Las Noticias de hoy 9 Diciembre 2021

Enviado por adminideas el Jue, 09/12/2021 - 12:40

▷ 70 Frases para el Día del Padre ¡MARAVILLOSAS! (2021)

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 09 de diciembre de 2021 

Indice:

ROME REPORTS

Papa, Inmaculada: "Dios hace maravillas en nuestra humildad"

Francisco: la pandemia, una ocasión para hacer florecer la cercanía entre nosotros

El Papa: “El documento de la UE sobre la Navidad es un anacronismo”

Cantalamessa: La verdad creída se convierte en realidad vivida

COMENZAR DE NUEVO : Francisco Fernandez Carbajal

Meditaciones: jueves de la 2ª semana de Adviento

«En Loreto soy especialmente deudor de Nuestra Señora»

“La oración, como el latir del corazón” :San Josemaria

La ternura de Dios (III): El corazón abierto de Dios: misericordia y apostolado : Carlos Ayxelá

El misterio del matrimonio

Adopción, una realidad sin miedo : encuentra.com

Los sueños se construyen juntos : Dr. Oscar Fidencio Ibáñez Hernández

“LA FAMILIA ESCUELA DE HUMANIDAD Y VIDA CRISTIANA”

Las diez mejores películas sobre la Navidad : Alfonso Méndiz 

Ecuménica y misericordiosa : Mario Arroyo.

Lo que los niños no aprenderán en la escuela : Lucía Legorreta

La Inmaculada Concepción : Jorge Hernández Mollar

La fe no nos evita sufrimiento alguno, pero… : Jesús D Mez Madrid

Por desgracia : Jesús Domingo Martínez

No gastamos : JD Mez Madrid

Necesitamos una ecología integral : Domingo Martínez Madrid

Política/político “vistos antes de la revolución” : Antonio García Fuentes

 

 

ROME REPORTS

 

Papa, Inmaculada: "Dios hace maravillas en nuestra humildad"

En la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, celebrada el 8 de diciembre, el Papa rezó la oración mariana del Ángelus. Reflexionado sobre la Liturgia del día, que relata el anuncio del ángel a la joven de Nazaret, Francisco recordó que para hacer maravillas, "el Señor no necesita grandes medios ni nuestras sublimes habilidades, sino nuestra humildad, nuestra mirada abierta a Él y a los demás".

 

Sofía Lobos - Ciudad del Vaticano

El miércoles 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, el Papa Francisco rezó la oración mariana del Ángelus, asomado desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico del Vaticano.

El anuncio del ángel en el hogar de Nazaret

Reflexionando sobre el Evangelio de hoy, que recuerda el momento en el que el ángel anuncia a María que se convertiría en la Madre de Dios "mientras ella estaba en su casa" (cf. Lc 1,26-38), el Santo Padre observó que una persona "se revela mejor en su propio hogar que en otras partes", y precisamente, "en esa intimidad doméstica el Evangelio nos da un detalle que revela la belleza del corazón de María".

Profundizando sobre las palabras del anuncio, Francisco indicó que el ángel la llama «llena de gracia», lo cual significa que la Virgen "está vacía de maldad, sin pecado, Inmaculada". Ante este saludo María -dice el texto- «se conturbó» (Lc 1,29), es decir, "no solo está sorprendida, sino también turbada".

En este sentido, el Papa explicó que recibir grandes elogios, honores y cumplidos a veces tiene el riesgo de despertar el orgullo y la presunción:

“Recordemos que Jesús no es tierno con los que van en busca del saludo en las plazas, de la adulación, de la visibilidad (cf. Lc 20, 46). María, en cambio, no se enaltece, sino que se turba; en lugar de sentirse halagada, siente asombro. El saludo del ángel le parece más grande que ella. ¿Por qué? Porque se siente pequeña por dentro, y esta pequeñez, esta humildad atrae la mirada de Dios”

La humildad, un rasgo maravilloso de María

De esta manera, el Santo Padre hizo hincapié en que "entre las paredes de la casa de Nazaret" vemos un rasgo maravilloso del corazón de María, la humildad:

 

 

08/12/2021Francisco agradece a Chipre y Grecia por la fraternal acogida durante su viaje

"Tras recibir el más alto de los cumplidos, se turba porque siente dirigido a ella lo que no se atribuía a sí misma. De hecho, María no se atribuye prerrogativas, no reclama nada, no atribuye nada a su mérito. No siente autocomplacencia, no se exalta. Porque en su humildad sabe que todo lo recibe de Dios. Por tanto, está libre de sí misma, completamente orientada a Dios y a los demás".

María Inmaculada no tiene ojos para sí misma -dijo el Papa- destacando que aquí está la verdadera humildad: "No tener ojos para uno mismo, sino para Dios y para los demás".

Al respecto, Francisco puntualizó que esta perfección de María, "la llena de gracia", la declara el ángel dentro de las paredes de su casa: no en la plaza principal de Nazaret, sino allí, en el ocultamiento, en la mayor humildad.

“Con ese anuncio, dentro de las pobre paredes de una pequeña casa, Dios cambió la historia. También hoy quiere hacer grandes cosas con nosotros en la vida de todos los días: en la familia, en el trabajo, en los ambientes cotidianos. Ahí, más que en los grandes acontecimientos de la historia, ama obrar la gracia de Dios”

María, enciéndenos el entusiasmo de la santidad

Asimismo, el Papa invitó a todos los fieles a preguntarse si verdaderamente creemos en estas palabras... "¿O más bien pensamos que la santidad es una utopía, algo para los expertos, una ilusión piadosa incompatible con la vida ordinaria?".

Antes de finalizar su alocución, Francisco exhortó a pedir a la Virgen una gracia especial: "Que nos libre de la idea engañosa de que una cosa es el Evangelio y otra la vida; que nos encienda de entusiasmo por el ideal de santidad, que no es una cuestión de estampitas, sino de vivir cada día lo que nos sucede con humildad y alegría, libres de nosotros mismos, con la mirada puesta en Dios y en el prójimo que encontramos".

No nos desanimemos -concluyó el Pontífice- ¡el Señor nos ha dado a todos un buen paño para tejer la santidad en la vida diaria! Y cuando nos asalte la duda de no lograrlo, la tristeza de ser inadecuados, dejémonos mirar por los "ojos misericordiosos" de la Virgen, ¡porque nadie que ha pedido su ayuda ha sido abandonado jamás!

 

 

Francisco: la pandemia, una ocasión para hacer florecer la cercanía entre nosotros

En una entrevista concedida a la revista "50mila volti", editada por la Cooperativa OSA, , Operatori Sanitari Associati, el Papa alienta su labor por la ayuda que ofrece a muchas personas "para atravesar su oscuridad, para no sentirse solos".

 

Benedetta Capelli - Ciudad del Vaticano

El Papa reflexionó sobre algunas palabras clave relacionadas con la salud, la vejez y la enfermedad: ámbitos en los que la Cooperativa OSA, Operatori Sanitari Associati (Agentes Sanitarios Asociados), trabaja desde hace al menos 35 años, dedicándose a la asistencia y el cuidado de pacientes cuyas vidas se relatan a menudo en la revista "50mila volti" (50 mil rostros). Entre las páginas hay una entrevista con Francisco, que indica en la "ternura", uno de los términos para dar aún más valor a la atención sanitaria. "El camino por el que Dios se ha hecho presente en la vida de todo hombre, sobre todo a través de Jesús".

Sin embargo, la ternura indica la cercanía no sólo por la competencia, sino sobre todo por la participación en la vida concreta de las personas. Es una cercanía entendida como compartir, proximidad, cuidado y amor. Espero que la gran prueba que hemos vivido en la pandemia nos haya hecho anhelar una nueva cercanía entre nosotros. Una nueva ternura.

El encuentro entre fragilidades

El Papa se detiene en los niños y los ancianos, "principales ciudadanos de las periferias existenciales" de una sociedad centrada en la productividad. "Sus vidas", dice, "se perciben como inútiles. Creo, en cambio, que el encuentro generacional entre los niños y los ancianos debe ser colmado por una cultura que sepa hacer encontrar e integrar este tipo de fragilidad". Se trata, explica Francisco, de "una cuestión humana".

Sólo cuando volvamos a preocuparnos sobre todo por los marginados daremos una señal de cambio real. Cuando trabajemos para que ya no haya un conflicto generacional, sino que encontremos el valor de unir a los jóvenes y a los mayores, a los niños y a los ancianos, sólo entonces experimentaremos una nueva calidad de vida en la sociedad.

Mirar, escuchar y cuidar

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La Cooperativa Osa atiende a las personas a domicilio, en la intimidad de su casa, una dimensión de atención afectuosa. Para el Papa, la casa"no es simplemente un lugar, es sobre todo relación" que aporta una nueva fuerza para afrontar la prueba. "Esto no significa", explica Francisco, "que los centros sanitarios sean inútiles, pero deben convertirse en la extrema ratio en la experiencia de la enfermedad y el sufrimiento. El Papa elogia el trabajo realizado "porque hace posible experimentar el dolor y la enfermedad en un entorno ciertamente más acogedor, más humano y más capaz de humanizar incluso una parte de la vida que, precisamente por ser difícil, nos hace sentir más solos, más incomprendidos y más vulnerables". A la luz de su reciente experiencia en el hospital, Francisco sugiere algunas reglas sencillas para los trabajadores de la salud pero que, en esencia, conciernen a quienes viven su servicio y trabajan de manera humana. "Mirar a las personas a los ojos, considerarlas en su sufrimiento sin trivializarlas nunca", y luego escuchar para que "estas personas puedan confiar a alguien el sufrimiento que padecen, las dificultades que tienen". Para el Papa, el hogar "no es simplemente un lugar, es sobre todo una relación" que aporta nuevas fuerzas para afrontar la prueba. "Esto no significa", explica Francisco, "que los centros sanitarios sean inútiles, pero deben convertirse en el último recurso en la experiencia de la enfermedad y el sufrimiento. El Papa elogia el trabajo realizado "porque hace posible experimentar el dolor y la enfermedad en un entorno ciertamente más acogedor, más humano y más capaz de humanizar incluso una parte de la vida que, precisamente por ser difícil, nos hace sentir más solos, más incomprendidos y más vulnerables". A la luz de su reciente experiencia en el hospital, Francis sugiere algunas reglas sencillas para los trabajadores de la salud pero que, en esencia, conciernen a quienes viven su servicio y trabajan de manera humana. "Mirar a la gente a los ojos, considerarla en su sufrimiento sin trivializarla nunca", y luego escuchar para que "esas personas puedan confiar a alguien el sufrimiento que padecen, las dificultades que tienen". Por último, los cuidados "deben traducirse en una forma de ofrecer ayuda, apoyo y servicios profesionales jamás violenta, jamás previsible y jamás mecánica".

Todos necesitamos un Cireneo

La última pregunta formulada al Papa se refiere al dolor y a la muerte. Francisco subraya que, incluso sin mencionar a Cristo, es imposible prescindir de él y de su experiencia. Recuerda que a menudo "los discursos, en lugar de servir de ayuda o consuelo, provocan aún más sufrimiento", es necesario "no huir, permanecer cerca" en los momentos de prueba, "ante el escándalo del dolor inocente, el escándalo del dolor de un niño". También es necesario evitar la tentación de aislarse porque "cuanto más sufrimos, más sentimos que también necesitamos un cirineo que nos ayude a llevar nuestra cruz".

Dios siempre encuentra la manera de hacerse presente en nuestras vidas, incluso cuando sentimos que está lejos o nos sentimos abandonados. Esta es nuestra fuerza. Y aunque no lo sepamos, la Pascua ya está actuando en esa oscuridad. Sólo con el tiempo nos damos cuenta de que hay una luz oculta incluso en la oscuridad más profunda. Mientras esperamos a darnos cuenta de ello, sólo podemos seguir ayudándonos mutuamente.   

"Gracias por lo que hacen, porque ayudan a muchas personas a atravesar su oscuridad, a no sentirse solos, a no desanimarse y a poder vivir y atravesar lo que nunca podrían vivir o afrontar solos", concluyó el Papa.

 

El Papa: “El documento de la UE sobre la Navidad es un anacronismo”

En su diálogo con los periodistas durante el vuelo de regreso de Grecia, Francisco habló del viaje, de los migrantes, de la fraternidad con los ortodoxos y del caso de la dimisión del arzobispo de París Aupetit, víctima “de la charlatanería”

 

Vatican News

"El documento de la UE sobre la Navidad es un anacronismo" de "laicismo aguado". Lo dijo el Papa Francisco respondiendo a las preguntas de los periodistas en el vuelo de regreso a Roma al final de su viaje a Chipre y Grecia.

Costandinos Tsindas (CYBC): Su Santidad, sus fuertes observaciones sobre el diálogo interreligioso, tanto en Chipre como en Grecia, han suscitado expectativas estimulantes a nivel internacional. Dicen que pedir perdón es lo más difícil de hacer. Usted lo ha hecho de modo espectacular. Pero, ¿qué tiene programado hacer el Vaticano para poner juntos al cristianismo católico y ortodoxo? ¿Está previsto un sínodo? Junto con el Patriarca Ecuménico Bartolomé, ha pedido a todos los cristianos que celebren en el 2025 los 17 siglos del primer Sínodo ecuménico de Nicea. ¿Cuáles son los pasos a seguir en este proceso? Por último, la cuestión del documento de la UE sobre la Navidad...

Sí, gracias. He pedido disculpas, he pedido disculpas ante Jerónimo, mi hermano Jerónimo, he pedido disculpas por todas las divisiones que hay entre los cristianos, pero sobre todo por aquellas que nosotros hemos provocado: los católicos. También he querido pedir disculpas, viendo la guerra por la independencia – Jerónimo me lo señaló – una parte de los católicos se pusieron del lado de los gobiernos europeos para impedir la independencia griega. En cambio, en las islas, los católicos de las islas apoyaron la independencia, incluso fueron a la guerra, algunos dieron su vida por la patria. Pero el centro – digamos así – en aquel momento se ponía del lado de Europa... no sé qué gobierno allí, cortaban el bacalao, pero así era la cosa. Y también el pedir disculpas por el escándalo de la división, al menos por aquello de lo que nosotros tenemos la culpa. El espíritu de autosuficiencia – se nos calla la boca cuando sentimos que debemos pedir perdón – a mí siempre me hace pensar que Dios jamás se cansa de perdonar, jamás, jamás... Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón, y cuando no le pedimos perdón a Dios, difícilmente se lo pediremos a los hermanos. Es más difícil pedir perdón a un hermano que a Dios, porque sabemos que él dice: "Sí, ve, ve, ve, estás perdonado". En cambio, con los hermanos... está la vergüenza, y la humillación... Pero en el mundo de hoy se necesita la actitud de la humillación y del pedir perdón. En el mundo están sucediendo tantas cosas, muchas vidas perdidas, muchas guerras... ¿Cómo es que no pedimos perdón?

Volviendo a esto, de que he querido pedir disculpas por las divisiones, al menos por las que nosotros hemos provocado. Los demás (son) los responsables quienes lo piden, pero (por) los nuestros pido disculpas, y también por aquel episodio de la guerra en el que parte de los católicos se pusieron del lado del gobierno europeo, y los de las islas fueron a la guerra a defender... No sé si es suficiente...

Y también una última disculpa – esta me salió del corazón – una disculpa por el escándalo del drama de los migrantes, por el escándalo de tantas vidas ahogadas en el mar, etc.

Sobre el aspecto sinodal: sí, somos un solo rebaño, es cierto. Y hacer esta división – clero y laicos – es una división funcional, sí, de calificación, pero hay una unidad, un único rebaño. Y la dinámica entre las diferencias dentro de la Iglesia es la sinodalidad: es decir, escucharse mutuamente, e ir juntos. Syn odòs: avanzar juntos. Este es el sentido de la sinodalidad: que sus Iglesias ortodoxas, incluso las Iglesias católicas orientales, han conservado esto. La Iglesia latina, en cambio, se había olvidado del Sínodo, y fue San Pablo VI quien restableció el camino sinodal hace 54, 56 años. Y estamos haciendo un camino para adquirir el hábito de la sinodalidad, de caminar juntos.

Por último, usted se refirió al documento de la Unión Europea sobre la Navidad... esto es un anacronismo. En la historia, muchas, muchas dictaduras han intentado hacerlo. Piensa en Napoleón: a partir de ahí... Piensa en la dictadura nazi, en la comunista... es una moda de un laicismo aguado, agua destilada... Pero esto es algo que no funcionó durante la historia. Pero esto me hace pensar en algo, hablando de la Unión Europea, que creo que es necesario: la Unión Europea debe asumir los ideales de los padres fundadores, que eran ideales de unidad, de grandeza, y tener cuidado de no dar paso a las colonizaciones ideológicas. Esto podría acabar dividiendo a los países y (hacer) fracasar a la Unión Europea. La Unión Europea debe respetar a cada país tal y como está estructurado en su interior. La variedad de países, y no querer uniformar. Yo creo que no lo hará, no era su intención, pero tener cuidado, porque a veces vienen, y lanzan proyectos como éste y no saben qué hacer, no sé me viene en mente... No, cada país tiene su peculiaridad, pero cada país está abierto a los demás. Unión Europea: su soberanía, la soberanía de los hermanos en una unidad que respeta la singularidad de cada país. Y estar atentos a no ser vehículos de colonizaciones ideológicas. Por esto, eso de la Navidad es un anacronismo.

Iliana Magra (Kathimerini): Santo Padre, gracias por su visita a Grecia. Usted habló en el palacio presidencial de Atenas de que la democracia está retrocediendo, sobre todo en Europa, ¿a qué nación se refería?  ¿Qué les diría a los líderes que se declaran cristianos devotos pero que al mismo tiempo promueven valores y políticas antidemocráticas?

La democracia es un tesoro, un tesoro de civilización, y debe ser custodiado. Y no sólo custodiado por una entidad superior, sino custodiado entre los mismos países, [hay que] custodiar la democracia de los demás. 

Hoy tal vez veo dos peligros para la democracia: uno es el del populismo, que está un poco por aquí y otro por allá, y que empieza a mostrar las uñas. Pienso en un gran populismo del siglo pasado, el nazismo, que fue un populismo que defendiendo los valores nacionales, así lo decía, logró aniquilar la vida democrática, incluso la vida misma con la muerte de las personas, convirtiéndose en una cruenta dictadura. Hoy voy a decir, porque has preguntado por los gobiernos de de derecha, tengamos cuidado de que los gobiernos, no digo de derecha o de izquierda, digo otra cosa, tengamos cuidado de que los gobiernos no resbalen por este camino del populismo, de los llamados políticamente "populismos" , que no tienen nada que ver con el popularismo, que son la libre expresión de los pueblos, que se manifiestan con su identidad, su folklore, sus valores, su arte.... El populismo es una cosa [el popularismo es otra]. 

Por otra parte, se debilita la democracia, entra en un camino en el que lentamente [se debilita] cuando se sacrifican los valores nacionales, se diluyen hacia, digamos una palabra fea, pero no encuentro otra, hacia un "imperio", una especie de gobierno supranacional, y esto es algo que debe hacernos reflexionar. 

Tampoco debemos caer en los populismos, donde el pueblo se dice el pueblo, pero no es el pueblo, sino una dictadura de "nosotros y no los otros", piensa el nazismo, ni caer en diluir nuestras identidades en un gobierno internacional. Sobre esto hay una novela escrita en 1903 (dirán ustedes "¡qué anticuado está este Papa en la literatura!) escrita por Benson, un escritor inglés, El amo del mundo, que sueña con un futuro en el que un gobierno internacional con medidas económicas y políticas gobierna a todos los demás países, y cuando se tiene este tipo de gobierno, explica, se pierde la libertad y se intenta conseguir la igualdad entre todos; esto ocurre cuando hay una superpotencia que dicta el comportamiento económico, cultural y social a los demás países. 

La democracia se debilita por el peligro del populismo, que no es popularismo, y por el peligro de estas referencias a los poderes económicos y culturales internacionales. Esto es lo que se me ocurre, pero no soy politólogo, sólo digo lo que pienso. 

Manuel Schwarz (DPA): La migración no es sólo un tema central en el Mediterráneo. También afecta a otras partes de Europa. Se refiere a Europa del Este. Pensamos en el alambre de púas. ¿Qué espera de Polonia, de Rusia, por ejemplo?  Y de otros países como Alemania, de su nuevo gobierno...

Diré esto sobre la gente que impide la migración o cierra las fronteras. Ahora está de moda hacer muros o alambradas o incluso el alambre con concertinas (los españoles saben lo que significa). Es habitual hacer estas cosas para evitar el acceso...

Lo primero que diría es: piensa en el tiempo en que tú eras un migrante y no te dejaban entrar. Tú fuiste quien quiso escapar de tu tierra y ahora eres tú quien quiere construir muros. Esto hace bien. Porque los que construyen muros pierden el sentido de la historia, de su propia historia. De cuando eran esclavos de otro país.

Los que construyen muros tienen esta experiencia, al menos una gran parte de ella: la de haber sido esclavos. Y si llega una oleada de inmigrantes así, no se puede gobernar.

Diré esto: todo gobierno debe decir claramente "puedo recibir tantos...". Porque los gobernantes saben cuántos migrantes pueden recibir. Están en su derecho. Esto es cierto. Pero los migrantes deben ser acogidos, acompañados, promovidos e integrados.

Si un gobierno no puede acoger a más de un número determinado, debe dialogar con otros países, que se ocupen de los demás, cada uno de ellos. Por eso es importante la Unión Europea. Porque puede hacer que haya armonía entre todos los gobiernos para la distribución de los migrantes. 

Pensemos en Chipre, o en Grecia. O también Lampedusa, Sicilia. Los migrantes llegan y no hay armonía entre todos los países para enviarlos aquí, o allá. Falta esta armonía general. Repito la última palabra que dije: integrados. Integrados. Porque si no se integra al migrante, éste tendrá una ciudadanía de gueto. No sé si lo dije en el avión una vez. El ejemplo que más me impactó fue la tragedia de Zaventen.

Los chicos que protagonizaron aquella catástrofe en el aeropuerto eran belgas, pero hijos de migrantes guetizados y no integrados. Si no se integra a un inmigrante con educación, con trabajo, con cuidados, se corre el riesgo de tener un guerrillero, alguien que luego hace esas cosas. No es fácil acoger a los migrantes, resolver el problema de los migrantes, pero si no resolvemos el problema de los migrantes corremos el riesgo de hacer naufragar la civilización, hoy, en Europa, tal como están las cosas, nuestra civilización. No sólo naufragio en el Mediterráneo. No, nuestra civilización. Que los representantes de los gobiernos europeos se pongan de acuerdo. Para mí, un modelo de integración, de acogida, fue Suecia, que acogió a los migrantes latinoamericanos que huían de las dictaduras (chilenos, argentinos, brasileños, uruguayos) y los integró. Hoy en Atenas he ido a un internado. He mirado. Y le dije al traductor, pero aquí hay una ensalada de culturas. Están todos mezclados. Utilicé una expresión doméstica. Él respondió: Este es el futuro de Grecia. La integración. Crecer en la integración. Eso es importante. Pero hay otro drama que quiero subrayar.  Es cuando los migrantes, antes de llegar, caen en manos de traficantes que les quitan todo el dinero que tienen y los transportan en barcos.

Cuando los envían de vuelta, los traficantes los vuelven a tomar. Y en el Dicasterio para los Migrantes hay películas que muestran lo que ocurre en los lugares a los que van cuando son devueltos. Así es que no se puede simplemente acogerlos y dejarlos, sino que hay que acompañarlos, promoverlo, e integrarlos; así, si envío a un migrante de vuelta tengo que acompañarlo y promoverlo e integrarlo en su país; no dejarlo en la costa libia. Esto es crueldad. Si quieren más pregunten en el Dicasterio para la inmigración que tiene esa película.  También hay una película de "Open arms" que muestra esta realidad. Es doloroso. Pero arriesgamos la civilización. Arriesgamos la civilización. 

Cecile Chambraud (Le Monde): El jueves, cuando llegamos, nos enteramos de que había aceptado la dimisión del arzobispo de París Aueptit. ¿Por qué tanta prisa? Y respecto al informe Sauvé sobre los abusos: la Iglesia tenía una responsabilidad institucional y el fenómeno tenía una dimensión sistémica. ¿Qué piensa de esta declaración, y qué significa para la Iglesia universal?

Comienzo con la segunda pregunta. Cuando se hacen estos estudios debemos estar atentos a las interpretaciones que se hagan por sectores de tiempo. Cuando se hace un estudio durante un tiempo tan largo, está el riesgo de confundir el modo de sentir el problema de una época 70 años antes que la otra. Quisiera decir sólo esto como principio: una situación histórica debe interpretarse con la hermenéutica de la época, no con la nuestra. Por ejemplo, la esclavitud. Nosotros decimos: es una brutalidad. Los abusos de hace 70 o 100 años son una brutalidad. Pero la forma en que la vivían ellos no es la misma que hoy: por ejemplo, en el caso de los abusos en la Iglesia, la actitud era la de encubrir. Actitud que, lamentablemente, también se utiliza en gran cantidad de familias, en los barrios. Nosotros decimos, no, no está bien este encubrimiento. Pero es necesario interpretar siempre con la hermenéutica de la época, no con la nuestra. Por ejemplo, el famoso estudio de Indianápolis cayó por la falta de una interpretación correcta: algunas cosas eran verdaderas, otras no. Se mesclaban. Sectorizar ayuda. Respecto al informe: no lo he leído, no he escuchado el comentario de los obispos franceses. Los obispos vendrán a verme este mes y les pediré que me expliquen la cuestión.

Con respecto al caso Aupetit, yo me pregunto, ¿qué cosa he hecho él tan grave como para tener que dar la dimisión. Que alguien me responda, ¿qué ha hecho?

No lo sabemos... un problema del gobierno u otra cosa. 

Y si no conocemos la acusación, no podemos condenar... Antes de responder yo diré: hagan las investigaciones, eh, porque se corre el peligro de decir: ha sido condenado. ¿Quién lo ha condenado?  La opinión pública, la charlatanería... no sabemos... si ustedes saben por qué, díganlo, en caso contrario no puedo responder. Y no sabrán porqué fue una falta de él, una falta contra el sexto mandamiento, pero no total, de pequeñas caricias y masajes que hacía a la secretaria, ésta es la acusación. Esto es pecado, pero no es de los pecados más graves, porque los pecados de la carne no son los más graves. Los más graves son aquellos que tienen más carácter angelical: la soberbia, el odio. Así que Aupetit es un pecador, como lo soy yo – no sé si usted se siente... tal vez – como ha sido Pedro, el obispo sobre el que Jesucristo ha fundado la Iglesia. Cómo es que la comunidad de aquel tiempo había aceptado a un obispo pecador, y él tenía una pecaminosidad con tanto carácter angelical, como era ¡renegar a Cristo! Porque era una Iglesia normal, estaba acostumbrada a sentirse pecadora siempre, todos, era una Iglesia humilde. Se ve que nuestra Iglesia no está acostumbrada a tener un obispo pecador, hacemos de cuenta para decir: mi obispo es un santo... No, este pequeño birrete rojo… todos somos pecadores. Pero cuando la charlatanería crece, crece, crece y le quita la fama a una persona, no, no podrá gobernar porque ha perdido su fama, no por su pecado, que es pecado – como el de Pedro, como el mío, como el tuyo – sino por el parloteo de las personas. Por esto acepté su dimisión, no en el altar de la verdad, sino en el altar de la hipocresía.

Vera Scherbakova (Itar-Tass): Ha visto a los líderes de las Iglesias ortodoxas y ha pronunciado bellas palabras sobre la comunión y la reunificación: cuando se encontrará con Cirilo, ¿qué proyectos comunes tienen y qué dificultades ve en este camino?

En el horizonte no muy lejano está un encuentro con el Patriarca Kyrill, creo que la semana que viene Ilarion vendrá a verme para acordar un posible encuentro. El Patriarca tiene que viajar, quizás a Finlandia, y yo estoy siempre dispuesto a ir a Moscú, para dialogar con un hermano. Para dialogar con un hermano no hay protocolos, un hermano ortodoxo que se llame Cirilo, Cristóstomo, Jerónimo, y cuando nos encontramos no bailamos el minué, nos decimos las cosas a la cara, pero como hermanos. Y es bueno ver a los hermanos discutiendo porque pertenecen a la misma madre, la Madre Iglesia, pero están un poco divididos, algunos por su herencia, otros por la historia que los ha dividido. Pero debemos intentar ir juntos, trabajar y caminar en unidad y por la unidad. Agradezco a Jerónimo, a Crisóstomo y a todos los patriarcas que tienen este deseo de caminar juntos. El gran teólogo ortodoxo Ziziulas que estudia escatología bromeando dijo una vez: ¡encontraremos la unidad en el Escatón! Allí habrá unidad. Pero es una manera para decir: no debemos quedarnos quietos esperando que los teólogos se pongan de acuerdo. Aquello que dicen que Atenágoras le dijo a Pablo VI: pongamos a todos los teólogos en una isla para que discutan y vayamos juntos a otra parte. Pero esto es una broma. Dejemos que los teólogos sigan estudiando porque esto es bueno para nosotros y nos lleva a una buena comprensión para encontrar la unidad. Pero mientras tanto avancemos juntos, rezando juntos, haciendo caridad juntos. Sé de Suecia, por ejemplo, que tiene Cáritas luterana y católica juntas. Trabajar juntos y rezar juntos, esto podemos hacerlo, el resto que lo hagan los teólogos, que no entendemos cómo se hace.

 

Cantalamessa: La verdad creída se convierte en realidad vivida

En sus meditaciones para el Adviento de este año, el cardenal Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, pretende "sacar a la luz el esplendor interior de la Iglesia y de la vida cristiana", sin "cerrar los ojos a la realidad de los hechos", para que cada uno afronte sus responsabilidades en la perspectiva adecuada

 

Vatican News

Ante el peligro de vivir como si la Iglesia fuera sólo "escándalos, controversias, choques de personalidades, chismes o, a lo sumo, algunas bendiciones en el ámbito social"; en definitiva, “cosa de hombres como todo en el curso de la historia", el cardenal Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, en sus reflexiones de Adviento propone "mirar a la Iglesia desde dentro, en el sentido más fuerte de la palabra, a la luz del misterio del que es portadora", para no perder de vista el misterio que la habita.

Cuando llegó la plenitud de los tiempos…

El tema de las meditaciones, que se llevan a cabo en el Aula Pablo VI los tres viernes anteriores a la Navidad, es: "Cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo", tomado de los versículos 4-7 del capítulo 4 de la Carta de San Pablo a los Gálatas, que resume todo el misterio cristiano. El cardenal tiene la intención de continuar la predicación de la pasada Cuaresma, en la que había "tratado de poner de relieve el peligro de vivir 'etsi Christus non daretur', 'como si Cristo no existiera'".

Dios Padre

En la meditación de hoy, titulada “Dios envió a su Hijo para que recibiéramos la adopción filial”, el religioso capuchino se concentró sólo en la primera parte del texto del Apóstol de las gentes que guía sus sermones de Adviento y subrayó que "la paternidad de Dios está en el corazón mismo de la predicación de Jesús". A lo que añadió que si "incluso en el Antiguo Testamento Dios es visto como un padre", la novedad del Evangelio "es que ahora Dios no es visto tanto como 'padre de su pueblo Israel', en un sentido colectivo, por así decirlo, sino como padre de cada ser humano, ya sea justo o pecador", y "cuida de cada uno como si fuera el único; de cada uno conoce las necesidades, los pensamientos y hasta cuenta el pelo de su cabeza".

En definitiva, lo que Jesús enseña es que "Dios no sólo es padre en sentido metafórico y moral, en la medida en que ha creado y cuida a su pueblo", sino que es "ante todo padre verdadero y natural, de un hijo verdadero y natural al que engendró... antes del principio de los tiempos" y gracias al cual:

“También los hombres pueden llegar a ser hijos de Dios en sentido real y no sólo metafórico”

El cardenal Cantalamessa afirmó asimismo que es con el misterio pascual de la muerte y la resurrección de Cristo, es decir, gracias a la redención que realizó y nos aplicó en el bautismo, que, como dice San Pablo, "nos hemos convertido en 'hijos en el Hijo'", que "Cristo se ha convertido en 'el primogénito entre muchos hermanos'".

La adopción como hijos

El purpurado dijo que para expresar todo esto, el Apóstol se sirve de la idea de adopción, “para que recibiéramos la adopción filial”, “nos ha predestinado a ser sus hijos adoptivos”. “Es sólo una analogía y, como toda analogía, insuficiente para expresar la plenitud del misterio. La adopción humana, en sí misma, es un hecho jurídico”.

“El niño adoptado asume el apellido, la ciudadanía, la residencia de quien lo adopta, pero no comparte su sangre ni el ADN del padre; no ha habido concepción, dolores y parto. Esto no es así para nosotros. Dios nos transmite no sólo el nombre de los hijos, sino también su vida íntima, su Espíritu que es, por así decirlo, su ADN. A través del bautismo, la vida misma de Dios fluye en nosotros”

Tanto es así que, dijo el predicador de la Casa Pontificia, que San Juan habla "de generación verdadera y propia, de nacimiento de Dios", por lo que "en el bautismo nacemos 'del Espíritu', renacemos 'de lo alto'". Para el cardenal Cantalamessa, lo que dijo el Papa en la audiencia general del pasado 8 de septiembre es importante en este sentido:

“Nosotros, los cristianos, a menudo damos por sentada esta realidad de ser hijos de Dios. En cambio, es bueno recordar siempre con agradecimiento el momento en que lo fuimos, el de nuestro bautismo, para vivir con mayor conciencia el gran don recibido”

Mientras reflexionando sobre las palabras del Pontífice, el cardenal Cantalamessa señaló: “He aquí nuestro peligro mortal: dar por sentadas las cosas más sublimes de nuestra fe, incluida la de ser nada menos que hijos de Dios, del creador del universo, el Todopoderoso, el eterno, el dador de la vida. San Juan Pablo II, en su carta sobre la Eucaristía, escrita poco antes de su muerte, hablaba de la ‘maravilla eucarística’ que los cristianos deben redescubrir. Lo mismo debería decirse de la filiación divina: pasar de la fe al asombro”.

La verdad creída debe convertirse en realidad vivida

En el sacramento del bautismo, continuó explicando el predicador, "la parte de Dios o la gracia del bautismo es múltiple y riquísima: filiación divina, remisión de los pecados, inhabitación del Espíritu Santo, virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad infundidas en el alma", la contribución del hombre, en cambio, "consiste esencialmente en la fe". Pero se necesita "la fe-asombro, ese ensanchamiento de los ojos y ese ¡Oh! de asombro" ante el don de Dios, "el 'gusto' de la verdad de las cosas creadas" y el "sabor" de la verdad, incluido el sabor amargo de la verdad de la cruz". En definitiva, la "verdad creída" debe convertirse en "realidad vivida":

“Nos preguntamos: ¿es posible, más aún, es lícito, aspirar a este nivel diferente de fe en el que no sólo se cree, sino que se experimenta y se ‘saborea la verdad creída? La espiritualidad cristiana ha ido a menudo acompañada de una reserva, o incluso (como en el caso de los reformadores) por un rechazo de la dimensión experiencial y mística de la vida cristiana, vista como cosa inferior y contraria a la fe pura”.

“Pero, a pesar de los abusos, que también se han producido, en la tradición cristiana nunca ha faltado la corriente sapiencial que coloca la cima de la fe en ‘saborear’ la verdad de las cosas creídas, en el ‘gusto’ de la verdad, incluido el sabor amargo de la verdad de la cruz”

Ante la pregunta acerca de “¿cómo es posible este salto cualitativo de la fe a la maravilla de sabernos hijos de Dios? La primera respuesta es: ¡la palabra de Dios! (Hay un segundo medio, igualmente esencial: el Espíritu Santo, pero lo dejaremos para la próxima meditación). San Gregorio Magno compara la Palabra de Dios con el pedernal, es decir, con la piedra que antiguamente se utilizaba para producir chispas y encender el fuego”. Es necesario, dijo el predicador, hacer con la Palabra de Dios lo que se hace con un pedernal: golpearlo repetidamente hasta que se produzca una chispa. Rumiarlo, repetirlo, incluso en voz alta.

Fraternidad humana

El cardenal Cantalamessa también invitó a rezar para tomar conciencia de ser hijos de Dios y de su dignidad como cristianos. Todo ello llevará también a tomar conciencia de "la dignidad de los demás, que también son hijos e hijas de Dios", y de la paternidad de Dios hacia toda la humanidad, y afirmó:

“Para nosotros, los cristianos, la fraternidad humana tiene su razón última en el hecho de que Dios es padre de todos, que todos somos hijos e hijas de Dios y, por lo tanto, hermanos y hermanas entre nosotros. No puede haber un vínculo más fuerte que este y, para nosotros los cristianos, una razón más urgente para promover la fraternidad universal”

Para el predicador de la Casa Pontificia, madurar la fraternidad universal significa también no tentar a Dios "pidiéndole que abogue por nuestra causa contra el hermano", no querer tener razón y que el otro se equivoque, tener misericordia unos con otros, lo cual es "indispensable para vivir la vida del Espíritu y la vida comunitaria en todas sus formas", "para la familia y para toda comunidad humana y religiosa, incluida la Curia Romana". Finalmente, el cardenal Cantalamessa cerró su meditación expresando la esperanza de que la Escritura pueda ayudarnos a descubrir el verdadero significado de ser hijos de Dios.

 

COMENZAR DE NUEVO

— Hemos de luchar contra los propios defectos y pasiones hasta el final de nuestros días. La vida cristiana no es compatible con el aburguesamiento.

— Contar con las derrotas. Recomenzar muchas veces.

— El Señor desea que comencemos de nuevo después de cada fracaso: ese es el fundamento de nuestra esperanza.

I. En estos días de Adviento se nos presenta la figura de Juan el Bautista como modelo para imitar en muchas virtudes, y como figura dispuesta por Dios para preparar la llegada del Mesías. Con él se cierra el Antiguo Testamento y se llega al umbral del Nuevo.

El Señor nos anuncia en el Evangelio de la Misa de hoy que desde los días de Juan hasta ahora el Reino de los Cielos padece violencia, y quienes se esfuerzan lo conquistan1. Padece violencia la Iglesia por parte de los poderes del mal, y padece violencia el alma de cada hombre, inclinada al mal como consecuencia del pecado original. Será necesario luchar hasta el final de nuestros días para seguir al Señor en esta vida y contemplarle eternamente en el Cielo. La vida del cristiano no es compatible con el aburguesamiento, la comodidad y la tibieza. «Hay quien no es capaz ni siquiera de cambiarse de sitio por Dios. Quisieran sentir gustos y consuelos de Dios sin hacer más esfuerzos que tragar lo que Él les echa en la boca, y gozar lo que les pone en el corazón sin mortificarse ellos en nada; sin dejar sus gustos y veleidades. Pero esperan en vano. Porque mientras ellos no salgan a buscar a Dios, por mucho que le llamen, no le encontrarán»2.

Ahora es un momento especialmente propicio para que examinemos cómo luchamos contra las propias pasiones, los defectos, el pecado, el mal carácter... Esa lucha «es fortaleza para combatir las propias debilidades y miserias, valentía para no enmascarar las infidelidades personales, audacia para confesar la fe también cuando el ambiente es contrario.

»Hoy, como ayer, del cristiano se espera heroísmo. Heroísmo en grandes contiendas, si es preciso. Heroísmo –y será lo normal– en las pequeñas pendencias de cada jornada»3.

Esta lucha que nos pide el Señor a lo largo de toda nuestra vida, y especialmente en estos tiempos litúrgicos en que se nos manifiesta de modo más cercano en su Santísima Humanidad, se concretará muchas veces en fortaleza para cumplir delicadamente nuestros actos de piedad con el Señor, sin abandonarlos por cualquier otra cosa que se nos presente, sin dejarnos llevar por el estado de ánimo de ese día o de ese momento; se concretará en el modo de vivir la caridad, corrigiendo formas destempladas del carácter (del mal carácter), esforzándonos por tener detalles de cordialidad, de buen humor, de delicadeza con los demás; en realizar bien el trabajo, que hemos ofrecido a Dios; en hacer un apostolado eficaz a nuestro alrededor; en poner los medios oportunos para que nuestra formación no se estanque... Ordinariamente será una lucha en lo pequeño. «Oigamos al Señor, que nos dice: quien es fiel en lo poco, también lo es en lo mucho, y quien es injusto en lo poco, también lo es en lo mucho (Lc 16,10). Que es como si nos recordara: lucha cada instante en esos detalles en apariencia menudos, pero grandes a mis ojos; vive con puntualidad el cumplimiento del deber; sonríe a quien lo necesite, aunque tú tengas el alma dolorida; dedica, sin regateo, el tiempo necesario a la oración; acude en ayuda de quien te busca; practica la justicia, ampliándola con la gracia de la caridad»4.

Nuestro amor al Señor se expresará en recomenzar muchas veces en este esfuerzo diario para no dejarnos vencer por la comodidad y la pereza, siempre al acecho. «El diablo no duerme, ni es aún la carne muerta, por eso no ceses de prepararte para la batalla. A la diestra y a la siniestra están los enemigos, que nunca descansan»5. No descansemos tampoco nosotros en una lucha alegre y con metas concretas. El Señor está de nuestro lado y ha puesto un Ángel Custodio que nos prestará inestimables ayudas, si acudimos a él.

II. En nuestro andar hacia el Señor no siempre venceremos. Muchas derrotas serán de escaso relieve; otras sí tendrán importancia, pero el desagravio y la contrición nos acercarán más a Dios. Y comenzaremos de nuevo, con la ayuda del Señor, sin desánimos ni pesimismo, que son fruto de la soberbia, sino con paciencia y humildad para empezar una vez más aunque no veamos fruto alguno.

En muchísimas ocasiones oiremos al Espíritu Santo: Vuelve a empezar..., sé constante, no importa el reciente fracaso, no importan todas las experiencias negativas anteriores juntas..., vuelve a empezar con más humildad, pidiendo más ayuda a tu Señor.

En lo humano, la genialidad es fruto, normalmente, de una prolongada paciencia, de un esfuerzo repetido incesantemente y mejorado sin cesar. «El sabio repite sus cálculos y renueva sus experiencias, modificándolas hasta dar con el objeto de sus investigaciones. El escritor retoca veinte veces su obra. El escultor rompe uno después de otro sus intentos hasta que expresan su creación interior... Todas las creaciones humanas son fruto de una perpetua vuelta a empezar»6. En lo sobrenatural, nuestro amor al Señor no se manifiesta tanto en los éxitos que creemos haber alcanzado como en la capacidad de comenzar de nuevo, de renovar la lucha interior. La mediocridad espiritual, la tibieza, es, por el contrario, el abandono y la dejadez en nuestros propósitos y metas de vida interior. En el camino que conduce a Dios, «dormir es morir»7. El desánimo, que lleva siempre en sí mismo un punto de soberbia y de excesiva confianza en uno mismo, induce al abandono de los propósitos y metas que el Espíritu Santo sugirió un día en la intimidad del corazón.

Con frecuencia, el progreso de la vida interior viene después de fracasos, quizá inesperados, ante los que reaccionamos con humildad y deseos más firmes de seguir al Señor. Se ha dicho con razón que la perseverancia no consiste en no caer nunca, sino en levantarse siempre. «Cuando un soldado que está combatiendo recibe alguna herida o retrocede un poco, nadie es tan exigente o tan ignorante de las cosas de la guerra que piense que eso es un crimen. Los únicos que no reciben heridas son los que no combaten; quienes se lanzan con más ardor contra el enemigo son quienes reciben los golpes»8.

Pidámosle a la Virgen la gracia de no abandonar jamás nuestra lucha interior, aunque sea triste y catastrófica nuestra experiencia anterior, y la gracia y la humildad de recomenzar siempre.

Pidámosle también hoy a Nuestra Señora ser constantes en nuestro apostolado, aunque aparentemente no se vea fruto alguno. Un día, quizá cuando ya estemos en su presencia, el Señor nos hará contemplar los frutos de un apostolado que en ocasiones nos parecía estéril, y que fue siempre eficaz. La semilla que se siembra da siempre su fruto: una, cien; otra sesenta; otra, treinta...9. Mucho fruto para una sola semilla.

III. Levantaos, alzad la cabeza. Se acerca vuestra liberación10.

Se nos narra en los Hechos de los Apóstoles que un día Pedro y Juan subían al Templo para orar y se encontraron con un cojo de nacimiento que pedía limosna. Entonces Pedro le dijo: No tengo plata ni oro; pero lo que tengo, eso te doy: en el nombre de Jesucristo Nazareno levántate y anda11.

En el nombre de Jesucristo... Así hemos de recomenzar nosotros en el apostolado y en nuestra lucha contra todo lo que intenta separarnos de Dios. Esa es nuestra fuerza. No comenzamos de nuevo por un empeño personal, como si tratáramos de afirmar que nosotros podemos sacar adelante las cosas. Nosotros no podemos nada. Precisamente, cuando nos sentimos débiles, la fuerza de Cristo habita en nosotros12. ¡Y es una fuerza poderosa!

Como San Pedro que, después de aquella noche perdida en la que no había pescado nada, echa de nuevo las redes al mar solo porque el Señor se lo manda: Maestro, le dice, toda la noche hemos estado fatigándonos y no hemos cogido nada; pero porque Tú lo dices echaré la red13. A pesar del cansancio, a pesar de que no es hora para pescar, aquellos hombres volverán a tomar las redes, que ya estaban lavando para otro día. Los elementos humanos que hacían aconsejable la pesca han quedado atrás. El motivo de iniciar de nuevo la tarea es la confianza de Pedro en su Señor. Pedro obedece sin más razonamientos.

El fundamento de nuestra esperanza está en que el Señor desea que recomencemos de nuevo cada vez que hemos tenido un fracaso, quizá aparente, en nuestra vida interior o en nuestro apostolado. «Porque Tú me lo dices, Señor, comenzaré de nuevo». Si vivimos así, eliminaremos para siempre en nuestra vida el fantasma del desaliento, que a tantas almas ha sumido en la mediocridad espiritual y en la tristeza.

Recomienza de nuevo... Nos lo dice Jesús con especial intimidad en estos días en que la Navidad se acerca. «Cuando tu corazón caiga, levántalo, humillándote profundamente ante Dios con reconocimiento de tu miseria, sin maravillarte de haber caído, pues no tiene nada de admirable que la enfermedad sea enferma, la debilidad débil, y la miseria mezquina. Sin embargo, detesta con todas tus fuerzas la ofensa que has hecho a Dios y, con valor y confianza en su misericordia, prosigue el camino de la virtud que habías abandonado»14.

1 Mt 11, 12. — 2 San Juan de la Cruz, Cántico espiritual, 3, 2. — 3 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 82. — 4 Ibídem, 77. — 5 T. Kempis, Imitación de Cristo, II, 9, 8. — 6 G. Chevrot, Simón Pedro, Madrid 1980, p. 34. — 7 San Gregorio Magno, Hom. 12 sobre los Evangelios. — 8 San Juan Crisóstomo, Exhort. II a Teodoro 5.  9 Mt 13, 8. — 10 Cfr. Is 35, 4. — 11 Hech 3, 6. — 12 2 Cor 11-12. — 13 Lc 5, 5. — 14 San Francisco de Sales, Introd. a la vida devota, 3, 9.

 

Meditaciones: jueves de la 2ª semana de Adviento

Reflexión para meditar en el jueves de la segunda semana de Adviento. Los temas propuestos son: necesidad de la purificación interior; la pureza de corazón; el amor se enciende y acrecienta en la oración.

09/12/2021

– Necesidad de la purificación interior

– La pureza de corazón

– El amor se enciende y acrecienta en la oración


«EN VERDAD os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer nadie mayor que Juan el Bautista» (Mt 11,11). Estas palabras de Jesús que leemos en el evangelio de la Misa de hoy han sido custodiadas fielmente por la Iglesia, que desde los orígenes ha venerado de modo particular al Precursor. Lo podemos ver, por ejemplo, en la liturgia, que celebra con solemnidad su nacimiento, ya que está íntimamente relacionado con el misterio de la encarnación de Cristo.

También los cuatro evangelios dan relieve a la figura de san Juan bautista. Es el último de los profetas, el que concluye el Antiguo Testamento y apunta el Nuevo, anunciando a Jesús, el Mesías, el Cordero de Dios. Su padre, Zacarías, cuando recuperó el habla que había perdido por su inicial falta de fe, alabó a Dios con el Benedictus, esa oración que resulta especialmente significativa en este tiempo litúrgico: «Y tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo: porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, enseñando a su pueblo la salvación para el perdón de sus pecados» (Lc 1,76-77). Así manifestaba la misión que habría de tener Juan: hacer más fecunda la llegada de Jesús, ya cercana, llamando a la penitencia y a la conversión de los corazones.

Para poder descubrir a Cristo es necesaria una cierta purificación. «Pide al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y a tu Madre, que te hagan conocerte y llorar por ese montón de cosas sucias que han pasado por ti, dejando –¡ay!– tanto poso... –Y a la vez, sin querer apartarte de esa consideración, dile: dame, Jesús, un Amor como hoguera de purificación, donde mi pobre carne, mi pobre corazón, mi pobre alma, mi pobre cuerpo se consuman, limpiándose de todas las miserias terrenas... Y, ya vacío todo mi yo, llénalo de Ti: que no me apegue a nada de aquí abajo; que siempre me sostenga el Amor»[1].


«PORQUE YO SOY el Señor, tu Dios, que sostengo tu diestra y te digo: –No temas, yo te ayudaré» (Is 41,13). Estas palabras del profeta Isaías, en la primera lectura de la Misa, nos recuerdan que, en el empeño por disponernos mejor para recibir a Jesús, lo más importante es nuestra confianza en la ayuda que nos vendrá de la gracia divina. Es Dios quien nos transformará si somos dóciles a sus inspiraciones. Así surgirá en nuestro corazón una vida nueva, se regenerará lo que quizá hasta ese momento permanecía estéril en nosotros. Podremos saborear, hecha realidad en nuestra alma, esa dulce promesa del Señor: «Abriré ríos en las dunas, fuentes en medio de las vegas; convertiré el desierto en estanques de agua, y la estepa en manantiales» (Is 41,18).

Dios nos concederá su gracia como esos ríos destinados a vivificar los campos. En ese misterioso tejido entre nuestra voluntad y la suya, a nosotros nos corresponde desear y acoger, quitando los obstáculos que podrían sofocar el fruto: «Jesús, que mi pobre corazón sea huerto sellado –pedimos con san Josemaría–; que mi pobre corazón sea un paraíso, donde vivas Tú; que el Ángel de mi Guarda lo custodie, con espada de fuego, con la que purifique todos los afectos antes de que entren en mí; Jesús, con el divino sello de tu Cruz, sella mi pobre corazón”»[2].

Deseamos amar al Señor de todo corazón y, por esto, le pedimos que nos ayude a mejorar lo que aún nos aleja de tener sus mismos sentimientos: faltas de caridad y misericordia ante los demás, egoísmo, indiferencia... Pidamos, pues, el auxilio de la gracia para limpiar nuestro corazón: «Este don se les dio a quienes lo pidieron, a quienes lo quisieron, a los que trabajaron por recibirlo»[3]. La llamada a purificar el corazón que la Iglesia nos dirige en Adviento no es una simple ausencia de contaminación. Se trata de algo radicalmente distinto, mucho más atractivo y que está al alcance de todos: queremos purificar nuestro corazón – pidiéndoselo al Señor con humildad– para identificar cada vez más nuestro corazón con el corazón de Cristo.


«LOS CRISTIANOS estamos enamorados del Amor: el Señor no nos quiere secos, tiesos, como una materia inerte. ¡Nos quiere impregnados de su cariño!»[4]. Para llenar de amor divino nuestro corazones necesaria la plegaria constante, como pedimos en la oración colecta de la Misa de hoy: «Señor, aviva nuestros corazones para que preparemos los caminos a tu Unigénito, y, por su venida, merezcamos servirte con un corazón puro». Por nuestra parte, debemos procurar «obrar y vivir y morir como enamorados»[5], haciendo nuestra aquella oración de san Josemaría: «¡Señor!, dame ser tan tuyo que no entren en mi corazón ni los afectos más santos, sino a través de tu Corazón llagado»[6].

La liturgia de Adviento repite con frecuencia el anuncio apremiante: El Señor viene y hay que prepararle un camino cada vez más ancho, una morada cada vez más limpia, un corazón cada vez más dispuesto. Sin embargo, para una persona enamorada esperar es poco; el amor lleva a salir a la búsqueda. Por eso, desde ahora, queremos que cuaje en un propósito por salir a su encuentro en la oración, con muestras de cariño, como hicieron la Virgen santísima y san José. Queremos encontrar a Jesús en nuestras manifestaciones de piedad durante la jornada para decirle que le queremos, que nos duelen nuestras infidelidades, que estamos impacientes por recibirle.

Dios premiará el esfuerzo por acercarnos a Él porque, como recitamos en el salmo de hoy, «El Señor es clemente y compasivo, lento a la ira y rico en misericordia» (Sal 145,8). Él nos dará un corazón más libre, más enamorado, que desborde paz y alegría a todos los que nos rodean. Para mayor certeza de ser escuchados, acudamos a la Virgen, Madre del Amor Hermoso, siguiendo el consejo que nos da san Josemaría: «Tienes que decir a la Virgen, ahora mismo, en la soledad acompañada de tu corazón, hablando sin ruido de palabras: Madre mía, este pobre corazón mío se rebela algunas veces... Pero si tú me ayudas... –Y te ayudará, para que lo guardes limpio y sigas por el camino a que Dios te ha llamado»[7].


[1] San Josemaría, Forja, n. 41.

[2] San Josemaría, Forja, n. 412.

[3] San Jerónimo, Comentario al evangelio de Mateo, 3, 19, 11.

[4] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 183.

[5] San Josemaría, Forja, n. 988.

[6] Ibid., n. 98.

[7] Ibid., n. 315.

 

«En Loreto soy especialmente deudor de Nuestra Señora»

Josemaría Escrivá de Balaguer estuvo en Loreto por primera vez los días 3 y 4 de enero de 1948. Pero el motivo por el que el fundador del Opus Dei se consideraba especialmente en deuda con la Virgen de Loreto responde a una gravísima necesidad.

Nuestra Señora de Loreto

09/12/2021

🎥 Desde este enlace puedes visitar el interior de la santa casa, todos los días de 9.00 h a 18.00 h que está abierto el santuario.


En la tarde del 3 de enero llegaron a Loreto san Josemaría, don Álvaro del Portillo, Salvador Moret Bondía e Ignacio Sallent Casas. Hicieron la oración en el recinto de la Casa de Nazaret, dentro del Santuario. Al salir del templo, el Padre preguntó a don Álvaro:

— ¿Qué has dicho a la Virgen?

— «¿Quiere que se lo diga?» Y, ante un gesto del Padre, contestó:

— «Pues he repetido lo de siempre, pero como si fuera la primera vez. Le he dicho: te pido lo que te pida el Padre».

«Me parece muy bien lo que has dicho —le comentó más tarde san Josemaría—. Repítelo muchas veces».

Josemaría Escrivá de Balaguer estuvo en Loreto por primera vez los días 3 y 4 de enero de 1948. Pero el motivo por el que el fundador del Opus Dei se consideraba especialmente en deuda con la Virgen de Loreto responde a una gravísima necesidad. Los años 50 fueron de mucho sufrimiento para san Josemaría, por incomprensiones y conflictos. En medio de estas dificultades, decidió ir a Loreto para ponerse al amparo de la Virgen.

La fiesta de Nuestra Señora de Loreto se celebra el 10 de diciembre. Foto: Vatican News

Un viaje especial: 15 de agosto de 1951

“El día 14 de agosto de 1951 decide salir por carretera hacia Loreto –narra Ana Sastre*– para estar allí el día 15, y consagrar el Opus Dei a la Santísima Virgen. El calor es sofocante y la sed se dejará sentir durante todo el trayecto. No había autopista. La carretera corre entre valles, se empina para escalar los Apeninos y desciende, en la última parte, hasta llegar al Adriático”.

“Según una tradición multisecular, desde 1294 la Santa Casa de Nazaret está en la colina de Loreto, bajo el crucero de la Basílica edificada con posterioridad. Es rectangular, con muros de unos cuatro metros y medio de altura. Una pared es de factura moderna, pero las otras, desprovistas de cimientos, ennegrecidas por el humo de los cirios, son según la tradición las de la Casa de Nazareth. Su estructura y la formación geológica de los materiales no tienen parecido alguno con los caracteres de la antigua arquitectura de la zona: es perfectamente análoga a las construcciones que se realizaban en Palestina hace veinte siglos: sillares de piedra arenosa, que utilizaban la cal como elemento de unión.

El Santuario se apoya sobre una loma cubierta de laureles, de ahí el nombre. Aparcan en la plaza Central y el Padre sale rápidamente del coche. Durante quince o veinte minutos, le pierden entre la gente que llena la Basílica. Al fin sale, después de saludar a la Virgen, sonriente y animoso. Son las siete y media y hay que volver a Ancona para pasar la noche.

A la mañana siguiente, antes de que el sol se deje caer con aplomo, vuelven a la carretera. A pesar de lo temprana que es la hora, el Santuario está repleto. El Padre se reviste en la sacristía y avanza hacia el altar de la Casa de Nazaret para celebrar la Misa. El pequeño recinto está atestado y el calor es sofocante”.

La Santa Misa

“Bajo las lámparas votivas, quiere oficiar la Liturgia con toda devoción. Pero no ha contado con el fervor de la muchedumbre en este día de fiesta: «Mientras besaba yo el altar cuando lo prescriben las rúbricas de la Misa, tres o cuatro campesinas lo besaban a la vez. Estuve distraído, pero me emocionaba. Atraía también mi atención el pensamiento de que en aquella Santa Casa -que la tradición asegura que es el lugar donde vivieron Jesús, María y José-, encima de la mesa del altar, han puesto estas palabras: Hic Verbum caro factum est. Aquí, en una casa construida por la mano de los hombres, en un pedazo de la tierra en que vivimos, habitó Dios» (Es Cristo que pasa, 12).

El fundador del Opus Dei con Mons. Alvaro del Portillo delante de la Santa Casa

Durante la Misa, sin fórmula alguna pero con palabras llenas de fe, el Padre hace la consagración del Opus Dei a la Señora. Y, después, hablando en voz baja a los que están a su lado, vuelve a repetirla en nombre de todo el Opus Dei: «Te consagramos nuestro ser y nuestra vida; todo lo nuestro: lo que amamos y somos. Para ti nuestros cuerpos, nuestros corazones y nuestras almas; tuyos somos. Y para que esta consagración sea verdaderamente eficaz y duradera, renovamos hoy a tus pies, Señora, la entrega que hicimos a Dios en el Opus Dei . Infunde en nosotros amor grande a la Iglesia y al Papa, y haznos vivir plenamente sumisos a todas sus enseñanzas» (RHF 20755, p. 450).

Una invocación a la Virgen

El Padre ha salido de Roma visiblemente cansado. Pero, al volver, parece renovado. Como si todo obstáculo acabara de pulverizarse en el camino de Dios. Hace unas semanas que ha propuesto a sus hijos e hijas una invocación dirigida a la Madre de Jesús para que la repitan continuamente Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum! Corazón dulcísimo de María, ¡prepáranos un camino seguro!

Basílica de la Santa Casa

Las rutas del Opus Dei siempre estarán precedidas por la sonrisa y el amor de la Virgen. Una vez más, el Fundador se ha movido en las coordenadas de la fe. Pone los medios humanos, pero confía en la intervención decisiva de lo alto. «Dios es el de siempre. -Hombres de fe hacen falta: y se renovarán los prodigios que leemos en la Santa Escritura». Ecce non est abbreviata manus Domini -¡El brazo de Dios, su poder, no se ha empequeñecido! (Camino, 586)”

Fue a la Santa Casa otras seis veces: 7-XI-1953, 12-V-1955, 8-V-1960, 22-IV-1969, 8-V-1969 y la última el 22-IV-1971. El 9 de diciembre de 1973, víspera de la fiesta de la Virgen de Loreto, dijo «Todas las imágenes, todos los nombres, todas las advocaciones que el pueblo cristiano da a Santa Maria, a mí me parecen maravillosas. Pero en Loreto soy especialmente deudor de Nuestra Señora».


* Ana Sastre, Tiempo de Caminar, Rialp, 1ª. Edición Madrid, 1989, pp. 413-415.

 

“La oración, como el latir del corazón”

Si de veras deseas ser alma penitente –penitente y alegre–, debes defender, por encima de todo, tus tiempos diarios de oración –de oración íntima, generosa, prolongada–, y has de procurar que esos tiempos no sean a salto de mata, sino a hora fija, siempre que te resulte posible. No cedas en estos detalles. Sé esclavo de este culto cotidiano a Dios, y te aseguro que te sentirás constantemente alegre. (Surco, 994)

9 de diciembre

¿Cómo va tu vida de oración? ¿No sientes a veces, durante el día, deseos de charlar más despacio con Él? ¿No le dices: luego te lo contaré, luego conversaré de esto contigo?

En los ratos dedicados expresamente a ese coloquio con el Señor, el corazón se explaya, la voluntad se fortalece, la inteligencia ‑ayudada por la gracia‑ penetra, de realidades sobrenaturales, las realidades humanas. Como fruto, saldrán siempre propósitos claros, prácticos, de mejorar tu conducta, de tratar finamente con caridad a todos los hombres, de emplearte a fondo ‑con el afán de los buenos deportistas‑ en esta lucha cristiana de amor y de paz.

La oración se hace continua, como el latir del corazón, como el pulso. Sin esa presencia de Dios no hay vida contemplativa; y sin vida contemplativa de poco vale trabajar por Cristo, porque en vano se esfuerzan los que construyen, si Dios no sostiene la casa.

Para santificarse, el cristiano corriente ‑que no es un religioso, que no se aparta del mundo, porque el mundo es el lugar de su encuentro con Cristo‑ no necesita hábito externo, ni signos distintivos. Sus signos son internos: la presencia de Dios constante y el espíritu de mortificación. En realidad, una sola cosa, porque la mortificación no es más que la oración de los sentidos. (Es Cristo que pasa, nn. 8-9)

 

 

La ternura de Dios (III): El corazón abierto de Dios: misericordia y apostolado

Cuando rechaza la tentación de someter los reinos de la tierra, Jesús deja entrever cómo es su dominio de la historia. Aunque a los ojos humanos pueda parecer una ingenuidad, Dios reina con su misericordia. Y así quiere que sus enviados, los cristianos, le hagamos presente en el mundo.

15/06/2016

DIOS NO SABRÍA QUÉ HACER CON UNA SUMISIÓN FORMAL, EXTERNA, PERO HUECA. ÉL BUSCA A CADA HOMBRE, LLAMA A LA PUERTA DE CADA UNO

«Mi reino no es de este mundo», responde Jesús, cuando Pilato le pregunta acerca de las acusaciones del Sanedrín. Él es Rey, pero no como dicen rey los hombres: «si mi reino fuera de este mundo, mis servidores lucharían para que no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí»[1]. Pocas horas antes, en Getsemaní, había hablado en términos parecidos a Pedro, para hacerle envainar la espada: «¿O piensas que no puedo acudir a mi Padre y al instante pondría a mi disposición más de doce legiones de ángeles?»[2] No es con la fuerza de las armas de los hombres que Dios irrumpe en el mundo, sino con la «espada de doble filo» de su Palabra, que «descubre los sentimientos y pensamientos del corazón»[3]. Jesús «no combate para consolidar un espacio de poder. Si rompe cercos y cuestiona seguridades es para abrir una brecha al torrente de la Misericordia que, con el Padre y el Espíritu, desea derramar sobre la tierra. Una Misericordia que procede de bien en mejor: anuncia y trae algo nuevo: cura, libera y proclama el año de gracia del Señor»[4].

Dios mira el corazón

«En el mundo tendréis sufrimientos, pero confiad: yo he vencido al mundo, ego vici mundum»[5]. Desde el cenáculo, la oración sacerdotal de Jesús conforta a los discípulos de todos los tiempos: el Señor vence, aun cuando el anuncio del Evangelio encuentra dificultades grandes, hasta el punto de parecer que la causa de Dios va a fracasar. Christus vincit, pero según un designio que no responde a la lógica del poder humano: «mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos»[6].

«Te daré todo este poder y su gloria, porque me han sido entregados y los doy a quien quiero»[7]. Cuando el demonio mostró a Jesús todas las naciones de la tierra, no le ofrecía tanto lujo y posesiones como la sumisión de los hombres a su voluntad, a través de un control mundano. El diablo desfigura la promesa del Padre al Hijo recogida en el Salmo II: «pídeme y te daré en herencia las naciones»[8]; la mundaniza: le propone una redención sin sufrimiento. Pero «Jesús tiene bien claro que no es el poder mundano lo que salva al mundo, sino el poder de la cruz, de la humildad, del amor»[9].

Al rechazar esa tentación, y trazar ese mismo camino para todos los cristianos, Jesús deja entrever cómo es su dominio de la historia, aunque a los ojos humanos pueda parecer necedad: Dios reina con su misericordia. Si su reino no es de este mundo, tampoco lo es su misericordia; pero precisamente por eso, porque nace «desde lo alto»[10], puede abrazarlo, y salvarlo.

«El hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón»[11] Dios no sabría qué hacer con una sumisión formal, externa, pero hueca. Él busca a cada hombre, llama a la puerta de cada uno[12]: «dame, hijo, tu corazón, y que tus ojos guarden mis caminos»[13]. Así es el dominio de Dios, que vence porque logra desarmarnos; vence, no porque reprime nuestras ansias de felicidad, sino porque nos hace ver que esas ansias, sin Él, son una vía muerta.

"TENER UN CORAZÓN MISERICORDIOSO NO SIGNIFICA TENER UN CORAZÓN DÉBIL: QUIEN DESEA SER MISERICORDIOSO NECESITA UN CORAZÓN FUERTE, FIRME, CERRADO AL TENTADOR, PERO ABIERTO A DIOS" (PAPA FRANCISCO)

«Cuanto más los llamaba, tanto más se alejaban de mí», se lamenta el Señor a través del profeta Oseas[14]. Pero aunque los hombres podamos resistirnos a las llamadas de Dios, los cristianos sabemos que al final, a poco que dejemos un resquicio en la puerta del alma, Dios se abre camino en nuestra vida, y nos rendimos ante su amor incansable: la suya es «una Misericordia en camino, una Misericordia que cada día busca el modo de dar un paso adelante, un pasito más allá, avanzando sobre las tierras de nadie, en las que reinaba la indiferencia y la violencia»[15]. Por eso el apostolado, que nace de la fe, rebosa serenidad: «tu vida, tu trabajo, no debe ser labor negativa, no debe ser “antinada”. Es, ¡debe ser!, afirmación, optimismo, juventud, alegría y paz»[16].

Amar con el Amor de Dios

«Al ver a las multitudes se llenó de compasión por ellas, porque estaban maltratadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor»[17]. La mirada de Dios sobre las almas no es una mirada angustiada, sino compasiva: quiere llegarse a todos, a través de sus hijos. «El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado»[18]: Él nos hace vivir inmersos en ese Amor divino, que es el clima vital, el ambiente familiar en el que Dios quiere introducirnos, ya ahora en la tierra y, después, por toda la eternidad. «Nuestro amor -dice san Josemaría- no se confunde con una postura sentimental, tampoco con la simple camaradería, ni con el poco claro afán de ayudar a los otros para demostrarnos a nosotros mismos que somos superiores. Es convivir con el prójimo, venerar (…) la imagen de Dios que hay en cada hombre, procurando que también él la contemple, para que sepa dirigirse a Cristo»[19] Se trata, pues, de dejar que Dios, que vive en mí, ame a través de mí: amar con el amor de Dios.

CUANTO MÁS CAPACES SEAMOS DE RECIBIR DE LOS DEMÁS, MÁS BRILLO ADQUIRIRÁ TODO LO QUE DIOS HA PUESTO EN NUESTRA ALMA

«El Amor... ¡bien vale un amor!»[20] En estas palabras que paladeaba san Josemaría, se miran el Corazón infinito de Dios y el corazón de los hombres, pequeño pero capaz de ensancharse para acometer cosas grandes. El Amor de Dios bien vale el amor de una vida dedicada a llenarse de Él y a repartir su misericordia a manos llenas. Es esta una llamada para magnánimos, una invitación a emprender un vuelo alto, escondido la mayor parte de las veces en la trama prosaica de la vida de todos los días «Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios. Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. En definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro»[21].

 

Quitarse las sandalias ante la tierra del otro

Un corazón pobre no es un pobre corazón. Quien «conoce sus propias pobrezas» es capaz de llenarse de la riqueza del amor de Dios. «El Dios que comparte nuestras amarguras, el Dios que se ha hecho hombre para llevar nuestra cruz, quiere transformar nuestro corazón de piedra y llamarnos a compartir también el sufrimiento de los demás; quiere darnos un “corazón de carne” (…) que sienta compasión y nos lleve al amor que cura y socorre»[22] Nos pondremos entonces al lado de cada uno, no solo como quien tiene mucho que enseñar, sino también como quien tiene mucho que aprender. Cuanto más capaces seamos de recibir de los demás, más brillo adquirirá todo lo que Dios ha puesto en nuestra alma. Es el corazón el que habla de verdad al corazón -cor ad cor loquitur-, como percibió agudamente el Beato John Henry Newman[23]: quien se quita «las sandalias ante la tierra sagrada del otro»[24], quien se deja sorprender por él, puede entonces ayudarle de verdad. «Si ven un amigo o una amiga que se pegó un resbalón en la vida y se cayó, andá y ofrecele la mano, pero ofrecésela con dignidad. Ponete al lado de él, al lado de ella, escuchalo (…). Dejalo hablar, dejalo que te cuente, y entonces, poquito a poco, te va a ir extendiendo la mano, y vos lo vas a ayudar en nombre de Jesucristo. Pero si vas de golpe y le empezás a predicar, y a darle y a darle, pues, pobrecito, lo vas a dejar peor que como estaba»[25].

"SI TE ALEJAS DE ÉL POR CUALQUIER MOTIVO, REACCIONA CON LA HUMILDAD DE COMENZAR Y RECOMENZAR; DE HACER DE HIJO PRÓDIGO TODAS LAS JORNADAS" (SAN JOSEMARÍA)

Hoy día un cristiano se encuentra con personas en las situaciones más variadas. Si de verdad se acerca al otro con el corazón abierto, podrá dejar en su alma algo de «la paz de Dios que supera todo entendimiento»[26]; y, cada uno a su modo, le dejará también una huella en el alma. En ocasiones se tratará de cristianos que no han practicado nunca su fe, que la abandonaron poco después de la primera Comunión; o que, quizá después de años de práctica religiosa e incluso de fervor, han sucumbido a las solicitaciones de la comodidad, del relativismo, de la tibieza. Otras muchas veces, se tratará de personas que nunca han oído hablar de Dios en una conversación de tú a tú. Algunos quizá al inicio se mostrarán reticentes, porque creen tener que defenderse de una invasión de su libertad. Nuestra serenidad de hijos de Dios será entonces, como siempre, la mejor arma: «Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. Que vuestra comprensión sea patente a todos los hombres. El Señor está cerca»[27]. La misericordia de Dios nos llevará a acoger a todos, como Jesús[28]; y, también como Jesús, a dejarnos acoger por todos[29], a estar con la gente; a hacernos cargo de sus perplejidades, sin pasar por encima de los problemas; a esforzarnos por abrirles horizontes, partiendo del lugar en el que se encuentran; a exigirles con decisión pero con suavidad, sin dejar de tenderles la mano.

«La Iglesia, unida a Cristo, nace de un Corazón herido. De ese Corazón, abierto de par en par, se nos trasmite la vida»[30]. Todo auténtico apostolado es también siempre apostolado de la Confesión: ayudar a los demás a experimentar el desbordarse de la misericordia de Dios, que nos espera como el padre del hijo pródigo, deseoso de darnos el abrazo paternal que nos purifica y nos permite volver a mirarle a la cara a Él y a los demás. «Si te alejas de Él por cualquier motivo, reacciona con la humildad de comenzar y recomenzar; de hacer de hijo pródigo todas las jornadas, incluso repetidamente en las veinticuatro horas del día; de ajustar tu corazón contrito en la Confesión, verdadero milagro del Amor de Dios. En este Sacramento maravilloso, el Señor limpia tu alma y te inunda de alegría y de fuerza para no desmayar en tu pelea, y para retornar sin cansancio a Dios, aun cuando todo te parezca oscuro. Además, la Madre de Dios, que es también Madre nuestra, te protege con su solicitud maternal, y te afianza en tus pisadas»[31].

Podría parecer superfluo decirlo, pero sabemos que no lo es: los predilectos de la misericordia de Dios son nuestros hermanos en la fe. «Pues el que no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve»[32]. Nuestro primer apostolado está en nuestro propio hogar, y entre los que forman la casa de Dios que es la Iglesia. Nuestro celo por las almas sería una ficción si nuestro corazón fuese insensible a los demás cristianos. Dios quiere que reciban mucho amor, para poder darlo a su vez. Por eso es necesario sobreponerse, por ejemplo, al acostumbramiento que a veces se produce en la convivencia con las personas más cercanas, a las distancias que se crean cuando solo nos guiamos por nuestra afinidad natural, o a las pequeñas tensiones del día a día. «De los primeros seguidores de Cristo se afirmaba: ¡mirad cómo se quieren! ¿Cabe decir lo mismo de ti, de mí, a toda hora?»[33]. Mucho espera Dios del amor fraterno de los cristianos para que el torrente de su Misericordia[34] se abra camino entre los hombres, para que, con la fuerza del Espíritu, el mundo conozca que el Padre envió a su Hijo y nos amó como a Él[35].

Carlos Ayxelá


[1] Jn 18, 36.

[2] Mt 26, 53.

[3] Hb 4, 12.

[4] Francisco, Homilía, 24-III-2016.

[5] Jn 16, 33.

[6] Is 55, 8.

[7] Lc 4, 5-6.

[8] Sal 2, 8.

[9] Benedicto XVI, Audiencia, 13-III-2013.

[10] Lc 1, 78.

[11] 1 S 16, 7.

[12] Cfr. Ap 3, 20.

[13] Pr 23, 26.

[14] Os 11, 2.

[15] Francisco, Homilía, 24-III-2016.

[16] San Josemaría, Surco, 864.

[17] Mt 9, 36.

[18] Rm 5, 5.

[19] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 230.

[20] San Josemaría, Camino, n. 171.

[21] Francisco, Mensaje para la Cuaresma, 4-X-2014.

[22] Card. Joseph Ratzinger, Presentación del Via Crucis, 25-III-2005.

[23] Se trata del lema que el Beato escogió cuando fue creado Cardenal.

[24] Francisco, Ex. Ap. Evangelii Gaudium, 24-XI-2013, 169

[25] Francisco, Discurso, 16-II-2016.

[26] Flp 4, 7.

[27] Flp 4, 4-5.

[28] Cf. Mt 9, 10-1; Jn 4, 7 ss

[29] Cfr. Lc 7, 36; 19, 6-7.

[30] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 169.

[31] Amigos de Dios, n. 214.

[32] 1 Jn 4, 20.

[33] Surco, n. 921.

[34] Cfr. Francisco, Homilía, 24-III-2016.

[35] Cfr. Jn 17, 23.

 

El misterio del matrimonio

En el año mariano por la familia que se está viviendo en el Opus Dei, iniciamos una serie de editoriales sobre el amor humano. El primer texto se centra en el matrimonio.

26/05/2015

La realidad humana del matrimonio

El matrimonio es una realidadnatural, que responde al modo de ser persona, varón y mujer. En ese sentido enseña la Iglesia que “el mismo Dios es el autor del matrimonio (GS 48, 1). La vocación al matrimonio se inscribe en la naturaleza misma del hombre y de la mujer, según salieron de la mano del Creador"[1].

En lo fundamental, no se trata de una creación cultural, pues sólo el matrimonio refleja plenamente la dignidad de la unión entre varón y mujer. Sus características no han sido establecidas por ninguna religión, sociedad, legislación o autoridad humana; ni han sido seleccionadas para configurar distintos modelos matrimoniales y familiares según las preferencias del momento.

En los designios de Dios, el matrimonio sigue a la naturaleza humana, sus propiedades son reflejo de ella.

La relación específicamente matrimonial

El matrimonio tampoco nace de un cierto tipo de acuerdo entre dos personas que quieren estar juntas más o menos establemente. Nace de un pacto conyugal: del acto libre por el que una mujer y un varón se dan y reciben mutuamente para ser matrimonio, fundamento y origen de una familia.

La totalidad de esa donación mutua es la clave de aquello en lo que consiste el matrimonio, porque de ella derivan sus cualidades esenciales y sus fines propios.

Por eso, es entrega irrevocable. Los cónyuges dejan de ser dueños exclusivos de sí en los aspectos conyugales, y pasan a pertenecer cada uno al otro tanto como a sí mismos. Uno se debe al otro: no sólo están casados, sino que son esposos. Su identidad personal ha quedado modificada por la relación con el otro, que los vincula “hasta que la muerte los separe". Esta unidad de los dos, es la más íntima que existe en la tierra. Ya no está en su poder dejar de ser esposo o esposa, porque se han hecho “una sola carne"[2].

Una vez nacido, el vínculo entre los esposos ya no depende de su voluntad, sino de la naturaleza –en definitiva de Dios Creador–, que los ha unido. Su libertad ya no se refiere a la posibilidad de ser o no ser esposos, sino a la de procurar o no vivir conforme a la verdad de lo que son.

La "totalidad" natural de la entrega propiamente matrimonial

En realidad, sólo una entrega que sea don total de sí y una aceptación también total responden a las exigencias de la dignidad de la persona.

Esta totalidad no puede ser más que exclusiva: es imposible si se da un cambio simultáneo o alternativo en la pareja, mientras vivan los dos cónyuges.

Implica también la entrega y aceptación de cada uno con su futuro: la persona crece en el tiempo, no se agota en un episodio. Sólo es posible entregarse totalmente para siempre. Esta entrega total es una afirmación de libertad de ambos cónyuges.

Totalidad significa, además, que cada esposo entrega su persona y recibe la del otro, no de modo selectivo, sino en todas sus dimensiones con significado conyugal.

Concretamente, el matrimonio es la unión de varón y mujer basada en la diferencia y complementariedad sexual, que –no casualmente– es el camino natural de la transmisión de la vida (aspecto necesario para que se dé la totalidad). El matrimonio es potencialmente fecundo por naturaleza: ese es el fundamento natural de la familia.

Entrega mutua, exclusiva, perpetua y fecunda son las características propias del amor entre varón y mujer en su plenitud humana de significado.

La reflexión cristiana los ha llamado desde antiguo propiedades esenciales (unidad e indisolubilidad) y fines (el bien de los esposos y el de los hijos) no para imponer arbitrariamente un modelo de matrimonio, sino para tratar de expresar a fondo la verdad “del principio"[3].

La sacralidad del matrimonio

La íntima comunidad de vida y amor que se funda sobre la alianza matrimonial de un varón y una mujer refleja la dignidad de la persona humana y su vocación radical al amor, y como consecuencia, a la felicidad. El matrimonio, ya en su dimensión natural, posee un cierto carácter sagrado. Por esta razón la Iglesia habla del misterio del matrimonio[4].

Dios mismo, en la Sagrada Escritura, se sirve de la imagen del matrimonio para darse a conocer y expresar su amor por los hombres[5].La unidad de los dos, creados a imagen de Dios, contiene en cierto modo la semejanza divina, y nos ayuda a vislumbrar el misterio del amor de Dios, que escapa a nuestro conocimiento inmediato[6].

Pero, la criatura humana quedó hondamente afectada por las heridas del pecado. Y también el matrimonio se vio oscurecido y perturbado[7]. Esto explica los errores, teóricos y prácticos, que se dan respecto a su verdad.

Pese a ello, la verdad de la creación subsiste arraigada en la naturaleza humana[8], de modo que las personas de buena voluntad se sienten inclinadas a no conformarse con una versión rebajada de la unión entre varón y mujer. Ese verdadero sentido del amor –aun con las dificultades que experimenta– permite a Dios, entre otros modos, el darse a conocer y realizar gradualmente su plan de salvación, que culmina en Cristo.

El matrimonio, redimido por Jesucristo

Jesús enseña en su predicación, de un modo nuevo y definitivo, la verdad originaria del matrimonio[9]. La “dureza de corazón", consecuencia de la caída, incapacitaba para comprender íntegramente las exigencias de la entrega conyugal, y para considerarlas realizables.

Pero llegada la plenitud de los tiempos, el Hijo de Dios “revela la verdad originaria del matrimonio, la verdad del 'principio', y, liberando al hombre de la dureza del corazón, lo hace capaz de realizarla plenamente"[10], porque “siguiendo a Cristo, renunciando a sí mismos, tomando sobre sí sus cruces, los esposos podrán 'comprender' el sentido original del matrimonio y vivirlo con la ayuda de Cristo"[11].

El matrimonio, sacramento de la Nueva Ley

Al constituir el matrimonio entre bautizados en sacramento[12], Jesús lleva a una plenitud nueva, sobrenatural, su significado en la creación y bajo la Ley Antigua, plenitud a la que ya estaba ordenado interiormente[13].

El matrimonio sacramental se convierte en cauce por el que los cónyuges reciben la acción santificadora de Cristo, no solo individualmente como bautizados, sino por la participación de la unidad de los dos en la Nueva Alianza con que Cristo se ha unido a la Iglesia[14]. Así, el Concilio Vaticano II lo llama “imagen y participación de la alianza de amor entre Cristo y la Iglesia"[15].

Esto significa, entre otras cosas, que esa unión de los esposos con Cristo no es extrínseca (es decir, como si el matrimonio fuera una circunstancia más de la vida), sino intrínseca: se da a través de la eficacia sacramental, santificadora, de la misma realidad matrimonial[16]. Dios sale al encuentro de los esposos, y permanece con ellos como garante de su amor conyugal y de la eficacia de su unión para hacer presente entre los hombres Su Amor.

Pues, el sacramento no es principalmente la boda, sino elmatrimonio, es decir, la “unidad de los dos", que es “signo permanente" (por su unidad indisoluble) de la unión de Cristo con su Iglesia. De ahí que la gracia del sacramento acompañe a los cónyuges a lo largo de su existencia[17].

De ese modo, “el contenido de la participación en la vida de Cristo es también específico: el amor conyugal comporta una totalidad en la que entran todos los elementos integrantes de la persona (...). En una palabra, tiene las características normales de todo amor conyugal natural, pero con un significado nuevo que no solo las purifica y consolida, sino que las eleva, hasta el punto de hacer de ellas expresión de valores propiamente cristianos"[18].

Desde muy pronto, la consideración de este significado pleno del matrimonio, a la luz de la fe y con las gracias que el Señor le concedía para comprender el valor de la vida ordinaria en los planes de Dios, llevó a san Josemaría a entenderlo como verdadera y propia vocación cristiana: “Los casados están llamados a santificar su matrimonio y a santificarse en esa unión; cometerían por eso un grave error, si edificaran su conducta espiritual a espaldas y al margen de su hogar"[19].


[1]Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1603.

[2]Mt 19,6.

 

[3]Cfr. Mt 19,4.8.

[4]Cfr. Ef 5,22-23.

[5]Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1602.

[6] Cfr. Benedicto XVI, Deus Caritas Est, n. 11.

[7]Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1608.

[8]Cfr. ibid.

[9]Cfr. Mt 19,3-4.

[10]San Juan Pablo II, Familiaris consortio, n. 13.

[11]Catecismo de la Iglesia Católica, 1615.

[12]Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1617.

[13]Cfr. San Juan Pablo II, Familiaris consortio, n. 13.

[14]Cfr. Ef 5,25-27.

[15]Gaudium et Spes, n. 48.

[16]Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1638 ss.

[17]Cfr. San Juan Pablo II, Familiaris consortio, n. 56.

[18]San Juan Pablo II, Familiaris consortio, n. 13.

[19]San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 23.

 

Adopción, una realidad sin miedo

¿Cómo enfrentar los retos que supone adoptar un hijo? ¿Qué debemos saber para facilitar esta realidad sin miedos?

Una historia hermosa de generosidad es la que se da cada vez que unos padres deciden adoptar a un niño. Los motivos son muchos: desde la incapacidad de concebir hasta cuestiones de solidaridad social, en las que, además de tener ya cierto número de hijos, se decide dar una mejor vida a un pequeño niño desprotegido.

Lo esencial en todos los casos ha de ser que la motivación esté custodiada por el amor pleno y realizador de transmitir la vida, que en este caso no es biológica, sino psicológica, social y espiritual.

La decisión de adoptar no es fácil. Dos padres deben enfrentar muchas cuestiones de orden psicológico, social, material, espiritual e incluso legal. Las dudas, sentimientos y pensamientos que los asaltan son infinitos, por lo que deben estar lo mejor preparados para realizar este acto de sensible humanidad.

La adopción es posible por la grandeza de corazón de las personas que ven en los niños desamparados una oportunidad de formar una familia; afortunadamente la conciencia de la adopción va en aumento; sin embargo, hemos de ser cuidadosos pues en muchos de los casos los niños que es posible adoptar se encuentran en esa situación debido a familias dolientes y desintegradas.

Muchos niños son abandonados por madres solteras que se sienten solas, por familias que no tienen trabajo y no pueden mantener a otro hijo, por el egoísmo de una pareja de querer vivir su vida sin niños, por la muerte de ambos padres y la falta de acogimiento del niño por los abuelos o familiares extensos, por la terrible realidad de la violencia intrafamiliar en la que los hijos deben ser rescatados de sus padres pues son objeto de abusos físicos o psicológicos.

Transformar una vida de dolor en alegría

Las historias de adopción no tienen por lo regular un principio feliz, un origen desdichado es lo que muchas veces se encuentra tras la soledad de un niño ya sea que lo encontremos en alguna calle, un orfanato, una casa hogar…

Sin embargo, el final puede ser feliz, rescatar a un niño de la soledad y del dolor es una acción que Dios seguramente premiará. Recordemos que “debe reservarse una atención especialísima al niño, desarrollando una profunda estima por su dignidad personal, así como un gran respeto y un generoso servicio a sus derechos. Esto vale respecto a todo niño, pero adquiere una urgencia singular cuando el niño es pequeño y necesita de todo, está enfermo, delicado o minusválido” (Juan Pablo II, Familiaris Consortio, n. 26).

Así es, el niño es un don siempre y debe ser atendido con amor, paciencia, generosidad; especialmente cuando “necesita de todo” cuando se encuentra “enfermo o delicado” no solo físicamente, sino del corazón por la soledad, por el abandono, por los maltratos, por el dolor…

Una tarea hermosa y realizadora

Lamentablemente, ante la creciente ola de adopción por la conciencia social y la generosidad de espíritu, se conocen muy pocos lugares donde puedan verdaderamente apoyar y guiar a los padres que han decidido dar este paso tan importante para ellos y para un niño que pronto será parte integral de su familia.

Los padres adoptivos ilusionados quieren acoger a su hijo adoptivo, que cuando se habla desde el corazón la palabra adoptiva no tiene el significado que estrictamente tiene en el mundo natural, sino que adquiere un significado sobrenatural que hace referencia al amor y a la decisión voluntaria de acoger y hacer suyo el don maravilloso del hijo.

Palabras clave: amor, aceptación, seguridad

Los padres no han de sobreproteger al niño adoptado, sino tratarlo de un modo natural, sin miedo, sin temor a ser rechazado o desobedecido, pues una actitud distinta en la que se le de todo lo que quiere al niño sin ningún límite puede ser perjudicial y hacerle sentir al niño que sus padres no le ofrecen seguridad y un ambiente estable donde desarrollarse. Lo que el adoptado verdaderamente desea es que los padres le demuestren que son sus verdaderos padres y actúen como tales.

Es importante recordar que cada niño es un mundo, cada niño es diferente y es así como cada uno requiere un proceso educativo adecuado a sus particularidades, por lo que hay que tomar en cuenta su personalidad, es preciso observarlo, comprenderlo y guiarlo, así como continuamente ponerse en su lugar para poder sentir de alguna manera con su hijo su historia, su pasado, su dolor y a partir de ahí entenderlo mejor, acogerlo cada vez más y amarlo.

¿Revelar la verdad?

Son los padres quienes adquieren derechos y obligaciones ante el niño adoptado y tienen la función de educar a este hijo, por tanto, son ellos quienes tienen que informar del hecho de la adopción y de sus orígenes como algo que forma parte de su proceso educativo. Lo importante es que el hecho sea dialogado, compartido y asumido por ambos padres y el hijo de modo que pueda hablarse de esto con naturalidad.

En cuanto a la forma de realizar la información, varía según las circunstancias. Launay y Soulé distinguen tres casos:

El primero, cuando el niño ha sido adoptado con edad entre los tres y los siete años es preciso hablarles y ayudarles a que tomen conciencia de la realidad, estos niños dependiendo de su edad entenderán en mayor o menor grado las cosas, habrá que tener el tino y la delicadeza necesaria para hablarles con la verdad procurando su aceptación y sobre todo suavizar el pasado doloroso que pudieran tener, poniendo énfasis no en eso, si no en el presente y en el futuro que le espera siendo un ser tan importante en la familia a la cual pertenece ahora.

El segundo, cuando el niño ha sido adoptado en los dos o tres primeros años, plantea que lo mejor es esperar y hablarle desde los tres o cuatro años y proceder de la manera más simple diciendo al hijo la historia que les llevó a adoptarlo de una manera amable y dulce que les ayude a aceptar de acuerdo a su edad, su condición.

La tercera, cuando el caso es de un niño que se haya adoptado con más de siete años, estos niños, por lo regular vienen dañados a veces físicamente, pero casi siempre psicológicamente, por lo que habrá de ser especialmente pacientes, pues sin duda conocen bien su origen o son conscientes de lo que han sufrido como la soledad de un orfanato, de la calle, el rechazo de sus padres, en fin… habrá que esforzarse más y buscar amar incondicionalmente a esta persona tan marcada por el dolor y cambiar poco a poco sus lágrimas por risas.

Sea cual fuere el caso se recomienda que se le informe al hijo de toda la verdad, sin importar la edad, si el niño se siente en la familia adoptiva como si fuera su propia familia porque se sienta aceptado, seguro y amado, no hay nada que temer. Si en un futuro el niño, joven o ya en la adultez el hijo quisiera conocer más sobre sus orígenes hay que permitirle informarse si éste es su deseo, aunque todo ello tiene que estar enmarcado dentro de un clima de sumo cuidado y delicadeza y con la intervención de profesionales que puedan servir de orientadores ante las nuevas situaciones que puedan surgir.

Una cuestión importante es no esperar a la pubertad para informar a la criatura, sería un error grave ya que es durante esta, que el hijo vive muchos cambios y busca identificarse consigo mismo y desarrollar su personalidad, misma que se verá dañada si desde pequeño no conoce su verdadera historia y vive en medio de secretos o medias verdades, ansiedades e inseguridades. Es importante que tengan la oportunidad de sanar heridas y convertirse en hombres y mujeres sanos y fuertes.

Educación idéntica

Hace poco conocí la historia de unos padres, muy buenos, por cierto, se preocupaban por sus cuatro hijos —todos adoptados— es impresionante ver la generosidad de esta pareja dan la vida por sus hijos como cualquier otra pareja de padres. La señora, me dio esta reflexión en un encuentro y me dijo, mira, ya sea un hijo se sangre o un hijo adoptivo, en la educación de los hijos, la diferencia la hace el amor. La reflexión es la siguiente:

“Los niños aprenden lo que viven:

Si un niño vive con crítica aprende a condenar

Si un niño vive con hostilidad aprende a pelear

Si un niño vive con ridículo aprende a ser tímido

Si un niño vive con pena aprende a sentirse culpable

Si un niño vive con aliento aprende a tener confianza

Si un niño vive con alabanza aprende a apreciar

Si un niño vive con justicia aprende a tener fe

Si un niño vive con aprobación aprende a quererse

Si un niño vive con aceptación y amistad aprende a encontrar amor en el mundo” Iaw, D.

¡Cuántas cosas deben hacernos pensar y reflexionar estas palabras! todo niño, natural o adoptado merece nacer y crecer en un ambiente propicio que le permita ser un niño sano tanto física, mental y espiritualmente. Si un niño ha tenido la mala fortuna de crecer algunos años en un ambiente hostil, habrá que amarlo mucho y trabajar mucho con él para que aprenda a amarse y a amar… pero a pesar de lo terrible que pueda ser la realidad, nunca desanimarnos pues no hay imposibles…. “La diferencia la hace el amor”.

Los hombres y mujeres tenemos la responsabilidad de los demás, no podemos ser indiferentes a la “suerte” que les tocó vivir a unos y a otros, el mundo ya no puede más, la humanidad grita de desesperación al ser testigo de tanto dolor, tanto abandono y rechazo, de tanta infancia destrozada, todos somos responsables, sin excepción y debemos de buscar que estos niños, futuros padres y madres sean amados, crezcan en lo posible, en un ambiente digno, sin violencia, sin hambre, sin frío.

Adopción divina

“Yo seré para vosotros Padre, y vosotros seréis para mí hijos e hijas, dice el Señor todopoderoso” (2 Co 6, 18).

La Iglesia, Madre y Maestra, nos enseña que Dios tiene un solo hijo único: Jesucristo; Dios, por Jesucristo, nos ha adoptado y hecho también Hijos de Dios por el Amor. Somos hermanos de Jesucristo no por naturaleza, sino por don de la gracia porque esta filiación adoptiva confiere una participación real en la vida del Hijo único.

“Dios, quiere comunicar su propia divina a los hombres libremente creados por Él, para hacer de ellos, en su Hijo único, hijos adoptivos. Al revelarse a sí mismo, Dios quiere hacer a los hombres capaces de responderle, de conocerle y de amarle más allá de lo que ellos serían capaces por sus propias fuerzas” (Catecismo de la Iglesia Católica n. 52).

Dios es el Padre todopoderoso. Su paternidad y su poder se esclarecen mutuamente. Muestra, en efecto, su omnipotencia paternal por la manera como cuida de nuestras necesidades, por la adopción filial que nos da. Dios al hacernos hijos suyos quiere que vivamos una nueva vida, una vida eterna, nos ha rescatado de morir en la soledad y en la desesperación del pecado gracias al sacrificio de Jesucristo.

Dios nos ha dado el privilegio y el don de ser hijos, Él es nuestro Padre y nos ama, nos procura, esta filiación nos hace capaces de obrar rectamente y de practicar el bien, de alcanzar la perfección en la caridad, la santidad.

¡Nosotros que somos imperfectos somos invitados a ser perfectos como nuestro Padre Dios, somos invitados a vivir felices eternamente sin importar nuestro origen y nuestra naturaleza caída y pecadora! ¡Cómo nosotros siendo simplemente hombres nos podemos resistir a esta adopción maravillosa y a seguir este ejemplo de Amor y realizarlo también con los más desprotegidos!

La seguridad, la confianza, la esperanza que nos da tener un Padre bueno que nos mira en todo momento y que nunca nos abandona, nos mantiene de pie, con la esperanza de alcanzar la herencia prometida de la vida eterna, se trata de un derecho por gracia, el pleno derecho del amor, que nos hace “coherederos de Cristo”.

Humanamente hablando, nosotros podemos amar también y ejercer una paternidad adoptiva, aproximar a un ser humano a la felicidad y no solo en el plano terrenal procurando los cuidados necesarios sino en el plano espiritual, enseñando el Amor Filial del Padre que no nos falla, del Padre que nos ama con un Amor perfecto. Podemos, si queremos, darle a una criaturita que no ha tenido la oportunidad de vivir con amor y con dignidad el nacimiento a una nueva vida que le transforme.

Padres y madres: ¡sin miedo!

“La acogida, el amor, la estima, el servicio múltiple y unitario —material, afectivo, educativo, espiritual— a cada niño que viene a este mundo, deberá constituir siempre una nota distintiva e irrenunciable de los cristianos, especialmente de las familias cristianas; así los niños, a la vez que crecen “en edad, sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres”, serán una preciosa ayuda para la edificación de la comunidad familiar y para la misma santificación de los padres” (Juan Pablo II, Familiaris Consortio, n. 26).

Una decisión de amor y benevolencia hacia los más pequeños como lo es la adopción llenará su hogar de dicha y en las dificultades de la vida oren, eleven sus plegarias que Dios estará siempre con ustedes, nunca los abandonará, nunca.

Otro aspecto muy importante cuando se adopta un hijo, que desconoce su origen, es la revelación. Muchos padres viven angustiados pensando lo que deben o no de hacer, lo que deben o no de decir y esto no hace más que dificultar el vínculo amoroso entre padres e hijo adoptivo y provoca una “revolución” en la familia, con los abuelos, tíos, y con los hermanitos sean estos últimos adoptivos también o no.

Este hecho de la revelación no es fácil, pero tampoco es tan difícil que no pueda realizarse, el término “revelación” se utiliza para designar la información sobre la adopción a la persona adoptada.

Es preciso que los padres tengan una actitud positiva ante el hecho de la información de la verdad, es algo que forma parte del proceso educativo del niño y que es de singular importancia para un desarrollo equilibrado de su personalidad. A pesar de ello, muchos padres dudan de informar de la verdad a la persona adoptada, pero es importante que reflexionen y que sepan que existen tres razones principales por lo cual hacerlo:

“La primera es la razón moral, ya que no es posible basar una vida sobre la mentira, el niño tiene derecho a la verdad.

“La segunda es la razón psicológica, ya que callar la verdad parece difícil. Las relaciones padres/ hijos no pueden ser de confianza y serenas más que en un clima de franqueza y de confianza propicia al diálogo.

“La tercera es la razón material, callar la verdad durante toda la vida no es posible. El adoptado aprenderá fatalmente su situación por una conversación o un documento escrito.” (Oliver, C).

A veces los padres no quieren revelar la verdad para que el niño no sufra, se sienta igual que los demás o para propiciarle una infancia y juventud desprovista de complejos y desequilibrios; sin embargo, todo esto no tiene fundamento.

Según las investigaciones de Raynor y Triseliotis demuestran que los padres adoptivos viven un continuo estado de ansiedad ante el hecho de que el niño se pueda enterar por otras personas que les hace crear un clima familiar artificial, lleno de desconfianza, malos entendidos, pláticas interrumpidas, etc., clima donde no es posible basar ningún proceso educativo coherente y el niño acaba sufriendo mucho más.

No hay que temer, el amor es la principal fuente de seguridad, de alegría; no habrá menos problemas si se calla la verdad, al contrario.

Deber de los padres Cuando se adopta a un niño mayor, que conoció a sus padres o conoció la historia por la cual es un niño que se encuentra solo, es preciso tener mucha paciencia y sobretodo, tener mucho trabajo con el niño, establecer un diálogo sincero, abierto lleno de ternura y comprensión, es preciso ponerse en el lugar de este niño que seguramente cargará con una historia dolorosa para entenderlo mejor y así poder ayudarle a que con amor poco a poco puede superarse y sanar.

Sin embargo, esto no es tan sencillo, como tampoco educarlo a través de los años, pues a veces los padres adoptivos no saben asumir que el no haber gestado al niño no les disminuye sus derechos y deberes como padres; es preciso que tengan claro y presente siempre que tienen los mismos derechos y deberes que una paternidad natural y así puedan ofrecer a los niños los elementos de seguridad, aceptación y solidaridad que debe ofrecer una familia.

 

Los sueños se construyen juntos

En una época donde la incertidumbre, el miedo y la posverdad nos llevan a dudar de todo, a desconfiar de los demás, a aislarnos; y en ese proceso a ser víctimas de la costumbre, o de la manipulación de redes sociales que a través de inteligencia artificial nos imponen lo que vemos y escuchamos, así es fácil que nos olvidemos de los sueños, o de mantener nuestros sueños guardados.

Hace algunos años se atribuyó a John Lennon una frase en el contexto de su lucha por promover la paz: “Un sueño que sueñas solo es sólo un sueño. Un sueño que soñamos juntos es una realidad.” Quizá haya gente que piense que los sueños se construyen solos, o que al compartirlos no se realicen, sin embargo, la verdad es que los sueños no se pueden construir solos, es necesario compartirlos y en ese compartir se hacen realidad.

En el contexto de la pandemia, el Papa Francisco en su reciente encíclica Fratelli Tutti nos recuerda: “Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos!”.

Recuperar la capacidad de hacer realidad sueños entre muchos es revalorar nuestra capacidad de buscar alternativas a los problemas de nuestra época, implica construir procesos de bien común, esto es, definir objetivos comunes entre varios y trabajar para lograrlos; y en ese esfuerzo libramos una batalla que nos permite derrotar al aislamiento, a la incertidumbre, al miedo y a la posverdad.

Recientemente escuché una charla de Eduardo Galeano donde explica ¿para qué sirven las utopías? (según concepto de Fernando Birri), básicamente para caminar hacia ellas. Un mundo dominado por el miedo o el pesimismo es un mundo que te paraliza, que te lleva a esconderte, atrincherarte; al contrario, si tu contemplas la utopía en el horizonte, te lleva a dar pasos concretos en esa dirección, te mueve, caminas y construyes paso a paso una nueva realidad que además te aleja del miedo y la parálisis.

He visto como idealistas han construido organizaciones para llevar infraestructura a lugares remotos en la Sierra de Chihuahua, a través de compartir sus sueños con indígenas, instituciones y organizaciones, pudieron hacer realidad sistemas de agua para comunidades que llevan siglos sin tener acceso al agua en sus viviendas.

También fui testigo recientemente de la organización de varias comunidades agrícolas que se unieron en defensa del agua en una presa que pretendía ser vaciada por la autoridad federal, hombres y mujeres, fueron capaces de enfrentar al ejército y a la guardia nacional para evitar que se llevaran el agua que les es necesaria para su subsistencia.

Frente a la emergencia de muchas familias que quedaron sin trabajo por la pandemia, vi a laicos organizarse en las diócesis junto con empresas para llevar alimentos a quienes no tienen, a empresarios llevando equipo de protección a médicos y enfermeros en hospitales, fundando bancos de alimentos, y a autoridades de gobierno coordinándose con empresarios y organismos de la sociedad para generar mecanismos de apoyo al empleo.

En todos estos casos el aislamiento, el miedo y la incertidumbre pudieron paralizar a la gente, sin embargo, la solidaridad y un objetivo común los llevó a construir alternativas de solución a problemas concretos, quizá sin darse cuenta empezó un proceso colectivo de construir sueños juntos.

En momentos en que la pandemia nos obliga a convivir más con la familia, podemos compartir nuestros sueños; La necesidad de reducir nuestras interacciones presenciales nos lleva a tener interacciones virtuales más cercanas, y de esta manera el alcance de nuestra solidaridad no está limitado por el territorio, hay que atrevernos a soñar juntos para construir nuevas realidades.

Dr. Oscar Fidencio Ibáñez Hernández

 

“LA FAMILIA ESCUELA DE HUMANIDAD Y VIDA CRISTIANA”

Villa Razzolini – Instituto Cavanis de Possagno (Treviso)
Jueves, 17 de septiembre de 2009

 

INTRODUCCION

Mi tema traduce evidentemente aquel del VI Encuentro Mundial de las Familias en la ciudad de México (14-18 de enero de 2009) “La familia formadora de los valores humanos y cristianos”.

El Encuentro Mundial tuvo tres momentos: el congreso teológico pastoral en el Centro Bancomer, la Fiesta de los Testimonios y la Misa de clausura en la basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.

El Congreso tuvo una numerosísima presencia: 22 cardenales, 180 Obispos, 97 Delegaciones oficiales, 12.000 participantes registrados cada día. Entre ellos muchas familias completas, por que la brillante organización había predispuesto no solamente la oración, conferencias, mesas redondas, sino también la música, baile, folklore, exposición sobre las familias, un parque infantil para los niños.

El tema se trato según múltiples perspectivas: bíblica, teológica, espiritual, psicológica, social, filosófica, política, jurídica, económica, pastoral, cultural, medios de comunicación. Se pusieron en relieve también el contexto cultural y social desfavorable a la familia, la identidad de la familia y su misión procreativa; pero sobretodo se focalizó la atención sobre la misión educativa. La familia educa en un modo propio e insustituible, basado en un clima de amor y confianza recíproca, el testimonio y el ejemplo, la experiencia vivida y la práctica cotidiana. Por ello los valores humanos y las normas éticas, la transmisión de la fe y la propuesta de  vida cristiana no se queda en la enseñanza teórica, ni como una imposición sino que vienen interiorizadas y asimiladas como exigencias vitales de crecimiento personal. En familia se aprenden las dinámicas fundamentales de la humanidad auténtica: ser amado y amar, el bien de cada uno y el bien común, libertad y solidaridad, superación de las dificultades, manejo razonable de los sentimientos.

 

1) LA CRISIS DE LA FAMILIA

En virtud de la globalización se difunden desde el Occidente a todo el mundo, tendencias culturales y dinámicas sociales desfavorables para la familia: el relativismo ético (No existe un bien objetivo; no existe la ley natural) subjetivismo libertario (La elección tiene un valor como tal, no  la elección para la verdad y el bien; por ejemplo se puede elegir la orientación sexual, el suicidio asistido), egocentrismo (se busca la realización propia siguiendo el principio del placer y la omnipotencia del deseo), utilitarismo (Se instrumentaliza a los demás; se comercializa el sexo), consumismo (Se vive en la medida en que se consuman cosas y experiencias, emociones y sensaciones satisfactorias. También el matrimonio se convierte en matrimonio de prueba), individualismo (trabajo y sociedad se organizan en función de los individuos, ignorando las exigencias de la familia), cientificismo( Tras el desarrollo de la neurociencia reduce al hombre a su dimensión biológica, sin tener en cuenta su dimensión de sujeto personal, especialmente a propósito de los embriones.)

Tales tendencias concurren a obscurecer el carácter sagrado de la persona humana y provocan en las familias la crisis de la pareja, la crisis de natalidad, la crisis de la educación.

La crisis de la pareja se manifiesta en una avalancha creciente de separaciones, divorcios, familias monoparentales, familias alargadas, cohabitación, homosexuales, tantísimos solteros, con pesadísimos costos psicológicos, éticos, económicos, sociales, con innumerables sufrimientos, desgraciadamente ignorados por los medios de comunicación, sobretodo de los niños, pero también de los cónyuges, de los padres, de los amigos. La familia no viene percibida como una comunidad específica de personas y como un sujeto social de base; más bien viene reducida a una suma de individuos que habitan en la misma casa por un cierto tiempo, mientras obtengan una ventaja. Aún mas a veces se llega considerar a la familia como un residuo del pasado, destinado a disolverse en un futuro no muy lejano, cuando la diferencia de sexos perderá todo su significado y los niños sean concebidos por inseminación artificial y no por copulación.

El desafío mas peligroso viene de la ideología de género, nacida en los ambientes feministas y homosexuales anglosajones y ya difusa ampliamente en el mundo. Según dicha teoría, el sexo biológico no tiene ninguna importancia; no tiene mas significado que el color de cabello. Lo que cuenta es el género, o sea la orientación sexual que cada uno elige libremente y construye según los propios impulsos, tendencias, deseos y preferencias. Se ha  hecho célebre  el dicho de Simone de Beauvoir: “On ne naît pas femme; on le devient” (no se nace mujer se hace). Dicho acuñado sobre el rastro de una afirmación de Erasmo di Totterdam a propósito de la educación de los niños “Homines non nascuntur, sed effinguntur”. El ser humano es, pues, no una realidad natural, sino cultural (constructivismo).

El valor supremo de tutelar es la libertad de elección. Cada uno debe tener la posibilidad de construir la orientación sexual propia y eventualmente cambiarlo durante su vida. Mientras los sexos biológicos son dos solamente, las categorías de comportamiento sexual son numerosas: heterosexual masculina, heterosexual femenina, homosexual, lésbico, bisexual, transexual, travesti, voyeurismo, otras formas indiferenciadas y flexibles. Todas las prácticas son respetables y de legitimidad social. En el pasado la diferencia natural de los dos sexos servia para afirmar y mantener la supremacía y el dominio masculino en muchos ambientes: economía, instrucción, arte, filosofía, religión, política, convivencia civil. Según la concepción naturalista ( véase por ejemplo Aristóteles) el hombre nace para ser activo en la generación, para trabajar fuera de casa, para operar en la sociedad, para dirigir; en cambio la mujer nace para ser pasiva en al generación, acoger la vida y cuidarla, educar a los hijos, trabajar en casa, obedecer. El naturalismo debe ser sustituido por el constructivismo, el valor falso del sexo por el valor del gender. Se necesita renovar la mentalidad y el modo de vivir, cambiando las normas sociales que rigen la sexualidad.

En nombre de la libertad de elección, de la igualdad y de la lucha contra la discriminación vienen reivindicados los llamados “nuevos derechos humanos” y en particular los “derechos sexuales y reproductivos”. Vuelven en esta categoría: la legitimación jurídica de las varias formas de convivencia, la familia en todas sus formas, el derecho al ejercicio estéril de la sexualidad (solución a la explosión demográfica), el matrimonio gay, la anticoncepción, la libertad de abortar, la libertad para todos de adoptar niños, la libertad de procrear artificialmente, la represión de la homofobia, la promoción de la libertad sexual de los adolescentes aún en contra de la voluntad de sus padres.

A las instancias políticas de los varios niveles se les pide de gobernar según la perspectiva de género. Desgraciadamente estas peticiones encuentran una escucha creciente: ONG, Agencias de la ONU para la población, para la salud y la para educación, conferencias del Cairo (1994) y de Bejín (1995), Parlamento Europeo de Estrasburgo. Hasta ONG de inspiración cristiana y asociaciones caritativas católicas se dejan tentar de palabras  inviolables como dignidad, misericordia, respeto de la libertad, lucha contra la discriminación y la marginación

La crisis de la natalidad es particularmente grave en Europa, Rusia y Japón, pero comienza a suscitar preocupación también en otras áreas geográficas. En la Unión Europea el índice promedio de fecundidad por mujer es 1,56 (en Italia 1,3) por debajo de la cuota de reemplazo generacional (2,1 por mujer) y muy por debajo del deseo expresado, y por varias dificultades no realizado, de las parejas jóvenes de esposos (en promedio 2,5 hijos). Se va al encuentro de un rápido envejecimiento ( y posterior caída) de la población con pesadas consecuencias económicas, sociales y culturales. Dentro de cuarenta años por cada anciano mayor de 65 años habrán solo dos trabajadores, que deberán proveer y asegurar la pensión, media pensión cada uno: lo que es insostenible si se piensa que ahora mismo se tiene grandes dificultades con cuatro trabajadores por cada pensionado mayor de 65 años. Con motivo de estas inquietantes previsiones demográficas, se multiplican las solicitudes de adecuadas política de apoyo a la familia y se desea que el índice de fertilidad en los diferentes países pueda aumentar cuando el desarrollo humano (ingresos, esperanza de vida, educación, paridad hombre mujer) alcanzará un índice sumamente elevado (0,86). Pero no es solo la demografía motivo de preocupación. No podemos olvidar: el impresionante número de abortos, el alto porcentaje de niños nacidos fuera del matrimonio (1/3), el recurso a la fecundación artificial, el uso éticamente desordenado de la biotecnología, la comercialización del material reproductivo.

En cuanto a la crisis de la educación, esa llama en causa, mas allá de la responsabilidad de la sociedad en su conjunto y de aquella de la escuela, de los medios de comunicación y de la comunidad cristiana, obviamente la responsabilidad de las familias: prioridad dada al trabajo, a la carrera y a la diversión en vez del

cuidado de los hijos; contumacia de la figura paterna; creciente ausencia también de la madre; falta de convicciones éticas y religiosas fuertes; actitud permisiva, desacuerdo entre los padres, traumas causados de las separaciones, divorcios, violencia doméstica. También si bien estables económicamente, muchos jóvenes crecen pobres de ideales y de esperanzas, espiritualmente vacíos, interesados solo en la porra deportiva, en las canciones de éxito, a la ropa de marca, los viajes publicitados, las emociones del sexo. La única virtud en la que parecen creer es la llamada “autenticidad”, que de hecho significa espontaneísmo y narcisismo. Frecuentemente para salir del hastío y de la inseguridad, se reúnen en grupo  y se convierten en transgresores: bullionismo, vandalismo, droga, violaciones, estupros, delitos. El Santo Padre Benedicto XVI en una carta a la ciudad y diócesis de Roma (Enero 21 2008) ha hablado de una “emergencia educativa”.

 

2) DIVERSIDAD Y COMUNIÓN

La antropología cristiana acoge algunas instancias de la teoría del gender: igual dignidad de hombres y mujeres en cuanto personas e hijos de Dios, atribución de los mismos derechos fundamentales, promoción de igualdad de oportunidades sin roles o jerarquías sociales fijas.

Todavía nos damos cuenta que la ideología de género, queriendo reaccionar contra una historia de dominación masculina, en realidad permanece aprisionada en la lógica del poder. Bajo la máscara de la igualitarismo se esconden desconfianza, rivalidad, competencia, conflicto entre los dos sexos, para prevalecer uno sobre el otro.

Según la antropología cristiana, el dominio es una desviación del sentido original de la sexualidad, un fruto del pecado: “Sentirás atracción por tu marido y el te dominará” (Gen 3,16). Es necesario salir de la lógica del poder y entrar en la del amor. “Todos los que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos” (Mt 7,12). “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22,29). No se trata de renunciar al bien propio, sino de armonizarlo con el de los demás. Crecemos juntos; nunca separados o en contra de los otros. El amor es deseo y don, eros y agape, “nunca separados del todo”. (Benedicto XVI D.C.7)

El amor es “virtud unitiva” (S.Th. I-II q 26, en 2 a 2; I-II q 28, a 1 sed contra y en 2), energía unificante entre las personas en el respeto de la alteridad.

Yo me experimento como sujeto único e irrepetible, autoconsciente y libre, capaz de autotrascenderme hacia el otro (algo o alguno), siempre tendiendo a llegar mas allá con el pensamiento, el deseo y la acción. Experimento subjetivamente desde dentro también mi cuerpo, a través del cual siento, me expreso, comunico; el mismo cuerpo que de otra parte es también objeto observable y analizable desde el exterior con las varias disciplinas científicas (física, química, biología, neurociencias, etc.).

Mientras me reconozco como persona, es decir como sujeto espiritual y corpóreo, irrepetible y en relación con los demás, debo reconocer que también los otros son personas como yo; son un bien en si mismos, merecedores de ser valorados y acompañados en su desarrollo. No puedo solo servirme de ellos para mi utilidad y placer, debo también servirlos, dedicarme a su bien según mis posibilidades, hacerme cargo de su crecimiento humano integral, sin cálculos en el dar y recibir, sin condiciones ni plazos. No debo nunca reducirlos a un instrumento intercambiable y sustituible por otro. La única actitud adecuada hacia las personas es el amor, el hacerse uno con los demás, respetando su libertad, valorando su alteridad y sus diferencias, llevando incluso el peso de sus límites y pecados, como hizo Jesús  respecto a los todos los hombres.

A semejanza del amor de Cristo, el amor auténtico se lleva a cabo según la dinámica pascual del sacrificio y la alegría, sea en las relaciones y actividades cotidianas, sea en las grandes elecciones que orientan la vida. Si decirle a alguien “Te amo” significa solamente “Contigo me siento bien”, equivaldría a decirle “contigo satisfago mis deseos” y en definitiva “Tu me eres útil”. Sin el don y el sacrificio no existe el amor.

Por otra parte el amor no es autolesionismo, sino camino a la realización definitiva. “El que trate de salvar su vida, la perderá; y el que la pierda, la conservará.” (Lc 17,33):cf. . Mt 10,39; 16,25; Mc 8,35; Lc 9,24; Gv 12,25). El hombre no puede  “encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás” (Vaticano II, GS 24). “El hombre no puede vivir sin amor… su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente”Giovanni Paolo II RH 10).

El amor es la vocación fundamental del hombre, su bien supremo, al cual son finalizados todos los demás bienes y energías.

La familia “comunidad de amor y vida” (Vaticano II GS 48) es la primera y común escuela de humanidad, donde se desarrolla y cultiva la vocación al amor. Las personas en la familia no piensan solo a su propio beneficio, sino también al bien de los demás. Si existe una atención preferencial, es por los más débiles: niños, enfermos, minusválidos, ancianos. Cada persona es reconocida como un bien en sí misma. Se nos ayuda y educa recíprocamente; crecemos juntos en humanidad. Como en un coro se valoran y se armonizan voces diversas, así en familia se valoran y se armonizan las diferencias fundamentales del ser humano, la de los sexos (hombre-mujer) y la de las generaciones (padres-hijos)

El desarrollo del amor es al mismo tiempo un proceso gradual hacia la alteridad y la comunión. El niño nace egocéntrico y vive dependiente de sus padres; el adolescente dirige su atención especialmente hacia los amigos del mismo sexo; el joven se interesa en el otro sexo y llega formar un vínculo estable de pareja en el matrimonio; los cónyuges no se cierran en su relación de pareja, sino juntos se abren para acoger los hijos. Una misma dinámica lleva el uno hacia el otro y juntos los lleva hacia un tercero ( inseparabilidad de la dimensión unitiva y procreativa).

El soltero esta llamado a salir de sí mismo; la pareja esta llamada a trascenderse a sí misma (mientras que en la relación homosexual la relación de pareja  permanece estéril). La sexualidad, como alguno ha dicho, es altruismo escrito en el alma y en el cuerpo (M. Zundel).

La alteridad y la diferencia son para el don y la comunión.

A su vez la comunión debe mantenerse abierta y creativa hacia ulteriores alteridades y hacia el futuro. El amor, como se ha dicho, no consiste en mirarse el uno al otro, sino más bien, en mirar juntos hacia la misma dirección. Esta dirección son sobretodo los hijos, pero sucesivamente también la sociedad y la iglesia, los objetivos y proyectos compartidos. La familia unida y abierta al externo es la más idónea para educar bien a los hijos. La pareja comprometida en algún proyecto común tiene mas posibilidades de permanecer unida cuando los hijos se han convertido en adultos y se han ido de la casa; resiste mejor a la tentación del llamado “divorcio gris” alrededor de los sesenta años.

El hombre y la mujer son ambos seres humanos, pero en modo diverso. Son diversos en el cuerpo (órganos genitales, aspecto, rostro, voz) en las actitudes, en los intereses, en la cualidad de la inteligencia y el carácter, en la afectividad.

Ambos generan, pero en modo diverso: el hombre fuera de sí; la mujer dentro de sí. Coherentemente con esta diferencia fundamental, comprenden, aman, comunican, trabajan en manera distinta.

Las diferencias son correlativas y complementarias, para propiciar la interacción, el intercambio, la construcción de una historia común y de un vínculo de pareja. Sobretodo cada uno da al otro el poder de procrear y convertirse en progenitor. El ser progenitor no es solamente un hecho físico, sino un evento personal, que perfecciona grandemente a los cónyuges en la imagen de Dios creador y padre. (Santo Tomás I,q99,a2)

Las diferencias vividas no como conflicto en la lógica del poder, sino como don en la lógica del amor son un bien para todos y un motivo de alegría. El marido es un don para la esposa y viceversa; los padres son un don para los hijos y viceversa; los hermanos son un don el para el otro. El amor, en cuanto comunión entre personas diversas, es el fin hacia el cual es necesario encauzar los impulsos y las energías de la sexualidad. La comunión entonces es “el modo propio de ser y vivir” de las personas (Juan Pablo II Gratissiman sane 7)

 

3) ESCUELA DE HUMANIDAD
Y LABORATORIO DE CONVIVENCIA

Juan Pablo II ha puesto un grande énfasis en la tarea natural, original, insustituible, inalienable de la familia en la sociedad (cf. FC 42-46).

Esta célula fundamental y vital, en la medida en que es animada del amor y bien lograda, alimenta en todos sus miembros importantes virtudes personales y sociales: confianza en los otros, justicia, servicio, laboriosidad, cuidado de los más débiles, gratuidad, perdón, reciprocidad, diálogo, sinceridad, fidelidad, ejercicio de la autoridad como servicio, obediencia generosa, cooperación, solidaridad, respeto a la naturaleza. En un contexto de democracia avanzada, de movilidad, de flexibilidad en el trabajo, la familia como fuerte factor de cohesión y de desarrollo, aparece incluso más necesaria.

De las investigaciones sociológicas, realizadas en diversos países, resulta que la pareja hombre-mujer unida en matrimonio, estable y duradero, ofrece muchas ventajas respecto a las familias disgregadas o incompletas (monoparentales) y a las convivencias de hecho, por  ejemplo mejor salud física y equilibrio psíquico con menor consumo de cigarros, alcohol y drogas; mejor educación y menor desviación juvenil; mejor asistencia y éxito escolar; mayor éxito laboral e ingreso económico; expectativa de vida mas larga, menos suicidios y menos violencia; menos abusos a los niños y menor tasa de mortalidad infantil…

Por el contrario, el “no-matrimonio”, causa mucho sufrimiento a los hombres, mujeres, sus hijos, sus parientes; y tiene pesados costos sanitarios, psicológicos, éticos, judiciales, económicos, demográficos, sociales.

Es de interés público que las familias sean unidas y estables, fundadas sobre el matrimonio, capaces de cumplir su misión procreativa y educativa. Ellas tienen el derecho a recibir el adecuado apoyo cultural, jurídico, económico. Es necesario por ello tutelar su identidad en relación a otras formas de convivencia; agilizar el acceso a vivienda; ofrecer oportunidad de trabajo y asegurar en todo caso un ingreso mínimo vital; incentivar la conciliación del trabajo con las exigencias de la vida familiar; para hacer justas y proporcionales a la carga de la familia la recaudación de impuestos; favorecer las tareas de cuidado y atención en casa; prolongar y retribuir en la medida adecuada las licencias parentales; proveer servicios para la infancia; hacer efectiva la libertad de elegir entre  escuela estatal y no estatal; conceder descuentos y facilidades a las familias numerosas; promover la formación de redes de familias.

Los políticos, al elaborar las leyes, programas e intervenciones, deberían escuchar no solo las asociaciones que representan a los trabajadores y las empresas, sino también las asociaciones que tutelan los intereses de las familias. Las políticas de trabajo y aquellas de la familia están entrelazadas y deberían de ser pensadas en conjunto.

Por su parte las asociaciones familiares deberían empeñarse a fondo en hacer presión en la opinión pública y sus gobiernos, en encontrarse con los parlamentarios y participar en las audiencias, intervenir en los foros de las ONG. Es necesario edificar una sociedad amiga de la familia y gobernada no en perspectiva gender, sino en perspectiva de familia.

 

4) LA FAMILIA
SUJETO DE EVANGELIZACIÓN

La participación de la familia en la misión evangelizadora de la Iglesia ha estado indicada sintéticamente por Juan Pablo II con estas palabras: “La familia cristiana está llamada a tomar parte viva y responsable en la misión de la Iglesia de manera propia y original, es decir, poniendo a servicio de la Iglesia y de la sociedad su propio ser y obrar, en cuanto comunidad íntima de vida y de amor.” (Juan Pablo II FC 50)

Evangelizar significa acoger, testimoniar, manifestar y comunicar en el mundo el amor y la presencia salvadora de Dios y de Cristo. (Cfr. Concilio Vaticano II A.G., 10)

La Iglesia es sujeto de evangelización  en sentido pleno, sacramento, signo y anticipo del Reino de Dios que es, el cuerpo y expresión visible en la historia de Cristo crucificado y resucitado, la participación y expresión de la comunión trinitaria divina de las personas divinas "para que el mundo crea" ( cfr. Jn 17:20-23).

Pero sujeto indispensable de evangelización es también la familia cristiana, realización parcial de la Iglesia, “iglesia doméstica” (Concilio Vaticano II LG 11), “iglesia en miniatura” (Juan Pablo II FC 49). “La  familia cristiana – explica Juan Pablo II está insertada de tal forma en el misterio de la Iglesia que participa, a su manera, en la misión de salvación que es propia de la Iglesia. Los cónyuges y padres cristianos, en virtud del sacramento, «poseen su propio don, dentro del Pueblo de Dios, en su estado y forma de vida».(115) Por eso no sólo «reciben» el amor de Cristo, convirtiéndose en comunidad «salvada», sino que están también llamados a «transmitir» a los hermanos el mismo amor de Cristo, haciéndose así comunidad «salvadora». (Juan Pablo II FC 49). El sacramento del matrimonio confiere a los esposos un ministerio eclesial, para la edificación del pueblo de Dios, similar al de los sacerdotes ordenados. (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 1535)

Desde siempre y dondequiera las familias cristianas son el principal camino de transmisión de las virtudes humanas y de la fe y vida cristiana (el principal camino, no el único).

En el Antiguo Testamento la transmisión de la fe se daba sobretodo  en la familia (cfr. Ex 10:2; Deuteronomio 6:20-25) y la misma fiesta de la Pascua, tenía un carácter eminentemente familiar (cfr. Ex 12:24-27).

En el Nuevo Testamento vemos que las familias están muy involucradas en la misión de la evangelización (cfr. Mc 6:10; a las 12.12, 16.4; 18,7,18; 20,7-12; Rm 16,3-5, 11:15; Fm 1-2). En los siglos primeros, el Evangelio de forma espontánea se transmite de persona a persona, de la mujer al marido y viceversa, de padres a hijos y viceversa, de un esclavo a su amo, y viceversa, extendiéndose de casa en casa, de ambiente en ambiente, de ciudad en de la ciudad, a pesar de las persecuciones.

Hoy en día, en un mundo secularizado y religiosamente indiferente, la evangelización tiene buenas perspectivas de éxito sólo si se despierta  la responsabilidad misionera de los cristianos practicantes y sus familias. El apostolado individual y familiar es el más cercano; el más eficaz y persuasivo. La familia puede evangelizar en casa mediante la oración y la escucha de la palabra de Dios, el diálogo y la edificación mutua.

Respecto a la catequesis familiar Juan Pablo II dice: “La catequesis familiar precede, acompaña y enriquece toda forma de catequesis” (Cat.Trad 68). “Es en cierto sentido insustituible” (Cat.Trad 68)

Además la familia puede evangelizar en su ambiente mediante las relaciones con los vecinos, parientes, amigos, compañeros de trabajo, escuela, compañeros de deporte y los trabajadores y usuarios de música y arte y otros referentes sociales.

Finalmente puede evangelizar en la parroquia mediante la participación fiel a la Misa dominical, la colaboración sistemática en el camino catequístico de los hijos, en la inclusión en las actividades formativas, caritativas, recreativas, y la participación a encuentros para familias, en grupos, movimientos y asociaciones, la animación del itinerario de educación de los jóvenes al amor y de preparación de los novios al matrimonio, la cercanía a las familias en dificultad. Por otra parte, la familia, al igual que la Iglesia, debe ser un espacio donde el Evangelio es transmitido y desde donde éste se irradia. Dentro, pues, de una familia consciente de esta misión, todos los miembros de la misma evangelizan y son evangelizados… Una familia así se hace evangelizadora de otras muchas familias y del ambiente en que ella vive”(Pablo VI, EN 71) .

 

5) APOYO PASTORAL A LA FAMILIA:
ALGUNAS PROPUESTAS

a) La oración en familia.

Es deseable una convencida, inteligente y perseverante reactivación pastoral. La oración no es todo, pero todo depende de la oración. La oración común abre la puerta de la casa a una presencia especial de Jesús "Donde dos o tres estén congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt. 18:20).

La oración  transforma y eleva gradualmente la vida personal y familiar, haciendo crecer el amor recíproco y hacia todos. Activa la transmisión de la fe y de las virtudes cristianas de los padres a los hijos. Hace de la familia un sujeto de evangelización en su ambiente. Las formas de oración pueden ser muy variadas. Me parece que hoy sea de promoverse con apoyos idóneos sobretodo la oración de escucha de la Palabra de Dios para vivirla, como ha recomendado Juan Pablo II: “Dado que participa de la vida y misión de la Iglesia, la cual escucha religiosamente la Palabra de Dios y la proclama con firme confianza,(120) la familia cristiana vive su cometido profético acogiendo y anunciando la Palabra de Dios. Se hace así, cada día más, una comunidad creyente y evangelizadora” (Juan Pablo II, FC 51).

Gracias a la mediación de las Sagradas Escrituras, interpretadas de conformidad con la Iglesia, Dios nos dirige su Palabra viva llena del Espíritu Santo y por ello verdadera y eficaz. Esa palabra es en definitiva Jesucristo, el sujeto central y el contenido de la Revelación. Por lo tanto, leyendo con fe la Escritura, se lleva a cabo un encuentro con la  persona de Jesucristo, que viene a iluminar y transformar nuestras vidas. Leer, escuchar, discutir, practicar y ser cada vez más una familia que pertenece a Cristo: "Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la palabra de Dios y la ponen en práctica" (Lc 8:21). Para conectar más fácilmente  las palabras escritas con Jesucristo, la Palabra viva, es bueno seguir el año litúrgico escogiendo los textos para meditar sobretodo de las lecturas del domingo. Puede bastar incluso un tiempo breve para rezar y escuchar juntos, hacer discernimiento sobre la propia vida, tomar algún compromiso para la vida cotidiana y de revisar en el momento oportuno en el diálogo familiar espontáneo.

Los encuentros familiares. Recordar la recomendación de Benedicto XVI en el V Encuentro Mundial de las Familias en Valencia: “ Las familias no están solas… Es muy importante su papel en las parroquias, así como en las asociaciones eclesiales.” El acompañamiento a los cónyuges debe continuar en los limites de lo posible aún después del matrimonio, especialmente respecto a las parejas jóvenes. Sería deseable que los encuentros para familias vengan insertados orgánicamente en los programas pastorales y que sean bastante frecuentes, como antídoto a la pobreza relacional de nuestro tiempo. Encuentros periódicos en un lugar adecuado, con momentos comunes y momentos diferenciados para padres e hijos. Encuentros de oración y amistad, de formación y de diálogo, de convivencia y diversión. Es necesario abrir el circuito cerrado de la familia nuclear; vencer el aislamiento construyendo una red real de relaciones y solidaridad, humana y espiritualmente significativas. Los adultos y sobretodo los adolescentes tiene necesidad de tener interlocutores a quienes confiarse incluso fuera de las paredes del hogar.

Para activar y consolidar las relaciones entre las familias, son ya muy utilizados incluso iniciativas extraordinarias como vacaciones comunitarias, peregrinaciones, fiestas de la familia a nivel parroquial y diocesano, celebraciones de aniversarios de matrimonio.

Las comunidades familiares de evangelización. Los encuentros entre las familias a veces asumen la forma de pequeñas comunidades cristiana al interno de la gran comunidad parroquial. El  Directorio de la Pastoral Familiar de la Conferencia Episcopal Italiana las recomienda con estas palabras:” Resulta oportuna la acción de parejas y familias que ponen a disposición su casa para momentos de escucha de la Palabra de Dios y saben como llamar a esta confrontación otras parejas y familias del barrio o de las cercanías.” (DPF 141)

Se trata de promover reuniones de carácter familiar, en casa, animadas por una pareja de esposos espiritualmente motivada y adecuadamente preparada y ayudada de la parroquia, con la participación de los hijos y de los invitados ( parientes, vecinos, amigos, compañeros, alrededor de quince personas en total). Se renueva así la experiencia de los orígenes cristianos, cuando los grupos de creyentes se reunían en las casas (cfr. Rm 16,5,10-11,14-15; Fm 1-2; Col 4,15), y se recuperan algunas funciones de la ya desaparecida familia patriarcal, compuesta de varios núcleos. En vez de trabajar creando actividades organizadas y artificiales en la parroquia, se valora como objetivo de evangelización las relaciones espontáneas que ya existen entre las familias.

La colaboración entre la parroquia y la familia. Subrayo solamente aquello que se refiere al itinerario de iniciación cristiana de los hijos. Se involucra a los padres durante todo el trayecto: algunos encuentros de preparación al bautismo de los hijos; algunos encuentros después del bautismo cada año, para ayudarles en la educación de los niños (al menos de tres años en adelante); papeles complementarios a aquellos de los catequistas en la catequesis de preparación para la confirmación y la primera comunión. Así mientras se transmite la fe a los hijos, redescubren y profundizan la fe también los padres.

La Oración por y con las familias. Es el sostén principal, por que “ Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los albañiles.” (Sal 127,1)

 

 

Las diez mejores películas sobre la Navidad

 

Aunque falten dos semanas y media, para muchos la Navidad está ya a las puertas. Las calles están adornadas e iluminadas, y todos los comercios nos recuerdan que ya es tiempo de hacer regalos...

En este contexto, dentro de poco empezará a programarse en televisión un particular género televisivo que podríamos denominar películas navideñas. Estas cintas incorporan algunos de los valores más típicamente cristianos: el sentido de la Navidad, la conversión a lo "Scrooge" (el personaje de Dickens), los deseos de felicidad, el reencuentro familiar, o el anhelo de retornar a la inocencia y a la infancia.

Como sugerencia para ver en casa durante estas próximas semanas, incluyo mi personal lista de "las diez mejores películas sobre la Navidad": incluye filmes familiares, y cintas clásicas junto a películas más recientes. Todas ellas son fáciles de encontrar en las plataformas o en los videoclubs.

1. ¡Qué bello es vivir! (1946), de Frank Capra. La víspera de Navidad, George Bailey está con el agua al cuello. Toda su vida ha renunciado a proyectos personales para ayudar a su comunidad; pero ahora el banco que ha creado para socorrer a la gente está al borde la quiebra, y Bailey va a un puente dispuesto a arrojarse al agua, pensando que todos sus esfuerzos han sido en balde. La repentina aparición de Clarence, un ángel que todavía no se ha ganado las alas, le hará ver cómo hubiera sido la vida de su familia y sus amigos si él no hubiese existido. Número uno indiscutible del género, que sigue transmitiendo esperanza y optimismo a públicos de todas las culturas.

2. La Natividad (2006), de Catherine Hardwicke. Recrea con acierto los escenarios, costumbres y utillaje de la época en que nació Cristo. Bien ambientada y narrada, aunque falla un poco en el retrato de la Virgen, que aparece siempre tímida e introvertida. Con todo, una buena preparación para vivir el sentido religioso de la Navidad.

3. Las Crónicas de Narnia (2005), de Andrew Adamson. Todo un clásico de la literatura infantil, escrito por C. S. Lewis. Durante la II Guerra Mundial, cuatro hermanos ingleses son enviados a una casa de campo para huir de los bombardeos alemanes. Un día, mientras juegan al escondite, la pequeña Lucy se esconde en un armario y de repente aparece en Narnia, un mundo fantástico que vive un invierno perpetuo. Cuando vuelva al caserón, nadie creerá su increíble aventura. Pero Narnia lanzará más mensajes a los niños, porque necesita de su inocencia para ser redimido. Y en esa misión encontrarán al majestuoso león Aslan, una respetuosa analogía del personaje de Jesucristo. Filme brillante, con excelente dirección artística, que gustará a niños y adultos, y que aúna simbolismo cristiano junto a una gran aventura épica.

4. Maktub (2011), de Paco Arango. Manolo atraviesa una grave crisis en su matrimonio. Un día, cercano a la Navidad, conoce a Antonio, un chico con cáncer que tiene unas extraordinarias ganas de vivir, y eso le cambia la vida. Esta película familiar, con formato de cuento navideño, logra divertir y conmover, apelando a los buenos sentimientos. El director propone una fábula con enseñanzas claras sobre el sentido de la vida y la enfermedad, hablando sin complejos de la muerte, la trascendencia, el amor, la familia, la capacidad de perdonar, la fidelidad y las relaciones entre padres e hijos. Una gran opción para jóvenes y adultos.

5. De ilusión también se vive (1947), de George Seaton. Cercana la Navidad, la jefa de unos grandes almacenes contrata a un viejecito barbudo y simpático para que haga de Santa Claus. El anciano acapara pronto la atención de todos por su derroche de simpatía, y también porque afirma que es el verdadero Santa Claus. Aprovechando esa afirmación y su creciente popularidad, la jefa quiere devolver a todos los ciudadanos el auténtico sentido de la Navidad, incluyendo a su hija, muy reacia al optimismo navideño. Cinta entrañable, nominada a los Oscar, donde se hace una dura crítica al consumismo que, en ocasiones, se antepone al verdadero significado de la Navidad.

6. Mujercitas (2019), de Greta Gerwig. Amy, Jo, Beth y Meg son cuatro hermanas, en plena adolescencia, que viven con su madre en las Navidades de 1863 y sienten la ausencia del padre, en el frente de la Guerra de Secesión. Con sus variadas vocaciones artísticas y anhelos juveniles, descubrirán el amor y la importancia de los lazos familiares. Sexta adaptación del clásico literario, que actualiza la historia original, creando una historia dentro de otra historia y destacando sus raíces autobiográficas. Inmortal relato navideño que gustará a grandes y a adolescentes.

7. Cuento de Navidad (2009), de Robert Zemeckis. Scrooge es un comerciante avaro, malhumorado y gruñón que trata con desprecio a su fiel empleado Bob y a su alegre sobrino. El día de Nochevieja, enfadado porque la gente compra regalos para los demás en vez de ahorrar, recibe la visita la visita de 3 espíritus (las Navidades pasadas, las futuras y las presentes) que le llevan a un prodigioso viaje hacia su corazón en el que descubre las verdades que siempre se ha negado a ver. Su alma se convierte al fin, y se abre a los demás y al mensaje alegre de la Navidad. Adaptación del clásico de Charles Dickens en una fantástica versión animada. Ideal para ver en familia con los hijos.

8. Polar Express (2005), de Robert Zemeckis. Un niño que ha perdido la ilusión de la Navidad se ve metido en un tren rumbo al Polo Norte, para conocer a Santa Claus. A través del viaje, plagado de increíbles aventuras, misterios y canciones , el protagonista viajará a un lugar mucho más escondido e importante, el de su propio corazón. Excelente película de animación en 3 D.

9. Solo en casa (1990), de Chris Columbus. Kevin, un niño de ocho años de una familia numerosa, se queda accidentalmente abandonado en su casa cuando toda la familia se marcha a pasar las vacaciones a Francia. Kevin aprende a valerse por sí mismo e incluso a protegerse de dos ladrones que se proponen asaltar todas las casas vacías de su vecindario. En cuanto su madre lo echa en falta, regresa apresuradamente a Chicago para recuperar a su hijo. La Navidad –ese es el mensaje– es para vivirla en familia ,y en esa fecha nadie debería quedarse “solo en casa”.

10. Feliz Navidad (2005), de Christian Carion. Narra lo que sucedió el 24 de diciembre de 1914 en el frente de Ypres (Bélgica), durante la Primera Guerra Mundial. Se decretó una tregua para esa noche que implicaba permanecer en los puestos sin disparo alguno, pero las tropas alemanas iniciaron un villancico, y las tropas británicas respondieron con "Adeste fideles". Luego intercambiaron gritos de alegría y deseos de una feliz Navidad para todos. Al poco, hubo encuentros de unos y otros en la tierra de nadie, y allí se intercambiaron regalos y recuperaron a los caídos. Celebraron funerales con soldados de ambos bandos, llorando las pérdidas y ofreciéndose mutuamente el pésame. Una gran lección de solidaridad cristiana.

 

 

Ecuménica y misericordiosa

Escrito por Mario Arroyo.

Junto con la oración por el ecumenismo, la oración por los migrantes, para que nuestra vida de piedad no se construya de espadas a los grandes problemas sociales.

Ecuménica y misericordiosa, así será la visita del papa Francisco a Chipre y Grecia del 2 al 6 de diciembre, no exenta de ciertas tensiones políticas. Francisco tendrá que hilar muy fino, mientras realiza un exigente llamado a la comunidad internacional para no dar la espalda al drama de los refugiados, tanto en Chipre como en Grecia.

Tendrá que hilar fino en Chipre, donde las autoridades políticas de ese país esperan del papa una condena a la injusta ocupación turca del norte de la isla, de población mayoritariamente musulmana. Actualmente la isla de hecho se encuentra dividida en dos, una parte cristiana –dos terceras partes de la isla- y otra musulmana bajo el dominio turco. En la parte turca han entrado una cantidad ingente de refugiados procedentes de Siria y otros lugares de medio oriente.

Además, tanto en Chipre como en Grecia, habrá importantes encuentros con las autoridades religiosas ortodoxas, con un fuerte carácter ecuménico. En ambos países la religión mayoritaria es la ortodoxa y, sobre todo en el caso de Grecia, la misma ha sido muy renuente al diálogo con el catolicismo. Dicho mal y pronto, al papa le toca “picar piedra” en este importante rubro, con la esperanza de que ambas comunidades, principalmente la griega, se abran al diálogo ecuménico. En Chipre sí habrá un encuentro de oración ecuménica por los migrantes, en Grecia no habrá eventos de este género, sino solo diálogos con las autoridades religiosas del país.

Pero, seguramente, el “plato fuerte del viaje” estará constituido con los diversos encuentros con refugiados que el Papa sostendrá, particularmente el de Lesbos. Como es sabido, es uno de los temas que mayor preocupación le generan a Francisco, y despertar la conciencia internacional al respecto es una de las tareas que se ha propuesto de modo programático en su pontificado. Su preocupación e interés son tales, que incluso ha añadido una letanía del rosario “consuelo de los migrantes”, para que todos los católicos los tengamos presentes en nuestra oración y no seamos indiferentes a su suerte y a su destino.

Así planteado el viaje de Francisco tiene un escollo político –la ocupación turca de Chipre- y dos temas fundamentales: el ecumenismo y la migración. Francisco plantea su viaje como una peregrinación, pues sigue la huella de los viajes apostólicos de Pablo y Bernabé, evangelizadores de Chipre, y Pablo de Atenas y Grecia. Es como un volver a las fuentes del evangelio y, por lo tanto, tendrá una fuerte componente espiritual.

Como en tantas otras ocasiones, el Papa va por delante, y se lo agradecemos. Nuestra espiritualidad, por decirlo de algún modo, no debería ser simplemente intimista, o avocarse exclusivamente a nuestros problemas personales. Las alas del espíritu católico son universales –católico significa universal en griego- y por ello, pueden y deben acoger las grandes intenciones de la Iglesia: la unidad con los cristianos separados de la comunión con el papa o ecumenismo; y el sufrimiento y la consecuente acogida de nuestros hermanos migrantes. “No hay otro camino” ha dicho el Papa al respecto.

Por ello, seguir de cerca el viaje de Francisco debería ensancharnos el alma y el corazón, para hacer nuestras las inquietudes papales y acompañarlas con la oración, una oración ecuménica, una oración católica, una oración misericordiosa. Al mismo tiempo, pueden llevarnos a examinarnos, de forma que revisemos si nosotros, con nuestra conducta, comentarios y actitudes, somos artífices de unidad o de separación, de misericordia o de indiferencia, para tomar decididamente la actitud del Papa, que es católica por excelencia.

No nos queda sino unirnos en oración pidiendo por los frutos del viaje de Francisco, con la esperanza de que el viaje traiga abundantes “sorpresas de Dios”, como las ha llamado en cierta ocasión. Al mismo tiempo, también es ocasión de pedir más intensamente por la unidad de los cristianos, especialmente con los ortodoxos y muy concretamente con los griegos, más rejegos al diálogo. Junto con la oración por el ecumenismo, la oración por los migrantes, para que nuestra vida de piedad no se construya de espadas a los grandes problemas sociales. Todo eso y más podemos sacar del viaje de Francisco a Chipre y Grecia.

 

Lo que los niños no aprenderán en la escuela

Lucía Legorreta

Dic 08, 2021

Existen hijos tiranos, berrinchudos o con el llamado Síndrome del Emperador, alejados del mundo real, egoístas y sin compasión.

El título de esta cápsula hace referencia al nombre del gran libro “50 reglas que los niños no aprenderán en la escuela”, de Charles Sykes, y que muchos niños y sobre todo jóvenes deberían de reflexionar y esperar de la vida.

Hablamos de los hijos tiranos, berrinchudos o con el llamado Síndrome del Emperador, alejados del mundo real, egoístas y sin compasión.

Reflexionemos como padres cómo estamos educando a nuestros hijos, y si eres joven, estas reglas pueden ayudarte a ser un hombre o mujer de bien en la sociedad:

- El mundo real no se preocupará por tu autoestima. Primero esperará a que logres algo.
- No vas a ganar $30,000 al mes al salir de la prepa. No serás director ni tendrás un coche de la compañía.
- No te lo mereces.
- No importa lo que diga tu papá, no eres una princesa.
- No. No puedes ser todo lo que sueñas.
- ¿Crees que tu maestro es duro? Espérate a tener un jefe. Cuando la riegues, no te preguntará cómo te sientes.
- Tu ombligo no es tan interesante. No te pases la vida mirándolo.
- Quizá en tu escuela no hay “ganadores y perdedores”. Pero en la vida sí.
- Cuando te gradúes, no vas a competir con debiluchos.
- La humillación es parte de la vida. Enfréntala.
- El trabajo básico no está por debajo de tu dignidad. Tus abuelos tenían un nombre para este: oportunidad.
- Tus papás y tu hermanito no te deben dar vergüenza. Lo que es vergonzoso es tu ingratitud y rudeza.
- Tus padres no eran tan aburridos. Lo que los hizo aburridos es el pagar tus cuentas.
- La vida no se divide en semestres y los veranos no son vacaciones.
- No es culpa de tus papás. Tú eres responsable de tus fallas.
- Fumar no te hace ver cool, te hace ver estúpido.
- No eres una víctima. Deja de quejarte.
- Algún día tendrás que madurar y mudarte de casa de tus papás.
- Aprende a lidiar con la hipocresía.
- Sé amable con los nerds. Puedes terminar trabajando para uno.
- No eres inmortal.
- Ve a la gente a los ojos cuando los conozcas.
- No eres el primero ni el último que está viviendo lo que estás viviendo.
- No dejes que te deprima el éxito de otros
- No eres perfecto y no tienes que serlo.
- No olvides decir gracias.
- La vida NO es justa, acostúmbrate,

Suenan duras estas reglas, pero son totalmente ciertas y con la mejor de las intenciones: trata de vivirlas y serás más feliz.

 

 

La Inmaculada Concepción

Acabamos de celebrar la fiesta civil que conmemora el 43 aniversario de nuestra Constitución y casi sin solución de continuidad, el 8 de Diciembre, celebramos también una de las festividades religiosas más entrañables y queridas entre la población mayoritariamente católica de España: la Inmaculada Concepción.

Declarada en el año 1708 Patrona de España por el Papa Clemente XIII, además del patronazgo que ejerce sobre algunas de sus instituciones y colectivos como el Arma de Infantería y otros cuerpos del Ejército, los Colegios Oficiales de Farmacéuticos e incluso las Facultades de Farmacia, su acogimiento como tal, resulta sin duda uno de los más hermosos privilegios que nos adorna como Nación al sentirnos bajo la protección  y el cuidado maternal de la Virgen Inmaculada.

El dogma de la Inmaculada Concepción fue proclamado por el Beato Pio IX en la Bula Ineffabilis Deus el 8 de Diciembre de 1854: “Y así ella, absolutamente siempre libre de toda mancha de pecado, toda hermosa y perfecta, posee una tal plenitud de inocencia y santidad, que no es posible concebir una mayor después de Dios, y nadie puede imaginar fuera de Dios”. Son palabras de una belleza extrema que definen, como una sinfonía de alabanzas, las cualidades más perfectas que se pueden dar en una mujer.

En este mundo de hoy tan vertiginoso, en el que, entre el ruido y la inmediatez que lo envuelve, no parece nada fácil descubrir la trascendencia de nuestra vida, sin embargo millones de cristianos en el mundo tenemos la certeza histórica de que una mujer concibió del Espíritu Santo al Hijo de Dios, como reza el credo de los Apóstoles.

Si a un hombre honesto y trabajador como fue a su desposado José, le debió resultar muy difícil comprender y aceptar el poder que sobre la naturaleza tiene Dios, es lógico que con la distancia de más de dos milenios, este hecho sobrenatural no esté al alcance de la comprensión humana, si no es bajo el conocimiento inspirado por la fe, la práctica de las oraciones marianas y la percepción real de su protección en momentos determinados de nuestra existencia.

Muchos poetas le han dirigido a la Madre de Dios en sus versos racimos de loas y alabanzas, pero en estos tiempos donde hay quienes estigmatizan el piropo a la mujer, conviene recordar que ya en el siglo XVI el gran Lope de Vega piropeó a la mujer más venerada y querida del universo: “Hermosa Virgen, si alabaros quiero/por hermosa, por virgen, por prudente,/noble, humilde, magnánima y valiente,/pues que en todo a todas os prefiero.”

Jorge Hernández Mollar

 

 

La fe no nos evita sufrimiento alguno, pero…

La fe no nos evita sufrimiento alguno, pero es evidente que bien integrada en la propia vida permite enmarcar todo cuanto nos sucede, por duro que sea, en un horizonte de sentido. La madera de la que estamos hechos los cristianos no es, ni más ni menos, que la madera de la cruz: la cruz que, como nos recuerda el Papa Francisco, es nuestra única y verdadera esperanza, la que nos enseña que en la vida hay ciertamente oscuridad y aparente sinsentido, pero que no todo el mundo es tiniebla. En la misma cruz hay también victoria, fortaleza para los momentos más humanamente insoportables y un signo luminoso de la victoria de Dios sobre el mal. Creo importante considerarlo durante estos días de Adviento.

Jesús D Mez Madrid

 

 

Por desgracia

Este bienio, han pasado dos años desde las últimas elecciones generales, ha supuesto una pérdida de calidad democrática, con el intento de los socios de Sánchez de desgastar a la Corona, con la ambigüedad en la relación con los independentistas y la pretensión de controlar al Poder Judicial. Tengo la sensación de que la ciudadanía asistimos sorprendidos al empeño de imponer una serie de leyes con efectos perniciosos para la vida común, como es el caso de la eutanasia, de la sectaria Memoria democrática y una ley de educación sin el más elemental consenso. Y es que España se merece un Gobierno que tome en sus manos el servicio al bien común y que respete el marco de convivencia que ha servido para generar prosperidad y libertad. Por desgracia, no se atisba ningún cambio en esa dirección. Pienso que es importante recordarlo hoy que celebramos el Día de la Constitución.

Jesús Domingo Martínez

 

No gastamos

Todos los planes del gobierno se van al traste si no gastamos nuestro dinerito comprando y comprando especialmente estos días antes de Navidad y Reyes. Pero para eso hace falta una cosa que se echa mucho de menos: la confianza. Si falta, cualquiera de nosotros prefiere guardar su dinero en el cajón, no vaya a ser que vengan mal dadas y nos pillen con “una mano alante y otra atrás”.

La confianza cuesta mucho ganarla y se pierde enseguida. Basta que el presidente diga que no va a haber elecciones, para que mucha gente se mosquee con que van a ser inminentes. ¿Y eso, por qué? Porque ha dicho tantas cosas que luego no ha cumplido, como no pactar con los terroristas o no indultar a los independentistas, que ya muy poca gente confía en lo que diga y tiembla ante lo que haga o pueda hacer, con esa sorpresa e improvisación que parece la marca de la casa muchos hemos perdido la confianza.

JD Mez Madrid

 

Necesitamos una ecología integral

Toda “acción urgente, valiente y necesaria para alcanzar los objetivos del acuerdo de París de forma coordinada y responsable”, ha insistido el Papa, debe ser una prioridad para un mundo en el que con la pandemia hemos aprendido que no tenemos alternativa válida si no apostamos por un futuro donde “los comportamientos cotidianos y las inversiones económico-financieras puedan salvaguardar verdaderamente las condiciones para una vida digna de la humanidad de hoy y de mañana en un planeta sano”.

Este mensaje está en continuidad con lo recogido en su encíclica Laudato Sii sobre el cuidado de la creación. Un mensaje que está lejos de las corrientes de pensamiento y de acción que pretenden un modelo de lucha contra el cambio climático en el que se diviniza a la naturaleza y se sitúa al ser humano como el principal problema. Como han repetido los últimos papas, necesitamos una ecología integral que coloque a la persona, con toda su dignidad, en el centro de los esfuerzos para cuidar la casa común.

Domingo Martínez Madrid

 

 

Política/político “vistos antes de la revolución”

 

                                Digamos primero que la muy prostituida palabra “política”; no supo arreglar los comportamientos de su inventor, “el mono humano”; y desde la tan cacareada Grecia y “sus democracias”, que nacen en la que se dice “más brillante” época humana; hasta ver “hoy mismo, como están las “tierras griegas y resto de lo que se denomina Occidente”; sobran testimonios para saber que todo fue un fracaso enorme. ¿Por qué? Sencillo, “el mono humano sigue teniendo panza, bolsillo y muchos miedos, algunos insondables… y esos pesos; siguen dominando a lo peor de la especie, que generalmente fue y sigue siendo, la que manda y dispone del resto del gran rebaño”; y si a estos grandes abismos no se le ponen remedio, todo va a seguir igual o peor a lo que nos cuenta la historia de ese “pobre animal, que sigue o seguimos siendo; el que se autocalificó como el primero de los primates terráqueos”. Por lo tanto no son políticos lo que necesitamos, sino, Maestros que nos enseñen a vivir en sociedad.

                                Las denominadas revoluciones; y desde la primera conocida que fuera la del “famoso Espartaco”, que surge en la ya potente y republicana Roma; a las últimas y mucho más sangrientas del más sangriento de los siglos, cuál fue el pasado XX y cuya “sanguinaria estela” sigue en el XXI; pero conviene recordar hitos de la historia por si sirven para algo, al menos para esas “minorías”; que siempre hubo y que son las que “sostienen el pobre andar del mono ya mentado”. En los tiempos modernos y en las potentes “potencias políticas”, surgió la “revolución inglesa”, en la que se llega a cortar el cuello al rey, se establece una república, después la dictadura, para volver de nuevo a “la testa coronada” que hoy sigue. Después vendrá, “la tan famosa y francesa”, que tras sólo diez años y todos ellos manchados de ríos de sangre, cabezas guillotinadas, y guillotinadas igualmente las cabezas de los reyes; termina “pariendo” a un emperador, que por no dejar heredero, “otro aprovechado continuará el imperio” y vuelta a la realeza que aquella revolución quería extirpar; después, varias repúblicas ya van por la quinta desde 1958; “pero los franceses hoy mismo, siguen en lucha, y no sé si de nuevo irán a la Bastilla, pues ya han hasta abofeteado en la calle al actual presidente”. Después vendrá la “soviética URSS, de la que por lo sabido y su disolución en 1917 (“donde se asesina desde al zar y su esposa e hijos, hasta los perros de la familia”); hoy tenemos en parte de lo que fuera “aquello”, “un nuevo zar cuyo nombre es Putin; y el que se mantiene con la nueva nobleza de príncipes, duques y en definitiva, dueños de todo lo que tiene valor en la gran Rusia”. En China, parece que sigue igual tendencia que la imperial Rusia y se trata de que el actual “mandamás”, se instituya como nuevo emperador chino, “hijo del cielo o no, pero con mando absoluto como aquellos hijos celestes de su turbulenta historia”.

                                Y no hablemos mucho de “la desastrosa España”, que desde la mal llamada, “guerra de la independencia”; que en realidad fue, “guerra de la dependencia” ya que fue un volver atrás otra vez; les llega a aquellos españoles, la plaga que representó, “el rey felón (Fernando VII) y su impuesta hija; después vino la primera república (un desastre más) que “hace pedazos a la españa peninsular y disuelve el todavía gran imperio español; vienen las denominadas “guerras carlistas”, que van a terminar en la peor de las guerras intestinas españolas, cuál es la “civil” de 1936/1939 y cuyas heridas, no han cicatrizado aún, puesto que “los canallas de siempre”, quieren que sigan abiertas, no con otro interés, que “los mercenarios de siempre”, vivan de las mentiras de siempre; y mientras y una vez más, España es sumida en una ruina económica y social, que ya veremos, hasta cuando dura, “y quienes serán los titanes, que logren encauzarla y de una puñetera vez, en el camino que merece esta tierra, que es aún grande y con riquezas más que suficientes, para ocupar un puesto relevante, en el ámbito mundial”; cosa que los idiotas y canallas antes mentados, “ni lo olieron, no lo han olido hasta el día de hoy; y me imagino no tienen olfato para un buen porvenir”.

                                Y Como este escrito me surge por la lectura del libro, “Cartas Marruecas”, de José Cadalso, publicadas después de muerto; “cosa muy habitual en españa”; y lo fue en 1789 (año de la Revolución Francesa) y donde “da un repaso amplio a España y resto de Europa; precisamente en “su carta LI (51) realiza una amplia visión de lo que entiende es la política de su tiempo y la que “despelleja”, como a tantas otras cosas; como hombre ilustrado y además como militar y con el grado de coronel, de su tiempo. Es un libro muy interesante de leer y meditar.

 

NOTAS:

Espartaco fue un esclavo de origen tracio, de la tribu maidoi, con probable localización en la región de influencia de Macedonia, que según fuentes griegas y romanas, dirigió una rebelión contra la República romana en suelo itálico, ocurrida entre los años 73 y 71 a. C., conocida con el nombre de tercera guerra servil. Esta guerra se extendió a toda la península durante casi tres años.

 

La revolución inglesa; es el periodo de la historia del Reino de Inglaterra que abarca desde 1642 hasta 1688. Se extiende desde el fin del reinado de Carlos I de Inglaterra, pasando por la República británica y el Protectorado inglés de Oliver Cromwell y finaliza con la Revolución Gloriosa, que destituye a Jacobo II. En este contexto se incluye una serie de conflictos armados denominados guerra civil inglesa o guerras civiles inglesas, que se libraron entre realistas y parlamentarios entre 1642 y 1651, con una gran victoria de Cromwell y la derrota de Carlos II de Inglaterra al término del tercer y último de los enfrentamientos.

La Revolución francesa fue un conflicto social y político, con diversos periodos de violencia, que convulsionó Francia y, por extensión de sus implicaciones, a otras naciones de Europa que enfrentaban a partidarios y opositores del sistema conocido como el Antiguo Régimen. Se inició con la autoproclamación del Tercer Estado como Asamblea Nacional en 1789 y finalizó con el golpe de Estado de Napoleón Bonaparte en 1799.

José Cadalso y Vázquez de Andrade, que usó el pseudónimo literario de “El Militar” (Cádiz, 8 de octubre de 1741 – San Roque, 26 de febrero de 1782), fue un militar español, muerto al ser alcanzado por una granada inglesa, y un valioso literato, recordado por sus obras Los eruditos a la violetaNoches lúgubres y Cartas marruecas.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes