Las Noticias de hoy 26 Abril 2021

Enviado por adminideas el Lun, 26/04/2021 - 12:25

9 ideas de Sacerdote | sacerdote, sacerdocio, día del sacerdote

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 26 de abril de 2021        

Indice:

ROME REPORTS

El Papa ordena nueve sacerdotes: "Sean servidores de Dios, no empresarios"

Francisco en el Regina Coeli: "Jesús es el Buen Pastor que nos salva con su Palabra"

Los Mártires de Quiché y las víctimas del Mediterráneo en el corazón del Papa

DESEOS DE SANTIDAD : Francisco Fernandez Carbajal

Meditaciones: lunes 4ª semana de Pascua

“Saberse nada delante de Dios” : San Josemaria

La misión educativa de la familia (II) : M. Díez

Cuántas manos educan a mi hijo : encuentra.com

Aprender a corregir: Alfonso Aguiló

Hacia una cultura de diálogo : Jutta Burggraf

 La libertad de amar y morir : + César Franco Obispo de Segovia

La Primera Comunión : Ernesto Juliá

El caos que está destruyendo Estados Unidos : James R. Bascom

Una síntesis histórica: no existe el Islam pacífico : Víctor Santa María

Entre la llama y  el que llama: un mundo ciego y sordo. : José Manuel Belmonte

Era de esperar : Jesús D Mez Madrid

Patético : Domingo Martínez Madrid

Civismo no igual a sumisión cerril : Jesús Domingo Martínez

“Salud y derechos sexuales y reproductivos” : Jesús D Mez Madrid

Ciudades con olor a muertas : Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

El Papa ordena nueve sacerdotes: "Sean servidores de Dios, no empresarios"

En el IV Domingo de Pascua, Fiesta de Jesús Buen Pastor, el Santo Padre exhortó a los nuevos sacerdotes de la Diócesis de Roma a seguir el camino de las cuatro cercanías: "Cercanía con Dios, con el Obispo, con los demás sacerdotes y con el Pueblo de Dios". Además el Pontífice les pidió que se alejen del dinero, la vanidad y el deseo de hacer una "carrera eclesiástica". "Sean servidores de Dios, no empresarios y funcionarios", dijo.

Ciudad del Vaticano

El 25 de abril, IV Domingo de Pascua y 58° Jornada Mundial de oración por las vocaciones dedicada a  San José: el sueño de la vocación; el Papa Francisco presidió la santa Misa en la Basílica de San Pedro a las 9 de la mañana (hora local) en la que ordenó a nueve diáconos formados en los seminarios y colegios de la capital.

En su homilía, el Santo Padre reflexionó sobre la figura de Jesús como el "Buen Pastor" presentada en el Evangelio dominical según san Juan 10, 11-18: el modelo de pastor que da la vida por sus ovejas y al que estos nuevos sacerdotes están llamados a imitar.

En este contexto, el Papa explicó que si bien el Señor Jesús es el único Sumo Sacerdote del Nuevo Testamento, "en Él también todo el pueblo santo de Dios ha sido constituido como pueblo sacerdotal".

Asimismo, Francisco recordó que de entre todos sus discípulos "el Señor Jesús quiso elegir a algunos en particular, para que, ejerciendo públicamente en la Iglesia, en su nombre, el oficio sacerdotal en beneficio de todos los hombres, continuarán su misión personal de maestro, sacerdote y pastor". 

Sigan el camino de las "cuatro cercanías"

Dirigiéndose a estos "hombres elegidos por Dios" para servir a su Iglesia, el Pontífice los exhortó a conducir su vocación sacerdotal por "el bello camino de las cuatro cercanías: cercanía con Dios, con el Obispo, con los demás sacerdotes y con el Pueblo de Dios".

"Porque el estilo de cercanía -afirmó el Sucesor de Pedro- es el estilo de Dios: un estilo de compasión y ternura. No cierren el corazón a los problemas (y verán muchos). Acompañen a la gente en sus problemas. Practiquen la compasión que los llevará al perdón y a la misericordia. Sean misericordiosos, sean 'perdonadores' porque Dios no se cansa de perdonar. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón. Deseo que sigan este estilo, que es el estilo de Dios".

"Aléjense del dinero, del orgullo y la vanidad"

Igualmente, el Santo Padre puso en guardia a los diáconos a punto de ser promovidos al orden del presbiterio, sobre la importancia de alejarse del dinero, del orgullo y de la vanidad:

"El diablo entra por los bolsillos. Piensen en esto. Sean pobres como pobre es el santo Pueblo de Dios. No sean trepadores siguiendo la carrera eclesiástica, porque entonces se convertirán en empresarios y funcionarios, que pierden esa pobreza que los asemeja a Cristo pobre, al Crucificado. No sean sacerdotes empresarios sino servidores. Aléjense del dinero", puntualizó el Obispo de Roma.

Por otra parte, el Papa pidió a los ordenandos recordar la belleza del camino de las cuatro cercanías porque Jesús consuela a los pastores:

“Busquen el consuelo en Jesús, en la Virgen, no olviden a la Madre. Sean consolados allí y lleven las cruces, de la mano de Jesús y de la Virgen. No tengan miedo. Si ustedes están cerca del Señor, de los obispos, cerca entre ustedes y cerca del pueblo, no tienen que tener miedo porque todo irá bien”

 

Francisco en el Regina Coeli: "Jesús es el Buen Pastor que nos salva con su Palabra"

Comentando el Evangelio del día según san Juan (Jn 10,11-18) que presenta a Jesús como "el verdadero pastor, que defiende, conoce y ama a sus ovejas", el Santo Padre destacó dos aspectos del estilo de cercanía que aplica el Hijo de Dios para cuidar su "rebaño": su autenticidad y su bondad.

Ciudad del Vaticano

En este cuarto domingo de Pascua, llamado domingo del Buen Pastor, el Papa Francisco rezó la oración mariana del Regina Coeli asomado desde la ventana del Palacio Apostólico del Vaticano tras haber celebrado en la Basílica Vaticana una Misa en la que ordenó a nueve sacerdotes para la Diócesis de Roma.

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Comentando el Evangelio del día según san Juan (Jn 10,11-18) que presenta a Jesús como "el verdadero pastor, que defiende, conoce y ama a sus ovejas", el Santo Padre destacó dos aspectos del estilo de cercanía con el que se relaciona el Hijo de Dios con su "rebaño".

Jesús: Pastor verdadero y bueno

En primer lugar, "Él se opone al pastor asalariado a quien no le importan las ovejas, porque no son suyas y que hace este trabajo solo por la paga: no se preocupa por defenderlas y cuando llega el lobo huye abandonándolas (cfr vv. 12-13)".

En cambio Jesús es un pastor verdadero - continuó explicando el Pontífice- "nos defiende y nos salva en muchas situaciones difíciles, peligrosas, mediante la luz de su palabra y la fuerza de su presencia, que experimentamos especialmente en los Sacramentos".

El segundo aspecto que subrayó Francisco es la bondad de Jesús "pastor bueno, conoce a sus ovejas y las ovejas le conocen a Él".

“Para Él no somos masa ni multitud. Somos personas únicas, cada uno con la propia historia, cada uno con el propio valor, tanto como criatura como redimido por Cristo. Cada uno de nosotros puede decir: ¡Jesús me conoce! Es verdad, es así: Él nos conoce como nadie más. Solo Él sabe qué hay en nuestro corazón, las intenciones, los sentimientos más escondidos. Jesús conoce nuestras fortalezas y nuestras debilidades, y está siempre listo para cuidar de nosotros, para sanar las llagas de nuestros errores con la abundancia de su gracia. En Él se realiza plenamente la imagen del pastor del pueblo de Dios delineada por los profetas: se preocupa por sus ovejas, las reúne, venda la que está herida, cura la que está enferma”

El amor de Cristo abraza a todos

En este contexto, el Papa puntualizó que Jesús Buen Pastor "defiende, conoce, y sobre todo ama a sus ovejas" y precisamente el amor por sus ovejas, es decir por cada uno de nosotros, "lo lleva a morir en la cruz, porque esta es la voluntad del Padre, que nadie se pierda".

Asimismo, Francisco hizo hincapié en que el amor de Cristo no es selectivo sino que abraza a todos.

“Así nos lo recuerda Él mismo en el Evangelio de hoy, cuando dice: «También tengo otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor» (Jn 10,16). Estas palabras dan fe de su inquietud universal: Jesús quiere que todos puedan recibir el amor del Padre y tener la vida”

El Santo Padre finalizó su alocución indicando que la Iglesia está llamada a llevar adelante esta misión universal de Cristo ya que Jesús ha dado la vida por toda la humanidad (no solo por los que frecuentan las comunidades o parroquias) y por ello los cristianos tenemos que testimoniar su amor, con actitud humilde y fraterna a todos y cada uno, sin exclusión.

 

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25/04/2021Regina Coeli del 25 de abril de 202

 

Los Mártires de Quiché y las víctimas del Mediterráneo en el corazón del Papa

Tras rezar el Regina Coeli, el Papa dirigió unas palabras especiales para los diez Mártires beatificados en Quiché el pasado 23 de abril y confesó su enorme tristeza ante la reciente muerte de los 130 migrantes en el mar Mediterráneo que pidieron una ayuda que nunca llegó. "Es el momento de la vergüenza. Recemos por estos hermanos y hermanas, y por tantos que siguen muriendo en estos dramáticos viajes", dijo Francisco.

 

Ciudad del Vaticano

Tras rezar a la Madre de Dios, en el IV Domingo de Pascua, Fiesta de "Jesús Buen Pastor" el Papa dirigió sus habituales saludos a los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro.

Mártires de Quiché

El Santo Padre dedicó un as palabras especiales a los Mártires de Quiché, Guatemala, que fueron beatificados el pasado viernes 23 de abril:

 

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25/04/2021Francisco en el Regina Coeli: "Jesús es el Buen Pastor que nos salva con su Palabra"

"Fueron tres sacerdotes y siete laicos de la Congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús, asesinados entre 1980 y 1991, época de persecución contra la Iglesia católica comprometida con la defensa de los pobres. Animados por la fe en Cristo, fueron testigos heroicos de la justicia y el amor. Que su ejemplo nos haga más generosos y valientes a la hora de vivir el Evangelio", dijo Francisco pidiendo un aplauso para los nuevos beatos.

Víctimas del volcán en San Vicente e incendio en Bagdad

Asimismo, el Sucesor de Pedro expresó sus condolencias a la población de las islas de San Vicente y las Granadinas, donde una erupción volcánica está causando daños e inconvenientes. "Les aseguro mis oraciones. Bendigo a todos los que están prestando ayuda y asistencia", afirmó.

El Papa también expresó su cercanía con las víctimas del incendio en un hospital para enfermos de Covid, en Bagdad. Hasta el momento hay 82 muertos. "Rezamos por todos ellos", añadió.

La tragedia en el mar Mediterráneo

Por otra parte, el Pontífice compartió su enorme tristeza por la tragedia que ha vuelto a tener lugar en los últimos días en el Mediterráneo:

“130 migrantes han muerto en el mar. Son personas. Son vidas humanas, que durante dos días enteros han suplicado en vano ayuda. Una ayuda que no llegó. Hermanos y hermanas, cuestionémonos todos sobre esta enésima tragedia. Es el momento de la vergüenza. Recemos por estos hermanos y hermanas, y por tantos que siguen muriendo en estos dramáticos viajes. También rezamos por aquellos que pueden ayudar pero prefieren mirar hacia otro lado. Rezamos en silencio por ellos”

Antes de despedirse, Francisco señaló que hoy, en toda la Iglesia, se celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones con el tema San José y el sueño de la vocación.

“Demos gracias al Señor, porque sigue suscitando en la Iglesia personas que, por amor a Él, se consagran al anuncio del Evangelio y al servicio de los hermanos. Y hoy, en particular, demos gracias por los nuevos sacerdotes que he ordenado hace poco en la Basílica de San Pedro y pedimos al Señor que envíe buenos obreros para trabajar en su campo y que multiplique las vocaciones a la vida consagrada”

"Y ahora os saludo a todos de corazón, romanos y peregrinos, en particular saludo a los familiares y amigos de los nuevos sacerdotes, así como a la comunidad del Pontificio Colegio Germánico Húngaro, que esta mañana ha realizado la tradicional peregrinación de las Siete Iglesias", concluyó el Papa, deseando a todos que pasen un buen domingo.

 

DESEOS DE SANTIDAD

— Querer ser santos es el primer paso necesario para recorrer el camino hasta el final. Deseos sinceros y eficaces.

— El aburguesamiento y la tibieza matan los deseos de santidad. Estar vigilantes.

— Contar con la gracia de Dios y con el tiempo. Evitar el desánimo en la lucha por mejorar.

I. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. Como el ciervo desea las fuentes de las aguas, así te desea mi alma, oh Dios... ¿Cuándo vendré y apareceré ante la cara de Dios?1. Así rezamos en la liturgia de la Misa. El ciervo que busca saciar su sed en la fuente es la figura que emplea el salmista para descubrir el deseo de Dios que anida en el corazón de un hombre recto: ¡sed de Dios, ansias de Dios! He aquí la aspiración de quien no se conforma con los éxitos que el mundo ofrece para satisfacer las ilusiones humanas. ¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si luego pierde su alma?2. Esta pregunta de Jesús nos sitúa de un modo radical ante el grandioso horizonte de nuestra vida, de una vida cuya razón última está en Dios. ¡Mi alma tiene sed de Dios! Los santos fueron hombres y mujeres que tuvieron un gran deseo de saciarse de Dios, aun contando con sus defectos. Cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿tengo verdaderamente ganas de ser santo? Es más, ¿me gustaría ser santo? La respuesta sería afirmativa, sin duda: sí. Pero debemos procurar que no sea una respuesta teórica, porque la santidad para algunos puede ser «un ideal inasequible, un tópico de la ascética, pero no un fin concreto, una realidad viva»3. Nosotros queremos hacerla realidad con la gracia del Señor.

Así te desea mi alma, oh Dios. Hemos de comenzar por fomentar en nuestra alma el deseo de ser santos, diciendo al Señor: «quiero ser santo»; o, al menos, si me encuentro flojo y débil, «quiero tener deseos de ser santo». Y para que se disipe la duda, para que la santidad no se quede en sonido vacío, volvamos nuestra mirada a Cristo: «El divino Maestro y Modelo de toda perfección, el Señor Jesús, predicó a todos y cada uno de sus discípulos, cualquiera que fuese su condición, la santidad de vida, de la que Él es iniciador y consumador: Sed, pues, perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto (Mt 5, 48)»4.

Él es el iniciador. Si no fuera así, nunca se nos habría ocurrido la posibilidad de aspirar a la santidad. Pero Jesús la plantea como un mandato: sed perfectos, y por eso no es extraño que la Iglesia haga sonar con fuerza esas palabras en los oídos de sus hijos: «Quedan, pues, invitados y aun obligados todos los fieles cristianos a buscar insistentemente la santidad y la perfección dentro de su estado»5.

Como consecuencia, ¡qué clara ha de ser nuestra ansia de santidad! En la Sagrada Escritura, el profeta Daniel es llamado vir desideriorum, «varón de deseos»6. ¡Ojalá cada uno mereciese ese apelativo! Porque tener deseos, querer ser santos, es el paso necesario para tomar la decisión de emprender un camino con el firme propósito de recorrerlo hasta el final: «... aunque me canse, aunque no pueda, aunque reviente, aunque me muera»7.

«Deja que se consuma tu alma en deseos... Deseos de amor, de olvido, de santidad, de Cielo... No te detengas a pensar si llegarás alguna vez a verlos realizados –como te sugerirá algún sesudo consejero–: avívalos cada vez más, porque el Espíritu Santo dice que le agradan los “varones de deseos”.

»Deseos operativos, que has de poner en práctica en la tarea cotidiana»8.

Por tanto, es preciso que examinemos si nuestros deseos de santidad son sinceros y eficaces; más aún, si los tomamos como una «obligación» –como hemos visto que dice el Concilio Vaticano II– de fiel cristiano, que responde a los requerimientos divinos. En ese examen quizá encontremos la explicación de tanta debilidad, de tanta desgana en la lucha interior. «Me dices que sí, que quieres. —Bien, pero ¿quieres como un avaro quiere su oro, como una madre quiere a su hijo, como un ambicioso quiere los honores o como un pobrecito sensual su placer?

»—¿No? —Entonces no quieres»9.

Alimentemos esos deseos con la virtud de la esperanza: solo se puede querer eficazmente algo cuando hay esperanza de conseguirlo. Si se considera imposible, si pensamos que una meta no es para nosotros, tampoco la desearemos realmente; y nuestra esperanza teologal se fundamenta en Dios.

II. La conversión del centurión Cornelio, que se lee en la Primera lectura de la Misa, demuestra que Dios no hace acepción de personas. San Pedro explica a los demás lo que ha sucedido: el Espíritu Santo descendió sobre ellos, así como sobre nosotros al principio10.

La fuerza del Espíritu Santo no conoce límites ni barreras. Tampoco –como en el caso de Cornelio, que no pertenecía a la raza ni al pueblo judío– en nuestra vida personal. Por una parte, hemos de desear ser santos; por otra, si Dios no construye la casa, en vano trabajan los que la edifican11. La humildad nos llevará a contar siempre y ante todo con la gracia de Dios. Luego vendrá nuestro esfuerzo por adquirir virtudes y por vivirlas continuamente; junto a ese empeño, nuestro afán apostólico, pues no podemos pensar en una santidad personal que ignora a los demás, que no se preocupa de la caridad, porque eso es un contrasentido; y, por último, nuestro deseo de estar con Cristo en la Cruz, es decir, de ser mortificados, de no rehuir el sacrificio ni en lo pequeño, ni en lo grande si es preciso.

Hemos de estar prevenidos para no acercarnos a Dios con regateos, sin renuncias, tratando de hacer compatible el amor a Dios con lo que no le agrada. Debemos vigilar para alimentar continuamente en la oración nuestros deseos de santidad, pidiendo a Dios que sepamos luchar todos los días, que sepamos descubrir en el examen de conciencia en qué puntos se está apagando nuestro amor. Los deseos de santidad se harán realidad en el cumplimiento delicado de nuestros actos de piedad, sin abandonarlos ni retrasarlos por cualquier motivo, sin dejarnos llevar por el estado de ánimo ni por los sentimientos, pues «el alma que ama a Dios de veras no deja por pereza de hacer lo que pueda para encontrar al Hijo de Dios, su Amado. Y después que ha hecho todo lo que puede, no se queda satisfecha, pues piensa que no ha hecho nada»12.

La humildad es la virtud que no nos dejará satisfacernos ingenuamente en lo que hemos hecho ni quedarnos solo en deseos teóricos, pues siempre nos hará ver que podemos hacer más para traducir en obras de amor nuestros deseos, impidiendo que la realidad de nuestros pecados, ofensas y negligencias dé por tierra con nuestras ilusiones. La humildad, pues, no corta las alas a los deseos, sino al contrario: nos hace comprender la necesidad de recurrir a Dios para convertirlos en realidades. Con la gracia divina haremos todo lo posible para que las virtudes se desarrollen en nuestra alma, quitando obstáculos, alejándonos de las ocasiones de pecar y resistiendo con valentía a las tentaciones.

III. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Es compatible esa sed con la experiencia de nuestros defectos e incluso de nuestras caídas? Sí, porque santos son, no los que no han pecado nunca, sino los que se han levantado siempre. Renunciar a la santidad porque nos vemos llenos de defectos es un modo encubierto de soberbia y una evidente cobardía, que acabará ahogando nuestras ansias de Dios. «Es propio de un alma cobarde y que no tiene la virtud vigorosa de confiar en las promesas del Señor, el abatirse demasiado y sucumbir ante las adversidades»13.

Dejar a Dios, abandonar la lucha porque tenemos defectos o porque existen adversidades es un grave error, una tentación muy sutil y muy peligrosa, que nos puede llevar a una manifestación de soberbia, que es la pusilanimidad, falta de ánimo y valor para tolerar las desgracias o para intentar cosas grandes. Quizá no necesitemos hacernos falsas ilusiones, porque quisiéramos ser santos en un día, y eso no es posible, salvo que Dios decidiera hacer un milagro, que no tiene por qué hacer, ya que nos da continua y progresivamente –por conductos ordinarios– las gracias que necesitamos.

El deseo de ser santos, cuando es eficaz, es el impulso consciente y decidido que nos lleva a poner los medios necesarios para alcanzar la santidad. Sin deseos, no hay nada que hacer; ni siquiera se intenta. Con deseos solo, no basta. «Hay pues, que tener paciencia, y no pretender desterrar en un solo día tantos malos hábitos como hemos adquirido, por el poco cuidado que tuvimos de nuestra salud espiritual»14.

Dios cuenta con el tiempo y tiene paciencia con cada uno de nosotros. Si nos desanimamos ante la lentitud de nuestro adelanto espiritual, hemos de recordar lo pésimo que es apartarse del bien, detenerse ante la dificultad y descorazonarse por nuestros defectos. Precisamente Dios puede concedernos más luz para ver mejor nuestra conciencia y para que emprendamos con más ánimo la lucha en nuevos frentes de batalla, recordando que los santos se han considerado siempre grandes pecadores, de ahí que procurasen esforzadamente acercarse más a Dios por medio de la oración y de la mortificación, confiados en la misericordia divina: «Esperemos con paciencia que vamos a mejorar y, en vez de inquietarnos por haber hecho poca cosa en el pasado, procuremos con diligencia hacer más en el futuro»15.

Como el ciervo desea las fuentes de las aguas, así te desea mi alma, oh Dios. Mantengamos vivo el deseo de Dios; encendamos cada día la hoguera de nuestra fe y de nuestra esperanza con el fuego del amor a Dios, que aviva nuestras virtudes y quema nuestra miseria, y saciaremos nuestra sed de santidad con el agua que salta hasta la vida eterna16.

1 Sal. 41. Salmo responsorial. — 2 Mt 16, 26. — 3 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 96. — 4 Conc. Vat. II, Lumen gentium, 40. — 5 Ibídem, 42. — 6 Dan 9, 23. — 7 Santa Teresa, Camino de perfección, 21, 2. — 8 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 628. — 9 ídem, Camino, n. 316. — 10 Hech 11, 15-17. — 11 Sal 126, 1. — 12 San Juan de la Cruz, Cántico espiritual, 3, 1. — 13 San Basilio, Homilía sobre la alegría, en F. Fernández Carvajal, Antología de textos, n. 1781. — 14 J. Tissot, El arte de aprovechar nuestras faltas, Palabra, 11ª ed., Madrid 1986, p. 14. — 15 Ibídem, pp. 24-25. — 16 Cfr. Jn 4, 14.

 

Meditaciones: lunes 4ª semana de Pascua

Reflexión para meditar el lunes de la cuarta semana de Pascua. Los temas propuestos son: Cristo es nuestra puerta; el buen pastor nos llama uno a uno; escuchar a Jesús en la Iglesia.

MEDITACIONES25/04/2021

Cristo es nuestra puerta.

El buen pastor nos llama uno a uno.

Escuchar a Jesús en la Iglesia.


«YO SOY la puerta de las ovejas» (Jn 10,7). Jesús se designa a sí mismo como la puerta por la que tienen que pasar los pastores y el rebaño. Advierte que algunos que intentan llegar al rebaño por otros caminos, intentan escalar la cerca, pero esos no son buenos pastores. Solo pasando por Cristo, la puerta, las ovejas pueden transitar con seguridad, encontrar pastos, vida en abundancia. Jesús está en el centro de nuestra fe, es el principio y el fin de la creación, el alfa y el omega, como proclama el sacerdote cuando enciende el cirio durante la Vigilia pascual. «Enciende tu fe –decía san Josemaría–. No es Cristo una figura que pasó. No es un recuerdo que se pierde en la historia. ¡Vive!: “Jesus Christus heri et hodie: ipse et in sæcula!” –dice San Pablo– ¡Jesucristo ayer y hoy y siempre!»[1].

¡Con qué fuerza se quedó impresa la figura de Jesús en aquellos que entraban en contacto con él! San Pedro y san Juan, después de la curación del cojo de nacimiento y la advertencia del Sanedrín para que no hablasen más de Cristo resucitado, simplemente responden: «Nosotros no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20). San Pablo, que se encontró a Jesús camino de Damasco, lo consideraba su propia vida (cfr. Fil 1,21) y su gran afán era predicar «a Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios» (1 Cor 1,24).

Al considerar la imagen de Cristo como puerta, podemos pensar si verdaderamente queremos pasar todo lo que nos sucede a través de él. En nuestra relación con Jesús, puede suceder que haya «una dimensión de la experiencia cristiana que quizá dejamos un poco en la sombra: la dimensión espiritual y afectiva. El sentirnos unidos por un vínculo especial al Señor como las ovejas a su pastor. A veces racionalizamos demasiado la fe y corremos el riesgo de perder la percepción del timbre de esa voz, de la voz de Jesús buen pastor, que estimula y fascina. Como sucedió a los dos discípulos de Emaús, que ardía su corazón mientras el Resucitado hablaba a lo largo del camino. Es la maravillosa experiencia de sentirse amados por Jesús (...). Para él no somos nunca extraños»[2].


DURANTE LOS años de su predicación en la tierra, el Señor fue dando luz a una multitud de personas. La Sagrada Escritura nos dice que la gente que se acercaba a él quedaba admirada por su modo de predicar, muy distinto a lo que estaban acostumbrados a escuchar (cfr. Mc 1,22). Sus palabras de una profunda y nueva esperanza –una esperanza que no termina aquí en la tierra– hacían que las multitudes se reunieran en torno a él como las ovejas que desean escuchar la voz de su pastor. Cristo «llama a sus propias ovejas por su nombre» (Jn 10,3), habla al corazón de cada persona. Esto implica que detrás de su voz podemos encontrar siempre una llamada personal del Señor. No son ideas con poca trascendencia en nuestra vida diaria: la fe es auténtica cuando se hace propia, cuando descubrimos que orienta nuestros deseos más profundos e ilumina realmente las circunstancias en que vivimos, nuestras relaciones familiares, profesionales, sociales... Entonces nos movemos con libertad, como las ovejas que entran y salen del redil, encontrando la seguridad que les dan los pastos (cfr. Jn 10,9).

Al sacar a las ovejas del redil, el pastor «va delante de ellas y las ovejas le siguen porque conocen su voz» (Jn 10,4). Para conocer con mayor claridad la voz de Cristo necesitamos profundizar siempre más en los contenidos de la fe. San Pablo compara la fe a un escudo que nos sirve para «apagar los dardos encendidos del Maligno» (Ef 6,16). Estas convicciones, al asumirlas en nuestra propia vida con la gracia de Dios, nos sostienen, pero sobre todo nos impulsan a llevar paz a los ambientes en los que nos movemos. Así, por ejemplo, quien ha asimilado la verdad de ser hijo de Dios sabrá hacer frente con serenidad a las dificultades de cada día, sabrá tratar mejor a los demás porque son sus hermanos, sabrá pensar en este mundo nuestro como el hogar que nos ha regalado Dios Padre.

La experiencia de encontrarnos con Cristo nos transforma. No nos lleva solamente a creer en algo, sino a ser alguien nuevo, a ser Cristo para los demás. San Josemaría señalaba que «ser santo, ser feliz en la tierra y conseguir la felicidad eterna –que en eso consiste la santidad–, es ser Cristo»[3].


LAS OVEJAS del redil de Cristo reconocen su voz y rechazan la de los extraños (cfr. Jn 10,5.8). Creer en Jesús es también entrar a formar parte de la gran comunidad de hombres y mujeres de una gran variedad de condiciones y procedencias que configuran la Iglesia. Así lo expresa el apóstol san Juan: «Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo» (1 Jn 1,3).

Al profundizar en nuestra fe, surge el deseo de hacerlo por medio de las enseñanzas del Magisterio. Se trata de la puerta para apreciar la herencia que nos ha dejado el Señor, el tesoro familiar que se transmite de generación en generación, aquella voz del pastor que no cesa con el paso del tiempo. «Como una madre que enseña a sus hijos a hablar y con ello a comprender y comunicar, la Iglesia, nuestra Madre, nos enseña el lenguaje de la fe para introducirnos en la inteligencia y la vida de fe»[4].

Muchas veces, hemos recibido esta fe en el seno de nuestros hogares, como sucedió a Timoteo, a quien san Pablo podía decir: «Me viene a la memoria tu fe sincera, que arraigó primero en tu abuela Loide y en tu madre Eunice, y estoy seguro de que también en ti» (1 Tim 1,5). Muchas veces «son las mamás, las abuelas, quienes realizan la transmisión de la fe»[5]; al ser un encuentro que transforma a las personas, la transmisión de la vida junto a Jesús encuentra un canal privilegiado en la amistad familiar o social, ya que es amor gratuito que se expande.

Podemos pedir a Jesús, el pastor, la puerta del rebaño, escuchar su voz, ese susurro que nos quiere llevar a la felicidad, aquí y en el cielo.


[1] San Josemaría, Camino, n. 584.

[2] Francisco, Regina Coeli, 7-V-2017.

[3] San Josemaría, Apuntes de una reunión familiar, 28-VIII-1974.

[4] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 171.

[5] Francisco, Homilía, 26-I-2015.

 

“Saberse nada delante de Dios”

Es muy grande cosa saberse nada delante de Dios, porque así es. (Surco, 260)

26 de abril

Déjame que te recuerde, entre otras, algunas señales evidentes de falta de humildad:

–pensar que lo que haces o dices está mejor hecho o dicho que lo de los demás;

–querer salirte siempre con la tuya;

–disputar sin razón o –cuando la tienes– insistir con tozudez y de mala manera;

–dar tu parecer sin que te lo pidan, ni lo exija la caridad;

–despreciar el punto de vista de los demás;

–no mirar todos tus dones y cualidades como prestados;

–no reconocer que eres indigno de toda honra y estima, incluso de la tierra que pisas y de las cosas que posees;

–citarte a ti mismo como ejemplo en las conversaciones;

–hablar mal de ti mismo, para que formen un buen juicio de ti o te contradigan;

–excusarte cuando se te reprende;

–encubrir al Director algunas faltas humillantes, para que no pierda el concepto que de ti tiene;

–oír con complacencia que te alaben, o alegrarte de que hayan hablado bien de ti;

–dolerte de que otros sean más estimados que tú;

–negarte a desempeñar oficios inferiores;

–buscar o desear singularizarte;

–insinuar en la conversación palabras de alabanza propia o que dan a entender tu honradez, tu ingenio o destreza, tu prestigio profesional...;

–avergonzarte porque careces de ciertos bienes... (Surco, 263)

 

La misión educativa de la familia (II)

Hablar con los hijos de las cuestiones que les interesan, dar ejemplo y no tener miedo a influir positivamente en sus vidas son algunos de los retos de la educación. Publicamos el segundo editorial sobre este tema en el ámbito de la familia.

FAMILIA04/05/2016

La persona humana se realiza, se edifica a sí misma, por medio de sus libres decisiones. Como es sabido, la libertad no consiste en la simple posibilidad de elegir una opción u otra, sino en la capacidad de ser dueño de uno mismo para dirigirse al bien verdadero. Por eso, un aspecto central en la educación de los hijos es precisamente formarles para la libertad, de manera que quieran hacer el bien: es decir, que lo quieran no sólo porque está mandado, sino justamente porque es bueno.

Muchas veces se educa más con lo que los hijos ven y experimentan en el hogar –un ambiente de libertad, de alegría, de cariño y de confianza–, que con las palabras. Por eso, más que transmitir, la misión educativa de los padres consiste en contagiar ese amor a la verdad que es la clave de la libertad[1].

De esta manera, y con la ayuda de la gracia de Dios, los hijos crecen con el deseo de orientar su vida hacia esa Verdad completa, la única capaz de dar sentido a la existencia y saciar los anhelos más profundos del corazón del hombre.

Amor exigente

Educar para la libertad es todo un arte, muchas veces nada fácil. Como señala Benedicto XVI, «llegamos al punto quizá más delicado de la obra educativa: encontrar el equilibrio adecuado entre libertad y disciplina. Sin reglas de comportamiento y de vida, aplicadas día a día también en las cosas pequeñas, no se forma el carácter y no se prepara para afrontar las pruebas que no faltarán en el futuro. Pero la relación educativa es ante todo encuentro de dos libertades, y la educación bien lograda es una formación para el uso correcto de la libertad»[2].

Una premisa útil para afrontar de manera adecuada esta tarea de conciliar exigencia y libertad es recordar que la fe y la moral cristianas son la clave de la felicidad del hombre. Ser cristiano puede ser exigente, pero nunca es algo opresivo, sino enormemente liberador.

La meta es que, desde pequeños, los hijos experimenten en el hogar que el hombre «no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás»[3]. Y que una persona que vive plenamente la vida cristiana no es una «persona aburrida y conformista; no pierde su libertad. Sólo el hombre que se pone totalmente en manos de Dios encuentra la verdadera libertad, la amplitud grande y creativa de la libertad del bien»[4].

La vida cristiana es precisamente la única vida feliz; la única que libera de la amargura de una existencia sin Dios. Benedicto XVI lo afirmaba con gran fuerza al inicio de su pontificado: «quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada –absolutamente nada– de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera. Así, hoy, yo quisiera, con gran fuerza y gran convicción, a partir de la experiencia de una larga vida personal, decir a todos vosotros, queridos jóvenes: ¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a él, recibe el ciento por uno»[5].

Para lograr esto, lo primero es que los mismos padres “transparenten” la alegría de vivir coherentemente. Los padres educan fundamentalmente con su conducta. Lo que los hijos y las hijas buscan en su padre o en su madre no son sólo unos conocimientos más amplios que los suyos o unos consejos más o menos acertados, sino algo de mayor categoría: un testimonio del valor y del sentido de la vida encarnado en una existencia concreta, confirmado en las diversas circunstancias y situaciones que se suceden a lo largo de los años[6].

Los hijos han de percibir que la conducta que ven hecha vida en sus padres no es un agobio, sino fuente de libertad interior. Y los padres, sin amenazas, con sentido positivo, deben “estructurar interiormente” a sus hijos, educarles para esta libertad, dándoles razones para que entiendan la bondad de lo que se les pide, de modo que lo hagan suyo.

De esta manera se fortalece su personalidad y crecen maduros, seguros y libres. Aprenden así a vivir por encima de modas, yendo a contracorriente, cuando sea necesario. La experiencia muestra que, cuando los hijos son ya mayores, no hay nada que agradezcan más a sus padres que esta educación libre y responsable.

Proponer bienes altos

Indudablemente, el amor a los hijos no tiene que ver con observar una supuesta –imposible en la práctica– “neutralidad educativa”. Por una parte, no hay que olvidar que si los padres no educan, lo harán otros. Siempre, pero hoy quizá más que en el pasado, la sociedad, el ambiente y los medios de comunicación han ejercido una influencia notable, que en ningún caso es neutra. Por otra parte, actualmente hay una tendencia a enseñar unos valores aceptables por todos: quizás positivos pero, desde luego, mínimos.

Los padres han de educar, sin miedo, en todos los bienes que consideran esenciales para la felicidad de sus hijos. De la insistencia de los padres en el estudio, por ejemplo, los pequeños aprenden que el estudio es un bien importante en sus vidas. De la insistencia amable de sus padres en que se limpien y vayan arreglados, aprenden que la higiene y la presentación no son cosas despreciables. Pero si los padres no insisten –acompañándoles siempre con el ejemplo, y razonando los porqués– sobre otras cuestiones (por ejemplo, ser sobrios, decir siempre la verdad, ser leales, rezar, frecuentar los sacramentos, vivir la santa pureza, etc.), los hijos pueden pensar intuitivamente que son bienes en desuso, que ni siquiera sus padres viven, o que no se atreven a proponer en serio.

Un punto de vital importancia para esta tarea es la comunicación. Una tentación habitual es pensar que “a los jóvenes de ahora no los entiendo”; “el ambiente está muy mal”; “antes esto no se hubiera permitido”. La simple argumentación de autoridad puede servir en algún momento, pero acaba mostrándose siempre insuficiente. En la educación, a veces hay que argumentar con el premio y el castigo, pero sobre todo hay que hablar de la bondad o maldad de los actos, y del tipo de vida que estos actos configuran. De esta manera se facilita también que los hijos descubran el vínculo indisoluble que existe entre libertad y responsabilidad.

Razonar con los hijos será siempre necesario. San Josemaría lo concretaba diciendo que hay que llegar a ser amigos de sus hijos: amigos a los que se confían las inquietudes, con quienes se consultan los problemas, de los que se espera una ayuda eficaz y amable[7]. Para lograrlo, es preciso pasar tiempo juntos, escucharles a solas a cada uno, adelantarse para hablar serenamente de los temas centrales de las distintas etapas de la existencia: el origen de la vida, las crisis de la adolescencia, el noviazgo y, sin ninguna duda –porque es lo más importante–, la vocación que Dios tiene prevista para cada persona.

Como señala Benedicto XVI, «sería muy pobre la educación que se limitara a dar nociones e informaciones, dejando a un lado la gran pregunta acerca de la verdad, sobre todo acerca de la verdad que puede guiar la vida»[8]. Los padres no han de tener miedo a hablar de todo con sus hijos, ni a reconocer que ellos también se equivocan, que tienen errores, y que fueron jóvenes: lejos de quitarles autoridad, esta confianza les hace más aptos para su misión educativa.

El primer "negocio"

La misión educativa de los padres es una tarea apasionante y una gran responsabilidad. Los padres deben comprender la obra sobrenatural que implica la fundación de una familia, la educación de los hijos, la irradiación cristiana en la sociedad. De esta conciencia de la propia misión dependen en gran parte la eficacia y el éxito de su vida: su felicidad[9].

Ser padres es la primera ocupación. San Josemaría solía decir que los hijos son el primer y mejor “negocio” de los padres: el negocio de su felicidad, del que tanto espera la Iglesia y la sociedad. Y, de la misma forma que un buen profesional mantiene siempre un afán noble de aprender y mejorar en su labor, se debe cultivar el deseo de aprender y mejorar a ser mejores esposos, mejores padres.

Para fomentar este deseo, San Josemaría impulsó tantas iniciativas prácticas que siguen ayudando a miles de matrimonios en su tarea: cursos de orientación familiar, clubes juveniles, colegios en los que los padres son los primeros protagonistas, etc.

Ser buenos padres es todo un reto. No hay que esconder el esfuerzo que supone pero, con la gracia de Dios propia del sacramento del matrimonio y la entrega alegre y enamorada de los esposos, todos los sacrificios se llevan con gusto. La educación de los hijos no es un oficio determinado por la suerte o por el ambiente, sino por el amor. Con este amor, los padres pueden dirigirse con toda confianza a Dios, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra[10], para que proteja el hogar familiar y cubra con sus bendiciones a los hijos.

M. Díez


[1] Cfr. Jn 8, 32.

[2] Benedicto XVI, Mensaje a la diócesis de Roma sobre la tarea urgente de la educación, 21-I-2008.

[3] Conc. Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, n. 24.

[4] Benedicto XVI, Homilía, 8-XII-2005.

[5] Benedicto XVI, Homilía en el Solemne Inicio del Ministerio Petrino, 24-IV-2005.

[6] Es Cristo que pasa, n. 28.

[7] Ibidem, n. 27.

[8] Benedicto XVI, Mensaje a la diócesis de Roma sobre la tarea urgente de la educación, 21-I-2008.

[9] Conversaciones, n. 91. [10] Ef 3, 14.

 

Cuántas manos educan a mi hijo

A la educación que damos como padres, se suman una serie de comentarios, consejos y críticas sobre nuestro papel sin que los hayamos pedido. ¿Cómo controlar y aprovechar esas situaciones?

Los abuelos, las nanas, los cuñados y las amigas, todos quienes tienen relación con la familia, influyen de una u otra manera en la educación de los hijos. A continuación señalamos algunas situaciones que suceden con frecuencia y damos pautas de cómo manejarlas, pero siempre teniendo en cuenta que los padres son los responsables de la educación de sus hijos y que sólo ellos trazan la línea.

Situación 1: Los abuelos

– «La abuela encuentra que la sopa de mi hija está mal hecha porque no tiene suficiente acelga; me hace ponerle un gorro de lana cada vez que me voy de su casa, aunque haga calor; y encuentra que duerme demasiado poco».

– «La abuela, cada vez que vamos a verla, les tiene unos regalos increíbles. Ellos sólo quieren ir por los regalos, pero ella no se da cuenta».

– «Estoy tratando de que mi hija no coma dulces ni chocolates porque está con sobrepeso, pero los abuelos la llenan de dulces cada vez que pueden».

Existen dos tipos de abuelos: los regalones y los ayudadores. Los primeros sólo buscan que los nietos estén felices con ellos y para eso se desviven por hacerlo que los niños quieran, los llenan de regalos y dulces.

Los ayudadores, en cambio, quieren apoyar a los papás en lo que pueden. Las mamás viven en una vertiginosa carrera entre el trabajo, las compras, los turnos y la casa. El papel de los abuelos es fundamental porque tienen la experiencia, la sensatez, el criterio y el amor para ayudar en la educación de los nietos.

No se trata de opinar y corregir sobre el manejo de la casa, la comida o si el niño tiene que ponerse el chaleco o no. Su papel está en ayudar a desarrollar a esos niños como personas, reforzarlos en el plano espiritual. Así, por ejemplo, de chicos, les pueden enseñar a ser cariñosos, a desarrollar algunas virtudes, y, más grandes, comentar con ellos las noticias del diario, llevarlos al teatro, etc.

Por supuesto que el lado «regalador» también puede estar presente. Es parte del ser abuelos. Pero teniendo cuidado en «no atornillar al revés» que los padres. La mejor manera de hacerlo es preguntándose si así ayudan a la educación de sus nietos o no.

Y si el abuelo o la abuela creen que algo anda mal en esa familia, claro que puede hablar con su hijo o hija. Esperar el momento apropiado, invitarlo, por ejemplo a almorzar, y dar un buen consejo, es parte de su papel. Los abuelos pueden ayudar mucho, sin necesidad de ser «metidos».

Una buena relación entre abuelos y nietos es un maravilloso tesoro para los niños. Si hay confianza, cariño y respeto, pueden conversar cualquier cosa y preguntarles todas sus inquietudes, incluso más que a los papás. y los niños podrán aprender muchas cosas que sólo la experiencia da.

Situación 2: La nana

– «No quiero que mi hijo siga durmiendo siesta porque después no hay cómo acostarlo en la noche, pero la nana insiste en que el niño se pone «nervioso» sin siesta y lo hace dormir igual».

– «Ya tiene más de un año y puede comer de todo, pero la nana le sigue dando sopa cuando yo no estoy».

– «Mi hija ha aprendido de la nana un montón de palabras que yo no quiero que diga y también ahora tiene miedo a los ladrones ya los terremotos por lo que ella le cuenta».

La nana es una persona que está en estrecho contacto con nuestros hijos por lo que hay que elegirla muy bien. La elección será distinta si la mamá trabaja fuera del hogar, que si está en la casa. Si trabaja, la nana será la autoridad de los niños durante gran cantidad de horas y hay que darles instrucciones claras.

El momento de la entrevista es fundamental: hay que preguntarle de todo. Y también establecer las normas de la casa: horarios, comida, orden, jamás pegarle a un niño, que la que castiga es la mamá, que no vea televisión con los niños, etc.

Claro que muchas veces cuesta tener autoridad y que, de verdad, obedezca una orden tan simple como que el niño no coma a deshora o que no duerma siesta. En estos casos, es bueno apoyarse en alguna autoridad «superior»: «el doctor dice que no puede comer a deshora porque está con sobrepeso y se va a enfermar. ..» «el papá no quiere que duerma siesta. ..»

Para que la nana trate bien a los niños y respete la autoridad de la mamá, lo fundamental es tratarla con cariño, enseñarle con paciencia, celebrarle lo que hace bien y tenerle comodidades en su pieza. Sólo así va a responder bien. Tiene que saber que le confiamos lo más precioso, nuestros hijos y que si miente, le perderemos esa confianza.

Muchas veces, nuestra única forma de control serán los propios niños. Preguntarles, por ejemplo, por la comida o si vieron TV, será la mejor manera de saber qué pasó -los niños no mienten- y de que ella sepa que la mamá está al tanto de todo.

Situación 3: La familia

– «Los primos tienen Nintendo, pero yo creo que mi hijo, aunque tiene la misma edad, es todavía muy chico para tenerlo».

– «Mi hijo no se atrevía a meterse en la piscina y mi cuñado dijo que él le iba a enseñar. Lo pescó de un salto y lo metió al agua. Resultado: llanto de una hora y más terror al agua. Ahora sí que no mete ni el dedo gordo».

– «Mi hija reclama que en la casa de los primos siempre hay juguetes más entretenidos, se come más rico y los papás son más simpáticos porque los dejan hacer cosas que yo no dejo».

Las relaciones familiares son muy buenas y hay que fomentar el cariño y la unión de los primos. Pero, como ocurre en todas las relaciones, siempre aparecen conflictos.

Los más típicos se producen por la comparación: ellos tienen, yo no; ellas pueden, yo no. Aquí hay que ser muy claros como papás: las comparaciones no son buenas porque cada familia es distinta. Si no pueden tener un juguete por problemas de plata, habrá que explicarles a los niños que no pueden tener lo mismo, que hay gente pobre que no tiene l nada y que ellos tienen suerte de tener un montón de cosas.

Otras veces la explicación será por el lado de que hay cosas que no calzan con la familia, que cada uno tiene su estilo de vida y que no nos gustan ciertas actitudes o permisos. Lo importante es siempre dar una explicación simple y concreta y estar seguros: si uno está convencido, convence.

Respecto a esos miembros de la familia que opinan sobre todo y se meten a educar a los otros, hay que hablarles claro y, con cariño, pedirles que no se metan y nos dejen a nosotros con nuestros problemas. Además, es bueno saber que la mejor forma de ayudar es con el ejemplo. Si la otra familia es alegre, obediente, ordenada, uno se pregunta por qué, se comienza a fijar y aprende.

Los mayores roces se producen, muchas veces, en los veraneos familiares. Establecer reglas claras y tener paciencia son las claves para la armonía familiar.

Situación 4: Los amigos

– «¡Todavía con chupete!», dice mi amiga cada vez que ve a mi hija de tres años. Es verdad que está grande, pero ya se le pasará. ..»

– «Mira, la Isabelita, antes de los dos años ya no usaba pañales», me cuenta una amiga, pero lo que quiere decir es: «Yo lo hago todo bien».

– «Cuando me quedé esperando guagua, una amiga me contó todo lo que iba a pasar, desde las náuseas hasta las noches sin dormir cuando nació la guagua; ¡quedé plop!, y no sabía si estaba tan feliz».

Nunca va a faltar la que le sacó los pañales al año, no le costó nada que el niñito dejara el chupete, que su hija come de todo. Vive contando las maravillas de sus hijos y la miramos sin poder decir nada.

A veces nos sentimos incómodos, otras, malos padres o con hijos raros, y otras, muy molestos.

Cuando esa «amiga» aparezca, lo más importante es saber que esa lista de «records» del niño y de la madre no significan nada. En la vida nadie es mejor o peor porque se sacó los pañales al año o a los tres años, ni porque dejó el chupete antes o después. Cada niño tiene su ritmo y cada familia es distinta, lo que hay que respetar.

Muchas veces, será la vida quien nos a irá mostrando qué amigas valen la pena y cuáles no. La frívola y la negativa, no aportan mucho. Esa amiga preocupada, cariñosa, que busca ayudar de verdad, podrá darnos un consejo útil que siempre será bien recibido.

En cualquier situación, es importante tener presente que:

– Los padres son los responsables de la educación de los hijos y son ellos quienes determinan horarios, normas y el estilo de vida.

– Pero hay que oír, comparar y evaluar. Habrá veces que nos darán un buen consejo o aprenderemos con la comparación, pero siempre hay que tener presente que son los padres los que deciden y se responsabilizan por eso.

– Otras veces habrá que hacer callar, con toda tranquilidad.

– Los padres tratamos de hacerlo bien y de no equivocarnos, pero, si eso pasa, hay que sacar lo mejor de la situación y seguir adelante.

Estrategias para contestar sin llegar al conflicto

1. No lea entre líneas: todos queremos ser buenos padres y que nos vean así. Por eso, una simple sugerencia – como «no tienes que levantarlo cada vez que llore» – pede ser tomada como un ataque personal. No hay que darle más importancia de lo que se dice.

2. Asuma que un consejo amistoso no es más que eso: los abuelos, hermanos, cuñados y amigos nos quieren y por eso sólo están tratando de ayudar.

3.- Déjelos hablar: muchos se conforman con sólo dar un consejo. Otras veces, puede preguntarle por qué lo dice y así entender hacia lo que va la persona… Puede hasta terminar encontrándole la razón.

4. No se crea un sabelotodo: hay que estar abierto a que el otro puede tener razón y reconocer que tenemos dudas acerca de las decisiones que tomamos. Frases como «Yo también estoy preocupado por eso…» o «Te voy a explicar por qué actúo así» o «No estoy segura si tomé la decisión correcta», ayudan a mantener una conversación que puede ser de gran ayuda.

5. Decir lo que nos molesta: no se trata de hacer un comentario irónico o juzgar a otro, pero ser sincero y honesto. Cuando un comentario nos molestó es muy bueno decirlo para mantener una relación sana con los demás.

 

Aprender a corregir

Es natural que los jóvenes y los mayores vean las cosas de distinto modo. Lo que sería extraño es que un adolescente y una persona madura pensaran de idéntica manera.

La educación no es empeñarse en que nuestros hijos sean como Einstein, o como ese genio de las finanzas, o como aquella princesa que sale en las revistas. Tampoco es el destino de los chicos llegar a ser lo que nosotros fuimos incapaces de alcanzar, ni hacer esa espléndida carrera que tanto nos gusta... a nosotros. No. Son ellos mismos.

Una labor de artesanía

Tener un proyecto educativo no significa meter a los hijos en un molde a presión. La verdadera labor del educador es mucho más creativa: es como descubrir una fina escultura dentro de un bloque de mármol, quitando lo que sobra, limando asperezas y mejorando detalles.

Se trata de ir ayudándoles a quitar sus defectos para desvelar la riqueza de su forma de ser y de entender las cosas.

Hay que buscar par los hijos ideales de equilibrio, de nobleza, de responsabilidad. No de supremacía en todo, porque eso acaba por crear absurdos estados de angustia. Lo que importa es fijarse unos retos que le hagan ser él mismo, pero cada día un poco mejor; que le hagan conocer las satisfacción de fijarse unas metas y cumplirlas.

La tarea de educar en la libertad es tan delicada y difícil como importante, porque hay padres que, por afanes de libertad mal entendida, no educan; y otros que, por afanes pedagógicos desmedidos, no respetan la libertad. Y no sabría decir qué extremo es más negativo.

Las cuatro reglas

Educar no es una tarea fácil. El adolescente tiende por naturaleza a enjuiciarlo todo, posee una considerable visión crítica de lo que le rodea. Eso no tiene por qué ser forzosamente malo. Por el contrario, puede ser muy bueno. Pero habría que establecer unas reglas del juego para que la crítica en la familia sea positiva.

Primera: Para que alguien tenga derecho a corregir tiene primero que ser persona que esté capacitada para reconocer lo bueno de los demás y que sea capaz también de decirlo: que no corrija quien no sepa elogiar de vez en cuando.

Porque si un padre no reconoce nunca lo que su hijo o su mujer hacen bien, ¿con qué derecho podrá luego corregirles cuando fallen? En este sentido no debemos olvidar que, el que nada positivo encuentra en los demás tiene que replantear su vida desde los cimientos: algo en él no va bien, tiene una ceguera que le inhabilita para corregir.

Con mucho cariño

Segunda: Ha de corregirse por cariño: tiene que ser la crítica del amigo, no la del enemigo. Y para eso tiene que ser serena y ponderada, sin precipitaciones y sin apasionamiento: tiene que ser cuidadosa, con el mismo primor con que se cura una herida, sin ironías ni sarcasmos, con esperanza de verdadera mejoría.

Tercera: Tampoco debe darse la corrección sin antes hacer examen sobre la propia culpabilidad en lo que se va a corregir. Cuando algo marcha mal en la familia, casi nunca nadie puede decir que está libre de toda culpa.

Además, cuando uno se siente corresponsable de un error, corrige de forma distinta. Porque corrige desde dentro, comenzando por la confesión de la propia culpa. De este modo, el corregido entenderá mucho mejor porque empezamos por compartir su error con el nuestro, y no lo verá como una agresión desde fuera sino como una ayuda desde dentro.

La crítica destructiva es tan fácil como difícil es la constructiva.

Resulta muy eficaz que en la familia haya fluidez en la corrección, que se puedan decir unos a otros las cosas con normalidad. Que los agravios o los enfados no se queden dentro de los corazones, porque ahí se pudren.

Poco a poco

Cuarta: Regla múltiple sobre la forma de llevar a cabo la corrección. Ésta ha de ser cara a cara, pues no hay nada más sucio que la murmuración o la denuncia anónima del que tira la piedra y esconde la mano; a la persona interesada y en privado; y siempre sin comparar con otras personas: nada de "aprende de tu primo, que saca tan buenas notas, o del vecino de arriba que es tan educado..."

Con mucha prudencia antes de juzgar las intenciones y no hablar de lo que no se ha comprobado bien, pues corregir sobre rumores, suposiciones o sospechas, supone hacer méritos para ser injusto.

La corrección deber ser específica y concreta, no generalizadora ; sabiendo centrarse en el tema, sin exageraciones, sin superlativos, sin abusar de palabras como siempre, nunca... Conviene hablar de una o dos cosas cada vez, porque si acumulásemos una lista parecería una enmienda a la totalidad más que otra cosa; y sin reiterarlas demasiado: hay que darles tiempo para mejorar. Además, la excesiva machaconería se vuelve también contraproducente.

El mejor momento

Por último, hay que saber elegir el momento para corregir o aconsejar, que ha de ser cuanto antes, pero siempre esperando a estar los dos tranquilos para hablar y tranquilos para escuchar: si uno está aún nervioso o afectado por un enfado, quizá sea mejor esperar un poco más, porque de los contrario probablemente se estropeen más las cosas en vez de arreglarse. Corregir sí, pero siempre poniéndose antes en un lugar, haciéndose cargo de sus circunstancias, procurando, como dice el refrán, calzar un mes sus zapatos antes de juzgar.

Actuando así, se corrige de modo distinto. Incluso veremos que muchas veces es mejor callarnos: hay quien dijo que si pudiéramos leer la historia secreta de nuestros enemigos, hallaríamos en sus vidas penas y sufrimientos suficientes como para desarmar nuestra hostilidad.

Un buen ambiente familiar

La amistad entre padres e hijos se puede armonizar perfectamente con la autoridad que requiere la educación.

Es preciso crear un clima de gran confianza y de libertad, aun a riesgo de que alguna vez sean engañados. Más vale que luego ellos se avergüencen de haber abusado de esa confianza y se corrijan.

En cambio, cuando falta un mínimo de libertad, la familia se puede convertir en una auténtica escuela de la simulación.

A los adolescentes les cuesta mucho obedecer pero tienen que entender que, guste o no, todos obedecemos. En cualquier colectivo, las relaciones humanas implican vínculos y dependencias, y eso es inevitable. No pueden engañarse con ensueños de rebeldía infantil.

En definitiva, obedecer es a veces incómodo, es verdad. Pero tienen que descubrir que no siempre lo más cómodo es lo mejor. Deben darse cuenta de que el mejor camino para ser libre es lograr ser dueños de uno mismo. Han de comprender que sólo una persona bien curtida en la obediencia juvenil será libre en la edad adulta.

Para pensar

o Procura fijarte más en los valores positivos de los demás. Y al observar sus defectos, o lo que te parece a ti que son defectos, piensa si no los hay -esos mimos- también en tu vida.

o No debes olvidar que -no se sabe en virtud de qué misteriosa tendencia- todos solemos proyectar en los demás nuestros propios defectos.

o No pierdas la paciencia. Cuando pienses cosas como "le he dicho a esta criatura por lo menos cuarenta veces que... y no hay manera", no dejes de preguntarte si quizá también tú te has propuesto cuarenta veces muchas cosas que luego no has logrado hacer.

o Esto no quiere decir que no debamos exigir y corregir porque nosotros no seamos perfectos. Pero cuando alguien es consciente de sus propios defectos, la tarea de educar se percibe casi como una tarea de compañerismo: se celebra el triunfo del otro y se sabe disculpar y disimular la derrota, porque se confía en que le llegarán también tiempos de victoria.

o Sé prudente antes de juzgar o corregir: recuerda aquello de que el bien debe ser supuesto, el mal debe ser probado; y eso otro de oír la otra campana, y saber quién es el campanero...

o Para que la corrección sea eficaz, es preciso lograr previamente un clima de confianza. A veces somos rígidos y distantes porque estamos inseguros, porque no nos lanzamos a educar es la confianza, y no debe olvidarse que la confianza es un gran valor en la educación.

... y actuar

Plantea en una tertulia familiar cómo podríais lograr una mayor fluidez en la corrección, de manera que os podáis decir unos a otros con cierta normalidad las cosas que os molestan. No dejes de explicar que los agravios o los enfados no deben quedarse dentro del corazón, porque ahí se pudren; y que es preciso saber perdonar y dar un voto de confianza a todos: el verdadero perdón es siempre generoso en conceder oportunidades de enmendarse.

Por Alfonso Aguiló

 

Hacia una cultura de diálogo

¿Somos capaces a transmitir pacíficamente nuestra visión del mundo, y escuchar con atención lo que dicen los demás? La teóloga Jutta Burggraf (+2010) propone el diálogo para evitar el choque entre las culturas y mentalidades.

OTROS27/06/2018

Un nuevo reto

En la sociedad actual, convivimos con personas diferentes a nosotros. Este es un hecho concreto y fácilmente perceptible frente al cual no podemos cerrar los ojos. Se trata generalmente de gente proveniente de otros países, con una cultura y religión diferentes a las nuestras; tienen otras costumbres y un estilo de vida que nos resulta extraño y hasta curioso o pintoresco. Tal vez vivan en el mismo pueblo o incluso pertenezcan a nuestra familia. Son "nuestros vecinos de siempre"; pero no piensan ni sienten como yo, o —dicho desde otra perspectiva— yo no pienso ni siento como ellos. Cada persona tiene su propio punto de vista, su mentalidad, su proyecto vital y su modo de juzgar los acontecimientos políticos y sociales.

Lamentablemente, las diferencias originan no pocas veces antipatías o sospechas; pueden llevar a malentendidos e incomprensiones e incluso despertar reacciones violentas. Pueden ser también la causa de múltiples formas de rechazo que hieren el corazón humano.

Muchos sufren injusticias y humillaciones por el mero hecho de no ser "como los demás"; algunos tienen que soportar diariamente torturas, no sólo en una cárcel, sino también en un puesto de trabajo o en el entorno familiar. Es cierto que nadie puede hacernos tanto daño como los que debieran amarnos. "El único dolor que destruye más que el hierro es la injusticia que procede de nuestros familiares," dicen los árabes. Es una pena gastar las energías en enfados, recelos, rencores o desesperación; y quizá es más triste aún cuando una persona se endurece para no sufrir más.

¿Cómo podemos evitar este choque entre las culturas y mentalidades que parece caracterizar cada vez más claramente nuestra vida? En los últimos años —y especialmente a partir del 11 de septiembre de 2001— se han dado muchas respuestas muy variadas a este interrogante. De especial importancia es, ciertamente, el diálogo. Pero, ¿somos capaces a transmitir pacíficamente nuestra visión del mundo, y escuchar con atención lo que dicen los demás? O, preguntando de modo más radical: ¿tenemos realmente convicciones propias? ¿Hemos encontrado nuestra identidad? Es un hecho conocido que nadie puede dar (a conocer) lo que no tiene.

I. Dificultades para el diálogo

Somos libres para pensar por cuenta propia. Pero apenas tenemos el valor de hacerlo de verdad. Estamos más bien acostumbrados a repetir lo que dicen los periódicos y revistas, la televisión, la radio, lo que leemos en internet o lo aseverado por alguna persona, más o menos interesante, con la que nos cruzamos por la calle. Hoy en día, en muchos países parece que ha desaparecido la autoridad que dicta los pensamientos, la censura. Pero lo que hallamos en realidad, es que aquella autoridad ha cambiado su modo de obrar: no se vale de la coerción sino tan sólo de una blanda persuasión. Se ha hecho invisible, anónima, y se disfraza de normalidad, sentido común u opinión pública. No pide otra cosa que hacer lo que todos hacen.

¿Resistimos a los tiroteos constantes de este "enemigo invisible"? ¿Hemos aprendido a ejercer nuestra facultad para discurrir y discernir? Pensar no sólo es un juego divertido; es ante todo una exigencia de nuestra naturaleza. No deberíamos cerrar voluntariamente los ojos a la luz, sino todo lo contrario: tendríamos que entusiasmarnos con la realidad que nos rodea, y buscar respuestas a las cuestiones grandes y pequeñas que nos plantea la propia existencia.

 

Sufrir un ajetreo continuo

Sin embargo, nuestra vida se ha convertido, en muchos sentidos, en un ajetreo continuo. Muchas personas sufren las consecuencias del estrés o de un cansancio crónico. La dureza de la vida profesional, y también las exigencias exageradas de la industria del ocio, traen consigo unas obligaciones excesivas, así que lo único que se desea por la noche es descansar, distraerse de los problemas cotidianos, y no esforzarse nada más. Todo esto puede llevar a una cierta "enajenación" psicológica y espiritual, a la superficialidad de una persona que vive sólo en el momento, para las cosas inmediatas. En nuestra sociedad de bienestar tan saciada, con frecuencia, resulta muy difícil detenernos a reflexionar. Y resulta todavía más difícil hablar en serio con otra persona. ¿Cómo se puede transmitir las propias convicciones si no se tiene ningunas?

Huir en el mundo virtual

Con frecuencia, conocemos mejor a los protagonistas de una determinada serie televisiva que a nuestros vecinos más cercanos; escribimos mails a nuestros colegas de las oficinas al lado, en vez de mirarlos en la cara. Aparte del internet, la televisión es actualmente, sin duda, la fuente principal de información y deformación. Consumimos noticias de todo el mundo, talkshows y películas sin parar. No son pocas las casas en las que la televisión está encendida todo el día, incluso durante las comidas. Esto, obviamente, dificulta la conversación. Hay estudios que dicen, en sus conclusiones, que los niños europeos ven una media de cuatro horas diarias de televisión. En Estados Unidos, parece que ven todavía más, hasta seis horas al día, según las investigaciones del especialista Milton Chen, de San Francisco. Así cuando un chico empieza la enseñanza media, ha visto 18.000 horas de televisión y ha pasado 13.000 horas en la escuela. Su cabeza está llena de imágenes.

Pero incluso el más ávido telespectador se ve apartado, de vez en cuando, de su pantalla, y tiene que enfrentarse con la realidad de la vida cotidiana. Entonces se encuentra inmerso en un mundo inevitablemente menos emocionante que aquél de las imágenes. La vida diaria puede resultar lenta y aburrida; normalmente no es tan dinámica como una película. Es comprensible que se pueda tener ganas de huir, volver cuanto antes al mundo fantástico de la televisión, y no se quiera salir de él. Así, la televisión puede llegar a ser una droga. Somos nosotros los que hacemos de ella una de las múltiples "drogas electrónicas". Hace pensar que exista también la televisión tamaño-casete que se puede llevar en un transporte público, para no estar solo consigo mismo, ni quince minutos.

Tener un exceso de información

Un exceso de información puede ser otro gran impedimento para pensar. Vivimos en la era de los medios de comunicación de masas. Recibimos una inmensa cantidad de información. Quien intenta acceder inmediatamente a toda la información de los cinco continentes, quien no se pierde ninguna tertulia televisiva, ningún chat ni comentario político, o suele ver una película tras otra, puede convertirse en una especie de robot. Con frecuencia no tenemos ni tiempo, ni fuerzas suficientes para asimilar toda la información recibida. Además, absorbemos inconscientemente muchos miles de datos, cuando, por ejemplo, nos paseamos por el centro de una ciudad.

II. En busca de soluciones prudentes

¿Cómo actuar en esta situación? Hay una pequeña anécdota ilustrativa que se cuenta de la escritora alemana Ida Friederike Görres. Una vez, en los años cincuenta del siglo pasado, le preguntaron qué hacía para tener siempre ideas tan originales y saber juzgar con tanta claridad la situación de la sociedad. Respondió: "No leo ningún periódico. Así puedo concentrar mis fuerzas. De lo importante ya me enteraré de todas maneras" Naturalmente, esta postura es muy discutible y, en principio, no es digna de imitación. Pero sí puede invitarnos a reflexionar. Hoy, varias décadas más tarde, se ha multiplicado enormemente el volumen de la información que recibimos cada día, a la vez que se ha especializado. Los conocimientos de la humanidad se duplican cada cuatro años [1]. Será difícil para una persona llegar a tener convicciones propias sin una cierta "actitud distante" con respecto a los medios de información. El escritor ruso Dostoievski afirma: "Estar solo de vez en cuando, es más necesario para una persona normal que comer y beber" [2].

Evitar posturas defensivas

Es comprensible que algunas personas adopten una postura defensiva: prohíben a sus hijos ver la televisión, o ni siquiera quieren tener un aparato en su propia casa. Este planteamiento radical puede ser enriquecedor para la vida de familia y la propia cultura [3]. Sin embargo, no parece que sea el más apropiado para los retos de nuestro tiempo: el proyecto cultural no puede prescindir de la aportación del cine ya que éste asume un papel de primer plano, porque constituye el punto de encuentro entre el mundo de las comunicaciones sociales y otras formas culturales. Con controles y censuras, hoy en día, prácticamente no se consigue nada. Un alumno puede acceder por cable o satélite a todas las informaciones que quiera; puede ver los programas más nocivos en los bares, autobuses o tiendas, en las casas de los amigos o en la propia casa, cuando los padres están fuera (aparte de que casi la mitad de los adolescentes en Occidente tiene su televisión propia). Cuentan de una buena señora que había discutido mucho con sus hijos acerca de una determinada película, llena de escenas de brutalidad y violencia: los hijos querían verla, los padres lo prohibieron. El día en que salió esta película en la televisión, la señora tenía que acompañar a su marido a una cita importante. Como no estaba segura de si los hijos iban a obedecer o no, llevó la televisión consigo en el coche. Y los hijos vieron la película en casa de los vecinos.

No se consigue nada con prohibiciones. La meta no puede ser una simple renuncia. Esto es utópico y poco atractivo. Hace falta un esfuerzo más grande, que consiste en ayudar a los hijos, con argumentos sólidos, a utilizar bien la televisión: a tomar una actitud crítica positiva ante ella y descubrir sus ventajas y desventajas.

La televisión no es un enemigo; no es necesariamente una "caja tonta". Puede ser un buen amigo, un instrumento eficaz al servicio de la cultura y de la educación. Uno de los directores de la televisión alemana suele decir: "La televisión hace a los listos más listos y a los tontos más tontos" [4]. Conviene aprovecharla bien. Para lograrlo, es aconsejable ver junto con los educandos la televisión, y conversar después sobre lo que se ha visto. Así el aparato tan temido por algunos puede convertirse realmente en un "co-educador", en el sentido más pleno de la palabra.

Puede abrir nuevos horizontes y transmitir auténticos valores. Se puede descubrir también la propia responsabilidad por los programas, escribiendo cartas al director, haciendo sesiones de trabajo. De este modo cada uno puede salir del anonimato y de la pasividad, tan propios a la sociedad de consumo. Cada uno puede contribuir a buscar "una televisión con rostro humano": es decir, una televisión a la medida del hombre, y no un hombre a la medida de la televisión.

Adaptarse a la situación actual

En efecto, hace falta dar no sólo a los medios electrónicos, sino a toda la sociedad "un rostro humano". El primer paso para conseguirlo consiste en ser nosotros mismos verdaderamente "humanos", es decir, en vivir a la altura de nuestras posibilidades, esforzarnos por "ser quienes somos" —ni autómatas, ni marionetas— y abrirnos a los demás.

La globalización ha conducido a un gran cambio cultural en muchos ambientes tradicionalmente homogéneos. Pero esto no debe llevarnos al desconcierto. No puede ser que, en algunos círculos conservadores se vean personas preocupadas y agobiadas que añoran tiempos pasados. Pues una de las características fundamentales del mundo es su constante hacerse. Vivimos hoy de un modo distinto al que se vivía hace veinte, cincuenta o quinientos años. Nuestro tiempo no es un camino exterior por el que corremos, nuestro tiempo somos nosotros: es nuestro modo de ser y de ver la realidad, es nuestra mentalidad, son las experiencias que hemos tenido y la formación que hemos recibido, son nuestras sensibilidades y nuestros gustos y todas nuestras relaciones humanas.

Quien quiere influir en el presente, tiene que tener una actitud positiva hacia el mundo en que vive. No debe mirar al pasado, con nostalgia y resignación, sino que ha de adoptar una actitud positiva ante el momento histórico concreto: debería estar a la altura de los nuevos acontecimientos, que marcan sus alegrías y preocupaciones, sus ilusiones y decepciones, y todo su estilo de vida. "En toda la historia del mundo hay una única hora importante, que es la presente," dice Dietrich Bonhoeffer [5]. Los cambios de mentalidad invitan a exponer las propias convicciones de un modo distinto que antes, para que puedan comprenderlas también aquellos que no los comparten. A este respecto comenta un escritor español: "Naturalmente, yo no estoy dispuesto a modificar mis ideas por mucho que los tiempos cambien. Pero estoy dispuesto a poner todas las formulaciones externas a la altura de mis tiempos, por simple amor a mis ideas y a mis hermanos, ya que si hablo con un lenguaje muerto o un enfoque superado, estaré enterrando mis ideas y sin comunicarme con nadie" [6].

Abrirse al mundo

Cualquier persona, por erróneos que nos parezcan sus planteamientos, participa de alguna manera de la verdad: lo bueno puede existir sin mezcla de lo malo; pero no existe lo malo sin mezcla de lo bueno [7]. Por tanto, podemos aprender de todos. Si queremos comprender nuestro mundo, hemos de ampliar continuamente nuestro horizonte, profundizar en la verdad que hemos alcanzado, y buscarla allí donde puede encontrarse, esto es, en todas partes. En otras palabras, debemos estar dispuestos al diálogo, especialmente con aquellos que son distintos a nosotros.

Esta actitud —aparte de contribuir al bienestar de los demás (que se sienten apreciados)— facilita también el propio crecimiento. La situación es comparable a la de una persona que vive algún tiempo en el extranjero. Cuando vuelve al propio país, se da cuenta de que ha aprendido mucho: ve lo mismo de siempre, pero lo ve con otros ojos; puede distinguir ahora mejor entre lo esencial y lo accidental y ha adquirido cierta flexibilidad para adaptarse a nuevas situaciones. Por esta razón, en muchas empresas se prefiere dar el empleo a personas que tengan "experiencia en el exterior"; e incluso, muchas veces da lo mismo en qué país han vivido. Lo importante es que hayan estado fuera de su patria y hayan regresado.

III. Características del diálogo

Un diálogo no es una simple conversación, sino que es un encuentro entre dos (o varias) personas en un clima de amistad. Es una conversación hecha con un espíritu de apertura, comprensión y "benevolencia", en la que cada uno se muestra al otro tal como es y acepta al otro tal como es. Así, cada uno se enriquece con la parte de la verdad que viene del otro, y sabe integrarla armónicamente en su propia visión del mundo.

Un clima de amistad

En ocasiones, nos comportamos de un modo poco natural: nos cerramos ante los demás. En nuestra cultura aprendemos pronto a ser "fuertes" y a "defendernos" en la selva de la vida. La vulnerabilidad es peligrosa y por tanto prohibida. Tendemos a esconder sutilmente nuestras sombras y nuestros miedos, nuestras necesidades y debilidades. Algunos consiguen con este comportamiento un determinado reconocimiento social, pero pagan por ello un gran precio: niegan su propia humanidad, y renuncian a una vida en libertad.

Si una persona se esconde detrás de una muralla gruesa, no está ni en contacto consigo misma, ni tampoco le será posible entrar en contacto con otros. Para lograrlo, es indispensable "desarmarse", aceptar que soy vulnerable, reconocer los propios bloqueos, fisuras y deficiencias.

Quien ha encontrado su identidad, es una persona fuerte. No necesita ofender al otro para mostrar la propia superioridad. Es sereno, pacífico y generoso. Y cuanto más firmes son las propias convicciones, más flexible y acogedora puede ser la persona. Es como un árbol con raíces profundas, que da sombra, apoyo y alivio a quien lo busque.

Cuando se empieza a dialogar, cada uno debe ver lo bueno en el otro, según aconseja la sabiduría popular: "Si quieres que los otros sean buenos, trátales como si ya lo fuesen." Donde reina el amor, no hace falta cerrarse por miedo de ser herido. Por esto, es tan importante mostrar simpatía y cariño, si queremos entrar en contacto con los demás. Amar no consiste simplemente en hacer cosas para alguien, sino en confiar en la vida que hay en él. Consiste en comprender al otro con sus reacciones más o menos oportunas, sus miedos y sus esperanzas. Es hacerle descubrir que es único y es digno de atención, es ayudarle a aceptar su propio valor, su propia belleza, la luz oculta en él, el sentido de su existencia. Y consiste en manifestar al otro la alegría de estar a su lado.

Si una persona experimenta que es amada por lo que es, sin necesidad alguna de mostrarse competente o interesante, se siente segura en presencia del otro; desaparecen las máscaras y las barreras tras las que se ha escondido. Ya no hace falta ni demostrar ni retener nada; ya no hace falta protegerse. Cuando alguien adquiere la libertad de ser él mismo, se vuelve amable. Surge en él una vida nueva que le da una sana autonomía.

Conocer al otro

Para poder amar, hay que conocer. A veces, tenemos ideas bastante desfiguradas acerca de las tradiciones y costumbres de los ciudadanos extranjeros, y hacemos juicios injustos sobre sus planes e intenciones. En ocasiones, ignoramos completamente las razones que los mueven. Así, podemos inconscientemente y por falta de conocimientos contristar e incluso herirlos. Por ejemplo, la abstención de ciertos alimentos —en el caso de los musulmanes o judíos— puede parecernos caprichosa, si no consideramos la motivación religiosa que está en el fondo de este comportamiento.

Conviene tener en cuenta la disposición de ánimo de los demás, saber lo que quieren y lo que rechazan. Por eso es preciso estudiar su historia y cultura, su religión y vida espiritual, y hasta la psicología de su pueblo. ¿Conocemos todo lo que hay de bello y precioso en las otras culturas?

Pero para comprender a otra persona, necesitamos más que un conocimiento meramente libresco. Hace falta un conocimiento por simpatía, que llega más lejos que cualquier teoría, por muy acertada que sea: una madre conoce, ordinariamente, mejor a su hijo que un grupo de pedagogos.

El conocimiento por simpatía se logra en la convivencia, en el trato directo, en la mutua colaboración. En Alemania, durante varios siglos, los cristianos católicos y los evangélicos solían vivir en regiones distintas, frecuentar colegios diversos, eran muy pocos los matrimonios entre personas de distinta confesión y, en general, evitaban cualquier contacto personal. Así, unos construían de otros una imagen cada vez más falsa y menos acorde con las exigencias mínimas de la justicia. Pero cuando, durante la Segunda Guerra Mundial, los "hermanos separados" se encontraban de repente juntos en los campos de concentración del "Tercer Reich", luchando por la misma causa y dispuestos a morir —conjuntamente- por su fe en Jesucristo, entonces "comenzó el ecumenismo en Alemania" [8]. Los católicos y los evangélicos descubrieron que tenían mucho en común, empezaron a apreciarse mutuamente y, favorecidos por los grandes desplazamientos de población después de esta horrible guerra —las expatriaciones y traslados forzados-, se pusieron a trabajar juntos. El encuentro existencial entre ellos les había revelado la falsedad de muchos de sus esquemas mentales.

Respetar al otro

El hecho de ser distintos constituye una gran riqueza y es, en principio, una fuente de aprendizaje continuo. Las diferencias no pueden ser negadas; no necesitan ser niveladas. Cada hombre es original y tiene el pleno derecho a serlo. Se ha llegado a decir que la capacidad de reconocer diferencias es por antonomasia la regla que indica el grado de cultura e inteligencia del ser humano. En este contexto podemos recordar un antiguo proverbio chino, según el cual "la sabiduría comienza perdonándole al prójimo el ser diferente." No es una armonía uniforme, sino una tensión sana entre los respectivos polos la que hace la vida interesante, le da profundidad y anchura, le da color y relieve.

Actualmente, tenemos un convencimiento más firme que en otras épocas de que cada hombre tiene el derecho de ser él mismo el protagonista de su vida; goza de una honda libertad para decidir su destino (que puede considerarse el núcleo de su intimidad). No podemos, bajo ningún pretexto, destruir ese espacio íntimo. Es esto lo que se intenta cuando se impide a alguien vivir según sus convicciones más profundas. Puede ser que esta persona realice objetivamente un mal, pero si lo hace "libremente" y siguiendo su luz interior, es mejor que cuando hace un bien de un modo forzado [9].

Esta actitud de profundo respeto lo manifestó, por ejemplo, el último rey polaco de la estirpe de los Jajhelloni. En los tiempos en que en Occidente tenían lugar los procesos de la Inquisición y se encendían hogueras para los herejes, este rey dio pruebas de la tolerancia cuando aseguró a sus súbditos: "No soy rey de vuestras conciencias" [10].

Por otro lado, hay que tener en cuenta que la actitud de respeto es más que mera tolerancia. Mientras la tolerancia proporciona solamente el margen (necesario) para una convivencia posible entre los hombres, el respeto apunta a la relación misma entre ellos y al desafío que supone la vida de uno para los demás. El hecho de que "la verdad se conoce por la fuerza de la misma verdad", no significa sólo la descalificación de todos los actos contrarios a la libertad y al aprecio de las decisiones del otro. Implica igualmente la responsabilidad, para todas las personas, de buscar el sentido completo de la existencia, cada una en la medida de sus posibilidades individuales.

Pero en lo relativo a los demás, el primer deber consiste en respetar las decisiones que ellos toman acerca de su vida. No debemos reprocharnos mutuamente estrechez de ánimo, hipocresía o una intencionalidad poco noble. No debemos poner etiquetas ni clasificar a nadie.

Sólo cuando uno trata de comprender al otro, se puede crear un clima de confianza. Y sólo cuando uno se muestra abierto hacia las personas que piensan de modo distinto, que hablan otras lenguas, que creen, piensan y actúan de modo diferente, se puede preparar un acercamiento mutuo. La delicadeza se refleja, no en último lugar, en el vocabulario. Lleva a eliminar palabras, juicios y actos que no sean conformes, según justicia y verdad, a la condición de los demás, y que, por tanto, pueden hacer más difíciles las mutuas relaciones con ellos.

Es conocido el extraordinario respeto que mostraba Tomás de Aquino hacia sus adversarios. Incluso cuando este gran filósofo de la Edad Media estaba completamente en desacuerdo con alguien, explicaba la idea contraria con los términos más favorables, claros y objetivos que le fuera posible, procurando no distorsionar el argumento con el fin de facilitar la prevalencia de su propia posición. En ocasiones demostraba tal imparcialidad a la hora de formular las posturas de los demás que las hacía parecer razonables y posibles; incluso, a veces, exponía las teorías con más convicción que sus instigadores [11].

Dar a conocer la propia identidad

Una persona que actúa según esta espiritualidad de diálogo, intenta dar a conocer todo lo que piensa, con claridad y suavidad, y adaptado a las circunstancias de cada caso. No busca compromisos baratos, sabiendo que no hay nada tan ajeno a la paz como una actitud relativista o indiferente ante la verdad. Por lo contrario, quiere hacer participar a los demás de las soluciones que ha encontrado.

Asimismo, para ganar en sinceridad en cualquier relación humana, es conveniente y necesario, dar a conocer la propia identidad. El otro quiere saber quién soy yo, y yo quiero saber quién es él. Si hacemos amistad con una persona de otra raza o nación, otro partido político o confesión religiosa, nos interesa realmente lo que piensa y cree. Si reprimimos las diferencias y nos acostumbramos a callarlo todo, previa conformidad tácita, tal vez podamos gozar durante algún tiempo de una armonía aparente. Pero en el fondo, nos moveríamos en un ambiente de confusión. No nos aceptaríamos mutuamente tal como somos en realidad, y nuestra relación se tornaría cada vez más superficial, más decepcionante, hasta que, antes o después, se rompería. En cambio, cuando seguimos cada uno fielmente nuestras propias convicciones, puede parecer, en ciertas circunstancias, que tenemos poco en común, que estamos bastante alejados los unos de los otros. Pero interiormente nos parecemos mucho más que cuando nos juntamos en acuerdos superficiales y dejamos de lado la pregunta por la verdad. Si cada uno sigue su propia luz interior, nos encontramos unidos en lo más hondo de nuestro ser. Tenemos la misma actitud fundamental que es la fidelidad a la propia conciencia. Existe entre nosotros una unidad no plenamente visible, pero sumamente real. Es tan real como la amistad que nos une.

Enriquecerse mutuamente

El diálogo consiste en dar y recibir; significa que ambas partes se escuchan atentamente, con ánimos de aprender, ya que "en todo comentario serio de un oponente se expresa una de las muchas facetas de la realidad" [12].

Es preciso distinguir entre lo fundamental (en lo que no podemos ceder sin cambiar nuestra identidad) y lo accidental (en lo que caben muchas opiniones distintas). El tener una sola postura, en cosas accidentales, es propio de ideologías. John Henry Newman comenta al respecto: "Siempre ha habido posturas diferentes... (en la vida intelectual y espiritual), y siempre las habrá. Si se terminaran para siempre, sería porque habría cesado toda vida espiritual e intelectual" [13]. Y Kierkegaard afirma que una persona se convierte en aburguesada, si absolutiza las cosas relativas [14].

Es enriquecedor conocer los pensamientos de los otros. Así se pueden corregir algunas posturas propias que tal vez se han vuelto exageradamente rígidas. En este sentido advierte San Agustín: "Que ninguno de nosotros diga que ya ha encontrado la verdad. Vamos a buscarla de tal manera, como si fuera desconocida para los dos. Entonces podemos buscarla con suma diligencia y caridad. Para ello es necesario que nadie piense arrogantemente que ya ha encontrado la verdad" [15].

Así, al final de un diálogo, nunca habrá un vencido y un vencedor; en el mejor de los casos encontraremos a dos (convencidos por la verdad).

Nota final

El diálogo nos exige buscar la propia identidad y superar aversiones y polémicas. Es un camino hacia la madurez y la paz. No siempre es fácil, pero nos ayuda a abrir las puertas (en vez de cerrar las fronteras) y a ver lo bueno en los demás (en vez de reprocharles su modo de ser diferentes). Aunque se producirán malentendidos y sufriremos decepciones, mientras los hombres vivan sobre la tierra, a través del diálogo podemos acercarnos, siempre de nuevo, al otro. Por esto es tan importante educar en el arte de practicarlo.

Jutta Burggraf, profesora de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

Publicado originalmente en 2009


Notas

[1] Cf. P. HAHNE, Schluss mit lustig. Das Ende der Spassgesellschaft, Lahr/Schwarzwald 2005, p.119.

[2] F. M. DOSTOIEVSKI, cit. en Anselm GRÜN, 50 Engel für das Jahr, Freiburg-Basel-Wien 2000, p.53.

[3] Así, por ejemplo, Tonino GUERRA, el "poeta" que inspiraba al gran director de cine Federico Fellini, lanzó hace algún tiempo una provocación atrevida: "Apaguemos todos los televisores durante un año, verán cómo los valores, la fantasía y la espiritualidad renacerán en el corazón de todos." Cf. Las sanas provocaciones del Festival del Cine Espiritual, Agencia internacional "Zenit", 19-XI-1998.

[4] H. GIESECKE, Wozu ist die Schule da? Die neue Rolle von Eltern und Lehrern, 2ª ed. Stuttgart 1997, p.38.

[5] D. BONHOEFFER, Predigten, Auslegungen, Meditationen I, 1984, pp.196-202.

[6] J.L. MARTÍN DESCALZO, Razones para la alegría, 8ª ed., Madrid 1988, p.42.

[7] TOMÁS DE AQUINO, Summa theologiae I-IIae q.109, a.1, ad 1.

[8] W. KASPER, Ein Herr, ein Glaube, eine Taufe, en "Stimmen der Zeit" (2002/2), p.75.

[9] Cf. R. BUTTIGLIONE: Zur Philosophie von Karol Wojtyla, en Johannes Paul II., Zeuge des Evangeliums, ed. por St. HORN y A. RIEBEL, Würzburg 1999, pp.36 y39.

[10] JUAN PABLO II, Cruzando el umbral de la Esperanza, Barcelona 1994, p.160.

[11] Cf. J.PIEPER, Guide to Thomas Aquinas, Notre Dame/Indiana 1987, p.77.

[12] Ibid., pp. 83s.

[13] J. H. NEWMAN, cit. por J. L. MARTÍN DESCALZO, Razones para el amor, Madrid 1991, p.47.

[14] S. KIERKEGAARD, cit. en P. HAHNE, Schluss mit lustig. Das Ende der Spassgesellschaft, cit., p.73.

[15] SAN AGUSTÍN, Contra epistolam quam vocant fundamenti, Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum 25, 195.

 

 La libertad de amar y morir

La imagen del buen pastor, que da nombre al cuarto domingo de Pascua, comporta una idea fundamental para entender por qué Cristo se aplica a sí mismo este título tan entrañable: Yo soy el buen pastor que da la vida por sus ovejas. En contraste con los ladrones, salteadores y bandidos, Jesús no sólo cuida del rebaño, sino que, cuando llega el lobo, da la vida por el rebaño. Jesús insiste en que este gesto, el de amar y morir, nace de su soberana libertad. E insiste de forma inequívoca: «Nadie me quita la vida, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre» (Jn 10,18).

Llama la atención, frente a esta claridad evangélica, que algunos exegetas expliquen la muerte de Cristo como algo inesperado para él, de forma que no tuvo más remedio que aceptar el desenlace de la muerte. Es obvio que, en la muerte de Jesús, han intervenido factores religiosos y políticos que provocaron su muerte. Esto no quita para que previera su muerte y la asumiera con entera libertad. De esto se trata en la imagen del buen pastor, sobre la que un investigador de la talla de A. Wikenhauser dice: «Este rasgo de la figura del pastor no proviene ni del Antiguo Testamento ni de las fuentes extrabíblicas; ni aparece siquiera en los sinópticos. Su origen no tiene otra explicación que el hecho mismo de la entrega que Jesús hizo de su vida sobre la cruz». Jesús fue consciente de que su enseñanza y su actuación le conducirían a la muerte, que aceptó con absoluta libertad como encargo recibido del Padre. Por eso, en las plegarias eucarísticas se subraya, antes de la consagración, que su pasión fue «voluntariamente aceptada». Dicho con otras palabras: en su amor a los suyos hasta la muerte, Cristo ha mostrado su libertad de amar y de morir. Este dato es esencial para entender el dogma cristológico. Así lo confesó también ante el procurador Poncio Pilato cuando este le advierte que tiene autoridad para condenarlo. La réplica de Jesús es contundente: «No tendrías ninguna autoridad sobre mí si no te la hubieran dado de lo alto» (Jn 19,11).

Hay otra afirmación de Jesús que conviene comentar para entender su misión y la de la Iglesia. Es la siguiente: «Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor» (Jn 10,16). Muchos cristianos y no cristianos no entienden que la Iglesia deba llevar el Evangelio a todos los hombres. Consideran esta tarea como una especie de «colonización cristiana» de las diferentes culturas y pueblos. ¿No sería mejor —se preguntan— que los hombres siguieran sus propios caminos de salvación, que, en la providencia de Dios, pueden conducirle a él? Este planteamiento haría inútil, en primer lugar, la encarnación del Hijo de Dios, que ha venido precisamente a revelar el camino hacia el Padre. Aunque el hombre pueda salvarse por caminos que solo Dios conoce, éste ha querido revelarse en su Hijo para manifestar su amor a los hombres de una manera que ninguna mente humana hubiera sospechado. Por eso dice Jesús que el Padre le ha enviado a congregar a todos los hombres en un solo rebaño bajo un solo pastor. Por otra parte, el cristianismo se presenta como una oferta de libertad. La fe se propone, no se impone. Pero iría contra la universalidad de la fe y contra la fraternidad universal de los hombres privarles del conocimiento de lo acontecido en Cristo —la salvación eterna— y, en último término, dejaría a los hombres huérfanos del amor y de la compañía de quien nos ama hasta dar la vida por nosotros. Como decía san Juan Pablo II, Cristo es un derecho de los pueblos y de cada hombre.

+ César Franco Obispo de Segovia

 

 

La Primera Comunión

Ernesto Juliá

 Francisco dando la Primera Comunión.

Si a una cierta altura de nuestro vivir volvemos un poco la mirada hacia atrás, quizá descubramos que uno de los acontecimientos que ha quedado grabado para siempre en nuestra inteligencia y en nuestro corazón, ha sido el día de nuestra Primera Comunión.

Con el pasar del tiempo hemos ido viviendo una gran variedad de situaciones de todo tipo, que nos han ido sucediendo aquí y allá, que han ido dejando un cierto poso en nuestro espíritu: trabajos, proyectos, nacimientos, muertes, bodas, cambios de lugar, de países, triunfos y fracasos, alegrías y disgustos, etc., etc.

La Primera Comunión, de la que a lo mejor ni siquiera guardamos ninguna estampa que nos la traiga a la memoria, en estos tiempos de primavera, de abril y mayo, sale de su silencio y nos vuelve a recordar hasta el lugar de la iglesia, de la capilla del colegio, en el que vivimos la Misa y recibimos la Eucaristía, el Cuerpo de Cristo por primera vez en nuestra vida.

He conocido a más de una persona que ha dado muchas gracias al Señor por no haber recibido ningún regalo particular ese día. El regalo verdadero, me comentaba, “era el mismo Señor que venía a mí. No distraje mi atención en esas horas contemplando uno u otro regalo –no había móviles ni nada digital en aquellos tiempos-; si recuerdo todavía con cariño las palabras de me dirigieron mis abuelos que me acompañaron comulgando también ese día; el beso de mis padres, y el sobrio festejo familiar que mi madre preparó con todo cariño: Has recibido al Señor, a Jesús. Dale siempre las gracias por haber venido a ti, me susurró al oído”.

En una buena conversación de amigos, un reconocido hombre de leyes ya entrado en años, me confesó el recuerdo de su primera confesión. Faltaban apenas un par de semanas para el día de la Primera Comunión. El sacerdote le animó a ver a Jesús como el mejor amigo, y que le pidiera perdón, con sencillez y de todo corazón, por el mal que hubiera hecho: enfados con sus hermanos, con sus padres, con amigos; no querer ayudar a los demás en algunas ocasiones; tratar mal y enfadarse en el colegio, con los profesores y compañeros; curiosidades feas, etc. Y le animó a pensar en Jesús, que quería venir a él, y quedarse siempre con él.

“De pronto me di cuenta, musitó, de que iba a recibir al Hijo de Dios, y me entró mucha vergüenza. El cura me tranquilizó, me dijo que Jesús me quería mucho y que me perdonaba todo. Me emocioné y casi se me saltaron las lágrimas. Cuando me dio la absolución todo cambió, me quedé muy tranquilo como si hubiera recibido un beso de mi madre al llegar a casa”.

Dejó de hablar unos segundos, y siguió. “He abandonado el trato con Jesús durante un buen número de años. Las miserias de la vida y la miseria mía. Cuando mi primer nieto me preguntó si quería acompañarle a su Primera Comunión, me quedé de piedra. Y me vi con mis nueve años rezando con mis padres camino de la iglesia el día de mi Primera Comunión. Le dije, sonriéndole, que le acompañaría y que le haría un buen regalo. Su respuesta me desarmó: El mejor regalo que me puedes hacer es recibir a Jesús conmigo, y pedirle a la Virgen que los dos lo recibamos con el cariño con que Ella lo recibió”.

La criatura se fue muy contento; y yo, después de quedarme en silencio por un buen rato, horas, me puse en marcha para vivir otra buena Confesión, y casi sin darme cuenta desaparecieron mis años de abandono de la Fe y de no rezar, de no pensar en Cristo. Me descubrí –algo emocionado- repitiendo: ¡Señor mío, y Dios mío!  Volví a vivir mi Primera Comunión.    

Desde entonces, añadió, todo ha cambiado. Y le digo al Señor que sin Él, los días tienen muy poco sentido, y veo a todos con los que me relaciono, desde mi familia, hijos y nietos, amigos, conocidos, las quince personas que trabajan conmigo, con otros ojos”.

Los teólogos, los sacerdotes, los catequistas hacen muchas consideraciones sobre la Primera Comunión. Aquel amigo mío descubrió en un momento la verdad de las palabras del Señor que nos recuerda que el camino para entrar en el Reino de los Cielos, vivir una Primera Comunión eterna, es el de hacerse niños, un niño de Primera Comunión.

ernesto.julia@gmail.com

 

El caos que está destruyendo Estados Unidos

Las agitaciones y violencias del Black Lives Matter

Numerosos países occidentales están viviendo situaciones análogas al caos que está destruyendo Estados Unidos. Nuestro amigo James Bascom hace un lúcido análisis de la situación de ese país, que nos muestra una tendencia que tiende a propagarse por todo el Occidente

Una euforia injustificada

Contenidos

Este año marca el trigésimo aniversario de la desintegración de la Unión Soviética, el primer estado comunista del mundo. En 1991, el mundo occidental estaba eufórico por la supuesta “muerte” del comunismo y el fin de la Guerra Fría. La rapidez con la que cayeron tanto la URSS como el Muro de Berlín llevó a algunos observadores a creer que la democracia liberal había triunfado sobre el totalitarismo de una vez por todas. El mundo, pensaban, estaba entrando en una nueva era de paz y progreso.

El politólogo estadounidense Francis Fukuyama expresó esta opinión en su libro de 1992, El fin de la historia y el último hombre. La humanidad, escribió, había alcanzado

“no sólo … el paso de un período particular de la historia de la posguerra, sino el final de la historia como tal: es decir, el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como la forma final de gobierno humano”.

Ley eterna y natural: la base de la moral y la ley

La gran mayoría de los católicos compartió sus conclusiones optimistas y materialistas. El comunismo, decía la narrativa, fue derrotado gracias a Ronald Reagan, Margaret Thatcher y el Papa Juan Pablo II. Con el gran enemigo de la Iglesia desaparecido, los católicos ahora podían participar con confianza en una “nueva evangelización” perpetua con un mundo que era amigable, incluso respetuoso con la Iglesia. Un “fin de la historia” católico, por así decirlo. No importa que varios países comunistas como China, Cuba, Corea del Norte y Vietnam sobrevivieron y que las ideas comunistas — los “errores de Rusia” como dijo Nuestra Señora de Fátima — continuaron extendiéndose.

Para 2021, no podría estar más claro que ese sueño era ingenuo, en el mejor de los casos. El mundo no evoluciona hacia una utopía democrática liberal. No existe un “consenso” amplio, pacífico y democrático. En cambio, el mundo occidental está comprometido en una guerra por la supervivencia misma de la Iglesia y la civilización occidental. El comunismo, el marxismo y el socialismo están de regreso con espíritu de venganza y compiten por apoderarse de Estados Unidos. El resultado de esta gran batalla decidirá el destino de la nación y del mundo durante los siglos venideros. Por la gracia de Dios, muchos católicos se están dando cuenta de la realidad de la crisis y están tomando medidas.

Estados Unidos está involucrado en una nueva Guerra Civil en cada tema

La palabra “batalla” o incluso “guerra” no describe completamente la profundidad de la crisis en la que se encuentra Estados Unidos. La nación está inmersa en una lucha titánica, casi apocalíptica, entre los enemigos y los defensores de Dios y la civilización cristiana occidental. Este gran conflicto no es una batalla de un solo tema, sino más bien una campaña masiva marcada por innumerables batallas más pequeñas que ocurren simultáneamente.

La política, por supuesto, es la manifestación más visible del conflicto interno de Estados Unidos. Las elecciones de 2020 fueron de las más violentas y controvertidas desde 1860. Sin embargo, sería incorrecto decir que la división de Estados Unidos es solo política. Cada sector de la sociedad es un escenario de batalla: la familia, la historia, la tradición, la política, la economía y especialmente la moral. En resumen, es el choque de dos religiones políticas.

Papel del Covid-19

Los encierros del Covid-19 y los mandatos de máscaras fueron un punto de incremento importante. Los liberales vieron el virus chino como una oportunidad única para atacar el libre mercado y “reiniciar” la sociedad a lo largo de líneas socialistas, comunitarias y revolucionarias. Los conservadores se sorprendieron por el alcance desproporcionado de los cierres gubernamentales que destruyeron negocios y empleos en nombre de un virus cuya letalidad fue muy exagerada.

 

Después del Covid-19: el “Gran reinicio” o la civilización cristiana

 

Con respecto al control de armas, los demócratas están presionando para que se impongan restricciones sin precedentes al derecho de los estadounidenses a la autodefensa. Eric Swalwell, congresista demócrata y candidato presidencial de California, citó las leyes de confiscación de armas aprobadas en el Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda como modelos para Estados Unidos. Muchos otros están de acuerdo con él.

Sobre inmigración, la izquierda clama por la eliminación de la frontera. Joe Biden ha tutelado, y de hecho alentado, uno de los aumentos de inmigración ilegal más importantes en casi veinte años. Su administración ha señalado al mundo que a los inmigrantes ilegales se les permitirá quedarse. Muchos izquierdistas admiten abiertamente que están a favor de una inmigración ilegal tan masiva y sin control para desplazar permanentemente el País hacia la izquierda y diluir la reacción conservadora de los estadounidenses nativos.

Como verdaderos totalitarios, la izquierda quiere acabar con la democracia representativa e imponer una dictadura para imponer su ideología a un País que no lo desea. HR1 es el proyecto de ley de “reforma” electoral de 800 páginas de los demócratas. Si se convierte en ley, federalizará las elecciones, permitirá el fraude electoral a gran escala y facilitará que los no ciudadanos voten ilegalmente, poniendo fin a las elecciones libres y justas en los Estados Unidos.

La censura

Los izquierdistas están recurriendo a la censura para lograr sus objetivos. Trabajando mano a mano con Biden y los demócratas en el Congreso está la “gran tecnología”: Google, Microsoft, Facebook, Twitter, Apple y la mayoría de las otras compañías tecnológicas que están prohibiendo cualquier discurso en sus plataformas que contradiga las posiciones de izquierda.

En los últimos años, muchos sitios web conservadores, incluido TFP.org, vieron disminuir o desaparecer por completo su tráfico de búsqueda de Google. Sus videos fueron prohibidos en YouTube, o sus publicaciones en Twitter y Facebook etiquetadas con advertencias de “noticias falsas”. Un mes antes de las elecciones, Twitter congeló la cuenta del New York Post, uno de los periódicos más antiguos del País, y bloqueó el intercambio de uno de sus artículos sobre Hunter Biden.

Las grandes empresas tecnológicas han prohibido a innumerables personas en sus plataformas para difundir publicaciones que violan “pautas comunitarias” nebulosas. Sin embargo, estas mismas plataformas albergan relatos de dictadores y matones notorios. Twitter, por ejemplo, permite cuentas de Vladimir Putin; del líder supremo iraní Ali Khamenei; Louis Farrakhan; Richard Spencer y del presidente venezolano Nicolás Maduro.

Los problemas morales: el aborto

Pero todos los problemas por los que se disputan hoy en Estados Unidos, ninguno es tan acalorado como los problemas morales. El aborto ha sido una línea divisoria en la política estadounidense desde la decisión Roe v. Wade en 1973. El tema es tan candente que incluso puede causar una nueva guerra civil en Estados Unidos.

Por un lado, el bando provida ha obtenido muchas victorias valiosas en la opinión pública y las legislaturas. Muchos estados han aprobado (heartbeat bills) “proyectos de ley de latidos del corazón” que esencialmente prohíben los abortos y han tratado de cerrar las clínicas de aborto mediante regulaciones. Las encuestas también muestran que los estadounidenses de hoy son más pro-vida que hace una generación.

Por otro lado, la izquierda se ha radicalizado a favor del aborto como nunca antes. En 2019, el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, promulgó un proyecto de ley radical a favor del aborto que eliminó la mayoría de las restricciones al aborto en su Estado. Luego declaró que los pro-vida “no tienen lugar en el estado de Nueva York porque así no son los neoyorquinos”. California, Nueva Jersey y Virginia han seguido el ejemplo de Nueva York.

Lo más inquietante es que los liberales ahora están admitiendo que el aborto de hecho mata a un ser humano, pero todavía lo defienden. En una entrevista de 2019, el gobernador demócrata de Virginia, Ralph Northam, llevó esto a su conclusión lógica cuando expresó su apoyo al infanticidio posparto: “El bebé nacería. Al bebé se le mantendría cómodo. El bebé sería resucitado si eso es lo que deseaban la madre y la familia. Y luego se produciría una discusión entre los médicos y la madre”.

Los problemas morales: la revolución homosexual

Junto al aborto está la revolución homosexual. El movimiento ha avanzado mucho más allá de exigir “tolerancia” para convertirse en una clase privilegiada con derechos especiales y protecciones muy por encima del ciudadano medio. Todos deben participar en el activismo homosexual, ya sea en la escuela, en el trabajo o incluso en casa, con el gobierno dispuesto a castigar a quienes se oponen.

Miles de empresarios, deportistas, profesores y funcionarios gubernamentales han perdido sus puestos de trabajo y han sufrido violentos ataques públicos por atreverse a oponerse al movimiento LGBT. Los estudiantes universitarios e incluso de secundaria han sido castigados o inclusive expulsados ​​por oponerse al activismo LGBT de sus escuelas.

Los problemas morales: el transgénero

El transgénero es la punta de lanza de esta revolución. El 15 de junio de 2020, la Corte Suprema falló 6-3 en Bostock v. El condado de Clayton que el gobierno federal debe castigar la “discriminación” contra la “orientación sexual” y la “identidad de género” en virtud de la Ley de Derechos Civiles de 1964. La decisión tendrá consecuencias de gran alcance para los estadounidenses que no estén de acuerdo con la “teoría de género”, lo que esencialmente obligará al País a respaldar la “identidad de género” y el comportamiento homosexual o enfrentar el castigo.

Unos días después de su toma de posesión, Joe Biden declaró que “la igualdad de las personas transgénero es el problema de los derechos civiles de nuestro tiempo”. El proyecto de ley de los demócratas en el Congreso, HR5 (también llamado “la Ley de Igualdad”), consagraría la decisión de Bostock en la ley federal y castigaría a cualquier institución que no acepte la homosexualidad o el transgénero. HR5, entre otras cosas, también requiere que todas las escuelas públicas y privadas que reciben fondos federales enseñen la ideología LGBT en sus planes de estudio.

Los activistas transgénero han atacado a los niños durante años. Las escuelas públicas ahora están inundadas de propaganda pro-trans y programas dirigidos por organizaciones como GLSEN (Red de Educación para Gays, Lesbianas y Heterosexuales). Los maestros les dan a los niños ejemplos de personas que “hicieron la transición”, como “Jazz” Jennings, un hombre que finge ser una mujer. Drag Queen Story Hour, en la que los travestis adoctrinan a los niños pequeños con comportamientos perversos en las bibliotecas públicas, se ha extendido a docenas de ciudades en todo el País desde su lanzamiento en San Francisco en 2015.

Los problemas morales: la legalización de las drogas

La marcha para legalizar las drogas continúa a pesar de la evidencia de graves efectos sociales y para la salud. La mayoría de los estadounidenses viven ahora en Estados que han legalizado el uso médico o recreativo de la marihuana. Y tal como muchos temían, la marihuana es solo el comienzo. En Oregón, el año pasado, una iniciativa electoral para despenalizar la posesión de TODAS las drogas, incluida la heroína, la cocaína y la metanfetamina, fue aprobada con el 55,8% de los votos. Seguramente le seguirán otros estados.

Los problemas morales: la eutanasia

El suicidio asistido también se está extendiendo rápidamente por Estados Unidos y el mundo. Actualmente es legal en nueve estados y el Distrito de Columbia, y los activistas están luchando para aprobar proyectos de ley de suicidio asistido en varios otros.

Una lucha religiosa

Quizás más que nada, la lucha en Estados Unidos hoy es religiosa. El País está experimentando una explosión de interés por la brujería y el satanismo. Cuando la jueza de la Corte Suprema Ruth Bader Ginsburg murió el año pasado, el Huffington Post publicó un artículo titulado “La muerte de la jueza Ruth Bader Ginsburg me empujó a unirme al templo satánico“. Escrita por una “abogada y madre de 40 y tantos”, la autora se describió a sí misma como “no el tipo de persona que normalmente consideraría convertirse en satanista, pero estos no son tiempos normales”.

“Cuando murió el juez Ginsburg, supe de inmediato que se necesitaba una acción a una escala que no habíamos visto antes. Nuestra democracia se ha vuelto tan frágil que la pérdida de uno de los últimos guardianes del sentido común y la decencia en el gobierno menos de dos meses antes de una elección crucial ha puesto en peligro nuestros derechos civiles y reproductivos como nunca antes. Y, entonces, me he vuelto hacia el satanismo”.1

Black Lives Matter

La violenta destrucción de estatuas el verano pasado tuvo todas las apariencias de la jihad islámica. “Black Lives Matter” (BLM) derribó estatuas de presidentes y padres fundadores no por sus fallas, sino porque representan la cultura tradicional estadounidense, las creencias religiosas y la virtud cristiana.

La “Teoría Crítica de la Raza” y el Proyecto 1619 del New York Times —la base ideológica de los disturbios cargados de racismo de la izquierda— tienen más en común con la religión que una teoría académica seca. Tomando prestados conceptos cristianos, afirman que Estados Unidos es un País permanente e irremediablemente “pecador” debido a la esclavitud. La “salvación” solo puede llegar quemando las instituciones del País hasta los cimientos.

Por lo tanto, no es sorprendente que los alborotadores también intentaran destrozar, derribar y quitar estatuas de católicos famosos como San Junípero Serra en California, Santa Juana de Arco en Nueva Orleans, el Rey San Luis IX en San Luis, Missouri, San Damián de Molokai en Hawai y las muchas estatuas de Cristóbal Colón en todo el País.

Justo al lado de la religión política de odio racial está la ecología. La izquierda ha abrazado la causa del calentamiento global y el medio ambiente como el tema más importante. Estados Unidos, dicen, debe arrepentirse de sus pecados relacionados con el carbono y volver al camino recto de la justicia climática. Para evitar el apocalipsis climático (que llegará en 2030, dicen), Estados Unidos debe abrazar las directivas proféticas del Green New Deal y las Naciones Unidas: desmantelar nuestra economía, eliminar toda la energía basada en el carbono, prohibir los aviones y abrazar una más empobrecida, un estilo de vida más “sostenible”.

El fin de un largo proceso llamado “revolución”

¿Cómo se comprenden los tiempos caóticos actuales? ¿Cuál es la naturaleza y el significado de esta gran batalla? ¿Cómo llegó la nación hasta aquí y, lo más importante, cómo se puede ganar la batalla?

Todo el mundo occidental está llegando al final de un largo proceso histórico que el gran líder católico brasileño Plinio Corrêa de Oliveira llamó “la Revolución”. En su libro Revolución y Contra-Revolución , describió la Revolución como un proceso de destrucción de la Iglesia católica y de la civilización cristiana que duró cinco siglos.

Cada crisis actual, escribió, es como un árbol individual ardiendo en un gran incendio forestal. Sin embargo, no se dice que 100.000 árboles individuales se estén quemando de forma independiente, sino que hay un solo fuego que envuelve todo el bosque. Este “fuego” en la sociedad, que deja intacto a cualquier árbol, se llama Revolución.

La difusión de las malas tendencias

La Revolución socavó a la sociedad mediante la propagación de malas tendencias, es decir, en aquellos aspectos de la cultura como la música, la literatura, la arquitectura, la moda, la tecnología y muchos otros. Estas tendencias revolucionarias predispusieron a los hombres a aceptar ideas revolucionarias, como el liberalismo, el socialismo y el comunismo. Finalmente, después de aceptar la influencia de la Revolución tanto en las tendencias como en las ideas, la humanidad se preparó para aceptar la revolución en los hechos: los levantamientos políticos y las revoluciones.

Tomemos el feminismo, por ejemplo. Ya en los años veinte surgió una moda de ropa andrógina (unisex) e indecente para las mujeres. Esta moda preparó a la opinión pública para la ideología feminista de Simone de Beauvoir y Betty Friedan en los años cincuenta, que buscaba borrar las diferencias entre hombres y mujeres. Esta ideología fue la base de la revolución sexual de los años sesenta, que preparó el camino para la decisión de la Corte Suprema del condado de Clayton contra Bostock de 2020, que consagró la teoría de género en la ley estadounidense.

Dos pasiones desordenadas en el hombre sirvieron como motores de esta Revolución: el orgullo y la sensualidad. El orgullo lleva al odio por toda jerarquía y desigualdad y al deseo de imponer la igualdad total a la sociedad. La sensualidad conduce al deseo de libertad absoluta en la que el estado y todas las formas de autoridad son derrocadas y reemplazadas por la anarquía. Los revolucionarios quieren crear una utopía en la tierra para abolir toda autoridad, desigualdad, ley, tradición, familia y propiedad privada. En su lugar, construirán una sociedad anárquica, tribal y perfectamente igualitaria. En última instancia, esta Revolución busca la aniquilación de la Iglesia Católica y la civilización cristiana y la adoración pública de Satanás.

Este proceso revolucionario es más evidente que nunca

Plinio Corrêa de Oliveira escribió que el proceso revolucionario tuvo cuatro grandes explosiones en la historia, cada una de las cuales retomó el punto donde se quedó la anterior: la Revolución Protestante, la Revolución Francesa, la Revolución Comunista y una Cuarta Revolución especialmente manifestada por la Revolución Sexual de los sesenta. Hoy, este proceso histórico es más evidente que nunca.

Durante los disturbios de Black Lives Matter del año pasado, los militantes de Antifa fundaron la “Zona Autónoma de Capital Hill” (CHAZ) en Seattle, Washington, como un experimento de una sociedad comunista y anárquica similar a Occupy Wall Street de 2011. Poco después de comenzar CHAZ, los organizadores cambiaron su nombre a CHOP, abreviatura de “Capital Hill Organized Protest”. Según el Seattle Times, un organizador de CHOP explicó el motivo del cambio:

“No es CHAZ, es CHOP”, dijo un orador fuera del recinto. “¿Alguien aquí ha oído hablar de la Revolución Francesa antes? Esa es otra revolución (que sucedió) porque la gente comenzó a poner las propiedades sobre las vidas. Empezaron a poner dinero por encima de la gente. ¿Alguien aquí sabe qué pasó con las personas que no se unieron a la Revolución Francesa?

“CORTARLOS”, respondió la multitud.

“Ese es el mensaje que debemos enviar”, dijo el orador.2

Imitando la Revolución Francesa, los manifestantes de Antifa y “Black Lives Matter” incluso instalaron guillotinas simuladas. En Washington, DC, construyeron una guillotina simulada frente a la casa de Jeff Bezos, guillotinaron la efigie de Donald Trump en Baltimore y otra de Portland, Oregon, el alcalde Ted Wheeler. Es lógico concluir que las ejecuciones simuladas eventualmente conducirán a ejecuciones reales.

Antifa y BLM también se jactan de su inspiración en el marxismo y el comunismo. En 2015, la cofundadora de BLM, Patrisse Cullors, se jactó: “De hecho, tenemos un marco ideológico. Yo y Alicia [Garza], en particular, somos organizadores capacitados. Somos marxistas formados. Estamos muy versados ​​en teorías ideológicas”.3

Uno de los principios fundamentales del comunismo era el odio a la propiedad privada, que el mismo Karl Marx afirmó en el Manifiesto Comunista de 1848: “El comunismo se puede reducir a una sola frase: la abolición de la propiedad privada”.

Este odio por el principio de propiedad privada fue una motivación más profunda para los disturbios de Antifa y BLM el año pasado. En agosto del año pasado, National Public Radio causó una pequeña controversia cuando entrevistaron a “Vicky” Osterweil (un hombre que pretende ser una mujer) sobre su reciente libro En defensa del saqueo: una historia desenfrenada de acción incivil. El saqueo, dijo, es necesario para destruir la propiedad privada, la autoridad y la opresión:

“[El saqueo] también ataca la forma en que se distribuyen los alimentos y las cosas. Ataca la idea de propiedad … Señala la forma en que eso es injusto … Así que llega al corazón de esa relación de propiedad y demuestra que sin policía y sin opresión estatal, podemos tener las cosas gratis … El saqueo golpea el corazón de la propiedad, de la blancura y de la policía. Llega a la raíz misma de la forma en que esas tres cosas están interconectadas”.4

Seis principios para ayudar a analizar, comprender y navegar los eventos de manera adecuada

Durante su dilatada vida, Plinio Corrêa de Oliveira (1908-1995) fue un entusiasta seguidor y un perspicaz comentarista de los acontecimientos políticos y religiosos de su época. Los siguientes principios provienen de la escuela de análisis de noticias que transmitió a sus hijos espirituales del movimiento Tradición, Familia, Propiedad que fundó.

Primero, la lucha es para salvar no solo a la nación sino, sobre todo, a la Iglesia Católica y lo que queda de la civilización cristiana. Es fácil perder de vista el panorama general cuando hay tantas batallas y problemas diferentes a la vez. El objetivo principal de la Revolución es el Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia Católica y la civilización cristiana occidental.

En segundo lugar, el campo de batalla no se centra en los individuos sino en la opinión pública. Luchar por la Iglesia y la civilización cristiana significa influir en los grandes debates de la sociedad. Eso requiere acción pública, ya sea testificar en el ayuntamiento local sobre un plan de estudios escolar LGBT, protestar por una Hora de Cuentos Drag Queen u organizar un mitin del rosario en una intersección principal. Al luchar en la plaza pública, siempre legal y pacíficamente, los estadounidenses preocupados pueden refutar a la izquierda revolucionaria, persuadir a los del centro y alentar a los de derecha a que se unan a la lucha.

En tercer lugar, el foco de la lucha no puede ponerse en pequeños problemas, sino que debe ser la causa de Dios. Los numerosos problemas reales que se encuentran en el trabajo, la familia y la vida diaria hacen que sea fácil perder de vista el panorama general. Al ver la enormidad de la crisis, muchos se sienten tentados por una abrumadora sensación de desesperanza y se retiran más a sus preocupaciones individuales.

Ese no es el camino de los santos. Santa Teresa de Lisieux, que tuvo una vocación contemplativa como carmelita. Sin embargo, expresó un intenso celo por ser misionera en el extranjero y conquistar almas para la Iglesia. Así como San Juan Evangelista y las Santas Mujeres acompañaron a Nuestro Señor durante Su Pasión, los católicos fieles deben seguir la lucha entre la causa de Dios y las estratagemas del diablo que se desarrollan en la sociedad, especialmente en la Iglesia. La gente debe hacer suya la causa de Dios.

Cuarto, hay que mantener una vigilia profética a la espera de los acontecimientos previstos en Fátima. La crisis actual es tan profunda que es una tontería pensar que los esfuerzos humanos pueden resolverla. Incluso las gracias ordinarias de Dios son insuficientes para superar la crisis. Nunca antes en la historia el mal había tenido tanto poder sobre el corazón y el alma de los hombres. La única salida es una intervención sin precedentes de Dios, a través de Su Santa Madre, para dar gracias extraordinarias de conversión y aplastar a Sus enemigos.

Nuestra Señora de Fátima hizo exactamente esta promesa cuando apareció en Portugal en 1917. Les dijo a los tres niños pastores que Dios había enviado la Primera Guerra Mundial como un castigo para la humanidad pecadora y que otra guerra aún peor vendría en el reinado del futuro. Papa Pío XI (la Segunda Guerra Mundial). Como castigo adicional, advirtió que “Rusia esparciría sus errores por todo el mundo”. Después de otro castigo, prometió que Rusia se convertiría y habría “un período de paz”.

Los católicos deben poner su esperanza en esta promesa de la Madre de Dios. A pesar de los horrores del mundo moderno y la aparente derrota de la Iglesia, Dios está preparando un triunfo glorioso e inimaginable sobre el mal. Esta gran promesa debería proporcionar la fuerza y ​​el valor para permanecer fiel.

Los proyectos de infraestructura olvidados de 2021

En quinto lugar, hay que ver, juzgar y actuar con una visión sobrenatural de las cosas, desde la perspectiva de la fe católica. Es fácil interpretar los eventos a través de los ojos del mundo. Uno se siente tentado a buscar soluciones simples hechas por el hombre o, peor aún, algún “salvador” político que arregle la crisis por sí solo sin la Fe.

Todos los católicos deben juzgar los eventos de acuerdo con las doctrinas tradicionales de la fe. Deben tener una visión sobrenatural de los acontecimientos con Nuestro Señor Jesucristo como centro de la Historia. Como los santos, todos deberían ver que cada batalla afecta directa o indirectamente a la gran enemistad de la historia: la enemistad entre la Mujer y la Serpiente (ver Génesis 3:15). Para tener esta visión, los fieles deben estudiar la fe católica y leer la vida de los santos. Tres libros que son particularmente útiles para que un católico de hoy obtenga esta visión sobrenatural son La Verdadera Devoción a María, Alma del Apostolado y Revolución y Contra-Revolución.

En sexto lugar, este no es el “fin de la historia”, como dijo Francis Fukuyama, sino el final de una historia y el comienzo de otra. La era de la Revolución que comenzó hace más de 500 años, trayendo consigo el protestantismo, la Revolución Francesa, el Comunismo y la Cuarta Revolución, está llegando a su fin.

El caos actual tiene un paralelo con otros grandes puntos de inflexión en la historia, como el Gran Diluvio, el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, la Caída del Imperio Romano o el reinado de Carlomagno, eventos que solo ocurren cada 500 o incluso 1,000 años. Esta es la culminación de una época de la historia y el comienzo de otra en la que el mundo sufrirá un terrible castigo pero se convertirá, como dijo Nuestra Señora en Fátima. San Luis de Montfort previó esta época y la llamó el “Reino de María”. Sin embargo, como decía San Ignacio de Loyola, debemos hacer todo como si dependiera de nosotros, sabiendo que al final, todo depende de Dios.

20 de abril de 2021 | James R. Bascom

 

Una síntesis histórica: no existe el Islam pacífico

Se repite hasta el cansancio la afirmación de que el Islam es una religión pacífica. Sólo sería violento el Islam radical, una minoría. Los hechos históricos muestran un intento continuo de conquista de occidente.

 

 

La Jihad comenzó en 635 DC

Contenidos

Fue en el año 635, apenas tres años después de la muerte de Mahoma, cuando los ejércitos de la Media Luna comenzaron La JIHAD, su “Guerra Santa”, su ataque a Occidente, invasión que dura hasta nuestros días en Siria y Palestina… En ese año de 635 d.C. se apoderaron de Jerusalén y del Santo Sepulcro.

En el año 640 conquistaron Persia, Armenia y Mesopotamia (actual Irak).

Invadieron Egipto conjuntamente con Túnez, Argelia y Marruecos.

La negligencia les costó 8 siglos de lucha a los españoles

En el año 711, después de un asedio de cinco años, intentaron tomar Constantinopla, desembarcaron en la católica península Ibérica, se apoderaron de Portugal y España quedándose en la península por 800 años.

En el 721 pasaron a Francia. Once años duró la campaña, cayeron Burdeos, Poitier,… Pero en 732, Carlos Martel logró detener la invasión.

En 827 desembarcaron en Sicilia, conquistaron Messina y Palermo, la campaña duró veinticinco años y se quedaron dos siglos y medio, hasta que los normandos del rey Roger los expulsaron.

Ya en 846 llegaron a Roma, expoliaron las basílicas de San Pedro y San Pablo. Para librarse de ellos el Papa Sergio ll pagó altísimos tributos. El Papa León IV debió levantar las Murallas Leoninas.

En el año 911 pasaron a Suiza, la nieve los venció y regresaron a quedarse en Provenza.

Las Cruzadas: repuesta a cuatro siglos de invasiones

Las Cruzadas fueron las respuestas a cuatro siglos de invasiones. Fueron la contraofensiva para bloquear el expansionismo islámico en Europa, por lo cual se dirigieron hacia el Oriente.

Descendientes de ellos fue el Imperio Turco-Otomano, que se concentró sobre el Occidente hasta el año 1700, transformando Europa en su campo de batalla preferido.

Ochenta y cuatro años después de la octava cruzada, en el año 1356, los turcos islámicos se apoderaron de Gallípoli y de allí a Europa, invadieron Tracia, Macedonia y Albania, doblegaron a Serbia y reintentaron tomar Constantinopla.

Aseguraron su dominio sobre Moldavia y Transilvania en 1444, , lo que son hoy día Bulgaria y Rumania. En definitiva, en 1453, Constantinopla se convirtió en Estambul.

El año 1456, conquistan Atenas quedándose cuatro siglos allí.

En el año 1526, Solimán “El Magnífico” cae sobre Hungría y en ese mismo año llega a Austria, la que se resistió tenazmente. Continuó su campaña por mar, convirtiendo con Barbarroja (Khayr al Din) al Mediterráneo en feudo marítimo del Islam.

En el año 1565 quisieron someter la isla de Malta, por medio de un severo ataque y asedio.

El Papa San Pío V fue el gran inspirador del aplastamiento del poder musulmán en Lepanto

En el año 1571 toman Chipre, pero ese año en alianza España, el Papado Romano, Génova, Florencia, Turín, Parma, Mantua, Lucca, Ferrara, Urbino y Malta, triunfan y conquistan el dominio del mar Mediterráneo, en la batalla de Lepanto.

 

El callejón sin salida y la crisis contemporánea

 

En el año de 1672, habiendo transcurrido 101 años de la batalla de Lepanto, llegan a Polonia y asedian nuevamente a Austria, el 12 de septiembre. Los pueblos europeos unidos consiguen la victoria sobre Kara Mustafá, quien logra escapar y huye dejando todo abandonado.

Una invasión que continúa…

Seamos claros: la invasión a Europa aún no ha terminado…hoy persiste en una forma más sutil, como lo anunciara el presidente de Argelia Houari Boumediene ante las Naciones Unidas en el año 1973:

“Un día, millones de hombres abandonarán el hemisferio sur para irrumpir en el hemisferio norte. Y no lo harán precisamente como amigos. Y lo conquistarán poblándolo con sus hijos. Será el vientre de nuestras mujeres el que nos otorgue la victoria”. Fue calurosamente aplaudido.

Hoy, 153 millones de musulmanes viven entre la costa atlántica y los Urales. 18 millones en la UE, 35 millones fuera de la UE. En Suiza son un 10% de la población, en Rusia un 10,5%, Georgia un 12%, Malta un 13%, Bulgaria un 15%, Chipre 18%, Serbia 19%, Macedonia 30% como Bosnia-Herzegobina.

La Unión Europea todos los años los bebés musulmanes suman el 10% de los recién nacidos… En Bruselas son el 30%, en Marsella el 60%…

La invasión está en marcha, continúa por varios medios y en varias regiones por las armas.  ¿Algún comentario?

Víctor Santa María

 

Entre la llama y  el que llama: un mundo ciego y sordo.

Viajar, ver y escuchar, pueden complementarse y ayudar a entender, si se tiene deseo de aprender. Pero siempre hay que recordar. 

"La llama" y "el que llama", están separados por cientos de kilómetros. Se encuentran en naciones diferentes. Pero tienen una misma finalidad: atraer la atención de quien llegue hasta allí,  y... dedique un instante a pensar.

Además,  "el fuego" ilumina, y la "voz" del que llama, sobre un pedestal, transmiten a su modo un mismo mensaje, en idiomas diferentes, pero fácilmente comprensibles para todos los humanos: la paz.

Tienen en común, que sea de día o de noche, en cualquier  estación que se visiten, no cambian aunque  pase el tiempo.

Curiosamente la llama a la que me refiero, se encuentra a la puerta misma de la Justicia, y la otra, a pocos pasos del monumento a la Victoria. Por extraño que parezca, su lenguaje es único y unívoco: llaman al mundo y a los humanos, sin palabras, son símbolos.

1) "La llama de la paz mundial" arde junto al Palacio de la Paz, en La Haya (Países  Bajos).

He tenido la suerte de haberlo visitado y escribir sobre ello en varias ocasiones.  Ni el Palacio ni la llama están allí por casualidad. Tienen una causa al ser ideas de personas que soñaron lo imposible: la paz. En el siglo XIX unos visionarios anunciaron que el camino de las armas y la guerra no conduce más que a la destrucción y al colapso económico, tanto para los vencidos como para los vencedores.

Un hombre y una mujer, de países diferentes, tuvieron una influencia decisiva en Europa.  J.S. Bloch, publicó "La guerra futura", donde “predijo” casi todo lo que sucedió en el s. XX, con la sola excepción de la bomba atómica.

En 1889, una austriaca culta, escritora, periodista y pacifista llamada Berttha Kinsky Von Suttner, a sus 46 años, publicó la novela Die Waffen nieder! (¡Abajo las armas!). Su influencia fue enorme y decisiva para promover la paz. En 1905  recibió el premio el Nobel de la Paz.

En ese clima propicio a la paz, surgieron ideas para conferencias de paz, denominadas de "Unión interplanetaria". El Zar Nicolás II, a través de su ministro  Muraviev, propuso a las naciones europeas la conveniencia de reducir los armamentos y de celebrar una conferencia de distensión.  No fue aceptado reducir el armamento, y ahí estamos. La otra invitación de una conferencia internacional o interplanetaria, fue acogida con entusiasmo por los gobiernos europeos. La conferencia se celebró en mayo de 1899, en La Haya.

Como fruto de la Conferencia, las potencias occidentales acordaron levantar en La Haya el Palacio de la Paz con la intención de presionar a los parlamentos para que se firmaran acuerdos entre las naciones  y  aceptar someter sus conflictos al Tribunal de La Haya. Así que "La llama" llegaría allí, después de que el Palacio de la Paz existiera y se convirtiera en Palacio de Justicia, albergando al Tribunal Internacional de Justicia.

El Palacio de la Paz, sería financiado por el estadounidense Andrew Carnegie. Se convocó  un concurso internacional por la "Fundación Carnegie". El diseño ganador fue del arquitecto francés Louis M. Cordonnier. En 1907 se colocó simbólicamente la primera piedra durante la Segunda Conferencia de la Paz de la Haya y la construcción se inició pronto.

Cordonnier y su socio holandés Van der Steur, tuvieron que ajustar el diseño al presupuesto, con algunos cambios. Pudo construirse, gracias a la Fundación patrocinadora, y a la colaboración de países de todo el mundo. Su estilo es neo-renacentista. La ceremonia de inauguración tuvo lugar el 28 de agosto de 1913.

En su interior, pueden apreciarse algunas de esas donaciones extraordinarias y el país que hizo la donación, si se tiene la suerte de acceder en visitas guiadas, donde muestran floreros, puertas, mármol, fuentes, alfombras, tapices, el reloj de la torre,  las maderas y estatuas, bustos y retratos de personajes partidarios de la paz, de diferentes países y épocas.

Desde 1946,  el Palacio de la Paz,  es  la Sede del Derecho internacional,  pues alberga el principal órgano judicial de la Organización de las Naciones Unidas: La Corte Internacional de Justicia, la Corte Permanente de Arbitraje, la Academia de Derecho Internacional y la Biblioteca del Palacio de la Paz.  La Corte Internacional de Justicia es la encargada de decidir las controversias jurídicas entre Estados.

La llama de la Paz Mundial encontró el enclave perfecto, a las puertas del  Palacio de la Paz y Sede la Justicia. El principal objetivo del Palacio de la Paz, es hacer posible la paz mediante la justicia o el arbitraje. Una paz que no es justa no puede llamarse paz. Allí quedó instalada en 1999 como recuerdo permanente. Es una llama especial, venida de los cinco continentes que se unieron para crear Theworld Peace Flame.

En realidad la llama es un símbolo y un deseo, un camino que hay que andar, no una meta. No está ahí por los caídos de cualquier bando en las diferentes guerras, sino porque los vivos la necesitan. La paz es un estado, que aúna voluntad y justicia, todo en uno. Es búsqueda, es trabajo y además gozo. Es todo lo contrario de agitación, provocación o guerra. Fue entendido como camino, The World Peace Pathway.  Y allí, junto a la llama, en todos los idiomas, se encuentra la palabra PAZ (Pude hacer algunas fotos).

Y camino real, porque la Llama de la Paz Mundial, en 2004, todos los países y regiones del mundo se unieron para construir el camino de la Llama de la Paz Mundial y crear una sola declaración de paz - la primera vez en la historia que esto ha ocurrido-. El magnífico Sendero de la Llama de la Paz Mundial fue construido alrededor del monumento de la Llama en La Haya. En un conmovedor despliegue de cooperación y solidaridad, embajadas y cancillerías  y regiones del mundo contribuyeron con piedras propias que representaban el anhelo y compromiso de su nación por la paz. Para el camino resultante incluyó las contribuciones de 197 países y regiones  y representan a toda la Humanidad.

Además, recuerdan que la paz es más un proceso que una conquista algo a lo que todos debemos aspirar; o mejor, conseguirlo entre todos. Pensaban, quienes la emplazaron allí y la mantienen encendida, que la voluntad de concordia y la justicia depende de los hombres que aspiran a la paz, pero no solo de ellos. Para abrazar la paz hace falta un corazón y unos sentimientos de respeto y de concordia, pero además se solicita una oración a quien lo lea.

2) "El que grita"

Alemania, es un pueblo que ha sufrido lo inimaginable y es también un lugar, donde la Humanidad ha sufrido lo indecible.  Berlín, su capital, y ejemplo.

La estatua, "Der rufer",  está situada en pleno centro de la Calle 17 de junio, de Berlín, a pocos metros de la Puerta de Brandeburgo, uno de los principales iconos de la capital alemana, símbolo del triunfo de la paz sobre las armas.

La Puerta de Brandeburgo original, fue inaugurada en 1791, pero la que se puede ver hoy día, es una copia hecha en Berlín oeste en 1969, ya que la original quedó destruida durante la Segunda Guerra Mundial.

Es conveniente recordar, según el Canal de Historia, que:  "El 24 de junio de 1948 dio inicio uno de los primeros y más simbólicos episodios de la Guerra Fría, el bloqueo de Berlín occidental. Tras la Segunda Guerra Mundial Alemania quedó confiada a la administración de los aliados y Berlín fue dividida en cuatro zonas bajo control de la URSS, EE. UU. Francia y Gran Bretaña. En el marco de la escalada de tensión entre las potencias comunistas y capitalistas, la URSS decidió bloquear por tierra las zonas aliadas de Berlín aprovechando la ubicación de la ciudad en el territorio alemán que se hallaba bajo su control. La reacción de Estados Unidos y sus aliados fue inmediata organizándose un gigantesco puente aéreo entre los tres aeropuertos de Berlín y los trece de la zona alemana bajo control occidental. En 323 días se transportaron por esa vía cerca de 2 millones de toneladas de mercancías para garantizar los suministros. El bloqueo se mantuvo hasta mayo de 1949 y contribuyó de forma decisiva a la cristalización de la división de Alemania, creándose en mayo de 1949 la RDA y en octubre del mismo año la RFA". (https://canalhistoria.es/hoy-en-la-historia/comienza-el-bloqueo-de-berlin/)

Así que Alemania quedo dividida y también Berlín. La Puerta de Brandeburgo quedó en tierra de nadie, atrapada entre el este y el oeste y prácticamente sin acceso a la misma, por el Muro, desde 1961 y durante 28 años posteriores. El muro medía 155 kilómetros: 43 dividiendo la ciudad, y 112 entre Berlín Oeste y el resto de la RDA.  El 9 de noviembre de 1989 cayó el Muro.

https://youtu.be/FdPLCeYzwKo

La Puerta de Brandeburgo recuperó el prestigio que se merece y los visitantes no suelen irse sin visitarla y sin llevarse una foto de la misma y de su estancia.

Con ser todo eso cierto, muchos no conocen  la importancia de la cercana calle  Tiergartenstrasse 4 (calle del Jardín Zoológico, número 4) y, quienes lo conocen, se refieren a ella simplemente como Aktion T4. En esa calle cercana existió, un centro de acciones o de operaciones  de eutanasia y exterminio, desde 1939 a 1945. Clemens von Galen, fue el opositor más contundente, contra esa política  al comienzo del Tercer Reich.

Cerca de Berlín, el Campo de Concentración de Sachsenhausen fue uno de los más importantes de la Alemania Nazi. Fue construido en 1936 y en poder de los nazis hasta  1945. Luego pasó a manos soviéticas, con funciones parecidas, especialmente contra los nazis.

El número de personas, que pasaron por esos lugares es de varios cientos de miles. De las víctimas dan idea además de la historia, los numerosos monumentos levantados en su homenaje y que rodean  Berlín.

 Como decía, a pocos metros de Puerta de Brandeburgo, en medio de la calle 17 de junio, se encuentra  la estatua de 3 metros "Der rufer",  el voceador, el que llama, o  grita: "¡paz!".

La palabra PAZ, está grabada al pie de la estatua. "Yo voy por el mundo y grito ‘paz, paz, paz" que es una cita del poeta Petrarca grabada en la base de la escultura. En 1966, el escultor y grafista Gerhard Marcks construyó esta escultura de 3 metros de altura.

 Desconozco en qué momento "Der rufer" de  Gerhard Marcks, fue colocada en medio de esa amplia avenida, con bastante tráfico y contaminación. Es una estatua de bronce, de la figura humana -no está claro si es hombre o mujer-, con las manos junto a la boca para hacerse oír.  Es una figura solitaria, que parece gritar de forma incansable: ¡paz!¡paz¡¡paz!

Paz, es solo una palabra, que solo quien la escucha, puede llenarla de significado.  Entre la Llama de la paz del mundo y el que llama a la paz, puede haber un mundo ciego y sordo. Mi amigo Fackel no podía ser más claro, en su escrito de este mismo abril: "¿Sabes lo que pienso, José Manuel? Que estamos todos sordos, ciegos y cada vez más mudos. Salvo para la estupidez, que es lo que se lleva en ciertas instancias y da la impresión que arrastra cual Flautista de Hamelin a las masas"( https://laantorchadekraus.blogspot.com/2021/04/der-rufer-el-voceador-alla-en-berlin.html)

José Manuel Belmonte

 

Era de esperar

La postura de EE.UU. sobre la frase “salud y derechos reproductivos”, cambió drásticamente desde hace solo unas pocas semanas bajo la administración Biden en la Asamblea General. Con la administración Trump el gobierno de EE.UU. se oponía a la frase “salud y derechos reproductivos”. Los diplomáticos de EE.UU. se oponían fundamentadamente al aborto en la política de la ONU y moderaban a la diplomacia estadounidense para avanzar en la agenda LGTB exigiendo solo la descriminalización de la conducta homosexual. A causa de esto, los feministas y los grupos LGTB y sus aliados entre los estados miembros de la ONU acusaron a Trump de retrasar  la política de la ONU durante 20 años, así como de producir un retroceso en los derechos de las mujeres. El repentino cambio en la posición de los EE.UU. era de esperar.

El memorandum del 28 de enero del presidente Biden  sobre la salud de las mujeres presagiaba su apoyo  al Nuevo y controvertido mandato en la Naciones Unidas. En el memorandum establece que “…la politica de mi administración está para apoyar los derechos y la salud reproductiva de las niñas y mujeres tanto en los Estados Unidos como a nivel global”. El memorandum también dirige al Departamento de Estado de EE.UU. y a la Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional a promover estas nociones.

La Comisión sobre el Status de la Mujer es normalmente un ruidoso evento anual en el calendario de la ONU. Miles de feministas de todo el globo convergen en Nueva York para una quincena de debates, fiestas y ceremonias. Es la mayor reunión anual de la Naciones Unidas, con cerca de 7000 participantes. Según las feministas revelan de forma extraoficial a los eventos oficiales cada año, los Estados Miembros de la ONU debaten políticas sociales concrovertidas como el aborto y los derechos LGBT, así como otras políticas menos conflictivas.

La sesión del año pasado se redujo al mínimo por la pademia del covid. La comisión solo se reunió durante medio día. Este año, la mayoría del trabajo de la comisión será llevada a cabo virtualmente en la segunda y la tercera semana de marzo.

A las feministas no se les permitirá entrar en las instalaciones de la ONU por los protocolos del COVID-19. Con la excepción del polémico debate entre los delegados, se espera que la comisión siga siendo un asunto tranquilo a diferencia de otros años.

Jesús D Mez Madrid

 

Patético

El Ministro de Universidades, Manuel Castells, el hombre que los "Comunes" propusieron a Sánchez, concedía una larga entrevista en la que se deshacía en alabanzas a Pablo Iglesias, al tiempo que explicaba las razones de su marcha. Según Castells, Iglesias abandona el Ejecutivo porque un Gobierno de coalición es limitante para alguien que además de anhelar la transformación profunda de la sociedad española, está decidido a luchar contra el “fascismo” que Isabel Díaz Ayuso representaría, según él, en Madrid.

El mito de Madrid como frente contra la derecha es peligroso, amén de una falsedad. El “frentismo” al que aludía el ministro, no solo es falso, sino que sobre todo es malo. No estamos en una historia política de buenos y malos, en la que el Gobierno de Sánchez representa el muro de contención frente al populismo y la quiebra del sistema, mientras el PP representaría la negación de la legitimidad democrática o lo que Castells llamaba la restauración agresiva de los valores tradicionales. Sin duda se trata de un caso patético.

Domingo Martínez Madrid

 

Civismo no igual a sumisión cerril

Quien tenía dudas del civismo de los españoles para vivir las medidas sanitarias que se van aprobando, después de más de un año le han desaparecido. Que en algunos lugares o un reducido número de los 47 millones de españoles no las vivan no empaña la afirmación anterior.

Sin embargo, civismo no significa sumisión cerril de los ciudadanos, mutismo de las organizaciones sociales competentes o aceptación acrítica por parte de la sociedad. Los gobernantes deben escuchar a la sociedad – a la que dicen “servir” – e ir de la mano, sin suplantarla ni ignorarla, una y otra vez.

Nos molesta que las autoridades sanitarias, en ocasiones, decidan o cambien de criterio engañándonos, o no dando las razones, o no dialogando con los sectores afectados, como es el caso de los centros escolares, las residencias de mayores o la hostelería, por poner algunos ejemplos en que ha faltado diálogo, escucha previa.

Es como si las autoridades desconfiaran de los responsables de esos sectores, cuando en realidad son los más interesados en que se controlen los contagios, se reduzcan las famosas “olas” y reine la prudencia.

Jesús Domingo Martínez

 

 

“Salud y derechos sexuales y reproductivos”

La administración Biden resituó a la diplomacia de EE.UU. en la lucha pro abortista en las sedes de la ONU. El cambio vino en las primeras rondas de lo que será una larga y contenciosa negociación de la ONU sobre el aborto, las políticas LGTB y la soberanía.

Según los diplomáticos que hicieron declaraciones a Friday Fax, la administración Biden expresó su apoyo a la controvertida frase “salud y derechos sexuales y reproductivos”.

Los diplomáticos estadounidenses siguieron la dirección de la Unión Europea, que propuso las referencias de la controvertida frase en la primera ronda de negociaciones para el borrador del acuerdo de la comisión de la ONU sobre el Status de las Mujeres que tendrá lugar el próximo mes.

La frase “salud y derechos sexuales y reproductivos” es más que un simple eufemismo a favor del aborto. Nunca se ha acordado o definido en la política de la ONU porque incluye “derechos sexuales”, una noción que los países socialmente conservadores consideran ofensiva. Los derechos sexuales fueron rechazados por los diplomáticos de la ONU ya en la Conferencia de la Mujer de Beijing de 1995. A lo largo de los años, las agencias de la ONU promueven los derechos LGTB, el acceso al aborto y la autonomía sexual para los niños bajo esta rúbrica.

Los delegados dijeron a Friday Fax que los EE.UU. permanecieron impasibles ante el aborto manteniéndose en silencio sobre el aborto en presentaciones por escrito la semana pasada. Pero justo algunos días después el senado confirmó a Linda Thomas-Greenfield como Embajadora de los EE.UU. para las Nacioens Unidas: los diplomáticos estadounidenses respaldaron la agenda de derechos sexuales de la Union Europea.

Jesús D Mez Madrid

 

Ciudades con olor a muertas

 

                                Esa es la estampa y realidad que observo en la propia ciudad donde nací y vivo (capital de una provincia con 12.500 km2) y lo que también aprecio, en todos los lugares donde las televisiones “meten sus fauces” y nos presentan, una sociedad asustada, paralizada, aterrorizada, o congelada; y conformándose, con “el bodrio oficial”, que en el mejor de los casos, les ofrece quienes dicen gobernarla por el terror que le han metido en el cuerpo, y con el sadismo de decirles sin rubor alguno, “que son ellos los que les van a salvar”, de un mal, que a la vista está, ni supieron dirigirlo desde un principio y menos contenerlo, sabiendo conservar y facilitar la libertad lógica que precisa cada ser humano, que ya pasado de “su estado animal”, se atreve a considerarse, simplemente hombre o mujer… “humanos”.

                                Va para año y medio, que “los chinos”, puesto que allí nació la pandemia y ellos sabían mucho de ello, ya que se apresuraron a fabricar y almacenar, “montañas” de útiles y artilugios, para luego venderlos a buen precio, al resto del mundo ya aterrorizado por “el regalo”; lo que da a entender “al no muy lerdo”, que aquello era un nuevo tipo de guerra, si bien poco mortífera (es la pandemia mundial que menos víctimas ocasiona) pero sí lo suficientemente, “venenosa”, como para aterrorizar a las masas, dominar a los gobiernos del mundo, y luego venderles todo lo almacenado y al precio que quisieran los acaparadores. Al propio tiempo paralizarían la vida normal de los pueblos y con ello, los arruinarían lo suficiente como para emplearlos después, como meros juguetes de los intereses del provocador de todo, que no dudemos no fue casual, sino pensado, repensado y lanzado como una nueva arma mundial y de dominio como tal; es lo que se puede deducir, “si sosegadamente ponemos todos los actores y hechos, sobre una mesa y vamos deduciendo, los pasos de la batalla”.

                                Batalla que sigue actuando con la pasividad y aceptación de todos los gobiernos, que en realidad, ni supieron, ni saben lo que hacer, salvo “los chinos”, que sí que supieron organizarse e incluso librarse “de su propio virus”; y hoy lo lucen y pasean como su gran victoria, “secreta pero visible a todas luces”.

                                La realidad del indefenso individuo es más o menos la siguiente: “cree estar en peligro mortal y por tanto asustado (se dice “que ya hay muchos rebeldes y que están abiertamente contra la tiranía impuesta por los políticos, pero hasta hoy poco se nota”), sólo espera ya y en mayoría, “la sopa boba” y la vacuna que lo salve de una muerte que le aterroriza”; no piensa que los que se contagian son una mínima parte de “los monos humanos”, que de estos, luego la inmensa mayoría se curan y vuelven a la vida, con “la normalidad de seres humanos, sometidos a infinidad de otros virus que nos pueden matar igualmente”, puesto que analizando con “la frialdad que se debe”… ¿¡Qué suponen tres millones de muertos que le asignan al virus chino mundialmente, al día en que escribo, y en relación a los siete mil quinientos millones, o más, con que cuenta ahora mismo este miserable planeta!? ¿¡Cuantos mueren al día, sólo por causas de cáncer, del tabaco, del alcohol, de las múltiples drogas, de los otros múltiples virus, incluso del suicidio, la carretera, el corazón y cuantas causas más? La gente no sabe ni quiere saber, que hay incontables causas para morir, que simplemente, “se nace para morir, sólo contará en nuestra vida y por poco tiempo, sólo la fecha del nacimiento y de la muerte”; y lo más importante de todo, o sea, que la propia Creación o Naturaleza, nos dota de “nuestra propia farmacia y nuestro propio médico”, como son nuestras propias defensas naturales, las que nos dicen y nos han dicho, que con ello es más que suficiente para vivir, con ese estado de tranquilidad-intranquilidad, en que debemos vivir los que no somos otra cosa, que, “animales mortales”; pero los que ninguna epidemia producida por “el mono humano”, ha podido borrar del planeta, y yo supongo que ni ha podido ni podrá; “lo que tenga que ser será”, pero y como dice el dicho religioso, “ayúdate que Dios te ayudará”, sólo esto, puede y debe ser más que suficiente para seguir caminando en esta tierra en que nacimos y en la que indudablemente hemos de morir.

                                Lo que no me produce ya duda alguna, es la que en un principio deduje, o sea, que, “el remedio es peor que la enfermedad”; por tanto pidamos y exijamos que nos dejen salir ya de “la inmensa cárcel donde nos han metido”, que nos quiten ya las mascarillas, que como bozales a muchos ahogan; y que nos dejen volver a la vida que cada cual, tenía o puede tener, que la libertad humana, que nos dio, la propia Creación, que supongo es mucho más sabia, que los insignificantes monos humanos, auto convertidos, en “pobres dioses transitorios”, de unos poderes que no saben controlar, y que han de terminar, como el ratón Mickey de la película “Fantasía”, que tan bien supo presentar las miserias del en realidad… “ratón humano”.

 

SOBRE LA ESPAÑA ACTUAL:

REPÚBLICAS GUERRAS CIVILES CANALLAS Y OTRAS DESGRACIAS: Hay un dicho contundente y sabio (como tantos otros de la sabiduría popular) que habría que aplicar a ese deleznable hecho (que es sólo uno más) de la horrenda historia de esta nuestra "españa": dice así: "LA MIERDA MIENTRAS MÁS SE REMUEVE, MÁS HUELE"; por tanto "esa mierda que enmierda a todo el país directa o indirectamente, lo mejor es, "enterrarla y olvidarla"; y guardar lo que de verdad se sepa de ella, para que no se repita JAMÁS... Recuérdenlo hoy los que pronto van a votar en Madrid.

 

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes