Las Noticias de hoy 15 Enero 2020

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 15 de enero de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

La firma del Papa emérito será retirada del libro del cardenal Sarah

Una contribución sobre el celibato sacerdotal en obediencia filial al Papa

ORACIÓN Y APOSTOLADO: Francisco Fernandez Carbajal

“La corrección fraterna”: San Josemaria

Un susurro en el alma: el silencio de Dios: Marco Vanzini - Carlos Ayxelá

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, 18-25 enero

Etiopía – Descubierta Iglesia del siglo IV que reescribe la historia del cristianismo en África: Andrew Lawler

Feminismo: Ángel Cabrero Ugarte

Tuve una educación estrictamente laica, pero no antirreligios: Salvador Bernal

Nuevo escenario político, preocupación razonable: + Fr. Jesús Sanz Montes, ofm. Arzobispo de Oviedo

3 consejos para evitar perder el control con tu pareja: Daniel Torres Cox

El alma de los libros: ¡una fuente inagotable!: José Manuel Belmonte

Un buen propósito para el año que comienza: Acción Familia

Quieren el euro: Jesús Domingo

Falacias y demanda social : Jesús Domingo Martínez

Esa sí es la verdadera demanda social: JD Mez Madrid

La generación del hijo único: Domingo Martínez Madrid

COMPROMÍS Y LA ACONFESIONALIDAD DEL ESTADO.: Amparo Tos Boix, Valencia.

 La amenaza nunca es un camino: Jaume Catalán Díaz

La “abusadora” Unión Europea… “o mientras más gatos más ratones”: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Martes, 14 de enero de 2020

Jesús “les enseñaba con autoridad”. El Evangelio de Marcos (Mc 1,21b-28) cuenta la enseñanza de Jesús en el templo y la reacción que suscita entre la gente su modo de actuar “con autoridad, y no como los escribas”. Es la diferencia entre “tener autoridad”, autoridad interior, como Jesús, y “ejercer la autoridad sin tenerla”, como los escribas, a los que siendo especialistas en la enseñanza de la ley y escuchados por el pueblo, no les creían. 

¿Cuál es la autoridad que tiene Jesús? Es ese estilo del Señor, ese “señorío” –digamos así– con el que el Señor se movía, enseñaba, curaca, escuchaba. Ese estilo señorial –que es algo que viene de dentro– muestra… ¿Qué muestra? Coherencia. Jesús tenía autoridad porque era coherente entre lo que enseñaba y lo que hacía, es decir, cómo vivía. Esa coherencia es lo que da la expresión de una persona que tiene autoridad: “Este tiene autoridad, esta tiene autoridad, porque es coherente”, es decir, da testimonio. La autoridad se ve en esto: coherencia y testimonio.
 
Al contrario, los escribas no eran coherentes y Jesús por una parte advierte al pueblo a hacer lo que dicen pero no lo que hacen, y por otra no pierde ocasión para reprocharles, porque con esa actitud han caído en una esquizofrenia pastoral: dicen una cosa y hacen otra. Y pasa en diversos episodios del Evangelio. A veces Jesús reacciona arrinconándolos, a veces no respondiéndoles y otras veces calificándoles. Y la palabra que usa Jesús para calificar esa incoherencia, esa esquizofrenia, es hipocresía. ¡Es un rosario de calificativos! Tomemos el capítulo 23 de Mateo; muchas veces dice hipócritas por esto, hipócritas por aquello, hipócritas… Jesús los califica de hipócritas. La hipocresía es el modo de actuar de los que tienen responsabilidad sobre la gente –en este caso responsabilidad pastoral– pero no son coherentes, no son señores, no tienen autoridad. Y el pueblo de Dios es manso y tolera; tolera a tantos pastores hipócritas, a tantos pastores esquizofrénicos que dicen y no hacen, sin coherencia.
 
Pero el pueblo de Dios que tanto tolera, sabe distinguir la fuerza de la gracia. Lo vemos en la Primera Lectura de hoy (Sam 1,9-20, donde el anciano Elí había perdido toda la autoridad, solo le quedaba la gracia de la unción, y con esa gracia bendice y hace el milagro a Ana que, destrozada de dolor, está rezando para ser madre. El pueblo de Dios distingue bien entre la autoridad de una persona y la gracia de la unción. “¿Pero tú vas a confesarte con ese, que es esto y lo otro?” –“Pues para mí ese es Dios. Punto. Ese es Jesús”. Y esa es la sabiduría de nuestro pueblo que tolera muchas veces a tantos pastores incoherentes, pastores como los escribas, y también a cristianos que van a Misa todos los domingos y luego viven como paganos. Y la gente dice: “Esto es un escándalo, una incoherencia”. ¡Cuanto daño hacen los cristianos incoherentes que no dan ejemplo y los pastores incoherentes, esquizofrénicos que no dan ejemplo!
 
Pidamos, pues, al Señor que todos los bautizados tengan “autoridad”, que no consiste en mandar ni dejarse oír, sino en ser coherente, dar buen ejemplo, y para eso ser compañeros de camino por las vías del Señor

 

 

La firma del Papa emérito será retirada del libro del cardenal Sarah

Desmentido por su secretario, Mons. Gänswein

enero 14, 2020 17:19Rosa Die AlcoleaBenedicto XVI

(ZENIT – 14 enero 2020).- «Teniendo en cuenta la polémica provocada por la publicación del libro ‘Desde lo más profundo de nuestros corazones’, se decidió que el autor del libro para futuras publicaciones será: Cardenal Sarah, con la contribución de Benedicto XVI. Sin embargo, el texto completo permanece absolutamente inalterado».

Con este mensaje, el cardenal Robert Sarah, autor del libro sobre el celibato que se publicará mañana en Francia con su firma junto a la de Benedicto XVI, zanja la polémica creada en torno a la autoría del libro. En la mañana del martes, 14 de enero, varios medios se hicieron eco de la versión ofrecida por una fuente cercana al Papa emérito, asegurando que él no tenía conocimiento de la co-autoría atribuida a su firma.

Petición del Papa emérito

Horas más tarde, monseñor Georg Gänswein, prefecto de la Casa Pontificia y secretario particular del Papa emérito, afirmó en declaraciones a las agencias KNA y ANSA que Benedicto XVI no había autorizado la doble firma como coautor del ensayo del cardenal Sarah.

“Puedo confirmar que esta mañana, por indicación del Papa emérito, he pedido al cardenal Robert Sarah que se ponga en contacto con los editores del libro y les pida que retiren el nombre de Benedicto XVI como coautor del libro mismo, y también que retiren su firma de la introducción y las conclusiones”, aseguró Mons. Gänswein, según Vatican News.

“El Papa emérito, de hecho, sabía que el cardenal estaba preparando un libro -añadió Gänswein – y había enviado un breve texto suyo sobre el sacerdocio autorizándole a usarlo como él deseara. Pero no había aprobado ningún proyecto para un libro de doble firma, ni había visto y autorizado la portada. Fue un malentendido, sin cuestionar la buena fe del cardenal Sarah”.

Por último, tras estas declaraciones, el cardenal Sarah confirmó de nuevo a través de su cuenta oficial de Twitter que habló esta mañana con el obispo Georg Gänswein e hizo referencia a un comunicado emitido por él mismo el 14 de enero, indicando que esta es su «única versión del curso de los acontecimientos». Igualmente asegura en este mensaje, mantuvo «una conversación con la dirección de Fayard para poner en práctica las peticiones específicas de Monseñor Gänswein».

Correspondencia con Benedicto XVI

Mons. Robert Sarah también ha publicado tres cartas de correspondencia con el Papa Emérito, detallando su contribución. En la primera, con fecha 20 de septiembre de 2019, Benedicto XVI confió que «comenzó a escribir algunas reflexiones sobre el sacerdocio» pero que, al sentir que sus fuerzas se debilitaban, interrumpió su trabajo.

Después, el Papa emérito anuncia que retomó la pluma después de la «inesperada» petición del prefecto relativa a «un texto sobre el sacerdocio, con particular atención al celibato». «Les dejo a ustedes la tarea de ver si estas notas, cuya insuficiencia siento fuertemente», agrega, «pueden ser de alguna utilidad».

Benedicto XVI transmitió su texto el 12 de octubre de 2019. Luego, el 25 de noviembre, escribió de nuevo, agradeciendo al cardenal: «Me conmovió profundamente la manera en que usted comprendió mis intenciones finales. Yo había escrito siete páginas de ideas metodológicas en mi texto y me alegra decir que usted fue capaz de decir lo esencial en media página».

Benedicto XVI autorizó entonces la publicación de su texto, presumiblemente sin saber que se indicaría su nombre como coautor de la obra.

 

 

Una contribución sobre el celibato sacerdotal en obediencia filial al Papa

Editorial de Andrea Tornielli

enero 14, 2020 12:22RedacciónIglesia católica

(ZENIT – 14 enero 2020).- Tras el anuncio del lanzamiento del libro «Desde las profundidades de nuestros corazones», escrito por el Papa emérito Benedicto XVI y el cardenal Robert Sarah sobre el celibato sacerdotal, Andrea Tornielli, director editorial del Dicasterio de Comunicación, publicó ayer, 13 de enero, un editorial sobre el tema, en Vatican News.

El Pontífice Emérito y el cardenal prefecto de la Congregación del Culto Divino abordan en el libro un tema sobre el que el Papa Francisco «se ha expresado varias veces», recuerda Tornielli, algo que comunicó el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, quien indicó que «la posición del Santo Padre sobre el celibato es conocida».

A continuación, ofrecemos el editorial escrito por Andrea Tornielli:

***

El 15 de enero se publicará en Francia un libro sobre el sacerdocio que lleva la firma del Papa emérito Joseph Ratzinger y del cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto divino. De la anticipación proporcionada por Le Figaro, se toma conocimiento de que los autores entran con sus intervenciones en el debate sobre el celibato y sobre la posibilidad de ordenar sacerdotes a hombres casados.

Ratzinger y Sarah –que se definen como dos obispos en «obediencia filial al Papa Francisco» que «buscan la verdad» en un «espíritu de amor por la unidad de la Iglesia»– defienden la disciplina del celibato y exponen las razones que, según su parecer, aconsejarían no cambiarla. La cuestión del celibato ocupa 175 páginas del volumen, con dos textos, uno del Papa emérito y otro del cardenal, junto a una introducción y una conclusión firmada por ambos.

Sarah, en su texto, recuerda que «hay un vínculo ontológico-sacramental entre el sacerdocio y el celibato. Cualquier debilitamiento de este vínculo pondría en tela de juicio el magisterio del Concilio y de los Papas Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Suplico al Papa Francisco que nos proteja definitivamente de tal eventualidad vetando cualquier debilitamiento de la ley del celibato sacerdotal, si bien limitado a una u otra región». Además, Sarah llega a definir «una catástrofe pastoral, una confusión eclesiológica y un oscurecimiento de la comprensión del sacerdocio» la eventual posibilidad de ordenar a hombres casados. Benedicto XVI, en su breve contribución, reflexionando sobre el argumento, se remonta a las raíces judías del cristianismo, afirmando que el sacerdocio y el celibato están unidos desde el principio de la «nueva alianza» de Dios con la humanidad, establecida por Jesús. Y recuerda que ya «en la Iglesia antigua», es decir en el primer milenio, «los hombres casados podían recibir el sacramento del orden sólo si se habían comprometido a respetar la abstinencia sexual».

El celibato sacerdotal no es, ni jamás ha sido, un dogma. Se trata de una disciplina eclesiástica de la Iglesia latina que representa un don precioso, definido de este modo por todos los últimos Pontífices. La Iglesia Católica de rito oriental prevé la posibilidad de ordenar sacerdotes a hombres casados y también para la Iglesia latina han sido admitidas excepciones precisamente por Benedicto XVI en la Constitución apostólica «Anglicanorum coetibus» dedicada a los anglicanos que piden la comunión con la Iglesia católica, donde se prevé «admitir caso por caso al Orden sagrado del presbiterio también a los hombres casados, según los criterios objetivos aprobados por la Santa Sede».

Vale la pena recordar que sobre el argumento también se expresó varias veces el Papa Francisco, quien siendo aún cardenal, en el libro conversación con el rabino Abraham Skorka, había explicado que estaba a favor de mantener el celibato «con todos los pros y los contras que conlleva, porque son diez siglos de experiencias positivas más que de errores. La tradición tiene un peso y una validez». El pasado mes de enero, en diálogo con los periodistas en el vuelo de regreso de Panamá, el Papa había recordado que en la Iglesia católica oriental era posible la opción del celibato o del matrimonio antes del diaconado, pero había añadido, a propósito de la Iglesia latina: «Me viene a la mente esa frase de San Pablo VI: ‘Prefiero dar mi vida antes que cambiar la ley del celibato’. Me ha venido a la mente y quiero decirla, porque es una frase valiente, en un momento más difícil que éste, 1968/1970… Personalmente, pienso que el celibato es un don para la Iglesia… Yo no estoy de acuerdo en permitir el celibato opcional, no». En su respuesta, también había hablado de la discusión entre los teólogos acerca de la posibilidad de conceder dispensas para algunas regiones alejadas, como las islas del Pacífico, pero precisando: «No hay ninguna decisión por mi parte. Mi decisión es: celibato opcional antes del diaconado, no. Es una cosa mía, personal, yo no lo haré, esto queda claro. ¿Soy «cerrado»? Tal vez. Pero no tengo la voluntad de ponerme ante Dios con esta decisión».

En octubre de 2019 se celebró el Sínodo sobre la Amazonía y se debatió el tema. Como se puede ver en el documento final, hubo obispos que pidieron la posibilidad de ordenar sacerdotes a diáconos permanentes casados. Sin embargo, llama la atención que el 26 de octubre, en su discurso conclusivo, el Papa, después de haber seguido todas las fases de las intervenciones y de la discusión en el aula, no haya mencionado en absoluto el tema de la ordenación de los hombres casados, ni siquiera haciendo una alusión. En cambio, recordó las cuatro dimensiones del Sínodo: la relativa a la inculturación, la dimensión ecológica, la social y, por último, la dimensión pastoral, que «las incluye a todas». En ese mismo discurso, el Pontífice habló de la creatividad en los nuevos ministerios y del papel de la mujer, y refiriéndose a la escasez de clero en ciertas áreas de misión, recordó que hay muchos sacerdotes de un país que se han ido al primer mundo –los Estados Unidos y Europa– “y no hay para enviarlos a la zona amazónica de aquel mismo país”.

Finalmente, también es significativo el hecho de que Francisco, agradeciendo a los medios de comunicación social, en aquella misma ocasión les pidió que, al difundir el documento final, se detuvieran sobre todo en los diagnósticos, «que es la parte en la que el Sínodo se ha expresado realmente mejor»: el diagnóstico cultural, el diagnóstico social, el diagnóstico pastoral y el diagnóstico ecológico. El Papa invitó a no caer en el peligro de detenerse «a ver lo que decidieron en aquella cuestión disciplinaria, en lo que decidieron en esa otra, en qué partido ganó y cuál perdió».

 

 

ORACIÓN Y APOSTOLADO

— El corazón del hombre está hecho para amar a Dios. Y el Señor desea y busca el encuentro personal con cada uno.

— No desaprovechar las ocasiones de apostolado. Mantener firme la esperanza apostólica.

— Oración y apostolado.

I. Cierto día, después de haber pasado la tarde anterior curando enfermos, predicando y atendiendo a las gentes que acudían a Él, Jesús se levantó de madrugada, cuando era todavía muy oscuro, salió de la casa de Simón y se fue a un lugar solitario, y allí oraba. Fueron a buscarle Simón y los que estaban con él; y cuando le encontraron, le dijeron: Todos te buscan. Lo relata San Marcos en el Evangelio de la Misa1.

Todos te buscan. También ahora las muchedumbres tienen «hambre» de Dios. Continúan siendo actuales aquellas palabras de San Agustín al comienzo de sus Confesiones: «Nos has creado, Señor, para ti y nuestro corazón no halla sosiego hasta que descansa en ti»2. El corazón de la persona humana está hecho para buscar y amar a Dios. Y el Señor facilita ese encuentro, pues Él busca también a cada persona, a través de gracias sin cuento, de cuidados llenos de delicadeza y de amor. Cuando vemos a alguien a nuestro lado, o nos llega una noticia de alguna persona por medio de la prensa, de la radio o de la televisión, podemos pensar, sin temor a equivocarnos: a esta persona la llama Cristo, tiene para ella gracias eficaces. «Fíjate bien: hay muchos hombres y mujeres en el mundo, y ni a uno solo de ellos deja de llamar el Maestro.

»Les llama a una vida cristiana, a una vida de santidad, a una vida de elección, a una vida eterna»3. En esto reside nuestra esperanza apostólica: a todos, de una manera u otra, anda buscando Cristo. Nuestra misión –por encargo de Dios– es facilitar estos encuentros de la gracia.

San Agustín, comentando este pasaje del Evangelio, escribe: «El género humano yace enfermo; no de enfermedad corporal, sino por sus pecados. Yace como un gran enfermo en todo el orbe de la tierra, de Oriente a Occidente. Para sanar a este moribundo descendió el médico omnipotente. Se humilló hasta tomar carne mortal, es decir, hasta acercarse al lecho del enfermo»4. Han pasado pocas semanas desde que hemos contemplado a Jesús en la gruta de Belén, pobre e indefenso, habiendo tomado nuestra naturaleza humana para estar muy cerca de los hombres y salvarnos. Hemos meditado después su vida oculta en Nazaret, trabajando como uno más, para enseñarnos a buscarle en la vida corriente, para hacerse asequible a todos y, mediante su Santa Humanidad, poder llegar a la Trinidad Beatísima. Nosotros, como Pedro, también vamos a su encuentro en la oración –en nuestro diálogo personal con Él–, y le decimos: Todo el mundo te busca, ayúdanos, Señor, a facilitar el encuentro contigo de nuestros parientes, de nuestros amigos, de los colegas y de toda alma que se cruce en nuestro camino. Tú, Señor, eres lo que necesitan; enséñanos a darte a conocer con el ejemplo de una vida alegre, a través del trabajo bien realizado, con una palabra que mueva los corazones.

II. Un pueblecito alemán, que quedó prácticamente destruido durante la Segunda Guerra Mundial, tenía en una iglesia un crucifijo, muy antiguo, del que las gentes del lugar eran muy devotas. Cuando iniciaron la reconstrucción de la iglesia, los campesinos encontraron esa magnífica talla, sin brazos, entre los escombros. No sabían muy bien qué hacer: unos eran partidarios de colocar el mismo crucifijo –era muy antiguo y de gran valor– restaurado, con unos brazos nuevos; a otros les parecía mejor encargar una réplica del antiguo. Por fin, después de muchas deliberaciones, decidieron colocar la talla que siempre había presidido el retablo, tal como había sido hallada, pero con la siguiente inscripción: Mis brazos sois vosotros... Así se puede contemplar hoy sobre el altar5. Somos los brazos de Dios en el mundo, pues Él ha querido tener necesidad de los hombres. El Señor nos envía para acercarse a este mundo enfermo que no sabe muchas veces encontrar al Médico que le podría sanar. Hablamos de Dios a las gentes con la esperanza cierta de que Cristo conoce a todos, y que solo en Él encuentran la salvación y palabras de vida eterna. Por eso, no debemos dejar pasar –por pereza, comodidad, cansancio, respetos humanos– ni una sola ocasión: acontecimientos normales de todos los días, el comentario sobre una noticia aparecida en el periódico, un pequeño servicio que prestamos o que nos prestan..., y también los sucesos extraordinarios: una enfermedad, la muerte de un familiar... «Quienes viajan por motivo de obras internacionales, de negocios o de descanso, no olviden que son en todas partes heraldos itinerantes de Cristo y que deben portarse como tales con sinceridad»6. El Papa Juan Pablo I, en su primer mensaje a los fieles, exhortaba a que se estudiaran todos los caminos, todas las posibilidades, y se procurasen todos los medios para anunciar, oportuna e inoportunamente7, la salvación a todas las gentes. «Si todos los hijos de la Iglesia –decía el Romano Pontífice– fueran misioneros incansables del Evangelio, brotaría una nueva floración de santidad y de renovación en este mundo sediento de amor y de verdad»8.

Mantengamos con firmeza la esperanza en el apostolado, aunque el ambiente se presente difícil. Los caminos de la gracia son, efectivamente, inescrutables. Pero Dios ha querido contar con nosotros para salvar a las almas. ¡Qué pena si, por omisión de los cristianos, muchos hombres quedan sin acercarse al Señor! Por eso debemos sentir la responsabilidad personal de que ningún amigo, compañero o vecino, con quienes tuvimos algún trato, pueda decir al Señor: hominem non habeo9: no encontré quien me hablara de Ti, nadie me enseñó el camino. En ocasiones, nuestro trato solo será el comienzo de ese camino que lleva a Cristo: un comentario oportuno, un libro para reafirmar la fe, un consejo certero, una palabra de aliento... y siempre el aprecio y el ejemplo de una vida recta.

«El cristianismo posee el gran don de enjugar y curar la única herida profunda de la naturaleza humana, y esto vale más para su éxito que toda una enciclopedia de conocimientos científicos y toda una biblioteca de controversias; por eso el cristianismo ha de durar mientras dure la naturaleza humana»10. Preguntémonos hoy: ¿a cuántas personas he ayudado a vivir cristianamente el tiempo de Navidad que acabamos de celebrar? Encomendemos a los amigos a quienes estamos ayudando para que se acerquen a la Confesión o a algún medio que facilite su formación y su conocimiento de la doctrina del Señor.

III. El Señor nos quiere como instrumentos suyos para hacer presente su obra redentora en medio de las tareas seculares, en la vida corriente. Pero, ¿cómo podríamos ser buenos instrumentos de Dios sin cuidar con esmero la vida de piedad, sin un trato verdaderamente personal con Cristo en la oración? ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?, ¿no caerán los dos en el precipicio?11. El apostolado es fruto del amor a Cristo. Él es la Luz con la que iluminamos, la Verdad que debemos enseñar, la Vida que comunicamos. Y esto solo será posible si somos hombres y mujeres unidos a Dios por la oración. Conmueve contemplar cómo el Señor, entre tanta actividad apostólica, se levanta muy de madrugada, cuando aún era oscuro, para dialogar con su Padre Dios y confiarle la nueva jornada que comienza, llena también de atención a las almas.

Nosotros debemos imitarle: es en la oración, en el trato con Jesús, donde aprendemos a comprender, a mantener la alegría, a atender y apreciar a las personas que el Señor pone en nuestra senda. Sin oración, el cristiano sería como una planta sin raíces: acaba seca, sin posibilidad de dar frutos, en poco tiempo. En nuestro día podemos y debemos dirigirnos al Señor muchas veces. Él no está lejos: está cerca, a nuestro lado, y nos oye siempre, pero particularmente en los ratos –como ahora– que dedicamos expresamente a hablar, sin anonimatos, de tú a tú, con Dios. En la medida en que nos abrimos a los requerimientos divinos, la jornada será divinamente eficaz y tendremos más facilidad para no interrumpir el diálogo con Jesús. En verdad, nuestra vida de apóstoles vale lo que valga nuestra oración12.

La oración siempre da sus frutos, es capaz de sostener toda una vida. De ella sacaremos la fortaleza para afrontar las dificultades con el garbo de los hijos de Dios. Y para la perseverancia –la constancia en el trato con nuestros amigos– que requiere todo apostolado. Por eso nuestra amistad con Cristo ha de ser día a día más honda y sincera. Para esto debemos empeñarnos seriamente en evitar todo pecado deliberado, guardar el corazón para Dios, procurar rechazar los pensamientos inútiles, que frecuentemente dan lugar a faltas y pecados, rectificar muchas veces la intención, dirigiendo al Señor nuestro ser y nuestras obras... Hemos de luchar contra el desaliento –si llegara alguna vez– que puede producirse al pensar que no mejoramos en la oración personal, pues entonces es fácil que el demonio insinúe la tentación de abandonarla. No debemos dejarla jamás, aunque estemos cansados y no podamos centrar del todo la atención, aunque no tengamos ningún afecto, aunque –sin desearlo– lleguen muchas distracciones. La oración es el soporte de nuestra vida y la condición de todo apostolado.

Acudimos, al terminar este rato de oración, a la intercesión poderosa de San José, maestro de la vida interior. A él, que durante tantos años vivió junto a Jesús, le pedimos que nos enseñe a amarle y a dirigirnos a Él con confianza todos los días de nuestra vida; también aquellos que parecen más apretados de trabajos y en los que nos sentimos con más dificultades para dedicarle ese rato de oración que acostumbramos. Nuestra Madre Santa María intercederá, junto al Santo Patriarca, por nosotros.

1 Mc 1, 29-39. — 2 San Agustín, Confesiones, 1, 1, 1. 3 San Josemaría Escrivá, Forja, Rialp, 1ª ed., Madrid 1987, n. 13. 4 San Agustín, Sermón 87, 13. 5 Cfr. F. Fernández-Carvajal, La tibieza, Palabra, 6ª ed., Madrid 1986, p. 149. 6 Conc. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 14. — 7 2 Tim 4, 2. — 8 Juan Pablo I, Alocución 27-VIII-1978. — 9 Jn 5, 7. — 10 Card. J. H. Newman, El sentido religioso, p. 417. — 11 Lc 6, 39. — 12 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, Rialp, 30ª ed., Madrid 1976, n. 108.

 

 

“La corrección fraterna”

La práctica de la corrección fraterna –que tiene entraña evangélica– es una prueba de sobrenatural cariño y de confianza. Agradécela cuando la recibas, y no dejes de practicarla con quienes convives. (Forja, 566)

Sed prudentes y obrad siempre con sencillez, virtud tan propia del buen hijo de Dios. Mostraos naturales en vuestro lenguaje y en vuestra actuación. Llegad al fondo de los problemas; no os quedéis en la superficie. Mirad que hay que contar por anticipado con el disgusto ajeno y con el propio, si deseamos de veras cumplir santamente y con hombría de bien nuestras obligaciones de cristianos.
No os oculto que, cuando he de corregir o de adoptar una decisión que causará pena, padezco antes, mientras y después: y no soy un sentimental. Me consuela pensar que sólo las bestias no lloran: lloramos los hombres, los hijos de Dios. Entiendo que en determinados momentos también vosotros tendréis que pasarlo mal, si os esforzáis en llevar a cabo fielmente vuestro deber. No me olvidéis que resulta más cómodo -pero es un descamino- evitar a toda costa el sufrimiento, con la excusa de no disgustar al prójimo: frecuentemente, en esa inhibición se esconde una vergonzosa huida del propio dolor, ya que de ordinario no es agradable hacer una advertencia seria. Hijos míos, acordaos de que el infierno está lleno de bocas cerradas.
(…) Para curar una herida, primero se limpia bien, también alrededor, desde bastante distancia. De sobra sabe el cirujano que duele; pero, si omite esa operación, más dolerá después. Además, se pone enseguida el desinfectante: escuece -pica, decimos en mi tierra-, mortifica, y no cabe otro remedio que usarlo, para que la llaga no se infecte.
Si para la salud corporal es obvio que se han de adoptar estas medidas, aunque se trate de escoriaciones de poca categoría, en las cosas grandes de la salud del alma -en los puntos neurálgicos de la vida de un hombre-, ¡fijaos si habrá que lavar, si habrá que sajar, si habrá que pulir, si habrá que desinfectar, si habrá que sufrir! La prudencia nos exige intervenir de este modo y no rehuir el deber, porque soslayarlo demostraría una falta de consideración, e incluso un atentado grave contra la justicia y contra la fortaleza. (Amigos de Dios, nn. 160-161)

 

 

Un susurro en el alma: el silencio de Dios

El silencio es a menudo el «lugar» en el que Dios nos espera: para que logremos escucharle a Él, en vez de escuchar el ruido de nuestra propia voz.

La luz de la fe19/03/2018

El libro del Éxodo cuenta cómo Dios se apareció a Moisés en el Sinaí en el resplandor de su gloria: la montaña entera se sacudía violentamente, Moisés hablaba y Dios le respondía entre los truenos y rayos (Ex 19,16-22). Todo el pueblo escuchaba impresionado por el poder y la majestad de Dios. Aunque hay otras teofanías semejantes que marcan la historia de Israel[1], la mayor parte de las veces Dios se manifestaba de otro modo a su Pueblo: no en el resplandor de la luz, sino en el silencio, en la oscuridad.

Unos siglos después de Moisés, el profeta Elías, huyendo de la persecución de Jezabel, emprende una vez más el camino hacia el monte santo, impulsado por Dios. Escondido en una cueva, el profeta ve los mismos signos de la teofanía del Éxodo: el terremoto, el huracán, el fuego. Pero Dios no estaba allí. Después del fuego, dice el escritor sagrado, hubo «un ruido como el de una brisa suave». Elías se cubrió el rostro con el manto y salió al encuentro de Dios. Y fue entonces cuando Dios le habló (cfr. 1 R 19,9-18). El texto hebreo dice literalmente que Elías oyó «el ruido o la voz de un silencio (demama) suave».

La dificultad para captar la cercanía de Dios es una experiencia común a creyentes y a no creyentes, aunque adquiera formas diversas en unos y otros

La versión griega de los Setenta y la Vulgata han traducido «una brisa suave», probablemente para evitar la aparente contradicción entre ruido o voz, de una parte, y silencio, de otra. Pero lo que significa la palabra demama es precisamente el silencio. Con esta paradoja el autor sagrado sugiere, pues, que el silencio no está vacío, sino lleno de la presencia divina. «El silencio custodia el misterio»[2], el misterio de Dios. Y la Escritura nos invita a entrar en este silencio si queremos encontrarle.

Qué débil susurro escuchamos de Él

Este modo de hablar de Dios nos resulta, sin embargo, difícil. Los salmos lo manifiestan con elocuencia: «¡Dios mío! No estés callado, no guardes silencio, no te quedes quieto, ¡Dios mío!» (Sal 83,2). «¿Por qué escondes tu rostro?» (Sal 44,25) «¿Por qué han de decir las naciones: “Dónde está su Dios”?» (Sal 115,2). A través del texto sagrado, Dios mismo pone estas preguntas en nuestros labios y en nuestro corazón: quiere que se las digamos, que las meditemos en la forja de la oración. Son preguntas importantes. Por un lado, porque apuntan directamente al modo en que Él se revela habitualmente, a su lógica: nos ayudan a entender cómo buscar su Rostro, cómo escuchar su voz. Por otro, porque muestran que la dificultad para captar la cercanía de Dios, especialmente en las situaciones difíciles de la vida, es una experiencia común a creyentes y a no creyentes, aunque adquiera formas diversas en unos y otros. La fe y la vida de la gracia no hacen evidente a Dios; también el creyente puede experimentar la aparente ausencia de Dios.

Quien ha comprendido las palabras del Señor, comprende su silencio, porque al Señor se le conoce en su silencio (San Ignacio de Antioquía)

¿Por qué Dios calla? A menudo, las Escrituras nos presentan su silencio, su lejanía, como una consecuencia de la infidelidad del hombre. Así se explica, por ejemplo, en el Deuteronomio: «Este pueblo se va a prostituir yendo en pos de dioses extranjeros de la tierra en que va a entrar. Me abandonará y quebrantará la alianza que pacté con él (…). Pero yo en ese día ocultaré irremisiblemente mi rostro por toda la maldad que habrá hecho al haberse vuelto en pos de dioses extranjeros» (Dt 31,16-18). El pecado, la idolatría, es como una cortina que hace opaco a Dios, que impide verle; es como un ruido que le hace inaudible. Y Dios espera entonces con paciencia, detrás de esa pantalla que ponemos entre nosotros y Él, a la espera de un momento oportuno, para volver a nuestro encuentro. «No apartaré de vosotros mi rostro, porque soy misericordioso» (Jr 3,12).

Más que callarse Dios, pues, sucede con frecuencia que no le dejamos hablar, que no le escuchamos, porque hay demasiado ruido en nuestra vida. «No sólo existe la sordera física, que en gran medida aparta al hombre de la vida social. Existe un defecto de oído con respecto a Dios, y lo sufrimos especialmente en nuestro tiempo. Nosotros, simplemente, ya no logramos escucharlo; son demasiadas las frecuencias diversas que ocupan nuestros oídos. Lo que se dice de Él nos parece pre-científico, ya no parece adecuado a nuestro tiempo. Con el defecto de oído, o incluso la sordera, con respecto a Dios, naturalmente perdemos también nuestra capacidad de hablar con Él o a Él. Sin embargo, de este modo nos falta una percepción decisiva. Nuestros sentidos interiores corren el peligro de atrofiarse. Al faltar esa percepción, queda limitado, de un modo drástico y peligroso, el radio de nuestra relación con la realidad en general»[3].

Sin embargo, a veces no se trata de que el hombre esté sordo para Dios: parece más bien que Él no escucha, que permanece pasivo. El libro de Job, por ejemplo, muestra cómo también las oraciones del justo en la adversidad pueden quedarse, por un tiempo, sin obtener respuesta de Dios. «¡Qué débil susurro escuchamos de Él!» (Jb 26,14). La experiencia diaria de cada hombre muestra también en qué medida la necesidad de recibir de Dios una palabra o ayuda queda a veces como tendida en el vacío. La misericordia de Dios, de la que tanto hablan las Escrituras y la catequesis cristiana, puede hacerse a veces difícil de percibir a quien pasa por situaciones dolorosas, marcadas por la enfermedad o la injusticia, en las que aun rezando no parece obtenerse una respuesta. ¿Por qué Dios no escucha? ¿Por qué, si es un Padre, no viene en mi ayuda, ya que puede hacerlo? «La lejanía de Dios, la oscuridad y problemática sobre Él, son hoy más intensas que nunca; incluso nosotros, que nos esforzamos por ser creyentes, tenemos con frecuencia la sensación de que la realidad de Dios se nos ha escapado de las manos. ¿No nos preguntamos a menudo si Él sigue sumergido en el inmenso silencio de este mundo? ¿No tenemos a veces la impresión de que, después de mucho reflexionar, sólo nos quedan palabras, mientras la realidad de Dios se encuentra más lejana que nunca?»[4].

En el corazón de la Revelación, más que en cualquiera de nuestras experiencias, es la historia de Jesús mismo la que nos introduce con mayor profundidad en el misterio del silencio de Dios. A Jesús, que es el verdadero justo, el siervo fiel, el Hijo amado, no se le ahorran los tormentos de la pasión y de la Cruz. Su oración en Getsemaní recibe como respuesta el envío de un ángel para consolarlo, pero no la liberación de la tortura inminente. Tampoco deja de asombrar que Jesús rece en la Cruz con estas palabras del salmo 22: «¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado? Lejos estás de mi salvación, de mis palabras suplicantes» (Sal 22,2). El hecho de que quien no conoció pecado (2 Cor 5,21) haya experimentado de este modo el sufrimiento pone de manifiesto cómo los dolores que marcan a veces de manera dramática la vida de los hombres no pueden ser interpretados como signos de reprobación por parte de Dios, ni su silencio como ausencia o lejanía.

 

A Dios se le conoce en su silencio

Al pasar junto a un ciego de nacimiento, los apóstoles hacen una pregunta que pone de manifiesto un modo frecuente de pensar entonces: «¿Quién pecó: este o sus padres, para que naciera ciego?» (Jn 9,1). Aunque hoy resultaría extraño oír algo así, en realidad la pregunta no se encuentra tan lejos como parece de una mentalidad frecuente, por la que el sufrimiento, del tipo que sea, es visto como una especie de destino ciego ante el que no cabe más que la resignación, una vez han fracasado los intentos de quitarlo. Jesús corrige a los apóstoles: «Ni pecó este ni sus padres, sino que eso ha ocurrido para que las obras de Dios se manifiesten en él» (Jn 9,3). Dios permanece a veces en silencio, aparentemente inactivo e indiferente a nuestra suerte, porque quiere abrirse camino en nuestra alma. Solo así se entiende, por ejemplo, que permitiera el sufrimiento de san José, en la incertidumbre acerca de la maternidad inesperada de Santa María (cfr. Mt 1,18-20), pudiendo haber «programado» las cosas de otro modo. Dios estaba preparando a José para algo grande. Él «no perturba nunca la alegría de sus hijos, si no es para prepararles un gozo más seguro y grande»[5].

Dios permanece a veces en silencio, aparentemente inactivo e indiferente a nuestra suerte, porque quiere abrirse camino en nuestra alma

Escribía san Ignacio de Antioquía que «quien ha comprendido las palabras del Señor, comprende su silencio, porque al Señor se le conoce en su silencio»[6]. El silencio de Dios es a menudo para el hombre el «lugar», la posibilidad y la premisa para escuchar a Dios, en vez de escucharse solo a sí mismo. Sin la voz silenciosa de Dios en la oración, «el yo humano acaba por encerrarse en sí mismo, y la conciencia, que debería ser eco de la voz de Dios, corre el peligro de reducirse a un espejo del yo, de forma que el coloquio interior se transforma en un monólogo, dando pie a mil autojustificaciones»[7]. Pensándolo bien, si Dios hablara e interviniera continuamente en nuestra vida para resolver problemas, ¿no debemos admitir que fácilmente trivializaríamos su presencia? ¿No acabaríamos, como los dos hijos de la parábola (cfr. Lc 15,11-32), prefiriendo nuestros beneficios a la alegría de vivir con Él?

«El silencio es capaz de abrir un espacio interior en lo más íntimo de nosotros mismos, para hacer que allí habite Dios, para que su Palabra permanezca en nosotros, para que el amor a Él arraigue en nuestra mente y en nuestro corazón, y anime nuestra vida»[8]. Con la búsqueda, con la oración confiada ante las dificultades, el hombre se libera de su autosuficiencia; pone en movimiento sus recursos interiores; ve cómo se fortalecen las relaciones de comunión con los demás. El silencio de Dios, el hecho de que no intervenga siempre de un modo inmediato para resolver las cosas del modo en que querríamos, despierta el dinamismo de la libertad humana; llama al hombre a hacerse cargo de su propia vida o de la de los demás, y de sus necesidades concretas. La fe es por eso «la fuerza que en silencio, sin hacer ruido, cambia el mundo y lo transforma en el reino de Dios, y la oración es expresión de la fe (...). Dios no puede cambiar las cosas sin nuestra conversión, y nuestra verdadera conversión comienza con el “grito” del alma, que implora perdón y salvación»[9].

En la enseñanza de Jesús, la oración aparece como un diálogo entre el hombre como hijo y el Padre del Cielo, en el que la petición ocupa un lugar muy importante (cfr. Lc 11,5-11; Mt 7,7-11). El niño sabe que su Padre siempre le escucha, pero que lo que le está asegurado no es tanto una especie de salida del sufrimiento o la enfermedad, como el don del Espíritu Santo (Lc 11,13). La respuesta con la que Dios siempre viene en ayuda del hombre es el Don del Espíritu-Amor. Esto nos puede saber a poco, pero es un regalo mucho más precioso y fundamental que cualquier solución terrena a los problemas. Es un regalo que debe ser aceptado en la fe filial y que no elimina la necesidad del esfuerzo humano para enfrentarse a las dificultades. Con Dios, los «valles oscuros» que a veces tenemos que cruzar no se iluminan automáticamente; seguimos caminando, con miedo quizá, pero un miedo confiado: «No temo ningún mal, porque Tú estás conmigo» (Sal 23,4).

Si Dios hablara e interviniera continuamente en nuestra vida para resolver problemas, ¿no debemos admitir que fácilmente trivializaríamos su presencia?

Este modo de hacer de Dios, que despierta la decisión y la confianza del hombre, se puede reconocer en la forma en que Dios ha realizado su Revelación en la historia. Podemos pensar en la historia de Abraham, que deja su país y se pone en camino hacia una tierra desconocida, fiándose de la promesa divina, sin saber adónde Dios le lleva (cfr. Gn 12,1-4); o en la confianza del Pueblo de Israel en la salvación de Dios, incluso cuando todas las esperanzas humanas parecen haberse hundido (cfr. Est 4,17a-17kk); o en la huida serena de la Sagrada Familia a Egipto (cfr. Mt 2,13-15) cuando Dios parece someterse a los caprichos de un monarca provinciano... En ese sentido, pensar que la fe resultaba más sencilla a los testigos de la vida de Jesús no se corresponde con la realidad, porque ni siquiera a esos testigos se les ahorró la seriedad de la decisión de creer o no en Él, de reconocer en Él la presencia y la acción de Dios[10]. Hay numerosos pasajes del Nuevo Testamento en los que se ve con claridad cómo esta decisión no era obvia[11].

Ayer como hoy, a pesar de que la Revelación de Dios ofrece auténticos signos de credibilidad, el velo de la inaccesibilidad de Dios no se elimina por completo; sus silencios continúan desafiando al hombre. «La existencia humana es un camino de fe y, como tal, transcurre más en la penumbra que a plena luz, con momentos de oscuridad e, incluso, de tinieblas. Mientras estamos aquí, nuestra relación con Dios se realiza más en la escucha que en la visión»[12]. Esto no es solo una expresión del hecho de que Dios es siempre más grande que nuestra inteligencia, sino también de la lógica de apelación y respuesta, de don y tarea, con la que quiere conducir nuestra historia: la de todos y la personal de cada uno. A fin de cuentas, pues, están en relación mutua la forma de revelarse de Dios y la libertad que tenemos por ser imagen suya. La Revelación de Dios permanece en un claroscuro que permite la libertad de elegir abrirnos a Él o permanecer cerrados en nuestra autosuficiencia. Dios es «un Rey con corazón de carne, como el nuestro; que es autor del universo y de cada una de las criaturas, y que no se impone dominando: mendiga un poco de amor, mostrándonos, en silencio, sus manos llagadas»[13].

 

La nube del silencio

Con su oración en la Cruz ―«Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46)― Jesús «hace suyo ese grito de la humanidad que sufre por la aparente ausencia de Dios y lleva este grito al corazón del Padre. Al orar así en esta última soledad, junto con toda la humanidad, nos abre el corazón de Dios»[14]. En efecto, el salmo con el que Jesús clama al Padre da paso, tras los lamentos, a un gran horizonte de esperanza (cfr. Sal 22,20-32)[15]; un horizonte que Él tiene ante la mirada, aun en medio de su agonía. «En tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23,44), dice al Padre antes de expirar. Jesús sabe que la entrega de su vida no cae en el vacío, que cambia la historia para siempre, aunque parezca que el mal y la muerte son la última palabra. Su silencio en la Cruz puede más que los gritos de quienes le condenan. «Mira, hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5).

Jesús sabe que la entrega de su vida no cae en el vacío, que cambia la historia para siempre, aunque parezca que el mal y la muerte son la última palabra

«La fe es también creerle a Él, creer que es verdad que nos ama, que vive, que es capaz de intervenir misteriosamente, que no nos abandona, que saca bien del mal con su poder y con su infinita creatividad. Es creer que Él marcha victorioso en la historia (…), que el Reino de Dios ya está presente en el mundo, y está desarrollándose aquí y allá»[16]. Con sus silencios, Dios hace crecer la fe y la esperanza de los suyos: les hace nuevos, y hace con ellos «nuevas todas las cosas». A cada uno y cada una toca responder al silencio suave de Dios con un silencio atento, un silencio que escucha, para descubrir «cómo obra misteriosamente el Señor» en nuestro corazón, «y cuál es la nube, (…) el estilo del Espíritu Santo para cubrir nuestro misterio. Esta nube en nosotros, en nuestra vida, se llama silencio. El silencio es precisamente la nube que cubre el misterio de nuestra relación con el Señor, de nuestra santidad y nuestros pecados»[17].

Marco Vanzini - Carlos Ayxelá

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Lecturas para profundizar

Consejo Pontificio para la Cultura (2004), ¿Dónde está tu Dios? La fe cristiana ante la increencia religiosa.

Francisco, Homilía en Santa Marta, 20-XII-2013 (“Cuando el silencio es música”).

Francisco, Homilía en Santa Marta, 10-VI-2016 (“El silencio sonoro”).

Benedicto XVI, Homilía, 6-X-2006 (Silencio y contemplación).

Benedicto XVI, Audiencia, 7-III-2012 (“Oración y silencio: Jesús, maestro de oración”).

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Guardini, R. Cartas sobre la formación de sí mismo, Palabra, 2017 (carta 8: “El alma”) (orig: Briefe über Selbstbildung).

Izquierdo, C. “Palabra (y silencio) de Dios”, Scripta Theologica 41 (2009/3) 945-960.

Lewis, C. S. Una pena en observación, Anagrama, 2007 (orig. A Grief Observed).

Newman. J. H. “Cristo oculto del mundo”, en Sermones parroquiales 4, Encuentro, 2010 (orig. “Christ Hidden from the World”, Parochial and Plain sermons 4)

“Cristo manifestado en el recuerdo”, en Sermones parroquiales 4, Encuentro, 2010 (orig. “Christ Manifested in Remembrance”, Parochial and Plain sermons 4)

Ordeig. M. “Búsqueda, recogimiento... El valor del silencio”, Palabra, febrero 2018.

Ratzinger, J. “¿Estamos salvados? O Job habla con Dios”, en Ser Cristiano, Desclée de Brouwer, 2007 pp. 15-38 (edición anterior: Ser Cristiano, Sígueme 1967, 13-28). (orig. Vom Sinn des Christseins).

La angustia de una ausencia. Tres meditaciones sobre el Sábado santo, 30 días, 3-2006 (orig. Meditationen zur Karwoche).

Sarah, R. La fuerza del silencio, Palabra 2017 (orig. La force du silence).

Thibon, G. L’ignorance étoilée, Fayard, 1974 (cap. 13. “La présence absente”).


[1] Cfr. por ejemplo Gn 18,1-15; 1 R 18,20-40, Is 6,1-13.

[2] Francisco, Homilía en Santa Marta, 20-XII-2013.

[3] Benedicto XVI, Homilía, 10-IX-2006.

[4] J. Ratzinger, “¿Estamos salvados? O Job habla con Dios”, en Ser Cristiano, Sígueme 1967, p. 19.

[5] A. Manzoni, Los novios (I promessi sposi), cap. 8.

[6] Ignacio de Antioquía, Carta a los efesios, XV, 2 (Sources chrétiennes 10, p. 84-85).

[7] Benedicto XVI, Homilía, 6-II-2008.

[8] Benedicto XVI, Audiencia, 7-III-2012.

[9] Benedicto XVI, Homilía, 21-X-2007.

[10] Cfr. R. Guardini, El Señor, IV.6, “Revelación y misterio”.

[11] Cfr. por ejemplo Jn 6,60-68; 8,12-20; 9,1-41.

[12] Benedicto XVI, Angelus, 12-III-2006.

[13] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 179.

[14] Benedicto XVI, Homilía, 6-II-2008.

[15] Así sucede con frecuencia en los salmos: el salmista se queja ante Dios ―«¿Hasta cuándo, Señor, seguirás olvidándome? ¿hasta cuándo me esconderás tu rostro?» (Sal 13,2-3)―, pero no pierde la fe en Él: «Yo confío en tu misericordia; mi corazón se goza en tu salvación. Cantaré al Señor por el bien que me hace» (v. 6).

[16] Francisco, Ex. Ap. Evangelii gaudium (24-XI-2013), n. 78.

[17] Francisco, Homilía en Santa Marta, 20-XII-2013.

 

 

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, 18-25 enero

Benedicto XVI explica la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

Se pide a todos los cristianos redescubrir los valores que constituyen la unidad de la primera comunidad cristiana de Jerusalén.

CIUDAD DEL VATICANO, lunes 17 de enero de 2011 (ZENIT.org).

El texto forma parte de los materiales distribuidos por la Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de las Iglesias y el Consejo Pontificio para la promoción de la Unidad de los Cristianos. La base del documento ha sido redactada por un equipo de representantes ecuménicos de Jerusalén.

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Hace dos mil años, los primeros discípulos de Cristo reunidos en Jerusalén tuvieron la experiencia de la efusión del Espíritu Santo en Pentecostés y han estado reunidos en la unidad que constituye el cuerpo del Cristo. Los cristianos de siempre y de todo lugar ven en este acontecimiento el origen de su comunidad de fieles, llamados a proclamar juntos a Jesucristo como Señor y Salvador. Aunque esta Iglesia primitiva de Jerusalén ha conocido dificultades, tanto exteriormente como en su seno, sus miembros han perseverado en la fidelidad y en la comunión fraterna, en la fracción del pan y en las oraciones.

No es difícil constatar que la situación de los primeros cristianos de la Ciudad Santa se vincula hoy a la Iglesia de Jerusalén. La comunidad actual conoce muchas alegrías y sufrimientos que fueron las de la Iglesia primitiva: sus injusticias y desigualdades, sus divisiones, y también su fiel perseverancia y su consideración de una unidad mayor entre los cristianos.

Las Iglesias de Jerusalén nos hacen actualmente entrever lo que significa luchar por la unidad, incluso en las grandes dificultades. Nos muestran que la llamada a la unidad puede ir bien más allá de las palabras y orientarnos de verdad hacia un futuro que nos haga anticipar la Jerusalén celestial y contribuir a su construcción.

Es necesario el realismo para que esta idea se convierta en realidad. La responsabilidad de nuestras divisiones nos incumbe; son fruto de nuestros propios actos. Debemos transformar nuestra oración, y pedir a Dios transformarnos nosotros mismos para que podamos trabajar activamente para la unidad. Tenemos buena voluntad para pedir por la unidad. Puede que el Espíritu Santo nos anime a nosotros mismos ante el obstáculo de la unidad; ¿nuestra propia soberbia impide la unidad?

La llamada a la unidad llega este año desde Jerusalén, la Iglesia madre, a las Iglesias del mundo entero. Conscientes de sus propias divisiones y de la necesidad de hacer ellas mismas mucho más por la unidad del Cuerpo de Cristo, las Iglesias de Jerusalén piden a todos los cristianos redescubrir los valores que constituyen la unidad de la primera comunidad cristiana de Jerusalén, cuando era asidua a la enseñanza de los Apóstoles y a la comunión fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones. He aquí el desafío que tenemos. Los cristianos de Jerusalén piden a sus hermanos y hermanas hacer de esta semana de oración la ocasión de renovar su compromiso paratrabajar por un verdadero ecumenismo, arraigado en la experiencia de la Iglesia primitiva.

 

Cuatro elementos de unidad

Las oraciones de 2011 para la Semana de oración por la unidad de los cristianos han sido preparadas por los cristianos de Jerusalén, que eligieron el tema de los Hechos 2,42: “Eran asiduos a la enseñanza de los apóstoles y a la comunión fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones.” Este tema nos recuerda los orígenes de la primera Iglesia de Jerusalén; invita a la reflexión y a la renovación, a una vuelta a los fundamentos de la fe; invita a recordar el tiempo en que la Iglesia era aún indivisa. Cuatro elementos se presentan para meditar este tema; fueron características destacadas de la comunidad cristiana primitiva y son esenciales para la vida de toda comunidad cristiana. En primer lugar, los apóstoles transmitieron la Palabra. En segundo lugar, una de las características destacadas de la primera comunidad que creía cuando se reunía, era la comunión fraterna (koinonia). Una tercera característica de la Iglesia primitiva consistía en celebrar la Eucaristía (la “fracción del pan”), en memoria de la Nueva Alianza que Jesús realizó a través sus sufrimientos, su muerte y su resurrección. El cuarto aspecto era la ofrenda de una oración continua. Estos cuatro elementos son los pilares de la vida de la Iglesia y de su unidad.

La comunidad cristiana de Tierra Santa propone poner de relieve estos elementos fundamentales y ruega a Dios por la unidad y la vitalidad de la Iglesia extendida por el mundo. Los cristianos de Jerusalén invitan a sus hermanas y hermanos en todo el mundo a unirse a su oración en su lucha por la justicia, la paz y la prosperidad de todos los pueblos de esta tierra.

Los temas del Octavario

Un planteamiento de fe puede ser percibido a través de los temas del octavario. Desde su inicio en la habitación superior, la comunidad cristiana primitiva experimenta la efusión del Espíritu Santo, que la vuelve capaz de crecer en la fe y la unidad, en la oración y la acción, para convertirse realmente en la comunidad de la resurrección, unida a Cristo en su victoria sobre todo lo que nos separa unos de otros y de Él. La Iglesia de Jerusalén se transforma así en faro de esperanza, anticipo de la Jerusalén celestial, llamada a reconciliar no solamente nuestras Iglesias sino a todos los pueblos. Este camino es guiado por el Espíritu Santo que conduce a los primeros cristianos al conocimiento de la verdad sobre Jesucristo, y llena a la Iglesia primitiva de signos y maravillas. Prosiguiendo su planteamiento, los cristianos de Jerusalén se reúnen con fervor para escuchar la Palabra de Dios transmitida por la enseñanza de los apóstoles, y se reúnen en la comunión fraterna para celebrar su fe en el sacramento y la oración. Llena de poder y de esperanza en la resurrección, la propia comunidad celebra la certeza de su victoria sobre el pecado y la muerte, para tener el proyecto y el valor de ser ella misma instrumento de reconciliación, capaz de inspirar a todos los pueblos y de llamarles decididamente a superar las divisiones y las injusticias que sufren.

El día primero sitúa los orígenes de la Iglesia madre de Jerusalén y se muestra claramente la continuidad con la Iglesia extendida hoy a través del mundo. Nos recuerda el valor de la Iglesia primitiva que daba fielmente testimonio a la verdad, al igual que hoy nosotros tenemos que trabajar por la justicia tanto en Jerusalén como en el resto del mundo.

El día segundo recuerda que la primera comunidad reunida en Pentecostés se componía de orígenes muy distintos, y que, de la misma manera, se encuentran hoy en la Iglesia de Jerusalén una gran diversidad de tradiciones cristianas. Tenemos presente el desafío de realizar una unidad visible aún más extendida, por los medios que tienen en cuenta nuestras diferencias y nuestras tradiciones.

El día tercero presta atención al aspecto más fundamental de la unidad: la Palabra de Dios comunicada a partir de la enseñanza de los apóstoles. La Iglesia de Jerusalén nos recuerda que, cualesquiera que sean nuestras divisiones, esta enseñanza nos exhorta a que nos gastemos por amor los unos a los otros, y en la fidelidad al único cuerpo que es la Iglesia.

El día cuarto insiste sobre la participación como segunda expresión de la unidad. Sobre el método de los primeros cristianos que ponían todo en común, la Iglesia de Jerusalén pide a todos sus hermanos y hermanas de la Iglesia compartir sus bienes y sus preocupaciones en la alegría y la generosidad de corazón, para que nadie permanezca en la necesidad.

El día quinto se refiere al tercer aspecto de la unidad: la fracción de pan, que nos reúne en la esperanza. Nuestra unidad se extiende más allá de la santa comunión; debe implicar una actitud correcta en cuanto a la vida moral, a la persona humana y al conjunto de la comunidad. La Iglesia de Jerusalén pide a los cristianos unirse en “la fracción del pan”, ya que una Iglesia dividida no puede expresarse con autoridad sobre las cuestiones de justicia y paz.

El día sexto presenta la cuarta característica de la unidad; como la Iglesia de Jerusalén, sacamos nuestra fuerza del tiempo que pasamos orando. Nuestro Padre, muy especialmente, nos llama a todos, débiles o fuertes, tanto en Jerusalén como en el resto del mundo, a trabajar juntos por la justicia, la paz y la unidad para que venga el reino de Dios.

El día séptimo nos lleva más allá de estos cuatro elementos de unidad: la Iglesia de Jerusalén proclama alegremente la resurrección, incluso mientras aguanta el sufrimiento de la cruz. La resurrección de Jesús es para los cristianos de la Jerusalén actual una esperanza y una fuerza que les hace capaces de seguir siendo constantes en su testimonio, y de trabajar por la libertad y la paz en la Ciudad de la paz.

El día octavo concluye el planteamiento sobre una llamada hecha por las Iglesias de Jerusalén en favor de un servicio más extenso: el de la reconciliación. Aunque los cristianos llegasen a la unidad entre ellos, no habrán acabado su trabajo, ya que ellos mismos deben reconciliarse con otros. En el contexto de Jerusalén, se significa entre palestinos e israelíes; en otras comunidades, los cristianos deben buscar la justicia y la reconciliación en el contexto que les es propio.

El tema de cada día se ha elegido no solamente para recordarnos la historia de la Iglesia primitiva, sino también para que las experiencias de los cristianos de la Jerusalén actual estén presentes espiritualmente, y nos inviten a reflexionar a todos sobre la manera en que podemos aprovechar en nuestras comunidades cristianas locales este tipo de experiencia. Durante este planteamiento de ocho días, los cristianos de Jerusalén nos invitan a proclamar y a testimoniar que la unidad -en su pleno sentido de fidelidad a la enseñanza de los apóstoles y a la comunión fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones- nos hará capaces de triunfar juntos sobre el mal, no sólo en Jerusalén, sino por todas partes del mundo.

 

 

Etiopía – Descubierta Iglesia del siglo IV que reescribe la historia del cristianismo en África

Etiopía se cristianizó al mismo tiempo que Roma

Los arqueólogos ahora pueden fechar más de cerca cuándo se extendió la religiónal Imperio Aksumita

 

En las polvorientas tierras altas del norte de Etiopía, un equipo de arqueólogos descubrió recientemente la iglesia cristiana más antigua conocida en África subsahariana, un hallazgo que arroja nueva luz sobre uno de los reinos más enigmáticos del Viejo Mundo, y su sorprendente conversión temprana al cristianismo.

Un grupo internacional de científicos descubrió la iglesia a 30 millas al noreste de Aksum, la capital del reino de Aksum, un imperio comercial que surgió en el siglo I d. C. y dominaría gran parte de África oriental y Arabia occidental. A través de artefactos de datación por radiocarbono descubiertos en la iglesia, los investigadores concluyeron que la estructura fue construida en el siglo IV d. C., aproximadamente al mismo tiempo cuando el emperador romano Constantino I legalizó el cristianismo en 313 CE y luego se convirtió en su lecho de muerte en 337 CE.

Es la basílica cristiana más antigua del África subsahariana

El descubrimiento de la iglesia y sus contenidos confirman la tradición etíope de que el cristianismo llegó a una fecha temprana en un área a casi 3,000 millas de Roma. El hallazgo sugiere que la nueva religión se extendió rápidamente a través de redes comerciales de larga distancia que unían el Mediterráneo a través del Mar Rojo con África y el sur de Asia, arrojando nueva luz sobre una era importante de la que los historiadores saben poco.

“El imperio de Aksum fue una de las civilizaciones antiguas más influyentes del mundo, pero sigue siendo una de las menos conocidas”, dice Michael Harrower, de la Universidad Johns Hopkins, el arqueólogo que dirige el equipo.

Helina Woldekiros, una arqueóloga de la Universidad de St. Louis en Washington que formó parte del equipo, agrega que Aksum sirvió como un “punto de conexión” que une el Imperio Romano y, más tarde, el Imperio Bizantino con tierras lejanas al sur.

Ese comercio, en camello, burro y bote, canalizó plata, aceite de oliva y vino desde el Mediterráneo a ciudades a lo largo del Océano Índico, lo que a su vez trajo de vuelta el hierro exportado, cuentas de vidrio y frutas.

​Un colgante de piedra con una cruz y el término “venerable” en la antigua escritura Ge’ez de Etiopía que se encuentra fuera del muro de la basílica oriental. (Ioana Dumitru)

El reino comenzó a declinar en los siglos VIII y IX, y finalmente se contrajo para controlar solo las tierras altas de Etiopía. Sin embargo, permaneció desafiantemente cristiano incluso cuando el Islam se extendió por toda la región. Al principio, las relaciones entre las dos religiones fueron en gran medida pacíficas, pero se volvieron más tensas con el tiempo.

En el siglo XVI, el reino fue atacado por los ejércitos somalíes y luego otomanos, pero finalmente retuvo el control de sus tierras altas estratégicas. Hoy, casi la mitad de todos los etíopes son miembros de la Iglesia etíope ortodoxa Tewahedo.

Para los primeros cristianos, el riesgo de persecución de los romanos a veces era alto, obligándolos a practicar sus creencias en privado, lo que representa un desafío para los académicos que estudian esta época. El cristianismo había llegado a Egipto en el siglo III dC, pero no fue hasta la legalización de la observancia cristiana de Constantino que la iglesia se expandió ampliamente por Europa y el Cercano Oriente. Con la noticia de la excavación de Aksumite, los investigadores ahora pueden sentirse más seguros de fechar la llegada del cristianismo a Etiopía en el mismo período de tiempo.

“[Este hallazgo] es, que yo sepa, la evidencia física más temprana para una iglesia en Etiopía, [así como para todo el África subsahariana”], dice Aaron Butts, profesor de lenguas semíticas y egipcias en la Universidad Católica de Washington, DC , que no participó en la excavación.

El equipo de Harrower realizó su trabajo entre 2011 y 2016 en un antiguo asentamiento llamado Beta Samati, que significa “casa de audiencia” en el idioma local Tigrinya.

La ubicación, cerca de la frontera moderna con Eritrea y 70 millas al suroeste del Mar Rojo, atrajo a los arqueólogos en parte porque también era el hogar de templos construidos en un estilo del sur de Arabia que datan de muchos siglos antes del surgimiento de Aksum, un claro signo de antiguos lazos con la Península Arábiga. Los templos reflejan la influencia de los sabaeanos, que dominaron el lucrativo comercio de incienso y cuyo poder alcanzó el Mar Rojo en esa época.

El mayor descubrimiento de los excavadores fue un edificio masivo de 60 pies de largo y 40 pies de ancho que se asemeja al antiguo estilo romano de una basílica. Desarrollada por los romanos con fines administrativos, la basílica fue adoptada por los cristianos en la época de Constantino para sus lugares de culto. Dentro y cerca de las ruinas de Aksumite, los arqueólogos también encontraron una gran variedad de productos, desde un delicado anillo de oro y cornalina con la imagen de una cabeza de toro hasta cerca de 50 figuras de ganado, evidencia clara de las creencias precristianas.

También descubrieron un colgante de piedra tallado con una cruz e inciso con la antigua palabra etíope “venerable”, así como quemadores de incienso. Cerca del muro de la basílica oriental, el equipo se encontró con una inscripción pidiendo “que Cristo [sea] favorable para nosotros”.

En el trabajo de investigación, Harrower dijo que esta colección inusual de artefactos “sugiere una mezcla de tradiciones paganas y cristianas primitivas”.

Según la tradición etíope, el cristianismo llegó por primera vez al Imperio Aksum en el siglo IV dC cuando un misionero de habla griega llamado Frumentius convirtió al Rey Ezana. Butts, sin embargo, duda de la fiabilidad histórica de este relato, y los estudiosos no han estado de acuerdo sobre cuándo y cómo la nueva religión llegó a la lejana Etiopía.

“Esto es lo que hace que el descubrimiento de esta basílica sea tan importante”, agrega. “Es una evidencia confiable de una presencia cristiana un poco al noreste de Aksum en una fecha muy temprana”.

Si bien la historia de Frumentiuspuede ser apócrifa, otros hallazgos en el sitio subrayan cómo la difusión del cristianismo se entrelazó con las maquinaciones del comercio. Los sellos y tokens utilizados para las transacciones económicas descubiertas por los arqueólogos señalan la naturaleza cosmopolita del asentamiento. Una cuenta de vidrio del Mediterráneo oriental y grandes cantidades de cerámica de Aqaba, en el Jordan de hoy, dan fe del comercio a larga distancia. Woldekiros agregó que los descubrimientos muestran que “las rutas comerciales de larga distancia jugaron un papel importante en la introducción del cristianismo en Etiopía”.

Ella y otros académicos quieren entender cómo se desarrollaron estas rutas y sus impactos en las sociedades regionales. “El reino Aksumita era un centro importante de la red comercial del mundo antiguo”, dice Alemseged Beldados, un arqueólogo de la Universidad de Addis Abeba que no formó parte del estudio. “Estos hallazgos nos dan una buena visión … de su arquitectura, comercio, administración cívica y legal”.

“La política y la religión son factores importantes en la configuración de las historias humanas, pero son difíciles de examinar arqueológicamente”, dice Harrower. Los descubrimientos en Beta Samati brindan un vistazo bienvenido al surgimiento del primer reino cristiano de África, y, espera, provocarán una nueva ronda de excavaciones relacionadas con Aksum.

 

Por Andrew Lawler

smithsonianmag.com

 

 

Feminismo

Ángel Cabrero Ugarte

 

photo_camera Alice Von Hildebrand.

Es de agradecer la publicación de una breve obra de Alice Von Hildebrand que tiene el
controvertido título de “El privilegio de ser mujer”. Un libro donde descubrimos los valores de
siempre sobre la naturaleza humana que el movimiento feminista quiere destruir. Es de
agradecer el empeño por mostrar la verdad, lo natural, en un ambiente, como es el mundo
occidental, donde se quiere imponer lo que es equívoco, irracional, y con gran frecuencia
inmoral.

Ser mujer es un privilegio. También podríamos ponernos a exaltar algunas facetas de la
masculinidad, pues lo natural es obra de Dios, que hace las cosas bien. Lo que está claro es que
hay dos sexos, que son bien distintos, que son complementarios y decir otra cosa es cerrar los
ojos constantemente, negar lo evidente. Es tan estúpido como la historia del rey desnudo. Por
favor, no nieguen la evidencia. En cambio, demos muchas gracias a Dios que nos ha hecho
como nos ha hecho.

La autora de este libro profundiza en la maravilla de ser mujer, porque hay tanto ambiente en
contra, por parte de gentes ciegas, que no hay más remedio que volver sobre lo más
elemental. “Quien lea el relato del Génesis de rodillas, quedará impresionado por la posición
de privilegio que se le otorgó a Eva desde el momento de su creación. No solamente su cuerpo
(tomado de una persona, Adán) recibe una especial dignidad, sino que es declarada la madre
de todos los vivientes” (p. 17).

El Génesis se puede interpretar de muchas maneras, pues no tiene consideración de historia
sino más bien de relato pedagógico para entender las maravillas de Dios. Ya se ha visto como
las feministas no ven más que oprobio. También sabemos que las más afamadas feministas,
Simone de Beauvoir o Simone Weil, tenían un planteamiento tan abiertamente cerril como
anticristiano. No nos sorprende que solo vieran insultos a las mujeres en la Biblia. Von
Hildebrand dedica unas cuantas páginas a desmontar estos prejuicios.

“Debemos encontrar la manera de fortalecer a las familias cristianas y poner de manifiesto la
complementariedad de la masculinidad y la femineidad, gozosas de la misma dignidad
originaria, a fin de que recuperen su brillo sanador, en medio de un mundo profundamente
oscurecido por las mentiras del enemigo” (p. 21). Y de una manera y otra es lo que pretende
en este libro, con argumentos que no van a entender esas personas que están tan lejos de
entender a Dios como, por ejemplo, que la supuesta “debilidad” de la mujer es la misma
debilidad en la que nació en Belén el creador del mundo.

 

Y cuando nos habla de la humildad -como un castigo para mujer para las feministas- cita a San
Agustín que decía que, si bien encontró virtudes admirables entre los paganos, nunca,
absolutamente nunca encontró un pagano que tuviera la virtud de la humildad. Y tuvo que
venir Dios al mundo en un pesebre para mostrarnos la importancia de la humildad. Virtud que
ha ejercitado mucho mejor la mujer que el hombre a lo largo de la historia. Para las feministas
esto es un desdoro.

“Si la educación sexual de nuestras escuelas evitara tocar temas como las perversiones
morales y los distintos métodos de control de la natalidad, para ponerse a enseñar estas
sublimes verdades del catolicismo, entonces una vez más la castidad iluminaría a los jóvenes
como un faro luminoso” (p. 102).

Alice Von Hildebrand, El privilegio de ser mujer, Eunsa 2019

 

 

Tuve una educación estrictamente laica, pero no antirreligio

Salvador Bernal

photo_camera Convivencia de alumnos de Religión Católica .

Conozco por experiencia la distinción entre la catequesis y la enseñanza religiosa. Lo he recordado estos días, al pensar en el espíritu de la Navidad, y al leer debates recientes sobre reformas educativas.

He manifestado públicamente mi gratitud a la Academia Audiencia de Madrid, donde me formé intelectualmente gracias al estilo de don Pablo de A. Cobos, gran amigo de mi padre: ambos habían colaborado jóvenes en Segovia Republicana antes de la guerra. Lo pasó muy mal por sus ideas y sufrió represalias. Tuvo que dejar la pedagogía. Los amigos le ayudaron con la Academia, dedicada oficialmente a preparar oposiciones administrativas.

En una segunda planta de la calle del Prado, casi frente al Ateneo, nos educamos los hijos de los amigos de don Pablo. Del control académico se ocupaba el Instituto san Isidro, donde rendíamos exámenes año tras año, desde el ingreso en el Bachillerato, con nueve años. Lo importante era la
prueba escrita de un dictado, sin inadmisibles faltas de ortografía. Luego, un oral ante un tribunal que imponía muchísimo. Uno de sus miembros, sacerdote, me preguntó quién había hecho el Credo. Debí de resultar un poco cursi al hablar de Arrio, del Concilio de Nicea y del obispo Osio de Córdoba. Me corrigió: el Credo era de los Apóstoles… Muchos años después supe que así se leía en el Astete. Mi fuente de información no era el catecismo, sino la lectura de libros de historia en la biblioteca paterna.

Una persona que desee ser culta, con independencia de sus convicciones íntimas, no puede ignorar el hecho universal de la religión: ha configurado civilizaciones y obras de arte, que sólo destruyen talibanes…, que no sólo campan en Afganistán.

La violencia física viene casi siempre precedida por extremismos teóricos y expresiones verbales. Tal vez por ahí discurre la distinción entre laicidad y laicismo. Se comprueba estos días una vez más en el quinto aniversario de la masacre perpetrada contra la redacción de la revista satírica Charlie Hebdo.

Más de un comentarista lamenta que en Francia, República confesionalmente laica según el primer artículo de la Constitución vigente, haya crecido desde entonces la intolerancia, las profanaciones y las fobias. La sociedad francesa reaccionó con gallardía y entereza ante el
terrorismo yihadista, que se ha convertido en un fenómeno casi cotidiano, con terribles atentados como el de París a finales de 2015, o el de Niza en julio siguiente. Frente a la hipertrofiada laicidad, no deja de crecer el antisemitismo, la islamofobia, el racismo o la intolerancia anticristiana. Las redes sociales no contribuyen precisamente al apaciguamiento de los radicales. Más bien favorecen la consolidación de identidades comunitaristas.

Al contrario, sólo el estudio de la religión podrá contribuir a recuperar la concordia democrática, con el respeto de las libertades básicas. El conocimiento precede al reconocimiento… La búsqueda de la verdad, con su expresión libre, contribuye a la convivencia pacífica. De ahí la importancia de un oportuno espacio para la religión en los planes de estudio de la enseñanza básica. En un libro reciente, Isabelle Saint-Martin, ex directora del Instituto Europeo de Estudios Religiosos, responde a la pregunta del título -¿Se puede hablar de las religiones en la escuela? “Ese instituto se creó en 2002, tras la conmoción del 11 de septiembre de 2001, a partir del informe sobre La enseñanza del hecho religioso en la escuela laica, elaborado por Régis Debray a petición de Jack Lang, entonces ministro de Educación.

A juicio de la autora, no sólo se puede hablar de las religiones en la escuela, sino que se debe, de diversas varias maneras y, en concreto, a través de las obras de arte. Sus conclusiones se basan en argumentos históricos aquilatados, y en una especie de gran inventario de las relaciones entre las religiones y la educación.

Su propuesta no tiene que ver con las denostadas marías, ni con las serpientes de mar del país vecino, promovidas regularmente, para ser pronto olvidadas. Se trata de reconocer la transversalidad del hecho religioso, dentro de las disciplinas clásicas -historia, literatura, educación moral y cívica, enseñanza artística y musical, etc.-, o con ocasión de proyectos pedagógicos interdisciplinarios, capaces, por ejemplo, de comparar el estudio de los mitos
antiguos con la historia de la ciencia.

En rigor, como señala Isabelle Saint-Martin, “no es necesario ser musulmán para interesarse por la historia del Islam hasta la actualidad, ser cristiano para comentar el significado de la redención en Les Misérables, o ser judío para saber quién es Moisés”. De modo particular, subraya el papel
educativo de las obras de arte, que permiten juzgar, admirar y comprender sin necesidad de adherirse personalmente a la creencia. Basta tener fe en que existe una cultura común.

Ahora, cuando algunos –deseo que se equivoquen- proclaman en fin de la Transición, he querido rendir un modesto homenaje a mis maestros, que compartieron el “no es eso” de Ortega. Salieron adelante a trancas y barrancas, superando la represión de la República primero, y luego la de la Dictadura. Tuvieron fe en la concordia desde la cultura. Como a sus herederos nos encantó el gran pacto –también educativo- de la vigente Constitución.

 

 

Nuevo escenario político, preocupación razonable

Vimos algunos ensayos. Pero no conocíamos la trama, ni a todos los actores, ni el previsible desenlace final. Una idea nos hicimos con buena dosis de incertidumbre, ante el enmarañado guion del que no teníamos pleno conocimiento. Digos y diegos, prisas y pausas, razones y desmentidos, memorias y reescritura de la historia… así ha sido todo este periodo que ha tenido al país en vilo durante estos meses. Hay que decir que la alternancia en la política es saludable, porque la gobernanza también genera corruptelas que es preciso enmendar, aprender de los errores y purificar la nobleza del arte político cuando éste se tuerce y se pervierte en aras de intereses económicos, ideológicos o de pura prepotencia excluyente que terminan haciéndonos rehenes del Nuevo Orden Mundial y todas sus terminales mediáticas, políticas y financieras.

Se pierde así el sentido del bien común, se esquivan los verdaderos problemas, y todo gira en torno al aprovechamiento personal más narcisista y tramposo o a la perpetuación del clan que se apropia de la poltrona con un ordeno y mando avasallador. Nuestra todavía joven democracia, que ha tenido sus sobresaltos y altibajos, tuvo como punto de partida una generosidad llena de madurez en un pueblo que quería realmente pasar página, creer en la reconciliación y alejarse del fantasma bélico y fratricida que llenó de tanto dolor y tragedia a personas y familias. Hubo una auténtica altura de miras, en aras del bien común, para afrontar la superación larga y paciente de cuantos asuntos nos retaban en aquel comienzo de andadura democrática. Con los defectos que pudiera tener, nos dimos la carta magna de la Constitución Española, que nos sirvió como hoja de ruta para comenzar a construir la convivencia entre los españoles que venían con sus luces y sombras de un largo período anterior que se deseaba quedara atrás en lo que tuviera de puntos oscuros, y que se pudiera mejorar en aquello que logró iluminarnos.

No han faltado en todos estos decenios momentos complicados por las crisis económicas, por el azote terrorista, por los amagos secesionistas. Pero también momentos ilusionantes por la incorporación a foros e instancias europeas e internacionales, el avance en la sociedad que quería seguir escribiendo su propia historia, la de una nación que, como tal, es la más antigua de Europa, con bellas páginas que han ido escribiendo nuestros mejores literatos, o esculpiendo y pintando nuestros mejores artistas, o tejiendo un estado de derecho por nuestros mejores juristas y jueces, o viendo la unidad plural de un pueblo como bien moral, o nutriendo una cultura que hunde sus raíces en los ancestros romanos y la herencia cristiana que nos ha permeado la conciencia ética y abierto horizontes de transcendencia.

Por eso, cuando se usa la mentira como herramienta política, la insidia que debilita la convivencia, la violencia como crispación que nos rompe por dentro y nos enfrenta por fuera, la censura de quien piensa distinto persiguiéndole de tantas maneras y acallando sus voces impunemente, entonces nuestro gran país, nuestro hermoso pueblo, sufre la ruptura interior y nos hace vulnerables ante pretensiones exteriores conocidas.

Estamos en un nuevo escenario político con el nuevo gobierno resultante. Sinceramente le deseo acierto, inteligencia y sabiduría para conducir con justicia el destino inmediato de España en su pluralidad de factores y en su bella herencia histórica. No es fácil el momento, a la luz de lo que, con preocupación, hemos podido ver en la sesión de investidura. Y sería una mala noticia que se deslicen actitudes, políticas y caminos que cercenen la libertad en sus variadas expresiones, la vida en todos sus tramos, y la convivencia que permite seguir escribiendo nuestra historia con verdad y belleza. Por eso, junto a mi colaboración leal con nuestros nuevos gobernantes, elevo mi oración al buen Dios en este momento grave de nuestra historia que reclama de los cristianos sencillamente que seamos lo que somos en medio de la sociedad.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm. Arzobispo de Oviedo

 

 

3 consejos para evitar perder el control con tu pareja

Por Daniel Torres Cox / AmaFuerte.com - 13.01.2020

 

Foto: Freepik

El cuerpo es un medio muy poderoso para expresar amor. Al mismo tiempo, el cuerpo es también fuente de sensaciones muy intensas, y tiene sus propias reglas. Por eso, cuando se trata de expresar físicamente lo que uno siente, muchas veces se hace difícil encontrar un equilibrio, y puede llegar a ser muy fácil perder el control.

Hay expresiones de cariño con las que la pareja de enamorados o de novios se puede sentir cómoda. Sin embargo, hay ocasiones en las que claramente uno de ellos o ambos se dan cuenta de que se han excedido. Y a pesar de ser conscientes de que lo que hacen no es lo mejor, les resulta difícil dejar de hacerlo. ¿Qué hacer en estos casos? Aquí hay tres consejos que pueden ayudar.

1. Pónganse de acuerdo

Lo primero —y fundamental— es que ambos estén de acuerdo en qué es lo que quieren y qué no. Es decir, que ambos concuerden en que ciertas formas de expresar el afecto constituyen un exceso, y quieran evitarlas. Si ambos no están de acuerdo, la cosa no va a funcionar.

Es importante hablar sobre estos temas, y no simplemente asumir que la otra persona piensa lo mismo que uno. Y hay que ponerse de acuerdo no sólo en el “no”, sino también en el “sí” que da sentido a ese “no”. Ese “no” implica renunciar a algo que, a nivel físico, se siente bien. Por eso, para que esa renuncia no genere frustración, ambos deben tener en claro el por qué de esa renuncia. Si bien se privan de algo que físicamente se siente bien, terminan ganando algo que le aporta un mayor bien a la relación, y ambos deben ser conscientes de ello.

Hablar estos temas y ser explícitos respecto a lo que ambos realmente quieren es fundamental porque, en esos momentos “complicados”, lo más natural es que uno tienda a dejarse llevar por la situación. Si las cosas no están claras, el riesgo es que la otra persona interprete que, como uno se deja llevar, uno quiere que las cosas sigan como están. Debe estar claro que eso que uno puede consentir en un determinado momento no necesariamente es lo que realmente se quiere para la relación.

2. Eviten situaciones complicadas

Las expresiones físicas de cariño pueden compararse a andar en bicicleta bajando por la pendiente de una montaña. Al principio, los frenos funcionan; pero, mientras uno más avanza, más aumenta la velocidad, y más difícil es frenar.

Si ambos saben que en ciertas situaciones les es difícil poner un freno, es importante no exponerse a esas situaciones. Aquí es fundamental identificar si hay patrones que se repiten. Por ejemplo, si siempre se exceden cuando están solos en casa de alguno, cuando se demoran en el trabajo, o cuando conversan hasta tarde en el auto; entonces, conviene evitar esas situaciones. El que quiere el fin quiere también los medios. Es más fácil cambiar de opinión cuando uno está subiendo la montaña con la bicicleta en la mano que cuando uno ya está yendo cuesta abajo y agarró velocidad.

Es importante también tener en cuenta que, por más que ambos tengan las ideas claras, todos somos humanos, y experimentamos momentos de debilidad. Evitar esas situaciones complicadas ayuda a que, en esos momentos de debilidad de uno o de ambos, las cosas no se salgan de control.

3. Ante las caídas, hay que levantarse

La castidad no es un acto, sino un hábito que ordena las fuerzas del mundo de la sexualidad hacia el amor. Como todo hábito, no se adquiere con un solo acto. Hay que repetir en el tiempo el acto a partir del cual se constituye dicho hábito, que consiste en elegir el amor —entendido como la búsqueda del bien de la otra persona—. Tener esto en cuenta es importante porque, así como un acto no basta para construir un hábito, un acto tampoco es suficiente para destruirlo.

Nadie es perfecto. Por eso es probable que, aun queriendo hacer las cosas bien, nos equivoquemos más de una vez. Más aún si se trata de abandonar comportamientos que ya se habían hecho “normales” en la relación. Al respecto, es importante recordar que, ante las caídas, no se pierde todo lo que se venía avanzando. El error sería pensar: “pasó una vez, da igual que pase de nuevo”. Esto sí es peligroso porque los hábitos sí pierden fuerza cuando uno empieza a sostener en el tiempo actos contrarios. Y es ahí donde sí se corre el riesgo de perder lo ganado.

Si hay caídas, no hay que hacer todo un drama al respecto. Hay que levantarse y seguir avanzando, recordando que uno no ha vuelto al punto inicial. Corresponde no perder la esperanza y reafirmarse en el propósito asumido como pareja —y, si son católicos, buscar la confesión—. No mirar atrás sino adelante, y seguir caminando juntos.

*Publicado originalmente en AmaFuerte.com

 

 

El alma de los libros: ¡una fuente inagotable!

 

      Al subir al Blog los títulos escritos hasta fin de año, pensaba que las ideas y cada artículo supone una aventura personal que trae recuerdos y lugares. Con ellos cerraba la actividad escrita de un año, pero cuando uno se ha acercado a una fuente de luz o a un manantial, la sed o la fuente son inagotables. ¡Hay que volver!

       Tengo que buscar la raíz de la ética, la enseñanza, los libros e incluso la foto que capté al pasar, y que por alguna razón quedó impresa su imagen en mi interior. Como dice el filósofo francés, G. Lipovetsky: "el individuo necesita la creatividad para expresarse a sí mismo". Cierto, pero de una forma u otra, será preciso descubrir interiormente,  la magia y la  grandeza del ser y la cultura.

        Cuando el año perdía en este otoño las últimas hojas de los meses, se nos decía en alguna programa que "¡Todo es mentira!" Puede ser verdad o no, habrá que descubrirlo, y como decía Antonio Machado "¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela".

         Quienes juntamos sueños, un poco de ternura y algunas palabras, pretendíamos fundamentalmente, vivir. Vivir pensando, como hace el sembrador con la semilla; que fructifique  dependerá de la lluvia, y en el escritor, de quien lea o interprete.

        LA NATURALEZA: el primer libro.

        La madre naturaleza, es eso: un corazón de madre siempre vigilante, en movimiento siempre, dispuesta a ayudar y sorprendernos cada instante del día o de la noche, no importa el lugar en que hayamos nacido. 

         Reconocer que lo real forma parte de una gran ficción que nos hemos creado, pensando siempre que "el futuro" será sin duda mejor que "el ayer" y, por supuesto que "el hoy". Es decir: ¡no vivimos! ¡No disfrutamos la vida por la maraña mental y emocional de nuestros pensamientos y sentimientos, proyectados hacia el futuro o el pasado! Los árboles sin moverse, ayudan a hombres y animales. Los animales disfrutan, juegan hoy sin miedo, viven hoy.

         La facilidad actual para colgar juicios, fotos o deseos en Facebook, Twitter o Instagram, nos sacan del "aquí y ahora".  Nos falta el tiempo, porque no vivimos el presente, ni tenemos el reposo para leer un libro. Nos sobran "likes", "emojis" para comunicarnos por las redes y faltan cada vez más "palabras" y "profundidad". De ahí que pocos sepan discernir una noticia normal, de una información manipulada, o de una Fake News (noticia falsa).

          Y si se pierden las raíces, carecemos de algo esencial.  Rondan en mi cabeza esas  ideas troncales, nuevas y básicas, que nos ha legado la historia y la ciencia, además de la naturaleza: la familia, la tierra, que es redonda pero no es el centro del universo aunque sea nuestra casa, la gramática y las lenguas, los libros, el triunfo de la razón sobre la superstición y las ideologías, la evolución, la revolución industrial y tecnológica, etc.

          Pensar es posible y expresarlo libremente también. Está en los libros. Podemos aprender de los árboles y de los pensadores, porque no se trata únicamente de decir, sino también y sobre todo, de ser. "Entre lo que veo y digo, entre lo que digo y callo, entre lo que callo y sueño, entre lo que sueño y olvido, la poesía"... "Decir y hacer ", de Octavio Paz. Lo que tú tienes, muchos lo pueden tener... Lo que tú eres nadie lo puede ser. Lo que enseñan los libros, hay que interiorizarlo, porque de lo contrario puede todo quedar en niebla o nada.

           DE LOS ÁRBOLES Y DE LA IMAGINACIÓN: nacen los libros.

          Todos, alguna vez hemos ido al bosque y admirado de cerca la naturaleza, somos parte de ella y la necesitamos. Enseña y relaja.

           El árbol es mucho más que una metáfora. Siempre lo ha sido. Los libros, durante siglos, han nacido en los árboles. Pero tuvieron que morir para ser libro y que las ideas vertidas en ellos pudieran llegar a todos. Crear y pensar es una nueva forma de vivir un instante de eternidad. Las ideas que en los libros anidan, son los nuevos pajarillos cuyos trinos pueden escuchar los lectores. Tienen el encanto de la razón poética y "la mitad invisible" de la vida, según María Zambrano.

           Pio Baroja, encuentra la imagen del árbol en la misma creación de Dios en el Edén. Allí habría apuesto dos árboles muy importantes: el árbol de la vida y el árbol de la ciencia, Dios prohíbe a Adán el fruto del último. Le dio a su novela en 1911 el título del segundo: "El árbol de la ciencia".

          No sólo el mudo ciprés de Gerardo Diego, cualquier árbol, es "surtidor de sombra y sueño", de paz y oxígeno, que son los mejores frutos.

         Se puede escuchar, "El murmullo de los árboles", de Karen Viggers, o el diálogo entre "Susurro y Piti", la hoja y el pájaro que aprendieron a amar, de Marisa Botella Villaplana.

          Y es que, como acaba de decir el biólogo de la Universidad de Harvard, William Friedman, "si no te preocupas por las plantas, es posible que no sepas cuidar de otro ser humano". De hecho esa Universidad tiene bien ganado prestigio por sus docentes, y lo que muchos tal vez ignoran es que en su jardín botánico tienen más de 2.100 especies de plantas y lo visitan más de 250.000 personas. Pero lo curioso es que en él, tienen una norma: "todo el mundo es capaz de enseñar, desde los estudiantes de universidad, hasta el personal y los científicos".

          EL LIBRO Y LOS MAESTROS

          Nos  hemos acostumbrado a visitar los parques naturales acompañados de un buen guía. Mostrar la belleza de los mejores rincones de la naturaleza solo puede hacerlo algún experto, que conoce los enclaves, y pueda descubrirlos ejemplares y las maravillas, que de otro modo podrían pasar desapercibidas. Desconocemos muchas cosas. No simplemente que las ignoremos, es que hay mucha pereza mental para, teniendo los medios, dejar que "otro" nos informe de algo que al final de la jornada ya no recordamos. Aprender no es estar informado.

         Cuando el dramaturgo Alejandro Casona, en 1949 escribió la obra "Los árboles mueren de pie", sabía lo que decía, por haberlo aprendido de la naturaleza. A la gente le gusta que le muestren la belleza, el bien, la bondad, la alegría y la vida, aunque no coincidan con lo que sucede en la vida real y los acontecimientos de la trama sucedan con un final inesperado. Casona, pretendía simplemente dejar algo positivo en el espectador.

       Es cierto, según Leon Tostoi que "Hay quien cruza el bosque y ve solo leña para el fuego". Pero hay gente que ve más allá, porque tienen más alcances. Sin ser genios ni poetas,  en algunos, el horizonte de la sensibilidad y su luz, traspasan lo inmediato.

        En Guadalajara, sin ir más lejos, había un pino de 110 años. Le cayó un rayo y había que talarlo porque era un peligro, al estar casi en el centro de la ciudad, en la Plaza de Santo Domingo.  También aquí es verdad que "Los árboles mueren de pie".

         Alguien vio más allá del árbol seco. Un grupo de escultores de madera ideó que podían hacer esculturas de temática variada, en árboles secos, pues había varios. Y el Ayuntamiento y el servicio de parques y jardines, vieron factible que la ciudad podía disfrutar de alguna figura aprovechando el árbol existente.  El pino en cuestión, podría seguir siendo útil, de otra manera.

          Este árbol centenario  herido por un rayo en la ribera del Henares, no era "un olmo seco" como el que estaba en Soria, a la ribera del Duero, también herido por un rayo, al que cantó Antonio Machado y le dio nueva vida.

https://youtu.be/TBMyCtJjiBE

          Este pino alcarreño será un recuerdo agradecido de la ciudad "Al profesorado, por su labor docente". La escultura tiene forma de una torre de libros, para que cuantos lo contemplen puedan evocar siempre a sus maestros. Así que no ha muerto, porque con los profesores y los libros, sigue vivo en la ciudad: "un árbol, un pensamiento".

          EL LIBRO: FUENTE DE SABIDURÍA Y FELICIDAD.

          Cuando uno realiza algún viaje, suele encontrar algo que le impacta y cuya imagen suele llevarse como recuerdo cuando vuele.

          En uno de mis viajes por Bélgica, me impactó encontrar en Lovaina, una de las más bellas ciudades universitarias, la fuente de la sabiduría, le llaman allí "Fonske". Representa a un estudiante leyendo un libro que sostiene en una mano, mientras con la otra vierte agua dentro de su cabeza, como metáfora del conocimiento. El agua simboliza la sabiduría y, cae luego a nivel del suelo en una pileta que podía ser el mundo. Dicen que es una oda a la vida estudiantil.

            Con todo, lo más interesante de esta  escultura, es  la inscripción que lleva el libro: una intrincada fórmula matemática que da como resultado la palabra: "Geluk", que significa "felicidad".  El libro, pues, es una fuente del saber, cuya consecuencia es la felicidad.

             EL DOCENTE SE CONVIERTE EN LIBRO.

              Concluyo hoy, con otro de mis viajes a otra ciudad extraordinariamente bella y universitaria, Salamanca. En ella encontré el monumento a la primera mujer que obtuvo el Premio Nacional de Literatura de España: Carmen Martin Gaite.

              La estatua está en la plaza de los Bandos, cerca de donde  ella nació. Es una obra en bronce y granito, de 280 cm de altura, de la escultora Narcisa Vicente Rodríguez. Fue inaugurada el 8 de diciembre del 2000.

              La salmantina Martín Gaite, escribió novelas, ensayos, cuentos infantiles, crítica literaria, guiones para televisión además de realizar traducciones del francés, inglés, italiano y portugués. No es pues casualidad, que esté considerada una de las figuras más importantes de las letras hispánicas del siglo XX.

              Se puede contemplar la escultura, en la que aparece con su inseparable boina y un libro abierto. Pero aquí, el libro es ya parte de ella misma. ¡Eso es lo que quiero resaltar! Si sus obras se centran en el análisis de las relaciones entre individuo y colectividad, cuando un escritor o profesor es auténtico- como ella- y da lo que tiene, es un libro abierto.

              He dicho que la escultura está en la plaza de los "Bandos".  ¿Qué quiere decir Bandos? En Salamanca fueron famosos dos bandos o grupos, que dividieron a la ciudad, por causa de la rivalidad de dos familias poderosas. El origen de este enfrentamiento, ocurrió en el año 1464 o 1465 por el juego de pelota y duró más de una década.

            Hubo una disputa entre los hermanos Manzano y el hijo menor de los Enríquez. Vivian en barrios diferentes de la ciudad, uno cercano a la iglesia de San Benito y otro cerca de la iglesia de Santo Tomé. Durante años fueron irreconciliables. ¡Hubo muertos! Fueron luchas internas que aterrorizaron a los habitantes y que contribuyeron en gran parte a que Salamanca no pudiera prosperar durante bastantes años. Tuvo que intervenir Juan de Sahagún con una frase célebre: "La ira engendra odio; la concordia nutre el amor". Finalmente firmaron la Concordia. Y la casa donde se firmó y la plaza donde está ubicada, se llaman  La Casa y la Plaza de la Concordia.  El leonés Juan de Sahagún es hoy patrono de Salamanca.

       He hablado de libros, de personas y de ideas, pero sobre todo de creaciones artísticas. Quiero terminar, con las palabras que Pio Baroja les dijo ante la flor y nata de los representantes de la Generación del 98, artistas y tertulianos más eminentes del Café de Levante,  el 13 de mayo de 1904. Los tertulianos estaban hablando sobre los españoles. Cuando el novelista  vasco, -autor de "El árbol de la ciencia"-,   tomó la palabra y dijo:

"En España hay siete clases de españoles... A saber:

1) Los que no saben.

2) Los que no quieren saber.

3) Los que odian saber.

4) Los que sufren por no saber.

5) Los que aparentan que saben.

6) Los que triunfan sin saber.

7) Y los que viven gracias a que los demás no saben.

    (Estos últimos se llaman a sí mismos "políticos" y , a veces, hasta "intelectuales").

         En aquel Café de Levante sin ir más lejos, había personas cultas y con prestigio. No creo que Baroja englobara a los contertulios y a sí mismo en esas 7 clases de españoles.  Luego, para ser justos, debería haber también, la clase de los españoles que realmente saben, aunque no lo aparenten o no lo digan.

        De todos modos, han pasado 116 años desde entonces. Es posible que el reloj de "el árbol de la vida", sea más lento que el de "El árbol de la ciencia". Baroja lo dejó claro: "el árbol de la ciencia no es el árbol de la vida". En la vida no existe el tiempo. No hay ficción. Todo es un presente continuo.

 

 José Manuel Belmonte

 

 

Un buen propósito para el año que comienza

Los intervalos, las pausas, los marcos de una etapa, son siempre circunstancias propicias para una reflexión.

El paso de un año a otro, es por eso mismo una oportunidad para pensar con un poco más de atención sobre el rumbo y los modos con que llevamos nuestra vida personal.

Sin embargo, no nos vamos a detener respecto a una reflexión de carácter personal, sino a una de carácter colectivo, nacional.

Todas las naciones tienen formas de ser que las caracterizan. Dentro de esas formas de ser existen, como es natural, aspectos positivos y otros negativos.

Ejemplifiquemos con una gran nación como es Alemania.

Las características de orden y de fuerza de voluntad del pueblo alemán son de sobra conocidas y admiradas por muchos. En ellas vemos lo que ese país tiene de bueno. Pero existen también dentro de la personalidad alemana algunas otras características que no merecen la  misma admiración. El deseo del orden los ha llevado en más de una oportunidad a querer poner orden en los países vecinos, lo que sumado a sus características marciales ha dado ocasión a dos Guerras Mundiales y a otras locales.

Si fuéramos a analizar la psicología nacional no encontramos en nuestra población las mismas características marciales o el deseo de orden alemán. Al contrario, es fácil percibir en nuestra psicología una gran facilidad para adecuarnos a las más diversas circunstancias y a las mayores adversidades, sin que se produzcan conflictos ni enfrentamientos.

Los constantes terremotos y las iguales veces que el País se ha reedificado, muestran un empeño digno de nota y que merece ser  valorado.

Sin embargo, existen aspectos negativos, que son propios de personas y sociedades capaces de adecuarse a las más distintas circunstancias. Uno de ellos es que muchas veces, para satisfacer ese anhelo de adecuación, se sacrifican las convicciones, se redondean las verdades y se omiten las censuras. En una palabra, se prefiere quedar bien con todos, antes que quedar bien consigo mismo, con su propia conciencia, con los deberes que imponen la coherencia con la Fe católica y el amor a la Patria.

Estas actitudes pueden limitarse a aspectos triviales de la existencia, como son las mal llamadas “mentiras piadosas”, o un modo de decir las cosas que no hiera a nuestro prójimo, cosa que es muchas veces comprensible, y que hasta puede ser un deber de caridad.

Pero ese deseo de adecuación puede también llevar a omitirnos en circunstancias que no deberíamos hacerlo. Por ejemplo, cuando vemos un acto reprobable, una mala iniciativa, una acción escandalosa, a veces en vez de señalar y censurar como se debe, preferimos callar y dejar pasar.

Alguien nos podría objetar, que no debemos juzgar si no queremos ser juzgados, y que emitir juicios de valor es lo propio de personas orgullosas que se creen dueñas de la verdad. A ello respondemos que no estamos hablando de intenciones subjetivas, que sólo Dios conoce, pero de situaciones objetivas, que todos pueden ver. En ese campo, la verdad es un bien común que está al alcance de todos y que una vez alcanzada debe ser servida.

Ejemplifiquemos con una comparación entre la defensa de la soberanía y la de otros aspectos de nuestra nacionalidad.

Todos sabemos que Chile posee límites geográficos con sus vecinos que no siempre son igualmente considerados por ellos como verdaderos. Pero, nuestra obligación de chilenos nos exige ser coherentes con nuestro amor patrio y defender las fronteras nacionales cuando son violadas. Es la tarea a la que se consagran las Fuerzas Armadas de Chile, que tienen por ello el respaldo y el reconocimiento de toda la nación.

Ahora, existen al igual que la soberanía, otros principios y virtudes que también constituyen la base de nuestra nacionalidad y que están siendo pasados a llevar de modo  casi sistemático. Nos referimos en primer lugar a la institución de la Familia cristiana y natural, que es igualada a cualquier otro tipo de unión, sin importar si ellas están conformes a la naturaleza o no.

Nos referimos también al derecho de nacer, el primero y el más elemental de los derechos de la persona humana, y del cual dependen los otros que se suceden con posterioridad. Este derecho básico también está siendo puesto en tela de juicio por proyectos de aborto que podrán disponer de la vida de los no nacidos.

Nos referimos al derecho de los niños a un entorno moralmente sano y a la protección del pudor y de las buenas costumbres, que parecen haber desaparecido de los espectáculos de la TV y que se vulneran en las publicidades, en las modas y en las actitudes que muchos toman en todos los lugares públicos.

Delante de estos principios y derechos en los que no se debe transigir, y de muchos otros que por brevedad no abordaremos, debemos saber tener la actitud coherente y firme de personas de Fe y amantes de su patria.

Nuestro Señor Jesucristo nos enseñó, “Sea vuestra palabra: Sí, sí; no, no; todo lo que pasa de esto, viene del Maligno.»

Con ello Nuestro Divino Redentor, nos indica que a todo lo que es bueno, virtuoso y bello debemos decir un Si. Y a todo lo que se le opone, es decir a aquello, que no es verdadero, no es bello y no es bondadoso, o sea que es un vicio, debemos decir un rotundo: No.

Y agrega la sentencia: “Todo lo que pasa de esto, viene del mal Maligno”.  Para indicarnos que las actitudes que no son claras y decididas, como son el Si y el No, no vienen de Dios, sino del padre de la mentira.

Quizá sería un buen propósito el ponernos como meta de este año, ser claros y categóricos. Que delante de lo bueno, verdadero y bello que veamos, sepamos decir un Si, sin vacilaciones. Y que delante de lo opuesto, es decir del vicio, y de la impostura, sepamos también decir el No con la misma fuerza y decisión.

De esta posición de alma, no saldrá un conflicto, sino la paz que es la tranquilidad del orden, que es imposible alcanzar sin el respeto que le es debido a Dios y a sus leyes.

Para finalizar le deseamos a Ud. y a toda su familia un Nuevo Año lleno de buenos propósitos, emprendimientos y realizaciones, sobre todo, como el que le hemos sugerido en estas líneas.

 

 

Quieren el euro

Según los últimos resultados del Eurobarómetro, más de tres de cada cuatro ciudadanos de la Unión Europea (UE) piensan que la moneda única es buena para la Unión Europea.  En concreto el 76% de los encuestados quiere el euro.

Este es el mayor apoyo desde la introducción de las monedas y billetes en euros en 2002 y un aumento de 2 puntos porcentuales desde los niveles ya récord del año pasado. Del mismo modo, una mayoría del 65% de los ciudadanos de la zona del euro piensa que el euro es beneficioso para su propio país: este es también el número más alto jamás medido.

Todavía una moneda joven, el euro acaba de cumplir 20 este año.  Cuatro quintos (4/5) de los encuestados están de acuerdo en que el euro ha facilitado hacer negocios a través de las fronteras, comparar precios y comprar en otros países, incluso en línea. Una mayoría absoluta en la zona del euro también piensa que el euro ha hecho que viajar sea más fácil y menos costoso.

El euro es un símbolo de la unidad de Europa y la fuerza global. Hoy, ya es la moneda de 340 millones de europeos en 19 Estados miembros.

La encuesta fue realizada a unas 17.500 personas de los citados países y que fueron entrevistados por teléfono entre el 14 y el 19 de octubre de 2019.

Jesús Domingo

 

 Falacias y demanda social

“No hay demanda social” para la eutanasia. Así explicaban en estos días los obispos el documento “Sembradores de esperanza. Acoger, proteger y acompañar en la etapa final de esta vida” en el que llevan largo tiempo trabajando y que publican con acierto en este momento, a las puertas de un nuevo Gobierno que, si se confirma, tendrá esta forma de suicidio como una prioridad ideológica de su plan de acción.

El problema del debate de la eutanasia es que no se está desarrollando en la arena del razonamiento. Al contrario, junto con el debate del aborto, la batalla en favor de acabar con la vida se está librando con un arma peligrosa y difícil de controlar: la emoción.

Vivimos en una sociedad dominada por el pathos, esa prueba argumental que, explicaba Aristóteles, permite al emisor dominar las emociones del receptor y, por tanto, su pensamiento. De ahí que la defensa de atrocidades cómo matar a un bebé en ciernes o a una persona enferma se logren mediante la utilización de falacias en las que un caso paradigmático y lacrimógeno incita a tomar la parte por el todo. Y a ello contribuyen enérgicamente unos medios de comunicación que no siempre buscan la verdad con criterio sino el valor de un click, de un punto más en la audiencia, porque tiran de esa mitad morbosa que presumen en sus receptores. Entonces localizan un caso de esos que desatan olas de empatía para abanderar una causa en la que siempre aparecen resquicios.

La primera grieta tiene que ver con otra falacia que reduce las opciones a dos: o infinito sufrimiento o muerte. Lo que los obispos han querido poner de manifiesto en su importante documento -importante porque aúna cientos de miles de voces que ven reflejada allí su posición- es que hay una elección intermedia: la de los cuidados paliativos y el acompañamiento médico, humano y espiritual del que sufre y de sus familiares.

Jesús Domingo Martínez

 

Esa sí es la verdadera demanda social

La primera grieta que se abre con el planteamiento de la eutanasia tiene que ver con otra falacia que reduce las opciones a dos: o infinito sufrimiento o muerte. Lo que los obispos han querido poner de manifiesto en su importante documento -importante porque aúna cientos de miles de voces que ven reflejada allí su posición- es que hay una elección intermedia: la de los cuidados paliativos y el acompañamiento médico, humano y espiritual del que sufre y de sus familiares.

Mientras se entabla el debate de las ideas, las ideologías avanzan en la partida y hacen creer a la sociedad que la eutanasia es una demanda social, que cualquiera la desearía si está en una dolorosa y traumática situación, que todos la pediríamos si viéramos el inmenso sufrimiento de los nuestros. Pero de nuevo hay aquí una falacia que juega con la definición de los términos y el uso del lenguaje: lo que cualquier persona en situación de desesperación demanda es el fin del dolor, del sufrimiento. El gol ideológico que nos han colado es que a esa petición le asociemos el vocablo “eutanasia”. El legítimo y natural deseo de evitar el sufrimiento tiene otro nombre que defiende la vida a capa y espada: “cuidados paliativos”. Esa sí es la verdadera demanda social.

JD Mez Madrid

 

La generación del hijo único

La política familiar china, que permite solo un niño por familia desde 1979, ha sido reforzada por una burocracia intrusiva, penetrante, burocracia generalizada que exige fuertes multas por violaciones, así como abortos forzados, esterilizaciones, y abandono de niños. Una revisión de 2016 permitió tener solo dos niños, pero las parejas chinas respondieron teniendo menos niños, no más, como Pekín había esperado.

El informe del nuevo gobierno dispuso un plan de cinco puntos del que los demógrafos chinos dicen que es demasiado escaso y que llega demasiado tarde. El plan, dado a conocer en la prensa oficial china, pedía más inversión social, un personal especializado de mayor cualificación, mejores servicios sanitarios y para la jubilación, tecnologías avanzadas e innovadoras, y protecciones sociales y legales mejoradas. Pero los expertos dijeron que deben tomarse acciones más drásticas para evitar una crisis ciertamente cercana. Recomendaron aumentar la edad de jubilación y dudosos proyectos de infraestructuras planeadas para reforzar el fondo de pensiones.

El principal fondo de pensiones de China se quedará sin dinero en 2035 debido a un declive en la mano de obra disponible, según un informe del Centro de Seguridad Social Mundial del gobierno, apoyada por la Academia China de Ciencias Sociales. El South China Morning Post declara que el estudio mostró un desajuste entre los ingresos y los gastos de hasta 1,64 trillones de dólares en 2050 y que habría solo un trabajador para sostener cada pensión, dos veces el nivel actual.

Pekín ha sido laxo en cuanto a reforzar las contribuciones de los empleados al fondo para obtener pequeños negocios a través de la actual desaceleración económica. Eso significa que el actual sistema de reparto de los pagos en el tiempo obliga aquellos nacidos a finales de los 70 y los 80, durante la política del hijo único, a poner un cuarto de sus salarios para los fondos del estado.

La generación del hijo único, ya penalizada por perder hermanos para ayudar a llevar la carga económica y social, tendrá también que pagar  más mientras la crisis en el fondo de pensiones produce resultados.

Domingo Martínez Madrid

 

COMPROMÍS Y LA ACONFESIONALIDAD DEL ESTADO.

Este Partido pide que se retire a los sacerdotes de los hospitales, para “garantizar la aconfesionalidad del Estado”. 

El Estado, señor de Compromís, no es confesional cuando facilita un servicio religioso a sus ciudadanos, lo mismo que no precisa ser médico para poner los servicios sanitarios al alcance de todos.

Al mismo tiempo le informo que la inmensa mayoría de españoles somos católicos y, aunque muchos no vivan una práctica habitual de su religión, cuando se siente la muerte cerca no dudan en solicitar la presencia del sacerdote, y esa es una última voluntad que nadie tiene derecho a negarle, incluso a quienes durante su vida presumieron de “ateos”. Testigos de alguno de estos casos somos mi esposo y yo. 

Es posible, señor de Compromís que usted, cuando llegue su hora, reaccione de la misma forma. Cuente desde ya con mis oraciones al respecto.

Amparo Tos Boix, Valencia.

 

 La amenaza nunca es un camino

El Papa, en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, no hizo un discurso político. Sus “recetas” para conseguir la paz nacen del Evangelio y, en especial, de una mirada de ecología integral que promueve una transformación de las relaciones de cada persona con los demás, con la naturaleza y con Dios. Y desde esa misma mirada de fe, plantea la urgencia de cultivar la esperanza de alcanzar la paz con gestos concretos o la necesidad de honrar la memoria de las víctimas de la violencia. Para tener una buena relación con el otro hace falta establecer con él puentes de diálogo y promover unas relaciones justas y equitativas, no amenazarle con la aniquilación. Desgraciadamente, algunas actuaciones actuales no están teniendo en cuenta estos consejos.

Jaume Catalán Díaz

 

La “abusadora” Unión Europea… “o mientras más gatos más ratones”

 

                           Va a resultar que los ingleses, que siempre han sabido gobernar, primero para ellos mismos y explotar a los demás; son los más inteligentes europeos; y por ello, se marchan de esa “falsa Unión Europea”; que en realidad es, “una unión del capital europeo y algunos más de fuera”; igualmente de funcionarios oficiales y con la intención de controlarnos a todos, de forma que nos puedan explotar mucho mejor. En resumidas cuentas, algo similar a lo que ocurre en España, después de la muerte de Franco, con la instauración de las “autonomías”; o mejor dicho, de “las autonosuyas”; puesto que así las marcó el inteligente escritor valenciano, Vicente Vizcaíno Casas, que fue como un auténtico profeta, “de lo que nos sucedió después de la muerte de Franco” (1); y a la vista está, “el follón administrativo” que padecemos en España y la ruina económica que si no es real, es por cuanto la sostiene una deuda pública ya tan enorme, que técnicos en el tema, auguran que ya es… “impagable”: Pero mejor lean lo que hoy les ofrezco y publicado en prensa de Internet.

                                “El ‘indecente’ sueldo que cobrarán Puigdemont y Junqueras es mayor que si les hubiera tocado el ‘Gordo’ de Navidad: (FERNANDO VELOZ 22 Dic 2019 (Periodista Digital).

                             Sandra Golpe ha revelado en su informativo de Antena 3 la disparatada cantidad de dinero que se van a embolsar todos los meses Carles Puigdmenot y Oriol Junqueras, los dos políticos catalanes que se encuentran uno fugado y otro en prisión tras alentar y promover el independentismo en Cataluña en una acción que fue calificada como «golpe de Estado». Unas cifras que producen verdadero escalofrío si las comparamos por ejemplo con lo que gana el Presidente del Gobierno en funciones de España u otro cargo importante de la Nación. Y para colmo o mayor ‘inri’ que diría un castizo, todo a cuenta nuestra, porque el sueldazo de los dos golpistas catalanes -el fugado y el que sigue temporalmente en chirona- sale de los impuestos de los sufridos españoles. Las aportaciones totales de España al presupuesto de la Unión Europea, durante el ejercicio 2019, llegarán de 13.615 millones de euros al concluir este año.

LO QUE COBRA UN SIMPLE PARLAMENTARIO (imaginemos lo que cobrarán los jefes) Un sueldo mensual de 8.757€, más  4.513€ para gastos también durante el mes, así como 320 euros diarios para actos oficiales y viajes, (más, un asistente que cobra 24.943 euros anuales) y además una jugosa pensión vitalicia a los 63 años”.

                             Mientras desde esta, "gran satrapía o abusódromo continental”, se legisla para que desaparezcan las pensiones o se paguen cantidades limosneras a los que trabajamos de verdad; no nos paguen intereses por nuestro dinero, sino todo lo contrario, nos cobran  por nuestros ahorros; financien a los bancos a costa del contribuyente... ¿y cuántas cosas más? Este gran "exprimidor" de recursos europeos, en beneficio de unas clases de privilegiados y también del capitalismo más salvaje; terminará por disolverse, PRECISAMENTE POR TANTO ABUSO; pero mientras tanto, "los sanguijuelas" que allí van, "son capaces de matarse por lograr que su culo se asiente, en ese gran parlamento de abusadores y apretabotones, sin otro deseo que el de medrar, o chupar todo lo que puedan, de unos presupuestos enormes y que manejan en beneficio propio, como primera meta del mismo";  y los que dudo, tengan capacidad para legislar, con un mínimo de EQUIDAD Y JUSTICIA... ¿LIBERTAD, DEMOCRACIA, JUSTICIA? ¡¡Y UNA MIERDA TAN GRANDE COMO ESE PARLAMENTO DE APRETABOTONES Y PANZAS HAMBRIENTAS!! Para ver cómo actúan estos parásitos vean el video adjunto.

Euro Parlamento Estrasburgo | Cómo viven los parlamentarios (véanlo y difúndanlo para conocimiento de los explotados)  y vean cómo se malgasta el dinero público, o mejor dicho, el que nos sacan como impuestos ya excesivos o abusivos por demás.

https://www.youtube.com/watch?v=dTGU6bL50QE&feature=player_embedded#t=13

(1) Cuando esta novela, “Las autonosuyas”, había alcanzado ya su cuarta edición y con ella los 120 000 ejemplares de venta, fue adaptada al cine, como todas las anteriores de Vizcaíno Casas, por Rafael Gil. Estrenada simultáneamente en veinte capitales (pueden verla en Internet).

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)