Las Noticias de hoy 4 Octubre 2021

Enviado por adminideas el Lun, 04/10/2021 - 12:05

Quien no vive para servir no sirve para vivir" by Luz Adriana Rojas Quiroga

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 04 de octubre de 2021        

Indice:

ROME REPORTS

El Papa: en la fragilidad descubrimos cuánto nos cuida Dios

El Papa: crear un movimiento mundial contra la indiferencia y por el amor

El Papa a jóvenes de "Economía de Francisco": poner la fraternidad al centro

SAN FRANCISCO DE ASÍS* : Francisco Fernandez Carbajal

Evangelio del lunes: amar como Dios ama

“Hemos de amar de todo corazón la pobreza” San Josemaria

Sentir la pobreza de Jesús

Vosotros sois la luz del mundo : Carlos Ayxelà

 DOMINGO XXVII. : + Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

El infinito al alcance – ¿Buscar lo extraordinario? : José Martínez Colín

¿Por qué traer hijos al mundo? : Adriana & Luis

¿Cómo lograr una comunicación efectiva en la familia? : Sergio Cazadero

“Cuando Dios se vale de una herida” : Sheila Morataya

El Santo Rosario, instrumento contra los enemigos de la fe

Los Orígenes del Cristianismo : José Orlandis

TRANSHUMANISMO : Carlota Sedeño Martinez

Miguel Delibes. El aborto produce náuseas : Josefa Romo

El hecho religioso como un elemento positivo : JD Mez Madrid

Los católicos, más felices : Jesús Domingo Martínez                                           

La pandemia no lo tapa todo : Pedro García

La España que fue y es y no la que nos cuentan : Antonio García Fuentes

 

ROME REPORTS

 

El Papa: en la fragilidad descubrimos cuánto nos cuida Dios

“En la fragilidad descubrimos cuánto nos cuida Dios… las contrariedades, las situaciones que revelan nuestra fragilidad son ocasiones privilegiadas para experimentar su amor, lo sabe bien quien reza con perseverancia: en los momentos oscuros o de soledad, la ternura de Dios hacia nosotros se hace aún más presente. Nos da paz, nos hace crecer". Ángelus del Papa Francisco desde la Plaza de San Pedro.

 

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano

El Papa en su alocución previa al rezo mariano del Ángelus, haciendo referencia al Evangelio de la Liturgia de hoy, en el que Jesús se indigna con quienes, “para aliviarle el cansancio, le alejan a los niños”, y recordando el Evangelio de hace dos domingos en el que Jesús, “ realizando el gesto de abrazar a un niño, se había identificado con los pequeños: había enseñado que precisamente los pequeños, es decir, los que dependen de los demás, los que tienen necesidad y no pueden restituir, han de ser servidos primero”.

Quien busca a Dios lo encuentra en los pequeños

Porque como dijo el Papa en su alocución de hoy, quien busca a Dios lo encuentra allí, “en los pequeños, en los necesitados no solo de bienes, sino también de cuidados y de consuelo, como los enfermos, los humillados, los prisioneros, los inmigrantes, los presos. Allí está Él. He aquí por qué Jesús se indigna: cada afrenta hecha a un pequeño, a un pobre, a un indefenso, se le hace a Él”, afirmó.

En el Evangelio de hoy, señaló Francisco, “el Señor completa esa enseñanza, y añade: «El que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él» (Mc 10,15). Esta es la novedad: el discípulo no solo debe servir a los pequeños, sino que también ha de reconocerse pequeño él mismo”. Saberse pequeños, saberse necesitados de salvación, dijo el Pontífice, es indispensable para acoger al Señor. Es el primer paso para abrirnos a Él. 

Reconocerse pequeños, necesitar de Dios

Sin embargo, Francisco aseveró que a menudo nos olvidamos de “reconocernos pequeños”, en la prosperidad, en el bienestar, manifestó el Papa, vivimos la ilusión de ser autosuficientes, de bastarnos a nosotros mismos, de no tener necesidad de Dios. Es un engaño, porque cada uno de nosotros es un ser necesitado, pequeño. Tenemos que buscar nuestra pequeñeces, dijo, y allí reconoceremos a Jesús. 

        “En la vida, reconocerse pequeño es el punto de partida para llegar a ser grande. Si lo pensamos bien, crecemos no tanto gracias a los éxitos y a las cosas que tenemos, sino, sobre todo, en los momentos de lucha y de fragilidad. Ahí, en la necesidad, maduramos; ahí abrimos el corazón a Dios, a los demás, al sentido de la vida. Cuando nos sintamos pequeños ante un problema, una cruz, una enfermedad, cuando experimentemos fatiga y soledad, no nos desanimemos. Está cayendo la máscara de la superficialidad y está resurgiendo nuestra radical fragilidad: es nuestra base común, nuestro tesoro, porque con Dios las fragilidades no son obstáculos, sino oportunidades”.

En la fragilidad descubrimos cuánto Dios nos cuida

Es en nuestra fragilidad, que descubrimos cuánto nos cuida Dios, dijo el Santo Padre, “el Evangelio de hoy dice que Jesús es muy tierno con los pequeños: «Los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos». Las contrariedades, las situaciones que revelan nuestra fragilidad son ocasiones privilegiadas para experimentar su amor. Lo sabe bien quien reza con perseverancia: en los momentos oscuros o de soledad, la ternura de Dios hacia nosotros se hace -por así decir- aún más presente.  Nos da paz, nos hace crecer”.

En la oración, dijo por último Francisco, el Señor nos abraza como un papá a su niño. Así nos hacemos grandes: no con la ilusoria pretensión de nuestra autosuficiencia, sino con la fortaleza de depositar en el Padre toda esperanza. Justo como hacen los pequeños.El Papa dijo que pongamos nuestras fragilidades ante Dios, es una buena actitud.  

 

El Papa: crear un movimiento mundial contra la indiferencia y por el amor

En un mensaje escrito para el encuentro de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales con la primera bienaventuranza en el centro, el Papa Francisco señala el espíritu de pobreza como el camino para asegurar la felicidad de las personas y los pueblos. La búsqueda ilimitada de beneficios y riqueza, escribe, genera pobreza, desigualdad y conflicto. Y recomienda: Eduquemos a los jóvenes en la globalización de la solidaridad, construyamos la civilización del amor.

 

Ciudad del Vaticano

Hoy y mañana se lleva a cabo en el Vaticano el encuentro organizado por la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales, y lleva por título: Cáritas, la amistad social y el fin de la pobreza. Ciencia y ética de la felicidad, (Caritas, Social Friendship, and the End of Poverty. Science and Ethics of Happiness), un encuentro que tratará sobre la primera Bienaventuranza.

En su mensaje, el Papa refiriéndose a la primera Bienaventuranza, recordó a san Agustín, quien afirma que “toda la perfección de nuestra vida está contenida en el “sermón de la montaña”; y lo demuestra por el hecho de que Jesucristo incluye en ellas el fin al que nos conduce, es decir, la promesa de la felicidad. Ser feliz es aquello que más anhela el ser humano”, dijo Francisco, de ahí, añadió,  que el Señor promete la felicidad a los que quieran vivir según su estilo y ser reconocidos como bienaventurados.

La felicidad hoy día

Francisco afirmó que “hoy nos topamos con un paradigma imperante, muy difundido por el “pensamiento único”, que confunde la utilidad con la felicidad, pasarla bien con vivir bien y pretende volverse el único criterio válido de discernimiento. Una forma sutil de colonialismo ideológico. Se trata de imponer la ideología según la cual la felicidad sólo consistiría en lo útil, en las cosas y en los bienes, en la abundancia de cosas, de fama y de dinero”.

Cualquier forma de escasez provoca la avidez

Esta búsqueda de satisfacción egoísta produce el miedo a no tener lo suficiente y conduce a la codicia y a la avaricia en individuos y países, ricos y pobres, así como a un "materialismo asfixiante y a un estado general de conflicto". Esto socava la dignidad de las personas y del propio planeta, y aumenta la pobreza y la desigualdad. El Papa Francisco escribe:

“En estos tiempos de opulencia, en los que debería ser posible poner fin a la pobreza, los poderes del pensamiento único no dicen nada de los pobres, ni de los ancianos, ni de los inmigrantes, ni de las personas por nacer, ni de los gravemente enfermos. Invisibles para la mayoría, son tratados como descartables. Y cuando se los hace visibles, se los suele presentar como una carga indigna para el erario público. Es un crimen de lesa humanidad que, a consecuencia de este paradigma avaro y egoísta predominante, nuestros jóvenes sean explotados por la nueva creciente esclavitud del tráfico de personas, especialmente en el trabajo forzado, la prostitución y la venta de órganos”.

El Pontífice aconseja que para salir de esta situación mundial, lo que necesitamos, no es seguir acumulando, ni una mayor riqueza, ni más tecnología, sino actuar “el paradigma siempre nuevo y revolucionario de las bienaventuranzas de Jesús empezando por la primera”.  Ser pobres de espíritu: “el espíritu de pobreza es aquel punto de inflexión que nos abre el camino hacia la felicidad mediante un giro completo de paradigma”. La paradoja de la pobreza de espíritu a la que somos llamados, es que “siendo la llave de la felicidad para todos, no todos quieren escucharla”. Es el camino angosto y estrecho pero seguro para que lo alcancemos todos.

La miseria como resultado de la injusticia es un infierno

El Papa Francisco subraya la distinción entre la pobreza de espíritu, de la que habla Jesús, y la pobreza material, es decir, la privación de las necesidades de la vida, que describe con palabras duras. El mensaje dice:

La pobreza como privación de lo necesario -es decir, la miseria- es socialmente, como vieron claramente L. Bloy y Péguy, una especie de infierno, porque debilita la libertad humana y pone a quienes la padecen en situación de ser víctimas de las nuevas formas de esclavitud (trabajo forzado, prostitución, tráfico de órganos, etc.) para sobrevivir. Son condiciones criminales que en estricta justicia deben ser denunciadas y combatidas sin tregua. Todos, según su responsabilidad, y en particular los gobiernos, las empresas multinacionales y nacionales, la sociedad civil y las comunidades religiosas, deben hacerlo. Son las peores degradaciones de la dignidad humana y, para un cristiano, las heridas abiertas del cuerpo de Cristo que grita desde su cruz: Tengo sed.

Los pobres de espíritu, dijo Francisco son los que socorren al enfermo y al pobre con alimentos, salud, refugio, vestimentas y otras necesidades básicas.  Es un deber, por tanto, ayudar a los pobres, pues para Jesús, escribe el Papa, todos serán medidos según lo que hayan hecho para ayudar a "sus hermanos necesitados". Y cita dos modelos ejemplares: San Francisco de Asís y la Madre Teresa de Calcuta, pero también señala que muchos hombres y mujeres "han recibido gracias de los pobres, porque en cada hermano y hermana en dificultad abrazamos la carne de Cristo sufriente".

La enorme grieta de las desigualdades

A continuación, el Papa se refiere a la creciente brecha entre ricos y pobres, que es la causa del malestar social, los conflictos y el debilitamiento de la democracia.

“Este trágico y sistémico aumento de las desigualdades entre grupos sociales dentro de un mismo país y entre las poblaciones de los diferentes países tiene también un impacto negativo en el plano económico, político, cultural e inclusive espiritual. Y esto a causa del progresivo desgaste del conjunto de relaciones de fraternidad, amistad social, concordia, confianza, fiabilidad y respeto, que son el alma de toda convivencia civil. Naturalmente, la avaricia que mueve el sistema ha dejado de lado ya, desde hace mucho tiempo, la principal consecuencia económico-social y política del “espíritu de pobreza”, aquella que exige la justicia social y la co-responsabilidad en la gestión de los bienes y de los frutos del trabajo de los seres humanos. «Acaso, ¿soy el guardián de mi hermano?» (Gn 4,9)”.

El Papa Francisco quiere aclarar una posible objeción y para ello cita el Catecismo de la Iglesia Católica que sobre la propiedad privada dice: "El destino universal de los bienes sigue siendo prioritario, aunque la promoción del bien común exige el respeto de la propiedad privada, su derecho y su ejercicio". El Papa afirma entonces en su mensaje: "los propietarios de los bienes deben utilizarlos con espíritu de pobreza, reservando la mejor parte para el huésped, el enfermo, el pobre, el anciano, el indefenso, el excluido; que son el rostro, tantas veces olvidado, de Jesús".

"San Ambrosio escribe: lo que das a los pobres no es parte de tus bienes; lo que das a los pobres le pertenece a él. (...) La tierra fue dada para todo el mundo y no sólo para los ricos".

Educar a los jóvenes en la "globalización de la solidaridad"

Junto a la extendida globalización de la indiferencia, tantas veces denunciada, el Papa señala que, aunque prevalece, "a lo largo de este tiempo pandémico hemos visto cómo la globalización de la solidaridad ha sabido imponerse con su característica discreción en los distintos rincones de nuestras ciudades". Es bueno que se extienda y, sobre todo, señala el Papa, es esencial que se encarne en la vida de los jóvenes. Por lo tanto, debemos comprometernos a ello. Por último, recordó las advertencias del apóstol Pablo, que advirtió a su discípulo Timoteo sobre los peligros de la riqueza y la codicia. Refiriéndose a la primera Carta a Timoteo, Francisco escribe:

A muchos les parecerá que este texto tiene un valor religioso o ascético, pero no económico. De hecho, les parecerá que es destructivo para la economía. Sin embargo, es un texto eminentemente socioeconómico y político, como lo son las bienaventuranzas de Cristo y, especialmente, la bienaventuranza del espíritu de pobreza que la inspira. Pues Pablo se identifica con extrema claridad: "les sobrevinieron innumerables sufrimientos", es decir, la codicia no les trajo el bienestar económico y social que buscaban, ni la libertad y la felicidad que deseaban. Por el contrario, la codicia esclaviza al poder de turno sin piedad ni justicia en la despiadada lucha por el becerro de oro y la dominación, como demuestra la economía moderna".

Buscando juntos la civilización del amor

El espíritu de pobreza, por tanto, el límite puesto al beneficio, es la única vía que puede garantizar "el propio bienestar del individuo, de la economía y de la sociedad local y global". De ahí la indicación de un compromiso al que todos estamos llamados hoy: "crear un movimiento global contra la indiferencia que -escribe el Papa al final de su mensaje- cree o recree instituciones sociales inspiradas en las Bienaventuranzas y nos impulse a buscar la civilización del amor".

Reflexiones durante la reunión de dos días

La página web de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales explica que la iniciativa lanzada hoy "pretende forjar una nueva ética global para el siglo XXI, basada en la sabiduría milenaria de Oriente y Occidente, en las bienaventuranzas y en la ciencia moderna y las aspiraciones de nuestro planeta". Por lo tanto, la reunión examinará los retos éticos, institucionales y económicos de la erradicación de la pobreza para alcanzar la felicidad a nivel universal. Entre las preguntas clave que los participantes tratarán de responder: ¿Quiénes son los pobres de espíritu? ¿Cuáles son las causas de la pobreza y sus consecuencias? ¿Cuáles son los derechos económicos de los pobres? ¿Cuáles son nuestras obligaciones éticas y/o religiosas hacia los pobres? ¿Qué posibilidades existen de redistribución de la renta y de protección social?

 

El Papa a jóvenes de "Economía de Francisco": poner la fraternidad al centro

En su Videomensaje para el segundo encuentro mundial de jóvenes economistas y empresarios, el Papa Francisco renueva para ellos la tarea de "buscar nuevas formas de regenerar la economía" tras la tragedia del Covid, para que sea "más justa, sostenible y solidaria, es decir, más común".

 

Alessandro Di Bussolo - Ciudad del Vaticano

"A ustedes jóvenes, les renuevo la tarea de poner la fraternidad en el centro de la economía" para demostrar, "guiados por el amor del Evangelio", que "existe una economía diferente", y que puede ser "más justa, sostenible y solidaria, es decir, más común". Así se ha dirigido el Papa Francisco a los jóvenes empresarios y economistas protagonistas del segundo evento mundial de la "Economía de Francisco", esta tarde, retransmitido en directo desde Asís y conectado con 40 ciudades del mundo.

La pandemia ha revelado y amplificado las desigualdades

En su Videomensaje al final de la jornada, el Papa comenzó explicando que había escuchado "las experiencias e iniciativas que han construido juntos" y agradeció a los jóvenes "el entusiasmo con el que llevan a cabo esta misión de dar un alma nueva a la economía". Subrayó que la tragedia del Covid-19 no sólo "nos ha revelado las profundas desigualdades que infectan nuestras sociedades: también las ha amplificado". Y recuerda "el gran aumento del desempleo, la pobreza, la desigualdad, el hambre" y la exclusión de muchos de la atención sanitaria necesaria.

No olvidemos que algunos pocos han aprovechado la pandemia para enriquecerse y encerrarse. Todo este sufrimiento recae de forma desproporcionada en nuestros hermanos y hermanas más pobres.

La olvidada relación recíproca entre nosotros y la naturaleza

El Papa Francisco habla de numerosos "fallos en el cuidado de la casa común y de la familia" durante los casi dos años de pandemia, y denuncia que "a menudo olvidamos la importancia de la cooperación humana y de la solidaridad global", así como "la existencia de una relación de reciprocidad responsable entre nosotros y la naturaleza".

No somos dueños de la creación, sino custodios

La Tierra nos precede y nos ha sido dada, recordó el Pontífice, y "somos administradores de los bienes, no propietarios", pero "la economía enferma que mata" surge precisamente "de la suposición de que somos propietarios de la creación, capaces de explotarla para nuestros propios intereses y crecimiento".

La pandemia nos ha recordado este profundo vínculo de reciprocidad; nos recuerda que hemos sido llamados a cuidar los bienes que la creación da a todos; nos recuerda nuestro deber de trabajar y distribuir estos bienes para que nadie quede excluido. Por último, también nos recuerda que, inmersos en un mar común, debemos abrazar la necesidad de una nueva fraternidad.

 

 

SAN FRANCISCO DE ASÍS*

Memoria

— La pobreza de San Francisco. La pobreza en el cristiano corriente.

— Especial necesidad de esta virtud en nuestros días. Manifestaciones y modo de vivirla.

— Frutos de esta virtud.

I. En un momento en que eran grandes el brillo externo y el poder político y social de muchos eclesiásticos, el Señor llamó a San Francisco para que su vida pobre fuera como un fermento nuevo en aquella sociedad que, por su apegamiento a los bienes materiales, se alejaba más y más de Dios. Con él afirma Dante «nace un sol al mundo»1, un instrumento de Dios para enseñar a todos que la esperanza ha de estar puesta solo en Él.

Un día, orando en la Iglesia de San Damián, oyó estas palabras: Ve y repara mi casa en ruinas. Tomando al pie de la letra esta locución divina, empleó sus fuerzas en reparar aquella ruinosa capilla, y después se dedicó a restaurar otros templos. Pero enseguida comprendió que la pobreza como expresión de su vida entera habría de ser un gran bien para la Iglesia; la llamaba Señora2, al modo como los caballeros medievales llamaban a sus damas y los cristianos se dirigen a la Madre de Dios. La restauración de la Cristiandad habría de venir por el desprendimiento de los bienes materiales, pues la pobreza bien vivida, según el propio estado, permite poner nuestra esperanza en Dios y solo en Él. Un día de febrero de 1209, habiendo oído Francisco las palabras del Evangelio: No llevéis oro, ni plata, ni alforja... tuvo un gesto clamoroso para mostrar que nada es bueno si se prefiere a Dios, y se despojó de sus vestidos y del cinturón de cuero, tomó un basto sayal, se ciñó una soga y se puso en camino, confiado en la Providencia.

La pobreza es una virtud cristiana que el Señor pide a todos religiosos, sacerdotes, madres de familia, abogados, estudiantes..., pero es evidente que los cristianos en medio del mundo han de vivirla de un modo bien distinto a San Francisco y a los religiosos que, por su propia vocación, han de dar un testimonio en cierto modo público y oficial de su consagración a Dios. Igual ocurre con las demás virtudes cristianas la templanza, la obediencia, la humildad, la laboriosidad..., que, siendo virtudes que han de vivir todos aquellos que quieran seguir a Cristo, cada uno ha de aprender a vivirlas según la propia vocación a la que fue llamado.

La pobreza del cristiano corriente se hace «a base de desprendimiento, de confianza en Dios, de sobriedad y disposición a compartir con otros»3. El fiel laico ha de aprender como se aprende un camino, una ruta que se desea seguir a armonizar «dos aspectos que pueden a primera vista parecer contradictorios. Pobreza real, que se note y se toque hecha de cosas concretas, que sea una profesión de fe en Dios, una manifestación de que el corazón no se satisface con las cosas creadas, sino que aspira al Creador, que desea llenarse de amor de Dios, y dar luego a todos de ese mismo amor»4. A la vez, la condición secular, el estar en medio del mundo, exige al cristiano «ser uno más entre sus hermanos los hombres, de cuya vida participa, con quienes se alegra, con los que colabora, amando el mundo y todas las cosas buenas que hay en el mundo, utilizando todas las cosas creadas para resolver los problemas de la vida humana, y para establecer el ambiente espiritual y material que facilita el desarrollo de las personas y de las comunidades»5.

¿Se plasma esta virtud de la pobreza y desprendimiento en mi vida, en detalles concretos, reales? ¿La amo, la practico en mi propia condición? ¿Estoy plenamente convencido de que sin ella no podría seguir a Cristo? ¿Puedo decir «soy de verdad pobre de espíritu», por estar realmente desprendido de lo que uso?, ¿aunque posea bienes, de los que he de ser administrador que rendirá cuentas a Dios?

«Despégate de los bienes del mundo. Ama y practica la pobreza de espíritu: conténtate con lo que basta para pasar la vida sobria y templadamente.

-Si no, nunca serás apóstol»6.

II. El Señor hace resonar en todos los tiempos sus palabras: no podéis servir a Dios y a las riquezas7. Es imposible agradar a Dios, llevarle por todos los caminos de la tierra, si al mismo tiempo no estamos dispuestos a hacer renuncias a veces costosas en la posesión y disfrute de los bienes materiales. Particularmente importante en nuestros días resulta ese aviso del Señor, que a muchos puede parecer extraño, cuando un desmedido afán de comodidades alimenta a diario la codicia de las gentes. Son muchos los que aspiran a tener más, a gastar más, a conseguir el mayor número de placeres posibles, como si ese fuera el fin del hombre sobre la tierra.

En la práctica, esa pobreza real tiene muchas manifestaciones. En primer lugar, estar desprendidos de los bienes materiales, disfrutándolos como bondad creada de Dios que son, pero sin considerar necesarias para la salud, para el descanso... cosas de las que se puede prescindir con un poco de buena voluntad. «Hemos de exigirnos en la vida cotidiana, con el fin de no inventarnos falsos problemas, necesidades artificiosas, que en último término proceden del engreimiento, del antojo, de un espíritu comodón y perezoso. Debemos ir a Dios con paso rápido, sin pesos muertos ni impedimentos que dificulten la marcha»8. Esas necesidades artificiosas pueden referirse a instrumentos de trabajo, a artículos de deporte, prendas de vestir, etc.

San Agustín aconsejaba a los cristianos de su tiempo: «Buscad lo suficiente, buscad lo que basta. Lo demás es agobio, no alivio; apesadumbra, no levanta»9. ¡Qué bien conocía el corazón humano! Porque la verdadera pobreza cristiana es incompatible, no solo con los bienes superfluos, sino también con la inquieta solicitud de los necesarios. Si se diera esa apetencia desordenada..., indicaría que su vida espiritual se está deslizando hacia la tibieza, hacia el desamor.

La pobreza se manifiesta en cumplir acabadamente el propio quehacer profesional; en el cuidado de los instrumentos de trabajo, sean nuestros o no, de la ropa, del propio hogar...; en evitar gastos desproporcionados, aunque los pague la empresa en la que trabajamos; en «no considerar de verdad- cosa alguna como propia»10; en escoger para nosotros lo peor, si la elección pasa inadvertida11 (¡cuántas oportunidades en la vida familiar!); en aceptar con paz y alegría la escasez, la falta incluso de lo necesario; en evitar gastos personales motivados por el capricho, la vanidad, el deseo de lujo, la poltronería; en ser austeros con nosotros mismos comida, bebida... y generosos siempre con los demás.

Un día mandó San Francisco erigir en la iglesia del convento una gran cruz para sus frailes, y al colocarla les dijo: «Este debe ser vuestro libro de meditación». El Poverello de Asís había comprendido bien dónde estaban las verdaderas riquezas de la vida y el carácter relativo de todo lo terreno. Hoy, cuando es tan fuerte la presión externa de un ambiente impregnado de materialismo, hemos de amar los cristianos esta virtud con particular empeño.

III. De la pobreza se derivan muchos frutos. En primer lugar, el alma se dispone para los bienes sobrenaturales y el corazón se ensancha para ocuparse sinceramente de los demás. Pidamos hoy al Señor por intercesión de San Francisco la gracia de comprender con más hondura cómo la pobreza cristiana vivida hasta sus últimas consecuencias es un don que ya tiene su premio en esta vida. El Señor da al alma desprendida una especial alegría, incluso en medio de las privaciones de lo que parecía más necesario. «Muchos se sienten desgraciados, precisamente por tener demasiado de todo. –Los cristianos, si verdaderamente se conducen como hijos de Dios, pasarán incomodidad, calor, fatiga, frío... Pero no les faltará jamás la alegría, porque eso –¡todo!- lo dispone o lo permite Él, que es la fuente de la verdadera felicidad»12.

La pobreza verdadera nos permita disponer de nosotros mismos para entregarnos a Cristo, forma suprema de libertad que nos abre sin reservas ni restricciones a la amorosa Voluntad de Dios, como nos enseña el mismo Cristo. Para amarla –querer ser pobres, cuando todo parece inducir a querer ser ricos13– es necesario comprender bien que la pobreza como virtud –como toda virtud– es algo bueno y positivo para el hombre: le pone en condiciones de vivir según el querer divino, utilizando los bienes materiales para ganar el Cielo y ayudar a que el mundo sea más justo, más humano.

La virtud de la pobreza es consecuencia de la vida de la fe. En la Sagrada Escritura, la pobreza expresa la condición de quien se ha puesto, absolutamente, en manos de Dios, dejando en Él las riendas de la propia vida, sin buscar otra seguridad. Se trata de la rectitud de espíritu de quien no quiere depender de los bienes de la tierra, aunque se posean. Es el firme propósito de no tener más que un solo Señor, porque nadie puede servir a dos señores14. Cuando a quien se sirve es a la riqueza, al dinero, a los bienes terrenos sean cuales fueren, estos se convierten en un ídolo. Es esa idolatría de la que San Pablo advertía a los primeros cristianos que ni siquiera debía de nombrarse entre ellos.

Muchos cristianos se ven hoy tentados por esa idolatría moderna del consumo, que les hace olvidar la inmensa riqueza del amor a Dios, que es lo único que puede llenar su corazón. En esta sociedad en la que tanto abunda el afán por las riquezas, por la comodidad, por un desmedido bienestar, nuestra vida sobria y desprendida servirá de fermento para llevarla a Dios, como hizo San Francisco en su tiempo.

Al terminar nuestra oración, pedimos al Santo de Asís, con palabras del Papa Juan Pablo II, que sepamos ser levadura en medio del mundo. Así pedía el Pontífice su intercesión ante la tumba donde reposan los restos de San Francisco: «Tú, que acercaste tanto a Cristo a tu época, ayúdanos a acercar a Cristo a la nuestra, a nuestros tiempos difíciles y críticos. ¡Ayúdanos! Estos tiempos esperan con grandísima ansia, por más que muchos hombres de nuestra época no se den cuenta. Nos acercamos al año 2000 después de Cristo. ¿No serán tiempos que nos preparen a un renacimiento de Cristo, a un nuevo Adviento?»15. La Virgen Nuestra Señora nos enseñará, con una vida sobria y desprendida, a ser protagonistas de este nuevo renacer.

1 Dante Alighieri, La divina comedia, Paraíso, XI, 5, 54. — 2 Cfr. San Francisco de Asís, Testamento de Siena, 4, en Escritos, biografía, documentos de la época, BAC, Madrid 1985, p. 125. — 3 C. para la Doctrina de la Fe, Instr. Sobre la libertad cristiana y la liberación, 22-III-1986, 66. — 4 Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, n. 110. — 5 Ibídem. — 6 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 631. — 7 Lc 16, 13. — 8 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 125. — 9 San Agustín, Sermón 85, 6. — 10 Cfr. San Josemaría Escrivá, Forja, n. 524. — 11 Cfr. ídem, Camino, n. 635. — 12 ídem, Surco, n. 82. — 13 Conferencia Episcopal Española, Instr. Past. La verdad os hará libres, 20-XI-1990, n. 18. — 14 Cfr. Mt 6, 24. — 15 Juan Pablo II, Homilía en Asís, 5-XI-1978.

San Francisco nació en Asís (Italia), en el seno de una familia acomodada, en 1182. Vivió y predicó infatigablemente la pobreza y el amor de Dios a todos los hombres. Fundó la Orden religiosa de los Franciscanos; con Santa Clara, las Damas Pobres (Clarisas); y la Tercera Orden, para seglares. Murió el año 1226.

 

 

Evangelio del lunes: amar como Dios ama

Comentario del lunes de la 27° semana del tiempo ordinario. “¿Y quién es mi prójimo?”. En ningún sitio encontraremos unas indicaciones concretas sobre quién es nuestro prójimo, El prójimo es siempre aquel que tenemos al lado, con el que debemos implicar toda nuestra vida, según las posibilidades que cada situación nos ofrezca. Como hemos visto en Jesucristo.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Lc 10,25-37)

En aquel tiempo, un doctor de la Ley se levantó y dijo para tentarle:

—Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?

Él le contestó:

—¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees tú?

Y éste le respondió:

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo.

Y le dijo:

—Has respondido bien: haz esto y vivirás.

Pero él, queriendo justificarse, le dijo a Jesús:

—¿Y quién es mi prójimo?

Entonces Jesús, tomando la palabra, dijo:

—Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos salteadores que, después de haberle despojado, le cubrieron de heridas y se marcharon, dejándolo medio muerto. Bajaba casualmente por el mismo camino un sacerdote y, al verlo, pasó de largo. Igualmente, un levita llegó cerca de aquel lugar y, al verlo, también pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje se llegó hasta él y, al verlo, se llenó de compasión. Se acercó y le vendó las heridas echando en ellas aceite y vino. Lo montó en su propia cabalgadura, lo condujo a la posada y él mismo lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: «Cuida de él, y lo que gastes de más te lo daré a mi vuelta». ¿Cuál de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los salteadores?

Él le dijo:

—El que tuvo misericordia con él.

—Pues anda —le dijo Jesús—, y haz tú lo mismo.


Comentario

Nos cuenta Lucas que un doctor de la Ley –un “jurista”, dice el texto– dirigiéndose a Jesús como Maestro, le pregunta: “¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?”. En realidad, lo que quería este doctor, dice Lucas, era tentar a Jesús. Pero, ¿quería realmente un consejo del Maestro? Jesús, en vez de responder, le devuelve la pregunta, y el experto recita la “letra” de memoria, sacada del texto griego de Deuteronomio (6,5) y de Levítico (19,18). Pero, nuevo, el doctor pegunta: “según tú, ¿a quién debo llamar prójimo?”. Y Jesús responde con una parábola.

El Maestro habla interpela al mismo tiempo. También a nosotros: “y tú, ¿qué crees que deberías hacer para conseguir la vida eterna?, ¿qué relación crees que hay entre amar a Dios de todo corazón y amar al prójimo como a un mismo?, ¿a quién consideras prójimo? Jesús recurre a la parábola para empujarnos a ir más allá de una letra, para penetrar en su espíritu". La Ley hacía distinciones y regulaba según eso las relaciones humanas. Jesús nos dice que en el nivel de la persona no hay distinciones: todos son nuestro prójimo, aunque tengan otra fe, aunque sean de otra raza, aunque hablen otro idioma, aunque tengan sus carencias y cometan errores.

Si amamos de verdad a Dios, participaremos de su Amor por todos, porque veremos a las personas como Dios las ve: todas llamadas a ser hijos suyos en Cristo. Y si nos amamos verdaderamente a nosotros mismos, esto es, dando gracias por los dones recibidos y siendo conscientes de carencias y defectos que debemos mejorar, entenderemos cómo es el amor que se nos pide: dar gracias por los dones de los demás y ser comprensivos, lentos a la ira y ricos en misericordia, con sus carencias y defectos, intentando ayudarnos mutuamente para mejorar en el día a día. Eso supone implicarse realmente en la santidad de los demás. Y eso es amor: querer para el otro el don más grande que existe y hacer lo que esté en nuestra mano para que todos lo alcancemos.

 

“Hemos de amar de todo corazón la pobreza”

Si estamos cerca de Cristo y seguimos sus pisadas, hemos de amar de todo corazón la pobreza, el desprendimiento de los bienes terrenos, las privaciones. (Forja, 997)

4 de octubre

Tú, ¿cómo imaginas el porte de Nuestro Señor?, ¿no has pensado con qué dignidad llevaría aquella túnica inconsútil, que probablemente habrían tejido las manos de Santa María? ¿No recuerdas cómo, en casa de Simón, se lamenta porque no le han ofrecido agua para lavarse, antes de sentarse a la mesa?

Ciertamente Él sacó a colación esa falta de urbanidad para realzar con esa anécdota la enseñanza de que en los detalles pequeños se muestra el amor, pero procura también dejar claro que se atiene a las costumbres sociales del ambiente. Por lo tanto, tú y yo nos esforzaremos en estar despegados de los bienes y de las comodidades de la tierra, pero sin salidas de tono ni hacer cosas raras.

Para mí, una manifestación de que nos sentimos señores del mundo, administradores fieles de Dios, es cuidar lo que usamos, con interés en que se conserve, en que dure, en que luzca, en que sirva el mayor tiempo posible para su finalidad, de manera que no se eche a perder. (Amigos de Dios, 122)

 

 

Sentir la pobreza de Jesús

Con motivo de la fiesta de san Francisco de Asís, el 4 de octubre, san Josemaría aconsejaba meditar sobre la virtud de la pobreza: “sacad consecuencias prácticas para vuestra vida personal”.

TEXTOS PARA ORAR03/10/2021

La renuncia de Francisco de Asís a los bienes terrenales, según Giotto.

¿No te da alegría sentir tan cerca la pobreza de Jesús?... ¡Qué bonito carecer hasta de lo necesario! Pero como Él: oculta y silenciosamente. Forja, 732

Me dices que deseas vivir la santa pobreza, el desprendimiento de las cosas que usas. —Pregúntate: ¿tengo yo los afectos de Jesucristo, y sus sentimientos, con relación a la pobreza y a las riquezas? Y te aconsejé: además de descansar en tu Padre-Dios, con verdadero abandono de hijo..., pon particularmente tus ojos en esa virtud, para amarla como Jesús. Y así, en lugar de verla como una cruz, la considerarás como signo de predilección. Forja, 888

Dios mío, veo que no te aceptaré como mi Salvador, si no te reconozco al mismo tiempo como Modelo. —Pues que quisiste ser pobre, dame amor a la Santa Pobreza. Mi propósito, con tu ayuda, es vivir y morir pobre, aunque tenga millones a mi disposición. Forja, 46

Siempre pobres ¿cómo?

Nos basta además escuchar las palabras del Señor: bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Si tú deseas alcanzar ese espíritu, te aconsejo que contigo seas parco, y muy generoso con los demás; evita los gastos superfluos por lujo, por veleidad, por vanidad, por comodidad...; no te crees necesidades. En una palabra, aprende con San Pablo a vivir en pobreza y a vivir en abundancia, a tener hartura y a sufrir hambre, a poseer de sobra y a padecer por necesidad: todo lo puedo en Aquel que me conforta. Y como el Apóstol, también así saldremos vencedores de la pelea espiritual, si mantenemos el corazón desasido, libre de ataduras. Amigos de Dios,123

No tienes espíritu de pobreza si, puesto a escoger de modo que la elección pase inadvertida, no escoges para ti lo peor. Camino 635

Despégate de los bienes del mundo. —Ama y practica la pobreza de espíritu: conténtate con lo que basta para pasar la vida sobria y templadamente. Camino, 631

Un signo claro de desprendimiento es no considerar —de verdad— cosa alguna como propia. Forja, 524

Si eres hombre de Dios, pon en despreciar las riquezas el mismo empeño que ponen los hombres del mundo en poseerlas. —Si no, nunca serás apóstol. Camino, 633

Si estamos cerca de Cristo y seguimos sus pisadas, hemos de amar de todo corazón la pobreza, el desprendimiento de los bienes terrenos, las privaciones. Forja, 997

La pobreza está en encontrarse verdaderamente desprendido de las cosas terrenas; en llevar con alegría las incomodidades, si las hay, o la falta de medios. Conversaciones, 111

“Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia el Evangelio a los pobres” (Mt., XI, 4–S): Hijos míos, habéis escuchado lo que nos dice el Señor; sus palabras a mí me remueven por dentro: luego amaremos el desasimiento, lo amaremos con predilección; porque cuando el espíritu de pobreza se resquebraja, es que va mal toda la vida interior. Salvador Bernal, Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid, 1976

Padres y madres de familia numerosa y pobre

Copio este texto, porque puede dar paz a tu alma: "Me encuentro en una situación económica tan apurada como cuando más. No pierdo la paz. Tengo absoluta seguridad de que Dios, mi Padre, resolverá todo este asunto de una vez. Quiero, Señor, abandonar el cuidado de todo lo mío en tus manos generosas. Nuestra Madre —¡tu Madre!— a estas horas, como en Caná, ha hecho sonar en tus oídos: ¡no tienen!... Yo creo en Ti, espero en Ti, Te amo, Jesús: para mí, nada; para ellos". Forja 807

Amo tu Voluntad. Amo la santa pobreza, gran señora mía. —Y abomino, para siempre, de todo lo que suponga, ni de lejos, falta de adhesión a tu justísima, amabilísima y paternal Voluntad. Forja, 808

No amas la pobreza si no amas lo que la pobreza lleva consigo. Camino 637

Si viviéramos más confiados en la Providencia divina, seguros —¡con fe recia!— de esta protección diaria que nunca nos falta, cuántas preocupaciones o inquietudes nos ahorraríamos. Desaparecerían tantos desasosiegos que, con frase de Jesús, son propios de los paganos, de los hombres mundanos, de las personas que carecen de sentido sobrenatural.

Querría, en confidencia de amigo, de sacerdote, de padre, traeros a la memoria en cada circunstancia que nosotros, por la misericordia de Dios, somos hijos de ese Padre Nuestro, todo poderoso, que está en los cielos y a la vez en la intimidad del corazón; querría grabar a fuego en vuestras mentes que tenemos todos los motivos para caminar con optimismo por esta tierra, con el alma bien desasida de esas cosas que parecen imprescindibles, ya que ¡bien sabe ese Padre vuestro qué necesitáis!, y Él proveerá.

Creedme que sólo así nos conduciremos como señores de la Creación, y evitaremos la triste esclavitud en la que caen tantos, porque olvidan su condición de hijos de Dios, afanados por un mañana o por un después que quizá ni siquiera verán. Para mí, el mejor modelo de pobreza han sido siempre esos padres y esas madres de familia numerosa y pobre, que se desviven por sus hijos, y que con su esfuerzo y su constancia —muchas veces sin voz para decir a nadie que sufren necesidades— sacan adelante a los suyos, creando un hogar alegre en el que todos aprenden a amar, a servir, a trabajar. Conversaciones, 111

¿Y los medios para vivir y trabajar?

Lógicamente has de emplear medios terrenos. —Pero pon un empeño muy grande en estar desprendido de todo lo terreno, para manejarlo pensando siempre en el servicio a Dios y a los hombres. Forja, 728

Vivir en este mundo con sentido realista, pero como peregrinos, que van de camino hacia la morada eterna, y, por tanto, han de llenarse de un afán grande por vivir totalmente desprendidos de las cosas que usan; trabajando con rectitud de intención, sin un desordenado afán de lucro; amando, como venidas de las manos de Dios, las incomodidades, estrecheces y privaciones con que pueden encontrarse; preocupándose de contribuir personalmente, con su trabajo, a remediar la indigencia material y espiritual de tantas almas, abandonando en el Señor sus preocupaciones. Salvador Bernal, Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid, 1976

Sacrificio: ahí está en gran parte la realidad de la pobreza. Es saber prescindir de lo superfluo, medido no tanto por reglas teóricas cuanto según esa voz interior, que nos advierte que se está infiltrando el egoísmo o la comodidad indebida. Confort, en su sentido positivo, no es lujo ni voluptuosidad, sino hacer la vida agradable a la propia familia, y a los demás, para que todos puedan servir mejor a Dios. Conversaciones, 111

¡Tanta afición a las cosas de la tierra! —Pronto se te irán de las manos, que no bajan con el rico al sepulcro sus riquezas. Camino, 634

Ante la indigencia, ternura eficaz

Me atrevo a decir que, cuando las circunstancias sociales parecen haber despejado de un ambiente la miseria, la pobreza o el dolor, precisamente entonces se hace más urgente esta agudeza de la caridad cristiana, que sabe adivinar dónde hay necesidad de consuelo, en medio del aparente bienestar general. La generalización de los remedios sociales contra las plagas del sufrimiento o de la indigencia –que hacen posible hoy alcanzar resultados humanitarios, que en otros tiempos ni se soñaban–, no podrá suplantar nunca, porque esos remedios sociales están en otro plano, la ternura eficaz –humana y sobrenatural– de este contacto inmediato, personal, con el prójimo: con aquel pobre de un barrio cercano, con aquel otro enfermo que vive su dolor en un hospital inmenso; o con aquella otra persona –rica, quizá–, que necesita un rato de afectuosa conversación, una amistad cristiana para su soledad, un amparo espiritual que remedie sus dudas y sus escepticismos. Salvador Bernal, Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid, 1976

Por “el sendero del justo descontento”, se han ido y se están yendo las masas. Duele..., pero ¡cuántos resentidos hemos fabricado, entre los que están espiritual o materialmente necesitados! —Hace falta volver a meter a Cristo entre los pobres y entre los humildes: precisamente entre ellos es donde más a gusto se encuentra. Surco, 228

 

 

Vosotros sois la luz del mundo

La fe es un regalo de Dios que nos cambia la vida. La serie de editoriales que ahora comenzamos con el título “La luz de la fe” —dirigida a creyentes, vacilantes y no creyentes abiertos a Dios— desea ayudar a descubrirlo, y a compartir el hallazgo.

LA LUZ DE LA FE09/05/2017

«El pueblo que yacía en tinieblas ha visto una gran luz; para los que yacían en región y sombra de muerte una luz ha amanecido» (Mt 4,16). De la mano del profeta Isaías, san Mateo presenta bajo el signo de la luz el inicio de la actividad apostólica del Señor en Galilea, tierra de transición entre Israel y el mundo pagano. Jesús, como profetizaba el anciano Simeón décadas antes con el Niño entre sus brazos, es «luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel» (Lc 2,32). Lo dirá el Señor de sí mismo: «Yo soy la luz del mundo» (Jn 8,12). Con la luz de la fe, con la luz que es Él, la realidad adquiere su verdadera profundidad, la vida encuentra su sentido. Sin ella, al final parece que «todo se vuelve confuso, es imposible distinguir el bien del mal, la senda que lleva a la meta de aquella otra que nos hace dar vueltas y vueltas, sin una dirección fija»[1].

Son muchas las personas que, a veces sin saberlo, buscan a Dios. Buscan su felicidad, que solo pueden encontrar en Dios, porque su corazón está hecho por Él y para Él. «Ya estás tú en sus corazones —reza San Agustín—, en los corazones de los que te confiesan, y se arrojan en ti, y lloran en tu seno a vista de sus caminos difíciles (…) porque eres tú, Señor, y no un hombre de carne y sangre; eres tú, Señor, que los hiciste, quien los restablece y consuela»[2]. Sin embargo, también hay quienes esperan encontrar la felicidad en otra parte, como si el Dios de los cristianos fuera un competidor de sus ansias de felicidad. En realidad, le están buscando a Él: se encaran solo «con la sombra de Jesucristo, porque a Cristo no lo conocen, ni han visto la belleza de su rostro, ni saben la maravilla de su doctrina»[3].

SON MUCHAS LAS PERSONAS QUE, A VECES SIN SABERLO, BUSCAN A DIOS: SU CORAZÓN ESTÁ HECHO POR ÉL Y PARA ÉL.

—«¿Crees tú en el Hijo del Hombre?» —pregunta Jesús al ciego de nacimiento, que ha recobrado ya la vista. —«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» (Jn 9,35s). En todos los rincones del mundo hay hombres y mujeres que, en el fondo de la indiferencia u hostilidad que puedan mostrar hacia la fe, esperan quien les indique dónde está Dios, dónde está el que puede iluminar sus ojos y saciar su sed. Retratan bien su situación unas palabras que san Ireneo escribe sobre Abrahán: «Cuando, siguiendo el ardiente deseo de su corazón, peregrinaba por el mundo preguntándose dónde estaba Dios, y comenzó a flaquear y estaba a punto de desistir en la búsqueda, Dios tuvo piedad de aquel que, solo, le buscaba en silencio»[4]. A cada uno de ellos debemos llegarnos los cristianos, con el convencimiento humilde y sereno de que sabemos de Aquel a quien buscan (cfr. Jn 1,45s; Hch 17,23), aunque también nosotros constatemos tantas veces que aún no le conocemos bien. A todos los cristianos el Señor nos dice: «vosotros sois la luz del mundo» (Mt 5,14); «dadles vosotros de comer» (Mt 14,16).

Levadura de esta masa

El Evangelio «es una respuesta que cae en lo más hondo del ser humano. Es la verdad que no pasa de moda porque es capaz de penetrar allí donde nada más puede llegar»[5], porque alcanza a «iluminar toda la existencia del hombre»[6], a diferencia de los saberes humanos, que solo consiguen esclarecer algunas dimensiones de la vida. Sin embargo, esta luz que «brilla en las tinieblas» (Jn 1,5) se encuentra con frecuencia con la frialdad de un mundo que tiene por real solamente lo que se puede ver y tocar, lo que se deja ver a la luz de la ciencia o del consenso social. Por una inercia cultural de siglos, la fe se percibe a veces como «un salto que damos en el vacío, por falta de luz, movidos por un sentimiento ciego; o como una luz subjetiva, capaz quizá de enardecer el corazón, de dar consuelo privado, pero que no se puede proponer a los demás»[7].

Sin embargo, también aquí hay motivos para el optimismo. Benedicto XVI constataba ya hace unos años cómo la ciencia ha empezado a tomar conciencia de sus límites: «muchos científicos dicen hoy que de alguna parte tiene que venir todo, que debemos volver a plantearnos esa pregunta. Con ello vuelve a crecer también una nueva comprensión de lo religioso, no como un fenómeno de naturaleza mitológica, arcaica, sino a partir de la conexión interior del Logos»[8]: poco a poco va quedando atrás la idea, demasiado simple, de que creer en Dios es un recurso para cubrir lo que no sabemos. Se abre camino una concepción de la fe como la mirada que logra dar mejor cuenta del sentido del mundo, de la historia, del hombre y, a la vez, de su complejidad y misterio[9].

EL EVANGELIO «ES UNA RESPUESTA QUE CAE EN LO MÁS HONDO DEL SER HUMANO. ES LA VERDAD QUE NO PASA DE MODA PORQUE ES CAPAZ DE PENETRAR ALLÍ DONDE NADA MÁS PUEDE LLEGAR» (PAPA FRANCISCO)

Estas nuevas perspectivas traen consigo un desafío para la teología, la catequesis y, en definitiva, el apostolado personal: «la religiosidad tiene que regenerarse de nuevo en este gran contexto y encontrar así nuevas formas de expresión y de comprensión. El hombre de hoy no comprende ya sin más que la sangre de Cristo en la cruz es expiación por sus pecados (…); se trata de fórmulas que hay que traducir y captar de nuevo»[10]. En efecto, es tarea de la teología no solo profundizar en los distintos aspectos de la fe, sino también acercar cada generación al Evangelio. La teología y la catequesis no deben contemporizar, en el sentido de rebajar la fe a las miopías de cada época, pero están llamadas a hacer contemporáneo a Cristo: a acoger las inquietudes, el lenguaje y los desafíos de cada momento, no como un mal menor, sino como la materia y el ambiente en que Dios espera que hagamos un pan sabroso, un pan para alimentar a todos (cfr. Mt 14,16). «Fuimos invitados a ser levadura de esta masa concreta. Es cierto podrán existir “harinas” mejores, pero el Señor nos invitó a leudar aquí y ahora, con los desafíos que se nos presentan. No desde la defensiva, no desde nuestros miedos sino con las manos en el arado, ayudando a hacer crecer el trigo tantas veces sembrado en medio de la cizaña»[11].

La atención a la sensibilidad del presente no viene a añadirse desde fuera a la fidelidad al Evangelio, sino que forma parte esencial de ella. Para proteger la fe, para vivirla con sentido, y para ir por todo el mundo enseñándola (cfr. Mc 16,15), se hace necesario recibirla hoy de nuevo, percibirla y hacer que los demás la perciban como lo que verdaderamente es: un don de Dios que nos cambia la vida, que la llena de luz. «Algunos pasan por la vida como por un túnel, y no se explican el esplendor y la seguridad y el calor del sol de la fe»[12]. El esfuerzo por mostrar esa luz y calor de la fe está transido de una solicitud sincera por hacerse cargo de las perplejidades y las dudas de nuestros coetáneos, sin considerarlas de antemano como impertinencias o complicaciones. Así uno se pone en mejores condiciones de encontrar, en cada caso, las palabras adecuadas. Hay personas, escribía San Josemaría, «que no saben nada de Dios..., porque no les han hablado en términos comprensibles»[13]. Cuando alguien no entiende, puede ser porque quien les habla tampoco ha comprendido lo que explica, o no se ha hecho cargo de sus inquietudes, y habla, quizá sin querer, de un modo abstracto y despegado. A la vez, es bueno no olvidar que «nunca podremos convertir las enseñanzas de la Iglesia en algo fácilmente comprendido y felizmente valorado por todos. La fe siempre conserva un aspecto de cruz (…). Hay cosas que solo se comprenden desde esa adhesión que es hermana del amor, más allá de la claridad con que puedan percibirse las razones y argumentos»[14].

Los católicos pueden verse a veces criticados como gente de miras estrechas, por el hecho de que no se pliegan a ciertos postulados que el mundo da por buenos. Sin embargo, si no dejan que les invada el miedo o el resentimiento ante las descalificaciones, si procuran desentrañar la inquietud o la herida que late en una respuesta airada, si no se cansan de pensar nuevos modos de dar cuenta de su visión del mundo, de hecho serán reconocidos, cada uno a su nivel, como personas con «amplitud de horizontes (…); una cuidadosa atención a las orientaciones de la ciencia y del pensamiento (…); una actitud positiva y abierta, ante la transformación actual de las estructuras sociales y de las formas de vida»[15].

EL LENGUAJE QUE MUEVE NO ES NECESARIAMENTE EL DEL GRAN ORADOR, SINO EL DE QUIEN HABLA, DESDE SU MODO DE SER, CON SUS PALABRAS, DE SU EXPERIENCIA DE LA FE.

La serie de editoriales que ahora inicia se propone ilustrar cómo la fe responde a las aspiraciones más profundas del corazón del hombre del siglo XXI, cómo Cristo, en enseñanza del Concilio Vaticano II, «manifiesta plenamente el hombre al propio hombre»[16]. Se quiere prestar atención a las dificultades que muchas personas encuentran —incluso cristianos con buena formación— para comprender el sentido de determinados aspectos de la fe, y para explicarlos a otros cuya fe se ha enfriado, o que querrían acercarse a ella. Se dirige, por tanto, a un público amplio: creyentes, vacilantes y no creyentes con apertura, quizá latente, a la fe. Las distintas cuestiones se abordan sin pretensión de exhaustividad, centrando el esfuerzo en recuperar accesos, en trazar nuevos caminos hacia puntos que pueden resultar menos claros hoy: mostrando, en fin, cómo la fe ilumina la realidad, y cómo se puede vivir la propia vida bajo esa luz. ¿Qué significa para mi vida, por ejemplo, que Jesucristo haya resucitado, o que Dios sea una Trinidad de personas? ¿En qué sentido la fe en la creación cambia la visión de la realidad? ¿Si el más allá no es un lugar físico, cómo pensar que sea tan real como el suelo que piso?

Donde está tu síntesis

Quien sigue un partido de tenis por la televisión no mejora con eso su forma física o su técnica: solo al jugar en la cancha entran en movimiento la técnica, el estilo, el golpe. De modo análogo, la formación doctrinal no se limita al acopio de conocimientos o de argumentos. Nos podemos beneficiar mucho de lo que leemos o estudiamos, pero no basta con retener: es necesario elaborar una comprensión propia de las cosas, hacerlas nuestras. «El estudio de la teología, no rutinario ni simplemente memorístico, sino vital, ayuda en gran medida a que lleguen a ser plenamente connaturales a la inteligencia las verdades de nuestra fe y a aprender a pensar en la fe y desde la fe. Sólo así se está en condiciones de valorar las múltiples cuestiones, en ocasiones complejas, que suscitan las ocupaciones profesionales y el desarrollo de la sociedad en su conjunto»[17].

La caridad, el amor fraterno, por el que vemos en cada hombre un hermano, es sin duda el testimonio más auténtico y luminoso de la fe: «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor unos a otros» (Jn 13,35). Cuando una persona se sabe querida de verdad, sin reservas, adivina el Amor de quien «nos amó primero» (1 Jn 4,19), un Amor que no es de este mundo, porque pasa por encima de tantas cosas —errores, antipatías, timidez, desconocimiento— que en el mundo llevan a la gente a ignorarse o a despreciarse. «A Dios se le puede ver con el corazón: la simple razón no basta»[18]: si la caridad, que habla al corazón, hace visible a Dios, su falta desdibuja su presencia en el mundo, y deslegitima al evangelizador; hace de él un falso profeta (Cfr. Mt 7,15). Sin embargo, la autenticidad que se espera hoy de un cristiano no se limita al testimonio de la caridad: se refiere también, en una medida importante, al modo personal y natural en que habla de Dios. Si uno tiene el hábito de pensar y de explicarse su propia fe, si ese diálogo interior nutre su oración y se nutre de ella, al hablar de Dios no transmitirá solo nociones teológicas o doctrinales: hablará de su experiencia, la de alguien que vive con Él y de Él. Por contraste, decía san Agustín, «pierde el tiempo predicando exteriormente la Palabra de Dios quien no es oyente de ella en su interior»[19]. Escuchar la Palabra de Dios es dejar que modele nuestro modo de pensar, de hablar, de vivir; que ilumine nuestras situaciones, intereses, encuentros; que se haga, en definitiva, nuestra.

LAS IDEAS DE OTROS PUEDEN AYUDARNOS MUCHO, PERO NO BASTA CON HACER ACOPIO DE ELLAS SI QUEREMOS HABLAR DE CORAZÓN A CORAZÓN.

«Donde está tu síntesis, allí está tu corazón», escribe el Papa, parafraseando una frase del Señor (cfr. Mt 6,21): «la diferencia entre iluminar el lugar de síntesis e iluminar ideas sueltas es la misma que hay entre el aburrimiento y el ardor del corazón»[20]. El lenguaje que mueve no es necesariamente el del gran orador, sino el de quien habla, desde su modo de ser, con sus palabras, de su experiencia de la fe. Por eso la formación doctrinal no está llamada a discurrir en un sector de nuestro saber, aislado del resto, sino a dialogar con todo lo que vivimos y somos, de modo que aun tomando tantas formas como personas, se pueda reconocer el mismo Espíritu en todas ellas. Así lo vemos en los santos, que nos hablan de Dios de mil modos, y así sucede con tantos santos escondidos. Si cada época —hoy quizá más— tiene sus Babeles, marañas de voces enfrentadas o discordantes (cfr. Gn 11,1-9), la pluralidad de lenguas del Espíritu Santo sigue ensanchándose en una «nueva Pentecostés»[21] allí donde hay cristianos que le escuchan, porque «si el Espíritu Santo no da interiormente la inteligencia, el hombre trabaja en vano (...): si el Espíritu Santo no acompaña el corazón del que oye, será inútil la palabra del doctor»[22].

Intenta beber de tu propia fuente

Se ha dicho que la cultura es lo que queda cuando uno olvida lo que estudió: es aquello que crece al cultivar la tierra de nuestra alma. «Nuestra formación no termina nunca»[23], solía decir san Josemaría: es necesario estudiar durante toda la vida, y hacerlo con la mentalidad evangélica y evangelizadora del agricultor (cfr. Mt 13,3-43). El cultivo es un trabajo paciente y sostenido, pero lleno de gratificaciones, cuando salen los primeros brotes, y cuando llegan los frutos. Junto al diálogo con Dios en la oración, y la disposición a conversar con los demás, facilita mucho ese cultivo la reflexión personal, por la que se adquiere una voz propia, auténtica, abierta. En ese diálogo interior, es necesario arar, sembrar, regar: ir dando forma a las ideas, buscar las palabras, aunque a veces salgan solo balbuceos. Las ideas de otros pueden ayudarnos mucho, pero no basta con hacer acopio de ellas si queremos hablar de corazón a corazón.

No se trata, pues, solamente de saber cosas, según una noción meramente cuantitativa del saber, sino de adquirir y renovar una mirada penetrante y apasionada sobre la realidad en toda su amplitud, es decir, con los demás y con Dios. La comprensión de la fe es tarea para cada uno, con sus modos: la profesora universitaria, el trabajador manual, la asistenta social, el auditor. Esta tarea intransferible no se añade al interés por conocer la fe, sino que le da forma: es una actitud por la que uno procura hacer suyo lo que oye, no solo en las obras, sino también en las ideas, en el lenguaje. «Soy un hombre de este tiempo si vivo sinceramente mi fe en la cultura de hoy, siendo uno que vive con los medios de comunicación de hoy, con los diálogos, con las realidades de la economía, con todo, si yo mismo tomo en serio mi propia experiencia e intento personalizar en mí esta realidad. Así estamos en el camino de hacer que también los demás nos entiendan. San Bernardo de Claraval, en su libro de reflexiones a su discípulo el Papa Eugenio, dijo: intenta beber de tu propia fuente, es decir, de tu propia humanidad. Si eres sincero contigo mismo y empiezas a ver en ti qué es la fe, con tu experiencia humana en este tiempo, bebiendo de tu propio pozo, como dice san Bernardo, también puedes decir a los demás lo que hay que decir»[24].

AUNQUE EL CRISTIANO TIENE LA RESPONSABILIDAD DE DEFENDER LA FE, SU ESPÍRITU DE FONDO NO ES EL DE QUIEN RECUPERA UN ESPACIO PERDIDO, SINO EL DE QUIEN SE SABE PARTE DE UNA SERENA CONQUISTA.

Quien se conduce así aprende de todas las conversaciones, no se arredra ante las objeciones, sino que las acepta como retos para comprender mejor su propia fe, para hacerse cargo de cómo piensan los demás, para percibir con ellos sus vértigos. Quien vive así escucha mucho, aprende con todos y de todos; concibe el diálogo, más que como una lucha por afianzar posiciones y rebatir argumentos, como un baile, en el que todo puede cooperar a esclarecer la realidad, aunque no sea siempre por la línea recta. «Un diálogo es mucho más que la comunicación de una verdad. Se realiza por el gusto de hablar y por el bien concreto que se comunica entre los que se aman por medio de las palabras. Es un bien que no consiste en cosas, sino en las personas mismas que mutuamente se dan en el diálogo»[25].

Aunque el cristiano tiene la responsabilidad de defender la fe, su espíritu de fondo no es el de quien recupera un espacio perdido, sino el de quien se sabe parte de una serena conquista. Sabemos dónde está la felicidad que busca nuestro corazón y el de todos los hombres y mujeres. Y la buscamos con ellos: «de ti piensa mi corazón: “Busca su rostro”» (Sal 27,8). Qué paz nos da esa certeza, para dialogar con todos, como hermanos que buscan a quien yo busco, que comparten conmigo mucho más de lo que piensan; para crecer con ellos, sabiendo que a su tiempo se hará la luz: nuestros amigos descubrirán «ubi vera sunt gaudia», dónde se encuentra la verdadera alegría[26], y nosotros lo redescubriremos con ellos.

Carlos Ayxelà

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Lecturas para profundizar

Sigue una lista, no exhaustiva, de libros, artículos y documentos acerca del modo de hablar de la fe hoy. Se indican en primer lugar algunos textos del Magisterio reciente y de otros organismos de la Iglesia, y después textos de otros autores. En las próximas entregas de esta serie se indicarán también textos específicos sobre los respectivos temas.

Francisco, Enc. Lumen Fidei, 29-VI-2013.

Francisco, Ex. Ap. Evangelii Gaudium, 24-XI-2013, esp. capítulo 3, “El anuncio del evangelio”.

Francisco, Catequesis en el Año de la Fe, de marzo a diciembre 2013 (disponibles en vatican.va)

Benedicto XVI, Catequesis en el Año de la Fe (octubre 2012 – febrero 2013, disponibles en vatican.va; p.ej. “¿Cómo hablar de Dios?”, 28-XI-2012 [leer]; “El deseo de Dios”, 7-XI-2012 [leer]).

San Juan Pablo II, Carta Ap. Novo Millennio Ineunte, 6-I-2001 (leer)

San Juan Pablo II, Catequesis sobre el Credo (marzo 1985 – noviembre 1997, disponibles en vatican.vapdb)

Beato Pablo VI, Ex. Ap. Evangelii Nuntiandi, 8-XII-1975 (leer).

Catecismo de la Iglesia Católica (vatican.vaintratext) y Compendio del Catecismo (ebook)

Consejo Pontificio de la Cultura ¿Dónde está tu Dios? La fe cristiana ante la increencia religiosa, Valencia: Edicep, 2005 (leer).

Consejo Pontificio de la Cultura La vía pulchritudinis, camino de evangelización y de diálogo (leer).


Babendreier, J. La fe explicada hoy, Rialp, 2016 (The Faith Explained Today: Popular Edition)

Barron, R. Catolicismo: un viaje al corazón de la fe, Doubleday, 2013; disponible también en dvd (Catholicism: a Journey to the Heart of the Faith).

Biffi, G. Corso inusuale di catechesi (3 vols.) Elledici, 2006.

Burggraff, J. “La transmisión de la fe en la sociedad postmoderna”, en Burggraff, J. La transmisión de la fe en la sociedad postmoderna y otros escritos, Eunsa, 2015 (disponible en opusdei.org).

Chaput, Ch. Strangers in a Strange Land. Living the Catholic Faith in a Post-Christian World, Henry Holt, 2017.

Dolan, T. – Allen J. Un pueblo de esperanza. Conversaciones con Timothy Dolan, Palabra, 2015 (A People of Hope. The Challenges facing the Catholic Church and the Faith that can save it).

Hadjadj, F. La suerte de haber nacido en nuestro tiempo, Rialp, 2016 (L’aubaine d’être né en ce temps).

Hadjadj, F. ¿Cómo hablar de Dios hoy? Anti-manual de evangelización, Nuevo Inicio, 2013 (Comment parler de Dieu aujourd’hui? Anti-manuel d’évangelisation).

Hahn, S. La evangelización de los católicos. Manual para la misión de la Nueva Evangelización, Palabra, 2014 (Evangelizing Catholics).

Hahn, S. - Socías, J. La fe cristiana explicada. Introducción al catolicismo, Edibesa - MTF, 2015 (Introduction to Catholicism for Adults)

Ivereigh, A. - De la Cierva, Y. Cómo defender la fe sin levantar la voz. Respuestas civilizadas a preguntas desafiantes, Palabra, 2016 (Ivereigh, A. - Lopez, K. J. How to Defend the Faith without Raising your Voice).

San Josemaría, “Sed amigos sinceros y realizaréis un apostolado y un diálogo fecundos”, ABC, 17-V-1992 (leer).

Knox, R. El Credo a cámara lenta, Palabra, 2000 [3ª ed.] (The Creed in Slow Motion).

Lewis, C.S. Mero cristianismo, Rialp, 1995 (Mere Christianity).

Mora, J.M. “10 claves para comunicar la fe”.

Ratzinger, J. Dios y el mundo: creer y vivir en nuestra época, Galaxia Gutenberg, 2002 (Gott und die Welt. Glauben und Leben in unserer Zeit).

Ratzinger, J. “La nueva evangelización”, Conferencia en el Congreso de Catequistas y Profesores de Religión, Roma 10-XII-2000 (leer).

Trese, L.J. La fe explicada, Rialp, 2014 [28ª ed.] (Faith Explained).


[1] Francisco, Enc. Lumen Fidei (29-VI-2013), 3.

[2] San Agustín, Confesiones V.2.2.

[3] San Josemaría, Es Cristo que pasa, 179.

[4] San Ireneo de Lyon, Demostración de la predicación apostólica, 24 (Sources Chrétiennes 406, 117).

[5] Francisco, Ex. Ap. Evangelii Gaudium (24-XI-2013), 265.

[6] Francisco, Lumen Fidei, 4.

[7] Francisco, Lumen Fidei, 4.

[8] Benedicto XVI, Luz del mundo, Herder, Barcelona 2010, 145.

[9] Cfr. Benedicto XVI, Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12-IX-2006.

[10] Benedicto XVI, Luz del mundo, 145.

[11] Francisco, Homilía, 2-II-2017.

[12] San Josemaría, Camino, 575.

[13] San Josemaría, Surco, 941.

[14] Francisco, Evangelii Gaudium, 42.

[15] Surco, 428.

[16] Concilio Vaticano II, Const. Gaudium et Spes (7-XII-1965), 22.

[17] Javier Echevarría, Carta Pastoral con ocasión del Año de la Fe (29-XI-2012), 35.

[18] Joseph Ratzinger, Jesús de Nazaret. Desde el Bautismo a la Transfiguración, La esfera de los libros, Madrid 2007, 121.

[19] San Agustín, Sermón 179, 1.1.

[20] Francisco, Evangelii gaudium, 143.

[21] Surco, 213. Cfr. Hch 2,1-13.

[22] Santo Tomás de Aquino, Super Evangelium S. Ioannis, 14.6.

[23] San Josemaría, notas de una reunión familiar, 18-VI-1972 (citado en J. Echevarría, Carta sobre la nueva evangelización, 2-X-2011).

[24] Benedicto XVI, Discurso, 26-II-2009 (cfr. San Bernardo, De consideratione libri quinque ad Eugenium tertium, II.3.6. [PL 182, 745]).

[25] Francisco, Evangelii gaudium, 142.

[26] Misal Romano, domingo XXI del tiempo ordinario, oración colecta.

 

 

 DOMINGO XXVII.

 

Mc 10,2.16

 

Meditar el evangelio con tres puntos.

 

Son muchas las preguntas que sus discípulos le hacen a Jesús. Son cuestiones siempre de candente actualidad. Forman parte de la vida de todo ser humano, el matrimonio, la Ley… tenemos que hacernos como niños si queremos entrar en el Reino de los cielos.

 

1.     Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre. Por la terquedad de vuestra corazón Moisés permitió el repudio del divorcio, pero al principio no era así.

 

2.     Jesús vuelve a la raíz de la revelación. No se va por las ramas. Siempre vuelve al origen del proyecto del Padre que habla de que serán una sola carne, un solo corazón, y que lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre. Es necesario volver al sueño de Dios sobre él Matrimonio y la Familia.

 

3.     Lo que les parecía imposible a aquellos hombres, como a nosotros, de cumplir el sueño del proyecto de Dios, de ser una carne con un solo corazón, es posible, si se cree en el Dios de lo imposible, en el Dios que creyó María.

 

+ Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

 

 

El infinito al alcance – ¿Buscar lo extraordinario?

José Martínez Colín

1) Para saber

Decía una persona que en la vida no se trata de hacer cosas extraordinarias, sino en hacer las cosas ordinarias de modo extraordinario.

Con motivo de la celebración de Santa Teresita del Niño Jesús el primero de octubre, el Papa Francisco ha recomendado su devoción, como él mismo la ha experimentado: “Ahora, ella acompaña a un anciano. Y quiero dar testimonio de esto, porque ella me ha acompañado en cada paso. Me ha enseñado a dar los pasos…” Ella, con su sencillez, ese camino pequeño, nos enseña a avanzar por el camino de la santidad.

Santa Teresita no se sentía capaz de realizar grandes proezas, sino que aprendió que la grandeza estaría en hacer las pequeñas cosas que le correspondían con gran amor de Dios.

2) Para pensar

En su autobiografía, “Historia de un alma”, Santa Teresita recuerda que siendo una niña, tendría menos de cinco años, un día estaba jugando con su hermana Celina. En eso llegó una amiga llamada Leonia con una cesta llena de vestidos, bonitos retazos de tela y otros adornos. Encima de todo venía acostada una bella muñeca. Les dijo que ella ya había crecido y ya no iba a jugar. Añadió: “Pueden escoger lo que quieran”. Celina escogió un ovillo de rica seda, de colores muy bonitos. Le tocó el turno a Teresita, quien tras un momento de reflexión, preguntó: “¿Puedo tomar lo que quiera?” A lo que su amiga respondió que sí. Entonces Teresita dijo: “Pues yo elijo todo”. Y sin más miramientos tomó la cesta con todo lo que llevaba.

Luego comentó en su biografía: “Este rasgo de mi infancia resume mi vida entera. Cuando vislumbré más tarde la perfección, comprendí que para llegar a ser santa era preciso padecer muchísimo, aspirar siempre a lo más perfecto y olvidarse de sí misma. Comprendí que el alma es libre de responder como quiera a las insinuaciones de Nuestro Señor… Entonces, como en los días de mi niñez exclamé: «¡Dios mío, lo elijo todo! No quiero ser santa a medias, no tengo miedo de sufrir por vos… ¡Elijo todo lo que vos queráis!»” (Cap. 1).

3) Para vivir

El Papa Francisco recodaba que para santa Teresita la santidad está en poner amor de Dios en las pequeñas y en las grandes cosas, “y de tener la valentía de creer que, a través de mi pequeñez, Dios es feliz y cumple la salvación del mundo”.

No obstante que la vida de santa Teresita transcurrió en un mundo humanamente muy reducido: un pequeño Carmelo, un jardín minúsculo, una pequeña comunidad… Sin embargo vivía feliz sintiéndose como una reina con el mundo a sus pies, porque todo lo podía conseguir de Dios y así, a través del amor, llegar a cualquier punto del universo con su oración y sacrificio. Su mismo lenguaje muestra la grandeza de su corazón, pues habla de «horizontes sin fin», «inmensos deseos», «océanos de gracia», «abismos de amor», «torrentes de misericordia» y muchos más… La razón es que Teresita ama intensamente a Dios, y carga con la Iglesia y con el mundo entero con la ternura de una madre. Este era su secreto: el pequeño convento no la oprime porque ama. El amor todo lo transforma y da un toque de infinitud a las cosas más vulgares. Y esto está también al alcance de nosotros.

(articulosdog@gmail.com)

 

¿Por qué traer hijos al mundo?

¿Traer hijos al mundo es algo malo? Ciertamente, no lo es. Entonces, ¿por qué siempre se escuchan y perciben críticas cuando los matrimonios tienen hijos o buscan tenerlos? “Qué irresponsables”, “Y ahora, ¿cómo los cuidarán?”, “Seguro ya no tendrán tiempo para sí”… Estas son algunas de las frases que suelen escucharse. Luis me conoció con mi primera hija. Cuando nos casamos, nació mi segunda hija. Ahora, ya con casi cuatro años de casados, esperamos al tercero. En estos tiempos, para muchos la llegada de los hijos puede ser vista como una irresponsabilidad por parte de los padres. Con mi esposo Luis hemos querido reflexionar sobre las razones para traer hijos al mundo.

Como matrimonio, creemos que la paternidad responsable ha sido desvirtuada: se le ha dado un enfoque meramente acotado a la cantidad de hijos por familia, al costo de vida que conllevan, a si su llegada es compatible con los sueños y metas de los padres y a qué tan deseados han sido. Ciertamente, esta idea de responsabilidad está puesta en función a la dotación material de los padres, ya sea respecto de su capacidad monetaria o de los títulos acumulados. Y no en función a la generosidad y al sacrificio que sobresalen de todo padre y madre empeñados a criar.

Para reflexionar sobre este tema, desarrollaremos en los siguientes cinco puntos las razones por las cuales sostenemos que concebir y traer vida al mundo conlleva para los matrimonios más bien que mal.

El diseño natural de la mujer

La primera razón por la que traemos hijos al mundo es porque podemos: para eso fuimos diseñados y por tanto es bueno desde su origen. Sí, tan básico como eso. Pero profundicemos.

La mujer tiene un diseño natural cíclico, que integra a todo su ser. Sus dimensiones física, psicológica y espiritual se relacionan con él. Los cambios hormonales que vivimos en cada ciclo tienen una finalidad específica y favorable para la mujer. Por ejemplo, las hormonas como el estrógeno y la progesterona, bajo una producción adecuada, pueden ayudar a levantarnos el ánimo cuando estamos decaídas, a enfrentar nuestro agotamiento físico, a absorber apropiadamente los nutrientes, y, entre otras cosas, nos mantienen saludables.

Lo destacable de aquel diseño es que su ciclicidad gira alrededor de un fin, el cual es la posibilidad de procrear y albergar nuevas vidas. He ahí su majestuosidad. Se nos fue dado el regalo de la fertilidad bajo una temporalidad. La mujer es fértil solo unos días en cada ciclo, y por un periodo de años, desde la primera menstruación (menarca) hasta la menopausia. Es decir: somos fértiles por un tiempo determinado, y esto lo podemos conocer gracias a biomarcadores que evidencian cada etapa del ciclo.

Las dimensiones del ser de la mujer se ordenan hacia la preparación para cobijar vida. Es tal aquel ordenamiento que, cuando la procreación no se concreta, el ciclo se renueva y empieza de nuevo su proceso de preparación para concebir. Es un diseño tan cauteloso y preciso que, al alterarlo, evidentemente se puede vulnerar la creación de una nueva vida y afectar la salud reproductiva frágil de la mujer. Cuando se busca forzar o violentar los ciclos de un diseño natural, las consecuencias pueden ser muy dañinas. De ahí la importancia de respetar ese diseño natural con el cual fuimos creadas, admirarlo, conocerlo y promoverlo, y no considerarlo como un estorbo o una maldición enviada por lo divino.

La misión del matrimonio

La segunda razón es que como matrimonio tenemos la misión de acoplar nuestros planes a los de Dios. Muchas veces nuestros planes y proyectos no suceden como los esperamos. Pero recordemos que todo tiene una razón de ser, y que los sucesos no programados pueden conformar una ventana de oportunidad para volvernos mejores personas y esposos. Al momento de casarnos, entendimos que uno de los pilares del matrimonio es la apertura generosa a la vida, lo que para muchos matrimonios suele confundirse con únicamente llenarse de cuanto hijo les fuera posible, a como dé lugar. Sin embargo, esta noción de generosidad con la vida está orientada a la disposición de los esposos a servir fielmente al dador de esas vidas, no atribuyéndose como árbitros y prejuzgando, sino salvaguardando y administrando lo que les fue conferido.

En atención a dicho servicio y responsabilidad conyugal, debemos señalar el medio por el que se conduce el proceso procreador. El acto conyugal fue constituido siempre con la posibilidad de dar vida. Por ende, no puede ser sustituido o truncado para no cumplir su finalidad. Aquí hablamos de la dimensión unitiva y procreativa del acto conyugal, dos caras de la misma moneda.

Las parejas de hoy en día buscan apropiarse del rol rector de las vidas. Esto ocasiona que por diversos medios se profane lo que es sagrado, y que no sea recibido como un don. Separar la dimensión procreativa de la unitiva inhibe el acto a un mero placer, y conlleva a cosificar a la persona. En cambio, preservar ambas dimensiones brinda al acto un verdadero sentido de amor recíproco e incondicional.

La paternidad responsable

Nuestra tercera razón es que asumimos la responsabilidad de ser padres en armonía con esa generosidad abierta a la vida. No concebimos que ser “responsables” tenga que ver con “tener pocos hijos para darles mucho”. Eso es justamente una visión comodista, materialista, egoísta y de poca fe. La “paternidad responsable” tiene que ver con el compromiso asumido por los padres de encaminar a los hijos a ser buenas personas, en conformidad con las capacidades propias de los padres.

Para un matrimonio realmente creyente, esta visión de paternidad puede tener mayor claridad cuando lo que nos importa es la salvación de nuestros hijos, y no la cantidad de obsequios, ropa, viajes y gastos que podamos incurrirles. Lo que un hijo realmente necesita es el afecto sano de los padres, su presencia, tiempo de calidad con ellos, y la comunión integradora de la familia. Dios no nos juzgará por el número de hijos que tengamos, pero sí por nuestra capacidad de amor, entrega y sacrificio para con ellos.

Sin embargo, es latente la pregunta que nos hacemos sobre cuánto es entonces la cantidad suficiente de hijos. Entre todos sus documentos referentes al tema, la Iglesia Católica hace mención a razones graves referidas al contexto social, a circunstancias económicas, y a limitaciones fisiológicas o psicologías, pero sin detallar específicamente una cantidad dentro de su legitimidad. Esto deja a discrecionalidad del matrimonio la proporcionalidad y la decisión final respecto de tener o no tener más hijos, respetando siempre los medios naturales y bajo una moral cristiana.

¿La Iglesia no tendría que decirnos el número de hijos que deberíamos tener? La Iglesia no nos va a decir el número exacto de hijos, del mismo modo que la Iglesia tampoco nos dice en qué escuela costosa matricular a nuestro hijo, ni a qué país llevarlo de viaje, ni en qué actividades deportivas o de diversión hacerlos participar. Lo que sí nos dice la Iglesia son los medios de salvación para la persona, con un horizonte hacia la eternidad.

El Papa Francisco ha dicho: “el simple hecho de tener muchos hijos no puede ser visto como una decisión irresponsable… No tener hijos es una elección egoísta”.

Un hijo siempre es un don

La cuarta razón es que un hijo siempre será bien recibido, incluso cuando las circunstancias son adversas. Un hijo no es menos valorado o menos digno por las condiciones en las que haya sido concebido o en las que haya nacido. Entonces, ¿por qué Dios envía hijos al mundo ante las muchas realidades desfavorables? Es una pregunta difícil de contestar, debido a que vivimos desde una óptica humana y mortal. Pero, como señalamos líneas arriba, debe ser por algo bueno y por un bien mayor. La verdad se encuentra en la inmensidad de la eternidad, y solo Dios sabe por qué permite que se logre la vida. Podemos confiadamente decir que siempre va a ser para una buena razón, y el matrimonio debería sentirse agradecido por eso. Sea la circunstancia que sea, un hijo siempre ayudará a la santificación y salvación del matrimonio. Incluso para los hermanos y familiares, tener un nuevo hijo brinda un hermano a los otros hijos, fomenta el compartir y la reciprocidad. La unión de los hermanos es para toda la vida, y qué decir de una vejez acompañada de tanta atención brindada por hijos que no abandonan al anciano.

De ser así, ¿por qué evitar la llegada de nuevas bendiciones? Las razones son diversas, pero la mayoría nos parecen muy egoístas, ya sea por la comodidad, por evitar el sacrificio de volver a empezar con una nueva crianza, o sencillamente por no querer asumir una nueva responsabilidad. Estas pueden ser razones legítimas, pero poco justas y generosas con el don de la fertilidad. Pocas veces escuchamos razones realmente justas y honestas. Entre estas pueden estar las claras limitaciones fisiológicas, como la infertilidad, alguna grave enfermedad, o problemas psiquiátricos. Así también, presenciamos coyunturas sociales y económicas que pueden ser factores relevantes para la decisión de espaciar a los hijos, y queda sujeto a la discrecionalidad de la pareja, siempre y cuando se enmarque al propósito del matrimonio, sus virtudes morales y su asociación con el don divino.

Podemos recurrir aquí a una cita de Kimberly Hahn: “Los hijos son únicamente y siempre una bendición. No son posesiones, ni lo que vamos a adquirir después del carro, la casa y el perro. No son un gasto extra en el presupuesto. Son un regalo que se nos ha dado gratuitamente. Los hijos no son lo siguiente en los planes, una vez que la pareja está bien establecida y puede «permitírselos». No son el próximo proyecto, una vez que la pareja ha conseguido arreglárselas con los cuidados que necesita el perro y se siente preparada para «un paso más». Los hijos no son algo que una pareja se merezca solo porque sean mejores que las demás personas. No son algo a lo que tengan derecho las personas si son buenas o ricas. No tienen valor porque se lo demos nosotros. Tienen valor en sí mismos porque son creados por Dios. ¡Son puro don!”.

La Divina Providencia

Como quinta razón, confiamos en Dios y en sus propósitos. No hay necesidad de engañarnos: un hijo más, por obvias razones, implicará más miedo, mayores recursos a invertir, menos tiempo para el ocio, más ajetreo, y tantas cosas más, que podría ahuyentar a cualquier pareja. Pero también significa mayor capacidad de amor, más aprendizaje, mayor necesidad de unión, y el ejercicio de capacidades y virtudes que uno no cree tener hasta desarrollarlas y aplicarlas. Para los que somos creyentes, tenemos un componente adicional: justamente, confiar en Dios para la provisión de aquellos recursos que nos hagan falta. Y no nos referimos única y necesariamente a recursos materiales.

El matrimonio fue diseñado para la salvación del hombre y de la sociedad. Un mundo controlado por el hombre aplicará estrictos controles de la natalidad, bajo los medios de alteración de la fertilidad humana. El problema del mundo —con la justificación de la escasez de recursos— no es la sobrepoblación, sino la falta de solidaridad con los que menos tienen y la injusta distribución de las riquezas. El diseño natural de Dios para la natalidad no puede ser una maldición para las familias y la sociedad.

Es así que la confianza en Dios es nuestra última razón para decirle sí a la vida. Dios sabe lo que permite y para qué lo permite. No nos juzgará por cuantos hijos tengamos, pero sí por nuestros actos honestos y por la fe depositada en su Providencia.

* * *

Para concluir, recordemos ese salmo que dice: “Fui joven, ya soy viejo, nunca vi a un justo abandonado, ni a sus hijos pidiendo pan. A diario es compasivo y presta, a sus hijos les aguarda la bendición” (Sal 36, 25-26).

Deseamos que Dios proteja a los matrimonios y llene de valentía ante el miedo y el rechazo del don supremo de la vida.

Adriana & Luis
Publicada en Ama fuerte

 

¿Cómo lograr una comunicación efectiva en la familia?

Tips para comunicarnos más y no simplemente hablar.

La familia es el hábitat natural del hombre, donde tiene derecho a nacer, crecer y morir con dignidad. Asimismo, es un conjunto de intimidades unidas por el lazo del amor familiar. Derivado de su convivencia surgen el crecimiento individual y el enriquecimiento personal de cada uno de sus miembros.

Hablar es un acto mediante el cual exteriorizamos la intimidad y lo que pensamos se hace público, de modo que puede ser comprendido por otros. Al hablar expresamos de cierto modo nuestra intimidad; es decir, lo que se comunica, une; lo que une, permite compartir la existencia y la coexistencia entre dos personas, esto hace que ambas se identifiquen en la comunión interpersonal.

El ser humano necesita el encuentro con el tú, con alguien que nos escuche, nos comprenda y nos anime. El lenguaje no tiene sentido si no es para esta apertura a los demás. En este sentido, se puede decir que la persona es ante todo un ente que habla y en cuanto hablante, el hombre emplea la comunicación verbal para transmitir y poner en común con otros  aquello que posee. 

La falta de diálogo es lo que motiva casi todas las discordias, y la falta de comunicación lo que arruina las comunidades humanas, pues la comunicación es uno de los elementos sin el cual no hay una verdadera vida social.

La vida en familia es comunicación, la relación entre pareja, padres e hijos y hermanos, es diálogo. Por lo tanto vale la pena precisar lo que implica  “comunicar”:

  1. Es compartir algo, poner en común.
  2. Es un fenómeno inherente a la relación entre seres vivos.
  3. Es un proceso para transmitir ideas, creencias, pensamientos, sentimientos.
  4. Es emisión de señales con la intención de dar un mensaje.

Por tal motivo en la familia podemos distinguir tres tipos de comunicación: 

1.- Conyugal

2.- Con los hijos

3.- Familiar. 

Algunas de las características que debes tener presentes en las distintas manifestaciones de la comunicación en tu familia son:

1.    Comunicación conyugal:

a.  Hablar siempre con honestidad, respeto, y con un enfoque positivo.

b.  Buscar el momento, el lugar y la forma adecuada para hablar.

c.  Hacer crecer la autoestima del otro siempre que sea posible.

d.  Evitar a toda costa caer en el indiferentismo.

e.  Cuidar y acrecentar en todo momento la confianza mutua.

2.    Comunicación con los hijos:

  1.  Ser muy claros como padres.
  2. Estar siempre de acuerdo entre los padres.
  3. Saber todos cuáles son los límites y las normas.
  4. Cumplir lo que se dice: no amenazar.
  5. Tener claridad en la educación hacia los hijos.
  6. Evitar mandar dobles mensajes a los hijos.

3.    Comunicación familiar:

a.   Que sea un medio para ayudarse y complementarse.

b.   Ayuda a contribuir con su misión.

c.   Da  un enfoque diferente con cada uno de los miembros.

d.  Transmite valores y dar rumbo a la vida familiar.

e.   Implica diferentes acciones como: involucrar, reforzar, respetar y ser tenaces.

Es importante que encontremos la forma de que todo lo que digamos impacte positivamente en los demás. En todas las relaciones interpersonales la comunicación es una condición esencial para que se lleve a cabo de la mejor manera. No olvides intentar involucrar a los demás, reforzar tus mensajes con la postura corporal y respetar en todo momento la individualidad de cada uno. Pero sobre todo la comunicación debe contar con las 4Cs para que sea efectiva; es decir, debe ser: Clara, Corta, Concisa y Cambiar de Tema.

Te comparto cinco tips para lograr una comunicación efectiva en la familia.

  1. Favorecer la comunicación asertiva: Hablar con honestidad y sinceridad evita que las emociones se antepongan a la razón. Para evitar estas situaciones es bueno trabajar en una buena comunicación basada en el diálogo, charlas cotidianas y reuniones familiares.
  2. Respetar el tiempo del otro: Planificar y organizar en horarios y roles las actividades y responsabilidades en el hogar, es un consejo básico para mejorar la convivencia. Es importante tomar en cuenta los compromisos de cada integrante para planear.

3. Tolerar los gustos diferentes: Es imprescindible que padres e hijos respeten la individualidad de cada uno. Se debe implementar de acuerdo con la edad y las características de la etapa evolutiva en la que se encuentren.

4. Mantener el orden: El orden permite a los integrantes sentirse respetados e igualmente los hace ser respetuosos con los espacios y las pertenencias del resto de la familia.

5. Pasar tiempo en familia: Para conseguir una buena convivencia familiar, los miembros de tu familia se deben conocer. Lo importante es destinar un espacio a la convivencia familiar que sea un compromiso tan importante como asistir a la escuela o al trabajo.

Finalmente te digo que , al momento de comunicarte con tu familia procura siempre que todo lo que digas impacte de forma positiva en los demás.

¡Recuerda! no es lo mismo comunicarnos, que simplemente hablar.

Soy Sergio Cazadero y te quiero compartir, cómo hacer para crecer.

 

 

“Cuando Dios se vale de una herida”

Puedo imaginarme, a San Ignacio de Loyola postrado en su cama. Una bala de cañón le quiso arrebatar la vida. Dios uso este fatal accidente para que el ambicioso guerrero, desde ese silencio al que se vio obligado a entrar, diera un rumbo diferente a su vida. Este hombre cuyo nombre era Iñigo López de Loyola hasta entonces había llevado una vida desordenada. Se había convertido en caballero y tenía la ambición de casarse con una mujer hermosa.  En esta cama Ignacio, estuvo postrado nueve semanas. En esos días algo tenía que hacer para que sus horas se hicieran cortas. Por lo que decidió empezar a leer libros de los que se encontraban en esta casa. Entre ellos  “La vida de Cristo”, de Ludolfo de Sajonia, el cartujo, y otro libro llamado “Las flores de los santos”. Ignacio al ir leyendo estos libros empezó a notar que en su día se empezaban a dar dos tipos de pensamientos: aquellos que le hacían volar la imaginación hacia una mujer hermosa y el momento en que pudiera utilizar de nuevo sus dotes de guerrero; y otro que le hacía cuestionarse sobre este mundo de virtud, de pureza, de pasión por Cristo.  Ignacio sin que él supiera cómo, empezaba a ser movido por el Espíritu Santo. Reflexionaba : si estos hombres pudieron hacer todas estas cosas por a Cristo, ¿qué pasaría si yo hiciera lo mismo? ¿en quién me convertiría? ¿cómo sería mi vida? 

La decisión…..

San Francisco se planteaba preguntas propias en torno al sentido de su vida. Al leer  que San Lorenzo fue quemado; San Bartólome degollado o Santa Catalina pasada por una rueda con navajas….. su interior se conmovía, su humanidad era interpelada…… este Jesús, este Cristo es Dios. Y por El, todas estas personas estuvieron dispuestas a morir. Pero no morían tristes. Eran tremendamente felices y plenos. Entonces, como hombre disciplinado que había aprendido a ser como guerrero, se dijo a sí mismo: Si San Francisco lo dejo todo por El entonces yo también lo haré.

Tú también lo puedes hacer…..

Después de esas nueve semanas en las que vivió una experiencia de verdadera conversión de la mente y del corazón, Ignacio partió hacia el Monasterio Benedictino de Montserrat en España. Ahí estuvo tres días escribiendo su vida de pecados. Arrepentido. Movido interiormente. Lloraba y conocía por primera vez el Amor que sólo un Dios como Cristo puede dar. Ese amor que cada uno anhela tanto y que no sabe, tal y como le sucedió a El sino hasta encontrarlo. Ignacio se confiesa. Se dirige hacia Nuestra Señora, la Virgen Negra de Montserrat y ahí a sus pies deja su espada. Comienza así la búsqueda del hombre, de la vocación, del alma de un hijo de Dios.  Esta búsqueda que tenemos todos en algún momento de nuestra vida. Una búsqueda que sólo termina cuando encontramos la vocación para la que estamos hechos: Dios me ha creado para su Gloria.  Ignacio lo supo. Yo ahora lo sé. Tú quizá ya lo sepas o te encuentres en esa búsqueda. También puedes hacerlo. 

Ver todas las cosas nuevas en Cristo….

Se celebra a partir del 20 de mayo de este año , los quinientos años de la conversión de este hombre.  Dios lo  escogió para dar uno de los regalos más valiosos a las almas dentro de la Iglesia: los ejercicios espirituales. Escribiré sobre ellos en otra entrada.  Reflexiono ahora, en cómo Dios actúa en la vida de cada persona. En el caso de Iñigo, se valió de esa herida mortal para atraerlo hacia El y usarlo en el mundo. 

 Es este el propósito del alma: comprender que soy de Dios y por lo mismo, rendirme, caer de rodillas, adorarle y pronunciar las maravillosas palabras de este santo: “ Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; todo mi haber y mi poseer. Tú me lo diste, a Ti, Señor, lo retorno. Todo es Tuyo: dispone de ello según Tu Voluntad. Dame Tu Amor y Gracia, que éstas me bastan”. Amén.

¡Que Nuestra Señora Bendita de Montserrat ilumine a cada uno!

Sheila Morataya

 

El Santo Rosario, instrumento contra los enemigos de la fe

Nuestra Señora dio el Rosario como instrumento muy poderoso para dominar a los enemigos de la fe contrarios al nombre católico

El mes de Octubre ha sido dedicado por la Iglesia a honrar a la Santísima Virgen, muy especialmente con el Santo Rosario.

«Octobri mense», Encíclica de León XIII sobre el Rosario (22-9-1891):

Y hay que creer que la misma Reina celestial añadió gran virtud a esta oración fundada y propagada por el ínclito Patriarca (Santo) Domingo, por inspiración e impulso de la Señora, como bélico instrumento y muy poderoso para dominar a los enemigos de la fe en un período muy contrario al nombre católico y muy semejante a éste que estamos atravesando.

Pues la secta de los herejes albigenses, ya clandestina, ya manifiesta, había invadido muchas regiones; la infecta generación de los maniqueos, cuyos crueles errores reproducía, dirigía contra la Iglesia sus violencias y un odio extremado. Apenas podía ya confiarse en el apoyo de los hombres contra tal perniciosa e insolente turba, hasta que vino Dios con el auxilio oportuno, con la ayuda del Rosario de María. De este modo, con el favor de la Virgen, vencedora gloriosa de todas las herejías, las fuerzas de los impíos quedaron extenuadas y aniquiladas, y la fe salva e incólume.

Simón de Montfort fue el gran combatiente contra los herejes albigenses

La historia antigua, lo mismo que la moderna, conmemora con clarísimos documentos, muchos hechos semejantes perpetrados en todas las naciones y bien divulgados, ora sobre peligros ahuyentados, ora sobre beneficios obtenidos. Hay que añadir también a esto el claro argumento de que, tan luego fue instituida la oración del Rosario, la costumbre de recitarla fue adoptada y frecuentada por todos los cristianos indistintamente.

María recompensa el rezo en público del Santo Rosario

Efectivamente, la religión del pueblo cristiano honra con insignes títulos, y de varias maneras por cierto, a la Madre de Dios, que aunque saluda con tantas y tan augustas alabanzas, brilla una que aventaja a todas; siempre tuvo cariño singular a este titulo del Rosario, a este modo de orar, en el que parece que está el símbolo de la fe y el compendio del culto debido a la Señora; y con preferencia lo ha practicado privada y públicamente en el hogar y en la familia, instituyendo congregaciones, dedicando altares y celebrando magníficas procesiones, juzgando que es el mejor medio de celebrar sus solemnidades sagradas o de merecer su patrocinio y sus gracias

 

 

Los Orígenes del Cristianismo

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  • 1. LOS ORÍGENES DEL CRISTIANISMO

     

    2. PRIMEROS AÑOS DE EXPANSIÓN

     

    3. EL IMPERIO PAGANO Y EL CRISTIANISMO: LAS PERSECUCIONES

     

    4. LA IGLESIA EN EL IMPERIO ROMANO-CRISTIANO

     

     

    Los Orígenes del Cristianismo

    El Cristianismo es la religión fundada por Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre. Los cristianos —discípulos de Cristo— se incorporan por el bautismo a la comunidad visible de salvación, que recibe el nombre de Iglesia.

     

    1. ¿Qué entendemos por Cristianismo?

    Entendemos por Cristianismo la religión fundada por Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre. La persona las enseñanzas de Jesús son las bases sobre las que se asienta la religión cristiana. Los cristianos consideran a Jesucristo su Redentor y su Maestro: le reconocen como su Dios y Señor y se adhieren a su doctrina.

    En una hora precisa del tiempo y en lugar determinado de la tierra, el Hijo de Dios se hizo hombre e irrumpió en la historia humana. El lugar de nacimiento de Jesús fue Belén de Judá; la hora, cuando reinaba en Judea Herodes el Grande y Quirino era gobernador de Siria, bajo la autoridad suprema del emperador de Roma, César Augusto (cfr. Mt II, 1; Le II, 1-2).

    La vida de Cristo entre los hombres se prolongó hasta otro momento de la historia, bien preciso también: la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo tuvieron lugar en Jerusalén, a partir del día 14 del mes de Nisán del año 30 de la Era cristiana. Caifás desempeñaba el cargo de Sumo Sacerdote, gobernaba Judea el «procurador» Poncio Pilato y reinaba en Roma el emperador Tiberio.

     

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    La Resurrección de Cristo (Piero della Francesca)

     

    2. Conocer a Jesucristo

    Jesucristo se presentó a sí mismo como el Cristo, el Mesías anunciado por los Profetas y esperado ansiosamente por el Pueblo de Israel. En Cesárea de Filipo, ante la diversidad de opiniones que corrían sobre su persona, el Señor preguntó a los Apóstoles: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» La respuesta dePedro fue rotunda: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo».

    Jesús no sólo no enmendó en un ápice estas palabras, sino que las confirmó de modo inequívoco: «No te han revelado eso ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos» (cfr. Mt XVI, 13-17). En la noche de la Pasión, ante los príncipes de los sacerdotes y todo el Sanedrín, Jesús declararía abiertamente que era el Hijo de Dios, el Mesías. A la solemne pregunta del Sumo Sacerdote, la suprema autoridad religiosa de Israel: «¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?», Jesús respondió: «Yo soy» (Me XIV, 61-62).

    «Vino a los suyos y los suyos no le recibieron» (lo I, 10). Estas palabras del capítulo primero del Evangelio de San Juan anuncian el drama del rechazo del Salvador por parte del Pueblo elegido. Dominaba en éste por aquel tiempo una concepción político-nacional acerca del esperado Mesías, al que se consideraba como un caudillo terrenal que habría de libertar la nación del yugo de los opresores romanos y restaurar en todo su esplendor el Reino de Israel.

    Jesús no respondía a esta imagen, porque su Reino no era de este mundo (cfr. lo XVIII, 36). Por eso no fue reconocido, sino rechazado por los jefes del pueblo y condenado a morir en la Cruz.

     

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    Cristo con la Cruz – El Greco

     

    Los milagros obrados por Jesús durante los años de su vida pública constituyen el refrendo de su Mesianidad y confirmaron la doctrina que anunciaba. Esas razones, unidas a la personalidad incomparable del Señor, motivaron decisivamente la adhesión de sus discípulos, y en primer término de los doce Apóstoles.

    Una adhesión todavía defectuosa al principio, por parte de hombres que compartían muchos de los prejuicios desus contemporáneos; unos hombres cuya mentalidad les hacía difícil comprender la verdadera naturaleza de la misión redentora de Jesús, lo que explica el tremendo desconcierto que les causó la Pasión Muerte de su Maestro.

    La Resurrección de Jesucristo es el dogma central del Cristianismo y constituye la prueba decisiva de la verdad de su doctrina. «Si Cristo no resucitó —escribió San Pablo—, vana es nuestra predicación y vana es vuestra fe» (I Cor XV, 14). La realidad de la Resurrección —tan lejos de las expectativas de los Apóstoles y los discípulos— se les impuso a éstos con el argumento irrebatible de la evidencia: «pero Cristo ha resucitado y ha venido a ser como las primicias de los difuntos» (I Cor XV, 20; cfr. Le XXIV, 27-44; lo XX, 24-28).

    Desde entonces los Apóstoles se presentarían a sí mismos como «testigos» de Jesucristo resucitado (cfr. Act II, 22; III, 15), lo anunciarían por el mundo entero y resellarían su testimonio con la propia sangre. Los discípulos de Jesucristo reconocieron su divinidad, creyeron en la eficacia redentora de su Muerte y recibieron la plenitud de la Revelación, transmitida por el Maestro y recogida por la Escritura y la Tradición.

     

    3. El nacimiento de la Iglesia

    Pero Jesucristo no sólo fundó una religión —el Cristianismo—, sino también una Iglesia. La Iglesia —el nuevo Pueblo de Dios— fue constituida bajo la forma de una comunidad visible de salvación, a la que se incorporan los hombres por el bautismo. La Iglesia está cimentada sobre el Apóstol Pedro, a quien Cristo prometió el Primado —«y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mt XVI, 18)— y se lo confirmó y confirió después de la Resurrección: «apacienta mis corderos», «apacienta mis ovejas» (cfr. lo XXI, 15-17).

     

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    La Iglesia de Jesucristo existirá hasta el fin de los tiempos, mientras perdure el mundo y haya hombres sobre la tierra: «y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» (Mt XVI, 18). La constitución de la Iglesia se consumó el día de Pentecostés, y a partir de entonces comienza propiamente su historia.

    Fuente: José Orlandis (Historia de la Iglesia, 2001)

 

    TRANSHUMANISMO

 

El transhumanismo es una corriente del pensamiento moderno, no bien conocida todavía, con raíces antropológicas y filosóficas bien definidas que pretenden influir en el desarrollo y evolución del ser humano. La tecnología le dará el poder de modificarse a sí mismo, así es que puede llegar a ser el constructor de su propia naturaleza. Está llegando a ser una ideología que no se apoya en la biología sino en la tecnología.  Se trata de llegar a diseñar al ser humano por medio de la ingeniería genética, la biotecnología, las ciencias cognitivas, la inteligencia artificial, etc.  Se pretende cambiar radicalmente la condición humana hasta llegar, en un futuro, a conseguir la inmortalidad feliz…?

Antes de seguir con este tema, creo que es de justicia citar al investigador estadounidense J. E. Murray, premio Nobel de Medicina en 1990 que llegó a realizar el primer transplante de riñón entre dos hermanos gemelos en el año 1954.  Murray se especializó en cirugía reconstructiva y transplantes. Él hablaba de las 4 R: Remover y eliminar todo lo negativo (por ej.: tumores). Reparar: válvulas cardíacas. Reemplazar: transplante de órganos. Regenerar.   En relación a esto último y, volviendo a la actualidad, cuando se conocieron las primeras células-madre embrionarias, fueron recibidas como una solución ya que son pluripotenciales, pero no dieron el resultado esperado. Sí lo están dando las células-madre adultas y es a ellas a las que se han dirigido los ensayos clínicos actuales ya que, al parecer, son muy eficaces en la medicina regeneradora y no suponen un problema ético ya que no hay destrucción de embriones humanos.

Hasta aquí, avances que han llegado a ser algo verdaderamente valioso. Pero, ahora, es otra cosa ya que el tanshumanismo pretende dar un salto a otro terreno. Todo comienza como ciencia-ficción en el cine pero no es sólo eso, es algo más. Estas teorías afirman que la especie humana puede, si quiere, trascenderse a sí misma, se rechazan los límites biológicos de la naturaleza humana y se apoyan en los medios técnicos, ponen el énfasis en las posibilidades.  Se puede oír o leer cosas como ésta: todos estamos en transición para convertirnos en ciborgs. Aquí, la manipulación de las células germinales es parte del problema ético.  Viene a propósito una frase de Albert Camus: “El hombre es la única criatura que se niega a ser lo que es.”

El ciborg está construido por el hombre, se conoce cómo se ha construido, la forma en que se han grabado los programas, los circuitos, etc.  El cerebro humano no funciona como un ordenador. Es una arquitectura neuronal y en él se mueven la actividad psíquica, el control de las emociones, el mundo abstracto, etc.   No existe identidad ontológica entre el ser humano y la máquina. Lo natural y propio del ser humano es alcanzar su fín que es perfeccionar al máximo sus capacidades, y, en especial, las superiores: inteligencia y voluntad.

No cabe duda de que el transhumanismo se ha convertido en una ideología que puede llegar a ser peligrosa ya que se presenta como una propuesta antropo-técnica para intentar cambiar la naturaleza humana. Hay que caer en la cuenta de que existe una depreciación del ser humano. Algunos teóricos consideran que es un animal más y que es posible reemplazarlo por máquinas. Es el “malo” de la biosfera.  En los países desarrollados hay un invierno demográfico, se reducen los nacimientos y la atención se dedica, especialmente, al cuidado de los animales.  La afectividad se vuelca con individuos de otras especies.  No parece muy valiosa la vida humana y, por eso, se interrumpen muchos embarazos, presentándolos como un derecho de las mujeres.

En esta situación es como aparece el transhumanismo: antropotecnias sin restricciones. Como estamos en un soporte frágil, vulnerable, es necesario transformar al ser humano en otra cosa, o sea, modificar el genoma humano.  Existe una clara crisis antropológica en la actualidad y esto se refleja en las conductas individuales.

Habría que recordar a los promotores del transhumanismo que lo importante y necesario es mejorar la vida humana, no transformar su naturaleza.

   Carlota Sedeño Martinez

 

 

Miguel Delibes. El aborto produce náuseas

El médico está para defender la vida y la salud, y el aborto es lo opuesto. No es extraño, pues,  que tantos médicos se opongan a realizar abortos en los hospitales públicos; por ejemplo, El Hospital de Sant Pau y el Clínico San Carlos, que derivó a una embarazada a una clínica privada, porque “mientras haya latido fetal, no hacen abortos”. Pero, ahora,  Podemos en el poder pretende obstaculizar el derecho a la objeción de conciencia de los médicos.

Ante ello, cobran actualidad las palabras sobre el aborto, del gran escritor vallisoletano Miguel Delibes, Premio Cervantes y otros muchos, que fue director de  “El Norte de Castila”:   “El feto aún carece de voz, pero, como proyecto de persona que es, parece natural que alguien tome su defensa, puesto que es la parte débil del litigio (...) .  El «Nosotras parimos, nosotras decidimos» sería incontestable si lo parido fuese algo inanimado”. “Una cosa está clara: el óvulo fecundado es algo vivo, con un código genético propio (…) Las partidarias del aborto sin limitaciones piden libertad para su cuerpo,  y es de razón siempre que en su uso no haya perjuicio de tercero (…). Antaño, el ideario progresista estaba claro y resultaba bastante sugestivo seguirlo. La vida era lo primero (…). Pero surgió el problema del aborto, del aborto en cadena, libre, y, ante él, el progresismo vaciló (…).No se pensó que la vida del feto estaba más desprotegida que la del obrero o la del negro, quizá porque el embrión carecía de voz y voto. Entonces se empezó a ceder en unos principios que parecían inmutables. (…)”. Concluyó:  “Si el progresismo no es defender la vida, la más pequeña y menesterosa, contra la agresión social, ¿qué pinto yo aquí? Porque la náusea se produce igualmente ante una explosión atómica, una cámara de gas o un quirófano esterilizado".

 Josefa Romo

 

El hecho religioso como un elemento positivo

Los datos de la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, muestran también hasta qué punto es inteligente considerar el hecho religioso como un elemento positivo para la sociedad, en lugar de empecinarse por motivos ideológicos en ignorarlo, cuando no en atacarlo abiertamente para tratar de sacar réditos electorales.

Obviamente la fe no evita el sufrimiento, pero es evidente que, vivida de manera adecuada, permite asumirlo en un horizonte pleno de sentido. De igual manera para las personas creyentes la esperanza no se identifica con las pequeñas esperanzas mundanas, tan legítimas algunas como insuficientes a la hora de responder a la inquietud y al anhelo de eternidad que anida en todo corazón humano.

JD Mez Madrid

 

Los católicos, más felices

A diferencia de lo que sucede con otros estudios demoscópicos, incluso algunos promovidos por el propio CIS, en los últimos días ha pasado totalmente desapercibida una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas en la que se refleja de manera clara cómo los católicos, creyentes y practicantes, se muestran más satisfechos con sus vidas que aquellas personas que no lo son.

Las percepciones varían notablemente a la baja cuando se trata de personas agnósticas o ateas. Es importante subrayar que se trata de una percepción de los propios entrevistados, que son ellos mismos los que indican si se sienten más o menos a gusto con su vida y que no se trata de una conclusión general a partir de criterios externos a lo manifestado por los propios encuestados.

Asimismo, conviene recordar que el estudio coincide con otros muchos realizados, tanto dentro como fuera de España, y que van en la línea de los que indican que los sacerdotes, religiosos y religiosas se encuentran entre las personas más felices y que si volvieran a nacer, mayoritariamente sin dudarlo, volverían a decir sí a su vocación.

Jesús Domingo Martínez

                                                    

La pandemia no lo tapa todo

Vista la desastrosa gestión que, desde el principio, han hecho el Presidente del Gobierno y sus ministros, cabría preguntarse cuál sería la situación de los asuntos públicos si la epidemia no hubiera existido.

Hay una cierta tendencia en los partidos de la oposición, e incluso en algunos medios de comunicación, a criticar las acciones del Gobierno en función de lo que hacía y decía Sánchez cuando estaba fuera de La Moncloa. “La calle ardería –por el precio de la luz- si Podemos y el PSOE estuvieran en la oposición”; “Sánchez ponía pies en pared cuando el precio de la luz subía con Rajoy y ahora, que lo hace muchísimo más, no dice ni hace nada”… Y así en muchas de las críticas que resultan inútiles y vacías de contenido por dos razones fundamentales: porque las mentiras, las falacias y los incumplimientos de Sánchez se han convertido, desde antes de su llegada al poder, en verdaderos axiomas –no necesitan demostración y están a la vista del que quiera mirar- y porque la tarea de la oposición es exigir a cualquier gobierno una gestión lo suficientemente eficaz como para resolver los problemas y no criticarle por lo que afirmaba o por lo que protestaba cuando era oposición.

A Sánchez hay que exigirle actuaciones eficaces, sin sectarismo, con altura de miras y con suficiencia política y de gestión, que sirvan para arreglar lo que no funciona y para mejorar lo que resulta deficiente. Y si no es así, la oposición debe poner los medios para mostrar a la opinión pública sus carencias e informar a los ciudadanos para que decidan un cambio en el ejecutivo a la hora de elegir.

Entra en la lógica de los políticos que en estos meses de pandemia toda su gestión haya estado no solamente dedicada a la lucha y al control de las oleadas del virus, sino también que hayan trufado toda su política con los avatares de la situación sanitaria.

Pedro García

 

 

La España que fue y es y no la que nos cuentan

                           Puede ser que como dicen las sentencias del pueblo llano (“en todas partes cuecen habas y dónde hay tejas hay pellejas”)… sea igual en todas las naciones o países que recoge la historia; de las más antiguas y que yo he leído resúmenes de las mismas (China y Japón y algunas “otras”) todas tuvieron “sus odiseas” y sus grandes “baños de sangre”; e igualmente gobernadas (o más bien tiranizadas) por los tiranos y sátrapas “de siempre” y los que llegan a nuestros días; cuyos “lugares”, no es necesario ni citar, puesto que son bastantes y están en los noticieros diarios; y sobre todo impresos en papel; e igualmente en los archivos de la red de Internet hay para “hincharse”; por tanto, nada nuevo bajo el Sol; pero como soy español hablo de “españa” y adrede empleo las minúsculas para señalarla; puesto que siendo (o debiendo ser) una nación muy rica (tenemos sólo en una provincia, todos los climas de Europa y bastantes del trópico, cuál es la andaluza de Granada) es muy rica en productos vitales y necesarios para vivir bien; aparte de ello, tiene una situación estratégica mundial envidiable (puente con África, ribereña a los mares más importantes (aún) del planeta y posible control de uno de los estrechos más importantes del mundo (“que es por lo que Inglaterra ni suelta, su colonia (la única que queda en Europa) ni la ( soltará); aparte de ser un país no muy poblado, siendo el tercero en extensión, de los de toda Europa… “Aun así, los malos y peores políticos que hemos padecido durante muchos siglos (y ahora igual o peor aún); nos han llevado, a algo así, como dice el dicho popular, de… “ir como puta por rastrojo, ser esto como el coño de la Bernarda y cosas así; al pueblo español y “como a los otros”, los que los han manejado “o tiranizado”; lo han empleado siempre, como “a un rebaño de ovinos; a los que se les esquila, ordeña, y llegado el momento, se les envía al matadero”… Y esa es a grandes rasgos, la historia de “españa” y del resto de países antes referidos. Y por lo que se ve y se sufre, esto sigue así, como ya profetizó el muy célebre “Lampedusa, en su novela El Gatopardo”; donde sentenció… “Cambiemos algo para que no cambie nada”.

                           Por todo ello y mucho más que se puede añadir, empleando el riquísimo IDIOMA ESPAÑOL (que aquí muchos indocumentados se siguen empeñando en que es “el castellano”, que desapareció, hace ya casi seis siglos y cuando “el andaluz” Elio Antonio de Nebrija, presentó a sus reyes, la primera gramática del nuevo idioma, y que aquel muy inteligente y documentado “súbdito”, recopiló de todos “los reinos” de aquellos reyes) y el que el mismo año, y en el primer viaje de Colón, ya lo enriquece con tres nuevas palabras que trae del Caribe (que aún ni se llama así) y que son, las que siguen… “cacique, canoa y hamaca”; y a las que luego se les irán añadiendo, “una tira interminable”, lo que le permite; el ser el segundo idioma mundial, hoy hablado por unos seiscientos millones de terrícolas, y estudiado por ni sabemos, puesto que sigue pujante, sencillamente, por cuanto considero puede ser, “el idioma que mejor refleja por escrito todos los sentimientos del alma humana”. Por todo ello España debiera ser así, y no la ridícula “españa” que es hoy.

                           Por ello, hoy “cabreado como casi siempre en estos temas”; he respondido en uno de los espacios en que en Internet y afortunadamente, puedes expresarte, en ese idioma español, claro y duro; donde el alma, se queda tranquila y bien desahogada, cuando de verdad se dice lo que se piensa; véalo el lector…

La España que nunca fue y “la españa” que es y que hoy “destaca más en eso”: Que estamos ya sometidos a UNA TIRANÍA CONFORMADA POR SERES AMORALES Y SIN ESCRÚPULO ALGUNO, eso cualquiera que no sea muy "tonto o idiota" lo sabe; que en esta españa (adrede con minúsculas) no todos somos iguales ante el que dice gobernar, es una verdad "que va a misa", puesto que de siempre aquí hubo, hay y habrá, PRIVILEGIOS INFAMES; por tanto ni la "constitución" (adrede y con minúsculas) es justa, puesto que en ella hay privilegios; y no todas "las tierras" de España, son tratadas igual (destacando en abusos, la "lepra" (que escribiera Vicente Blasco Ibáñez en 1907) de catalanes y vascos; por tanto aquí no existe ni existió UNA ESPAÑA; LA QUE ESTÁ AÚN POR HACER, SI ES QUE DE VERDAD SE LLEGA A GOBIERNOS DIGNOS DE ASÍ DENOMINARSE; aquí, seguirán, "las guerras intestinas inacabables", por estas injusticias; todo lo demás huelga. Y no, no es sólo este indeseable tirano que soportamos; los mayores culpables, son todos los que compinchados con él, lo mantienen en el poder, no para defender a España y los españoles (QUE ES PARA LO QUE FUERON ELEGIDOS Y SE LES PAGA: PAGA QUE NO MERECEN) PUESTO QUE SÓLO DEFIENDEN SUS INTERESES "DE PANZA Y BOLSILLO todos esos, son: "LA BASURA", CULPABLE DE TODO LO DEMÁS; Y ADEMÁS PERSISTEN COMO AMORALES QUE SON, APARTE DE DESPRECIABLES EN GRADO SUMO. Y como hoy y según la Constitución, tenemos libertad de expresión, para aquel que se atreve a usarla; pues ahí queda, lo escrito, que tristemente, no servirá para nada, puesto que así está la realidad de, “la constitución de la sociedad humana”, donde la fuerza de la razón, no sirve para nada; como tampoco la razón de la fuerza;“la que como un cáncer incurable, seguirá imponiendo su cancerígeno virus, que como tal, se contagia de “hunos a hotros”; en este carrusel que padece de siempre, “el mono humano”. Lo que dista mucho de lo que dijera el “moderno inquisidor”; Alfonso Guerra, siendo vicepresidente del gobierno: “El que se mueva no sale en la foto”; lo que no es otra cosa que imponer el terror al más débil; que es el abismo que separa a los que públicamente afirmaran que darían la vida por que el oponente dijera lo que estaba diciendo; (Goethe y Disraeli: quiero recordar): Amén.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (Aquí mucho más)