Las Noticias de hoy 14 Mayo 2020

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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 14 de mayo de 2020   

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

Audiencia general: Segunda catequesis del Papa sobre la oración

Audiencia general: Ciclo de catequesis del Papa sobre la oración (2)

COVID-19: “Fátima y la paz”, 103º aniversario de las apariciones a los pastorcillos

Coronavirus: El Papa invita a unirse a la Jornada de “Oración por la humanidad”

SAN MATÍAS, APÓSTOL*: Francisco Fernandez Carbajal

“Auxilio de los cristianos”: San Josemaria

La oración: José Luis Illanes

La teóloga Burggraf: "El ecumenismo es cuestión de oración y caridad": Jutta Burggraf 

En la pandemia, ancianos y con cáncer, se hacen católicos: «Me convenció una misa pregrabada en TV»: P.J.Ginés/ReL

La virtud cristiana, esencia de la Nobleza: Plinio Corrêa de Oliveira

La “no comunión”: María Solano Altaba

"La crisis del coronavirus ha puesto en evidencia las debilidades de la Unión Europea como proyecto común": Natalia Rouzaut

Educación familiar para la sociabilidad: Ana Teresa López de Llergo

Ansiedad, temor y peligro en casa: Adriana Dávila

Dios sí importa: Pedro García

Precisamente se cumplen 70 años.: Jaume Catalán Díaz

La violencia de género y vínculos de aborto: Enric Barrull Casals

Contra propaganda y bulos, verdad: Jesús Domingo Martínez

España: Veinte mil muertos en residencias de ancianos :  Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Miércoles, 13 de mayo de 2020

https://youtu.be/YwX8PEwh9UU
 
Monición de entrada

Recemos hoy por los estudiantes, por los que estudian, y por los profesores que deben encontrar nuevos modos para avanzar en la enseñanza: que el Señor les ayude en ese camino, les dé valentía y también un buen éxito.

 Homilía

El Señor vuelve al “permanecer en Él”, y nos dice: “La vida cristiana es permanecer en mí”. Permanecer (cfr. Jn 15,1-8). Y usa aquí la imagen de la vid, como los sarmientos permanecen en la vid. Y este permanecer no es un permanecer pasivo, un dormirse en el Señor: eso sería quizá un “sueño beatífico”; pero no es eso. Este permanecer es un permanecer activo, y también un permanecer recíproco. ¿Por qué? Porque Él dice: «Permaneced en mí y yo en vosotros» (v .4). Él también permanece en nosotros, no solo nosotros en Él. Es un permanecer recíproco. En otra parte dice: Yo y el Padre «vendremos a él y haremos morada dentro de él» (Jn 14,23). Esto es un misterio, pero un misterio de vida, un misterio bellísimo: este permanecer recíproco. También con el ejemplo de los sarmientos: es verdad, los sarmientos sin la vid no pueden hacer nada, porque no les llega la savia, la necesitan para crecer y dar fruto. Pero también el árbol, la vid necesita los sarmientos, para que los frutos no se queden pegados al árbol, a la vid. Es una necesidad recíproca, es un permanecer mutuo para dar fruto.
 
Y esa es la vida cristiana: es verdad, la vida cristiana es cumplir los mandamientos (cfr. Ex 20,1-11), y hay que hacerlo. La vida cristiana es ir por la senda de las bienaventuranzas (cfr. Mt 5,1-13): y hay que hacerlo. La vida cristiana es realizar obras de misericordia, como el Señor nos enseña en el Evangelio (cfr. Mt 5,31-36): y hay que hacerlo. Pero es más: es este permanecer recíproco. Nosotros sin Jesús no podemos hacer nada, como los sarmientos sin la vid. Y Él –me permita el Señor decirlo– sin nosotros parece que no pueda hacer nada, porque el fruto lo da el sarmiento, no el árbol, la vid. En esa comunidad, en esa intimidad fecunda de “permanecer”, el Padre y Jesús permanecen en mí y yo permanezco en Ellos.
 
¿Cuál es –me planteo– la “necesidad” que el árbol de la vid tiene de los sarmientos? Es tener frutos. ¿Cuál es la “necesidad” –digamos así, con un poco de audacia– que Jesús tiene de nosotros? El testimonio. Cuando en el Evangelio dice que somos luz, dice: “Sed luz, para que los hombres «vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre» (Mt 5,16)”, o sea el buen ejemplo es la necesidad que tiene Jesús de nosotros. Dar testimonio de su nombre, porque la fe, el Evangelio crece por el testimonio.
 
Esto es un misterio: Jesús glorificado en el Cielo, tras haber pasado la Pasión, necesita de nuestro testimonio para hacer crecer, para anunciar, para que la Iglesia crezca. Y ese es el misterio recíproco del “permanecer”. Él, el Padre y el Espíritu permanecen en nosotros, y nosotros permanecemos en Jesús.
 
Nos vendrá bien pensar y reflexionar en esto: permanecer en Jesús; y Jesús permanece en nosotros. Permanecer en Jesús para tener la linfa, la fuerza, para tener la justificación, la gratuidad, para tener la fecundidad. Y Él permanece en nosotros para darnos la fuerza de dar fruto (cfr. Jn 5,15), para darnos la fuerza del testimonio con el que crece la Iglesia.
 
Y una pregunta me hago: ¿Cómo es el trato entre Jesús que permanece en mí y yo que permanezco en Él? Es un trato de intimidad, un trato místico, un trato sin palabras. “¡Pero Padre, eso que lo hagan los místicos!”. No: eso es para todos. Con pequeños pensamientos: “Señor, sé que Tú estás ahí: dame la fuerza y yo haré lo que tú me digas”. Ese diálogo de intimidad con el Señor. El Señor está presente, el Señor está presente en nosotros, el Padre está presente en nosotros, el Espíritu está presente en nosotros; permanecen en nosotros. Pero yo debo permanecer en Ellos…
 
Que el Señor nos ayude a entender, a sentir esta mística del permanecer, en la que Jesús insiste tanto, tanto, tanto. Muchas veces, cuando hablamos de la vid y los sarmientos, nos quedamos en la figura, en la labor del agricultor, del Padre: que el sarmiento que da fruto lo corta, lo poda, y el que no lo da lo corta y lo tira (cfr. Jn 15,1-2). Es verdad, hace eso, pero no es todo, no. Hay más. Eso es la ayuda: las pruebas, las dificultades de la vida, las correcciones que nos hace el Señor. Pero no nos quedemos ahí. Entre la vid y los sarmientos hay ese permanecer íntimo. Los sarmientos, nosotros, necesitamos la savia, y la vid necesita los frutos, el testimonio.

 Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y te deseo en mi alma. Como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si te hubiese recibido, me abrazo y me uno todo a ti. No permitas que jamás me separe de ti.

 

Audiencia general: Segunda catequesis del Papa sobre la oración

Texto completo

MAYO 13, 2020 13:07LARISSA I. LÓPEZAUDIENCIA GENERAL

(zenit – 13 mayo 2020).-  El Santo Padre indica que en el padre nuestro “Jesús nos ha enseñado a hacerle una serie de peticiones” y que “a Dios podemos pedirle todo, todo, explicarle todo, contarle todo. No importa si en nuestra relación con Dios nos sentimos en defecto: no somos buenos amigos, no somos hijos agradecidos, no somos cónyuges fieles. Él sigue amándonos”.

En la audiencia general de hoy, 13 de mayo de 2020, celebrada en la biblioteca del Palacio Apostólico debido a la pandemia del coronavirus, el Papa Francisco expuso su segunda catequesis en torno al tema de la oración: “La oración del cristiano” (Sal 63,2- 5.9).

En sus palabras, Francisco resaltó que la oración “es un impulso, es una invocación que va más allá de nosotros mismos: algo que nace en lo profundo de nuestra persona y se proyecta, porque siente la nostalgia de un encuentro. Esa nostalgia que es más que una necesidad: es un camino”.

Un “Yo” en busca de un “Tú”

Rezar “es la voz de un ‘Yo’” en busca “de un ‘Tú’, “un encuentro humano y muchas veces se va a tientas para encontrar el ‘Tú’ que mi ‘yo’ estaba buscando”, explicó el Papa.

De este modo, la oración cristiana nace de una revelación: “el ‘Tú’ no ha permanecido envuelto en el misterio, sino que ha entrado en relación con nosotros”.

El “cristianismo es la religión que celebra continuamente la ‘manifestación’ de Dios, es decir, su epifanía”. Por ello, las primeras fiestas del año litúrgico (nacimiento en Belén, contemplación de los Reyes Magos, Bautismo en el Jordán y bodas de Canaá) “son la celebración de este Dios que no permanece oculto, sino que ofrece su amistad a los hombres”, describió.

El rostro tierno de Dios

El Pontífice resaltó que, al rezar, el cristiano “entra en relación con el Dios de rostro más tierno, que no quiere infundir miedo alguno a los hombres”, de manera que  los fieles cristianos se dirigen a Él “atreviéndose a llamarlo con confianza con el nombre de ‘Padre’. Todavía más, Jesús usa otra palabra: ‘papá’”.

En este sentido, agregó que el cristianismo ha desterrado del trato con Dios cualquier relación “feudal”, ya que en su discurso de despedida a los discípulos, Jesús dice que no los llama “siervos”, sino “amigos”, porque “todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer”, y les promete que “todo lo que pidáis al Padre en mi nombre” les será concedido.

La paciencia de un Padre

Dios, aclaró el Obispo de Roma, “es un aliado fiel: si los hombres dejan de amar, Él sigue amando, aunque el amor lo lleve al Calvario. Dios está siempre cerca de la puerta de nuestro corazón y espera que le abramos”.

Y, a veces, “llama al corazón pero no es invadente: espera. La paciencia de Dios con nosotros es la paciencia de un papá, de uno que nos quiere mucho. Yo diría que es la paciencia junta de un papá y de una mamá. Siempre cerca de nuestro corazón, y cuando llama lo hace con ternura y con tanto amor”.

A continuación, sigue la catequesis completa del Papa Francisco.

***

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy damos el segundo paso en el camino de la catequesis sobre la oración que comenzó la semana pasada.

La oración pertenece a todos: a la gente de cualquier religión, y probablemente también a aquellos que no profesan ninguna. La oración nace en el secreto de nosotros mismos, en ese lugar interior que los autores espirituales suelen llamar “corazón” (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2562-2563). Lo que reza, entonces, en nosotros no es algo periférico, no es una facultad secundaria y marginal nuestra, sino que es el misterio más íntimo de nosotros mismos. Este misterio es el que reza. Las emociones rezan, pero no se puede decir que la oración es sólo emoción. La inteligencia reza, pero rezar no es sólo un acto intelectual. El cuerpo reza, pero se puede hablar con Dios incluso en la más grave discapacidad. Por lo tanto, es todo el hombre el que reza, si su “corazón” reza.

La oración es un impulso, es una invocación que va más allá de nosotros mismos: algo que nace en lo profundo de nuestra persona y se proyecta, porque siente la nostalgia de un encuentro. Esa nostalgia que es más que una necesidad: es un camino. La oración es la voz de un “Yo” que se tambalea, que anda a tientas, en busca de un “Tú”. El encuentro entre el “yo” y el “Tú” no se puede hacer con las calculadoras: es un encuentro humano y muchas veces se va a tientas para encontrar el “Tú” que mi “yo” estaba buscando.

La oración del cristiano nace, en cambio, de una revelación: el “Tú” no ha permanecido envuelto en el misterio, sino que ha entrado en relación con nosotros. El cristianismo es la religión que celebra continuamente la “manifestación” de Dios, es decir, su epifanía. Las primeras fiestas del año litúrgico son la celebración de este Dios que no permanece oculto, sino que ofrece su amistad a los hombres. Dios revela su gloria en la pobreza de Belén, en la contemplación de los Reyes Magos, en el bautismo en el Jordán, en el milagro de las bodas de Caná. El Evangelio de Juan concluye el gran himno del Prólogo con una afirmación sintética: “A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado”. Fue Jesús el que nos reveló a Dios.

La oración del cristiano entra en relación con el Dios de rostro más tierno, que no quiere infundir miedo alguno a los hombres. Esta es la primera característica de la oración cristiana. Si los hombres siempre estaban acostumbrados desde siempre a acercarse a Dios un poco intimidados, un poco asustados por este misterio, fascinante y terrible , si se habían acostumbrado a venerarlo con una actitud servil, similar a la de un súbdito que no quiere faltar al respeto a su Señor, los cristianos se dirigen en cambio a Él atreviéndose a llamarlo con confianza con el nombre de “Padre”. Todavía más, Jesús usa otra palabra: “papá”.

El cristianismo ha desterrado del vínculo con Dios cualquier relación “feudal”. En el patrimonio de nuestra fe no hay expresiones como “sometimiento”, “esclavitud” o “vasallaje”, sino palabras como “alianza”, “amistad”, “promesa”, “comunión”, “cercanía”. En su largo discurso de despedida a los discípulos, Jesús dice así: “No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda” (Jn 15, 15-16). Pero este es un cheque en blanco: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo concedo”.

Dios es el amigo, el aliado, el esposo. En la oración podemos establecer una relación de confianza con Él, tanto que en el “Padre Nuestro” Jesús nos ha enseñado a hacerle una serie de peticiones. A Dios podemos pedirle todo, todo, explicarle todo, contarle todo. No importa si en nuestra relación con Dios nos sentimos en defecto: no somos buenos amigos, no somos hijos agradecidos, no somos cónyuges fieles. Él sigue amándonos. Es lo que Jesús demuestra definitivamente en la última cena, cuando dice: “Esta copa es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros”. (Lc 22,20). En ese gesto Jesús anticipa en el Cenáculo el misterio de la Cruz. Dios es un aliado fiel: si los hombres dejan de amar, Él sigue amando, aunque el amor lo lleve al Calvario. Dios está siempre cerca de la puerta de nuestro corazón y espera que le abramos. Y a veces llama al corazón pero no es invadente: espera. La paciencia de Dios con nosotros es la paciencia de un papá, de uno que nos quiere mucho. Yo diría que es la paciencia junta de un papá y de una mamá. Siempre cerca de nuestro corazón, y cuando llama lo hace con ternura y con tanto amor.

Tratemos todos de rezar de esta manera, entrando en el misterio de la Alianza. A meternos en oración entre los brazos misericordiosos de Dios, a sentirnos envueltos por ese misterio de felicidad que es la vida trinitaria, a sentirnos como invitados que no se merecían tanto honor. Y a repetirle a Dios, en el asombro de la oración: ¿Es posible que Tú solo conozcas el amor? El no conoce el odio. Él es odiado, pero no conoce el odio. Conoce solo amor. Este es el Dios al que rezamos. Este es el núcleo incandescente de toda oración cristiana. El Dios de amor, nuestro Padre que nos espera y nos acompaña.

© Librería Editorial Vaticano

 

 

Audiencia general: Ciclo de catequesis del Papa sobre la oración (2)

“La oración del cristiano”

MAYO 13, 2020 11:00LARISSA I. LÓPEZAUDIENCIA GENERAL

(zenit – 13 mayo 2020).- La oración pertenece a todos, “a los hombres de todas las religiones, y probablemente también a los que no profesan ninguna”, pues “surge en el secreto de nosotros mismos, en ese lugar interior que los autores espirituales a menudo llaman el ‘corazón’”, indicó el Papa Francisco.

Hoy, 13 mayo de 2020, en la audiencia general, celebrada en la biblioteca del Palacio Apostólico por la pandemia del coronavirus, el Santo Padre prosiguió con el ciclo de catequesis sobre la oración. En concreto, centró su meditación en el tema: “La oración del cristiano” (Sal 63,2-5.9).

En este sentido, Francisco apuntó que rezar “no es algo externo ni marginal a nosotros, sino que es el misterio más íntimo de nosotros mismos, que nace como una invocación en lo profundo de nuestra persona y se extiende, buscando un ‘Tú’, que es Dios”.

Dios es siempre fiel

“La oración del cristiano surge de la revelación de ese ‘Tú’, con mayúscula, que se ha manifestado y ha venido a nuestro encuentro, dándonos confianza y revelándonos a Dios como un Padre bueno, que nos ama y nos comprende, que no nos considera siervos, sino amigos e hijos suyos”, aclaró.

Por último, destacó que en la oración del padre nuestro, Jesús nos enseñó a pedir a Dios todo lo que necesitamos: “No importa si nos sentimos culpables en nuestra relación con Él, si no hemos sido amigos fieles, ni hijos agradecidos; Dios continúa amándonos, porque Él siempre es fiel”.

 

 

COVID-19: “Fátima y la paz”, 103º aniversario de las apariciones a los pastorcillos

Por D. José A. Senovilla, sacerdote

MAYO 13, 2020 09:30LARISSA I. LÓPEZMARÍA Y MARIOLOGÍA

(zenit – 13 mayo 2020).- Este año, debido a la pandemia mundial del coronavirus, la tradicional peregrinación anual al santuario nacional de Fátima, los días 12 y 13 de mayo, se lleva a cabo sin la participación de los fieles.

Lucia, Francisco y Jacinta, los tres pastorcitos videntes de Fátima

Con motivo de la festividad de la Virgen de Fátima, en este 13 de mayo en el que se cumplen 103 años de las apariciones a los pastorcillos, Francisco, Jacinta y Lucía, zenit habla con D. José Antonio Senovilla, sacerdote de la Prelatura del Opus Dei, y autor de la ponencia “Fátima y la paz”, expuesta en el Congreso Mariológico con motivo de los 400 años de Nuestra Señora de la Caridad como patrona de Sanlúcar de Barrameda (España), el 13 de mayo de 2018.

Tal y como explica D. José Antonio en este texto, a finales del siglo XIX “el mundo sufrió de nuevo cambios muy profundos: cayeron imperios y, con el comienzo del nuevo siglo, vinieron guerras y revoluciones de dimensiones nunca vistas. En medio de aquel clima de depresión y miedo, Dios tuvo a bien enviar de nuevo a nuestra Santa María: Fátima es un diálogo de Dios Padre con sus hijos, a través de  su Hija predilecta, nuestra Madre Bendita”.

Fátima, motivo de esperanza

Fátima, continúa, “es un intento de la Reina de la Paz por avisar a sus hijos del daño que son capaces de hacerse a sí mismos si se apartan de su Padre Dios”, pero Fátima es, sobre todo, “un motivo grandioso de esperanza, un abajarse de Dios para dar a los hombres instrumentos de paz y de salvación”.

El sacerdote afirma que los cristianos de nuestra época y, en general, todas las personas “de buena voluntad” presentan dos preocupaciones: “la paz del mundo” y “la salvación de mucha gente buena a la que nadie ha llegado a hablar del infinito poder y querer misericordioso de Dios”.

Rezo del Rosario diariamente

Virgen de Fátima © Santuario de Fátima

No obstante, en nuestra ayuda, señala, “ha venido el mensaje de Fátima”, que aporta instrumentos para enfrentar ambas.

Así, la Virgen, en cada una de las apariciones de 1917 pide rezar el Rosario todos los días “pidiendo por la paz del mundo” y esto “¡es un pacto en toda regla!”: “Ella es la Reina de la Paz, si me dice ‘reza el Rosario todos los días por la paz del mundo’, eso significa que si yo asumo el reto, y rezo el Rosario cada día por la paz del mundo, con corazón abierto, en su presencia, Ella conseguirá de Dios esa paz. La Virgen lo promete, y lo cumple. Lo cumple ya desde el principio poniendo fin a aquella Primera Guerra Mundial (Memorias de la Hermana Lucía I, pp.174 y 176)”.

En cuanto a la cuestión de por qué la Virgen pidió el rezo del Rosario todos los días, y no, por ejemplo, la asistencia diaria a Misa, en la consabida exposición se indica que Ella no lo reveló a los niños. Sin embargo, Lucía sí aporta la razón de que hay muchas personas que, aunque lo así lo deseen, no podrían asistir a la Santa Misa, pero el Rosario, lo pueden rezar todos: “La Virgen nos da un arma al alcance de todos: el Rosario es una oración sencilla, capaz de tocar el corazón de un intelectual y el de un analfabeto”.

Salvación de los pecadores

En cuanto a la segunda promesa, la de la salvación de los pecadores, el artículo resalta que en el mundo de hoy muchos viven muy lejos de Dios y de los mandamientos que Él entregó a Moisés “como camino de salvación”.

En este sentido, D. José Antonio recuerda que Dios “no quiere obligarnos a amarle”, “nos creó libres” porque “sin libertad no hay amor” y el Señor “respeta y ama nuestra libertad de un modo tal que a veces  es para nosotros difícil de entender”.

Pero, al mismo tiempo, “la Iglesia siempre ha creído en el poder intercesor de los sacrificios ofrecidos por otros, vivos o difuntos. Cuando la Virgen en Fátima dice que ofrezcamos sacrificios por la salvación de los pecadores, quiere decir que si tú y yo pagamos una especie de rescate, Ella se compromete a ‘conseguir’ de Dios el arrepentimiento de un pecador, quizá en el último y definitivo momento de su vida”.

Sacrificios para salvar almas

Esta es una promesa similar a la de “rezad el Rosario todos los días por la paz del mundo”: ¡es un pacto! Yo ofrezco un sacrificio, y Ella consigue de Dios el milagro”. Entonces, plantea: “¿Qué sacrificios valen para salvar a las almas que están a punto de perderse?: todos”.

El sacrificio no es “solo lo que es costoso: todo lo que hacemos, si no es en sí mismo malo, se puede ofrecer como sacrificio: se puede convertir en algo sagrado (esa sacralidad está en la raíz del sacrificio) y ser un instrumento de salvación de un alma urgentemente necesitada de rescate”, indica el mencionado texto.

Además, se ofrece la oración que la Virgen enseñó a los pastorcillos el 13 de julio para que la rezaran al ofrecer un sacrificio, “que es capaz de cambiar el corazón de quien se atreve a rezarla… de corazón”: “Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores, y en reparación por los pecados cometidos contra el Corazón Inmaculado de María” (Memorias de la Hermana Lucía I, p. 134).

Carácter profético de Fátima

Finalmente, la ponencia se refiere al carácter profético de Fátima. La Virgen habla de Rusia ya desde la aparición del 17 de julio de 1917, cuando indicó que la guerra iba a acabar: “Pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche alumbrada por una luz desconocida (en una nota se explica que se trata de la aurora boreal que aconteció en la noche del 25 al 26 de enero de 1938), sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar el mundo por sus crímenes por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre”.

“Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado y la Comunión reparadora de los primeros sábados. Si se atendieran mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz: si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán aniquiladas. Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz…” (Memorias de la Hermana Lucía I, pp. 176-177).

Rusia

Juan Pablo II en Fátima en la capilla de las apariciones © Santuario-Fátima

Pasaron los años y Rusia no era consagrada por los papas como lo había pedido la Virgen, llegó la II Guerra Mundial, “y el mundo y la Iglesia tuvieron que sufrir mucho, como se había anunciado…”.

Finalmente, tras el atentado del 13 de mayo de 1981 a Juan Pablo II, su visita a Fátima y la entrevista que tuvo con Lucía, el entonces pontífice realizó la consagración que la Virgen había pedido. Y, a partir de ese momento, comenzó la caída de la Unión Soviética.

“Algo totalmente imprevisto y sorprendente-, que terminó desapareciendo de un modo increíblemente pacífico en pocos años… (Un camino bajo la mirada de María, Carmelo de Coímbra, Biografía de la Hermana María Lucía de Jesús y del Corazón Inmaculado, pp. 217-222)”. “Es el poder intercesor de María. Si nosotros cumplimos nuestra parte…”, apunta don José Antonio en su alocución.

Peregrinos “en la esperanza y la paz”

Por ello, prosigue, “Fátima es algo que el Cielo se toma muy en serio. Fátima es un compromiso. Y un grito de esperanza: ‘dejadme que os ayude… Os doy las armas, para conquistar la paz ‘ Ése es precisamente el lema que eligió el Papa Francisco con motivo de su peregrinación a Fátima en el Centenario de las apariciones: ‘Con María, peregrino en la esperanza y la paz’”.

Ante Las Tumbas De Francisco Y Jacinta De Fátima © L’Osservatore Romano

Igualmente, el sacerdote explica que Fátima constituye “una de esas revelaciones privadas, a las que un católico puede dar su adhesión si quiere… o no: está en su pleno derecho. Pero lo cierto es que Fátima es puro Evangelio: no dice nada que no nos dijera Dios en su Revelación… pero lo dice, en estos momentos difíciles, de un modo muy… maternal”: “Dios siempre está cerca, y a sus hijos en cada época trata de darles las claves para santificarla”.

El mensaje de Fátima ante el coronavirus

Efectivamente, cuenta ahora Senovilla a zenit, “Dios habla a través de los acontecimientos. Su cercanía, y la de su Madre Santísima, es mayor cuando más necesaria resulta a sus hijos. Fátima vino en medio de una crisis mundial sin precedentes. Fátima está muy presente en esta crisis sanitaria mundial, también sin precedentes. Fátima anunció que pronto acabaría aquella Primera Guerra Mundial”.

“Pidamos a la Virgen de Fátima que cuanto antes acabe esta nueva Guerra, contra un enemigo invisible. Y que pronto venga la Paz, esa Paz que la Virgen nos prometió. Adelantar ese momento depende también de nosotros”, describe ante la situación actual de emergencia sanitaria por la COVID-19.

“El futuro está en nuestras manos”

Fátima durante la Pascua 2020 © Santuario de Fátima

Y recuerda: “El mensaje de Fátima es plenamente actual: basta abrir el corazón para entender su grandeza y su profundidad. Los recursos sobrenaturales que Fátima nos ofrece (de los que se habla en el texto), son quizá ahora más eficaces que nunca”.

“El futuro está en nuestras manos. Con la especial protección de Nuestra Madre, la Virgen de Fátima, adelantaremos el triunfo del Corazón Inmaculado de María y tendremos Paz”, concluye D. José Antonio.

 

Coronavirus: El Papa invita a unirse a la Jornada de “Oración por la

humanidad”

Mañana, 14 de mayo

MAYO 13, 2020 17:41LARISSA I. LÓPEZPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 13 mayo 2020).- “La oración es la forma de comunicar con Dios y de escucharle”. Con este espíritu, el Papa aceptó la invitación del Alto Comité de la Fraternidad Humana para dedicar la jornada de mañana, 14 de mayo, a la oración, el ayuno y las obras de caridad.

“Invito y animo a todos a unirse a este evento”, señaló esta mañana durante la audiencia general celebrada hoy, 13 de mayo de 2020 y transmitida en directo desde la biblioteca del Palacio Apostólico.

Y pidió: “Unámonos como hermanos para pedirle al Señor que salve a la humanidad de la pandemia, que ilumine a los científicos y que sane a los enfermos”.

Llamamiento a todos los creyentes

Efectivamente, el Alto Comité para la Fraternidad Humana realizó un llamamiento a todos los creyentes del mundo, independientemente de la religión que profesen, a participar este 14 de mayo en una Jornada de oración, ayuno y súplica pidiendo a Dios que proteja a la humanidad contra el coronavirus.

En un comunicado difundido por la Santa Sede el pasado 2 de mayo, este comité propuso la “Oración por la humanidad” para pronunciar en este día. Al día siguiente, tal y como recuerda hoy el propio Pontífice, en el Regina Coeli, Francisco se unió a la iniciativa del Alto Comité para la Fraternidad Humana.

La convocatoria tendrá un carácter universal. Por ello, entre muchos de los que se unirán a la Jornada Mundial de Oración, Ayuno y Caridad internacional, el arzobispo de Maracaibo y presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, Mons. José Luis Azuaje, en comunión con el Papa Francisco, invita “a todos los cristianos de nuestra patria”.

#PrayForHumanity

Según Vatican News, el cardenal Miguel Ángel Ayuso Guixot, presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, comentando esta disposición del Papa a aceptar la propuesta del Alto Comité, resaltó que esta pandemia es una oportunidad para arraigar el valor de la fraternidad y la coexistencia común en nuestro futuro.

“Es bueno que a partir de la fe de los líderes religiosos, a través de los grupos y los responsables de la vida social y política, haya un momento de oración y solidaridad para invocar el fin de esta pandemia”, explicó.

Con el objetivo de promover esta Jornada de Oración, el citado medio vaticano ha realizado un video internacional en el que varias personas de distintas edades y naciones lanzan un mensaje de esperanza y se suman a esta Jornada de Oración que en las redes sociales se difunde con el hashtag #PrayForHumanity (reza por la humanidad).

 

 

SAN MATÍAS, APÓSTOL*

Fiesta

— Dios es el que elige.

— Nunca faltan las gracias para llevar a cabo la propia vocación.

— La felicidad y el sentido de la vida están en seguir la llamada que Dios hace a cada hombre, a cada mujer.

I. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy Yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca1.

Después de la traición de Judas había quedado un puesto vacante entre los Doce. Con la elección del nuevo Apóstol se había de cumplir lo que el mismo Espíritu Santo había profetizado y lo que Jesús expresamente había instituido. El Señor quiso que fueran doce sus Apóstoles2. El nuevo Pueblo de Dios debía estar asentado sobre doce columnas, como el antiguo lo había estado sobre las doce tribus de Israel3. San Pedro, ejerciendo su potestad primada ante aquellos ciento veinte discípulos reunidos, declara las condiciones que ha de tener el que complete el Colegio Apostólico, según había aprendido del Maestro: el discípulo ha de conocer a Jesús y ser testigo suyo. Por eso, Pedro señala en su discurso: Es necesario que de los hombres que nos han acompañado todo el tiempo en que el Señor Jesús vivió entre nosotros, empezando desde el bautismo de Juan hasta el día en que fue elevado de entre nosotros, uno de ellos sea constituido con nosotros testigo de su resurrección4. El Apóstol pone de relieve la necesidad de que el nuevo elegido sea testigo ocular de la predicación y de los hechos de Jesús a lo largo de su vida pública, y de modo especial de la Resurrección. Treinta años más tarde, asegura en las últimas palabras que dirigió a todos los cristianos: No os hemos dado a conocer el poder de Jesús y su venida siguiendo fábulas ingeniosas, sino como testigos oculares de su grandeza5.

Pedro no elige, sino que deja la suerte a Dios, según se hacía a veces en el Antiguo Testamento6Se echan suertes, pero es Dios quien da la decisión, se lee en el Libro de los Proverbios7. Presentaron a dos, a José, llamado Barsabas, por sobrenombre Justo, y a Matías, forma abreviada de Matatías, que significa regalo de Dios. Echaron suertes, y la suerte recayó sobre Matías, que fue agregado al número de los Once Apóstoles. Un historiador antiguo recoge una tradición que afirma que este discípulo pertenecía al grupo de los setenta y dos que, enviados por Jesús, fueron a predicar por las ciudades de Israel8.

Antes de la elección, Pedro y toda la comunidad ruegan a Dios, porque la elección no la hacen ellos, la vocación es siempre elección divina. Por eso dice: Tú, Señor, que conoces el corazón de todos, muestra a cuál de estos has elegido. Los Once y los demás discípulos no se atreven por sí mismos, por sus propias consideraciones o simpatías, a tomar la responsabilidad de señalar un sucesor a Judas. San Pablo, cuando se siente movido a declarar el origen de su misión, indica que ha sido constituido no por los hombres ni por la autoridad de un hombre, sino solo por Jesucristo, y por Dios, su Padre9. Es el Señor el que elige y envía. También ahora.

Cada uno de nosotros tiene una vocación divina, una llamada a la santidad y al apostolado, recibida en el Bautismo y especificada después en las sucesivas intervenciones de Dios en la propia historia personal. Y hay momentos en que esta llamada a seguir de cerca a Jesús se hace particularmente intensa y clara. «Yo tampoco pensaba que Dios me cogiera como lo hizo. Pero el Señor (...) no nos pide permiso para “complicarnos la vida”. Se mete y... ¡ya está!»10. Y luego toca a cada uno corresponder. Hoy podemos preguntarnos en nuestra oración: ¿soy fiel a lo que el Señor quiere de mí?, ¿busco hacer la voluntad de Dios en todos mis proyectos?, ¿estoy dispuesto a corresponder a lo que el Señor a lo largo de la vida me va pidiendo?

II. ... et cecidit sors super Matthiam..., y recayó la suerte sobre Matías... La llamada de Matías nos recuerda que la vocación recibida es un don siempre inmerecido. Dios nos destina a asemejarnos cada vez más a Cristo, a participar de la vida divina, nos asigna una misión en la vida y nos quiere junto a Él, en una vida eterna felicísima. Cada uno tiene una llamada de Dios para estar cerca de Cristo y para extender su reinado en el propio ámbito y según sus circunstancias.

Además de esta llamada universal a la santidad, Jesús hace especiales llamamientos. Y llama a muchos: a algunos para que den un testimonio particular alejándose del mundo, o para prestar un servicio particular en el sacerdocio; a la inmensa mayoría, el Señor los llama para que, estando en el mundo, lo vivifiquen desde dentro en el matrimonio, que es «camino de santidad»11, o en el celibato, en el que se entrega el corazón entero por amor a Dios y a las almas.

La vocación no nace de buenos deseos o de grandes aspiraciones. Los Apóstoles, y ahora Matías, no eligieron ellos al Señor como Maestro, según la costumbre judía de seleccionar al rabino del que uno debía aprender. Fue Cristo quien los entresacó a ellos; a unos directamente, a Matías a través de esta elección que la Iglesia deja en las manos de Dios. No sois vosotros los que me habéis elegido -les recordará Jesús en la Última Cena, y hoy leemos en el Evangelio de la Misa-, sino Yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca12. ¿Por qué llegaron estos hombres a gozar de este inmenso don? ¿Por qué ellos precisamente y no otros? No cabe preguntarse por qué razón fueron elegidos. Simplemente, los llamó el Señor. Y en esa libérrima elección de Cristo –llamó a los que quiso13– estriba todo su honor y la esencia de su vida.

Desde el primer momento en que Jesús se fija en un alma y la invita a seguirle, se suceden luego otras muchas llamadas, que quizá parecen pequeñas, pero que señalan el camino; «a lo largo de la vida, de ordinario poco a poco pero constantemente, Dios nos propone –con invitación exigente– muchas “determinaciones” de esa llamada radical, que implican siempre la relación de persona a persona con Cristo. Dios nos pide desde el principio la decisión de seguirle, pero nos oculta, con sabia pedagogía, la totalidad de las posteriores determinaciones de aquella decisión, tal vez porque no seríamos capaces de aceptarlas in actu»14, en aquel momento. El Señor da luces y gracias particulares en esos impulsos en los que el Espíritu Santo parece tirar del alma hacia arriba, en deseos de ser mejores, de servir más a los hombres, y de modo particular a los que cada día conviven con nosotros. Nunca faltan sus gracias.

Matías, según nos señala la tradición, murió mártir, como los demás Apóstoles. La esencia de su vida estuvo en llevar a cabo el dulce y a veces doloroso encargo que aquel día puso el Espíritu Santo sobre sus hombros. También en la fidelidad a la propia vocación está nuestra mayor felicidad y el sentido de la propia vida, que el Señor va desvelando a su tiempo.

III. Jesús elige a los suyos, les llama. Este llamamiento es su mayor honor, lo que les da derecho a una particular unión con el Maestro, a especiales gracias, a ser escuchados de modo muy particular en la intimidad de la oración. «La vocación de cada uno se funde, hasta cierto punto, con su propio ser: se puede decir que vocación y persona se hacen una misma cosa. Esto significa que en la iniciativa creadora de Dios entra un particular acto de amor para con los llamados, no solo a la salvación, sino al ministerio de la salvación. Por eso, desde la eternidad, desde que comenzamos a existir en los designios del Creador y Él nos quiso criaturas, también nos quiso llamados, predisponiendo en nosotros los dones y las condiciones para la respuesta personal, consciente y oportuna a la llamada de Cristo o de la Iglesia. Dios que nos ama, que es Amor, es también Aquel que llama (cfr. Rom 9, 11)»15.

Pablo comienza sus cartas así: Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado al apostolado, elegido para predicar el Evangelio de Dios16. Llamado y elegido no por los hombres ni por la autoridad de un hombre, sino solo por Jesucristo, y por Dios, su Padre17. El Señor nos llama como llamó a Moisés18, a Samuel19, a Isaías20. Vocación que no se fundamenta en ningún mérito personal: Yahvé me llamó desde antes de mi nacimiento21. Y San Pablo lo dirá aún más categóricamente: Nos llamó con vocación santa, no en virtud de nuestras obras, sino en virtud de su designio22.

Jesús llamó a sus discípulos para que compartieran con Él su cáliz, es decir, su vida y su misión. Ahora nos invita a nosotros: hemos de estar atentos para no oscurecer esa voz con el ruido de las cosas, que, si no son en Él y por Él, no tienen el menor interés. Cuando se oye la voz de Cristo que invita a seguirle del todo, nada importa frente a la realidad de seguirle. Y Él, a lo largo de la vida, nos va desvelando la riqueza inmensa contenida en la primera llamada, la de aquel día que pasó más cerca de nosotros.

Apenas elegido, Matías se hunde de nuevo en el silencio. Con los demás Apóstoles experimentó el ardiente gozo de Pentecostés. Caminó, predicó y curó a enfermos, pero su nombre no vuelve a aparecer en la Sagrada Escritura. Como los demás Apóstoles, dejó una estela de fe imborrable que dura hasta nuestros días. Fue una luz encendida que Dios contempló con inmenso gozo desde el Cielo.

1 Antífona de entrada, Jn 15, 16. — 2 Cfr. Mt 19, 28. — 3 Cfr. Ef 2, 20. — 4 Hch 1. 21-22. — 5 2 Pdr 1. 16. — 6 Cfr. Lev 16, 8-9; Num 26, 55. — 7 Prov 16, 33. — 8 Cfr. Eusebio, Historia Ecclesiástica, 1, 12. — 9 Gal 1, 1. — 10 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 902. — 11 Cfr. Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, Rialp, 14ª ed., Madrid 1985, n. 92. — 12 Jn 15, 16. — 13 Mc 3, 13. — 14 P. Rodríguez, Vocación, trabajo, contemplación, EUNSA, Pamplona 1986, p. 28. — 15 Juan Pablo II, Alocución en Porto Alegre, 5-VII-1980. — 16 Rom 1. 1; 1 Cor 1, 1. — 17 Gal 1, 1. — 18 Ex 3, 4: 19, 20; 24, 16. — 19 1 Sam 3. 4. — 20 1, 49, 1. — 21 Is 48, 8. — 22 2 Tim 1, 9.

Después de la Ascensión, mientras esperaban la venida del Espíritu Santo, los Apóstoles eligieron a Matías para que ocupara el puesto de Judas y quedara completo el número de los Doce, que representaban a las doce tribus de Israel. Matías había sido discípulo del Señor y testigo de la Resurrección. Según la tradición, evangelizó Etiopía, donde sufrió martirio. Sus reliquias, por encargo de Santa Elena, fueron llevadas a Tréveris. Es el Patrono de esta ciudad.

 

 

“Auxilio de los cristianos”

«Auxilium christianorum!» –Auxilio de los cristianos, reza con seguridad la letanía lauretana. ¿Has probado a repetir esa jaculatoria en tus trances difíciles? Si lo haces con fe, con ternura de hija o de hijo, comprobarás la eficacia de la intercesión de tu Madre Santa María, que te llevará a la victoria. (Surco, 180)

14 de mayo

Es la hora de que acudas a tu Madre bendita del Cielo, para que te acoja en sus brazos y te consiga de su Hijo una mirada de misericordia. Y procura enseguida sacar propósitos concretos: corta de una vez, aunque duela, ese detalle que estorba, y que Dios y tú conocéis bien. La soberbia, la sensualidad, la falta de sentido sobrenatural se aliarán para susurrarte: ¿eso? ¡Pero si se trata de una circunstancia tonta, insignificante! Tú responde, sin dialogar más con la tentación: ¡me entregaré también en esa exigencia divina! Y no te faltará razón: el amor se demuestra de modo especial en pequeñeces. Ordinariamente, los sacrificios que nos pide el Señor, los más arduos, son minúsculos, pero tan continuos y valiosos como el latir del corazón.

¿Cuántas madres has conocido tú como protagonistas de un acto heroico, extraordinario? Pocas, muy pocas. Y, sin embargo, madres heroicas, verdaderamente heroicas, que no aparecen como figuras de nada espectacular, que nunca serán noticia –como se dice–, tú y yo conocemos muchas: viven negándose a toda hora, recortando con alegría sus propios gustos y aficiones, su tiempo, sus posibilidades de afirmación o de éxito, para alfombrar de felicidad los días de sus hijos. (Amigos de Dios, 134)

 

 

La oración

La oración es necesaria para la vida espiritual: es la respiración que permite que la vida del espíritu se desarrolle, y actualiza la fe en la presencia de Dios y de su amor.

RESÚMENES DE DOCTRINA CATÓLICA22/11/2016

El reconocimiento de la realidad de Dios provoca la tendencia a dirigirse a Él.

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1. Qué es la oración [1]

En castellano se cuenta con dos vocablos para designar la relación consciente y coloquial del hombre con Dios: plegaria y oración. La palabra “plegaria” proviene del verbo latino precor , que significa rogar, acudir a alguien solicitando un beneficio. El término “oración” proviene del substantivo latino oratio , que significa habla, discurso, lenguaje.

Las definiciones que se dan de la oración, suelen reflejar estas diferencias de matiz que acabamos de encontrar al aludir a la terminología. Por ejemplo, San Juan Damasceno, la considera como «la elevación del alma a Dios y la petición de bienes convenientes» [2]; mientras que para San Juan Clímaco se trata más bien de una «conversación familiar y unión del hombre con Dios» [3].

La oración es absolutamente necesaria para la vida espiritual. Es como la respiración que permite que la vida del espíritu se desarrolle. En la oración se actualiza la fe en la presencia de Dios y de su amor. Se fomenta la esperanza que lleva a orientar la vida hacia Él y a confiar en su providencia. Y se agranda el corazón al responder con el propio amor al Amor divino.

En la oración, el alma, conducida por el Espíritu Santo desde lo más hondo de sí misma (cfr. Catecismo, 2562), se une a Cristo, maestro, modelo y camino de toda oración cristiana (cfr. Catecismo, 2599 ss.), y con Cristo, por Cristo y en Cristo, se dirige a Dios Padre, participando de la riqueza del vivir trinitario (cfr. Catecismo, 2559-2564). De ahí la importancia que en la vida de oración tiene la Liturgia y, en su centro, la Eucaristía.

2. Contenidos de la oración

Los contenidos de la oración, como los de todo diálogo de amor, pueden ser múltiples y variados. Cabe, sin embargo, destacar algunos especialmente significativos:

Petición

Es frecuente la referencia a la oración impetratoria a lo largo de toda la Sagrada Escritura; también en labios de Jesús, que no sólo acude a ella, sino que invita a pedir, encareciendo el valor y la importancia de una plegaria sencilla y confiada. La tradición cristiana ha reiterado esa invitación, poniéndola en práctica de muchas maneras: petición de perdón, petición por la propia salvación y por la de los demás, petición por la Iglesia y por el apostolado, petición por las más variadas necesidades, etc.

De hecho, la oración de petición forma parte de la experiencia religiosa universal. El reconocimiento, aunque en ocasiones difuso, de la realidad de Dios (o más genéricamente de un ser superior), provoca la tendencia a dirigirse a Él, solicitando su protección y su ayuda. Ciertamente la oración no se agota en la plegaria, pero la petición es manifestación decisiva de la oración en cuanto reconocimiento y expresión de la condición creada del ser humano y de su dependencia absoluta de un Dios cuyo amor la fe nos da conocer de manera plena (cfr. Catecismo, 2629.2635).

Acción de gracias

El reconocimiento de los bienes recibidos y, a través de ellos, de la magnificencia y misericordia divinas, impulsa a dirigir el espíritu hacia Dios para proclamar y agradecerle sus beneficios. La actitud de acción de gracias llena desde el principio hasta el fin la Sagrada Escritura y la historia de la espiritualidad. Una y otra ponen de manifiesto que, cuando esa actitud arraiga en el alma, da lugar a un proceso que lleva a reconocer como don divino la totalidad de lo que acontece, no sólo aquellas realidades que la experiencia inmediata acredita como gratificantes, sino también de aquellas otras que pueden parecer negativas o adversas.

Consciente de que el acontecer está situado bajo el designio amoroso de Dios, el creyente sabe que todo redunda en bien de quienes –cada hombre– son objeto del amor divino (cfr. Rm 8, 28). «Acostúmbrate a elevar tu corazón a Dios, en acción de gracias, muchas veces al día. —Porque te da esto y lo otro. —Porque te han despreciado. —Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes. Porque hizo tan hermosa a su Madre, que es también Madre tuya. —Porque creó el Sol y la Luna y aquel animal y aquella otra planta. —Porque hizo a aquel hombre elocuente y a ti te hizo premioso... Dale gracias por todo, porque todo es bueno» [4].

Adoración y alabanza

Es parte esencial de la oración reconocer y proclamar la grandeza de Dios, la plenitud de su ser, la infinitud de su bondad y de su amor. A la alabanza se puede desembocar a partir de la consideración de la belleza y magnitud del universo, como acontece en múltiples textos bíblicos (cfr., por ejemplo, Sal 19; Si 42, 15-25; Dn 3, 32-90) y en numerosas oraciones de la tradición cristiana [5]; o a partir de las obras grandes y maravillosas que Dios opera en la historia de la salvación, como ocurre en el Magnificat (Lc 1, 46-55) o en los grandes himnos paulinos (ver, por ejemplo, Ef 1, 3-14); o de hechos pequeños e incluso menudos en los que se manifiesta el amor de Dios.

En todo caso, lo que caracteriza a la alabanza es que en ella la mirada va derechamente a Dios mismo, tal y como es en sí, en su perfección ilimitada e infinita. «La alabanza es la forma de orar que reconoce de la manera más directa que Dios es Dios. Le canta por Él mismo, le da gloria no por lo que hace sino por lo que Él es» (Catecismo, 2639). Está por eso íntimamente unida a la adoración, al reconocimiento, no sólo intelectual sino existencial, de la pequeñez de todo lo creado en comparación con el Creador y, en consecuencia, a la humildad, a la aceptación de la personal indignidad ante quien nos trasciende hasta el infinito; a la maravilla que causa el hecho de que ese Dios, al que los ángeles y el universo entero rinde pleitesía, se haya dignado no sólo a fijar su mirada en el hombre, sino habitar en el hombre; más aún, a encarnarse.

Adoración, alabanza, petición, acción de gracias resumen las disposiciones de fondo que informan la totalidad del diálogo entre el hombre y Dios. Sea cual sea el contenido concreto de la oración, quien reza lo hace siempre, de una forma u otra, explícita o implícitamente, adorando, alabando, suplicando, implorando o dando gracias a ese Dios al que reverencia, al que ama y en el que confía. Importa reiterar, a la vez, que los contenidos concretos de la oración podrán ser muy variados. En ocasiones se acudirá a la oración para considerar pasajes de la Escritura, para profundizar en alguna verdad cristiana, para revivir la vida Cristo, para sentir la cercanía de Santa María... En otras, iniciará a partir de la propia vida para hacer partícipe a Dios de las alegrías y los afanes, de las ilusiones y los problemas que el existir comporta; o para encontrar apoyo o consuelo; o para examinar ante Dios el propio comportamiento y llegar a propósitos y decisiones; o más sencillamente para comentar con quien sabemos que nos ama las incidencias de la jornada.

Encuentro entre el creyente y Dios en quien se apoya y por el que se sabe amado, la oración puede versar sobre la totalidad de las incidencias que conforman el existir, y sobre la totalidad de los sentimientos que puede experimentar el corazón. «Me has escrito: “orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?” —¿De qué? De Él, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias..., ¡flaquezas!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio. En dos palabras: conocerle y conocerte: “¡tratarse!”» [6]. Siguiendo una y otra vía, la oración será siempre un encuentro íntimo y filial entre el hombre y Dios, que fomentará el sentido de la cercanía divina y conducirá a vivir cada día de la existencia de cara a Dios.

3. Expresiones o formas de la oración

Atendiendo a los modos o formas de manifestarse la oración, los autores suelen ofrecer diversas distinciones: oración vocal y oración mental; oración pública y oración privada; oración predominantemente intelectual o reflexiva y oración afectiva; oración reglada y oración espontánea, etc. En otras ocasiones los autores intentan esbozar una gradación en la intensidad de la oración distinguiendo entre oración mental, oración afectiva, oración de quietud, contemplación, oración unitiva...

El Catecismo estructura su exposición distinguiendo entre: oración vocal, meditación y oración de contemplación. Las tres «tienen en común un rasgo fundamental: el recogimiento del corazón. Esta actitud vigilante para conservar la Palabra y permanecer en presencia de Dios hace de todas ellas tiempos fuertes de la vida de oración» (Catecismo, 2699). Un análisis del texto evidencia, por lo demás, que el Catecismo al emplear esa terminología no hace referencia a tres grados de la vida de oración, sino más bien a dos vías, la oración vocal y la meditación, presentándo ambas como aptas para conducir a esa cumbre en la vida de oración que es la contemplación. En nuestra exposición nos atendremos a este esquema.

Oración vocal

La expresión “oración vocal” apunta a una oración que se expresa vocalmente, es decir, mediante palabras articuladas o pronunciadas. Esta primera aproximación, aun siendo exacta, no va al fondo del asunto. Pues, de una parte, todo dialogar interior, aunque pueda ser calificado como exclusiva o predominantemente mental, hace referencia, en el ser humano, al lenguaje; y, en ocasiones, al lenguaje articulado en voz alta, también en la intimidad de la propia estancia. De otra, hay que afirmar que la oración vocal no es asunto sólo de palabras sino sobre todo de pensamiento y de corazón. De ahí que sea más exacto sostener que la oración vocal es la que se hace utilizando fórmulas preestablecidas tanto largas como breves (jaculatorias), bien tomadas de la Sagrada Escritura (el Padrenuestro, el Avemaria ...), bien recibidas de la tradición espiritual (el Señor mío Jesucristo, el Veni Sancte Spiritus , la Salve, el Acordaos ...).

Todo ello, como resulta obvio, con la condición de que las expresiones o formulas recitadas vocalmente sean verdadera oración, es decir, que cumplan con el requisito de que quien las recita lo haga no sólo con la boca sino con la mente y el corazón. Si esa devoción faltara, si no hubiera conciencia de quién es Aquél al que la oración se dirige, de qué es lo que en la oración se dice y de quién es aquél la dice, entonces, como afirma con expresión gráfica Santa Teresa de Jesús, no se puede hablar propiamente de oración «aunque mucho se meneen los labios» [7].

La oración vocal juega un papel decisivo en la pedagogía de la plegaría, sobre todo en el inicio del trato con Dios. De hecho, mediante el aprendizaje de la señal de la Cruz y de oraciones vocales el niño, y con frecuencia también el adulto, se introduce en la vivencia concreta de la fe y, por tanto, de la vida de oración. No obstante, el papel y la importancia de la oración vocal no está limitada a los comienzos del diálogo con Dios, sino que está llamada a acompañar la vida espiritual durante todo su desarrollo.

La meditación

Meditar significa aplicar el pensamiento a la consideración de una realidad o de una idea con el deseo de conocerla y comprenderla con mayor hondura y perfección. En un cristiano la meditación –a la que con frecuencia se designa también oración mental– implica orientar el pensamiento hacia Dios tal y como se ha revelado a lo largo de la historia de Israel y definitiva y plenamente en Cristo. Y, desde Dios, dirigir la mirada a la propia existencia para valorarla y acomodarla al misterio de vida, comunión y amor que Dios ha dado a conocer.

La meditación puede desarrollarse de forma espontánea, con ocasión de los momentos de silencio que acompañan o siguen a las celebraciones litúrgicas o a raíz de la lectura de algún texto bíblico o de un pasaje autor espiritual. En otros momentos puede concretarse mediante la dedicación de tiempos específicamente destinados a ello. En todo caso, es obvio que –especialmente en los principios, pero no sólo entonces– implica esfuerzo, deseo de profundizar en el conocimiento de Dios y de su voluntad, y en el empeño personal efectivo con vistas a la mejora de la vida cristiana. En ese sentido, puede afirmarse que «la meditación es, sobre todo, una búsqueda» (Catecismo, 2705); si bien conviene añadir que se trata no de la búsqueda de algo , sino de Alguien . A lo que tiende la meditación cristiana no es sólo, ni primariamente, a comprender algo (en última instancia, a entender el modo de proceder y de manifestarse de Dios), sino a encontrarse con Él y, encontrándolo, identificarse con su voluntad y unirse a Él.

La oración contemplativa

El desarrollo de la experiencia cristiana, y, en ella y con ella, el de la oración, conducen a una comunicación entre el creyente y Dios cada vez más continuada, más personal y más íntima. En ese horizonte se sitúa la oración a la que el Catecismo califica de contemplativa, que es fruto de un crecimiento en la vivencia teologal del que fluye un vivo sentido de la cercanía amorosa de Dios; en consecuencia, el trato con Él se hace cada vez más directo, familiar y confiado, e incluso, más allá de las palabras y del pensamiento reflejo, se llega a vivir de hecho en íntima comunión con Él.

«¿Qué es esta oración?», se interroga el Catecismo al comienzo del apartado dedicado a la oración contemplativa, para contestar enseguida afirmando, con palabras tomadas de Santa Teresa de Jesús, que no es otra cosa «sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama» [8]. La expresión oración contemplativa, tal y como la emplean el Catecismo y otros muchos escritos anteriores y posteriores, remite pues a lo que cabe calificar como el ápice de la contemplación; es decir, el momento en el que, por acción de la gracia, el espíritu es conducido hasta el umbral de lo divino trascendiendo toda otra realidad. Pero también, y más ampliamente, a un crecimiento vivo y sentido de la presencia de Dios y del deseo de una profunda comunión con Él. Y ello sea en los tiempos dedicados especialmente a la oración, sea en el conjunto del existir. La oración está, en suma, llamada a envolver a la entera persona humana –inteligencia, voluntad y sentimientos–, llegando al centro del corazón para cambiar sus disposiciones, a informar toda la vida del cristiano, haciendo de él otro Cristo (cfr. Ga 2,20).

4. Condiciones y características de la oración

La oración, como todo acto plenamente personal, requiere atención e intención, conciencia de la presencia de Dios y diálogo efectivo y sincero con Él. Condición para que todo eso sea posible es el recogimiento. La voz recogimiento significa la acción por la que la voluntad, en virtud de la capacidad de dominio sobre el conjunto de las fuerzas que integran la naturaleza humana, procura moderar la tendencia a la dispersión, promoviendo de esa forma el sosiego y la serenidad interiores. Esta actitud es esencial en los momentos dedicados especialmente a la oración, cortando con otras tareas y procurando evitar las distracciones. Pero no ha de quedar limitada a esos tiempos: sino que debe extenderse, hasta llegar al recogimiento habitual, que se identifica con una fe y un amor que, llenando el corazón, llevan a procurar vivir la totalidad de las acciones en referencia a Dios, ya sea expresa o implícitamente.

Otra de las condiciones de la oración es la confianza . Sin una confianza plena en Dios y en su amor, no habrá oración, al menos oración sincera y capaz de superar las pruebas y dificultades. No se trata sólo de la confianza en que una determinada petición sea atendida, sino de la seguridad que se tiene en quien sabemos que nos ama y nos comprende, y ante quien se puede por tanto abrir sin reservas el propio corazón (cfr. Catecismo , 2734-2741).

En ocasiones la oración es diálogo que brota fácilmente, incluso acompañado de gozo y consuelo, desde lo hondo del alma; pero en otros momentos –tal vez con más frecuencia– puede reclamar decisión y empeño. Puede entonces insinuarse el desaliento que lleva a pensar que el tiempo dedicado al trato con Dios carece sentido (cfr. Catecismo , n. 2728). En estos momentos, se pone de manifiesto la importancia de otra de las cualidades de la oración: la perseverancia . La razón de ser de la oración no es la obtención de beneficios, ni la busca de satisfacciones, complacencias o consuelos, sino la comunión con Dios; de ahí la necesidad y el valor de la perseverancia en la oración, que es siempre, con aliento y gozo o sin ellos, un encuentro vivo con Dios (cfr. Catecismo , 2742-2745, 2746-2751).

Rasgo específico, y fundamental, de la oración cristiana es su carácter trinitario. Fruto de la acción del Espíritu Santo que, infundiendo y estimulando la fe, la esperanza y el amor, lleva a crecer en la presencia de Dios, hasta saberse a la vez en la tierra, en la que se vive y trabaja, y en el cielo, presente por la gracia en el propio corazón [9]. El cristiano que vive de fe se sabe invitado a tratar a los ángeles y a los santos, a Santa María y, de modo especial, a Cristo, Hijo de Dios encarnado, en cuya humanidad percibe la divinidad de su persona. Y, siguiendo ese camino, a reconocer la realidad de Dios Padre y de su infinito amor, y a entrar cada vez con más hondura en un trato confiado con Él.

La oración cristiana es por eso y de modo eminente una oración filial. La oración de un hijo que, en todo momento –en la alegría y en el dolor, en el trabajo y en el descanso– se dirige con sencillez y sinceridad a su Padre para colocar en sus manos los afanes y sentimientos que experimenta en el propio corazón, con la seguridad de encontrar en Él comprensión y acogida. Más aún, un amor en el que todo encuentra sentido.

José Luis Illanes

Publicado originalmente el 21 de noviembre de 2012


 

Bibliografía básica

Catecismo de la Iglesia Católica, 2558-2758.

Lecturas recomendadas

San Josemaría, Homilías El triunfo de Cristo en la humildad; La Eucaristía, misterio de fe y amorLa Ascensión del Señor a los cielos; El Gran Desconocido Por María, hacia Jesús, en Es Cristo que pasa, 12-21, 83-94, 117-126, 127-138 y 139-149; Homilías El trato con Dios; Vida de oración Hacia la santidad, en Amigos de Dios , 142-153, 238-257, 294-316.

J. Echevarría, Itinerarios de vida espiritual , Planeta, Barcelona 2001, pp. 99-114.

J.L. Illanes, Tratado de teología espiritual, Eunsa, Pamplona 2007, pp. 427-483.

M. Belda, Guiados por el Espíritu de Dios. Curso de Teología Espiritual, Palabra Madrid 2006, pp. 301-338.


[1] La Iglesia profesa su Fe en el Símbolo de los Apostóles (Primera parte de estos guiones). Celebra el Misterio, es decir, la realidad de Dios y de su amor a la que nos abre la fe, en la Liturgia sacramental (Segunda parte). Como fruto de esa celebración del Misterio los fieles reciben una vida nueva que les lleva a vivir de acuerdo con la condición de hijos de Dios (Tercera parta). Esa comunicación al hombre de la vida divina reclama ser recibida y vivida en actitud de relación personal con Dios: esta relación se expresa, desarrolla y potencia en la oración (Cuarta parte ).

[2] San Juan Damasceno, De fide orthodoxa, III, 24; PG 94,1090.

[3] San Juan Clímaco, Scala paradisi, grado28; PG 88, 1129.

[4] San Josemaría, Camino, 268.

[5] Remitamos a dos de las más claras y conocidas: las “Alabanzas al Dios Altísimo” y el “Cántico del hermano sol” de San Francisco de Asís.

[6] San Josemaría, Camino, 91.

[7] Santa Teresa de Jesús, Moradas primeras, c. 1, 7, en Obras completas, ed. de Efrén de la Madre de Dios y O. Steggink, Madrid 1967, p. 366.

[8] Santa Teresa de Jesús, Libro de la vida, c. 8, n. 5, en Obras completas, p. 50; cfr. Catecismo, 2709.

[9] Cfr. San Josemaría, Conversaciones, 116.

 

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La teóloga Jutta Burggraf afirma que el ecumenismo no es una cuestión de doctrina teológica ni de colaboración pastoral, sino de oración y de caridad.

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Jutta Burggraf es profesora de Teología Sistemática y de Ecumenismo en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Zenit ha querido interpelarla acerca de la Semana de Oración para la Unidad entre los Cristianos (18-25 enero).

Burggraf recuerda a que «la esperada unidad no será un producto de nuestras fuerzas, sino «un don que viene de lo alto». Su verdadero protagonista es el Espíritu Santo».

Jutta Burggraf, alemana de origen y profesora en la Universidad de Navarra desde hace años, es autora de «Conocerse y comprenderse. Una introducción al ecumenismo», Madrid 2003, 2ª ed. 2003 y del folleto: «Ecumenismo: ¿Qué es? ¿Cómo se vive?», Madrid 2006.

--¿Por qué es necesaria, la semana de oración para la unidad?

--Burggraf: Durante el octavario, los cristianos católicos, ortodoxos y protestantes de todas las denominaciones --esparcidos por el mundo entero-- están invitados «expresamente» a rezar juntos por su unidad. La Semana se celebra cada año del 18 al 25 de enero, día en que la Iglesia conmemora la conversión de San Pablo.

La fecha es significativa: nos recuerda que no podemos acercarnos unos a otros sin una profunda conversión interior, sin buscar cada uno vivir en intimidad con Cristo. Es en él donde nos uniremos algún día.

La esperada unidad no será un producto de nuestras fuerzas, sino «un don que viene de lo alto». Su verdadero protagonista es el Espíritu Santo, quien nos conduce, por los caminos que quiere, hacia la madurez cristiana.

En la oración encontramos sobre todo a Dios, pero de manera especial también a los demás. Cuando rezo por alguien, le veo a través de otros ojos, ya no con aquellos llenos de sospecha o de ánimo de control, sino con los ojos de Dios. De esta manera, puedo descubrir lo bueno en cada persona, en cada planteamiento. Dejo aparte mis prejuicios y comienzo a sentir simpatía por el otro.

Rezar significa, purificar el propio corazón, para que el otro verdaderamente pueda tener sitio dentro de él. Si tengo prejuicios o recelos, cualquiera que entre en ese recinto recibirá un golpe rudo. Tenemos que crear un lugar para los demás en nuestro interior. Tenemos que ofrecerles nuestro corazón como lugar hospitalario, donde puedan encontrar mucho respeto y comprensión.

Si conseguimos esto, será más auténtico el diálogo. A veces, creemos poder disimular fácilmente nuestros sentimientos y pensamientos negativos. Tratamos de guardar las apariencias, y luego nos asombramos que los demás desconfíen de nosotros. La razón es muy sencilla: los demás suelen percibir con gran nitidez lo que pasa en nuestro interior. Notan si los aceptamos o los rechazamos, y actúan en consecuencia. Así vemos la importancia de empezar por nosotros mismos en la búsqueda de la unidad.

--Se insiste mucho en el llamado «ecumenismo espiritual»...

--Burggraf: Con razón, porque el ecumenismo no es, en primer lugar, una cuestión de doctrina teológica ni de colaboración pastoral, sino de oración y de caridad. Así como la falta de amor engendra desuniones, la «santidad de vida»puede considerarse como el «alma»o motor de todo el movimiento ecuménico.

Es significativo que Juan Pablo II haya invitado repetidas veces a una purificación de la memoria a todas las personas y asociaciones.

Sabemos bien que la memoria no es sólo una facultad relativa al pasado; por el contrario, influye profundamente en el presente. Lo que recordamos afecta, con frecuencia, a nuestras relaciones con los demás. Si una herida del pasado queda en la memoria, esta herida puede llevar a una persona a encerrarse en sí misma; puede traducirse en una cierta resistencia a encontrarse de una manera serena entre los demás, y puede dificultar o incluso impedir una amistad.

Teniendo esto en cuenta, Benedicto XVI ha dado recientemente un ejemplo elocuente: cuando, a causa de su famosa conferencia de Ratisbona había llegado a ser la víctima de una campaña organizada por algunos adversarios de la Iglesia, no culpó a nadie; es más, sobrepasó las reglas de la mera justicia y pidió perdón a los musulmanes por las palabras que podrían haberles herido.

Podemos estar seguros de que una persona contribuye más a la unidad de la Iglesia cuando procura transmitir el amor de Dios a los demás, que cuando se dedica a los diálogos teológicos más eruditos con un corazón frío.

--El Papa está demostrando continuamente su compromiso ecuménico. ¿Advierte un celo análogo, entre los católicos en general?

--Burggraf: Benedicto XVI señaló, desde el comienzo de su pontificado, que está dispuesto a «trabajar sin ahorrar energías en la reconstitución de la unidad plena y visible de todos los seguidores de Cristo».

Está realizando una gran labor ecuménica, hecha no sólo de palabras, sino, sobre todo, de gestos fraternos.

Así, por ejemplo, ha donado una considerable cantidad de dinero al patriarcado de Moscú para la reconstrucción de la catedral de la Trinidad en San Petersburgo.

Y, a pesar de las dificultades, que se experimentan actualmente entre anglicanos y católicos por cuestiones de carácter teológico y ético, ha firmado, hace apenas dos meses, una animante declaración conjunta con el primado de la Comunión anglicana.

Los católicos están cada vez más familiarizados con el reto que supone la unidad de todos los cristianos.

A la vez, se dan cuenta --y el Papa insiste también en esto-- de que el diálogo tiene distintos niveles o «círculos».

Tiene que comenzar antes, en la «propia casa», entre los mismos católicos, que tienen que conocerse para entenderse bien. No debemos excluir de nuestro interés y cariño a las personas de otras comunidades católicas. Hay mucha variedad en nuestra Iglesia.

No puede ser que las múltiples familias religiosas se cierren unas a otras, que cada una vaya a lo suyo, que quizá haya incluso competencias y rivalidades entre ellas. De este modo, nunca podremos dar a nadie un testimonio convincente de la cercanía de Dios.

Asimismo, los católicos tienen una viva conciencia de que el diálogo va más allá del ecumenismo. Se dirige también a los seguidores de otras religiones y al mundo secularizado. Allí nos espera una inmensa tarea, que sólo podemos afrontar si estamos unidos: con Dios, entre nosotros los católicos y con todos los cristianos.

--Cuando usted explica el ecumenismo y sus pasos desde el Concilio Vaticano II a sus estudiantes: ¿nota interés, recelo, sorpresa?

--Burggraf: En la Facultad de Teología, tengo alumnos de cuatro continentes, que se llevan muy bien entre sí. La pluralidad es riqueza.

En este clima, no es de sorprender que haya interés por el ecumenismo, mucho antes de empezar las clases. Los alumnos están abiertos para conocer la historia, los razonamientos, las costumbres y mentalidades de los otros cristianos, no sólo de modo teórico, sino también práctico: algunos acuden a los encuentros en Taizé, otros hacen --en las vacaciones-- una peregrinación a Santiago con algún amigo de otra confesión. Tienen muchas iniciativas personales.

Hay también alumnos que pertenecen a Iglesias orientales católicas y nos explican, en clases especialmente dedicadas a ello, el sentido profundo de su modo tan diferente de celebrar la liturgia.

También en las otras Facultades se ha despertado un cierto interés por el ecumenismo. Los estudiantes de hoy ya no tienen los recelos que, quizás, hayan sufrido otras generaciones. Sin embargo, no conocen muy bien la propia fe; muchos no tienen una clara identidad católica.

Por esto, antes de «dialogar»con otros cristianos, es preciso para ellos descubrir la belleza de su fe. Porque, en un auténtico diálogo, el otro quiere saber quién soy yo, y yo quiero saber quién es él.

Si hacemos amistad con una persona de otra confesión religiosa, nos interesa realmente lo que piensa y cree. Si ignoramos lo que nos separa, creamos un ambiente de confusión que no ayuda a nadie.

Cuando, en cambio, los miembros de las diversas comunidades cristianas siguen cada uno fielmente sus propias creencias, puede parecer, en ciertas circunstancias, que tienen poco en común, que están bastante alejados unos de otros.

Pero interiormente se parecen mucho más que cuando se juntan en acuerdos superficiales y dejan de lado la pregunta por la verdad.

Si cada uno sigue su propia fe, se encuentran unidos en lo más hondo de su ser. Tienen la misma actitud fundamental que es la fidelidad a sus propias convicciones. Existe entre ellos una unidad no plenamente visible, pero sumamente real. Es tan real como el Espíritu de Cristo que actúa en ellos.

 

En la pandemia, ancianos y con cáncer, se hacen católicos: «Me convenció una misa pregrabada en TV»

Lynnette y Richard se hacen católicos con más de 70 años - la misa breve y pregrabada de la TV les daba paz, dicen

P.J.Ginés/ReL

El matrimonio Sargeant, Richard (72 años) y Lynnette (71 años) han sido recibidos en la plena comunión con la Iglesia Católica en una ceremonia especialmente autorizada a pesar del confinamiento por el arzobispo de Brisbane (Australia), Mark Coleridge.

Richard Sargeant tiene cáncer de garganta, lucha contra el cáncer hace 5 años y no tiene ganas de perder mucho el tiempo ni demorar las cosas serias.

La ceremonia fue íntima, casi sin testigos, el pasado 21 de abril en la parroquia de Saint Patrick en Beenleigh. Pero para ellos significó un cambio interior especial. Tenían previsto hacerlo en Pascua, pero los confinamientos por coronavirus obligaron a cambiarlo todo. Pese a la ceremonia sin gente, declaran que "estamos felices de hacerlo así, más que felices".

Una conexión católica, una enfermedad seria...

Ellos siempre se consideraron cristianos "a su manera". Pero su hija se casó con un católico y sus nietos iban siendo educados en la fe católica, la misa dominical... y ellos, como abuelos, empezaron a pasar más tiempo con esta familia y sus actividades parroquiales, explican en el Catholic Leader.

A Richard Sargeant le diagnosticaron el cáncer de garganta hace 5 años. Ha necesitado radioterapia y cirugía. Perdió el apetito, mucho peso y masa corporal. Su esposa señala que en los últimos meses "ha ido cuesta abajo rápido".

Comparando misas y servicios religiosos por televisión

Hace 11 meses el matrimonio tomó la decisión de hacerse católicos. El detonante para decidirse fue comparar la misa por televisión con otros servicios televisivos de congregaciones protestantes carismáticas.

En una grave caída, Lynnete se había roto el hombro, la pelvis y el hueso ilíaco en la cadera. En casa, sin poder moverse mucho, el matrimonio empezó a ver servicios religiosos por televisión de distintas denominaciones. Lo hicieron durante meses. Y les gustó la "Misa para Ti en Casa" del Channel 10 australiano, que es muy breve y pregrabada.

"Lo que me gusta de ella [la misa], por encima de las iglesias evangélicas, es que tiene estructura, tiene paz, hay suavidad y hay tradición", resume Richard, muy concreto.

"Tiene reglas estipuladas que llevan todas a Dios", añade.

Raíces católicas de Lynnette

Lynnette dice que su padre era católico pero que él murió cuando ella tenía 4 años. Lynnette en los últimos años acudió en bastantes ocasiones a una iglesia baptista. "Me gusta su música, pero allí no encuentras la quietud que hay en la misa", señala.

La abuela de Lynnette, que era católica, fue para ella un buen ejemplo y precedente. "Yo solía ayudarla en su iglesita de Lismore; ella preparaba la misa y todo para el sacerdote, y yo iba con ella", recuerda de sus infancia.

Primera comunión... y no más mientras haya cuarentena

Así, el 21 de abril Richard Sargeant comulgaba por primera vez, con 72 años. "Fue algo muy sereno", dice. Hacer la ceremonia casi sin gente -estaban con ellos dos parroquianos que les han acompañado en su periodo de catequesis- ayudó a dar esa tranquilidad y serenidad.

Han comulgado y están alegres... pero ya no pueden volver a comulgar hasta que acaben las cuarentenas y vuelva el culto público (excepto que por razones médicas lo pidan).

Piensan que en junio podrían ir a misa en el templo: ¡serían católicos que van a misa, por fin! "La vemos por televisión, pero no es lo mismo", dicen.

 

 

La virtud cristiana, esencia de la Nobleza

La caballerosidad aristocrática bien entendida, lejos de constituir un factor de división es, en realidad, un elemento de unión que impregna de amenidad la convivencia entre el noble y los miembros de otras clases sociales

Según muchos, la nobleza es una mera reminiscencia ornamental y caduca de épocas pasadas. Sin embargo, hoy cuando se repite que el mundo no será el de antes de la pandemia, nuestros ojos deben volverse hacia los ideales católicos de siempre.

Virtud e ideal cristianos

Contenidos

En nuestros días, el noble debe ser, antes que nada, un hombre en el que brillen las cualidades de su alma. La virtud cristiana y el ideal cristiano forman parte de la propia esencia de la nobleza.

“Levantad vuestros ojos y fijadlos en el ideal cristiano. Todas estas agitaciones, evoluciones o revoluciones lo dejan intacto; nada pueden contra aquello que es la más íntima esencia de la verdadera nobleza, de aquella que aspira a la perfección cristiana como la expuso el Redentor en el Sermón de la Montaña. Fidelidad incondicional a la doctrina católica, a Cristo y a su Iglesia; capacidad y deseo de ser también para los demás modelo y guía. (…)

Dad al mundo, incluso al mundo de los creyentes y católicos practicantes, el espectáculo de una vida conyugal irreprensible, la edificación de un hogar auténticamente ejemplar.” [1]

La virtud de la intransigencia

A continuación Pío XII estimula a la nobleza a que demuestre una santa intransigencia:

“Oponed, en vuestras casas y en vuestros ambientes, un dique a toda infiltración de principios de perdición, de condescendencias o tolerancias perniciosas que podrían contaminar u ofuscar la pureza del matrimonio o de la familia. He aquí, ciertamente una insigne y santa empresa, bien capaz de inflamar el celo de la Nobleza romana y cristiana de nuestros tiempos.” [2]

Cualidades de alma del noble actual

Para vencer los gravísimos obstáculos que se oponen al perfecto cumplimiento de su deber, el miembro de la Nobleza o de las élites tradicionales debe ser hombre de valor. Es lo que de él espera el Vicario de Cristo:

Fortaleza de alma

“Por eso, lo que de vosotros esperamos es, antes que nada, una fortaleza de ánimo que ni las más duras pruebas consigan abatir; una fortaleza de ánimo que no solamente os convierta en perfectos soldados de Cristo, sino también, por así decir, en animadores y sustentadores de quienes se sientan tentados de dudar o ceder.

“Lo que esperamos de vosotros, en segundo lugar, es una prontitud para la acción, que no se atemorice ni desanime en previsión de ninguno de los sacrificios hoy exigidos por el bien común; una prontitud y un fervor tales que, al haceros solícitos en el cumplimiento de todos vuestros deberes de católicos y ciudadanos, os preserven de caer en un ‘abstencionismo’ apático e inerte, que sería gravemente culpable en una época en la que están en juego los más vitales intereses de la religión y de la patria.

El sacrificio y el cumplimiento del deber

“Lo que esperamos de vosotros, además, es una prontitud en la acción que la perspectiva de sacrificio ‒cualquiera sea, exigida hoy por el bien común‒ no asuste ni desanime; una prontitud y un fervor que, haciéndoos alegres en el cumplimiento de vuestros deberes de católicos y de ciudadanos, os impidan de caer en un “abstencionismo” apático e inerte que sería gravemente culpable en una época en la que están en juego los intereses más vitales de la religión y de la patria.

 “¡Que puedan esta fortaleza de ánimo, este fervor y este espíritu fraternal guiar cada uno de vuestros pasos y confortar vuestra marcha a lo largo del nuevo año, que tan incierto se anuncia, y que casi parece conduciros al interior de un oscuro túnel!” [3]

El Pontífice desarrolla aún más esos conceptos en su alocución de 1949:

“De fortaleza de ánimo todos tienen necesidad, especialmente en nuestros días, para soportar con valor el sufrimiento, para superar victoriosamente las dificultades de la vida, para cumplir con constancia su propio deber. ¿Quién no tiene algo por lo que sufrir? ¿Quién no tiene algo de qué dolerse? ¿Quién no tiene algo por lo que luchar?

Solamente quien se rinde o huye. Pero vosotros tenéis menos derecho que muchos otros a rendiros o huir.

“Hoy, los sufrimientos, las dificultades y las necesidades son, en general, comunes a todas las clases, a todas las condiciones, a todas las familias, a todas las personas. Y si algunos están exentos de ellos, si nadan en la opulencia y en los placeres, esto debería incitarles a cargar sobre sí las miserias y privaciones de los demás. ¿Quién podrá encontrar alegría y reposo, quién no sentirá más bien malestar y rubor por vivir en el ocio y en la frivolidad, en el lujo y en los placeres, en medio de una casi general tribulación?

Inmolación al bien común

“Prontitud para la acción. Dentro de una gran solidaridad personal y social, cada uno debe estar dispuesto a trabajar, a inmolarse, a consagrarse al bien de todos. La diferencia está, no en el hecho de la obligación, sino en el modo de cumplirla. ¿Y no es acaso verdad que quienes disponen de más tiempo y de medios más abundantes deben ser más asiduos y solícitos en servir?

“Al hablar de medios, Nos no tenemos la intención de referirnos única o principalmente a las riquezas, sino a todas las dotes de inteligencia, cultura, educación, conocimientos, autoridad, las cuales no han sido concedidas a algunos privilegiados de la fortuna para su exclusivo provecho o para crear una irremediable desigualdad entre hermanos, sino para el bien de toda la comunidad social.

En todo aquello que es para servicio del prójimo, de la sociedad, de la Iglesia de Dios, debéis ser siempre vosotros los primeros; en eso consiste vuestro verdadero punto de honra; ahí está vuestra más noble precedencia.

Adhesión a la doctrina y vida cristiana

“Generosa adhesión a los preceptos de la doctrina y de la vida cristiana. Son éstos los mismos para todos, porque no hay dos verdades ni dos leyes: ricos y pobres, grandes y pequeños, eminentes o humildes, están igualmente obligados por la Fe a someter su entendimiento a un mismo dogma, por la fe, y su voluntad a una misma moral por la obediencia; pues el justo juicio de Dios será mucho más severo con aquellos que han recibido más, que están en mejores condiciones de conocer la única doctrina y ponerla en práctica en la vida cotidiana; con aquellos que mediante su ejemplo y autoridad pueden más fácilmente guiar a los demás por las vías de la justicia y de la salvación, o bien perderlos por los funestos senderos de la incredulidad y del pecado.” [4]

Estas últimas palabras muestran que el Pontífice no admite una nobleza o una élite tradicional en la medida en la que cumplen y abnegadamente una misión de apostolado. La nobleza que vive para el lucro y no para la fe, sin ideales, aburguesada (en el sentido peyorativo a veces atribuido a esta palabra), es un cadáver de nobleza. [5]

El carácter caballeresco de la aristocracia

La posesión efectiva y duradera de estas virtudes y cualidades de alma lleva naturalmente al noble a tener maneras caballerescas y superiormente distinguidas. Un noble dotado de tales cualidades y de tales maneras, ¿no puede constituir un elemento de división entre las clases sociales?

No. La caballerosidad aristocrática bien entendida, lejos de constituir un factor de división es, en realidad, un elemento de unión que impregna de amenidad la convivencia entre el noble y los miembros de otras clases sociales con las que tenga trato en razón de su profesión o de sus actividades.

Esta espíritu caballeresco mantiene una distinción entre las clases “sin confusión ni desorden”, [6] es decir, sin nivelaciones igualitarias, y hace por el contrario sus relaciones amistosas.

Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

La “no comunión”

María Solano

Papa Francisco dando la Primera Comunión.

Este sábado celebramos todos juntos en familia un día que jamás habríamos existido si el coronavirus no hubiera venido para darle un vuelco a nuestra vida. Emulando a Lewis Carroll, sentados a la mesa sin Alicia, ni sombrerero loco, ni gato, ni conejito blanco con chistera, ni “feliz no cumpleaños”, recordamos la “no comunión” de mi hijo Juan. Día brillante de primavera, perfecto, ni frío ni calor, de esos que toda madre sueña. Todo en orden salvo el confinamiento. La comunión tendrá que esperar. Por ahora, hasta la segunda mitad de octubre. En octubre, Dios proveerá.

La “no comunión” es un ejemplo de todo lo que no nos está pasando y que nos obliga a crecer a marchas forzadas, a salir de ese “mundo de la piruleta” donde todo era tan sencillo que lo dábamos por supuesto. La “no comunión” es una razón para la alegría porque si bien nos habría encantado que hoy Juan ya hubiese recibido su Primera Comunión, auguro que cuando lo logre en el otoño, o en el invierno, o en la primavera siguiente, quién sabe, lo vivirá con una intensidad que la normalidad arrebató al resto de sus hermanos.

Porque la “anormalidad”, que no “nueva normalidad”, nos ha confrontado con realidades desconocidas para nosotros, con ausencias, con imposibles que siempre parecían factibles, nos ha hecho darnos cuenta de pequeñas e inusitadas fortunas a las que no dábamos la suficiente importancia. Por ejemplo, cada mañana de las de antes, cuando examinaba la agenda de mi día con la luna todavía alta, tenía una dicha que no sabía valorar. Podía elegir en función misa a mi antojo en función de mis obligaciones: la 7,25 en Santa Elena, la del CEU a las 8,15, las otras dos en el CEU durante el mismo día, la de la tarde cerca de mi casa… la duda estaba en la elección.

Y ahora cumplimos más de 50 días de comuniones espirituales y hemos visitado todas las catedrales de España y hemos acompañado al Papa en Santa Marta. Agradezco esa alarma que me sacada de mis quehaceres cada día para “engancharme” a las 13,00 al canal de Youtube de la Fundación CEU San Pablo, donde el viceconsiliario nacional de la ACdP, don Andrés Ramos, desde una casi vacía capilla del Colegio Mayor de San Pablo, reúne a cientos de feligreses digitales ansiosos, cada vez más, aquella “vieja normalidad” a la que demasiadas veces tan poca importancia dábamos.

Por supuesto, en casa, para la “no comunión” de Juan tuvimos un menú especial diseñado por él. Arropado por todos sus hermanos, y con la familia a través del teléfono, recibió el ánimo de todos los suyos. Este tiempo pasará. Llegará otro. Llegará la verdadera Primera Comunión. Y al niño se le encienden las mejillas de la alegría al pensar en ese día (y también, un poco por los regalos, claro está, que Juan es muy especial, pero tiene nueve años…

Me pregunto qué pasará en otoño, en invierno, en primavera, cuando por fin pueda ser. Me pregunto cómo será para Juan haber podido recorrer ese camino que media entre la “no comunión” y la “sí comunión”. Y me doy cuenta de que, verdaderamente, Dios sabe mostrarnos lo bueno que hay en todo. Al final, es la espera la que engendra la esperanza y ese don es el que tenía Juan en su cara pecosa y sonriente cuando miraba hacia el mañana.

María Solano Altaba

Decana de la Facultad de Humanidades y CC. Comunicación

Universidad CEU San Pablo

 

 

"La crisis del coronavirus ha puesto en evidencia las debilidades de la Unión Europea como proyecto común"

En el Día de Europa, la investigadora del Instituto Cultura y Sociedad Anna Dulska analiza la estrategia europea ante la pandemia del coronavirus

Anna Dulska, investigadora del ICS
FOTO: Manuel Castell

 

08/05/20 15:35 Natalia Rouzaut

Anna Dulska es doctora en Historia, Máster en Dinámicas de Cambio en las Sociedades Modernas Avanzadas y licenciada en Administración y Dirección de Empresas.. Actualmente es investigadora del proyecto ‘Creatividad y herencia cultural’ del Instituto Cultura y Sociedad (ICS) de la Universidad de Navarra.

En el Día de Europa, que conmemora el discurso de Robert Schuman, ministro francés de Asuntos Exteriores, en 1950 considerado el germen de la Unión Europea (UE), la experta analiza la estrategia europea ante la actual crisis del COVID-19. Según Dulska, esta crisis ha supuesto un examen de dos partes a una UE previamente dividida. Primero, ha debido gestionar una situación sin precedentes con grandes pérdidas humanas y, después, deberá enfrentar una crisis económica demostrando lo aprendido tras la crisis de 2008.

¿Cómo está afectando la crisis del COVID-19 a Europa?
La pandemia del coronavirus que está afectando a nuestro mundo ha supuesto una crisis doble. Por un lado, las propiedades y transmisión del virus que no entienden de geopolítica ni fronteras. Hasta que no se encuentre una vacuna o un tratamiento, estos factores están fuera de nuestro control. Por otro lado, está lo que sí depende de los humanos: la gestión de esta contingencia en todos los niveles de organización política o económica, desde las organizaciones internacionales, tales como la Organización Mundial de la Salud, hasta las unidades territoriales más pequeñas. Desde las multinacionales hasta las tiendas del barrio, en definitiva, desde lo global hasta lo local. Así, la incidencia de la pandemia en las sociedades es la fuerza neta entre las características epidemiológicas del virus y la diligencia (el cuándo), la eficacia (el cómo) y la eficiencia (el por cuánto) de la gestión que están llevando a cabo los dirigentes.

En este sentido, la crisis actual está siendo un examen para todos: las organizaciones, los Estados y los individuos. Un examen muy difícil porque entran en juego vidas humanas. Además, se trata de una situación sin precedentes en el mundo contemporáneo, así que nadie viene con una preparación específica y su desempeño depende de las cualidades y competencias que ha desarrollado hasta ahora.

¿Y a la Unión Europea como organización?
Ha afectado a la Unión Europea en dos sentidos: como organización internacional y como suma de los Estados miembros que la conforman. Como organización, la crisis ha coincidido con un momento muy inoportuno, en pleno debate sobre su futuro y una enorme tensión entre los Estados miembros, cuyas visiones de una Europa unida divergen sustancialmente. Hasta tal punto que, en lugar de buscar un compromiso, se empezaron a producir crispaciones y fracturas difíciles o imposibles de reparar.

En la encrucijada en la que se encontraba la UE en enero se presentaban dos caminos. Uno hacia una mayor integración o una quasi-federalización, que supondría cesión de una considerable porción de soberanía nacional y transferencia de mayores competencias a la Unión. Otro que pretendía reforzar la idea original de las Comunidades Europeas, la de la comunidad de las naciones en busca de cooperación, crecimiento y beneficios de todos, pero sin perjuicio a su independencia.

¿Qué tensiones están surgiendo ahora con la pandemia? ¿Han surgido nuevas o se han reforzado las existentes?
A lo largo de la historia, un enemigo exterior común o bien ayudaba a forjar alianzas y/o consolidar proyectos compartidos o bien, por el contrario, desnudaba sus debilidades o inviabilidad. Esta vez no ha sido diferente. Ante lo que sucedía en Italia, los Estados miembros reaccionaron de forma muy desigual. Unos tomaron precauciones tempranamente anteponiendo las cuestiones de la salud pública, otros se caracterizaron por la procrastinación y tardaron en tomar las decisiones, excusándose que se atenían a las recomendaciones que venían desde aguas arriba, sobre todo de la OMS.

Las consecuencias se reflejan en las curvas de contagio. No fue hasta que las medidas que se estaban tomando empezaron a afectar a los pilares de la UE –la libertad de flujo de personas y mercancías– cuando quedó patente la ausencia de la Comunidad en la gestión de la crisis. Los primeros países que cerraron sus fronteras recibieron severas críticas por violar las libertades europeas pero, poco después, los que más lo criticaban hicieron lo mismo y además prohibieron la exportación del material médico y sanitario. Fue muy llamativo el caso de un envío de casi un millón de mascarillas que una empresa italiana compró en China a través de un distribuidor alemán que, al ser considerada una importación alemana, nunca llegó al destino. El abandono que sufrió Italia fue tal, que la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen se vio obligada a pedirles perdón a los italianos.

Entonces, ¿cómo se podría haber gestionado esta crisis si no hubiera diferencias entre países?
La crisis del coronavirus ha puesto en evidencia las debilidades de la Unión Europea como proyecto común. Es cierto que la UE es una organización híbrida y sin equivalente en el mundo entero, ni es un acuerdo internacional de cooperación económica (como ASEAN), ni una federación (como los Estados Unidos de América). Según la forma que le otorgó el Tratado de Lisboa, la Unión Europea tiene tres tipos de competencias: exclusivas, compartidas y de apoyo. Entre las compartidas, se encuentra la del apoyo a la salud pública en Europa. La UE está capacitada por el tratado para complementar las políticas sanitarias nacionales, apoyando a los gobiernos en alcanzar objetivos comunes, compartir los recursos y superar los retos comunes.

Además, hay que tener presentes los principios fijados por el Tratado de Maastricht que rigen el ejercicio de la UE: de proporcionalidad y subsidiariedad. El primero dice que el alcance de la acción de la UE no debe exceder lo necesario para cumplir sus objetivos. El segundo, que la UE debe actuar cuando no sea posible cumplir el objetivo de forma suficiente a nivel nacional, pero sí a escala de la UE. Aquí algo ha fallado. Me temo que ese algo son los tres factores que determinan el éxito o el fracaso de la gestión: la diligencia, la eficacia y la eficiencia.

¿Por qué han fallado?
No han sido desarrollados mecanismos que permitiesen poner la competencia sanitaria en práctica, mientras que la rigidez burocrática de la UE le ha impedido tomar decisiones ágiles y actuar con la debida rapidez. A diferencia de lo que observábamos antes del COVID-19 –cuando la UE excedía sus competencias entrometiéndose en asuntos domésticos de los Estados miembros–, ahora no ha alcanzado la proporcionalidad que le exigen los tratados. La subsidiariedad, por su parte, hacía falta más que nunca y ha sido ejercida tarde. Si todos los Estados miembros hubiesen esperado a la reacción y, más importante, la acción de la UE como organización, la magnitud de la crisis sanitaria sería aún mayor. Esta parte del examen la ha suspendido.

¿Esta pandemia compromete el futuro de la UE?
Puede que la presente crisis traiga ciertos cambios pero no creo que suponga un punto de inflexión. Servirá más bien de catalizador para las dinámicas ya existentes, sobre todo, para la crisis económica que ya se avecinaba. La recuperación económica será la segunda parte del examen para la UE. ¿Ha aprendido de la crisis de 2008 y los rescates? ¿Ha sido posible ajustar los mecanismos de política monetaria para que las medidas que se toman no beneficien solo a unos y perjudiquen a otros? En este ámbito, la UE dispone de dos competencias exclusivas. La primera es la potestad para establecer las normas que aseguran la libre competencia. En este sentido, la UE sí ha demostrado flexibilidad y ha aprobado las ayudas estatales a empresas para paliar el impacto que la crisis del COVID-19 está teniendo sobre la economía. La segunda, limitada a la zona euro, es la gestión de la deuda. La discusión sobre los llamados coronabonos ha dejado patente que llegar a un acuerdo aceptable para todos será menos fácil.

¿Qué puede dificultar la llegada a acuerdos?
La UE es un proyecto en continua creación y debe constantemente adaptarse a nuevos retos. El problema reside en que esta adaptación una y otra vez ocurre ex post. Lo que debería estar en marcha son mecanismos de gestión de contingencias acompañados de sistemas integrados de alerta temprana, por un lado, y de actitudes socioculturales que permitan aprovecharlo, por el otro. De nada vale el mejor sistema del mundo si sus usuarios no le hacen caso. Aquí me refiero a un elevado grado de arrogancia que se ha podido observar en algunos países y las críticas hacia la supuesta privación de las libertades ciudadanas. A mi modo de ver, es una forma muy errónea de concebir la libertad pues cada derecho va acompañado de deberes y obligaciones y cada libertad de responsabilidad. En las llamadas democracias liberales hay demasiado apego al laissez faire, ‘lo que no está prohibido, está permitido’. Los bonitos eslóganes de tipo ‘lo paramos unidos’ no serán más que eso, eslóganes, si los ciudadanos –no todos, pero demasiados– no dejan de pensar en sí mismos. Como dijo el Papa: “Hemos continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo”.

¿Es posible una verdadera cooperación europea en la actualidad?
Volviendo a la encrucijada de la UE –Europa federal vs. Comunidades Europeas–, el primer camino resulta utópico, mientras que el segundo parece más pragmático y realista. La ideología europeísta puede resultar muy atractiva pero el caso de la URSS ya ha demostrado qué ocurre si se intenta forzar una identidad. El homo sovieticus fracasó, un homo europeus también fracasaría. Las Comunidades Europeas nacieron después de la Segunda Guerra Mundial como algo mucho más tangible, como fruto de un cálculo según el cual la paz y la cooperación son más rentables y beneficiosos económica, política y socialmente que el conflicto y la guerra. Creo que la validez de este proyecto depende de esa rentabilidad.

¿Cuál es tu propuesta?
Tiene que haber claras sinergias, ser palpable que juntos podemos más que por separado. La coordinación es crucial para que sea así pero no la hubo, ni siquiera a la hora de cerrar las fronteras dentro del espacio Schengen. Los Estados miembros han colaborado entre sí, han mostrado solidaridad, pero cabe suponer que si no fuesen miembros de la UE también lo harían… Un ejemplo es la colaboración con Ucrania que, en el marco de su acercamiento a la Alianza Atlántica, puso a la disposición de los miembros de la OTAN el avión más gran del mundo, Antonov. La principal diferencia entre la OTAN y la UE es que los objetivos de la primera están muy bien definidos, mientras que los de la segunda se han difuminado en los últimos tiempos.

Me gusta mucho la metáfora de una comunidad, nunca mejor dicho, de vecinos, compuesta por viviendas independientes, pero con espacios e instalaciones compartidas. Quizá si comparamos las instituciones europeas a la gestora de la comunidad será más fácil entender cuáles son sus funciones, de acuerdo con los principios de proporcionalidad y subsidiariedad, y cuáles no lo son. Está en el interés de todos los Estados miembros mejorar la UE. Eso sí, si la actual crisis del coronavirus no ayuda a consolidar el modelo de cooperación y coordinación en la UE, no sé qué lo hará…

¿Tenemos algún buen ejemplo de cooperación en la historia de Europa que nos vendría bien recuperar/recordar?
La primera imagen histórica que me viene a la cabeza son las danzas macabras medievales. En una sociedad estratificada por adscripción, con movilidad social muy limitada, las epidemias y la muerte era lo único que unía a absolutamente todos, desde los campesinos hasta los reyes.

La segunda referencia son las órdenes religiosas con carisma asistencial. Pienso, sobre todo, en la Orden de San Juan de Jerusalén –conocida como la Orden de Malta– que, desde los tiempos de las cruzadas hasta la pandemia actual, lleva ayuda a los necesitados y enfermos. Ha sido muy inspirador ver a miembros de muchas congregaciones religiosas, masculinas y femeninas, trabajando muy duro para combatir la pandemia.

La tercera es la Segunda Guerra Mundial. Después de la guerra, al igual que ahora, todos querían volver desesperadamente a la ‘nueva normalidad’. No fue posible para todos pues el telón de acero dividió Europa para las siguientes décadas pero esa voluntad, y con ella el cálculo de rentabilidad, puso los fundamentos de lo que hoy en día es la Unión Europea. Quizás convendría recordar aquellas ideas originales, sobre todo cuando las tendencias actuales hacia el multilateralismo recuerdan demasiado al sistema de seguridad colectiva previo a la guerra que demostró ser totalmente ineficaz. 

 

Educación familiar para la sociabilidad

Ana Teresa López de Llergo

 La educación familiar para capacitar a los hijos a establecerse en cualquiera de esos dos ámbitos, cuando sean adultos, tiene a su alcance infinidad de detalles que son trascendentes.

El mundo necesita para su edificación dos puntos de vista complementarios. Es muy difícil considerar todos los aspectos y sus alcances, debido a que muchas veces en los grupos sociales nos hacen falta ciertas manifestaciones de las virtudes ante los recursos naturales que ofrece el entorno.

Por ejemplo, el ejercicio de la fortaleza se vive de diferente manera en un clima árido que en un clima con una vegetación exuberante. En el clima árido la fortaleza ha de ser constantemente emprendedora para transformar el suelo en un terreno donde se pueda sembrar, además de surtirlo del agua necesaria para recolectar frutos. También la fortaleza se ejercita investigando cómo transformar la tierra y qué productos pueden darse en ese clima.

En un clima exuberante la fortaleza se muestra resistiendo a la tentación de disfrutar de los ricos productos que la tierra ofrece, a toda hora y sin restricciones. En este caso se deben contemplar dos horizontes: el próximo y el amplio. En el próximo han de diseñar el modo de conservar y distribuir los recursos beneficiando a todos los lugareños. En el amplio, planear la distribución de los recursos para llevarlos a otros asentamientos humanos donde carecen de bienes semejantes.

La educación familiar para capacitar a los hijos a establecerse en cualquiera de esos dos ámbitos, cuando sean adultos, tiene a su alcance infinidad de detalles que son trascendentes. Uno es la repetición de la idea de que todos los bienes –pocos o muchos que tenga la familia– se han de compartir sin excluir a ningún miembro de tal familia. Si un hijo es más rápido y escoge lo mejor, los padres han de frenarlo y enseñarlo a compartir. Esto repetido una y otra vez deja huella. Más adelante se practicará con naturalidad.

Los dos puntos de vista complementarios, citados al inicio, son los del varón y el de la mujer. Se complementan porque si a uno le hace gracia la sagacidad de algún hijo, al otro no le impedirá que el cónyuge lo consienta, e intervendrá –cuantas veces sea necesario– para encaminarlo bien y para suprimir esas inclinaciones.

Dicho se ve fácil y simple, en el día a día se necesita atenta vigilancia, combinada con muchísimas otras responsabilidades laborales, sociales e incluso familiares. Los padres han de ayudarse a no caer en el “ya se lo dije, ya lo sabe”. La meta es lograr que lo haga, y no sólo una vez sino siempre porque ya se convenció.

Nunca, ninguna sociedad es perfecta porque está formada por personas que tampoco lo son. Por lo tanto, siempre habrá motivos para quejarnos pues sinceramente lamentamos las deficiencias. También podemos quejarnos porque preferimos nuestros modos de resolver los problemas. En este caso hay que aprender que las soluciones pueden ser muy variadas, y aunque no nos gusten las de los demás, en tal caso sí son eficaces y sí garantizan mejoras.

Cuando es legítimo presentar quejas es cuando las evidencias muestran que no se afrontan los problemas, ni hay jerarquía para solucionarlos, entonces se ha de hablar con claridad, con datos precisos y, mejor si se ofrece ayuda. Todo esto, se empieza a practicar en la familia. La familia es una especie de laboratorio a escala de la sociedad.

Si nos quejamos demasiado de nuestra sociedad, empecemos por revisar lo que hacemos en casa. Porque seguramente allí también nos quejamos; pero no pensamos que eso sí está en el ámbito de la propia responsabilidad, ante esas quejas hay que dar soluciones y ejecutarlas. Entre los padres pueden aparecer críticas y, la solución fácil es: nos separamos. Esto no ayuda a madurar sino a evadir problemas de la competencia mutua.

El mensaje a los hijos es inmediato: si los padres se separan los hijos también se irán, aprenderán a huir, a no ver que el presente se forjó en el pasado, que si hubo buenos indicios, deben permanecer y hay que recuperarlos y apoyarse en ellos para resolver los conflictos actuales. Confiar que en el pasado no carecíamos de reflexión. Urge recuperar las bondades que vimos y aplicarlas.

Estas actitudes proyectadas en la sociedad esconden semejanzas increíbles. Al elegir a un candidato, porque nos convencen sus promesas todo se ve bien, algo semejante a los que se unen para formar un hogar. Cuando transcurre el tiempo y no se llevan a cabo tales bondades y se aplican otras de las que no hubo anuncio y no nos gustan, aparece un problema y obviamente desilusión. Lo sensato es pedir el cumplimiento de las propuestas que nos gustaron, luego la justificación de lo demás y si no gusta, buscar otras soluciones hasta dar con la mejor. Lo que es injustificable es huir. Pues en una sociedad huir es no hablar a tiempo, no presentar propuestas a tiempo, no permitir proyectos que carecen de sustento, no colaborar como se sabe y se debe.

También en la familia se aprende a disentir y a corregir con fortaleza, pero con respeto. Una corrección no tiene por qué ser humillante o grosera. Tampoco se trata de anular a la otra persona al mostrarle sus errores, eso es infantil. La actitud acertada es la de tener la seguridad de que al mostrar a alguien un error, aprenderá a no volver a hacerlo, con lo cual ese peligro ya quedó zanjado.

Todos estos cambios de puntos de vista y de participación activa de los miembros de la familia, evitan ciertas maneras de asumir una autoridad que no les corresponde, sobre todo a quienes tienen un carácter fuerte o son rápidos para tomar atribuciones. Esto produce malestar por desordenar el ejercicio de las responsabilidades. También pueden ser un modo de orientar la autoridad legítima de los padres, que muchas veces tiende a apoyarse casi con exclusividad en alguno de los hijos sin tomar en cuenta las habilidades de los demás

Este modo de orientar la autoridad familiar capacita para detectar el incipiente o grave descamino de la autoridad civil. Es muy importante estar atentos ante el peligro del ejercicio del poder. Es una de las tentaciones más potentes en el ser humano y cuando se sucumbe acarrea grandes perjuicios a esa persona y mucho peores en los ciudadanos a su cargo. Salir de una tiranía derrama mucha sangre de inocentes, y mucho dolor para todos. Pongamos nuestros mejores esfuerzos en la familia e inmediatamente después en nuestro entorno social.

 

 

Ansiedad, temor y peligro en casa

Adriana Dávila

La Red Nacional de Refugios reporta que, en lo que va de este 2020, las llamadas y los mensajes que han solicitado ayuda en este período de sana distancia aumentaron en un alarmante 80 por ciento.

Preocupantes las noticias, las imágenes y las cifras a nivel nacional e internacional sobre el incremento significativo de los casos de violencia hacia las mujeres y los hijos que ha detonado el confinamiento por la crisis sanitaria. El tiempo de permanencia en los hogares ha incrementado la carga de actividades en las mujeres a lo que, por desgracia, en muchos casos se añade que en el ambiente familiar se respira ansiedad, temor y peligro.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la violencia contra las mujeres, en sus variadas formas de hostigamiento, acoso sexual, violación y pornografía infantil, creció en un 60 por ciento; las llamadas a los números de emergencia son muchas y constantes. La realidad en datos en el país indica que, de enero a marzo, se reportaron 46 mil 783 casos de violencia hacia las mujeres; es decir, hay un aumento del 2.93 por ciento, en tanto que la Secretaría de Gobernación estima un incremento de entre 30 y 100 por ciento.

La Red Nacional de Refugios reporta que, en lo que va de este 2020, las llamadas y los mensajes que han solicitado ayuda en este período de sana distancia aumentaron en un alarmante 80 por ciento. Ante estas cifras que han dado lugar a diferentes investigaciones, diagnósticos, análisis y foros, y pese a las evidencias de lo grave de este problema, el presidente, según sus propios datos, dice que no se ha notado un incremento de la violencia contra las mujeres. No me sorprende, si desde el inicio de su administración ha menospreciado la perspectiva de género, más ahora que su gobierno está rebasado y no tiene dimensión de la crisis que enfrenta.

Es preocupante que minimice el problema cuando alude a la medición de las denuncias existentes como parámetro para justificar la situación: “si no hay tantas denuncias, entonces el problema no ha crecido”. ¿Sabrá el presidente de las circunstancias de violencia familiar y la manera en que se puede denunciar después de un evento de violencia física? ¿O si las mujeres tienen información sobre cómo denunciar sin que ello les cueste la vida, o si tienen los medios para poder hacerlo? ¿O qué las condiciones en que se puede denunciar en zona urbana no son las mismas que en las zonas rurales?

Lo que López Obrador hace es manipular la información, utilizar los datos duros a conveniencia y, lo peor, no tomar cartas en el asunto, porque a su parecer, no hay nada que hacer.

En pocas palabras, el presidente, con sus propios dichos, invisibiliza la violencia doméstica, muy a pesar de que la secretaria de Gobernación reconoce que la violencia contra las mujeres en esta cuarentena es una “pandemia silenciosa”.

El maltrato y la violencia física hacia las mujeres es una realidad y en esta pandemia, muchas de ellas luchan por sobrevivir, porque conviven día a día con sus agresores y porque nadie conoce el alcance de los momentos de furia que, incluso, pueden hasta causar la muerte. Lo cierto es que estos hechos dejan profundas huellas físicas y psicológicas.

¿Con qué confianza pueden las mujeres solicitar ayuda legal, si el titular del Ejecutivo no cree en el alcance del problema? El colmo es que reconoce que “el machismo existe”, pero que también hay “mucha fraternidad familiar”; o que responsabilice a las hijas del “cuidado de las personas mayores, porque es costumbre nacional y los hombres somos más desprendidos”. ¿Cómo, con estas declaraciones presidenciales, las autoridades pueden tomar en serio el problema y actuar de manera pronta y expedita frente a cualquier denuncia o situación de riesgo?

El “quédate en casa” debería estar acompañado de una campaña para evitar agresiones hacia las mujeres. El gobierno está obligado también a cuidar y proteger a las mujeres antes, durante y después de los hechos; es decir, implementar acciones para prevenir, investigar, sancionar y reparar los daños ocasionados por el maltrato familiar. Es urgente que se implementen acciones con perspectiva de género.

Este gobierno ha sido omiso ante las manifestaciones de violencia contra las mujeres y contra el feminicidio. En promedio, se han recibido 155 llamadas de mujeres que son violentadas, agredidas, vejadas, lastimadas cada hora, y 10 son asesinadas cada día por el hecho de ser mujeres. ¿Cuántas vidas más tienen que perderse para que el presidente reconozca que también hay una pandemia de violencia de género en estos momentos? ¿Cuántas vidas más van a costar la indolencia, la impunidad y la omisión del Estado?

Van 18 meses de esta administración y no podemos permitir que el Ejecutivo siga evadiendo su responsabilidad de velar por la seguridad e integridad de las mujeres. Es necesario poner un alto y denunciar.

 

Dios sí importa

Ahora resulta que Dios sí importa. Hace tiempo que determinados gurús de la cultura, intelectuales orgánicos, y políticos líquidos quieren convencernos de que Dios ha muerto para el hombre moderno, y que solo es una creencia subjetiva sin relevancia en la sociedad. Y ahora resulta que el superhombre está sometido por el coronavirus que se lo lleva por delante. Ahora Dios si importa

Pedro García

 

 

Precisamente se cumplen 70 años.

La Declaración Schuman, el 9 de mayo de 1950, es hoy más actual que nunca si atenemos a afirmaciones que en ella se recogen como: “la paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan. La contribución que une Europa organizada y viva puede aportar a la civilización es indispensable para el mantenimiento de unas relaciones pacíficas”.

En el texto de la Declaración Schuman, se establecen los gérmenes de las principales políticas que posteriormente han sido asumidas por la Unión, a saber: una política encaminada a la cooperación al desarrollo en otros lugares del mundo, cuando habla que una de las tareas esenciales debe de ser “el desarrollo del continente africano”; “(…) cuando habla de la modernización de la producción y la mejora de la calidad (…)”, nos recordará a todos los programas de investigación, desarrollo e innovación que financia la Unión; “el suministro, en condiciones idénticas, del carbón y del acero”, recordándonos la política de competencia europea, la prohibición de los monopolios y de las denominadas ayudas de Estado; “el desarrollo de la exportación común hacia los demás países” como la actual política comercial común; “la creación de un fondo de reconversión que facilite la racionalización de la producción”, que nos recuerda en cierta medida a fondos especiales para la reconversión y tiempos de crisis; “la liberación de cualquier derecho de aduanas y la imposibilidad de verse afectada por tarifas de transporte diferenciales”, que servirá como germen de la creación de una unión aduanera; antecedente también por tanto del actual mercado interior. Y así, podríamos seguir haciendo más paralelismos. En definitiva, de manera profética, establecerá a través de la puesta en común de la producción del carbón y del acero los cimientos de la actual Unión Europea.

Jaume Catalán Díaz

 

 

La violencia de género y vínculos de aborto

Más allá de las posibles preocupaciones con la terminología de "género", es importante examinar lo que se entiende ampliamente que se incluye en una "respuesta" de violencia de género, tanto a nivel nacional como internacional. En el contexto de los Estados Unidos, el documento de estrategia de 2012 sobre prevención y respuesta a la violencia de género (mencionado anteriormente) proporciona un primer paso crucial:

La estrategia representa un enfoque multisectorial que incluye los sectores de justicia y legal, seguridad, salud (incluida la salud sexual y reproductiva), educación, servicios económicos, sociales, humanitarios y de desarrollo, y que funciona en el individuo, la familia, la comunidad, niveles locales, nacionales y globales.3

Es notable que esta guía se centre en una subcategoría específica de "salud", sexual y reproductiva, pero no menciona otras áreas relevantes, incluida la atención de traumas o los servicios de salud mental o conductual. Aquí es esencial tener en cuenta que no existe el derecho internacional al aborto, ni en el derecho de los derechos humanos ni en el derecho humanitario, también conocido como las leyes de los conflictos armados. Sin embargo, la frase "salud reproductiva", con o sin "sexual", está indisolublemente ligada al aborto, al menos donde sea legal, tanto en contextos nacionales como internacionales.4

Debido a esto, varios miembros de alto nivel de la administración Trump han dado a luz declaraciones objetando su inclusión en la ONU y otros documentos negociados internacionalmente, en línea con su posición política pro-vida.5

Para aclarar aún más los peligros de incluir la respuesta a la violencia de género en la ayuda exterior de EE. UU., Hay un documento de 2014 de USAID titulado "Juego de herramientas para monitorear y evaluar las intervenciones de violencia de género a lo largo del continuo de ayuda para el desarrollo". En el paquete de herramientas se incluye un cuestionario para la recopilación de datos con una sección llamada "Marco legal para la anticoncepción de emergencia y el aborto". El documento de USAID sobre violencia de género contiene preguntas sobre el estado legal del aborto, las circunstancias bajo las cuales está permitido, la evidencia o documentación requerida para calificar y quién se espera que cubra el costo.6 Todo esto claramente vincula el aborto con la respuesta de violencia de género en Programación en los Estados Unidos.

Enric Barrull Casals

 

 

Contra propaganda y bulos, verdad

Con el río revuelto de la pandemia algunos intentan colar su agenda ideológica con un claro tinte estatalizador, que afecta también a la escuela concertada, objeto estos días de desinformación y críticas orientadas a su desgaste. Mientras desde el Ministerio siguen poniendo palos en las ruedas con decretos que supuestamente tienen el objetivo de que la escuela concertada avance hacia la gratuidad, desde terminales como la Federación de Asociaciones Giner de los Ríos lanzan la denuncia de que en el 90% de los casos, los colegios concertados exigen una cuota obligatoria.

Contra propaganda y bulos, verdad. Desde Escuelas Católicas se ha recordado que la crisis sanitaria y económica afecta a todos, que desde el principio, el Estado no cubre los gastos reales de la enseñanza concertada, que las aportaciones son siempre voluntarias y que contribuyen al sostenimiento de instituciones que promueven un proyecto educativo y social elegido por las familias.

Jesús Domingo Martínez

 

 

España: Veinte mil muertos en residencias de ancianos 

 

                                Hoy cuando escribo es el nueve de mayo, estoy oyendo la emisora nacional, “Es-Radio”; son las diez cuarenta y cinco (aprox.) de su mañana; están entrevistando a una destacada política (es mujer) y ésta, asegura lo que dice mi titular; y que en alguna residencia, cuando llegaron, “la unidad militar, que el gobierno dedicó a ciertos auxilios”, por la pandemia que ha provocado el “virus chino”; dice la entrevistada, que en alguna de ellas había ya, veinte cadáveres. De todo esto, el gobierno ha ocultado y cubierto con una capa cómplice, la realidad de los hechos, y de los que debe haber los necesarios informes y partes, que por lógica, los inspectores (militares o sanitarios oficiales) debieron extender, al realizar las múltiples inspecciones, que por los motivos del escándalo (que ya salía a la calle), debieron hacer; y lo que ha provocado las múltiples querellas que han puesto en los tribunales, personas, entidades y asociaciones, en cantidad que desconozco, pero que son numerosas.

                                Pero este crimen o masacre ocurrida en España, tiene que tener forzosamente, unos antecedentes horribles; y que son, aparte de los del gobierno, por su dejadez manifiesta, de la necesaria inspección de estos asilos (donde en parte de ellos los desgraciados allí “almacenados”, eran tratados más como animales que como seres humanos); hay que nombrar también, a esas degeneradas familias, que visitando (si es que lo hacían) tan tenebrosas “antesalas de la muerte”; no denunciaron nada, o mejor sacaron de allí a “sus mayores”; muchos de ellos o casi todos, deduzcamos que han muerto así, sencillamente, por cuanto sus “deudos”, no tuvieron la dignidad, de tenerlos y atenderlos en sus propias casas o domicilios privados, y con los consabidos pretextos que hoy se hacen, los fueron largando y abandonando en vete a saber qué, lugares. Que cada cual imagine cada una de esas tragedias, puesto que hay campo enorme para ello.

                                ¿Y qué, los que dicen gobernar y los necios de turno, nos estén diciendo hace ya mucho tiempo, de que vivimos en sociedades progresistas y avanzadas? ¿En qué y cómo, salvo en lo más crudo de lo material? Los que aún tengan la suerte de vivir en “tribus selváticas”; están mucho más civilizados, que el resto. La familia en la incivilización occidental, se hizo pedazos ya hace mucho tiempo; y el resultado, es (en sólo una parte) lo que ha ocurrido con esos “veinte millares” de viejos y viejas, sacados a la fuerza de unas familias, demasiado cómodas y ausentes totalmente, de las responsabilidades que deben existir en la familia “verdaderamente humana”, puesto que la existencia en ella, es como una gigantesca rueda; donde se empieza, atendiendo al recién nacido hasta que éste puede buscarse la vida sólo; y termina atendiendo a los viejos en el seno de la familia, con igual cuido a que recibieron los hoy adultos, cuando indefensos totalmente, vinieron a nacer en este perro mundo.

                                La decadencia actual es motivada, principalmente, por esa destrucción familiar, donde abunda en enorme cantidad, la irresponsabilidad de la mayoría de los miembros; donde ni los padres saben serlo, los hijos menos que los padres, y los viejos y ancianos, ya lo estamos viendo.Los gobiernos políticos ya lo estamos padeciendo. ¿Pero y las religiones o filosofías? ¿Dónde están los enseñantes (que no maestros de sabiduría)? ¿Dónde las escuelas, institutos, universidades, etc.? ¿Alguien se atreve a mantener que vivimos en progreso? ¿Cómo nos lo puede demostrar con la rotundidad que requieren las realidades que se ven en este planeta?

                                Terrible futuro el que espera a la humanidad, si no reflexiona y sabe crear de verdad, sociedades humanas, dignas de así ser denominadas. Amén.

 

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes