Las Noticias de hoy 11 Diciembre 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 11 de diciembre de 2019     

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

Visita del Papa a la exposición de 100 belenes en el Vaticano

ONG católicas: Acoger “a los más vulnerables”, hacer del mundo “casa común”

Francisco exhorta a educar “en una ciudadanía participativa y activa”

EL CAMINO DE LA MANSEDUMBRE: Francisco Fernandez Carbajal

“Piadosos como niños”: San Josemaria

Historia de la Virgen de Guadalupe

La dignidad de la familia

La familia cristiana como don y tarea: Ramiro Pellitero

 EL ROSTRO HUMANO DE LA SOCIEDAD: Ing. José Joaquín Camacho                                                    

Dios gana la partida (La Inmaculada): + César Franco. Obispo de Segovia

Jornada de Oración por la paz en América Latina y El Caribe

La Civilización cristiana y la mujer: Plinio Corrêa de Oliveira

5 consejos para vivir en familia el Adviento:aci

Navidad: ¿cómo enseñarla a los hijos?: LaFamilia.info

La Navidad empieza por casa

El grito de los que ya no están: Valentín Abelenda Carrillo

Adorar a Dios: Juan García.

Insospechadas consecuencias: Suso do Madrid

Por lo que nos toca: Xus D Madrid

“Cumbre del clima”: ¿Pero saben lo que hay que hacer?: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Martes, 10 de diciembre de 2019

La primera lectura (Is 40,1-11) comienza con un anuncio de esperanza. «Consolad, consolad a mi pueblo –dice vuestro Dios–; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen». El Señor nos consuela siempre con tal de que nos dejemos consolar. Dios corrige con el consuelo, pero ¿cómo? «Como un pastor que apacienta el rebaño, reúne con su brazo los corderos y los lleva sobre el pecho; cuida él mismo a las ovejas que crían». ¡Eso es ternura! ¿Cómo consuela el Señor? Con ternura. ¿Cómo corrige el Señor? Con ternura. ¿Cómo castiga el Señor? Con ternura. ¿Te imaginas en el pecho del Señor, después de haber pecado? El Señor conduce, el Señor guía a su pueblo, el Señor corrige; incluso, diría yo, el Señor castiga con ternura. La ternura de Dios, las caricias de Dios. No es una actitud didáctica o diplomático de Dios: le sale de dentro, es la alegría que tiene cuando un pecador se acerca. Y la alegría lo hace tierno.
 
Recordad la parábola de hijo pródigo, con el padre que ve de lejos al hijo, porque lo esperaba, subía a la terraza para ver si el hijo regresaba. Corazón de padre. Y cuando llega y empieza aquel discurso de arrepentimiento, le tapa la boca y hace una fiesta. La tierna cercanía del Señor. En el Evangelio (Mt 18,12-14) vuelve el pastor, aquel que tiene cien ovejas y pierde una. «¿No deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado». Esa es la alegría del Señor ante el pecador, ante nosotros cuando nos dejamos perdonar, nos acercamos a Él para que nos perdone. Una alegría que se hace ternura, y esa ternura nos consuela.
 
Tantas veces nos lamentamos de las dificultades que tenemos: el diablo quiere que caigamos en el espíritu de tristeza, amargados de la vida o de los propios pecados. Conocí a una persona consagrada a Dio a la que llamábamos ‘Quejica’, porque no hacía otra cosa que quejarse, era el premio Nobel de las quejas. Cuántas veces nos quejamos, nos lamentamos y muchas veces pensamos que nuestros pecados, nuestras limitaciones no pueden ser perdonados. Y ahí, la voz del Señor viene y dice: “Yo te consuelo, estoy cerca de ti”, y nos toma con ternura. El Dios poderoso que ha creado el cielo y la tierra, el Dios-héroe, por decirlo así, hermano nuestro, que se dejó llevar a la cruz a morir por nosotros, es capas de acariciarnos y decir: “No llores”.
 
Con cuánta ternura acariciaría el Señor a la viuda de Naím cuando le dijo: “No llores”. Quizá, delante del ataúd del hijo, la acarició antes de decirle “no llores”. Porque aquello era un desastre. Debemos creer en este consuelo del Señor, porque después está la gracia del perdón. “Padre, yo tengo tantos pecados, he hecho tantos errores en mi vida” –“Pues déjate consolare” –“Pero, ¿quién me consuela?” –“El Señor” –“¿Y adónde debo ir?” –“A pedir perdón: ¡ve, ve! Sé valiente. Abre la puerta. Y Él te acariciará”. Él se acercará con la ternura de un padre, de un hermano: como un pastor apacienta el rebaño y con su brazo lo reúne, lleva los corderillos sobre su pecho y conduce dulcemente a las ovejas que crían, así nos consuela el Señor

 

 

Visita del Papa a la exposición de 100 belenes en el Vaticano

De más de 30 países

diciembre 10, 2019 10:26Larissa I. LópezPapa y Santa Sede

(ZENIT – 10 dic. 2019).- Ayer, 9 de diciembre de 2019, a las 16:10 horas, el Santo Padre se dirigió a la Sala Pío X, a pocos metros de la vía de la Conciliación, para visitar la muestra de los 100 pesebres en el Vaticano, informó la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

cq5damEste espacio aloja una exposición con más de 130 belenes provenientes de unos 30 países del mundo y fue inaugurada el 8 de diciembre.

Después de la firma de la Carta Apostólica Admirabile signum en Greccio el 1 de diciembre, Francisco quiso dar una nueva señal de su atención a esta tradición de fe.

La visita

cq5damMons. Rino Fisichella, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, acompañó al Papa Francisco a lo largo de la visita ilustrando las obras presentes.

Durante la misma, el Pontífice saludó individualmente a a los artistas de los belenes, con sus familias. Luego rezó una oración y bendijo a los presentes.

El coro de cámara de la escuela coral “Kodály” de Budapest, que llegó al Vaticano con una delegación húngara, interpretó algunas canciones navideñas. En torno a las 16:50 horas, el Obispo de Roma regresó a la Casa Santa Marta.

La muestra

cq5damLa muestra incluye desde los clásicos y valiosos pesebres de la escuela napolitana del ‘700, pasando por los de coral, hasta los más sencillos realizados por los niños de las escuelas primarias o por la Comunidad CSM de Nicosia para personas con discapacidad, indica Vatican News.

Todos ellos, de gran valor, representan, cada uno a su manera, una obra de arte con una historia particular.

La exposición, que estará abierta hasta el 12 de enero de 2020, continúa con la iniciativa de Roma de los 100 Pesebres en la plaza del Popolo.

 

 

ONG católicas: Acoger “a los más vulnerables”, hacer del mundo “casa común”

Discurso del Santo Padre

diciembre 10, 2019 16:36Larissa I. LópezPapa y Santa Sede

(ZENIT – 10 dic. 2019).- “Gracias por este esfuerzo. Con esto ustedes quieren transmitir un testimonio concreto para favorecer que los más vulnerables sean acogidos, incluidos, para hacer del mundo una ‘casa común’”.

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Estas palabras de agradecimiento fueron transmitidas por el Santo Padre el pasado 7 de diciembre de 2019, en la audiencia con los participantes en el IV Foro Mundial de ONG de inspiración católica.

Dicho evento tuvo lugar en Roma del 5 al 7 de diciembre de 2019, sobre el tema “Hacia una sociedad más inclusiva”.

“Frontera” para la Iglesia

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En su discurso, Francisco resaltó cómo muchos de los asistentes “se interesan y tratan de estar presentes en los lugares donde se debaten los derechos humanos de las personas, su condición de vida, su hábitat, su educación, su desarrollo y otros problemas sociales”, de manera que “dan vida” a lo declarado en el Concilio Vaticano II: “la Iglesia ‘existe en este mundo y vive y actúa con él’ (Const. past. Gaudium et spes, 40)”.

Para el Papa, se trata de una “frontera” para la Iglesia “en la que pueden realizar un papel notable, como recordaba el mismo Concilio al hablar de la cooperación del cristiano en las instituciones internacionales”. Con respecto a ella, el Papa ha resaltado su “gran actualidad” y destacó tres aspectos: la formación de los miembros, tener los medios necesarios y compartir iniciativas sabiendo trabajar en “equipo”.

Formación y medios materiales

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En cuanto a la formación, la complejidad del mundo y la crisis antropológica de la sociedad actual exigen, según el Pontífice, “un testimonio coherente de vida para poder suscitar un diálogo y una reflexión positiva sobre la dignidad humana” y que “supone dos exigencias: por una parte, una gran fe y confianza en sabernos instrumentos de la acción de Dios en el mundo; no es nuestra eficacia lo que prima; por otra, es necesario tener la preparación profesional adecuada en las materias científicas y humanas para saberlas presentar desde la perspectiva cristiana”.

En este sentido, la Doctrina Social de la Iglesia ofrece el “marco de principios eclesiales adecuados para servir mejor a la humanidad”, ya que la formación adecuada y la educación, como dimensión transversal a los problemas de la vida socio-política, constituye una prioridad para la Iglesia.

“Es por esto, que he querido lanzar un llamamiento mundial, para reconstruir un Pacto global sobre educación, un paso adelante, que forme para la paz y la justicia, que forme para la acogida entre los pueblos y la solidaridad universal, además de tener en cuenta el cuidado de la “casa común”, en el sentido expresado en la Encíclica Laudato si’”, explicó el Obispo de Roma.

En el aspecto referido a “tener los medios materiales necesarios”, el Papa Francisco recordó que aunque son importantes y necesarios, “hay que procurarlos, ciertamente, y hacer rendir al máximo los propios talentos, pero demostrando con ello que todo poder nos viene de Dios, que todo poder no es nuestro”. Y añadió que a veces precisamente “el exceso de medios materiales para llevar adelante una obra es contraproducente porque anestesia la creatividad”.

Compartir iniciativas

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Finalmente, el Santo Padre apuntó que el compartir iniciativas para trabajar en equipo “hace resplandecer aún más el valor de las obras, porque se pone en evidencia algo que es connatural a la Iglesia, su comunión, el caminar juntos en la misma misión (syn-odos) al servicio del bien común, mediante la corresponsabilidad y aportación de cada uno”.

“El mundo de hoy está reclamando nueva audacia y nueva imaginación para abrir otras vías de diálogo y de cooperación, para favorecer una cultura del encuentro, donde la dignidad de lo humano, según el plan creador de Dios, se ponga en el centro”, concluyó Francisco.

A continuación reproducimos el discurso completo del Papa.

***

Discurso del Santo Padre

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Queridos Representantes de la Santa Sede ante los Organismos internacionales,

Queridos amigos, Responsables y Dirigentes de Organizaciones no gubernamentales de inspiración católica:

Me alegro de poderles acoger en esta sede de Pedro, símbolo de la comunión con la Iglesia universal. Gracias por venir desde varios países del mundo para compartir experiencias y reflexiones en torno al tema de la inclusión. Gracias por este esfuerzo. Con esto ustedes quieren transmitir un testimonio concreto para favorecer que los más vulnerables sean acogidos, incluidos, para hacer del mundo una “casa común”. Todo ello lo realizan con experiencias sobre el terreno y también en el ámbito político internacional.

Muchos de ustedes se interesan y tratan de estar presentes en los lugares donde se debaten los derechos humanos de las personas, su condición de vida, su hábitat, su educación, su desarrollo y otros problemas sociales. De esta manera, dan vida a cuanto afirmó el Concilio Vaticano II: la Iglesia «existe en este mundo y vive y actúa con él» (Const. past. Gaudium et spes, 40).

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Se trata de una “frontera” para la Iglesia en la que pueden realizar un papel notable, como recordaba el mismo Concilio al hablar de la cooperación del cristiano en las instituciones internacionales: «A la creación pacífica y fraterna de la comunidad de los pueblos pueden servir también de múltiples maneras las varias asociaciones católicas internacionales, que hay que consolidar aumentando el número de sus miembros bien formados, los medios que necesitan, y la adecuada coordinación de energías. La eficacia en la acción y la necesidad del diálogo piden en nuestra época iniciativas de equipo» (ibíd., 90).

Esta afirmación conciliar tiene una gran actualidad y quisiera destacar en ella tres aspectos: 1) formación de los miembros; 2) tener los medios necesarios; 3) compartir iniciativas sabiendo trabajar en “equipo”.

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Primero: La formación. La complejidad del mundo y la crisis antropológica en la que estamos inmersos hoy exigen un testimonio coherente de vida para poder suscitar un diálogo y una reflexión positiva sobre la dignidad humana. Este testimonio supone dos exigencias: por una parte, una gran fe y confianza en sabernos instrumentos de la acción de Dios en el mundo; no es nuestra eficacia lo que prima; por otra, es necesario tener la preparación profesional adecuada en las materias científicas y humanas para saberlas presentar desde la perspectiva cristiana; en este sentido, la Doctrina Social de la Iglesia ofrece el marco de principios eclesiales adecuados para servir mejor a la humanidad. Les recomiendo conocerla, formarse bien en ella, para luego “traducirla” en sus proyectos.

La formación adecuada y la educación, como dimensión transversal a los problemas de la vida socio-política, es hoy día un compromiso prioritario para la Iglesia. No podemos “hablar de memoria”. Es por esto, que he querido lanzar un llamamiento mundial, para reconstruir un Pacto global sobre educación, un paso adelante, que forme para la paz y la justicia, que forme para la acogida entre los pueblos y la solidaridad universal, además de tener en cuenta el cuidado de la “casa común”, en el sentido expresado en la Encíclica Laudato si’. Por tanto, los animo a incrementar, aún más, su profesionalidad e su identidad eclesial.

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Segundo: tener los medios materiales necesarios para llevar a cabo los fines indicados. Recordemos la parábola de los talentos. Los medios son importantes, son necesarios, sí, pero puede ser que a veces sean insuficientes para alcanzar los objetivos propuestos. No tenemos que descorazonarnos. Hay que recordar que la Iglesia ha hecho siempre grandes obras con medios pobres. Hay que procurarlos, ciertamente, y hacer rendir al máximo los propios talentos, pero demostrando con ello que todo poder nos viene de Dios, que todo poder no es nuestro. Es ahí donde radica su riqueza; por el resto, dice san Pablo: «Dios tiene poder para colmarlos de todos sus dones, a fin de que siempre tengan lo que les hace falta, y aún les sobre para hacer toda clase de buenas obras» (2 Co 9,8). A veces el exceso de medios materiales para llevar adelante una obra es contra producente porque anestesia la creatividad. Y eso, desde la administración de una ama de casa, hasta las grandes industrias o las grandes instituciones de beneficencia. El tener que aceitar la cabeza para ver cómo doy de comer a seis mil, con porción para cuatro mil, eso aumenta la creatividad, por poner un ejemplo. Más aún, hay una enfermedad en esto de los medios materiales en las instituciones: a veces los recursos cuando son abundantes no llegan a donde tienen que llegar. Porque, como tenemos recursos, pagamos una subsecretaría y una sub subsecretaría aquí; y, entonces, el organigrama administrativo crece tanto, que el 40, 50, 60% de los aportes que se reciben queda en el aparato organizativo y no llega a donde tiene que llegar. Esto no invento, esto sucede hoy en muchas instituciones de la Iglesia que ustedes conocen bien.

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Por último, el compartir iniciativas para trabajar en equipo. La experiencia de fe, el saberse portadores de la gracia del Señor, nos dice que esto es posible. El colaborar en proyectos comunes hace resplandecer aún más el valor de las obras, porque se pone en evidencia algo que es connatural a la Iglesia, su comunión, el caminar juntos en la misma misión (syn-odos) al servicio del bien común, mediante la corresponsabilidad y aportación de cada uno. Vuestro Forum quiere ser un ejemplo de ello, por eso, los proyectos que realizan en cada lugar, uniendo fuerzas con otras organizaciones católicas, y en comunión con sus pastores y con los Representantes de la Santa Sede ante los organismos internacionales, tendrán el efecto multiplicador de la levadura del Evangelio, y la luz y la fuerza de los primeros cristianos. El mundo de hoy está reclamando nueva audacia y nueva imaginación para abrir otras vías de diálogo y de cooperación, para favorecer una cultura del encuentro, donde la dignidad de lo humano, según el plan creador de Dios, se ponga en el centro.

Queridos amigos: la Iglesia y el Papa necesitan de vuestro trabajo, de vuestro compromiso y de vuestro testimonio en la frontera del ámbito internacional. La palabra frontera para ustedes tiene que tener mucho significado. Sigan adelante con valentía y con la esperanza siempre renovada. Gracias.

© Librería Editorial Vaticana

 

 

Francisco exhorta a educar “en una ciudadanía participativa y activa”

A los miembros de ‘A Chance in Life’

diciembre 10, 2019 11:29Larissa I. LópezPapa y Santa Sede

(ZENIT – 10 dic. 2019).- “Es esencial educar a las nuevas generaciones en una ciudadanía activa y participativa, que sitúe a la persona en el centro y, al mismo tiempo, en el cuidado del medio ambiente”, indicó el Santo Padre.

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Ayer, 9 de diciembre de 2019, el Papa Francisco recibió en audiencia a los miembros de la Fundación A Chance in Life (Una oportunidad en la vida).

En su discurso, Francisco recordó que esta organización nació de “una intuición” de Mons. John Patrick Carroll-Abbin y se desarrolló a lo largo de los años hasta sostener en la actualidad iniciativas educativas que han beneficiado a miles de niños y niñas en Italia, Bolivia, Colombia, Guatemala y Perú.

El objetivo de las mismas “es ofrecer a los niños, niñas y adolescentes en situación de especial vulnerabilidad la oportunidad de superar las dificultades y realizar plenamente el proyecto que Dios tiene para cada uno de ellos”, remarcó el Pontífice.

Ciudad de los Muchachos

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La primera iniciativa de Mons. Carroll-Abbin fue la Obra Nacional Ciudad de los Muchachos, creada a las afueras de Roma para proporcionar, en palabras del prelado, “una oportunidad en la vida” a los niños vulnerables y huérfanos tras la II Guerra Mundial.

A lo largo de los años, estas ciudades en Italia pasaron de ser una comunidad de huérfanos de guerra italianos a convertirse en el hogar de miles de jóvenes refugiados y menores no acompañados. La organización calcula que estas comunidades han influido en las vidas de más de 30.000 jóvenes.

En los últimos años, este organismo decidió adoptar el nombre de A Chance in Life y trabajar para crear ciudades emergentes para niños y niñas en todo el mundo.

A continuación reproducimos el discurso completo del Papa.

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Saludo del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas,

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Me alegra tener esta oportunidad de encontraros. Doy las gracias al Sr. Guy Chiarello por las palabras que me ha dirigido y saludo cordialmente a todos los que apoyan la organización A Chance in Life.

Vuestra organización, nacida de una intuición de monseñor John Patrick Carroll-Abbing, se ha desarrollado a lo largo de los años hasta llegar a sostener en la actualidad una serie de iniciativas educativas, que han beneficiado a miles de niños y niñas en Italia, Bolivia, Colombia, Guatemala y Perú cuyo objetivo es ofrecer a los niños, niñas y adolescentes en situación de especial vulnerabilidad la oportunidad de superar las dificultades y realizar plenamente el proyecto que Dios tiene para cada uno de ellos.

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La primera iniciativa, muy deseada por el fundador, fue la Obra Nacional Ciudad de los Muchachos. Gracias también a vuestro generoso apoyo, hoy puede presumir de una larga tradición de compromiso al servicio de los menores en situación de fragilidad y malestar, según una metodología educativa basada en el autogobierno. A la enseña de la fidelidad creativa al carisma originario, esta Obra quiere renovarse para ser más significativa y eficaz en su misión en un mundo que hoy plantea nuevos desafíos educativos. Aprecio que esta actualización se inspire en las recomendaciones que expresé en mi carta encíclica Laudato si’, en el signo de una ecología integral cuyo objetivo es el desarrollo de la humanidad y de la creación.

Es esencial educar a las nuevas generaciones en una ciudadanía activa y participativa, que sitúe a la persona en el centro y, al mismo tiempo, en el cuidado del medio ambiente. La innovación tecnológica también está llamada a cooperar en estos objetivos, y son precisamente las nuevas generaciones, si están bien motivadas, las que podrán alcanzarlos, porque han nacido y se han criado en el contexto tecnológico actual.

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Estoy seguro de que, también ante este nuevo desafío, la Obra Nacional Ciudad de los Muchachos podrá contar con vuestro apoyo. Os agradezco la sensibilidad que demostráis con vuestros hermanos y hermanas menores. ¡Que Dios recompense vuestro apasionado compromiso e ilumine siempre vuestro camino de fraternidad!

Sobre todos vosotros invoco la bendición del Señor. Os bendigo a todos y extiendo esta bendición  a vuestras familias. Y por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Gracias.

© Librería Editorial Vaticana

 

 

EL CAMINO DE LA MANSEDUMBRE

— Jesús, modelo de mansedumbre que hemos de imitar.

— La mansedumbre se apoya en una gran fortaleza de espíritu.

— Frutos de la mansedumbre. Su necesidad para la convivencia y el apostolado.

I. El texto del profeta Isaías en la Primera lectura de la Misa1, como el Salmo responsorial2, nos invitan a contemplar la grandeza de Dios, frente a esa debilidad nuestra que conocemos por la experiencia de repetidas caídas. Y nos dicen que el Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en misericordia3, y quienes esperan en Él renuevan sus fuerzas, les nacen alas como de águila, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse4.

El Mesías trae a la humanidad un yugo y una carga, pero ese yugo es llevadero porque es liberador y la carga no es pesada, porque Él lleva la parte más dura. Nunca nos agobia el Señor con sus preceptos y mandatos; al contrario, ellos nos hacen más libres y nos facilitan siempre la existencia. Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré, nos dice Jesús en el Evangelio de la Misa. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas: porque mi yugo es suave y mi carga ligera5. Se propone a Sí mismo el Señor como modelo de mansedumbre y de humildad, virtudes y actitudes del corazón que irán siempre juntas.

Se dirige Jesús a aquellas gentes que le siguen, maltratadas y abatidas como ovejas sin pastor6, y se gana su confianza con la mansedumbre de su corazón, siempre acogedor y comprensivo.

La liturgia de Adviento nos propone a Cristo manso y humilde para que vayamos a Él con sencillez, y también para que procuremos imitarle como preparación de la Navidad. Solo así podremos comprender los sucesos de Belén; solo así podremos hacer que quienes caminan junto a nosotros nos acompañen hasta el Niño Dios.

A un corazón manso y humilde, como el de Cristo, se abren las almas de par en par. Allí, en su Corazón amabilísimo, encontraban refugio y descanso las multitudes; y también ahora se sienten fuertemente atraídas por Él, y en Él hallan la paz. El Señor nos ha dicho que aprendamos de Él. La fecundidad de todo apostolado estará siempre muy relacionada con esta virtud de la mansedumbre.

Si observamos de cerca a Jesús, le vemos paciente con los defectos de sus discípulos, y no tendrá inconveniente en repetir una y otra vez las mismas enseñanzas, explicándolas detalladamente, para que sus íntimos, lentos y distraídos, conozcan la doctrina de la salvación. No se impacienta con sus tosquedades y faltas de correspondencia. Verdaderamente, Jesús, «que es Maestro y Señor nuestro, manso y humilde de corazón, atrajo e invitó pacientemente a sus discípulos»7.

Imitar a Jesús en su mansedumbre es la medicina para nuestros enfados, impaciencias y faltas de cordialidad y de comprensión. Ese espíritu sereno y acogedor nacerá y crecerá en nosotros en la medida en que tengamos más presencia de Dios y consideremos con más frecuencia la vida de Nuestro Señor. «Ojalá fuera tal tu compostura y tu conversación, que todos pudieran decir al verte o al oírte hablar: este lee la vida de Jesucristo»8. Especialmente la contemplación de Jesús nos ayudará a no ser altivos y a no impacientarnos ante las contrariedades.

No cometamos el error de pensar que ese «mal carácter» nuestro, manifestado en ocasiones y circunstancias bien determinadas, depende de la forma de ser de quienes nos rodean. «La paz de nuestro espíritu no depende del buen carácter y benevolencia de los demás. Ese carácter bueno y esa benignidad de nuestros prójimos no están sometidos en modo alguno a nuestro poder y a nuestro arbitrio. Esto sería absurdo. La tranquilidad de nuestro corazón depende de nosotros mismos. El evitar los efectos ridículos de la ira debe estar en nosotros, y no supeditarlo a la manera de ser de los demás. El poder de superar nuestro mal carácter no ha de depender de la perfección ajena, sino de nuestra virtud»9.

La mansedumbre se ha de poner especialmente de manifiesto en aquellas circunstancias en las que la convivencia puede resultar más dificultosa.

II. La mansedumbre no es propia de los blandos ni de los amorfos; está apoyada, por el contrario, sobre una gran fortaleza de espíritu. El mismo ejercicio de esta virtud implica continuos actos de fortaleza. Así como los pobres son los verdaderamente ricos según el Evangelio, los mansos son los verdaderos fuertes. «Bienaventurados los mansos porque ellos, en la guerra de este mundo, están amparados contra el demonio y contra los golpes de las persecuciones del mundo. Son como vasos de vidrio recubiertos de paja o heno, que no se quiebran al recibir los golpes. La mansedumbre es como un escudo muy fuerte contra el que se estrellan y rompen los golpes de las agudas saetas de la ira. Van vestidos con vestidura de algodón muy suave que los defiende sin molestar a nadie»10.

La materia propia de esta virtud es la pasión de la ira, en sus muchas manifestaciones, a la que modera y rectifica de tal forma que no se enciende sino cuando sea necesario y en la medida en que lo sea.

Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. Ante la majestad de Dios, que se ha hecho Niño en Belén, todo lo nuestro adquiere sus justas proporciones, y lo que podría convertirse en una gran contrariedad se queda en su exacta medida; la contemplación del nacimiento de Jesús nos sirve para avivar nuestra oración, extremar la caridad y no perder la paz. Junto a Él aprendemos a ser justos al valorar, en su presencia, los diversos incidentes de la vida ordinaria, a callar en otras ocasiones, a sonreír, a tratar bien a los demás, a esperar el momento oportuno para corregir una falta. También a salir en defensa de la verdad y de los intereses de Dios y de nuestros hermanos con toda la fuerza que sea necesaria. Porque a la mansedumbre, íntimamente relacionada con la humildad, no se opone una cólera santa ante la injusticia. No es mansedumbre lo que sirve de pabellón a la cobardía.

La ira es justa y santa cuando se guardan los derechos de los demás; de modo especial, la soberanía y la santidad de Dios. Vemos a Jesús santamente airado frente a los fariseos y los mercaderes del Templo11. Encuentra el Señor el Templo convertido en una cueva de ladrones, en un lugar falto de respeto, dedicado a otras cosas que nada tenían que ver con la adoración a Dios. El Señor se enfada terriblemente, y lo demuestra con sus palabras y sus hechos. Pocas escenas nos han dejado los Evangelistas con tanta fuerza como esta.

Y junto a la santa ira de Jesús con quienes prostituyen aquel santo lugar, su gran misericordia con los necesitados. Al mismo tiempo se acercaron a Él, en el Templo, varios ciegos y cojos, y los curó12.

III. La mansedumbre se opone a las estériles manifestaciones de violencia, que en el fondo son signos de debilidad (impaciencias, irritación, mal humor, odio, etcétera), a los desgastes inútiles de fuerzas por enfados que no tienen razón de ser, ni por su origen –muchas veces estriba este en pequeñeces, que podían haber pasado con una sonrisa o un silencio–, ni por sus resultados, porque nada arreglan.

De la falta de esta virtud provienen las explosiones de mal humor entre los esposos, que van corroyendo poco a poco el verdadero amor; se origina también la irascibilidad y sus funestas consecuencias en la educación de los hijos; la falta de paz en la oración, porque en vez de hablar con Dios se rumian agravios; en la conversación, la cólera debilita enseguida los argumentos más sólidos. El dominio de sí mismo –que forma parte de la verdadera mansedumbre– es el arma de los fuertes; nos contiene de hablar demasiado pronto, de decir palabras que hieren y que luego nos hubiera gustado no haber pronunciado nunca. La mansedumbre sabe esperar el momento oportuno y matiza los juicios, con lo que adquieren toda su fuerza.

La falta habitual de mansedumbre es fruto de la soberbia, y solo produce soledad y esterilidad a su alrededor. «Tu mal carácter, tus exabruptos, tus modales poco amables, tus actitudes carentes de afabilidad, tu rigidez (¡tan poco cristiana!), son la causa de que te encuentres solo, en la soledad del egoísta, del amargado, del eterno descontento, del resentido, y son también la causa de que a tu alrededor, en vez de amor, haya indiferencia, frialdad, resentimiento y desconfianza.

»Es necesario que con tu buen carácter, con tu comprensión y tu afabilidad, con la mansedumbre de Cristo amalgamada a tu vida, seas feliz y hagas felices a todos los que te rodean, a todos los que te encuentren en el camino de la vida»13.

Los mansos poseerán la tierra. Primero se poseerán a sí mismos, porque no serán esclavos de sus impaciencias y de su mal carácter; poseerán a Dios, porque su alma se halla siempre dispuesta para la oración, en un clima de continua presencia de Dios; poseerán a los que les rodean, porque un corazón así es el que gana amistad y cariño, imprescindibles en la convivencia diaria y en todo apostolado. A nuestro paso por el mundo hemos de dejar el buen aroma de Cristo14: nuestra sonrisa habitual, una calma serena, buen humor y alegría, caridad y comprensión.

Examinemos nuestra disposición al sacrificio necesario para hacer agradable la vida de los demás; si somos capaces de ceder el juicio propio, sin pretender tener siempre razón; si sabemos reprimir el genio y pasar por alto los roces de toda convivencia. Este tiempo de Adviento es buena ocasión para reforzar esta actitud del corazón. Lo conseguiremos si tratamos con más frecuencia a Jesús, a María y a José; si luchamos cada día por ser más comprensivos con quienes nos rodean; si procuramos sin descanso limar nuestras propias asperezas; si sabemos acudir al Sagrario para tratar con el Señor los asuntos que más nos preocupan.

1 Cfr. Is 40, 25-31. — 2 Sal 102, 1-2. 8. 10. — 3 Sal 102, 8. — 4 Is 40-31. — 5 Mt 11, 28-30. — 6 Mt 9, 36. — 7 Conc. Vat. II, Decl. Dignitatis humanae, 11. — 8 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 2. — 9 Casiano, Constituciones, 8. — 10 F. de Osuna, Tercer abecedario espiritual, III, 4. — 11 Cfr. Jn 2, 13-17. — 12 Mt 21, 14. — 13 S. Canals, Ascética Meditada, pp. 72-73.— 14 Cfr. 2 Cor 2, 15.

 

“Piadosos como niños”

Al considerar ahora mismo mis miserias, Jesús, te he dicho: déjate engañar por tu hijo, como esos padres buenos, padrazos, que ponen en las manos de su niño el don que de ellos quieren recibir..., porque muy bien saben que los niños nada tienen. Y ¡qué alborozo el del padre y el del hijo, aunque los dos estén en el secreto! (Forja, 195)

La vida de oración y de penitencia, y la consideración de nuestra filiación divina, nos transforman en cristianos profundamente piadosos, como niños pequeños delante de Dios. La piedad es la virtud de los hijos y para que el hijo pueda confiarse en los brazos de su padre, ha de ser y sentirse pequeño, necesitado. Frecuentemente he meditado esa vida de infancia espiritual, que no está reñida con la fortaleza, porque exige una voluntad recia, una madurez templada, un carácter firme y abierto.
Piadosos, pues, como niños: pero no ignorantes, porque cada uno ha de esforzarse, en la medida de sus posibilidades, en el estudio serio, científico, de la fe; y todo esto es la teología. Piedad de niños, por tanto, y doctrina segura de teólogos.
El afán por adquirir esta ciencia teológica ‑la buena y firme doctrina cristiana‑ está movido, en primer término, por el deseo de conocer y amar a Dios. A la vez, es también consecuencia de la preocupación general del alma fiel por alcanzar la más profunda significación de este mundo, que es hechura del Creador. Con periódica monotonía, algunos tratan de resucitar una supuesta incompatibilidad entre la fe y la ciencia, entre la inteligencia humana y la Revelación divina. Esa incompatibilidad sólo puede aparecer, y aparentemente, cuando no se entienden los términos reales del problema.
Si el mundo ha salido de las manos de Dios, si El ha creado al hombre a su imagen y semejanza y le ha dado una chispa de su luz, el trabajo de la inteligencia debe ‑aunque sea con un duro trabajo‑ desentrañar el sentido divino que ya naturalmente tienen todas las cosas; y con la luz de la fe, percibimos también su sentido sobrenatural, el que resulta de nuestra elevación al orden de la gracia. No podemos admitir el miedo a la ciencia, porque cualquier labor, si es verdaderamente científica, tiende a la verdad. Y Cristo dijo: Ego sum veritas. Yo soy la verdad. (Es Cristo que pasa, 10)

 

 

Historia de la Virgen de Guadalupe

En la festividad de la Virgen de Guadalupe, recordamos la historia de las apariciones de la Santísima Virgen al indio Juan Diego, en el cerro de Tepeyac, del siglo XVI.

De la Iglesia y del Papa11/12/2019

El relato más antiguo sobre las apariciones de la Santísima Virgen al indio Juan Diego, en el cerro de Tepeyac, es el llamado Nican Mopohua, compuesto en lengua náhuatl, a mediados del siglo XVI. El autor, contemporáneo a los hechos, reproduce los giros y tratamientos coloquiales típicos, reiterativos y candorosos, que Nuestra Señora sostiene con el vidente. Es la plática amorosa y confiada de un hombre sencillo con su madre.


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La historia comienza en el mes de diciembre de 1531. Por entonces, cuenta el Nican Mopohua, diez años después de conquistada la ciudad de México, se suspendió la guerra y hubo paz en los pueblos, y así comenzó a brotar la fe, el conocimiento del verdadero Dios, por quien se vive. La evangelización avanzaba a grandes pasos.

Parecían ya lejanos aquellos ritos macabros que para contentar a sus ídolos sedientos de sangre se veían obligados a soportar, como un yugo pesadísimo, los buenos nativos.

La liberación del mal y del error que traían los sacramentos y la doctrina de Jesucristo cayó como un bálsamo en el corazón de aquel pueblo, y la gracia obró el maravilloso milagro de la conversión. A tan sólo diez años de la llegada de la fe al antiguo reino azteca, quiso Dios mostrar que ponía bajo el manto de la Medianera de todas las gracias, su Santísima Madre, la evangelización del nuevo continente.

Un indito de nombre Juan Diego

Y sucedió, se lee en el Nican Mopohua, que había un indito, un pobre hombre del pueblo, de nombre Juan Diego, según se dice, natural de Cuauhtitlán. Un sábado, a hora muy temprana, se encaminó a la ciudad de México para recibir la instrucción en la doctrina cristiana. Al pasar junto a un pequeño cerro llamado Tepeyac, oyó cantar sobre el cerrito, como el canto de muchos pájaros preciosos. Maravillado, aquel hombre creía hallarse en el paraíso. Y cuando cesó de pronto el canto, cuando se hizo el silencio, oyó que le llamaban de arriba del cerrillo y le decían: "Juanito, Juan Dieguito". Muy contento se dirigió a donde la voz procedía y vio a una noble Señora que allí estaba de pie y lo llamó para que se acercara a Ella. Llegando a su presencia, se maravilló mucho de su sobrehumana grandeza: su vestidura era radiante como el sol; y la piedra, el risco en el que estaba de pie, lanzaba rayos resplandecientes.

Juan Diego se postró y escuchó su palabra, sumamente agradable, muy cortés, como de quien lo atraía y estimaba mucho. Ella le dijo: "Juanito, el más pequeño de mis hijos, ¿a dónde vas?". Él respondió: "Señora y Niña mía, tengo que llegar a tu casa de México Tlatelolco, a seguir las cosas divinas, que nos dan nuestros sacerdotes, delegados de Nuestro Señor".

Enseguida la Santísima Virgen comunicó a Juan Diego cuál era su voluntad: "Sabe y ten bien entendido, tú, el más pequeño de mis hijos, que yo soy la siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive; del Creador de los hombres, del que está próximo y cerca, el Dueño del cielo el Señor del mundo. Deseo vivamente que aquí me levanten un templo, para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa; porque yo en verdad soy vuestra Madre compasiva, tuya y de todos vosotros que vivís unidos en esta tierra, y de las demás variadas estirpes de hombres, mis amadores, que me invoquen, me busquen y en mí confíen; allí escucharé su llanto, su tristeza, para remediar y curar todas sus penas, miserias y dolores".

Después, Nuestra Señora le ordenó que se presentara ante el obispo fray Juan de Zumárraga, para hacerle saber su deseo y concluyó: "Y ten por seguro que lo agradeceré bien y lo pagaré, porque te haré feliz y merecerás mucho que yo recompense el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te encomiendo. Mira que has oído mi mandato, hijo mío el más pequeño; anda y pon todo tu esfuerzo".

Pero no fue creído el buen indio cuando reveló al prelado cuanto la Virgen le había dicho. Y muy compungido volvió al cerro de Tepeyac, para comunicar el fracaso de su embajada y pedir a la Santísima Virgen que enviara a alguien más digno: una persona principal y respetada a quien de seguro darían mayor crédito. Pero escuchó esta respuesta:

"Oye, hijo mío el más pequeño, ten entendido que son muchos mis servidores y mensajeros, a quienes puedo encargar que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad; pero es de todo punto preciso que tú mismo solicites y ayudes y que con tu mediación se cumpla mi voluntad".

Confortado de este modo, reiteró Juan Diego su ofrecimiento de presentarse al obispo y así lo hizo al día siguiente. Después de ser interrogado, tampoco en esta ocasión fue creído. Fray Juan le pidió una señal inequívoca de que era la Reina del Cielo quien le enviaba. Juan Diego se presentó de nuevo a la Virgen en Tepeyac para dar sus explicaciones y la Señora le prometió entregarle una señal irrefutable al día siguiente.

¿Qué hay, hijo mío el más pequeño? ¿A dónde te diriges?

Pero Juan Diego no volvió porque, al regresar a su casa, encontró a su tío Juan Bernardino en trance de muerte. Buscó un médico, pero ya era inútil. Transcurrió esa jornada, y al llegar la noche, su tío le rogó que buscara a un sacerdote para confesarse y bien morir. El martes de madrugada, se puso Juan Diego en camino y, al llegar cerca del cerro de Tepeyac, decidió dar un rodeo para evitar encontrarse con la Señora. En su ingenuidad, pensaba que si se demoraba no llegaría a tiempo de que un sacerdote confortara a su tío.

Pero la Virgen le salió al encuentro y tuvo lugar ese encantador diálogo, que nos ha transmitido con toda su frescura el Nican Mopohua: le dijo: "¿qué hay, hijo mío el más pequeño? ¿A dónde te diriges?".

Juan Diego, confuso y temeroso, le devolvió el saludo: "Niña mía, la más pequeña de mis hijas, Señora, ojalá estés contenta. ¿Cómo has amanecido? ¿Estás bien de salud, oh mi Señora y Niña mía?”.

Y explicó humildemente por qué se había apartado de la misión recibida. Después de oír la plática de Juan Diego, respondió la piadosísima Virgen:

"Oye y ten bien entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige; no se turbe tu corazón; no temas esa enfermedad ni otra alguna enfermedad o angustia. ¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre? ¿Acaso no estás bajo mi sombra y amparo? ¿No soy tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo y entre mis brazos? ¿Qué más has menester?".

Es bien conocido el desenlace de la historia: el prodigio de las rosas florecidas en la cumbre del cerro, que fueron depositadas en la tilma de Juan Diego por la Virgen, y llevadas a fray Juan de Zumárraga, como prueba de las apariciones; y como, al desplegar Juan Diego su tosca prenda, apareció la maravillosa imagen, no pintada por mano de hombre, que todavía hoy se conserva y venera.

El tío de Juan Diego sanó y vio a la Santísima Virgen, que le pidió fuera también él a ver al obispo para revelar lo que vio y de qué manera milagrosa le había Ella sanado; y como bien había de nombrarse su bendita imagen, la siempre Virgen Santa María de Guadalupe.

La devoción a la Virgen de Guadalupe

Vivió Juan Diego hasta los setenta y cuatro años de edad, después de haber habitado cerca de tres lustros junto a la primera ermita construida para rendir culto a Santa María de Guadalupe. Falleció en 1548, al igual que obispo fray Juan de Zumárraga. El 31 de julio de 2002 tuvo lugar su canonización.

En poco tiempo, la devoción a la Virgen de Guadalupe se extendió de manera prodigiosa. Su arraigo en el pueblo mexicano es un fenómeno que no tiene fácil comparación; puede verse su imagen por todas partes y se cuentan por millones los peregrinos que acuden con una fe maravillosa a poner sus intenciones a los pies de la milagrosa imagen en su Villa de México. En toda América y en muchas otras naciones del mundo se invoca con fervor a la que por singular privilegio, en ningún otro caso otorgado, dejó su retrato como prenda de su amor.

 

 

La dignidad de la familia

La familia es uno de los instrumentos naturales queridos por Dios para que los hombres cooperen en la Creación.

Familia15/04/2016

Opus Dei - La dignidad de la familia

Al finalizar la obra de la creación del universo, en el sexto día, «formó Yavé Dios al hombre del polvo de la tierra, y le inspiró en el rostro aliento de vida, y fue así el hombre ser animado» (1). Si en todas sus obras se había complacido, en la formación del género humano Dios se alegró sobremanera: vio que era “muy bueno” lo que había hecho, testimonia la Escritura (2), como si el autor inspirado quisiera reafirmar la peculiar acción divina en la creación del hombre, hecho a imagen y semejanza del Creador por su alma espiritual e inmortal. No contento con esto, el Señor le confirió gratuitamente una participación de su misma vida íntima: le hizo hijo suyo y lo llenó con los llamados dones preternaturales.

Para que los hombres alcancen el Reino de los Cielos, la Providencia divina ha querido contar con su libre colaboración. Y para que esta colaboración en la transmisión de la vida no quedara al vaivén de posibles caprichos, el Señor quiso protegerla mediante la institución natural del matrimonio (3), elevado luego por Cristo a la dignidad de sacramento.

La familia —la gran familia humana, y cada una de las familias que habrían de componerla— es uno de los instrumentos naturales queridos por Dios para que los hombres cooperen ordenadamente en su decreto Creador. La voluntad de Dios de contar con la familia en su plan salvador se confirmará, con el correr de los tiempos, a través de las distintas alianzas que Yavé fue estableciendo con los antiguos patriarcas: Noé, Abraham, Isaac, Jacob. Hasta que la promesa del Redentor recaiga en la casa de David.Llegada la plenitud de los tiempos, un ángel del Señor anunció a los hombres el cumplimiento del plan divino: nace Jesús, en Nazaret, de María, por obra del Espíritu Santo. Y Dios provee para su Hijo una familia, con un padre adoptivo, José, y con María, la Madre virginal. Quiso el Señor que, también en esto, quedara reflejado el modo en que Él desea ver nacer y crecer a sus hijos los hombres: dentro de una institución establemente constituida.

«Los diversos hechos y circunstancias que rodean el nacimiento del Hijo de Dios acuden a nuestro recuerdo, y la mirada se detiene en la gruta de Belén, en el hogar de Nazaret. María, José, Jesús Niño, ocupan de un modo muy especial el centro de nuestro corazón. ¿Qué nos dice, qué nos enseña la vida a la vez sencilla y admirable de esa Sagrada Familia?» (4). A esta pregunta que nos sugiere San Josemaría podemos responder con palabras del Compendio del Catecismo, señalando que la familia cristiana, a imagen de la familia de Jesús, es también iglesia doméstica porque manifiesta la naturaleza comunional y familiar de la Iglesia como familia de Dios (5).

Por su misión natural y sobrenatural, por su origen, por su naturaleza y por su fin, es grande la dignidad de la familia. Toda familia tiene una entidad sagrada, y merece la veneración y solicitud de sus miembros, de la sociedad civil y de la Iglesia. Por eso, resultaría una trágica corrupción de su esencia reducirla a las relaciones conyugales, o al vínculo de sangre entre padres e hijos, o a una especie de unidad social o de armonización de intereses particulares. San Josemaría insistía en que «debemos trabajar para que esas células cristianas de la sociedad nazcan y se desarrollen con afán de santidad» (6).

El hogar ha de ser la escuela primera y principal donde los hijos aprendan y vivan las virtudes humanas y cristianas. El buen ejemplo de los padres, de los hermanos y de los demás componentes del ámbito familiar, se reflejan de manera inmediata en la configuración de las relaciones sociales que cada uno de los miembros de esa familia establece. No es casual, por tanto, el interés de la Iglesia por el adecuado desarrollo de esa escuela de virtudes que ha de ser el hogar. Pero no es éste el único interés: mediante la colaboración generosa de los padres cristianos con el designio divino, Dios mismo «aumenta y enriquece su propia familia» (7), se multiplica en número y virtud el Cuerpo Místico de Cristo sobre la tierra, y se ofrece desde los hogares cristianos una oblación especialmente grata al Señor (8).

La realidad familiar funda unos derechos y unos deberes. Antes que nada las obligaciones: todos sus miembros han de tener conciencia clara de la dignidad de esa comunidad que forman, y de la misión que está llamada a realizar. Cada uno ha de cumplir sus deberes con un vivo sentido de responsabilidad, a costa de los sacrificios que sean precisos. En cuanto a los derechos, la familia reclama el respeto y la atención del Estado por un doble título: es la familia la que le ha dado origen, y porque la sociedad será lo que sean las familias (9).

Para cumplir todos estos deberes, es indispensable que los miembros de la familia sobrenaturalicen su afecto, como sobrenaturalizada está la familia. De este amor —suave y exigente a la vez— brotan esas delicadezas que hacen de la vida de familia un anticipo del Cielo. «El matrimonio basado en un amor exclusivo y definitivo se convierte en el icono de la relación de Dios con un pueblo, y, viceversa, el modo de amor de Dios se convierte en la medida del amor humano» (10).

En los momentos actuales de la vida de la sociedad, se hace especialmente urgente volver a inculcar el sentido cristiano en el seno de tantos hogares. La tarea no es sencilla pero sí apasionante. Para contribuir a esta inmensa labor, que se identifica con la de volver a dar tono cristiano a la sociedad, cada uno ha de empezar por “barrer” la propia casa.

Adquiere entonces particular importancia en la consecución de este proyecto la educación de los hijos, aspecto fundamentalísimo de la vida familiar. Para responder a este gran reto —educar en una sociedad en buena medida descristianizada— conviene recordar dos verdades fundamentales: «La primera es que el hombre está llamado a vivir en la verdad y en el amor. La segunda es que cada hombre se realiza mediante la entrega sincera de sí mismo» (11). En la educación están coimplicados tanto los hijos como los padres, primeros educadores, de modo que sólo se puede dar en la «recíproca comunión de las personas»; el educador, de algún modo «engendra» en sentido espiritual, y según «esta perspectiva, la educación puede ser considerada un verdadero apostolado. Es una comunicación vital, que no sólo establece una relación profunda entre educador y educando, sino que hace participar a ambos en la verdad y en el amor, meta final a la que está llamado todo hombre por parte de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo» (12).

 


1. Gn 2, 7.

2. Cfr. Gn 1, 31.

3. Cfr. Gn 1, 27.

4. SAN JOSEMARÍA, Es Cristo que pasa , n. 22.

5. Cfr. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica , n. 350.

6. SAN JOSEMARÍA, Conversaciones , n. 91.

7. CONCILIO VATICANO II, Const. past. Gaudium et spes , n. 50.

8. Cfr. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica , n. 188.

9. Cfr. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica , n. 457-462.

10. BENEDICTO XVI, Enc. Deus caritas est , n. 11.

11. JUAN PABLO II, Carta a las familias (2-II-1994), n. 16.

 

 

La familia cristiana como don y tarea

Ramiro Pellitero, Profesor de Teología

Hoy se ve necesario explicar mejor los fundamentos de la familia cristiana. Y es así, expone el documento de trabajo para el próximo sínodo, por el ambiente individualista de la cultura dominante que no es capaz de valorar el darse a los otros, la caridad. La solidaridad y la caridad están en la esencia del proyecto humano –de la propia naturaleza del hombre– y cristiano.

La familia cristiana, construida sobre el amor, es el primer ámbito donde se ejercita y se aprende el darse a los que en ella conviven. Pero para realizarlo así, y dado el clima  individualista que nos rodea, precisa de una formación que le ayude a vivirlo día a día, y a descubrir su papel como escuela de solidaridad y de auténtica vida cristiana.

Hay que explicarlo mejor, añade el texto, por las dificultades actuales para comprender la ley natural como fundamento de la fe familia. No se trata tanto –matiza– de defender un concepto abstracto, sino más bien la necesaria relación que el Evangelio establece con lo humano en todas sus expresiones  históricas y culturales.

1. Para desarrollar esa propuesta ante todo se nos invita a ser conscientes de las actuales dificultades a la hora de explicar la ley natural. Una dificultad surge cuando se considera que no todos están de acuerdo en qué sea lo "natural". A menudo se identifica con lo meramente "espontáneo", lo que brota del sentimiento y la emotividad. También hoy se asiste frecuentemente a la interpretación de la libertad y de la felicidad en clave subjetivista, que sería lo único válido para fundamentar los "derechos humanos". Por otra parte una visión tradicional de la "ley natural" parece "desmentida" por la investigación científica (la evolución, la biología y las neurociencias). Incluso, según la "ideología de género" la sexualidad de cada individuo dependería de los condicionamientos y necesidades sociales,  y no tanto de la biología o de la naturaleza.

Todo ello estaría llevando a poner en duda la firmeza del compromiso matrimonial "para siempre".  Además algunas costumbres de ciertas culturas consideran la poligamia o el repudio de la mujer como algo "natural". Por no hablar del sinfín de situaciones anómalas e "irregulares" respecto al matrimonio "natural" que abundan en nuestra cultura.

En suma, según esta lectura, no existiría lo "natural" como referencia común. Sin embargo, al menos por lo que se refiere a los cristianos, la experiencia es que "la ley natural es universalmente aceptada ‘de hecho' por los fieles, aunque no se vea la necesidad de justificarla teóricamente" (n. 26).

En resumen, hay quienes objetan que la ley natural no sirve para explicar la moral sexual de la Iglesia. Existe de hecho una contestación práctica de la ley natural sobre la unión entre hombre y mujer, apoyada sobre todo en el subjetivismo y el individualismo.

2. ¿Qué hacer ante estas dificultades? La respuesta del documento preparatorio sinodal comienza por atender al lenguaje. Se sugiere, ante todo, que al expresar lo que es el matrimonio y la familia, se dé mayor importancia al lenguaje bíblico (que habla del "orden de la creación"), con sus formas narrativas, y al lenguaje simbólico tal como el que utiliza la liturgia. Y que se preste particular atención al mundo juvenil.

Como marco de conjunto, se propone que se presente a la familia en el contexto de la vocación de la persona en Cristo. Los cristianos compartimos la convicción de que la familia es el ambiente natural de crecimiento y escuela de humanidad, amor y esperanza para la humanidad. Y lo es en cuanto que a través de ella Cristo revela el misterio y la vocación del hombre. Al mismo tiempo, hoy la familia se encuentra muchas veces en situaciones difíciles y complejas que requieren una mirada compasiva y comprensiva. "Esta mirada es lo que permite a la Iglesia acompañar a las familias como son en la realidad y a partir de aquí anunciar el Evangelio de la familia según sus necesidades específicas" (n. 31).

Entre esas situaciones y desafíos – como una primera "herida" de la familia en la sociedad actual– está el intento de su privatización; es decir, de recluirla como en un recinto cerrado y para el bien de sólo sus propios miembros, ocultando o impidiendo que la familia eduque para servir al bien común.  Es, por tanto, necesario, combatir el individualismo en su versión "familiar". Esto implica preguntarse cómo estimular la participación de la familia en la sociedad (y, antes, cómo educar la vida de familia dentro de la familia misma).  Y se traduce en las relaciones entre familia y trabajo, familia y educación, familia y salud, familia y derecho (comenzando por la defensa de la vida humana desde su concepción).

3. Algunas propuestas formativas. Como se ve, no se trata solamente de defender la familia como institución "natural", sino de mostrar la belleza del proyecto cristiano sobre el matrimonio y la familia, que lleva a plenitud el amor humano entre varón y mujer y los abre a un horizonte universal.  He aquí algunas propuestas.

a) La referencia primera a la Trinidad. Dios es en sí mismo como una familia, comunión de Personas que viven eternamente en unidad perfecta. Y el matrimonio es la imagen de Dios entre nosotros, porque en el matrimonio "Dios hace de los dos esposos una sola existencia" (Francisco, Audiencia general, 2-IV-2014).

b)  La familia de Nazaret como modelo y ejemplo para la familia cristiana, puesto que "la familia es el lugar ordinario y cotidiano del encuentro con Cristo" (n. 36). La unión con Cristo, por parte de los miembros de la familia, es garantía para salir adelante también ante las dificultades, con paciencia y comprensión. "Hacer familia", sobre todo para un cristiano, es un don y una tarea diaria.

c) La educación del amor. La familia puede definirse como "signo eficaz de la existencia del amor de Dios", como "santuario del amor y de la vida" y "primera escuela de humanidad". En la familia debe acontecer la primera experiencia del amor, que es lo opuesto a la soledad. Y esto, no solo para los hijos, sino para todos los miembros de la familia. La familia es así lugar privilegiado para el desarrollo integral de las personas, tanto desde el punto de vista humano como cristiano.

d) El papel de los padres se considera, en esto, fundamental: su testimonio de fidelidad en la igual dignidad y en la complementariedad de sus diferencias, su testimonio de fe cristiana, de oración –oración personal y familiar, lectura de la Biblia, bendición de la mesa, rezo del rosario, etc., y de sacramentos –especialmente la confesión y la Eucaristía dominical– y un estilo de vida coherente con esa fe. He ahí los pilares seguros sobre los que se puede construir el espacio y el tiempo que necesita la educación cristiana de los hijos. En todo esto se señala la importancia de la parroquia que debería ser "familia de familias" sobre todo para la vida sacramental.

e) El "deseo de familia" que tienen muchos jóvenes es un verdadero signo de los tiempos que hay que acoger. Muchos de ellos perciben el valor de un vínculo estable y duradero, de un amor fiel e indisoluble que apoye el crecimiento humano y espiritual.

f) El acompañamiento de las familias, con misericordia y ternura, por parte de otras familias, de las parroquias, de los movimientos y asociaciones. Acompañamiento especialmente necesario ante las situaciones difíciles (crisis de diversos tipos, violencia, abandono, etc.).

g) La "formación constante y sistemática sobre el matrimonio como vocación, sobre el redescubrimiento del ser padres (paternidad y maternidad) como un don". Además de la preparación inmediata de las parejas para el matrimonio, esto precisa "una formación más constante y articulada: bíblica, teológica, espiritual, pero también humana y existencial" (n. 49). Se recogen buenas experiencias en la línea de que los padres participen en las catequesis que se dan a sus hijos; que se aprovechen las fiestas litúrgicas como la Navidad y la fiesta de la Sagrada Familia para esta formación; y que se proteja, también desde el punto de vista civil, el domingo como día del Señor y de las familias.

Cabe apreciar que el mayor interés de estas propuestas no es simplemente el de un conjunto de ideas que se les habrían ocurrido a un grupo de expertos. Ante todo consiste en un hecho: arrancan de la vida de cristianos que, conscientes de su misión e ilusionados con su tarea de iluminar y vivificar la sociedad en la que viven, toman nota de lo que está pasando, y presentan sus experiencias, reflexiones y propuestas para ayudar a los matrimonios y a las familias cristianas.

 

 

 EL ROSTRO HUMANO DE LA SOCIEDAD
Ing. José Joaquín Camacho                                                    

  Siglo 21, 7 diciembre 2019
    El pasado 21 de octubre, International Federation for Family Development (IFFD) celebró su Congreso mundial en Londres, bajo el título “La familia, el rostro de lo humano”, con 1.300 personas procedentes de 70 países, para compartir experiencias sobre lo que reconocían como  la empresa más importante de sus vidas: su familia. Participaban 300 jóvenes profesionales en esta jornada denominada “proyecto personal”, para profundizar en los fundamentos de una vida plena, en lo personal y en lo profesional.
 
¨Porque ahora se están dando más casos, que confluyen en esta idea: vale la pena: ¸están descubriendo una verdad de orden natural de siempre: que vale la pena esa dedicación a la familia, el negocio mtIs rentable para un padre. Por supuesto, también para una madre, solo que las mujeres -muchas- son más listas y ya descubrieron esto hace mucho tiempo.
    El congreso ha contado con la participación de conferenciantes de primer nivel internacional, pero su verdadero objetivo no era recibir los experimentados consejos de los mejores especialistas en matrimonio y familia, sino visualizar una vez más que la familia es, en verdad, el rostro de lo humano, el lugar donde la persona está llamada a nacer, crecer, amar y morir.
Una sociedad que olvida o maltrata a la familia degenera en el individualismo
Es lo que Joachim Chu, el presidente de IFFD en Hong Kong, denominó en su día la “Family Enrichment culture”. Una cultura que no entiende de razas, religiones, sexos, nacionalidades o clases sociales, para la que solo se exige una condición: querer ser feliz en el entorno propio del ser humano, la familia.
             Una de estas mujeres listas es Mary Ann Glendon, madre de tres hijas, con dos nietas ya. Esos son sus datos más interesantes: experta en Derecho Constitucional, profesora en Harvard. Son interesantes sus apreciaciones sobre la familia. Y valientes, por ser hechas en una sociedad tan deshecha en muchos aspectos, como es la norteamericana. 
       Afirma, cómo para la supervivencia de la democracia es vital la familia. Por supuesto, la familia de siempre: uno para una y para siempre; y abierta a la vida. Razona: la democracia, para su marco legal y económico, requiere de  ciudadanos con virtudes  como la moderación y el  autodominio, asi como  aptitudes para la cooperación, el compromiso, la reflexión.
        Si la sociedad no logra inculcar a sus ciudadanos esas ideas y sentimientos que los preparan para la libertad y les permiten disfrutar de ella, no habrá independencia para pobres ni para ricos; solo tiranía para todos. Y la familia es la única institución natural que puede moderar la codicia individual, el egoísmo y la ambición. Mary Ann, hace ya un tiempo, fue jefa de la delegación del Vaticano ante la Conferencia mundial de Pekín. Sin embargo, toca valores universales no exclusivos de una religion, aunque a los cristianos, más a los que hemos crecido en sociedades cristianas, como es la nuestra y los hemos mamado, nos resultan connaturales. Cuenta Mary Ann de su marido, por cierto judío: Sus padres llegaron a Norteamérica desde Rusia, sin nada, ni siquiera tenían educación. Pero trabajaron muchísimo y estaban muy unidos: gracias a eso sus hijos pudieron tener estudios. El sueño americano es posible si la gente trabaja y la familia está unida. Si falla la segunda, no es posible el progreso.
    Lo que se inverte en la familia tiene un retorno social mucho mayor que uno invertido en el individuoY esa necesidad de amor de los primeros años de vida se intensifica en el ser humano adulto. La autonomía y el desarrollo personal, contrariamente a lo que podría parecer, reclaman ese entorno familiar. La familia es el lugar irremplazable del amor, el único donde el amor incondicionado está asegurado.

 

Dios gana la partida (La Inmaculada)

La solemnidad de la Inmaculada Concepción de María pone de manifiesto el triunfo de Dios sobre el mal. Podemos decir que Dios le gana la partida a Satanás, cuando en el paraíso hizo caer a nuestros primeros padres. La imagen de Adán escondiéndose entre los matorrales cuando Dios le llama, apelando a que estaba desnudo, es muy significativa de lo que es el pecado: «Me dio miedo porque estaba desnudo y me escondí». El pecado ha roto la relación de Dios, que, sin embargo, sigue buscando al hombre: «¿Dónde estás?»

Después de la caída, Dios no se da por vencido. Ha creado al hombre en gracia y belleza esplendorosa. Dios no ha introducido el pecado en el mundo, sino Satanás. Por eso, después de castigar a la serpiente, a Eva y Adán, Dios anuncia lo que se ha llamado el «protoevangelio»: el primer anuncio de la buena noticia. La mujer y su descendencia que, según Dios, aplastará la cabeza de la serpiente no es otra sino María, la Madre de Jesús. En el horizonte dramático de la caída y del castigo, aparece ya la mujer que, en el evangelio de Lucas, es presentada con una hermosa palabra griega que significa «llena de gracia», «colmada de gracia y de belleza», belleza y gracia en que fueron creados nuestros primeros padres para poder tener una relación directa y amorosa con Dios. Dios no se ha dejado vencer por el maligno, adversario del hombre y padre del pecado y la mentira. Dios le ha ganado la partida.

Cuando, al cabo de los siglos, el ángel Gabriel sea enviado a Nazaret, para anunciar a María que será la Madre de Dios, se encuentra con una mujer nueva, enriquecida con todos los dones de Dios. Es la «llena de gracia». Esta expresión indica que no existe nada en María que no esté impregnado por la gracia de Dios. Es la Inmaculada, la sin mancha de pecado. Aunque la Iglesia ha tardado en definir solemnemente este dogma, no ha sido por falta de fe en el mismo, sino porque lo veía ya confesado en el calificativo de «llena de gracia», como han reconocido siempre nuestros hermanos de Oriente. La mujer, cuya descendencia es Jesús, no es un ser de otro mundo fantástico o etéreo. Pertenece a nuestra raza. Tiene nuestra misma carne, y, como todos nosotros, ha sido salvada por Cristo antes de que el pecado original dejara su mancha en ella. Por eso, Dante la llama, «hija de tu hijo», porque, siendo su madre, le debe la gracia de que está revestida. Lo que perdieron Adán y Eva, la santidad original, se ha recuperado en ella por obra de Dios que la preservó del pecado en orden a ser madre de Jesús, el Hijo de Dios.

María no huye de Dios. Se sobrecoge ante el saludo del ángel. No se esconde cuando Dios la llama. Responde con humildad y con plena disponibilidad. Son las actitudes sin las cuales no sería Inmaculada. Al confesarse sierva de Dios muestra que reconoce el señorío de Dios en su vida en contraste con Eva y Adán que quieren ser dioses, engañados por el maligno. La humildad nos protege de todo orgullo y soberbia, fundamentos del pecado. María reconoce su pequeñez de esclava ante el Altísimo. Al mismo tiempo, manifiesta su total conformidad con la voluntad de Dios y su disponibilidad para que en ella se cumpla el plan de Dios. Su alma es purísima porque en ella no hay resquicio alguno de búsqueda de sí misma, sino que se conforma con el querer de Dios haciéndose pura docilidad.

Lo que Dios ha hecho con María es el mismo plan que quiere hacer en nosotros. Por eso, dice san Pablo que también nosotros hemos sido destinados a ser «santos e inmaculados por el amor». Dios quiere consumar este plan en cada uno de nosotros. De ahí que la «Inmaculada» sea el espejo donde brilla nuestro destino. Basta mirarnos en él.

+ César Franco. Obispo de Segovia

 

Jornada de Oración por la paz en América Latina y El Caribe

Beata María Virgen de Guadalupe

Este 12 de diciembre, día en que se celebra la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) invita a una Jornada de Oración por la paz en América Latina y El Caribe.

“Recordemos que el mensaje de la Virgen de Guadalupe es el de la armonía de todos los pueblos en una única civilización de amor y entrega a Dios”. Así lo expresa el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) en un comunicado de prensa en el que invita a una Jornada Continental de Oración por la paz. La fecha elegida es el 12 de diciembre, día de la Fiesta litúrgica de Nuestra Señora de Guadalupe, fiesta de gran importancia en América Latina.

Confiar dolores y alegrías a María

“Queremos confiar los dolores y alegrías de los pueblos de América Latina y El Caribe”, expresa el CELAM, e invita a que todos se organicen, ya sea en comunidad parroquial, movimiento apostólico, Conferencia Episcopal, en familia o con amigos para “recitar el Santo Rosario, participar en una liturgia de la Palabra, acudir a una Eucaristía o dedicar un espacio de tiempo en el día para orar por esta intención”.

#AméricaLatinaRezaPorLaPaz

La iniciativa comprende también hacer un llamado de paz a través de las redes sociales, invitando a todos a tomarse una foto o video de ese momento de encuentro a través de la oración y compartirla en las redes sociales usando el hashtag #AméricaLatinaRezaPorLaPaz: “Cuéntanos desde donde te unes a orar por la paz en el continente y de qué forma celebraste la fiesta de la Virgen de Guadalupe en tu país”.

“En el acontecimiento guadalupano, María hace perfecta la inculturación del Evangelio, es nuestro modelo de discípula y misionera a la cual confiamos el destino de nuestros pueblos”, finaliza el comunicado.

 

 

La Civilización cristiana y la mujer

El trato de la mujer en la Civilización cristiana

La Civilización cristiana supo honrar a la mujer en un alto grado

Las feministas de hoy pretenden reivindicar los llamados «derechos de la mujer» que le quitan su característica delicadeza y las transforman en una especie de virago. En cambio, la Civilización cristiana supo honrarla en un alto grado.

El sentido caballeresco del hombre lo llevó a tratar el sexo femenino casi como si fuera una clase más alta, dando a las mujeres la precedencia habitual en el trato diario: en las entradas y salidas, en ocupar asientos, en ser servidas primero, etc. Y en mil pequeñas circunstancias de la vida se respeta esa singular superioridad de la señora, fruto de la elegantísima actitud del más fuerte que se inclinaba ante la gracia del más frágil. En ese sentido, el sexo femenino era tratado como una verdadera nobleza.

La influencia de la nobleza en las modas obligaba a una actitud de corrección y de cuidado, que el temperamento femenino habitualmente exige.

El movimiento feminista desarrolló contra el sexo femenino toda la revolución igualitaria, a semejanza del movimiento igualitario revolucionario contra la nobleza, trayendo como resultado un descenso progresivo de la mujer. Fue necesaria una larga evolución, una larga decadencia en las desigualdades proporcionadas, para llevar a la mujer a la situación en que se encuentra hoy.

 Prof. Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

5 consejos para vivir en familia el Adviento

ACI - 06.12.2019

 

Foto: Freepik

El Adviento está lleno de hermosas y antiguas tradiciones únicas del cristianismo que los padres pueden compartir con sus hijos durante el tiempo de preparación para celebrar la Navidad.

Aquí 5 consejos prácticos para crecer en familia durante el Adviento compartidos por el National Catholic Register.

1. Corona de Adviento sobre la mesa

Esta tradición milenaria no puede guardarse solo para el día domingo en la iglesia, sino también puede realizarse por las noches a la hora de la cena.

La corona de Adviento  simboliza más que las cuatro semanas de Adviento; pues también pueden representar los 4 mil años que el hombre estuvo en la tierra antes de que naciera el Salvador. Por otro lado, los niños pueden turnarse para prender y soplar las velas.

Se puede recitar una oración diciendo antes la siguiente jaculatoria: "Ven, Señor Jesús, nace en nuestros corazones".

2. Hacer obras de misericordia

Es importante preparase espiritualmente durante el Adviento para el nacimiento de Jesús. Una sugerencia para lograrlo es armar un pequeño pesebre en algún lugar de su casa y cada vez que algún miembro de la familia realice una obra de misericordia, puede poner un hilo de heno en el pesebre.

Es una bendición ver cada día más lleno el pesebre para Jesús cuando se acerca el día de su natividad. Algunas personas no ponen la imagen del Niño Jesús hasta la víspera de Navidad, pero cada quien decide cómo hacerlo.

3. No olvidar al verdadero San Nicolás

Según varios historiadores, el popular Santa Claus es la distorsión –primero literaria y luego comercial– de San Nicolás, el generoso Obispo de Myra, patrono de los niños, navegantes y cautivos. La leyenda de Santa Claus deriva directamente de la figura de San Nicolás, quien según la tradición, entregó todos sus bienes a los pobres para hacerse monje y obispo, distinguiéndose siempre por su generosidad hacia los niños.

(También te puede interesar: San Nicolás de Bari: el verdadero Santa Claus)

Por haber sido tan amigo de la niñez, en su día se reparten dulces y regalos. Es representado como un anciano vestido de rojo, con una barba muy blanca, que pasa de casa en casa repartiendo regalos y dulces a los niños.

4. Enseñar a los niños

Animar a los niños en este tiempo de preparación para la Navidad a orar por los demás, ayudar en casa, compartir los bienes con quien más necesite, cumplir las tareas sin quejarse, hacer un sacrificio, leer algún pasaje de la Biblia, dar gracias a Dios, saludar cariñosamente, no pelear con sus hermanos, entre otros.

Es importante no solo que los niños se comprometan a realizar buenas acciones para el nuevo año que se aproxima, sino también que los padres enseñen a sus hijos el verdadero sentido del Adviento. Es decir, que mediten sobre la venida final del Señor, así como del nacimiento de Jesús y su irrupción en la historia del hombre en Navidad. Además, mostrarles el significado de las coronas de Adviento, las velas y el color morado para la liturgia que significa preparación espiritual y penitencia.

5. Crecer espiritualmente

En este tiempo se puede añadir un tiempo de oración breve como la lectura de la Biblia cada mañana o un Rosario. Cualquiera podría convertirse en un gran hábito.

Puede servir cualquier actividad que desarrolle su parroquia con el objetivo de lograr que la Navidad traiga un nuevo celo y un amor más profundo por Cristo este año.

 

 

Navidad: ¿cómo enseñarla a los hijos?

Por LaFamilia.info

 

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Foto: Freepik

La Navidad es una celebración de fe, de inmensa alegría por el nacimiento de Jesús; pero… ¿nuestros hijos saben que éste es el motivo de la Navidad? ¿Saben la razón por la que nos damos regalos o nos reunimos en familia más que de costumbre? Es importante transmitirles a los niños el verdadero sentido de la Navidad y no aquella imagen que el comercio les vende, la cual en ocasiones también convence a los adultos.

Por esta época es frecuente encontrar padres con angustia por no poder regalar a sus hijos lo que ellos piden (tablets, móviles, videojuegos...) pero en realidad estos pedidos están muy lejanos del significado de esta celebración cristiana; por desgracia la Navidad se ha ido materializando.

Si fuera por los mensajes que recibimos de la publicidad, parecería que la Navidad se reduce a una temporada en que se vive la amabilidad e intercambiamos regalos. Y los niños también son víctimas de este bombardeo mediático. Por eso la misión de los padres es orientarles hacia los valores cristianos que representa esta época, a vivir la solidaridad, la humildad, la gratitud, la generosidad, la paz, la reconciliación… virtudes que los harán mucho más apreciables que los obsequios materiales (Ver: Los valores de la Navidad).

Cómo transmitir la fe en Navidad

Lo primero es contextualizar a los hijos en la auténtica festividad. Debemos explicarles que celebramos con enorme alegría el nacimiento de Jesús, quien nació entre nosotros en un humilde establo acompañado de sus padres, la Santísima Virgen y San José, y junto a ellos, los pastores y animales que les brindaron compañía y calor. La elaboración del pesebre o Belén es una magnifica actividad para enseñarles a los hijos esta historia sagrada y el significado especial que cobra cada figura (ver aquí).

Hay que enfatizar que de este hecho es donde germina toda la felicidad característica de esta fiesta, es por ello que nos reunimos en familia para esperar la llegada del Niño Jesús al ser un gran acontecimiento que ansiamos durante todo un año.

A este respecto, el Padre Juan de Dios Larrú aconseja hacer llegar a los niños que “la fe aporta alegría: es muy importante que la fe se celebre. La fe tiene que ver con la fiesta. Un niño debe percibir que la fe está unida al sentido gozoso de la vida. La Navidad es la alegría enorme de que Dios está cerca de nosotros” *CaminoCatólico.org. Por eso decimos que la Navidad es también una fiesta familiar, fiesta de solidaridad y de fraternidad universal.

De igual forma, el nacimiento de Jesús nos invita a hacernos conscientes de su legado en la tierra, a llevar una vida coherente con su mensaje: amor y paz; pues con su nacimiento también debemos nacer nosotros, cambiamos para ser mejores. Y ello implica vivir los valores en carne propia, como realizar en familia una actividad que así lo ratifique: por ejemplo la generosidad, compartir con niños de menores recursos o con personas necesitadas.

Finalmente, la labor educativa de la familia no debe pasar por alto esta fecha para transmitir a los hijos el origen y verdadero significado de la Navidad, lo que implica ubicarles en el entorno espiritual para vivir la fe. También los padres deberán ayudar a los niños a comprender el nacimiento de Jesús como eje central de la festividad y entender el tema de los regalos como una actividad que acompaña el ritual, la cual debe vivirse con moderación, con la misma humildad con la que el Niño Jesús nació en el pesebre.

 

 

La Navidad empieza por casa

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Se dice que “la caridad empieza por casa” y algo similar debe suceder con la Navidad. En esta época en la que somos llamados a vivir el amor, la paz y la fraternidad, debemos comenzar por dónde debe ser, por la familia.

La Navidad es la celebración del nacimiento de Jesús, que debe ser al mismo tiempo, un renacer en nuestra propia vida, un cambio que evidencie fe y coherencia. Por eso la Navidad es un momento de reconciliación, de paz interior, de amor. Y la primera esfera de acción debe ser la familia.

¿Qué le puedes regalar a tu familia?

Nos llenamos de satisfacción dar obsequios de navidad a los más necesitados, ¿pero cómo está nuestro propio círculo familiar? Tal vez podría estar igual o más necesitado: relaciones fracturadas, rencores entre familiares, problemas conyugales, falta de tiempo para los padres, abuelos o hijos, entre otros. 

Y es que en realidad no existe la familia perfecta como lo dice el Papa Francisco, quien asegura además que no hay que temerle a la imperfección, a la fragilidad, ni a los conflictos: «hay que aprender a afrontarlos de manera constructiva. Por eso, la familia en la que, con los propios límites y pecados, todos se quieren, se convierte en una escuela de perdón» asegura el Papa.

Así que esta época es la oportunidad para reflexionar sobre ese papel que cada quien tiene dentro del núcleo familiar y el lugar que le damos a nuestras realidades familiares, pues sin darnos cuenta, utilizamos mucho tiempo para otros asuntos y muy poco para aquellos con quienes compartimos nuestra vida y son los que le dan sentido a nuestra existencia.

El Padre Oscar Pezzarini en uno de sus artículos, escribía algunas preguntas que vale la pena destacarlas:

- ¿Cuántas veces nos dedicamos a salvar al mundo, en nuestras charlas, en nuestra imaginación, en nuestras discusiones, y lo que nos “sobra”, se lo dedicamos a la familia?

- ¿Cuántas horas invertidas en salvar nuestras tareas, nuestro negocio, nuestras amistades, nuestras diversiones, y es muy poco el tiempo que le damos a la familia?

- ¿Cuánto tiempo solemos tener para hablar con los demás, con los vecinos y amigos, pero para hablar de y en la familia, con nuestros padres o con nuestros hijos, siempre nos falta tiempo?

 

 

El grito de los que ya no están

Hiroshima y Nagasaki fueron las paradas del viaje apostólico que el Papa Francisco ha estado realizando a Tailandia y Japón. La estatura dañada de la Virgen, rescatada de la catedral de Urakami, devastada en su día por la bomba atómica, nos recuerda el horror indescriptible sufrido en carne y hueso por las víctimas del bombardeo y sus familias; un lugar que nos hace profundamente conscientes del dolor que los seres humanos somos capaces de infligirnos unos a otros. Todavía hoy se sigue escuchando fuerte el grito de los que ya no están.

Esta fue una constante durante todo el viaje. Francisco ha querido ser la voz de los últimos, de las víctimas de los conflictos, de los excluidos y perseguidos todavía hoy; la voz de aquellos que no son escuchados y que miran con angustia las tensiones que atraviesan nuestro tiempo. Y en este contexto, ha hablado con toda claridad contra la carrera armamentística. Un mundo de paz, como nos ha recordado Francisco, libre de armas nucleares, es la aspiración de millones de hombres y mujeres en todas partes. Las doctrinas nucleares solo dejan un clima de miedo, desconfianza y hostilidad.

Valentín Abelenda Carrillo

 

Adorar a Dios

En los tiempos que corren se habla de crisis dentro de la Iglesia. El Cardenal Robert Sarah, en su último libro publicado con gran éxito en nuestro país, examina con bastantes detalles y gran clarividencia cuales son esos síntomas malignos que aparecen en la Iglesia, sin olvidar lo que es incluso más preocupante, la crisis social en Occidente, que se arrastra hacia una idolatría y un materialismo verdaderamente preocupantes.

El hombre occidental -incluido el de España o Italia, países con más raigambre católica- está desorientado. Se ha olvidado, hasta límites sorprendentes, de cuál es el sentido de su vida. Hay todavía manifestaciones religiosas. En nuestro país las procesiones y festejos litúrgicos de diverso tipo se mantienen en gran medida. Esperemos que no sea solo como un hecho sociológico, con el tirón de festejo inevitable. Pero muchas personas, en su vida privada están llenas de vacío. No se acuerdan hacia donde van.

Gracias a Dios esto no es una generalización. Conozco a muchas personas ocupadas en vivir una vida notoriamente cristiana. Pero podemos decir, sin pararnos a hacer estadísticas, que hay una mayoría que se ha olvidado del sentido de su vida. Ya no se acuerdan de que su meta es ganarse el cielo. Y aunque no se acuerden de ello, es lo que verdaderamente importa. Por lo tanto, como no lo tienen en cuenta, viven tristes.

El Cardenal Sarah nota que una importante mayoría ha perdido el sentido de la adoración. No tiene una idea muy clara de lo sagrado. Ha perdido de vista a Dios. En su libro “La fuerza del silencio” dice: “El silencio contemplativo es un silencio de adoración y de escucha del hombre que se presenta ante Dios. Presentarse en silencio ante Dios es orar. La oración nos exige conseguir hacer el silencio para oír y escuchar a Dios” (p. 78). Postrarse ante Dios, una muestra de humildad, de reconocimiento, de sumisión, porque Él nos lo ha dado todo. Lo olvidan muchos, han olvidado el significado de lo sagrado.

Juan García.

 

 

Insospechadas consecuencias

Cuando nos preguntamos sobre las oleadas de violencia que sacuden las sociedades occidentales, surge la necesidad de hablar a fondo sobre la pérdida del sentido de la vida y sobre la caída de las certezas que procedían de su tradición cristiana ampliamente compartida. Algunos destacados militantes del ateismo más agresivo, entre los cuales figura el biólogo Richard Dawkins acaban de exponer en un programa de la televisión británica que el declive del cristianismo está dañando seriamente a la sociedad. Después de haber acusado a la religión como el “veneno” del pueblo, estos paladines del laicismo más radical están observando que el “nuevo orden” que pretendían fundar no ofrece ninguna base moral sólida que distinga el bien del mal, la verdad de la mentira.

Suso do Madrid

 

 

Por lo que nos toca

Pienso que debemos de tener claro que cuando la izquierda radical utópica, reformuladora de los nuevos mythos, ha conseguido llegar al poder, para lo que ha trabajado es para mantenerse en el poder a toda costa, por los medios que sean, incluidas las revoluciones en la calle, o lo que son peores, las revoluciones silenciosas de los cambios de mentalidad.

Ahora quienes, en este país, han firmado el acuerdo de gobierno piensan que nunca lo han tenido mejor en su proyecto de desmantelar el entramado de convivencia, unidad y Estado de derecho sobre el que se ha tejido la historia democrática de España desde 1977. Algunos de los socialistas actuales incluso han ido asumiendo la creencia de que la Transición y el pacto constitucional se hicieron mal, de ahí su afición al cultivo tantas veces sectario de la memoria histórica.

Más que un nuevo tiempo político, estamos en un período constituyente. Más que partidos constituyentes, tendremos un presidente constituyente. La Constitución no quebrará, pero se vaciará mediante leyes habilitantes.

Y en esta fase, ¿tendremos un sujeto católico, y una Iglesia, con capacidad de ofrecer una respuesta a un proceso constituyente? Esperemos que sí. Por lo que nos toca.

Xus D Madrid

 

 

“Cumbre del clima”: ¿Pero saben lo que hay que hacer?

 

                                Ayer empezó en Madrid, “el gran acontecimiento mundial. 

                                Visto lo que “hicieron” en las ya muchas anteriores, en ésta, ocurrirá como en las demás; o sea, que, aparte de los cuantiosos gastos ocasionados en este nuevo “carnaval mundial”; dejarán tras de sí, muchas más basuras de las que encontraron al llegar, al lugar de esta “nueva feria”.

                                ¿Por qué? Empezando por el discurso del circunstancial anfitrión; que es un político fracasado y nada limpio en sus actuaciones; continuando con lo que ha dicho “el máximo” asistente, cual debiera ser, el representante de la por otra parte inútil “ONU”; y terminando por los “mayores contaminadores del planeta, que no han venido y desde sus dominios, dicen que lo primero de todo son sus intereses; todo son discursos absurdos, ambiguos, o hipócritas, aparte de ignorantes, puesto que la realidad que yo intuyo, es la triste verdad cual es… “el que en realidad no saben nada de cómo reconducir el gran problema, cual es el muladar en que ya se ha convertido el planeta Tierra”.

                                Y el problema, o gravísimo problema, es que “el mono humano”, en su “absurdo saber”, basó todo su progreso en la acumulación de bienes y riquezas; amén de la fabricación de infinitos productos que ni necesitó ni necesita, aparte que con sus también infinitos desechos, no supo ni sabe aún, que es lo que va a hacer con ellos y mucho menos, cómo eliminar ese gran “cáncer mundial”. Tristemente nuestra especie que bien hay que denominar ya, como, “el homo ignorantus e idiotus”; ha sido el peor bicho que la Creación, hizo surgir en un planeta, tan bien creado y situado; que si el mismo; hubiese sido puesto un poco más cercano o lejano a su padre “el Sol”; la vida no hubiese sido posible en el mismo; tal fue el equilibrio fijado por ese, “Ente Universal” y el que el hombre, trasgredió tan pronto dejó de ser cuadrumano y empezó a atesorar.

                                Muchos siglos después, fueron los griegos (que según los estudiosos ya lo dijeron todo) los que en su máximo saber, ya afirmaron que la conducta a seguir, era, el “nada en exceso”; pero aquel principio como todos los que predicaran, los que consideramos como “los mejores sabios”, no fue ni escuchado siquiera, y mucho menos, enseñado y practicado. Milenios después hubo un, “salvaje jefe indio piel roja”, el que en 1855 escribía al ya poderoso presidente de los Estados Unidos Norteamericanos, una carta (pueden leerla en mi Web: “El primer ecologista”) en la que ya decía y vaticinaba a tan potente enemigo, que… “la civilización que llevaban a las grandiosas praderas en que vivían aquellos salvajes pieles rojas… sería destructiva y mataría la vida en aquellos territorios que pretendían comprar, o arrebatar por la fuerza”; lo que ha terminado no sólo por acabar con aquellas inmensas praderas, sino también con gran parte de la corteza terrestre, mares y fondos marinos de gran parte del planeta, e incluso la atsmófera que respiramos y el espacio espacial, que han contaminado con tanta basura tecnológica como flota a ese espacio que nos rodea.

                                Y ahora promueven “con el dinero de todos”, una inmensa propaganda, en la que gritan y porfían como energúmenos, para decirles a las masas que “hay que frenar”; ¿pero cómo frenar la gran epidemia, si la misma está formada con lo que alimenta el sistema impuesto cual es EL CONSUMO? ¿Cómo dejar de consumir si ello conllevaría, la paralización en gran medida, del sistema de vida en que nos han, o nos hemos sumergido, “todos o casi todos los monos humanos”? ¿Si ya y debido a “tan altísima tecnología como dice dominar el mono humano, hay masas de individuos parados y que no encuentran ni van a encontrar empleos, para que con el fruto de ellos, puedan vivir decentemente? ¿Cómo decirle a las masas, que ya no pueden tirar ni una colilla o punta de cigarro en la calle, junto a tantos miles de inmundicias como tiran, ignorando la situación global? ¿Cómo reponer incluso las arenas de las playas, que han sido saqueadas para llevarlas junto al cemento y hacer obras enormes y absurdas, en los desiertos ricos en petróleo y donde han llegado a edificar incluso, pistas de hielo para que esquíen los dueños de los pozos petrolíferos “y sus camellos”? ¿Cómo desintoxicar los absurdos hormigueros humanos edificados; y que “esas hormigas” vuelvan a las infinitas tierras que se desertizan y mueren, por cuanto dejó de cuidarlas el mono humano”.

                                Sí… y para qué escribir más; ésta “cumbre”, no puede ser otra cosa que, “un nuevo carnaval o feria internacional”, donde se luzcan los que no sabiendo gobernar y menos educar y conducir a sus gobernados, quieren arreglarlo todo, “con soflamas o unas varitas mágicas que nunca existieron y que tampoco van a existir ahora”.

                                Nosotros, los siempre abandonados “monos humanos”. ¿Qué podemos hacer? Por lo menos, procurar consumir menos y mirar lo qué hacemos y dónde depositamos, los cuantiosos desechos que producimos cada día; y esperar a ver lo que pasa u ocurre, puesto que lo que estoy seguro es que… “lo que tenga que ser, será”: Amén: y que “lo que sea”, nos coja confesados y serenos, para soportar; “ese lo que sea por venir, que seguro va a ser, como atar una mosca por el rabo” .

 

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes