Las Noticias de hoy 27 Noviembre 2021

Enviado por adminideas el Sáb, 27/11/2021 - 13:33

77-ADVIENTO 1

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 27 de noviembre de 2021      

Indice:

ROME REPORTS

Francisco: "Soñar juntos para llevar la esperanza al mundo"

El Papa: Todo es global, ¡hasta el virus se ha hecho global!

El Papa: La amistad de Jesús nos hace ver las diferencias como una riqueza

HACIA LA CASA DEL PADRE : Francisco Fernandez Carbajal

Meditaciones: sábado de la 34.ª semana del tiempo ordinario

Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa

Prelatura del Opus Dei: todas las claves

“Hemos de gastarnos diariamente con Él” : San Josemaria

El Adviento: preparar el camino al Señor que viene

Como en una película: Un viaje a la voluntad del Padre

Educación y humanismo cristiano : Ramiro Pellitero

El amor no entiende de jubilación

El hombre en la antropología trascendental de Leonardo Polo : Rafael Corazón González

Ya vienen las vacaciones de invierno. Busquemos que sean en familia : Silvia del Valle Márquez

¿Qué es la Novena de la Inmaculada? : primeroscristianos

El secreto de Jesús. ¿Alegría y dolor compatibles? : José Martínez Colín.

Respondiendo los Argumentos Científicos del Movimiento Homosexual : Es Familia

Se puede : Jesús D Mez Madrid

¿Sin una laicidad abierta? : Jesús Domingo Martínez

La buena noticia : Domingo Martínez Madrid

Reflexiones de casi “un siglo vivido” : Antonio García Fuentes

 

ROME REPORTS

Francisco: "Soñar juntos para llevar la esperanza al mundo"

 

En un mensaje a las "Semanas Sociales" de Francia, el Papa invita a "no tener miedo a soñar" de forma compartida. Sólo así, de hecho, será posible crear "una nueva realidad" que proteja los derechos de los más pobres y la belleza de la Creación.

 

Isabella Piro - Ciudad del Vaticano

"Cuando sueñas solo, es solo un sueño; pero cuando sueñas con otros, es el comienzo de una nueva realidad": el Papa Francisco elige esta cita del fallecido arzobispo brasileño Dom Hélder Câmara, un gigante del compromiso con la justicia y la protección de los derechos de los más vulnerables, para abrir su mensaje en el 95º encuentro anual de las Semanas Sociales de Francia, en marcha desde hoy hasta el domingo en Versalles y celebrado de manera online. Firmado por el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, el documento se inspira en el tema del evento: "Nos atrevemos a soñar con el futuro". Cuidar de las personas y de la tierra", para ofrecer una reflexión sobre la importancia de los sueños.

Escuchar la voz de los más pobres

"No debemos tener miedo de soñar", subrayó el Papa, "sobre todo si este sueño se comparte y se lleva a cabo conjuntamente". De ahí la referencia a los grandes sueños descritos en la Exhortación Apostólica Postsinodal "Querida Amazonia", a saber: el sueño de "una sociedad que luche por los derechos de los más pobres", para que "se escuche su voz y se promueva su dignidad"; el sueño de un mundo capaz de preservar su "riqueza cultural" y de hacer "brillar la belleza humana de muchas maneras".

25/11/2021Papa a Scholas: "Ayudar a los refugiados y mujeres vendidas como mercancías"

Nuevamente, el Pontífice espera una sociedad que "preserve celosamente" la Creación y que "acoja el mensaje evangélico", es decir, "el anuncio de que Dios ama infinitamente a todo ser humano".  

La esperanza abre los grandes ideales de la verdad y la justicia

Compartir los sueños, añade Francisco, significa poner en práctica "la cultura del encuentro": un elemento muy esencial en un mundo abrumado por casi dos años de pandemia. En este contexto, subraya el Papa, "es urgente pensar en un futuro que haga vivir a la gente en la esperanza". Y a los cristianos les corresponde "llevar esta hermosa virtud al mundo", en "un momento decisivo para el futuro". La esperanza es audaz -reiteró el Pontífice, recordando su Encíclica "Fratelli tutti"-, sabe mirar más allá de las comodidades personales para abrirse a los grandes ideales que hacen la vida más bella y digna". Es "una sed, una aspiración, un deseo de plenitud, de una vida exitosa que llena el corazón y eleva el espíritu hacia cosas grandes como la verdad, la bondad, la belleza, la justicia y el amor".

Promover el desarrollo integral de cada persona

De ahí el llamamiento final del Pontífice a todos los participantes en el encuentro para que sepan "apoyar, defender y promover el cuidado de la Creación y de las personas más frágiles", junto con "el desarrollo integral de toda persona, también en su dimensión espiritual fundamental". Finalmente, el Papa confía el evento a la intercesión de la Virgen María.

Los objetivos de las Semanas Sociales

Presididas por la señora Dominique Quinio, a quien el Papa dirige su mensaje, las Semanas Sociales de Francia tienen su origen en 1904. Desde entonces -se lee en su página web- representan "un espacio de encuentro, formación y debate para todos aquellos que, a través de su acción y reflexión, buscan contribuir al bien común a partir del pensamiento social cristiano".    

 

El Papa: Todo es global, ¡hasta el virus se ha hecho global!

En su Carta al Foro Internacional de la Acción Católica con motivo de su 30° aniversario, el Papa Francisco les pidió que “sientan profundamente la urgencia de trabajar por la fraternidad y la amistad social”, que siembren en los corazones “la auténtica espiritualidad cristiana que se hunde en el deseo de santidad” y que el espíritu “los anime en sus proyectos y trabajos para ser una Iglesia en salida que vive la alegría de evangelizar”

Vatican News

Esta tarde de 14.00 a 16.30 tiene lugar un evento online desde la Sala Armida Barelli de la Domus Mariae con ocasión del 30° aniversario de la Acción Católica. Con este motivo el Papa Francisco envió una carta, fechada en la Ciudad del Vaticano el pasado día 9, en la que manifiesta a estos queridos hermanos que esta celebración, que mira hacia un momento fundacional, “nos hace inevitablemente mirar hacia el pasado en contemplación agradecida”. Además, el Santo Padre escribe que en “ese mirar hacia atrás nos encontrarnos con soñadores que se atrevieron a mirar hacia a adelante con esperanza”.

Una Iglesia en salida

Antes de despedirse, el Santo Padre les pidió que “sientan profundamente la urgencia de trabajar por la fraternidad y la amistad social”, que siembren en los corazones “la auténtica espiritualidad cristiana que se hunde en el deseo de santidad” y que el espíritu “los anime en sus proyectos y trabajos para ser una Iglesia en salida que vive la alegría de evangelizar”.

Mirar hacia el pasado en contemplación agradecida

En cuanto a esta mirada, Francisco afirma que no se puede olvidar a “un soñador profundo que dio el inicio y el aliento a la creación de este foro; y que hoy goza al verlos celebrando estos 30 años”: El cardenal Eduardo Pironio; aquel que con un amor muy grande a la Acción Católica y una confianza plena en su misión dijo:

“En el camino de la Acción Católica ha habido luces y sombras, desorientación y cansancio, el temor por ser tal vez superada por los nuevos tiempos y necesidades de la Iglesia. Creo que ahora es el momento providencial del Espíritu para una profunda renovación de su compromiso espiritual, doctrinal, apostólico y misionero. A esto sin duda ayudará la celebración de este Foro que quiere abrir a otros países la fertilidad de una experiencia asociativa muy rica en sus frutos y tan llena de esperanza”

Los santos de la puerta de al lado

Del cardenal Pironio el Pontífice recuerda que “fue un hombre de raíces profundas, de memoria anclada en el dinamismo de la historia como un Kairos, tiempo fuerte de salvación, tiempo de trabajo, prueba, purificación y esperanza”. Destaca asimismo que el purpurado argentino “amó la Acción Católica y creyó en su vocación laical misionera”. Y no duda en afirmar que:

“La Iglesia puede dar testimonio de que la Acción Católica abrió nuevas perspectivas en el campo de la responsabilidad del laico en la Evangelización. Muchos evangelizados y formados por la Acción Católica pusieron verdad, profundidad y Evangelio en ámbitos civiles, muchas veces vedados a la fe. Los santos y beatos laicos de la Acción Católica son una riqueza para la Iglesia. Esos que fueron ‘los santos de la puerta de al lado’ de tantas comunidades”

Luces y sombras en la historia no lineal de la Iglesia

Después de recordar que “la historia no es lineal” y que “en el camino de la Acción Católica, como en el de la misma Iglesia, hubo, hay y habrá luces y sombras, momentos de profunda desorientación, de cansancio, de indiferencia, de temor de haber quedado superados por las exigencias de los nuevos tiempos”, el Papa agrega:

“La gran tentación en los momentos de crisis o dificultad es encerrarse para cuidar lo poco que se tiene, esperando, escondidos y acariciando recuerdos, la llegada de tiempos mejores. La parábola de los talentos es un fiel reflejo de lo que sucede cuando esta tentación se instala y se transforma en un modo de ser, de estar en el mundo viviendo la realidad de una irrealidad”

No olvidar quiénes somos

El Santo Padre escribe que “para no sucumbir a la tentación, para no olvidarnos de quienes somos y hacia dónde vamos”: se nos hace imprescindible recordar una y otra vez “de dónde venimos, cuál es nuestro origen”, y “conocer el corazón de la madre que un día nos dio a luz”. Además, de la Acción Católica Francisco recuerda que “tiene su origen en el mismo seno de la Iglesia Católica. No tiene ningún fundador ni carisma particularísimo. Su finalidad es la de la misma Iglesia: la evangelización. No asume como propio uno u otro campo de apostolado particular, sino la finalidad de la Iglesia: el anuncio del Evangelio, a todos los hombres y ambientes”.

Dar una respuesta aquí y ahora a los gritos del mundo

De modo que el “carisma propio” es no tener nada propio sino prestar disponibilidad a todas las necesidades de la Iglesia en cada lugar. Como Iglesia, experimentamos que, con la fuerza del Espíritu necesitamos dar una respuesta aquí y ahora a los gritos del mundo. Para escucharlos tenemos que salir, ser Iglesia en salida que se acerca samaritanamente a cada hombre y a cada mujer que sufre en su carne o en su espíritu el dolor de este tiempo.

Primera pandemia global en la historia

De la primera pandemia global en la historia de la humanidad que seguimos atravesando el Papa escribe que “ha quedado desvelado el estado de vulnerabilidad que padecen cientos de millones de hombres y mujeres en nuestro planeta”. Y añade que “la vulnerabilidad puso delante nuestro, el riesgo morir sin ningún tipo de previsión e independientemente del lugar donde vivamos, la condición moral, creencia religiosa o la posición socio-económica”.

Iguales en la necesidad y distintos en las posibilidades

De manera que, como afirma Francisco, “toda la humanidad está afectada por igual”. Y “la vulnerabilidad ha logrado superar todo aquello que nos dividía y hacía desiguales. Nos descubrimos iguales en la necesidad, aunque distintos en las posibilidades”. Además, el Papa recuerda lo que dijo al comienzo de la pandemia:

La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras   agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad. La tempestad pone al descubierto todos los intentos de encajonar y olvidar lo que nutrió el alma de nuestros pueblos; todas esas tentativas de anestesiar con aparentes rutinas “salvadoras”, incapaces de apelar a nuestras raíces y evocar la memoria de nuestros ancianos, privándonos sí de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la adversidad”.

“Todos, incluso yo mismo, hemos sentido esta experiencia de impotencia”

Todo es global

“Veníamos de un tiempo fuertemente marcado por la globalización; globalización económica, cultural, etc. ... con sus aciertos, pero también con las estructuras de pecado que de ella han emergido. Todo es global, ¡hasta el virus se ha hecho global!”

Por esta razón Francisco les dice que como foro de la Acción Católica “tienen una misión global y al cumplir sus primeros treinta años; celebrarlos es un desafío y una invitación”.

Desafío e invitación que tiene la Acción Católica hoy

Desafío a descubrir cada vez más y de un modo más fuerte por dónde pasa la vida y la historia de nuestros pueblos, sin prejuicios, sin miedos, sin clasificaciones y sin sentirnos reguladores de la fe de nadie. Invitación a estar allí, por dónde van sus intereses, sus preocupaciones, sus heridas más profundas y sus angustias más grandes. 

“Sabemos que no hay mayor pobreza que no tener a Dios, es decir vivir sin la fe que da sentido a la vida, sin esperanza que nos dé fuerza para trabajar, sin sentirnos amados por alguien que no defrauda. Ese es el lugar y el pueblo donde la Acción Católica debe realizar su misión”

Ante la globalización de la indiferencia

El Papa les pide que “frente a la globalización de la indiferencia, sientan que el trabajo de tender puentes y crear comunión es la llamada profunda que les está haciendo Dios”. Y pone de manifiesto que “la Iglesia es Comunión para la misión”, a la vez que destaca que “la Comunión no es una idea”, sino “una realización” y la “misión no es una actividad más”, sino “la esencia de la vida eclesial”. “Esto supone, para la Acción Católica comunión con la pastoral diocesana y sus pastores, una formación que se experimente en clave misionera”.

“La Acción Católica no debe formar para el cristiano futuro, sino que debe y necesita acompañar el proceso de fe del cristiano presente, de acuerdo a las características propias de la etapa de la vida en la que se encuentra”

Comunión como certeza de la presencia del Señor

Francisco les recuerda que “la comunión no es acomodarse, sino certeza de la presencia del Señor para la misión”. De manera que “evangelizar debe ser la pasión de cada bautizado, de cada miembro de la Acción Católica”. “Vivir en una permanente salida para poder permanecer fieles a nuestra identidad”. Además, citando al Papa Pablo VI escribe:

“La Acción Católica tiene que descubrir de nuevo la pasión por el anuncio del Evangelio, única salvación posible para un mundo que de otro modo caería en la desesperación”

Agradecimiento a Dios y a sus miembros

El Obispo de Roma agrega que “la Acción Católica necesita ir creando espacios de presencia, de testimonio, de evangelización misionera”. Puesto que “de este modo vive la misión de la Iglesia que es: ser servidora de la humanidad insertada en la Iglesia de Cristo que se realiza en nuestra Diócesis y en nuestra Parroquia, en comunión perfecta con la Iglesia Universal”.

Por último, y tras dar gracias a Dios por todo el trabajo que han realizado en estos treinta años, y después de agradecer todas las iniciativas solidarias y de acompañamiento a las diócesis más periféricas, especialmente las del tercer mundo, el Papa manifiesta:

“Soy consciente que la presencia de la Acción Católica es fuertemente misionera y sostiene el trabajo de las Iglesias locales”

Antes de despedirse, el Santo Padre les pide tres cosas: “Que el foro sienta muy profundamente la urgencia de trabajar por la fraternidad y la amistad social como medios de reconstrucción de un mundo herido”. “Que siembren en los corazones de todos que la auténtica espiritualidad cristiana es la que se hunde en el deseo de santidad y este es un camino que arranca en las bienaventuranzas y que se realiza desde Mateo 25; amando y trabajando por nuestros hermanos más sufrientes”. Y “que el espíritu que anime todos sus proyectos y trabajos sea, el de ser una Iglesia en salida que vive la dulce y confortadora alegría de evangelizar; y que se note”.

Al invocar la bendición del Señor y el cuidado de la Santísima Virgen, el Santo Padre les pide que no se olviden de rezar por él.

 

El Papa: La amistad de Jesús nos hace ver las diferencias como una riqueza

El Papa en su mensaje para la próxima Jornada Internacional de las personas con discapacidad, habló de la discriminación que reciben aún hoy muchos de ellos por parte de la sociedad, pero, sobre todo, dijo, la peor discriminación es la falta de atención espiritual hacia los discapacitados.

 

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano

“Frente a la discriminación, es precisamente la amistad de Jesús, que todos recibimos como un don inmerecido, la que nos redime y nos permite experimentar las diferencias como una riqueza”.

Son las palabras del Papa dirigida a las personas con discapacidad, en su mensaje para la próxima Jornada Internacional dedicada a ellos, que se celebrará el 3 de diciembre.

En el mensaje, presentado hoy en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el Papa Francisco recuerda que la Iglesia, para cumplir su misión al servicio del Evangelio, ama y necesita de cada una de las personas que viven con algún tipo de discapacidad.

Tener a Jesús como amigo

Con el lema: “Ustedes son mis amigos”, el Pontífice afirma que “¡Jesús es nuestro amigo! Él mismo lo dijo a sus discípulos en la última cena (cf. Jn 15,14). Sus palabras llegan hasta nosotros, iluminando el misterio de nuestro vínculo con Él y nuestra pertenencia a la Iglesia. «La amistad con Jesús es inquebrantable. Él nunca se va, aunque a veces parece que hace silencio. Cuando lo necesitamos se deja encontrar por nosotros y está a nuestro lado por donde vayamos» (Exhort. ap. postsin. Christus vivit, 154). Los cristianos hemos recibido un don: el acceso al corazón de Jesús y la amistad con Él. Es un privilegio con el que hemos sido bendecidos y que se convierte en nuestra llamada, ¡nuestra vocación es ser sus amigos!”

Para nosotros los cristianos, tener a Jesús como amigo, es el mayor de los consuelos y puede hacer de cada uno de nosotros un discípulo agradecido y alegre, señaló el Papa, capaz de dar testimonio de que la propia fragilidad no es un obstáculo para vivir y comunicar el Evangelio.

“La confianza y la amistad personal con Jesús pueden ser la clave espiritual para aceptar las limitaciones que todos experimentamos y para vivir nuestra condición de forma reconciliada. Pueden suscitar una alegría que «llena el corazón y la vida entera» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 1) porque, como escribió un gran exégeta, la amistad con Jesús es «una chispa que enciende el fuego del entusiasmo»[1]”, señaló Francisco.

Cada uno de nosotros contribuyen en el camino sinodal

Con el Bautismo hace que cada uno de nosotros seamos miembros de pleno derecho de la comunidad eclesial y, sin exclusión ni discriminación, nos da la posibilidad de exclamar: “¡Soy Iglesia!”. La Iglesia, sigue en su mensaje el Pontífice, es la casa de todos nosotros. Todos juntos, somos Iglesia porque Jesús ha elegido ser nuestro amigo.

Siguiendo el proceso sinodal que “hemos emprendido”, señala el Papa, la Iglesia “«no es una comunidad de perfectos, sino de discípulos en camino, que siguen al Señor porque se reconocen pecadores y necesitados de su perdón» (Catequesis, 13 abril 2016). En este pueblo, que avanza a través de los acontecimientos de la historia guiado por la Palabra de Dios, «todos son protagonistas, nadie puede ser considerado un mero figurante» (A los fieles de Roma, 18 septiembre 2021)”. De consecuencia, cada uno de nosotros, estamos llamados a contribuir en el camino sinodal, en base a esto, el Papa está convencido que, “si es realmente «un proceso eclesial participado e inclusivo», la comunidad eclesial se verá verdaderamente enriquecida”.

La discriminación sigue presente en la sociedad

El Papa se lamentó en su mensaje, que aún hoy, “por desgracia”, se siga discriminando a quienes sufren de discapacidades, “muchos de ustedes «son tratados como cuerpos extraños en la sociedad. [...] Sienten que existen sin pertenecer y sin participar», y «hay todavía mucho que les impide tener una ciudadanía plena» (Carta enc. Fratelli tutti, 98). La discriminación sigue estando demasiado presente en varios niveles de la vida social; se alimenta de los prejuicios, la ignorancia y una cultura que lucha por comprender el valor inestimable de cada persona”.

En particular, afirma, seguir considerando la discapacidad —que es el resultado de la interacción entre las barreras sociales y las limitaciones de cada persona— como si fuera una enfermedad, contribuye a mantener sus vidas separadas y alimenta el estigma en su contra.

Pero la peor discriminación, como señala el Santo Padre, es la “falta de atención espiritual», que a veces se ha manifestado en la negación del acceso a los sacramentos que, por desgracia, algunos de ustedes han experimentado”, al respecto, el Papa dice que el Magisterio es muy claro en este asunto y recientemente el Directorio para la Catequesis declaró explícitamente que «nadie puede negar los sacramentos a las personas con discapacidad»

La pandemia: tiempo de prueba

"La amistad de Jesús nos protege en el tiempo de la prueba".

El Papa recuerda en su mensaje, que en estos tiempo de pandemia, de la "que estamos luchando por salir, ha tenido y sigue teniendo repercusiones muy duras en la vida de muchos de ustedes". Muchos han tenido que "permanecer en casa durante largos periodos", muchos estudiantes con discapacidad han tenido dificultades para poder acceder a las "herramientas de aprendizaje a distancia; a los servicios de atención al público que se interrumpieron durante mucho tiempo en muchos países". Muchos, que viven en centros residenciales, manifiesta el Papa, se han visto separados de sus seres queridos. "En estos lugares el virus ha sido muy violento y, a pesar de la dedicación del personal, se ha cobrado demasiadas víctimas. Sepan que el Papa y la Iglesia están cerca de ustedes de manera especial, con afecto y ternura", les dice en su mensaje.

"La Iglesia está al lado de todos los que siguen luchando contra el coronavirus. Como siempre, la Iglesia insiste en la necesidad de que todos sean atendidos, sin que la discapacidad sea un obstáculo para acceder a los mejores cuidados disponibles. En este sentido, algunas conferencias episcopales —como las de Inglaterra y Gales y la de Estados Unidos— ya han intervenido para pedir que se respete el derecho de todos a ser tratados sin discriminación.

Nadie tan frágil que no pueda rezar 

Francisco nos recuerda que todos están llamados a la santidad y que el encuentro con Jesús -como se cuenta en tantos episodios bíblicos- transforma profundamente la vida de las personas para que emprendan un camino de testimonio. A continuación, confía, de manera especial, la misión que nace de la oración, utilizando el ejemplo de un maestro en contemplación:

Sé que algunos de ustedes viven en condiciones extremadamente frágiles. Pero me gustaría dirigirme a ustedes —quizá pidiendo, cuando sea necesario, a sus familiares o a las personas más cercanas a ustedes que les lean estas palabras o que les transmitan este llamamiento que hago— y pedirles que recen. El Señor escucha atentamente la oración de los que confían en Él. Que nadie diga: “No sé rezar”, porque, como dice el Apóstol, «el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, porque como no sabemos orar como conviene, él mismo intercede por nosotros con gemidos inexplicables» (Rm 8,26).

Santa Teresa de Ávila escribió que "en tiempos difíciles se necesitan amigos fuertes de Dios para apoyar a los débiles". La época de la pandemia nos ha mostrado claramente que todos somos vulnerables: "Nos hemos dado cuenta de que todos estamos en el mismo barco, todos frágiles y desorientados, pero al mismo tiempo importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos". La primera forma de hacerlo es rezar. Todos podemos hacerlo; e incluso si, como Moisés, necesitamos apoyo (cf. Ex 17,10), estamos seguros de que el Señor escuchará nuestra súplica.

 

 

HACIA LA CASA DEL PADRE

— Anhelo del Cielo.

— La «divinización» del alma, de sus potencias y del cuerpo glorioso.

— La gloria accidental. Estar vigilantes.

I. Me mostró el río del agua de la vida claro como un cristal, procedente del trono de Dios y del Cordero. En medio de su plaza, y en una y otra orilla del río, está el árbol de la vida, que produce frutos doce veces (...). En ella estará el trono de Dios y del Cordero, y sus siervos le darán culto, verán su rostro y llevarán su nombre grabado en sus frentes1. La Sagrada Escritura acaba donde comenzó: en el Paraíso. Y las lecturas de este último día del año litúrgico nos señalan el fin de nuestro caminar aquí en la tierra: la Casa del Padre, nuestra morada definitiva,

El Apocalipsis nos enseña, mediante símbolos, la realidad de la vida eterna, donde se verá cumplido el anhelo del hombre: la visión de Dios y la felicidad sin término y sin fin. San Juan nos presenta en esta lectura el encuentro de quienes fueron fieles en esta vida: el agua es el símbolo del Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo, representado por el río que surge del trono de Dios y del Cordero. El nombre de Dios sobre las frentes de los elegidos expresa su pertenencia al Señor2. En el Cielo ya no habrá noche: no será necesaria luz ni lámparas ni el sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos y reinará por los siglos de los Siglos3.

La muerte de los hijos de Dios será solo el paso previo, la condición indispensable, para reunirse con su Padre Dios y permanecer con Él por toda la eternidad. Junto a Él ya no habrá noche. En la medida en que vamos creciendo en el sentido de la filiación divina, perdemos el miedo a la muerte, porque sentimos con más fuerza el anhelo de encontrarnos con nuestro Padre, que nos espera. Esta vida es solo el camino hasta Él; «por eso es necesario vivir y trabajar en el tiempo llevando en el corazón la nostalgia del Cielo»4.

Muchos hombres, sin embargo, no tienen en su corazón esta «nostalgia del Cielo» porque se encuentran aquí satisfechos de su prosperidad y confort material y se sienten como si estuvieran en casa propia y definitiva, olvidando que no tenemos aquí morada permanente5 y que nuestro corazón está hecho para los bienes eternos. Han empequeñecido su corazón y lo han llenado de cosas que poco o nada valen, y que dejarán para siempre dentro de un tiempo no demasiado largo.

Los cristianos amamos la vida y todo lo que en ella encontramos de noble: amistad, trabajo, alegría, amor humano..., y no debe extrañarnos que a la hora de dejar este mundo experimentemos cierto temor y desazón, pues el cuerpo y el alma fueron creados por Dios para estar unidos y solo tenemos experiencia de este mundo. Sin embargo, la fe nos dará el consuelo inefable de saber que la vida se transforma, no se pierde; y al deshacerse la casa de nuestra habitación terrena, se nos prepara en el Cielo una eterna morada6. Después nos espera la Vida.

Los hijos de Dios quedarán maravillados en la gloria al ver todas las perfecciones de su Padre, de las que solo tuvieron un anticipo en la tierra. Y se sentirán plenamente en su casa, en su morada ya definitiva, en el seno de la Trinidad Beatísima7.

Por eso, podemos exclamar: «¡Si no nos morimos!: cambiamos de casa y nada más. Con la fe y el amor, los cristianos tenemos esta esperanza; una esperanza cierta. No es más que un hasta luego. Nos debíamos morir despidiéndonos así: ¡hasta luego!»8.

II. Los santos del Altísimo recibirán el reino y lo poseerán por los siglos de los siglos9.

En el Cielo todo nos parecerá enteramente joven y nuevo. Y esta novedad será tan impresionante que el viejo universo habrá desaparecido como un volumen enrollado10; y, sin embargo, el Cielo no será extraño a nuestros ojos. Será la morada que aun el corazón más depravado siempre anheló en el fondo de su ser. Será la nueva comunidad de los hijos de Dios, que habrán alcanzado allí la plenitud de su adopción. Estaremos con nuevos corazones y voluntades nuevas, con nuestros propios cuerpos transfigurados después de la resurrección. Y esta felicidad en Dios no excluirá las genuinas relaciones personales. «Ahí entran todos los amores humanos verdaderos, auténticamente personales: El amor de los esposos, aquel entre padre e hijos, la amistad, el parentesco, la limpia camaradería...

»Vamos todos caminando por la vida y, según pasan los años, son cada vez más numerosos los seres queridos que nos aguardan al otro lado de la barrera de la muerte. Esta se convierte en algo menos temeroso, incluso en algo alegre, cuando vamos siendo capaces de advertir que es la puerta de nuestro verdadero hogar en el que nos aguardan ya los que nos han precedido en el signo de la fe. Nuestro común hogar no es la tumba fría; es el seno de Dios»11.

Aquí nos encontramos con una pobreza desoladora para hacernos cargo de lo que será nuestra vida en el Cielo junto a nuestro Padre Dios. El Antiguo Testamento apunta la vida del Cielo evocando la tierra prometida, en la que ya no se sufrirán la sed y el cansancio, sino que, por el contrario, abundarán todos los bienes. No padecerán hambre ni sed, ni les afligirá el viento solano ni el sol, porque los guiará el que se ha compadecido de ellos, y los llevará a manantiales de agua12. Jesús, en el que tiene lugar la plenitud de la revelación, nos insiste una y otra vez en esta felicidad perfecta e inacabable. Su mensaje es de alegría y de esperanza en este mundo y en el que está por llegar.

El alma y sus potencias, y el cuerpo después de la resurrección, quedarán como divinizados, sin que esto suprima la diferencia infinita entre la creatura y su Creador. Además de contemplar a Dios tal como es en sí mismo, los bienaventurados conocen en Dios de modo perfectísimo a las criaturas especialmente relacionadas con ellos, y de este conocimiento obtienen también un inmenso gozo. Afirma Santo Tomás que los bienaventurados conocen en Cristo todo lo que pertenece a la belleza e integridad del mundo, en cuanto forman parte del universo. Y por ser miembros de la comunidad humana, conocen lo que fue objeto de su cariño o interés en la tierra; y en cuanto criaturas elevadas al orden de la gracia, tienen un conocimiento claro de las verdades de fe referentes a la salvación: la encarnación del Señor, la maternidad divina de María, la Iglesia, la gracia y los sacramentos13.

«Piensa qué grato es a Dios Nuestro Señor el incienso que en su honor se quema; piensa también en lo poco que valen las cosas de la tierra, que apenas empiezan ya se acaban...

«En cambio, un gran Amor te espera en el Cielo: sin traiciones, sin engaños: ¡todo el amor, toda la belleza, toda la grandeza, toda la ciencia ... ! Y sin empalago: te saciará sin saciar»14.

III. En el Cielo veremos a Dios y gozaremos en Él con un gozo infinito, según la santidad y los méritos adquiridos aquí en la tierra. Pero la misericordia de Dios es tan grande, y tanta su largueza, que ha querido que sus elegidos encuentren también un nuevo motivo de felicidad en el Cielo a través de los bienes legítimos creados a los que el hombre aspira; es lo que llaman los teólogos gloria accidental. A esta bienaventuranza pertenecen la compañía de Jesucristo, a quien veremos glorioso, al que reconoceremos después de tantos ratos de conversación con Él, de tantas veces como le recibimos en la Sagrada Comunión..., la compañía de la Virgen, de San José, de los Ángeles, en particular del propio Ángel Custodio, y de todos los santos. Especial alegría nos producirá encontrarnos con los que más amamos en la tierra: padres, hermanos, parientes, amigos..., personas que influyeron de una manera decisiva en nuestra salvación...

Además, como cada hombre, cada mujer, conserva su propia individualidad y sus facultades intelectuales, también en el Cielo es capaz de adquirir otros conocimientos utilizando sus potencias15. Por eso será un motivo de gozo la llegada de nuevas almas al Cielo, el progreso espiritual de las personas queridas que quedaron en la tierra, el fruto de los propios trabajos apostólicos a lo largo del tiempo, la fecundidad sobrenatural de las contrariedades y dificultades padecidas por servir al Maestro... A esto se añadirá, después del juicio universal, la posesión del propio cuerpo, resucitado y glorioso, para el que fue creada el alma. Esta gloria accidental aumentará hasta el día del juicio universal16.

Es bueno y necesario fomentar la esperanza del Cielo; consuela en los momentos más duros y ayuda a mantener firme la virtud de la fidelidad. Es tanto lo que nos espera dentro de poco tiempo que se entienden bien las continuas advertencias del Señor para estar vigilantes y no dejarnos envolver por los asuntos de la tierra de tal manera que olvidemos los del Cielo. En el Evangelio de la Misa de hoy17, el último del año litúrgico, nos advierte Jesús: Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida, la preocupación del dinero y se os eche encima aquel día... Estad siempre despiertos... y manteneos en pie ante el Hijo del Hombre.

Pensemos con frecuencia en aquellas otras palabras de Jesús: Voy a prepararos un lugar18. Allí, en el Cielo, tenemos nuestra casa definitiva, muy cerca de Él y de su Madre Santísima. Aquí solo estamos de paso. «Y cuando llegue el momento de rendir nuestra alma a Dios, no tendremos miedo a la muerte. La muerte será para nosotros un cambio de casa. Vendrá cuando Dios quiera, pero será una liberación, el principio de la Vida con mayúscula. Vita mutatur, non tollitur (Prefacio I de Difuntos) (...). La vida se cambia, no nos la arrebatan. Empezaremos a vivir de un modo nuevo, muy unidos a la Santísima Virgen, para adorar eternamente a la Trinidad Beatísima, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que es el premio que nos está reservado»19.

Mañana comienza el Adviento, el tiempo de la espera y de la esperanza; esperemos a Jesús muy cerca de María.

1 Primera lectura. Año II. Apoc 22, 1-6. — 2 Cfr. Sagrada Biblia, EUNSA, Pamplona 1989, vol. XII, Apocalipsis, in loc. — 3 Apoc 22, 5. — 4 Juan Pablo II, Alocución 22-X-1985. — 5 Heb 13, 14. — 6 Misal Romano, Prefacio de difuntos. — 7 Cfr. B. Perquin, Abba, Padre, p. 343. — 8 San Josemaría Escrivá, en Hoja informativa sobre el proceso de beatificación de este Siervo de Dios, n. 1, p. 5. — 9 Primera lectura. Año I. Dan 7, 18. — 10 Apoc 6, 14. — 11 C. López-Pardo, Sobre la vida y la muerte, Rialp, Madrid 1973, p. 358. — 12 Is 49, 10. — 13 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 1, q. 89, a. 8. — 14 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 995. — 15 Cfr. Santo Tomás, o. c., 1, q. 89, ad 1 ad 3, aa. 5 y 6; 3, q. 67, a. 2. — 16 Cfr. Catecismo Romano, 1, 13, n. 8. — 17 Lc 21, 34-36. — 18 Jn 14, 2. — 19 A. del Portillo, Homilía 15-VIII-1989, en Romana, n. 9, VII-XII-89, p. 243.

 

Meditaciones: sábado de la 34.ª semana del tiempo ordinario

Reflexión para meditar el sábado de la semana treinta y cuatro del tiempo ordinario. Los temas propuestos son: una sana actitud de vigilancia; la libertad que nos dan las virtudes; las virtudes nos unen a los demás.

27/11/2021

·       Una actitud vigilante.

·       La libertad que nos dan las virtudes.

·       Las virtudes nos unen a los demás.


A LAS PUERTAS del tiempo de Adviento, que siempre nos llena de esperanza, escuchamos un último mensaje de vigilancia. «Vigilaos a vosotros mismos –se recoge en el Evangelio de este sábado–, para que vuestros corazones no estén ofuscados por la crápula, la embriaguez y los afanes de esta vida» (Lc 21,34). Son consejos breves y concretos que escuchamos directamente de labios del Señor. La actitud de quien vigila puede entenderse de dos modos. Por un lado, como si fuera un encargado de controlar que todo transcurra en orden, dando la alerta si se rompe esa quietud. O, por otro lado, puede ser la de la persona que está en vigilia, en gozosa espera ante algo que está por llegar. En este segundo caso tiene que ver con la cercanía de un evento importante y es comprensible que la expectación pueda incluso robar horas al sueño. Lo que está por venir nos interesa tanto, que no queremos despistarnos. Por eso queremos evitar todo aquello que pueda hacernos perder la orientación de lo que verdaderamente ansiamos.

Los tres ejemplos que pone el Señor son claros. Lo que suele enredarnos está en relación con los excesos y con las cosas que nos agobian de manera desordenada. Se nos nubla la inteligencia cuando cedemos en la lucha por los buenos hábitos, cuando intentamos evadirnos de los aspectos a veces difíciles de lo cotidiano, o cuando sucumbimos a dar mil vueltas y vueltas a lo que nos preocupa. Por eso, si queremos cultivar la actitud de vigilia amable ante la llegada del Señor –sea ante su segunda venida al final de los tiempos, o ante el recuerdo de su primera venida en Navidad– queremos evitar esas posibles trabas. ¿Cómo hacerlo? Jesús mismo nos lo dice en el Evangelio: «Vigilad orando en todo tiempo, a fin de que podáis evitar todos estos males que van a suceder, y estar en pie delante del Hijo del Hombre» (Lc 21,36). Con palabras de san Josemaría, podríamos decir también que «para custodiar el Amor se precisa la prudencia, vigilar con cuidado y no dejarse dominar por el miedo»1.


ANHELAMOS PERMANECER despiertos para recibir al Señor. Su futura llegada nos devuelve las energías, sabernos fortalecidos por quien nos aguarda en la meta es lo que nos da esperanza. «La felicidad personal no depende de los éxitos que conseguimos sino del amor que recibimos y del amor que damos»2; nuestra alegría está en esa relación que cultivamos a la espera de un Dios que nos invita a compartirla con los demás.

En ese proceso de no enredarnos en lo que no nos lleva hacia Dios, resulta clave el empeño en vivir en vigilia a través de las virtudes. Con ellas aprendemos a recibir el amor de Dios para después regalarlo a quienes nos rodean. Las virtudes son un camino de libertad porque nos liberan de las diversas esclavitudes. ¿Qué hay más importante en la vida que ser libres para dejarse alcanzar por Cristo? En este recorrido en el que vamos aprendiendo a buscar lo que nos lleva a Jesús, las virtudes nos ayudan a gozar de una cierta «connaturalidad» con el verdadero bien, hacen que nos guste cada vez más escoger las cosas buenas que nos acercan a Dios3 y nos ayudan a sostener esa elección.

Las virtudes humanas nos permiten estar –como nos señala hoy el Evangelio– «de pie ante el Hijo del Hombre» (Lc 21,36), nos permiten superar los agobios de cada día con un señorío particular; son parte de ese «cuidado» que nos pide el Señor. En algún momento pueden parecer un peso pero, vivificadas por la caridad, nos llevan a reflejar una imagen cada vez más clara de Jesús. «Cualquier otra carga te oprime y abruma –señala san Agustín–, mas la carga de Cristo te alivia el peso. Cualquier otra carga tiene peso, pero la de Cristo tiene alas. Si a un pájaro le quitas las alas, parece que le alivias del peso, pero cuanto más le quites ese peso, tanto más le atas a la tierra. Ves en el suelo al que quisiste aliviar de un peso; restitúyele el peso de sus alas y verás como vuela»4.


LAS VIRTUDES SON CAMINO para amar y gustar las cosas buenas. «Pondus meum amor meus: mi amor es mi peso, decía san Agustín (Confesiones, XIII, 9,10), refiriéndose, no al hecho evidente de que a veces amar sea costoso, sino a que el amor que llevamos en el corazón es lo que nos mueve, lo que nos lleva a todas partes»5.

Las virtudes nunca nos aíslan, sino que necesariamente nos unen a los demás. «Hemos de considerar –decía san Josemaría– que la decisión y la responsabilidad están en la libertad personal de cada uno, y por eso las virtudes son radicalmente personales. Sin embargo –continuaba–, en esa batalla de amor nadie pelea solo, ninguno es un verso suelto, suelo repetir: de alguna manera, nos ayudamos o nos perjudicamos. Todos somos eslabones de una misma cadena. Pide ahora conmigo, a Dios Señor Nuestro, que esa cadena nos ancle en su corazón, hasta que llegue el día de contemplarle cara a cara en el cielo para siempre»6. En la medida en que luchamos por ser mejores, ayudamos también a los demás. Todo ese comenzar y recomenzar, llenos de alegría, nos empuja a la contemplación del Señor, también en quienes nos rodean.

Es verdad que las virtudes humanas nos permiten dar lo mejor de cada uno, pero sobre todo nos disponen a recibir las sobrenaturales, que vienen de Dios: la fe, la esperanza y la caridad. En el fondo, nos disponen para abrirnos al amor de Dios. Al final del año litúrgico cultivamos en el corazón esa íntima aspiración: que nuestra existencia entera sea para el Señor… Desde las acciones más habituales hasta las decisiones más meditadas e importantes. En este camino nos ayuda santa María, con las manos delicadas que hicieron crecer a Jesús y que contemplaremos frecuentemente este tiempo de Adviento que se avecina.


1 San Josemaría, Amigos de Dios, n. 180
2 Mons. Fernando Ocáriz, Carta pastoral, 1-XI-2019, n. 17
3 Cfr. san Juan Pablo II, Veritatis splendor, n. 64
4 San Agustín, Sermón 126.
5 Mons. Fernando Ocáriz, Carta pastoral, 9-I-2018, n. 7.
6 San Josemaría, Amigos de Dios, n. 76.

 

Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa

El 27 de noviembre de 1830 la Virgen Santísima se le aparece de nuevo a Catalina Labouré. Esta advocación está unida a dos hechos de la historia del Opus Dei. En la fiesta de la Virgen de la Medalla Milagrosa, en 1924, falleció don José Escrivá, padre de san Josemaría. Y otro 27 de noviembre, en 1982, se comunica que la Obra va a ser erigida en Prelatura Personal.

27/11/2021

1830. El panorama político francés y, sobre todo, la mentalidad de la gente han cambiado mucho desde la Revolución francesa de 1789. Sin embargo, el clima en el país es cada vez más tenso. En medio de estas w

Santa María se apareció a Catalina Labouré, joven de veinticuatro años que acababa de empezar el noviciado en las Hijas de la Caridad, en aquel lejano 19 de julio de 1830

La invitación urgente de Nuestra Madre en su primera aparición en la Rue du Bac ha sido acogida por millones de personas, de culturas y orígenes diversísimos, que se arrodillan a los pies de La Milagrosa, en una capilla situada en pleno corazón de la capital francesa.

Pero, ¿a quién y por qué se apareció Santa María en aquel lejano 19 de julio de 1830? Catalina Labouré era por entonces una joven de veinticuatro años que acababa de empezar el noviciado en las Hijas de la Caridad, una institución fundada por San Vicente de Paúl, con la misión de ocuparse de los enfermos y ancianos.

Lo que en esos momentos le dijo la Santísima Virgen, lo puso Catalina por escrito en 1876, pocos meses antes de morir: el buen Dios, hija mía, quiere encargarte una misión. Será causa de muchas tribulaciones, pero las superarás pensando que lo haces por la Gloria de Dios. Te perseguirán pero no te faltará mi gracia, no tengas miedo. Verás ciertas cosas de las que tendrás que informar, pero yo te inspiraré en la oración el modo de hacerlo.

Los tiempos son malos. En el mundo entero ocurrirán desgracias de toda clase.

El mensaje de la Virgen indicaba el remedio: venid al pie de este altar. Aquí, las gracias serán derramadas sobre todas las personas que las pidan con confianza y piedad. Se derramarán sobre grandes y pequeños.

Los padres de san Josemaría

Durante una segunda aparición, el 27 de noviembre de 1830, sábado, víspera del primer domingo de Adviento, Catalina ve a la Virgen y alrededor de Ella un halo, sobre el que aparece escrito en caracteres de oro: Oh, María, sin pecado concebida, rogad por nosotros, que recurrimos a Vos. Y un deseo de Santa María: haz grabar una medalla según este modelo. Las personas que la lleven recibirán grandes gracias; las gracias serán muy abundantes para todos aquellos que tengan confianza.

Las primeras medallas son difundidas en mayo de 1832 y los frutos no se hacen esperar. A partir de ese momento, se atribuyen a la Medalla Milagrosa -así llamada por la devoción popular- numerosas conversiones y curaciones.

La vida de Catalina después de las apariciones es discreta y escondida. Vive cuarenta y seis años en un asilo-hospital en las afueras de París, encargándose siempre de humildes menesteres. Muere el 31 de diciembre de 1876, a los setenta años. Pío XII la canonizó el 27 de julio de 1947. Su fiesta se celebra el 27 de noviembre.

San Josemaría y la Virgen de la Medalla Milagrosa

Dios inspiró el Opus Dei a san Josemaría mientras hacía su retiro espiritual precisamente en la casa de los Padres Paúles junto a la iglesia conocida como La Milagrosa, en uno de los ángulos que forman las calles Fernández de la Hoz y García de Paredes, en Madrid.

Durante su vida san Josemaría fue a París varias veces para rezar en la Rue du Bac a la Virgen de la Medalla Milagrosa. Esta advocación está unida a dos hechos de la historia del Opus Dei.

Imagen de la Medalla Milagrosa

En la fiesta de la Virgen de la Medalla Milagrosa, el 27 de noviembre de 1924, falleció don José Escrivá, padre de san Josemaría después de rezar un momento ante la imagen que tenían en casa. Don José tenía una gran devoción a Nuestra Señora, especialmente bajo la advocación de la Medalla Milagrosa. De él recibió san Josemaría esa devoción.

También un 27 de noviembre, en 1982, se hizo pública la erección de la Obra en Prelatura Personal. Mons. Javier Echevarría, que fue prelado del Opus Dei, se refería en una ocasión a la coincidencia de estos aniversarios: "Fue como si el Señor hubiera querido recordarnos que ante todas nuestras necesidades hemos de recurrir a la Santísima Virgen, que es la Omnipotencia Suplicante. También ante el aparente imposible de nuestra santidad personal –somos tú y yo, nada, miseria, lodo–, acudiremos llenos de confianza a nuestra Madre del Cielo" (Carta del 1 de noviembre de 1995).

 

Prelatura del Opus Dei: todas las claves

El 28 de noviembre de 1982 Juan Pablo II erigió el Opus Dei en prelatura personal mediante la Constitución Apostólica “Ut sit”: ofrecemos varios vídeos y textos sobre su estructura jurídica y misión apostólica.

Foto: Ismael Martínez Sánchez

26/11/2021

• Tiempo de lanzarnos a metas apostólicas audaces: Casi 20 años después de haber erigido el Opus Dei en Prelatura Personal, san Juan Pablo II animaba a sus fieles —laicos y sacerdotes— a seguir sin temor una misma misión: evangelizar el mundo cada uno desde su estado.

• Entrega de la Bula “Ut sit”: El 28 de noviembre de 1982 Juan Pablo II erigió el Opus Dei en prelatura personal mediante la Constitución Apostólica “Ut sit”. En el vídeo se recuerda la entrega de la Bula en la Basílica de san Eugenio en Roma, el 19 de marzo de 1983 a Mons. Álvaro del Portillo.

• La vocación universal a la santidad: El Papa Francisco explicó que la santidad es un don que da Dios y que todo bautizado puede ser santo.

• Las prelaturas personales, una figura jurídica en la que caben situaciones muy diferentes (Rome Reports): El siglo XX fue un boom de novedosas instituciones en la Iglesia. Además, surgieron nuevas necesidades pastorales debidas a los cambios sociales. Para darles un reconocimiento el Vaticano creó nuevos marcos jurídicos. Uno de ellos es la prelatura personal.

• Carta de Mons. del Portillo sobre la erección del Opus Dei como Prelatura (28.XI.1982)

• Más contenidos en la sección “Prelatura Personal”.


Textos y libros

• 17 preguntas sobre la Prelatura: El profesor Carlos José Errázuriz, Consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe, responde a las cuestiones más habituales sobre esta reciente figura jurídica de la Iglesia.

• Aspectos jurídicos: Selección de documentos fundamentales que explican la configuración jurídica de la prelatura del Opus Dei.

• “El itinerario jurídico del Opus Dei. Historia y defensa de un carisma". Libro escrito por A. de Fuenmayor, V. Gómez-Iglesias y J. L. Illanes.

• Mons. Fernando Ocáriz: “La Universalidad de la Iglesia” (2002)

 

“Hemos de gastarnos diariamente con Él”

¡Qué contento se debe morir, cuando se han vivido heroicamente todos los minutos de la vida! –Te lo puedo asegurar porque he presenciado la alegría de quienes, con serena impaciencia, durante muchos años, se han preparado para ese encuentro. (Surco, 893)

27 de noviembre

El Señor nos ha regalado la vida, los sentidos, las potencias, gracias sin cuento: y no tenemos derecho a olvidar que somos un obrero, entre tantos, en esta hacienda, en la que Él nos ha colocado, para colaborar en la tarea de llevar el alimento a los demás. Este es nuestro sitio: dentro de estos límites; aquí hemos de gastarnos diariamente con Él, ayudándole en su labor redentora.

Dejadme que insista: ¿tu tiempo para ti? ¡Tu tiempo para Dios! Puede ser que, por la misericordia del Señor, ese egoísmo no haya entrado en tu alma de momento. Te hablo, por si alguna vez sientes que tu corazón vacila en la fe de Cristo. Entonces te pido -te pide Dios- fidelidad en tu empeño, dominar la soberbia, sujetar la imaginación, no permitirte la ligereza de irte lejos, no desertar. (Amigos de Dios, 49)

 

El Adviento: preparar el camino al Señor que viene

Este domingo comienza el Adviento, un período de preparación para celebrar la Navidad.

25/11/2021

·     E

 Vocación cristiana: audio y texto de la homilía de san Josemaría sobre el Adviento.

• Adviento con san Josemaría: textos breves del fundador del Opus Dei para orar sobre este tiempo del Año Litúrgico.

• ¿Qué es el Adviento? El Adviento es el tiempo litúrgico que precede a la Navidad. En este artículo se explica con detalle el sentido de estas semanas, en las que la Iglesia se prepara para celebrar el nacimiento de Cristo.

• Meditación del prelado del Opus Dei sobre el Adviento. En este audio, considera los efectos del ‘Fiat’ -el “así sea”- de la Virgen y de cómo ella se preparó para acoger a su Hijo.

• Meditaciones sobre el Adviento

• Comentarios al Evangelio


Tres textos para profundizar en el significado del Adviento

• Tiempo de Adviento: Preparar la venida del Señor. El Adviento nos invita a detenernos, en silencio, para captar la presencia de Dios. Son días en los que volver a considerar, con palabras de san Josemaría, que “Dios está junto a nosotros de continuo”.

• «El hermoso signo del pesebre». Carta apostólica del Papa Francisco sobre el significado y el valor del belén.

• Un tierno silencio de Navidad (Guillaume Derville): Reflexión sobre el valor del silencio: Adviento es el tiempo de la humilde espera del Salvador, de la plena alegría por su nacimiento.


• Caminito de Belén... como un personaje más 

Una familia dispersa por cuatro países y una ilusión: volver a preparar la Navidad como les enseñaron sus padres. ¿Cómo? Han sido meses de reuniones a horas intempestivas, diseños interminables, redacción de cuentos y edición de vídeos. ¿El resultado? Un calendario de Adviento para meterse en las escenas del Evangelio “como un personaje más”.

• ¿Cómo se hace una corona de Adviento? 

Tutorial para elaborar una corona de adviento sencilla, que ayude a preparar la Navidad en familia.

 

 

Como en una película: Un viaje a la voluntad del Padre

Nos adentramos en el viaje de la Sagrada Familia a Jerusalén y en los días en que Jesús permaneció solo en la Ciudad Santa

18/11/2021

 

Viajar para un niño es sinónimo de aventura. Los días anteriores a la salida están marcados por la emoción de descubrir territorios inexplorados, o bien por las ganas de volver a ver un lugar asociado a gratos recuerdos. El trayecto de ida suele hacerse más bien largo. Los minutos pasan lentamente, al ritmo de continuos “¿cuánto falta?” dirigidos a sus padres. Apenas logra dormirse un rato, hasta que finalmente oye un “¡ya estamos llegando!” que le despierta y le hace estar bien atento a todo lo que ve pasar. Después, las jornadas pasan más rápido de lo que uno desea, y casi sin darse cuenta se halla otra vez haciendo las maletas y emprendiendo el viaje de regreso a casa.

La emoción de Jesús

Se puede suponer que el Niño Jesús también experimentó esta misma sensación que tantos hemos tenido. La Ley del pueblo judío establecía que todo varón del pueblo de Israel acudiese a Jerusalén tres veces al año, pero la interpretación común de los doctores permitía reducir a una las visitas anuales para quienes residiesen fuera de Judea. El precepto no obligaba a las mujeres ni a los niños menores de trece años, pero sabemos que la Sagrada Familia iba «todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua» (Lc 2,41).

Ese viaje era un acontecimiento que rompía la rutina de la vida en Nazaret. Aquellos eran días muy especiales: el viaje en caravana hacia Judea, el paso por los pueblos, el encuentro con parientes, la vista de las murallas de la Ciudad Santa a lo lejos... La Virgen y san José quizá entretenían al Niño Jesús explicando las tradiciones de su pueblo y contando historias de sus antepasados. Al divisar la Ciudad de David los peregrinos se llenaban de emoción y surgía espontáneo el canto del salmo: «¡Qué alegría cuando me dijeron: “Vamos a la casa del Señor”! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales Jerusalén» (Sal 122,1-2). Podemos pensar que el Niño Jesús no solo participaba de esa emoción, sino que la viviría de un modo especialmente intenso.

Así fue también cuando Jesús había cumplido ya doce años. Aunque había crecido mucho y estaba llegando al final de la etapa de la infancia, todavía era un niño. En cualquier caso, por el curso que tomará el relato, es fácil pensar que Jesús había esperado con gran ilusión ese momento. Intentaría combatir la monotonía de la caravana yendo de grupo en grupo, como cualquier chico de su edad, inventándose algunos juegos con sus amigos. Al final del día se reuniría con sus padres para descansar en un ambiente de mayor intimidad. Y así hasta que finalmente llegaron a Jerusalén, que despertaría en él el deseo de descubrir nuevos rincones.

Como de costumbre, los días pasaron increíblemente rápido: llegaba el momento de volver a casa. Mientras se ultiman los preparativos se suceden las despedidas –“¡buen viaje!”, “¡hasta el año que viene!”– y los peregrinos emprenden el trayecto de retorno. En alguna ocasión todos habremos vivido de primera mano el caos que puede rodear el comienzo de un viaje: prisas por salir cuanto antes, problemas para meter todo el equipaje, opiniones sobre cuál es la ruta más rápida, imprevistos de última hora… Pues un ambiente similar debía de reinar en aquellos instantes en muchas callejuelas de la ciudad santa. Podemos imaginarnos que Jesús, en medio de ese ambiente, se aleja tranquilamente sin que nadie lo note: desea cumplir la voluntad de su Padre.

Sufrimiento de María y José

El nerviosismo inicial de la partida da paso a la serenidad, una vez que la caravana consigue salir de Jerusalén. José y María pueden finalmente descansar un rato después de tanto ajetreo. José piensa que Jesús se encuentra con su madre, pues todavía tiene esa edad que le permite ir con ella; María, por su parte, supone que se encuentra yendo de arriba para abajo con sus amigos, como quizá siempre había hecho. Pero al llegar la tarde ven que Jesús no aparece. Comienzan entonces a preguntar a los distintos grupos: «¿Habéis visto a Jesús? ¿Sabéis dónde puede estar?». Después de dirigirse a sus amigos comienzan a intuir la tragedia: nadie le ha visto en todo el día. Todo parece indicar que se ha quedado en Jerusalén.

Para unos padres perder a un niño es algo terrible. «¿Qué le habrá pasado? ¿Con quién estará?». En las almas santas de María y José entra de lleno la angustia[1]. En ese momento quizá se sintieron negligentes en la misión recibida de Dios. La armonía que hay en ese matrimonio se manifiesta también en esta hora tan dura y quizá cada uno intenta consolar y disculpar al otro. «Llora María. (…) José, tras hacer inútiles esfuerzos por no llorar, llora también»[2]. Tienen el alma partida de dolor, pero no se detienen en inútiles pensamientos de tristeza paralizante: toman sus cosas y deciden sobre la marcha regresar a Jerusalén para buscar a Jesús.

Dios permite la prueba y al mismo tiempo ofrece siempre su gracia. En ocasiones, de una manera o de otra, las personas pasan por momentos de dificultad en los que les parece que se están alejando de Dios. Son tiempos duros, en los que se sufre. La sospecha de no agradar a Dios hace que se padezca terriblemente. El sufrimiento de la Virgen y de san José por la pérdida de Jesús es superior al que hayan podido pasar otros santos, porque… ¿quién puede medir el amor de María y de José por Jesús? ¿Puede haber en la historia padres que hayan amado a sus hijos como ellos querían a Jesús? A los dos, concretamente, les pesa además la responsabilidad recibida de Dios de ser los custodios del Salvador de la humanidad. Y tienen que pasar dos largas noches, en las que no consiguen descansar, y un día entero con esta angustia, sin saber cuáles serán los planes de Dios. Quizá María, y también José, se acuerda de la profecía de Simeón: «Una espada traspasará tu alma» (Lc 2,35).

«Si un día nos ocurriera una cosa de este estilo, perder a Jesucristo, que tengamos la humildad de reconocer que nos hemos equivocado, y queramos volver a andar por la senda que él nos ha marcado. Eso no sucederá; pero, si alguna vez sucediere, todos te pedimos, unánimemente, el sentido de responsabilidad; y la alegría de la vuelta, de la entrega, de la lucha, de la victoria; porque Dios no pierde batallas y, si nos unimos a Dios Nuestro Señor, podemos volver al buen sendero, y seguir adelante, triunfadores»[3].

Sufrimiento de Jesús

Mientras tanto… ¿qué ha pasado con Jesús? El Niño ha tomado la resolución de quedarse en el Templo. Durante el día pregunta y habla con los maestros de Israel, hasta que se hace tarde. El Evangelio no nos dice dónde ni cómo pasó aquellas noches en las que José y María le buscaban. Quizá fue a alojarse al mismo sitio donde había estado los días precedentes, o tal vez fue invitado por algún rabí a permanecer con su familia. Muy probablemente era la primera vez que pasaba una noche fuera de la compañía de sus padres. Solo esto para un niño de doce años es ya algo relevante. Pero en este caso Jesús sabía además que sus padres empezarían a buscarlo sin encontrarlo.

El Niño es Dios… y es también perfecto hombre. El corazón de Jesús es el corazón humano de un Dios que es Amor. Jesús, como hombre, tiene una sensibilidad humana perfecta: la sensibilidad de un niño de doce años que sabe que sus padres están angustiados buscándole. Más tarde demostrará tener un corazón que hace suyo el dolor ajeno: resucita a un muerto al ver llorar a aquella viuda que acaba de perder su hijo único (cfr. Lc 7,11-16); se compadece de las gentes porque las ve como ovejas sin pastor (cfr. Mt 9,36); se conmueve ante la generosidad de una mujer pobre que echa en el gazofilacio todo lo que tiene (cfr. Mt 12,41-44); llora ante la muerte de su amigo Lázaro y el sufrimiento de sus hermanas (cfr. Jn 11,35).

Quien años más tarde llorará por Jerusalén y por su amigo Lázaro, ¿no habría sufrido de algún modo también con la separación que experimentaron sus padres? No ha habido ni habrá ningún niño que haya querido más a sus padres de lo que Jesús amaba a su Santísima Madre y a san José. Podemos pensar que le dolería saber que sus padres estaban apenados y llorando. Con todo, no era la primera vez que el claroscuro de los planes de Dios se hacía presente en las vidas de José y de María.

Esa ocasión tampoco sería la última vez que Jesús sufriría por cumplir la voluntad de su Padre. Durante los cuarenta días en el desierto rechazó los caminos que el diablo le iba poniendo por delante, porque se alejaban de lo que el Padre había pensado para él (cfr. Mt 4,1-11). Más adelante volvería a experimentar la soledad cuando los discípulos le abandonaron, al no entender en qué consistía esa voluntad (cfr. Jn 6,60-66). Y antes de la Pasión lo vemos en agonía con el rostro en tierra suplicando a su Padre que aparte de él el cáliz, pero rezando: «No se haga mi voluntad sino la tuya» (Lc 22,42).

«Es el alimento de Jesús, y es también el camino del cristiano. Él abrió camino para nuestra vida; y no es fácil hacer la voluntad de Dios, porque cada día se nos presentan en una bandeja muchas opciones: haz esto que está bien, no es malo»[4]. Por eso, podríamos preguntarnos: «¿Es la voluntad de Dios? ¿Cómo hago para cumplir la voluntad de Dios? He aquí, por lo tanto, una sugerencia práctica: ante todo, rezar y pedir la gracia de querer hacer la voluntad de Dios»[5].

¿Por qué?

Al fin, al tercer día de búsqueda, «lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas» (Lc 2,46). Se sorprendieron al verle ahí sentado, causando la admiración de todos. Pero por encima del asombro estaba la inmensa alegría del reencuentro. También Jesús sentiría esa misma sensación de alivio, al mismo tiempo que daría gracias internamente a su Padre, pues de algún modo cesaba el sufrimiento de la prueba para José y María.

Es fácil imaginar la emoción de ese instante, como quizá hemos vivido nosotros escenas de reencuentro familiar. La Sagrada Familia se uniría en un fuerte abrazo, y probablemente habría más de alguna lágrima. Sin embargo, el evangelista pasa rápidamente a recoger el diálogo entre María y el Niño:

–«Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados».

La respuesta de Jesús –las primeras palabras suyas que la Escritura recogen de él– nos resulta desconcertante:

–«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?» (Lc 2,49).

Entendemos bien que Jesús se dedicara a los asuntos de su Padre. María y José estaban en condiciones de comprender eso y, por supuesto, de secundarlo. Lo que puede que no se entienda igual de bien es por qué lo hizo de este modo. ¿Por qué quedarse sin decir nada? ¿No se podría haber obtenido el mismo resultado sin causar la pena de la pérdida? ¿No podía haberles advertido de algún modo? La falta de respuesta a estos interrogantes nos muestra que los planes divinos responden a una lógica más amplia que la de los hombres. Acoger con fe este modo de obrar del Señor significa adentramos en la experiencia que han recorrido los santos, que son aquellos que han permanecido más cerca de Dios, quienes se han asociado más íntimamente a su voluntad. «Fijaos: si Dios ha querido ensalzar a su Madre, es igualmente cierto que durante su vida terrena no fueron ahorrados a María ni la experiencia del dolor, ni el cansancio del trabajo, ni el claroscuro de la fe. (…) Entendemos un poco más la lógica de Dios; nos damos cuenta de que el valor sobrenatural de nuestra vida no depende de que sean realidad las grandes hazañas que a veces forjamos con la imaginación, sino de la aceptación fiel de la voluntad divina, de la disposición generosa en el menudo sacrificio diario»[6].

San Lucas aclara que «ellos no comprendieron lo que les dijo» (Lc, 2,50). A la vez, también dice que María ponderaba esas cosas en su corazón (cfr. Lc 2,51), y es fácil imaginar que las seguiría meditando durante su vida. Con Jesús a su lado, María y José irían comprendiendo progresivamente tantos aspectos del alcance de la misión y de los movimientos de su Hijo. En cualquier caso, la escena que hemos contemplado de algún modo nos da cierto consuelo para cuando, en momentos determinados, nosotros no alcanzamos a vislumbrar del todo el sentido de un suceso o de una circunstancia. El modo habitual de reaccionar de la Virgen nos da la clave para poder afrontar estas situaciones cuando lleguen: «Conservaba todo esto en su corazón» (Lc 2,51). Y más adelante esta actitud se llevaría el elogio de su Hijo: «Estos son mi madre y mis hermanos: quien hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre» (Mc 8,34-35).


[1] Cfr. Santo Rosario, V misterio gozoso.

[2] Ibíd..

[3] De nuestro Padre, Meditación, 2-X-1956.

[4] Francisco, Homilía, 27-I-2015.

[5] Ibíd.

[6] Es Cristo que pasa, n.172.

 

 

Educación y humanismo cristiano

Posted: 25 Nov 2021 10:13 AM PST

Ha sido publicado el libro del autor de este blog, R. Pellitero, Educación y humanismo cristiano. Una aportación de belleza y esperanza, ed. Eunsa, Pamplona 2021, 401 pp. 

(En la portada, Jesús escuchando y enseñando en el templo a los 12 años, según el detalle de esta vidriera, situada en la iglesia de Saint-Sulpice de Festugières, Francia, por Ludovic Alleaume, 1919)

De la contraportada

La pandemia del covid-19 ha replanteado nuevos e importantes retos a nivel educativo. Estaba ya en marcha un proceso de renovación del currículo de religión en distintos países, de acuerdo con requerimientos cada vez más internacionales y globalizados. A ello se añade, en lo que respecta a la Iglesia católica, la publicación de la tercera edición del Directorio para la catequesis (marzo de 2020) y el establecimiento del ministerio instituido de los catequistas (mayo de 2021).

En un ambiente de pluralismo social y religioso, la perspectiva cristiana contribuye a una auténtica globalización ética y educativa en nuestra cultura digital. Hace posible una existencia nueva, que viene acompañada de las semillas de una tierra nueva, de un mundo nuevo.

Este libro tiene tres partes. La primera presenta la necesidad de una acción educativa que promueva la integración de la persona en su propio crecimiento y maduración. La segunda muestra la centralidad de Cristo en una educación de inspiración cristiana que aspire a ser coherente. Acorde, por tanto, con las dimensiones educativas de la fe. La tercera concreta algunos objetivos y medios en el marco de la nueva evangelización.

Aspira a mostrar cómo el mensaje cristiano contribuye a humanizar el mundo en un horizonte de belleza y de esperanza. 

Índice de capítulos

Primera Parte: ANTE LA "EMERGENCIA EDUCATIVA"

1. La educación como tarea ética

2. Educar en una "era posverdad"

 

Segunda Parte: EDUCAR PARA LA COHERENCIA CRISTIANA

3. Fe y razón, fe y cultura

4. Educar la afectividad

5. Solidaridad, ecología y fraternidad

6. Educación trascendente

 

Tercera parte: EN EL MARCO DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

7. Educar en el horizonte de la santidad, de la oración y de la evangelización

8. Claves educativas del Catecismo de la Iglesia Católica

9. Desafíos, actitudes, trabajo interdisciplinar

 

 

El amor no entiende de jubilación

Escrito por Redacción de opusdei.org

Jubilación viene de júbilo

 ¿Quién dijo que jubilarse es aburrido? Desde entonces Lola no ha parado de exprimir los días para sacarles su mejor jugo. Es algo que tiene en la sangre desde niña. Su trayectoria familiar, profesional y vital le ha marcado para embarcarse distintas iniciativas relacionadas con la juventud: “Estar siempre cerca de gente joven es motor y fuente de esperanza”, afirma convencida.

Lola nació en Carmonita (Badajoz) hace 71 años. Es la mayor de cinco hermanos. Sus padres –Atanasia y Francisco– tenían una tienda donde se vendía de todo, “era como El Corte Inglés del pueblo”. Desde muy pequeños toda la familia participaba echando una mano en el comercio. No había bancos y por eso su padre era corresponsal de tres bancos en su pueblo. La gente iba a su casa a ingresar y sacar dinero, a pagar las letras del pienso y del abono, etc. “En nuestra casa se trabajaba mucho y disfrutábamos siendo un equipo. Nos sentíamos parte de algo importante”, cuenta Lola.

A los 11 años se fue a Mérida a estudiar en un colegio e hizo los estudios de Magisterio. Cuando terminó, sus padres compraron un piso para que pudieran seguir estudiando sus hermanos.

“Después de terminar mis estudios en el mes de enero conocí –a través de un sacerdote de Mérida– a unas personas del Opus Dei que venían desde Sevilla. Me lo pensé unos meses nada más y después de rezar sobre mi posible vocación, en mayo me decidí a pedir la admisión como agregada. Y desde entonces hasta ahora... ¡Una aventura detrás de otra!”. El relato, a partir de ahora, es todo de Lola...

Formación de la mujer en el entorno rural

Me incorporé como maestra interina en dos pueblos en Extremadura y así estuve un par de años trabajando. Al tercer año me fui a la EFA Elcható. Era 1970, inicios del rodaje de esta escuela familiar agraria. Siempre he sido bastante decidida y no me asusté ante el desafío. Aquello era una entrega en cuerpo y alma. Esa aventura del trabajo con la mujer del mundo rural me llevó por varias provincias. Tras Sevilla vino la EFA Yucatal , y de ahí a la EFA EL Llano en Guadalajara. Más adelante me trasladé a Cuenca a la EFA El Batán y luego a Alcázar de San Juan a la EFA El Gamonal donde estuve 10 años.

Con las alumnas hacíamos unos viajes de estudios que les abrían horizontes y les ayudaban a fomentar su inquietud profesional. Estos viajes formaban parte del plan de formación de las EFAs. En uno de ellos estuvimos en Cataluña y visitamos varias fincas, nos entrevistábamos con agricultores que nos explicaban los distintos tipos de cultivo. En Galicia aprendimos cómo se pesca la lamprea, acudimos a una lonja donde se subastaba el pescado, a poblados celtas, etc. Todo era muy formativo para ellas y les hacía tener un panorama amplio e integrado de las distintas profesiones. Teníamos una relación cercana y estrecha con las familias. Tanto que entablamos amistades con muchas de las alumnas que permanecen todavía.

Por ejemplo, cuando celebramos los 25 años de la primera promoción de la EFA EL Gamonal, fue muy emotivo. Nos reencontramos y rememoramos muchos de los acontecimientos vividos. El impacto que esa formación había tenido en sus vidas era enorme y esto nos producía una gran satisfacción y nos llenaba de esperanza.

De las aulas a los libros

Después de 15 años trabajando en las EFAs regresé a Extremadura para estar un poco más cerca de mi familia. Empecé a trabajar en la librería Bujaco en Cáceres. Desde que era niña tenía habilidad para las relaciones sociales y este trabajo me abrió otro panorama en mi vida. Era un establecimiento de dos plantas, donde yo atendía la sección de clásicos de literatura, de libro juvenil e infantil y de libros de espiritualidad.

Había mucha gente que se acercaba a la librería buscando respuestas, otros pedían consejo para un regalo, etc. A raíz de las conversaciones que surgían sobre libros y demás entablé también nuevas amistades.

La salud de mi padre se fue deteriorando a consecuencia de la diabetes y comenzó con diálisis. Ante esta situación me prejubilé después de 15 años de trabajo en la librería y me llevé a mis padres a vivir conmigo a Cáceres para poder atenderles mejor, y allí permanecieron desde 2005 hasta el final de su vida. Fue una alegría para mí poder corresponder a su generosidad y al desvelo que siempre habían tenido con nosotros.

Una casa abierta al mundo

¿Qué hago ahora con una casa tan grande? Vivía en un dúplex, la planta alta se había quedado vacía… Y tuve una idea. Me fui al vicerrectorado de la Universidad de Cáceres para entrar en el programa Erasmus y poder acoger en casa a jóvenes estudiantes extranjeros. Fue una decisión genial. Estar siempre cerca de gente joven es motor y fuente de esperanza, tenga uno los años que tenga, porque contagian su alegría y dinamismo.

Desde entonces acojo a estudiantes internacionales que vienen a la Universidad. En estos últimos años he podido convivir y compartir amistad con universitarias de varios países de Europa, Latinoamérica y Estados Unidos. Las estudiantes pasan solo unos meses, pero cada una se lleva el regalo de nuestra amistad, visión de la vida e intereses. Y, como no, una estampa de san Josemaría, al que empiezan a rezar por sus intenciones.

Gracias a la tecnología seguimos en contacto. Alguna de las estudiantes que han pasado por aquí ha acudido con mucho interés a las actividades de formación que ofrece el Opus Dei. Incluso dos de ellas viajaron a Roma para participar en el congreso Univ. Mantenemos contacto de manera permanente vía zoom o WhatsApp. Una experiencia maravillosa.

Un nuevo proyecto solidario

En el año 2013 la Fundación Prodean empezó a trabajar en Cáceres. Como en ese momento disponía de más tiempo, quise enrolarme en este nuevo proyecto. Iniciamos un voluntariado en el Aula Infantil del Hospital San Pedro de Alcántara, y en una residencia de ancianos con más de 300 mayores.

Participan más de 60 voluntarios yendo los fines de semana a una y otra actividad. Allí han sucedido muchas anécdotas impresionantes con las que te das cuenta de que, a través de algo aparentemente sencillo, puedes ayudar mucho más de lo que esperas. Una de ellas, por ejemplo, responsable del área de Pediatría, me contaba que, desde que los niños participaban en las actividades de la ciberaula los fines de semana, los lunes empezaban la semana con una actitud completamente nueva.

Con ocasión de la pandemia, organizamos, con los voluntarios, una campaña de recogida de alimentos para el comedor social “La Milagrosa” de Cáceres, que fue todo un éxito.

Tenemos sesiones de formación para los voluntarios y participan con verdadero interés. Es una suerte poder seguir en contacto con gente joven y ver la ilusión con la que responden.

Aquí van resumidos estos años de verdadero júbilo y acción… juventud y esperanza. Siempre he pensado que cada momento de la vida nos enriquece para el siguiente.

Redacción de opusdei.org/es-es/

 

 

El hombre en la antropología trascendental de Leonardo Polo

 

Escrito por Rafael Corazón González

1.                  Introducción

Hace unos años escribí sobre la antropología de Polo [1], tratando de determinar si Polo es un filósofo o más bien un teólogo. Si la obra de Polo fuera teológica, su interés sería muy importante, pero sólo para los teólogos. En cambio, si la antropología trascendental es propiamente filosófica, en terminología poliana, sería una filosofía “a la altura de nuestro tiempo”, capaz, por tanto, de revitalizar no sólo la filosofía actual, sino también la cultura en todas sus manifestaciones.

En aquel artículo afirmé que “no es posible hacer antropología al margen o dejando de lado la Revelación. Incluso los autores paganos –Platón, por ejemplo–, hablan de caída y elevación, de pecado y redención. Es decir, la antropología no ha estudiado nunca, ni puede hacerlo, al hombre en ‘estado natural’. Esto no significa que la filosofía deba ser sustituida por la teología; ésta parte de la verdad revelada por Dios, mientras que la filosofía no, pero su ‘objeto material’, por así decir, es el mismo, aunque lo aborden desde perspectivas distintas. Esto no obsta para que, sin embargo, las aportaciones filosóficas puedan ser asumidas y explicadas con mayor profundidad a la luz del dato revelado” [2].

Hay, con todo, un tema que, entre algunos discípulos de Polo, sigue siendo objeto de disputa: ¿el hombre es persona por haber sido elevado o sería también persona sin la elevación al orden sobrenatural? Dicho de un modo más directo: ¿quién es el hombre que estudia Polo en su antropología?

Son tan numerosos los textos en los que Polo se refiere –directa o indirectamente– a este punto, que es imposible estudiarlos todos en un breve artículo; basta tener en cuenta unos cuantos para poder llegar a una conclusión que, salvo investigaciones más profundas, pueda establecerse como definitiva.

2.                  Del status naturae integrae a la situación pro statu isto [3]

Decía Rousseau que “no es liviana empresa separar lo que hay de originario y de artificial en la naturaleza actual del hombre, ni conocer bien un estado que ya no existe, que quizá no haya existido, que probablemente no existirá jamás, y del que sin embargo es necesario tener nociones precisas para juzgar bien nuestro estado presente” [4]. Es cierto que para Rousseau caída, “elevación” y paso al estado social son equivalentes, pero aún así no deja de tener interés saber si, del estado de naturaleza, “es preciso tener nociones precisas para juzgar bien nuestro estado presente”.

Éste no es un problema que se plantea sólo la filosofía moderna. Santo Tomás de Aquino compara a veces la situación del hombre in statu naturae integrae y la del hombre elevado, caído y redimido [5]. El caso más llamativo es, con todo, el de Duns Escoto, en quien, hasta cierto punto, es posible distinguir dos antropologías, la del hombre antes del pecado original y la del hombre caído. Volviendo a Rousseau: ¿realmente es necesario conocer bien la “naturaleza” humana en estado puro para “juzgar bien del estado presente”? ¿Las diferencias, a veces inmensas, entre las diversas antropologías que se han propuesto a lo largo de la historia de la filosofía, dependen de ese conocimiento? La respuesta ha de ser negativa por diversos motivos. En primer lugar, para un creyente, esta pregunta no puede ser contestada, pues en la Sagrada Escritura no se habla de un estado “natural” previo a la elevación sobrenatural; por tanto, no es posible saber si dicho estado existió alguna vez o no. Todo lo que necesita saber con vistas a la salvación es que nuestros primeros padres perdieron el estado de justicia original y que la humanidad caída ha sido redimida, si bien la redención ha de ser aceptada libremente por cada persona. Además, ¿qué aportaría el conocimiento del presunto “estado natural” si ya no existe? Rousseau piensa que ese conocimiento es fundamental porque cree que la cultura –añadida a la naturaleza– ha desvirtuado a la naturaleza y es la causa de todos los males. Pero esta opinión es más que discutible; otros autores, en concreto Aristóteles, entienden la cultura como “continuación de la naturaleza” y no como opuesta a ella. El hombre es un ser perfectible, y no por causas ajenas a él mismo sino por su propia “naturaleza”; por tanto, la cultura puede causar graves males si es antinatural, pero, en principio, mejora intrínsecamente la naturaleza.

Además, ¿es posible, en el estado actual, llegar a conocer cómo era el hombre en estado natural? Se dice que la gracia no destruye la naturaleza sino que la sana, la perfecciona y la eleva; lo elevado es la naturaleza. Por tanto, una vez elevada, la naturaleza caída no es la naturaleza en su estado “natural”, sino una naturaleza dañada; y, por lo mismo, una vez elevada no es posible hacer abstracción de la elevación para llegar a conocerla en su estado natural. Esto no quiere decir que la naturaleza humana haya desaparecido; pero la elevación no es esencialmente un perfeccionamiento de la naturaleza, aunque lo incluya; la elevación sólo puede entenderse desde Dios, pues supone una irrupción de la divinidad que desde la naturaleza no puede explicarse ni comprenderse. Por eso se habla de una “segunda creación” o de una “criatura nueva” [6]. Por tanto, aunque la naturaleza “original” no haya desaparecido, no es posible reconocerla, porque, o bien está dañada, o bien elevada; el daño le afecta intrínsecamente y la elevación no es comprensible desde la misma naturaleza.

¿Qué hombre es entonces el que estudia la antropología y, en concreto, la antropología trascendental? Haciendo un brevísimo recorrido histórico puede decirse que el hombre objeto de la antropología ha sido siempre el que existe después de la elevación, la caída y la redención; o sea, el hombre tal y como existe, puesto que no conocemos otro.

Los grandes socráticos hablan siempre de la malicia del hombre, sin la cual no pueden explicarse muchos de sus comportamientos. Platón se refiere a una “caída” del alma en el mundo sensible como consecuencia de no controlar su parte concupiscible; por eso este mundo es una cárcel para el alma, de la que ha de salir mediante la ascesis y el conocimiento del mundo de las Ideas [7]. Aristóteles explica que los hombres se hacen buenos o malos por el placer y por el dolor, según busquen el que deben o el que no deben, cuando deben o cuando no deben o como deben o como no deben [8]. En ambos casos, la causa del mal se encuentra en el propio hombre: la naturaleza humana, en ambos casos, presenta una deficiencia –el vicio– atribuible sólo al propio hombre.

En la Edad Media la doctrina del pecado original está presente en todos los autores pues las principales obras acerca del hombre son teológicas, aunque tengan una base filosófica y la salvación es obra de Dios, pues el hombre no puede, por sí mismo, salir de su estado caído.

En el pensamiento moderno, sobre todo desde el luteranismo, el mal no puede curarse porque ha corrompido la naturaleza humana; para los ilustrados, como Rousseau y Kant, no se acaba de explicar; el paso del “estado de naturaleza” al “estado social”, en Rousseau no es voluntario; y en Kant el “mal radical” está inscrito en la naturaleza humana sin que pueda explicarse cómo ni por qué, puesto que es “originario” [9]. Lo propio de la Ilustración es, por eso, buscar el modo de autosalvarse, ya sea a nivel personal o, con más frecuencia, a nivel social. De ahí que las ideologías políticas ilustradas tengan todas ellas carácter soteriológico.

La salvación, justificación o redención no es una idea exclusiva del cristianismo porque, desde siempre, el hombre ha tenido conciencia de que el mal reside en él mismo. Cabe “echar la culpa” al mundo, a la sociedad, a la cultura..., pero se trata entonces de visiones superficiales que no profundizan hasta la raíz del problema, que no llegan a lo “radical”. ¿Qué es lo radical en el hombre, aquello que está dañado y le impide ser y actuar como quien es? Polo explica que “lo radical se destaca, o lo que es igual, la atención se concentra en él, en la medida en que vacila la estabilidad de un mundo. El descubrimiento de lo radical tiene lugar cuando acontece el hundimiento de un mundo humano” [10].

El nacimiento de la filosofía –alejándose poco a poco de la mitología– es un modo emblemático de hundimiento de un mundo y de búsqueda de lo radical: “la primera versión positiva de lo radical se logra cuando su irrumpir se apropia a lo que aparece. Entonces las cosas se yerguen desde un fondo que le es intrínseco, y su aparecer es una manifestación de sí en presencia... Esto es lo que se llama ente... El ente es la radicalidad asistente en presente. El ente no irrumpe desde lejos ni desde antes, sino desde sí y ahora. Esto se expresa también con las nociones de physis y de fundamento” [11].

Platón, en la Carta VII, explica las razones que le movieron a dedicarse a la filosofía; cree identificar la raíz del mal en la ignorancia de los gobernantes, que buscan su propio provecho al margen del bien común.

Por su parte, Aristóteles define la filosofía como “la ciencia que se busca”, añadiendo a continuación, que lo que siempre se ha buscado es la sustancia. Cada ente –cada sustancia– es un cierto fundamento, si bien la explicación última ha de buscarse en un ser que sea Acto Puro.

Por diversos motivos en los que no vamos a detenernos –aunque ya se indicó que tienen su origen en la Reforma protestante y en la Ilustración–,  en la modernidad lo radical deja de entenderse como physis o naturaleza. El hombre ha de salvarse a sí mismo, no como habitante de la naturaleza, sino como su dueño y señor. Por eso, “en la Edad Moderna se ha producido (desde Hegel de manera muy acusada) una absolutización de lo humano en el nivel dinámico. La actividad humana no es lo radical en el hombre; sin embargo, al interpretarla como absoluta se le confiere dicho rasgo a costa de destruir tanto su carácter personal como su mismo valor activo. Mientras la intención de absoluto se ha mantenido, se han formulado grandes construcciones filosóficas; cuando ha decaído, se ha incurrido en reduccionismos crasos” [12].

Tampoco este sentido de lo radical es suficiente para lograr la salvación porque “la absolutización de la razón es la crisis de la verdad, pues el pensamiento es relativo a la verdad y la pierde... Como acto, conocer es la transparente relación a la verdad. La absolutización de la razón es una grave confusión, una mezcla imposible en que la transparencia se obtura” [13].

Al perderse la verdad, también se pierde la verdad sobre el hombre, que queda, de este modo, convertido en un vagabundo sin orientación ni sentido. Cabe entonces el recurso a la voluntad como fundamento, pero el resultado es aún más desolador; no sólo no se alcanza la salvación, sino que se incurre en el nihilismo: “la voluntad de poder necesita, sencillamente, prescindir de la marcha de la razón. Sin esta exclusión la voluntad no se concentra en su propia dinámica... Paralelamente, si la verdad es prescindible en absoluto, el hombre puede morir; y muere juntamente con Dios. Como la voluntad no es capaz de producirlo, se declara que Dios ha muerto; la muerte clausura el nacimiento, y esto marca el advenimiento, más allá de todo proceder, del superhombre. El superhombre es aquél que puede pasarse sin la verdad, es decir, el querer puro, que persevera siempre, a secas. Pero la voluntad para el poder no sólo es capaz de prescindir de la razón, sino también de la intencionalidad propia de la voluntad, es decir de la intención de otro...; de este modo la voluntad se inhabilita para el amor. Y no es de extrañar esta crispación, pues la voluntad es más intensamente intencional que la inteligencia... La voluntad sólo puede prescindir de ‘lo otro’ repeliéndolo, excluyéndolo. Y como ‘lo otro’ está inscrito en la actividad voluntaria, que sólo es tendiéndose hacia él, la repulsa da lugar a una detención de la voluntad engullida en su dinamismo, completamente atrapada por su rechazo; pero entonces la voluntad, que se ha ensimismado curvándose o versando sobre sí, da vueltas. Es el eterno retorno, la génesis incesantemente abortada” [14].

3.                  La radicalidad de la persona

Polo habla de la radicalidad de la persona por referencia directa al problema del mal. La noción de persona, nacida en el ámbito de la teología, pasó muy pronto a la antropología filosófica; sin embargo, y aquí está el núcleo de la cuestión, los teólogos cristianos medievales –como santo Tomás y Duns Escoto– no desarrollaron una antropología de la persona sino, más bien, del “animal racional”, como lo había definido Aristóteles, entendida, además, como “filosofía segunda”.

Polo explica que “también la persona se descubre en el hundimiento de un mundo. Si el ente griego obedece al hundimiento del mundo homérico y el socratismo a la crisis de la polis, la persona es una profundización requerida por un hundimiento de mayor alcance, a saber, la problematicidad del mal como presente en el mundo humano. El mal es un defecto inherente al mundo cualquiera que éste sea o, por decirlo así, a la mundanidad del mundo. El mal hunde sus raíces en el hombre y forma parte del plexo de lo interesante, al que desbarata o perturba impidiendo su estabilidad misma” [15].

Si la noción de persona procede de la teología trinitaria y de la cristología, ¿cómo es posible que pueda y deba aplicarse al hombre y que se haga patente a causa del pecado? Es muy significativa la siguiente reflexión de Polo: “el hombre es incapaz de salvarse a sí mismo. La salvación ha de serle otorgada como un don. Pero nótese bien: este don ha de penetrar hasta lo más profundo del hombre y ha de restaurar lo más profundo de manera que ya no sea raíz del mal. Y como esa raíz es aplastada por el mal, al ser salvado lo radical en el hombre es liberado en orden a una expansión que le corresponde sin más, pero que es insospechable sin la salvación. Por eso la radicalidad de la persona se destaca en la teología cristiana, y su consideración desde otro ángulo comporta un desenfoque inevitable” [16].

Es de notar que “al ser salvado lo radical en el hombre es liberado en orden a una expansión que le corresponde sin más”. ¿Qué es aquello que al hombre le corresponde sin más y que “su consideración fuera de la teología cristiana comporta un desenfoque inevitable”? ¿Significa que sólo la teología puede dar respuesta a la radicalidad de la persona?

Es claro que este planteamiento no es el tomista, ni el escotista; más aún, es una aportación que no tiene precedentes en la filosofía anterior; y eso es lo que hay que investigar. ¿Qué es entonces lo radical en la persona humana? ¿Es cognoscible sólo por la teología y queda fuera del campo de la filosofía?

En la primitiva teología trinitaria se habla de hispóstasis, prósopon, etc., para indicar que, más allá de la naturaleza, hay un sustrato o sujeto. La distinción entre la máscara que usan los actores y el propio actor, o sea, entre el personaje representado y el actor que lo representa, es indicativa de que también en el hombre hay una distinción real entre persona y naturaleza. La definición de persona de Boecio que, con algunas matizaciones importantes, se ha mantenido en la filosofía y la teología cristianas, ha exigido tantas distinciones, aclaraciones, uso de la analogía, etc., que indica que no puede ser definitiva. A este respecto es significativo que santo Tomás diga que persona es nomen dignitatis [17]; ¿realmente es sólo eso: el nombre que se le aplica a un determinado ser por poseer una naturaleza racional? Es preciso, por tanto, investigar qué aporta Polo –que aporta la antropología trascendental–, cómo se llega a una concepción más profunda –radical– de la persona humana.

Lo primero que cabe plantearse es si el hombre es persona por haber sido elevado al orden sobrenatural o “por naturaleza”, y ello porque la persona humana no pertenece al universo material y, por tanto, no se incluye en el fin del universo –el orden–, sino que está “destinada” a Dios.

Así como el conocimiento de la creación ha marcado un antes y un después en la historia de la filosofía, con mayor motivo habrá que reconocer que el descubrimiento del hombre como ser personal ha supuesto un hito aún mayor [18]. Polo no entra a discutir el problema de si la elevación fue simultánea o posterior a la creación del hombre; primero, como se ha dicho, porque no es posible saberlo, y segundo porque el Magisterio de la Iglesia ha obviado esta cuestión (por ejemplo, en el Concilio de Trento [19]). Pero lo que sí deja claro es que la creación del hombre es una “segunda creación”, distinta de la creación del universo material. Una distinción tan tajante se encuentra en el Concilio Vaticano II cuando afirma que “el hombre es la única criatura querida por Dios por sí misma” [20].

4.                  La “segunda creación”

Con frecuencia Polo ha hecho notar que su filosofía es una profundización en la distinción real tomista entre acto de ser y esencia, y que esta distinción, en santo Tomás, no se aplica al estudio del hombre, lo que ha dado lugar a una antropología que, sin ser falsa, es muy limitada. Esa profundización se manifiesta, en resumen, en lo siguiente: “la filosofía de Polo establece una división aún más radical que la que distingue esencia y acto de ser. Porque el acto de ser se divide en creado e increado, previamente a su composición con la esencia. El acto de ser creado tiene una índole propia, que justifica su distinción real con la esencia; y distinta también de la del ser increado. Por eso Polo distingue tres actos de ser. El ser extramental es principal, fundamental, causal. El ser personal es un ser además, añadido, ser segundo. El ser originario es la identidad; un primer principio sí; pero también la plenitud del ser personal: interpersonal, porque alcanza a replicarse y donarse sin perder su identidad” [21].

Esta nueva comprensión de la criatura lleva consigo consecuencias hasta ahora ignoradas –al menos en parte–, sobre todo porque sólo son accesibles si se abandona el conocimiento objetivo, es decir, el límite mental. Concretamente, “ninguna criatura se comprende aisladamente; ser criatura es depender del creador y por ello, en último término, co-ser junto con él. Si se trata del ser fundamental, de los primeros principios, hablaremos de principios mutuamente vigentes; si se trata del existente personal, diremos entonces que es un coexistente, un ser además. En todo caso, la criatura remite en su ser al creador, porque es dependiente de Dios; y por eso carece de suficiencia individual y su ser no tiene unidad en sí mismo” [22].

En el caso de la persona humana esta dependencia marca todo su ser, de modo que no puede entenderse al margen ni frente a ella: “si no aislamos ni separamos a la criatura de su creador, ni suponemos al creador como un ideal meramente pensado –la infinitud del ser–, ignorando su ser real; entonces... podremos entender en qué sentido el ser creado no por serlo es de suyo limitado o imperfecto, sino más bien sujeto de una perfección y un valor insospechados: es criatura, ha sido creado, y en Dios cobra realmente su sentido. Precisamente por criatura, su ser remite enteramente al creador, depende enteramente de él; algo particularmente relevante en el caso de la criatura personal. Basta descubrir su vinculación con el creador, la entera dependencia y exclusiva referencia del ser creado a Dios, para apreciar la riqueza e inmenso valor de la criatura, en particular de la persona humana” [23].

¿Cómo encontrar esta dependencia y vinculación respecto de Dios, que constituye lo más propio e íntimo de la persona humana? El hombre, podría pensarse, es libre y, por tanto, puede referir su vida a Dios o no. Incluso el deseo de felicidad no es conclusivo pues, como ya advirtiera Aristóteles, aunque todos deseamos ser felices, no estamos de acuerdo en qué consiste la felicidad ni, por tanto, en cómo alcanzarla.

Pero lo que Polo propone en la antropología trascendental es algo mucho más “radical”: es la “radicalidad de la persona”, su mismo ser personal o, con más precisión, su co-ser. Si el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, no es preciso buscar en sus actos, deseos o afectos; hay que ir directamente al acto de ser, a la coexistencia.

5.                     La coexistencia como ser segundo o adverbio

Dando por supuesto el conocimiento –al menos en sus principales puntos– de la antropología de Polo, importa, sin embargo, recordar algunos temas que son aquí pertinentes; en concreto, que “es imposible que la persona humana sea originariamente idéntica”, de ahí que “el intellectus ut coactus es solidario con una dimensión del abandono del límite mental, es decir, con un método, pero no es idéntico a él. Ello equivale a la distinción entre el hábito de sabiduría y el intelecto personal... Ahora bien, si el carácter de además sólo tuviera valor metódico, desaparecería su solidaridad con el tema. Se ve ahora que solamente por el carácter sobrante, tanto del tema como del método, se explica la imposibilidad de término. Éste es el significado estricto del carácter de además: el carácter sobrante tanto de su valor metódico como de su valor temático” [24].

Carácter sobrante no quiere decir sino que la persona humana permanece siempre abierta: el intelecto personal no alcanza su tema sino que lo busca, aunque esta búsqueda, en esta vida, no puede lograr su intento. Por eso, “el carácter de además, como insistir en la apertura hacia dentro, equivale temáticamente a transparencia” [25].

Esta transparencia no es un autoconocimiento sino, justamente, la carencia de dicho autoconocimiento: “la dualidad del carácter de además no es oclusiva, no comporta determinación. Todo lo contrario: de acuerdo con su dualidad, el carácter de además está, permanece, abierto. De donde se sigue que dicha dualidad es metódica y temática: es un método que es un tema y un tema que es un método; no una oclusión o autodeterminación, sino la intensidad de la transparencia” [26].

Polo insiste en que el hábito de sabiduría es distinto del intelecto personal, del que no procede ni con el que se identifica [27], más aún, “como tema el carácter de además es superior a su valor metódico: además insiste en además. Por eso se dijo que la persona humana es el segundo sentido del acto de ser: se distingue de los primeros principios porque la persona se ‘secundariza’ radicalmente: coexistencia, intimidad sin réplica, insistencia metódico temática, transparencia, y no insondabilidad originaria. Por eso, el carácter de además, como método, no alcanza el tema propio del intellectus ut co-actus” [28].

Así pues, “al sentar la solidaridad del hábito de sabiduría con el intelecto personal, se alcanza la interioridad de la luz –la luz es además luz–” [29]. Con esto Polo ha llegado a un punto fundamental de su antropología. Ahora puede afirmar que “de acuerdo con Eckhart, Dios es el Verbo y el hombre el adverbio. Dicho adverbio es el carácter de además, cuya exposición ha llevado a alcanzar el intelecto personal humano como luz transparente intensa, es decir, luz cuyo interior es luz. Según esto el adverbio es semejante al Verbo... El Origen es Luz en cuyo seno se genera la Luz... En la persona creada la luz que penetra la luz no es generada, sino creada” [30].

¿Estamos en el terreno de la filosofía o en el de la teología? Si continuamos la exposición que hace Polo del ser personal, encontramos esta descripción: “persona humana significa coexistencia carente de réplica; libertad; transparencia; criatura donal”, porque “si ser creado es un don, a la criatura le corresponde, ante todo, aceptarlo –es decir, aceptar ser–. Es inadmisible que el ser donal no sea aceptar, pues, en otro caso, el don divino quedaría paralizado: no sería entregado. Ahora bien, la aceptación del propio ser se traduce inmediatamente en dar, pues si entregar el ser –cuya aceptación somos– no fuese inmediatamente dar como ser, la paralización de la donación divina tendría lugar en la criatura, lo que es un absurdo... el dar creado se remite, buscándola, a la aceptación divina” [31].

La noción de persona clásica ha quedado, en este nuevo planteamiento, superada, pues ya no es posible entenderla como una sustancia o un supuesto, ya que su dependencia de Dios es radical; la persona es un ser abierto; por eso, “en el planteamiento que propongo es inadmisible reducir la persona a la noción de supuesto. Si la persona fuese el supuesto de naturaleza racional, no se convertiría por continuación con los demás trascendentales personales. En Dios, esa reducción es aún más inadmisible” [32].

Es importante tener presente que en estos últimos textos Polo está hablando de la creación entendida como dar el ser. De ahí que, por si quedara alguna duda, aclare: “la elevación del hombre a lo que la teología llama orden sobrenatural comporta un don superior. Por eso tiene sentido designar la elevación como una segunda creación. Del hombre elevado se dice que está en gracia. Gracia significa don divino gratuito, lo cual está por encima de la noción de hábito entitativo. También se distingue la gracia creada y la Gracia increada. La antropología propuesta está al servicio de la teología” [33].

Nos encontramos ante un dilema: si la persona humana no fuera elevada al orden sobrenatural, quedaría “frustrada”, pues nunca lograría alcanzar su fin. Polo se enfrenta a este problema del siguiente modo: “en tanto que el carácter de además es temáticamente el acto cognoscitivo superior de la persona humana, no es posible determinar su tema: hay que decir, en atención al carácter de además, que el tema correspondiente al intelecto personal es inagotable o inabarcable, y que su búsqueda es orientada porque la carencia de réplica no puede ser definitiva. Dicha inagotabilidad comporta que la búsqueda de tema equivale a la búsqueda de réplica. Ahora bien, como la réplica buscada no lo es sólo del intellectus ut co-actus, es obvio que la búsqueda no es el conocimiento más alto de ella.

”La cuestión es ahora si el intelecto personal humano puede llegar a un conocimiento de la réplica más alto que el buscarla. La respuesta es que ello sólo es posible en la elevación llamada visión beatífica, la cual no acontece en esta vida... El conocimiento ‘facial’ de Dios es un don divino en el que está incluido el conocimiento del propio intelecto personal. Dios es el tema del acto cognoscitivo superior humano en tanto que en ese tema está incluido también, temáticamente, dicho acto cognoscitivo: la persona conoce a Dios en tanto que conoce como Dios la conoce. En este sentido, puede hablarse de la comunicación donal de un tema doble: Dios e intelecto personal humano” [34].

La postura de Polo coincide con la de santo Tomás: sin la elevación sobrenatural, la persona humana no se conocería nunca en toda su hondura, y nunca conocería a Dios; sólo puede buscarlo, pero sin la esperanza de alcanzarlo [35]. Pero esta primera impresión debe ser matizada, ya que “buscar una réplica más alta que el propio intelecto personal confirma que la persona humana es el adverbio en busca del Verbo” [36].

La postura de Polo aparece ahora mucho más matizada; de otro modo no se entendería que afirme que aunque “coexistir comporta carencia de réplica”, “la carencia de culminación o de réplica no se entiende como la falta de algo debido: significa que la coexistencia está siempre por alcanzar. Metódicamente, alcanzar la coexistencia es el carácter de además, el entero sobrar. Dios transciende el entero sobrar... No existe ningún término de la actividad humana con carácter de persona; la coexistencia carece de término. Éste es el sentido positivo del carácter de además, al que transciende el Ser personal divino... Al alcanzar la dualidad radical, la identidad se descubre como transcendente a ella. Paralelamente, el carácter de además no es terminal, y en ello radica su valor positivo” [37].

Que la persona humana sea “el entero sobrar” no implica la necesidad de la elevación sobrenatural. El sentido positivo del carácter de además quiere decir, por una parte, que “ese más allá no puede faltar, es decir, no cabe entenderlo como la nada”; y también –y este punto es clave–, que “tampoco es acertado declararlo [a Dios] enteramente ignoto” [38]. Efectivamente, no es necesario esperar a la otra vida para conocerlo, aunque “si no se alcanza la coexistencia humana, Dios no es un tema abierto en antropología” [39].

La idea de que la persona humana llegue a su pleno cumplimiento, a un término en que ya no pueda “alcanzar” una perfección mayor, queda excluida en esta antropología. Ni en esta vida ni en la otra, la persona creada perderá su carácter de además, porque dicho carácter coincide con su ser –co-ser–; si lo perdiera dejaría de ser persona porque dejaría de coexistir.

En este punto Polo es taxativo; por ejemplo, sobre la antropología de santo Tomás, indica lo siguiente: “la coexistencia humana como tema susceptible de ser alcanzado, no aparece en la filosofía de Tomás de Aquino... La filosofía tomista se centra todavía en el estudio del hombre como sustancia y naturaleza. Aunque Tomás de Aquino desborda la perspectiva griega en metafísica, no extiende sus hallazgos al ser humano”. Una consecuencia inmediata de esto es que “por eso entiende el paso de lo natural a lo sobrenatural según un cambio de la atención. La sustancia como fundamento de las operaciones naturales no está unificada con la consideración del hombre como criatura elevada” [40]. Como la antropología es una filosofía segunda, la elevación sólo puede entenderse como un “añadido” a la naturaleza humana.

Los siguientes textos pueden parecer “duros”, una crítica fuera de lugar o exagerada, pero en realidad son más bien una “corrección” y una ampliación del planteamiento de santo Tomás, pues aunque esta crítica no alcanza de lleno al tomismo, no deja de ser, hasta cierto punto, una enmienda: “desrealizar el conocer es nominalismo craso. Dios no podría crear actos cognoscitivos. Esta desrealización está implícita en la noción de sustancia. La sustancia se materializa si se interpreta el conocimiento como acto segundo. Para Tomás de Aquino las sustancias separadas –de la materia– son intelectuales. ¿Pero lo son de suyo, sin que en ellas conocer sea un acto segundo? Si no es así, incurre en la materialización de esas sustancias. En Aristóteles se aprecia el mismo problema en la interpretación de la deidad como noesis noéseos noesis; resuelve el problema reduciendo la entelékeia a la enérgeia. Tan sólo es irreal la intencionalidad objetiva, que es el nivel cognoscitivo más prestigioso en la vida ordinaria” [41]. O sea, Aristóteles no dice que Dios es sustancia sino “pensamiento que se piensa a sí mismo”.

Si la sustancia, tal como la entendía Aristóteles, es cerrada, acabada, sólo puede “abrirse” mediante actos segundos accidentales. Aunque se diga que es el sujeto (el suppositum) último de operaciones, éstas no le añaden más que una perfección accidental; la sustancia sigue siendo la que eran44 y lo que era [42].

En resumen: “si se abandona el límite mental, la subsistencia divina se advierte como Identidad Originaria insondable, esto es, como Esse Subsistens abandonada la suposición: Ipsum. A su vez, la subsistencia de la persona se alcanza con el criterio que vale para la suficiencia humana, o sea, detectando que cualquier bastar está supuesto y que desaferrarse del límite significa nunca basta: además... La carencia de identidad originaria no es potencial, sino distinción activa. La criatura no se compara con Dios como potencia: éste es uno de los implícitos de la distinción real esse-essentia. Dios no es ser esencial de la criatura ni su acto de ser, pues en tal caso el acto de ser creado no tendría que alcanzarlo” [43].

¿Cómo debe entenderse entonces la elevación sobrenatural para que no sea preciso “un cambio de la atención”, o sea, para que no sea necesario pasar de la sustancia a la natura intellectualis como si se tratara de dos realidades distintas?

Tratando sobre el sentido cristiano del dolor escribe Polo: “las reacciones naturales legítimas y expresivas ante el dolor, no culminan en sí mismas –como si pertenecieran a un orden que descansara en sí: el status naturae no existe; existe la naturaleza en el seno de un orden, de un status sobrenatural–, y su destino es ser subsumidas en la actitud cristiana. Además, cuando el hombre se pregunta por su ser, la naturaleza humana no aporta respuesta; en lo decisivo, la naturaleza es impotente. No obstante, naturaleza y sobrenaturaleza no se excluyen ni se oponen” [44].

Efectivamente, tanto de la naturaleza humana como de la persona puede decirse que, en lo decisivo, es impotente, que no aporta respuesta acerca del ser del hombre. Esto es congruente con lo que se ha visto anteriormente, a saber, que, si bien “el carácter de además se describe metódicamente como alcanzar”; sin embargo, “la pregunta: ¿qué es lo alcanzado por el carácter de además? no tiene respuesta; si la tuviera, el método sucumbiría al límite mental” [45]. La persona humana, por su carácter de además, no tiene término y sólo Dios puede responder a esas preguntas: “téngase en cuenta que la coexistencia es un valor temático del carácter de además. Por eso se ha de excluir que la carencia de réplica sea definitiva o terminal” [46]. Dicho de otro modo: la réplica de la persona humana sólo puede ser Dios; así es como ha sido creada. Por tanto, aunque “la persona es un descubrimiento cristiano”, “esto no quiere decir que sólo el cristiano es persona, o que el ser personal surja con el cristianismo”. Cualquier hombre  es un ser personal. Sin embargo, el sentido radical de su acto de ser está   muy oscurecido fuera del cristianismo. Sin necesidad de acudir a la teología, puede decirse con propiedad que “la persona humana es una llamada a la atención de Dios” [47].

No es posible investigar qué sería un hombre en estado natural; ya lo hemos leído: existe la naturaleza humana “en el seno de un orden”, no en estado natural. “La creación es libre. ¿Qué busca Dios al crear al hombre?   Nada distinto de aceptarle. Existe otra donación divina, una iniciativa todavía mayor, por la que Dios introduce al hombre en su Vida íntima. En el propuesto planteamiento de la antropología trascendental se sostiene, aun sin estudiar in recto esa elevación, que la aceptación divina del ser humano salva la distancia de la criatura al Creador. Esa distancia es, por así decirlo, infinita. Con todo, la persona humana es tenida en cuenta por Dios, venciendo así el aislamiento que es incompatible con la radicalidad del ser personal”. Por tanto, debe tenerse en cuenta la doble “aceptación”, aunque, desde luego, “no considerar temáticamente la elevación sobrenatural no quiere decir limitarse al orden natural. Lo que está en juego en antropología natural es el ser personal” [48].

6.                     Filosofía y teología en la antropología trascendental

¿Por qué dice Polo que santo Tomás “entiende el paso de lo natural a lo sobrenatural según un cambio de la atención”? Si la sustancia –entendida al modo aristotélico– es una realidad cerrada, incomunicable, que no admite perfecciones más que accidentales, entonces, para tratar sobre el hombre elevado hay que tener presente siempre al hombre, en status naturae conditae, ya que lo sobrenatural se le añade o suma de un modo accidental. Es cierto que santo Tomás toma muchas precauciones para evitar entender la elevación como un mero accidente; por eso habla de potencia obediencial y de hábito entitativo para referirse a la gracia. Pero aún así, la solución sigue siendo problemática porque los llamados “hábitos entitativos” no son verdaderos hábitos; la salud, por ejemplo, no se adquiere y mejora mediante repetición de actos, no es una virtud adquirida; y, aunque es cierto que puede perderse “culpablemente”, también puede perderse sin que el hombre sea en absoluto culpable. La noción de “hábito entitativo” más parece un recurso para salvar una dificultad que una verdadera solución al tema de la elevación. Por eso dice Polo que “la elevación del hombre a lo que la teología llama orden sobrenatural comporta un don superior. Por eso tiene sentido designar la elevación como una segunda creación. Del hombre elevado se dice que está en gracia. Gracia significa don divino gratuito, lo cual está por encima de la noción de hábito entitativo” [49].

Santo Tomás defiende la misma tesis: el hombre está destinado a un fin que le supera y que, por tanto, sólo puede alcanzar mediante la elevación al orden sobrenatural. En principio esto parece una contradicción pues, según un adagio clásico que usa a veces, natura non déficit in necessariis (p. e., S. Th., I-II, q. 5, a. 5); sin embargo, lo cierto es que la contradicción surge justamente cuando se defiende la postura contraria, o sea, cuando se “supone” un fin natural: “la idea de un desiderium naturale que apunta más allá de la naturaleza haría de la salvación, según los teólogos [tomistas] del siglo XVI, un derecho, y la gracia dejaría de ser un don. La consecuencia fue que en la base de la determinación histórico-salvífica fáctica del hombre se colocó una determinación hipotética, puramente natural, un finis naturalis; de ahí surgió la construcción teórica de una natura pura, que tantas consecuencias había de tener. La tesis era que Dios también hubiera podido crear al hombre in puris naturalibus. El destino salvífico es, respecto a la naturaleza humana, meramente accidental... Para salvar la gratuidad de la gracia, los teólogos hacen un postulado de la autonomía de la naturaleza, frente a la cual la gracia tiene sólo el carácter de un superadditum... La idea de que el hombre pueda estar a expensas de algo que necesariamente tiene el carácter de un don retrocede. O bien la naturaleza está a expensas de algo, y entonces tiene derecho a exigir que se le suministre ese algo, o bien no tiene tal derecho, y entonces ha de poder en todo caso bastarse a sí misma. Ésta es la lógica que brota de la idea del status naturae purae” [50].

Para lograr una explicación coherente, que requiere el “cambio de atención”, hay que dejar de lado la idea de sustancia y centrarse en la de natura intellectualis, aunque la natura, sea racional o no, no es trascendental porque pertenece a la esencia. Quizás por eso, a pesar de que la sustancia es la primera de las categorías aristotélicas, algunos tomistas consideran que la sustancia es trascendental. Así pretenden salvar la primacía de la sustancia en el orden del ser [51].

En Polo este paso del orden natural al orden sobrenatural puede darse sólo con pasar de la consideración de la persona humana desde un punto de vista filosófico –antropología trascendental– a un punto de vista teológico. Lo logrado en la antropología trascendental tiene pleno valor al realizar este cambio porque lo elevado es lo natural o, más en concreto, el hombre caído, que es el que estudia la filosofía.

Aunque Polo no es un teólogo, escribió bastantes artículos, e incluso partes de sus obras filosóficas, como teólogo. Es llamativo que ya en El Ser, publicado en 1965, dedique un apartado del último capítulo al misterio de   la Santísima Trinidad para “probar” si su metafísica está o no al servicio de la teología [52]. Además, en las obras que reúnen artículos diversos, algunos de ellos son de carácter teológico. En Cristianismo y personalización, incluido en La persona humana y su crecimiento, se leen frases como las siguientes: “como persona el hombre es radicalmente hijo y sin hábitos su conducta se cierra al futuro porque no crece. Las doctrinas que despojan al hombre de los hábitos son propiamente profanas: profanaciones de la humanidad” [53]; o bien, “cuando el hombre no se tensa hacia Dios –y, por tanto, no se personifica–, aparece lo genérico humano, que en el nivel social es la masa” [54]. Más directas son estas otras palabras: “tal y como la salvación se lleva a cabo implica, por ser un don, la pura capacidad de dar. Lo cual es lo insospechado mismo. Sólo la generosidad infinita es la salvación en acto. Y esto es lo que se llama amor. Ser salvado implica ser el término de un amor infinito. Y ahora se destaca lo radical que llamamos persona. La persona es lo insospechado, lo más sorprendente... La salvación no es... una estabilización de lo radical en el hombre. La expresión que dice el destacarse de la persona es de san Pablo: Cristo ha muerto por mí. Esta frase manifiesta lo inaudito. Desde luego, significa que yo soy un quien; sólo puede ser salvado alguien. Pero ese quien es instado, reclamado constantemente en su mismo carácter de quien... El adentrarse en la respuesta se llama intimidad. La persona es la intimidad de un quien... El quien humano sólo se sabe en Dios. Y esto es lo reclamado” [55].

Lo importante es notar que la antropología trascendental y la antropología teológica, siendo distintas, son, de algún modo, una continuación: la teología no rectifica, y mucho menos descalifica, a la filosofía. No es preciso “un cambio de la atención”. La antropología teológica es la respuesta definitiva a la pregunta por el co-ser personal; la antropología trascendental culmina en la búsqueda de lo transcendente y de la constitución del don que la persona humana ofrece para corresponder a la predilección divina que se expresó en su creación como coexistencia. Por tanto, “en la salvación aparece la pregunta

¿Quién soy yo? Y alcanza respuesta. La respuesta insta la profundidad íntima. Esa intimidad es el quien... Si el hombre no es salvado no sabe nada acerca de quién es; ni siquiera lo sospecha. Lo salvado es precisamente el quién. La expresión ‘Cristo ha muerto por mí’ no es una ratificación del yo, sino caer en la cuenta de la pregunta por el quién. Y esto es lo inaudito” [56].

La continuidad entre filosofía y teología, en la antropología, se pone de manifiesto de un modo definitivo cuando se advierte que “prescindir de Dios equivale a ignorar que la persona humana es un quién. Esta ignorancia abre un vacío vertiginoso, pues en tanto que subsiste el hombre busca la continuación, o la réplica, de su subsistir y no la encuentra... Estrictamente, desde sí el significado de la persona se ignora” [57].

En la antropología trascendental lo natural y lo sobrenatural no se superponen, no se añade lo segundo a lo primero, sino que “aunque no sea lo mismo criatura elevada que simple criatura, la diferencia no es un cambio de supuesto, sino una intensificación de su ser donal: la diferencia es Dios mismo” [58]. En vez de status naturae purae y de status naturae corruptae, Polo prefiere hablar de Antehistoria, Historia y Posthistoria. “Las nociones de Antehistoria y Posthistoria señalan la contingencia de la Historia y, a la vez, lo externo a ella... Si el disponer esencial depende de la libertad, es susceptible de consideración extrahistórica. A la postre, la Historia no autoriza ninguna objeción contra la naturaleza o la esencia del hombre: más bien alude a un nivel de estabilización de la esencia, el cual se ha descrito como disposición poiética parcial o no saturable” [59]. Dicha “estabilización de la esencia”, al ser “disposición parcial o no saturable”, indica un castigo, una situación en la que la persona no puede “alcanzarse” fácilmente.

De ahí que “la Antehistoria... no es mera prehistoria. Debe entenderse como integridad esencial en que el hombre fue creado con vistas a su culminación definitiva y no conservada en la Historia. Tal integridad se cifra en la ausencia de la necesidad de dar razón del pasado, esto es, señala una especial discontinuidad entre la creación del hombre y la del Universo” [60]. Por eso, “la Historia no es susceptible de culminar en su propio orden”, ya que “el hombre no es historia” [61].

7.                     El abandono del límite mental y la elevación sobrenatural

Queda por ver un último punto para que pueda decirse plenamente que la antropología trascendental no es teología sino filosofía: ¿el abandono del límite mental, o sea, el método, requiere de la elevación sobrenatural? Esta pregunta se plantea desde el momento en que se interpreta la antropología trascendental como una antropología teológica.

Muy brevemente, algunos textos de Polo –además de lo ya dicho– ayudarán a disipar las posibles dudas. Él mismo lo hace en el Epílogo de la Antropología trascendental: “al acabar de exponer el método propuesto, es aconsejable hacer algunas observaciones globales sobre él. Ante todo, sus relaciones con la teología. La primera y segunda dimensiones del abandono del límite mental se distinguen de las otras dos porque no necesitan de la teología” [62]. Queda claro, por tanto, que, al menos en esas dos dimensiones, no se requiere la fe, pues la teología parte de la Revelación divina.

Sigue diciendo: “la más teológica es la tercera dimensión, cuya hegemonía sobre las otras tres –formulada como metalógica de la libertad– permite sugerir que la esencia humana está llamada a alcanzar el nivel de los otros hábitos innatos” [63]. ¿Qué quiere decir la expresión “la más teológica”? Significa al menos dos cosas; por una parte, que así como a partir del conocimiento de la creación fue posible a santo Tomás llegar a la distinción real ser-esencia, del mismo modo, a partir de la fe –y, en concreto, de la teología sobre el misterio de la Santísima Trinidad– ha sido posible distinguir los actos de ser de la criatura material y la criatura humana. Polo lo dice explícitamente: “la revelación  de la intimidad divina nos permite afirmar la Trinidad Personal, es decir, un orden de relaciones de origen que al mismo tiempo es rotundamente uno (Dios es Uno y Trino). Aunque el hombre sea una criatura, su brotar en el orden del ser se mantiene en intimidad. Por eso, aunque el hombre no sea la intimidad perfecta, tripersonal, que es Dios, también es persona... No es preciso insistir en que el descubrimiento de la personalidad humana es un tema cristiano” [64].

En segundo lugar es “la más teológica” porque, al estar al servicio de la teología, presta una ayuda que hasta su formulación había sido escasa. La “antropología segunda” aporta mucho menos a la teología que la antropología trascendental [65].

De la cuarta dimensión, Polo no dice nada pues, después de lo sentado respecto de la tercera, nada hay que añadir.

Es extraño que, después de lo que acaba de verse, Polo añada: “he sugerido también la distinción entre la elevación de Adán y la cristiana, que es superior a aquélla. Esta segunda elevación permite la metalógica de la libertad, de acuerdo con la cual la libertad humana se distingue de la causalidad trascendental”. Poco antes Polo había dicho que la metalógica de la libertad muestra la “hegemonía” de la tercera dimensión del abandono del límite mental sobre las otras tres y, por ello, “sugerir que la esencia humana está llamada a alcanzar el nivel de los otros hábitos innatos”. Se trata sólo de una “sugerencia”, no de algo que se “alcance” al conocer la persona humana, quizás porque la esencia no es el tema de dicha dimensión del abandono del límite y, por tanto, no puede “alcanzarse”; además dicha “elevación” al nivel de los hábitos innatos no puede darse en esta vida. La distinción entre la libertad humana y la causalidad trascendental es la que hace posible el método del abandono del límite, del cual Polo recuerda frecuentemente que es libre, ya que permite esencializar la naturaleza del hombre.

Pero lo que definitivamente asegura que la tercera dimensión del abandono del límite no se debe a la “elevación” o a la teología de la fe, es que “si el hombre es radicalmente libre, Dios tiene que existir. La libertad es una prueba de la existencia de Dios. Si la libertad es radical, exige un ejercicio completo; para ello es necesario que se ejerza respecto del Ser sin restricción. Si sólo el ser humano se toma en cuenta, la libertad humana no puede ser radical... La libertad es imposible sin la réplica: depende de aquello de lo que depende la intensidad de la libertad que soy yo. Al ser muy libre tengo que serlo respecto de Dios... La libertad prueba la existencia del Dios personal” [66].

Esta prueba es “racional” pues es evidente que “la Fe no demuestra la Existencia de Dios, pues en ese caso no sería Fe” [67]. Más aún: “desde luego, la persona es un tema teológico, pero la teología no es la filosofía. En teología especulativa se habla de las Personas divinas al estudiar la Trinidad, de la Persona de Cristo con dos naturalezas –donde, por lo demás queda claro que la persona es distinta de la naturaleza humana–, etc. Y también desde la teología se puede proponer que el hombre es persona. Pero estimo que el ser del hombre como persona puede ser asimismo un tema filosófico.

A mi modo de ver, el estudio del hombre como ser personal pertenece también a la filosofía. Y ésa es la antropología trascendental que propongo” [68].

Rafael Corazón González, en revistas.unav.edu/

Notas:

1.      R. CORAZÓN, “Antropología trascendental y antropología teológica”, en J. A. GARCÍA GONZÁLEZ, J. J. PADIAL BENTICUAGA, Autotrascendimiento, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Málaga y Grupo de Investigación sobre el Idealismo alemán, Málaga, 2010, 277-288.

2.      R. CORAZÓN, Antropología trascendental y antropología teológica, 277.

3.      Santo Tomás usa a veces la expresión secundum statum naturae integrae, otras habla simplemente de secundum statum naturae y, para referirse al hombre caído, secundum statum naturae corruptae. Cfr. In I Sent., d. 15, q. 5, a. 2 ad 2 y S. Th., I-II, q. 109, a. 8 ad 3; De Veritate, q. 12, a. 3 ad 12; De Malo, q. 3, a. 1 ad 9, donde se refiere al statum naturae conditae.

4.      J. J. ROUSSEAU, “Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres”, en Del contrato social, Alianza Editorial, Madrid, 1998, 221.

5.      Cfr. S. Th., I-II, q. 109, a. 2.

6.      Polo lo explica así: “La redención del hombre es su elevación a la Plenitud de Dios. En esta irrupción, Dios conserva, desde luego, su perfecta prioridad, de manera que, aunque no sea lo mismo  el hombre elevado que el simple hombre, la diferencia se debe exclusivamente a la iniciativa de Dios. Por eso decía que el hombre renace. Este nuevo nacer no es propiamente un proceso que   se determine en función del hombre como supuesto; no es un segundo nacimiento que forme sonríe con el primero, o una especie de metamorfosis de la que resulte otra cosa que hombre, sino una novedad referida exclusivamente a Dios y sólo posible porque su prioridad personal es infinitamente más radical que el supuesto humano. Dios puede llegar a la intimidad existencial del hombre renovándola sin extrañarla ni reduplicarla porque es originario, frontal y creador. El adentramiento del hombre en Dios no es una evolución desde un término creado hasta un término divino, sino, valga la palabra, una invasión de Dios”. La originalidad de la concepción cristiana de la existencia, en Obras completas, v. XIII, Eunsa, Pamplona, 2015, 370-371.

7.      Cfr. PLATÓN, República, VII y Fedro, 253d s.

8.      ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco, II, 3, 1104b 10 s.

9.      Cfr. I. KANT, La religión dentro de los límites de la mera razón, I, 4.

10.       L. POLO, La persona humana y su crecimiento, en Obras completas, v. XIII, Eunsa, Pamplona, 2015, 85.

11.       L. POLO, La persona humana y su crecimiento, 86.

12.       L. POLO, La persona humana y su crecimiento, 92.

13.       L. POLO, La persona humana y su crecimiento, 93.

14.       L. POLO, La persona humana y su crecimiento, 93-94.

15.       L. POLO, La persona humana y su crecimiento, 95.

16.       L. POLO, La persona humana y su crecimiento, 95.

17.       Cfr. SANTO TOMÁS DE AQUINO, In I Sent., d. 10, q. 1, a. 5; De Potentia, q. 8, a. 4.

18.       “Lo que hoy denominamos ‘persona’, sin la teología cristiana, hubiera quedado sin nombrar, y no hubiera estado presente en el mundo (las personas no son simplemente acontecimientos naturales). Esto no significa que el empleo del concepto ‘persona’ tenga sentido solamente bajo determinados supuestos teológicos, aunque se puede pensar que la desaparición de la dimensión teológica provocaría a la larga la desaparición del concepto de persona”. R. SPAEMANN, Personas, Eunsa, Pamplona, 2000, 38.

19.       En el Decreto sobre el pecado original el Concilio prefirió la fórmula “[Adán] perdió inmediatamente la santidad y justicia en que había sido constituido”, a “en que había sido creado”. Dz, 788.

20.       CONC. ECUM. VATICANO II, Gaudium et spes, 24.

21.       J. A. GARCÍA GONZÁLEZ, “Notas y glosas sobre la creación y los trascendentales (a propósito de la antropología poliana)”, en I. FALGUERAS, J. GARCÍA, Antropología y trascendencia, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Málaga y Grupo de Investigación sobre el Idealismo alemán, Málaga, 2008, 84.

22.       J. A. GARCÍA GONZÁLEZ, Notas y glosas,  89.

23.       J. A. GARCÍA GONZÁLEZ, Notas y glosas,  92.

24.       L. POLO, Antropología trascendental, en Obras completas, v. XV, Eunsa, Pamplona, 2016, 221.

25.       L. POLO, Antropología trascendental, 208.

26.       L. POLO, Antropología trascendental, 225.

27.       “Se ha de excluir por completo que el hábito de sabiduría sea generado por el intelecto personal humano, o bien que éste le preceda”. L. POLO, Antropología trascendental, 227.

28.       L. POLO, Antropología trascendental, 225.

29.       L. POLO, Antropología trascendental, 226, nt. 11.

30.       L. POLO, Antropología trascendental, 225, nt. 10.

31.       L. POLO, Antropología trascendental, 247 y 248.

32.       L. POLO, Antropología trascendental, 248, nt. 2.

33.       L. POLO, Antropología trascendental, 250, nt. 6.

34.       L. POLO, Antropología trascendental, 256.

35.       Para santo Tomás no hay ninguna incongruencia –haciendo notar siempre que la elevación es gratuita– en que Dios haya creado al hombre como una criatura que sólo logra la felicidad con la visión de Dios: “consta, en efecto, que la beatitud de cualquier criatura intelectual consiste en su operación más perfecta; ahora bien, lo que es supremo en toda criatura racional es el entendimiento; por ello es preciso que la beatitud de toda criatura racional consista en la más noble visión del intelecto...; si, pues, la criatura racional en su visión más perfecta no alcanzase a ver la esencia divina, su beatitud no sería el mismo Dios sino algo por debajo de Dios, lo cual no puede ser ya que la última perfección de cualquier cosa se da cuando alcanza a su principio; Dios mismo ha creado de modo inmediato todas las criaturas racionales, como sostiene la fe verdadera; por eso, es preciso según la fe que toda criatura racional que llega a la beatitud vea a Dios por esencia”. De Veritate, q. 8, a. 1. E insiste: “las criaturas racionales pueden conseguir la bondad perfecta, es decir, la bienaventuranza, aunque sin embargo para conseguirla necesitan de más cosas que las naturalezas inferiores para conseguir sus fines; y por tanto, aunque sean más nobles, sin embargo no sucede que con sus solas fuerzas naturales puedan alcanzar su fin como las naturalezas inferiores; alcanzar por sí mismo la bienaventuranza es propio solamente de Dios”. De Veritate, q. 8, a. 3 ad 12. Textos paralelos en S. Th., I, q. 12, a. 4; q. 56, a. 3; CG, III, 52; In IV Sent., d. 49, q. 2, a. 6.

36.       L. POLO, Antropología trascendental, 256, nt. 13.

37.       L. POLO, Antropología trascendental, 204-205.

38.       L. POLO, Antropología trascendental, 201, nt. 16.

39.       L. POLO, Antropología trascendental, 201.

40.       L. POLO, Antropología trascendental, 24.

41.       L. POLO, Antropología trascendental, 511, nt. 279.

42.       Santo Tomás no entendió la naturaleza humana como algo cerrado e inmutable, puesto que toda naturaleza es un principio de operaciones. En concreto, “del mismo modo que, para Aristóteles, aislar a una ‘naturaleza’ individual autosuficiente y a sus facultades es hacer abstracción de la naturaleza social del hombre –naturaleza a la que siempre pertenece la amistad–, así, para santo Tomás, aislar una natura pura es una abstracción de la naturaleza religiosa del hombre, una naturaleza que conduce a la ‘amistad con Dios’. Pero la autotrascendencia de la naturaleza humana está en analogía con la superación de la situación de carencia en la que el hombre se encuentra en tanto que ser natural mediante las manos y la razón, lo que ya era un tópico antiguo. La estructura fundamental de esta idea es que la naturaleza produce en el hombre algo que es más que naturaleza (‘nobilior’, lo llama santo Tomás). El hombre no es este más; es el ser en el que la naturaleza se supera a sí misma en dirección a este más. ‘L’homme trascend infiniment l’homme’, dirá Pascal. Pero esta superación de sí mismo está basada en la constitución teleológica de la propia naturaleza...”. R. SPAEMANN, Lo natural y lo racional, Rialp, Madrid, 1989, 40-41.

43.       L. POLO, Antropología trascendental, 494, nt. 237.

44.       La persona humana y su crecimiento, en Obras completas, v.  XIII, 184. Santo Tomás  no se funda  en el acto de ser de la persona humana sino en la infinitud del intelecto para llegar a la misma conclusión: “para san Alberto Magno la total autorreferencialidad de la naturaleza cobra valor   de axioma: Natura semper recurva in se ipsa (Summa theologica, II, tract. IV, q. 14, a. 2). En consecuencia, el amor otorgado por gracia sólo puede entenderse como salida de la naturaleza, es decir, extáticamente. Pero Tomás de Aquino no reconoce validez a este axioma para la natura intellectualis, que él distingue de la creatura naturalis o de la res naturalis, por donde por lo demás se conoce que el término naturalis es siempre más estrecho y específico que el término natura. Merced a esta natura intellectualis, el ser humano presenta la peculiaridad de tender a un fin que, sin embargo, debido a la eminencia de este fin, él no puede alcanzar, sino ‘sólo por la gracia’”. R. SPAEMANN, Ensayos filosóficos, Cristiandad, Madrid, 2004, 30. Para Polo esto se debe al acto de ser, al co-acto, que siempre es además.

45.       L. POLO, Antropología trascendental, 223.

46.       L. POLO, Antropología trascendental, 233, nt. 6.

47.       L. POLO, Antropología trascendental, 240, nt. 15.

48.       L. POLO, Antropología trascendental, 252.

49.       L. POLO, Antropología trascendental, 250, nt. 6.

50.       R. SPAEMANN, Ensayos filosóficos, 31-32. En la Encíclica Humani generis, Pío XII escribió que “otros desvirtúan el concepto de ‘gratuidad’ del orden sobrenatural, como quiera que opinan que Dios no puede crear seres intelectuales sin ordenarlos y llamarlos a la visión beatífica”. Dz, 2318. Parece claro que esto no descalifica la tesis de santo Tomás ni la interpretación de Spaemann.

51.       Polo había ya estudiado –y resuelto esta dificultad– antes de la publicación de la Antropología: “el estatuto ontológico del intelecto agente es uno de los motivos de los confusos conflictos que a mediados del siglo XIII agitaron las facultades de teología cristiana... Decir que el intelecto agente es una facultad es una solución de compromiso (ad hoc) o una solución apresurada, porque una facultad no es un acto. O sustancia y, por tanto, intelecto separado y único para todos (lo que es incompatible con la persona) o facultad (lo cual es imposible). Parece un dilema insoluble... Pero no hay tal dilema... Se puede poner en el orden del esse, a partir de la distinción real entre esencia y ser: no es ni facultad ni sustancia, porque el esse hominis tampoco lo es... Si el intelecto agente está en el orden del esse hominis y admitimos la distinción real, el intelecto agente no puede ser más humano: pertenece al orden personal”. L. POLO, Curso de Teoría del Conocimiento, III, 3ª ed., Eunsa, Pamplona, 2006, 11-12. En la Antropología trascendental no usa el término “intelecto agente” sino intellectus ut co-actus o intelecto personal.

52.       “Estimo oportuno insertar en la presente investigación un esbozo de Teología Trinitaria –nada más que un esbozo indicativo– por tres razones principales... La segunda, que es necesario someter la doctrina metafísica propuesta a la exigencia de comprobar, siquiera sea de modo sumario, su idoneidad para desempeñar la función de ‘ancilla Theologiae’, que a la metafísica es inherente”. El Ser, Universidad de Navarra, Pamplona, 1965, 317-318. La expresión ancilla theologiae es sustituida por “al servicio de la teología” en la Antropología trascendental. La razón es que “el título no fue aplicado (en la edad patrística) para indicar una sumisión servil o un papel puramente funcional de la filosofía en relación con la teología. Se utilizó, más bien, en el sentido con que Aristóteles llamaba a las ciencias experimentales como ‘siervas’ de la ‘filosofía primera’. La expresión, hoy difícilmente utilizable debido a los principios de autonomía mencionados, ha servido a lo largo de la historia para indicar la necesidad de la relación entre las dos ciencias y la imposibilidad de su separación”. SAN JUAN PABLO II, Enc. Fides et ratio, 77.

53.       L. POLO, La persona humana y su crecimiento, en Obras completas, v. XIII, 70.

54.       L. POLO, Antropología trascendental, 74.

55.       L. POLO, Antropología trascendental, 96.

56.       L. POLO, Antropología trascendental, 97.

57.       L. POLO, Antropología trascendental, 98.

58.       L. POLO, Antropología trascendental, 163.

59.       L. POLO, La originalidad de la concepción cristiana de la existencia, en Obras completas, v. XIII, 291, nt. 59.

60.       L. POLO, La originalidad de la concepción cristiana de la existencia, 291.

61.       L. POLO, La originalidad de la concepción cristiana de la existencia, 290, nt. 58 y 290.

62.       L. POLO, Antropología trascendental, 591.

63.       L. POLO, Antropología trascendental, 591.

64.       L. POLO, La originalidad de la concepción cristiana de la existencia, 355.

65.       L. POLO, Antropología trascendental, 205: “la antropología trascendental es el preámbulo de la fe en el misterio de la Trinidad divina”.

66.       L. POLO, Quién es el hombre, Rialp, Madrid, 1991, 222-223.

67.       L. POLO, El Ser, 1ª ed., 313.

68.       L. POLO, Presente y futuro del hombre, Rialp, Madrid, 1993, 165-166.

 

 

Ya vienen las vacaciones de invierno. Busquemos que sean en familia

Silvia del Valle Márquez

Nov 25, 2021

Las vacaciones comienzan en el marco del adviento, así que sería bueno seguir con la dinámica familiar de preparación, y a la par pasar tiempo de descanso en familia.

Este año es muy especial porque poco a poco vamos regresando a nuestras actividades, pero también debemos cuidarnos y no bajar la guardia porque aún estamos en tiempo de pandemia y aún se nos pide guardar las medidas sanitarias.

Es cierto que debemos cuidarnos pero eso no nos impide preparar unas vacaciones muy distintas y divertidas, por eso aquí te dejo mis 5Tips para lograrlo.

PRIMERO. Ten en cuenta que el clima puede ser determinante para planear las actividades.
En cada lugar se dan condiciones muy específicas en cuanto al clima y esto puede afectar nuestros planes de vacaciones, por esto debemos tener un plan B que nos ayude a recalcular nuestros planes y adaptarnos a lo que si podemos hacer.

Siempre podemos hacer planes para los diferentes escenarios y estar siempre atentos para hacer el ajuste conforme sea necesario. Lo que es cierto es que este invierno (que aún no entra oficialmente) se ha adelantado y viene un poco más frío de lo normal.

Es necesario también estar preparados para que con los cambios radicales de clima no afecten nuestra salud, ya que eso sí que puede truncar nuestros planes de pasar unas vacaciones divertidas y en familia.

SEGUNDO. Ubica que son vacaciones de Navidad y eso le imprime una dinámica especial.
¡Claro! Son unas vacaciones para preparar nuestro corazón y nuestra familia para la llegada de Jesús a nuestros corazones y para eso debemos prepararnos.

Las vacaciones comienzan en el marco del adviento, así que sería bueno seguir con la dinámica familiar de preparación, y a la par pasar tiempo de descanso en familia.

Podemos planear algunas actividades que fomenten esta preparación espiritual y que a la vez nos ayuden a tener entretenidos a nuestros hijos.

No veas estas vacaciones como solo tiempo de descanso, sino como tiempo de preparación familiar.

TERCERO. Sácale jugo a las actividades propias de la época.
Hornear galletas, hacer regalos, etc. son actividades que podemos programar para pasar unos días de descanso en familia y dentro de nuestro hogar.

Las galletas nos pueden dar horas de sana diversión y convivencia si además prevemos adornarlas y después cenarlas en familia, o también pueden servir como regalo para nuestros seres queridos.

Entonces también podemos buscar adornarlas de forma creativa y que proyecte la personalidad de para quien es el regalo.

Otra forma de pasar productivamente el tiempo es hacer regalos hermosos con materiales que tenemos en casa, como materiales reciclados, que para nuestros hijos pequeños puede ser toda una aventura y así generarles horas y horas de sana y agradable diversión; además de que con esto les fomentamos la generosidad al hacer algo para darles a los demás.

CUARTO. Desempolva los juegos de mesa en familia.
Si no está en tus planes salir de viaje, los juegos de mesa siempre son una excelente estrategia para pasar horas entretenidos en familia y conviviendo, además de que estos les ayudan a nuestros hijos a seguir formando en las virtudes y en la tolerancia a la frustración.

Para que en verdad sean momentos agradables debemos poner las reglas de juego bien claras de manera que, si alguien se siente agredido o que se ha hecho trampa, siempre se pueda acudir a las reglas y estar seguros de que todo está en orden.

Hay que programar los periodos de juego alternados con otras actividades para que no se convierta en una guerra campal y termine en algo desagradable.

Nuestra presencia y participación es indispensable para que todo se mantenga en orden y siempre encaminado a la sana convivencia y entretenimiento familiar.

Y QUINTO. Trata de pasar el mayor tiempo posible conviviendo como familia ya sea por zoom o en pequeños grupos.
Como aún es tiempo de cuidarnos es importante programar algunas actividades como estas para convivir con la familia que no está tan cerca de nosotros.

Las conferencias por zoom y ese tipo de plataformas ayudan mucho para que, a pesar de la distancia física, podamos estar cercanos y seguir fortaleciendo los vínculos de amor entre la familia.

Como estamos por comenzar el periodo vacacional es perfecto tiempo para que hagamos planes también con estas actividades y nuestros hijos estén incluidos en ellos.

Solo es cuestión de echar a volar la imaginación y la creatividad y planear un poquito nuestras vacaciones para que sean las mejores y para que nos ayuden a vivir el nacimiento de Jesús en nuestra familia y en nuestro corazón.

 

 

¿Qué es la Novena de la Inmaculada?

 Novena inmaculada

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Novena a la Inmaculada Concepción de María

¿Qué es la novena de la Inmaculada?

Es una devoción cristiana que consiste en prepararse interiormente para la fiesta de la Inmaculada los nueve días previos. Se celebran misas especiales, se reza el Sto. Rosario u otras devociones marianas, pero en cualquier caso, lo más importante es vivirla personalmente. En algunos lugares empieza el 29 de noviembre, y otros el 30, según se incluya o no el día de la fiesta.

 

Ofrecemos algunos textos, seleccionados en nueve apartados distintos, uno para cada día de la novena. Los apartados acaban con una breve oración compuesta por san Josemaría, dirigida a Nuestra Madre del Cielo.

 

La Costumbre

La Novena de la Inmaculada es una costumbre que ha cristalizado en la Iglesia para preparar la gran solemnidad del 8 de diciembre. Se aconseja que cada uno la viviera personalmente, del modo que considere más oportuno; poniendo más empeño en la conversación asidua con la Virgen, con un delicado esmero en la oración, la mortificación, el trabajo profesional; y procurando que los parientes, amigos y conocidos se acerquen a Jesucristo por medio de nuestra Madre.

 

30 DE NOVIEMBRE – “María, la llena de gracia” 
1 DE DICIEMBRE – “Madre de todos, de cada uno”

2 DE DICIEMBRE – “María, Maestra de oración”

3 DE DICIEMBRE – “María, Mujer de fe. Maestra de fe”

4 DE DICIEMBRE – “María, Madre del Amor Hermoso”

5 DE DICIEMBRE – “Santa María, Esperanza nuestra. Maestra de esperanza”

6 DE DICIEMBRE -“María, refugio y fortaleza nuestra”

7 DE DICIEMBRE – “María, Maestra de vida ordinaria”

8 DE DICIEMBRE – “Santa María, Reina de los Apóstoles”

 

El secreto de Jesús. ¿Alegría y dolor compatibles?

Escrito por José Martínez Colín.

La alegría es uno de los doce frutos del Espíritu Santo que San Pablo menciona y que el Catecismo de la Iglesia Católica recoge.

1) Para saber

Se cuenta que un pordiosero, hombre profundamente piadoso, todos los domingos, después de asistir a la santa Misa, se colocaba en la puerta de la iglesia para pedir limosna a quienes salían del templo. Tenía un viejo sombrero con el que recogía las limosnas que buenamente depositaban los feligreses. Con una sonrisa agradecía mucho las monedas. Un día alguien le regaló un sombrero que ya no le servía. El mendigo lo colocó a un lado. Al verle con dos sombreros, un feligrés que lo conocía le preguntó: “¿Cómo es que ahora tienes dos sombreros?”. El mendigo le contestó sonriendo: “Como el negocio va bien, decidí abrir una sucursal”.

La alegría y el buen humor suelen ser síntomas de tener el alma en paz. El papa Francisco, en su reflexión sobre la Carta a los Gálatas, se refirió a la alegría como uno de los frutos del Espíritu Santo. Así como quien vive de modo mundano tiene frutos malos, quien vive según el Espíritu Santo obtendrá frutos buenos. San Pablo advierte contra los comportamientos contrarios al Espíritu de Dios: el uso egoísta de la sexualidad, las prácticas mágicas como la idolatría, aquello que socava las relaciones interpersonales, como la «discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias…» (cf. Gál 5,19-21). En cambio, las obras según el Espíritu dan vida, nos elevan y nos abren a Dios y a los demás.

2) Para pensar

La vida cristiana, no suprime el dolor, sino le da un nuevo sentido. Al ver la necesidad de purificar el corazón, lo hace a través del sacrificio. Así lo propone Nuestro Señor al invitarnos a tomar la cruz de cada día. Como dice quien fuera Arzobispo de México, Mons. Luis María Martínez: “Pero si Jesús no suprimió el dolor, hizo algo más grande y más bello, lo envolvió en el gozo e hizo que de los senos profundos del dolor brotara la perfecta alegría”. Con esa alegría nos consuela el Espíritu Santo. Es una alegría donde puede coexistir con el dolor, tal y como se dio en el alma de Jesús durante su vida mortal. Jesús guardaba en su corazón el secreto para poder no perder su alegría en medio del dolor que le causaba los pecados de los hombres: su secreto era el gran amor que nos tiene. También nosotros, en la medida en que logremos envolver el dolor con el amor, el amor a Dios, brotará el fruto de la alegría con el que nos consuela el Espíritu Santo. Por ello, al Espíritu Santo se le conoce como el Consolador. Y como el amor del Espíritu Santo es infinito, es el perfecto Consolador.

3) Para vivir

La alegría es uno de los doce frutos del Espíritu Santo que San Pablo menciona y que el Catecismo de la Iglesia Católica recoge: caridad, alegría, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad (Cfr. n. 1832).

Como un buen ejercicio espiritual, propone el papa Francisco leer la lista de san Pablo y mirar la propia conducta, para ver si se corresponde según el Espíritu Santo. Preguntarnos, ¿mi vida produce estos frutos? Examinarnos para ver si nuestra vida se ha dejado trasformar por el Espíritu para ser, como Jesús, una eucaristía, don y acción de gracias, para gloria de Dios y salvación de la gente.

 

Respondiendo los Argumentos Científicos del Movimiento Homosexual

 

Los medios de comunicación de izquierda han anticipado el veredicto de la comunidad científica y difunden la falsa impresión de que la ciencia valida la homosexualidad. La evidencia no podía ser más contraria.

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En su esfuerzo por dar a la homosexualidad todas las apariencias de normalidad, el movimiento homosexual se ha vuelto hacia la ciencia, intentando probar tres premisas mayores:

1. la homosexualidad es genética o innata;

2. la homosexualidad es irreversible;

3. una vez que hay animales que tienen vida sexual con otros del mismo sexo, esto es natural.

El artículo concluye que la homosexualidad no es sólo contraria a la naturaleza racional del hombre, sino también a la naturaleza animal.

Los medios de comunicación de izquierda han sido bien solícitos es anticipar el veredicto de la comunidad científica y difundir la falsa impresión de que la ciencia valida la homosexualidad. La evidencia no podía ser más contraria.

Contenidos

 

“¡Yo nací así!”

El argumento de que los homosexuales “nacieron de esa forma” o de que “está en los genes” condujo a la búsqueda del gen homosexual. Tres proyectos de investigación han sido comúnmente mal interpretados para apoyar esa conclusión, en especial las del Dr. Simon LeVay, Drs. J. Michael Bailey y Richard C. Pillard, y el Dr. Dean Hamer.[1]La Asociación Médica Católica resume los hechos en Homosexualidad y Esperanza:

Varios investigadores han tratado de encontrar una causa biológica para la atracción entre seres del mismo sexo. Los medios de comunicación han promovido la idea de que un “gen gay” ya ha sido descubierto… pero, a pesar de varios intentos, ninguno de los muy difundidos estudios… ha sido científicamente demostrado. Varios autores han revisado cuidadosamente estos estudios y encontrado que, no sólo éstos no prueban la base genética para la atracción por el mismo sexo, sino que ni siquiera contienen tales declaraciones…

Si la atracción por el mismo sexo estuviese genéticamente determinada, entonces uno esperaría que unos gemelos sean idénticos en sus atracciones sexuales. Hay, sin embargo, numerosos informes sobre gemelos que no son idénticos en sus atracciones sexuales.[2]

El Estudio del Dr. Simon LeVay

La investigación del Dr. LeVay sobre el cerebro se centró en un grupo de células del hipotálamo, conocidas como INAH-3. El alegó haber encontrado “sutiles, pero significativas diferencias” entre las estructuras cerebrales de hombres homosexuales y normales. Concluyó el resumen de su estudio diciendo: “Este descubrimiento … sugiere que la orientación sexual tiene un substrato biológico.”[3]Fue tanta y tan descabellada la especulación que siguió a la publicación de su estudio en Science Magazine que el Dr. LeVay se sintió impelido a enmendarlo. En 1993, escribió:

Para muchas personas, encontrar una diferencia en la estructura cerebral entre hombres homosexuales y normales equivale a probar que los homosexuales “nacieron así”. Una y otra vez he sido definido como alguien que “probó que la homosexualidad es genética,” o algo así. No lo hice. Mis observaciones fueron hechas sólo en adultos que fueron sexualmente activos por un período considerable de tiempo. No es posible, sólo con base en mis observaciones, decir si las diferencias estructurales estaban presentes al nacer y más tarde, influenciaron a los hombres a hacerse homosexuales o normales; o eso apareció en su vida adulta, quizá como resultado de su conducta sexual.[4]

La insistencia del Dr. LeVay en observaciones más amplias es el punto capital de todo el problema. Explicando la investigación hecha por un profesor de neurología en la Universidad de California en Berkeley, Dr. A. Dean Byrd dice:

El cerebro se adapta a los comportamientos

Yo he “curado” a muchos homosexuales… Cualquier otro investigador puede examinar mi trabajo porque está todo documentado en 10 años de cintas magnéticas…Es un mito destructivo que “una vez que es homosexual, siempre lo será.” (L. Hatterer)

[El Profesor] Breedlove concluyó que el cerebro no es un órgano estático. Cambia y se ajusta al comportamiento, y, en el caso de este estudio, específicamente a la conducta sexual. Así, cuando alguien se empeña en un acto particular repetidamente, ciertos circuitos nerviosos en el cerebro son fortalecidos. Como el cerebro es un órgano físico, cuando estos circuitos nerviosos son fortalecidos, se reflejan en la química del cerebro. Alguien que repetidamente juega basketball tendrá un cerebro diferente de alguien que estudia técnicas aeroespaciales. Asimismo, el comportamiento de una persona homosexual probablemente produce un resultado diferente en la estructura cerebral. Estudios como el de LeVay, aunque sean concluyentes, sólo muestran lo que la ciencia ya sabe sobre el cerebro.[5]

El Estudio de Bailey y Pillard

El Estudio de Bailey y Pillard se centró en mellizos. Como el estudio de la Asociación Médica Católica señala, si la homosexualidad es genética, gemelos, que comparten el mismo código genético, deberían tener actitudes idénticas hacia la homosexualidad.Sin embargo, los Drs. Bailey y Pillard no pudieron establecer esto. Su estudio probó que, cuando un gemelo era homosexual, había aproximadamente una probabilidad 50/50 de que el otro gemelo fuese también homosexual. No obstante, esta probabilidad 50/50 es más bien atribuible a la influencia de la cultura circundante y del otro gemelo.

Como el Dr. Byrd señala:

“El único punto esencial que emerge de la investigación de Bailey y Pillard realmente probó que las influencias ambientales juegan un fuerte papel en el desarrollo de la homosexualidad.” [6]

El estudio del Dr. Dean H. Hamer

Mucha gente equivocadamente cree que Dr. Dean H. Hamer descubrió el “gen gay”. Su investigación del ADN se centró en una pequeña parte del cromosoma X en la posición Xq28. Después de analizar esta secuencia de ADN en cuarenta pares de hermanos homosexuales, concluyó que los mismos marcadores genéticos existían en el 83% de ellos.Sus hallazgos fueron mal interpretados, como siendo una prueba de que la homosexualidad es genética y hereditaria. Sin embargo, como el mismo Dr. Hamer afirmó:

La herencia no produjo lo que originalmente esperábamos encontrar: una simple herencia Mendeliana. De hecho, nunca encontramos una sola familia en la cual la homosexualidad hubiese sido transmitida según el obvio modelo que Mendel observó en sus plantas de guisantes.[7]

Neil Whitehead, un Ph.D. en bioquímica, afirmó: “la homosexualidad no es innata, no es dictada genéticamente, no es inmutable.”

El Dr. George Rice realizó de nuevo la investigación del Dr. Hamer, pero con diferentes resultados. Esto llevó al Dr. Rice a concluir: “Nuestros datos no apoyan la presencia de un gen de amplio efecto que influencie la orientación sexual en la posición Xq28.” [8]

Neil Whitehead, un Ph.D. en bioquímica, afirmó: “la homosexualidad no es innata, no es dictada genéticamente, no es inmutable.” [9]

“¡Yo no puedo cambiar!”

Nada es más devastador para la agenda homosexual que la afirmación de que la homosexualidad puede ser curada. En realidad, si la homosexualidad es genética, dominante e irreversible, entonces nadie es responsable por los actos sexuales desviados, una vez que no pueden ser resistidos o cambiados cuando se desea.Sin embargo, el hecho innegable es que, actuando sobre el comportamiento homosexual pasado, la terapia psicológica probó ser exitosa en disminuir, y en muchos casos aun eliminar, la atracción indeseada por el mismo sexo. Esto desconcierta a los activistas homosexuales radicales.[10]

Por esta razón, el movimiento homosexual ostenta una marcada aversión hacia aquellos que sugerirían que la homosexualidad puede ser revertida o curada. Por ejemplo, el Dr. C. C. Tripp declaró en un debate público: “No hay una solo caso registrado de un cambio en la orientación homosexual que haya sido considerado válido por jueces externos o por análisis.”[11]

La cura de la homosexualidad

Basado en su experiencia profesional, el Dr. Lawrence Hatterer respondió:

Yo he “curado” a muchos homosexuales… Cualquier otro investigador puede examinar mi trabajo porque está todo documentado en 10 años de cintas magnéticas. Muchos de estos pacientes “curados” (prefiero usar la palabra “cambiados”) se han casado, tenido familias y vivido felices. Es un mito destructivo que “una vez que es homosexual, siempre lo será.”[12]

Enfrentado con la evidencia, aun el Dr. Robert L. Spitzer, que dirigió la campaña en la Asociación Psiquiátrica Norteamericana para suprimir la homosexualidad de la lista de desórdenes psiquiátricos, cambió de opinión:

“Como la mayoría de los psiquiatras, yo pensaba que el comportamiento homosexual no podía ser resistido, pues la orientación sexual no podía ser cambiada. Ahora creo que eso es falso: algunas personas pueden y hacen el cambio.”[13]

El Dr. Robert L. Spitzer, que dirigió la campaña en la Asociación Psiquiátrica Norteamericana para suprimir la homosexualidad de la lista de desórdenes psiquiátricos, cambió de opinión: “Como la mayoría de los psiquiatras, yo pensaba que el comportamiento homosexual no podía ser resistido, pues la orientación sexual no podía ser cambiada. Ahora creo que eso es falso: algunas personas pueden y hacen el cambio.”

En un estudio sobre 200 ex-homosexuales, hecho el año 2001, el Dr. Spitzer encontró que la religión era una razón muy importante por la que muchos abandonaron la homosexualidad: “Las dos razones más comunes para buscar el cambio eran que vivir como un homosexual o lesbiana ya no era satisfactorio (81%) y que el comportamiento homosexual estaba reñido con la religión del participante (79%).”[14]

Los resultados significativamente positivos de la terapia simplemente no pueden ser ignorados. La declaración Homosexualidad y Esperanza, de la Asociación Médica Católica observa:

Buenos resultados de las terapias

Varios terapeutas han escrito extensamente sobre los resultados positivos de la terapia para la atracción homosexual. Revistas de tratamiento para las atracciones no deseadas hacia el mismo sexo muestran que es tan exitoso como el tratamiento para problemas psicológicos similares: alrededor del 30% se libera de los síntomas y otro 30% experimenta una mejoría.

Relatos de algunos terapeutas han sido igualmente positivos… Esto es sólo una muestra representativa de los terapeutas que relatan resultados exitosos en el tratamiento de personas que experimentan atracción hacia el mismo sexo.[15]

Si la terapia para la atracción no deseada por el mismo sexo registra una tasa de éxito del 30% (y otro 30% son parcialmente curados) en la sociedad hedonista de hoy, ¿cuánto más éxito se podría esperar en una cultura verdaderamente católica que proporcione todos los elementos para la práctica de la virtud?

“Si los animales lo hacen, entonces debe ser natural”

Conscientes de la debilidad científica de sus dos primeras premisas, los activistas homosexuales a menudo usan la tercera premisa basada en el comportamiento animal.El raciocinio que está por detrás de esta tercera premisa científica homosexual podría ser formulado así: “El comportamiento homosexual se observa en animales. Los animales siguen sus instintos de acuerdo con su naturaleza. Por tanto, la homosexualidad está de acuerdo con la naturaleza animal. Una vez que el hombre es también animal, entonces la homosexualidad debe también estar de acuerdo con la naturaleza humana.”

¿El infanticidio y el canibalismo son también parte de la naturaleza humana?

Esta tipo de raciocinio homosexual es insostenible. Quienes lo aplican a actos aparentemente homosexuales entre animales deben aceptar también otras formas de comportamiento animal, tales como el que los padres maten a sus descendientes, o que algunas especies se devoren entre sí, pues están de acuerdo con la naturaleza animal.[16]Aplicando este raciocinio al hombre (porque también es animal) forzaría a aceptar la conclusión absurda de que el infanticidio y el canibalismo están de acuerdo con la naturaleza humana.[17]

No existe en animales un “instinto homosexual”

Cualquiera que se ocupe de la más elemental observación animal es forzado a concluir que la “homosexualidad” animal, el infanticidio y el canibalismo son excepciones al comportamiento normal animal. En consecuencia, no se puede hablar de ellos como de instintos en la naturaleza animal. Estas formas observables y excepcionales de comportamiento animal resultan de otros factores que están más allá de los instintos normales.

Explicando el problema: estímulos que se chocan e instintos confusos

Explicando el problema de estos comportamientos, la primera observación debe ser el hecho de que los instintos animales no están atados por el determinismo absoluto de la leyes físicas que gobiernan el mundo mineral. En varios grados, todos los seres vivos pueden adaptarse en algo a las circunstancias. Ellos responden a estímulos internos o externos.En segundo lugar, la cognición animal es puramente sensorial, limitada a sonidos, olores, tacto, gustos e imágenes. Así, ellos no tienen la precisión y claridad de la percepción intelectual humana. Por lo tanto, no es raro que los animales confundan una sensación con otra o un objeto con otro.

Los instintos mueven un animal hacia un fin de acuerdo con su naturaleza. Sin embargo, la confianza espontánea del impulso instintivo puede sufrir modificaciones en su curso, cuando otras imágenes sensoriales, percepciones o memorias pueden entrar en juego como nuevos estímulos que afectan el comportamiento del animal. También, el conflicto de dos o más instintos puede a veces modificar el impulso original.

En el hombre, cuando dos reacciones instintivas se chocan, el intelecto determina el mejor camino a seguir, y la voluntad entonces refrena un instinto mientras estimula el otro.

Con animales, dada la ausencia de intelecto y voluntad, cuando dos impulsos instintivos chocan, prevalece aquel más favorecido por las circunstancias. Esto resulta en casos observables de “infanticidio” animal, canibalismo y “homosexualidad.”

“Infanticidio” animal

Sarah Hartwell explica que gatos matan sus gatitos como resultado de recibir señales mezcladas de sus instintos:La mayoría de las gatas pueden conmutar entre “el modo de jugar” y “el modo de cazar” para no dañar a sus crías. En las gatas este desconectar del “modo de cazar” puede ser incompleto y, cuando ellas están muy excitadas con el juego, el instinto “cazador” se refuerza y ellas pueden matar a los gatitos. El instinto de caza es tan fuerte, y es tan duro desactivarlo cuando la presa está presente, que el descuartizar y aun el comer los gatitos puede seguirse… Compare el tamaño, sonido y actividad de gatitos con el tamaño, sonido y actividad de la presa. Ambos son pequeños, tienen voces chillonas y tienen movimientos rápidos y erráticos. Todo esto dispara el comportamiento cazador. En la gata, el comportamiento maternal no siempre puede sobrepasar el comportamiento cazador y ella trata a los gatitos exactamente del mismo modo como trataría a una presa pequeña. Sus instintos están confundidos.[18]

Canibalismo animal

A respecto del canibalismo animal la revista Iran Nature and Wildlife Magazine comenta:[Un] caníbal es un animal que se alimenta de otros de su propia especie… Alrededor de 140 especies diferentes muestran tendencias caníbales en varias situaciones. El canibalismo es más común entre vertebrados inferiores e invertebrados, a menudo debido a que el animal depredador confunde a uno de su especie con una presa. Pero también ocurre entre pájaros y mamíferos, especialmente cuando la comida es escasa.[19]

Comportamiento animal “homosexual”

Exactamente porque los animales carecen de razón, sus medios de expresar sus estados afectivos (temor, placer, dolor, deseo, etc.) son limitados. Los animales carecen de los ricos recursos de que el hombre dispone de adaptar su modo de hablar, mirar y hacer gestos para expresar sentimientos. En consecuencia, los animales a menudo expresan ambiguamente sus estados afectivos. Ellos piden prestadas, por así decir, las manifestaciones del instinto de reproducción para manifestar los instintos de dominio, agresividad, temor, gregarismo, etc.Un ejemplo típico de este fenómeno puede ser visto con bonobos. Estos mamíferos de la familia de los chimpancés mantienen un comportamiento aparentemente sexual. Estas actitudes sexuales son su manera de expresar dominio, temor, aceptación y otros estados afectivos. Así, Frans B. M. de Waal, que pasó cientos de horas observando y filmando bonobos, dice:

Hay dos razones para creer que la actividad sexual [comportamiento] es la respuesta del bonobo para evitar conflicto. Primero, cualquier cosa, no solamente el alimento, que despierta el interés de más de un bonobo a la vez tiende a resultar en contacto sexual. Si dos bonobos se aproximan a una caja de cartón lanzada dentro de su cerca, ellos rápidamente montarán encima del otro antes de jugar con la caja. Tales situaciones conducen a riñas en la mayoría de las otras especies. Pero los bonobos son enteramente tolerantes, quizá porque ellos usan el sexo para apartar la atención y diluir la tensión.

Segundo, la actividad sexual de los bonobos a menudo ocurre en contextos agresivos sin relación alguna con la comida. Un macho celoso podría expulsar a otro lejos de la hembra, después de lo cual los dos machos se reúnen y realizan un frotamiento de los órganos sexuales. O después de que una hembra golpea a una cría, la madre de esta última puede embestir a la agresora, acción que es inmediatamente seguida por un frotamiento de los genitales entre las dos adultas.[20]

Otra explicación para el comportamiento aparentemente “homosexual” entre animales es la confusión al identificar al otro sexo. Mientras más bajas sean las especies en la escala animal, más tenues y difíciles de detectar son las diferencias entre sexos, llevando a confusiones más frecuentes.

En todo caso, permanece el hecho de que, cualesquiera sean las apariencias que el comportamiento animal “homosexual” pueda asumir, ellas no vienen de un instinto “homosexual” que sea parte de la naturaleza animal. El Dr. Antonio Pardo, Profesor de Bioética en la Universidad de Navarra, España, explica:

La homosexualidad entre animales no existe

Hablando en términos precisos, la homosexualidad no existe entre animales… Por razones de supervivencia, el instinto reproductivo entre animales es siempre dirigido hacia un individuo del sexo opuesto. Por tanto, un animal nunca puede ser homosexual como tal. Sin embargo, la interacción de otros instintos (particularmente el dominio) puede resultar en comportamiento que parezca ser homosexual. Tal comportamiento no puede ser considerado equivalente a una homosexualidad animal. Todo esto significa que el comportamiento sexual animal abarca aspectos más allá de la reproducción.[21]

Concluyendo, la homosexualidad no es sólo contraria a la naturaleza racional del hombre, sino también a la naturaleza animal.

 

NOTAS:

[1] Simon LeVay, “A Difference in Hypothalamic Structure Between Heterosexual and Homosexual Men,” 253 Science, 1034 (1991). J. Michael Bailey and Richard C. Pillard, “A Genetic Study of Male Sexual Orientation,” 48 Archives of General Psychiatry, 1089 (1991). Dean H. Hamer y otros., “A Linkage Between DNA Markers on the X Chromosome and Male Sexual Orientation” in The Science of Desire (New York: Simon Schuster, 1995), Appendix A.

[2] Homosexuality and Hope (Catholic Medical Association, 2000) p. 2. (Todas las notas originales han sido omitidas.) Ver también Gerard J.M. van den Aardweg, p. 25.

[3] Simon LeVay, The Sexual Brain (Cambridge, Mass.: The MIT Press, 1993), p. xii.

[4] Ibid., p. 122.

[5] Dr. A. Dean Byrd y Stony Olsen, “Homosexuality: Innate and Immutable?” Regent University Law Review, Vol. 14, pp. 516-517. (Las notas originales han sido omitidas.)

[6] Ibid., p. 523.

[7] Hamer y Copeland, p. 104.

[8] George Rice, y otros., “Male Homosexuality: Absence of Linkage to Microsatellite Markers at Xq28,” Science, Vol. 284, p. 667.

[9] Neil y Briar Whitehead, My Genes Made Me Do It! A Scientific Look at Sexual Orientation (Lafayette, La.: Huntington House Publishers, 1999), p. 9.

[10] Testimonios personales de ex-homosexuales pueden ser encontrados en www.narth.com/menus/interviews.html y http://couragerc.net/MemberTestimonies.html.

For examples of pro-homosexual animosity for successful therapy, see Dr. Gregory Herek, www.psychology.ucdavis.edu/rainbow/html/facts_changing.html, DignityUSA at www.dignityusa.org/news/981008exgay.html, GLAAD, www.glaad.org/media/archive_detail.php?id=133.

[11] Homosexuality and Hope, p. 6.

[12] Ibid.

[13] “Prominent Psychiatrist Announces New Study Results: Some Gays Can Change,”“ www.narth.com/docs/spitzer2.html.

[14] Warren Throckmorton, “Initial Empirical and Clinical Findings Concerning the Change Process of Ex-Gays,” Professional Psychology: Research and Practice, 2002, Vol. 3, p. 246.

[15] Homosexuality and Hope, p. 7.

[16] Cf. Sarah Hartwell, “Cats that kill kittens,” www.messybeast.com/kill_kit.htm. También, “Cannibalism in Animals,” www.hamshahri.org/musiems/daarabad/inwm/no.8/english/wnw/wnw01.html.

[17] “ Es un error frecuente comparar los comportamientos humanos y animales, como si tuviéramos la misma naturaleza. Vemos, por ejemplo, actos de inenarrable ferocidad entre animales como la muerte de las crías, de los individuos más débiles y de las parejas después de aparearse. Esto no significa que los hombres deban ajustar sus vidas a los patrones seguidos por los seres irracionales, no dotados de una conciencia individual. Las leyes que rigen el comportamiento humano son de una naturaleza diferente y deben ser buscadas donde Dios las inscribió, es decir, en la naturaleza humana”. (Bruto Maria Bruti, Domande e risposte sul problema dell”omosessualità, www.paginecattoliche.it/domande­_omosessualita.htm).

[18] Sarah Hartwell, “Cats that kill kittens.” (Destaques nuestros.)

[19] “Cannibalism in Animals.” (Destaques nuestros.)

[20] Frans B. M. de Waal, “Bonobo Sex and Society,” Scientific American, Mar. 1995, pp. 82-88, www.songweaver.com/info/bonobos.html. (Destaques nuestros.)

[21] Antonio Pardo, “Aspectos médicos de la homosexualidad,” Nuestro Tiempo, Jul./Aug. 1995, pp. 82-89.

 

Se puede

“Se puede lograr que las universidades sean espacios donde no solo se estudia una carrera y se consigue un título que quizás abra la puerta de la empleabilidad, sino donde la persona se forma a conciencia para vivir una vida en plenitud”. Se puede. Conozco una estudiante, mi sobrina, que lo está haciendo. Cosa distinta es cuantas personas se preocupan por esos aspectos en una universidad masificada, una universidad que es condición casi imprescindible para conseguir mañana un buen empleo. Afán de formación, bastante menos…

Dice Newman: “La studiositas, el estudio, es una acción que llena de profundidad y alegra y ordena la interioridad del ser humano. Tiene que ver con la capacidad que la persona posee de hacerse con la verdad, que pasa a ser propia y con la que se convive felizmente. Esa serena satisfacción en la mente y la conciencia proviene de la certeza en la posesión del conocimiento”. Sin embargo, se observa una influencia de la ley del mínimo esfuerzo, una tendencia al copieteo, una dificultad para las horas de estudio, ya que es importante dedicar un tiempo, a ser posible diario, al gimnasio o el deporte, y se dedica mucho tiempo al móvil y, para colmo, apenas cuentan los que tienen más deseos de hacerlo bien, de lugares adecuados, sin ruidos, sin televisiones, sin pantallas…

Surge cierta perplejidad, o al menos duda, cuando se trata de hablar del nivel universitario.

Jesús D Mez Madrid

 

¿Sin una laicidad abierta?

Como contraste a la desaparición de toda alusión a Dios en el lenguaje público, se suscitaba en la ciudad alemana de Colonia, hace aproximadamente un mes, una fuerte polémica tras autorizar el alcalde la llamada a la oración de la tarde desde los alminares de las mezquitas. Tener en cuenta que en Colonia el 12% de la población es musulmana, una comunidad empeñada en manifestar en la plaza pública el fundamento religioso de su identidad.

Pienso, es mi opinión, que Europa debería recordar que su propia identidad se funda en aquel “buscar a Dios”, que Benedicto XVI invocó en su discurso en el Colegio de Los Bernardinos de París. Europa no puede funcionar sin una laicidad abierta que reconozca la aportación sustancial de la experiencia religiosa a la convivencia civil.

Jesús Domingo Martínez

 

 

La buena noticia

El coste que está produciendo el coronavirus es enorme en términos de vidas humanas y de nuevos brotes y mutaciones del virus, pero también hay un fuerte impacto económico, estimado por el FMI en 4,5 billones de euros para los próximos 5 años.

Los cuellos de botella en la economía mundial son un recordatorio más de que el “sálvese quien pueda” no funciona. La buena noticia es que surgen nuevos tratamientos contra el Covid asequibles y fáciles de administrar y la vacuna de Hipra a punta per a su aplicación. Solo del antiviral desarrollado por la farmacéutica Merk, libre de patentes por acuerdos con ONGs, se distribuirán 10 millones de dosis antes de final de año. Es el momento de que también los gobiernos de los países ricos apuesten por una estrategia de global. Sin la presión ya de la crisis sanitaria sobre sus cabezas, al menos no tan fuerte como hace unos meses, no hay excusas para no cumplir al menos los compromisos adquiridos.

Domingo Martínez Madrid

 

Reflexiones de casi “un siglo vivido”

 

                                Como nací en 1938 y en un miserable país (España) que se autodestruía en la peor de las guerras, cual es “la civil”; en la que asesinan a mi padre y nos dejan en la miseria a mi madre y a mí, destruyendo igualmente toda mi familia, de los que algunos mueren y otros huyen empujados por las hambres y miserias consecuentes de la plaga “guerracivilista”; y en un municipio (Mancha Real) donde la inmensa mayoría de habitantes (al igual que en el resto de Andalucía y en igual proporción en el resto de “españa”) los que no morían de hambre, sobrevivían miserablemente, más “como siervos de la gleba”, que como seres humanos. Habiendo pasado de esa gran miseria, hasta llegar a las “sobras abundantes de medios”, como para reírme del miserable mundo donde vine (“o me castigaron”) a vivir… Me considero bien documentado, como para en un apretado boceto, relatar la enorme aventura de quienes como yo, que son innumerables, pasaron de “casi no tener nada a tener sobras de todo; de vivir en inmundas viviendas, incluso con paredes de adobe (algunos en cuevas naturales; que yo vi) y techos de paja o vegetales; careciendo de agua incluso y de inmundo retrete comunal o “pozo ciego); y lo que quiera imaginar “quién esto lea”; de que fuimos unas generaciones castigadas; a pasar desde el “Neolítico”, o era parecida, a como hoy me ocurre a mí, que conduzco un vehículo propio, “que me regula el ambiente, e incluso me calienta las espaldas”; cosa imposible de creer salvo para quienes lo hemos vivido y pasado por, “los viacrucis” que la vida nos proporcionó y a los que hubo que hacer frente, con los inmensos miedos consiguientes; pero con “las agallas” suficientes para irlos superando, sin nunca; “haber sido llamados ante un juez para responder de nada”. No me sorprenden ya ni los suicidios del “hoy”, puesto que con los que había en aquella tristísima infancia y cercanos a mi entorno, me sobran experiencias para imaginar, las masas de desgraciados, que bien, “ahorcándose o por otros medios, desaparecían de aquellas horribles vidas, ya que la muerte la considerarían como liberación”… Imagine el lector que se queja de que, “la vida no se puede vivir hoy y trate de imaginativamente situar las escenas de aquellas miserias máximas”; y donde y por ejemplo, “la tribu más salvaje o atrasada de aquella época en que el planeta aún no habría llegado a los dos mil millones de habitantes”… vivirían (como hoy las pocas que quedan) en una envidiable felicidad natural, pegados a la Madre Naturaleza, única escuela que desde la noche de los tiempos, los enseñó; hasta que llegaron “las civilizaciones” y crearon, las muchas “selvas peores; que desde hace mucho tiempo y hoy más podridas, padecemos el mono humano”.

                                Yo he visto desde encender un cigarro, liado con tabaco cultivado en cualquier terreno propicio para ello, y encender el mismo, con una trozo de pedernal, golpeado con otro de hierro, logrando la chispa para prender, la yesca cogida en vete a saber qué tipo de plantas silvestres, por aquel pastor “de la escena”, que abrigado con una zamarra de burda piel de oveja, fumaba con delectación aquel maloliente tabaco verde; como igualmente, mi alma de muy niño, disfrutó de un concierto inigualable (he estado en Berlín oyendo su Filarmónica), en el asentamiento de una manada de ovejas, que al anochecer se asentaron en las afueras de aquel pueblo, y cuyo pastor, sacando de su zurrón, una rústica flauta de caña común; “sacó de la misma los sonidos más maravillosos que yo he disfrutado a lo largo de mi larga vida, y que disfruté aquel anochecer de aquel verano siendo yo muy niño”.

                                He ido a dormir acompañado de mi abuela materna (mi madre estaba trabajando como “sierva” en la cercana capital y donde yo nací) en el por otra parte, más “caliente y maternal cama que yo haya disfrutado”, pero alumbrados por un candil, cuyo combustible era el aceite de aceituna, y una “torcía” que dosificaba el mismo, para producir, aquella mortecina luz, la que era apagada, con “el soplo humano”, que precedía a las tinieblas, alguna conversación entre abuela y nieto y a dormir, pegaditos los dos, en “un calor”, nunca disfrutado jamás. Mis baños, se iniciaron en una palangana o jofaina, con agua traída de la fuente en cántaros o cubo de cinc, que aquella admirable mujer, tenía que transportar a diario para los usos imprescindibles; después y ya trabajando a los siete años “en la capital” y hasta casi que me llevaron “a la mili”, conocí el agua corriente y luego (al fuego) caliente, en un lebrillo o tinajón de barro, luego barreño de cinc, y con la ayuda de “una olla de agua caliente”; darme un baño, enjabonado con ese buen jabón, que se hacía con “el aceite sobrante de los fritos” y ayudado por, aquellas fuertes fibras de las sogas de esparto, ya desechadas y que, “te essollaban” la piel (al decir de mi abuela) y te dejaban tan limpio “como los chorros del oro”, lo que aquella noche, te hacía dormir “como los ángeles”. Desde viajar a lomos de una burra, pasando por todos los vehículos conocidos que por tierra mar y aire, los he conocido todos o casi todos, puesto que cuando viajar en avión era un verdadero lujo; he fumado cigarros puros a bordo y sin molestar a nadie, puesto que los aspiradores de humo, lo “chupaban” con una precisión y rapidez, que ni molestaba a mi esposa que estaba sentada a mi lado. Desde comer acompañado bajo cualquier árbol en ribazo de carretera, “pan y alguna lata de conserva y unos tragos de vino que en previsión llevábamos dos vendedores de mercancías, en aquella motocicleta en la que yo viajaba de paquete; todo ello para ahorrar los mínimos gastos del día”… hasta haber cenado, más de una vez, en el Lido de París o el Molino Rojo y con champán francés; he conocido innumerables figones, casas de comidas, chiringuitos y muy buenos restaurantes, nacionales y extranjeros. Eso sí, nunca fui descalzo, me cuidaron tan bien desde niño, que siempre llevé como mínimo alpargatas y los domingos y fiestas “de guardar”, zapatos de piel; como tampoco pase hambres; los cuatro miembros de mi verdadera familia (Abuela, madre y dos tíos) “pasarían lo que pasaran”, pero a mí, nunca me faltó, primero la teta de mi admirable madre, que me la dio, generosamente dos años o más; y luego, “el canto de pan con aceite de aceituna y un poco de sal gorda encima”, nunca me faltó… “también comíamos caliente, cuando había medios para ello, pero eso eran lujos a conseguir con muchos esfuerzos y de los que no saben, nada más que, aquellos labriegos o campesinos sin tierras”.

                                No quiero presentarme como excepción; puesto que la primera vez que estuve en Viena (1993) el guía dijo entre las otras cosas de aquella capital de Imperio, aún había bloques de viviendas habitadas, con “retrete común”, y pequeños apartamentos, para gente “sin posibles”; o sea que como decimos en mi tierra… “donde hay tejas hay pellejas; y en todas partes cuecen habas”; “el mono humano es igual en todos lados”… Hoy termino aquí, puede que les cuente más cosas, pero ni yo sé cuándo mi alma estará dispuesta a hacerlo; aparte de que, ¿a quién interesa hoy estas cosas?

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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