Las Noticias de hoy 18 Mayo 2020

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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 18 de mayo de 2020   

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

Regina Coeli : Comienza la Semana Laudato sí´

Regina Coeli: “Jesús nos pide que lo amemos, que nos amemos”

Pandemia, “crisis alimentaria y ecología integral”: la acción de la Iglesia

LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO: Francisco Fernandez Carbajal

“Que en cada uno esté el espíritu de María”: San Josemaria

100 años tras las huellas de san Juan Pablo II

EL LEGADO DE SAN JUAN PABLO II: Cardenal Stanislaw Dziwisz

Guadalupe: en todo, el amor de Dios

Rasgos de buena amistad: Salvador Bernal

Mayo. Ecos de Fátima: Josefa Romo 

El padre Brown, una creación de Chesterton para mostrarle al mundo ateo que los hombres son hermanos: Elena Faccia Serrano.

La pascua del enfermo: + César Franco Obispo de Segovia

Viviendo en la superficialidad: la decadencia del pensamiento: John Horvat

Incomprensiblemente humana: Blanca Sevilla  

Día Internacional de la familia: Juan López Baljarg

Algunas cuestiones éticas tras la pandemia por Covid-19 y sobre la situación que suscita la presencia de esta enfermedad en nuestra sociedad: Luis Miguel Pastor García

La persecución religiosa en China: Jaume Catalán Díaz

La libertad religiosa:  JD Mez Madrid

Se abren balcones y ventanas a las ocho de la tarde: Jesús Domingo Martínez

Banquetes que paga el pueblo y… otras cosas: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Domingo, 17 de mayo de 2020

https://youtu.be/Ycou-bp98Tg
 
Monición de entrada

Hoy nuestra oración es por tantas personas que limpian los hospitales, las calles, que vacían los contenedores de basura, que van por las casas a sacar la basura: un trabajo que nadie ve, pero un trabajo necesario para sobrevivir. Que el Señor los bendiga y los ayude.

 Homilía

En la despedida de los discípulos (cfr. Jn 14,15-21), Jesús les da tranquilidad y paz con una promesa: «No os dejaré huérfanos»(v. 18). Les defiende de ese dolor, de ese sentido doloroso de orfandad. Hoy en el mundo hay un gran sentimiento de orfandad: muchos tienen tantas cosas, pero falta el Padre. Y en la historia de la humanidad esto se repite: cuando falta el Padre, falta algo, y siempre hay ganas de encontrar, de recuperar al Padre, incluso en los mitos antiguos. Pensemos en los mitos de Edipo, de Telémaco y tantos otros: siempre buscan al Padre que falta. Hoy podemos decir que vivimos en una sociedad donde falta el Padre, con un sentido de orfandad que afecta precisamente la pertenencia y la fraternidad.
 
Por eso Jesús promete: «Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito» (v. 16). “Yo me voy –dice Jesús–, pero llegará otro que os enseñará el acceso al Padre. Os recordará el acceso al Padre”. El Espíritu Santo no viene para “conseguir clientes”; viene para señalar el acceso al Padre, para recordar el acceso al Padre, el que Jesús abrió, el que Jesús nos mostró. No existe una espiritualidad del Hijo solo, del Espíritu Santo solo: el centro es el Padre. El Hijo es el enviado del Padre y vuelve al Padre. El Espíritu Santo es enviado del Padre para recordar y enseñar el acceso al Padre.
 
Solo con esa conciencia de hijos que no son huérfanos podemos vivir en paz entre nosotros. Las guerras, ya sean las pequeñas guerras como las grandes guerras, siempre tienen una dimensión de orfandad: falta el Padre que haga la paz. Por eso, cuando Pedro a la primera comunidad le pide que respondan a la gente del porqué son cristianos (cfr. 1Pt 3,15-18), dice: «pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia» (v. 16), es decir con la mansedumbre que da el Espíritu Santo. El Espíritu Santo nos enseña la mansedumbre, la dulzura de los hijos del Padre. El Espíritu Santo no nos enseña a insultar. Y una de las consecuencias del sentido de orfandad es el insulto, las guerras, porque si no está el Padre no hay hermanos, se pierde la fraternidad. Son –la dulzura, el respeto, la mansedumbre– actitudes de pertenencia, de pertenencia a una familia que está segura de tener un Padre.
 
«Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito» (Jn,16), que os recordará el acceso al Padre, os recordará que tenemos un Padre que es el centro de todo, el origen de todo, la unidad de todos, la salvación de todos, porque envió a su Hijo a salvarnos a todos. Y ahora envía al Espíritu Santo a recordarnos el acceso a Él, al Padre y, de esa paternidad viene esa actitud fraterna de mansedumbre, de dulzura y de paz.
 
Pidamos al Espíritu Santo que nos recuerde siempre este acceso al Padre, que nos recuerde que tenemos un Padre. Y a esta civilización, que tiene un gran sentido de orfandad, le conceda la gracia de hallar al Padre, al Padre que da sentido a toda la vida y hace que los hombres sean una familia.

 Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y te deseo en mi alma. Como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si te hubiese recibido, me abrazo y me uno todo a ti. No permitas que jamás me separe de ti.

 

Regina Coeli : Comienza la Semana Laudato sí´

Palabras del Papa después del Regina Coeli

MAYO 17, 2020 16:27RAQUEL ANILLOANGELUS Y REGINA COELI

(zenit – 17 mayo 2020).- Después del rezo del Regina Coeli, el Papa ha recordado la fiesta de San Juan Pablo II que se celebrará mañana. También “ha saludado a los niños y niñas que en estas fechas no podrán celebrar la Primera Comunión a causa de la pandemia” y “la reanudación de la Santa Misa en algunos países”.

Ha recordado “el comienzo de la Semana Laudato sí´,que terminará el próximo domingo. Esperando que toda la reflexión y compromiso común ayuden a crear y fortalecer actitudes constructivas para el cuidado de la creación”.

Estas son las palabras del Papa después del Regina Coeli:

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Palabras del Papa

¡Queridos hermanos y hermanas!,

Mañana se celebra el centenario del nacimiento de San Juan Pablo II, en Wadowice, Polonia. Lo recordamos con mucho afecto y gratitud. Mañana por la mañana, a las 7:00 horas, celebraré la Santa Misa, que será transmitida a todo el mundo, en el altar donde descansan sus restos mortales. Que desde el cielo continúe intercediendo por el Pueblo de Dios y por la paz en el mundo.

En algunos países se han reanudado las celebraciones litúrgicas con los fieles; en otros se está considerando esta posibilidad; en Italia, a partir de mañana se podrá celebrar la Santa Misa con el pueblo; pero por favor, vayamos adelante con las normas, las prescripciones que nos dan, para salvaguardar la salud de cada uno y del prójimo.

En el mes de mayo, es una tradición en muchas parroquias celebrar las misas de Primera Comunión. Claramente, debido a la pandemia, este hermoso momento de fe y celebración ha sido pospuesto. Por lo tanto me gustaría enviar un pensamiento afectuoso a los niños y a las niñas que deberían haber recibido por la primera vez la Eucaristía. Queridos amigos, os invito a vivir este tiempo de espera como una oportunidad para prepararse mejor: rezando, leyendo el libro de catecismo para profundizar en el conocimiento de Jesús, creciendo en la bondad y en el servicio a los demás. ¡Que tengáis un buen camino!.

Hoy comienza la Semana Laudato sí´,que terminará el próximo domingo, en la que recordamos el quinto aniversario de la publicación de la Encíclica. En estos tiempos de pandemia, en los que estamos más consciente de la importancia de cuidar nuestro hogar común, espero que toda la reflexión y compromiso común ayuden a crear y fortalecer actitudes constructivas para el cuidado de la creación.

Y les deseo a todos un buen domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. Feliz almuerzo y el adiós.

 

 

Regina Coeli: “Jesús nos pide que lo amemos, que nos amemos”

Palabras del Papa antes del Regina Coeli

MAYO 17, 2020 14:00RAQUEL ANILLOANGELUS Y REGINA COELI

(zenit – 17 mayo 2020).- “Jesús vincula el amor por Él a la observancia de los mandamientos, y en esto insiste en su discurso de despedida: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos” (v. 15). Con estas palabras comienza el Papa en su mensaje antes de la oración del Regina Coeli de este domingo 17 de mayo, que ha dirigido desde la Biblioteca del Palacio Apostólico del Vaticano.

“Como yo os he amado, amaos también vosotros los unos a los otros” (Jn. 13,34). No dijo: “Ámame como te he amado”, sino “amaos unos a otros como yo os he amado”. Añadió el Papa.

Exhortando. “Los mandamientos no se nos dan como una especie de espejo, en el que ver reflejadas nuestras miserias e inconsistencias. No, la Palabra de Dios se nos da como la Palabra de vida, que transforma, que transforma el corazón, la vida, que renueva, que no juzga para condenar, sino que sana y que tiene como fin el perdón. Es la misericordia de Dios así”.

A continuación las palabras del Papa:

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Palabras del Papa antes del Regina Coeli

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de este domingo (cf. Jn 14, 15-21) presenta dos mensajes fundamentales: la observancia de los mandamientos y la promesa del Espíritu Santo.

Jesús vincula el amor por Él a la observancia de los mandamientos, y en esto insiste en su discurso de despedida: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos” (v. 15); “El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama” (v. 21). Jesús nos pide que lo amemos, pero nos explica: este amor no termina en un deseo por Él, o en un sentimiento, no, requiere disponibilidad de seguir su camino, es decir, la voluntad del Padre. Y esto se resume en el mandamiento del amor recíproco, el primer amor, dado por el mismo Jesús: “Como yo os he amado, amaos también vosotros los unos a los otros” (Jn. 13,34). No dijo: “Ámame como te he amado”, sino “amaos unos a otros como yo os he amado”.  Él nos ama sin pedirnos nada a cambio, es un amor gratuito, y quiere que este amor gratuito se convierta en una forma concreta de vida entre nosotros: esta es su voluntad.

Para ayudar a los discípulos a recorrer este camino, Jesús promete que rogará al Padre que envíe “otro Paráclito” (v. 16), es decir, un Consolador, un Defensor que tome su lugar y les dé a ellos la inteligencia para escuchar y el valor para observar sus palabras. Este es el Espíritu Santo, que es el don del amor de Dios que desciende al corazón del cristiano después de que Jesús murió y resucitó. Su amor es dado a aquellos que creen en Él y son bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. El Espíritu mismo los guía, los ilumina, los fortalece, para que cada uno pueda caminar en la vida, incluso a través de las adversidades y las dificultades, en las alegrías y las penas, permaneciendo en el camino de Jesús. Esto es posible precisamente manteniéndose dócil al Espíritu Santo, de modo que con su presencia operante, no sólo consuele sino que transforme los corazones, abriéndolos a la verdad y al amor.

Ante la experiencia del error y del pecado – que todos hacemos – el Espíritu Santo nos ayuda a no sucumbir y nos hace comprender y vivir plenamente el significado de las palabras de Jesús: “Si me aman, guardarán mis mandamientos” (v. 15). Los mandamientos no se nos dan como una especie de espejo, en el que ver reflejadas nuestras miserias e inconsistencias. No, la Palabra de Dios se nos da como la Palabra de vida, que transforma, que transforma el corazón, la vida, que renueva, que no juzga para condenar, sino que sana y que tiene como fin el perdón. Es la misericordia de Dios así. Una palabra que es luz en nuestros pasos. ¡Y todo esto es obra del Espíritu Santo! Él es el don de Dios, es el mismo Dios, que nos ayuda a ser personas libres, personas que quieren y saben amar, personas que han comprendido que la vida es una misión para anunciar las maravillas que el Señor realiza en aquellos que confían en Él.

Que la Virgen María, modelo de la Iglesia que sabe escuchar la Palabra de Dios y acoger el don del Espíritu Santo, nos ayude a vivir el Evangelio con alegría, sabiendo que estamos sostenidos por el Espíritu, fuego divino que calienta nuestros corazones e ilumina nuestros pasos.

 

 

Pandemia, “crisis alimentaria y ecología integral”: la acción de la Iglesia

Caritas Internationalis en primera línea

MAYO 17, 2020 09:28ANITA BOURDINIGLESIA CATÓLICAORGANISMOS INTERNACIONALES

(zenit – 17 mayo 2020).- “COVID-19, crisis alimentaria y ecología integral: la acción de la Iglesia”: una conferencia de prensa sobre este tema en streaming, desde el Vaticano, este sábado 16 de mayo de 2020, el cardenal Peter Turkson, prefecto del Dicasterio para el Servicio Integral de Desarrollo Humano, Mons. Bruno-Marie Duffé, secretario, y el Padre Augusto Zampini-Davies, secretario asistente, y Aloysius John, secretario general de Caritas Internationalis, en primera línea, informa Vatican News.

Aloysius John hizo un llamamiento a la comunidad internacional, haciendo hincapié en tres requisitos: poner fin a las sanciones económicas, cancelar la deuda, ayudar a los países en dificultades. Concretamente, recomendó “la eliminación de las sanciones económicas contra Irán, Líbano, Siria, Libia y Venezuela, para garantizar la ayuda a las poblaciones afectadas y que Caritas, a través de la Iglesia, pueda continuar desempeñando su papel de apoyo a los pobres y más vulnerables; la cancelación de deuda para los países más pobres o al menos la cancelación de pagos de intereses de la deuda para el 2020; una ayuda internacional a los países necesitados sin riesgo de desvío para otros fines”.

Aloysius John dijo que Caritas Internationalis “trabaja en estrecha colaboración con el dicasterio para el servicio del desarrollo humano integral”, de acuerdo con el llamamiento del Papa Francisco.

En términos concretos, se creó un fondo especial COVID-19 para ayudar a 7,8 millones de personas en 14 países, incluidos Ecuador, India, Palestina, Bangladesh, Líbano y Burkina Faso.

Pero indicó la escasez: “Todavía faltan recursos para ayudar a 840,000 personas adicionales”.

Presentó esta evaluación: “Hasta ahora, se han recibido 32 proyectos y 14 ya han sido aprobados y financiados. Todos los demás proyectos aprobados serán financiados cuando las contribuciones adicionales lo permitan. Gracias a estos proyectos, muchas familias reciben una ayuda alimentaria básica, kits de higiene, artículos como jabón, pañales y asistencia en efectivo para subsidiar el alquiler y otras necesidades urgentes”.

Para el cardenal Turkson, “la pandemia de COVID-19 no es solo una crisis de salud, ha cambiado radicalmente varios aspectos de la existencia humana, desde la economía hasta los estilos de vida, desde la seguridad alimentaria hasta la investigación, de la política al papel de la inteligencia artificial”.

Pero, sobre todo, para el cardenal ghanés, la pandemia constituye “una oportunidad que no debe perderse para imaginar un futuro mejor”. Por eso con el apoyo del Papa Francisco, su dicasterio ha establecido una “Comisión del Vaticano COVID-19”, con la colaboración de Caritas Internationalis y otros dicasterios de la curia romana. Su misión es estudiar el impacto de esta crisis de salud en todo el mundo. Se basa en cinco grupos de trabajo, establecidos durante al menos un año, en colaboración con las iglesias locales, para ofrecer “reflexiones y respuestas creíbles al mundo pospandémico”.

Para el obispo Duffé, la crisis está teniendo efectos sociales, políticos, económicos e individuales: “Hoy estamos redescubriendo que la salud y la solidaridad son condiciones y pilares esenciales de nuestra economía”.

La misión de la comisión y de las iglesias locales será “escuchar y apoyar a las personas en su sufrimiento”, pero también “ofrecer una reflexión sobre el vínculo entre las dimensiones sanitarias, ecológicas, económicas y sociales de la crisis, porque todo está vinculado”, “para apoyar nuevas opciones para el cuidado de la naturaleza, la biodiversidad y el hombre”, y “para ofrecer esperanza, porque creemos, como nos dijo Jesucristo, que la vida es más fuerte que la muerte”.

Para p. Augusto Zampini-Davies, la crisis alimentaria se ha exacerbado por la pandemia: “Las consecuencias sociales y económicas están aumentando de manera desproporcionada e incluso catastrófica”.

Menciona en particular los “370 millones de niños que corren el riesgo de perder sus comidas escolares” debido al “cierre de escuelas y problemas climáticos, que continúan interrumpiendo la producción agrícola y de alimentos”.

Sobre todo, cree que es urgente un cambio de rumbo: “Como nos recuerda Laudato si ‘, es hora de proceder con una conversión ecológica profunda y global que pueda inspirarnos más creatividad y entusiasmo”.

Una de las decisiones esenciales sería “no saquear los recursos que tenemos, así como apoyar las políticas que responden a la emergencia climática”, solicitando la contribución de cada ciudadano y “comenzar a cambiar nuestra dieta, comiendo alimentos de temporada y evitando productos altamente contaminantes. La COVID-19 ha demostrado que no necesitamos tanto como pensamos. Podemos ser más con menos”.

 

 

LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO

— Las virtudes sobrenaturales y los dones del Espíritu Santo.

— Los siete dones. Su influencia en la vida cristiana.

— Decenario al Espíritu Santo.

I. Vivimos rodeados de regalos de Dios. Todo lo bueno que tenemos, las cualidades del alma y del cuerpo..., todo son dones del Señor para que nos ayuden a ser felices en esta vida y alcancemos con ellos el Cielo. Pero fue sobre todo en el momento de nuestro Bautismo cuando nuestro Padre Dios nos llenó de bienes incontables. Borró la mancha del pecado original en nuestra alma. Nos enriqueció con la gracia santificante, por la que nos hacía partícipes de su misma vida divina y nos constituía en hijos suyos. Nos hizo miembros de su Iglesia.

Junto con la gracia, Dios adornó nuestra alma con las virtudes sobrenaturales y los dones del Espíritu Santo. Las virtudes nos dan el poder, la capacidad de actuar de una manera sobrenatural, de juzgar el mundo y los acontecimientos desde un punto de vista más alto, desde la fe, y de portarnos como verdaderos hijos de Dios. Nos dan la posibilidad de conocer íntimamente a Dios, de amarle como Él se ama, y de realizar obras meritorias para la vida eterna. Bajo el influjo de estas virtudes nuestro trabajo, aunque humanamente parezca de escaso relieve, se convierte en un tesoro de méritos para el Cielo.

Las virtudes sobrenaturales nos dan la capacidad, de manera semejante a como las piernas nos permiten caminar y los ojos contemplar el mundo que nos rodea. Con todo, no basta tener piernas para emprender un viaje, ni ojos para contemplar un cuadro. Es necesaria la cooperación de nuestra libertad, nuestro querer y nuestro esfuerzo para ponernos en camino en el caso del viaje, y poner la atención necesaria para captar la belleza de un cuadro.

Los dones del Espíritu Santo son un nuevo regalo que Dios otorga al alma para que pueda realizar de modo más perfecto y como sin esfuerzo las obras buenas en las que se manifiesta el amor a Dios, la santidad1: presencia de Dios, caridad, ofrecimiento del trabajo, pequeñas mortificaciones a lo largo del día.

El alma es investida «de un aumento de fuerza, se hace apta para obedecer con mayor facilidad y prontitud a la llamada y a los impulsos del Espíritu. Es tanta la eficacia de estos dones, que conducen al hombre a las más altas cimas de la santidad, y tanta su excelencia, que perseveran intactos, aunque más perfectos, en el reino celestial. Merced a ellos, el Espíritu Santo nos mueve a desear y nos empuja a conseguir las bienaventuranzas evangélicas, que son como flores abiertas en la primavera, como indicio y presagio de la eterna bienaventuranza»2.

Los dones del Espíritu Santo van conformando nuestra vida según las maneras y modos propios de un hijo de Dios, nos dan una finura y sensibilidad mayor para oír y poner en práctica las mociones e inspiraciones del Paráclito, que así va gobernando con prontitud y facilidad nuestra vida, que entonces se guía por el querer de Dios, y no por nuestros gustos y caprichos.

Hoy le pedimos al Espíritu Santo que doblegue en nosotros lo que es rígido, particularmente la rigidez de la soberbia; que caliente en nosotros lo que es frío, la tibieza en el trato con Dios; que enderece lo extraviado3, porque son muchos los apegamientos terrenos, el peso de los pecados pasados, la flaqueza de la voluntad, la ignorancia de lo que en tantas ocasiones sería más grato a Dios... De aquí provienen los fracasos y debilidades, los cansancios y derrotas. Por eso, le pedimos en nuestra oración que arranque de nuestra alma «el peso muerto, resto de todas las impurezas, que le hace pegarse al suelo (...); para que suba hasta la Majestad de Dios, a fundirse en la llamarada viva de Amor, que es Él»4.

II. Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí5. El Evangelio de la Misa recoge este nuevo anuncio del Señor, y la liturgia de la Iglesia nos invita de muchas maneras a preparar nuestras almas a la acción del Espíritu Santo.

La lucha decidida contra todo pecado venial deliberado nos dispone para recibir la luz y la protección del Paráclito a través de sus dones. La claridad que recibimos en la inteligencia nos hace conocer y comprender las cosas divinas; la ayuda que alcanza nuestra voluntad nos permite aprovechar con eficacia las oportunidades de realizar el bien que se nos presentan cada día y rechazar las tentaciones de todo aquello que nos alejaría de Dios.

El don de inteligencia nos descubre con mayor claridad las riquezas de la fe; el don de ciencia nos lleva a juzgar con rectitud de las cosas creadas y a mantener nuestro corazón en Dios y en lo creado en la medida en que nos lleve a Él; el don de sabiduría nos hace comprender la maravilla insondable de Dios y nos impulsa a buscarle sobre todas las cosas y en medio de nuestro trabajo y de nuestras obligaciones; el don de consejo nos señala los caminos de la santidad, el querer de Dios en nuestra vida diaria, nos anima a seguir la solución que más concuerda con la gloria de Dios y el bien de los demás; el don de piedad nos mueve a tratar a Dios con la confianza con la que un hijo trata a su Padre; el don de fortaleza nos alienta continuamente y nos ayuda a superar las dificultades que sin duda encontramos en nuestro caminar hacia Dios; el don de temor nos induce a huir de las ocasiones de pecar, a no ceder a la tentación, a evitar todo mal que pueda contristar al Espíritu Santo6, a temer radicalmente separarnos de Aquel a quien amamos y constituye nuestra razón de ser y de vivir.

En estos días en que nos preparamos para celebrar el envío solemne del Espíritu Santo sobre la Iglesia, representada por los Apóstoles reunidos en el Cenáculo, junto a Santa María, Madre de Dios, pedimos insistentemente que seamos dóciles a la acción del Paráclito en nuestra alma y que no cese su acción y sus inspiraciones sobre los hombres de esta época nuestra, «particularmente sedienta del Espíritu Santo»7 y tan necesitada de su protección y de su ayuda. Le decimos:

Ven, Espíritu Santo, y envía desde el cielo un rayo de tu luz.

Ven, padre de los pobres; ven dador de las gracias; ven, lumbre de los corazones (...). Concede a tus fieles, que en Ti confían, tus siete sagrados dones. Dales el mérito de la virtud, dales el puerto de la salvación, dales el eterno gozo8.

III. Para aumentar la devoción al Espíritu Santo, empecemos por practicar las virtudes humanas y cristianas, en el trabajo y en la convivencia diaria. Si el cristiano «lucha por adquirir estas virtudes, su alma se dispone a recibir eficazmente la gracia del Espíritu Santo (...). La Tercera Persona de la Trinidad Beatísima –dulce huésped del alma (Secuencia Veni, Sancte Spiritus)– regala sus dones: don de sabiduría, de entendimiento, de consejo, de fortaleza, de ciencia, de piedad, de temor de Dios (Cfr. Is 11, 2)»9.

El Espíritu Santo desea –como nunca podremos nosotros llegar a quererlo– darnos sus dones en tal abundancia que formen un río impetuoso en nuestra vida sobrenatural y que produzcan en nosotros sus admirables frutos. Solo espera que quitemos los posibles obstáculos de nuestra alma, que le pidamos a Él mismo más deseos de purificación, que le digamos desde lo más hondo: Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu Amor. No desea otra cosa que llenarnos de su gracia y de sus dones. Si vosotros –decía el Señor–, siendo malos, sabéis dar buenos regalos a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que le piden?10.

A lo largo de estos días en los que preparamos la fiesta de Pentecostés debemos rogar con humildad al Padre de las luces11 que envíe a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual nos hace exclamar: Abba! ¡Padre!12. Debemos pedir a Cristo que, desde el seno del Padre, mande al que es Consolador óptimo, dulce Huésped del alma, dulce refrigerio13.

En el Decenario que comenzaremos después de la solemnidad de la Ascensión, queremos disponernos para ser más dóciles a las gracias que continuamente nos otorga el Paráclito. Pidámosle cada uno de sus dones para ser buenos instrumentos suyos en la familia, en nuestras ocupaciones, en la sociedad. «Camino seguro de humildad es meditar cómo, aun careciendo de talento, de renombre y de fortuna, podemos ser instrumentos eficaces, si acudimos al Espíritu Santo para que nos dispense sus dones.

»Los Apóstoles, a pesar de haber sido instruidos por Jesús durante tres años, huyeron despavoridos ante los enemigos de Cristo. Sin embargo, después de Pentecostés, se dejaron azotar y encarcelar, y acabaron dando la vida en testimonio de su fe»14.

Nuestra fidelidad a las inspiraciones y gracias que recibimos del Espíritu Santo se concretará, en muchas ocasiones, a la docilidad en la dirección espiritual, con un esfuerzo diario para sacar adelante las metas y sugerencias que nos señalan.

Acercarse a la Virgen, Esposa de Dios Espíritu Santo, es un modo seguro de disponer nuestra alma a los nuevos dones que el Paráclito quiera darnos.

1 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 1-2, q. 68, a. 1. — 2 León XIII, Enc. Divinum illud munus, 9-V-1897, 12. — 3 Cfr. Secuencia del Domingo de Pentecostés. — 4 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 886. — 5 Jn 15, 26. — 6 Ef 4, 30. — 7 Juan Pablo II, Enc. Redemptor hominis, 4-III-1979. — 8 Secuencia de la Misa de Pentecostés. — 9 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 92. — 10 Lc 11, 13. — 11 Sant 1, 17. — 12 Gal 4, 6. — 13 Secuencia de la Misa de Pentecostés. — 14 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 283.

 

 

“Que en cada uno esté el espíritu de María”

¡Madre mía! Las madres de la tierra miran con mayor predilección al hijo más débil, al más enfermo, al más corto, al pobre lisiado... –¡Señora!, yo sé que tú eres más Madre que todas las madres juntas... –Y, como yo soy tu hijo... Y, como yo soy débil, y enfermo... y lisiado... y feo... (Forja, 234)

18 de mayo

Las madres no contabilizan los detalles de cariño que sus hijos les demuestran; no pesan ni miden con criterios mezquinos. Una pequeña muestra de amor la saborean como miel, y se vuelcan concediendo mucho más de lo que reciben. Si así reaccionan las madres buenas de la tierra, imaginaos lo que podremos esperar de Nuestra Madre Santa María.

Me gusta volver con la imaginación a aquellos años en los que Jesús permaneció junto a su Madre, que abarcan casi toda la vida de Nuestro Señor en este mundo. Verle pequeño, cuando María lo cuida y lo besa y lo entretiene. Verle crecer, ante los ojos enamorados de su Madre y de José, su padre en la tierra. Con cuánta ternura y con cuánta delicadeza María y el Santo Patriarca se preocuparían de Jesús durante su infancia y, en silencio, aprenderían mucho y constantemente de El. Sus almas se irían haciendo al alma de aquel Hijo, Hombre y Dios. Por eso la Madre –y, después de Ella, José– conoce como nadie los sentimientos del Corazón de Cristo, y los dos son el camino mejor, afirmaría que el único, para llegar al Salvador.

Que en cada uno de vosotros, escribía San Ambrosio, esté el alma de María, para alabar al Señor; que en cada uno esté el espíritu de María, para gozarse en Dios. (Amigos de Dios, 280-281)

 

100 años tras las huellas de san Juan Pablo II

El próximo 18 de mayo se cumplirán 100 años del nacimiento en Wadowice (Polonia) de Karol Wojtyla, san Juan Pablo II. Su casa natal es hoy un museo que acerca a los visitantes su ejemplo de santidad, cercanía y simpatía.

EN PRIMERA PERSONA08/05/2020

Museo Juan Pablo II, en Wadowice.

El 18 de mayo de 1920 a las cinco de la tarde nació Karol, el tercer hijo del matrimonio Wojtyla. Aquella tarde hacía calor y la ventana estaba abierta. De una iglesia cercana, llegaba el canto de las letanías a la Virgen, una tradición que se mantiene en Polonia desde entonces durante las tardes de mayo. La historia del niño que nacía aquella tarde sería recordada por miles y miles de personas en agradecimiento a Dios.

80 años después, concretamente el 16 de junio de 1999, aquel infante era ya Juan Pablo II y desgranaba sus recuerdos en una visita pastoral a su ciudad natal: “Una vez más, durante mi ministerio a la Iglesia universal en la Santa Sede, vengo a mi ciudad natal de Wadowice. Miro con gran emoción esta ciudad de la infancia, que fue testigo de mis primeros pasos, mis primeras palabras. La ciudad de mi casa familiar, mi iglesia bautismal...”. Después, el Papa tuvo un entrañable encuentro con las miles de personas que colmaban la plaza central de Wadowice y los millones de polacos que seguían la transmisión por televisión.

 

La vivienda de la familia Wojtyla corresponde a seis ventanas del primer piso en la mitad del edificio de la derecha.

 

 

Azarosa historia del edificio

Tras aquel viaje, uno de los descendientes de los propietarios del edificio donde había nacido el pequeño Karol comenzó las gestiones ante el gobierno polaco para recuperar la propiedad, perdida durante el periodo comunista. Al cabo de unos años, una vez solucionados los complicados aspectos legales, pudo ponerlo a la venta.

Aquella oferta coincidió en el tiempo con el fallecimiento de Juan Pablo II. Ryszard, un próspero empresario local, conmovido por la vida ejemplar del Papa polaco, decidió adquirir el inmueble y costear el proyecto de reforma para que se abriera allí el museo Casa Familiar de Juan Pablo II. Ryszard pidió consejo a Przemyslaw, un amigo suyo que había hecho varias películas sobre Juan Pablo II para que le ayudase a encontrar las personas adecuadas para hacer el proyecto del futuro museo.

En torno a Przemyslaw se reunieron Basia y Jaroslaw, un matrimonio polaco, especialistas en museos narrativos; Pawel, periodista autor de una biografía en cuatro tomos sobre Juan Pablo II; y otro Pawel, especialista en historia de la Iglesia del siglo XX. Entre el 2010 y 2014, el edificio sufrió remodelaciones con las que se logró obtener 1200 m2 de superficie de exposición, en cuatro plantas diferentes. De ese modo, el museo quedó dividido en 16 zonas que van contando al visitante la vida de Karol Wojtyła–Juan Pablo II. Obviamente, el corazón del museo es el apartamento de los Wojtyła, donde Karol nació y vivió 18 años.

Ver, escuchar…, participar en una historia

“Un museo narrativo es una muestra en donde los objetos expuestos tienen vida. Además entran en interacción con otros objetos y, sobre todo, con las emociones del visitante”, señalan Basia y Jaroslaw. La narración permite un diálogo con el visitante, un diálogo que cambia de ritmo.

En estos museos todo tiene importancia y significado: la arquitectura, la iluminación, el sonido, la estructura del pavimento… El visitante puede recorrerlo en hora y media o en cinco horas. No es la misma la experiencia de un niño que la de un adulto o un anciano. Para guiar a quien desee emprender este viaje se formó a un equipo de guías, que aportaran no solo su trabajo sino también su corazón.

Basia y Jaroslaw, además de tener experiencia en la creación de este tipo de museos, procedían de Adrychów -una población muy cercana a Wadowice- lo que les ayudó para contactar con los lugareños y poder obtener así más elementos de la vida y de la época del protagonista para crear el entorno adecuado.

 

Bolso de Emilia Wojtyla mamá de Juan Pablo II.

 

Por ejemplo, entre las cosas que dejó en Cracovia el cardenal Wojtyla cuando fue elegido Papa había una pequeña cartera de mujer muy elegante, de hilo plateado. Gracias a una vieja fotografía tomada alrededor de 1917-1918, podemos ver en ella al joven Edmund y Emilia Wojtyla vestida muy elegantemente con esa cartera. ¿Cuál fue el destino de la cartera después de la muerte de Emilia? Basia, que además de sus talentos organizativos demostró tener capacidades detectivescas, averiguó que fue usada por Stefania Wojtyła -hermana del padre del futuro pontífice- y esta se la dio a su sobrino Karol como recuerdo de su madre. Durante muchos años, se conservó en la curia de Cracovia. Fue hallada poco después del fallecimiento de Juan Pablo IIy es uno de los pocos recuerdos materiales que tenemos de Emilia Wojtyłowa.

En el dormitorio de los Wojtyła hay también un cuadro que sale en la foto del día de la primera comunión de Karol. Fue el mismo Juan Pablo II quien entregó esa pequeña imagen a las monjas que en los años 80 gestionaban allí un museo provisional. Lo besó y dijo: “Esto deberían colgarlo en su lugar de origen, en la pared de mi casa”.

 

Foto de la Primera Comunión. El cuadro original que aparece en la foto se conserva en el museo.

 

El “objeto maldito”

Uno de los objetos de la exposición que despierta más interés de los visitantes es lo que alguno de los guías llama el “objeto maldito”: es el arma que usó Ali Agca el 13 de mayo de 1981, una Browning HP CAL de 9 mm, con cargador de treces balas. En 1981 fue comprada en Viena por Oral Celika, el segundo asaltante involucrado en el atentado. Agca disparó dos veces al Papa y luego el arma se atascó. Mientras escapaba, el terrorista trató de disparar al policía que corría detrás de él y a la hermana Letizia Giudica, que le bloqueó la huida. Afortunadamente, el arma no se disparó.

 

Arma utilizada por Ali Agca en el atentado de 13 de mayo de 1981 y adoquín de la plaza de San Pedro.

 

Poco después del asesinato, Juan Pablo II escribió una carta a Ali Agca, que no llegó a enviar porque decidió visitar a su ejecutor en prisión. Se conserva porque quedó archivada en las notas dejadas por el Papa. Fragmentos de vídeo, fotos y sonido ayudan a revivir a los visitantes de modo dramático esos momentos de la biografía del Papa.

No fue cosa fácil conseguir el arma del atentado. Sirvió como prueba material durante la investigación y el juicio y ahora es propiedad del Museo Romano de Criminología. Gracias al apoyo de las instituciones eclesiásticas y la recomendación del gobierno polaco, en marzo de 2014 el Museo Papal de Wadowice recibió el arma en depósito por un tiempo limitado.

Pocos son conscientes del tiempo que dedicó Basia a visitar a amigos y a testigos de la vida de Juan Pablo II, las horas que pasó en los archivos de la curia de Cracovia o las largas conversaciones con los cardenales Stanislaw Dziwisz y Stanislaw Rylko. Poco a poco, ella y su marido lograron reunir más de 200 recuerdos de Juan Pablo II y su familia, así como 140 fotografías de archivo. Hubo también muchos donativos de compañeros de colegio o personas que en su juventud se habían beneficiado del trabajo pastoral de Karol Wojtyla.

 

Sala de estar de la casa. Prácticamente se dejó de usar después de la muerte de Emilia.

 

 

Una visita rápida

En los 16 espacios temáticos repartidos en las cuatro plantas del museo, es posible seguir las etapas de la vida de Karol Wojtyła - Juan Pablo II. Desde la casa familiar en Wadowice, donde "todo empezó", hasta la “casa mundial” que fue el mundo para él. El visitante conoce la Wadowice de entreguerras (1920-1939), sus paseos a las montañas e información de los 104 viajes apostólicos que emprendió.

La parte dedicada a los años de la juventud de Karol muestra las raíces de su personalidad y espiritualidad: es la ciudad Wadowice de la década 1920-30 tal como la recordó el futuro papa, llena de la riqueza cultural y espiritual. En la parte dedicada a “La Pequeña Patria”, se narra la historia de los judíos de Wadowice, que constituían aproximadamente el quinto de los habitantes de la ciudad. La familia Bałamuth, quienes poseían el edificio y lo vendieron para que se pudiera instalar un museo, pusieron como condición que se dedicase una parte a sus antepasados judíos que vivían en Wadowice.

Basia y Jaroslaw diseñaron un sector que recuerda la tienda de Chiel Bałamuth, que allí se erigía en los años 20. El edificio tenía en la parte anterior, que daba a la plaza central, algunas tiendas; en la parte posterior, un taller artesanal y tres o cuatro apartamentos que se alquilaban. En la zona que recuerda los judíos de Wadowice, se recogen varias fotografías, entre ellas la de Jerzy Kluger, de quién Karol Wojtyła fue gran amigo desde los tiempos de la escuela primaria hasta el final de su vida en Roma. Se muestran otros muchos recuerdos donados por las familias judías cuyos antepasados vivían en Wadowice. En este lugar, se ha representado también el Muro de Lamentación donde en el año 2000 rezó Juan Pablo II. Los visitantes reviven los momentos emocionantes del año jubilar.

Desde el 1919 hasta el 1938 los Wojtyła residieron la primera planta. Se trataba de una vivienda con tres ambientes: la cocina, el dormitorio y el salón, similar al de otras familias de clase media. Basia se ocupó de ambientar esa parte del museo con muebles de la época y algunos objetos originales pertenecientes a los Wojtyła: las servilletas bordadas por Emilia, su elegante cartera, vajilla de la familia o fotografías del album de familia, entre otros.

 

Habitación en la cual nació Juan Pablo II.

 

Tras la muerte de Emilia, en abril de 1929, el pequeño Karol se quedó en el piso solo con su padre. El dormitorio se convirtió en el cuarto principal, y prácticamente dejaron de utilizar el salón. Además de las dos camas, se encontraba también allí el reclinatorio en el que – como recordaba Juan Pablo II – su padre rezaba hasta muy tarde por la noche. A través de la ventana Karol podía ver en la pared de la iglesia parroquial el reloj de sol con la inscripción: “El tiempo corre, la eternidad espera”.

Estudiante universitario, trabajador, actor y poeta, sacerdote

Cuarenta años de vida de Karol Wojtyła corresponden a su etapa de Cracovia: desde su partida de Wadowice en 1938 hasta su elección a la Sede Petrina. En esta parte de la exposición, se pueden ver los objetos relacionados con sus estudios universitarios, el trabajo en la cantera de Zakrzówek o la formación al sacerdocio. La siguiente parte de la exposición está dedicada a los años de postguerra, incluidas los sucesivos nombramientos de Karol Wojtyła: el episcopal, el arzobispal y el cardenalicio.

 

Juan Pablo II con algunos santos que canonizó, entre los que se encuentra san Josemaría.

 

El 1 de noviembre de 1946 fue ordenado sacerdote de las manos del arzobispo Adam Sapieha y al día siguiente celebró su primera misa en la cripta de san Leonardo, en la catedral de Cracovia. En una parte del museo se ha realizado una replica de la cripta: sobre el altar, se han colocado la cruz y los candelabros originales.

Los guías aprovechan para hablar con naturalidad sobre temas relacionados con la vida de familia, el sufrimiento, el valor del trabajo, la vocación sacerdotal, los sacramentos... Cuando se los escucha, se tiene la sensación de escuchar los medios formación cristiana a los que asisten Pawel, Basia y Jaroslaw. Se palpa que el museo en la Casa Natal de san Juan Pablo II es algo más que un simple lugar en donde los objetos se detuvieron en el pasado. El recuerdo se hace vida para los visitantes. Los objetos hablan y transmiten un mensaje legible y claro: “La santidad es posible, también para ti”.

 

Peregrinaciones de Juan Pablo II a Polonia.

 

 

¡Mar adentro!

En esta parte el visitante oye las palabras del cardenal Pericle Felici: Habemus papam… Aquí llama la atención una réplica de gran tamaño de una barca de los tiempos de Jesús encontrada a la orilla del mar de Galilea, en las cercanías de Cafarnaún. Es el símbolo de la Iglesia: el 16 de octubre de 1978 el Señor confió a Karol Wojtyła el timón de su barca.

Juan Pablo II, siendo la Cabeza de la Iglesia Universal, ejerció la autoridad del magisterio. Por eso, en las catorce columnas que sostienen la cúpula se colocaron las portadas de sus catorce encíclicas. En una vitrina, se encuentra la copia del manuscrito de la primera encíclica: Redemptor Hominis. Además, en el centro de la sala, hay una réplica de la Puerta Santa abierta por Juan Pablo II, adornada con bajorrelieves de escenas bíblicas y escudos de los 28 papas que en algún momento de la historia han abierto la Puerta Santa. En la parte posterior de la réplica se colocó en diez lenguas la inscripción: ¡No tengáis miedo! Abrid de par en par las puertas a Cristo.

Juan Pablo II durante su pontificado en marco de sus viajes apostólicos recorrió más de 1,5 millón de kilómetros, visitando 129 países. Un recuerdo especial relacionado con los viajes apostólicos del Santo Padre es la tierra traída al Museo de los lugares que había visitado Juan Pablo II. Debajo del suelo de cristal se han colocado casi 60 recipientes con tierra, un número que crece constantemente gracias a los envíos que llegan. La pared lateral está cubierta de una pantalla multimedia de 15 metros de longitud que permite ver fotografías y leer fragmentos de discursos del Santo Padre durante sus 104 viajes apostólicos. El último punto de esta ruta de peregrinación es una pared de vidrio que muestra la imagen de Jesús Misericordioso y la inscripción "Sed Apóstoles de la Divina Misericordia", y el texto del Acto de la dedicación del Mundo a la Divina Misericordia en el año 2002.

 

Sector que recuerdo los encuentros con la juventud.

 

 

¡Vosotros sois mi esperanza! Con esta frase, se abre el sector dedicado a la atención que prestó el Papa a los jóvenes: colorido y lleno de sonidos gracias a las modernas “duchas acústicas”. Si uno se coloca debajo de ellas, permiten escuchar los himnos de la correspondiente Jornada Mundial de la Juventud. Una de las paredes muestra cientos de placas coloridas que juntas forman una gran imagen de Juan Pablo II rodeado por gente joven. ¿Cómo no sonreír aquí al escuchar el diálogo tan alegre con los jóvenes cuando el Santo Padre bromeaba desde la ventana papal en Cracovia?

También se reflexiona sobre el paso del tiempo: Esta fugacidad tiene sentido. No podría faltar aquí la réplica del reloj de sol, que el joven Karol Wojtyła veía desde la ventana de la cocina de su casa, y el reloj original de los apartamentos papales que fue detenido el 2 de abril de 2005 a las 21:37 horas, cuando Juan Pablo II fue a la casa del Padre. Aquí también se puede ver la Biblia que sor Tobiana Sobótka leía. Cuando el Papa falleció, la religiosa marcó con una cruz el lugar donde detuvo su lectura y escribió la palabra Amén.

 

Monika, la visitante número un millón.

 

 

Una historia que continúa su curso

El 7 de junio de 2018 el Museo de la Casa Familiar del Santo Padre Juan Pablo II en Wadowice recibió al “visitante un millón”. La afortunada turista resultó ser Monika, que llegó junto con su marido a Wadowice desde Kórnik pueblito cercana a Poznan. Monika se comprometió a ser embajadora del Museo de la Casa Familiar del Santo Padre Juan Pablo II en Wadowice.

En todo el mundo hay mucho embajadores como Monika. Más del 80% de los visitantes de la casa natal de Juan Pablo II son polacos. De los extranjeros, abundan los de Italia, Francia, Estados Unidos, España, Eslovaquia, Alemania, Brasil, Austria y Gran Bretaña. El Museo ha recibido a peregrinos de más de 100 países, entre ellos Arabia Saudita, Barbados, Burkina Faso, Gabón, Cuba, Mauricio, Costa de Marfil, Nueva Zelandia, China, Zambia, Kenya y Sudáfrica.

***

El Hogar Familiar del Santo Padre Juan Pablo II no sólo organiza la exposición, sino también actividades científicas y educativas. Todos los años se celebran conferencias y conciertos con motivo de los aniversarios papales, y los niños y jóvenes pueden participar en los talleres de los museos. La casa natal de San Juan Pablo II se ha convertido en un moderno foco de formación y catequesis. El cariño a Juan Pablo II ha logrado aunar muy diversas instituciones: eclesiásticas, estatales, locales y nacionales. Personas de diversas religiones y culturas se sienten movidas y unidas de todo corazón a esta iniciativa.

 

Emilia, Karol y Edmund la foto del año 1907.

 

En marzo de 2020 en la archidiócesis de Cracovia comenzó el proceso de beatificación del matrimonio de Emila y Karol Wojtyla. También se estudia comenzar el proceso de Edmundo (1906-1932), hermano mayor de Karol, que murió muy joven por contagio en su trabajo como médico.

En los primeros años del pontificado de Juan Pablo II, refiriéndose al posible inicio de la labor del Opus Dei en Polonia, el beato Álvaro señaló: “Hay que esperar y rezar, todo llegará a su tiempo”. Era imposible imaginar en aquel entonces el trabajo que tantas personas de la Obra harían en esta tierra y el papel que algunas de ellas siguen teniendo en un museo de gran eficacia apostólica.

 

 

EL LEGADO DE SAN JUAN PABLO II

por el Cardenal Stanislaw Dziwisz

A TRAVÉS DE SU VIDA Y SANTIDAD, EL FALLECIDO PAPA DEJÓ UN LEGADO ‘POLIFÓNICO’ DE FE, ESPERANZA Y AMOR

NOTA DEL EDITOR: Al concluir la Misa y la dedicación del altar el 2 de octubre de 2015, en la iglesia Redemptor Hominis del Santuario Nacional San Juan Pablo II, el Cardenal Stanislaw Dziwisz, Arzobispo de Cracovia, pronunció las siguientes palabras ante los ahí reunidos.

¡Queridos Hermanos y Hermanas! Antes que nada, me gustarí a agradecer al Sr. Carl A. Anderson, Caballero Supremo, por la invitación a visitar el Santuario Nacional San Juan Pablo II en Washington. En un sentido, este santuario es un sí mbolo del profundo y mutuo ví nculo que unió y continúa uniendo a Juan Pablo II con el pueblo norteamericano. …

Aprovechando esta oportunidad, me gustarí a agradecer a los Caballeros de Colón su amor a la Iglesia. Estoy particularmente agradecido con ellos por su emotiva conmemoración de Juan Pablo II, expresada también en su fidelidad a su enseñ anza doctrinal y moral. …

Juan Pablo II partió a la eternidad hace 10 añ os. Su recuerdo está constantemente vivo en los corazones de millones de cristianos alrededor del mundo. Hoy, después de su beatificación y canonización, ellos le rezan y confí an sus asuntos a su intercesión en el Cielo. Para mucha gente él es todaví a una guí a en los caminos de la fe, la esperanza y el amor. …

Ya que no dispongo de mucho tiempo me gustarí a decir sólo unas cuantas palabras sobre el legado de fe, esperanza, amor y santidad que nos dejó Juan Pablo II.

La clave para entender la personalidad, la actitud y los logros de Karol Wojtyla es su fe. En el centro de su vida siempre estuvo Dios.

Una manera en la que se expresaba la fe de Karol Wojtyla era su oración. Fui testigo de sus oraciones diarias, no solamente en la capilla o durante celebraciones públicas, sino en medio del trabajo, en las reuniones, los viajes y los asuntos del dí a a dí a. Puesto que yo ya conocí a su viva fe en la providencia de Dios, su fe en que el destino del mundo y del hombre está en las manos de Dios, no me sorprendieron las palabras que dirigió el dí a en que empezó su papado a todo pueblo, toda cultura y todo sistema polí tico y económico para que abrieran de par en par sus puertas a Cristo. Después de todo, Cristo no amenaza a nadie. Él no toma nada del hombre, sino que se lo da todo. Juan Pablo II nos legó esta verdad.

Juan Pablo II comenzó su pontificado en una época difí cil para el mundo. Experimentó de manera personal lo que eran dos sistemas totalitarios, sin Dios e inhumanos, el nazismo y el comunismo, los cuales marcaron profundamente las vidas de los pueblos del siglo XX y les trajeron indecible sufrimiento.

El Santo Padre no tení a ningún ejército. Enfrentó retos que podí an causar miedo y una sensación de impotencia. Pero su arma era la Verdad y la creencia en que Dios reclamará para Sí a Sus hijos, creados a Su imagen y semejanza. La elección de Juan Pablo II despertó grandes esperanzas en su tierra natal. Las naciones de Europa Central y del Este encontraron en él a un portavoz de sus aspiraciones, sus esperanzas de vivir en libertad y con verdad. No hay duda de que el Papa, que vino a Roma “ desde un lejano paí s” , Polonia, contribuyó de manera importante a la caí da del sistema comunista.

Él nos enseñ a que vale la pena confiar todo a Dios, que vale la pena tener esperanza en Él, que vale la pena construir nuestro mundo sobre valores eternos, inscritos en la ley natural y el Evangelio.

Juan Pablo II siguió la lógica del amor misericordioso. En respuesta a las grandes provocaciones y retos del mundo moderno, con su cultura hedonista, su deseo materialista de posesiones y su comprensión falsa de libertad, a la que separa de su ví nculo con la verdad y la norma moral, el Santo Padre invitó a construir una civilización de amor.

Él era un defensor del auténtico amor conyugal, el cual está abierto a la vida y es la base de toda familia. Mientras que era obispo de Cracovia, publicó un libro con el significativo tí tulo de Amor y Responsabilidad. Su exhortación apostólica Familiaris Consortio sigue siendo un importante documento sobre la conciencia de la Iglesia moderna con respecto al matrimonio y la familia. Así mismo, su encí clica Evangelium Vitae es una gran carta magna de las enseñ anzas de la Iglesia acerca de la dignidad y la santidad de la vida humana. Juan Pablo II defendió la vida: exigió el derecho a la vida de los no nacidos, aquellos que son los má s vulnerables y no tienen voz.

Es imposible presentar brevemente la herencia de Juan Pablo II. Es “ polifónica” , pues está marcada por muchas voces, temas, aspectos, logros, testimonios, eventos, gestos, textos, documentos, lugares e imá genes relacionadas con su pontificado.

Después de la muerte de Juan Pablo II, nos sorprendió la llamada del pueblo de Dios para el reconocimiento oficial de su santidad. Este deseo se ha cumplido ya en muy corto tiempo, también gracias a la intervención personal del Papa Benedicto XVI y del Papa Francisco. En cierto modo, la santidad es una sí ntesis de todo lo que Juan Pablo II fue, la actitud que tení a, cómo amó y sirvió.

Se trataba de una santidad cotidiana, vivida y alcanzada dí a tras dí a, en la oración diaria y el servicio.

Juan Pablo II fue ademá s un mí stico. Estaba inmerso en Dios. Se paraba cada dí a frente a Dios para contemplar el rostro de Dios, y Dios lo condujo a servir a la Iglesia y al mundo. En el Santo Papa, la oración y el servicio estaban entrelazados en uno. A través de su santidad, nos llevó a todos al ideal de santidad y a nuestra vocación de la santidad. Este es también su legado.

Entre sus muchos tí tulos, Juan Pablo II se ganó el tí tulo de Papa de los Jóvenes. La gente joven era una prioridad en su ministerio pastoral. Por lo tanto, tomó una decisión de largo alcance al organizar la Jornada Mundial de la Juventud, que constituye una de sus mayores iniciativas apostólicas.

Aprovecho esta oportunidad en mi visita a Norteamérica para invitar a los jóvenes de Estados Unidos y Canadá a la Jornada Mundial de la Juventud 2016 en Polonia, especí ficamente en Cracovia la ciudad de Juan Pablo II y la capital espiritual de la Divina Misericordia. Queridos amigos jóvenes, queremos compartir con ustedes nuestra fe y nuestra cultura, pero también queremos que nos enriquezcan con el entusiasmo de su fe. Estamos muy deseosos de este intercambio mutuo de dones.

CARDENAL STANISLAW DZIWISZ, Arzobispo de Cracovia desde 2015, trabajó como secretario personal de Juan Pablo II durante cerca de 40 añ os.

 

 

Guadalupe: en todo, el amor de Dios

Guadalupe Ortiz de Landázuri nació en Madrid el 12 de diciembre de 1916 y falleció en Pamplona, con fama de santidad, el 16 de julio de 1975. Fue beatificada el 18 de mayo de 2019 en Madrid.

VIDA16/02/2019

Guadalupe Ortiz de Landázuri nació en Madrid, España, el 12 de diciembre de 1916. Era la cuarta y la única chica del matrimonio de Manuel Ortiz de Landázuri y Eulogia Fernández-Heredia. Sus padres la educaron en la fe cristiana. Cuando era pequeña, murió su hermano Francisco, que la precedía. Con 10 años, se trasladó con su familia a Tetuán, en el norte de África, por el trabajo de su padre, que era militar. En su infancia destacaban ya dos rasgos definitorios de su personalidad: la reciedumbre y la valentía.

En 1932 regresaron a Madrid, donde acabó el bachillerato en el Instituto Miguel de Cervantes. En 1933 se matriculó en la carrera de Ciencias Químicas en la Universidad Central. Era una de las 5 mujeres de una clase de 70. Más tarde, empezó el doctorado porque quería dedicarse a la docencia universitaria. Sus compañeros de universidad la recuerdan seriamente dedicada al estudio, con gran simpatía y amante de lo imprevisto.

Durante la Guerra Civil Española (1936-1939), su padre fue hecho prisionero y, finalmente, condenado a ser fusilado. Guadalupe, que tenía entonces 20 años, junto con su hermano Eduardo y su madre, pudo despedirse de él horas antes de su muerte y darle serenidad en esos duros momentos. Perdonó de corazón a los que habían decidido la condena de su padre. En 1937, consiguió pasar con su hermano y su madre a la otra zona de España, donde se encontraba su hermano Manolo. Se instalaron en Valladolid hasta el final de la guerra.

Volvieron a Madrid en 1939. Guadalupe comenzó a dar clases en el colegio de La Bienaventurada Virgen María y en el Liceo Francés. Un domingo de 1944, al asistir a misa se sintió “tocada” por la gracia de Dios. Al regresar a su casa, encontró a un amigo al que manifestó su deseo de hablar con un sacerdote y éste le facilitó el teléfono de Josemaría Escrivá. El 25 de enero acudió a una cita con él en el que era el primer centro de mujeres del Opus Dei, en la calle Jorge Manrique. Guadalupe recordaba ese encuentro como su descubrimiento de la llamada de Jesucristo a amarlo sobre todas las cosas a través del trabajo profesional y de la vida ordinaria: ese era el mensaje que Dios quería recordar a los hombres sirviéndose del Opus Dei.

Después de considerar el asunto en la oración y de asistir a unos días de retiro espiritual, el 19 de marzo decidió responder que sí al Señor. Guadalupe tenía 27 años. A partir de ese momento, intensificó su trato con Dios. Cumplía con amor sus ocupaciones y buscaba pasar ratos de oración junto al sagrario.


► Accede a 'Guadalupe', el reportaje multimedia sobre Guadalupe Ortiz de Landázuri.


El Opus Dei estaba en sus primeros años y, entre las tareas que había que llevar a cabo, era importante atender la administración doméstica de las residencias de estudiantes que se estaban poniendo en marcha, en Madrid y en Bilbao. Guadalupe se dedicó durante unos años a estas labores. Eran años de escasez y cartillas de racionamiento y, a estas dificultades exteriores, se sumaba su esfuerzo por aprender un trabajo para el que no tenía especial habilidad. No por eso menguó su pasión por la Química y, siempre que podía, continuaba estudiándola.

Durante el curso 1947-1948 fue la directora de la residencia universitaria Zurbarán. Conectaba fácilmente con las universitarias, que respondían con confianza a la paciencia y al cariño que les mostraba y al sentido del humor con que les ayudaba en su vida académica y personal.

 

El 5 de marzo de 1950, por invitación de san Josemaría, fue a México para llevar el mensaje del Opus Dei a esas tierras. Iba muy ilusionada con el trabajo que se haría en este país, bajo el amparo de la Virgen de Guadalupe. Se matriculó en el doctorado de Ciencias Químicas, que había empezado en España. Con quienes la acompañaron, puso en marcha una residencia universitaria. Fomentaba en las residentes que tomaran en serio su estudio y les abría horizontes de servicio a la Iglesia y a la sociedad de la que formaban parte. Destacaba su preocupación por los pobres y ancianos.

Entre otras iniciativas, creó con una amiga —médico de profesión— un dispensario ambulante: iban casa por casa en los barrios más necesitados, pasando consulta a las personas que allí vivían y facilitándoles los medicamentos gratuitamente. Impulsó la formación cultural y profesional de campesinas, que vivían en zonas montañosas y aisladas del país y que muchas veces no contaban con la instrucción más básica.

Guadalupe tenía un gran corazón y un carácter resuelto, que procuraba dominar esforzándose por expresarse con delicadeza y suavidad. Su optimismo cristiano y su sonrisa habitual atraían, y esa alegría se expresaba muchas veces en canciones, aunque no cantase especialmente bien. Recuerda Beatriz Gaytán, historiadora: “Siempre que pienso en ella oigo, a pesar del tiempo trascurrido, su risa. Guadalupe era una sonrisa permanente: acogedora, afable, sencilla”.

Durante los años que estuvo en México fue una de las impulsoras de Montefalco, una ex hacienda colonial que entonces estaba en ruinas y que hoy es sede de un centro de convenciones y casa de retiros y de dos instituciones educativas: el Colegio Montefalco y la escuela rural El Peñón.

En 1956 se trasladó a Roma para colaborar más directamente con san Josemaría en el gobierno del Opus Dei. En ese año se desatan los primeros síntomas de una afección cardíaca y debe ser operada en Madrid. A pesar de la buena recuperación, su cardiopatía se hace más grave y debe regresar definitivamente a España.

Retoma la actividad académica y empieza una investigación sobre refractarios aislantes y el valor de las cenizas de la cascarilla de arroz para los mismos. Este trabajo ganó el premio Juan de la Cierva y concluyó en una tesis doctoral que defendió el 8 de julio de 1965. A la vez, desarrolló su tarea docente como profesora de Química en el Instituto Ramiro de Maeztu durante dos cursos, y en la Escuela Femenina de Maestría industrial —de la que llegó a ser subdirectora— durante los diez años siguientes.

A partir de 1968 participa en la planificación y puesta en marcha del Centro de Estudios e Investigación de Ciencias Domésticas (CEICID), del que será subdirectora y profesora de Química de textiles.

Quienes coincidieron con ella recuerdan que era más comprensiva que exigente con las personas, y que se veía que buscaba a Dios a lo largo del día: se sabía mirada por Él y por la santísima Virgen, siempre que podía hacía breves visitas al sagrario, para hablar a solas con Jesús sacramentado, a la vez que pensaba en sus alumnos al preparar con rigor y dedicación las clases. Tenía muchas amistades, a las que dedicaba tiempo y sus mejores energías sin descuidar a quienes convivían con ella, a las que atendía con mucho cariño.

A pesar de su enfermedad cardíaca, Guadalupe no se quejaba y procuraba que no se notase el cansancio que le producía caminar, subir escaleras, etc. Se esforzaba por escuchar con interés a los demás y quería pasar inadvertida, buscando centrar la conversación en los otros.

En 1975, los médicos deciden que la mejor opción es operarla y deja su casa en Madrid para ingresar en la Clínica Universidad de Navarra. El 1 de julio es operada. Pocos días antes, el 26 de junio, había fallecido en Roma el fundador del Opus Dei. Guadalupe recibió la noticia con gran dolor pero con la paz y la alegría de saber que ya gozaba de Dios.

Ella misma, a los pocos días, iba a enfrentar su propia muerte con esa serenidad: aunque el resultado de la operación fue satisfactorio, cuando estaba recuperándose sufrió una repentina insuficiencia respiratoria. Murió el 16 de julio de 1975, fiesta de la Virgen del Carmen. El 5 de octubre de 2018 sus restos fueron trasladados desde Pamplona al Oratorio del Caballero de Gracia de Madrid.

Fue beatificada el 18 de mayo de 2019 en una celebración presidida por el Cardenal Giovanni Angelo Becciu, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, en Madrid. La memoria de Guadalupe se celebrará el 18 de mayo, aniversario de su primera comunión.


Rezar por intercesión de la beata Guadalupe Ortiz de Landázuri.

 Clic aquí para enviar el relato de un favor recibido.

También puede comunicar la gracia que se le ha concedido mediante correo postal a la Oficina de las causas de los santos de la prelatura del Opus Dei (Calle Diego de León, 14, 28006 Madrid, España) o a través del correo electrónico ocs.es@opusdei.org.

 Clic aquí para hacer un donativo.

En alternativa puede enviar una aportación por transferencia a la cuenta bancaria de la Asociación Memoria Álvaro del Portillo.

ES59 2100 3059 9822 0101 9501 | Bizum: +34 649 697 318

Parte de estos fondos irán destinados al Proyecto Becas Guadalupe Ortiz de Landázuri, que facilitarán el acceso a carreras científicas a estudiantes africanas (www.harambee.es)

 

 

Rasgos de buena amistad

Artículo de Salvador Bernal sobre cómo entendió y vivió la amistad el fundador del Opus Dei, Josemaría Escrivá de Balaguer. Publicado originalmente en Scripta Theologica (ene-abr 2002, Vol. 34).

BIBLIOGRAFÍA Y ENSAYOS09/12/2018

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Cuando escribí en 1976 Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei [Actualizado y publicado en formato digital recientemente], titulé tiempo de amigos el capítulo cuarto, a continuación del dedicado al momento fundacional de 1928. Quería relatar cómo la historia de los comienzos del Opus Dei se puede compendiar como historia de los amigos de su Fundador. A la vez, esas páginas apasionadas expresarían un rasgo de la personalidad de Josemaría Escrivá de Balaguer: su honda capacidad de amistad[1]. Reflejaban la técnica que había elegido al elaborar mi texto, como explicaba en la presentación: llegar a un perfil basado en hechos y datos históricos, sin orden cronológico; sucesos y escritos de épocas diversas se aproximaban y entremezclaban con libertad, para apuntar en rápidos trazos los rasgos del Fundador que, en cada capítulo, quería destacar.

QUERÍA RELATAR CÓMO LA HISTORIA DE LOS COMIENZOS DEL OPUS DEI SE PUEDE COMPENDIAR COMO HISTORIA DE LOS AMIGOS DE SU FUNDADOR

Recordaba entonces que, cuando llegó a Madrid, en 1927, la mayor parte de sus amigos quedaba en Aragón y en la Rioja. Algunas familias, conocidas de la suya, vivían en la capital de España. Después del 2 de octubre de 1928, esas relaciones de amistad –junto a las que surgían con ocasión de su trabajo sacerdotal, sus tareas de enseñanza en la Academia Cicuéndez y las clases particulares que se veía obligado a dar– fueron el campo en que fructificó la semilla de la llamada cristiana al Opus Dei. Día a día, infatigablemente, dedicando su mejor tiempo a la oración, acompañado por la plegaria y el sufrimiento de los enfermos de los hospitales, el Fundador llevó adelante su misión: con los amigos, con los amigos de los amigos. Don Josemaría Escrivá no dejaba de rogar a las personas que se confesaban con él que le facilitaran nombres de amigos que pudieran participar en su apostolado. Los miembros del Opus Dei de aquellos años, cuando evocaban la llamada de Dios, solían referirse siempre al amigo que les presentó al que había de ser para ellos auténtico Padre.

No está de más matizar, desde el primer momento, que no forzaba las cosas. En concreto, nunca transformó la amistad en mero instrumento de apostolado. Dios se sirvió de su capacidad de enlazar con la gente para que vinieran al Opus Dei sus primeros seguidores. Pero abundan también los nombres –incluso de personas a las que acompañaba con su dirección espiritual, según la terminología clásica– a los que no habló del Opus Dei, o se limitó a rogarles que rezaran por él y por su misión apostólica. Ante todo, fue amigo de sus amigos.

Amigos y bienhechores de San Josemaría

“Era muy alegre y comprensivo, y muy sencillo y sin recámaras, se hacía amigo de todos, y todos le querían. Yo no supe de nadie que tuviera enemistad con él personalmente”, pondera el dominico Silvestre Sancho, que le trató mucho durante los años cuarenta. No ignoraba, sin embargo, las graves contradicciones que sufrió precisamente por ese tiempo. Tal vez quería subrayar la verdad profunda de lo que Josemaría Escrivá había escrito en Camino, 838: “No tengas enemigos. ‑Ten solamente amigos: amigos... de la derecha ‑si te hicieron o quisieron hacerte bien‑ y... de la izquierda ‑si te han perjudicado o intentaron perjudicarte‑”. Esta idea, en su fundamento sobrenatural, aparece también en Forja 869: “Si de veras amases a Dios con todo tu corazón, el amor al prójimo ‑que a veces te resulta tan difícil‑ sería una consecuencia necesaria del Gran Amor. ‑Y no te sentirías enemigo de nadie, ni harías acepción de personas”.

No me detendré aquí en la realidad histórica de unas maledicencias y murmuraciones muy fuertes. Casi siempre, cuando tengo que escribir sobre el Fundador del Opus Dei, me viene a la mente el 17 de mayo de 1992, día de su beatificación por el Papa Juan Pablo II. Por mi oficio informativo, me tocó vivir esa jornada desde Madrid. Residía entonces en un edificio de la calle Diego de León. A las diez de la mañana de aquel domingo, seguí la ceremonia, a través de la televisión, a muy pocos metros del oratorio al que acudió Josemaría Escrivá una noche de 1942: “Señor, si Tú no necesitas mi honra, yo ¿para qué la quiero?”.

Eran años de posguerra en España. La Iglesia había recuperado la libertad perdida. Para el Fundador del Opus Dei, no fueron tiempos de victoria, sino de cruz. En esa época de triunfalismo, debió de ser uno de los pocos eclesiásticos al que era lícito insultar. Se le puso como un trapo. Dios le bendijo con la contradicción de los buenos, como se puede deducir de dos puntos de Forja, el 803, escrito en tercera persona, como si de otro se tratara: “Hijo, óyeme bien: tú, feliz cuando te maltraten y te deshonren; cuando mucha gente se alborote y se ponga de moda escupir sobre ti, porque eres «omnium peripsema» -como basura para todos...”.

Se veía considerado como toda la porquería del mundo, como un pobre gusano, y no le resultaba fácil aceptar esa dura Voluntad de Dios, porque tenía un carácter enérgico,sensible a la libertad y a las injusticias, y era bien consciente del valor radical de la buena fama para los hombres. Cuando Mons. Escrivá de Balaguer evocaba con rapidez estos sucesos, en Buenos Aires, una tarde de 1974, añadía: “y me costaba, me costaba porque soy muy soberbio, y me caían unos lagrimones...”. Lo cierto es que se abandonó por completo en las manos de Dios, y renunció a defenderse.

En Forja 1052, quedó estampada la plegaria del Fundador del Opus Dei en aquellas horas de desconsuelo: “Jesús mío, ¿qué iba a darte, fuera de la honra, si no tenía otra cosa? Si hubiera tenido fortuna, te la habría entregado. Si hubiera tenido virtudes, con cada una edificaría, para servirte. Sólo tenía la honra, y te la di.¡Bendito seas! ¡Bien se ve que estaba segura en tus manos!”.

Muchas veces me han preguntado por la razón de esas incomprensiones. No he sabido contestar con claridad, porque no se explica que los dardos se lanzaran contra persona de tan gran corazón. Bien es verdad que su temperamento era vivo y enérgico, y tal vez Dios permitía la contradicción para ayudarle a domeñar el carácter, como podría deducirse indirectamente de Camino, 20: “Chocas con el carácter de aquel o del otro... Necesariamente ha de ser así: no eres una moneda de cinco duros que a todos gusta. / Además, sin esos choques que se producen al tratar al prójimo, ¿cómo irías perdiendo las puntas, aristas y salientes ‑imperfecciones, defectos‑ de tu genio para adquirir la forma reglada, bruñida y reciamente suave de la caridad, de la perfección? / Si tu carácter y los caracteres de quienes contigo conviven fueran dulzones y tiernos como merengues, no te santificarías”.

Mi impresión es que dificultades de ese estilo surgieron sobre todo en ambientes eclesiásticos o clericales. Así se deduce de algunas escenas –tampoco excesivas– entre los seminaristas de San Francisco de Paula; de sus problemas con un pariente próximo, Arcediano de la Seo; de los primeros pasos como sacerdote en la diócesis de Zaragoza; de algunas reacciones desmesuradas que oyó en la curia de Madrid; de las críticas por su nombramiento oficial en el Patronato de Santa Isabel, o de las graves acusaciones de los años de posguerra en España (compatibles con el aprecio y prestigio entre obispos y superiores religiosos, que le llamaban para predicar a sacerdotes, seminaristas y comunidades de tantos lugares). Fenómenos análogos se darán andando los años en ambientes vaticanos específicos, insignificantes hoy al trasluz de las aprobaciones pontificias y la expansión universal del Opus Dei. Quizá resultaba indispensable ese contraste de una mentalidad laical –como la del Fundador– con los elementos estamentales propios de una época cultural hoy gozosamente superada.

En cualquier caso, para Josemaría Escrivá no fueron enemigos, sino bienhechores, por los que rezaba a diario: “Considera el bien que han hecho a tu alma los que, durante tu vida, te han fastidiado o han tratado de fastidiarte. / ‑Otros llaman enemigos a estas gentes. Tú, tratando de imitar a los santos, siquiera en esto, y siendo muy poca cosa para tener o haber tenido enemigos, llámales "bienhechores". Y resultará que, a fuerza de encomendarlos a Dios, les tendrás simpatía”[2].

El fundador del Opus Dei tuvo muchos amigos

El gran lema de su existencia fue “ocultarme y desaparecer es lo mío, que sólo Jesús se luzca”. A lo largo de los años, el Beato [San] Josemaría triunfó plenamente en su propósito de pasar inadvertido. Sólo después del 26 de junio de 1975 pude comprobar la amplitud y la calidad de gentes que le querían y admiraban en silencio, sin expresarlo externamente. En cambio, a partir de su fallecimiento, en todas partes se publicaron artículos, comentarios, recuerdos, que venían a exponer el afecto ante el amigo desaparecido y mostraban públicamente la gratitud que no se habían atrevido a manifestar antes, porque Mons. Escrivá de Balaguer no lo toleraba: las gracias –señalaba habitualmente– sólo a Dios deben darse. La realidad es que tuvo muchos amigos, y fue un gran amigo; y sigue siendo amigo de quienes recurren confiadamente a su intercesión.

En mis contactos con quienes le conocieron y trataron, aunque eran mujeres y hombres muy distintos, advertí idéntica reacción. No había más que facilidades: como si me agradecieran poder lanzar al fin a todos los vientos vivencias íntimas que no querían conservar sólo para ellos, pues podían ayudar a otras almas, en servicio de la Iglesia.

Aparte de esas vivencias inmediatas, se prestaron con gusto luego a poner por escrito su recuerdo personal sobre la vida y las virtudes de Mons. Escrivá de Balaguer, pensando en la causa de canonización. Años después, con su autorización expresa, se publicó un libro que reunía especialmente testimonios de personalidades del mundo eclesiástico (cardenales, obispos, sacerdotes, religiosas y religiosos). A finales de 2001 fue traducido al italiano por Edizioni Ares con el expresivo título Un santo per amico[3].

Decir de alguien que tiene muchos amigos es elogio evidente. En la experiencia cristiana, no es menos claro que la gracia de Dios amplifica el corazón de las almas santas: su capacidad de querer no se agota en un círculo reducido de personas íntimas, de amigos del alma, sino que se agranda en planos sucesivos. De hecho, la propia amistad crece con el número de amigos, incompatible con ambientes empequeñecidos, según lo que se lee en Surco, 752: “La atracción de tu trato amable ha de ensancharse en cantidad y calidad. Si no, tu apostolado se extinguirá en cenáculos inertes y cerrados”. Hasta alcanzar la máxima sociabilidad solidaria de la amistad o caridad social, exigencia de la fraternidad humana y cristiana[4].

En una página de Apuntes..., resumí la diversidad, la universalidad de personas, que a raíz de su muerte publicaron artículos, comentarios y recuerdo del amigo desaparecido: “Junto a amigos de la infancia o condiscípulos, profesores y alumnos. Periodistas y escritores, como Aznar o Cortés Cavanillas. Catedráticos y universitarios, como Rodríguez Casado o García Hoz. Artistas, como Jenaro Lázaro, y obreros, como Gonzalo Larrocha, botones de la Residencia DYA en la calle de Ferraz, 50. Sacerdotes y religiosos, que, con los años, prestarían servicios destacados a la Iglesia: don Vicente Blanco, don Sebastián Cirac, don José María García Lahiguera, don Casimiro Morcillo, don Pedro Cantero, don José María Bueno Monreal, don Marcelino Olaechea, fray José López Ortiz...”. Si hubiera redactado hoy esa página, tal vez habría añadido a algunas otras figuras eximias de la Iglesia universal en el siglo XX, como los cardenales Baggio, Casariego, Dell’Acqua, Hengsbach, Höffner, König o Poletti.

El Beato [San] Josemaría subrayó en Surco, 193 que “quienes han encontrado a Cristo no pueden cerrarse en su ambiente: ¡triste cosa sería ese empequeñecimiento! Han de abrirse en abanico para llegar a todas las almas. Cada uno ha de crear ‑y de ensanchar‑ un círculo de amigos, sobre el que influya con su prestigio profesional, con su conducta, con su amistad, procurando que Cristo influya por medio de ese prestigio profesional, de esa conducta, de esa amistad”.

Desde esa perspectiva, la capacidad de amistad se agranda hasta extremos increíbles, porque “el corazón humano tiene un coeficiente de dilatación enorme. Cuando ama, se ensancha en un crescendo de cariño que supera todas las barreras. / Si amas al Señor, no habrá criatura que no encuentre sitio en tu corazón”[5].

Se va entonces a las almas con espíritu abierto, sin discriminación alguna. La humilde magnanimidad del seguidor de Jesús abate barreras y divisiones, y transforma al cristiano en efectivo y permanente instrumento de unidad[6].

 

La iniciativa en la amistad

El cristiano procura siempre salir de sí mismo, para interesarse por los demás: qué son, qué hacen, cómo piensan. Está convencido de que, respecto de quienes le rodean, no puede conformarse con ningún tipo de pasividad o languidez[7], especialmente cuando observa que tantas personas sufren la soledad o la indiferencia. Al hombre de Dios no le cuesta tomar la iniciativa, dar el primer paso hacia la amistad. Como evoca Mons. Echevarría, el Beato [San] Josemaría Escrivá “no se dejó llevar por simpatías o antipatías en el trato. Atendió a personas que eran evitadas por sus amistades, por compañeros de trabajo, o por la propia familia. Tuvo una solicitud paciente con personas aisladas por su enfermedad, su carácter hosco o sus extravagancias”[8]. Cumplió el propósito firme de buena amistad que dejó estampado en Surco, 748: “que nunca deje de practicar la caridad, que jamás dé paso en mi alma a la indiferencia”.

Secundaba así en su existencia el ejemplo de la vida de Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, que tantas veces consideró en su meditación personal, como se advierte al leer sus escritos: “Fijaos en que toda su vida está llena de naturalidad. Pasa seis lustros oculto, sin llamar la atención, como un trabajador más, y le conocen en su aldea como el hijo del carpintero. A lo largo de su vida pública, tampoco se advierte nada que desentone, por raro o por excéntrico. Se rodeaba de amigos, como cualquiera de sus conciudadanos, y en su porte no se diferenciaba de ellos. Tanto, que Judas, para señalarlo, necesita concertar un signo: aquel a quien yo besare, ése es (Mt XXVI, 48)”[9].

Muchas veces se emocionó el Beato [San] Josemaría ante el calor de la amistad del hogar de Betania, ante los sollozos de Jesús que llora por Lázaro, el amigo muerto[10]. Se conmovía ante la Humanidad de Cristo, “que no dejaba de agradecer los servicios que le prestaban. Le atraía la felicidad que se respiraba junto al Maestro, que no rechaza las pruebas de cariño de los que le rodean. Y de estas lecciones sacaba consecuencias: ‘el Señor no tenía un corazón seco, tenía un corazón de hondura infinita que sabía agradecer, que sabía amar’[11]Y se hizo amplio eco en sus enseñanzas de esa gran pedagogía divina del Corazón de Cristo, que contrasta con tanta pequeñez humana: “Jesucristo, que ha venido a salvar a todas las gentes y desea asociar a los cristianos a su obra redentora, quiso enseñar a sus discípulos ‑a ti y a mí‑ una caridad grande, sincera, más noble y valiosa: debemos amarnos mutuamente como Cristo nos ama a cada uno de nosotros. Sólo de esta manera, imitando ‑dentro de la propia personal tosquedad‑ los modos divinos, lograremos abrir nuestro corazón a todos los hombres, querer de un modo más alto, enteramente nuevo”[12].

En definitiva, Jesús “es Amigo, el Amigo: vos autem dixi amicos (Ioh XV, 15), dice. Nos llama amigos y El fue quien dio el primer paso; nos amó primero. Sin embargo, no impone su cariño: lo ofrece. Lo muestra con el signo más claro de la amistad: nadie tiene amor más grande que el que entrega su vida por sus amigos (Ioh XV, 13)”[13].

En cierta medida, el Fundador del Opus Dei aprendió en el hogar de sus padres esa característica del alma cristiana que lleva a anticiparse en el afecto. Amigos de infancia han evocado, por ejemplo, la amistad de Josemaría con su padre, manifestada externamente en los grandes paseos que daban juntos en Barbastro. Esa relación de confianza se basaba en la iniciativa de don José Escrivá, que le invitaba a “que abriese el corazón y le contase sus preocupaciones, con objeto de ayudar al pequeño a vencer arrebatos impulsivos de su naciente carácter o a sacrificar gustos y caprichos. Don José le escuchaba sin apresuramientos y satisfacía las preguntas propias de la curiosidad infantil ante la vida. Al hijo le agradaba ver que el padre se mostrara disponible para ser consultado y que, si le hacía una pregunta, le tomase siempre en serio[14].

Rasgos de buena amistad

En mi recuerdo personal de Mons. Escrivá de Balaguer, y en tantos libros sobre su vida y sus enseñanzas, he encontrado esos rasgos de buena amistad que configuran una de las facetas más ricas de su personalidad humana y apostólica. Los he agrupado en unos epígrafes que no reflejan estricto orden de preferencia: no me resulta fácil –tampoco en este punto– distinguir si estamos ante una faceta de su carácter o ante el fruto de la gracia de Dios, que actúa de modo aparentemente natural.

Lo humano y lo divino se funden armónicamente en la vida del Fundador del Opus Dei, camino de santidad en medio del mundo. Llega un momento en el que el Beato [San] Josemaría afirma que no sabe distinguir entre oración y trabajo. Algo semejante se advierte en el trato con los demás: “En un cristiano, en un hijo de Dios, amistad y caridad forman una sola cosa: luz divina que da calor”[15]. Y ahí radica el apostolado más importante de los fieles del Opus Dei: el que cada uno “realiza con el testimonio de su vida y con su palabra, en el trato diario con sus amigos y compañeros de profesión. ¿Quién puede medir la eficacia sobrenatural de este apostolado callado y humilde? No se puede valorar la ayuda que supone el ejemplo de un amigo leal y sincero, o la influencia de una buena madre en el seno de la familia”[16].

Se configura así la grandeza espiritual de las circunstancias más corrientes, no exenta lógicamente de especiales gracias divinas, como afirma Mons. Javier Echevarría: “Nuestro Señor le concedió una muy singular capacidad de comunicación: mediante este don del Cielo, se hacía entender con facilidad por personas de diversas culturas, formación, razas, naciones. En este sentido, no faltan pruebas de que poseía el don de escrutar los corazones, porque se producía tan exacta adecuación de su consejo a las necesidades y condiciones de un alma concreta, que no podía pensarse en una mera coincidencia. Muchos ‑los interesados o sus amigos‑ así lo han atestiguado: encontraban el remedio y la comprensión más hondos ante su propia situación, o se sentían alentados frente a sus inquietudes, siempre arropados por el cariño sobrenatural y humano de Mons. Escrivá de Balaguer. Esto sucedía, incluso, sin haberle manifestado el interior del alma y, a veces, sin ni siquiera estar presente”[17].

Josemaría Escrivá de Balaguer, un amigo desinteresado

La amistad verdadera no se basa en el intercambio aunque, ciertamente, supone comunicar sentimientos, penas, alegrías, aficiones, favores, servicios. Por eso, los ricos tienen aparentemente muchos amigos[18], y del pobre hasta los amigos se apartan[19] Pero, en rigor, el amigo auténtico hace propias las preocupaciones, ilusiones o anhelos del otro. No piensa en sí mismo. Su personal desinterés se traduce por paradoja en interés objetivo por quien está a su lado, dispuesto a compartir todo con alegría, también el dolor, sin esperar nada a cambio: “Cuando se ama de verdad –expresaba con viveza Mons. Escrivá en 1954 ‑, se da con alegría, sin llevar la cuenta y sin buscar agradecimiento: ¡es suficiente, entonces, para el alma, la oportunidad de gastarse gustosamente! No se piensa si ya se ha hecho mucho, o si cuesta: en el trato con Dios no se repara en los obstáculos porque, como en el amor humano, no hay dificultades ni defectos que impidan la conversación con la persona amada”[20].

Desde su infancia, con el ejemplo recibido en el hogar de Barbastro, Josemaría fue un chico normal, abierto, simpático. Compartió las aficiones y esperanzas de los de su edad, sus juegos y diversiones. Hizo buenos amigos, que no le olvidaron, como tampoco él a ellos. Señala Mons. Javier Echevarría que, “al recordar aquellos tiempos de su infancia y de su primera adolescencia, en los que se grabó en su alma la necesidad de interesarse por los demás y de quererlos lealmente ‑como observaba en sus padres‑, le venía a la cabeza una consideración que le hizo frecuentemente doña María Dolores: Josemaría, vas a sufrir mucho en la vida, pues pones todo el corazón en lo que haces. Aseguro que aquel presagio materno se cumplió”[21].

Josemaría Escrivá supo querer. Estaba en todo, de modo particular respecto de quienes tenía más cerca. Pero no olvidaba a personas que llevaba sin ver mucho tiempo. Se acordaba de ellas porque las quería. Su excepcional memoria era fruto de su gran corazón, de su capacidad de interesarse de veras por los demás: en lo grande –la vida del alma‑ y en los detalles más pequeños de la vida ordinaria. El cariño nada sabe de entelequias ni abstracciones: en el Beato [San] Josemaría brotaba recio y tierno, pleno de intuición y rapidez.

Álvaro del Portillo –sin duda, el gran testigo en la tierra del Fundador del Opus Dei– contó muchas veces cómo le había impresionado el dolor del Padre ante la muerte de amigos queridos: “Era extraordinariamente sobrenatural, y por esto mismo, también muy humano: quería a sus amigos con todo el corazón”. Y relataba lo sucedido en Madrid, durante la guerra civil española. A partir del 18 de julio de 1936, tuvo que trasladarse de un escondite a otro, pues su vida corría peligro ante la persecución religiosa. Desde un determinado momento, don Josemaría y Álvaro compartirán refugio. Uno de esos días, el Fundador tuvo que deambular unas horas por la calle de la capital, y se enteró de la muerte de dos amigos. Álvaro no olvidó nunca la inmensa pena con que le refirió el asesinato de don Lino Vea‑Murguía, y nuevos detalles sobre el martirio de don Pedro Poveda, el Fundador de la Institución Teresiana[22].

El desinterés vacuna contra el egoísmo, la vanidad, la timidez cerrada en sí misma, la envidia, las comparaciones, la susceptibilidad[23]. Y ayuda a superar momentos de desánimo, ante la posible falta de correspondencia, pues, al fin y al cabo, hay amigos que lo son sólo de nombre[24]. No le faltaron en la vida desengaños, como recogería en una carta de 1971, que cita Vázquez de Prada, 79: “¿Por qué será que, a pesar de mis miserias, suelo yo ser siempre más amigo de mis amigos que esos amigos de mí? Seguramente es que me hace mucho bien, si lo acepto –fiat!–, ese despego”. La experiencia parece reflejarse también en Camino, 363: “Desilusionado. ‑Vienes alicaído. ¡Los hombres te acaban de dar una lección! ‑Creían que no los necesitabas, y rezumaban ofrecimientos. La posibilidad de que tuvieran que ayudarte económicamente ‑unas pesetillas miserables‑ convirtió la amistad en indiferencia. / ‑Confía sólo en Dios y en quienes, por El, están unidos a ti”.

Pero el desaliento pasajero no deja la huella del agravio, porque “la verdadera caridad, así como no lleva cuenta de los constantes y necesarios servicios que presta, tampoco anota, «omnia suffert» ‑soporta todo‑, los desplantes que padece”[25].

Un amigo cordial

Como he reiterado al comienzo, en Apuntes... pude reunir infinidad de detalles de su carácter, de su modo de ser y de comportarse, en anécdotas y recuerdos vivos y recientes, que hicieron posible mi aproximación a una tarea que se me antojaba francamente ardua: transmitir, a los que no tuvieron oportunidad de conocerle personalmente, el calor humano y espiritual –el gran corazón– de Josemaría Escrivá de Balaguer.

Los testimonios coincidían en subrayar su alegría, su afecto, incluso cuando tenía que reprenderlos. Les había quedado grabada en el alma la lumbre de su mirada, la expresión cariñosa de sus ojos, la solicitud acogedora de su rostro, la facilidad de su sonrisa, la expresividad amable de sus gestos, sus brazos abiertos. No me resisto a reproducir el expresivo comentario de los monjes jerónimos del Parral (Segovia) en los primeros años cuarenta, cuando llegaba allí don Josemaría: “Ahí viene el sacerdote que siempre está de buen humor”.

No imaginaba yo, cuando conocí a Mons. Escrivá de Balaguer el 8 de septiembre de 1960 en el Colegio Mayor Aralar de Pamplona, que tuviese tal simpatía, tal capacidad de meterse en el bolsillo a los universitarios. Pero su facilidad connatural para hacerse entender, su rapidez en las respuestas, su gracia y simpatía humanas, nada tenían que ver con un hacerse el simpático. Todo me pareció recio, espontáneo, verdadero.

No sabía yo entonces que había sido siempre así. Álvaro del Portillo subrayaba la sencillez con que, vestido de sotana, trataba a sus compañeros universitarios de la Facultad de Derecho de Zaragoza en los años veinte: “De vez en cuando, a la salida de clase, sus amigos le invitaban a tomar un aperitivo en un local frecuentado por los estudiantes: era el bar Abdón, en el Paseo de la Independencia, junto a la Plaza de la Constitución. Josemaría aceptaba algunas veces, y así cultivaba la amistad de un modo muy natural. Su comportamiento era tan sacerdotal y al mismo tiempo tan humano que, cuando se ordenó sacerdote, algunos de sus compañeros lo escogieron como confesor habitual”[26]. Y, desde luego, sabía llevarles la contraria cuando era necesario, sin hacerse antipático[27].

Mons. Escrivá de Balaguer destacaba por su gran cordialidad, su acusado modo –amistoso y franco– de hablar de lo divino y lo humano. A su lado, era fácil sentirse comprendido, arropado, empujado al amor de Dios. Su corazón desbordaba cariño: hacia Dios, hacia los hombres, hacia el mundo. Y así deseaba que rebosase la vida de las gentes: “Es una pena no tener corazón. Son unos desdichados los que no han aprendido nunca a amar con ternura. Los cristianos estamos enamorados del Amor: el Señor no nos quiere secos, tiesos, como una materia inerte. ¡Nos quiere impregnados de su cariño!”[28],

De ahí derivaba quizá su facilidad para descubrir y acentuar lo positivo en los acontecimientos y en las personas[29], más allá de pesimismos, contrariedades o calumnias. Lejos de menguar la valía o la honra de nadie, ponía en todo el signo más del cariño, de la afirmación gozosa, de los brazos abiertos de Cristo en la Cruz.

Le gustaba repetir la razón empleada por Santo Tomás de Aquino: “En cualquier hombre existe algún aspecto por el que los otros pueden considerarlo como superior, conforme a las palabras del Apóstol "llevados por la humildad, teneos unos a otros por superiores" (Philip. II, 3). Según esto, todos los hombres deben honrarse mutuamente”[30]. Y Mons. Escrivá concluía: “La humildad es la virtud que lleva a descubrir que las muestras de respeto por la persona ‑por su honor, por su buena fe, por su intimidad‑, no son convencionalismos exteriores, sino las primeras manifestaciones de la caridad y de la justicia”[31].

Su trato estaba lleno de finura, de politesse –término francés que acudía con frecuencia a sus labios–, de la atención propia de quienes se quieren sinceramente. Aplicaba esa experiencia humana al trato de las almas con Dios, para señalar la falta de delicadeza que supone no dar importancia a pequeños detalles, que obstaculizan la plenitud del amor. Se advertía la fuerza de quien lo ha experimentado antes en la relación con los demás: “si vamos por la calle y, en el trasiego del cruce con otros peatones, nos rozamos o nos damos un pequeño golpe, a aquello no le damos la más mínima importancia; pero si el que nos da un golpe es amigo nuestro, y lo hace con indiferencia, con desprecio, se despierta enseguida en nuestra alma un sentido de dolor. Esta realidad hay que aplicarla a nuestra relación con el Señor”[32].

Un amigo generoso

Podía haber titulado este epígrafe con otros adjetivos –sacrificado, servicial, magnánimo–, pero he preferido la sencillez de la generosidad que, en cierto modo, destaca el carácter personal de la amistad: “de tú a tú, de corazón a corazón”[33]. Desde luego, no excluye la plenitud evangélica que lleva a entregar la propia vida por el amigo: nadie tiene amor más grande que ése[34], encarnado por Quien nos ha llamado amigos[35]. Pero evoca mejor la situación ordinaria de quien piensa en lo que de veras necesita el amigo, cueste lo que cueste, renunciando a lo propio, con espíritu de sacrificio[36]. Como se lee en la Escritura, “el que por amor del amigo no repara en sufrir algún daño es hombre justo”[37].

Por ahí discurre, según el mensaje del Fundador del Opus Dei, el cauce de la mortificación que santifica la propia alma sin mortificar a los demás; al contrario, les hace más amable el camino de la santidad en medio del mundo: “Penitencia es tratar siempre con la máxima caridad a los otros, empezando por los tuyos. Es atender con la mayor delicadeza a los que sufren, a los enfermos, a los que padecen. Es contestar con paciencia a los cargantes e inoportunos. Es interrumpir o modificar nuestros programas, cuando las circunstancias ‑los intereses buenos y justos de los demás, sobre todo‑ así lo requieran”[38].

Josemaría Escrivá de Balaguer ha dejado páginas excepcionales sobre el sentido humano y divino del espíritu de servicio, no siempre comprendido en la cultura moderna construida sobre una hipertrofia de lo individual que oculta sin querer facetas esenciales de la condición y dignidad de la persona. En cualquier caso, la amistad –como la familia o el trabajo en equipo– avanza a base de prestar servicios con alegría, incluso sin que el interesado lo note[39].

Los amigos se ayudan mutua y desinteresadamente, con rectitud de intención, sin amistades particulares, con sentido de justicia que excluye tratos de favor o informaciones privilegiadas. Pero se hacen favores. Y así se comportaba el Beato [San] Josemaría. Por ejemplo, se conservan muchas cartas que reflejan las gestiones y encargos que hacía en Madrid, a finales de los años veinte y en los treinta, a compañeros de Zaragoza o a sacerdotes con los que había coincidido en la residencia de la calle de Larra: desde recoger una sotana o reservar habitación en la fonda, a comprar unas piedras de mechero. Procuraba hacer esos favores enseguida, sin esperas innecesarias[40]. Prestaba a todos, con una sonrisa en los labios –aun en momentos de dolor‑ un servicio sin regateos[41].

Un amigo delicado

La amistad arranca de una primera coincidencia, cultivada después con un trato más o menos asiduo, en que cada uno da lo mejor de sí mismo. En concreto, el amigo sabe sacar tiempo –un bien escaso en la vida intensa y llena de Josemaría Escrivá de Balaguer–, para estar con los demás. La amistad crece en trabajos y aficiones comunes, en fiestas y en el descanso, en los momentos difíciles. El Beato [San] Josemaría no podía acudir a todo, y suplía su ausencia con palabras encendidas que dejaban un cálido recuerdo escrito para siempre. Y sabía también perder el tiempo para alegrar la vida de sus amigos. Por ejemplo, Álvaro del Portillo le oyó contar que cuando era seminarista en Zaragoza, fue muy amigo del Vicepresidente del Seminario de San Carlos, don Antonio Moreno. El Fundador lo relataba con estas palabras: “Por amistad y especialmente por caridad ‑a mí no me gustaba nada‑, alguna vez, cuando bajaba a su habitación, accedía a jugar al dominó con él. Recuerdo que tenía que dejarme ganar porque, si no, no se quedaba contento y hasta se molestaba. Para mí, que estaba decidido a aprender de los sacerdotes que gastaban su vida por el Señor, aquellos eran unos ratos muy agradables, porque ese sacerdote demostraba mucho espíritu sacerdotal, mucha experiencia pastoral y era muy humano. Me contaba anécdotas muy gráficas, con gran sentido sobrenatural y pedagógico, que me hacían un bien enorme”[42].

Para describir su dedicación, basta evocar la intensidad que ponía en los años treinta al organizar y realizar las visitas a los hospitales de Madrid. Lo sintetizó bien José Manuel Doménech, entonces joven estudiante, respecto de Santa Isabel: destacaba “cómo empleaba su tiempo generosamente con nosotros –el grupo de estudiantes que atendíamos a los enfermos– y también con esos mismos enfermos”.

Antonio Rodilla, muchos años Vicario General de Valencia, Rector del Seminario Archidiocesano y Director del Colegio Mayor San Juan de Ribera en Burjasot, ha trazado por su parte el amplio cuadro de amabilidades y delicadezas que Josemaría Escrivá tuvo con él y con su familia: desde el consuelo en situaciones íntimas muy dolorosas, hasta la presencia física en el entierro de su madre.

No sé si alguien ha tenido la paciencia –a que me referí en Apuntes...– de calcular las muchas horas que empleó invitando a comer a los múltiples amigos con –la frase es de Camino, 974– “la vieja hospitalidad de los Patriarcas, con el calor fraterno de Betania”.

Sé, en cambio, que se ha realizado un esfuerzo ímprobo para reconstruir su correspondencia. Escribió millares de cartas, prolongación desde la lejanía de una amistad hondamente sentida. No dejó de escribir ni durante los años de la guerra de España, sorteando con imaginación creativa la censura postal. Muchas personas han dejado constancia de su gratitud cuando, aislados en los frentes, recibían las noticias del Fundador, que les alentaba a seguir en la brecha de otras peleas: su lucha interior, su trabajo intelectual, su afán apostólico, su preocupación por los demás, la reconstrucción de sus vidas, para continuar haciendo una cristiana siembra de paz cuando terminase el conflicto. Sueño con el día en que esté listo para la imprenta lo mejor de ese epistolario: ayudará a comprender más a fondo la personalidad de Josemaría Escrivá de Balaguer.

Un amigo leal

No es adjetivo tópico, sino verdadero. Quizá redundante: ¿cómo entender un amigo que no sea fiel, leal? Monseñor Escrivá de Balaguer anheló la lealtad, también para la Iglesia, en tiempos no fáciles tras el Concilio Vaticano II. Hasta entonces, sabíamos que su virtud humana preferida era la sinceridad. Pero, en los últimos años, como un retornelo, enalteció la lealtad: ¿cómo ser fiel a Dios, si no se saborea la delicia de la lealtad humana, de la fidelidad a los demás? Y es que, “para que este mundo nuestro vaya por un cauce cristiano ‑el único que merece la pena‑, hemos de vivir una leal amistad con los hombres, basada en una previa leal amistad con Dios”[43].

Sin duda, el amigo fiel es un tesoro, con lo que nada es comparable[44]. Confiamos en ese amigo para desahogar el corazón y buscar consejo en las encrucijadas de la vida. A veces, deseamos sólo hablar, contar lo que nos han hecho, explayarnos de tristezas y sinsabores[45]. Pero el verdadero amigo ofrece también la ayuda de su consejo[46], “con el ascendiente que da la intimidad”[47]: encauza inquietudes, abre horizontes, hace dulce la vida[48].

Esa profunda realidad se transforma, sin perder su condición humana, en cauce apostólico específico, según el espíritu del Opus Dei; tanto, que el Fundador lo incluyó expresamente en los Estatutos de la Prelatura (n. 117): los fieles del Opus Dei “suum personalem apostolatum exercent praesertim inter pares, ope praecipue amicitiae et mutuae fiduciae”; el texto añade poco después, con deliberada reiteración, tras citar el pasaje emblemático de Jn 15, 15: “peculiare igitur Praelaturae fidelium apostolatus medium est amicitia et assidua cum collaboratoribus consuetudo”. Desde siempre, fue paradigmático el pasaje de Camino, 973: “Esas palabras, deslizadas tan a tiempo en el oído del amigo que vacila; aquella conversación orientadora, que supiste provocar oportunamente; y el consejo profesional, que mejora su labor universitaria; y la discreta indiscreción, que te hace sugerirle insospechados horizontes de celo... Todo eso es apostolado de la confidencia”.

El Beato [San] Josemaría era un hombre de Dios que arrastraba hacia Él a sus amigos. Le gustaba mucho tratar con los viejos amigos y decirles cosas íntimas; y lo llevaba a la vida interior, convencido de que eso es lo que hace Cristo con los hombres: una razón más para conocer y tratar a la Humanidad Santísima del Señor.

Además, el amigo leal no falla cuando llegan trances apurados[49], el tiempo de la enfermedad, el dolor o el fracaso profesional. Se anticipa, sale al encuentro, como Cristo resucitado buscó a los discípulos de Emaús[50]. Todo, menos dejar solo al amigo en circunstancias adversas, aun a riesgo de sufrir consecuencias negativas[51]: además de rezar, hay que “hacer por él lo que querrías que hicieran por ti, en circunstancias semejantes. / Sin humillarle, hay que ayudarle de tal manera que le sea fácil lo que le resulta dificultoso”[52].

Especialmente mal se pasa en la vida cuando se desatan las calumnias. Josemaría Escrivá, que las sufrió en su propia carne desde muy joven, nunca dejó a ningún amigo en la estacada. Mons. Javier Echevarría pudo comprobarlo durante los veinticinco años que vivió a su lado en Roma: “Jamás se abstuvo de dar la mano a quienes había tratado, si se veían envueltos en situaciones desagradables, motivadas por insidias, calumnias o incomprensiones. Recuerdo el caso de varios eclesiásticos, caídos en desgracia y abandonados por sus compañeros y por los que les habían servido, que encontraron la compañía de Mons. Escrivá de Balaguer, quien no ocultó su relación con esas personas, también ante los que provocaban el vacío a su alrededor”[53].

Muchas personas, como Mons. Juan Hervás Benet, promotor de los Cursillos de Cristiandad, han dejado el testimonio del aliento del Beato Josemaría cuando insidias e incomprensiones se levantaban contra él y contra su iniciativa apostólica. Mons. Escrivá no se limitaba a ofrecer el consuelo de su palabra, que no habría sido poco. Además, se movía y llegaba a la raíz de problemas y soluciones: “Sólo Dios sabe –reconoce Mons. Hervás– en qué medida pudo contribuir a despejar los caminos de la Providencia”[54].

Con mayor motivo, el amigo fiel traza punto y raya a cualquier maledicencia o cicatería: “No permitas nunca que crezca la hierba mala en el camino de la amistad: sé leal[55]. Y en otro lugar: “Evita siempre la queja, la crítica, las murmuraciones...: evita a rajatabla todo lo que pueda introducir discordia entre hermanos”[56]. De este modo, la lealtad hace indestructible la amistad.

Un amigo agradecido

He relatado en otro sitio que la última vez que estuve junto a Mons. Escrivá de Balaguer, el 26 de mayo de 1975, presencié de cerca su espíritu de agradecimiento. Sucedió en el aeropuerto de Barajas, al regreso desde Torreciudad, Barbastro y Zaragoza. Yo estaba en uno de los aparcamientos exteriores, y allí llegó en un coche de la compañía aérea. No me dio tiempo a abrirle la puerta, pues se adelantó con viveza. Antes de seguir su camino, buscó rápidamente al conductor de ese vehículo, para despedirse de él y darle las gracias por el servicio que acababa de prestarle. Pienso que esta gratitud, habitual en la vida del Fundador del Opus Dei, reflejaba lo que dejó escrito en Forja, 502: “Si se hace justicia a secas, es posible que la gente se quede herida”.

El agradecimiento constituyó el arranque de algunas amistades imperecederas de Josemaría Escrivá. Esta faceta destaca en la relación que mantuvo durante muchos años con buena parte de sus profesores de Logroño y Zaragoza. La apertura de corazón de Josemaría facilitaba la superación de posibles obstáculos derivados de la diferencia de edad o de horizontes vitales. La amistad se consolidaría lógicamente con los sacerdotes, especialmente después de la ordenación del propio Josemaría. Basta quizá mencionar aquí algunos nombres, como los de Calixto Terés y Garrido, que le consideraba el mejor alumno que había tenido en Ética y Derecho, y andando el tiempo, cuando iba a verle en Madrid, se anunciaba en portería como “don Calixto, el cura de Logroño”; don Ciriaco Garrido, canónigo penitenciario de la Colegiata, con el que se confesó muchas veces, y fue uno de los primeros que “dieron calor a mi incipiente vocación”, reconocería años después; don Juan Moneva, catedrático de Derecho Canónico en Zaragoza, al que dedicaría un extenso y sentido párrafo en su discurso en el paraninfo el 21 de octubre de 1960 al ser recibido como doctor honoris causa en el claustro de su alma mater cesaraugustana; don José Pou de Foxá, catedrático de Derecho Romano, al que su alumno consideraba “amigo leal y noble y bueno”, que ciertamente fue, con los años, consejero y apoyo moral en ocasiones particularmente difíciles en los primeros años de su sacerdocio y del Opus Dei; en fin, don Miguel Sancho Izquierdo, catedrático de Derecho Natural, con quien compartiría relaciones de veneración y afecto, que se pondrían de manifiesto en 1960 al elegir a “don Miguel, mi maestro” como uno de los dos primeros doctores honoris causa de la incipiente Universidad de Navarra.

En Apuntes... se mencionan sintéticamente los primeros pasos para comenzar la labor del Opus Dei en Bilbao, cuando flotaban en el ambiente las secuelas de serios ataques personales contra el Fundador. Muchas puertas se cerraron. En cambio, la Viuda de Ibarra, Carito Mac Mahon, le abrió todas las puertas de su casa, con plena confianza. Mons. Escrivá de Balaguer no lo olvidó nunca: cualquier ocasión era buena para tener algún detalle especial con esa familia amiga. La Marquesa de Mac Mahon dejó constancia expresa de su honda gratitud: “siempre recordaba con agradecimiento excesivo lo poco que yo y los míos hicimos con él en aquellas épocas en que no era conocido, ni tampoco la Obra”.

Los ejemplos podrían multiplicarse. Su gratitud no era sólo cortesía: palabra que se dice y luego se olvida. La amistad del Fundador del Opus Dei rebosó siempre humanidad, detalles cordiales capaces de superar la lejanía o la ausencia prolongada, como la facilidad con que enviaba cariñosas felicitaciones con motivo de santos o aniversarios personales. Se adhería –con capacidad de aplauso‑ a los buenos acontecimientos, sin caer en vanidosas adulaciones. Y se mantenía en el tiempo, con abundantes detalles de afecto y de servicio, incluido el regalo de su oración y de su fe[57].

Un amigo indulgente

Donde hay amistad, se espera comprensión hacia defectos y debilidades. El amigo es comprensivo, no quisquilloso. Pasa por alto las pequeñeces, los roces inevitables en la convivencia humana. Suele decirse con razón que se quiere al amigo y el bien del amigo, no porque él sea ya bueno, o sea bueno en todo: el propio Jesús dio ejemplo, siendo amigo de publicanos y fariseos[58].

Con mayor motivo, no exige identidad de temperamentos, opiniones, ideologías: “La amistad verdadera supone también un esfuerzo cordial por comprender las convicciones de nuestros amigos, aunque no lleguemos a compartirlas, ni a aceptarlas”[59]. Más bien el amigo tiende a ponerse en el lugar del otro y pasa por alto los defectos: “Si no quieres más que las buenas cualidades que veas en los demás ‑si no sabes comprender, disculpar, perdonar‑, eres un egoísta”[60].

El amigo perdona con facilidad, pronto a la reconciliación, sabedor también de que el perdón es tal vez lo más divino que puede salir de un corazón humano. Ese gesto aproxima a la acción del Espíritu Santo que, con el sacramento de la penitencia, devuelve al pecador al círculo de la amistad con Dios[61].

En definitiva, “hay que convivir, hay que comprender, hay que disculpar, hay que ser fraternos; y, como aconsejaba San Juan de la Cruz, en todo momento hay que poner amor, donde no hay amor, para sacar amor (Cfr. S. Juan de la Cruz, Carta a María de la Encarnación, 6‑VII‑1591), también en esas circunstancias aparentemente intrascendentes que nos brindan el trabajo profesional y las relaciones familiares y sociales”[62].

Desde esta actitud radical, surge espontánea la confianza en los demás. De hecho, Josemaría Escrivá se fiaba más de la palabra del amigo, o de las personas del Opus Dei, que del “testimonio unánime de cien notarios”, como afirmaba con frase gráfica. Esa confianza lleva –si es que no ha brotado antes– a una amistosa intimidad, más allá del mero conocimiento, del compañerismo, de la relación de vecindad, del trato social.

Especial comprensión se requiere para la apertura a personas que se aíslan por razón de carácter o de enfermedad. Es preciso acompañarlas, porque necesitan seguramente el desaguadero de alguien que les escuche, para descargar sus preocupaciones. Mons. Escrivá de Balaguer dedicó muchas horas de su vida a atender a quienes sufrían ese tipo de inquietud. En sus charlas a sacerdotes, como evoca Mons. Javier Echevarría, les insistía en que tuvieran una gran paciencia con esas almas: “Si se presenta ese caso, pensad que tenéis delante un enfermo, atendedle y servidle, no le cerréis las puertas ni los brazos de vuestra caridad sacerdotal. Puede ser que os repitan una y otra vez las mismas cosas. Si no les atendieseis, se quedarían heridos, e incluso se apartarían de la práctica religiosa. Por eso, mientras escuchéis aquella misma conversación con el mismo tono, con los mismos temas, con las mismas manías, con problemas que no tienen solución porque son fruto de una imaginación enfermiza, no les despachéis con cajas destempladas; atendedles, y mientras dure esa larga conversación, procurad encomendar al interesado, procurad rezar oraciones, porque esas personas se conforman con que haya alguien que les escuche, sin darles ninguna respuesta”[63].

Como recuerda también el actual Prelado del Opus Dei [se refiere a Mons. Javier Echevarría], “animado por la justicia, reconcilió a muchas personas, que habían roto la amistad, o se mostraban mutua antipatía. Con sentido sobrenatural y paciencia humana, les hacía razonar separadamente. Si venían a quejarse del que consideraban adversario, les preguntaba: ‘¿le has escuchado?; ¿has tenido en cuenta su situación personal?; ¿has hablado con claridad, y sin ofenderle?’ Además, no dejaba de avisar con sencillez: ‘te advierto con completa sinceridad que también oiré a la otra parte, tanto para ayudarle ‑con el mismo afán que lo hago contigo‑, como para ponderar lo que me estás tú diciendo ahora’”[64].

Un amigo recio

No basta comprender. La amistad sincera lleva también a corregir[65]. Denota máxima muestra de rectitud de intención, de purificación de afectos, frente a la blandura de la bondadosidad[66]. Nada de palabras halagüeñas y fingidas[67]: los amigos merecen la ejercitación de la justicia y de la veracidad, aun a riesgo de enfriar aprecios humanos. Si no, la amistad puede acabar en cauce de perdición, como subrayan algunos pasajes de la Escritura[68]. Mons. Javier Echevarría ha resumido un suceso significativo: “En los primeros años de su sacerdocio, perdió a uno de sus más grandes amigos. Un compañero del Seminario abandonó su vocación y atentó matrimonio civil a pesar de las súplicas con que le rogó que no diera ese paso. Transcurrido el tiempo, para arreglar su situación canónica, le pidió que declarase que había llegado a la ordenación con falta de libertad, presionado por coacciones familiares. El Fundador del Opus Dei, con claridad y caridad, se negó rotundamente; y le explicó que no podía dar ese testimonio, puesto que conocía la libertad con que había accedido a las órdenes sagradas. La familia de aquel hombre le estuvo siempre muy agradecida, aunque el interesado le retiró la palabra. No quiso jamás la verdad a medias, por entender que ‑en muchas ocasiones‑ una verdad a medias puede ser una gran mentira”[69].

Sin llegar a extremos tan duros, parece claro que, desde la inicial simpatía mutua, los amigos superan aspectos sensibles más o menos frívolos o superficiales que limitarían quizá su relación a compadreo de amigotes, cómplices de miserias ajenas[70]. No digamos si se llega al límite de las amistades peligrosas, que podrían encadenar el alma: “Flaquea tu corazón y buscas un asidero en la tierra. ‑Bueno; pero cuida de que el apoyo que tomas para no caer no se convierta en peso muerto que te arrastre, en cadena que te esclavice”[71].

Una amistad humana y espiritualmente noble exige acrisolar y depurar los afectos, que no es desencarnar, prescindir del cariño real que brota de un corazón limpio: “Poniendo el amor de Dios en medio de la amistad, este afecto se depura, se engrandece, se espiritualiza; porque se queman las escorias, los puntos de vista egoístas, las consideraciones excesivamente carnales”[72].

Excluye, por tanto, lo que en la literatura espiritual clásica se conoce como amistad particular, tan ligada a la acepción de personas. Josemaría Escrivá lo explicaba con claridad grande: “Vamos a ver, ¿qué injuria se te hace a ti porque aquél o el otro tengan más confianza con determinadas personas, a quienes conocieron antes o por quienes sienten más afinidades de simpatía, de profesión, de carácter? / ‑Sin embargo, entre los tuyos, evita cuidadosamente aun la apariencia de una amistad particular”[73]. De modo semejante, animaba a sentir y vivir la fraternidad, “pero sin familiaridades”[74]. Y todo, sin respetos humanos que pueden celar comodidad o tibieza[75].

En fin, la reciedumbre de la amistad culmina en la corrección del amigo. Evocaré otro ejemplo, de Mons. Pedro Cantero, a quien conocí personalmente cuando era Arzobispo de Zaragoza. Siempre que le visité, como Director del Colegio Mayor Miraflores, me habló del Padre, de que le había visto hacía poco en Roma o de que habían intercambiado correspondencia, o estarían pronto juntos. Entre tantos recuerdos de su amistad, destacaba el fuerte suceso que refirió en su homilía al celebrar un funeral por el alma del Fundador del Opus Dei: una seria reprimenda, recibida el 14 de agosto de 1931, que “cambió la perspectiva de mi vida y ministerio pastoral”[76].

Amigos de Dios

Josemaría Escrivá zarandeó amablemente el alma de Pedro Cantero, demasiado enfrascado en su tesis doctoral cuando la Iglesia atravesaba en España momentos críticos. Y es que la amistad del cristiano se agranda desde la fe, hasta transformarse –sin desnaturalizarla‑ en cauce de apostolado.

El Fundador del Opus Dei plenificó la virtud humana de la amistad, procurando hacer de sus amigos personas amigas de Dios. No fue el suyo un trato postizo o instrumental, porque ponía en todo el signo más: la amistad humana crece con la gracia divina, y se multiplican los servicios prestados con alegría[77], sin hacerlo notar y sin que los demás adviertan ese esfuerzo ajeno[78].

Nunca dejó a sus viejos amigos, según el consejo de la Escritura[79]. En el fondo, más que acercarlos a su persona, quería hacerlos amigos de Dios, a través de la oración personal y también a través del trato íntimo con los que fueron amigos de Dios en la tierra, según lo que solía enseñar: “Si en ocasiones no os sentís con fuerza para seguir las huellas de Jesucristo, cambiad palabras de amistad con los que le conocieron de cerca mientras permaneció en esta tierra nuestra. Con María, en primer lugar, que lo trajo para nosotros. Con los Apóstoles. Varios gentiles se llegaron a Felipe, natural de Betsaida, en Galilea, y le hicieron esta súplica: deseamos ver a Jesús. Felipe fue y lo dijo a Andrés, y Andrés y Felipe juntos se lo dijeron a Jesús (Ioh XII, 20‑22). ¿No es cierto que esto nos anima? Aquellos extranjeros no se atreven a presentarse al Maestro, y buscan un buen intercesor”[80].

Ese clima de amistad íntima se manifiesta en la conexión entre la Eucaristía y Betania que hacía el Fundador del Opus Dei: “Es verdad que a nuestro Sagrario le llamo siempre Betania... ‑Hazte amigo de los amigos del Maestro: Lázaro, Marta, María. ‑Y después ya no me preguntarás por qué llamo Betania a nuestro Sagrario”[81]. El elemento místico acompaña, con naturalidad, a razones de amistad y trato humanos: “¿Has visto con qué cariño, con qué confianza trataban sus amigos a Cristo? Con toda naturalidad le echan en cara las hermanas de Lázaro su ausencia: ¡te hemos avisado! ¡Si Tú hubieras estado aquí!... / ‑Confíale despacio: enséñame a tratarte con aquel amor de amistad de Marta, de María y de Lázaro; como te trataban también los primeros Doce, aunque al principio te seguían quizá por motivos no muy sobrenaturales”[82].

Josemaría Escrivá encarecía también el trato amistoso con los ángeles, bien persuadido de que cada persona tiene un intercesor propio, que elimina cualquier sensación de soledad. “Todos necesitamos mucha compañía: compañía del Cielo y de la tierra. ¡Sed devotos de los Santos Ángeles! Es muy humana la amistad, pero también es muy divina; como la vida nuestra, que es divina y humana”[83].

Dios no es un ser lejano, que contempla indiferente la suerte de sus criaturas. Muy al contrario, sale al encuentro de las almas, les habla como amigo[84], y sabe esperar a cada una con solicitud de Padre, de hermano, de Amigo[85]. Así habló Dios a Moisés, cara a cara, como un hombre suele hablar a su amigo, en clásica expresión de Ex 33, 11. El Fundador del Opus Dei alentaba vivamente a esa amistad con Dios en Camino, 88: “Buscas la compañía de amigos que con su conversación y su afecto, con su trato, te hacen más llevadero el destierro de este mundo..., aunque los amigos a veces traicionan. ‑No me parece mal. / Pero... ¿cómo no frecuentas cada día con mayor intensidad la compañía, la conversación con el Gran Amigo, que nunca traiciona?”[86].

Y de nuevo el apostolado: cuando se saborea la amistad con Cristo, se impone hacerla llegar a los demás, porque el bien es difusivo. En 1954, Mons. Escrivá advertía a sus hijos, según anota el actual Prelado del Opus Dei: “convenceos de esta realidad: en la Obra la santidad no es compatible con el aislamiento: un hombre del Opus Dei, que siente su vocación cristiana, necesita buscar amigos, necesita pegar esta locura divina del amor de Dios, a través de su trabajo, en sus conversaciones con sus colegas, con sus compañeros, con sus parientes”[87].

La vida profesional, las relaciones humanas son cauce privilegiado para mostrar la vida de Cristo y sus manifestaciones de amistad, de cariño, de comprensión y de paz: “Como Cristo pasó haciendo el bien (Act X, 38) por todos los caminos de Palestina, vosotros en los caminos humanos de la familia, de la sociedad civil, de las relaciones del quehacer profesional ordinario, de la cultura y del descanso, tenéis que desarrollar también una gran siembra de paz”[88].

Terminaré con una cita, ciertamente extensa, pero emblemática: “Nuestro apostolado ha de basarse en la comprensión. Insisto otra vez: la caridad, más que en dar, está en comprender. No os escondo que yo he aprendido, en mi propia carne, lo que cuesta el no ser comprendido. Me he esforzado siempre en hacerme comprender, pero hay quienes se han empeñado en no entenderme. Otra razón, práctica y viva, para que yo desee comprender a todos. Pero no es un impulso circunstancial el que ha de obligarnos a tener ese corazón amplio, universal, católico. El espíritu de comprensión es muestra de la caridad cristiana del buen hijo de Dios: porque el Señor nos quiere por todos los caminos rectos de la tierra, para extender la semilla de la fraternidad ‑no de la cizaña‑, de la disculpa, del perdón, de la caridad, de la paz. No os sintáis nunca enemigos de nadie.

“El cristiano ha de mostrarse siempre dispuesto a convivir con todos, a dar a todos ‑con su trato‑ la posibilidad de acercarse a Cristo Jesús. Ha de sacrificarse gustosamente por todos, sin distinciones, sin dividir las almas en departamentos estancos, sin ponerles etiquetas como si fueran mercancías o insectos disecados. No puede el cristiano separarse de los demás, porque su vida sería miserable y egoísta: debe hacerse todo para todos, para salvarlos a todos (1 Cor IX, 22)”[89].


[1] Debo reconocer que he escrito este artículo por amistad. Cuando el director de Scripta Theologica me lo planteó, le sugerí otro tipo de autor. Francisco L. Mateo Seco me contestó que intentase contar cómo se podría descubrir la amplitud de la mente y el corazón del Fundador del Opus Dei a través de la variedad e intensidad de sus amistades, de sus relaciones humanas. Haz lo que puedas –venía a concluir‑ y envíame tu trabajo a finales de enero. Debo tantos favores al director de la revista, que no podía decirle que no. Ojalá sirva para que, dentro de las reflexiones en curso sobre la grandeza de la vida corriente, algún teólogo penetre con profundidad en el sentido de la amistad en la antropología cristiana a la luz de la vida y las enseñanzas del Beato [San] Josemaría Escrivá. Puede ser interesante también, si se tiene en cuenta el resultado de mi somera inmersión en el índice del Catecismo de la Iglesia Católica: menciona incidentalmente la amistad humana como un bien temporal que puede ser merecido (2010) –un gran bien en el que se expresa la castidad (2347)‑, pero en otra decena de lugares emplea el término sólo en el plano espiritual de la amistad con Dios, sinónimo de gracia, intimidad con el Señor, trato con Él, manifestación de su aprecio por la criatura humana desde el momento de su creación.

[2] Forja, 802.

[3] El libro original es Un hombre de Dios. Testimonios sobre el Fundador del Opus Dei, Madrid, Ediciones Palabra, 1994, 447 páginas. Lo citaré como Testimonios...

Pienso innecesario indicar, por conocidas, las referencias bibliográficas de los libros de o sobre Josemaría Escrivá que menciono en este artículo. Señalaré sólo el título completo de los que cito abreviadamente en el cuerpo del trabajo:

Amigos...Amigos de Dios.

Apuntes...: S. BERNAL, Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer. Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei.

Conversaciones...Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer.

Entrevista...: A. DEL PORTILLO, Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei.

Es Cristo...Es Cristo que pasa.

Memoria...: J. ECHEVARRÍA, Memoria del Beato Josemaría Escrivá.

Recuerdo...: S. BERNAL, Recuerdo de Alvaro del Portillo, Prelado del Opus Dei.

VÁZQUEZ DE PRADA...: A. VÁZQUEZ DE PRADA, El Fundador del Opus Dei, I, Ut videam!

[4] Cfr. CEC 1939.

[5] Viacrucis, 8, 5.

[6] Cfr. Amigos..., 233.

[7] Cfr. Forja, 880.

[8] Memoria..., 122.

[9] Amigos..., 121.

[10] Cfr. Jn 11, 35.

[11] Memoria, 106.

[12] Amigos..., 225.

[13] Es Cristo..., 93.

[14] VÁZQUEZ DE PRADA, 35. Andando los años, el Fundador del Opus Dei situó en el centro de su pedagogía familiar el consejo a los padres de que procurasen hacerse amigos de sus hijos: “Se puede armonizar perfectamente la autoridad paterna, que la misma educación requiere, con un sentimiento de amistad, que exige ponerse de alguna manera al mismo nivel de los hijos. Los chicos ‑aun los que parecen más díscolos y despegados‑ desean siempre ese acercamiento, esa fraternidad con sus padres. La clave suele estar en la confianza: que los padres sepan educar en un clima de familiaridad, que no den jamás la impresión de que desconfían, que den libertad y que enseñen a administrarla con responsabilidad personal. Es preferible que se dejen engañar alguna vez: la confianza, que se pone en los hijos, hace que ellos mismos se avergüencen de haber abusado, y se corrijan; en cambio, si no tienen libertad, si ven que no se confía en ellos, se sentirán movidos a engañar siempre” (Conversaciones..., 100).

La misma idea, con otras palabras, en Es Cristo..., 27: “Los padres son los principales educadores de sus hijos, tanto en lo humano como en lo sobrenatural, y han de sentir la responsabilidad de esa misión, que exige de ellos comprensión, prudencia, saber enseñar y, sobre todo, saber querer; y poner empeño en dar buen ejemplo. No es camino acertado, para la educación, la imposición autoritaria y violenta. El ideal de los padres se concreta más bien en llegar a ser amigos de sus hijos: amigos a los que se confían las inquietudes, con quienes se consultan los problemas, de los que se espera una ayuda eficaz y amable.

“Es necesario que los padres encuentren tiempo para estar con sus hijos y hablar con ellos. Los hijos son lo más importante: más importante que los negocios, que el trabajo, que el descanso. En esas conversaciones conviene escucharles con atención, esforzarse por comprenderlos, saber reconocer la parte de verdad ‑o la verdad entera‑ que pueda haber en algunas de sus rebeldías. Y, al mismo tiempo, ayudarles a encauzar rectamente sus afanes e ilusiones, enseñarles a considerar las cosas y a razonar; no imponerles una conducta, sino mostrarles los motivos, sobrenaturales y humanos, que la aconsejan. En una palabra, respetar su libertad, ya que no hay verdadera educación sin responsabilidad personal, ni responsabilidad sin libertad”.

[15] Forja, 565.

[16] Conversaciones..., 31.

[17] Memoria..., 355-356.

[18] cfr. Pr 14, 20.

[19] cfr. Pr 19, 7.

[20] Memoria..., 52.

[21] Memoria..., 89-90.

[22] Cfr. Entrevista..., 116.

[23] Cfr. Surco, 757.

[24] Cfr. Si 37, 1.

[25] Surco, 738.

[26] Entrevista..., 27-28.

[27] Cfr. Surco, 429.

[28] Amigos..., 183.

[29] Cfr. Forja, 455.

[30] S. Tomás de Aquino, S. Th., II‑II, q. 103, a. 2‑3.

[31] Es Cristo..., 72.

[32] Memoria..., 55-56.

[33] Cfr. Surco, 191.

[34] Cfr. Jn 15, 13

[35] Cfr. Jn 15, 15.

[36] Cfr. Surco, 191.

[37] Pr 12, 26.

[38] Amigos..., 138; cfr. Surco, 750.

[39] Cfr. Amigos..., 44; Camino 440; etc.

[40] Cfr. Pr 3, 28.

[41] Cfr. Forja, 699.

[42] Entrevista..., 175.

[43] Forja, 943.

[44] Cfr. Si 6, 14-15.

[45] Cfr. Amigos..., 245.

[46] Cfr. Pr 25, 9.

[47] Surco, 731.

[48] Cfr. Pr 27, 9.

[49] Cfr. Pr 17, 17.

[50] Cfr. Lc 24, 13ss.

[51] Cfr. Si 22, 31.

[52] Forja, 957.

[53] Memoria..., 123.

[54] Testimonios..., 202.

[55] Surco, 747.

[56] Surco, 918.

[57] Cfr. Forja, 36.

[58] Cfr. Mt 11, 19.

[59] Surco, 746.

[60] Forja, 954.

[61] Cfr. CEC 1468.

[62] Amigos..., 9.

[63] Memoria..., 122.

[64] Memoria..., 139-140.

[65] Cfr. Si 19, 13.

[66] Neologismo expresivo de Josemaría Escrivá de Balaguer, no incorporado a la edición de 2001 del Diccionario de la Real Academia Española.

[67] Cfr. Pr 29, 5.

[68] Cfr., p. ej., Jb 6, 27; 2M 6, 21.

[69] Memoria..., 136.

[70] Cfr. Surco, 761.

[71] Camino, 159; cfr. también Camino, 160.

[72] Surco, 828.

[73] Camino, 366.

[74] Camino, 948.

[75] Cfr. Surco, 204.

[76] Lo relató detenidamente en Testimonios..., 65-67.

[77] Cfr. Es Cristo..., 51, 182.

[78] Cfr. Surco, 737.

[79] Cfr. Si 9, 14.

[80] Amigos..., 252.

[81] Camino, 322.

[82] Forja, 495.

[83] Amigos..., 315; cfr. también Camino, 562.

[84] Cfr. CEC, 142.

[85] Cfr. Amigos..., 120.

[86] Cfr. también Camino, 422.

[87] Memoria..., 65-66.

[88] Es Cristo..., 166.

[89] Es Cristo..., 124.

 

 

Mayo. Ecos de Fátima

De Fátima, un municipio de Ourém (Portugal), hay noticias  en el mundo entero. Es un lugar de peregrinaciones desde que, en 1917,  se apareciera, allí, la Virgen, a Lucía, Francisco y Jacinta,  tres pastorcitos de 10, 9 y 7 años. El Mensaje de las Apariciones fue llevado al cine. Lo último, una película muy fiel a los hechos, producida en 1995, y “ El último Misterio”, con “las claves del futuro”,  un Documental de Producciones Goya, de 2017.   Para octubre de 2020  está proyectado el estreno de ”Fátima”.

Las peregrinaciones más numerosas suelen realizarse entre abril y octubre, y, sobre todo, en mayo. Este año, debido a la pandemia, se cerró Cova de Iría, el lugar de las Apariciones; pero, el día 13, a través de la televisión, Internet o la radio,   innumerables fieles de todo el mundo han seguido la Santa Misa que presidió, en la explanada del Santuario,  el Obispo de Leiría, cardenal António Augusto dos Santos Marto,  en la explanada del Santuario.

En 2019, seis millones trescientos mil fieles visitaron Cova de Iría. En 2017, Centenario de las Apariciones, fueron nueve millones cuatrocientas mil; entonces también, acudió,  el Papa Francisco

Dios condiciona sus gracias a la oración y el sacrificio por amor. Por eso, ante el declive moral del mundo y los males que de ello se derivan, la Virgen vino del Cielo a Portugal a pedir, a tres niños,  la inestimable ayuda de sus oraciones y sacrificios. Pero el Mensaje de Fátima nos concierne a todos, y se resume en oración, sacrificio y enmienda de vida.

Dios no quiere el mal, cuya causa es el pecado.  Si los hombres siguen una vida de impiedad y de injusticia, el mal ocurre.  Dios avisa; pero estamos muy despistados: el hombre moderno se siente dueño del universo  y de su vida, como si no hubiera vida eterna y nuestro destino y el control del mundo estuviera  en sus manos.

¿Por qué acuden las multitudes a Fátima, suelo bendito,  desde todas las latitudes de la tierra? Unos van a pedir gracias; otros, a darlas; los hay que escogen ese lugar bendito para consagrarse a Dios por medio de la Virgen; muchos buscan ese lugar como sitio ideal para  rezar y meditar en el amor de Dios. Nuestra esperanza está en el Corazón Inmaculado de María.

Lucía describió a la Virgen: La Señora vestía un manto muy blanco, con borde de oro que caía hasta sus pies. En sus manos llevaba las cuentas de un rosario que parecían estrellas, con un crucifijo que era como una gema muy radiante”  

La esperanza del mundo es el Corazón Inmaculado de María.

El mundo no ha mejorado, los pecados son aún más graves: apostasía, comuniones sacrílegas ( muchos comulgan sin atender al estado de su alma), se combate la familia y se extienden las relaciones entre dos personas fuera del plan de Dios; además, en palabras de  San Juan Pablo II, hay un “número inmenso de niños a los que se les impide nacer; de pobres a quienes se les hace difícil vivir; de hombres y mujeres víctimas de violencia inhumana; de ancianos y enfermos muertos a causa de la indiferencia o de una presunta piedad” ( Encíclica Evangelium Vitae)

 Josefa Romo 

 

El padre Brown, una creación de Chesterton para mostrarle al mundo ateo que los hombres son hermanos

Mark Williams es el último de una relevante lista de actores que han encarnado al padre Brown, entre ellos Kenneth More y Alec Guinness.

 

17 mayo 2020

G. K. Chesterton, ferviente defensor de la fe cristiana, también era un narrador excepcional. Creó un héroe que no era como los demas: el padre Brown, un detective perspicaz y misericordioso a quien Etienne de Montety ha consagrado un interesante artículo en Le Figaro:

Chesterton se inspiró en el padre John O'Connor, que fue decisivo en su propia conversión al catolicismo, para la creación del personaje del padre Brown. Monseñor O'Connor escribió luego, alusivamente, Father Brown on Chesterton [El padre Brown habla de Chesterton] para contar la "aventura" de sus relaciones con el escritor.

La literatura rebosa de detectives, más o menos perspicaces y brillantes, "carentes" de oficio o aficionados que han acabado involucrados por casualidad en una investigación. Como brazo secular de la justicia, por no decir de la verdad, el ferviente Chesterton sólo podía elegir a un sacerdote.

A G. K. Chesterton le gustaban las novelas policiacas, género, decía él, que daba "un sentido poético a la vida moderna": era, en sus propias palabras, "la Ilíada" de las metrópolis. Escribió unas cincuenta novelas de este tipo entre 1910 y 1936, que asombran por su sencillez, palabra clave para definirlas.

Los relatos del Padre Brown son excelentes piezas del género policiaco, pero también en ellas detaca el Chesterton apologista de la fe.

Este gigante de las letras inglesas, en sentido literal y figurado, escritor torrencial, polemista vigoroso, autor de ensayos en defensa del cristianismo frente al modernismo, tenía alma de niño. Le gustaba lo sobrenatural, los ángeles y los elfos. Su padre Brown, detective con sotana, aporta lo sobrenatural a sus investigaciones. Sin embargo, no debemos imaginárnoslo como un sacerdote llamativo: este cura no está ocupado en su parroquia, a menos que consideremos como tal a toda Gran Bretaña. Este sacerdote viaja, visita a personas y siempre acaba mezclado en asuntos tenebrosos. Nada distingue a este hombrecillo, que surge de repente para arrojar luz, a veces mediante unas pocas frases, sobre la historia que tiene delante de sí. Actúa solo, aunque a lo largo de los años sus pasos coinciden con los de Flambeau, un antiguo delincuente francés convertido en detective, al que a veces echa una mano.

Gilbert Keith Chesterton (1874-1936), un hombre capaz de plantar cara a las contradicciones y desvaríos de la modernidad con tanto rigor intelectual como respeto al adversario y humor y delicadeza en la forma.

El escritor seduce de inmediato por su gusto del relato. Le gusta narrar, incluso divertir. Se toma su tiempo para esbozar una descripción del campo, describir a los personajes de la historia, comentar su situación social o familiar. Su imaginación desbordante introduce al lector en las honorables familias británicas sobre las que se cierne la desgracia: robos, crímenes, pero siempre sin separarse de su tono sarcástico. Los franceses a menudo son descritos como personas tranquilas y se caracterizan por su espíritu fuerte: los ecos de la guerra entre la Iglesia y el Estado han atravesado el canal de la Mancha. Los escoceses son puritanos; los ingleses, anglicanos... y le dan ocasión para hacer bromas. Y es común a la humanidad su estar corroída por el pensamiento moderno; de ahí que sea corta de vista, lo que le impide penetrar el alma de los hombres y, por tanto, comprender lo que ha sucedido.

Las contradicciones del padre Brown

En las investigaciones del padre Brown no hay realmente suspense. La historia siempre empieza con unos testigos exponiendo los hechos de manera humana, demasiado humana. Estos testigos son médicos, o policías, y Chesterton se divierte cuando los describe: orgullosos, elocuentes, seguros de sí mismos. Y equivocados. Y he aquí que, ¡cataplum!, el padre Brown, que ha estado escuchando, que tal vez se ha ido para investigar, disfruta cuando refuta la versión que le acaban de dar.

¿De dónde viene su sagacidad? De su ministerio sacerdotal y, especialmente, de la confesión: "¿Nunca ha pensado que un hombre que se pasa la vida escuchando a los demás mientras le cuentan los pecados que han cometido debería conocer bastante bien el mal?", pregunta. Su vida como sacerdote le ha convertido en "un experto en humanidad", como dirá el Concilio Vaticano II, igual que sus eminentes colegas, Sherlock Holmes y Hércules Poirot. Todos ellos se distinguen por su perspicacia y su capacidad de deducción, que los convierten en una ayuda impagable para la policía y la justicia.

Tráiler del estreno en 2018 de la última versión televisiva del padre Brown, que continúa emitiéndose.

Cansado, al no ser el Reino de este mundo, el padre Brown siempre es indulgente, no hacia el crimen o el delito cometido, sino hacia su autor, dado que los hombres son esclavos del pecado: la avaricia, la codicia, el orgullo, etc. Sin embargo, "no debemos culparlos demasiado, ya que siempre se les dice que todo es relativo". Como el Dios del Magnificat del que es vicario, el padre Brown derriba a los poderosos y enaltece a los humildes: "Lo extraño, confía, no es que un ladrón y un vagabundo se arrepientan, sino que los que son ricos y no sufren carencia de ningún tipo sigan siendo duros y frívolos, y no produzcan nada por amor de Dios o de los hombres".

Deus ex machina

Chesterton era un defensor de la fe cristiana. Sus ensayos Ortodoxia Herejes abogan por un mundo visitado por Dios en una época tentada por el ateísmo y el materialismo. Las aventuras del padre Brown no tienen otro objetivo que describir una humanidad simpática y amable, pero herida desde la expulsión del Edén. Deus ex machina, Brown interviene, llevando la caridad gracias a su presencia y su capacidad de escuchar, la fuerza de su inteligencia, todas ellas características puestas al servicio de la verdad. Investigador, cierto, que sondea los riñones y los corazones. Y sí, digámoslo con calma, puesto que, en el fondo, hay algo más que hay que hacer: "Hay, en este mundo, un alborotador muy anciano, un crítico demagogo que se insinúa en los refugios más refinados para llevar esta terrible nueva: que todos los hombres son hermanos. Y allí por dónde pasa este nivelador sobre su caballo blanco, el padre Brown, en virtud de su oficio, pasa a continuación".

Traducción de Elena Faccia Serrano.

 

 

La pascua del enfermo

Celebramos en este domingo la pascua del enfermo. Es el sexto domingo de Pascua, cerca ya de la Ascensión. Las palabras de Jesús tienen aire de despedida: «No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros» (Jn 14,18). Jesús no se refiere a su vuelta al fin de los tiempos, sino a una inmediata que tendrá lugar en Pentecostés cuando envíe al Espíritu Santo, que en griego se llama Paráclito. «Yo pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad» (Jn 14,16). ¿Por qué habla Jesús de otro Paráclito? ¿Qué significa este nombre?

En griego, Paráclito significa «el que consuela». Es natural que, al quedarse sin Jesús, los discípulos se sintieran tristes, huérfanos. Se marchaba su maestro y su amigo. Regresaba al Padre el que había sido su consuelo durante el tiempo que había estado con ellos. Por eso habla de otro Paráclito, porque el primero fue él. Este título de «consolador» se daba al Mesías, pues tenía la tarea de consolar a su pueblo en momentos difíciles. Ahora, ante la ausencia de Cristo, el Espíritu Santo viene a llenar su vacío y, cumple, por así decirlo, el servicio que realizaba Jesús. Por eso dice que volverá a los suyos.

En la enfermedad el hombre necesita consuelo. Lo estamos experimentando en esta dura prueba de la pandemia que no sólo nos ataca físicamente sino sicológica y espiritualmente al sentir, en muchas ocasiones, la soledad. El lema de esta pascua del enfermo es «acompañar en la soledad». Son muchos los que, por su ancianidad o por estar contagiados, han pasado y pasan mucho tiempo solos. Muchos también los que han fallecido en una soledad dramática sin la mano que te aprieta dando seguridad o la palabra que te conforta. Jesucristo ha experimentado la soledad, incluso la soledad de su Padre en la cruz,tan difícil de entender. Sufrió la soledad en el huerto de los olivos, cuando sus discípulos se durmieron y la soledad del pueblo que días antes le había aclamado con cantos en la entrada de Jerusalén. Ha vivido en su propia carne lo que padecen tantos hermanos nuestros.

Es este Jesús el que dice: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré» (Mt 11,28). Recordando estas palabras, el Papa Francisco, en su Mensaje para este día, dice que nos «indican el camino misterioso de la gracia que se revela a los sencillos y que ofrece alivio a quienes están cansados y fatigados. Estas palabras expresan la solidaridad del Hijo del hombre, Jesucristo,ante una humanidad afligida y que sufre. ¡Cuántas personas padecen en el cuerpo y en el espíritu! Jesús dice a todos que acudan a él, “venid a mí”, y les promete alivio y consuelo».

Este consuelo tiene un nombre propio: es el Paráclito, capaz de sanar nuestras heridas más profundas, e incluso las de nuestra propia naturaleza mortal. En la primera lectura de este domingo se dice que Felipe predicaba en Samaría y realizaba «signos» como la curación de lisiados. El Espíritu actuaba por medio de él. «La ciudad —dice el libro de los Hechos de los apóstoles— se llenó de alegría». También nosotros necesitamos la acción del Espíritu que venga a confortar a la humanidad, y especialmente a los enfermos, con la alegría de su presencia. Para ello intensifiquemos nuestra oración de modo que se cumplan las palabras de Jesús: «Lo que pidáis en mi nombre yo lo haré» (Jn 14,13). Y al mismo tiempo que oramos, acompañemos a quienes sufren la enfermedad en soledad, y a quienes en el ejercicio de su trabajo sanitario pueden también sentirse solos o sin fuerzas ante las dificultades. La presencia de Jesús se realiza a través de los suyos, de su Iglesia, que desea estar junto a todos los que sufren para que nadie se sienta solo en la experiencia de su dolor.

+ César Franco Obispo de Segovia

 

Viviendo en la superficialidad: la decadencia del pensamiento

 

 

Estamos expuestos a una información más caótica de la que podemos manejar. Así, la vida se convierte en un rápido y distraído revoltijo de clics, gustos y diversiones que llenan un día agotador. Hay poco o ningún tiempo para el pensamiento.

 

Al mirar el panorama desolado de sonidos de bites, tweets y otras redes sociales, no puedo dejar de lamentar lo que ha sucedido con nuestra cultura.

Más que nunca las personas tienen títulos universitarios. Uno esperaría que los niveles de lectura aumentaran. La cultura real debería ser floreciente.

Sin embargo, no es ningún secreto que la gente se está relacionando de maneras cada vez más primitivas. Todo debe ser rápido e impulsivo. Debe ser corto y abreviado. Preferimos muchas andanadas cortas de ida y vuelta.

El mensaje es: que nada sea profundo. Que todo sea olvidable.

Contenidos

 

Hemos reducido la educación. Los medios de comunicación se han acelerado. La cultura sufre de la frenética intemperancia de prometerlo todo al instante y fácilmente. Todo esto acaba creando una sociedad infantil que intenta evitar el esfuerzo y la profundidad.

El pensamiento implica la observación tranquila de la realidad. Una persona reflexiona sobre el entorno y llega a conclusiones que reflejan una verdad sobre la naturaleza de las cosas.

Comportamiento infantil

El pensamiento ha disminuido porque rara vez meditamos sobre las cosas de nuestro mundo de ritmo acelerado.

Todo el mundo quiere las cosas ahora, sin pensar.

El lema de tantas plataformas virtuales hoy en día es: No me hagas pensar. No hay tiempo para leer, no hay tiempo para escribir, no hay tiempo para organizar los pensamientos.

El pensamiento ordena la mente y disciplina nuestros caminos. Despojada del pensamiento, la vida toma un curso sin profundidad ni dirección.

Esto ha resultado en un comportamiento infantil. Vivimos en una sociedad en la que los estudiantes universitarios usan libros para colorear, los hombres adultos juegan videojuegos, y muchos simplemente no leen más allá de textos cortos y titulares. Una generación emocionalmente vulnerable se ha desarrollado sin las habilidades sociales necesarias para enfrentar la realidad.

Cuando no se tiene la costumbre de pensar, el enfoque primario de la vida se vuelve infantil e impulsivo. Uno se fija en la idea de divertirse. Todo gira en torno a sensaciones, emociones y sentimientos.

La ausencia de orden

Estamos expuestos a una información más caótica de la que podemos manejar. Así, la vida se convierte en un rápido y distraído revoltijo de clics, gustos y diversiones que llenan un día agotador. Hay poco o ningún tiempo para el pensamiento.

Un universo ininteligible

Hay una razón final y más importante por la que el pensamiento ha disminuido. Vivimos en un mundo más y más materialista, que no considera oficialmente a Dios. Es una visión aleatoria de las cosas, en la que no hay normas morales objetivas basadas en verdades eternas e inmutables. Si no reconocemos el orden que Dios estableció en el universo, todo se vuelve ininteligible.

En un universo ininteligible, todas las certezas, experiencias y propósitos están sujetas a dudas y al cinismo. El orden moral que la civilización cristiana y la Iglesia han atesorado a través de los siglos es abandonado. Esto afecta incluso a las nociones más básicas de ser e identidad.

 

Tener personalidad es ahora anticuado

 

Cuando la gente no reconoce al Creador, ellos se apropian este rol y se auto-identifican con lo que quieren ser. Cuando no hay fe en un Dios benevolente, no pueden discernir la finalidad de la Creación. Cuando no hay reconocimiento de los frutos de la Redención, nuestra naturaleza caída pesa sobre nosotros.

Viviendo en la superficialidad

El resultado de todo esto es que nos obliga a vivir en una zona virtual que el autor Nicholas Carr llama ominosamente “la superficialidad”. Ayudados por redes en línea, nada se recibe profundamente y de forma consecuente. Es un mundo frustrante, contrario a nuestra naturaleza.

Fuimos creados para conocer y amar a Dios. Es por eso que necesariamente tenemos que fracasar. Estoy convencido de ello, porque este triste mundo fue previsto por Nuestra Señora de Fátima en 1917. Ella también profetizó un retorno a Dios y al orden.

Creo que habrá un día en que la gente comenzará a pensar de nuevo. Y cuando llegue ese día, el resultado práctico será el ordenamiento de la sociedad según la sabiduría de la Iglesia. El mundo se volverá inteligible – lleno de significado y propósito. Será bendecido con un entretenimiento ordenado. La gente recuperará el sentido de lo maravilloso, el anhelo de conocimiento y la búsqueda de Dios por el cual fuimos creados.

John Horvat

 

 

Incomprensiblemente humana

Blanca Sevilla  

Las crisis son vientos que propician un vuelo más alto; un vuelo personal al que no quiero renunciar.

Hoy me constituyo en la soledad en compañía.

¿Dónde están las potencialidades? ¿Dónde quienes repiten palabras convincentes y profundas? ¿Dónde las vivencias que hacen vibrar? ¿Por qué los pensamientos hacen círculos concéntricos en una necia reverberancia de la desilusión y la desesperanza? ¿Por qué no puedo soñar en la plenitud?

¿Dónde está la que soy realmente? ¿Por qué esa sensibilidad única, que propicia mi satisfacción cotidiana, es hoy dolor que profundiza, que adivina, que inventa lo que descubren historias reales o ficticias?

Me rindo. Renuncio a analizar los gestos y las sonrisas; las satisfacciones y las pesadumbres; ya no quiero preguntar nada; tal vez la solidaridad de otras manos fue metáfora.

Esto es una crisis que no me gusta.

Quiero volver a ser la que soy, la que he sido; huir de la vulgaridad, no conformarme. El mundo gris necesita el arcoíris, la Luna, las estrellas del Principito que son cascabeles que ríen, y la lluvia que se entromete en las promesas. Pero dudo.

Tal vez porque el hombre vive a flor de piel y no puede ocultar la mentira. Quizá porque mi nombre no se pronuncia hoy de distinta manera. Posiblemente porque las palabras, que son fuente de verdad o de mentira, engañan y apuñalan mi preciada libertad.

Pero sólo es una crisis. Que no me gusta.

Quiero renunciar y rendirme, pero no puedo. Me lo impiden las vivencias de belleza, de miradas, de palabras, de comprensión, de solidaridad auténtica que se adivina en otros ojos y se vive como una certeza en el alma.

Si renuncio, no seré yo misma nunca más.

Dudo porque soy simplemente humana, Y tal vez porque los demás de equivocan humanamente, incomprensiblemente, como yo.

La balanza se inclina a plenitud. Otras palabras me devuelven la confianza; soy sensible otra vez, con todos sus riesgos. Adivino la verdad y la mentira porque siento en otros.

Y seguiré dudando. Pero siempre con dignidad; con la certeza de que las crisis son vientos que propician un vuelo más alto; un vuelo personal al que no quiero renunciar

 

 

Día Internacional de la familia

Juan López Baljarg

El Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU da seguimiento de los avances de los objetivos del Año Internacional de la Familia, con el fin de entregar los resultados finales en 2024.

En 1994 se celebró por primera vez el Día Internacional de la Familia el cual fue proclamado por la Asamblea General de las Organización de las Naciones Unidas (ONU) con el fin de fomentar la importancia de la institución familiar en la comunidad global, y ese mismo año fue declarado el Año Internacional de la Familia.

En 2014 se celebró el 20 aniversario del Año Internacional con la Familia en el cual se plantearon objetivos a cumplir por todos los países integrantes de la ONU, las cuales implican el impulso de políticas orientadas a la familia con el fin de erradicar la pobreza, promover el balance trabajo-familia y la fortalecer la solidaridad intergeneracional.

La inversión en políticas familiares para la erradicación de la pobreza se consideran ya que:

*1 de cada 5 niños en el mundo vive en pobreza extrema lo cual tiene efectos negativos permanentes a lo largo de su vida y sólo 41 % de mujeres que dan a luz reciben algún apoyo.
*La separación, el divorcio y el abandono tiene más consecuencias económicas adversas, más para las mujeres que para los hombres.
*La carencia de una vivienda digna, de servicios para el cuidado infantil y de licencias de paternidad y maternidad pueden dirigir a trampas de pobreza profunda.

La inversión en políticas familiares para la promoción del balance trabajo-familia se considera ya que:

* Sólo el 53% de los países miembros de la ONU proveen de licencias para madre y padre y que requiere mayor corresponsabilidad (y complementariedad) en la distribución del trabajo doméstico y el cuidado infantil.
* Las licencias maternas y paternas brindan mayores flexibilidades para cumplir con las responsabilidades parentales para el desarrollo integral de la infancia.
* La reducción de las brechas profesionales y económicas entre mujeres y hombres tiene un impacto positivo para la niñez, la familia y la sociedad.

La inversión en políticas familiares para la solidaridad intergeneracional se considera ya que:

* Es fundamental asegurar la salud y bienestar de todos los miembros de la familia en todas las edades.
* Se debe generar las oportunidades de educación y desarrollo en especial en la primera infancia a través del fortalecimiento de las habilidades parentales.
* Se debe procurar la equidad entre mujeres y hombres y la erradicación de la violencia, la inclusión de familias en situación de vulnerabilidad y el cuidado de personas dependientes como adultos mayores y personas con discapacidad.

Es por eso que los objetivos del 20 aniversario del Año Internacional de la Familia buscan ser un catalizador de iniciativas nacionales e internacionales ante una dinámica familiar cambiante en la que existe un decrecimiento de la natalidad, el aumento de familias con padres y madre solos y el crecimiento positivo de la participación de la mujer en el mercado laboral.

Por último, en el marco del Día Internacional de la Familia, es importante compartir con gobiernos, organizaciones de la sociedad civil, órganos empresariales e instituciones académicas los exhortos que hace la Asamblea General de las Naciones Unidas en más de 15 resoluciones que ha emitido de 1989 hasta el 2018:

1.- Invertir en programas y políticas orientadas a la familia para luchar contra la pobreza y la exclusión social, promover el balance trabajo-familia, la solidaridad intergeneracional y la equidad entre mujeres y hombres.
2.- Enfrentar la pobreza en la familia reconociendo los aspectos multidimensionales de este problema, haciendo énfasis en la educación, la salud, el trabajo digno, las oportunidades de empleo, la seguridad social y el apoyo para el cuidado infantil y de adultos mayores, evitando la transferencia generacional de la pobreza.
3.- Promover el balance entre el trabajo y la familia como conductor del bienestar de la infancia, la juventud, las personas con discapacidad y adultos mayores, y la equidad entre mujeres y hombres, a través de la mejora de las condiciones de trabajo, de la expansión del trabajo flexible usando las tecnologías de información, proveyendo y/o expandiendo las licencias maternas y paternas y una adecuada seguridad social.
4.- Apoyar a las familias para proveer un cuidado infantil accesible, asequible y de buena calidad, y promover la corresponsabilidad entre mujeres y hombres para el cuidado de infantil y otros dependientes.
5.- Invertir en políticas orientadas a la familia para mejorar y fortalecer la interacción intergeneracional como la formación para padres y apoyo de y para los abuelos.
6.- Proveer de protección social a familias en situación de vulnerabilidad, como pueden ser las familias monoparentales, en particular de madres solas, proveyendo de acceso a servicios básicos, educación de alta calidad y servicios de cuidado a la salud.
7.-Invertir en la formación de padres para mejorar el bienestar infantil y prevenir toda forma de violencia infantil, incluyendo la promoción de formas de disciplina sin violencia.
8.- Fortalecer la cooperación con distintos actores como órganos internacionales, sociedad civil, instituciones académicas y sector privado para desarrollar e implementar políticas orientadas a la familia.
9.- Apoyarse del punto focal en la familia de las Naciones Unidas para mejorar la colaboración nacional e internacional entre gobiernos y organizaciones de la sociedad civil especialistas en familia y proveer de información de las actividades realizadas, incluyendo las buenas prácticas nacionales e internacionales

Cada año, el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU a través de su programa de familia, realiza el seguimiento de los avances de los objetivos del Año Internacional de la Familia, con el fin de entregar los resultados finales en 2024 en el 30 aniversario del Año Internacional de la Familia.

Es por eso que en el Día Internacional de la Familia es importante conocer e impulsar este esfuerzo que se realiza a nivel global para apoyar y fortalecer a la familia en todos los rincones del planeta.

 

 

Algunas cuestiones éticas tras la pandemia por Covid-19 y sobre la situación que suscita la presencia de esta enfermedad en nuestra sociedad

La Asociación Española de Bioética y Ética Médica (AEBI) ha intentado recordar y reafirmar diversos criterios éticos durante la fase inicial y crítica de la pandemia producida por el COVID-19 - http://aebioetica.org/archivos/Consideraciones_2.pdf- con la finalidad de ayudar tanto a los profesionales como a los gestores de la salud a realizar su labor terapéutica de acuerdo con la dignidad de las personas enfermas. Como era de esperar, junto a la excelente dedicación de todos los implicados en los servicios de salud, la respuesta responsable y solidaria de la ciudadanía, como la de trabajadores implicados en sectores productivos vitales de la sociedad, la pandemia ha originado numerosas situaciones que nos han interpelado a todos como personas porque han afectado a bienes fundamentales de ella. Muchas de estas situaciones eran en parte predecibles, otras nos han sorprendido por su novedad, pero también en algunas de ellas no hemos tenido la suficiente capacidad para reconducirlas con rapidez y disminuir el daño infligido a la vida de las personas. AEBI en este comunicado pretende aportar una reflexión estrictamente de carácter bioético al debate social que se abre tras la actual remisión de la pandemia y que tiene múltiples aspectos, como pueden ser el político, el económico o el social. Queremos, por un lado, hacer una breve evaluación de lo que ha sucedido, para cooperar con otras instancias en el fortalecimiento y mejora de nuestro sistema de salud centrado en la persona y su dignidad. Por otro lado, queremos ayudar a orientar las siguientes fases que a corto o largo plazo tenemos por delante hasta ir alcanzando progresivamente la situación de salud pública previa a la pandemia. Antes de todo queremos hacer una mención especial a los profesionales que han perdido su vida en la atención sanitaria, haciendo tangible una de sus señas de identidad: la búsqueda prioritaria del bien del paciente por encima de circunstancias adversas y peligrosas para la propia vida. Junto a esto es justo reconocer la actitud 2 responsable de la ciudadanía que ha percibido que el respeto y cuidado de la vida es algo que depende de todos. Nuestro propio cuidado implica a los otros y viceversa, de tal forma que el respeto a la propia vida conlleva el respeto a la de los demás como también facilita la sostenibilidad del sistema sanitario. Junto a esto hemos de señalar ciertos hechos que requieren una detenida y profunda evaluación ética. A nuestro juicio podríamos clasificarlos en cuatro apartados: a) respecto a los medios y medidas necesarias que deberían haberse tomado con anterioridad a la pandemia; b) en relación con la atención clínica de los enfermos; c) sobre la protección y formación de los profesionales; y d) el efecto de la pandemia sobre la bioética actual. Comenzando por el primer apartado, es conveniente reconocer que el principio de precaución no ha funcionado todo lo bien que sería deseable. Los datos de la enfermedad indicaban claramente la necesidad de preparar el sistema sanitario para la provisión de elementos diagnósticos, protocolos en el manejo de pacientes infecciosos, reservas de material de protección para la asistencia y disposición de nuevas camas para realizar cuidados intensivos. Junto a estos también la falta de previsión o infravaloración de que esta enfermedad afectaba en mayor medida a las personas con mayor edad y que padecían diversas comorbilidades, algo que es habitual observar en las residencias de personas mayores. Todos estos hechos no han sido solo cuestiones de carácter técnico o científico, sino que tienen una directa relación con la protección y promoción de la vida humana especialmente la de los más vulnerables. En el segundo apartado, la atención clínica de los enfermos, pensamos que se debe prestar atención a varias cuestiones todas ellas relacionadas con la distribución y adecuación de los recursos sanitarios entre los afectados. En principio, no hay duda de que todas las instancias y personas implicadas han obrado con la intención de seguir un comportamiento proporcionado y que se ajustara a la situación clínica de los afectados. Pero, dentro de esta intencionalidad última, percibimos que se han podido introducir en la actuación ciertos elementos o criterios de una forma un tanto precipitada. Es cierto que la extensión de la pandemia ha sido diferente en nuestra geografía, pero en unos casos por cercanía al colapso en la atención sanitaria y en otros en previsión de ella, se han podido considerar criterios para el acceso a determinadas terapias un tanto extremos. Las indicaciones del Comité de Bioética de España a este respecto, 3 relacionadas con los criterios de priorización basados en la edad o estado mental de los enfermos, son muy acertadas pues reafirman la necesidad de que nadie por estas condiciones pueda ser descartado a priori de un determinado tratamiento. En esta línea, quisiéramos resaltar también la importancia ética de asegurar que los pacientes que se encuentran en residencias de mayores tengan similar atención y se utilicen con ellos los mismos criterios para el ingreso, por ejemplo, en hospitalización o UCI, que los que se pueden tener para otros pacientes que procedan de cualquier otro tipo de entorno, como puede ser el familiar. En el tercer apartado, la protección y formación de los profesionales, quisiéramos hacer hincapié en la obligación ética por parte de las administraciones de haber facilitado a los profesionales sanitarios los medios adecuados que protegieran y disminuyeran el riesgo vital que conlleva la tarea de atención a estos enfermos. El personal es consciente del riesgo que supone el manejo de estos pacientes, pero sin los medios indispensables se produce no sólo la posibilidad de daño a la salud o hasta pérdida de su vida, sino también la disminución de personal cualificado que hace más frágil e ineficaz al propio sistema de salud frente a la enfermedad. En el cuarto apartado, el efecto de la pandemia sobre la bioética actual, consideramos que la pandemia en la fase que ya hemos padecido ha significado una cura de humildad en muchos sentidos y especialmente en lo que se refiere al poder de la ciencia y su relación con la bioética. Así pensamos que: 1) se requiere elaborar una bioética que parta desde una imagen menos pretenciosa sobre la capacidad de la medicina, y que incluya explícitamente entre sus presupuestos la conciencia clara de los límites de nuestra capacidad de reacción frente a la enfermedad; 2) es necesario realizar una respuesta más coordinada de la bioética. Si analizamos lo sucedido vemos que la pandemia nos ha dejado una lista demasiado larga de documentos científicos y declaraciones de distintos organismos sobre cuáles eran los criterios éticamente relevantes para organizar la asistencia en condiciones cercanas al colapso de los recursos sanitarios. Además, a la luz de lo expresado en ellos parece necesario abrir un debate más sereno sobre los argumentos empleados evitando disparidad de criterios en el futuro, a través de la adopción de un punto de vista común sobre éstos. Lógicamente sin detrimento de que en la práctica asistencial -obviamente- se deban adecuar a la realidad del momento concreto y de la libertad de pensamiento en esta materia. En 4 relación con esta cuestión es siempre recomendable tener presente que los criterios generales de adecuación de tratamientos no tienen por qué ser idóneos para todos los enfermos, dado que pueden no ser válidos en un concreto paciente. La aplicación individual de los criterios generales exige mucha prudencia, sobre todo si tenemos en cuenta que podrían haberse excluido de tratamiento pacientes para los cuales, ante la concreta patología causada por Covid-19, el tratamiento podría haber sido efectivo. Existe, pues, un imperativo ético por el cual cada profesional debe realizar siempre un discernimiento clínico del caso particular y no aplicar simplemente los protocolos de forma mecánica máxime si en estos momentos es limitado y cambiante el conocimiento o evidencia científica que tenemos sobre esta enfermedad. Centrándonos ahora en el proceso que se inaugura tras la fase crítica de la infección, desde AEBI quisiéramos poner atención en ciertos puntos que tienen un fuerte componente ético y que nos parecen importantes a la hora de convivir con la presencia de una nueva enfermedad para la cual no existe de momento un tratamiento farmacológico preventivo ni una terapia claramente eficaz. Basándonos en la importancia fundamental que tiene el respeto y promoción de la vida pensamos que los poderes públicos tienen que adoptar en este contexto una actitud más vigilante que se centre en: 1) Incrementar las capacidades diagnósticas de la enfermedad, con más laboratorios, en cuanto la capacidad de reacción frente a un nuevo brote empieza por su diagnóstico temprano. Es también una exigencia ética, pública y privada, el facilitar mediante test conocer la situación de enfermedad de las personas para evitar su propagación. Además, el aislamiento de los afectados posibilita el funcionamiento de la sociedad sin tener que aislar a los no afectados. Todas estas tareas hay que plantearlas siempre con un equilibrio adecuado entre el bien común y la salvaguarda de los derechos individuales, de manera que la obtención y el manejo de esos datos se realice siempre dentro del respeto a la normativa vigente y sin que pueda dar lugar a ningún tipo de discriminación por razones de salud. 2) Que aumente la acción educativa en la ciudadanía para generar hábitos saludables en la esfera social, familiar y profesional. 3) Se inicie una investigación científicamente programada y sistemática de la enfermedad que conlleva tanto la correlación clínico-patológica que aportan las 5 autopsias, los ensayos clínicos bien definidos técnica y éticamente de posibles moléculas con valor curativo, como los estudios previos en modelos de cultivos celulares, organoides o animales. El conocimiento preciso de los mecanismos moleculares, celulares y tisulares de esta enfermedad es también prioritario para determinar estrategias diversas para su tratamiento, pero la urgencia no puede llevar en ningún momento a eludir los requisitos éticos de la investigación. Por último, las nuevas iniciativas para investigar juntos, y para compartir datos de investigación, como las auspiciadas por la Comisión europea bajo el Plan de Acción ERAvsCorona deben consolidarse y extenderse a otros ámbitos donde quizá no sean tan urgentes, pero sí son necesarios. 4) En relación con lo anterior también es prioritario que la información clínica obtenida en la propia asistencia sea compartida y analizada con profundidad para generar nuevos protocolos de tratamiento que puedan mejorar los actuales. En este sentido es necesario un seguimiento de los pacientes que han superado la enfermedad para determinar o prevenir secuelas en ellos. 5) Un factor muy importante para evaluar correctamente el efecto de la pandemia y proponer medidas de prevención es conocer con datos fiables lo ocurrido desde el punto de vista epidemiológico y reevaluar también para conseguir una mayor coordinación en la gestión de los recursos que permita hacer frente en el futuro a crisis sanitarias de esta envergadura. 6) También consideramos que la experiencia de la pandemia debe hacer considerar a todos la necesidad de equipar a las residencias en las que conviven personas con alta fragilidad de los medios de atención sanitaria indispensables en cuanto no es concebible que por la falta de ellos queden personas al borde del abandono. 7) En este sentido la crisis sanitaria ha impactado con más fuerza en las poblaciones más vulnerables. Mayores, personas con discapacidad, han sufrido no sólo las consecuencias de la enfermedad sino también la falta de conciencia social acerca de su derecho al acceso a las prestaciones sanitarias. También los niños lo han sufrido en un orden diverso, en relación con las condiciones del confinamiento, que también afectan a su salud. Es prioritario tener en cuenta la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, algo que se ha hecho especialmente explícita durante esta crisis sanitaria. Para ello es necesario fortalecer tanto en la sociedad misma como entre 6 algunos sectores de las profesiones sanitarias la conciencia sobre la existencia de un derecho al acceso al cuidado de la salud que ampara especialmente a los más vulnerables, y que ningún documento científico puede ignorar. Junto a esto hay que abrir un debate sobre la adopción de medidas de discriminación positiva en este sentido, y sobre la armonización entre utilidad y equidad en la distribución de recursos sanitarios. 8) Tal como el gobierno pretende, la vuelta a la vida cotidiana con la presencia de este virus entre nosotros debe suponer un equilibrio entre la protección contra él y la realización de numerosas tareas que son necesarias para el desarrollo vital de la sociedad. En este contexto está claro que el retraso en la atención sanitaria a otras enfermedades podría hasta generar un efecto de desprotección de la vida de muchos ciudadanos. Esto implica movilizar medios que no sólo pueden suponer la diferenciación de circuitos COVID-19 frente a otros no COVID-19 en la atención de los pacientes en los diversos niveles de asistencia, sino quizá la generación -aunque sea temporalmente- de espacios específicos destinados al tratamiento de esta enfermedad con los medios y personal oportunos. 9) La experiencia de la pandemia ha puesto aún más de manifiesto la necesidad de generar y articular en nuestro sistema de salud unos cuidados paliativos integrales que cuiden la vida en su periodo final desde todas las perspectivas tanto físicas, psíquicas, sociales o espirituales. Esto ha sido puesto de relieve por el Comité de Bioética de España recientemente,http://assets.comitedebioetica.es/files/documentacion/CBE_Declaraci on_sobre_acompanamiento_COVID19.pdf, indicando que el acompañamiento en el momento final de la vida y la asistencia religiosa o espiritual son exigencias éticas de primer orden en el cuidado de los enfermos. Junto a ello el sepelio y la atención pronta a la familia facilitando que puedan despedir a su ser querido con un mínimo de intimidad es también prioritario. 10) Pensamos que también es un imperativo ético de cara al futuro próximo velar por la salud de todos los profesionales que han sabido durante estos meses realizar una tarea de servicio a la vida -ciertamente siempre lo hacen- pero en este caso en un contexto de temor, incertidumbre y en ocasiones con limitados recursos sanitarios. El testimonio de los profesionales de la salud en esta crisis ha puesto de manifiesto la fuerza del ethos profesional y sin duda esto ayudará al fortalecimiento de la identidad y 7 la deontología de las profesiones sanitarias, que no existen para cosa distinta que para salvar y cuidar vidas. 11) La pandemia nos debe hacer recapacitar sobre lo que supone la corrección de entender la decisión de morir como un derecho, porque esto implica que la posición del Estado deja de ser la de garantizar en todo caso el cuidado de la vida y asegurarse de que, en un contexto de asimetría total como es el de la enfermedad terminal, todo profesional sanitario vele siempre por la salud de su paciente, sin excepciones. También la crisis vivida nos debe hace pensar sobre cuánto haya de demanda real (y no ideológica) en la petición de legalización de la eutanasia. Es más, no parece muy consistente que después de tanto discurso como se ha oído en estos días sobre la bondad y la necesidad del cuidado de los mayores, se legalice ahora su “derecho” a elegir entre la muerte provocada y los cuidados paliativos. Recibir el cuidado adecuado es el presupuesto necesario para la toma de cualquier decisión posible. Es necesario volver a pensar sobre cuáles son las alternativas que ofrecemos a los mayores al final de su vida. 12) Como resultado de lo vivido en estos meses es también importante prestar atención a posibles cambios en la relación médico-paciente en la sociedad tras la pandemia en la cual muchos profesionales de la salud podrían realizar una atención a distancia. Esto tiene fuertes connotaciones éticas. Habrá que reflexionar sobre esta nueva forma de relacionarse con los pacientes, en el contexto actual de despersonalización en el ejercicio de la medicina, determinar si es positivo mantenerla en ciertos ámbitos o para ciertas circunstancias, o si por el contrario la “telemedicina” no es siempre válida y hay que impedir que se extienda sólo como forma de descongestionar el sistema sanitario. Al mismo tiempo es importante visualizar los aspectos positivos de la “privatización del cuidado”. Muchas familias se han convertido en cuidadores en casa, recibiendo indicaciones telefónicas, con la recomendación de no asistir al centro de salud y sin la supervisión directa del médico. De esta manera, esta crisis sanitaria puede servir como una oportunidad para recuperar la lógica del cuidado de la salud en familia y de disminuir una dependencia, en ocasiones inadecuada con los profesionales de la salud. 

 

 

La persecución religiosa en China

Desde Roma se hizo desde hace años un gran esfuerzo, que protagonizó con especial prudencia el cardenal Roger Etchegaray, fallecido en agosto pasado a los 96 años: fue un gran colaborador de Juan Pablo II en diversas misiones de paz en el mundo; organizó la histórica jornada interreligiosa de Asís en 1986; y buscó incansablemente la reconciliación de los católicos chinos en la etapa final de su trabajo en Roma, así como la apertura hacia la tolerancia del partido comunista chino.

En el primer objetivo se lograron grandes avances, que permitieron las conocidas decisiones de Benedicto XVI, así como las orientaciones de su carta de 2007. Pero, tras un periodo de aparente distensión, la intolerancia parece haberse agravado bajo el mandato de Xi Jinping. La firma del acuerdo de 2018 no parece haber logrado la libertad deseada: el gobierno de Pekín continúa actuando a través de organismos e instituciones oficiales que casi se identifican con la llamada iglesia patriótica.

Como es sabido, Pekín concede autonomía a las autoridades provinciales para lo que le conviene; esto permite un cierto doble juego en materia de libertad religiosa, en la medida en que les puede hacer responsable –ahora- de las medidas anticristianas: demolición de lugares de culto o de cruces, aprovechando que los ciudadanos están confinados en sus casos por la cuarentena debida a la pandemia. Así lo denuncia, con conocimiento de causa, The Voice of Martyrs, una ONG que ayuda a cristianos perseguidos en todo el mundo. Concretamente, como un ejemplo entre varios semejante, una demolición en la ciudad de Yixin fue grabada y difundida por Bob Fu, el fundador de China Aid. Además, consta que las autoridades en la provincia de Shandong, no sólo establecieron el cierre de lugares de culto: prohibieron también la emisión de misas on line, algo que no afecta a la difusión de la pandemia…

Jaume Catalán Díaz

 

 

La libertad religiosa

En estos días tan excepcionales estamos viviendo encendidos debates acerca de la importancia de que el Estado de Alarma no sea utilizado como coartada para vulnerar derechos fundamentales. No es una cuestión menor ni se circunscribe al ámbito español. Los obispos italianos han publicado un comunicado en el que denuncian el mantenimiento de la prohibición de celebrar misas con público en Italia, al tiempo que se permite la reapertura de otras actividades.

He leído que la Conferencia Episcopal Italiana ha afirmado que es inaceptable que se vea comprometida la libertad de culto. Debería estar claro para todos que el compromiso de servir a los pobres, tan importante en esta emergencia, proviene de una fe que debe poder alimentarse de sus fuentes, en especial de la vida sacramental.

JD Mez Madrid

 

Se abren balcones y ventanas a las ocho de la tarde

Cuando en tantos países se abren balcones y ventanas a las ocho de la tarde, para “honrar” –agradecer- a quienes arriesgan su vida cuidando a los enfermos, se advierte la profundidad de un término que parecía asfixiado en medio de tanta sofística. Se cae en la cuenta de que el valor “honra” funda la honradez y exige “honrar” a quienes practican esa virtud. Al contrario, la mentira lleva a una deshonra personal, sentida como tal por la opinión. No es una tautología: de ordinario, uno es honrado –reconocido así- porque es honrado.

Pienso el caso límite del cardenal australiano George Pell: su inocencia prevalece hoy después de meses de acciones y decisiones que buscaban deshonrarle –quizá, en él, al conjunto de la jerarquía católica-, con afirmaciones increíbles para cualquier persona con un mínimo de sentido común aplicado a la justicia. Mucho antes del caso Dreyfus, la Biblia había descrito dramáticamente la condena inicua del inocente en la figura de la casta Susana.

Según el relato del libro de Daniel el pueblo acaba arropándola, cuando estaba a punto de lapidarla. No sabemos qué habría sucedido en Australia, si no se hubiera decretado el confinamiento; pero noticias de la absolución por el Tribunal Supremo como la de AFP –incompatible con un mínimo de profesionalidad periodística- habrían justificado, si no promovido, la sinrazón de la protesta contra el cardenal.

Jesús Domingo Martínez

 

 

Banquetes que paga el pueblo y… otras cosas

 

BANQUETE EN LA FINCA DE LOS MONTES DE TOLEDO (Comensales todo el gobierno y muchos invitados más) (Periodista Digital 09-02-2020)

Como es lo normal en España, cuando paga el contribuyente o  “el dinero público” (que según la invitada Carmen Conde Poyatos, vicepresidenta “de empleo fijo”, el dinero público no es de nadie) el banquete habrá sido de aúpa; y al que han asistido multitud de agregados a las “dos docenas de ministros”; lo que habrá costado “un capital”, que no sabremos salvo que estemos “en la oficina”, del agraciado restaurante que ha suministrado toda la cuchipanda y arreos necesarios; o sea todo un ejemplo de un gobierno para la enormidad de “súbditos pobres que ya hay”. Y que tengan la cara dura de decirnos que esa reunión ha sido para tratar y resolver los infinitos problemas de la España actual; es como para… “piensen lo que quieran hay margen”, puesto que decirles… ¡Y una mierda! Es muy poco… poquísimo. ¡Y Hacienda y sus inspectores apretando de forma que quieren “sacar leche de una alcuza”!

Entren aquí y lean lo que yo he leído: https://www.periodistadigital.com/politica/20200209/jose-luis-martinez-almeida-esperpentico-pic-nic-sanchez-ministros-alguien-vuelto-loco-moncloa-noticia-689404255166/

“El Banco de España avisó en 2016: un salario mínimo de 950 euros en 2020 destruirá 280.000 empleos: Hace cuatro años el supervisor estudió el impacto que tendría en el empleo una subida del SMI igual a la aprobada por el Gobierno de Pedro Sánchez” https://www.vozpopuli.com/economia-y-finanzas/banco-espana-aviso-salario-minimo-empleos_0_1325867678.html

Si esto es cierto, que debe serlo por la procedencia de la noticia; resulta una vez más que lo que los políticos preconizan como progreso, la realidad se traduce en todo lo contrario. Y hecho el estropicio, como nadie luego responde de nada, la economía en su conjunto sufre los efectos; y los efectos serán más pobreza. Todo ello me recuerda el muy viejo chiste de la promesa de un político, subido en el balcón del ayuntamiento el que ya logrado el enardecer a aquella masa de tontos, les gritó… ¡Y ahora pedidme lo que queráis, que os lo concedo! Y a lo que aquellos tontos del agro le gritaron. ¡Queremos que el año tenga dos cosechas! Y a lo que aquel demagogo sin titubear les contestó gritándoles. ¡¡Concedido pero desde ahora el año tendrá 24 meses!! Y a lo que aquel gentío enardecido, aplaudió de forma estrepitosa.

“Canarias, Extremadura, Murcia y Andalucía, las zonas donde más se cobra el Salario Mínimo: Son las que tienen más incidencia del SMI y por tanto más riesgo de destrucción de puestos de trabajo”. (Vozpópuli 10-02-2020)

El mal gobierno viene desde mucho tiempo atrás; y ello ha llevado a la despoblación de zonas antes bien pobladas, a convertirlas en zonas abandonadas, incluso en fase de desertización o de eriales incultivables. Todo viene por ese afán destructivo del dinero o capital nacional o internacional; puesto que consiguió llevar a masas de desesperados a los grandes centros o ciudades, que hoy no son otra cosa que, “infiernos inhabitables y donde todas las lacras humanas tienen cabida”, aparte que sus altos costos de mantenimiento, producen unas condiciones imposibles de conseguir, para cada vez mayor cantidad de “pobres monos humanos”, que ahora vuelven (si pueden) a los lares que dejaron sus padres y abuelos, para vivir en ellos una vida más sana y por tanto llevadera; y lo estamos viendo palpablemente si nos fijamos en las noticias que nos llegan. Aun así los inútiles gobiernos que siguen sin saber gobernar, no encaminan la máximo del dinero público, para dotar a esas zonas abandonadas desde hace un siglo o más, para que tengan lo necesario para asentar allí los que vuelven y los que “aún siguen marchándose al infierno de la gran ciudad, puesto que en ella esperan encontrar su mejor vivir, pero que no lo van a encontrar en mayoría”.

'CASO PUJOL': La Policía destapa el 'modus operandi' de los Pujol para mover su dinero en Andorra: Un informe de la Policía Judicial muestra cómo los integrantes del clan del expresidente catalán transfirieron millones de euros entre sus cuentas opacas a la Hacienda española”.  https://www.vozpopuli.com/espana/udef-modus-operandi-familia-pujol-andorra_0_1325868376.html

Destapan, descubren, saben, los tienen en los juzgados, pero la realidad que nadie comprende, es el por qué estos "tan cacareados honorables catalanes" y tantísimos otros del resto de España, siguen en la calle, "empapelados con montañas de papel en los juzgados·, pero que no tienen confiscados todos su bienes, y ellos en la cárcel... ¿Qué tipo de leyes y justicia hay en esto que nos dicen es democracia y consideran el mejor o menos malo de los sistemas políticos? ¿Alguien me lo explica con claridad bien clara).

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes