Las Noticias de hoy 7 Octubre 2021

Enviado por adminideas el Jue, 07/10/2021 - 12:21

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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 07 de octubre de 2021   

Indice:

ROME REPORTS

El Papa en Audiencia: en nombre de Jesús no se puede hacer a nadie esclavo

Abusos en Francia, el Papa: este es el momento de la vergüenza, la mía y la nuestra

El Papa: estimular una acción educativa que haga crecer la fraternidad universal

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO* : Francisco Fernandez Carbajal

7 de octubre: Virgen del Rosario

“¿No se dicen siempre lo mismo los que se aman?” : San Josemaria

Octubre, mes del Rosario

Retiro de octubre #DesdeCasa (2021)

EL TRABAJO, UN TEMA RECUPERADO POR LA TEOLOGIA ESPIRITUAL : José Luis Illanes

SER DEL MUNDO Y LLAMADA A LA SANTIDAD

Ortodoxia u ortopraxis : Mario Arroyo.

Octubre, mes del rosario. Lepanto y la guerra justa :  Acción Familia

La vida humana : Ana Teresa López de Llergo

LA CONFIANZA : Irene Mercedes Aguirre

Claves para educar a hijos responsables, que serán más felices : Gestionando Hijos 

Los 10 consejos del popular psiquiatra Enrique Rojas para ser feliz

Las llaves de la felicidad: Fidelidad y Cruz : Héctor Lugo

Deseo que me cuiden así : Jacinto Bátiz

El suicidio, un problema : Jesús Domingo Martínez

Respaldan la labor de la Iglesia :  Domingo Martínez Madrid

Un grave problema social, los ninis : Jesús Martínez Madrid

El impune robo del dinero público : Antonio García Fuentes

 

 

ROME REPORTS

 

El Papa en Audiencia: en nombre de Jesús no se puede hacer a nadie esclavo

“En la Carta a los Gálatas, San Pablo ha escrito palabras inmortales sobre la libertad cristiana”. Así, el Papa Francisco dio inicio a la catequesis en la Audiencia General del día 6 de octubre en la que desarrolló el tema de la libertad cristiana.

 

Ciudad del vaticano

El Papa Francisco ha continuado las catequesis sobre la Carta de san Pablo a los Gálatas y el día de hoy ha desarrollado el tema de la “libertad cristiana”; de ella ha dicho: “La libertad es un tesoro que se aprecia realmente solo cuando se pierde”.

Pasar de la libertad a la esclavitud

Francisco recuerda que el apóstol Pablo “invita a los cristianos a permanecer firmes en la libertad que han recibido con el bautismo, sin dejarse poner de nuevo bajo «el yugo de la esclavitud” (Gal 5,1).

Pablo, afirma el papa, es consciente de que “algunos «falsos hermanos», así los llama, se han infiltrado en la comunidad para «espirar – así escribe – la libertad que tenemos en Cristo Jesús, con el fin de reducirnos a esclavitud»” (Gal 2,4),

“La libertad es un don que se nos ha sido dada en el bautismo”, insiste Francisco, por eso, “no se puede hacer a nadie esclavo en nombre de Jesús que nos hace libres”.

Pablo habla de la libertad en positivo

“La enseñanza de san Pablo sobre la libertad es sobre todo positiva”, afirma el Obispo de Roma. “La llamada, por tanto, es sobre todo a permanecer en Jesús, fuente de la verdad que nos hace libres y prosigue señalando los dos pilares sobre los que se funda la libertad cristiana: “primero, la gracia del Señor Jesús; segundo, la verdad que Cristo nos desvela y que es Él mismo”.

La libertad, un don del Señor

El Papa subraya que la libertad es un don que los Gálatas han recibido, y nosotros como ellos; por eso no podemos dejar perder este don.

Para Pablo, de Cristo “brotan los frutos de la vida nueva según el Espíritu”, afirma el papa y seguidamente afirma: “Somos libres de la esclavitud del pecado por la cruz de Cristo. Precisamente ahí donde Jesús se ha dejado clavar, se ha hecho esclavo, Dios ha puesto la fuente de la liberación radical del hombre”.

“Jesús lleva a cabo su plena libertad al entregarse a la muerte; Él sabe que solo de esta manera puede obtener la vida para todos”, insiste Francisco.

La verdad hace libres

Francisco plantea que el segundo pilar de la libertad cristiana es la verdad. “Para ser realmente libres necesitamos no solo conocernos a nosotros mismos, a nivel psicológico, sino sobre todo hacer verdad en nosotros mismos”. En este contexto, insiste el Papa: “La libertad hace libres en la medida en la que transforma la vida de una persona y la orienta hacia el bien”.

La verdad debe inquietarnos

“La verdad debe perturbarnos, dice el Papa, volvamos a esta palabra tan cristiana: inquietud. Sabemos que hay cristianos que nunca se inquietan: viven siempre igual, no hay movimiento en sus corazones, no hay inquietud. ¿Por qué? Porque la inquietud es la señal de que el Espíritu Santo actúa en nosotros, y la libertad es una libertad activa, suscitada por la gracia del Espíritu Santo. Por eso digo que la libertad debe inquietarnos, debe hacernos preguntas continuamente, para que podamos profundizar más y más en lo que realmente somos”.

La libertad nos hace libres, alegres y felices

Francisco finaliza la catequesis insistiendo en que “el camino hacia la verdad y la libertad es un camino agotador que dura toda la vida. Es difícil permanecer libre, es difícil; pero no es imposible”.

Seguidamente, anima a todos los fieles a continuar “adelante con esto, nos hará bien. Es un camino en el que nos guía y sostiene el Amor que viene de la Cruz: el Amor que revela la verdad y nos da la libertad. Y este es el camino de la felicidad. La libertad nos hace libres, nos hace alegres, nos hace felices”.

 

Abusos en Francia, el Papa: este es el momento de la vergüenza, la mía y la nuestra

Tras la catequesis, en su saludo a los peregrinos francófonos presentes en la audiencia general, el Pontífice expresó su cercanía personal a las víctimas de la pederastia en la Iglesia de Francia, a la luz de las "cifras considerables" que se desprenden ayer del Informe de la Comisión designada por los obispos y religiosos de allende los Alpes. En palabras de Francisco, tristeza y dolor, pero también el ánimo de hacer todo lo posible para que no se repitan tragedias similares.

 

Amedeo Lomonaco - Ciudad del Vaticano

La "terrible realidad" de los abusos en el ámbito eclesiástico sigue entristeciendo profundamente al Papa. Durante la audiencia general de hoy, Francisco ha recordado las profundas heridas que están en el corazón del Informe de la Comisión Independiente sobre los Abusos Sexuales en la Iglesia en Francia, encargada de evaluar la magnitud del fenómeno de la violencia sexual cometida contra los menores desde 1950. El documento, publicado ayer y encargado por la Conferencia Episcopal y la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Francia, revela datos dramáticos: entre 1950 y 2020, hubo al menos 216.000 víctimas y entre 2.900 y 3.200 sacerdotes y religiosos implicados en delitos de pederastia.

"Al Señor la gloria, a nosotros la vergüenza"

Al saludar a los fieles de lengua francesa al final de su catequesis en el Aula Pablo VI, Francisco dirigió su pensamiento a las víctimas y a la Iglesia transalpina con especial énfasis en las palabras que pronunció:

Deseo expresar a las víctimas mi tristeza y dolor por el trauma que han sufrido y mi vergüenza, nuestra vergüenza, por el hecho de que la Iglesia no les haya colocado durante demasiado tiempo en el centro de sus preocupaciones, asegurándoles mis oraciones. Y rezo y rezamos todos juntos: "A ti Señor la gloria, a nosotros la vergüenza": este es el momento de la vergüenza. Animo a los obispos y a vosotros, queridos hermanos que habéis venido aquí a compartir este momento, animo a los obispos y a los superiores religiosos a que sigan haciendo todo lo posible para que no se repitan tragedias similares. Expreso a los sacerdotes de Francia mi cercanía y mi apoyo paternal ante esta prueba, que es dura pero saludable, e invito a los católicos franceses a asumir sus responsabilidades para que la Iglesia sea un hogar seguro para todos.

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El valor de denunciar

El Papa Francisco, que en los últimos días se ha reunido con los obispos franceses en visita ad limina, ya había expresado ayer su dolor, tras la presentación del Informe en París. El director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, informó que el pensamiento del Pontífice se dirigió inmediatamente "a las víctimas, con gran dolor, por sus heridas y gratitud, por su valor en la denuncia". Pero también "a la Iglesia de Francia", dijo Bruni, "para que, en la conciencia de esta terrible realidad, unida al sufrimiento del Señor por sus hijos más vulnerables, emprenda un camino de redención".

Escuchar a las víctimas

Al abrir una conferencia de prensa en París para presentar el informe, Jean-Marc Sauvé, presidente de la Comisión Independiente sobre Abusos Sexuales en la Iglesia (CISAE), citó una carta de una víctima, subrayando que lo que había surgido podía ser a veces "desestabilizador y desalentador", pero daba la esperanza "de un nuevo comienzo". La investigación duró unos dos años y medio y se centró sobre todo en escuchar atentamente a las víctimas. "En una entrevista con Vatican News, Véronique Garnier, corresponsable de un servicio de protección de menores en la diócesis de Orleans, ella misma víctima de abusos, dijo: "Nuestra palabra ha sido finalmente pronunciada. El Informe, añade, es "un gran dolor" pero al mismo tiempo "un gran alivio".

Un paso adelante

Refiriéndose al Informe presentado ayer, el padre Federico Lombardi, presidente de la Fundación Vaticana "Joseph Ratzinger-Benedicto XVI", subrayó a Vatican News un aspecto relevante de esta investigación, a saber, que "fue solicitada por la Conferencia Episcopal Francesa y ahora está disponible para ser examinada en profundidad", de modo que "se pueda dar un nuevo paso cualificado en el ámbito de la lucha contra los abusos, no sólo sexuales". El padre Lombardi, en 2019 moderador de la cumbre en el Vaticano sobre la protección de los menores en la Iglesia, también quiso destacar que la publicación del Informe, "con toda la riqueza de información y propuestas", es un "precioso paso adelante".

 

El Papa: estimular una acción educativa que haga crecer la fraternidad universal

Con ocasión de la Jornada Mundial de los docentes instituida por la UNESCO y en el contexto de la promoción del Pacto Educativo Global, el Papa Francisco ha dirigido un mensaje a los participantes del Encuentro Religiones y Educación.

 

Ciudad del Vaticano

El Papa Francisco se ha dirigido a los participantes del Encuentro Religiones y Educación y ha expresado “cercanía y gratitud a todos los docentes y, al mismo tiempo, nuestra atención por la educación”.

Por un Pacto Educativo Global

Francisco recordó que, el pasado 12 de septiembre de 2019, hizo un llamado para «dialogar sobre el modo en que estamos construyendo el futuro del planeta y sobre la necesidad de invertir los talentos de todos, porque cada cambio requiere un camino educativo que haga madurar una nueva solidaridad universal y una sociedad más acogedora».

Igualmente, el Papa retoma la finalidad de la iniciativa del Pacto Educativo Global: “reavivar el compromiso por y con las jóvenes generaciones, renovando la pasión por una educación más abierta e incluyente, capaz de la escucha paciente, del diálogo constructivo y de la mutua comprensión”.

Una “alianza educativa”

“Hoy más que nunca, es necesario unir los esfuerzos por una alianza educativa amplia para formar personas maduras, capaces de superar fragmentaciones y contraposiciones y reconstruir el tejido de las relaciones por una humanidad más fraterna”, insiste el Papa, al mismo tiempo que advierte que “Si queremos un mundo más fraterno, debemos educar las nuevas generaciones «reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física, más allá del lugar del universo donde haya nacido o donde habite”.
 

El Papa evidencia la necesidad de plantear que la formación integral “se resume en el conocerse a sí mismo, conocer al propio hermano, la creación y el Trascendente. No podemos ocultar a las nuevas generaciones las verdades que dan sentido a la vida”.

Religiones y educación

Las diferentes tradiciones religiosas han caminado juntas a lo largo de la historia, afirma el Papa, por eso, “Como en el pasado también hoy, con la sabiduría y la humanidad de nuestras tradiciones religiosas, queremos estimular una renovada acción educativa que pueda hacer crecer en el mundo la fraternidad universal”.

El Papa redefine la relación entre educación y religiones, insistiendo en que si antes, se estimularon las diferencias, hoy, “la educación nos compromete a no usar nunca el nombre de Dios para justificar la violencia y el odio hacia otras tradiciones religiosas, a condenar cualquier forma de fanatismo o de fundamentalismo y a defender el derecho de cada uno a elegir y actuar según su propia conciencia”.

Si en el pasado, en nombre de la religión se discriminaron diferentes minorías, hoy “la educación nos compromete a acoger al otro como es, no como yo quiero que sea, como es, y sin juzgar ni condenar a nadie”.

De igual manera, recuerda el Papa, que si “en el pasado los derechos de las mujeres, de los menores, de los más débiles no han sido respetados siempre, hoy nos comprometemos a defender con firmeza esos derechos y enseñar a las nuevas generaciones a ser voz de los sin voz (…) Y la educación debe llevarnos a comprender que hombres y mujeres son iguales en dignidad”.

Refiriéndose a nuestro papel como “custodios de la creación” y a la permisividad que hemos tenido al tolerar “la explotación y el saqueo de nuestra casa común, el Papa afirma: “la educación nos compromete a amar nuestra madre tierra y a evitar el desperdicio de alimentos y recursos, así como estar más dispuestos a compartir los bienes que Dios no ha dado para la vida de todos”.

Educar a la persona en su integralidad

El Papa insiste en que las diferentes tradiciones religiosas refuerzan su misión de educar cada persona en su integridad: “es decir, cabeza, manos, corazón y alma. Pensemos lo que sentimos y hacemos; sintamos lo que pensamos y hacemos; hagamos lo que sentimos y pensamos. La armonía de la integridad humana, es decir, toda la belleza de esta armonía”.

El Papa finalizó su mensaje invitando a un momento de silencio para “pedir a Dios que ilumine nuestras mentes, para que nuestro diálogo sea fructífero y nos pueda ayudar a seguir con valentía los caminos de nuevos horizontes educativos”.

 

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO*

Memoria

— El Rosario, arma poderosa.

— Contemplar los misterios del Rosario.

— Las letanías lauretanas.

I. Y habiendo entrado donde ella estaba, le dijo: Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo1. Con estas palabras el ángel saludó a Nuestra Señora, y nosotros las hemos repetido incontables veces en tonos y circunstancias bien diferentes.

En la Edad Media se saludaba a la Virgen María con el título de rosa (Rosa mystica) símbolo de alegría. Se adornaban sus imágenes como ahora con una corona o ramo de rosas (en latín medieval Rosarium), expresión de las alabanzas que nacían de un corazón lleno de amor. Y quienes no podían recitar los ciento cincuenta salmos del Oficio divino lo sustituían por otras tantas Avemarías, sirviéndose para contarlas de granos enhebrados por decenas o nudos hechos en una cuerda. A la vez, se meditaba la vida de la Virgen y del Señor. Esta oración del Avemaría, recitada desde siempre en la lglesia y recomendada frecuentemente por los Papas y Concilios en una forma más breve, adquiere más tarde su forma definitiva al añadírsele la petición por una buena muerte: ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. En cada situación, ahora, y en el momento supremo de encontrarnos con el Señor. Se estructuran también los misterios, contemplándose así los hechos centrales de la vida de Jesús y de María, como un compendio del año litúrgico y de todo el Evangelio. También se fijó el rezo de las letanías, que son un canto lleno de amor, de alabanzas a Nuestra Señora y de peticiones, de manifestaciones de gozo y de alegría.

San Pío V atribuyó la victoria de Lepanto, el 7 de octubre de 1571 con la cual desaparecieron graves amenazas para la fe de los cristianos, a la intercesión de la Santísima Virgen, invocada en Roma y en todo el orbe cristiano por medio del Santo Rosario, y quedó instituida la fiesta que celebramos hoy. Con este motivo, fue añadida a las letanías la invocación Auxilium christianorum. Desde entonces, esta devoción a la Virgen ha sido constantemente recomendada por los Romanos Pontífices como «plegaria pública y universal frente a las necesidades ordinarias y extraordinarias de la Iglesia santa, de las naciones y del mundo entero»2.

En este mes de octubre, que la Iglesia dedica a honrar a Nuestra Madre del Cielo especialmente a través de esta devoción mariana, hemos de pensar con qué amor lo rezamos, cómo contemplamos cada uno de sus misterios, si ponemos peticiones llenas de santa ambición, como aquellos cristianos que con su oración consiguieron de la Virgen esta victoria tan trascendental para toda la cristiandad. Ante tantas dificultades como a veces experimentamos, ante tanta ayuda como necesitamos en el apostolado, para sacar adelante a la familia y para acercarla más a Dios, en las batallas de nuestra vida interior, no podemos olvidar que, «como en otros tiempos, ha de ser hoy el Rosario arma poderosa, para vencer en nuestra lucha interior, y para ayudar a todas las almas»3.

II. El nombre de Rosario, en la lengua castellana, proviene del conjunto de oraciones, a modo de rosas, dedicadas a la Virgen4. También como rosas fueron los días de la Virgen: «Rosas blancas y rosas rojas; blancas de serenidad y pureza, rojas de sufrimiento y amor. San Bernardo aquel enamorado de Santa María dice que la misma Virgen fue una rosa de nieve y de sangre.

»¿Hemos intentado alguna vez desgranar su vida, día a día, en nuestras manos?»5. Eso hacemos al contemplar las escenas misterios de la vida de Jesús y de María que se intercalan cada diez Avemarías. En estas escenas del Rosario, divididas en tres grupos, recorremos los diversos aspectos de los grandes misterios de la salvación: el de la Encarnación, el de la Redención y el de la vida eterna6. En estos misterios, de una forma u otra, tenemos siempre presente a la Virgen. En el Santo Rosario no se trata solo de repetir las Avemarías a Nuestra Señora, que, como procuramos hacerlo con amor quizá poniendo peticiones en cada misterio o en cada Avemaría, no nos resultan monótonas. En esta devoción vamos también a contemplar los misterios que se consideran en cada decena. Su meditación produce un gran bien en nuestra alma, pues nos va identificando con los sentimientos de Cristo y nos permite vivir en un clima de intensa piedad: gozamos con Cristo gozoso, nos dolemos con Cristo paciente, vivimos anticipadamente en la esperanza, en la gloria de Cristo glorificado7.

Para realizar mejor esta contemplación de los misterios puede ser práctico detenerse «durante unos segundos tres o cuatro en un silencio de meditación, considerando el respectivo misterio del Rosario, antes de recitar el Padrenuestro y las Avemarías de cada decena»8; acercarnos a la escena como un personaje más, imaginar los sentimientos de Cristo, de María, de José...

Así, procurando con sencillez «asomarnos» a la escena que se nos propone en cada misterio, el Rosario «es una conversación con María que, igualmente, nos conduce a la intimidad con su Hijo»9. Nos familiarizamos en medio de nuestros asuntos cotidianos con las verdades de nuestra fe, y esta contemplación que podemos hacer incluso en medio de la calle, del trabajo, nos ayuda a estar más alegres, a comportarnos mejor con quienes nos relacionamos. La vida de Jesús, por medio de la Virgen, se hace vida también en nosotros, y aprendemos a amar más a Nuestra Madre del Cielo. ¡Qué ciertas son las verdades que así expresó el poeta!: «Tú que esta devoción supones // monótona y cansada, y no la rezas // porque siempre repite iguales sones... // tú no entiendes de amores y tristezas: // ¿qué pobre se cansó de pedir dones, // qué enamorado de decir ternezas?»10.

III. Después de contemplar los misterios de la vida de Jesús y de Nuestra Señora con el Padrenuestro y el Avemaría, terminamos el Santo Rosario con la letanía lauretana y algunas peticiones que varían según las regiones, las familias o la piedad personal.

El origen de las letanías se remonta a los primeros siglos del cristianismo. Eran oraciones breves, dialogadas entre los ministros del culto y el pueblo fiel, y tenían un especial carácter de invocación a la misericordia divina. Se rezaban durante la Misa y, más especialmente, en las procesiones. Al principio se dirigían al Señor, pero muy pronto surgen también las invocaciones a la Virgen y a los santos. Las primicias de las letanías marianas son los elogios llenos de amor de los cristianos a su Madre del Cielo y las expresiones de admiración de los Santos Padres, especialmente en Oriente.

Las que actualmente se rezan en el Rosario comenzaron a cantarse solemnemente en el Santuario de Loreto (de donde procede el nombre de letanía lauretana) hacia el año 1500, pero recogen una tradición antiquísima. Desde allí se extendieron a toda la Iglesia.

Cada título es una jaculatoria llena de amor que dirigimos a la Virgen y nos muestra un aspecto de la riqueza del alma de María. Estas invocaciones se agrupan según las principales verdades marianas: maternidad divina, virginidad perpetua, mediación, realeza universal y ejemplaridad y camino para todos sus hijos. Estas aclamaciones vienen expresadas en las primeras advocaciones, y son desarrolladas a continuación. Así, al invocarla como Sancta Dei Genitrix, profesamos explícitamente la maternidad; cuando la alabamos como Virgo virginum, reconocemos su virginidad perpetua, que la hace Virgen entre las vírgenes; al invocarla con el título de Mater Christi, profesamos su íntima e indisoluble unión con Cristo, verdadero Mediador y verdadero Rey, y la reconocemos, por tanto, como Reina y mediadora...

La Virgen es Madre de Dios y Madre nuestra, y es este el título supremo con que la honramos y el fundamento de todos los demás. Por ser Madre de Cristo, Madre del Creador y del Salvador, lo es de la Iglesia, de la divina gracia, es Madre purísima y castísima, intacta, incorrupta, inmaculada, digna de ser amada y de ser admirada.

En las letanías se recogen diversos aspectos de la virginidad perpetua de María: es Virgen prudentísima, digna de veneración, digna de alabanza, poderosa, clemente, fiel...

La Madre de Dios, Mediadora en Cristo11 entre Dios y los hombres, se prodiga continuamente en servicio nuestro. Nos es presentada además bajo tres bellísimos símbolos y otros aspectos de su mediación universal: la Virgen María es la nueva Arca de la alianza, la Puerta del Cielo a través de quien llegamos a Dios, es la Estrella de la mañana que nos permite siempre orientarnos en cualquier momento de la vida, Salud de los enfermos, Refugio de los pecadores (¡tantas veces hemos tenido que recurrir a Ella!), Consoladora de los afligidos, Auxilio de los cristianos...

María es Reina de todo lo creado, de los cielos y de la tierra, porque es Madre del Rey del universo. La universalidad de este reinado comienza en los ángeles y sigue en los santos (los del Cielo y los que en la tierra buscan la santidad): Santa María es Reina de los ángeles, de los patriarcas, de los profetas, de los apóstoles, de los mártires, de los que confiesan la fe, de las vírgenes, de todos los santos. Termina con cuatro títulos de realeza: es Reina concebida sin pecado, asunta al Cielo, del santísimo Rosario y de la paz.

Después de invocarla como ejemplo acabado y perfecto de todas las virtudes, sus hijos la aclamamos con estos símbolos y figuras de admirable ejemplaridad: Espejo de santidad, Trono de sabiduría, Causa de nuestra alegría, Vaso espiritual, Vaso honorable, Vaso insigne de devoción, Rosa mística, Torre de David, Torre de marfil y Casa de oro.

Al detenernos despacio en cada una de estas advocaciones podemos maravillarnos de la riqueza espiritual, casi infinita, con que Dios la ha adornado. Nos produce una inmensa alegría tener una Madre así, y se lo decimos muchas veces a lo largo del día. Cada una de las advocaciones de las letanías nos puede servir como una jaculatoria en la que le decimos lo mucho que la amamos, lo mucho que la necesitamos.

1 Lc 1, 28. — 2 Juan XXIII, Carta Apost. Il religioso convegno 29-IX-1961. — 3 San Josemaría Escrivá, Santo Rosario, p, 9, — 4 Cfr. J. Corominas, Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, Gredos, Madrid 1987, vol V, voz Rosa. — 5 J. M. Escartín, Meditación del Rosario, Palabra, 3.ª ed., Madrid 1971, p. 27. — 6 Cfr. R. Garrigou-Lagrange, La madre del Salvador. Rialp, Madrid 1976, p. 350. — 7 Cfr. Pablo VI, Exhort, Apost. Marialis cultus, 2-II-1974, 46, — 8 San Josemaría Escrivá, o, c., p. 17. — 9 R. Garrigou-Lagrange, o. c., p. 353. — 10 Cit. por A. Royo Marín, La Virgen María, BAC, Madrid 1968, pp. 470-471. — 11 Cfr. Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, 25-III-1987, n. 38.

Esta fiesta fue instituida por San Pío V para conmemorar y agradecer a la Virgen su ayuda en la victoria sobre los turcos en Lepanto, el 7 de octubre de 1571. Es famoso su Breve Consueverunt (14-IX-1569), que vio en el Rosario un presagio de aquella victoria. Clemente XI extendió la fiesta a toda la Iglesia el 3-X-1716. León XIII le otorgó un mayor rango litúrgico y publicó nueve admirables Encíclicas sobre el Rosario. Con San Pío X quedó definitivamente la fecha de su celebración el 7 de octubre. La celebración de este día es una invitación para todos a rezar y meditar los misterios de la vida de Jesús y de María, que se contemplan en esta devoción mariana.

 

7 de octubre: Virgen del Rosario

Comentario de la fiesta de Nuestra Señora del Rosario. “Y consideraba qué podía significar este saludo”. Un alma contemplativa no lee la realidad con ojos humanos. Ve su día a día con los ojos de Dios. Así, la Virgen, consideraba ese saludo con una mirada divina: sabiéndose criatura, con humildad, pero abierta a las maravillas divinas.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Lc 1, 26-38)

En el sexto mes fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David. La virgen se llamaba María.

Y entró donde ella estaba y le dijo:

— Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo.

Ella se turbó al oír estas palabras, y consideraba qué podía significar este saludo.

Y el ángel le dijo:

— No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob y su Reino no tendrá fin.

María le dijo al ángel:

— ¿De qué modo se hará esto, pues no conozco varón?

Respondió el ángel y le dijo:

— El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que nacerá Santo será llamado Hijo de Dios. Y ahí tienes a Isabel, tu pariente, que en su ancianidad ha concebido también un hijo, y la que llamaban estéril está ya en el sexto mes, porque para Dios no hay nada imposible.

Dijo entonces María:

— He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y el ángel se retiró de su presencia.


Comentario

Al proponernos la Iglesia este fragmento del Evangelio para la fiesta de hoy, es bonito pararse a pensar cuántos pintores han retratado esta escena, o tantos gestos litúrgicos que rememoran este momento tan importante para nuestra salvación (gestos, pausas, canciones, etc.), o ser conscientes de cuántos cristianos nos paramos a mediodía para rezar el ángelus, y volver a contemplar tantas maravillas como se desprenden del ejemplo de la Virgen.

Y el evangelista, para preparar al lector ante tamaño acontecimiento, nos da algunos datos que nos ayudan a contextualizar, a situar el evento. Nos habla de un ángel que va a visitar auna mujer, virgen, que vive en un pueblo pequeño. Nos introduce en la vida de esta mujer, y da algún dato más para presentarla: está desposada con un varón, que es de la casa de David. Y cierra este preámbulo con una mención al nombre: María (cfr. v. 27)

No es una mención indiferente, como no es indiferente tener nombre. Dios mismo ha querido ponerle un nombre a su Hijo: “y le pondrás por nombre a Jesús” (v. 31). El nombre nos permite personalizar a alguien, hablar sobre él, invocarle, amarle. Y para nosotros esta mención del nombre de la Virgen nos llena de esperanza, nos llena de alegría. “Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas en los escollos de las tribulaciones, mira a la estrella, llama a María (...). No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si le ruegas, no te perderás si en ella piensas. Si ella te tiene de su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás, si es tu guía; llegarás felizmente a puerto, si ella te ampara. Y así experimentarás en ti mismo con cuánta razón se dijo: y el nombre de la Virgen era María”[1] .

En cada avemaría, como ya el propio nombre de la oración lo indica, saludamos a la Virgen, la tratamos. Invocamos a la señora del dulce nombre, como lo hacía san Josemaría[2], como lo hizo el ángel, como lo hace Dios. Y así lo hacemos muchas veces en cada misterio, en cada rosario. Hoy, día de la Virgen del rosario, al inicio del mes de esta oración, gustemos como Dios lo hace, “pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza” [3], llamándole María.


[1] Homilía 2 sobre la anunciación, 17. San Bernardo.

[2] Santo Rosario, 1º misterio gozoso. San Josemaría.

[3] cfr. oración “Bendita sea tu pureza”.

 

“¿No se dicen siempre lo mismo los que se aman?”

El Santo Rosario es arma poderosa. Empléala con confianza y te maravillarás del resultado. (Camino, 558)

7 de octubre

El principio del camino que tiene por final la completa locura por Jesús, es un confiado amor hacia María Santísima.

–¿Quieres amar a la Virgen? –Pues, ¡trátala! ¿Cómo? –Rezando bien el Rosario de nuestra Señora.

Pero, en el Rosario... ¡decimos siempre lo mismo! –¿Siempre lo mismo? ¿Y no se dicen siempre lo mismo los que se aman?... ¿Acaso no habrá monotonía en tu Rosario, porque en lugar de pronunciar palabras como hombre, emites sonidos como animal, estando tu pensamiento muy lejos de Dios? –Además, mira: antes de cada decena, se indica el misterio que se va a contemplar –Tú... ¿has contemplado alguna vez estos misterios?

Hazte pequeño. Ven conmigo y –este es el nervio de mi confidencia– viviremos la vida de Jesús, María y José.

Cada día les prestaremos un nuevo servicio. Oiremos sus pláticas de familia. Veremos crecer al Mesías. Admiraremos sus treinta años de oscuridad... Asistiremos a su Pasión y Muerte... Nos pasmaremos ante la gloria de su Resurrección... En una palabra: contemplaremos, locos de Amor (no hay más amor que el Amor), todos y cada uno de los instantes de Cristo Jesús. (Santo Rosario, Introducción).

 

Octubre, mes del Rosario

El mes de octubre, y especialmente el día 7, está dedicado a la Virgen María, en su advocación de nuestra Señora del Rosario.

ÚLTIMAS NOTICIAS07/10/2021Virgen de Torreciudad. Foto: Álvaro García Fuentes

1. Devocionario online con las letanías del rosario actualizadas.

2. La devoción de San Josemaría a la Virgen María.

3. “El rezo del Rosario es la oración más hermosa que podemos ofrecer a la Virgen María; es una contemplación sobre las etapas de la vida de Jesús Salvador con su Madre María y es un arma que nos protege de los males y de las tentaciones”. Papa Francisco, 7 de octubre de 2020.

4. El Beato Álvaro propone algunos consejos prácticos para rezar bien el Rosario.

 

5. Textos y audios de San Josemaría sobre los misterios del Rosario: el fundador del Opus Dei comenta el evangelio de cada escena del Rosario.

6. Descarga en PDF “Romerías por el mundo con san Josemaría” (editado en mayo de 2020).

7. Galería de fotos de las escenas del Rosario del Santuario de Torreciudad. Azulejos que representan los 20 Misterios, y que están distribuidos en cuatro galerías, fuera del templo: Gozosos, Luminosos, Dolorosos y Gloriosos.

8. Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae de San Juan Pablo II.

9. ¿Qué es el Rosario? ¿Cómo se reza? Respuesta a las preguntas más habituales.


Más recursos sobre la Virgen María y el Rosario

• La vida de la Virgen: 20 capítulos que se detienen a contemplar cada una de las escenas donde aparece la Madre de Dios. También está disponible el libro “María, una vida junto a Jesús”.

• Oración del Papa Francisco a la Virgen María.

 

Oración del Papa Francisco a la Virgen María.

• Leer 'Santo Rosario' en www.escrivaobras.org

 

 

Retiro de octubre #DesdeCasa (2021)

Esta guía es una ayuda para hacer por tu cuenta el retiro mensual, allí dónde te encuentres, especialmente en caso de dificultad de asistir en el oratorio o iglesia donde habitualmente nos reunimos para orar.

ÚLTIMAS NOTICIAS06/10/2021

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1. Introducción.
2. Meditación I. Vocación a la santidad.
3. Meditación II. Los arcángeles.
4. Charla.
5. Lectura espiritual.
6. Examen de conciencia.


1. Introducción

En un dos de octubre, día de los ángeles custodios, nació el Opus Dei. Quiso Dios poner en el corazón bien dispuesto de san Josemaría, la inquietud divina de hacer llegar a todo el mundo una llamada universal a buscar la santidad en su vida ordinaria, santificando las realidades profesionales y familiares de la vida cotidiana.

Cada año, en esta fecha, su corazón se alzaba con sencillez infantil al Señor en acción de gracias y acudía a su ángel custodio para que le ayudara a tratar a Dios con plena intimidad, con toda su mente y todo su corazón. “Esta mañana –escribía el 2 de octubre de 1931, tres años después- me metí más con mi Ángel. Le eché piropos y le dije que me enseñe a amar a Jesús, siquiera, siquiera, como le ama él”.

Y su oración discurrió por un cauce profundo y sereno: “¡Qué cosas más pueriles le dije a mi Señor! Con la confiada confianza de un niño que habla al Amigo Grande, de cuyo amor está seguro: Que yo viva sólo para tu Obra –le pedí–, que yo viva sólo para tu Gloria, que yo viva sólo para tu Amor [...]. Recordé y reconocí lealmente que todo lo hago mal: eso, Jesús mío, no puede llamarte la atención: es imposible que yo haga nada a derechas. Ayúdame Tú, hazlo Tú por mí y verás qué bien sale. Luego, audazmente y sin apartarme de la verdad, te digo: empápame, emborráchame de tu Espíritu y así haré tu Voluntad. Quiero hacerla. Si no la hago es... que no me ayudas. Y hubo afectos de amor para mi Madre y mi Señora, y me siento ahora mismo muy hijo de mi Padre-Dios” (San Josemaría, Apuntes íntimos, Cuaderno 4, 307, 2-X-1931)

Texto del comentario del Evangelio del 2 de octubre

2. Primera meditación

Opción 1: Vocación a la santidad (audio)

Opción 2: “Dar al mundo su modernidad”, artículo de Andrés Cárdenas

3. Segunda meditación

Opción 1: Los arcángeles (audio)

Opción 2: ¿Qué es un ángel?

4. Charla“Muy humanos, muy divinos (VII): nuestro trabajo levadura de Dios”.

5. Lectura“La grandeza de la vida corriente”, homilía de san Josemaría (audio y texto)

6. Examen de conciencia

Acto de presencia de Dios

1. «Gratias tibi, Deus, gratias tibi! Un cántico de acción de gracias tiene que ser la vida de cada uno, porque ¿cómo se ha hecho el Opus Dei? Lo has hecho tú, Señor…» (Notas de una meditación, 27-III-1975). ¿Doy gracias a Dios por la Obra y por las iniciativas que promueven las personas del Opus Dei con sus amigos y conocidos?

2. «Levantad los ojos y mirad los campos que están dorados para la siega» (Jn 4, 35). ¿Percibo que quizá Dios cuenta conmigo para sacar adelante esta parte de la Iglesia? ¿Cómo me dejo ilusionar por estos horizontes?

3. San Josemaría nos recuerda que «allí donde están vuestros hermanos los hombres, allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo» (Homilía Amar al mundo apasionadamente). ¿En qué ámbito de los anteriores podría descubrir más al Señor y darlo a conocer?

4. El Señor nos ha elegido antes de la constitución del mundo para ser santos (cfr. Ef 1, 4), nos recuerda san Pablo. Saberme elegido por Dios con amor de predilección, ¿qué horizontes grandes me lleva a plantearme? ¿De qué manera podría compartirlos también con mi cónyuge y mis hijos?

5. «Arcángel san Miguel, defiéndenos en la lucha, sé nuestro amparo contra la maldad y las asechanzas del demonio» (Oración a san Miguel). Como patrono de Obra, ¿en qué momentos podría confiar más en su protección?

6. «Rezad mucho por el Papa. Queredlo mucho» (Notas de una tertulia, 11-V-1965). ¿Pido por la Iglesia entera, de modo especial por el Papa y los obispos, confiando en que mi oración puede ser una ayuda real y eficaz?

7. El rosario es «arma poderosa para vencer en nuestra lucha interior y ayudar a todas las almas» (Prólogo, Santo Rosario) ¿Qué necesidades podría confiar a la Virgen a través del rosario? ¿Procuro rezar el santo rosario, si puedo, en familia?

Acto de contrición

 

EL TRABAJO, UN TEMA RECUPERADO POR LA TEOLOGIA ESPIRITUAL

“La santificación del trabajo. El trabajo en la historia de la espiritualidad”. Libro escrito por el teólogo José Luis Illanes. Décima Edición revisada y actualizada.

ÚLTIMAS NOTICIAS25/11/2011

El carácter secular es propio y peculiar de los laicos... A los fieles corrientes pertenece por propia vocación buscar el reino de Dios tratando y ordenando según el querer de Dios los asuntos temporales. Viven en el mundo, es decir, en todas y cada una de las actividades de la vida familiar y social con las que su existencia forma un único tejido“(1). Con estas palabras, la Constitución Lumen gentium perfila, en su capítulo cuarto, las notas distintivas del laicado como elemento integrante del pueblo de Dios.

Superaba así el Concilio Vaticano II una descripción puramente negativa de la condición propia de los laicos (los que no son ni clérigos ni religiosos), para dar paso a una descripción positiva en la que se subrayan, de una parte, la pertenencia al pueblo de Dios y la incorporación a Cristo, y, de otra, la realización de una misión en el mundo, en el núcleo mismo de las estructuras temporales (2).

El esfuerzo de penetración teológica en la comprensión y descripción del laicado, que supuso la elaboración de la Constitución Lumen gentium y que se refleja a lo largo de todo el capítulo cuarto de esa Constitución, encuentra su lógica prolongación en el capítulo quinto: la llamada universal a la santidad. „Todos los fieles -proclama el Concilio-, cualquiera que sea el estado o régimen de su vida, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad... Todos los fieles, en cualquier condición de vida, de oficio o de circunstancia, y precisamente por medio de todo eso, se pueden santificar cada día más, siempre que todo sea recibido con fe de la mano del Padre celestial; siempre que se coopere con la voluntad divina al manifestar a todos, incluso en un servicio temporal, la caridad con que Cristo amó al mundo“(3).

Una frase resulta especialmente significativa dentro del párrafo que se acaba de citar: el inciso donde se aclara que no solo se puede aspirar a la santidad desde cualquier estado de vida, sino que debe aspirarse „precisamente por medio de ese estado de vida“. Poco antes, y aludiendo a quienes se dedican al trabajo manual, los Padres conciliares habían escrito: „los que viven entregados al trabajo, con frecuencia duro, conviene que a través de esa misma tarea humana busquen su perfección“(4). La conexión entre esas afirmaciones de la Constitución Lumen gentium es clara: si los seglares, por vocación divina, deben estar en las estructuras temporales, ha de ser ahí donde encuentren los medios para su santificación. El trabajo, la tarea humana, se presenta así como algo que se injerta hondamente en el terreno de lo sobrenatural(5).

Esta formulación de la Lumen gentium encuentra su aplicación y complemento en otros documentos conciliares, en los que se nos ofrecen los elementos centrales para una reflexión sobre el valor santificador del trabajo:

a) De una parte, en efecto, esos documentos recogen y glosan aquellos aspectos del dogma cristiano que fundamentan la dignidad del trabajo humano. Quizá ninguna frase más gráfica en este sentido que el siguiente párrafo de la Constitución Gaudium et spes : „Una cosa es cierta para los creyentes: que el trabajo humano, individual o colectivo, es decir el conjunto ingente de los esfuerzos realizados por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, considerado en sí mismo, responde a la voluntad de Dios... Esta enseñanza vale igualmente para los quehaceres más ordinarios. Porque los hombres y mujeres que, mientras procuran el sustento para si y su familia, realizan su trabajo de forma que resulte provechoso y en servicio de la sociedad, con razón pueden pensar que con su trabajo desarrollan la obra del Creador, sirven al bien de sus hermanos y contribuyen de modo personal a que se cumplan los designios de Dios en la historia“(6). En suma, la actividad humana, el trabajo, forma parte del orden querido por Dios, que no es un orden estático, sino dinámico; un orden, pues, que refleja la perfección de Dios no solo por el mero hecho de ser, es decir, por su simple estar hecho, sino por su obrar (7).

b) De otra, esos mismos documentos prolongan esas perspectivas dogmáticas y cósmicas, que se acaban de señalar, para, ya a un nivel más inmediatamente antropológico, poner de manifiesto la importancia del trabajo para la perfección del hombre, también para su perfección sobrenatural. El documento del Vaticano II donde este aspecto se encuentra más desarrollado es el Decreto Apostolicam actuositatem , en los párrafos destinados a perfilar algunos de los rasgos generales de la vida espiritual de los seglares: „Los laicos deben servirse de estos auxilios (las diversas prácticas espirituales y la liturgia), de tal modo que, al cumplir como es debido las funciones propias del mundo en las circunstancias ordinarias de la vida, no separen la unión con Dios de su vida personal, sino que crezcan en esa unión realizando su trabajo según la voluntad de Dios... La vida espiritual de los laicos debe tomar su nota peculiar a partir del estado de matrimonio y familia, de celibato o viudedad, de la situación de enfermedad, de la actividad profesional y social. No dejen, pues, de cultivar con asiduidad las cualidades y dotes que, adecuadas a esas situaciones, les han sido dadas, y hagan uso de los dones recibidos en propiedad del Espíritu Santo“(8).

El magisterio pontificio de los años transcurridos desde la celebración del Concilio Vaticano II ha reiterado y prolongado esas enseñanzas (9). No es necesario proceder ahora a documentar ese hecho; nos limitaremos, pues, simplemente a algunas citas significativas de los dos pontífices que, junto con el breve pontificado de Juan Pablo I, cubren el lapso de tiempo que va desde la década de los sesenta hasta nuestros días, Pablo VI y Juan Pablo II.

En palabras breves e incisivas, Pablo VI en la Encíclica Populorum progressio -publicada, como se recordara, poco mas de un año después de la terminación del Vaticano II- ponía en relación trabajo y obra creadora: „Dios, habiendo adornado al hombre con el intelecto, el pensamiento y los sentidos, le ha dado los instrumentos necesarios para que, la obra que Él había incoado, en cierto modo la completara y perfeccionara“ (10). Y, en otro momento, desde una perspectiva no ya dogmática sino espiritual, comentaba: „no solo hay que convertir la profesión en algo bueno, no solo se la debe santificar, sino que la misma profesión ha de ser considerada como santificante, como algo que perfecciona. No es necesario salirse del propio camino para mejorar, para ser digno del Evangelio y de Cristo. Basta quedarse allí, permanecer allí. Es decir: basta dedicar a los propios deberes esa atencion y fidelidad que convierten al hombre en una persona buena, honesta, justa, ejemplar“(11).

Juan Pablo II ha desarrollado esas perspectivas, tanto las dogmáticas como las espirituales, en diversos momentos, y especialmente en uno de los documentos más emblemáticos de su pontificado, la Encíclica Laborem exercens . La densidad del documento -el más amplio de los dedicados al trabajo por el magisterio eclesiástico- nos exime de un comentario detenido. Limitémonos a recordar que toda la Encíclica quiere ser como una glosa del „evangelio“, es decir, de la buena nueva sobre el trabajo que implica la fe cristiana, en referencia a dos ejes fundamentales: la narración del Génesis sobre la creación del hombre como ser llamado a dominar la tierra y el testimonio de Jesucristo y la realidad concreta de su trabajo en Nazaret. De ahí la intensidad de muchas de sus frases sintéticas, de entre las que reproducimos una: „Si la Iglesia considera como deber suyo pronunciarse sobre el trabajo desde el punto de vista de su valor humano y del orden moral en el cual se encuadra (...), contemporáneamente ve como un deber suyo particular la formación de una espiritualidad del trabajo, que ayude a todos los hombres a acercarse a través de él a Dios, Creador y Redentor“ (12).

El alcance doctrinal y la trascendencia histórica de afirmaciones como las que acabamos de citar se advertirá más claramente si recordamos que, apenas unos años antes, un lenguaje semejante hubiera resultado inconcebible: la teología espiritual ignoraba, en efecto, el tema del trabajo o, si lo mencionaba, era solo marginal o tangencialmente. Baste remitir a tres de los más conocidos manuales de teología espiritual de la época a la que aludimos. Tanquerey, en su Compendio de Teología Ascética y Mística (primera edición, 1923), apenas dedica tres páginas al tema de la santificación del trabajo, y eso dentro del capítulo titulado „Santificación de la vida de relación“. En Las tres edades de la vida interior , de Garrigou-Lagrange (primera edición, 1938), o en la Theologia spiritualis del profesor de la Gregoriana J. de Guibert (primera edición, 1937), del trabajo ni siquiera se habla; la misma suerte corre el tema de los deberes de estado. Los ejemplos podrían multiplicarse.

¿Cómo puede haberse producido ese olvido?, ¿qué factores lo explican? Aunque volveremos sobre algunos aspectos de este problema en páginas posteriores, podemos ya ahora apuntar un esbozo de respuesta, aludiendo a tres factores, entre otros que podrían mencionarse.

Ese olvido parece vinculado, en primer lugar, al influjo ejercido sobre la teología espiritual por planteamientos surgidos a partir de la experiencia monástico-religiosa. Expliquémonos bien. Todas las espiritualidades que a lo largo de los siglos han ido floreciendo en la Iglesia, se justifican por si mismas en la medida de su fidelidad al Evangelio, de la que es garantía la aprobación de la Jerarquía eclesiástica. Los fallos o carencias son imputables, más bien, a la reflexión teológica posterior, que, en más de una ocasión, puede haber pecado de unilateralidad, al no abordar el problema en su conjunto, por encerrarse en perspectivas parciales. Fue eso lo que, en nuestro caso concreto, condujo, durante bastante tiempo, a considerar la espiritualidad cristiana solo -o al menos preponderantemente- desde el prisma del apartamiento del mundo y no también desde la óptica propia de quien está inserto en él, olvidando o dejando de lado, en la práctica, los valores propios de la experiencia laical y, por tanto, el trabajo en cuanto actividad u ocupación secular (13).

La experiencia monástica -sea en general, sea especialmente en la tradición benedictina- implicaba, ciertamente, una valoración de la actividad manual. Y en los siglos medievales, el desarrollo de las corporaciones y de la sociedad en general apuntó en más de un momento a una valoración del trabajo profesional, que, en la época del Renacimiento y del humanismo, se amplió, incluso desde una perspectiva más formalmente especulativa. La ruptura del universo cristiano que se produjo a raíz de la reforma protestante, y la crispación de posturas en que esa ruptura desembocó, trajo consigo -y este es el segundo de los factores a los que deseábamos aludir- una paralización de esos gérmenes. La teología postridentina y barroca, que supo advertir y valorar otras realidades temporales, ignoró en cambio el trabajo e incluso, en más de un momento, se dejó condicionar por un aristocratismo que lo excluía o lo minusvaloraba.

Todo ello se vio agravado -tercer factor- por la fractura que, como consecuencia de un complejo proceso histórico, se produjo, a partir del siglo XVIII, entre mundo civil y mundo eclesiástico, entre filosofía y teología, entre vivir humano y espiritualidad cristiana. En la génesis y desarrollo de ese proceso influyeron realidades y planteamientos muy diversos, tanto positivos, como neutros o ambivalentes e incluso negativos. Sin entrar ahora en mayores precisiones (14), digamos solo, y de forma muy esquemática, que ese proceso desembocó en fractura como consecuencia de la presencia y la acción de ideologías, de cuño deísta o ateo, que conciben la vida humana como una realidad cerrada en sí misma, relegando, por tanto, la religión, y todo lo relacionado con ella, al orden de lo insignificante o, incluso, de lo perjudicial.

La realidad fue que, de hecho, se llegó no solo -lo que resulta de por sí suficientemente grave- a actitudes que se limitaban a yuxtaponer entre vida de trabajo y vida cristiana, sino, peor aún, a planteamientos que presuponian que entre ambas dimensiones reina una verdadera oposición, como lo denunciaba Pablo VI, en un artículo publicado en 1960, cuando era todavía el Cardenal Montini: „Religión y trabajo. Existe hoy algo que no solo distingue, sino que separa estas dos expresiones de la vida humana: a veces se ignoran, en ocasiones se miran con suspicacia, otras se oponen mutuamente. Con frecuencia conviven sin ayudarse, sin fundirse en una espiritualidad homogénea, sin entrecruzarse en una equilibrada armonía. Cuando son impulsadas a un acercamiento, lo hacen con temor. Si se les obliga a estar juntas, una obstaculiza la segunda; y la segunda profana a la primera. Se diría que no están hechas para ir de acuerdo. Se diría, incluso, que la oposición surgida en la mentalidad trabajadora contra la religión supone algo profundo, irreductible“ (15).

Ningún desarrollo, ninguna realización le son dados al hombre de una vez para todas, puesto que la historia implica el actualizarse incesante de nuestra libertad, pero el reconocimiento de la posibilidad de una síntesis armónica entre trabajo y espiritualidad es ya una adquisición a nivel de la conciencia cristiana, como testimonian los textos del Concilio Vaticano II antes citados, encuadrados como están en ese esfuerzo de la Iglesia por „dar una más plena definición de sí misma“(16). Podemos hablar así de una nueva situación teológica, de una recuperación por parte de la teología y, concretamente, por parte de la teología espiritual del valor específicamente cristiano y teologal del trabajo.

Si antes nos interrogábamos acerca de las causas que pueden explicar el olvido del tema del trabajo por parte de la teología espiritual que nos ha precedido, podemos ahora preguntarnos: ¿qué hechos concretos han provocado esa recuperación?, ¿qué factores han motivado esa mayor profundización en el mensaje de Cristo que ha llevado a reconocer el valor santificador del trabajo?

Todo intento de explicación o reconstrucción histórica es empresa arriesgada ya que los elementos en juego son múltiples y variados y resulta difícil reducirlos de algún modo a unidad. Esa dificultad aumenta si se trata de explicar procesos de vida cristiana en los que -así lo reconoce todo pensador creyente- está presente, aunque sea de modo imperceptible, la acción de Dios. „El Espíritu Santo es quien da su espiritualidad al nuevo pueblo de Dios“, escribe Schmaus en su tratado sobre la Iglesia (17). El Espíritu Santo es quien anima y hace crecer el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia; los grandes cambios, los grandes movimientos no se producen en la Iglesia por el mero juego de fuerzas naturales, ni tan siquiera por el simple esfuerzo humano en meditar sobre la palabra de Dios, sino que es la acción soberana del Espíritu la que mueve los hilos de una trama que va encaminando a la Iglesia hacia esa medida de la plenitud de Cristo en la que tiene su meta.

La toma de conciencia a la que nos hemos referido presupone esa realidad, constituye uno de esos pasos por los que la Iglesia, asumiendo todos y cada uno de los momentos de su pasado, los integra en un deseo de mayor fidelidad a Cristo y a la palabra que Él nos ha transmitido, manifestando así, con su propio vivir, la presencia viva del Espíritu. Porque -digámoslo con palabras del Beato Josemaría Escrivá- „la Iglesia, que es un organismo vivo, demuestra su vitalidad con el movimiento inmanente que la anima. Este movimiento es, muchas veces, algo más que una mera adaptación al ambiente: es una intromisión en él, con ánimo positivo y señorial. La Iglesia, conducida por el Espíritu Santo, no transita por este mundo como a través de una carrera de obstáculos, para ver cómo puede esquivarlos o para seguir los meandros abiertos según la línea de menor resistencia, sino que, por el contrario, camina sobre la tierra con paso firme y seguro, abriendo Ella camino“ (18).

No es, pues, mediante una investigación puramente erudita, y menos aún, con una consideración meramente conceptual como conseguiremos explicarnos la historia de la Iglesia. Es necesario saber mirar con ojos penetrantes, con ojos de fe, esa historia, estando atentos tanto a los grandes acontecimientos como al desenvolverse concreto del existir. Newman ha mostrado ya suficientemente la importancia de la práctica, de la experiencia, de la vida, en el desarrollo de la doctrina católica (19). Y si esto es verdad en todos los terrenos, lo es de modo muy especial en el terreno de la doctrina espiritual. Toda pretensión de ofrecer una explicación acabada pecaría, por eso, inevitablemente, de unilateral.

Pero una vez dicho todo eso, y teniéndolo presente, nada impide que, sin pretensiones de exhaustividad, apuntemos algunos de los acontecimientos y realidades que han estado en juego en el proceso de toma de conciencia sobre el valor cristiano y, más concretamente, santificador del trabajo. Recordemos, por ejemplo, los movimientos culturales y sociales de inspiración cristiana surgidos como respuesta ante los problemas planteados por la revolución industrial y por la descristianización de amplias masas de población, ya que condujeron, aunque en ocasiones por vía indirecta, a interrogarse sobre la vida espiritual como fundamento de la acción. Evoquemos también a los estudios teológicos, bíblicos y patrísticos, nacidos, en más de una ocasión, como apoyo o contribución a experiencias apostólicas o pastorales. Mencionemos además, aunque su perspectiva sea diversa, diversos intentos de reflexión filosófica, de inspiración cristiana, en diálogo crítico con las filosofías del trabajo surgidas a partir de los inicios de la revolución industrial.

Y finalmente, aunque en más de un caso entrecruzándose con todo lo anterior, las realidades e iniciativas espirituales, fruto de esa acción por la que el Espíritu Santo, que sopla donde quiere y como quiere (20), continúa haciendo resonar a lo largo de la historia, con acentos a la vez perennes y nuevos, la palabra de Cristo.

En esta última línea se sitúan el acontecimiento y la realidad en la que vamos a centrar la atención en este libro: el nacimiento del Opus Dei en 1928 y su posterior desarrollo y difusión, y, más concretamente, su espíritu. El mensaje proclamado y la labor realizada por su Fundador, el Beato Josemaría Escrivá, han sido, en efecto, uno de los caminos elegidos por el Espíritu Santo para promover la renovación de la vida cristiana en y a través de las tareas seculares e impulsar el reconocimiento tanto intelectual como vital del valor santificador del trabajar humano.

Juan Pablo II quiso dejar constancia de ello en la homilía que pronunció el 17 de mayo de 1992, con ocasión de la Beatificación del Fundador del Opus Dei. „Con sobrenatural intuición -fueron sus palabras-, el Beato Josemaría predicó incansablemente la llamada universal a la santidad y al apostolado. Cristo convoca a todos a santificarse en la realidad de la vida cotidiana; por ello, el trabajo es también medio de santificación personal y de apostolado cuando se vive en unión con Jesucristo, pues el Hijo de Dios, al encarnarse, se ha unido en cierto modo a toda la realidad del hombre y a toda la creación“. En una sociedad en la que la fuerza técnica y la riqueza material corren el riesgo de convertirse en un ídolo, „el nuevo Beato -continuó diciendo- nos recuerda que estas mismas realidades, criaturas de Dios y del ingenio humano, si se usan rectamente para gloria del Creador y al servicio de los hermanos, pueden ser camino para el encuentro de los hombres con Cristo. „Todas las cosas de la tierra -enseñaba-, también las actividades terrenas y temporales de los hombres, han de ser llevadas a Dios“(21).

Toda beatificación constituye un reconocimiento de la santidad de vida de la persona a la que se refiere. Las palabras pronunciadas por Juan Pablo II indican que, en el caso de Josemaría Escrivá, ese acto eclesial y litúrgico implicaba, a la vez, el reconocimiento de la trascendencia histórica y pastoral de un mensaje. Mejor dicho, la confirmación de esa trascendencia, puesto que, en realidad, había sido ya amplia y reiteradamente reconocida en años anteriores, en especial desde que, en las décadas de 1940 y 1950, el Opus Dei recibiera las oportunas aprobaciones pontificias. Las declaraciones públicas en ese sentido fueron particularmente numerosas en la segunda parte de la década de 1970, a raíz del fallecimiento de Beato Josemaría, acaecido en junio de 1975. De entre los diversos testimonios de ese período, resultará útil citar dos, especialmente significativos desde una perspectiva espiritual.

El primero proviene de un artículo que el Cardenal Albino Luciani, poco después Juan Pablo I, publicó el 25 de junio de 1978 y en el que, bajo el título „Buscando a Dios en el trabajo cotidiano“, glosaba algunos rasgos de la espiritualidad del Opus Dei, acudiendo, para mostrar su relevancia histórica, a la comparación con uno de los grandes santos de la época moderna: San Francisco de Sales, bien conocido por su preocupación por promover la vida espiritual de los cristianos corrientes, entregados a las tareas seculares. „Escrivá de Balaguer -escribía el entonces Patriarca de Venecia- supera en muchos aspectos a Francisco de Sales. Este también propugna la santidad para todos, pero parece enseñar solamente una espiritualidad de los laicos, mientras Escrivá quiere una espiritualidad laical. Es decir, Francisco sugiere casi siempre a los laicos los mismos medios practicados por los religiosos con las adaptaciones oportunas. Escrivá es más radical: habla de materializar -en buen sentido- la santificación. Para él, es el mismo trabajo material lo que debe transformarse en oración y santidad“ (22).

El segundo está tomado de un texto, aparecido un mes después del fallecimiento del Beato Josemaría, que tiene por autor al Cardenal Sebastiano Baggio, en aquel momento Prefecto de la Congregación para los Obispos, y conocedor del Fundador del Opus Dei desde el año mismo en que este fijó su residencia en Roma, es decir, desde 1946. „Es evidente -escribe- que la vida, la obra y el mensaje del Fundador del Opus Dei constituyen en la historia de la espiritualidad cristiana un viraje, o, más exactamente, un capítulo nuevo y original, si consideramos esa historia -y así debe ser- como un camino rectilíneo bajo la guía del Espíritu Santo“. A lo largo de la historia de la Iglesia -comenta-, no han faltado predicadores o directores de almas que han invitado a todos los hombres, cualquiera que fuera su situación en la vida, a seguir a fondo el camino de Cristo, pero -añade- „lo que continúa siendo revolucionario en el mensaje espiritual de Mons. Escrivá de Balaguer es la manera práctica de orientar hacia la santidad cristiana a hombres y mujeres de toda condición, en una palabra: al hombre de la calle (...)“. Ese modo de concretar, en la práctica, el mensaje al que acabamos de referirnos se basa -continúa- „en tres novedades características de la espiritualidad del Opus Dei: 1) los seglares no deben abandonar ni despreciar el mundo, sino quedarse dentro, amando y compartiendo la vida de sus conciudadanos; 2) quedándose en el mundo, deben saber descubrir el valor sobrenatural de todas las normales circunstancias de su vida, incluidas las más prosaicas y materiales; 3) en consecuencia, el trabajo cotidiano -es decir, el que ocupa la mayor parte del tiempo y caracteriza la personalidad de la mayoría de las personas- es lo primero que han de santificar y el primer instrumento de su apostolado“ (23).

Con relativa frecuencia en testimonios como los mencionados, o en otros de la misma época, al glosar la figura del Beato Josemaría y de su mensaje, se hace alusión a la importancia de su contribución al proceso de renovación eclesial que había terminado por confluir en el Concilio Vaticano II y, especialmente, en su proclamación de la llamada a la santidad y al apostolado en y a través de las ocupaciones seculares (24). En el momento del fallecimiento del Beato Josemaría Escrivá habían transcurrido solo diez años desde la conclusión del Concilio, y era lógico que acudiera espontáneamente a la memoria el recuerdo del gran acontecimiento conciliar para situar con relación a él hechos, acontecimientos y doctrinas. Ahora, casi treinta años después y en el momento del tránsito del segundo al tercer milenio de la era cristiana, el horizonte se ha hecho más complejo, aunque el Concilio sigue siendo un punto decisivo de referencia (25).

En todo caso, nuestra intención no es tanto buscar antecedentes de acontecimientos concretos, cuanto situarnos ante un gran ideal, la santificación del trabajo humano, considerando la luz y el impulso que, a ese efecto, implica el mensaje proclamado por el Fundador del Opus Dei. Vamos, pues, a lo largo de este ensayo, a exponer algunos de los rasgos fundamentales de ese espíritu, considerándolo, primero, en términos generales -lo que implicará aportar algunos datos que ayuden a situarlo en el contexto de la historia de la espiritualidad cristiana (26)- y analizándolo, después, de forma más detallada.

Notas

1 CONC. VATICANO II, Const. Lumen gentium, n. 31.

2 Sobre la comprensión del laico o cristiano corriente que implican los textos del Concilio Vaticano lI, los desarrollos espirituales y los estudios que confluyeron en las declaraciones conciliares, así como los debates posteriores y la reafirmación y profundización en la doctrina del Vaticano II realizadas por la Asamblea del Sínodo de Obispos celebrado en 1987 y la sucesiva Exhortación apostólica Christifideles laici, puede encontrarse información ybibliografía en nuestro estudio La discusión teológica sobre la noción delaico, en „Scripta Theologica” 22 (1990) 771-789 (recogido después en J. L.ILLANES, Laicado y sacerdocio, Pamplona 2000).

3 CONC. VATICANO II, Const. Lumen gentium, nn. 40 y 41.

4 Ibid., n. 41.

5 Para un desarrollo de esa idea, ver nuestro estudio La llamada universal a la santidad, en„Nuestro Tiempo“ 162 (1967) 611-630, donde el tema es analizado teniendo a la vista precisamente textos tanto del Concilio Vaticano II como del Fundador del Opus Dei (recogido luego en J. L. ILLANES, Mundo y santidad, Madrid 1984, pp. 65-96).

6 CONC. VATICANO II, Const. Gaudium et spes, n.34.

7 Cfr. SANTO TOMÁS DE AQUlNO, Summa Theologiae, 1, q. 103, a.6.

8 CONC. VATICANO II, Decr. Apostolicam actuositatem, n. 4.

9 Para un análisis más detenido de la enseñanza del Vaticano II, ver R. M. NUBIOLA, Trabajo y redención en la „Gaudium et spes“, Terrassa (Barcelona) 1993, y H. FITTE, Lavoro umano e redenzione. Riflessione teologica dalla „Gaudium et spes“ a la „Laborem exercens“, Roma 1996, en ambos casos con buena bibliografía

10 PABLO VI, Enc. Populorum progressio, n. 27; ver también el n. 28 donde recuerda a la vez el carácter ambivalente que, como toda realidad temporal, intrahistórica, tiene el trabajo. La Populorum progressio fue promulgada el 26-III-1967.

11 ÍDEM, Discurso a la Asociación de Juristas Católicos, 15-XII-1963 (en Insegnamenti di Paolo VI, Tipografía Políglota Vaticana, I, 1963, p. 609). Como puede advertirse, el pasaje que citamos no es posterior sino contemporáneo del Vaticano II; textos posteriores del mismo pontífice, en H. FITTE, Lavoro umano e redenzione, cit., pp. 244-249.

12 JUAN PABLO II, Enc. Laborem exercens, n. 24. Sobre esta Encíclica, junto a nuestro ensayo Trabajo, historia y persona. Elementos para una teología del trabajo en la„Laborem exercens“, en „Scripta Theologica“ 15 (1983) 205-231 (recogido en J.L. ILLANES, Ante Dios y en el mundo. Apuntes para una teología del trabajo, Pamplona 1997, pp. 143-178), pueden consultarse, entre otros estudios, AA. VV., Estudios sobre la „Laborem exercens“, Madrid 1987; E. COLOM Y F. WURMSER, El trabajo en JUAN PABLO II, Madrid 1995; H. FITTE, Lavoro humano e redenzione, cit., pp. 251-273, con amplia bibliografía.

13 Durante largo tiempo, afirmaba Henri Sanson, „el aspecto ascético del trabajo ha ocultado su significación humana“ (Spiritualité de la vie active, Le Puy 1957, p. 212; ver también páginas 9-11). Jacques Maritain (Le paysan de la Garonne, París 1966,pp. 73-79; versión castellana: El campesino del Garona, Bilbao 1967, pp. 80-85 )expresaba un juicio análogo afirmando que, por una errada interpretación del dicho de algunos grandes místicos -alude a la expresión „desprecio del mundo”- la teología espiritual ha estado afectada, en ocasiones de forma patente, otras larvada, por un maniqueísmo práctico que hacía imposible una apreciación positiva de las realidades seculares, y, por tanto, del trabajo profesional que el cristiano realiza en medio del mundo y sabiéndose parte del mundo.

14 De ese proceso, y más concretamente de la distinción entre secularización, secularidad y secularismo -por acudir a términos emblemáticos y usuales-, nos hemos ocupado ya con detalle en otros momentos, especialmente en Cristianismo, historia, mundo, Pamplona 1973, e Historia y sentido. Estudios de teología de lahistoria, Madrid 1997.

15 Un grande problema del giorno: Religione e lavoro, en „L’Osservatore Romano”, 1-IV-1960,p. 3. Cinco años más tarde, ya Pontífice y en plena celebración del Concilio Vaticano II,pronunciaba unas palabras, dirigidas a los participantes en un congreso de jóvenes obreros, en las que cabe detectar un eco de ese diagnóstico de la situación, unido a la invitación a superarla: „Toca a vosotros llevar, volver a llevar a Cristo al mundo del trabajo y, especialmente, a las nuevas promociones de trabajadores. No se trata de hacer una propaganda fanática, ni de adoptar posturas de beatos, ni mucho menos de encerrarse en círculos cerrados, o de sentirse ajeno a la participación de la vida obrera. Se trata de no privar, a esa vida del trabajo, de su dignidad espiritual, de sus derechos religiosos y morales; se trata de infundir en el trabajo el sentido cristiano yhumano, que lo ennoblece, lo fortifica, lo purifica, lo conforta y lo llena de buenos sentimientos de solidaridad y amistad, y ayuda a defender los propios intereses económicos y profesionales con espíritu de justicia y de comprensión para el bien común. ¿No es vuestra fe, vuestra conciencia cristiana, vuestra certeza religiosa, la que os da el sentido más alto, más seguro, más alegre dela vida? He aquí para qué sirve la fe: ¡sirve para la vida!“ (Discurso al IX congreso nacional de la juventud de la Associazione Católica dei Lavoratori Italiani, ACLI, pronunciado el 5 de enero de 1965; en lnsegnamenti di Paolo VI, vol. III, 1965, pp. 16-17).

16 PABLO VI,Discurso de apertura a la Segunda Sesión del Concilio Vaticano II, AAS, 54 (1963), p. 847.

17 Katholische Dogmatik, párr. 170 (edición castellana, tomo IV, Madrid 1960, p. 315).

18 BEATO JOSEMARÍA ESCRIVÁ, La Constitución apostólica „Provida Mater Ecclesia“ y el Opus Dei, Madrid 1949, p. 7 (se trata de una conferencia pronunciada en 1948 en la sede

madrileña de la Asociación Católica de Propagandistas, y luego publicada en edición aparte).

19 Véase su Essay on the Development of Christian Doctrine, a lo largo de toda la obra y quizá

especialmente las páginas que, al principio de la obra, dedica a poner de manifiesto la conexión entre desarrollo dogmático y fe auténticamente vivida.

20 Cfr. Jn 3,8.

21 JUAN PABLO II, Homilia en la Misa de Beatificación del Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer, 17-V-1992; expresiones parecidas en el Breve pontificio de Beatificación. Ambos textos pueden consultarse en „Romana. Bollettino della Prelatura della Santa Croce e Opus Dei“ 8 (1992) 18-20 y 11-15.

22 A. LUCIANI, Cercando Dio nel lavoro quotidiano, en „II Gazzettino“, Venecia, 25-VII-1978.

23 S. BAGGIO, Opus Dei: una svolta nella spiritualitá, en „Avvenire“, Milán, 26-VII-1975.Declaraciones análogas se encuentran en escritos publicados por otras muchas personalidades eclesiásticas; remitamos, a modo de ejemplo, a los testimonios, dados en esas mismas fechas, de diversos cardenales: SERGIO PIGNEDOLI, Mons. Escrivá de Balaguer: un esemplaritá spirituale, en „Il Veltro“, Roma 19 (1975) 275-282; MARCELO GONZÁLEZ MARTÍN, ¿Cuál sería su secreto?, en „ABC” suplemento dominical, Madrid, 24-VIII-1975; JULlUS ROSALES, Msgr. Escrivá: Profile of a saint, en „Philippines Evening Express“, Manila, 26-VI-1976; AGNELO ROSSI, Mensagem universal de Mons. Escrivá, en „O Estado de S. Paulo“, Sao Paulo, 27-VI y 4-VII-1976; FRANZ KÖNIG, Il significato dell’Opus Dei, en „Corriere

della Sera“, Milán, 9-XI-1975; JOHN CARBERRY, The Work of God, en „The Priest“,

Huntington (Indiana), VI-1979; LUIS APONTE, La santidad del pueblo de Dios, una pasión de Mons. Escrivá de Balaguer, en „El Visitante de Puerto Rico“, San Juan de Puerto Rico, 11-II-1979; PIETRO PARENTE, Le radici della spiritualitá del fondatore dell’Opus Dei, en „L’Osservatore Rornano“, 24-VI-1979.

24 Así lo hizo, entre otros, el propio JUAN PABLO II, por ejemplo, en una homilía pronunciada

durante una Misa celebrada el 19 de agosto de 1979, en la que participaba un numeroso grupo de fieles del Opus Dei: „Vuestra institución -afirmó- tiene como finalidad la santificación de la vida permaneciendo en el mundo, en el propio puesto de trabajo y de profesión: vivir el Evangelio en el mundo, viviendo ciertamente inmersos en el mundo, pero para transformarlo y redimirlo con el propio amor a Cristo . Realmente es un gran ideal el vuestro, que desde los

comienzos se ha anticipado a esa teología del laicado, que caracterizó después a la Iglesia del Concilio y del postconcilio” (el original italiano de esa homilía se encuentra en „L’Osservatore Romano“, 20/21-VIII-1979; su traducción castellana, en „L’Osservatore Romano“, edición en español, 26-VIII-1979). Unos años antes, siendo todavía el Cardenal Karol Wojtvla, había tenido ocasión de aludir al Opus Dei en relación precisamente al tema que nos ocupa: el trabajo. Fue en una conferencia pronunciada en 1974, sobre el tema La evangelización y

el hombre interior, y en la que, después de haber puesto de manifiesto que el crecimiento del hombre pasa a través del crecimiento interior, se preguntaba cómo se entrelaza el desarrollo humano con el progreso de la técnica y de la praxis que de ella deriva: „¿De qué manera, en definitiva, dominando la faz de la Tierra, podrá el hombre plasmar en ella su rostro espiritual?“. Acto seguido continuó: „Podremos responder a esta pregunta con la expresión -tan feliz y ya

tan familiar a gentes de todo el mundo- que Mons. Escrivá de Balaguer ha difundido desde hace tantos años: „santificando cada uno el propio trabajo, santificándose en el trabajo y santificando a los otros con el trabajo“.“ Una versión castellana de esta conferencia está recogida en el libro La fe de la Iglesia. Textos del Card. Karol WojiyIa, Pamplona 1979; las frases citadas están en pp. 94-95.

25 A él remite expresamente JUAN PABLO II en los documentos que destinó a enmarcar el Gran Jubileo del año 2000: el destinado a orientar su preparacion y celebración yel encaminado a glosar su clausura, es decir, la Carta apost. Tertio millennio adveniente y la Carta. apost. Novo millennio ineunte. En ambos documentos (cfr., especialmente, nn. 18-20 del primero y n. 3 y 57 del segundo), lo presenta, en efecto, como acontecimiento decisivo en la historia de la Iglesia del siglo XX y como impulso y orientación para la actividad apostólica futura.

26 A lo largo de las páginas que siguen emplearemos varias veces las expresiones "espíritu“,„espiritualidad“ y „espiritualidades“. No es nuestra intención entrar en discusiones sobre la significación estricta de tales vocablos, baste aclarar que el punto de partida de toda reflexión sobre estos temas es la unidad esencial de la espiritualidad cristiana: no hay cristianismo fuera de la identificación con Cristo. Por lo demás, el significado con que en cada lugar empleamos esas voces se deduce claramente del contexto. Sobre este punto, ver lo que hemos escrito en Mundo y santidad, cit., pp. 194-208.

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SER DEL MUNDO Y LLAMADA A LA SANTIDAD

“La santificación del trabajo. El trabajo en la historia de la espiritualidad”. Libro escrito por el teólogo José Luis Illanes. Décima Edición revisada y actualizada.

ÚLTIMAS NOTICIAS28/11/2011

Pero dejemos ya los prolegómenos y abordemos la exposición del espíritu del Opus Dei, de acuerdo con la metodología genética recién indicada. Preguntémonos, pues: ¿cómo se inicia la predicación del Fundador de la Obra?, ¿a quiénes se dirige? Ya lo hemos dicho: a cristianos corrientes ocupados en las tareas normales de los hombres, en el trabajo profesional, en los afanes sociales o universitarios, en las incidencias de la vida de familia... El ser del mundo no es -recordémoslo de nuevo- un objetivo, una finalidad, sino un presupuesto. No hay en la espiritualidad del Opus Dei nada que hable de alejamiento del mundo, de separación del mundo: es una espiritualidad que mira derechamente al cristiano que vive en las estructuras temporales, cuya ocupación es el trabajo profesional, cuya existencia transcurre en el marco normal del vivir del común de los hombres; una espiritualidad que mira a ese cristiano precisamente para hacerle descubrir el sentido divino de la realidad que le circunda y en la que está inmerso. A eso aspiro siempre, en efecto, la acción sacerdotal del Beato Josemaría: a provocar en sus oyentes, precisamente mientras se encontraban insertos en las más diversas tareas y ocupaciones seculares, la conciencia de lo que implica ser cristiano, la conciencia de que Dios llama, de que Dios espera una respuesta, y una respuesta que, en su caso, había de ser dada a través de esas realidades que integraban, y debían continuar integrando, su vida

„Lo que a ti te maravilla a mí me parece razonable. -¿Que te ha ido a buscar Dios en el ejercicio de tu profesión? -Así buscó a los primeros: a Pedro, a Andrés, a Juan y a Santiago, junto a las redes; a Mateo, sentado en el banco de los recaudadores... Y, ¡asómbrate!, a Pablo, en su afán de acabar con la semilla de los cristianos“, se afirma en Camino ( 3). Y ahí te ha ido a buscar, podríamos añadir completando ese punto de Camino con otros textos del Beato Josemaría, para darte a conocer el verdadero valor de ese mundo en el que vivías. Desde los inicios de su apostolado, el Fundador de la Obra proclamó, en efecto, que „todos los caminos de la tierra pueden ser ocasión de un encuentro con Cristo“ (4). „Con el comienzo de la Obra en 1928 -podía comentar, con plena verdad, años más tarde, en una entrevista de prensa-, mi predicación ha sido que la santidad no es cosa para privilegiados, sino que pueden ser divinos todos los caminos de la tierra, todos los estados, todas las profesiones, todas las tareas honestas“ (5).

Al hablar de vocación, de llamada, de ese momento en el que el hombre reconoce el querer de Dios para con él, el Beato Josemaría, sin desconocer las características de invitación e impulso que tal realidad supone, ha subrayado especialmente lo que implica de luminosidad de luz. Probablemente, entre otras cosas, porque desde una perspectiva secular, ese rasgo es determinante: vocación, en este caso, no es llamada a dejar el lugar en que se está, sino invitación a vivir de forma nueva la existencia, que ya se posee, y ello como consecuencia de una luz que permite advertir en esa existencia dimensiones divinas que antes permanecían ocultas (6). La vocación, afirma en una de sus Cartas , „es una visión nueva de la vida. Es como si se encendiera una luz dentro de nosotros“ (7). „La vocación -reitera en una homilía- enciende una luz que nos hace reconocer el sentido de nuestra existencia. Es convencerse, con el resplandor de la fe, del porqué de nuestra realidad terrena. Nuestra vida, la presente, la pasada y la que vendrá, cobra un relieve nuevo, una profundidad que antes no sospechábamos. Todos los sucesos y acontecimientos ocupan ahora su verdadero sitio: entendemos a dónde quiere conducirnos el Señor, y nos sentimos como arrollados por ese encargo que se nos confía. Dios nos saca de las tinieblas de nuestra ignorancia, de nuestro caminar incierto entre las incidencias de la historia, y nos llama con voz fuerte, como un día lo hizo con Pedro y con Andrés: Venite post me, et faciam vos fieri piscatores hominum (Mt 4,19), seguidme y yo os haré pescadores de hombres, cualquiera que sea el puesto que en el mundo ocupemos“ (8).

Esa luz divina trae consigo, si es acogida por el corazón humano, un fuerte cambio interior: una conversión de la mente y de la voluntad centrándolas en Dios. Pero, en el laico, en el seglar, en el cristiano corriente, todo eso tiene lugar allá donde esa persona estaba, sin abandonar la propia profesión u oficio, sin separarse del propio vivir ordinario, antes, al contrario, sintiéndose más radicalmente ligado a él como consecuencia de las riquezas nuevas que la luz vocacional ha revelado.

Toda una amplia gama de textos del Fundador del Opus Dei glosa esa realidad. Varios se remontan a los años iniciales de su predicación, cuando debía corregir la tendencia, dominante en diversos ambientes, a identificar vocación con vocación religiosa y, por tanto, con invitación a apartarse del mundo. Asi ocurre, por ejemplo, en todos aquellos textos en los que, haciéndose eco de unas palabras paulinas que cada uno, hermanos, permanezca ante Dios en el estado en que fue llamado“ (9)-, previene contra lo que llama „la locura de salirse de su sitio“. „No sacamos a nadie de su sitio -afirmaba, por ejemplo, en una de sus Instrucciones ( 10)-. Cada uno de vosotros continúa en el lugar y en la posición social que en el mundo le corresponde. Y, desde allí, sin la locura de cambiar de ambiente, ¡a cuántos daréis luz y energía!.... sin perder vuestra energía y vuestra luz: por la fe y por la gracia de Jesucristo, in qua stamus et gloriamur in spe gloriae filiorum Dei , en la que nos sentimos firmes esperando la gloria de los hijos de Dios (Rm 5,2)“ (11). Y en una de las Cartas : „Sin sacar a nadie de su sitio, hemos venido a dignificar todas las ocupaciones humanas“ (12). De ahí que en Camino añada: „Alégrate, si ves que otros trabajan en buenos apostolados. -Y pide, para ellos, gracia de Dios abundante y correspondencia a esa gracia. Después, tú, a tu camino: persuádete de que no tienes otro“ (13).

En esa línea se sitúan también aquellos textos en los que, frente a novelerías ilusorias e irreales, invita a centrarse en la vida corriente. „Misionero. -Sueñas con ser misionero. Tienes vibraciones a lo Xavier: y quieres conquistar para Cristo un imperio. -¿El Japón, China, la India, Rusia.... los pueblos fríos del norte de Europa, o América, o África, o Australia? -Fomenta esos incendios en tu corazón, esas hambres de almas. Pero no me olvides que eres más misionero „obedeciendo“. Lejos geográficamente de esos campos de apostolado, trabajas „aquí“ y „allí“: ¿no sientes -¡como Xavier!- el brazo cansado después de administrar a tantos el bautismo?“ (14); „Me hablas de morir „heroicamente“. -¿No crees que es más „heroico“ morir inadvertido en una buena cama, como un burgués... pero de mal de Amor?“ (15).

En ocasiones, esa llamada a lo real, a lo concreto, a lo que libera de ensueños vanos e ilusorios, se expresa mediante una expresión castiza, fruto de un juego de palabras no exento de ironía: „ mística ojalatera “, mística del ojalá, del posponer esfuerzos haciendo depender toda decision y todo empeño de un eventual futuro por cuyo advenimiento no se lucha, ya que, en el fondo del alma, se piensa que nunca tendrá lugar. „Dejaos -exclamaba en una homilía-, pues, de sueños, de falsos idealismos, de fantasías, de eso que suelo llamar mística ojalatera -¡ojalá me hubiera casado, ojalá no tuviera esta profesión, ojalá tuviera más salud, ojalá fuera joven, ojalá fuera viejo!...-, y ateneos, en cambio, sobriamente, a la realidad más material e inmediata, que es donde está el Señor: „mirad mis manos y mis pies“, dijo Jesús resucitado: „soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo“ (Lc 24,39)“ (16).

La expresión „mística ojalatera“ tiene, en verdad, doble filo: de una parte, denuncia escapismos y evasiones que llevan a eludir los auténticos requerimientos de la vocación cristiana; de otra, afirma que esa vocación cristiana puede vivirse en medio del mundo y, en consecuencia, compromete. Recuperamos así el hilo del discurso, dando un paso más que subraya el alcance de las palabras del Fundador del Opus Dei. Si su predicación presupone el ser en el mundo y del mundo de aquellos a quienes se dirige, lo hace para dibujar con plenitud, ante cada uno de ellos, el panorama de las promesas y exigencias propias del mensaje evangélico. Los cristianos corrientes, viviendo en el mundo, siendo del mundo, amando al mundo, han de saberse a la vez elegidos por Dios, llamados a formar parte de la familia de los santos, sacados no del mundo, pero sí del pecado, según las palabras de Cristo en su oración sacerdotal: „no pido que los saques del mundo, sino que los libres del mal“ (17).

„Sed hombres y mujeres del mundo, pero no seáis hombres o mujeres mundanos“, afirmaba el Beato Josemaría con frase que sintetiza lo que aspiramos a decir (18). De hecho, en su predicación oral y escrita se reflejan, y con enorme fuerza, todas y cada una de las perspectivas y exigencias características del ideal que proclama el Evangelio: la vida sacramental como fuente de la existencia cristiana; la confianza en la omnipotencia de la gracia que sana la debilidad de la criatura; la llamada a la humildad; la conciencia de la centralidad de la Cruz; la invitación a una entrega sin condiciones -“Jesús no se satisface ‘compartiendo’: lo quiere todo“ (19)-; la importancia de la oración entendida como diálogo íntimo y constante con Dios, etc., etc.

Y, dando a todo lo anterior su sentido último, la afirmación de la absoluta perfección divina, bien supremo ante lo que todo resulta pequeño y al que debe tender por entero el corazón: „¡Qué poco es una vida para ofrecerla a Dios!...“(20). „Considera lo más hermoso y grande de la tierra .... lo que place al entendimiento y a las otras potencias .... y lo que es recreo de la carne y de los sentidos... Y el mundo, y los otros mundos, que brillan en la noche: el Universo entero. -Y eso, junto con todas las locuras del corazón satisfechas.... nada vale, es nada y menos que nada, al lado de ¡este Dios mío! -¡tuyo!-, tesoro infinito, margarita preciosísima, humillado, hecho esclavo, anonadado con forma de siervo en el portal donde quiso nacer, en el taller de José, en la Pasión y en la muerte ignominiosa... y en la locura de Amor de la Sagrada Eucaristía“ (21).

Dios es, y el Beato Josemaría no dejó nunca de recordarlo, el fin último del ser humano -el único, si tomamos la palabra fin en su sentido más profundo-, al que deben dirigirse y encaminarse todas las acciones. „Si la vida no tuviera por fin dar gloria a Dios, sería despreciable, más aún: aborrecible“, leemos en Camino ( 22). Y en la misma obra, a continuación: „Da ‘toda’ la gloria a Dios, -’Exprime’ con tu voluntad, ayudado por la gracia, cada una de tus acciones, para que en ellas no quede nada que huela a humana soberbia, a complacencia de tu ‘yo’“ (23). O también, con palabras que nos sitúan en los antípodas de todo naturalismo, „Si pierdes el sentido sobrenatural de tu vida, tu caridad será filantropía; tu pureza, decencia, tu mortificación, simpleza; tu disciplina, látigo, y todas tus obras, estériles“ (24).

En plena coherencia con ese amplio y vibrante panorama sobrenatural, la predicación del Fundador del Opus Dei se corona con la afirmación de que todo cristiano, y por tanto también el seglar, el laico, ha de aspirar no a una santidad limitada, adaptada a su situacion, sino, al contrario, a una santidad plena, excelsa, heroica: „Tienes obligación de santificarte. -Tú también. -¿Quién piensa que esta es labor exclusiva de sacerdotes y religiosos? A todos, sin excepción, dijo el Señor: Sed perfectos, como mi Padre Celestial es perfecto“„ (25). Todo cristiano, también el que trabaja en las ocupaciones seculares, el que vive en lo que se ha dado en denominar mundo de lo profano, debe sentirse urgido por Dios, llamado a la plenitud de la caridad, hasta exclamar, en la intimidad de su oración: „Señor: que tenga peso y medida en todo... menos en el Amor“ (26).

Todo ello, reiterémoslo, siendo y sabiéndose plenamente del mundo, sin apartarse de las tareas terrenas, antes al contrario dándose plenamente a ellas. Ser del mundo y ser cristiano, ser del mundo y estar llamado a la plena intimidad con Dios, no son realidades antitéticas, sino susceptibles de fundirse en unidad. Los miembros del Opus Dei, podía así afirmar su Fundador, están llamados a vivir „la vida corriente, la misma vida que sus compañeros de ambiente y de profesión. Pero en el trabajo ordinario hemos de manifestar siempre la caridad ordenada, el deseo y la realidad de hacer perfecta por amor nuestra tarea; la convivencia con todos, para llevarlos opportune et importune (2 Tm 4,2), con la ayuda del Señor y con garbo humano, a la vida cristiana, y aun a la perfección cristiana en el mundo; el desprendimiento de las cosas de la tierra, la pobreza personal amada y vivida. Hemos de tener presente la importancia santificante y santificadora del trabajo y sentir la necesidad de comprender a todos para servir a todos, sabiéndonos hijos del Padre Nuestro que está en los cielos, y uniendo -de un modo que acaba por ser connatural- la vida contemplativa con la activa: porque así lo exige el espíritu de la Obra y así lo facilita la gracia de Dios a quienes generosamente le sirven en esta divina llamada“ (27).

En suma, el miembro del Opus Dei, cristiano corriente entre cristianos corrientes, no está llamado a una santidad mediocre, empobrecida -valga la frase, verdadero monstruo teológico, para expresar de manera gráfica lo que venimos diciendo-, sino -como todo cristiano- a la única santidad existente: la que deriva de la identificación con Cristo. Proclamarlo, testificarlo con las obras, es precisamente la razón de ser del Opus Dei. „Queremos -decía el Beato Josemaría en una de sus Cartas - la santidad, la perfección cristiana que está al alcance de todos: somos gente del mundo, gente de la calle, cristianos corrientes, que ya es suficiente título: agnosce, o christiane, dignitatem tuam ; conoce, oh cristiano, tu dignidad“ (28). „No hay -afirmaba en otro momento, en una homilía- cristianos de segunda categoría, obligados a poner en práctica solo una versión rebajada del Evangelio: todos hemos recibido el mismo Bautismo y, si bien existe una amplia diversidad de carismas y de situaciones humanas, uno mismo es el Espíritu que distribuye los dones divinos, una misma la fe, una misma la esperanza, una misma la caridad (Cfr. 1 Co 12,4-6, y 13,1-13)“ (29).

Textos ambos que son el eco de otro especialmente expresivo: „No es nunca la santidad cosa mediocre, y no nos ha llamado el Señor para hacer más fácil, menos heroico, el caminar hacia Él. Nos ha llamado para que recordemos a todos, que en cualquier estado y condición, en medio de los afanes nobles de la tierra, pueden ser santos: que la santidad es cosa asequible. Y a la vez, para que proclamemos que la meta es bien alta: „sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto“ (Mt 5,48)“ (30). Asequible, pues, pero exigente y, por tanto, enaltecedora. Porque, como formula la paradoja que se lee en Camino , „es más asequible ser santo que sabio, pero es más fácil ser sabio que santo“ (31)

Notas

Camino , n. 799.

Carta 24-III-1930, n. 2.

Conversaciones , n. 26

6 Sobre este tema puede verse lo que hemos escrito en la voz Vocación en la Gran Enciclopedia Rialp, t. 23, pp. 658-662 (recogido después en J. L. ILLANES, Mundo y santidad , Madrid 1984, pp. 97-120), así como F. OCÁRIZ, Vocación a la santidad en Cristo y en la Iglesia , en F. OCÁRIZ, Naturaleza, gracia y gloria , Pamplona 2000, pp. 224-239, y, del mismo autor, La vocación al Opus Dei como vocación en la Iglesia , en R RODRÍGUEZ, F. OCARIZ y J. L. ILLANES, El Opus Dei en la Iglesia . Introducción eclesiológica a la vida y apostolado del Opus Dei, Madrid 1993, pp. 135-198

Carta 9-I-1932, n. 9.

Es Cristo que pasa , n. 45; ver también nn. 1 y 31-33. 9 1 Co 7,24.

10 Instrucción 1-IV-1934, n. 23.

11 Ver también Camino , nn. 832 y 837 ( Consideraciones espirituales , pp. 78 y 79).

12 Carta 31-V-1954, n. 18.

13 Camino , n. 965. Aunque sea obvio, tal vez no resulte inútil señalar que sea el texto paulino, sean los del Beato Josemaría, han de ser leídos en clave teológica. En otras palabras, cuando se habla de no salir de su sitio, de permanecer en la vocación en la que Dios llamó, no se hace con la intención de excluir los cambios que son producto del desarrollo profesional, social, etcétera, sino con la de afirmar que la vocación cristiana no implica, de por sí, cambio alguno, ya que invita a santificar la situación humana en que se vive, sea esta estable o cambiante según lo que el dinamismo histórico haga posible o traiga consigo. Sobre este punto, ver P. RODRIGUEZ, Sobre la espiritualidad del trabajo , en „ Nuestro Tiempo “, 35 (1971), p. 379.

14 Camino , n. 315.

15 Ibíd., n. 743.

16 Conversaciones , n. 116. Ver también: Camino , nn. 776 ( Consideraciones espirituales , p. 72) y 822 (Consideraciones, n. 88), y Amigos de Dios , n. 8: en este último texto acude a una comparación usual en sus labios: la de Tartarín de Tarascón, que soñaba con encontrar leones en los pasillos de su casa y, naturalmente, no los hallaba, quedándose así con las manos vacías.

17 Jn 17,15

18 Camino , n. 939 ( Consideraciones espirituales , p. 97). „La vocación cristiana no nos saca de nuestro sitio, pero exige que abandonemos todo lo que estorba al querer de Dios“ ( Es Cristo que pasa , n. 33). „El cristiano ha de encontrarse siempre dispuesto a santificar la sociedad desde dentro, estando plenamente en el mundo, pero no siendo del mundo, en lo que tiene -no por característica real, sino por defecto voluntario, por el pecado- de negación de Dios, de oposición a su amable Voluntad salvífica“ ( Es Cristo que pasa , n. 125).

19 Camino , n. 155; ver Es Cristo que pasa , n. 58.

20 Camino , n. 420 ( Consideraciones espirituales , p. 43).

21 Ibid. n. 432 ( Consideraciones espirituales , p. 45).

22 Ibid., n. 783 ( Consideraciones espirituales , p. 73).

23 Ibíd., n. 784 ( Consideraciones espirituales , p. 74),

24 Ibid., n. 280 ( Consideraciones espirituales , p. 44).

25 Ibíd., n. 291.

26 Ibid., n. 427 ( Consideraciones espirituales , p. 44).

27. Carta 24-III-1930, n. 10. La Santa Sede, en uno de los decretos de aprobación otorgados al Opus Dei, Decreto Primum inter , del 16-VI-1950, se hizo eco de esas afirmaciones dejando constancia de que sus miembros „ejercen, con el mayor empeño, todas las profesiones civiles honradas; y, por profanas que sean, procuran siempre santificarlas mediante una pureza de intención constantemente renovada, con el afán de crecer en vida interior, con una abnegación continua y alegre, con el sacrificio de un trabajo duro y tenaz que debe ser perfecto en todas sus dimensiones“ („Omnes civiles honestas professiones maxima sollertia exercent: et quamivis profanae sint, socii, saepius renovata intentione, fervido interioris vitae cultu, continua atque hilari sui abnegatione, paenitentia duri tenacisque laboris qui sub omni respectu perfectus evadat, eas sanctificare iugiter satagunt“).

28 19-III-1954, n. 32; la cita latina es de San León Magno, Sermon de Nativitatis Christi , 21, 3 (PL 54, 192).

29 Es Cristo que pasa , n. 134; Ver tambén Amigos de Dios , nn. 2-3.

30 Carta 24-III-1930, n. 19.

31 Camino , n. 282 (Consideraciones espiritidales, p. 31 )

 

 

Ortodoxia u ortopraxis

Escrito por Mario Arroyo.

La moral es únicamente una de las cuatro patas de la mesa de la fe. Faltan el credo, los sacramentos y la liturgia o la fe que se celebra.

Recientemente en clase de teología un grupo consistente de alumnos me espetaba: “Padre, en el fondo da igual de qué religión sea uno, o incluso carecer de ella, lo importante realmente es ser buena persona. La religión que se tenga es lo de menos, o es buena solo y en la medida en que te sirva a comportarte mejor, a ser feliz, a hacer el bien.” Podría traducirse esta pregunta a categorías teológicas diciendo: lo importante es la ortopraxis, no la ortodoxia.

No es sencillo responder a esta cuestión, porque tiene muchos elementos de verdad, más no toda la verdad. ¿Es irrelevante que Jesús se haya encarnado? ¿Qué haya muerto en la Cruz? ¿Da igual la sangre derramada por los mártires a lo largo de los siglos? ¿Todo se reduce a “vive y deja vivir”? Hay algo en ese planteamiento que no cuadra del todo, pero que no es sencillo desbaratar, pues está fuertemente presente en la cosmovisión actual de la vida.

Comencemos por el principio: en realidad, no hace falta ser religioso –de la religión que sea- para ser ético. La ley natural la tenemos todos impresa en el corazón, la conciencia hace su función y nos indica, con un margen más o menos amplio de exactitud, qué es lo correcto y qué no lo es. Por otra parte, las religiones, así, en general, nos ayudan o nos deberían ayudar a ser éticos, pues con sus más y sus menos todas coinciden con “la regla de oro”: no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti, o, en positivo, trata a los demás como quieras que te traten a ti. Además, con sus más y sus menos, coinciden ampliamente en el decálogo. Es decir, si soy un buen budista, viviré conforme al decálogo (los Diez Mandamientos). Quizá un caso aparte sea el islam, por lo menos en sus versiones radicales.

Pero ello no nos avoca a un puro pragmatismo, según el cual lo importante es hacer el bien, porque, como ya señaló mucho tiempo atrás Aristóteles, la voluntad tiende al bien, pero no siempre al bien real, a veces cae en el bien aparente. Eso significa que cualquier ortopraxis –la recta acción- requiere de una ortodoxia –la recta doctrina- que me indica cuál es la acción correcta. Eso se percibe con claridad en las cuestiones de bulto, es decir, muy obvias. Para patrones morales distintos la actitud ante un embarazo no deseado puede ser abortar, o apoyar a la madre, respectivamente. Son dos universos morales totalmente diferentes, ¿quién decide cuál es el bueno? Ante un anciano con demencia senil la respuesta moral puede ser muy diversa: aplicarle la eutanasia o proporcionarle cuidados paliativos, ¿cuál es la actitud correcta?

La ortopraxis necesita ortodoxia, más en cuestiones de filigrana, como pueden ser la indisolubilidad del matrimonio, o la evasión y/o elusión de impuestos. Necesitamos profundizar enérgicamente en la moral para tener una respuesta adecuada en las mil circunstancias vitales que se nos pueden presentar, necesitamos la ortodoxia, y la moral católica nos ayuda mucho a conseguirla, quizá más que otras religiones, por ejemplo, en temas de moral sexual o apertura a la vida y su defensa desde el inicio hasta su fin. Incluso aunque otras religiones también compartan esa preocupación, el peso que le es dado desde la ortodoxia católica es fuerte, condicionando así la ortopraxis del fiel coherente.

Ahora bien, más allá de la moral, no hay que olvidar que la religión no es solo moral. La moral es únicamente una de las cuatro patas de la mesa de la fe. Faltan el credo, los sacramentos y la liturgia o la fe que se celebra, y la oración, o la fe que se vuelve diálogo con Dios. El planteamiento de origen reduce la religión a moralina y es mucho más, pues nos marca el sentido trascendente de nuestra vida

Plantear desde una perspectiva católica que da igual cualquier religión y que lo importante es la ortopraxis no deja de ser doloroso, pues ignora sistemáticamente los tesoros de la fe católica, que sólo los católicos tenemos (los ortodoxos también). La grandeza de la Eucaristía, Dios con nosotros, Dios en nosotros, y la protección materna de María. Supone esta perspectiva estar ciego para los dos grandes privilegios que nos otorga la fe: la Eucaristía y la Virgen, además de la figura amable del Papa, esa sí, exclusivamente nuestra.

 

Octubre, mes del rosario. Lepanto y la guerra justa

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En la batalla de Lepanto (1571) fue derrotada la armada del Imperio otomano. El Papa había pedido a toda la cristiandad que rezara el rosario. En gratitud por la victoria, el papa Pío V instituyó la fiesta de la Virgen de las Victorias, después conocida como la fiesta del Rosario

 

Fue el Papa León XIII quien, en 1883, incluyó el título de Reina de Santísimo Rosario en las letanías de la Virgen y consagró el mes de octubre a esa devoción.

Auxilio de los Cristianos

Contenidos

Ya en el siglo XVI, el Papa San Pío V había agregó a la letanía de la Virgen el título de Auxilio de los Cristianos e instaurado una fiesta litúrgica el 7 de octubre, para conmemorar la victoria en la Batalla de Lepanto, donde las fuerzas cristianas derrotaron a los turcos musulmanes que invadían Europa, denominando tal solemnidad Nuestra Señora de las Victorias.

Su sucesor inmediato, Gregorio XIII, cambió el nombre de la festividad para Nuestra Señora del Rosario, y poco más de un siglo más tarde, el papa Clemente XI ordenó que su fiesta se celebrase por la Iglesia universal a causa de la victoria cristiana de Temesvár alcanzada, en 1716, también contra la agresión turca, y atribuida por el Papa a la protección de la Santísima Virgen.

El rezo del rosario es tan eficaz que la Virgen pidió a Santa Bernardita en Lourdes y a los pastorcitos en Fátima que rezasen el rosario.

Una cosa bonita de observar es que Nuestra Señora sea invocada en las letanías lauretanas como Reina de la Paz luego después de haber sido invocada como Reina del Santísimo Rosario en recuerdo del triunfo en las batallas de Lepanto y Tremesvar atribuido a su intercesión.

Una elocuente síntesis histórica

Una Ave María tiene más poder que un proyectil de cañón, decía el Santo Cura de Ars

El Rosario y la guerra justa

Alguien podrá preguntarnos si los títulos de Auxilio de los Cristianos y Reina del Santísimo Rosario que invocan a María como protectora de las tropas cristianas en su combate contra los infieles no se opone a la condenación que algunos Papas contemporáneos han hecho de la guerra.

En la Guerra Cristera, contra de las leyes anti católicas de Calles los soldados iban al frente y morían gritando “Viva Cristo Rey”. En la fotografía, asisten a una misa campal

La respuesta depende de si puede existir una guerra justa o si todas las guerras, son en sí mismas injustas. El tema es sumamente importante, pues él envuelve otros aspectos colaterales, como si es lícito utilizar la fuerza física para inutilizar la capacidad nociva del enemigo. Y en definitiva, si siempre debemos creer que no existen personas ni organizaciones, ni países con malas intenciones y proyectos inicuos, como por ejemplo los del Estado Islámico que asola Siria e Irak expulsando y matando las comunidades cristianas y destruyendo obras de arte del patrimonio mundial.

Para responder a estas importantes interrogantes nos serviremos de las palabras pronunciadas por el Profesor Roberto de Mattei, autor del libro: “Plinio Correa de Oliveira, el cruzado del siglo XX”, por ocasión de su lanzamiento en la ciudad de Oporto en Portugal.

Las Cruzadas, una guerra defensiva

“Hoy, la palabra cruzada se volvió sinónimo de una actitud psicológica agresiva e intolerante.

“Sin embargo, agresividad y cruzada son, en realidad, términos incompatibles. La cruzada fue un emprendimiento de defensa contra una agresión y sería un grave error confundir la violencia con la fuerza, la agresión injusta con la legítima defensa.

“La Iglesia, desde los primeros siglos, elaboró –sobre todo San Agustín- la doctrina de la guerra justa.

“Una guerra puede ser justa o injusta según su fin y las circunstancias. Guerra injusta es toda guerra agresiva. Guerra justa es toda guerra que busca la defensa contra una agresión o la recuperación de un bien del cual se fue injustamente privado.

“Entre los diferentes géneros de guerra justa, la más perfecta, si así puede ser definida, es la que tiene por objetivo repeler una agresión hecha no contra bienes materiales, sino contra los bienes espirituales como la Fe, o la identidad cristiana de un pueblo.

“En este caso la guerra justa puede tornarse, según la doctrina de la Iglesia, en guerra santa y puede, o debe, se promovida por la propia Iglesia antes mismo que por los soberanos o por los Estados.

Al Mariscal Ferdinand Foch, quien llevó las fuerzas aliadas al triunfo en la I Guerra Mundial, se le veía siempre rezando el Rosario, incluso en los días de las mayores batallas.

(Un ejemplo característico de esta guerra santa, en nuestro Continente, fue la que llevaron adelante los mejicanos en contra de las leyes anti católicas del Gobierno del Presidente Calles, y que se llamó la Guerra Cristera, pues los soldados iban al frente y morían gritando “Viva Cristo Rey”. )

Retomamos las palabras del Profesor de Mattei:

“Guerra santa fue la cruzada predicada por el Papa Urbano II para liberar el Santo Sepulcro y recuperar la Tierra Santa. Guerras santas, en el sentido más amplio del término fueron las grandes batallas, emprendidas por la Cristiandad contra los turcos en Lepanto y en Viena.

“Y fue precisamente porque eran guerras santas, que sus triunfos pudieron ser adjudicados, sin ningún temor de ofender, sino al contrario de agradecer, a la propia Madre de Dios

“Hoy oímos decir que, en el fondo, la perspectiva de los cruzados no era distinta de sus enemigos los musulmanes: ambos promovían una “supuesta” guerra santa para imponer la propia religión.

“Esta formulación del problema revela una profunda incomprensión de nuestra religión y del islamismo

“La religión islámica es una religión meramente exterior. Para la “conversión al Islam”, no se requiere nada más de que la profesión monoteísta y una serie de actos formales, como la peregrinación a la Meca, donde esta semana pasada murieron tantas personas en una estampida que suele repetirse.

“Además de tales prescripciones formales, no se requiere en el Islam, una transformación del alma, una conversión interior. La Jihad, la guerra santa islámica, contrariamente a la guerra santa cristiana es una guerra ofensiva, es una guerra de agresión, precisamente por el Islam no conoce la dimensión del alma, de una conversión interior.

“Al contrario de esta actitud, nuestra religión católica es una religión interior que se alimenta en la vida sobrenatural del alma. Esta religión interior, precisamente porque es interior, es capaz de transformar profundamente la civilización, las costumbres, las mentalidades, plasmando la sociedad a partir de lo interior, como lo hizo el cristianismo con el mundo bárbaro y pagano.

“La cristianización de la sociedad, de la cual los Apóstoles y los discípulos de Nuestro Señor, fueron los iniciadores, no es fruto de la fuerza, sino de la conquista pacífica de las almas. Pero la sociedad, pacíficamente conquistada, la sociedad que se hizo cristiana, la cristiandad, puede y debe ser defendida, incluso con la fuerza, de la agresión de quien quiera destruir el fruto de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

“En esta perspectiva, más allá de las cruzadas históricas, existe un “espíritu de cruzada” que es la disposición de ánimo del cristiano pronto para sufrir y para combatir hasta la muerte, para defender o para recuperar bienes espirituales más elevados que la propia vida porque, como lo dice el Evangelio, quien busca la propia vida, la perderá”.

Estas palabras del Profesor de Mattei no hacen sino repetir lo que dice la letra del Himno, que tantas veces se cantó en nuestras iglesias:

Somos de Cristo fieles cruzados,

a Cristo rey hemos de servir,

ante la hostia todos postrados,

luchar juramos hasta morir…

Bendice a tu cruzada, oh Madre celestial,

siempre serás de nuestra patria,

la capitana general,

siempre serás de nuestra patria, la capitana general…

***

El Rosario y el valor

Lo que acabamos de decir es muy fácil decirlo y muy difícil ponerlo en práctica. Por eso debemos recurrir al Santo Rosario, pues será sólo a través de la Madre de Dios que alcanzaremos las gracias necesarias para ello.

Le propongo, como un primer paso para alcanzar este espíritu de cruzado, que comience con el rezo del rosario en familia todos los días de este mes de Octubre.

 

La vida humana

Ana Teresa López de Llergo

Oct 06, 2021

Toda vida humana deja una huella que no es producto del instinto, sino del efecto de pensar, estudiar, actuar, transformar, mejorar y sobre todo amar a los demás para compartir logros y beneficios.

Cuando algo nos pertenece, por ser cotidiano, por acompañarnos siempre, porque lo damos por supuesto, porque ordinariamente no consideramos el peligro de perderlo, porque también los demás lo tienen, porque no es canjeable, porque no lo podemos vender ni en partes, porque nos acompaña durante nuestro paso por la Tierra, la costumbre nos impide valorarlo.

Además, intervienen las costumbres. Esto sucede en nuestro país con nuestra vida. Fácilmente no la valoramos porque la muerte nos resulta cercana, e incluso bromeamos sobre ella. El folclore mexicano lo recoge en muchas canciones: “La vida no vale nada…”. La canción se equivoca, la vida humana sí vale mucho, pero oír la letra de esa canción deja huella, aunque no queramos.

Se detienen a estudiar la vida los médicos, los filósofos y algunos más como los abogados, que indican una serie de sanciones a quienes atentan contra ella sin motivos justificados. Personalmente reflexionamos sobre ella cuando falla algún aspecto, o cuando quieren incrementar su rendimiento como los deportistas.

Sin embargo, las criaturas que tienen vida, con ella poseen una serie de cualidades asombrosas. Son capaces de encontrar la manera de conservarse, buscan recursos para sustentarse o para recuperar la salud, detectan los peligros y los afrontan si tienen las fuerzas requeridas o huyen si no las tienen. Además, procuran la permanencia de su especie con la reproducción.

Pero entre los vivientes que habitan nuestro planeta, hay una especie que manifiesta la superioridad sobre las demás criaturas, son los poseedores de vida humana: las personas. Ellas tienen la capacidad de organizar a los otros seres vivientes o no, y aprovechan sus cualidades, pero también los cuidan e investigan el modo de encontrar mejorar su estado.

Aunque lo más importante de quienes tienen vida humana es lo que hacen consigo y las relaciones que establecen con los semejantes. Aunque cuentan con un instinto natural que les ayuda, esta capacidad es superada por su modo de conocer y su modo de actuar porque son libres. La libertad les hace ser dueños de su propia vida y convivir con los de su especie para superarse. Establecen relaciones con todos, pero admirablemente lo pueden hacer también con Dios.

Esta reflexión sobre la vida humana nos tiene que mover a defender lo que es grandioso, lo que reciben otros seres humanos, tengan la edad o las peculiaridades que tengan. Lo primero es respetarles porque poseen el don más grande que se puede recibir y hay que ayudarles a conservarlo. Nadie tiene derecho a quitar la vida humana. Sólo Dios cuando llama a cada uno.

Desgraciadamente, en la actualidad somos testigos de un fenómeno generalizado en muchos países: de opinar, con bastante superficialidad, sobre la vida humana en el inicio o en las etapas de edad avanzada o de precaria salud. En estos periodos, cuando surgen inconvenientes, se está tratando de resolver los problemas eliminando la vida con el apoyo legal.

Cuando se sacuden los problemas y las soluciones van en la línea de eliminar, soslayar o destruir, en el fondo existe desencanto, desconfianza del ser humano respecto al mismo ser humano, se pierde el sentido de la realidad y se diseñan escapes absurdos. Los peores son aquellos en los que se destruye la vida humana. Gran pérdida en donde todos salen dañados.

Entonces es necesario recuperar la objetividad, redescubrir la herencia de nuestros antecesores y recuperar la responsabilidad ante las futuras generaciones. No podemos claudicar, contamos con ejemplos cotidianos en donde cada persona se beneficia y beneficia a los demás al trabajar con nobleza. Y no sólo influye en su entorno, también en el futuro: hace historia.

Toda vida humana deja una huella que no es producto del instinto sino del efecto de pensar, estudiar, actuar, transformar, mejorar y sobre todo amar a los demás para compartir logros y beneficios. A la vez, hay conciencia de que se puede hacer lo contrario: perjudicar, atacar, agraviar y, para eliminar estas posibilidades se puede pedir ayuda a quienes son fuertes en la virtud. Este es el claro-obscuro de la vida humana.

La vida humana es teórica y práctica. Consiste en aprender, ejecutar y colaborar. La ayuda mutua no es meramente teórica ni solitaria, sino también práctica y comunitaria. Especialmente con los más frágiles o los más vulnerables. Estos grupos los conforman naturalmente los niños y los ancianos, y además los enfermos o minusválidos. Estos servicios engrandecen el sentido de la vida humana.

El ser humano por naturaleza es comunicador, participa sus logros, comparte sus esperanzas y descubre que solo puede avanzar, pero con los demás llega muy lejos. Todos interactuamos con los seres, aprendemos y dejamos huella. Tenemos interioridad y exterioridad, somos muy diferentes a las demás criaturas.

No somos un eslabón más de la cadena de criaturas o del producto de la evolución, buscamos significados. Hay algo muy superior, la espiritualidad que promete trascendencia y permanencia. Esto es, un más allá que satisfaga lo que no nos satisface en el aquí y ahora. Está bien fomentar relaciones con los animales, pero de ningún modo sustituyen a la de otros seres humanos.

Además, por la espiritualidad podemos establecer relación con el Ser Supremo, de hecho, Él nos diseñó como somos y nos deja un camino abierto. Aceptar esta oportunidad concreta el eslabón más alto al que puede acceder la persona humana. Como siempre, si la acepta. Por todo lo anterior, pero sobre todo por esto último, la vida humana es invaluable.

Nuestra respuesta sensata es cuidarla, respetarla, admirarla, agradecerla.

 

 

LA CONFIANZA
    Irene Mercedes Aguirre

     Argentina

Tu fresco cauce fluye por entrañas profundas
de todas las creencias, actitudes y acciones.
¡Espléndida estructura, moderas las pasiones
y equilibras las mentes con señales rotundas!

 

Eres fuente perpetua que calma las tensiones,
aportas certidumbre al futuro y redundas
en beneficios mutuos. Constante, nos circundas
con tu rumor sereno de nobles pulsaciones.

 

 

Fortaleces encuentros con los demás. Abundas
en cálidos mensajes ¡Tus benéficos dones
derramas, como gotas de esperanza ,fecundas!

 

 

Acompañas la brisa de la amistad, los sones
de sutil entusiasmo que a la vida le infundas
¡ Eres parte inherente de nuestras decisiones!

 

 

Claves para educar a hijos responsables, que serán más felices

Por Gestionando Hijos 

Foto: Freepik 

Seguramente cuando nuestros niños son pequeños y rebeldes desearíamos que fueran más obedientes. Pero si miramos más allá de esta primera infancia, nos daríamos cuenta de que no querríamos que nuestros hijos, el día de mañana, fueran sumisos, sino que tuvieran criterio propio y decidieran conociendo o anticipando las consecuencias de sus actos.

En definitiva, seguramente querríamos que nuestros hijos fueran responsables. ¿Cómo podemos fomentar la responsabilidad en nuestros hijos? El psicólogo infanto-juvenil Antonio Ortuño de Gestionandohijos.com deja claro que “la responsabilidad se lleva muy bien con dos conceptos clave: la felicidad y la inteligencia” y nos ofrece claves para construir esa responsabilidad día a día.

¿Por qué los hijos responsables son más felices?

Si pensamos en hijos a los que les damos todo hecho, que no tienen apenas responsabilidades ni decisiones que tomar, podríamos pensar que les estamos haciendo la vida más fácil y eso les haría felices. Incluso si pensamos en niños a los que les pedimos obediencia a nuestras normas podríamos pensar que también les estamos haciendo la vida más llevadera al dejarles bien claro qué tienen que hacer, cuándo, cómo…

Pero lo cierto es que nuestros hijos quieren ser protagonistas de su propia vida, sentirse capaces, útiles y competentes. Y en la medida en que se sienten capaces y protagonistas, tienen una autoestima más alta. Por eso, al no fomentar que nuestros hijos se responsabilicen de su vida les estamos diciendo: “tú no puedes”, “déjame a mí, que yo sé” o “no confío en ti”.

Lo que está claro es que los hijos responsables son capaces de tomar decisiones, de asumir riesgos y de reconocer sus propios errores. En definitiva, son más autónomos. Y, como nos dice Silvia Álava, otra experta de la plataforma de Gestionandohijos.com“la felicidad está muy ligada al sentimiento de capacidad. Cuando los niños no saben resolver las cosas por sí mismos, eso va en contra de su propia felicidad”.

Hijos responsables que aprenden a tomar decisiones

Nos recuerda Antonio Ortuño que “la responsabilidad se construye de forma progresiva. A diario tenemos multitud de ocasiones para fomentarla”. Y se fomenta la responsabilidad, especialmente, dejando tomar decisiones. Porque lo cierto es que si pretendemos la obediencia (por ejemplo, que nuestro hijo nos haga caso y ordene su habitación) no dejamos al niño margen de decisión y, si no cumple lo que ordenamos, nos enfadaremos, estaremos desbordados emocionalmente… Esta escena tan típica, dice Antonio Ortuño, “es una oportunidad perdida para educar en la responsabilidad”.

¿Cómo podríamos dar la vuelta a esta situación? Podríamos dejar que nuestro hijo decidiera si organiza o no la habitación, pero controlando las consecuencias: si ordena puede ver la tele, si no, no podrá verla. Pero Antonio Ortuño deja muy claro que “las emociones deben ser las mismas, decida una cosa o la otra”.

Claves para educar hijos responsables

1. Dejar que nuestros hijos tomen decisiones y vivan las consecuencias de sus actos 

Por ejemplo, si no ha llevado el almuerzo para el colegio por mucho que se lo hayamos recordado, fomenta más su responsabilidad dejar que viva la consecuencia natural de este olvido (no tiene almuerzo) que volver corriendo a casa y llevárselo al colegio.

2. Hablar de las consecuencias que pueden tener sus actos si no cumplen una norma 

Por ejemplo, si en casa creemos que no pueden ver la tele hasta que ordenen el cuarto, deberíamos dejarlo claro, explicar esa norma y su consecuencia y dejar que experimenten la consecuencia si no cumplen dicha norma.

3. Conversar con nuestros hijos sobre sus responsabilidades y dejarles que se hagan cargo

Educar es extenuante y más aún si tenemos que hacernos cargo de una logística que nuestros hijos pueden asumir. Para liberarnos de tanto peso, podemos decir a nuestros hijos que se deben hacer cargo de preparar la mochila con los materiales que necesitan para su extraescolar, por ejemplo natación o música.

4. Permitir que resuelvan sus pequeños problemas 

Debatiendo con ellos sobre posibles consecuencias o repercusiones que anticipamos para apoyarles a tomar la decisión que ellos creen más acertada. Por ejemplo, si tienen una pelea con un amigo y no saben cómo actuar con el amigo al día siguiente, podríamos hablar con ellos de las posibles alternativas y apoyarles para que elijan la que más les satisfaga.

5. Entender que nuestro objetivo educativo

Ha de ser enseñarles a elegir bien y no obedecer, y menos aún en función de nuestro desborde emocional. Esta idea nos puede ayudar a rebajar la tensión (tal vez así entendamos sus retos como formas de aprender, no como afrentas personales) y a dejar de estar detrás de ellos, porque lo que queremos es que decidan ellos mismos.

 

Los 10 consejos del popular psiquiatra Enrique Rojas para ser feliz

ReL - 29.10.2020

foto: freepik/tirachardz

El popular psiquiatra y divulgador Enrique Rojas, catedrático con más de 3 millones de libros vendidos, publica ahora Todo lo que tienes que saber sobre la vida.

Un libro lleno de sabiduría práctica, que anima a tener ideas claras, fortalecer la voluntad, ser generoso, educar las pasiones y apoyarse en la fe. El libro está organizado en 12 capítulos y el último presenta estos 10 consejos.

Diez consejos para ser feliz

1. La felicidad consiste en ser capaz de cerrar las heridas del pasado

"La felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria. Los psicólogos y los psiquiatras sabemos lo importante que es ayudar a nuestros pacientes a hacer la cirugía estética del pasado, cerrando heridas de forma definitiva y sabiendo encajarlas de forma adecuada en el organigrama de nuestra biografía".

Una persona que no puede cerrar esas heridas puede convertirse, advierte, en una persona "agria, amargada, resentida y echada a perder. En términos psiquiátricos, se convierte en neurótica por esa rampa deslizante y se va viendo invadida de conflictos no resueltos que, antes o después, asoman y la dañan y vuelven tóxica".

2. Aprender a tener una visión positiva de la vida

"Esto hay que aprenderlo, como casi todo", advierte. "La clave está en el esfuerzo psicológico, un trabajo de artesanía personal mediante el cual vamos siendo capaces de descubrir la dimensión más positiva de la realidad, ese segmento que se esconde en el fondo de los hechos y que tiene unas notas positivas que nos puede enseñar lecciones muy sabias".

Implica la resiliencia, "la capacidad para sacar fuerzas de una experiencia traumática y darle la vuelta y de ese modo ser capaz de ser inexpugnable, pétreo, inalterable, blindado... es todo arte, y significa adquirir una fortaleza extraordinaria para lograr la superación".

El nuevo libro de Enrique Rojas, del se extraen estos 10 consejos

3. Tener una voluntad de hierro

"Necesita ser educada desde los primeros años de la vida. Es una pieza clave en la psicología que, si es sólida, consigue que nuestros objetivos y metas lleguen a buen puerto. Toda educación empieza y termina por la voluntad. Tener una voluntad firme es uno de los más claros indicadores de madurez de la persona".

4. Tener un buen equilibrio entre corazón y cabeza

Amor e inteligencia forman un bloque bien armado. Tener una afectividad sana implica mover bien los hilos de las relaciones con los demás, cargándolas de sentimientos verdaderos, auténticos, sin doblez, descubriendo que lo afectivo es lo efectivo. Y a la vez saber utilizar bien los instrumentos de la razón: la lógica, el análisis, la síntesis, el discernimiento. Ser capaces de respirar por estos dos pulmones a la vez".

5. Es necesario tener un proyecto de vida coherente y realista

El proyecto de vida, explica el psiquiatra, implica cuatro grandes temas: amor, trabajo, cultura y amistad. Debe ser coherente (con "el menor número de contradicciones posibles"). Debe ser realista, "ajustarse a los hechos de la vida personal y del entorno, aunque con ilusión". Hay que cuidar el amor, hay que estar en un trabajo "que agrade y que saque lo mejor de uno mismo", la cultura da libertad y criterio, y la amistad se construye con afinidad, donación, confidencia.

6. Poner los medios para hacer felices a otras personas

Al volcarnos en hacer felices a los demás olvidamos nuestros problemas y dificultades y eso es bueno. "¿Qué puedo hacer para dar unas gotas de felicidad a los que me rodean?" es una pregunta para hacernos con frecuencia. "Hay más alegría en dar que en recibir", dice el psiquiatra, citando una frase de San Pablo. También en psiquiatría y psicología, muchos pacientes mejoran en cuanto perseveran un tiempo en servir y ayudar a los demás.

7. Capacidad para apreciar las pequeñas alegrías de la vida cotidiana

"Se trata de saber parar el reloj y detener el tiempo que corre fugaz y apresarlo para, en esos momentos, saborear el instante, sencillo pero muy positivo. Hay una felicidad grande que se refiere a la exploración de cómo va nuestra vida en sus conjunto, y otra felicidad pequeña, que aspira solo a saber disfrutar de lo menudo, de lo cotidiano, desde un paisaje bonito a una excursión por la montaña a la lectura de un libro que nos tiene absorbidos, pasando por una comida o una cena agradables..."

8. Saber valorar las cosas que uno tiene y las que uno ha conseguido

"Lo importante no es haber conseguido ciertas metas -que lo es- sino reconocerlo, apreciarlo, evaluarlo, reconocer que detrás de ellos ha habido lucha, esfuerzo, volver a empezar", advierte Enrique Rojas. Es bueno poder ver cómo se ha ido desarrollando nuestra vida, con sus frutos, "sus avatares y las mil y una peripecias" que nos han sucedido.

9. Darle a las cosas que nos pasan la importancia que de verdad tienen

Con equilibrio de razón y emoción podemos juzgar en su justa medida lo que nos afecta, y quitar importancia a muchas cosas que nos llevan a la tristeza y melancolía. Hay que saber mirar con perspectiva, poniendo distancia. Para eso, es decisivo saber hacia donde queremos ir. El fracaso es a menudo necesario para el desarrollo y la maduración de la personalidad. Con esa perspectiva, no nos derrumbamos en los momentos malos, sino que nos crecemos ante la adversidad. Sobre esto, Rojas recomienda el libro de Ricardo Yepes Stork "Fundamentos de antropología" (Eunsa, Pamplona, 1996).

10. No equivocarse en las expectativas: frenar ambiciones excesivas

La existencia humana siempre tendrá límites y barreras y, como dice el refrán, "no hay que pedirle peras al olmo". "La felicidad absoluta no existe, es una utopía", al menos en este mundo. Pero se puede aspirar a una felicidad razonable, desde la moderación. Al final consiste en "descubrir quién quiero ser, hacia dónde quiero dirigirme, y luego aceptar con serenidad las adversidad y las cosas que al final no salieron bien".

El libro, de unas 240 páginas, aborda varios temas como el amor y el enamoramiento, la madurez sentimental, cómo tener una personalidad madura y equilibrada, la educación sexual y la pornografía (en todas las edades), algunas ideas para vivir bien en pareja, por qué los hombres son emocionalmente más inmaduros que las mujeres, como elegir bien un cónyuge, cómo ganar en fuerza de voluntad y cómo afrontar las adversidades de la vida.

 

 

Las llaves de la felicidad: Fidelidad y Cruz

 

Escrito por Héctor Lugo

Publicado: 13 Septiembre 2021

Pero las únicas llaves de la felicidad, que nos unen a Dios, son aquellas que Él nos ha dejado con su Encarnación: la fidelidad y la cruz.

 El refranero, en su sabiduría, enseña que «no hay mejor salsa en el mundo que el hambre». Pero entre todas las apetencias, existe una que es reduplicadamente hambre: el deseo de felicidad. Y es que todo hombre se presenta ante la vida como un “obrero de patio”, cuya única especialización es su necesidad de ser feliz.

Si abrimos nuestros ojos y acotamos un pedazo de planeta, advertiremos que vivimos perpetuamente preocupados por tejer sueños e ilusiones que nos lleven a la felicidad. El trabajador la busca en una nómina más justa. El futbolista en los vítores arrancados de las gargantas de la afición. Los niños en juguetes tan maravillosos como terroríficos sus precios. La señora en unos coquetos y no siempre discretos, escaparates de moda. El vanidoso en las proezas y cremas que lo cotejarán al 007. Y hasta el pobre suicida la buscaba ciegamente en el ojo del arma letal. Pero lo que es un hecho, es que todos, en todos los tiempos y en todas partes, de uno u otro modo buscamos la felicidad.

La palabra “felicidad” tiene un aire positivo en nuestras conversaciones, fiestas, propagandas comerciales, y todo tipo de circunstancia, asociándola generalmente al confort y bienestar. Pero un cristiano sabe que la felicidad es Dios mismo: el Único que es digno de ser amado «con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente».

Pero ¿por qué los cristianos no siempre somos felices, si es que poseemos el gran secreto? Quizá por el mismo motivo por el que los incrédulos no lo son: porque no sabemos por qué y cómo debemos ser felices; es decir, porque nos hemos quedado con el vestido de Primera Comunión, y la definición de felicidad no es más que un dato de nuestro surtido bagaje cultural, sin llegar a entender y menos a encarnar lo que ello significa.

La felicidad no se da sin la fidelidad y la fidelidad nunca aparece sin la felicidad. La fidelidad es la respuesta adecuada a una promesa que se hace en virtud de la confianza que se tiene en una persona que se ama.

Para hacer una promesa de amistad, no se necesita cruzar el Atlántico en el vientre de una ballena, encontrar el arca de Noé o tomarse una foto con King-Kong. No, prometer nuestra amistad es una acción más sublime que todo ello; es una actividad creativa que implica valentía, soberanía de espíritu, y una gran capacidad de sacrificio frente a los cambios que uno pueda experimentar en el futuro. Pero tal promesa sólo se transforma en fidelidad cuando la edificamos día a día con el fuego del amor con que la emitimos, y no nos quedamos únicamente en buenas “intenciones platónicas”.

La promesa de fidelidad, por su parte, crea un vínculo interpersonal que sólo puede sostenerse en el amor. La fidelidad, por lo tanto, no es aguantar, tarea propia del borrico, el muro, y el “tackler” de fútbol americano. La fidelidad es construir una promesa. Tampoco la fidelidad es encadenamiento a una promesa, del mismo modo que lo estamos a un contrato bancario. La fidelidad es libertad de alma porque es creativa. Mucho menos es resistir en el tiempo, como si fuésemos museos con pies o ejemplares de “Jurassic Park”. La fidelidad es esencialmente un progreso continuo en la calidad de amor.

Pero ¿a quién podemos hacer depositarios de nuestra promesa de fidelidad? En primer lugar, a Aquel que nos regaló su amistad y nos hizo una promesa de fidelidad desde la eternidad, sin mayor razón que su amor. Ese mismo que murió en una cruz para comprarnos el cielo, y que, a pesar de nuestras constantes derrotas, sigue poniendo nuestro nombre en el billete de apuestas.

Y, puesto que es Dios quien nos ha amado primero, el amor a Él ya no es sólo un mandamiento, sino la respuesta al don de su amor, con el cual nos sale al encuentro. Esta respuesta viene expresada en la importancia que le demos en nuestra vida, que va desde las cosas más banales, como cumplir con el precepto dominical, hasta la fidelidad heroica en los momentos en que nos haga más partícipes de su cruz.

Amar a Dios es en realidad una mentira si nos cerramos al prójimo. La fidelidad será una respuesta de amor, por la cual los demás encuentren en nosotros un supermercado de comprensión, compañía, perdón, y sobre todo un lugar donde tengan las puertas de nuestra disponibilidad abiertas las 24 horas, a pesar de las adversidades e incluso infidelidades que podamos experimentar. Ser fiel es, pues, querer y ayudar siempre, incluso cuando el marido no es precisamente “el príncipe azul”, la esposa ya ha dejado muy atrás las señales de la juventud, el hijo tiene un cultivo de materias suspensas en su boleta de calificaciones, o el cliente no ofrece grandes beneficios económicos

Finalmente, la fidelidad que tributamos a Dios y a los demás sólo se puede dar como un paisaje de nuestra intimidad: la fidelidad sólo es auténtica si también somos fieles a nosotros mismos. Esta fidelidad se manifiesta en la coherencia cristiana entre eso que somos y eso que profesamos con nuestra conducta, cualquiera que sea el camino que Dios nos haya trazado: obrero, madre de familia, sacerdote, religiosa, enfermo, taxista, empresario…

Eso de ser hombre sigue siendo una profesión honrosa y la vida una aventura, precisamente porque estamos llamados a ser felices. Pero las únicas llaves de la felicidad, que nos unen a Dios, son aquellas que Él nos ha dejado con su Encarnación: la fidelidad y la cruz. Y aunque estas llaves no son placenteras, sí son un regalo, un don, tal vez el único que, al final de la vida podamos poner en las manos del Padre; y son las mismas que hacen que ya desde ahora gocemos de esa alegría que tienen los que aman de veras. Como diría santa Teresa de Lisieux: «quiero pasar mi cielo, haciendo el bien en la tierra».

Héctor Lugo

 

 

Deseo que me cuiden así

Escrito por Jacinto Bátiz

Publicado: 18 Septiembre 2021

Es importante expresar nuestros deseos de cómo queremos ser cuidados en una etapa difícil de nuestra vida como es la etapa final

Podemos hacerlo a través del llamado Documento de Voluntades Anticipadas, más conocido coloquialmente como Testamento Vital.

¿Podemos elegir nuestros cuidados cuando nos encontramos en situaciones difíciles al final de la vida? ¿lo podemos hacer entre cuidados paliativos y eutanasia? Ni siquiera entre estas dos alternativas, totalmente distintas en sus fines, podemos elegir. No existe la misma oportunidad. El derecho de solicitar la eutanasia sí es para todos igual, pero el derecho a una atención al final de la vida con cuidados paliativos no lo es. Actualmente, enfermos de 8 Comunidades Autónomas no tienen este derecho.

En este artículo no voy a insistir sobre esta desigualdad. Ya he manifestado mi opinión al respecto en artículos anteriores. Pero en esta ocasión me propongo destacar la importancia de poder expresar nuestros deseos de cómo queremos ser cuidados en una etapa difícil de nuestra vida como es la etapa final. Podemos hacerlo a través del llamado Documento de Voluntades Anticipadas, también llamado Documentos de Instrucciones Previas, más conocido coloquialmente como Testamento Vital. Este es un documento dirigido al equipo médico en el que una persona expresa las instrucciones para que tengan en cuenta cuando no pueda expresar personalmente su voluntad. Un documento que no puede vincular algo que sea contrario a la legislación vigente, que no se corresponda exactamente con la situación planteada o que vaya en contra de las buenas prácticas médicas. Será una herramienta muy útil para poder tratar y cuidar al paciente cómo él lo ha solicitado. No obstante, durante el acompañamiento al enfermo en su etapa final vamos conociendo sus deseos últimos sobre sus cuidados que registrados debidamente en la historia clínica será un verdadero documento de voluntades anticipadas.

Como trata de expresar el título de este artículo, deseo que me cuiden así, abordaré diez aspectos que desearía que se tuvieran en cuenta cuando llegara mi momento final. Es lo que consideraría yo como mi documento de voluntades anticipadas, al menos en su contenido:

1. Que me traten como un ser humano hasta el momento de mi muerte. Que no sólo me contemplen como una estructura biológica, sino que además tengan en cuenta mi dimensión emocional, social y espiritual.

Deseo que alivien mi dolor y cualquier otro síntoma que me provoque sufrimiento. Deseo que me apoyen emocionalmente ante mis temores, mis dudas y mis miedos. Deseo estar acompañado, no deseo morirme en soledad. Deseo que pueda satisfacer mis necesidades espirituales y me ayuden a dar sentido a mi vida.

Satisfacer estos deseos sería tratarme como una persona, como un ser humano. No obstante, considero que hay mucho que recorrer para poder cubrir estos deseos. Tal vez cuando se planifica desde la macro-gestión sanitaria la atención de estos enfermos se diseña desde una sola visión de sus necesidades, las que son estrictamente físicas, aquéllas que se pueden medir, las que se visualizan en monitores, pero no se tienen en cuenta, lo que además es importante para él, su familia, sus emociones, sus miedos, sus afectos, sus asuntos laborales, los de su familia sobre la que él tiene cierta responsabilidad y ahora ya no se puede resolver, su sentido de la vida, el futuro de su familia una vez que muera. Todo esto también son necesidades que tenemos que atender y resolver. Por eso se necesita un abordaje integral del enfermo, sin olvidar a quien le cuida y le quiere, su familia, que también sufre y a quien también hemos de ayudar.  Por eso, también deseo que cuiden de mi familia en su sufrimiento.

2- Que me permitan expresar mis propios sentimientos y emociones sobre mi forma de enfocar la muerte.

No es lo mismo estar frente a la muerte de los demás que estar frente a la propia muerte. Cuando he estado acompañando a quien se moría comprendí lo importante que era para él expresar sus sentimientos y sus emociones. Eso le daba paz. Esa paz también deseo para mí cuando llegue mi momento.

No obstante, a lo largo de mi experiencia en el acompañamiento durante el proceso de morir de muchas personas he aprendido que vivir con la mirada atenta en la muerte nos despierta a la vida, nos estimula a gozar, lo más extensa y exhaustivamente posible, de todo lo que se nos ofrece aquí y ahora; nos incita a no dejar para más adelante lo que podemos hacer ahora; a no ocultar lo que sentimos, a trabajar para que nuestros vínculos sean lo más exquisitos posibles. Vivir con la mirada atenta en la muerte nos exige ser más responsables, nos estimula a velar por la calidad de nuestras palabras y nuestras acciones. En definitiva, nos permite dar un valor único a cada momento vivido.

Cuando el enfermo se encuentra frente a la muerte necesita que le facilitemos el vaciamiento emocional sobre la proximidad de final. Suele sentir miedo a cómo será su proceso de morir, tiene miedo a sufrir, siente pena por dejar para siempre a sus seres queridos, tiene incertidumbre ante lo que pasará después de su muerte. Necesita compartir todos estos sentimientos y estas emociones con quienes le están acompañando en su último viaje. Por ello hemos de permitirles que los exprese para facilitar el alivio del sufrimiento que le pueden provocar.

3. Que me permitan participar en las decisiones que incumban a mis cuidados. Quien me voy a morir seré yo, quien estoy sufriendo soy yo.

Por eso deseo que tengan en cuenta mi opinión, no porque soy médico sino porque en este caso soy un enfermo que sufro y me estoy muriendo. Desearía que no ejerzan conmigo el paternalismo médico de antaño, pero tampoco caigan en la obstinación autonomista. Ya sé que tengo derecho a mi autonomía, pero, si quieren ayudarme de verdad, deliberen conmigo las decisiones que se vayan a tomar; es decir, quiero que me ayuden de verdad con una autonomía compartida.

4. Que no me dejen morir solo, abandonado por mis seres queridos y por los profesionales.

He podido comprobar que morirse en soledad es uno de lo mayores sufrimientos de la persona. Por el contrario, la compañía de sus seres queridos y de quienes les atienden les sirven de gran ayuda y mejor tratamiento para combatir la soledad final de la vida. Nadie quiere morir solo. Todo ser humano, por naturaleza, desea morir acompañado, cuidado por las personas que ama. En dichas circunstancias, estrechar los vínculos es fundamental, sin embargo, el enfermo moribundo sabe que debe enfrentarse personalmente al reto de la muerte y que nadie puede hacerlo por él. Lo esencial en el proceso de acompañar es no dejar solo a quien no desea estar solo. Es de suma importancia que los moribundos no se sientan abandonados; en otras palabras, que sepan que están siendo cuidados por otros, incluso aunque sean conscientes de que no tienen cura. Deseo que respeten mi soledad buscada y pero que me libren de la soledad obligada.

5. Que mis preguntas sean respondidas con sinceridad, que no me engañen.

No se debe ignorar que el enfermo tiene derecho a saber qué le ocurre, tiene derecho a tomar decisiones y tiene derecho a que se respete su dignidad. Aún no se ha muerto, continúa teniendo derechos. Sin duda alguna podrá enfrentarse mejor a su futuro y al de los suyos si conoce la verdad de su situación. Díganme la verdad, no me engañen. Pero tengan delicadeza para comunicarme bien la mala noticia.

6. Que respeten mi individualidad y no me juzguen por mis decisiones, aunque sean contrarias a quienes me atienden.

En muchas ocasiones solemos indicar al enfermo cómo debe comportarse, qué ha de hacer o cambiar para que todo vaya bien, pero en la situación de terminalidad hemos de aceptar a la persona por lo que es, alguien único e irrepetible, con un valor en sí mismo. Nunca le hemos de juzgar.

7. Que me cuiden personas solícitas, sensibles y entendidas. Que intenten comprender mis necesidades y que, además, sean capaces de obtener satisfacción del hecho de ayudarme a afrontar la muerte.

Deseo que quienes me cuiden, además de competentes profesionalmente, sean personas cercanas a mis necesidades, sean capaces de conocerlas, de comprenderlas y de satisfacerlas. Yo me he sentido muy satisfecho de haber podido ayudar a muchas personas a afrontar su propia muerte. Desearía que quienes me atendieran se sintieran de igual manera.

8. Quien me cuide al final de la vida lo haga como le gustaría que cuidaran a él cuando llegue su momento.

Durante toda mi actividad asistencial como médico siempre tenía en cuenta prestarle al enfermo la atención que hubiera deseado para mí, salvo que él desearía que lo hiciera de otra manera. Creo que cuidar de esta manera, sobre todo al final de la vida, sería coherente con nuestra filosofía de cuidar. Deseo que lo hagan así.

9. Que no precipiten deliberadamente mi muerte, pero que tampoco prolonguen innecesariamente mi agonía, sino que me cuiden a no sufrir mientras llegue mi muerte.

No tengo miedo a la muerte, tengo miedo a sufrir. Aunque no quiera morirme ya sé que no va a ser posible, pero sí puede ser posible no sufrir. Para ello no deseo que adelanten intencionadamente mi muerte, pero tampoco deseo que prolonguen mi agonía con tratamientos inútiles ya en esta situación clínica de terminalidad; que sean capaces de no iniciar o de retirar tratamientos desproporcionados. Pero que sí sean enérgicos en tratar aquellos síntomas que me provoquen sufrimiento y si no lo consiguen  de esta manera que me seden para no sufrir mientras llegue mi muerte.

10. Que atiendan a mis seres queridos después de mi muerte para aliviar su pena.

La mejor manera de prevenir la pena de mis seres queridos es que hayan comprobado que he sido cuidado según mis deseos expresados en los puntos anteriores y que he fallecido con la dignidad que siempre he expresado durante mi vida y que ellos también compartían. Después continúen preocupándose de ellos y préstenle la ayuda que necesiten. Se lo agradezco de antemano. También esto me ayudará a morir en paz.

Jacinto Bátiz

 

El suicidio, un problema

Los datos sobre los suicidios en España apuntan a que se trata de un problema que se agudiza en nuestra sociedad del bienestar y que no es abordado de forma adecuada, tampoco por los medios de comunicación. Pese a que se ha impuesto la práctica del silencio acerca de este fenómeno, por sus supuestos efectos multiplicadores, me parece que el alarmante incremento de suicidios debe tratarse desde una perspectiva en la que se analicen socialmente las causas y se proponga una pedagogía en favor de la vida, algo que no resulta fácil en el contexto cultural del nihilismo en el que estamos viviendo.

Conectado con este problema, pienso que también es urgente abordar el problema de la salud mental, e insistir en la necesidad de que las familias y las escuelas se conviertan en entornos eficaces para afrontar las patologías que llevan al suicidio. El problema existe en todas las sociedades europeas, y la pandemia lo ha agudizado. Por eso es urgente que los responsables públicos promuevan un diálogo social con el fin de frenar esta plaga que se cierne especialmente sobre nuestros jóvenes.

Jesús Domingo Martínez

 

 

Respaldan la labor de la Iglesia

Era a mediados del pasado setiembre que leía una nota y me pareció interesante por la cual cosa le envío por si le parece oportuna su publicación. En la presentación en Burgos, por su arzobispo monseñor Mario Iceta, de un detallado estudio sociológico sobre lo que opinan los burgaleses de la Iglesia. El titular que se puede obtener es sencillo: “Seis de cada diez burgaleses respaldan la labor que la Iglesia católica realiza en la provincia”.

Otros datos entresacados de la síntesis del Informe: la Iglesia católica se sitúa en la provincia como la séptima institución más influyente, después de la familia, las amistades, los centros de enseñanza públicos y religiosos, las oenegés y las instituciones culturales y antes que sindicatos, medios de comunicación, los gobiernos, líderes de opinión y los partidos políticos. De esta manera, el 59% de los encuestados valora de forma positiva la misión de la Iglesia, siendo la labor social y el apoyo a los colectivos más vulnerables el principal factor que avala su influencia positiva en la sociedad, por encima de las creencias personales y los valores y enseñanzas que transmite.

Entre las acciones eclesiales más valoradas destacan el trabajo de los misioneros (75%), Cáritas (70%) o las celebraciones del VIII Centenario de la Catedral (61%), seguidas del cuidado de las personas mayores, el trabajo educativo, el trabajo con niños y jóvenes, los sacerdotes, el cuidado del patrimonio y la atención pastoral en el mundo rural.

Domingo Martínez Madrid

 

 

Un grave problema social, los ninis

Pienso que una sociedad como la española con el 22 por ciento de jóvenes sin expectativas de trabajo, ni de una formación adecuada para su desarrollo personal y profesional, debe empezar reconociendo un fracaso de su sistema educativo y de la capacidad de integración en el mundo laboral. Mientras el Gobierno está preocupado por sus obsesiones ideológicas, el fracaso escolar aumenta debido a un sistema que no prepara a las nuevas generaciones en el mérito y en el esfuerzo.

Tampoco se han desarrollado propuestas de formación profesional probadas con éxito en otros países de Europa. El incremento de los jóvenes que no estudian ni trabajan, “ninis”, además de generar profundas desigualdades sociales, conduce a formas de vida fácilmente manipulables por ideologías y modos violentos de expresar la frustración. Quien afirma que la juventud de hoy es la mejor preparada de la historia se olvida de una parte no menor de esa juventud, que debe ser una prioridad para todos, especialmente para los que gobiernan.

Jesús Martínez Madrid

 

 

El impune robo del dinero público

 

                           El que debiera ser el principal delito y el más penado de los de cualquier país “medio civilizado”; resulta el más impune y el que sufre toda la población, puesto que es ella (toda reitero) la que somos expoliados, por ladrones y bandidos, que sin embargo, “lo hacen a cara de perro” y no hay delito; no me lo explico por mucho que me lo quieran explicar: veamos el porqué de ello:  

                           El cuento y fraude más extendido en España, es “la cantinela inmensa del asesor político”; y este es el medio, de que el cargo, “o carguete”, coloque en el dinero público a ingentes cantidades, de lo que generalmente son parásitos a los que hay que colocar; puesto que ningún cargo oficial, debe ser, sin las oposiciones libres y públicas ajustadas al máximo del saber, del puesto a ocupar; y es de ahí de donde todo cargo público debe buscar y obtener, “el asesor que precise y para lo que sea unido al cargo que ocupa”; así de claro y sencillo. Todo lo demás es un robo descarado, lo llamen como lo llamen y lo digan cómo lo digan.

                                Veamos datos que justifica cuanto hoy afirmo:

            “PUBLICADO 27/09/2021

https://www.vozpopuli.com/economia_y_finanzas/sanchez-gasto-asesores-2.html

Nunca se había producido un incremento mensual de gasto tan elevado. Según los datos de la Intervención General del Estado, la remodelación del Gobierno que Sánchez realizó en julio subió el coste en asesores un 115,1%. Si en julio de 2020 alcanzó los 3,3 millones de euros, en el mismo mes de 2021 se disparó hasta los 7,1 millones. En el acumulado del año, es decir, en los primeros siete meses del año, este gasto en personal de confianza alcanzó los 37,9 millones (otro récord) frente a los 33,2 millones de hace un año, con un alza del 14,3%, casi tres veces más que el incremento registrado en el pago a los empleados públicos de la Administración Central (5%). La previsión fijada en los Presupuestos Generales del Estado para esta partida de contratados en todo 2021 es de 62,4 millones (65,4 millones si se incluye a los organismos autónomos de los ministerios), un 12,3% más sobre los 55,5 millones liquidados en 2020. Para atender este ingente gasto se ha realizado en lo que va de año una primera ampliación de crédito de casi 1,6 millones más y es posible que haya otras revisiones ya que el crédito medio disponible hasta fin de año (incluida la paga extra de diciembre) es de algo más de cuatro millones mensuales. El baile de ministros y de altos cargos, que son los que tienen facultades para rodearse de este personal eventual contratado del sector privado, es la causa principal de este espectacular incremento ya que, aunque algunos asesores fueron cesados con la salida de González LayaÁbalosCampoDuque o Celaá, los nuevos titulares de Exteriores, Transportes, Justicia, Ciencia y Tecnología, y Educación (AlbaresRaquel SánchezLlopAlegría y Morant) han conformado sus propios equipos con nuevas contrataciones y a la vez están manteniendo a parte de los que ya figuraban en las nóminas de sus departamentos”.

Si quieren leer el resto, arriba les dejo la dirección.

            Otros datos a analizar por cuanto su mantenimiento lo pagamos “vía impuestos”:

 Hacienda desvela que los partidos tienen la quinta parte de los afiliados que presumen.

            El mantenimiento de partidos, sindicatos, asociaciones del tipo que sean, incluidas las ONGs, tienen que ser mantenidas por lo que aporten sus socios, no mantenidas con nuestros impuestos (cosa que estableció Franco para barnizar su dictadura); y en estos sectores, el contribuyente, estamos pagando inmensas cantidades de dinero y de las que se benefician “los listos de siempre, que dicen trabajar por España y los españoles”; cosa que “a la vista está como tienen a la nación y el celo que vienen empleando en su engrandecimiento”.

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)