Las Noticias de hoy 4 Junio 2020

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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 04 de junio de 2020   

Indice:

ROME REPORTS

Audiencia general: Quinta catequesis del Papa sobre la oración

George Floyd: El Papa condena todo tipo de “racismo o exclusión”

Estados Unidos: Arzobispo de Washington advierte sobre la instrumentalización de la religión

JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE*: Francisco Fernandez Carbajal

“Del cristiano se espera heroísmo”: San Josemaria

Conocerle y conocerte (I): Robar el corazón a Cristo: Diego Zalbidea

La experiencia de la oración: encuentra.com

El secreto de la vida: José Martínez Colín

Aprender a perdonar: Jutta Burggraf

La Iglesia en tiempos difíciles (I) : Jesús Ortiz López 

13 jóvenes entregan su vida por los ancianos: una vocación que sigue atrayendo en pleno siglo XXI: Javier Lozano / ReL

Sacramento del Matrimonio: Ángel Cabrero Ugarte

Origen de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús

GENIOS : José Manuel Belmonte

S.O.S., mi hijo no quiere salir a la calle: FamilyOn.es

La familia como lugar educativo: JD Mez Madrid

Santos de la puerta de al lado: Juan García.

Familia y enseñanza: Pedro García

Necesita más dinero y el gobierno amenaza:   Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Audiencia general: Quinta catequesis del Papa sobre la oración

Texto completo

JUNIO 03, 2020 14:08ROSA DIE ALCOLEAAUDIENCIA GENERAL

(zenit – 3 junio 2020).- Este miércoles, el Papa ha presentado al patriarca Abraham como un modelo para creer y para rezar a Dios en su quinta catequesis sobre la oración: “Aprendamos a rezar con fe: a escuchar al Señor, a caminar, a dialogar hasta discutir. ¡No tengamos miedo de discutir con Dios!”.

Como anécdota, el Santo Padre ha contado en la audiencia general, celebrada este 3 de junio de 2020, que no pasa nada por “enfadarse” de vez en cuando con Dios, “porque solamente un hijo es capaz de enfadarse con su papá y luego reencontrarlo”.

La catequesis de hoy ha estado dedicada a “la oración de Abraham”, quien “escucha la voz de Dios y se fía de su palabra”, ha recalcado Francisco. Según podemos saber por medio del Antiguo Testamento, el Señor pidió al anciano “emprender un camino que suena absurdo”, sobre la base de una promesa y “Abraham se fió”.

Con esta partida, explica el Papa, “nace una nueva forma de concebir la relación con Dios”, por eso la figura de Abraham “está presente en las grandes tradiciones espirituales judías, cristianas e islámicas como el hombre perfecto de Dios”.

Abraham es, por lo tanto, “el hombre de la Palabra”, indica el Pontífice. “Cuando Dios habla, el hombre se convierte en el receptor de esa Palabra y su vida en el lugar donde pide encarnarse”.

Así se fragua la “gran novedad en el camino religioso del hombre”: la vida del creyente comienza a concebirse como una “vocación”, es decir, como “llamada”, como un “lugar donde se cumple una promesa”.

A continuación, sigue la catequesis completa del Papa Francisco:

***

Catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hay una voz que de improviso resuena en la vida de Abraham. Una voz que le invita a emprender un camino que suena absurdo: una voz que le incita a desarraigarse de su patria, de las raíces de su familia, para ir hacia un futuro nuevo, un futuro diferente. Y todo sobre la base de una promesa, de la que sólo hay que fiarse. Y fiarse de una promesa no es fácil, hace falta valor. Y Abraham se fio.

La Biblia guarda silencio sobre el pasado del primer patriarca. La lógica de las cosas sugiere que adoraba a otras divinidades; tal vez era un hombre sabio, acostumbrado a mirar el cielo y las estrellas. El Señor, en efecto, le promete que sus descendientes serán tan numerosos como las estrellas que salpican el cielo.

Y Abraham parte. Escucha la voz de Dios y se fía de su palabra. Esto es importante: se fía de la palabra de Dios. Y con esta partida nace una nueva forma de concebir la relación con Dios; es por eso que el patriarca Abraham está presente en las grandes tradiciones espirituales judías, cristianas e islámicas como el hombre perfecto de Dios, capaz de someterse a Él, incluso cuando su voluntad es difícil, si no incluso incomprensible.

Abraham es, por lo tanto, el hombre de la Palabra. Cuando Dios habla, el hombre se convierte en el receptor de esa Palabra y su vida en el lugar donde pide encarnarse. Esta es una gran novedad en el camino religioso del hombre: la vida del creyente comienza a concebirse como una vocación, es decir, como llamada, como un lugar donde se cumple una promesa; y él se mueve en el mundo no tanto bajo el peso de un enigma, sino con la fuerza de esa promesa, que un día se cumplirá. Y Abraham creyó en la promesa de Dios. Creyó y salió. sin saber adonde iba -así dice la Carta a los Hebreos (cf. 11,8). Pero se fió.

Leyendo el libro del Génesis, descubrimos cómo Abraham vivió la oración en continua fidelidad a esa Palabra, que periódicamente se aparecía en su camino. En resumen, podemos decir que en la vida de Abraham la fe se hace historia: la fe se hace historia. Todavía más, Abraham, con su vida, con su ejemplo, nos enseña este camino, esta vía en la que la fe se hace historia. Dios ya no se ve sólo en los fenómenos cósmicos, como un Dios lejano que puede infundir terror. El Dios de Abraham se convierte en “mi Dios”, el Dios de mi historia personal, que guía mis pasos, que no me abandona; el Dios de mis días, el compañero de mis aventuras; el Dios Providencia. Yo me pregunto y os pregunto: ¿nosotros tenemos esta experiencia de Dios? ¿Mi Dios, el Dios que me acompaña, el Dios de mi historia personal, el Dios que guía mis pasos, que no me abandona, el Dios de mis días? ¿Tenemos esta experiencia? Pensémoslo.

Esta experiencia de Abraham está también atestiguada por uno de los textos más originales en la historia de la espiritualidad: el Memorial de Blaise Pascal. Comienza así: “Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no de los filósofos y de los sabios. Certeza, certeza. Sentimiento. Alegría. Paz. Dios de Jesucristo”. Este memorial, escrito en un pequeño pergamino, y encontrado después de su muerte cosido dentro de un traje del filósofo, expresa no una reflexión intelectual que un hombre sabio puede concebir sobre Dios, sino el sentido vivo, experimentado, de su presencia. Pascal anota incluso el momento preciso en el que sintió esa realidad, habiéndola encontrado finalmente: la tarde del 23 de noviembre de 1654.No es el Dios abstracto o el Dios cósmico, no. Es el Dios de una persona, de una llamada, el Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob, el Dios que es certeza, que es sentimiento, que es alegría.

“La oración de Abraham se expresa primeramente con hechos: hombre de silencio, en cada etapa construye un altar al Señor” (Catecismo de la Iglesia Católica, 2570). Abraham no edifica un templo, sino que esparce el camino con piedras que recuerdan el tránsito de Dios. Un Dios sorprendente, como cuando lo visita en la figura de tres huéspedes, a los que él y Sara acogen con esmero y que les anuncian el nacimiento de su hijo Isaac (cf. Gn 18, 1-15). Abraham tenía cien años, y su mujer noventa, más o menos. Y creyeron, se fiaron de Dios. Y Sara, su mujer concibió. ¡A esa edad! Este es el Dios de Abraham, nuestro Dios, que nos acompaña.

 

Así Abraham se familiariza con Dios, capaz también de discutir con Él, pero siempre fiel. Habla con Dios y discute. Hasta la prueba suprema, cuando Dios le pide que sacrifique a su propio hijo Isaac, el hijo de la vejez, el único heredero. Aquí Abraham vive su fe como un drama, como un caminar a tientas en la noche, bajo un cielo esta vez desprovisto de estrellas. Y tantas veces nos pasa también a nosotros, caminar en la oscuridad, pero con la fe. Dios mismo detendrá la mano de Abraham que ya está lista para golpear, porque ha visto su disponibilidad verdaderamente total (cf. Gn 22, 1-19).

Hermanos y hermanas, aprendamos de Abraham. Aprendamos a rezar con fe: a escuchar al Señor, a caminar, a dialogar hasta discutir. ¡No tengamos miedo de discutir con Dios! Voy a decir algo que parecerá una herejía. Tantas veces he escuchado gente que me dice: “Sabe, me ha pasado esto y me he enfadado con Dios”.- “¿Tú has tenido el valor de enfadarte con Dios?”- “Sí, me he enfadado”-. “Pero esa es una forma de oración”. Porque solamente un hijo es capaz de enfadarse con su papá y luego reencontrarlo. Aprendamos de Abraham a rezar con fe, a dialogar, a discutir, pero siempre dispuestos a aceptar la palabra de Dios y a ponerla en práctica. Con Dios aprendamos a hablar como un hijo con su papá: escucharlo, responder, discutir. Pero transparente, como un hijo con su papá. Así nos enseña a rezar Abraham. Gracias.

© Librería Editorial Vaticano

 

George Floyd: El Papa condena todo tipo de “racismo o exclusión”

Y la violencia de las últimas noches

JUNIO 03, 2020 11:48ROSA DIE ALCOLEAPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 3 junio 2020).- A causa de las revueltas sociales en Estados Unidos por el asesinato del afroamericano George Floyd, el Papa Francisco ha condenado todo tipo de “racismo o exclusión” y ha recordado que “la violencia de las últimas noches es autodestructiva”.

De este modo, el Pontífice se une a la Iglesia de San Pablo y Minneapolis, y a todos los Estados Unidos, “para rezar por el descanso del alma de George Floyd y de todos los demás que han perdido sus vidas por el pecado del racismo”, según ha expresado esta mañana, 3 de junio de 2020, en la audiencia general.

Manifestación pacífica en Houston, Texas

El Santo Padre ha hecho un llamamiento a la paz y al respeto de “toda vida humana” con motivo de las revueltas surgidas estos días los Estados Unidos, por una serie de disturbios sociales tras la muerte de George Floyd, de 46 años de edad, durante su arresto en la ciudad de Minneapolis el pasado 25 de mayo.

“No podemos tolerar ni cerrar los ojos ante ningún tipo de racismo o exclusión y pretender defender la santidad de toda vida humana”, ha señalado. “Al mismo tiempo, debemos reconocer que ‘la violencia de las últimas noches es autodestructiva y provoca autolesión. Nada se gana con la violencia y mucho se pierde’”, ha añadido.

Francisco ha mostrado su cercanía con los hermanos de Estados Unidos y asegurado que sigue de cerca y con “gran preocupación” los dolorosos disturbios sociales que se están produciendo en su nación en estos días, tras la trágica muerte del Sr. George Floyd.

También ha indicado que reza “por el consuelo de las familias y amigos afligidos”, así como “por la reconciliación nacional y la paz que anhelamos”, invocando a Nuestra Señora de Guadalupe, Madre de América, para que “interceda por todos los que trabajan por la paz y la justicia en su tierra y en el mundo”. “Dios los bendiga a todos ustedes y a sus familias”, ha concluido.

Declaración del cardenal Turkson

En declaraciones a Vatican News sobre los sucesos en Estados Unidos, el cardenal Turkson, prefecto del Departamento de la Santa Sede para la Promoción del Desarrollo Humano Integral, resalta que el racismo es un fenómeno social muy extendido. “Ha habido apartheid en Sudáfrica, un sistema de castas en otras partes del mundo y lo que se ha hecho a los aborígenes”.

Y recuerda que para nosotros “como Iglesia, esto va en contra de los fundamentos de nuestra concepción de la persona humana desde su creación. Somos creados a imagen y semejanza de Dios. Toda persona está imbuida de la dignidad humana que es preciosa a los ojos de Dios y que no le es conferida por ninguna persona humana” y esto es algo que hay que reconocer y promover.

En línea con los obispos católicos de los Estados Unidos, el prefecto remarca que “el asesinato de una persona no solo disminuye nuestra humanidad, nuestra familia humana, sino que es un grito a Dios para que nos escuche y nos haga justicia” y en una situación así, “el grito de justicia es el grito contra lo que hiere a la hermandad, contra lo que impide que la hermandad exista”.

Para el cardenal, ir a las raíces del racismo “significa que tenemos que reeducar el sentido de humanidad, el sentido de lo que significa la familia humana: Compartimos la misma dignidad que Dios nos ha dado, a nosotros que fuimos creados a su imagen y semejanza. Y somos diferentes”.

Llamado a la no violencia y al perdón

Igualmente, afirma compartir la postura del hermano de George Floyd, que sostiene que la ira debe ser canalizada en una acción civil no violenta y recuerda que Estados Unidos tiene una larga historia de manifestaciones pacíficas, como las de Martin Luther King.

No obstante, el purpurado va “un paso más allá”, y añadiría a la llamada a la no violencia “la llamada al perdón”: “Solo hay una cosa que puede ayudar a George ahora que se presenta ante Dios. Es el perdón para sus asesinos. Como lo hizo Jesús”.

Finalmente, invita a obispos, sacerdotes, pastores y líderes de las diferentes comunidades “a organizar un evento ecuménico e interreligioso. Podría tener lugar en un parque, al aire libre, y toda la gente podría reunirse para rezar. Lo único que George Floyd necesita ahora mismo es la oración: la oración cuando se presenta ante Dios”.

 

Estados Unidos: Arzobispo de Washington advierte sobre la instrumentalización de la religión

Tras los gestos de Donald Trump

JUNIO 03, 2020 12:01LARISSA I. LÓPEZIGLESIA CATÓLICA

(zenit – 3 junio 2020)-. En Estados Unidos, el arzobispo de Washington, monseñor Wilton D. Gregory, califica como “desconcertante” la instrumentalización política de los lugares y símbolos religiosos por parte del presidente Donald Trump.

Esta reacción se produjo después de que Trump ofreciera una foto frente a la iglesia episcopal y de su visita al santuario nacional dedicado a Juan Pablo II.

Gestos de Trump

Efectivamente, ayer, 2 de junio de 2020, el dirigente estadounidense acudió a la iglesia episcopaliana de San Juan, donde alzó una Biblia para las cámaras después de que la policía despejara con gases lacrimógenos un parque donde había manifestantes pacíficos.

Más tarde, acompañado por su esposa Melania, se trasladó la plaza del santuario nacional de Washington dedicado al papa Wojtyla para realizar un gesto de homenaje frente a la estatua de san Juan Pablo II.

Trump utilizó estos gestos para oponerse a las protestas por la muerte del afroamericano George Floyd, que ha desatado una ola de violencia que desde Minneapolis también ha desgarrado la ciudad de Nueva York.

Reacción del arzobispo de Washington

No obstante, la elección de los símbolos religiosos ha provocado las reacciones de la Iglesia Católica local y quejas similares por parte de la episcopaliana.

“Me parece desconcertante y censurable que cualquier institución católica acepte ser manipulada y que se abuse de ella de tal manera que se violen nuestros principios religiosos, que, en cambio, nos llaman a defender los derechos de todas las personas, incluso de aquellas con las que podemos estar en desacuerdo”, declaró el arzobispo de Washington en un comunicado.

San Juan Pablo II, subraya la nota del prelado, “fue un ardiente defensor de los derechos y la dignidad de los seres humanos. Su legado es un testimonio vivo de esta verdad. Ciertamente no aprobaría el uso de gases lacrimógenos y otros elementos disuasorios destinados a silenciar, dispersar o amenazar a estas personas sólo para tener la oportunidad de una fotografía frente a un lugar de oración y paz”.

 

 

JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE*

Memoria

— Jesús supremo Sacerdote para siempre.

— Alma sacerdotal de todos los cristianos. La dignidad del sacerdocio.

— El sacerdote, instrumento de unidad.

I. El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec1.

La Epístola a los Hebreos define con exactitud al sacerdote cuando dice que es un hombre escogido entre los hombres, y está constituido en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados2. Por eso, el sacerdote, mediador entre Dios y los hombres, está íntimamente ligado al Sacrificio que ofrece, pues este es el principal acto de culto en el que se expresa la adoración que la criatura tributa a su Creador.

En el Antiguo Testamento, los sacrificios eran ofrendas que se hacían a Dios en reconocimiento de su soberanía y en agradecimiento por los dones recibidos, mediante la destrucción total o parcial de la víctima sobre un altar. Eran símbolo e imagen del auténtico sacrificio que Jesucristo, llegada la plenitud de los tiempos, habría de ofrecer en el Calvario. Allí, constituido Sumo Sacerdote para siempre, Jesús se ofreció a Sí mismo como Víctima gratísima a Dios, de valor infinito: quiso ser al mismo tiempo sacerdote, víctima y altar3. En el Calvario, Jesús, Sumo Sacerdote, hizo la ofrenda de alabanza y acción de gracias más grata a Dios que puede concebirse. Fue tan perfecto este Sacrificio de Cristo que no puede pensarse otro mayor4. A la vez, fue una ofrenda de carácter expiatorio y propiciatorio por nuestros pecados. Una gota de la Sangre derramada por Cristo hubiera bastado para redimir todos los pecados de la humanidad de todos los tiempos. En la Cruz, la petición de Cristo por sus hermanos los hombres fue escuchada con sumo agrado por el Padre, y ahora continúa en el Cielo siempre vivo para interceder por nosotros5. «Jesucristo en verdad es sacerdote, pero sacerdote para nosotros, no para sí, al ofre»6. Este es hoy nuestro propósito.

II. De la misión redentora de Cristo Sacerdote participa toda la Iglesia, «y su cumplimiento se encomienda a todos los miembros del Pueblo de Dios que, por los sacramentos de iniciación, se hacen partícipes del sacerdocio de Cristo para ofrecer a Dios un sacrificio espiritual y dar testimonio de Jesucristo ante los hombres»7. Todos los fieles laicos participan de este sacerdocio de Cristo, aunque de un modo esencialmente diferente, y no solo de grado, que los presbíteros. Con alma verdaderamente sacerdotal, santifican el mundo a través de sus tareas seculares, realizadas con perfección humana, y buscan en todo la gloria de Dios: la madre de familia sacando adelante sus tareas del hogar, el militar dando ejemplo de amor a la patria a través principalmente de las virtudes castrenses, el empresario haciendo progresar la empresa y viviendo la justicia social... Todos, reparando por los pecados que cada día se cometen en el mundo, ofreciendo en la Santa Misa sus vidas y sus trabajos diarios.

Los sacerdotes –Obispos y presbíteros– han sido llamados expresamente por Dios, «no para estar separados ni del pueblo mismo ni de hombre alguno, sino para consagrarse totalmente a la obra para la que el Señor los llama. No podrían ser ministros de Cristo si no fueran testigos y dispensadores de una vida distinta de la terrena, ni podrían servir si permanecieran ajenos a la vida y condiciones de los mismos»8. El sacerdote ha sido entresacado de entre los hombres para ser investido de una dignidad que causa asombro a los mismos ángeles, y nuevamente devuelto a los hombres para servirles especialmente en lo que mira a Dios, con una misión peculiar y única de salvación. El sacerdote hace en muchas circunstancias las veces de Cristo en la tierra: tiene los poderes de Cristo para perdonar los pecados, enseña el camino del Cielo..., y sobre todo presta su voz y sus manos a Cristo en el momento sublime de la Santa Misa: en el Sacrificio del Altar consagra in persona Christi, haciendo las veces de Cristo. No hay dignidad comparable a la del sacerdote. «Solo la divina maternidad de María supera este divino ministerio»9.

El sacerdocio es un don inmenso que Jesucristo ha dado a su Iglesia. El sacerdote es «instrumento inmediato y diario de esa gracia salvadora que Cristo nos ha ganado. Si se comprende esto, si se ha meditado en el activo silencio de la oración, ¿cómo considerar el sacerdocio una renuncia? Es una ganancia que no es posible calcular. Nuestra Madre Santa María, la más santa de las criaturas –más que Ella solo Dios– trajo una vez al mundo a Jesús; los sacerdotes lo traen a nuestra tierra, a nuestro cuerpo y a nuestra alma, todos los días: viene Cristo para alimentarnos, para vivificarnos, para ser, ya desde ahora, prenda de la vida futura»10.

Hoy es un día para agradecer a Jesús un don tan grande. ¡Gracias, Señor, por las llamadas al sacerdocio que cada día diriges a los hombres! Y hacemos el propósito de tratarlos con más amor, con más reverencia, viendo en ellos a Cristo que pasa, que nos trae los dones más preciados que un hombre puede desear. Nos trae la vida eterna.

III. San Juan Crisóstomo, bien consciente de la dignidad y de la responsabilidad de los sacerdotes, se resistió al principio a ser ordenado, y se justificaba con estas palabras: «Si el capitán de un gran navío, lleno de remeros y cargado de preciosas mercancías, me hiciera sentar junto al timón y me mandara atravesar el mar Egeo o el Tirreno, yo me resistiría a la primera indicación. Y si alguien me preguntara por qué, respondería inmediatamente: porque no quiero echar a pique el navío»11. Pero, como comprendió bien el Santo, Cristo está siempre muy cerca del sacerdote, cerca de la nave. Además, Él ha querido que los sacerdotes se vean amparados continuamente por el aprecio y la oración de todos los fieles de la Iglesia: «Ámenlos con filial cariño, como a sus pastores y padres –insiste el Concilio Vaticano II–; participando de sus solicitudes, ayuden en lo posible, por la oración y de obra, a sus presbíteros, a fin de que estos puedan superar mejor sus dificultades y cumplir más fructuosamente sus deberes»12: para que sean siempre ejemplares y basen su eficacia en la oración, para que celebren la Santa Misa con mucho amor y cuiden de las cosas santas de Dios con el esmero y respeto que merecen, para que visiten a los enfermos y cuiden con empeño de la catequesis, para que conserven siempre esa alegría que nace de la entrega y que tanto ayuda incluso a los más alejados del Señor...

Hoy es un día en el que podemos pedir más especialmente para que los sacerdotes estén siempre abiertos a todos y desprendidos de sí mismos, «pues el sacerdote no se pertenece a sí mismo, como no pertenece a sus parientes y amigos, ni siquiera a una determinada patria: la caridad universal es lo que ha de respirar. Los mismos pensamientos, voluntad, sentimientos, no son suyos, sino de Cristo, su vida»13.

El sacerdote es instrumento de unidad. El deseo del Señor es ut omnes unum sint14, que todos sean uno. Él mismo señaló que todo reino dividido contra sí será desolado y que no hay ciudad ni hogar que subsista si se pierde la unidad. Los sacerdotes deben ser solícitos en conservar la unidad15, y esta exhortación de San Pablo «se refiere, sobre todo, a los que han sido investidos del Orden sagrado para continuar la misión de Cristo»16. Es el sacerdote el que principalmente debe velar por la concordia entre los hermanos, el que vigila para que la unidad en la fe sea más fuerte que los antagonismos provocados por diferencias de ideas en cosas accidentales y terrenas17. Al sacerdote corresponde, con su ejemplo y su palabra, mantener entre sus hermanos la conciencia de que ninguna cosa humana es tan importante como para destruir la maravillosa realidad del cor unum et anima una18 que vivieron los primeros cristianos y que hemos de vivir nosotros. Esta misión de unidad la podrá lograr con más facilidad si está abierto a todos, si es apreciado por sus hermanos. «Pide para los sacerdotes, los de ahora y los que vendrán, que amen de verdad, cada día más y sin discriminaciones, a sus hermanos los hombres, y que sepan hacerse querer de ellos»19.

El Papa Juan Pablo II, dirigiéndose a todos los sacerdotes del mundo, les exhortaba con estas palabras: «Al celebrar la Eucaristía en tantos altares del mundo, agradecemos al eterno Sacerdote el don que nos ha dado en el sacramento del Sacerdocio. Y que en esta acción de gracias se puedan escuchar las palabras puestas por el evangelista en boca de María con ocasión de la visita a su prima Isabel: Ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre (Lc 1, 49). Demos también gracias a María por el inefable don del Sacerdocio por el cual podemos servir en la Iglesia a cada hombre. ¡Que el agradecimiento despierte también nuestro celo (...)!

»Demos gracias incesantemente por esto; con toda nuestra vida; con todo aquello de que somos capaces. Juntos demos gracias a María, Madre de los sacerdotes. ¿Cómo podré pagar al Señor todo el bien que me ha hecho? La copa de salvación levantaré e invocaré el nombre del Señor (Sal 115, 12-13)»20.

1 Antífona de entrada. Sal 109, 4. — 2 Heb 5, 1. — 3 Misal Romano, Prefacio pascual V. — 4 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 3, q. 48, a. 3. — 5 Heb 7, 25. — 6 Pío XII, Enc. Mediator Dei, 20-II-1947, 22. — 7 A. del Portillo, Escritos sobre el sacerdocio, p. 39. — 8 Conc. Vat. II, Decr. Presbyterorum ordinis, 3. — 9 R. Garrigou-Lagrange, La unión del sacerdote con Cristo, Sacerdote y Víctima, Rialp, 2ª ed., Madrid 1962, p. 173. — 10 San Josemaría Escrivá, Amar a la Iglesia, pp. 71-72. — 11 San Juan Crisóstomo, Tratado sobre el sacerdocio, III, 7. — 12 Conc. Vat. II, loc. cit., 9. — 13 Pío XII, Discurso póstumo, cit. por Juan XXIII en Sacerdotii Nostri primordia, 4-VIII-1959. — 14 Jn 17, 21. — 15 Ef 4, 3. — 16 Conc. Vat. II, Decr. Unitatis redintegratio, 7. — 17 Cfr. F. Suárez, El sacerdote y su ministerio, Rialp, Madrid 1969, pp. 24-25. — 18 Hech 4, 32. — 19 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 964. — 20 Juan Pablo II, Carta a los sacerdotes, 25-III-1988.

De la misión redentora de Cristo Sacerdote participa toda la Iglesia. A través de los sacramentos de la iniciación cristiana los fieles laicos participan de este sacerdocio de Cristo y quedan capacitados para santificar el mundo a través de sus tareas seculares. Los presbíteros, de un modo esencialmente diferente y no solo de grado, participan del sacerdocio de Cristo y son constituidos mediadores entre Dios y los hombres, especialmente a través del Sacrificio de la Misa, que realizan in Persona Christi. Hoy es un día en el que de modo particular debemos pedir por todos los sacerdotes.

 

 

“Del cristiano se espera heroísmo”

¡Cuántos que se dejarían enclavar en una cruz, ante la mirada atónita de millares de espectadores, no saben sufrir cristianamente los alfilerazos de cada día! –Piensa, entonces, qué es lo más heroico (Camino, 204).

4 de junio

Hoy, como ayer, del cristiano se espera heroísmo. Heroísmo en grandes contiendas, si es preciso. Heroísmo ‑y será lo normal‑ en las pequeñas pendencias de cada jornada. Cuando se pelea de continuo, con Amor y de este modo que parece insignificante, el Señor está siempre al lado de sus hijos, como pastor amoroso: Yo mismo apacentaré mis ovejas. Yo mismo las llevaré a la majada. Buscaré la oveja perdida, traerá la extraviada, vendaré a la que esté herida, curaré a las enfermas... Habitarán en su tierra en seguridad, y sabrán que yo soy Yavé, cuando rompa las coyundas de su yugo y las arranque de las manos de los que las esclavizaron.

Acudo a su misericordia, a su compasión, para que no mire nuestros pecados, sino los méritos de Cristo y los de su Santa Madre, que es también Madre nuestra, los del Patriarca San José que le hizo de Padre, los de los Santos.

El cristiano puede vivir con la seguridad de que, si desea luchar, Dios le cogerá de su mano derecha, como se lee en la Misa de esta fiesta. Jesús, que entra en Jerusalén cabalgando un pobre borrico, Rey de paz, es el que dijo: el reino de los cielos se alcanza a viva fuerza, y los que la hacen son los que lo arrebatan. Esa fuerza no se manifiesta en violencia contra los demás: es fortaleza para combatir las propias debilidades y miserias, valentía para no enmascarar las infidelidades personales, audacia para confesar la fe también cuando el ambiente es contrario. (Es Cristo que pasa, 82)

 

 

Conocerle y conocerte (I): Robar el corazón a Cristo

El buen ladrón con una palabra robó el corazón a Cristo y abrió las puertas del Cielo. Así es la oración: una palabra que roba el corazón a Jesús y nos permite vivir, desde ese momento, junto a Él.

VIDA ESPIRITUAL27/11/2019

Fuera de las murallas de Jerusalén, poco después del mediodía, tres hombres habían sido crucificados sobre el Monte Calvario. Era el primer Viernes Santo de la historia. Dos de ellos eran ladrones; el tercero, al contrario, era el único hombre absolutamente inocente: se trataba del Hijo de Dios. Uno de los dos bandidos, a pesar de su intenso sufrimiento y de su agotamiento físico, se animó a entablar una brevísima conversación con Cristo. Sus palabras llenas de humildad —«acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino» (Lc 23,42) ­— merecieron que el mismo Dios hecho hombre le asegurara que en pocas horas estaría en el paraíso. San Josemaría se conmovió muchas veces con la actitud de aquel buen ladrón que «con una palabra robó el corazón a Cristo y se abrió las puertas del Cielo»[1]. Quizá la oración podría definirse así: una palabra que roba el corazón a Jesús y nos hace vivir, desde ahora, junto a él.

Dos diálogos en la cruz

Nosotros deseamos también que nuestra oración, como aquella del buen ladrón al que una tradición da el nombre de Dimas, se llene de fruto. Nos ilusiona soñar cuánto puede el diálogo con Dios transformar nuestras vidas. Robar el corazón es conquistar, enamorar, entusiasmar. Se roba porque no se merece recibir tanto cariño. Se asalta lo que no es propiedad ni posesión, pero se anhela. La oración se asienta sobre algo tan sencillo —aunque no es poco— como aprender a acoger semejante don en nuestros corazones, dejándonos acompañar por Jesús, que nunca impone sus regalos, ni su gracia, ni su amor.

Junto a Dimas, también en un madero sobre el Calvario, estaba su compañero de tormento. Contrasta el reproche que este segundo dirige a Jesús: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros» (Lc 23,39). Son palabras que caen como un jarro de agua fría. ¿Qué diferencia hay entre esos dos diálogos? Ambos hablaron con Jesús, pero solo Dimas acogió lo que el Maestro tenía preparado para regalarle. Llevó a cabo su último y mejor golpe: aquella petición de quedarse al menos en la memoria de Cristo. Su compañero, por el contario, no abrió su corazón con humildad a quien quería librarle de su pasado y ofrecerle un tesoro inigualable. Exigió su derecho a ser escuchado y salvado; se encaró con la aparente ingenuidad de Jesús y le reprochó su también aparente pasividad. Quizá siempre había robado así: considerando que recuperaba lo que le pertenecía. Dimas, por su parte, sabía que no merecía nada y esa actitud logró abrir la caja fuerte del amor de Dios. Supo reconocer a Dios tal como realmente es: un Padre entregado a cada uno de sus hijos.

DOS LADRONES JUNTO A JESÚS. DOS ACTITUDES Y PETICIONES OPUESTAS. SOLO UNO ACOGE EL DON DE DIOS

Frente a estos dos posibles diálogos que encontramos en el Evangelio podemos comprender que el Señor cuenta con nuestra libertad para hacernos felices. Y también que no siempre resulta fácil dejarse querer. La oración puede ser un medio estupendo para descubrir qué es lo que siente, lo que piensa y lo que quiere Jesús. La vida divina en nosotros es un don. La oración, en ese sentido, es un canal por el que se desborda el torrente de amor que Dios nos quiere ofrecer, una invitación inesperada a ganarnos de otra forma la verdadera vida.

Para abrir las puertas del cielo

San Josemaría nos recordaba que Dios «ha querido correr el riesgo de nuestra libertad»[2]. Una buena manera de agradecérselo podría ser abrirnos nosotros también a la suya. Incluso habría que decir que, en este segundo caso, no corremos riesgo alguno; tan solo podría darse cierta apariencia de peligro, ya que llevamos todas las de ganar: la garantía de su promesa son unos clavos que arden de amor por nosotros. Observando las cosas desde este punto de vista, comprendemos lo absurdo que puede llegar a ser resistirnos a la voluntad de Dios, aunque pronto comprobemos que nos ocurre con frecuencia. Lo que sucede es que «ahora vemos como en un espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es ahora limitado; entonces conoceré como he sido conocido por Dios» (1Cor 13,12). Nos lo dice san Pablo: para conocernos no hay mejor camino que mirarnos desde Cristo, contemplar nuestra vida a través de sus ojos.

Dimas así lo comprende y no le da miedo la brecha enorme que se abre entre la bondad de Jesús y sus errores personales. Reconoce al rey del mundo en el rostro humillado y desfigurado de Cristo; en unos ojos que le miran con ternura, le devuelven la dignidad y, de una extraña manera, le recuerdan que es amado por encima de todas las cosas. Es verdad que puede parecer demasiado fácil el final feliz de la historia del buen ladrón. Sin embargo, nunca conoceremos el drama de la conversión que experimentó su corazón en aquellos momentos, ni la preparación que seguramente la hizo posible.

Abrirse a tanto cariño tiene un parecido enorme con descubrir que la oración es un don, un cauce privilegiado para acoger el afecto de un corazón que no sabe de medidas ni de cálculos. Se nos regala una vida diferente, más llena, más plena, mucho más feliz y con sentido. Así lo afirma el Papa Francisco: «Rezando le abrimos la jugada a Él, le damos lugar para que Él pueda actuar y pueda entrar y pueda vencer»[3]. Es Dios quien nos transformará, es Dios mismo quien nos acompañará, es él quien lo hará todo; solamente necesita que le abramos la jugada. Es en ese movimiento cuando entra en juego nuestra libertad, ganada precisamente en esa cruz de Cristo.

La oración nos ayuda a comprender que «cuando Él pide algo, en realidad está ofreciendo un don. No somos nosotros quienes le hacemos un favor: es Dios quien ilumina nuestra vida, llenándola de sentido»[4]. Eso es precisamente lo que le roba el corazón: la puerta abierta de nuestra vida que se deja hacer, que se deja querer, transformar, que ansía corresponder, aunque no sepa muy bien cómo hacerlo. «Gustad y ved qué bueno es el Señor» (Sal 34,9). Estas pocas palabras resumen el camino que nos lleva a ser almas de oración, «porque si no conocemos qué recibimos, no despertamos al amor»[5]. ¿Cuándo fue la última vez que le dijimos al Señor lo bueno que es? ¿Con qué frecuencia nos detenemos a considerarlo y gustarlo?

Por esta razón, el asombro es parte esencial de nuestra vida de oración: la admiración ante un prodigio que no cabe en nuestros parámetros. Eso nos lleva a repetir con frecuencia: «¡Qué grande eres, y qué hermoso, y qué bueno! Y yo, qué tonto soy, que pretendía entenderte. ¡Qué poca cosa serías, si me cupieras en la cabeza! Me cabes en el corazón, que no es poco»[6]. Alabar a Dios nos sitúa en la verdad de nuestra relación con Cristo, aligera el peso de nuestras preocupaciones y nos abre panoramas que no habíamos previsto anteriormente. Son las consecuencias de haber corrido el riesgo de entregarnos a la libertad de Dios.

Infinitas maneras de orar

Cuando san Josemaría estaba en México, durante uno de los encuentros que tuvo, quiso relatar una anécdota. Contó que un hijo suyo, filósofo de profesión, había recibido inesperadamente el encargo de ocuparse de las empresas de su familia: «Cuando me habló de negocios me quedé mirándole, me eché a reír y le dije: ¿Negocios? El dinero que tú ganes me lo pones aquí, en el hueco de mi mano, que me sobra sitio». Pasaron los años y volvió a encontrarse con él y le dijo: «Aquí está mi mano. ¿No te dije que lo que ganaras me lo pusieras aquí? Y él se levantó y, ante la expectación de todos, me besó la palma de la mano. Y dijo: ya está. Le di un abrazo y le contesté: me has pagado de sobra. ¡Anda, ladrón, que Dios te bendiga!»[7].

CRISTO ES EL MEJOR ESPEJO DONDE MIRARNOS PARA CONOCERNOS MEJOR

En la oración bien podemos poner un beso en la mano de Dios; entregarle nuestro cariño, como único tesoro, ya que no tenemos otra cosa. Para algunas personas bastará un gesto como este, dirigido al Señor, para encenderse en una oración de afectos y propósitos. Les parece mucho más expresiva una mirada que mil palabras. Querrían tocar todo lo que se refiere a Dios. Disfrutarían sintiendo, durante ese encuentro con el Señor, la brisa de la orilla del mar de Galilea. Los sentidos se disparan y la cercanía con Jesús hace posible esas sensaciones que llenan el corazón de paz y de alegría. Inmediatamente, ese gozo necesita ser compartido y la misión se convierte en abrir los brazos como Cristo para abrazar el mundo entero y salvarlo junto con Él.

Pero hay infinitas formas de orar, tantas como personas. Otros, por ejemplo, buscan sencillamente escuchar algunas palabras de consuelo. Jesús no escatima palabras de admiración para quien las necesita: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño» (Jn 1,47). Nos las dirá si abrimos nuestro corazón. Nadie ha pronunciado palabras de amor como las suyas. Y nadie las ha dicho con tanta gracia y con tanta verdad. Cuando las escuchamos, el amor que recibimos se cuela en nuestra mirada. Aprendemos así a mirar con Dios. Vislumbramos, de esta manera, lo que cada amigo o amiga sería capaz de hacer si se dejara acompañar por la gracia.

Hay también personas que disfrutan sirviendo a los demás, como Marta, la amiga del Señor que vivía en Betania. Jesús, cuando el Evangelio nos cuenta que estuvo de visita allí, no le dijo a Marta que se sentara, sino que la invitó a descubrir lo único necesario (cfr. Lc 10,42) en medio de lo que hacía. A personas parecidas a Marta probablemente las conforta pensar, mientras oran, que Dios actúa a través de ellas para llevar a muchas almas al cielo. Les gusta llenar su oración con rostros y nombres de personas concretas. Necesitan convencerse de que son corredentoras con todo lo que hacen. De hecho, si María pudo escoger “la mejor parte” es justamente porque Marta servía; a esta última le bastaba saber que quienes la rodeaban eran felices.

Otras personas, por su parte, están más inclinadas hacia los detalles pequeños, hacia los regalos, aunque sean de muy poco valor. Es la manifestación de un corazón que no deja de pensar en los demás y siempre encuentra en la vida algo que se refiere a sus seres queridos. Puede ser que a ellas les sirva aprender a descubrir todos los dones que Dios ha sembrado en su vida. «La oración, precisamente porque se alimenta del don de Dios que se derrama en nuestra vida, debería ser siempre memoriosa»[8]. También pueden ilusionarse con sorprender a Dios con mil detalles minúsculos. El factor sorpresa tiene mucha importancia para ellas y atinar con lo que al Señor le fascina no es tan difícil. Aunque sea un misterio, hasta lo más pequeño le llena de agradecimiento y hace brillar sus ojos. Cada alma que procuramos acercar a su amor —como la de Dimas en sus últimos momentos— le roba de nuevo el corazón.

HAY INFINITAS FORMAS DE ORAR, TANTAS COMO PERSONAS

Sin ánimo de encerrar en esquemas previos todas las posibilidades, hay también almas que necesitan pasar tiempo con quien aman. Puede que les guste, por ejemplo, consolar a Jesús. Todo tiempo gastado con quien aman les parece poco. Para percibir el cariño divino puede servirles pensar en Nicodemo que era recibido por Jesús con toda la noche por delante, en la intimidad de un hogar muy dado a las confidencias. Precisamente por ese tiempo compartido, Nicodemo será capaz de dar la cara en los momentos más difíciles y estar cerca de Cristo cuando los demás se encuentren llenos de miedo.

A veces pensamos que conocernos es identificar nuestros errores: eso es verdad, pero no es toda la verdad. Conocer a fondo nuestro corazón y nuestros anhelos más íntimos es clave para poder escuchar a Dios, para dejarnos llenar por su amor.

***

La conversación entre Jesús y el buen ladrón fue breve pero intensa. Dimas descubrió que había una rendija en ese gran corazón inocente de Cristo: una forma fácil de asaltarlo. La voluntad de Dios, tantas veces oscura y dolorosa, se iluminó y se ilumina con la petición humilde del bandido. Su único deseo es que seamos felices, muy felices, los más felices del mundo. El buen ladrón se coló por esa grieta y se apoderó del mayor tesoro. La Virgen María fue testigo de cómo Dimas defendió a su hijo. Quizá, con una mirada, pidió a Jesús que lo salvara. Y Cristo, incapaz de negar nada a su madre, dijo: «Hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc 23,43).

Diego Zalbidea


[1] San Josemaría, Via Crucis, estación XIIª, punto 4.

[2] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 113.

[3] Papa Francisco, Christus vivit, n. 155.

[4] F. Ocáriz, Luz para ver, fuerza para querer, en Diario ABC 18 de septiembre de 2018.

[5] Santa Teresa de Jesús, Vida, 10, 3.

[6] San Josemaría, Apuntes de la predicación, 9-VI-1974; en volúmenes de “Catequesis” 1974/1, p. 386 (AGP, biblioteca, P04).

[7] San Josemaría, Notas de una reunión familiar, 27-XI-1972; en “Dos meses de catequesis” 1972, vol. II, p. 616 (AGP, biblioteca, P04).

[8] Papa Francisco, Gaudete et exsultate, n. 153.

 

 

La experiencia de la oración

Cuestiones de método

16. La mayor parte de las grandes religiones que han buscado la unión con Dios en la oración, han indicado también caminos para conseguirla. Como «la Iglesia católica nada rechaza de lo que, en estas religiones, hay de verdadero y santo» (18), no se deberían despreciar sin previa consideración estas indicaciones, por el mero hecho de no ser cristianas. Se podrá al contrario tomar en ellas lo que tienen de útil, a condición de no perder nunca de vista la concepción cristiana de la oración, su lógica y sus exigencias, porque sólo dentro de esta totalidad esos fragmentos podrán ser reformados e incluidos. Entre éstos, se puede enumerar en primer lugar la humilde aceptación de un maestro experimentado en la vida de oración que conozca sus normas; de esto se ha tenido siempre conciencia en la experiencia cristiana desde los tiempos antiguos, ya en la época de los Padres del desierto. Este maestro, experto en el «sentire cum ecclesia», debe no sólo dirigir y llamar la atención sobre ciertos peligros, sino también, como «padre espiritual», introducir de manera viva, de corazón a corazón, en la vida de oración, que es don del Espíritu Santo.

17. El tardío clasicismo no cristiano distinguía tres estados en la vida de perfección: las vías de la purificación, de la iluminación y de la unión. Esta doctrina ha servido de modelo para muchas escuelas de espiritualidad cristiana. Este esquema, en sí mismo válido, necesita sin embargo algunas precisiones que permitan su correcta interpretación cristiana, evitando peligrosos malentendidos.

18. La búsqueda de Dios mediante la oración debe ser precedida y acompañada de la ascesis y de la purificación de los propios pecados y errores, porque según la palabra de Jesús solamente «los limpios de corazón verán a Dios» (Mt 5, 8). El Evangelio señala sobre todo una purificación moral de la falta de verdad y de amor y, sobre un plano más profundo, de todos los instintos egoístas que impiden al hombre reconocer y aceptar la voluntad de Dios en toda su integridad. En contra de lo que pensaban los estoicos y neoplatónicos, las pasiones no son, en sí mismas, negativas; es negativa su tendencia egoísta y, por tanto, el cristiano debe liberarse de ella para llegar a aquel estado de libertad positiva que el clasicismo cristiano llama «apatheia», el Medioevo «impassibilitas» y los Ejercicios Espirituales ignacianos «indiferencia» (19).

Esto es imposible sin una radical abnegación, como se ve también en San Pablo que usa abiertamente la palabra «mortificación» (de las tendencias pecaminosas) (20). Sólo esta abnegación hace al hombre libre para realizar la voluntad de Dios y participar en la libertad del Espíritu Santo.

19. Por consiguiente, la doctrina de aquellos maestros que recomiendan «vaciar» el espíritu de toda representación sensible y de todo concepto, deberá ser correctamente interpretada, manteniendo sin embargo una actitud de amorosa atención a Dios, de tal forma que permanezca, en la persona que hace oración, un vacío susceptible de llenarse con la riqueza divina. El vacío que Dios necesita es la renuncia al propio egoísmo, no necesariamente la renuncia a las cosas creadas que nos ha dado y entre las cuales nos ha colocado. No hay duda de que en la oración hay que concentrarse enteramente en Dios y excluir lo más posible aquellas cosas de este mundo que nos encadenan a nuestro egoísmo. En este punto, San Agustín es un maestro insigne. Si quieres encontrar a Dios, dice, abandona el mundo exterior y entra en ti mismo. Sin embargo, prosigue, no te quedes allí, sino sube por encima de ti mismo, porque tú no eres Dios: Él es más profundo y grande que tú. «Busco en mi alma su sustancia y no la encuentro; sin embargo, he meditado en la búsqueda de Dios y, empujado hacia Él a través de las cosas creadas, he intentado conocer sus ‘perfecciones invisibles’ (Rm 1, 20)» (21). «Quedarse en sí mismo»: he aquí el verdadero peligro. El gran Doctor de la Iglesia recomienda concentrarse en sí mismo, pero también trascender el yo que no es Dios, sino sólo una criatura. Dios es «interior intimo meo, et superior summo meo» (22). Efectivamente, Dios está en nosotros y con nosotros, pero nos trasciende en su misterio (23).

20. Desde el punto de vista dogmático, es impasible llegar al amor perfecto de Dios si se prescinde de su autodonación en el Hijo encarnado, crucificado y resucitado. En Él, bajo la acción del Espíritu Santo, participamos, por pura gracia, de la vida intradivina. Cuando Jesús dice: «El que me ha visto a mi ha visto al Padre» (Jn 14, 0), no se refiere simplemente a la visión y al conocimiento exterior de su figura humana («la carne no sirve para nada», Jn 6, 63). Lo que entiende con ello es más bien un «ver» hecho posible por la gracia de la fe; ver a través de la manifestación sensible de Jesús lo que éste, como Verbo del Padre, quiere verdaderamente mostrarnos de Dios («El Espíritu es el que da la vida (…); las palabras que os he dicho son espíritu y vida», ib.). En este «ver» no se trata de abstracción puramente humana («abs-tractio») de la figura en la que Dios se ha revelado, sino de captar la realidad divina en la figura humana de Jesús, de captar su dimensión divina y eterna en su temporalidad. Como dice San Ignacio en los Ejercicios Espirituales, deberíamos intentar captar «la infinita suavidad y dulzura de la divinidad» (n. 124), partiendo de la finita verdad revelada en la que habíamos comenzado. Mientras nos eleva, Dios es libre de «vaciarnos» de todo lo que nos ata en este mundo, de atarnos completamente a la vida trinitaria de su amor eterno. Sin embargo, este don puede ser concedido sólo «en Cristo a través del Espíritu Santo» y no por nuestras propias fuerzas, prescindiendo de su revelación.

21. En el camino de la vida cristiana después de la purificación sigue la iluminación mediante el amor que el Padre nos da en el Hijo y la unción que de Él recibimos en el Espíritu Santo (cf. 1 Jn 2, 20).

Desde la antigüedad cristiana se hace referencia a la «iluminación» recibida en el bautismo. Esta introduce a los fieles, iniciados en los divinos misterios, en el conocimiento de Cristo, mediante la fe que opera por medio de la caridad. Es más, algunos escritores eclesiásticos hablan explícitamente de la iluminación recibida en el bautismo como fundamento de aquel sublime conocimiento de Cristo Jesús (cf. Flp 3, 8) que viene definido como «theoria» o contemplación (24).

Los fieles, con la gracia del bautismo, están llamados a progresar en el conocimiento y en el testimonio de las verdades de la fe, cuando «comprenden internamente los misterios que viven» (25). Ninguna luz divina hace que las verdades de la fe queden superadas. Por el contrario, las eventuales gracias de iluminación que Dios pueda conceder ayudan a aclarar la dimensión más profunda de los misterios confesados y celebrados por la Iglesia, en espera de que el cristiano pueda contemplar a Dios en la gloria tal y como es (cf. 1 In 3, 2).

22. Finalmente, el cristiano que hace oración puede llegar, si Dios lo quiere, a una experiencia particular de unión. Los sacramentos, sobre todo el bautismo y la eucaristía (26), son el comienzo objetivo de la unión del cristiano con Dios. Sobre este fundamento, por una especial gracia del Espíritu, quien ora puede ser llamado a aquel particular tipo de unión con Dios que, en el ámbito cristiano, viene calificado como mística.

23. Ciertamente el cristiano tiene necesidad de determinados tiempos de retiro en la soledad para recogerse y encontrar, cerca de Dios, su camino. Pero, dado su carácter de criatura, y de criatura consciente de no estar seguro sino por la gracia, su modo de acercarse a Dios no se fundamenta en una técnica, en el sentido estricto de la palabra. Esto iría en contra del espíritu de infancia exigido por el Evangelio. La auténtica mística cristiana nada tiene que ver con la técnica: es siempre un don de Dios, cuyo beneficiario se siente indigno (27).

24. Hay determinadas gracias místicas —por ejemplo, las conferidas a los fundadores de instituciones eclesiales en favor de toda su fundación, así como a otros santos—, que caracterizan su peculiar experiencia de oración y no pueden, como tales, ser objeto de imitación y aspiración para otros fieles, aunque pertenezcan a la misma institución y estén deseosos de una oración siempre más perfecta (28). Pueden existir diversos niveles y modalidades de participación en la experiencia de oración de un fundador, sin que a todos deba ser conferida con idénticas características. Por otra parte, la experiencia de oración, que ocupa un puesto privilegiado en todas las instituciones auténticamente eclesiales antiguas y modernas, constituyen siempre, en último término, algo personal. Y es a la persona a quien Dios da su gracia en vista de la oración.

25. A propósito de la mística, se debe distinguir entre los dones del Espíritu Santo y los carismas concedidos en modo totalmente libre por Dios. Los primeros son algo que todo cristiano puede reavivar en sí mismo a través de una vida solícita de fe, de esperanza y de caridad y, de esa manera, llegar a una cierta experiencia de Dios y de los contenidos de la fe, por medio de una seria ascesis. En cuanto a los carismas, San Pablo dice que existen sobre todo en favor de la Iglesia, de los otros miembros del Cuerpo místico de Cristo (cf. 1 Cor 12. 7). Al respecto hay que recordar, por una parte, que los carismas no se pueden identificar con los dones extraordinarios —«místicos»— (cf. Rm 12, 3-21), por otra, que la distinción entre «dones del Espíritu Santo» y «carismas» no es tan estricta. Un carisma fecundo para la Iglesia no puede ejercitarse, en el ámbito neotestamentario, sin un determinado grado de perfección personal; por otra parte, todo cristiano «vivo» posee una tarea peculiar —y en este sentido un «carisma»— «para la edificación del Cuerpo de Cristo» (cf. Ef 4, 15-16) (29), en comunión con la Jerarquía, a la cual «compete ante todo no sofocar el Espíritu, sino probarlo todo y retener lo que es bueno» (Lumen gentíum, 12).

 

 

El secreto de la vida

José Martínez Colín

Escribió sabiamente Dostoievski: “El secreto de la vida humana no radica en el hecho de que uno vive, sino en para qué vive”.

Santidad en medio del mundo

Escribió sabiamente Dostoievski: “El secreto de la vida humana no radica en el hecho de que uno vive, sino en para qué vive”. Y ese secreto lo han conocido los santos, quienes han sabido descubrir el sentido verdadero a los acontecimientos de su vida, y vivir de acuerdo a él. Por eso los santos, decía el papa Pío XI, “son comparables a los telescopios de los astrónomos. A través de los mismos podemos ver ciertas estrellas que nadie sería capaz de distinguir a simple vista. A través de los santos aprendemos a ver con más claridad aquellas verdades que la vida cotidiana oscurece a nuestros ojos” (8-XII-1933).

Saber encontrar y amar a Dios en nuestra vida cotidiana, es el mensaje que el Señor le pidió a san Josemaría Escrivá que viviera y difundiera por todo el mundo y para lo cual fundó el Opus Dei.

Hace 44 años, en 1975, fallecieron, con menos de un mes de diferencia, San Josemaría Escrivá, el 26 de junio, y la ahora recién beatificada Guadalupe Ortiz de Landázuri, el 16 de julio. Ambos habían luchado hasta el último aliento de su vida por corresponder al amor de Dios en su vida ordinaria en el Opus Dei, procurando acercar a los demás al amor de Dios.

Es significativo que ambos lo hayan alcanzado: Uno, cumpliendo la voluntad de Dios fundando el Opus Dei, camino de santidad en el trabajo ordinario y Guadalupe, por su parte, luchando por andar ese camino, confiando plenamente en ese mensaje del fundador.

Guadalupe comprendió que no se trataba de ser perfecta aquí en la tierra, sino de vivir enamorada de Dios. Había escuchado de san Josemaría que el “santo no es el que no cae, sino el que siempre se levanta”. Esa confianza en la misericordia de Dios le llevaba a estar muy alegre, a pesar de verse con defectos. Así le escribía a San Josemaría: “Soy muy feliz y estoy muy contenta… Aunque veo que todo lo hago con muchos defectos (vanidad y amor propio, sobre todo) noto tanto que me ayuda el Señor que estoy segura de que si Él se empeña llegaré a agradarle de verdad… Cada día quiero mostrarle mejor lo que siento por Él y cómo le agradezco lo muchísimo que me quiere”.

 

Una amiga suya, Laura Busca, que sería luego su cuñada, recuerda que Guadalupe nunca se quejaba de nada. Por ejemplo, le sorprendía que utilizara indistintamente zapatos de un número o de otro, sin quejarse. Cuando su madre, que tenía un pie más pequeño, tenía zapatos que le quedaban apretados, Guadalupe se ofrecía alegremente para ensanchárselos llevándolos puestos algunos días, pues tenía el pie más grande.

Después de la guerra civil española del siglo XX, los alimentos estaban muy racionados. Ella atendía una residencia para estudiantes. En una ocasión no había suficiente consomé. Una persona testimonia, que vio sin que se diera cuenta Guadalupe, que al ver que no alcanzaba para todos, llenó su taza con agua caliente y se la tomó muy contenta como si fuera un sabroso caldo, sacrificándose en lo ordinario por amor.

Otro testimonio lo da Guadalupe Gutiérrez, de Tacámbaro, quien la conoció en 1952, de once años. Años más tarde convivió con ella en la Ciudad de México. Cuenta cómo Guadalupe le enseñó a cuidar los detalles y a vivir bien la virtud de la pobreza combinándola con la limpieza y el buen gusto. Era una persona sencilla, acogedora, afable. Enseguida inspiraba confianza y cariño. Sabía siempre escuchar, comprender, ser amable y bondadosa, lo mismo si era una campesina, que una universitaria o una señora de clase social alta. Para todas tenía comprensión y afecto humano. Era una persona recia, laboriosa, puntual, alegre y optimista. Supo pasar por alto la escasez de medios viviendo desprendida de todo, dándolo todo: “Me enseñó a poner Amor de Dios en cada cosa que hacía: hacer bien una cama, dejar limpia una habitación o que no quedaran torcidos los cordones de una cortina”.

El obispo de Tacámbaro le pidió que diera unas charlas a las campesinas del lugar. Ella aceptó gustosa y estuvieron en un lugar recién construido, lo que sería el seminario diocesano, por lo que aún no estaba amueblado. En una mañana Guadalupe, mientras daba una charla sentada en el patio, colocada en suelo como todas, notó que algo le subía en la pierna y le picaba, sintiendo un fortísimo dolor. Se agarró el vestido y apretó fuerte para matar al intruso y continuó hablando tan contenta como si nada hubiera ocurrido. Nadie de las que escuchaba la charla noto nada fuera de lo normal. Cuando terminó la charla dijo lo que le había ocurrido y el intenso dolor que tenía. Procuraron atenderla pues le subió mucho la temperatura. Tuvieron que regresar a la Ciudad de México donde siguió teniendo fiebre durante muchos días. A pesar de estar en esas condiciones, no hacía referencia a sus malestares, sino que se interesaba por quienes iban a saludarla.

Guadalupe fue un gran apoyo para San Josemaría. Ella, con su sonrisa permanente, vivía lo que San Josemaría enseñaba: saber vivir alegremente cada día unidos a la Cruz. Ahora ambos gozan del Señor en una eterna felicidad. Un ejemplo que alimenta nuestra esperanza de santidad y nos invita a saber descubrir a Dios en nuestro quehacer ordinario para amarlo en todo momento.

 

Aprender a perdonar

Jutta Burggraf

Sumario Prólogo. I

. ¿Qué quiere decir «perdonar»?:

1. Reaccionar ante un mal.-

2. Actuar con libertad.-

3. Recordar el pasado.-

4. Renunciar a la venganza.-

5. Mirar al agresor en su dignidad personal.

II. ¿Qué actitudes nos disponen a perdonar?:

1. Amor.-

2. Comprensión.-

3. Generosidad.-

4. Humildad.

III. Reflexión final.

Todos hemos sufrido alguna vez injusticias y humillaciones; algunos tienen que soportar diariamente torturas, no sólo en una cárcel, sino también en un puesto de trabajo o en el entorno familiar. Es cierto que nadie puede hacernos tanto daño como los que debieran amarnos. "El único dolor que destruye más que el hierro es la injusticia que procede de nuestros familiares," dicen los árabes. ¿Cómo reaccionamos ante un mal que alguien nos ha ocasionado con cierta intencionalidad? Normalmente, desearíamos espontáneamente pegar a los que nos han pegado, o hablar mal de los que han hablado mal de nosotros. Pero esta actuación es como un bumerán: nos daña a nosotros mismos. Es una pena gastar las energías en enfados, recelos, rencores o desesperación; y quizá es más triste aún cuando una persona se endurece para no sufrir más. Sólo en el perdón brota nueva vida. Por esto es tan importante educar en el "arte" de practicarlo. I. ¿Qué quiere decir "perdonar"? ¿Qué es el perdón? ¿Qué hago cuando digo a una persona: "Te perdono"? Es evidente que reacciono ante un mal que alguien me ha hecho; actúo, además, con libertad; no olvido simplemente la injusticia, sino que renuncio a la venganza y quiero, a pesar de todo, lo mejor para el otro. Vamos a considerar estos diversos elementos con más detenimiento. 1. Reaccionar ante un mal En primer lugar, ha de tratarse realmente de un mal para el conjunto de mi vida. Si un cirujano me quita un brazo que está peligrosamente infectado, puedo sentir dolor y tristeza, incluso puedo montar en cólera contra el médico. Pero no tengo que perdonarle nada, porque me ha hecho un gran bien: me ha salvado la vida. Situaciones semejantes pueden darse en la educación. No todo lo que parece mal a un niño es nocivo para él. Los buenos padres no conceden a sus hijos todos los caprichos que ellos piden; los forman en la fortaleza. Una maestra me dijo en una ocasión: "No me importa lo que mis alumnos piensan hoy sobre mí. Lo importante es lo que piensen dentro de veinte años." El perdón sólo tiene sentido, cuando alguien ha recibido un daño objetivo de otro. Por otro lado, perdonar no consiste, de ninguna manera, en no querer ver este daño, en colorearlo o disimularlo. Algunos pasan de largo las injurias con las que les tratan sus colegas o sus cónyuges, porque intentan eludir todo conflicto; buscan la paz a cualquier precio y pretenden vivir continuamente en un ambiente armonioso. Parece que todo les diera lo mismo. "No importa" si los otros no les dicen la verdad; "no importa" cuando los utilizan como meros objetos para conseguir unos fines egoístas; "no importan" tampoco el fraude o el adulterio. Esta actitud es peligrosa, porque puede llevar a una completa ceguera ante los valores. La indignación e incluso la ira son reacciones normales y hasta necesarias en ciertas situaciones. Quien perdona, no cierra los ojos ante el mal; no niega que existe objetivamente una injusticia. Si lo negara, no tendría nada que perdonar(1) . Si uno se acostumbra a callarlo todo, tal vez pueda gozar durante un tiempo de una aparente paz; pero pagará finalmente un precio muy alto por ella, pues renuncia a la libertad de ser él mismo. Esconde y sepulta sus frustraciones en lo más profundo de su corazón, detrás de una muralla gruesa, que levanta para protegerse. Y ni siquiera se da cuenta de su falta de autenticidad. Es normal que una injusticia nos duela y deje una herida. Si no queremos verla, no podemos sanarla. Entonces estamos permanentemente huyendo de la propia intimidad (es decir, de nosotros mismos); y el dolor nos carcome lenta e irremediablemente. Algunos realizan un viaje alrededor del mundo, otros se mudan de ciudad. Pero no pueden huir del sufrimiento. Todo dolor negado retorna por la puerta trasera, permanece largo tiempo como una experiencia traumática y puede ser la causa de heridas perdurables. Un dolor oculto puede conducir, en ciertos casos, a que una persona se vuelva agria, obsesiva, medrosa, nerviosa o insensible, o que rechace la amistad, o que tenga pesadillas. Sin que uno lo quiera, tarde o temprano, reaparecen los recuerdos. Al final, muchos se dan cuenta de que tal vez, habría sido mejor, hacer frente directa y conscientemente a la experiencia del dolor. Afrontar un sufrimiento de manera adecuada es la clave para conseguir la paz interior. 2. Actuar con libertad El acto de perdonar es un asunto libre. Es la única reacción que no re-actúa simplemente, según el conocido principio "ojo por ojo, diente por diente"(2). El odio provoca la violencia, y la violencia justifica el odio. Cuando perdono, pongo fin a este círculo vicioso; impido que la reacción en cadena siga su curso. Entonces libero al otro, que ya no está sujeto al proceso iniciado. Pero, en primer lugar, me libero a mí mismo. Estoy dispuesto a desatarme de los enfados y rencores. No estoy "re-accionando", de modo automático, sino que pongo un nuevo comienzo, también en mí. Superar las ofensas, es una tarea sumamente importante, porque el odio y la venganza envenenan la vida. El filósofo Max Scheler afirma que una persona resentida se intoxica a sí misma(3). El otro le ha herido; de ahí no se mueve. Ahí se recluye, se instala y se encapsula. Queda atrapada en el pasado. Da pábulo a su rencor con repeticiones y más repeticiones del mismo acontecimiento. De este modo arruina su vida. Los resentimientos hacen que las heridas se infecten en nuestro interior y ejerzan su influjo pesado y devastador, creando una especie de malestar y de insatisfacción generales. En consecuencia, uno no se siente a gusto en su propia piel. Pero, si no se encuentra a gusto consigo mismo, entonces no se encuentra a gusto en ningún lugar. Los recuerdos amargos pueden encender siempre de nuevo la cólera y la tristeza, pueden llevar a depresiones. Un refrán chino dice: "El que busca venganza debe cavar dos fosas." En su libro Mi primera amiga blanca, una periodista norteamericana de color describe cómo la opresión que su pueblo había sufrido en Estados Unidos le llevó en su juventud a odiar a los blancos, "porque han linchado y mentido, nos han cogido prisioneros, envenenado y eliminado"(4). La autora confiesa que, después de algún tiempo, llegó a reconocer que su odio, por muy comprensible que fuera, estaba destruyendo su identidad y su dignidad. Le cegaba, por ejemplo, ante los gestos de amistad que una chica blanca le mostraba en el colegio. Poco a poco descubrió que, en vez de esperar que los blancos pidieran perdón por sus injusticias, ella tenía que pedir perdón por su propio odio y por su incapacidad de mirar a un blanco como a una persona, en vez de hacerlo como a un miembro de una raza de opresores. Encontró el enemigo en su propio interior, formado por los prejuicios y rencores que le impedían ser feliz. Las heridas no curadas pueden reducir enormemente nuestra libertad. Pueden dar origen a reacciones desproporcionadas y violentas, que nos sorprendan a nosotros mismos. Una persona herida, hiere a los demás. Y, como muchas veces oculta su corazón detrás de una coraza, puede parecer dura, inaccesible e intratable. En realidad, no es así. Sólo necesita defenderse. Parece dura, pero es insegura; está atormentada por malas experiencias. Hace falta descubrir las llagas para poder limpiarlas y curarlas. Poner orden en el propio interior, puede ser un paso para hacer posible el perdón. Pero este paso es sumamente difícil y, en ocasiones, no conseguimos darlo. Podemos renunciar a la venganza, pero no al dolor. Aquí se ve claramente que el perdón, aunque está estrechamente unido a vivencias afectivas, no es un sentimiento. Es un acto de la voluntad que no se reduce a nuestro estado psíquico(5). Se puede perdonar llorando. Cuando una persona ha realizado este acto eminentemente libre, el sufrimiento pierde ordinariamente su amargura, y puede ser que desaparezca con el tiempo. "Las heridas se cambian en perlas," dice Santa Hildegarda de Bingen. 3. Recordar el pasado Es una ley natural que el tiempo "cura" algunas llagas. No las cierra de verdad, pero las hace olvidar. Algunos hablan de la "caducidad de nuestras emociones"(6). Llegará un momento en que una persona no pueda llorar más, ni sentirse ya herida. Esto no es una señal de que haya perdonado a su agresor, sino que tiene ciertas "ganas de vivir". Un determinado estado psíquico -por intenso que sea- de ordinario no puede convertirse en permanente. A este estado sigue un lento proceso de desprendimiento, pues la vida continúa. No podemos quedarnos siempre ahí, como pegados al pasado, perpetuando en nosotros el daño sufrido. Si permanecemos en el dolor, bloqueamos el ritmo de la naturaleza. La memoria puede ser un cultivo de frustraciones. La capacidad de desatarse y de olvidar, por tanto, es importante para el ser humano, pero no tiene nada que ver con la actitud de perdonar. Ésta no consiste simplemente en "borrón y cuenta nueva". Exige recuperar la verdad de la ofensa y de la justicia, que muchas veces pretende camuflarse o distorsionarse. El mal hecho debe ser reconocido y, en lo posible, reparado. Hace falta "purificar la memoria". Una memoria sana puede convertirse en maestra de vida. Si vivo en paz con mi pasado, puedo aprender mucho de los acontecimientos que he vivido. Recuerdo las injusticias pasadas para que no se repitan, y las recuerdo como perdonadas. 4. Renunciar a la venganza Como el perdón expresa nuestra libertad, también es posible negar al otro este don. El judío Simon Wiesenthal cuenta en uno de sus libros de sus experiencias en los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Un día, una enfermera se acercó a él y le pidió seguirle. Le llevó a una habitación donde se encontraba un joven oficial de la SS que estaba muriéndose. Este oficial contó su vida al preso judío: habló de su familia, de su formación, y cómo llegó a ser un colaborador de Hitler. Le pesaba sobre todo un crimen en el que había participado: en una ocasión, los soldados a su mando habían encerrado a 300 judíos en una casa, y habían quemado la casa; todos murieron. "Sé que es horrible -dijo el oficial-. Durante las largas noches, en las que estoy esperando mi muerte, siento la gran urgencia de hablar con un judío sobre esto y pedirle perdón de todo corazón." Wiesenthal concluye su relato diciendo: "De pronto comprendí, y sin decir ni una sola palabra, salí de la habitación"(7). Otro judío añade: "No, no he perdonado a ninguno de los culpables, ni estoy dispuesto ahora ni nunca a perdonar a ninguno"(8) . Perdonar significa renunciar a la venganza y al odio. Existen, por otro lado, personas que no se sienten nunca heridas. No es que no quieran ver el mal y repriman el dolor, sino todo lo contrario: perciben las injusticias objetivamente, con suma claridad, pero no dejan que ellas les molesten. "Aunque nos maten, no pueden hacernos ningún daño," es uno de sus lemas(9). Han logrado un férreo dominio de sí mismos, parecen de una ironía insensible. Se sienten superiores a los demás hombres y mantienen interiormente una distancia tan grande hacia ellos que nadie puede tocar su corazón. Como nada les afecta, no reprochan nada a sus opresores. ¿Qué le importa a la luna que un perro le ladre? Es la actitud de los estoicos y quizá también de algunos "gurus" asiáticos que viven solitarios en su "magnanimidad". No se dignan mirar siquiera a quienes "absuelven" sin ningún esfuerzo. No perciben la existencia del "pulgón". El problema consiste en que, en este caso, no hay ninguna relación interpersonal. No se quiere sufrir y, por tanto, se renuncia al amor. Una persona que ama, siempre se hace pequeña y vulnerable. Se encuentra cerca a los demás. Es más humano amar y sufrir mucho a lo largo de la vida, que adoptar una actitud distante y superior a los otros. Cuando a alguien nunca le duele la actuación de otro, es superfluo el perdón. Falta la ofensa, y falta el ofendido. 5. Mirar al agresor en su dignidad personal El perdón comienza cuando, gracias a una fuerza nueva, una persona rechaza todo tipo de venganza. No habla de los demás desde sus experiencias dolorosas, evita juzgarlos y desvalorizarlos, y está dispuesta a escucharles con un corazón abierto. El secreto consiste en no identificar al agresor con su obra(10). Todo ser humano es más grande que su culpa. Un ejemplo elocuente nos da Albert Camus, que se dirige en una carta pública a los nazis y habla de los crímenes cometidos en Francia: "Y a pesar de ustedes, les seguiré llamando hombres… Nos esforzamos en respetar en ustedes lo que ustedes no respetaban en los demás"(11). Cada persona está por encima de sus peores errores. Hace pensar una anécdota que se cuenta de un general del siglo XIX. Cuando éste se encontraba en su lecho de muerte, un sacerdote le preguntó si perdonaba a sus enemigos. "No es posible -respondió el general-. Les he mandado ejecutar a todos"(12) . El perdón del que hablamos aquí no consiste en saldar un castigo, sino que es, ante todo, una actitud interior. Significa vivir en paz con los recuerdos y no perder el aprecio a ninguna persona. Se puede considerar también a un difunto en su dignidad personal. Nadie está totalmente corrompido; en cada uno brilla una luz. Al perdonar, decimos a alguien: "No, tú no eres así. ¡Sé quien eres! En realidad eres mucho mejor." Queremos todo el bien posible para el otro, su pleno desarrollo, su dicha profunda, y nos esforzamos por quererlo desde el fondo del corazón, con gran sinceridad. II. ¿Qué actitudes nos disponen a perdonar? Después de aclarar, en grandes líneas, en qué consiste el perdón, vamos a considerar algunas actitudes que nos disponen a realizar este acto que nos libera a nosotros y también libera a los demás. 1. Amor Perdonar es amar intensamente. El verbo latín per-donare lo expresa con mucha claridad: el prefijo per intensifica el verbo que acompaña, donare. Es dar abundantemente, entregarse hasta el extremo. El poeta Werner Bergengruen ha dicho que el amor se prueba en la fidelidad, y se completa en el perdón. Sin embargo, cuando alguien nos ha ofendido gravemente, el amor apenas es posible. Es necesario, en un primer paso, separarnos de algún modo del agresor, aunque sea sólo interiormente. Mientras el cuchillo está en la herida, la herida nunca se cerrará. Hace falta retirar el cuchillo, adquirir distancia del otro; sólo entonces podemos ver su rostro. Un cierto desprendimiento es condición previa para poder perdonar de todo corazón, y dar al otro el amor que necesita. Una persona sólo puede vivir y desarrollarse sanamente, cuando es aceptada tal como es, cuando alguien la quiere verdaderamente, y le dice: "Es bueno que existas"(13). Hace falta no sólo "estar aquí", en la tierra, sino que hace falta la confirmación en el ser para sentirse a gusto en el mundo, para que sea posible adquirir una cierta estimación propia y ser capaz de relacionarse con otros en amistad. En este sentido se ha dicho que el amor continúa y perfecciona la obra de la creación(14) . Amar a una persona quiere decir hacerle consciente de su propio valor, de su propia belleza. Una persona amada es una persona aprobada, que puede responder al otro con toda verdad: "Te necesito para ser yo mismo." Si no perdono al otro, de alguna manera le quito el espacio para vivir y desarrollarse sanamente. Éste se aleja, en consecuencia, cada vez más de su ideal y de su autorrealización. En otras palabras, le mato, en sentido espiritual. Se puede matar, realmente, a una persona con palabras injustas y duras, con pensamientos malos o, sencillamente, negando el perdón. El otro puede ponerse entonces triste, pasivo y amargo. Kierkegaard habla de la "desesperación de aquel que, desesperadamente, quiere ser él mismo", y no llega a serlo, porque los otros lo impiden(15) . Cuando, en cambio, concedemos el perdón, ayudamos al otro a volver a la propia identidad, a vivir con una nueva libertad y con una felicidad más honda. 2. Comprensión Es preciso comprender que cada uno necesita más amor que "merece"; cada uno es más vulnerable de lo que parece; y todos somos débiles y podemos cansarnos. Perdonar es tener la firme convicción de que en cada persona, detrás de todo el mal, hay un ser humano vulnerable y capaz de cambiar. Significa creer en la posibilidad de transformación y de evolución de los demás. Si una persona no perdona, puede ser que tome a los demás demasiado en serio, que exija demasiado de ellos. Pero "tomar a un hombre perfectamente en serio, significa destruirle," advierte el filósofo Robert Spaemann(16). Todos somos débiles y fallamos con frecuencia. Y, muchas veces, no somos conscientes de las consecuencias de nuestros actos: "no sabemos lo que hacemos"(17). Cuando, por ejemplo, una persona está enfadada, grita cosas que, en el fondo, no piensa ni quiere decir. Si la tomo completamente en serio, cada minuto del día, y me pongo a "analizar" lo que ha dicho cuando estaba rabiosa, puedo causar conflictos sin fin. Si lleváramos la cuenta de todos los fallos de una persona, acabaríamos transformando en un monstruo, hasta al ser más encantador. Tenemos que creer en las capacidades del otro y dárselo a entender. A veces, impresiona ver cuánto puede transformarse una persona, si se le da confianza; cómo cambia, si se le trata según la idea perfeccionada que se tiene de ella. Hay muchas personas que saben animar a los otros a ser mejores. Les comunican la seguridad de que hay mucho bueno y bello dentro de ellos, a pesar de todos sus errores y caídas. Actúan según lo que dice la sabiduría popular: "Si quieres que el otro sea bueno, trátale como si ya lo fuese." 3. Generosidad Perdonar exige un corazón misericordioso y generoso. Significa ir más allá de la justicia. Hay situaciones tan complejas en las que la mera justicia es imposible. Si se ha robado, se devuelve; si se ha roto, se arregla o sustituye. ¿Pero si alguien pierde un órgano, un familiar o un buen amigo? Es imposible restituirlo con la justicia. Precisamente ahí, donde el castigo no cubre nunca la pérdida, es donde tiene espacio el perdón. El perdón no anula el derecho, pero lo excede infinitamente. Es por naturaleza incondicional, ya que es un don gratuito del amor, un don siempre inmerecido. Esto significa que el que perdona no exige nada a su agresor, ni siquiera que le duela lo que ha hecho. Antes, mucho antes que el agresor busca la reconciliación, el que ama ya le ha perdonado. El arrepentimiento del otro no es una condición necesaria para el perdón, aunque sí es conveniente. Es, ciertamente, mucho más fácil perdonar cuando el otro pide perdón. Pero a veces hace falta comprender que en los que obran mal hay bloqueos, que les impiden admitir su culpabilidad. Hay un modo "impuro" de perdonar(18), cuando se hace con cálculos, especulaciones y metas: "Te perdono para que te des cuenta de la barbaridad que has hecho; te perdono para que mejores." Pueden ser fines educativos loables, pero en este caso no se trata del perdón verdadero que se concede sin ninguna condición, al igual que el amor auténtico: "Te perdono porque te quiero -a pesar de todo." Puedo perdonar al otro incluso sin dárselo a entender, en el caso de que no entendería nada. Es un regalo que le hago, aunque no se entera, o aunque no sabe por qué. 4. Humildad Hace falta prudencia y delicadeza para ver cómo mostrar al otro el perdón. En ocasiones, no es aconsejable hacerlo enseguida, cuando la otra persona está todavía agitada. Puede parecerle como una venganza sublime, puede humillarla y enfadarla aún más. En efecto, la oferta de la reconciliación puede tener carácter de una acusación. Puede ocultar una actitud farisaica: quiero demostrar que tengo razón y que soy generoso. Lo que impide entonces llegar a la paz, no es la obstinación del otro, sino mi propia arrogancia. Por otro lado, es siempre un riesgo ofrecer el perdón, pues este gesto no asegura su recepción y puede molestar al agresor en cualquier momento. "Cuando uno perdona, se abandona al otro, a su poder, se expone a lo que imprevisiblemente puede hacer y se le da libertad de ofender y herir (de nuevo)"(19). Aquí se ve que hace falta humildad para buscar la reconciliación. Cuando se den las circunstancias -quizá después de un largo tiempo- conviene tener una conversación con el otro. En ella se pueden dar a conocer los propios motivos y razones, el propio punto de vista; y se debe escuchar atentamente los argumentos del otro. Es importante escuchar hasta el final, y esforzarse por captar también las palabras que el otro no dice. De vez en cuando es necesario "cambiar la silla", al menos mentalmente, y tratar de ver el mundo desde la perspectiva del otro. El perdón es un acto de fuerza interior, pero no de voluntad de poder. Es humilde y respetuoso con el otro. No quiere dominar o humillarle. Para que sea verdadero y "puro", la víctima debe evitar hasta la menor señal de una "superioridad moral" que, en principio, no existe; al menos no somos nosotros los que podemos ni debemos juzgar acerca de lo que se esconde en el corazón de los otros. Hay que evitar que en las conversaciones se acuse al agresor siempre de nuevo. Quien demuestra la propia irreprochabilidad, no ofrece realmente el perdón. Enfurecerse por la culpa de otro puede conducir con gran facilidad a la represión de la culpa de uno mismo. Debemos perdonar como pecadores que somos, no como justos, por lo que el perdón es más para compartir que para conceder. Todos necesitamos el perdón, porque todos hacemos daño a los demás, aunque algunas veces quizá no nos demos cuenta. Necesitamos el perdón para deshacer los nudos del pasado y comenzar de nuevo. Es importante que cada uno reconozca la propia flaqueza, los propios fallos -que, a lo mejor, han llevado al otro a un comportamiento desviado-, y no dude en pedir, a su vez, perdón al otro. III. Reflexión final Hemos hablado de una labor interior auténtica y dura. No podemos negar que la exigencia del perdón llega en ciertos casos al límite de nuestras fuerzas. ¿Se puede perdonar cuando el opresor no se arrepiente en absoluto, sino que incluso insulta a su víctima y cree haber obrado correctamente? ¿Puede una madre perdonar jamás al asesino de su hijo? Podemos perdonar, por lo menos, a una persona que nos ha dejado completamente en ridículo ante los demás, que nos ha quitado la libertad o la dignidad, que nos ha engañado, difamado o destruido algo que para nosotros era muy importante? Quizá nunca será posible perdonar de todo corazón, al menos si contamos sólo con nuestra propia capacidad. Pero un cristiano cuenta, además, con la ayuda todopoderosa de Dios. "Con mi Dios, salto los muros," canta el salmista. Podemos referir estas palabras a los muros que están en nuestro corazón. Con la ayuda de buenos amigos y, sobre todo, con la gracia de Dios, es posible realizar esta tarea sumamente difícil y liberarnos a nosotros mismos. Perdonar es un acto de fortaleza espiritual, un gran alivio. Significa optar por la vida y actuar con creatividad. Sin embargo, no parece adecuado dictar comportamientos a las víctimas. Hay que dejar a una persona todo el tiempo que necesite para llegar al perdón. Si alguien le acusara de rencorosa o vengativa, engrandaría su herida. Santo Tomás de Aquino, el gran teólogo de la Edad Media, aconseja a quienes sufren, entre otras cosas, que no se rompan la cabeza con argumentos, ni leer, ni escribir; antes que nada, deben tomar un baño, dormir y hablar con un amigo(20). En un primer momento, generalmente no somos capaces de aceptar un gran dolor. Antes que nada, debemos tranquilizarnos, aceptar que nos cuesta perdonar, que necesitamos tiempo. Seguir el ritmo de nuestra naturaleza nos puede ayudar mucho. No podemos sorprendernos frente a tales dificultades, tanto si son propias, como si son ajenas. Si conseguimos crear una cultura del perdón, podremos construir juntos un mundo habitable, donde habrá más vitalidad y fecundidad; podremos proyectar juntos un futuro realmente nuevo. Para terminar, nos pueden ayudar unas sabias palabras: "¿Quieres ser feliz un momento? Véngate. ¿Quieres ser feliz siempre? Perdona."

Notas 1. Se ha destacado que la justicia, junto con la verdad, son los presupuestos del perdón. Cfr. JUAN PABLO II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz Ofrece el perdón, recibe la paz, 1-I-1997. 2. Mt 5,38. 3. M. SCHELER, Das Ressentiment im Aufbau der Moralen, en Vom Umsturz der Werte, Bern 5 1972, pp.36s. 4. P. RAYBON, My First White Friend, New York 1996, p.4s. 5. Cfr. D. von HILDEBRAND, Moralia, Werke IX, Regensburg 1980, p.338. 6. A. KOLNAI, Forgiveness, en B. WILLIAMS; D. WIGGINS (eds.), Ethics, Value and Reality. Selected Papers of Aurel Kolnai, Indianapolis 1978, p.95. 7. Cfr. S. WIESENTHAL, The Sunflower. On the Possibilities and Limits of Forgiveness, New York 1998. Sin embargo, la cuestión del perdón se presenta abierta para este autor. Cfr. IDEM, Los límites del perdón, Barcelona 1998. 8. P. LEVI, Sí, esto es un hombre, Barcelona 1987, p.186. Cfr. IDEM, Los hundidos y los salvados, Barcelona 1995, p.117. 9. Se suele atribuir esta frase al filósofo estoico Epicteto, que era un esclavo. Cfr. EPICTETO, Handbüchlein der Moral, ed. por H. Schmidt, Stuttgart 1984, p.31. 10. El odio no se dirige a las personas, sino a las obras. Cfr. Rm 12,9. Apoc 2,6. 11. A. CAMUS, Carta a un amigo alemán, Barcelona 1995, p.58. 12. Cfr. M. CRESPO, Das Verzeihen. Eine philosophische Untersuchung, Heidelberg 2002, p.96. 13. J. PIEPER, Über die Liebe, München 1972, p.38s. 14. Cfr. ibid., p.47. 15. S. Kierkegaard, Die Krankheit zum Tode, München 1976, p.99. 16. R. SPAEMANN, Felicidad y benevolencia, Madrid 1991, p.273. 17. Pero también existe un no querer ver, una ceguera voluntaria. Cfr. D. von HILDEBRAND, Sittlichkeit und ethische Werterkenntnis. Eine Untersuchung über ethische Strukturprobleme, Vallendar 3 1982, p.49. 18. Cfr. V. JANKÉLÉVITCH, El perdón, Barcelona 1999, p.144. 19. A. CENCINI, Vivir en paz, Bilbao 1997, p.96. 20. Cfr. TOMÁS DE AQUINO, Summa theologiae I-II, q.22

 

 

La Iglesia en tiempos difíciles (I) 

Jesús Ortiz López 

photo_cameraCardenal Robert Sarah.

Durante estos meses, la Iglesia está haciendo un gran esfuerzo por sostener la esperanza de todos, en particular de los miles de personas infectadas, implorando con insistencia el final de la pandemia. No solo orando sino atendiendo a los enfermos y sus familiares, con sufragios por los difuntos, y movilizando a tantos voluntarios para recoger y suministrar alimentos a familias necesitadas.

Buena parte de la sociedad reconoce hoy ese servicio de la Iglesia a creyentes y no creyentes. Sin embargo muchos llevan tiempo desconcertados por voces que piden cambios en la doctrina, en la moral sexual, y en la vocación de los sacerdotes. No se comprende el celibato, se impulsa la ordenación de hombres casados, o el sacerdocio para las mujeres. Parecen temas distintos pero tienen su tronco común en la realidad del sacerdocio como hombre de Dios llamado a servir a todos.

Polémica artificial

El cardenal Sarah ha tenido varios encuentros con Benedicto XVI, intercambiado idea, inquietudes, y escritos, a la vez que manifiesta que «hemos rezado y meditado en silencio». Fruto de todo ello es un libro breve aunque llamado a influir durante mucho tiempo. Trata sobre el sacerdocio de Jesucristo encarnado en los sacerdotes desde la fundación de la Iglesia[1].

El cardenal Sarah es prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los sacramentos,  y se propone mostrar la naturaleza del sacramento del Orden, precisamente cuando algunos vienen cuestionándolo desde hace décadas. Las ideas y exposición son también del cardenal J.Ratzinger que tanto ha disertado sobre el sacerdocio; y luego, como Benedicto XVI, ha enseñado cómo es la identificación de los sacerdotes con Jesucristo.

Como se recordará esta obra ha nacido con polémica, no tanto por sus autores sino por algún escándalo artificial -una cortina de humo- que impide conocer el contenido. Pues bien, ambos autores escriben desde lo más hondo de sus corazones, porque conocen bien los intentos de acabar con el sacerdocio de la Iglesia católica, rompiendo con la Tradición que procede Jesucristo.

Qué es ser sacerdote católico

Procuraré exponer algunas ideas de fe bien razonada que aportan los autores. La primera parte trata sobre el sacerdocio católico con ideas expresas de Benedicto XVI y Sarah durante esas largas conversaciones, con ánimo de atajar los ataques al sacerdocio. Es una teología que recorre el Antiguo Testamento y la radical novedad del sacerdocio de Jesucristo participado por los ordenados.

Benedicto XVI destaca que el ministerio del Nuevo Testamento no va ligado a la herencia familiar -como ocurría en el Antiguo Testamento con los levitas- sino a un don de Dios, una vocación con un fuerte compromiso de identificación plena con Jesucristo entregado en la Eucaristía, Esposo de su Iglesia, mediante un vínculo indisoluble, que viven también los sacerdotes con el celibato fiel.

En la segunda parte Sarah se adentra en el celibato sacerdotal, cuestionado por algunos como ariete para desarbolar el sacerdocio en la Iglesia. Presenta una mirada eclesiológica y pastoral sobre el sacerdote llamado a amar hasta el fin. Considera que hay un grave enfrentamiento con la doctrina de la Iglesia sobre el celibato que amenaza la continuidad sacramental del amor de Buen Pastor. Junto con Benedicto XVI destaca que la abstinencia sexual no es tanto funcional ni disciplinaria cuanto ontológica, es decir, que está en la naturaleza misma del sacerdocio católico.

El sacerdocio no es un derecho ni una obligación personal o comunitaria sino un don que Dios hace a algunos hombres como ministros suyos, para alimentar a su Pueblo desde la Eucaristía como sacramento fontal; añadiendo que el sacerdote no se limita a confeccionar y administrar los sacramentos sino a transmitir la Verdad de Jesucristo, el alimento de la Palabra, y a ser el Buen Pastor de los fieles. (Continuará). 

 

13 jóvenes entregan su vida por los ancianos: una vocación que sigue atrayendo en pleno siglo XXI

La profesión perpetua de estas 13 jóvenes ha estado marcada por la pandemia de coronavirus / AVAN

Javier Lozano / ReL

Las Hermanitas de los Ancianos Desamparados cuidan a miles de ancianos, muchos de ellos sin recursos, en sus numerosos hogares repartidos por España y otros muchos países. Y así lo llevan haciendo desde el siglo XIX. Y debido a su vocación concreta han sufrido como pocas órdenes los efectos del coronavirus, contra el que han luchado en primera línea. Muchos ancianos se han contagiado y muerto por el virus en sus residencias, al igual que ha ocurrido con las propias religiosas.

Pero a pesar de ello y de una vocación que puede parecer no muy atractiva para mujeres jóvenes esta congregación fundada en España por Santa Teresa Jornet y el sacerdote Saturnino López Novoa en 1873 sigue recibiendo vocaciones.

Jóvenes que cuidan ancianos, una vocación que persiste

De hecho, este pasado domingo trece jóvenes profesaron en Valencia los votos perpetuos como Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Y el coronavirus, que tanto ha marcado a esta congregación estos meses, también tuvo su repercusión en esta importante celebración.

La Eucaristía fue presidida por el obispo auxiliar de Valencia, monseñor Arturo Ros, y se celebró en la capilla de la Casa General de la Congregación situada en Valencia.  Debido a la pandemia el acto se realizó a puerta cerrada y tan sólo estuvieron presentes la comunidad religiosa, los celebrantes y las profesas.

Desde el Arzobispado de Valencia informan que por precaución ante la crisis sanitaria, “no estuvieron presentes los ancianos, ni tampoco los familiares de las profesas, y se cumplieron todas las medidas sanitarias, como el distanciamiento, con los sitios marcados en los bancos, y el uso de mascarillas”.

Profesas entre 25 y 30 años de edad

Las trece jóvenes profesas tienen entre 25 y 30 años. Se trata de jóvenes  de Perú, México, Bolivia y Brasil.  Son sor Guicela, sor Merly, sor María Lires, sor Jacinta, sor Bertha, sor Yeny, sor Rosa Bertha, sor Lourdes, sor Graciela, sor Mariana, sor Heidy Paola, sor Dirce Andrea y sor Fabiana Nayara.

Esta profesión de los votos perpetuos de estas jóvenes religiosas había sido aplazada debido a la pandemia por lo que se ha realizado “únicamente en Valencia, donde las profesas han realizado su último año de formación antes de los votos perpetuos; y no en las provincias religiosas de sus países de origen, como se hace habitualmente para que los familiares puedan asistir”.

Religiosas que cuidan a más de 20.000 ancianos

En el rito de profesión que se celebró en la Eucaristía cada joven fue llamada y solicitaron a Dios y a la Iglesia “servir a Jesucristo esposo de las vírgenes y, por su amor, a los ancianos desamparados”.

Tras la homilía, las treces religiosas respondieron a la pregunta sobre su consagración para a continuación postrarse y escuchar las letanías. Finalizadas las letanías, cada joven “se acercó a la Madre Superiora y leyó la fórmula de profesión, escrita de su propia mano”, después de lo cual firmó en el altar el documento. Terminada la profesión, las religiosas “se pusieron de rodillas y el celebrante les impuso la bendición solemne”.

Posteriormente, recibieron las coronas, “símbolo de la unión con Jesucristo en el amor y en el sacrificio”, tras lo cual la Superiora declaró solemnemente que las nuevas profesas formaban ya parte de la congregación.

Las Hermanitas de los Ancianos Desamparados es una de las congregaciones femeninas con más números de miembros. En estos momentos cuentan con más de 2.200 religiosas y en estos meses de pandemia se ha mostrado su entrega atendiendo a más de 20.000 ancianos sin recursos en 204 asilos y residencias de Europa, Iberoamérica, África y Asia. Decenas de ellos se encuentran repartidos por toda la geografía española. En ellos se ha librado una dura batalla contra el coronavirus y las religiosas y restos de trabajadores han cuidado de los ancianos acompañándolos a muchos en el tránsito hasta la otra vida.

El carisma de entrega a los ancianos

Las hermanitas de los Ancianos Desamparados explican así su carisma: “Nuestro fin específico es el ejercicio constante de la virtud de la caridad cristiana en los ancianos más vulnerables, acogiéndolos en un ambiente de familia y atendiendo todas sus necesidades: materiales, de afecto y espirituales. Queremos, en el día a día, hacer vida la consigna que nos dejó santa Teresa Jornet: ‘Cuidar los cuerpos para salvar las almas’.

Una religiosa de la congregación, junto a los trabajadores de uno de los hogares, celebra haber acabado con el coronavirus en la residencia

“El Corazón de Jesús arde en llamas de purísimo amor. Con este amor purísimo es necesario que tratemos siempre a nuestros ancianos, interesándonos muchísimo de su bienestar temporal y eterno”, explicaba santa Teresa Jornet, fundadora de la congregación.

Esta congregación nació en Barbastro (Huesca) en 1873 gracias al sacerdote Saturnino López Novoa, que descubrió este carisma a través del contacto con los pobres en el ejercicio de su ministerio sacerdotal. Éste toma un impulso definitivo en el año 1872 cuando en los primeros días de enero, acoge en su casa a una anciana enferma, la señora Antonia, que  vivía sola, abandonada, y fallecerá envuelta en los cuidados que requería su estado, el día 7 de abril de ese mismo año en la casa de Saturnino.

Teresa Jornet  pasó accidentalmente por Barbastro, donde conoció al sacerdote Pedro Llacera. Éste, con amplia experiencia en la labor pastoral, descubrió en una primera conversación con Teresa Jornet sus valores excepcionales. Le expuso el proyecto de la nueva fundación que llevaba en mente don Saturnino,  gran amigo suyo,  y le invitó a integrarse en ella. Teresa sintonizó plenamente con la iniciativa del religioso y, en el servicio al anciano necesitado encuentra el camino para llevar a cabo sus aspiraciones de entrega total a Dios.

Las primeras jóvenes se unieron a esta incipiente obra y poco después Teresa Jornet fue nombrada superior del grupo. El 27 de enero de 1873, con la vestición del hábito de hermanitas de aquel grupo de 10 jóvenes en la iglesia del seminario de Barbastro (Huesca), quedará registrado en la historia como  la fecha de fundación de la Congregación de Hermanitas de los Ancianos Desamparados. El 8 de mayo de 1873, acompañadas de D. Saturnino llegan a Valencia solicitadas por la Asociación de Católicos, ciudad a la que la orden ha quedado unida.

 

Sacramento del Matrimonio

Ángel Cabrero Ugarte

Boda

Tenía un aspecto muy juvenil, pelo muy largo -modelo pandemia- y le pregunté si vivía con sus padres. Con una sonrisa divertida me enseñó el anillo y me dijo, estoy casado. En medio de tanta confusión como existe hoy para expresar los diversos modos de arrejuntamientos, oír, así de claro y deslumbrante, estoy casado, me produjo una gran alegría. Añadió el muchacho: mi mujer está embarazada.

Hoy en día esto no es fácil de encontrar, por desgracia. Un porcentaje bastante alto de los que se acercan a la parroquia para prepararse para el matrimonio llevan ya años conviviendo. Y esos son los que deciden, al fin, casarse por la Iglesia.

A este respecto el nuevo libro de Scott Hahn –“La primera sociedad”- me ha parecido clarividente. Desde su punto de vista de experto en Sagrada Escritura -sin olvidar su condición de padre de familia numerosa- parte de una idea muy patente en el Antiguo Testamento: la base de la paz social está en la familia, como primera sociedad, apoyada en el matrimonio estable. Sin estabilidad en el matrimonio la sociedad está troceada, desecha.

“Cada individuo pertenecía a una familia, formada por varias generaciones que vivían juntas. Cada familia pertenecía a un clan, que compartía un antepasado común. Y cada clan pertenecía a una tribu que descendía de los doce hijos de Jacob del libro del Génesis. Este era el principio organizativo de la vida. Estar fuera de este sistema -es decir, carecer de vínculos familiares- equivalía en la práctica a no ser nadie” (p. 79). Era una seguridad, y eso aún teniendo en cuenta que se admitía el repudio y el divorcio.

Sabiendo que hoy apenas hay alguna legislación civil que impida el divorcio, que se admite, sin más, la convivencia de no casados, que hasta en las iglesias cristianas no católicas también se admite el matrimonio a prueba -ortodoxos- el divorcio o cosas parecidas -en las protestantes-, no es raro que haya mucha gente, sobre todo jóvenes, que no les cabe en la cabeza la idea de indisolubilidad. Es muy complicado explicar, incluso a muchachos de misa dominical fija, de devoción cristiana diaria, que el matrimonio no se termina nunca.

“La adopción del mantra de la libertad en el sexo y el matrimonio ha generado (por enumerar únicamente algunas consecuencias) la proliferación de las rupturas familiares, la normalización de la pornografía, la aceptación de toda clase de actos y deseos desordenados y un profundo sentimiento de alienación y soledad que se apodera de modo especial de las comunidades más jóvenes y frágiles” (p. 106). Es un tono social, es lo que se vive en Occidente, y lo que desconcierta a gentes venidas de países africanos, por ejemplo, con unas tradiciones familiares totalmente distintas, naturalmente más correctas.

Hay que abundar, hay que explicar, hay que ayudar a los casados, de todas las edades, porque las circunstancias sociales son más complicadas. Y es necesario hacer ver que el matrimonio es un sacramento, que los cristianos necesitamos de los sacramentos, la Eucaristía, la Penitencia, de un modo habitual. El matrimonio una sola vez en la vida, pero que aporta, como tal sacramento que es, la gracia para fortalecer a los esposos.

La solución para tantos problemas en las familias es la ayuda de la gracia, que nos llega por los sacramentos. No podemos olvidarlo nunca.

 

 

Origen de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús

 

La difusión de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se debe a santa Margarita María de Alacoque, religiosa de la Orden de la Visitación, a quien Jesús se le apareció e hizo promesas

 

Junio – Mes del Sagrado Corazón

Mira este corazón mío, que a pesar de consumirse en amor abrasador por los hombres, no recibe de los cristianos otra cosa que sacrilegio, desprecio, indiferencia e ingratitud, aún en el mismo sacramento de mi amor. Pero lo que traspasa mi Corazón más desgarradamente es que estos insultos los recibo de personas consagradas especialmente a mi servicio.”

Insistentemente, los Santos Padres han recomendado que la humanidad intensifique el culto que presta al Sagrado Corazón de Jesús a fin de que, regenerado el hombre por la gracia de Dios y comprendiendo que debe ser Dios el centro de sus afectos, pueda reinar nuevamente en el mundo aquella tranquilidad del orden, de la cual más distante estamos, cuanto más el mundo desciende por la anarquía.

Las promesas del Sagrado Corazón de Jesús

Jesús prometió a Santa Margarita de Alacoque, que si una persona comulga los primeros viernes de mes, durante nueve meses seguidos, le concederá lo siguiente:

Les daré todas las gracias necesarias en su estado de vida.

 

Sagrado Corazón: un perdón misericordioso y amplio

 

  • Estableceré la paz en sus hogares.
  • Los consolaré en todas sus aflicciones.
  • Seré su refugio en su vida y sobre todo en la muerte.
  • Bendeciré grandemente todas sus empresas.
  • Los pecadores encontrarán en Mi Corazón la fuente y el océano infinito de misericordia.
  • Las almas tibias crecerán en fervor.
  • Las almas fervorosas alcanzarán mayor perfección.
  • Bendeciré el hogar o sitio donde esté expuesto Mi Corazón y sea honrado.
  • Daré a los sacerdotes el don de tocar a los corazones más empedernidos.
  • Los que propaguen esta devoción, tendrán sus nombres escritos en Mi Corazón, y de El, nunca serán borrados.

Nueve primeros viernes:

“Yo les prometo, en el exceso de la infinita misericordia de mi Corazón, que Mi amor todopoderoso le concederá a todos aquellos que comulguen nueve primeros viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final; no morirán, en desgracia ni sin recibir los sacramentos. Mi divino Corazón será su refugio  seguro en este último momento”.

 

 

GENIOS        

                    Lo que desconcierta, ¿es anormal?

      Nos acomodamos a una normalidad que no suponga riesgos, ni aventuras, ni sobresaltos. Aunque sabemos que todos somos distintos, nos gusta percibir que todos somos iguales. Porque nos hemos acostumbrado a una normalidad normal. Ni las personas ni la sociedad estamos preparados para afrontar lo inesperable. Cualquier cosa que nos saque de la rutina, nos rompe los esquemas mentales. Tendemos a olvidarlo.

      El sabio naturista Joaquín Araújo ha dicho: "estamos aterrorizados por un virus, debería aterrarnos nuestro estilo de vida". Hoy, tras "la crisis" mundial, la mayoría  suspira por "volver a la normalidad" cuanto antes.

       Pero la vida cuando sorprende, por la razón o la causa que sea, pide que "se asuma lo diferente" y su enseñanza porque la "anormalidad" representa una oportunidad. Al tomar consciencia, se descubre una posibilidad de crecimiento y de progreso, tanto para las personas, como para la sociedad. Araujo lo resumía así: "tendríamos que ser capaces de aprovechar el momento para decir que esta suerte de freno es una grandísima oportunidad".

       En los meses que llevamos de este año hemos podido pensar más en los demás, en el trabajo, el esfuerzo de quienes han luchado contra la enfermedad, en los enfermos, en la soledad y el dolor. También en las "familias especiales", en las que tienen hijos con enfermedades "raras", o con "capacidades especiales".

       Me indignó, que la gente desde su balcón, su ventana o su terraza, insultara a una madre que salió a pasear con su hijo, durante el confinamiento. Tal vez ignoraban y no soportaban que ese niño, fuera distinto de sus hijos y saliera, cuando no se podía.  Tal vez luego supieron que el chaval en cuestión sí era "especial", era autista.

              De eso voy a hablar, porque me vino a la memoria, Sonya, la rusa.  العناية بالبشرة Sí, la que  no podía hablar, ni comer, ni escribir de manera independiente. Era diferente. Tenía un espectro autista (TEA), con deficiencias en la comunicación e interacción social. ¿Supone eso una capacidad menguada de la percepción? No necesariamente. En algunos casos puede tener una capacidad superior a "lo normal".

        Hemos convertido en un refugio-parapeto "lo normal" y palabras afines. Y gracias  al libro María y yo, y al documental, conocemos algo de la verdad sobre el autismo, por Miguel Gallardo y las imágenes de Félix Fernández de Castro.

          También a Sonya, sus padres la apoyan para realizar sus tareas diarias de forma incondicional.  Ella es un ser humano extraordinario, que percibe la diferencia con los demás, y quisiera poder cambiar, hacer algunas cosas que le gustan y otros hacen. Es su lucha: "deseo aprender a hablar y cantar"; "¿cómo hago las paces con el mundo?".

       1) Normal, habitual, común, general.

      Según la RAE "normalidad" es la "cualidad o condición de normal". Sería lo que se ajusta a "valores medios". Sería "la conducta más habitual": un criterio numérico, en que cuenta la suma, "la mayoría estadística". Lo común, lo general.

      Sin embargo para Freud tenía un toque de imaginación. Para él la conducta normal tiene algo de la inestabilidad emocional, (psicosis-neurosis), que no niega la realidad y sin embargo se esfuerza en transformarla. Es la persona, que vive y siente, ¡no un número!

      El autismo, es un drama humano, para quien lo vive. Para su familia y el entorno social es una sorpresa y un aprendizaje, que durará toda una vida.

      De hecho, un día, cuando Sonya tenía 7 años, su madre le dio un papel y un lápiz y al tocar la mano de la niña...empezó a escribir. Tanto los médicos como la familia estaban asombrados, no podían explicarlo. Así que le preguntaron ¿cómo sabía escribir? Ella simplemente anotó en un papel: "siempre lo he sabido".

      Tanto por ese hecho como lo que escribía,  demostraba una mente despierta y una inteligencia lúcida,  النمش imaginativa, incluso poética. Dicen que un día la profesora, con niños de entre los 8 y los 10 años, puso a toda la clase una tarea, Les ponía una palabra y debían describir, de forma breve su definición. Hemos podido conocer esa tarea y la respuesta de la niña.

Aventura: “ese extraño acontecimiento que te cambia a ti y al mundo que te rodea”.

Africano: “el mejor compañero con el que explorar la noche”.

Mariposa: “el signo principal de la felicidad del verano”.

Viento: “aire al que no le gusta descansar”.

Verso libre:“un verso que no puede obedecer las leyes de la métrica y no sentirse peor”.

Pecado: “costra en el alma, que separa al hombre de Dios”.

Infancia: “amanecer del destino de la vida humana”.

Alma: “un vacío en el hombre llenado por Dios o Satanás”.

Vida: “un soplo de la generosidad de Dios en su naturaleza creadora”.

Lluvia: “los agujeros en el fondo del río”.

Libro: “cosa que puede salvar el conocimiento y los sentimientos de la gente en el tiempo”.

Emboscada: “un secreto con malas intenciones por aquellos que están esperando”.

Villano: “el que hace el mal, porque él lo quiere”.

Conocer: “satisfacer diferentes concepciones del mundo, o incluso diferentes mundos”.

Improvisación:“Imaginación con palabras, sonidos y colores para obtener rápidamente algo nuevo”.

Barco: “casa de transporte para vivir en el agua”.

Gato: “símbolo de la confortable independencia”.

Ala: “la característica principal de todo lo que puede volar”.

Música: “una mezcla armoniosa de sonidos y emociones”.

Noche: “paraguas negro con estrellas”.

Cuento: “una vida que se inventa el alma cuando no se adapta a la suya”.

Risa: “doctor para el alma triste”.

Perro: “ladrador leal y obediente”.

Hombre: “un ser vivo que tiene la inteligencia, el habla, manos expertas y la capacidad de decidir cómo utilizar todo”.

Superación: “esfuerzo del alma, en el que la mente y el cuerpo hacen frente a todo tipo de obstáculos”.

Museo: “tiempo en conserva”.

Pensamientos: “después del amor, fuerza más poderosa en el mundo”.

Clima: “el estado de ánimo de la naturaleza”.

 

 https://youtu.be/jE6jhrTjETk

      Cada niño es un mundo, pero el mundo de un niño autista, es especial. البشرة الحساسة El lector se puede preguntar... ¿Cómo sabía escribir? ¿Son respuestas normales? ¿No revelan una mente ágil, aguda, imaginativa, que obligan a replantearse el concepto de normalidad o de anormalidad? En todo caso, sus cualidades son únicas. ¿De dónde proceden? Son definiciones grandiosas de la vida, del mundo, de la infancia, de los elementos y acontecimientos que nos rodean, desde los ojos de una niña con autismo. Como ha escrito muchas veces, "es muy caro el precio" de ser diferente y muda.

"El fuego se quemaba, y la llama cantaba

sobre el Sol y sobre el orgullo de la gente.

Y mi cabeza se quemaba

de la amargura de los días que había vivido...

Y lloro yo. Ya que es muy caro,

el precio del silencio. Dios, da las palabras!"

 

https://elcultural.com/La-poetica-del-autismo.

      Sonya Shalatova ya tiene 25 años y cuenta en facebook.  Desde los 7 años ha estado escribiendo y sigue escribiendo poesía. Sigue soñando.

https://www.facebook.com/sonya.shatalova

 "Quiero tocar el sueño con mi mano

Pero el sueño tiene su manera

En un sueño no hay ansiedad

Y donde hay ansiedad no hay sueño...

Una enferma desesperada."

 

        El 17de enero de 2019 escribió un poema que comenzaba así: "Vi una mañana donde no hay amanecer/Conocí la noche sin oscuridad".  

        No es extraño que muchos, desde hace años, se hayan fijado en ella, no para saber más, sino para hacer que se la conozca y difundir su caso por si puede ayudar a otras personas con autismo y a sus familias.

         2) Documental ruso, "In Aut", una metáfora sobre el autismo.

       Los autores del documental, Nikita Tikhonov-Rau y Olga Arlauskas, muestran un relato acerca de Sonia Shatalova,  que pone en valor que la chica autista y muda, en base a sus poemas, sacan a relucir su riquísimo mundo interior. Por contraste, nos hacen replantearnos cuestiones sobre nuestra propia forma de vivir y ver el mundo.

         Como ella no puede hablar, una voz en off, gracias a sus escritos, cuenta la vida desde su punto de vista lúcido, sin escatimar ni ocultar conceptos, sean filosóficos o metafísicos.

         Ni el mundo del consumo, ni la lógica racionalista priman para nada, porque ella desde su interior desvela un universo de sensibilidad y emoción, de lirismo y trascendencia. Su poesía y sus descripciones muestran las infinitas capacidades humanas y la belleza y bondad de la naturaleza. Por todo, incluso desde el ser desconcertado y desde dentro, se acerca a la idea de Dios.

         Es un espejo, en el que aparece la cuestión de por qué las personas nacidas sin taras físicas no son más capaces de disfrutar de la vida. La metáfora del autismo y otras discapacidades, es, que plantea una serie de cuestiones sobre nuestra forma de vivir. العناية بالبشرة Lo cual obliga a reflexionar sobre "la normalidad" y descubrir "un viaje fascinante para nuestra propia extrañeza, ante un mundo tan hermoso y tan cruel al mismo tiempo".

https://youtu.be/iZyNq9tfHZQ

       En el fondo, ¿para qué vivimos? "Sonya nos ha respondido a la pregunta. Es doblemente sorprendente que venga de una persona minusválida e incapaz de hablar.  La autista, nos cuestiona, nos deja fuera de juego. Por eso los autores han empleado el juego de palabras en el mismo título, "en vez de In Out, en inglés, pusimos  In Aut, por el autismo".

 

       Si para la aragonesa, Irene Vallejo, cabe "El infinito en un junco", si el mundo entero cabe en la mano de un niño ¿cómo no va a caber la inmensa Sonya Shatalova, que es muda, pero escribe y es poeta, en el pequeño documental IN AUT?

 

       De todos modos, es un homenaje al niño autista español y su mamá que salieron a la calle, a pesar de la incomprensión de muchos conciudadanos. Los más de 2.116  registros de personas con TEA, merecen un recuerdo y un respeto.

 

        Aunque tenga unos años, el documental no es una ficción, es real, merece la pena, es  "pura vida" y mejora con el tiempo. Dejo aquí,  IN AUT, el tráiler en español.

IN AUT Spanish TRailer

https://youtu.be/SDmqHKWW

José Manuel Belmonte

 

 

S.O.S., mi hijo no quiere salir a la calle

FamilyOn.es - 01.06.2020

 

Foto: freepik

 

En la mayoría de los países llevamos alrededor de dos meses confinados y ya en algunas partes han comenzado a flexibilizar la salida de los niños, sin embargo, se ha presentado algo que no esperábamos: muchos chicos no quieren salir de casa: ¿Es normal? ¿Debemos preocuparnos? ¿Es algo pasajero? ¿Tenemos que hacer algo las madres y padres para revertir la situación? Para responder a esto, compartimos la siguiente entrevista con la psicóloga infantil Silvia Álava Reyes, publicada en FamilyOn

 

***

 

Silvia, nos escriben muchas madres y padres diciéndonos que sus hijos no quieren salir a la calle, que prefieren quedarse jugando en casa. ¿Es algo normal? ¿Cuándo debemos preocuparnos?

 

Los niños acusan mucho más los cambios que los adultos, sin embargo, su capacidad de adaptación es mucho mayor. Por eso, algunos niños y niñas prefieren quedarse en casa jugando, como han estado haciendo estas últimas semanas, a salir a la calle. En esta situación es muy importante averiguar el porqué, dado que no es lo mismo que el motivo sea que están a gusto y cómodos en casa jugando, a que sea porque les da pereza o porque tienen miedo. En cada caso habría que ir trabajando la situación para ir “activándoles”, pero especialmente en el caso de que tengan miedo.

 

¿Cuáles son los principales motivos por los que los niños prefieren quedarse en casa? ¿Miedo, comodidad, se han adaptado a la situación y no la quieren cambiar?

 

Los niños pueden no querer salir de casa por múltiples motivos: desde “me da pereza”, “quiero quedarme jugando”, o “prefiero estar con la consola, viendo la tablet…” a “me da miedo contagiarme o ponerme malo”.

 

También puede ser que no vean atractivo el plan de salir a la calle, dado que no pueden ir al parque, ni jugar con amigos… ya que hay que cumplir de forma estricta las medidas de seguridad… Es muy importante preguntarles qué les ocurre. Mientras en los dos primeros caso intentaremos animarles a que salgan y si fuese necesario, incluso podemos ponernos más firmes, para que les de el aire y hagan algo de ejercicio; cuando los niños tienen miedo no deberíamos forzarles a salir hasta que estén preparados.

 

¿Cómo podemos ayudar las madres y padres a nuestros hijos si han desarrollado miedo a salir de casa a causa del virus?

 

Si nuestro hijo o hija tiene miedo lo primero que tenemos que hacer es validar su emoción. Eso implica decirle: “entiendo que tengas miedo”. Todas las emociones son lícitas, sentimos lo que sentimos y nadie debe de juzgarlo. Decirle: “no tengas miedo” no es un buen comienzo, dado que, si él o ella tiene miedo, no se sentirá comprendido.

 

Un buen inicio para comenzar el acercamiento y abrir un punto de encuentro podría ser: “entiendo que tengas miedo. مكياج البشرة الحساسة Es normal tener miedo, porque llevamos mucho tiempo escuchando que hay que tener mucho cuidado con el coronavirus y que nos podemos infectar o contagiar a los demás. Sin embargo, si salimos con cuidado, con mascarilla, no tocamos nada… no nos va a pasar nada”.

 

En estos casos no conviene obligarles a salir, pero sí que pueden ver como sus hermanos salen, y que nosotros salimos a dar un pequeño paseo. A la vuelta podemos contarles nuestra experiencia, que hemos ido con mucho cuidado y que no nos ha ocurrido nada…

 

Les invitaremos a salir cada día, esperando a que se animen. Una vez dado el primer paso, iremos poco a poco, al principio sólo daremos una vuelta a la manzana, después un poco más lejos… y por supuesto, siempre cumpliendo las medidas de seguridad.

 

Y si la causa de no querer salir a la calle no es el miedo, sino que se han adaptado a la situación y les resulta cómoda, ¿qué debemos hacer los padres? ¿Obligarles a salir es una solución?

 

En el caso de que no salgan por vaguería o comodidad, sí que hay que actuar de otra forma. Quizás el primer día les dejaremos en casa, pero con la firme promesa de que al día siguiente saldrán, y como ya están avisados, ese día tendrán que cumplir su compromiso. Es bueno que los niños se muevan y que les de el aire fresco. No olvidemos los beneficios del ejercicio físico, de la luz del sol, de oxigenarse, tanto a nivel físico como “intelectual”, viendo otras cosas, otras situaciones, a otras personas…

 

Salir a la calle no es sinónimo de jugar con otros niños, de hecho, esto no está permitido aún. ¿Qué consecuencias puede tener este aislamiento social forzado para los niños?

 

Nunca habíamos vivido una situación como esta. Sabemos que los niños que han pasado cuarentenas registran niveles medios de estrés postraumático cuatro veces superiores a los que no han estado en cuarentena y que los efectos negativos de la cuarentena son significativamente mayores si esta dura más de 10 días. Teniendo en cuenta estos datos y con los resultados preliminares sobre el efecto que está teniendo el confinamiento en los menores a nivel emocional (más ansiedad, estrés post traumático, depresión, dificultades de concentración…) podemos pensar que la situación con los menores puede llegar a ser complicada.

 

Quizás tanto tiempo sin convivencia con sus iguales puede llegar a afectar al desarrollo de sus habilidades sociales, por eso es importante procurar que hablen con sus amigos y sobre todo, que los adultos no cedan ante todos sus deseos. Que aprendan a negociar qué vamos a hacer, a qué vamos a jugar… dado que es una de las bases de la interacción social y, a la vuelta, el resto de tus amigos no harán siempre lo que ellos quieran.

 

Con esta situación que estamos viviendo, ha aumentado el tiempo de consumo de tecnología en casi todos los hogares. Los niños no se quedan fuera de esto. ¿Hay riesgo de que vinculen en exceso su ocio a la tecnología y luego no sepan divertirse sin ella?

 

Es normal que durante el confinamiento el tiempo de “pantallas” tanto de los niños como de los adultos se haya incrementado, pero lo que puede llegar a ser malo, no es tanto el uso de pantallas (dentro de unos límites razonables), como el tipo de contenido que se consume.

 

No obstante, no es bueno que a ninguna edad el ocio se reduzca a la tecnología. La vida es mucho más que una pantalla.

 

Es importante que los niñas y niñas disfruten de la compañía de sus familiares, que se rescaten los juegos tradicionales, que puedan hacer ejercicio como parte del ocio y, sobre todo, que no utilicemos las nuevas tecnologías como un “chupete emocional”, es decir, cuando me da miedo enfrentarme a mis emociones o cuando siento emociones desagradables (aburrimiento, miedo, tristeza, ira)…, como no quiero ser consciente de ellas, las intento tapar con el uso de pantallas.

 

La ONG Save the children alerta de que 1 de cada 8 niños sufre estrés a causa del confinamiento. ¿Cómo podemos las madres y padres ayudarles a reducir esa ansiedad o a evitar que la sufran?

 

Para evitar que nuestros hijos sufran lo menos posible durante el confinamiento, recomendaría:

 

1. Observa cómo estás gestionando la situación. Los niños son esponjas y absorben todo lo que ven y, sobre todo, lo que sienten sus adultos de referencia, que principalmente son su padre y su madre.

 

2. Crea un clima de confianza, donde los niños confíen y entiendan que puedan hablar de sus preocupaciones y de lo que sienten. Deja espacios libres de interferencia y elementos distractores.

 

3. Habla de las emociones. Es importante dejar que los niños expresen qué es lo que sienten, y para ello los primeros que debemos de hacerlo somos los adultos. Verbalizar lo que sentimos no implica contarles a nuestros hijos nuestras preocupaciones de adultos, pero sí decirles cuando estamos tristes, alegres, enfadados…

 

4. Valida sus emociones. Por ejemplo, cuando te diga que está triste o le veamos más “apagadillo”, le puedes decir “creo que estás triste, ¿es así? ¿quizás es porque echas de menos a tus amigos? ¿quieres que les hagamos una vídeo llamada?”

 

5. Mantén horarios y rutinas. A los niños saber qué es lo que va a ocurrir en cada momento les da mucha seguridad. Cuándo comemos, cuándo hacemos los deberes, la hora de la ducha… es una forma de darles tranquilidad.

 

6. Intenta mantener la calma. La situación es complicada, y gestionar la incertidumbre muy difícil, sin embargo, si conseguimos tramitarles serenidad será más fácil para todos.

 

7. Pon el foco en lo importante. Lo prioritario durante esta pandemia es atender las necesidades emocionales de nuestros hijos. No tanto que los deberes estén perfectos y el salón limpio y súper recogido.

 

8. Antes de irse a la cama reserva un tiempo para leer un libro y estar tranquilos, nos servirá para bajar el nivel de energía y así conciliar mejor el sueño y también para ofrecerles un nuevo espacio para contar cómo se sienten.

 

9. Practica alguna técnica de relajación, como puede ser la respiración, usar botellas de la calma, meditaciones para niños…

 

10. Haz un diario emocional, en el que puedan escribir lo que sienten cada día, o si son más pequeños que puedan expresarlo a través de un dibujo.

 

 

La familia como lugar educativo

Una de las grandes incertidumbres de este momento histórico, en occidente, tiene que ver con la propia debilidad del sujeto personal, muchas veces carente de vínculos comunitarios y desarraigado de su tradición cultural y espiritual. El protagonismo de la familia como lugar educativo y de transmisión moral también está en juego a la hora de dar solidez al futuro. Y sin embargo estas semanas hemos visto una gran riqueza de iniciativas que nacen de lo que parece una reserva cultural y moral que a veces parece desperdigada y poco visible. Por mucho que los expertos investiguen, no está escrito qué surgirá del dolor y la incertidumbre de estos días. Dependerá de nuestra razón y de nuestra libertad, de si triunfan la frivolidad o la memoria, la búsqueda de la verdad o la cerrazón ideológica.

JD Mez Madrid

 

Santos de la puerta de al lado

Custodios y servidores de la vida son los enfermeros y enfermeras que, mientras administran las terapias necesarias, infunden ánimo, esperanza y confianza. Son esos “santos de la puerta de al lado” de los que tan a menudo habla el Papa Francisco. Personas en continua escucha, encaminada a comprender cuáles son las necesidades de ese enfermo, conscientes de que nunca es suficiente seguir una fórmula, sino que se requiere un continuo y fatigoso esfuerzo para discernir como se debe atender a cada persona de la mejor manera posible.

Son una imagen de la Iglesia “hospital de campaña”, que hoy continúa llevando a cabo la misión de Jesucristo, que se acercó y curó a las personas que sufrían todo tipo de males, y se arrodilló para lavar los pies a sus discípulos y explicarnos, con el ejemplo, que no hemos venido a ser servidos, sino a servir.

Juan García.

 

 

Familia y enseñanza

Familia y enseñanza son los dos grandes ejes sobre los que pivotan la formación del individuo, su forma de pensar, su manera de ser, su sentido de la vida en común y -lo que es más importante- su capacidad de reflexión y su facultad para pensar libremente y elegir el camino  en la búsqueda de la verdad.

Las vías más importantes para transformar una sociedad y para influir decisivamente en la formación de los ciudadanos -en el medio y en el largo plazo-  son la familia y la enseñanza.

Desde siempre, los partidos políticos que lógicamente pretenden conformar la sociedad según sus ideologías, han incidido en esas dos realidades. Familia y enseñanza son los dos grandes pilares y los ejes sobre los que pivotan la formación del individuo, su forma de pensar, su manera de ser, su sentido de la vida en común y -lo que es más importante- su capacidad de reflexión y su facultad para pensar libremente y elegir el camino en la búsqueda de la verdad. Aspectos, todos ellos que implican a la totalidad de la persona.

Quienes además de conformar e influir en la sociedad pretenden una vez conseguido el poder perpetuarse en su ejercicio, saben que la fórmula segura es moldear a los ciudadanos más jóvenes, y por eso más indefensos, y para lograrlo no dudan en quitar de en medio los dos obstáculos que, por su propia esencia, se oponen a esa finalidad: la familia y la enseñanza.

Por eso, debilitar a la familia, hurtar a los padres el derecho a decidir qué educación quieren para sus hijos y colonizar esa educación con argumentos tan falaces como la igualdad de oportunidades, estarán siempre en la agenda de un gobierno socialcomunista.

Además, las ideologías de origen y pensamiento totalitario, marcan en sus acciones una pauta inequívoca: libertad para “hacer”, pero no libertad para “pensar”.

Pedro García

 

 

Necesita más dinero y el gobierno amenaza

 

                           Más que gobierno, lo que padecemos es un desgobierno, por lo inútiles que siguen siendo. Escribí hace muchos años y lo refiero con frecuencia, que… “Como gobiernan estos gobiernos el más tonto de la tribu lo pueden poder de jefe de gobierno, ministro, o alto cargo que sea; simplemente, si necesitan más dinero para sus malgastos, nos imponen nuevos impuestos o suben los que ya soportamos y punto”, está claro que así hasta el más idiota lo pueden sentar en el primer sillón de mando.

 

EL GOBIERNO NECESITA CON URGENCIA 80.000 MILLONES DE EUROS: Esta crisis la pagará usted: Sánchez prepara una subida brutal de impuestos que hará temblar a las clases medias. Veremos una subida entre 2/4 puntos en el IVA y se creará un nuevo tramo de IRPF a partir de 140.000 euros (Periodista Digital 25-05-2020).

            Sólo los inútiles y además tiranos, gobernaron y gobiernan para mantener al pueblo en la miseria, en todos los sentidos que abarca esta palabra hasta llegar a “miserable”. Este tipo de gobernantes, sabe que por poco que les sepa extraer o robar a sus súbditos; a él y los suyos les sobra para vivir principescamente. Pero la historia nos dice que los “burgueses” (hoy denostados como tantas otras cosas) fueron los que lograron eliminar “a los señores de los castillos y dueños de vidas y haciendas”; liberando con ello a aquellos “siervos de la gleba”; así nacieron “las denominadas clases medias”; que sobre la base del comercio, la industria y sus múltiples artes; enriquecieron a la sociedad, hasta llegar a las épocas pasadas y muy recientes y que al menos los que contamos más de sesenta años hemos vivido; pero de nuevo, unas minorías quieren vivir similarmente como aquellos señores, “con siervos de la gleba”; y con las armas con que hoy cuentan, lo van consiguiendo. Reitero pues que de nuevo, hoy, vuelven y de otra forma, a establecerse, “los nuevos señores de horca y cuchillo”, que similares a los que al principio digo, “lo quieren todo para ellos y para los que los sostienen”. El pueblo o mejor dicho, “los pueblos”; incapaces de organizarse civilizadamente, “civilizándose ellos mismos”; siguen siendo, lo que ya escribí”, o sea que… “Veo a España como a un rebaño de mil ovejas, las que un astuto pastor, ayudado por un par de perros bien adiestrados, las llevan estos hacia donde quiere el amo”. Y esto que digo de mi tierra, es trasladable al resto del mundo; y como “el sistema no interesa que cambie”, quedan muchos siglos para que de verdad, exista equidad y justicia; “la idiota igualdad que predican los demagogos mercenarios, no existe ni puede existir, simplemente por cuanto el ser humano es diverso y no hay dos iguales”. Y como apenas existe la ayuda al que no sabe; y peor aún, el que no sabe, es que no quiere saber; el resto es la triste realidad que vive la humanidad, estancada en sus miserias.

 

“Sánchez se 'olvida' de los expertos y busca soluciones para acortar la 'desescalada' y no hundir la economía. Calviño, Maroto y González Laya imponen su criterio sobre el mando único de Sanidad ante las alarmantes perspectivas económicas y el aislamiento de España frente al resto de Europa”. (Vozpópuli 26-05-2020)

LA ECONOMÍA NO HAY QUE HUNDIRLA YA ESTÁ HUNDIDA: Al final a los españoles y como siempre indefensos ante los caprichos del gobernante, sólo nos queda el clásico "cachondeo español", pues entender a estos inútiles, en ese constante, "sí pero no", es lo que merecen; esperemos que se cansen de hacer "el tirano" y nos dejen libres para que muramos cuando la Naturaleza mande. No queremos ni salva vidas ni salva patrias, que se vayan todos "a la mierdaaaaa".

 

TRABAJO ASEGURA QUE YA HA RESUELTO EL 98% DE LAS SOLICITUDES: El Gobierno anuncia a bombo y platillo el Ingreso Mínimo Vital mientras miles de trabajadores siguen sin cobrar el ERTE: (Periodista Digital 27-05-2020)

EL INGRESO MÍNIMO: Eso es algo así como, “Tomad hijos míos un poco de pan y algo para acompañarlo”; y no penséis que os hemos arruinado adrede, para luego daros la limosna para que nos lo agradezcáis. Pero sabed que aún esa limosna la vais a pagar vosotros, a través de la inmensa deuda pública que os dejamos no solo a vosotros, sino también a varias generaciones de vuestros descendientes.  اونيلا Y  Nueva prórroga carcelaria para los españoles. No creo que se atreva, ni tampoco el que la traidora oposición se lo consienta, pues ello, ya sería el colmo, o metafóricamente, “limpiarse en los cortinones y dejarnos cornudos y apaleados”.

 

EL EJECUTIVO SE CONTRADICE NUEVAMENTE: El dislate del Gobierno con la apertura al turismo: extranjeros desde el 1 de julio pero madrileños ‘encerrados’. La movilidad de los madrileños estaría limitada hasta el 6 de julio. (Periodista Digital 27-05-2020)

            Vista y sufrida la perversidad de estos mercenarios (no se puede denominar gobierno a lo que no lo es) y como tales, se supone que piensan: “España es rica en demasía”, por poco que se recaude y además contando con la deuda pública a nuestro alcance, nosotros y el resto de ejércitos de políticos y parásitos, cobramos a fin de mes lo que nos impusimos; el resto ¿qué nos importa? Los que hemos arruinado, que se apañen como puedan; y como antes de la Revolución Francesa, dicen que dijo la reina. “Que coman pasteles”, ante el informe del ministro sobre el hambre que pasaba la mayor parte de la población francesa de la época; otro ministro fue más cruel diciendo, “Que coman yerba”; a los dos los guillotinaron; y la cabeza de aquel ministro, rodó por las calles de París, “movida a patada limpia por aquel pueblo ya harto de aguantar”. Lo lamentable es que aquella revolución sirvió para bien poco. Y es que no han aprendido que “Revolución no… Reevolución sí, pero con dos ee”.

 

  Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

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