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Las Noticias de hoy 01 Septiembre 2016

            Ideas  Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 01 de septiembre de 2016       

Indice:

Newsletter Diario

Catequesis del Papa: La misericordia ofrece dignidad

El Papa pide a los médicos cardiólogos que tengan una mirada particular hacia los más pobres y marginados

Paz en Colombia. Papa Francisco "la reconciliación a la luz de los derechos humanos"

Viernes de la semana 22 de tiempo ordinario; año par: Llucià Pou Sabaté

“Se hizo comida, se hizo pan”: San Josemaria

Audio del Prelado: “Consolar al triste”

TEMA 5. La Santísima Trinidad: Giulio Maspero

Estamos creando la ideología del odio: Pablo Cabellos Llorente

La Vida de Cristo, vida nuestra: Pedro Beteta López

Lo que perdí con el divorcio de mis padres: Orfa Astorga de Lira

La propia identidad: Alfonso Aguiló

AMOR POR LA NIÑEZ Y JUVENTUD PERUANA: César Orrego Calderón

Los padres son responsables de sus hijos ante Dios: Acción Familia

La violencia y el bullying se aprenden en casa – Parte1: Luz María Dollero

Cuando los gendarmes miran hacia otro lado: Domingo Martínez Madrid

Hacer desaparecer de la enseñanza escolar ciertas representaciones: Pedro García

El matrimonio…Es para siempre: Jesús Domingo Martínez

Una política común contra la despoblación: Jesús Martínez Madrid

Política destructiva: “un ejemplo”: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

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Catequesis del Papa: La misericordia ofrece dignidad

El Papa Francisco durante la audiencia general del último miércoles de agosto – ANSA

31/08/2016 11:21

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– “Que el ejemplo de Jesús nos ayude a salir al encuentro de quien está solo y necesitado, para llevar su misericordia y ternura, que sana las heridas y restablece la dignidad de hijos de Dios”. Fue la invocación del Papa Francisco al saludar a los fieles y peregrinos procedentes de España y América Latina que participaron en la audiencia general del quinto y último miércoles de agosto.

En su catequesis el Santo Padre reflexionó sobre la misericordia que ofrece dignidad. Y lo hizo a partir de la lectura de un pasaje del Evangelio de san Mateo que relata la vicisitud de una mujer que padecía hemorragias desde hacía años, y que quedó curada tras tocar el manto de Cristo.

Hablando en italiano el Papa explicó que en efecto, esta pobre mujer desde hacía tantos años no sólo estaba enferma, sino que era considerada impura porque padecía de hemorragias. Por esta razón estaba excluida de las liturgias, de la vida conyugal, de las relaciones normales con el prójimo. De ahí que el Santo Padre haya afirmado que este caso nos hace reflexionar acerca de cómo la mujer muchas veces es percibida y representada, incluso en las comunidades cristiane, contra consideraciones de la feminidad aminoradas por prejuicios y recelos ultrajantes de su dignidad. Y en este sentido – dijo Francisco – son precisamente los Evangelios los que  restablecen la verdad y reconducen a un punto de vista liberatorio.

Además el Papa explicó que Jesús admiró la fe de esta mujer a la que todos evitaban y transformó su esperanza en salvación. Porque en el encuentro con Cristo – dijo – se abre para todos, hombres y mujeres de todo tiempo y lugar, el camino de la liberación y de la salvación.

El Papa Bergoglio destacó también en la parte central del relato evangélico el término salvación se repite tres veces. “Con sólo tocar su manto, quedaré curada. Jesús se dio vuelta, y al verla, le dijo: ‘Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado’”. Ese “ten confianza, hija”, expresa toda la misericordia de Dios por aquella persona. La “salvación” adquiere múltiples rasgos: ante todo devuelve la salud a la mujer; después la libera de sus discriminaciones sociales y religiosas; además, realiza la esperanza que ella llevaba en su corazón anulando sus temores y su desaliento; y, en fin, la devuelve a la comunidad liberándola de la necesidad de actuar a escondidas. Porque como dijo el Pontífice, la salvación que Jesús da es total, reintegra a la vida de la mujer en la esfera del amor de Dios y, al mismo tiempo, la restablece en su plena dignidad.

En suma – dijo el Papa –  no es el manto que la mujer ha tocado el que le da la salvación, sino la palabra de Jesús, acogida en la fe, capaz de consolarla, curarla y restablecerla en la relación con Dios y con su pueblo.

Jesús, una vez más – terminó diciendo el Papa –  con su comportamiento lleno de misericordia, indica a la Iglesia el itinerario que debe realizar para salir al encuentro de cada persona, para que cada uno pueda ser curado en el cuerpo y en el espíritu, y recuperar la dignidad de hijo e hija de Dios.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

 

Texto y audio de la catequesis del Santo Padre Francisco:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio que hemos escuchado nos presenta una figura que sobresale por su fe y su coraje. Se trata de la mujer a la que Jesús curó de sus pérdidas de sangre (Cfr. Mt 9,20-22). Pasando en medio de la muchedumbre, se acerca por detrás de Jesús para tocar el borde de su manto. Pensaba: “Con sólo tocar su manto, quedaré curada”  (v. 21). ¡Cuánta fe, eh! ¡Cuánta fe tenía esta mujer! Razonaba así porque estaba animada por tanta fe, tanta esperanza y, con un toque de astucia, realiza cuanto lleva en su corazón. El deseo de ser salvada por Jesús es tan grande que la hace ir más allá de las prescripciones establecidas por la ley de Moisés.

En efecto, esta pobre mujer desde hacía tantos años no sólo estaba sencillamente enferma, sino que era considerada impura porque padecía de hemorragias (Cfr. Lv 15, 19-30). Por esta razón estaba excluida de las liturgias, de la vida conyugal, de las relaciones normales con el prójimo. El evangelista Marcos añade que había consultado a muchos médicos, agotando sus medios para pagarlos y soportando tratamientos dolorosos, pero sólo había empeorado. Era una mujer descartada por la sociedad. Es importante considerar esta condición – de descartada – para entender su estado de ánimo: ella siente que Jesús puede liberarla de la enfermedad y del estado de marginación y de indignidad en el que se encuentra desde hace años. En una palabra: sabe, siente que Jesús puede salvarla.

Este caso nos hace reflexionar acerca de cómo la mujer muchas veces es percibida y representada. A todos se nos pone en guardia, también a las comunidades cristianas, contra consideraciones de la feminidad aminoradas por prejuicios y recelos ultrajantes de su intangible dignidad. En este sentido son precisamente los Evangelios los que  restablecen la verdad y reconducen a un punto de vista liberatorio.

Jesús ha admirado la fe de esta mujer a la que todos evitaban y ha transformado su esperanza en salvación. No conocemos su nombre, pero las pocas líneas con las que los Evangelios describen su encuentro con Jesús trazan un itinerario de fe capaz de restablecer la verdad y la grandeza de la dignidad de toda persona. En el encuentro con Cristo se abre para todos, hombres y mujeres de todo lugar y de todo tiempo, el camino de la liberación y de la salvación.

El Evangelio de Mateo dice que cuando la mujer tocó el manto de Jesús, Él “se dio vuelta”, la vio (v. 22), y le dirigió la palabra. Como decíamos, a causa de su estado de exclusión, la mujer ha actuado a escondidas, detrás de Jesús – tenía un poco de temor – para no ser vista, porque era una descartada. En cambio, Jesús la ve y su mirada no es de reproche, no dice: “¡Vete de aquí, tú eres una descartada!”, como si dijera: “¡Tú eres una leprosa, vete!”, ¿no? No reprocha. Sino que la mirada de Jesús es de misericordia y ternura. Él sabe lo que ha sucedido y busca el encuentro personal con ella, lo que, en el fondo, ella misma anhelaba. Esto significa que Jesús no sólo la acoge, sino que la considera digna de ese encuentro hasta el punto que le dona su palabra y su atención.

En la parte central del relato el término salvación se repite tres veces. “Con sólo tocar su manto, quedaré curada. Jesús se dio vuelta, y al verla, le dijo: ‘Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado’” (vv. 21-22). Este “ten confianza, hija” – “confianza hija”, dice Jesús – expresa toda la misericordia de Dios por aquella persona, y por toda persona descartada. Pero cuántas veces nos sentimos interiormente descartados por nuestros pecados, hemos hecho tantas, hemos hecho tantas… Y el Señor nos dice: “¡Confianza! ¡Ven! Para mí tú no eres un descartado, una descartada. Confianza, hija. Tú eres un hijo, una hija”. Y éste es el momento de la gracia, es el momento del perdón, es el momento de la inclusión en la vida de Jesús, en la vida de la Iglesia. Es el momento de la misericordia. Hoy, a todos nosotros, pecadores, que somos grandes pecadores o pocos [pequeños] pecadores, pero todos lo somos, ¡eh!,  a todos [nosotros] el Señor nos dice: “¡Confianza, ven! Ya no eres descartado, no eres descartada: yo te perdono, yo de abrazo”.

Así es la misericordia de Dios. Debemos tener coraje e ir hacia Él; pedir perdón por nuestros pecados e ir adelante. Con coraje, como hizo esta mujer.  Después, la “salvación” adquiere múltiples rasgos: ante todo devuelve la salud a la mujer; después la libera de las discriminaciones sociales y religiosas; además, realiza la esperanza que ella llevaba en su corazón anulando sus temores y su desaliento; y, en fin, la devuelve a la comunidad liberándola de la necesidad de actuar a escondidas. Y esto último es importante: un descartado siempre hace algo a escondidas [alguna vez] o toda la vida: pensemos en los leprosos de aquellos tiempos, en los sin techo de hoy… pensemos en los pecadores, ¡eh!, en nosotros pecadores: siempre hacemos algo a escondidas, como … tenemos necesidad de hacer algo a escondidas y nos avergonzamos por lo que somos. Y Él nos libera de esto, Jesús nos libera y hace que nos pongamos de pie: “Levántate, ven. De pie”. Como Dios nos ha creado: Dios nos ha creado de pie, no humillados. De pie. La salvación que Jesús da es total, reintegra a la vida de la mujer en la esfera del amor de Dios y, al mismo tiempo, la restablece en su plena dignidad.

En suma, no es el manto que la mujer ha tocado el que le da la salvación, sino la palabra de Jesús, acogida en la fe, capaz de consolarla, curarla y restablecerla en la relación con Dios y con su pueblo. Jesús es la única fuente de bendición de la que brota la salvación para todos los hombres, y la fe es la disposición fundamental para acogerla.

Jesús, una vez más, con su comportamiento lleno de misericordia, indica a la Iglesia el itinerario que debe realizar para salir al encuentro de cada persona, para que cada uno pueda ser curado en el cuerpo y en el espíritu, y recuperar la dignidad de hijos de Dios. Gracias.

 

El Papa pide a los médicos cardiólogos que tengan una mirada particular hacia los más pobres y marginados

El Papa en el congreso de cardiología – OSS_ROM

31/08/2016 17:16

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Papa Francisco visitó a los participantes del congreso europeo de cardiología que se celebró en Roma en el que participaron más de 35.000 médicos, a quienes el Santo Padre les pidió que su trabajo llegue a los más pobres y marginados para que no sean parte de la “cultura del descarte”.

El Obispo de Roma habló de la importancia que tiene el cuidado de este órgano tan importante que es el corazón y que tiene “tanta simbología”. “El Magisterio de la Iglesia siempre ha afirmado la importancia de la investigación científica para la vida y la salud de las personas. También hoy la Iglesia no sólo les acompaña en este arduo camino, sino que se hace promotor e intenta sostenerles porque comprende que lo que está dedicado al bien efectivo de la persona es en consecuencia siempre una acción que proviene de Dios”.  

“Sabemos también que el científico en sus descubrimientos nunca es neutral” porque llevan consigo mismo “su historia, su modo de ser y pensar”, dijo. En este sentido invitó a cada uno a tener “una especie de purificación, que mientras aleja las toxinas que envenenan la razón en su búsqueda de la verdad y de certezas, lleva a mirar con mayor intensidad la esencia de las cosas”. Porque no es posible negar que el conocimiento, aunque sea el más preciso y científico, “tiene necesidad de progresar interrogándose y encontrando respuestas sobre el origen, el sentido y la finalidad de la realidad, con el hombre incluido”. Todavía las ciencias por sí, naturales y físicas, “no son suficientes para entender el misterio que cada persona contiene en sí”. “Si se mira al hombre en su totalidad se puede tener una mirada de particular intensidad hacia los más pobres, a los más necesitados y marginados”, de manera que también a ellos “le llegue vuestra atención, como la asistencia y la atención de las estructuras sanitarias públicas y privadas”. E insistió en que se debe luchar para que no hayan “descartes en esta cultura del descarte que viene propuesta”.

Finalmente al terminar su discurso, expuso su aprecio por el trabajo de los cardiólogos y pidió al Señor que bendiga la investigación y curaciones médicas, de manera que “a todos pueda llegar el alivio ante el dolor, una mayor calidad de vida y un mayor sentido de esperanza en la vida humana y en la totalidad de la vida humana”.

 

Paz en Colombia. Papa Francisco "la reconciliación a la luz de los derechos humanos"

Mensaje del Papa por la paz en Colombia – AFP

31/08/2016 13:19

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 En el marco de la firma de paz entre el gobierno de  Colombia  y la organización terrorista de las FARC, la Secretaría del Estado Vaticano escribe un mensaje en el que se reitera el apoyo de Papa Francisco para alcanzar “la concordia y la reconciliación”. El comunicado dice así: “El Santo Padre se complace con la noticia del cierre de las negociaciones entre el Gobierno y las FARC-EP, como conclusión del intenso proceso que se llevó a cabo en los últimos años, y tiene a bien reiterar su apoyo al objetivo de alcanzar la concordia y la reconciliación de todo el pueblo colombiano, a la luz de los derechos humanos y de los valores cristianos que se hallan en el centro de la cultura latinoamericana.

El pasado 12 de agosto, Su Santidad recibió la invitación para que nombre un representante que participe en el comité de selección de los Magistrados que conformarán la Jurisdicción especial para la paz. Sin embargo, considerando la vocación universal de la Iglesia y la misión del Sucesor de Pedro como Pastor del Pueblo de Dios, sería más apropiado que dicha tarea sea confiada a otras instancias.

El Papa Francisco encomienda el proceso de paz en Colombia a la materna protección de la Santa Madre de Dios, Reina de la Paz, e invoca el don del Espíritu Santo para que ilumine el corazón y la mente de quienes están llamados a construir el bien común de la nación colombiana.

 

Viernes de la semana 22 de tiempo ordinario; año par

Jesús es el esposo que llega de Dios, y hemos de hacer fiesta

“En aquel tiempo, dijeron a Jesús los fariseos y los escribas: -«Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; en cambio, los tuyos, a comer y a beber.» Jesús les contestó: -«¿Queréis que ayunen los amigos del novio mientras el novio está con ellos? Llegará el día en que se lo lleven, y entonces ayunarán.»Y añadió esta parábola: -«Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque se estropea el nuevo, y la pieza no le pega al viejo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino nuevo revienta los odres, se derrama, y los odres se estropean. A vino nuevo, odres nuevos. Nadie que cate vino añejo quiere del nuevo, pues dirá: "Está bueno el añejo."»” (Lucas 5,33-39).

1. Empiezan las discusiones con los fariseos.

-“Los fariseos y sus escribas dijeron a Jesús: "Los discípulos de Juan tienen sus ayunos frecuentes y sus rezos, y los de los fariseos también, en cambio los tuyos comen y beben."” En el Antiguo Testamento, el ayuno y la abstinencia de vino eran signos de austeridad, ligados a la espera del mesías. Simbólicamente significaban: "los tiempos son malos, estamos insatisfechos, hemos perdido el gusto de vivir… que venga de una vez el tiempo de la consolación y de la alegría, cuando el mesías estará aquí."

Acusan a los discípulos de que "comen y beben", lo mismo que achacarán a Jesús (Lc 7,33s). Jesús, tú mismo habías ayunado cuarenta días en el desierto y la comunidad cristiana, desde muy pronto, dedicó dos días a la semana (miércoles y viernes) al ayuno. No eliminas el ayuno, muy arraigado en Israel. Pero indicas que ha llegado el Mesías, ha llegado el Novio, y tus amigos están de fiesta.

-“Jesús les contestó: ¿Queréis que ayunen los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?"” La respuesta es clara. Los tiempos de fiesta no son para ayunar, y expresar esa alegría -los cristianos no pueden ser personas tristes- pues "el Esposo está con ellos."

-“Llegará el día en que se lleven al novio, y entonces, aquel día, ayunarán”. Es lo que hacemos en tiempos de expectación del Señor, para prepararnos durante el año litúrgico.

-“Y les decía esta parábola: "Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para echársela a un manto viejo; porque el nuevo se queda roto, y al viejo no le irá el remiendo del nuevo."” Marcos y Mateo dicen que no sirve de nada porque el tejido nuevo tira del viejo. Lucas habla de que es estropear los dos paños. Lo nuevo es el amor de Dios, la Iglesia, y encuentro ante mí una maravillosa aventura. Jesús, tú haces nuevas todas las cosas. Te pido que renueves mi corazón para apreciar la novedad de tu amor encarnado.

-“Nadie echa tampoco vino nuevo en odres viejos, porque si no, el vino nuevo revienta los odres; el vino se derrama y los odres se echan a perder”. La nueva Alianza, a pesar de la continuidad con la Antigua, es verdaderamente una novedad: ¡Dios hecho hombre!

Jesús, subrayas el carácter de radical novedad que supone el acogerte como enviado de Dios, con la doble comparación de la "pieza de un manto nuevo en un manto viejo" y del "vino nuevo en odres viejos".

Aceptarte en nuestras vidas comporta cambios importantes. No se trata sólo de "saber" unas cuantas verdades respecto a ti, sino de dejarme transformar, cambiar mi estilo de vida. Vivir con alegría interior.

Estamos de fiesta. ¿Se nos nota?, ¿o vivimos tristes, como si no hubiera venido todavía el Salvador? La fe en Cristo pide traje nuevo y odres nuevos. Jesús rompe moldes. Lo que Pablo llama "revestirse de Cristo Jesús" no consiste en unos parches y unos cambios superficiales. A los apóstoles les costó el cambio… Nosotros estamos rodeados de una ideología y una sensibilidad neopagana. También tenemos que ir madurando: el vino nuevo de Jesús nos obliga a cambiar los odres. El vino nuevo implica actitudes nuevas, maneras de pensar propias de Cristo, que no coinciden con las de este mundo. Son cambios de mentalidad, profundos. No de meros retoques externos. En muchos aspectos son incompatibles el traje de este mundo y el de Cristo. Por eso cada día venimos a escuchar, en la misa, la doctrina nueva de Jesús y a recibir su vino nuevo (J. Aldazábal).

“El mérito de nuestros ayunos no consiste solamente en la abstinencia de los alimentos; de nada sirve quitar al cuerpo su nutrición si el alma no se aparta de la iniquidad y si la lengua no deja de hablar mal” (S. León Magno).

El ayuno y la abstinencia de vino, actitudes específicas del nazireato (Lc 22,14-20), expresaban la insatisfacción de la época presente y la espera de la consolación de Israel. Juan Bautista hizo de esta actitud una ley fundamental de su comportamiento (Lc 1,15). Desde entonces, cuando los discípulos de Jesús se dispensan de los ayunos prescritos o espontáneos, dan la impresión de desinteresarse de la llegada del Mesías y de negarse a participar de la esperanza mesiánica. La respuesta de Jesús es clara: los discípulos no ayunan porque ya no tienen nada que esperar, puesto que ya han llegado los tiempos mesiánicos: ya no tienen que apresurar, mediante prácticas ascéticas, la llegada de un Mesías en cuya intimidad ya viven. Esta intimidad será interrumpida por la pasión y la muerte de su Maestro: en este momento, ayunarán (v 30, en relación con Lc 22,18) hasta el tiempo en que el Esposo les sea devuelto en la resurrección y en el Reino definitivo.

Las parábolas del vestido y de los odres proporcionan otra respuesta a la extrañeza de los discípulos de Juan y de los fariseos. Inaugurador de los tiempos mesiánicos, Jesús es consciente de aportar al mundo una realidad sin común medida con todo lo que los hombres han poseído hasta entonces (cf Lc 16,16 o el milagro de Caná: Jn 2,10). Las dos parábolas no ofrecen ningún juicio de valor al afirmar que el vino viejo es mejor que el nuevo o que el vestido nuevo es preferible al viejo. No establecen una comparación, sino que subrayan solamente una incompatibilidad: no hay que querer asociar lo nuevo a lo viejo, so pena de perjudicar a uno y otro, porque el vestido remendado combinará mal y el odre viejo se perderá irremediablemente… y el vino con él.

La Nueva Alianza hace ceder las prescripciones de la Antigua, que tienen que acomodarse a la Nueva. El bebedor de vino viejo no dice que el nuevo sea malo; afirma solamente que no puede beberse después de haber probado el viejo, puesto que sus aromas son incompatibles. El que no ha conocido al Esposo y desea participar de su amor no puede al mismo tiempo vivir como si no existiera. El Evangelio excluye ciertas componendas (Maertens-Frisque).

-“Nadie, después de beber el vino añejo, quiere el nuevo, porque dice: "¡El añejo es el bueno!"” Quedémonos con el "bueno". ¡Danos, Señor, tu vino! (Noel Quesson).

Nosotros estamos con el Señor, como amigos invitados al banquete de bodas. Él nos dice: vosotros seréis mis amigos si cumplís mis mandamientos. No basta, por tanto, estar en intimidad con Él a través de la oración, incluso prolongada. Mientras no estemos dispuestos a escuchar su Palabra y a ponerla en práctica, el Señor no podrá decir que somos sus amigos, y mucho menos de su familia como nos lo dice en otra ocasión: El que cumple la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre. Cuando en verdad permitamos al Espíritu Santo renovar nuestra vida, entonces seremos criaturas nuevas en Cristo; entonces la vida de fe en el Señor no será sólo un parche en nosotros, ni algo nuevo que llega a un corazón que continúa cargando con el hombre viejo, que se corrompe siguiendo la seducción de las concupiscencias. De nosotros se espera una vida que manifieste la alegría de sabernos amados y unidos a Cristo; sin embargo, al contemplar que hay muchos que viven separados de Él, o que ni siquiera han oído hablar de Él, nos ha de llevar a sacrificarnos a favor de ellos, poniendo todo nuestro empeño en hacer que el Señor llegue a habitar en todos para que nuestra humanidad se renueve en el amor, en la verdad, en la justicia, en la solidaridad, y en la comunión fraterna (www.homiliacatolica.com).

2. San Pablo nos dice hoy:

-“Hermanos, es necesario que los hombres nos tengan simplemente por "servidores de Cristo"…” Ayúdame, Señor, a ser «servidor»…

-“Y por «administradores de los misterios de Dios»…” Tendremos que rendir cuenta de ellos, como decía Jesús (Mateo 24,45-51).

-“Y lo que en definitiva se exige a los administradores es que sean fieles”. No cambiar lo que hemos recibido, acomodándolo a los tiempos o a nuestras ganas… Merecer confianza… y de modo desinteresado. Ser hombre de confianza, para Dios. Ser hombre de Dios. Quizá la fidelidad está muy difuminada hoy día, aunque las víctimas de una infidelidad sufren mucho. En realidad es uno de los valores esenciales del hombre. Que los apóstoles sean fieles al Evangelio, que no acomoden su mensaje a los gustos del día, a las ideologías que flotan en el aire…

Señor, concede a tus apóstoles, sacerdotes o laicos, esa fidelidad intransigente a lo que Tú quieres.

-“Por mi parte, lo que menos me importa es ser juzgado por vosotros o por cualquier tribunal humano; ¡ni siquiera me juzgo a mí mismo!” Esto tiene un gran alcance. Pablo ha hablado de la gran dignidad de los fieles. «Todo es vuestro, Pablo, Apolo, Pedro, el mundo, la vida, la muerte, el presente, el futuro. Todo es vuestro…» Pero de ahí no se sigue que los cristianos tengan derecho a erigirse en jueces de sus apóstoles. ¡Es a Dios, a quien los ministros tendrán que rendir cuentas!

-“Mi conciencia no me reprocha nada, mas no por ello soy justo. El Señor es mi juez”. La responsabilidad final de la conciencia no es ni ante la comunidad, ni ante uno mismo, sino ante Dios. Señor, ayúdanos a considerar de ese modo todas nuestras responsabilidades.

-“Por lo tanto, no juzguéis «prematuramente»; esperad la venida del Señor, El iluminará lo secreto en las tinieblas y pondrá de manifiesto las intenciones del corazón”. Jesús, habías repetido: «¡No juzguéis!» y aquí Pablo añade: no juzguéis, porque vuestro juicio es siempre "prematuro"… no lo sabéis todo para que vuestro juicio sea equitativo, os falta conocer las intenciones secretas de la gente que juzgáis.

-“Entonces, cada cual recibirá del Señor, la alabanza que le corresponda”. Al fin todo será clarificado. Día feliz en que estallará a plena luz la belleza escondida… que no sabemos captar suficientemente (Noel Quesson).

3. Señor, en tus manos pongo mi conciencia… El salmo nos dice: "el Señor quien salva a los justos… apártate del mal y haz el bien, porque el Señor ama la justicia y no abandona a sus fieles".

Llucià Pou Sabaté

 

“Se hizo comida, se hizo pan”


El más grande loco que ha habido y habrá es El. ¿Cabe mayor locura que entregarse como El se entrega, y a quienes se entrega? Porque locura hubiera sido quedarse hecho un Niño indefenso; pero, entonces, aun muchos malvados se enternecerían, sin atreverse a maltratarle. Le pareció poco: quiso anonadarse más y darse más. Y se hizo comida, se hizo Pan. ¡Divino Loco! ¿Cómo te tratan los hombres?… ¿Yo mismo? (Forja, 824)
Considerad la experiencia, tan humana, de la despedida de dos personas que se quieren. Desearían estar siempre juntas, pero el deber ‑el que sea‑ les obliga a alejarse. Su afán sería continuar sin separarse, y no pueden. El amor del hombre, que por grande que sea es limitado, recurre a un símbolo: los que se despiden se cambian un recuerdo, quizá una fotografía, con una dedicatoria tan encendida, que sorprende que no arda la cartulina. No logran hacer más porque el poder de las criaturas no llega tan lejos como su querer.

Lo que nosotros no podemos, lo puede el Señor. Jesucristo, perfecto Dios y perfecto Hombre, no deja un símbolo, sino la realidad: se queda El mismo. Irá al Padre, pero permanecerá con los hombres. No nos legará un simple regalo que nos haga evocar su memoria, una imagen que tienda a desdibujarse con el tiempo, como la fotografía que pronto aparece desvaída, amarillenta y sin sentido para los que no fueron protagonistas de aquel amoroso momento. Bajo las especies del pan y del vino está El, realmente presente: con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad. (Es Cristo que pasa, 83)

 

Audio del Prelado: “Consolar al triste”

«Consolar no es tarea fácil -explica Mons. Javier Echevarría en el podcast de septiembre-, sino que requiere mucho tacto, porque el alma de quien sufre se encuentra, por así decirlo, en carne viva, con una fuerte desazón. Una palabra de más o de menos puede curar o puede herir (…) Os aconsejo que, para consolar con acierto, reclaméis ayuda a los ángeles custodios».

Conferencias 1 de Septiembre de 2016

 

Más podcast del Prelado del Opus Dei sobre las obras de misericordia

1. Introducción: las Obras de misericordia (1.12.2015)

2. Visitar y cuidar a los enfermos (1.1.2016)

3. Dar de comer al hambriento y dar de beber al sediento (1.2.2016)

4. Vestir al desnudo y visitar a los encarcelados (1.3.2016)

5. Dar posada al peregrino (1.4.2016)

6. Dar sepultura a los difuntos (1.5.2016)

7. Enseñar al que no sabe y dar buen consejo al que lo necesita (1.6.2016)

8. Corregir al que se equivoca (1.7.2016)

9. Perdonar al que nos ofende (1.8.2016)

*****

El día siguiente al sábado, María Magdalena acudió llena de dolor y de amor a la tumba del Maestro, para ungir al Crucificado. Es un acontecimiento que leemos en los Evangelios con verdadera alegría, porque conocemos que allí, junto al sepulcro, encontrará al mismo Jesucristo resucitado, con Cuerpo glorioso. El Señor, en ese encuentro, queriendo revelarse, llamó a la Magdalena por su nombre: ¡María! Ella le reconoció enseguida y exclamó: ¡Rabboni!, ¡Maestro! María no puede ni quiere contener ese grito de alegría al tener la certeza de que el Señor está vivo. En ese instante, las tinieblas del alma de esa mujer desaparecieron; la tristeza abrió paso a una alegría incontenible. El Señor se deja reconocer por una mujer de fe.

He querido recordar este episodio para que descubramos que, en la primera acción que cumple Cristo Resucitado, lleva a cabo la obra de misericordia que nos ocupa hoy: consolar al triste.

Efectivamente, los hijos de Dios estamos hechos para gozar del Bien. Pero podemos tropezar en nuestro caminar con el dolor, porque escogemos triste y libremente el pecado o porque la Providencia de Dios permite el sufrimiento para que nos unamos a su Cruz, como pide en el Evangelio. Forma parte del misterio del hombre este coexistir cotidiano con el mal, una realidad que no debería desanimarnos, sino conducirnos a aumentar la esperanza en el Señor y el deseo de recurrir a Él, confiados en que el dolor y el sufrimiento, no escapan a sus designios llenos de amor, como tampoco cae fuera de su providencia la invitación a arrepentirnos y recomenzar cuando hemos errado.

Puede ocurrir quizá que quien experimenta el mal tienda a aislarse, creyendo ser capaz de sobrellevar sin ayuda de nadie esa carga. Con esta añagaza, el diablo nos va separando de Dios y de nuestros hermanos –haciéndonos ver a nuestro alrededor sólo incomprensión y enemistad–, ofreciéndonos a cambio unos consuelos falsos que, al final, dejan unicamente posos de amargura. Sola estaba Eva en el Paraíso cuando se atrevió ella a dialogar con el Tentador, así como solo estaba Judas cuando se desesperó en la noche de la Pasión. Con clara razón concluye san Pablo en su carta a los Corintios que “la tristeza del mundo produce la muerte”.

Las contradicciones forman parte de la vida, pero ¡qué mal haríamos si las afrontáramos exclusivamente por nuestra cuenta! Ante esa lucha, puede surgir la tristeza, y la tristeza arrastra consigo hacia el pesimismo, alejándonos así de Dios y de nuestros hermanos. “El abismo llama al abismo”, dice la Sagrada Escritura. En esos momentos, necesitamos de unas manos que nos impidan seguir cayendo.

A quien atravesaba esa mala racha, san Josemaría aconsejaba que buscase en primer lugar consuelo en la oración y en el Sagrario, pues de Dios procede toda la misericordia. “Para poner remedio a tu tristeza –escribió en Camino- me pides un consejo. Voy a darte una receta que viene de buena mano: del Apóstol Santiago. “Tristatur aliquis vestrum?” – Estás triste, hijo mío? – “Oret!” – ¡Haz oración! – Prueba a ver”.

El fundador del Opus Dei acudía al Cielo cuando le costaba aceptar una situación dura, por ejemplo la muerte de una persona cercana, de un pariente o de un amigo. Aunque sufría el lógico dolor de padre –de hijo, de hermano, de amigo-, no se abandonaba a la tristeza, sino que rezaba así: “Hágase, cúmplase, sea alabada y eternamente ensalzada la justísima y amabilísima Voluntad de Dios sobre todas las cosas. – Amén. – Amén”. Y repetía dos veces la palabra amén, para remachar con fuerza su adhesión a la Voluntad Divina, aunque le costase o no comprendiese el porqué. Recuerdo muy vivamente cómo san Josemaría encontraba un gran consuelo en esa oración para seguir caminando.

Al mismo tiempo, en tantas ocasiones, la ayuda de Dios nos llegará a través de otras personas: amigos, compañeros, parientes o incluso desconocidos. Nos consolarán o les prestaremos consuelo, abriendo así una vía para que Dios, con su misericordia, suavice las dificultades y pesares que todos afrontamos en nuestro caminar terreno.

Consolar no es tarea fácil, sino que requiere mucho tacto, porque el alma de quien sufre se encuentra, por así decirlo, en carne viva, con una fuerte desazón. Una palabra de más o de menos puede curar o puede herir. Entonces, nuestra presencia resultará suficiente; en otros momentos, será preciso decir algo que transmita esperanza y que ayude a considerar una situación desde otra perspectiva.

Os aconsejo que, para consolar con acierto, reclaméis ayuda a los ángeles custodios. Dios Padre envió a un ángel para consolar a Jesucristo en el huerto de los olivos, durante el momento de intensísimo sufrimiento en la vida de Nuestro Salvador. Con esta escena, que tantas veces puede alimentar nuestra oración, se hace patente que consolar es, hijas e hijos míos, hermanas y hermanos míos, una acción divina. Ese consuelo en la agonía de Cristo hace patente el Amor de Dios, la asistencia del Espíritu Santo, el gran Consolador.

Recordaréis que san Josemaría–siguiendo la tradición de la Iglesia- afirmaba que nosotros, los hombres y las mujeres, cuando estamos en gracia de Dios, somos Templos de la Trinidad. En consecuencia, al ejercer o aceptar un acto de misericordia, estamos manifestando al mundo ese flujo de amor que parte del Padre, acoge el Hijo y revela al Espíritu Santo: algo tan importante que, por la bondad del Señor, puede llevarse a cabo en gestos tan ordinarios como una caricia, unas palabras de consuelo, un tiempo de escucha paciente, un estar callados o acompañando en oración junto a una persona que sufre.

En esa misma escena del huerto de Getsemaní, se nos revela una de las dificultades que presenta esta obra de misericordia: la de no ser capaces de descubrir el sufrimiento de nuestro prójimo. En efecto, a un tiro de piedra de Nuestro Señor, los Apóstoles dormían ajenos al dolor que invadía a su Maestro. Veámonos reflejados en su torpor. Dormimos cuando estamos ensimismados en nuestros problemas, cuando las prisas nos impiden detenernos a escuchar, cuando no damos importancia a las señales de tristeza que muestra un familiar o un amigo, cuando queremos ofrecer un consejo sin haber escuchado antes, cuando hundimos a quien se ha equivocado, poniendo límite a nuestra paciencia…

Termino con una hermosa oración de alabanza que san Pablo transmitió a sus hermanos de Corinto y que resume el núcleo de la obra de misericordia que hemos comentado hoy. Dice así: “Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y de todo consuelo, que nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos dar a los que sufren el mismo consuelo que recibimos de Dios”. Amén.

 

TEMA 5. La Santísima Trinidad

Es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Los cristianos son bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Resúmenes de fe cristiana 27 de Diciembre de 2012

 Las Personas divinas son tres Alguien, pero un único Dios.

1. La revelación del Dios uno y trino

«El misterio central de la fe y de la vida cristiana es el misterio de la Santísima Trinidad. Los cristianos son bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» ( Compendio , 44). Toda la vida de Jesús es revelación del Dios Uno y Trino: en la anunciación, en el nacimiento, en el episodio de su pérdida y hallazgo en el Templo cuando tenía doce años, en su muerte y resurrección, Jesús se revela como Hijo de Dios de una forma nueva con respecto a la filiación conocida por Israel. Al comienzo de su vida pública, además, en el momento de su bautismo, el mismo Padre atestigua al mundo que Cristo es el Hijo Amado (cfr. Mt 3, 13-17 y par.) y el Espíritu desciende sobre Él en forma de paloma. A esta primera revelación explicita de la Trinidad corresponde la manifestación paralela en la Transfiguración, que introduce al misterio Pascual (cfr. Mt 17, 1-5 y par.). Finalmente, al despedirse de sus discípulos, Jesús les envía a bautizar en el nombre de las tres Personas divinas, para que sea comunicada a todo el mundo la vida eterna del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (cfr. Mt 28, 19).

En el Antiguo Testamento, Dios había revelado su unicidad y su amor hacia el pueblo elegido: Yahwé era como un Padre. Pero, después de haber hablado muchas veces por medio de los profetas, Dios habló por medio del Hijo (cfr. Hb 1, 1-2), revelando que Yahwé no sólo es como un Padre, sino que es Padre (cfr. Compendio , 46). Jesús se dirige a Él en su oración con el término arameo Abbá , usado por los niños israelitas para dirigirse a su propio padre (cfr. Mc 14, 36), y distingue siempre su filiación de la de los discípulos. Esto es tan chocante, que se puede decir que la verdadera razón de la crucifixión es justamente el llamarse a sí mismo Hijo de Dios en sentido único. Se trata de una revelación definitiva e inmediata [1] , porque Dios se revela con su Palabra: no podemos esperar otra revelación, en cuanto Cristo es Dios (cfr., p. ej., Jn 20, 17) que se nos da, insertándonos en la vida que mana del regazo de su Padre.

En Cristo, Dios abre y entrega su intimidad, que de por sí sería inaccesible al hombre sólo por medio de sus fuerzas [2] . Esta misma revelación es un acto de amor, porque el Dios personal del Antiguo Testamento abre libremente su corazón y el Unigénito del Padre sale a nuestro encuentro, para hacerse una cosa sola con nosotros y llevarnos de vuelta al Padre (cfr. Jn 1, 18). Se trata de algo que la filosofía no podía adivinar, porque radicalmente se puede conocer sólo mediante la fe.

2. Dios en su vida íntima

Dios no sólo posee una vida íntima, sino que Dios es –se identifica con– su vida íntima, una vida caracterizada por eternas relaciones vitales de conocimiento y de amor, que nos llevan a expresar el misterio de la divinidad en términos de procesiones .

De hecho, los nombres revelados de las tres Personas divinas exigen que se piense en Dios como el proceder eterno del Hijo del Padre y en la mutua relación –también eterna– del Amor que «sale del Padre» ( Jn 15, 26) y «toma del Hijo»( Jn 16, 14), que es el Espíritu Santo. La Revelación nos habla, así, de dos procesiones en Dios: la generación del Verbo (cfr. Jn 17. 6) y la procesión del Espíritu Santo. Con la característica peculiar de que ambas son relaciones inmanentes, porque están en Dios: es más son Dios mismo, en tanto que Dios es Personal; cuando hablamos de procesión, pensamos ordinariamente en algo que sale de otro e implica cambio y movimiento. Puesto que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza del Dios Uno y Trino (cfr. Gn 1, 26-27), la mejor analogía con las procesiones divinas la podemos encontrar en el espíritu humano, donde el conocimiento que tenemos de nosotros mismos no sale hacia afuera: el concepto que nos hacemos de nosotros es distinto de nosotros mismos, pero no está fuera de nosotros. Lo mismo puede decirse del amor que tenemos para con nosotros. De forma parecida, en Dios el Hijo procede del Padre y es Imagen suya, análogamente a como el concepto es imagen de la realidad conocida. Sólo que esta Imagen en Dios es tan perfecta que es Dios mismo, con toda su infinitud, su eternidad, su omnipotencia: el Hijo es una sola cosa con el Padre, el mismo Algo, esa es la única e indivisa naturaleza divina, aunque sea otro Alguien. El Símbolo del Nicea-Constantinopla lo expresa con la formula «Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero». El hecho es que el Padre engendra al Hijo donándose a Él, entregándole Su substancia y Su naturaleza; no en parte, como acontece en la generación humana, sino perfecta e infinitamente.

Lo mismo puede decirse del Espíritu Santo, que procede como el Amor del Padre y del Hijo. Procede de ambos, porque es el Don eterno e increado que el Padre entrega al Hijo engendrándole y que el Hijo devuelve al Padre como respuesta a Su Amor. Este Don es Don de sí, porque el Padre engendra al Hijo comunicándole total y perfectamente su mismo Ser mediante su Espíritu. La tercera Persona es, por tanto, el Amor mutuo entre el Padre y el Hijo [3] . El nombre técnico de esta segunda procesión es espiración . Siguiendo la analogía del conocimiento y del amor, se puede decir que el Espíritu procede como la voluntad que se mueve hacia el Bien conocido.

Estas dos procesiones se llaman inmanentes , y se diferencian radicalmente de la creación, que es transeúnte , en el sentido de que es algo que Dios obra hacia fuera de sí. Al ser procesiones dan cuenta de la distinción en Dios, mientras que al ser inmanentes dan razón de la unidad. Por eso, el misterio del Dios Uno y Trino no puede ser reducido a una unidad sin distinciones, como si las tres Personas fueran sólo tres máscaras; o a tres seres sin unidad perfecta, como si se tratara de tres dioses distintos, aunque juntos.

Las dos procesiones son el fundamento de las distintas relaciones que en Dios se identifican con las Personas divinas: el ser Padre, el ser Hijo y el ser espirado por Ellos. De hecho, como no es posible ser padre y ser hijo de la misma persona en el mismo sentido, así no es posible ser a la vez la Persona que procede por la espiración y las dos Personas de las que procede. Conviene aclarar que en el mundo creado las relaciones son accidentes, en el sentido de que sus relaciones no se identifican con su ser, aunque lo caractericen en lo más hondo como en el caso de la filiación. En Dios, puesto que en las procesiones es donada toda la substancia divina, las relaciones son eternas y se identifican con la substancia misma.

Estas tres relaciones eternas no sólo caracterizan, sino que se identifican con las tres Personas divinas, puesto que pensar al Padre quiere decir pensar en el Hijo; y pensar en el Espíritu Santo quiere decir pensar en aquellos respecto de los cuales Él es Espíritu. Así las Personas divinas son tres Alguien, pero un único Dios. No como se da entre tres hombres, que participan de la misma naturaleza humana sin agotarla. Las tres Personas son cada una toda la Divinidad, identificándose con la única Naturaleza de Dios [4] : las Personas son la Una en la Otra. Por eso, Jesús dice a Felipe que quien le ha visto a Él ha visto al Padre (cfr. Jn 14, 6), en cuanto Él y el Padre son una cosa sola (cfr. Jn 10, 30 y 17, 21). Esta dinámica, que técnicamente se llama pericóresis o circumincesio (dos términos que hacen referencia a un movimiento dinámico en que el uno se intercambia con el otro como en una danza en círculo) ayuda a darse cuenta de que el misterio del Dios Uno y Trino es el misterio del Amor: «Él mismo es una eterna comunicación de amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo, y nos ha destinado a participar en Él» ( Catecismo , 221).

3. Nuestra vida en Dios

Siendo Dios eterna comunicación de Amor es comprensible que ese Amor se desborde fuera de Él en Su obrar. Todo el actuar de Dios en la historia es obra conjunta de la tres Personas, puesto que se distinguen sólo en el interior de Dios. No obstante, cada una imprime en las acciones divinas ad extra su característica personal [5] . Con una imagen, se podría decir que la acción divina es siempre única, como el don que nosotros podríamos recibir de parte de una familia amiga, que es fruto de un sólo acto; pero, para quien conoce a las personas que forman esa familia, es posible reconocer la mano o la intervención de cada una, por la huella personal dejada por ellas en el único regalo.

Este reconocimiento es posible, porque hemos conocido a las Personas divinas en su distinción personal mediante las misiones, cuando Dios Padre ha enviado juntamente al Hijo y al Espíritu Santo en la historia (cfr. Jn 3, 16-17 y 14, 26), para que se hiciesen presentes entre los hombres: «son, sobre todo, las misiones divinas de la Encarnación del Hijo y del don del Espíritu Santo las que manifiestan las propiedades de las personas divinas» ( Catecismo , 258). Ellos son como las dos manos del Padre [6] que abrazan a los hombres de todos los tiempos, para llevarlos al seno del Padre. Si Dios está presente en todos los seres en cuanto principio de lo que existe, con las misiones el Hijo y el Espíritu se hacen presentes de forma nueva [7] . La misma Cruz de Cristo manifiesta al hombre de todos los tiempos el eterno Don que Dios hace de Sí mismo, revelando en su muerte la íntima dinámica del Amor que une a las tres Personas.

Esto significa que el sentido último de la realidad, lo que todo hombre desea, lo que ha sido buscado por los filósofos y por las religiones de todos los tiempos es el misterio del Padre que eternamente engendra al Hijo en el Amor que es el Espíritu Santo. En la Trinidad se encuentra, así, el modelo originario de la familia humana [8] y su vida íntima es la aspiración verdadera de todo amor humano. Dios quiere que todos los hombres sean una sola familia, es decir una cosa sola con Él mismo, siendo hijos en el Hijo. Cada persona ha sido creado a imagen y semejanza de la Trinidad (cfr. Gn 1, 27) y está hecho para vivir en comunión con los demás hombres y, sobre todo, con el Padre Celestial. Aquí se encuentra el fundamento último del valor de la vida de cada persona humana, independientemente de sus capacidades o de sus riquezas.

Pero el acceso al Padre se puede encontrar sólo en Cristo, Camino, Verdad y Vida (cfr. Jn 14, 6): mediante la gracia los hombres pueden llegar a ser un solo Cuerpo místico en la comunión de la Iglesia. A través de la contemplación de la vida de Cristo y a través de los sacramentos, tenemos acceso a la misma vida íntima de Dios. Por el Bautismo somos insertados en la dinámica de Amor de la Familia de las tres Personas divinas. Por eso, en la vida cristiana, se trata de descubrir que a partir de la existencia ordinaria, de las múltiples relaciones que establecemos y de nuestra vida familiar, que tuvo su modelo perfecto en la Sagrada Familia de Nazareth podemos llegar a Dios: «Trata a las tres Personas, a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Espíritu Santo. Y para llegar a la Trinidad Beatísima, pasa por María» [9] . De este modo, se puede descubrir el sentido de la historia como camino de la trinidad a la Trinidad, aprendiendo de la “trinidad de la tierra” –Jesús, María y José– a levantar la mirada hacia la Trinidad del Cielo.

Giulio Maspero Bibliografía básica

 

Catecismo de la Iglesia Católica , 232-267.

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica , 44-49.

Lecturas recomendadas

San Josemaría, Homilía Humildad , Amigos de Dios , 104-109.

J. Ratzinger, El Dios de los cristianos. Meditaciones , Ed. Sígueme, Salamanca 2005.

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[1] Cfr. Santo Tomás de Aquino, In Epist. Ad Gal. , c. 1, lect. 2.

[2] «Dios ha dejado huellas de su ser trinitario en la creación y en el Antiguo Testamento, pero la intimidad de su ser como Trinidad Santa constituye un misterio inaccesible a la sola razón humana e incluso a la fe de Israel, antes de la Encarnación del Hijo de Dios y del envío del Espíritu Santo. Este misterio ha sido revelado por Jesucristo, y es la fuente de todos los demás misterios» ( Compendio , 45).

[3] «El Espíritu Santo es la tercera Persona de la Santísima Trinidad. Es Dios, uno e igual al Padre y al Hijo; “procede del Padre” ( Jn 15, 26), que es principio sin principio y origen de toda la vida trinitaria. Y procede también del Hijo (Filioque), por el don eterno que el Padre hace al Hijo. El Espíritu Santo, enviado por el Padre y por el Hijo encarnado, guía a la Iglesia hasta el conocimiento de la “verdad plena” ( Jn 16, 13)» ( Compendio , 47).

[4] «La Iglesia expresa su fe trinitaria confesando un solo Dios en tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Las tres divinas Personas son un solo Dios porque cada una de ellas es idéntica a la plenitud de la única e indivisible naturaleza divina. Las tres son realmente distintas entre sí, por sus relaciones recíprocas: el Padre engendra al Hijo, el Hijo es engendrado por el Padre, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo» ( Compendio , 48).

[5] «Inseparables en su única sustancia, las divinas Personas son también inseparables en su obrar: la Trinidad tiene una sola y misma operación. Pero en el único obrar divino, cada Persona se hace presente según el modo que le es propio en la Trinidad» ( Compendio , 49).

[6] Cfr. San Ireneo, Adversus haereses, IV, 20, 1.

[7] Cfr. Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae , I, q. 43, a. 1, c. y a. 2, ad. 3.

[8] «El “Nosotros” divino constituye el modelo eterno del “nosotros” humano; ante todo, de aquel “nosotros” que está formado por el hombre y la mujer, creados a imagen y semejanza divina» (Juan Pablo II, Carta a las familias , 2-II-1994, 6).

[9] San Josemaría, Forja , 543.

 

Estamos creando la ideología del odio

Escrito por Pablo Cabellos Llorente

Publicado: 01 Septiembre 2016

Muchos filósofos y literatos han escrito sobre el odio como lo más opuesto al amor, mostrando que el odio puede generar aversión, sentimientos de desastre, destrucción del equilibrio armónico

Hace muchos años escuché a un sacerdote algo sucedido durante la II República Española. Transitando por donde trabajaban unos obreros, recibió gruesos insultos de los mismos. Uno de ellos, como a modo de explicación, le dijo: es el odio. Y seguramente tenía razón. La República suscitó nuevas expectativas, también en el mundo católico. Pero ya en el periodo constituyente se perfila un marcado anticatolicismo. Enseguida, en 1932, fracasa en Sevilla un pronunciamiento militar de signo monárquico. No fue ni el primer intento ni el último de cambiar los acontecimientos por la fuerza. La vida política se va tiñendo de radicalismo y es progresivamente violenta. Cuando la CEDA gana las elecciones de 1933, trata de modificar los excesos anteriores. Pero en ese periodo −el odio− surge el intento revolucionario izquierdista que triunfó en Asturias, mientras fracasaba en Madrid y Cataluña.

A partir de la revolución de octubre de 1934 los españoles se inclinan a los extremismos políticos sin arreglo posible. Es el odio. Las elecciones de febrero de 1936 buscaron, más que el poder democrático, la potencia política para aplastar definitivamente al enemigo. La convivencia se desgarra. Se odia. No se puede recordar en unas apretadas líneas ni siquiera una síntesis de los sucesos que precipitarán en la guerra civil. Ni siquiera se podrá afirmar nítidamente hasta qué punto los desmanes acaecidos durante la República propiciarían la asonada militar que impelería a esa lucha fratricida, pero es bien cierto que hubo miles de mártires por el sólo hecho de ser católicos. El triunfo de Franco propició la infiltración de la ideología nazi en el mundo universitario y las represiones y purgas no se hicieron esperar. El odio entre las dos Españas no había concluido.

Tal vez la generosidad de gentes con diferentes tendencias, comenzó con  la transición a propiciar el olvido, y quizá incluso el perdón por parte de todos. Acaso, en esa etapa de la vida española, comienza la verdadera concordia entre los sembradores del odio desde las diversas trincheras reales o figuradas. Ingresamos, por fin, en una contienda política respetuosa o moderada y el odio comienza a desaparecer de las vidas de los españoles de entonces y de los posteriores. Pero un presidente de gobierno con su ley de Memoria Histórica, va poner patas arriba la convivencia tan duramente trabajada. Porque, a partir de esos momentos, la Memoria Histórica supondrá la resurrección de los fantasmas de bastantes años atrás. La Memoria se hará de modo unilateral, quizá por pensar que los otros ya hicieron la suya. Fuera como fuere, los manes del resentimiento comienzan a reaparecer. Se recrea un ambiente guerra-civilista casi ochenta años después.

Brotará esa nueva izquierda −marxismo puro− encargada de atizar de nuevo los odios de antaño, justamente cuando apenas quedan supervivientes de aquella contienda atroz ni de la República idealizada, pero particularmente sectaria con la Iglesia. Ahora la memoria consiste en quitar todo signo franquista, todo elemento que recuerde a los vencedores, a la vez que no se escatiman esfuerzos para enaltecer a algunos vencidos de dudosa catadura: Pasionaria, Lenin y Stalin tendrán sus calles y monumentos −algo que para mí carece de interés− pero se inicia una nueva etapa en la que comenzamos a construir la convivencia sobre el odio y esa especie no construye, devasta. Esta nueva izquierda, lo mismo que la ultraderecha anterior (ciertamente testimonial y con poca fuerza), intenta acarrear algo olvidado, pero que crece deprisa: el odio. No es una lid política normal: y a mí me interesa esto mucho más que la política partidista. Me importa mucho el impacto moral de una ideología del odio  avanzando como un fantasma.

Según el DRAE, el odio es antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea. Muchos filósofos y literatos han escrito sobre el odio como lo más opuesto al amor, mostrando que el odio puede generar aversión, sentimientos de desastre, destrucción del equilibrio armónico. Recientemente, la muerte del torero Víctor Barrio desató en las redes sociales una tormenta de odio quizá no vista con anterioridad en nuestro país. En otro orden de cosas, no se entiende el auge de los populismos sin el sustrato alimenticio del rencor. Está por todas partes y no sólo en España, aunque aquí adquiera las características de nuestra idiosincrasia que nos han dominado, acabando por imputar nuestra infelicidad a quienes no son o no piensan como nosotros. Plutarco había afirmado que el odio es la tendencia a aprovechar todas las ocasiones para perjudicar a los demás.

El afán legislativo de algunos les lleva a despachar disposiciones sobre la Memoria que sobrepasan no sé si el límite de sus competencias, pero sí el de la libertad, porque se inmiscuyen hasta en los dominios particulares para excluir todo vestigio de un pasado que no gusta. La historia sucede como sucede y no cambia porque se borre un escudo. Me da igual que sea franquista, republicano o napoleónico. Recuerdo que delante el Ministerio de Exteriores italiano hay un estilizado obelisco con la inscripción: Mussolini Dux. No seamos cainitas si anhelamos convivir en serio, si demandamos que nadie nos tenga que decir a modo de explicación del acontecer: es el odio.

Pablo Cabellos Llorente, en Las Provincias.

 

La Vida de Cristo, vida nuestra

 

En casi todas las lenguas hay expresiones, términos para expresar algo de que el hombre, bajo ningún concepto, quiere dejar de mirar. Y no quiere perderlo de vista porque constituye su aspiración, su deseo, su esperanza. Ese vocablo no es, ni más ni menos, que esta palabra: vida. Vida es una expresión que logra resumir todas las aspiraciones mayores del ser humano. Vida indica la suma de los bienes deseados y al mismo tiempo aquello que los hace posibles, accesibles y duraderos.

El objeto formal de la inteligencia es todo lo que es y el objeto formal de la voluntad es todo lo bueno. Hay más cosas –entes reales y entes de razón– que cosas buenas, por lo que parece más universal la inteligencia que la voluntad. Santo Tomás resolverá el dilema diciendo que ante lo material es mejor conocerlo que amarlo, pero ante lo espiritual es mejor amarlo que conocerlo. Dios es Espíritu Puro y lo único digno de ser amado por el hombre que posee esa capacidad universal de amar merced a su voluntad. Dios es todo lo bueno a que aspira el hombre por su condición –de imagen y semejanza suya– y no se conforma con menos.

Esta vida no es un todo que se cierra de modo definitivo entre la fecha del nacimiento y la de la muerte. Está abierta hacia su último acabamiento en Dios. Cada uno de nosotros siente dolorosamente la limitación de la vida, los límites que pone la muerte. Los seres humanos somos, de algún modo, conscientes de no estar plenamente contenidos dentro de estos límites; que nuestras aspiraciones no pueden desparecer definitivamente con la muerte.

En todo momento pueden aparecer estos interrogantes pero, sobre todo, ante la muerte cada hombre se interpela acerca de muchas cuestiones nunca contestadas y muchos problemas no resueltos. Ninguno de nosotros vive solo. Llevamos dentro de nosotros la necesidad de la “universalización”. Pero, en un determinado momento la muerte lo interrumpe todo.        

¿Acaso la historia del hombre no está marcada por una fatigosa y dramática búsqueda de algo o de alguien que sea capaz de liberarlo de la muerte y de asegurarle la vida? La existencia humana conoce momentos de crisis, de desilusión y de oscuridad. Se trata de una experiencia de insatisfacción que se refleja en tanta literatura y en tanto cine en nuestros días. Jesús ha venido para dar la respuesta definitiva al deseo de vida y de infinito que el Padre celeste, creándonos, ha inscrito en nuestro ser.

Contaba Andrè Frossard recordando como al día siguiente de aquel atentado que estuvo a punto de costarle la vida del Papa anterior, el Santo Padre llamó “mi hermano” al terrorista turco. Y Frossard cuando tuvo oportunidad –pasada la covalecencia– comiendo con él le dijo: “Santidad, yo hubiera preferido que ese hermano hubiera encontrado otro medio de entrar en la familia”. El verdadero mal es el pecado, y Dios siempre que nos arrepentimos, lo perdona. Juan Pablo II siguió siempre ese mismo camino.

Cristo proclama: Yo soy la vida, y también: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. ¿Pero de qué vida se trata? La intención de Jesús es clara: la misma vida de Dios, que está por encima de todas las aspiraciones que pueden nacer en el corazón humano. Hemos sido creados para vivir eternamente la misma vida intratrinitaria, entrando en ella por Cristo, el Hijo en esa Familia divina, de la que por Él somos introducidos como sus hermanos.

La muerte es para todos un paso a la existencia en el más allá. Para Jesucristo es más todavía. Para Él es la premisa de la resurrección que tendrá lugar al tercer día. La muerte, que tiene siempre un carácter de disolución cuerpo humano, y que provoca repulsa, es buscada y abrazada por Jesús después de todos los sufrimientos padecidos físicos y morales. De esa manera inaugura el camino para alcanzar la paz inalterable y eterna a todos nosotros.

Jesús, con su muerte revela que al final de la vida el hombre no está destinado a sumergirse en la oscuridad, en el vacío existencial, en la vorágine de la nada, sino que está invitado al encuentro con el Padre, hacia el que se ha movido en el camino de la fe y del amor durante toda la vida, y en cuyos brazos se ha arrojado con santo abandono en la hora de la muerte[1]. Si se nos permite hablar así, Cristo es el mayor realista de la historia del hombre. Él sabe lo que hay dentro de cada hombre. ¡El lo sabe! Y esta afirmación no puede ni quiere ofender a cuantos a lo largo de los tiempos han procurado y procuran hoy descubrir qué es el hombre y desean enseñarlo. Sobre la base de este realismo, Cristo nos enseña que la vida humana tiene sentido en cuanto que es un testimonio de la verdad y del amor.

Esta apertura a Dios es una dimensión esencial sin la cual el hombre cae prisionero de sí mismo o de los demás. Sin Dios el hombre pierde pie, pierde la clave de sí mismo, pierde la clave de su historia. Porque, desde la creación, lleva en sí la semejanza de Dios. Esa semejanza permanece en él en estado de deseo implícito y de necesidad inconsciente, a pesar del pecado. Y el hombre está destinado a vivir con Dios. También aquí una vez más Cristo se revela no sólo como fuente de vida y verdad sino como nuestro camino.

Pedro Beteta López

Teólogo y escritor


    [1] Cfr. JUAN PABLO II, Audiencia general, 7-XII-1988

 

 

Lo que perdí con el divorcio de mis padres

   Soy Roberto, médico dentista, felizmente casado y padre de tres niños. Soy hijo de padres divorciados y sobre ello y su realidad, deseo dar mi testimonio.

   Tenía solo ocho años, hijo único, mis padres pensaban que por la edad no me daba cuenta de las cosas, que no me inquietaba, que no me angustiaba. Qué equivocados estaban…

   Ciertamente no fui testigo de altercados entre ellos, que seguramente los hubo. Pero mucho antes de que se separaran (y pienso que, sin que ellos se lo imaginaran siquiera), percibí la ausencia de alegría y manifestaciones de cariño entre ellos, como quien respira un indefinible aire enrarecido.

   Una situación en la que confundido, sentía cierta culpa producto de una lógica infantil, por la que pensaba: “si ellos están mal, yo también estoy mal” o, tal vez “ellos están bien y yo mal”, luego si es así… no debí haber nacido o no querían que naciera.

   Fingía estar distraído, jugando, pero los escuché hablar de un convenio sobre los coches, la casa, los muebles, las cuentas; hablaban con tirantez, y de ese modo, me tocó mi turno.

   Fui así objeto de un acuerdo más en el repartirse las cosas y supuestas responsabilidades. Quedé como un hijo del divorcio “afortunado”, pues se me protegió techo, medios materiales y educación académica.

   De esa manera me convertí solo en un ser al que había que proveerle, no tanto de afecto, sino de recursos para que saliera delante.

   Ya separados, pasaba tiempos entre los dos, ambos tenían los medios para gastar y me convirtieron en un niño mimado y exigente, cuyos estados de ánimo trataban de controlar dándole cosas en un “te doy, pero no me doy”; para luego entregarme al otro en turno con un frío beso y la mueca de una sonrisa.

   Seguía sin entender…

   Por las noches, en pesadillas, un monstruo peludo me asustaba, y con desazón esperaba que ese ente que me perturbaba, se esfumara mágicamente.

   Así se lo pedía a los reyes magos, pero el monstruo peludo se quedó y tuve que acostumbrarme a él y llamarlo por su nombre.

   Fue así que la palabra divorcio formó parte de mi mundo, y a medida que fui creciendo, se me involucró más y más en la triste realidad del drama de dos adultos.
   Un drama en el que fueron capaces de desechar lo más importante, si no para ellos, sí para mí: nuestra familia, y… si yo era parte de ella… ¿dónde quedaba?

   Por lo pronto me lo callaba donde quiera que estuviese, me apenaba cuando se me preguntaba sobre mi familia y salía al paso con una mentira, igual sentía envidia de quienes eran arropados por un sólido matrimonio.

   También sentía mucho coraje cuando veía películas donde presentaban el divorcio como algo inevitable, natural y en ocasiones hasta gracioso. Hice amigos que compartían la misma situación, pero terminaba rehuyéndolos, pues eran de difícil conducta.

   Mis padres volvieron a contraer respectivos matrimonios y a formar “otra familia”. Como seguía alternándome entre ambos, me vi con un padrastro, una madrasta y medios hermanos aquí y allá. Así las cosas, yo era un comodín, que nunca se sintió cómodo.

   Crecí, terminé la universidad, me convertí en un profesional y, como pude, en una persona que lograba conservar su equilibrio interior.

   Aunque padecí soledad, paradójicamente, en las fotos de los más importantes acontecimientos académicos y sociales de mi vida, incluyendo mi boda, mis padres aparecieron siempre juntos y sonrientes, aparentando ser junto a mí, todavía una familia.

   La mía es una de tantas historias en donde el divorcio no parece ser tan malo, pero no es así para quien sabe lo que tiene en el corazón.

   No es mi actitud juzgar a mis padres, pero estoy advertido de que eso que viví es y será siempre la gran injusticia con los inocentes.

   Atrás quedó el tiempo en que me esforzaba porque mi situación no me importara, en el que me decía a mí mismo que “lo tenía todo”, que vivía una situación más común de lo que parecía y en cierto modo, signo de los tiempos.
   Muchas veces escuché pontificar que era la opción para quienes necesitan rehacer sus vidas sentimentalmente, y un logro de madurez sobre la libertad humana. Lo llegué a considerar.

   Pero finalmente no logré convencerme y decidí enfrentarlo desde el plano de mi propia experiencia, pues es algo que jamás hubiera escogido para vivir y crecer.

   El hombre es un ser libre, sí, pero también es capaz de usar esa libertad comprometiéndola por amor en el justo deber ser. Lo contrario… a mí que me lo cuenten.

   La gran verdad es que el divorcio desconoce la naturaleza personal del amor conyugal, del que nacen los derechos del hijo para el desarrollo de la plenitud de su ser. Tanto lo sé, que mi trabajo me costó.

   Aquí, tres de esos derechos naturales e irrenunciables que pierden los hijos del divorcio:

   1. Un hijo tiene derecho a la certeza de saber que fue concebido por amor, un amor por el que adquiere un sentido de pertenencia, de él a sus padres, y de sus padres a él.

   El amor de esposos es un amor de espíritus encarnados, y a las cosas del espíritu no las mide el tiempo ni las condiciona el mundo.

   Por lo tanto, el amor conyugal es un amor que trasciende el tiempo, el dolor, las contrariedades, las penas; formando una muralla protectora del matrimonio y los hijos.

   Un amor así, se extiende a los hijos como valor hecho vida, como la mejor herencia afectiva.

   2. Un hijo hereda el derecho a tres amores
para crecer íntegramente: el del padre, el de la madre y el que nace del amor conyugal que fluye entre ellos, ese amor que es producto de esa nueva forma de ser unión entre dos y que conjuga lo mejor de la naturaleza personal.

   Por eso, para un hijo, el valor de este último amor es infinitamente mayor que el de cada uno de sus padres en lo individual, que en sí, ya es maravilloso.

   El amor que nace de esa unión, es la escuela donde aprende a abrirse a los demás en actos libres, responsables, sustentando el desarrollo de toda su humanidad como varón o como mujer.

   3. Un hijo tiene derecho al testimonio del compromiso de sus padres. Para aprender a andar por el camino de la prudencia.

    Donde la responsabilidad es la madurez de la libertad.

    Donde el compromiso, la madurez de la responsabilidad.

    Donde el amor es la madurez del compromiso, en un amor debido en justicia que debe abarcar todo el tiempo de la existencia.

   A mí no se me reconocieron estos derechos, y sin ellos, fui capaz de andar por el camino del verdadero amor, aunque lo hice sin brújula, sin huellas que seguir, sin una mano que tomar.

   Soy adulto, me esfuerzo por una vida lograda y hago oración a Dios Padre para que camine por mi casa y cure todos las sombras, dudas, temores que el monstruo peludo sembró en lo más profundo de mi subconsciente. Le pido también que cuide, sane y preserve del error a mis hijos.

   Por Orfa Astorga de Lira, máster en matrimonio y familia, Universidad de Navarra.

 

La propia identidad

   Mientras lees este artículo, trata por un momento de tomar distancia sobre ti mismo. ¿Puedes mirarte a ti mismo como si fueras otra persona? ¿Puedes definir, por ejemplo, el estado de ánimo en que te encuentras, tu carácter, tus principales defectos o cualidades?

   Piensa en cómo ha trabajado tu mente ante esas preguntas. Su capacidad de hacer eso que acaba de hacer es específicamente humana. Los animales no la poseen. Esa autoconciencia nos permite evaluar y aprender de nuestros propios procesos de pensamiento. Gracias a ella, también podemos crear, reforzar o rechazar nuestros hábitos personales, nuestro carácter, nuestro modo de reaccionar ante las cosas.

   Usar con acierto de este privilegio humano nos permite examinar las claves de nuestra vida: conocerse a uno mismo permite al hombre a convertirse en el artífice de su propia vida. Le hace posible vivir en clave de autenticidad. Pone a su alcance esa posibilidad, tan decisiva, de ser fiel a lo mejor de uno mismo, de vivir la propia vida como protagonista y no como un mero espectador.

   Por eso la psicología y la filosofía han tratado con profusión sobre el conocimiento propio, subrayando siempre la dificultad que encierra profundizar en él. Si ya a veces es difícil incluso reconocer la propia voz en una grabación, o la propia figura en una fotografía o un vídeo en el que se nos ve de espaldas, resulta siempre mucho más complejo reconocerse a uno mismo en las diversas facetas de la propia personalidad.

   El autoconocimiento supone siempre una labor ardua y que, en cierta forma, no acaba nunca. Nunca acabaremos de conocernos del todo: el hombre tiene algo de misterio, siempre hay algo de él que se le escapa, que va más lejos de su propia inteligencia. El hombre cuando dirige su mirada hacia sí mismo, muchas veces tiene que dejarse llevar por suposiciones. Intuye la dirección por donde debe dirigirse a la meta, pero con frecuencia desconoce la realidad misma de la meta. Podríamos decir que tiene de sí mismo un conocimiento progresivo. Porque tampoco sería cierto hablar de desconocimiento. Quien se esfuerza por conocerse, lo logra.

   La hora de la verdad

   Y son precisamente las circunstancias de dificultad, si se saben afrontar juiciosamente, las que puede dar lugar a marcos de referencia nuevos, a cambios fecundos en el modo de entender la propia vida, cambios a través de los cuales podemos ver al mundo, a los demás y a uno mismo de un modo mucho más humano.

   Saber sacar de la dificultad una enseñanza responde siempre a una gran sabiduría. Y esto es aplicable a la vida personal, a la vida familiar, a la profesional o a la de relación. La historia apenas conoce casos de grandeza, de esplendor, o de verdadera creación, que hayan tenido su origen en la comodidad o la vida fácil. “En la adversa fortuna suele descubrirse al genio, en la prosperidad se oculta”, afirmaba Horacio.

   Alfonso Aguiló

 

AMOR POR LA NIÑEZ Y JUVENTUD PERUANA

Lo habíamos dicho en otras oportunidades, a través de éste medio informativo Huerequeque que, el ser humano no solamente debe ser un ave de paso por este mundo, nuestra presencia tiene y debe tener un sentido cabal en todo lo que signifique coadyuvar a su creación y cumplir los designios de su Creador.

Todos tenemos una misión que cumplir, en ésta tierra. A todos Dios nos ha dado unos talentos, a unos más que a otros, pero todos los poseemos y somos nosotros los que tenemos que hacerlas multiplicar, crecer y difundirlas, con toda la libertad y responsabilidad del caso que, algún día, nos tendrán que pedir cuentas de esos dones que nos entregaron con generosidad y cariño.

Nuestro amor por la niñez y juventud peruana, ha estado enmarcada siempre, en conducirlos por caminos de bien, por caminos lleno de valores y que, éstos valores les sirvan como bastones de sostén para cada uno de sus vidas que desarrollarán, cuando sean adultos en medio de la comunidad que les tocará vivir. Desde 1968 hemos estado siempre imbuidos en la niñez y juventud de mi país, especialmente, en nuestro medio, y que seguimos haciéndolo con mucho calor humano, porque estamos convencidos que, hoy más que nunca, ellos nos necesitan ante el desmedro de los valores, tanto en las familias, la escuela, como en la misma comunidad en que crecen.

Enumerar la infinidad de eventos o actividades en que hemos tratado de involucrarlos a los niños y jóvenes de ayer, y a los mismos niños y jóvenes de hoy, sería largo y engorroso. A lo largo de muchas ediciones de Huerequeque pasados, siempre hemos informado de una serie de actividades en que tratamos de involucrarlos, voluntariamente, con la finalidad de sensibilizarlos al servicio, a la entrega y el trabajo por los más débiles de ésta tierra y que sientan que ellos, son tan humanos como cualquier criatura de este mundo.

Paralelo a una serie de eventos o actividades que se llevaban a cabo, en las décadas del setenta, ochenta o noventa, nos dábamos tiempo, también, para dar a conocer a todas las familias chiclayanas las bondades de un programa juvenil que valía la pena para encausar a sus hijos por caminos de bien; es así que utilizamos uno de los medidos de circulación más influyentes del medio, de esos años, para que, a través de diferentes artículos periodísticos que se publicaban en la página editorial, de nuestro cariño, entráramos a los hogares informando a las familias la importancia de éste programa juvenil, en la formación de sus hijos y el camino seguro para encontrar la felicidad y hacerlos hombres y mujeres de bien para la sociedad.

Una parte de éstos artículos periodísticos los hemos plasmado en un pequeño libro que, hoy lo hemos denominado: “ESCULTISMO: UN ESTILO DE VIDA” que, luego de ocho meses de arduo trabajo, ha quedado listo para que, el día de mañana sábado 27 del presente mes, a las siete de la tarde, sea presentado a la comunidad por un grupo de amigos que conocen y valoran nuestra trayectoria en todos éstos años que hemos venido trabajando con la niñez y juventud del país.

Espero que, con ésta nueva contribución a la comunidad de mi país, poder dejar una nueva herramienta que sirva de apoyo y sostén a las nuevas generaciones que continuarán nuestra obra emprendida, con mucho amor y cariño.

 

Los padres son responsables de sus hijos ante Dios

Los padres de Santa Teresita de Lisieux, modelo de santidad y educación

Ciertamente que la futura buena o mala conducta de un hijo depende de si ha sido criado bien o de modo insuficiente. La naturaleza por sí misma enseña a cada padre a atender a la educación de su descendencia. Dios le da hijos, no para que puedan asistir a la familia, sino para que crezcan en el temor de Dios, y sean conducidos por el camino de la salvación eterna.

“Tenemos, dice San Juan Crisóstomo, un gran depósito en los niños, atendámosles con gran cuidado”.

Los hijos no han sido otorgados a los padres como un regalo del que se pueda disponer como les plazca. Los hijos les han sido confiados y  si se pierden por negligencia, los padres deberán rendir cuentas a Dios.

Un Padre de la Iglesia dijo que en el día del juicio los padres tendrán que rendir cuentas por todos los pecados de sus hijos (Nota de la Redacción: se entiende que de los derivados de una mala o incompleta formación, pues hay casos excepcionales de hijos muy bien educados que, a pesar de ello, viven como si no hubiesen tenido buena formación religiosa). Así es que aquel que enseña a su hijo a vivir en el bien, tendrá una feliz y tranquila muerte. El que instruye a su hijo… cuando llegue la muerte no sentirá pena, porque deja a los suyos un defensor frente a sus enemigos. (Eclesiástico 30, 3, 5) Y podrá salvar su alma por medio de sus hijos, es decir, por la formación virtuosa que les dio. (La mujer) “Se salvará mediante su maternidad”. (1Tim. 2:15)

Santa Teresita niña: limpidez de la mirada

Por otro lado, una difícil y triste muerte tendrán aquellos quienes solamente trabajaron para incrementar sus posesiones o multiplicar los honores familiares, o aquellos que sólo trabajaron para dejar a sus hijos comodidad y placeres y no les procuraron valores morales. San Pablo dice que aquellos padres son peores que infieles. Quien no se preocupa de lo suyo, principalmente de los de su casa, ha renegado de la Fe, y es peor que un infiel. (1Tim.5: 8).

Aunque los padres lleven una vida de piedad y continua oración, y comunión diaria, se condenan si por negligencia descuidan la educación de sus hijos. (Nota de la Redacción: San Alfonso hace hincapié en la educación moral de los hijos como un deber esencial. Un descuido en esto es de una gravedad extrema que puede comprometer nuestra salvación. Una omisión en este sentido deberá ser confesada y reparada en la mayor medida posible, buscando resarcir el daño causado por medio de los consejos, el ejemplo y la oración por los hijos, para que alcancemos el perdón de Dios por tan grave daño).

Si todos los padres cumplieran con su deber de vigilar la formación de sus hijos, tendríamos muy pocos crímenes. Por la mala educación que los padres dan a su descendencia, hacen que sus hijos, dice San Juan Crisóstomo, caigan en graves vicios; y los entregan así al verdugo.

Así sucedió en un pueblo: un padre quien fuera la causa de todas las irregularidades de su hijo, fue justamente castigado por sus crímenes con gran severidad, más aún que sus hijos. Gran infortunio es para los hijos tener padres viciosos, incapaces de inculcar en sus hijos el temor a Dios.

Corrige a tu hijo mientras haya esperanza; si no, tu serás el responsable de su muerte

Aquellos que ven a sus hijos con malas compañías y en riñas, y en lugar de corregirles y castigarles, les toman compasión y dicen: “¿Qué puedo hacer? Son jóvenes, esperemos que cuando maduren se alejen de ello”. ¡Qué palabras tan débiles, qué educación tan cruel! ¿En verdad, esperan que cuando los hijos maduren lleguen a ser santos? Escuchad lo que Salomón dice: Mostrad al niño el camino que debe seguir, y se mantendrá en él aun en la vejez. (Prov. 22:6) Sus huesos, dice el santo Job, se llenarán con los vicios de su juventud, y dormirán con él en el polvo. (Job.20:11)

Cuando una persona joven ha vivido con malos hábitos, los llevará a la tumba. Las impurezas, blasfemias y odios, a los que se acostumbró en su juventud, lo acompañarán hasta la tumba, y dormirán con él hasta que sus huesos sean reducidos a cenizas.

Corrige a tu hijo mientras haya esperanza; si no, tu serás el responsable de su muerte (Prov. 19:18) Es muy sencillo, cuando son pequeños, entrenar a los hijos en la virtud, pero cuando llegan a la madurez, es igual de difícil corregirles, si han adoptado los hábitos del vicio.

San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia

 

La violencia y el bullying se aprenden en casa – Parte1

Luz María Dollero

Última actualización: 31 Agosto 2016

No sé si alguna vez te has parado a reflexionar en lo que haces y le dices a tus hijos y cómo se los dices cuando las cosas no fluyen, o sea, cuando: tira el vaso de leche en el uniforme justo 2 minutos antes de salir o escupe la comida o no quiere comer, cuando se están peleando entre hermanos, cuando no se duerme tras una hora en la cama, cuando no se quiere bajar del coche y tienes prisa, cuando lleva tres horas haciendo una tarea de 5 minutos, cuando no quiere ir a la escuela, cuando se cae y llora como si le hubieran amputado la pierna, cuando se le pierde su juguete favorito, cuando está enfermo y tu agotada, cuando añoras tener tiempo para ti o te sientes mal y te descargas con ellos…

Tal vez nunca hayas podido ver la cara que pones en el momento de tensión y los ademanes que haces cuando liberas a tu Hulk, pero puedes intuir que no son tus mejores vistas. (Es importante recalcar que TÚ lo liberas, nada de que: "me hiciste perder la paciencia" y culpar al niño. La/el que  perdió la paciencia fuiste tú, el que no supo cómo mantener la calma y solucionar la situación de otra forma fuiste tú). La realidad es que sería una suerte y a la vez horrible que cada que soltamos la letanía o explotamos aparecieran un espejo y una grabadora para vernos y luego poder reflexionar para establecer pautas concretas de mejora, pero no es así.  

Obvio nadie es perfecto, 

pero deberíamos reflexionar diario 

respecto a  las "formas" y "actitudes" que tenemos para "educar", 

las palabras que utilizamos, el tono, la posición corporal y facial, 

los mensajes subliminales que mandamos 

y sobretodo el impacto que tienen en nuestros niños a corto, mediano y largo plazo, 

para poder ir mejorando, creciendo personalmente 

y fortaleciendo nuestra relación con nuestros niños.

A veces es difícil y duro mirarse uno mismo, por lo que nos puede ayudar observar casos anónimos para ver con claridad los aciertos y errores, para generar soluciones alternativas y poder mejorar nuestra forma de crianza. A continuación, expondré a modo de casos, tres situaciones observadas durante el verano, para que podamos analizar desde fuera los hechos, nunca para juzgar a las personas involucradas: 

 

CASO 1

¿Qué tal la típica escena de “tortura infantil” en la playa o en la alberca acompañada de amenazas, chantajes, sarcasmo y hasta burlas?… 

En la cual, un adulto con "buena intención" obliga su hijo apanicado a meterse al agua a la fuerza. O bien, el adulto “obligando” al niño a nadar sin flotis "para que aprenda", a pesar de que el pequeño no quiere, por miedo o porque se siente inseguro y suplica que lo ayuden y lo saquen… Pero en lugar de sentirse escuchado y recibir la ayuda de quienes más quiere y confía en que lo "salven", solo escucha que le dicen para "motivarlo" con una sonrisa: "no pasa nada, no seas ridículo, mira ese niñito chiquito ya sabe y tú no, no seas chillón, no te volvemos a traer de vacaciones nunca, si no nadas y dejas de llorar vas a poder comer postre/dulces", etc.Y entonces, surgen varias interrogantes:

 

¿Las amenazas, chantajes, el sarcasmo y las burlas realmente "motivan" 

o intimidan, someten y coersionan la libertad?

 

¿De verdad no pasa nada?…

…Porque el niño siente que sí está pasando algo, que de hecho no le gusta…

¿Para ir de vacaciones  tiene que gustarte nadar o saber nadar?

¿Qué relación tienen los postres con nadar?

¿Los niños que nadan pueden comer los dulces que quieran?

 ¿Comer o no comer dulces es la consecuencia de nadar o no nadar?

…Si es así, la dieta de Phelps, campeón olímpico, ha de consistir en postres y más postres.

 

¿Qué es más importante: saber nadar o respetar a la persona? 

 

A todos tiene que gustarles nadar? 

¿Todos los adultos disfrutan nadar o saben nadar?

¿Entonces por qué a todos los niños les debe gustar nadar o deben saber nadar? 

 

¿Hay una edad límite para aprender a nadar o cuál es la urgencia para que aprenda este verano?

¿Realmente se está divirtiendo el niño en "sus" vacaciones? 

 

¿Al niño podría haberle gustado meterse al agua o aprendido a nadar a través de otras formas?

¿El niño obtendrá un “aprendizaje significativo” positivo o un trauma significativo? 

 

¿Acaso el niño es víctima de un abuso y maltrato por parte del fuerte sometiendo al débil? 

¿Será este caso un ejemplo de una forma "socialmente aceptada" de bullying",

donde el adulto le da al niño  una lección práctica de iniciación al arte del bullying?

 

CASO 2

Cuando vas a un parque de diversiones infantil, pongamos Kidzania, da tiempo de presenciar escenas complicadas de abuso infantil. Amenazas, chantajes, ridiculizaciones, burlas van y vienen por cuestiones irrelevantes cuando los niños no quieren hacer o participar en algunas de las actividades ofrecidas que los papás consideran divertidísimas y que "no se deben perder".  Esto ocasiona dramas, "berrinches" y derrame de lágrimas; cuando se suponía que se lleva a los niños a pasársela bien.

Contaré uno que me tocó presenciar en el juego de hacer paletas heladas: el encargado les da a los niños, además de la malla para cubrir el pelo, un disfraz de delantal y gorra roja antes de empezar a explicarles cómo van a hacer su paleta helada y de darles el material necesario. No sé por qué, pero ni mi hijo ni otros dos que entraron querían ponerse la gorra roja… Por algo será… ¿Quién sabe que sienten o piensan en sus cabecitas?

Así que le regresamos dos al muchacho, pero una chiquilla no corrió con la misma suerte.  Le fue como en feria por no acatar la orden de sus papás de ponérsela. Si ya lloraba, el llanto se fue haciendo peor conforme la obligaban a ponérsela, la amenazaban y la chantajeaban con irse y con que nunca más lo llevarían ahí porque era una necia, desobediente y chillona. Además de ridiculizarla comparándola con todos los “niños buenos” que sí se la ponían y explicándole lo fea que se ve llorando y haciendo berrinches… Y surgen varias dudas:

¿Si se trataba de que la escuinclilla se divirtiera haciendo una paleta helada,

qué más daba que se divirtiera haciéndola con gorra o sin gorra?

¿Acaso si no se la ponía la paleta no se congelaba?

¿Quién estaba realmente haciendo un berrinche la pequeñita o los papás?

¿Qué le enseñaron? ¿Qué aprendió?

¿Qué no se pueden cuestionar las órdenes de los adultos? 

¿Qué lo que ella piensa, siente o quiere no es tan importante como "obedecer a ciegas"? 

¿Técnicas de "bulleo"

para lograr que quien no quiere hacer algo irrelevante se someta ante los deseos del fuerte?

 

CASO 3

Y así lo anterior se repite con las benditas botargas, magos o payasos infantiles que en ocasiones, en lugar de divertir al niño en cuestión, le causan un ataque de ansiedad, pánico y pesadillas. A veces las razones permanecen siendo un misterio inexplicable, otras con razón, ya que no parecen ni parientes lejanos de Mickey, Batman o Elsa de Arendelle sino hermanos de Chucky y Eso. ¿Será que a algunos chiquillos les impacta ver a sus ídolos que en la tele se ven planos y chiquitos convertidos en gigantes?  Quién sabe,  pero es un hecho que algunos niños lo único que quieren es mantenerse a una distancia prudente de 1 km de distancia como mínimo. Es entonces que surgen las diferencias…

Invariablemente se puede observar a los padres desesperados porque su escuinclillo no quiere ni acercarse al monigote. Como mucho lo mira de reojo, pero una foto con la botarga resulta misión imposible. Así que los padres, quienes han invertido tiempo y dinero para cumplir SU sueño (no de su hijo), emocionados e ilusionados por tener una foto de su angelito con el susodicho, lo "convencen" (o más bien, obligan) con buena intención. Así pues, sacan la artillería para lograr por todos los medios posibles que pose el tiempo suficiente para que entre lágrimas, ridiculizaciones, burlas, chantajes, amenazas y unos mil disparos puedan conseguir una foto digna para colgar en Facebook… ¿Para poder mostrar a la "familia feliz" y la gran felicidad de su hijo?… Curiosamente a veces logran sacar una foto en la que hasta parece que el niño estaba extasiado… Y surgen las preguntas:

 

¿Realmente es necesaria o indispensable "la foto"?

¿No tenerla causa una enfermedad o problema grave? 

¿No se pueden divertir, ser felices y tener buenos recuerdos sin sacarse la foto?

 

¿Que es más importante la tranquilidad y la felicidad del niño o “la foto”?

 

Tal vez el niño cuando crezca y vea la foto no recuerde conscientemente los hechos reales, 

pero lo que hacemos deja huella, se queda en el alma y en el inconsciente…

 

¿Al final qué le enseñaste, qué es lo que aprendió el niño?

¿Que hay que tomarse fotos aunque no quieras para tener un recuerdo inolvidable? 

¿Que si no quiere hacer algo tienes que ceder y aceptar si te lo ordena un adulto? 

¿O que cuando quiera algo de alguien más débil puede obligarlo a través del bullying?

 

En fin, estas son escenas aisladas. de situaciones concretas muy notorias. Sin embargo, si analizamos honestamente nuestro actuar diario, sin justificaciones absurdas, podemos encontrar momentos, conversaciones o acciones tal vez más sutiles, pero igualmente no formativas, irrespetuosas e impulsoras del bullying, que devalúan y someten a la persona, que niegan sus sentimientos y percepciones; dañando su autoestima, aplastando su individualidad, vulnerando su intimidad, disminuyendo su capacidad de darse a respetar y de decir ¡no! a abusos de cualquier tipo y de luchar por sus convicciones.

Afortunadamente,  se ha ido permeando la sociedad con “nuevas” formas de crianza. Se ha pasado del autoritarismo y del permisivísmo, a buscar como ideal el formar consciente y positivamente a los niños; partiendo de que son personas únicas e irrepetibles, igualmente dignas y merecedores de respeto que los adultos, sin que eso signifique dejarles hacer todo o que renuncies a tu rol de padre/madre.

No obstante, se sigue cayendo frecuentemente tanto en casas, escuelas y demás instituciones en utilizar técnicas falazmente llamadas “educativas”, en lugar de “técnicas abusivas de control y adiestramiento infantil” (amenazas, chantajes, violencia física y/o emocional, etc.). Éstas a corto plazo a veces parecen servir, pero a largo plazo causan heridas profundas que repercutirán es sus vidas e impiden que se rompan los ciclos de violencia. Asimismo, en el lugar de formar personas libres y responsables, se produzcan robots-borregos, individualistas, fríos, cero empáticos, incoherentes y fáciles de manipular. A estos entes no les preocupa ser auténticos sino ser aceptados, ni hacer lo bueno simplemente porque es bueno, en realidad su actuar se limita a dirigirse hacia donde ganan “estrellita”, reciben premio y evitan castigo…

Claro que es difícil la crianza y que nos equivocamos más de lo que quisiéramos, no somos perfectos y nadie lo espera… Por eso, mientras no estemos 3 metros bajo tierra, existe la posibilidad de mejorar continuamente y de pedir perdón. 

Ahora bien, lo preocupante es que aún hay defensores de formas irrespetuosas, abusivas y violentas (física o psicológica) para educar al menor. En mi opinión, esto sucede en primer lugar porque el papel todo lo sostiene pero falta formar a los adultos (quienes justamente hemos sido educados muy diferente), romper paradigmas y crear ambientes propicios. Cambiar cuesta, exige mucha humildad, valentía y esfuerzo continuo para reconocer y reaprender lo que sea necesario. En segundo lugar, una crianza consciente, respetuosa y positiva es muy exigente e implica más trabajo, incluso de mejora personal continua.

 

En fin, la gran mayoría de padres de familia tenemos buenas intenciones y queremos lo mejor para nuestros hijos.

De hecho, soñamos con un mundo mejor, sin guerras ni bullying,

pero el cambio no llega con solo desearlo y esperarlo.

Hay que trabajar

y el trabajo empieza por uno mismo y luego por nuestras familias

y la forma en que educamos a los adultos del futuro.

Dicen que las palabras convencen pero el ejemplo arrastra,

así que si queremos niños que sepan establecer relaciones sanas,

que no sean bullies activos ni bullies pasivos (observadores),

empecemos por no bullear a nuestros hijos,

por tratarlos con respeto y según su dignidad.

 

Cuando los gendarmes miran hacia otro lado
 
Parece claro que la Policía francesa tiene una orden clara: a los agricultores y ganaderos del país ni tocarlos. Da igual que asalten un camión español, una bodega francesa o la sede de Lactalis. A ellos no se les toca.
 
Durante estos días, en los que se han vuelto a repetir las agresiones a camiones espales en territorio francés,  se ha hablado mucho de la falta de actuación de los gendarmes galos cuando ha habido incidentes con camiones españoles, pero parece que esta tónica es ampliable a sus propios incidentes. Cerca de medio millar de ganaderos tienen desde el lunes bloqueada la sede central de Lactalis prohibiendo que entre o salgan camiones y no han actuado.
 
Existe un amplio dispositivo policial pero, pese a la tensión que se ha vivido, los policías galos no intervienen. Parece claro que el Gobierno de Hollande no quiere incidentes con unos agricultores y ganaderos que no sólo son un gran granero de votos, sino que ya han demostrado que son capaces de bloquear París y medio país si hace falta.
 
Por eso, da igual que sea un problema de fruta o vino español que de leche francesa. Si por medio hay un agricultor o ganaderos francés, los gendarmes miran hacia otro lado.
 
Domingo Martínez Madrid

 

Hacer desaparecer de la enseñanza escolar ciertas representaciones
 
En Marruecos, en línea para que se presente el Islam como una religión tolerante que respeta otras creencias religiosas, de acuerdo con la reforma constitucional introducida a raíz de la “primavera árabe” hace cinco años, ha sido el propio rey Mohamed VI, que demás de jefe del Estado es la máxima autoridad religiosa en Marruecos, quien ha dado instrucciones para que desaparezcan de la enseñanza escolar las representaciones sexistas, racistas y extremistas que, hasta el día de hoy, se han considerado algo normal en la cultura islámica. Durante largos meses, una comisión de expertos se ha dedicado a elaborar un proyecto de ley cuyo fondo es hacer una interpretación más espiritual de los versículos coránicos que dan lugar a equívocos como los que han llevado a la locura asesina del llamado Estado Islámico. Hace ya tiempo que el monarca alauita tomó la decisión de expulsar a los predicadores extremistas llegados de otros países árabo-islámicos. Ahora se pretende dar un paso más profundo en esta dirección que afectará a más de siete millones de alumnos aunque tardará años en surtir efectos en el cambio cultural que implica la prevista reforma docente.
 
Pedro García

 

 

El matrimonio…Es para siempre
 
El matrimonio para un creyente cristiano es más, mucho más que un contrato civil, es un compromiso adquirido voluntaria y conscientemente ante Dios para toda la vida. Si en otras religiones se puede hacer un divorcio religioso, no en el cristianismo, por eso aclaró Jesús, ante la pregunta sobre el divorcio, que “que lo que Dios ha unido no lo separe el hombre” (Mc 10:9 y Mt 19:6). Y eso vale para los contrayentes que se casaron entre sí y para cualquier autoridad religiosa.
 
En el plano civil, el divorcio es un trámite que anula un contrato, pero en el plano de Jesús, es un compromiso irrenunciable. Por eso los cónyuges que tienen conflictos entre ellos deben buscar la superación, no la destrucción de su vida matrimonial.
 
La superación de conflictos matrimoniales es crítica, tanto para los cónyuges como para las familias de ambos, y de aquellas personas que de alguna forma son afectadas por ese matrimonio. Pero lo más importante son los hijos.
 
Los padres de familia suelen decir que darían hasta la vida por ellos, pero es rarísimo que tengan que tomar esa opción, como lo es el tener que dar la vida por Cristo. Pero lo que sí es asunto de vida diaria, es el VIVIR LA VIDA POR LOS HIJOS. No es el martirio lo que se nos exige, sino la vivencia familiar diaria.
 
Jesús Domingo Martínez

 

Una política común contra la despoblación
 
La despoblación se ha convertido ya en uno de los más graves problemas que sufren determinados territorios ya que no solo está condicionando su presente, sino también su futuro. Algunas Comunidades Autónomas conoce perfectamente esta circunstancia, no en vano es uno de los mayores condicionantes que sufren a la hora de prestar servicios, aumentando los costes a la hora de atender las necesidades en materia de sanidad o educación, y disminuyendo los ingresos por esa torpeza tan extendida de vincular la financiación al número total de habitantes, sin tener en cuenta, o al menos no en la proporción que sería necesaria, las circunstancias particulares que pueden encarecer esas prestaciones. Pero, al igual que estas comunidades españolas, distintos países europeos sufren este mismo problema, por lo que resulta imprescindible una estrategia común y, lo que aún es más importante, una visión global del mismo.
 
El viejo continente se enfrenta a una paradoja en materia de población. Frente a grandes núcleos superpoblados, en gran parte por el fenómeno de la emigración, existen importantes zonas sin apenas vecinos, en los que el envejecimiento de la población no hace sino agravar la situación. Hasta ahora, la mayor parte de los esfuerzos se han dedicado a solventar los problemas específicos de esas macrourbes, dejando de lado el otro lado de la balanza.
 
Creo que ha llegado el momento, sin embargo, de comenzar a fijar la vista en este asunto para poner en marcha medidas que ayuden a paliarlo. Pero eso es muy difícil si se sigue  vinculando la financiación de las comunidades autónomas al volumen total de población, sin hacer ajustes reales en función de la densidad geográfica. Con estas políticas se está demostrando que no ve la despoblación o la dispersión como un problema.
 
Jesús Martínez Madrid

 

Política destructiva: “un ejemplo”

                                No se necesita ser “un lince o un Pitágoras”, para deducir por uno mismo, el principal motivo del gran fracaso de la civilización actual, puesto que el mismo es sencillamente, “una política de ladrones, de bandidos sin escrúpulos y de parásitos que viven a costa del que trabaja y produce; no lo puedo resumir más o mejor.

                                Y como he hablado del Maestro de Maestros (Pitágoras) en sus enseñanzas a los gobernantes aseveraba… “Gobernad manteniendo en un término medio a vuestros gobernados… pobres se envilecen, ricos se llenan de soberbia”; más o menos puesto que estoy citando de memoria.

                                Pensadores no han faltado en todos los tiempos, lo que ocurrió y ocurre, es que en el individuo terráqueo en inmensa mayoría sólo funcionan por dos motores y que son “la panza y el bolsillo”; reproduzco a continuación otro pensamiento y este de una mujer del pasado siglo y que entre sus muchas experiencias, tuvo la de vivir en la “URSS”, de la que huyó tan pronto pudo; analicemos a fondo lo que dijo. "Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican, no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un auto-sacrificio, entonces podrá afirmar sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada." Ayn Rand (1950) (conviene buscar y leer sus obras)

                                El ejemplo que digo al principio, lo tengo cerca de mí y en él vivo; se trata de mí mismo ayuntamiento (Jaén-Andalucía-España) manejado por inútiles y depredadores y que si hoy existe, es que por ley no puede quebrar y hay que mantenerlo “contra viento y marea”; pero por lógica, debiera ser disuelto, todos sus empleados y dirigentes a la calle y organizarlo de nuevo, contratando a nuevo personal incluso del que hoy hay y que es imprescindible. Un ayuntamiento es ante todo “una empresa” y como tal debe ser valorada y anulada totalmente cuando llega la quiebra, llevando a sus responsables ante los tribunales y que respondan con arreglo a las leyes empresariales.

                                AYUNTAMIENTO DE LA BIMILENARIA CIUDAD DE JAÉN (La historia la data ya en las “Guerras Púnicas”): El municipio está hoy en mayor decadencia que en general está la decadente España actual; cuenta con unos 112.000 habitantes, habiendo perdido varios miles en los últimos años; y aun así su historial de plantilla de empleados es la siguiente: En el 2011 llegó a tener 1.667 empleados[i] (debido principalmente al nepotismo y abuso de los partidos que han gobernado); el alcalde actual se puso un sueldo de “ministro nacional” y al resto se les paga mucho más de lo que debiera ser normal con arreglo a los salarios que hoy se aplican en la sociedad productiva y privada. Por departamentos hay en la actualidad los siguientes (los que faltan hasta la cifra citada, el periódico citado omite sus destinos) Policía municipal: hay 195, por tanto y si como leí hace tiempo, lo idóneo es uno por millar de habitantes, sobran casi la mitad; bomberos hay 70, lo que también y con arreglo a la población considero es un número excesivo (aun dicen que hay que contratar más policías y más bomberos): en recaudación tienen 55 empleados y aun así no son capaces de recaudar todo lo recaudable o cantidad óptima que justifique este “regimiento de empleados”; para el mantenimiento urbano tienen 69; cantidad no suficiente por cuanto la ciudad está sucia por demás y muy abandonada. Para el medio ambiente 41 (¿qué hacen? Para mí es un misterio): Para la limpieza 30 (si bien la tienen subcontratada a una multinacional, por lo que no me explico este apartado). Para los dos mercados que hay, tienen 30. Banda de música 34. Para cultura 98. Para deportes 86. Asuntos Sociales, 142; Gerencia de Urbanismo 38; “Imefe, 27” (no sé lo que esto es) C. Especial de empleo, 78; faltan muchos otros “chiringuitos o covachuelas” por enumerar y donde van una emisora de radio, otra de televisión (con posiblemente más empleados que tenga la de Nueva York, si es que allí el municipio los tiene); o sea que han ido creando departamentos a capricho del que en su momento manejó los fondos municipales y ahora les sobran casi todos, puesto que en 1996 el ya sobrecargado ayuntamiento, sólo tenía 669 empleados; huelgan pues más comentarios por cuanto esto ya puede ser considerado como delictivo por derroches innecesarios en un dinero público y que nos sacan al contribuyente sin piedad ni justificación alguna. Tan es así, que ya hasta el Ministerio de Hacienda, ha enviado carta a los ayuntamientos, pidiéndoles que “eliminen todo lo superfluo”.

                                Si pasamos a las administraciones mayores; las autonomías son ruinosas para la nación, pero las mantienen para meter “ejércitos de parásitos”; en resumidas cuentas, que un país con algo más de 45 millones de habitantes, ha acumulado hasta casi 3.300.000 empleados (Japón no llega al millón con triple población) y aun así, “arreglar papeles oficiales es un infierno y un martirio duro y duradero, todo son inconvenientes”; los impuestos ya son insoportables y todo ello trae todo lo demás, de pudrición, vagancia, subvencionamientos, etc. etc.; de ahí las deudas insoportables de todo lo público y la quiebra que en general ya tiene España encima; pero no conozco ningún caso de que alguien esté en la cárcel por tantos “abusos” claros y manifiestos; por ello esta nación que aún se denomina España, es un milagro y un misterio que nadie sabe o mejor dicho quiere saber. Aun así la caterva de políticos electos actuales, anda “tirándose los trastos a la cabeza” y no preocupándose de la realidad de este país y lo que en realidad necesitamos ya como el agua para beber. PESE A TODO ELLO ESTOS INÚTILES NOS DICEN QUE LLEVAMOS 40 AÑOS DE PROGRESO… ¡PROGRESO QUE A LA VISTA ESTÁ!

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y http://blogs.periodistadigital.com/nomentiras.php

[i][i][i][i] (Diario local VivaJaén del 22 de Julio 2016)

 

 

 

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