Las Noticias de hoy 12 Octubre 2020

Enviado por adminideas el Lun, 12/10/2020 - 11:57

Coronavirus: Nuestro Giuseppe Berdelli español: el último deseo de Don  José, un servidor «esencial»

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 12 de octubre de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Ángelus: “Sin la gracia no se puede dar un paso adelante en la vida cristiana”

Ángelus: Alto al fuego en Armenia

Crisis climática: Videomensaje del Papa para el evento ‘Countdown’

NUESTRA SEÑORA DEL PILAR*: Francisco Fernandez Carbajal

“Hemos de meditar la historia de Cristo”: San Josemaria

San Josemaría a la Virgen del Pilar: «¡Señora, que sea!»

​ El significado del trabajo en la investigación sociológica actual y el espíritu del Opus Dei: Pierpaolo Donati

XXVIII Domingo del tiempo ordinario: + Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

El Papa recuerda que “la responsabilidad política” es cosa de todos

El feminismo, ¿destruye la familia?: Jutta Burggraf    

 La complementariedad varón-mujer en la familia y en la sociedad: Ángela Aparisi

Madre del Pilar: José María López Ferrera

Ante la Ley de la eutanasia : + Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

 Para olvidarme de mí: Blanca Sevilla

Para el mes de octubre. Elvis Presley y el rosario: José Martínez Colín.

Cristianismo: ser como el mundo: ForumLibertas

Pandemia. ONU y aborto: JD Mez Madrid

 Cuidados paliativos y sedación paliativa: Jesús Martínez Madrid

Los grupos contra la trata de personas:  Domingo Martínez Madrid

MAD: Suicidio asistido o eutanasia: José Morales Martín

El rey, el libro de la vida, la ambición y “el ser”: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

Ángelus: “Sin la gracia no se puede dar un paso adelante en la vida cristiana”

Palabras del Papa antes de la oración mariana

OCTUBRE 11, 2020 13:25RAQUEL ANILLOANGELUS

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(zenit – 11 octubre 2020).- A las 12 del mediodía de hoy, 11 de octubre de 2020, el Santo Padre Francisco se asoma a la ventana del estudio del Palacio Apostólico Vaticano para recitar el Ángelus con los fieles y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro.

A continuación, siguen las palabras del Papa, según la traducción oficial ofrecida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

***

Palabras antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Con el relato de la parábola del banquete nupcial qué es la página de evangélica  (cfr Mt 22,1-14) de hoy, Jesús perfila el proyecto que Dios ha pensado para la humanidad. Es la historia del Rey que “celebró el banquete de bodas de su hijo” (v.2) qué es imagen del Padre, que ha preparado para toda la familia humana una maravillosa fiesta de amor y comunión en torno a su hijo unigénito. Hasta dos veces el rey envía a sus siervos a llamar a los invitados, pero estos rechazan, no quieren ir a la fiesta porque tienen otras cosas en qué pensar, no les interesa la fiesta y piensan: en el campo o los negocios, muchas veces nosotros anteponemos nuestros intereses en las cosas materiales al Señor que nos llama, y nos llama a la fiesta. Pero el rey de la parábola no quiere que la sala esté vacía, porque desea regalar los tesoros de su reino. dice a los siervos: “vayan a los cruces de los caminos y a cuantos encuentren invítenlos” (v. 9). Así se comporta Dios: cuando es rechazado, en lugar de rendirse, relanza y envía a llamar a todos los que se encuentran en los cruces de los caminos, sin excluir a nadie. Nadie está excluido en la casa de Dios.

El término original utilizado por el evangelista Mateo se refiere a los límites de los caminos, es decir, a los puntos donde terminan las calles de la ciudad y comienzan los caminos que conducen a la zona rural, fuera de la ciudad, donde la vida es precaria. Es a esta encrucijada de la humanidad a la que el rey de la parábola envía a sus sirvientes, con la certeza de encontrar gente dispuesta a sentarse a la mesa. Así el salón de banquetes se llena de “excluidos”, de los que están “fuera”, de los que nunca habían parecido dignos de asistir”a una fiesta, a un banquete de boda. Al contrario: el amo, el rey, dice a los sirvientes: “Llamad a todos, buenos y malos. ¡Todos!” Dios llama a los malos también. “No, soy malo, he hecho tantos…”. Te llama: “¡Ven, ven, ven!”. Y Jesús fue a almorzar con los publicanos, que eran los pecadores públicos, ellos eran los malos. Dios no teme a nuestras almas heridas por tanto mal, porque nos ama, nos invita. Y la Iglesia está llamada a llegar a las encrucijadas de hoy, es decir, a las periferias geográficas y existenciales de la humanidad, a esos lugares en los márgenes, a esas situaciones en las que la gente se encuentra acampada y vive fragmentos de humanidad sin esperanza. Se trata de no apoltronarnos en las formas cómodas y habituales de evangelización y de testimonio de la caridad, sino de abrir las puertas de nuestros corazones y de nuestras comunidades a todos, porque el Evangelio no está reservado a unos pocos elegidos. Incluso los marginados, incluso los rechazados y despreciados por la sociedad, son considerados por Dios dignos de su amor. Prepara su banquete para todos: justos y pecadores, buenos y malos, inteligentes y no cultivados. Anoche logré llamar por teléfono a un anciano sacerdote italiano, un misionero desde su juventud en Brasil, pero siempre trabajando con los excluidos, con los pobres. Y vive esa vejez en paz: quemó su vida con los pobres. Esta es nuestra Madre Iglesia, este es el mensajero de Dios que va a las encrucijadas del camino.

Sin embargo, el Señor pone una condición: llevar el vestido de boda. Y volvemos a la parábola. Cuando el salón está lleno, el rey llega y saluda a los invitados de la última hora, pero ve a uno de ellos sin el vestido de boda, esa clase de capa que cada invitado recibió como regalo en la entrada. La gente iba como estaba vestida, como se podía vestir, no con vestidos de gala. Pero en la entrada se les dio una especie de capa, un regalo, un don gratuito. Ese hombre, habiendo rechazado el regalo, se negó a sí mismo: así que el rey no pudo hacer nada más que echarlo, porque rechazó el don. Este hombre aceptó la invitación, pero luego decidió que no significaba nada para él: era una persona autosuficiente, no tenía ningún deseo de cambiar o dejar que el Señor lo cambiara. El vestido de boda – esta capa – simboliza la misericordia que Dios nos da gratuitamente, es decir, la gracia. Sin la gracia no se puede dar un paso adelante en la vida cristiana. Todo es gracia. No basta con aceptar la invitación a seguir al Señor, hay que abrirse a un camino de conversión que cambie el corazón. El hábito de la misericordia, que Dios nos ofrece incesantemente, es un don gratuito de su amor, es precisamente la gracia. Y requiere ser recibido con asombro y alegría: “Gracias, Señor, por darme este regalo”.

Que María Santísima nos ayude a imitar a los siervos de la parábola evangélica saliendo de nuestros esquemas y miras estrechas, anunciando a todos que el Señor nos invita a su banquete, a ofrecernos la gracia que salva, a darnos el don.

 

Ángelus: Alto al fuego en Armenia

Palabras del Papa después de la oración mariana

OCTUBRE 11, 2020 14:08RAQUEL ANILLOANGELUS

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(zenit – 11 octubre 2020).- Después del Ángelus el Papa manifestó su proximidad con las zonas afectadas por los incendios, invitándonos a ser cuidadosos para preservar la creación.

Celebró el acuerdo del alto al fuego entre Armenia y Azerbaiyán, invitando a rezar por las víctimas y por quienes están en peligro.

Recordó la intención de oración propuesta para este mes de octubre: “Para que los fieles laicos, especialmente las mujeres, participen más en las instituciones de responsabilidad de la Iglesia”.

El próximo domingo 18 de octubre, un millón de niños rezarán el Rosario especialmente por las situaciones críticas causadas por la pandemia.

Mencionando la beatificación ayer en Asis de Carlo Acutis, un chico de 15 años enamorado de la Eucaristía.

A continuación, siguen las palabras del Papa, según la traducción oficial ofrecida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

***

Palabras después del Ángelus

¡Queridos hermanos y hermanas!

Deseo expresar mi cercanía a los pueblos afectados por los incendios que están devastando tantas regiones del Planeta, y a los voluntarios y bomberos que arriesgan sus vidas para extinguir los incendios. Pienso en la costa occidental de los Estados Unidos, en particular en California, y también pienso en las regiones centrales de América del Sur, el Paraguay, las orillas del río Paraná, la Argentina. Muchos incendios son causados por una sequía persistente, pero también hay incendios causados por el hombre. Que el Señor apoye a los que están sufriendo las consecuencias de estas catástrofes y nos haga cuidadosos para preservar la creación.

Celebro que se haya acordado un alto al fuego entre Armenia y Azerbaiyán por motivos humanitarios, con miras a alcanzar un acuerdo de paz sustancial. Aunque el alto el fuego resulta demasiado frágil, aliento su reanudación y expreso mis condolencias por la pérdida de vidas humanas, el dolor padecido, así como  la destrucción de hogares y lugares de culto. Rezo he invito a rezar por las víctimas y por todos aquellos cuyas vidas están en peligro.

Ayer, en Asís, Carlo Acutis, un chico de 15 años enamorado de la Eucaristía, fue beatificado. No se apoltronó en una cómoda inmovilidad, sino que captó las necesidades de su tiempo, porque vio el rostro de Cristo en los más débiles. Su testimonio indica a los jóvenes de hoy que la verdadera felicidad se encuentra poniendo a Dios en primer lugar y sirviéndole en los hermanos y hermanas, especialmente a los más pequeños. ¡Un aplauso para el nuevo joven beato milenial!

Quisiera recordar la intención de oración que he propuesto para este mes de octubre, que dice: “Oremos para que los fieles laicos, especialmente las mujeres, participen más en las instituciones de responsabilidad de la Iglesia”. Porque ninguno de nosotros ha sido bautizado sacerdote u obispo: todos hemos sido bautizados como laicos y laicas. Los laicos son protagonistas de la Iglesia. Hoy en día es necesario ampliar los espacios de una presencia femenina más incisiva en la Iglesia, y de una presencia laica, se entiende, pero enfatizando el aspecto femenino, porque en general se deja de lado a las mujeres. Debemos promover la integración de las mujeres en los lugares donde se toman decisiones importantes. Recemos para que, en virtud del bautismo, los fieles laicos, especialmente las mujeres, participen más en las instituciones de responsabilidad de la Iglesia, sin caer en clericalismos que anulen el carisma laico y también arruinen el rostro de la Santa Madre Iglesia.

El próximo domingo 18 de octubre, la Fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada promueve la iniciativa “Por la unidad y la paz, para lo cual un millón de niños rezarán el Rosario”. Animo a este hermoso evento que involucra a niños de todo el mundo, que rezarán especialmente por las situaciones críticas causadas por la pandemia.

Saludo a todos ustedes, romanos y peregrinos de varios países: familias, grupos parroquiales, asociaciones y fieles individuales. Les deseo a todos un buen domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Que tengas un buen almuerzo y adiós!

 

Crisis climática: Videomensaje del Papa para el evento ‘Countdown’

“El fututo se construye hoy”

OCTUBRE 11, 2020 13:42LARISSA I. LÓPEZPAPA FRANCISCO

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(zenit – 11 oct. 2020).- El Papa Francisco ha enviado un videomensaje a los participantes de la Countdown, un evento digital organizado globalmente por TED para encontrar soluciones inmediatas en respuesta a la crisis climática.

“El sistema económico actual es insostenible. Nos enfrentamos al imperativo moral, y a la urgencia práctica, de repensar muchas cosas: cómo producimos, cómo consumimos, pensar en nuestra cultura del despilfarro, la visión a corto plazo, la explotación de los pobres, la indiferencia hacia ellos, el aumento de las desigualdades y la dependencia de las fuentes de energía nocivas”, expone el Santo Padre en en el mensaje de video.

Crisis por la pandemia y ambiental

Francisco se refiere a la difícil situación actual, a la crisis de la pandemia y la crisis socioambiental: “Esto nos enfrenta a todos a la necesidad de elegir. La elección entre lo que cuenta y lo que no. La elección entre continuar ignorando los sufrimientos de los más pobres y maltratar nuestro hogar común, la Tierra, o comprometernos a todos los niveles para transformar nuestra forma de actuar”.

Después, el Papa recordó la urgencia de una acción común para evitar las catástrofes en el futuro, como señalan los científicos, y describe que la economía “no puede limitarse a la producción y la distribución”. Debe considerar necesariamente su impacto en el medio ambiente y la dignidad de la persona”.

Economía creativa

El Pontífice demanda una economía “creativa en sí misma, en sus métodos, en su forma de actuar” y propone a quienes le escuchan un viaje “de transformación y acción”, con el objetivo de “construir, en el próximo decenio, un mundo en el que se puedan satisfacer las necesidades de las generaciones presentes, incluidas todas, sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras”.

“Quisiera invitar a todas las personas de fe, cristianas o no, y a todas las personas de buena voluntad  a emprender este viaje, partiendo de su fe o, si no tiene fe, de su voluntad, de su propia buena voluntad. Todos y cada uno de nosotros, como individuos y miembros de grupos -familias, comunidades religiosas, empresas, asociaciones, instituciones- podemos hacer una contribución significativa”, continúa el Obispo de Roma.

Propuestas de acción

El mensaje alude también a la encíclica Laudato sí’  y ofrece propuestas concretas “de acción”. En primer lugar, “promover, en todos los niveles, la educación en el cuidado del hogar común, desarrollando la comprensión de que los problemas ambientales están vinculados a las necesidades humanas; una educación basada en datos científicos y un enfoque ético”.

La segunda tiene que ver con del agua y los alimentos: “El acceso al agua potable es un derecho humano esencial y universal. Es esencial, porque determina la supervivencia de las personas y por ello es una condición para el ejercicio de todos los demás derechos y responsabilidades»”, y “garantizar una alimentación adecuada para todos mediante métodos agrícolas no destructivos debería convertirse en el objetivo fundamental de todo el ciclo de producción y distribución de alimentos”.

La tercera y última propuesta se refiere a la transición energética. ”Una sustitución progresiva, pero sin demora, de los combustibles fósiles por fuentes de energía limpia. Tenemos sólo unos pocos años, los científicos calculan aproximadamente menos de treinta, para reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Esta transición no sólo debe ser rápida y capaz de satisfacer las necesidades energéticas presentes y futuras, sino que también debe estar atenta a los efectos sobre los pobres, las poblaciones locales y los que trabajan en los sectores de producción de energía”, apunta el Santo Padre.

 En marcha desde hoy

Además, subraya que “una forma de fomentar este cambio es conducir a las empresas hacia la necesidad ineludible de comprometerse con el cuidado integral de la casa común, excluyendo de las inversiones a aquellas empresas que no cumplan con los parámetros de la ecología integral y recompensando a aquellas que hagan esfuerzos concretos en esta fase de transición para poner en el centro de sus actividades parámetros como la sostenibilidad, la justicia social y la promoción del bien común”.

Finalmente, Francisco afirma que la tierra “debe ser trabajada y cuidada, cultivada y protegida; no podemos seguir exprimiéndola como una naranja. Y podemos decir que esto, el cuidado de la tierra, es un derecho humano”.

Y “cada uno de nosotros puede jugar un papel precioso si todos nos ponemos en marcha hoy. No mañana, hoy. Porque el futuro se construye hoy, y se construye no solo, sino en comunidad y en armonía”, concluye.

 

 

NUESTRA SEÑORA DEL PILAR*

Fiesta (en España)

— La devoción a la Virgen del Pilar.

— La Virgen va por delante en toda evangelización, en todo apostolado personal. Contar con Ella.

— Firmeza y caridad a la hora de propagar la fe.

I. Me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí1.

Según una antiquísima y venerada tradición, la Virgen, cuando aún vivía, se apareció en carne mortal al Apóstol Santiago el Mayor en Zaragoza, acompañada de ángeles que traían una columna o pilar como signo de su presencia.

En la aparición, Nuestra Señora consoló y reconfortó al Apóstol Santiago, a quien prometió su asistencia materna en la evangelización que estaba llevando a cabo en España. Desde entonces, el Pilar es considerado como «el símbolo de la firmeza de fe»2; a la vez, nos indica el camino seguro de todo apostolado: Ad Iesum per Mariam, a Jesús, por María. La Virgen es el pilar firme, los cimientos seguros, donde se asienta la fe y donde esta fe se guarda3. «Por medio de ella, a través de muy diversas formas de piedad, ha llegado a muchos cristianos la fe en Cristo, Hijo de Dios y de María». Son sostenidos «por la devoción a María, hecha así columna de esa fe y guía segura hacia la salvación»4.

Al ver tantas naciones y pueblos diversos que celebran hoy esta fiesta y al contemplar su amor a la Virgen podemos ver cumplidas las palabras de la Sagrada Escritura: Eché raíces entre un pueblo grande, en la porción del Señor, en su heredad. Crecí como cedro del Líbano y del monte Hermón, me he elevado como palmera de Engadí y como rosal de Jericó, como gallardo olivo en la llanura y como plátano junto al agua. Exhalé fragancia como el cinamomo y la retama, y di aroma como mirra exquisita, como resina perfumada, como el ámbar y el bálsamo, como nube de incienso en el santuario5. Su devoción se ha extendido por todas partes.

La fiesta de hoy es una excelente ocasión para pedir, por su mediación, que la fe que Ella alentó desde el principio se fortalezca más y más, que los cristianos seamos testigos tanto más firmes cuanto mayores sean las dificultades que podamos encontrar en el ambiente del trabajo, de las personas con las que habitualmente nos relacionamos, o en nosotros mismos. Esto nos consuela: si hemos de enfrentarnos a obstáculos más grandes, más gracia nos obtendrá Nuestra Señora para que salgamos siempre triunfadores.

Le pedimos hoy ser pilares seguros, cimiento firme, donde se puedan apoyar nuestros familiares y nuestros amigos. Dios todopoderoso y eterno le rogamos en la Misa propia de esta fiesta que en la gloriosa Madre de tu Hijo has concedido un amparo celestial a cuantos la invocan con la secular advocación del Pilar; concédenos, por su intercesión, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor6.

II. Tú permaneces como la columna que guiaba y sostenía día y noche al pueblo en el desierto7.

En el libro del Éxodo se lee cómo Yahvé precedía al pueblo en el desierto, de día como una columna en forma de nube para indicarle el camino, y de noche como una columna de fuego para alumbrarle8. En el Libro de la Sabiduría se señala: Y en lugar de tinieblas encendiste una columna, que le diste para su camino, un sol que no les quemaba, para una gloriosa peregrinación9.

La Virgen fue quien marchó delante en la evangelización de los comienzos, alumbrando el camino, y es quien ahora va primero, iluminando nuestro propio camino y el apostolado personal que como cristianos corrientes realizamos en nuestra familia, en el trabajo y en los ambientes que frecuentamos. Por eso, cuando nos proponemos acercar a un familiar o a un amigo a Dios, lo encomendamos en primer lugar a Nuestra Señora. Ella quita obstáculos y enseña el modo de hacerlo. Cada uno de nosotros, quizá, ha experimentado esta poderosa ayuda de la Virgen. «Sí, tenemos como guía una columna que acompaña al nuevo Israel, a la Iglesia, en su peregrinar hacia la Tierra prometida, que es Cristo el Señor. La Virgen del Pilar es el faro esplendente, el trono de gloria, que guía y consolida la fe de un pueblo que no se cansa de repetir en la Salve Regina: Muéstranos a Jesús»10.

La evangelización iniciada en cada lugar del mundo, hace siglos o pocos años, no terminará hasta el fin de los tiempos. Ahora nos toca a nosotros llevarla a cabo. Para eso hemos de saber comprender a todos de corazón. Con más comprensión cuanto más distantes se encuentren de Cristo, con una caridad grande, con un trato amable, sin ceder en la conducta personal ni en la doctrina que hemos recibido a través del canal seguro de la Iglesia.

Acudamos a Nuestra Señora pidiéndole luz y ayuda en esas metas apostólicas que nos proponemos para llevar a cabo la vocación apostólica recibida en el Bautismo. Acudamos a Ella a través del Santo Rosario, especialmente en este mes de octubre el mes del Rosario, visitemos sus santuarios y ermitas, ofreciéndole algún pequeño sacrificio, que Ella recoge sonriendo y lo transforma en algo grande. Dirigirnos a Ella en petición de ayuda es un buen comienzo en todo apostolado.

En esa acción evangelizadora que cada cristiano debe llevar a cabo de modo natural y sencillo, debemos tenerla a Ella como Modelo. Miremos su vida normal: veremos su caridad amable, el espíritu de servicio que se pone de manifiesto en Caná, en la presteza con que ayuda a su prima Santa Isabel... Debemos contemplar su sonrisa habitual, que la hacía tan atrayente para las personas que habitualmente la trataban... Así hemos de ser nosotros.

III. Siguiendo la Misa propia de esta advocación mariana, pedimos también hoy al Señor que nos conceda, por intercesión de Santa María del Pilar, permanecer firmes en la fe y generosos en el amor11.

Le suplicamos ser firmes en la fe, el tesoro más grande que hemos recibido. Saber guardarla en nosotros y en quienes especialmente Dios ha puesto a nuestro cuidado de todo aquello que la pueda dañar: lecturas inconvenientes, programas de televisión que poco a poco van minando el sentido cristiano de la vida, espectáculos que desdicen de un cristiano...; guardarla sin ceder en lo que fielmente nos ha transmitido la Iglesia, manteniendo con fortaleza esa buena doctrina ante un ambiente que en aras de la tolerancia se muestra en ocasiones intolerante con esos principios firmes en los que no cabe ceder, porque son los cimientos en los que se apoya toda nuestra vida. Resistid firmes en la fe12, exhortaba San Pedro a los primeros cristianos en un ambiente pagano, parecido al que en algunas ocasiones podemos encontrar nosotros. Ceder en materia de fe o de moral, por no llevarse un mal rato, por limar aristas, por puro conformismo y cobardía, ocasionaría un mal cierto a esas personas que, tal vez un poco más tarde, verán la luz en nuestro comportamiento coherente con la fe de Jesucristo.

En un ambiente en el que quizá abundan la debilidad y la flaqueza, esta firmeza ha de ir acompañada por la generosidad en el amor: el saber entendernos con todos, incluso con quienes no nos comprenden o no quieren hacerlo, o tienen ideas sociales y políticas distintas u opuestas a las nuestras, con personas de elevada cultura o con aquellos que apenas saben leer..., manteniendo siempre una actitud amable compatible con la firmeza cuando sea necesaria, que nace de un corazón que trata a Dios diariamente en la intimidad de la oración.

Si la primera evangelización, en España y en todas partes, se realizó bajo el amparo de la Virgen, esta nueva evangelización de las naciones que están cimentadas desde su origen en principios cristianos también se realizará bajo su amparo y ayuda, como la columna que guiaba y sostenía día y noche en el desierto al Pueblo elegido. Ella nos lleva a Jesús, que es nuestra Tierra prometida; «es lo que realiza constantemente, como queda plasmado en el gesto de tantas imágenes de la Virgen... Ella con su Hijo en brazos, como aquí en el Pilar, nos lo muestra sin cesar como el Camino, la Verdad y la Vida»13. «Para eso quiere Dios que nos acerquemos al Pilar escribía San Josemaría Escrivá al terminar de relatar algunos pequeños sucesos de su amor a la Virgen en este santuario mariano: para que, al sentirnos reconfortados por la comprensión, el cariño y el poder de nuestra Madre aumente nuestra fe, se asegure nuestra esperanza: sea más viva nuestra preocupación por servir con amor a todas las almas. Y podamos, con alegría y con fuerzas nuevas, entregarnos al servicio de los demás, santificar nuestro trabajo y nuestra vida: en una palabra, hacer divinos todos los caminos de la tierra»14.

Hoy, en su fiesta, nos acercamos con el corazón al Pilar y le pedimos a Nuestra Señora que nos guíe siempre, que sea la seguridad en la que se apoya nuestra vida.

1 Antífona de comunión, Lc 1, 48. — 2 Juan Pablo II, Homilía en Zaragoza, 6-XI-1982. — 3 ídem, Enc. Redemptoris Mater, 25-III-1987, 27. — 4 ídem, Homilía en Zaragoza, cit. — 5 Eclo 24, 16-21. — 6 Oración colecta de la Misa propia del día. — 7 Sab 18, 3; Ex 13, 21-22. — 8 Cfr. Ex 13, 21. — 9 Sab 18, 3. — 10 Juan Pablo II, Ángelus 15-XI-1987. — 11 Oración sobre las ofrendas de la Misa propia del día. — 12 cfr. 1 Pdr 5, 9. — 13 Juan Pablo II, Homilía en Zaragoza, cit. — 14 San Josemaría Escrivá, Recuerdos del Pilar, Folleto MC n. 119, p. 47.

Según una venerada tradición, la Santísima Virgen se manifestó en Zaragoza sobre una columna o pilar, signo visible de su presencia. Desde antiguo se tributó en aquel lugar culto a la Madre de Dios y en su honor se edificó primero una iglesia y luego la actual basílica, centro de peregrinación de España especialmente y del mundo hispánico. Pío XII otorgó a todas las naciones de América del Sur la posibilidad de celebrar en este día la misma Misa particular que se celebra en España.

 

 

“Hemos de meditar la historia de Cristo”

Esos minutos diarios de lectura del Nuevo Testamento, que te aconsejé –metiéndote y participando en el contenido de cada escena, como un protagonista más–, son para que encarnes, para que "cumplas" el Evangelio en tu vida..., y para "hacerlo cumplir". (Surco, 672)

12 de octubrePara ser ipse Christus hay que mirarse en El. No basta con tener una idea general del espíritu de Jesús, sino que hay que aprender de El detalles y actitudes. Y, sobre todo, hay que contemplar su paso por la tierra, sus huellas, para sacar de ahí fuerza, luz, serenidad, paz.

Cuando se ama a una persona se desean saber hasta los más mínimos detalles de su existencia, de su carácter, para así identificarse con ella. Por eso hemos de meditar la historia de Cristo, desde su nacimiento en un pesebre, hasta su muerte y su resurrección. Porque hace falta que la conozcamos bien, que la tengamos toda entera en la cabeza y en el corazón, de modo que, en cualquier momento, sin necesidad de ningún libro, cerrando los ojos, podamos contemplarla como en una película; de forma que, en las diversas situaciones de nuestra conducta, acudan a la memoria las palabras y los hechos del Señor. (Es Cristo que pasa, 107)

 

 

San Josemaría a la Virgen del Pilar: «¡Señora, que sea!»

A orillas del Ebro se levanta en Zaragoza la espléndida basílica del Pilar, en el sitio donde, en época musulmana, hubo un templo dedicado a Santa María. En los años que pasó en Zaragoza, en el seminario y estudiando Derecho civil, las visitas de san Josemaría al Pilar eran diarias.

RELATOS BIOGRÁFICOS11/10/2020

A orillas del Ebro se levanta en Zaragoza la espléndida basílica del Pilar, en el sitio donde, en época musulmana, hubo un templo dedicado a Santa María. Comienza su construcción en tiempos del Renacimiento, atraviesa el barroco y remata, en pleno siglo XVIII, con soluciones neoclásicas. Dentro de la basílica está la Santa Capilla de Nuestra Señora del Pilar, magnífico estuche que encierra la columna en donde, según cuenta la tradición, posó sus plantas la Virgen.

Ese pilar está forrado de bronce y plata, y sostiene una estatuilla que representa a una Virgen de abultado manto con el Niño en brazos. Desde su llegada al seminario de Zaragoza, Josemaría se impuso la grata costumbre de visitar el Pilar, recortando los ratos libres entre clases. Y, mientras estuvo en Zaragoza, como refiere, vivió esa costumbre a diario:

La devoción a la Virgen del Pilar comienza en mi vida, desde que con su piedad de aragoneses la infundieron mis padres en el alma de cada uno de sus hijos. Más tarde, durante mis estudios sacerdotales, y también cuando cursé la carrera de Derecho en la Universidad de Zaragoza, mis visitas al Pilar eran diarias (1).

Al ir de visita a la basílica del Pilar tendría, frecuentemente, que guardar cola con los demás fieles, antes de besar el trozo de la columna al descubierto, desgastado por los labios de generaciones y generaciones de cristianos. Allí, en la Santa Capilla, repetía sus insistentes jaculatorias: Domine, ut sit!, ¡que sea eso que Tú quieres, que yo no sé qué es! Y lo mismo a la Santísima Virgen: Domina, ut sit! (2).

No contento con besar la columna, deseaba acercarse a la imagen. Según cuenta, meses antes se había valido de una treta para conseguirlo, porque no estaba permitido besar el manto con que revestían a la imagen nada más que a los niños o a las autoridades:

 

​Actualmente, esta pequeña estatua de la Virgen se encuentra en la sede central del Opus Dei en Roma.

 

Como tenía buena amistad con varios de los clérigos que cuidaban de la Basílica, pude un día quedarme en la iglesia después de cerradas las puertas. Me dirigí hacia la Virgen, con la complicidad de uno de aquellos buenos sacerdotes ya difunto, subí las pocas escaleras que tan bien conocen los infanticos y, acercándome, besé la imagen de nuestra Madre (3).

En su habitación, en San Carlos, tenía Josemaría una reproducción en yeso de dicha imagen. No valía gran cosa. Provenía del familiar del cardenal Soldevila, y a ella acudía pidiendo, de manera incesante, su mediación para que se realizara cuanto antes la Voluntad divina:

A una sencilla imagen de la Virgen del Pilar confiaba yo por aquellos años mi oración, para que el Señor me concediera entender lo que ya barruntaba mi alma. Domina! —le decía con términos latinos, no precisamente clásicos, pero sí embellecidos por el cariño—, ut sit!, que sea de mí lo que Dios quiere que sea (4).

No la volvió a ver hasta 1960

Tan machacona era su oración, que terminó grabando la jaculatoria con la punta de un clavo en la base de la estatuilla. En Zaragoza quedó aquella imagen cuando Josemaría tuvo que salir de allí. Y no la volvió a ver hasta 1960, en Roma, cuando una de sus hijas en el Opus Dei le enseñó una estatua de la Virgen del Pilar, que había estado hasta entonces en casa de unos parientes suyos de Zaragoza. Se la enviaban porque había sido suya:

 

​Base de la pequeña imagen de la Virgen del Pilar, donde san Josemaría escribió la jaculatoria Domina, Ut sit! - Señora, ¡que sea!-, con la punta de un clavo.

 

Padre, ha llegado aquí una imagen de la Virgen del Pilar, que tenía usted en Zaragoza. Le respondí: no, no me acuerdo. Y ella: sí, mírela; hay una cosa escrita por usted. Era una imagen tan horrible, que no me pareció posible que hubiese sido mía. Me la mostró y, debajo de la imagen, con un clavo, estaba escrito sobre el yeso: Domina, ut sit!, con una admiración, como suelo poner siempre las jaculatorias que escribo en latín. ¡Señora, que sea! Y una fecha: 24 5 924.

 

Y es que muchas veces, hijos míos, el Señor me humilla. Mientras a menudo me da claridad abundante, otras muchas veces me la quita, para que no tenga ninguna seguridad en mí. Entonces viene, y me ofrece una dedada de miel. Yo os había hablado de esos barruntos muchas veces, aunque en ocasiones pensaba: Josemaría, eres un engañador, un mentiroso... Aquella imagen era la materialización de mi oración de años, de lo que os había contado tantas veces (5).

Textos extraídos de Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, (I): ¡Señor, que vea!, Ed. Rialp, Madrid, 2002


Notas

(1) La Virgen del Pilar, artículo publicado en AA. VV., Libro de Aragón, Zaragoza 1976, pp. 97 y ss. También hay referencias en otros escritos; por ejemplo: Durante el tiempo que pasé en Zaragoza haciendo mis estudios sacerdotales [...], mis visitas al Pilar eran por lo menos diarias (Recuerdos del Pilar, artículo publicado en “El Noticiero”, periódico de Zaragoza, 11 X 1970). Cfr. también Álvaro del Portillo, Sum. 142.

(2) Carta 29 XII 1947/14 II 1966, n. 19

(3) “Recuerdos del Pilar” (en “El Noticiero”, Zaragoza, 11 X 1970); cfr. también AGP, P03 1978, pp. 21 22.

(4) J. Escrivá de Balaguer, La Virgen del Pilar, en Libro de Aragón, ob. cit., p. 97.

(5) AGP, P03 1975, pp. 222 223; cfr. también Álvaro del Portillo, Sum. 141; Javier Echevarría; Sum. 2556; Jesús Alvarez Gazapo, Sum. 4281.

El primo, Pascual Albás Llanas, atestigua: «Aquella imagen provenía de la casa de D. Carlos Albás, y Manolita, su sobrina, se la entregó a mi mujer» (Pascual Albás, AGP, RHF, T 02848, p. 2).

Entre otros relatos del mismo suceso, cfr., por ejemplo, el de Encarnación Ortega: «Aprovechando un viaje de Roma a España [...], Mercedes Morado, en aquel momento Secretaria de la Asesoría Central de la Sección de mujeres de la Obra, recogió en Zaragoza —entregada por unos familiares de nuestro Padre— una imagen de la Virgen del Pilar de escayola que había pertenecido a nuestro Fundador.

En cuanto llegó a Roma quisimos entregársela al Padre:

— “Padre”, le dijimos, “ha llegado aquí una imagen de la Virgen del Pilar, que tenía usted en Zaragoza”.

Nuestro Padre respondió que no recordaba la imagen y yo le insistí:

— “Sí, mírela, hay una cosa escrita por usted”.

Le mostré la base de la imagen donde se podía leer una jaculatoria escrita con un clavo: Domina, ut sit!, seguida de una fecha: 24 5 924. Las palabras latinas se cerraban con una admiración, como acostumbraba a poner nuestro Padre siempre que escribía una jaculatoria en latín.

 

 

El significado del trabajo en la investigación sociológica actual y el espíritu del Opus Dei

Estudio de Pier Paolo Donati, de la Facultad de Sociología de la Universidad de Bolonia, publicado en "Romana", nº 22 (1996).

TRABAJO25/05/2015

1. La problemática actual del trabajo

1.1. ¿Qué significado da al trabajo, en su conjunto, la civilización de la que formamos parte?

La investigación sociológica ha evidenciado desde hace tiempo una profunda contradicción: nuestra civilización tiene una actitud fundamentalmente ambivalente —y no pocas veces contradictoria y esquizofrénica— hacia el trabajo, pues lo exalta y a la vez lo envilece.

Lo exalta cuando ve en él la capacidad del hombre de realizarse a sí mismo, de satisfacer las propias necesidades de supervivencia, de liberarse de ciertos condicionamientos naturales, de construir, en definitiva, en cuanto homo faber, su vida y la sociedad misma. Lo envilece cuando lo considera una actividad puramente instrumental, orientada solamente al consumo, y cuando, en lógica consecuencia, se propone eliminarlo a través de la constante y progresiva difusión del denominado "tiempo libre".

Los gérmenes de esta antítesis, que se remonta a los albores de nuestra civilización (es decir, al mundo clásico griego) y que con el paso de los siglos no ha sido superada sino, al contrario, exasperada, actúan a lo largo de todo el proceso histórico occidental. Hablar del trabajo es acudir al corazón de la sociedad moderna, a su impulso más profundo, a sus contradicciones culturales y religiosas más íntimas. Hablar del trabajo es rehacer la historia de la cultura occidental, de sus cánones y de su desarrollo. No puede extrañar que, al afrontar el problema desde sus raíces, se recorra simultáneamente la historia del cristianismo, pues las grandes aportaciones del pensamiento cristiano se han caracterizado, y continúan caracterizándose en nuestros días, por la concepción del trabajo como punto de encuentro entre naturaleza, cultura humana y realidad sobrenatural.

1.2. Una presunción recurrente entre los estudiosos es la de que la antítesis que se ha descrito (entre concepciones positivas y negativas del trabajo) deriva del pensamiento cristiano y de su supuesto "dualismo interno" en relación con el mundo. Se sostiene, en particular, que la concepción específicamente moderna del trabajo representa una superación del pensamiento católico. Se afirma que el catolicismo ve en el trabajo un valor negativo, incluso una maldición, mientras que la sociedad moderna (a partir de la Reforma protestante) lo considera un valor positivo para la liberación del hombre. De estas premisas se hace derivar la conclusión de que el concepto de trabajo en una sociedad que quiera progresar debe ser necesariamente el opuesto al concepto católico.

Esta tesis tiene una pequeña parte de verdad histórica, pero globalmente considerada es errónea y no se enfrenta con el núcleo de la cuestión.

Es verdadera si lo que pretende afirmar es que, históricamente, buena parte del pensamiento cristiano, desde los primeros siglos después de Cristo hasta el final de la Edad Media, se ha centrado en los aspectos negativos del trabajo, por lo que éste ha sido considerado en clave de fatiga, de servidumbre, de instrumento necesario desde un punto de vista exclusivamente material. Sin embargo, no hay que olvidar que precisamente el pensamiento católico ha expresado la máxima valoración del trabajo como actividad de realización del hombre (de lo humano), mientras que su devaluación (la consideración del trabajo como fatiga y como medio instrumental) es un vestigio cultural de una concepción servil del trabajo que es propia del pensamiento griego y en la que se encuentra precisamente el origen de esa ética protestante de la que arranca el proceso de modernización occidental[1].

En realidad, el pensamiento católico, considerado en toda su extensión y desarrollo histórico, refleja una concepción positiva del trabajo y alumbra un modo de vivirlo que tiene poco que ver con muchas de las concreciones históricas verificadas hasta el momento.

1.3. A nivel sociológico, de hecho, se puede demostrar que precisamente la concepción (no católica) del trabajo propia de la modernidad es alienante, en cuanto que ha exasperado esa ambivalencia intrínseca al quehacer humano antes mencionada y ha introducido desequilibrios que han conducido a sistemas de cuño capitalista o comunista, en los que el hombre, en vez de ser el sujeto libre y responsable del trabajo, se ha convertido en su esclavo.

Por otra parte, la investigación sociológica actual muestra que la emergente sociedad post-moderna está buscando activamente, después del orden industrial (fordista), un modo nuevo de vivir y de practicar el trabajo que concuerda con la inspiración del pensamiento católico en la medida en que éste ofrece una concepción no alienante del trabajo, es decir, en la medida en que ofrece una concepción del trabajo como la que se reconoce en la doctrina social de la Iglesia proclamada en el Concilio Vaticano II y, particularmente, en el desarrollo que de ella ha realizado, en años más recientes, Juan Pablo II[2]. A este "redescubrimiento" del trabajo como realidad no alienante ha contribuido de manera decisiva el espíritu del Opus Dei. Será oportuno hacer algunas consideraciones sobre él, pues no ha faltado quien lo ha confundido erróneamente con una especie de nueva ética protestante.

El objeto de este breve estudio es mostrar que existen posibilidades concretas de dar vida a una nueva ética del trabajo que no sea ni «servil» (como en la antigüedad y en el medioevo, épocas caracterizadas por una antropología «señorial») ni «alienante» (como en el mundo moderno, en el que predomina esa misma antropología, aunque puesta boca abajo y secularizada), sino propiamente humana y cristiana.

2. El trabajo en la transición de la sociedad industrial moderna a la sociedad post-industrial y post-moderna

2.1. La investigación sociológica sobre el trabajo en la sociedad industrial se ha preocupado, sobre todo, de aclarar si el trabajo es un factor de emancipación de la persona humana —y, consecuentemente, de la sociedad— o si, por el contrario, es un factor de alienación. La pregunta fundamental ha sido, y es todavía, si en nuestra sociedad la creatividad humana se ve enriquecida o empobrecida con el trabajo (y, en cualquier caso, cómo y por qué se verifica tal resultado, y cuáles son sus consecuencias).

Esta pregunta ha suscitado muchas controversias. Hasta hace poco, dos tesis opuestas habían dominado el escenario.

Por una parte, algunos han sostenido que en el trabajo hay una alienación cada vez mayor, y han aducido el progresivo distanciamiento entre el trabajador y los fines de su actividad y de su producción. Quienes hoy en día defienden esta tesis se fijan en las tensiones que se dan en las empresas y en el mercado del trabajo, en el absentismo laboral y en la desconfianza que rige por lo general en los términos de los contratos de trabajo. Por otra parte, hay también quienes, abrazando un optimismo futurista, han visto en nuestra sociedad altamente tecnificada (llámesele sociedad tecnotrónica, sociedad de la información, sociedad telemática o como se quiera) y en gran parte automatizada unas posibilidades inverosímiles e inimaginables de creatividad para el "superhombre" del mañana, libre de todo afán material y físico y, por tanto, "espiritualizado" en su relación puramente inventiva y virtual con un trabajo que se considera únicamente como actividad indeterminante y gratificante.

Estos dos planteamientos han polarizado, hasta hace pocos años, las opiniones y —en gran parte— las investigaciones empíricas sobre el futuro del trabajo. Sin embargo, hoy en día estamos en condiciones de desmarcarnos de ambas posturas: tanto a una como a otra se puede reprochar una suerte de determinismo que pone en la tecnología el factor decisivo —de opresión o de liberación— en la ecuación de la actividad laboral del hombre; por lo demás, la tesis según la cual un crecimiento ilimitado de las bases materiales de producción (modelo fordista) o de la información (modelo de la sociedad comunicativa) constituiría el definitivo factor emancipador del trabajo, el talismán de la felicidad humana, ya no es creíble.

Las visiones del trabajo propuestas por y en la modernidad, incluida la sociología moderna (en sentido estricto), resultan hoy en día muy parciales, y en todo caso no responden al problema del significado vital que tiene el trabajo para el hombre actual. En su base hay una antropología insuficiente. La primera posición supone —aunque sólo sea de modo implícito— que el trabajo es algo intrínsecamente negativo para el hombre, e indirectamente se remite a la antigua concepción señorial/servil. La segunda posición considera el trabajo como simple aporte de energía, con fines indeterminados. En realidad, ambos planteamientos presentan una misma raíz ilustrada y materialista que debe ser cuestionada a fondo.

Desde hace algunos años, la sociología tiende a apartarse de este modo de observar y valorar el trabajo. Las nuevas corrientes procuran más bien entender la creatividad en el trabajo —es decir, el hecho de que el hombre sea sujeto y no simplemente objeto del trabajo— como algo que consiste esencialmente en una relación social motivada y culturalmente orientada, y no tanto en una actividad —individual o colectiva— más libre e indeterminada en función del perfeccionamiento de los instrumentos técnicos a disposición.

De acuerdo con este planteamiento, la creatividad del trabajo, como toda relación humana dotada de sentido, es una realidad pluridimensional que penetra en los niveles biológico, psicológico, social, económico y cultural y que se adentra incluso en el mundo simbólico de los últimos valores, y mantiene siempre un equilibrio dinámico en el que los aspectos instrumentales y los expresivos, la libertad y la necesidad, el riesgo y la responsabilidad, el esfuerzo y la consiguiente satisfacción personal, deben integrarse recíprocamente para que en ningún caso un elemento sea anulado por otro.

Según la más reciente sociología del trabajo, este nuevo planteamiento parece estar en relación con el abandono del modelo de industrialización que, en sus varias fases, ha caracterizado el proceso de modernización de la sociedad industrial desde las primeras revoluciones económicas del siglo XVIII hasta hoy.

2.2. En estos momentos, la sociología está muy atenta a exigencias y estilos de trabajo actuales que presentan una marcada discontinuidad con el modelo capitalista fordista. La crítica a este modelo no afecta sólo al sistema de organización (la excesiva división y especialización del trabajo), sino que parte del reconocimiento de que la concepción industrial "mecánica" (tayloriana, fordista) del trabajo y el ambiente operativo que tal concepción produce dificultan la actualización de las mejores capacidades humanas. Un trabajo que es cada vez más técnico, más compartimentado, más artificial y más burocratizado es también, forzosamente, cada vez más estresante y deshumanizador. El grito de alarma sobre la calidad del trabajo se dio en los años 80, y se está traduciendo en nuevos análisis y en propuestas de rehumanización del trabajo, con la atención puesta en condiciones de mayor libertad y responsabilidad y de mayor autonomía, y sobre todo en contenidos que tengan un sentido no solamente instrumental.

Las ciencias sociales hacen cada vez más hincapié en el hecho de que el trabajador en general (incluyendo el estudiante o el ama de casa, así como ciertas categorías "marginales" con respecto a los procesos de racionalización y reestructuración de la producción y los servicios) no mantiene una relación libre e inmediata con el trabajo, sino que se suele encontrar en una situación que capta naturalmente como atenazante, como extrínseca y como carente de espacio para que el sujeto pueda dar cauce a la propia riqueza interior.

De ahí los intentos de reorganizar el trabajo de acuerdo con modelos de participación autogestionaria, de coparticipación de productores y consumidores (multi-stakers y prosumers), de rotación de funciones (job rotation), de enriquecimiento de tareas y competencias (job enlargement), de proyectos de calidad (total quality), etc. Ciertamente, la naturaleza de muchos de estos proyectos tiene más de material que de cultural, y sus objetivos son más organizativos y empresariales que relaciones. Pero en las investigaciones más avanzadas el factor predominante, en cuanto elemento decisivo para una reconsideración del significado del trabajo, es el factor relacional. De hecho, nadie pone en duda que las relaciones sociales de trabajo (mejor dicho, el trabajo como relación social) condicionan profundamente el ejercicio —dotado de sentido— de las potencialidades humanas, sobre todo en la medida en que pueden ayudar al trabajador a dar lo mejor de sí mismo, como ocurre cuando se le confían tareas y responsabilidades con un fuerte contenido de iniciativa y creatividad (programación, decisión, investigación, experimentación); o pueden, por el contrario, inhibir su riqueza humana, tal como sucede cuando se le relega a una labor de carácter meramente ejecutivo, en la que el dato repetitivo, falto de resortes que puedan activar las palancas de la mejora de uno mismo y de los demás, banaliza y esclerotiza la personalidad del trabajador y le priva de una plena participación humana, es decir, de una participación vivida en todas las dimensiones propiamente humanas.

Desde el punto de vista sociológico, por tanto, en la revalorización del trabajo humano entra en juego la división del trabajo, pero una división del trabajo que no refleja sólo exigencias económicas (de productividad, eficiencia, competitividad, etc.), sino también exigencias de un modo nuevo de relacionarse con los demás y, en definitiva, de un nuevo estilo de vida. Vuelve a ser actual la distinción entre el trabajo para el uso, que crea bienes y servicios que responden directamente a necesidades de personas concretas en un contexto determinado, y el trabajo para el cambio, cuya producción va dirigida a un cliente impersonal y cuyo valor se mide de acuerdo con parámetros de beneficio. Ambos son legítimos, pero es importante no reducir el primero al segundo, pues uno y otro se deben utilizar de modo apropiado en las distintas relaciones habituales (el trabajo de servicio y atención de personas, por ejemplo, se desarrolla mejor como trabajo de uso que como trabajo de cambio).

2.3. El capitalismo individualista, con su aparición en la historia, dotó a la humanidad de un motor de desarrollo —irracional en su fundamento— que provocó, ciertamente, un crecimiento económico hasta entonces desconocido. Este crecimiento, sin embargo, sólo se obtuvo por medio de la explotación del hombre por el hombre y de uno mismo por sí mismo. Los sistemas comunistas no modificaron esta organización, sino que la colectivizaron y la volvieron más materialista todavía. Son diversas las fases que han recorrido la organización capitalista y la comunista, pero ha sido común a todas ellas el hecho de haber institucionalizado el trabajo como relación social inhibidora de la creatividad propiamente humana. En concreto, la organización rígidamente capitalista del trabajo ha dado lugar a una alienación universal de la humanidad con su abstracto y mercantificado esquema económico de producción-consumo, de modo que la creatividad del sujeto se ha tenido que refugiar en el hecho estético, en la actividad de la "mente", a veces en el mero ámbito del juego (en la pura libertad "señorial").

La sociología no ha dejado de mostrar las alienaciones que encierran tanto la vía puramente capitalista como la marxista. En ambas se echa en falta la concepción del trabajo como relación de recíproca valoración entre sujetos realmente interdependientes (bien como coproductores o bien como patrón y trabajador dependiente) orientada positivamente a una acción de enriquecimiento recíproco y, por tanto, basada en una relación de intercambio no economicista.

Posibilidades en tal sentido, sin embargo, parecen perfilarse, después de las anteriores fases del capitalismo y el comunismo, en nuestra sociedad post-industrial, en virtud de algunos de sus peculiares requisitos de organización. Ahora bien, para implantar ese nuevo paradigma del trabajo nuestra sociedad necesita "un alma": para volver a configurar el trabajo como actividad propiamente humana, la sociedad debe crear un contexto en el que el trabajo exija el ejercicio de las mejores virtualidades humanas, en vez de inhibirlo. Ahí precisamente se encuentra la base ética de la empresa y de su específica organización.

La viabilidad de este planteamiento del trabajo en la sociedad post-industrial se descubre en el hecho de que ésta, para no tropezar ni en un planning puramente abstracto ni en una competencia salvajemente agresiva, no sólo debe repartir y descentralizar las responsabilidades del modo más amplio posible, sino que también debe determinar un uso sistemático de lo nuevo y de lo absolutamente imprevisto, es decir, debe hacer realidad una promoción sistemática de todo aquello que, aunque no pueda ser coordinado y planificado a-priori, tampoco debe convertirse en una actividad de puro riesgo y de azar, sin regla alguna y sin equidad en las relaciones de intercambio.

Ciertamente, la relación particular y única del hombre con sus obras impone que la creatividad sea —de modo directo y primario— esencialmente personal. Las ciencias sociales han evidenciado que el hombre se expresa creativamente cuando puede actuar con libertad personal, con espíritu de iniciativa interiormente motivado, midiéndose con un modelo de perfección: sólo entonces puede realizar un producto único, suyo personal. Sin embargo, la complejidad del sistema económico-productivo ha conducido a una mayor dimensión social y colectiva del trabajo, y este hecho obliga a redefinir el carácter personalizado de la actividad creativa. A estas exigencias responde el concepto de "vocación profesional", una realidad que, aunque no necesariamente se ha de desarrollar en una actividad económica, puede ejercitarse tanto en un contexto de trabajo coordinado como dependiente, siempre que esté libre del individualismo que ha cristalizado en la ética instrumental adquisitiva del achievement (éxito).

La vocación profesional debe ser considerada no como instrumento de éxito o de búsqueda banal de un nivel de vida opulento, sino como autorrealización en la plena integración humana, es decir, en una unión de dos o más alteridades que implica, para todas ellas, un bien común proveniente de la alteridad misma, de tal modo que cada alteridad satisface las necesidades de las otras[3]. Así, la vocación profesional adquiere rasgos empresariales, a través de formas intermedias de grupos de trabajo pequeños que recuperan la creatividad del trabajo, tan lejos del ethos individualista burgués como del colectivismo de los regímenes comunistas y las grandes estructuras anónimas. En este sentido, el trabajo, ya sea ejercitado en estructuras públicas o privadas, con las formas organizativas y las finalidades más diversas, puede ser escenario de un crecimiento "orgánico", es decir, vital, del sujeto de tal actividad, la persona humana, pues el hombre, en el trabajo, es parte de un todo orgánico que debe conducirle, por una parte, más allá de sí mismo, hacia el bien común, y por otra en dirección a su conciencia más íntima, es decir, hacia su riqueza interior.

3. El espíritu del Opus Dei en relación con el trabajo

3.1. Es interesante constatar que la búsqueda de un nuevo significado del trabajo en la realidad del mundo contemporáneo y en la investigación sociológica está en sintonía con el sentido del trabajo que se reconoce en el núcleo de la espiritualidad del Opus Dei.

Las enseñanzas del Fundador del Opus Dei, el Beato Josemaría Escrivá, han abierto un horizonte que ha ido ampliándose y clarificándose hasta llegar a representar, en el pensamiento cristiano contemporáneo, una voz significativamente en sintonía con la búsqueda de ese nuevo sentido del trabajo y de la organización previamente mencionado.

Desde el primer momento, Josemaría Escrivá ha enseñado que el espíritu del Opus Dei viene a subrayar un aspecto del mensaje cristiano que en el transcurso de los siglos había quedado olvidado: el hecho de que cualquier trabajo humanamente digno y honesto puede convertirse en tarea divina, es decir, en ámbito para amar y servir a Dios y, por tanto, para santificarse[4]. «El Señor suscitó el Opus Dei en 1928 para ayudar a recordar a los cristianos que, como cuenta el libro del Génesis, Dios creó al hombre para trabajar»[5]. El Beato Josemaría hace hincapié en que el hombre fue creado para trabajar antes de la caída (o pecado original), por lo que el trabajo en sí es positivo para el hombre y, en cuanto tal, naturaliter, materia santificable. Pone el ejemplo de Cristo, que pasó 30 años trabajando en Nazaret como carpintero.

De este modo se supera inmediatamente la ambivalencia que ha arrastrado el pensamiento occidental siempre que ha puesto en duda el carácter positivo de las actividades seculares en cuanto potencialmente peligrosas para la salvación cristiana o, al menos, en cuanto circunstancias ajenas a una posible santificación. Para encontrar en la tradición católica algo similar, más que a San Benito, en cuyo lema (ora et labora) la oración y el trabajo se configuran como actividades distintas y separadas, hay que pensar en San Bernardino de Siena, que subrayaba la importancia del trabajo como vita activa civilis, es decir, como espacio para el ejercicio de virtudes naturales y sobrenaturales orientadas a la creación de una riqueza sana, legítima, fecunda, sin contraste alguno con el deseo de perfección y las posibilidades de santificación del cristiano.

En este sentido, en la concepción del trabajo que propone Josemaría Escrivá hay una recuperación del significado humanista de sociedad civil, que había aflorado al final de la Edad Media pero que después había sido marginado por la concepción calvinista (escocesa) de sociedad mercantil (cfr. A. Ferguson, A. Smith y otros autores).

Acudiendo a la visión originaria ("fontal", como diría Juan Pablo II) del trabajo en la revelación bíblica, el Beato Josemaría Escrivá nos recuerda que la necesidad de trabajar no es fruto del pecado, sino parte integrante del proyecto de Dios sobre el hombre y sobre el mundo: «el hombre nace para trabajar, como el ave para volar» (Job 5, 7). Lo único que el pecado original ha cambiado es que si el trabajo, antes de la caída, tenía ciertas características (era el "cultivo del jardín"), después del pecado ha asumido otras connotaciones, otras cualidades, entre las que se encuentran la fatiga y la necesidad. Pero el trabajo sigue siendo una tarea propiamente humana: el trabajo no es, por tanto, la tarea servil que se delinea en la concepción griega, según la cual el trabajo no es ni necesario ni propiamente humano, pues quien puede permitirse no trabajar —el rentista, el "señor"— da lo mejor de sí mismo precisamente no trabajando, para poder de este modo ejercitar sólo sus facultades superiores. En el espíritu del Opus Dei, todo hombre que quiera seguir la propia naturaleza y perfeccionarse, ya sea en sentido humano o sobrenatural, debe trabajar. De este modo quedan superadas todas las ambivalencias y las dudas que a lo largo de los siglos han afligido a la teología —también católica— en relación con las actividades seculares.

El trabajo —evidentemente, con ciertas condiciones— es, por tanto, connatural al hombre, tanto en sentido estructural (como conformación de su naturaleza) como en sentido intencional (como requisito para el desarrollo de su subjetividad). Una característica intrínseca a la naturaleza humana es que a través del trabajo se desarrolla ella misma y desarrolla las relaciones con los demás y con el mundo. Josemaría Escrivá, en esta línea, afirma del trabajo que es medio de participación en la obra de la creación y que ha asumido, con la Redención realizada por Cristo, una connotación nueva en cuanto que ha pasado a ser lo que antes no podía ser: medio para corredimir con Cristo. El trabajo es ámbito de divinización: Dios encuentra al hombre, y el hombre puede abrirse a este encuentro, compenetrándose con Él. Con la Redención, hace notar el Beato Josemaría Escrivá, también el trabajo es rescatado, y las cualidades que hasta entonces —a causa del pecado— lo configuraban sólo o prevalentemente en sentido negativo se ven modificadas: el trabajo se propone como vida nueva, como objeto explícito de la voluntad de Dios que llama a la realización cada vez más perfecta del orden de la creación y del plan salvífico de Dios: «Cristo, muriendo en la Cruz, atrae a sí la Creación entera, y, en su nombre, los cristianos, trabajando en medio del mundo, han de reconciliar todas las cosas con Dios, colocando a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas»[6].

Lejos de ser el lugar de la universal alienación servil de los hombres, como ha sostenido la teología protestante[7], el trabajo se configura, en el espíritu del Opus Dei, como el lugar de la universal liberación de los hombres en cuanto hijos de Dios amados por un padre que los llama a actuar en el mundo como destinatarios de su herencia[8].

El Beato Josemaría Escrivá subraya que Cristo, recapitulando en sí todas las cosas, hace del trabajo la novedad de la vida a que alude aquel texto de San Pablo (Ef. IV, 23-28) en que el Apóstol invita a renovarse en el espíritu y a revestirse del hombre nuevo («el que robaba que no robe ya, sino que trabaje seriamente, ocupándose con sus propias manos en algo honesto», pasaje que Santo Tomás comentaba así: «el robo pertenece a la decrepitud de la vida, el trabajo es la novedad de la vida»).

La expresión con que el Beato Josemaría Escrivá sintetiza el núcleo de la espiritualidad del Opus Dei se condensa en un semantema ternario relacional: Santificar el trabajo, santificarse en el trabajo y santificar a los demás con el trabajo[9].

Santificar el trabajo significa, para Josemaría Escrivá, trabajar con la máxima perfección posible, tanto en el plano humano (competencia profesional) como sobrenatural (por amor de la voluntad divina y al servicio de los hombres). En otras palabras, es divinizar las actividades ocupacionales elevándolas al orden de la gracia. ¿Cómo? Persiguiendo el finis operis, la perfección de la obra en sí, y ordenando ésta de acuerdo con el finis operantis, es decir, la motivación sobrenatural. Por la unión del cristiano con Cristo, el trabajo se convierte en obra de Dios, operatio Dei, opus Dei, y Dios mismo puede contemplarla («Dios se ha fijado en el trabajo de mis manos»: Gen 31, 42). De este modo, las estructuras de la sociedad pueden ser informadas desde dentro con el espíritu de Cristo[10].

Santificarse en el trabajo significa, para el Beato Josemaría Escrivá, encontrar a Cristo en el trabajo en cuanto lugar de vida ordinaria y en cuanto materia que se debe santificar de modo inmediato y directo. «En todo el inmenso panorama del trabajo, Dios nos espera cada día. Sabedlo bien: hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir»[11]. Santificarse quiere decir, por una parte, trabajar de un modo éticamente recto, que tenga en consideración la honradez, la lealtad, la justicia y las demás virtudes; por otra parte, y al mismo tiempo, santificarse es descubrir ese "algo divino" que no está fuera del mundo, o en un horizonte lejano y disociado del propio trabajo, sino precisamente en el corazón mismo de la actividad laboral: «allí donde están vuestros hermanos los hombres, allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo»[12].

Se trata de una visión que no puede comprender quien considere el trabajo cotidiano solamente como algo aburrido y deprimente, o como una actividad tan difícil de llevar a cabo de acuerdo con criterios de honradez, justicia y virtud que se debe abandonar en manos de otros (del "mundo" en cuanto lugar de perdición), porque quien quiere encontrar a Dios debe apartarse del mundo. Al mismo tiempo, se trata de una visión que está claramente en los antípodas de ciertas corrientes de origen protestante según las cuales el trabajo es esencialmente algo instrumental, que debe confrontarse con el éxito o el fracaso que se obtienen a través de él: es señal de salvación cuando se traduce en riqueza y beneficio, y es señal de perdición cuando no produce ni riqueza ni mejora social. Para Josemaría Escrivá, la riqueza y el éxito son elementos totalmente secundarios, que no hay por qué despreciar (pues en sí mismos son positivos), pero que, ciertamente, no deben ser considerados ni como fines ni como signos del destino en la personal relación con Dios.

Santificar a los demás con el trabajo significa abrir el trabajo a su valencia interhumana (apostólica), al hecho de que un trabajo bien realizado puede ser una ofrenda grata a Dios con la que podemos cooperar en la labor redentora de Cristo y un testimonio activo, un ejemplo positivo que se traduce en una ayuda concreta y eficaz a las personas que colaboran o que ven el resultado del trabajo. Tal testimonio, lejos de ser una simple presencia pasiva, comporta una relación de amistad y confidencia por medio de la cual es posible propiciar el encuentro de los colegas de trabajo con Cristo.

Algunos autores han puesto de relieve la influencia que esta concepción de Josemaría Escrivá ha tenido en el Concilio Vaticano II y, particularmente, en la nueva visión del laicado[13]. Se trata de una concepción que sólo recientemente ha comenzado a difundirse y a ejercer su positivo influjo en nuestra sociedad, y para muchos es todavía desconocida. Por eso vale la pena subrayar que el espíritu del Opus Dei en relación con el trabajo se sitúa en el corazón de la visión propiamente laical, en sentido católico, del mundo: no es una forma actualizada o moderna de espiritualidad religiosa (es decir, de la espiritualidad que considera al cristiano como marcado por un status y/o por una particular consagración); asimismo, no es una mundanización o desacralización del ideal monástico (como el último estadio de la parábola descendente de un ideal ascético que se iría haciendo cada vez menos riguroso). El espíritu del Opus Dei es un espíritu de otro género (sui generis), en concreto del género laical, que requiere el rigor de los primeros cristianos y a la vez remite a aquel sentido de "estar en el mundo" —con una ciudadanía intraterrena y ultraterrena— que se reconoce ya en la Epístola a Diogneto, del siglo II d.C., pero que, a lo largo de diecisiete siglos, complejas vicisitudes históricas y culturales habían sepultado.

3.2. De este modo de concebir y de vivir el trabajo, a través de una espiritualidad que injerta lo divino en lo humano, se derivan algunas consecuencias muy beneficiosas.

En primer lugar, la superación de la ambivalencia (a menudo configurada como antítesis, según ha quedado expuesto anteriormente) entre exaltación y envilecimiento del trabajo. Todo trabajo, ya se trate de poiesis (actividad espontánea) o ergon (actividad intencional y esforzada), cuando es percibido y vivido en la óptica de la coparticipación en un proyecto que trasciende a los individuos singulares y les indica su bien común (con términos teológicos, en la óptica de la coparticipación en la obra creadora y salvífica de Dios), es en sí positivo para la persona humana. De este modo, el trabajo no es ni sobrevalorado ni infravalorado. El criterio para su justa valoración (y por tanto, para el discernimiento del tipo y grado de implicación y de distanciamiento que requiere) está en lo que significa para el agente humano.

En segundo lugar, la íntima relacionalidad del trabajo: el trabajo no es sólo relación con las cosas (con el objeto material), sino con el sujeto que lo desarrolla y con los otros (pues el trabajo es siempre una actividad realizada con otros y/o para otros, aunque sólo sea indirectamente).

Otra consecuencia es la prioridad del sentido del trabajo con respecto a sus características organizativas e instrumentales.

Y todo esto se enmarca en la necesaria armonía entre los tres planos fundamentales de la existencia humana, el plano natural, el artificial (trabajo en sentido estricto) y el sobrenatural (significado último de la existencia). En tal armonía se entrelazan la dimensión horizontal del trabajo (la fraternidad y la cooperación entre los hombres) y la dimensión vertical (sobrenatural), y el trabajo se convierte, de este modo, en trabajo de hijos de Dios.

El espíritu del Opus Dei, por tanto, se sitúa plenamente en el surco de la tradición teológica católica, de la que resuelve algunos problemas fundamentales que en ciertos momentos de la historia habían sido dejados en la ambigüedad. Es decir, no puede ser tomado por una forma de ética intramundana del trabajo. El protestantismo, por su parte, ha formulado una ascética del trabajo que está en los antípodas del espíritu del Opus Dei, porque la ascética que éste propone no depende de una normatividad abstracta e impersonal (o sea, de una eticidad externa y coercitiva como la que encontramos, por ejemplo, en Calvino), ni se mide con el parámetro de los resultados materiales (de acuerdo con la banalización que ha hecho de la ética protestante una ética del éxito), sino que radica en la dignidad de la persona humana, en su subjetividad (como sinergia del corazón y la razón), y está centrada en el sentido ultra-mundano de la existencia. Quizá puedan darse algunas similitudes en lo concerniente a la valoración del sacrificio, o del trabajo como vía y medio para el ejercicio de las virtudes, pero el contexto y los fines de estos rasgos del espíritu del Opus Dei son totalmente distintos de los de la ética protestante: el contexto es el de los hijos de Dios, y los fines son la santificación del trabajo, de uno mismo y de los demás, no la riqueza, ni como signo de salvación ni como instrumento de éxito en el mundo.

La reflexión sobre el espíritu del Opus Dei en relación con el trabajo puede abrir una vía de solución a los dilemas del mundo contemporáneo. La misma investigación sociológica, que indaga los confines y las intersecciones de las actividades profesionales, la organización de la empresa y la ética religiosa (de acuerdo con el planteamiento que Weber ha dado a la relación entre la economía y las grandes religiones mundiales), evidencia la gran necesidad que tiene nuestra sociedad de moverse en esta dirección para superar las distorsiones introducidas con la ética protestante y con sus resultados autodestructivos.

4. Hacia una nueva ética del trabajo

4.1. Tanto el ethos capitalista burgués como el ethos marxista atraviesan actualmente una profunda crisis. Sus bases de legitimación están cediendo en todos los sentidos, tanto en lo relativo a la organización del trabajo como a las premisas filosóficas, antropológicas y culturales de sus respectivos proyectos de sociedad.

Es cada vez más evidente la importancia de penetrar en la problemática del trabajo y de orientar la investigación hacia un nuevo cuadro conceptual. En la base de este cuadro conceptual hay que poner el significado ético del trabajo, como fundamento de su valoración económica, de su regulación política y de la configuración de la organización laboral en sus diversas modalidades (división de tareas y competencias, organigramas, rotación de funciones, red de relaciones, etc.). El espíritu del Opus Dei no proporciona modelos prácticos, pero sí una brújula para la orientación y un concreto horizonte de sentido que puede inspirar la lectura y la práctica del trabajo.

Una relación auténticamente creativa con la actividad profesional, con el producto derivado de ella y con los compañeros de trabajo debe dar lugar a que lo que el sujeto produce pueda satisfacer las necesidades reales de quienes disfrutarán del objeto (bien o servicio) producido. Cuando falta esta conexión entre la actividad laboral, por una parte, y, por otra, unas necesidades efectivas que para el sujeto de esa actividad son significativas, deja de existir el trabajo en sentido humano, pues lo que diferencia el trabajo del juego es precisamente la necesidad, que es algo sentido y participado como vital, esencial, indispensable.

4.2. Las principales direcciones de la organización laboral post-industrial —a la que son connaturales las tendencias empíricas hacia una salida de tipo orgánico y vital de las alienaciones capitalista y marxista— se pueden sintetizar del siguiente modo:

a. El redescubrimiento del concepto de valor de uso, tanto para el trabajo como para los bienes y servicios producidos a través de él, por medio de una redefinición de las necesidades propiamente humanas y de una adecuada configuración de relaciones entre ellas y los fines y modos de la producción económica, con el fin de que el intercambio de trabajo (como actividad y como producto) pueda ser realmente "un hecho social total", es decir, un hecho provisto de un significado a la vez social, moral, jurídico, económico, utilitario y afectivo, y en todo caso denso de contenidos que trascienden el plano de la prestación meramente instrumental.

b. La tendencia a una organización que configure el trabajo como actividad orgánicamente combinada de sujetos libres con una vocación profesional específica. La interdependencia entre los cometidos profesionales debe ser efectiva (sinérgica) y no mixtificada por falsos igualitarismos ni por la ideología del antagonismo competitivo.

c. La autorrealización de la persona en cuanto expresión de una subjetividad personal que se desenvuelve en la plena integración humana con los demás, entre lo natural y lo sobrenatural, con la recomposición de los equilibrios de solidaridad entre ámbitos diferentes de vida (familia, escuela, actividad profesional, comunidad local) y la superación de las laceraciones causadas por la polarización entre lo privado (la familia) y lo público (la organización política y económica).

En la medida en que el hombre contemporáneo advierte la falsedad de los mitos ilustrados del Desarrollo y del Progreso, que han guiado las ilusiones de la modernidad, y vuelve a ser actual la preocupación por una relación más respetuosa y armónica con la naturaleza, este nuevo ethos se configura como una alternativa posible. La revalorización del trabajo como actividad ética significante puede ser el antídoto al modelo de "crecimiento cero" propuesto a fines de los años 60 y comienzos de los 70, que ha representado y representa todavía el proyecto utilitarista y hedonista (neomalthusiano) de una sociedad que aspira a vivir con el mínimo esfuerzo y la máxima satisfacción de consumo. Ciertamente, este modelo ha sido derrotado en años más recientes, pero sigue siendo una tentación permanente de repliegue (autopoiético) de Occidente sobre sí mismo.

Es fundamental darse cuenta de que, si el auténtico desarrollo del hombre es imprescindible, no se puede en modo alguno renunciar a establecer una forma de organización del trabajo en la que la persona humana sea inmediatamente sujeto responsable.

En el centro de la idea de sociedad civil que aflora tras el derrumbe de la modernidad se encuentra el valor del trabajo humano bien hecho, según un ethos no ya de dominio, sino de respeto a la naturaleza y a lo creado. La nueva ética del trabajo ha de tratar de dejar de lado el ethos faustiano de la modernidad y ver en el trabajo la íntima propensión humana a la socialidad y la apertura a esos significados últimos de la vida que hacen que el hombre sienta la felicidad de ser copartícipe de la obra de la creación.

Pierpaolo Donati

Profesor Ordinario de Sociología

Universidad de Bolonia (Italia)

[1] Cfr. M. WEBER, La ética protestante y el espíritu del capitalismo.

[2] Cfr. JUAN PABLO II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981.

[3] Cfr. F. BALBO: Opere 1945-64, Boringhieri, Turín 1966, p. 825.

[4] Cfr. Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, Rialp, Madrid 1996, n. 55.

[5] Ibid. [6] Conversaciones, o.c, n. 59.

[7] Cfr. V. Tranquilli, Il concetto di lavoro da Aristotele a Calvino, Ricciardi, Nápoles 1979.

[8] Cfr. JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Amigos de Dios, Rialp, Madrid 1977, nn. 57-58.

[9] Cfr. Es Cristo que pasa, Rialp, Madrid 1973, nn. 45-49.

[10] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 31.

[11] Conversaciones, o.c., n. 114.

[12] Ibid., n. 113.

[13] Cfr. J.L. ILLANES, La santificación del trabajo, Palabra, Madrid 1981; AA.VV.: El Opus Dei en la Iglesia, Rialp, Madrid 1993.

 

XXVIII Domingo del tiempo ordinario

 

Mt 22,1.14

 

La parábola de la invitación al banquete de bodas donde todos somos convocados es muy sugerente, preciosa y precisa. Siempre la iniciativa es del Señor. Es un corazón en salida. Busca. Invita a la fiesta de la vida.

 

1.     Sorprende la respuesta de los invitados a la boda de un Rey. No ocurre todos los días. Es señal de confianza y predilección. La búsqueda del Señor por los caminos de la vida para atraernos con lazos de amor siempre nos asombra y sorprende.

 

2.     Es más llamativo que todos se disculpan para no responder a la invitación del Rey. Algunos por razones de honradez y trabajo... Nos recuerda la parábola del hijo mayor que estaba trabajando en el campo y que era incapaz de sintonizar con el padre. Todos se van disculpando. Es nuestra actitud permanente ante tantas llamadas del Señor. Es la rutina ante un Dios que nos llama y nos hacemos el sordo. Es no querer cambiar porque en el fondo estamos a gusto donde estamos, sin necesidad de cambiar e instalados en la rutina.

 

3.     Al final el Señor busca en los caminos a los pobres los únicos que se abren y acogen la invitación a salir de uno mismo para ir al encuentro del Señor y de los hermanos. Nos cuesta revestirnos de su gracia, de la novedad del evangelio, de construir desde nuestra pobreza, para no ser arrojados a las tinieblas, de vivir en el pecado y la mediocridad.

 

+ Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

 

 

El Papa recuerda que “la responsabilidad política” es cosa de todos

“Quien ha recibido el mandato de proteger y gobernar” debe proteger “el derecho” e impulsar “el diálogo entre los actores de la sociedad, entre las generaciones y las culturas”

El Vaticano hace público un comentario al próximo mensaje por la Jornada Mundial de la Paz, que llevará por título ‘La buena política está al servicio de la paz’

papa Francisco suelta una paloma por la paz al salir de una misa en Georgia octubre 2016

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“La responsabilidad política pertenece a todos los ciudadanos y, en particular, a quien ha recibido el mandato de proteger y gobernar. Esta misión consiste en salvaguardar el derecho y animar el diálogo entre los actores de la sociedad, entre las generaciones y las culturas”. Es el comentario hecho público este martes 6 de noviembre por el Vaticano al Mensaje del papa Francisco por la 52 Jornada Mundial de la Paz que se celebrará el próximo 1 de enero y que tendrá por título ‘La buena política está al servicio de la paz’.

“No hay paz sin confianza recíproca. Y la confianza tiene como primera condición el respeto a la palabra dada. El compromiso político –que es una de las más altas expresiones de la caridad– conlleva la preocupación por el futuro de la vida y del planeta, de los más jóvenes y de los más pequeños”, puede leerse en el comentario difundido por la Santa Sede, en el que se pide responder a la “sed” de esperanza de las nuevas generaciones.

Recuerdo a san Juan XXIII

El texto echa mano de la encíclica ‘Pacem in terris’, publicada en 1963 por san Juan XXIII, para subrayar que cuando el hombre “es respetado en sus derechos germina en él el sentido del deber de respetar los derechos de los otros”. Los derechos y deberes del hombre aumentan así “la conciencia de pertenecer a una misma comunidad, con los otros y con Dios”. Por ello, concluye el comentario, todos los católicos están llamados a trabajar por la paz y “anunciarla” como la “buena noticia de un futuro en el que todo ser vivo será considerado en su dignidad y en sus derechos”.

El feminismo, ¿destruye la familia?

Jutta Burggraf    

1. Introducción

Hace poco, leía un artículo en que, con gran profusión de palabras, se pretendía explicar, por qué el feminismo destruye la familia. Quedé un poco sorprendida y comencé a pensar en ello. ¿Realmente destruye el feminismo la familia? Sin querer, recordé un suceso que me ocurrió hace algún tiempo en Sudamérica. En Santiago de Chile, me habían dicho que una persona, conocida como una enérgica feminista, quería discutir conmigo acerca del tema de la mujer. Se trataba de la fundadora y rectora de una universidad privada. Habíamos concertado una cita. Me preparé para una intensa discusión y, luego de unos días, acudí al encuentro con un cierto ánimo de ir a la ofensiva. La rectora era una señora muy amable y bien arreglada. “Yo trabajo, con todas mis fuerzas, para que las mujeres puedan estudiar y obtengan puestos de trabajo”, me dijo. “Sueño con un sueldo para las dueñas de casa y con la supresión de la pornografía. Me llaman feminista, porque devuelvo todas las cartas que recibo, dirigidas al Rector; porque esta Universidad no tiene un rector, sino una Rectora”. Y, entonces, señaló, sonriendo: “Y no tengo nada contra los hombres. Estoy casada hace mucho tiempo y quiero a mi marido más que hace treinta años”.

Es evidente que un feminismo así no destruye la familia. Pienso, incluso que es extremadamente favorable para la comunión de los esposos y para la familia misma, ya que devuelve a la mujer la dignidad que, en ciertas épocas y culturas, y parcialmente en la actualidad, le ha sido y le es negada. Sí, esto ocurre también hoy, no es ideología, ni exageración. No necesitamos pensar en las mujeres cubiertas por un velo, como en Arabia Saudita, ni al pueblo africano de los Lyélas, que consideran a las mujeres como la parte más importante de la herencia. Por ejemplo, una de las fórmulas con que un hombre constituye a su hijo mayor como su heredero dice: “Te entrego mi tierra y mis mujeres” [1]. No podemos tampoco juzgar con altanería el rapto de las novias de la aguerrida Esparta [2] , ni lamentarnos de la llamada oscura Edad Media, que, por cierto, no fue una época tan hostil para la mujer [3]. Como se ha dicho, no necesitamos ir tan lejos. Basta mirar a Europa ¿Se respeta a la mujer en la sociedad, en las familias? También hoy día se la considera, en innumerables avisos publicitarios, en el cine, en revistas del corazón y en conversaciones de sobremesa, como un ser no muy capaz intelectualmente, como un elemento de decoración y de exhibición, como mero objeto de deseo masculino.

Su dedicación a su casa y su familia no es ni se valora, ni se apoya como se debía. ¿No ocurre con cierta frecuencia que un hijo, sólo porque es varón, después de un suculento almuerzo dominical, se siente frente al televisor junto a su padre, mientras las hijas “desaparecen”, junto con su madre en dirección a la cocina? ¿O que una joven madre, que trabaja fuera de la casa, se las tenga que arreglar sola con las labores domésticas y más encima sea enjuiciada, pues no se preocuparía lo suficiente de su marido -que trabaja a tiempo parcial- y de sus hijos y que además sea criticada por no tener la casa limpia? ¡Cuántas mujeres casadas, que carecen de ingresos propios deben mendigar de sus maridos un poco de dinero y no tienen acceso a la cuenta bancaria, ni participación en las decisiones pecuniarias de la propia familia! Concedo que estas cuestiones pueden ser superficiales; sin embargo, demuestran cuánta -o cuán poca- comprensión y cariño reciben las mujeres, a menudo, en una situación difícil.

Existe pues una promoción de la mujer que es absolutamente razonable y conveniente. Su finalidad consiste en que los derechos humanos no sólo sean derechos de los varones, sino que ambos, tanto el hombre, como la mujer, sean aceptados en su ser-persona. También se esfuerza por considerar a cada ser humano en su propia individualidad, sin colocar ningún cliché a nadie. Y esto es válido en todo sentido. Hoy en día nadie duda que la mujer puede dominar la técnica más complicada. Pero ello no significa que todas las mujeres deban ser técnicas y que gocen con las computadoras. Según un nuevo dogma: “La mujer emancipada es gerente de empresa, arquitecto o empleada en una oficina; de todas maneras, trabaja fuera de la casa”. Sin embargo, si la emancipación es entendida como un proceso de madurez conseguido, ¿por qué la mujer “emancipada” no puede ser madre de una familia numerosa? Cuando una mujer prefiere preparar un pastel, tejer chalecos, jugar con los niños y procura hacer de su casa un hogar agradable, no quiere decir que ella se haya resignado a asumir el rol que se le asignó en el s. XIX. Significa simplemente que, para ella, estas actividades son más importantes que para quienes la critican. En principio, no se trata de lo que una persona hace, sino de cómo lo hace.

Ni el trabajo fuera de la casa, ni la familia son, en sí, soluciones a problemas personales o sociales; ambos conllevan ventajas y riesgos. Así, es posible que una mujer profesional, debido a la creciente especialización de su trabajo, se le vaya empequeñeciendo su campo de acción, mientras que una dueña de casa, al tener que enfrentarse a los más diversos trabajos, adquiera una visión más amplia. En su vida profesional, la mujer está expuesta a los mismos riesgos que el hombre -deseo desmedido de hacer carrera, afán exclusivo de poder...-, incluso más que él, pues le pone a prueba y enjuicia más duramente.

No quiero, de ninguna manera proponer que la mujer debe volver a ocuparse exclusivamente de las tareas del hogar. Pienso solamente que se debe dar, a cada mujer, la posibilidad de decidir libremente lo que ella considera como bueno, sin iniciar permanentemente nuevas polémicas.

Se ha discutido mucho acerca de si las mujeres son diferentes a los hombres y en qué lo son. Primero, hay que considerar que cada ser humano es distinto de los otros. Cada uno debe tener la oportunidad de desarrollarse libremente, de ser feliz y de hacer feliz a los demás -por diferentes caminos, da lo mismo en qué estado o profesión-. Desde una perspectiva histórica y social, algunas veces, a las mujeres esto les ha sido más difícil que a los hombres. Es por ello, que se les debe ayudar más a vivir de acuerdo con su convicción personal. Esta es la finalidad de un feminismo que podemos denominar “auténtico”, “razonable” o “libertario”.

2. El feminismo radical

Estamos casi en nuestro tema. Como se ha mencionado, existe otro tipo de feminismo, que se ha extendido mucho en los países occidentales, es denominado, con frecuencia, feminismo “radical” o “extremo”. Me parece que este tipo de feminismo, por lo menos como se presenta a sí mismo, ha sobrepasado su momento culminante. Su enorme influencia ha tenido un devastador efecto, que se deja ver en todos los ámbitos. Todos conocemos lo que se ha dicho acerca del “mito de la maternidad”, que debe ser destruido, o del macho, que la mujer debe desterrar. En algunas de sus afirmaciones, las feministas han traspasado con mucho el límite de lo absurdo.

La filósofa francesa Simone de Beauvoir es considerada la precursora del feminismo de nuestro siglo, cuya influencia apenas puede superarse [4]. Su monografía “Le Deuxiéme Sexe” (“El otro sexo”), publicado por primera vez en 1949) es denominada con frecuencia la “biblia del feminismo” [5]. En ella, Simone de Beauvoir postula, por primera vez, con gran agudeza intelectual, la igualdad de los sexos y, con ello, da un nuevo impulso al movimiento feminista en el mundo occidental, el que, hace ya tiempo, va mucho más allá de pretender la simple mejora de la situación jurídica de la mujer y una mayor posibilidad de acceder a la formación escolar, universitaria y profesional.

En aquella obra, la filósofa comienza esbozando su propia posición ideológica. “Nuestra perspectiva es la de la ética existencialista” [6], declara. Y continúa “Es la de Heidegger, Merleau-Ponty y Sartre” [7] (su conviviente). El “existencialismo”, tomado del título de un libro de Sartre, es una negación consciente de toda reflexión que parta de la esencia o naturaleza. No hay “una naturaleza humana -dice Sartre- pues no hay quien la hubiese podido diseñar” [8]. Sartre se refiere a la libertad creadora del hombre, que le capacita para hacer de sí mismo lo que él quiere y que no es limitada por ninguna “esencia” o “naturaleza” [9].

Simone de Beauvoir intenta traspasar el existencialismo ateo [10] de Sartre a la existencia femenina [11]. Para ella, el hombre tampoco es un “ser dado” o una “realidad fija”, sino “una idea histórica”, “una continua transformación”, que hace de la persona lo que ella es [12]. En consecuencia, en la ética de Beauvoir, toda forma de “quietud” o “pasividad” sólo puede considerarse como un gran mal [13]. Sin embargo, es precisamente esa la actitud a la cual los hombres han obligado continuamente a las mujeres.

Ya desde los nómades, el mundo ha pertenecido al varón [14], dice Beauvoir, pues éste ha sabido influir en el mundo con ocupaciones que iban “más allá de su ser animal”. Para cazar y pescar, construyó utensilios, se puso metas y abrió caminos. Continuamente se superó y emprendió el camino hacia el futuro [15]. Añade: el privilegio del varón consiste en que “su vocación como persona con destino no contrasta con su ser varón” [16]. Sin embargo, en la mujer sucede algo distinto. Hasta hoy, a las mujeres se les ha impedido intervenir de manera creativa en la sociedad. Las mujeres han sido “aisladas” y ahora se encuentran marginadas [17]. Permanecen toda su vida encerradas y la culpa de todo, la tienen el matrimonio tradicional (con la división del trabajo según el sexo) y, sobre todo, la maternidad.

En toda la obra de Beauvoir está presente un tema dominante: la de quitar todo valor al matrimonio y la familia. A este respecto, señala que, “sin duda alguna, dar a luz y amamantar no son actividades sino funciones naturales y no está en juego ningún proyecto personal. Por eso, la mujer no puede encontrar en ello ninguna razón para una alegre afirmación de su existencia” [18]. Durante siglos, la mujer se ha contentado con llevar una “vida relativa”, dedicada al marido y a los hijos. “En realidad -continúa-, para el hombre, ella es sólo una distracción, un objeto, un bien poco importante. El varón es el sentido y la justificación de su existencia” [19]. El varón, por su parte, ha consolidado su supremacía a través de la creación de mitos e instituciones.

Por medio de muchos ejemplos de la literatura y la cultura, Beauvoir analiza el mito de la mujer, tal y como lo han inventado los varones para sus propósitos y concluye que “es tan irrisorio contradictorio y confuso que no se halla unidad alguna: como Dalila y Judit, Aspacia y Lucrecia, Pandora y Atena. Es ídolo y esclava; es el silencioso original de la misma verdad, al mismo tiempo falsa, locuaz, mentirosa; es bruja y terapeuta; es presa del varón y su perdición; es todo lo que él no es y desea poseer, su negación y su fundamento existencial” [20], es, precisamente, el “otro” sexo.

Beauvoir se opone a todas estas afirmaciones, pues señala que las mujeres no son esfinges, sino seres humanos dotados de razón [21]. Su proximidad a la naturaleza -que significa una limitación radical de su potencial humano- es exigida y también temida por el hombre. Aunque las mujeres no pueden negar, ni ignorar su propio cuerpo, éste no determina para nada su libertad existencial. Indudablemente, en la filosofía de S. de Beauvoir, hay razonamientos acertados; que, sin embargo, dan lugar a un gran empobrecimiento ideológico. Ello se aprecia claramente si consideramos su conocido aforismo, “No naces mujer, te hacen mujer” [22], completado más tarde por la lógica conclusión “¡No se nace varón, te hacen varón! Y tampoco la condición de varón es una realidad dada desde un principio” [23].

La “mujer constituye para Beauvoir un “producto de la civilización” [24]. Ella “no es la víctima de un destino misterioso e ineludible” [25] , sino la de una situación muy concreta y corregible, en la cual el “mito de la maternidad” siempre ha servido a los varones como pretexto para motivar a las mujeres a realizar sus quehaceres domésticos [26]. La mujer, por su parte, se ha resignado durante mucho tiempo ante su situación. “Al no querer que una parte de sí se ha convertido en negación, suciedad y malignidad el ama de casa maniática se encoleriza contra el polvo y exige un destino que a ella misma le exaspera” [27]. En su desesperación intenta inútilmente introducir al hombre en la cárcel de su pequeño mundo, bien como madre, esposa, amante “permanente”, parásita [28] o carcelera [29]. El hombre trata a la mujer como su esclava y la persuade a la vez de que sea su reina [30]. Hoy, sin embargo, la lucha se muestra de otra manera, “en lugar de que la mujer pretenda llevarse al hombre a su cárcel, lo que hará es intentar salir de ella. Ya no pretende penetrar en la región de la inmanencia [31]. El hombre hace bien en ayudar en la emancipación de la mujer, pues librándola a ella, se libera él mismo [32].

¿Cómo tiene que ser la emancipación? Para Simone de Beauvoir, no cabe duda que las “cadenas” o “ataduras de la naturaleza deben ser rotas”. La filósofa existencialista traza una ética radical [33], que intenta desenmascarar el matrimonio [34], la maternidad [35], la prohibición del aborto [36] y del divorcio [37], como “medidas coercitivas de las sociedades patriarcales” [38], que dejan a las mujeres en dependencia de los varones. Según sus propias palabras, “las mujeres han decidido protegerse de la maternidad y del matrimonio” [39]. “lamento la esclavitud que se impone a la mujer con los hijos... Como otras muchas feministas, también estoy a favor de que se suprima la familia” [40] dice explícitamente. Además, simpatiza con la inseminación artificial [41], las relaciones lesbianas [42] y la eutanasia [43]. Para la filósofa existencialista, el remedio para salir de la dependencia es la actividad profesional de la mujer [44], con la cual se puede alcanzar “una plena igualdad económica y social” [45] entre los dos sexos.

Aunque todas parten de sus principios, algunas de las feministas actuales superan con mucho determinados aspectos de las exigencias de Beauvoir. En su obra mundialmente conocida, “The Feminin Mystique” [46], Betty Friedan -fundadora del movimiento feminista americano de los años sesenta- critica con gran vehemencia el que la mujer se vea obligada a “la realización de su feminidad” [47] únicamente en el matrimonio, en la familia y en el trabajo doméstico y que se le impida desarrollarse intelectualmente [48].

De la misma manera, la americana Kate Milled, en su libro “Sexual Politics” [49], recurre lo señalado en “Le Deuxième Sexe”: “La mujer aún es indispensable para la concepción, la gestación y el nacimiento de un niño, pero no tiene otra atadura u obligación especial con respecto a él”. Finalmente, el objetivo del feminismo de Shulamith Firestone -la más radical de este grupo- es destruir todas las estructuras más importantes de la sociedad [50]. En “The Dialectic Sex”, propone liberar a la mujer de la “tiranía de la procreación” [51], a cualquier precio. “Lo quiero decir muy claramente: el embarazo es una barbaridad” [52], señala.

La periodista Alice Schwarzer es una de las pocas figuras sobresalientes del feminismo alemán. Después de su larga estancia en París, comenzó su labor, organizando, a principios de los años setenta, la campaña pro-aborto en Alemania [53]. En 1975, lanzó un bestseller [54] al mercado y se destacó, finalmente, como editora de la primera revista feminista, “Emma”, hasta hoy, muy difundida. Su lenguaje frívolo, la exposición de problemas humanos, la eliminación de los tabúes relativos a las normas morales, junto con algunas hipótesis racionales, no constituye una mezcla nueva; no obstante, aplicada exclusivamente a la cuestión femenina, se transforma en un asunto de carácter político.

Aunque Alice Schwarzer subraya una y otra vez su admiración por Simone de Beauvoir [55] -a la que conoció en París personalmente-, es aún más radical en la aplicación de las ideas feministas. Difunde las tesis contenidas en “Le Deuxième Sexe” y las planteadas por el movimiento feminista norteamericano. Más, en último término, para ella no se trata de la cuestión teórica de la igualdad de los sexos, sino de qué modo la mujer, siendo más valiosa y digna de ser amada que el hombre, puede huir del dominio masculino. Según A. Schwarzer, el poder masculino es el único factor que condiciona actualmente la relación hombre-mujer, y sólo puede ser destruido por un poder femenino [56]. El varón es, para ella, el enemigo. La autora expresa: “Por eso, todo intento de una liberación de la mujer tendrá que dirigirse contra los privilegios del varón, tanto a nivel colectivo, como a nivel personal. Eso quiere decir que hay que luchar también contra el propio marido” [57]. Llama a todas las mujeres para que manifiesten su poder y se nieguen a sus maridos, rehúsen “la heterosexualidad” que ha pasado a ser “un dogma” [58] y se interesen por la bi- y la homosexualidad. En suma, Schwarzer concibe el poder sexual como un poder político, intenta iniciar una revolución en las relaciones hombre-mujer, de la cual surgirá una mujer liberada del poder masculino. Esta mujer podrá actuar positivamente en la sociedad.

A. Schwarzer crítica la “ideología del hijo propio” y lucha contra todos los lazos existentes entre madre e hijo. Según ella, tales lazos sirven únicamente para proteger los últimos baluartes de una sociedad para varones [59]. La tarea educativa debe realizarse, en gran parte, por el colectivo; el trabajo doméstico tiene que ser industrializado. Eso significa que debe existir un número suficiente de guarderías y de jardines infantiles, abiertas durante las veinticuatro horas y donde trabajen mujeres y varones [60].

Para la feminista norteamericana Mary Daly, todo lo masculino es objeto del juicio más despiadado, casi de la maldición universal. En su exitoso libro, aparecido en 1978 [61], la autora pasa revista a todas las atrocidades que los hombres han cometido contra las mujeres, desde el comienzo de los tiempos. Contrasta la maldad masculina, “contaminante”, “ponzoñosa” y “destructora”, la autora contrapone la “pureza elemental” de las mujeres. M. Daly exagera tanto las ideas de “Le Deuxième Sexe”, que realmente no se las puede tomar en serio.

Desde hace algún tiempo, el intento de liberarse de las “cadenas de la naturaleza” no es la única preocupación del feminismo radical. Desde ciertos ambientes ecologistas y desde el llamado “feminismo cultural” de Norteamérica han surgido nuevas tendencias. Mientras un grupo de las feministas continúa negando las diferencias fundamentales entre mujeres y hombres, otro grupo ha comenzado a “celebrarlas”. Actualmente, dentro del feminismo, se plantea cada día con más fuerza, que la identificación de lo femenino con la naturaleza, la corporeidad, la sensibilidad y la voluptuosidad, no es un “maldito prejuicio masculino”. Por el contrario, todo lo emocional, vital y sensual ha pasado a ser la esperanza para un futuro mejor. Después de que la racionalidad y el despotismo masculinos han conducido a la humanidad al borde del desastre ecológico y la han expuesto al peligro de la destrucción nuclear, ha llegado la hora de la mujer. La salvación se puede esperar solamente de lo ilógico, de lo instintivo, de lo afable y apacible, tal como se encuentra encarnado en la mujer [62].

Después de que, durante décadas, el deseo de tener hijos fue reprimido y negado, ahora es redescubierto, por grupos feministas [63] como una “necesidad femenina” pura [64]. Esto puede ser una reacción al esfuerzo de la emancipación entendida, con demasiada frecuencia, como una acomodación a los valores masculinos y a la competitividad.

Por supuesto, el deseo de tener hijos no significa un retorno al matrimonio y a la familia burgueses. Las feministas se interesan poco por la realidad social de las mujeres, lo que les preocupa son la vida de la mujer, el cuerpo femenino y las experiencias de dar a luz y de amamantar. “Son las mujeres las que tendrán que liberar la tierra y lo harán, porque viven en una mayor armonía con la naturaleza” [65], esta es la más conocida de las tesis propuestas. A ella se opone ahora, con renovado ímpetu, la teoría igualitaria, que continúa la línea de pensamiento inaugurada por Simone de Beauvoir [66]. Así llegamos otra vez al comienzo de nuestras reflexiones.

3. Las familias patchwork

Cuando se leen los manifiestos feministas, se podría concluir lisa y llanamente que el feminismo radical destruye la familia. ¡Ese es su objetivo declarado! Sin embargo, las cosas no son tan simples como parecen. También hay que matizar esta afirmación.

Si miramos a nuestro alrededor, podemos comprobar que la vida familiar existe. Por ejemplo, tres cuartos de los europeos pasan sus vacaciones en familia, incluso con frecuencia, varias generaciones juntas, en las combinaciones más variadas. Al observar los campings y otros lugares de vacaciones, esto queda muy claro. Pese a todas las advertencias de Simone de Beauvoir y de Alice Schwarzer, pese al deseo creciente de hacer carrera y de ganar dinero, vemos, en todas partes, como las parejas forman una familia y traen niños al mundo. A pesar que, según dicen, para “autorrealizarse”, es más fácil permanecer solo, la mayoría de las personas insisten en reunirse alrededor de una familia.

Incluso, conocidas feministas han comenzado a alabar a la familia. La argentina Ester Vilar, señala que, si existiera completa igualdad, la mujer saldría por la noche, menos que el hombre. Esto no le parece nada mal, pues “que una persona sea mucho más feliz tomándose una cerveza en un bar lleno de humo que velando el sueño de su hijo pequeño en un hogar tranquilo, aún está por demostrar” [67]. Y Christiane Collange, una de las más connotadas feministas francesas sorprende al decir: “Me dan pena las mujeres que no saben la tranquilidad que da quedarse una tarde en la casa, sin hacer nada y disfrutando a su hijo. No hay ninguna otra sociedad que nos brinde tanta alegría de vivir, como la familia” [68].

La feminista de Berlín Barbara Sichtermann opina que la mujer no debe continuar orientándose de acuerdo al varón, como ha sido hasta ahora la política de la emancipación, que ha puesto al varón como ideal. Sin embargo, iguales derechos para ambos sexos es algo tan indispensable como insuficiente. “La posición del varón en la sociedad sólo puede... ser, dentro de ciertos límites, un modelo para el sexo femenino; primero, porque el mundo de los hombres, tal como funciona -o como no funciona- deja mucho que desear; segundo, porque las mujeres emancipadas no son semi-varones, ni quieren serlo” [69].

Es interesante que Sichtermann ponga de relieve la disposición de las mujeres de estar-ahí-para-otros. Señala que se trata de “una virtud clásica femenina”, cuyo exceso debe evitarse; pero “cuya esencia debe ser guardada y propagada” [70].

Sichtermann exige que “el cuidar de otros”, sea apreciada en todo su valor, precisamente cuando no es remunerado. “Nuestra civilización ha creado un clima ético en el que todo el que hace algo gratis, es considerado un tonto. Aún así, sería errado suponer que el respeto por la víctima se ha extinguido completamente. Sólo que carece de un lenguaje... Todo esto es un problema cultural y psicológico social, que sólo puede ser resuelto donde ha comenzado: no mediante transformaciones del mercado laboral, ni del estado, sino en las relaciones interpersonales, que se sustraen, tanto a las reglas que rigen el mercado, como a las que rigen el estado” [71].

El trabajo doméstico es uno de los campos en que ese ser-para-otros, esa preocupación por las necesidades inmediatas, tiene mayor relevancia. Sichtermann no se refiere a su efecto “limitante”, “opresivo” o “enfermante”, sino que lo presenta como una alternativa frente a la vida profesional agotadora y programada. Se trata de un ámbito que se puede organizar como una quiera, señala -junto con los tradicionales defensores de la familia- aquí se puede ser, simplemente un ser humano [72]. Después de todo, todo ser humano anhela tener una “vida personal no económica”, una vida privada. Este deseo se puede reprimir temporalmente, pero nunca se extingue por completo. Por lo demás, las mujeres han adquirido suficiente experiencia fuera del hogar, como para poder admitir, con sinceridad, que la exclusiva vida profesional no aporta, por sí solo, la felicidad. “Las dueñas de casa hacen muy bien cuando se niegan a acudir a la fábrica; ciertamente lo pagan con su dependencia del marido, pero ésta es siempre mejor que la dependencia de un jefe” [73].

Puede ser -continúa Sichtermann en tono provocativo- que las mujeres dependan del sueldo de su marido. Pero, por otra parte, los hombres dependen de sus mujeres, en un sentido mucho más profundo, precisamente, porque todo ser humano necesita un hogar, cuya creación se le ha asignado, durante siglos, a la mujer [74]. La protección de ese hogar debe ser tomada en cuenta por la política feminista, tanto como “el deseo, igualmente fuerte en ambos sexos, de reconocimiento profesional” [75].

Hasta aquí el debate sobre la emancipación. Hoy en día, en amplios sectores de la sociedad, no solamente se habla de una “nueva maternidad”, sino también una vida familiar agradable, seguridad y apoyo moral. Sin embargo, esa familia que anhela el movimiento feminista, nada tiene que ver con la tradición. Comúnmente, es denominada “familia-patchwork” o “familia de remiendos, de parches”, la imagen de una colcha hecha de trozos de telas muy diversas, es el ejemplo perfecto de esta nueva comunidad de personas, en que se reúnen padres e hijos de familias anteriores. Cuando una familia ya “no funciona más”, se va cada uno por su lado, los padres se separan, se llevan a algunos hijos consigo e intentan con otra pareja, un nuevo patchwork. Los remiendos se pueden separar y coser nuevamente, en un modelo diferente, cuando y como se desee.

Nos referimos a un tema muy doloroso y que, por tanto, no se puede tratar superficialmente. Cada uno conoce muchos casos parecidos. Todos sabemos cuánta penuria -de la que se prefiere no hablar-, cuánto sufrimiento se oculta en una situación como la descrita. ¿Quién puede dejar al padre o a la madre de sus hijos, después de años de vida en común, sin experimentar una ruptura en su vida, sin sentirse fracasado, sin dudas, ni remordimientos? Es bien sabido que quienes más sufren son los hijos. Hay que pensar en qué conflicto permanente se encuentran, cuando tienen que elegir entre sus padres “biológicos” y los “escogidos”. Hace poco, me contó una conocida mía: “Mi hijo vive con su tercera mujer. Hasta ahora, todas sus relaciones sólo han durado unos cuantos años. De su primera señora, tiene sólo una hija pequeña. La segunda trajo dos niños al matrimonio, de los cuales, él se preocupó como un verdadero padre. A veces, tenía la sensación de que mi hijo los quería más que a su propia hija. Mis dos nietas políticas estaban muy tristes cuando mi hijo y mi nuera se separaron. El ya tiene una guagua de su actual polola y quieren casarse pronto. Esto significa que pronto tendré tres nueras y un solo hijo”.

No nos corresponde juzgar a nadie. Nadie tiene derecho a hacerlo y, como espectador, se puede ser muy duro y caer, fácilmente en la altanería. Únicamente, queremos conocer el motivo del cambio de valores, que se viene observando en las últimas décadas. ¿No es cierto que el feminismo radical ha jugado un papel decisivo en la destrucción de la familia burguesa y tradicional? Yo diría que sí. Este ha sido uno de sus objetivos declarados y lo ha logrado en amplios sectores de la sociedad. Por una parte, ha llevado la lucha de clases a la relación entre el hombre y la mujer; por otra parte, ha creado un nuevo concepto de familia abierta y ha tildado al “antiguo” como ridículo. En una ley finesa, se define la familia como “el grupo de personas que utiliza el mismo refrigerador” [76]. El desprecio por todas las formas tradicionales de vida queda de manifiesto en un informe de Christiane Collange: “¿La familia unida, en armonía, sin divorcios, ni separaciones, de la se nos habla continuamente para que nos avergoncemos de nuestra vida sin ataduras? ¿Cuánta frustración y fracaso se esconde detrás de la respetable fachada? ¡Cuánta mentira y traición en nombre de la indisolubilidad del matrimonio! No añoro la época de los padres (hombres) 'estrictos pero justos', ni los de las mujeres de mirada triste. Prefiero los padres (hombres) de hoy, que no son ni tan gallinas, como se piensa, ni tan gallitos como antes. También me gustan nuestras supermadres, que siempre tienen prisa, pero se sienten bien en su piel. Prefiero los jeans de fines de siglo, que el cuello de encaje de sus comienzos” [77]. ¡Por cierto, yo también los prefiero!
Es evidente que no se trata de volver a la familia burguesa. Esto sería hacer muy poco y no respondería a las inquietudes de nuestros contemporáneos. ¡No se puede responder a los desafíos actuales con provincianismo! Hemos de demostrar que es mucho más atractivo que un hombre y una mujer se amen y sean un apoyo el uno para el otro, a que se combatan e intenten vencer al otro. Asimismo, hemos de mostrar que el matrimonio, como comunión indisoluble, es la mejor garantía para la felicidad de una familia.

4. Aceptarse a uno mismo

No es posible vivir coherentemente dejándose llevar por todo lo que nos rodea, lo que se nos exige y lo que se nos ofrece. En esta tensión en que vivimos, entre valores, valores aparentes y contravalores, resulta fácil perder la orientación. Por ello, necesitamos guardar una distancia reflexiva, para descubrir una dimensión más profunda de la vida, y tener la valentía de contradecir el espíritu de nuestra época.

Tal vez la falta de aceptación propia sea el problema principal del feminismo, también en su modalidad de la nueva maternidad. Porque si yo me acepto a mí misma, también debo aceptar mis limitaciones, debilidades y los errores que cometo. En lo que concierne a la ideología de la igualdad, esto es aún más claro. El querer-ser-como-el-hombre ha conducido a muchas mujeres a grandes tensiones y a la frustración, incluso hasta a enfermar psíquicamente, pues sólo puede tener una personalidad equilibrada, quien vive en paz con su propio cuerpo.

La propia liberación de la mujer no puede reducirse a una mera equiparación con el hombre. Tenemos que aspirar a algo mucho más valioso y beneficioso; pero también más arduo: la aceptación de la mujer en su propia manera de ser, en su ser mujer, único e irrepetible. La finalidad de la emancipación es sustraerse a la manipulación, no convertirse en un producto, sino ser un original. Poco ayuda entender la emancipación siguiendo los modelos que nos presenta la literatura feminista; pero, sin la disposición a enfrentarse consigo misma; o interpretando las propias debilidades como represión. Precisamente, la resistencia a tales tendencias garantiza la propia libertad. La verdadera promoción de la mujer no la libera de su propia identidad de su propio ser, sino que la conduce a él.

¿Qué significa ser “hombre” o ser “mujer”? ¿En qué se diferencian los dos sexos? En la historia de la humanidad, no se han planteado sobre esta materia sólo ideas sensatas y constructivas. Actualmente, es frecuente burlarse de los hombres, atribuyéndoles características, que no son más que prejuicios superficiales. Otras veces -con bastante más frecuencia-, son las mujeres a quienes se les atribuye ciertos clichés y se humilla, en la teoría y en la práctica. La verdad es que cada sexo tiene rasgos que le caracterizan; cada uno es superior al otro, en un determinado ámbito. Naturalmente, el hombre y la mujer no se diferencian en el grado de sus cualidades intelectuales o morales; pero, sí, en un aspecto ontológico elemental, como es la posibilidad de ser padre o madre y en aquellas capacidades que de ello se derivan. Es sorprendente que un hecho tan simple como éste, haya causado tantos extravíos y confusiones.

5. La maternidad como regalo

Cada nuevo ser humano es confiado a la mujer antes que al hombre, para que ella -primero dentro de sí- lo acoja, lo proteja y alimente. Sólo desde una perspectiva muy superficial y en la cual se ha perdido el sentido de lo esencial, se puede sostener que la maternidad disminuye o perjudica a la mujer, que, como madre, la mujer es inferior o tiene desventajas.

No por eso, la mujer debe quedar “encerrada en la casa”, “condenada a un trabajo de esclavos”, aunque algunos grupos feministas lo dan por demostrado. Es cierto que a bastantes mujeres, el nacimiento de un hijo les supone una carga, en parte por la poca comprensión de los demás y, en parte, debido a estructuras sociales injustas. Sin embargo, estas últimas no son circunstancias que necesariamente acompañen la maternidad. No pueden ser motivo para negar la vida a un nuevo ser humano, sino que las estructuras injustas deben desaparecer. Este es, en todas las sociedades, uno de los desafíos más urgentes.

Cuando una mujer acepta ser madre, dependiendo de las circunstancias familiares y de su situación personal, puede incluso ser su deber, colaborar en la sociedad también a través de su labor profesional y que su casa esté abierta a muchas otras personas. Evidentemente, la primera y principal ocupación y preocupación de los padres es el bienestar de la propia familia.

La maternidad no puede ser reducida a su aspecto físico. En un sentido espiritual, todas las mujeres están llamadas, de alguna manera, a ser madres. ¿Qué es sino salir del anonimato, escuchar abiertamente a los demás y compartir sus deseos y preocupaciones? Esta maternidad espiritual, tiene muy poco que ver con la idea protectora, sensiblera y blandengue, que tanto alaba un sector del feminismo radical. La maternidad espiritual difiere con mucho de aquella visión biológico-materialista. Al contrario, caracteriza una capacidad especial de amar que tiene la mujer, que consiste en descubrir y fomentar lo individual en la masa [78]. La maternidad espiritual no sólo expresa cualidades del corazón, sino también del entendimiento y no sólo exige una constitución natural, sino también formación.. Se refiere a la mujer dotada de espíritu, y no a aquella caricatura que, en el fondo, sólo gira alrededor de las propias necesidades corporales.

A una sencilla, normalmente no le cuesta acercarse a los demás. Su sentido de lo concreto, de la realidad y su sensibilidad ante las necesidades de los demás, le pueden ser de gran utilidad. Tiene un gran talento para la solidaridad y la amistad. ¿Por qué ha de negar estas cualidades, en vez de ser agradecida y hacer así la vida más amable y agradable?. Edith Stein da qué pensar, al escribir: “Cuando alguien se da cuenta de que, en su lugar de trabajo -allí donde cada uno se encuentra en peligro de convertirse en una máquina-, se espera de él cooperación y disponibilidad, conservará algo vivo en su corazón, o despertará a algo que, de otra forma, se atrofiaría” [79].

6. El matrimonio como vocación

El hombre y la mujer se complementan entre sí y tienen mucho que darse recíprocamente. Espiritual e intelectualmente, un hombre nunca puede ser “complementado” por otro hombre en la medida en que lo es con la mujer y lo mismo ocurre en el caso de la mujer.

Todo matrimonio pasa por momentos duros. Se experimenta monotonía, la trivialidad de lo cotidiano, el descontento y la insatisfacción profesional; se ve cómo los planes se estropean y que los hijos son muy distintos a como se los deseaba. Y, con los años, se tiene, no rara vez, la sensación de que se es deudor de muchas deudas impagas.

Cuanto más se pone en tela de juicio la imagen clásica de la mujer, más fácil resulta que surjan conflictos del tipo ¿quién tiene que lavar los platos? ¿quién debe limpiar? ¿quién va de compras?, en fin. Tan necesario es pensar quién hará el trabajo de la casa, como absurdo es estar siempre discutiendo por ello.

Creo que para cada hombre y para cada mujer, más que cada tarea particular, son más importantes su buena disposición hacia la familia, un amor sincero entre ellos y hacia sus hijos, que siempre se manifiesta de modo diverso e individual; pero siempre con la disponibilidad de querer llevar en común las preocupaciones del hogar. Es un callejón sin salida pensar que hombre y mujer, padres e hijos deban “emanciparse” unos de otros. Sería mucho mejor que juntos redescubrieran la belleza de estar ahí para los otros, libremente y por amor. Entonces, ya no se piensa que los propios derechos vayan a salir perjudicados, ni tampoco se exige de los demás lo que uno mismo no quiere dar.

Cuando un hombre y una mujer están dispuestos a sacrificarse por su matrimonio y por su familia, es cuando el amor madura. Esta madurez del amor puede conllevar situaciones muy diversas e incluso contradictorias. Para una mujer puede ser un sacrificio quedarse en la casa, por sus hijos, sin trabajar fuera; para otra, puede ser heroico conjugar el trabajo dentro y fuera de casa, por el bien de su familia. No hay recetas fijas que indiquen cómo ha de ser la vida diaria en cada familia concreta, así como tampoco es adecuado juzgar desde fuera cada situación concreta.

Las posibilidades de cada uno son muy distintas: lo que a una persona le resulta muy sencillo, a otra le supera. También las necesidades de los hijos son diferentes, uno sólo puede requerir más energías de los padres que varios juntos. Como dice I. F. Görres, el matrimonio “ya no es más patria y puerto”, sino que llega a ser una verdadera aventura, cuando se lo vive en su profunda dimensión espiritual. [80]

El matrimonio se vive como una comunión corporal, psíquica y espiritual del ser humano; y en todos los planos, significa, para los cónyuges, una unión entrañable [81]. Por ello, está abierto a nuevas vidas, pues el otro es aceptado en la totalidad de su persona, esto es, también en su fertilidad y en su posible paternidad o maternidad. Sin embargo, si la unión sexual se entendiera únicamente como la procreación de descendientes, se utilizaría y denigraría al cónyuge como un simple medio, se abusaría de él. Asimismo, frecuentemente, se olvida que, si se considera a la pareja tan sólo como objeto de placer, también se la convierte en un objeto. Si en el amor matrimonial se encuentran integrados, tanto el deseo de tener hijos, como la búsqueda de la unión sexual, se puede considerar que la relación entre los cónyuges ha sido lograda. Precisamente, con la aceptación de nuevas personas, que amplían la familia, la comunión de los cónyuges es confirmada y afirmada.

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[1] Cfr. G. Völker y K. von Welck (editores), Die Braut II. Zur Rolle der Frau im Kulturvergleich, Colonia, 1985, pp. 536 - 545.
[2] Cfr. Völker y von Welck, ob. cit., pp. 224 - 231.
[3] Cfr. E. Ennen, Frauen im Mittelalter, 4a. edición, München, 1991.
[4] Cfr. K. Bieber, Simone de Beauvoir, Bonn, 1979, p. 80.
[5] Cfr. C. Wagner, Simone de Beauvoir Wegs zun Feminismus, Rheinfelden, 1984, pp. 1 y 89.
[6] S. de Beauvoir, Das andere Geschlecht. Sitte und Sexus der Frau, Hamburgo, 1951, p. 21.
[7] Beauvoir, ob. cit., p. 49.
[8] J. P: Sarte, Ist der Existentialismus ein Humanismus?, Zürich, 1974, p. 14.
[9] Sartre, ob. cit., p. 14.
[10] La confesión de ser atea en: cfr. Beauvoir, Die Zeremonie des Abschieds und Gespräche mit Jean Paul Sartre. August - September 1974, Reinbek, 1983, p. 565 y sgtes.
[11] Cfr. ver C. Zehl Romero, Simone de Beauvoir in Selbstzeugnissen und Bilddokumenten, Reinbek, 1978, pp. 120 - 127.
[12] Beauvoir, Das andere... cit., p. 49.
[13] Beauvoir, Das andere... cit., p. 21.
[14] Cfr. Beauvoir, Das andere... cit., p. 73.
[15] Cfr. Beauvoir, Das andere... cit., p. 75.
[16] Beauvoir, Das andere... cit., p. 684.
[17] Cfr. Beauvoir, Das andere... cit., p. 455.
[18] Beauvoir, Das andere... cit., p. 71.
[19] Beauvoir, Das andere... cit., p. 719.
[20] Beauvoir, Das andere... cit., p. 165 y sgte.
[21] Cfr. Beauvoir, Das andere... cit., p. 258.
[22] Beauvoir, Das andere... cit., p. 285.
[23] S. de Beauvoir, Alles in Allem, Reinbek, 1974, p. 455.
[24] Beauvoir, Das andere... cit., p. 722.
[25] Beauvoir, Das andere... cit., p. 724.
[26] Cfr. S. de Beauvoir, Über den Kampf für die Befreiung der Frau, Interview von Alice Schwarzer, Kursbuch 35, 1974, p. 62.
[27] Beauvoir, Das andere... cit., p. 461.
[28] Beauvoir, Das andere... cit., p. 721.
[29] Beauvoir, Das andere... cit., p. 751.
[30] Beauvoir, Das andere... cit., p. 718.
[31] Beauvoir, Das andere... cit., p. 751.
[32] Cfr. Beauvoir, Das andere... cit., p. 502 y 717.
[33] Una resumida exposición de esta ética, también llamada "nueva moral", se encuentra en K. Lüthi, Gottes neue Eva, Stuttgart - Berlín, 1978, pp. 67 - 126. Ver también la feminsta Elisabeth Badinter, Die Mutterliebe. Geschichte eines Gefühls vom 17. Jh. bis heute, München, 1981, p. 267: "De la contradicción entre los deseos de las mujeres y los valores dominantes sólo pueden surgir nuevos modos de actuar que posiblemente transformarán la sociedad mucho más profundamente que todo cambio económico que sea de esperar".
[34] Cfr. p. ejm. Beauvoir, Das andere... cit., p. 209; cfr. pp. 500, 697 y 721.
[35] Cfr. Beauvoir, Das andere... cit., p.689.
[36] Cfr. p. ejm. Beauvoir, Das andere... cit., p. 504.
[37] Cfr. Beauvoir, Das andere... cit., p.70.
[38] Beauvoir, Das andere... cit., p.70.
[39] S. de Beauvoir, entrevista con Alice Schwarzer en: Der Spiegel 15, 1976, p. 195; cfr. también Beauvoir, Über den Kampf... cit., p. 463.
[40] Beauvoir, Über den Kampf... cit., p. 463.
[41] Beauvoir, Das andere... cit., p. 697.
[42] Cfr. Beauvoir, Das andere... cit., p. 409 y sgtes.
[43] Cfr. S. de Beauvoir, Ein sanfter Tod, Hamburgo, 1965, pp. 63 y sgte; Das Alter, Reinbek, 1972, p. 383; Alles... cit., p. 105.
[44] Años más tarde, Beauvoir insiste en que la liberación de la mujer empiece por la emancipación económica, cfr. Beauvoir, Über den Kampf... cit., pp. 65 y 66.
[45] Beauvoir, Das andere... cit., p. 679 y Über den Kampf.. cit., p. 462.
[46] B. Friedan, The feminin Mystique, 1963. Der Weiblichkeitswann, Hamburgo, 1966.
[47] Friedan, ob. cit., p. 33.
[48] Friedan, ob. cit., p. 52.
[49] K. Millet, Sexual Politics, 1969. Sexus und Herrschaft. Die Tyrannei des Mannes in unserer Gesellschaft, München, 1971.
[50] Cfr. S. Firestone, The Dialectic Sex, 1970; en alemán: Frauenbefreiung und sexuelle Revolution, Frankfurt a. M., 1976, p. 41; cfr. también Beauvoir, Über den Kampf... cit., p. 463.
[51] Firestone, ob. cit., p. 191.
[52] Firestone, ob. cit., p. 191.
[53] Ver A. Schwarzer, Frauen gegen den § 218, 2, Frankfurt a. M., 1971.
[54] A. Schwarzer, Der kleine Unterschied und seine großen Folgen, Frankfurt a. M., 1975.
[55] Cfr. A. Schwarzer (editora), Simone de Beauvoir heute, Reinbek, 1983, pp. 9, 14 y 96.
[56] Cfr. Schwarzer, Der kleine Unterschied... cit., pp. 206 y sgte.
[57] Cfr. Schwarzer, Der kleine Unterschied... cit., pp. 208 y sgte.
[58] Cfr. Schwarzer, Der kleine Unterschied... cit., pp. 200.
[59] Cfr. revista Emma, septiembre de 1978.
[60] Cfr. Schwarzer (editora), Frauenarbeit-Frauenbefreiung, Frankfurt a. M., 1973, p. 27.
[61] Cfr. M. Daly, Gyn/Ecology; en alemán, Gyn/Ökologie, München, 1982.
[62] Cfr. R. Garaudy, Der letzte Ausweg. Feminisierung der Gesellschaft.
[63] El hecho de que la actitud frente a la maternidad divide al movimiento feminista, se muestra en una conversación entre Simone de Beauvoir y Betty Friedan. Esta última señala: "Now, I think we do disagree. I think that maternity is more than a myth, although there has been a kind of false sancity attached to it". Cfr. Sex, Society and the Female Dilemma. A Dialog between Simone de Beauvoir an Betty Friedan, en: Saturday Review (14 de junio de 1975), p. 20.
[64] B. Sichtermann, Weiblichkeit. Zur Politik des Privaten, Berlín, 1983, p. 27. Cfr. también p. 32.
[65] Cfr. L. Caldecott und S. Leland (editores), Reclaim the Earth, Londres, 1983, p. 1.
[66] Cfr. p. ejm. L. Segal, Ist die Zukunft weiblich?, Frankfurt a. M., 1989.
[67] E. Vilar, Das Ende der Dressur, München, 1977, p. 194.
[68] C. Collange, citada en E. Motschmann, Offen gefragt, offen geantwortet, Berlín, 1988, p. 70.
[69] B. Sichtermann, FrauenArbeit, Über wechselnde Tätigkeiten und die Ökonomie der Emanzipation, Berlín, 1987, p. 50.
[70] B. Sichtermann, ob. cit., p. 9.
[71] B. Sichtermann, ob. cit., p. 57 y siguiente.
[72] Cfr. B. Sichtermann, ob. cit., p. 22.
[73] B. Sichtermann, ob. cit., p. 13.
[74] B. Sichtermann, ob. cit., p. 57.
[75] B. Sichtermann, ob. cit., p. 54.
[76] Cfr. F. Geinoz, Wenn die Bevölkerungsfrage Familienwerte erstickt, en Familie und Erziehung 16 (1994), n° 3, p. 4.
[77] C. Collange, Die Wunschfamilie, Düsseldorf-Viena, 1993, p. 226.
[78] Cfr. sobre este punto J. Angst y C. Ernst, Geschlechtsunterschiede in der Psychiatrie, en: Weibliche Identität im Wandel. Vorträge im Wintersemester 1989/90, Heidelberg, 1990, pp. 69 - 84.
[79] Edith Stein, Die Frau, Ihre Aufgabe nach Natur und Gnade, Friburgo, 1959, p. 8.
[80] Cfr. I. F. Görres, ob. cit., pp. 413 y sgte.
[81] Cfr. N. y R: Martin, Johannes Paul II: Die Familie. Zukunft der Menschheit, Vallendar, 1985, p. 324

 

 

 La complementariedad varón-mujer en la familia y en la sociedad

Ángela Aparisi

La diferencia entre varones y mujeres está respaldada por la Genética, la Endocrinología y la Neurología. Todas las células del hombre (contienen los cromosomas XY) son diferentes a las de la mujer (XX). La desigualdad sería de un 3%. No se trata de un porcentaje muy alto. No obstante, esa pequeña diferencia se encuentra en todas las células de nuestro cuerpo. Mujer. Eso tiene, al menos, dos consecuencias: que somos más iguales que diferentes, y que somos iguales y diferentes en todo.

Es bien conocido que la modernidad supuso, para la mujer, la exclusión de la vida política, jurídica, económica y cultural. Su discriminación en estos ámbitos tuvo consecuencias muy negativas, no sólo para su realización personal, sino también para toda la sociedad. Frente a esta situación surgió el primer feminismo -o feminismo liberal-, cuya lucha por la igualdad de derechos entre hombre y mujer llevó a cabo una aportación innegable. Sin embargo, este feminismo implicó una defensa de la mujer sobre unos presupuestos claros: la devaluación de lo que, tradicionalmente, había sido el espacio social femenino y la potenciación, de una manera dicotómica, del ámbito de lo público. En definitiva, se presuponía que, para realizarse personalmente, la mujer tenía que renegar de aquellas actividades que, tradicionalmente, habían constituido su ámbito social, sucumbiendo ante los valores modernos de la productividad y del éxito.

Varón y mujer están llamados a protagonizar un progreso equilibrado

Frente a este feminismo liberal de la igualdad, surgió un feminismo de la diferencia. Este reivindicó, adecuadamente, la importancia de los valores que tradicionalmente había defendido la mujer. No obstante, tuvo el desacierto de hacerlo desde una posición de exaltación unilateral de lo femenino. Como ha señalado Ballesteros, este feminismo considera al varón como un ser irredento, condenado a guiarse exclusivamente por criterios de poder y violencia. Comete, por ello, un grave error: el de atribuir al género masculino, como si fueran su "esencia" o naturaleza, los caracteres y modos de construir la realidad que a éste le había asignado la modernidad.
El tercer feminismo, o feminismo de la complementariedad, pretende conservar y ahondar en la defensa de la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer, propia del primer feminismo. No obstante, rompe con planteamientos antagónicos y dicotómicos. Por un lado, destaca que la defensa de tal igualdad no debe implicar, necesariamente, un igualitarismo. Busca, asimismo, hacer compatibles igualdad y diferencia, sin que ninguna de estas categorías lesione a la otra. Se trata, en consecuencia, de evitar caer en los errores, tanto del subordinacionismo, como del igualitarismo. Ambos son excesos en los que han incidido quienes han desequilibrado la balanza a favor de la diferencia o, por el contrario, de la igualdad.

Presupuestos y consecuencias del feminismo de la complementariedad

Para el feminismo de la complementariedad la categoría de la igualdad entre varón y mujer es un presupuesto incuestionable. Es más, tal igualdad es condición imprescindible para la propia complementariedad. De hecho, estudios psicológicos han demostrado que las semejanzas entre los sexos son muy superiores a las diferencias en cualquier tipo de variable. Ambos, varón y mujer, participan de una misma naturaleza, y tienen una misión conjunta: la familia, la cultura y en definitiva, la sociedad.
Pero, una vez establecida convenientemente la igualdad, el feminismo de la complementariedad debe dar un paso adelante: tiene que dilucidar dónde se encuentra la diferencia y saber insertarla en la igualdad, de modo que ninguna categoría lesione o le reste su lugar a la otra. Se trataría de encontrar lo que Janne Haaland Matláry denomina el "eslabón perdido" del feminismo, es decir "una antropología capaz de explicar en qué y por qué las mujeres son diferentes a los hombres". Al determinar en qué consiste la diferencia, tendrá que precisar qué tiene de cultural y qué de permanente en la condición sexuada, explicando como se armonizan igualdad y diversidad.
Ya se ha señalado que cualquier diferencia entre hombres y mujeres presupone, necesariamente, la igualdad. Tanto el varón como la mujer, están llamados a ser protagonistas de un progreso equilibrado y justo, que promueva la armonía y la felicidad. En este sentido, podemos referirnos a dos elementos estructurales comunes a ambos: su dignidad intrínseca y su carácter interdependiente.
El principio de la dignidad implica que todo ser humano, varón o mujer, posee una excelencia o eminencia ontológica, una superioridad en el ser frente al resto de lo creado. Podríamos afirmar que ambos nos situamos en otro orden del ser. Es un principio ontológico, ya que se trata, como se ha indicado, de una dimensión intrínseca a todo ser humano. O dicho de otra manera, designa la clase de seres vivientes que somos, tanto varones como mujeres, determinando nuestro estar en el mundo. La dignidad es también un principio moral y jurídico, en la medida en que debe orientar decisivamente las acciones humanas.

La experiencia humana -tanto de varones como de mujeres- es de relación con los demás

El segundo elemento estructural, que sustenta la igualdad, radica en que varón y mujer somos seres relacionales e interdependientes. La persona se construye en y a través de la relación intersubjetiva. La experiencia humana -tanto de varones como de mujeres- es, así, una experiencia de relación con los demás. En realidad, el ser humano es un ser con los demás. La persona es, por constitución, máxima comunicación. Ello no significa, como indica Castilla, que su carácter de persona derive o dependa de la interrelación (reduciendo, en definitiva, la persona a relación). Tampoco presupone que la sociabilidad sea el resultado de una convención humana posterior, dependiente de un contexto histórico o cultural.
Ciertamente, este rasgo constitutivo se manifiesta, posteriormente, en sus actos, pero la estructura relacional está enclavada en el ser de la persona. Por ello, para Polo el ser personal es incompatible con el monismo: "Una persona única -afirma- sería una desgracia absoluta", porque la persona es capaz de darse y el don requiere un destinatario" Este ser-acompañado que es toda persona se describe, desde Heidegger, con el término ser-con. El hombre no sólo es ser, sino ser-con. O, siguiendo a Polo, coexistencia.

Algunas reflexiones sobre la diferencia

Partiendo de la igualdad ontológica entre varón y mujer, el problema está ahora en dilucidar el estatuto de la diferencia, ensamblándolo con la igualdad. Considero que la distinción o diferencia entre varón y mujer afecta a la identidad más profunda de la persona. En contraposición al pensamiento dualista, se parte de la unidad radical entre cuerpo y espíritu, entre dimensión corporal y racional. De ahí que la singularidad personal deba acoger, como un elemento fundamental, el cuerpo, el sexo, en definitiva, ser varón o mujer. La función del sexo, que en cierto sentido es "constitutivo de la persona" (no sólo "atributo de la persona"), demuestra lo profundamente que el hombre, con toda su soledad espiritual, con la unicidad e irrepetibilidad propia de la persona, está constituido por el cuerpo como "él" o "ella".
La diferencia sexual humana sería, entonces, una distinción en el mismo interior del ser. Y teniendo en cuenta que el ser humano es personal, sería una diferencia en el seno mismo de la persona. De este modo, como señala Castilla, existirían dos modalidades o posibles "cristalizaciones" del ser personal: la persona masculina y la persona femenina.
La diferencia entre varones y mujeres está actualmente respaldada por las ciencias biomédicas; en concreto, por la Genética, la Endocrinología y la Neurología. Sabemos que, desde un punto de vista genético, todas las células del hombre (que contienen los cromosomas XY) son diferentes a las de la mujer (cuyo equivalente es XX). Se calcula que la desigualdad sería de un 3%. No se trata de un porcentaje muy alto. No obstante, hay que tener en cuenta que esa pequeña diferencia se encuentra en todas las células de nuestro cuerpo. En realidad, hasta su última célula, el cuerpo del varón es masculino y el de la mujer, femenino. Eso tiene, al menos, dos consecuencias: que somos más iguales que diferentes, y que somos iguales y diferentes en todo.

Las diferencias no permiten dividir el mundo en dos planos

El desarrollo adecuado del cromosoma "Y" determinará, a su vez, diferencias endocrinológicas, que se sumarán a la diferenciación genérica. La acción de las hormonas es muy importante en el posterior crecimiento intra y extrauterino del ser humano. Estas determinan el desarrollo sexuado, e influyen en el sistema nervioso central. En consecuencia, también configuran de modo diferencial el cerebro. Así, para Zuanazzi, "la sexualización involucra a todo el organismo, de modo que el dimorfismo coimplica, de manera más o menos evidente, a todos los órganos y funciones. En particular, este proceso afecta al sistema nervioso central, determinando diferencias estructurales y funcionales entre el cerebro masculino y femenino". De este modo, para este autor, ambos cerebros serían dos "fundamentales variantes biológicas del cerebro humano".
Ciertamente, estamos ante un campo de investigación aún abierto, en el que no cabe hacer afirmaciones definitivas. No obstante, diversos estudios psicométricos han demostrado la existencia de una variedad de diferencias, estadísticamente significativas, respecto a habilidades cognitivas entre hombres y mujeres. Así, por ejemplo, Kimura estudió las diferencias entre el cerebro de! varón y el de la mujer en el modo de resolver problemas intelectuales. Llegó a la conclusión de que, en general, poseen modelos diversos de capacidad, aunque no de nivel global de inteligencia. De este modo, se podría afirmar que existe heterogeneidad entre los sexos en cuanto a la organización cerebral para ciertas habilidades. Pero tal diferencia no implica una mayor o menor inteligencia entre ellos, sino una capacidad complementaria de observar y abordar la realidad.

Las virtudes pertenecen a la naturaleza humana, que es la misma para los dos sexos

Dicho esto, conviene tener en cuenta que las diferencias referidas no nos permiten, como en ocasiones se ha pretendido, dividir el mundo en dos planos, el masculino y el femenino, entendiéndolos como dos esferas perfectamente delimitadas. Siguiendo a Palazzani, la generalización de conductas consideradas, por ejemplo, típicamente femeninas implicaría "el riesgo de estereotipar la imagen de la mujer, puesto que se estaría haciendo caso omiso de las diferencias existentes entre las mismas mujeres, además de entre hombres y mujeres, y acabaríamos idealizando y elevando a la mujer a la condición de ser superior, capaz de saber cómo actuar en cada situación (sería algo así como pasar del paternalismo al maternalismo)".
Tampoco es admisible referirse a "valores" exclusivamente masculinos o femeninos. Por ello, no se puede hacer una distribución de virtudes y cualidades propias de cada sexo, afirmando, por ejemplo, que a la mujer le corresponde la ternura y al varón la fortaleza. Como indica Blanca Castilla, las cualidades, las virtudes, son individuales, personales. Tener buen o mal oído, buena o mala voz, no depende de ser varón o mujer. Por otra parte, puede haber varones con una gran intuición y mujeres con destreza técnica. Las virtudes pertenecen a la naturaleza humana, que es la misma para los dos sexos. Por ello, cada persona, ya sea varón o mujer, debe desarrollarlas, aunque pueda manifestarlas de manera diferente y complementaria.
Puede resultar ilustrativo mencionar aquí a Jung, quien descubrió que cada sexo era complementario dentro de sí mismo. Este autor advirtió que los sexos, no son sólo complementarios entre ellos, sino también en el interior de cada uno. Afirmaba que cada varón tiene su "anima" -o su parte femenina-. Como contrapartida, cada mujer posee también su "animus" -o parte masculina-. Podrían interpretarse, en este sentido, los comentarios que hizo Ortega y Gasset sobre el cuadro de La Gioconda. En su opinión, Leonardo Da Vinci no pintó en él el retrato de una mujer, sino la parte femenina de su alma.
En resumen, es cierto que hombres y mujeres presentan, en general, modos complementarios de percibir y construir la realidad. Se podría afirmar así que los valores, cualidades y virtudes se concretan de manera diferente en hombres y mujeres. Por decirlo de algún modo, en general, es distinta la fortaleza femenina que la masculina. Pero, al mismo tiempo, cada una necesita o se complementa con la otra.
La construcción de una cultura de la corresponsabilidad, tanto en el ámbito público como en el privado, debe asentarse, en primer lugar, en la superación de la trampa antropológica que supone la exaltación de los criterios considerados "masculinos" en la sociedad. En segundo lugar, se debe desenmascarar el error en el que han caído ciertos feminismos: la consideración del varón como un ser irredento, violento y deshumanizado por "naturaleza". Los denominados "modos de hacer masculinos" (como, por ejemplo, el individualismo, la utilización irresponsable de la sexualidad o la poca dedicación a la familia) son, en cierto grado, los atributos y actitudes que la modernidad asignó al varón, y que éste ha asimilado, en gran medida, de una manera acrítica.
De esto se deduce una consecuencia fundamental: el grave error añadido que supone la "masculinización" de las mujeres. Tal actitud, que en realidad implica asumir los defectos que la modernidad asignó a los hombres, no hace sino dar un paso adelante en la deshumanización de la sociedad. Pero, junto a esta equivocación, hay que evitar también caer en el fenómeno inverso, la "feminización" de los varones. Se trata, en ambos casos, de dinámicas consistentes en incorporar los errores del otro sexo. Frente a ello, se propone, por el contrario, asimilar los "modos de hacer" positivos, lo que de virtuoso y humano aporta cada sexo en su modo de afrontar y de enfrentarse a la realidad.
En conclusión, la complementariedad implica la inadecuación de imponer un concreto modelo, ya sea masculino o femenino, de actuación. Varones y mujeres tenemos un modo distinto de construir la sociedad. De lo que se trata, como indica Castilla, "es de que cada sexo no imite, sino que aprenda del otro, encarnando, las virtudes, en definitiva, lo que éste tiene de positivo". Cada persona, ya sea masculina o femenina, debe "abrirse" a la contemplación del bien en los demás y desarrollarlo en su propia existencia. Para ello, puede tomarse como referente la actitud más genuinamente humana: la capacidad de servicio a los otros.

 

Madre del Pilar

Desde muy al principio, con Santiago,

quisiste ser de Hispania fundamento

piedra angular de un pueblo que te ama

y que expandió tu Nombre al mundo entero,

impregnando tu aroma por doquiera

que unos hombres surcaran mar y suelo.

 

Pilar se te llamó desde el origen

que, en pedestal, apareció tu cuerpo

de humana criatura hecha de carne

en configuración lo mismo que es el nuestro,

porque aun siendo, por Dios, llena de gracia

Tú naciste mujer dentro del tiempo.

 

Hoy, miríadas de hijos ya te aclaman

como Madre otorgada por el Verbo

cuando, desde la Cruz, a Juan te daba

en su nombre a nosotros, bien pequeños,

indignos de tal don inapreciable

mas, no obstante, acogidos a tu seno.

 

Empezaban los doce a prodigarse

sembrando por doquier el Evangelio

y a Santiago, el mayor, cuando dudaba

viniste a confortarlo junto al Ebro,

de cuya aparición quedó arraigada

la fe que nuestros padres recibieron.  

 

José María López Ferrera

 

 

Ante la Ley de la eutanasia 

Los cuidados paliativos están «destinados a hacer más soportable el sufrimiento en la fase final de la enfermedad y, al mismo tiempo, asegurar al paciente un acompañamiento humano adecuado» (Evangelium vitae, n. 65). Ahora bien, no es verdad que los cuidados paliativos sean la alternativa a la eutanasia, como si ambos fueran acordes a la dignidad del enfermo y a la
dignidad del personal sanitario o del cuidador. No es así. La única alternativa ante un enfermo terminal y su dignidad son los cuidados paliativos, no la eutanasia que, bajo la perspectiva de la legalidad y de una falsa compasión, dinamita la propia dignidad de la persona enferma y sitúa al personal médico y al cuidador en la tesitura de traicionar su vocación más genuina que es la de curar y cuidar.

¿Qué valoración merece la intención de la clase política de pretender legalizar la eutanasia? La legalización de cualquier acción inmoral (aborto, eutanasia, etc.) provoca inevitablemente el aumento y empeoramiento de esas mismas acciones. Ya lo hemos visto en países de nuestro entorno europeo: se comienza con la eutanasia de enfermos terminales que la solicitan y se acaba
planteando la posibilidad de aplicar la eutanasia a enfermos que están en contra de ella e incluso a niños en contra del consentimiento de los padres. Nadie quiere esto. Recordaba Benedicto XVI en la encíclica Spe salvi que «la grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre. Esto es válido tanto para el individuo como para la sociedad. Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana» (n. 38).

Al acabar la parábola del Buen Samaritano el Señor dijo al maestro de la ley: «anda y haz tú lo mismo» (Lucas 10, 37). La Iglesia está llamada siempre a dar testimonio de caridad operante en los casos de enfermos graves que necesitan cuidados paliativos, así como una adecuada asistencia religiosa. Pero es urgente además una nueva movilización espiritual de las comunidades parroquiales y diocesanas en la creación o potenciación de instituciones dependientes de la Iglesia para que quien se acerca al momento de la muerte, se le brinden los cuidados paliativos, dentro de los cuales están también los sacramentales, para que se culmine la vida terrena con dignidad y se alcance así la salvación eterna. El Señor nos está instando a crear en nuestra diócesis de Toledo un centro dedicado al cuidado digno de los enfermos terminales o a la ayuda de las familias que
los cuidan en sus casas.

Pero se necesita la colaboración de todas las fuerzas vivas y responsables de la sociedad en favor de los enfermos que más sufren. La sinergia entre la Iglesia y el estado es especialmente importante en estos campos, para asegurar la ayuda necesaria a la vida humana en el momento de la fragilidad. Es necesario que todas las instituciones se unan en el cuidado digno de los
enfermos terminales, que excluye la eutanasia, y ofrece los paliativos. Tendemos la mano al estado. Nos importan los que sufren, los enfermos y sus familias, no la confrontación ideológica. Al fin y al cabo, con la eutanasia pierden los enfermos, el personal sanitario y la sociedad misma; con los cuidados paliativos ganamos todos.

+ Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

 

 Para olvidarme de mí

Blanca Sevilla

Pero no huye del hogar; que es cálido a no dudar.

Detrás de la franqueza de sus ojos verdes, Antonieta lleva consigo sentimientos añejos, palabras que se pudrieron dentro por falta de oxígeno, lágrimas que ya se le hicieron charco en el alma.

Los otros conocen en ella ese rostro ficticio, de pasividad amable, apenas iluminado a ratos por una sonrisa que es mueca acostumbrada de tanto ensayarla. Es una niña con aspiraciones de adulto.

Cuando se le mira con cristales analíticos, si es que hay tiempo para ello en el trajín de todos los días, Antonieta evoca esa imagen reiterativa de los cuentos; esos muchachos ataviados con su camisa a cuadros, sus bermudas deslavadas y su cachucha puesta al revés, dispuesto a desentrañar aventuras, a huir de la casa paterna con sus pertenencias liadas en el paliacate que pende de una vara larga, tan delgada como quien la carga.

Pero no huye del hogar; que es cálido a no dudar. Más bien desea olvidarse de los suyos, de su incapacidad para decir que sufre, que siente las palabras ajenas como dagas, que su carga ya es pesada, que es un ser humano de piel compuesta química y anímicamente por amor y resentimiento, alegrías y tristezas, logros y frustraciones, por esos contratiempos neciamente hospedados en nosotros.

Antonieta no puede hablar de sí. Si lo intenta, una semilla de durazno empieza a crecerle en la garganta a tal velocidad que pronto le salen hojas y retoños. Cuando niña, no logró asimilar el arte de las carcajadas, ni la experiencia del llanto convulsivo.

Antonieta no se ama ni se confía. Vestida de timidez, con el rojo de la sangre en las mejillas a manera de accesorio, tiene oídos para oír y palabras para alentar, pero unos y otras le son insuficientes para hablarse.

Su rostro se anonada cuando escucha las intimidades que los demás le espetan a los demás. ¿Cómo hacen para no tener miedo de que los conozcan, de que los agredan, de que los comprendan, de que los posean?

Antonieta tiene miedo, nadie le dijo que llanto lava al hombre como la lluvia a la tierra. Nadie le dijo que las palabras que se dicen fuerte purifican. Nadie le dijo que todos se equivocan y que todos aciertan. Nadie le dijo que hay en el hombre una totalidad fragmentada. Nadie le dijo que su trabajo de actor principal sobre el escenario se multiplica hasta alcanzar a cada uno de los seres que integran el elenco. Nadie le dijo que la cabeza está estratégicamente colocada arriba del corazón para razonar y dominar los sentimientos.

Nadie le dijo, en fin, que la vida es la misma para todos, y que sólo nos distingue la forma de asistir al banquete.

Antonieta quiere ser humana. No se ha dado cuenta de que ese querer ser, ya empezó a serlo…

 

Para el mes de octubre. Elvis Presley y el rosario

Escrito por José Martínez Colín.

El papa Pío V pidió a la cristiandad rezar rosario para evitar el triunfo de los turcos en Lepanto el siete de octubre. Por eso octubre, es mes del rosario.

1) Para saber

El siete de octubre se celebra el aniversario en que los pueblos cristianos en Europa pudieron detener la amenaza turca ante el peligro de ser invadidos y destruidas sus ciudades e iglesias, como ya había sucedido en otros sitios. Fue en octubre de 1571 cuando el papa san Pío V pidió a todos los católicos que se unieran rezando el rosario para pedir la intercesión de la Virgen María ante la batalla naval en el Golfo de Lepanto, pues estaban en clara desventaja en proporción de tres a uno. Las oraciones fueron escuchadas. Pudieron vencer y detener el peligro inminente.

Por ello, el papa designó el siete de octubre para festejar a Nuestra Señora del Rosario y desde entonces la Iglesia ha dedicado el mes de octubre al Santo Rosario. Además, para tener presente que la Virgen María está siempre pendiente de ayudarnos en nuestras necesidades y ha mostrado su poderosa intercesión en situaciones de peligro, se añadió en las letanías, en aquel entonces, un nuevo título mariano: “Auxilio de los cristianos”.

Con ese motivo, ahora el papa Francisco invitó a ser fieles a la costumbre de rezar el Rosario en las comunidades y, sobre todo, recomendó rezarlo en las familias.

2) Para pensar

Es conocido que el llamado Rey del Rock & Roll, Elvis Presley, estuviera influenciado por la música religiosa, llamada “gospel”, e incluso grabó varias canciones e himnos al respecto. Sin embargo, es poco conocido que cantara una canción sobre la Virgen María y el Santo Rosario con una letra muy devota y respetuosa. La canción se titula “El Milagro del Rosario”. Está incluida en un álbum muy exitoso, “Elvis Now” del año 1971, que fue “Disco de Oro” en Estados Unidos. En ese disco Elvis también interpreta la famosa canción de The Beatles, “Hey Jude”.

La canción del rosario no fue propuesta para incluirse por la compañía disquera, sino por el propio Elvis. La letra la escribió su gran amigo, Lee Deanson, quien fue quien le enseñó a tocar la guitarra. Lee se convirtió al catolicismo, muriendo en el año 2007. En la lápida de su tumba se escribió: “Gracias una vez más por el Milagro del Rosario”.

Pensemos qué lugar ocupa la oración del rosario en nuestra vida.

3) Para vivir

Como recordamos, cada rosario se compone de cinco decenas, llamadas misterios. Primero están los llamados Misterios Gozosos; luego los Luminosos (añadidos por san Juan Pablo II); le siguen los misterios Dolorosos y por último los Gloriosos. Antes de rezar cada misterio se recuerda brevemente un acontecimiento de la vida de Jesús y de la Virgen María. El papa Francisco animó a meditar cada día “los misterios de la vida de María a la luz de la obra salvadora de su Hijo”, para hacerla partícipe de nuestras alegrías, preocupaciones y momentos de felicidad.

Es bueno adquirir o no perder la costumbre de rezar el Rosario en familia, pues como decía Benedicto XVI “la recitación de esta oración constituye la cita diaria de vuestra familia, que crecerá así, gracias a la intercesión de María, en la unidad y en la fidelidad al Evangelio”.

Cristianismo: ser como el mundo

ForumLibertas.comEditorial

Hay dos formas de vivir el cristianismo que lo lastran empujándolo a la marginalidad. Una es la catastrofista, sobre la que ya advertía Romano Guardini, que consiste en verlo todo tan mal, que lo único que puede salvarnos es vivir encerrados en nuestra comunidad sin participar para nada en ningún aspecto público de la vida secular, y menos que nada si se trata de participar en el debate político.

Se desprecia así una gran posibilidad de trabajar para el Reino de Dios, porque como incluso afirma Habermas: “la normativa con la que el Estado liberal confronta a las comunidades religiosas concuerda con los propios intereses de éstas, en el sentido de que con ello les queda abierta la posibilidad de, a través del espacio público-político, ejercer su influencia sobre la sociedad en conjunto”, y han de hacerlo además dejando sentada otra afirmación también de Habermas: los ciudadanos secularizados ni pueden negar en principio a las cosmovisiones religiosas un potencial de verdad, ni tampoco pueden discutir a sus conciudadanos creyentes el derecho a hacer contribuciones en su lenguaje religioso a las discusiones públicas.

Comentamos entre todos los principales hechos de nuestro tiempo que exigen la respuesta de los cristianos.
¡Participa y únete!

Hay un trasfondo, una permanente tentación donatista, catara en aquella actitud.

El otro gran lastre, consiste en considerar que la solución radica  en “ser como el mundo” porque considera que la Iglesia se ha apartado demasiado de sus valores y referencias. Ciertamente se trata de una idea de escasa racionalidad. La Iglesia es un sujeto colectivo y una institución surgida directamente de Dios en la persona de Jesucristo, y cuyo origen es tan concreto como la Pentecostés. Transita en la historia,la atraviesa hasta el fin de los tiempos, está presente en las distintas culturas y civilizaciones de cada época y cada lugar, pero no forma parte de ellas. Las inculturaliza, permea, influye, modela desde su realidad.

Si siguiera modelos mundanos de cada época, con sus culturas y civilizaciones pasadas a mejor vida, hoy poco quedaría de la Iglesia.

Cuando se plantea la necesidad de “ser como” se está formulando en realidad, un discurso desde el supremacismo occidental, porque bajo esta visión “El Mundo“ sólo señala en realidad los modos y maneras de una parte de Occidente, de Europa y aún no toda, de una parte de la sociedad americana y de los dos estados de las antípodas, ex colonias británicas. Pero obviamente esto no es el mundo y de hacerle caso cancelaría toda posible incardinación de la Iglesia en otras culturas.

Pero, además, muchos de los que defienden esta semejanza son selectivos. Se trata sobre todo de una mejor aceptación del aborto, de la eutanasia, del matrimonio homosexual, de la promiscuidad sexual, de la perspectiva de género, pero en ningún caso consideran que la Iglesia debe aproximarse a la realidad más extendida en el mundo, que es la concepción de la supremacía del mercado, que la Iglesia rechaza. En otras palabras, lo que persigue esta aproximación al mundo no es otra cosa que una interpretación subjetiva que obedece a una coyuntura histórica muy concreta de una parte de la sociedad, y claro con este bagaje no se puede abordar la realidad de una institución dos veces milenaria. Hay que ser más serios.

Ambas visiones se presentan en formas “duras”, pero están mucho mas extendidas sus versiones lihgt, que entorpecen, por la maraña de ideas que generan, la tarea de los laicos en el mundo, que requiere de ideas claras y unidad de propósito.

Pandemia. ONU y aborto

Ante las preguntas “¿Qué está haciendo para coordinar las respuestas sistémicas a algunos de estos problemas? ¿Y cómo pueden la ONU y su oficina en particular proteger el acceso no solo a los servicios, sino también la protección de estos derechos fundamentales?" Guterres, Scretario General de la ONU, enfatizó sus informes y acciones para promover la salud sexual y reproductiva, y específicamente el aborto, como algo esencial durante la pandemia de COVID-19. Cabe señalar que ningún documento de la ONU otorga al Secretario General ni a ningún otro organismo de la ONU el derecho a promover el aborto por ningún motivo.

Los informes de los esfuerzos de la ONU para utilizar la pandemia de COVID-19 para promover el aborto, tanto en general como para presionar a países específicos, llevaron al administrador interino de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, John Barsa, a escribir una carta al Secretario General de la ONU instándolo a dejar de promover aborto. Según los informes, Guterres respondió diciendo que el sistema de la ONU no interfiere en la política del aborto.

En agosto, el embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas en Ginebra, Andrew Bremberg, escribió a un grupo de expertos en derechos humanos de la ONU para quejarse de que intentaron interferir en la política del aborto en Estados Unidos durante la pandemia de COVID-19.

En sus respuestas, Guterres subrayó cómo la pandemia de COVID-19 debería usarse como una oportunidad para promover los derechos LGBTI y el aborto.

JD Mez Madrid

 

 Cuidados paliativos y sedación paliativa

Si lo que se busca es mejorar las condiciones de vida del paciente la solución es sin duda aplicar los cuidados paliativos, es la acertada y lo que quiere es un alivio de cualquier tipo de dolor o sufrimiento. Por otro lado, si lo que quiere es acabar con su vida, los cuidados paliativos no suelen conseguir ese fin. Si los cuidados paliativos son parcialmente o totalmente ineficaces y el dolor y el sufrimiento persisten, se puede utilizar la sedación paliativa, que prácticamente reduce o elimina todos los tipos de dolor.

La sedación paliativa ciertamente puede acortar la vida del paciente, pero esto es moralmente aceptable porque su objetivo directo no es terminar con su vida, sino mejorar su condición de sufrimiento. Este es un claro ejemplo de acciones de “doble efecto”, en las que lo que se busca es un buen fin, aunque de forma indirecta, se debe aceptar un mal efecto secundario no deseado. Obviamente, las acciones de doble efecto, para ser moralmente lícitas, también deben cumplir una serie de requisitos que no podemos detallar aquí. Es decir, lo que determina fundamentalmente la moralidad o no de estas acciones es su intencionalidad, el fin que persiguen, y en la sedación paliativa su objetivo es claramente bueno: quitar dolores o sufrimientos insoportables.

Otro asunto es la sedación terminal en la que, ante el hecho de que el dolor del paciente no puede eliminarse, total o parcialmente, se le seda hasta el final de su vida. En este caso, el objetivo es obviamente acabar con la vida del paciente, para acabar también con su dolor, que, en nuestra opinión, es claramente ilícito desde el punto de vista moral y ético.

Jesús Martínez Madrid

 

Los grupos contra la trata de personas

“La idea de que legalizar o despenalizar el sexo comercial reduciría sus daños es un mito persistente”, dijo Deidre Pujols, fundadora de Open Gate International y cofundadora de Strike Out Slavery. “Muchos afirman que si el comercio sexual fuera legal, regulado y tratado como cualquier otra profesión, sería más seguro. Pero la investigación sugiere lo contrario. Los países que han legalizado o despenalizado el sexo comercial a menudo experimentan un aumento en la trata de personas, el proxenetismo y otros delitos relacionados".

"Los compradores de sexo no ven a las mujeres que compran como individuos dignos de respeto, sino como objetos infrahumanos para usar", dijo Haley McNamara al Friday Fax. McNamara, vicepresidente del Centro Internacional de Explotación Sexual (ICOSE), con sede en el Reino Unido, citó un estudio centrado en los Estados Unidos que encontró que el 75% de las mujeres que se dedican a la prostitución informaron que fueron violadas por compradores de sexo.

La ONU ha atraído la oposición de la comunidad contra la trata antes. En la última década, agencias de la ONU como ONU Mujeres, UNAID y la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos han adoptado posiciones neutrales sobre la despenalización de la prostitución.

“La ley por la que aboga el Dr. Mofokeng despenaliza totalmente todos los aspectos del comercio sexual, incluidos los dueños de burdeles y los proxenetas (también conocidos como traficantes)”, dijo Helen Taylor, directora de Intervención de Exodus Cry. "Las Naciones Unidas deberían ser el último lugar para abogar por los traficantes de personas y los compradores que alimentan la demanda de legalización".

Taylor instó a la ONU y al Dr. Mofokeng a adoptar un “enfoque centrado en el sobreviviente y alinearse con el modelo de igualdad de despenalización parcial solamente” que ayuda a las mujeres y niñas explotadas y criminaliza al comprador.

Domingo Martínez Madrid

 

MAD: Suicidio asistido o eutanasia

Cuando al paciente se le dan los instrumentos necesarios para que pueda terminar con su vida, nos encontramos ante el suicidio asistido, y cuando es un profesional de la salud quien administra directamente la sustancia letal al paciente, se incurre en la eutanasia.

Ciertamente, estas dos acciones son moral y éticamente ilícitas, aunque el juicio moral que merecen es diferente, ya que la eutanasia se ve agravada por involucrar directamente a un tercero, en este caso, el médico o personal sanitario que participa en la práctica.

Teniendo en cuenta lo anterior, para juzgar moralmente a MAD, "Muerte médicamente asistida", es necesario valorar objetivamente el fin perseguido por dicho acto. Si lo que se pretende es ayudar médicamente a un paciente a morir, como parece indicar la propia definición de DMA, no cabe duda de que, independientemente de todos los razonamientos que se esgrimen para justificarlo, se trata de una práctica moral y éticamente ilícita.

En definitiva, a la hora de valorar la moralidad de MAD no debemos juzgar teóricamente qué significa, sino qué se consigue con ella y con qué intención se practica. En nuestra opinión, MAD se utiliza siempre para acelerar la muerte de un paciente que sufre. Y siempre que este sea el caso, el juicio que merece es moral y éticamente negativo  

José Morales Martín

 

El rey, el libro de la vida, la ambición y “el ser”

                El PNV endurece su discurso contra Felipe VI y aboga por una consulta sobre la monarquía: Urkullu esgrime la teoría de "republicanizar" la Corona. Los peneuvistas aprietan el acelerador contra la Corona presionados por la posición de Bildu. (Vozpópuli 05-10-2020)

            Los políticos vascos (como los catalanes) ya los calificó Vicente Blasco Ibáñez hace más de un siglo (el artículo está en la red y lo pueden leer) como “LA LEPRA DE ESPAÑA”; Y como sabemos, “la lepra se va comiendo al cuerpo hasta que lo mata”; y eso demuestra este indeseable vasco, puesto que en resumen, lo que quieren vascos y catalanes, es estar siempre dentro cuando se reparte dinero español, para llevárselo a sus regiones cuanto más mejor; y fuera para incordiar y presionar, “a la vaca española para seguirla ordeñándo como siempre han hecho”; todo lo demás es mentira, y a los repartos de dinero público y demás concesiones me remito; los gobiernos centrales, siguen siendo marionetas, puesto que de una forma o la otra, “la lepra vasca o catalana”, siempre los dominan y consiguen de ellos, todo lo que quieren, menos la independencia por cuanto “temen al ejército”, que en caso extremo, tiene que entrar con las armas, tanto en vascongadas como en las provincias catalanas”. Y reitero que todo lo demás es mentira, puesto que para ellos, da igual que gobierne una dictadura, que una república, que una monarquía, mientras su constitución sea nacional y por tanto abarcando a catalanes y vascos; que por otra parte, su prosperidad depende de España en gran medida, puesto que “les venden gran parte de sus producciones”. Pero esto, no se les dice a diario, como debieran decírselo los que dicen representar, a España y los españoles.

A una lectora respondiéndole en Facebook: 07-10-2020:  El libro de la Naturaleza "nos lo dice todo"; por ello "los zánganos los matan las abejas tan pronto han fecundado a la reina. Considero que a mí me fue bien, con el lema siguiente: PIENSA, TRABAJA Y CAMINA, manteniendo siempre una auto-disciplina acorde, ya que sin orden y disciplina nada funciona (también lo dice el libro citado). Si todo va mal es por cuanto la mayoría (no todos y por esto aún funciona la sociedad) va contra natura y violentamente; es por que lo único que hacen es destruir; y el que no vea todo ello, "mejor que revise su vista y su cerebro"; no valen las tendencias políticas, "vale el que vale" y el resto es un zángano... "o zángana" y al parásito hay que apartarlo cuanto antes y que aprenda a trabajar y producir; pero como son los parásitos los que llegan a gobernar, pasa lo que pasa... "y como no lo reconocen", resulta lo que tenemos encima. Y para deducir todo esto, no se necesita ninguna ideología... simplemente tener ese sentido común que apenas nadie tiene:

¿SER MÁS O TENER MÁS? Creo que lo principal está olvidado, o sea LA FORMACIÓN Y EDUCACIÓN del individuo, principalmente haciéndole ver que la ambición material es una enfermedad peligrosa, que el progreso verdadero,, NO ES TENER MÁS; sino por el contrario, SER MÁS Y SERLO COMO ELEMENTO ÚTIL A LA HUMANIDAD; PERO ESTO NECESITA TIEMPO, MUCHO TIEMPO, Y HOY LO TERRIBLE ES QUE TODO SE HAGA CON RAPIDEZ Y SIN ANÁLISIS PROFUNDOS, POR ELLO… "YA HEMOS SIDO LLEVADOS MUY DEPRISA A LA NINGUNA PARTE EN QUE NOS HAN SEPULTADO" A.G. F. a Greenpeace 08-10-2020  

Abascal advierte al «tirano» Sánchez: «Si decreta el estado de alarma saldremos en caravana contra esta mafia». (Periodista Digital: 09-10-2020

Desde luego, lo que tenemos encima los españoles, no es ni por asomo un gobierno nacional de España, calificándolos como merecen, son una partida de mercenarios, que amparados en las leyes españolas, “han conquistado un gobierno nacional y por ende unos capitales inmensos y públicos (que considero es lo que más les interesa) y los están explotando con toda tranquilidad por la impunidad que aquí hay para esos temas y sobre los cuales, los tribunales “están a rebosar”. Y como para mayor necesidad para estos sin escrúpulos, necesitan EL TERROR DEL VIRUS CHINO; lo emplearon, emplean y emplearán al máximo que puedan, puesto que un pueblo aterrorizado, es infinitamente mucho mejor manejable, que si no lo está; por tanto hay que procurar por todos los medios legales, el echarlos de la Moncloa cuanto antes y en bien de “los españoles que seguimos considerándonos como tales; y que pienso, somos inmensa mayoría”. No se hace así, por cuanto gran parte de la oposición, que puede hacerlo puesto que son mayoría, ESTÁN COMPRADOS Y SON TAN INDESEABLES COMO LOS OTROS; hablemos claro y obremos, o nos llevan de nuevo… “al matadero”.

La Guardia Civil, tras la ‘guerrilla’ de Pablo Iglesias por amenazar de muerte al juez que pide su imputación al Supremo”. (Periodista Digital 09-10-2020)

    Este indeseable como ambicioso, sin escrúpulos, y con deseos de mantenerse en el puesto que ha logrado, por compincharse con el otro indeseable con el que comparten y reparten el poder “nacional”; hará lo que sea por seguir “mandando”; porque además sabe que cuando lo echen (que espero sea pronto) pasan a “la nada que fueron y que en realidad son”, ya que son simples y pobres parásitos que aspiraron y aspiran a vivir del trabajo de los demás; y como la ambición los ciega, son peligrosos; ojo.

“Madrid descarta pedir el estado de alarma: quiere volver a confinar por zonas sanitarias: El Gobierno presidido por Isabel Díaz Ayuso estudia ahora mismo las opciones dadas este jueves a última hora por el Ejecutivo nacional después de que la Justicia tumbase el plan Illa”. (Vozpópuli 09-10-2020)

            A esta propuesta que considero más que razonable, el tiránico gobierno, “impone el cerrojo profundo a Madrid”, condenándolo a esta prisión en principio por dos semanas, que alargará todo lo que pueda; puesto que a ellos, no les interesan los madrileños para nada, nada más que para gobernar ellos, el resto se lo pasan por los cojones; y a la vista está que no se preocupan de la ruina que ya hay… ¿por qué? ¿Salvar vidas? No se lo creen ni ellos; “el virus sigue andando pese a todos los muros que le han querido poner por tanto hay que correr riesgos”.

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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