Las Noticias de hoy 5 de Diciembre 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 05 de diciembre de 2019    

Indice:

ROME REPORTS

La fe y la magia son incompatibles, “reza y confíate al Señor“- Catequesis completa

COP25: Francisco llama a la “voluntad política clara, previsora y fuerte”

Nuevo documento de la Conferencia Episcopal Española sobre el final de la vida

VINO A CUMPLIR LA VOLUNTAD DEL PADRE: Francisco Fernandez Carbajal

“El Señor nos socorre y nos levanta”: San Josemaria

Educar en el pudor (2): La infancia y la adolescencia: J. De la Vega

“Rito amazónico”: + Felipe Arizmendi Esquivel. Obispo Emérito de San Cristóbal de las Casas

Adviento: recuperemos la capacidad de que algo nos sorprenda grata y definitivamente.: +Rafael Zornoza. Obispo de Cádiz y Ceuta

«Muy pocos me han pedido la eutanasia, cuando les ofrecí aliviar su sufrimiento, no la pidieron más»: doctor Bátiz

Jesucristo vela por su Iglesia pero permite que sufra crisis: Acción Familia

¿Cómo era la oración de los primeros cristianos?: Domingo Ramos Lisson

Si no hacemos nada nuestro hogar se vuelve un caos: Ignasi de Bofarull

El drama de 2018 que no cesa: Josefa Romo Garlito

Los pobres: Domingo Martínez Madrid

Acude como misionero de Cristo: Pedro García

El éxito de la Transición,: Jesús Domingo Martínez

Pensiones y pensionistas… Hablemos claro: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

BAJA BOLETÍN: boletin-unsubscribe@ideasclaras.org

 

ROME REPORTS

 

 

 

La fe y la magia son incompatibles, “reza y confíate al Señor“- Catequesis completa

Ciclo de los Hechos de los Apóstoles         

diciembre 04, 2019 13:05Larissa I. LópezAudiencia General

(ZENIT – 4 dic. 2019).-  El Papa Francisco ha señalado “la incompatibilidad entre la fe en Cristo y la magia” y reiteró que “¡la magia no es cristiana! Estas cosas que se hacen para adivinar el futuro o adivinar muchas cosas o cambiar situaciones de la vida, no son cristianas. La gracia de Cristo te trae todo: reza y confíate al Señor”.

cq5dam

Hoy, 4 de diciembre de 2019, el Santo Padre ha continuado con el ciclo de catequesis sobre los Hechos de los Apóstoles, centrando su reflexión en el pasaje “Tened cuidado de vosotros y de toda la grey” (Hechos 20, 28).El ministerio de Pablo en Éfeso y la despedida de los ancianos (Hechos, 20, 32-35).

Francisco recordó que en Éfeso, Pablo bautizó en el nombre de Jesús a doce hombres que experimentaron “la efusión del Espíritu Santo que los regenera” y que, también por medio del apóstol, en dicho lugar se produjeron “prodigios”: “los enfermos sanan y los obsesos son liberados”.

La potencia de Dios

cq5dam

La “potencia de Dios” que llega a Éfeso a través de Pablo desenmascaró a los que empleaban “el nombre de Jesús para hacer exorcismos sin tener la autoridad espiritual para ello (cf. Hch 19, 13-17)”, y reveló “la debilidad de las artes mágicas”, dijo el Papa. Ante ello, un gran número de personas las abandonaron y eligieron a Jesucristo.

“Si eliges a Cristo no puedes recurrir al mago: la fe es abandono confiando en las manos de un Dios fiable que se da a conocer no mediante prácticas ocultas, sino por revelación y con amor gratuito”, aclaró el Pontífice.

Discurso de despedida

cq5dam

Después, el Obispo de Roma habló sobre cuando Pablo se desplaza a Mileto, donde llama a los ancianos (sacerdotes) de la Iglesia de Éfeso para hacerles una transferencia “de poderes ‘pastorales’” y les dirige un discurso de despedida. Se trata de un “testamento espiritual del apóstol”, que se encuentra en el final de su ministerio apostólico y que el Santo Padre recomienda leer (capítulo XX del Nuevo Testamento).

Igualmente, Francisco remitió a la exhortación de Pablo a estos pastores de la comunidad, “tened cuidado de vosotros y de toda la grey”, subrayando que “este es el trabajo del pastor: estar en vela, velar sobre sí mismo y sobre el rebaño. El pastor debe velar, el párroco debe velar, estar en vela, los sacerdotes deben velar, los obispos, el Papa deben velar. Velar para custodiar el rebaño, y también para velar sobre uno mismo, para examinar la conciencia y para ver cómo se cumple este deber de velar”.

Cercanía al pueblo

cq5dam

E insistió en que “los obispos deben estar muy cerca del pueblo para custodiarlo, para defenderlo, no separados del pueblo”.

Finalmente, el Pontífice pidió al Señor “que renueve en nosotros su amor por la Iglesia y por el depósito de la fe que custodia, y que nos haga a todos corresponsables en la custodia de la grey, sosteniendo en la oración a los pastores para que manifiesten la firmeza y la ternura del Divino Pastor”.

A continuación, reproducimos la catequesis completa del Papa Francisco.

***

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

cq5dam

El viaje del Evangelio a través del mundo prosigue sin pausa en el libro de los Hechos de los Apóstoles y atraviesa la ciudad de Éfeso, mostrando toda su fuerza salvadora. Gracias a Pablo, alrededor de doce hombres reciben el bautismo en el nombre de Jesús y experimentan la efusión del Espíritu Santo que los regenera (cf. Hch 19,1-7). Diversos son además los prodigios que suceden por medio del Apóstol: los enfermos sanan y los obsesos son liberados (cf. Hch 19,11-12). Sucede porque el discípulo se parece a su Maestro (cf. Lc 6,40) y lo hace presente comunicando a los hermanos la misma vida nueva que recibió de Él.

La potencia  de Dios que irrumpe en Éfeso desenmascara a los que quieren usar el nombre de Jesús para hacer exorcismos sin tener la autoridad espiritual para ello (cf. Hch 19, 13-17), y revela la debilidad de las artes mágicas, que son abandonadas por un gran número de personas que eligen a Cristo y abandonan las artes mágicas (cf. Hch 19, 18-19). ¡Una auténtica sacudida para una ciudad, como Éfeso, que era un centro famoso para la práctica de la magia! Lucas enfatiza así la incompatibilidad entre la fe en Cristo y la magia. Si eliges a Cristo no puedes recurrir al mago: la fe es abandono confiando en las manos de un Dios fiable que se da a conocer no mediante prácticas ocultas, sino por revelación y con amor gratuito.

cq5dam

Quizás algunos de vosotros me dirá: “Ah, sí, esto de la magia es algo antiguo: hoy en día, con la civilización cristiana ya no sucede”. Pero ¡tened cuidado! Yo os pregunto: ¿Cuántos de vosotros van a que les lean el tarot?, ¿Cuántos de vosotros van a que les lean las manos las adivinas o a que les echen las cartas? Incluso hoy en día, en las grandes ciudades, los cristianos practicantes hacen estas cosas. Y a la pregunta: “Pero, ¿por qué, si crees en Jesucristo, vas al mago, al adivino, a toda esta gente? Responden. “Yo creo en Jesucristo pero para tener buena suerte voy también allí”. Por favor, ¡la magia no es cristiana! Estas cosas que se hacen para adivinar el futuro o adivinar muchas cosas o cambiar situaciones de la vida, no son cristianas. La gracia de Cristo te trae todo: reza y confíate al Señor.

La difusión del Evangelio en Éfeso perjudica el comercio de los plateros, -otro problema- que fabricaban las estatuas de la diosa Artemisa, haciendo de la práctica religiosa un verdadero negocio. Os pido que penséis en esto. Viendo disminuir esa actividad que producía mucho dinero, los plateros organizaron una revuelta contra Pablo, y los cristianos fueron acusados de haber llevado a la crisis el gremio de los artesanos, el santuario de Artemisa y el culto a esta diosa (cf. Hechos 19:23-28).

cq5dam

Después Pablo va de Éfeso a Jerusalén y llega a Mileto (cf. Hechos 20:1-16). Aquí manda llamar a los ancianos de la Iglesia de Éfeso – a los presbíteros, o sea a los sacerdotes- para que hacer una transferencia de poderes “pastorales” (cf. Hch 20, 17-35). Estamos en las últimas etapas del ministerio apostólico de Pablo y Lucas nos presenta su discurso de despedida, una especie de testamento espiritual que el Apóstol dirige a aquellos que, después de su partida, tendrán que guiar a la comunidad de Éfeso. Y ésta es una de las páginas más hermosas del libro de los Hechos de los Apóstoles: os aconsejo que toméis hoy el Nuevo Testamento, la Biblia, capítulo XX y leáis la despedida de Pablo de los sacerdotes de Éfeso, y lo hace en Mileto. Es una manera de entender cómo se despide el Apóstol y también cómo los sacerdotes deben despedirse hoy y cómo todos los cristianos deben despedirse. Es una página preciosa.

cq5dam

En la parte de la exhortación, Pablo anima a los responsables de la comunidad, que sabe que ve por última vez. ¿Y qué les dice? “Tened cuidado de vosotros y de toda la grey”. Este es el trabajo del pastor: estar en vela, velar sobre sí mismo y sobre el rebaño. El pastor debe velar, el párroco debe velar, estar en vela, los sacerdotes deben velar, los obispos, el Papa deben velar. Velar para custodiar el rebaño, y también para velar sobre uno mismo, para examinar la conciencia y para ver cómo se cumple este deber de velar. “Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios, que él se adquirió con la sangre de su propio hijo” (Hch 20,28), así dice San pablo. Se pide a los episcopi la máxima cercanía al rebaño, rescatado por la sangre preciosa de Cristo, y la prontitud a defenderlo de los “lobos” (v. 29). Los obispos deben estar muy cerca del pueblo para custodiarlo, para defenderlo, no separados del pueblo. Después de confiar esta tarea a los responsables de Éfeso, Pablo los pone en manos de Dios y los confía a la “Palabra de su gracia” (v. 32), levadura de todo crecimiento y camino de santidad en la Iglesia, invitándolos a trabajar con sus propias manos, como él, para no ser una carga para los demás, para ayudar a los débiles y para experimentar que ” mayor felicidad hay en dar que en recibir” (v. 35).

cq5dam

Queridos hermanos y hermanas, pidamos al Señor que renueve en nosotros su amor por la Iglesia y por el depósito de la fe que custodia, y que nos haga a todos corresponsables en la custodia de la grey, sosteniendo en la oración a los pastores para que manifiesten la firmeza y la ternura del Divino Pastor.

© Librería Editorial Vaticana

 

 

COP25: Francisco llama a la “voluntad política clara, previsora y fuerte”

Mensaje en la Conferencia sobre el Cambio Climático

diciembre 04, 2019 13:39Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede

(ZENIT – 4 dic. 2019).- Con motivo de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2019, el Papa ha enviado un mensaje a Carolina Schmidt, ministra de Medio Ambiente de Chile y presidenta de Cop25, y a los participantes en la reunión, organizada y presidida por Chile y celebrada en Madrid del 2 al 13 de diciembre.

El cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin, quien participa en el encuentro, leyó el texto escrito por el Santo Padre en la apertura de los trabajos.

COP25-Madrid-488x275

El Pontífice reafirma que “necesitamos una voluntad política clara, previsora y fuerte”, decidida a seguir un “nuevo rumbo” que apunte a reorientar las inversiones financieras y económicas hacia aquellas áreas que realmente salvaguarden las condiciones de una vida digna de la humanidad en un planeta “sano” para hoy y para mañana.

Así, muestra su preocupación por la “conciencia” de las naciones en este sentido, que “siendo bastante débil”, es incapaz de responder adecuadamente a ese “fuerte sentido de urgencia de acción rápida que exigen los datos científicos de que disponemos”, ha dicho. Así, ha indicado que algunos estudios muestran que los compromisos actuales de los Estados para mitigar el cambio climático y adaptarse a él distan mucho de ser los que realmente se necesitan para alcanzar los objetivos establecidos en el Acuerdo de París.

Campo con aerogeneradores © ONU

¿Qué es la COP?

La Conferencia de las Partes (COP) es el órgano de decisión supremo de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre cambio climático (UNFCCC por sus siglas en inglés).

En su 25ª reunión organizada y presidida por Chile, que se lleva a cabo entre el 2 y el 13 de diciembre en Madrid, las 197 Partes que conforman el tratado -196 naciones más la Unión Europea-, buscarán avanzar hacia la implementación de los acuerdos que se han determinado en la Convención que establece obligaciones específicas de todas las Partes para combatir el cambio climático.

La primera COP se realizó en Berlín, en 1995. A la fecha se han realizado 24 COPs, la última en Katowice, Polonia, en diciembre 2018. La Presidencia COP25, que estará a cargo de la ministra Carolina Schmidt, comienza en diciembre de 2019 y termina en diciembre de 2020.

La sede de las Naciones Unidas en Nueva York. (Foto onu MX).

Acuerdo de París

Tras cuatro años de negociaciones, el 12 de diciembre de 2015 se adoptó, en la COP21, el Acuerdo de París. Se trata de un Acuerdo global de cambio climático, de carácter jurídicamente vinculante, por el que todos los países se comprometieran a participar en las reducciones globales de gases de efecto invernadero.

El Acuerdo de París tiene como objetivo evitar que el incremento de la temperatura media global del planeta supere los 2ºC respecto a los niveles preindustriales y busca, además, promover esfuerzos adicionales que hagan posible que el calentamiento global no supere los 1,5ºC.

Cada 5 años, todos los países deben comunicar y mantener sus objetivos nacionales de reducción de emisiones (sus planes de desarrollo para la reducción de emisiones).

Publicamos a continuación el mensaje que el Papa Francisco:

***

Carolina-Schmidt-396x275

Mensaje del Papa Francisco

A Su Excelencia, la Sra. Carolina Schmidt, Ministra de Medio Ambiente de Chile, Presidente de la COP25, Vigésimo quinto período de sesiones de la Conferencia de los Estados Parte en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

(Madrid, 2-13 de diciembre de 2019)

El 12 de diciembre de 2015, el COP 21 adoptó el Acuerdo de París, cuya aplicación “requerirá un compromiso concertado y una dedicación generosa por parte de cada uno” [1].

Su rápida entrada en vigor, en menos de un año, y las numerosas reuniones y debates destinados a reflexionar sobre uno de los principales desafíos para la humanidad, [2] el del cambio climático, y a identificar las mejores formas de aplicar el Acuerdo de París, han puesto de manifiesto una creciente toma de conciencia por parte de los distintos actores de la comunidad internacional de la importancia y la necesidad de “trabajar juntos en la construcción de nuestra casa común” [3].

COP25Madrid-413x275

Lamentablemente, después de cuatro años, debemos admitir que esta conciencia sigue siendo bastante débil, incapaz de responder adecuadamente a ese fuerte sentido de urgencia de acción rápida que exigen los datos científicos de que disponemos, como los descritos  en los recientes informes especiales del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC)[4] Estos estudios muestran que los compromisos actuales de los Estados para mitigar el cambio climático y adaptarse a él distan mucho de ser los que realmente se necesitan para alcanzar los objetivos establecidos en el Acuerdo de París.

¡Demuestran lo lejos que están las palabras de las acciones concretas!

El Papa saluda a Greta Thunberg en la audiencia general, 17 abril 2019 © Vatican Media

En la actualidad, existe un creciente acuerdo sobre la necesidad de promover procesos de transición, así como una transformación de nuestro modelo de desarrollo, para fomentar la solidaridad y reforzar los fuertes vínculos entre la lucha contra el cambio climático y la pobreza. Así lo demuestran también las numerosas iniciativas que se han puesto en práctica o están en marcha, no sólo por parte de los gobiernos, sino también de las comunidades locales, el sector privado, la sociedad civil y las personas. Sin embargo, sigue siendo motivo de gran preocupación la capacidad de esos procesos para respetar el calendario exigido por la ciencia, así como la distribución de los costos que requieren.

Pesca-Chile-489x275

Desde esta perspectiva, debemos preguntarnos seriamente si existe la voluntad política de destinar con honestidad, responsabilidad y coraje, más recursos humanos, financieros y tecnológicos para mitigar los efectos negativos del cambio climático, así como para ayudar a las poblaciones más pobres y vulnerables que son las más afectadas [5].

Numerosos estudios nos dicen que todavía es posible limitar el calentamiento global. Para ello necesitamos una voluntad política clara, previsora y fuerte, decidida a seguir un nuevo rumbo que apunte a reorientar las inversiones financieras y económicas hacia aquellas áreas que realmente salvaguarden las condiciones de una vida digna de la humanidad en un planeta “sano” para hoy y para mañana.

Todo esto nos invita a reflexionar concienzudamente sobre la importancia de nuestros modelos de consumo y producción y sobre los procesos de educación y sensibilización para hacerlos coherentes con la dignidad humana.

Bosque amazónico © Wikimedia Commons / Neil Palmer

Nos enfrentamos a un “desafío de civilización” en favor del bien común y a un cambio de perspectiva que sitúa esta misma dignidad en el centro de nuestra acción, que se expresa claramente en el “rostro humano” de las emergencias climáticas. Sigue habiendo una oportunidad, pero no debemos permitir que se cierre. Debemos aprovechar esta ocasión mediante acciones responsables en los ámbitos económico, tecnológico, social y educativo, sabiendo muy bien que nuestras acciones son interdependientes.

Los jóvenes de hoy muestran una gran sensibilidad a los complejos problemas que surgen de esta “emergencia”. No debemos cargar a las próximas generaciones con los problemas causados por los anteriores. Debemos darles, en cambio, la oportunidad de recordar a nuestra generación como aquella  que renovó y actuó -con conciencia honesta, responsable y valiente- la necesidad fundamental de colaborar para preservar y cultivar nuestra casa común. ¡Ojalá podamos ofrecer a la próxima generación razones concretas para esperar y trabajar por un futuro bueno y digno! Espero que este espíritu anime el trabajo de la COP25, a la cual deseo mucho éxito.

Reciba, señora Presidenta, mis más cálidos y cordiales saludos.

Vaticano, 1 de diciembre de 2019

FRANCISCO

***

[1] Palabras después del Ángelus, 13 diciembre2015.
[2] Cfr. Laudato si’, n. 25.
[3] Cfr. Laudato si’, n. 13. Cfr. Mensaje a la COP 23, Marrakech, 10 noviembre 2016.
[4] Cfr. IPCC: Summary for Policymakers of the Special Report on the impacts of global warming of 1.5°C above pre-industrial levels and related global greenhouse gas emission pathways, in the context of strengthening the global response to the threat of climate change, sustainable development, and efforts to eradicate poverty, 6 October 2018. IPCC: Summary for Policymakers of the Special Report on Climate Change, Desertification, Land Degradation, Sustainable Land Management, Food Security, and Greenhouse Gas Fluxes in Terrestrial Ecosystems, 7 agosto 2019; IPCC: Summary for Policymakers of the Special Report on The Ocean and Cryosphere in a Changing Climate, 24 septiembre2019.
[5] Cfr. Papa Francisco Vídeo-mensaje con ocasión de la Cumbre sobre la Acción Climática, New York, 23 septiembre 2019.

 

 

Nuevo documento de la Conferencia Episcopal Española sobre el final de la vida

“Acoger, proteger y acompañar”

diciembre 04, 2019 18:16Rosa Die AlcoleaConferencias Episcopales, Familia y vida

(ZENIT – 4 dic. 2019).- Frente a la cultura del descarte “es necesario recrear una cultura de la vida y del encuentro, del amor y la verdadera compasión”, anuncian los obispos de España en el nuevo documento Sembradores de esperanza. Acoger, proteger y acompañar en la etapa final de esta vida, elaborado por la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal Española.

“Queremos ser sembradores de esperanza para quienes se sienten cansados y angustiados, de modo particular los enfermos graves y sus familias”, señalan los prelados en el documento, y citan de la Biblia: “Sabemos que ‘la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones’ (Rom 5, 5).

49168206327_ceb1896d5b_c-414x275

Mons. Mario Iceta, presidente de esta subcomisión y obispo de Bilbao, ha presentado en la mañana del miércoles, 4 de diciembre de 2019, el documento “Sembradores de esperanza. Acoger, proteger y acompañar en la etapa final de esta vida”. Le han acompañado en la rueda de prensa el médico Jacinto Bátiz y la enfermera Encarnación Isabel Pérez, además ha ofrecido su testimonio, como enfermo de paliativos, Ángel Pérez.

60 preguntas

A lo largo de 60 preguntas, estructuradas en siete capítulos escritos en 48 páginas, el documento aborda el tema del final de la vida humana desde diferentes perspectivas: el debate social sobre la eutanasia, el suicidio asistido y la muerte digna; la ética del cuidado de los enfermos; la medicina paliativa ante la enfermedad terminal; la obstinación terapéutica.

3-1-241x275

Asimismo, explican por qué la eutanasia y el suicidio asistido son éticamente inaceptables, exponen propuestas para fomentar una cultura del respeto a la dignidad humana y hablan sobre la experiencia de fe y la propuesta cristiana para estas cuestiones.

Sedación paliativa

La Iglesia española recuerda que “lo propio de la medicina es curar”, pero “también lo es cuidar, aliviar y consolar”. Por ello, la medicina paliativa “se propone humanizar el proceso de la muerte y acompañar hasta el final”, indican.

En este sentido, aseguran que la sedación paliativa “será éticamente aceptable cuando exista una indicación médica correcta, se hayan agotado los demás recursos terapéuticos, se haya informado y dialogado con el paciente y su familia y contado con su consentimiento”.

V1-413x275

Consideraciones del Papa

En el epílogo, los obispos hacen referencia a algunas consideraciones que ha ofrecido el Papa Francisco sobre las cuestiones del final de la vida, como el discurso ante el Parlamento Europeo el 25 de noviembre de 2014, en el afirmaba: “Persisten demasiadas situaciones en las que los seres humanos son tratados como objetos, de los cuales se puede programar la concepción, la configuración y la utilidad, y que después pueden ser desechados cuando ya no sirven, por ser débiles, enfermos o ancianos”.

Y en un discurso a la plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe en enero de 2018 el Papa declaraba: «El dolor, el sufrimiento, el sentido de la vida y de la muerte son realidades que la mentalidad contemporánea lucha por afrontar con una mirada llena de esperanza.

También la voz de la Santa Sede se hizo presente en la Declaración conjunta de las religiones monoteístas abrahámicas sobre las cuestiones del final de la vida del 28 de octubre 2019 se afirmaba: “Nos oponemos a cualquier forma de eutanasia –que es el acto directo, deliberado e intencional de quitar la vida– así como al suicidio asistido médicamente –que es el apoyo directo, deliberado e intencional al suicidarse– porque contradicen fundamentalmente el valor inalienable de la vida humana y, por lo tanto, son actos equivocados desde el punto de vista moral y religioso, y deberían prohibirse sin excepciones”.

Ofrecemos la Introducción del Documento, cuyo texto íntegro también puede leerse aquí.

 

 

VINO A CUMPLIR LA VOLUNTAD DEL PADRE

— Identificar nuestra voluntad con la del Señor. Cómo nos manifiesta Dios su voluntad. Voluntad de Dios y santidad.

— Otros modos de manifestarse la voluntad de Dios en nuestra vida: la obediencia. Imitar a Jesús en su ardiente deseo de cumplir la voluntad de su Padre Dios. Humildad.

— Cumplir la voluntad de Dios en momentos en que cuesta o resulta ingrata o difícil.

I. La vida de una persona se puede edificar sobre muy diferentes cimientos: sobre roca, sobre barro, sobre humo, sobre aire... El cristiano sólo tiene un fundamento firme en el que apoyarse con seguridad: el Señor es la Roca permanente1.

El Señor nos habla en el Evangelio de la Misa2 de dos casas. En una de ellas quizá se quiso ahorrar la cimentación, quizá hubo prisa por terminarla. No se puso el debido cuidado. Al que edificó de esta manera el Señor le llama hombre loco. Las dos casas quedaron terminadas y parecían iguales, pero tenían muy distinto fundamento: una de ellas estaba cimentada sobre piedra firme; la otra, no. Pasó algún tiempo y llegaron las dificultades que pondrían a prueba la solidez de la edificación. Un día hubo temporal: cayó la lluvia, y los ríos salieron de madre y soplaron los vientos contra aquella casa.

Fue el momento en el que probaron su consistencia. Una se mantuvo firme en lo esencial; la otra se derrumbó estrepitosamente y el desastre fue completo.

Nuestra vida solo puede estar edificada sobre Cristo mismo, nuestra única esperanza, nuestro único fundamento. Y esto quiere decir, en primer lugar, que procuramos identificar nuestra voluntad con la suya. No es la nuestra una adhesión más o menos superficial a una borrosa figura de Cristo, sino una adhesión firme a su querer y a su Persona. No todo el que dice Señor, Señor, entrará en el reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en los cielos, leemos también en el Evangelio de la Misa.

La voluntad de Dios es la brújula que nos indica en todo momento el camino que nos lleva a Él; es, al mismo tiempo, el sendero de nuestra propia felicidad. El cumplimiento del querer divino nos da también una gran fortaleza para superar los obstáculos.

¡Qué alegría poder decir al final de nuestros días: he procurado siempre buscar y seguir la voluntad de Dios en todo! No nos alegrarán tanto los triunfos cosechados, ni nos importarán demasiado los fracasos y los sufrimientos padecidos. Lo que nos importará, y mucho, es si hemos amado el querer de Dios sobre nuestra vida, que se manifestó unas veces de modo más general y otras de forma muy concreta. Siempre con la suficiente claridad, si no cegamos la luz del alma, que es la conciencia.

El cumplimiento amoroso de la voluntad de Dios es, a la vez, la cima de toda santidad: «Todos los fieles cristianos, en las condiciones, ocupaciones o circunstancias de su vida, y a través de todo eso, se santificarán más cada día si lo aceptan todo con fe, como venido de la mano del Padre celestial, y colaboran con la divina voluntad...»3. Es aquí donde se demuestra nuestro amor a Dios, y también el grado de unión con Él. Y el Señor nos manifiesta su voluntad a través de los Mandamientos, de las indicaciones, consejos y preceptos de nuestra Madre la Iglesia, y de las obligaciones que conlleva la propia vocación y estado.

Reconocer y amar la divina voluntad en esos deberes nos dará la fuerza necesaria para hacerlos con perfección, y en ellos encontraremos el lugar donde ejercitar las virtudes humanas y las sobrenaturales. La voluntad de Dios está muy relacionada con la sonriente caridad de todos los días, con el cumplimiento del deber aunque resulte dificultoso, con la ayuda que prestamos, en lo sobrenatural y en lo humano, a quienes están a nuestro lado.

II. La voluntad de Dios se nos manifiesta de una forma expresa a través de aquellas personas a quienes debemos obediencia, y a través de los consejos recibidos en la dirección espiritual.

La obediencia no tiene su fundamento último en las cualidades –personalidad, inteligencia, experiencia, edad– del que manda. Jesús superaba infinitamente –era Dios– a María y a José, y les obedecía4. Es más, «Jesucristo, en cumplimiento de la voluntad del Padre, inauguró en la tierra el reino de los cielos, nos reveló su misterio y realizó la redención con su obediencia»5.

Quienes piensan que la obediencia es un sometimiento indigno del hombre y propio de personas con escasa madurez han de considerar que el Señor se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz6. Cristo obedece por amor, por cumplir la voluntad de su Padre; ese es el sentido de la obediencia cristiana: la que se debe a Dios y a sus mandamientos, la que se debe a la Iglesia, a los padres, la que de un modo u otro rige en la vida profesional, social, etcétera, cada una en su orden.

Para obedecer como obedeció Jesús es necesario un ardiente deseo de cumplir la voluntad de Dios en nuestra vida, y ser humildes. El espíritu de obediencia no cabe en un alma dominada por la soberbia. Solo el humilde acepta gustosamente otro criterio distinto del suyo –el de Dios–, al que debe conformar sus actos.

El que no es humilde rechazará abiertamente el mandato unas veces, y otras lo aceptará aparentemente, pero sin darle cabida, en realidad, en su corazón, porque lo someterá a discusión crítica y a limitaciones, y perderá el sentido sobrenatural que tiene la obediencia. «Estemos precavidos, entonces, porque nuestra tendencia al egoísmo no muere, y la tentación puede insinuarse de muchas maneras. Dios exige que, al obedecer, pongamos en ejercicio la fe, pues su voluntad no se manifiesta con bombo y platillo. A veces el Señor sugiere su querer como en voz baja, allá en el fondo de la conciencia: y es necesario escuchar atentos, para distinguir esa voz y serle fieles.

»En muchas ocasiones, nos habla a través de otros hombres, y puede ocurrir que la vista de los defectos de esas personas, o el pensamiento de si están bien informados, de si han entendido todos los datos del problema se nos presente como una invitación a no obedecer»7. Sin embargo, nuestro deseo de cumplir la voluntad de Dios superará ese y otros obstáculos que se puedan presentar a nuestra obediencia.

La humildad da paz y alegría para realizar lo mandado hasta en los menores detalles. El humilde se siente gozosamente libre al obedecer. «Mientras nos sometemos humildemente a la voz ajena nos superamos a nosotros mismos en el corazón»8, superamos el propio egoísmo y rompemos con sus lazos, que nos esclavizan.

En el apostolado, la obediencia se hace indispensable. De nada sirven el esfuerzo, los medios humanos, las mortificaciones..., sin obediencia todo sería inútil ante Dios. De nada serviría trabajar con tesón toda una vida en una obra humana si no contáramos con el Señor. Hasta lo más valioso de nuestras obras quedaría sin fruto si prescindiéramos del deseo de cumplir la voluntad de Jesús: «Dios no necesita de nuestros trabajos, sino de nuestra obediencia»9.

III. La voluntad de Dios también se nos manifiesta en aquellas cosas que Él permite y que no resultan como esperábamos, o son incluso totalmente contrarias a lo que deseábamos o habíamos pedido con insistencia en la oración.

Es el momento entonces de aumentar nuestra oración y de fijarnos mejor en Jesucristo. Especialmente cuando nos resulten muy duros y difíciles los acontecimientos: la enfermedad, la muerte de un ser querido, el dolor de los que más queremos...

El Señor hará que nos unamos a su oración: No se haga como yo quiero, Padre, sino como quieres Tú10. No se haga mi voluntad, sino la tuya11. Él quiso incluso compartir con nosotros todo lo que a veces tiene de injusto y de incomprensible el dolor. Pero también nos enseñó a obedecer hasta la muerte, y muerte de cruz12.

Si alguna vez nos toca sufrir mucho, al Señor no le ofenden nuestras lágrimas. Pero enseguida hemos de decir: Padre, hágase tu voluntad. En nuestra vida puede haber momentos de mayor dureza, quizá de oscuridad y de dolor profundo, en los que cueste más aceptar la voluntad de Dios, con tentaciones de desaliento. La imagen de Jesús en el huerto de Getsemaní nos señala cómo hemos de proceder en esos momentos: hemos de abrazar la voluntad de Dios sin poner límite alguno ni condiciones de ninguna clase, y en una oración perseverante.

No serán pocas las veces en que, a lo largo de nuestra vida, tendremos que hacer actos de identificación con lo que es voluntad de nuestro Padre Dios. Y diremos interiormente en nuestra oración personal: «¿Lo quieres, Señor?... ¡Yo también lo quiero!»13. Y vendrá la paz, la serenidad a nuestra alma y a nuestro alrededor.

La fe nos hará ver una sabiduría superior detrás de cada acontecimiento: «Dios sabe más. Los hombres entendemos poco de su modo paternal y delicado de conducirnos hacia Él»14. Jesucristo nos consolará de todos nuestros pesares, y quedarán santificados.

Hay una providencia detrás de cada acontecimiento, todo está ordenado y dispuesto para que sirva mejor a la salvación de cada uno; absolutamente todo, tanto lo que sucede en el ámbito más general como lo que ocurre cada día en el pequeño universo de nuestra profesión y familia. Todas las cosas pueden y deben ayudarnos a encontrar a Dios, y por tanto a encontrar la paz y la serenidad en nuestra alma: Todo contribuye al bien de los que aman a Dios15.

El cumplimiento de la voluntad de Dios es fuente de serenidad y de paz. Los santos nos han dejado el ejemplo de un cumplimiento sin condiciones de la divina voluntad. Así se expresaba San Juan Crisóstomo: «En toda ocasión yo digo: ¡Señor, hágase tu voluntad!: no lo que quiere este o aquel, sino lo que tú quieres que haga. Este es mi alcázar, y esta es mi roca inamovible, este es mi báculo seguro»16.

Terminamos nuestra oración pidiendo con la Iglesia: Señor y Dios nuestro, a cuyo designio se sometió la Virgen Inmaculada aceptando, al anunciárselo el ángel, encarnar en su seno a tu Hijo: tú, que la has transformado por obra del Espíritu Santo en templo de tu divinidad, concédenos, siguiendo su ejemplo, la gracia de aceptar tus designios con humildad de corazón17.

1 Primera lectura de la Misa. Is 26, 5. — 2 Mt 7, 21; 24-27. — 3 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 41. — 4 Lc 2, 51. — 5 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 3. — 6 Flp 2, 8. — 7 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 17. — 8 San Gregorio Magno, Moralia, 35, 14. — 9 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, 56, 5. — 10 Mc 14, 36. — 11 Lc 22, 42. — 12 Flp 2, 8. — 13 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 762. — 14 A. del Portillo, en la presentación de «Amigos de Dios»; el subrayado es nuestro. — 15 Rom 8, 28. — 16 San Juan Crisóstomo, Homilía antes del exilio, 1-3. — 17 Colecta de la Misa del día 20 de diciembre.

 

 

“El Señor nos socorre y nos levanta”

Tú no puedes tratar con falta de misericordia a nadie: y, si te parece que una persona no es digna de esa misericordia, has de pensar que tú tampoco mereces nada. No mereces haber sido creado, ni ser cristiano, ni ser hijo de Dios, ni pertenecer a tu familia... (Forja, 145)

Nos han quedado muy grabadas también, entre otras muchas escenas del Evangelio, la clemencia con la mujer adúltera, la parábola del hijo pródigo, la de la oveja perdida, la del deudor perdonado, la resurrección del hijo de la viuda de Naím. ¡Cuántas razones de justicia para explicar este gran prodigio! Ha muerto el hijo único de aquella pobre viuda, el que daba sentido a su vida, el que podía ayudarle en su vejez. Pero Cristo no obra el milagro por justicia; lo hace por compasión, porque interiormente se conmueve ante el dolor humano.
¡Qué seguridad debe producirnos la conmiseración del Señor! Clamará a mí y yo le oiré, porque soy misericordioso. Es una invitación, una promesa que no dejará de cumplir. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para que alcancemos la misericordia y el auxilio de la gracia en el tiempo oportuno. Los enemigos de nuestra santificación nada podrán, porque esa misericordia de Dios nos previene; y si ‑por nuestra culpa y nuestra debilidad‑ caemos, el Señor nos socorre y nos levanta. Habías aprendido a evitar la negligencia, a alejar de ti la arrogancia, a adquirir la piedad, a no ser prisionero de las cuestiones mundanas, a no preferir lo caduco a lo eterno. Pero, como la debilidad humana no puede mantener un paso decidido en un mundo resbaladizo, el buen médico te ha indicado también remedios contra la desorientación, y el juez misericordioso no te ha negado la esperanza del perdón. (Es Cristo que pasa, 7)

 

 

Educar en el pudor (2): La infancia y la adolescencia

La adolescencia es una etapa fundamental en la vida de cada persona. Se necesita sentir la libertad y al mismo tiempo se necesita sentirse ligado a los demás. La educación en esta etapa es diferente.

Familia22/08/2013

Opus Dei - Educar en el pudor (2): La infancia y la adolescencia

Foto: orangesandlemons

El periodo que va, más o menos, entre los siete y los doce años –cuando ya empiezan a asomarse algunos rasgos de la adolescencia– corresponde a la época más dulce del crecimiento para padres e hijos, sobre todo si previamente la educación ha sido bien llevada. El hijo o la hija ya es capaz de atender por sí solo sus asuntos, pero cuenta mucho con sus padres y les suele confiar todas sus cosas. Hay un verdadero afán de saber, de despejar cualquier incógnita. Y, cuando se utilizan las palabras adecuadas, comprenden muy bien lo que se les transmite.

Esa relativa tranquilidad no debe ser una excusa para descuidar la tarea educativa, pensando quizás que las cosas van bien por sí mismas. Debe ser, en cambio, la época en la que se asientan en la cabeza las ideas y los criterios que configurarán en el futuro su vida. Podría decirse que es el momento de explicarlo todo, incluso adelantándose a lo que se encontrarán más adelante.

Los años dulces

Han llegado los años para explicar a los hijos no ya solamente las manifestaciones del pudor, sino su mismo sentido. Entenderán, por ejemplo, que el vestido no sólo tapa el cuerpo, sino que viste a la persona; que muestra cómo queremos darnos a conocer, que representa el respeto que pedimos y que damos.

A la vez, los hijos deben aprender a administrar su intimidad, de forma que sólo la descubran en la medida adecuada y frente a las personas adecuadas. La prudencia –es la virtud en juego aquí– se adquiere con la rectitud, la experiencia y el buen consejo, y en este aprendizaje los padres tienen mucho que decir. Los pequeños esperan de ellos una relación de confianza, un interés y una guía que les haga sentirse más seguros en este incipiente desarrollo de la personalidad. Ratificando o corrigiendo, según los casos, aprenden qué es lo que se debe confiar, a quién y por qué.

El riesgo que existe a estas edades es que el afán de aprender derive en una curiosidad indiscriminada, a veces indiscreta; y en un deseo de experimentar novedades, también con el propio cuerpo. De ahí la importancia de que los padres atiendan todas las preguntas que se les puedan formular, sin escabullirse ni dejarlas para un futuro incierto, y las contesten de modo adecuado a la sensibilidad de los hijos. Por ejemplo, estas edades son el auténtico momento de la educación afectiva bien entendida. No les mintáis: yo he matado todas las cigüeñas. Decidles que Dios se ha servido de vosotros para que ellos vinieran a la tierra, que son el fruto de vuestro amor, de vuestra entrega, de vuestros sacrificios... Para eso habéis de haceros amigos de los hijos, darles pie para que hablen de sus cosas confiadamente [1]. En este contexto se transmite el valor del cuerpo humano, y la necesidad de tratarlo con respeto, evitando todo lo que lleve a considerarlo como un objeto, sea de placer, de curiosidad o de juego.

Conviene asimismo adelantarse a los acontecimientos, explicando los cambios corporales y psicológicos que les sobrevendrán con la adolescencia, que así sabrán aceptar con naturalidad cuando llegue el momento. Hay que evitar que rodeen de malicia esta materia, que aprendan algo –que es en sí mismo noble y santo– de una mala confidencia de un amigo o de una amiga [2]. También aquí debe imperar el sentido positivo. Sin omitir la referencia a los peligros de un ambiente permisivo, que por lo demás los niños suelen percibir ya en edades tempranas, se trata de enfocar la cuestión como una oportunidad de crecimiento para sus almas y sus cuerpos, si saben esforzarse reaccionar positivamente ante los estímulos negativos. El pudor constituirá –ya lo constituye– una efectiva defensa y ayuda para guardar la pureza del corazón.

Los años difíciles

Los años correspondientes al inicio de la adolescencia, y a la adolescencia misma, son, en el tema que nos ocupa, más difíciles para los padres. En primer lugar, porque los hijos se hacen más celosos de su intimidad. A veces adoptan también actitudes contestatarias, que pueden parecer no tener otro motivo que llevar la contraria. Esto puede causar un cierto desconcierto en los padres, que intuyen –con razón– que parte de su intimidad ya no la comparten con ellos, sino con los amigos o amigas. También resultan desconcertantes los cambios de humor: los hijos pasan de momentos en los que exigen que nadie entre en su mundo, a otros en los que reclaman una atención tal vez desproporcionada. Es importante saber detectar estos últimos, y hacer lo posible por escucharles, pues no se puede saber cuándo se presentará la siguiente oportunidad.

Estos deseos de independencia e intimidad no son solo necesarios; son también una nueva oportunidad para fomentar el crecimiento de su personalidad. Los adolescentes tienen especialmente la necesidad de cultivar espacios de intimidad, y deben aprender a mostrarla o reservarla según las circunstancias. La ayuda que los padres les pueden ofrecer en este campo consiste, en gran parte, en saber ganarse su confianza, y saber esperar. Estar disponibles e interesarse por sus cosas, y saber aprovechar esos momentos –siempre los hay– en que los hijos les buscan o en el que las circunstancias exigen una conversación.

La confianza se gana, no se impone. Menos aún se sustituye espiando a los hijos, leyendo sus agendas o diarios, o escuchando de qué hablan con los amigos, o entrando en relación con ellos –usando una identidad falsa– a través de las redes sociales. Aunque algunos padres crean que lo hacen por su bien, entrometerse de ese modo en la intimidad de los hijos es el mejor modo de arruinar la confianza mutua, y en condiciones normales es objetivamente injusto.

Los rasgos enumerados anteriormente tienen como efecto el que los adolescentes se miren mucho a sí mismos, desde todos los puntos de vista, entre los que ocupa un lugar relevante el físico. De ahí hay que deducir que el primer pudor que conviene ayudarles a cuidar se refiere a ellos mismos. Esto sucede tanto con las chicas como con los chicos, aunque en cada caso con matices diferentes. En ellas, la tendencia es de compararse con unos modelos estéticos que aprecian, y sentirse atractivas para el otro sexo. En ellos, domina más el afán de ser vistos como desarrollados y bien constituidos ante sus compañeros, sin que tampoco falte el deseo de ser admirados por las chicas. Gran parte de este narcisismo juvenil se practica sin testigos, pero si se les observa con atención será fácil ver algún síntoma de esta actitud, como por ejemplo cuando ellos no son capaces de resistirse a contemplarse ante algo que refleje su imagen, aunque sea yendo por la calle; o, en las chicas, la obsesiva pregunta acerca de cómo le sienta lo que se ponen.

Pensar que «son cosas de la edad» y que ya se les pasará, para inhibirse, supondría un desenfoque. Son evidentemente cosas de la edad, pero por eso mismo deben ser educadas. La adolescencia es la edad en la que se despiertan los grandes ideales, y estos deben ser fomentados. Los hijos comprenden con relativa facilidad que esos ensimismamientos acaban impidiéndoles ver las necesidades de los demás. Y a partir de ahí, pueden apreciar que el pudor con uno mismo –cuidar el propio cuerpo, pero sin excesos; evitar curiosidades malsanas, etc.– es un requisito para alcanzar el corazón generoso que desean tener.

Modestia y moda

La adolescencia presenta también nuevas oportunidades educativas en todo lo que se refiere al modo de vivir el pudor frente a los demás, sobre todo en lo referente a modos de tratarse, conversar o vestir. Por diversos factores y de un modo más o menos agresivo según los lugares, el ambiente suele favorecer una excesiva relajación de las costumbres. Sin embargo, conviene tener en cuenta que, en la mayoría de los casos, ciertos modos de comportarse no responden a una decisión clara del hijo, o de la hija. Los adolescentes, por mucho que reivindiquen una independencia personal, son en realidad muy gregarios. Ser diferentes a sus amigos o amigas les hace sentirse extraños. No sería raro encontrarse con que ni el chico tiene una predilección por el aspecto de «cuidadoso descuido» de moda, ni la chica se siente cómoda con formas de vestir poco pudorosas… pero el miedo a sufrir un rechazo entre sus iguales les hace querer ir como los demás.

El remedio no está en aislar a los hijos del grupo: necesitan a sus amigos o amigas, también para madurar. Lo que hace falta es enseñar a ir contracorriente. Y hay que saber hacerlo. Si el hijo o la hija se escudan en que todas sus amistades «van así», los padres, en primer lugar, deben explicarles la importancia de valorar su propia personalidad, y ayudarles a que tengan buenas amistades; y, en segundo lugar, deben procurar entablar ellos mismos amistad con los padres de los amigos, para así ponerse de acuerdo en este y en otros asuntos.

En todo caso, no se debe ceder. Cualquier forma de vestir que resulta contraria al pudor o a un elemental buen gusto no debe entrar en el hogar. Los padres deben advertirlo y, cuando llegue el momento, hablar con los hijos, con serenidad, pero con firmeza, y dándoles las razones de su comportamiento. Si durante la infancia convenía que quien explicase estos temas fuera el padre al hijo y la madre a la hija, ahora –en muchas ocasiones– suele ser oportuno que también intervenga el otro. Así, por ejemplo, ante una hija adolescente que no entiende por qué no debe utilizar una ropa que la exhibe demasiado, su padre puede aportar lo que quizás no acaba de comprender: que de esa manera atrae las miradas de los chicos, pero en modo alguno su aprecio.

Como en otros asuntos, padre y madre pueden contar a sus hijos, de una forma prudente, las lecciones que ellos mismos aprendieron cuando ellos eran adolescentes, así como lo que verdaderamente buscaban en la persona con la que pensaban que podrían compartir su vida. Son conversaciones que quizás, en un primer momento, no parezcan tener mucho efecto, pero a la larga lo tienen, y los hijos acaban agradeciéndolas.

Cuando hablamos de la formación en el pudor, la tarea de los padres debe también extenderse, en la medida de sus posibilidades, al entorno en el que se mueven los hijos. Una primera manifestación es la elección de los lugares de vacaciones. En muchos países, las playas en verano son poco aconsejables; incluso cuando se ponen medios para evitar un panorama poco edificante, el clima general es tan descuidado que dificulta el decoro. Análogamente, si se inscribe al hijo a alguna actividad recreativa o en un campamento, sería absurdo no informarse bien de qué medios ponen los organizadores para velar porque el tono humano sea alto.

Otro campo que hay que tener en cuenta es el de los lugares de diversión de los hijos, sobre todo porque la presión del grupo es más fuerte en la adolescencia. Es importante que los padres conozcan los sitios por donde se mueven los jóvenes, y que intenten dar alternativas poniéndose de acuerdo con otros padres. Un tercer lugar lo tienen más a mano: la habitación de los hijos. Es normal que quieran poner elementos decorativos a su gusto, pero esa independencia debe tener un límite, marcado sobre todo por la dignidad de lo que se quiere colocar.

Por lo demás, es lógico que alguna vez los padres encuentren resistencias en los hijos, por la natural tendencia de los adolescentes a querer afirmar su independencia de los padres y los adultos en general, y por su falta de experiencia. Muchas veces una desobediencia –no es posible, ni deseable, controlarlo todo–, lleva consigo una lección, y con ella un escarmiento que hay que saber aprovechar. Cuando sucede una dificultad, no hay que perder la serenidad. Quizás también los padres aprendieron así más de una vez cuando tenían la edad de sus hijos. La acción educativa requiere siempre una gran dosis de paciencia, especialmente en ámbitos como este, en el que los criterios que se les quiere transmitir pueden parecer a los jóvenes exagerados en un primer momento. Ya llegará el tiempo en que los entiendan mejor y los asuman como propios, siempre y cuando no falte la insistencia –con cariño, buen humor y confianza– por parte de unos padres convencidos de que vale la pena educar así.

J. De la Vega (2012)


[1] San Josemaría, Predicación oral, recogida por Carlos Soria en “Maestro de buen humor”, ed. Rialp, Madrid, p. 99.

[2] Conversaciones , n. 100.

 

“Rito amazónico”

+ Felipe Arizmendi Esquivel. Obispo Emérito de San Cristóbal de las Casas

VER

El reciente Sínodo Panamazónico hizo estas consideraciones y propuestas:

  1. El Concilio Vaticano II abrió espacios para el pluralismo litúrgico “para variaciones y adaptaciones legítimas para los diversos grupos y pueblos” (SC 38). En este sentido, la liturgia debe responder a la cultura para que sea fuente y culmen de la vida cristiana (cf. SC 10) y para que se sienta ligada a los sufrimientos y a las alegrías del pueblo. Debemos dar una respuesta auténticamente católica a la petición de las comunidades amazónicas de adaptar la liturgia valorando la cosmovisión, las tradiciones, los símbolos y los ritos originarios que incluyan dimensiones trascendentes, comunitarias y ecológicas. 
  2. En la Iglesia Católica hay 23 Ritos diferentes, signo claro de una tradición que desde los primeros siglos ha intentado inculturar los contenidos de la fe y su celebración a través de un lenguaje lo más coherente posible con el misterio que se quiere expresar. Todas estas tradiciones tienen su origen en función de la misión de la Iglesia: “Las Iglesias de un mismo ámbito geográfico y cultural han venido a celebrar el misterio de Cristo con expresiones particulares, caracterizadas culturalmente: en la tradición del “depósito de la fe”, en el simbolismo litúrgico, en la organización de la comunión fraterna, en la comprensión teológica de los misterios y en las diversas formas de santidad” (CIC 1202; cf. también CIC 1200-1206). 
  3. Es necesario que la Iglesia, en su incansable labor evangelizadora, trabaje para que el proceso de inculturación de la fe, se exprese en las formas más coherentes, a fin de que también pueda celebrarse y vivirse según las lenguas propias de los pueblos amazónicos. Urge formar comités de traducciones y redacción de textos bíblicos y litúrgicos en las lenguas propias de los diferentes lugares, con los recursos necesarios, preservando la materia de los sacramentos y adaptándolos a la forma, sin perder de vista lo que sea esencial. En este sentido es preciso fomentar la música y el canto, todo lo cual es aceptado y fomentado por la liturgia. 
  4. El nuevo organismo de la Iglesia en la Amazonía debe constituir una comisión competente para estudiar y dialogar, según usos y costumbres de los pueblos ancestrales, la elaboración de un rito amazónico, que exprese el patrimonio litúrgico, teológico, disciplinario y espiritual amazónico, con especial referencia a lo que la Lumen Gentium afirma para las Iglesias orientales (cf. LG 23). Esto se sumaría a los ritos ya presentes en la Iglesia, enriqueciendo la obra de evangelización, la capacidad de expresar la fe en una cultura propia y el sentido de descentralización y de colegialidad que puede expresar la catolicidad de la Iglesia. También podría estudiar y proponer cómo enriquecer ritos eclesiales con el modo en que estos pueblos cuidan su territorio y se relacionan con sus aguas.

PENSAR

Estas consideraciones y propuestas no están fuera de lugar, sino que son muy conformes a los prescrito, hace 56 años, el 4 de diciembre de 1963, por el Concilio Vaticano II, en su Constitución sobre Liturgia:

“La Iglesia no pretende imponer una rígida uniformidad en aquello que no afecta a la fe o al bien de toda la comunidad, ni siquiera en la liturgia; por el contrario, respeta y promueve el genio y las cualidades peculiares de las distintas razas y pueblos. Estudia con simpatía y, si puede, conserva íntegro lo que en las costumbres de los pueblos encuentra que no esté indisolublemente vinculado a supersticiones y errores, y aun a veces los acepta en la misma liturgia, con tal de que se pueda armonizar con el verdadero y auténtico espíritu litúrgico. Al revisar los libros litúrgicos, salvada la unidad sustancial del Rito romano, se admitirán variaciones y adaptaciones legítimas a los diversos grupos, regiones, pueblos, especialmente en las misiones, y se tendrá esto en cuenta oportunamente al establecer la estructura de los ritos y las rúbricas... En ciertos lugares y circunstancias, urge una adaptación más profunda de la liturgia, lo cual implica mayores dificultades… Las adaptaciones que se consideren útiles o necesarias, se propondrán a la Sede Apostólica para introducirlas con su consentimiento” (SC 37-38.40).

El primer paso para esta inculturación litúrgica es celebrar los ritos en los idiomas propios de los pueblos, pero hay muchos sacerdotes que se resisten a ello. Por aquí habría que empezar: hacer traducciones de la Biblia y la Liturgia, conforme a las normas de la Iglesia. El segundo paso son las adaptaciones. En esto estamos mucho más atrasados. Nos platicaba quien ocupa un alto cargo en la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos que, salvo el zaireño, ningún otro rito posconciliar ha sido aprobado por esa Congregación. El domingo pasado, por cierto, el Papa presidió ese rito en la Basílica de San Pedro, con fieles de la República Democrática del Congo. En lo esencial, es el rito romano, con algunas adaptaciones, semejantes a las que hemos hecho en pueblos originarios de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, que ya fueron aprobadas por nuestra Conferencia Episcopal y que esperan, desde hace varios años, la recognitio de Roma. Algunas de esas adaptaciones se usaron en la Misa que celebró el Papa en su visita a nuestra diócesis, el 15 de febrero de 2016, con el consentimiento previo de los ceremonieros vaticanos. Nos dicen de Roma que nuestro rito es el segundo, a nivel mundial, que se ha presentado; por eso allá lo están estudiando con cuidado. ¡Cuánto nos falta por avanzar en inculturación!

ACTUAR

Obispos y demás agentes de pastoral, animémonos a dar los pasos necesarios para traducir la Biblia a idiomas originarios y para inculturar la liturgia, proponiendo las adaptaciones que sean acordes a la fe y a la liturgia romana, así como a la cultura de esos pueblos. Es un derecho de ellos y una obligación de sus pastores. Es el camino de Jesús y de su Espíritu en su Iglesia. No impongamos una liturgia hispanizada, ni destruyamos culturas originarias.

 

 

Adviento: recuperemos la capacidad de que algo nos sorprenda grata y definitivamente.

«El adviento es un tiempo de preparación para la Navidad, donde se recuerda a los hombres la primera venida del Hijo de Dios… Es un tiempo en el que se dirigen las mentes, mediante este recuerdo y esta espera a la segunda venida de Cristo, que tendrá lugar al final de los tiempos» (Misal Romano, Nº 39). Los cristianos lo sabemos muy bien, si hemos experimentado al Señor: “Si falta Dios, falla la esperanza, todo pierde sentido” (Benedicto XVI). La antigua vida sin Él se ve vacía en comparación con la novedad de su presencia.

La liturgia de estas semanas nos ayuda a revivir la esperanza de los pobres de Israel, que deseaban con todas sus fuerzas la venida de Dios a sus vidas, la liberación, la paz. En realidad, la vida es siempre adviento o, de lo contrario, hemos perdido la capacidad de que algo nos sorprenda grata y definitivamente.

Durante este tiempo del adviento se han de intensificar actitudes fundamentales de la vida cristiana como la espera atenta, la vigilancia constante, la fidelidad obsequiosa en el trabajo, la sensibilidad precisa para descubrir y discernir los signos de los tiempos, como manifestaciones del Dios Salvador, que está viniendo con gloria.

Lo prometido por Dios con la venida de su Hijo al mundo sigue siendo el anhelo de la vida de los hombres: la paz, la justicia, la relación fraternal, que nazca un nuevo mundo desde la raíz. En realidad, siempre vivimos la vida de cara al futuro, pero solo tenemos futuro si Dios nos garantiza con sus promesas que nuestros deseos serán cumplidos.

Dios viene, sigue viniendo, algo que ocurre ahora y en el futuro. ¡Despierta! En medio de las tinieblas brilla una gran luz: es Jesucristo, la luz de los pueblos, quien nos garantiza con su venida que Dios está decidido a hacernos felices haciendo realidad nuestras aspiraciones de bien, amor, belleza, justicia, paz. Él precede nuestra esperanza, del mismo modo que su amor nos antecede.

Te interesa

«Admirabile signum», la Carta Apostólica del Papa Francisco sobre el significado y el valor del Belén

+Rafael Zornoza. Obispo de Cádiz y Ceuta

 

«Muy pocos me han pedido la eutanasia, cuando les ofrecí aliviar su sufrimiento, no la pidieron más»

El doctor Bátiz es uno de los mayores expertos en cuidados paliativos en España

El doctor Bátiz es uno de los mayores expertos en cuidados paliativos en España

Este miércoles la Conferencia Episcopal ha presentado un importante documento Sembradores de esperanza. Acoger, proteger y acompañar en la etapa final de esta vida precisamente en un momento en el que la eutanasia vuelve a estar encima de la mesa en el debate político en España y está más cerca que nunca de poder ser legalizada.

El texto episcopal ha sido presentado por el obispo Mario Iceta, que además es médico y experto en Bioética, la enfermera Encarnación Isabel Pérez y el médico Jacinto Bátiz. (Lea aquí un resumen de la presentación). Precisamente, este último es uno de los grandes expertos en España en cuidados paliativos. Entre 1993 y 2017 fue el jefe de Área de Cuidados Paliativos  del Hospital San Juan de Dios de Santurce (Vizcaya) y ahora dirige el Instituto para Cuidar Mejor.

El doctor Bátiz ha hablado en una entrevista con Religión en Libertad de la pertinencia de este documento episcopal y de los riesgos de legalizar en estos momentos una ley de eutanasia cuando la realidad es que lo que urge es un desarrollo de los cuidados paliativos.

Resultado de imagen de cuidados paliativos

-¿Por qué es necesario que la Iglesia se manifieste y haga un documento de este tipo?

-Creo que es importante que la Iglesia se manifieste porque somos muchos los católicos que somos pacientes y que somos profesionales. Aquí se está jugando con un tema que es muy importante, que es aliviar el sufrimiento de las personas que están al final de la vida. Los sanitarios conocemos muy bien sobre cómo aliviar el sufrimiento, sobre todos los médicos, aunque también enfermeras y todo el personal que atiende a los pacientes al final de la vida, incluso psicólogos, trabajadores sociales o pastoralistas. Pero destaco lo de los médicos porque nosotros en nuestro código de deontología médica tenemos reflejado en el capítulo 7 la atención médica al final de la vida y cómo tenemos que atender al paciente para aliviar su sufrimiento, que es al final lo que nos preocupa.

Por eso cuando se nos plantea la posibilidad, aunque sea a petición del paciente, de que tenemos que provocar la muerte esto va contra lo que como cristianos creemos.  Cada grupo debe poder significarse en ciertas cuestiones. Lo mismo que los partidos políticos tienen sus ideas al respecto. Cualquier institución tiene derecho a hacerlo y que la Iglesia lo haga me parece muy oportuno.

-¿En qué incide más este documento episcopal? ¿Cuáles son sus líneas maestras?

- Sobre todo en lo que refleja o intenta reflejar el título: ser sembradores de esperanza. Trata de ofrecer esperanza a los enfermos que están sufriendo o van a sufrir, que sepan que los profesionales estaremos ahí para ayudarles a no sufrir, tratar sus síntomas con la máxima energía posible sabiendo que aunque a veces tengamos que aumentar dosis y con esto puede adelantarse la muerte, no intencionada por supuesto, y esto no es eutanasia sino una buena práctica médica. También trataríamos de evitar pruebas innecesarias y tratamientos inútiles en estas circunstancias del final de la vida que le harían sufrir más que la propia enfermedad. Y si esto no hubiera resuelto el sufrimiento tendríamos la herramienta de la sedación paliativa. Creo que estas son las ofertas que desde el punto de vista sanitario se hacen.

Lo que este documento intenta es reforzar lo anterior y plantea acoger, proteger y acompañar a los pacientes en el final de su vida. No se trata de confrontar posturas y decir que los que están a favor de la eutanasia son malos y nosotros somos buenos.  Esta confrontación aquí no tiene ningún sentido. Lo que importa es la persona que está enferma y a la que tenemos que darle solución a un sufrimiento. Desde la perspectiva de los paliativistas, en el que me incluyo, lo que pretendemos es tratar de aliviar el sufrimiento sabiendo que no es necesario tener que acabar con la vida para que el sufrimiento deje de ocurrir, podemos aliviarlo sin morir. Esto es lo que entendemos y lo que este documento refuerza.

-¿Qué ofrece desde una óptica cristiana?

- Desde la perspectiva católica da argumentos antropológicos y cristianos sobre que el sufrimiento tiene también tiene su sentido. Esto no quiere decir que la Iglesia esté a favor del sufrimiento, pero el documento da sentido a la vida y cuando ésta no es tan placida y buena por una enfermedad también hay que tratar de darle sentido. Es un documento positivo y no hay que verlo como una postura de la iglesia que intenta mirar a otro lado con el sufrimiento. Ni la iglesia ni ningún médico mira hacia otro lado con el sufrimiento.

-La eutanasia está ya en el centro del debate político.¿Son compatibles la eutanasia y los paliativos, o el primero se come al segundo?

-Durante 25 años he atendido a personas al final de la vida y he aplicado los cuidados paliativos. Muy pocos pacientes me han pedido la eutanasia. Cuando lo han hecho y les he preguntado por qué, me han dicho que lo que no quieren es sufrir y vivir con ese sufrimiento. Yo les he ofrecido todo lo que he dicho anteriormente para aliviar su sufrimiento y ya no lo volvieron a pedir más.

cuidados-paliativos-infografia

Entonces, ¿por qué se dejan tantas veces en un segundo plano los cuidados paliativos?

Ante lo que te he contado entiendo que lo primero que hay que hacer es una ley de cuidados paliativos, una ley de atención médica al final de la vida de calidad, universal y equitativa. Que no dependa de que haya leyes autonómicas donde sea distinto morir en una comunidad que en otra. 

Lo primero debe ser una ley de atención médica al final de la vida y si una vez que esta ley está universalizada y todos los ciudadanos pueden acceder a ella hay ciudadanos que aún así persisten en acabar con su vida entonces los políticos sí podrían plantear una ley. Pero la OMS ya lo dijo en 1993, un gobierno que antes de elaborar una ley de cuidados paliativos aprueba la eutanasia es un gobierno irresponsable.

-Según su experiencia, si hubiera una ley de cuidados paliativos eficaz y aplicable a todo el mundo, ¿la eutanasia sería algo residual?

- Lo que yo entiendo es que seguiría habiendo quien la quisiera. Comprendo que haya gente que a pesar de que se le trate y controlen los síntomas no quiera seguir viviendo bajo control médico, o no tenga familia que lo acoja u otras circunstancias. Todos tenemos experiencias de que si te han echado del trabajo, te has arruinado o te ha dejado la pareja quieres morirte, pero si al cabo de un ato compruebas que todo eso no era verdad si no una fantasía ya no quieres morirte, quieres seguir viviendo.

Hemos tenido experiencia con pacientes que querían morirse porque consideraban que eran una carga para la familia y cuando por ejemplo les hemos demostrado que la familia quería mostrarle su cariño por todo lo que había hecho por los hijos o los nietos, el paciente que quería la eutanasia cambió de opinión y quiso vivir y disfrutar de ese cariño que le han demostrado. Sigo insistiendo en que puede haber gente y la habrá que solicite la eutanasia. Pero de ahí a que sea prioritaria una ley de la eutanasia a una ley de cuidados paliativos hay una diferencia grande.

mensajepaliativos1

cuidados-paliativos

-¿Un paciente que está sufriendo mucho, ¿es libre para decidir sobre su vida teniendo en cuenta que un argumento que se suele utilizar para defender la eutanasia es el principio de autodeterminación?

- Desde mi perspectiva creo que no. Hay que pensar que incluso el propio suicidio, el normal, no se hace por decisión autónoma sino por escapar de la vida por no enfrentarse a ella ante las dificultades. En el fondo generan un problema a los que le rodean. Todos sabemos cómo se quedan los familiares de quienes se suicidan. La libertad de las personas debe estar en relación a la libertad y derechos de los demás. En esta sociedad no estamos solos, estamos en relación con los demás.

En paliativos hay pacientes a los que se les informan de alternativas sabiendo que si toma una decisión que le has planteado puede llevarle a la muerte, pero si es consciente y lo ha decidido está en su perfecto derecho, hay que respetarle. Pero la autodeterminación a quererse morir en cualquier momento, por quién y cómo es lo que no queremos que llegue a aparecer en una ley porque sería terrible.

-Hay médicos de medicina general que creen que una ley de eutanasia no les afectará personalmente y que no tendrán que aplicarla, ¿es cierto?

- Estos médicos deben leerse el borrador de la ley, que dice que el paciente puede elegir dónde morirse, dónde aplicarle la eutanasia o el suicidio asistido, ya sea en el hospital o en su propia casa. Con lo cual si es en su domicilio, este médico de cabecera como su paciente le diga que quiere aplicarse la eutanasia tendrá que ir a su casa. Segundo, si en vez de la eutanasia quiere el suicidio asistido este médico tendrá que procurarle los medicamentos, llevárselos a casa, dárselos, que los tome y esperar a que hagan efecto hasta que se muera. Todo esto puede durar mucho tiempo por lo cual si no se tiene tiempo para ver a los enfermos diariamente por la carga de trabajo ya me dirás de dónde sacará el tiempo para esto.

Estos médicos desconocen el contenido del borrador. Por ello cuando se leen encuestas de colegios de médicos sobre la eutanasia, muchos están a favor. Pero, ¿quiénes contestan? No es lo mismo que conteste un médico generalista, que piensa que no tiene que hacer nada con la eutanasia con otros que hacemos paliativos y sabemos cómo aliviar el sufrimiento. Y no es lo mismo un oncólogo o radiólogo que uno que está siempre en un laboratorio.

-Usted es actualmente el director del Instituto de Sensibilización, Formación, Investigación e Innovación para Cuidar Mejor del Hospital San Juan de Dios de Santurce. ¿Cómo se cuida mejor al final de la vida?

- Primero, no abandonando al enfermo. Acompañándole, escuchándole, tratando de comprender todas sus necesidades. No solo tiene necesidades físicas o biológicas sino también emocionales o psicológicas, sociales o familiares y espirituales o trascendentales. Las necesidades de un enfermo al final de la vida son cuatridimensionales y tenemos que abordar las cuatro. En definitiva, no hay que prolongar innecesariamente la agonía pero tampoco acortar precipitadamente la vida de la persona sino ayudarle a no sufrir mientras llega la muerte.

 

Jesucristo vela por su Iglesia pero permite que sufra crisis

Muchos no entienden por qué Nuestro Señor parece dormir y permite que el mal entre en el santuario. Aparentemente, esto contradice tanto la promesa de la indefectibilidad como la santidad de la esposa mística de Cristo. La fe de muchos vacila: si la Iglesia no es santa, no puede ser la verdadera Iglesia de Cristo.

Señor, sálvanos que perecemos

La barca de Pedro en la tormenta

La Iglesia a menudo es representada como la barca de Pedro que navega por los mares de la Historia.

A veces, vientos tranquilos soplan en sus velas, y ella flota sobre las olas con gracia imponente y serena. Otras veces, sin embargo, los vientos aúllan, el mar se encrespa con olas coronadas de espuma, los rayos rasgan los cielos, los truenos estremecen a los marineros y el barco parece naufragar.

Mientras las ráfagas de viento sacuden la barcaza de Pedro, el Salvador duerme. Entonces, como los Apóstoles, clamamos: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!» Al despertar, Jesús nos tranquiliza como lo hizo con ellos: «¿Por qué teméis, hombres de poca fe?» De pie con una voz majestuosa, ordena que la tormenta cese y que el mar se calme. [1]

«Es inevitable que haya escándalos»

Contenidos

Hoy la Iglesia está golpeada por escándalos morales y desvíos doctrinarios. Sus enemigos la están atacando mientras la incertidumbre y la confusión agitan a sus hijos.

Muchos no entienden por qué Nuestro Señor parece dormir o por qué permite que el mal entre en el santuario. Aparentemente, esto contradice tanto la promesa de la indefectibilidad como la santidad de la esposa mística de Cristo. La fe de muchos vacila: si la Iglesia no es santa, no puede ser la verdadera Iglesia de Cristo.

Otros reaccionan tratando de reformar la Iglesia, culpando por la crisis a sus dogmas y enseñanzas morales, y a su estructura jerárquica, de institución divina.

Las puertas del infierno no prevalecerán sobre Ella

Nuestro Señor prometió que las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia, [2] y que Él la asistirá hasta el final de los tiempos.[3] Sin embargo, Él no prometió que Ella no sufriría crisis, escándalos y colapsos aparentes.

Por el contrario, las parábolas de Nuestro Señor sobre el Reino de Dios, que es la Iglesia, afirman claramente que el bien y el mal serán parte de Ella hasta el final de los tiempos. Solo entonces Dios enviará a sus ángeles para limpiar la tierra del escándalo. [4]

La vida terrena es un período de prueba. Entonces algunos harán el mal y escandalizarán a otros. «Es inevitable que haya escándalos», dijo Nuestro Señor, «¡ay de aquel por quien vengan!»[5] San Pablo explica cómo estos escándalos ayudan a purificar nuestra fe: «pues es preciso que entre vosotros haya disensiones, a fin de que se destaquen los de probada virtud entre vosotros.”. [6]

Dios permite la tentación pero nos fortalece con su gracia

Dios permite la tentación, pero siempre nos da la gracia suficiente para resistir. San Pablo enseña: «no os ha sobrevenido tentación que no fuera humana, y fiel es Dios, que no permitirá que seáis tentados sobre vuestras fuerzas, antes dispondrá con la tentación el éxito, dándoos el poder de resistirla”. [7]

Al explicar el episodio de Nuestro Señor durmiendo en la barca, San Juan Crisóstomo comenta que la tormenta simboliza las futuras pruebas de la Iglesia, durante las cuales los fieles, los atletas de Cristo, serán fortificados. El eminente comentarista de la Sagrada Escritura Cornelio a Lápide, después de referirse a San Juan Crisóstomo, cita una frase de Séneca, para mostrar que incluso un escritor pagano entendió el provecho espiritual de la lucha contra la tentación: «Una vida sin tentación es como un mar muerto”. [8]

El Sínodo y el fin de la Iglesia tridentina

La Iglesia es la «Casa de Dios», cuya piedra angular es Cristo. [9] Ella es «la Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén» bajada del Cielo.[10] Sin embargo, Dios permite la tentación incluso en este lugar sagrado, así como permitió que nuestros primeros padres fueran probados en el Paraíso Terrenal. De esta manera, nuestro amor se purifica de todo apego al consuelo divino y a las preocupaciones humanas.

Nuestro Señor previó los escándalos

San Agustín explica que siempre habrá algunos obispos semejantes al Buen Pastor (que es una figura de Nuestro Señor), y otros como los mercenarios. Escribiendo a Felicia, una virgen que se afligía por los escándalos que entonces infestaban a la Iglesia, dijo:

“Te amonesto a que no te dejes perturbar más de lo normal por estos escándalos. Se nos predijo que vendrían, para; que al llegar recordáramos que estaban anunciados y no nos turbásemos demasiado. El mismo Señor los anunció en el Evangelio: ¡Ay del mundo por los escándalos! Es menester que vengan escándalos, pero ¡ay de aquel hombre por que venga el escándalo!» […]Hay algunos que ocupan la cátedra de pastor para mirar por la grey de Cristo. Pero hay otros que ocupan para gozar de sus honores temporales y comodidades seculares. Es preciso que en la Iglesia Católica perduren estos dos linajes de pastores hasta el fin de los siglos y hasta el juicio del Señor, pues unos nacen mientras otros mueren. Ya en los tiempos apostólicos había algunos falsos hermanos, entre los que gemía el Apóstol, diciendo: Peligros de parte de los falsos hermanos«. [11]

Finalmente, cuando se enfrentó a los errores de Lutero y Calvino, la Iglesia afirmó que no era una Iglesia de santos o una Iglesia de predestinados, sino que alberga en su seno a justos y pecadores.[12]

La Iglesia siempre ha sufrido pruebas a lo largo de su historia

La historia de la Iglesia muestra claramente que ella siempre ha sufrido pruebas. En su nacimiento, feroces persecuciones externas intentaron destruirla. Poco después, las herejías embistieron contra Ella internamente.

En los albores del siglo IV, la Iglesia tuvo que enfrentar el arrianismo, una de las herejías más devastadoras. Negaba la divinidad de Nuestro Señor, declarándolo una simple criatura, aunque más perfecta, creada por el Padre para ser intermediaria en la creación y redención del mundo. Arrio, fundador de la herejía, afirmó que la naturaleza del Hijo no era de la misma sustancia que la del Padre, es decir, que el Hijo no era consustancial con el Padre.

Esta herejía atacó los fundamentos mismos del Cristianismo. Si el Verbo no fuera divino, Dios no se hizo hombre, y los misterios de la Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor no tendrían un significado trascendental.

Esta herejía se difundió por todo el mundo cristiano. Tantos obispos adhirieron, que San Jerónimo exclamó con una hipérbole retórica: «El mundo entero gimió de asombro al ver que se había convertido en arriano». [13]

Homicidio y suicidio espiritual

En un sermón sobre los escándalos actuales, el Padre Roger J. Landry de la Parroquia del Espíritu Santo en Fall River, Massachusetts. Con razón, comenta: “Desafortunadamente, el escándalo no es nuevo para la Iglesia. Cada vez que la Iglesia alcanza su punto más bajo, Dios levanta santos extraordinarios para llevarla de regreso a su verdadera misión. Es como si en estos tiempos oscuros la luz de Cristo siempre brillara más”.

El Padre Landry cita el mal ejemplo del papa Alejandro VI durante el Renacimiento: tuvo varios hijos de varias concubinas y luego los enriqueció con los bienes de la Iglesia; muchos fueron escandalizados y sacudidos en su fe; Lutero se rebeló, renegó y fundó una nueva religión. Agrega: “A su debido tiempo, Dios suscitó muchos santos para luchar contra esta solución equivocada y reencaminar a las personas a la Iglesia que Cristo fundó. San Francisco de Sales fue uno de ellos”.

Después de mencionar episodios heroicos en la vida de San Francisco de Sales, el P. Landry transcribe un comentario del Santo: “Si bien quienes cometen este tipo de escándalos son culpables del equivalente espiritual del asesinato, quienes se escandalizan y permiten que el escándalo destruya su fe, son culpables de suicidio espiritual».

El P. Landry dice que San Francisco estaba entre las personas de la región que hoy es Suiza, tratando de evitar que se suicidaran espiritualmente debido a los escándalos. Y concluye: «Estoy aquí para predicarles lo mismo». [14]


[1] S. Mat . 8:25-26.

[2] S. Mat . 16:17-19

[3] S. Mat . 28:18-20

[4] S. Mat . 13

[5] S. Lucas, 17:1

[6] 1 Cor. 11:19

[7] 1 Cor. 10:13                                                                                                                     

[8] Cornelius a Lapide, Commentaria in Scripturam Sacram (Paris: Vivès, 1881), Vol. 15, p. 234

[9] 1 Cor. 3:9, 11; Mat . 21:42

[10] Apoc. 21:2

[11] Epist. 208, 2 and 5, in Charles Cardinal Journet, The Church of the Word Incarnate (New York: Sheed and Ward, 1955), pp. 97-98

[12] In a sermon on the present scandals, Fr. Roger J. Landry, pastor of Espirito Santo parish in Fall River, Mass., opportunely observes: “Scandal is unfortunately nothing new for the 12. Fr. Joachim Salaver i, S.J., De Ecclesia Christi, in VV.AA, Sacrae Theologiae Summa, (Madrid: Biblioteca deAutores Cristianos, 1958), Vol. I, no. 1128, p. 912.

[13] William Barry, s.v. “Arianism,” Catholic Encyclopedia (1913), Vol. I, p. 710

[14] Fr. Roger J. Landry, Answering Scandal with Personal Holiness, in Catholic Educator’s Resource Center www.catholiceducation.org/articles/religion/ re0526.html, 2002

 

¿Cómo era la oración de los primeros cristianos?

LA ORACIÓN EN LOS PRIMEROS CRISTIANOS

¿COMO HACÍAN ORACIÓN?

 

La oración cristiana hay que situarla en línea de continuidad con la tradición orante del pueblo de Israel. Lógicamente los cristianos van a  estar muy vinculados a la oración de Jesús, puesto que el mismo Señor les indicó la forma de hacerlo, cuando se lo pidió uno de sus discípulos y les enseñó el Padrenuestro (Lc 11, 1-4).

 

Como textos representativos de la primitiva oración cristiana figura lo dispuesto en la Didaché donde se señala un criterio oracional distinto de la praxis judaica y se hace hincapié en seguir la recitación de Padrenuestro, «como mandó el Señor en su Evangelio (…). Así orad tres veces al día» (Did., VIII, 2-3). En la misma Didaché encontramos, a continuación, unas oraciones de acción de gracias, que debieron formar parte de la plegaria eucarística de una comunidad judeocristiana (Did., IX-X).

La Carta a los Corintios de san Clemente Romano termina con una larga oración de clara textura eucarística (Ad Cor. LIX-LXI). Un carácter más dramático nos ofrece la breve oración pronunciada por san Policarpo poco antes de consumar su martirio (Mart. Poly., 14).

 

 

De los testimonios que acabamos de presentar, aunque existen motivos y contenidos diversos en la oración cristiana, el cañamazo literario sobre el que se expresa es el de la berekah, la bendición judía, cuyo esquema comprendía una invocación divina –recuerdo de las intervenciones divinas del A. Testamento–, y una doxología.

Otra observación que aflora inmediatamente es que se mantiene la tradición de la plegaria horaria judía (mañana, mediodía y tarde), pero se cambia el contenido; no será el Shemá Israel («escucha Israel») (Dt 6, 4-7), sino el Padrenuestro. Otro tanto se podría decir de las celebraciones dominicales de la eucaristía, atestiguadas por san Justino (I Apol., LXVII, 3), que recuerdan las del shabat judío.

En el momento de amanecer y al caer la noche, el cristiano se recoge en oración, medita la Escritura o canta un salmo (Tertuliano, De orat., 23). También era una herencia judía la oración de bendición antes de las comidas (Tertuliano, De orat., XXV, 4). Se puede decir que el carácter religioso de mesa era tal que los cristianos excluían de ella a los paganos.

Si fijamos nuestra atención en naturaleza de la oración cristiana, Clemente de Alejandría, no sin cierta vacilación, nos la definirá como trato o «conversación con Dios» (Strom., VII, 39, 6). De ahí que la oración, por muy vocal que sea, requerirá siempre la atención de la mente de quien la recite, precisamente por ser una forma de interlocución. Al verdadero sabio cristiano (gnostikós) las oraciones cotidianas se convierten en camino que lleva a la contemplación. Escuchemos de nuevo a Clemente:

«También sus ofrendas son plegarias, alabanzas, lecturas de la Escritura antes de la comida, salmos e himnos para las comidas y antes del descanso, y de nuevo plegarias por la noche. Con esto él [el sabio] se une al divino coro, inscribiéndose para una contemplación eterna por su constante recuerdo (…). Reza de cualquier modo y en todos los sitios: en el paseo, en la conversación, en el descanso, durante la lectura y en las tareas intelectuales; y aunque sólo reflexionara en el aposento, sin embargo, Él esta cerca e incluso delante del que conversa» (Strom., VII, 49, 4-7).

Como Clemente, Orígenes está también profundamente convencido de que la vida del cristiano ha de ser una continua oración, dentro de la cual la oración diaria tiene un lugar insustituible (De orat., XII, 2). El gran pensador alejandrino escribe un breve tratado Sobre la oración, en el que comenta el Padrenuestro y da valiosos consejos para hacer mejor la oración.

Sugiere para que la oración sea fructuosa, tener como disposición inicial una actitud que la lleve al apartamiento constante del pecado y al empeño incesante de liberarse de las afecciones y pasiones. Como actitud positiva aconseja situarse en la presencia de Dios:

«Es sumamente provechoso al pretender hacer oración ponerse –durante toda ella– en actitud de presencia de Dios y hablar con Él como quien está presente y lo ve. Pues así como ciertas fantasías recordadas por nuestra memoria suscitan pensamientos que surgen cuando aquellas se contemplan en el ánimo, así también hay que creer será útil el recuerdo de Dios que está presente y que capta todos los movimientos, aún los más leves, del alma mientras ésta se dispone a sí misma para agradar a quien sabe que está presente, y que va y examina el corazón, y que escruta las entrañas.

Pues en la hipótesis de que no recibiese otra utilidad quien así dispusiera su mente para la oración, no se ha de considerar pequeño fruto el hecho mismo de haber adoptado durante el tiempo de la oración una actitud tan piadosa» (De orat., VIII, 2).

 

Con estas disposiciones previas, la oración de cristiano se debe desarrollar en una ascensión gradual. El primer escalón está representado por la oración de petición. Otro grado de oración es el de quien acompaña la alabanza de Dios con la oración de petición. El punto más alto del orar cristiano se alcanza en la oración interior, sin palabras, que une al alma con su Dios (Orígenes, In Num. hom., X, 3).

Orígenes no sólo era un excelente biblista y un gran teólogo, sino que como subraya Benedicto XVI: «A pesar de toda la riqueza teológica de su pensamiento, nunca lo desarrolla de un modo meramente académico; siempre se funda en la experiencia de la oración, del contacto con Dios».

Su doctrina sobre la oración contribuyó decisivamente a fomentar la piedad en el Oriente cristiano, especialmente en el mundo monástico, a partir del siglo IV. También influirá en la mística de Occidente, a través, sobre todo de san Ambrosio.

En el Occidente surgen igualmente tratados sobre la oración, que son comentarios al Padrenuestro, debidos a la pluma de dos autores latinos, Tertuliano y Cipriano. Coinciden con los alejandrinos en la necesidad de orar y en las disposiciones del alma, pero difieren al centrarse más en la nueva forma de oración, que enseñó Cristo y sólo los cristianos conocen, porque sólo ellos tienen a Dios por Padre (Tertuliano, De orat., 2). San Cipriano sitúa al cristiano que reza el Padrenuestro en el contexto de la filiación divina. Escuchemos lo que nos dice:

«Oremos, hermanos amadísimos, como Dios, el Maestro, nos ha enseñado. Es oración confidencial e íntima orar a Dios con lo que es suyo, elevar hasta sus oídos la oración de Cristo. Que el Padre reconozca las palabras de su Hijo, cuando rezamos una oración» (De orat. dominica., 3).

 

LA POSTURA AL REZAR

Las posturas que utilizaban los primeros cristianos para orar eran variadas y estaban inspiradas en la Biblia: de pie, de rodillas, inclinado y en postración. La forma más común es la del «orante», que aparece en numerosas representaciones iconográficas, a partir de los primeros siglos.

Tertuliano le da a esta manera de orar un valor de símbolo, porque imita al Señor sobre la cruz (De orat., 18-25). Por su parte, Orígenes prefiere esta postura orante:

«Siendo innumerables las posiciones del cuerpo, la postura de manos extendidas y ojos alzados ha de preferirse por reflejar así la misma disposición corporal una como imagen de las disposiciones interiores que son convenientes al alma en la oración. Y decimos que esta es la postura que se ha de guardar, si no hay alguna circunstancia que lo impida» (Orígenes, De orat., XXXI, 2).

La postura de poner las manos juntas no se empleaba en la Antigüedad, es un gesto de origen germánico de carácter feudal que el vasallo hacia a su señor, y que en la Edad Media se incorporaría en algunos usos litúrgicos.

 

 

La oración dirigida a Cristo se muestra, especialmente, en la orientación que adoptan los cristianos, a comienzos del siglo II, y que se impone ampliamente en Oriente y Occidente, durante el siglo III. Se ora vuelto al Oriente, porque de Oriente se espera que venga de nuevo Cristo, y en Oriente está el paraíso, anhelado por todos los cristianos. No hay que olvidar que la “luz viene del Oriente” (Ex oriente lux), y que esa luz la entendían los primeros fieles como referida específicamente a Cristo (Jn 3, 9. 19; 8, 12; 12, 46).

A la «orientación» se añade, ya desde el siglo II, la práctica de orar ante una cruz, que se coloca en la pared (en madera o pintada), de forma que quien vaya a rezar esté de cara al Oriente. La cruz como signo glorioso precederá al Señor en su segundo advenimiento desde el oriente. El uso de la señal de cruz estaba  muy arraigado entre los primeros creyentes. A finales del siglo II, Tertuliano escribía:

«En todos nuestros viajes, en nuestras salidas y entradas, al vestirnos y al calzarnos, al bañarnos y sentarnos a la mesa, al encender las luces, al irnos a la cama, al sentarnos, cualquiera que sea la tarea que nos ocupe signamos nuestra frente con la cruz» (De cor., 3).

En resumen, podríamos decir que hacer este signo es ya hacer oración. O mejor, dicho por Benedicto XVI:

«Hacer la señal de la cruz (…) significa decir un sí público y visible a Aquél que murió y resucitó por nosotros, a Dios, que en la humildad y debilidad de su amor, es el Todopoderoso, más fuerte que todo el poder y la inteligencia del mundo».

Domingo Ramos Lisson

 

 

Si no hacemos nada nuestro hogar se vuelve un caos

¡Cuidado! Un hogar caótico puede afectar al desarrollo vital de los niños. Si quieres comprobar cómo es tu hogar, aquí encontrarás un cuestionario usado por psicólogos y expertos.

Si en nuestro hogar no somos capaces de conciliar la vida laboral y familiar y de establecer unas mínimas pautas de gobierno todo andará mal. Nuestro hogar se puede convertir en un lugar caótico. Si por el contrario todos cumplimos una serie de normas y las tareas asignadas a cada uno, nuestra vida será mucho más sencilla.

¿Cómo son estos hogares caóticos?

Existe un marco conceptual que estudia el grado de desorden al que puede llegar una familia en su vivienda: se habla de hogares caóticos (Household Chaos).

Estos hogares se caracterizan por tener unos padres desesperados y estresados que andan sumergidos en una tormenta que les puede y, a la vez, no les permite ver más allá. Consideran que tener hijos pequeños en casa es naturalmente imposible de controlar y crecen en una negativa indefensión aprendida.

Progresivamente se sienten más impotentes y la profecía de que nada puede ser resuelto se va cumpliendo. En ese tipo de hogar todo puede ir a peor todavía.

Las características de este progresivo caos son las siguientes:

– Ausencia de conciliación de horarios familiares, laborales, escolares y personales
-Falta de rutinas, normas, horarios: comidas, hora de ir a dormir y levantarse)
-Ruido excesivo: del barrio, del inmueble, procedente de dispositivos móviles o de la televisión emitida en más de 85 decibelios
-Saturación en cuanto a la presencia de personas y objetos en el hogar

La convergencia fatal de estos factores da lugar a un ambiente impredecible. Mencionemos solo un efecto entre muchos: el estrés vivido por cada miembro en función de su sexo, edad y personalidad.

¿En qué tipo de familias abunda el caos?

Fácilmente se argumentará que este tipo situaciones se da en los hogares de las clases más desfavorecidas, en las familias más afectadas por la pobreza y la adversidad social o circunstancial. Sin embargo, hay muchos momentos en que las familias de las clases medias y más acomodadas pueden sufrir episodios o temporadas en las que el caos inunda el hogar.

Es verdad que las familias de estatus social bajo son más proclives a padecer este caos, pero una familia con los padres excesivamente ocupados (ganando buenos sueldos), pueden desembocar en estas situaciones. ¡Ah! Ocupados en el trabajo y en el ocio más allá de los hijos.

El caos depende mucho de la crianza (parenting en inglés) que ejerzan los padres. Hay padre proactivos y pacientes que llevan organizando las rutinas desde que nacen sus hijos y otras familia viven a salto de mata: improvisando, resolviendo los problemas cuando aparecen a menudo sin criterios ni experiencia.

Pero lo más serio de este asunto es que el hogar caótico acaba redundando negativamente en el desarrollo de los niños. Y este desarrollo de los niños pierde pie en planos como

la adquisición del lenguaje;
la autorregulación en la que todos los niños deben desarrollarse;
una menor capacidad de concentrarse en aquellas tareas intelectuales o lúdicas calmadas que exigen atención;
una menor actividad física;
una peor alimentación;
y una peor higiene del sueño.

Los niños en la escuela rinden menos pues andan estresados y el estrés no es un buen predictor del progreso en el aprendizaje. (Esto también sucede cuando se pagan buenos colegios.)

Empantallados, desconcentrados

A menudo la solución a la que apuntan muchos padres poco avisados es recurrir a las pantallas: ofrecer un smartphone o una tableta en propiedad al hijo cuando no plantarlos ante la televisión toda una tarde.

Estos niños a menudo no saben jugar. Han perdido la capacidad para concentrarse en un juego.

Los padres están muy convencidos de que han adoptado una solución ideal, que los niños “van a aprender mucho” (ironía) en estos tiempos en que todo va a acabar siendo digital. Pero no es así: pan para hoy y hambre para mañana se dice en castellano.

Unos niños empantallados crecen en atención involuntaria, que no exige ningún esfuerzo, y menguan en atención voluntaria. Esta última es la atención esforzada que se necesita para construir un puzzle o leer un libro. Además el niño no tiene límites y quiere la pantalla para todo: comer, dormir, vestirse.

Y desde luego una familia caótica-empantallada no tiene tiempo para enseñar a comer, dormir, vestirse. No tiene previsión ni agenda para el tiempo libre productivo como ir al parque o salir un domingo soleado de excursión.

Además, las pantallas son un ruido que dispersa a la hora de concentrarse. Son ruido que a veces reciben a través de cascos para oír mejor la música o jugar mejor con su app. O la televisión permanentemente encendida lo contamina todo de un ruido de fondo estridente.

La conclusión más predecible de un hogar caótico es

el estrés;
la ansiedad;
la desorientación;
los malos humores;
las pataletas –hablamos de niños que no se gobiernan a sí mismos-
y los gritos a menudo de los padres que han perdido la autoridad y solo cuentan con la amenaza que exige frecuentemente alzar la voz. Ahí caben conatos de maltrato como insultos o algún azote desproporcionado.

Entonces los padres se van de casa (física y mentalmente) y dejan a sus hijos a cargo de los abuelos o de la canguro que no mejora las cosas pues siempre son gobiernos provisionales.

Muchos niños acaban presentando problemas de comportamiento (externalizado e internalizados: actitudes desafiantes o retraimiento excesivo) cuando el hogar caótico converge con otros problemas como un verdadero maltrato por negligencia de los hijos –dejar a los hijos sin atención- o unas discusiones de pareja de alta agresividad. Pero la pendiente, disculpen el tono crudo, empieza por un crónico hogar caótico.

Examinemos si somos una familia caótica

Demos un paso más para examinar qué pasa en una casa caótica con el mismo cuestionario (CHAOS) que usa la ciencia psicológica para medir estos hogares.

Estamos hablando de preguntas que se responden por grado de acuerdo: los hogares caóticos responden con mucho desacuerdo ante las situaciones positivas y con mucho acuerdo ante las situaciones negativas.

Hay muy poco alboroto en nuestro hogar.
Generalmente podemos encontrar las cosas cuando las necesitamos.
No importa cuánto lo intentemos, siempre llegamos tarde.
Nuestra casa un verdadero zoológico.
En casa podemos hablar entre nosotros sin ser interrumpidos.
A menudo en nuestra casa se producen berrinches
No importa cuáles sean los planes de nuestra familia, generalmente no funcionan.
A menudo me atraen los argumentos de otras personas en casa.
Nuestra casa es un buen lugar para relajarse.
A primera hora del día, tenemos una rutina regular en casa.

¿Qué hacen las familias ordenadas?

¿Qué hacen las familias que se salvan del caos y evitan estos conflictos o, en muchas ocasiones, crisis crónicas?

– Pues primero de todo cuidan la autorregulación de mayores y pequeños. Los mayores son modelo para los pequeños. Todos se auto-obedecen.
– Y como la autorregulación empieza en el ejemplo se establecen unas normas que todos cumplen, padres e hijos.
– Normas, orden, rutinas.
– Todos saben qué hacer en cada momento: desde el uso del baño por la mañana, desde el horario de la comida durante el día (pensemos en un domingo) hasta la hora fijada de ir a dormir.
Horarios, calendarios: en una palabra orden.
– Son familias que logran que el orden les guarde. O dicho al de otra forma: son familia que se sienten cuidadas por el orden: también el de la ropa, el de los platos, bajar la basura o pasear al perro, etc.
– Y este orden solo se alcanza con puntualidad y encargos. Todos tienen sus encargos y nadie se inhibe (en castellano castizo: nadie se escaquea). Existe una responsabilidad familiar en la que, aun los más pequeños, saben que la vida en el hogar es un asunto muy serio que se alcanza cuando una familia se comporta como un auténtico equipo.
El ruido y las pantallas, son temas que van en paralelo, han de tener sus horarios y sus prioridades.
Primero los deberes, la merienda y la higiene: si todo funciona todo llegará.
Y pantallas pocas y compartidas.El secreto son los turnos ycompartirlo todo: el computador y la TV del salón.
– Y nada de móviles y tabletas en propiedad hasta los 15 (por ejemplo).
– El juego sosegado va antes que las pantallas.
La habitación ordenada antes que salir al parque.

Sin embargo todo este proceso no se logra si no se escuchan atentamente las órdenes de los mayores y los matices que ofrecen los más pequeños: y ahí obedecer es escuchar atentamente.

Los gritos y la prisa han desaparecido así como las peleas y las quejas.

Mimar el silencio

En esta dirección es muy bueno que una familia que quiere ser ordenada mime el silencio, cuide las voces suaves y sin tonos forzados. El silencio en las habitaciones y el comedor, en el salón y la cocina.

Si el orden guarda a la familia el silencio las ampara en la reflexión, el sosiego y la prudencia. Unos padres sosegados y que hablan en voz baja contagian a sus hijos. Y el silencio y el orden solo se pueden vivir en un respeto grande por los otros, sus ideas, sus argumentos.

Porque a los hijos hay que facilitarles la vida y el silencio facilita la focalización de la atención y las tareas sosegadas sean juego sean deberes para la escuela.

Y más aún: el silencio, el orden y el respeto facilitan el descanso y de pronto aparece tiempo que no sabíamos que teníamos y entonces es cuando se puede salir de excursión, leer o prolongar una sosegada tertulia tras la comida, o una buena película que los padres comentan y explican.

Ignasi de Bofarull

 

 

El drama de 2018 que no cesa

Me gusta mirar el rostro de paz que presentan los bebés: suelo sentir gozo. También me gusta mirar el rostro emocionado y alegre de sus madres. En la maternidad encontramos  razones fuertes para vivir y para luchar.

Recientemente,  esta mala noticia: en 2018, la cifra oficial de abortos, según el Ministerio de Sanidad, fue de 95. 917, superior a la del año anterior. Los contaron “los Centros notificadores de I.V.E.”.  Hablar de I.V.E. ( “Interrupción voluntaria del embarazo”) no tiene sentido:  nada se interrumpe: no se deja nacer al niño, se le asesina y punto. El aborto es dar al pequeñín una muerte cruel, violenta. La madre no podrá llevar al hijo sobre sus brazos ni retirarlo de su conciencia. Cuando una mujer aborta voluntariamente, incrementa el problema que la impulsó a ello: le vienen los lamentos por la pérdida del niño, el desconsuelo por la falta de duelo y el sentirse mala madre, y puede nacer un resentimiento contra los familiares que la obligaron a esa acción infame.  

En Torrent ( Valencia), han dedicado un espacio del cementerio para los pequeños niños abortados, sea voluntariamente o no. Un ángel corona el panteón. La iniciativa pretende "reconocer la dignidad de la persona humana desde el momento de la fecundación,  ya que, desde entonces, hay un nuevo ser humano en el vientre materno".

Josefa Romo Garlito

 

 

Los pobres

Muchas veces, en nuestro tiempo marcado por la prisa, el que se queda atrás molesta y se le excluye. Es la llamada "cultura del descarte", a la que hace referencia en tantas ocasiones el Papa Francisco. Ancianos, niños no nacidos o personas discapacitadas. Los rostros de las pobrezas son tantos que nos avergüenzan.

Por eso es tan importante una jornada como la dedicada anualmente cada año a los pobres. Por el anuncio de una Iglesia permanentemente volcada hacia quienes más lo necesitan. Y por la denuncia, para que sigamos reparando las brechas y distancias que se abren, y no pasemos por alto que, en ocasiones, es la codicia de unos pocos la que acrecienta la pobreza de muchos.

Domingo Martínez Madrid

 

Acude como misionero de Cristo

El Cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, ha explicado que el centro de atención del Papa en sus viajes es siempre la persona, más necesitada que nunca de encontrar respuestas válidas sobre el sentido de su vida. El viaje de Francisco a Oriente ha seguido la estela de los primeros misioneros jesuitas del siglo XVI, el primero de los cuales fue San Francisco Javier. Tanto en Tailandia, donde las relaciones de la Iglesia con el budismo son buenas, como sobre todo en Japón, la persecución y el martirio están en la memoria de las comunidades católicas, aunque hoy la minoría cristiana goza de la protección de la casa real. Tanto a Bangkok como a Tokio, donde ya estuvo San Juan Pablo II, el Papa ha acudido como misionero de Cristo y defensor de la cultura de la vida, sin olvidar las secuelas de la II Guerra Mundial que tuvo su culmen en la destrucción de Hiroshima y Nagasaki, una tragedia que ha movido a Francisco a clamar para que el poder destructivo de las armas nucleares no vuelva a desatarse nunca más en la historia humana.

Pedro García

 

 

El éxito de la Transición,

Pueden interpretarse adecuadamente las palabras que el Cardenal Blázquez dedicaba, hace unos días, a la actual situación de España, marcada por la confusión y algunas inquietudes. El Presidente de la CEE reivindicaba el espíritu de la Transición, que hizo posible la concordia y el emprendimiento de un camino común entre quienes pensaban de manera diferente. El éxito de la Transición, con el fruto de la Constitución, fue motivo de serenidad que no puede ahora ser cuestionado rompiendo el acuerdo con el que fue aprobado en su día. El nuestro, como ha dicho el Cardenal Blázquez, es un momento idóneo para recordar que el caos no debe prevalecer sobre la unidad y que la concordia de todos, dentro de las legítimas diversidades, es un bien inestimable que debemos cuidar como oro en paño.

Jesús Domingo Martínez

 

 

 

Pensiones y pensionistas… Hablemos claro

 

                                Parece ser que “algunos” piensan que a los pensionistas “de la masa”, nos regalan las miserables pensiones que nos paga el Estado; por tanto hay que hablar claro y contundente, “el qué y el porqué de las cosas”. Al que esto escribe lo ponen a trabajar a los siete años, por “la comida y la cama” y así siguió trabajando hasta los 65 años, en que le llegó “la miserable jubilación” (“89.000 pesetas”); por lo que si no hubiese sido ahorrador suficiente, el porvenir de “ese jubilado” hubiese sido “comer papas cocías, pan y aceite y poco más”, y vivir miserablemente a pesar de haber trabajado para “su país” casi 60 años, puesto que en España se pagan en general, “pensiones de hambre” (salvo a los privilegiados que los hubo y los hay muy abundantes).

                                El fondo de pensiones “oficial”, a lo largo del tiempo ha sido saqueado de múltiples formas y maneras, e invito a los “entendidos”, que hagan un resumen histórico de todo ello para ir aclarando conceptos.

                                Por otra parte hay que tener en cuenta, muy en cuenta; que el verdadero progreso de España (que no es el de la realidad de esta pobre “nueva era”) se debe a los que como yo, trabajamos desde niños, acumulando bienes y riquezas para nosotros (“el que pudo”) pero indudablemente, para que España, llegase a ser la “novena o décima potencia mundial”; cosa que indudablemente se debió, a que aquellas economías fueron bastante bien dirigidas; y pese a “los chanchullos, robos y malversaciones”, que son cosa común en este país, nación, u lo que sea ya; y las que se hicieron y hacen hoy, “puede que más que nunca en el pasado moderno”.

                                Por tanto, todo el que de “verdad” trabajó por España o lo hizo fuera pero enviando el dinero a su casa o familia afincada aquí; tiene un derecho inalienable, indiscutible y por tanto de la máxima firmeza, para cobrar pensiones “decentes y equitativas”, con arreglo a los bienes que produzca España en su conjunto y en cualquier época actual o futura; todo lo demás tiene un solo calificativo y es el siguiente…. “Injusticia Social”, mande quién mande en todo el territorio como gobierno general de una nación en toda su extensión de tierras peninsulares o insulares; todo lo demás son mentiras de tal contundencia que no necesito calificarlas.

                                Tratamiento aparte, merece todo aquel “parásito” (total o parcial) que por mor de “las leyes del embudo”, que aquí se dictan, o los infinitos subterfugios que en “Iberia”, se hicieron y hacen, para vivir del cuento y como parásitos, estén cobrando o piensen cobrar de ese fondo que antes digo y que es… SAGRADO. A ese sector que he nombrado globalmente y que debe “ser numerosísimo”; si hay que revisarle sus pagas, hágase con la suficiente justicia que sea demostrable.

                                Por lo dicho, ¡Ojo a los pensionistas que hoy cobran o que piensen cobrar! Que no se duerman y sigan protestando y mejor aún, necesitamos un partido político, netamente nutrido por el sector y donde férreamente se vigilen nuestros intereses y se cierre el paso, a los “tiburones, que siempre tratarán de controlarlo”. A nosotros no nos puede defender nadie que… NO SEA NOSOTROS MISMOS. Y que quede muy claro, que no pedimos limosna, sino simplemente lo suficiente para vivir dignamente.

                                Por todo ello y en un buen periódico diario y que se publica en Internet, en un tema abierto sobre pensiones, yo he intervenido diciendo lo que sigue: invitando al que esto lea a que entre y diga lo que tenga que decir; puesto que para ello le dejo la dirección: https://www.vozpopuli.com/economia-y-finanzas/como-pagan-pensiones-seguridad-social_0_1300671079.html  Sigue el texto de mi intervención…

 

“Vamos a ver si nos enteramos los españoles y sobre todo los inútiles políticos que eluden una responsabilidad que es NACIONAL. Se están pagando pensiones desde al ex rey Juan Carlos, pasando por generales y demás militares, policías, guardias civiles, empleados del Estado y políticos incluso, que no cotizaron lo que se les exige a los demás. Lo que hoy es España (en enorme cuantía) y pese al destrozo económico y social de los que la han mangoneado en "la nueva era"; se nos debe a todos los pensionistas, que de la masa, cobramos hoy pensiones de miseria. Por tanto las pensiones LAS TIENEN QUE PAGAR LOS PRESUPUESTOS DEL ESTADO, COMO UN GASTO INELUDIBLE MÁS DE LOS MUCHOS QUE SE IRROGA”. Y esto de pura lógica y justicia, no es discutible por ningún motivo.

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes