Las Noticias de hoy 20 Mayo 2020

Enviado por adminideas el Mié, 20/05/2020 - 13:38

ENCÍCLICA LAUDATO SI' SOBRE EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN | Comisión ...

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 20 de mayo de 2020   

Indice:

ROME REPORTS

Videomensaje del Papa dedicado a Juan Pablo II, “un grande de la misericordia”

Semana Laudato Si’: 5º aniversario de la Encíclica del Papa Francisco

LOS FRUTOS EN EL APOSTOLADO: Francisco Fernandez Carbajal

“Cuéntale todo lo que te pasa, hónrala”: San Josemaria

«Guadalupe nos enseña a vivir las dificultades con una normalidad heroica»

El camino de la liberación: del pecado a la gracia: José Brage

¿Sabes cómo hacer el Decenario al Espíritu Santo?

El mensaje de la Virgen en Fátima

La Virgen María es mujer: Rosa Corazón 

Juan Pablo II: un gran faro doctrinal en el cambio de milenio: Salvador Bernal 

La forma extraordinaria del matrimonio canónico: Daniel Tirapu

Cerebro – mente,  mente - cerebro.: José Luis Velayos

LO QUE SALVARÍA A LA FAMILIA: Isidro García Robles

Las lágrimas de la mujer de Sajarov, no creyente, tras dos horas con Juan Pablo II: «Todo él es luz»

Con mucha pena, es cierto, y a la vez con mucha paz.: Pedro García

El virus de la indiferencia: Suso do Madrid

Minimizar las libertades: Valentín Abelenda Carrillo

La imprecisión y la confusión: Domingo Martínez Madrid

Economía y como siempre “catalanes y vascos”:  Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Videomensaje del Papa dedicado a Juan Pablo II, “un grande de la misericordia”

100 años de su nacimiento

MAYO 19, 2020 11:07ROSA DIE ALCOLEAJUAN PABLO IIPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 19 mayo 2020).- Con motivo del 100 cumpleaños del papa Karol Wojtyla, el Santo Padre Francisco lanzó un mensaje en video, recordándolo como “un grande de la misericordia” y dirigiéndose a los jóvenes de Cracovia, pensando “en lo mucho que él amaba a los jóvenes”.

En el videomensaje, difundido el mismo día del aniversario, 18 de mayo de 2020, por la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el Papa recuerda algunos frutos del pontificado de san Juan Pablo II, iniciado el 16 de octubre de 1978: La Encíclica Dives in Misericordia, la canonización de Santa Faustina –cuya fiesta litúrgica fue establecida por Francisco para el 5 de octubre– y la institución del Domingo de la Divina Misericordia.

Algo primordial en el carisma de Juan Pablo II es que “captaba la especificidad y la belleza de la vocación de las mujeres y los hombres, entendía las necesidades de los niños, los jóvenes y los adultos, considerando también los condicionamientos culturales y sociales”, ha descrito Francisco.

Amor y cuidado de la familia

San Juan Pablo II fue un “extraordinario don de Dios” a la Iglesia y a Polonia, su tierra natal. Su peregrinación terrenal, que comenzó el 18 de mayo de 1920 en Wadowice y terminó hace 15 años en Roma, “estuvo marcada por la pasión por la vida y la fascinación por el misterio de Dios, del mundo y del ser humano”, recuerda Francisco.

Así, el Santo Padre destaca un rasgo característico del “papa peregrino”: el amor y el cuidado de la familia, y anima a los jóvenes a seguir su ejemplo: “Cada uno y cada una de vosotros, queridos chicos y chicas, lleva la huella de su familia, con sus alegrías y sus penas”.

“Queridos jóvenes, esto es lo que deseo para cada uno de vosotros: entrar en Cristo con toda vuestra vida”, exhorta Francisco en el video. “Espero que las celebraciones del centenario del nacimiento de san Juan Pablo II inspiren en vosotros el deseo de caminar con valentía con Jesús, que es ‘el Señor del riesgo, es el Señor del siempre ‘más allá’”.

 

Semana Laudato Si’: 5º aniversario de la Encíclica del Papa Francisco

24 de mayo, momento de oración mundial

MAYO 19, 2020 11:30LARISSA I. LÓPEZNATURALEZA Y AMBIENTEPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 19 mayo 2020)-. La Semana Laudato Si’, celebrada del 17 al 24 de mayo, es una iniciativa global impulsada por el Papa Francisco para celebrar el 5º aniversario de esta Carta Encíclica que profundiza en la necesidad del cuidado de la casa común.

Bajo el lema “Todo está conectado”, esta propuesta convoca a los católicos y personas de buena voluntad de todo el mundo a que se unan a la reflexión, la oración y las acciones necesarias para proteger la casa común.

Agenda de eventos

Para ello, en la página oficial de este proyecto, se ha dispuesto una agenda de eventos interactivos en línea que culminarán con un espacio de oración mundial el próximo 24 de mayo al mediodía (hora de Roma).

Las actividades pueden ser encontrados por fecha o palabra clave en el buscador, pero también está disponible una lista de los eventos en español y los links para acceder a ellos.

Entre las citas programadas se encuentran webinars, reflexiones, experiencias, rezo del Rosario por la tierra, momentos de oración…en torno al tema señalado y celebradas en España y Latinoamérica.

Preámbulo al “Tiempo de la Creación”

De acuerdo al sitio oficial de la iniciativa, la Semana Laudato Si’ inaugura un proceso de transformación de un año de duración, “a medida que atravesamos la crisis del momento actual rezando, reflexionando y preparándonos juntos para un mundo mejor en el futuro”.

Esta constituye una preparación para actuar en septiembre de 2020 en el Tiempo de la Creación, al cual el Papa Francisco llama a celebrar anualmente desde la oración y la acción a favor de la casa común.

El Tiempo de la Creación constituye una celebración anual de oración y acción para proteger la creación que se celebra entre el 1 de septiembre y el 4 de octubre de cada año. Promovida por varios líderes religiosos de distintas partes del mundo, en ella participan cristianos de todas las denominaciones.

Enseñanzas de la Encíclica

El Dicasterio para el Servicio de Desarrollo Humano Integral, por su parte y según Vatican News, insiste en el valor de las enseñanzas de la Encíclica dado el contexto que estamos viviendo a raíz de la expansión del coronavirus y la visión de la encíclica Laudato Si’, que exhorta a construir y vivir en un mundo mucho más justo y sostenible.

Esto, indican, depende en gran parte de nuestras prácticas cotidianas y la adopción de políticas públicas que estén más allá de las buenas intenciones.

Invitación del Papa Francisco

“Cuidemos la creación, don de nuestro buen Dios Creador. Celebremos juntos la Semana Laudato Si’”. Con estas palabras, el propio Francisco invitó a participar en esta iniciativa en un videomensaje difundido el pasado 3 de marzo de 2020.

Igualmente, el pasado domingo, durante el Regina Coeli, el Santo Padre recordó el comienzo de este evento semanal indicando que “en estos tiempos de pandemia, en los que estamos más consciente de la importancia de cuidar nuestro hogar común, espero que toda la reflexión y compromiso común ayuden a crear y fortalecer actitudes constructivas para el cuidado de la creación”.

De acuerdo a una nota difundida por Movimiento Católico Mundial por el Clima, con cerca de un sexto de la población mundial organizada en más de 220.000 parroquias en todo el mundo, la Iglesia Católica desempeña un papel único y vital para hacer frente a la crisis ambiental.

 

 

LOS FRUTOS EN EL APOSTOLADO

— Anunciar íntegra la doctrina de Jesucristo. El ejemplo de San Pablo y de los primeros cristianos.

— Sembrar siempre; los frutos los da Dios. Constancia en el apostolado.

— El puesto singular de la mujer en la evangelización de la familia.

I. La lectura de la Misa nos muestra el espíritu apostólico de San Pablo en medio de un mundo pagano. En Atenas, en el Areópago, el Apóstol predica la esencia de la fe cristiana teniendo en cuenta la mentalidad y la ignorancia de los oyentes, pero sin omitir las verdades fundamentales. Conocía bien que la doctrina que predicaba chocaría fuertemente en los oídos de los atenienses, pero no la adapta, deformándola, para hacerla más «comprensible». De hecho, al oír resurrección de los muertos, unos lo tomaban a broma y otros dijeron, mientras le abandonaban: De esto te oiremos hablar en otra ocasión1.

San Pablo se marchó de allí y se dirigió a Corinto. Mucho tiempo después todavía tenía en su alma el suceso del Areópago, «ante unos atenienses que eran amigos de los nuevos sermones, pero que no hacían caso de ellos ni se preocupaban de su contenido: solo les interesaba tener algo nuevo de qué hablar»2. A nosotros nos recuerda hoy este pasaje que el cristiano ha de enseñar la doctrina de Cristo, la única que salva, y no la más popular, la que podría tener más «éxito» en sentido humano, la que podría estar en consonancia con la moda del momento o con los gustos de los tiempos o de los pueblos.

Los Apóstoles predicaron la integridad del Evangelio, y así lo ha hecho también la Iglesia a través de los siglos. «Todas las verdades y todos los preceptos de Cristo, incluso los más exigentes, sin callar o desvirtuar nada, fueron las cosas enseñadas por San Pablo. Habló de la humildad, de la abnegación, de la castidad, del desprendimiento de las cosas terrenas, de la obediencia... Y no temió dejar bien claro que es necesario elegir entre el servicio de Dios y el servicio de Belial, porque no es posible servir a los dos. Que todos, después de la muerte, habrán de someterse a un juicio tremendo. Que nadie puede mercadear con Dios. Que solo se puede esperar la vida eterna si se observan las leyes divinas. Que si se incumplen estas leyes haciendo concesiones a los placeres, no se puede esperar más que el fuego eterno... Jamás el Predicador de la verdad pensó que tenía que omitir estos temas porque podían parecer demasiado duros a quienes le escuchaban, dada la corrupción de aquellos tiempos»3. Igual nosotros.

Quien anuncia a Cristo tendrá que acostumbrarse a ser impopular en ocasiones, a no tener «éxito» en sentido humano, a ir contra corriente, sin ocultar los aspectos de la doctrina de Cristo que resultan más exigentes: sentido de la mortificación, honradez y honestidad en los negocios y en el desarrollo de la actividad profesional, generosidad en el número de hijos, castidad y pureza en el matrimonio y fuera de él, valor de la virginidad y del celibato por amor a Cristo... Porque no tenemos otras recetas para curar a este mundo enfermo: «¿Desde cuándo un médico da medicinas inútiles a sus pacientes, porque tiene miedo de prescribir las que son útiles?»4.

En un mundo que se presenta en muchos aspectos alejado de Dios y del pensamiento cristiano, «se impone a todos los cristianos la dulcísima obligación de trabajar para que el mensaje divino de la revelación sea conocido y aceptado por todos los hombres de cualquier lugar de la tierra»5. La primera obligación será, de ordinario, orientar nuestro apostolado hacia las personas que Dios ha puesto a nuestro lado, a los que están más cerca, a los que tratamos con frecuencia. Y siempre con oportunidad, haciendo amable y atrayente la doctrina del Señor. Porque tampoco se atrae a los demás a la fe siendo intemperantes o intempestivos, sino con afecto, con bondad, con paciencia.

II. El Señor, de forma muchas veces insospechada, hace fructificar nuestra oración y nuestros esfuerzos: Mis elegidos no trabajarán en vano6, nos ha prometido. Y en la Antífona de comunión leemos hoy las consoladoras palabras del Señor: Soy yo quien os he elegido del mundo y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure7.

La misión apostólica unas veces es siembra, sin frutos visibles, y otras recolección, quizá de lo que otros sembraron con su palabra, con su dolor oculto desde la cama de un hospital, o desde un trabajo escondido y sin brillo. En ambos casos, el Señor quiere que se alegren juntamente el sembrador y el segador8.

Si los frutos tardaran en llegar o nos asaltara la tentación de juzgar el valor de nuestros esfuerzos por sus resultados inmediatos, no debemos olvidar que en ocasiones no veremos las espigas granadas; otros las recolectarán. Nos pide el Señor que sembremos sin descanso y que experimentemos la alegría del labrador, seguro de que ya brotará algún día la semilla que arrojó al surco. Así evitaremos el desánimo, síntoma muchas veces de falta de rectitud de intención, de no estar trabajando para el Señor, sino para afirmar nuestro yo. Lo que nosotros no podamos acabar, otros lo terminarán.

No pretendamos tampoco arrancar el fruto antes de que esté maduro. «No estropeemos la flor abriéndola con nuestros dedos. La flor se abrirá y el fruto madurará en la estación y en la hora que solo Dios sabe. A nosotros nos toca sembrar, regar... y esperar»9. La constancia y la paciencia son virtudes esenciales para toda tarea apostólica; ambas son manifestaciones de la virtud de la fortaleza.

El hombre paciente se parece al sembrador, que cuenta con el ritmo propio de la naturaleza y sabe realizar cada faena en el tiempo oportuno: el arado, la siembra, el riego, el abonado, la escarda, la recolección: una serie de tareas previas, antes de ver la harina dispuesta para el pan que alimentará a toda la familia. El impaciente querría comer sin sembrar. Si abandonáramos la lucha por la propia santidad y la de los demás porque no viéramos resultados, estaríamos manifestando una visión demasiado humana de nuestro quehacer apostólico, que contrasta abiertamente con la figura paciente de Jesús. Él sabe esperar días, semanas, meses y años antes de la conversión del pecador. Las almas necesitan un tiempo que nosotros no sabemos calcular. Hagamos bien la siembra y luego seamos pacientes; pidamos fortaleza para ser constantes.

III. De la predicación de San Pablo durante su estancia en Atenas surgió la primera comunidad cristiana en aquella ciudad: Algunos se le juntaron, entre ellos Dionisio el Areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos más10. Fueron la primera semilla plantada por el Espíritu Santo, de la que surgirían luego muchos hombres y mujeres fieles a Cristo.

La mujer convertida aparece consignada con su nombre: Dámaris. Es una de las numerosas mujeres que aparecen en el libro de los Hechos de los Apóstoles, como manifestación clara de que la predicación del Evangelio era universal. Los Apóstoles siguieron en todo el ejemplo del Señor, quien, a pesar de los prejuicios de la época, dirigió a mujeres y a hombres por igual el anuncio del Reino11.

San Lucas también nos ha dejado escrito que la evangelización de Europa se inició por una madre de familia, Lidia, quien comenzó enseguida su tarea apostólica por su propia familia, consiguiendo que recibieran el Bautismo todos los de su casa12. También entre los samaritanos fue una mujer la primera que recibió el mensaje de Cristo, y la primera que lo difundió entre los de su ciudad13.

El Evangelio nos muestra cómo las mujeres siguen y sirven al Señor, cómo están al pie de la Cruz y son las primeras junto al sepulcro vacío. No encontramos en ellas el menor signo de hipocresía en el trato con el Señor, ni injurias o deserciones.

San Pablo tuvo una profunda visión del papel que la mujer cristiana había de desempeñar como madre, esposa y hermana en la propagación del cristianismo. Se refleja en el tratamiento que les concede en su predicación y en sus cartas. Algunas de ellas son especialmente señaladas con agradecimiento por la ayuda sacrificada que le prestaron en su tarea evangelizadora.

En todas las épocas, también en la nuestra, la mujer desempeña un papel extraordinario en el apostolado y en la custodia de la fe. «La mujer está llamada a llevar a la familia, a la sociedad civil, a la Iglesia, algo característico, que le es propio y que solo ella puede dar: su delicada ternura, su generosidad incansable, su amor por lo concreto, su agudeza de ingenio, su capacidad de intuición, su piedad profunda y sencilla, su tenacidad...»14. La Iglesia espera de la mujer un compromiso y un testimonio en favor de todo aquello que constituye la verdadera dignidad de la persona humana y su felicidad más profunda.

Cuando estas cualidades, con las que Dios ha dotado a la personalidad de la mujer, son desarrolladas y actualizadas, «su vida y su trabajo serán realmente constructivos y fecundos, llenos de sentido, lo mismo si pasa el día dedicada a su marido y a sus hijos que si, habiendo renunciado al matrimonio por alguna razón noble, se ha entregado de lleno a otras tareas. Cada una en su propio camino, siendo fiel a la vocación humana y divina, puede realizar y realiza de hecho la plenitud de la personalidad femenina. No olvidemos que Santa María, Madre de Dios y Madre de los hombres, es no solo modelo, sino también prueba del valor trascendente que puede alcanzar una vida en apariencia sin relieve»15. A Ella le pedimos por los frutos de esa labor de la mujer en la familia, en la sociedad, en la Iglesia, y que haya siempre abundantes vocaciones de entrega a Dios.

1 Hech 17, 32. — 2 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Hechos de los Apóstoles, 39. — 3 Benedicto XV, Enc. Humanum genus. — 4 Ibídem. — 5 Conc. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 3. — 6 Is 65, 23. — 7 Jn 15, 16. — 8 Cfr. Jn 4, 36. — 9 G. Chevrot, El pozo de Sicar, Rialp, Madrid 1984, p. 4. — 10 Hech 17, 34. — 11 Cfr. Sagrada Biblia, Hechos de los Apóstoles, EUNSA, Pamplona 1984, p. 285. — 12 Cfr. Hech 16, 14. — 13 Cfr. Jn 1, ss. — 14 Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, 87. — 15 Ibídem.

 

 

“Cuéntale todo lo que te pasa, hónrala”

Ten una devoción intensa a Nuestra Madre. Ella sabe corresponder finamente a los obsequios que le hagamos. Además, si rezas todos los días, con espíritu de fe y de amor, el Santo Rosario, la Señora se encargará de llevarte muy lejos por el camino de su Hijo. (Surco, 691)

20 de mayo

¡Cuánto crecerían en nosotros las virtudes sobrenaturales, si lográsemos tratar de verdad a María, que es Madre Nuestra! Que no nos importe repetirle durante el día –con el corazón, sin necesidad de palabras– pequeñas oraciones, jaculatorias. La devoción cristiana ha reunido muchos de esos elogios encendidos en las Letanías que acompañan al Santo Rosario. Pero cada uno es libre de aumentarlas, dirigiéndole nuevas alabanzas, diciéndole lo que –por un santo pudor que Ella entiende y aprueba– no nos atreveríamos a pronunciar en voz alta.

Te aconsejo (...) que hagas, si no lo has hecho todavía, tu experiencia particular del amor materno de María. No basta saber que Ella es Madre, considerarla de este modo, hablar así de Ella. Es tu Madre y tú eres su hijo; te quiere como si fueras el hijo único suyo en este mundo. Trátala en consecuencia: cuéntale todo lo que te pasa, hónrala, quiérela. Nadie lo hará por ti, tan bien como tú, si tú no lo haces. (Amigos de Dios, 293)

 

 

«Guadalupe nos enseña a vivir las dificultades con una normalidad heroica»

El 18 de mayo de 2019, once mil personas asistían en Madrid a la beatificación de Guadalupe Ortiz de Landázuri, química, madrileña, primera mujer del Opus Dei en llegar a los altares. Y un año y una pandemia después, en la iglesia del Señor San José de Sevilla, un puñado de fieles asistía a la bendición de la imagen de la beata, dos por banco y con la sonrisa enmascarada pero con el mismo espíritu de Vistalegre. Otros muchos, seguían la ceremonia en una emisión en directo desde sus casas.

NOTICIAS20/05/2020

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El acto de bendición tuvo lugar al comienzo de la santa Misa en honor a Guadalupe Ortiz de Landázuri, oficiada por el vicario del Opus Dei para Andalucía y Occidental y Extremadura, Gabriel de Castro. “En esta primera fiesta de la nueva beata –expresó el oficiante durante la homilía– nos gustaría abarrotar esta iglesia para elevar un himno de alabanza y gratitud a Dios. En medio de estas difíciles circunstancias procuremos imitar la actitud siempre alegre de Guadalupe que solía repetir: Y yo tan contenta. No perdemos la alegría interior, ni tampoco la exterior: la sonrisa sincera –velada por las mascarillas– y la risa contagiosa, tan característica de Guadalupe”.

Gabriel de Castro, recordó oportunamente cómo las tres primeras chicas que fueron a las charlas de formación que comenzó Guadalupe en México —país en el que desarrolló la labor apostólica del Opus Dei durante varios años— le compusieron un corrido mexicano cuya letra decía: la sonrisa de Guadalupe es más contagiosa que una grave enfermedad.

El vicario del Opus Dei para Andalucía y Occidental y Extremadura, Gabriel de Castro

Desde ahora, los fieles sevillanos y los visitantes tienen un punto de referencia en este templo para recurrir a su intercesión ante Dios. Se trata de un cuadro pintado al óleo por el pintor gallego afincado en Sevilla, Arístides Artal, autor también del retablo.

El cuadro ocupará la pilastra izquierda que flanquea el presbiterio. Representa a la beata de perfil que, con mirada serena, parece dialogar en colores con la pintura del beato Álvaro del Portillo, primer sucesor de San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, que se encuentra en la pilastra derecha. Ambos, con fondo verde oscuro y marco envejecido, van en consonancia con todo el conjunto artístico.

 

El artista ha querido representar a una Guadalupe joven

El artista ha querido representar a una Guadalupe joven, “como una sibila moderna, una profetisa, al estilo de la de Delfos de Miguel Ángel, con un libro en las manos”, explica. Para la postura del cuerpo se ha inspirado “en La dama del armiño, de Leonardo Da Vinci, en este caso con ropas modestas, como las que vestiría para trabajar una chica de su tiempo”.

Artal suele recurrir a los clásicos en su obra, tiene “toda la historia del arte en su cabeza –añade– siguiendo el dicho atribuido al compositor Stravinsky “un buen compositor no imita, roba a los antiguos. En este caso, ha querido dar a Guadalupe una expresión espiritual. “Un cuadro tiene millones de lecturas, eso es lo bonito, pero fundamentalmente los cuadros de los santos tienen que tener unción e invitar a la oración”.

 

El cuadro ocupará la pilastra izquierda que flanquea el presbiterio. La pintura del beato Álvaro del Portillo ocupa la pilastra derecha

 

Guadalupe y Sevilla

En el transcurso de la homilía, el oficiante quiso resaltar también el vínculo de Guadalupe con la ciudad de Sevilla y en particular con el barrio donde está ubicada la iglesia del Señor San José. Se trata de impresiones sobre alguna visita, que quedaron recogidas en un diario: “En cuanto llegamos a Sevilla fuimos a visitar a Nuestra Madre en su santuario de la Macarena... Luego visitamos la catedral y subimos a la Giralda... El Alcázar, en cambio, estaba cerrado... Después de la merienda nos esperaban en la puerta cinco coches de caballos.... Recorrimos el barrio de Santa Cruz y el parque de María Luisa. Acabábamos de pasar por el puente de hierro cuando éste se levantó para dejar pasar un barco. Así es que el día no pudo ser más completo”.

Guadalupe valoraba, además, el carácter andaluz, como recoge en un recuerdo recabado para la ocasión, Carmen Puelles, antigua alumna de Guadalupe en el IES Santa Engracia de Madrid, y más tarde directora de ese centro educativo. “Recuerdo que cuando nos preguntaba al inicio del curso de dónde éramos y se lo íbamos diciendo, Guadalupe siempre tenía algo halagador de nuestro lugar de nacimiento. Al llegar a la alumna cordobesa, una compañera se río: ‘Andaluza, las que estáis de juerga siempre con vestidos de volantes, ferias, palmas y zapateos’. Y Guadalupe dijo: ‘La mujer andaluza es trabajadora, mujer curiosa, alegre, piadosa y he podido comprobar que lucha por su familia ferozmente y tiene tiempo también para bailar, dar palmas y rezar’. Yo, que soy vallisoletana y que casi pensaba como ella, más que nada por lo que oía, no volví nunca más a pensar así. Además luego me casé con un marido de origen andaluz y pude comprobar que era cierto lo que nos dijo Guadalupe”.

 

 

Desde ahora, los fieles sevillanos y los visitantes tienen otro punto de referencia en este templo para recurrir a su intercesión ante Dios

 

El lunes, día en que se bendijo el cuadro de Guadalupe, se cumplía también el centenario del nacimiento de Juan Pablo II y Gabriel de Castro quiso recordar en la homilía cómo el papa definió a San Josemaría como el santo de lo ordinario. “De Guadalupe, hija fidelísima de su espíritu –continuó el vicario-, podemos decir que es una beata de lo normal; una santidad de la normalidad entendida no solo como ocasión y medio de encuentro con Dios. Guadalupe vivió las dificultades, a veces heroicas –pensamos, por ejemplo, en el episodio del fusilamiento de su padre, en la roturación de los comienzos de la labor en México, en las limitaciones de su enfermedad cardiaca– con normalidad heroica”.

 

 

El camino de la liberación: del pecado a la gracia

Si el pecado entró en la humanidad por un ejercicio equivocado de la libertad, el «hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38) que pronunció María abrió una nueva etapa en la Historia: el Hijo de Dios bajó a la tierra para entregar su vida en un acto supremo de libertad, por estar originado en el Amor.

LA LUZ DE LA FE30/06/2018

Después de que Adán y Eva comieran del fruto del árbol prohibido, el Señor «echó al hombre, y a oriente del jardín de Edén colocó a los querubines y una espada llameante que brillaba, para cerrar el camino del árbol de la vida» (Gn 3,24). Comenzaba así el drama de la historia humana: el hombre y la mujer caminarían como exiliados de su verdadera patria, que se caracterizaba por la comunión con Dios. Lo expresa maravillosamente Dante al comienzo de su Divina comedia: «A mitad del camino de la vida, / en una selva oscura me encontraba / porque mi ruta había extraviado»[1]. Sin embargo, este andar no es una noche sin luz; el Señor también anunció una esperanza: «Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; él te herirá en la cabeza, mientras tú le herirás en el talón» (Gn 3,15). La venida de Cristo marcaría el paso del pecado a la vida de la gracia.

La “culpa” original

Es el conocimiento de Dios lo que hace nacer el sentido de pecado, y no a la inversa. No alcanzaremos a comprender el pecado original y sus consecuencias mientras no percibamos, en primer lugar, la Bondad de Dios al crear al hombre, así como la grandeza de su destino. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma: «El primer hombre no fue solamente creado bueno, sino también constituido en la amistad con su creador y en armonía consigo mismo y con la creación en torno a él; amistad y armonía tales que no serán superadas más que por la gloria de la nueva creación en Cristo»[2].

ES EL CONOCIMIENTO DE DIOS LO QUE HACE NACER EL SENTIDO DE PECADO

El pecado de Adán y Eva introdujo una ruptura fundamental en la unidad interna del hombre. La sujeción de la voluntad humana a la Voluntad divina, que era como la piedra clave del arco de las facultades corpóreas y espirituales de la naturaleza humana, quedó rota por la desobediencia a Dios y, al quitar la clave, todo el arco se desmoronó. Como consecuencia, «la armonía en la que se encontraban, establecida gracias a la justicia original, queda destruida; el dominio de las facultades espirituales del alma sobre el cuerpo se quiebra (cf. Gn 3,7)»[3].

A este primer pecado, se le llama pecado original, y se transmite, junto con la naturaleza humana, de padres a hijos, con la única excepción, por especial privilegio de Dios, de la Santísima Virgen María. «Por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores» (Rom 5,19), dice San Pablo. Ciertamente, esta realidad es difícil de comprender, incluso un poco escandalosa para la conciencia actual: «Si yo no hice nada, ¿por qué voy a cargar con este pecado?».

El Catecismo de la Iglesia Católica afronta este tema: «es un pecado que será transmitido por propagación a toda la humanidad, es decir, por la transmisión de una naturaleza humana privada de la santidad y de la justicia originales. Por eso, el pecado original es llamado "pecado" de manera análoga[4]: es un pecado "contraído", "no cometido", un estado y no un acto»[5]. Reflexionando sobre este tema, Ronald Knox escribió que «se ahorraría muchísimo trabajo si llegásemos todos al acuerdo de llamar culpa original al pecado original. Porque el pecado, según la mentalidad del hombre corriente, es algo que él mismo comete, mientras que la culpa es algo que le puede corresponder sin falta alguna por su parte»[6].

Y esto es lo que sucede con el pecado original: nuestros primeros padres pecaron y, al hacerlo, perdieron la santidad y justicia originales que Dios les había otorgado, y su naturaleza quedó «herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al imperio de la muerte e inclinada al pecado»[7]. Y como nadie puede dejar en herencia lo que ya no posee, Adán y Eva no pudieron dejarnos lo que habían perdido: ese estado de santidad y justicia originales, y la naturaleza íntegra. Nos transmitieron su naturaleza, tal y como quedó en ese momento: herida por el pecado. Por eso pudo escribir san Agustín: «de ellos no nacería otra cosa que lo que ellos fueran. La enormidad de la culpa y la condenación consiguiente corrompió la naturaleza, y lo que en los primeros pecadores precedió como penal, en los descendientes vino a ser natural»[8].

Así pues, el pecado original es la causa del estado en que nos encontramos por la mala herencia recibida y, como afirma el Catecismo«no tiene, en ningún descendiente de Adán, un carácter de falta personal»[9]. Pero todos venimos al mundo afectados por sus consecuencias: cierta ignorancia en la inteligencia, una vida marcada por el sufrimiento, sometidos al imperio de la muerte, la voluntad inclinada al pecado y las pasiones desordenadas. Cualquier persona tiene la experiencia de esa disgregación, de esa incoherencia, de esa debilidad interna. ¡Cuántas veces nos proponemos algo que luego no hacemos!: llevar un régimen de comidas necesario para la salud, dedicar diariamente un tiempo a aprender un idioma, tratar con más dulzura a los hijos, no enfadarse con los padres o el cónyuge, no quejarse del trabajo, ayudar a un pobre o a un enfermo, acompañar con generosidad a los más vulnerables, hablar bien de los demás y alegrarse con sus éxitos, mirar con limpieza de corazón el mundo y a las personas… Por no hablar de las veces que hacemos precisamente lo que no queremos: dejarnos llevar por un arranque de ira injustificada, sucumbir a la pereza en vez de servir con amor, disculparnos con una mentira para no quedar mal, ceder a la curiosidad en internet…

EL PECADO ORIGINAL ES LA CAUSA DEL ESTADO EN QUE NOS ENCONTRAMOS POR LA MALA HERENCIA RECIBIDA

Se experimenta también la tiranía del deseo que, buscando vehemente un bien aparente, particular y limitado (un placer, un privilegio, el poder, la fama, el dinero, etc.), arrastra en su dirección una voluntad debilitada, y la desvía del bien íntegro y verdadero de la persona (la felicidad, la vida con Dios) que debería perseguir. Del mismo modo la inteligencia, luz para señalar ese fin verdadero, está oscurecida y corre el riesgo de transformarse en un simple instrumento para conseguir lo que una voluntad esclavizada por el deseo ya ha decidido buscar.

Pero no todo está maldito en el hombre, ni mucho menos. La naturaleza humana no está totalmente corrompida, conserva su bondad esencial. Venimos al mundo con las “semillas” de todas las virtudes, llamadas a desarrollarse con la ayuda de los demás, el ejercicio de nuestra libertad y la gracia de Dios. En realidad, la virtud corresponde más a lo que verdaderamente somos que el pecado, pues este último es siempre un acto contra la naturaleza, un «acto suicida»[10]. Benedicto XVI lo expresaba así: «Se dice: ha mentido, es humano. Ha robado, es humano. Pero esto no es realmente humano. Humano es ser generoso. Humano es ser bueno. Humano es ser un hombre de justicia»[11].

De la esclavitud a la liberación

En la raíz de todo pecado se halla la duda sobre Dios, la sospecha de que quizá no quiera o pueda hacernos felices: «¿Es tan bueno como dice ser? ¿No nos estará engañando?» «¿Con que Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?» (Gn 3,2), dice la serpiente a Eva. Y cuando ella contesta que no es así, que solo del árbol que está en medio del jardín tienen prohibido comer para no morir, la serpiente siembra el veneno de la desconfianza en su corazón: «No, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal» (Gn 3,4-5). En realidad, tras esta falsa promesa de libertad infinita, de autonomía absoluta de la voluntad (imposibles para una criatura), se esconde una gran mentira. Porque al intentar arreglárnoslas por nuestra cuenta, sin apoyarnos en Dios, aparece el cortejo del mal que nos esclaviza y encadena, porque nos impide ser felices con Dios.

El pecado puede aparecer porque somos libres, vive de esa libertad, pero acaba matándola. Promete mucho y no da más que dolor. Es un engaño que nos convierte en «esclavos del pecado» (Rom 6,17). Por eso: «el mal no es una criatura, sino algo parecido a una planta parásita. Vive de lo que arrebata a otros y al final se mata a sí mismo igual que lo hace la planta parásita cuando se apodera de su hospedante y lo mata»[12].

Si el pecado entró en la humanidad por un ejercicio equivocado de la libertad, el remedio a este y el inicio de una vida nueva también entró por la decisión libre. El «hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38) que pronunció Nuestra Señora de una manera plenamente libre abre una nueva etapa en la historia, la plenitud de los tiempos. Así, el Hijo de Dios bajó a la tierra para entregar su vida en un acto supremo de libertad, por estar originado en el amor: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú» (Mt 26,39). Y ahora nos eleva, para que podamos responder porque me da la gana a su invitación de vivir la «libertad gloriosa de los hijos de Dios» (Rom 8,21).

Es precisamente con nuestra libertad de hijos de Dios como podemos volver a dejarnos mirar y curar por el Señor, acudiendo con humildad a Él, que nos renueva interiormente con su gracia. Aprendemos así que «la voluntad de Dios no es para el hombre una ley impuesta desde fuera, que lo obliga, sino la medida intrínseca de su naturaleza, una medida que está inscrita en él y lo hace imagen de Dios, y así criatura libre»[13]. En realidad, Dios es el garante de nuestra libertad. Es libre quien se deja amar por Dios, quien no desconfía de Él, quien cree en su Amor. Con la fe desaparecen los límites que nos imponen la duda, la mentira, la ceguera y el sinsentido. Con la esperanza se derrumban el miedo, el desánimo, la inquietud, la culpabilidad que nos atenazan. Con la caridad dejamos atrás el egoísmo, la avaricia, el repliegue sobre uno mismo, las frustraciones y amarguras que reducen la medida de nuestra vida.

La gracia de Dios

LA RESPUESTA DE DIOS A NUESTROS PECADOS ES LA ENCARNACIÓN Y REDENCIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

San Juan Pablo II escribió en su último libro que «la Redención es el límite divino impuesto al mal por la simple razón de que en ella el mal es vencido radicalmente por el bien, el odio por el amor, la muerte por la Resurrección»[14]. La respuesta de Dios a nuestros pecados es la Encarnación y Redención de Nuestro Señor Jesucristo. «Jesucristo fue entregado por nuestros pecados» (Rom 4, 25), afirma san Pablo. Él nos reconcilia con Dios, nos libera de la esclavitud del pecado, y nos concede el don de la gracia: «un don gratuito de Dios, por el que nos hace partícipes de su vida trinitaria y capaces de obrar por amor a Él»[15]. No deberíamos acostumbrarnos a esta realidad: la gracia es un don inmerecido, una participación en la vida divina, nos introduce en la intimidad amorosa de Dios, y nos hace capaces de obrar de un modo nuevo: como hijos de Dios.

La gracia es mucho más abundante que el pecado: «donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia» (Rom 5,20). Y mucho más fuerte. En una famosa novela, la protagonista acude al confesonario y, una vez allí, manifiesta su pecado calificándolo como gravísimo. La respuesta que escucha del confesor es esta: «No, hija mía –decía tranquilamente y casi con frialdad–, usted no ha ofendido a Dios más gravemente que una infinidad de hombres: ¡sea usted humilde incluso en la confesión de su pecado! Grande, en su vida, sólo ha sido la Gracia; sólo la Gracia es siempre grande. El pecado en sí, su propio pecado, es pequeño y corriente»[16]. Por eso san Josemaría podía afirmar: «Nuestro Padre del Cielo perdona cualquier ofensa, cuando el hijo vuelve de nuevo a Él, cuando se arrepiente y pide perdón. Nuestro Señor es tan Padre, que previene nuestros deseos de ser perdonados, y se adelanta, abriéndonos los brazos con su gracia»[17]. Una gracia que se nos concede abundantemente en la oración y los sacramentos. Y que se recupera, si se ha perdido por el pecado grave, en el sacramento de la Penitencia[18].

Uno de los himnos de la Liturgia de las Horas reza así: «Restaña, Señor, con el rocío de tu gracia, las heridas de nuestra alma enferma, para que, sofocando los malos deseos, deplore sus pecados con lágrimas»[19]. La gracia sana las heridas del pecado en nuestra alma: identifica la voluntad humana con la Voluntad Divina mediante el amor de Dios, ilumina la inteligencia mediante la fe, ordena las pasiones al fin verdadero del hombre y las somete a la razón, etc. En una palabra: es la medicina de todo nuestro ser. En definitiva: «Nada hay mejor en el mundo que estar en gracia de Dios»[20].

Quizás algunas personas se preguntan: «si la gracia de Dios es tan poderosa, ¿por qué no tiene efectos más decisivos en las personas?» De nuevo tropezamos con el misterio de la libertad humana. La gracia «previene, prepara y suscita la libre respuesta del hombre»[21], pero no fuerza esa libertad. «Quien te creó sin ti no te salvará sin ti»[22], sentenció san Agustín. Tenemos a nuestra disposición una central nuclear con miles de megavatios, pero hemos de conectar la red de nuestra casa si queremos que esa energía nos ilumine, caliente y aproveche. Hemos de recibir la gracia con humildad, agradecimiento y arrepentimiento de nuestros pecados, y luchar con amor por seguir dócilmente sus impulsos. Sin perder nunca de vista, como nos recuerda el Papa Francisco, que «esta lucha es muy bella, porque nos permite celebrar cada vez que el Señor vence en nuestra vida»[23]. Evitaremos así todo asomo de voluntarismo, conscientes de la absoluta prioridad de la gracia en nuestra vida.

LA GRACIA «PREVIENE, PREPARA Y SUSCITA LA LIBRE RESPUESTA DEL HOMBRE» (COMPENDIO CATECISMO) , PERO NO FUERZA ESA LIBERTAD

Pero es que, además, «en esta vida las fragilidades humanas no son sanadas completa y definitivamente por la gracia»[24]. «La gracia, precisamente porque supone nuestra naturaleza, no nos hace superhombres de golpe. Pretenderlo sería confiar demasiado en nosotros mismos (…). Porque si no advertimos nuestra realidad concreta y limitada, tampoco podremos ver los pasos reales y posibles que el Señor nos pide en cada momento, después de habernos capacitado y cautivado con su don. La gracia actúa históricamente y, de ordinario, nos toma y transforma de una forma progresiva. Por ello, si rechazamos esta manera histórica y progresiva, de hecho, podemos llegar a negarla y bloquearla, aunque la exaltemos con nuestras palabras»[25]. Dios es delicado y respetuoso con nosotros. Así reflexionaba en una ocasión el cardenal Ratzinger: «Yo creo que Dios ha irrumpido en la historia de una forma mucho más suave de lo que nos hubiera gustado. Pero así es su respuesta a la libertad. Y si nosotros deseamos y aprobamos que Dios respete la libertad, debemos respetar y amar la suavidad de sus manos»[26]. Que es tanto como decir: amar la suavidad de su gracia.

José Brage

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Bibliografía editoriales sobre el pecado y la gracia

Lecturas recomendadas

Catecismo de la Iglesia Católica nn. 374-421, 1846-1876 y 1987-2029.

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 72-78 y 422-428.

- San Juan Pablo II, Exhortación apostólica “Reconciliatio et Paenitentia” (2-XII-1984).

- Concilio Vaticano II, Constitución pastoral “Gaudium et spes” (7-XII-1965), nn. 13, y 37.

- Benedicto XVI, Homilía (8-XII-2005); Discurso a los alumnos del Colegio Universitario Santa María de Twickenham, Londres, 17-IX-2010; Encuentro con los párrocos de la diócesis de Roma, el 18 de febrero de 2010.

- Francisco, Exhortación Apostólica “Gaudete et exultate” (19-III-2018), nn. 47-62 y 158-165 Palabras en la visita a Auschwitz, 29 de agosto de 2016, Palabras desde la ventana del Arzobispado de Cracovia, 29 de agosto de 2016.

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- Joseph Ratzinger, Creación y pecadoDios y el mundo, pag. 106-130: “Sobre la cración”.

- San Agustín, La Ciudad de Dios, Libros XIII y XIV: “La muerte como pena del pecado” y “El pecado y las pasiones”.

- Santiago Sanz, La elevación sobrenatural y el pecado original, en "Resúmenes de fe cristiana", tema 7 (www.opusdei.org).

- Juan Luis Lorda, Antropología teológica, EUNSA, Barañáin 2009, pag. 287-438.

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- Ronald Knox, El torrente oculto, Capítulo XVIII: “Pecado y perdón”.

- Thomas Merton, La montaña de los siete círculos.

- Dante Aligieri, La divina comedia.

- Evelyn Waugh, Retorno a Brideshead.


[1] DANTE ALIGHIERI, Divina comedia, Infierno, Canto I, 1-3.

[2] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 374.

[3] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 400.

[4] Conviene entender bien el concepto de analogía: es la relación de semejanza entre cosas distintas. Aplicado a nuestro caso: la caída original tiene semejanza con el pecado, pero es distinta del pecado personal.

[5] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 404.

[6] KNOX, R., El torrente oculto, Rialp, Madrid 2000, p. 266.

[7] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 405.

[8] SAN AGUSTÍN, La Ciudad de Dios, Libro XIII, III, 1.

[9] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 405.

[10] SAN JUAN PABLO II, Ex. Ap. Reconciliatio et Paenitentia (2-XII-1984), n. 15.

[11] BENEDICTO XVI, Encuentro con los párrocos de la diócesis de Roma, 18-II-2010.

[12] RATZINGER, J., Dios y el mundo, Galaxia Gutemberg, Barcelona 2002, p. 120.

[13] BENEDICTO XVI, Homilía, 8-XII-2005.

[14] SAN JUAN PABLO II, Memoria e identidad, La esfera de los libros, Madrid 2004, p. 36.

[15] Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 423.

[16] LE FORT, G. Von, El velo de Verónica, Encuentro, Madrid 1998, p. 314.

[17] SAN JOSEMARÍA, Es Cristo que pasa, n. 64.

[18] Cfr. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 310.

[19] Himno latino de Vísperas del martes de la XXV semana del Tiempo Ordinario.

[20] SAN JOSEMARÍA, Camino, n. 286.

[21] Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 425.

[22] Sermo 169, 13.

[23] FRANCISCO, Ex. Ap. Gaudete et exultate (19-III-2018), n. 158.

[24] Ibidem, n. 49.

[25] Ibidem, n. 50.

[26] RATZINGER, J., La sal de la tierra, Palabra, Madrid 1997, p. 238.

 

 

¿Sabes cómo hacer el Decenario al Espíritu Santo?

10 días de preparación para Pentecostés

El Decenario es una bonita y antigua costumbre con la que la Iglesia anima a sus fieles a preparar del mejor modo posible la venida del Espíritu Santo en Pentecostés.

Comienza 10 días antes de dicha fiesta, es decir, el día de la Ascensión de Jesús a los cielos. En ese día Jesucristo prometió a sus discípulos que les enviaría al Paráclito. Los discípulos permanecieron en Jerusalén en continua oración junto a María.

Son, por tanto, estos días una ocasión propicia para recordar aquella primera oración conjunta y prepararnos para celebrar la venida del Espíritu Santo.

Decenario al Espíritu Santo

“La víspera de empezar este Decenario, que es la víspera de la Ascensión gloriosa de nuestro Divino Redentor, nos debemos preparar, con resoluciones firmes, para emprender la vida interior, y emprendida esta vida, no abandonarla jamás.”    (Francisca Javiera del Valle)

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PRIMER DIA

Oración para comenzar

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.

Consideración para este día

Pentecostés, el día en que el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos del Señor

Los Hechos de los Apóstoles, al narrarnos los acontecimientos de aquel día de Pentecostés en el que el Espíritu Santo descendió en forma de lenguas de fuego sobre los discípulos de Nuestro Señor, nos hacen asistir a la gran manifestación del poder de Dios, con el que la Iglesia inició su camino entre las naciones.

La victoria que Cristo —con su obediencia, con su inmolación en la Cruz y con su Resurrección— había obtenido sobre la muerte y sobre el pecado, se reveló entonces en toda su divina claridad. Los discípulos, que ya eran testigos de la gloria del Resucitado, experimentaron en sí la fuerza del Espíritu Santo: sus inteligencias y sus corazones se abrieron a una luz nueva. Habían seguido a Cristo y acogido con fe sus enseñanzas, pero no acertaban siempre a penetrar del todo su sentido: era necesario que llegara el Espíritu de verdad, que les hiciera comprender todas las cosas.

Sabían que sólo en Jesús podían encontrar palabras de vida eterna, y estaban dispuestos a seguirle y a dar la vida por Él, pero eran débiles y, cuando llegó la hora de la prueba, huyeron, lo dejaron solo. El día de Pentecostés todo eso ha pasado: el Espíritu Santo, que es espíritu de fortaleza, los ha hecho firmes, seguros, audaces. La palabra de los Apóstoles resuena recia y vibrante por las calles y plazas de Jerusalén.

Oración para finalizar

Ven Oh Santo Espíritu, llena los
corazones de tus fieles y enciende en
ellos el fuego de tu amor.
V. Envía tu espíritu y serán creados
R. Y renovarás la faz de la tierra.

Oh Dios que has instruido los corazones de
los fieles con la luz del Espíritu Santo.
Concédenos según el mismo Espíritu,
conocer las cosas rectas y gozar siempre de
sus divinos consuelos. Por el mismo Cristo
nuestro Señor. Amén.

 

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SEGUNDO DIA

Oración para comenzar

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.

Consideración para este día

Vigencia y actualidad de la Pentecostés

La fuerza y el poder de Dios iluminan la faz de la tierra. El Espíritu Santo continúa asistiendo a la Iglesia de Cristo, para que sea —siempre y en todo— signo levantado ante las naciones, que anuncia a la humanidad la benevolencia y el amor de Dios. Por grandes que sean nuestras limitaciones, los hombres podemos mirar con confianza a los cielos y sentirnos llenos de alegría: Dios nos ama y nos libra de nuestros pecados. La presencia y la acción del Espíritu Santo en la Iglesia son la prenda y la anticipación de la felicidad eterna, de esa alegría y de esa paz que Dios nos depara. También nosotros, como aquellos primeros que se acercaron a San Pedro en el día de Pentecostés, hemos sido bautizados. En el bautismo, Nuestro Padre Dios ha tomado posesión de nuestras vidas, nos ha incorporado a la de Cristo y nos ha enviado el Espíritu Santo.

El Señor, nos dice la Escritura Santa, nos ha salvado haciéndonos renacer por el bautismo, renovándonos por el Espíritu Santo, que Él derramó copiosamente sobre nosotros por Jesucristo Salvador nuestro, para que, justificados por la gracia, vengamos a ser herederos de la vida eterna conforme a la esperanza que tenemos. La experiencia de nuestra debilidad y de nuestros fallos, la desedificación que puede producir el espectáculo doloroso de la pequeñez o incluso de la mezquindad de algunos que se llaman cristianos, el aparente fracaso o la desorientación de algunas empresas apostólicas, todo eso —el comprobar la realidad del pecado y de las limitaciones humanas— puede sin embargo constituir una prueba para nuestra fe, y hacer que se insinúen la tentación y la duda: ¿dónde están la fuerza y el poder de Dios? Es el momento de reaccionar, de practicar de manera más pura y más recia nuestra esperanza y, por tanto, de procurar que sea más firme nuestra fidelidad.

Oración para finalizar

Ven Oh Santo Espíritu, llena los
corazones de tus fieles y enciende en
ellos el fuego de tu amor.
V. Envía tu espíritu y serán creados
R. Y renovarás la faz de la tierra.

Oh Dios que has instruido los corazones de
los fieles con la luz del Espíritu Santo.
Concédenos según el mismo Espíritu,
conocer las cosas rectas y gozar siempre de
sus divinos consuelos. Por el mismo Cristo
nuestro Señor. Amén.

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TERCER DIA

Oración para comenzar

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.

Consideración para este día

La Iglesia, vivificada por el Espíritu Santo, es el Cuerpo Místico de Cristo

Permitidme narrar un suceso de mi vida personal, ocurrido hace ya muchos años. Un día un amigo de buen corazón, pero que no tenía fe, me dijo, mientras señalaba un mapamundi: mire, de norte a sur, y de este o oeste. ¿Qué quieres que mire?, le pregunté. Su respuesta fue: el fracaso deCristo. Tantos siglos, procurando meter en la vida de los hombres su doctrina, y vea los resultados. Me llené, en un primer momento de tristeza: es un gran dolor, en efecto, considerar que son muchos los que aún no conocen al Señor y que, entre los que le conocen, son muchos también los que viven como si no lo conocieran.

Pero esa sensación duró sólo un instante, para dejar paso al amor y al agradecimiento, porque Jesús ha querido hacer a cada hombre cooperador libre de su obra redentora. No ha fracasado: su doctrina y su vida están fecundando continuamente el mundo. La redención, por Él realizada, es suficiente y sobreabundante.

Dios no quiere esclavos, sino hijos, y respeta nuestra libertad. La salvación continúa y nosotros participamos en ella: es voluntad de Cristo que —según las palabras fuertes de San Pablo— cumplamos en nuestra carne, en nuestra vida, aquello que falta a su pasión, pro Corpore eius, quod est Ecclesia, en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia.

Vale la pena jugarse la vida, entregarse por entero, para corresponder al amor y a la confianza que Dios deposita en nosotros. Vale la pena, ante todo, que nos decidamos a tomar en serio nuestra fe cristiana. Al recitar el Credo, profesamos creer en Dios Padre todopoderoso, en su Hijo Jesucristo que murió y fue resucitado, en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida. Confesamos que la Iglesia, una santa, católica y apostólica, es el cuerpo de Cristo, animado por el Espíritu Santo. Nos alegramos ante la remisión de los pecados, y ante la esperanza de la resurrección futura. Pero, esas verdades ¿penetran hasta lo hondo del corazón o se quedan quizá en los labios? El mensaje divino de victoria, de alegría y de paz de la Pentecostés debe ser el fundamento inquebrantable en el modo de pensar, de reaccionar y de vivir de todo cristiano.

 

Oración para finalizar

Ven Oh Santo Espíritu, llena los
corazones de tus fieles y enciende en
ellos el fuego de tu amor.
V. Envía tu espíritu y serán creados
R. Y renovarás la faz de la tierra.

Oh Dios que has instruido los corazones de
los fieles con la luz del Espíritu Santo.
Concédenos según el mismo Espíritu,
conocer las cosas rectas y gozar siempre de
sus divinos consuelos. Por el mismo Cristo
nuestro Señor. Amén.

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CUARTO DÍA

Oración para comenzar

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.

Consideración para este día

Nuestra fe en el Espíritu Santo debe ser absoluta

Non est abbreviata manus Domini, no se ha hecho más corta la mano de Dios: no es menos poderoso Dios hoy que en otras épocas, ni menos verdadero su amor por los hombres. Nuestra fe nos enseña que la creación entera, el movimiento de la tierra y el de los astros, las acciones rectas de las criaturas y cuanto hay de positivo en el sucederse de la historia, todo, en una palabra, ha venido de Dios y a Dios se ordena. La acción del Espíritu Santo puede pasarnos inadvertida, porque Dios no nos da a conocer sus planes y porque el pecado del hombre enturbia y obscurece los dones divinos. Pero la fe nos recuerda que el Señor obra constantemente: es Él quien nos ha creado y nos mantiene en el ser; quien, con su gracia, conduce la creación entera hacia la libertad de la gloria de los hijos de Dios.

Por eso, la tradición cristiana ha resumido la actitud que debemos adoptar ante el Espíritu Santo en un solo concepto: docilidad. Ser sensibles a lo que el Espíritu divino promueve a nuestro alrededor y en nosotros mismos: a los carismas que distribuye, a los movimientos e instituciones que suscita, a los afectos y decisiones que hace nacer en nuestro corazón. El Espíritu Santo realiza en el mundo las obras de Dios: es —como dice el himno litúrgico— dador de las gracias, luz de los corazones, huésped del alma, descanso en el trabajo, consuelo en el llanto. Sin su ayuda nada hay en el hombre que sea inocente y valioso, pues es Él quien lava lo manchado, quien cura lo enfermo, quien enciende lo que está frío, quien endereza lo extraviado, quien conduce a los hombres hacia el puerto de la salvación y del gozo eterno. Pero esta fe nuestra en el Espíritu Santo ha de ser plena y completa: no es una creencia vaga en su presencia en el mundo, es una aceptación agradecida de los signos y realidades a los que, de una manera especial, ha querido vincular su fuerza. Cuando venga el Espíritu de verdad —anunció Jesús—, me glorificará porque recibirá de lo mío, y os lo anunciará. El Espíritu Santo es el Espíritu enviado por Cristo, para obrar en nosotros la santificación que Él nos mereció en la tierra.
No puede haber por eso fe en el Espíritu Santo, si no hay fe en Cristo, en la doctrina de Cristo, en los sacramentos de Cristo, en la Iglesia de Cristo. No es coherente con la fe cristiana, no cree verdaderamente en el Espíritu Santo quien no ama a la Iglesia, quien no tiene confianza en ella, quien se complace sólo en señalar las deficiencias y las limitaciones de los que la representan, quien la juzga desde fuera y es incapaz de sentirse hijo suyo. Me viene a la mente considerar hasta qué punto será extraordinariamente importante y abundantísima la acción del Divino Paráclito, mientras el sacerdote renueva el sacrificio del Calvario, al celebrar la Santa Misa en nuestros altares.

Oración para finalizar

Ven Oh Santo Espíritu, llena los
corazones de tus fieles y enciende en
ellos el fuego de tu amor.
V. Envía tu espíritu y serán creados
R. Y renovarás la faz de la tierra.

Oh Dios que has instruido los corazones de
los fieles con la luz del Espíritu Santo.
Concédenos según el mismo Espíritu,
conocer las cosas rectas y gozar siempre de
sus divinos consuelos. Por el mismo Cristo
nuestro Señor. Amén.

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QUINTO DIA

Oración para comenzar

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.

 

Consideración para este día

El Espíritu Santo está en medio de nosotros

Los cristianos llevamos los grandes tesoros de la gracia en vasos de barro; Dios ha confiado sus dones a la frágil y débil libertad humana y, aunque la fuerza del Señor ciertamente nos asiste, nuestra concupiscencia, nuestra comodidad y nuestro orgullo la rechazan a veces y nos llevan a caer en pecado. En muchas ocasiones, desde hace más de un cuarto de siglo, al recitar el Credo y afirmar mi fe en la divinidad de la Iglesia una, santa, católica y apostólica, añado a pesar de los pesares. Cuando he comentado esa costumbre mía y alguno me pregunta a qué quiero referirme, respondo: a tus pecados y a los míos.

Todo eso es cierto, pero no autoriza en modo alguno a juzgar a la Iglesia de manera humana, sin fe teologal, fijándose únicamente en la mayor o menor cualidad de determinados eclesiásticos o de ciertos cristianos. Proceder así, es quedarse en la superficie. Lo más importante en la Iglesia no es ver cómo respondemos los hombres, sino ver lo que hace Dios. La Iglesia es eso: Cristo presente entre nosotros; Dios que viene hacia la humanidad para salvarla, llamándonos con su revelación, santificándonos con su gracia, sosteniéndonos con su ayuda constante, en los pequeños y en los grandes combates de la vida diaria.

Podemos llegar a desconfiar de los hombres, y cada uno está obligado a desconfiar personalmente de sí mismo y a coronar sus jornadas con un mea culpa, con un acto de contrición hondo y sincero. Pero no tenemos derecho a dudar de Dios. Y dudar de la Iglesia, de su origen divino, de la eficacia salvadora de su predicación y de sus sacramentos, es dudar de Dios mismo, es no creer plenamente en la realidad de la venida del Espíritu Santo. Antes de que Cristo fuera crucificado —escribe San Juan Crisóstomo— no había ninguna reconciliación. Y, mientras no hubo reconciliación, no fue enviado el Espíritu Santo… La ausencia del Espíritu Santo era signo de la ira divina. Ahora que lo ves enviado en plenitud, no dudes de la reconciliación. Pero si preguntaron: ¿dónde está ahora el Espíritu Santo? Se podía hablar de su presencia cuando ocurrían milagros, cuando eran resucitados los muertos y curados los leprosos. ¿Cómo saber ahora que está de veras presente? No os preocupéis. Os demostraré que el Espíritu Santo está también ahora entre nosotros…

Si no existiera el Espíritu Santo, no podríamos decir: Señor, Jesús, pues nadie puede invocar a Jesús como Señor, si no es en el Espíritu Santo (1 Corintios XII, 3). Si no existiera el Espíritu Santo, no podríamos orar con confianza. Al rezar, en efecto, decimos: Padre nuestro que estás en los cielos (Mateo VI, 9). Si no existiera el Espíritu Santo no podríamos llamar Padre a Dios. ¿Cómo sabemos eso? Porque el apóstol nos enseña: Y, por ser hijos, envió Dios a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: Abba, Padre (Gálatas IV, 6).

Oración para finalizar

Ven Oh Santo Espíritu, llena los
corazones de tus fieles y enciende en
ellos el fuego de tu amor.
V. Envía tu espíritu y serán creados
R. Y renovarás la faz de la tierra.

Oh Dios que has instruido los corazones de
los fieles con la luz del Espíritu Santo.
Concédenos según el mismo Espíritu,
conocer las cosas rectas y gozar siempre de
sus divinos consuelos. Por el mismo Cristo
nuestro Señor. Amén.

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SEXTO DIA

Oración para comenzar

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.

 

Consideración para este 6º día

Dar a conocer el camino de la correspondencia a
la acción del Espíritu Santo

Veo todas las incidencias de la vida —las de cada existencia individual y, de alguna manera, las de las grandes encrucijadas de las historia— como otras tantas llamadas que Dios dirige a los hombres, para que se enfrenten con la verdad; y como ocasiones, que se nos ofrecen a los cristianos, para anunciar con nuestras obras ycon nuestras palabras ayudados por la gracia, el Espíritu al que pertenecemos.

Cada generación de cristianos ha de redimir, ha de santificar su propio tiempo: para eso, necesita comprender y compartir las ansias de los otros hombres, sus iguales, a fin de darles a conocer, con don de lenguas cómo deben corresponder a la acción del Espíritu Santo, a la efusión permanente de las riquezas del Corazón divino. A nosotros, los cristianos, nos corresponde anunciar en estos días, a ese mundo del que somos y en el que vivimos, el mensaje antiguo y nuevo del Evangelio.

No es verdad que toda la gente de hoy —así, en general y en bloque— esté cerrada, o permanezca indiferente, a lo que la fe cristiana enseña sobre el destino y el ser del hombre; no es cierto que los hombres de estos tiempos se ocupen sólo de las cosas de la tierra, y se desinteresen de mirar al cielo. Aunque no faltan ideologías —y personas que las sustentan— que están cerradas, hay en nuestra época anhelos grandes y actitudes rastreras, heroísmos y cobardías, ilusiones y desengaños; criaturas que sueñan con un mundo nuevo más justo y más humano, y otras que, quizá decepcionadas ante el fracaso de sus primitivos ideales, se refugian en el egoísmo de buscar sólo la propia tranquilidad, o en permanecer inmersas en el error.

A todos esos hombres y a todas esas mujeres, estén donde estén, en sus momentos de exaltación o en sus crisis y derrotas, les hemos de hacer llegar el anuncio solemne y tajante de San Pedro, durante los días que siguieron a la Pentecostés: Jesús es la piedra angular, el Redentor, el todo de nuestra vida, porque fuera de Él no se ha dado a los hombres otro nombre debajo del cielo, por el cual podamos ser salvos.

Oración para finalizar

Ven Oh Santo Espíritu, llena los
corazones de tus fieles y enciende en
ellos el fuego de tu amor.
V. Envía tu espíritu y serán creados
R. Y renovarás la faz de la tierra.

Oh Dios que has instruido los corazones de
los fieles con la luz del Espíritu Santo.
Concédenos según el mismo Espíritu,
conocer las cosas rectas y gozar siempre de
sus divinos consuelos. Por el mismo Cristo
nuestro Señor. Amén.

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SÉPTIMO DIA

Oración para comenzar

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.

 

Consideración para este día 7º

El don de la sabiduría nos permite conocer a Dios
y gozarnos en su presencia

Entre los dones del Espíritu Santo, diría que hay uno del que tenemos especial necesidad todos los cristianos: el don de sabiduría que, al hacernos conocer a Dios y gustar de Dios, nos coloca en condiciones de poder juzgar con verdad sobre las situaciones y las cosas de esta vida. Si fuéramos consecuentes con nuestra fe, al mirar a nuestro alrededor y contemplar el espectáculo de la historia y del mundo, no podríamos menos de sentir que se elevan en nuestro corazón los mismos sentimientos que animaron el de Jesucristo: al ver aquellas muchedumbres se compadecía de ellas, porque estaban malparadas y abatidas, como ovejas sin pastor.

No es que el cristiano no advierta todo lo bueno que hay en la humanidad, que no aprecie las limpias alegrías, que no participe en los afanes e ideales terrenos. Por el contrario, siente todoeso desde lo más recóndito de su alma, y lo comparte y lo vive con especial hondura, ya que conoce mejor que hombre alguno las profundidades del espíritu humano. La fe cristiana no achica el ánimo, ni cercena los impulsos nobles del alma, puesto que los agranda, al revelar su verdadero y más auténtico sentido: no estamos destinados a una felicidad cualquiera, porque hemos sido llamados a penetrar en la intimidad divina, a conocer y amar a Dios Padre, a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo y, en la Trinidad y en la Unidad de Dios, a todos los ángeles y a todos los hombres.

Esa es la gran osadía de la fe cristiana: proclamar el valor y la dignidad de la humana naturaleza, y afirmar que, mediante la gracia que nos eleva al orden sobrenatural, hemos sido creados para alcanzar la dignidad de hijos de Dios. Osadía ciertamente increíble, si no estuviera basada en el decreto salvador de Dios Padre, y no hubiera sido confirmada por la sangre de Cristo y reafirmada y hecha posible por la acción constante del Espíritu Santo. Hemos de vivir de fe, de crecer en la fe, hasta que se pueda decir de cada uno de nosotros, de cada cristiano, lo que escribía hace siglos uno de los grandes Doctores de la Iglesia oriental: de la misma manera que los cuerpos transparentes, nítidos, al recibir los rayos de luz, se vuelven resplandecientes e irradian brillo, las almas que son llevadas e ilustradas por el Espíritu Santo se vuelven también ellas espirituales y llevan a las demás la luz de la gracia.

Del Espíritu Santo proviene el conocimiento de las cosas futuras, la inteligencia de los misterios, la comprensión
de las verdades ocultas, la distribución de los dones, la ciudadanía celeste, la conversación con los ángeles. De Él, la alegría que nunca termina, la perseverancia en Dios, la semejanza con Dios y, lo más sublime que puede ser pensado, el hacerse Dios. La conciencia de la magnitud de la dignidad humana —de modo eminente, inefable, al ser constituidos por la gracia en hijos de Dios— junto con la humildad, forma en el cristiano una sola cosa, ya que no son nuestras fuerzas las que nos salvan y nos dan la vida, sino el favor divino.

 

Oración para finalizar

Ven Oh Santo Espíritu, llena los
corazones de tus fieles y enciende en
ellos el fuego de tu amor.
V. Envía tu espíritu y serán creados
R. Y renovarás la faz de la tierra.

Oh Dios que has instruido los corazones de
los fieles con la luz del Espíritu Santo.
Concédenos según el mismo Espíritu,
conocer las cosas rectas y gozar siempre de
sus divinos consuelos. Por el mismo Cristo
nuestro Señor. Amén.

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OCTAVO DÍA

Oración para comenzar

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.

Consideración para este 8º día

Vivir según el Espíritu Santo

Vivir según el Espíritu Santo es vivir de fe, de esperanza, de caridad; dejar que Dios tome posesión de nosotros y cambie de raíz nuestros corazones, para hacerlos a su medida. Una vida cristiana madura, honda y recia, es algo que no se improvisa, porque es el fruto del crecimiento en nosotros de la gracia de Dios. En los Hechos de los Apóstoles, se describe la situación de la primitiva comunidad cristiana con una frase breve, pero llena de sentido: perseveraban todos en las instrucciones de los Apóstoles, en la comunicación de la fracción del pan y en la oración.

Fue así como vivieron aquellos primeros, y como debemos vivir nosotros: la meditación de la doctrina de la fe hasta hacerla propia, el encuentro con Cristo en la Eucaristía, el diálogo personal —la oración sin anonimato— cara a cara con Dios, han de constituir como la substancia última de nuestra conducta. Si eso falta, habrá tal vez reflexión erudita, actividad más o menos intensa, devociones y prácticas. Pero no habrá auténtica existencia cristiana, porque faltará la compenetración con Cristo, la participación real y vivida en la obra divina de la salvación.

Es doctrina que se aplica a cualquier cristiano, porque todos estamos igualmente llamados a la santidad. No
hay cristianos de segunda categoría, obligados a poner en práctica sólo una versión rebajada del Evangelio:
todos hemos recibido el mismo Bautismo y, si bien existe una amplia diversidad de carismas y de situaciones humanas, uno mismo es el Espíritu que distribuye los dones divinos, una misma la fe, una misma la esperanza, una la caridad. Podemos, por tanto, tomar como dirigida a nosotros la pregunta que formula el Apóstol: ¿no sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu Santo mora en vosotros?, y recibirla como una invitación a un trato más personal y directo con Dios. Por desgracia el Paráclito es, para algunos cristianos, el Gran Desconocido.

Oración para finalizar

Ven Oh Santo Espíritu, llena los
corazones de tus fieles y enciende en
ellos el fuego de tu amor.
V. Envía tu espíritu y serán creados
R. Y renovarás la faz de la tierra.

Oh Dios que has instruido los corazones de
los fieles con la luz del Espíritu Santo.
Concédenos según el mismo Espíritu,
conocer las cosas rectas y gozar siempre de
sus divinos consuelos. Por el mismo Cristo
nuestro Señor. Amén.

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NOVENO DIA

Oración para comenzar

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.

Consideración para este 9º día

Docilidad, oración y unión con la Cruz

Para concretar, aunque sea de una manera muy general, un estilo de vida que nos impulse a tratar al Espíritu Santo —y, con Él, al Padre y al Hijo— y a tener familiaridad con el Paráclito, podemos fijarnos en tres realidades fundamentales: docilidad —repito, vida de oración, unión con la Cruz.

Docilidad, en primer lugar, porque el Espíritu Santo es quien, con sus inspiraciones, va dando tono sobrenatural a nuestros pensamientos, deseos y obras. Él es quien nos empuja a adherirnos a la doctrina de Cristo y a asimilarla con profundidad, quien nos da luz para tomarconciencia de nuestra vocación personal y fuerza para realizar todo lo que Dios espera. Si somos dóciles al Espíritu Santo, la imagen de Cristo se irá formando cada vez más en nosotros e iremos así acercándonos cada día más a Dios Padre. Los que son llevados por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios.

Vida de oración, en segundo lugar, porque la entrega, la obediencia, la mansedumbre del cristiano nacen del amor y al amor se encaminan. Y el amor lleva al trato, a la conversación, a la amistad. La vida cristiana
requiereun diálogo constante con Dios Uno y Trino, y es a esa intimidad a donde nos conduce el Espíritu Santo. ¿Quién sabe las cosas del hombre, sino solamente el espíritu del hombre, que está dentro de él? Así las cosas de Dios nadie las ha conocido sino el Espíritu de Dios. Si tenemos relación asidua con el Espíritu Santo, nos haremos también nosotros espirituales, nos sentiremos hermanos de Cristo e hijos de Dios, a quien no dudaremos en invocar como a Padre que es nuestro.

Acostumbremos a frecuentar al Espíritu Santo, que es quien nos ha de santificar: a confiar en Él, a pedir su
ayuda, a sentirlo cerca de nosotros. Así se irá agrandando nuestro pobre corazón, tendremos más ansias de amar a Dios y, por Él, a todas las criaturas. Y se reproducirá en nuestras vidas esa visión final del Apocalipsis: el espíritu y la esposa, el Espíritu Santo y la Iglesia —y cada cristiano— que se dirigen a Jesús, a Cristo, y le piden que venga, que esté con nosotros para siempre.

Unión con la Cruz, finalmente, porque en la vida de Cristo el Calvario precedió a la Resurrección y a la Pentecostés, y ese mismo proceso debe reproducirse en la vida de cada cristiano: somos —nos dice San Pablo— coherederos con Jesucristo, con tal que padezcamos con Él, a fin de que seamos con Él glorificados. El Espíritu Santo es fruto de la cruz, de la entrega total a Dios, de buscar exclusivamente su gloria y de renunciar por entero a nosotros mismos. Sólo cuando el hombre, siendo fiel a la gracia, se decide a colocar en el centro de su alma la Cruz, negándose a sí mismo por amor a Dios, estando realmente desprendido del egoísmo y de toda falsa seguridad humana, es decir, cuando vive verdaderamente de fe, es entonces y sólo entonces cuando recibe con plenitud el gran fuego, la gran luz, la gran consolación del Espíritu Santo. Es entonces también cuando vienen al alma esa paz y esa libertad que Cristo nos ha ganado, que se nos comunican con la gracia del Espíritu Santo.

Los frutos del Espíritu son caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, longanimidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia, castidad: y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.

 

Oración para finalizar

Ven Oh Santo Espíritu, llena los
corazones de tus fieles y enciende en
ellos el fuego de tu amor.
V. Envía tu espíritu y serán creados
R. Y renovarás la faz de la tierra.

Oh Dios que has instruido los corazones de
los fieles con la luz del Espíritu Santo.
Concédenos según el mismo Espíritu,
conocer las cosas rectas y gozar siempre de
sus divinos consuelos. Por el mismo Cristo
nuestro Señor. Amén.

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DÉCIMO DÍA

Oración para comenzar

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.

Consideración para este 10º día

La vida del cristiano consiste en empezar una y otra vez

En medio de las limitaciones inseparables de nuestra situación presente, porque el pecado habita todavía de algún modo en nosotros, el cristiano percibe con claridad nueva toda la riqueza de su filiación divina, cuando se reconoce plenamente libre porque trabaja en las cosas de su Padre, cuando su alegría se hace constante porque nada es capaz de destruir su esperanza.

Es en esa hora, además yal mismo tiempo, cuando es capaz de admirar todas las bellezas y maravillas de la tierra, de apreciar toda la riqueza y toda la bondad, de amar con toda la entereza y toda la pureza para las que está hecho el corazón humano. Cuando el dolor ante el pecado no degenera nunca en un gesto amargo, desesperado o altanero, porque la compunción y el conocimiento de la humana flaqueza le encaminan a identificarse de nuevo con las ansias redentoras de Cristo, y a sentir más hondamente la solidaridad con todos los hombres. Cuando, en fin, el cristiano experimenta en sí con seguridad la fuerza del Espíritu Santo, de manera que las propias caídas no le abaten: porque son una invitación a recomenzar, y a continuar siendo testigo fiel de Cristo en todas las encrucijadas de la tierra, a pesar de las miserias personales, que en estos casos suelen ser faltas leves, que enturbian apenas el alma; y, aunque fuesen graves, acudiendo al Sacramento de la Penitencia con compunción, se vuelve a la paz de Dios y a ser de nuevo un buen testigo de sus misericordias.

Tal es, en un resumen breve, que apenas consigue traducir en pobres palabras humanas, la riqueza de la fe, la vida del cristiano, si se deja guiar por el Espíritu Santo. No puedo, por eso, terminar de otra manera que haciendo mía la petición, que se contiene en uno de los cantos litúrgicos de la fiesta de Pentecostés, que es como un eco de la oración incesante de la Iglesia entera: Ven, Espíritu Creador, visita las inteligencias de los tuyos, llena de gracia celeste los corazones que tú has creado. En tu escuela haz que sepamos del Padre, haznos conocer también al Hijo, haz en fin que creamos eternamente en Ti, Espíritu que procedes de uno del otro.

Oración para finalizar

Ven Oh Santo Espíritu, llena los
corazones de tus fieles y enciende en
ellos el fuego de tu amor.
V. Envía tu espíritu y serán creados
R. Y renovarás la faz de la tierra.

Oh Dios que has instruido los corazones de
los fieles con la luz del Espíritu Santo.
Concédenos según el mismo Espíritu,
conocer las cosas rectas y gozar siempre de
sus divinos consuelos. Por el mismo Cristo
nuestro Señor. Amén.

 

 

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REFERENCIAS:
(1) Oración de San Josemaría Escrivá al Espíritu
Santo.
(2) Extracto de la homilía “El Gran Desconocido” de
San Josemaría Escrivá.
(3) Secuencia de la Misa de Pentecostés 

 

El mensaje de la Virgen en Fátima

 

Mensaje de Fátima

La riqueza de las apariciones de Fátima, más allá del hecho milagroso de la aparición de la Santísima Virgen, puede entenderse a la luz del mensaje revelado a los tres pastorcillos a lo largo de las seis apariciones, acontecidas en 1917.

 

En ellas, la Señora se presentó bajo la advocación de la Virgen del Rosario y pidió a los niños que llevaran a cabo una serie de actos:

 

·       Como no podía ser de otra manera, el principal mandato repetido en todas las apariciones fue la necesidad de rezar el Rosario. Específicamente, y siempre que fuera posible, en familia. La Virgen anunció que debían rezar por la conversión de Rusia, nación que empezaba a sufrir el dominio comunista. Sin embargo, los jóvenes pastores, que jamás habían escuchado tal nombre, pensaban en Rusia como en una mujer que habría cometido terribles actos.

·       Además, tal como narra Lucia, la mayor de los primos en sus memorias, los niños se quedaron muy conmovidos al ver cómo la hermosa Señora se presentaba dolida por los pecados de los hombres. Por ello, tomaron conciencia y empezaron a realizar actos de desagravio y mortificaciones por la conversión de los pecadores y de aquellas personas que ofenden a Dios. Algunos días renunciaban a su comida, que ofrecían al ganado, o ataban una cuerda de esparto alrededor de su cintura.

·       En la primera aparición, Nuestra Señora del Rosario anunció a los tres niños que irían al Cielo. Jacinta y Francisco lo harían pronto, pero Lucia tendría que esperar. Y ante la tristeza de la joven pastorcilla, la Virgen quiso consolarla encomendándole una importante misión: en adelante debía difundir la devoción a su Inmaculado Corazón. Más adelante también le manifestó la necesidad de que el Papa consagrara el mundo al Inmaculado Corazón de María.

 

Por último, las apariciones tuvieron en gran parte un carácter revelador. De nuevo, en la primera aparición, La Virgen respondió a las preguntas de los niños, que ante el acontecimiento sobrenatural quedaron pasmados y profundamente emocionados. Nuestra Señora del Rosario anunció la curación de varios enfermos del pueblo.

 

 

Del mismo modo también reveló a Lucia el estado en el que se encontraban dos amigas suyas, que habían fallecido jóvenes. No obstante, la revelación de mayor transcendencia, objeto de innumerables investigaciones a lo largo de este siglo, fue lo que todos conocemos como los tres Secretos de Fátima.

 

Los Secretos

El 13 de julio de 1917, en la tercera aparición de la Virgen, los tres pastorcillos fueron los receptores de los tres secretos en forma de profecías. A corto plazo, la posesión de estos secretos supuso para los tres niños una gran controversia, ya que fueron forzados por las autoridades civiles y religiosas para revelarlos. En el apartado de “Historia”, se pude ver cómo los jóvenes fueron violentamente obligados a contar lo que la Virgen les había revelado, pero por orden expresa de Nuestra Señora, ellos se negaron a dar tal información. Tal fue el extremo al que llegó la situación que incluso fueron amenazados con la muerte, pero ellos permanecieron fieles a su palabra.

Al percatarse de que podían ser asesinados, “quemados en una gran sartén”, Francisco llegó a decir: “Si nos matan dentro de poco estaremos en el Cielo. ¡Qué alegría! ¡Morir… no importa nada!”.

Finalmente, al darse cuenta las autoridades civiles de que sus esfuerzos para hacer hablar a los niños eran en vano, cesaron en su intento y pusieron a los niños en libertad.

Los dos primeros secretos no fueron revelados hasta años más tarde. Sor Lucia decidió escribirlos en 1941, para aportar datos que favorecieran el proceso de canonización de sus primos. Sin embargo, el tercero quedó sin revelar hasta años más tarde.

El obispo de Leiria, diócesis en la que vivía la vidente, ordenó a Lucia que pusiera por escrito la tercera revelación de la Virgen y la entregara al Papa. La religiosa escogió la fecha de 1960 para revelar el secreto, porque según pensaba, “para entonces será más claramente entendido”. No obstante, llegada la fecha elegida, Juan XXIII, Sumo Pontífice en aquel momento, decidió no revelar el secreto. Tampoco lo hicieron los siguientes Papas que tuvieron ocasión, Pablo VI y Juan Pablo II.

Finalmente, el texto del tercer secreto fue revelado por san Juan Pablo II, el 26 de junio del año 2000, al mes de regresar del lugar de las apariciones, viaje que realizó para canonizar a Francisco y Jacinta.

Mostramos a continuación el texto de los tres misterios, tal como fueron redactados por Lucia.

El primer misterio era una visión del infierno:

Nuestra Señora nos mostró un gran mar de fuego que parecía estar debajo de la tierra. Hundidos en este fuego [estaban] los demonios y almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas con forma humana, que flotaban en el incendio llevadas por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo, cayendo para todos los lados, semejantes al caer de las chispas en los grandes incendios, sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación, que horrorizaba y hacía temblar de pavor. Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes y negros.

Esta visión duró un momento, y gracias a nuestra buena Madre del Cielo, que antes (en la primera aparición) nos había prevenido con la promesa de llevarnos para el cielo. Si así no fuese, creo que habríamos muerto de susto y pavor”.

 

 

El segundo secreto incluyó instrucciones de cómo salvar las almas del Infierno y reconvertir el mundo a la cristiandad. Este mensaje afirmaba que Rusia (un estado con régimen marxista-leninista) debía consagrarse al Corazón Inmaculado y que por ello sería concedido al mundo un tiempo de paz.

“En seguida levantamos los ojos hacia nuestra Señora, que nos dijo con bondad y tristeza: «Visteis el infierno, para donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón. Si hicieran lo que digo, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra va a acabar, pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando vean una noche alumbrada por una luz desconocida, sepan que es la gran señal que les da Dios de que él va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, el hambre y las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre.

Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón, y a la comunión reparadora en los primeros sábados. Si atendieran a mis pedidos, la Rusia se convertirá y tendrán paz. Si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia, los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas, por fin mi Corazón Inmaculado triunfará. El Santo Padre me consagrará la Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz»”.

Siguiendo el mandato de la Virgen, se han llevado a cabo distintas consagraciones del mundo al Corazón Inmaculado de María, hasta llegar a la definitiva. Más adelante exponemos la naturaleza de dichas consagraciones.

 

 

La demora para la publicación del tercer misterio ha provocado  que a lo largo de los años se hayan planteado gran número de hipótesis. Algunos dicen que anuncia el inicio de una guerra nuclear, el asesinato de un Papa o algún mal que pueda llegar a darse en el seno de la Iglesia.

Juan Pablo II, a través de su secretario de Estado, el cardenal Ángelo Sodano, anunció en el año 2000 que había decidido hacer público el texto del tercer misterio. Unos meses más tarde, el texto íntegro fue dado a conocer por la Santa Sede, junto con una discusión de su posible significado.

“Escribo, en acto de obediencia a ti mi Dios, que me mandas por medio de su excelencia reverendísima el señor obispo de Leiria y de vuestra y mi Santísima Madre. Después de las dos partes que ya expuse, vimos al lado izquierdo de Nuestra Señora, un poco más alto, un ángel con una espada de fuego en la mano izquierda. Al centellear despedía llamas que parecía iban a incendiar el mundo. Pero, se apagaban con el contacto del brillo que de la mano derecha expedía Nuestra Señora a su encuentro. El ángel, apuntando con la mano derecha hacia la tierra, con voz fuerte decía: «Penitencia, penitencia, penitencia».

Y vimos en una luz inmensa, que es Dios, algo semejante a como se ven las personas en el espejo, cuando delante pasó un obispo vestido de blanco. Tuvimos el presentimiento de que era el Santo Padre. Vimos varios otros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una escabrosa montaña, encima de la cual estaba una gran cruz, de tronco tosco, como si fuera de alcornoque como la corteza. El Santo Padre, antes de llegar allí, atravesó una gran ciudad, media en ruinas y medio trémulo, con andar vacilante, apesadumbrado de dolor y pena. Iba orando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino.

Llegando a la cima del monte, postrado, de rodillas a los pies de la cruz, fue muerto por un grupo de soldados que le disparaban varios tiros y flechas, y así mismo fueron muriendo unos tras otros los obispos, los sacerdotes, religiosos, religiosas y varias personas seglares. Caballeros y señoras de varias clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la cruz estaban dos ángeles. Cada uno con una jarra de cristal en las manos, recogiendo en ellos la sangre de los mártires y con ellos irrigando a las almas que se aproximaban a Dios”.

Se han ofrecido muchas interpretaciones del significado de este enigmático texto. Muchos lo relacionan con el atentado que sufrió san Juan Pablo II el 13 de mayo de 1981 en la plaza de San Pedro, por el que casi pierde la vida.

 

 

En 1980, en un momento en el que el mundo estaba divido por el Telón de Acero, el Papa, preguntado por el tema, dijo que sus antecesores no habían revelado el secreto “por no alentar el poder del mundo comunista a hacer movimientos”. Del mismo modo, criticó a los que desearon conocer el misterio únicamente por curiosidad y sensacionalismo. Y tomando un rosario, concluyó: “Aquí está el remedio contra este mal. Rece, rece y no pida nada más”.

En 1984, el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Joseph Ratzinger, futuro Benedicto XVI, dijo que el tercer milagro podía referirse a “los peligros que amenazan la fe y la vida del cristiano, y por lo tanto del mundo”.

Años más tarde, ya siendo Sumo Pontífice, volvió a referirse al secreto el 11 de mayo de 2010, durante la rueda de prensa llevado a cabo en el avión que le llevaba a realizar su primera visita pastoral a Fátima, con motivo del décimo aniversario de la beatificación de Francisco y Jacinta. Dijo al respecto “que los sufrimientos actuales de la Iglesia por los abusos sexuales contra niños cometidos por sacerdotes forman parte de los que anunció el Tercer secreto de Fátima”.

 

La Virgen María es mujer

 Rosa Corazón 

 

 

photo_cameraVirgen.

La Virgen María es mujer, gran mujer, “bendita Tú entre todas las mujeres”, le dijo el Ángel y es modelo. Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa de Dios Espíritu Santo. La mejor Madre, la mejor Esposa, la mejor Hija.

SON CUATRO, LOS DOGMAS MARIANOS:

  • VERDADERA MADRE DE DIOS

Dogma solemnemente definido en el Concilio de Éfeso del año 431, en los siguientes términos: “Si alguno no confesare que el Enmanuel (Cristo) es verdaderamente Dios y que, por tanto, la Santísima Virgen María es Madre de Dios, porque parió según la carne al Verbo de Dios hecho carne, sea anatema”.

La Constitución Dogmática Lumen Gentium, 66, del Concilio Vaticano II lo recogió, afirmando: “Desde los tiempos más antiguos, la Bienaventurada Virgen es honrada con el título de Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles acuden con sus súplicas en todos sus peligros y necesidades”.

  • VIRGEN ANTES DEL PARTO, EN EL PARTO Y DESPUÉS DEL PARTO. SIEMPRE VIRGEN, MARÍA

El Concilio lateranense del año 649 proclamó, en su tercer canon, la perpetua virginidad de María, afirmando: “Si alguno no confiesa, según los santos padres que la santa y siempre virgen e inmaculada María sea en sentido propio y según verdad, madre de Dios, en cuanto propiamente y verdaderamente ha concebido del Espíritu Santo, sin semen, y ha dado a luz, sin corrupción, permaneciendo aún después del parto su indisoluble virginidad, al mismo Dios Verbo, nacido del Padre antes de todos los siglos, sea anatema”.

  • INMACULADA CONCEPCIÓN

Dogma proclamado por el Papa Pío IX, el 8 de diciembre de 1854, en la Bula Ineffabilis Deus, estableciendo: “Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María en el primer instante de su concepción fue por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente en previsión de los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, preservada inmune de toda mancha de culpa original, ha sido revelada por Dios, por tanto, debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles”.

Tota pulchra es Maria. Nunca y en nada, le tocó el pecado (Brev. Rom., Lect. 8-XII)

  • ASUNTA AL CIELO, EN CUERPO Y ALMA

El Papa Pío XII, el 1 de noviembre de 1950, proclamó solemnemente en la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus: “Nos afirmamos y definimos como dogma revelado por Dios, que la Inmaculada Madre de Dios, María siempre Virgen, después de cumplir su vida terrenal, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celeste. En consecuencia, si alguien, que a Dios no le agradará, osara voluntariamente poner en duda lo que ha sido definido por Nos, que lo sepa, que ha abandonado totalmente la fe divina y católica”.

Sin ser dogma, se reconoce que María es medianera de todas las gracias. Así, el Papa Pío XII afirmó: “Si Pedro tiene las llaves del Cielo, María tiene las llaves del Corazón de Dios” (Alocución a los peregrinos genoveses, 21 mayo 1940).

AHORA, EN LA PANDEMIA CON EL CORONAVIRUS Y EN MAYO, ¿QUÉ HACER? Quererla más, tratarla más, pedirle… Es Omnipotencia suplicante.

 

 

Juan Pablo II: un gran faro doctrinal en el cambio de milenio

 Salvador Bernal 

Juan Pablo II.

En una tertulia doctrinal con amigos, tras repasar cumplidamente los principales documentos del Concilio Vaticano II, cincuenta años después de su clausura, decidimos dedicar espacio a los grandes textos pontificios de la segunda mitad del siglo pasado, a partir del hoy san Juan XXIII. Supuso un auténtico descubrimiento, comenzando por las dos grandes encíclicas de este pontífice, del que nadie había esperado tras su elección, ya anciano, la enorme renovación que imprimiría en la Iglesia católica.

Del papa Juan siguen siendo puntos de referencia, al menos, dos encíclicas: Mater et Magistra (15 de mayo de 1961, 70 años después de la famosa Rerum novarum de León XIII) inició el enfoque de la doctrina social de la Iglesia como elemento esencial para la evangelización, trató sistemáticamente el problema de la justicia social internacional y tuvo una gran resonancia fuera de la Iglesia en un mundo que comenzaba a estar globalizado. Pacem in terris  (11 de abril de 1963) fue un auténtico tratado sistemático de ética pública y derechos humanos, para forjar la paz en el mundo, como consecuencia de una adecuada  regulación de las relaciones de unos con otros, de los ciudadanos con las autoridades públicas de cada Estado; en fin de las relaciones internacionales para configurar la comunidad mundial desde la perspectiva del bien común universal.

Pablo VI, además de continuar esos grandes temas, ofreció en su primera encíclica, Ecclesiam Suam (6 de agosto de 1964), una emblemática enseñanza sobre el diálogo, con la ilusión de que la Iglesia y la sociedad se conocieran y se entendieran mutuamente, con espíritu positivo, al servicio de los hombres. En la exhortación Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975) ofrecería un diseño de la evangelización, en el que se siguen inspirando quienes se ocupan de llevar la doctrina cristiana a los hombres de nuestro tiempo.

Se comprende que, al ser elegido papa, Karol Wojtyla adoptase un nombre compuesto, secundando la decisión que tomó por vez primera en la historia, si no me equivoco, el cardenal Albino Luciani: ambos deseaban continuar la gran aportación de sus predecesores Juan y Pablo. El papa polaco cumplió con creces, en uno de los pontificados más largos de la historia, los objetivos que expresó en su encíclica programática, Redemptor hominis (4 de marzo de 1979): introducía, si se puede resumir así, la centralidad de Cristo en la Iglesia, con la mirada puesta en el nuevo milenio y en el jubileo del año 2000.

A lo largo de estos últimos años, he ido repasando también, con ese grupo de amigos, grandes documentos de Juan Pablo II, y llegamos a la conclusión de su plena vigencia, pues los temas que abordan continúan en primer plano de la cultura: las indispensables actualizaciones apenas afectan a los enfoques de fondo, ni al desarrollo de la exposición. Algunos textos pasarán a la historia, porque reflejan el estado de la cuestión de temas esenciales, con enfoques y pautas difícilmente superables.

Las recordaré casi telegráficamente. Tras una exhortación postsinodal sobre evangelización, Catechesi Tradendae (16 de octubre de 1979), dedicó su segunda encíclica a la misericordia divina, tema también central en el pontificado de Francisco, como acaba de recordar Benedicto XVI a los obispos polacos: Dives in Misericordia (30 de noviembre de 1980) enseña que la Iglesia, para ser de veras servidora del hombre, debe centrarse teocéntricamente, orientada al Padre en Cristo Jesús, “uno de los principios fundamentales, y quizás el más importante, del Magisterio del último Concilio” (n. 1). En tiempos de pandemia, cómo no recurrir a Salvifici doloris, sobre el sentido del sufrimiento y del mal (11-2-1984), un texto en buena medida inseparable del fundamento de la paz: Reconciliatio et Paenitentia (2 de diciembre de 1984).

Poco antes, Familiaris Consortio (22 de noviembre de 1981) abordaba cuestiones familiares de enorme vigencia: después de los últimos sínodos y textos, sigue constituyendo una piedra miliar del mensaje católico, como lo son los documentos que desarrollan y sistematizan la doctrina social de la Iglesia:

Laborem Exercens (14 de septiembre de 1981), Sollicitudo Rei Socialis (30 de diciembre de 1987), Centesimus Annus (1 de mayo de 1991). O el tratado sobre la vida, Evangelium Vitae (25 de marzo de 1995), que –entre muchos otros aspectos- abriría camino hacia la deseable abolición de la pena de muerte. Siempre, con una participación decisiva de los laicos: Christifideles Laici (30 de diciembre de 1988). Y un aliento continuo del ecumenismo, incluida la búsqueda de nuevos modos de vivir el ministerio petrino: Ut Unum Sint (25 de mayo de 1995).

Juan Pablo II dedicó gran atención al Espíritu Santo, Dominum et Vivificantem (18 de mayo de 1986), a la Eucaristía, Ecclesia de Eucharistia (17 de abril de 2003), a la Virgen, Redemptoris Mater (25 de marzo de 1987), a san José, Redemptoris Custos (15 de agosto de 1989), con aspectos tan prácticos como el sentido del domingo, Dies Domini (31 de mayo 1998) o las devociones marianas, Rosarium Virginis Mariae (16 de octubre 2002). En fin, dentro de las grandes cuestiones filosóficas y teológicas, ahí están Veritatis Splendor (6 de agosto de 1993) y Fides et Ratio (14 de septiembre de 1998).

Personalmente, viví con interés la preparación del jubileo del año 2000. Grata y grande sorpresa fue la carta que firmó el 6 de enero de 2001, Novo millennio ineunte, al cerrar la puerta de la basílica de san Pedro, símbolo del final de jubileo. Vale la pena releerla, porque abre el panorama inmenso que seguimos teniendo a la vista veinte años después.

 

 

La forma extraordinaria del matrimonio canónico

Daniel Tirapu

Boda

Para todos aquellos que quieran casarse en estos tiempos, o parejas de hecho que han madurado y les gustaría casarse por la Iglesia y les da reparo. En estos tiempos es de plena aplicación el canon 1116 del Código de Derecho Canónico.

Lo hacen y cuando puedan lo comunican a su párroco. Es  legal y legítimo. Basta con que digan "me quiero casar contigo", ante dos testigos comunes, pueden ser los hijos, o los vecinos, con mascarilla. Pero va en serio.  En cualquier caso, me someto a la legítima autoridad de la Iglesia y si lo hacen háganlo en serio, quiero decir aceptando la  esencia y propiedades del matrimonio canónico, y sin tener matrimonio canónico anterior válido.

§ 1. Si no hay alguien que sea competente conforme al derecho para asistir al matrimonio, o no se puede acudir a él sin grave dificultad, quienes pretenden contraer verdadero matrimonio pueden hacerlo válida y lícitamente estando presentes sólo los testigos:

1 en peligro de muerte;
2 fuera de peligro de muerte, con tal de que se prevea prudentemente que esa situación va a prolongarse durante un mes.
§ 2. En ambos casos, si hay otro sacerdote o diácono que pueda estar presente, ha de ser llamado y debe presenciar el matrimonio juntamente con los testigos, sin perjuicio de la validez del matrimonio sólo ante testigos

 

 

Cerebro – mente,  mente - cerebro.

1)Cuestiones previas.

¿Es lo mismo mente que cerebro? ¿Es el alma una emergencia del cerebro? ¿Desaparece con la falta de funcionamiento del cerebro? ¿Qué ocurre en el sueño, en la anestesia profunda, en el coma, en las enfermedades mentales? ¿Tienen alma los animales y las plantas?  

Para Aristóteles y los tomistas y neotomistas: el hombre es una unidad hilemórfica de materia y forma, visión que parece la más acorde con lo que las ciencias observan.

El hombre posee un alma, un aliento vital, el “soplo” que anima al cuerpo. Está hecho de barro y aliento. Es un cuerpo espiritualizado, un alma encarnada. Ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, y  por lo tanto, es libre e inmortal, como lo es el Creador.

2)Dentro de esa unidad vital, es obligado considerar el problema de la consciencia, cuyas bases neurales han sido y son estudiadas por numerosos neurobiólogos. Las hipótesis explicativas, múltiples,  hoy por hoy, no son definitivas, aunque se conozcan las partes anatómicas del encéfalo que intervienen en el asunto. Muchas de ellas son de corte materialista, que no han pasado de ser meras hipótesis, pues científicamente no han sido comprobadas.

Algunos dicen que la conciencia apareció en el Universo ya desde el principio. No es lógica tal afirmación, pues la consciencia no es algo etéreo, sin soporte físico, y en el principio no había más seres vivos que el mismo Dios. Se podría decir, sin embargo, que entonces  la única consciencia existente sería la referente al Creador, al “Espíritu que sobrevolaba sobre las aguas”, como se dice en la Biblia.

3) La estructura del cerebro humano constituye la condición necesaria para pensar y decidir. Sin embargo, el cerebro no es el que piensa; es el instrumento del que se sirve el hombre para pensar: la persona es la que piensa, no su cerebro.

La actividad mental (y todo acto humano) va pareja con cambios metabólicos y bioquímicos cerebrales, lo que nos habla de esa unidad vital que constituye el hombre. En este sentido, las Neurociencias demuestran que el cerebro del hombre es distinto que el de los demás animales; cosa lógica, pues es necesario que el cerebro del hombre tenga características biológicas humanas. Pero las Neurociencias no pueden demostrar la existencia del alma, pues los datos que aportan, aunque valiosos, aproximan a la comprensión del asunto, sin poder, sin embargo, dar una solución definitiva. Por eso, se necesita  echar mano de otra ciencia: la Filosofía. A este respecto, Millán Puelles dice que el alma humana es algo capaz de ser sin materia.

Una de las diferencias entre el cerebro humano y el animal estriba en el gran desarrollo en aquél de la zona más anterior de los lóbulos frontales, la corteza prefrontal, grandemente implicada en los procesos de razonamiento y memoria. Zona que, como dice Fuster en su libro “Cerebro y libertad”, constituye el sustrato físico de la libertad. Tiene mucho que ver con la toma de decisiones y la planificación de la conducta. Esto no quiere decir que el alma tenga su exclusivo asiento en la corteza prefrontal. Funcione o no correctamente esta corteza, el alma sigue siendo el “soplo vital” del organismo y por tanto del cerebro. El alma está en el cuerpo, pero no está localizada en una estructura u órgano concreto.

Una zona muy importante para la vida es el tallo cerebral (zona de unión del encéfalo con la médula espinal ), donde se sitúan los centros cardiocirculatorios y respiratorios. Es la zona donde el torero clava la puntilla al toro, provocándole rápidamente la muerte. Si el tallo cerebral funciona (es el caso, entre otros, del coma, del estado vegetativo persistente, de la anencefalia, de la intoxicación barbitúrica, etc.) está presente una vida humana. No está ahí topográficamente el alma, pero la destrucción del tallo cerebral implica la muerte del sujeto en cuestión.

 4) El cerebro (y en suma, el cuerpo) es la porción material. La mente (considerando la memoria, la voluntad, la consciencia) forma parte del mundo trascendente, inmaterial, de la persona; y su dimensión es superior a la correspondiente a los procesos psíquicos de los animales.  El ama no es información, sino que maneja información (no es lo mismo información que manejo de información).

La mente y lo corporal son ámbitos de una misma realidad, pero no hay una explicación definitiva sobre cómo puede actuar la mente sobre el cuerpo, y a la inversa.

Y hay que añadir la afirmación Jouvé: “Ni somos esclavos de nuestros genes ni nuestros actos obedecen automáticamente a lo que dictan nuestras neuronas”.

José Luis Velayos

 

LO QUE SALVARÍA A LA FAMILIA

 

Solo en la cruz encontramos la salvación

El pueblo de Siroki-Brijeg en Herzegovina tiene una maravillosa distinción:¡¡¡¡ Nadie recuerda que haya existido un solo divorcio entre sus 13,000 habitantes!!!!

¡Tampoco se recuerda un solo caso de familia rota!

El secreto de Herzegovina es sencillo: Los habitantes croatas han mantenido su fe Católica, soportando por ella persecución por siglos a manos de los turcos y después de los comunistas. Su fe esta fuertemente arraigada en el conocimiento del poder salvador de la cruz de Jesucristo. Ellos saben que los programas del mundo, aunque sean programas humanitarios de desarme o de paz, por si mismos solo proveen beneficios limitados. ¡La fuente de la salvación es la cruz de Cristo!

Este pueblo posee una gran sabiduría que han sabido aplicar al matrimonio y a la familia. Ellos saben que el matrimonio esta indisolublemente unido a la cruz de Cristo. Salvo las lógicas anulaciones por la Iglesia.

Según la tradición croata, cuando una pareja se prepara para casarse, no les dicen que han encontrado a la persona perfecta. ¡No!

El sacerdote les dice:

'Has encontrado tu cruz. Es una cruz para amarla, para llevarla contigo, una cruz que no se tira sino que se atesora'

En Herzegovina la Cruz representa el amor mas grande y el crucifijo es el tesoro de la casa.

Cuando los novios van a la iglesia, llevan el crucifijo con ellos. El sacerdote bendice el crucifijo. Cuando llega el momento de intercambiar sus votos, la novia pone su mano derecha sobre el crucifijo y el novio pone su mano sobre la de ella, de manera que las dos manos están unidas a la cruz. El sacerdote cubre las manos de ellos con su estola mientras proclaman sus promesas, según el rito de la Iglesia, de ser fieles el uno al otro, en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, hasta la muerte. Acto seguido los novios no se besan sino que ambos besan la cruz. Los que contemplan el rito pueden comprender que si uno de los dos abandona al otro, abandona a Cristo en la Cruz.

Después de la ceremonia, los recién casados llevan el crucifijo a su hogar y lo ponen en un lugar de honor. Será para siempre el punto de referencia y el lugar de oración familiar. En tiempo de dificultad no van al abogado ni al psiquiatra, sino que van juntos ante la cruz, en busca de la ayuda de Jesús. Se arrodillarán y llorarán y abrirán sus corazones pidiendo perdón al Señor y mutuamente, e irán a dormir en paz porque en su Corazón han recibido el consuelo y el perdón del único que tiene poder para salvar. Ellos enseñarán a sus hijos a besar la cruz cada día, y de no irse a dormir como los paganos sin dar gracias primero a Jesús. Saben que Jesús los sostiene en Sus brazos y no hay nada que temer.

 

 

Las lágrimas de la mujer de Sajarov, no creyente, tras dos horas con Juan Pablo II: «Todo él es luz»

Elena Bonner no era creyente ni tenía vínculo alguno con la Iglesia, pero su encuentro con Juan Pablo II la emocionó profundamente.

Cuando la esposa del disidente soviético Andrei Sajarov se encontró con San Juan Pablo II, quedó impresionada hasta las lágrimas. "Todo él es luz", dijo Elena Bonner, que no era creyente.

Para preparar el centenario del nacimiento de Karol Wojtyla, que se celebra este lunes 18 de mayo, George Weigel contó la trastienda de ese encuentro, así como una explicación sobre el impacto que producía el Papa polaco, en un artículo publicado en Wall Street Journal:

La espía soviética de Juan Pablo II

Los estudiosos de las malas artes de la Guerra Fría saben que los servicios de inteligencia comunistas penetraron profundamente en el Vaticano en los años 70. Sin embargo, pocos saben que el Papa Juan Pablo II, cuyo centenario se celebra este 18 de mayo, tuvo su propio agente secreto en la Unión Soviética durante los años 80. Esa relación condujo a un encuentro personal relevante que ayuda a explicar qué hizo al Papa ser el hombre que fue.

La improbable 007 de Juan Pablo II fue Irina Ilovayskaya Alberti, nacida en Rusia y viuda de un diplomático italiano. Antigua asistente personal de Alexander Solzheitsyn en Vermont [Estados Unidos], conoció al Papa casualmente durante una audiencia papal a principios de los 80. Se hicieron amigos enseguida.

Irina participó en el Meeting de Rimini de Comunión y Liberación en 1998.

Cuando el deshielo de Gorbachov facilitó la entrada en la URSS, Alberti empezó a viajar al país varias veces al año. “Si sabía algo interesante”, me contó años después, “llamaba al Papa, nos encontrábamos y se lo contaba”. A los diplomáticos vaticanos, a quienes gustaba tener esos temas bajo control, no les gustaba esa especie de “canal opaco”. Pero Juan Pablo II solía sortear a sus mandarines cuando pensaba que hacerlo podía suponer una información útil.  Obviaba a los responsables tradicionales y se mantenía al tanto con su operativa clandestina.

Sucedió que Alberti era también amiga de Elena Bonner, la tenaz esposa del físico nuclear soviético y activista por los derechos humanos Andrei Sajarov. En 1985, estando en arresto domiciliario, Sajarov empezó una huelga de hambre exigiendo a los funcionarios soviéticos que permitieran a su mujer abandonar el país para recibir la atención médica que necesitaba urgentemente [riesgo de ceguera]. Finalmente las autoridades accedieron, pero Sajarov quedaba como rehén del buen comportamiento de Bonner fuera del país. Eso significaba que no habría encuentros con líderes mundiales ni con la prensa.

El físico y disidente Andrei Sajarov (1921-1989), con su esposa Elena Bonner (1923-2011), activista antisoviética: los comunistas asesinaron a su padre y condenaron a su madre a 17 años de trabajos forzados.

Sin embargo, Alberti pensó que Bonner podría ver al Papa. Cuando llegó a Roma para su tratamiento médico, Alberti organizó un señuelo que mantuvo a la prensa romana con los hijos de Bonner mientras ella conducía de incógnito hasta el Vaticano a la disidente convaleciente.

Endurecida emocionalmente por décadas de lucha con la KGB, Bonner no era dada  a sentimentalismos. Tampoco era religiosa. Sin embargo, de su encuentro de dos horas cara a cara con el Papa Juan Pablo II salió sollozando. Le dijo luego a Alberti: “Es el hombre más increíble que he conocido. Todo él es luz. Es una fuente de luz”.

La relación entre Bonner y Juan Pablo II continuó durante años y finalmente desembocó en un largo encuentro privado entre el Papa y Sajarov, quien buscaba consejo sobre su papel político en el final de la Unión Soviética.

Pero es aquel primer encuentro con Bonner -y su reacción ante ese polaco, un hombre a quien no conocía y líder de una fe que no compartía- lo que vale la pena considerar en el centenario de Juan Pablo II.

¿Qué hacía el Papa Juan Pablo II para tocar de aquella manera el espíritu y el corzón incluso de los no creyentes? Era un hombre de una inteligencia acreditada, un pastor experimentado, un políglota y un astuto actor en la escena mundial. Su compromiso con los derechos humanos fundamentales, independientemente de la convicción religiosa o de la ausencia de ella, lo había demostrado una y otra vez durante sus años como arzobispo de Cracovia y como Papa. Pagó el precio de esa defensa con su propia sangre, sobreviviendo a un intento de asesinato que siempre sospechó que había tenido su origen en Moscú.

Pero el currículum vitae y la credibilidad no explican por qué una no creyente pudo decir, entre lágrimas: “Todo él es luz. Es una fuente de luz”. O por qué, en sus últimos años, destrozado por la enfermedad de Parkinson, aún podía arrastrar grandes masas de gente y elevar el espíritu de quienes sufrían.

El Papa Juan Pablo II no puede ser explicado ni comprendido a menos que se le asuma como lo que él dijo que era: un discípulo de Cristo convertido radicalmente. Él creía que Dios se había revelado en la historia, primero al pueblo judío y luego en Jesús de Nazaret. Creía que la resurrección del nazareno crucificado era el punto axial de la aventura humana: un acontecimiento dentro y más allá de lo que conocemos como “historia”, que reveló que el amor apasionado de  Dios por la humanidad era más poderoso que la misma muerte.

Creyendo eso, vivió sin miedo. Y viviendo sin miedo, inspiró en otros la valentía. Fue una “fuente de luz” porque consumió su vida permitiendo que lo que él había experimentado como luz divina brillase a su través.

 

Con mucha pena, es cierto, y a la vez con mucha paz.

Algunos se quejan de que en la Iglesia se habla hoy mucho de la necesidad de “renovar la sociedad”, de solucionar los problemas de la convivencia humana, de llegar a una paz entre las naciones, entre las múltiples religiones, etc., y se habla poco, y en términos moralistas e indeterminados, de ese afán que el mismo Cristo nos manifestó: “Cuando sea levantado en lo alto atraeré a Mi todas las cosas” ; o sea, que se hace necesario recordar que el sufrimiento actual nos invita a mirar a Cristo Crucificado, como el Buen ladrón, descubrir su Amor y arrepentirnos de nuestros pecados y unir nuestros dolores a los suyos, ayudándole a llevar la Cruz para la salvación. Así, dicen, la Iglesia se manifestaría, verdaderamente, como la Ciudad de Dios en la tierra.

El sufrimiento familiar se agranda al no poder enterrar a sus muertos con la compañía humana del pésame y el duelo; y tampoco estar presente el consuelo de Dios en los funerales.

La familia del hombre que murió acompañado de Cristo en los Sacramentos, se quedó con mucha pena, es cierto, y a la vez con mucha paz.

Pedro García

 

 

El virus de la indiferencia

El domingo 19 de abril, en la festividad de la Divina Misericordia, fiesta instituida hace 20 años por san Juan Pablo II, el Papa Francisco nos recordaba que en las circunstancias actuales estamos llamados especialmente a no dejar a nadie atrás, porque centradas en la lenta y ardua recuperación que tenemos por delante, corremos el riesgo de no alzar la mirada y olvidar al que se quedó atrás.

De la mano del virus que nos está golpeando tan duramente, vendría otro que podía ser todavía peor, como es el virus del egoísmo indiferente, que se transmite al pensar que la vida mejora si me va mejor a mí: que todo irá bien, si me va bien a mí. Se parte de esta idea y se termina seleccionando a las personas, descartando a los pobres e inmolando en el altar del progreso al que se queda atrás. Seríamos así tristes protagonistas de la cultura del descarte, que tantas veces ha denunciado el Papa Francisco.

Suso do Madrid

 

 

Minimizar las libertades

Que Sánchez es mínimo y que su gobierno es mínimo y que los colaboradores de su gobierno también son mínimos, es algo que cualquiera puede constatar desde que hizo su aparición en política y, como ahora habla más, esa constatación se hace más patente.

Y los mínimos, lógicamente, se dedican a minimizar. Y minimizan cifras y minimizan las ruedas de prensa y minimizan la situación económica y minimizan las responsabilidades de los padres respecto a la educación de los hijos, y minimizan a la oposición, y minimizan los peligros de las concentraciones de gentes con pancartas o sin ellas, y minimizan las funciones del parlamento y minimizan los cometidos de los medios de comunicación y hasta minimizan los lapsus. Y con tanta “minimización” acaban minimizando la democracia.

Y minimizan el caos en el que está sumida la gestión de Sánchez, en la pandemia, en la vuelta a la normalidad, en la apertura de las empresas, en los exámenes de fin de curso, en el reparto de mascarillas y guantes, en el mundo agrario, en la industria o en  la salida de los niños a la calle. Y el caos viene de la falta de información y de las mínimas luces para gobernar de los que tienen que hacerlo.

Y lo peor de todo es que  cuando está tragedia acabe  -incluso antes de que acabe- se escuchará a Sánchez contándonos que gracias a su gestión se ha conseguido “ganar la guerra” y que esa gestión ha sido en todo momento de una total transparencia informativa, como lo prueban las continuas comparecencias de los responsables y de él mismo.

Valentín Abelenda Carrillo

 

 

La imprecisión y la confusión

El fracaso en la gestión de gobierno es simplemente algo que provocan las carencias de quienes gestionan, pero la falta de información huele a algo premeditado. En comunicación, cuando alguien quiere ocultar la realidad, el primer objetivo es manejar la imprecisión en todo lo que se dice, porque con ideas e informaciones imprecisas se crea confusión y en la confusión el riesgo no existe.

La imprecisión y la confusión parecen ser las consignas que cumplen a rajatabla Sánchez y sus ministros -y los colaboradores de los ministros- en todas y cada una de sus comparecencias en cualquiera de las materias.

Mentiras aparte, nadie sabe qué va a pasar con el curso escolar, ni las condiciones para la exclaustración de los niños, ni con los test, ni si son eficaces las mascarillas, ni con las autonomías, ni con los separatistas, ni con la pequeña y mediana empresa, ni con el déficit, ni con Europa, ni con la emigración, ni con las residencias de mayores, ni con el turismo, ni con los ERTES etc. etc.

Por no saber ni siquiera sabemos qué ocurrirá con los bulos monitorizados.

Y está en peligro la libertad de expresión que es una especie de salvoconducto y de garantía de las otras libertades, porque otro de los objetivos de la confusión,  de la imprecisión y del caos, es callar las voces discrepantes.

Pero…

“¿Que hay cosas que se deben callar? Pues bien, ¡no! Lo que hay que decir son las cosas que se dice que no deben decirse!

Lo escribió Unamuno, en El Sol, en agosto de 1931. Hacía poco más de  cuatro meses de la proclamación de la II República.

Domingo Martínez Madrid

 

 

Economía y como siempre “catalanes y vascos”                     

ECONOMÍA:El sector público adelanta a la industria como segunda actividad que más aporta al PIB de España. Mientras crece el proteccionismo de las administraciones, la industria se aleja cada vez más del objetivo marcado por la UE de representar el 20% del PIB para 2020” (Vozpópuli 23-02-2020)

Al final se llega a lo mismo siempre, el comunismo fue un capitalismo disfrazado y que se vio tan pronto desapareció la URSS y aparecieron los nuevos capitalistas, que los comunistas chinos, han confirmado con ese capitalismo igual o peor que el occidental. O sea, que de lo que se trata siempre, es de explotar en beneficio propio y de los cómplices que ayudan a ello, de apropiarse de las riquezas de un país y luego someter al pueblo (que dicen soberano, lo que a mí me da mucha risa) a los dictados o tiranías que convienen a las minorías, que en realidad, explotan la riqueza de un país o nación, dando discursos que no se los creen ni ellos. Por lo que el sistema es igual o parecido en todo el mundo, donde lo que rige siempre es el poder de la fuerza y no el de la razón o justicia.

 

“El expresidente de la Generalitat Jordi Pujol ya vuelve a tener quien le quiera. La expresidenta del Parlament, Núria de Gispert, también presidenta de Caixa de Solidaritat (la que paga las fianzas y multas de los independentistas) está preparando contrarreloj un homenaje al exmandatario para este mes de marzo, según ha podido conocer El Confidencial de diversas fuentes”. (El Confidencial 23-02-2020)

 

¿Y cómo los van a lavar? (son una familia y “allegados pujoleros”) ¿Con ácidos, sulfúrico, clorhídrico, nítrico; sosa cáustica y agua hirviendo, sosa, lejía, lijas de grano grueso? Pues, "el género no es lavable” y la costra de corrupción que mantienen, les llegará hasta la tumba; y si los historiadores son honrados, quedará plasmado en los libros.... "LA VERDAD ES LA HERIDA QUE MÁS DUELE Y NO TIENE CURA"; y estos indeseables tendrán que cargar con ella, pese a "los pelotilleros" de su alrededor, muchos de los cuales puede que sean tan corruptos como sus jefes.

 

Artur Mas se queda, a partir de marzo, sin la pensión de 'expresident' de la Generalitat, por la que estaba percibiendo unos ingresos de 110.000 euros brutos anuales. Este giro del destino hace que el 'expresident' esté aspirando a un cargo público tras las elecciones que convoque Quim Torra, según apuntan fuentes del PDeCAT”. (El Confidencial 22-02-2020)

 

Son como las sanguijuelas que chupan sangre; no dejan de chupar hasta que quedan monstruosamente ahítas; peor aún, pues estos sanguijuelas, ni eso; quieren morir chupando y chupando bien y abundante. No es explicable que sabiendo todas estas cosas vayamos a votar, puesto que en general (sálvese el que pueda) todos aspiran a lo mismo; y de ahí la ruina o quiebra en que tienen a España. Y lo indefensos y explotados que nos tienen a los españoles.

 

         EL VIRUS CHINO Y EL MIEDO: El miedo es el peor ejército para perder una guerra; por ello el atacante siempre busca crear ese miedo y que cunda en la zona donde quiere imperar; pero este “miedo chino”, no sabemos en realidad quién o cómo ha nacido y se ha provocado, tomando cada vez más virulencia; pero “ese ejército invisible avanza” y hoy cuando escribo, aparece Italia como “la más invadida”; tan es así, que han suspendido nada menos que el “Carnaval de Venecia”; igualmente abundan los países que cierran fronteras, no sólo con China, sino con otros países ya invadidos; por tanto, esto se va convirtiendo en una pandemia, cuyas consecuencias son imprevisibles, no sólo por los muertos que ocasione, sino por la paralización del comercio, el turismo e incluso las relaciones interiores entre comarcas; o sea; ya es “una peste”, como las que nos cuenta la historia de épocas pasadas; y la que como digo, fomenta el miedo; miedo sin ese “terror” que ya algunos sienten, puesto que no todo el que se infecta muere; y ese “salvoconducto” lo tienen la mayoría de actuales “monos humanos”… ¡Pero el miedo que es libre y para la mayoría va a ser peor que la enfermedad! Confiemos en que siempre La Naturaleza, crea sus propias defensas, y en estos casos, mueren “los débiles”, a los que indudablemente, debilita más, el miedo que sienten; así es que paciencia y a esperar. No creo exista otra solución. Si surge el pánico, ello es peor que la enfermedad. El pánico “mata por sí sólo”.

 

REGALOS A LOS VASCOS Y DESDE LA MONCLOA (PARADORES) (Periodista Digital 24-02-2020)

 

            Visto cuanto está regalando el inquilino de La Moncloa; No me sorprendería ya, que para seguir ocupando “el sillón del gobierno”, regalase, “el culo con que se sienta en el mismo”. Casi nunca España pudo presumir de gobernantes íntegros o medianamente dignos para ocupar tan alto “sitial”, pero en la época que por desgracia nos hacen vivir, es que ya “la cosa está tan degradada”, que “todo es posible, hasta lo del culo y alrededores, que podemos pensar, que algunos/algunas ya lo entregaron”. El poder y la vida abundante y cómoda, siempre da lugar a todo tipo de prostituciones.

 

“Jesús Cacho en un artículo en “Vozpúli” del 24-02-2020; nos detalla, lo que ya hoy es China (“pese al virus que padece”) y lo que se espera sea en el futuro; y la actualidad de, “los negocios internacionales”, donde las potencias restantes, pierden terreno”. Pueden verlo aquí: https://www.vozpopuli.com/opinion/china-virus-espana-opinion-jesus-cacho_0_1330367395.html

O sea, que no es "sólo el virus chino", sino la fuerza enorme de la China del siglo veintiuno, que con "todo su comunismo, convertido en un capitalismo feroz y de Estado", compra, conquista, endeuda poco a poco a gran parte del mundo; y vuelve a ser más aún de lo que fue en siglos pasados;  no "una potencia mundial", sino; una "superpotencia mundial, camino de convertirse en la mayor de las potencias"; puesto que tienen todo lo que se necesita, aparte de, "muchos chinos inteligentes y masas de “los de mano de obra barata y que aguantan lo que le echen"; igualmente tiene ya muy alta tecnología y más dinero que el resto de países... "ya dijo algo Napoleón… que la China era un país invencible". Y lo va siendo a pasos bastante acelerados.

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

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