Las Noticias de hoy 17 Abril 2021

Enviado por adminideas el Sáb, 17/04/2021 - 13:09

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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 17 de abril de 2021    

Indice:

ROME REPORTS

Que el mundo escuche el clamor de los refugiados. El Papa recibe a Filippo Grandi (ACNUR)

El Papa: la santidad no es para "especialistas de lo divino"

Francisco alienta a construir una política arraigada en el pueblo y para el bien común

PERMANECERÁ HASTA EL FIN DE LOS TIEMPOS: Francisco Fernandez Carbajal

Meditaciones: sábado 2ª semana de Pascua

“Con el trato, se engendrará el Amor”: San Josemaria

Educar en el pudor (2): La infancia y la adolescencia: J. De la Vega

La Autoridad en la Familia: Vidal Sánchez

La educación cristiana en la familia: Cómo hablar de Dios a los hijos: Marta Tellaeche 

Psicologismo y vida interior: Alfonso Aguiló Pastrana

Observatorio de Bioética-UCV: “No es ético crear embriones híbridos de humano y mono”

La eutanasia y los recelos frente al médico y enfermero/a.: Jose Luis Velayos

Evangelio del domingo: comprender las Escrituras

Matrimonio. Casarse en la Iglesia: Rosa Corazón

 Hans Küng: verdad y caridad : Jesús Ortiz López

“El desafío al que se enfrenta la Universidad hoy es muy grande: no podemos seguir anclados en el pasado”: Mara Vázquez

Un estudio internacional de la Universidad revela que el estrés en el confinamiento ha condicionado el autocuidado sobre todo de mujeres y jóvenes : Esperanza Rodés

Un problema de disforia de género : JD Mez Madrid

“Salud y derechos sexuales y reproductivos": Jesús Domingo Martínez

La libertad o el adoctrinamiento : Enric Barrull Casals

Políticos y discutir como verduleras : Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Que el mundo escuche el clamor de los refugiados. El Papa recibe a Filippo Grandi (ACNUR)

La inmigración, las guerras, el hambre, la pobreza y las pandemias son las emergencias que desde hace años provocan movimientos de poblaciones considerables hacia los países más ricos. Estas y otras cuestiones han sido abordadas en la audiencia del Papa Francisco con el Alto Comisionado del ACNUR, Filippo Grandi.

 

Giancarlo La Vella - Ciudad del Vaticano

Nunca como en los últimos años la actividad del ACNUR, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, organismo fundado en diciembre de 1950, ha resultado tan esencial como en los últimos años para hacer frente a emergencias como la inmigración, la organización de campos para quienes huyen de la guerra, el hambre y las persecuciones de todo tipo. Hoy el Alto Comisionado del organismo de la ONU, Filippo Grandi, fue recibido en audiencia por el Papa Francisco. En los micrófonos de Radio Vaticano-Vatican News, Grandi destacó la difícil labor de dialogar con un mundo indiferente a las peticiones de los más pobres y vulnerables.

Comisario Grandi, la audiencia con el Papa Francisco llega en un momento difícil para toda la comunidad internacional, por razones bien conocidas, en primer lugar la pandemia. ¿Cuáles son los temas de la reunión con el Pontífice?

R. - En primer lugar, este difícil contexto internacional, en el que los grupos más vulnerables, aquellos de los que nos ocupamos -refugiados, desplazados- están especialmente expuestos, sobre todo a las consecuencias económicas de la pandemia. Luego, el contexto político también, que sigue siendo muy difícil para estas personas, también porque se ha politizado mucho, y la acogida, que debería ser un gesto humanitario, como nos recuerda precisamente el Papa Francisco, se ha convertido muchas veces en un tema de debate político. Pero también situaciones concretas: hablamos de Centroamérica, Sudamérica, especialmente del éxodo de venezolanos, Líbano: un país en profunda crisis. Y también de Europa y de la necesidad de que Europa se dote cuanto antes de un instrumento común de acogida, identificación de refugiados, integración, etc. Y debo decir que hay plena identidad de opiniones entre el Santo Padre y nosotros en estos temas.

¿Quiénes son los refugiados hoy en día? ¿Qué historias, incluso dramáticas, traen consigo?

R. - Son, según la definición histórica, personas que huyen de la violencia, la discriminación y la persecución. Y cada vez más, como ha recordado el Papa esta mañana, conflictos y guerras que parecen multiplicarse y no resolverse nunca. Y estos éxodos, estos exilios, se mezclan con otras situaciones: de pobreza, de cambio climático, de pandemias actuales. Se trata, pues, de flujos de población muy complejos y difíciles de gestionar para los gobiernos; pero sin una buena gestión, no sólo crean tensiones con las comunidades locales, que hay que resolver, sino que, sobre todo, dejan a estas personas en situaciones "suspendidas", muy duras desde el punto de vista humano y humanitario.

A veces es difícil dialogar con un mundo que suele hacer oídos sordos a las peticiones de los más pobres, los más vulnerables...

R. - Un mundo sordo, un mundo indiferente, un mundo distraído por muchos otros problemas, y la pandemia es por desgracia una distracción muy real. Pero también un mundo en el que desgraciadamente hay quienes gritan demasiado y utilizan el sufrimiento de estas personas para ganar votos, ganar elecciones y tener más poder. Y esto es lo que molesta y esto es lo que tenemos que contrarrestar precisamente el mensaje del Papa Francisco: el mensaje de solidaridad, de humanidad, el mensaje de fraternidad que constantemente trata de difundir en todos los países del mundo.

Los Refugiados: personas que ciertamente buscan un futuro mejor, pero que a menudo se ven obligadas a permanecer en lugares de recogida en condiciones muy difíciles. Una de ellas es la isla de Lesbos, donde hace cinco años el Papa Francisco fue...

R. - Ciertamente, porque hoy en día estos flujos humanos no sólo son una forma de que estas personas salgan de situaciones desesperadas, sino que desgraciadamente pasan por otros países que también están en situaciones desesperadas, o por contextos en los que estas personas no encuentran la protección, la estabilidad y la acogida que deberían encontrar. No es sólo la isla de Lesbos... Piense en Libia, que también es un país de tránsito. Pensemos en la ruta de los Balcanes -hablamos de ella con el Papa Francisco- que hoy en Italia vuelve a ser una fuente de llegadas y movimientos complicados. Así que, por desgracia, en un mundo en el que todos nos hemos vuelto más móviles, incluidos los refugiados y los migrantes, esta movilidad, que a menudo es aprovechada por los delincuentes y los traficantes, puede poner personas que huyen en otras situaciones peligrosas.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados es un organismo creado en 1950. Esta agencia de la ONU ha recibido dos premios Nobel de la Paz, en 1954 y 1981. ¿Significa esto que durante más de 70 años el trabajo de Acnur ha sido esencial?

R. - Y pensar que el Alto Comisionado se fundó en 1950 para durar tres años. Y después de más de 70 años seguimos siendo, por desgracia -insisto en la palabra "por desgracia"-, necesarios. Entre otras cosas, este año 2021 se cumple el 70º aniversario de la Convención sobre los Derechos de los Refugiados: un documento que, a pesar de su edad, que ya empieza a ser avanzada, sigue siendo de gran relevancia. 

 

El Papa: la santidad no es para "especialistas de lo divino"

El Papa envía un videomensaje al Congreso Internacional "Mujer Excepcional" dedicado a Santa Teresa de Ávila, que finaliza hoy en la Universidad Católica Santa Teresa de Jesús de Ávila en España con motivo del 50 aniversario del Doctorado de la santa: la bondad de Dios "es mayor que todos los males que podamos hacer, y no se acuerda de nuestra ingratitud", dice el Pontífice.

El Papa Francisco se hizo presente en el cierre del congreso universitario “Mujer excepcional”, con el que se conmemora el quincuagésimo aniversario de la proclamación de Santa Teresa de Jesús como Doctora de la Iglesia, llevado a cabo en Ávila del 12 al 15 de abril. El Sumo Pontífice, quien ya había mandado su saludo a través del Obispo de Ávila, Monseñor José María Gil Tamayo, leído en la apertura del congreso, quiso manifestar su cercanía y su acompañamiento también a través de un video mensaje con el que saludó a los participantes y volvió sobre la figura de la Santa abulense.

Los cristianos están llamados a renovar la tierra

"Mujer excepcional", comenzó diciendo el Papa, son las palabras que utilizó San Pablo VI para describir a la santa capaz de perseverar en la unión con el Señor, de ser dócil al Espíritu quedando “toda abrasada en el amor de Dios”. La audacia, la creatividad y la excelencia de Santa Teresa como reformadora – subrayó Francisco – son el fruto de la presencia interior del Señor. Nuestros días tienen bastantes similitudes con los del siglo XVI en que vivió la santa. Como entonces, también ahora los cristianos estamos llamados a que, a través de nosotros, la fuerza del Espíritu Santo siga renovando la faz de la tierra, en la certeza de que en el último termino son los santos quienes permiten que el mundo avance aproximándose a su meta definitiva. 

El camino de la santidad

Recordando que la santidad favorece "un estilo de vida más humano", el Papa Francisco subraya que no es sólo para algunos "especialistas de lo divino" sino "la vocación de todos los creyentes". Sin embargo, la santidad es originalidad porque cada uno está llamado a un camino diferente:

Los santos nos estimulan y nos motivan, pero no están para que tratemos literalmente de copiarlos, la santidad no se copia, “porque hasta eso podría alejarnos del camino único y diferente que el Señor tiene para cada uno de nosotros”. Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino”, cada uno de nosotros tiene su camino de santidad, de encuentro con el Señor.

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Del pecado a la misericordia

El signo de la unión con Dios, que se cultiva en la oración, está en las obras que se realizan. Esto implica también un cambio personal porque, abierto al Espíritu, uno se vuelve "más humildes, más solícitos a las necesidades de nuestros hermanos, mejores hijos del Pueblo santo de Dios".

Tal camino no se abre a los que se tienen a sí mismos por puros y perfectos, los cátaros de todos los siglos, sino a los que, conscientes de sus pecados, descubren la hermosura de la misericordia de Dios, que acoge a todos, redime a todos, y a todos llama a su amistad. 

“Santa Teresa, que se tenía a sí misma por muy ‘ruin y miserable’”, como ella se definía, reconoce, explicó el Papa, “que la bondad de Dios ‘es mayor que todos los males que podamos hacer, y no se acuerda de nuestra ingratitud’”. El Señor no se cansa de perdonar, pero el gran peligro es que nos cansemos de pedir perdón. 

De la oración a la fraternidad

El ideal de la fraternidad fue descubierto por Santa Teresa, "una mujer excepcional, una mujer creativa e innovadora", a través de la oración que abre a la esperanza. Un ideal que quiso hacer realidad en los conventos que fundó; una enseñanza que es válida incluso hoy, cuando hay "peleítas" entre conventos. Como la Doctora de la Iglesia, vivimos en "tiempos recios", nada fáciles, que necesitan de "amigos fieles de Dios", amigos fuertes. 

La gran tentación es ceder a la desilusión, a la resignación, al funesto e infundado presagio de que todo va a salir mal. Ese pesimismo infecundo, ese pesimismo de personas incapaces de dar vida. 

En cambio, indica el Pontífice, “la oración nos abre, nos permite gustar que Dios es grande, que está más allá del horizonte, que Dios es bueno, que nos ama y que la historia no se le ha escapado de sus manos. 

Puede que transitemos por cañadas oscuras (cf. Sal 23,4), no les tengan miedo si está el Señor con ustedes, pero Él no deja de caminar a nuestro lado y de conducirlos a la meta que todos anhelamos: la vida eterna.

Y junto a Él, concluyó el Papa, “somos capaces de alcanzar cualquier reto, porque en realidad sólo su compañía es la que desea nuestro corazón y la que nos otorga la plenitud y el gozo de los que hemos sido creados”.

Finalmente, el Santo Padre nos invita a rezar estas palabras: 

“Nada te turbe, nada te espante; todo se pasa, Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta.”

 

Francisco alienta a construir una política arraigada en el pueblo y para el bien común

"Una política que se desentiende de los pobres nunca podrá promover el bien común". Son las palabras del Papa Francisco en un video mensaje enviado a los participantes de la Conferencia Internacional titulada “A Politics Rooted in the People”, en español, "una política arraigada en el pueblo", organizada el 15 de abril.

Ciudad del Vaticano

El Papa Francisco ha enviado un video mensaje a los participantes de la conferencia internacional titulada “A Politics Rooted in the People” (Una política arraigada en el pueblo) organizada el 15 de abril. Una conferencia que tiene como base el nuevo libro del Papa Francisco titulado "Let Us Dream", en español, "Soñemos juntos".

En este contexto, líderes de base, organizadores comunitarios y académicos se reúnen para llevar adelante el apremiante llamamiento del Papa para que la Iglesia adopte "una política arraigada en el pueblo", uniendo fuerzas para construir un futuro mejor.

A continuación, compartimos las transcripción integral de las palabras del Papa en el video mensaje grabado en español:

 

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«Me alegra dirigirles una palabra de saludo al inicio de esta conferencia organizada por el Centro de la Teología y la Comunidad en Londres en torno a temas tratados en el libro Soñemos Juntos, sobre todo en lo que se refiere a los movimientos populares y las organizaciones que los apoyan. 

Saludo especialmente a la Campaña Católica para el Desarrollo Humano, que celebra 50 años ayudando a las comunidades más pobres en los Estados Unidos para vivir más dignamente, promoviendo su participación en las decisiones que los afectan. 

En esta dimensión trabajan también otras organizaciones aquí presentes, del Reino Unido, de Alemania, y de otros países, cuya misión es acompañar al pueblo en su lucha por la tierra, el techo y el trabajo, las famosas tres “T”, y permanecer a su lado cuando se topan con actitudes de oposición y desprecio. La pobreza y la exclusión del mercado de trabajo que resultan de esta pandemia que estamos viviendo han hecho mucho más urgente y necesaria la obra y el testimonio de ustedes. 

"Una política de fraternidad"

Uno de los objetivos de vuestra reunión es mostrar que la verdadera respuesta al auge del populismo no es precisamente más individualismo sino lo contrario: una política de fraternidad, arraigada en la vida del pueblo. En su reciente libro, el Reverendo Angus Ritchie describe esta política que ustedes hacen como “populismo inclusivo”; a mí me gusta usar “popularismo” para expresar la misma idea. Pero lo que importa no es el nombre sino la visión, que es la misma: se trata de encontrar mecanismos para garantizar a todas las personas una vida digna de llamarse humana, una vida que sea capaz de cultivar la virtud y forjar nuevos vínculos. 

En Soñemos Juntos, a esta política la llamo “la política con mayúscula”, la política como servicio, que abre nuevos caminos para que el pueblo se organice y se exprese. Es una política no sólo para el pueblo sino con el pueblo, arraigada en sus comunidades, y en sus valores. En cambio, los populismos más bien siguen como inspiración, consciente o inconsciente, otro lema: “Todo para el pueblo, nada con el pueblo”, paternalismo político. De ahí que el pueblo en la visión populista no es protagonista de su destino, sino termina siendo deudor de una ideología.

"Dios con nosotros"

Cuando el pueblo está descartado, se le priva no sólo del bienestar material sino de la dignidad del actuar, de ser protagonista de su historia, de su destino, de expresarse con sus valores y su cultura, de su creatividad, de su fecundidad. Por eso, para la Iglesia es imposible separar la promoción de la justicia social del reconocimiento de los valores y la cultura del pueblo, incluyendo los valores espirituales que son fuente de su sentido de dignidad. En las comunidades cristianas, estos valores nacen del encuentro con Jesucristo, que busca incansablemente a quien está desanimado o perdido, que se desplaza hasta los mismos límites de la existencia, para ser rostro y presencia de Dios, para ser “Dios con nosotros”. 

 

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15/04/2021El Papa: la santidad no es para "especialistas de lo divino"

Muchos de ustedes aquí reunidos trabajan desde hace años haciendo esto en las periferias, y acompañando a los movimientos populares. A veces puede ser incómodo. Algunos los acusan a ustedes de ser demasiado políticos, otros de querer imponer la religión. Pero ustedes perciben que respetar al pueblo es respetar sus instituciones, incluso las religiosas; y que el papel de esas instituciones no es imponer nada sino caminar con el pueblo, recordándoles el rostro de Dios que siempre se nos adelanta. 

Por eso el verdadero pastor de un pueblo, pastor religioso, es aquel que se anima a caminar delante, en medio y detrás del pueblo. Delante para señalar un poco el camino, en medio para sentir con su pueblo y no equivocarse, y detrás para ayudar a los rezagados y para dejar que el pueblo con su olfato también encuentre caminos. 

Colaboración sostenida con los Movimientos Populares

Por eso en Soñemos Juntos hablo de un deseo: que todas las diócesis del mundo tengan una colaboración sostenida con los movimientos populares. 

Salir al encuentro de Cristo herido y resucitado en las comunidades más pobres nos permite recobrar nuestro vigor misionario, porque así nació la Iglesia, en la periferia de la Cruz. Si la Iglesia se desentiende de los pobres deja de ser la Iglesia de Jesús y revive las viejas tentaciones de convertirse en una élite intelectual o moral, una nueva forma de pelagianismo, o de vida esenia. 

 

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Del mismo modo, una política que se desentiende de los pobres nunca podrá promover el bien común. Una política que se desentiende de las periferias nunca sabrá entender el centro y confundirá el futuro con un proyectarse a través de un espejo. 

Una manera de desentenderse de los pobres es despreciar su cultura, sus valores espirituales, sus valores religiosos, sea descartándolos o explotándolos para fines de poder. El desprecio a la cultura popular es el comienzo del abuso de poder.

La cultura del diálogo como camino

Al reconocer la importancia de la espiritualidad en la vida de los pueblos se regenera la política. Por eso es imprescindible que las comunidades de fe se encuentren, fraternicen, para trabajar “para y con el pueblo”. Con mi hermano el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb “asumimos” la cultura del diálogo como camino; la colaboración común como conducta; y el conocimiento recíproco como método y criterio. Siempre al servicio de los pueblos.

Ahora, más que nunca, queridos amigos, debemos construir un futuro desde abajo, desde una política con el pueblo, arraigada en el pueblo. Y que vuestra conferencia ayude a iluminar el camino. Muchas gracias», concluye el Papa.

 

PERMANECERÁ HASTA EL FIN DE LOS TIEMPOS

— Indefectibilidad de la Iglesia, a pesar de las persecuciones, de las herejías, de las infidelidades.

— Los ataques a la Iglesia nos llevarán a amarla más, a desagraviar.

— Tampoco en nuestra vida faltarán momentos de oscuridad, de tribulación y de prueba. Seguridad junto al Señor. Ayuda de la Virgen.

I. Inmediatamente después de la multiplicación de los panes y de los peces, y cuando la multitud se hubo saciado, Jesús mismo la despidió y ordenó a sus discípulos que embarcaran. La tarde estaba ya muy avanzada.

Narra el Evangelio de la Misa1 que los Apóstoles se dirigieron hacia la otra orilla, hacia Cafarnaún. Ya había oscurecido y Jesús no estaba con ellos. Por el Evangelio de San Mateo sabemos que se despidió también de ellos y subió a un monte a orar2. El mar estaba agitado por el fuerte viento que soplaba3, y la barca estaba batida fuertemente por las olas, por tener el viento en contra4.

La tradición ha visto en esta barca la imagen de la Iglesia5 en medio del mundo, zarandeada a lo largo de los siglos por el oleaje de las persecuciones, de las herejías, de las infidelidades. «Aquel viento –comenta Santo Tomás– es figura de las tentaciones y de las persecuciones que padecerá la Iglesia por falta de amor. Porque como dice San Agustín, cuando se enfría el amor aumentan las olas... Sin embargo, el viento, la tempestad, las olas y las tinieblas no conseguirán que la nave se aparte de su rumbo y quede destrozada»6. Desde los primeros momentos tuvo que afrontar contradicciones de dentro y de fuera. También en nuestros días sufre esos embates nuestra Madre la Iglesia, y con ella sus hijos. «No es algo nuevo. Desde que Jesucristo Nuestro Señor fundó la Santa Iglesia, esta Madre nuestra ha sufrido una persecución constante. Quizá en otras épocas las agresiones se organizaban abiertamente; ahora, en muchos casos, se trata de una persecución solapada. Hoy como ayer, se sigue combatiendo a la Iglesia (...).

»Cuando oímos voces de herejía (...), cuando observamos que se ataca impunemente la santidad del matrimonio, y la del sacerdocio; la concepción inmaculada de Nuestra Madre Santa María y su virginidad perpetua, con todos los demás privilegios y excelencias con que Dios la adornó; el milagro perenne de la presencia real de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía, el primado de Pedro, la misma Resurrección de Nuestro Señor, ¿cómo no sentir toda el alma llena de tristeza? Pero tened confianza: la Santa Iglesia es incorruptible»7.

Nos hacen sufrir los ataques a la Iglesia, pero a la vez nos da una inmensa seguridad y una gran paz que Cristo mismo esté dentro de la barca; vive para siempre en la Iglesia, y por eso las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella8; durará hasta el fin de los tiempos. Todo lo demás, todo lo humano pasa; pero la Iglesia permanece siempre tal como Cristo la quiso. El Señor está presente, y la barca no se hundirá, aunque a veces se vea zarandeada de un lado para otro. Esta asistencia divina fundamenta nuestra inquebrantable fe: la Iglesia, frente a todas las contingencias humanas, siempre permanecerá fiel a Cristo en medio de todas las tempestades, y será el sacramento universal de salvación. Su historia es un milagro moral permanente en el que podemos fortalecer siempre nuestra esperanza.

Ya en tiempos de San Agustín los paganos afirmaban: «La Iglesia va a perecer, los cristianos ya han terminado». A lo cual respondía el Santo Doctor: «Sin embargo, yo os veo morir cada día y la Iglesia permanece siempre en pie, anunciando el poder de Dios a las sucesivas generaciones»9.

¡Qué poca fe la nuestra si se insinúa la duda, porque ha arreciado la tempestad contra Ella, contra sus instituciones o contra el Romano Pontífice y los obispos! No nos dejemos impresionar por las circunstancias adversas, porque perderíamos la serenidad, la paz y la visión sobrenatural. Cristo está siempre muy cerca de nosotros y nos pide confianza. Está junto a cada uno, y no debemos temer nada. Hemos de rezar más por su Iglesia, ser más fieles a nuestra propia vocación, hacer más apostolado entre nuestros amigos, desagraviar más.

II. La indefectibilidad de la Iglesia significa que esta tiene carácter imperecedero, es decir, que durará hasta el fin del mundo, e igualmente que no sufrirá ningún cambio sustancial en su doctrina, en su constitución o en su culto.

El Concilio Vaticano I dice de la Iglesia que posee «una estabilidad invicta», y que, «edificada sobre una roca, subsistirá firme hasta el fin de los tiempos»10.

La razón de la permanencia de la Iglesia está en su íntima unión a Cristo, que es su Cabeza y Señor. Después de subir a los cielos envió a los suyos el Espíritu Santo para que les enseñase toda la verdad11, y cuando les encargó predicar el Evangelio a todas las gentes, les aseguró que Él estaría siempre con ellos todos los días hasta el fin del mundo12.

La Iglesia da muestras de su fortaleza resistiendo, inconmovible, todos los embates de las persecuciones y de las herejías. El Señor mismo mira por ella, «ya sea iluminando y fortificando a la jerarquía para que cumpla fiel y fructuosamente su cargo, ya sea –en circunstancias muy graves sobre todo– suscitando en el seno de la Madre Iglesia, hombres y mujeres insignes por su santidad, a fin de que sirvan de ejemplo a los demás cristianos para acrecentamiento de su Cuerpo místico. Añádase a esto que Cristo desde el Cielo mira siempre con particular afecto a su Esposa inmaculada, que sufre en el desierto de este mundo, y, cuando la ve en peligro, por sí mismo o por sus ángeles o por Aquella que invocamos como auxilio de los cristianos y por otros abogados celestiales, la libra de las oleadas de la tempestad y, una vez calmado y apaciguado el mar, la consuela con aquella paz que sobrepuja todo entendimiento (Flp 4, 7)»13. La fe nos atestigua que esta firmeza en su constitución y en su doctrina durará siempre, hasta que Él venga14.

«En ciertos ambientes, sobre todo en los de la esfera intelectual, se aprecia y se palpa como una consigna de sectas, servida a veces hasta por católicos, que –con cínica perseverancia– mantiene y propaga la calumnia, para echar sombras sobre la Iglesia, o sobre personas y entidades, contra toda verdad y toda lógica.

»Reza a diario, con fe: “ut inimicos Sanctae Ecclesiae –enemigos, porque así se proclaman ellos– humiliare digneris, te rogamus audi nos!”. Confunde, Señor, a los que te persiguen, con la claridad de tu luz, que estamos decididos a propagar»15.

Los ataques a la Iglesia, los malos ejemplos, los escándalos nos llevarán a amarla más, a pedir por esas personas y a desagraviar. Permanezcamos siempre en comunión con Ella, fieles a su doctrina, unidos a sus sacramentos, dóciles a la jerarquía.

III. Cuando ya los Apóstoles habían remado unas tres millas, Jesús llega inesperadamente caminando sobre las aguas, para robustecer su fe débil y para darles ánimos en medio de la tempestad. Se acercó y les dijo: Soy yono temáisEntonces ellos quisieron recibirle en la barca; y al instante la barca llegó a tierra, a donde iban16.

En nuestra vida personal quizá no falten tempestades –momentos de oscuridad, de turbación interior, de incomprensiones...– y, con más o menos frecuencia, situaciones en las que deberemos rectificar el rumbo, porque nos hayamos desviado. Entonces, procuremos ver al Señor que viene siempre entre la tormenta de los sufrimientos, sepamos aceptar las contrariedades con fe, como bendiciones del Cielo, para purificarnos y acercarnos más a Dios.

Soy yo, no temáis. Quien reconoce la voz tranquilizadora de Cristo en medio de los sinsabores, del tipo que sean, encuentra enseguida la seguridad de llegar a tierra firme: ellos quisieron recibirle en la barca; y al instante la barca llegó a tierra, a donde iban, a donde quería el Señor que fueran. Basta estar en su compañía para sentirnos seguros siempre. La inseguridad nace cuando se debilita nuestra fe, cuando no acudimos al Señor porque parece que no nos oye o que se despreocupa de nosotros. Él sabe bien lo que nos pasa, y quiere que acudamos a Él en demanda de ayuda. Nunca nos dejará en un apuro. ¡Qué confianza deben darnos las palabras de Jesús que hoy recoge la Antífona de comunión!: Padre, este es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy...17.

Puede parecer, en algunos tiempos más o menos largos, que Cristo no está, como si nos hubiera abandonado o no escuchara nuestra oración. Pero Él nunca abandona. Los ojos del Señor están puestos en sus fieles... –escucharemos en el Salmo responsorial–, para librar sus vidas de la muerte18.

Si permanecemos cerca del Señor, mediante la oración personal y los sacramentos, lo podremos todo. Con Él, las tempestades interiores y de fuera, se tornan ocasiones de crecer en fe, en esperanza, en caridad, en fortaleza... Quizá con el paso del tiempo comprendamos el sentido de esas dificultades.

De todas las pruebas, tentaciones y tribulaciones por las que hemos de pasar, si estamos junto a Cristo, saldremos con más humildad, más purificados, con más amor a Dios. Y siempre contaremos con la ayuda de nuestra Madre del Cielo. «No estás solo. —Lleva con alegría la tribulación. —No sientes en tu mano, pobre niño, la mano de tu Madre: es verdad. —Pero... ¿has visto a las madres de la tierra, con los brazos extendidos, seguir a sus pequeños, cuando se aventuran, temblorosos, a dar sin ayuda de nadie los primeros pasos? —No estás solo: María está junto a ti»19. Está en todo momento, pero particularmente cuando, por los motivos que sean, lo pasamos mal. No dejemos de acudir a Ella.

1 Cfr. Jn 6, 16-21. — 2 Cfr. Mt 14, 23. — 3 Cfr. Jn 6, 18. — 4 Cfr. Mt 14, 24. — 5 Cfr. Tertuliano, De Baptismo, 12. — 6 Santo Tomás, Comentario sobre San Juan, in loc. — 7 San Josemaría Escrivá, Homilía El fin sobrenatural de la Iglesia, 28-V-1972. — 8 Mt 16, 18. — 9 Citado por G. Chevrot, Simón Pedro, p. 116. — 10 Dz 1824. — 11 Cfr. Jn 14, 16. — 12 Cfr. Mt 28, 20. — 13 Pío XII, Enc. Mystici Corporis, 29-VI-1943. — 14 Cfr. 1 Cor 11. — 15 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 936. — 16 Jn 6, 20-21. — 17 Jn 17, 24. — 18 Sal 32. — 19 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 900.

 

Meditaciones: sábado 2ª semana de Pascua

Reflexión para meditar el sábado de la segunda semana de Pascua. Los temas propuestos son: la oración de los primeros cristianos; con el Bautismo hemos renacido en Cristo; el Bautismo y la vida según el Espíritu.

MEDITACIONES17/04/2021

El servicio a los demás en la Iglesia naciente.

Ser almas agradecidas y misericordiosas.

El Señor siempre está con nosotros en la barca.


«EN AQUELLOS DÍAS, al crecer el número de los discípulos, se levantó una queja de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas estaban desatendidas en la asistencia diaria» (Hch 6,1). Ya desde los primeros pasos del cristianismo, la Iglesia debió afrontar situaciones de tensión que iban apareciendo, como la que se describe en este pasaje. La Iglesia, al mismo tiempo que cuenta con la asistencia incesante del Espíritu Santo, está formada por personas como nosotros que, animados por las mejores intenciones, tenemos las limitaciones de la condición humana y la herida del pecado.

A Pedro y a los demás apóstoles correspondía la tarea de discernir el problema que había surgido y proponer una solución. Esta vez fue la de designar «a siete hombres de buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría» (Hch 6,3), que se dedicaran más directamente a ese servicio de caridad. Es interesante notar que desde el principio la Iglesia dirigió su atención a los más necesitados; y cómo, a la hora de encargar a algunos cristianos la organización material de esa labor asistencial, los apóstoles valoraron ante todo que fuesen personas dóciles al Espíritu Santo, dotadas de sabiduría. La vida interior, las virtudes personales, el amor a la verdad revelada y la actividad en favor de los demás se consideraban aspectos íntimamente unidos para llevar a cabo la misión de la Iglesia.

Cada cristiano estaba llamado entonces, como lo seguimos estando ahora, a mirar a Jesucristo, a vivir su misma vida, secundando la acción santificadora del Paráclito. De ahí se deriva la donación a los demás, que se concretará de modos diversos. En el fondo, para todos, como escribió san Josemaría, «se resume en una única palabra: amar. Amar es tener el corazón grande, sentir las preocupaciones de los que nos rodean, saber perdonar y comprender: sacrificarse, con Jesucristo, por las almas todas. Si amamos con el corazón de Cristo aprenderemos a servir»[1].


«LA PALABRA de Dios se propagaba, y aumentaba considerablemente el número de discípulos en Jerusalén» (Hch 6,7). El salmo responsorial de la Misa de hoy es un eco de la alegría de los primeros cristianos de Jerusalén: «Alabad al Señor con la cítara, entonadle salmos con el arpa de diez cuerdas. La palabra del Señor es recta, y hace con fidelidad todas sus obras. Él ama la justicia y el derecho: la tierra está llena de su misericordia» (Sal 33,2.4-5). Se trata de un canto de alabanza al Señor que ha creado el mundo y lo sustenta en el ser; que mira desde el cielo a los hijos de Adán y conoce cada rincón de sus corazones; que incesantemente mantiene sobre los hombres una mirada de ternura, cercanía y salvación.

Al invitarnos a meditar este salmo, la Iglesia desea suscitar en nosotros un espíritu agradecido y misericordioso, a imagen del Padre. Esta actitud surge al reconocer las ayudas del cielo y se convierte en algo más profundo cuando entendemos que el Señor ha infundido en nosotros la fe y la caridad para difundir su benevolencia a nuestro alrededor, aprovechando las vicisitudes de nuestra vida. Podemos transformarnos en mujeres y hombres que ven cada vez más el mundo con los ojos de Dios y, por eso, aprecian en primer lugar el bien, la salvación y lo noble, también en los demás. «El Catecismo escribe: “Todo acontecimiento y toda necesidad pueden convertirse en ofrenda de acción de gracias”. La oración de acción de gracias comienza siempre aquí: en el reconocerse precedidos por la gracia. Hemos sido pensados antes de que aprendiéramos a pensar; hemos sido amados antes de que aprendiéramos a amar; hemos sido deseados antes de que en nuestro corazón surgiera un deseo. Si miramos la vida así, entonces el “gracias” se convierte en el motivo conductor de nuestras jornadas»[2].

«Acostúmbrate a elevar tu corazón a Dios, en acción de gracias, muchas veces al día –recomendaba san Josemaría–. Porque te da esto y lo otro. Porque te han despreciado. Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes. Porque hizo tan hermosa a su madre, que es también madre tuya. Porque creó el sol y la luna y aquel animal y aquella otra planta. Porque hizo a aquel hombre elocuente y a ti te hizo premioso... Dale gracias por todo, porque todo es bueno»[3].


SAN JUAN NOS cuenta, de modo escueto y sobrio, lo que sucedió después de la primera multiplicación de los panes y los peces. Al atardecer de aquel día, los discípulos se embarcaron para atravesar el lago y llegar a Cafarnaún. Jesús no fue con ellos, sino que se quedó rezando en un monte. «El mar estaba agitado a causa del fuerte viento que soplaba. Después de remar, unos veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba hacia la barca, y les entró miedo. Pero él les dijo: “Soy yo, no temáis”» (Jn 6,18-20).

Los discípulos probablemente tuvieron que emplear varias horas para recorrer en barca, remando contra viento y marea, los casi cinco kilómetros que les separaban de Cafarnaún. Muchos han visto en esta barca, que crujiría ante cada embate de las olas, una figura de la Iglesia, que enfrenta riesgos y dificultades en el mar de la historia. Lo mismo puede suceder con nuestra propia vida: con frecuencia no nos faltan dificultades, trabajos y fatigas. Y, como los apóstoles, también nosotros podemos demostrar ser personas de fe débil, vencidos por miedos, inseguridades o preocupaciones.

«Soy yo, no temáis». El Señor está siempre con nosotros, nos mira y nos acompaña. Por eso, «no tenemos motivos más que para dar gracias. No hemos de apurarnos por nada; no hemos de preocuparnos por nada; no hemos de perder la serenidad por ninguna cosa del mundo»[4]. A veces, necesitaremos un tiempo para que vaya creciendo esa confianza en el Señor que llena nuestra vida de gratitud. En ocasiones, será preciso que interpretemos nuestra historia personal a la luz del cariño incondicional que nos tiene Dios. Jesús se manifestó caminando sobre las aguas para robustecer la fe todavía débil de sus discípulos. Podemos terminar este rato de oración pidiéndole que aumente nuestra confianza en él –¡aumenta nuestra fe!–, de manera que sepamos reconocer su presencia en nuestra historia personal y en todas las circunstancias de nuestra existencia.


[1] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 158.

[2] Francisco, Audiencia, 30-XI-2020.

[3] San Josemaría, Camino, n. 268.

[4] San Josemaría, En diálogo con el Señor, “Consumados en la unidad”, 2c.

 

“Con el trato, se engendrará el Amor”

El único medio para conocer a Jesús: ¡tratarlo! En Él, encontrarás siempre un Padre, un Amigo, un Consejero y un Colaborador para todas las actividades nobles de tu vida cotidiana... –Y, con el trato, se engendrará el Amor. (Surco, 662)

17 de abril

Si tú procuras meditar, el Señor no te negará su asistencia. Fe y hechos de fe: hechos, porque el Señor -lo has comprobado desde el principio, y te lo subrayé a su tiempo- es cada día más exigente. Eso es ya contemplación y es unión; ésta ha de ser la vida de muchos cristianos, cada uno yendo adelante por su propia vía espiritual -son infinitas-, en medio de los afanes del mundo, aunque ni siquiera hayan caído en la cuenta.

Una oración y una conducta que no nos apartan de nuestras actividades ordinarias, que en medio de ese afán noblemente terreno nos conducen al Señor. Al elevar todo ese quehacer a Dios, la criatura diviniza el mundo. ¡He hablado tantas veces del mito del rey Midas, que convertía en oro cuanto tocaba! En oro de méritos sobrenaturales podemos convertir todo lo que tocamos, a pesar de nuestros personales errores.

Así actúa Nuestro Dios. Cuando aquel hijo regresa, después de haber gastado su dinero viviendo mal, después -sobre todo- de haberse olvidado de su padre, el padre dice: presto, traed aquí el vestido más precioso, y ponédselo, colocadle un anillo en el dedo; calzadle las sandalias y tomad un ternero cebado, matadlo y comamos y celebremos un banquete. Nuestro Padre Dios, cuando acudimos a Él con arrepentimiento, saca, de nuestra miseria, riqueza; de nuestra debilidad, fortaleza. ¿Qué nos preparará, si no lo abandonamos, si lo frecuentamos cada día, si le dirigimos palabras de cariño confirmado con nuestras acciones, si le pedimos todo, confiados en su omnipotencia y en su misericordia? (Amigos de Dios, nn. 308-309)

 

Educar en el pudor (2): La infancia y la adolescencia

La adolescencia es una etapa fundamental en la vida de cada persona. Se necesita sentir la libertad y al mismo tiempo se necesita sentirse ligado a los demás. La educación en esta etapa es diferente.

FAMILIA28/08/2013

Foto: Kirapollito

El periodo que va, más o menos, entre los siete y los doce años –cuando ya empiezan a asomarse algunos rasgos de la adolescencia– corresponde a la época más dulce del crecimiento para padres e hijos, sobre todo si previamente la educación ha sido bien llevada. El hijo o la hija ya es capaz de atender por sí solo sus asuntos, pero cuenta mucho con sus padres y les suele confiar todas sus cosas. Hay un verdadero afán de saber, de despejar cualquier incógnita. Y, cuando se utilizan las palabras adecuadas, comprenden muy bien lo que se les transmite.

Esa relativa tranquilidad no debe ser una excusa para descuidar la tarea educativa, pensando quizás que las cosas van bien por sí mismas. Debe ser, en cambio, la época en la que se asientan en la cabeza las ideas y los criterios que configurarán en el futuro su vida. Podría decirse que es el momento de explicarlo todo, incluso adelantándose a lo que se encontrarán más adelante.

Los años dulces

Han llegado los años para explicar a los hijos no ya solamente las manifestaciones del pudor, sino su mismo sentido. Entenderán, por ejemplo, que el vestido no sólo tapa el cuerpo, sino que viste a la persona; que muestra cómo queremos darnos a conocer, que representa el respeto que pedimos y que damos.

A la vez, los hijos deben aprender a administrar su intimidad, de forma que sólo la descubran en la medida adecuada y frente a las personas adecuadas. La prudencia –es la virtud en juego aquí– se adquiere con la rectitud, la experiencia y el buen consejo, y en este aprendizaje los padres tienen mucho que decir. Los pequeños esperan de ellos una relación de confianza, un interés y una guía que les haga sentirse más seguros en este incipiente desarrollo de la personalidad. Ratificando o corrigiendo, según los casos, aprenden qué es lo que se debe confiar, a quién y por qué.

El riesgo que existe a estas edades es que el afán de aprender derive en una curiosidad indiscriminada, a veces indiscreta; y en un deseo de experimentar novedades, también con el propio cuerpo. De ahí la importancia de que los padres atiendan todas las preguntas que se les puedan formular, sin escabullirse ni dejarlas para un futuro incierto, y las contesten de modo adecuado a la sensibilidad de los hijos. Por ejemplo, estas edades son el auténtico momento de la educación afectiva bien entendida. No les mintáis: yo he matado todas las cigüeñas. Decidles que Dios se ha servido de vosotros para que ellos vinieran a la tierra, que son el fruto de vuestro amor, de vuestra entrega, de vuestros sacrificios... Para eso habéis de haceros amigos de los hijos, darles pie para que hablen de sus cosas confiadamente [1] . En este contexto se transmite el valor del cuerpo humano, y la necesidad de tratarlo con respeto, evitando todo lo que lleve a considerarlo como un objeto, sea de placer, de curiosidad o de juego.

Conviene asimismo adelantarse a los acontecimientos, explicando los cambios corporales y psicológicos que les sobrevendrán con la adolescencia, que así sabrán aceptar con naturalidad cuando llegue el momento. Hay que evitar que rodeen de malicia esta materia, que aprendan algo –que es en sí mismo noble y santo– de una mala confidencia de un amigo o de una amiga [2] . También aquí debe imperar el sentido positivo. Sin omitir la referencia a los peligros de un ambiente permisivo, que por lo demás los niños suelen percibir ya en edades tempranas, se trata de enfocar la cuestión como una oportunidad de crecimiento para sus almas y sus cuerpos, si saben esforzarse reaccionar positivamente ante los estímulos negativos. El pudor constituirá –ya lo constituye– una efectiva defensa y ayuda para guardar la pureza del corazón.

Los años difíciles

Foto: slightlyeverything

 

Los años correspondientes al inicio de la adolescencia, y a la adolescencia misma, son, en el tema que nos ocupa, más difíciles para los padres. En primer lugar, porque los hijos se hacen más celosos de su intimidad. A veces adoptan también actitudes contestatarias, que pueden parecer no tener otro motivo que llevar la contraria. Esto puede causar un cierto desconcierto en los padres, que intuyen –con razón– que parte de su intimidad ya no la comparten con ellos, sino con los amigos o amigas. También resultan desconcertantes los cambios de humor: los hijos pasan de momentos en los que exigen que nadie entre en su mundo, a otros en los que reclaman una atención tal vez desproporcionada. Es importante saber detectar estos últimos, y hacer lo posible por escucharles, pues no se puede saber cuándo se presentará la siguiente oportunidad.

Estos deseos de independencia e intimidad no son solo necesarios; son también una nueva oportunidad para fomentar el crecimiento de su personalidad. Los adolescentes tienen especialmente la necesidad de cultivar espacios de intimidad, y deben aprender a mostrarla o reservarla según las circunstancias. La ayuda que los padres les pueden ofrecer en este campo consiste, en gran parte, en saber ganarse su confianza, y saber esperar. Estar disponibles e interesarse por sus cosas, y saber aprovechar esos momentos –siempre los hay– en que los hijos les buscan o en el que las circunstancias exigen una conversación.

La confianza se gana, no se impone. Menos aún se sustituye espiando a los hijos, leyendo sus agendas o diarios, o escuchando de qué hablan con los amigos, o entrando en relación con ellos –usando una identidad falsa– a través de las redes sociales. Aunque algunos padres crean que lo hacen por su bien, entrometerse de ese modo en la intimidad de los hijos es el mejor modo de arruinar la confianza mutua, y en condiciones normales es objetivamente injusto.

Los rasgos enumerados anteriormente tienen como efecto el que los adolescentes se miren mucho a sí mismos, desde todos los puntos de vista, entre los que ocupa un lugar relevante el físico. De ahí hay que deducir que el primer pudor que conviene ayudarles a cuidar se refiere a ellos mismos. Esto sucede tanto con las chicas como con los chicos, aunque en cada caso con matices diferentes. En ellas, la tendencia es de compararse con unos modelos estéticos que aprecian, y sentirse atractivas para el otro sexo. En ellos, domina más el afán de ser vistos como desarrollados y bien constituidos ante sus compañeros, sin que tampoco falte el deseo de ser admirados por las chicas. Gran parte de este narcisismo juvenil se practica sin testigos, pero si se les observa con atención será fácil ver algún síntoma de esta actitud, como por ejemplo cuando ellos no son capaces de resistirse a contemplarse ante algo que refleje su imagen, aunque sea yendo por la calle; o, en las chicas, la obsesiva pregunta acerca de cómo les sienta lo que se ponen.

Pensar que «son cosas de la edad» y que ya se les pasará, para inhibirse, supondría un desenfoque. Son evidentemente cosas de la edad, pero por eso mismo deben ser educadas. La adolescencia es la edad en la que se despiertan los grandes ideales, y estos deben ser fomentados. Los hijos comprenden con relativa facilidad que esos ensimismamientos acaban impidiéndoles ver las necesidades de los demás. Y a partir de ahí, pueden apreciar que el pudor con uno mismo –cuidar el propio cuerpo, pero sin excesos; evitar curiosidades malsanas, etc.– es un requisito para alcanzar el corazón generoso que desean tener.

Modestia y moda

Foto: Carlos Benayas

 

La adolescencia presenta también nuevas oportunidades educativas en todo lo que se refiere al modo de vivir el pudor frente a los demás, sobre todo en lo referente a modos de tratarse, conversar o vestir. Por diversos factores y de un modo más o menos agresivo según los lugares, el ambiente suele favorecer una excesiva relajación de las costumbres. Sin embargo, conviene tener en cuenta que, en la mayoría de los casos, ciertos modos de comportarse no responden a una decisión clara del hijo o de la hija. Los adolescentes, por mucho que reivindiquen una independencia personal, son en realidad muy gregarios. Ser diferentes a sus amigos o amigas les hace sentirse extraños. No sería raro encontrarse con que ni el chico tiene una predilección por el aspecto de «cuidadoso descuido» de moda, ni la chica se siente cómoda con formas de vestir poco pudorosas… pero el miedo a sufrir un rechazo entre sus iguales les hace querer ir como los demás.

El remedio no está en aislar a los hijos del grupo: necesitan a sus amigos o amigas, también para madurar. Lo que hace falta es enseñar a ir contracorriente. Y hay que saber hacerlo. Si el hijo o la hija se escudan en que todas sus amistades «van así», los padres, en primer lugar, deben explicarles la importancia de valorar su propia personalidad, y ayudarles a que tengan buenas amistades; y, en segundo lugar, deben procurar entablar ellos mismos amistad con los padres de los amigos, para así ponerse de acuerdo en este y en otros asuntos.

En todo caso, no se debe ceder. Cualquier forma de vestir que resulta contraria al pudor o a un elemental buen gusto no debe entrar en el hogar. Los padres deben advertirlo y, cuando llegue el momento, hablar con los hijos, con serenidad, pero con firmeza, y dándoles las razones de su comportamiento. Si durante la infancia convenía que quien explicase estos temas fuera el padre al hijo y la madre a la hija, ahora –en muchas ocasiones– suele ser oportuno que también intervenga el otro. Así, por ejemplo, ante una hija adolescente que no entiende por qué no debe utilizar una ropa que la exhibe demasiado, su padre puede aportar lo que quizás no acaba de comprender: que de esa manera atrae las miradas de los chicos, pero en modo alguno su aprecio.

Como en otros asuntos, padre y madre pueden contar a sus hijos, de una forma prudente, las lecciones que ellos mismos aprendieron cuando ellos eran adolescentes, así como lo que verdaderamente buscaban en la persona con la que pensaban que podrían compartir su vida. Son conversaciones que quizás, en un primer momento, no parezcan tener mucho efecto, pero a la larga lo tienen, y los hijos acaban agradeciéndolas.

Cuando hablamos de la formación en el pudor, la tarea de los padres debe también extenderse, en la medida de sus posibilidades, al entorno en el que se mueven los hijos. Una primera manifestación es la elección de los lugares de vacaciones. En muchos países, las playas en verano son poco aconsejables; incluso cuando se ponen medios para evitar un panorama poco edificante, el clima general es tan descuidado que dificulta el decoro. Análogamente, si se inscribe al hijo a alguna actividad recreativa o en un campamento, sería absurdo no informarse bien de qué medios ponen los organizadores para velar por que el tono humano sea alto.

Otro campo que hay que tener en cuenta es el de los lugares de diversión de los hijos, sobre todo porque la presión del grupo es más fuerte en la adolescencia. Es importante que los padres conozcan los sitios por donde se mueven los jóvenes, y que intenten dar alternativas poniéndose de acuerdo con otros padres. Un tercer lugar lo tienen más a mano: la habitación de los hijos. Es normal que quieran poner elementos decorativos a su gusto, pero esa independencia debe tener un límite, marcado sobre todo por la dignidad de lo que se quiere colocar.

Por lo demás, es lógico que alguna vez los padres encuentren resistencias en los hijos, por la natural tendencia de los adolescentes a querer afirmar su independencia de los padres y los adultos en general, y por su falta de experiencia. Muchas veces una desobediencia –no es posible, ni deseable, controlarlo todo–, lleva consigo una lección, y con ella un escarmiento que hay que saber aprovechar. Cuando sucede una dificultad, no hay que perder la serenidad. Quizás también los padres aprendieron así más de una vez cuando tenían la edad de sus hijos. La acción educativa requiere siempre una gran dosis de paciencia, especialmente en ámbitos como este, en el que los criterios que se les quiere transmitir pueden parecer a los jóvenes exagerados en un primer momento. Ya llegará el tiempo en que los entiendan mejor y los asuman como propios, siempre y cuando no falte la insistencia –con cariño, buen humor y confianza– por parte de unos padres convencidos de que vale la pena educar así.

J. De la Vega (2012)

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San Josemaría, Predicación oral, recogida por Carlos Soria en “Maestro de buen humor”, ed. Rialp, Madrid, p. 99.

[2] Conversaciones , n. 100.

 Educar en el pudor (1): los años de la niñez

 Más artículos sobre la familia

 

La Autoridad en la Familia

EL VICTORIANO

LA AUTORIDAD EN LA FAMILIA[1]

LA AUTORIDAD

Nuestra sociedad en este nuevo milenio, está caracterizada por la transformación y la consiguiente inestabilidad, de muchos de los elementos que han sido y son constitutivos para la convivencia y la organización de las comunidades humanas. Los cambios son tan vertiginosos que parece que nuestra sociedad se ha acostumbrado a ese dicho de “todo cambia”. Lo nuevo, lo último, se quiere hacer parecer por algunos como lo mejor, lo óptimo.

Dentro de este aparente torbellino, nos encontramos con un concepto tan antiguo y de tan candente actualidad como es la autoridad. Decir que la autoridad como concepto está en crisis podría ser tachado como simple frase, sino fuera porque es uno de los pilares de esta o cualquier sociedad humana. Sin embargo es evidente que en esta sociedad de acelerada transformación la autoridad no goza de su mejor momento.

El ejercicio de la autoridad por los diversos estamentos y estancias sociales no es sencillo. Pero sin lugar a dudas es el ámbito escolar y el familiar donde la crisis se hace más preocupante: es donde la sociedad se está jugando su futuro inmediato.

LA AUTORIDAD EN LA FAMILIA

Hoy día parece ya superada la pugna que hace algunos años atrás algunos, en forma ridícula, han querido encontrar entre autoridad y libertad en la educación, tanto escolar como familiar

La autoridad no sólo no está enfrentada a la libertad, sino que la auténtica autoridad tiene como objetivo el crecimiento y la armonización de las libertades de los que las aceptan.

Podemos  afirmar que la autoridad de los padres es la influencia, se supone positiva, que ejercen para educar a los hijos. Implican 2 cosas:

  • El poder de tomar decisiones. y,
  • El poder sancionar, tanto en forma positiva (premios), como en forma negativa (castigos).

LA AUTORIDAD RESPONSABLE

Los padres, por el hecho de ser padres, tienen autoridad y tienen el deber de ejercer esa autoridad. Ese deber se fundamenta en que la educación de los hijos es responsabilidad, en primer e insustituible lugar, de los padres. Dicho de otra manera, la educación de los hijos es la dimensión espiritual de ser padres.

Y los hijos, que son los primeros destinatarios de esa autoridad, tienen el derecho al ejercicio de la autoridad de sus padres. Ese derecho esta orientada hacia el crecimiento en responsabilidad y libertad, es decir, hacia la verdadera educación de la voluntad

Si consideramos que la familia es una institución natural en la que la persona nace, crece y muere, como persona, observamos que sólo el amor, como fuerza de cohesión, puede crear un ambiente familiar verdaderamente educativo.

Pero dentro de ese clima de amor, para poder educar hay que conocer bien a las personas, y aceptar a cada hijo como es, con sus defectos, sus limitaciones y  virtudes.

El ejercicio de la autoridad, desde estos planteamientos, se nos muestra como un componente esencial del amor de los padres hacia los hijos. Y el resultado de esta relación incide, no lo olvidemos, no sólo en la mejora de los miembros de la familia y de la propia familia como unidad, sino, en la forma general, en la mejora de toda la  sociedad.

AUTORIDAD Y PRESTIGIO

Este ejercicio de la autoridad por parte de los padres requiere que estos tengan prestigio ante los hijos. El prestigio de los padres se apoya en el propio bien ser y en el propio bien hacer. Veamos en que consiste cada uno de ellos:

En forma general, lo que da prestigio en el bien ser  es:

  • La naturalidad.- actuar con naturalidad, sencillez en su forma de ser, estar conforme con la razón, no actuar en forma fingida, en forma  artificial
  • Generosidad.- Actuar a favor de otras personas desinteresadamente, y con alegría, teniendo en cuenta la utilidad y la necesidad  de la aportación, aunque les cueste un esfuerzo.
  • Optimismo.- Confiar razonablemente en sus propias posibilidades, y en la ayuda que le puedan prestar los demás. Confiar en las posibilidades de los demás, distinguiendo lo que es positivo en sí  y las dificultades que se oponen a esa mejora, afrontándolo con deportividad y alegría.

En lo que se refiere al bien hacer tenemos:

  • En el trabajo.- el prestigio se deriva de la forma  en que enfrentan  su trabajo, lo realizan y lo presentan a los demás. Las formas patológicas del trabajo, que por desgracia son más frecuentes de lo deseado, no sólo desprestigian a la persona, sino también a la actividad. Difícilmente los padres podrán exigir a sus hijos en el estudio, si ellos personalmente no hacen más que quejarse de su trabajo, o hablan mal del profesor o colegio delante de sus hijos. ¿Acaso no sería mejor ir al colegio y hablar con profesores o la dirección? Los hijos, por imitación a sus padres, querrán justificar su irresponsabilidad en el estudio argumentando cualquier cosa sin valor.
  • Otro aspecto esencial para este prestigio es la manera de relacionarse con los demás. No es lo mismo el prestigio social que el prestigio humano y es este último el que nos interesa. De la manera como los padres se relacionan entre ellos, con los hijos y con los demás , los hijos aprenderán el sentido correcto del valor del respeto, la amistad, el amor, las relaciones interpersonales, etc.
  • El ejemplo de lucha constante por superar sus propias limitaciones, los propios errores, y la capacidad de saber pedir ayuda cuando se necesite. Forman parte del saber hacer. No debemos olvidar que nuestros hijos son imperfectos y que necesitarán alguna  ayuda, el saber pedirla, en el momento oportuno, es algo que debemos enseñar a nuestros hijos

La autoridad en la familia, en condiciones normales, debe tener dos formas diferentes de ejercerla: el padre y la madre. El padre y la madre deben cada uno ejercer su autoridad desde su modo peculiar, de forma complementaria, desde un papel de coprotagonistas. Es muy frecuente que las madres confundan autoridad con castigo, y esperan que sea el esposo el que se ocupe. Para el uso compartido de la autoridad existen algunas consideraciones:

  • Deben existir unas “reglas de juego” previamente establecidas, por ambos cónyuges, y conocidas por todos los miembros de la familia.(mejor si son pocas, claras y constantes).
  • No olvidar que la comprensión es inseparable de la exigencia constante y coherente.
  • Exigirse cada uno a sí mismo en aquello que se va a exigir a los demás.
  • Hay que enseñar a los hijos a obedecer. Y en la medida que la edad lo permita, procurar que la exigencia sea razonada.
  • La exigencia comprensiva no está reñida con el buen humor, con la confianza y con el optimismo.

LAS SANCIONES

Cuando se habla de autoridad es inevitable hablar de las sanciones. Son, indudablemente, necesarias. Se relacionan siempre con el hacer, no con el ser de los hijos. Es decir se sanciona el acto no a la persona que lo realiza

Tienen dos sentidos:

  • Positivo : los premios.
  • Negativo: los castigos.

Lo que se premia o se castiga son las conductas, lo que se ha hecho mal o bien, no a lo que la persona es, porque de lo contrario lo que estaríamos fomentando la vanidad, si es un premio, o la anulación de la confianza y de la esperanza de mejora si se tratase de un castigo.

Por ejemplo, si un niño miente, lo reprobable es la mentira, y lo que se debe potenciar es que ese hecho no se vuelva a producir. Las “etiquetas”, mentiroso, vago, etc. lo único que consiguen es afianzar más las conductas negativas, al llegar a considerarlas inevitables, tanto los hemos “etiquetado” que al final nos dirán “yo soy así”. Además  el exceso de castigos no sólo no soluciona nada sino que suele dar origen a una reacción negativa.

En cualquier caso, no olvidemos que motiva mucho más lo que podríamos llamar la pedagogía del éxito que la del fracaso, es decir, el resaltar y/o premiar lo positivo antes que lo negativo.

Dicho de otra manera, se consigue mucho más con refuerzos positivos que con castigos. Esto no quiere decir que haya que prescindir del castigo, ni tenerle miedo. Hay que saber castigar, y hacerlo cuando es necesario. Pero hay que saber motivar.

EL SABER MOTIVAR

La motivación forma parte integrante y básica del eficaz ejercicio de la autoridad “ Constituye el gran dilema de la voluntad. La voluntad mejor dispuesta es la más motivada, la que se ve empujada hacia algo atractivo, sugerente, que incita a luchar por perseguir esa meta lejana, pero alcanzable”[2]. En un mundo materializado como el nuestro, dar a los hijos verdaderas motivaciones que hagan sugestivo el ejercicio de la autoridad, que atraigan la voluntad y que sean un primer impulso que animen hacia el bien, se revela como básico en el proceso educativo.

El primer elemento para motivar es el conocer: Saber qué cosas son las que mejor mueven a realizar tal o cual acción. Lo que no siempre saben los padres es que no se trata sólo de lograr del hijo la ejecución de esa tarea, de ese estudio, etc. Se trata de que el hijo, con la realización de ese esfuerzo, se convierta beneficio hacia su persona, gane en autonomía y en libertad.

Además la motivación debe ser constante, permanente, teniendo cuidado de no motivar a nuestros hijos por el solo hecho del premio, porque en el momento que no haya premio, se acabó la motivación y el reflejo condicionado

Podemos distinguir tres tipos diferentes de motivaciones:

  1. Motivaciones extrínsecas.-  las producidas por las expectativas de recibir algo a cambio de realizar una acción (por ejemplo, “la batería si apruebas el año con pura A)
  2. Motivaciones intrínsecas.-  las producidas por las expectativas de satisfacción que se obtendrá por la misma acción que realiza (por ejemplo, “si estudias sabrás cada vez más cosas, estarás contento contigo mismo”).
  3. Motivaciones trascendentes.- son las que se generan por la expectativa de lo que significa para su entorno la acción en sí (por ejemplo,”el estudiar porque hago felices a mis padres, o estudiar para contribuir en el bien a la sociedad)

Dependerá del momento, pero los padres se deben preguntar, qué es lo que pretenden de una forma más precisa con este tipo de motivación. Porque si bien es cierto que los tres tipos de motivación suelen ir unidos, siempre prima alguno de ellos.

No se debe acostumbrar a los hijos  hacer las cosas por un premio material. Un premio, alguna vez, puede ser enormemente positivo, pero no puede ser lo habitual. Motiva más a un hijo  la satisfacción que proporciona el reconocimiento de su esfuerzo, aunque, a lo mejor, los resultados no sean los óptimos.

Los invitamos a continuar con el tema el próximo artículo.

[1] Vidal Sánchez “Fomento de centros de Enseñanza S.A.”      España.
[2] Rojas, E. La Conquista de la Voluntad. Ed. Temas de Hoy. Madrid

 

La educación cristiana en la familia: Cómo hablar de Dios a los hijos

Nosotros los padres somos los primeros educadores y primeros responsables de su educación cristiana

Por: Marta Tellaeche 

Antes de empezar a hablar de cómo hablar a los hijos de Dios debemos responder a dos preguntas previas: ¿Quién tiene que hablarles? Y, ¿Por qué?

1.- ¿Quién?

Nosotros los padres somos los primeros educadores y primeros responsables de su educación cristiana. De igual forma que somos los primeros responsables de todos los aspectos de su educación: enseñarles a comer, a lavarse los dientes, a vestirse, a ser ordenados...

No podemos pensar que como nuestros hijos ya van a un colegio con un ideario cristiano nos podemos relajar. Nada ni nadie nos puede eximir de esta responsabilidad.

2.- ¿Por qué?

• Porque somos cristianos y hemos recibido un mandato, una misión de Jesucristo “Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio”, que para los padres se concreta, en primer lugar, en sus hijos. Después ya tendremos tiempo de anunciar el Evangelio a los demás.

• Porque como cristianos, y especialmente si vivimos intensamente nuestra vida cristiana, la consideramos como un tesoro que no podemos guardar para nosotros, queremos hacer partícipes de ese tesoro especialmente a los más cercanos, a las personas que más queremos, nuestros hijos. Lo mismo que cuando hemos leído un libro o visto una película que nos ha gustado mucho, no paramos de recomendarla a nuestros amigos.

3.- Qué supone para los padres educar en la fe?

Educar en la fe hace que los padres nos replanteemos muchas cosas; nos obliga a profundizar en muchos aspectos ya que tenemos que estar seguros de lo que vamos a transmitir. Nuestros hijos nos van a hacer muchas preguntas: ¿Por qué rezas? ¿Por qué vamos a Misa? ¿Por qué bautizamos a un niño? Puede ocurrir que no sepamos dar una respuesta clara, o que nuestra respuesta sirva para un niño pero que a nosotros no nos resulte convincente. Es el momento de profundizar. Nos tenemos que poner las pilas y reciclarnos. A medida que pase el tiempo las preguntas se complicarán y tenemos que estar preparados.

4.- Pero... no estamos solos

No podemos olvidar que Jesucristo ha instituido el sacramento del matrimonio para ayudarnos en esta labor educativa. Tenemos la ayuda específica –gracia- de Dios para educar a nuestros hijos. A veces podemos pensar “no puedo” y efectivamente es así “yo solo no puedo” pero como no estoy solo, tengo la ayuda de Díos “juntos podemos”.

Es importante que hablemos a Dios de nuestros hijos y pedirle ayuda para que nos haga verlos con sus ojos. A veces nuestra visión es limitada, tenemos poco ángulo de visión. Por otro lado, ¡qué importante es aceptar a los hijos tal y como son!. Cada hijo es diferente, algunos se parecen bastante a nosotros-no sólo físicamente sino en su carácter- y esto nos encanta, porque se comportan de manera parecida a como nos gusta, reaccionan de forma esperable según nuestros razonamientos. Pero otros no,… a pesar de recibir la misma educación, es más, de intensificar algunos aspectos de la misma, responden de forma desigual y nos rompen los esquemas. Nos preguntamos, ¿pero por qué es así este hijo/a? ¿por qué hace esto? Sólo se me ocurre una respuesta: es así porque Dios quiere, y Dios me lo ha puesto a mi para que yo le quiera, le acepte como es, le ayude a desarrollar sus talentos y sobre todo para que yo crezca en humildad y entienda o vislumbre cómo es el amor de Dios que vino al mundo y murió por todos y cada unos de los hombres sin hacer distinciones entre unos y otros. Dios nos da los hijos que necesitamos.

5.- ¿Qué hay qué hacer para educar cristianamente a nuestros hijos?

A los niños pequeños hay que decirles pocas cosas, las explicaciones han de ser breves. Lo que les ayuda es nuestro ejemplo y hacer cosas con ellos. Es importante apoyarse en estímulos sensibles como las imágenes, las oraciones y canciones. Algunas ideas que podemos poner en práctica son:

• Rezar por las noches: desde que son bebés, podemos empezar a hacerles la señal de la cruz cuando les acostamos. En cuanto empiecen a sonreír, a mirarnos, … podemos empezar a rezar con ellos por la noche. Nunca es demasiado pronto. Poco a poco, según se van haciendo mayores y tienen más capacidad de razonamiento podemos acompañar a las oraciones vocales tradicionales una acción de gracias por el día tan estupendo que han pasado, un pedir perdón por algo que han hecho mal, pedir por alguna persona que lo necesita, pedir fuerzas para ser mejores,.

• Bendecir la mesa

• Tener alguna imagen de la Virgen en casa, de la Sagrada Familia, del Ángel de la Guarda. No puede faltar el Belén en Navidad que nos permite hablar de los primeros años de la vida de Jesús con naturalidad.

• Hablarles de Jesús: ¿Cuándo? Por la noche o bien podemos dedicar un día a la semana, como el domingo, para explicarles el Evangelio de ese día. Existen Evangelios con comentarios que pueden resultar muy útiles así como las Biblias para niños.

Enseñarles a rezar tiene gran importancia: cuando enseñamos a un hijo a rezar, primero enseñándole las oraciones de siempre y luego enseñándole a que hablen con Dios de forma natural, estamos estableciendo una relación de nuestro hijos con Dios única e intransferible. Nosotros damos el primer empujón, “concertamos esa primera cita”, pero luego es Dios el que hace el resto y va actuando sobre nuestros hijos.

6.- Sobre la Misa

¿Qué le podemos explicar a un niño sobre la Misa?

• El Domingo es el día más importante de la semana porque es el día de Jesús, por eso no trabajamos y tenemos fiesta.

•¿Por qué el domingo? Porque es el día que Jesús resucitó. Para celebrarlo, a Jesús le gusta que todos los que le queremos nos reunamos juntos y recemos juntos, al igual que a ti cuando es tu cumpleaños te gusta invitar a todos tus amigos y todos te cantan para felicitarte. También nosotros, los amigos de Jesús rezamos a la vez unas oraciones muy bonitas, algunas de esas oraciones las decimos cantando

• El domingo es un día especial y en una familia cristiana se tiene que notar: aperitivo, comida especial, postre, chuches, .... (no vaya a ser que sólo noten que es especial porque van a Misa, ¡menudo rollo!).

• Como es el día de Jesús vamos a la Iglesia a celebrarlo con la Misa. En la Misa vamos a dar gracias a Jesús, a pedirle perdón, a pedirle ayuda y a pedir por los demás. Jesús está presente en la Misa y por eso es tan especial. Cuando estamos en casa y rezamos Jesús nos ve y nos oye, pero en la Misa Él está realmente presente. Hay un momento en la Misa en el que Jesús se hace presente en el pan y en el vino y se nos da como comida para ayudarnos a ser mejores.

• Podemos hablarles del momento de la Consagración: todos los Ángeles de la Guarda van al altar a estar junto a Jesús que se hace allí presente

A pesar de nuestras explicaciones hay momentos en los que los niños se aburren porque no entienden, pero se van acostumbrando a que hay que estar en silencio y sin moverse mucho. Poco a poco irán entendiendo un poco mejor la Misa y se les hará más llevadera.

Tan importante como las explicaciones que les demos a los niños es nuestra actitud. He aquí algunos consejos prácticos:

1.- Ponerse en los bancos de delante: evitamos distracciones y ven mejor lo que pasa, están más atentos. (si fuésemos a un espectáculo a todos nos gustaría estar en primera fila)

2.- Cuidar la forma de vestir. No es lo mismo ir a la playa que a Misa.

Llegar puntuales (cuidamos la puntualidad en ir a clase, en llegar al cine, ....). Jesús no espera, no podemos hacerle esperar. ¿Haríamos esperar a una persona importante?

3.- Que nos oigan contestar, es recomendable pronunciar bien, vocalizando, para que ellos oigan y aprendan. Echarles una miradita animándoles a que participen.

4.- Cantar: a los niños les encantan las canciones. Es recomendable asistir a alguna Misa en la que se cante.

5.- Que nos vean atentos y que nos vean rezar (después de la comunión), con respeto. Podemos animarles a que ellos también se pongan de rodillas y recen.

6.- El respeto al sacerdote: cuando entra nos ponemos de pie, esperamos a que salga para salir.

 

Psicologismo y vida interior

La necesidad de Dios

Todos experimentamos que hay muchas cosas -quizá la mayoría- que escapan a nuestro control. Tenemos cierta capacidad de orientar lo que nos sucede mediante nuestras decisiones libres, pero muchas veces lo que nos sucede viene dado en gran parte por las coyunturas en que nos vemos envueltos, por las decisiones de otras personas o por condicionantes naturales a los que no nos queda más remedio que someternos.

Esa evidencia, junto al hecho también manifiesto de la presencia del mal en el mundo, y en particular el mal en nuestro propio interior y en el de los demás, son realidades innegables que nos empujan a comprender la necesidad del volver la mirada hacia Dios, a buscar su ayuda y su consuelo, a agradecer todo lo que nos ha sido dado y a pedirle perdón por tantas veces que no hemos sabido corresponder a su gracia y le hemos ofendido.

Esa necesidad de la ayuda de Dios, de su gracia, es patente y notoria para el hombre. A su vez, es necesario el esfuerzo personal. La síntesis entre ambos elementos es esencial para el acierto en el modo de plantear la vida interior de cualquier persona. No debe caerse en el extremo de un abandono cómodo o fatalista, como si nada dependiera del esfuerzo personal, pero tampoco el otro extremo de un voluntarismo o un psicologismo ajeno a las realidades sobrenaturales.

La vida interior es la realización personal de la vida sobrenatural. No puede, por tanto, ser reducida a simple psicología. La presencia de Dios, la filiación divina, la responsabilidad, el pecado, etc., son realidades objetivas (Dios está presente, soy hijo de Dios, soy responsable de mis actos, puedo caer en el pecado, etc.), y no pueden confundirse con vivencias psicológicas subjetivas, aunque lógicamente siempre van asociadas unas a otras.

Todos sabemos, por ejemplo, que se puede ser culpable de algo y no tener un claro sentimiento de culpabilidad. Y también es posible lo contrario: se pueden tener sentimientos patológicos de culpa sin un fundamento objetivo. Y sabemos también que se puede llevar una vida recta y cercana a Dios y, al tiempo, pasar por etapas de aridez interior o de desencanto. No siempre hay una relación directa entre hacer el bien y sentirse bien, pues a veces hacer el bien puede suponer un esfuerzo y un cansancio importantes, y en cambio hacer el mal puede traer un sentimiento pasajero de alivio o de liberación, aunque sea más o menos fugaz y a la larga desemboque siempre en una inevitable decepción.

Igual que en la salud del cuerpo no hay una relación directa entre la satisfacción con la que se come y el bien que ese alimento reporta al cuerpo (hay cosas que nos apetecen y no nos convienen, y al revés), en la vida interior tampoco se puede pretender establecer una relación directa entre la satisfacción psicológica inmediata y el bien de nuestra alma. Habrá ocasiones, por ejemplo, en que la oración no produzca apenas fervor o entusiasmo, pero no por eso deja de ser recomendable. Y habrá momentos de aridez en que Dios estará muy cerca de nosotros aunque parezca lejano. No quiere esto decir que esos contrastes deban ser lo normal, pues lo normal es que hacer el bien produzca satisfacción, y viceversa. De hecho, la buena educación de los sentimientos ha de buscar que el corazón aprenda a disfrutar haciendo el bien y a sentir disgusto haciendo el mal, que aprenda a querer lo que merece ser querido, es decir, a unir -en lo posible- el querer y el deber.

Si una persona, por ejemplo, siente desagrado al mentir y satisfacción cuando es sincera, eso sin duda le ayudará. Igual que si se siente molesta cuando es desleal, o egoísta, o perezosa, o injusta, porque eso le alejará de esos errores, y a veces con bastante más fuerza que muchos argumentos. Quiero con esto decir que hay que procurar educar los sentimientos para que ayuden lo más posible a la vida moral, pero sabiendo siempre que los sentimientos no son una guía moral segura.

Vida interior y psicología sana

Se puede tener mucha vida interior a pesar de sufrir problemas psicológicos, pero la vida interior bien llevada y entendida debe contribuir a mejorar la propia psicología, puesto que proporciona equilibrio interior, facilita una mayor rectitud de vida, fortalece los resortes éticos, etc. En este sentido, hay numerosos estudios psicológicos que coinciden en señalar la influencia psicológica positiva que produce el hecho de tener un mayor sentido trascendente para la vida.

Durante las últimas décadas, hemos asistido en bastantes ambientes a un ascenso del individualismo y a un cierto declive de las creencias religiosas y del soporte moral proporcionado por la familia y la sociedad, y eso ha supuesto la pérdida de toda una serie de recursos útiles para amortiguar los reveses y fracasos de la vida. En la medida en que uno cuente con una perspectiva más amplia -como la creencia en Dios o en la vida después de la muerte-, los fracasos quedan inscritos en un contexto distinto, mucho más resistente al abatimiento y la desesperanza.

Psicologismo aséptico

Muchas personas están preocupadas por sus propios defectos, que no logran superar. O por la educación moral de sus hijos, o de sus alumnos, o de los ciudadanos en general, pues ven que bastantes de esos problemas tienen la raíz en unas deficientes o insuficientes convicciones morales, criterios de conducta, ideales de vida, valores, etc. Pero muchas de esas personas, aun considerándose buenos creyentes, apenas cuentan con la fe a la hora de educarse o educar, y reducen todo a un psicologismo aséptico, lo cual me parece un error de graves consecuencias.

Es cierto que se puede tener una moral muy exigente sin creer en Dios. Y también es cierto que existen personas de gran rectitud moral que no son creyentes. Y se pueden encontrar doctrinas éticas respetables que excluyen la fe. Pero ninguna de esas razones hace aconsejable que una persona creyente aborde la lucha contra sus defectos o eduque a sus hijos como si no tuviera fe, o que ignore la importancia que tiene la religión en la educación moral de cualquier persona (incluido uno mismo).

De entrada, una ética sin Dios, sin un ser superior, basada sólo en el consenso social o en unas tradiciones culturales, ofrece pocas garantías ante la patente debilidad del hombre o ante su capacidad de ser manipulado. Una referencia a Dios sirve -y la historia parece empeñada en demostrarlo- no sólo para justificar la existencia de normas de conducta que hay que observar, sino también para mover a las personas a observarlas. Porque conocer la ley moral y observarla son cosas bien distintas, y por eso, si Dios está presente -sin pretender acomodarlo al propio capricho, se entiende-, será más fácil que se observen esas leyes morales.

En cambio, cuando se prescinde voluntariamente de Dios, es fácil que el hombre se desvíe hasta convertirse en la única instancia que decide lo que es bueno o malo, en función de sus propios intereses. ¿Por qué ayudar a una persona que difícilmente me podrá corresponder? ¿Por qué perdonar? ¿Por qué ser fiel a mi marido o mi mujer cuando es tan fácil no serlo? ¿Por qué no aceptar esa pequeña ganancia fácil? ¿Por qué arriesgarse a decir la verdad y no dejar que sea otro quien pague las consecuencias de mi error?

Quien no tiene conciencia suficiente de que hay alguien superior a él que juzga sus acciones, se encuentra mucho más indefenso ante la tentación de erigirse como juez y determinador supremo de lo bueno y lo malo. Eso no significa que el creyente obre siempre rectamente, ni que no se engañe nunca; pero al menos no está solo. Está menos expuesto a engañarse a sí mismo diciéndose que es bueno lo que le gusta y malo lo que no le gusta. Sabe que tiene dentro una voz moral que, en determinado momento, le advertirá: basta, no sigas por ahí.

Sin religión es más fácil dudar si vale la pena ser fiel a la ética. Sin religión es más fácil no ver claro por qué se han de mantener conductas que suponen sacrificios. Cuando se niega que hay un juicio y una vida después de la muerte, es bastante fácil que las perspectivas de una persona se reduzcan a lo que en esta vida pueda suceder. Si no se cuenta con nada más, porque no se cree en el más allá, el sentido de última responsabilidad tiende a diluirse, y la rectitud moral se deteriora más fácilmente.

La realidad sobrenatural, además de ser objetiva, influye positivamente en la vida personal (proporcionando, por ejemplo, motivos eficaces para obrar bien), aunque está claro que la existencia de Dios no se reduce a una mera garantía para el valor de la moral.

Motivos humanos y motivos sobrenaturales

Hay ocasiones en que los motivos de conveniencia natural para obrar bien nos impulsan con gran fuerza. Pero hay otras ocasiones -y no son pocas- en que esos motivos de conveniencia natural pierden peso en nuestra mente, por la razón que sea, y entonces son los motivos sobrenaturales los que toman un mayor protagonismo y nos ayudan a actuar como debemos. Prescindir de unos o de otros es un error moral y un error educativo de gran alcance. Por eso, los padres creyentes que dan poca importancia a la formación religiosa de sus hijos suelen acabar por darse cuenta de su error, pero casi siempre tarde y con amargura.

¿Y qué decir al que, a pesar de buscar a Dios, no tiene fe? Le diría que buscar a Dios es un paso importante y que, casi siempre, supone tener ya algo de fe. Si la búsqueda es sincera, tarde o temprano lo encontrará. Yo recomendaría a esa persona que pensara en su propia conducta y en la verdad, que reflexionara sobre qué está bien y qué está mal, y que procurara actuar conforme a ello, pues tal vez es Dios precisamente quien se lo está pidiendo, y al obrar bien se dispone a descubrir a quien es la fuente del bien.

Los santos, grandes conocedores del hombre

"En las vicisitudes de la historia -explicaba Benedicto XVI en la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia en 2005-, los santos han sido los verdaderos reformadores que tantas veces han remontado a la humanidad de los valles oscuros en los cuales está siempre en peligro de precipitar, y la han iluminado siempre de nuevo". La historia muestra que los grandes evangelizadores, los que han protagonizado las grandes reformas en la Iglesia, los que han logrado mejoras notables en las costumbres en un país, los que han revitalizado instituciones... han sido los santos. Personas que han ofrecido un testimonio de vida, un ejemplo personal que remueve las inercias de la historia y de la debilidad personal.

Los grandes cambios en una colectividad humana suelen promoverlos las personas más santas, no las más sabias ni las más poderosas. Y, de manera semejante, podría decirse que los grandes cambios en una persona singular, los grandes avances en su mejora interior, vienen dados por su avance -aun incluso no advertido o no planteado a nivel consciente- en el camino de la santidad.

Transmitir el progreso científico o económico es relativamente fácil, pero transmitir los progresos morales siempre será difícil, pues requieren su asimilación personal y su empleo práctico. No basta con saber lo que es bueno, es necesario conducirse hacia el bien, habituarse a hacer el bien. De lo contrario, no hay mejora personal, sino un simple ilustrarse acerca de cómo se alcanza el bien. Es imprescindible, por tanto, el esfuerzo personal por adquirir esos hábitos que nos encaminan hacia el bien. Y eso resultará costoso siempre, en cualquier lugar o época, y necesitará del liderazgo de la santidad, del desarrollo de la vida de la gracia en el alma, de la iniciativa divina para despertar grandes ideales en el hombre.

Los santos, como grandes expertos en esas luchas interiores y como grandes comunicadores del evangelio, han sido de modo habitual grandes conocedores de lo que hay en el corazón del hombre. Quizá apenas hayan estudiado psicología pero son grandes psicólogos, conocedores de lo que conviene a las almas, pues el conocimiento de Dios arroja una luz insustituible para el conocimiento del hombre.

El atractivo del bien

A muchos les inquieta la falta de sentimiento en su relación con Dios. Ven que los enamorados esperan su encuentro con ilusión, y en cambio los hombres no siempre anhelan de esa manera tratar a Dios o hacer el bien.

En el caso de los enamorados, la pasión cobra en esos momentos mucha fuerza, y les hace muy fácil sentirse atraídos por el bien deseado. También hay que decir que la pasión no es siempre una garantía ante la erosión del tiempo, y que incluso puede resultar peligrosa si no está bien gobernada por la inteligencia, pues no hay que olvidar que las pasiones también han producido muchos desatinos.

Pero es cierto que no siempre se anhela apasionadamente el bien. Muchas veces, simplemente porque no alcanzamos a ver la legítima recompensa asociada a ese bien. Pongamos un caso práctico de la vida diaria. Está claro, por ejemplo, que solo quienes alcanzan un buen nivel de formación y conocimientos, tras años de esfuerzo, pueden gozar de los bienes asociados a la cultura y la sabiduría. Cuando en el colegio un chico o una chica empiezan a estudiar unos datos de historia o de geografía, o unas leyes físicas o matemáticas, o ha de realizar cualquier otro esfuerzo propio de la vida escolar, esos chicos no siempre acertarán a vislumbrar de modo permanente la utilidad y los bienes asociados a esos estudios. O, por lo menos, no siempre los verán con tanta pasión como la del enamorado que espera ilusionadamente al objeto de sus amores. Algunos de esos chicos estudiarán con ilusión, y tendrán presente ese lejano bien que confían alcanzar. Pero muchos otros lo harán fundamentalmente por sacar buenas notas, agradar a sus padres, eludir un castigo o cosas semejantes. Son motivos que no parecen muy elevados. Y es cierto que hay que descubrirles bienes o fines más altos, pero no conviene ser utópicos. Ya irán descubriendo poco a poco la razón de esos estudios, y llegará un día en que comprenderán claramente su necesidad, y se alegrarán de haber aprovechado la oportunidad de no ser unos analfabetos. Nadie podrá indicar el día y la hora en que terminará una visión y comenzará la otra. Sin embargo, el cambio va teniendo lugar conforme se acerca a la posesión de la recompensa, que entonces ya desearán y agradecerán por sí misma.

Y algo parecido sucede con la llamada natural del hombre hacia el bien y hacia Dios. El anhelo de alcanzarlo está en nuestra naturaleza, aunque quizá no lo hayamos descubierto en muchos de sus aspectos, y nos falte motivación o conocimiento. Puede que haya momentos en que no veamos claras las ventajas de hacer el bien, o de tratar a Dios, que quizá se nos antoje vago y lejano, frente a las concretas y cercanas ventajas del mal. No es mala cosa en esos momentos pensar en el premio prometido. El acierto de nuestra vida depende radicalmente de nuestra capacidad de descubrir el bien y de decidirnos por él.

Por naturaleza, todo hombre busca el bien. El innato deseo humano de felicidad nos lleva hacia él. El mal en sí es algo negativo, y no puede, por tanto, ejercer atracción ninguna sobre el hombre. Lo que sucede es que el mal no suele presentarse químicamente puro, sino mezclado con cosas buenas, y nos atrae por los destellos de bien que lo recubren. Pero también en esto se demuestra la inteligencia, pues, al fin y al cabo, la manera más inteligente de utilizar la inteligencia es ser éticamente bueno.

Tenemos el mal pegado al cuerpo, y la lucha contra él no es nada sencilla. Por eso no debemos menospreciar ninguna ayuda. Y la de Dios es importante.

Alfonso Aguiló Pastrana

 

 

Observatorio de Bioética-UCV: “No es ético crear embriones híbridos de humano y mono”

La investigación de Juan Carlos Izpisua, catedrático de la Universidad Católica de Murcia, plantea problemas éticos por “criterios claramente utilitaristas”

La creación de embriones híbridos de humano y mono en la investigación del equipo de investigadores liderado por Juan Carlos Izpisua, Catedrático de Biología del Desarrollo de la UCAM (Universidad Católica de Murcia) plantea diversas dificultades éticas, por lo que la bioética aconseja “prudencia antes de seguir con estas experimentaciones”.

El Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia (UCV), que dirige Justo Aznar ha puesto en duda esta investigación: “Que estas experiencias suscitan problemas éticos es indudable, pues los mismos autores del artículo del pasado 15 de abril en la revista Cell, en la Discusión de su artículo, han reconocido que han consultado con instituciones y expertos en bioética a nivel internacional, quienes al parecer han dado el visto bueno a su trabajo”, 

“Conocer a qué expertos bioéticos se ha consultado”

El Observatorio apunta que “habría que saber, en primer lugar, qué expertos bioéticos han sido consultados, pues como más adelante se comentará, a nuestro juicio, estas experiencias tienen un evidente carácter utilitarista, por lo que, si los expertos navegan por esa vía, es natural que no encuentren dificultades éticas”.  

“Pero al margen de ello, a nuestro juicio, son claras las dificultades éticas que este trabajo presenta. En primer lugar, y esencialmente, por las dificultades éticas que van unidas a la producción de quimeras humano-animales, y que se pueden resumir diciendo que es difícil de determinar qué grado de humanización alcanza el embrión quimérico producido, pues en función de ello, puede no ser ético generar y manipular estos embriones, ni mucho menos destruirlos”, señala el Observatorio de la UCV.

Animales transgénicos

También señala el Observatorio que “como en informes anteriores comentábamos, en los tejidos y órganos quiméricos producidos puede existir una colonización de células humanas de distinto grado, con la posibilidad de que dicha colonización se extienda más allá del órgano que se quiere producir y pueda incluso llegar al cerebro, lo que sin duda puede plantear problemas éticos difíciles de solventar”.  

Así mismo, señala que “en algunos de los trabajos anteriores, los autores intentan solucionar este problema produciendo animales transgénicos en los que se habría suprimido el gen generador de órganos que se quiere producir, por lo cual, en su opinión, este órgano solamente se colonizaría con células humanas, sin que hubiera opción de que se colonizara otros órganos, entre ellos el cerebro, pero esto dista mucho de estar fehacientemente comprobado. De todas formas, en el artículo que se está comentando, los monos utilizados no habían sido genéticamente modificados, por lo que la colonización de células humanas de distintos órganos permanece factible”.  

Embriones para tratar enfermedades

“Por otro lado, además de producir órganos humano-animales, otra finalidad de estas experiencias, según sus autores, es poder estudiar las primeras etapas del desarrollo embrionario, e incluso ser utilizadas para profundizar en el mayor conocimiento de algunas enfermedades y en su tratamiento. Para conseguir ello, posiblemente sería suficiente utilizar embriones de monos, cuyo uso no presenta ninguna dificultad ética, pero si con estas experiencias se quieren acercar a lo humano, creando las quimeras que se están comentando, dichas dificultades éticas no parece que puedan obviarse”, afirma. 

Concluye el Observatorio que “nos parece que, estas experiencias, al no poder determinar el grado de colonización humana de los tejidos y órganos producidos, no son éticamente aceptables, por lo que parece razonable aplicar un principio de prudencia antes de proseguir con estas investigaciones”.  

Añade que  “los autores en gran parte, justifican la eticidad de su trabajo afirmando que él puede dar lugar a la creación de órganos cuasi humanos, que pueden ser utilizados en trasplantes. Dado que en el momento actual existe una evidente carencia de órganos humanos para trasplantes, la posibilidad que aquí se alumbra de crear cuasi-órganos humanos en animales podría estar bióeticamente justificada. Sin embargo, esta fundamentación bioética se sustenta en criterios claramente utilitaristas, con los que no estamos de acuerdo, pues nuestra línea de pensamiento es la bioética personalista, la que debe presidir las experiencias que se realizan con quimeras humano animales”.  

El trabajo publicado en la revista Cell

Además de producir órganos humano-animales, estas experiencias que se publican  persiguen estudiar las primeras etapas del desarrollo embrionario, e incluso ser utilizadas para profundizar en el mayor conocimiento de algunas enfermedades y en su tratamiento.  

El pasado 15 de abril se publicó en la revista Cell el primer trabajo en el que se describe la producción de híbridos humano-mono, noticia que resalta la Universidad Católica de Murcia en su página web, universidad que preside José Luis Mendoza, amigo personal de monseñor Vincenzo Paglia, presidente de la Pontificia Academia para la Vida. 

En esta investigación se inyectaron en embriones de mono (Macaca fascicularis) un tipo particular de células pluripotenciales humanas, células pluripotenciales expandidas (hEPSCs, por sus siglas en inglés), que fueron desarrolladas en 2017 y tienen un potencial quimérico mejorado, es decir, mayor capacidad de desarrollarse en el embrión animal huésped.

En ese trabajo se ha comprobado que las hEPSCs sobreviven, proliferan y generan varias líneas celulares en el embrión de mono in vitro. Hasta ahora, el grupo de Izpisua y otros grupos, habían demostrado la producción de embriones quiméricos humano-animales, como ratón, cerdo o vaca, pero a pesar de los esfuerzos de los diferentes grupos de investigación, no se han podido producir quimeras en las que se genere una cantidad de células humanas suficiente para pensar que éstas pueden ser la base para crear tejidos y órganos en los animales con componente humano.

El “salto” de la línea evolutiva del mono 

Esto, al parecer, ha podido ser debido a que la distancia de la línea evolutiva de los animales utilizados está muy distante de la línea evolutiva humana. Para solventar esta dificultad, los autores utilizan aquí monos, cuya línea evolutiva es mucho más próxima a la humana.  

Refiriéndonos especialmente a los resultados, los autores comprueban el desarrollo de las quimeras producidas hasta la fase de gástrula. Llegado a este momento evolutivo eliminan, en el híbrido producido, la zona pelúcida y de él obtienen las células humanas-animales, que trasferidas a un disco externo continúan desarrollándose. Por esta vía obtienen 132 líneas celulares de las cuales 3 sobrevivieron 19 días.  

 

 

La eutanasia y los recelos frente al médico y enfermero/a.

El hombre es libre, y en virtud de esa libertad su tendencia es hacia el bien. Por eso, lo natural es la elección del bien, de lo bueno. La opción por el suicidio, aun cuando se vea como algo bueno, lleva en sí una gran contradicción: sin vida no hay libertad, pues la vida lleva implícito el bien de la libertad.

Hoy día se entiende por eutanasia el procurar la muerte sin dolor a alguien que sufre. Implica tanto la muerte de un recién nacido deficiente, como ayudar al suicidio, suprimir la vida de un anciano, interrumpir un tratamiento agobiante y doloroso, etc. Se suele decir que es un homicidio por compasión.

Precisamente, en el siglo IV a. C. se forjó el Juramento Hipocrático, por el que el médico se compromete a no administrar venenos ni aun cuando lo pida el sujeto ni a abortar. En el juramento se dice que el médico ha de tratar de conservar la vida del individuo y preservar la procreación. Y es que la Medicina, por propia definición, ha de estar al servicio de la vida.

Cuando los estudiantes de Medicina terminan su carrera, no están obligados a hacer el Juramento Hipocrático, pero tienen muy claro que sus estudios fueron para curar, aliviar, no para matar. No existe en su curriculum una asignatura referente a la eutanasia; si existiera, estaría fuera de tono, no podría considerarse como una disciplina médica.

Los actos suicidas y homicidas no son actos médicos, pues el médico ha de tratar de suprimir el dolor, no suprimir al enfermo.

Resultaría paradójica la circunstancia de un médico que esté sosteniendo en la vida a un enfermo grave y al mismo tiempo practicando la eutanasia en otro que está en la misma situación.

Se utilizan fármacos, o bien administrados al enfermo por el personal sanitario o bien suministrándoselos para que los tome, aunque bajo la presión por la que se le  imbuye la idea de que va a dejar de sufrir

 La eutanasia suele ir con sedación; pero la muerte, momento en que se separa el alma del cuerpo, ¿no supondrá realmente un gran sufrimiento? ¿Quién puede asegurar que en esos momentos no hay sufrimiento, aunque el enfermo esté profundamente sedado? El cataclismo que supone la muerte, aunque sea bajo sedación, debe de ser impresionante, y más si no es aún el momento preciso para la muerte natural. La muerte, cuando acaece como circunstancia a la que se ve abocado irremediablemente el enfermo supone una gran conmoción en el organismo y sobre todo a nivel cerebral, donde los centros cardiocirculatorios y respiratorios dejan de funcionar. El paso ha de ser duro. Y si la muerte es provocada, la conmoción cerebral debe de ser tremenda.

En relación al grado de gravedad del enfermo, el médico ha de decir la verdad siempre, aunque con prudencia y delicadeza, teniendo en cuenta las circunstancias del enfermo, sobre todo morales; y ha de estudiar el modo de decirlo. El enfermo tiene derecho a conocer su situación. No hay que mentir; pero el médico no está obligado siempre a decir la verdad, callándola alguna vez, si es necesario, por ejemplo, si el peligro de muerte no es inminente. Y el médico ha de dar ánimos. En muchos casos es algún familiar o allegado el que ha de comunicarle que está en peligro de muerte. La eutanasia, conceptualmente, no entra en esta dinámica.

Y es muy importante que el enfermo pueda tener acceso a auxilios espirituales.

Se dice que la eutanasia se hace por compasión; pero en algún caso, ¿no  podría ser por compasión hacia los cuidadores (familiares o no), que están agobiados, cansados, probablemente hastiados? Es absurdo dar ánimos a quien se le va a practicar la eutanasia; lo importante, si es que el propio enfermo la ha pedido, es  tratar de convencerle de lo grave que es quitarse la vida. Lo verdaderamente animante es que los cuidados paliativos, la atención personalizada del enfermo terminal hace que él no se plantee la anticipación de la muerte.  

Varios pueden ser los métodos para realizar la eutanasia: sobredosis de anestésicos (como el pentobarbital sódico), inhalación de gases tóxicos, como el CO2 y el CO, sobredosis de barbitúricos, etc., etc. Es cuestión de “imaginación”.

Es tal la confusión que se está creando que, como está ocurriendo en países con la eutanasia legalizada, algunos enfermos pueden recelar de su médico o enfermera, sospechando que le realizarán la eutanasia, o a petición de los familiares, o por sugerencias del propio personal sanitario (caso éste muy poco probable).

Hoy día hay muchos medios de atención a los enfermos graves, e incluso organizaciones que cuidan de ellos. Esa es la verdadera muerte digna. No puede haber excusa. Es peor la muerte que el cansancio.

 

Evangelio del domingo: comprender las Escrituras

Comentario del 3° domingo de Pascua. “Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito”: las cosas fueron escritas porque se iban a cumplir. Leamos y estudiemos con pasión la Sagrada Escritura, que es crecer en amor y conocimiento de Jesucristo.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Lc 24, 35-48)

Y ellos se pusieron a contar lo que había pasado en el camino, y cómo le habían reconocido en la fracción del pan. Mientras ellos estaban hablando de estas cosas, Jesús se puso en medio y les dijo:

—La paz esté con vosotros.

Se llenaron de espanto y de miedo, pensando que veían un espíritu. Y les dijo:

—¿Por qué os asustáis, y por qué admitís esos pensamientos en vuestros corazones? Mirad mis manos y mis pies: soy yo mismo. Palpadme y comprended que un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo.

Y dicho esto, les mostró las manos y los pies. Como no acababan de creer por la alegría y estaban llenos de admiración, les dijo:

—¿Tenéis aquí algo que comer?

Entonces ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Y lo tomó y se lo comió delante de ellos.

Y les dijo:

—Esto es lo que os decía cuando aún estaba con vosotros: es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.

Entonces les abrió el entendimiento para que comprendiesen las Escrituras. Y les dijo:

—Así está escrito: que el Cristo tiene que padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día, y que se predique en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las gentes, comenzando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas.


Comentario

Es la tarde del día de la resurrección. Los discípulos de Emaús tienen el corazón ardiente. La noticia de la resurrección es tan extraordinaria que se apresuran a compartirla con los Once apóstoles. Estos se adelantan diciéndoles que Jesús ya se había aparecido a Simón Pedro.

Durante este intercambio de experiencias inéditas, el Señor Jesús se hace presente en medio de ellos. Les invita a fortalecer su fe, todavía vacilante. Les dice que miren sus manos y sus pies, que lo toquen: ¡es realmente Él! Estaban alegres, pero asombrados; les costaba creer que Jesús estuviera realmente allí. Se necesita fe para reconocerlo en su cuerpo glorioso. Así que Jesús come un poco de pescado asado ante ellos. Al informarnos de esto, san Lucas insiste en la realidad de la aparición del Señor, que tiene carne y huesos (cf. v. 39).

Jesús muestra sus pies y sus manos llagadas a los Once: efectivamente, es Él, Jesucristo, "uno y el mismo", como dirá la Tradición de la Iglesia, quien fue crucificado, muerto y enterrado, y que ahora está ahí, ante ellos, vivo y sano. Ha resucitado de verdad. Su cuerpo que permaneció unido a la divinidad después de la resurrección, pero que estaba muerto, separado de su alma humana, este cuerpo ha resucitado. Este gran misterio es el fundamento de nuestra fe.

El Señor invita entonces a sus discípulos a creer y les explica que es de Él de quien habla la Escritura. “Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito” (v.44): las cosas fueron escritas porque se iban a cumplir. Entendemos que la Ley de Moisés, los Profetas y los Salmos –parte de los llamados “Escritos” de la Biblia hebrea – constituyen la preparación al Evangelio: ya daban testimonio del misterio de Cristo. ¡Ojalá tengamos nosotros pasión por la Sagrada Escritura, Antiguo y Nuevo Testamentos, que es pasión por Jesucristo! Leamos y estudiemos con pasión la Sagrada Escritura, para crecer en amor y conocimiento del Verbo encarnado y, en Él, entrar en la corriente trinitaria de Amor.

Desde entonces a los discípulos les tocará ser testigos de Cristo, predicar la conversión para el perdón de los pecados a los judíos y a todas las naciones. Para ello, Cristo les promete la asistencia del Espíritu Santo (v. 49). La primera lectura muestra a Pedro cumpliendo, ante los judíos, la misión recibida de Jesús (cf. Hch 3,13-19). En la segunda lectura, san Juan nos invita a guardar la Palabra del Señor, a observar los mandamientos y a vivir así del amor de Dios (1 Jn 2,5): sin duda, habrá visto como la Virgen Santísima lo hacía.

La alegría presente esa noche (v. 41) acompaña toda la vida del cristiano, como una misteriosa presencia del Espíritu Santo. Es una alegría que estamos llamados a transmitir. Cristo sólo piensa en hacer de nosotros hijos e hijas del Padre eterno, pues está lleno del Espíritu: "Esta alegría, en el olvido de sí mismo, es la mejor prueba de amor".

Lo que pedimos al Señor con el Salmo de la liturgia de la palabra de hoy se cumple con la resurrección: "Alza sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro" (Sal 4,9).

 

Matrimonio. Casarse en la Iglesia

Rosa Corazón

 El papa Francisco frente a una pareja de novios.

¿Por qué no te casas?

Uf… Me da miedo.

¿Miedo? Miedo, ¿de qué?

Del para siempre.

Y continúa…

¿Por qué yo no voy a poder cambiar de opinión? ¿Por qué ella no va a poder cambiar?

Pero si, desde que nacemos hasta que morimos, no paramos de cambiar, en el cuerpo y en el alma.

¿Por qué un Matrimonio tiene que durar hasta la muerte? ¿No será mejor sólo hasta que nos interese, hasta que lo nuestro dure?

¿Matrimonio con hijos? Pero si los hijos no traen más que problemas.

Somos jóvenes y ahora lo que nos toca es divertirnos, no la atadura de unos hijos. Nuestros planes son viajar, hacer deporte, comprar ropa cara, prosperar en el trabajo y a… ¡disfrutar de la vida!

¿Hijos?, dice ella. Estropearán mi cuerpo y me pondrán gorda. No siento una llamada a los hijos.

Pero si yo no sé cuidar bien de mí misma, ¿cómo voy a ser capaz de cuidar de un hijo?, consideraba otra.

Estamos conviviendo y tenemos todos los beneficios del Matrimonio y ninguno de los perjuicios del “para siempre”. ¿Para qué casarse?

Le respondí:

Pues sí, tienes razón. No te cases, porque esas ideas nada tienen que ver con el verdadero Matrimonio.

Para casarse hay que pasar a otra dimensión mucho más alta. Es la excelencia del amor entre un hombre y una mujer.

El Matrimonio es, querer tanto y tan bien a una persona, que me la como a besos y me fundo con ella.

El Matrimonio es, querer tanto y tan bien a una persona, que ya no concibo mi vida sin ella, ni ahora ni nunca.

El Matrimonio es querer tanto y tan bien a una persona que, fundiéndome con ella, vendrán nuestros hijos, que son el fruto natural de ese amor excelente, el que da origen al Matrimonio y el que habrá que mantener, caldear, proteger, madurar, cuidar, mimar a lo largo de toda la vida matrimonial.

El Matrimonio es el perfecto complemento entre un hombre y una mujer. Esto es algo inscrito en la propia naturaleza humana.

El Matrimonio es la aventura más grande de toda una vida.

El éxito en el Matrimonio y en la Familia es el mayor éxito que podremos conseguir en esta vida.

Un hijo es el mayor bien que podemos dejar en este mundo. Un gran bien, que podremos presentar al ser juzgados, en la otra vida.

El Matrimonio es un amor excelso. Pero hay que tener capacidad para casarse y prepararse bien para ello, pues el Matrimonio, la boda, no cura; hay que ir curado al Matrimonio.

Se necesita compartir entre los dos una base profunda en la que fundar la familia,

El amor conyugal es único, no tiene parangón con ningún otro.

El amor conyugal es amistad -tú eres mi mejor amigo/a- es complicidad, es una cierta brujería, con amor, con humor, para compartir lo bueno y lo malo y para que me siga interesando estar contigo hasta la muerte. Además, saca de cada uno todo lo mejor de lo que es capaz -quizás por el esfuerzo que supone, como todas las cosas buenas de este mundo-, es el medio para ser mejor por ti y con tu ayuda.

El Matrimonio, la Familia es lo mejor y lo más grande que tengo entre manos.

El Matrimonio, la Familia es camino para el Cielo y, además, no concibo mi Cielo sin ti y sin ellos.

Que Dios esté en el centro de mi Matrimonio, ¡cuánto ayuda!

Rosa Corazón

Doctora en Derecho

 

Hans Küng: verdad y caridad

Jesús Ortiz López

 Hans Küng.

Vivir la verdad con caridad es propio de un buen cristiano coherente con el Evangelio. La Iglesia vive este requerimiento de san Pablo, que en verdad es del mismo Jesucristo, aunque no siempre se aprecie y menos cuando hay prejuicios o cuando algunos reparten el diploma de progresista frente al cliché de conservador. Y de modo parecido algunos diseccionan la Iglesia entre institucional y carismática. Algo de esto se aprecia en los escritos del recientemente fallecido Hans Küng, que Dios le acoja con su misericordia infinita.

También el prolífico teólogo Yves Congar tuvo problemas por algunos escritos suyos en los años cincuenta y reaccionó con serenidad y humildad, llegando a manifestar que «No me gusta mucho el título de conservador, porque yo espero ser un hombre de la tradición», rompiendo ese cliché artificial progresista-conservador.

Primero y siempre la caridad y fraternidad en la Iglesia como ha demostrado de sobra Benedicto XVI en la entrevista afable con su antiguo compañero y famoso teólogo, y de modo semejante san Juan Pablo II o después el Papa Francisco. Naturalmente todo lo que se está escribiendo destaca la buena voluntad y convicción de Küng de aportar cierta novedad a la vida eclesial y cambiar algunos aspectos que le parecían -como a tantos otros- necesitados de renovación. Otra cosa es que acertaran, y también el talante sereno o rebelde. 

Lo ha repetido tantas veces Benedicto XVI hablando de la «hermenéutica de la reforma», o renovación en la continuidad -impulsada por el Vaticano II-, en vez de la «hermenéutica de la ruptura», de quienes apelan a un supuesto espíritu del Concilio, para saltarse la letra y la verdadera renovación eclesial. La verdad, junto con la caridad, es que Küng era partidario de esa hermenéutica de la ruptura y ese espíritu que han causado graves problemas a la Iglesia, lo cual no quita algunas interesantes y novedosas aportaciones suyas.

A finales del siglo XIX el teólogo protestante R. Sohm afirmaba que la Iglesia de Jesucristo es de naturaleza dinámica y carismática (Iglesia del Espíritu-libertad) que debería prevalecer sobre la dimensión jurídica, sacramental, episcopal (Iglesia del Derecho-obediencia) o no jerárquica. Era la última radicalización de la propuesta de Joaquín de Fiore y de Lutero, según acaba de escribir el teólogo Olegario González de Cardedal. Es decir, que viene de lejos esa división entre una supuesta Iglesia del Espíritu y libertad y la institucional que encorsetaría a los fieles con leyes y estructuras. Por eso muchos se han alejado de la Iglesia real y de la comunión, eligiendo una Iglesia a su gusto, más espiritual, caritativa, y pobre… (cualidades que según ellos faltarían en la Iglesia institución).

Más problemático resulta aún la ambigua consideración de Jesucristo de la que participa Küng, pues no aparece realmente como el Hijo de Dios encarnado, es decir, Dios-con-nosotros, tal cual. Quienes lo consideran de este modo utilizan nuevos términos y alteran la enseñanza del magisterio de la Iglesia ya desde el Nuevo Testamento. Claro que hay libertad en la Iglesia de Jesucristo pero siempre en la comunión, que es de afecto, de unidad, de doctrina, de disciplina, y llegado el caso de obediencia. Por ejemplo, las enseñanzas de la Humanae vitae de san Pablo VI fueron severamente contestadas por muchos teólogos, entre ellos Küng.

Ante estos experimentos teológicos de hace más de cincuenta años saltándose la autoridad de la Iglesia el teólogo Olegario González de Cardedal ha escrito: «¿qué pensar de los veinte siglos de la Iglesia? ¿Hay en ella continuidad objetiva con la persona y el Evangelio de Jesucristo? ¿Es la palabra que anuncia la Iglesia fiel al Evangelio y, en caso de duda, quién decide? El magisterio de los obispos cedía el paso al magisterio de los teólogos».

El profesor de Tubinga fue advertido varias veces desde Roma pero su actitud y escritos no cambiaron, de ahí que ««El profesor Kühn en sus escritos ha faltado a la integridad de la verdad de la fe católica y por tanto no puede ser considerado como teólogo católico y no puede ejercer el oficio de enseñar», porque no concordaba con la fe real de la Iglesia, es decir de los fieles in credendo y del Magisterio in docendo a lo largo de veinte siglos.

El resultado de aquellas teorías es que muchos han abandonado la Iglesia afectados por aquellas ideas disolventes. El aire nuevo que algunos se proponían ha sido un vendaval que ha barrido la fe de muchos, empezando por curas y monjas, catequistas, y gente comprometida de buena fe en la evangelización.

La caridad con Küng a la hora de su muerte lleva a pedir por él y ofrecer sufragios para que el Señor Jesucristo resucitado premie las cosas buenas aportadas a la teología, y perdone -salvando su intención- su enfrentamiento y difícil comunión eclesial. A la vez, la verdad lleva a manifestar esos puntos de conflicto con la fe de la Iglesia en cuestiones decisivas como es la Persona divina de Jesucristo, la realidad de gracia de los sacramentos, como el de la Reconciliación y la Eucaristía, la naturaleza de la Iglesia, y la función del magisterio.

 

 

“El desafío al que se enfrenta la Universidad hoy es muy grande: no podemos seguir anclados en el pasado”

El rector de la Universidad participa en el primer encuentro iberoamericano de empleo juvenil, organizado junto con 11 universidades de 8 países y con más de 5.500 inscritos

Ponentes de la mesa redonda: Paco Fernández, director de RRHH del Atlético de Madrid, Rebeca Marciel, Consulting Director de Microsoft Spain, Alfonso Sánchez-Tabernero, rector de la Universidad de Navarra y Fernanda Llergo, rectora general de la Universidad Panamericana. FOTO: Cedida

15/04/21 14:09 Mara Vázquez

“Tenemos que reconocer que el desafío al que se enfrenta la universidad es grande y que aquella universidad que siga anclada en el pasado no va a hacer bien su tarea”. Así lo afirmó el rector de la Universidad de Navarra, Alfonso Sánchez-Tabernero, durante el Iberoamerican Work Challenge Forum, el primer encuentro iberoamericano de empleo juvenil. La iniciativa, impulsada por el centro académico navarro y coorganizado con otras 11 universidades de 8 países, ha contado con más de 5.500 participantes.

El rector de la Universidad de Navarra participó en una mesa redonda online titulada “Cómo ser protagonista del cambio”, en la que intervinieron 1200 asistentes. Antes, explicó, la gente salía de la universidad sabiendo suficiente derecho procesal, bioquímica, geometría... para desarrollar una carrera profesional. Pero ahora, a su juicio, en la formación universitaria ya no es tan importante qué información acumulo “como lo es la creatividad, la capacidad de trabajar en equipo, la iniciativa, la formación humanística, tener una mente internacional, las habilidades lingüísticas y tecnológicas, el criterio, la profundidad de pensamiento, la curiosidad intelectual...”.

La universidad tiene dos vías, según el profesor Sánchez-Tabernero: ofrecer unos conocimientos necesarios para tener un aterrizaje en el mercado laboral, pero también “ser el lugar que proporciona a la gente una perspectiva amplia e interés por lo relevante”. En este sentido, abogó por una investigación interdisciplinar, por una experiencia del estudiante internacional, por una gran vida académica, etc.

Racionalidad frente al miedo

Respecto a la pandemia, señaló que ante una crisis lo principal es aclarar tus prioridades y dar lo mejor de ti mismo, como persona y como institución. “La apertura al cambio es fundamental, pero al cambiar necesitas una brújula. Saber qué es para ti importante. En qué no puedo fallar”. En segundo lugar, se necesita el compromiso de la gente. “En la Universidad de Navarra en un fin de semana fuimos capaces de pasar 1400 asignaturas presenciales a 1400 asignaturas online y esto sucedió porque la gente estaba comprometida y quiso dar lo mejor de sí misma”, recordó.

Según el rector, la pandemia ha introducido el factor miedo. “Durante los últimos 20 años hemos tenido un desarrollo científico y tecnológico increíble y eso nos ha hecho pensar que todo estaba controlado”, afirmó. En su opinión, la mejor medicina contra el miedo es la racionalidad. “Es fundamental vivir sin miedo, siendo prudentes, porque el miedo paraliza”, señaló.

Junto al profesor Alfonso Sánchez-Tabernero, intervinieron en la mesa redonda Fernanda Llergo, rectora general de la Universidad Panamericana – IPADE; Rebeca Marciel, Consulting Director de Microsoft Spain; y Paco Fernández, director de RRHH del Atlético de Madrid.

 

Un estudio internacional de la Universidad revela que el estrés en el confinamiento ha condicionado el autocuidado sobre todo de mujeres y jóvenes

La investigación, llevada a cabo con universidades de Chile, Ecuador, Colombia y España, señala que las diferencias de género pueden contribuir a una mayor vulnerabilidad de las mujeres durante la pandemia, debido a su rol de cuidadoras

16/04/21 09:13 Esperanza Rodés

Un estudio de la Universidad de Navarra revela que, en general, los jóvenes y las mujeres sufrieron más estrés durante el confinamiento y mostraron menos adherencia a las pautas de salud, en comparación con los hombres y grupos mayores. La investigación muestra cómo las diferencias entre culturas, géneros y rangos de edad pueden influir en el cumplimiento de las pautas de salud pública, la percepción del estrés y la adopción de actividades de autocuidado.

Según la investigación, a que a pesar de que los adultos jóvenes percibieron la situación como más grave que las personas mayores, cumplieron menos las pautas de salud. “Esto podría deberse a cómo ha impactado la pandemia en su situación personal,que abarca desde su situación laboral hasta los cambios en sus estilos de vida; más que con la percepción sobre los riesgos para su salud”, explica Elkin Luis, profesor de la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra e investigador principal.

Entre los resultados de este estudio, publicados en la revista científica International Journal of Environmental Research and Public Health, se encuentra que las mujeres, ante un mayor estrés percibido, tienden a involucrarse en menos conductas de autocuidado. Esto explicaría por qué las más jóvenes, cuyos niveles de estrés eran elevados, declararon menos conductas de autocuidado que los grupos de mayor edad, en los que adoptaron rutinas diarias más saludables que los hombres.

Estas diferencias de género y edad, en la adopción de un estilo de vida saludable, probablemente estén integradas en el comportamiento de roles de género, ya que las mujeres durante la etapa adulta adquieren más conductas de cuidado hacia los demás, y por tanto, desarrollan más herramientas de autocuidado que los varones”, explica Elena Bermejo, investigadora principal y profesora de la Facultad de Enfermería de la Universidad de Navarra.

La investigación sugiere que este impacto diferencial del género en los resultados de salud mental va más allá de la situación de pandemia, y que estas diferencias de género pueden contribuir a una mayor vulnerabilidad de las mujeres: “No solo ante la posibilidad de contraer el virus con más facilidad por su exposición, dado que la mayoría de los trabajadores de los sectores de primera línea son mujeres, sino también, de experimentar mayores problemas de salud mental fruto de la sobrecarga de su rol de cuidadoras”.

La necesidad de adaptar los mensajes sobre pautas de salud a los más jóvenes

Las personas mayores presentan una mejor adherencia a las guías de salud, conciencia sobre salud y otras actividades de autocuidado. De este modo, los adultos de más de 60 años tienen más posibilidades de comportarse de manera responsable con su salud que los de mediana edad y los jóvenes.

Ante este hecho, hacen hincapié en que las pautas generales de salud no están orientadas según la edad en la mayoría de los países. “Los jóvenes están muy influenciados por normas sociales; sería fundamental adaptar la comunicación de salud a sus identidades sociales, lo que puede promover normas y comportamientos basados en información veraz y difundidos por medios de comunicación más demandados, como las redes sociales”, añaden.

Los investigadores plantean que existe la necesidad de incluir en las estrategias de salud pública un enfoque integral de la promoción de la salud que comprenda la relación entre salud mental y conductas saludables, la necesidad de adoptar un enfoque de género en las recomendaciones sanitarias, y la importancia de mejorar el trabajo intersectorial y la acción comunitaria a la hora de promover y mantener la salud física y mental de la población durante este periodo.

El proyecto de investigación ‘El rol del autocuidado durante el confinamiento’, liderado por Elkin Luis y Elena Bermejo, profesores de la Universidad de Navarra; se inició durante el confinamiento del pasado marzo de 2020; y se llevó a cabo en colaboración con la Universidad del País Vasco, Universidad de Málaga, la Universidad del Desarrollo (Chile), la Universidad de San Buenaventura (Colombia), y la Universidad Francisco de Quito (Ecuador).

 

Un problema de disforia de género

Ley que reconoce todo tipo de derechos a las personas insatisfechas con su sexo biológico, les niega uno fundamental: la posibilidad de acudir a un médico en busca de ayuda terapéutica para superar un problema de disforia de género y lograr concordar su sexo biológico y su identidad sexual. La ley estipula, como es lógico,  que ninguna persona trans pueda ser obligada a un tratamiento médico que no desea. Pero también  prohíbe el uso de cualquier procedimiento médico que “suponga un intento de conversión, anulación o supresión de la identidad de género, o que estén basados en la suposición de que cualquier identidad de género es consecuencia de enfermedad o trastorno” (art. 26). O sea, hay ayuda médica para cambiar de sexo, pero se prohíbe si se busca voluntariamente para permanecer en el original.

El borrador no solo se mete a decidir estas cuestiones médicas, por encima del parecer de los profesionales sanitarios y de la voluntad de posibles pacientes. También impone toda una campaña de reeducación de distintos colectivos.

Las Administraciones Públicas deberán formar al personal sanitario (art. 30) “para que tenga en cuenta las necesidades específicas de las personas trans, prestando especial atención a los problemas de salud asociados a las prácticas quirúrgicas a las que se someten”; y a los profesionales de la salud mental también habrá que inculcarles “enfoques no patologizadores en la atención a las personas trans y de las consecuencias de la transfobia”. De lo que se deduce que la normalización  de la transexualidad exige crear por ley una nueva patología, la transfobia, en la que incurriría todo el que cuestionara los presupuestos de la doctrina oficial.

Los juristas también necesitan ser reeducados. Así que se implementarán programas de formación “de acuerdo con los principios rectores de esta  ley para capacitar y sensibilizar a los profesionales de la judicatura, la fiscalía, el personal de la administración de justicia y la abogacía” sobre los derechos de las personas trans (art. 30).

JD Mez Madrid

 

“Salud y derechos sexuales y reproductivos"

El gobierno de Biden devolvió la diplomacia estadounidense a la contienda proabortista en la sede de la ONU. El cambio se produjo en las primeras rondas de lo que será una larga y polémica negociación de las Naciones Unidas sobre el aborto, las políticas LGBT y la soberanía.

Según diplomáticos el gobierno de Biden expresó su apoyo a la polémica frase "salud y derechos sexuales y reproductivos" en las negociaciones de la ONU.

Diplomáticos estadounidenses siguieron el ejemplo de la Unión Europea, que propuso las referencias de la polémica frase en la primera ronda de negociaciones para el proyecto de acuerdo de la Comisión de las Naciones Unidas sobre el Estatuto de la Mujer que tendrá lugar próximamente.

La frase "salud y derechos sexuales y reproductivos" es algo más que un eufemismo para el aborto. Nunca se ha acordado ni definido en la política de las Naciones Unidas porque incluye los "derechos sexuales", una noción que los países socialmente conservadores consideran ofensiva. Los derechos sexuales fueron rechazados por diplomáticos de la ONU ya en la Conferencia de mujeres de Pekín en 1995. A lo largo de los años, las agencias de las Naciones Unidas promueven los derechos LGBT, el acceso al aborto y la autonomía sexual de los niños bajo esta rúbrica.

La posición estadounidense cambió drásticamente con respecto a hace sólo unas semanas bajo la administración Trump en la Asamblea General. Bajo la administración Trump, el gobierno estadounidense se opuso a la frase "salud y derechos sexuales y reproductivos". Los diplomáticos estadounidenses se opusieron sistemáticamente al aborto en la política de la ONU y templaron la diplomacia estadounidense para avanzar en la agenda LGBT sólo para pedir la despenalización de la conducta homosexual. Debido a esto, grupos feministas y LGBT y sus aliados entre los estados miembros progresistas de la ONU acusaron a Trump de revertir la política de la ONU 20 años y de "revertir" los derechos de las mujeres.

Jesús Domingo Martínez

 

 

La libertad o el adoctrinamiento

Pienso que no es casual la salida de Iglesias del Gobierno, en un momento en que las discrepancias eran casi diarias en el seno de la coalición. Veremos hasta qué punto resulta eficaz este juego efectista que trata de contrarrestar la audacia con la que se ha manejado Isabel Díaz Ayuso convocando elecciones. Y veremos cómo se recompone el espacio de la izquierda en Madrid, con un candidato socialista como Gabilondo al que no cuadran en absoluto el radicalismo ni el populismo que Iglesias tratará de imprimir a los debates.

En todo caso la entrada de Iglesias en escena hace aún más lúcido el planteamiento de Ayuso de pedir a los madrileños que se decanten entre una política basada en la libertad de la sociedad como palanca de crecimiento y garantía de convivencia, y otra basada en el intervencionismo en materia económica y en el adoctrinamiento y el control de la sociedad desde el poder político.

Enric Barrull Casals

 

 

Políticos y discutir como verduleras

 

         De “El Buscón” de Quevedo: “Me puse como V. Md. puede imaginar. Ya mis muchachos se habían armado de piedras y las lanzaban contra las verduleras, y descalabraron a dos. Vino la justicia, comenzó a pedir información, prendió a verduleras y muchachos, quitándoles a todos las armas, porque algunos habían sacado las dagas que traían de adorno y otros, espadas pequeñas”. (Wikipedia)

            Se trata de una estampa que escribiera hace siglos, uno de los famosos clásicos del idioma español, en el que refleja cómo termina una discusión de “verduleras”; que empezando en la palabrería más soez y ofensiva, unos/unas se atacan entre sí, luego se llega a las manos y si “los mangas verdes”(o policía) no llega a tiempo y a palo limpio, pone la paz posible en aquella “jauría”; la cosa hubiese terminado en heridos y algunos muertos, puesto que la chusma lanzada ya al impulso de sus peores impulsos, no acaba sino es cuando ya hay algún o algunos muertos sobre el terreno.

            Si no en estos extremos, que aún no han llegado, pero de forma parecida y ya en muchas ocasiones, la deleznable “casta” política, emplean su “escaso caletre” en atacar o defenderse, de los oponentes, que le discuten, “el plato”; puesto que tristemente, sus intereses no van más allá de “su panza y su bolsillo”, mientras España y los españoles que saben mirar “las cosas” con mucho más sentido y responsabilidad, quedan perplejos viendo a las nuevas jaurías, como se defienden o atacan a “sus prójimos y prójimas”, a los que pretenden despellejarlos vivos y presentárnoslos, como en realidad son todos ellos  y sálvese el que pueda… “son una enfermedad ya epidémica o pandémica, infinitamente mucho peor que el virus chino, con el que nos siguen tratando de aterrorizar para dominarnos mejor”; pobre o pobrísimo futuro, para esta España de siempre, que como reflejó Goya en su famoso cuadro, sigue, “matándose a palos después de las discusiones verduleras”.

            Los noticieros en general, llenan sus espacios, con estas basuras y apenas se limitan a reflejar otra cosa que, las infinitas chuminadas y “sin sentidos”, que ruge esta “casta de indeseables”, que lo único que pretenden es vivir y vivir opíparamente, del dinero que nos sacan con los ya confiscatorios impuestos a que nos han sometido.

            Apenas nadie habla de los verdaderos problemas que tenemos en España y que son abrumadores por la abundancia de los mismos; de cómo se pensaría en irlos solucionando o mitigando a grados de volver o llegar a ser un país, verdaderamente organizado y civilizado en grado aceptable; se sigue en el triste y decadente foro de “las verduleras, la merienda de negros, o el reparto del botín de los siempre abundantes mercenarios que robaron y roban a España y los españoles, por los cuatro costados y todas las costas peninsulares o isleñas”.

            Falta agua habiéndola pero aún sin repartir y adecuar, desde los inicios del Plan Hidrológico Nacional, iniciado por el general Primo de Rivera, continuado por el general Franco y paralizado por todos los posteriores. Y he nombrado el agua, como “primer elemento para crear riqueza en cadena y que beneficiara a todo el conjunto nacional”; continuo con la desidia nacional gubernativa, siempre manteniendo en un abandono terrible a la inteligencia de los españolitos de a pie, y los que carentes de “padrino”, jamás podrán desarrollar sus ricos cerebros, por cuanto el dinero público se malgasta en infinidad de inutilidades, más dignas de cárcel para el que las idea y permite, que de “ese tragarlo todo”, a que  nos obliga una viejísima nación (la tercera que como tal se conformó en el planeta) que nunca tuvo leyes y jueces, dignos de mención, por cuanto aquí, todo va a favor o en contra, del que manda, o sufre el mando que sea y del tipo que sea; “las eternas dos Españas siguen como siempre”. Aquí el que logra destacar en lo que sea, si no es adepto “al aparato que manda”, va fresco; y como siempre, “carretera y manta a buscar su destino fuera de España; y al servicio de otros intereses”.

            Podría seguir enumerando “cosas y causas”, pero ¿para qué? El asco que ya siento ya ni me permite escribir nada, y mi capacidad escribidora como observador, “sin partido alguno que no sea España”, se va agotando con la impotencia, de estar condenado por toda mi vida, a ver, este triste y deleznable circo español, que lo viví todo el período del general Franco y todos los “franquitos” posteriores, puesto que España, no nos engañemos, es el siempre erial que sólo da… “Francos y franquitos y para que resulte uno bueno para todos los españoles sin excepción, aún no ha nacido el Sol que alumbre estas tierras de miseria y miserables”. Amén.

                                EL VOTO EN ESPAÑA: Con Franco las votaciones no sirvieron para ná, pero al morir Franco, nos dejaron una España rica social y económicamente. Los que "lo heredaron" nos han hecho votar ni sé ya las veces, pero España aparece arruinada totalmente, tras los infinitos saqueos de "los herederos y asociados al chupeteo"; ya no creemos en nadie, aunque efectivamente aún quedan los de VOX... ¿Llegarán a gobernar y cómo lo harán? Aunque por la experiencia, serán “otros más de lo mismo y que ya hemos padecido hasta la saciedad”.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes