios, descubre las relaciones que existen entre todo lo creado y su Creador y en qué medida y sentido sirven al fin último del hombre.

Manifestación del don de ciencia es el Canto de los tres jóvenes, recogido en el Libro de Daniel, que muchos cristianos rezan en la acción de gracias después de la Santa Misa. Se pide a todas las cosas creadas que bendigan y den gloria al Creador: Benedicite, omnia opera Domini, Domino... Obras todas del Señor, bendecid al Señor; y alabadle y ensalzadle por todos los siglos. Ángeles del Señor, bendecid al Señor. Cielos... Aguas todas que estáis sobre los cielos... Sol y luna... Estrellas del cielo... Lluvia y rocío... Vientos todos... Frío y calor... Rocíos y escarchas... Noches y días... Luz y tinieblas... Montes y collados... Plantas todas... Fuentes... Mares y ríos... Ballenas y peces... Aves... Bestias y ganados... Sacerdotes del Señor... Espíritus y almas de los justos... Santos y humildes de corazón... Cantadle y dadle gracias porque es eterna su misericordia6.

Este canto admirable de toda la creación, de lo animado y de lo que carece de vida, da gloria a su Creador. Es «una de las más puras y ardientes expresiones del don de ciencia: que los cielos y toda la creación canten la gloria de Dios»7. En muchas ocasiones también nos ayudará a nosotros a dar gracias al Señor después de participar en la obra que más gloria da a Dios: la Santa Misa.

II. Mediante el don de ciencia, el cristiano dócil al Espíritu Santo sabe discernir con perfecta claridad lo que le lleva a Dios y lo que le separa de Él. Y esto en las artes, en el ambiente, en las modas, en las ideologías... Verdaderamente puede decir: El señor conduce al justo por caminos rectos y le comunica la ciencia de los santos8. El Paráclito advierte también cuándo las cosas buenas y rectas en sí mismas pueden convertirse en malas para el hombre porque le separan de su fin sobrenatural: por un deseo desordenado de posesión, por apegamiento del corazón a estos bienes materiales de tal manera que no lo dejan libre para Dios, etcétera.

El cristiano que se ha de santificar en medio del mundo tiene una particular necesidad de este don para ordenar a Dios las actividades temporales, convirtiéndolas en medio de santidad y apostolado. Mediante el don de ciencia, la madre de familia comprende más profundamente cómo su quehacer doméstico es camino que le lleva a Dios si lo hace con rectitud de intención y deseos de agradar a Dios, de la misma manera que el estudiante entiende que su estudio es el medio ordinario que posee para amar a Dios, hacer apostolado y servir a la sociedad; para el arquitecto son sus planos y proyectos; para la enfermera, el cuidado de los enfermos, etcétera. Se comprende entonces por qué debemos amar el mundo y las realidades temporales, y cómo «hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir»9. Así –siguen siendo palabras de San Josemaría Escrivá– «cuando un cristiano desempeña con amor lo más intrascendente de las acciones diarias, aquello rebosa de la trascendencia de Dios. Por eso os he repetido, con un repetido martilleo, que la vocación cristiana consiste en hacer endecasílabos de la prosa de cada día»10. Ese verso heroico para Dios lo componemos los hombres con las menudencias de la tarea diaria, de los problemas y alegrías que encontramos a nuestro paso.

Amamos las cosas de la tierra, pero las valoramos según su justo valor, el que tienen para Dios. Así daremos una importancia capital a ser templos del Espíritu Santo, porque «si Dios habita en nuestra alma, todo lo demás, por importante que parezca, es accidental, transitorio; en cambio, nosotros, en Dios, somos lo permanente»11. Por encima de los bienes materiales, y de la misma vida, consideramos la fe como el tesoro más grande que hemos recibido, y estaríamos dispuestos a dejarlo todo antes de perderla. Con la luz de este don conocemos, por ejemplo, el valor de la oración y de la mortificación y la influencia decisiva que tienen en nuestra vida, lo que nos empujará a no abandonarlas en ninguna circunstancia.

III. A la luz del don de ciencia, el cristiano reconoce el poco valor de lo temporal si no es camino para lo eterno, la brevedad de la vida humana sobre la tierra, la escasa felicidad que puede dar este mundo comparada con la que Dios ha prometido a quienes le aman, la inutilidad de tanto esfuerzo si no se realiza cara al Señor... Al recordar la vida pasada, en la que quizá Dios no fue lo primero, el alma siente una profunda contrición por tanto mal y por tanta ocasión perdida, y nace en ella el deseo de recuperar el tiempo malbaratado siendo más fiel al Señor.

Todo lo de este mundo –al que amamos y en el que debemos santificarnos– aparece a la luz de este don con el sello de la caducidad, mientras que señala con toda nitidez el fin sobrenatural del hombre, al que debemos subordinar todas las realidades terrenas.

Esta visión del mundo, de los acontecimientos y de las personas desde la fe, puede quedar oscurecida, incluso cegada, por lo que San Juan llama la concupiscencia de los ojos12. Parece entonces como si la mente rechazara la verdadera luz, y ya no se sabe ordenar a Dios las realidades terrenas, que se toman como fin. El deseo desordenado de bienes materiales, el cifrar la felicidad en lo de aquí abajo entorpece o anula la acción de este don. El alma cae entonces en una especie de ceguera en la que ya es incapaz de reconocer y de saborear los bienes verdaderos, los que no perecen, y la esperanza sobrenatural se transforma en el deseo, cada vez mayor, de bienestar material, huyendo de cuanto signifique mortificación y sacrificio.

La visión puramente humana de la realidad acaba por desembocar en la ignorancia de las verdades de Dios, o bien estas aparecen como algo teórico, sin sentido práctico para la vida corriente, sin capacidad para informar la existencia normal. Los pecados contra este don dejan sin luz, y así se explica esa gran ignorancia de Dios que padece el mundo. En ocasiones se trata de verdadera incapacidad para entender o asimilar lo sobrenatural, porque se han vuelto completamente los ojos del alma a bienes parciales y engañosos y se han cerrado a los verdaderos.

Para disponernos a recibir este don necesitamos pedir al Espíritu Santo que nos ayude a vivir la libertad y el desasimiento ante los bienes materiales y a ser más humildes, para poder ser enseñados sobre el verdadero valor de las cosas. Junto a estas disposiciones, fomentaremos la presencia de Dios, que ayuda a ver al Señor en medio de nuestros trabajos, y haremos el propósito decidido de considerar en la oración los sucesos que van decidiendo nuestra vida y las mismas realidades de todos los días: la familia, los compañeros que están codo a codo en el mismo trabajo, aquello que más nos preocupa... La oración siempre es un faro poderoso que ilumina la verdadera realidad de las cosas y de los acontecimientos.

Para obtener este don, para hacernos capaces de poseerlo en mayor plenitud, acudimos a la Virgen, Nuestra Señora. Ella es Madre del Amor Hermoso, y del temor, y de la ciencia, y de la santa esperanza13.

«Madre de la ciencia es María, porque con Ella se aprende la lección que más importa: que nada vale la pena, si no estamos junto al Señor; que de nada sirven todas las maravillas de la tierra, todas las ambiciones colmadas, si en nuestro pecho no arde la llama de amor vivo, la luz de la santa esperanza que es un anticipo del amor interminable en nuestra definitiva Patria»14.

1 San Juan de la Cruz, Cántico espiritual, 5, 3. — 2 Sal 19, 1-2. — 3 Sab 13, 1-3. — 4 M. M. Philipon, Los dones del Espíritu Santo, Palabra, Madrid 1983, p. 200. — 5 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 130. — 6 Cfr. Dan 3, 52-90. — 7 M. M. Philipon, o. c., p. 203. — 8 Sab 10, 10. — 9 San Josemaría Escrivá, Homilía Amar al mundo apasionadamente, 8-X-1967. — 10 Ibídem. — 11 ídem, Amigos de Dios, 92. — 12 1 Jn 2, 16. — 13 Eclo 24, 24. — 14 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 278.

 

 

Meditaciones: sábado 6ª semana de Pascua

Reflexión para meditar el sábado de la sexta semana de Pascua. Los temas propuestos son: el don de la piedad; la oración de petición es confianza en Dios; la piedad nos hace mansos de corazón.

MEDITACIONES14/05/2021

El don de la piedad.

La oración de petición es confianza en Dios.

La piedad nos hace mansos de corazón.


EN UN CLIMA de mucha intimidad, Jesús dice a los apóstoles: «El Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado y habéis creído que yo salí de Dios. Salí del Padre y vine al mundo; de nuevo dejo el mundo y voy al Padre» (Jn 16,26-28). Lleno de ternura por ellos, Jesús les repite, una y otra vez, que Dios Padre los ama con un amor semejante al suyo. Toda la conversación está empapada de emoción, mientras les descubre los tesoros escondidos en el corazón divino. Es tan profundo el afecto de Cristo –«los amó hasta el fin» (Jn 13,1), dice san Juan– que le duele dejarlos solos, sin el calor de su presencia.

«El Padre mismo os ama». La confianza en el amor de Dios Padre crece en el cristiano con el don de piedad, que el Espíritu Santo regala cuando inhabita en el alma. Es un don que perfecciona la virtud de la piedad, «virtud que se asienta, tiene su fuente y fundamento en la filiación divina, porque nace de ella, de la conciencia de quien vive y saborea su condición de hijo de Dios»[1]. «Por ello, ante todo, el don de piedad suscita en nosotros la gratitud y la alabanza. Es esto, en efecto, el motivo y el sentido más auténtico de nuestro culto y de nuestra adoración. Cuando el Espíritu Santo nos hace percibir la presencia del Señor y todo su amor por nosotros, nos caldea el corazón y nos mueve casi naturalmente a la oración y a la celebración»[2].

Paladeamos, entonces, nuestra identidad de hijos amados. La piedad siembra en el corazón la ternura filial, que nos hace necesitar la conversación con Dios. La piedad, dice san Josemaría, llega a «informar la existencia entera: está presente en todos los pensamientos, en todos los deseos, en todos los afectos»[3] y se traduce en la confianza alegre de que el amor del Padre nunca nos faltará. Mediante este don, «el Espíritu sana nuestro corazón de todo tipo de dureza y lo abre a la ternura para con Dios y para con los hermanos»[4].


«SI LE PEDÍS al Padre algo en mi nombre, os lo concederá. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa» (Jn 16,23-24). Jesús nos alienta a tener tal confianza en Dios, que podamos pedir con la seguridad de que nos escucha. Ser muy pedigüeños es una manifestación de piedad. Aunque podría parecer a primera vista una manifestación de egoísmo, es justo al contrario, pues la oración de petición supone un total abandono en su voluntad poderosa. Al sentirnos hijos sin demasiados recursos propios, ¡qué lógico resulta mirar a Dios y recurrir a él para obtener gracia, ayuda y perdón!

«Pedir, suplicar, esto es muy humano (...). La oración de petición va a la par que la aceptación de nuestro límite y de nuestra creaturalidad. Se puede incluso llegar a no creer en Dios, pero es difícil no creer en la oración: esta sencillamente existe, se presenta a nosotros como un grito, y todos tenemos que lidiar con esta voz interior que quizá puede callar durante mucho tiempo, pero un día se despierta y grita. Sabemos que Dios responderá. No hay orante en el libro de los Salmos que levante su lamento y no sea escuchado. Dios responde siempre, de una manera u otra. La Biblia lo repite infinidad de veces: Dios escucha el grito de quien lo invoca. También nuestras peticiones tartamudeadas, las que quedan en el fondo del corazón, que tenemos vergüenza de expresar, el Padre las escucha y quiere donarnos el Espíritu Santo que anima toda oración y lo transforma todo»[5].

Así, el don de piedad da frescura y naturalidad a la oración, que además de ser una conversación sencilla, tendrá un tono confiado que nos hace «tratar a Dios con ternura de corazón»[6]. El Espíritu Santo suscita en nosotros una oración llena de tonalidades, como la misma vida. En ocasiones, nos quejaremos al Padre: «¿Por qué escondes tu rostro?» (Sal 44,25). Otras veces, le hablaremos de nuestros deseos de santidad: «Oh Dios, tú eres mi Dios, al alba te busco, mi alma tiene sed de ti» (Sal 63,2); o del anhelo de una unión con él más profunda: «Estando contigo, nada deseo en la tierra» (Sal 73,25). Y siempre reposará nuestra esperanza en su misericordia: «Tú eres mi Dios salvador, y en Ti espero todo el día» (Sal 25,5).


LA PIEDAD verdadera influye en nuestra relación con los demás. Las personas que nos rodean son hijos del mismo Padre, son nuestros hermanos. La ternura con Dios Padre desemboca en ternura también con ellos. En la vida diaria, en la que nos relacionamos con tanta gente, «la ternura, como apertura auténticamente fraterna hacia el prójimo, se manifiesta en la mansedumbre»[7]. El Espíritu Santo ensancha nuestro corazón y lo hace capaz de amar a los demás de una manera libre y gratuita. De alguna manera, nuestro corazón recibe el regalo inmerecido de la mansedumbre del corazón de Cristo.

La piedad impulsa a tratar con amabilidad y solicitud a quien está a nuestro lado. Además, «extingue en el corazón aquellos focos de tensión y de división como son la amargura, la cólera, la impaciencia, y lo alimenta con sentimientos de comprensión, de tolerancia, de perdón»[8]. La piedad nos hace apacibles, acogedores y pacientes. Estando en paz con Dios extendemos esa paz a todas nuestras relaciones. En las situaciones difíciles, cuando estamos bajo presión, con la ayuda de la piedad aprendemos a reaccionar sin violencia, como vemos que hace Cristo. La «mansedumbre es característica de Jesús, que dice de sí mismo: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11, 29). Mansos son aquellos que tienen dominio de sí, que dejan sitio al otro, que lo escuchan y lo respetan en su forma de vivir, en sus necesidades y en sus demandas. No pretenden someterlo ni menospreciarlo, no quieren sobresalir y dominarlo todo, ni imponer sus ideas e intereses en detrimento de los demás (...). Necesitamos mansedumbre para avanzar en el camino de la santidad. Escuchar, respetar, no agredir»[9].

«Pidamos al Señor que el don de su Espíritu venza nuestro temor, nuestras inseguridades, también nuestro espíritu inquieto, impaciente, y nos convierta en testigos gozosos de Dios y de su amor, adorando al Señor en verdad, y también en el servicio al prójimo con mansedumbre y con la sonrisa que siempre nos da el Espíritu Santo»[10]. Confiamos esta súplica a la intercesión de María, Vaso insigne de devoción, con las palabras de la Salve: «¡Oh, clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!».


[1] Diccionario de san Josemaría, voz “Piedad”.

[2] Francisco, Audiencia general, 4-VI-2014.

[3] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 146.

[4] San Juan Pablo II, Ángelus, 28-V-1989.

[5] Francisco, Audiencia general, 9-XII-2020.

[6] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 167.

[7] San Juan Pablo II, Ángelus, 28-V-1989.

[8] Ibíd.

[9] Francisco, Ángelus, 1-XI-2020.

[10] Francisco, Audiencia general, 4-VI-2014.

 

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“La hermosura de la santa pureza”

No se puede llevar una vida limpia sin la ayuda divina. Dios quiere nuestra humildad, quiere que le pidamos su ayuda, a través de nuestra Madre y Madre suya.

15 de mayo

Tienes que decir a la Virgen, ahora mismo, en la soledad acompañada de tu corazón, hablando sin ruido de palabras: Madre mía, este pobre corazón mío se rebela algunas veces... Pero si tú me ayudas... –Y te ayudará, para que lo guardes limpio y sigas por el camino a que Dios te ha llamado: la Virgen te facilitará siempre el cumplimiento de la Voluntad de Dios. (Forja, 315)

Hemos de ser lo más limpios que podamos, con respeto al cuerpo, sin miedo, porque el sexo es algo santo y noble –participación en el poder creador de Dios–, hecho para el matrimonio. Y, así, limpios y sin miedo, con vuestra conducta daréis el testimonio de la posibilidad y de la hermosura de la santa pureza. (…)

Cuidad esmeradamente la castidad, y también aquellas otras virtudes que forman su cortejo –la modestia y el pudor–, que resultan como su salvaguarda. No paséis con ligereza por encima de esas normas que son tan eficaces para conservarse dignos de la mirada de Dios: la custodia atenta de los sentidos y del corazón; la valentía –la valentía de ser cobarde– para huir de las ocasiones; la frecuencia de los sacramentos, de modo particular la Confesión sacramental; la sinceridad plena en la dirección espiritual personal; el dolor, la contrición, la reparación después de las faltas. Y todo ungido con una tierna devoción a Nuestra Señora, para que Ella nos obtenga de Dios el don de una vida santa y limpia. (Amigos de Dios, 180)

 

El trabajo, clave de cuestiones sociales y mucho más

El 15 de mayo se cumplen 130 años de la publicación de la encíclica 'Rerum Novarum' sobre la doctrina social de la Iglesia. Domènec Melé, Profesor Emérito del Departamento de Ética Empresarial y titular de la Cátedra de Ética Empresarial del IESE, desarrolla en el artículo algunos aspectos relacionados con el trabajo.

TRABAJO

Foto: Álvaro García Fuentes

El 15 de mayo se cumplen 130 años de la publicación de la memorable encíclica Rerum Novarum (1891), con la que el Papa León XIII daba respuesta a la llamada “cuestión social” desencadenada por la Primera Revolución Industrial y una ideología dominante radicalmente liberal. León XIII exhortaba a unas condiciones de trabajo más dignas y exigía un conjunto de derechos laborales que, años después, serían ampliamente reconocidos.

Esta encíclica de León XIII es considerada por muchos como el inicio de la “moderna” doctrina social de la Iglesia (“moderna” entre comillas porque las enseñanzas sociales de la Iglesia se remontan a los orígenes del cristianismo[1]).

La Rerum Novarum tuvo un amplio y largo eco y fue referencia obligada para encíclicas sociales posteriores. Así, Pio XI, en 1931, escribió la encíclica Quadragesimo anno, aludiendo precisamente al 40º aniversario de la Rerum novarum y San Juan Pablo II la Centessimus Annus en 1991, en su centenario. Otras encíclicas han coincidido también con decenios de la encíclica de León XIII. Así, la Mater et magistra (1961) de S. Juan XXIII y la Laborem exercens (1981) de San Juan Pablo II. En 1941, Pio XII, dedicó un largo radiomensaje –frecuentes en su pontificado– a cuestiones sociales en el 50º aniversario de la Rerum novarum.

San Juan Pablo II señala con acierto que “el trabajo, en cuanto problema del hombre, ocupa el centro mismo de la «cuestión social», a la que durante los casi cien años transcurridos desde la publicación de la mencionada Encíclica [Rerum Novarum] se dirigen de modo especial las enseñanzas de la Iglesia y las múltiples iniciativas relacionadas con su misión apostólica” (Laborem exercens, 2). Desde entonces, en efecto, no han dejado de suscitarse cuestiones sociales en el mundo a las que ha atendido con solicitud el Magisterio de la Iglesia y no pocos cristianos.

El trabajo, una cuestión social y personal

Las cuestiones sociales actuales abarcan un amplio abanico de temas, que incluyen problemas relacionados con el respeto a la vida humana, la libertad de elección de educación, el reconocimiento de la familia y su función social, la emigración y el desempleo, el medio ambiente y la pobreza por citar unos pocos. El trabajo, de uno u otro modo, aparece en muchos de ellos: el trabajo de profesionales de la salud, juristas y políticos para defender la vida, el modo de llevar a cabo el trabajo educativo, que es también educación para el trabajo, el trabajo en el ámbito familiar y el cultivo de virtudes en la familia que repercutirán en el trabajo, el trabajo de los emigrantes, el impacto del trabajo en el medio ambiente y en la pobreza y, por supuesto, al desempleo, especialmente en situaciones de crisis económicas como la actual, desencadenada por la Covid-19.

El trabajo es una cuestión social, pero también personal, sobre todo en la vida ordinaria, ya que el trabajo es “una dimensión fundamental de la existencia humana, de la que la vida del hombre está hecha cada día” (Laborem exercens, 1). Así es, al menos, si consideramos la educación como un trabajo y la actividad en la jubilación como otro modo de trabajar. El trabajo y de su importancia han hablado todos los papas. También el Papa Francisco, quien en su última encíclica Fratelli tutti (n. 162) afirma literalmente: “el gran tema es el trabajo”. Y, añade: “Lo verdaderamente popular —porque promueve el bien del pueblo— es asegurar a todos la posibilidad de hacer brotar las semillas que Dios ha puesto en cada uno, sus capacidades, su iniciativa, sus fuerzas”.

San Juan Pablo II no sólo dedicó al trabajo la ya citada encíclica Laborem exercens. También habló del trabajo en numerosas ocasiones: en encuentros con representantes del mundo del trabajo y de la empresa, en homilías en la fiesta de san José Artesano, en visitas pastorales por todo el mundo, en audiencias pontificias, en visitas a fábricas y centros de trabajo y en discursos ante organismos internacionales como la Organización Internacional del Trabajo.

Recientemente he tenido ocasión de estudiar y sistematizar las enseñanzas del San Juan Pablo II –a quien mucho llamamos “magno”– analizando cerca de un centenar de documentos suyos sobre el trabajo[2], un valioso legado que vale la pena ponderar. Este Papa es, sin duda, el Romano Pontífice que más extensamente y con mayor profundidad ha hablado del trabajo. A su formación filosófica y teológica se unía su experiencia de trabajador manual durante varios años en su juventud, su trabajo de profesor universitario y este otro trabajo –intensísimo– de Pastor, con jornadas agotadores mientras pudo, y en las que no escatimó tiempo dedicado al trato con Dios en la oración y en la eucaristía.

Las enseñanzas de San Juan Pablo II sobre el trabajo parten de una sólida fundamentación antropológica y ética, tejida desde la fe y la filosofía, para abordar después cuestiones ético-sociales primordiales relacionadas con el trabajo. Todo ello sin olvidar la espiritualidad cristiana del trabajo, a lo que se refirió con cierta frecuencia. Lo hace en desarrollo orgánico de la acción y enseñanzas sociales de la Iglesia, indagando en la Sagradas Escrituras y en la tradición cristiana pero aportando también un fino análisis desde la filosofía del personalismo realista, que cultivó en su itinerario intelectual. Puede ser ilustrativo presentar a continuación una apretada síntesis de la investigación sobre las enseñanzas de este Papa[3].

El trabajo como vocación del hombre

San Juan Pablo II ve en el Evangelio del trabajo –incluido el libro del Génesis, “primer Evangelio del trabajo”– como la fuente primordial de sus enseñanzas. En los dos relatos de la Creación, que nos transmiten los dos primeros capítulos del Génesis, aparece el trabajo como vocación del hombre. En el primero el trabajo está implícito en la bendición de Dios al hombre dándole dominio sobre la tierra (cf. Gn 1, 26, 28) –un dominio responsable como administrador de la creación material– y en el segundo colocando al hombre en el Jardín del Edén para que lo cultive y lo cuide (cfr. Gn 2, 15). El Evangelio del trabajo es, sobre todo, Jesucristo, que trabajó con sus propias manos. Por la Encarnación, Dios se ha unido a todas las realidades humanas, incluyendo al trabajo y nos ha redimido, también trabajando. Es verdad que el trabajo conlleva también penalidad en diversas formas, pero esto no anula la primigenia vocación del hombre al trabajo.

El hombre debe tomar conciencia de que la tierra es don de Dios. Esto exige gratitud y responsabilidad para hacer fructificar la tierra con vistas al bien común, sin perder de vista que la tierra tiene debe ser un legado a futuras generaciones. Esto último requiere trabajar con responsabilidad ecológica. Lo que hoy llamamos sostenibilidad.

La perspectiva filosófica lleva a considerar el trabajo como actividad intencional, específicamente humana, que procede de la persona y en el que intervine la persona como un todo. La procedencia de la persona confiere dignidad al trabajo, con independencia del trabajo realizado. De aquí que el trabajo no deba ser tratado nunca como mera mercancía o como una anónima fuerza de producción. Es justamente la persona, como un todo, el sujeto y la causa eficiente del trabajo, sean cuales sean los medios tecnológicos utilizados. La técnica es siempre instrumental respecto al trabajo: es fruto del trabajo para servir al trabajo. De aquí deduce el Papa Juan Pablo, la prioridad del trabajo sobre el capital, entendido como el conjunto de los instrumentos de producción y la preeminencia del trabajo en sentido subjetivo (la persona del trabajador) sobre el trabajo en sentido objetivo (tecnología y producción).

San Juan Pablo II remarca que el trabajo es un bien del hombre, que se cimienta sobre la fuerza moral del amor; es, pues, un medio de realización o desarrollo personal y un modo de contribuir al bien común. En relación con ello, destaca la relevancia de la virtud de la laboriosidad que, como todas las virtudes, hacen bueno a quien las adquiere. Se refiere también a la alineación por el trabajo –de la que tanto habló Marx–, la cual no viene por el lado del producto sino de la persona. Hay alineación cuando el sujeto no mejora como persona a través del trabajo y no por el hecho de trabajar en régimen de asalariado. Con ayuda de la gracia de Dios, la persona no solo se realiza en sentido humano sino que se santifica a través del trabajo.

El trabajo es, a la vez, un deber y un derecho. El empleo es una forma de trabajo deseable que, al tiempo, que contribuye al desarrollo personal, permite obtener medios de vida, hacer rendir los propios talentos en una actividad productiva y contribuir a la utilidad social. De aquí, el drama del desempleo, ante el cual hay grupos especialmente vulnerables. Los subsidios de desempleo son una solución muy parcial, y grande la responsabilidad social en el empleo por parte de emprendedores y del “empresario indirecto” (el Estado y entes supranacionales).

Trabajo y espiritualidad cristiana

El trabajo está estrechamente relacionado con la familia, otro tema central de las enseñanzas de San Juan Pablo II. El trabajo es sustento económico de la familia y debe servir para unir –nunca para erosionar– a la familia. De aquí la importancia de armonizar trabajo y familia. El hogar requiere trabajo que tiene valor para la educación de los hijos. San Juan Pablo II defiende la igualdad de derechos de varón y mujer respeto al trabajo y, al mismo tiempo, alaba y pide reconocimiento social para el trabajo en el hogar y la consideración de la maternidad como trabajo profesional.

El trabajo en el ámbito profesional y empresarial es ampliamente considerado. San Juan Pablo II señala algunos derechos claves de los trabajadores en la empresa y la necesidad de organizar el trabajo con participación y significado, de modos que todos puedan considerar que trabajan como “en algo propio”. Remarca también la importancia de la libre iniciativa y del trabajo de los emprendedores y el valor del trabajo para construir una comunidad de trabajo.

En el ámbito socio-político, el trabajo ha de ser especialmente considerado. Un aspecto es proporcionar una adecuada formación profesional, también atendiendo a las nuevas tecnologías y demandas productivas. El Estado tiene su papel regulador respetado el principio de subsidiaridad y los organismos internacionales tienen también su papel en un mundo cada vez más globalizado. Los sindicatos han de luchar, no contra nadie, sino a favor de la justicia social.

Por último, pero no menos importante sino todo lo contrario, la importancia de que el trabajo se abra a la espiritualidad cristiana, la cual proporciona un horizonte trascendente al trabajo, incluso a aquellas tareas que pueden parecer más ordinarias o rutinarias. Desde la fe, el trabajo se enmarca en la obra de la Creación. La imagen de Dios en el hombre se manifiesta en el trabajo; con el trabajo el hombre responde a una llamada de Dios y participa en la creación humanizando los productos naturales con su ingenio y laboriosidad.

El trabajo es iluminado por el misterio de Cristo. La Encarnación del Verbo da un nuevo sentido al trabajo y nos presenta a Cristo como modelo a imitar, también por su trabajo. Señala también un justo orden: Jesús aprecia el trabajo, pero advierte a Marta que este no debe oponerse a escuchar la Palabra de Dios. El trabajo es iluminado también por la Redención y, en concreto por la Cruz y la Resurrección. La Cruz da sentido a las penalidades del trabajo y la Resurrección pone el trabajo en la perspectiva de la Recapitulación universal y de la participación en la realeza de Cristo por el trabajo.

El trabajo es espiritualmente alimentado por la oración, la Eucaristía y la gracia del Espíritu Santo. El Espíritu, dador de vida, santifica al que trabaja; infunde amor de Dios y da fuerza interior para el servicio, la solidaridad y el apostolado.

Podemos concluir afirmando que el trabajo es, en efecto, clave primordial de las cuestiones sociales y mucho más, ya que es una dimensión existencial fundamental en la vida humana. Las enseñanzas de San Juan Pablo II abren perspectivas insospechadas a quienes puedan tener una visión del trabajo centrada en su valor económico o como medio para satisfacer estrechas motivaciones de autoafirmación personal. En estas enseñanzas hay mucho punto de encuentro con la predicación de san Josemaría, quien también recalcó muchos aspectos del valor humano y cristiano del trabajo, con particular énfasis en la santificación del trabajo[4].

Domènec Melé

Autor de Valor humano y cristiano del trabajo Enseñanzas de san Juan Pablo II.


[1] Charles, R. 1998. Christian Social Witness and Teaching: The Catholic Tradition from Genesis to 'Centesiums annus'. 2 vol. Herefordshire, UK: Gracewind.

[2] Melé, D. 2020. Valor humano y cristiano del trabajo. Enseñanzas de S. Juan Pablo II. Con Prólogo de J. L. Illanes. Pamplona: Eunsa.

[3] Seguimos esquemáticamente la obra Valor humano y cristiano del trabajo, cit.

[4] J. L. Illanes, “Santificación del trabajo” en Diccionario de San Josemaria, Ed. Monte Carmela – Instituto Histórico San Josemaría Escrivá de Balaguer, 3ª ed. Burgos, 2015, pp. 1202-1210.

 

La intimidad en el matrimonio: felicidad para los esposos y apertura a la vida (I)

El amor conyugal es un amor de entrega en el que el deseo humano se dirige a la formación de una comunión de personas. Nuevo editorial de la serie sobre el amor humano.

AMOR HUMANO05/05/2016

1. El amor es la vocación fundamental innata de la persona humana como imagen de Dios

El amor es la vocación fundamental innata de la persona humana como imagen de Dios[1]; y el matrimonio es uno de los modos específicos de realizar íntegramente esa vocación de la persona humana al amor. Por eso mismo, es el cauce para la realización personal de los esposos. “El amor humano y los deberes conyugales –decía san Josemaría refiriéndose a los casados– son parte de la vocación divina”[2]; así, en otra ocasión, les recordaba “que no han de tener miedo a expresar el cariño: al contrario, porque esa inclinación es la base de su vida familiar”[3].

EL PACTO CONYUGAL CREA ENTRE LOS ESPOSOS UN MODO ESPECÍFICO DE SER, DE AMARSE, DE CONVIVIR Y DE PROCREAR.

Es claro, sin embargo, que cualquier forma de relación entre los esposos no sirve como expresión del amor humano, ni tampoco –en este caso– del amor conyugal. Tan solo cumple ese cometido aquella forma de relacionarse que, como consecuencia de la recíproca donación personal surgida de la alianza matrimonial, y por ello, siendo propia de los esposos, recibe el nombre de amor conyugal. El pacto conyugal crea entre los esposos un modo específico de ser, de amarse, de convivir y de procrear: el conyugal, que se expresa en multitud de actos y comportamientos del acontecer íntimo cotidiano.

2. La sexualidad humana es parte integrante de la concreta capacidad de amar que tiene el ser humano por ser imagen de Dios

La persona humana en abstracto no existe, sino la persona sexuada; porque la sexualidad es constitutiva del ser humano. “La sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general, a la aptitud para establecer vínculos de comunión con otro”[4]. La sexualidad es inseparable de la persona; no es un simple atributo, un dato más. Es un propio modo de ser. Es la persona misma la que siente y se expresa a través de la sexualidad. Lo amado, en el amor conyugal, es la entera persona del otro, en cuanto y por cuanto es varón o mujer.

"EL HOMBRE Y LA MUJER, COMO PAREJA, SON IMAGEN DE DIOS" (PAPA FRANCISCO)

Tanto el hombre como la mujer son imagen de Dios como persona humana sexuada. “Y como todos sabemos, la diferencia sexual está presente en muchas formas de vida, en la larga serie de los seres vivos. Pero sólo en el hombre y en la mujer esa diferencia lleva en sí la imagen y la semejanza de Dios: el texto bíblico lo repite tres veces en dos versículos (26-27): hombre y mujer son imagen y semejanza de Dios. Esto nos dice que no sólo el hombre en su individualidad es imagen de Dios, no sólo la mujer en su individualidad es imagen de Dios, sino también el hombre y la mujer, como pareja, son imagen de Dios. La diferencia entre hombre y mujer no es para la contraposición, o subordinación, sino para la comunión y la generación, siempre a imagen y semejanza de Dios” [5].

3. Los esposos responden a la vocación al amor en la medida que sus relaciones recíprocas se pueden describir como amor conyugal

Es necesario, por eso, identificar adecuadamente, qué es y qué exigencias conlleva el amor conyugal. De acertar o no en la respuesta va a depender la felicidad de los esposos. ¿Cuáles son las notas y las exigencias características del amor conyugal? El amor conyugal es un amor plenamente humano, total, fiel, exclusivo y fecundo[6].

a. El amor conyugal es un amor plenamente humano y total. Ha de abarcar la persona de los esposos en todos sus niveles: cuerpo y espíritu, sentimientos y voluntad, etc. Es un amor de entrega en el que el deseo humano, que comprende también el “eros”, se dirige a la formación de una comunión de personas. No sería conyugal el amor que excluyera la sexualidad o que, en el otro extremo, la considerase como un mero instrumento de placer. Los esposos han de compartir todo sin reservas y cálculos egoístas, amando cada uno a su consorte no por lo que de él recibe, sino por sí mismo. No es, pues, amor auténticamente humano y conyugal el que teme dar todo cuanto tiene y darse totalmente a sí mismo, el que sólo piensa en sí, o incluso el que piensa más en sí que en la otra persona.

SI EL AMOR CONYUGAL ES TOTAL Y DEFINITIVO, HA DE TENER TAMBIÉN COMO CARACTERÍSTICA NECESARIA LA EXCLUSIVIDAD Y LA FIDELIDAD

b. Un amor fiel y exclusivo. Si el amor conyugal es total y definitivo, ha de tener también como característica necesaria la exclusividad y la fidelidad. “La unión íntima, prevista por el Creador, por ser donación mutua de dos personas, hombre y mujer, exige la plena fidelidad de los esposos e impone su indisoluble unidad”[7]. La fidelidad no sólo es connatural al matrimonio sino también manantial de felicidad profunda y duradera. Positivamente, la fidelidad comporta la donación recíproca sin reservas ni condiciones; negativamente, entraña que se excluya cualquier intromisión de terceras personas –y, esto, a todos los niveles: de pensamiento, palabra y obras– en la relación conyugal.

c. Y un amor fecundo, abierto a la vida. El amor conyugal está orientado a prolongarse en nuevas vidas; no se agota en los esposos. La tendencia a la procreación pertenece a la naturaleza de la sexualidad. En consecuencia, la apertura a la fecundidad es una exigencia de la verdad del amor matrimonial y un criterio de su autenticidad. Los hijos son, sin duda, el don más excelente del matrimonio y contribuyen sobremanera al bien de los propios padres (otra cosa distinta es que, de hecho, surjan o no nuevas vidas).

Estas características del amor son inseparables: si faltara una de ellas tampoco se darían las demás. Son aspectos de la misma realidad.

4. El amor conyugal: don y tarea

El amor de los esposos es don y derivación del mismo amor creador y redentor de Dios. El sacramento del matrimonio, concedido a los esposos como don y como gracia, es una expresión del proyecto de Dios para los hombres y de su poder salvífico, capaz de llevarles hasta la realización plena de su designio. Además de ser un don, el matrimonio implica una tarea del varón y la mujer; una tarea que empeña la libertad y la responsabilidad, y la fe.

EL AMOR CONYUGAL ES EXIGENTE Y ESTÁ LLAMADO A CULTIVARSE. COMO VIRTUD, LOS ESPOSOS LO HAN DE CONSTRUIR CONSTANTEMENTE.

El amor conyugal no se agota en un solo acto, sino que se expresa a través de una multitud de obras diarias grandes o pequeñas. Es una disposición estable (un hábito) de la persona y, al mismo tiempo, una tarea. El amor conyugal es exigente y está llamado a cultivarse. Como virtud, los esposos lo han de construir constantemente, conforme a las circunstancias de cada uno de ellos y de los afanes y agobios de cada día.

“El secreto de la felicidad conyugal está en lo cotidiano, no en ensueños. Está en encontrar la alegría escondida que da la llegada al hogar; en el trato cariñoso con los hijos; en el trabajo de todos los días, en el que colabora la familia entera; en el buen humor ante las dificultades, que hay que afrontar con deportividad”[8].

La felicidad conyugal no es posible si la relación no se cultiva y se cuida día a día, a través de hechos concretos de amor –expresados en palabras, en gestos de ternura, en detalles de cariño, en actos de generosidad, de confianza, de sinceridad, de cooperación, etc.–, que hacen realidad el mutuo compromiso de vivir en el amor (en-amor-dados).

 

Javier Escrivá Ivars


[1] cfr. Gn 1, 27

[2] Conversaciones, 91.

[3] Es Cristo que pasa, 25.

[4] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2332.

[5] Papa Francisco, Audiencia 15-IV-2015.

[6] cfr. Humanae vitae, 9.

[7] Concilio Vaticano II, Const. Gaudium et spes, 48, 49 y 50. No hay que ver la fidelidad sólo como una respuesta a un compromiso adquirido, sino, sobre todo, como la lógica consecuencia que se deriva del amor total, de la recíproca donación personal sin reservas ni límites. Un amor con estas características no puede menos que ser exclusivo y para siempre.

[8] “…Pobre concepto tiene del matrimonio, el que piensa que el amor se acaba cuando empiezan las penas y los contratiempos, que la vida lleva siempre consigo” (san Josemaría, Conversaciones, 91).

 

Acuérdate, oh piadosísima Virgen María..

 

Medita detenidamente en cada parte del “Acordaos”, antigua oración que nos hace buscar la intercesión siempre amorosa de nuestra Madre del cielo.

“Cada oración a María Santísima nos adentra en su Corazón Dulcísimo, y, en consecuencia, en el Corazón de Cristo, Corazón de Dios”.

La oración a la que ahora quiero referirme es muy antigua -más aún que San Bernardo- conocida por su primera palabra: «Acordaos»; o en latín: Memorare. Así comienza: «Acuérdate, oh piadosísima -oh, cariñosísima- Virgen María…» Decimos: ¡Acuérdate!, y quizá cabría esperar una respuesta de un estilo semejante a éste: -¿Que me acuerde, hijo? ¿Tú vas a recordarme a Mí algún asunto tuyo? ¿Puede olvidarse una madre del hijo de sus entrañas? Pues mira, aunque alguna se olvidara, yo jamás me olvidaré de ti(1).

Pero María no desdeña nuestros ingenuos modos. Sabe que somos niños en la vida espiritual, y los niños son olvidadizos. Sabe que nos conviene recordar que Ella no olvida, que es humanísima, la más humana de las criaturas. Por eso nos comprende bien y le gusta oírnos decir: «¡acuérdate…!». Así percibe el calor de nuestra filiación sentida. Ve que nos comportamos con la naturaleza del hijo: ¡mamá, no te olvides de comprarme aquello…! Y la madre sonríe y piensa: ¡qué sabes tú de la inmensidad de mi cariño!

El ¡oh!

Ciertamente, no sabemos bien las maravillas escondidas en el corazón de María. Pero nos bastan las de antiguo conocidas para enmudecer de asombro al mirarla: ¡Oh, cariñosísima Virgen María! Ese «¡oh!» del «Acordaos» -como el de tantas otras plegarias marianas- es la síntesis de un inconmensurable discurso, resumen de una inmensa biblioteca dedicada a la obra maestra de Dios. En latín, la nuestra es una «O» sin hache, interjección que los gramáticos entienden, no como una parte más de la oración, sino como una oración entera, elíptica, donde el sentimiento -asombro, sorpresa, alegría…- domina a quien habla y le obliga a suprimir palabras. Aquí una sola letra, la «O», las contiene todas, en un doble sentido, tanto invocativo como admirativo.

En nuestra indigencia, alzamos nuestra mirada al Cielo y – al verla-, invocar y admirar es todo uno. En un sólo instante, se concentra a la vista toda la belleza y gracia posible en una criatura, y el corazón sufre un dulce sobresalto: ¡Oh…! Es una «O» larga, rotunda -sin reservas, sin aristas, sin ángulos vacíos- como el mundo, como el universo, magna -en su intención- como Ella. En latín, la «O» anda solitaria; en castellano, seguida de hache muda, porque mudos quedamos en el asombro súbito.

Conocemos un «¡Oh!» magnífico de Jesús: aquél ante la fe -encendida, ingeniosa, tenaz- de la encantadora madre cananea: O mulier!, ¡Oh mujer, grande es tu fe! (2). Asombra la admiración de Cristo, perfecto Dios y perfecto Hombre.

¡Cómo no se admiraría Jesús, mucho más aún, ante la fe colosal, la esperanza, el Amor, la plenitud de gracia de su Madre Virgen! Qué profundidad y riqueza de matices tendrían sus «!Oh…!», íntimos, al mirarla en silencio. Así quisieran ser los nuestros. Y lo son, porque Jesús se nos da entero y nos presta, gustosísimo, todo lo suyo: «todo lo mío es tuyo», nos dice (3).

«Acuérdate, oh piadosísima -oh cariñosísima- Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamando tu socorro, haya sido abandonado de ti». Jamás se ha oido decir, jamás se dirá. Bastaría recordar aquellos Milagros de Nuestra Señora, narrados con encantadora ingenuidad por Gonzalo de Berceo, expresión poética de realísima experiencia universal. Sí, Ella, purísimo milagro de la gracia divina, no cesa de obrar milagros en las almas de sus hijos, y atiende toda súplica: es Omnipotencia suplicante, y Madre en plenitud de sentido.

Un valioso título: «pecador contrito»

Por eso, yo, animado, alentado, confortado con esa confianza, con esa fe esperanzada, a tí acudo Madre, Virgen la más excelsa de las vírgenes; ad te venio…, a ti vengo, sin perder un instante, corriendo, como un niño -lo que soy- a su madre, veloz en el peligro, en la necesidad, en el miedo o en la angustia, con segura certeza del «jamás» haberse oído contar excepción alguna a tus cuidados exquisitos sobre quienes admirados te invocan.

En tu misericordia inaudita no nos tratas como merecen nuestros pecados, negligencias u olvidos. Al contrario, cuando te invoca un pecador le atiendes con particular solicitud. Para tí, «pecador» es como un título que demanda amor más grande. Por eso, coram te gemens peccator accedo, en el «Acordaos», de intento me presento como lo que soy: pecador, un pecador contrito, con un gemido de amor encendido en el dolor de haberte ofendido ofendiendo a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

Acudo a tí sucio, roto, desastrado, sin ocultarte miseria alguna, persuadido de que una madre atiende primero al hijo más necesitado. Jamás se ha visto a un hijo tan sucio que no lo pueda limpiar una madre. Con esta firme confianza a ti acudo, a ti vengo. Vengo del lodo a la más pura nitidez; vengo de la miseria a la misericordia; de la indigencia al poder; de la fragilidad a la fortaleza; de la soberbia a la humildad; de la desgracia a la gracia en plenitud; de la ignorancia al Asiento de la Sabiduría.

Madre del Verbo

Oh, Madre de Dios, no deseches mis humildes súplicas: Noli, Mater Verbi, verba mea despicere. Tú que eres la Madre del Verbo, porque el Espíritu Santo te cubrió con su sombra y el Verbo se hizo carne en tu seno Virginal; tú, en quien habitó corporalmente la Palabra subsistente, única, del Padre, en la que «se hallan escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia» (4) y es fuente y resumen de toda verdad (6); tú, la criatura que más y mejor ha comprendido la palabra suprema; que eres el Asiento de la Sabiduría, ¿cómo no vas a comprender mis palabras, éstas que de algún modo proceden de la Palabra única, como fruto de la moción del Espíritu, Espíritu de tu Hijo y Esposo tuyo? ¿Cómo no vas a escuchar mi verbo, Madre del Verbo? ¿Cómo no vas a poner toda tu sabiduría y omnipotencia suplicante al servicio de mi palabra llena de fe y de confianza, de esa sabiduría que en ti misma se aprende? ¡Oh, Madre de Dios, qué seguridad confiere esa oración de tan sabrosas remembranzas!

¿Será menester proseguir? Sed audi propitia et exaudi, escucha propicia mi plegaria, acógela indulgente, con benevolencia. Sé que no tienes otro modo de atender, pero una vez más te recuerdo a ti, para recordar yo; para tener en presente que para ti no hay pasado ni futuro, porque vives inmersa en Dios eterno. Tu memoria lo abarca todo. Y si yo recordara siempre el futuro, estaría siempre rezando el Acordaos, recordándome que recuerdas.

¡Acuérdate!, es un canto de confiado amor que quisiera vibrar en todos los corazones de la tierra. ¡Que todos se sientan seguros bajo tu amplísimo manto! ¡Que yo no pierda nunca esa confianza! ¡Que nadie la pierda! ¡que todo el mundo la gane! ¡Que se acuerde de que jamás se ha oído decir y jamás se dirá que ninguno de los que a ti acuden haya sido abandonado! ¡Que todos nos acordemos de recordártelo y te presentemos sin cesar humildes nuestras súplicas!

A ti hemos de acudir en todas nuestras necesidades, y en las de las personas que amamos. Quizá se encuentran lejos en el espacio; quizá sufran alguna tribulación o desmayo, se agota su fe o su esperanza, se enfría el amor, se cimbrea su fidelidad, y nada podemos hacer… sino rezar. ¡No es poco! Es mucho, lo primero, lo más valioso y eficaz. Rezamos el Acordaos, y el sentimiento de impotencia cede ante la «Omnipotencia» patente; se abre paso la certeza de la proximidad, de la unión íntima en la Comunión de los Santos: somos uno, como el Padre y el Hijo son uno. Nuestra oración alcanza los extremos más lejanos, porque tu manto azul abraza el horizonte entero de la humanidad.

Rezamos los unos por los otros -sobre todo por quienes más lo necesiten- y se cumple a menudo la graciosa seguiriya gitana:

Ar venir er día
Yegan mis tormentos;

En yegando á las oraciones
Recobro el aliento.

Es el aliento del Espíritu que nos alcanza por quien está del Espíritu Santo llena y es por eso Mediadora de todas las gracias, Consoladora de los afligidos, Refugio de los pecadores, Causa de nuestra alegría, Fortaleza en la batalla, Corazón que nos estrecha a todos con un lazo único.

Cara a la Iglesia universal

Ciertamente, «no se puede tratar filialmente a María y pensar sólo en nosotros mismos, en nuestros propios problemas. No se puede tratar a la Virgen y tener egoístas problemas personales. María lleva a Jesús, y Jesús es «primogénito entre muchos hermanos». Conocer a Jesús, por tanto, es darnos cuenta de que nuestra vida no puede vivirse con otro sentido que con el de entregarnos al servicio de los demás. Un cristiano no puede detenerse sólo en problemas personales, ya que ha de vivir de cara a la Iglesia universal, pensando en la salvación de todas las almas.

«(…) Impregnados de este espíritu, nuestros rezos, aun cuando comiencen por temas y propósitos en apariencia personales, acaban siempre escurriendo por los cauces del servicio a los demás. Y si caminamos de la mano de la Virgen Santísima, Ella hará que nos sintamos hermanos de todos los hombres: porque todos somos hijos de ese Dios del que Ella es Hija, Esposa y Madre» (6).

Rezar por otros el «Acordaos», es decirte a ti, Madre nuestra, lo que tú dijiste a Jesús: «No tienen vino» (7). ¿Cómo podrías resistirte a tu misma oración? De nuevo habrá milagro. Quizá poquito a poco, pasito a paso, pero lo habrá. El sarmiento se unirá de nuevo a la cepa, o se unirá más -que en las viñas del alma no hay límite para la unión-, y a su tiempo brotarán racimos dorados, copiosos, sabrosos, de buen vino para el altar y para la alegría de la vida cotidiana; vino que, sobre el ara, se transformará en la Sangre redentora de tu Hijo, y recorrerá las venas de nuestras almas -en expresión del beato Joemaría Escrivá- con el bullir limpio y sobrenatural de la sangre de familia.

Oh, Madre del Verbo -¡Oh…!-, escucha mi verbo.

Acuérdate, oh piadosísima Virgen María,
que jamás se ha oído decir, que ninguno
de los que han acudido a tu protección,
implorando tu asistencia, y reclamando
tu socorro, haya sido abandonado por tí.

Animado con esa confianza, a ti acudo,
Madre, la más excelsa de las vírgenes;
a ti vengo, a ti me acerco, yo, pecador
contrito. Madre del Verbo, no desprecies
mis palabras, antes bien escúchalas y
acógelas benignamente.

Así sea.


1 Cfr. Is 49, 14-15.

2 Mt 15, 21.

3 Lc 15, 31.

4 Col 2, 3.

5 Eccli 1, 5.

6 J. ESCRIVA DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, núm. 145.

7 Jn 2, 3.

 

EL RECURSO NECESARIO A MARÍA, MADRE DE DIOS

(la belleza del Ave María y su influencia en el Cielo)

Escribo sobre la Virgen para facilitar nuestra sintonía con el Papa. Francisco nos ha invitado a un maratón de oración para vivir mayo, mes dedicado a la Virgen María, con este tinte especial. Nos llama a rezar el Rosario “para invocar el fin de la pandemia y la reanudación de las actividades sociales y laborales”[1]. Para facilitar esta iniciativa, cada día se reza el Rosario desde un santuario mariano, de todos los continentes, siempre a las seis de la tarde (hora de Roma) [2]. Francisco comenzó esta maratón el sábado 1 en la capilla de Nª Sª del Socorro en Basílica de San Pedro, y también la concluirá el día 31 desde los jardines vaticanos. Urs von Balthasar calificaba al Rosario como el arma de los pobres de espíritu, “el avemaría se convierte en una especie de respiración de la tierra y de suspiro de la humanidad hacia el cielo”.

 

Esta proposición nos recuerda la del año pasado en estas fechas. Inmersos en el confinamiento, Francisco nos escribió una carta breve con un propósito: “que todos redescubramos la belleza de rezar el Rosario en casa durante el mes de mayo”, en familia o individualmente. Le movía la fe confiada en el recurso necesario a María, nuestra madre: “Tú, Salvación de todos los pueblos, sabes lo que necesitamos y estamos seguros de que lo concederás para que, como en Caná de Galilea, vuelvan la alegría y la fiesta después de esta prueba”[3].

 

Trataré de tres puntos: de María, madre de Dios, origen de nuestro amor a la Virgen, del Avemaría, de su belleza e influencia en el Cielo, y de varias propuestas para ir de la mano de la madre de Dios, y madre nuestra. “Para mí, María es mi Madre, que me dio a Jesús. La primera reacción de un niño que siente miedo, que está en dificultades o sufre, es llamar: <Mamá, mamá>. Esta palabra lo es todo para un niño”[4].

 

Sin María no hay Jesús

 

La santa Madre Teresa de Calcuta contaba que la última vez que estuvo en Holanda, fue un protestante a visitarle acompañado de su mujer y le soltó: <Tengo la impresión de que los católicos os pasáis con María>. Ella le contestó que “sin María no hay Jesús”. Él no replicó. Unos días después le envió una hermosa postal con esta expresión: Sin María no hay Jesús[5]. “Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer” (Gálatas 4, 4). Dios se hizo carne en el vientre de una mujer, fue concebido por obra del Espíritu Santo en el seno purísimo de María. Es el misterio de la Encarnación (ref. Lucas 1, 26-38). “El corazón del Señor comenzó a latir en María, el Dios de la vida tomó el oxígeno de ella. Desde entonces María nos une a Dios, porque en ella Dios se unió a nuestra carne para siempre. María –le gustaba decir a san Francisco de Asís– «ha convertido en hermano nuestro al Señor de la majestad» (San Buenaventura, Legenda major, 9, 3). Ella no es sólo el puente entre Dios y nosotros, es más todavía: es el camino que Dios ha recorrido para llegar a nosotros y es la senda que debemos recorrer nosotros para llegar a Él[6].

 

Cuentan que un orador griego tuvo que hacer una loa al rey Filipo II de Macedonia. No recurrió a alabar sus dotes de gobierno, sus habilidades para la guerra, simplemente, emocionado, dijo: <Basta decir de ti, Filipo, que has sido el padre de Alejandro Magno>. También, nosotros podemos hacer un largo discurso sobre la Virgen María, pero sin duda, la mejor y la más adecuada alabanza a María es: <Basta decir de ti, Virgen María, que fuiste la madre de Jesús, el Hijo de Dios vivo>. Es bendita por gracia porque con su sí al don divino trajo al mundo la bendición de Dios: el Bendito, el Hijo de Dios, bendito por naturaleza.

 

Todas las gracias que recibió María de la Trinidad tienen su fuente en la elección divina a ser madre de Dios. Es lo más que Dios podía hacer para honrar a una criatura: hacerla su madre. Incluso después de su apostasía, Lutero conservaba este punto de fe. En 1521 afirmaba de María: “Desde el momento en que se la llama Madre de Dios se entienden todas sus glorias. No se puede decir nada de ella ni decirle nada más sublime”. Es hija de la misericordia de Dios, la primera y la que ha recibido más que todos… porque iba a ser madre del Hijo de Dios. Por eso es la criatura más bendecida por Dios, la más amada, la más misericordiada, usando un neologismo made Francisco. “Así, Dios la miró desde el primer instante en su designio de amor. La miró bella, llena de gracia. ¡Es hermosa nuestra madre!”[7]. El arcángel Gabriel la llama “llena de gracia”, es la “llena de misericordia”. La Trinidad se volcó con ella: “El Señor está contigo (…) No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios” (Lucas 1, 28, 30). Descubramos en la oración qué significa ser Madre de Dios.

 

Haciendo memoria: el Concilio de Éfeso (431)

 

En el Concilio de Éfeso, María fue proclamada Theotokos (en griego significa “la que dio luz a Dios”). El tema de estudio fue aclarar una disputa sobre la identidad de Jesucristo. Pero la polémica hacía referencia a María. Nestorio, Patriarca de Constantinopla, enseñaba que María no podía ser llamada Theotokos, Madre de Dios, sino únicamente Christotokos, Madre de Cristo. Era la madre de Jesús, un hombre “en quien habitaba la divinidad”. Declaraba que en Cristo se unían dos personas distintas, una divina y otra humana, en una especie de unión moral pero no personal. Esto choco frontalmente con la fe de los fieles, que desde los inicios invocaban a María, Madre de Dios[8]. A comienzos del siglo II, en una carta a la comunidad de Esmirna, san Ignacio de Antioquía lo expresaba así: Jesús es “de Dios y de María”. Los fieles intuían que Jesús no era simplemente un hombre unido a Dios, sino un único sujeto, hombre y Dios. San Cirilo, Patriarca de Alejandría, intervino invitando a Nestorio a no crear problemas en la fe de los fieles con sus discutibles declaraciones. Este se empecinó en condenar ese nombre, Theotokos, y se armó tanto revuelo entre el pueblo, monjes incluidos, que el emperador Teodosio II decidió convocar un Concilio general en Éfeso.

 

En el verano del 431, después de largas deliberaciones los padres conciliares declararon que Jesús era el Hijo de Dios hecho carne: el que es antes de todos los siglos por su divinidad, es el mismo que nació en el tiempo según su humanidad, un solo y mismo Hijo y Señor nuestro Jesucristo, verdaderamente Dios y verdaderamente hombre. Las dos naturalezas, humana y divina, se unen en un único sujeto y en una sola persona, la divina. Por tanto, Jesús no debe ser considerado una persona humana con una relación particularmente intensa con Dios, un profeta en quien reina el Espíritu Santo infinitamente más que en ningún profeta. Así gracias a María quedó aclarada la identidad de su Hijo. Si Jesús es divino y María es la madre de Jesús, entonces María puede y debe ser llamada Madre de Dios. Los padres conciliares aclararon que María no era la madre de la divinidad de Jesús, sino la madre de Jesús, quien sí es divino. Nuestras madres no son madres de nuestra alma, infundida por Dios en el momento de la concepción; y son nuestras madres, no solo madres de nuestra carne. Ser madre quiere decir concebir y dar a luz a una persona.

 

El pueblo cristiano de Éfeso, relata san Cirilo, al enterarse de la resolución “prorrumpió en vítores y aplausos… Era de noche: toda la ciudad estaba gozosa e iluminada”. Recordar esta verdad de fe ha llenado de alegría y de confianza a los cristianos de todos los tiempos; también a nosotros, que miramos a María y la aclamamos: ¡Santa Madre de Dios! Bendita seas. “¡Oh Virgen bella que de sol vestida y estrellas coronada, al Sol inmenso así agradaste, que en Ti fue escondido: hablar de Ti, un amor me mueve intenso!” exclamamos con Petrarca en su Cancionero. La condición de María como Madre de Cristo hace que todo en Ella nos conduzca a su Hijo. “Cuando en la fe hay espacio para la Madre de Dios, nunca se pierde el centro: el Señor, porque María jamás se señala a sí misma, sino a Jesús; y a los hermanos, porque María es Madre”[9].

 

La belleza del Ave María

 

El Ave María es la oración dirigida a la Virgen más familiar y repetida. Al rezarla saludamos a María, y se renueva la inmensa alegría que sintió al escuchar por vez primera el saludo del arcángel Gabriel de parte de Dios, y el saludo de su pariente Isabel inspirada por el Espíritu Santo[10]. Ese saludo, dicho con el corazón, seguro que conquista el corazón de María, que es madre nuestra. Se entiende que san Buenaventura considerara que, al recibir nuestro saludo, María correspondiera con un saludo con gracias. Su hijo Jesús también se llena de contento al escucharnos. “Nuestra oración se atreve a recoger el saludo a María con la mirada que Dios ha puesto sobre su humilde esclava (cf Lucas 1, 48) y a alegrarnos con el gozo que El encuentra en ella (cf Sofonías 3, 17b)”[11]. La alabanza a María es alabanza a Dios, reconocimiento de las maravillas que hace con sus criaturas fruto del amor. Y el colmo de las maravillas fue la gracia conferida a una mujer, María, al hacerla madre suya.

 

La composición del Ave María, con sus dos partes, bíblica y eclesial, tiene historia. Diríamos que comienza con la redacción del Evangelio de Lucas y se concluye en el 1568, cuando san Pío V introduce el Ave María en el Breviario Romano, reformado después del Concilio de Trento. Y se extendió a la Iglesia universal a mediados del s. XVII. La parte bíblica se usaba en el culto eucarístico al menos desde el s. VI. A partir del s. XII y sobre todo a partir del surgimiento de las Órdenes mendicantes, el Ave María se convierte en la expresión de la devoción de los monjes y de los frailes a santa María. Y pasa a la piedad popular[12]. La adición de “María” al inicio y “Jesús” al final se atribuye a Urbano IV (1261-64). Durante los s. XIII-XIV, el Ave María es la oración de todo cristiano, junto con el Padre Nuestro y el Credo.

 

En esos tiempos, existían otras oraciones breves a María: para que intercediera: santa María, ora pro nobis; le invocaban como Refugium peccatorum; y le confiaban el tránsito a la vida eterna: “Tú, protégenos del enemigo y acógenos en la hora de la muerte”. En el s. XIV, la peste negra asoló Eurasia. Provocó la muerte entre el 30% y el 60% de la población de Europa. Por tanto, no es extraño que la situación extrema creada por la pandemia espoleara a los cristianos a acudir a la protección de la Virgen y la súplica cristalizara en el Santa María. La composición más antigua pertenece a la segunda mitad del s. XIV, y llegó de Florencia. Después de la peste negra, la segunda mitad del Ave María, la parte eclesial, comenzó a aparecer en los breviarios (libros de oraciones) de las comunidades religiosas, especialmente las de los mercedarios, camaldulenses, y franciscanos.

 

La influencia del Ave María en el Cielo

 

Jesús Urteaga, conocido como el cura de la tele, relató lo que le ocurrió al poco de ser ordenado. Tenía 26 años, era el año 1948 en Madrid. Recibió una llamada para que acudiera a un domicilio para atender a un moribundo. Le advirtió que la familia y amigos no estaban a favor de que apareciera. Pero fue y le dejaron pasar a la habitación. <Quiero confesarme>, dijo el enfermo, que era una persona muy conocida y llevaba muchísimos años sin práctica religiosa. Antes de confesarse quiso explicarle al sacerdote el “milagro”. <He estado cuarenta años ausente de la Iglesia. Y usted se preguntará por qué he llamado a un sacerdote. Mi madre, al morir, nos reunió a los hermanos… Mirad. No os dejo nada. Pero cumplid este testamento que os doy: “rezad todas las noches tres avemarías”. Y yo, ¿sabe?, lo he cumplido>[13].

 

Ojalá nos confiemos a María, madre de Dios, repitiendo el Ave María muchas veces en el día, o alguna de sus partes, saboreándolas: que sean alabanza y súplica de hijos. María, como la mejor de las madres, agradece esa caricia y está atenta a nuestros ruegos, aunque no los formulemos; en muchos casos se adelanta a las necesidades de sus hijos, como sucedió en las bodas de Cana: “no tienen vino” (Juan 2, 3). Así lo expresaba Dante: “Tu benignidad no sólo socorre a quien demanda, mas muchas veces liberal al demandar precede”. Y, caricias y ruegos al tiempo, los presenta a Jesús, su hijo divino, que interpela a su Padre, mostrándole sus santas llagas. María, hija predilecta del Padre, madre amorosa del Hijo, y esposa solicita del Espíritu Santo, intercede para que la Trinidad lo tenga en cuenta y provea la mejor solución.

 

Los tiempos son recios, y no solo por la pandemia, basta abrirse al mundo y compadecerse de los males que aquejan a los hombres y a la Creación de Dios. ¿Qué hacer? El Papa nos invita a suplicar a María “para que interceda con su ternura (…) Ahora, en las situaciones concretas de la vida, y en el momento final, para que nos acompañe –como Madre, como primera discípula– en el paso a la vida eterna”. Nos recordaba que en esta pandemia la Virgen no nos ha dejado: “María está siempre presente en la cabecera de sus hijos que dejan este mundo. Si alguno se encuentra solo y abandonado, ella es Madre, está allí cerca, como estaba junto a su Hijo cuando todos le habían abandonado”. De esta confianza nace esta maratón del Rosario en mayo: 50 Avemarías para rogar a Jesús por y con María. “María está allí, rezando por nosotros, rezando por quien no reza. Rezando con nosotros. ¿Por qué? Porque ella es nuestra Madre” [14]. Y nos ha pedido una cosa: “hay una iniciativa que me importa mucho: la de la Iglesia birmana, que nos invita a rezar por la paz reservando un Ave María del rosario diario por Myanmar”[15]. Desgranemos con fe cada Ave María y esperemos confiadamente, ¡alcanza tanto del Cielo!

 

Ir de la mano de María

 

“Has de sentir la necesidad urgente de verte pequeño, desprovisto de todo, débil. Entonces te arrojarás en el regazo de nuestra Madre del Cielo, con jaculatorias, con miradas de afecto, con prácticas de piedad mariana..., que están en la entraña de tu espíritu filial. -Ella te protegerá”[16] nos aconseja san Josemaría Escrivá. Nos conviene ir de la mano de María, madre de Dios y madre nuestra. A continuación propongo tres maneras asequibles y sencillas.

 

1.Contemplar en la oración la vida de María, qué significa ser madre de Dios y ser madre nuestra; nos ayudará invocar al Espíritu Santo para que ilumine la mente y mueva el corazón. En https://opusdei.org/es-es/article/vida-de-maria/ hay un breve apunte de 20 escenas de la vida de la Virgen, que se puede descargar. Meditar las oraciones a la Virgen (http://www.devocionario.com/maria/es otro cauce para aprender a amarla.

 

2.Rezar el Ave María con fe, con el corazón, con frecuencia. Sin olvidar el maratón del Rosario por el fin de la pandemia y la vuelta a la normalidad. Al menos empecemos por una decena… hasta los 5 misterios. Se puede bajar apps gratuitas https://play.google.com/store/apps/details?id=app.rosario.it Llevar un rosario en el bolsillo, y los hay de una decena que no ocupan lugar, y rezarlo; llevar una imagen de la Virgen en la cartera o poner una de salvapantalla del móvil, y mirarla de vez en cuando; dirigirle jaculatorias como son las letanías lauretanas del Rosario… es ir de la mano de María.

 

3.Peregrinar a algún santuario, ermita o Iglesia dedicada a la Virgen. Ir acompañados de familiares o amigos. Es un plan familiar estupendo. Hay 4.300 santuarios en España dedicados a la Virgen, por eso san Juan Pablo II en su última estancia en nuestro país en el 2003, se despidió refiriendo a España, como tierra de María. Y confiar al corazón de María las intenciones del Papa rezando un rosario. “Con el Rosario se puede alcanzar todo. Según una graciosa comparación, es una larga cadena que une el cielo y la tierra, uno de cuyos extremos está en nuestras manos y el otro en las de la Santísima Virgen. Mientras el Rosario sea rezado, Dios no puede abandonar al mundo, pues esta oración es muy poderosa sobre su Corazón”[17].

 

Esforzándonos por ir de la mano de María se mantendrá siempre viva la esperanza, y sembraremos paz y alegría en nuestras familias, en la sociedad y en el mundo. Y obtendremos del Cielo el fin de la pandemia y saldremos de esta crisis mejor persona, mejor hijo

 


[1] Francisco, Catequesis (5.05.21).

[2] El sábado 22 se rezará desde el santuario de Nuestra Señora de Montserrat. La lista de lugares y el enlace para unirse a la oración en directo: https://www.vaticannews.va/es/iglesia/news/2021-05/santuarios-todo-el-mundo-rezan-rosario-por-el-fin-de-la-pandemia.html

[3] Francisco, carta de mayo de 2020 http://w2.vatican.va/content/francesco/es/letters/2020/documents/papa-francesco_20200425_lettera-mesedimaggio.html

[4] Cardenal Van Thuân, Cinco panes y dos peces, p. 64. Está en proceso de canonización.

[5] Orar. Madre Teresa de Calcuta, pág. 131.

[6] Francisco, Homilía (1.01.21).

[7] Francisco, Homilía (8.12.13).

[8] A principios del s. XX se descubrió un papiro egipcio fechado en torno al año 250 con la oración Sub tuum praesidium confugimus, sancta Dei Genitrix, escrita en griego. Por los estudios realizados, se trataría de un modelo para grabador; esto aumenta su importancia porque certifica que se trata de una oración “pública” usada por la Iglesia, que se empleaba desde hacía tiempo.

[9] Francisco, Homilía (1.01.19).

[10] “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lucas 1, 28) y “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!” (Lucas 1, 42) fueron palabras del saludo de Gabriel e Isabel respectivamente.

[11] Catecismo de la Iglesia n. 2676. Aconsejo leer el número y el siguiente. Ver https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p4s1c2a2_sp.html

[12] En Los Milagros de nuestra Señora, Gonzalo de Berceo (siglo XIII) relata la salvación de un labriego que llevaba una vida desarreglada y pecadora, pero que conservaba cierto afecto a la Madre del Señor y la saludaba a diario: “Ave gratia plena, que parist a Messía”.

[13] Jesús Urteaga realizó programas en TV en la década de los 60. El relato está en el nº 412 de “Mundo cristiano” (mayo 1996).

[14] Francisco, Catequesis (24.03.21).

[15] Francisco, Regina Coeli (2.05.21). Myanmar ha sufrido un golpe de estado militar en febrero y la situación del país es crítica.

[16] San Josemaría Escrivá Forja n. 354.

[17] Santa Teresita del Niño Jesús (Teresita de Lisieux)

 

La Ascensión del Señor al Cielo

Este domingo celebramos esta fiesta sobre la que el Papa Francisco afirmó: «Mirar a Jesucristo, que asciende a los cielos, es una invitación a testimoniar su Evangelio en la vida cotidiana».

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA14/05/2021

 

• El papa Francisco explica la Ascensión de Jesús al Cielo.

• Comentario al Evangelio.

• Homilía de san Josemaría: La Ascensión del Señor a los cielos (audio y texto).

• Dentro del Evangelio: San Josemaría comenta la Ascensión del Señor (audio y texto).


Otros textos para leer y meditar

• ¿Quieres conocer el lugar de la Ascensión? Descarga el capítulo en PDF 4,5 MB. La tradición sitúa la Ascensión en la cima del monte de los Olivos, en el camino hacia Betfagé (capítulo de Huellas de nuestra fe: un viaje por Tierra Santa).

• Pascua: He resucitado y aún estoy contigo.

• Vida de María (XVII): Resurrección y Ascensión del Señor. Los evangelios no incluyen a la Virgen en el grupo de mujeres que el domingo fueron a lavar el cuerpo del Señor. Su ausencia abre la esperanza en la victoria de Cristo.

 

• Tema 11 (Resúmenes de fe cristiana). Resurrección, Ascensión y Segunda venida de Jesucristo.

 

 

Evangelio del domingo: la Ascensión del Señor

Comentario de la Solemnidad de la Ascensión del Señor *(Ciclo B). “Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura”. Al igual que a los discípulos que estuvieron con Jesucristo el día de su Ascensión, el Señor nos reúne cada día en su corazón. Y quiere servirse de cada uno para dar al mundo esa alegría verdadera que le falta. Quiere que seamos testigos de lo que hemos visto y oído, de sus llagas, de su Amor.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

 

Evangelio (Mc 16, 15-20)

Y les dijo: — Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado se salvará; pero el que no crea se condenará. A los que crean acompañarán estos milagros: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán lenguas nuevas, agarrarán serpientes con las manos y, si bebieran algún veneno, no les dañará; impondrán las manos sobre los enfermos y quedarán curados. El Señor, Jesús, después de hablarles, se elevó al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Y ellos, partiendo de allí, predicaron por todas partes, y el Señor cooperaba y confirmaba la palabra con los milagros que la acompañaban.


Comentario

Cuarenta días después de la Resurrección, Jesucristo vuelve a reunirse con sus discípulos, los hombres y mujeres que le habían acompañado a lo largo de los tres últimos años, sus amigos íntimos.

Salen de Jerusalén camino de Betania. Atraviesan las calles y plazas de la ciudad y se dirigen al monte de los olivos.

En un momento dado, Jesús se para, los reúne en torno a él y les da un último mandato: “Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura”. Les mira y elevándose se despide bendiciéndoles.

Ellos, llenos de alegría, vuelven a la ciudad santa y desde allí comienzan a predicar la buena nueva por todo el mundo.

Ahora bien, ¿cómo es posible que unos hombres y mujeres atemorizados, sin grandes cualidades, se lancen a semejante aventura? ¿Cómo es posible que vuelvan a Jerusalén llenos de alegría, si Jesucristo acaba de despedirse de ellos?

Lo lógico hubiera sido que estuvieran más desconcertados y más tristes. El mundo en el que viven no ha cambiado, Jesús se ha ido definitivamente y además les ha encargado una tarea aparentemente irrealizable. Deben ser testigos del amor de Dios por los hombres, testigos de su pasión, muerte y resurrección. Empezando por Jerusalén, la ciudad que lo ha condenado a muerte, el lugar del fracaso. Hasta los confines del mundo. Ese mundo alejado de Dios.

Y sin embargo, todo eso no les llena ni de desconcierto ni de tristeza. Todo lo contrario.

¿Por qué para ellos es un orgullo ser discípulos de Cristo? ¿Por qué no es una carga esa tarea?

Porque Jesucristo es su amigo íntimo, porque saben que Él está con ellos, que Él es fiel a sus promesas. Han aprendido a fiarse de Él. No ponen su confianza en ellos, ni en sus fuerzas, ni en sus capacidades.

La Ascensión del Señor no es un “adiós”, un “hasta luego”, sino, paradójicamente, un “me quedo”. Ellos se fían de la promesa hecha por Jesucristo: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). No dudan de su presencia en ellos y, de modo central, en la Eucaristía.

Ellos no se sienten gran cosa, conocedores de sus miserias, debilidades, falta de talento y capacidades. Pero saben que Cristo ha resucitado, que su Amor es más poderoso. Han aprendido que es Dios quien da el crecimiento. De ahí su alegría y entusiasmo.

Una alegría que se traduce en un abrirse en abanico para llevar ese Amor hasta el último rincón del mundo. Los discípulos del Señor eran hombres y mujeres a los que Dios confió todos los hombres. Y esa tarea les colmó de una alegría aún mayor.

Su vida estuvo llena de sufrimientos y dificultades. Pero siempre vivieron en la alegría del Señor. Reflejaban en su rostro la gloria del Señor: el brillo de su rostro enamorado.

Al igual que a los discípulos que estuvieron con Jesucristo el día de su Ascensión, Jesucristo nos reúne cada día en su corazón. Estamos bajo la protección de sus manos, en la inmensidad de su Amor. Y quiere servirse de cada uno para dar al mundo esa alegría verdadera que le falta. Quiere que seamos testigos de lo que hemos visto y oído, de sus llagas, de su Amor. Que con Él nada se pierde: trabajo, descanso, familia, amigos, pasado, presente, futuro, en Él todo adquiere eternidad.

También nos ha elegido y nos ha confiado a todos los hombres: a nuestros padres, hermanos, familiares, amigos, compañeros de trabajo, la humanidad entera.

El apostolado es una consecuencia lógica de la alegría de estar con Jesús. Como enseña san Josemaría, “el apostolado es amor de Dios, que se desborda, dándose a los demás. La vida interior supone crecimiento en la unión con Cristo, por el Pan y la Palabra. Y el afán de apostolado es la manifestación exacta, adecuada, necesaria, de la vida interior. Cuando se paladea el amor de Dios se siente el peso de las almas”[1].

Ellas nos necesitan. Necesitan de nuestra alegría para que, a través de ella, descubran a Jesús en sus vidas. En nuestro quehacer cotidiano, en nuestras miradas limpias, en nuestras conversaciones llenas de comprensión, en nuestros afanes por servir, comprender, animar y perdonar, Jesucristo resucitado se hace presente llenándolo todo de su alegría. Este mundo, no tan distinto del mundo de los hombres y mujeres que acompañaron al Señor, necesita de cristianos que lleven en su rostro ese brillo de un Dios enamorado.


[1] San Josemaría, “La Ascensión del Señor a los cielos”, Es Cristo que pasa, n. 122a.

 

El descenso del Espíritu Santo y la vida de los primeros cristianos

  •  
    Pentecostés | El Greco

 

PENTECOSTÉS

La vida de la primera comunidad cristiana y los primeros efectos de la Gracia de Dios en la Iglesia primitiva

La historia de la Iglesia cristiana comienza con el descenso del Espíritu Santo sobre los Apóstoles. Antes de su Ascensión al cielo, nuestro Señor Jesucristo mandó a sus apóstoles que no se apartasen de Jerusalén hasta ser revestidos de poder supremo desde lo alto.

 

La promesa del Paráclito y la elección de Matías

La historia de la Iglesia cristiana comienza con el descenso del Espíritu Santo sobre los Apóstoles. Antes de su Ascensión al cielo, nuestro Señor Jesucristo mandó a sus apóstoles que no se apartasen de Jerusalén hasta ser revestidos de poder supremo desde lo alto. Esperando el cumplimiento de esta promesa del Señor, ellos después de rezar eligieron a Matías como el duodécimo Apóstol en lugar del traidor Judas; eligiendo al suplente de Judas, los Apóstoles condicionaron que el mismo debía ser testigo de la obra y Resurrección de Cristo.

En el quincuagésimo día después de la Pascua, en la festividad judía de Pentecostés, que coincidió con un domingo, los apóstoles se reunieron para rezar. Asimismo se encontraba presente junto a ellos la Madre de Dios y algunos otros cristianos, en total 120 personas

 

El Espíritu Santo y su efecto en los fieles

Como a las 9 de la mañana de repente se oyó un ruido parecido al de un viento fuerte, y este sonido llenó la casa del monte Sión donde se hallaban los Apóstoles (el cenáculo de Sión donde tuvo lugar la Última Cena) y sobre cada uno de ellos descansó una dividida lengua de fuego. Las señales externas eran necesarias para los hombres de aquella época, todavía insuficientemente espirituales, para llevarlos a la fe.

Los Apóstoles sintieron una gran animación, esclarecimiento y sed de predicación de la salvadora Palabra de Dios, o sea, la Santa doctrina de nuestro Señor Jesucristo. Repentinamente obtuvieron la capacidad de expresarse en varios idiomas.

 

Inmediatamente comenzó la evangelización

Para las fiestas de Pascua y Pentecostés, en Jerusalén se reunían los hebreos procedentes de diversos países. Viviendo durante tiempo prolongado fuera de Palestina, olvidaron la lengua hebrea, de suerte que sólo hablaban los idiomas de los países donde moraban permanentemente. Por tanto fueron llamados “helenistas,” mientras que los gentiles que fueron convertidos a la fe judía se denominaban “prosélitos.” Para la fiesta de Pascua se juntaron en Jerusalén entre uno y dos millones de ellos.

Muchos de ellos sintieron el ruido y se reunieron alrededor de la casa donde se encontraban los Apóstoles. Éstos salieron y comenzaron su predicación dirigiéndose a cada uno en el idioma de su país. Algunos quedaron asombrados, mientras que otros se burlaban, diciendo: “Están embriagados del vino dulce.”

Entonces, el Apóstol Pedro, a quien acompañaban los otros once Apóstoles, pronunció palabras potentes, diciendo que ellos no estaban embriagados ya que no es más que la hora de la mañana, sino que Dios hizo cumplir la profecía del santo Profeta Joel referente al descenso del Espíritu Santo. También el Apóstol Pedro dijo acerca del Salvador, “a Quien vosotros habéis matado, pero Dios Lo ha resucitado, y Él, después de su gloriosa Ascensión, ha enviado al Espíritu Santo.”

 

Los primeros efectos de la Gracia de Dios en la Iglesia primitiva

El sermón del Apóstol Pedro estuvo impregnado con la fuerza espiritual y con el amor para con los extraviados judíos. Estos se enternecieron y preguntaban: “¿Qué tenemos que hacer?” El Apóstol contestó: “Arrepentís y recibid el bautismo para la absolución de los pecados, luego obtendréis el don del Espíritu Santo.” En aquel día fueron bautizados 3.000 hombres.

Después de Pentecostés los Apóstoles Pedro y Juan iban hacia el templo para orar. En la entrada del templo se encontraba sentado un mendigo, cojo desde su nacimiento, que no podía caminar y suplicaba por una limosna. El Apóstol Pedro le dijo: “No tengo ni plata ni oro, pero lo que tengo te doy: en nombre de Jesús Nazareno Cristo, levántate y anda.” Éste saltó y se alejó alabando a Dios.

Este milagro impresionó mucho al pueblo. Después de las palabras pronunciadas por el Apóstol Pedro se bautizaron 2.000 hombres. De esta manera, el número de los cristianos dentro de un corto lapso ascendió hasta 5.000 personas.

 

La vida de la primera comunidad cristiana

Los primitivos cristianos se reunían diariamente en el templo y escuchaban los sermones de los Apóstoles, y en los días del Señor (domingos) se juntaban en casas particulares para oficiar la Santa Eucaristía (Liturgia) y con el fin de comulgar de los Santos Cuerpo y Sangre de Cristo.

Asimismo, tenían caridad mutua, de suerte que parecía que tenían un sólo corazón y una sola alma. Muchos cristianos vendían sus haciendas, y el dinero recibido lo entregaban a los Apóstoles y a los pobres.

 

El suceso de Ananías y Safira

Un hombre llamado Ananías con su esposa Safira habían vendido su hacienda y trajeron el dinero recibido a los Apóstoles, pero escondieron una parte del mismo. Lo hicieron por dos razones. Por un lado, querían glorificarse entre los cristianos como abnegados y buenos, ya que toda su posesión la dieron a los pobres, y por otro, clandestinamente querían vivir para su propio placer teniendo suficiente plata.

Con el fin de cortar de raíz este espíritu nada cristiano, el Apóstol Pedro explicó que la propiedad pertenecía a Ananías y Safira, encontrándose completamente bajo su poder, pero el acto cometido fue un gran pecado. Pedro dijo: “Ananías, ¿por qué permitiste a Satanás introducir en tu corazón el pensamiento de mentir al Espíritu Santo? No mentiste a los hombres, sino a Dios.” Al instante, Ananías y luego Safira cayeron muertos.

Los Apóstoles realizabanmuchos milagros, y aun la sombra del Apóstol Pedro sanaba a los enfermos. La abundancia de los dones del Espíritu Santo regocijaba a los creyentes y convertía al cristianismo a numerosos incrédulos. Sin embargo, los envidiosos jefes judíos odiaban a los Apóstoles.

 

Los diáconos

En medio de los cristianos se encontraban los judíos de Palestina y los llegados de otros países, llamados “helenistas.” Éstos últimos murmuraban quejándose que sus viudas recibían menos subsidios durante la distribución.

Por consiguiente, los Apóstoles sugirieron que los creyentes eligiesen siete varones piadosos, sobre quienes los Apóstoles impusieron orando las manos, lo que produjo el descenso del Espíritu Santo. De esta manera apareció la sagrada dignidad de los “diáconos” (la palabra diácono significa “servidor”).

Aparte de la distribución de los subsidios, los diáconos ayudaban a los apóstoles en sus sermones y ejecución de los sacramentos.

by primeroscristianos.com

 

¿Liberar las patentes de las vacunas aumentaría el nivel de vacunación mundial?

Ante las dificultades que se están presentado para poder vacunar a todas las personas que lo necesitan y deseen hacerlo a nivel mundial, una solución que se propone es liberar la producción de las vacunas de las patentes que ahora existen, pues, al parecer, pueden restringir su fabricación.

En este sentido, se ha planteado, y se está planteando en estos días, un debate a nivel internacional sobre si se debería o no promover la liberalización de las patentes para la producción de la vacuna, existiendo opiniones favorables y contrarias.

En relación con ello, el pasado 27 de abril, el doctor Abel Nova, médico de Familia y miembro del Grupo de Trabajo de Bioética de la SEMFYC, concedía una entrevista relacionada con el «pasaporte de vacunación», en la que afirmaba que “es urgente eliminar las patentes para facilitar el acceso mundial a las vacunas”; pero, a nuestro juicio, el problema no es tan sencillo.

Nosotros lo abordamos en un Informe del Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia, el pasado mes de marzo. En él manifestábamos que “una coalición de países, liderada por India y Sudáfrica, han pedido a la OMS que las farmacéuticas renuncien a los derechos de propiedad, para que así se puedan producir «vacunas genéricas». La OMS ha recibido con interés la propuesta, aunque la Unión Europea y los Estados Unidos se muestran escépticos ante la misma, pues “las patentes garantizan la obtención de los beneficios necesarios para que las farmacéuticas puedan seguir investigando”.

La «vacunación universal», a nuestro juicio, plantea de entrada dos cuestiones: primero, poder fabricar suficiente número de vacunas para que estén disponibles en el mercado internacional las necesarias para conseguir una inmunidad de grupo a nivel mundial, y segundo, que puedan acceder a ellas con facilidad todos los países, especialmente los más pobres.

En relación con el primer aspecto, la Universidad Duke, de Estados Unidos, afirma que la producción de vacunas alcanzará este año las 14.000 millones de dosis, cifra que, a su juicio, parece suficiente para vacunar al 70% de la población mundial, pues para ello bastaría con disponer de 11.000 millones.

En relación con el segundo aspecto, se trata de promover iniciativas sociales, como COVAX, y disminuir los costes de producción de las vacunas, ayudando a las firmas farmacéuticas con incentivos económicos que faciliten dicha política, aunque también se propone liberar de patentes la fabricación de las vacunas.

El pasado 27 de abril, el portavoz de Salud Pública de la Unión Europea, Stefan de Keermaecker, manifestaba que si fracasan las soluciones voluntarias para garantizar el acceso a las vacunas contra la COVID-19 de todos países, especialmente los económicamente más débiles, se plantea la solución de promover las «licencias obligatorias», pues a su juicio, “la protección por las patentes de la propiedad intelectual, con sus controles y equilibrios, no es una dificultad para conseguir la vacunación universal, sino que más bien es parte de la solución. Lo que, según él, se necesita” es el aumento de su producción, por lo que, dada la complejidad técnica, los gobiernos deben facilitar una amplia cooperación industrial”. Esta es, a su juicio, “la mejor manera de acelerar el suministro de vacunas contra la COVID-19 en la Unión Europea y en todo el mundo y de abordar una efectiva vacunación contra las variantes del virus que se vayan produciendo”.

Por otro lado, el Comité de Bioética de la UNESCO, con fecha 24 de febrero, afirmaba que “los derechos de propiedad protegen algunas libertades fundamentales, como la de investigación y el derecho a la propiedad intelectual”, por lo que la existencia de las patentes, garantiza dichos derechos. Pero, adicionalmente manifestaba que, “en un contexto extraordinario, como la actual pandemia, se deben poner a punto las necesarias medidas extraordinarias para conseguir que la vacunación llegue a todos los países”.

Lo que no parece claro es, que la liberalización de la producción de vacunas, sea una solución positiva para su producción por un mayor número de países, pues la complejidad de su elaboración, especialmente las vacunas mRNA, es grande, pues para producir la variante de Pfizer se utilizan alrededor de 280 productos diferentes, que son suministrados a la farmacéutica por 86 proveedores distintos, pertenecientes a 19 países (ver AQUÍ). Además, el número de pruebas que se requiere para garantizar una adecuada calidad de las vacunas, seguramente no está al alcance de todos los países, pues carecen de la suficiente tecnología para ello.

Como se ve existen opiniones de personas y organismos favorables a la liberalización de patentes para la producción de vacunas, pues según ellos con el sistema actual las vacunas no llegan a todas la personas y países que las necesitan.

Pero naturalmente existen opiniones contrarias, como es la de Gonzalo Ulloa, experto jurista en este campo, el cual afirma que el tema es complejo “por lo que no se puede simplificar contemplando solamente su aspecto social, que lo tienen, pero no es el único”. De todas formas, sigue afirmando, “que en España está vigente la ley de patentes que contempla la concesión de «licencias obligatorias» por motivos de interés público, licencias que posiblemente podrían solucionar el problema”; pero de lo que no tenemos conocimiento es si en la mayoría de los países está vigente dicha posibilidad, pues según Pere Ibern, de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, “desafortunadamente no se ha desarrollado suficientemente por parte de los países dicha posibilidad”.

De mayor calado es la opinión de los líderes europeos reunidos el pasado 8 de mayo en Lisboa para debatir sobre temas relacionados con al Covid-19. Entre ellos, naturalmente, se ha tratado el tema de la liberación de las patentes para fabricar las vacunas. En relación con ello, el presidente francés Emmanuel Macron piensa que la liberación de las patentes “no es un chaleco antibalas mágico para solucionar el problema”. En el mismo sentido, Angela Merkel estima que la liberación de las patentes “podría socavar los esfuerzos que se están haciendo para conseguir vacunas contra las posibles mutantes del coronavirus”, añadiendo, además, que esta media “puede tener mas riesgos que beneficios”, a la vez que “no cree que liberar las patentes para fabricar las vacunas sea la solución para hacer llegar éstas a más personas” (ver AQUÍ).

A nuestro juicio, en el fondo del debate, subyace la idea que, sin patentes, será difícil que las empresas farmacéuticas logren los beneficios necesarios para seguir innovando y produciendo nuevas vacunas, pues es sabido que, para conseguir un producto farmacéutico comercial, según el “TUFTS Center of Drugs Development”, se requieren alrededor de 2500 millones de dólares.

Pero para que las vacunas puedan llegar a todos los países, y especialmente a los económicamente más débiles, parece que una buena solución es apoyar el programa COVAX, una iniciativa de la OMS, sin fines de lucro, encaminada a facilitar la llegada de las vacunas a la población de los países en vías de desarrollo. COVAX, ha conseguido hasta el momento reunir más de 2000 millones de dólares para lograr sus fines, aunque a su juicio, para que se pueda alcanzar la vacunación de un 20% de la población mundial, se necesitarían 4600 millones.

En este debate, también es de interés conocer los aspectos ético-morales que el mismo suscita. En ese sentido, la Congregación para la Doctrina de la Fe, a través de «la Comisión Vaticana Covid-19», manifiesta la necesidad de que las vacunas estén disponibles y accesibles a todos, para evitar la “marginalidad terapéutica”, pues si existe la posibilidad de curar una enfermedad con un medicamento, éste debería estar al alcance de todos, de lo contrario se cometería una injustica, sería un delito contra la justicia distributiva, justicia que debe llegar especialmente a los más vulnerables y necesitados de todas las regiones del planeta”. Pero también, la misma Comisión sostiene que dado que las vacunas no son un recurso (como el aire y los mares), ni un descubrimiento natural (como el genoma u otras estructuras biológicas), sino que es un invento producido por el ingenio humano, es posible someterlas a la disciplina económica, lo cual permitiría compensar los costos de la investigación y el riesgo que han asumido las empresas. Sin embargo, dada su importancia para la salud pública, las vacunas deben ser vistas como un bien al que todos tengan acceso indiscriminadamente, según el principio del destino universal de los bienes, mencionado por el Papa Francisco”. Además, el Papa también afirma que no deben colocarse las leyes del mercado y de las patentes por encima de las leyes del amor y de la salud de la humanidad (ver AQUÍ).

En relación con todo ello, Ngozi Okonjo-Iweala, directora de la Organización Mundial de Comercio, manifestaba en este mismo mes de mayo en una entrevista concedida a la BBC británica, que “su organización está dividida entre los que defienden que se promueva la liberalización de las vacunas y los que sostienen que esta no es la solución, pues lo que hay es un problema de escasez de materias primas y de dificultad para la importación y explotación de las misma y también la necesidad de más plantas farmacéuticas acondicionadas para la fabricación de las vacunas”, por lo que en su opinión “el objetivo debería ser poner vacunas a disposición de todos los países a un precio razonable, a lo que nosotros añadimos que en dicho objetivo también deberían introducirse soluciones como el programa COVAX anteriormente referido.

Como se comprueba, es este un problema complejo, con vertientes, tanto sanitarias, como económicas y éticas diferentes, por lo que su solución, a nuestro juicio, debería pasar por promover un amplio debate entre las propias firmas farmacéuticas, las organizaciones sanitarias internacionales, como la OMS, y los expertos en bioética.

 

Justo Aznar

Instituto de Ciencias de la Vida

Universidad Católica de Valencia

 

¿Puede un hombre gestar y dar a luz un hijo?

Esta no es la primera ocasión en la que se anuncia la esperada gestación por parte de un “hombre”.

La reciente noticia aparecida en los medios de comunicación dando cuenta del primer “hombre-transexual” español que ha gestado y dado a luz a su hijo, “hije” según lo denomina su “padre” (madre biológica gestante), parece tender a la normalización de un supuesto “avance científico” por el que los hombres pueden finalmente gestar y dar a luz. Nos sorprende enormemente el silencio que ha acompañado a la publicación de la noticia, que nos mueve a tratar de clarificar algunos conceptos.

Tal como publican varios diarios y cadenas de televisión, “Rubén Castro, el hombre trans embarazado, da a luz a su “hije” Luar, y es el primer hombre embarazado que “da la cara”.

Pero esta no es la primera ocasión en la que se anuncia la esperada gestación por parte de un “hombre”. El primer hombre embarazado en la historia de la humanidad lo fue en 2008. Thomas Beatie, de 34 años, dio a luz a su hija en el Centro Médico St. Charles de Bend, en el estado de Oregón (EEUU). La mujer hawaiana Tracy Lagondino se sometió a tratamientos farmacológicos y cirugía de transición de género para transformarse en el varón transexual, Thomas Beatie, que mostró públicamente sus rasgos virilizantes junto a su vientre embarazado. Fue capaz de dar a luz porque tras las operaciones que se realizó cuando tenía 24 años para cambiarse de sexo, mantuvo la vagina, el útero y los órganos femeninos necesarios para procrear. Posteriormente pidió semen de un donante anónimo para poder concebir. La mujer de Thomas, Nancy Roberts, no puede tener hijos. Así que Thomas decidió conservar sus órganos sexuales. Y gracias a la técnica de la inseminación artificial, Thomas -antes Tracy- y Nancy son ahora padres (ver AQUÍ).

Posteriormente, en 2012, otro “varón transexual” se convertiría en el primer británico en dar a luz. Aunque nació mujer, se sometió, como en el caso anterior, a tratamientos hormonales y quirúrgicos de transición hacia el género masculino, procediendo posteriormente a reactivar su fertilidad con nuevas terapias hormonales, esta vez feminizantes, dado que su útero no fue extirpado durante la intervención para convertirse en hombre.

En Argentina, un nuevo “hombre embarazado” dio a luz una niña, de nombre Génesis, en 2013. Según relató el diario ABC, “el padre es un hombre con cuerpo de mujer, pero registrado oficialmente como hombre tras su cambio de sexo. A pesar de haber rectificado su género, ambos conservaron los aparatos reproductores con los que nacieron”.

No resulta novedoso ni supone un “importante avance científico”, como se ha afirmado en algunos medios, que un cuerpo de sexo femenino, es decir, fisiológicamente una mujer, geste a su hijo.

La enorme complejidad biológica por la que una mujer puede gestar a sus hijos, que no “hijes”, y asegurar la supervivencia de su especie, ha sido alcanzada tras un largo y paulatino proceso evolutivo, que ha dotado a las hembras de las especies que han logrado la reproducción sexual de mecanismos genéticos, proteómicos, endocrinos, neurológicos, anatómicos y fisiológicos específicos, diferentes de los de los machos, que las hace capaces de gestar y parir a sus crías.

Un varón, es decir, un individuo de la especie humana con cromosomas sexuales XY, más de 6000 genes en su genoma que se expresan según su sexo y de manera distinta a como lo hacen en una mujer, anatomía y fisiología masculinas, no puede gestar ni ser madre. Tras los tratamientos de transición de género, tanto farmacológicos como quirúrgicos, puede modificarse parcialmente el fenotipo sexual, adoptando algunas características del sexo contrario, pero poco más. La programación genética que tenderá a desarrollar proteínas, procesos bioquímicos y estructuras ligadas a un determinado sexo, permanece inalterada durante la vida del individuo, a pesar de estos tratamientos.

La prueba inconfundible de que una gestante es del sexo femenino es precisamente su capacidad de gestar. Pero no la única: su impronta genética y todos los procesos que regula prevalecen durante su vida promoviendo el desarrollo de su naturaleza sexuada femenina, aunque se hayan realizado agresivas intervenciones dirigidas a modificar su apariencia para asimilarla a la del sexo contrario.

Los varones, biológicamente masculinos, desde su nacimiento hasta su muerte, no pueden gestar. Ni siquiera con complicadas intervenciones quirúrgicas que persiguieran dotarlos de estructuras anatómicas y regulación hormonal necesarias para la gestación, sería posible lograrlo hoy en día.

La noticia que nos ocupa, repetida hasta la saciedad, debería haberse formulado mejor como “una mujer, que se sometió a tratamientos de transición de género para adoptar la apariencia de un varón transexual, ha gestado a su hijo”. Sin duda, redactada así hubiera perdido todo su interés mediático, pero contribuiría mucho mejor a mostrar la realidad, respetado la evidencia científica y, por tanto, ofreciendo información veraz al lector, requisito imprescindible para que pueda crear estados de opinión basados en la evidencia.

 

Ver vídeo de Julio Tudela:

 

Julio Tudela

Justo Aznar

 

La Fundación Conocimiento y Desarrollo sitúa a la Universidad en el primer puesto en las áreas de Farmacia, Medicina y Enfermería

Además, la Universidad ha sido calificado como la más internacional de España según el mismo ranking de CYD

12/05/21 13:06 María Salanova

La Universidad de Navarra es la primera de España en “Orientación Internacional”, según la octava edición del ranking CYD de la Fundación Conocimiento y Desarrollo. La Universidad obtiene un rendimiento alto en todos los indicadores relacionados con esta área: sus titulaciones en idioma extranjero, la movilidad y prácticas en el extranjero de sus estudiantes, el profesorado internacional, las tesis defendidas por estudiantes extranjeros y las publicaciones internacionales. Según la vicerrectora de Relaciones Internacionales, María Pilar Lostao, “el primer puesto en España en Orientación Internacional reconoce los esfuerzos de la Universidad de Navarra en incorporar una visión global a su docencia e investigación, concretados en el anterior proyecto estratégico Horizonte 2020”.  

La Universidad de Navarra obtiene, además, un cuarto puesto en el área de Investigación. Lo hace gracias a su alto rendimiento en indicadores relacionados con la captación de fondos de investigación, las publicaciones por profesor, el impacto de su investigación, los tramos reconocidos o los post doctorados.

Según este estudio de 37 indicadores de rendimiento académico, la Universidad de Navarra es la primera universidad privada y la tercera mejor de España en resultados globales. La Universidad de Navarra obtiene 26 indicadores de mayor rendimiento relativo, 6 de rendimiento intermedio y 4 de rendimiento reducido.

Este curso la Fundación CYD ha realizado, además, una evaluación de los últimos cinco años del ranking. En el periodo 2016-2021, la Universidad de Navarra es la segunda universidad que más ha mejorado de forma global, detrás de la Universidad de A Coruña y delante de la Universidad Politécnica de Madrid y la Universidad de Valladolid.

Primera en Farmacia, Medicina y Enfermería

Este curso el ranking ha analizado en detenimiento las áreas vinculadas con el área de salud, en un año marcado por la pandemia. Así, la Universidad de Navarra ocupa el primer puesto en las áreas de Farmacia, Medicina y Enfermería. El ranking ha evaluado estas áreas con 33 indicadores de Enseñanza y Aprendizaje, Investigación, Transferencia de conocimiento, Orientación internacional y Contribución al desarrollo regional. 

El ranking CYD es el de mayor cobertura y con más indicadores de los que analizan las universidades españolas, estudiando al 89% de las universidades, 48 públicas y 29 privadas. En la presente edición ha profundizado en global 27 ámbitos de conocimiento y en 2.998 titulaciones de grado y máster.                         

Navarra, primer sistema universitario de España

Según el estudio de la Fundación Conocimiento y Desarrollo, el sistema universitario navarro lidera respecto al resto de las comunidades autónomas, con un mayor número de indicadores de alto rendimiento. Le siguen Cataluña, País Vasco, Madrid y la Comunidad Valenciana. Navarra lidera, de este modo, en tres áreas de las cinco analizadas: Enseñanza y Aprendizaje, Investigación y Orientación Internacional. Además es segunda en Transferencia de conocimiento.

El estudio, que puede consultarse en https://www.rankingcyd.org/ y que ofrece indicadores relativos que analizan la eficiencia de las universidades, busca ayudar a los alumnos a orientarse a la hora de buscar centro de estudios y ofrecer información estratégica a los equipos directivos universitarios y gestores públicos.

 

Un camino al encuentro. Meterse en el Evangelio

Escrito por José Martínez Colín.

Cada momento de la vida de Jesús y cada página del Evangelio pueden ser para nosotros objeto de meditación y lugar de encuentro con el Señor.

1) Para saber

Se cuenta que estando dos niños platicando, uno le pregunta al otro: “¿Has intentado fumar alguna vez?”. El otro le respondió: “Sí, pero ya no lo vuelvo a hacer, pues me dolieron mucho las orejas”. El amigo escéptico le dijo: “No te creo. ¿Cómo es que te dolieron las orejas por fumar?”. Su amigo le respondió: “Sí, y mucho. ¡Si vieras como me las retorcía mi padre cuando me vio con el cigarrillo!”.

Hay muchos métodos de educar, unos más eficientes que otros. El papa Francisco reflexionó sobre los métodos para meditar. Comentaba que son tan diversos como diversos son los maestros espirituales. Pero independientemente del método, quien guía siempre es el Espíritu Santo. Es Él quien nos lleva al encuentro con Jesús. Sin Él no es posible orar. Jesús nos había dicho: “Os enviaré el Espíritu Santo. Él os enseñará y os explicará. Os enseñará y os explicará”.

2) Para pensar

Cuentan de una niña pequeña que tenía poco tiempo de haber hecho su primera Comunión. Y después de una Misa en donde había comulgado se quedó un largo rato hincada y en silencio, mientras salían todas las personas del templo. Sus padres la dejaron y la esperaron fuera. Como tardaba, al salir le preguntaron si se había quedado más tiempo por un motivo especial. La niña les dijo que al no llevar nada escrito para decir al Señor, le había contado el cuento de la Caperucita Roja que tanto le gustaba, pensando que también le gustaría conocerla a Jesús.

Siendo muchos los métodos para orar, si nos lleva al trato con Jesús, vamos por buen camino. A eso nos lleva el Espíritu Santo. Por ello, meditando la vida de Jesús, el Espíritu Santo nos conduce para que estemos presentes en esos acontecimientos y aprendamos sus enseñanzas. Decía el papa Francisco: “Gracias al Espíritu Santo, también nosotros estamos presentes en el río Jordán, cuando Jesús se sumerge en él para recibir el bautismo. También nosotros somos comensales de las bodas de Caná, cuando Jesús dona el vino más bueno para la felicidad de los esposos…”.

3) Para vivir

Cada momento de la vida terrena de Jesús se puede convertir para nosotros en un suceso actual, contemporáneo, y así aprender cómo conducirnos. Por ejemplo, dice el papa, tomamos el Evangelio y leemos la curación del ciego. Nos ponemos en lugar del ciego ante Jesús y decimos con el ciego: “Señor, ¡ten piedad de mí! Ten piedad de mí”. “¿Y qué quieres?”, nos pregunta Jesús. Y nosotros: “Señor, ¡Que vea!”. Y el Señor nos cura, nos da luz. Así entramos en diálogo con Jesús. La oración nos lleva a revivir estos misterios de la vida de Cristo y a encontrarnos con Cristo. No hay página del Evangelio en la que no haya lugar para nosotros. Cada momento de la vida de Jesús, cada página del Evangelio puede ser para nosotros objeto de meditación, lugar de encuentro con el Señor y espacio de felicidad y salvación. Y esto gracias a la guía del Espíritu Santo.

Pero no debemos olvidar, decía el papa, que el método es solamente un medio, no una meta, lo importante es que propicie el encuentro con Jesús. Terminó el papa pidiendo al Señor que nos envíe el Espíritu Santo para poder meditar su Palabra, para hacerla vida en nosotros y así poder anunciarla con alegría a quienes nos rodean.

 

Dos grandes riesgos

A raíz quizá del lamento del presidente francés en una entrevista a L’Express, el 21 de enero, antes aún de que se acentuase el declive de su popularidad en plena pandemia -"nos hemos convertido en una nación de 66 millones de fiscales"-, se ha consolidado el término “sociedad del comentario”. Emmanuel Macron habló del aplastamiento de las jerarquías inducido por la sociedad del comentario permanente: la sensación de que todo vale, de que todas las palabras son iguales, de que la voz de alguien que no es especialista pero que opina sobre el virus vale lo mismo que la de un científico.

Dos grandes riesgos acechan: una indiferencia conformista, y un desconfiado y universal criticismo. Las homilías de los dirigentes se valoran como un comentario más..., cada vez menos escuchado, también porque en parte refleja el arte de la distracción: lanzan temas que desvían o dirigen la atención de los ciudadanos inquietos hacia lo que conviene a los gobernantes o a los líderes, no a la realidad de los problemas pendientes o de los errores cometidos.

Al cabo, pueden ser válidas expresiones contradictorias: la sociedad del comentario es una amenaza para la democracia; y su contrario; la sociedad del comentario es la sociedad democrática.

Un posible consuelo radica en que, en la cultura de la actual algarabía, entran muy bien testimonios y llamadas a la solidaridad, que contribuyen a consolidar una ética pública pendiente del cuidado solidario en vez del descarte, más allá de las propias opciones políticas.

Xus D Madrid

 

En comunión con el Papa

El Nuncio, con sus palabras de saludo a los obispos españoles al inicio de la Asamblea Plenaria, quiso alentarlos en algunas de sus iniciativas, como la emprendida en defensa del derecho de los padres a educar a sus hijos y quiso así mismo agradecer la forma concreta en que los obispos españoles están siguiendo las iniciativas del Papa. El ruido mediático a veces despista y distorsiona los mensajes originales, por eso el Nuncio quiso recordar que los obispos españoles han ido secundando la iniciativa del Papa en todos los ámbitos de su trabajo pastoral, y especialmente en un tema tan doloroso y exigente como el de los abusos a menores. Como vino a decir el representante del papa en nuestro país, nadie puede, honradamente, acusar a los obispos de falta de transparencia o resistencia a secundar lo que el Papa pide al respecto, ni poner en duda la credibilidad de la Iglesia en sus declaraciones y actividades.

Jesús Martínez Madrid

 

El ejemplo de los mártires de Casamari

El tercer fin de semana de abril fueron beatificados en la abadía italiana de Casamari seis monjes mártires cistercienses, asesinados en 1799 por las tropas francesas de Napoleón. La abadía carecía de objetos de valor para los revolucionarios, pero, cegados del odio anticlerical, asesinaron con sus bayonetas a los que se habían quedado a proteger de la profanación a la Eucaristía.

Como  destacaba el Papa Francisco, el ejemplo de estos mansos discípulos de Cristo nos ilumina. En tiempos líquidos y de compromiso débil, su resistencia nos interpela directamente a cada uno de nosotros. El que los hechos queden lejanos en el tiempo no hace su ejemplo menos actual ni relevante.

Antes al contrario, los monjes eran hombres frágiles y temerosos, vulnerables como lo somos un poco todos nosotros y como se está mostrando, de manera palpable, en esta época de pandemia. No eran guerreros, ni héroes, en el sentido en el que el mundo entiende la heroicidad. Eran testigos del amor de Jesús, que dijo a sus discípulos que no tuvieran miedo.

Domingo Martínez Madrid

 

Había un niño de 12 años

Entre los diez hombres beatificados en la diócesis guatemalteca de Quiché a mediados de abril, había un niño de 12 años de nombre Juanito. Había sido educado en la Acción Católica y era catequista de niños a quienes acompañaba en su camino para la primera Comunión. Acusado de ser guerrillero fue apresado, torturado, asesinado y abandonado su cuerpo en un camino. Él, como el resto de los mártires, junto a Monseñor Gerardi, obispo de Quiché que también fue oficialmente recordado en la ceremonia de beatificación, no eran guerrilleros sino ciudadanos humildes y cristianos comprometidos. "Hasta el día de su martirio, ha escrito el Obispo de Quiché, trataron de abrir espacios para ofrecer a todos una alternativa de vida frente a políticas de muerte represión, secuestros y masacres”. Su memoria y su beatificación lo son de reconciliación para todos.

Pedro García

 

Pensamientos y reflexiones 299 Los socialistas y… “Los socialistos”

 

                 El Socialismo según el diccionario de la Real Academia Española de la lengua, es el… “Sistema de organización social y económica basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y distribución de los bienes. Teoría económica y política del filósofo alemán Carlos Marx, que desarrolla los principio de igualdad política, social y económica de todos los seres humanos”.

Por tanto, las tan cacareadas palabras, “socialismo-socialista”; deben ser borradas de los sistemas que “las cacarean” y con las que nos quieren enredar.

  Pero el “famoso Marx no inventó nada, puesto que antes lo inventaron los primeros cristianos con sus comunidades, dónde “la tesorería, la olla y los bienes, fueron comunes; y donde, “el que no trabaje que no coma”, según ordenara San Pablo”; lo que hicieron fracasar los siguientes “cristianos”, cuando establecieron las jerarquías de los obispos; y entre ellos, “el primero o Papa de Roma”, que luego se subdividieron en los cientos de “sectas cristianas, que ni Cristo entendería”; pero dicho todo ello en apretado resumen, veamos “algún socialista-socialisto”, de los de hoy, como operan y como viven, después de, “las hipócritas prédicas de igualdad y justicia social y económica que tanto cacarean y cacarearon”.

La adicción de Sánchez al Falcon (avión de lujo) es tal, que duplica la partida dedicada a bebidas y snacks. ¿Sabes qué presidente ha usado más el Falcon? Pedro Sánchez tiene la medalla de oro.

Pedro Sánchez tiene una suerte de querencia por el Falcon que le lleva a disponer de productos de primerísima calidad. Como quien paga en este caso es el sufrido contribuyente, al presidente en funciones del Gobierno no le importa un ápice llenar la alacena de los aviones oficiales de viandas, snacks y bebidas que harían el gusto de cualquier gourmet. Tanto es así que el ‘okupa’ de La Moncloa está gastando prácticamente la misma cantidad en esos caprichos gastronómicos de altura que lo que le cuesta un total de 6.000 menús para los trabajadores del Palacio de La Moncloa. Es decir, mientras los empleados que desempeñan sus funciones en el complejo presidencial se tienen que conformar con un almuerzo (o una cena) con productos que no resultan muy onerosos, los ocupantes de los aviones oficiales disfrutan de una amplia carta donde solo se disfruta calidad por arrobas. (De mi artículo de igual titular: 19-12-2019)

 

Navidad es una lejana y “pagana” herencia 

 

NAVIDAD NO SE CELEBRÓ ASÍ AL PRINCIPIO y al igual que otras fiestas “religiosas”; que en nada tienen que ver con el Cristianismo; y mucho menos con “El Sermón del Monte”; que nos dejara Cristo y el que se puede leer, en el Evangelio de San Mateo; y el que para mí, es “la verdadera constitución de la religión cristiana”.

            En la actualidad la Navidad se celebra el 25 de Diciembre y en consonancia con ancestrales celebraciones del solsticio de invierno (“día más corto noche más larga del ciclo anual”) y cuando otras creencias celebraban la venida del Sol nuevo o “nueva luz divina”; pero en la era cristiana no fue siempre así. La Iglesia de Jerusalén hasta el s. VI lo celebraba el seis de enero. La Iglesia Armenia continua celebrándolo en dicha fecha. Las Iglesias Ortodoxas, lo hacen el siete de enero; “pascua rusa”, que además se rigen por el calendario Juliano.

            Parece ser que uno de los que propuso la celebración de la Navidad el 25 de diciembre fue, Sexto Julio Africano, quien en el s. III argumentaba que la creación y la encarnación habían sucedido el 25 de marzo (en el equinoccio de primavera). Y consecuentemente el nacimiento del Salvador sería el 25 de diciembre (en el solsticio de invierno). Aunque era una persona brillante, Julio Africano no tenía mucha autoridad en la Iglesia, pero su opinión fue ganando importancia en el siglo IV, más cuando la Iglesia dejó de ser perseguida y pasó a constituirse en la religión del Imperio.

            Los romanos celebraban el 25 de diciembre la fiesta del “Nacimiento del Sol Invicto”, asociada al nacimiento de Apolo. Los cristianos asumieron esa fecha, y con mayor razón celebraron en la misma la Navidad; por tanto es una más (hay bastantes más) de las celebraciones o conmemoraciones, que los cristianos asimilaron de otras creencias o religiones y las hicieron “cristianas”, para de alguna manera mimetizar creencias y pasarlas a la nueva religión; entre ellas y en España, lo son las infinitas romerías de primavera, las hogueras o lumbres y las de otoño, todas ellas concuerdan con las cuatro estaciones de cada año y cuyos festejos se pierden en la noche de los tiempos.

            Las celebraciones de las lumbres u hogueras, es todo lo contrario a la de la Navidad, puesto que en ellas y por el contrario, lo que se celebra es el final del día más largo del año y cuando (solsticio de verano) las noches empiezan a ser más largas, o sea que “la luz se va y vuelven las tinieblas” y hay que iluminarlas con grandes hogueras nocturnas y acompañarlas de… “todos los goces carnales de que se puedan disfrutar”… y de ahí esos excesos en unas y en otras celebraciones y donde lo que priva es… “el comer, el beber y el fornicar todo cuanto se pueda”… lo demás, pues eso… “guardar las apariencias o cubrir los apetitos con los sucedáneos que los dulcifiquen… pero al final los ancestros se imponen y a los hechos me remito”… y el que no quiera verlos, pues allá cada cual con sus creencias y sentimientos, respetables por demás, quede ello claro.

(De mi artículo de igual titular: 21-12-2019)

 

La vida te enseña: que a la pareja se la conoce en el divorcio, a los hermanos en la herencia, a los hijos en la vejez, a los amigos en las dificultades, y a los imbéciles en las elecciones. (Leído en alguna parte)

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)