Las Noticias de hoy 13 Mayo 2021

Enviado por adminideas el Jue, 13/05/2021 - 13:25

Francisco: "Bajo la protección de Nuestra Señora de Fátima, los dolores y  aflicciones de la vida serán más soportables"

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 13 de mayo de 2021      

Indice:

ROME REPORTS

Catequesis del Papa: “rezar no es fácil; es un combate alegre y fatigoso”

El Papa establece el ministerio de catequista

Aquel 13 de mayo

VIRGEN DE FÁTIMA* : Francisco Fernandez Carbajal

13 de mayo: Virgen de Fátima

"Se fue Jesús con el Padre" : San Josemaria

«Ignoré Fátima durante 20 años»

Decenario al Espíritu Santo

«La oración dona una gran paz, pero a través de un combate interior»

El bien de los hijos: la paternidad responsable (II) : Tomás Melendo

¿Trabajo bien hecho?: Ana Teresa López de Llergo

Mamá sola : Lucía Legorreta

Formación en el amor a lo bello, deber de los padres : Acción Familia

Virgen de Fátima: Conoce su historia y por qué se celebra cada 13 de mayo : SANTIAGO TEDESCHI PRADES

Oración en familia: Cómo aprender a orar en familia: CARF.

La psicología y la crisis del hombre contemporáneo : Plinio Corrêa de Oliveira

Buenos sacerdotes para ayudar al Jefe : María Solano

Pompa y circunstancia: Suso do Madrid

Restringir el derecho a elegir el tipo de educación :  Jesús Domingo Martínez

Con la presencia española en Filipinas : Juan García. 

Por primera vez en décadas : Pedro García

Ahí os quedáis… “masa de borregos” : Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

Catequesis del Papa: “rezar no es fácil; es un combate alegre y fatigoso”

El Pontífice asegura que el momento de oración no es fácil y por eso muchos de nosotros “escapamos” de la oración. También habla de la otra cara de la oración, que no es siempre alegría, a veces también es fatiga y molestia y explica que por eso muchas veces es una “lucha” que tenemos que combatir.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

Hoy el Papa Francisco ha continuado su ciclo de Catequesis sobre la oración cristiana, y ha asegurado que “rezar no es algo fácil” y que ninguno de los grandes oradores que encontramos en la Biblia y en la historia de la Iglesia “ha tenido una oración cómoda”, de hecho, ha dicho: “se puede rezar como los loros - bla, bla, bla - pero eso no es rezar”.

Durante la Audiencia General de este miércoles 12 de mayo, el Pontífice ha querido mostrar el otro lado de la oración, ese del que no se suele hablar, y que es ese “combate interior, a veces duro – dice el Papa – que puede acompañar también periodos largos de la vida”. “Rezar no es fácil, ha dicho Francisco, y por eso escapamos de la oración”.  También ha explicado que todos los hombres y las mujeres de Dios mencionan no solamente la alegría de la oración, sino también la molestia y la fatiga que puede causar. “Algún santo la ha llevado adelante durante años sin sentir ningún gusto, sin percibir la utilidad” ha expresado el Papa, explicando que el silencio, la oración y la concentración “son ejercicios difíciles, y alguna vez la naturaleza humana se rebela”. “Preferiríamos estar en cualquier otra parte del mundo, pero no ahí, en ese banco de la iglesia rezando” continúa el Santo Padre, y recuerda que quien quiere rezar “debe recordar que la fe no es fácil, y alguna vez procede en una oscuridad casi total, sin puntos de referencia”.

El Catecismo enumera una larga serie de enemigos de la oración

Después, se ha centrado en “los enemigos de la oración” que cita el Catecismo, aquellos que hacen que sea difícil rezar y que nos ponen en dificultad, como por ejemplo “que algunos dudan de que esta pueda alcanzar verdaderamente al Omnipotente”; otros, en cambio – dice el Papa – “sospechan que la oración sea una mera operación psicológica; algo que quizá es útil, pero no verdadera ni necesaria: se podría incluso ser practicantes sin ser creyentes”. El Papa asegura que los peores enemigos de la oración “están dentro de nosotros” y el Catecismo los llama así: “desaliento ante la sequedad, tristeza de no entregarnos totalmente al Señor, porque tenemos “muchos bienes”, decepción por no ser escuchados según nuestra propia voluntad; herida de nuestro orgullo que se endurece en nuestra indignidad de pecadores, difícil aceptación de la gratuidad de la oración, etc.”.

En la historia de la espiritualidad encontramos ejemplos útiles para hoy

Ante esta situación en la que la oración no es siempre de “color rosa”, el Papa invita a explorar la historia de la espiritualidad, en la que notamos enseguida cómo los maestros del alma tenían bien clara la situación que hemos descrito y para superarla, cada uno de ellos ofreció alguna contribución que mostraba la importancia de resistir y de perseverar en la oración. “Sería interesante repasar al menos algunos de estos consejos – dice – por ejemplo, los Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola que enseñan a poner en orden la propia vida. Hace entender que la vocación cristiana es militancia, es decisión de estar bajo la bandera de Jesucristo y no bajo la del diablo, tratando de hacer el bien también cuando se vuelve difícil”.

Francisco también pone de ejemplo a San Antonio abad, el fundador del monacato cristiano, en Egipto, quien “afrontó momentos terribles en los que la oración se transformaba en dura lucha” dice el Papa. “Su biógrafo San Atanasio, obispo de Alejandría, narra que uno de los peores episodios le sucedió al Santo ermitaño en torno a los treinta y cinco años, mediana edad que para muchos conlleva una crisis. Antonio fue turbado por esa prueba, pero resistió. Cuando finalmente volvió a la serenidad, se dirigió a su Señor con un tono casi de reproche: «¿Dónde estabas? ¿Por qué no viniste enseguida a poner fin a mis sufrimientos?». Y Jesús respondió: «Antonio, yo estaba allí. Pero esperaba verte combatir»”.

Esto son solo ejemplos con los que el Pontífice ha querido transmitir ánimos, pero lo mas importante es recordar que Jesús siempre está con nosotros: “si en un momento de ceguera no logramos ver su presencia, lo lograremos en un futuro”.

Luchar en la oración para pedir la gracia

Al final de la Audiencia General, el Santo Padre ha puesto un ejemplo más, esta vez, basado en una experiencia que vivió bien de cerca cuando estaba en una diócesis la Argentina. Se trata de la historia de un matrimonio que tenía una hija de nueve años con una enfermedad que los médicos no sabían qué era y que diagnosticaron como incurable. Los médicos dijeron a los padres que a la pequeña le quedaban horas de vida. “Puede que el hombre no fuera a misa todos los domingos – ha dicho el Papa – pero tenía una gran fe”. Francisco continúa narrando que el padre de la niña, tras la noticia, tomó un tren e hizo un viaje de setenta kilómetros hasta la Basílica de Nuestra Señora de Luján, la Patrona de Argentina. Cuando llegó, la Basílica ya estaba cerrada, eran casi las diez de la noche, pero el hombre se aferró a las rejas de la Basílica y durante toda la noche rezó a la Virgen, luchando por la salud de su hija. “Esto no es una fantasía; ¡lo he visto! Lo he vivido” dice Francisco. Finalmente, a las seis de la mañana, se abrió la iglesia y entró a saludar a la Virgen y se fue a casa. “Estuvo toda la noche luchando”. Cuando llegó, vio a su mujer sonriendo y diciendo: "No sé qué ha pasado, los médicos dicen que ha cambiado así y que ya está curada". “Aquel hombre que luchaba con la oración tenía la gracia de la Virgen, la Virgen le escuchó. Y lo he visto: la oración hace milagros” ha puntualizado el Papa, recordando con este ejemplo la importancia de la lucha en la oración para pedir la gracia.

Memoria Litúrgica de la Santísima Virgen María de Fátima

Tras la catequesis, el Papa Francisco saludó cordialmente a los polacos, recordando que mañana se celebra la memoria litúrgica de la Santísima Virgen María de Fátima. "Pongámonos con confianza -dijo Francisco- bajo su maternal protección, especialmente cuando encontremos dificultades en nuestra vida de oración".

Aniversario del atentado a San Juan Pablo II

Al saludar a los polacos, el Papa recordó que también mañana se cumple "el 40º aniversario del atentado a San Juan Pablo II". "Él mismo -dijo el Pontífice- subrayó con convicción que debía su vida a la Señora de Fátima. "Este acontecimiento nos hace conscientes de que nuestras vidas y la historia del mundo están en manos de Dios. Al Corazón Inmaculado de María confiamos la Iglesia, a nosotros mismos y al mundo entero. Pedimos en la oración por la paz, el fin de la pandemia, un espíritu de penitencia y nuestra conversión".

 

El Papa establece el ministerio de catequista

Se publicó hoy el Motu proprio “Antiquum ministerium” con el que Francisco establece el ministerio laical de catequista: una necesidad urgente para la evangelización en el mundo contemporáneo, que debe realizarse de forma secular, sin caer en la clericalización

 

Isabella Piro – Ciudad del Vaticano

“Fidelidad al pasado y la responsabilidad por el presente” son “las condiciones indispensables para que la Iglesia pueda llevar a cabo su misión en el mundo”: así lo escribe el Papa Francisco en el Motu proprio Antiquum ministerium – firmado ayer, 10 de mayo, memoria litúrgica de San Juan de Ávila, presbítero y Doctor de la Iglesia – con el que instituye el ministerio laical de catequista. En el contexto de la evangelización en el mundo contemporáneo y ante “la imposición de una cultura globalizada”, de hecho, “es necesario reconocer la presencia de laicos y laicas que, en virtud del propio bautismo, se sienten llamados a colaborar en el servicio de la catequesis”. No sólo: el Pontífice subraya la importancia de “auténtico encuentro con las jóvenes generaciones”, así como “la exigencia de metodologías e instrumentos creativos que hagan coherente el anuncio del Evangelio con la transformación misionera que la Iglesia ha emprendido”.

Un ministerio nuevo, pero con orígenes antiguos

El nuevo ministerio tiene orígenes muy antiguos que se remontan al Nuevo Testamento: de forma germinal, se menciona, por ejemplo, en el Evangelio de Lucas y en las Cartas del Apóstol San Pablo a los Corintios y a los Gálatas. Pero “toda la historia de la evangelización en estos dos milenios”, escribe el Papa, “muestra con gran evidencia lo eficaz que ha sido la misión de los catequistas”, que han conseguido que “la fe fuese un apoyo válido para la existencia personal de cada ser humano”, llegando a “dar incluso la vida” por este fin.

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Desde el Concilio Vaticano II, pues, se ha tomado conciencia de que “la tarea del catequista es de suma importancia”, además de necesaria para el “desarrollo de la comunidad cristiana”. Todavía hoy, continúa el Motu Proprio, “muchos catequistas capaces y tenaces” desempeñan una “misión insustituible en la transmisión y profundización de la fe”, mientras que una “larga fila” de beatos, santos y mártires catequistas “han marcado la misión de la Iglesia”, constituyendo “una fuente fecunda para toda la historia de la espiritualidad cristiana”.

Transformar la sociedad a través de los valores cristianos

Por ello, sin restar importancia a la “misión propia del Obispo, que es el primer catequista de su Diócesis”, ni a la “peculiar responsabilidad de los padres” en cuanto a la formación cristiana de sus hijos, el Papa exhorta a valorar a los laicos que colaboran en el servicio de la catequesis, saliendo al encuentro de "los muchos que esperan conocer la belleza, la bondad y la verdad de la fe cristiana." Corresponde a los pastores – subraya además Francisco – reconocer “los ministerios laicales capaces de contribuir a la transformación de la sociedad mediante ‘la penetración de los valores cristianos en el mundo social, político y económico’”.

Evitar las formas de clericalización

Testigo de la fe, maestro, mistagogo, compañero y pedagogo, el catequista – explica el Pontífice –  está llamado a ponerse al servicio pastoral de la transmisión de la fe desde el primer anuncio hasta la preparación para los sacramentos de la iniciación cristiana, hasta la formación permanente. Pero todo esto sólo es posible “a través de la oración, el estudio y la participación directa en la vida de la comunidad”, para que la identidad del catequista se desarrolle con “coherencia y responsabilidad”.  Recibir el ministerio laical del catequista, de hecho, “da mayor énfasis al compromiso misionero propio de cada bautizado”. Debe realizarse – recomienda Francisco – “de forma plenamente secular, sin caer en ninguna expresión de clericalización”.

La Congregación para el Culto Divino publicará el Rito de Institución

El ministerio laical de catequista tiene también “un fuerte valor vocacional” porque “es un servicio estable prestado a la Iglesia local” que requiere “el debido discernimiento por parte del Obispo” y un Rito de Institución especial que la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos publicará próximamente. Al mismo tiempo – señala el Pontífice – los catequistas deben ser hombres y mujeres “de profunda fe y madurez humana”; deben participar activamente en la vida de la comunidad cristiana; deben ser capaces de “hospitalidad, generosidad y vida de comunión fraterna"; deben formarse desde el punto de vista bíblico, teológico, pastoral y pedagógico; deben tener una experiencia previa madura de catequesis; deben colaborar fielmente con los presbíteros y diáconos, y "estar animados por un verdadero entusiasmo apostólico”.

La invitación del Papa a las Conferencias episcopales

Por último, el Papa invita a las Conferencias Episcopales a “hacer efectivo el ministerio del catequista" estableciendo el proceso formativo y los criterios normativos necesarios para acceder a él, de forma coherente y en conformidad con el Motu proprio que puede ser acogido también, "en base a su derecho propio", por las Iglesias orientales”.

 

Aquel 13 de mayo

Hace cuarenta años, el dramático atentado contra Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro. Un día que ha entrado en la memoria colectiva en el que el amor y la oración vencieron al odio. Un recuerdo del Papa Francisco

 

Alessandro Gisotti

Hay fechas que, por el acontecimiento al que están vinculadas, no sólo pertenecen a los libros de historia, sino que están inscritas de forma indeleble en las páginas de la historia de nuestras vidas. Es tan fuerte la huella que dejan estos acontecimientos que, incluso muchos años después, recordamos perfectamente dónde estábamos y qué hacíamos cuando nos llegó la noticia de lo ocurrido. El 13 de mayo de 1981 es sin duda una de estas fechas. Ese día irrumpió en la realidad un acontecimiento considerado imposible, inimaginable: el atentado contra un Papa en la Plaza de San Pedro. Cuarenta años después, todavía da escalofríos volver a ver esas dramáticas secuencias, escuchar los sonidos, los ruidos de aquella tarde de primavera. Eran las 17.19 horas cuando Juan Pablo II, en su habitual ronda entre los fieles reunidos para la Audiencia General de los miércoles, cogió en brazos a una niña y se la tendió a sus padres. Unos instantes después se oyó el sonido sordo de un disparo y luego otro. El Papa, con un disparo en el abdomen, se desplomó en el auto descubierto en el que viajaba por la plaza. Fueron momentos frenéticos. La gente está consternada. Al principio no comprende, no puede creer que haya ocurrido de verdad.

Muchos de los peregrinos rompen a llorar, muchos otros se arrodillan, se reúnen en oración con la corona del Rosario en sus manos que habían llevado consigo para que el Papa los bendijera. Hay quien recuerda que preciosamente ese día, un 13 de mayo de 64 años antes, la Virgen se había aparecido a los pastorcillos de Fátima. El Papa del Totus tuus, ¡María! es así encomendado por el Pueblo de Dios a la Virgen. Fue precisamente gracias a la intervención de la Virgen, confesaría más tarde, a la que Wojtyla atribuyó su supervivencia. Si una mano quiso matarlo, otra más poderosa desvió la bala, salvándole la vida. Pronto, en aquella tarde del 13 de mayo, desde el perímetro vaticano la oración se extendió en rápidos círculos concéntricos hasta abrazar el mundo entero, porque precisamente éste – rezar – será el movimiento espontáneo de millones de personas en cuanto supieron que el Papa se debatía entre la vida y la muerte. También rezaba en aquellas horas el padre Jorge Mario Bergoglio, que en aquella época era Rector del Colegio Máximo de San José en San Miguel, en la provincia de Buenos Aires, también él conmocionado por lo ocurrido. Y el Papa Francisco nos comparte hoy un recuerdo de aquel 13 de mayo: se encontraba en la Nunciatura Apostólica en Argentina, antes del almuerzo, con el Nuncio Ubaldo Calabresi y el padre venezolano Ugalde. Fue el entonces Secretario de la Nunciatura, Monseñor Claudio Maria Celli, quien le comunicó la terrible noticia.

Por lo tanto, la oración de los fieles se vuelve incesante y no se detiene hasta que Juan Pablo II esté fuera de peligro. De alguna manera, se puede decir, que lo acompañará y custodiará hasta el final de su vida terrenal, especialmente en los momentos de sufrimiento, de enfermedad, que constelarán su existencia hasta los últimos días vividos en otra primavera, la del 2005. Es significativo lo que, incluso con la emoción del momento, es capaz de decir con lucidez el reportero de Radio Vaticano, Benedetto Nardacci, llamado a comentar la tradicional cita de los miércoles y ahora obligado a afrontar una situación que nunca habría querido relatar. “Por primera vez – afirma Nardacci en directo – se habla de terrorismo también en el Vaticano. Se habla de terrorismo en una ciudad desde la que siempre se han enviado mensajes de amor, mensajes de concordia, mensajes de pacificación”.

De hecho, el desencadenamiento del odio provocado por aquel acto criminal es impresionante, apocalíptico en algunos aspectos. Pero aún más fuerte será el poder del amor, de la misericordia, que orientará de manera luminosa, y al mismo tiempo “misteriosa”, todo el curso posterior de la vida terrenal y del Pontificado de Juan Pablo II. Esto se capta de forma sorprendente cuatro días después, cuando hablando a la hora del Regina Caeli desde la habitación del Hospital Gemelli donde estaba hospitalizado, Karol Wojtyla asegura su perdón al agresor, “al hermano que me ha atacado”. Precisamente así lo llama: hermano. Y esta fraternidad común – indeleble a pesar de todo lo que pueda ocurrir en la tierra, porque está inscrita en el Cielo –  será protagonista también en otra fecha difícil de olvidar: el 27 de diciembre de 1983. Aquel día, Juan Pablo II visita a Ali Agca en la prisión de Rebibbia. Lo hace públicamente. Así, observa alguien, el Papa quiso salvar la vida de quien quería quitársela. “Nos hemos reunido como hombres y como hermanos – afirmó tras el encuentro – porque todos somos hermanos y todos los acontecimientos de nuestra vida deben confirmar esa hermandad que proviene del hecho de que Dios es nuestro Padre”. Esa misma fraternidad que hoy el Papa Francisco nos indica como el único camino posible para el futuro de la humanidad.

 

 

VIRGEN DE FÁTIMA*

Memoria

— Las apariciones de Nuestra Señora.

— La Virgen pide penitencia por los pecados de los hombres.

— Consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María.

I. El 13 de mayo de 1917, hacia el mediodía, se apareció Nuestra Señora por vez primera a tres pastorcillos –Lucía, Jacinta y Francisco–, que habían llevado sus ovejas a pastar a una hondonada cubierta de carrascas y de olivos que los lugareños conocían con el nombre de Cova de Iría1. La Virgen pidió a los niños que acudieran a aquel mismo lugar el día trece de cada mes, durante seis meses consecutivos. El mensaje que les irá desgranando la Señora es un mensaje de penitencia por los pecados que cada día se cometen, el rezo del Santo Rosario por esta misma intención y la consagración del mundo a su Inmaculado Corazón. En cada aparición, la dulce Señora insiste en el rezo diario del Rosario, y les enseña una oración para que la repitan muchas veces, ofreciendo sus obras y en especial pequeñas mortificaciones y sacrificios: ¡Oh Jesús!..., por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de las ofensas hechas al Inmaculado Corazón de María.

En agosto, la Virgen prometió un signo público, visible por todos, como prueba de la veracidad de estos mensajes. En cada aparición, la Virgen alentaba a los niños a que rezaran por la conversión de los pecadores, ofreciendo sacrificios y rezando el Santo Rosario. El 13 de octubre, tuvo lugar el llamado prodigio del sol. Decenas de miles de personas, presentes en Cova de Iría, fueron testigos de este hecho extraordinario; incluso fue visto por quienes estaban a muchos kilómetros del lugar de las apariciones. Nuestra Señora declaró entonces a los niños que era la Virgen del Rosario. También les dijo: «Es preciso que los hombres se enmienden, que pidan perdón de sus pecados... Que no ofendan más a Nuestro Señor, que ya es demasiado ofendido».

El Papa Juan Pablo II, recordando su peregrinación a Fátima, donde acudió «con el rosario en la mano, el nombre de María en los labios y el canto de la misericordia en el corazón», para dar gracias a Nuestra Señora por haber salido con vida del atentado sufrido el año anterior, señalaba que «las apariciones de Fátima, comprobadas por signos extraordinarios, en 1917, forman como un punto de referencia y de irradiación para nuestro siglo. María, Nuestra Madre celestial, vino para sacudir las conciencias, para iluminar el auténtico significado de la vida, para estimular a la conversión del pecado y al fervor espiritual, para inflamar las almas de amor a Dios y de caridad hacia el prójimo. María vino a socorrernos, porque muchos, por desgracia, no quieren acoger la invitación del Hijo de Dios para volver a la casa del Padre.

»Desde su santuario de Fátima, María renueva todavía hoy su materna y apremiante petición: la conversión a la Verdad y a la Gracia; la vida de los sacramentos, especialmente la Penitencia y la Eucaristía, y la devoción a su Corazón Inmaculado, acompañado por el espíritu de penitencia»2.

Hoy podemos preguntarnos cómo va nuestra correspondencia a las frecuentes inspiraciones del Espíritu Santo para que purifiquemos el alma, especialmente en la Confesión sacramental, cómo reparamos por los pecados personales pasados y por los de todos los hombres, cómo rezamos el Santo Rosario –especialmente en este mes de mayo–, poniendo «intenciones ambiciosas», pidiendo que muchos amigos y compañeros se acerquen de nuevo a Cristo, recorriendo con humildad el camino de vuelta del hijo pródigo.

II. «El mensaje de Fátima es, en su núcleo fundamental, una llamada a la conversión y a la penitencia, como en el Evangelio (...). La Señora del mensaje parecía leer con una perspicacia especial los signos de los tiempos, los signos de nuestro tiempo.

»La llamada a la penitencia es una llamada maternal; y, a la vez, es enérgica y hecha con decisión»3. Hoy, en nuestra oración, nos llega esta voz a la vez dulce y fuerte de la Virgen, que apremia, como dirigida personalmente a cada uno de nosotros.

A lo largo de todo el Evangelio resuenan las palabras arrepentíos y haced penitencia4. Jesús comenzará su misión pidiendo penitencia: haced penitencia, porque está cerca el Reino de los Cielos5. Esta palabra significa la conversión del pecador, y designa todo un conjunto de actos interiores y exteriores dirigidos a reparar el pecado cometido6.

La Virgen nos recuerda que sin penitencia no se recibe el Reino de su Hijo; sin penitencia se está en el reino del pecado. Sin penitencia, todos igualmente pereceréis7, había anunciado el Señor. Por eso, en el mensaje que difunden los Apóstoles, recién nacida la Iglesia, la predicación de esta virtud ocupará un lugar esencial8. Todo el tiempo de la Iglesia peregrina, en el que nos encontramos, aparece como spatium verae poenitentiae, un tiempo de verdadera penitencia concedido por el Señor para que nadie perezca9. Es necesaria la penitencia porque existe el pecado y nosotros no somos ajenos a él, porque es necesario reparar por tantas faltas y debilidades propias y de nuestros hermanos los hombres, y porque nadie, sin un privilegio especial y extraordinario, está confirmado en gracia. «La finalidad última de la penitencia –enseña el Papa Juan Pablo II– consiste en lograr que amemos intensamente a Dios y nos consagremos a Él»10. El Santo Cura de Ars solía afirmar que nos es tan necesaria para el alma como el respirar para la vida del cuerpo11.

La primera muestra de esta virtud se manifiesta en el amor a la Confesión frecuente de nuestras culpas actuales y pasadas, que nos lleva a desearla, a cuidarla con esmero, con contrición verdadera, y a llevar a cabo un eficaz apostolado entre nuestros parientes y amigos para acercarles a este sacramento de la misericordia y de la alegría. La virtud de la penitencia ha de estar presente, de alguna manera, en las acciones corrientes de todos los días: en «el cumplimiento exacto del horario que te has fijado, aunque el cuerpo se resista o la mente pretenda evadirse con ensueños quiméricos. Penitencia es levantarse a la hora. Y también, no dejar para más tarde, sin un motivo justificado, esa tarea que te resulta más difícil o costosa.

»La penitencia está en saber compaginar tus obligaciones con Dios, con los demás y contigo mismo, exigiéndote de modo que logres encontrar el tiempo que cada cosa necesita. Eres penitente cuando te sujetas amorosamente a tu plan de oración, a pesar de que estés rendido, desganado o frío.

»Penitencia es tratar siempre con la máxima caridad a los otros, empezando por los tuyos. Es atender con la mayor delicadeza a los que sufren, a los enfermos, a los que padecen. Es contestar con paciencia a los cargantes e inoportunos. Es interrumpir o modificar nuestros programas, cuando las circunstancias –los intereses buenos y justos de los demás, sobre todo– así lo requieran.

»La penitencia consiste en soportar con buen humor las mil pequeñas contrariedades de la jornada; en no abandonar la ocupación, aunque de momento se te haya pasado la ilusión con que la comenzaste; en comer con agradecimiento lo que nos sirven, sin importunar con caprichos.

»Penitencia, para los padres y, en general, para los que tienen una misión de gobierno o educativa, es corregir cuando hay que hacerlo, de acuerdo con la naturaleza del error y con las condiciones del que necesita esa ayuda, por encima de subjetivismos necios y sentimentales.

»El espíritu de penitencia lleva a no apegarse desordenadamente a ese boceto monumental de los proyectos futuros, en el que ya hemos previsto cuáles serán nuestros trazos y pinceladas maestras. ¡Qué alegría damos a Dios cuando sabemos renunciar a nuestros garabatos y brochazos de maestrillo, y permitimos que sea Él quien añada los rasgos y colores que más le plazcan!»12. ¡Qué buena obra maestra aparece entonces!

III. Una parte del mensaje de Fátima era el deseo de la Virgen de que se consagrara el mundo a su Inmaculado Corazón. ¿Dónde iba a estar más seguro el mundo? ¿Dónde vamos a estar nosotros mejor defendidos y amparados? Esta Consagración «significa acercarnos, por intercesión de la Madre, a la misma fuente de la Vida, que brotó en el Gólgota. Este manantial corre ininterrumpidamente, brotando de él la Redención y la gracia. Se realiza continuamente en él la reparación por los pecados del mundo. Este manantial es fuente incesante de vida nueva y de santidad»13.

Pío XII (cuya ordenación episcopal había tenido lugar precisamente el 13 de mayo de 1917, el día de la primera aparición) consagró al Inmaculado Corazón de María el género humano y, especialmente, los pueblos de Rusia14. Juan Pablo II ha querido renovarla, y a ella nos podemos unir nosotros: «¡Oh Madre de los hombres y de los pueblos!, tú que conoces todos sus sufrimientos y esperanzas, tú que sientes maternalmente todas las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas que invaden el mundo contemporáneo, acoge nuestro grito que, como movidos por el Espíritu Santo, elevamos directamente a tu corazón, y abraza con el amor de la Madre y de la Sierva este nuestro mundo, que ponemos bajo tu confianza y te consagramos, llenos de inquietud por la suerte terrena y eterna de los hombres y de los pueblos.

»De manera especial ponemos bajo tu confianza y te consagramos aquellos hombres y naciones que necesitan especialmente esta consagración. “¡Bajo tu protección nos acogemos, Santa Madre de Dios!”. “¡No deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades!”.

»¡No deseches!

»¡Acoge nuestra humilde confianza y entrega!»15.

Santa María, siempre atenta a lo que le pedimos, nos dejará que encontremos refugio y amparo en su Purísimo Corazón.

1 C. Barthas, La Virgen de Fátima, Rialp. Madrid 1963, p. 86 ss. — 2 Juan Pablo II, Ángelus, 26-VII- 1987. — 3 ídem, Homilía en Fátima, 13-V-1982. — 4 Cfr. Mc 1, 15. — 5 Mt 4, 17. — 6 Cfr. L. Boyer, Diccionario de Teología, Herder, Barcelona 1983, voz Penitencia. — 7 Lc 13, 3. — 8 Cfr. Hech 2, 38. — 9 Cfr. 2 Pdr 3, 9. — 10 Juan Pablo II, Homilía en Fátima, cit. — 11 Santo Cura de Ars, Sermón sobre la penitencia. — 12 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 138. — 13 Juan Pablo II, Homilía en Fátima, cit. — 14 Pío XII, Radiomensaje Benedicite Deum, 31-X-1942. — 15 Juan Pablo II, Consagración a la Virgen de Fátima, 13-V-1982.

Desde el 13 de mayo al 13 de octubre de 1917, la Virgen se apareció en Fátima (Portugal) a tres niños: Lucía, Francisco y Jacinta. Estas apariciones fueron precedidas por tres apariciones de un Ángel en la primavera de 1916. La Virgen les recomendó, en cada ocasión, el rezo del Santo Rosario y la reparación por las ofensas que recibe su Inmaculado Corazón. El 13 de octubre tuvo lugar un prodigio, que fue observado por miles de personas, anunciado por Nuestra Señora para que el mundo comprendiera la veracidad de estas apariciones: el sol, como un disco luminoso, comenzó a girar sobre sí mismo, asemejándose a una rueda de fuego. El fenómeno duró unos diez minutos.

La Virgen pidió que fuera consagrado el mundo a su Inmaculado Corazón, Esta Consagración, a petición del Episcopado portugués, fue realizada solemnemente por Pío XII el 31 de octubre de 1942. Fue renovada por Juan Pablo II.

 

13 de mayo: Virgen de Fátima

Reflexión para meditar en la fiesta de la Virgen de Fátima. Los temas propuestos son: un impulso al santo rosario; la paz es fruto de la oración y reparación por los pecados; el corazón de María triunfa frente al pecado.

MEDITACIONES12/05/2021

Un impulso al santo rosario.

La paz es fruto de la oración y reparación por los pecados.

El corazón de María triunfa frente al pecado.


EL SIGLO XX ha quedado grabado en la historia de la piedad mariana por las apariciones de Nuestra Señora en Fátima. Corría el año 1917 y el dolor de la guerra cubría buena parte del mundo. Mientras varios países se enfrentaban con obstinación, mientras se intentaba arreglar los problemas con la fuerza de la violencia, en Portugal la Virgen revelaba a unos niños el camino para la paz verdadera. La oración que la Iglesia nos propone para la Misa de hoy resume el mensaje de Fátima: «Oh Dios, que a la Madre de tu Hijo la hiciste también Madre nuestra, concédenos que, perseverando en la penitencia y la plegaria por la salvación del mundo, podamos promover cada día con mayor eficacia el reino de Cristo»[1]. Nuestra Señora transmitió a los tres pastorcillos la necesidad que tenemos los cristianos de tener una vida de oración y de penitencia para acoger la paz de su hijo. El mensaje de Fátima es como un eco de aquellas palabras de Jesús al inicio de su predicación: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está al llegar; convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1,15).

Jacinta, Francisco y Lucía, desde que encontraron a la Virgen, comenzaron a rezar el rosario diariamente y a ofrecer sacrificios a Dios. La fidelidad de estos tres pequeños a la petición materna de María ha abierto un camino de esperanza para muchas personas en todo el mundo. Desde Fátima, la devoción al santo rosario ha ganado un nuevo impulso. Hoy son muchas las personas que acuden a esta oración añadiendo la plegaria que la madre de Cristo enseñó a los pastorcillos: «Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia». ¡Cuánto consuelo encontramos los cristianos en el rezo del santo rosario! A él acuden madres y padres de familia que piden insistentemente por la conversión de sus hijos, trabajadores que enfrentan un panorama económico incierto, jóvenes que quieren dedicar sus energías a vivir y compartir la alegría del Evangelio… Es una oración que cambia la historia de muchas personas y puede cambiar también la nuestra.


SIGUIENDO LAS palabras de la Virgen de Fátima, queremos aprender a perseverar en la oración y en la reparación por los pecados. El evangelio nos recuerda cómo Jesús insistía en «la necesidad de orar siempre y no desfallecer» (Lc 18,1) y san Pablo, por su parte, pide a los cristianos que sean «alegres en la esperanza, pacientes en la tribulación; constantes en la oración» (Rm 12,12). La paz surge en un corazón que tiene la audacia de creer en la fuerza de la oración y se apoya confiadamente en los brazos de Dios.

El Señor mira complacido nuestra oración. Sus manos sostienen la historia de la humanidad, en la que se encuentran también nuestra historia personal y la de quienes nos rodean. El libro del Apocalipsis usa la imagen del perfume del incienso para hablar de la oración de los cristianos: «Y ascendió el humo de los perfumes, con las oraciones de los santos, desde la mano del ángel hasta la presencia de Dios» (Ap 8,4). Atendiendo a nuestro clamor constante, el Señor actúa en la historia para llevarla a su plenitud. Por eso queremos aprender a ser perseverantes en la oración. María quiere enseñar a los hombres a confiar en su hijo, incluso cuando a veces pueda parecer que no nos escucha. En las bodas de Caná, da la impresión de que Jesús no estaba pensando en realizar el milagro, pero la Virgen insiste: nuestra Madre, no ve en las palabras de su hijo una llamada a la inacción, sino una invitación a ser audaz. Por eso se lanza a decir a los sirvientes: «Haced lo que él os diga» (Jn 2,5). Y consigue el milagro.

«María, Maestra de oración. –Mira cómo pide a su Hijo, en Caná. Y cómo insiste, sin desanimarse, con perseverancia. –Y cómo logra. –Aprende»[2]. Este consejo de san Josemaría nos puede ayudar a alcanzar muchos dones de parte del Señor con nuestra oración.


LA ADVOCACIÓN de la Virgen de Fátima está unida a la devoción al Corazón Inmaculado de María. «“Mi Corazón Inmaculado triunfará”. ¿Qué quiere decir esto? Que el corazón abierto a Dios, purificado por la contemplación de Dios, es más fuerte que los fusiles y que cualquier tipo de arma. El fiat de María, la palabra de su corazón, ha cambiado la historia del mundo, porque ella ha introducido en el mundo al Salvador, porque gracias a este “sí” Dios pudo hacerse hombre en nuestro mundo y así permanece ahora y para siempre»[3].

Las apariciones de la Virgen en Fátima hablan del peligro que corre la humanidad si abandona la oración. Nuestra Señora, sin embargo, no quiere que caigamos en una visión pesimista de la historia. Su corazón triunfa: imitando la constancia de su diálogo con Dios podemos evitar el pecado, que es el peor de los males. Ahí encontramos «la fuerza que se opone al poder de destrucción: el esplendor de la Madre de Dios, y proveniente siempre de él, la llamada a la penitencia. De ese modo se subraya la importancia de la libertad del hombre: el futuro no está determinado de un modo inmutable, y la imagen que los niños vieron, no es una película anticipada del futuro, de la cual nada podría cambiarse. Toda la visión tiene lugar en realidad solo para llamar la atención sobre la libertad y para dirigirla en una dirección positiva»[4].

Nuestra oración, sencilla y confiada, nos compromete con la historia; no es la ingenuidad de quien no se da cuenta de los problemas, ni la indiferencia de quien solo piensa en tranquilizar su conciencia. Las letanías del rosario, por ejemplo, nos unen con las personas que sufren: los enfermos, los pecadores, los migrantes, etc. Al rezar por ellos nos sentimos, con la ayuda de Dios, responsables de llevarles consuelo. Podemos dirigirnos a la Virgen de Fátima como lo hacía el beato Álvaro del Portillo: «Queremos meternos en tu Corazón Inmaculado. Así viviremos la alegría y la paz de los hijos de Dios. Que todo lo que te dé pena, nos duela a nosotros. Y, bien metidos en tu corazón amabilísimo, tú nos meterás en el de tu hijo»[5].


[1] Misal Romano, Oración colecta, memoria de la Bienaventurada Virgen María de Fátima.

[2] San Josemaría, Camino, n. 502.

[3] Joseph Ratzinger, Comentario teológico, Congregación para la Doctrina de la Fe, 13-V- 2000.

[4] Ibíd.

[5] Beato Álvaro del Portillo, Oración en Fátima, 15-XI-1985.

 

 

"Se fue Jesús con el Padre"

Se fue Jesús con el Padre. —Dos Angeles de blancas vestiduras se aproximan a nosotros y nos dicen: Varones de Galilea, ¿qué hacéis mirando al cielo? (Act., I, 11.)

13 de mayo

Adoctrina ahora el Maestro a sus discípulos: les ha abierto la inteligencia, para que entiendan las Escrituras y les toma por testigos de su vida y de sus milagros, de su pasión y muerte, y de la gloria de su resurrección. (Luc., XXIV, 45 y 48.)
Después los lleva camino de Betania, levanta las manos y los bendice. —Y, mientras, se va separando de ellos y se eleva al cielo (Luc., XXIV, 50), hasta que le ocultó una nube. (Act., I, 9.)
Se fue Jesús con el Padre. —Dos Angeles de blancas vestiduras se aproximan a nosotros y nos dicen: Varones de Galilea, ¿qué hacéis mirando al cielo? (Act., I, 11.)
Pedro y los demás vuelven a Jerusalén —cum gaudio magno— con gran alegría. (Luc., XXIV, 52.) —Es justo que la Santa Humanidad de Cristo reciba el homenaje, la aclamación y adoración de todas las jerarquías de los Angeles y de todas las legiones de los bienaventurados de la Gloria.
Pero, tú y yo sentimos la orfandad: estamos tristes, y vamos a consolarnos con María. Santo Rosario, 2º Misterio de Gloria.

La fiesta de la Ascensión del Señor nos sugiere también otra realidad; el Cristo que nos anima a esta tarea en el mundo, nos espera en el Cielo. En otras palabras: la vida en la tierra, que amamos, no es lo definitivo; pues no tenemos aquí ciudad permanente, sino que andamos en busca de la futura ciudad inmutable (Heb 13, 14).
Cuidemos, sin embargo, de no interpretar la Palabra de Dios en los límites de estrechos horizontes. El Señor no nos impulsa a ser infelices mientras caminamos, esperando sólo la consolación en el más allá. Dios nos quiere felices también aquí, pero anhelando el cumplimiento definitivo de esa otra felicidad, que sólo Él puede colmar enteramente.
En esta tierra, la contemplación de las realidades sobrenaturales, la acción de la gracia en nuestras almas, el amor al prójimo como fruto sabroso del amor a Dios, suponen ya un anticipo del Cielo, una incoación destinada a crecer día a día. No soportamos los cristianos una doble vida: mantenemos una unidad de vida, sencilla y fuerte en la que se funden y compenetran todas nuestras acciones.
Cristo nos espera. Vivamos ya como ciudadanos del cielo (Phi 3, 20), siendo plenamente ciudadanos de la tierra, en medio de dificultades, de injusticias, de incomprensiones, pero también en medio de la alegría y de la serenidad que da el saberse hijo amado de Dios. Perseveremos en el servicio de nuestro Dios, y veremos cómo aumenta en número y en santidad este ejército cristiano de paz, este pueblo de corredención. Seamos almas contemplativas, con diálogo constante, tratando al Señor a todas horas; desde el primer pensamiento del día al último de la noche, poniendo de continuo nuestro corazón en Jesucristo Señor Nuestro, llegando a Él por Nuestra Madre Santa María y, por Él, al Padre y al Espíritu Santo.
Si, a pesar de todo, la subida de Jesús a los cielos nos deja en el alma un amargo regusto de tristeza, acudamos a su Madre, como hicieron los Apóstoles: entonces tornaron a Jerusalén... y oraban unánimemente... con María, la Madre de Jesús (Act 1, 12-14). Es Cristo que pasa, 126

 

 

«Ignoré Fátima durante 20 años»

Nacido en Porto de Mós (Leiría), Tiago es un apasionado del automovilismo. Después de muchos años alejado de Dios, asistió a clases de fe católica en un centro del Opus Dei en Oporto. Y Dios entró en su vida a gran velocidad un día en Fátima.

EN PRIMERA PERSONA12/05/2021

Desde pequeño le ha gustado conducir y el mundo del motor siempre le ha fascinado. Tiago tiene ahora 40 años y conduce en su tiempo libre un pequeño Mini de competición, una máquina bien preparada. El pequeño coche de competición ya ha ayudado a este ingeniero a conseguir varias victorias en competiciones de coches clásicos.

La pasión por las cuatro ruedas se intensificó en Oporto, donde estudió Ingeniería Mecánica en la FEUP. Guarda buenos recuerdos de aquellos tiempos. Recuerda un hecho que nunca olvidó: “Mi abuelo murió cuando yo tenía 20 años y estudiaba en Oporto. Eso me hizo preguntarme: ¿a dónde vamos... qué es esto?”.

Su relación con Dios era inexistente. Aunque vivía cerca del Santuario de Fátima, veía a los creyentes “como gente aburrida, que seguía reglas, que no era libre, que tenía esa fe y esas prácticas por miedo". Yo veía todo eso de forma reductora y equivocada”.

 

En una carrera en el Algarve arrancó en la posición 27 y acabó subiendo al podio (clica para ver vídeo)

 

"¿Qué es lo que impulsa a toda esta gente?"

En aquellos años, un buen amigo me habló de ir a un centro del Opus Dei en Oporto. No tenía especial interés en ir, también porque no sabía qué era aquello. “Ese amigo mío acabó muriendo en un accidente de coche ese verano. Poco después acabé yendo solo a llamar a la puerta de ese centro, porque le tenía mucho cariño a ese amigo”, cuenta.

“Tuve la oportunidad de asistir a un curso de doctrina católica -relata Tiago-, algo nuevo para mí. Fue deslumbrante. En ese momento tenía una novia. Fue un noviazgo súper interesante, éramos muy buenos amigos. Y fue ella quien me ayudó a descubrir la belleza de la fe. Recuerdo que ambos fuimos a Fátima, un lugar que apenas había visitado. Me conmovió profundamente. Al ver a toda esa gente en torno a una imagen y un ambiente de gran paz, me vino esta pregunta a la cabeza: ¿qué es lo que mueve a toda esa gente?”.

En una actividad de voluntariado en Guinea con estudiantes de la Residencia Universitaria Montes Claros (Lisboa)

 

“Toda la vida adquiere un espléndido brillo”

Más tarde Tiago descubrió su vocación al Opus Dei como numerario. Así explica la belleza del celibato y de la entrega a Dios en medio del mundo: “Descubrí un disfrute muy especial en los momentos de oración, notaba cómo mi alma se acercaba a Dios. Y empecé a ver cómo ese amor por otra persona -que no era un obstáculo-, en mi caso tomaba una forma diferente, pues no lo necesitaba para esta felicidad que estaba descubriendo, que estaba tomando forma en mí”.

“Y el paso, al aceptar la llamada de Dios, me llevó a exclamar: ¡Vaya... esto es realmente amor! ¡Toda la vida adquiere un brillo esplendoroso, en todo...!”.

“Soy ingeniero mecánico -continúa Tiago-, especializado en la gestión del mantenimiento de edificios. La forma en que acometo mis deberes diarios tiene un sentido, lo veo integrado en un plan de Dios para mí que antes no veía”.

“Llevo 16 años viviendo en una residencia universitaria. Es genial compartir el tiempo con gente joven, ayudarles a crecer y madurar, manteniendo su personalidad, ayudándoles a ser mejores estudiantes, mejores amigos, mejores hijos”, concluye.


Temas propuestos para reflexionar después del vídeo

1. Nuestra Señora de Fátima

Fátima es un tesoro para toda la Iglesia. No es un lujo, porque todo se hace con gran dignidad y sin ostentación. Pero es un tesoro: aquí crecen los corazones y las almas, aquí se toca la Iglesia, se siente la presencia de la Virgen, es algo que no se puede explicar, pero aquí se nota que la oración de la Virgen es muy eficaz.

Beato Álvaro del Portillo

2. La vocación al Opus Dei como numerario

La disponibilidad de los numerarios para servir a los demás consiste en una auténtica disponibilidad del corazón: la libertad efectiva de vivir sólo para Dios y, a través de él, para los demás, junto con la voluntad de asumir las tareas que sean necesarias en la Obra.

Carta del Prelado, 28 de octubre de 2020

3. El celibato: una paternidad profunda y real

Aunque quien vive el celibato no tiene hijos naturales, se hace capaz de una paternidad profunda y real. Es padre —o madre— de muchos hijos, porque «paternidad es dar vida a los demás» (Papa Francisco, Homilía en Santa Marta, 26-6-2013). Sabe que está en el mundo para cuidar de los demás, mostrándoles, con su vida misma y con su palabra cercana, que solo Dios puede saciar la sed que experimentan.

Quien da su vida por sus amigos

 

Decenario al Espíritu Santo

El Decenario al Espíritu Santo nos prepara para la fiesta de Pentecostés. Reunimos varios textos y audios de san Josemaría, quien tenía la costumbre de vivir esta devoción cristiana.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA13/05/2021

∙ El Gran Desconocido: San Josemaría dedicó esta homilía al Espíritu Santo (audio y texto).

∙ Oraciones al Espíritu Santo: oraciones para preparar la fiesta de Pentecostés ('Ven, oh Santo Espíritu'; 'Veni, Creátor'; y la secuencia de Pentecostés 'Ven, Espíritu divino'). También en formato PDF.

 10 días para preparar la fiesta del Espíritu Santo (Decenario especial para jóvenes).

 Comentario del Evangelio.

∙ La venida del Espíritu Santo: Textos de San Josemaría sobre esta escena del Evangelio.

∙ Oración de San Josemaría al Espíritu Santo.

Oración de San Josemaría al Espíritu Santo.

 

∙ Consagración al Espíritu SantoEn 1971 san Josemaría acudió al Espíritu Santo para que ayudase a todos los fieles del Opus Dei. Desde entonces, esa consagración se repite en los centros del Opus Dei todos los años el día de Pentecostés.


Otros textos para el Decenario al Espíritu Santo

∙ El Papa explica la fe en el Espíritu Santo: Catequesis del papa Francisco en el Año de la Fe.

 Nuevos Mediterráneos (IV): «No hable: óigale». San Josemaría «descubre» al Espíritu Santo a través de un sencillo consejo, que también puede iluminar nuestra vida espiritual.

 ¿Quién es el Espíritu Santo? En la fiesta de Pentecostés la Iglesia celebra la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles. ¿Quién es el Espíritu Santo? ¿Cómo fue la venida del Espíritu Santo? ¿Cómo actúa en la vida del cristiano? ¿Cuáles son los dones de Espíritu Santo?

∙ Resúmenes de fe cristiana. Creo en el Espíritu Santo. Creo en la Santa Iglesia católica.

∙ Vida de María (XVIII): La venida del Espíritu Santo.

 

 

«La oración dona una gran paz, pero a través de un combate interior»

Durante la audiencia general el Papa recordó que “rezar no es sencillo”, que la “experiencia de los grandes orantes nos muestra que la oración no es solo fuente de consolación y alegría, sino también momentos de lucha, de cansancio y de sequedad”.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA12/05/2021

Queridos hermanos y hermanas:

(...)

Y hablando de la oración, la oración cristiana, como toda la vida cristiana, no es “como dar un paseo”. Ninguno de los grandes orantes que encontramos en la Biblia y en la historia de la Iglesia ha tenido una oración “cómoda”.

REZAR NO ES ALGO FÁCIL Y POR ESO NOSOTROS ESCAPAMOS DE LA ORACIÓN

Sí, se puede rezar como los loros —bla, bla, bla, bla, bla— pero esto no es oración. La oración ciertamente dona una gran paz, pero a través de un combate interior, a veces duro, que puede acompañar también periodos largos de la vida. Rezar no es algo fácil y por eso nosotros escapamos de la oración. Cada vez que queremos hacerlo, enseguida nos vienen a la mente muchas otras actividades, que en ese momento parecen más importantes y más urgentes. Esto me sucede también a mí: voy a rezar un poco… Y no, debo hacer esto y lo otro… Nosotros huimos de la oración, no sé por qué, pero es así. Casi siempre, después de haber pospuesto la oración, nos damos cuenta de que esas cosas no eran en absoluto esenciales, y que quizá hemos perdido el tiempo. El Enemigo nos engaña así.

Todos los hombres y las mujeres de Dios mencionan no solamente la alegría de la oración, sino también la molestia y la fatiga que puede causar: en algunos momentos es una dura lucha mantener la fe en los tiempos y en las formas de la oración. Algún santo la ha llevado adelante durante años sin sentir ningún gusto, sin percibir la utilidad.

El silencio, la oración, la concentración son ejercicios difíciles, y alguna vez la naturaleza humana se rebela. Preferiríamos estar en cualquier otra parte del mundo, pero no ahí, en ese banco de la iglesia rezando. Quien quiere rezar debe recordar que la fe no es fácil, y alguna vez procede en una oscuridad casi total, sin puntos de referencia. Hay momentos de la vida de fe que son oscuros y por esto algún santo los llama: “La noche oscura”, porque no se siente nada. Pero yo sigo rezando.

El Catecismo enumera una larga serie de enemigos de la oración, los que hacen difícil rezar, que ponen dificultades (cfr. nn. 2726-2728). Algunos dudan de que esta pueda alcanzar verdaderamente al Omnipotente: ¿pero por qué está Dios en silencio? Si Dios es Omnipotente, podría decir dos palabras y terminar la historia. Ante lo inaprensible de lo divino, otros sospechan que la oración sea una mera operación psicológica; algo que quizá es útil, pero no verdadera ni necesaria: y se podría incluso ser practicantes sin ser creyentes. Y así sucesivamente, muchas explicaciones.

Los peores enemigos de la oración están dentro de nosotros. El Catecismo los llama así: «desaliento ante la sequedad, tristeza de no entregarnos totalmente al Señor, porque tenemos “muchos bienes”, decepción por no ser escuchados según nuestra propia voluntad; herida de nuestro orgullo que se endurece en nuestra indignidad de pecadores, difícil aceptación de la gratuidad de la oración, etc.» (n. 2728). Se trata claramente de una lista resumida, que podría ser ampliada.

¿Qué hacer en el tiempo de la tentación, cuando todo parece vacilar? Si exploramos la historia de la espiritualidad, notamos enseguida cómo los maestros del alma tenían bien clara la situación que hemos descrito. Para superarla, cada uno de ellos ofreció alguna contribución: una palabra de sabiduría, o una sugerencia para afrontar los tiempos llenos de dificultad. No se trata de teorías elaboradas en la mesa, no, sino consejos nacidos de la experiencia, que muestran la importancia de resistir y de perseverar en la oración.

EN LOS TIEMPOS DE PRUEBA ESTÁ BIEN RECORDAR QUE NO ESTAMOS SOLOS, QUE ALGUIEN VELA A NUESTRO LADO Y NOS PROTEGE

Sería interesante repasar al menos algunos de estos consejos, porque cada uno merece ser profundizado. Por ejemplo, los Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola son un libro de gran sabiduría, que enseña a poner en orden la propia vida. Hace entender que la vocación cristiana es militancia, es decisión de estar bajo la bandera de Jesucristo y no bajo la del diablo, tratando de hacer el bien también cuando se vuelve difícil.

En los tiempos de prueba está bien recordar que no estamos solos, que alguien vela a nuestro lado y nos protege. También San Antonio abad, el fundador del monacato cristiano, en Egipto, afrontó momentos terribles, en los que la oración se transformaba en dura lucha. Su biógrafo San Atanasio, obispo de Alejandría, narra que uno de los peores episodios le sucedió al Santo ermitaño en torno a los treinta y cinco años, mediana edad que para muchos conlleva una crisis. Antonio fue turbado por esa prueba, pero resistió. Cuando finalmente volvió a la serenidad, se dirigió a su Señor con un tono casi de reproche: «¿Dónde estabas? ¿Por qué no viniste enseguida a poner fin a mis sufrimientos?». Y Jesús respondió: «Antonio, yo estaba allí. Pero esperaba verte combatir» (Vida de Antonio, 10).

Combatir en la oración. Y muchas veces la oración es un combate. Me viene a la memoria una cosa que viví de cerca, cuando estaba en la otra diócesis. Había una pareja que tenía una hija de nueve años, con una enfermedad que los médicos no sabían lo que era. Y al final, en el hospital, el médico dijo a la madre: “Señora, llame a su marido”. Y el marido estaba en el trabajo; eran obreros, trabajando todos los días. Y dijo al padre: “La niña no pasará de esta noche. Es una infección, no podemos hacer nada”. Ese hombre, quizá no iba todos los domingos a misa, pero tenía una fe grande. Salió llorando, dejó a la mujer allí con la niña en el hospital, tomó el tren e hizo los setenta kilómetros de distancia hacia la Basílica de la Virgen de Luján, la patrona de Argentina. Y allí —la basílica estaba ya cerrada, eran casi las diez de la noche— él se aferró a las rejas de la Basílica y toda la noche rezando a la Virgen, combatiendo por la salud de la hija. Esta no es una fantasía, ¡yo lo he visto! Lo he vivido yo. Combatiendo ese hombre allí. Al final, a las seis de la mañana, se abrió la iglesia y él entró a saludar a la Virgen: toda la noche “combatiendo”, y después volvió a casa.

LA ORACIÓN HACE MILAGROS PORQUE LA ORACIÓN VA PRECISAMENTE AL CENTRO DE LA TERNURA DE DIOS

Cuando llegó, buscó a su mujer, pero no la encontró y pensó: “Se ha ido. No, la Virgen no puede hacerme esto”. Después la encontró, sonriente que decía: “No sé qué ha pasado; los médicos dicen que ha cambiado así y que ahora está curada”. Ese hombre luchando con la oración ha obtenido la gracia de la Virgen. La Virgen le ha escuchado. Y esto lo he visto yo: la oración hace milagros, porque la oración va precisamente al centro de la ternura de Dios que nos ama como un padre. Y cuando no se cumple la gracia, hará otra que después veremos con el tiempo. Pero siempre es necesario el combate en la oración para pedir la gracia. Sí, a veces nosotros pedimos una gracia que necesitamos, pero la pedimos así, sin ganas, sin combatir, pero no se piden así las cosas serias. La oración es un combate y el Señor siempre está con nosotros.

Si en un momento de ceguera no logramos ver su presencia, lo lograremos en un futuro. Nos sucederá también a nosotros repetir la misma frase que dijo un día el patriarca Jacob: «¡Así pues, está Yahveh en este lugar y yo no lo sabía!» (Gen 28,16). Al final de nuestra vida, mirando hacia atrás, también nosotros podremos decir: “Pensaba que estaba solo, pero no, no lo estaba: Jesús estaba conmigo”. Todos podremos decir esto.


Algunos recursos relacionados con la catequesis del papa Francisco sobre la oración

• Conocerle y conocerte (V): Cómo nos habla Dios.

• ¿Qué es la oración?, ¿cómo se hace?, ¿Dios escucha y responde? (de la serie Preguntas sobre la fe cristiana)

• «Dejé de rezar porque no se cumplía nada de lo que pedía» (Historia de “Regreso a Ítaca”, volver a creer a los 50)

• Catequesis del Papa Francisco sobre el Padre nuestro.

• Serie Conocerle y conocerte sobre la oración.

• Meditación del prelado del Opus Dei sobre la oración (15 min.)

 

 

El bien de los hijos: la paternidad responsable (II)

En el primer artículo se expuso que los hombres colaboramos con Dios en la concepción y educación de los niños. Ahora, se propone reflexionar sobre el valor de los hijos, acogidos como un don absoluto. Nuevo artículo de la serie sobre el Amor humano.

AMOR HUMANO10/03/2016

La persona del hijo

El artículo precedente se asentaba sobre la grandeza de cualquier persona y, en concreto, de las que más intervienen en el surgimiento y desarrollo del ser humano.

Ahora, al ceñir nuestro tema a la procreación, pasa a primerísimo plano la realidad del hijo, que de ordinario determina los diversos comportamientos al respecto.

Y así, en el fondo de la actitud incondicional a favor de la vida humana late la capacidad de apreciar que el hijo —por su sublime condición personal y al margen de cualquier otra circunstancia— goza de un valor inestimable, de una bondad constitutiva que nunca cabría exagerar.

Análogamente, en el repudio de una nueva vida se esconde sutil e inconscientemente la consideración —difusa pero operativa— de que el hijo es un mal.

Un convencimiento cuya enunciación explícita provoca estupor y rechazo, pero fácil de comprender al considerar los valores que dominan en nuestra cultura.

Lo útil

Una mirada atenta a lo real permite distinguir tres tipos de bienes o, mejor, tres aspectos o dimensiones del bien.

Los bienes útiles son los de ínfima categoría; tienen su bondad doblemente fuera de sí: en la realidad para la que sirven y, de manera definitiva, en quienes quieren lo que esos instrumentos hacen posible.

De ahí que, sin sufrir la menor alteración, dejen de valer cuando ya no existe —o cuando nadie quiere— aquello para lo que servían: sin cambiar ni deteriorarse, el mejor de los destornilladores pierde toda su utilidad si desaparecen los artefactos unidos por tornillos; y todo el dinero del mundo nada vale si nadie está dispuesto a mover un dedo a cambio de él.

Lo gozoso o placentero

También los bienes deleitables gozan de una bondad escasa, porque tampoco acaban de tenerla en sí: en última instancia, su valor depende de que alguien los quiera y decida servirse de ellos.

Por eso, la bondad de lo que sólo es apreciado a causa del placer o el gozo que genera, desaparece en cuanto nadie quiere disfrutar de ella.

En definitiva, lo útil y lo placentero no son buenos en sí por sí. Su valor reside, más bien, en las personas que los reclaman, en función de las cuales valen o son buenos: se trata de una bondad relativadependiente.

Lo digno

La persona, por el contrario, es un bien digno absoluto. Su bondad radica en sí misma, en su ser-persona, con total independencia de cualquier circunstancia: edad, sexo, salud, comportamiento, eficacia, posición social…

Y así debe ser querida y apreciada: por sí misma o absolutamente, al margen de cualquier otra condición.

Sin duda, los bienes dignos pueden generar satisfacción o resultar útiles, pero no es esa su bondad fundamental primera. La amistad, por ejemplo, es fuente de gozos incomparables y produce beneficios múltiples. Pero no es básica y radicalmente buena por el placer o los servicios que engendra, sino que se sitúa a años luz por encima de ellos.

Podría decirse que en sí y por sí es tan extraordinariamente buena, que también aporta satisfacciones y beneficios, que ninguna otra realidad puede proporcionar. Pero tener amigos sólo por esas ventajas añadidas degrada o prostituye la amistad: la relativiza, olvidando que su bondad es absoluta.

Una ceguera generalizada

Sin embargo, en nuestra civilización, los bienes relativos se han impuesto de tal modo que la misma noción de bien digno absoluto ha desaparecido.

Año tras año, mis alumnos de primero de filosofía discuten acerca de si esta es o no útil, para acabar decantándose a favor de su utilidad. Su sorpresa es mayúscula cuando les explico que, precisamente para manifestar su superioridad y nobleza, Aristóteles declara la filosofía radicalmente inútil: término que, para darme a entender, traduzco como supra-útil, intentando paliar la ausencia de significado de lo digno.

De manera parecida, tras explicarles con detalle que la filosofía no se subordina a un objetivo ulterior, que el filósofo sólo busca saber por saber, casi todos lo traducen afirmando que el filósofo conoce por el placer de saber.

Como muchos de nuestros contemporáneos, a veces parecen incapaces de concebir lo bueno en por sí, y no en virtud del beneficio o satisfacción que genera. En tales circunstancias, al no poder comprenderla, la bondad de lo digno “no existe”.

¿A ti te gustan los hijos?

Respecto a la procreación, el problema surge cuando, sin plena conciencia, la bondad del hijo tiende a medirse con los parámetros de los bienes inferiores, cosa nada infrecuente.

En intervenciones públicas, al comentar que tengo siete hijos, no es raro que alguno de los asistentes me pregunte: «¿A ti te gustan mucho los niños, no?» Suelo hacer una pausa, mirarlo fijamente unos segundos y añadir en tono amable: «Gustarme, gustarme, lo que verdaderamente me gusta es el jamón. A mis hijos los quiero con toda el alma».

La reacción suele ser cordial, y no me cuesta demasiado hacerles entender que un hijo —una persona— nunca debe convertirse en cuestión de gustos, antojos o apetencias.

Y es que lo digno está a años luz por encima de lo deleitable y lo útil. En rigor, se trata de bienes inconmensurables, que nunca deberían ponderarse en la misma balanza. Lo digno se justifica por sí mismo y por sí mismo debe quererse; lo útil y deleitable, no.

En consecuencia, más aún que conocer los criterios que rigen la procreación responsable —que sin duda hay que saber—, hoy resulta imprescindible desarrollar la aptitud —a menudo atrofiada o inexistente— para captar con hondura la bondad propia del hijo. Advertir que, para traerlo al mundo, no hace falta más razón que su sublime grandeza; y que lo que requiere otros motivos, serios y proporcionados, es no procurar traerlo.

¿Existen tales motivos?

Para impedir la procreación o eliminar su fruto, no. Sí, en ocasiones, para dejar de poner los medios de los que la procreación podría seguirse.

El hijo constituye un bien absoluto, en la acepción más propia del término. Pero absoluto no equivale a infinito. Y precisamente a causa de su finitud, siempre lleva aparejados ciertos males, los derivados de la necesidad de atenderlo, que cabría considerar ordinarios.

Ante ellos, si se ignora o desconoce la bondad absoluta de la persona, el hijo pasa automáticamente a concebirse como un mal. Pero, por el mismo motivo, lo serán también el cónyuge, los padres, los hermanos, los amigos…

Nos topamos con la lógica tremendamente individualista de Sartre, para quien «el infierno son los otros», y la única respuesta, el aislamiento: es decir, la soledad, el más auténtico infierno.

La exclusión de lo digno desemboca inevitablemente en una aporía, en un camino ciego, sin salida. Por el contrario, el reconocimiento del hijo como bien absoluto, relativiza estos males inevitables y los transforma en ocasión de crecimiento personal.

Inconvenientes graves o extraordinarios

Son los que ponen en juego a otra u otras personas: peligro serio para la madre gestante o para la subsistencia de la familia, cargas que la salud física o psíquica de los padres aconseja no asumir…

En tales circunstancias, la situación cambia… y también debe modificarse la actitud y el comportamiento de los posibles padres.

El criterio de fondo es el que rige toda actuación moral: haz el bien y evita el mal, con las exigencias propias de cada miembro de este enunciado.

Hacer el bien constituye el más básico, fundamental y gozoso deber del ser humano. Pero nadie está obligado a poner por obra todos los bienes que, en abstracto, pudiera realizar. Entre otros motivos porque, al optar por uno de ellos —una profesión, un estado civil…—, tendrá forzosamente que desatender todos los bie­nes alternativos que, en tales circunstancias, podría escoger y llevar a cabo.

Por el contrario, nunca está permitido querer positivamente un mal o impedir, también mediante una acción encaminada directamente a ello, un bien. El imperativo de evitar el mal, con el que se completa la faceta afirmativa de la ética, no admite excepciones.

De nuevo la bondad del hijo

Hemos realizado estas reflexiones teniendo en el horizonte, sobre todo, la grandeza de la persona de los hijos, que, según afirma el Catecismo de la Iglesia católica (núm. 1652), citando a su vez al Vaticano II, “son el don más excelente del matrimonio y contribuyen grandemente al bien de sus padres”.

Apoyados precisamente en esa bondad íntima y constitutiva, que nunca cabría exagerar, en lo que atañe a la procreación conviene distinguir dos comportamientos opuestos, y conocer el principio que permite distinguirlos.

a) Si existen causas proporcionadas, es moralmente lícito no querer hacer lo necesario para una nueva concepción, aunque nunca con intención anti-con­ceptiva, sino meramente no-conceptiva: con otras palabras, está permitido dejar de querer la procreación de un nuevo hijo y dejar de actuar en favor de ella.

b) Pero nunca será moralmente legítimo poner activamente impedimentos para que el hijo llegue a la vida (anti o contra-concepción), pues eso equivaldría a querer positivamente un mal —que no exista la nueva criatura— y a obrar en consecuencia.

Es la profunda diferencia que separa la anticoncepción del uso adecuado de los métodos naturales. Divergencia que, pese a la habitual denominación, no es sólo, ni mucho menos, cuestión de métodos.

En definitiva, el criterio de fondo sigue siendo la bondad absoluta del hijo. Quienes por razones graves deciden dejar de poner los medios para una nueva concepción, han de seguir considerando al hijo posible como un gran bien, pero que no buscarán a causa de su condición actual.

No hacen nada positivo que se oponga a la concepción, pero se abstienen de poner los medios para que un nuevo ser humano reciba la existencia. Y si, al margen de su voluntad, Dios los bendijera con otro hijo, lo aceptarían sin reservas, confiando en la infinita Bondad y Omnipotencia divinas.

Las familias numerosas

Finalmente, la consideración de la grandeza constitutiva de cada hijo ayuda a entender, como asimismo recuerda el Catecismo, que “la sagrada Escritura y la práctica tradicional de la Iglesia” vean “en las familias numerosas como un signo de la bendición divina y de la generosidad de los padres” (núm. 2373).

Ciertamente, existen matrimonios a los que Dios concede pocos hijos o a los que no otorga descendencia, pidiéndoles entonces que encaucen su capacidad conjunta de amar hacia el bien de otras personas; pero, también por lo que implica de generosidad, la creación y el cuidado de una familia numerosa, si tal fuera la voluntad de Dios, es una garantía de felicidad y de eficacia sobrenatural (cf. Es Cristo que pasa, n. 25).

Como afirmaba Benedicto XVI, y quizá de manera particular en el momento presente, las familias “con muchos hijos constituyen un testimonio de fe, valentía y optimismo” (Audiencia General, 2-XI-2005) y “dan un ejemplo de generosidad y confianza en Dios” (Discurso, 18-I-2009); a su vez, el papa Francisco exclamaba: “da alegría y esperanza vertantas familias numerosas que acogen los hijos como un verdadero don de Dios” (Audiencia general, 21-01-2015).

Por otro lado, en bastantes ocasiones Dios bendice la generosidad de esos padres, suscitando entre sus hijos decisiones de entrega plena a Jesucristo y deseos de traer también ellos al mundo numerosos hijos. Son familias que están llenas de vitalidad humana y sobrenatural. Además, al llegar a la vejez, los padres se verán de ordinario rodeados del afecto de sus hijos y de los hijos de sus hijos.

Tomás Melendo

 

 

¿Trabajo bien hecho?

Ana Teresa López de Llergo

Para lograr un buen trabajo, es necesario ser un buen trabajador. En este rubro algo estamos haciendo mal, pues tenemos el recientísimo caso del desplome de los vagones de la Línea 12 del Metro.

La semana pasada escribí sobre los beneficios del trabajo. Lo inmediato que luce a simple vista es el sueldo. Indispensable y necesario para conservar la vida honorablemente. Los otros beneficios saltan a largo plazo: el desarrollo personal y los beneficios sociales.

Para los beneficios sociales es necesario formarse bien y luego trabajar de la mejor manera y nunca aceptar un puesto para el que no se está capacitado. Desperdiciar el tiempo para estudiar o aparentar saber con el fin de acceder a un empleo es corrupción. Ante los actuales sucesos debemos recordar “lo hecho en México está bien hecho”.

Pero para el logro de las condiciones de un buen trabajo es necesario ser un buen trabajador. En este rubro algo estamos haciendo mal. Tenemos el recientísimo caso del desplome de los vagones de la Línea 12 del Metro.

Todos estamos dolidos por tan triste suceso. Mucho muy dolidos por las familias que han perdido a sus seres queridos en tan trágico momento. Y luego por los heridos que luchan por recuperarse sin el apoyo extraordinario que necesitan.

A estos dolores se añade el que sentimos por nuestra patria y por las reacciones de quienes ocupan puestos en el gobierno y nos muestran el modo de afrontar su quehacer. Estas personas merecen nuestro respeto por la investidura que tienen, aspecto que prácticamente ya no se toma en cuenta, porque nos defraudan. En este terrible suceso estas personas por los resultados y las aptitudes abiertamente muestran incompetencia. No debieron aceptar el puesto.

Es una triste postura la del presidente al juzgar que quienes, en otras ocasiones, han acudido a lugares de un desastre, para acompañar a los dolidos, sean todos unos hipócritas. Es muy libre de pensar y hacer lo que él vea conveniente, pero por la boca muere el pez. El siguiente fin de semana de la desgracia lo pasó en el sur de la República. Al buen entendedor pocas palabras.

Este acontecimiento afecta también el discurso de las mañaneras. En este caso es imposible usar el argumento de la nefasta herencia de los neoliberales, el bozal se lo puso él mismo. Aquí no caben distractores, los hechos hablan.

Sobre este suceso hay múltiples datos y opiniones, basta ver el Financiero, Expansión, Reforma y todos los demás medios. Sin excepción confirman que el trabajo realizado en la Línea 12 del Metro tuvo muchas irregularidades, por decisiones mal fundamentadas, por cambios sobre la marcha muy simplistas y miopes y muchos otros detalles incontables.

Pero la voz más potente es la del pueblo, la de los vecinos que fueron testigos de la construcción de esa línea, la de quienes vieron la obra “terminada” con resquebrajamientos que denunciaron porque adivinaban el peligro. Los mismos maquinistas y operarios del Metro son testigos y anunciaron la desgracia. También los usuarios veíamos el deterioro y oíamos sonidos alarmantes, así como la continua irregularidad en el flujo de los vagones. Muchas veces comprobé lo sufrido que es el pueblo. El pueblo lo advirtió, el pueblo lo denunció. Quiénes no lo escucharon, quiénes no hicieron su trabajo y por qué no pusieron remedio, tienen un gravísimo cargo de conciencia.

Ante el percance, de inmediato los vecinos salieron a prestar auxilio a las víctimas e hicieron lo que pudieron. Y lo siguen haciendo. Otra vez se comprueba la solidaridad del pueblo mexicano. La gobernadora de la ciudad acudió, le compete investigar para ver causas y poner remedio. Pero de inmediato debió ofrecer apoyo a las víctimas y a sus familias. Estamos a una semana de la desgracia y nadie sabe nada, ya deberían contar con la ayuda: trato a los heridos, dónde alojar a los parientes que vienen de lejos, medicinas, en definitiva, con qué apoyo económico cuentan para funerales, tratamientos, etcétera.

Un comentario generalizado que pone el dedo en la llaga señala la mal entendida y la mal aplicada austeridad combinada con la corrupción que no ataja el gobierno, sazonado todo esto con la impunidad absoluta y flagrante. En conclusión: la corrupción mata, la austeridad le ayuda. En este caso la austeridad suspendió durante un lapso el puesto del director de mantenimiento y la corrupción conocida de desviar el rubro destinado al mantenimiento.

Este accidente anuncia el deterioro general del sistema de transporte. Ya hubo incendios, ya hay resquebrajamientos en columnas de otras estaciones… El pueblo sigue denunciando… El tiempo cobra la falta de supervisión y reparación.

La Línea 12 se inauguró y luego se suspendió el servicio porque había fallas. Esto lo vimos todos y siempre se advirtieron defectos. Recientemente con el paso de los años, la red del Metro se encuentra peligrosamente desgastada. El pueblo lleva meses advirtiendo los peligros en la estación Pantitlán. Y como eso muchas más advertencias.

Sobre la Línea 12, no se trata de reproducir los informes de otros medios, pero sí conviene reflexionar en los siguientes datos que hablan por sí mismos, aunque quieran dar explicaciones deformadas.

El Metro de Ciudad de México careció de subdirector de Mantenimiento durante al menos un año antes del accidente que cobró la vida de 23 personas y dejó otras 79 heridas la noche del pasado 3 de mayo, publicó Expansión. Florencia Serranía, directora general del Metro, respondió el 7 de enero al cuestionamiento del entonces diputado local Jorge Gaviño: “La vacante del subdirector general de Mantenimiento, doctor Gaviño, es que yo soy la subdirectora general de Mantenimiento. El Metro tiene tantos problemas que decidí durante este año tomar esa posición doble para poder instrumentar integralmente lo que requiere el Metro". Allí están los resultados 4 meses después de esa respuesta.

Copio otro texto que publicó Expansión, sobre la construcción de la “Línea Dorada”: Para ahorrar dinero, el GDF pidió que las ruedas de los vagones fueran como las de los trenes (rodaduras férreas) y no neumáticas, como el resto de los metros. Al respecto, quien era director del Servicio de Transporte Colectivo (SCT) Metro en 2007 envió un documento a Ebrard señalándole que, por seguridad, las ruedas de los vagones debían ser neumáticas, ya que “si se llegara a descuidar el mantenimiento de las vías cuando la rodadura es férrea, se podrían originar accidentes muy lamentables”. Pero el dictamen técnico expedido por el GDF hizo caso omiso de dicha recomendación, porque el mantenimiento de las ruedas férreas sería, al año, 7% más barato que el de las neumáticas.

Los hechos hablan, que no nos engañen.

 

 

Mamá sola

Lucía Legorreta

Ser madre soltera representa ser el único proveedor de atención, apoyo emocional y pilar financiero, lo cual complica la realidad de muchas mujeres.

Ser madre soltera representa retos importantes. Actuar como único proveedor de atención, apoyo emocional y pilar financiero complica la realidad de muchas mujeres.

En México, de acuerdo con el Inegi, casi la tercera parte de las mamás no cuenta con el apoyo de una pareja, ya sea porque son madres solteras, divorciadas o viudas.

Cada día son más y más las mujeres jefas de familia que padecen estrés excesivo, ansiedad, fatiga crónica u otras enfermedades. La mayoría de las mamás solas siguen trabajando para producir, sin cuidarse a ellas mismas.

Se cae en un grave error de querer convertirse en supermamá, en la mujer maravilla. Esto es imposible.

Al incorporarse al mercado laboral formal o informal, surge en la mujer el conflicto y la angustia de ausentarse y restarle atención a sus hijos.

El cerebro femenino es muy diferente al masculino. Las mujeres tenemos más conectados los dos hemisferios (racional y emocional), por lo que no podemos separar la maternidad de nuestras responsabilidades laborales. Cuando una mujer está en el trabajo, está pensando en sus hijos; cuando está en su casa, tiene presente los pendientes del trabajo.

Como se sientan finalmente los hijos, depende de la actitud que la madre asuma frente a la ausencia del hogar. No es bueno estar atorada en la culpa o la vergüenza de no ser una madre ejemplar.

Toda mamá que está sola deber ser consciente de que está dando la mejor respuesta posible dadas las circunstancias y hacer a un lado las falsas creencias de que le está fallando a sus hijos.

Es conveniente el buscar alguien cercano como el abuelo, hermano o tío que pueda fungir como figura masculino ante los hijos. Esto ayudará a que el niño desarrolle la identificación con el territorio de los hombres.

Como mamá que estás educando sin una pareja, es importante que busques redes de apoyo: asiste a cursos y talleres, lee libros sobre educación, asiste a una terapia si es necesario.

No te alejes de la escuela de tus hijos, visita sitios en internet en donde puedas conocer situaciones similares a la tuya. Acércate a una amiga, hermana o vecina que pueda ayudarte en ciertos momentos con tus hijos. ¡No te sientas mal de pedir ayuda!

Si cuentas con el apoyo y ayuda de tus padres es una gran ventaja. Puede ser que vivas con ellos, o en tu propia casa. Es importante tener una buena comunicación y establecer los roles de cada uno y las reglas en tu casa o en la de ellos.

Conoce cuáles son tus derechos legales en cuanto a la pensión alimenticia, cuáles son las obligaciones del padres de tus hijos hacia ellos y hacia ti.

Y algo indispensable: marcar límites. Es complicado jugar los dos papeles: el de la mamá cercana y cálida, y el de la madre que educa, pone orden, disciplina, guía. En tu casa deben existir las reglas, los límites, los derechos y las responsabilidades.

Educa siempre en valores, recuerda que estos no se enseñan, sino que se viven. Tu ejemplo será lo que hará que tus hijos los hagan suyos.

Repítete todos los días: yo puedo salir adelante y formar una familia unida en la cual mis hijos se desarrollen integralmente.

 

 

Formación en el amor a lo bello, deber de los padres

Hay un aspecto fundamental de la educación, que consiste en la necesidad de formar en la admiración de la belleza y de las cosas bonitas.

Muchos juguetes modernos parecen destinados a acostumbrar a los niños a lo monstruoso

Siempre se ha entendido que el principal deber de los padres consiste principalmente en transmitirles a sus hijos la necesidad de practicar el bien, y de ser veraces. O sea, que ellos sean buenos y que no mientan.

Tal idea no es falsa, sin embargo, ella no es completa. Falta uno de los tres aspectos fundamentales de la formación íntegra de un niño y éste consiste en el amor a la belleza.

Alguien podrá pensar que ya basta con enseñarles a decir la verdad y a ser buenos. Y que eso ya es bastante difícil. Que esto de amar la belleza, es una mera cosa estética, y que por lo tanto no debe ser incluido en los aspectos principales de la educación.

Importancia de la belleza en la formación del niño

Contenidos

 

Sin embargo la realidad no es esa. La admiración por la belleza es tan importante para la formación de un niño como la necesidad de inculcarles la práctica del bien y de la verdad.

¿Pero qué es lo que entendemos por belleza?: El gran santo y Doctor de la Iglesia, Tomás de Aquino la define como “el esplendor de la verdad”.

Es decir cuando algo no sólo es verdadero y bueno, sino que además posee estas cualidades de modo sobresaliente, decimos que eso es bello.

 

Catedral de Orvieto: magia de colores en una fachada gótica

 

Por ejemplo, se dice que una persona hizo un bello gesto, cuando él realizó de forma muy generosa una acción de valentía o de generosidad.

Al contrario, cuando le decimos al niño que no mienta, o que no le pegue a su hermana pequeña, se le dice que eso es feo y él entiende que si es feo, es malo.

Ahora, de las tres cualidades del ser: la bondad, la veracidad y la belleza, la que más atrae al hombre es precisamente esta última. Y de ahí su importancia fundamental en la educación de un niño, de una familia o de una sociedad.

Hacer el bien y ser veraz nos cuesta esfuerzo. Sin embargo, dejarnos atraer por las cosas bonitas es innato. De ahí que la formación de la admiración por aquello que es superior sea tan importante en la niñez.

Atracción natural por la belleza

Ya desde los primeros momentos de la existencia, inclusive antes de conocer lo que es bueno o malo, al niño le gusta de lo que es bonito. El cascabel con el que juega, el ruido que hace, el color que tiene, todo eso le encanta porque lo encuentra instintivamente parecido al orden que existe en él.

Muñeca de porcelana: Algunos juguetes llegaban a ser casi una obra de arte

Más tarde, cuando el niño comienza a pronunciar las primeras palabras, él tratará de aprenderlas de modo que ellas sean iguales a las que oye, es decir veraces; y si más tarde, el padre lo corrige por haber dicho una palabra “fea”, él entenderá que es algo que no se debe decir.

Todos los sentidos nos informan de lo que es bello o al contrario, de lo que es feo. Una bonita vista, o un buen aroma, un sabroso plato, o un suave tejido, los identificamos con el bien, lo veraz y lo bello y ellos nos atraen.

Por ejemplo, decimos que una persona habla de modo bello, cuando no sólo utiliza las palabras propias para expresar sus ideas, sino además las usa de un modo noble y elevado. Al contrario, el uso vulgar y grosero en el hablar, lo catalogamos como una forma fea de expresarse.

Papel deformador de la TV

Con todo lo que el niño consume en la TV, son precisamente ejemplos que no coinciden con lo bello ni lo bueno.

La belleza en un soldado de plomo

Así el niño va disociando a la belleza del bien y de la verdad, y va perdiendo el gusto innato de admirar lo bonito.

De ahí a gustar de lo feo hay sólo un paso. Y cuando él comienza a gustar de lo feo, la consecuencia es que inmediatamente la bondad y la veracidad se le hacen muy difíciles de practicar.

Pues, en consecuencia del orden que existe en el alma humana, cuando se expulsa a una de las cualidades de la propia naturaleza humana, ya sea la belleza, la bondad o la veracidad, las otras dos no tardan en salir.

Por eso la importancia de formar a los niños en la admiración permanente por lo bonito, por lo elevado, por lo noble. Y al mismo tiempo, la necesidad de prevenirlo contra lo sucio, lo horrendo y lo vulgar.

Éste es un aspecto de la educación de sus hijos para la cual se debe poner una especial atención, más tarde los hijos lo agradecerán.

Ellos podrán más fácilmente comprender y amar la belleza increada, que es Dios, por medio de la admiración de las mil bellezas que El puso en todos los seres que nos rodean, justamente para atraernos hacia Él y así comunicarnos sus perfecciones.

Los juguetes y la belleza

Al contrario, el culto a lo horrendo que se nos ofrece en todas las formas y modos, es una forma de impedirnos el amor de Dios y de ahí su suprema malignidad.

Esto se observa, por ejemplo, por el gran número de juguetes que representan personajes horrorosos, pérfidos y asustadores, con los cuales los niños se van acostumbrando a la fealdad y a la maldad, que después serán tentados a practicar.

Se observa también con los panoramas y ambientes degradados de nuestras ciudades por grafittis sucios, groseros y malévolos, que dan una idea de lo que será una sociedad gobernada por quienes aman lo horrible y detestan lo hermoso, como quien se prepara para un mundo subhumano y en el fondo infernal.

Contra eso también los padres deben advertir a sus hijos, para que siempre en sus vidas tengan horror a lo horrible y gusto por lo bonito, que es el modo de prepararse para el Cielo, donde encontraremos a la Belleza absoluta que es Dios.

 

Virgen de Fátima: Conoce su historia y por qué se celebra cada 13 de mayo

El mensaje principal de las apariciones está relacionado con los tres secretos que la Virgen hizo a los pastorcillos en la aparición

Por SANTIAGO TEDESCHI PRADES

13 de mayo de 1917, Cova da Iria, un pueblo en el centro de Portugal, Fátima. Tres niños, Lucia dos Santos, de 10 años, y sus hermanos Francisco y Jacinta Marto, de 9 y 7 años, están jugando mientras cuidan de un pequeño rebaño, en un terreno propiedad del padre de Lucia. Hacia el mediodía, después de rezar el Rosario como de costumbre, ven dos fenómenos luminosos, como dos relámpagos, y luego una misteriosa dama brillante con un Rosario en la mano.

Es la primera de las seis apariciones que tendrán los tres pastores hasta octubre: siempre el 13, excepto en el mes de agosto, cuando del 13 al 15 son "secuestrados" por el alcalde que intenta exponer lo que él cree que es una ladrona (la Virgen aparecerá ante los tres niños el día 19). El 13 de octubre de 1930, el obispo de Leiria declara las visiones "dignas de fe", autorizando el culto a Nuestra Señora de Fátima.

Miles de peregrinos comenzaron a llegar a Fátima apenas se extendió el rumor de los eventos sobrenaturales. El 13 de octubre, una multitud estimada de 30 a 100 mil personas, entre ellas numerosos periodistas, presenciaron el "milagro del sol", la gran señal que había sido anunciada por la Virgen: después de una lluvia torrencial que empapó el suelo y la ropa, el cielo se abrió y vieron como el sol cambió de color, tamaño y posición durante unos diez minutos. Un sol que se pudo mirar perfectamente con los mismos ojos. Después de lo acontecido, la ropa y el suelo aparecieron repentinamente secos.

 

 

Un secreto en tres partes

El mensaje principal de las apariciones está relacionado con los tres secretos, o más bien con una revelación de tres partes que la Virgen hizo a los niños pastores en la aparición del 13 de julio. Lucía, que se convirtió en monja, escribió las dos primeras partes en sus memorias, la tercera, escrita el 3 de enero de 1944, la entregó en un sobre sellado al obispo de Leiria, un sobre que luego se entregó en 1957 al archivo secreto del Santo Oficio y cuyo contenido fue revelado en 2000.

 

La visión del infierno

En la primera parte del secreto, la Hermana Lucía cuenta que la Virgen mostró a los tres niños pastores: «un gran mar de fuego que parecía estar debajo de la tierra. Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana que fluctuaban en el incendio, llevadas por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo que caían hacia todos los lados, parecidas al caer de las pavesas en los grandes incendios, sin equilibrio ni peso, entre gritos de dolor y gemidos de desesperación que horrorizaba y hacía estremecer de pavor. Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes y negros.

 


 

Rusia y el Corazón Inmaculado

La segunda parte contiene estas palabras de María: «Visteis el infierno a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si se hace lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra pronto terminará. Pero si no dejasen de ofender a Dios, en el pontificado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre. Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los Primeros Sábados. Si se atienden mis deseos, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados y el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas. Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz.

El obispo vestido de blanco

La tercera parte del secreto es reportada por la Hermana Lucía: «Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia! Y vimos en una inmensa luz qué es Dios: «algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él» a un obispo vestido de blanco «hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre». También a otros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los obispos sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos ángeles, cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios».

 

DERRICK CEYRAC

 

La vida de los pastorcillos

Los niños pastores informaron que la Virgen había hablado de la muerte prematura de Francisco y Jacinta, y agregó que Lucía permanecería en la Tierra durante mucho tiempo. Y así fue. Francisco contrajo la gripe en diciembre de 1918. Permaneció alegre todo el tiempo mientras duró la enfermedad y pudo celebrar la Primera Comunión durante ese período. Murió el 4 de abril de 1919. Jacinta también se vio afectada por la gripe en diciembre de 1918. Su enfermedad fue más prolongada y más dolorosa que la de su hermano, también fue hospitalizada en el hospital de Lisboa, donde murió el 20 de febrero de 1920. Lucía ingresó en el orden de las Hermanas de Santa Dorotea en 1925 y en 1948 pasó entre las Carmelitas del convento de Coimbra, donde permaneció hasta su muerte en 2005.

 

Las causas de beatificación y canonización y la visita de los Papas

La causa de la beatificación de los hermanos Marto se abrió en la diócesis de Leiria en 1952: Francisco y Jacinta fueron beatificados el 13 de mayo de 2000 por Juan Pablo II y canonizados por el Papa Francisco. La causa de beatificación de la Hermana Lucía se abrió en 2008.

El 13 de mayo de 1917, el día de la primera aparición, Eugenio Pacelli fue consagrado obispo. Como Papa tendrá una veneración particular por Nuestra Señora de Fátima. El 13 de mayo de 1967, Pablo VI fue en peregrinación a Fátima. Lo mismo hizo Juan Pablo II en 1982, 1991 y 2000: para Wojtyla fue la Virgen de Fátima quien le salvó la vida en el ataque del 13 de mayo de 1981. Benedicto XVI estuvo en Fátima en 2010. Angelo Giuseppe Roncalli y Albino Luciani también visitaron el santuario portugués, pero como cardenales, no por papas: el primero en 1956, el segundo en 1977.

 

 

Oración en familia: Cómo aprender a orar en familia

Hoy reflexionamos sobre la oración en familia. Esta se puede realizar en muchos y variados momentos, no solamente antes de compartir una comida en la mesa. Lo mejor de todo es que estos tiempos de intimidad en familia nos acercan más entre nosotros y a Dios. Porque como dice el Papa Francisco “El espíritu de la oración se fundamenta en el gran mandamiento: amaras al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas. La oración se alimenta del afecto por Dios.”

“Un corazón lleno de amor a Dios sabe transformar en oración un pensamiento sin palabras, una invocación delante de una imagen sagrada, o un beso hacia la Iglesia. A pesar de lo complicado que es el tiempo en la familia, siempre ocupado, con mil cosas que hacer, la oración nos permite encontrar la paz para las cosas necesarias, y descubrir el gozo de los dones inesperados del Señor, la belleza de la fiesta y la serenidad del trabajo.”
Papa Francisco

La importancia de la oración dentro de la unidad familiar

Tener la oportunidad de crecer en un hogar donde la oración es parte del día a día familiar es una hermosa bendición. Su importancia, radica en el ejemplo de padres a hijos. Aprender a orar en todas las estaciones de la vida junto con la familia fortalece la unión y los vínculos familiares.

La oración en familia brota de la escucha de Jesús, de la lectura y familiaridad con la Palabra de Dios. “La fe alcanza su mayor fecundidad cuando se vive en interacción con los demás, y en primer lugar con nuestro cónyuge y nuestros hijos, quienes, de hecho, forman nuestra primera comunidad de vida, nuestra Iglesia doméstica” (Cic, 1655).

Vivir la fe de forma concreta en el hogar implica que existan momentos de oración familiar, momentos de vivir los sacramentos juntos, sobre todo en la misa del domingo, que se pueden convertir en un auténtico ritual familiar.

No es necesario realizar largas oraciones ni hacer actos de ostentación. Para orar en familia, pueden bastar las oraciones en la iglesia, hechas con devoción y constancia, sumando las intenciones familiares.  Los gestos sencillos de piedad, como bendecir la mesa, rezar antes de dormir o cuando se viaja, reafirman la presencia del Señor en el hogar.

La unión que supone la oración en familia

Orar en familia es el fundamento mismo que la mantiene unida porque la familia que ora unida permanece unida. Este principio espiritual, que implica la oración en el interior del seno familiar es un factor de cambio muy importante, que ayuda a superar los momentos difíciles. Una familia que se enfoca en tomarse tiempo de oración tiene unos cimientos que podrán sacudirse a veces, pero que resistirá todo lo que venga en contra. Las familias que tienen puesta su mirada constantemente y de forma sincera en el Señor, con devoción y humildad, experimentan su gran providencia.

Jesucristo nos enseñó que «cuando hay dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mateo 17,19). Alabar a Dios, darle gracias y pedirle sus dones forma parte esencial de la vida de una familia cristiana.

Dios quiere una unidad derivada de Él. Es por eso que Pablo amonesta a la iglesia a ser uno (1 Corintios 1:10) Y es por eso también que Jesús enseña que el marido y la esposa son una sola carne. (Mateo 19:5) Estos mandamientos de Dios piden una entrega total. La familia, es una comunidad de fe, esperanza y caridad. Por eso le podemos llamar Iglesia doméstica. La familia cristiana es una comunión de personas, que reflejan la comunión que existe en Dios entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Las familias que oran juntas establecen una confianza entre ellos, aprenden a orar en comunidad y se ponen de acuerdo por medio de Jesús. Esta costumbre ayuda a traer unidad a la vida doméstica.

La familia es una Iglesia pequeña y nuestro ministerio empieza en casa. Cuidar a nuestra familia es cuidar de cada miembro que la integra, mostrarle el camino de Dios, guiarlos para crecer en el Señor, y prepararles para la vida adulta. La oración es un elemento importante en este proceso. Una familia que ora unida con el corazón por cada uno, orará con el corazón por el mundo.

Cuando Dios habita en una familia, la felicidad abunda en todos sus miembros.

Un momento de recogimiento familiar que ayuda a cada uno de los miembros

La educación en la fe y la catequesis de los hijos sitúan a la familia en el ámbito de la Iglesia como un verdadero sujeto de evangelización y de apostolado. Este año el Papa Francisco quiere reforzar la familia, especialmente por ello nombró el 2021 como año de la Familia. Y en CARF hemos reflexionado sobre los desafíos de la familia en el siglo XXI en los Encuentros de reflexión virtual.

Las familias y más concretamente los padres, tienen la libre facultad de escoger para sus hijos un determinado modelo de educación religiosa y moral, de acuerdo con las propias convicciones. Pero incluso cuando confían estos cometidos a instituciones eclesiásticas o a escuelas dirigidas por personal religioso, es necesario que su presencia educativa siga siendo constante y activa.

Para su audiencia general del 26/08/2015 el Papa Francisco ha elegido hablar sobre la oración en familia. Ha explicado que es en la familia donde se aprende a orar y a pedir el don del Espíritu Santo. Ha dicho que el Evangelio meditado en familia es como un buen pan que alimenta el corazón y ha pedido a los padres que enseñen a los niños a hacer la señal de la Cruz.

Como orar en familia

Una parte importante de como orar en familia comienza por la lectura y la meditación compartidas de la Palabra de Dios, una muy buena oportunidad para crear una comunión familiar en torno a Cristo. Vivir la Palabra de Dios conlleva ponerla en práctica para el bien de los cónyuges y los niños, a través de la práctica personal de las virtudes, de la tolerancia, del perdón. La fe, fuente de amor, nos da la razón plena de amar a nuestra familia respetándola y mostrándonos generosos hacia ella.

La Biblia nos habla de esas familias de los primeros cristianos, la Iglesia doméstica, dice San Pablo (1 Cor 16, 19), a las que la luz del Evangelio daba nuevo impulso y nueva vida. El papa Francisco lo llama un “hogar de misión”, un hogar que realiza el encargo del Señor (Mt 28:19) difundiendo el Evangelio de la familia en torno a Él.

Ejemplo en la oración

En lo que concierne a los hijos, la mejor manera de que los padres les transmitan la fe es vivirla ellos mismos. No hay mejor catequesis para un niño que la imagen de sus padres unidos en la oración; una imagen así es más edificadora, profunda y duradera que las palabras. Es necesario que los hijos vean rezar a sus padres en el hogar.  Es vital que la oración en familia sea con devoción, que no se limite a las palabras, sino que se transforme en hechos y testimonios de fe, para que los niños aprenden a hacer los gestos, a repetir algunas fórmulas sencillas, algún canto, a estar en silencio hablando a Dios.

El niño aprende a colocar al Señor en la línea de los primeros y más fundamentales afectos, dice San Josemaría, aprende a tratar a Dios como Padre y a la Virgen como Madre; aprende a rezar, siguiendo el ejemplo de sus padres. Cuando se comprende eso, se ve la gran tarea apostólica que pueden realizar los padres, y cómo están obligados a ser sinceramente piadosos, para poder transmitir, más que enseñar, esa piedad a los hijos, que comienza por la oración en familia

San Josemaría también hace hincapié en la singularidad de cada familia y promueve utilizar los propios métodos creativos para orar en familia y dar gracias a Dios. De este modo los integrantes de la familia se acostumbran a orar en todo momento, y tendrán herramientas para su salud espiritual y emocional.

En la familia la fe no debe permanecer como una palabra vacía o una postura, sino que ha de convertirse en una fuente de transformación que conduzca a desear y a hacer el bien a los demás.

Como aprender a orar en familia con 2-7 años

Para el niño pequeño, la oración familiar suele ser la ocasión de una tierna intimidad con sus padres. Verles cómo dejan sus ocupaciones para prepararse a encontrar a Dios le indica la importancia de esta relación. Para iniciar un momento de oración con vuestro hijo, invitadlo a que se siente tranquilamente y que os mire, sin hablar, mientras encendéis una vela ante una imagen. Este gesto asociado al silencio le dará una cierta solemnidad a ese momento. Llevará de forma natural al niño a la interioridad. Después, se puede empezar a repasar su jornada, confiar un problema o dar gracias por las alegrías recibidas.

Como aprender a orar en familia con 8-13 años

La catequesis completa la experiencia espiritual en familia, pero esta edad tienen una ternura particular en este momento sumamente familiar. El niño es receptivo y dispuesto, hablamos también de una edad de gracia desde el punto de vista espiritual. El rito posee una gran importancia, rezar un Padre Nuestro con él es una forma de enseñarle que más allá del grupo familiar hay otras muchas personas que rezan. Pero animadle también en su relación completamente personal con Dios. La lectura del evangelio le enseñará que puede confiar a Dios sus alegrías, sus penas e incluso su rabia.

Como aprender a orar en familia con 14-16 años

Con los adolescentes, rezar en familia se vuelve más difícil. Su fe es más íntima y no les gusta manifestarla, la influencia de sus amigos se impone, muchas veces, sobre la de la familia. Ha llegado el tiempo de ocuparse de sus elecciones más que de imponer las nuestras. Tengamos la humildad de aceptar que nuestros hijos no se sumen, o que lo hagan de forma diferente a nuestro modo de rezar. Ellos podrán rezar o cantar en la capilla con los de su edad, participar en una reunión de jóvenes cristianos, etc. Tanto si tienden al misticismo como si rechazan todo en bloque, habrán conocido el placer de la oración, y podrán volver a ella en cualquier momento de su vida. P. “¡Somos responsables de lo que sembramos, no de lo que crece!” Jean-Noël Bezançon.

Un rincón en casa para hacer oración en familia

Buscar un lugar en tu casa de recogimiento ayuda a convertir tu hogar en una «iglesia doméstica». Sobre todo, para afrontar estos tiempos difíciles que vivimos mundialmente en la actualidad. Conviene buscar un lugar en nuestro hogar para establecer en él un clima de oración familiar. Este rincón facilita el recogimiento y llama a la oración. Es una potente herramienta para la oración familiar, aunque no está exclusivamente reservado a la oración colectiva porque cada uno y de forma individual podrá encontrar allí la calma y el silencio necesario para acercarse a Dios durante el día.

La permanencia de ese lugar en la casa recuerda a todos, a lo largo del día, el papel de la oración en nuestra vida, su importancia vital. El rincón para hacer oración en familia puede tener una luz que este permanentemente encendida delante del crucifijo o imagen de la Virgen para que se recuerde la presencia tranquilizadora de Dios. También podemos adornarlo con flores frescas y agregar las peticiones familiares escritas. Sobre todo cuando tenemos niños pequeños estas actividades pueden hacerlos sentir participes de este rincón y del momento de oración familiar

 

A pesar de lo complicado que es el tiempo en la familia (…) La oración nos permite encontrar la paz para las cosas necesarias. Papa Francisco, 2015

 

Ejemplos de oraciones para hacer en familia

El Papa Francisco. compuso esta oración con ocasión de la Fiesta de la Sagrada Familia. Este año 2021, el papa nos invita también ha rezar una novena en familia.

Jesús, María y José
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.
Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas Iglesias domésticas.
Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.
Santa Familia de Nazaret,
que el próximo Sínodo de los Obispos
haga tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica.

Rezar el Santo Rosario en familia

Los padres pueden ayudar a los hijos a descubrir la belleza de esta sencilla oración, quizá enseñándoles a rezar primero un solo misterio, luego dos y explicando el sentido de esta hermosa plegaria dirigida a la Madre de Dios y Madre de la Iglesia.

«¡Ojalá resurgiese la hermosa costumbre de rezar el Rosario en familia!»

La Iglesia ha querido conceder innumerables gracias e indulgencias cuando se reza el Santo Rosario en familia. Pongamos los medios necesarios para fomentar esta oración tan grata al Señor y a su Madre Santísima, y que es considerada como «una gran plegaria pública y universal frente a las necesidades ordinarias y extraordinarias de la Iglesia santa, de las naciones y del mundo entero». Es un buen soporte en el que se apoya la unidad familiar y la mejor ayuda para hacer frente a sus necesidades.

Con la colaboración de:

Catecismo de la Iglesia Católica
OpusDei.org
Conferenciaepiscopal.es
Rosarioenfamilia.org
Es.catholic

 

La psicología y la crisis del hombre contemporáneo

 

Las masas anónimas que llenan -o llenaban hasta hace poco tiempo- la principales calles de todas las ciudades

 

A lo largo del siglo XIX y gran parte del siglo XX, la política interesó a todos, para saber cómo funciona el espíritu de los demás, no como individuos, sino como colectivo. El siglo XIX y parte del XX fue el período de las reformas políticas. Desde mediados del Siglo XX, el hombre se despolitiza, la sociología pierde interés y el gran problema para él se convierte en la psicología mismasu preocupación por sí mismo se convierte en la nota dominante.

Hace muchos años, el Prof. Hans Ludwig Lippmann, que era profesor de psicología en la Universidad Católica de Petrópolis, me dijo algo que me dejó muy pensativo:

Una evolución de las mentalidades: de lo universal a lo personal

Contenidos

 

    “En la época en que usted era joven, la gran novedad que se estaba descubriendo y que atraía todas las atenciones, era la sociología. Anteriormente, había sido la política. A lo largo del siglo XIX y gran parte del siglo XX, la política ha interesado a todos los espíritus. Estos son dos campos del pensamiento humano relacionados con los demás. El hombre pone lo mejor de su interés en saber cómo funciona el espíritu de los demás, no como individuos, sino como colectivo.

    “El siglo XIX fue el siglo de las reformas políticas. En el siglo XX, la curiosidad pública se dirigió hacia el campo social y emergió la sociología, que salió a la superficie cuando se volvió una curiosidad pública, y tuvimos las reformas sociales.

    “Ahora debemos tener [en la década de 1960] un campo embriagadoramente más importante, que está atrayendo la atención de todos los jóvenes: la psicología. El hombre se despolitiza, la sociología pierde interés y el gran problema para él se convierte en la psicología misma: su psicología, la psicología del género humano como capaz de explicar el caso personal; la preocupación por sí mismo se convierte en la nota dominante”.

La reforma indispensable del hombre

El profesor no me lo dijo, pero el curso de los acontecimientos llevaría a complementar su pensamiento de la siguiente manera: tendríamos que pasar por una inmensa reforma, no solo del Estado o de la sociedad, sino en la reforma del hombre. Esta reforma, cada uno la siente en el ámbito individual. Y en medio del naufragio general —dentro de toda la complejidad de la vida contemporánea— el hombre se volvería al problema de su propio naufragio, más que a cualquier otra cosa.

La comparación clásica es la del naufragio de una carabela, cuyas partes de madera se desprenden, flotando en el mar, y un hombre se aferra a una de las piezas de madera para no ahogarse. Luego, respira un poco y piensa:

“Estoy protegido en este momento, pero yo y esta tabla, ¿hacia dónde vamos? Tendré sed, hambre, cansancio, el sol me tostará, la noche me congelará. Conseguí sobrevivir un poco más, pero ¿adónde voy a parar?”.

Si alguien se acercara en una lancha al náufrago, podría decir:

“Hablemos de un tema que lo involucra por todos lados: la oceanografía. Usted está en tal altitud, en tal longitud, y la composición química de las aguas en esta zona es tal, tal y tal…”.

El náufrago replicaría:

“¿No se da cuenta de que tengo hambre, sed y cansancio? ¡La composición química de las aguas, me saca de quicio! Lo que quiero es subir a su lancha, ¡quiero comer! ¿Tiene comida, tiene agua?”.

Esta sería la reacción natural y muy explicable. Así también podría reaccionar el hombre contemporáneo frente a la crisis de nuestro siglo; y las nuevas generaciones, con sus crisis cada vez más agudas. El hombre está hipnotizado por los problemas personales y, en realidad, está muy volcado hacia la psicología.

 

Después del Covid-19: el “Gran reinicio” o la civilización cristiana

 

El naufragio del hombre contemporáneo

La apetencia por los problemas psicológicos, debida al naufragio del hombre contemporáneo, viene de una época anterior, que fue la era de la sociología; y también de la era de la política. Esta apetencia desemboca en un momento en el que las fuerzas que promueven la Revolución tienen ya toda una diversidad de errores y descubrimientos que ofrecer a los hombres (cibernética, novedades de la biología, transpsicología, etc.) y hace que se habitúen a tales innovaciones.

Tales fuerzas conducen a una apetencia por disciplinas engañosas. Cuando la apetencia subconsciente estalla, las fuerzas del mal actúan para que el público termine aceptando aquello a que lo indujeron. Y de repente, con una gran transformación del hombre, nos encontramos dentro del campo indicado por el Prof. Lippmann sobre la psicología.

Así tenemos dos maneras de considerar los acontecimientos. Una es eminentemente sociopolítica, como en el pasado, y consiste en querer saber cómo anda el mundo. La otra manera es conocer los efectos psicológicos de los hechos. Una forma no excluye a la otra, no hay contradicción entre ellas. Ambas deben tratar de ver en los acontecimientos, el enfrentamiento, la manifestación de mentalidades y espíritus, en la lucha entre la Revolución y la Contra-Revolución.

Para esto, es necesario tener un alma lo suficientemente grande como para incluir en un mismo horizonte lo que preocupaba a los hombres en el pasado —tanto en la era de la política como en la era de la sociología—, con lo que preocupa a los hombres de hoy. Así se abarca las interrelaciones entre las cosas como un todo, porque ellas deben reflejar a Nuestro Señor Jesucristo y dar gloria a Dios.

Plinio Corrêa de OliveiraO

 

 

Buenos sacerdotes para ayudar al Jefe

 

 

María Solano

 

 Ordenaciones en Madrid 2021. Doce nuevos sacerdotes

Si la ordenación de sacerdotes es siempre un motivo de alegría (y, para nosotros los periodistas, una ocasión estupenda para disfrutar de una “buena noticia”, que no abundan tanto en nuestra profesión), la ordenación de doce sacerdotes en los tiempos que corren, tiempos más que contrarios a la Iglesia ya la religión, tiempos en los que se han atrevido a atender la llamada de su vocación, es, sin duda, causa suficiente para que todos lo celebremos.

Para mí, como periodista, después de casi 20 años en información religiosa, es una bendición poder seguir escribiendo sobre vocaciones. Y aun así, hoy es un día especial porque no solo escribo como periodista sino también como profesora. No voy a revelar el nombre de mi querido alumno, que se encuentra entre estos doce – David Benito Lázaro, Francis Henry Santana Bowles, Arsenio Fernández de Mesa Sicre, Francisco Giménez Tormo, Francisco Javier López Fernández, José Pablo Oroz Costés, Bernabé Rico Godino, Ignacio Sansón Bejarano y Maxi Troncoso Peña, del Seminario Conciliar; Pablo Javier Lombardero Blanco y Pedro Ignacio Sepúlveda Contreras, del Seminario Redemptoris Mater, y Carlos Eduardo Ortega Yong, de la asociación Stabat Mater– porque lo conozco bien y sé que, con la humildad que lo caracteriza, se sentirá un poco abrumado por aquello de que “su profe” le dedique esta columna. Aunque sé que cuando me lea (porque me leerá), le encantará saber que no hubo día en que no tuviera un rato en mi oración para él en sus años de seminario. Me siento muy honrada de haber podido acompañarlo en su formación. Y nada puede ser más ilusionante para un profesor que ver a su discípulo seleccionado por el mejor de los jefes, el Jefe con mayúscula, para el mejor de los proyectos, la Iglesia.

Lo dijo el cardenal Osoro en la celebración de este mes de mayo: “Sabeos elegidos por el Señor. No lo habéis elegido, os elige Él para que deis el fruto que Él quiere confiaros en vuestra vida. El Señor está grande, está muy grande con vosotros”.

No quiero hacer del ejemplo categoría, pero sí quiero resaltar la maravilla que tenemos los “fieles de a pie” con estos sacerdotes tan comprometidos, bien formados académicamente, preparados con excelencia, decididos en su vocación contra viento y marea, convencidos por amor a Dios, santos con los pies en la tierra que hacen un bien enorme en una sociedad que necesita su ayuda. Pero así, exactamente así, es mi alumno, del que guardo el mejor de los recuerdos. Mente brillante –dos carreras a falta de una en la Universidad CEU San Pablo–, mirada despierta, pensamiento crítico ante los tópicos aceptados, ante lo políticamente correcto, generosidad inmensa, buen compañero, buen amigo, buen hijo, buen hermano, buen alumno.

Ahora ya no anda en las lides del Derecho y el Periodismo que lo vieron crecer, anda mucho más allá. Porque en la Facultad tratamos de enseñarle la importancia de buscar la verdad, y él la ha encontrado con mayúsculas. Y ahora que Dios lo suma a su equipo de imprescindibles, todos nos sentimos un poco más afortunados porque, como apuntó nuestro arzobispo, “el Señor os invita a todos vosotros a salir a las periferias, no solo de las pobrezas, sino también las existenciales, para curar a todas las personas que encontréis en el camino, sin prejuicios, sin miedos”. Vendrá a curarnos. Vendrán a curarnos. Y tenemos que darles las gracias.

María Solano Altaba

 

Pompa y circunstancia

Da gusto presenciar cualquier ceremonia real británica. Ya sea una boda o un funeral, siempre cuentan con un acentuado sentido institucional, lo que incrementa tanto el orgullo popular. Con motivo de las exequias de Felipe de Edimburgo se ha vuelto a exhibir esa magistral clase, que no tiene rival en las monarquías mundiales. El extremo cuidado que ponen en cada detalle, la delicadeza a la hora de no alimentar innecesariamente el morbo o el exacto tratamiento protocolario basado en la tradición han sorprendido de nuevo, porque los ingleses son unos auténticos fenómenos en estas cosas.

Presenciar estas elegantes solemnidades vacuna contra tanta chabacanería que nos rodea. La zafiedad que sufrimos a diario, sobre todo en los medios de comunicación, ha llegado a niveles inaguantables. Por eso, la difusión de estos eventos tendría que ser repetida a diario, para que dispusiéramos de otros modelos infinitamente más inspiradores que los que nos ofrece a diario esa ordinariez en buena medida impuesta.

Apoyar estas manifestaciones de ardor patriótico no es defender ningún elitismo decimonónico o anacrónico, porque el esplendor regio anglosajón se ha ido nutriendo a lo largo de los siglos de múltiples aportes no necesariamente de alcurnia. Edward Elgar, por ejemplo, fue un católico de origen muy humilde alejado del boato de la corte, y que pese a ello llegó a convertirse en uno de los compositores de cabecera de la familia real. Su celebérrima Pompa y Circunstancia fue adaptada precisamente para la coronación del primer Windsor, Eduardo VII.

Suso do Madrid

 

Restringir el derecho a elegir el tipo de educación

Con toda la preocupación de la sociedad centrada en la batalla contra el virus, el Gobierno intensifica su concepto de “progreso social”, que consiste en la imposición, con los instrumentos del poder político, de una cultura basada en parámetros como el laicismo radical y la ideología de género. No se trata de recoger el sentir mayoritario de la sociedad, sino de acelerar un proceso de cambio desde el poder, apoyado en la debilidad cultural y las paradojas de este momento.

En este contexto resulta esencial restringir progresivamente el derecho de las familias a elegir el tipo de educación que desean para sus hijos, y limitar el impacto social de las comunidades de fe, especialmente la católica. También es una pieza clave el diseño de políticas que tratan de desdibujar la fisonomía de la familia basada en el matrimonio entre hombre y mujer.

Jesús Domingo Martínez

 

Con la presencia española en Filipinas

El Nuncio Apostólico, monseñor Bernardito Auza, al inicio de la Asamblea Plenaria que tuvo lugar a finales del pasado abril, dirigió unas palabras de saludo a los obispos españoles. Y quiso aprovechar la ocasión para reconocer que la fe cristiana es la herencia más grande, más profunda y duradera, de los más de tres siglos de presencia española en Filipinas, su tierra natal. La proeza de Magallanes, y de otros navegadores del siglo de oro, fueron viajes generadores de una verdadera globalización, haciendo posible el encuentro de los mundos y de los pueblos con sus propias identidades, forjando nuevas culturas y maneras de pensar que abren nuevos horizontes a la humanidad.

Juan García. 

 

Por primera vez en décadas

Por primera vez en décadas, la pobreza extrema aumentara en todo el planeta en 100 millones de personas. Se ha incrementado en 130 millones el número de personas con hambre crónica. Esto es consecuencia de que el 90% de los países en vías de desarrollo, por los efectos del Covid-19, han visto disminuir su renta per cápita. La mitad de los países más pobres han vuelto a como estaban hace cinco años, y una cuarta parte a la situación de hace una década. Es muy llamativo que, por primera vez en la historia moderna, se haya reducido el número de migrantes internacionales. Las remesas que mandaban los migrados, que son esenciales para los países más atrasados, han disminuido. El cierre de los colegios hipoteca el futuro de los más desfavorecidos. Hay dos medidas necesarias en esta situación: facilitar el acceso a las vacunas a todos y suspender el pago de la deuda, no solo pública, también privada.

Pedro García

 

Ahí os quedáis… “masa de borregos”

 

                                Pienso que así lo diría y seguro que lo ha pensado, “unido a su compañera”, el “muy listo y sinvergüenza ocupante de “ese tesoro” para los desaprensivos, que hoy es la ansiada Moncloa” (los nombres ni merecen nombrarse) por cuanto de abusos y delitos cometen con nosotros, estén o no penados por la “ley de los hombres”, puesto que la verdadera ley debiera ser “la natural y que marcara la lógica, en cada momento en que el verdadero juez/fiscal acusaran, juzgaran y condenaran el delito que fuere”.

                                Pues una vez más “el astuto inquilino, se va de juerga”; ya que montar y disfrutar de todo lo que contiene, “el Falcon que emplea y que le pagamos los indefensos contribuyentes” (“supongo que ya lo han dotado hasta con papel higiénico perfumado”) “le gusta mucho más que a un tonto unos lápices de colores”; aparte que en este largo periplo, recibirá los grandes e hipócritas discursos, de sus “iguales o similares”, que también y a cargo de “sus rebaños que los producen y pagan”; ofrecen siempre al visitante, con grandes banquetes o menús exquisitos; amén de vete tú a saber los regalos, “visibles o invisibles”, que resultan de tan “interesantes encuentros”; de los que mangonean la política en cada lugar de este miserable planeta, donde y como afirmara aquel “primer rico del mundo de su tiempo” (Onassis)… “Todo se compra con dinero y lo que no se compra con dinero… se compra con más dinero”.

                                      Me produce este “substancioso preámbulo”, lo que acabo de oír esta misma mañana (12 de Mayo), en “Esradio-Libertad Digital, de Federico Giménez Losantos”; que lo da sus noticiarios mañaneros, “a toda España”; donde se afirma que, ”el inquilino de la Moncloa (amén de su siempre abundante coorte), emprenderán en breve un largo viaje, que les trasladará a Portugal, África y algunos otros países de Sudamérica”; y dónde, es “un suponer”, este, “gran estratega y estadista hispano, que tenemos la desgracia de padecer”; dirá que va a solucionar problemas en beneficio de “su querida España” (“que indudablemente la quiere como enorme finca a explotar”) puesto que y como acaba de afirmar con toda la cara durísima que posee, que… “las autonomías (mejor autonosuyas) tienen todos los resortes para solucionar los problemas del virus chino, gran y único problema que este indeseable, nos “clavó” va ya para dos años; y el que lo seguimos teniendo clavado profundamente. Se va éste indeseable, tras anunciar que, va a imponer nuevos impuestos, para recaudar “la friolera de 80.000 millones de euros, reitero, ochenta mil millones”; los que supongo los sacarán hasta del consumo de oxígeno que respiramos, mediante los oportunos contadores individuales, concedida la exlplotación, “a la sanguijuela de turno”. “El resto de problemas y según sus propias e idiotas palabras, puede posponerse, hasta que a, “tan gran inteligencia y aptitudes organizativas, crea oportuno; tan destacado hombre de Estado”, al que los españoles vivos recordaremos siempre, y después pasará a la historia, a la altura (“mejor bajura”) de el también, repelente “rey felón” (Fernando VII) de tan grande y terrible historia, en aquella también desgraciada España, posterior a la invasión napoleónica y que hoy se conmemora (inexplicablemente) como, “día de la independencia”, cuando aquello fue, un retroceso, “sangrante” (por los ríos de sangre que vendrían después) y por tanto, todo el que conozca suficientemente la horrible historia de aquellas “españas”, debe valorarlo como fue en realidad, o sea, “DÍA DE LA DEPENDENCIA”; puesto que volvieron a mangonear todos los indeseables, de antes de que vinieran los ejércitos napoleónicos, que la tenían como propiedad privada. ¿Recuerdan aquella ignominia de… ¡Vivan las cadenas!!?Esa sola frase refleja las horribles historias y terribles hechos posteriores, que terminan más de un siglo después, con el inicio de la hecatombe de la guerra incivil de 1931-34-36-39 y así hasta 1963 en que es fusilado Julián Grimau, como último muerto “oficial”, consecuente de aquellos hechos.

                                Y no, no me excedo en absoluto, más bien me quedo corto, puesto que tal y como estamos los españoles en general (salvo “los chupadores de siempre”) hoy, un jefe de gobierno o de Estado, no tienen “razón de ser”, si no se dedican las “veinticuatro horas de cada día”, a tratar de solucionar problemas “a sus gobernados”; y así hasta que puedan sostener ese ritmo extenuante, ya que si no es así, lo mejor sería que se fueran de inmediato, ya que no se pueden echar como diariamente echamos las bolsas de basura; y dejar “campo abierto, a quienes mucho mejor preparados, se atrevan a llegar a sentarse en tan preciadas poltronas; que hoy en día, más que cómodos asientos, “son algo así, como abrasadores braseros que deben quemar el culo a tan arriesgados aspirantes”. Recuerdo al terminar este doloroso artículo, que a mí también me hace daño, el decir lo que oía en mi niñez, en mis alrededores de aquellos que se manifestaban con el miedo siempre latente en “los españoles da abajo”… “Estamos hartos de granujas y bandidos, y obreros parados”; que de alguna manera hay que seguir gritando, y esto es triste, muy triste, pero también muy preocupante: Amén.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes