Las Noticias de hoy 6 Enero 2022

Enviado por adminideas el Jue, 06/01/2022 - 13:26

6 de enero: los Reyes Magos y la Epifanía del Señor - Opus Dei

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 06 de enero de 2022      

Indice:

ROME REPORTS

Francisco: La adopción es la forma más sublime de paternidad y maternidad

El Video del Papa: libertad religiosa es valorar al hermano en su diferencia

Que los enfermos, con Cristo encuentren sentido, consuelo y confianza

Papa: "Dejemos que Dios habite nuestro corazón y toque nuestras zonas oscuras"

EPIFANÍA DEL SEÑOR* : Francisco Fernandez Carbajal

Meditaciones: Epifanía del Señor

“¿Dónde está el nacido rey?” : San Josemaria

La paternidad de San José

Os he llamado amigos (I): ¿Dios tiene amigos? : Giulio Maspero y Andrés Cárdenas

Retiro de enero #DesdeCasa (2022)

Custodiar meditando : Ramiro Pellitero

Qué es el tiempo? :            José Luis Velayos

Agradecimiento de año nuevo : Mario Arroyo.

Las 12 ideas más relevantes de la nueva Carta del Papa Francisco a los matrimonios : familia.inf

Eutanasia y el mito de la autonomía del paciente : Julio Tudela y Manuel Zunin

Diálogo : Ana Teresa López de Llergo

Saber descansar : Lucía Legorreta

Divorcios: consecuencias para los hijos y para la sociedad: Jaime Sánchez-Carpintero

¿Feliz Navidad? Recordando tiempos pasados : Antonio García Fuentes

 

ROME REPORTS

Francisco: La adopción es la forma más sublime de paternidad y maternidad

Dedicada a la paternidad adoptiva de San José, el Papa en su catequesis exhortó a las instituciones para que faciliten los procesos de adopción, de modo que el sueño de los niños que necesitan una familia y de los esposos que desean acogerlos se haga realidad.

 

Alina Tufani - Ciudad del Vaticano

“No basta con traer un hijo al mundo para decir que somos padres o madres”. Esta frase resonó esta mañana en el Aula Paolo VI del Vaticano, cuando el Papa en su catequesis habló de San José - a quien ha dedicado las últimas seis catequesis -  como padre putativo y no biológico de Jesús. Partiendo de la historia de la institución de la adopción en el antiguo Oriente, más común entonces que en nuestros días, Francisco habló de la responsabilidad de ser padres y de la belleza de acoger a un niño que necesita un hogar, para que nadie se sienta privado de un vínculo de amor familiar.

“Nadie nace padre, sino que se hace. Y no se hace sólo por traer un hijo al mundo, sino por hacerse cargo de él responsablemente. Todas las veces que alguien asume la responsabilidad de la vida de otro, en cierto sentido ejercita la paternidad respecto a él (Carta ap. Patris corde )”

Abrirse a la vida a través de la adopción

Y esto, dijo el Santo Padre, fue lo que hizo José al reconocer jurídicamente y darle el nombre de Jesús, que significa “El Señor salva”, cumpliendo así el mandato de Dios anunciado en sueños por el Ángel: “Porque salvará a su pueblo de sus pecados" (Mt 1,21). En la antigüedad, explicó el Pontífice, el nombre era la sustancia de la identidad de una persona. Cambiar de nombre significaba cambiarse a sí mismo, pero, sobre todo, dar un nombre a alguien o a algo significaba afirmar la propia autoridad sobre lo nombrado.

“Pienso en particular en todos aquellos que se abren a la acoger la vida a través del camino de la adopción, que es una actitud generosa, bella. José nos muestra que este tipo de vínculo no es secundario, no es un expediente. Este tipo de elección es una de las formas más sublimes de amor y de paternidad y maternidad”, enfatizó el Papa.

No es asumir un “riesgo” es acoger niños

Francisco advirtió que no hay que tener miedo de elegir el camino de la adopción porque no se trata de asumir un “riesgo” sino de “acoger a niños”.

“¡Cuántos niños en el mundo esperan que alguien cuide de ellos! Y cuántos cónyuges desean ser padres y madres, pero no lo consiguen por motivos biológicos; o, incluso teniendo ya hijos, quieren compartir el afecto de su familia con los que se han quedado sin ellos.”

En este sentido, el Papa reflexionó sobre la paternidad en la actualidad: “Vivimos en una época de notoria orfandad”. El Pontífice afirmó que nuestra civilización es “un poco huérfana” y se nota el sentimiento de orfandad que tanto duele.

Egoísmo e invierno demográfico

“Hoy, además, con la orfandad, hay un cierto egoísmo”, subrayó el Papa al referirse al “invierno demográfico” que se vive en algunos países occidentales. El Santo Padre lamentó que muchas parejas prefieren no tener hijos o al límite uno nada más y esta negación de la paternidad y de la maternidad “nos quita humanidad, la civilización envejece y la Patria sufre”. Por ello, pidió a San José un “despertar de las conciencias” sobre la paternidad y la maternidad que son la plenitud de la vida de una persona. 

“Es cierto que existe la paternidad espiritual para los que se consagran a Dios y la maternidad espiritual; pero los que viven en el mundo y se casan, piensen en tener hijos, en dar la vida, porque son ellos los que te cerrarán los ojos, los que se quedarán para el futuro. Y también, si no puedes tener hijos, piensa en la adopción. Es un riesgo, sí: tener un hijo siempre es un riesgo, ya sea natural o adoptado. Pero más arriesgado es no tenerlo. Más arriesgado es negar la paternidad, negar la maternidad, ya sea real o espiritual”, recalcó el Pontífice.

Simplificar el procedimiento de adopción

Al insistir en la belleza de la adopción, el Papa exhortó a las instituciones que se ocupan de las adopciones a estar siempre dispuestas a ayudar, “controlando seriamente” la idoneidad de los candidatos, pero también “simplificando el procedimiento necesario”, para que el “sueño de tantos niños que necesitan una familia, y de tantos cónyuges que desean entregarles su amor, pueda hacerse realidad”.

Curar el egoísmo de los que se cierran a la vida

Como lo ha hecho en cada una de las catequesis dedicadas a San José, Francisco concluyó pidiendo su intercesión y protección, en este caso para que a los huérfanos no le falte un hogar y las parejas que lo desean puedan tener un hijo. Pero también para que abra los corazones de quienes se cierran a la vida.

“San José, tú que has amado a Jesús con amor de padre, hazte cercano a tantos niños que no tienen familia y desean un padre y una madre. Sostén a los cónyuges que no consiguen tener hijos, ayúdalos a descubrir, a través de este sufrimiento, un proyecto más grande. Haz que a nadie le falte una casa, un vínculo, una persona que cuide de él o de ella; y sana el egoísmo de quien se cierra a la vida, para que abra el corazón al amor. Amén.”

 

El Video del Papa: libertad religiosa es valorar al hermano en su diferencia

Francisco dedica el primer mensaje de oración del 2022 contra la discriminación y la persecución religiosa. Recuerda que la libertad religiosa no se limita a la libertad de culto, sino que está vinculada a la fraternidad.

 

El Video del Papa comienza su séptimo año compartiendo la intención de oración que Francisco confía a toda la Iglesia Católica a través de la Red Mundial de Oración del Papa. Acaba de publicarse la edición de enero con un mensaje potente a favor de la libertad religiosa y de las personas que sufren discriminación. El Santo Padre invita a todas las personas a elegir “el camino de la fraternidad. Porque o somos hermanos, o perdemos todos”. Y para ello, es fundamental poner fin a tantas restricciones que mucha gente encuentra al querer profesar su fe. 

Con un llamado de atención a todos los gobiernos del mundo, el Video del Papa —que este mes recibe el apoyo de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), una organización caritativa católica internacional y fundación pontificia cuya misión es ayudar a los fieles allí donde estén perseguidos, oprimidos o necesitados mediante la información, la oración y la acción— refuerza la idea de que en las sociedades en las que vivimos y nos desarrollamos ha de florecer el reconocimiento de los derechos y la dignidad que todos tenemos por el hecho de ser personas.

Minorías religiosas y persecuciones

En su primera intención de oración del 2022, Francisco abre con dos preguntas directas, incisivas y que claman respuesta: “¿Cómo puede ser que actualmente muchas minorías religiosas sufran discriminaciones? ¿Cómo permitimos que haya personas que sean perseguidas simplemente por profesar públicamente su fe?”. En efecto, según revela el “Informe de Libertad Religiosa en el Mundo” publicado por ACN en abril de 2021, la libertad religiosa se vulnera en un tercio de los países del mundo en los cuales viven cerca de 5.200 millones de personas. El mismo informe expone que más de 646 millones de cristianos viven en países donde la libertad religiosa no es respetada. Asimismo, desde 2020 se viene denunciando cómo muchas minorías étnicas y religiosas, especialmente las que son de origen musulmán, no gozan de plenos derechos de ciudadanía en los países en los que viven. 

La libertad religiosa como base de la paz

Es un tema que merece atención, como confirma Thomas Heine-Geldern, presidente ejecutivo de ACN Internacional: “Aunque es imposible conocer la cantidad exacta, nuestra investigación indica que dos tercios de la población mundial vive en países donde se producen violaciones a la libertad religiosa de una u otra forma. ¿Sorprende? No, esta situación ha ido creciendo durante siglos a partir de las raíces de la intolerancia, pasando por la discriminación, hasta la persecución. Creemos firmemente que el derecho a ser libre de practicar o no cualquier religión es un derecho humano fundamental que está directamente relacionado con la dignidad de cada persona. 

Puede parecer obvio, pero incluso cuando los derechos humanos están en boca de todos, la libertad religiosa suele pasar desapercibida. Pero este derecho es el punto de partida de toda nuestra misión. ¿Cómo podríamos defender los derechos de la comunidad cristiana si no abogamos primero por el derecho universal? La religión se manipula una y otra vez para provocar guerras. En ACN nos enfrentamos a ello todos los días. Defender el derecho a la libertad religiosa es clave para exponer la realidad de estos conflictos. Las comunidades religiosas desempeñan un papel central cuando “nada funciona” política o diplomáticamente en las regiones en guerra y crisis del mundo. El mundo debe ser consciente de que las perspectivas de coexistencia pacífica serán desalentadoras si no se respeta la libertad de religión o de creencias como un derecho humano fundamental basado en la dignidad humana de cada persona”. 

Caminos de fraternidad: acoger las diferencias de los demás

El Papa recuerda que la libertad religiosa está ligada al concepto de fraternidad. Y para comenzar a transitar los caminos de fraternidad que Francisco tanto insiste desde hace años, es imperativo no solamente respetar al otro, al prójimo, sino genuinamente valorarlo “en su diferencia y reconocer en él a un verdadero hermano”. Para el Santo Padre “como seres humanos tenemos tantas cosas en común que podemos convivir acogiendo las diferencias con la alegría de ser hermanos”. Sin conceder esta premisa, el camino hacia la paz y la convivencia común no es posible.

El comentario del P. Fornos SJ

El P. Frédéric Fornos S.J., Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, comentó a propósito de esta intención: “Francisco nos ha dado una brújula con su encíclica Fratelli Tutti: la fraternidad humana. Pues como dijo también en su mensaje para el primer Día Internacional de la Fraternidad Humana, ‘Hoy la fraternidad es la nueva frontera de la humanidad. O somos hermanos, o nos destruimos mutuamente’. Para ello es importante reconocer lo que duele a la fraternidad, para poder sanarla y evitar que se traduzca en discriminación y persecución religiosa, como tantas veces acontece, en particular contra los cristianos. Recemos por esta intención de oración con todo nuestro corazón: ‘para que todas las personas que sufren discriminación y persecución religiosa encuentren en las sociedades en las que viven el reconocimiento de sus derechos y la dignidad que proviene de ser hermanos y hermanas’”.

 

Que los enfermos, con Cristo encuentren sentido, consuelo y confianza

El Papa Francisco reza por todos los agentes sanitarios para que, “llenos de misericordia, ofrezcan a los pacientes, además de los cuidados adecuados, su cercanía fraterna”. Así lo escribe el Santo Padre en su Mensaje para la XXX Jornada Mundial del Enfermo que se celebrará el 11 de febrero. Y recuerda que la celebración conclusiva no tendrá lugar en Arequipa, Perú, debido a la pandemia, sino en la Basílica de San Pedro

 

Vatican News

“Sean misericordiosos, así como el Padre de ustedes es misericordioso. Estar al lado de los que sufren en un camino de caridad”. Así se titula el Mensaje del Santo Padre para la XXX Jornada Mundial del Enfermo que se celebra cada 11 de febrero y que fue firmado en Roma, en San Juan de Letrán, el pasado 10 de diciembre de 2021, en la Memoria de la Bienaventurada Virgen María de Loreto.

Francisco comienza recordando que hace treinta años, San Juan Pablo II instituyó esta Jornada Mundial para “sensibilizar al Pueblo de Dios, a las instituciones sanitarias católicas y a la sociedad civil sobre la necesidad de asistir a los enfermos y a quienes los cuidan”.

“Estamos agradecidos al Señor por el camino realizado en las Iglesias locales de todo el mundo durante estos años. Se ha avanzado bastante, pero todavía queda mucho camino por recorrer para garantizar a todas las personas enfermas, principalmente en los lugares y en las situaciones de mayor pobreza y exclusión, la atención sanitaria que necesitan, así como el acompañamiento pastoral para que puedan vivir el tiempo de la enfermedad unidos a Cristo crucificado y resucitado”

Servicio y cercanía a los enfermos y a sus familias

Por esta razón el Pontífice manifiesta su deseo de que esta XXX Jornada Mundial del Enfermo, cuya celebración conclusiva – recuerda – no tendrá lugar en Arequipa, Perú, debido a la pandemia, sino en la Basílica de San Pedro en el Vaticano – pueda ayudarnos a crecer en el servicio y en la cercanía a las personas enfermas y a sus familias”.

El Obispo de Roma desarrolla su reflexión a lo largo de cinco puntos en los que aborda el hecho de ser “misericordiosos como el Padre”, Jesús, en su carácter de “misericordia del Padre”, el hecho de “tocar la carne sufriente de Cristo”, los centros de asistencia sanitaria como “casas de misericordia” y la “misericordia pastoral” que debe ser, precisamente “presencia y cercanía”.

Misericordiosos como el Padre

En cuanto al tema elegido para esta Jornada, el Papa recuerda que “la misericordia es el nombre de Dios por excelencia, que manifiesta su naturaleza, no como un sentimiento ocasional, sino como fuerza presente en todo lo que Él realiza”.

“Por eso, podemos afirmar con asombro y gratitud que la misericordia de Dios tiene en sí misma tanto la dimensión de la paternidad como la de la maternidad, porque Él nos cuida con la fuerza de un padre y con la ternura de una madre, siempre dispuesto a darnos nueva vida en el Espíritu Santo”

Jesús, misericordia del Padre

En su segundo punto el Pontífice destaca que “el testigo supremo del amor misericordioso del Padre a los enfermos es su Hijo unigénito”, tal como nos lo indican en numerosas ocasiones los Evangelios, que “narran los encuentros de Jesús con personas que padecen diversas enfermedades”. Y ante la pregunta de “¿por qué esta atención particular de Jesús hacia los enfermos, hasta tal punto que se convierte también en la obra principal de la misión de los apóstoles, enviados por el Maestro a anunciar el Evangelio y a curar a los enfermos”, Francisco destaca una motivación sugerida por un pensador del siglo XX: “El dolor aísla completamente y es de este aislamiento absoluto del que surge la llamada al otro, la invocación al otro”.

“Cuando una persona experimenta en su propia carne la fragilidad y el sufrimiento a causa de la enfermedad, también su corazón se entristece, el miedo crece, los interrogantes se multiplican; hallar respuesta a la pregunta sobre el sentido de todo lo que sucede es cada vez más urgente”

Tras recordar a los numerosos enfermos que, “durante este tiempo de pandemia, han vivido en la soledad de una unidad de cuidados intensivos la última etapa de su existencia atendidos, sin lugar a dudas, por agentes sanitarios generosos, pero lejos de sus seres queridos y de las personas más importantes de su vida terrenal”, el Papa añade que aquí se destaca “la importancia de contar con la presencia de testigos de la caridad de Dios que derramen sobre las heridas de los enfermos el aceite de la consolación y el vino de la esperanza, siguiendo el ejemplo de Jesús, misericordia del Padre”.   

Tocar la carne sufriente de Cristo

En este punto de su Mensaje el Papa pone de manifiesto que esta invitación de Jesús “adquiere un significado particular para los agentes sanitarios”. De ahí que su pensamiento se dirija a los médicos, enfermeros, técnicos de laboratorio, personal encargado de asistir y cuidar a los enfermos, sin olvidar a los numerosos voluntarios que dan su precioso tiempo a quienes sufren.

“Queridos agentes sanitarios, su servicio al lado de los enfermos, realizado con amor y competencia, trasciende los límites de la profesión para convertirse en una misión. Sus manos, que tocan la carne sufriente de Cristo, pueden ser signo de las manos misericordiosas del Padre. Sean conscientes de la gran dignidad de su profesión, como también de la responsabilidad que esta conlleva”

Siempre es posible cuidar y consolar

El Papa invita a bendecir al Señor “por los progresos que la ciencia médica ha realizado, sobre todo en estos últimos tiempos”. Además, reflexiona acerca de las nuevas tecnologías que “han permitido desarrollar tratamientos que son muy beneficiosos para las personas enfermas”; mientras “la investigación sigue aportando su valiosa contribución para erradicar enfermedades antiguas y nuevas”; o la medicina de rehabilitación que “ha desarrollado significativamente sus conocimientos y competencias”. Algo que – explica – “no debe hacernos olvidar la singularidad de cada persona enferma, con su dignidad y sus fragilidades”.

“El enfermo es siempre más importante que su enfermedad y por eso cada enfoque terapéutico no puede prescindir de escuchar al paciente, de su historia, de sus angustias y de sus miedos”

E incluso “cuando no es posible curar – agrega Francisco – siempre es posible cuidar, siempre es posible consolar, siempre es posible hacer sentir una cercanía que muestra interés por la persona antes que por su patología”. Por eso espero que la formación profesional capacite a los agentes sanitarios para saber escuchar y relacionarse con el enfermo.

Los centros de asistencia sanitaria como casas de misericordia

El Papa recuera en su cuarto punto que esta “también es una ocasión propicia para centrar nuestra atención en los centros de asistencia sanitaria”, gracias a “la misericordia hacia los enfermos” que “ha llevado a la comunidad cristiana a abrir innumerables posadas del buen samaritano, para acoger y curar a enfermos de todo tipo, sobre todo a aquellos que no encontraban respuesta a sus necesidades sanitarias, debido a la pobreza o a la exclusión social, o por las dificultades a la hora de tratar ciertas patologías”.

“Muchos misioneros, misericordiosos como el Padre, acompañaron el anuncio del Evangelio con la construcción de hospitales, dispensarios y centros de salud. Son obras valiosas mediante las cuales la caridad cristiana ha tomado forma y el amor de Cristo, testimoniado por sus discípulos, se ha vuelto más creíble”

El pensamiento del Pontífice se dirige asimismo a “los habitantes de las zonas más pobres del planeta, donde a veces hay que recorrer largas distancias para encontrar centros de asistencia sanitaria que, a pesar de contar con recursos limitados”.

Falta de vacunas contra el virus del Covid-19

“Aún queda un largo camino por recorrer – prosigue Francisco en su Mensaje – y en algunos países recibir un tratamiento adecuado sigue siendo un lujo. Lo demuestra, por ejemplo, la falta de disponibilidad de vacunas contra el virus del Covid-19 en los países más pobres; ¡pero aún más la falta de tratamientos para patologías que requieren medicamentos mucho más sencillos!”.

“En este contexto, deseo reafirmar la importancia de las instituciones sanitarias católicas: son un tesoro precioso que hay que custodiar y sostener; su presencia ha caracterizado la historia de la Iglesia por su cercanía a los enfermos más pobres y a las situaciones más olvidadas”

“En una época en la que la cultura del descarte está muy difundida y a la vida no siempre se le reconoce la dignidad de ser acogida y vivida”, el Papa pone de manifiesto que “estas estructuras, como casas de la misericordia, pueden ser un ejemplo en la protección y el cuidado de toda existencia, aun de la más frágil, desde su concepción hasta su término natural”.

La misericordia pastoral: presencia y cercanía

En su último punto, antes de impartir a todos con afecto su Bendición Apostólica, el Santo Padre recuerda que “la cercanía a los enfermos y su cuidado pastoral no sólo es tarea de algunos ministros específicamente dedicados a ello”, puesto que “visitar a los enfermos es una invitación que Cristo hace a todos sus discípulos”. Y al concluir, dirigiéndose a los “queridos hermanos y hermanas”, el Papa encomienda a “todos los enfermos y a sus familias a la intercesión de María, Salud de los enfermos”.

“Que unidos a Cristo, que lleva sobre sí el dolor del mundo, puedan encontrar sentido, consuelo y confianza. Rezo por todos los agentes sanitarios para que, llenos de misericordia, ofrezcan a los pacientes, además de los cuidados adecuados, su cercanía fraterna”

 

Papa: "Dejemos que Dios habite nuestro corazón y toque nuestras zonas oscuras"

A la hora del rezo del Ángelus, el domingo 2 de enero, el Papa Francisco invitó a los fieles y peregrinos a aprovechar estos días navideños para acoger al Señor en nuestro corazón, no sólo con palabras, sino con gestos concretos. "Invitémoslo oficialmente a formar parte de nuestras vidas -dijo el Pontífice- sobre todo presentándole nuestras zonas oscuras y contándole sin miedo los problemas sociales y eclesiales de nuestro tiempo, porque Dios ama habitar entre nosotros".

 

Sofía Lobos - Ciudad del Vaticano

El domingo 2 de enero, el Papa Francisco rezó la oración mariana del Ángelus, asomado desde la ventana del Palacio Apostólico del Vaticano junto a los fieles y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro.

El Pontífice reflexionó sobre la Liturgia del día que presenta una hermosa frase que siempre rezamos a la hora del Ángelus y que es la única que nos revela el sentido de la Navidad: "El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1, 14).

Dios: Verbo y carne

Estas palabras contienen una paradoja -dijo el Santo Padre- ya que ponen juntas dos realidades opuestas: el Verbo y la carne:

“Verbo indica que Jesús es la Palabra eterna del Padre, infinita, que existe desde siempre, antes de todas las cosas creadas; carne, en cambio, indica precisamente nuestra realidad creada, frágil, limitada, mortal”

En este contexto, Francisco puntualizó que antes de Jesús eran dos mundos separados: "El Cielo opuesto a la tierra, lo infinito opuesto a lo finito, el espíritu opuesto a la materia".

Ante nuestra fragilidad, el Señor no retrocede

El Papa se detuvo a analizar otro binomio presente en el Prólogo del Evangelio de Juan: luz y tinieblas (cfr. v. 5).

"Jesús es la luz de Dios que ha entrado en las tinieblas del mundo. Dios es luz: en Él no hay opacidad; en nosotros, en cambio, hay muchas oscuridades. Ahora, con Jesús, se encuentran la Luz y las tinieblas: la santidad y la culpa, la gracia y el pecado", subrayó.

Pero... ¿qué quiere anunciar el Evangelio con estas polaridades? Para Francisco se trata de una cosa espléndida, es decir, el modo de actuar de Dios:

“Ante nuestra fragilidad, el Señor no retrocede. No permanece en su beata eternidad y en su luz infinita, sino que se hace cercano, se hace carne, desciende a las tinieblas, habita tierras extrañas a Él. Lo hace porque no se resigna a que podamos extraviarnos yendo lejos de Él, lejos de la eternidad, lejos de la luz. He aquí la obra de Dios: venir entre nosotros. Si nosotros nos consideramos indignos, eso no lo detiene. Si lo rechazamos, no se cansa de buscarnos. Si no estamos preparados y bien dispuestos a recibirlo, prefiere venir de todos modos”

Dejar que Dios habite en nuestra vida, aunque sea desaliñada

Continuando con su alocución, el Pontífice recordó que, a menudo, nos mantenemos a distancia de Dios porque pensamos que no somos dignos de Él por diversos motivos y aunque esto sea cierto, la Navidad nos invita a ver las cosas desde el punto de vista divino:

“Dios desea encarnarse. Si tu corazón te parece demasiado contaminado por el mal, desordenado, no te cierres, no tengas miedo. Piensa en el establo de Belén. Jesús nació allí, en esa pobreza, para decirte que ciertamente no teme visitar tu corazón, habitar en una vida desaliñada. Habitar. Es el verbo que utiliza hoy el Evangelio: expresa un compartir total, una gran intimidad. Esto es lo que Dios quiere”

Sin embargo, para lograr que Dios habite en nuestro corazón -añadió el Santo Padre- cada uno debe hacerle un espacio, aunque no sólo con palabras, sino con gestos concretos:

"Tal vez haya aspectos de la vida que guardamos para nosotros, exclusivos, lugares interiores en los cuales tenemos miedo que entre el Evangelio, donde no queremos poner a Dios en medio", afirmó Francisco, a la vez que invitó a todos a aprovechar estos días navideños para acoger al Señor en nuestro corazón.

Presentémosle nuestras zonas oscuras

Y ¿cómo podemos hacerlo? El Papa sugiere dos formas: deteniéndonos ante el pesebre, "porque muestra a Jesús que viene a habitar toda nuestra vida concreta, ordinaria, donde no va todo bien, donde hay muchos problemas"; y presentándole allí nuestras situaciones, lo que vivimos.

Ante el pesebre, hablemos con Jesús de nuestras vicisitudes concretas. Invitémoslo oficialmente a nuestra vida, sobre todo a las zonas oscuras, a nuestros "establos interiores", -aseveró el Obispo de Roma- exhortando también "a contarle sin miedo los problemas sociales y eclesiales de nuestro tiempo, porque Dios ama habitar entre nosotros". 

"Que la Madre de Dios, en quien el Verbo se hizo carne, nos ayude a cultivar una mayor intimidad con el Señor", concluyó.

 

EPIFANÍA DEL SEÑOR*

Solemnidad

— Correspondencia a la gracia.

— Los caminos que conducen a Cristo.

— Renovar el espíritu apostólico.

I. Hemos visto salir la estrella del Señor y venimos con regalos a adorarlo1.

La luz de Belén brilla para todos los hombres y su fulgor se divisa en toda la tierra. Jesús, apenas nacido, «comenzó a comunicar su luz y sus riquezas al mundo, trayendo tras sí con su estrella a hombres de tan lejanas tierras»2Epifanía significa precisamente manifestación. En esta fiesta –una de las más antiguas– celebramos la universalidad de la Redención, Los habitantes de Jerusalén que aquel día vieron llegar a estos personajes por la ruta del Oriente bien podrían haber entendido el anuncio del Profeta Isaías, que hoy leemos en la Primera lectura de la Misa: Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz, la gloria del Señor amanece sobre ti. Mira: las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti; y caminarán los pueblos a tu luz; los reyes, al resplandor de tu aurora. Levanta la vista en torno, mira: todos esos se han reunido, vienen a ti: tus hijos llegan de lejos...3.

Los Magos, en quienes están representadas todas las razas y naciones, han llegado al final de su largo camino. Son hombres con sed de Dios que dejaron a un lado comodidad, bienes terrenos y satisfacciones personales para adorar al Señor Dios. Se dejaron guiar por un signo externo, una estrella que quizá brillaba con distinto fulgor, «más clara y más brillante que las demás, y tal, que atraía los ojos y los corazones de cuantos la contemplaban, para mostrar que no podía carecer de significado una cosa tan maravillosa»4. Eran hombres dedicados al estudio del cielo, acostumbrados a buscar en él signos. Hemos visto su estrella, dicen, y venimos a buscar al rey de los judíos. Quizá había llegado hasta ellos la esperanza mesiánica de los judíos de la diáspora, pero debemos pensar que fueron iluminados a la vez por una gracia interior que les puso en camino. El que los guió -comenta San Bernardo también los ha instruido, y el mismo que les advirtió externamente mediante una estrella, los iluminó en lo íntimo del corazón5. La fiesta de estos Santos, que correspondieron a las gracias que el Señor les otorgó, es una buena oportunidad para que consideremos si realmente la vida es para nosotros un camino que se dirige derechamente hacia Jesús, y para que examinemos si correspondemos a las gracias que en cada situación recibimos del Espíritu Santo, de modo particular al don inmenso de la vocación cristiana.

Miramos al Niño en brazos de María y le decimos: «Señor mío Jesús: haz que sienta, que secunde de tal modo tu gracia, que vacíe mi corazón... para que lo llenes Tú, mi Amigo, mi Hermano, mi Rey, mi Dios, ¡mi Amor!»6.

II. Llegaron estos hombres sabios a Jerusalén; tal vez pensaban que aquel era el término de su viaje, pero allí, en la gran ciudad, no encuentran al nacido rey de los judíos. Quizá –parece humanamente lo más lógico, si se trata de buscar a un rey– se dirigieron directamente al palacio de Herodes; pero los caminos de los hombres no son, frecuentemente, los caminos de Dios. Indagan, ponen los medios a su alcance: ¿dónde está?, preguntan. Y Dios, cuando de verdad se le quiere encontrar, sale al paso, nos señala la ruta, incluso a través de los medios que podrían parecer menos aptos.

«¿Dónde está el nacido rey de los judíos? (Mt 2, 2).

»Yo también, urgido por esa pregunta, contemplo ahora a Jesús, reclinado en un pesebre (Lc 2, 12), en un lugar que es sitio adecuado solo para las bestias. ¿Dónde está, Señor, tu realeza: la diadema, la espada, el cetro? Le pertenecen, y no los quiere; reina envuelto en pañales. Es un Rey inerme, que se nos muestra indefenso: es un niño pequeño (...).

»¿Dónde está el Rey? ¿No será que Jesús desea reinar, antes que nada en el corazón, en tu corazón? Por eso se hace Niño, porque ¿quién no ama a una criatura pequeña? ¿Dónde está el Rey? ¿Dónde está el Cristo, que el Espíritu Santo procura formar en nuestra alma?»7.

Y nosotros, que, como los Magos, nos hemos puesto en camino muchas veces en busca de Cristo, al preguntarnos dónde está, nos damos cuenta de que «no puede estar en la soberbia que nos separa de Dios, no puede estar en la falta de caridad que nos aísla. Ahí no puede estar Cristo; ahí el hombre se queda solo»8.

Hemos de encontrar las verdaderas señales que llevan hasta el Niño-Dios. En estos hombres llamados a adorar a Dios reconocemos a toda la humanidad: la del pasado, la de nuestros días y la que vendrá. En estos Magos nos reconocemos a nosotros mismos, que nos encaminamos a Cristo a través de nuestros quehaceres familiares, sociales y profesionales, de la fidelidad en lo pequeño de cada día... Comenta San Buenaventura que la estrella que nos guía es triple: la Sagrada Escritura, que hemos de conocer bien; una estrella, que está siempre arriba para que la miremos y encontremos la justa dirección, que es María Madre; y una estrella interior, personal, que son las gracias del Espíritu Santo9. Con estas ayudas encontraremos en todo momento el sendero que conduce a Belén, hasta Jesús.

Es el Señor el que ha puesto en nuestro corazón el deseo de buscarlo: No sois vosotros quienes me habéis elegido, sino que Yo os elegí a vosotros10. Su llamada continua es la que nos hace encontrarlo en el Santo Evangelio, en el recurso filial a Santa María, en la oración, en los sacramentos, y de modo muy particular en la Sagrada Eucaristía, donde nos espera siempre. Nuestra Madre del Cielo nos anima a apresurar el paso, porque su Hijo nos aguarda.

Dentro de un tiempo, quizá no mucho, la estrella que hemos ido siguiendo a lo largo de esta vida terrena brillará perpetuamente sobre nuestras cabezas; y volveremos a encontrar a Jesús sentado en un trono, a la diestra de Dios Padre y envuelto en la plenitud de su poder y de su gloria, y, muy cerca, su Madre. Entonces será la perfecta epifanía, la radiante manifestación del Hijo de Dios.

III. La Solemnidad de la Epifanía nos mueve a renovar el espíritu apostólico que el Señor ha puesto en nuestro corazón. Desde los comienzos fue considerada esta fiesta como la primera manifestación de Cristo a todos los pueblos. «Con el nacimiento de Jesús se ha encendido una estrella en el mundo, se ha encendido una vocación luminosa; caravanas de pueblos se ponen en camino (cfr. Is 60, 1 ss.); se abren nuevos senderos sobre la tierra; caminos que llegan, y, por lo mismo, caminos que parten. Cristo es el centro. Más aún, Cristo es el corazón: ha comenzado una nueva circulación que ya no terminará nunca. Está destinada a constituir un programa, una necesidad, una urgencia, un esfuerzo continuo, que tiene su razón de ser en el hecho de que Cristo es el Salvador. Cristo es necesario (...). Cristo quiere ser anunciado, predicado, difundido...»11. La fiesta de hoy nos recuerda una vez más que hemos de llevar a Cristo y darlo a conocer en la entraña de la sociedad, a través del ejemplo y de la palabra: en la familia, en los hospitales, en la Universidad, en la oficina donde trabajamos...

Levanta la vista en torno a ti, mira: tus hijos llegan de lejos... De lejos, de todos los lugares y de todas las situaciones en las que se puedan encontrar, por muy distantes que parezcan estar de Dios. En nuestro corazón resuena la invitación que años más tarde dirigirá el Señor a quienes le siguen: Id, pues, enseñad a todas las gentes...12. No importa que nuestros familiares, amigos o compañeros se encuentren lejos. La gracia de Dios es más poderosa y, con su ayuda, podemos lograr que se unan a nosotros para adorar a Jesús.

No nos acerquemos hoy a Jesús con las manos vacías. Él no tiene necesidad de nuestros dones, pues es el Dueño de todo cuanto existe, pero desea la generosidad de nuestro corazón para que así se agrande y pueda recibir más gracias y bienes. Hoy ponemos a su disposición el oro puro de la caridad: al menos, el deseo de quererle más, de tratar mejor a todos; el incienso de las oraciones y de las buenas obras convertidas en oración; la mirra de nuestros sacrificios que, unidos al Sacrificio de la Cruz, renovado en la Santa Misa, nos convierte en corredentores con Él.

Y a la hora de pedir algo a los Reyes –porque son santos, que pueden interceder por nosotros en el Cielo– no les pediremos oro, incienso y mirra para nosotros; pidámosles más bien que nos enseñen el camino para encontrar a Jesús, cerca de su Madre, y fuerzas y humildad para no desfallecer en esta empresa, que es la que más importa.

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en marcha. Y he aquí que la estrella que habían visto en Oriente iba delante de ellos, hasta pararse sobre el sitio donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de una inmensa alegría13. Es la alegría incomparable de encontrar a Dios, al que se ha buscado por todos los medios, con todas las fuerzas del alma.

Y entrando en la casa, vieron al Niño con María, su Madre, y postrándose le adoraron; luego abrieron sus cofres y le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra14. Eran dones muy apreciados en Oriente. «Y ese mismo Niño que ha aceptado los regalos de los Magos sigue siendo siempre Aquel ante el cual todos los hombres y pueblos “abren sus cofres”, es decir, sus tesoros.

»En este acto de apertura ante el Dios encarnado, los dones del espíritu humano adquieren un valor especial»15. Todo adquiere un valor nuevo cuando se ofrece a Dios.

1 Antífona de comunión. Cfr. Mt 2, 2. — 2 Fray Luis de Granada, Vida de Jesucristo, Rialp, 2ª ed., Madrid 1975, VI, p. 54. — 3 Is 60, 1-6. — 4 San León Magno, Homilías sobre la Epifanía, I, 1. — 5 Cfr. San Bernardo, En la Epifanía del Señor, I, 5. — 6 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 913. — 7 ídem, Es Cristo que pasa, Rialp, 1ª ed., Madrid 1973, 31. — 8 Ibídem. — 9 Cfr. San Buenaventura, En la Epifanía del Señor, en Obras completas, II, pp. 460-466. — 10 Jn 15, 16. — 11 Pablo VI, Homilía 6-I-1973. — 12 Mt 28, 19. — 13 Mt 2, 9-10. — 14 Mt 2, 11. — 15 Juan Pablo II, Audiencia general 24-I-1979.

Epifanía quiere decir manifestación. En la Solemnidad de hoy la Iglesia conmemora la primera manifestación del Hijo de Dios hecho Hombre al mundo pagano, que tuvo lugar con la adoración de los Magos. La fiesta proclama el alcance universal de la misión de Cristo, que viene al mundo para cumplir las promesas hechas a Israel y llevar a cabo la salvación de todos los hombres.

La Solemnidad de la Epifanía, llamada también en la antigüedad Teofanía o fiesta de la Iluminación, nació en los primeros siglos del Cristianismo, en Oriente, y llegó a ser universal ya en el siglo iv. Desde sus orígenes se celebró el 6 de enero.

 

Meditaciones: Epifanía del Señor

Reflexión para meditar el 6 de enero. Los temas propuestos son: los Magos representan a todas las naciones; llevar la Redención a todas las almas; iluminar con nuestra propia vida.

06/01/2022

– Los Magos representan a todas las naciones

– Llevar la Redención a todas las almas

– Iluminar con nuestra propia vida


«NO HACE mucho –decía san Josemaría–, he admirado un relieve en mármol, que representa la escena de la adoración de los Magos al Niño Dios. Enmarcando ese relieve, había otros cuatro ángeles, cada uno con un símbolo: una diadema, el mundo coronado por la cruz, una espada, un cetro. De esta manera plástica, utilizando signos conocidos, se ha ilustrado el acontecimiento que conmemoramos hoy: unos hombres sabios –la tradición dice que eran reyes– se postran ante un Niño, después de preguntar en Jerusalén: “¿dónde está el nacido rey de los judíos?” (Mt 2, 2)»[1].

Epifanía quiere decir aparición o manifestación. Celebramos llenos de alegría la manifestación del Señor a todas las naciones, representadas en estos Magos que llegan de Oriente. Después de los pastores, el Señor se da a conocer a estos misteriosos personajes. En la Epifanía, Dios presenta a su Hijo «a los pueblos gentiles por medio de una estrella»[2]. Se descubre «la hermosa realidad de la venida de Dios para todos: cada nación, lengua y población es acogida y amada por Él. El símbolo de esto es la luz, que alcanza e ilumina todo»[3]. El Niño recién nacido es el Mesías prometido a los israelitas pero su misión redentora se extiende a todos los pueblos de la tierra. «Celebramos a Cristo, meta de la peregrinación de los pueblos en búsqueda de la salvación»[4].

El evangelio nos cuenta que los Magos «entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron» (Mt 2,11). En su adoración vemos representadas a millones de personas de todos los rincones de la tierra que se ponen en camino, llamadas por Dios, para adorar a Jesucristo. Este es el sentido pleno de la profecía de Isaías: «¡Levántate, Jerusalén, resplandece!, que ya se alza tu luz y se levanta sobre ti la gloria del Señor» (Is 60,1). El profeta dirige su voz a la ciudad santa, figura de la Iglesia, la nueva Jerusalén, luz de las naciones. De todas partes vendrán reyes y pueblos, atraídos por los destellos de su gloria. Madre y maestra de todos los pueblos, la Iglesia los acoge en su seno y los presenta como preciada dote a Cristo.


HAN PASADO más de veinte siglos desde la adoración de los Magos y ese largo desfile de personas de todo el mundo no ha hecho más que comenzar. «Se acordarán y se convertirán al Señor los enteros confines de la tierra, se postrarán en su presencia todas las familias de las naciones» (Sal 21,28). La labor evangelizadora de los primeros cristianos fue muy honda, llegaron a extender la fe por todo el mundo conocido, sembraron a voleo y los frutos no se hicieron esperar. Desde entonces, nuevas gentes se acercaron –y continúan haciéndolo– hasta Jesús y María. Del mismo modo, llegamos también nosotros, de todas las latitudes, de todas las razas y lenguas. «Levanta la vista en torno, mira: todos esos se han reunido, vienen hacia ti; llegan tus hijos desde lejos» (Is 60,4).

«Es necesario repetir una y otra vez –utilizando unas palabras de san Josemaría– que Jesús no se dirigió a un grupo de privilegiados, sino que vino a revelarnos el amor universal de Dios. Todos los hombres son amados de Dios, de todos ellos espera amor. De todos, cualesquiera que sean sus condiciones personales, su posición social, su profesión u oficio. La vida corriente y ordinaria no es cosa de poco valor: todos los caminos de la tierra pueden ser ocasión de un encuentro con Cristo, que nos llama a identificarnos con Él, para realizar –en el lugar donde estamos– su misión divina. Dios nos llama a través de las incidencias de la vida de cada día, en el sufrimiento y en la alegría de las personas con las que convivimos, en los afanes humanos de nuestros compañeros, en las menudencias de la vida de familia. Dios nos llama también a través de los grandes problemas, conflictos y tareas que definen cada época histórica, atrayendo esfuerzos e ilusiones de gran parte de la humanidad»[5].

Nuestra misión es la misma que la de aquellos primeros cristianos: «Somos para la masa, hijos míos, para la multitud. No hay alma a la que no queramos amar y ayudar, haciéndonos todo para todos: “omnibus omnia factus sum” (1Cor 9,22). No podemos vivir de espaldas a ninguna inquietud, a ninguna necesidad de los hombres»[6]. Nosotros también hemos visto la estrella y el Señor desea llegar a todas las almas, a través de cada uno, para ofrecer su consuelo y su salvación.


EN EL PREFACIO de la Misa de hoy, rezaremos: «En Cristo, luz de los pueblos, has revelado a los pueblos el misterio de nuestra salvación». Nosotros deseamos colaborar en la tarea de la Redención; san Juan Pablo II nos hacía notar que «una mirada global a la humanidad demuestra que esta misión se halla todavía en los comienzos»[7]. Vivimos seguros en la esperanza de que ese Niño es la verdadera luz del mundo, una luz que brilla en la humildad. Y, de cierta manera, queremos parecernos a la estrella de los Magos para así mostrar el camino que conduce hasta Dios.

«¿Dónde está el Rey? –se preguntaba san Josemaría en la Epifanía de 1956–. ¿No será que Jesús desea reinar, antes que nada en el corazón, en tu corazón? Por eso se hace Niño, porque ¿quién no ama a una criatura pequeña? ¿Dónde está el Rey? ¿Dónde está el Cristo, que el Espíritu Santo procura formar en nuestra alma? No puede estar en la soberbia que nos separa de Dios, no puede estar en la falta de caridad que nos aísla. Ahí no puede estar Cristo; ahí el hombre se queda solo. A los pies de Jesús Niño, en el día de la Epifanía, ante un Rey sin señales exteriores de realeza, podéis decirle: Señor, quita la soberbia de mi vida; quebranta mi amor propio, este querer afirmarme yo e imponerme a los demás. Haz que el fundamento de mi personalidad sea la identificación contigo»[8].

En este día grande miramos con cariño a Belén, para aprender de aquellos hombres de Oriente postrados ante el Niño. Tomando por modelo a los Magos, le decimos a Jesús que, con su ayuda, no pondremos obstáculos a su querer redentor. Le suplicamos a María que nos enseñe a ser luz para nuestros familiares y amigos. También le pedimos humildad para que Cristo viva en nuestros corazones e, identificados con Él, atraer a muchos hacia su amor redentor.


[1] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 31.

[2] Epifanía del Señor, Misa del día, Oración colecta.

[3] Francisco, Homilía, 6-I-2019.

[4] Benedicto XVI, Homilía, 6-I-2007.

[5] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 110.

[6] San Josemaría, Carta 6-V-1945, n. 42.

[7] San Juan Pablo II, enc. Redemptoris missio, n. 1.

[8] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 31.

 

“¿Dónde está el nacido rey?”

La humildad es otro buen camino para llegar a la paz interior. -"Él" lo ha dicho: "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón... y encontraréis paz para vuestras almas". (Camino, 607)

6 de enero

¿Dónde está el nacido rey de los judíos? Yo también, urgido por esa pregunta, contemplo ahora a Jesús, reclinado en un pesebre, en un lugar que es sitio adecuado sólo para las bestias. ¿Dónde está, Señor, tu realeza: la diadema, la espada, el cetro? Le pertenecen, y no los quiere; reina envuelto en pañales. Es un Rey inerme, que se nos muestra indefenso: es un niño pequeño. ¿Cómo no recordar aquellas palabras del Apóstol: se anonadó a sí mismo, tomando forma de siervo?

Nuestro Señor se encarnó para manifestarnos la voluntad del Padre. Y he aquí que, ya en la cuna, nos instruye. Jesucristo nos busca ‑con una vocación, que es vocación a la santidad‑ para consumar, con Él, la Redención. Considerad su primera enseñanza: hemos de corredimir no persiguiendo el triunfo sobre nuestros prójimos, sino sobre nosotros mismos. Como Cristo, necesitamos anonadarnos, sentirnos servidores de los demás, para llevarlos a Dios.

¿Dónde está el Rey? ¿No será que Jesús desea reinar, antes que nada en el corazón, en tu corazón? Por eso se hace Niño, porque ¿quién no ama a una criatura pequeña? ¿Dónde está el Rey? ¿Dónde está el Cristo, que el Espíritu Santo procura formar en nuestra alma? No puede estar en la soberbia que nos separa de Dios, no puede estar en la falta de caridad que nos aísla. Ahí no puede estar Cristo; ahí el hombre se queda solo.

A los pies de Jesús Niño, en el día de la Epifanía, ante un Rey sin señales exteriores de realeza, podéis decirle: Señor, quita la soberbia de mi vida; quebranta mi amor propio, este querer afirmarme yo e imponerme a los demás. Haz que el fundamento de mi personalidad sea la identificación contigo. (Es Cristo que pasa, 31)

 

La paternidad de San José

El Papa Francisco ha dedicado su catequesis a “san José como padre de Jesús”, y a la importancia de experimentar el amor de un padre y de una madre. “Quisiera destacar el ejemplo de quienes han decidido adoptar un hijo, viviendo así una de las formas más sublimes de maternidad y paternidad”, ha dicho el Papa.

05/01/2022

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy meditaremos sobre san José como padre de Jesús. Los Evangelistas Mateo y Lucas lo presentan como padre putativo de Jesús y no como padre biológico. Mateo lo precisa, evitando la fórmula “engendró”, utilizada en la genealogía para todos los antepasados de Jesús; pero lo define como «el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo» (1,16). Mientras que Lucas lo afirma diciendo que era padre de Jesús «según se creía» (3,23), es decir, aparecía como padre.

Para comprender la paternidad putativa o legal de José, es necesario tener presente que antiguamente en Oriente era muy frecuente, más de lo que es en nuestros días, el instituto de la adopción. Pensemos en el caso común en Israel del “levirato”, así formulado en el Deuteronomio: «Si varios hermanos viven juntos y uno de ellos muere sin tener hijos, la mujer del difunto no se casará fuera con un hombre de familia extraña. Su cuñado se llegará a ella, ejercerá su levirato tomándola por esposa, y el primogénito que ella dé a luz llevará el nombre de su hermano difunto; así su nombre no se borrará de Israel» (25,5-6). En otras palabras, el padre de ese hijo es el cuñado, pero el padre legal sigue siendo el difunto, que atribuye al neonato todos los derechos hereditarios. El objetivo de esta ley era doble: asegurar la descendencia al difunto y la conservación del patrimonio.

Como padre oficial de Jesús, José ejerce el derecho de imponer el nombre al hijo, reconociéndolo jurídicamente. Jurídicamente es el padre, pero no generativamente, no lo engendró.

Antiguamente, el nombre era el compendio de la identidad de una persona. Cambiar el nombre significaba cambiarse a sí mismos, como en el caso de Abram, cuyo nombre Dios cambia en “Abraham”, que significa “padre de muchos”, «porque –dice el Libro del Génesis– serás padre de una muchedumbre de pueblos» (17,5). Así para Jacob, que es llamado “Israel”, que significa “el que lucha con Dios”, porque luchó con Dios para obligarlo a darle la bendición (cf. Gn 32,29; 35,10).

Pero sobre todo dar el nombre a alguien o a algo significaba afirmar la propia autoridad sobre lo que era denominado, como hizo Adán cuando dio un nombre a todos los animales (cf. Gn 2,19-20).

José sabe ya que para el hijo de María hay un nombre preparado por Dios ―el nombre a Jesús se lo da el verdadero padre de Jesús, Dios― el nombre “Jesús”, que significa “El Señor salva”, como le explica el Ángel: «porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,21). 

Este aspecto particular de la figura de José nos permite hoy hacer una reflexión sobre la paternidad y sobre la maternidad. Y esto creo que es muy importante: pensar en la paternidad, hoy. Porque nosotros vivimos en una época de notoria orfandad. Es curioso: nuestra civilización es un poco huérfana, y se siente, esta orfandad. Que la figura de San José nos ayude a entender cómo se resuelve el sentido de orfandad que hoy nos hace tanto daño.

No basta con traer al mundo a un hijo para decir que uno es padre o madre. «Nadie nace padre, sino que se hace. Y no se hace sólo por traer un hijo al mundo, sino por hacerse cargo de él responsablemente. Todas las veces que alguien asume la responsabilidad de la vida de otro, en cierto sentido ejercita la paternidad respecto a él» (Carta ap. Patris corde). 

Pienso de modo particular en todos aquellos que se abren a acoger la vida a través de la vía de la adopción, que es una actitud muy generosa y hermosa. José nos muestra que este tipo de vínculo no es secundario, no es una alternativa. Este tipo de elección está entre las formas más altas de amor y de paternidad y maternidad. ¡Cuántos niños en el mundo esperan que alguien cuide de ellos! Y cuántos cónyuges desean ser padres y madres y no lo consiguen por motivos biológicos; o, incluso teniendo ya hijos, quieren compartir el afecto familiar con quien no lo tiene. No hay que tener miedo de elegir la vía de la adopción, de asumir el “riesgo” de la acogida. 

Y hoy con la orfandad también hay un cierto egoísmo. El otro día, hablaba sobre el invierno demográfico que hay hoy: la gente no quiere tener hijos, o solamente uno y nada más. Y muchas parejas no tienen hijos porque no quieren o tienen solamente uno porque no quieren otros, pero tienen dos perros, dos gatos… Sí, perros y gatos ocupan el lugar de los hijos. Sí, hace reír, lo entiendo, pero es la realidad. Y este hecho de renegar de la paternidad y la maternidad nos rebaja, nos quita humanidad. Y así la civilización se vuelve más vieja y sin humanidad, porque se pierde la riqueza de la paternidad y de la maternidad. Y sufre la Patria, que no tiene hijos y ―como decía uno de manera un poco humorística― “y ahora que no hay hijos, ¿quién pagará los impuestos para mi pensión? ¿Quién se hará cargo de mí?”: reía, pero es la verdad. 

Yo le pido a san José la gracia de despertar las conciencias y pensar en esto: en tener hijos. La paternidad y la maternidad son la plenitud de la vida de una persona. Pensad en esto. 

Es cierto, está la paternidad espiritual para quien se consagra a Dios y la maternidad espiritual; pero quien vive en el mundo y se casa, debe pensar en tener hijos, en dar la vida, porque serán ellos los que les cerrarán los ojos, los que pensarán en su futuro. Y, si no podéis tener hijos, pensad en la adopción. Es un riesgo, sí: tener un hijo siempre es un riesgo, tanto si es natural como si es por adopción. Pero es más arriesgado no tenerlos. 

Más arriesgado es negar la paternidad, negar la maternidad, tanto la real como la espiritual. A un hombre y una mujer que voluntariamente no desarrollan el sentido de la paternidad y de la maternidad, les falta algo principal, importante. Pensad en esto, por favor.

Deseo que las instituciones estén siempre listas para ayudar en este sentido de la adopción, vigilando con seriedad, pero también simplificando el procedimiento necesario para que se pueda cumplir el sueño de tantos pequeños que necesitan una familia, y de tantos esposos que desean donarse en el amor. 

Hace tiempo escuché el testimonio de una persona, un doctor ―importante su labor― no tenía hijos y con su mujer decidieron adoptar uno. Y cuando llegó el momento, les ofrecieron uno y les dijeron: “Pero no sabemos cómo irá la salud de este. Tal vez puede tener alguna enfermedad”. Y él, que lo había visto, dijo: “Si usted me hubiera preguntado esto antes de entrar, tal vez le hubiera dicho que no. Pero lo he visto: me lo llevo”. Este es el deseo de ser padre, de ser madre, también con la adopción. No temáis esto.

Rezo para que nadie se sienta privado de un vínculo de amor paterno. Y aquellos que están enfermos de orfandad, que vayan adelante sin este sentimiento tan feo. Que san José pueda ejercer su protección y su ayuda sobre los huérfanos; e interceda por las parejas que desean tener un hijo. Por ello, recemos juntos:

San José,
tú que has amado a Jesús con amor de padre,
hazte cercano a tantos niños que no tienen familia
y desean un padre y una madre.
Sostén a los cónyuges que no consiguen tener hijos,
ayúdalos a descubrir, a través de este sufrimiento, un proyecto más grande.
Haz que a nadie le falte una casa, un vínculo,
una persona que cuide de él o de ella;
y sana el egoísmo de quien se cierra a la vida,
para que abra el corazón al amor. Amén.

 

Os he llamado amigos (I): ¿Dios tiene amigos?

Dios siempre ha buscado activamente la amistad con los hombres, ofreciéndonos vivir en comunión con Él. Ni la debilidad humana ni el polvo del camino le han hecho cambiar de opinión. Dejarnos abrazar por ese Amor incondicional nos llena de luz y de fuerza para ofrecerlo a los demás.

15/05/2020

Escucha el artículo Os he llamado amigos (I): ¿Dios tiene amigos?


Una pregunta frecuente que seguramente se encuentre entre nuestros mensajes en el teléfono móvil es: «¿Dónde estás?». También la habremos enviado a nuestros amigos y familiares buscando su compañía, aunque sea a distancia, o simplemente por traer a la otra persona a nuestra imaginación de una manera más concreta. ¿Dónde estás? ¿Qué haces? ¿Todo va bien? Esa pregunta es también una de las primeras frases que Dios, mientras «paseaba por el jardín a la hora de la brisa» (Gn 3,8-9), dirige al hombre. El Creador, desde el inicio de los tiempos, quería caminar junto a Adán y Eva; podríamos pensar, con cierto atrevimiento, que Dios buscaba su amistad –y ahora la nuestra– para contemplar plenamente realizada su creación.

Una novedad que va in crescendo

Esta idea, que tal vez no es totalmente nueva para nosotros, ha causado bastante extrañeza en la historia del pensamiento humano. De hecho, en uno de sus momentos de mayor esplendor, se había aceptado con resignación la imposibilidad para el ser humano de ser amigo de Dios. La razón era que entre ambos media una absoluta desproporción, son demasiado distintos[1]. Se pensaba que podría haber, como mucho, una relación de sometimiento a la que, en el mejor de los casos, podríamos acceder lejanamente a través de ciertos ritos o de ciertos conocimientos. Pero una relación de amistad era inimaginable.

Sin embargo, la Escritura presenta una y otra vez nuestra relación con Dios en términos de amistad. El libro del Éxodo no deja lugar a dudas: «El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como se habla con un amigo» (Ex 33,11). En el libro del Cantar de los Cantares, que recoge de manera poética la relación entre Dios y el alma que lo busca, a esta última la llama continuamente «amiga mía» (cfr. Ct 1,15 y otros). También el libro de la Sabiduría señala que Dios «se comunica a las almas santas de cada generación y las convierte en amigos» (Sb 7,27). Es importante notar que en todos los casos la iniciativa proviene del mismo Dios; la alianza que ha sellado con su creación no es simétrica, como podría ser un contrato entre iguales, sino más bien es asimétrica: nos ha sido regalada la desconcertante posibilidad de hablar de tú a tú con nuestro propio creador.

LA ESCRITURA ESTÁ LLENA DE EJEMPLOS QUE MUESTRAN LA LA BÚSQUEDA CONSTANTE POR PARTE DE DIOS DE ESTABLECER UNA RELACIÓN DE AMISTAD CON LOS HOMBRES

Esta manifestación de la amistad que nos ofrece Dios, la comunicación de esta novedad, continuó in crescendo a lo largo de la historia de la salvación. Todo lo que nos había dicho por medio de la alianza se ilumina definitivamente con la vida del Hijo de Dios en la tierra: «Dios nos ama no solo como criaturas, sino también como hijos a los que, en Cristo, ofrece una verdadera amistad»[2]. Toda la vida de Jesús es una invitación a la amistad con su Padre. Y uno de los momentos más intensos en los que nos transmite esta buena noticia es durante la Última Cena. Allí, en el Cenáculo, con cada uno de sus gestos, Jesús abre su corazón para llevar a sus discípulos –y a nosotros con ellos– a la verdadera amistad con Dios.

Del polvo a la vida

El evangelio de san Juan se divide en dos partes claras: la primera se centra en la predicación y en los milagros de Cristo, la segunda en su pasión, muerte y resurrección. El puente que las une es el siguiente versículo, que nos adentra en el Cenáculo: «Sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, como amase a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin» (Jn 13,1). Allí estaban Pedro y Juan, Tomás y Felipe, todos los doce juntos, apoyados cada uno hacia un costado, como era costumbre en la época. Por los sucesos que se narran, probablemente era una mesa de tres lados –con forma de U– en la que Jesús se encontraba casi en un extremo, el importante, y Pedro en el opuesto, el del sirviente; es posible que estuvieran frente a frente. Jesús, en un determinado momento, a pesar de que no era una tarea que le correspondía a quien estaba situado en ese lugar preferencial, se puso de pie para realizar un gesto que quizá su Madre habría realizado muchas veces con él: tomó una toalla y se la ciñó a la cintura para quitar el polvo de los pies de sus amigos.

La imagen del polvo está presente desde el inicio en la Sagrada Escritura. En la historia sobre la creación se nos cuenta que «el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra» (Gn 2,7). Entonces, para que dejara de ser algo inanimado, muerto e incapaz de relacionarse, Dios «insufló en sus narices aliento de vida y el hombre se convirtió en un ser vivo» (Gn 2,7). Desde ese momento, el hombre experimentará una tensión que proviene de ser polvo y espíritu, una tensión entre sus límites radicales y sus deseos infinitos. Pero Dios es más fuerte que nuestra debilidad y que cualquiera de nuestras traiciones.

Ahora, en el Cenáculo, el polvo del hombre vuelve a aparecer. Cristo se dobla sobre el polvo de los pies de sus amigos, para recrearlos, devolviéndoles la relación con el Padre. Jesús nos lava los pies y, divinizando el polvo del que estamos hechos, nos regala la amistad íntima que tiene con su Padre. En medio de la emoción que le embarga, con los ojos de todos sus discípulos fijos en él, dice: «A vosotros, en cambio, os he llamado amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he dado a conocer» (Jn 15,15). Dios quiere compartirlo todo. Jesús nos comparte su vida, su capacidad de amar, de perdonar, de ser amigos hasta el fin.

EN EL HOMBRE COEXISTEN EL POLVO Y EL ESPÍRITU. DIOS LO SABE Y SALE A NUESTRO ENCUENTRO

Todos hemos tenido la experiencia de cómo las buenas relaciones de amistad nos han cambiado; tal vez no seríamos los mismos si no hubiésemos encontrado esas relaciones en nuestra vida. También ser amigos de Dios transforma nuestro modo de ser amigos de quienes nos rodean. Así, como Cristo, podremos lavar los pies de todos, sentarnos a la mesa de quien nos podría traicionar, ofrecer nuestro cariño a quien no nos comprende o incluso no acepta nuestra amistad. La misión de un cristiano en medio del mundo es precisamente «abrirse en abanico»[3] a todos, porque Dios sigue infundiendo su aliento al polvo del que estamos hechos y actúa en esas relaciones enviándonos su luz.

Dejarnos llevar hacia la comunión

Hemos visto que la amistad que nos ofrece Jesucristo es un acto de confianza incondicional de Dios en nosotros, que no termina nunca. A distancia de veinte siglos, en nuestra existencia diaria, Cristo nos cuenta todo lo que sabe sobre el Padre para continuar atrayéndonos a su amistad. Sin embargo, aunque esto no nos faltará, será siempre una parte, ya que «a esta amistad correspondemos uniendo nuestra voluntad a la suya»[4].

Los verdaderos amigos viven en comunión: en el fondo de su alma quieren las mismas cosas, se desean la felicidad el uno al otro, a veces ni siquiera necesitan utilizar palabras para comprenderse mutuamente; se ha dicho incluso que reírse de las mismas cosas es una de las mayores manifestaciones de compartir intimidad. Esta comunión, en el caso de Dios, más que un agotador esfuerzo en tratar de cumplir ciertos requisitos –esto no sucede entre amigos– se trata igualmente de estar el uno con el otro, de acompañarse mutuamente.

Un buen ejemplo puede ser precisamente el de san Juan, el cuarto evangelista: dejó que Jesús se acercara y le lavara los pies, se recostó tranquilamente en su pecho durante la Cena y, finalmente –tal vez sin comprender completamente lo que sucedía–, no se despegó de su mejor amigo para acompañarlo en los mayores sufrimientos. El discípulo amado se dejó transformar por Jesucristo y, de esa manera, Dios fue quitando poco a poco el polvo de su corazón: «En esta comunión de voluntades se realiza nuestra redención: ser amigos de Jesús, convertirse en amigos de Jesús. Cuanto más amamos a Jesús, cuanto más lo conocemos, tanto más crece nuestra verdadera libertad»[5].

LA COMUNIÓN ENTRE DOS AMIGOS SE MANIFIESTA, FUNDAMENTALMENTE, EN EL DESEO MUTUO DE ESTAR JUNTOS, DE ACOMPAÑARSE, DE DEJARSE TRANSFORMAR POR EL OTRO

Jesús, en esa Última Cena, nos muestra que el secreto de la amistad está en permanecer con Él: «Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí» (Jn 15,4). Es Jesús quien quiere amar en nosotros. Sin él no podemos ser amigos hasta el fin. «Por mucho que ames, nunca querrás bastante», señala san Josemaría. Pero inmediatamente añade: «Si amas al Señor, no habrá criatura que no encuentre sitio en tu corazón»[6].

***

«¿Dónde estás?» son las palabras que Dios, mientras paseaba por aquella espléndida creación que había salido de sus manos, dirigió al hombre. También ahora quiere entrar en diálogo con nosotros. Nadie, ni siquiera el más brillante de los pensadores, podía imaginar un Dios que pidiese nuestra compañía, que mendigase nuestra amistad hasta el extremo de dejarse clavar en una cruz para así no cerrarnos nunca sus brazos. Habiendo entrado en esa locura de amor, nos veremos impulsados también nosotros a abrirlos sin condiciones a todas las personas que nos rodean. Nos preguntaremos mutuamente: ¿Dónde estás? ¿Todo va bien? Y a través de esa amistad podremos devolver la belleza a la creación.

Giulio Maspero y Andrés Cárdenas


[1] Cfr. Aristóteles, Ética a Nicómaco, 1159a, 4-5.

[2] F. Ocáriz, Carta pastoral 1-XI-2019, n. 2.

[3] Cfr. San Josemaría, Surco, n. 193.

[4] F. Ocáriz, Carta pastoral 1-XI-2019, n.2.

[5] Joseph Ratzinger, Homilía en la Misa pro eligendo pontifice, 18-IV-2005.

[6] San Josemaría, Via Crucis, VIII estación, n. 5.

Photo: Alex Bertha, on Unsplash

 

Retiro de enero #DesdeCasa (2022)

Esta guía es una ayuda para hacer por tu cuenta el retiro mensual, allí dónde te encuentres, especialmente en caso de dificultad de asistir en el oratorio o iglesia donde habitualmente nos reunimos para orar.

03/01/2022

∙ Descarga el retiro mensual #DesdeCasa (PDF)
1. Introducción.
2. Meditación I. El bautismo del Señor.
3. Meditación II. Las bodas de Caná.
4. Charla.
5. Lectura espiritual.
6. Examen de conciencia.

Retiro de enero #DesdeCasa (2022) from Opus Dei


Introducción

“Siempre hemos hablado de la inhabitación divina en el corazón de la persona que vive en gracia. Hoy podemos decir también que la Trinidad está presente en el templo de la comunión matrimonial. (…) La presencia del Señor habita en la familia real y concreta, con todos sus sufrimientos, luchas, alegrías e intentos cotidianos. Cuando se vive en familia, allí es difícil fingir y mentir, no podemos mostrar una máscara. Si el amor anima esa autenticidad, el Señor reina allí con su gozo y su paz. En esa variedad de dones y de encuentros que maduran la comunión, Dios tiene su morada. Esa entrega asocia «a la vez lo humano y lo divino», porque está llena del amor de Dios.

Una comunión familiar bien vivida es un verdadero camino de santificación en la vida ordinaria y de crecimiento místico, un medio para la unión íntima con Dios. Porque las exigencias fraternas y comunitarias de la vida en familia son una ocasión para abrir más y más el corazón, y eso hace posible un encuentro con el Señor cada vez más pleno. (…) Mi predecesor Benedicto XVI ha dicho que «cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios», y que el amor es en el fondo la única luz que «ilumina constantemente a un mundo oscuro». Sólo «si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud» (1 Jn 4,12).

Quienes tienen hondos deseos espirituales no deben sentir que la familia los aleja del crecimiento en la vida del Espíritu, sino que es un camino que el Señor utiliza para llevarles a las cumbres de la unión mística”.

Papa Francisco, Exhortación Apostólica Amoris laetitiann. 314-316.

Primera meditación

Opción 1: El Bautismo del Señor.

Opción 2: Catecismo de la Iglesia Católica. El sacramento del bautismo (especialmente se sugiere meditar los nn. 1262-1274).

Segunda meditación

Opción 1: Las bodas de Caná.

Opción 2: Algo grande y que sea amor: la vocación matrimonial. (Audio y texto)

Charla

Dios realiza su designio: la divina providencia. Puntos del catecismo de la Iglesia Católica.

Lectura espiritual

Carta del Santo Padre Francisco a los matrimonios con ocasión del Año “Familia Amoris laetitia”.

Examen de conciencia

Acto de presencia de Dios

1. «Habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: “¡Abba, Padre!”» (Rm 8, 15). ¿Cómo se manifiesta en mi forma de afrontar los problemas saber que Dios me quiere realmente como hijo? ¿Considero que nunca me dejará solo?

2. «Dios es un Padre lleno de ternura, de infinito amor. Llámale Padre muchas veces al día, y dile –a solas, en tu corazón– que le quieres, que le adoras: que sientes el orgullo y la fuerza de ser hijo suyo» (Forja, n. 331) ¿Qué le podría decir ahora al Señor para sentir su ternura y su infinito amor?

3. «Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20) ¿Me doy cuenta de que esta promesa me la hace también Jesús a mí personalmente? ¿Esta consideración me da paz y seguridad en mi día a día?

4. «Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús» (Flp 2, 5). ¿Aprovecho la lectura diaria del Evangelio para conocer y amar más a Jesús, y pedirle identificar mi corazón más con el suyo?

5. «Como faltó vino, la madre de Jesús le dijo: “No tienen vino”» (Jn 2, 3). En Caná, María pide, «insiste, sin desanimarse, con perseverancia. –Y cómo logra» (Camino, n. 502). ¿Ante qué necesidades podría acudir a mi Madre, la Virgen Santísima, para que me ayude a orar con audacia y sencillez?

6. En Caná Jesús hizo el primero de sus milagros «y sus discípulos creyeron en él» (Jn 2, 11). ¿Cómo facilito que Dios pueda obrar a través de mi forma de actuar y de mis palabras?

Acto de contrición

 

Custodiar meditando

Posted: 02 Jan 2022 03:31 AM PST

La homilía del Papa Francisco en la solemnidad de María, Madre de Dios (1-I-2022) es un buen comienzo del año. En la escuela de María se aprende lo que todos necesitamos. Ella –como anticipo y madre de la Iglesia, y a la vez como primera discípula– es modelo y corazón del discernimiento cristiano y eclesial.

En el “escándalo del pesebre” (un comedero para animales), María aprende que Dios quiere ser cercano y familiar; que viene en la pobreza y trae la alegría y el amor, y no el miedo; y que se quiere hacer comida para nosotros. Allí contempla la belleza de Dios acostado en un pesebre.

Mientras otros simplemente pasan y viven, y algunos “se asombran”, María “conservaba –guardaba, custodiaba– todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lc 2, 19; cf. también el v. 51).

Entrelazar los acontecimientos

Su actitud es la expresión de una fe madura y fecunda. Desde el oscuro establo de Belén, ella da a luz la Luz de Dios en el mundo. Como en un anticipo de lo que vendrá después, María pasa, ya ahora, por la cruz, sin la cual no hay resurrección.

Y así, María –encuentra Francisco– nos ayuda a superar el choque entre lo ideal y lo real. ¿Cómo? Custodiando y meditando. Cabría decir, como hace luego el Papa, que esto sucede en el corazón y en la oración de María: porque ama y reza, María, antes, durante y después de su oración, es capaz de ver las cosas desde el punto de vista de Dios.

“En primer lugar, María custodia, es decir, no se dispersa. No rechaza lo que sucede. Guarda todo en su corazón, todo lo que ha visto y oído. Las cosas bonitas, como las que le había dicho el ángel y las que le habían contado los pastores. Pero también las cosas difíciles de aceptar: el peligro de quedar embarazada antes del matrimonio, ahora la estrechez desoladora del establo donde dio a luz. Esto es lo que hace María: no selecciona, sino que custodia. Acoge la realidad tal como viene, no trata de disfrazarla, de maquillar su vida, la conserva en su corazón”

Y luego está la segunda actitud. ¿Cómo custodia María? Lo hace meditando, entrelazando los acontecimientos:

“María compara diferentes experiencias, encontrando los hilos ocultos que las unen. En su corazón, en su oración realiza esa operación extraordinaria: une lo bello y lo feo; no los mantiene separados, sino que los une”. Y por eso –deduce el Papa– María es la “Madre de la catolicidad”, “porque une, no separa”. “Y así capta el sentido pleno, la perspectiva de Dios”.

La mirada de las madres

Pues bien, “esa mirada inclusiva, que supera las tensiones guardando y meditando en el corazón, es la mirada de las madres, que en las tensiones no separan, las custodian y así crece la vida. Es la mirada con la que tantas madres abrazan las situaciones de sus hijos. Es una mirada concreta, que no se desanima, que no se paraliza ante los problemas, sino que los sitúa en un horizonte más amplio”.

“Las madres –continúa– saben superar obstáculos y conflictos, saben infundir paz. Así logran transformar la adversidad en oportunidades de renacimiento y oportunidades de crecimiento. Lo hacen porque saben custodiar. Las madres saben cómo proteger, saben cómo mantener unidos los hilos de la vida, todos”.

Hoy necesitamos “personas que sean capaces de tejer hilos de comunión, que contrasten los demasiados hilos de púas de las divisiones”. “Y eso las madres saben hacerlo”

Insiste Francisco en la capacidad que tienen para esto las madres y las mujeres: “Las madres, las mujeres miran el mundo no para explotarlo, sino para que tenga vida: mirando con el corazón, logran mantener unidos los sueños y la concreción, evitando la deriva del pragmatismo aséptico y la abstracción”

Le gusta destacar que la Iglesia es madre y mujer. “Y la Iglesia es una madre, es una madre así, la Iglesia es una mujer, es una mujer así”.

Y deduce como ha hecho en otras ocasiones, esta consecuencia, para la Iglesia:

“Por eso no podemos encontrar el lugar de la mujer en la Iglesia sin reflejarla en ese corazón de mujer-madre. Ese es el lugar de la mujer en la Iglesia, el gran lugar del que derivan otros más concretos, más secundarios. Pero la Iglesia es madre, la Iglesia es mujer”.

Y termina con una exhortación para este nuevo año: “…que, mientras las madres dan vida y las mujeres protegen el mundo, trabajemos todos para promover a las madres y proteger a las mujeres”.

 

 

Qué es el tiempo?

 

1)

Dice San Agustín de Hipona: “¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Lo que sí digo sin vacilación es que sé que si nada pasase no habría tiempo pasado; y si nada sucediese, no habría tiempo futuro; y si nada existiese, no habría tiempo presente”. Habla de tres tiempos: el pasado, el presente y el futuro, los tres, paradójicamente, contemplados en presente. Y dice que la eternidad es ausencia de pasado.

Según Henri Bergson, nuestra forma habitual de concebir el tiempo es como una sucesión de instantes de la misma duración, con base especialmente en el movimiento de las agujas del reloj. Es el fruto de una operación del intelecto, en que se concibe el tiempo como un cuerpo físico y se le divide en segmentos iguales, dándole así una dimensión espacial. Y existiría un tiempo interno, personal, y un tiempo externo, del mundo. (Bergson, en sus últimos días, pensaba que el catolicismo es la culminación del judaísmo.)

 

2)

En la Biblia se habla de la gran longevidad de los Patriarcas, entre ellos, Matusalén (aunque los parámetros temporales usados por el escritor no son los actuales). Y, con gran respeto, se habla del anciano como depositario de la sabiduría y de la sensatez.

Fueron (y son), entre otros, ancianos influyentes en el mundo: San Juan XXIII, que convocó el Concilio Vaticano II, San Juan Pablo II que en su ancianidad escribió y viajó de forma abundante, Benedicto XVI, ya anciano,   impulsó el diálogo fe – razón, frente a la llamada por él “dictadura del relativismo”, el Papa Francisco, que asombra con su prodigiosa vitalidad.

En cuanto a personajes políticos, hay que recordar a Adenauer (elegido canciller de Alemania a los 73 años, gobernó durante 14 años), a De Gaulle, que rigió la República Francesa siendo ya provecto, a  Isabel de Inglaterra, reina desde los años 50 del pasado siglo. La lista es interminable. A este respecto, se habla de la gerontocracia, el gobierno de los ancianos.

 

3)

Existe en el cerebro una estructura, el núcleo supraquiasmático, que tiene que ver con el ritmo nictemeral (noche – día). La luz influye en la fisiología de tal núcleo, y en consecuencia, del organismo..

El tiempo, para el niño, pasa más despacio que para el adulto; quizás porque para él todo es novedad, y las estructuras relacionadas con la memoria en cierto modo están por estrenar. Y para el adulto, parece como si el pasado acelerase el presente. Por eso, se dice que el tiempo “vuela”.

Muy unido al “sentir del tiempo” va la memoria, función  ésta tan unida a las estructuras neurales. En algunas situaciones, y en especial en  la ancianidad y en la enfermedad de Alzheimer, con importantes afectaciones neurales,  hay una gran alteración de la memoria, y consecuentemente de la percepción del tiempo. El hipocampo, entre otras estructuras, tiene que ver con la recuperación del tiempo pasado: se trata de la memoria declarativa.

Perdemos unas 100.000 neuronas diariamente, poniéndose en marcha mecanismos de suplencia a partir de los 40 años, que aminoran los efectos del envejecimiento.

 

4)

En la persona joven (y en la juvenil) no hay agobio por la cronología, sino ilusión, ganas de ser útil, dar más importancia al futuro que al pasado, no encerrarse en el yo, relacionarse, ver el lado positivo de las cosas, etc. Médicamente se ha demostrado que viven más los individuos cargados de ilusiones que los  pesimistas.

Lógicamente, la actividad mental y física es saludable, no solo para el anciano, sino a cualquier edad, pues la actividad significa vitalidad. A este respecto, hay jóvenes que parecen viejos y viejos que parecen jóvenes: cuanta más vitalidad, menor es el riesgo de contraer enfermedades y mayor la defensa frente a ellas; en consecuencia, se es menos persona de riesgo.

El tiempo disponible es corto para amar. Se escapa como el agua contenida en las manos, entre los dedos. Pero la prisa, el atolondramiento, no es bueno; por eso, lo mejor es el ritmo, pausado, constante, sereno. Se dice que “con el tiempo y una caña todo se alcanza”.  “La paciencia todo lo alcanza”, decía Santa Teresa de Jesús. En una homilía, afirmaba Benedicto XVI: “El mundo es redimido por la paciencia de Dios y destruido por la impaciencia del hombre”. Por eso, la paciencia es una gran virtud; en este sentido, se dice que el tiempo soluciona todo.

No todos los abuelos son viejos. Los hay jóvenes y los hay mayores, no solo en edad sino también en mentalidad. Y Dios no es viejo. Siempre es joven.

           José Luis Velayos

 

 

Agradecimiento de año nuevo

Escrito por Mario Arroyo.

Tener a Dios en la ecuación facilita la tarea de agradecer; ya no es vacía, genérica o absurda, sino concreta y real.

Ha concluido un año más. Siempre resultan especiales los momentos de fin de año, con todas sus añoranzas y expectativas entremezcladas. Los recuerdos de lo acaecido en el año agonizante que dan paso a las ilusiones que se proyectan al que comienza. Para mí, particularmente resulta oportuno dar gracias. Es el momento del agradecimiento por excelencia.

¿Agradecer por qué?, podría preguntarse más de uno: Seguimos en la pandemia, con un virus que muta como si fuera serie de Netflix que se reinventa, en mi país la inflación va que vuela, la tasa de desempleo crece, los indicadores económicos no son esperanzadores, la violencia aumentó exponencialmente. No, definitivamente no tendríamos que agradecer nada; más bien cabría un reclamo, no se sabe muy bien a quién, pero reclamo. En último término, al pobre Dios, a quien solemos culpar de todos nuestros sinsabores.

Esta postura, realmente comprensible, no quita el hecho de que podamos estar discutiendo ahora sobre el valor de un año, el sentido de la vida, los vaivenes de la misma… es decir, da muchas cosas por supuestas, realidades de las cuales debemos estar agradecidos, por lo menos así lo veo personalmente. Estamos vivos, que ya es ganancia, más en tiempos de pandemia, y tenemos la capacidad de valorar el año que concluye y proyectar el nuevo que comienza. Tenemos, mal que bien, nuestras facultades intactas, nuestros sueños vivos, nuestras esperanzas vigentes. Sí, tenemos mucho por lo que agradecer. Es cuestión de mirar bien la ecuación, y no poner el acento en lo que me falta, sino en lo que tengo.

No se trata de una terapia psicológica de autoayuda. Más bien de un modo de ver la vida, cuando se la mira desde la fe. ¡Qué triste no tener a quién agradecer!, ¡qué dolorosa la ausencia de Dios en nuestra sociedad secularizada! Tener necesidad de agradecer y no saber muy bien a qué o a quién se le agradece el hecho de que estamos vivos, así como todas las experiencias que hayamos atesorado a lo largo del año. Y subrayo todas, porque de lo malo también se aprende; muchas veces aprovechamos más cuando mordemos el polvo, que cuando todo marcha bien; por lo menos vemos con mayor clarividencia quienes somos realmente.

Tener a Dios en la ecuación facilita la tarea de agradecer; ya no es vacía, genérica o absurda, sino concreta y real. Al concluir un año más, mi primer impulso es de agradecimiento a Dios por todo: por lo que va y por lo que no va, por la vida, la experiencia, el aprendizaje, por mis hermanos, por tanta gente con la que me he cruzado en el caminar de mi existencia. Soy consciente de que no todos pueden tener la misma perspectiva: hay quien ha perdido a un ser querido, hay quien ha perdido la salud o el empleo o las tres cosas juntas, ¿cómo agradecer en esas circunstancias?

Tales circunstancias nos enfrentan abruptamente con el misterio de la vida, que viene siempre acompañada por la experiencia del dolor, y en algunos momentos este se vuelve más intenso, casi obsesivo y omnipresente. Pero si nos distanciamos un poco de los hechos dolorosos que ensombrecen nuestra perspectiva, podremos descubrir que aún ahí hay motivos de agradecimiento. Agradecer por el ser querido, mientras lo tuve, por la salud perdida, porque la tuve, por el trabajo, porque algún tiempo lo tuve. Agradecer porque esas circunstancias quizá me han vuelto más fuerte, o me han otorgado mayor sabiduría, o me han hecho darme cuenta de lo que realmente vale la pena en esta vida, o me han conducido a recapacitar y reorientar mi existencia. En fin, porque me han ayudado a no poner todas las manzanas en una misma canasta, y han contribuido a que elevara la vista al más allá, meta de mi peregrinación terrena.

En efecto, una cadencia infinita de años que se suceden, no tiene sentido y volvería absurda nuestra existencia. Precisamente la conciencia del paso del tiempo “cronos”, nos enfrenta con la conciencia del tiempo de salvación “kairós”. La consideración de la brevedad y fugacidad de la vida, nos abre la perspectiva hacia la eternidad; a veces los eventos dolorosos nos enfrentan abruptamente a ella, pero si los vivimos de la mano de Dios, aprendemos a sacar bien del mal, vida de la muerte. Por eso, un año que pasa, un año más que es un año menos, nos puede conducir a mirar la vida con sabiduría y dar gracias a Dios.

 

Las 12 ideas más relevantes de la nueva Carta del Papa Francisco a los matrimonios

ReL - 28.12.2021


foto: freepik

Este 26 de diciembre, primer domingo tras la Navidad y por ello fiesta de la Sagrada Familia, se ha difundido un mensaje del Papa Francisco destinado a los novios y matrimonios. Se titula Carta del Santo Padre Francisco a los Matrimonios con ocasión del año Familia Amoris Laetitia.

En él habla de las dificultades y retos de los matrimonios, enmarcándolos en nuestra época de emergencia sanitaria, confinamientos y problemas económicos y de relación.

Seleccionamos a continuación 12 pasajes que destacan las 12 ideas más relevantes de la carta del Papa.

1. Dios nos ayuda a salir de nuestra zona de confort

"La relación con Dios nos moldea, nos acompaña y nos moviliza como personas y, en última instancia, nos ayuda a “salir de nuestra tierra”, en muchas ocasiones con cierto respeto e incluso miedo a lo desconocido, pero desde nuestra fe cristiana sabemos que no estamos solos".

2. Casarse, incluso ya el noviazgo, nos saca de nuestras comodidades

"Como Abrahán, cada uno de los esposos sale de su tierra desde el momento en que, sintiendo la llamada al amor conyugal, decide entregarse al otro sin reservas. Así, ya el noviazgo implica salir de la propia tierra, porque supone transitar juntos el camino que conduce al matrimonio. Las distintas situaciones de la vida: el paso de los días, la llegada de los hijos, el trabajo, las enfermedades son circunstancias en las que el compromiso que adquirieron el uno con el otro hace que cada uno tenga que abandonar las propias inercias, certidumbres, zonas de confort y salir hacia la tierra que Dios les promete: ser dos en Cristo, dos en uno"

3. Los hijos miran a los padres buscando ver un amor fuerte

Queridos esposos, sepan que sus hijos —y especialmente los jóvenes— los observan con atención y buscan en ustedes el testimonio de un amor fuerte y confiable. «¡Qué importante es que los jóvenes vean con sus propios ojos el amor de Cristo vivo y presente en el amor de los matrimonios, que testimonian con su vida concreta que el amor para siempre es posible!»

4. Educar es acompañar etapas, que los hijos puedan contar con los padres

"Educar a los hijos no es nada fácil. Pero no olvidemos que ellos también nos educan. El primer ámbito de la educación sigue siendo la familia, en los pequeños gestos que son más elocuentes que las palabras. Educar es ante todo acompañar los procesos de crecimiento, es estar presentes de muchas maneras, de tal modo que los hijos puedan contar con sus padres en todo momento.

5. Los matrimonios han de transformar la sociedad... también con la pastoral familiar

"Ustedes tienen la misión de transformar la sociedad con su presencia en el mundo del trabajo y hacer que se tengan en cuenta las necesidades de las familias. También los matrimonios deben “primerear” dentro de la comunidad parroquial y diocesana con sus iniciativas y su creatividad, buscando la complementariedad de los carismas y vocaciones como expresión de la comunión eclesial; en particular, los «cónyuges junto a los pastores, para caminar con otras familias, para ayudar a los más débiles, para anunciar que, también en las dificultades, Cristo se hace presente». Por tanto, los exhorto, queridos esposos, a participar en la Iglesia, especialmente en la pastoral familiar. [...] Recuerden que la familia es la «célula básica de la sociedad».

 

6. Mirando juntos a Jesús, se superan las dificultades

"Dejen subir a Jesús en su barca, porque cuando subió «donde estaban ellos, […] cesó el viento» (Mc 6,51). Es importante que juntos mantengan la mirada fija en Jesús. Sólo así encontrarán la paz, superarán los conflictos y encontrarán soluciones a muchos de sus problemas. No porque estos vayan a desaparecer, sino porque podrán verlos desde otra perspectiva. Sólo abandonándose en las manos del Señor podrán vivir lo que parece imposible".

7. Con el himno de la caridad de San Pablo, crecer en amor y paciencia

"Que el cansancio no les gane, que la fuerza del amor los anime para mirar más al otro —al cónyuge, a los hijos— que a la propia fatiga. Recuerden lo que les escribí en Amoris laetitia retomando el himno paulino de la caridad (cf. nn. 90-119). Pidan este don con insistencia a la Sagrada Familia, vuelvan a leer el elogio de la caridad para que sea ella la que inspire sus decisiones y acciones (cf. Rm 8,15; Ga 4,6). De este modo, estar juntos no será una penitencia sino un refugio en medio de las tormentas. Que el hogar sea un lugar de acogida y de comprensión".

8. Tres palabras útiles, y dos consejos para la reconciliación familiar

"Guarden en su corazón el consejo a los novios que expresé con las tres palabras: «con permiso, gracias, perdón». Y cuando surja algún conflicto, «nunca terminen el día en familia sin hacer las paces». No se avergüencen de arrodillarse juntos ante Jesús en la Eucaristía para encontrar momentos de paz y una mirada mutua hecha de ternura y bondad. O de tomar la mano del otro, cuando esté un poco enojado, para arrancarle una sonrisa cómplice. Hacer quizás una breve oración, recitada en voz alta juntos, antes de dormirse por la noche, con Jesús presente entre ustedes".

9. Los matrimonios que se han roto, con ayuda, pueden causar menos dolor

"La ruptura de una relación conyugal genera mucho sufrimiento debido a la decepción de tantas ilusiones; la falta de entendimiento provoca discusiones y heridas no fáciles de reparar. Tampoco a los hijos es posible ahorrarles el sufrimiento de ver que sus padres ya no están juntos. Aun así, no dejen de buscar ayuda para que los conflictos puedan superarse de alguna manera y no causen aún más dolor entre ustedes y a sus hijos. El Señor Jesús, en su misericordia infinita, les inspirará el modo de seguir adelante en medio de tantas dificultades y aflicciones. No dejen de invocarlo y de buscar en Él un refugio".

10. A los novios en pandemia: que no se desanimen, busquen ayuda, confíen en Dios

"Invito a los novios a no desanimarse, a tener la “valentía creativa” que tuvo san José, cuya memoria he querido honrar en este Año dedicado a él. Así también ustedes, cuando se trate de afrontar el camino del matrimonio, aun teniendo pocos medios, confíen siempre en la Providencia, ya que «a veces las dificultades son precisamente las que sacan a relucir recursos en cada uno de nosotros que ni siquiera pensábamos tener» (Carta ap. Patris corde, 5). No duden en apoyarse en sus propias familias y en sus amistades, en la comunidad eclesial, en la parroquia, para vivir la vida conyugal y familiar aprendiendo de aquellos que ya han transitado el camino".

11. Abuelos en pandemia: ¡la familia no puede prescindir de ellos!

"Quiero enviar un saludo especial a los abuelos y las abuelas que durante el tiempo de aislamiento se vieron privados de ver y estar con sus nietos, a las personas mayores que sufrieron de manera aún más radical la soledad. La familia no puede prescindir de los abuelos, ellos son la memoria viviente de la humanidad, «esta memoria puede ayudar a construir un mundo más humano, más acogedor".

12. Vivir las dificultades con la alegría del Señor

"Los numerosos desafíos no pueden robar el gozo de quienes saben que están caminando con el Señor. Vivan intensamente su vocación. No dejen que un semblante triste transforme sus rostros. Su cónyuge necesita de su sonrisa. Sus hijos necesitan de sus miradas que los alienten. Los pastores y las otras familias necesitan de su presencia y alegría: ¡la alegría que viene del Señor!"

 

 

Eutanasia y el mito de la autonomía del paciente

Eutanasia y el mito de la autonomía del paciente

Un tema que consideramos relevante en la defensa de la vida humana y su dignidad en su proceso de muerte, es la validez de consentimiento del paciente en las circunstancias que le afectan. Esto nos ha llevado a denunciar la creciente cantidad de personas a las que se aplica la eutanasia sin su consentimiento (ver “La pendiente resbaladiza de la legalización de la eutanasia”), asunto que es ahora analizado desde la perspectiva psiquiátrica.

Un artículo publicado en la revista Pschiatry Times (29 de octubre de 2021), cuyo autor es un conocido profesor de psiquiatría y una psiquiatra especializada en bioética (ver AQUÍ) cuyo título es “Suicidio Asistido y el mito de la autonomía del paciente”, trata el delicado tema con solvencia y rigor.

Los autores del artículo afirman que en los últimos 3 años, 4 estados de EE.UU. han legalizado lo que eufemísticamente se ha denominado suicidio asistido por el médico; los estados de Hawái, Nueva Jersey, y Nuevo México, han legislado para permitir que los médicos puedan facilitar sustancias letales a los enfermos terminales que desean terminar con sus vidas. Nuestro Observatorio viene ofreciendo datos sobre la aplicación de esta ley en el ámbito internacional, que es como una mancha de aceite en continua expansión.

En el caso de la muerte asistida: ¿Disponen los pacientes de una verdadera autonomía?

Según el mencionado artículo, las legalizaciones aprobadas o en vías de serlo en EE.UU. no protegen adecuadamente el respeto a la autonomía del paciente en todo el proceso que conlleva la eutanasia.

Los autores analizan lo que entienden como mito de la autonomía, afirmando que tanto en las leyes como en la práctica clínica, no se respeta la autonomía de los pacientes, tanto referida al procedimiento empleado como al nivel de información suministrado a título personal, como la información de tratamientos alternativos facilitada por especialistas en cuidados paliativos. Los pacientes que desean administrarse la medicación letal prescrita, deben superar una serie de obstáculos administrativos y de procedimientos que dependen completamente del criterio médico. Las decisiones de control con respecto al diagnóstico del paciente, la necesidad de un consultor para confirmar el diagnóstico, la supuesta naturaleza “terminal” de la enfermedad, la cumplimentación de los formularios de certificación requeridos, y, finalmente, la redacción de la prescripción letal, son todos ejercicios de la autonomía del médico.”

Los autores afirman que incluso en el eventual rechazo de la petición de eutanasia por parte del paciente, la toma de decisiones está preferentemente en el ámbito de la autonomía del médico. Está demostrado que durante el proceso previo a la administración de la sustancia letal por el médico,  la actuación del mismo podría modificar la decisión del paciente que haya pedido el suicidio asistido, sobre todo si se le presentan alternativas para aliviar su dolor, además de la debida asistencia psicológica y espiritual.

Estas son las conclusiones de un reciente estudio realizado en el área psiquiátrica ver Psychiatrists Must Prevent Suicide, Not Provide It,  Annette L Hanson MD. (19 de noviembre de 2021). Las leyes actuales y los procedimientos relacionados, lejos de proteger la autonomía del paciente, fortalecen la autoridad de terceros.

El artículo continúa definiendo un esclarecedor término: autonomía genuina, oponiéndola a la pseudo-autonomía de las leyes y prácticas referidas, y argumentan que éstas no son capaces de proteger la autonomía genuina del paciente sufriente o terminal, que en determinadas circunstancias pueden verse coaccionados por la influencia de la familia y su entorno que quieren este tipo de muerte por “razones emocionales o económicas”. Los autores enfatizan que no conocen una sola ley o proyecto de ley que establezca un mecanismo para valorar que la autonomía genuina (razonada) del paciente ha sido respetada antes de la administración de la sustancia letal, ni considere los importantes factores que pueden comprometerla, como por ejemplo los miedos y fantasías inconscientes frecuentes en este tipo de pacientes y la falta de una información especializada en cuidados paliativos que ofrezca tratamientos alternativos. AQUÍ.

 

    

Julio Tudela y Manuel Zunin

Observatorio de Bioética

 

Diálogo

Ana Teresa López de Llergo

Ene 05, 2022

El diálogo requiere de apertura, de comprensión, de voluntad para poner remedios y de acciones oportunas para resolver los problemas.

Anhelamos la paz, es siempre deseada, difícil de conseguir plenamente y por eso, seguirá siendo siempre buscada. Se puede conseguir en algunos aspectos, pero no en la totalidad. Además, la paz lograda puede disminuir o perderse y nuevamente hace falta volver a la carga para recuperarla. Esto va y viene porque no depende solamente de uno, está relacionada con los demás y requiere lo mejor de cada parte.

El diccionario nos dice que la paz tiene similitud con otras palabras como tranquilidad, sosiego, quietud, calma, reposo, concordia, armonía, acuerdo.

También encontramos que es una situación o estado en que no hay guerra ni luchas entre dos o más partes enfrentadas, a esto se le llama "tiempo de paz". También se refiere a un acuerdo para poner fin a una guerra, es firmar la paz

La Real Academia de la Lengua nos dice: Situación en la que no existe lucha armada en un país o entre países. Relación de armonía entre las personas, sin enfrentamientos ni conflictos.

Estas afirmaciones nos señalan un trasfondo relacionado con un estado interior y también con una especial relación social. Por lo tanto, es un estado sumamente agradable deseable en la vida interior y en la vida de relación. Cada aspecto refleja la dimensión individual de cada persona y la dimensión social.

Es de desear que se consigan los dos aspectos, paro no siempre es posible por variadas circunstancias. Y sucede que pueden encontrarse personas llenas de paz en un entorno de altercados, o también en lugares pacíficos donde no faltan algunas personas peleoneras. Cualquiera de estas dos combinaciones son las más frecuentes, aunque la meta es lograr la paz ambiental con la paz de cada una de las personas que integran la sociedad.

Hay muchos motivos que pueden hacer que alguien pierda la paz, lo mismo sucede con la paz social, hay periodos en que se puede mantener porque no aparecen circunstancias que la entorpezcan, aunque eso no es fácil de conseguir por mucho tiempo.

Como vemos, la paz es deseable, pero es fácil perderla. Tanto porque cada persona tiene una vida compleja y puede haber desajustes en la interioridad, y la vida social suma la complejidad de cada persona que la integra con la complejidad de las múltiples y variadas relaciones.

Un recurso importante para hacer frente a los problemas de relación es el diálogo. A lo largo de la historia podemos encontrar momentos de grandes tensiones que aseguran la inminencia de acercarse a una guerra, y haber logrado escuchar las razones de los distintos bandos y poner todos, la mejor voluntad para disminuir las diferencias y, a la vez, todos ceder en algo para llegar a acuerdos con beneficios para todos. Gracias al diálogo.

Para que el diálogo logre los nobles resultados de la paz, requiere de los dialogantes también nobleza interior y exterior. La interior pide desear sinceramente el beneficio de todos. Por lo tanto, estar abiertos a entender la postura de los demás y los motivos de sus demandas.

Cada uno tendrá que exponer sinceramente y verazmente sus deseos y sus demandas de justicia. Porque hay antecedentes que pueden atenuar o subrayar las peticiones. Estar dispuestos a descubrir sucesos injustos y que han de solucionarse para no seguir cargando con esos lastres.

El diálogo requiere de exposiciones veraces y de escuchas sin prejuicios. El diálogo requiere de apertura, de comprensión, de voluntad para poner remedios y de acciones oportunas para resolver los problemas. El diálogo ha de beneficiar a los interlocutores. El diálogo es todo lo contrario al engaño o a sacar provecho de los demás.

El diálogo ha de lograr comprometer a todos para que juntos, con sus respectivas aportaciones alcancen beneficios para todos.

Unos resultados así son el premio de haber sabido escuchar, comprender y ayudarse mutuamente a ganar - ganar.

Quien dialoga con estas disposiciones, también logra la paz interior porque destierra los remordimientos, pues no engañó, ni menospreció, ni se excluyó. Tiene el orgullo de haber colaborado y de haber repartido honestamente lo que correspondía a cada quien.

Y no hay que esperar un trabajo para tener ese tipo de diálogos, ni tener un cargo relevante. Ese modo de dialogar se puede vivir en lo cotidiano, entre hermanos, entre esposos, entre vecinos, entre compradores y vendedores, entre compañeros en la escuela, etcétera.

Y así lograremos estar en paz con nosotros mismos y con los demás.

Pero es necesario empezar ya.

 

Saber descansar

Lucía Legorreta

Ene 05, 2022

El buen dormir está íntimamente relacionado con la longevidad, el descanso y el rendimiento óptimo.

 

Todos necesitamos descansar para tener una vida equilibrada y saludable. Tras un día de trabajo, tensiones e irritabilidad, hay cansancio, y debemos saber descansar correctamente.

Por definición, se debe hacer una pausa en el trabajo o en otra actividad para reponerse cuando se está cansado. Descansar proporciona tranquilidad o alivio de una preocupación o dolor.

Te has preguntado ¿Cuál es tu actitud ante el descanso? ¿Lo haces? O bien, ¿no te lo permites? Existen dos extremos en el descanso: uno consiste en descuidarlo o despreciarlo pensando que no se necesita, o que descansar es falta de fortaleza.

Despreciarlo implica no conocer la condición humana, ya que algunas veces puede ser una forma de soberbia o de desorden. Cometemos el error de pensar que se nos juzga por el número de cosas que hacemos y no por el amor que ponemos en cada una de ellas. El otro extremo es excederse en el descanso.

Hay que aprender a descansar y tomar en cuenta que, tras una excesiva irritabilidad, estrés, ansiedad, susceptibilidad viene el cansancio y hay que reponerse.

No se debe identificar el descanso con la inactividad. El primero implica cambiar de ocupación: leer, hace deporte, estudiar, tomar un curso, practicar algún instrumento, ver una película, o muchas actividades más. Es gozar con lo que tenemos y nos gusta, hacerlo con nuestros amigos o familia.

Reflexiona que descansar no es promover la flojera y tampoco es una pérdida de tiempo, es simplemente disfrutar de momentos ordinarios y convertirlos en extraordinarios.

Vivimos en una sociedad en que estar sin hacer algo significa estar aburrido, tenemos que estar haciendo algo o bien estar acompañados. No sabemos estar solos o en silencio.

El descanso no es aburrimiento, este último es el cansancio o fastidio causado por disgustos o molestias, o por no tener nada que divierta o distraiga.

Y no solo eso, el estar aburrido puede llevarte a hacer cosas que perjudiquen tus propios intereses: fumar, tomar, comer en exceso, diversiones extremas y seguir a los otros sin rumbo fijo.

Vayamos un poco más al fondo. La persona aburrida no tiene un proyecto de vida definido. Debe plantearse en qué se va a preparar para afrontar la vida, disfrutar esa actividad, ser feliz y útil a los demás.

Debemos evitar el tedio, que puede invadirnos por realizar actividades rutinarias, hacer lo mismo cada día y sentirnos vacíos e insatisfechos con nuestra vida. Aquí hay que reflexionar y decidir: si ahora me siento aburrido con lo que hago, ¿qué pasará dentro de diez años?, ¿qué debo cambiar en mi vida para romper con el tedio, con el aburrimiento?

Los beneficios de un buen descanso son muchos y han sido estudiados por expertos, a través de las actividades que ya mencionamos, las cuales disfrutamos y nos relajan. Y muy importante es el tema del sueño. El buen dormir está íntimamente relacionado con la longevidad, el descanso y el rendimiento óptimo.

Dormir de forma adecuada y descansar lo suficiente ayuda al sistema inmune, baja la presión sanguínea, disminuye los niveles de estrés, reduce la inflamación corporal, ayuda a la concentración y a la capacidad de aprender. Y sobre todo, ayuda a tener una gran energía y buen humor. ¿Cómo está el tema del descanso en tu vida diaria?

 

 

Divorcios: consecuencias para los hijos y para la sociedad

 

Escrito por Jaime Sánchez-Carpintero

Publicado: 21 Diciembre 2021

 

“hay una dependencia inequívoca entre la ruptura de la relación de pareja y un empeoramiento de la salud en los adultos y en la educación de los menores”.

 El aumento de las tasas de divorcio, el aumento de la cohabitación y los padres solteros, el descenso de los matrimonios y la caída de la natalidad son manifestaciones de lo que se ha llamado “la segunda transición demográfica”. Pero esta transición tiene, al menos, tres tipos de consecuencias negativas importantes: los daños morales, la disminución del bienestar de los hijos y de los padres y los altos costes económicas.

Según se indica en un estudio sobre rupturas de One Plus One, “hay una dependencia inequívoca entre la ruptura de la relación de pareja y un empeoramiento de la salud en los adultos y en la educación de los menores”. Las rupturas, lejos de suponer un borrón y cuenta nueva, suelen ser más bien el inicio de problemas más profundos. De hecho, según indican los expertos, los divorcios precedidos de conflictos de nivel bajo perjudican más la salud y bienestar de los hijos que los de nivel alto. Sólo en estos últimos casos constituyen un verdadero alivio.

Un estudio del Institute for American Values nos da una idea de la dimensión de esta situación. Según afirma, los estudios de la última década indican que la mayoría de los divorcios (dependiendo de los estudios, entre el 50% y el 66%) se dan en parejas con un nivel medio de bienestar y un nivel bajo de conflicto. Los casos más conflictivos, de abusos o alejamiento consolidado, son mucho menores.

Consecuencias para los hijos

Para los casos con niveles altos de conflicto, los beneficios del divorcio son claros y ampliamente aceptados. En cambio, en los casos Divorcios: consecuencias para los hijos y para la sociedad con niveles bajos de conflicto los niños se ven perjudicados. No entienden las causas, tienden a culparse a sí mismos, y pasan a una situación menos estable en la que encuentran poco consuelo y muchos retos que afrontar.

Muchos autores coinciden en destacar el desconcierto que un divorcio provoca en los hijos, aunque no tiene por qué ser así siempre ni con todos. Además, un nivel económico alto no contrarresta los efectos de un divorcio.

Tras el divorcio, también surgen conflictos nuevos. Así ocurre por ejemplo con las nuevas relaciones que inician el padre o la madre. Diversos estudios muestran que, cuantas má s relaciones mantienen los padres, mayores son los problemas de conducta de los hijos: fracaso escolar, malestar psicológico, conductas delictivas, mayor riesgo de tener hijos fuera del matrimonio, más relaciones inestables en el futuro…

Coste público del divorcio

El matrimonio es una institución social pero también económica. Un estudio norteamericano realizado en todos los estados del país estima que el divorcio y la crianza de hijos por padres solteros suponen para los contribuyentes 112 mil millones de dólares anuales.

En Canadá, el Institute of Marriage and Family señala en un informe que el coste de ayudar a las familias rotas cada año es de siete mil millones de dólares. Además, resalta que las rupturas contribuyen a la feminización de la pobreza.

Desde el Centre for Social Justice del Reino Unido aportan datos también llamativos. Las separaciones y divorcios afectan a casi un tercio de la población y dichas rupturas tienen un coste para el país estimado en 20-24 millones de libras anuales. Otros informes indican que el coste llega a los 37 millones anuales.

Por tanto está claro que los divorcios tienen un alto coste económico para los estados.

Evitar rupturas

A pesar de la tendencia a crecer en el número de divorcios y las consecuencias que tienen para los hijos y para la economía de los países, no todos los datos son pesimitas.

Sin ir más lejos, el informe del Institute for American Values antes citado indica que en el 40% de las parejas norteamericanas que ya están en proceso de divorcio uno de los dos o ambos estarían interesados en conseguir la reconciliación. Existe por tanto una posibilidad real de ayudar a reconciliar parejas que nos invita a ser optimistas.

Estas ayudas pueden ser muy distintas. El informe, por ejemplo, propone un periodo de reflexión de un año antes de conceder un divorcio. De este modo se evitan las decisiones precipitadas o basadas en el dolor y el rencor. Otras medidas que pueden ayudar eficazmente son la creación de sistemas de asesoramiento, la mediación familiar y especialmente la terapia de pareja.

En cualquier caso, reducir el número de divorcios y separaciones debería ser una prioridad para los países, que de este modo reducirían los costes y conseguirían aumentar el bienestar tanto de las parejas como de sus hijos.

Jaime Sánchez-Carpintero

 

 

¿Feliz Navidad? Recordando tiempos pasados

 

                                ¿De verdad será así... para cuántos? ¿Pero de verdad existe la felicidad en este pobre mundo?... “La Navidad es ya algo así, como la gran borrachera del mundo donde ésta se celebra y en la que muchísimos se refugian para de alguna manera, eludir u ocultar los pesares que todo ser humano lleva sobre sí mismo; excepto la mayoría de niños, que son el pretexto para que en esa celebración, muchísimos adultos vuelvan a aquella feliz o infeliz etapa, en que fueron niños; al menos con la imaginación y por ello sean los que más disfrutan del juguete para el niño”.

                                La Navidad la han convertido los negociantes y los demagogos, en un gran negocio... mejor dicho, en el mayor (y monstruoso) negocio anual de todos los tiempos, dónde el derroche y el desenfreno para aquellos que pueden, e infinidad de los que no pueden, es la meta final de algo insólito; puesto que en ella (se dice) se celebra el nacimiento del hijo de un humilde carpintero, el que junto a su mujer, se ven obligados a refugiarse en una cuadra; y allí aquella pobre mujer, tuvo que parir a su hijo... “y seguro que sin haber podido cenar... puesto que de esto nada dicen las escrituras religiosas, sobre la fundación de una religión cuyas bases son la pobreza, la austeridad y el buen hacer; y no todas estas parafernalias, que incluso las iglesias arropan”.

                                No digamos las secuelas que estas bacanales modernas, van a dejar no sólo “a la cartera o billetera”, sino “al cuerpo físico”, e incluso el anímico, puesto que muchas de estas reuniones (familiares, empresariales, “de amistad”) terminan en situaciones, “familiares y no familiares”, donde la gresca, la disputa, la discusión y las rencillas y envidias, suelen salir; muchas veces antes de que lleguen... “los postres y el vino con burbujas”; lo que demuestra que gran parte de la parafernalia, es apariencia; sólo apariencia y ese barniz desaparece con enorme facilidad.

                                Por lo que a mí respecta, ya sólo “celebro” la cena de nochebuena; que si por mi fuera, la haríamos en la comida del medio día, puesto que suprimirla no tengo la fuerza para hacerlo... “manda la familia”... y la de fin de año, es para mí una cena más, o con algo especial pero sin gran excepción; me da igual con uvas que sin uvas... y cuando dicen que llega “el nuevo año”, ya suelo estar durmiendo más de una noche, que no es otra cosa que... “otra noche más”.

                                Mis recuerdos de la primera nochebuena en familia y con algo especial... no se alejan más que a mi época de más hombre que niño y ya con pantalón largo y llevando bastantes años trabajando... era la entrañable cena en que mi querida abuela, hacía una inolvidable sopa, con los menudillos del gallo (aquellos gallos de tres kilos o más), huevos cocidos y troceados en la misma, en un caldo logrado con un simple “hueso de sustancia añeja en forma de hueso de cerdo”, a lo que se añadían abundantes “cuscurroncitos” de pan frito; luego aquel gallo en rica salsa de pepitoria; de postre los anónimos mantecados y polvorones, hechos por ella o mi madre, en el horno del barrio... y alguna copita, muy pequeña de risol o aguardiente dulce... luego a cantar algunos villancicos y tan contentos.                Y así hasta que el día de reyes, aparecían los no muy rumbosos regalos, generalmente “uno por barba”, unos dulcecitos en una artesanal o casera cestita y hasta el otro año; pues para entonces pocos mantecados, polvorones y también pestiños, quedaban... “en la canasta protegida con blanca sábana donde se guardaban aquellos manjares, que no tocaban nada más que las manos de la madre o la abuela, pues tenían que durar al máximo”.

                                Lo “del nuevo año, la noche vieja, el vino con burbujas y todo lo demás”; eso vino mucho después, ya en la época próspera del franquismo; entonces ni pensábamos en ello... “un año más”... pues muy bien... “bienvenido sea”. Y... ¿éramos felices?... No lo sé, desde luego yo no recuerdo “una infelicidad insoportable”... éramos felices, si el conformismo se puede considerar así; pero desde luego vivíamos mucho más tranquilos que hoy; no había... “las ansias y las insatisfacciones que luego han venido”... así pues, sí... éramos conformes y nos conformábamos con aquella felicidad.

                                Hoy la muestra de lo que hay y nos viene, me la demuestra el propio ayuntamiento de mi ciudad; que el año pasado... “el equipo saliente y derrotado en las elecciones”, se gastó medio millón de euros en “luces y cohetes navideños”, cantidad que según el alcalde, no pagaron ni han podido pagar hasta hoy... por lo que el nuevo regidor municipal, ha tenido que reducir los jolgorios, nada menos que un noventa y cinco por ciento y se ha limitado a alumbrar, por donde pasen los reyes magos... que este año, al parecer “lo que tiraban a puñados el año pasado”, va a ser mucho menos y además pagado por la iniciativa privada, que colabora con el ayuntamiento, según me han dicho... por tanto... “se vuelve a tiempos pretéritos ya que Jaén, como Andalucía, como España y gran parte del mundo... vivían en la Luna”.

                                Perp vuelvo a aquella memorable y única cena anual… Después venía la gran fuente conteniendo el troceado gallo y el que igualmente despedía un aroma embriagador, del que y por orden de categoría familiar, se servía empezando por el padre y terminando por el más chico de los comensales, sin decir ni preguntar por la parte del pollo a recibir; sencillamente todo estaba bueno… buenísimo y del mismo sólo quedarían los huesos; y las sobras que pudieran quedar, que indudablemente… “caerían al siguiente día para los que quedaban en casa”, puesto que los invitados… “cada mochuelo a su olivo”, que decimos aquí.

 

            Y esa era la gran cena de nochebuena y la que nos dejaba repletos y felices y deseando que pudiésemos llegar a la siguiente, puesto que aquella era una anual y basta.

 

            Sí que después de limpiada la mesa y dejados solo los manteles, aparecían algunas bandejas de mantecados y polvorones, hechos por la madre o la abuela, en el horno del barrio; de los que comíamos con moderación (no fueran a hacernos daño) e incluso a los mayorcitos y personas mayores, se les servían unas copitas (“no copas y menos copones”) de anís dulce, brandy o un licor de yerbas, café y otras cosas” y el que hecho en casa, que aquí le denominamos “risol o resol”; éste último para los niños por su muy poco alcohol… “la cerveza, simplemente, era desconocida” y el champán, luego “cava” (vino de cueva) ese lo veíamos… en el cine y en algunas películas.

 

            Después… a cantar villancicos al “Niño Dios” y a la cama, salvo algunos ya mayorcitos, que eran autorizados, junto con los mayores, a ir a la “misa del gallo” (hoy casi desaparecida)… y se había acabado la navidad… que luego, “resucitaba un poco el día de reyes”, pero sin ni por asomo, todo lo que ha venido después… “que del Niño y sus enseñanzas, se parecen a lo que ustedes quieran imaginar, pero a nada de lo que dicen conmemorar”, y que tampoco aparece en “las escrituras”. Sobre todo en “El Sermón del Monte”, que es “La Constitución del Cristianismo”. 

 

            Los dulces que habían sobrado, eran administrados con parquedad, para que durasen toda la pascua y hasta el día de reyes, en que aparecían de nuevo, en especial para los niños, en aquellas modestas cestitas hechas en casa… que se llenaban con ellos, algunos “anisicos”, “rosetas de maíz caramelizadas con azúcar” y caramelos de los que se podían costear en aquellos tiempos, en los que pese a todo… “disfrutábamos de unas alegrías sencillas pero notables y que aún nos alegran el rostro al recordarlas”.

 

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)