Las Noticias de hoy 3 Junio 2020

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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 03 de junio de 2020   

Indice:

ROME REPORTS

Vaticano: El Papa publica nuevas leyes sobre transparencia en contratos públicos

El Papa bendice una nueva ambulancia para los pobres de Roma

RESUCITAREMOS CON NUESTROS PROPIOS CUERPOS: Francisco Fernandez Carbajal

“El fuerte sufre, pero resiste”: San Josemaria

El Opus Dei en España durante la década de 1940

Conocerle y conocerte (VII): Buscando la conexión: José Manuel Antuña

Todo sobre el Corazón de Jesús: junio, mes del Corazón de Jesús: Jesús de las Heras Muela

La Virgen María es la siempre Virgen: Rosa Corazón

La reconstrucción del espíritu de Occidente: Salvador Bernal 

VARÓN Y MUJER: ¿NATURALEZA O CULTURA?:  Jutta Burggraf

Dadles vosotros de comer. ¿Dónde está tu hermano? Carta pastoral sobre el paro: +Antonio Cañizares Llovera Arzobispo de Valencia

Reflexión sobre los ancianos: Josefa Romo Garlito

Merkel y Dios: JOSÉ LUIS VELAYOS

Amistad según a que edad: Domingo Martínez Madrid

Pellizquitos de Celaá: Jesús D Mez Madrid

La de ser buenos samaritanos: Pedro García

La tan cacareada información pública : Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Vaticano: El Papa publica nuevas leyes sobre transparencia en contratos públicos

A través de un Motu Proprio

JUNIO 01, 2020 12:33LARISSA I. LÓPEZPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 1 mayo 2020)-. La Oficina de Prensa de la Santa Sede publica hoy el Motu Proprio del Papa Francisco sobre la transparencia, el control y la competencia en los procedimientos de adjudicación de contratos públicos de la Santa Sede y el Estado de la Ciudad del Vaticano.

De acuerdo a una nota difundida por el Vaticano, “la legislación internacional más avanzada en la materia” y el principio inspirador de este nuevo texto “diligencia del buen padre de familia, que desea una gestión eficaz y ética de sus propios recursos, que a la vez favorezca la transparencia, el control y un trato equitativo de la concurrencia real entre quienes desean establecer una relación económica con los entes interesados”.

Se trata de un código único, “que va más allá de las reglamentaciones vigentes en algunas entidades individuales y que ahora se aplica a todos los entes referidos a la Santa Sede y al Estado de la Ciudad del Vaticano”, expone el comunicado.

El texto surge como resultado de un trabajo sinérgico coordinado por la Secretaría de Estado, con los diversos órganos de la Curia Romana, entre ellos el Consejo de Economía, la Secretaría de Economía, la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica y el Gobierno del Estado de la Ciudad del Vaticano.

Este Motu Proprio será promulgado por publicación en L’Osservatore Romano y entrará en vigor dentro de treinta días.

A continuación, sigue la Carta Apostólica en forma de Motu Proprio del Papa Francisco sobre la transparencia, el control y la competencia en los procedimientos de adjudicación de contratos públicos de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano.

***

CARTA APOSTÓLICA EN FORMA DE MOTU PROPRIO DEL SUPREMO PONTÍFICE FRANCISCO

Sobre la transparencia, el control y la concurrencia en los procedimientos de adjudicación de contratos públicos de la Santa Sede y el Estado de la Ciudad del Vaticano

La diligencia del buen padre de familia es un principio general y de máximo respeto, en base al cual todos los administradores están obligados a cumplir con sus funciones. El derecho canónico lo exige explícitamente en relación con los bienes eclesiásticos (c. 1284 § 1 CIC), pero en general es aplicable a cualquier otro administrador.

La economía mundial y una creciente interdependencia han dado lugar a la posibilidad de obtener considerables ahorros como resultado de la operatividad de múltiples oferentes de bienes y servicios. Estas posibilidades deben utilizarse sobre todo en la gestión de los bienes públicos, donde es aún más sentida y urgente la necesidad de una administración fiel y honesta, dado que en este ámbito el administrador está llamado a asumir la responsabilidad de los intereses de una comunidad, que van mucho más allá de los individuales o de los que se derivan de intereses particulares.

Esta necesidad también ha fomentado una reglamentación específica y coherente en el seno de la comunidad internacional, que ya cuenta con principios y normas que inspiran la conducta y muestran la experiencia de los distintos Estados. Es útil referirse a este patrimonio normativo, con sus «buenas prácticas» asociadas, si bien teniendo en cuenta los principios fundamentales y las finalidades propias del orden canónico y la peculiaridad del que atañe al Estado de la Ciudad del Vaticano.

Para permitir una gestión más eficaz de los recursos, he decidido, por tanto, aprobar un conjunto de normas destinadas a favorecer la transparencia, el control y la concurrencia en los procedimientos de adjudicación de los contratos públicos estipulados por cuenta de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano. Con ellas quiero fijar los principios generales y delinear un procedimiento único en la materia, mediante un corpus normativo válido para los diversos entes de la Curia Romana, para las instituciones vinculadas administrativamente a la Santa Sede, para la Gobernación del Estado, así como para las demás personas jurídicas públicas canónicas específicamente individuadas.

Al mismo tiempo, a pesar de su unidad y homogeneidad, esta disciplina contempla aquellas diferencias necesarias entre la Santa Sede y el Estado de la Ciudad del Vaticano que son bien conocidas por el derecho y consideradas universalmente por la praxis jurídica, incluida la internacional, así como las finalidades propias de cada Entidad que, por razón de su único servicio eclesial, está llamada a aplicarlas.

La promoción de una aportación concurrente y leal de los operadores económicos, junto con la transparencia y el control de los procedimientos de adjudicación de contratos, permitirá una mejor gestión de los recursos que la Santa Sede administra para alcanzar los fines propios de la Iglesia (cf. c. 1254 CIC), garantizando a los mismos operadores la paridad de tratamiento y la posibilidad de participar a través de un Registro especial de los operadores económicos y de los procedimientos específicos.

La operatividad de todo el sistema constituirá, además, un obstáculo para los acuerdos restrictivos y permitirá reducir considerablemente el peligro de corrupción de los que están llamados a gobernar y administrar los órganos de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano.

Esta normativa, de carácter sustancial, va acompañada de una normativa procesal destinada a garantizar el recurso a la tutela jurisdiccional en caso de controversias sobre los procedimientos de adjudicación de los contratos públicos o relacionados con los procesos de inscripción o de cancelación del Registro de los operadores económicos.

La especificidad de la materia y el tecnicismo de la normativa sustancial justifican la ampliación de la jurisdicción de los órganos judiciales del Estado de la Ciudad del Vaticano, a los que se atribuye la competencia para conocer las eventuales controversias, aunque se refieran a los entes de la Curia Romana, sin perjuicio de la competencia del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica en caso de conflicto de atribución.

Ahora, pues, habiendo puesto a punto la redacción final de las normas mencionadas, después de haberme consultado y considerado debidamente el conjunto, delibero Motu proprio, cierta ciencia y autoridad soberana, aprobar las normativas contenidas en los textos adjuntos a la presente acta, que se consideran partes integrantes de la misma, que deben observarse en todas sus partes, no obstante cualquier cosa contraria, aunque sea digna de mención particular.

Dispongo que el original de este Motu proprio sea promulgado mediante su publicación en el sitio Internet de L’Osservatore Romano, entrando en vigor treinta días después, y luego publicado en los Acta Apostolicae Sedis.

Dado en Roma, en San Pedro, el 19 de mayo de 2020, el octavo del Pontificado.

FRANCISCO

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Para consultar las Normas Sobre la transparencia, el control y la concurrencia en los procedimientos de adjudicación de contratos públicos de la Santa Sede y el Estado de la Ciudad del Vaticano, en italiano,ir a la siguiente dirección:

http://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino/pubblico/2020/06/01/0315/00705.html

Para consultar las normas de Tutela jurisdiccional en materia de transparencia, el control y la concurrencia en los procedimientos de adjudicación de contratos públicos de la Santa Sede y el Estado de la Ciudad del Vaticano, en italiano,ir a la siguiente dirección:

http://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino/pubblico/2020/06/01/0315/00704.html

© Librería Editorial Vaticana

 

 

El Papa bendice una nueva ambulancia para los pobres de Roma

Domingo de Pentecostés

JUNIO 01, 2020 19:44ROSA DIE ALCOLEAPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 1 junio 2020).- El Papa Francisco bendijo una de las nuevas ambulancias para los pobres de Roma, ayer por la mañana, domingo de Pentecostés, antes de la Celebración Eucarística, ha informado la Limosnería Apostólica este lunes, 1 de junio de 2020.

Se trata de un nuevo regalo del Santo Padre, confiado a la Limosnería Apostólica, a favor de los pobres, en particular de aquellos sin hogar que viven la dificultad de la calle y que buscan refugio alrededor del Vaticano o en recovecos improvisados en Roma.

La ambulancia, con matrícula de SCV (Estado Ciudad del Vaticano), es una de las que se utilizan para la ayuda dentro del Vaticano y ha sido puesto a disposición por el gobernador exclusivamente para asistir y ayudar a los más pobres, que permanecen casi invisibles para las instituciones.

Todos recordamos la triste historia de Modesta Valenti, una anciana sin hogar a la que la ciudad de Roma también le ha dedicado una calle. Fue el 31 de enero de 1983: después de pasar la noche en el frío cerca de la estación de Termini, la mujer se sintió mal.

Algunos transeúntes llamaron a una ambulancia, pero ésta no quiso ayudarla debido a su mala higiene. Durante cuatro largas horas, varios hospitales se desentendieron de la responsabilidad de la operación. Modesta se mantuvo en el suelo, continuando el sufrimiento. Cuando el vehículo de rescate llegó finalmente, estaba muerta. 

La ambulancia acompañará a las demás iniciativas de asistencia médica de la Limosnería Apostólica, ya activas desde hace algunos años, como la de la clínica ambulante móvil, utilizada principalmente para atender a los más pobres y marginados de los suburbios de Roma; o la de la Clínica ambulante “Madre de la Misericordia” que, bajo la columnata de San Pedro, ofrece una intervención médica inicial a las personas sin hogar o sin asistencia sanitaria, y que siguió prestando servicio incluso durante el largo período de bloqueo para la emergencia de la COVID-19.

 

RESUCITAREMOS CON NUESTROS PROPIOS CUERPOS

— Una verdad de fe expresamente enseñada por Jesús.

— Cualidades y dotes de los cuerpos gloriosos.

— Unidad entre el cuerpo y el alma.

I. Los saduceos, que no creían en la resurrección, se acercaron a Jesús para intentar ponerle en un aprieto. Según la ley antigua de Moisés1, si un hombre moría sin dejar hijos, el hermano debía casarse con la viuda para suscitar descendencia a su hermano, y al primero de los hijos que tuviera se le debía imponer el nombre del difunto. Los saduceos pretenden poner en ridículo la fe en la resurrección de los muertos, inventando un problema pintoresco2. Si una mujer se casa siete veces al enviudar de sucesivos hermanos, ¿de cuál de ellos será esposa en los cielos? Jesús les responde poniendo de manifiesto la frivolidad de la objeción. Les contesta reafirmando la existencia de la resurrección, valiéndose de diversos pasajes del Antiguo Testamento, y al enseñar las propiedades de los cuerpos resucitados se desvanece el argumento de los saduceos3.

El Señor les reprocha no conocer las Escrituras ni el poder de Dios, pues esta verdad estaba ya firmemente asentada en la Revelación. Isaías había profetizado4las muchedumbres de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán: unos para eterna vida, otros para vergüenza y confusión; y la madre de los Macabeos confortaba a sus hijos en el momento del martirio recordándoles que el Creador del universo (...) misericordiosamente os devolverá la vida si ahora la despreciáis por amor a sus santos lugares5. Y para Job, esta misma verdad será el consuelo de sus días malos: Sé que mi Redentor vive, y que en el último día resucitaré del polvo (...); en mi propia carne contemplaré a Dios6.

Hemos de fomentar en nuestras almas la virtud de la esperanza, y concretamente el deseo de ver a Dios. «Los que se quieren, procuran verse. Los enamorados solo tienen ojos para su amor. ¿No es lógico que sea así? El corazón humano siente esos imperativos. Mentiría si negase que me mueve tanto el afán de contemplar la faz de Jesucristo. Vultum tuum, Domine, requiram, buscaré, Señor, tu rostro»7. Ese deseo se saciará, si permanecemos fieles, porque la solicitud de Dios por sus criaturas ha dispuesto la resurrección de la carne, verdad que constituye uno de los artículos fundamentales del Credo8pues si no hay resurrección de los muertos, tampoco resucitó Cristo. Y si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación, y vana es también nuestra fe9. «La Iglesia cree en la resurrección de los muertos (...) y entiende que la resurrección se refiere a todo el hombre»10: también a su cuerpo.

El Magisterio ha repetido en numerosas ocasiones que se trata de una resurrección del mismo cuerpo, el que tuvimos durante nuestro paso por la tierra, en esta carne «en que vivimos, subsistimos y nos movemos»11. Por eso, «las dos fórmulas resurrección de los muertos y resurrección de la carne son expresiones complementarias de la misma tradición primitiva de la Iglesia», y deben seguirse usando los dos modos de expresarse12.

La liturgia recoge esta verdad consoladora en numerosas ocasiones: En Él (en Cristo) brilla la esperanza de nuestra feliz resurrección; y así, aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad. Porque la vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el Cielo13. Dios nos espera para siempre en su gloria. ¡Qué tristeza tan grande para quienes todo lo han cifrado en este mundo! ¡Qué alegría saber que seremos nosotros mismos, alma y cuerpo, quienes, con la ayuda de la gracia, viviremos eternamente con Jesucristo, con los ángeles y los santos, alabando a la Trinidad Beatísima!

Cuando nos aflija la muerte de una persona querida, o acompañemos en su dolor a quien ha perdido aquí a alguien de su familia, hemos de poner de manifiesto, ante los demás y ante nosotros mismos, estas verdades que nos inundan de esperanza y de consuelo: la vida no termina aquí abajo en la tierra, sino que vamos al encuentro de Dios en la vida eterna.

II. Toda alma, después de la muerte, espera la resurrección del propio cuerpo, con el que, por toda la eternidad, estará en el Cielo, cerca de Dios, o en el Infierno, lejos de Él. Nuestros cuerpos en el Cielo tendrán características diferentes, pero seguirán siendo cuerpos y ocuparán un lugar, como ahora el Cuerpo glorioso de Cristo y el de la Virgen. No sabemos dónde está, ni cómo se forma ese lugar: la tierra de ahora se habrá transfigurado14. La recompensa de Dios redundará en el cuerpo glorioso haciéndolo inmortal, pues la caducidad es signo del pecado y la creación estuvo sometida a ella por culpa del pecado15. Todo lo que amenaza e impide la vida desaparecerá16. Los resucitados para la Gloria –como afirma San Juan en el Apocalipsis– no tendrán hambre, ni tendrán ya sed ni caerá sobre ellos el sol, ni ardor alguno17: esos sufrimientos que enumera el Apocalipsis fueron los que más dañaron al pueblo de Israel mientras atravesaba el desierto: los abrasadores rayos del sol caían como dardos, se desencadenaba con rapidez la corrupción, y el viento seco del desierto consumía las fuerzas18. Estas mismas tribulaciones son símbolo de los dolores que tendría que soportar el nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia, mientras dure su peregrinación hasta la Patria definitiva.

La fe y la esperanza en la glorificación de nuestro cuerpo nos harán valorarlo debidamente. El hombre «no debe despreciar la vida corporal, sino que, por el contrario, debe tener por bueno y honrar a su propio cuerpo, como criatura de Dios que ha de resucitar en el último día»19. Sin embargo, qué lejos está de esta justa valoración el culto que hoy vemos tributar tantas veces al cuerpo. Ciertamente tenemos el deber de cuidarlo, de poner los medios oportunos para evitar la enfermedad, el sufrimiento, el hambre..., pero sin olvidar que ha de resucitar en el último día, y que lo importante es que resucite para ir al Cielo, no al Infierno. Por encima de la salud está la aceptación amorosa de la voluntad de Dios sobre nuestra vida. No tengamos preocupación desmedida por el bienestar físico. Sepamos aprovechar sobrenaturalmente las molestias que podamos sufrir –poniendo con serenidad los medios ordinarios para evitarlas–, y no perderemos la alegría y la paz por haber puesto el corazón en un bien relativo y transitorio, que solo será definitivo y pleno en la gloria.

En ningún momento debemos olvidar hacia dónde nos encaminamos y el valor verdadero de las cosas que tanto nos preocupan. Nuestra meta es el Cielo; para estar con Cristo, con alma y cuerpo, nos creó Dios. Por eso, aquí en la tierra «la última palabra solo podrá ser una sonrisa... un cántico jovial»20, porque más allá nos espera el Señor con la mano extendida y el gesto acogedor.

III. Aunque sea grande la diferencia entre el cuerpo terreno y el transfigurado, hay entre ellos una estrechísima relación. Es dogma de fe que el cuerpo resucitado es específica y numéricamente idéntico al cuerpo terreno21.

La doctrina cristiana, basándose en la naturaleza del alma y en diversos pasajes de la Sagrada Escritura, muestra la conveniencia de la resurrección del propio cuerpo y la unión de nuevo con el alma. En primer lugar, porque el alma es solo una parte del hombre, y mientras esté separada del cuerpo no podrá gozar de una felicidad tan completa y acabada como poseerá la persona entera. También, por haber sido creada el alma para unirse a un cuerpo, una separación definitiva violentaría su modo de ser propio; pero, sobre todo otro argumento, es más conforme con la sabiduría, justicia y misericordia divinas que las almas vuelvan a unirse a los cuerpos, para que ambos, el hombre completo –que no es solo alma, ni solo cuerpo–, participen del premio o del castigo merecido en su paso por la vida en la tierra; aunque es de fe que el alma inmediatamente después de la muerte recibe el premio o el castigo, sin esperar el momento de la resurrección del cuerpo.

A la luz de la enseñanza de la Iglesia vemos con mayor profundidad que el cuerpo no es un mero instrumento del alma, aunque de ella recibe la capacidad de actuar y con ella contribuye a la existencia y desarrollo de la persona. Por el cuerpo, el hombre se halla en contacto con la realidad terrena, que ha de dominar, trabajar y santificar, porque así lo ha querido Dios22. Por él, el hombre puede entrar en comunicación con los demás y colaborar con ellos para edificar y desarrollar la comunidad social. Tampoco podemos olvidar que a través del cuerpo el hombre recibe la gracia de los sacramentos: ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?23.

Somos hombres y mujeres de carne y hueso, pero la gracia ejerce su influjo incluso sobre el cuerpo, divinizándolo en cierto modo, como un anticipo de la resurrección gloriosa. Mucho nos ayudará a vivir con la dignidad y el porte de un discípulo de Cristo considerar frecuentemente que este cuerpo nuestro, templo ahora de la Santísima Trinidad cuando vivimos en gracia, está destinado por Dios a ser glorificado. Acudamos hoy a San José para pedirle que nos enseñe a vivir con delicado respeto hacia los demás y hacia nosotros mismos. Nuestro cuerpo, el que tenemos en la vida terrena, también está destinado a participar para siempre de la gloria inefable de Dios.

1 Dt 24, 5 ss.  2 Mt 12, 18-27. — 3 Cfr. Sagrada Biblia, Santos Evangelios, 2ª ed., Pamplona 1985, comentarios a Mac 12, 18-27 y lugares paralelos. — 4 Is 26, 19. — 5 2 Mac 7, 23. — 6 Job 19, 25-26. — 7 San Josemaría Escrivá, en Hoja informativa, n. 1, de su proceso de beatificación, p. 5. — 8 Cfr. Symbolo Quicumque, Dz 40; Benedicto XII, Const. Benedictus Deus, 29-I-1336. — 9 1 Cor 15, 13-14. — 10 Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunas cuestiones referentes a la escatología, 17-V-1979.  11 Conc. XI de Toledo, año 675, Dz 287 (540); cfr. Conc. IV de Letrán, cap. I, Sobre la fe católica, Dz 429 (801), etc. — 12 Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración acerca de la traducción del artículo «carnis resurrectionem» del Símbolo Apostólico, 14-XII-1983. — 13 Misal Romano, Prefacio I de Difuntos. — 14 Cfr. M. Schmaus, Teología Dogmática, vol VII, Los Novísimos, p. 514.  15 Rom 8, 20. — 16 Cfr. M. Schmaus. o. c., vol. VII, p. 225 ss.  17 Apoc 7, 16. — 18 Cfr. Eclo 43, 4; Sal 121, 6; Sal 91, 5-6. — 19 Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 14. — 20 L. Ramoneda Molins, Vientos que jamás ha roto nadie, Danfel, Montevideo 1984, p. 41. — 21 Cfr. Dz 287, 427, 429, 464, 531. — 22 Gen 1, 28. — 23 1 Cor 6, 15.

 

“El fuerte sufre, pero resiste”

La fachada es de energía y reciedumbre. –Pero ¡cuánta flojera y falta de voluntad por dentro! –Fomenta la decisión de que tus virtudes no se transformen en disfraz, sino en hábitos que definan tu carácter. (Surco, 777)

3 de junio

El camino del cristiano, el de cualquier hombre, no es fácil. Ciertamente, en determinadas épocas, parece que todo se cumple según nuestras previsiones; pero esto habitualmente dura poco. Vivir es enfrentarse con dificultades, sentir en el corazón alegrías y sinsabores; y en esta fragua el hombre puede adquirir fortaleza, paciencia, magnanimidad, serenidad.

Es fuerte el que persevera en el cumplimiento de lo que entiende que debe hacer, según su conciencia; el que no mide el valor de una tarea exclusivamente por los beneficios que recibe, sino por el servicio que presta a los demás. El fuerte, a veces, sufre, pero resiste; llora quizá, pero se bebe sus lágrimas. Cuando la contradicción arrecia, no se dobla. (Amigos de Dios, 77)

 

 

El Opus Dei en España durante la década de 1940

El Instituto Histórico San Josemaría Escrivá acaba de editar el nº 14 (2020) de la revista 'Studia et Documenta', la publicación que estudia la historia del Opus Dei y su fundador.

ÚLTIMAS NOTICIAS03/06/2020

Sumario completo del volumen 14 de 'Studia et Documenta'


El Instituto Histórico San Josemaría Escrivá acaba de publicar el nº 14 (2020) de la revista Studia et Documenta. Por primera vez, no contiene los “Studi e note” y el elenco bibliográfico que cierra cada número, dos de sus habituales secciones. Un amplio dossier monográfico de nueve artículos ocupa gran parte del espacio y aborda algunos aspectos sobre “El Opus Dei en España durante la década de 1940”.

Estos estudios quieren iluminar cuestiones relevantes en el despliegue institucional del Opus Dei por España, el principal escenario de la Obra en ese tiempo. Solo el último de ellos, redactado por Federico Requena y Fernando Crovetto, trata sobre su primer trasplante internacional entre 1946 y 1949, con la llegada de casi cuarenta de sus miembros, todos españoles, a siete países europeos y americanos.

Actividad pionera, formación de los primeros miembros y cátedras

Los cientos de hombres y mujeres españoles que se sumaron al Opus Dei por entonces sufrieron, en diverso grado, los padecimientos colectivos del resto de sus conciudadanos. Como los artículos permiten apreciar, la historia del Opus Dei en la España de este período –como la de cualquier persona o sujeto colectivo– es una mezcla de dificultades y de fortuna, de fracasos y de triunfos. Y, para esta época inicial de la trayectoria de la institución (y de sus miembros), también de tentativas que cuajaron o se desecharon.

El pórtico de todos los artículos es un conciso retrato sobre el contexto político, social, religioso y cultural de aquella España, un país todavía devastado material y moralmente por la guerra civil, a cargo de Julio Montero-Díaz.

Inmaculada Alva estudia la que llama una “actividad pionera”, la de las primeras “mujeres pioneras” del Opus Dei, al hacerse cargo (aunque no solo) de la atención doméstica de los primeros centros y residencias de estudiantes en Madrid y otras ciudades españolas entre 1942 y 1945. A partir de ricas y sugerentes fuentes, como las cartas entre ellas y los diarios de los centros donde vivían, la autora reivindica que las tareas que el fundador les encomendó significaron para ellas “un descubrimiento que conectaba con sus inquietudes humanas y espirituales y que las lanzaba más allá de lo que una mujer [española] se podía plantear en los años 40”. Su texto defiende que estas mujeres tuvieron un éxito doble: en las residencias y centros de la Obra crearon hogares que hicieron amable y atractivo el Opus Dei, y acometieron por sí mismas actividades ajenas a las que tenían las mujeres de la época en España.

 

El fundador del Opus Dei con varias personas más, en 1940

Prácticamente todas las colaboraciones analizan quiénes eran ese puñado de personas. Los profesores Santiago Casas y Mercedes Montero se preguntan qué tipo de formación recibieron aquellos hombres y mujeres del Opus Dei en esa década, y detallan quiénes acudieron a tales convocatorias. José Luis González Gullón y Francesc Castells se interesan por estudiar las funciones y responsables del gobierno institucional del Opus Dei. Constantino Ánchel y José Luis Illanes tratan sobre quiénes se ordenaron sacerdotes entre 1944 y 1949. Santiago Martínez, qué pensaban los obispos españoles sobre el Opus Dei en esa década. Finalmente, Onésimo Díaz determina que 23 hombres del Opus Dei obtuvieron alguna cátedra entre 1939 y 1951, el 4% del total. La cifra y el porcentaje se aleja del mito construido en los años sesenta sobre las llamadas "opusiciones", que sostenía que una de cada cuatro las habían ganado miembros de la Obra.

En conjunto, los trabajos revelan cómo durante los años cuarenta se consolidó una generación de hombres y mujeres del Opus Dei que fueron unos eficaces colaboradores de los proyectos del fundador. Este pudo disponer de un número creciente de personas valiosas, hombres y mujeres por igual, que se acercaron a su figura, a una institución joven y a un mensaje atractivo que confería un sentido vital potentísimo a su existencia.

 

Actualización de la Biblioteca virtual Josemaría Escrivá: 14.063 registros y 6.995 pdf disponibles en: https://www.unav.edu/web/centro-de-estudios-josemaria-escriva/biblioteca-

En la sección Documenti, Mónica Fuster analiza la correspondencia entre Josemaría Escrivá de Balaguer y el cardenal Federico Tedeschini. Y Enrique de la Lama y Alfredo Méndiz editan el epistolario entre el fundador del Opus Dei y Marcelino Olaechea, un buen amigo suyo que fue obispo de Pamplona y arzobispo de Valencia entre 1935 y 1966.

Finalmente, la sección Notiziario presenta las publicaciones y documentación sobre Guadalupe Ortiz de Landázuri.

 

Conocerle y conocerte (VII): Buscando la conexión

Las palabras que utilizaba san Josemaría al iniciar o terminar su oración pueden también servirnos de guía para la nuestra.

VIDA ESPIRITUAL01/06/2020

· Otros artículos de la serie "Conocerle y conocerte".


En el siglo pasado se habló mucho sobre la supuesta existencia de un teléfono rojo que comunicaba a los dirigentes de dos grandes potencias mundiales, aunque estas se encontrasen a miles de kilómetros de distancia entre sí. La idea de poder hablar inmediatamente con personas tan lejanas causó mucha sorpresa. Todavía eran inimaginables los dispositivos móviles que hoy conocemos. Refiriéndose a este artefacto, en 1972 san Josemaría dijo que nosotros tenemos «un hilo directo con Dios Nuestro Señor, mucho más directo (…). Es tan bueno, que está siempre disponible, que no nos hace aguardar»[1].

Por la fe sabemos que el Señor está siempre al otro lado de la línea. Sin embargo, ¡cuántas veces hemos experimentado dificultades para oírle o para ser constantes en los tiempos de oración que nos hemos propuesto! Algunas personas las expresan diciendo que «no conectan con Dios». Es una experiencia dolorosa que puede conducir al abandono de la oración. Probablemente lo habremos vivido también nosotros. A veces, por mucho empeño que pongamos, incluso habiéndolo hecho durante años, persiste la sensación de no saber hablar con Dios: aunque estamos seguros de tener un hilo directo con él, no conseguimos salir del monólogo interior, no alcanzamos esa intimidad que tanto ansiamos.

El papa Francisco nos alienta a «mantener la conexión con Jesús, estar en línea con Él (...). Así como te preocupa no perder la conexión a Internet, cuida que esté activa tu conexión con el Señor, y eso significa no cortar el diálogo, escucharlo, contarle tus cosas»[2]. ¿Cómo mantenernos despiertos al otro lado de la línea? ¿Qué podemos hacer para que nuestra oración sea un diálogo de dos? ¿Cuál es el camino para, con el paso de los años, seguir creciendo en intimidad con el Señor?

 

Les mira desde la orilla

Después de la Resurrección, los discípulos se trasladan a Galilea porque así se lo había indicado el Señor a las santas mujeres: «Allí me verán» (Mt 28,10). Está amaneciendo. Pedro y Juan, acompañados por otros cinco, reman hacia la tierra después de una noche de pesca infructuosa. Jesús les mira desde la orilla (cfr. Jn 20,4). De manera similar a lo que sucede en aquella escena, al comenzar a orar nos ponemos en presencia de Jesús, sabiendo que él está aguardándonos; nos observa desde la orilla en actitud de espera y de escucha. Imaginar que la mirada del Señor se posa sobre nosotros nos ayudará durante toda la oración. También nosotros queremos mirarle: «Que yo te vea: aquí está el núcleo de la oración»[3]. En el origen del diálogo con Dios, efectivamente, hay uncruce de miradas entre dos personas que se aman: «Mirar a Dios y dejarse mirar por Dios: esto es rezar»[4].

EN TODA BUENA CONVERSACIÓN SE BUSCA SINTONÍA DESDE LOS PRIMEROS MOMENTOS

Pero deseamos también escuchar sus palabras, percibir cuánto nos quiere y conocer lo que desea. Los discípulos no habían pescado nada, pero Jesús les habla, les da instrucciones para que no vuelvan con las manos vacías: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis» (Jn 21,6). Las buenas conversaciones dependen muchas veces de la sintonía que se establece con las primeras palabras. Del mismo modo, los primeros minutos de oración son importantes porque marcan una pauta para los restantes. Empeñarse en comenzar la conversación nos ayudará a mantener vivo el diálogo posterior con más facilidad.

Hasta ese momento, quienes iban en la barca dudaban. Cuando vieron las redes llenas de peces, cuando se dieron cuenta de que haber entrado en aquel diálogo con Jesús fue más eficaz que tantas horas de esfuerzo solitario, Juan le dice a Pedro: «¡Es el Señor!» (Jn 21,7). Esta certeza es ya un comienzo de oración: el Señor está aquí, junto a nosotros, tanto si estamos delante del tabernáculo como en cualquier otro lugar.

Como el Espíritu Santo lo permite

Arrastrando la barca, pesada por las redes llenas, los discípulos alcanzan la orilla. Allí se encuentran con un inesperado desayuno de panes y peces a la brasa. Al sentarse en torno al fuego, comen en silencio. Ninguno «se atrevía a preguntarle: ¿Tú quieres eres?, pues sabían que era el Señor» (Jn 21,12). El peso de la conversación recae sobre Jesús. Ciertamente, la clave en la oración es dejarle hacer a Dios, más que el esfuerzo del propio corazón. Cuando preguntaron a san Juan Pablo II cómo era su oración, respondió: «¡Habría que preguntárselo al Espíritu Santo! El Papa reza tal como el Espíritu Santo le permite rezar»[5]. El elemento más importante es el , porque es Dios quien tiene la iniciativa.

Tras ponernos en presencia de Dios, es necesario apagar los ruidos y perseguir un silencio interior que supone cierto esfuerzo. Así será más fácil escuchar la voz de Jesús que nos pregunta: « Muchachos, ¿tenéis algo de comer?» (Jn 21,5); que nos indica: «Traed algunos de los peces» (Jn 21,10); o que nos pide amablemente: «Sígueme» (Jn 21,19). Por eso, el Catecismo de la Iglesia señala que es necesario un combate por desconectar para conectar y, así, hablar con Dios en la soledad de nuestro corazón[6]. Los santos han repetido muchas veces este consejo: «Deja un momento tus ocupaciones habituales; entra un instante en ti mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos. Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes; aparta de ti tus inquietudes (...). Entra en el aposento de tu alma; excluye todo, excepto Dios y lo que pueda ayudarte para buscarle; y así, cerradas todas las puertas, ve en pos de Él. Di, pues, alma mía, di a Dios: “Busco tu rostro; Señor, anhelo ver tu rostro” (Sal 27, 8)»[7].

EL PRINCIPAL TEMA DEL DIÁLOGO ES NUESTRA PROPIA VIDA, ILUMINADA POR LA VIDA DE CRISTO

Esto no siempre resultará sencillo, porque las tareas y preocupaciones captan fuertemente nuestra memoria e imaginación y pueden llenar nuestra interioridad. Sin duda no existe una varita mágica, porque las distracciones son de ordinario inevitables y es difícil mantener una atención sin altibajos. San Josemaría aconsejaba convertirlas en tema de conversación con Jesús, aprovechando «para pedir por el objeto de esa distracción, por aquellas personas, y dejar actuar al Señor, que saca siempre lo que quiere de cada flor»[8]. Es también una ayuda eficaz encontrar buenos momentos y lugares propicios; aunque se puede orar en todo lugar, no todas las circunstancias facilitan el diálogo ni expresan de igual modo los deseos sinceros de orar.

La oración introductoria: conexión

Con el objetivo de facilitar la conexión, san Josemaría recomendaba una oración introductoria que él solía utilizar[9]. En esas palabras nos enseña a comenzar con un acto de fe y con una disposición humilde: «Creo que estás aquí», «te adoro con reverencia». Es simplemente una manera de decirle a Jesús: «He venido a estar contigo, quiero hablarte y deseo que tú también me hables; te dedico estos momentos con la ilusión de que este encuentro me ayude a unirme más a tu voluntad». Al decir «creo firmemente» estamos expresando una realidad, pero también un deseo; pedimos al Señor que nos aumente la fe, porque sabemos que «la fe es la que otorga alas a la oración»[10]. Y ese acto de fe nos lleva inmediatamente a la adoración con la que reconocemos, por un lado, su grandeza y, al mismo tiempo, le manifestamos la decisión de abandonarnos en sus manos. A renglón seguido, reconocemos nuestras debilidades pidiendo perdón y gracia, porque «la humildad es la base de la oración»[11]. Nos sabemos pequeños delante de su grandeza, carentes de recursos propios. La oración es un don gratuito que el hombre debe pedir como un mendigo. Por eso san Josemaría concluía que «la oración es la humildad del hombre que reconoce su profunda miseria»[12].

Creer, adorar, pedir perdón y solicitar ayuda: cuatro movimientos del corazón que nos abren a una buena conexión. Nos puede ayudar la repetición serena de esta oración introductoria, degustándola palabra por palabra. Quizá convenga repetirla varias veces hasta que nuestra atención quede centrada en el Señor. Puede servirnos también construir una oración introductoria más personalizada y emplearla cuando estemos más secos o dispersos. En general, si nos encontramos distraídos o con la mente vacía, repetir despacio una oración vocal (el Padrenuestro o la que más nos mueva en ese momento) es ventajoso para fijar la atención y serenar el alma: una, dos, tres veces, cuidando la cadencia, reposando las palabras o cambiando alguna de ellas.

Una hoguera encendida: diálogo

Esa conexión inicial antecede al núcleo de la oración, a ese «diálogo con Dios, de corazón a corazón, en el que interviene toda el alma: la inteligencia y la imaginación, la memoria y la voluntad»[13]. Si volvemos a aquel amanecer en el que los discípulos continuaban sorprendidos por la milagrosa pesca, Jesús enciende un fuego para calentar lo que ha preparado. Podemos imaginar cómo lo haría, sorteando los posibles escollos para que el fuego cogiera cuerpo. De la misma manera, si consideramos la oración como una pequeña hoguera que deseamos ver crecer, en primer lugar necesitamos encontrar un combustible adecuado.

El combustible que alimenta la hoguera es ordinariamente el conjunto de tareas que tenemos entre manos y nuestras propias circunstancias personales: el tema del diálogo es nuestra vida. Nuestras alegrías, tristezas y preocupaciones, son el mejor resumen de lo que llevamos en el corazón. Con palabras sencillas, nuestra conversación va pegada al terreno del acontecer diario, como podemos imaginar que sucedió en el desayuno pascual. Incluso, en no pocas ocasiones, comenzará con un: «Señor, ¡que no sé!»[14]. Asimismo, la oración cristiana no se limita a abrir la propia intimidad a Dios, ya que de un modo especial alimentamos la hoguera con la misma vida de Cristo. Hablamos con Dios también de él, de su paso por la tierra, de sus deseos de redención. Junto a todo esto, como nos sentimos responsables de nuestros hermanos, «el cristiano no deja el mundo fuera de la puerta de su habitación, sino que lleva en su corazón personas y situaciones, los problemas, tantas cosas»[15].

PONIENDO EN JUEGO NUESTRO MUNDO INTERIOR ES UNA BUENA MANERA DE ENRIQUECER LA ORACIÓN

A partir de aquí, cada uno buscará maneras de orar que le vengan mejor. No existen reglas fijas. Indudablemente seguir un cierto método nos permite saber qué hacer hasta que experimentemos la iniciativa de Dios. Así, por ejemplo, a algunas personas les sirve tener un plan flexible de oración a lo largo de la semana. En ocasiones, escribir lo que decimos ofrece muchas ventajas para no distraernos. La oración será de una manera en periodos de trabajo intenso y de otra en épocas más pacíficas; también irá acompasada al tiempo litúrgico en el que se encuentra la Iglesia. Hay muchos caminos que se nos abren: zambullirnos en la contemplación del Evangelio buscando la Humanidad Santísima del Señor o meditar un tema acompañados de un buen libro, conscientes de que la lectura facilita el examen; habrá días de más petición, alabanza o adoración; rezar con sosiego jaculatorias es un buen sendero para momentos de agitación interior; otras veces nos quedaremos callados, sabiéndonos mirados cariñosamente por Cristo o por María. Al final, sea cual sea el camino por el que nos haya llevado el Espíritu Santo, todo nos conduce a «conocerle y conocerte»[16].

El viento y la hojarasca

Además de un buen combustible, nos conviene tener en cuenta los obstáculos que podemos encontrar para mantener viva la llama: el viento de la imaginación que intenta apagar la débil llama inicial, y la hojarasca húmeda de las pequeñas miserias que procuraremos quemar.

La imaginación, ciertamente, tiene un papel importante en el diálogo y habrá que contar con ella especialmente cuando contemplamos la vida del Señor. Pero, al mismo tiempo, es la loca de la casa y la que suele llevar la voz cantante en nuestros mundos de fantasía. Tener la imaginación demasiado suelta y sin control es fuente de dispersión. De ahí la necesidad de rechazar las acometidas del viento que quiere apagar el fuego y, a la vez, alentar las que ayudan a avivarlo. Hay un detalle significativo en el encuentro del Resucitado con sus discípulos en la orilla del Tiberíades. Solo uno de ellos ha estado en el Calvario, san Juan, y es precisamente él quien descubre al Señor. El contacto con la cruz ha purificado su mirada: se ha hecho más fina y acertada. El dolor allana el camino de la oración; la mortificación interior conduce a la imaginación a avivar la hoguera, evitando que se convierta en un viento descontrolado que la sofoque.

Finalmente, hemos de tener en cuenta la humedad de la hojarasca. En nuestro interior hay un submundo de malos recuerdos, pequeños rencores, susceptibilidades, envidias, comparaciones, sensualidad y deseos de éxito, que nos centran en nosotros mismos. La oración nos lleva precisamente en la dirección contraria: a olvidarnos del yo con el objetivo de centrarnos en él.Necesitamos que ese fondo afectivo se ventile en nuestra oración, sacando esa humedad a la luz, poniéndola ante el sol que es Dios y decir: «Mira esto, y esto, tan malo, lo dejo ante ti, Señor: purifícalo». Entonces, le pediremos ayuda para perdonar, olvidar, alegrarnos del bien ajeno; para ver la parte positiva de las cosas, rechazar las tentaciones o agradecer las humillaciones. De esta forma se evaporará esa humedad que podría dificultar nuestra conversación con Dios.

Un deseo que continúa

Conexión, diálogo y balance. El tramo final de la oración es momento de represar, de saber qué nos llevamos. Esto conducía a san Josemaría a pensar en los «propósitos, afectos e inspiraciones»[17]. Después del diálogo con Dios brota con sencillez un deseo de mejora, de cumplir su voluntad. Ese deseo, decía san Agustín, es ya buena oración: mientras sigas deseando, seguirás orando[18]. Esas intenciones algunas veces se podrán plasmar en propósitos que, con frecuencia, serán concretos y prácticos. En cualquier caso, la oración sirve de impulso para vivir en presencia de Dios las horas siguientes. Los afectos han podido estar presentes con mayor o menor viveza; no siempre son importantes aunque, si nunca hubiera afectos, tendríamos que preguntarnos dónde ponemos habitualmente el corazón. Desde luego, no son necesariamente emociones sensibles, porque los afectos también pueden suscitarse con los tranquilos deseos de la voluntad, como cuando uno quiere querer.

Las inspiraciones son luces de Dios que convendrá anotar, porque nos ayudarán mucho en oraciones futuras. Pasado el tiempo, pueden ser un buen combustible que despierte el alma en momentos más áridos, en los que estemos poco lúcidos o apáticos. Aunque cuando vislumbramos esas inspiraciones nos parece que nunca las olvidaremos, en realidad el tiempo desgasta la memoria. Por eso conviene apuntarlas en caliente, cuando se escriben con una viveza singular: «Esas palabras, que te han herido en la oración, grábalas en tu memoria y recítalas pausadamente muchas veces durante el día»[19].

No nos olvidamos de la ayuda que nos ofrecen los aliados del cielo. Al sentirnos débiles acudimos a los que están más cerca de Dios. Lo podemos hacer tanto al principio como al final, y también en las ocasiones en las que notemos la dificultad por mantener viva la llama. Especialmente presente estará nuestra Madre, su esposo José y el ángel de la guarda que nos «traerá santas inspiraciones»[20].

José Manuel Antuña


[1] San Josemaría, Apuntes de una reunión familiar, 8-XI-1972.

[2] Francisco, Ex. ap. Christus vivit, n. 158.

[3] Benedicto XVI, Audiencia, 4-V-2011.

[4] Francisco, Audiencia, 13-II-2019.

[5] San Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza, Plaza y Janés, Barcelona 1994, p. 41.

[6] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2725.

[7] San Anselmo, Proslogion, cap. 1.

[8] San Josemaría, Apuntes de una reunión familiar, 21-II-1971.

[9] La oración es la siguiente: «Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, san José, mi padre y señor, ángel de mi guarda: interceded por mí».

[10] San Juan Clímaco, La escala del Paraíso, escalón 28.

[11] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2559.

[12] San Josemaría, Surco, n. 259.

[13] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 119.

[14] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 244.

[15] Francisco, Audiencia, 13-II-2019.

[16] San Josemaría, Camino, n. 91.

[17] La oración final completa que recomendaba san Josemaría es: «Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, san José, mi padre y Señor, ángel de mi guarda, interceded por mí».

[18] Cfr. san Agustín, Enarrat. in Ps. 37, 14.

[19] San Josemaría, Camino, n. 103

[20] San Josemaría, Camino, n. 567.

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Todo sobre el Corazón de Jesús: junio, mes del Corazón de Jesús

Todo sobre el Corazón de Jesús: junio, mes del Corazón de Jesús

Corazón de Jesús: Corazón que mana, palpita, perdona y ama

Todo el mes de junio, con fiesta y solemnidad especial el  viernes 28 de junio, está dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, un culto cristiano capital

Jesús de las Heras Muela

Hay un corazón que mana,
que palpita en el Sagrario,
el corazón solitario,
que se alimenta de amor.

Es un corazón paciente,
es un corazón amigo,
el que habita en el olvido,
el corazón de tu Dios.

Es un corazón que ama,
un corazón que perdona,
que te conoce y que toma,
de tu vida lo peor.

Que comenzó esta tarea
una tarde en el Calvario,
y que ahora desde el Sagrario
tan sólo quiere tu amor.

Decidle a todos que vengan
a la fuente de la vida.
Hay una historia escondida
dentro de este corazón.

Decidles que hay esperanza,
que todo tiene un sentido.
Que Jesucristo está vivo,
decidles que existe Dios.

Es el corazón que llora
en la casa de Betania.
El corazón que acompaña
a los dos de Emaús.

Es el corazón que al joven
rico amó con la mirada.
El que a Pedro perdonaba
después de su negación.

Es el corazón en lucha
del huerto de los Olivos,
que amando a sus enemigos
hizo creer al ladrón.

Es el corazón que salva
por su fe a quien se le acerca.
Que mostró su herida abierta
al apóstol que dudó.

Decidle a todos que vengan
a la fuente de la vida.
Que hay una historia escondida
dentro de este corazón.

Decidles que hay esperanza,
que todo tiene un sentido.
Que Jesucristo está vivo,
decidles que existe Dios

 

El mes de junio es el mes del Sagrado Corazón de Jesús, cuya solemnidad litúrgica será el viernes 28 de junio.

El Corazón de Cristo es el Corazón de la Misericordia del Padre. Un corazón de misericordia es el corazón de Cristo. El corazón de Cristo es un corazón que mana, que palpita, un corazón paciente, un corazón que ama, que perdona, que te conoce y te acoge siempre. Es un corazón que llora, que acompaña, que mira, que lucha, que salva, que muestra su herida, un corazón siempre solidario con las heridas de los demás. Un corazón que sana y en cuyas cicatrices están todas nuestras cicatrices del cuerpo y del alma. Es el corazón de Cristo, corazón del Evangelio, corazón de misericordia. “Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso”.

Pero, ¿qué es esta devoción? ¿Cuáles son sus raíces y sentidos bíblico y teológico? ¿Cuál es su actualidad? ¿Es una praxis desfasada, meramente piadosa, anticuada?

Orígenes históricos de este culto

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús surge en Francia, en Paray Le Monial, tras una serie de visiones que tiene Santa Margarita María Alacoque, en las que Cristo le pidió que trabajase para la institución de una fiesta en honor del Sagrado Corazón. Estas apariciones tuvieron lugar entre los años 1673 y 1675.

Por esas mismas fechas de la segunda mitad del siglo XVII, el también santo francés San Juan Eudes  había escrito el primer oficio litúrgico de esta fiesta, que se estableció como propia de la Iglesia francesa en 1672.

Un siglo después, en 1765, la Santa Sede autorizó a los Obispos polacos y a la archicofradía romana del Sagrado Corazón la celebración de dicha fiesta. Pero no sería hasta el año 1856 cuando el Papa Pío IX estableció el culto universal de esta fiesta, extendiéndola a toda la Iglesia Católica e incrementándose de manera notable su arraigo y popularidad.

El culto y devoción al Sagrado Corazón de Jesús se convertiría así en la segunda parte del siglo XIX y en la primera parte del siglo XX en una de las características más acusadas y fecundas de la religiosidad y piedad de todos los miembros de la Iglesia, pastores y fieles. Si repasamos las biografías de los santos, beatos y fundadores de la época citada y el arte y la literatura de entonces encontraremos pruebas evidentes y hermosas de ello.

Sentido y naturaleza

¿Cuál es el sentido de esta devoción? La devoción al Corazón de Jesús no es el culto a una parte de su organismo y anatomía humana, es el culto y la devoción al mismo Jesús, a la persona entera de Jesucristo. De hecho, en la iconografía de esta devoción no se permitió jamás mostrar sólo el corazón. Había y hay que representar a Cristo en su humanidad completa, porque Él es el objeto de nuestra adoración y a Él se dirige nuestra oración al decir «Venid, adoremos al corazón de Jesús, herido por nuestro amor».

De ahí, pues, que la devoción al Corazón de Jesús sea entraña misma del culto a Jesucristo como expresión del amor de Dios y siga siempre hoy y siempre un espléndido camino de vida y piedad cristiana.

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús es quintaescencia del evangelio y del plan de salvación de Dios. Hablar del corazón de Jesús es hablar de su humanidad, de quien nos «amó con corazón de hombre». Hablar del corazón del corazón de Jesús es hablar del amor de Dios a los hombres. «Te amé con amor eterno». «Tanto amó Dios al mundo que entregó por él a su Hijo único».

El corazón es el símbolo del amor

El corazón representa el ser humano en su totalidad, es el centro original de la persona humana, el que le da la unidad. El corazón es el centro de nuestro ser, la fuente de nuestra personalidad, el motivo principal de nuestras actitudes y elecciones, el lugar de la misteriosa acción de Dios, escribió Karl Rahner.

El corazón es el símbolo del amor. Y puesto que Cristo tuvo un amor perfecto, su corazón es para nosotros el perfecto símbolo del amor. Su corazón fue saturado de amor perfecto al Padre y a los hombres. Nosotros aprendemos lo que es amor tratando de comprender y de vivir algo del amor de Cristo.

Juan Pablo II

El Papa Juan Pablo II, en 1979, en su primera encíclica, «Redemptor hominis», escribía: «La redención del mundo -este tremendo misterio de amor en el cual la creación se renueva- es en su raíz más profunda la plenitud de la justicia en un corazón humano, el corazón del Hijo Primogénito, para que pueda ser justicia en el corazón de muchos seres humanos, predestinados desde la eternidad Jesucristo a ser Hijos de Dios».

Celebrar el Corazón Jesús es, pues, celebrar la redención. Es celebrar el amor y responder al amor amando, a ese Amor que tantas veces no es amado. «El corazón habla al corazón», afirma a este respecto el  beato Juan Pablo II, en referencia a la devoción al Corazón de Jesús como expresión y coloquio de amor. Celebrar el corazón de Jesús es celebrar el sacramento del amor salvífico del Padre. Y es que como se reza en el prefacio de la Misa del Sagrado Corazón, Jesús, «elevado sobre la cruz, hizo que de la herida de su costado brotaran, con el agua y la sangre, los sacramentos de la Iglesia: para que así, acercándose al corazón abierto del Salvador, todos puedan beber con gozo de las fuentes de la salvación».

Benedicto XVI

El Corazón de Cristo es símbolo de la fe cristiana; el Corazón de Jesús es la síntesis de la Encarnación y de la Redención; el Sagrado Corazón es el manantial de bondad y de verdad; el Corazón de Jesús es expresión de la buena nueva del amor; el Sagrado Corazón es palpitación de una presencia en la que se puede confiar.

Son estas algunas de frases con la que el Papa Benedicto XVI  habló del  Corazón de Jesús, en los primeros días de junio de 2008. He aquí, desarrolladas estas hermosas ideas sobre el Corazón de Cristo según Benedicto XVI:

1.- El Corazón de Cristo es símbolo de la fe cristiana, particularmente amado tanto por el pueblo como por los místicos y los teólogos, pues expresa de una manera sencilla y auténtica la «buena noticia» del amor, resumiendo en sí el misterio de la encarnación y de la redención.

3.- Desde el horizonte infinito de su amor, de hecho, Dios ha querido entrar en los límites de la historia y de la condición humana, ha tomado un cuerpo y un corazón, para que podamos contemplar y encontrar el infinito en el finito, el misterio invisible e inefable en  el Corazón humano de Jesús.

3.- Toda persona necesita un «centro» para su propia vida, un manantial de verdad y de bondad al que recurrir ante la sucesión de las diferentes situaciones y en el cansancio de la vida cotidiana.

4.- Cada uno de nosotros, cuando se detiene en silencio, necesita sentir no sólo el palpitar de su corazón, sino, de manera más profunda, el palpitar de una presencia confiable, que se puede percibir con los sentidos de la fe y que, sin embargo, es mucho más real: la presencia de Cristo, corazón del mundo.

Por todo ello, Benedicto XVI nos invitaba a todos y cada uno de nosotros a renovar en el mes de junio y siempre nuestra propia devoción al Corazón de Cristo. Y recomienda como uno de sus caminos más privilegiados  para revitalizar esta devoción al Corazón de Cristo  valorar y practicar también la tradicional oración de ofrecimiento del día y teniendo presentes las intenciones que él mismo propone a toda la Iglesia. Asimismo nos llamaba a venerar el Corazón Inmaculado de María (su fiesta es al día siguiente del Corazón de Jesús, esto es, mañana sábado 4 de junio), encomendándonos siempre a Ella con gran confianza. Es la madre que nunca falta.

Papa Francisco

“El mes de junio –afirmó el Papa Francisco en el ángelus del 9 de junio de 2013- está tradicionalmente dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, máxima expresión humana del amor divino. El pasado viernes hemos celebrado precisamente la solemnidad del Corazón de Cristo, y esta fiesta da la pauta a todo el mes. La piedad popular valoriza mucho los símbolos, y el Corazón de Jesús es el símbolo por excelencia de la misericordia de Dios; pero no es un símbolo imaginario, es un símbolo real, que representa el centro, la fuente de la que ha brotado la salvación para la entera humanidad.

En los Evangelios encontramos diversas referencias al Corazón de Jesús, por ejemplo en el pasaje en el que el mismo Cristo dice: «Venid a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad mi yugo y aprended de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontraréis vuestro alivio» (Mt 11,28-29). El relato de la muerte de Cristo según Juan es fundamental. Este evangelista testimonia de hecho aquello que vio en el Calvario, o sea que un soldado, cuando Jesús ya estaba muerto, le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua (cfr Jn 19,33-34). Juan reconoció en aquel signo, aparentemente casual, el cumplimiento de las profecías: del corazón de Jesús, Cordero inmolado sobre la cruz, brota el perdón y la vida para todos los hombres… Dirijámonos a la Virgen María: su corazón inmaculado, corazón de madre, ha compartido al máximo la «compasión» de Dios, especialmente a la hora de la pasión y de la muerte de Jesús. Que María nos ayude a ser mansos, humildes y misericordiosos con nuestros hermanos”.

Y estas fueron las palabras del Papa Francisco sobre el corazón de Jesús tras el ángelus del domingo 7 de junio de 2015: “El próximo viernes, es la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Pensemos en el amor de Dios… ¡cómo nos ha amado! En el corazón de Jesús está todo este amor”.

En la primera audiencia general del mes de junio de 2017, miércoles 7 de junio, Francisco realizó el siguiente llamamiento: “Quiero dirigir un pensamiento a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. El mes de junio, recién comenzado, nos recuerda la devoción al Sagrado Corazón de Jesús: queridos jóvenes, en la escuela del Divino Corazón, creced en el servicio al prójimo; queridos hermanos,  en vuestros sufrimientos, unid vuestros corazón al del Hijo de Dios; y  vosotros, queridos nuevos esposos, mirad al Corazón de Jesús para aprender el amor sin condiciones”.

También en la primera audiencia general del mes de junio de 2018, miércoles 6 de junio, Francisco realizó el siguiente llamamiento: «El viernes es la solemnidad del sacratísimo Corazón de Jesús. Para todo el mes de junio, os invito a rezar al corazón de Jesús y a sostener con vuestra cercanía y afecto a vuestros sacerdotes a fin de que sean imagen de aquel Corazón lleno de amor misericordioso».

El culto al Sagrado Corazón de Jesús tiene sus propias letanías, que son una de las praxis más fecundas en las que se ha alimentado esta devoción. Las letanías del Sagrado Corazón de Jesús fueron establecidas de manera oficial para toda la Iglesia en el año 1891 por disposición del Papa León XIII.Su fuente de inspiración y de creación se atribuye a Santa Margarita María de Alacoque. Son 33 invocaciones en evocación a los supuestos y tradicionales 33 años de la vida del Señor.

Su enunciado es ya una definición y descripción de la devoción al Sagrado Corazón y de su misma identidad y esencia. Escuchemos y oremos con algunas de ellas:

Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre.

Corazón de Jesús, formado en el seno de la Virgen Madre por el Espíritu Santo.

Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios.

Corazón de Jesús, templo santo de Dios.

Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo.

Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad.

Corazón de Jesús, santuario de la justicia y del amor.

Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor.

Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes.

Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones.

Corazón de Jesús, en quien se hallan todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia.

Corazón de Jesús, en quien reside toda la plenitud de la  divinidad.

Corazón de Jesús, en quien el Padre se complace.

Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido.

Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia.

Corazón de Jesús, generoso para todos los que te invocan.

Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad.

Corazón de Jesús, triturado por nuestros pecados.

Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte.

Corazón de Jesús, traspasado por una lanza.

Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo.

Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra.

Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra.

Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan.

Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren.

Corazón de Jesús, delicia de todos los santos.

Por todo esto, al igual que ayer, también hoy y mañana tiene sentido este culto. Tiene sentido orar diciendo: Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío. Sagrado Corazón de Jesús, sé nuestra salvación.

Jesús de las Heras Muela

 

 

La Virgen María es la siempre Virgen

Rosa Corazón

Virgen del Pilar.

Un chaval preguntó a su profesor de religión del colegio: La Virgen es Esposa de Dios Espíritu Santo y mujer de San José, ¿cómo es esto? No lo entiendo… El buen sacerdote… empezó, pues mira,,,,, es que… Comprendió que se estaba liando y entonces, el pequeño le dijo: Don Luis, ¿no será que es un misterio?

El Concilio de Letrán del año 649 proclamó, en su tercer canon, la perpetua virginidad de María, afirmando:

“Si alguno no confiesa, según los santos padres que la santa y siempre virgen e inmaculada María sea en sentido propio y según verdad, madre de Dios, en cuanto propiamente y verdaderamente ha concebido del Espíritu Santo, sin semen, y ha dado a luz, sin corrupción, permaneciendo aún después del parto su indisoluble virginidad, al mismo Dios Verbo, nacido del Padre antes de todos los siglos, sea anatema”.

Ello supone que fue virgen antes del parto, en el parto y después del parto. Siempre virgen, María.

La virginidad de María, la madre del Redentor, ya venía profetizada por Isaías 7,14: “Una virgen concebirá y dará a luz un Hijo”. Es reconocida por Ella en la Anunciación, en su respuesta al Arcángel Gabriel: ¿Cómo será esto, pues no conozco varón? Y en la contestación que le da el Arcángel, de parte de Dios: “El Espíritu Santo vendrá sobre Ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por esto, el Hijo engendrado será santo, será llamado el Hijo de Dios” (Lc. 1,34 y ss). Igualmente consta en la respuesta del Ángel a San José: “No temas recibir a María, tu esposa, porque lo concebido en Ella es obra del Espíritu Santo” (Mt, 1,20).

Santo Tomás de Aquino, aporta razones de conveniencia que avalan la virginidad de María, así:

“1º Conviene que el que es Hijo natural de Dios no tenga padre en la tierra, que tenga un único Padre en el cielo. 2º El Verbo, que fue concebido eternamente en la más alta pureza virginal, debió también ser concebido virginalmente cuando se hizo carne”. (III, q. 28, a.1)

“1º El Verbo que fue ciertamente concebido y que procede del Padre sin ninguna corrupción, debía al hacerse carne nacer de una madre virgen, conservándole su virginidad. 2º El que vino para quitar toda corrupción, al nacer no debía destruir la virginidad de Aquella que le dio la vida”. (III, q. 28, a.2).

“1º. Por la misma razón que Él es desde toda la eternidad el Hijo único del Padre, conviene que sea en el tiempo el Hijo único de María. 2º. El error contrario es una ofensa al Espíritu Santo, que santificó para siempre el seno virginal de María” (III, q. 28, a.1.3).

La virginidad de María nos habla de pureza, virtud que –como sabemos- ha de vivir cada cual según su estado, célibe o casado.

¿QUÉ ES LA PUREZA? Es una graciosa belleza en la que todo un Dios se recrea, propia de la Virgen María.

Dados los tiempos que corren y, por mi trabajo de abogada rotal, habiéndome pedido referencias para vivir bien la pureza en el matrimonio, remito a la Teología del cuerpo de San Juan Pablo II. De ella, merece destacar en estas breves líneas que, según el designio del Creador, el cuerpo humano –en su dualidad, hombre y mujer- expresa el amor y genera la vida. Y para el que quiera profundizar más, siguiendo esas enseñanzas y de un modo asequible, sencillo, práctico y lleno de casos reales, también remito al lector a mi libro “Cásate y verás”, segunda edición digital, en el siguiente Link:

Y como final, recitar una oración a la Virgen, de toda la vida: Bendita sea tu pureza, y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A Ti, celestial princesa, virgen sagrada, María. yo te ofrezco en este día, alma, vida y corazón. mírame con compasión, no me dejes madre mía.

 

 

La reconstrucción del espíritu de Occidente

 Salvador Bernal 

photo_cameraRémi Brague.

No es nostalgia, sino sentido de la oportunidad. Ha pasado poco más de un siglo de la publicación por Oswald Spengler de La Decadencia de Occidente, justo al final de la primera gran guerra. Muchas cosas han sucedido desde entonces, y no pocas esperanzadoras, como la constitución de la Unión Europea, años después del segundo gran conflicto mundial. Luego, la caída del Muro abrió nuevos horizontes de libertad y convivencia que, por desgracia, no acaban de consolidarse.

Nadie podía predecir que la expansión de un virus maligno, procedente de China, pondría todo patas arriba en el mundo entero; quizá de modo especial, en los países más desarrollados y tan seguros de sí mismos que bordeaban la arrogancia.

Un amigo se hacía eco hace unos días de la perplejidad de los epidemiólogos ante la difusión de la patología en las naciones más avanzadas: Europa, Estados Unidos, Canadá. Recuerdo el mensaje de tranquilidad que lanzó algún experto, a primeros de marzo: no había que tener miedo, ni pensar en los precedentes históricos, ni en grandes creaciones literarias como las de Manzoni o Camus; porque el desarrollo científico y clínico era capaz de superar los problemas.

La gran sorpresa es que, contra toda lógica, la pandemia causa muchas más víctimas en los países desarrollados que en zonas donde lo endémico es el déficit en educación e higiene, el exceso de insalubridad, los hacinamientos. Como si, a juicio de un articulista, la pobreza y la inmundicia crearan su propia inmunidad.

Ojalá sea así, porque el virus avanza velozmente, por desgracia, en Iberoamérica y en varios países africanos. Por otra parte, es también un hecho que, en los países desarrollados sufren más los efectos de la pandemia las minorías étnicas o los habitantes de barriadas más pobres. En la violencia desatada en Estados Unidos a raíz del caso George Floyd, no deja de influir el profundo malestar ante las tremendas diferencias sociales y étnicas reveladas por el virus: las muertes de afroamericanos son casi el triple de las de blancos, latinos y asiáticos; para The Economist, esa vulnerabilidad es una “emergencia nacional”. Algo semejante sucede en Reino Unido, aunque algo mejor: la diferencia es del doble o del 1,8 para los procedentes de Bangladesh y Pakistán.

La complejidad del problema se resiste a simplismos y estereotipos, pero resulta inevitable hablar –alguien pensará que menos de lo debido- de la crisis profunda de la identidad espiritual de occidente. No hace falta entrar en política, para desear que el mundo supere el grave déficit de liderazgo en un momento tan delicado. No se trata sólo de España, ni mucho menos. El problema es grave también en Estados Unidos, en Canadá o en Gran Bretaña; tampoco suben en las encuestas de popularidad bastantes de los líderes europeos.

De ahí el pensamiento recurrente de que sería momento para volver a empezar, para forjar una auténtica reconstrucción, y no económica. Hay que ir más allá –o más atrás- de Keynes o de planes a lo Marshall. Más bien se trataría de atender las llamadas de grandes figuras intelectuales. Me referiré sólo, también por cuestión de espacio, a una reciente entrevista a Rémi Brague, historiador de la filosofía, nacido en 1947, autor de importantes ensayos sobre el futuro de Europa.

Brague ha analizado en diversas ocasiones la incongruencia de no reconocer la herencia recibida. Expone brevemente cómo el cristianismo catalizó en su momento el nacimiento de las naciones de Europa. “La fusión de los habitantes romanizados del Imperio con los inmigrantes ‘bárbaros’ se produjo a través de la participación en una sola fe: los recién llegados adoptaron la religión de los conquistados”. Arrancaron así dos movimientos de largo alcance, constitutivos de Europa: la separación entre lo nacional y lo religioso y la apropiación de la herencia clásica; en  consecuencia, “facilitó esa larga serie de Renacimientos que han impreso su sello en la historia cultural europea”.

Suele repetir un argumento muy laical, que potencia la autonomía de lo temporal, abierto al espíritu: el cristianismo no tiene que decir a occidente nada que no sepa desde hace mucho tiempo. “Solo hay una cosa que el cristianismo tiene la posibilidad y el deber de enseñar a los europeos de hoy: ver lo humano incluso donde otros solo ven lo biológico para seleccionar, lo económico para explotar, lo político para manipular”. Estas palabras, escritas hace años, son tremendamente actuales; podrían servir de punto de apoyo para esa reconstrucción de nuevo cuño indispensable en el futuro inmediato.

 

 

VARÓN Y MUJER: ¿NATURALEZA O CULTURA?

Jutta Burggraf

Si damos una mirada a los últimos siglos de nuestra historia, comprobamos que el movimiento feminista ha cambiado profundamente nuestra convivencia, tanto en la familia como en la sociedad. Estos cambios parecían, al principio, justos y necesarios; más tarde, se los ha caracterizado –con creciente preocupación– como dañinos y exagerados; y, en la actualidad, son (y quieren ser) plenamente destructivos. Para ilustrar esta afirmación, describiré brevemente las tres grandes etapas, en las que se desarrolla el proceso de “liberación” de la mujer. Estas tres etapas muestran un cierto desarrollo cronológico de ideas y hechos, en Occidente. Sin embargo, no están estrictamente separadas en la realidad, sino que se encuentran intercaladas y mezcladas en muchos países. Vivimos en sociedades multiculturales, en las que se pueden observar simultáneamente los fenómenos más contradictorios. I. Tres etapas de la “emancipación femenina” Nuestro recorrido comienza hacia finales del siglo XVIII y nos lleva hasta la actualidad. No vamos a detenernos en todos los detalles de este largo camino, sino que nos concentraremos en los acontecimientos más representativos de cada etapa. 1. Los movimientos en favor de los derechos de la mujer. Al irrumpir la Revolución Francesa, algunas mujeres “inteligentes” se dieron cuenta de que los derechos humanos tan ensalzados beneficiaban tan sólo a los varones. Por tal razón, Olympe Marie de Gouges redactó, en septiembre de 1791, la famosa “Declaración de los derechos de la mujer”, entregada a la Asamblea Nacional para su aprobación. Detrás de ella, había un gran número de mujeres organizadas en asociaciones femeninas. Se definían a sí mismas como seres humanos y ciudadanas, y proclamaban sus reivindicaciones políticas y económicas. Es interesante, por ejemplo, el artículo VII de esta declaración: “Para las mujeres no existe ningún régimen especial: se les puede acusar y meter en prisión, si así lo prevé la ley. Las mujeres están sometidas de la misma manera que los varones a las idénticas leyes penales.” El artículo X es aún más preciso: “La mujer tiene el derecho a subir al patíbulo.”1 Las mujeres no querían seguir sin voz ni voto, preferían que se les castigara e incluso padecer la muerte, antes de ser consideradas como niñas sin responsabilidad. Desgraciadamente, Olympe de Gouges fue degollada, y junto con ella otras muchas mujeres famosas. A las sobrevivientes se les prohibió reunirse bajo pena de cárcel, y sus asociaciones fueron disueltas a la fuerza. Su misión, por lo pronto, parecía haber fracasado. Pero las mujeres no se resignaron. En Inglaterra fundaron el llamado “movimiento contra la esclavitud”. Partían de la base de que también se les tenía que conceder los derechos de 1 Olympe Marie de GOUGES, Declaración de los derechos de la mujer, en Hannelore SCHRÖDER (ed.), Die Frau ist frei geboren. Texte zur Frauenemanzipation, I, München 1979, p. 38. 2 sufragio y ciudadanía, igual que se había hecho con los antiguos esclavos. Una de las protagonistas exclamó: “Todo el sexo femenino ha sido despojado de su dignidad. Se le pone a una misma altura con las flores cuyo cometido es sólo el de adornar la tierra.”2 En Alemania, la cuestión de la mujer se planteó más bien en el plano educativo. Se reconoció paulatinamente la necesidad de dar formación también a las jóvenes. Pues la educación no sólo es importante para avanzar más tarde en una profesión fuera del hogar, sino también para el pleno despliegue de la propia personalidad. Cuando una persona aprende a reflexionar por sí misma, también logra ser interiormente libre, no depender de la opinión pública, ni de los medios de comunicación; adquiere madurez humana y se encuentra en mejores condiciones de superar sus propios problemas vitales y los variables estados de ánimo. Hedwig Dohm (1883-1919), una de las representantes más célebres de ese movimiento, se preguntó lo que hubiese sucedido si el escritor Friedrich Schiller hubiese nacido mujer.3 Probablemente, sus talentos no se hubiesen podido desarrollar, o acaso sólo después de grandes esfuerzos. Hedwig Dohm considera el interrogante acerca de si las mujeres deben, pueden o han de estudiar tan superficial como si se preguntase si está permitido al hombre desarrollar sus facultades, o si debe usar sus piernas para caminar.4 No vamos a referirnos todas las luchas feministas con sus logros y recaídas. A partir de principios del siglo XX las mujeres consiguieron, por fin, ser admitidas, de modo oficial, en la enseñanza superior y en las universidades, y alcanzaron la igualdad política –al menos según la ley5 – en todos los países del continente europeo.6 Con ello, los movimientos en favor de los derechos de la mujer habían conseguido en Occidente sus metas primordiales, y se observa, a continuación, un cierto “período de calma”.7 2. El feminismo radical A partir de la mitad del mismo siglo XX, una parte de las feministas ya no aspiraban simplemente a una equiparación de derechos jurídicos y sociales entre el varón y la mujer, sino a una igualdad funcional de los sexos. Comenzaron a exigir la eliminación del tradicional reparto de papeles entre varón y mujer –que les parecía arbitrario–, y a rechazar la maternidad, el matrimonio y la familia. Se basan fuertemente en la filósofa existencialista Simone de Beauvoir (1908 - 1986), cuya voluminosa obra “Le Deuxième Sexe” (1949) fue un éxito mundial. Beauvoir previene contra la “trampa de la maternidad”, que sería utilizada en forma egoísta por 2 Cf. Mary WOLLSTONECRAFT, A Vindication of the Rights of Woman, London 1792. 3 Cf. Hedwig DOHM, en Hannelore SCHRÖDER (ed.), Die Frau ist frei geboren, cit., p. 42. 4 Ibid., p. 60. 5 La subordinación de la mujer atenta contra el principio de igualdad entre los sexos y contra los derechos humanos reconocidos en la Declaración Universal de la Organización de Naciones Unidas de 1948 y en otros muchos documentos de la ONU. 6 Las mujeres obtienen el derecho al voto en Inglaterra y Alemania (ambas en 1918), en Suecia (1919), Estados Unidos (1920), Polonia (1923) y otros países. Lo obtuvieron más tarde en España (1931), Francia e Italia (ambas en 1945), Canadá (1948), Japón (1950) y México (1953) y, finalmente, también en Suiza (1971). 7 No se puede negar que todavía hay cierta discriminación de la mujer en la práctica social. Cf. los estudios de María ELÓSEGUI: “Existe todavía discriminación directa, indirecta y oculta en el ámbito laboral, en el de la seguridad social, en el derecho financiero etc.” Los derechos reproductivos. Un nuevo concepto jurídico procedente del mundo legal anglosajón, en Anuario de Derecho Eclesiástico del Estado 16 (2000), p.689. 3 los varones para privar a sus esposas de su independencia.8 En consecuencia, una mujer moderna debería liberarse de las “ataduras de su naturaleza” y de las funciones maternales. Se recomiendan, por ejemplo, relaciones lesbianas,9 la práctica del aborto10 y el traspaso de la educación de los hijos a la sociedad.11 Shulamith Firestone exige en su obra “The Dialectic Sex” la liberación de la mujer de la “tiranía de la procreación” a cualquier precio, y resume el sentir general de sus compañeras: “Quiero decirlo con toda claridad: El embarazo es una atrocidad.”12 En las décadas siguientes, otras feministas descubrieron que el deseo de “ser como el varón” –aparte de manifestar un cierto complejo de inferioridad– lleva, con frecuencia, a tensiones y frustraciones. Ensalzaron, por tanto, el otro extremo: para llegar a la plena realización, la mujer no tiene que comportarse como el varón, sino que ha de ser completamente femenina, “plenamente mujer”. En adelante, ya no se veía en la equiparación de la mujer con la naturaleza, con el cuerpo, con la emoción y la sensualidad un prejuicio masculino condenable. Al contrario, todo lo emocional, vital y sensual fue estimado como una esperanza para un futuro mejor. Se celebró la “nueva feminidad” y la “nueva maternidad” como funciones meramente biológicas. Y se sostuvo que las mujeres deberían liberar la tierra, y lo harán, porque viven en mayor armonía con la naturaleza. Se puede ver en este fenómeno una reacción a los esfuerzos extraordinarios, que ha exigido una emancipación concebida únicamente como un amoldarse a valores considerados como masculinos. Después de que la racionalidad y el ansia de poder “masculinos” han llevado a la humanidad al borde del abismo ecológico y al peligro de una destrucción nuclear –así se dice–, ha llegado el tiempo de la mujer. La salvación sólo puede esperarse de lo ilógico y de lo emocional, de lo suave y lo tierno, tal y como lo personifica la mujer.13 Es obvio, que estas tesis también impiden a la mujer el pleno desarrollo propio. Aparte de considerarla, otra vez, como carente de inteligencia, se la idealiza, incluso se la glorifica, como si fuera un animal sano y santo. Se trata de un desprecio grande que se refiere, por una parte, al varón y aquello que se considera como masculino y, por la otra, a la misma mujer “liberada”, todo esto envuelto en un misticismo, que no ayuda a nadie en la vida cotidiana. 3. La ideología de género Mientras perduran estas discusiones, hemos llegado a una situación completamente nueva. La actual meta ya no consiste únicamente en emanciparse del predominio masculino, ni tampoco se expresa solamente en liberarse de las funciones concretas femeninas y maternales, que se ha querido conseguir –como hemos visto– a través de dos vías contrarias: reprimiéndolas o exagerándolas hasta llegar a pretensiones irreales. Hoy se intenta realizar un paso todavía mucho más radical: se pretende eliminar la misma naturaleza, cambiar el propio cuerpo, llamado cyborg: el neologismo se forma a partir de las 8 Simone de BEAUVOIR, Alles in allem, Reinbek 1974, p. 450 9 Cf. IDEM, Das andere Geschlecht, Hamburg 1951, pp.409ss. (Original francés Le Deuxième Sexe, Paris 1949.) 10 Cf. ibid., p. 504: “No hay cosa más absurda que las razones aducidas contra una legalización del aborto”. 11 Cf. ibid., p. 697. 12 Shulamith FIRESTONE, The Dialectic Sex, 1970. 13 Cf. Vandana SHIVA (1988), Abrazar la vida. Mujer, ecología y desarrollo, trad. Instituto del Tercer Mundo de Montevideo (Uruguay), Madrid, 1995. 4 palabras inglesas cyber(netics) organism (organismo cibernético), y se utiliza para designar un individuo medio orgánico y medio mecánico, generalmente con el afán de mejorar –a través de modernas tecnologías– las capacidades de su organismo.14 Es evidente que, de este modo, el “feminismo” (en sentido propio) está llegando a su fin, porque la liberación deseada comprende indiscriminadamente tanto a mujeres como a varones. Mientras muchas mujeres pretenden nuevamente deshacerse –con más ímpetu que nunca– del matrimonio y de la maternidad,15 los medios de comunicación nos cuentan los sueños fantásticos de unos varones, que quieren disponerse a intervenciones quirúrgicas (implantarse un útero, etc.) para poder hacer la experiencia de dar a luz. En consecuencia, algunos prefieren hablar de género (gender) en vez de sexo. No se trata sólo de un cambio de palabras. Detrás de esta modificación terminológica está la ideología posfeminista de gender que se divulga a partir de la década del sesenta del siglo pasado. Según esta ideología, la masculinidad y la feminidad no estarían determinadas fundamentalmente por la biología, sino más bien por la cultura. Mientras el término sexo hace referencia a la naturaleza e implica dos posibilidades (varón y mujer), el término género proviene del campo de la lingüística donde se aprecian tres variaciones: masculino, femenino y neutro. Por lo tanto, las diferencias entre el varón y la mujer no corresponderían a una naturaleza “dada”, sino que serían meras construcciones culturales “hechas” según los roles y estereotipos que en cada sociedad se asignan a los sexos (“roles socialmente construidos”). Estas mismas ideas se encuentran resumidas en la llamada “Teoría Queer”, que destacadas feministas norteamericanas –como Judith Butler16, Jane Flax17 o Donna Hareway18– difunden con éxito por todo el mundo. El nombre de la teoría proviene del adjetivo inglés queer (= raro, anómalo), que fue utilizado durante algún tiempo como eufemismo para nombrar a las personas homosexuales. La “Teoría Queer” rechaza la clasificación de los individuos en categorías universales como “varón” o “mujer”, “heterosexual” o “homosexual”, y sostiene que todas las llamadas “identidades sociales” (no sexuales) sean igualmente anómalas. 14 Manfred E. Clynes y Nathan S. Kline acuñaron el término cyborg en 1960 para expresar una relación íntima entre los humanos y las máquinas. Se refirieron, en concreto, a un ser humano artificialmente mejorado, que podría sobrevivir fuera de nuestro planeta. De acuerdo con algunas definiciones actuales del término, la dependencia que tenemos de la técnica ya ha comenzado a convertirnos en cyborgs. Una persona, por ejemplo, a la que se haya implantado un marcapasos, podría considerarse un cyborg, porque sería incapaz de vivir sin esta ayuda mecánica. 15 Algunos partidarios del feminismo de género proponen: “In order to be effective in the long run, family planning programmes should not only focus on attempting to reduce fertility within existing gender roles, but rather on changing gender roles in order to reduce fertility.” (“Para ser efectivos a largo plazo, los programas de planificación familiar deben buscar no sólo reducir la fertilidad dentro de los roles de género existentes, sino más bien cambiar los roles de género a fin de reducir la fertilidad.”) La cita se encuentra en Gender Perspective in Family Planning Programs, preparado por la DIVISION FOR THE ADVANCEMENT OF WOMEN FOR THE EXPERT GROUP MEETING ON FAMILY PLANNING, HEALTH AND FAMILY WELL-BEING, Bangalore (India), 26-30 de octubre de 1992; y organizado en colaboración con el UNITED NATIONS POPULATIONS FUND (UNFPA). 16 Cf. Judith BUTLER: “Al teorizar que el género es una construcción radicalmente independiente del sexo, el género mismo viene a ser un artificio libre de ataduras. En consecuencia, varón y masculino podrían significar tanto un cuerpo femenino como uno masculino; mujer y femenino, tanto un cuerpo masculino como un femenino.” Gender Trouble. Feminism and the Subversion of Identity, New York-London 1990, p.6. Aunque este trabajo esté criticado, en algunos círculos extremistas todavía más radicales, por no separarse del todo de la dimensión biológica, puede considerarse como una de las obras claves que presentan la ideología de gender. 17 Cf. Jane FLAX, Thinking Fragments. Psychoanalysis, Feminism and Postmodernism in the Contemporary West, Berkeley 1990, pp.32ss. 18 Cf. Donna HAREWAY, Un Manifiesto Cyborg: Ciencia, Tecnología, y Socialismo-Feminista en el Siglo Veinte Tardío, 1985; Primate Visions: Gender, Race and Nature in the Word of Modern Science, 1989; Simians, Cyborgs, and Women: The Reinvention of Nature, 1991. 5 Algunos apoyan la existencia de cuatro, cinco o seis géneros según diversas consideraciones: heterosexual masculino, heterosexual femenino, homosexual, lesbiana, bisexual e indiferenciado. De este modo, la masculinidad y la feminidad –a nivel físico y psíquico– no aparecen en modo alguno como los únicos derivados naturales de la dicotomía sexual biológica. Cualquier actividad sexual resultaría justificable. La “heterosexualidad”, lejos de ser “obligatoria”, no significaría más que uno de los casos posibles de práctica sexual. Ni siquiera tendría porqué ser preferido para la procreación. Y como la identidad genérica (el gender) podría adaptarse indefinidamente a nuevos y diferentes propósitos, correspondería a cada individuo elegir libremente el tipo de género al que le gustaría pertenecer, en las diversas situaciones y etapas de su vida. Para llegar a una aceptación universal de estas ideas, los promotores del feminismo radical de género intentan conseguir un gradual cambio en la cultura, la llamada “de-construcción” de la sociedad, empezando con la familia y la educación de los hijos.19 Utilizan un lenguaje ambiguo que hace parecer razonables los nuevos presupuestos éticos. La meta consiste en “re-construir” un mundo nuevo y arbitrario que incluye, junto al masculino y al femenino, también otros géneros en el modo de configurar la vida humana y las relaciones interpersonales. Tales pretensiones han encontrado un ambiente favorable en la antropología individualista del neoliberalismo radical. Se apoyan, por un lado, en diversas teorías marxistas y estructuralistas,20 y por el otro, en los postulados de algunos representantes de la “revolución sexual”, como Wilhelm Reich (1897-1957) y Herbert Marcuse (1898-1979) que invitaban a experimentar todo tipo de situaciones sexuales. También Virginia Woolf (1882-1941), con su obra “Orlando” (1928), puede considerarse un precedente influyente: el protagonista de aquella novela es un joven caballero del siglo XVI, que vive, cambiando de sexo, múltiples aventuras amorosas durante varios cientos de años. Más directamente aún, se ve el influjo de la ya mencionada francesa Simone de Beauvoir que –sin poder ser plenamente consciente del alcance de sus palabras– anunció ya en 1949 su conocido aforismo: “¡No naces mujer, te hacen mujer!,” 21 más tarde completado por la lógica conclusión: “¡No se nace varón, te hacen varón! Tampoco la condición de varón es una realidad dada desde un principio.”22 Como los protagonistas de la ideología de género sabían estimular convenientemente el morbo del gran público, no es sorprendente que los medios de comunicación pronto comenzaran a informar –con abundantes detalles– sobre los acontecimientos más curiosos. Así, por ejemplo, podíamos enterarnos de que Roberta Close, elegida como “la mujer más guapa de nuestro planeta” en los años ochenta del siglo pasado, ha nacido como Luis Roberto Gambino Moreira, en Brasil.23 Y prácticamente en todo el mundo se conoce el rostro transexual y sintético, que ha conseguido tener el popstar Michael Jackson a través de múltiples intervenciones quirúrgicas. ¡“My body is my art”! (“Mi cuerpo es mi arte”), 19 El feminismo de género ha encontrado favorable acogida en un buen número de importantes instituciones internacionales, entre las que se encuentran algunos organismos de la Organización de las Naciones Unidas. Asimismo, en algunas Universidades se pretende elevar los “Gender Studies” a un nuevo rango científico. 20 Fue Friedrich ENGELS quien sentó las bases de unión entre el marxismo y el feminismo. Cf. su obra The Origin of the Family, Property and the State, New York 1972. 21 Simone de BEAUVOIR, Das andere Geschlecht, cit., p.285. 22 IDEM, Alles in allem, cit., p.455. Los estudios socioculturales de Margaret Mead (1901-1978) también pueden incluirse en este proceso histórico, aunque la validez científica de sus aportaciones fue cuestionada por otros investigadores. Cf. Margaret MEAD, Male and Female. A Study of the Sexes in a Changing Word, New York 1949. Gloria SOLÉ ROMEO, Historia del feminismo. Siglos XIX y XX, Pamplona 1995, pp.50-53. 23 Cf. el reportaje Das schönste Photomodell wird endlich eine Frau en Neue Zürcher Zeitung (17-III-1997), p.28. 6 es una de las tesis que utilizan los propagandistas de la ideología de género, considerando al cuerpo como lugar de libre experimentación. II. Una reflexión crítica sobre la ideología de género ¿Qué pensar sobre estas teorías, cuyas consecuencias se pueden apreciar claramente en múltiples ámbitos de nuestra existencia, por ejemplo, en la política y en la medicina, en la psicología y, de modo especialmente destructivo, en la educación? ¿Puede aceptarse que no exista ninguna naturaleza “dada”, que todo sea expresión de nuestra libre voluntad, y que incluso la biología no sea más que cultura? Con un mínimo de experiencia y de sentido común, es fácil detectar que esta ideología no puede ser un camino hacia la felicidad. En efecto, reactiva –sin decirlo y, quizás, incluso sin quererlo– la vieja equivocación del maniqueísmo, porque se muestra hostil al cuerpo al que manipula profunda y arbitrariamente. Es evidente que no todo es naturaleza, ni todo es cultura. Pero si el hombre no acepta su corporeidad –con todo lo que implica–, entonces no se acepta a sí mismo y terminará en un desequilibrio emocional, psíquico y espiritual, como veremos a continuación. 1. La necesidad de aceptar la propia corporeidad Hace algún tiempo, la prensa internacional recordó un terrible experimento médico de los años setenta, que ha fracasado completamente. En aquel entonces, el psiquíatra americano John Money pretendió demostrar la teoría de que el sexo depende más que nada de la forma en que una persona es educada.24 Sus “conejillos” fueron los gemelos Bruce y Brian Reimer. Como Bruce había tenido un accidente después de nacer, el doctor Money aprovechó la ocasión para transformar su cuerpo –a través de una cirugía plástica– en un cuerpo aparentemente femenino. A la vez dijo a los padres que debían criar al bebé como si fuera una nena y mantener todo el episodio en estricto secreto. Bruce pasó a ser Brenda; su hermano Brian sirvió de sujeto control. Aunque los padres siguieron las instrucciones del médico al pie de la letra, las cosas no marchaban como estaba previsto: a Brenda no le gustaban los vestidos, no era bien aceptada en la escuela, y pronto manifestó “tendencias lesbianas”, a pesar de las hormonas que le obligaron tomar. Cuando tuvo trece años, su padre no vio más remedio que confesarle lo que había ocurrido. Entonces, Brenda decidió someterse a otro proceso quirúrgico y vivir como chico. Se llamó David en adelante; recordó las frecuentes sesiones terapéuticas con Money durante toda su vida como una tortura, que le habían provocado heridas profundas y siempre abiertas. En 2004, se suicidó.25 Se trata de un ejemplo emblemático: la naturaleza reclama sus derechos. En cierto sentido, el hombre es verdaderamente su cuerpo. No se reduce a poseerlo o habitarlo. Existe en el mundo 24 John Money (1921-2006) fue experto en sexología en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore (EEUU) y uno de los precedentes más influyentes de la teoría de género. 25 Cf. Volker ZASTROW, Der kleine Unterschied, en Frankfurter Allgemeine Zeitung, nº 208 (7-IX-2006), p.8. 7 no solamente “a través de su cuerpo” (Merleau-Ponty), sino “siendo su cuerpo” (Congar). Por su constitución intrínseca, es su cuerpo y, a la vez, lo sobrepasa. En la persona humana, el sexo y el género –el fundamento biológico y la expresión cultural–, ciertamente, no son idénticos, pero tampoco son completamente independientes. Para llegar a establecer una relación correcta entre ambos, conviene considerar previamente el proceso en el que se forma la identidad como varón o mujer. Los especialistas señalan tres aspectos de este proceso que, en el caso normal, se entrelazan armónicamente: el sexo biológico, el sexo psicológico y el sexo social. 26 El sexo biológico describe la corporeidad de una persona. Se suelen distinguir diversos factores. El “sexo genético” (o “cromosómico”) –determinado por los cromosomas XX en la mujer, o XY en el varón– se establece en el momento de la fecundación y se traduce en el “sexo gonadal” que es responsable de la actividad hormonal. El “sexo gonadal”, a su vez, influye sobre el “sexo somático” (o “fenotípico”) que determina la estructura de los órganos reproductores internos y externos. Conviene considerar el hecho de que estas bases biológicas intervienen profundamente en todo el organismo, de modo que, por ejemplo, cada célula de un cuerpo femenino es distinta a cada célula de un cuerpo masculino. La ciencia médica indica incluso diferencias estructurales y funcionales entre un cerebro masculino y otro femenino.27 El sexo psicológico se refiere a las vivencias psíquicas de una persona como varón o como mujer. Consiste, en concreto, en la conciencia de pertenecer a un determinado sexo. Esta conciencia se forma, en un primer momento, alrededor de los 2 o 3 años y suele coincidir con el sexo biológico. Puede estar afectada hondamente por la educación y el ambiente en el que se mueve el niño. El sexo sociológico (o civil) es el sexo asignado a una persona en el momento del nacimiento. Expresa cómo es percibida por las personas a su alrededor. Señala la actuación específica de un varón o de una mujer. En general, se le entiende como el resultado de procesos histórico-culturales. Se refiere a las funciones y roles (y los estereotipos) que en cada sociedad se asignan a los diversos grupos de personas. Estos tres aspectos no deben entenderse como aislados unos de otros. Por el contrario, se integran en un proceso más amplio que consiste en la formación de la propia identidad. Una persona adquiere progresivamente, durante la infancia y la adolescencia, la conciencia de ser “ella misma”. Descubre su identidad y, dentro de ella, cada vez más hondamente, la dimensión sexual del propio ser. Adquiere gradualmente una identidad sexual (se da cuenta de los factores biopsíquicos del propio sexo, y de la diferencia respecto al otro sexo) y una identidad genérica (descubre los factores psícosociales y culturales del papel que las mujeres o varones desempeñan 26 El sexo biológico suele denominarse simplemente sex, sexo, mientras que el sexo psicológico y social están unidos en el término gender, género. 27 Cf. Dennis D. KELLY: Sexual Differentiation of the Nervous System, en: Principles of Neural Science, ed. por Eric R. KANDEL, James H. SCHWARTZ, Thomas M. JESSELL, 4. ed. (Ed. Appleton and Lange), Norwalk, Connecticut 2000, pp.1131-1149. P. NOPOULOS, M. FLAUM, D. O’LEARY, N.C. ANDREASEN: Sexual dimorphism in the human brain: evaluation of tissue volume, tissue composition and surface anatomy using magnetic resonance imaging, en: Psychiatry Res (2000/2), pp.1-13. H. DAVIDSON, K.R. CAVE, D. SELLNER: Differences in visual attention and task interference between males and females reflect differences in brain laterality, en: Neuropsychologia (2000/4), pp.508-514. N. SADATO, V. IBANEZ, M.P. DEIBER, M. HALLETT: Gender difference in premotor activity during active tactile discrimination, en: Neuroimage (2000/5), pp.532-540. K. KANSAKU, A. YAMAURA, S. KITAZAWA: Sex differences in lateralization revealed in the posterior language areas, en: Cereb Cortex (2000/9), pp.866-872. 8 en la sociedad). En un correcto y armónico proceso de integración, ambas dimensiones se corresponden y complementan. Considerando sin prejuicios los datos fisiológicos y psíquicos, no es difícil admitir que la naturaleza masculina y la femenina se expresan de manera diferente, aunque no hay ni la más mínima duda en que tanto el varón como la mujer tienen el mismo valor, la misma dignidad, y deberían tener las mismas oportunidades para influir en la sociedad en que viven. Sin embargo, la diferencia originaria entre ellos no es ni irrelevante ni adicional, y tampoco es un mero producto social. No es una condición que igualmente podría faltar, y tampoco es una realidad que se pueda limitar sólo al plano corporal. El varón y la mujer se complementan en su correspondiente y específica naturaleza corporal, psíquica y espiritual. Ambos poseen valiosas cualidades que les son propias, y cada uno es, en su propio ámbito, superior al otro. 2. La importancia de aceptar las diferencias sexuales Afirmar que los sexos se distinguen, no significa discriminación, sino todo lo contrario. Si exigimos la igualdad como condición previa para la justicia cometemos un grave error. La mujer no es un varón de calidad inferior, las diferencias no expresan minusvalía. Antes bien, debemos conseguir la equivalencia de lo diferente. La capacidad de reconocer diferencias es la regla que indica el grado de inteligencia y de cultura de un ser humano. Según un antiguo proverbio chino, “la sabiduría comienza perdonándole al prójimo el ser diferente.” No es una armonía uniforme, sino una tensión sana entre los respectivos polos, la que hace interesante la vida y la enriquece. Por supuesto, no existe el varón o la mujer por antonomasia, pero sí se diferencian en la distribución de ciertas facultades. Aunque no se pueda constatar ningún rasgo psicológico o espiritual atribuible a uno solo de los sexos, hay características que se presentan con una frecuencia especial y de manera pronunciada en los varones, y otras en las mujeres. Es una tarea sumamente difícil distinguir en este campo. Quizá nunca será posible decidir con exactitud científica lo que es “típicamente masculino” y aquello que es “típicamente femenino”, pues la naturaleza y la cultura, los dos grandes moldeadores, están entrelazadas desde el principio muy estrechamente. Pero el hecho de que varón y mujer experimenten el mundo de forma diferente, solucionen tareas de manera distinta, sientan, planeen y reaccionen de un modo desigual, es algo que cualquiera puede percibir y reconocer, sin necesidad de ninguna ciencia. En lo que sigue veremos resumidamente algunos datos que suelen lanzarse en los debates pertinentes.28 Con frecuencia se alude a la mayor fuerza física que generalmente tienen los varones, mientras que las mujeres poseen más fuerza espiritual, más resistencia interior. Suelen ser capaces de soportar una mayor carga psíquica que sus maridos y sus compañeros de trabajo, resistir mejor situaciones de estrés y disponer de más flexibilidad para la adaptación a situaciones nuevas.29 Parece, además, bastante evidente que, al menos hasta ahora, los varones parecían ser más agresivos que las mujeres. En cambio, esto no significa para nada que el sexo femenino sólo sea 28 Cf. Marta BRANCATISANO, Approccio all’antropologia della differenza, Roma 2004. S.E. RHOADS, Taking sex differences seriously, San Francisco 2004. Doris BISCHOF-KÖHLER, Von Natur aus anders. Die Psychologie der Geschlechtsunterschiede, Stuttgart 3 2006. 29 Cf. I. ECUYER-DAB; M. ROBERT, Examining the relationship in western men and women, en Journal of Comparative Psychology, nº 118 (2004), pp.217-231. 9 suave y dulce, sino simplemente que los cauces de la agresividad son diferentes. Las mujeres prefieren discutir verbalmente, empleando cotilleos y chismes, mientras que a los varones les asusta menos la agresión física.30 Las mujeres suelen pensar, sentir y planear de una manera más integral que los varones. Por eso se muestran más seguras psíquicamente, más constantes, capaces de apoyar a las personas que les rodean. A menudo salvan a los demás de vivir desintegrados entre el intelecto y las pasiones.31 Finalmente, casi todo el mundo está de acuerdo en que es más fácil adivinar las intenciones de un varón que las de una mujer. Las mujeres tienden a un comportamiento más complicado que puede ser sumamente oscuro. Por eso a veces se ha hablado del “enigma” o del “misterio” que supone la mujer.32 3. El desafío de aceptar los propios talentos El varón y la mujer no se distinguen por supuesto a nivel de sus cualidades intelectuales o morales, pero sí en un aspecto mucho más fundamental y ontológico: en la posibilidad de ser padre o madre. Es esta indiscutiblemente la última razón de la diferencia entre los sexos. Sin embargo, no podemos reducir la maternidad al terreno fisiológico. Numerosos pensadores, a lo largo de los tiempos, recuerdan la maternidad espiritual, concepto que tiene muy poca o ninguna relación con lo sumamente suave, lo sentimental y delicado que se ensalza en la literatura ecológica.33 La auténtica maternidad espiritual puede indicar proximidad a las personas, realismo, intuición, sensibilidad frente a las necesidades psíquicas de los demás, y también mucha fuerza interior. Indica, expresándonos con cautela, una capacidad especial de la mujer para mostrar el amor de un modo concreto, un talento especial para reconocer y destacar al individuo dentro de la masa. Pero sabemos muy bien que no todas las mujeres son suaves y abnegadas. No todas ellas muestran su talento hacia la solidaridad. No es raro que, en determinados casos, un varón tenga más sensibilidad para acoger, para atender que la mayoría de las mujeres. Y puede ser más pacífico que su esposa. En este sentido, conviene recordar que los valores femeninos son valores humanos. Tenemos que distinguir entre “mujer” y los valores que parecen ser más propios a ella, y “varón” y los valores que parecen ser más propios a él. Es decir, cada persona puede y debe desarrollar 30 Cf. J. ARCHER, Sex differences in aggression in real-world settings: a meta-analytic review, en Review of General Psychology, nº 8 (2005/1), pp.291-322. Hoy se puede observar también otra repartición entre los sexos respecto a las posibilidades de ser violentos, diferentes a las de antes. La tendencia feminista actual admite que la mujer pueda tomar la misma iniciativa, y ya hace tiempo que no son una excepción las mujeres violentas. En varios países se fundaron “asociaciones de varones maltratados”. 31 Cf. C. HOPF; M. HARTWIG (eds.), Liebe und Abhängigkeit. Partnerschaftsbeziehungen junger Frauen, Weinheim 2001. 32 Cf. M.L. FISHER, Female intrasexual competition decreases female facial attractiveness, en Science, nº 271 (2004), Suppl. 5, pp.283-285. 33 Cf. Alicia PULEO (ed), Del ecofeminismo clásico al deconstructivo: principales corrientes de un pensamiento poco conocido, en Celia Amorós y Ana de Miguel (eds.), Teoría feminista. De la Ilustración a la globalización, Madrid, 2005, pp.121-152. 10 también los llamados talentos del sexo opuesto aunque, de ordinario, le puede costar un poco más. Por ejemplo, una mujer madura y realizada, no sólo es tierna y comprensiva; también es fuerte y valiente. Y un varón maduro no sólo es valiente, también es comprensivo y humilde, acogedor. Por cierto, donde hay un especial talento femenino debe haber también un correspondiente talento masculino. ¿Cuál es la fuerza específica del varón? Éste tiene por naturaleza una mayor distancia respecto a la vida concreta. Se encuentra siempre “fuera” del proceso de la gestación y del nacimiento, y sólo puede tener parte en ellos a través de su mujer. Precisamente esa mayor distancia le puede facilitar una acción más serena para proteger la vida, y asegurar su futuro. Puede conducirle a ser un verdadero padre, no sólo en la dimensión física, sino también en sentido espiritual; a ser un amigo imperturbable, seguro y de confianza. Pero puede llevarle también, por otro lado, a un cierto desinterés por las cosas concretas y cotidianas, lo que, desgraciadamente, se ha favorecido, en épocas pasadas, por una educación unilateral. Aparte del sexo existen, sin duda, otros muchos factores responsables de la estructura de nuestra personalidad. Cada uno tiene su propia manera irrepetible de ser varón o mujer. En consecuencia, es una tarea importante descubrir la propia individualidad, con sus posibilidades y sus límites, sus puntos fuertes y débiles. Cada persona tiene una misión original en este mundo.34 Está llamada a hacer algo grande de su vida, y sólo lo conseguirá si cumple una tarea previa: vivir en paz con la propia naturaleza.

Jutta Burggraf

34 Cf. Jutta BURGGRAF, Libertad vivida: con la fuerza de la fe, Madrid 2 200

 

 

Dadles vosotros de comer. ¿Dónde está tu hermano? Carta pastoral sobre el paro

Muy queridos diocesanos; una vez más me dirijo a vosotros estos últimos meses. En mi homilía de la fiesta de nuestra Señora de los Desamparados, entre otras cosas, dije: ”Estamos, hermanos, en una situación muy difícil, no sólo por la pandemia del covid-19, sino, además, por las múltiples crisis derivadas de ella, entre las cuales está la gravísima crisis económica con un cifra escalofriante de destrucción de empresas pequeñas y de negocios y la pérdida o destrucción de miles de puestos de trabajo, con todo lo que esto significa y las repercusiones que tiene familiares, humanas y para la vida misma y el caos en que se ve o puede verse anegada España, camino de la ruina; y tened muy por cierto que Jesucristo está muy unido y abrazado a todos éstos y a esa multitud ingente de los que gimen bajo la dura realidad de las múltiples y nuevas pobrezas , como la del covid-19, que afligen a este mundo, muy querido por Dios, por Jesucristo que nos quiere de verdad. De Él escuchamos su voz que nos dice y pide que permanezcamos en su amor, que no nos apartemos del amor de Dios y a Dios, por encima de todo, y que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado, con el mismo amor, con el mismo amor con que son amados todos los Desamparados por su Madre Santísima que nos dio como Madre nuestra junto a la Cruz, la cruz de esa multitud ingente de hijos que sufren hoy; esta situación llama e interpela a la conciencia de los cristianos de Valencia que tendrá que hacer mucho, cuanto esté de su parte, adoptando medidas concretas para toda la diócesis y en toda la diócesis”.

Y añadía en esta misma homilía, recordando el pasaje de las bodas de Caná en el que María indica a los criados “haced lo que Él os diga”, que para nosotros resultan programáticas: La verdadera devoción a María nos lleva siempre a hacer lo que Jesús nos dice en estos momentos: “Dadles vosotros de comer, estuve enfermo y me visitasteis, sed misericordiosos como el Padre celestial es misericordioso”. Y ser misericordioso entraña el hacer en estos momentos cuanto podamos por los parados, por los que han perdido su trabajo y sus respectivas familias, que tantos dramas y daños están causando, evitar sus causas y consecuencias, y exigir a quienes debamos hacerlo que gestionen bien la cosa pública, diáfana y responsablemente y con sentido del bien común y que Dios les ilumine de tal manera que a los trabajadores “nadie les robe la dignidad del trabajo” (papa Francisco), que se cree riqueza productiva por los sectores productivos que deberían ser convocados públicamente a colaborar, por el mantenimiento de las empresas, y que promuevan ya un rearme moral que está en la base para un cambio de situación tan grave como en la que estamos sumidos y hundidos; y que todos juntos, con lealtad, claridad, verdad y generosidad colaboremos unidos, en la medida de nuestras posibilidades y responsabilidades, también la diócesis en cuanto tal se sume, por ejemplo, renovando y poniendo en vigor, una COMISIÓN DIOCESANA, que ya existía desde tiempos de nuestro querido y recordado Arzobispo D. Miguel Roca, de cristianos comprometidos; una COMISION o JUNTA DIOCESANA, plural y pluridisciplinar, POR EL EMPLEO, POR LOS PARADOS Y LA REGENERACIÓN SOCIAL, DE LUCHA CONTRA EL PARO Y EN FAVOR DE UN EMPLEO DIGNO: Una Comisión diocesana que estudie y analice los múltiples aspectos de esta situación compleja, y nos indique actuaciones y sugerencias a seguir, una Comisión Diocesana, eclesial, abierta y comprometida a colaborar con otras instituciones civiles y sociales, como digo, de cristianos comprometidos, libre, muy libre, de gente preparada y adecuada. De pensamiento y acción, crítica e independiente, que no sólo se fije en lo económico, aunque sin duda atienda lo económico prioritariamente, sino que se fije también en otros aspectos necesarios para el bien común y el bien de la persona, moral, humana, espiritual, y la urgente recomposición moral, espiritual y cultural del tejido social que se requiere. Por todo esto, y secundándolo más explícitamente, os escribo esta Carta Pastoral sobre el drama del paro. Tal vez estéis cansados de tantos escritos míos en este tiempo de “confinamiento” y quizá no os dé tiempo a leerlos y asimilarlos, pero como Obispo, pastor, hermano y padre no debo dejar pasar un asunto tan urgente como el del drama del paro, que pide de inmediato una respuesta de justicia y caridad, de caridad política de la comunidad de cristianos de la Iglesia que peregrina en Valencia. Sé que estáis haciendo mucho por los parados y sus familias, desde la ayuda de alimentos y de ropa, hasta otro tipo de ayudas solidarias y que estáis colaborando muy bien con Cáritas Diocesana y Parroquial, con los economatos de parroquias y arciprestazgos, con comedores en Colegios diocesanos, etc, y con otras instituciones e iniciativas nobles que trabajan en este sentido: muchas gracias y seguid haciéndolas, sin desmayar, abrid también comedores sociales diocesanos desde Cáritas y otras instituciones eclesiales, favoreced los “veranos diferentes” desde los Colegios diocesanos…

I) EL DRAMA DEL PARO

Nos encontramos ante una cifra oficial de parados en España que a todos nos sobrecoge y asusta. No es la misma situación ahora que la de otros momentos, no lejanos, en que se producía también una alarma social similar por el paro. Pero ahora estamos ante un record histórico del paro, que amenaza con aumentar, y más después de los pactos oscuros tan comentados y criticados por amplios sectores de población y que dañan incluso la democracia reconquistada con tantos esfuerzos. No podemos desligar esta situación de la situación de crisis sanitaria provocada por la pandemia del covid-19, sino situarla allí mismo, en su contexto. No podemos desligarla tampoco de la gran crisis de humanidad, moral, espiritual y cultural en que está acaeciendo esta misma pandemia; no podemos desligarla de la caída y destrucción de tantas empresas pequeñas y medianas, familiares, e incluso grandes, vinculadas estas caídas a la gran crisis de la salud, sobrevenida en estos últimos tiempos, en los que estamos asistiendo a una paralización de la economía y del desarrollo debido, entre otras causas, a las medidas oportunas que había que adoptarse de confinamiento. Nos encontramos en un momento de gravedad extrema y suma dificultad que reclama respuestas y soluciones no solo paliativas sino soluciones de superación real y eficaz. Y, por eso, creo una Comisión Diocesana en Valencia por el Empleo y contra el Paro, a la que me he referido antes.

Las gentes se han sentido y siguen sintiéndose muy alarmadas por la gravísima crisis sanitaria mundial, de la que, como percibimos, no anda lejos el enemigo del hombre y príncipe de la mentira, Satán, y también la crisis de valores y actitudes, pero la voz de alarma ha subido decibelios cuando se están experimentando las gravísimas crisis económicas que se están produciendo simultánea o concomitantemente, y el incumplimiento ya varios meses de las pagas prometidas y debidas por parte del Gobierno, y todavía no abonadas. Como en otros momentos, lo económico sobresale por encima de otros aspectos de las crisis inherentes y algunas tan o más peligrosas para el futuro del hombre y de la humanidad que la misma pandemia del covid.

En todo caso esta situación, dolorosísima y difícil, reclama respuestas decididas y claras; por lo que se refiere al paro cuyo número ocupa la cota más alta de nuestra historia española, por desgracia, previsiblemente en aumento, y que no se puede comparar a otras épocas de gran paro acaecidas en nuestro país. Es verdad que no se trata de un fenómeno sólo nuestro, aunque tenga sus connotaciones muy propias y diferentes a otros países de nuestra área, que habrá que analizar; es un problema universal de los tiempos actuales.

No veamos el problema solo desde la perspectiva de lo que el erario público debe pagar en indemnizaciones, con el consiguiente déficit, endeudamiento y con las consecuencias que esto tenga o pueda tener para el PIB; ni tampoco creamos que se soluciona con la así llamada “renta básica”, ni con un salario mínimo universal, a cargo del Estado, que paliase momentáneamente efectos como el hambre y otras situaciones dramáticas, lo agravaría; lo que sucede es que no hay actividad económica productiva, por múltiples causas que dejo a los verdaderos expertos en economía, y por tanto no hay trabajo, ni puestos de trabajo, sin más, y este es el principal problema que hay que atender y atajar porque no se puede privar de la dignidad del trabajo, más allá, incluso, del dinero: lo primero es el trabajo, la posibilidad del trabajo, la dignidad del trabajo que no se puede quitar o “robar”, con expresión del papa Francisco, que reclama la dignidad de toda persona humana, que eso es a lo que se refiere el papa Francisco e inmediatamente antes que él, los papas San Juan Pablo II y Benedicto XVI en conformidad con la doctrina social de la Iglesia, como aclaró días atrás magníficamente el Obispo Secretario de la Conferencia Episcopal, Mons. Luis Argüello.

Hay que añadir, además, que, creo y a la vista está, no se están aportando respuestas suficientes y válidas, y que los pronósticos de futuro, al mismo tiempo, no son nada halagüeños: va a crecer el paro seguramente en los próximos meses, y se constata y pronostica como algo irremediable en esta situación de la sociedad. Se trata de un gravísimo mal, pues, uno de los peores males, sin duda.

Ante la urgencia, gravedad y extensión, de este mal personal y social del paro, que atañe al bien de la persona y al bien común, a las familias y a los individuos, todos estamos emplazados a aportar caminos y soluciones y superarlo y vencerlo, en la medida de lo posible, al menos aminorarlo en número y en sus graves consecuencias, todos juntos y colaborando todos. Este debiera ser objetivo prioritario de la actuación del gobierno: trabajo y trabajo, puestos de trabajo y empleo decente y digno; pero también, estimo, habría de serlo de toda la sociedad, porque es una cuestión que afecta a todos y a todos incumbe su superación y la erradicación de sus causas. El paro, sin duda alguna, es una de las peores calamidades de nuestra sociedad; uno de los peores males que la aquejan; el paro de hoy no es un mal más entre los muchos que padece nuestro mundo enfermo, y no sólo del covid-19; constituye, de hecho, una especie de tumor maligno muy profundo y agresivo, con grandes y graves ramificaciones, que -¿por qué no decirlo?- está juzgando a nuestra sociedad y condenando a un mundo, y a un modo de vivir como el nuestro.

Me viene a la memoria que en los años 1983-1984, cuando España también se vio azotada por una crisis de paro, pero de otra manera, muchísimo menos extensa y honda que la de ahora, Mons. Antonio Palenzuela, entonces Obispo de Segovia, (un hombre de fe, fiel al Evangelio, apasionado por la verdad, libre, amigo y maestro que tanto echo de menos ahora por muchos motivos, defensor del hombre y de los más pobres) dijo y escribió cosas, que merece la pena recordarlas y leerlas de nuevo porque son de gran valor, muy lúcidas, y actuales.

A propósito de la realidad del paro, fenómeno tan de la actual época moderna, afirmaba, con la libertad que lo caracterizaba, lo siguiente: «El paro es uno de los mayores males que afectan a las sociedades modernas. Produce hambre, miseria, frustración, crisis familiares, humillación y desesperanza y puede desembocar en una cadena de guerras y revoluciones como ocurrió con la crisis de los años treinta. Ahora, drogados por tanto ruido, tanta imagen, tanto alcohol, tanta droga, tanto engaño publicitario e ideológico, tanta cosa poseída, disfrutada y consumida, tanta libertad sin compromiso y entrega, no advertimos un mal tan grande que, de una u otra forma, nos afecta a todos». Y añadiría que esta situación se ve agravada actualmente en la sociedad posmoderna, materialista, hedonista, sin rumbo, libertaria, afectada por una gran crisis cultural y moral, con pérdida muy notable de la verdad, inmersa y dominada en un relativismo feroz, sumida en el engaño y la mentira, en la falta de transparencia y en el endiosamiento de la libertad omnímoda, individualista, contraria a la vida y a la familia, con una gran crisis espiritual y humana, en que se hace desaparecer a Dios del horizontes de nuestras vidas y de la vida social y pública, con fuerte carga de horizontalismo y secularización terrestre sin mayores miras, insensible al bien común que es inseparable de la persona, y por lo que se refiere a España con un gobierno social-comunista que parece que valora más el interés propio e ideológico y el poder por encima de la justicia. Cuando escribo esto, me duele hacerlo y pido perdón si alguien se ofende; pero es la verdad, dígase lo que se diga.

II) EL PARO SIGUE Y AUMENTA

El paro, «cáncer terrible de nuestra sociedad», «no es un mal cualquiera», porque, «además del hambre y de la miseria, de las humillaciones y frustraciones, de las crisis familiares, o de las desesperanzas que produce» y hasta de muerte en algunos casos, hiere al hombre o la mujer sin empleo, al adulto o al joven, en lo más profundo de su dignidad humana, que la ven perdida o dañada, «porque se les ha despojado de ella» al verse privados de un trabajo decente, sin el que «el hombre contemporáneo, al menos en nuestras sociedades, no se considera ´realizado` como persona». Lo que más preocupa a los españoles -y desean-, según los datos de población, es tener un puesto de trabajo. «Les va en ello su dignidad y ser hombres y mujeres. Estremece sólo imaginar qué puede ser de una juventud que, después de una preparación escolar a veces demasiado larga, entra en la edad adulta, sin haber alcanzado un puesto de trabajo algo estable» (A. Palenzuela). Por eso la Iglesia en Valencia crea una Comisión Diocesana por el Empleo y de lucha contra el paro de cristianos comprometidos, libre, de pensamiento y acción, con estudios serios y fundamentados que ofrezca directrices, sugerencias y proyectos concretos, crítica, sólida e independiente, que no se fije exclusivamente en lo económico, que sin duda lo va a atender prioritariamente, sino que se fije también en otros aspectos necesarios para el bien común y de la persona hoy y aquí, moral, humana, social, cultural, espiritual y para la urgente recomposición moral, espiritual, humana y cultural del tejido social que hay que reparar y restituir por vías de urgencia.

A toda esta situación tan grave podríamos añadir algo que aún la hace más dramática: «No se ve, además, una pronta salida de tal estado de cosas. Quien en la edad madura pierda su puesto de trabajo, puede dar por casi seguro que no encontrará otro. En estos casos hay familias que llegan a extrema necesidad y viven en angustiosos y permanentes conflictos. El paro juvenil está afectando a los adolescentes que van a ver aún más incierto su futuro”.

Por más que impere, en el ámbito público y privado, un decidido interés por entretener y ´divertir` a la juventud, ésta ha perdido la confianza en el mundo adulto. “De esta pérdida todos tocamos los terribles efectos. Pero nos hemos ido acostumbrando y nos domina la indiferencia, la apatía y el fatalismo», la pasividad cuando se vive subvencionado, de hecho.

«No se puede negar -añadía Mons. Palenzuela como análisis de las causas- que factores técnicos son causa del paro. Pero también lo es en una gran medida la falta de solidaridad en nuestras sociedades. Son patentes muestras de ella, la acumulación de empleos, los salarios exorbitantes y no justificados, la aplicación de ingentes recursos económicos a satisfacer necesidades artificiosamente suscitadas por la manipulación de los medios de comunicación, el consumismo, (la aplicación de ingentes medios económicos a la satisfacción del lujo, el derroche sin sentido, el crecimiento irresponsable del gasto público), y sobre todo, la pérdida del sentido de los valores morales que lleva a subordinar a los intereses económicos e ideológicos, el bien del hombre y de la sociedad». «El paro es el fruto de un orden de cosas que hace de lo económico el valor supremo, un dios», y otro “dios” el poder y el dominio.

Nadie puede sentirse espectador desde fuera ante el paro. El paro juzga a una sociedad como la nuestra. Más aún, el paro condena a un mundo como el nuestro. Todos, ante el paro masivo, somos y debemos sentirnos solidarios y responsables, de manera particular los cristianos, que tenemos una razón especial para ello: «Si a Dios le interesa apasionadamente el destino del hombre, al cristiano no puede serle indiferente el problema del empleo y del paro. En él está en juego, directa o indirectamente, el destino de los hombres y sociedades de nuestro tiempo». Es la hora de la verdad, la hora de la caridad. Verdad y caridad se muestran cuando uno es capaz de darse enteramente para ayudar y salvar, hasta la vida misma, como ese testimonio admirable y sobrecogedor, que estos días han dado y están dando a todo el mundo, médicos, enfermeros, enfermeras, personal auxiliar, cuidadores de ancianos, religiosas, religiosos, sacerdotes, fuerzas de seguridad y ese largo etcétera, cuyo valor y ejemplo de solidaridad tanto admiramos y felicitamos; algunos, muchos, han dado su vida por salvar a otros. Dios habrá premiado su extraordinario y tan esperanzador testimonio de solidaridad y de servicio, más aún de un amor al prójimo, de caridad heroica, que es reflejo del Amor que es Dios, tan sumamente apasionado por el hombre: no sólo dan algo o mucho, sino que se han dado a sí mismos. Desde aquí mi condolencia a las familias, mi oración, mi agradecimiento y admiración por tan alto ejemplo de virtud, servicio y valor a toda la sociedad, y por la esperanza a la que nos mueven. Dios no nos deja en la estacada.

No puede sernos, en absoluto, -no nos es- indiferente realidad tan dura, crucial y decisiva. Es preciso ofrecer respuestas a la voz tan paciente de los parados. Con palabras de nuevo de Mons. Antonio Palenzuela, reconozco que «sin duda serían necesarias profundas reformas de la sociedad (reformas económicas, un nuevo orden en la economía y en el ámbito laboral), nuevas formas de trabajo y, sobre todo, un rearme moral -y no el permisivismo con el que se trata de ´encantar` a las masas- para poder repartir las cargas que trae consigo la situación sufrida por la pandemia además de la necesaria revolución tecnológica. العناية بالبشرة Pero aunque nuestros esfuerzos individuales sean bien poca cosa para remediar tanto mal, quienes hoy carecen de trabajo nos apremian para que los ayudemos a llevar su carga y les mostremos así nuestra solidaridad», y para eso creamos la anunciada Comisión Diocesana en favor del Empleo y de lucha contra el Paro.

Un ejemplo y testimonio maravilloso, una ayuda valiosísima y hasta imprescindible como estamos viendo y palpando, lo están ofreciendo, en primer plano y línea de vanguardia, eficazmente, tanto las familias -precisamente las familias de siempre, las llamadas tradicionales, tan denostadas por algunos- y la obra de «Cáritas» -nacional, diocesana o parroquial (la Iglesia, en definitiva),-. Sin las familias y sin las «Cáritas» de manera muy principal -no olvido ni omito otras instituciones y asociaciones con su importante e imprescindible aportación-, la gravedad del paro y la crisis económica que nos envuelve serían sin duda mucho más lacerantes todavía: familia y Cáritas están siendo ya un notable paliativo, no sólo digno de encomio, sino merecedor, además, de reconocimiento público y de apoyo por parte de quienes deben y debemos apoyarlas con gestos y disposiciones oportunas.

III) NO DESCIENDE EL PARO: HAY QUE ACTUAR, YA

«Los hombres y mujeres en paro agradecen cuanto se haga por sacarlos de apuros extremos. Pero quieren, ante todo, un puesto de trabajo. Les va en ello su dignidad… Hay mucha generosidad, frecuentemente anónima, en favor de quienes carecen de trabajo. Pero no basta» (A. Palenzuela). Sin duda que serán necesarias notables reformas económicas, sociales y estructurales, reestructuración de sectores de producción, cambios tecnológicos,…; todo esto me sobrepasa y seguramente sobrepasa a muchos. En todo caso son cambios lentos, porque «un cambio en las hodiernas condiciones resulta siempre lento» y sus resultados no pueden ser inmediatos. Esto habrá de abordarlo con sabiduría y prudencia la Comisión Diocesana creada estos días, abierta a otras instancias y dispuesta colaborar con ellas. Pero hay medidas -no quiero ser utópico ni superficial- que sí son posibles –algunas ya las he dicho-. «Habrá que buscar entre todos campos nuevos de trabajo y formas nuevas de asociarse para crear más trabajo. Y, sobre todo, será mayor la solidaridad entre todos». Esta solidaridad puede canalizarse y organizarse -seguramente está en ello ya Cáritas y la citada Comisión Diocesana-, «estableciendo, por ejemplo, fondos de ayuda, que no suprimirán el paro, sin duda, pero remediarán las consecuencias del paro en algunos casos extremos y serán una prueba de verdad de la cercanía a los desempleados y del interés por ellos. Y por ello, entre otras cosas, habría, que abrir ya una cuenta para recaudar fondos, que abro con mi aportación durante tiempo indefinido de mi nómina mensual de la Conferencia Episcopal. Recuerdo, una vez más, que lo importante es crear trabajo y en este sentido, lo que supuso desde Cáritas diocesana de Granada,  البشرة الحساسة en los años 90, el gran esfuerzo llevado a cabo para, con cursos de formación profesional, fondos de ayuda, orientaciones y acompañamiento correspondientes, promover iniciativas de asociación y cooperación entre parados y generar así algunas pequeñas empresas, que constituyeron una esperanza; y lo que está haciéndose en estos momentos por Cáritas en la creación de puestos de trabajo .

Recuerdo y evoco también, algunas iniciativas que promovieron empresarios cristianos de los grupos «Centessimus Annus» que en España intentaron promover iniciativas y nuevos puestos de trabajo.

Es necesario que entre en la conciencia de toda la urgente y apremiante respuesta de solidaridad con los parados. «Quien tiene un puesto de trabajo, decía Mons. Palenzuela en la década de los 80, ha de dar algo de lo que éste le produce, en favor de quien carece de él y lo busca. Nadie se excuse con que ya paga sus impuestos e indirectamente ayuda a los parados. Hay cosas en la sociedad y, sobre todo, en la vida de los individuos que no se consigue sólo con los impuestos. El desempleado busca ante todo trabajo y no se contenta con un subsidio -cuando se tiene- o con una limosna, aunque esto se lo ofrezcan como consecuencia y expresión de una solidaridad debida. Mientras dura la crisis, además de colaborar lealmente con las instancias políticas y económicas para salir de esa crisis, se habrá de colaborar en todo intento de crear formas, por ejemplo, de cooperativismo y otras para mitigar el paro». No se trata de acudir a subvencionar la renta mínima, sino de proporcionar y favorecer puestos de trabajo, no destruir empleos sino crearlos. Así se evitará algo tan dañino como el estado de dependencia, de consecuencias tan funestas.

Es preciso reconocer públicamente lo que CARITAS diocesana y la colaboración de las caritas parroquiales están haciendo en el tema concreto del paro; pronto haremos público un informe de toda su actividad; que hemos de dar a conocer para edificación y ejemplo nuestro y de quien corresponda.

El paro, pues, reclama medidas técnicas que seguramente no están al alcance de muchas manos y en eso también ayudará la Comisión Diocesana, pero reclama urgentemente la solidaridad de todos con los parados; insisto, más aún y de una manera muy particular de los cristianos, sobre todo, en esa forma que va más allá de la misma solidaridad y que es la caridad, a la que corresponde también una dimensión política, como recordaba el papa Benedicto en su primera Encíclica Deus Caritas est, y en su tercera Caritas in Veritates, o como nos está indicando en multitud de ocasiones el papa Francisco: estamos «en una época en la que cualquier cristiano que se empeñe en ser fiel a su condición de cristiano, habrá de tener en cuenta el paro, mientras no se desarraigue del todo este mal».

La Iglesia en España clarísima y ejemplarmente se solidariza con nuestros parados. Es necesario seguir formando «las conciencias en esta materia», continuar «ayudando a los parados en sus necesidades inaplazables y buscando, con todos, nuevos caminos en el orden económico y en otros órdenes. La Iglesia no puede erradicar el paro. Y, sin embargo, puede ayudar mucho a remediar sus consecuencias y a cambiar las conciencias en vistas de un nuevo orden económico» y ayudará también y en primer término promoviendo la nueva evangelización que urge y apremia. «La atención al paro seguirá constituyendo una preocupación prioritaria de la acción caritativa y social de las parroquias, comunidades religiosas, asociaciones, grupos e individuos… Los desempleados habrán de sentir cercanos el interés y la preocupación de la comunidad cristiana por ellos». La apertura a Dios, la acogida de Él y de su amor, la fe en Él, la vuelta a Él, la conversión que tanto nos urge, «no es posible, si no damos un paso hacia esos hermanos nuestros que son víctimas de tanta miseria y humillación», como comporta el paro. No se pueden olvidar las palabras del Señor: «Tuve hambre y me diste de comer», o lo que es semejante: «Era uno de los parados y me ayudaste». «No bastará con un donativo, será necesario seguir este problema, cambiar de mente y de vida y buscar, en la medida de lo posible, salidas» (A. Palenzuela), y asociarse y crear plataformas adecuadas. ¿Dónde podemos ver la sensibilidad de los encargados de la cosa pública, su sensibilidad por la grave situación del paro, que es lo mismo que su sensibilidad por el bien común, base y fundamento de la cosa pública? La ayuda que estoy pidiendo también tiene mucho que ver con la Campaña de “ayuda a tu Iglesia, colabora con tu Iglesia”. Colaboremos de verdad ahí.

La Comisión Diocesana a la que tantas veces me he referido estará integrada por Cáritas Diocesana: Su Director Diocesano y quien él designe, la Universidad Católica de Valencia con la Facultad de Ciencias Jurídicas, Económicas y Empresariales: Su Rector y Decana y quienes designen, un Obispo Auxiliar, quien él designe, el Vicario General de la Diócesis y quien él designe, empresarios, trabajadores y expertos designados por el Arzobispo quien delegará su presidencia en la persona idónea para los fines efectivos de la Comisión Diocesana, y designará además, miembros del Consejo del Presbiterio. También se invitará a participar o colaborar con esta Comisión Diocesana a la Universidad Cardenal Herrera, otras instituciones e instancias del ámbito civil y expertos que se ofrezcan.

Para finalizar y resumiendo, en esta situación que estamos viviendo de pandemia, de acumulación de crisis, escuchamos la voz del Señor que nos llama a acoger su amor que se manifiesta en favor de todos y está en todos y con todos, singularmente de los que sufren por la pandemia de la enfermedad del coronavirus, y de las crisis múltiples que vivimos, entre otras, la de los parados y la de las penalidades que afectan a tantos y tantas familias, pobrezas y personas en estos momentos y el Señor nos recuerda aquellas palabras suyas ya en el libro del Génesis: “¿Dónde está tu hermano?” y a esos hermanos nuestros, como buenos samaritanos, debemos buscar, encontrar, atender, salir al paso con el mismo amor de Dios que Él nos da en Jesucristo por el Espíritu que derrama su amor en nuestros corazones, y animados por nuestra fe amemos con obras a estos hermanos nuestros por los que Dios por Jesucristo tiene un amor preferencial. Son muchas las maneras como se puede llevar a cabo lo que nos pide el amor de Dios en nosotros, y nosotros, personalmente o a través de Cáritas o de vuestras parroquias y de otras instituciones, lo estáis realizando ya de alguna manera. La Comisión Diocesana para el Empleo y contra el Paro es una de las iniciativas y ya nos irá diciendo esta Comisión concretamente cómo podremos colaborar y actuar, pero no esperemos a entonces, hay que actuar ya, porque es la hora de la caridad y de la misericordia y no debemos aguardar; es la hora de la fe, que reconoce a Jesucristo presente e identificado en los necesitados, y esta fe ha de manifestarse sin demora, y es la hora de la esperanza que no defrauda, si actuamos ya conforme a las promesas de Dios que nos está aguardando como a siervos suyos y nada menos que para darnos la gloria y la vida eterna si obramos conforme su querer y hacemos lo que Él nos pide hoy.

Que Dios y la Santísima Virgen, Nuestra Señora de los Desamparados, a quienes encomendamos los trabajos y acciones de esta Comisión Diocesana y todo nuestro actuar en favor de los hijos de Dios necesitados, nos ayuden y bendigan, y nos dejemos ayudar por Él y por Ella,- que ellos ya nos ayudan, como ya están haciendo siempre-; que nos den las fuerzas necesarias y su gracia, que nos conforta y fortalece para para que podamos hacer todo lo que Dios, Padre nuestro, nos pide ahora. Queridos diocesanos, que Dios os pague, bendiga a todos, colaborad y tened ánimo para que entre todos y la ayuda del Cielo y de todos caminemos en la dirección adecuada y necesaria; esto también podemos verlo como fruto del Sínodo y de la oración y del tiempo de la pandemia. Y, por último, ya, no olvidemos el aspecto educativo, que también es manifestación del amor y de la misericordia de Dios en nosotros: es necesario tomar conciencia de la responsabilidad que todos tenemos con respecto a la educación, todos estamos llamados, como nos recuerda el papa Francisco, “a fin de alimentar el espíritu de encuentro, unir esfuerzos por una alianza educativa amplia, para formar personas maduras, capaces de superar fragmentaciones y contraposiciones y reconstruir el tejido de las relacione por una humanidad más fraterna”, un mundo más humano, y “desarrollar ese movimiento de solidaridad y unidad” entre todos que “podrá generar una humanidad renovada”; y en esto nuestros Colegios Diocesanos y las Escuelas Católicas”, y las Asociaciones de Padres católicos deberían asumir el liderazgo exigible, que les corresponde.

Valencia, 24 de mayo, 2020, fiesta de la Ascensión del Señor

+Antonio Cañizares Llovera Arzobispo de Valencia

 

 

Reflexión sobre los ancianos

Todavía queda el eco de La Fiesta de la Visitación ( 31 de mayo) , una fecha particularmente oportuna para reflexionar sobre los mayores.

Vaya mi condolencia a los familiares de ancianos que han perdido la vida directa o indirectamente por el Covid – 19. Mi admiración a los cuidadores en las residencias. Hay ancianos que viven en residencias por su propia voluntad; otros,   por necesidad;  no faltan aquellos que están allí en aras de la comodidad de los suyos, influenciados por el ambiente materialista y  hedonista que nos rodea.

No debemos discriminar a los ancianos. Insiste, el Papa Francisco, en que  no se les debe descartar y que “ Dios se hace visible en las manos temblorosas de los ancianos olvidados”.

Con nuestros mayores tenemos una deuda de  gratitud: por ellos, “somos lo que somos”. Pese al ambiente de materialismo que nos rodea, todavía hay personas que “con sus atenciones y su amor misericordioso  hacen agradable la vida de los mayores y que se sientan amados y útiles (…)”.

Pienso que las familias deben hacer lo posible por no alejarlos del ambiente familiar. Debemos tomar conciencia de esta verdad: acoger a nuestros mayores en nuestra casa y hacer que se sientan como en la suya, agrada a Dios. A quienes así obran, cuando los pierden tienen el consuelo del Señor, que recompensa con la paz  y la paradoja de una  íntima alegría en medio de la pena natural.

Nuestros mayores merecen ser tratados con veneración y que tengamos, hacia ellos,  una solicitud filial.  En palabras del  Papa sabio Benedicto XVI: “ Se debería impulsar un compromiso mayor, empezando por las familias y las instituciones públicas, para que los ancianos puedan permanecer en sus hogares”.

 Muchísimos ancianos “han mantenido su fidelidad a Jesucristo en su Iglesia durante tantos años…y son “un testimonio para los que vienen detrás”. Tengamos en cuenta que “cada edad tiene su belleza y sus tareas” y que la palabra de Dios muestra una gran consideración por la edad avanzada, hasta el punto de que «la longevidad es interpretada como un signo de la benevolencia divina» (San Juan Pablo II).

Josefa Romo Garlito

 

 

Merkel y Dios

EL DÍA DE ANTIER, DURANTE UNA VISITA A LA UNIVERSIDAD DE BERNA, SUIZA, ESA GRAN “DAMA DE HIERRO” ALEMANA, ANGELA MERKEL, FUE ENTREVISTADA SOBRE LOS PROBLEMAS QUE ACTUALMENTE ENFRENTA EL MUNDO POR EL FUNDAMENTALISMO ISLÁMICO Y LA UTILIZACIÓN DEL TERRORISMO COMO FACTOR DE ACCIÓN POLÍTICA. LA RESPUESTA DE LA CANCILLER DE ESE GRAN PAÍS, QUE HA SOBREVIVIDO A VARIAS GUERRAS Y QUE TIENE LA GÉNESIS DE GRANDES FILÓSOFOS, MÚSICOS, ARTISTAS Y CIENTÍFICOS, FUE SORPRENDENTE, AUNQUE SE SABE QUE ELLA ES HIJA DE UN PASTOR PROTESTANTE. EN SUS COMENTARIOS DIJO QUE LA ÚNICA FÓRMULA PARA REGRESAR EL MUNDO A LA PAZ Y A LA ESTABILIDAD, POR LAS DIFERENTES FORMAS DE PENSAR, ES VOLVER A LA BIBLIA Y AL PENSAMIENTO MÍSTICO RELIGIOSO, PUES EL SENTIR PRAGMÁTICO DEL LIBERALISMO ESTÁ HUNDIENDO AL MUNDO CADA VEZ MÁS EN CONFLICTOS INSALVABLES, SOBRE TODO POR EL NUEVO ISLAMISMO Y LA MIGRACIÓN CORRESPONDIENTE. ELLA DIJO VER CON RESPETO A LOS MUSULMANES QUE CREEN EN LOS VALORES DE PAZ QUE SE PREDICAN EN ESA RELIGIÓN, Y TAMBIÉN HIZO LA OBSERVACIÓN DE QUE LAS REACCIONES DEFENSIVAS DE ALGUNOS PUEBLOS, EN PARTICULAR EL SUYO, SOBRE CONVIVIR CON OTRAS FORMAS DE PENSAR, ES UN MECANISMO DE MIEDO Y EL MIEDO NUNCA HA SIDO UN BUEN CONSEJERO PARA RESOLVER LOS PROBLEMAS. SU MEJOR EJEMPLO FUE LA CAUSOLOGÍA DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, REFIRIÉNDOSE DE PASO A LAS ACTITUDES DEL NUEVO LIDERAZGO NORTEAMERICANO, QUE HA OLVIDADO EL PERDÓN Y LA TOLERANCIA, ASÍ COMO LA COMPASIÓN Y ESTÁ TRATANDO DE “JUGAR” SOLO A LOS INTERESES ECONÓMICOS. CONCLUYÓ SU SEÑALAMIENTO DICIENDO QUE LE GUSTARÍA QUE MÁS GENTE DIJERA PÚBLICAMENTE QUE QUIERE VOLVER A DIOS Y QUE ENTIENDAN LA BIBLIA EN CONCEPTOS BÁSICOS COMO EL DEL PENTECOSTÉS, RATIFICANDO, DE ACUERDO CON INFORMACIÓN PUBLICADA POR EL MEDIO EVANGELICAL FOCUS, QUE LE GUSTARÍA VER MÁS GENTE EN LAS IGLESIAS, ESTABLECIENDO DIÁLOGOS RESPECTO A DIFERENTES OPCIONES DE CONVIVENCIA, PERO BASADOS EN LAS PALABRAS DE PIEDAD DE JESÚS. ESTA MUJER, QUE SÍ SABE DE CIENCIA, PUES SE DOCTORÓ CON UNA TESIS SOBRE QUÍMICA CUÁNTICA, OBTENIENDO UNA CALIFICACIÓN SOBRESALIENTE, ESTÁ CONVENCIDA, IGUAL QUE MUCHOS CIENTÍFICOS, QUE JESÚS ES LA ESPERANZA Y QUE LA BIBLIA ES EL GRAN DOCUMENTO QUE TODOS DEBEMOS CONOCER, LEER Y COMPRENDER. 

 

Amistad según a que edad

Siempre se ha dicho, y se entiende bien, que la amistad supone la existencia de temas comunes, inquietudes o aficiones que unen. Sin embargo, esto es algo de lo que quizá hay que prescindir cuando hablamos de adolescentes. El joven busca quien le entienda, quien le escuche. En su proceso de socialización necesita de un amigo.

 “A diferencia de los niños, los adolescentes empiezan a compartir experiencias, pensamientos, deseos, que confían solo a unas cuantas personas de su entorno” (p. 33). Necesitan transmitir su intimidad, lo que llevan dentro, que son, en gran medida, descubrimientos recientes. “El confidente, en la adolescencia, acompañando las dudas identitarias, es un rasgo típicamente identificado por los especialistas. (p. 33).

Sabemos de los conflictos que pueden sucederse en torno a estos chicos cuando no encuentran esa persona que los escucha. Quizá ocurre especialmente con las niñas, que desean contar, pero no a cualquiera. Estas situaciones suelen preocupar a los padres, porque preferirían que sus hijos les contaran ante todo a ellos. Pero no hay que preocuparse porque no sean amigos de todos. “Es lo más natural y eso se prolonga hasta la vida adulta. Lo que no sería correcto sería rechazar a otras personas. Pero mientras exista el respeto y el trato con el resto del grupo, no hay motivos para recriminar una relación de amistad particular pues, por naturaleza, las amistades son particulares” (p. 37).

Esto ha sucedido siempre. Pero en los últimos años debemos contemplar dos aspectos sociales de gran relevancia que influyen en los adolescentes, y normalmente para mal. Por un lado, la influencia de las redes sociales, y por otro lado la frecuencia de familias rotas.

Domingo Martínez Madrid

 

 

Pellizquitos de Celaá

Las ideologías de origen y pensamiento totalitario, marcan en sus acciones una pauta inequívoca: libertad para “hacer”, pero no libertad para “pensar”.

Celaá es una activista solapada y emboscada y va derecha a la obtención de ambos objetivos. A base de “pellizquitos de monja”  -aprovechando las excepcionales circunstancias que vive España- va colocando, con prisa y sin pausa, su ley de educación.

De ahí sus continuos ataques a la enseñanza privada y a la concertada.  De ahí el exabrupto ”los hijos no son de los padres”. De ahí sus intentos de uniformar los planes de estudio e implantar en ellos una sola ideología. De ahí su ataque frontal a la enseñanza especial. De ahí sus planteamientos de cara al nuevo curso, obligando a los centros privados a replantear profesorado y personal no docente, a remodelar aulas y espacios comunes, horarios y a afrontar costos imposibles de repercutir en las familias.

Todos los centros tienen su propio proyecto educativo, conocido y asumido por los padres y son esos proyectos, pergeñados al amparo de derechos irrenunciables, los que se pretende desvirtuar cuando no eliminar de golpe.

Por eso se habla de planes que proporcionen destrezas y posibilidades para insertar a los egresados, del nivel y del tipo de enseñanza que sea, en el mercado laboral, pero se orilla la capacidad de reflexión, la formación en el espíritu crítico, el interés en la búsqueda de la verdad y la defensa de la  libertad entendida en su más amplia expresión.

La enorme trascendencia de los “pellizquitos” de Celaá (retorcidos, subrepticios y perpetrados a oscuras) requiere de la acción decidida de la oposición y de una lucha política e ideológica que devuelva a la familia y a la enseñanza, de cara al futuro, sus derechos más fundamentales.

Jesús D Mez Madrid

 

 

La de ser buenos samaritanos

En el contexto del Año Internacional del Personal de Enfermería y Partería, convocado por la Organización Mundial de la Salud, se ha celebrado el Día Internacional de la Enfermería. Con ese motivo el Papa Francisco publicaba un Mensaje en el que les agradece su vocación, que hemos redescubierto en estos tiempos de pandemia.

Enfermeros y enfermeras, como dice el Papa, no poseen solo un conocimiento científico-técnico, sino que su profesionalidad está constantemente iluminada por la relación humana y humanizadora con el paciente. Más que una profesión, la suya es una vocación particular: la de ser buenos samaritanos que se hacen cargo de la vida y de las heridas de los demás.

Pedro García

 

 

La tan cacareada información pública 

 

                                Casi diariamente se nos dice y quieren convencernos de que, “estamos informados, de que rige la libertad de información, de como si no estamos informados, es porque no queremos o no nos preocupa la información”. ¿Pero qué información se nos da o se nos “echa”? “El mundo está gobernado por la mentira”; lo dijo y explicó en uno de sus libros François Revel; ¿La verdad? Está proscrita desde antes y después de Cristo, que es el que dijo que… “La verdad os hará libres”. Y es que la verdad descubriría tantos crímenes ocultos, tantos robos inmensos, tantos latrocinios efectuados por “el mono humano”, que éste y sobre todo el que llega a “mandar en los otros monos”; se defiende, ocultándola y en contrapartida, lanza y hace lanzar todo tipo de mentiras; y de ahí la síntesis del intelectual arriba indicado, cuya obra debe leer todo el que tenga inquietudes que sean, fuera de “la panza y el bolsillo”, que son los que impiden todo avance verdadero y en un verdadero progreso, siempre obstruido por “el que manda”; el que ahora y siempre nos prefiere cuanto más tontos o embrutecidos mejor.

 

                                Por todo ello, el que manda o sus ministros o secretarios, mienten más que hablan, compran, sobornan, encarcelan o incluso matan; al rebelde, al que habla claro y denuncia “las basuras” en que siempre, o casi siempre, anda o nada el poder del régimen que sea; y esto es la cruda y dura historia del ser humano o como yo la denomino, “como primate humano”; puesto que esto lo ha practicado siempre el que llega al poder; y como dato contundente, ahí tenemos a nuestros “cuasi hermanos”, los chimpancés, donde el que llega al poder en “su tribu”, será el que aparte de empreñar a todas las hembras, comerá los mejores bocados y tendrá siempre el mejor lugar, donde se detenga la manada en la que manda, hasta que le llega el turno y lo echa otro, que no cambia la regla, simplemente la ocupa, la mantiene y la disfruta. O sea “más o menos” lo que hace el primate primero o “mono humano”.

                                ¿Los medios de comunicación de todo tipo? Los que sostiene directamente con el dinero público, “el que manda”; ya los tiene bien domesticados y allí no se dirá nunca, nada en contra “del jefe y su sistema”; y como en esa empresa estatal nunca faltará el dinero y en exceso, para mantener la normalmente súper saturada plantilla de enchufados, los que normalmente cobran más que los de la empresa privada, pues todos contentos y “vengan días y vengan ollas”, como dijo aquel fraile.

                                ¿Los de la iniciativa o empresa privada? Algunos hay, que afortunadamente, honran esa libertad de información que consagra la Constitución vigente, y sobre la cual sólo pueden actuar los jueces y tribunales, si alguien infringe los límites de esa libertad, puesto que civilizadamente, “libertad no es libertinaje”; pero en general y sobre todo, “los grandes conglomerados de capital se dice que privado”; teniendo que soportar enormes gastos; y la publicidad privada, cada vez es más remisa en gastar dinero y cuando lo hace, lo hace mediante estudios comerciales, para saber que lo que gasta en publicidad, luego le va a revertir incluso con notables beneficios (en tiempos trabajé con multinacionales y sé cómo se mira con lupa el gasto en publicidad o propaganda) ¿Qué tienen que hacer estos grandes y menos grandes “medios”? Pues sencillo, pasar a depender del que manda y dispone del dinero público; y solapadamente estar “muy cerca de sus intereses”; puesto que en compensación, recibirá abundante dinero público; lo que le permitirá la rentabilidad que pretende para su negocio; y el que recibirá como subvención (“soborno”) o camuflado en esas enormes publicidades de asuntos oficiales, que como se pagan “con el dinero de todos”, pues hay una “manga ancha tan inmensa, que ni nos podemos hacer una idea hasta donde llega”.

 

                                ¿El pueblo, la masa, el indefenso contribuyente, de qué se le informa? No creo sea necesario puntualizarlo, pues por poco “caletre” que tenga el que esto lea, puede deducir, que más que información, lo que recibirá siempre es, “desinformación”, bulos, mentiras, contra información en beneficio de determinados intereses y que benefician siempre al que la paga. Por tanto y en general, nos mantendrán siempre desinformados. Pues y por otra parte… ¿Cómo se puede digerir el aluvión  o “maremoto de noticias que los bustos parlantes y demás servidores, nos lanzan cada minuto de cada día? ¿Podemos hoy mismo recordar una mínima parte de lo que nos dijeron ayer o el día de antes? No; por todo ello no estamos informados, estamos desinformados; y lo peor de todo, deformados totalmente, para poder opinar con cierta seguridad para no equivocarnos. Esa es la realidad de la tan cacareada "información".

 

“NUEVO EJERCICIO PUBLICITARIO DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO SOCIALCOMUNISTA: Sánchez convierte su ‘Aló presidente’ en una defensa cerril de Illa y Simón: «Quienes les critican son unos ignorantes». El jefe del Ejecutivo se baja los pantalones ante PNV y ERC para que le respalden la sexta prórroga del estado de alarma”. (Periodista Digital 01-06-2020)

        ¿Y qué va a decir este indeseable? Jamás reconocerán sus culpas y menos los muertos que por su mal gobierno murieron al principio de la epidemia; y precisamente por la convocatoria y mantenimiento de las mismas, manifestaciones en favor de la mujer, del ocho de marzo; sobre las que hay, al parecer, ya cientos de denuncias en los juzgados españoles; y algunos de ellos han iniciado procesos de investigación, que es lo que temen estos indeseables, que esperemos terminen en la cárcel muchos de ellos y con largas condenas, miles de muertos lo reclaman desde sus tumbas.

 

PARA QUIENES HABLAN Y ESCRIBEN: La palabra que se pronuncia o escribe, ya no se puede recuperar” y quienes escribimos para otros, hemos de tener sumo cuidado en ello... “el papel debe ser sagrado y no debe ser manchado con nada nocivo”. Mejor callar y meditar de nuevo, antes de escribir, o hablar algo que no se deba relatar. 

“La verdad es la herida que más duele… y no cicatriza”.  (De mis reflexiones publicadas)

 

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes