Las Noticias de hoy 7 Diciembre 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 07 de diciembre de 2019    

Indice:

ROME REPORTS

Fundemos nuestra vida en el Señor y no en las apariencias

El Papa: “El Pesebre una manera genuina de comunicar el Evangelio”

En la "autopista del lucro" llamados al servicio auténtico

El Papa a revista jesuita: escuchar, dialogar y nunca cubrir la realidad

EL BUEN PASTOR ANUNCIADO POR LOS PROFETAS: Francisco Fernandez Carbajal

“Una oración continua”: San Josemaria

Llegar a la persona en su integridad: el papel de los afectos (I): Julio Diéguez

El futuro de los más jóvenes

Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María

Homilía de S.S. Juan Pablo II en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción

Sir Alec Guiness y el sacerdote católico: Daniel Tirapu

PurposeDrivenOrganization: Nuria Chinchilla

Cómo ser una familia solidaria: Lucía Legorreta

Lo que necesitas para tener hijos: Isis Barajas

Los pellizcos del alma: Blanca Sevilla

Las disparidades entre los Evangelios son «prueba de autenticidad», dice un biblista de Jerusalén

Los pobres en el corazón de la Iglesia: Jaume Catalán Díaz

El Occidente del  consumismo: Suso do Madrid

Las Basílicas de los Apóstoles San Pedro y San Pablo: Xus D Madrid

Libertad de enseñanza: Valentín Abelenda Carrillo

Basta echar un vistazo: Jesús Martínez Madrid

¿Conmemorar una Constitución… “pisoteada”?: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

Fundemos nuestra vida en el Señor y no en las apariencias

No construyamos nuestras vidas sobre cosas pasajeras, vayamos a la “roca” que es el Señor y allí seremos felices. Es la invitación que hizo el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, inspirada en el Evangelio de Mateo: “Confíen siempre en el Señor, porque el Señor es una roca, una roca eterna”

Gabriella Ceraso – Ciudad del Vaticano

“El elogio de la solidez” es el corazón de la liturgia del día con el Evangelio de Mateo (Mt 7, 21. 24-27) en el que Jesús compara al hombre sabio con el necio: uno pone al Señor como fundamento de su vida, construyendo su propia casa sobre la roca, mientras el otro no escucha la Palabra de Dios y vive de las apariencias, construyendo así su propia casa sobre un fundamento débil, como puede ser la arena.

El Señor es la roca segura y fuerte

El Santo Padre desarrolló su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta a través de un diálogo continuo con los fieles, a quienes pidió que reflexionaran sobre “la sabiduría y la debilidad”, es decir, sobre la base de nuestras esperanzas, de nuestras seguridades y de nuestra vida, y pidiendo la gracia de saber discernir dónde está la roca y dónde está la arena:

La roca. Así es el Señor. Quien se encomienda al Señor siempre estará seguro, porque sus cimientos están en la roca. Es lo que Jesús dice en el Evangelio. Habla de un hombre sabio que construyó su casa sobre una roca, es decir, sobre la confianza en el Señor, sobre cosas serias. Y también esta confianza es un material noble, porque el fundamento de esta construcción de nuestra vida es seguro, es fuerte.

Las apariencias son la arena sobre la que cae la vida cristiana

Sabio es, por lo tanto, quien construye sobre la roca, a diferencia del necio –prosiguió explicando Francisco – que es aquel que elige la “arena que se mueve” y que es arrastrada por el viento y la lluvia. También es así en la vida cotidiana, en los edificios que se construyen sin buenos cimientos y luego se derrumban:

Y nuestra vida también puede ser así, cuando mis cimientos no son fuertes. Llega la tempestad – y todos nosotros tenemos tempestades en nuestras vidas, todos, desde el Papa hasta el último, todos y no somos capaces de resistir. Y muchos dicen: “No, yo cambiaré mi vida” y piensan que cambiar de vida es usar maquillaje. Cambiar de vida es ir a cambiar los fundamentos de la vida, es decir, poner la roca que es Jesús. “Yo querría restaurar esta construcción, este edificio, porque es muy feo, muy feo y yo querría embellecerlo un poco y también asegurar los cimientos”. Pero si voy a maquillarme nuevamente, la cosa no va hacia adelante: caerá. Con las apariencias, la vida cristiana cae.

Pidamos la gracia de discernir entre roca y arena

Sólo Jesús es, pues, el fundamento seguro, las apariencias no ayudan, y esto se ve también en el confesionario – es el ejemplo que da el Papa –  sólo quien allí se reconoce pecador, débil, deseoso de salvación, demuestra que tienen una vida basada en la roca, en cuanto cree y cuenta con Jesús como salvación. Convertirse, por lo tanto, a lo que no se derrumba y no pasa: así le sucedió a San Francisco Borja en el 1500, cuando este ex caballero de la corte, ante el cuerpo ya deshecho de la emperatriz Isabel, tomó conciencia de la caducidad y de la vanidad de las cosas terrenales y eligió al Señor y llegó a ser santo:

“Nosotros no podemos construir nuestra vida sobre cosas pasajeras, sobre las apariencias, sobre el hacer de cuenta que todo está bien. Vayamos a la roca, donde está nuestra salvación. Y allí todos seremos felices. Todos”

De manera que la oración a la que el Papa nos invita a cada uno de nosotros en este día de Adviento es pensar en el fundamento que damos a nuestra vida, ya sea la roca sólida o la arena vana, pidiendo al Señor la gracia de saber discernir.

 

 

El Papa: “El Pesebre una manera genuina de comunicar el Evangelio”

Saludo del Santo Padre a las Delegaciones que este año han donado el Pesebre y el árbol de Navidad. El belén este año proviene de Scurelle, en la provincia italiana de Trento, mientras que el árbol fue donado por el Consorcio de Usos Cívicos de Rotzo-Pedescala y San Pietro, provincia de Vicenza, Italia.

Ciudad del Vaticano

“Deseo de todo corazón a ustedes, a sus conciudadanos y a todos los habitantes de vuestras Regiones, que pasen con serenidad y fraternidad la Navidad del Señor. Que la Virgen María, que acogió al Hijo de Dios en la debilidad de la naturaleza humana, nos ayude a contemplarlo en el rostro de los que sufren, y nos sostenga en el compromiso de ser solidarios con las personas más frágiles y débiles”, lo dijo el Papa Francisco a las Delegaciones que este año han donado el Pesebre y el árbol de Navidad. El belén este año proviene de Scurelle, en la provincia italiana de Trento, mientras que el árbol fue donado por el Consorcio de Usos Cívicos de Rotzo-Pedescala y San Pietro, provincia de Vicenza, Italia.

Solidaridad con los afectados por los desastres naturales

En sus saludos, el Santo Padre expresó su gratitud y reconocimiento a las Autoridades civiles, eclesiásticas y a los fieles de estas diócesis italianas por la donación de estos dos símbolos religiosos navideños que hoy son inaugurados en la Plaza de San Pedro, todos ellos unidos por el común recuerdo de la tormenta del otoño pasado que devastó muchas zonas del Triveneto, al norte de Italia. “El encuentro de hoy – precisó el Pontífice – me brinda la oportunidad de renovar mi aliento a vuestras poblaciones, que el año pasado han sufrido una catástrofe natural devastadora, con la destrucción de enteras zonas boscosas. Son acontecimientos que nos asustan, son señales de alerta que nos envía la creación, y que nos piden que tomemos de inmediato decisiones efectivas para la protección de nuestra casa común”.

El árbol de Navidad, un signo de esperanza

Al referirse a la inauguración del Pesebre y la iluminación de las luces que adornan el árbol de Navidad, el Papa Francisco recordó que permanecerán instalados hasta el final de las festividades navideñas, y que ambos serán admirados por los numerosos peregrinos procedentes de todo el mundo. “Gracias, queridos amigos, por estos dones, y también por los árboles más pequeños destinados a otras áreas del Vaticano. He recibido con placer – puntualizó el Papa – que en lugar de las plantas removidas, se replantarán 40 abetos para reintegrar los bosques seriamente dañados por la tormenta de 2018. El abeto rojo que han querido donar representa un signo de esperanza, especialmente para sus bosques, para que puedan ser limpiados lo antes posible y así comenzar el trabajo de reforestación”.

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Este 5 de diciembre se inaugura en el Vaticano el Pesebre y árbol de Navidad

03/12/2019

Este 5 de diciembre se inaugura en el Vaticano el Pesebre y árbol de Navidad

La madera, símbolo de la precariedad donde nació el Salvador

Asimismo, al explicar la composición del Pesebre, el Santo Padre señaló que esta hecho casi en su totalidad de madera y compuesto de elementos arquitectónicos característicos de la tradición trentina, (de la zona de Trento), el mismo que ayudará a los visitantes a disfrutar de la riqueza espiritual de la Navidad del Señor. “Los troncos de madera, procedentes de las zonas afectadas por las tormentas, que sirven de telón de fondo al paisaje – puntualizó el Pontífice – subrayan la precariedad en la que se encontraba la Sagrada Familia en esa noche en Belén. El Pesebre artístico de Conegliano, colocado en el Aula Pablo VI, ayudará a contemplar la humilde gruta donde nació el Salvador”.

El Pesebre una manera genuina de comunicar el Evangelio

Antes de concluir sus saludos a las Delegaciones que donaron el Pesebre y el árbol de Navidad, el Santo Padre recordó que hace unos días visitó Greccio, el lugar donde San Francisco hizo el primer belén y desde allí publicó la Carta sobre el Pesebre, “Admirabile signum”. El belén, dijo el Papa, “es un signo sencillo y maravilloso de nuestra fe y no se pierde, es más, es bello que se transmita de padres a hijos, de abuelos a nietos. Es una manera genuina de comunicar el Evangelio, en un mundo que a veces parece tener miedo de recordar lo que realmente es la Navidad, y borra los signos cristianos para conservar sólo aquellos de un imaginario banal, comercial”.

 

 

En la "autopista del lucro" llamados al servicio auténtico

Al recibir a los representantes de la Casa Nacional del Notariato el Papa recordó que, al hacerse mediadores entre la ley y la tutela de las personas, los notarios están llamados a escuchar y a respetar la dignidad y los derechos de todos con la mirada dirigida siempre al bien común

Benedetta Capelli – Ciudad del Vaticano

Competencia técnica e integridad moral. En su discurso a los representantes de la Casa Nacional del Notariato, entidad de seguridad y asistencia social fundada hace exactamente 50 años, el Santo Padre les sugirió estas dos características a los notarios para que lleven a cabo la tarea a la que están llamados y sean protagonistas de “un servicio eficaz y fraternalmente justo”, colaborando así al bien común. Una tarea importante que madura en un contexto marcado por la competencia “en la autopista del beneficio” y que requiere, en cambio, un espíritu de auténtico servicio.

Principio de solidaridad

El Papa recordó que este fondo de pensiones asegura “un subsidio adicional a todo notario en activo cuyos honorarios no alcancen un determinado umbral” y ayuda a los “notarios jubilados y a sus familias que se encuentren en condiciones de especial necesidad”. A lo que se añade también el apoyo a la formación de los notarios de primer nombramiento, que se encuentran en estado de desamparo, o asigne becas de estudio para los hijos de los notarios en situación económica precaria.

Los animo a que mantengan estas líneas de apoyo mutuo, que se relacionan con su identidad así como con su historia. Estos son elementos característicos que hacen más creíble su actividad y suscitan aprecio hacia ustedes.

Servicio auténtico

“En los desafíos que les esperan, ayuden a la sociedad a hacerse más humana” – les dijo asimismo el Papa – “acercando su escucha y sus conocimientos a todos”. Se trata de hacerse mediadores entre la ley y las exigencias socio-económicas con el rigor propio del notario, asegurando la correcta aplicación de las normas, “pero también a través del cuidado atento de las expectativas de las personas y de su necesidad de certezas y protección”. Francisco definió a los notarios como “guardianes del equilibrio”, con una marcada sensibilidad por “la dignidad y los derechos de las personas”; con la defensa de “todo lo que es justo y todo lo que es verdadero”; “sin olvidar la caridad, virtud principal y necesaria en las relaciones interpersonales”.

En un contexto social cada vez más marcado por el deseo de competir en la "autopista" del beneficio, que obliga a marchar siempre por el carril de los adelantamientos, ustedes están llamados a ejercer su papel en un espíritu de auténtico servicio. Su presencia en la dialéctica de la contratación es el sello no sólo de la legalidad, de la que son guardianes, sino del equilibrio y la reflexión y, por tanto, en última instancia, de la justicia.

Con la mirada dirigida al bien común

Al recordar, tal como lo sugirió el Concilio Vaticano II, que estamos llamados a un “servicio eficaz y fraternalmente justo” para un orden social que “responda más fielmente a la ley de Dios y a las normas éticas que de ella se derivan”, el Papa Francisco invocó la competencia técnica y la integridad moral para ejercer el servicio a la colectividad.

Se trata de valores tan necesarios en el ejercicio de la actividad profesional de cada uno, pero que se hacen indispensables en ustedes, que son los intermediarios entre el individuo o el grupo social que utiliza su función y el orden jurídico establecido del que están llamados a ser fieles intérpretes y ejecutores. Todo esto los debe impulsar hacia un conocimiento cada vez más profundo del sistema legal, con la mirada puesta en todo momento en el bien superior del ser humano y de la misma sociedad, es decir, al bien común.

 

 

El Papa a revista jesuita: escuchar, dialogar y nunca cubrir la realidad

En la mañana del 6 de diciembre el Papa Francisco recibió a los redactores de la revista mensual “Aggiornamenti social”, dirigida por el p. Giacomo Costa S.I. Entregando el discurso que tenía preparado, el Papa prefirió hablar espontáneamente, subrayando la importancia de la escucha y el diálogo con la realidad, en la labor de los redactores.

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

Escuchar sin prejuicios, dialogar sin imponer, siempre con la verdad del Evangelio porque la realidad es “soberana” y hoy en día no hay “autopistas” para la evangelización, sólo caminos humildes que llevan hacia adelante. Son algunos de los conceptos que expresó el Papa Francisco en el discurso improvisado a los redactores y colaboradores de la revista Aggiornamenti sociali, dirigida por el p. Giacomo Costa S.I., quienes fueran recibidos en la mañana del 6 de diciembre por el Sumo Pontífice en el Vaticano.

El Santo Padre prefirió entregar el discurso que tenía preparado y hablar espontáneamente, a partir de las palabras de saludo que le hizo el padre Costa en nombre de la revista, que trabaja con el lema “Ayudar a los lectores a orientarse en el mundo que cambia”.

Escuchar sin prejuicios

El Papa Francisco tomó inspiración de una de las palabras pronunciadas del padre Costa, ”escuchar”, afirmando que “nunca se puede dar una orientación, un camino, una sugerencia sin escuchar”.

La escucha – dijo – es precisamente la actitud fundamental de cada persona que quiere hacer algo por los demás.

Esta escucha debe hacerse también “sin prejuicios”, puntualizó Francisco, porque no se trata de decir “sí, sí, sí, he entendido”, reduciendo a las propias categorías lo que se nos está comunicando. Se trata de “dejarse impresionar por la realidad”, porque “el mundo de los prejuicios y de las escuelas de pensamiento”, hacen "tanto mal":

Hoy, por ejemplo, en Europa estamos viviendo el prejuicio de los populismos, los países se cierran y vuelven las ideologías. Pero no sólo nuevas ideologías -algunas las hay-, sino también las viejas, viejas ideologías que hicieron posible la Segunda Guerra Mundial. ¿Por qué? Porque no se escucha la realidad tal como es. Hay una proyección de lo que quiero que se haga, de lo que quiero que se piense, que haya... Es un complejo que nos hace reemplazar a Dios creador.

Dialogar con la realidad

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El Papa a redactores: dar espacio a la perspectiva de aquellos que son descartados

06/12/2019

 

El Papa a redactores: dar espacio a la perspectiva de aquellos que son descartados

La realidad, dice el Papa, “es soberana”, “guste o no”, y hay que “dialogar con la realidad”. Por lo tanto, no hay que “imponer caminos de desarrollo, o de soluciones a problemas”:

Si tengo que escuchar, tengo que aceptar la realidad tal como es, para ver cuál debe ser mi respuesta. Y aquí vamos al corazón del problema. ¿Cuál es la respuesta de un cristiano? Dialogar con esa realidad a partir de los valores del Evangelio, de las cosas que Jesús nos enseñó, sin imponerlas dogmáticamente, sino con el diálogo y el discernimiento.

El mensaje  - indica Francisco – debe venir del Señor, a través de nosotros: “somos cristianos y el Señor nos habla con la realidad, en oración y con discernimiento”.

Nunca cubrir la realidad

El punto final que el Santo Padre dejó para los redactores de la revista fue el de “nunca cubrir la realidad”, sino decirla “tal como es”, y “tratar de entenderla en su autonomía interpretativa” porque “incluso la realidad tiene una manera de interpretarse a sí misma”.

“Adelante, – concluye el Papa - con valentía”. Porque “si la crítica es buena, te hará crecer”:

“Pero mantengan siempre la libertad interior, y la libertad interior la tienen sólo los que rezan, los que se ponen ante Dios”. “Con las manos en el trabajo, y con el corazón escuchar lo que pasa en las personas. Escuchar”.

La revista Aggiornamenti sociali fue fundada hace 70 años y se ocupa de profundizar sobre temáticas sociales, políticas y eclesiales a nivel nacional e internacional.

 

 

 

EL BUEN PASTOR ANUNCIADO POR LOS PROFETAS

— Jesucristo es el Buen Pastor prometido por los Profetas. Nos conoce a cada uno por nuestro nombre.

— El Señor ha dejado en su Iglesia buenos pastores.

— Encontramos al Buen Pastor en la dirección espiritual.

I. Si te desvías a la derecha o a la izquierda, tus oídos oirán una palabra a la espalda: «Éste es el camino, caminad por él»1. Una de las gracias mayores que el Señor nos puede dar en esta vida es la de tener claro el camino que nos conduce a Él y contar con una persona que nos ayude a salir de nuestros desvíos y errores para retornar de nuevo al sendero bueno.

En muchos momentos de su historia, el pueblo de Dios se encontró sin rumbo y sin camino, en el desconcierto y abatimiento más grandes, por falta de verdaderos guías. Así halla el Señor a su pueblo: como ovejas sin pastor, según nos narra el Evangelio de la Misa de hoy2. Al ver a las gentes se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Sus guías se habían comportado más como lobos que como verdaderos pastores del rebaño.

En la larga espera del Antiguo Testamento, los Profetas anunciaron, con siglos de antelación, la llegada del Buen Pastor, el Mesías, que guiaría y cuidaría amorosamente su rebaño. Sería un pastor único3, que buscaría a la oveja perdida y a la extraviada, vendaría a la herida y curaría a la enferma4. Con Él, las ovejas estarían seguras y, en su nombre, habría otros buenos pastores con el encargo de cuidarlas y guiarlas: Les daré pastores que de verdad las apacienten, y ya no habrán de temer más, ni angustiarse ni afligirse5.

Yo soy el buen pastor6, dice Jesús. Ha venido al mundo para congregar al rebaño de Dios7: Andabais, nos dice San Pedro, como ovejas descarriadas, mas ahora os habéis convertido al pastor y guardián de vuestras almas8; viene el Buen Pastor para recoger a su rebaño de su extravío9, para guiarlo10, para defenderlo11, para alimentarlo12, para juzgarlo13, para conducirlo por fin hasta las praderas definitivas, junto a las aguas de la vida14.

Jesús es el Buen Pastor anunciado por los Profetas. En Él se cumplen al pie de la letra todas las profecías. Él conoce y llama a cada una de las ovejas por su nombre15. ¡Jesús nos conoce personalmente, nos llama, nos busca, nos cura! No nos sentimos perdidos en medio de una humanidad inmensa y sin nombre. Somos únicos para Él. Podemos decir con toda exactitud: Me amó y se entregó por mí16. Él distingue mi voz entre otras muchas. Ningún cristiano tiene derecho a decir que está solo. Jesucristo está con él, y si se ha perdido por los caminos del mal, el Buen Pastor ha salido ya en su busca. Solo la mala voluntad de la oveja puede hacer fracasar el desvelo del pastor; el no querer regresar al aprisco. Solo eso.

II. Además del título de Buen Pastor, Cristo se aplica a sí mismo la imagen de la puerta por la que se entra al aprisco de las ovejas, que es la Iglesia. Ella «es un redil cuya única y obligada puerta es Cristo. Es también una grey de la que el mismo Dios se profetizó Pastor, y cuyas ovejas, aunque conducidas ciertamente por pastores humanos, son, no obstante, guiadas y alimentadas continuamente por el mismo Cristo, Buen Pastor y Príncipe de los pastores, que dio su vida por las ovejas»17.

Jesús ha dispuesto que haya en su Iglesia buenos pastores para que en su nombre guarden y guíen a sus ovejas18. Por encima de todos y como Vicario suyo en la tierra estableció a Pedro y a sus sucesores19, a quienes hemos de tener una especial veneración, amor y obediencia. Junto al Papa y en comunión con él, a los obispos, como sucesores de los Apóstoles.

Los sacerdotes son buenos pastores, especialmente en la administración del sacramento de la Penitencia, donde nos curan de todas nuestras heridas y enfermedades. «Recuerden –decía Juan Pablo II– que su ministerio sacerdotal (...) está ordenado, de manera particular, a la gran solicitud del Buen Pastor, que es la solicitud por la salvación de todo hombre (...), que los hombres tengan vida, y la tengan en abundancia, para que ninguno se pierda, sino que tengan la vida eterna»20.

Cada cristiano debe ser un buen pastor también de sus hermanos, especialmente por medio de la corrección fraterna, del ejemplo y de la oración. Pensemos con frecuencia que de alguna forma también nosotros somos buenos pastores de las personas que Dios ha puesto a nuestro lado. Tenemos obligación de ayudarles –con el ejemplo y la oración– a que anden el camino de la santidad y perseveren en la correspondencia a los dones y llamadas del Buen Pastor, que nos conduce a los pastos de la vida eterna.

El oficio de buen pastor es un oficio delicado en extremo: exige mucho amor y mucha paciencia21, valentía22, competencia23, mansedumbre también, prontitud de ánimo24 y un gran sentido de la responsabilidad25. El descuido de esta misión ocasionaría gravísimos daños al pueblo de Dios26: «el mal pastor lleva a la muerte incluso a las ovejas fuertes»27.

«Cuatro son las condiciones que debe reunir el buen pastor. En primer lugar, el amor: fue precisamente la caridad la única virtud que el Señor exigió a Pedro para entregarle el cuidado de su rebaño. Luego, la vigilancia, para estar atento a las necesidades de las ovejas. En tercer lugar, la doctrina, con el fin de poder alimentar a los hombres hasta llevarlos a la salvación. Y finalmente la santidad e integridad de vida; esta es la principal de todas las cualidades»28.

A todos nos corresponde pedir insistentemente que no falten nunca los buenos pastores en la Iglesia. Especialmente hemos de pedir por aquellos que Dios ha constituido como buenos pastores para nuestras almas.

III. Cada uno de nosotros necesita un buen pastor que guíe su alma, pues nadie puede orientarse a sí mismo sin una ayuda especial de Dios. La falta de objetividad, el apasionamiento con que nos vemos a nosotros mismos y la pereza, van oscureciendo nuestro camino hacia el Señor. Y llega entonces el estancamiento espiritual, la tibieza y el desánimo. En cambio, «de manera semejante a como una nave que tiene buen timonel llega sin peligro a puerto, así también, el alma que tiene un buen pastor lo alcanza fácilmente, aunque haya cometido muchos errores»29.

«Cualquiera comprende sin dificultad que para realizar la ascensión de una montaña es necesario un guía; lo mismo sucede cuando se trata de la ascensión espiritual...; y tanto más, cuanto que en este caso hay que evitar los lazos que nos tiende alguien (el demonio) muy interesado en impedir que subamos»30.

La dirección espiritual nos es necesaria para que no tengamos que decir, al final de nuestra vida, lo mismo que los judíos después de vagar por el desierto sin rumbo ni sentido: 40 años hemos dado vueltas alrededor de la montaña31. Hemos vivido sin ton ni son, sin saber adónde íbamos, sin que el trabajo o el estudio nos acercara a Dios, sin que la amistad, la familia, la salud y la enfermedad, los éxitos o los fracasos nos ayudaran a dar un paso adelante en lo verdaderamente importante: la santidad, la salvación. Para que no tengamos que decir que hemos vivido de cualquier manera, sin sentido, entretenidos con cuatro cosas pasajeras. Y todo, porque nos faltaron unas metas sobrenaturales en las que luchar, un camino claro y un guía.

Puede ser necesario confiar a alguien la dirección de nuestra alma, porque todos necesitamos una palabra de aliento si llega el desánimo por nuestras derrotas en este camino de Dios. Precisamos entonces de esa voz amiga que nos dice ¡adelante!, ¡no debes pararte, porque tienes la gracia de Dios para superar cualquier dificultad! Dice el Espíritu Santo: Si uno cae el otro lo levanta: pero ¡ay del que está solo, que cuando cae no tiene quien le levante!32. Y con esa ayuda nos recomponemos por dentro, y sacamos fuerzas cuando nos parecía que ya no nos quedaba ninguna, y seguimos nuestro camino.

Es una gracia especial de Dios poder contar con esa persona amiga que nos ayuda eficazmente en algo de tanta importancia, a la que podemos abrir el alma en una confidencia llena de sentido humano y sobrenatural. ¡Qué alegría poder comunicar lo más íntimo de nuestros sentimientos, para orientarlos a Dios, a alguien que nos comprende, nos estima, nos abre horizontes nuevos, nos alienta, reza por nosotros, y tiene una gracia especial del Señor para ayudarnos! Pero es importante acudir al que es verdaderamente buen pastor para nosotros, aquel a quien el Señor quiere que acudamos.

San Lucas nos narra de qué manera el hijo pródigo siente la necesidad de descargar el peso que agobia su alma. También Judas se siente agobiado por la carga de su traición. El primero se dirige a quien tiene que ir y encuentra una paz que ni siquiera podía imaginar; restableció de nuevo su vida. Judas debió volver a Jesús, quien, a pesar de su pecado, lo hubiera acogido y confortado, como a Pedro. Fue, sin embargo, a quien no debía: a quienes eran incapaces de comprender, y, sobre todo, incapaces de dar a aquel hombre lo que necesitaba. ¿A nosotros qué? Allá tú, le dicen.

En la dirección espiritual encontramos al Buen Pastor que nos da las ayudas necesarias para no perdernos, para recuperar el camino si nos hubiéramos desorientado en nuestro andar hacia Cristo.

Nuestra Madre Santa María nos muestra siempre el sendero seguro que conduce a Cristo.

1 Primera lectura de la Misa, Is 30, 21. — 2 Mt 9, 35-10; 1, 6-8. — 3 Ez 34, 23. — 4 Cfr. Ez 34, 16. — 5 Jer 23, 4. — 6 Jn 10, 11. — 7 Mt 15, 24. — 8 1 Pedr 2, 25. 9 Lc 15, 3-7. — 10 Jn 10, 4. — 11 Lc 12, 32. — 12 Mc 6, 34. — 13 Mt 25, 32. — 14 1 Pedr 5, 4; Apoc 7, 17. — 15 Jn 10, 3. — 16 Gal 2, 20. — 17 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 6. — 18 Ef 4, 11. — 19 Jn 21, 15-17. — 20 Juan Pablo II, Carta a todos los sacerdotes, 8-IV-1979, 7. — 21 Is 40, 11; Ez 34, 4. — 22 1 Sam 25, 7; Is 31, 4; Am 3, 12. — 23 Prov 27, 23. — 24 1 Pedr 5, 2. — 25 Mt 18, 12. — 26 Is 13, 14-15; Jer 50, 6-8. — 27 San Agustín, Sermón 46, Sobre los pastares. — 28 Santo Tomás de Villanueva, Sermón sobre el Evang. del Buen Pastor, en Opera omnia, Manila 1922, pp. 324-325. — 29 San Juan Clímaco, Escala del Paraíso. — 30 D. Garrigou Lagrange, Las tres edades de la vida interior, Ed. Palabra, vol. I, 2ª ed., p. 297. — 31 Dt 2, 1. — 32 Eccl 4, 10.

 

 

“Una oración continua”

Padre, me has comentado: yo tengo muchas equivocaciones, muchos errores. Ya lo sé, te he respondido. Pero Dios Nuestro Señor, que también lo sabe y cuenta con eso, sólo te pide la humildad de reconocerlo, y la lucha para rectificar, para servirle cada día mejor, con más vida interior, con una oración continua, con la piedad y con el empleo de los medios adecuados para santificar tu trabajo. (Forja, 379)

Vida interior, en primer lugar. ¡Qué pocos entienden todavía esto! Piensan, al oír hablar de vida interior, en la oscuridad del templo, cuando no en los ambientes enrarecidos de algunas sacristías. Llevo más de un cuarto de siglo diciendo que no es eso. Describo la vida interior de cristianos corrientes, que habitualmente se encuentran en plena calle, al aire libre; y que, en la calle, en el trabajo, en la familia y en los ratos de diversión están pendientes de Jesús todo el día. ¿Y qué es esto sino vida de oración continua? ¿No es verdad que tú has visto la necesidad de ser alma de oración, con un trato con Dios que te lleva a endiosarte? Esa es la fe cristiana y así lo han comprendido siempre las almas de oración: se hace Dios aquel hombre, escribe Clemente de Alejandría, porque quiere lo mismo que quiere Dios.
Al principio costará; hay que esforzarse en dirigirse al Señor, en agradecer su piedad paterna y concreta con nosotros. Poco a poco el amor de Dios se palpa ‑aunque no es cosa de sentimientos‑, como un zarpazo en el alma. Es Cristo, que nos persigue amorosamente: he aquí que estoy a tu puerta, y llamo. (Es Cristo que pasa, 8)

 

 

Llegar a la persona en su integridad: el papel de los afectos (I)

Algunas personas, cuando piensan en la formación, tienden a considerarla como un saber. Sin embargo, no basta un concepto de ese estilo: llegar a la integridad de la persona requiere pensar en la formación como un ser. Se trata de un objetivo mucho más alto: sumergirse en el misterio de Cristo y dejar que la gracia nos vaya transformando progresivamente para configurarnos con Él.

Formación de la personalidad16/06/2018

Opus Dei - Llegar a la persona en su integridad: el papel de los afectos (I)

Escucha el artículo «Formación integral y afectividad»

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Jesucristo es, sin duda, el amor de nuestra vida: no el mayor entre otros, sino aquel que da sentido a todos los demás amores y a los intereses, ilusiones, ambiciones, trabajos, iniciativas que llenan nuestros días y nuestro corazón. De aquí, que sea fundamental mantener en nuestra vida espiritual «la centralidad de la persona de Jesucristo»[1]: Él es el camino para entrar en comunión con el Padre en el Espíritu Santo. En Él, se devela el misterio de quién es el hombre[2], a qué está llamado. Caminar con Cristo implica crecer en conocimiento propio, ahondar también en el propio misterio personal. Por eso, dejar que Jesús sea el centro de nuestra vida lleva, entre otras cosas, a «redescubrir con luces nuevas el valor antropológico y cristiano de los diferentes medios ascéticos; llegar a la persona en su integridad: inteligencia, voluntad, corazón, relaciones con los demás (…)»[3].

Caminar con Cristo implica crecer en conocimiento propio, ahondar también en el propio misterio personal

Esa persona a la que hay que llegar somos nosotros mismos, son todos aquellos a los que alcanzamos con nuestra amistad, con nuestro apostolado. La formación que recibimos e impartimos, ha de llegar a la inteligencia, a la voluntad y a los afectos, sin que ninguno de estos elementos quede descuidado o simplemente sometido a los otros. Aquí nos centraremos sobre todo en la formación de la afectividad, dando por supuesta la enorme relevancia de que se apoye en una buena formación intelectual. Considerar la importancia de la formación integral nos permitirá redescubrir la gran verdad que encierra la identificación que san Josemaría establecía entre fidelidad y felicidad[4].

Formarse para entrar en sintonía con Cristo

Algunas personas, cuando piensan en la formación, tienden a considerarla como un saber. Así, tendría buena formación quien a lo largo de su vida ha recibido buenos contenidos doctrinales, ascéticos, profesionales, etc. Sin embargo, no basta un concepto de ese estilo: llegar a la integridad de la persona requiere pensar en la formación como un ser. Un buen profesional conoce la ciencia y la técnica que requiere su profesión, pero tiene algo más: ha desarrollado hábitos –modos de ser– que le disponen a aplicar bien esa ciencia y esa técnica que posee: hábitos de atención a los demás, de concentración en el trabajo, de puntualidad, de digerir éxitos y fracasos, de perseverancia, etc.

El voluntarismo es una visión errada de la virtud, que la considera un simple suplemento de fuerza en la voluntad

Del mismo modo, ser un buen cristiano no es simplemente conocer –al nivel adecuado a la propia situación en la Iglesia y en la sociedad– la doctrina sobre los sacramentos, o sobre la oración, o sobre las normas morales generales y profesionales. Se trata de un objetivo mucho más alto: sumergirse en el misterio de Cristo para conocer su anchura, su profundidad (cfr. Ef 3,18), dejar que su Vida entre en la nuestra, y poder repetir con san Pablo que «ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Gal 2,20). Es decir, ser «alter Christus, ipse Christus»[5], dejar que la gracia nos vaya transformando progresivamente para configurarnos con Él. Ese dejar actuar a la gracia, no es meramente pasivo, no consiste sólo en evitar poner obstáculos, ya que el Espíritu Santo no nos transforma en Cristo sin nuestra cooperación libre, voluntaria. Pero tampoco esto basta: entregarnos al Señor, darle nuestra vida, no es solamente darle nuestras decisiones, nuestros actos; es también darle nuestro corazón, nuestros afectos, incluso nuestra espontaneidad. Para esto es imprescindible una buena formación intelectual y doctrinal que configure la cabeza, que incida en nuestras decisiones, pero es también necesario que esa doctrina cale y llegue al corazón de la persona. Y esto requiere lucha… y requiere tiempo. Dicho de otro modo, es necesario adquirir virtudes, y precisamente en eso consiste la formación.

No es raro encontrarse con personas que temen que la insistencia en las virtudes acabe conduciendo al voluntarismo. Nada más lejos de la realidad. Quizá, en la raíz de esta confusión, se encuentre una visión errada de la virtud, que la considera un simple suplemento de fuerza en la voluntad, que hace a quien la posee capaz de cumplir la norma moral, incluso cuando esta se opone a la propia inclinación. Se trata de una idea bastante difundida y, efectivamente, de origen voluntarista. En definitiva, la virtud consistiría en la capacidad de ir contra la corriente de las propias inclinaciones cuando la norma moral así lo requiere. Naturalmente, hay algo de verdad en esto, pero se trata de algo incompleto que transforma las virtudes en cualidades frías, que llevarían a la negación práctica de las propias inclinaciones, intereses y afectos y que, sin querer, acaban convirtiendo la indiferencia en un ideal: como si la vida interior y la entrega consistieran en llegar a no sentirse atraído por nada que pudiera obstaculizar las propias decisiones futuras.

Plantear la formación de este modo, impediría llegar a la persona en su integridad: inteligencia, voluntad y afectos no estarían creciendo juntos, llevándose de la mano, ayudándose mutuamente, sino que alguna de esas facultades estaría aplastando a alguna de las otras. El desarrollo de la vida interior, en cambio, requiere esa integración y, desde luego, no lleva a empequeñecerse, a perder intereses y afectos; no tiene como objetivo que no nos afecten las cosas, que no nos importe lo importante, no nos duela lo doloroso, no nos preocupe lo preocupante o no nos atraiga lo atractivo. Al contrario, conduce a expandir el corazón, que se llena de un amor grande, desde el que mira a todos esos sentimientos y consigue, por eso, verlos en un contexto más amplio que da recursos para afrontar aquellos que plantean una dificultad, y ayuda a captar el sentido positivo y trascendente de los que resultan agradables.

El Evangelio nos muestra el interés sincero del Señor por el descanso de los suyos: «venid vosotros solos a un lugar apartado y descansad un poco» (Mc 6,31), o también la reacción de su corazón ante el sufrimiento de sus amigos, como Marta y María (cfr. Jn 11,1-44). No podemos imaginar que en esos momentos Jesucristo estuviera actuando, como si, en el fondo, por su unión con su Padre, lo que sucedía a su alrededor le resultara indiferente. San Josemaría hablaba de amar al mundo y de hacerlo apasionadamente[6], impulsaba a poner el corazón en Dios y, por Él, en los demás, en el trabajo que nos ocupa, en la labor apostólica, porque «el Señor no nos quiere secos, tiesos, como una materia inerte»[7]. La disponibilidad, por ejemplo, no es la disposición de aquél a quien le es indiferente una cosa que otra, porque ha conseguido perder todo interés, quizá para evitar sufrir cuando se le pida algo que le contraría; sino la disposición grandiosa de quien sabe prescindir en un momento de algo bueno y atractivo para concentrarse en otra cosa en la que Dios le espera, porque vivir para Dios es lo que profundamente desea. Se trata de alguien, en definitiva, con corazón grande, con intereses, con ambiciones buenas que sabe superar cuando conviene, no porque las niegue o porque intente que no le afecten, sino porque su interés en amar y servir a Dios es mucho más grande aún. Y no sólo es más grande, sino que es –se ha ido convirtiendo en– lo que da sentido y contiene en sí todos los otros intereses.

Gozar con la práctica de las virtudes

El desarrollo de la vida interior no tiene como objetivo que no nos afecten las cosas

La formación de las virtudes requiere lucha, vencer la propia inclinación cuando se opone a los actos buenos. Esta es la parte de verdad que contiene el concepto reductivo –voluntarista– de virtud, al que nos referíamos antes. Pero la virtud no consiste en esa capacidad de oponerse a la inclinación, sino más bien en la formación de la inclinación. El objetivo no es, pues, ser capaces de dejar habitualmente a un lado la afectividad para poder guiarse por una regla externa, sino más bien formar la afectividad de modo que seamos capaces de gozar en el bien realizado. La virtud consiste precisamente en ese gozo en el bien, en la formación –digámoslo así– del buen gusto: «[Dichoso el hombre] que se complace en la Ley del Señor, y noche y día medita su Ley» (Sal 1,2) En definitiva, la virtud es la formación de la afectividad y no el hábito de oponerse sistemáticamente a ella.

Mientras la virtud no está formada, la afectividad puede plantear una resistencia al acto bueno, que habrá que vencer. Pero el objetivo no es simplemente conseguir vencerla, sino más bien desarrollar el gusto por ese comportamiento. Cuando se posee la virtud, el acto bueno puede seguir costando, pero se hace con alegría. Pongamos algún ejemplo. Levantarnos puntualmente por la mañana –el minuto heroico[8]– probablemente nos cueste siempre: quizá no llegará el día en que al sonar el despertador no nos apetezca permanecer un rato más en la cama. Pero si nos esforzamos habitualmente en vencer la pereza por amor a Dios, llega el momento en que hacerlo nos alegra, mientras que ceder a la comodidad nos desagrada, nos deja un mal sabor de boca. Paralelamente, a una persona justa, llevarse un producto del supermercado sin pagar, no sólo le resultaría prohibido, sino también feo, desagradable, discordante con sus disposiciones, con su corazón. Esta configuración de la afectividad que genera esa alegría ante el bien y ese disgusto ante el mal, no es una consecuencia colateral de la virtud, sino que es un componente esencial de ella. Por eso la virtud nos hace capaces de disfrutar del bien.

No es esta una idea meramente teórica. Al contrario, tiene una gran incidencia práctica saber que cuando luchamos no estamos acostumbrándonos a fastidiarnos, sino aprendiendo a disfrutar del bien, aunque de momento eso exija ir contra corriente.

La formación de las virtudes hace que las facultades y los afectos aprendan a centrarse en lo que verdaderamente puede satisfacer las aspiraciones más profundas, y otorguen lugares secundarios –siempre subordinados a los principales– a lo que simplemente está en el orden de los medios. En última instancia, formarse en las virtudes es aprender a ser feliz, a gozar de y con lo grandioso, es, en definitiva, prepararse para el Cielo.

Una afectividad ordenada ayuda a actuar bien. Del mismo modo, actuar bien nos ayuda a ordenar la afectividad

Si formarse es crecer en virtudes y las virtudes consisten en un cierto orden en los afectos, se puede concluir que toda formación es formación de la afectividad. Quizá, al leer esto, alguien podría objetar que, en el esfuerzo por adquirir virtudes, su intento era más operativo que afectivo, e incluso añadir que llamamos virtudes a unos hábitos operativos. Es verdad. Pero si las virtudes nos ayudan a hacer el bien es porque nos ayudan a sentir correctamente. El ser humano siempre se mueve hacia el bien. El problema moral es, en última instancia, por qué lo que no es bueno, se nos aparece –se presenta a nuestros ojos– como bueno en una situación concreta. Que esto suceda se debe a que el desorden de las tendencias lleva a exagerar el valor del bien al que se dirige alguna de ellas, de modo que se considera más deseable en esa situación que otro bien con el que ha entrado en conflicto, que, sin embargo, posee mayor valor objetivo porque responde al bien global de la persona. Por ejemplo: en una cierta situación podemos encontrarnos ante la tesitura de decir o no la verdad. La tendencia natural que tenemos a la verdad, nos la presentará como un bien. Pero también tenemos una tendencia natural al aprecio de los demás que, en ese caso concreto, si nos parece que la verdad nos haría quedar mal, nos presentará la mentira como conveniente. Esas dos tendencias entran en conflicto. ¿Cuál de ellas prevalecerá? Dependerá de cuál de los dos bienes es más importante para nosotros y en esta valoración la afectividad juega un papel decisivo. Si está bien ordenada, ayudará a la razón a percibir que la verdad es muy valiosa y que el aprecio de los demás no es deseable si exige renunciar a ella. Ese amor a la verdad por encima de otros bienes que también nos atraen, es precisamente lo que denominamos sinceridad. Pero si el afán por quedar bien es más fuerte que la atracción de la verdad, es fácil que la razón se engañe, y aun sabiendo que eso no es bueno, juzgue conveniente mentir. Aunque sepamos perfectamente que no se debe mentir, consideramos que en este caso nos conviene hacerlo.

La afectividad ordenada ayuda a hacer el bien porque ayuda antes a percibirlo. Interesa mucho formarla. ¿Cómo conseguirlo? Trataremos de exponer algunas ideas en el próximo editorial. Ahora nos limitaremos a señalar algo que conviene saber antes de afrontar ese tema.

La voluntad y los sentimientos

Acabamos de afirmar que una afectividad ordenada ayuda a actuar bien. Lo mismo se puede decir en el sentido contrario: actuar bien nos ayuda a ordenar la afectividad.

Sabemos por experiencia –y conviene no olvidarlo si no queremos caer fácilmente en frustraciones y desánimos– que no podemos controlar directamente nuestros sentimientos: si nos envuelve el desánimo, no podemos resolver el problema decidiendo sin más sentirnos alegres. Lo mismo sucede si queremos en un cierto momento sentirnos más audaces, o menos tímidos, o si deseamos no tener miedo o vergüenza, o no sentir la atracción sensible de algo que juzgamos desordenado. Otras veces, quizá desearíamos tratar con soltura a una persona ante la que sentimos un cierto rechazo involuntario por razones que reconocemos nimias, pero no conseguimos superar y nos damos cuenta de que proponerse sin más tratarla con sencillez no resuelve la dificultad. En definitiva, no basta una decisión voluntaria para que los sentimientos se ajusten a nuestros deseos. Sin embargo, que la voluntad no controle directamente los sentimientos no significa que no tenga ningún influjo sobre ellos.

En ética, el control que la voluntad puede ejercer sobre los sentimientos se califica de político, porque es semejante al que un gobernante tiene sobre las decisiones de sus súbditos: no puede controlarlas directamente, ya que ellos son libres; pero puede tomar ciertas medidas –por ejemplo, disminuir los impuestos– esperando que produzcan ciertos resultados –por ejemplo, un aumento del consumo o de la inversión– a través de la voluntad libre de los ciudadanos. También nosotros podemos realizar ciertos actos que esperamos que susciten unos sentimientos concretos: podemos detenernos a considerar el bien que hará una labor apostólica para la que buscamos ayuda, como medio para sentirnos más audaces al solicitar un donativo para su puesta en marcha. Podemos considerar nuestra filiación divina esperando también que nos afecte menos a nivel sensible un revés profesional. También sabemos que ingerir una cierta dosis de alcohol puede provocar un estado transitorio de euforia; y que si voluntariamente damos vueltas en nuestra cabeza a un mal trato recibido, provocaremos reacciones de ira. Estos serían algunos ejemplos del influjo, siempre indirecto, que la voluntad puede ejercer a corto plazo sobre los sentimientos.

Mucho más importante, sin embargo, es el influjo que la voluntad ejerce a largo plazo sobre la afectividad, porque es precisamente ese influjo lo que le permite darle forma, formarla. Al reflexionar sobre ese proceso se percibe claramente que la persona es una y que la formación sólo logra su objetivo si alcanza a la inteligencia, a la voluntad, a los afectos. En esto nos detendremos en el próximo editorial.

Julio Diéguez


[1] F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 8.

[2] Cfr. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes (7.XII.1965), n. 22.

[3]F. Ocáriz, Carta pastoral, 14.II.2017, n. 8.

[4] San Josemaría, Surco, 84: «Tu felicidad en la tierra se identifica con tu fidelidad a la fe, a la pureza y al camino que el Señor te ha marcado». Cfr. también, por ejemplo, San Josemaría, Instrucción, mayo-1935/14-IX-1950, 60; Instrucción, 8-XII-1941, 61; San Josemaría Amigos de Dios, 189.

[5]San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 96.

[6] Baste mencionar, como ejemplo, el título de la homilía Amar al mundo apasionadamente, en Conversaciones, nn. 113-123.

[7] Amigos de Dios, n, 183.

[8]San Josemaría, Camino, n. 206.

 

 

El futuro de los más jóvenes

El Papa Francisco invita a los cristianos a rezar durante este mes de diciembre por aquellos niños que tienen un futuro incierto, sobre todo, aquellos que sufren por las más distintas causas como el hambre, las guerras o la marginación.

De la Iglesia y del Papa05/12/2019

 

 

Cada niño marginado, cada niño abusado, cada niño abandonado, cada niño sin escuela, sin atenciones médicas, es un grito que se eleva a Dios.

En cada uno de ellos es Cristo, que vino a nuestro mundo como un niño indefenso, es Cristo quien nos está mirando en cada uno de esos niños.

Intención de oración del Papa FranciscoIntención de oración del Papa Francisco

Recemos para que todos los países decidan tomar medidas necesarias para hacer que el futuro de los niños sea una prioridad, especialmente el futuro de los niños que hoy están sufriendo.


Intenciones mensuales anteriores. Las intenciones son confiadas mensualmente a la Red Mundial de Oración del Papa con el objetivo de difundir y concienciar sobre la imperiosa necesidad de orar y actuar por ellas.

 

 

Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María

Celebramos hoy que la Virgen María fue concebida sin pecado original para que así el Hijo de Dios, al hacerse hombre en su seno, encontrara una digna morada. Y fue preservada de todo pecado, en previsión de la muerte del Hijo (orac. colecta). Ella es comienzo e imagen de la Iglesia, la segunda Eva, Esposa e imagen de Cristo, el nuevo Adán (Pf.). En ella se cumple la profecía hecha a la serpiente en el paraíso: la estirpe de Eva «te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón» (1 lect.). Por todo esto la saludamos como la llena de gracia, con quien está el Señor. (Comentario del Calendario Litúrgico-Pastoral 2019-2020).

Aleluya, aleluya, aleluya
Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo, 
bendita tú entre las mujeres.

Lc 1, 26-38. Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.

En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?». El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Y el ángel se retiró.

Otras lecturas del día:

– Gén 3, 9-15. 20. Pongo hostilidad entre tu descendencia y la descendencia de la mujer.

Después de comer Adán del árbol, el Señor Dios lo llamó a Adán y le dijo: «¿Dónde estás?». Él contestó: «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí». El Señor Dios le replicó: «¿Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?». Adán respondió: «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí». El Señor Dios dijo a la mujer: «¿Qué has hecho?». La mujer respondió: «La serpiente me sedujo y comí». El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho eso, maldita tú entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón».

Adán llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

 Sal 97. Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad.

– Rom 15, 4-9. Cristo salva a todos los hombres.

Todo lo que se escribió en el pasado, se escribió para enseñanza nuestra, a fin de que a través de nuestra paciencia y del consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. Que el Dios de la paciencia y del consuelo os conceda tener entre vosotros los mismos sentimientos, según Cristo Jesús; de este modo, unánimes, a una voz, glorificaréis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por eso, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios. Es decir, Cristo se hizo servidor de la circuncisión en atención a la fidelidad de Dios, para llevar a cumplimiento las promesas hechas a los patriarcas y, en cuanto a los gentiles, para que glorifiquen a Dios por su misericordia; como está escrito: «Por esto te alabaré entre los gentiles y cantaré para tu nombre».

(Conferencia Episcopal Española)

 

 

HOMILÍA DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II

Basílica de Santa María la Mayor
Miércoles 8 de diciembre de 1982

«Te saludo, llena de gracia, el Señor es contigo» (Lc 1, 28).

1. Mientras estas palabras del saludo del Ángel resuenan suavemente en nuestro alma, deseo dirigir la mirada: junto con vosotros, queridos hermanos y hermanas, sobre el misterio de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María con los ojos espirituales de San Maximiliano Kolbe. El dedicó todas las obras de su vida y de su vocación a la Inmaculada. Y por eso en este año, en el que ha sido elevado a la gloria de los Santos: él está mucho más cerca en la Solemnidad de la Inmaculada de quien amo definirse «militante».

El amor a la Inmaculada fue, en efecto, el centro de su vida espiritual, el fecundo principio animador de su actividad apostólica. El modelo sublime de la Inmaculada iluminó y guió su intensa existencia sobre los caminos del mundo e hizo de su muerte heroica en el campo de exterminio de Auschwitz un espléndido testimonio cristiano y sacerdotal. Con la intuición del santo y la finura del teólogo, Maximiliano Kolbe meditó con agudeza extraordinaria el misterio de la Concepción Inmaculada de María a la luz de la Sagrada Escritura, del Magisterio y de la Liturgia de la Iglesia, sacando admirables lecciones de vida. Ha sido para nuestro tiempo profeta y apóstol de una nueva «era mariana», destinada a hacer brillar con fuerte luz en el mundo entero a Cristo y su Evangelio.

Esta misión que él llevó adelante con ardor y dedicación, «lo clasifica —como afirmó Pablo VI en la homilía para su Beatificación— entre los grandes Santos y los espíritus videntes que han comprendido, venerado y cantado el Misterio de María» (lnsegnamenti di Paolo VI, IX, 1971, p. 909). Asimismo, conocedor de la profundidad inagotable del misterio de la Concepción Inmaculada, para la que «las palabras humanas no son capaces de expresar Aquella que ha llegado a ser verdadera Madre de Dios» (Gli escritti di Massimiliano Kolbe, eroe di Oswiecjm e Beato della Chiesa, Vol. 3, Edizione Cittá di Vita, Firenze, 1975, v. III, p. 690), su mayor dolor era que la Inmaculada no fuera suficientemente conocida y amada a imitación de Jesucristo y como nos enseña la tradición de la Iglesia y el ejemplo de los Santos. En efecto, amando a María, nosotros honramos a Dios que la elevó a la dignidad de Madre de su propio Hijo hecho Hombre y nos unimos a Jesucristo que la amó como Madre; no la amaremos nunca como El la amó: «Jesús ha sido el primero en honrarla como su Madre y nosotros debemos imitarle también en esto. No renunciemos nunca a igualarle en el amor con que Jesús la amó» (Ibidem v. 11, p. 351). El amor a María, afirma el P. Maximiliano, es el camino más sencillo y más fácil para santificamos, realizando nuestra vocación cristiana. El amor de que habla no es, en verdad, sentimentalismo superficial, sino que es esfuerzo generoso es donación de toda la persona, como él mismo nos demostró con su vida de fidelidad evangélica hasta su muerte heroica.

2. La atención de San Maximiliano Kolbe se concentró incesantemente sobre la Concepción Inmaculada de María para poder tomar la riqueza maravillosa encerrada en el nombre que Ella misma manifestó y que constituye la ilustración de cuanto nos enseña el Evangelio de hoy, con las palabras del ángel Gabriel: «Te saludo, oh llena de gracia, el Señor es contigo» (Lc 1, 28). Refiriéndose a las apariciones de Lourdes —que para él fueron estímulo e incentivo para comprender mejor las fuentes de la Revelación— observa: «A. S. Bernadetta, que muchas veces le había preguntado, la Virgen responde: Yo soy la Inmaculada Concepción». Con estas palabras Ella manifestó claramente no solamente ser concebida sin pecado, sino ser la misma «Concepción Inmaculada», así como una cosa es un objeto blanco y otra la blancura; una cosa es perfecta y otra la perfección» (ib. v. III, p. 516). Concepción Inmaculada es el nombre que revela con precisión qué es María: no afirma solamente una cualidad, sino que describe exactamente su Persona: María es santa radicalmente en la totalidad de su existencia desde el principio.

3. La excelsa grandeza sobrenatural fue concedida a María en orden a Jesucristo, y en El y mediante El Dios le comunicó la plenitud de santidad: María es Inmaculada porque es Madre de Dios y llega a ser Madre de Dios porque es Inmaculada, afirma escultóricamente Maximiliano Kolbe. La Concepción Inmaculada de María manifiesta de manera única y sublime la centralidad absoluta y la función salvífica universal de Jesucristo. «De la maternidad divina surgen todas las gracias concedidas a la santísima Virgen y la primera de ellas es la Inmaculada Concepción» (lb. v. III, p. 475). Por este motivo, María no es sencillamente como Eva antes del pecado, sino que fue enriquecida con una plenitud de gracias incomparables porque sería Madre de Cristo y la Concepción Inmaculada fue el inicio de una prodigiosa expansión sin pausas de su vida sobrenatural.

4 El misterio de la santidad de María debe ser contemplado en la globalidad del orden divino de la salvación para ser ilustrado de manera armónica y para que no parezca como un privilegio que la separa de la Iglesia que es el Cuerpo de Cristo. El padre Maximiliano Kolbe tuvo sumo cuidado en unir la Concepción Inmaculada de María y su función en el plano de la salvación al misterio de la Trinidad y de forma especial con la persona del Espíritu Santo. Con genial profundidad desarrolló los múltiples aspectos contenidos en la noción de «Esposa del Espíritu Santo», bien conocida en la tradición patrística y teológica y sugerida. en el Nuevo Testamento: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti, sobre ti extenderá su sombra el poder del Altísimo. Lo que de ti nacerá será Santo y llamado Hijo de Dios» (Lc 1, 35). Es una analogía, subraya Maximiliano Kolbe, que hace entrever la inefable unión, íntima y fecunda entre el Espíritu Santo y María. «El Espíritu Santo estableció la propia morada en María desde el primer instante de su existencia, tomó posesión absoluta y la compenetró tan grandemente que el nombre de esposa del Espíritu Santo no expresa más que una sombra lejana, pálida e imperfecta de tal unión» (ib. v. III, p. 515).

5. Escrutando con estática admiración el plan divino de la salvación, que tiene su fuente en el Padre el cual quiere comunicar libremente a las criaturas la vida divina de Jesucristo y que se manifiesta en María Inmaculada de forma maravillosa, el Padre Kolbe fascinado y arrebatado exclama: «Por todas partes está el amor» (ib. v. III, p. 690) el amor gratuito de Dios es la respuesta a todas las interrogaciones; «Dios es amor», afirma San Juan (1 Jn 4, 8).

Todo lo que existe es reflejo del amor libre de Dios, y por eso toda criatura traduce, de alguna manera, su infinito esplendor. De forma especial el amor es el centro y el vértice de la persona, hecha a imagen y semejanza de Dios. María Inmaculada, la más alta y perfecta de las personas humanas, reproduce de manera eminente la imagen de Dios y es por consiguiente capaz de amarlo con intensidad incomparable como Inmaculada, sin desviaciones ni retrasos.

Es la única esclava del Señor (cf. Lc 1, 38) que con su fiat libre y personal responde al amor de Dios cumpliendo siempre cuanto El la pide. Como la de toda otra criatura, la suya no es una respuesta autómata, sino que es gracia y don de Dios; en tal respuesta va envuelta toda su libertad, la libertad de Inmaculada. «En la unión del Espíritu Santo con María el amor no enlaza solamente a estas dos personas, sino que el primer amor es todo el amor de la Santísima Trinidad, mientras que el segundo, el de María, es todo el amor de la creación, y así, en tal unión el Cielo se une a la tierra, todo el Amor increado con todo el amor creado ... Es el vértice del amor» (ib. v. III, p. 758).

La circularidad del amor, que tiene origen en el Padre, y que en la respuesta de María vuelve a su fuente, es un aspecto característico y fundamental del pensamiento mariano del P. Kolbe. Es este un principio que está en la base de su antropología cristiana, de la visión de la historia y de la vida espiritual de cada hombre. María Inmaculada es arquetipo y plenitud de todo amor creatural; su amor límpido e intensísimo hacia Dios encierra en su perfección el frágil y contaminado de las otras criaturas. La respuesta de María es la de la humanidad entera.

Todo esto no oscurece ni disminuye la centralidad absoluta de Jesucristo en el orden de la salvación, sino que la ilumina y proclama con vigor, porque María recibe toda su grandeza de El. Como enseña la historia de la Iglesia, la función de María es la de hacer resplandecer al propio Hijo, de conducir a El y de ayudar a acogerlo.

El continuo profundizamiento teológico del misterio de María Inmaculada llega a ser para Maximiliano Kolbe fuente y motivo de donación ilimitada y de dinamismo extraordinario; el sabe verdaderamente incorporar la verdad a la vida, también llega al conocimiento de María, como todos los santos, no solamente por la reflexión guiada por la fe, sino especialmente por la oración «Quien no es capaz de doblar las rodillas y de implorar de María, en humilde plegaria, la gracia de conocer lo que ella es realmente no espere aprender otra cosa más sobre ella» (ib. VIII, 474).

6. Y ahora, acogiendo esta exhortación final del heroico hijo de Polonia y auténtico mensajero del culto mariano, nosotros, reunidos en esta espléndida Basílica para la plegaria eucarística en honor de la Inmaculada Concepción, doblaremos nuestras rodillas delante de su imagen y le repetiremos con ardor y piedad filial —que tanto distinguieron a San Maximiliano— las palabras del Ángel: «Dios te salve, llena de gracia, el Señor está contigo». Amén.

 

 

Sir Alec Guiness y el sacerdote católico

Daniel Tirapu

Sir Alec Guinness.

photo_camera Sir Alec Guinness.

En estos días, en los que una avalancha de noticias (algunas verdaderas, otras sesgadas) y opiniones nos inclinan a desconfiar de los sacerdotes, sospechosos por el mero hecho de serlo de innumerables atrocidades, quiero compartir con quienes lean estas líneas una anécdota de Sir Alec Guinness.

En aquel entonces, 1954, el actor, que luego sería recordado por encarnar a Obi-Wan Kenobi en la Guerra de las Galaxias, estaba rodando la versión cinematográfica de una de las novelas de Chesterton protagonizadas por el Padre Brown. Ese mismo año, él y su esposa se hicieron católicos, fe a la que permanecieron fieles el resto de sus vidas. La anécdota, que recoge Sir Alec Guinness en sus memoria y cita Joseph Pearce en su biografía de Chesterton, está explicada como sigue:

"Mi amistad con Cyril Tomkinson había reducido considerablemente mi anticlericalismo, pero no mi anti-romanismo. Luego, llegó la película del Padre Brown y en el rodaje de exteriores, en Borgoña, tuve una experiencia de la que siempre me acuerdo con placer. Al oscurecer estaba aburrido y, vestido con mi traje negro de cura, subí el arenoso y serpenteante camino hacia la aldea… No estaba muy lejos cuando oí unos pasos ligeros y una voz chillona diciendo: “¡Mon père!”. Un chico de unos siete u ocho años me cogió la mano, apretándola con fuerza, la balanceó y se puso a hablar sin parar. Estaba lleno de animación, saltaba y brincaba, y no me soltó. No me atreví a hablarle por si le asustaba mi espantoso francés. Aunque era un completo extraño, pensaba que era un sacerdote y por tanto alguien
de fiar. De repente, con un “Bonsoir, mon père” y una especie de reverencia lateral, desapareció por un agujero en un seto. Había dado un alegre y seguro paseo hasta su casa y a mí me dejó con una extraña y tranquila sensación de júbilo. Mientras seguía mi paseo, reflexioné acerca de que una Iglesia que era capaz de inspirar una confianza total en un niño, haciendo que sus curas, aunque sean desconocidos, sean tan abordables, no podía ser tan intrigante y tenebrosa como se suele pensar. Empecé a desprenderme de mis prejuicios, adquiridos hacía mucho tiempo".

Yo doy testimonio de que comparto la actitud de aquel niño francés y de que he conocido a muchos, muchísimos, sacerdotes así.

 

 

PurposeDrivenOrganization

El propósito mejora los resultados y el sentido de pertenencia en las organizaciones, explica Nuno Pitta, CEO de DPMC, consultora que aplica el modelo de dirección por misiones participadas por todos los miembros de la organización. El propósito se aplica top-down, de arriba a abajo, ya que si se definiera desde abajo primero, podría provocar desalineamiento. Después se definen misiones por áreas hasta que se llega a las personas.

Tras analizar el caso Makonsa, vimos cómo es frecuente que en las organizaciones pervivan muchos de los retos del siglo XX: captar y fidelizar el talento, mejorar la comunicación vertical y horizontal, así como el engagement de las personas, a través de un liderazgo positivo y trascendente.

Hablamos de #PURPOSE, uno de los hashtags más actuales de la actualidad, en una nueva sesión del ALP (Alumni Learning Program) esta semana en el Campus de Barcelona de IESE. 2020 será el año del #propósito.  Como dice Álvaro Lleó (TECNUN- Universidad de Navarra), «el reto está en saber cómo llevar el propósito al corazón de la organización». En una sesión anterior presentamos una herramienta para medir el propósito, hacerlo más consistente y poder potenciar sus efectos: #purposestrengthmodel. Podéis verla Aquí

 

Se trata de compartir una terminología común, de hacer cultura -cultivo- de las personas, llegando a acuerdos, consensuando, tener un para qué que valga la pena, más allá de lo extrínseco o de lo intrínseco; a partir de ahí se llega a mantener conversaciones que quizá no habrían salido, se caen muros que no habrían caído si no, con lo que la productividad también sube, intentando ayudar a los de al lado y a los de arriba, en lugar de trabajar en silos. Cuando aplicamos la dirección por misiones, desde el principio se nota que se están rompiendo esos silos, se va creando cultura, aunque esto ya puede llevar cierto tiempo más. Pero se desarrolla, como consecuencia, el orgullo de pertenencia.

Lo más importante es el proceso. Cada persona descubre su propia misión participada de la misión general de la organización. Se trata de crear un movimiento, un modelo de gestión guiado por el propósito. La dirección por misiones hace que la organización dé el salto y piense en la autenticidad, la coherencia y la integridad, conectando a todos los miembros entre sí, integrando cabeza, corazón y manos, tal como podéis ver en el gráfico.

A la parte más teórica de la sesión siguieron dos testimonios muy valiosos de los aciertos y fracasos, antes y después de su trabajo con DPMC.

Antoni Puigmal, director general de Fundería Condals

Antoni  Puigmal, director general de Fundería Condals, nos cuenta cómo han vivido desde su organización la transformación del enfoque por misiones, de búsqueda de propósito profundo y común:

«Si el CEO comunica a sus directivos la misión, la ven un poco como una frase, pero no acaban de ver el porqué, el para quién. Pero cuando hablamos de misiones participadas y cada departamento tiene que explicar cómo contribuye específicamente a conseguir la misión genérica de la organización, ya cada uno empieza a pensar qué va a hacer, cómo lo va a hacer y para qué lo va a hacer. 

Al aplicar este nuevo modelo de negocio nos dimos cuenta de que el capital humano es el tesoro más grande que tenemos en las empresas. Durante años tuvimos dificultades para hacer extensiva al resto de la organización una misión que había salido de un CEO. Hasta que iniciamos este nuevo proyecto, donde definimos 5 áreas de interés -nuestros stakeholders- accionistas, clientes, personas que trabajan en nuestra empresa, proveedores y sociedad. Actualmente, todas las decisiones se toman basadas en las personas y se valoran en función de estas áreas. Para nosotros fue determinante determinar los valores corporativos: si queremos que las personas estén alineadas, los deben conocer a fondo, de manera que sean embajadores de ellos ante las nuevas incorporaciones a la empresa: compromiso, colaboración y búsqueda de excelencia. Tenemos un elevado concepto de la innovación, a pesar de algún fracaso por el camino. Cuando quieres innovar, necesitas que todas las personas aporten todo su potencial. Un aspecto importante que nos ha reportado la dirección por misiones es romper barreras entre departamentos, de manera transversal y vertical. Esto hace que puedas llegar a todos, y ellos ganen en confianza para que te transmitan cuáles son sus inquietudes.  Hemos aprendido también la importancia de la comunicación para que calara ese compromiso y afán de colaboración que ahora representa el ADN de nuestra empresa.»

Toni reconoce el impacto humano que este modelo por misiones compartidas ha tenido en un ingeniero como él, le ha enseñado a preguntar al otro lo que piensa, lo que espera, sus emociones y deseos. No llegas a esa motivación trascendente si no calas hasta el último de ellos… Para él todo culmina en la misión personal, el porqué, para qué y para quién estamos haciendo nuestro trabajo en la empresa, es lo que da sentido y te puede llevar a la excelencia que buscamos.

Eduard Fitó, Corporate Social Affairs de Semillas Fitó

El segundo testimonio viene de Eduard Fitó, Corporate Social Affairs de Semillas Fitó. Nos cuenta cómo, en el organigrama de la empresa, había un abismo entre los mandos intermedios y el resto de la plantilla:

«Nos dimos cuenta de que, en ese grupo de mandos intermedios, hay 40 técnicos  que gestionan a unas 550 personas. Cuando empezamos a desarrollar la dirección por misiones, llegaba e impactaba muy bien en ese grupito directivo de 40, pero a esas más de 500 no llegaba. Uno puede pensar que ya estaba bien así, que no son tan importantes, …pero entonces nos planteamos que cualquier cosa que hacemos, cualquier cosa que investigamos pasa por estas personas, y tienen que saber qué hacer y además no nos tenemos que olvidar de que son personas y están aquí 8 horas trabajando, o más! Tienen que estar motivadas y tienen que saber lo que pasa. Por eso, pedimos a estas 40 personas que, en una formación en cascada, fueran ellos los embajadores y que al empezar y/o terminar una campaña explicaran a su equipo qué se hace y por qué. La primera vez todo el mundo lo hizo, porque lo decía yo, pero la gran sorpresa fue que, hace dos semanas me llegó un mail con unas fotos de una de esas reuniones, pero esta vez por iniciativa de ellos, en ese caso a un equipo de Senegal. Las misiones se tradujeron a su idioma…para comunicar al equipo de abajo».

«En la India, donde nuestro proyecto había fracasado, yo hacía mis reflexiones, porque su realidad es diferente: ganar, progresar… más influidos por la cultura anglosajona del individualismo. No interiorizan el propósito y parece que les vendíamos una empresa «hueca» en varios sentidos, lo hacíamos a nuestro modo y no al suyo: es un ejemplo de cómo no aplicar la dirección por misiones te lleva al fracaso.»

Parece ser que a India aún no ha llegado «ese movimiento» de la gestión por misiones participadas, pero llegará… Explica Eduard que se encontró con prácticas corruptas que buscaban solo aumentar las ventas, cuando lo que les llevará al éxito será integrar el valor de la agricultura como parte de su idiosincrasia: su misión.

Hubo un interesante e intenso turno de preguntas sobre los que se resisten a cambiar: con ellos hay que ejercer la paciencia, sabiendo que los reacios e incrédulos, ante los éxitos, acaban  convertidos a este nuevo modelo de negocio. La aplicación a las pymes pasa por  trabajar al líder: es menos un movimiento y más un tema personal.

 

 

Cómo ser una familia solidaria

Lucía Legorreta

Podrás contagiar a otras muchas familias para que sean más solidarias con los demás.

Hijos

Si queremos que nuestros hijos sean personas solidarias el día de mañana, debemos enseñarles hoy, a respetar y ayudar a los demás. Este aprendizaje se hace, sobre todo, en casa.

Los padres somos el referente más importante de nuestros hijos. De poco valdrá que soltemos discursos a los niños sobre la importancia de ser solidarios con los que tienen menos suerte, si con nuestros actos les demostramos todo lo contrario.

Aquí van algunas ideas para inculcar valores solidarios a los niños en familia día a día:

• Si en el colegio nuestro hijo tiene un compañero procedente de otro país o cultura, debemos favorecer el conocimiento y el respeto por sus costumbres, para que comprenda que lo diferente solo es eso: diferente. Si nos cuenta que por esa diferencia es objeto de burlas y le rechazan, podemos animarle a hacer lo contrario: que le invite a casa y le conozca mejor.

• En lugar de esconder al niño realidades como la discapacidad o la deficiencia psíquica de otros niños, dejemos que las conozca. En la primera infancia los niños aceptan todo con naturalidad y son capaces de una gran empatía. Recordémosle las dificultades que enfrentan las personas con discapacidad y los inconvenientes que les impone la vida en ciudades que no están preparadas para ellos.

• Preparar la comida o ayudar a algún familiar enfermo en los quehaceres domésticos mientras está impedido, y compartir esas tareas con el niño, le enseñará la importancia de la colaboración.

• Si el enfermo es un compañero de colegio, le puede ayudar con los deberes y mantenerle al día de lo que se enseña en clase. Y no todo ha de ser trabajo, también puede ir a jugar con él.

• Pasar tiempo con personas mayores hará que entienda la vejez como un proceso natural. Si mostramos ante nuestro hijo respeto por los ancianos y le explicamos cuántas cosas han vivido, es más probable que él les trate con respeto y cariño en el futuro.

• Lo mío es mío… por eso lo comparto.

Igual que enseñamos al niño a cuidar lo que es suyo, podemos hacerle comprender con nuestro ejemplo que compartir lo nuestro, en lugar de poner en duda esa propiedad, la ratifica. Así, presta, comparte o regala porque quiere hacerlo, y no por ajustarse a un modelo marcado desde fuera. Regalar juguetes o ropa en buen estado.

Colaborar en familia con alguna institución. Es una forma de compartir tiempo con nuestros hijos, además de trasmitirles los valores a través del ejemplo.

Apadrinar a un niño. Si decides apadrinar a un niño en cuanto a su educación o manutención, involucra a tus hijos desde el primer momento, para que vayan viendo el beneficio que recibe el que menos tiene, aunque nunca llegue a conocerlo.

Los beneficios serán inmensos para ti y para ellos: se sentirán bien, su autoestima se verá beneficiada; la familia será más optimista y positiva; se desarrollará en ustedes un sentido de pertenencia; serán más agradecidos con lo que tienen y su vida será más tranquila y en paz. ¿Y sabes algo? Podrás contagiar a otras muchas familias para que sean más solidarias con los demás.

 

 

Lo que necesitas para tener hijos

No se necesitan condiciones ni atributos especiales. Con ser “sensatamente imperfectos”, como diría Gregorio Luri, es más que suficiente

Hace unos años vi un reportaje sobre familias muy, muy numerosas. Las había de diversas nacionalidades, credos, estatus social, y ninguna de ellas bajaba de los 10 hijos. Me llamó mucho la atención una frase que dijo una de las madres mientras doblaba calcetines: “Si quieres tener muchos hijos debes ser muy paciente, si no lo eres es mejor que no los tengas” (no son palabras textuales, pero la idea era esta). Por entonces andaba yo embarazada de mi cuarto y quinto hijo, así que pensé: “Aviados estamos”.

Sé que mi humilde familia de seis hijos no puede compararse con una de 15 o 18, pero voy a tener la gran osadía de contradecir a esa madre que, por otra parte, tiene mi absoluta admiración. No es cierto que para ser padres de muchos hijos (ni de uno siquiera) sea necesario tener paciencia. Es más, uno suele descubrir lo limitada que es su paciencia precisamente cuando empieza a tenerlos y a educarlos. Pero es que tampoco es necesario que te encanten los niños para ser padres de varios hijos, ni es imprescindible tener habilidades especiales para la cocina, ni siquiera (y perdónenme las organizadoras profesionales) ser una Marie Kondo en ciernes, ni mucho menos ser una máquina planificando menús, visitas al médico o actividades extra escolares. Nada de esto es necesario, doy fe (mira que yo intento enmendarme, pero no, planificar menús no es lo mío).

El número de hijos no va unido a las capacidades que uno tenga. No se necesitan condiciones ni atributos especiales. Con ser “sensatamente imperfectos”, como diría Gregorio Luri, es más que suficiente. Ahora bien, nos sentimos incapaces de abrir nuestra vida a la posibilidad de ser padres si falta una única cosa: la esperanza.

Hoy vivimos una crisis de esperanza. Ya lo dice el teólogo José Noriega en un artículo publicado en el libro La grandeza del amor humano (BAC). Él se refiere concretamente al descenso en el número de personas que se casan: Si tantas parejas deciden no dar el “sí, quiero” para siempre no es porque hoy el matrimonio sea más difícil de vivir −explica−, sino que “se debe sobre todo a una falta de esperanza”. Del mismo modo ocurre con la decisión de recibir o no un hijo. El miedo ante mi limitación, ante mi falta de paciencia o ante la ausencia de una suerte de condiciones socioeconómicas concretas solo se supera con la convicción de que “no estamos solos ante el gran desafío de la vida”.

Pero nos cuesta confiar más en Dios que en nuestras propias fuerzas y capacidades. Nos han dicho tantas veces eso de que “si quieres, puedes” o lo de “cree en ti mismo”, que nos hemos convencido de que tenemos en nuestro poder la llave de nuestra felicidad plena. El sacerdote Jacques Philippe explica que si no hemos experimentado la fidelidad de Dios en nuestra vida, difícilmente vamos a confiar y abandonarnos a Su Providencia. Pero añade: “Es importante saber una cosa: sólo experimentamos el apoyo de Dios si le dejamos el espacio necesario para que pueda manifestarse” (La paz interior, Rialp). “Mientras el paracaidista no salte al vacío, no podrá comprobar que le sostienen las cuerdas, pues el paracaídas aún no ha tenido la posibilidad de abrirse. Es preciso saltar primero, y solo entonces se sentirá sostenido”, señala Philippe.

“Muchos no creen en la Providencia porque nunca la han experimentado, pero no la han experimentado porque nunca han dado el salto en el vacío, el salto de la fe, y no le dejan la posibilidad de intervenir: lo calculan todo, lo prevén todo, tratan de resolverlo todo por sus propios medios en lugar de contar con Dios”, recalca Philippe.

Recibir un hijo es de algún modo dar un salto al vacío. Todo lo que viene después se escapa a nuestra previsión, a nuestros planes y, por supuesto, a nuestras fuerzas. Podemos empeñarnos en tenerlo todo controlado, en armarnos de paciencia con la disciplina positiva o en tener una economía holgada (hoy, vale, ¿pero y mañana?), sin embargo una vida humana no es un ordenador que puedas formatear cuando empieza a “darte problemas”.

Recibir un hijo es un salto al vacío, pero con paracaídas. Porque, como se suele decir, Dios no elige a los capaces, sino que capacita a aquellos a los que elige. Estar dispuestos a recibir los hijos como un don es abrir nuestra vida a la esperanza. Es sostener que la vida merece ser vivida, que la tierra es una creación maravillosa para ser habitada, que hay salvación para el ser humano y que no todo está perdido, sino más bien al contrario: que el mal(igno) ya está definitivamente vencido. Hay esperanza. Y esta tiene nombre, Jesucristo, y no nos deja solos ante el gran desafío de nuestra vida. 

Isis Barajas

 

 

 

Los pellizcos del alma

Blanca Sevilla

La carta de Pilar hizo el milagro de volverme humana.

Educación

Incapaz de llorar, porque en mi casa paterna estaban prohibidas las manifestaciones cursis y azucaradas, la carta de Pilar hizo el milagro de volverme humana.

Como todo en ella, que es torbellino y brisa, que es ira y consuelo, que es amabilidad y dictadura, sus letras me levantan a ratos como el vuelo de un águila y en otros me arrojan al piso como la hoja muerta en otoño.

Hay en su letra, clara y uniforme, voces de agradecimiento. Me ama, me admira, me sabe una mujer plena, luchadora, completa, y si la Providencia no la hubiera lanzado a la vida por mi conducto, de todos modos me habría elegido como madre. Afirma, incluso, que quiere ser como yo, porque el ejemplo la compromete.

Entonces yo me subo a la Luna, que en esos momentos es una sandía de color desabrido, y pienso que nada en la vida ha dejado de tener sentido. Ni siquiera las discusiones agrias, ni las vigilias cuando no llega a la hora prometida y mi mente se enfrasca en falsas premoniciones que, por fortuna, no han pasado de ser pensamientos negativos y exagerados.

Pero llego, ¡oh infortunio!, al penúltimo párrafo. Agradece mi entrega y señala, con diáfana claridad, que nunca me perdonará aquellos pellizcos que le daba cuando era niña; cuando, con el atolondramiento propio de unas manos torpes, derramaba en la mesa, sin fallar un solo día, la leche, el chocolate o el agua de limón que le servía.

Ella cree que me descubre el mundo. Ingenua e inexperta, piensa que vivencias como esas pueden olvidarse. Ignora que los padres casi nunca actúan con la intención de dañar a sus hijos; que como todos los seres humanos, a veces se dejan invadir por la ira y por la irracionalidad y, en aras de educación o de una disciplina que se torna autoritarismo cobijado en la ignorancia, lastiman a quienes más aman.

Esta niña a punto de ser filósofa ha puesto al descubierto unos pellizcos que, más a mí que a ella, han dejado moretones. Moretones en el alma. Son cicatrices para las que deseo encontrar, si no justificación, sí un alivio.

A mí, cuando era niña, nadie me pegaba. Recuerdo algunas noches en las que me fui a la cama sin cenar porque le levanté la voz a mi padre y en ese tiempo no se acostumbraba, como hoy, discutir las órdenes de las personas mayores.

Quizá aprendí la disciplina de las monjas de mi escuela. Aún resuena aquel ruidito de las dos tablillas que, como castañuelas, repicaban cuando las agitaba la mano. Su tableteo invocaba diferentes órdenes: siéntate derecha, no hables en clase, te quedas sin recreo, vamos a llamar a tus padres para reportarte…

Había que levantarse en dos movimientos para responder a cualquier maestro. Todos los lunes, la madre Martha nos revisaba de pies a cabeza. Llevaba una cinta métrica para medir el largo de la falda. Si no se ajustaba a lo establecido, desbarataba el dobladillo y obligaba a las alumnas a pasar el día así. En una ocasión le pegó el chicle en la frente a una compañera, porque lo estaba masticando en clase.

Pero basta de recuerdos dolorosos.

Aunque hoy muchos padres pecan de complacientes, de blandengues e incluso se han hecho cómplices de sus hijos, la educación se entiende en nuestros días como un servicio que prestan los padres para ayudar a sus hijos a ser mejores, independientes, responsables; para poner en acto sus potencialidades, para que sean felices.

Quizá un poco tarde, pero así lo he comprendido. Los golpes, los pellizcos, los jalones de cabello son recursos de los padres desesperados, de quienes no son capaces de ejercer la autoridad adecuadamente, con justicia, con sobriedad, con comprensión, con fuerza y con flexibilidad al mismo tiempo.

De esos pellizcos cuando era niña, de esos moretones del alma, de esa memoria que no olvida, Pilar obtuvo un aprendizaje. Y yo, su madre arrepentida, otro tal vez mayor.

Algún día ella será también madre y quizá no cometa ese mismo error, pero tendrá que equivocarse en otras cosas y quizá algún hijo le escribirá una carta de reproche, porque por desgracia, en lo humano, difícilmente se experimenta en cabeza ajena. La vida se estrena una y otra vez, aunque nuestras esperanzas estén hechas con madera de recuerdos.

 

 

Las disparidades entre los Evangelios son «prueba de autenticidad», dice un biblista de Jerusalén

El padre Venard es el subdirector de la Escuela Bíblica de Jerusalén, una de las primeras autoridades mundiales en las Sagradas Escrituras.

El padre Venard es el subdirector de la Escuela Bíblica de Jerusalén, una de las primeras autoridades mundiales en las Sagradas Escrituras.

Este viernes el diario francés Le Figaro sacó a la venta un número doble especial bajo el título Jesucristo, ese desconocido, en cuya redacción ha participado de forma relevante el padre dominico Olivier-Thomas Venard, subdirector de la Escuela Bíblica de Jerusalén. Ésta es su visión sobre las fuentes históricas sobre la persona de Jesucristo, en una entrevista de Michel De Jaeghere e Isabelle Schmitz en Le Figaro que reproduce la Fundación Tierra Santa:

-¿Cuál es la vocación de la Escuela Bíblica y Arqueológica francesa de Jerusalén?

-La Escuela Bíblica es la institución académica más antigua de tipo universitario que se ocupa, en Tierra Santa, de estudiar científicamente la Biblia. Fundada en 1890 por el padre Lagrange en la época de la famosa "cuestión bíblica" en Europa cuando, debido a los descubrimientos arqueológicos, paleográficos e históricos, se cuestionaba la gran síntesis cristiana tradicional, esta institución quiso establecerse in situ, donde tenían lugar las excavaciones, para comparar los monumentos con los documentos. El fin era, y lo sigue siendo, esforzarse en comprender mejor la Biblia estudiando el contexto de su elaboración por medio de todas las ciencias a las que tienen acceso los historiadores para evaluar las fuentes literarias: la arqueología, la epigrafía, las lenguas antiguas de Oriente Medio, las prosopografía, la numismática, la exégesis, etc.

El padre Marie-Joseph Lagrange (1855-1938). En 1988 se abrió su proceso de beatificación.

-Como científico y religioso, ¿no está usted condenado a una tensión permanente entre esta reconstrucción histórica y el respeto al magisterio?

-Es la pregunta que se planteaba el padre Lagrange cuando fundó la Escuela Bíblica. Pero para un discípulo de Santo Tomás de Aquino -¡somos dominicos!-, la fe no es contraria a la razón. Todos los hombres comparten la misma luz inteligible, en grados distintos, desde la simple razón a la incandescencia de la fe. En nuestra opinión, no puede haber verdadera contradicción entre ellas. El mismo Dios, adorado como Inteligencia absoluta, da a los hombres, para que las compartan, la razón y la fe. Toda contradicción es un efecto óptico: o nos equivocamos en la fe, o en la razón. Este fue el genio del padre Lagrange, o la gracia que se le concedió, de apoyarse con firmeza en esta convicción tomista para decir que si surgían contradicciones aparentes entre las ciencias históricas aplicadas a la Biblia y la tradición magisterial, había que trabajar a dos niveles: el de la historia y la exégesis bíblica por un lado, y el de la teología por el otro, con el fin de restablecer una forma de continuidad.

-¿En qué consiste La Biblia en sus Tradiciones ("La Best"), de la que usted es responsable?

-"La Biblia en sus tradiciones" es un programa que ha lanzado la Escuela Bíblica teniendo en cuenta las grandes metamorfosis que han sufrido las ciencias bíblicas en los últimos sesenta años, y que podemos resumir en dos grandes fenómenos. Ante todo, la cantidad de información disponible, sobre todo con los manuscritos de Qumrân y la arqueología israelí en Tierra Santa, nos permiten reconstruir la vida judía en tiempos de Jesús. En Qumrân se ha descubierto una biblioteca íntegramente judía, con textos que van desde el siglo III a. C. a mediados del siglo I d.C., y que nos enseñan mil cosas sobre la historia de los textos bíblicos y su diversidad; de hecho, acerca del momento en que fueron redactados los relatos evangélicos, así como sobre el judaísmo del periodo del Templo, diferente del judaísmo rabínico: las "escuelas" farisaicas, o una secta como la de los esenios, presentan una oración que se parece a la del cristianismo primitivo.

La Escuela Bíblica de Jerusalén.

»El segundo eje de la metamorfosis de las ciencias bíblicas atañe a la propia manera de interpretar los textos. La historia, en el siglo XIX, se había teñido de un sentimiento romántico que adornaba los orígenes con todas las virtudes: cuánto más antiguo y simple, más bello, verdadero y auténtico parecía. Este prejuicio aplicado a la Biblia llevó a reconstruir idealmente el texto más antiguo, y a ver la verdad histórica… Hasta el día en que volvimos a tener conciencia del hecho que el significado de un texto no está definido sólo por sus orígenes, las condiciones de su aparición, sino también en gran medida por su recepción, sus lectores, y por la comprensión que estos habían tenido antes de nosotros. Para los estudios bíblicos católicos, ¡fue pan bendito! Fue en nombre del carácter exigente de la ciencia por lo que se hizo necesario estudiar un texto, no sólo para reconstruir su significado original a partir de los datos a menudo heterogéneos del propio texto, sino remontándose pacientemente a partir del significado que tiene hoy en día, al término de toda una tradición, a través de las lecturas y las interpretaciones que habían sido hechas del mismo y que, lo quisiéramos o no, nos habían influido, hasta llegar a una aproximación de su significado histórico originario, esclarecido, claro está, por los descubrimientos recientes.

»Estos dos elementos han dado lugar a la puesta en marcha de la "Biblia en sus tradiciones". Por una parte, hemos vuelto a traducir el texto bíblico. O más bien, los textos. En el tiempo de Jesús, los judíos de Tierra Santa recibían las Escrituras, a la vez, en sus formas hebrea y aramea (conservadas en Babilonia, de donde vino a continuación el Talmud) y griega (a partir de las traducciones de los judíos de Alejandría: la Septuaginta). Con la "Best" presentamos estas diversas versiones juntas, pero sin mezclarlas, con la pretensión de reconstituir el texto originario.

»Por otra parte, tomamos nota de estos textos celebrando la riqueza de la recepción de la palabra del Dios único en culturas distintas: la judía, la griega, la siríaca, la latina. Comparamos las versiones, situamos cada texto en su contexto y hacemos hipótesis sobre su sentido original, pero lo estudiamos también a través de todas las interpretaciones que se han hecho hasta nosotros: teológicas, espirituales, literarias y artísticas… Los lectores de Le Figaro pueden hacerse una idea, lúdica y a la vez instructiva, a través de nuestra newsletter semanal.

-¿Cómo se fijó el texto canónico de los Evangelios y de las Epístolas?

-La Iglesia no ha canonizado un texto, una versión particular, sino listas de libros. Incluso en el Nuevo Testamento, los escritos se agrupan por espacios geográficos: judío para Mateo y Santiago, romano para Marcos y Pedro, griego para Pablo y Lucas, oriental para Juan. En los primeros siglos, cuando la Iglesia se organizaba, los obispos se intercambiaron entre ellos "cartas canónicas", en las que proporcionaban la lista de los libros leídos en sus respectivas Iglesias. A partir de finales del siglo II, Ireneo de Lyon defendió las cuatro obras de Mateo, Marcos, Lucas y Juan como el verdadero Evangelio "cuadriforme".

» A finales del siglo IV, el tercer concilio de Cartago proporcionó la composición del Nuevo Testamento, que incluía las Epístolas y el Apocalipsis. Pero fue sólo en el siglo XVI cuando la Iglesia definió su canon definitivo, en respuesta a la Reforma, cuando un cierto número de cristianos empezó a rechazar determinados libros. Recordemos a este respecto la perplejidad de Lutero ante la Epístola de Santiago, que concede gran importancia a las obras, mientras que él privilegiaba la sola fe.

-¿Según qué criterios se distinguieron los Evangelios canónicos de los apócrifos?

-Los Evangelios que dan fe son los que están revestidos de autoridad apostólica. En el siglo II, se identificó a Marcos como discípulo de san Pedro y san Lucas, pero también de san Pablo, mientras que los Evangelios según Mateo y Juan remiten directamente a la autoridad de uno de los apóstoles. Cualquiera que sea la atribución, el hecho es que todos los personajes de los que hablan los Evangelios no murieron al mismo tiempo que Jesús, por lo que pudieron garantizar, confirmar o afirmar lo que de Él se contó durante decenios. Este punto es estudiado de manera exhaustiva por la exégesis histórica actual. Los testigos oculares de la vida de Jesús y los hombres (¡y las mujeres en primer lugar!) que afirmaron haberle visto resucitado han tenido un papel clave por el peso que han dado a las tradiciones, que ellos han ratificado. Los escritos construidos a partir de su palabra tenían una autoridad mucho mayor que cualquier otra elaboración más indirecta.

Pieza de los papiros de Qumran.

»Los Evangelios que llamamos apócrifos son casi todos ellos más tardíos, más marcados por lo sobrenatural. Pretender que algunos apócrifos hayan podido tener tanta importancia como los Evangelios sinópticos, que habían sido fieles al "Jesús de la historia", es una broma. El único sobre el que existe verdaderamente un debate es el Evangelio de Tomás, una colección de palabras atribuidas a Jesús, de las que algunas sí que se podrían remontar a Él. Pero este evangelio está marcado por unas tendencias llamadas "gnósticas" muy posteriores al tiempo de la elaboración de las tradiciones evangélicas de los cuatro evangelios sinópticos.

-¿Cómo se explican las contradicciones que hay entre los cuatro Evangelios canónicos?

-La primera manera de explicar estas contradicciones o, en todo caso, diferencias, es que a pesar de apoyarse en testimonios y fuentes precedentes, los Evangelios son cuatro obras redactadas por cuatro autores distintos. Según la finalidad que cada autor asignaba a su obra, podía utilizar el mismo material, ese mismo episodio o esa misma parábola, de manera diferente. Podemos añadir que dichas disparidades son también prueba de autenticidad: si fuera un relato de ficción, sus autores habrían unificado mejor las cosas.

» Nuestros evangelistas parecen incluso incómodos a veces con el material que heredan. San Lucas, por ejemplo, tiene el tono de un historiógrafo grecorromano; pero lo que él debe ordenar y relatar son las tradiciones semi-informales de comunidades parcialmente organizadas alrededor de las autoridades apostólicas, por lo que hereda un conjunto polimorfo y no muy bien estructurado con el que, como dice en el prólogo, quiere componer la gran historia del acontecimiento de Jesús. De golpe, él trata de encontrar referencias en la Historia: un censo allí, un emperador allá… A veces se lía con las referencias cronológicas, pero que en su relato haya desaciertos es más bien una buena señal: demuestra que el material se le resiste y que no se lo inventa, no lo crea, sino que sólo le da forma.

-¿En qué consiste, entonces, la inspiración del texto evangélico?

-En el hecho de que el texto evangélico transmite sólo cosas verdaderas y sinceras respecto a la vida, la persona y las enseñanzas de Jesús, la única fuente de la salvación. Que los detalles anecdóticos e incluso la cronología sean inexactos no plantea ningún problema teológico. Hay, por ejemplo, un debate histórico sobre la duración del ministerio apostólico de Jesús, entre uno y tres años, que no pone en entredicho la verdad de los Evangelios.

Para seguir la aventura de «La Best» y consultar el trabajo de sus investigadores, puede visitarse el portal Bible Traditions.

Traducción de Elena Faccia Serrano.

 

 

 

Los pobres en el corazón de la Iglesia

La Jornada Mundial de los Pobres se celebró en Roma entre numerosos signos de cercanía a los desfavorecidos. A la comida del Papa con varios de ellos, un concierto en el Vaticano o el centro de salud abierto durante una semana en la plaza de San Pedro, se suman todo tipo de iniciativas por el mundo. Francisco con estos actos no pretende promover cierta mentalidad asistencialista, felizmente superada. Más bien, quiere resaltar de forma pedagógica que Jesús se identifica con los pobres y oprimidos, llegando incluso a condicionar la salvación del alma con el historial de comportamiento de cada cual hacia estas personas: “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo los hicisteis”, cita el Pontífice. Ocultar esta identificación de Jesús con los pobres supondría falsificar el Evangelio.

Jaume Catalán Díaz

 

 

 

El Occidente del  consumismo

En el contexto de Hiroshima y Nagasaki, el Papa se ha extendido en reflexiones sobre la violencia, en torno a la cual tiene el proyecto de publicar una encíclica que espera su momento de maduración. Ahí entraría de lleno en la gran cuestión de la paz, en el significado y alcance de la legítima defensa y en la hipocresía de los países fabricantes y exportadores de armas. Los periodistas plantearon al Papa preguntas sobre la oleada de violencia que sacude desde Hong-Kong a una Iberoamérica en llamas. Francisco explicó que hace falta un análisis bien realizado para poder pronunciarse, y también delimitó que hay asuntos en los que no es competente. Sin embargo insistió en el camino de la mediación y del diálogo para abordar los conflictos.

Tras su viaje a Extremo oriente el Papa ha señalado que el Occidente del  consumismo debe aprender de las culturas orientales la dimensión de la búsqueda de la sabiduría y de la contemplación. Y es que toda construcción social debe fundarse sobre el sentido auténtico de la vida humana.

Suso do Madrid

 

 

Las Basílicas de los Apóstoles San Pedro y San Pablo

La Basílica de San Pedro en el Vaticano y la de San Pablo en la via ostiense, ambas en Roma, son los dos templos más importantes de toda la cristiandad y están edificados respectivamente sobre las tumbas de estos apóstoles. La primera fue consagrada en 1626, tras 170 años de construcción, sobre la tumba de San Pedro donde ya Constantino había ordenado construir la primera basílica, allá por el año 323. La de San Pablo, por su parte, se encuentra al otro lado de Roma. La antigua basílica fue destruida en 1823 por un incendio, construyéndose la nueva sobre la anterior y siendo consagrada en 1854. En los trabajos de reconstrucción se encontró un sepulcro de antes del siglo IV con la inscripción: "A San Pablo, Apóstol y Mártir". Ambos edificios recuerdan a todos los cristianos en el mundo que la fe en Cristo se fundamenta en la predicación fiel del Evangelio y en la sangre de los primeros discípulos del Señor que supieron ser leales hasta el martirio.

Xus D Madrid

 

 

Libertad de enseñanza

La ministra Isabel Celaá ha querido suavizar sus palabras que negaban a la libertad de elección de colegio y de enseñanza religiosa su carácter constitucional. Ha asegurado que el PSOE y el Gobierno en funciones respeta la educación concertada, pero ha vuelto a repetir varios criterios que no se compadecen con lo que dice nuestro ordenamiento jurídico y que suponen una amenaza para la capacidad de decisión de los padres. Cuando la Constitución habla de libertad de enseñanza se refiere también a la libertad de elegir colegio. La ministra ha querido argumentar que si los padres no tienen derecho a que se le garantice plaza es porque ese derecho no está consagrado en la Carta Magna.

Valentín Abelenda Carrillo

 

 

Basta echar un vistazo

Basta echar un vistazo, para ver como a través de la educación se influye en los pueblos, a lo que ha ocurrido con los jóvenes en Cataluña tras años de colegios en los que se respiraba independentismo. Y esa contaminación del ambiente se produce tan poco a poco que los afectados apenas son conscientes. Como explicaba con acierto el cardenal Sarah en la apertura el 21 Congreso Católicos y Vida Pública que el CEU y la ACdP, el medioambiente espiritual se ha deteriorado tanto que los principios y valores de nuestra civilización morirán sin que casi nos hayamos dado cuenta, porque mientras se perdían y eran sustituidos por criterios carentes de toda fundamentación moral, nosotros seguíamos comiendo, durmiendo y viendo el fútbol sin darnos cuenta del problema.

Pero hay motivos para la esperanza. Si no es un lapsus, Celaá se va a encontrar con una oposición que no esperaba, la más activa, una con la que no está acostumbrada a combatir. Y es, cómo defiende en tantas ocasiones Jaime Mayor Oreja, ex ministro, hoy presidente de One of Us, la pre política, la batalla cultural, la de la sociedad civil que une sus miles de voces para hacerse escuchar. El 21 Congreso Católicos y Vida Pública se ha vivido un buen ejemplo porque muchos y buenos ciudadanos se diwron cita en el CEU para defender la “libertad para educar, libertad para elegir”.

Jesús Martínez Madrid

 

 

¿Conmemorar una Constitución… “pisoteada”?

 

                                Como cada año y desde que existen “esos papeles” (son sólo eso, papeles y además mojados); los que nos manejan y controlan; y con los dineros que nos sacan en forma de ya confiscatorios impuestos… montan sus tinglados de propaganda, muestran a los visitantes que allí van (no me explico a qué y para qué) sus ostentosas y palaciegas residencias de privilegiados; diciéndoles a aquellos incautos, que allí reside “la soberanía del pueblo” y que allí se legisla y luego se ordena gobernar para que toda “la res pública”, goce de unos bienes equitativos incomparables en relación a la mayoría de países, que mal gobernados en el mundo, padecen “tiranías feroces”. A la salida puede que le den algún recuerdo o “engañifa”, para que recuerden lo bien que fueron recibidos y agasajados en lo que en los países comunistas se denomina o denominaba,… “el palacio del pueblo, o de los pueblos”.

                                Aquí en españa (con minúsculas) tenemos “o soportamos” dos, uno que mantenemos como retiro y recreo de “agotados” servidores “de los intereses del pueblo” y que pomposamente se denomina, “Senado” (en muchas partes de Andalucía esa palabra sólo se emplea para señalar, “si has cenado o no has cenado”, puesto que la c la sustituye la s) y del que viven, cenan, comen, desayunan, se dan sauna y no sé cuántas cosas más, amén de jubilaciones no al alcance de los súbditos españoles; puesto que se permiten hasta mantener “una babel española”, en vez de emplear nuestro idioma español y común a todos los españoles… y además, no nos sirve para nada tan enorme gasto corriente y las jubilaciones subsiguientes. En cuanto al segundo (el que dicen guardar dos leones de bronce: que como tales “ni rugen ni muerden”) mejor “no menearlo”; puesto que tras enormes ampliaciones y “engordes”; podemos llegar a la conclusión que del ejército que allí cobra cada mes; sobran más del noventa por ciento… y digo ello, puesto que leí una vez… que, “el enorme Imperio Británico y en tiempos en que aún ni existía la máquina de escribir de palancas y se escribía “con pluma de ganso, o de oca”… era llevado en un pabellón anexo al Almirantazgo Británico y con una cantidad de empleados, que hoy en la época de los ordenadores, cualquier diputación provincial, los superaría con creces”… y ya sabemos lo que lograron los ingleses con su excelente forma de gobernar y controlar; y el nivel de vida de que aún gozan… “los súbditos de SM británica”; los que aún se rigen por una muy peculiar “Carta Magna” y que data de “ni me acuerdo cuantos siglos”. (Carta Magna de Las Libertades: Londres 15 de Junio del 1215)… y aunque aquí en “Iberia”, hubo antecedentes anteriores, pero y como siempre; “los cojones ingleses son superiores a otros posibles cojones más meridionales y que claudicaron, por aquello del peso de los asuntos testiculares”. Por ello en Inglaterra no “pasan las cosas que pasan en esta Iberia nuestra, que cuenta hoy con una Constitución tan pisoteada que…?”.

                                Por todo ello… ¿qué pretenden los políticos que soportamos al presentarnos una celebración constitucional? ¿qué podemos celebrar la inmensidad de habitantes de España de una constitución que empezó a funcionar (lo de funcionar entiéndanlo metafóricamente) hace más de cuarenta años y cuando aún éramos prósperos, cuando no ricos… a hoy en que estamos empobrecidos cuando no arruinados o en la indigencia; y sin horizontes claros de volver (al menos) a aquella situación inicial?

                                La Constitución Española ha servido para tantas cosas inauditas que da náuseas el recordar algunas de ellas; las que y por señalar algo indigno por demás; termina por situar a “afines a un terrorismo sanguinario que acabó con casi un millar de españoles”; gobernando en áreas muy importantes de España, e incluso a muchos de los asesinos, junto con otros execrables especímenes indeseables en cualquier sociedad medio civilizada… en la calle, con risas y regodeos, amén de jolgorios públicos y consentidos y además… “con pagas de auxilio o de supervivencia que serán pagadas con el dinero de los ya muy expoliados súbditos españoles”; de los que millones ya tienen que ir a pedir limosna en donde se las dan y a comer en esos comedores de caridad y que nos recuerdan aquellos negros años de la posguerra civil española.

                                Sí… conmemorar un aniversario constitucional en España, sería hacerlo en recintos cerrados (sagrados o no) y bajo la solemne música del Réquiem de Mozart; y con adornos de crespones negros y alguna que otra corona… como las que se les llevan a los muertos, acompañando al féretro que los transporta a la sepultura o al crematorio.

                                Y si no es así, espero que alguien me convenza de que tenemos que celebrar algo digno de esa celebración, que yo no lo veo por ninguna parte. La Constitución en España, no sirve ni para… “papel higiénico”

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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