Las Noticias de hoy 28 Mayo 2020

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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 28 de mayo de 2020   

Indice:

ROME REPORTS

Audiencia general: Cuarta catequesis del Papa sobre la oración

Pentecostés: El Papa invita a ser dóciles a “la acción del Espíritu Santo”

Pentecostés: El Papa celebrará la Misa en la Basílica Vaticana

EL DON DE TEMOR DE DIOS: Francisco Fernandez Carbajal

“Cuéntale todo lo que te pasa”: San Josemaria

30 de mayo: rosario con el Papa Francisco por el fin de la pandemia

El matrimonio: una vocación y un camino divino: R. Pellitero

La Virgen María es madre de Dios: Rosa Corazón 

“Hay otras formas de comulgar”: + Felipe Arizmendi Esquivel Obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas

Cáritas lleva el grito de los venezolanos a los países donantes: «No nos dejen solos ante este precipicio»

¿Cuánto tiempo más podré aguantar con los niños en casa?: Mathilde De Robien

Detrás de un gran hombre, Birthe Lejeune: Ana Teresa López de Llergo

Como vivir más y mejor: las zonas azules: Lucía Legorreta

Vivan los viejos: Enrique García-Máiquez

Hay situaciones dramáticas: Xus D Madrid

Nosotros, los hombres: Valentín Abelenda Carrillo

Más Mater Ecclesiae entre la Ascensión y Pentecostés: Jesús Domingo Martínez

Benedicto XVI-Ratzinger: Domingo Martínez Madrid

España en quiebra y las quiebras del Estado: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

Audiencia general: Cuarta catequesis del Papa sobre la oración

Texto completo

MAYO 27, 2020 12:44LARISSA I. LÓPEZAUDIENCIA GENERAL

(zenit – 27 mayo 2020).- En la audiencia general, durante la cuarta catequesis del Papa sobre la oración, el Pontífice ha resaltado que la oración parece ser “el dique, el refugio del hombre ante la oleada de maldad que crece en el mundo” y que “también rezamos para ser salvados de nosotros mismos”.

Hoy, 27 de mayo de 2020, la audiencia general, tal y como ocurre desde la irrupción de la pandemia del coronavirus, ha sido celebrada en la biblioteca del Palacio Apostólico y emitida en directo por zenit. Concretamente, la reflexión del Santo Padre ha versado sobre “La oración de los justos” (Sal 17,1-3.5).

En primer lugar, Francisco ha resaltado que el plan de Dios para la humanidad es bueno, “pero en nuestra vida diaria experimentamos la presencia del mal” y cómo los primeros capítulos del libro del Génesis describen la expansión progresiva del pecado en las vivencias humanas: Adán y Eva “dudan de las intenciones benévolas de Dios” y se rebelan contra Él; Caín siente envidia de su hermano Abel y termina asesinándolo…

Una nueva creación

El mal, prosigue, “se propaga como un incendio hasta ocupar todo el cuadro”, de manera que los relatos del diluvio universal y de la torre de Babel “revelan que es necesario un nuevo comienzo, como una nueva creación, que tendrá su cumplimiento en Cristo”.

No obstante, el Papa Francisco afirma que en la Biblia también aparece la historia “que representa el rescate de la esperanza”. Y que, “aunque casi todos se comportan con brutalidad, haciendo del odio y la conquista el gran motor de las vivencias humanas, hay personas capaces de rezar a Dios con sinceridad, capaces de escribir de otra manera el destino del hombre”, sostiene.

En esta línea, se encuentra el ejemplo de Abel, que ofrece a Dios “un sacrificio de primicias” y el de Noé, “un hombre justo que ‘andaba con Dios’, frente al cual Dios detiene su propósito de borrar a la humanidad”.

Salvarnos de nosotros mismos

Con estas historias, apunta el Obispo de Roma, “uno tiene la impresión de que la oración sea el dique, el refugio del hombre ante la oleada de maldad que crece en el mundo” y añade que, “pensándolo bien, también rezamos para ser salvados de nosotros mismos.”

Por ello, es importante rezar: “Señor, por favor, sálvame de mí mismo, de mis ambiciones, de mis pasiones”. “Los orantes de las primeras páginas de la Biblia son hombres artífices de paz: en efecto, la oración, cuando es auténtica, libera de los instintos de violencia y es una mirada dirigida a Dios, para que vuelva a ocuparse del corazón del hombre”, añade.

La oración, explica el Santo Padre, “es poderosa, porque atrae el poder de Dios y el poder de Dios da siempre vida; siempre. Es el Dios de la vida y hace renacer” y por eso “el señorío de Dios pasa por la cadena de estos hombres y mujeres, a menudo incomprendidos o marginados en el mundo”,

Cadena de vida

Además, remarca que “el mundo vive y crece gracias al poder de Dios que estos servidores suyos atraen con sus oraciones. Son una cadena que no hace ruido, que rara vez salta a los titulares, y sin embargo ¡es tan importante para devolver la confianza al mundo!” .

Para el Pontífice la oración es “una cadena de vida, siempre: muchos hombres y mujeres que rezan, siembran la vida. La oración siembra vida, la pequeña oración: por eso es tan importante enseñar a los niños a rezar. Me duele cuando me encuentro con niños que no saben hacerse la señal de la cruz”.

Abrir la puerta a Dios

“Es importante que los niños aprendan a rezar. Luego, a lo mejor, pueden olvidarse, tomar otro camino; pero las primeras oraciones aprendidas de niño permanecen en el corazón, porque son una semilla de vida, la semilla del diálogo con Dios”, insiste.

Finalmente, Francisco concluye: “La oración abre la puerta a Dios, transformando nuestro corazón tantas veces de piedra, en un corazón humano. Y se necesita mucha humanidad, y con la humanidad se reza bien”.

A continuación, sigue la la cuarta catequesis completa del Papa.

***

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Dedicamos la catequesis de hoy a la oración de los justos.

El plan de Dios para la humanidad es bueno, pero en nuestra vida diaria experimentamos la presencia del mal: es una experiencia diaria. Los primeros capítulos del Libro del Génesis describen la expansión progresiva del pecado en las vivencias humanas. Adán y Eva (cf. Gn 3, 1-7) dudan de las intenciones benévolas de Dios, pensando que se trate de una deidad envidiosa que impide su felicidad. De ahí la rebelión: ya no creen en un Creador generoso que desea su felicidad. Su corazón, cediendo a la tentación del Maligno, es presa de delirios de omnipotencia: «Si comemos el fruto del árbol, nos haremos semejantes a Dios» (cf. v. 5). Y esta es la tentación: esta es la ambición que penetra en el corazón. Pero la experiencia va en la dirección opuesta: sus ojos se abren y descubren que están desnudos (v. 7), sin nada. No lo olvidéis: el tentador es un mal pagador, paga mal.

El mal se vuelve aún más atroz con la segunda generación humana, es más fuerte: es la historia de Caín y Abel (cf. Génesis 4:1-16). Caín tiene envidia de su hermano; aunque es el primogénito, ve a Abel como un rival, uno que amenaza su primacía. El mal se asoma a su corazón y Caín es incapaz de dominarlo. El mal empieza a penetrar en el corazón: los pensamientos son siempre los de mirar mal al otro, con sospecha. Y esto sucede también con el pensamiento: “Este es malo, me perjudicará”… Y este pensamiento se va abriendo paso en el corazón..Y así la historia de la primera fraternidad termina con un asesinato. Pienso, hoy, en la fraternidad humana…guerras por doquier.

En la descendencia de Caín se desarrollan los oficios y las artes, pero también se desarrolla la violencia, expresada en el siniestro cántico de Lamec, que suena como un himno de venganza: “Yo maté a un hombre por una herida que me hizo y a un muchacho por un cardenal que recibí. […] Caín será vengado siete veces, mas Lámek lo será setenta y siete”. La venganza. “Lo has hecho ¡vas a pagarlo!”. Pero eso no lo dice el juez, lo digo yo. Y yo me vuelvo juez de la situación. Y así el mal se propaga como un incendio hasta ocupar todo el cuadro: “Viendo Yahveh que la maldad del hombre cundía en la tierra, y que todos los pensamientos que ideaba su corazón eran puro mal de continuo” (Gen 6,5). Los grandes frescos del diluvio universal (cap. 6-7) y la torre de Babel (cap. 11) revelan que es necesario un nuevo comienzo, como una nueva creación, que tendrá su cumplimiento en Cristo.

Y sin embargo, en estas primeras páginas de la Biblia, también está escrita otra historia, menos llamativa, mucho más humilde y devota, que representa el rescate de la esperanza. Aunque casi todos se comportan con brutalidad, haciendo del odio y la conquista el gran motor de las vivencias humanas, hay personas capaces de rezar a Dios con sinceridad, capaces de escribir de otra manera el destino del hombre. Abel ofrece a Dios un sacrificio de primicias. Después de su muerte, Adán y Eva tuvieron un tercer hijo, Set, de quien nació Enos (que significa “mortal”), y se dice: “En aquel tiempo comenzaron a invocar el nombre del Señor” (4:26). Entonces aparece Enoc, un personaje que “anduvo con Dios” y fue arrebatado al cielo (cf. 5:22.24). Y finalmente está la historia de Noé, un hombre justo que “andaba con Dios” (6:9), frente al cual Dios detiene su propósito de borrar a la humanidad (cf. 6:7-8).

Leyendo estas historias, uno tiene la impresión de que la oración sea el dique, el refugio del hombre ante la oleada de maldad que crece en el mundo. Pensándolo bien también rezamos para ser salvados de nosotros mismos. Es importante rezar: “Señor, por favor, sálvame de mí mismo, de mis ambiciones, de mis pasiones”. Los orantes de las primeras páginas de la Biblia son hombres artífices de paz: en efecto, la oración, cuando es auténtica, libera de los instintos de violencia y es una mirada dirigida a Dios, para que vuelva a ocuparse del corazón del hombre. Se lee en el Catecismo: “Este carácter de la oración ha sido vivido en todas las religiones, por una muchedumbre de hombres piadosos” (CCC, 2569). La oración cultiva prados de renacimiento en lugares donde el odio del hombre solo ha sido capaz de ensanchar el desierto. Y la oración es poderosa, porque atrae el poder de Dios y el poder de Dios da siempre vida; siempre. Es el Dios de la vida y hace renacer.

Por eso el señorío de Dios pasa por la cadena de estos hombres y mujeres, a menudo incomprendidos o marginados en el mundo. Pero el mundo vive y crece gracias al poder de Dios que estos servidores suyos atraen con sus oraciones. Son una cadena que no hace ruido, que rara vez salta a los titulares, y sin embargo ¡es tan importante para devolver la confianza al mundo! Recuerdo la historia de un hombre: un jefe de gobierno, importante, no de esta época, del pasado. Un ateo que no tenía sentido religioso en su corazón, pero de niño escuchaba a su abuela rezar, y eso permaneció en su corazón. Y en un momento difícil de su vida, ese recuerdo volvió a su corazón y dijo: “Pero la abuela rezaba…”. Así que empezó a rezar con las fórmulas de su abuela y allí encontró a Jesús. La oración es una cadena de vida, siempre: muchos hombres y mujeres que rezan, siembran la vida. La oración siembra vida, la pequeña oración: por eso es tan importante enseñar a los niños a rezar. Me duele cuando me encuentro con niños que no saben hacerse la señal de la cruz. Hay que enseñarles a hacer bien la señal de la cruz, porque es la primera oración. Es importante que los niños aprendan a rezar. Luego, a lo mejor, pueden olvidarse, tomar otro camino; pero las primeras oraciones aprendidas de niño permanecen en el corazón, porque son una semilla de vida, la semilla del diálogo con Dios.

El camino de Dios en la historia de Dios ha pasado por ellos: ha pasado por un “resto” de la humanidad que no se uniformó a la ley del más fuerte, sino que pidió a Dios que hiciera sus milagros, y sobre todo que transformara nuestro corazón de piedra en un corazón de carne (cf. Ez 36,26). Y esto ayuda a la oración: porque la oración abre la puerta a Dios, transformando nuestro corazón tantas veces de piedra, en un corazón humano. Y se necesita mucha humanidad, y con la humanidad se reza bien.

© Librería Editorial Vaticana

 

Pentecostés: El Papa invita a ser dóciles a “la acción del Espíritu Santo”

Saludo a jóvenes y ancianos

MAYO 27, 2020 13:22LARISSA I. LÓPEZAUDIENCIA GENERAL

(zenit – 27 mayo 2020).- De cara a la preparación de la fiesta de Pentecostés, el Papa exhorta a “ser siempre dóciles a la acción del Espíritu Santo, para que vuestras vidas sean siempre caldeadas e iluminadas por el amor que el Espíritu de Dios derrama en vuestros corazones”.

Este mensaje ha sido pronunciado por el Santo Padre al final de la audiencia general de hoy, 27 de mayo de 2020, durante su saludo a los ancianos, los jóvenes, los enfermos y los recién casados, a los que también ha bendecido.

Como es habitual desde la irrupción de la pandemia de la COVID-19, el acto fue transmitido desde la biblioteca del Palacio Apostólico Vaticano y transmitido en directo por zenit.

Los dones del Espíritu Santo

Previamente, en sus palabras a los fieles de Polonia, Francisco también se refirió a Pentecostés: “Imploramos la presencia del Espíritu Santo en nosotros, para que con sus dones, tan necesarios,  اونيلا nos ayude a progresar en la vida cristiana”.

En estos tiempos difíciles, continuó, “oremos con las palabras que san Juan Pablo II pronunció en Varsovia: ‘¡Que tu Espíritu descienda y renueve la faz de la tierra! ¡De esta tierra!’ (2 de junio de 1979)”.

En su cuarta catequesis de la serie sobre la oración, el Pontífice ha reflexionado en torno a “La oración de los justos”. Sobre ella ha indicado que parece ser “el dique, el refugio del hombre ante la oleada de maldad que crece en el mundo” y que “también rezamos para ser salvados de nosotros mismos”.

 

 

Pentecostés: El Papa celebrará la Misa en la Basílica Vaticana

Fieles en el rezo del Regina Coeli

MAYO 27, 2020 11:20ROSA DIE ALCOLEAPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 27 mayo 2020).- El próximo domingo, 31 de mayo de 2020, el Papa Francisco celebrará la Santa Misa de Pentecostés, a las 10 horas, sin presencia de fieles, en la capilla del Santísimo Sacramento de la Basílica Vaticana, informó la Oficina de Prensa de la Santa Sede el martes, 26 de mayo.

A las 12 horas, desde la ventana del estudio privado del Palacio Apostólico, el Santo Padre reanudará el rezo de la oración de la Regina Coeli con los fieles en la plaza de San Pedro. Para ello, la policía “garantizará un acceso seguro a la plaza” y “se encargará de que los fieles presentes puedan respetar la distancia interpersonal necesaria”, señaló el Vaticano en un comunicado.

El año pasado, el Obispo de Roma presidió la vigilia de Pentecostés de la diócesis romana, celebrada el 8 de junio de 2019, en la plaza de San Pedro, como ha sido costumbre del Pontífice argentino también en años anteriores.

Retiro en la diócesis de Roma

Este año, debido a las restricciones adoptadas por el Gobierno italiano por la pandemia del coronavirus, la diócesis no ha organizado la celebración de dicha vigilia, aunque sí ha anunciado que se llevará a cabo un retiro para los fieles de Roma, del miércoles 27 al viernes 30.

El vicario del Papa para la diócesis de Roma, el cardenal Angelo De Donatis, convocó a los sacerdotes, diáconos, rectores de seminarios, religiosos y religiosas a vivir estos días “un prolongado tiempo de silencio, de escucha de la Palabra, de compartir fraterno, de discernimiento”. De esta confrontación “surgirán extraordinarias convergencias, ya que –asegura el vicario– es el Espíritu Santo quien guía a la Iglesia”.

Espíritu Santo, fuerza que cambia el mundo

En la solemnidad de Pentecostés, se recuerda la venida del Paráclito, enviado por Dios Padre, una gran fiesta para toda la Iglesia. En su homilía de la Misa de Pentecostés en 2019, Francisco señaló que “Hoy, estamos buscando una solución rápida, una píldora tras otra para seguir adelante, una emoción tras otra para sentirnos vivos”. Pero “sobre todo –advirtió– necesitamos el Espíritu”, y recordó que “El cristianismo sin el Espíritu es un moralismo sin alegría; con el Espíritu es vida”.

“El Espíritu no es, como podría parecer, algo abstracto”, explicó. “Es la persona más concreta, la persona más cercana, la que cambia nuestra vida … es la que pone orden en el frenesí. Hay paz en la preocupación, confianza en el desaliento, alegría en la tristeza, juventud en la vejez, coraje en la prueba”.

 

 

EL DON DE TEMOR DE DIOS

— El temor servil y el santo temor de Dios. Consecuencias de este don en el alma.

— El santo temor de Dios y el empeño por rechazar todo pecado.

— Relaciones de este don con las virtudes de la humildad y de la templanza. Delicadeza de alma y sentido del pecado.

I. Dice Santa Teresa que ante tantas tentaciones y pruebas que hemos de padecer, el Señor nos otorga dos remedios: «amor y temor». «El amor nos hará apresurar los pasos, y el temor nos hará ir mirando adónde ponemos los pies para no caer»1.

Pero no todo temor es bueno. Existe el temor mundano2, propio de quienes temen sobre todo el mal físico o las desventajas sociales que pueden afectarles en esta vida. Huyen de las incomodidades de aquí abajo, mostrándose dispuestos a abandonar a Cristo y a su Iglesia en cuanto prevén que la fidelidad a la vida cristiana puede causarles alguna contrariedad. De ese temor se originan los «respetos humanos», y es fuente de incontables capitulaciones y el origen de la misma infidelidad.

Es muy diferente el llamado temor servil, que aparta del pecado por miedo a las penas del infierno o por cualquier otro motivo interesado de orden sobrenatural. Es un temor bueno, pues para muchos que están alejados de Dios puede ser el primer paso hacia su conversión y el comienzo del amor3. No debe ser este el motivo principal del cristiano, pero en muchos casos será una gran defensa contra la tentación y los atractivos con que se reviste el mal.

El que teme no es perfecto en la caridad4 –nos dejó escrito el Apóstol San Juan–, porque el cristiano verdadero se mueve por amor y está hecho para amar. El santo temor de Dios, don del Espíritu Santo, es el que reposó, con los demás dones, en el Alma santísima de Cristo, el que llenó también a la Santísima Virgen; el que tuvieron las almas santas, el que permanece para siempre en el Cielo y lleva a los bienaventurados, junto a los ángeles, a dar una alabanza continua a la Santísima Trinidad. Santo Tomás enseña que este don es consecuencia del don de sabiduría y como su manifestación externa5.

Este temor filial, propio de hijos que se sienten amparados por su Padre, a quien no desean ofender, tiene dos efectos principales. El más importante, puesto que es el único que se dio en Cristo y en la Santísima Virgen, es un respeto inmenso por la majestad de Dios, un hondo sentido de lo sagrado y una complacencia sin límites en su bondad de Padre. En virtud de este don las almas santas han reconocido su nada delante de Dios. También nosotros podemos repetir con frecuencia, reconociendo nuestra nulidad, y quizá a modo de jaculatoria, aquello que con tanta frecuencia repetía San Josemaría Escrivá: no valgo nada, no tengo nada, no puedo nada, no sé nada, no soy nada, ¡nada!6, a la vez que reconocía la grandeza inconmensurable de sentirse y de ser hijo de Dios.

Durante la vida terrena, se da otro efecto de este don: un gran horror al pecado y, si se tiene la desgracia de cometerlo, una vivísima contrición. Con la luz de la fe, esclarecida por los resplandores de los demás dones, el alma comprende algo de la trascendencia de Dios, de la distancia infinita y del abismo que abre el pecado entre el hombre y Dios.

El don de temor nos ilumina para entender que «en la raíz de los males morales que dividen y desgarran la sociedad está el pecado»7. Y el don de temor nos lleva a aborrecer también el pecado venial deliberado, a reaccionar con energía contra los primeros síntomas de la tibieza, la dejadez o el aburguesamiento. En determinadas ocasiones de nuestra vida quizá nos veamos necesitados de repetir con energía, como una oración urgente: «¡No quiero tibieza!: “confige timore tuo carnes meas!” —¡dame, Dios mío, un temor filial, que me haga reaccionar!»8.

II. Amor y temor. Con este bagaje hemos de hacer el camino. «Cuando el amor llega a eliminar del todo el temor, el mismo temor se transforma en amor»9. Es el temor del hijo que ama a su Padre con todo su ser y que no quiere separarse de Él por nada del mundo. Entonces, el alma comprende mejor la distancia infinita que la separa de Dios, y a la vez su condición de hijo. Nunca como hasta ese momento ha tratado a Dios con más confianza, nunca tampoco le ha tratado con más respeto y veneración. Cuando se pierde el temor santo de Dios, se diluye o se pierde el sentido del pecado y entra con facilidad la tibieza en las almas. Se pierde el sentido del poder, de la Majestad de Dios y del honor que se le debe.

Nuestro acercamiento al mundo sobrenatural no lo podemos llevar a cabo intentando inútilmente eliminar la trascendencia de Dios, sino a través de esa divinización que produce la gracia en nosotros, mediante la humildad y el amor, que se expresa en la lucha por desterrar todo pecado de nuestra vida.

«El primer requisito para desterrar ese mal (...), es procurar conducirse con la disposición clara, habitual y actual, de aversión al pecado. Reciamente, con sinceridad, hemos de sentir –en el corazón y en la cabeza– horror al pecado grave. Y también ha de ser nuestra actitud, hondamente arraigada, de abominar del pecado venial deliberado, de esas claudicaciones que no nos privan de la gracia divina, pero debilitan los cauces por los que nos llega»10. Muchos parecen hoy haber perdido el santo temor de Dios. Olvidan quién es Dios y quiénes somos nosotros, olvidan la Justicia divina y así se animan a seguir adelante en sus desvaríos11. La meditación del fin último, de los Novísimos, de aquella realidad que veremos dentro quizá de no mucho tiempo: el encuentro definitivo con Dios, nos dispone para que el Espíritu Santo nos conceda con más amplitud ese don que tan cerca está del amor.

III. De muchas formas nos dice el Señor que a nada debemos tener miedo, excepto al pecado, que nos quita la amistad con Dios. Ante cualquier dificultad, ante el ambiente, ante un futuro incierto... no debemos temer, debemos ser fuertes y valerosos, como corresponde a hijos de Dios. Un cristiano no puede vivir atemorizado, pero sí debe llevar en el corazón un santo temor de Dios, al que por otra parte ama con locura.

A lo largo del Evangelio, «Cristo repite varias veces: No tengáis miedo... no temáis. Y a la vez, junto a estas llamadas a la fortaleza, resuena la exhortación: Temed, temed más bien al que puede enviar el cuerpo y el alma al infierno (Mt 10, 28). Somos llamados a la fortaleza y, a la vez, al temor de Dios, y este debe ser temor de amor, temor filial. Y solamente cuando este temor penetre en nuestros corazones, podremos ser realmente fuertes con la fortaleza de los Apóstoles, de los mártires, de los confesores»12.

Entre los efectos principales que causa en el alma el temor de Dios está el desprendimiento de las cosas creadas y una actitud interior de vigilia para evitar las menores ocasiones de pecado. Deja en el alma una particular sensibilidad para detectar todo aquello que puede contristar al Espíritu Santo13.

El don de temor se halla en la raíz de la humildad, en cuanto da al alma la conciencia de su fragilidad y la necesidad de tener la voluntad en fiel y amorosa sumisión a la infinita Majestad de Dios, situándonos siempre en nuestro lugar, sin querer ocupar el lugar de Dios, sin recibir honores que son para la gloria de Dios. Una de las manifestaciones de la soberbia es el desconocimiento del temor de Dios.

Junto a la humildad, tiene el don de temor de Dios una singular afinidad con la virtud de la templanza, que lleva a usar con moderación de las cosas humanas subordinándolas al fin sobrenatural. La raíz más frecuente del pecado se encuentra precisamente en la búsqueda desordenada de los placeres sensibles o de las cosas materiales, y ahí actúa este don, purificando el corazón y conservándolo entero para Dios.

El don de temor es por excelencia el de la lucha contra el pecado. Todos los demás dones le ayudan en esta misión particular: las luces de los dones de entendimiento y de sabiduría le descubren la grandeza de Dios y la verdadera significación del pecado; las directrices prácticas del don de consejo le mantienen en la admiración de Dios; el don de fortaleza le sostiene en una lucha sin desfallecimientos contra el mal14.

Este don, que fue infundido con los demás en el Bautismo, aumenta en la medida en que somos fieles a las gracias que nos otorga el Espíritu Santo; y de modo específico, cuando consideramos la grandeza y majestad de Dios, cuando hacemos con profundidad el examen de conciencia, descubriendo y dando la importancia que tiene a nuestras faltas y pecados. El santo temor de Dios nos llevará con facilidad a la contrición, al arrepentimiento por amor filial: «amor y temor de Dios. Son dos castillos fuertes, desde donde se da guerra al mundo y a los demonios»15.

El santo temor de Dios nos conducirá con suavidad a una prudente desconfianza de nosotros mismos, a huir con rapidez de las ocasiones de pecado; y nos inclinará a una mayor delicadeza con Dios y con todo lo que a Él se refiere. Pidamos al Espíritu Santo que nos ayude mediante este don a reconocer sinceramente nuestras faltas y a dolernos verdaderamente de ellas. Que nos haga reaccionar como el salmista: ríos de lágrimas derramaron mis ojos, porque no observaron tu ley16. Pidámosle que, con delicadeza de alma, tengamos muy a flor de piel el sentido del pecado.

1 Santa Teresa, Camino de perfección, 40, 1. — 2 Cfr. M. M. Philipon, Los dones del Espíritu Santo, Palabra, Madrid 1983, p. 325. — 3 Eclo 25, 16. — 4 Jn 4, 18. — 5 Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2, q. 45, a. 1, ad 3. — 6 Citado por A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid 1933, p. 383. — 7 Juan Pablo II, Carta de presentación del «Instrumentum laboris» para el VI Sínodo de Obispos, 25-I-1983. — 8 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 326. — 9 San Gregorio de Nisa, Homilía 15.  10 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 243. — 11 Cfr. ídem, Camino, n. 747. — 12 Juan Pablo II, Discurso a los nuevos cardenales, 30-VI-1979. — 13 Ef 4, 30. — 14 Cfr. M. M. Philipon, o. c., p. 332. — 15 Santa Teresa, o. c., 40, 2. — 16 Sal 118, 136.

 

 

“Cuéntale todo lo que te pasa”

¿Quieres amar a la Virgen? Pues, ¡trátala! ¿Cómo? Rezando bien el Rosario de nuestra Señora. Pero, en el Rosario... ¡decimos siempre lo mismo! ¿Siempre lo mismo? ¿Y no se dicen siempre lo mismo los que se aman?... (Prólogo al Santo Rosario)

28 de mayo

¡Cuánto crecerían en nosotros las virtudes sobrenaturales, si lográsemos tratar de verdad a María, que es Madre Nuestra! Que no nos importe repetirle durante el día -con el corazón, sin necesidad de palabras- pequeñas oraciones, jaculatorias. La devoción cristiana ha reunido muchos de esos elogios encendidos en las Letanías que acompañan al Santo Rosario. Pero cada uno es libre de aumentarlas, dirigiéndole nuevas alabanzas, diciéndole lo que -por un santo pudor que Ella entiende y aprueba- no nos atreveríamos a pronunciar en voz alta.

Te aconsejo -para terminar- que hagas, si no lo has hecho todavía, tu experiencia particular del amor materno de María. No basta saber que Ella es Madre, considerarla de este modo, hablar así de Ella. Es tu Madre y tú eres su hijo; te quiere como si fueras el hijo único suyo en este mundo. Trátala en consecuencia: cuéntale todo lo que te pasa, hónrala, quiérela. Nadie lo hará por ti, tan bien como tú, si tú no lo haces.

Te aseguro que, si emprendes este camino, encontrarás enseguida todo el amor de Cristo: y te verás metido en esa vida inefable de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Sacarás fuerzas para cumplir acabadamente la Voluntad de Dios, te llenarás de deseos de servir a todos los hombres. Serás el cristiano que a veces sueñas ser: lleno de obras de caridad y de justicia, alegre y fuerte, comprensivo con los demás y exigente contigo mismo. 

Ese, y no otro, es el temple de nuestra fe. Acudamos a Santa María, que Ella nos acompañará con un andar firme y constante. (Amigos de Dios, 293)

 

 

30 de mayo: rosario con el Papa Francisco por el fin de la pandemia

El sábado 30 de mayo a las 17.30 horas, desde la Gruta de Lourdes en los Jardines del Vaticano, el Papa rezará la oración del rosario a la Virgen María para pedir ayuda y socorro en la pandemia. Todos los Santuarios del mundo están invitados a participar.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA27/05/2020

El 30 de mayo de 2020, a las 17:30, el Papa Francisco presidirá el rezo del santo rosario desde la Gruta de Lourdes en los Jardines del Vaticano. El Santo Padre ha invitado a unirse a su oración para invocar la ayuda y el auxilio de la Virgen en la pandemia y para confiar al Señor a la humanidad entera.

La celebración mariana, retransmitida en directo, está organizada por el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, sobre el tema: Perseverantes y concordes en la oración, junto con María (Hechos 1,14). Se unirán a la oración los santuarios de todo el mundo con una participación especial de las familias. Un acto de oración mundial para los que quieran unirse con el Papa Francisco en vísperas del domingo de Pentecostés.

 

Papa Francisco

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Rezarán los misterios algunas mujeres y hombres que representan diversas categorías de personas particularmente afectadas por el virus. Habrá un médico y una enfermera, como testigos del personal médico que trabaja en primera línea en los hospitales; una persona curada y una que hay perdido un familiar, en nombre de todos aquellos que han sido tocados personalmente por el coronavirus; un sacerdote, capellán de hospital y una monja enfermera, por todos los sacerdotes y las personas consagradas cercanos a los afectados por la enfermedad; una farmacéutica y una periodista, que representan a todas las personas que, incluso durante el período de la pandemia, han seguido prestando su servicio en favor de los demás; un voluntario de Protección Civil con su familia, en nombre de todos los que trabajan para hacer frente a esta emergencia y del vasto mundo del voluntariado; y una familia joven, a la que nació un niño precisamente en este período período, como signo de esperanza y de la victoria de la vida sobre la muerte.

A los pies de María, el Santo Padre depositará los tantos afanes y penas de la humanidad, agravados aún más por la difusión de la Covid-19. La cita para el final del mes mariano es un signo más de cercanía y consuelo para aquellos que, de diversas maneras, han sido afectados por el coronavirus, en la certeza de que la Madre Celestial no desatiende las peticiones de protección.

Se conectarán los mayores santuarios de los cinco continentes. Por ejemplo, de Europa, Lourdes, Fátima, San Giovanni Rotondo, Pompeya y Czystochowa (Polonia); de los Estados Unidos de América, el Santuario de la Inmaculada Concepción (Washington, D.C.); de África, el Santuario de Elele (Nigeria) y Notre-Dame de la Paix (Costa de Marfil); de América Latina, el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe (México), Chiquinquira (Colombia), Luján y Milagro (Argentina).

 

 

El matrimonio: una vocación y un camino divino

Llegar juntos al Cielo: esa es la ilusión que puede impulsar a cada matrimonio. Ofrecemos un nuevo editorial sobre el amor humano.

AMOR HUMANO20/09/2015

Unas palabras del Papa Francisco, en el encuentro con las familias que celebró en Manila, han dado la vuelta al mundo:

“No es posible una familia sin soñar. Cuando en una familia se pierde la capacidad de soñar, de amar, esta energía de soñar se pierde, por eso les recomiendo que en la noche cuando hagan el examen de consciencia, también se hagan esta pregunta: ¿hoy soñé con el futuro de mis hijos, hoy soñé con el amor de mi esposo o esposa, soñé con la historia de mis abuelos?”[1].

LA CAPACIDAD DE SOÑAR EQUIVALE A LA CAPACIDAD DE PROYECTAR EL SENTIDO DE NUESTRA VIDA EN LOS QUE QUEREMOS. POR ESO ES, EFECTIVAMENTE, ALGO REPRESENTATIVO DE CADA FAMILIA

Soñar

 

Esta capacidad de soñar tiene que ver con la ilusión –en el sentido castellano del término– que ponemos en nuestros horizontes y esperanzas, sobre todo en relación con las personas; o sea, los bienes o logros que les deseamos, las esperanzas que nos hacemos respecto de ellos. La capacidad de soñar equivale a la capacidad de proyectar el sentido de nuestra vida en los que queremos. Por eso es, efectivamente, algo representativo de cada familia.

Desde muy pronto, san Josemaría ha contribuido a recordar, dentro de las enseñanzas de la Iglesia, que el matrimonio –germen de la familia– es, en el sentido pleno de la palabra, una llamada específica a la santidad dentro de la común vocación cristiana: un camino vocacional, distinto pero complementario al del celibato –ya sea sacerdotal o laical– o a la vida religiosa. “El amor, que conduce al matrimonio y a la familia, puede ser también un camino divino, vocacional, maravilloso, cauce para una completa dedicación a nuestro Dios”[2].

SAN JOSEMARÍA HA CONTRIBUIDO A RECORDAR, DENTRO DE LAS ENSEÑANZAS DE LA IGLESIA, QUE EL MATRIMONIO UN CAMINO VOCACIONAL, DISTINTO PERO COMPLEMENTARIO AL DEL CELIBATO

Por otra parte, esta llamada de Dios en el matrimonio no significa en modo alguno rebajar los requerimientos que supone seguir a Jesús. Pues, si “todo contribuye al bien de los que aman a Dios”[3], los esposos cristianos encuentran en la vida matrimonial y familiar la materia de su santificación personal, es decir, de su personal identificación con Jesucristo: sacrificios y alegrías, gozos y renuncias, el trabajo en el hogar y fuera, son los elementos con que, a la luz de la fe, construir el edificio de la Iglesia.

Soñar, para un cristiano, con la esposa o con el esposo, es mirarlo con los ojos de Dios. Es contemplar, prolongado en el tiempo, la realización del proyecto que el Señor tiene pensado, y quiere, para cada uno, y para los dos en su concreta relación matrimonial. Es desear que esos planes divinos se hagan realidad en la familia, en los hijos –si Dios los manda–, en los abuelos, y en los amigos que la providencia les vaya poniendo para acompañarles en el viaje de la vida. Es, en definitiva, ver cada uno al otro como su particular camino hacia el cielo.

El secreto de la familia

 

En efecto, Cristo ha hecho del matrimonio un camino divino de santidad, para encontrar a Dios en medio de las ocupaciones diarias, de la familia y del trabajo, para situar la amistad, las alegrías y las penas –porque no hay cristianismo sin Cruz–, y las mil pequeñas cosas del hogar en el nivel eterno del amor. He ahí el secreto del matrimonio y de la familia. Así se anticipa la contemplación y el gozo del cielo, donde encontraremos la felicidad completa y definitiva.

SITUAR LAS MIL PEQUEÑAS COSAS DEL HOGAR EN EL NIVEL ETERNO DEL AMOR. HE AHÍ EL SECRETO DEL MATRIMONIO Y DE LA FAMILIA

En el marco de ese “camino divino” de amor matrimonial, san Josemaría hablaba del significado cristiano, profundo y bello, de la relación conyugal: “En otros sacramentos la materia es el pan, es el vino, es el agua… Aquí son vuestros cuerpos. (…) Yo veo el lecho conyugal como un altar; está allí la materia del sacramento”[4]. La expresión altar no deja de ser sorprendente, y al mismo tiempo es consecuencia lógica de una lectura profunda del matrimonio, que tiene en la una caro[5] –la unión completa de los cuerpos humanos, creados a imagen y semejanza de Dios– su núcleo.

"YO VEO EL LECHO CONYUGAL COMO UN ALTAR; ESTÁ ALLÍ LA MATERIA DEL SACRAMENTO” (SAN JOSEMARÍA)

Desde esta perspectiva se entiende que los esposos cristianos expresen, en el lenguaje de la corporalidad, lo propio del sacramento del matrimonio: con su entrega mutua, alaban a Dios y le dan gloria, anuncian y actualizan el amor entre Cristo y la Iglesia, secundando la obra del Espíritu Santo en los corazones. Y de ahí viene, para los esposos, para su familia y para el mundo, una corriente de gracia, de fuerza y de vida divina que todo lo hace nuevo.

Esto requiere una preparación y una formación continua, una lucha positiva y constante: “Los símbolos fuertes del cuerpo –observa el Papa Francisco– tienen las llaves del alma: no podemos tratar los lazos de la carne con ligereza, العناية بالبشرة  sin abrir una herida duradera en el espíritu”[6].

El vínculo que surge a partir del consentimiento matrimonial queda sellado y es enriquecido por las relaciones íntimas entre los esposos. La gracia de Dios que han recibido desde el bautismo, encuentra un nuevo cauce que no se yuxtapone al amor humano, sino que lo asume. El sacramento del matrimonio no supone un añadido externo al matrimonio natural; la gracia sacramental específica informa a los cónyuges desde dentro, y les ayuda a vivir su relación con exclusividad, fidelidad y fecundidad: “Es importante que los esposos adquieran sentido claro de la dignidad de su vocación, que sepan que han sido llamados por Dios a llegar al amor divino también a través del amor humano; que han sido elegidos, desde la eternidad, para cooperar con el poder creador de Dios en la procreación y después en la educación de los hijos; que el Señor les pide que hagan, de su hogar y de su vida familiar entera, un testimonio de todas las virtudes cristianas”[7].

"ES IMPORTANTE QUE LOS ESPOSOS ADQUIERAN SENTIDO CLARO DE LA DIGNIDAD DE SU VOCACIÓN, QUE SEPAN QUE HAN SIDO LLAMADOS POR DIOS A LLEGAR AL AMOR DIVINO TAMBIÉN A TRAVÉS DEL AMOR HUMANO" (SAN JOSEMARÍA)

Los hijos son siempre la mejor “inversión”, y la familia la “empresa” más sólida, la mayor y más fascinante aventura. Todos contribuyen con su papel, pero la novela que resulta es mucho más interesante que la suma de las historias singulares, porque Dios actúa y hace maravillas.

De ahí la importancia de saberse comprender –los esposos entre sí y a los hijos–,de aprender a pedir perdón, de amar –como enseñaba san Josemaría– todos los defectos mutuos, siempre que no sean ofensa a Dios[8]. “Cuántas dificultades en la vida del matrimonio se solucionan si nos tomamos un espacio de sueño. Si nos detenemos y pensamos en el cónyuge, en la cónyuge. Y soñamos con las bondades que tiene, las cosas buenas que tiene. Por eso es muy importante recuperar el amor a través de la ilusión de todos los días. ¡Nunca dejen de ser novios!”[9].

Parafraseando al Papa, se podría añadir: que los esposos nunca dejen de sentarse para compartir y recordar los momentos bellos y las dificultades que han atravesado juntos, para considerar las circunstancias que han procurado éxitos o fracasos, o para recobrar un poco el aliento, o para que los dos piensen en la educación de los hijos.

Cimiento del futuro de la humanidad

 

La vida matrimonial y familiar no es instalarse en una existencia segura y cómoda, sino dedicarse el uno al otro y dedicar tiempo generosamente a los demás miembros de la familia, comenzando por la educación de los hijos –lo que incluye facilitar el aprendizaje de las virtudes, y la iniciación en la vida cristiana–, para abrirse continuamente a los amigos, a otras familias, y especialmente a los más necesitados. De este modo, mediante la coherencia de la fe vivida en familia, se comunica la buena noticia –el Evangelio– de que Cristo sigue presente y nos invita a seguirlo.

CADA HIJO ES, ANTE TODO, UN HIJO DE DIOS, ÚNICO E IRREPETIBLE, CON EL QUE DIOS HA SOÑADO PRIMERO

Para los hijos, Jesús se revela a través del padre y la madre; pues para ambos, cada hijo es, ante todo, un hijo de Dios, único e irrepetible, con el que Dios ha soñado primero. Por eso, podía afirmar Juan Pablo II que “el futuro de la humanidad se fragua en la familia”[10].

Las familias que no han podido tener hijos

 

¿Y cuál sería el sentido que deben dar a su matrimonio los esposos cristianos que no tengan descendencia? A esta pregunta, san Josemaría respondía que, ante todo, deberían pedir a Dios que les bendiga con los hijos, si es su Voluntad, como bendijo a los Patriarcas del Antiguo Testamento; y después que acudan a un buen médico. “Si a pesar de todo, el Señor no les da hijos, no han de ver en eso ninguna frustración: han de estar contentos, descubriendo en este mismo hecho la Voluntad de Dios para ellos. Muchas veces el Señor no da hijos porque pide más. Pide que se tenga el mismo esfuerzo y la misma delicada entrega, ayudando a nuestros prójimos, sin el limpio gozo humano de haber tenido hijos: no hay, pues, motivo para sentirse fracasados ni para dar lugar a la tristeza”.

MUCHAS VECES EL SEÑOR NO DA HIJOS PORQUE PIDE MÁS. PIDE QUE SE TENGA EL MISMO ESFUERZO Y LA MISMA DELICADA ENTREGA, AYUDANDO A NUESTROS PRÓJIMOS

Y añadía: "Si los esposos tienen vida interior, comprenderán que Dios les urge, empujándoles a hacer de su vida un servicio cristiano generoso, un apostolado diverso del que realizarían en sus hijos, pero igualmente maravilloso. Que miren a su alrededor, y descubrirán enseguida personas que necesitan ayuda, caridad y cariño. Hay además muchas labores apostólicas en las que pueden trabajar. Y si saben poner el corazón en esa tarea, si saben darse generosamente a los demás, olvidándose de sí mismos, tendrán una fecundidad espléndida, una paternidad espiritual que llenará su alma de verdadera paz"[11].

En todo caso, a san Josemaría le gustaba referirse a las familias de los primeros cristianos: “Aquellas familias que vivieron de Cristo y que dieron a conocer a Cristo. Pequeñas comunidades cristianas, que fueron como centros de irradiación del mensaje evangélico. Hogares iguales a los otros hogares de aquellos tiempos, pero animados de un espíritu nuevo, que contagiaba a quienes los conocían y los trataban. Eso fueron los primeros cristianos, y eso hemos de ser los cristianos de hoy: sembradores de paz y de alegría, de la paz y de la alegría que Jesús nos ha traído”[12].

R. Pellitero


[1] Papa Francisco, Discurso en el Encuentro con las familias, Manila, Filipinas, 16-01-2015.

[2] Cfr. San Josemaría, Homilía “Amar al mundo apasionadamente”, en Conversaciones, n. 121; cfr. “El matrimonio, vocación cristiana”, en Amigos de Dios.

[3] Rm 8, 28.

[4] San Josemaría, Apuntes tomados de una reunión familiar (1967), recogido en Diccionario de San Josemaría, Burgos 2013, p. 490.

[5] Cf. Gn 2, 24; Mc 10, 8.

[6] Papa Francisco, Audiencia general, 27-05-2015.

[7] San Josemaría, Conversaciones, n. 93.

[8] Cf. San Josemaría, Apuntes tomados de una reunión familiar, 7-VII-1974.

[9] Papa Francisco, Discurso en el Encuentro con las familias, Manila, Filipinas, 16-01-2015.

[10] San Juan Pablo II, Familiaris consortio, n. 86.

[11] San Josemaría, Conversaciones, n. 96.

[12] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 30.

 

La Virgen María es madre de Dios

 Rosa Corazón 

 

 

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El mayor título de gloria de la Virgen María es el de ser la Madre de Dios.

Es Madre de Dios porque Jesucristo es Dios y Ella es la Madre de Jesucristo, el Hijo de Dios vivo.

Dios creó a la Virgen Inmaculada desde su concepción, para que fuera la Madre de Jesucristo, su divino Hijo.

El Ángel le anunció el plan de Dios y Ella lo aceptó rendidamente: “Fiat” “Hágase”, fueron sus palabras.

El poder del Altísimo le cubrió con su sombra y concibió al Hijo de Dios, por obra y gracia del Espíritu Santo (Lc. 1, 26-35 y Mt. 1, 18-24).

De su maternidad divina deriva el privilegio de estar preservada del pecado original, en atención a los méritos futuros de su Hijo, Jesucristo.

La maternidad divina es el fundamento, la raíz y la fuente de todas las gracias y privilegios de la Virgen María.

A todos nos ha creado Dios para una misión en la tierra. La de la Virgen era la de ser la Madre de Dios.

Nuestro Señor es, todavía en el Cielo, tan Hijo de María como lo fue aquí, en la tierra (Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, de S. Grignion Montfort, cap. I, art. 1).

El Hijo de Dios nos redimió siendo concebido, por obra y gracia del Espíritu Santo, en el seno purísimo de la Virgen María, desarrollándose en él durante los nueve meses de embarazo como cualquier otro niño, naciendo en Belén, con unos treinta años de vida oculta, con unos tres años de vida pública y con su Pasión, muerte en la Cruz y Resurrección gloriosa.

Además, allí, en la Cruz, nos dio a todos los hombres lo que más quería: a su Madre, como Madre nuestra.

"Jesús, viendo a su madre y al discípulo a quien amaba que estaba allí, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo».

Después dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre”

Y desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa” (Jn. 19, 26-27).

Todos los cristianos, representados en Juan, somos hijos de María.

Le pedimos a la Virgen:

Muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre, ahora y en la hora de nuestra muerte. Repitámoslo ahora y también cuando nos llegue el momento.

En la Salve le rogamos: Y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre…

Vivir con la Virgen y morir con la Virgen, que es Madre de Dios y Madre nuestra.

Mayo, es tiempo idóneo para tratar más a la Virgen. Y la pandemia del coronavirus, situación para encomendar a la Virgen todos los difuntos y afectados por el virus.

 

“Hay otras formas de comulgar”

+ Felipe Arizmendi Esquivel Obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas

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Muchas personas están ansiosas por que pronto se abran las iglesias, para que puedan participar en las Misas y, sobre todo, recibir la comunión sacramental. Es un deseo legítimo y ojalá que, cuando pase lo más álgido de la pandemia por el coronavirus, esa hambre eucarística sea saciada. Es un derecho de los fieles y los pastores anhelamos que esa ansia por recibir la Eucaristía sacramental sea incrementada y profundizada.

Sin embargo, parece que no se ha dado la debida importancia a otras formas que tenemos para comulgar con Cristo. Aún más, pareciera que, para algunos, recibir la Hostia consagrada es la única manera de estar unidos a Él. Y no es así, como lo veremos adelante.

Cuando el Papa Francisco, en el estadio de Tuxtla Gutiérrez, el 15 de febrero de 2016, se encontró con las familias, una mujer, que vive en situación irregular con su esposo, pues no se pueden casar por la Iglesia, expresó que ellos, aunque no pueden recibir la comunión eucarística, sienten la cercanía de Jesús cuando visitan a los presos y a los enfermos. El Papa le contestó: “Ustedes rezan, van con Jesús y están integrados en la vida de la Iglesia. Usaron una linda expresión: comulgamos con el hermano débil, el enfermo, el necesitado, el preso. Gracias, gracias”. Eso es: la comunión con los demás, sobre todo con los pobres y con cuantos sufren, es una perfecta comunión con Cristo.

PENSAR

Podemos lograr una real y profunda comunión con Dios cuando hacemos oración, que no es sólo rezar fórmulas de memoria, sino platicar con El, abriéndole nuestro corazón. Podemos comulgar también escuchando con toda el alma su Palabra, meditando en serio lo que nos dice una sola de sus frases, que encontramos en la Sagrada Escritura. Podemos comulgar admirando la obra de la creación, extasiados ante su belleza, orden y perfección. Podemos comulgar, sobre todo, amando y sirviendo a los demás, como nos enseña la Palabra de Dios.

Cuando Jesús se aparece a Pablo en el camino a Damasco, le pregunta: “Por qué me persigues?” (Hech 9,4). Pablo no perseguía personalmente a Jesús, sino a los cristianos, pero Jesús se identifica con sus seguidores, sobre todo con los perseguidos. Por tanto, te acercas a Jesús cuando te acercas con amor a los demás, empezando por tu familia.

Cuando Jesús nos dice de qué se nos juzgará ante el trono de Dios, declara con toda nitidez que dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, visitar al enfermo y al preso, recibir al migrante, es hacerlo personalmente a El; y no hacerlo con ellos, es no hacerlo con El (cf Mt 25,31-46). Por tanto, si alguien va a Misa y comulga todos los días, pero nada hace por estas personas, no está comulgando integralmente con Jesús. Le falta lo que es decisivo para entrar o no al cielo: el amor, pues Dios es amor, y no sólo un rito.

Jesús critica al sacerdote y al levita del Antiguo Testamento, porque eran muy piadosos en el templo, escuchaban la Biblia y cantaban salmos, pero nada hicieron por el herido que estaba tirado al borde del camino. En cambio, aplaude al samaritano que no practicaba esos ritos, pero hizo cuanto pudo por el herido (cf Lc 10,25-37).

Una mujer alaba a la Madre de Jesús, porque lo llevó en su seno y lo alimentó. Pero Jesús advierte que la verdadera grandeza de su Madre es escuchar y poner en práctica la Palabra de Dios (cf Lc 11,27-28). Es decir, si la Virgen María sólo hubiera engendrado, alimentado y tenido en sus brazos a Jesús, pero no hubiera visitado y ayudado a su prima Isabel, si no se hubiera preocupado por los novios que ya no tenían vino, si no hubiera estado de pie en el Calvario, no sería realmente grande e importante. Por tanto, si alguien diariamente comulga en Misa, pero nada hace por los demás, algo muy importante le está faltando.

El Papa Benedicto XVI, en su Encíclica Deus caritas est, dice al respecto: “En el culto mismo, en la comunión eucarística, está incluido a la vez el ser amados y el amar a los otros. Una Eucaristía que no comporte un ejercicio práctico del amor es fragmentaria en sí misma” (No.  14). “Se ha de recordar de modo particular la gran parábola del Juicio final (cf. Mt 25, 31-46), en el cual el amor se convierte en el criterio para la decisión definitiva sobre la valoración positiva o negativa de una vida humana. Jesús se identifica con los pobres… Amor a Dios y amor al prójimo se funden entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios” (Ibid 15). Y comentando la cita de 1 Jn 4,20, afirma: “El amor del prójimo es un camino para encontrar también a Dios, y cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios” (Ibid 16).

En su Exhortación Sacramentum caritatis, afirma lo mismo: “Los fieles tengan una actitud coherente entre las disposiciones interiores y los gestos y las palabras. Si faltara ésta, nuestras celebraciones, por muy animadas que fueren, correrían el riesgo de caer en el ritualismo. Así pues, se ha de promover una educación en la fe eucarística que disponga a los fieles a vivir personalmente lo que se celebra” (No. 64). “La comunión tiene siempre y de modo inseparable una connotación vertical y una horizontal: comunión con Dios y comunión con los hermanos y hermanas. Las dos dimensiones se encuentran misteriosamente en el don eucarístico. Donde se destruye la comunión con Dios, que es comunión con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo, se destruye también la raíz y el manantial de la comunión con nosotros. Y donde no se vive la comunión entre nosotros, tampoco es viva y verdadera la comunión con el Dios Trinitario” (Ibid 76). Y repite lo que ya nos había dicho en otra de sus Encíclicas: “Una Eucaristía que no comporte un ejercicio práctico del amor es fragmentaria en sí misma” (Ibid 82). Agrega: “La Eucaristía impulsa a todo el que cree en Él a hacerse pan partido para los demás y, por tanto, a trabajar por un mundo más justo y fraterno” (Ibid 88). “El Señor Jesús, Pan de vida eterna, nos apremia y nos hace estar atentos a las situaciones de pobreza en que se halla todavía gran parte de la humanidad” (Ibid 90).

ACTUAR

Ojalá pronto todos puedan participar en las Misas, sobre todo dominicales, para que se alimenten del Pan de la Palabra y del Pan Eucarístico. Pero tengamos en cuenta que, hoy y siempre, hay otras formas de comulgar con el Señor.

 

 

Cáritas lleva el grito de los venezolanos a los países donantes: «No nos dejen solos ante este precipicio»

Las Cáritas de Venezuela y de los países vecinos, profundamente involucrados en la respuesta humanitaria tanto al desplazamiento interno como al éxodo de millones de venezolanos han hecho público un llamamiento conjunto a los participantes en la Conferencia Internacional de Donantes en solidaridad con los Refugiados y Migrantes venezolanos, que se celebra hoy de manera virtual desde Bruselas y en la que se dan cita representantes de 40 países.

En un momento en que el mundo combate la pandemia global causada por el coronavirus, no deben quedar fuera de foco las necesidades de millones de refugiados y migrantes venezolanos, y de los países receptores. Para ello, la Unión Europea y el Gobierno de España, con el apoyo de la Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), han convocado esta Conferencia Internacional de Donantes en la que, junto a representantes de los Gobiernos, participan también agencias de la ONU, instituciones financieras internacionales y representantes de la sociedad civil. El objetivo de la cita es abordar juntos esta crisis sin precedentes, movilizar recursos para los desplazados y las principales comunidades de acogida, y reforzar la coordinación entre los principales actores.

En octubre de 2019, la UE ya organizó en Bruselas, junto con el ACNUR y la OIM, la primera Conferencia de Solidaridad para concienciar sobre la magnitud de la situación y la necesidad de movilizar fondos a través de una conferencia de donantes en el primer semestre de 2020. La crisis generada por la COVID-19 hace aún más urgente el cumplimiento de este compromiso.

Tanto la red Cáritas como otras organizaciones de Iglesia que juegan un papel activo en la respuesta humanitaria a esta emergencia se han movilizado para plantear a los participantes en esta Conferencia las cuestiones más urgentes a las que es necesario dar respuesta para garantizar la dignidad y los derechos humanos de estas personas.

Solicitud de la red Cáritas

La red Cáritas en la región ha dirigido un llamamiento a la Conferencia Internacional, en la que se abordan las siguientes cuestiones para reforzar la atención en Venezuela de migrantes y personas vulnerables ante la crisis humanitaria agravada por el COVID 19:

1. La población venezolana está viviendo una situación de riesgo y dependencia sin precedentes dada la crisis humanitaria compleja que Venezuela venía viviendo y dado el agravamiento de la crisis humanitaria sobrevenida por la pandemia por COVID-19. Hoy 5 millones de migrantes y refugiados venezolanos están siendo impactados por la emergencia sanitaria y económica ocasionada por la pandemia en los países de acogida, lo que está afectando severamente sus medios de subsistencia.

2. El escenario dentro de Venezuela es desolador: 9 millones de personas han sido identificadas con necesidades urgentes de ayuda humanitaria.

3. La inseguridad alimentaria entre los migrantes de Venezuela en América Latina es de tal escala que, en el Reporte de las Crisis Alimentarias del Mundo del 2020, se incluye a esa población como un país más entre las crisis.

4. Los venezolanos en inseguridad alimentaria refugiados en Colombia que reporta قناع وجه el Programa Mundial de Alimentos representan el 40% de la población en situación de hambre que la FAO estimaba para ese país en el 2018 (cerca de 1 millón de personas). En esta misma situación están en Ecuador el 76% de los migrantes venezolanos, todos en necesidad de asistencia alimentaria inmediata, 41% de ellos en situación de calle.

5. La crisis económica resultante de las estrategias de contención de la pandemia por COVID-19 incrementará drásticamente la desnutrición infantil. La pérdida masiva de fuentes de trabajo en los países de acogida ha significado una disminución de la mitad de las remesas en la que venían apoyándose miles de familia. Se estima que cada punto porcentual que disminuyan las remesas aumentará la desnutrición infantil 1.3 veces.

6. La emergencia humanitaria y el colapso en la capacidad del Estado para garantizar servicios públicos está causando un triple desplazamiento interno: en dirección a Caracas, hacia el arco minero y a la zona de frontera, donde las personas sobreviven subidos a un péndulo que los lleva y los trae entre Venezuela y los países vecinos.

7. Tanto los venezolanos que están fuera del país como los que viven en Venezuela, así como los pocos migrantes que están regresando con sus familias y los trabajadores humanitarios que los atienden en primera línea lanzan este clamor: les pedimos que no nos dejen solos ante el precipicio frente al que nos encontramos.

8. Agradecemos la movilización y el apoyo que la comunidad internacional y solicitamos ante este foro un enfoque de cooperación que contribuya a que Venezuela no sea más un país expulsor de personas.

9. Caritas de Venezuela y las Caritas hermanas en la región, junto a muchas ONG venezolanas y de América Latina, están en primera línea de atención. Son nuestros voluntarios y profesionales quienes están dando demostraciones de ingenio y de valor, tomando riesgos y actuando para seguir llevando la atención a los más vulnerables.

Propuestas

Junto a este crudo análisis de la situación actual de los migrantes y refugiados venezolanos, las Cáritas de la región plantean las siguientes propuestas:

1. Dar visibilidad a las causas de la crisis venezolana que atropella a los que se quedan, a los que retornan y que produce graves consecuencias que originan la migración masiva del pueblo venezolano.

2. Escalar el alcance de la respuesta humanitaria y adjudicar fondos flexibles y auditables que permitan a las organizaciones de la sociedad civil local organizada actuar directa y rápidamente como lo demanda la situación, con un papel central dentro de los planes de respuestas.

3. Resguardar los derechos migratorios de los venezolanos y que no se detengan los procesos legales de los migrantes y solicitantes de refugio en los países de llegada.

4. Mayor agilidad en las negociaciones que hagan posible la activación de mecanismos de asistencia alimentaria a gran escala dentro y fuera de Venezuela.

5. Que las respuestas humanitarias frente a la pandemia por COVID-19 no elimine las ayudas por las necesidades de cada país. Si la pandemia no se maneja como una crisis humanitaria donde hay países con más necesidad y prioritarios, se perderá el principio de solidaridad para los más necesitados.

Inquietudes transmitidas a Cáritas Española

Al hilo de la convocatoria de esta Conferencia Internacional, Cáritas Española ha sido destinataria de las inquietudes expresadas directamente por los responsables de las Cáritas de la región con las que viene trabajando de manera muy estrecha en los últimos años. Esas ideas se resumen en los siguientes puntos:

– Los Gobiernos de los países receptores y de la misma Venezuela no tienen la capacidad de llegar a donde sí pueden hacerlo las organizaciones sociales y, especialmente, la Iglesia. Pero estas no cuentan con los recursos y la posibilidad de participar en toma de decisiones políticas frente al desafío migratorio.

– El reto es la integración efectiva en los países receptores y/o la reintegración de retornados a Venezuela, en función de la decisión de los/as migrantes, desde un enfoque de derechos humanos.

– Los recursos deben invertirse en dos niveles: en la respuesta a las necesidades inmediatas esenciales, en primer lugar y, en segundo lugar, el apoyo a la integración económica de los migrantes, el acceso al derecho a la salud y el derecho a la vivienda.

– Se está detectando un fenómeno de retorno desde los países receptores en condiciones de mayor vulnerabilidad que en etapas anteriores por causa de las medidas para la contención del COVID-19.

Posicionamiento de la Red Clamor

Junto al llamamiento de la red Cáritas, otros organismos pastorales de la Iglesia en la región han remitido a la Conferencia demandas urgentes orientadas, fundamentalmente, a garantizar una adecuada financiación de los programas de asistencia humanitaria a las comunidades de migrantes y refugiados venezolanos.

Este es el caso de la Red Eclesial Latinoamericana y Caribeña de Migración, ماسكات طبيعية Desplazamiento, Refugio y Trata de Personas (Red Clamor) y del Scalabrini International Migration Network (SIMN), que subrayan, entre otras cuestiones, la necesidad “de que los donantes garanticen la participación de nuestras entidades para asegurar que las poblaciones en mayor vulnerabilidad y desatendidas accedan a los recursos disponibles durante la emergencia y post COVID-19”.

Cuentas de Cáritas Española «EMERGENCIA COVID 19»

SANTANDER ES62 0049 1892 62 2313290223

CAIXABANK ES71 2100 2208 3402 0031 3871

BANKIA ES16 2038 1010 6460 0068 7202

SABADELL ES37 0081 0216 7700 0131 5935

IBERCAJA ES11 2085 9298 7203 3032 2960

Bizum Donativos con el código 00089

Teléfono de donaciones: 900.33.99.99

#CadaGestoCuenta

 

¿Cuánto tiempo más podré aguantar con los niños en casa?

Mathilde De Robien/Aleteia.org - 22.05.2020

 

Foto: freepik

Aunque en muchos lugares del mundo ha comenzado el desconfinamiento progresivo tras semanas encerrados sin poder salir, para muchos padres el día a día no ha cambiado mucho porque sus hijos todavía no volverán al colegio y ni saben cuando lo harán. Se trata de una situación complicada para todos, niños incluidos.

Hace ya dos meses que los padres apenas tienen tiempo para respirar entre las tareas de la escuela en casa, las actividades para entretener a los pequeños, las labores del hogar y el teletrabajo, si es el caso, en compañía de la querida prole.

Aunque el periodo de desconfinamiento concede ya algunas libertades adicionales, el agotamiento parental es evidente. Ciertamente, no pasa en todas las familias, explica Moïra Mikolajczak, doctora en psicología y especialista en burn out que invita a imaginar la paternidad como una balanza donde se pone en una bandeja las cosas que aumentan el estrés parental y en la otra las cosas que lo aligeran.

En algunas familias, el confinamiento ha aportado menos limitaciones horarias, menos trayectos, más flexibilidad y, por tanto, ha contribuido a relajar la atmósfera familiar. En cambio, en otras familias, la bandeja de “estrés parental” ha explotado con el colegio en casa sumado al teletrabajo, la ausencia del apoyo de los abuelos, el aumento de las tareas del hogar y ninguna salida de placer para desconectar.

Aunque este extraño periodo ha permitido a algunos reconectar con su paternidad y maternidad de manera positiva, otros están rozando o ya han llegado a un preocupante agotamiento. Estos últimos son los más vulnerables al burn out parental, caracterizado, entre otras cosas, por un sentimiento de saturación y la pérdida de placer en el papel de padre o madre.

Si tienes alguna de estas sensaciones, estos siete consejos de Moïra Mikolajczak pueden ayudarles a evitar el “auténtico” burn out.

1. No te esfuerces en jugar y entretener todo el día a tus hijos

“El que nuestros hijos estén en casa no significa que debes pasar todo el día jugando con ellos, mucho menos que cedas a juegos que no te gustan”, recomienda la investigadora.

“En estos tiempos inéditos, la calidad prima sobre la cantidad”. Da prioridad a los momentos o juegos en los que tu también disfrutas. Es inútil “sacrificarse” lanzándose a una partida de Risk o de Monopoly si detestas esos juegos.

2. Flexibilidad

En situaciones excepcionales, medidas excepcionales. “No se es un mal padre por modificar algunas reglas con el fin de favorecer la vida juntos durante este periodo”, explica Moïra Mikolajczak.

Algunas reglas, como las que regulan las pantallas, por ejemplo, pueden flexibilizarse o pueden instaurarse otras. العناية بالبشرة Lo importante es que haya una comunicación sobre estas reglas que regirán durante el "confinamiento en casa".

“Una vez propuestas las reglas, hay que seguirlas; contribuyen a crear rutinas vitales que alivian la carga mental”.

3. Que ayuden en casa

Cuando tu hijo ayude en casa en el día a día, no olvides agradecérselo y hacerle sentir que cada gesto, por pequeño que sea, es importante y que su ayuda es útil.

Dado el carácter inédito de la situación, modifica el reparto habitual de las tareas del hogar entre los miembros de la familia. Eso nos aligerará, nos liberará un poco de tiempo y hará más autónomos a nuestros hijos.

Puedes incluir a los más pequeños en el reparto, con misiones a su medida como ordenar los juguetes que tengan tirados por su dormitorio, por ejemplo.

“Es una buena ocasión para desarrollar la ayuda mutua y la colaboración intrafamiliar”, señala Moïra Mikolajczak.

4. Organizar juntos el día a día 

“Los niños no tienen el hábito de marcar el ritmo del día; habitualmente, es otra persona la que se encarga de hacerlo por ellos en la escuela y en casa. Por tanto, corren el riesgo de sentirse rápidamente desocupados, de no saber qué hacer, de ir desnortados de una tarea a otra”, explica la especialista.

Por eso acuden tantas veces al día a solicitar la atención parental y esta desocupación termina por cansar. Lo ideal es construir con ellos una planificación básica de la semana, alternando actividades creativas (dibujar, hacer manualidades…), actividades para que se desfoguen físicamente, actividades “intelectuales” para los más mayores (leer, estudiar, hacer los deberes del colegio), momentos de relajación, un tiempo tranquilo de soledad, momentos en que los mayores se ocupen de los pequeños, momentos de contacto (aunque sea virtual) con sus amigos y momentos de juego con los padres.

5. Escoger los combates

Desde luego, no es buen momento para entrar en conflicto con un niño o un adolescente. Con tan poca escapatoria, el ambiente familiar puede degenerar muy rápido. “Establece una lista de los comportamientos para los que te sientes preparado para soportar, e identifica los dos o tres comportamientos que consideras intolerables". 

"Avisa a los hijos de que estarán más “relajados” en relación a algunas cosas, pero que permanecerán intransigentes con otras”.

6. Adiós a Superman y Superwoman

A muchos nos encantaría poder continuar teletrabajando y ser unos padres alegres y disponibles y hacer una labor mejor que en la escuela profundizando más en cada lección. Sin embargo, “no puedo ser trabajador, padre y profesor al mismo tiempo… Es imposible, bajo pena de desfilar directos hacia el burn out. Aquí también hay que elegir… y aceptar que elegir significa renunciar”, alerta la investigadora.

7. Cuida a tu pareja 

Moïra Mikolajczak recuerda que, según múltiples estudios, los padres que se quedan en casa son los más vulnerables al burn out parental. ¡Y la situación actual hace que ambos padres tengan que experimentar la vida de ama y amo de casa! Por eso, es importante expresar al cónyuge todo el reconocimiento correspondiente a esta experiencia a través de palabras amables o pequeños cuidados.

 

 

Detrás de un gran hombre, Birthe Lejeune

Ana Teresa López de Llergo

Birthe Lejeune no se limitó a sólo secundar al esposo. Comprendió que mientras él luchaba desde la ciencia, tenía que defender a los más vulnerable desde el activismo provida.

Uno de las grandes personalidades del siglo XX fue Jérome Lajeune. Hombre de ciencia, dotado de una sabiduría alcanzada por el amor a la verdad y la dedicación al estudio. Defensor de la vida humana en cualquiera de sus etapas, su frase shakesperiana “matar o no matar, esa es la cuestión”, le impidió el Premio Nobel de Medicina en 1970.

Muy amigo de Juan Pablo II, promovieron la Pontificia Academia para la Vida. Murió de cáncer, en París, el 3 de abril de 1994, a los 67años. Médico genetista y pediatra. Laboró en el Centro Nacional para la Investigación Científica y perteneció a la Real Academia de las Ciencias de Suecia, a la Academia Pontificia de las Ciencias, a la Academia Pontificia para la Vida, a la Académie des sciences morales et politiques, a la Académie nationale de médecine y a la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias.

Desde su profesión luchó por los más vulnerables, en 1958 descubrió la trisomía 21, la causa del síndrome de Down. Es uno de los genetistas más importantes de la historia, especialmente por sus descubrimientos en ese terreno. Actualmente es “venerable” y está abierto su proceso de canonización.

Contrajo matrimonio con Birthe y procrearon cinco hijos. Ella se dedicó a cuidar la educación de los pequeños y a forjar el hogar que cobijó a la familia. Supo estar a la altura, no exenta de dificultades. Cuando Jérome se opuso a la ley del aborto, dejó de recibir donaciones y ayudas económicas para su investigación. Le cerraron los medios de comunicación, ya no lo invitaban a las televisoras ni a congresos internacionales en los que durante años había sido el ponente principal.

Jérome solía decirle a Birthe que era una reacción humana y la animaba a hacer como que no sabían que fueron algunos amigos quienes le habían vuelto la espalda. El escritor y periodista español José Javier Esparza en su libro presentado en Madrid, el 27 de noviembre 2019: Jérome Lejeune: amar, luchar, curar, con perspicacia advierte que no es exagerado decir que la grandeza de la labor de Jérome no se hubiera dado sin el apoyo, el estímulo y el delicado amor de su esposa.

Ella tampoco se limitó a sólo secundar al esposo. Comprendió que mientras él luchaba desde la ciencia, tenía que defender a los más vulnerable desde el activismo provida, necesario para contrarrestar la desorientación en el ambiente social, propiciado por las ideologías y por los movimientos abortistas.

Rodeada de sus hijos y nietos, a los 92 años, el pasado 6 de mayo murió Birthe Lejeune. Fue miembro de la Academia Pontificia para la Vida y del Consejo Pontificio para la Salud, caballero de la Legión de Honor francesa. Su herencia más importante es la creación, junto a su yerno, Jean-Marie Le Méné, de la prestigiosa Fundación Jérome Lejeune. Ella tomó el cargo de vicepresidente. Esa Fundación es la más grande del mundo en la investigación de enfermedades genéticas y en la prolongación de los trabajos de Jérome.

La Fundación Lejeune nace en 1995 con sede en París y extendida en Estados Unidos, España, Italia, Líbano y Argentina. Tiene tres pilares: investigación y tratamiento de las enfermedades genéticas; atención a los afectados por estas enfermedades; defensa de la vida y dignidad de las personas con discapacidad. También trabaja para crear una conciencia sobre cuestiones bioéticas a través de una amplia variedad de iniciativas educativas.

La Fundación ha financiado, cada año, cerca de cincuenta proyectos de investigación científica sobre la discapacidad intelectual de base genética y las patologías asociadas a ella. También apoya su centro médico en París, donde reciben atención cerca de 10 mil pacientes. Siempre han hecho posible en la Fundación la defensa de la vida y la de la dignidad de las personas más vulnerables, ante asambleas parlamentarias y organismos internacionales como la Unión Europea o las Naciones Unidas.

En el año 2008 crea la Cátedra de Bioética “Jérome Lejeune”, donde se han desarrollado iniciativas de formación y la edición de obras de divulgación científica en el ámbito de la Bioética.

Poco antes de morir y ya muy enferma, Birthe Lejeune envió a todos los colaboradores de la Fundación una nota manuscrita. Agradecía su colaboración y les animaba a no desfallecer en el cuidado y la protección de todas las personas. Las últimas palabras en su testamento vital son las mismas pronunciadas por su esposo y las mismas que adoptan para siempre los miembros de la Fundación: “No abandonaremos jamás”.

Carme Ederle, del Instituto de Bioética Jérome Lejeune escribió: El paso del matrimonio Lejeune aparece como guía y ejemplo de fidelidad integral a la condición humana en su búsqueda de la verdad global. Gratitud por sus vidas es la mejor manera de honrarlos y es el reconocimiento del Instituto de Bioética de la Universidad Católica de Santa Fe.

En estos momentos convulsionados por el rechazo al matrimonio, por la distribución de funciones del hombre y la mujer fuera del hogar, por la fragilidad de los compromisos conyugales, por el temor a la procreación, por el escepticismo ante a fidelidad conyugal, este testimonio de vida plena puede ser causa de un replanteamiento de estos asuntos.

Birthe Lejeune no temió adoptar el apellido de Jérome, tampoco asumir su papel en el hogar, y mucho menos ser una protagonista y creadora en la sociedad a nivel mundial de grandes empresas, manteniendo vivo el trabajo iniciado por su esposo.

 

 

Como vivir más y mejor: las zonas azules

Lucía Legorreta

En las llamadas zonas azules viven las personas más longevas y saludables del mundo ¿hay algo en especial que les permite vivir más que el promedio de la población mundial?

Es el título de la portada de la reconocida revista Time de hace un tiempo. La expectativa promedio de vida a nivel mundial es de 71.4 años, en algunos países menor, y en otros bastante mayor.

Cinco lugares en particular forman parte de esta última categoría. Se les ha denominado zonas azules, por los círculos que los investigadores han marcado en cinco partes del mundo en las cuales viven las personas más longevas y saludables de nuestro planeta.

De aquí que publicaron los cinco secretos de las personas que más años han cumplido, para que reflexionemos y tratemos de vivir sus hábitos. Hoy los comparto contigo.

Sardinia, Italia, viven bajo una dieta principalmente de vegetales, realizan actividad física diaria y tienen lazos familiares estrechos. Los pastores caminan por lo menos cinco millas diarias y reciben el cuidado diario y cercano de sus familiares.

Okinawa, Japón, aunque varias de estas zonas azules hacen énfasis en los lazos familiares y de la comunidad, se ha visto que son especialmente fuertes en la cultura japonesa. Los habitantes de esta ciudad cuentan con el apoyo de su moai, un círculo social pequeño que los apoya en los momentos buenos y malos de su vida. Resultados: es donde se encuentra el mayor número de mujeres mayores de cien años.

Nicoya, Costa Rica, en esta zona los habitantes evitan la comida procesada, alimentándose principalmente de frijol, maíz y frutas tropicales. Pasan mucho de su tiempo en el exterior y cuentan con un plan o propósito de vida, lo que ha hecho que se mantengan mental y espiritualmente fuertes y plenos.

Loma Linda, en California Estados Unidos, es el lugar en donde habitan gran cantidad de seguidores de una Iglesia Protestante, a los cuales los guía una serie de principios basados en el apoyo de la comunidad y momentos de reflexión. Evitan comer carne, se alimentan de plantas, granos y nueces. Se ha comprobado que estas personas viven en promedio diez años más que cualquier americano.

Ikara, Grecia, es una isla en la cual sus habitantes se sienten muy orgullosos de invertir en su comunidad, duermen siestas y se alimentan de frutas y vegetales; frijoles, granos, papas y aceite de oliva. Esto ha resultado en que uno de tres habitantes de esta isla vive más de noventa años y están libres de enfermedades como la demencia y enfermedades crónica.

Resumiendo, ¿qué es lo que están haciendo los habitantes de las llamadas zonas azules? Ahí en donde viven las personas más longevas y saludables del mundo: realizan actividad física diaria, ingieren comida saludable, duermen siesta, cuentan con un propósito de vida; tienen momentos de reflexión, se apoyan en su comunidad y cuentan con lazos familiares y sociales sólidos y constantes.

¿Te das cuenta? No necesitamos vivir en Italia, Japón, Costa Rica, Estados Unidos o Grecia para adquirir estos hábitos de vida.

Te invito a cuestionarte que tanto los realizas, y si te falta alguno de ellos, empieza hoy y ten la seguridad de que vivirás no sólo más años, sino que estos serán saludables y acompañados de tus seres queridos.

 

 

Vivan los viejos

 

Otro virus que se ha hecho patente en las últimas semanas y que también es grave: la gerontofobia

Con la pandemia del coronavirus se ha faltado al respeto a los mayores. Aunque habrá otras responsabilidades políticas y penales más fáciles de medir, el peso que haya tenido en las actitudes y decisiones la sospecha (luego no tan fundada) de que la enfermedad se lleva por delante sólo a las personas de edad ha sido considerable; y allí se quedará, al fondo de las conciencias.

Hay que reconocer al Gobierno que no haya hecho esos comentarios de los países del norte de Europa, donde los han dado por amortizados con una falta de humanidad que todavía nos espanta aquí y que supongo que se consigue tras años de entrenamiento en la eutanasia. Este pasmo habría que contarlo entre las cosas positivas que nos está dejando este horror, junto a la solidaridad entre vecinos, el heroísmo de los sanitarios, la entrega de la policía y las Fuerzas Armadas, la recentralización de los servicios esenciales, la desaparición de los falsos problemas políticos y el estoicismo bienhumorado del confinamiento. En estas cosas nos tenemos que hacer fuertes para rechazar la gerontofobia latente.

Yo soy un viejo vocacional no sólo porque mi plan es vivir muchísimo. También porque desde muy chiquitito desdeñé el rollo generacional y sostenía, con voz de repelente niño Vicente, que me unían más cosas a mi abuelo que a muchos coetáneos. Mi abuelo, claro, me lo celebraba mucho. Además, como escritor, he puesto todas mis esperanzas en mis obras de senectud, cuando haya acopiado, si no sabiduría, al menos experiencia y oficio. Esto de ahora no es sino una divertida espera y preparación de la fecunda y jubilosa senectud. Mi modelo explícito ha sido siempre José Jiménez Lozano que escribió su primer libro de poemas con 62 años, sin correr, que es de cobardes. También me he repetido bastante el método de Azorín: cuando le preguntaban qué había hecho para vivir tantos años, contestaba que ser muy viejo desde muy joven.

Traigo estos ejemplos como muestra de amor y admiración a la tercera edad y como recordatorio de lo mucho que pueden aportar y que aportan, si se les deja y les atendemos. Lo había escrito por lo tranqui (como decían los jóvenes oficiales de mis tiempos) cuando hablábamos de las pensiones. Ahora lo repito con el corazón en carne viva. Lo importante es que los queremos mucho y les debemos todo, pero, además, pueden ofrecernos cosas imprescindibles y únicas. No podemos pasarnos sin ellos.

Enrique García-Máiquez, en diariodecadiz.es.

 

 

Hay situaciones dramáticas

Hay situaciones dramáticas que exigen algo más que la oposición y el control, y es entonces cuando gobierno y oposición deben actuar juntos precisamente para conseguir solucionar la circunstancia grave de que se trate.

Ahora, en España, estamos viviendo una de esas situaciones que exige la colaboración y el trabajo conjunto de gobierno y oposición. Pero ocurre que Sánchez (mentiras aparte) ha decidido que lo que él llama el mando único, consiste en que él hace y deshace a su antojo –que no a su leal saber y entender- y la oposición debe plegarse a sus apetencias.

No se trata de ninguna colaboración ni de ningún trabajo conjunto. Es  un “trágala” indecente porque además, se adorna con insultos y con descalificaciones en las que el propio Sánchez (mentiras aparte) se arroga el título exclusivo de patriota y obliga a los demás a unirse a sus desmanes, so pena de calificarlos de desleales y de antipatriotas.

Sánchez (mentiras aparte) sabe que, en cuanto los plazos establecidos en  las normas constitucionales se lo permitan, se verá obligado a convocar elecciones y  está usando la pandemia para hacer campaña electoral.

En estas condiciones, vista la actitud de Sánchez (mentiras aparte), la oposición y muy concretamente la del Partido Popular, debe volver al principio y negarse a ningún tipo de acatamiento y de falsa colaboración mientras que el trabajo conjunto y la toma de decisiones, no sea al unísono escuchando, atendiendo, respetando y teniendo en cuenta las opiniones ajenas.

Y todo esto sin tener en cuenta la deriva totalitaria de Sánchez (mentiras aparte) y el aprovechamiento de un más que discutible estado de alarma, para cercenar las libertades de los españoles y para establecer leyes y decretos de carácter altamente ideológico y que nada tienen que ver con la pandemia.

La demagogia de Sánchez (mentiras aparte) es sucia e inmoral y es obligación de la oposición evitar sus consecuencias o al menos poner de relieve los atropellos que se están cometiendo y medir estrictamente cualquier colaboración.

Porque como decía Josep Pla en Julio de 1931, “Si la demagogia popular no fuera más que un procedimiento infalible para engañar al pueblo, no sería gran cosa; lo malo es que esta demagogia es hedionda y su contacto no es nada agradable”.

Xus D Madrid

 

 

Nosotros, los hombres

Nosotros, los hombres, tras la crisis del coronavirus, ¿hemos tomado consciencia de nuestra fragilidad, de nuestra debilidad natural, del barro en el que hemos sido creados? ¿Hemos aprendido a enfrentarnos, cara a cara, a las tragedias, contradicciones, con las que nos encontramos los humanos tantas veces a lo largo de nuestras breves vidas?

Cada uno de nosotros, allá en el fondo de su conciencia, se dará cuenta de si ha aprovechado estos tiempos de tribulación y de confinamiento, para haber sacado algún provecho para su vivir futuro, y no darse pena a sí mismo, por haberse quedado en la simple, triste y estéril lamentación.

El silencio y la soledad físicos nos han rodeado estos días; ¿los hemos vivido como silencio y soledad vital? ¿Nos hemos dado cuenta del clamor que late en el fondo de esos sentimientos de soledad y de silencio que nos invita a anhelar la compañía de los demás, la compañía de Dios, de Cristo, nuestro Señor?

Muchas personas se han conmovido al ver esos videos de jóvenes, ellos y ellas, de familias, de matrimonios, que rogaban a los obispos para que pronto pudieran volver a vivir la Misa en los templos, y recibir con devoción los Sacramentos. Quizá nos ha servido este tiempo para no acostumbrarnos a recibir con una cierta rutina al Señor Sacramentado; a agradecer de nuevo su presencia en la Eucaristía, que ha de ser siempre una novedad cada día para el buen creyente; a arrepentirnos de nuestros pecados y tener la alegría de recibir el perdón del Señor en el sacramento de la Reconciliación.

Valentín Abelenda Carrillo

 

Más Mater Ecclesiae entre la Ascensión y Pentecostés

Este año, además, de vivir un duro confinamiento debido a la pandemia, nos encaminamos hacia la Venida del Espíritu Santo cuando está terminado, día 31, el mes de mayo, mes dedicado a la Virgen María. No hace nada, la habíamos contemplado al pie de la Cruz –stabat Mater-, de donde procede el Paráclito: allí la recibimos como Madre, pero es quizá más Mater Ecclesiae entre la Ascensión y Pentecostés: estaba con los apóstoles en el cenáculo, pidiendo “con sus oraciones el don del Espíritu, que en la Anunciación ya la había cubierto con su sombra” (Lumen Gentium, 59). Pablo VI incluyó esa invocación, si no me falla la memoria, en la letanía lauretana y, la continuidad del magisterio pontificio se refleja en la institución por Francisco de la fiesta dedicada a María como Madre de la Iglesia el lunes de Pentecostés. Porque, como recordaba san Juan Pablo II, “la era de la Iglesia empezó con la ‘venida’, es decir, con la bajada del Espíritu Santo sobre los apóstoles reunidos en el Cenáculo de Jerusalén junto con María, la Madre del Señor”.

Jesús Domingo Martínez

 

 

Benedicto XVI-Ratzinger

Acaba de cumplir 93 años que, en las circunstancias actuales, pueden decir mucho o pueden decir nada, en lo que a las condiciones de cabeza se refieren. La suya parece que sigue en plenitud de visión y de perspectiva.

Lógicamente todas las intervenciones de Benedicto XVI estos últimos tiempos, le habrán costado un no pequeño esfuerzo que yo, por lo menos, le agradezco de verás que lo haya hecho. Sus palabras siguen siendo una luz con la que contar a la hora de pensar en la Iglesia, en las enseñanzas de la Iglesia, en la doctrina perenne de la Iglesia que es siempre actual. Y no me cabe la más mínima duda, que la fuerza para sostener este batallar continuo, es fruto de un profundo amor a Nuestro Señor Jesucristo y a su Iglesia, la Iglesia Una, Santa. Católica, Apostólica y Romana.

Acaba de aparecer en Alemania una biografía –entrevista con Peter Seewald-  de más de 1.100 páginas sobre Benedicto XVI-Ratzinger.

Domingo Martínez Madrid

 

 

España en quiebra y las quiebras del Estado

 

                           Las quiebras en España, vienen de lejos; y siempre, por el mal gobierno del momento, los derroches y guerras absurdas, temerarias, terribles, e incluso destructoras del propio pueblo español. Pero el irresponsable del momento, llegaba a tales extremos, por cuanto él no pagaría nada, el que paga siempre es el pueblo, y al que de verdad carga para un largo futuro la quiebra, es a ese pueblo, el que sufrirá bajo el peso de la misma, todo tipo de calamidades, la mayoría de ellas, evitables, si de verdad se hubiese administrado bien y para sostener a ese pueblo que con su trabajo, es el creador de toda riqueza. El resto siempre fueron parásitos a mantener a la fuerza.

                           Que España está hoy en quiebra, no hay nada más que leer las noticias económicas referente a ello y en los tres meses últimos, azotados por el maldito “virus chino”; al que quieren cargar con todo el peso económico actual; y no, la quiebra viene de antes, si bien hoy “los inútiles que gobiernan”, le dan “la puntilla y aún siguen”.

                           Veamos “algunas quiebras anteriores” y las que entenderemos bien, si analizamos los motivos que a ellas llegaron, e incluso la sangre, sudor y lágrimas, que el inocente pueblo tuvo que pagar, antes, durante y después de las mismas, o sea, más o menos como hoy”.

            “La primera vez, paradójicamente, se produjo en un periodo de plena expansión, durante el Siglo de Oro. Felipe II recibió en 1556 de su padre, el emperador Carlos V, un imperio donde no se ponía el sol, con una floreciente Castilla y con las grandes reservas de metales preciosos procedentes del Nuevo Mundo. A pesar de este reluciente patrimonio, la herencia venía envenenada por una deuda de 20 millones de ducados que don Carlos contrajo principalmente al adquirir el título de emperador. Solo un año después de su llegada al trono, Felipe II se vio obligado a proclamar la primera bancarrota de las arcas españolas, un hecho que se repitió en dos ocasiones durante su reinado (en 1575 y 1596, concretamente). Las guerras y los gastos (también los malgastos) que conlleva un inmenso imperio llevaron a Castilla a soportar grandes cargas impositivas, amén de una alta inflación y de una grave crisis. Al final de su reinado, en 1598, mientras la inflación hundía en la miseria a Castilla, su sucesor, Felipe III, heredaba tres frentes abiertos y una deuda que quintuplicaba la inicial. En 1607, España volvía a proclamar la bancarrota, el mismo año en que se hundía la familia Fugger, los prestamistas que habían ayudado a Carlos V a alcanzar el título de emperador, quizás por su exceso de confianza en la deuda española.  A lo largo del XVII, las arcas españolas se declararon en bancarrota otras dos veces. Con la llegada de los Borbones, a principios del siglo XVIII, las finanzas nacionales emprendieron un proceso de modernización, lo que no impidió nuevos problemas en las décadas venideras”.

“El terrible siglo XIX: La guerra con la Francia revolucionaria acarreó nuevas deudas para una decadente España, que comenzó de una manera un tanto precaria un desastroso siglo en el que la bancarrota sería una constante en la vida del país, siendo declarada hasta en seis ocasiones. Guerras, pronunciamientos, pérdida de las colonias y un constante retraso en la Revolución Industrial llevaron a la economía del país a un estado ruinoso, que agravó la fiebre del ferrocarril”. 

A finales  del siglo 19 y principios del veinte, es Vicente Blasco Ibáñez es el que  afirma, en algunas de sus obras; que “los ingresos que tiene España, los consumen en gran parte de los mismos, el rey y sus “casas”, la Iglesia Católica y el Ejército. ¿El pueblo? Pues imagine el lector… “una inmensidad de mendigos pidiendo para comer”. Lo que luego va a llevar a la terrible “guerra civil” de 1936-1939; aunque la verdad es que España, lleva ya un siglo de “guerras civiles”.

“Salvados de la bancarrota: Aun siendo menos ajetreado que el anterior, en el siglo XX, España tampoco vivió tranquila. La corona española sufrió el dolor de la pérdida de Cuba, Filipinas, Puerto Rico y otras islas del Pacífico; en el ocaso del siglo XIX. Asimismo, diversos conflictos en el exterior y, sobre todo, la terrible Guerra Civil, agotaron también los recursos del país. Sin embargo, a pesar de estos contratiempos y con el fantasma de la deuda extendiendo el terror, España no se declaró en bancarrota.

Sí es cierto que al terminar la Guerra Civil, Franco sólo reconoció las deudas contraídas por el bando Nacional, por lo que dejó sin sufragar las reclamaciones de los países que ayudaron económicamente a la República. Llegaron entonces los tiempos de la autarquía y del “gasógeno”. Con el país agotado y con los posibles aliados del régimen derrotados en la Segunda Guerra Mundial, España se vio sumida en una terrible penuria que la situó, una vez más, en la cuerda floja. El pacto con los norteamericanos por la cesión de bases, etc. vendría a abrir nuevas puertas. En 1957, con el modelo totalmente agotado y con la bancarrota acechando, Franco dio un giro a su Gobierno, incluyendo a los tecnócratas del Opus Dei, que sembraron las bases del crecimiento español de los años 60…. “Y en esos tres o cuatro quinquenios y sobre la base de un pueblo trabajando duro dentro y fuera de España, y “aguantando lo que sólo sabemos los que lo tuvimos que aguantar”. Y ayudados por el Turismo, se llega a la muy rica España que existe cuando muere Franco. ¿Después? Pues los desastres de siempre y a la quiebra actual”… “Y como siempre nadie es responsable de lo que ocurre en España”¿Qué ha pasado de nuevo aquí? ¡Que lo escriban los historiadores para nuestros descendientes, lo que a nosotros, nos va a importar, no dos, sino tres “cojoness”. ¡¡Qué razón tenía el Cancíller de Hierro cuando sentenció lo que ocurría en España!! Y lo que no repito hoy (ver mis artículos publicados, en mi Web) Aunque aquí, “nunca nada sirve para nada; España sigue maldita” y como siempre, expoliada por bandidos y ladrones e infinidad de sanguijuelas insaciables, por lo que superan a éstas, las que una vez saciadas, “dejan de chupar sangre”.

 

                           En el consejo de ministros de mañana, dicen que van a aprobar una paga mínima, pero ya España no tiene dinero para ello, por tanto… INGRESO MÍNIMO: Eso es algo así como, “Tomad hijos míos un poco de pan y algo para acompañarlo”; y no penséis que os hemos arruinado adrede, para luego daros la limosna para que nos lo agradezcáis. Pero sabed que aún esa limosna la vais a pagar vosotros, a través de la inmensa deuda pública que os dejamos no solo a vosotros, sino también a varias generaciones de vuestros descendientes. Amén.

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

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http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes