Las Noticias de hoy 19 Abril 2021

Enviado por adminideas el Lun, 19/04/2021 - 12:46

La educación comienza en casa y aplaudo a los padres que rec... - Ernest  Istook

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 19 de abril de 2021       

Indice:

ROME REPORTS

Papa en Regina Coeli: llamamiento por Ucrania y nostalgia por Plaza de San Pedro

Regina Coeli. Papa: “Jesús no es un fantasma, es una Persona viva”

97ª Jornada de la Universidad Católica del Sagrado Corazón

NATURALIDAD CRISTIANA: Francisco Fernandez Carbajal

Meditaciones: lunes 3ª semana de Pascua

“Unión con el Papa es unión con Pedro”: San Josemaria

La autoridad de los padres : J.M. BARRIO

La dignidad de la mujer católica: Remedios Falaguera Silla

El relativismo y la libertad : Ana Teresa López de Llergo

Educación para la ciudadanía : Jaime Rodríguez-Arana Muñoz

El Estado educador : Alejandro Llano Cifuentes

El reto de la Eutanasia: Ernesto Juliá

El «milagro» de Pedrito, el niño con cáncer que provoca conversiones y hasta bautizos en el hospital

Anticonsumismo, glorificación del ocio y de la indigencia: Plinio Corrêa de Oliveira

Ridículas pero nada inocentes: Jesús Martínez Madrid

Un grave problema de humanidad : Suso do Madrid

La pregunta más urgente para una sociedad : Enric Barrull Casals

El Comercio : JD Mez Madrid

La justicia en España y en el mundo : Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

Papa en Regina Coeli: llamamiento por Ucrania y nostalgia por Plaza de San Pedro

“Gracias a Dios podemos volver a encontrarnos en esta plaza para la cita dominical y festiva. Os digo una cosa: echo de menos la plaza cuando tengo que hacer el Ángelus en la Biblioteca”. Son las palabras del Papa tras rezar a la Madre del cielo en este III Domingo de Pascua.

 

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

Después de rezar el Regina Coeli, el Santo Padre ha expresado su agradecimiento a Dios por poder volver a encontrarse en la plaza de San Pedro este domingo 18 de abril con los fieles: “Os digo una cosa: echo de menos la plaza cuando tengo que hacer el Ángelus en la Biblioteca. Estoy contento, gracias a Dios. Y gracias a vosotros por vuestra presencia” ha dicho a los fieles presentes en la plaza.

 

18/04/2021Regina Coeli. Papa: “Jesús no es un fantasma, es una Persona viva”

Llamamiento por Ucrania

Tras estas hermosas palabras, el Papa ha hablado de “algo triste”, asegurando que “sigue con profunda preocupación los acontecimientos en ciertas zonas del este de Ucrania, donde las violaciones del alto el fuego se han multiplicado en los últimos meses, y observo con gran inquietud el aumento de las actividades militares”. Ante esta trágica situación, Francisco ha hecho un llamamiento: “Por favor, espero que se evite el aumento de las tensiones y, por el contrario, se hagan gestos que promuevan la confianza mutua y fomenten la reconciliación y la paz que tanto se necesitan y se desean”. Además, ha expresado su cercanía a la población de Ucrania, “la cual vive una grave situación humanitaria” y ha rezado un Ave María por ella. 

 

17/04/2021Beatificación mártires de Casamari: no son "héroes de cómic" sino testigos de amor

Beatificación de Simeón Cardón y cinco compañeros mártires

Momento que también ha querido aprovechar para hacer algún que otro recordatorio. Francisco ha recordado que ayer, en la abadía de Casamari, fueron proclamados beatos Simeón Cardón y cinco compañeros mártires, monjes cistercienses de esa abadía. “En 1799, cuando los soldados franceses que se retiraban de Nápoles saquearon iglesias y monasterios, estos mansos discípulos de Cristo resistieron con valor heroico, incluso hasta la muerte, para defender la Eucaristía de la profanación” ha expresado el Papa, a la vez que ha invitado a seguir su ejemplo: “Que su ejemplo nos impulse a un mayor compromiso de fidelidad a Dios, capaz también de transformar la sociedad y hacerla más justa y fraterna. ¡Aplaudamos a los nuevos Beatos!”. 

 

18/04/202197ª Jornada de la Universidad Católica del Sagrado Corazón

Día de la Universidad Católica del Sagrado Corazón

También ha recordado que hoy se celebra en Italia el Día de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, la cual – dice – “desde hace cien años presta un valioso servicio a la formación de las nuevas generaciones”. Después, ha expresado su deseo de que “siga cumpliendo su misión educativa para ayudar a los jóvenes a ser protagonistas de un futuro rico en esperanza” y ha bendecido cordialmente al personal, a los profesores y a los estudiantes dicha universidad.

 

Regina Coeli. Papa: “Jesús no es un fantasma, es una Persona viva”

En el tercer domingo de Pascua el Papa Francisco habla de tres verbos que expresan amor: mirar, tocar y comer, y recuerda que ser cristianos “no es una doctrina o un ideal moral, es una relación viva con el Señor Resucitado” porque lo miramos, lo tocamos y nos alimentamos de Él.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

Después de varias semanas, el Pontífice se ha vuelto a asomar este mediodía desde el balcón del Palacio Apostólico para rezar el Regina Coeli junto a los fieles presentes en la Plaza de San Pedro y no desde la Biblioteca Vaticana como lo estaba haciendo, con motivo de las restricciones por la pandemia.

Desde el balcón, en este tercer domingo de Pascua, el Papa Francisco ha reflexionado acerca del evangelio del día según Lucas, donde desde el Cenáculo, en Jerusalén, Cristo resucitado se presenta en medio del grupo de discípulos y los saluda diciendo: «¡La paz con vosotros!», pero “estaban asustados y creían «ver un fantasma»” dice el Papa. Entonces Jesús les muestra las llagas de su cuerpo y dice: «Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme» y para convencerlos, les pide comida y la come ante su mirada atónita.

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18/04/2021

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Francisco asegura que hay dos detalles en esta descripción: el primero es que “dice el evangelio que los apóstoles por la gran alegría aun no creían, era tal la alegría que tenían que no podían creer que fuera verdad”. El otro detalle que señala el Papa es que “estaban atónitos, sorprendidos, porque el encuentro con Dios siempre te lleva al estupor, va mas allá del entusiasmo y la alegría y estos estaban felices, pero era una felicidad que les hacia pensar: esto no puede ser”.  “Es el estupor de la presencia de Dios – dice el Papa – no se olviden de este estado de ánimo”.

El Pontífice asegura que este pasaje evangélico se caracteriza por tres verbos muy concretos “que en cierto sentido reflejan nuestra vida personal y comunitaria: mirartocar y comer”. “Tres acciones – dice – que pueden dar la alegría de un verdadero encuentro con Jesús vivo”. De hecho – subraya – “este pasaje del Evangelio nos dice que Jesús no es un “fantasma”, sino una Persona viva” y nos recuerda que ser cristianos “no es ante todo una doctrina o un ideal moral, es una relación viva con él, con el Señor Resucitado: lo miramos, lo tocamos, nos alimentamos de él y, transformados por su amor, miramos, tocamos y nutrimos a los demás como hermanos y hermanas”.

Mirar: uno de los verbos del amor

“Mirad mis manos y mis pies” —dice Jesús. El Santo Padre ha explicado que “mirar” no es solo ver, sino que también implica “intención y voluntad”. Por eso – dice el Papa – es uno de los verbos del amor: “La madre y el padre miran a su hijo, los enamorados se miran recíprocamente; el buen médico mira atentamente al paciente... Mirar es un primer paso contra la indiferencia, contra la tentación de volver la cara ante las dificultades y sufrimientos ajenos”.

Tocar: el amor pide cercanía y contacto

El segundo verbo que señala el Papa es “tocar” y retoma el evangelio de hoy para explicar que, Jesús, al invitar a los discípulos a palparle, para que constaten que no es un fantasma, “les indica a ellos y a nosotros que la relación con él y con nuestros hermanos no puede ser “a distancia”. “No existe un cristianismo a distancia – subraya el Papa – no existe solamente un cristianismo solo en el ámbito de la mirada”. Es más, el Papa asegura que el amor “pide cercanía, contacto, compartir la vida”. De hecho – puntualiza – “el buen samaritano no solo miró al hombre que encontró medio muerto en el camino: se inclinó, curó sus heridas, lo subió a su montura y lo llevó a la posada. Y lo mismo ocurre con Jesús: amarlo significa entrar en una comunión vital y concreta con él”.

Comer en familia y amigos es una expresión de amor

Por último, Francisco habla del verbo “comer” y asegura que “expresa bien nuestra humanidad en su indigencia más natural, es decir, nuestra necesidad de nutrirnos para vivir”. “Pero comer – insiste – cuando lo hacemos juntos, en familia o con amigos, también se convierte en expresión de amor, de comunión, de fiesta”. “¡Cuántas veces los Evangelios nos muestran a Jesús que vive esta dimensión convival! –  exclama el Papa – hasta el punto de que el banquete eucarístico se ha convertido en el signo emblemático de la comunidad cristiana”. Por eso, para el Papa, “comer juntos” es “el centro de la vida cristiana”.

 

97ª Jornada de la Universidad Católica del Sagrado Corazón

Este Tercer domingo de Pascua, a las 11.00, en la sede de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Jesús de Milán, el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de Su Santidad, presidió la celebración de la Misa con motivo de la 97ª Jornada de la Universidad Católica. La celebración fue transmitida en directo por televisión en el canal Rai Uno

 

Vatican News

En su homilía de la Misa celebrada esta mañana a las 11.00 en Milán – en la sede de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Jesús –  el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de Su Santidad, destacó la coincidencia de las palabras del Evangelio que refieren que Jesús: "Les abrió la mente para que entendieran las Escrituras", y que siguen resonando – dijo – en el día en que se celebra la 97ª Jornada de la Universidad Católica. También recordó que esta alta casa de estudios cumple 100 años de fundación durante este curso académico.

Mirar con responsabilidad y esperanza este siglo de historia

Después de afirmar que hoy se recuerda con gratitud el siglo transcurrido, durante el cual, a pesar de las tantas dificultades en tiempos complejos como los transcurridos de entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, el Purpurado afirmó que la Universidad “ha experimentado un desarrollo constante", tal como se lee en el Mensaje de la Conferencia Episcopal Italiana. Por esta razón propuso mirar con responsabilidad, confianza y esperanza este siglo de historia, a la vez que afirmó:

“La Universidad está llamada hoy a afrontar retos no menos exigentes que los del principio, tanto en lo estrictamente académico con las necesarias innovaciones para la docencia y la investigación, como para dar pleno desarrollo a esa tercera misión que desde el principio constituye su alma y perfila sus objetivos”

Abrir las mentes de los jóvenes a la belleza del conocimiento

Por lo tanto – dijo el Cardenal Parolin – “la Universidad Católica está llamada hoy, como ayer y como en el futuro, a abrir las mentes, a abrir las mentes de los jóvenes a la belleza del conocimiento: una apertura que no se limita a la adquisición de contenidos o competencias científicas y técnicas, sino que se dirige a la búsqueda de la sabiduría; una apertura que ha sido posible porque Dios mismo nos ha abierto los tesoros de su sabiduría en Jesús. Es él, de hecho, quien en el Evangelio abrió la mente de los discípulos para que entendieran las Escrituras".

Acción misericordiosa de Jesús

Para explicar en qué consiste esta apertura, el Purpurado aludió, con el Evangelio, que Jesús abre la mente de los discípulos, que estaba prisionera de una falsa imagen de Dios. Y dijo que lo hace a través de los gestos y de las palabras, mediante las cuales supera la distancia entre Dios y el hombre, venciendo sus temores. Además, el Cardenal Secretario de Estado resumió este concepto explicando que, en primer lugar, Jesús se acerca a los discípulos y les dice “tóquenme y miren”,  ofreciéndoles y pidiéndoles toda la cercanía posible. En segundo lugar – prosiguió – les muestra sus manos y  pies, es decir “los signos extremos de la fragilidad humana” que él sumió.

“Las llagas del Resucitado, signos indelebles de su amor por nosotros, nos revelan que ningún clavo del pecado, ninguna herida de la vida, ningún remordimiento del pasado es un obstáculo para su acción misericordiosa hacia nosotros”

Y, por último, el Cardenal Parolin dijo que “Jesús come ante la presencia de los discípulos. Come lo que ellos tenían, una porción de pescado asado”. Porque “comer juntos, tomar bajo el mismo techo el alimento que da la vida expresaba, sobre todo en la mentalidad de aquella época, un compartir muy familiar”.

De la distancia a la confidencia con el Señor

De este modo Jesús abre la mente a la verdadera imagen de Dios. Además – prosiguió – Jesús explica que Dios no se desentiende del drama del sufrimiento, sino que lo redimido, tomándolo sobre sí mismo. De ahí su afirmación: “Esto es lo que ha hecho Dios y ésta es su grandeza sin precedentes: saber convertir todo en bien por medio del amor. Todo, incluso el sufrimiento y la muerte. Este, también para nosotros, es el sentido de la Pascua: hacer pasar en Dios-amor todo lo que nos pasa en la vida.

“Celebramos la Pascua en plenitud si hacemos este paso: de nuestro yo a Dios, de la distancia a la confidencia, de la cerrazón en nosotros mismos a la apertura a Él. El Señor nos pide esto, después de haber pasado por nosotros todo nuestro mal”

Y concluyó invitando a no tener miedo ante un tiempo incierto y preñado de transformaciones de época. No tengan miedo – dijo – ante lo que el Papa Francisco, con un término severo, definió "catástrofe educativa", llamándonos a comprometernos, como humanidad a "formar personas maduras”.

“Estoy seguro de que en el siglo de historia que tenemos por delante, la Universidad Católica del Sagrado Corazón, atesorando la experiencia del siglo transcurrido, sabrá responder eficazmente a esta llamada y a este desafío. Esto es lo que esperamos y por lo que rezamos”

 

 

NATURALIDAD CRISTIANA

— Ser cristianos coherentes en todas las situaciones de nuestra vida.

— Apostolado en ambientes difíciles.

— Rectitud de intención.

I. El proceso contra Esteban desencadena una grave persecución contra la Iglesia. En la lectura de la Misa de hoy se narra su actividad apostólica y su martirio1En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Contra él se utilizarán los mismos medios, y casi las mismas palabras, que se emplearon contra Jesús: Le hemos oído decir –aseguran los falsos testigos– que ese Jesús de Nazaret destruirá el templo y cambiará las tradiciones que recibimos de Moisés.

Esteban proclamó con valentía su fe en Jesús resucitado. Y es ejemplo para nosotros –aunque el Señor no nos pida el martirio– de vida cristiana coherente: con naturalidad y claridad, sin detenernos ante los falsos escándalos, ni ante el qué dirán. Debemos contar con ambientes en los que alguna vez nos mirarán torcidamente, porque no entienden un comportamiento cristiano, ni muchas de las amables exigencias de la doctrina de Cristo. Debemos imitar entonces al Señor y a quienes le fueron fieles, incluso hasta dar la vida por Él, si fuera necesario, actuando con serenidad, llevando una vida cristiana con todas sus consecuencias. Sin duda, sería más cómodo el adaptarse a esas situaciones y estilos de vida paganizados, pero ya no podríamos decir que queremos ser discípulos fieles de Jesús. Estas situaciones, en las que tendremos que echar mano de la firmeza de carácter y de la fortaleza en la fe, pueden darse en la Universidad, en el trabajo, en el lugar donde pasamos unos días de descanso con la familia, etcétera.

«En sus actuaciones públicas, los cristianos deben inspirarse en los criterios y objetivos evangélicos vividos e interpretados por la Iglesia. La legítima diversidad de opiniones en los asuntos temporales no debe impedir la necesaria coincidencia de los cristianos en defender y promover los valores y proyectos de vida derivados de la moral evangélica»2. El cristiano debe rechazar el miedo de parecer chocante si, por vivir como discípulo fiel del Señor, su conducta es mal interpretada o claramente rechazada. Quien ocultara su personalidad cristiana en medio de un ambiente de costumbres paganas, se doblegaría por respetos humanos, y sería merecedor de aquellas palabras de Jesús: Quien me niegue ante los hombres, Yo también le negaré ante mi Padre que está en los cielos3.

«¿Sabéis cuál es la primera tentación que el demonio presenta a una persona que ha comenzado a servir mejor a Dios? –pregunta el Santo Cura de Ars–. Es el respeto humano»4. ¿Cómo es nuestro comportamiento con los amigos, en el trabajo, en una reunión social? ¿Mostramos con valentía y sencillez nuestra condición de hijos de Dios?

II. En ocasiones, parece de «buen tono» hablar con frialdad de las grandes verdades de la vida, o bien no hablar de ellas en absoluto. Y llaman fanático al que habla con entusiasmo de una causa noble –defensa de la vida desde la concepción, libertad de enseñanza...– o tratan de descalificar con diversos adjetivos al que tiene convicciones profundas sobre la vida y su destino final y trata de vivirlas.

Sin intemperancias, que son ajenas al ejemplo amable que nos dejó Jesucristo, trataremos de vivir, con la ayuda de la gracia, una vida llena de convicciones cristianas profundas y firmes. Sabemos bien, por ejemplo, que la indiferencia ante las maravillas de Dios es un gran mal, consecuencia de la tibieza o de una fe muerta o dormida, por mucho que se la quiera disfrazar de «objetividad».

El cristiano, por el Bautismo, ha recibido la gracia que salva y da sentido a su caminar terreno. Ante un bien tan excelente es lógico que esté alegre y que procure comunicar su felicidad a quienes están a su lado por medio de un apostolado incesante.

Jesús siempre hizo el bien. Yo os pregunto –les decía Jesús en cierta ocasión a unos escribas y fariseos que le espiaban– ¿es lícito hacer el bien o hacer el mal? Y a continuación curó al enfermo de la mano seca. En todos los ambientes debemos hacer el bien, comunicar la alegría de haber conocido a Cristo; sentimos la necesidad de ganar almas para la Verdad, para el amor, para Cristo. «Y esto se llama, en correcto castellano, proselitismo. Aquí interviene también la manipulación de las palabras. El término proselitismo ha sido cargado por algunos con la albarda de intereses egoístas, de utilización de medios poco honrados para fascinar, coaccionar o enrolar engañosamente a los que se dirige. Tal actitud merece seria condena; pero lo condenable es el proselitismo sectario, engañador, mercenario, el que se aprovecha de la ignorancia ajena, de su miseria material, de su soledad afectiva.

»Pero ¿vamos, por eso, a renunciar los cristianos a la fecundidad apostólica, a la fraternidad comunicativa del genuino proselitismo?»5.

La certeza de las verdades de nuestra fe –solo el que está convencido convence– y el amor a Cristo nos llevará a una comunicación fecunda de lo que nosotros hemos encontrado, nos llevará a un leal proselitismo. Y esto en todos los ambientes.

III. El lugar donde buscamos la santidad es el trabajo, las relaciones con quienes comparten las mismas tareas que nosotros, el trato social, la familia.

Si encontramos obstáculos, incomprensiones o críticas injustas le pediremos al Señor su gracia para mantenernos serenos, tener paciencia y, ordinariamente, no dejar de hacer apostolado. El Señor no siempre se encontró con personas de buena fe al anunciar la Buena Nueva, y no por eso dejó de mostrar las maravillas del Reino de Dios. Los Apóstoles, en los comienzos de la Iglesia, y los primeros cristianos también, se encontraron con situaciones y ambientes que, al menos al principio, rechazaban de plano la doctrina salvadora que llevaban en su corazón y, sin embargo, convirtieron el mundo antiguo. «—No entiendo tu abulia. Si tropiezas con un grupo de compañeros un poco difícil –que quizá ha llegado a ser difícil por tu abandono–, te desentiendes de ellos, escurres el bulto, y piensas que son un peso muerto, un lastre que se opone a tus ilusiones apostólicas, que no te entenderán...

»¿Cómo quieres que te oigan si, aparte de quererles y servirles con tu oración y mortificación, no les hablas?...»6.

Por otra parte, ninguna situación es inamovible ni definitiva. El paso del tiempo acaba por dar la razón al que trabaja y trata a los demás con honradez, con rectitud de intención, sin buscar ventajas personales.

El dejarse llevar por los respetos humanos es propio de personas con una formación superficial, sin criterios claros, con un carácter poco firme. Con frecuencia esta actitud, tan poco atrayente también en lo humano, viene respaldada por la comodidad de no llevarse un pequeño mal rato, el miedo a poner en peligro un cargo, por ejemplo, o el deseo de no distinguirse de los demás.

Aunque los nobles se sientan a murmurar de mí –se lee en el Salmo responsorial7–, tu siervo medita tus leyes; tus preceptos son mi delicia, tus decretos son mis consejeros.

Para vencer los respetos humanos necesitamos rectitud de intención, atendiendo más al parecer de Dios que al parecer de los demás; fortaleza para pasar con elegancia las pequeñas críticas, frecuentemente superficiales, cuando las haya; alegría para comunicar el tesoro que cada discípulo del Señor ha encontrado, y el buen ejemplo, del que nunca nos arrepentiremos, que es simple coherencia con la gracia, que el Señor ha puesto en nuestro corazón. Aun en los ambientes más difíciles podremos ganar almas para Cristo si deseamos de verdad hacer felices a esos amigos, compañeros o conocidos. «Antes de querer hacer santos a todos aquellos a quienes amamos es necesario que les hagamos felices y alegres, pues nada prepara mejor el alma para la gracia como la leticia y la alegría.

»Tú sabes ya (...) que cuando tienes entre las manos los corazones de aquellos a quienes quieres hacer mejores, si los has sabido atraer con la mansedumbre de Cristo, has recorrido ya la mitad de tu camino apostólico. Cuando te quieren y tienen confianza en ti, cuando están contentos, el campo está dispuesto para la siembra. Pues sus corazones están abiertos como una tierra fértil, para recibir el blanco trigo de tu palabra de apóstol o de educador.

»Si sabes hablar sin herir, sin ofender, aunque debas corregir o reprender, los corazones no se te cerrarán. La semilla caerá, sin duda, en tierra fértil y la cosecha será abundante. De otro modo tus palabras encontrarán, en vez de un corazón abierto, un muro macizo; tu simiente no caerá en tierra fértil, sino al margen del camino (...) de la indiferencia o de la falta de confianza; o en la piedra (...) de un ánimo mal dispuesto, o entre las espinas (...) de un corazón herido, resentido, lleno de rencor.

»No perdamos nunca de vista que el Señor ha prometido su eficacia a los rostros amables, a los modales afables y cordiales, a la palabra clara y persuasiva que dirige y forma sin herir (...). No debemos olvidar nunca que somos hombres que tratamos con otros hombres, aun cuando queramos hacer bien a las almas. No somos ángeles. Y, por tanto, nuestro aspecto, nuestra sonrisa, nuestros modales, son elementos que condicionan la eficacia de nuestro apostolado»8.

En la Santísima Virgen encontramos, como los Apóstoles, la fortaleza necesaria para hablar de Dios sin respetos humanos: «—Después de que el Maestro, mientras asciende a la diestra de Dios Padre, les ha dicho: “id y predicad a todas las gentes”, se han quedado los discípulos con paz. Pero aún tienen dudas: no saben qué hacer, y se reúnen con María, Reina de los Apóstoles, para convertirse en celosos pregoneros de la Verdad que salvará al mundo»9.

1 Cfr. Hch 6, 8-15. — 2 Conferencia Episcopal Española, Testigos de Dios vivo, 28-VI-1985, n. 64, d. — 3 Mt 10, 32. — 4 Santo Cura de Ars, Sermón sobre las tentaciones. — 5 C. López Pardo, en Rev. Palabra, n. 245. — 6 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 954. — 7 Sal 118. — 8 S. Canals, Ascética meditada, pp. 74-76. — 9 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 232.

 

Meditaciones: lunes 3ª semana de Pascua

Reflexión para meditar el lunes de la tercera semana de Pascua. Los temas propuestos son: Jesús quiere que le sigamos por amor; la fe en Jesús nos permite cumplir las obras de Dios; vivir con la mente de Cristo.

MEDITACIONES19/04/2021

Jesús quiere que le sigamos por amor.

La fe en Jesús nos permite cumplir las obras de Dios.

Vivir con la mente de Cristo.


LA NOTICIA DE LA multiplicación de los panes se había divulgado por toda la región; tanto, que una muchedumbre se dirigió hacia el sitio del milagro. «Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la ciudad donde vivía, en la otra orilla del lago, le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo has venido aquí?”» (Jn 6,24-25). Sucede que la misma noche del milagro, Jesús se había acercado caminando sobre las aguas a la barca donde estaban sus discípulos. El evento no había pasado inadvertido por los que vivían en aquella zona, pues «la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos» (Jn 6,22).

Por todas estas cosas, la gente se daba cuenta de que aquel profeta era especial, pues acompañaba su novedosa predicación con signos portentosos que daban autoridad a sus palabras. Pero el Señor aprovecha rápidamente para purificar poco a poco su interés e invitarlos a elevar la mirada. No se trataba de seguir a un taumaturgo que les diera alimento diario, sino de buscar la vida eterna, de procurar la salvación. «Jesús les contestó: “en verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros”» (Jn 6,26).

Con el eco de aquellas palabras del Señor, podemos valorar y examinar cómo es nuestra rectitud de intención en el seguimiento de Cristo, si deseamos cumplir siempre y en todo su voluntad. Que no nos suceda lo que decía san Agustín a propósito de estas páginas del evangelio: «Me buscáis por motivos de la carne, no del espíritu. ¡Cuántos hay que buscan a Jesús, guiados solo por intereses temporales! (...). Apenas se busca a Jesús por Jesús»[1]. El Señor hizo ver a aquella muchedumbre que, aunque habían visto el signo, no estaban buscando el verdadero significado. «Es como si dijese: “Vosotros me buscáis por un interés”. Nos hace siempre bien preguntarnos: ¿por qué busco a Jesús? ¿Por qué sigo a Jesús? Nosotros somos todos pecadores. Y, por lo tanto, siempre tenemos algún interés, algo que purificar al seguir a Jesús; debemos trabajar interiormente para seguirlo, por Él, por amor»[2].


AQUELLOS admiradores de Jesús, al estar concentrados solo en su intereses personales, no cayeron en la cuenta de que estaban frente al enviado de Dios. «No habían comprendido que ese pan, partido para tantos, para muchos, era la expresión del amor de Jesús mismo. Han dado más valor a ese pan que a su donador»[3]. Pero Jesús aprovechó su interés para orientar sus deseos: «Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios» (Jn 6,27). De esa manera introdujo el gran tema del capítulo entero del evangelio que la liturgia de la Iglesia nos propone durante esta semana: la Eucaristía.

Pero, antes, Jesús tenía que preparar el terreno para esta predicación. «Ellos le preguntaron: “Y ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?”» (Jn 6,28). De acuerdo con la mentalidad de la época, quienes escuchaban a Jesús pensaban que debían cumplir unas prácticas religiosas para merecer el alimento milagroso. El Señor los sorprendió con su respuesta: «La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado» (Jn 6,29). La obra de Dios es creer. La prioridad es de la gracia, más que de nuestras acciones. «Estas palabras están dirigidas, hoy, también a nosotros: la obra de Dios no consiste tanto en el “hacer” cosas, sino en el “creer” en aquel que Él ha enviado. Esto significa que la fe en Jesús nos permite cumplir las obras de Dios. Si nos dejamos implicar en esta relación de amor y de confianza con Jesús, seremos capaces de realizar buenas obras que perfumen a Evangelio, por el bien y las necesidades de los hermanos»[4].

«La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado» (Jn 6,29). La clave de nuestra fe se encuentra en la confianza plena en la gracia de Dios. «El centro de la existencia, lo que da sentido y firme esperanza al camino de la vida, a menudo difícil, es la fe en Jesús, el encuentro con Cristo (...). La fe es lo fundamental. Aquí no se trata de seguir una idea, un proyecto, sino de encontrarse con Jesús como una Persona viva, dejarse conquistar totalmente por él y por su Evangelio. Jesús invita a no quedarse en el horizonte puramente humano y a abrirse al horizonte de Dios, al horizonte de la fe»[5].


«LA OBRA DE DIOS es esta: que creáis en el que él ha enviado» (Jn 6,29). «Jesús nos recuerda que el verdadero significado de nuestra existencia terrena está al final, en la eternidad, en el encuentro con él, que es don y donador; y nos recuerda también que la historia humana –con sus sufrimientos y sus alegrías– tiene que ser vista en un horizonte de eternidad, es decir, en aquel horizonte del encuentro definitivo con él. Y este encuentro ilumina todos los días de nuestra vida»[6].

De hecho, la fe nos acerca al punto de vista de Dios, a «la mente de Cristo» (1 Co 2,16), de modo que todo lo leemos y entendemos desde allí. Por esto, la fe no es un simple contenido teórico para confesar o predicar. Se manifiesta, ante todo, en la vida diaria del creyente, pues esa luz muestra el sentido de la vida, ilumina la existencia personal y comunitaria con la perspectiva de Dios. La fe, al descubrir la posibilidad de asociarse a los planes providentes de Dios, se hace operativa, «actúa por el amor» (Ga 5,6). «Fe con obras, fe con sacrificio, fe con humildad»[7], decía san Josemaría. ¿Me impulsa la fe a ver las cosas con la mente de Cristo? ¿Procuro descubrir la relación que tiene la realidad en la que vivo con los planes de Dios, especialmente a partir de la Sagrada Escritura?

Acudamos a Jesús como el personaje del Evangelio que le suplicaba: «Creo, pero ayuda mi falta de fe» (Mc 9,24). Digámosle también nosotros: «¡Señor, creo! ¡Pero ayúdame, para creer más y mejor! Y dirijamos también esta plegaria a santa María, madre de Dios y madre nuestra, maestra de fe: “¡Bienaventurada tú, que has creído!, porque se cumplirán las cosas que se te han anunciado de parte del Señor” (Lc 1,45)»[8].


[1] San Agustín, Tratado sobre el evangelio de san Juan, 25, 10.

[2] Francisco, Homilía, 5-V-2014.

[3] Benedicto XVI, Ángelus, 2-VIII-2015.

[4] Francisco, Ángelus, 5-VIII-2018.

[5] Benedicto XVI, Ángelus, 5-VIII-2012.

[6] Benedicto XVI, Ángelus, 2-VIII-2015.

[7] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 203.

[8] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 204.

 

 

“Unión con el Papa es unión con Pedro”

Ama, venera, reza, mortifícate –cada día con más cariño– por el Romano Pontífice, piedra basilar de la Iglesia, que prolonga entre todos los hombres, a lo largo de los siglos y hasta el fin de los tiempos, aquella labor de santificación y gobierno que Jesús confió a Pedro. (Forja, 134)

19 de abril

La suprema potestad del Romano Pontífice y su infalibilidad, cuando habla “ex cátedra”, no son una invención humana: se basan en la explícita voluntad fundacional de Cristo. ¡Qué poco sentido tiene entonces enfrentar el gobierno del Papa con el de los obispos o reducir la validez del Magisterio pontificio al consentimiento de los fieles! Nada más ajeno que el equilibrio de poderes; no nos sirven los esquemas humanos, por atractivos o funcionales que sean. Nadie en la Iglesia goza por sí mismo de potestad absoluta, en cuanto hombre; en la Iglesia no hay más jefe que Cristo; y Cristo ha querido constituir a un Vicario suyo -el Romano Pontífice- para su Esposa peregrina en esta tierra. (…)

Contribuimos a hacer más evidente esa apostolicidad, a los ojos de todos, manifestando con exquisita fidelidad la unión con el Papa, que es unión con Pedro. El amor al Romano Pontífice ha de ser en nosotros una hermosa pasión, porque en él vemos a Cristo. Si tratamos al Señor en la oración, caminaremos con la mirada despejada que nos permita distinguir, también en los acontecimientos que a veces no entendemos o que nos producen llanto o dolor, la acción del Espíritu Santo (Amar a la Iglesia; Palabra, 1986, pp.33-34).

 

 

La autoridad de los padres

Finaliza la serie de textos sobre la educación en la familia con un editorial sobre la autoridad de los padres. En él, se ofrecen algunas ideas sobre cómo servir a los hijos ayudándoles a gestionar su libertad.

FAMILIA16/09/2013

Foto: nemomemini

Dios es el autor de la vida, y su bondad se manifiesta también en su autoridad, de la cual participa toda autoridad creada: en particular, la autoridad amorosa de los padres. Ciertamente, el ejercicio de esa autoridad parental no es siempre fácil. “Baja” necesariamente a aspectos muy concretos de la vida cotidiana.

Todos tenemos experiencia de que, a la hora de educar, «sin reglas de comportamiento y de vida, aplicadas día a día también en las cosas pequeñas, no se forma el carácter y no se prepara para afrontar las pruebas que no faltarán en el futuro» [1] ; sin embargo, sabemos también que no siempre resulta fácil encontrar el equilibrio entre libertad y disciplina.

De hecho, muchos padres temen –tal vez las han sufrido ellos mismos– las consecuencias negativas que puede conllevar el imponer algo a los hijos: por ejemplo, que se deteriore la paz del hogar, o que rechacen una cosa que es buena en sí misma.

El papa Benedicto XVI señala el camino para solucionar el aparente dilema entre marcar normas y que los hijos las asuman con libertad. El secreto está en que «la educación no puede prescindir del prestigio, que hace creíble el ejercicio de la autoridad. Es fruto de experiencia y competencia, pero se adquiere sobre todo con la coherencia de la propia vida y con la implicación personal, expresión del amor verdadero» [2] .

La luz de la autoridad

En efecto, ejercitar la autoridad no se puede confundir con el simple imponerse , ni con lograr ser obedecido a cualquier precio. Quien sigue una determinada autoridad no lo hace tanto por temor a ser castigado, sino porque ve en ella un punto de referencia que le sirve para conocer la verdad y el bien de las cosas, aunque a veces no acabe de comprenderlas. La autoridad guarda una estrecha relación con la verdad, porque la representa.

Desde esta perspectiva, la autoridad posee un sentido eminentemente positivo, y aparece como un servicio: es una luz que orienta a quien la sigue hacia el fin que busca. De hecho, etimológicamente, autoridad remite al verbo latino augere , que significa “hacer crecer”, “desarrollar”.

Quien reconoce una autoridad se adhiere, sobre todo, a los valores o verdades que representa: «el educador es un testigo de la verdad y del bien» [3] , es decir, es la persona que ya ha descubierto y hecho propia la verdad a la que se aspira. El educando, por su parte, se fía del educador: no solo de sus conocimientos, sino también de que está dispuesto a ayudarle a alcanzar esas verdades.

Foto: Zoetnet

 

El papel de los padres

Es obvio que los hijos esperan que los padres sean coherentes con los valores que quieren transmitirles, y que les manifiesten su amor. ¿Cómo pueden los padres alcanzar esa autoridad y ese prestigio que requiere su labor educativa? La autoridad posee un fundamento natural y surge espontáneamente en la relación entre padres e hijos: más que preocuparse por conseguirla, se trata de mantenerla y de ejercitarla bien.

Esto es claro cuando los hijos son pequeños: si la familia está unida, los niños se fían más de los padres que de sí mismos. La obediencia les puede costar, pero la encuadran de modo más o menos consciente en un contexto de amor y unidad familiar: mis padres quieren mi bien; desean que yo sea feliz; me dicen lo que me ayudará a conseguirlo. La desobediencia se vive entonces como algo equivocado, una falta de confianza y de amor.

Por eso, para afianzar su autoridad, los padres no deben hacer más que ser verdaderamente padres: mostrar la alegría y la belleza de la propia vida y enseñar, con obras, que quieren a sus hijos como son. Lógicamente, esto requiere estar presentes en el hogar. Aunque el actual ritmo de vida puede hacerlo difícil, es importante pasar tiempo con los hijos y «formar un ambiente familiar animado por el amor, por la piedad hacia Dios y hacia los hombres» [4] .

Por ejemplo, merece la pena empeñarse en cenar todos juntos, aunque esto requiera esfuerzo. Es un magnífico modo de conocerse mutuamente, mientras se comparten las anécdotas de la jornada, y los hijos aprenden –también escuchando lo que los padres cuentan de su propio día– a relativizar, con un toque de buen humor, los problemas que hayan podido surgir.

De este modo, además, se facilita hablar claro a los hijos cuando sea necesario, señalándoles qué hacen bien y qué mal; qué pueden hacer y qué no; y explicándoles –de modo adecuado a su edad– los motivos que mueven a obrar de un modo u otro. Entre estos, no puede faltar el comportarse como un hijo de Dios: procurad que los niños aprendan a valorar sus actos delante de Dios. Dadles motivos sobrenaturales para que discurran, para que se sientan responsables [5] .

Foto: Andrechinn

 

Enseñarles el ejemplo de Cristo, que subió al patíbulo de la Cruz por amor nuestro, para ganarnos la libertad. Ejercer la autoridad es, en el fondo, ofrecer a los hijos –desde que son pequeños– las herramientas que necesitan para crecer como personas; y la principal es mostrarles el ejemplo de la propia vida. Los niños se fijan en todo lo que hacen los padres, y tienden a imitarles.

El ejercicio de la propia autoridad puede concretarse en tomar las disposiciones necesarias para salvaguardar el calor del hogar y facilitar que los hijos descubran que hay más alegría en dar que en recibir.

En este contexto, es bueno pedir a los hijos, desde que son pequeños, esos servicios que contribuyen a crear un clima de sana preocupación mutua. Se les dan responsabilidades: ayudar a preparar la mesa, dedicar un tiempo a la semana a ordenar sus cosas, abrir cuando llaman a la puerta, etc. Son contribuciones al bienestar familiar, y los niños las entienden de ese modo.

No se trata de “darles cosas para hacer”, sino de que vean que su aportación a la marcha de la casa –porque quitan trabajo a sus padres, porque ayudan a un hermano, porque cuidan de sus cosas– es importante y, en cierto modo, insustituible. Aprenden así a obedecer.

No es suficiente que los padres hablen con los hijos y les hagan comprender sus errores. Antes o después hará falta corregirles, mostrarles que lo que hacen tiene consecuencias para ellos y para los demás. Muchas veces podrá bastar una conversación, cariñosa y clara; sin embargo, en otros casos, convendrá adoptar alguna medida, porque hay daños que deben ser subsanados y no basta el arrepentimiento.

El castigo debe ser un medio para reparar el mal cometido: por ejemplo, hacer algún pequeño trabajo para poder pagar un objeto roto. A veces, la corrección deberá prolongarse en el tiempo: por ejemplo, a raíz de un mal resultado escolar, puede ser conveniente limitar las salidas durante una temporada. En estos casos, sin embargo, es importante no perder de vista que se trata de facilitar el tiempo y los medios para hacer lo que se debe.

Siguiendo con el ejemplo de las malas notas, tendría poco sentido, por un lado, prohibir las salidas, pero que, por otro, acabase perdiendo el tiempo; o que se le castigara –sin auténtica necesidad– a no asistir a actividades buenas en sí mismas –practicar un deporte, frecuentar un club juvenil–, solo “porque son las que de verdad le gustan”.

Confianza y autoridad

Forma parte de la autoridad que los padres logren que sus hijos comprendan los valores que quieren transmitirles, respetando su independencia y peculiaridades. Esto requiere, en primer lugar que los hijos se sientan incondicionalmente amados por sus padres y que sintonicen con ellos: que los conozcan y confíen en ellos.

Marcar claramente lo que pueden o no hacer los hijos sería inútil –y probablemente, llevaría a conflictos permanentes– si no se acompaña de cariño y confianza. Se puede armonizar perfectamente la autoridad paterna, que la misma educación requiere, con un sentimiento de amistad, que exige ponerse de alguna manera al mismo nivel de los hijos. Los chicos –aun los que parecen más díscolos y despegados– desean siempre ese acercamiento, esa fraternidad con sus padres [6] .

A medida que los hijos crecen, la autoridad de los padres va dependiendo más de esa relación de confianza. Todos los niños necesitan que se les tome en serio, pero los adolescentes aún más. Afrontan unos cambios –físicos y psicológicos– que los desconciertan, y acusan esa nueva situación.

Aunque no lo reconozcan, buscan adultos que les sirvan de referencia; estos son, para ellos, personas que se han formado criterio, que viven de acuerdo con ciertas pautas que les dan estabilidad: justamente lo que los adolescentes aspiran a obtener. Junto a esto, perciben que nadie les puede sustituir en esa empresa; por eso no se limitan a aceptar de modo acrítico lo que les dicen sus padres. Más que dudar de su autoridad, están pidiendo comprender mejor la verdad que la fundamenta.

Para esto es importante dedicarles el tiempo necesario, sabiendo crear ocasiones para estar juntos. Puede ser durante un viaje a solas en el coche, en casa a raíz de un programa de televisión o de algún acontecimiento escolar. Entonces se les habla de los temas que pueden afectarles más, y en los que es importante que tengan las ideas claras.

No hay que preocuparse si, en ocasiones, los hijos parecen desentenderse de la conversación. Si un padre habla lo necesario, sin ponerse pesado ni querer forzar la confidencia, lo que dice queda grabado; no importa tanto si, después, el hijo o la hija hace caso al consejo. Lo que cuenta es que ha comprobado lo que su padre piensa sobre un determinado argumento, adquiriendo así un punto de referencia para decidir cómo comportarse.

El padre le ha mostrado la propia cercanía y disponibilidad para hablar sobre las cosas que le preocupan. Ha puesto en práctica esa enseñanza del Papa: «darnos mutuamente algo de nosotros mismos. Darnos mutuamente nuestro tiempo» [7] .

Algunas cosas que los padres quizá no aprueban son, a veces, secundarias, y no justifican dar una batalla, cuando puede bastar un comentario. De este modo, los hijos aprenden a diferenciar lo que es importante de lo que no lo es. Descubren que sus padres no quieren que sean “copias” de su propio modo de ser, sino simplemente que sean felices y hombres y mujeres auténticos. Por eso los padres no se entrometen –aunque sí se interesen– en lo que no afecta a su dignidad, o a la familia.

En el fondo, se trata de confiar en el hijo, de «aceptar el riesgo de la libertad, estando siempre atentos a ayudarle a corregir ideas y decisiones equivocadas. En cambio, lo que nunca debemos hacer es secundarlo en sus errores, fingir que no los vemos o, peor aún, que los compartimos» [8] .

Experimentar esa confianza es una invitación a merecerla. La clave está en que los padres sepan educar en un clima de familiaridad, que no den jamás la impresión de que desconfían, que den libertad y que enseñen a administrarla con responsabilidad personal. Es preferible que se dejen engañar alguna vez: la confianza, que se pone en los hijos, hace que ellos mismos se avergüencen de haber abusado, y se corrijan [9] Lógicamente, no faltaran pequeños conflictos y tensiones: se pueden gestionar con alegría y serenidad, de modo que los hijos vean que una determinada negativa es compatible con quererles y comprender en qué situación se encuentran.

* * *

San Josemaría ha insistido en que la tarea educativa de los padres descansa en ambos: padre y madre: naturalmente, no están solos en esta importante labor. Dios, que les ha dado la misión de guiar a sus hijos hacia el Cielo, les facilita también su ayuda para que la cumplan. Por eso, la vocación de ser padre conlleva el rezar por los hijos: hablar con el Señor sobre ellos, sobre sus virtudes y defectos; preguntarle el modo en que se les puede ayudar, pedirle gracia para los hijos y paciencia para uno mismo. Abandonar en las manos de Dios el fruto de la labor de formación da una paz que se transmite a los demás.

En la tarea educativa, como afirmaba san Josemaría, los cónyuges tienen una gracia especial, que confiere el sacramento instituido por Jesucristo (…). Deben comprender la obra sobrenatural que implica la fundación de una familia, la educación de los hijos, la irradiación cristiana de la sociedad [10] . Actuando con garbo humano, con suavidad y pillería, y encomendando las cosas al Señor, los hijos cambiarán. Al fin y al cabo, los hijos pertenecen a Dios.

J.M. BARRIO

[1] Benedicto XVI, Audiencia, 21-I-2008.

[2] Ibid.

[3] Ibid.

[4] Conc. Vaticano II, Decl. Gravissimum Educationis , n. 3.

[5] San Josemaría, Apuntes de su predicación oral, en Guadalaviar (Valencia), 17-XI-1972, en www. josemariaescriva.info .

[6] San Josemaría, Conversaciones , n. 100.

[7] Benedicto XVI, Homilía, 24-XII-2012.

[8] Benedicto XVI, Audiencia, 21-I-2008.

[9] San Josemaría, Conversaciones , n. 100.

[10] Ibid. , n. 91.

 

La dignidad de la mujer católica

Resulta que el profesor Sols, Doctor en Teología y director de la cátedra de Ética y Pensamiento Cristiano del IQS de la Universitat Ramón Llull, sostiene que «la sociedad moderna occidental se identifica plenamente con la declaración Universal de Derechos Humanos, un documento que arranca , ya en sus primeros párrafos, con la afirmación de que el hombre y la mujer tienen la misma dignidad.(…) Y esta misma afirmación hace que resulte incomodo aceptar que , en la Iglesia católica, a las mujeres se les niegue el derecho a ejercer el diaconato o el presbiterado, a pesar de que en las primeras comunidades cristianas hubiera diaconisas, y de que, actualmente, en algunas iglesias hermanas, como la anglicana o las evangélicas, no haya distinción de sexo a la hora de ejercer un ministerio eclesial, siguiendo el espíritu de la mencionada Declaración Universal de Derechos Humanos».

Para ello, propone a los obispos «iniciar un dialogo eclesial (público y abierto, cultural con el mundo moderno de manera adulta y fraterna) a dos bandas acerca de la posible conveniencia de abrir el servicio del diaconato, del presbiterado y del obispado a las mujeres: por un lado con el Papa, y por otro, con los fieles de sus diócesis».

No soy una experta en el tema , simplemente soy una mujer católica, apostólica y romana que, como otras muchas mujeres, de hoy y de siempre, me siento protagonista esencial y necesaria en la Iglesia.

Es más, como usted acertadamente señala soy de las que piensa que no solo es « normal que una mujer pueda ser presidente de un país, ministra, diputada, juez, medico, abogada, profesora, rectora de universidad, empresaria, policía o psicóloga»; sino que es PRIORITARIA Y NECESARIA nuestra participación no solo en la Iglesia, sino en la familia, la cultura, la educación, el trabajo profesional, para enriquecer y humanizar el mundo. «Que a nadie le quede duda de que toda la historia del hombre sobre la tierra se realiza gracias al papel relevante de la mujer en la Iglesia, en la familia, en el ámbito laboral, y en la sociedad misma». (Manuela Arellano González, En la Iglesia la presencia de la mujer es vital)

Dicho esto, mi querido profesor, me gustaría aclarar algunos puntos de su argumentación:

1. Es difícil explicar la cultura de la época de los primeros cristianos con mentalidad de hombres y mujeres del S.XXI. Aún así, es bueno recordar la actitud audaz y respetuosa de Jesús hacia las mujeres rompiendo las barreras culturales, sociales y religiosas de sus coetáneos.

Desde los primeros tiempos del cristianismo ha sido reconocida, respetada y valorada la grandeza de la dignidad femenina. Una muestra de ello es la cantidad de mujeres con una gran valía humana y moral que realizaban actividades de responsabilidad en la Iglesia, abriendo sus casas para realizar el culto, transmitiendo la fe, consolando, acompañando, y porque no decirlo, sirviendo …. Mujeres que han pasado desapercibidas a lo largo de la historia, y que por su valentía, compromiso y generosidad , son un ejemplo para las mujeres del Siglo .XXI.

Como señaló Benedicto XVI el pasado 9 de abril a los fieles presentes en Castelgandolfo para la plegaria mariana del «Regina caeli»: «En todos los Evangelios las mujeres ocupan gran espacio en los relatos de las apariciones de Jesús resucitado, como también en los de la pasión y muerte de Jesús. En aquellos tiempos, en Israel, el testimonio de las mujeres no podía tener valor oficial, jurídico, pero las mujeres vivieron una experiencia de vínculo especial con el Señor, que es fundamental para la vida concreta de la comunidad cristiana, y esto siempre, en todas las épocas, no sólo al inicio del camino de la Iglesia».

2. Los miembros de la iglesia de Jesucristo, somos todos iguales, pero cada uno de sus miembros tiene su función y sus competencias. San Pablo habla de un cuerpo y muchos miembros, todos ellos imprescindibles y necesarios para su buen funcionamiento.

Y la función de gobierno (papado, sacerdocio,…), como usted dice, siempre ha estado reservada a los hombres. Es más, Cristo podría haber elegido a una mujer para ser sacerdote y no lo hizo. ¿La razón? No la sabemos. Solo sabemos que Cristo quiso que la Iglesia fuese como es.

La ordenación sacerdotal, mediante la cual se transmite la función confiada por Cristo a sus Apóstoles, de enseñar, santificar y regir a los fieles, desde el principio ha sido reservada siempre en la Iglesia Católica exclusivamente a los hombres. Esta es la posición de la Iglesia Católica, y no hay más. La Iglesia «sostiene que no es admisible ordenar mujeres para el sacerdocio, por razones verdaderamente fundamentales. Tales razones comprenden: el ejemplo, consignado en las Sagradas Escrituras, de Cristo que escogió sus Apóstoles sólo entre varones; la práctica constante de la Iglesia, que ha imitado a Cristo, escogiendo sólo varones; y su viviente Magisterio, que coherentemente ha establecido que la exclusión de las mujeres del sacerdocio está en armonía con el plan de Dios para su Iglesia«(Pablo VI, Rescripto a la Carta del Arzobispo de Cantórbery, Revdmo. Dr. F.D. Coogan, sobre el ministerio sacerdotal de las mujeres, 30 noviembre 1975 ).

3. Recordemos que el sacerdocio no es un derecho, es un servicio. Por lo tanto, como leemos en la carta de San Pedro:»Que cada uno ponga al servicio de los demás el carisma que ha recibido.»

Nuestra función concreta, nuestro carisma y nuestros talentos, que Dios ha elegido única y exclusivamente para cada uno de nosotros, no los podemos considerar un privilegio, ni un derecho que nos niegan y que se desvía de lo señalado en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Más bien, es un modo de colaborar que unido a otros muchos forman un TODO. «En efecto, la Iglesia defendiendo la dignidad de la mujer y su vocación ha mostrado honor y gratitud para aquellas que –fieles al Evangelio–, han participado en todo tiempo en la misión apostólica del Pueblo de Dios. Se trata de santas mártires, de vírgenes, de madres de familia, que valientemente han dado testimonio de su fe, y que educando a los propios hijos en el espíritu del Evangelio han transmitido la fe y la tradición de la Iglesia» (JUAN PABLO II, Carta apostólica Mulieris dignitatem, 27)

Así pues, el Papa, los obispos, los sacerdotes, los religiosos y los laicos; sean hombres o mujeres, jóvenes o mayores, estamos PARA SERVIR, en el lugar que Dios nos ha reservado para ello.

Como señala la Carta apostólica Ordinatio Sacerdotalis: «el único carisma superior que debe ser apetecido es la caridad (cf. 1 Cor 12-13). Los más grandes en el Reino de los cielos no son los ministros, sino los santos» (12)».

 

El relativismo y la libertad

El relativismo es una postura de la mente que aparece cuando alguien tiene pensamiento débil. Y, por pensamiento débil entenderemos el de quien admite cualquier postura con tal de evitar confrontaciones o acepta todo tipo de afirmaciones aunque se contradigan pues la persona carece de principios sólidos, bien asimilados y tampoco confía en alguien a quien pueda reconocer como una legítima autoridad.

En este caso el problema es doble, por un lado aparece un afán desmedido de inclusión social, y por otro, una miseria intelectual que impide razonar con un mínimo de congruencia. El pensamiento es débil porque es incapaz de asumir y mucho menos de defender alguna postura.

El relativismo se ha convertido así en un problema central disfrazado de apertura a todo tipo de posturas, incluyente pues todas las afirmaciones se colocan en el mismo plano y sin cortapisas pues no existe el compromiso de defender ningún planteamiento. No se admite una verdad válida para todos sino múltiples verdades subjetivas donde las afirmaciones de unas y otras no tienen nada que ver entre sí y generalmente se contradicen. Pero como se evita la polémica, el relativismo se alaba como una postura positiva vinculada a conceptos muy bien vistos en la actualidad como son la tolerancia, la construcción del conocimiento en el intercambio de opiniones y la defensa de la libertad absoluta, sin ningún tipo de restricción.

Sin embargo, la pseudo fuerza de la tolerancia así como la de la construcción del conocimiento a partir de las opiniones, proviene de un auténtico desfase en la comprensión de la libertad. Este desajuste sucede cuando a la libertad se la separa de la responsabilidad y se la impregna de una racionalidad desvinculada de la capacidad de amar.

La libertad rectamente entendida consiste en la personal decisión de alcanzar el bien debido. Pero tal decisión para que sea correcta, ha de encontrarse regulada por la verdad. Esto circunscribe a la libertad dentro de un marco, sin embargo, este acotamiento de ningún modo es un perjuicio, sino al contrario, es la garantía de todo tipo de elección. Sin embargo, aunque el vínculo libertad verdad es indispensable, aún hay algo más, es imprescindible amar la decisión, amar la verdad y, sobre todo amar el bien por alcanzar. Sin el amor el recto ejercicio de la libertad acabaría siendo un acto fríamente racionalista y tarde o temprano, una actuación así podría llegar a romper a la persona.

Sólo en este contexto, la tolerancia puede asumirse sin conducir a equívocos pues, por encima de ella se toma en cuenta la verdad y el bien objetivos, y en estas condiciones, se impone el respeto a toda persona aunque se tengan claros los errores en los que se encuentre sumergida. También, en este contexto, se escuchan con comprensión los puntos de vista de los demás, sus opiniones y el modo de aplicarlas para la toma de decisiones. Pero, aunada a esta actitud, existe la capacidad de jerarquizar y de dar a los distintos enfoques un lugar más o menos cercano a la verdad y al bien. Por eso mismo, se evita la ambigüedad, no todo tiene la misma fuerza ni la misma bondad.

Cuando al relativismo se le da la categoría de fundamento aparecen las contradicciones aceptadas como sistema de progreso. Por ejemplo, con esta postura, la democracia negaría la posibilidad de alcanzar la verdad, y admitiría el hecho de que cualquier camino es igualmente válido, sólo se tomaría en cuenta la vibración y el esfuerzo, excluyendo los contenidos y su cercanía y aceptación de la realidad. Una sociedad liberal sería, pues, una sociedad relativista; sólo con esta condición podría permanecer libre y abierta al futuro.

En el campo de la política, no existe una única opinión correcta porque hay variados modos de resolver los problemas de la comunidad. Ningún planteamiento se debe adoptar como absoluto, pero, sí se ha de buscar lo más oportuno según las demandas. Precisamente como la meta es resolver problemas, el ciclo cambia y habrá que adoptar nuevos modos para eliminar las nuevas carencias que antes no habían aparecido. Cuando el terreno político se relativiza, lo importante se hace efímero, lo absoluto se desconoce, lo intrascendente se impone.

El Cardenal Ratzinger, al tratar este tema decía: con el relativismo total, tampoco se puede conseguir todo en el terreno político, hay injusticias que nunca se convertirán en algo justo (como, por ejemplo, matar a un inocente, negar a un individuo o a un grupo el derecho a su dignidad o a la vida correspondiente a esa dignidad); y al contrario, hay cosas justas que nunca pueden ser injustas. Por eso, aunque no se ha de negar cierto derecho al relativismo en el campo socio-político, terreno en el que prevalece lo opinable, el problema se plantea a la hora de establecer sus límites.

Quien practica la libertad y defiende la de sus semejantes ya está tomando una postura definida muy contraria a la del escéptico a quien todo le da lo mismo. Por eso, prácticamente el relativismo es insostenible aunque teóricamente alguien lo defienda, de manera que, el relativismo tiene la contradicción en sus entrañas y tarde o temprano sus postuladores acaban en el vacío de la incongruencia.

Abandonar el relativismo lleva a redimirse de la superficialidad, del conformismo, de la confusión, de la pasividad y un largo etcétera. Pero, el ancla que asegura contra las dudas o los vaivenes de las novedades es, no lo olvidemos, la recta comprensión de la libertad y su recta aplicación para forjarse en el bien y diseñar unas relaciones humanas que afiancen el bien común y pongan límites al mal.

Ana Teresa López de Llergo

 

Educación para la ciudadanía

Es intolerable que se intente sustituir a la familia por el intervencionismo cultural

Los valores y las cualidades democráticas que se adquieren fundamentalmente en la familia parece saludable que sean objeto, también, de la actividad docente a lo largo de la vida. La participación, la tolerancia, la libertad, la igualdad, el pluralismo o la justicia, por ejemplo, constituyen elementos centrales de la educación cívica propia de los ciudadanos en la democracia. Por eso, si detectamos fallas, a veces no pequeñas en el ejercicio real y cotidiano de los valores centrales del régimen democrático, no vendría nada mal, todo lo contrario, diseñar un programa de educación cívica dirigido a fortalecer los hábitos democráticos de la libertad y la participación fundamentalmente.

Se trata, en mi opinión, de ayudar de manera respetuosa con las convicciones y creencias del pueblo, de apuntalar los criterios y parámetros constitucionales sobre los que bascula la democracia. No parece que el sistema democrático se fortalezca más o menos por incluir cuestiones sobre sexualidad, sobre control de la natalidad, sobre modelos de familia o sobre la anticoncepción.

Más bien, introducir estas materias en la enseñanza oficial constituye uno de los atentados más directos contra la libertad que imaginar se pueda. Sería inconstitucional en la medida en que se asume una labor de pensamiento único en cuestiones que, de suyo, son libres, cuestiones de conciencia. ¿Por qué tenemos que comulgar con la visión única que viene de la cúpula? ¿Es que no estamos en una sociedad libre en la que cada uno puede defender las ideas y los criterios que tenga por conveniente? ¿A qué viene ahora una asignatura oficial dirigida a intervenir en la libertad de la gente, a modo de religión oficial?

Algunos pensábamos que los tiempos del adoctrinamiento oficial habían pasado. Pues no, no sólo no han pasado, sino que la obsesión por la memoria de lo que divide es lo que impide a este gobierno proponer alternativas respetuosas y tolerantes con el pensamiento de una mayoría social, a la que, como se comprueba a diario, se desprecia olímpicamente. En mi opinión, llama la atención, y no poco, la insistencia por imponer una determinada manera de entender la vida, la cual está basada en un discurso abstracto y unilateral que trata de borrar las señas de identidad de un pueblo mayoritariamente cristiano.

Es intolerable, así, intolerable que se intente sustituir a la familia y a la escuela libre por una nueva doctrina a golpe de unos contenidos docentes que, además de contrarios a la libertad, suponen, de nuevo, la vuelta al dirigismo e intervencionismo cultural. De nuevo, entre nosotros, un nuevo autoritarismo que ha decidido corromper desde la raíz a una juventud a la que se trata de llevar a la renuncia a la crítica inherente a un sistema democrático avanzado. Claro, ahora se entiende bien por qué hay tanto miedo a escuchar la voz del pueblo, a consultarle los temas centrales del desarrollo social. Porque se quiere tener a la gente adocenada, aborregada en torno a una serie de cuestiones que reducen el pensamiento libre y plural. Todos por el carril único de la buena nueva que se trata de inculcar desde el vértice y el mando.

Claro que es una gran idea subrayar la trascendencia de la educación cívica. Es más, buena falta nos hace. Pero ello no consiste en delinear agotadoramente la materia, sino en establecer unas líneas generales para que se explique esa asignatura desde la libertad.

Por supuesto, dibujar las líneas generales quiere decir enunciar los temas con objetividad, sin tomar partido, sin imponer nada. Por ejemplo, al tratar la familia no hay por qué descender a eso de los modelos familiares que nos tratan de imponer por activa, pasiva y perifrástica. En el ejercicio de la libertad educativa, cada centro ha de plantear los contenidos como entienda más conveniente. ¿O es que ahora hemos de aceptar acríticamente, de rodillas y en el más absoluto de los silencios la doctrina única a pies juntillas?

Insisto, educación cívica sí, pero a partir de los valores constitucionales, sin imponer determinados contenidos. De lo contrario, seguiremos en la senda del autoritarismo blando del que hace gala este Gobierno y se habrá dado un paso decisivo para la instauración de un régimen de corte despótico en el que la opinión del pueblo ya no parece relevante. Ecuación cívica claro que sí, pero sin entrar en los temas ligados a las convicciones o creencias de los españoles.

Esperemos que el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero rectifique también esta iniciativa, buena en sí misma siempre que se plantee en el marco de la libertad, y buscando fortalecer las cualidades y los hábitos democráticos, no ahondando en las heridas y puntos de vista que separan a los españoles. No es tan difícil si se quiere colaborar a una educación congruente con los valores democráticos.

Jaime Rodríguez-Arana Muñoz

 

El Estado educador

Entre las pocas funciones que se dejan al Estado no destaca su competencia educadora

No iba yo tan desencaminado cuando, hace una par de semanas, escribía en estas mismas páginas que los adalides de la asignatura de educación para la ciudadanía parecen haber entrado en vibración. Porque ahora es nada menos que Gregorio Peces-Barba quien ha tomado el relevo en la defensa del proyecto gubernamental. Y cualquiera que haya seguido las vicisitudes de tal iniciativa docente sabe que fue este catedrático de Filosofía del Derecho el que, hace casi dos años, lanzó la idea de introducir una asignatura obligatoria en la que se enseñara a los jóvenes españoles a pensar y comportarse de manera democrática, razonable y solidaria.

Se trata, por lo tanto, de ideas conocidas, pero que adquieren esta vez algunos matices reveladores. Hasta el título del artículo, publicado el 22 de agosto en El País, es significativo: Las luces y las sombras. En el contraste casi tenebrista que se traza, la región luminosa corresponde literalmente a Las Luces, es decir, a la Ilustración de finales del siglo XVIII. Los autores a los que se apela son también de esa época: Condillac, D'Alambert, Rousseau, Condorcet y Jovellanos, entre otros. Mientras que el costado sombrío está representado por pensadores sólo ligeramente más recientes: De Bonald, De Maistre y Donoso Cortés.

Pues bien, esta es la conclusión provisional que personalmente saco del debate en curso: que se trata de una discusión que es preciso poner al día. De lo contrario, estaremos hablando de planteamientos que ya han quedado en la cuneta de la historia, y las conclusiones que se obtengan no serán de excesivo provecho para nuestro país.

La forma que actualmente ha adquirido el debate sobre las cuestiones éticas y religiosas en las democracias maduras es la propia de una sociedad postsecular, que ha superado el confesionalismo, pero también el laicismo. La mayor parte de los países europeos han atravesado un proceso de secularización que ha cambiando decisivamente la incidencia en el ámbito político o educativo de las posturas y los dicursos de tipo filosófico y teológico. Ahora bien, ya nadie piensa que ello implique la desaparición de convicciones o creencias cuyas raíces se nutren de tradiciones que han configurado nuestras ideas acerca de la libertad social y de la dignidad humana. Las personas con fe religiosa y visión humanista han de adaptarse a una estructura política neutral. Asimismo, quienes tienen una mentalidad laicista, e incluso agnóstica, de la realidad social, no pueden ignorar que muchos ciudadanos honrados y razonables siguen teniendo derecho a que sus concepciones básicas -en buena parte configuradas por sus creencias religiosas- también deben ser respetadas y tenidas en cuenta.

Para evitar el dogmatismo en ambas direcciones, así como ciertas polémicas que sólo producen crispación, hemos de ejercitarnos en un proceso de doble traducción. Los unos han de verter sus convicciones teológicas y metafísicas -por así decirlo- a un lenguaje civil de textura religiosamente neutra. Mientras que los otros han de esforzarse por divisar cómo se pueden traducir sus planteamientos secularizados a lenguajes con trasfondo cristiano y una visión trascendente de la persona.

Jürgen Habermas, filósofo ilustrado que proviene del neomarxismo, ha señalado recientemente que el sector que está saliendo peor parado en esta doble exigencia es el de los creyentes. Porque no ven correspondido su esfuerzo por articular un discurso secular y neutral con una preocupación simétrica por descubrir el significado que pueden tener los valores civiles en una visión religiosa y trascendente del mundo. Se trata, mantiene Habermas, de una situación no equitativa que perjudica a los creyentes.

En España observamos especialmente tal asimetría en el terreno educativo. Se pide a los cristianos que pongan empeño en comprender que la democracia ha de ser neutral y que también existen preocupaciones éticas de tipo civil. Pero no se compensa esta demanda con un esfuerzo semejante para acoger las peticiones de los creyentes, en el sentido de que tal neutralidad no debe implicar un ataque a los valores trascendentes ni excluir la libre enseñanza de la religión según las convicciones de los padres de los alumnos, derecho que la Constitución protege.

Y hay algo en lo que ambas perspectivas coinciden desde hace varias décadas, y que Peces-Barba no termina de advertir: que el protagonismo educativo de la Administración Pública ha sido superado por la dinámica de una sociedad compleja y multicultural. Entre las pocas funciones que, entre unos y otros, se van dejando al Estado no destaca precisamente la de su competencia educadora. Una condición de posibilidad para que el diálogo entre laicistas y cristianos se haga realidad en el campo de la enseñanza consiste en empezar a despedirnos del Estado educador y volver los ojos a la presencia emergente de la sociedad civil.

Alejandro Llano Cifuentes

 

El reto de la Eutanasia

Ernesto Juliá

 Eutanasia.

La protesta de los sanitarios, médicos, enfermeros, ha sido y sigue siendo muy significativa. Ellos saben que su misión es curar, sanar, acompañar a los enfermos hasta el final de su vida en la tierra. Saben que ellos no les han dado la vida a los pacientes, y se niegan a quitársela. No quieren y no están dispuestos a ser ejecutores de órdenes de matanza impuestas por una “ley”, que, de lejos y de cerca, trae a la memoria “leyes semejantes” que se vivieron en los campos de concentración y exterminio que Stalin, Hitler, Mao Tse Tung, etc., montaron en el siglo pasado.

Los médicos y todas les personas que les acompañan en su sacrificado servicio, anhelan sanar las enfermedades más variadas de los pacientes que se encuentran; y hacerlo bien conscientes de la dignidad de las personas que tratan, que sufren, que se ponen en sus manos en circunstancias difíciles de su vida.

Y hacen muy bien en quejarse de que el Estado gaste ingentes cantidades de dinero en cosas fútiles y de provecho solo para algunos pocos amigos y ninguno para el resto de la sociedad, y no se preocupe de mejorar todos los servicios de cuidados paliativos que anhelan acompañar a los enfermos sin quitarles un día de la vida que Dios les ha dado.

Junto al aborto, la eutanasia es una muy clara manifestación del intento del hombre de apartar a Dios del profundo misterio de su vida, y de dejar sin sentido alguno, al fin de cuentas, todo tipo de enfermedad, dolor, sacrificio, que todos los humanos nos encontramos en el andar de los días de nuestro vivir. Y me atrevería a decir aún más: que la eutanasia es una acción que manifiesta que en el corazón de quien la lleva a cabo, y de quienes la pretenden imponer por ley, ha dejado de vivir el más sublime tesoro que alimenta la vida del hombre: Amar. Servir a los seres queridos. Dar su vida por los demás.

Un hombre de 89 años hacía todos los días un viaje en autobús para estar unas horas con su esposa, enferma de Alzheimer y atendida en un hospital a tres kilómetros de su casa. La enferma ya no reconocía a nadie, y se iba degradando paulatinamente. Una enfermera, preocupada por la salud del hombre y por la molestia que le suponía el desplazamiento, le sugirió que no fuera todos los días porque su mujer ya no le reconocía, y su visita no le suponía ninguna ayuda. El hombre la miró con mucha serenidad, y le contestó: “Ella no sabe quién soy yo. Yo sí sé quién es ella, Seguiré viniendo hasta que Dios nos lleve, a ella o a mí”.

Algunos pretenden justificar la eutanasia aplicando sentimientos de compasión, de ahorrar sufrimientos a los enfermos incurables, etc., etc. Falsas razones que, por desgracia han entrado en la mente y en el corazón de no pocas personas. Un engaño. En general, no buscan que los enfermos no sufran; lo que quieren es no llevar la carga en el corazón, no sufrir ellos, que los enfermos no les molesten los planes de vida que quieren seguir. En pocas palabras: la eutanasia manifiesta el triunfo del egoísmo radical en el alma de quienes quieren imponerla e imponerles a los médicos que la lleven a cabo.

Los cuidados paliativos son costosos, sin duda alguna; y requieren además de delicadas técnicas médicas, corazones y ánimos muy humanos, muy divinos en enfermeras, médicos y capellanes, pero es el reto que se nos presenta en este momento de nuestra civilización que, al estar desvinculándose de Dios, de Jesucristo, Dios y hombre verdadero, no sabe dar respuesta plena al sentido del vivir humano; no sabe mirar a la Vida Eterna.

ernesto.julia@gmail.com

 

El «milagro» de Pedrito, el niño con cáncer que provoca conversiones y hasta bautizos en el hospital

La alegría, la fe y la sonrisa de Pedrito son contagiosas y muchos testimonios lo atestiguan.

La de Pedrito es una historia de fe y esperanza en medio de la enfermedad, tanto de este niño madrileño de 11 años como de su propia familia, que se ha abrazado a la Cruz y a la comunión de los santos para afrontar esta dura prueba.

Pero lo que no podían esperar es que en una situación de un cáncer terminal la apabullante alegría y fe de Pedrito fuera también un torrente de conversiones y hasta de bautismos en el propio hospital en el que ha estado hospitalizado.

Su historia ha dado la vuelta a todo el mundo ha provocado una enorme cadena de oración que está permitiendo a todos vivir un “milagro” diario, pues según los criterios médicos iniciales ya no debería estar aquí. Y sin embargo, ahí sigue, sonriendo y transmitiendo alegría y esperanza a todo aquel que se acerca a él.

Su historia la recoge en Alfa y Omega José Calderero, y para conocer mejor a Pedrito es importante observar cómo ya antes de nacer su vida ya parecía marcada. A sus padres les dijeron que no podrían tener hijos, pero un día de Navidad supieron que ella estaba embarazada. Pocos días después, Carla y su esposo se fueron en coche de Madrid hasta Lourdes para dar las gracias a la Virgen

“Hacía un frío terrible y no había nadie en la gruta. Yo fui a poner una velita y mi marido apareció con un velón enorme”, rememora Carla. Y la Virgen respondió de inmediato a este ofrecimiento de las dos velas porque poco después supieron que tendrían mellizos. Así nacieron Pedro y Catalina y un tiempo más adelante Jaime.

La vida de la familia siguió su curso normalmente durante años hasta el pasado mes de septiembre. Pedro tuvo dos días de fiebre y todo parecía solucionado cuando en la PCR dio negativo.

Sin embargo, Carla intuía que algo no iba bien y tras mirar a su hijo decidió que debían ir al hospital. A Pedrito le hicieron varias pruebas y había un trasiego constante de médicos, lo que parecía confirmar aquella intuición materna.

Además, les dijeron que debían ser trasladados rápidamente al Hospital Gregorio Marañón. La madre de Pedrito reconoce que “aquella noche no pude dormir, la angustia no me dejaba. Fue como en Getsemaní. Le decía al Señor: ‘Aparta de mí este cáliz’”.

Pero con la llegada del nuevo día el miedo de Carla se fue transformando en un abandono al Señor llegando al convencimiento de que “si tiene que ser así, dame la fuerza para sobrellevarlo” y ”a partir de entonces –agrega- me invadió una gran paz”.

Pedrito, durante una misa en el colegio Everest

Las pruebas a esta familia sólo acababan de empezar. Faltaba aún recibir el diagnóstico definitivo. Pedrito sufría un cáncer incurable. Fue un auténtico mazazo. Su madre cuenta que “me dijeron que no se le podía operar porque el tumor era demasiado grande y que, además, nadie en su sano juicio lo haría cuando el niño tenía también afectados los pulmones”.

De nuevo, se empeñaron en luchar y que los médicos, al igual que en su supuesta infertilidad, volvieran a errar. “Nos pusimos a rezar como locos y a pedir oraciones a todo el mundo” y los ruegos volvieron a ser escuchados.

De hecho, Carla relata que de pronto “apareció de la nada un ángel en forma de jefe de Trasplantes del Hospital de la Paz”. Se había enterado del caso de Pedrito y se mostró dispuesto a operarle aunque advirtió a la familia “de que la operación tenía mucho riesgo y de que no le salvaría porque tenía otras partes del cuerpo enfermas…”.

Pero su madre, abandonada totalmente en las manos de Dios le contestó: “Entonces lo que hay que hacer es rezar con más fuerza”.

Pedrito, del que dijeron que no podía ser operado, finalmente pudo ser intervenido el 20 de noviembre. A la misma hora tres sacerdotes celebraban misa en la capilla del hospital de La Paz. Estos religiosos visitaban de manera frecuente al niño y a su familia, ya fuera para darle la comunión o atenderle espiritualmente.

También a la vez –cuenta Carla-“comenzó un rosario diario por Zoom, a las 20:00 horas, al que se apunta muchísima gente”. La cadena de oración seguía creciendo y creciendo…

Pero además de todo esto el carisma de Pedro, su alegría desbordante y su gran fe pese a su corta edad llamaron la atención en el resto de pacientes del hospital. Tanto que incluso la médico les dijo que “estábamos haciendo un bien enorme”.

La consecuencia más inesperada fue que el caso de Pedrito pudiera a su vez ayudar a numerosas personas y así fueron apareciendo uno tras otro testimonios de conversión.

La madre de Pedrito asegura que “me empezó a escribir gente que llevaba sin confesarse décadas y que, a raíz de la historia de Pedrito, habían vuelto a confesarse. O personas de otros países que se han acercado a la fe”.

El cardenal Osoro acudió a casa de Pedrito a visitarlo

Parte de este torrente ha tenido mucho que ver con la difusión de la historia a través de WhatsApp. Por todo ello, “empezaron a conocer a Pedrito como el don Pelayo del siglo XXI, como diciendo que reconquistaría el mundo para la fe”.

La historia más “impresionante” de entre todas las que se han dado es la de Mireya. Ella era la compañera de habitación del pequeño y “le impactó su alegría: ‘Jo, Pedrito, es que tú estás siempre contento’, le decía”.

La joven de 17 años veía a su compañero feliz, a pesar de la enfermedad. Pedrito le regaló un rosario y le enseñó a rezarlo. También le decía que “ellos lo rezaban todos los días a las 20:00 horas y que pedía mucho por ella”. Además, el niño le regaló también su Biblia, su vela de la Comunión hasta que un día Mireya les sorprendió y pidió el Bautismo.

Después de una breve catequesis Mireya entró a formar parte de la Iglesia el 27 de marzo. La conversión de su compañera es ya un fruto de este pequeño Don Pelayo. “Ojalá llegue el milagro de su curación”, pero en realidad “la meta es el cielo”, dice Carla sobre su pequeño Pedrito.

 

Anticonsumismo, glorificación del ocio y de la indigencia

Cuba: La indolencia es propia a muchos pueblos que vivieron 50 años o más bajo la tiranía comunista

La pereza, propia de muchos pueblos que vivieron 50 años o más bajo la tiranía comunista, era acentuada por el hecho de que, en ese régimen, todos tenían que trabajar más o menos gratuitamente para el Estado.

A cambio, se les exigía poco trabajo, el cual era realizado además sin mayor preocupación, porque nadie ‒salvo los privilegiados de la nomenclatura‒ tenía derecho de asegurar para sí una mejoría en sus condiciones de vida, que se obtiene sistemáticamente en función del aumento cualitativo y cuantitativo de su trabajo.

El fracaso es el fruto del desestímulo

Contenidos

Así, el modo de vivir consistía en vegetar. Pero vegetar, bajo cierto punto de vista, es descansar. Y el mero descanso, aún en la indigencia, para muchos individuos o para muchos pueblos, es un estilo de gozar la vida apropiado para los fracasados.

En esas poblaciones se introdujo así la idea de que trabajar mucho para producir mucho no compensa la fatiga de trabajar. Por otro lado estaba la preocupación de estar elucubrando negocios y el temor del perjuicio generalmente acarreado por negocios mal hechos.

Todo este fardo de esfuerzos y de aprensiones pesa sobre el hombre y no compensa –según esos apologistas de la pereza‒ el esfuerzo que exige.

Así, vale la pena trabajar lo menos posible, comer del mismo modo lo menos posible, descansar mucho, embriagarse mucho… mas que trabajar mucho, consumir en abundancia y mejorar constantemente el propio nivel de vida.

La violencia gubernamental hace que la gente se acostumbre a vivir en la miseria

Lo indispensable, lo conveniente y lo superfluo

¿Qué viene a ser aquí consumir?

La primera idea que viene a la mente es la de comer, lo que realmente está incluido en el concepto de consumo.

Sin embargo, consumir significa también tener en la vida otros placeres –no necesariamente los del magnate de Mamón, a quien le están abiertas las puertas del alto consumo– sino placeres que proporcionan bienestar al hombre, en una proporción mayor o menor, conforme a las apetencias de su naturaleza.

La palabra consumir abarca por lo tanto el conjunto de aquello que apetece a las justas temperancias de la naturaleza humana.

En el ámbito del consumo de una ciudad pueden existir bienes que de ningún modo son necesarios para matar el hambre, y que en rigor no son indispensables para vivir, como por ejemplo tres o cuatro grandes teatros, en los cuales haya permanentemente exhibiciones artísticas de gran valor, a los que una parte de la población, aficionada a esos espectáculos, asiste.

Consumir no es sólo comer

En el mismo orden de ideas estaría un óptimo museo, una galería de arte, un excelente tren subterráneo.

El concepto de consumo incluye, pues, todo aquello que es indispensable para que el hombre pueda vivir. Pero incluye también lo conveniente, y en lo conveniente, hasta lo superfluo, que hace la vida agradable.

En Venezuela, la situación de drama: del anticonsumismo a la miseria

Una madre de familia entra en un almacén y ve una figura de porcelana representando una pastora conduciendo un corderito; juzga que sería agradable tenerla en el centro de la mesa de su comedor; lo compra: ella consumió.

Ella no se comerá aquel objeto de porcelana; lo adquirió sólo para que todos lo miren. Sin embargo, es un verdadero consumo.

Tesis típicamente socialista

Va naciendo ahora una tesis. Y, si la analizamos con atención, se nota desde luego su cuño característicamente socialista.

Dado que unos tienen mucho y otros tienen poco, es necesario que los que tienen mucho se queden sólo con lo indispensable para vivir y den todo lo superfluo a los demás.

Porque si reúnen en torno de sí objetos de lujo, de confort, con eso consumen mucho.

Correlativamente comen mucho; beben mucho; gozan de vacaciones fastuosas; cuando viajan, lo hacen en avión, de modo preferente en un avión propio; poseen campo de aviación en su propiedad rural; helipuerto en el jardín de su casa, etc.

La represión de Maduro se ha transformado en el asesinato de oponentes

El descontento del pueblo es reprimido en nombre del pueblo en Venezuela

Ahora, según los anticonsumistas aquello que no es indispensable para vivir, nadie lo puede tener. Así, nadie tiene derecho a gastar en helicópteros, en viajes, ni en figuras de porcelana: todos deben gastar para provecho de todos.

Quien sea trabajador, aquel a quien Dios dotó con mayor capacidad de trabajo, si da el fruto de su trabajo a los otros, procede bien. Pero si acumula para consumir después para sí mismo o para los suyos, es un gran egoísta.

Régimen que estimula la pereza

Resultado: ¡en una sociedad en la cual nadie tiene ventaja en trabajar más que los otros… nadie trabaja más que los otros! Es una sociedad organizada en beneficio de los perezosos, con perjuicio de los trabajadores auténticos, de los diversos niveles sociales.

En esa sociedad, prácticamente desaparece la abundancia.

Voltaire, hombre pérfido, ateo despreciable, pero que tenía cierto talento –con el cual, a propósito, hizo un grandísimo mal a la tradición europea, siendo un difusor encarnizado de los principios de la Revolución– Voltaire, sin embargo, lanzó una frase al mismo tiempo espirituosa y no desprovista de profundidad: “Lo superfluo, esa cosa tan indispensable…”

Es lo contrario de lo que inculca el anticonsumismo.

Para que haya estímulo para trabajar, es necesario dar a quien trabaja la debida compensación.

Para aprovechar en beneficio de la sociedad a los más productivos –en una palabra, a los mejores– es necesario que ganen más. Si esto no ocurre, la sociedad se desalienta y cae en el no‒consumismo.

Y de ahí resbala hacia un estado de pobreza crónica, perezosa, emoliente, que tiende, en último análisis, a la barbarie.

Naciones ricas y pobres: dicotomía ilusoria

Según una concepción muy difundida –y que aún recientemente encontró guarida en no pocos participantes de la Conferencia del Cairo– el mundo se divide en dos partes: las naciones ricas y las naciones pobres.

Las naciones ricas consumen: son los Estados Unidos, Canadá, los países de Europa Occidental, Japón.

De otro lado las naciones de América Española y América Lusa, las naciones de Africa, de Asia y de Oceanía, que no tienen el nivel económico de Europa y de América del Norte.

Ante los ojos de los países americanos se asesina y se destruye un país

Impotencia de la población venezolana ante la sangrienta represión

Entonces –según los propugnadores del anticonsumismo– América del Norte, Europa Occidental y Japón, naciones consumistas, oprimen a las naciones pobres, defraudándolas en toda especie de negocios. Consecuentemente, las naciones expoliadas, no consumistas, deben hacer una contra‒ofensiva contra el mundo consumista, obligándolo a bajar su nivel de consumo, y nivelándolo por debajo con el mundo pobre.

Con eso, todos caerán en una situación parecida a aquella en que la dictadura comunista arrastró a Rusia y a las naciones satélites del antiguo imperio soviético. Y, también, análoga a la que el viejo tirano de Cuba mantiene a sus infelices compatriotas.

A favor de un consumismo sensato y proporcionado

Frente a ese anticonsumismo retrógrado, debemos propugnar un consumismo sensato, proporcionado, en que las naciones más ricas, lejos de imponer a las más pobres condiciones de vida casi insustentables, busquen, por el contrario, estimular la producción de esos hermanos pobres, proporcionándoles salarios y niveles de existencia alentadores, que den a éstos el gusto de un consumo sabroso y agradable, que los estimule a trabajar más.

“Podréis obtener de nosotros dinero –deberían decir los pueblos más ricos–desde que trabajéis. Sed hombres productivos, procurad atraer sobre vosotros, a fuerza de trabajo, todo el bien que deseareis.

“Sólo si veis frustrados, sin culpa vuestra, esos meritorios esfuerzos, extendednos la mano para pedir ayuda. Reconocemos, en tal caso, que será obligación nuestra atender vuestro justo pedido, de modo que renunciaremos de buen grado a lo que nos es superfluo, para así proporcionaros lo que os es necesario”.

Hacer de la convivencia mundial una liga en que los pueblos más capaces trabajen inútilmente, sin ventaja propia, en beneficio de los incapaces, perezosos, vagos… eso es inaceptable.

La glorificación de la vagancia es propia del socialismo y del comunismo, no de la Civilización Cristiana ni de la doctrina católica.

Es, sin embargo, hacia donde conduce este anticonsumismo, ocioso, bebedor, enemigo de la civilización, del bienestar y del buen vivir de todos los hombres.

Plinio Corrêa de Oliveira

 

Ridículas pero nada inocentes

Según la ministra de Igualdad, Irene Montero, “Madrid no es un lugar seguro para las mujeres” y la comunidad autónoma ha destruido la red de atención a las víctimas de la violencia de género. Lo curioso de esta acusación está hecha por una la ministra y no ha aportado ni un solo dato. Normal, ya que la Comunidad de Madrid ofrece datos muy favorables respecto a la mayoría de las comunidades autónomas, pero eso nada importa. Declaraciones como esta y otras igualmente ridículas, como las que denuncian una especie de homofobia latente, no son anécdotas en medio de un acalorado debate, sino que buscan llenar de barro el campo.

Cualquiera que viva en Madrid puede dar fe de que la capital de España es una ciudad tan segura para las mujeres como cualquier otra, o más. Y como las evidencias no hay que demostrarlas, decir que Madrid es un ejemplo de pluralismo y convivencia es resaltar lo obvio, excepto para quienes pretenden plegar la realidad a los dictados de su ideología, aunque incurran en mentiras estruendosas.

Jesús Martínez Madrid

 

Un grave problema de humanidad

Biden ha suplicado a los migrantes procedentes de los países centroamericanos que no abandonen sus países. Les ha pedido que no arriesguen sus vidas en un viaje que no será fructífero. Sin embargo, las condiciones de vida en Centroamérica son nefastas. Dado que no hay recetas mágicas para los retos migratorios y que ningún gobierno democrático puede violar las normas internacionales relativas a los derechos de los emigrantes, Estados Unidos y México van a tener que esforzarse en cooperar activamente. Y en esto se va a notar la capacidad de liderazgo de la nueva Administración Norteamericana. Si Biden sigue la senda del aislacionismo, la crisis se perpetuará. Si promueve un acuerdo global con México y Centroamérica, la crisis no se resolverá de manera mágica, pero podrá encauzarse progresivamente.

Suso do Madrid

 

La pregunta más urgente para una sociedad

En España nacen al año alrededor de 400.000 personas al año. Uno de cada 700 nacimientos, por estadística, debería ser un niño con síndrome de Down. Deberían nacer en torno a 6.000 niños con Síndrome Down al año y solo nacen 150. Por un lado, existe una especie de empatía con los niños con Síndrome Down, con las personas que tienen algún tipo de discapacidad. Ahí está el éxito de la película Campeones. Existe esa empatía difusa, pero muchos no quieren un niño Down en su familia.

La escritora Siri Hustvedt, premio Princesa de Asturias de las Letras 2019, decía hace unos días que nos gusta creer que la eugenesia se acabó con los nazis. La eugenesia supone la eliminación de individuos que se consideran portadores de genes defectuosos. Por eso es importante preguntarnos ¿En qué consiste la vida? ¿Cuál es su significado y valor?. Hustvedt sostiene que la eugenesia no ha desaparecido en realidad, solo le hemos cambiado el nombre, la llamamos genética, pero es lo mismo, construir a alguien a la carta, deshacerse de los que a juicio del poder son “defectuosos”. La escritora estadounidense advertía que esta línea de pensamiento está muy viva y que los peligros son reales.

Enric Barrull Casals

 

El Comercio

Existe una fórmula alternativa a los libros de historia para conocer un país, una región o una localidad: leer sus periódicos. Las hemerotecas son una fuente inagotable de información sobre lo que una sociedad ha dado de sí a lo largo del tiempo. Hasta la simple publicidad nos proporciona datos interesantes de cómo han evolucionado las modas, las formas ciudadanas de ser o de actuar. En asuntos menos prosaicos, si uno desea profundizar en el peso específico cultural de un pueblo, no hay mejor manera que recurrir también a los diarios en los que han plasmado sus firmas sus principales intelectuales. Ojear los desaparecidos El Sol o El Imparcial cuando en ellos escribía Ortega permite descubrir una España con una élite de primerísimo nivel, acaso única en siglos.

Cuando la república del Perú aún no tenía edad adolescente, nace en Lima una institución periodística que pronto cumplirá sus primeros cientos ochenta y dos años. Por las páginas de El Comercio editado en el cercado de la Ciudad de los Reyes han desfilado desde entonces cuantos acontecimientos han configurado a esa gran nación andina, convirtiéndose en un inmejorable espejo de su pasado y presente. La tinta que en el incómodo pero entrañable formato sábana se ha venido imprimiendo durante generaciones El Comercio limeño permite contemplar con todo lujo de detalles el bicentenario de la independencia que este mes de julio festejarán allá, porque el glorioso Perú no es posible ser entendido sin su cabecera de toda la vida.

JD Mez Madrid

La justicia en España y en el mundo

 

                                POLÍTICA Y JUSTICIA: "La ley es como una red que atrapa las moscas y deja pasar a los pájaros". La política se creó para "legalizar" la corrupción. (Anacarsis. siglo VII a.C.) Otro sabio sentenció lo que sigue: “La mayor pobreza y miseria es, la del juez que alquila o vende su toga”. En las mal denominadas democracias actuales, por conformarse en “cama redonda”, donde se acomodan todos los poderes; los resultados de la justicia, son los que padecemos y a la vista está la corrupción hedionda y galopante que invade todos los aparatos político-mercenarios, que dicen gobernar al hombre.

                                En lo que a mí respecta, ya nací para ser (como tantos miles más) sumergido en la injusticia mayor del país donde nací y vivo, que como lo califiqué ya hace mucho tiempo, es (posiblemente con todos los demás del planeta) un país de “analfabetos y analfabestias”, llenos de innumerables lacras más, que terminan en el borreguismo ancestral, cuyo final no es otro que el matadero, adónde las minorías de canallas “listos”, terminan por llevarlos siempre”. En lo que a mí se refiere, sintetizo “mi odisea” en pocas palabras; como hijo de un idealista contrario a los que ganaron la última guerra civil, y al que por ello, fue fusilado, tras las imaginables torturas a que fue sometido, quedamos en la más horrenda miseria, tanto mi querida madre en su viudedad, como yo en mi orfandad de bebé de diez meses de edad; “el nuevo gobierno en una de las más horrendas leyes de injusticia, nos dejan sin paga reconocida de quién, no fue otra cosa que un equivocado más por los demagogos de siempre; y los gobernantes, se vengan en sus herederos, quitándoles la paga que les correspondía como herederos de un funcionario oficial del gobierno legal de la España de entonces. Consecuencia de ello imaginen lo que quieran que se quedarán cortos; a los siete años me ponen a trabajar y no puedo ir a escuela alguna, del grado que sea, sencillamente por cuanto “lo primero es comer y vivir con lo que se puede”; y así transcurren los primeros 25 años de mi vida (“recuerden los 25 años de paz que celebró Franco y los suyos”) en los que regreso de “la mili” obligatoria y dónde yo no quería ir, pero donde me tienen dieciocho meses, como “soldado raso” y en un apartado que dice; “Personal Indeseable y a quién hay que vigilar”; simplemente por haber sido hijo de un afiliado al partido comunista, pero reitero; de un idealista muy por encima de lo que aquel credo, “sembró en España y el resto del mundo”. Como yo, otros muchos más, a los que ni nos dejaron “ascender a cabo”, ya que el ejército nos quería simplemente como, “carne de cañón” y poco más.

                                Así es que estas, “pequeñeces o insignificantes minucias de la justicia de un país como éste, compararlas con los grandes robos, malversaciones, traiciones, y cosas que ni llegaremos a saber, realizadas por los altos y “más altos” enchufados al dinero público, muchos desde antes de nacer; no merece ni reflejarlas”; simplemente no cuentan en la vida de un país, aunque en las fachadas rimbombantes de “los palacios de justicia”; se le añadieran las dos letras que faltan en la última palabra, y que entonces diría algunas o muchas de las realidades, de la vida real, ya que señalaría simplemente, “injusticia”.

                                De lo que yo he sabido de justicia-justicia, sólo recuerdo el juicio de Salomón, en el hecho de, “la división pretendida” del bebé, que ante aquel sabio juez, se disputaban dos mujeres alegando ser madres del niño. También el juicio que Sancho Panza, y como gobernador de “la ínsula” que le asigna el relato del Quijote, protagoniza ante un gañán y una puta, que alega ser engañada por el hombre; lo que resulta aclarado sin duda alguna, de que la puta mintió sobradamente y que la víctima era el pobre gañán. En cuanto a los tribunales públicos, sólo me puedo referir al “Tribunal de las Aguas”, que aún y “sin papeles ni ordenadores ni cárcel alguna”, dirime y soluciona, los problemas que surgen en los labriegos que viven de las aguas de las acequias de Valencia; tribunal que ni necesita sede siquiera, pues se reúne en la puerta de una iglesia valenciana, a lo luz del sol y con los testigos oportunos y quienes quieran verlos y oír al tribunal, con el debido silencio y respeto,  a esta milenaria entidad de la justicia del hombre.

                                Por todo ello, te tienes que echar a reír o sonreír con toda la intención inteligente que poseas; si lees, “La feria del CGPG”, que en “la tercera” del diario ABC del sábado 10 de abril, publica Javier Gómez de Liaño, que fue miembro del “Consejo General del Poder Judicial” (CGPG); el que inicia su comentario con esta expresiva frase: “El CGPG ha sido y seguirá siendo una trampa para confiados, pues quién lo controla sabe que domina el poder judicial…

                                También en otro periódico[i] leo en grandes titulares: “Más de 2500 jueces piden que la UE vele por la independencia judicial: Tres de las cuatro asociaciones de jueces solicitan que se inicie un procedimiento ante, “el riesgo claro de violación grave del Estado de derecho”. Por todo ello podemos entender, que la justicia, la pobre justicia, está peor que “La cenicienta del cuento”. Amén.

 

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

 


[i] Diario local Viva-Jaén del 13-04-2021