Las Noticias de hoy 10 Septiembre 2020

Enviado por adminideas el Jue, 10/09/2020 - 12:44

Campaña #DerechoalaEducación

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 10 de septiembre de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Audiencia general: Catequesis del Papa sobre COVID-19, “Amor y bien común”

Día Internacional para la Protección de la Educación: Llamado del Papa

Catequesis en la audiencia general: El amor, “respuesta cristiana” a la COVID-19

Papa Francisco: Estudiantes y profesores, “arquitectos del futuro”

EL MÉRITO DE LAS BUENAS OBRAS: Francisco Fernandez Carbajal

“La verdadera humildad lleva... ¡a pedir perdón!”: San Josemaria

Mensaje del Prelado (10 septiembre 2020)

El Papa Francisco explica el papel del bien común para superar la crisis

“Hermanos todos”, la nueva encíclica del Papa Francisco

La batalla pro-vida, ¿es sólo cuestión política?: Ernesto Juliá 

Jubileo de la Tierra: salvaguardar la naturaleza creada: Salvador Bernal 

 La dignidad de la libertad religiosa:  Juan José Corazón

La educación especial hoy: Jesus Ortiz Lopez

“¡Concretezza!”: Monseñor Felipe Arizmendi Esquivel,

¿Y si me saco el avión?: Ana Teresa López de Llergo

El niño emperador: Lucía Legorreta

La ‘Teología pastoral’ en el camino del hombre y de la Iglesia: Ramiro Pellitero

Jesús y los niños: Juan García. 

La mezcla entre religión y política no parece buen camino.: Valentín Abelenda Carrillo

No fondos estadounidenses de las actividades de aborto de la ONU: Enric Barrull Casals

Máximas de un sabio “poco conocido”: Antonio García Fuentes

 

 

ROME REPORTS

 

 

Audiencia general: Catequesis del Papa sobre COVID-19, “Amor y bien común”

Resumen de la reflexión

SEPTIEMBRE 09, 2020 11:01LARISSA I. LÓPEZAUDIENCIA GENERAL

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Resumen de la reflexión

(zenit – 9 sept. 2020).- En la audiencia general de este miércoles, el Papa Francisco ha pronunciado su sexta catequesis de la serie dedicada a los desafíos de la COVID-19, titulada “Amor y bien común”.

Hoy, 9 de septiembre de 2020, el Santo Padre ha celebrado la segunda audiencia con presencia de fieles desde la llegada de la pandemia de COVID-19 en el patio de San Dámaso del Vaticano.

Buscar el bien común

Francisco considera que “para superar este momento difícil deberíamos buscar, entre todos, el bien común” y lamenta que, en esta situación de pandemia, algunos busquen “aprovecharse para obtener ventajas económicas o políticas”, “otros intentan dividir y fomentar conflictos”, y también que haya “personas que permanecen indiferentes ante el sufrimiento de los demás”.

​Para el Papa, “la respuesta cristiana a esta situación es el amor y la búsqueda del bien común” y el amor verdadero “cura, sana, nos hace libres, nos hace fecundos, es expansivo e inclusivo. Amar como Dios nos ama no es fácil, pero es un arte que podemos aprender y mejorar”.

No se trata solo de amar a quien me ama, sino a todos, se trata de un amor que también se extiende “a las relaciones sociales, culturales, económicas y políticas, así como a la relación con la naturaleza”, aclara.

Amor generoso, sin límites

“El coronavirus nos muestra que el bien para cada uno es un bien para todos, que la salud de cada persona es también un bien público”, remarca el Pontífice. Por eso, “una sociedad sana es la que se hace cargo de la salud de todos”.

“Y a este virus —que no conoce fronteras ni hace distinciones sociales— es necesario que le respondamos con un amor generoso, sin límites, que no hace acepción de personas, que nos mueve a ser creativos y solidarios, y que hace surgir iniciativas concretas para el bien común”, concluye.

Día Internacional para la Protección de la Educación: Llamado del Papa

Proteger el derecho a la educación

SEPTIEMBRE 09, 2020 12:24LARISSA I. LÓPEZAUDIENCIA GENERAL

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Proteger el derecho a la educación

(zenit – 9 sept. 2020).- En la audiencia general de este miércoles el Papa Francisco recordó que hoy es el I Día Internacional para la Protección de la Educación contra los Ataques en el contexto de los conflictos armados e hizo un llamamiento para garantizar a los niños y jóvenes el derecho a la educación de forma segura.

​“Pido oraciones para los estudiantes que se ven tan gravemente privados del derecho a la educación debido a la guerra y el terrorismo. Exhorto a la comunidad internacional a trabajar para que se respeten los edificios que deberían proteger a los jóvenes estudiantes”, expresó el Santo Padre, al final de la catequesis de este 9 de septiembre de 2020.

“Que no falte el esfuerzo para garantizarles ambientes seguros para la formación, sobre todo en situaciones de emergencia humanitaria”, añadió.

Primera edición

Por decisión unánime, los Estados miembros de las Naciones Unidas (ONU) decidieron el pasado 30 de mayo que, a partir de este año 2020, cada 9 de septiembre se dedique a promover la protección de la educación de los ataques armados. El secretario general, António Guterres, aplaudió la medida y pidió garantizar a los niños y jóvenes un entorno seguro para aprender.

“Debemos asegurarnos de que nuestros niños tengan un entorno seguro en el que puedan adquirir los conocimientos y competencias que necesitarán en el futuro”, recalcó Guterres.

El Día Internacional para la Protección de la Educación contra los Ataques constituye una iniciativa que hoy se celebrará con una condena por parte de la Asamblea General de la ONU de los ataques a la educación y el uso militar de las escuelas en violación del derecho internacional.

Situación extrema

En una resolución promovida por Qatar y patrocinada por 62 países, la ONU pone de relieve la situación extrema en que se encuentran los más de 75 millones de niños de 3 a 18 años que viven en 35 países afectados por la crisis y que necesitan ayuda educativa urgente.

Asimismo, remarca que la lucha contra la pandemia de COVID-19 ha llevado al cierre de escuelas y afectado a más del 90% de los estudiantes del mundo.

Algunos datos

Según los datos del estudio Proteger la Educación de Ataques 2020en los últimos cinco años, 22.000 alumnos, docentes y otros miembros del personal educativo resultaron heridos, asesinados o sufrieron daños por ataques contra la educación en situaciones de conflicto armado e inseguridad.

Entre 2015 y 2019, 93 países experimentaron al menos un ataque contra la educación. Los estudiantes y docentes se vieron gravemente afectados por incidentes de ataques contra escuelas en Afganistán, Camerún y Palestina.

Las fuerzas armadas y los grupos armados utilizaron escuelas y universidades con fines militares en 34 países entre 2015 y 2019, algunos como bases, centros de detención y almacenes de armas. En los últimos cinco años, las fuerzas armadas estatales o los grupos armados habrían reclutado a estudiantes de escuelas de 17 países.

Catequesis en la audiencia general: El amor, “respuesta cristiana” a la COVID-19

Trabajar juntos por el bien común

SEPTIEMBRE 09, 2020 13:45LARISSA I. LÓPEZAUDIENCIA GENERAL

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Trabajar juntos por el bien común

(zenit – 9 sept. 2020).- En la catequesis de la audiencia general de este miércoles, la sexta dentro del ciclo sobre la COVID-19, el Papa Francisco remarcó que “la respuesta cristiana a la pandemia y a las crisis se basa en el amor” y anima a todos a construir “una sociedad sana, inclusiva, justa y pacífica” encima “de la roca del bien común”.

​El Santo Padre ha hablado esta vez del tema “Amor y bien común”. (Lecturas Mt 15,32-37). La audiencia general de hoy, 9 de septiembre de 2020, es la segunda celebrada públicamente en el patio de San Dámaso tras la irrupción del coronavirus.

Salir mejores

En primer lugar, Francisco recalcó que la crisis que estamos viviendo a causa de la emergencia sanitaria “golpea a todos” y que “podemos salir mejores si buscamos todos juntos el bien común; al contrario, saldremos peores”.

Y lamenta que existan personas que se aprovechan de la situación “para fomentar divisiones: para buscar ventajas económicas o políticas, generando o aumentando conflictos”. Para él, la respuesta cristiana a la pandemia y a las crisis socio-económicas que experimentamos es el amor, “ante todo el amor de Dios que siempre nos precede (cfr 1 Jn 4, 19). Él nos ama primero, Él siempre nos precede en el amor y en las soluciones”.

Un amor que incluya a todos

​No obstante, el amor verdadero incluye a todos, dice el Papa, “esta es la sabiduría cristiana, esta es la actitud de Jesús. Y el punto más alto de la santidad, digamos así, es amar a los enemigos, y no es fácil”.

“Cierto, amar a todos, incluidos los enemigos, es difícil -¡diría que es un arte! Pero es un arte que se puede aprender y mejorar. El amor verdadero, que nos hace fecundos y libres, es siempre expansivo e inclusivo. Este amor cura, sana y hace bien”, agregó.

Se trata de un amor ilimitado que engloba “las relaciones cívicas y políticas, incluso la relación con la naturaleza”, pues “el amor inclusivo es social, es familiar, es político: ¡el amor lo impregna todo!”.

El bien común, verdadero bien

​El Pontífice apuntó que el coronavirus “nos muestra que el verdadero bien para cada uno es un bien común y, viceversa, el bien común es un verdadero bien para la persona” y que la salud, además de individual, “es también un bien público. Una sociedad sana es la que cuida de la salud de todos”.

Además, describió que un virus como el que nos amenaza, “que no conoce barreras, fronteras o distinciones culturales y políticas debe ser afrontado con un amor sin barreras, fronteras o distinciones”. Si las soluciones a la pandemia están marcadas por el egoísmo, de personas, empresas o naciones, “quizá podamos salir del coronavirus, pero ciertamente no de la crisis humana y social que el virus ha resaltado y acentuado”, clarificó.

​Desarrollar nuestro amor social

Por todo ello, el Papa Francisco indica que ahora es tiempo de desarrollar “nuestro amor social, contribuyendo todos, a partir de nuestra pequeñez”.

“Si cada uno pone de su parte, y si no se deja a nadie fuera, podremos regenerar buenas relaciones a nivel comunitario, nacional, internacional y también en armonía con el ambiente (cfr LS, 236)”, puntualizó.

A continuación, sigue la catequesis completa de Francisco.

***

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!:

​La crisis que estamos viviendo a causa de la pandemia golpea a todos; podemos salir mejores si buscamos todos juntos el bien común; al contrario, saldremos peores. Lamentablemente, asistimos al surgimiento de intereses partidistas. Por ejemplo, hay quien quisiera apropiarse de posibles soluciones, como en el caso de las vacunas y después venderlas a los otros. Algunos aprovechan la situación para fomentar divisiones: para buscar ventajas económicas o políticas, generando o aumentando conflictos. Otros simplemente no se interesan por el sufrimiento de los demás, pasan por encima y van por su camino (cfr Lc 10, 30-32). Son los devotos de Poncio Pilato, se lavan las manos.

​La respuesta cristiana a la pandemia y a las consecuentes crisis socio-económicas se basa en el amor, ante todo el amor de Dios que siempre nos precede (cfr 1 Jn 4, 19). Él nos ama primero, Él siempre nos precede en el amor y en las soluciones. Él nos ama incondicionalmente, y cuando acogemos este amor divino, entonces podemos responder de forma parecida.

Amo no solo a quien me ama: mi familia, mis amigos, mi grupo, sino también a los que no me aman, amo también a los que no me conocen, amo también a lo que son extranjeros, y también a los que me hacen sufrir o que considero enemigos (cfr Mt 5, 44). Esta es la sabiduría cristiana, esta es la actitud de Jesús. Y el punto más alto de la santidad, digamos así, es amar a los enemigos, y no es fácil. Cierto, amar a todos, incluidos los enemigos, es difícil -¡diría que es un arte! Pero es un arte que se puede aprender y mejorar. El amor verdadero, que nos hace fecundos y libres, es siempre expansivo e inclusivo. Este amor cura, sana y hace bien. Muchas veces hace más bien una caricia que muchos argumentos, una caricia de perdón y no tantos argumentos para defenderse. Es el amor inclusivo que sana.

​Por tanto, el amor no se limita a las relaciones entre dos o tres personas, o a los amigos, o a la familia, va más allá. Incluye las relaciones cívicas y políticas (cfr Catecismo de la Iglesia Católica [CCC], 1907-1912), incluso la relación con la naturaleza (Enc. Laudato si’ [LS], 231).

Como somos seres sociales y políticos, una de las más altas expresiones de amor es precisamente la social y política, decisiva para el desarrollo humano y para afrontar todo tipo de crisis (ibid., 231). Sabemos que el amor fructifica a las familias y las amistades; pero está bien recordar que fructifica también las relaciones sociales, culturales, económicas y políticas, permitiéndonos construir una “civilización del amor”, como le gustaba decir a san Pablo VI [1] y, siguiendo la huella, san Juan Pablo II. Sin esta inspiración, prevalece la cultura del egoísmo, de la indiferencia, del descarte, es decir descartar lo que yo no quiero, lo que no puedo amar o aquellos que a mí me parece que son inútiles en la sociedad.

Hoy a la entrada una pareja me ha dicho: “Rece por nosotros porque tenemos un hijo discapacitado”. Yo he preguntado: “¿Cuántos años tiene? – Tantos – ¿Y qué hace? – Nosotros le acompañamos, le ayudamos”. Toda una vida de los padres para ese hijo discapacitado. Esto es amor. Y los enemigos, los adversarios políticos, según nuestra opinión, parecen ser discapacitados políticos o sociales, pero parecen. Solo Dios sabe si lo son o no. Pero nosotros debemos amarlos, debemos dialogar, debemos construir esta civilización del amor, esta civilización política, social, de la unidad de toda la humanidad. Todo esto es lo opuesto a las guerras, divisiones, envidias, también de las guerras en familia. El amor inclusivo es social, es familiar, es político: ¡el amor lo impregna todo!.

​El coronavirus nos muestra que el verdadero bien para cada uno es un bien común y, viceversa, el bien común es un verdadero bien para la persona (cfr CCC, 1905-1906). Si una persona busca solamente el propio bien es un egoísta. Sin embargo, la persona es más persona, precisamente cuando el propio bien lo abre a todos, lo comparte. La salud, además de individual, es también un bien público. Una sociedad sana es la que cuida de la salud de todos.

Un virus que no conoce barreras, fronteras o distinciones culturales y políticas debe ser afrontado con un amor sin barreras, fronteras o distinciones. Este amor puede generar estructuras sociales que nos animen a compartir más que a competir, que nos permitan incluir a los más vulnerables y no descartarlos, y que nos ayuden a expresar lo mejor de nuestra naturaleza humana y no lo peor. El verdadero amor no conoce la cultura del descarte, no sabe qué es. De hecho, cuando amamos y generamos creatividad, cuando generamos confianza y solidaridad, es ahí que emergen iniciativas concretas por el bien común [2]. Y esto vale tanto a nivel de las pequeñas y grandes comunidades, como a nivel internacional.

Lo que se hace en familia, lo que se hace en el barrio, lo que se hace en el pueblo, lo que se hace en la gran ciudad e internacionalmente es lo mismo: es la misma semilla que crece y da fruto. Si tú en familia, en el barrio empiezas con la envidia, con la lucha, al final habrá la “guerra”. Sin embargo, si tú empiezas con el amor, a compartir el amor, el perdón, entonces habrá amor y perdón para todos.

​Al contrario, si las soluciones a la pandemia llevan la huella del egoísmo, ya sea de personas, empresas o naciones, quizá podamos salir del coronavirus, pero ciertamente no de la crisis humana y social que el virus ha resaltado y acentuado. Por tanto, ¡estad atentos con construir sobre la arena (cfr Mt 7, 21-27)! Para construir una sociedad sana, inclusiva, justa y pacífica, debemos hacerlo encima de la roca del bien común [3]. El bien común es una roca. Y esto es tarea de todos nosotros, no solo de algún especialista. Santo Tomás de Aquino decía que la promoción del bien común es un deber de justicia que recae sobre cada ciudadano. Cada ciudadano es responsable del bien común. Y para los cristianos es también una misión. Como enseña san Ignacio de Loyola, orientar nuestros esfuerzos cotidianos hacia el bien común es una forma de recibir y difundir la gloria de Dios.

Lamentablemente, la política a menudo no goza de buena fama, y sabemos el porqué. Esto no quiere decir que los políticos sean todos malos, no, no quiero decir esto. Solamente digo que lamentablemente la política a menudo no goza de buena fama. Pero no hay que resignarse a esta visión negativa, sino reaccionar demostrando con los hechos que es posible, es más, necesaria una buena política [4], la que pone en el centro a la persona humana y el bien común. Si vosotros leéis la historia de la humanidad encontraréis muchos políticos santos que han ido por este camino. Es posible en la medida en la que cada ciudadano y, de forma particular, quien asume compromisos y encargos sociales y políticos, arraigue su actuación en los principios éticos y lo anima con el amor social y político. Los cristianos, de forma particular los fieles laicos, están llamados a dar buen testimonio de esto y pueden hacerlo gracias a la virtud de la caridad, cultivando la intrínseca dimensión social.

​Es por tanto tiempo de incrementar nuestro amor social -quiero subrayar esto: nuestro amor social-, contribuyendo todos, a partir de nuestra pequeñez. El bien común requiere la participación de todos. Si cada uno pone de su parte, y si no se deja a nadie fuera, podremos regenerar buenas relaciones a nivel comunitario, nacional, internacional y también en armonía con el ambiente (cfr LS, 236).

Así en nuestros gestos, también en los más humildes, se hará visible algo de la imagen de Dios que llevamos en nosotros, porque Dios es Trinidad, Dios es amor. Esta es la definición más bonita de Dios en la Biblia. Nos la da el apóstol Juan, que amaba mucho a Jesús: Dios es amor. Con su ayuda, podemos sanar al mundo trabajando todos juntos por el bien común, no solo por el propio bien, sino por el bien común, de todos.

© Librería Editorial Vaticana

Papa Francisco: Estudiantes y profesores, “arquitectos del futuro”

Palabras a visitantes árabes

SEPTIEMBRE 09, 2020 17:16LARISSA I. LÓPEZAUDIENCIA GENERAL

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Palabras a visitantes árabes

(zenit – 9 sept. 2020).- El Papa Francisco ha indicado que “en una sociedad cada vez más sacudida por los grandes desafíos que enfrenta el hombre contemporáneo”, los estudiantes y los profesores, “son los verdaderos arquitectos del futuro”, refiriéndose a la vuelta a clase.

Este mensaje ha sido pronunciado en sus palabras a los visitantes de lengua árabe durante la audiencia general celebrada hoy, 9 de septiembre de 2020, en el patio de San Dámaso del Vaticano. Esta ha sido la segunda cita del Santo Padre con presencia de público tras la irrupción de la emergencia sanitaria.

Protagonistas de un mundo más justo

Después el Papa ha rogado por todos esos estudiantes y profesores que han regresado a la escuela en estos días: “Que el Señor os ayude a ser protagonistas de un mundo más justo y fraterno, más acogedor y solidario, donde la paz pueda triunfar en el rechazo de toda forma de violencia”.

Previamente, en su sexta catequesis del ciclo “Curar al mundo”, dedicado a los desafíos que plantea la pandemia de COVID-19, Francisco ha meditado en torno al tema “Amor y bien común”.

Amor inclusivo

Para el Papa, la respuesta cristiana a la situación actual “es el amor y la búsqueda del bien común”, pues el amor verdadero “cura, sana, nos hace libres, nos hace fecundos, es expansivo e inclusivo.

“Amar como Dios nos ama no es fácil”, apuntó, “pero es un arte que podemos aprender y mejorar”. No se trata solo de amar a quien me ama, sino a todos, se trata de un amor que también se extiende “a las relaciones sociales, culturales, económicas y políticas, así como a la relación con la naturaleza”.

 

 

EL MÉRITO DE LAS BUENAS OBRAS

— La recompensa sobrenatural de las buenas obras.

— Los méritos de Cristo y de María.

— Ofrecer a Dios nuestra vida corriente. Merecer por los demás.

I. El Señor nos habla muchas veces del mérito que tiene hasta la más pequeña de nuestras obras, si las realizamos por Él: ni siquiera un vaso de agua ofrecido por Él quedará sin su recompensa1. Si somos fieles a Cristo encontraremos un tesoro amontonado en el Cielo por una vida ofrecida día a día al Señor. La vida es en realidad el tiempo para merecer, pues en el Cielo ya no se merece, sino que se goza de la recompensa; tampoco se adquieren méritos en el Purgatorio, donde las almas se purifican de la huella que dejaron sus pecados. Este es el único tiempo para merecer: los días que nos queden aquí en la tierra; quizá, pocos.

En el Evangelio de la Misa de hoy2 nos enseña el Señor que las obras del cristiano han de ser superiores a las de los paganos para obtener esa recompensa sobrenatural. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores aman a quienes los aman. Y si hacéis bien a quienes os hacen bien, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores prestan a los pecadores para recibir otro tanto... La caridad debe abarcar a todos los hombres, sin limitación alguna, y no debe extenderse solo a quienes nos hacen bien, a los que nos ayudan o se portan correctamente con nosotros, porque para esto no sería necesaria la ayuda de la gracia: también los paganos aman a quienes los aman a ellos. Lo mismo ocurre con las obras de un buen cristiano: no solo han de ser «humanamente» buenas y ejemplares, sino que el amor de Dios hará que sean generosas en su planteamiento, y sean así sobrenaturalmente meritorias.

El Señor ya había asegurado por el Profeta Isaías: Electi mei non laborabunt frustra3, mis elegidos no trabajarán nunca en vano, pues ni la más pequeña obra hecha por Dios quedará sin su fruto. Muchas de estas ganancias las veremos ya aquí en la tierra; otras, quizá la mayor parte, cuando nos encontremos en la presencia de Dios en el Cielo. San Pablo recordó a los primeros cristianos que cada uno recibirá su propia recompensa, según su trabajo4. Y, al final, cada uno recibirá el pago debido a las buenas o a las malas acciones que haya hecho mientras estaba revestido de su cuerpo5. Ahora es el tiempo de merecer. «Vuestras buenas obras deben ser vuestras inversiones, de las que un día recibiréis considerables intereses»6, enseña San Ignacio de Antioquía. Ya en esta vida el Señor nos paga con creces.

II. Electi mei non laborabunt frustra... Las obras de cada día –el trabajo, los pequeños servicios que prestamos a los demás, las alegrías, el descanso, el dolor y la fatiga llevados con garbo y ofrecidos al Señor– pueden ser meritorias por los infinitos merecimientos que Cristo nos alcanzó en su vida aquí en la tierra, pues de su plenitud recibimos todos gracia sobre gracia7. A unos dones se añaden otros, en la medida en que correspondemos; y todos brotan de la fuente única que es Cristo, cuya plenitud de gracia no se agota nunca. «Él no tiene el don recibido por participación, sino que es la misma fuente, la misma raíz de todos los bienes: la Vida misma, la Luz misma, la Verdad misma. Y no retiene en sí mismo las riquezas de sus bienes, sino que los entrega a todos los demás; y habiéndolos dispensado, permanece lleno; no disminuye en nada por haberlos distribuido a otros, sino que llenando y haciendo participar a todos de estos bienes permanece en la misma perfección»8.

Una sola gota de su Sangre, enseña la Iglesia, habría bastado para la Redención de todo el género humano. Santo Tomás lo expresó en el himno Adoro te devote, que muchos cristianos meditan frecuentemente para crecer en amor y devoción a la Sagrada Eucaristía: Pie pellicane, Iesu Domine, me immundum munda tuo sanguine... Misericordioso pelícano, Señor Jesús, // purifica mis manchas con tu Sangre, // de la cual una sola gota es suficiente // para borrar todos los pecados del mundo entero.

El menor acto de amor de Jesús, en su niñez, en su vida de trabajo en Nazaret..., tenía un valor infinito para obtener la gracia santificante, la vida eterna y las ayudas necesarias para llegar a ella, a todos los hombres pasados, presentes y a los que han de venir9.

Nadie como la Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra, participó con tanta plenitud de los méritos de su Hijo. Por su impecabilidad, sus méritos fueron mayores, incluso más estrictamente «meritorios», que los de todas las demás criaturas, porque, al estar inmune de las concupiscencias y de otros estorbos, su libertad era mayor, y la libertad es el principio radical del mérito. Fueron meritorios todos los sacrificios y pesares que le llevó el ser Madre de Dios: desde la pobreza de Belén, la zozobra de la huida a Egipto..., hasta la espada que atravesó su corazón al contemplar los sufrimientos de Jesús en la Cruz. Y fueron meritorias todas las alegrías y todos los gozos que le produjeron su inmensa fe y su amor que todo lo penetraba, pues no es lo oneroso de una acción lo que la hace meritoria, sino el amor con que se hace. «No es la dificultad que hay en amar al enemigo lo que cuenta para lo meritorio, si no es en la medida en que se manifiesta en ella la perfección del amor, que triunfa de dicha dificultad. Así, pues, si la caridad fuera tan completa que suprimiese en absoluto la dificultad, sería entonces más meritoria»10, enseña Santo Tomás de Aquino. Así fue la caridad de María.

Debe darnos una gran alegría considerar con frecuencia los méritos infinitos de Cristo, la fuente de nuestra vida espiritual. Contemplar también las gracias que Santa María nos ha ganado fortalecerá la esperanza y nos reanimará de modo eficaz en momentos de desánimo o de cansancio, o cuando las personas que queremos llevar a Cristo parece que no responden y nos damos cuenta de la necesidad de merecer por ellas. «Me decías: “me veo, no solo incapaz de ir adelante en el camino, sino incapaz de salvarme –¡pobre alma mía!–, sin un milagro de la gracia. Estoy frío y –peor– como indiferente: igual que si fuera un espectador de ‘mi caso’, a quien nada importara lo que contempla. ¿Serán estériles estos días?

»Y, sin embargo, mi Madre es mi Madre, y Jesús es –¿me atrevo?– ¡mi Jesús! Y hay almas santas, ahora mismo, pidiendo por mí”.

»—Sigue andando de la mano de tu Madre, te repliqué, y “atrévete” a decirle a Jesús que es tuyo. Por su bondad, Él pondrá luces claras en tu alma»11.

III. Electi mei non laborabunt frustra. El mérito es el derecho a la recompensa por las obras que se realizan, y todas nuestras obras pueden ser meritorias, de tal manera que convirtamos la vida en un tiempo de merecimiento. Enseña la teología12 que el mérito propiamente dicho (de condigno) es aquel por el que se debe una retribución, en justicia o, al menos, en virtud de una promesa; así, en el orden natural, el trabajador merece su salario. Existe también otro mérito, que se suele llamar de conveniencia (de congruo), por el que se debe una recompensa, no en estricta justicia ni como consecuencia de una promesa, sino por razones de amistad, de estima, de liberalidad...; así, en el orden natural, el soldado que se ha distinguido en la batalla por su valor merece (de congruo) ser condecorado: su condición militar le pide esa valentía, pero si pudo ceder y no cedió, si pudo limitarse a cumplir y se esmeró en su cometido, el general magnánimo se ve movido a recompensar sobreabundantemente –por encima de lo estipulado– aquella acción.

En el orden sobrenatural, nuestros actos merecen, en virtud del querer de Dios, una recompensa que supera todos los honores y toda la gloria que el mundo puede ofrecernos. El cristiano en estado de gracia logra con su vida corriente, cumpliendo sus deberes, un aumento de gracia en su alma y la vida eterna: por la momentánea y ligera tribulación nos prepara un peso eterno de incalculable gloria13.

Cada jornada, las obras son meritorias si las realizamos bien y con rectitud de intención: si las ofrecemos a Dios al comenzar el día, en la Santa Misa, o al iniciar una tarea o al terminarla. Especialmente serán meritorias si las unimos a los méritos de Cristo... y a los de la Virgen. Nos apropiamos así las gracias de valor infinito que el Señor nos alcanzó, principalmente en la Cruz, y los de su Madre Santísima, que tan singularmente corredimió con Él. Nuestro Padre Dios ve entonces estos quehaceres revestidos de un carácter infinito, del todo nuevo. Nos hacemos solidarios con los méritos de Cristo.

Conscientes de esta realidad sobrenatural, ¿procuramos ofrecer todo al Señor?, ¿lo ordinario de cada jornada y, si se presentan, las circunstancias más extraordinarias y difíciles: una grave enfermedad, la persecución, la calumnia? Especialmente entonces debemos recordar lo que ayer leíamos en el Evangelio de la Misa14alegraos y regocijaos en aquel día, porque es muy grande vuestra recompensa. Son ocasiones para amar más al Señor, para unirnos más a Él.

También nos ayudará a realizar con perfección nuestros quehaceres el saber que, con un mérito de conveniencia, fundado en la amistad con el Señor, con estas obras –hechas en gracia de Dios, por amor, con perfección, buscando solo la gloria de Dios–, podemos merecer la conversión de un hijo, de un hermano, de un amigo: así han actuado los santos. Aprovechemos tantas oportunidades para ayudar a los demás en su camino hacia el Cielo. Con más interés y tesón a los que Dios ha puesto más cerca de nuestra vida y a quienes andan más necesitados de estas ayudas espirituales.

1 Cfr. Mt 10, 42. — 2 Lc 6, 27-38. — 3 Is 65, 23. — 4 1 Cor 3, 8. — 5 1 Cor 5, 10; Cfr. Rom 2, 5-6. — 6 San Ignacio de Antioquía, Epístola a San Policarpo. — 7 Jn 1, 16. — 8 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Evangelio de San Juan, 14, 1. — 9 Cfr. R. Garrigou-Lagrange, El Salvador, p. 365. — 10 Santo Tomás, Cuestiones disputadas sobre la caridad, q. 8, ad 17. — 11 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 251. — 12 Cfr. R. Garrigou-Lagrange, o. c., p. 366. — 13 2 Cor 4, 17. — 14 Cfr. Lc 6, 20-26.

 

 

“La verdadera humildad lleva... ¡a pedir perdón!”

Si alguna vez caes, hijo, acude prontamente a la Confesión y a la dirección espiritual: ¡enseña la herida!, para que te curen a fondo, para que te quiten todas las posibilidades de infección, aunque te duela como en una operación quirúrgica. (Forja, 192)

10 de septiembre

La sinceridad es indispensable para adelantar en la unión con Dios.

–Si dentro de ti, hijo mío, hay un "sapo", ¡suéltalo! Di primero, como te aconsejo siempre, lo que no querrías que se supiera. Una vez que se ha soltado el "sapo" en la Confesión, ¡qué bien se está! (Forja, 193)

¡Dios sea bendito!, te decías después de acabar tu Confesión sacramental. Y pensabas: es como si volviera a nacer.

Luego, proseguiste con serenidad: «Domine, quid me vis facere?» –Señor, ¿qué quieres que haga?

–Y tú mismo te diste la respuesta: con tu gracia, por encima de todo y de todos, cumpliré tu Santísima Voluntad: «serviam!» –¡te serviré sin condiciones! (Forja, 238)

La humildad lleva, a cada alma, a no desanimarse ante los propios yerros.

–La verdadera humildad lleva... ¡a pedir perdón! (Forja, 189)

Si yo fuera leproso, mi madre me abrazaría. Sin miedo ni reparo alguno, me besaría las llagas.

–Pues, ¿y la Virgen Santísima? Al sentir que tenemos lepra, que estamos llagados, hemos de gritar: ¡Madre! Y la protección de nuestra Madre es como un beso en las heridas, que nos alcanza la curación. (Forja, 190)

 

 

 

Mensaje del Prelado (10 septiembre 2020)

El próximo 15 de septiembre se cumplen 45 años de la elección del beato Álvaro como primer sucesor de san Josemaría. En este aniversario, Mons. Ocáriz nos anima a considerar su figura como el comienzo de la continuidad en la fidelidad al espíritu del Opus Dei.

CARTAS PASTORALES Y MENSAJES10/09/2020

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

El próximo día 15 se cumplirán 45 años de la elección de don Álvaro como primer sucesor de san Josemaría. Fue un momento muy importante, pues marcó el comienzo de la continuidad en la fidelidad a la herencia de nuestro fundador, enseñándonos a traer el espíritu del Opus Dei al hoy de nuestra vida. El beato Álvaro dio inicio a este tiempo con su personal fidelidad; en él vemos que la santidad en lo ordinario es un regalo de Dios para hacernos felices y para hacer felices a las personas que nos rodean.

Os invito a considerar en estos días el ejemplo de don Álvaro como roca fuerte –saxum– en la que pudo apoyarse siempre nuestro Padre y que supo sostener a los demás. Esto fue posible principalmente gracias a su unión con Jesucristo, fuente de su fidelidad, de su paz y de su alegría. También puede serlo para cada una y cada uno, porque Cristo es «vida de nuestra vida», como decía san Josemaría (Via Crucis, XIVª estación). Este aniversario supone una estupenda ocasión de reafirmar el deseo de ser también nosotros continuidad fiel en servicio a la Iglesia y a todas las almas.

Es aún muy reciente la ordenación de 29 nuevos sacerdotes de la Prelatura; que nuestra acción de gracias a Dios por el don del sacerdocio siga acompañada de nuestra oración por ellos.

El día 15 se celebra la memoria litúrgica de los Dolores de la Santísima Virgen. Que ella, fuerte al pie de la Cruz, nos consiga siempre del Señor ser personalmente fieles en la continuidad. Esto conlleva, de un modo u otro, estar con Jesús en la Cruz sostenidos por María.

Con todo cariño os bendice

vuestro Padre

Roma, 10 de septiembre de 2020

El Papa Francisco explica el papel del bien común para superar la crisis

En su audiencia general el Papa ha planteado que para superar la crisis generada por la pandemia “deberíamos buscar entre todos, el bien común. Pero vemos que algunos, lamentablemente, lo que buscan es aprovecharse para obtener ventajas económicas o políticas”.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA09/09/2020

Queridos hermanos y hermanas:

La crisis que estamos viviendo a causa de la pandemia nos afecta a todos. Para superar este momento difícil deberíamos buscar entre todos el bien común. Pero vemos que algunos, lamentablemente, lo que buscan es aprovecharse para obtener ventajas económicas o políticas. Otros intentan dividir y fomentar conflictos, y también hay personas que permanecen indiferentes ante el sufrimiento de los demás.

LA RESPUESTA CRISTIANA A ESTA SITUACIÓN ES EL AMOR Y LA BÚSQUEDA DEL BIEN COMÚN

La respuesta cristiana a esta situación es el amor y la búsqueda del bien común. El amor verdadero cura, sana, nos hace libres, nos hace fecundos, es expansivo e inclusivo.

Amar como Dios nos ama no es fácil, pero es un arte que podemos aprender y mejorar. Porque no se trata de amar sólo a quien me ama, a mi familia, a mis amigos; sino a todos, incluso a los que no me conocen, a los extranjeros, o a quienes me han hecho sufrir. El amor verdadero también se extiende a las relaciones sociales, culturales, económicas y políticas, así como a la relación con la naturaleza.

UNA SOCIEDAD SANA ES LA QUE SE HACE CARGO DE LA SALUD DE TODOS

El coronavirus nos muestra que el bien para cada uno es un bien para todos, que la salud de cada persona es también un bien público. Por eso, una sociedad sana es la que se hace cargo de la salud de todos. Y a este virus —que no conoce fronteras ni hace distinciones sociales— es necesario que le respondamos con un amor generoso, sin límites, que no hace acepción de personas, que nos mueve a ser creativos y solidarios, y que hace surgir iniciativas concretas para el bien común.

Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos a Dios, Trinidad de amor, que nos ayude a cultivar la virtud de la caridad, a través de gestos de ternura, gestos de cercanía hacia nuestros hermanos. Así, con su ayuda, podremos curar el mundo, trabajando unidos por el bien común. Que el Señor los bendiga a todos.

© Copyright - Libreria Editrice Vaticana


Algunos recursos relacionados con la catequesis del papa Francisco

• Libro electrónico: Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia.

• ¿Qué es el bien común?

• La imaginación de la caridad

• Catequesis anteriores

 

“Hermanos todos”, la nueva encíclica del Papa Francisco

El Vaticano ha anunciado que el próximo 3 de octubre el Papa Francisco se desplazará a Asís para firmar su próxima encíclica: “Hermanos todos”. Con esta nueva carta apostólica, el Santo Padre ahondará en algunas de las cuestiones ya planteadas en el “Documento sobre la Fraternidad Humana”, publicado por Nuevo inicio.

Según explica la archidiócesis de Granada, en un viaje privado y relámpago, evitando la asistencia de fieles para guardar las medidas de seguridad sanitarias, el Papa Francisco visitará Asís el próximo 3 de octubre para firmar esta encíclica que tratará sobre la fraternidad y la amistad social.

La presentación de esta nueva carta papal será el cúlmen de un camino que comenzó el pasado año, 2019, con los encuentros del Sumo Pontífice con el rey de Marruecos y en Abu Dabi con el Gran Imán de Al-Azhar. Junto con ambos mandatarios, el Papa Francisco dirigía un llamamiento a que todas las religiones “se empeñen más activamente, con valor y audacia, con sinceridad, en ayudar a la familia humana a madurar la capacidad de reconciliación, la visión de esperanza y los itinerarios concretos de paz”.

La Archidiócesis de Granada publicó, desde la editorial Nuevo Inicio, este “Documento sobre la Fraternidad humana” poco después del viaje apostólico del Papa. Esta declaración conjunta del Papa junto al gran imán de Abu Dabi fue después distribuida por las parroquias de toda la archidiócesis.

A estas dos publicaciones que pueden adquirirse tanto en la Curia Metropolitana como en la librería Cruz de Elvira, se añadirá ahora esta nueva encíclica en la que el Santo Padre concretará aun más esta llamada a la reconciliación y a la fraternidad entre todos los creyentes y personas de buena voluntad.

 

La batalla pro-vida, ¿es sólo cuestión política?

Ernesto Juliá 

photo_cameraNo nacido en el vientre materno.

En esta Europa que está abandonado a marchas forzadas desde hace ya más de cien años los fundamentos y los rastros cristianos en su cultura; y por consiguiente también en su vida política y social, se ha levantado una cierta polémica con unas palabras de un arzobispo italiano que trabaja en el Vaticano.

Después de comentar en una entrevista que “los temas de ética y moralidad no son la preocupación de una nación, sino que se han convertido en «un tema global»; afirmación ciertamente obvia aunque una preocupación no quita la otra; añadió una consideración de repercusión más amplia.

«Sería muy perjudicial», dijo, «si algún tema de bioética se extrae de su contexto general y se pone al servicio de estrategias ideológicas. Sería muy perjudicial».

«Por eso creo que instrumentalizar algún tema con fines políticos es perjudicial”, (la entrevista ha sido interpretada como un solapado camino para intervenir en las elecciones de los Estados Unidos, en las que el tema Pro-Vida tiene una importancia capital). A la vez expresó la esperanza de que toda la cristiandad, no sólo en Estados Unidos, «encuentre en los hombres y de buena voluntad una alianza para que la vida de todos, sobre todo la de los más débiles, sea defendida desde el principio hasta el fin, desde el vientre de la madre hasta el momento de la muerte».

Ese tema bioético es nada más y nada menos que la defensa del concebido no nacido, que con tanta valentía y sacrificio, y tantos obstáculos, llevan adelante las asociaciones Pro-Vida., 

¿Qué se pretende con una afirmación semejante?, ¿que ningún político, ningún votante anuncia su posición Pro-Vida? ¿La batalla de Pro-Vida no tiene acaso una gran repercusión social y moral, además de política, en la vida de las naciones?

 En la Nota Doctrinal de la Congregación para la Doctrina de la Fe de 2002 se dice: "La conciencia cristiana bien formada no permite que nadie favorezca, con su voto, la implementación de un programa político o de una ley en la que los contenidos fundamentales de la fe y la moral son subvertidos por la presentación de propuestas alternativas o contrarias a estos contenidos”.

¿No es esta una clara invitación a los votantes de fe católica, estén en el país que estén, y a católicos dedicados a la política, para que defiendan la vida del concebido no nacido también en las leyes de sus países, y en la vida social?

En unas declaraciones tres días después esa misma persona -¿quería rectificar algo de lo dicho tres días antes?- afirmó que “promover legislaciones a favor del aborto y de la eutanasia es un gran error”. Y añadió que “la ideología de género es un retroceso cultural, es un paso atrás”.  ¿Solamente un “gran error” y “un retroceso cultural”?

El aborto es un cáncer que está corrompiendo el pensamiento y la convivencia de los países y de las familias que lo practican sin más; es un hecho más corrosivo de lo que se piensa, y de lo que aparece a primera vista. Una vez aceptado el derecho a matar ¿qué barreras puede establecer un gobierno para exigir moralidad y honestidad en las cuestiones públicas? Si los votantes y los políticos no se atienen a normas morales en defensa de la vida y de las familias, verdadero soporte de toda sociedad, y rechazan esa matanza de inocentes, con toda misericordia para las mujeres que abortan en un momento de desesperación y oscuridad, y que después se suelen,¿para qué sirven las elecciones y los gobiernos?

ernesto.julia@gmail.com

 

Jubileo de la Tierra: salvaguardar la naturaleza creada

Salvador Bernal 

photo_cameraPapa Francisco en el vídeo de la Semana Laudato Sí.

Comenzamos el mes de septiembre con oración. Y con un nuevo mensaje del papa Francisco, cinco años después de la encíclica Laudato si’. La pandemia que sufre la humanidad es una invitación suplementaria a repensar la teología de la creación, que implica indagar qué espera Dios de los hombres sobre su relación con lo creado en estos momentos dramáticos. 

Como tantas veces, vale la pena leer el documento pontificio, articulado en torno a cinco verbos significativos respecto de este tiempo: recordar, regresar, descansar, reparar, alegrarse. 

Me han dolido las reacciones negativas de algunos creyentes, que recuerdan por desgracia cierta actitud espiritualista. Enlazan con inquietudes históricas del siglo XX ante lo que consideraban sociologismo, invasión de enfoques demasiado humanos y coyunturales sobre la doctrina tradicional. No se libró el papa santo Juan XXIII, especialmente con su encíclica Pacem in terris, que sigo considerando un excepcional despliegue de las exigencias de la dignidad de la persona, un auténtico manual para iniciarse en el conocimiento de los derechos humanos.

Sólo tengo una mini-crítica, que repito de vez en cuando con espíritu constructivo, por si tiene arreglo: ha descendido a mi juicio –aunque puedo estar equivocado- la calidad de las traducciones al castellano de muchos documentos oficiales.

Pero me parece evidente la continuidad del Magisterio eclesiástico tras el Concilio Vaticano II, como no podía ser de otro modo. Y lo he comprobado consultando un gran texto, el Compendio de la doctrina social de la Iglesia, que publicó en 2004 el entonces Consejo pontificio Justicia y Paz. Por cierto, lo citó el papa Francisco días después en su audiencia a un grupo de expertos que colaboran con la Conferencia de Obispos de Francia sobre el tema de Laudato si'. Fue redactado con visión ecuménica y universal, como resaltaba el cardenal secretario de Estado Angelo Sodano en la carta que abre el libro. Desde luego, continuidad no es repetir, sino añadir, innovar, dar respuesta a nuevos interrogantes –en este campo, derivados de la investigación científica y de los avances técnicos.

Tiene doce capítulos, y el décimo está dedicado a “salvaguardar el medio ambiente”. Basta leer en el índice los epígrafes, para hacerse cargo de su contenido. Especialmente significativa resulta hoy la conclusión, sobre “nuevos estilos de vida”. Parte de la base señalada por Juan Pablo II en Centesimus annus: “la búsqueda de la verdad, de la belleza y del bien, así como la comunión con los demás hombres para un desarrollo común, sean los elementos que determinen las opciones del consumo, de los ahorros y de las inversiones”.

Sin entrar lógicamente en soluciones prácticas más o menos opinables, queda claro que esos nuevos estilos “deben estar presididos por la sobriedad, la templanza, la autodisciplina, tanto a nivel personal como social”. Cuando no faltan críticas a los desaguisados de la globalización –por su economicismo-, se impone por contraste la conciencia de interdependencia, justamente para eliminar tantas causas de los desastres ecológicos y para dar pronta respuesta a pueblos y territorios. Porque esos graves problemas constituyen “una vigorosa motivación para promover una auténtica solidaridad de dimensión mundial”.

Al cabo, es preciso orientar el mundo “hacia el misterio de Dios, que lo ha creado y lo sostiene. Si se coloca entre paréntesis la relación con Dios, la naturaleza pierde su significado profundo, se la empobrece. En cambio, si se contempla la naturaleza en su dimensión de criatura, se puede establecer con ella una relación comunicativa, captar su significado evocativo y simbólico y penetrar así en el horizonte del misterio, que abre al hombre el paso hacia Dios, Creador de los cielos y de la tierra. El mundo se presenta a la mirada del hombre como huella de Dios, lugar donde se revela su potencia creadora, providente y redentora”.

 La dignidad de la libertad religiosa

 Juan José Corazón

photo_cameraVaticano.

La Iglesia Católica, en su último Concilio, el Vaticano II, realizó, entre otras, una declaración oficial, dirigida al mundo entero, en la que afirmó que todos los hombres, sin distinción alguna, somos libres en la dimensión humana religiosa. Es decir, que los católicos lo somos porque libremente queremos serlo. El que es de otra religión, la Iglesia considera igualmente que será de esa religión porque libremente quiere serlo y merece el mismo respeto. Y el que no es de ninguna religión, también porque libremente no quiere serlo e igualmente merece exactamente el mismo respeto.

Esta declaración de la Iglesia tiene su fundamento en el principio esencial de que todos los hombres, sólo por ser humanos, poseemos una condición igual: nuestra propia dignidad. Esa dignidad tiene su más profunda manifestación en la propia conciencia y en la conciencia de cada uno lo que posee más valor es su propia religiosidad.

La consecuencia de esta declaración es que ninguna persona, incluidos los estados, tienen legitimidad para coaccionar a otros en materia religiosa, ni en su vida particular, ni en su vida social, y por tanto no va en contra del modo de actuar de San Pablo, tal como relata el libro de Hechos de los Apóstoles, cuando le dijo Agripa: “un poco más y me convences de hacerme cristiano, y le replicó Pablo,  sea por poco o por mucho, le pido a Dios que no solo usted, sino también todos los que me están escuchando hoy lleguen a ser como yo, aunque sin estas cadenas”.

La manifestación fáctica de que esto es así es que, como la conciencia de cada uno es sagrada y nadie puede entrar en ella, la historia de la humanidad está, penosamente, repleta de mártires de unas y otras religiones, a los que la amenaza de terminar con su vida no les cambió su propio modo de pensar en materia religiosa.

Esto ha ocurrido y es especialmente repetitivo, lamentable y evidente en el caso de la Iglesia Católica, desde aquel día en que Pilato preguntó a Jesús: “entonces ¿Tú eres Rey?” y afirmó Cristo sin titubeos e inmediatamente: “tú lo has dicho, Soy Rey, para eso he nacido y para eso he venido al mundo”. Desde entonces, Él ha sido y es siempre nuestro referente.

Los cristianos somos cristianos porque LIBREMENTE hemos querido y queremos seguir siendo seguidores de tan gran REY. 

La educación especial hoy

Jesus Ortiz Lopez

photo_cameraPlataforma Educación Inclusiva SÍ, especial también

Conozco un colegio de educación especial con 300 alumnos y muchas dificultades para seguir adelante en este nuevo curso, que no «nueva normalidad». Ahora se añadirán los causados por la nueva Ley de Educación, Lomloe, preparada por Isabel Celáa, para modernizar el sistema educativo «tan antiguo» como la Lomce, aprobada en 2013. Los padres de estos alumnos tienen experiencia del difícil proceso de educar a sus hijos. Primero porque no suelen aparecer síntomas hasta los 2 o 3 años, y a veces hasta más tarde. Les cuesta acepar que su hijo tiene disminuidas sus capacidades intelectuales, la dificultad para leer, la asimilación de información y otras varias.

Muchos padres han probado llevarles a un colegio normal, con alumnos sin discapacidad pensado que así desarrollarán mejor sus capacidades limitadas -a veces siguiendo la propaganda del Ministerio-, pero han comprobado con realismo no exento de pena que no pueden seguir el curso normal de los otros, que se retraen, que sufren a veces acoso… Por fin se convencen de que ese hijo necesita una educación especial, y cuesta encontrar una escuela preparada para esto alumnos.

Cuando la encuentran empiezan a salir del agobio y comprueban el progreso lento aunque seguro de su hijo. Estos alumnos pueden estudiar allí la secundaria aunque sea con lentitud, tienen tutores específicamente preparados, y se ven en el centro que es normal para ellos. Se integran bien y olvidan las dificultades encontradas en las «escuelas normales». Otros siguen un módulo de mecánica, jardinería, ebanistería, etcétera. De este modo pasados los veinte años pueden incorporarse a un trabajo o incluso hacer una carrera universitaria, admitiendo que les costará más años que al esto.

¿Saben esto en los despachos del Ministerio de Educación? ¿Conoce de cerca estas experiencias y dificultades la ministra Isabel Celáa? ¿Por qué quieren asfixiar ahora la educación especial? ¿Llegan a vislumbrar algo sobre las necesidades afectivas y religiosas de estos alumnos? ¿Les interesa algo o les ciega la ideología?, ¿Qué pretende con esa nueva Ley de Educación? ¿No será un progreso hacia atrás?

Los padres ya no se asombran de estas maniobras oficiales de descarte en una sociedad cuyos dirigentes ocultan a los especiales -aunque parezca lo contrario-, a los enfermos graves, e incluso a los muertos.

“¡Concretezza!”

Expresión usada por el Papa Francisco

SEPTIEMBRE 09, 2020 09:21FELIPE ARIZMENDI ESQUIVELANÁLISIS

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(zenit – 2 sept. 2020).- Monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas, y responsable de la Doctrina de la Fe en la Conferencia del Episcopado Mexicano, habla hoy de la expresión usada por el Papa Francisco “¡Concretezza!”, es decir, proponer y hacer cosas concretas, especialmente en el ámbito de trabajo pastoral y eclesial.

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Durante tres días de la semana pasada, los obispos de México, conectados entre 110 y 120 en forma virtual, nos encontramos para reflexionar sobre los retos pastorales que nos plantea el virus SARS-CoV2. Hubo interesantes exposiciones, intercambio de experiencias y tiempos de oración. En varios momentos, pudieron conectarse también muchas otras personas, sacerdotes, religiosas y laicos.

Un sacerdote argentino, Augusto Zampini, miembro de la Comisión que nombró el Papa Francisco para que la Iglesia responda adecuadamente a la COVID-19, en el Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, nos platicó que, en una reunión con el Papa, éste les dijo: “¡Concretezza!”; es decir, propongan y hagan cosas concretas. En otras palabras, déjense de sólo discursos y elucubraciones, y realicen acciones que sirvan directamente a la solución del problema humano por esta pandemia. Es lo que él ha hecho: además de orar y predicar, ha enviado respiradores artificiales y otros implementos médicos a varias partes del mundo, no porque él sea rico, sino para compartir las ayudas que le llegan.

Es una advertencia muy oportuna. Porque algunos somos muy dados a hablar, discutir y hacer buenos discursos, pero no compartimos lo que tenemos. Como un hermano obispo, a quien se le pidió que platicara lo que se ha hecho en su diócesis ante esta emergencia, y todo su tiempo lo dedicó a recordar cosas de fe y de historia, ciertamente importantes, pero sin mencionar acciones concretas que hubieran llevado a cabo, y ciertamente las ha habido. Quizá no comprendió lo que se le pidió. Somos muy dados a filosofar, teologizar, buscar explicaciones de todo, dar consejos abstractos, a veces darnos palmaditas de ánimo, pero no todos abren su cartera para compartir de su propio dinero algo a hermanos obispos, a sacerdotes y a feligreses que están pasando graves carencias para sobrevivir. Mientras no compartamos lo que tenemos, todo se queda en ideas y en el aire. ¡Concretezza!

He conocido a miembros de organizaciones no gubernamentales que hablan mucho de los pobres y luchan por sus derechos, en particular por los indígenas, para lo cual reciben cuantiosos apoyos económicos y gozan de buenos sueldos, pero nada comparten de sus propios recursos. Hablan y hablan, pero nada concreto aportan. En cambio, cuando estuve en Chiapas, algunos hermanos obispos, sin pedírselo, me apoyaban con recursos económicos. Así, pude realizar mi misión sin graves angustias. ¡Concretezza!

PENSAR

De Jesús, los evangelistas relatan su oración y sus predicaciones, pero también su cercanía afectiva y efectiva a los aquejados por diversos males: “Todos los que tenían enfermos con diferentes males, los llevaron a Jesús, y él los sanaba imponiendo las manos sobre cada uno de ellos” (Lc 4,40). Con razón San Pedro resume así la vida de Jesús: “Pasó haciendo el bien y sanando a todos los que estaban oprimidos por el Diablo” (Hech 10,38). Es por ello que Jesús nos advierte que seremos juzgados de lo que hayamos hecho o no por los que sufren. Eso es lo que cuenta en definitiva, no muchas doctrinas y razones (Cf Mt 25,31-46; 1 Jn 3,17-18; Sant 2,14-17). ¡Concretezza!

El Papa Francisco, en su Exhortación Evangelii gaudiumdice: “Nuestra historia de Iglesia es gloriosa por ser historia de sacrificios, de esperanza, de lucha cotidiana, de vida deshilachada en el servicio, de constancia en el trabajo que cansa… En cambio, nos entretenemos vanidosos hablando sobre “lo que habría que hacer” –el pecado del “habriaqueísmo” – como maestros espirituales y sabios pastorales que señalan desde afuera. Cultivamos nuestra imaginación sin límites y perdemos contacto con la realidad sufrida de nuestro pueblo fiel” (96).

“Es una tremenda corrupción con apariencia de bien. Hay que evitarla poniendo a la Iglesia en movimiento de salida de sí, de misión centrada en Jesucristo, de entrega a los pobres. ¡Dios nos libre de una Iglesia mundana bajo ropajes espirituales o pastorales! Esta mundanidad asfixiante se sana tomándole el gusto al aire puro del Espíritu Santo, que nos libera de estar centrados en nosotros mismos, escondidos en una apariencia religiosa vacía de Dios. ¡No nos dejemos robar el Evangelio!” (97). ¡Concretezza!

ACTUAR

Abre tus ojos y tu corazón y date cuenta de personas que sufren más que tú, y haz algo concreto por ellas: una palabra, una oración, pero abre también tu cartera y compárteles algo de lo que tienes. Una visita sería muy oportuna, pero están restringidas por la pandemia. Que el Espíritu nos inspire, para que nuestro amor sea concreto. ¡Concretezza!

 

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¿Y si me saco el avión?

Ana Teresa López de Llergo

Si me saco el avión lo podría exhibir en Santa Lucía, sería el único aeropuerto del mundo en donde se ofrecería a los pasajeros entretenerse en una visita guiada y ver los lujos de un presidente de principios del siglo XXI.

Como no hubo en el mundo gente suficientemente sabia que lo quisiese comprar, ahora se rifa porque el pueblo sabio de nuestro país le entra a todo. Lo que frustró esta genial idea fue la tremenda pandemia que ha tirado tantos proyectos. Se salvaron los neoliberales, perdieron la oportunidad de ser culpados.

En fin, la idea de la rifa es otro modo de comprobar el buen corazón de ayudar a los pobres. No debemos olvidar que primero los pobres. Aunque habremos pobres que lo disimulamos y estamos en un problema, porque a este sector nos llegan las demandas, por cierto, muy exigentes, y nos piden como si tuviéramos nuestro guardadito en algún banco del extranjero. Pero este no es el tema. Aunque explica el iluso sueño de: si me saco el avión salgo de pobre.

Desde luego, la celebración sería mediante una fiesta para mostrar todos los lujos: cama súper king size, pantallas de piso a techo, gimnasio para reponer la figura, vajillas idénticas a las del Palacio de Windsor, y mucho más hasta empalagarnos.

Después de éste y otros muchos sueños que me han llevado a olvidar mi trabajo con el que gano el pan de cada día, entré en razón y tuve que afrontar una larga lista de problemas.

¿En dónde lo guardo? En mi patio no cabe, y aunque los vecinos cooperaran con su suelo –que lo dudo–, ¿cómo lo meto? Tampoco tengo amistades que distrajeran a los encargados para seguir teniéndolo en el hangar presidencial, aunque si surgiera uno de buen corazón, con suficiente influencia –¿el informador de la marcha del COVID?– se me quitaría ese problema. Pero tendría otro más de fondo, digamos moral, estaría obligada a unirme al grupo de los sabios que eligió al mejor en 2018. La verdad, me descubrirían como embustera y oportunista porque no les llego… Fin de este sueño.

Otra idea, porque no hay que darse por vencida. Dicen que es buen negocio el de auto partes. Los deshuesaderos son famosos, allí se consigue de todo… Pues ofrezco por Amazon. Ofrezco sillas comodísimas, lámparas, espejos, vajillas, cubiertos, cristalería, aparatos de toda clase para hacer gimnasia o dar masajes. También turbinas, motores, palancas, ruedas, polveras… y mucho más… ¿Cuánto tiempo dedicaré a la venta? ¿Y si nadie se interesa? Fin de otro sueño.

Lo mejor será conseguir un espacio en Santa Lucía. Sin proyecto todo cabe. Sería el único aeropuerto del mundo en donde se ofrecería a los pasajeros entretenerse en una visita guiada y ver los lujos de un presidente de principios del siglo XXI, además así no se darán cuenta de la larga espera antes de embarcar. Alrededor se podría ambientar con algunos huesos y colmillos de dinosaurios, mamuts, camellos y caballos. Algo nunca visto.

Por último, si me lo saco, lo mejor es imitar al ideólogo de este plan, organizaré otra rifa… Pero quién me comprará los cachitos, si a él le ha costado trabajo, a mí ¿cómo me irá? Ya sé, organizaré una encuesta y con las respuestas armaré otro plan. Les tendré al tanto…

Ya amaneció y tengo que dejar los sueños. Pero si tú te lo sacas ya te di algunas ideas, espero te sirvan.

 

El niño emperador

Lucía Legorreta

Cuando un menor entre 11 y 17 años recurre a engaños, no acata instrucciones, es irresponsable y huye de las obligaciones y manipula, puede ser que sufra del síndrome del niño emperador.

¿Has escuchado este calificativo? Al fenómeno de desobediencia constante, de insultos, de reto, que llega hasta la violencia física se le conoce como síndrome del niño emperador. Desafiar a los padres no es algo que se le vaya a pasar cuando sea más grande. ¡He aquí el problema!

Por síndrome se entiende como un grupo de síntomas que, en conjunto, forman un patrón o condición particular. Se manifiesta sobre todo en niños y adolescentes de entre 11 y 17 años, y su principal característica es la presencia de conductas violentas hacia los papás. Se presenta tanto en niños como en niñas.

Esta conducta aparece cuando un niño que debería ser feliz y hacer felices a sus padres se convierte en el símbolo de una falta de tolerancia, de la frustración que parece cada vez más dominante en nuestra sociedad. Este joven quiere hacer las cosas como él quiere, y lo quiere ahora, y no le remuerde la conciencia a la hora de ser violento.

¿Cómo saber si tu hijo o hija es un emperador? Revisa esta lista de síntomas, y si ves que tiene tres o más, pon manos a la obra para corregir esta actitud:

- No se le puede negar nada; hace berrinches y agresiones para conseguir lo que quiere.
- No siente culpa ni remordimientos al agredir.
- Es egocéntrico.
- No es empático.
- No acata instrucciones.
- Recurre a engaños.
- Golpea.
- Es irresponsable y huye de las obligaciones.
- No se preocupa por su seguridad ni la de los demás.
- Manipula.

Ahora bien, no se puede ver a un niño sin antes no voltear a sus papas: el niño puede reflejar síntomas de que algo pasa en la familia. Para prevenir estas conductas, los especialistas sugieren:

- Poner límites. No se trata de censurar, establecer reglas para poner orden y que todo funcione mejor.
- Escuchar: especialmente sus necesidades.
- Estar pendiente de sus actividades. Saber qué ven en la televisión e internet, quiénes son sus amigos, qué pasa en la escuela.
- Que los padres se comuniquen de forma efectiva y tomen decisiones en conjunto.
- Fomentar el desarrollo de la inteligencia emocional y la conciencia, que es ayudar a los hijos a reconocer sus emociones y las de los demás, fomentando la empatía y practicar actos altruistas.
- Enseñarles a cultivar habilidades no violentas. Hay que predicar con el ejemplo, y en casa privilegiar el diálogo, escuchar a los demás y actuar en consecuencia.
- Poner barreras claras. Los padres no deben tolerar la violencia ni el engaño, y el pequeño debe saber que no puede cruzarla.

Si las familias empiezan a notar que el niño tiene actitudes tiránicas, hay que buscar ayuda profesional, ya que esta conducta se puede convertir en un trastorno antisocial, y el único que sufrirá y se verá afectado será tu hijo, ¡no lo permitas! Empieza cuanto antes y no te arrepentirás.

La ‘Teología pastoral’ en el camino del hombre y de la Iglesia

Escrito por Ramiro Pellitero

En 2010, el autor de estas páginas fue invitado a una mesa redonda en la Universidad Lateranense para exponer la situación de la Teología pastoral en el ámbito de lengua española, junto con otros colegas que expondrían la parte correspondiente a otras áreas

Se trata de una disciplina teológica que ha tenido un desarrollo importante en los últimos tiempos y que figura como asignatura fundamental en todos los programas de estudios teológicos.

Además, en las circunstancias actuales (pontificado del Papa Francisco) está en marcha una renovación de los estudios eclesiásticos que subraya precisamente la dimensión evangelizadora y pastoral de la teología, como servicio a la vida cristiana y a la misión de la Iglesia.

Esta intervención tiene dos partes, que parecen pedidas por el contexto de un coloquio sobre la Teología pastoral entre colegas provenientes de diversas áreas lingüísticas. En primer lugar, una presentación de la producción más significativa que ha tenido lugar después del Concilio Vaticano II sobre esta disciplina, en el ámbito de habla española, incluyendo una alusión al área latinoamericana y a los hispanos residentes en los Estados Unidos. En segundo lugar, una reflexión sobre la identidad y la dinámica de la “Teología pastoral”, concebida como Teología de la acción eclesial.

I. La Teología pastoral en el ámbito de lengua española: Desarrollos posconciliares

En el ámbito español hay acuerdo en afirmar que la Teología pastoral se ha desarrollado de modo precario y desigual[1]. Antes del Concilio Vaticano II, en España se publicaron o se reeditaron desde 1950 una serie de manuales que trataban de los deberes del pastor en cuanto al gobierno de las almas. Una reflexión de tipo más científico, aunque sigue centrada en el quehacer sacerdotal, se instaura con S. Beguiristáin y C. Sánchez-Aliseda, profesor en Salamanca. Este último fue el primer director del Instituto Superior de Pastoral, fundado en 1955. Este instituto primero dependió de la Universidad Pontificia de Salamanca y luego se trasladó a Madrid en 1964. En 1958 se había creado otro instituto pastoral para los religiosos.

I.1. Aportaciones del posconcilio en España

Como es lógico, las aportaciones de los autores españoles a la Teología pastoral dependen de la situación histórica y cultural de nuestro país. Esto es aún más importante después del Concilio Vaticano II, pues el posconcilio atraviesa en España los años setenta, es decir la transición política; por tanto, para comprender las ideas y las realizaciones pastorales, hay que tener en cuenta la situación de la Iglesia en España durante ese tiempo, y el papel que jugaron las diversas instituciones[2]. Como otros países de nuestro entorno, junto con un creciente desarrollo económico hasta ahora, hemos asistido en las últimas décadas a una notable descristianización. Al mismo tiempo la situación geográfica y cultural hace que España reciba influjos teológicos tanto de Europa (sobre todo de Francia, Italia y Alemania), como de América y sobre todo Latinoamérica (particularmente la Teología de la liberación). Un factor reciente a tener en cuenta es la inmigración, con sus potencialidades positivas y su problemática aneja.

Después del Concilio Vaticano II se difunde en España la “pastoral de conjunto”, con su énfasis en la praxis concreta, el trabajo en equipo y la “zona humana”. Se asiste a un renovado interés teológico-pastoral, surgen nuevas revistas (como "Pastoral Misionera") y se va recurriendo a la sociología pastoral como instrumento. Se toma conciencia de la necesidad de un impulso en la formación pastoral de los seminarios. Pero se tarda en poner en marcha una reflexión propiamente teológico-pastoral, suficientemente estructurada para influir en la formación de los seminaristas e incidir en la vida eclesial.

a) Diversidad de enfoques

En primer lugar cabe destacar las aportaciones de algunos autores, en artículos donde proponen diversos modos de comprender la Teología pastoral.

I. J. de Celaya y Urrutia centra la disciplina en el estudio de la función de los pastores, y la define como “la ciencia teológica de la cooperación ministerial de la Iglesia al plan divino de la salvación que nos ha sido revelado por Jesucristo”[3].

En diversos trabajos y arrancando de la perspectiva de la “autorrealización total de la Iglesia entera”[4], F. Calvo Guinda analiza la evolución y estado de la materia[5], y clasifica las orientaciones de la Teología pastoral, al principio de los años noventa, en cuatro direcciones: eclesiológica, crítico-social, pragmática y antropológica[6].

F. Placer Ugarte no aborda directamente la teología pastoral, pero la entiende desde la teología de la liberación latinoamericana[7].

La Telogía pastoral como “reflexión sobre lo que la Iglesia hace para anunciar el Evangelio, para renovarse a sí misma y para colaborar en la ‘civilización del amor’”, es la perspectiva de J. Sastre[8]. Este autor señala que la oración y los sacramentos que alimentan la vida teologal son la fuente de la acción pastoral y que la relación entre teología y transformación de la realidad es intrínseca a la fe cristiana.

b) Manuales

Nos detenemos a continuación en los manuales publicados por autores españoles después del Concilio[9].

C. Floristán y M. Useros editaron en 1968 el que se considera primer manual español “renovado”[10]. La teología pastoral se define como “la ciencia teológica que analiza la situación concreta en que la Iglesia se edifica mediante sus acciones propias”. Tiene dos partes: “pastoral fundamental” (estudia la acción pastoral en la historia, su teología y criteriología, y los sujetos de esa acción), y “pastoral especial” (analiza la edificación de la Iglesia, a través de la Palabra, la liturgia y el servicio cristiano, y su relación con el mundo). Concibe la disciplina como “ciencia de la acción pastoral” con criterios teológicos, referida a la situación concreta por medio de las ciencias humanas. El sujeto de la “acción pastoral” es el Pueblo de Dios, por lo que la Iglesia aparece como el criterio primario, especialmente en la perspectiva de la historia de la salvación. Inspirado en la reflexión europea del momento (en la línea del Handbuch alemán y de acuerdo con las orientaciones de Arnold y Liégé), ha sido durante mucho tiempo un punto de referencia para el estudio de la teología pastoral en España.

La segunda edición de este manual, realizada en solitario por C. Floristán[11], refleja la influencia de la teología política europea y la teología latinoamericana de la liberación[12]. La teología práctica aparece como “teología de la praxis” y esto supone “la primacía de la praxis sobre la teoría y que la teoría está en función de la praxis”[13]. La praxis, entendida como praxis de la liberación política, determina el pensamiento de este autor y las categorías desde las que define la teología pastoral. Junto con J. J. Tamayo, C. Floristán publicó además tres diccionarios de temas pastorales[14]. En la línea de su manual de 1991, Floristán editó posteriormente el Nuevo diccionario de Pastoral (San Pablo, Madrid 2002).

R. Prat i Pons escribe desde el ámbito catalán. En la segunda edición de 1995, su libro aparece dividido en tres partes[15]. La primera dibuja el marco general de una “teología de la acción eclesial”. Toma de Liégé esta definición: "La teología pastoral es la ciencia teológica del 'quehacer pascual', dentro de la Iglesia, de cara a la edificación del Cuerpo de Cristo, para el servicio del mundo". La segunda parte propone una metodología pedagógica para el ejercicio de la pastoral; y la tercera se dedica a algunas cuestiones actuales. Sostiene que la teología pastoral es una “eclesiología operativa” con acento en las mediaciones antropológicas y en las ciencias humanas (especialmente la sociología, la psicología y la pedagogía). Siguiendo de cerca a Bernard Lonergan, Prat i Pons entiende que lo propio de esta disciplina “está en el esfuerzo de traducir en método de acción y en categorías de acción el diálogo establecido entre la praxis histórica y la praxis cristiana; esto no es posible sin un autoconocimiento y sin una proximidad a la persona humana”. Es un libro más sugerente que sistemático.

El manual de J. A. Ramos Guerreira, “Teología pastoral”, vio la luz en 1995, dentro de la Colección “Sapientia Fidei”[16]. El autor subraya la necesidad, aquí y ahora, de una reflexión teológica sobre la pastoral, que no sea una mera “ciencia de conclusiones” respecto a la dogmática[17]. En el nivel fundamental la teología pastoral es para él una “eclesiología existencial”, una “manifestación epifánica de la eclesiología”, que estudia el obrar eclesial en diálogo con las ciencias humanas. Para este autor, toda acción eclesial consecuente implica un primer componente reflexivo de su identidad, de donde recibe su objeto y finalidad; pues bien, ese componente reflexivo, que no puede concebirse separado de la acción misma, es el contenido propio de la teología pastoral. Sus criterios brotan de la misión de Cristo, del camino hacia el Reino y de la presencia y misión de la Iglesia en el mundo. La pastoral especial comprende el estudio de las etapas evangelizadoras de la Iglesia, los sujetos y las formas de la acción pastoral. Su enraizamiento en la eclesiología y su interés en una metodología propiamente teológico-pastoral son los puntos más fuertes del libro. Se echa de menos un mayor desarrollo de las conexiones de nuestra disciplina con la espiritualidad y con la tarea ecuménica.

I.2. Perspectivas latinoamericanas e hispano-estadounideneses

La perspectiva de la liberación se ha difundido desde Latinoamérica en todos los continentes y es común subrayar la dimensión liberadora, también en sentido temporal, del mensaje cristiano. Baste recordar cómo la “opción preferencial por los pobres”, ha sido mantenida, en los documentos del CELAM, como característica de la acción eclesial particularmente en Latinoamérica, desde Medellín y Puebla hasta Santo Domingo y Aparecida.

Mario Midali ha señalado, como contribuciones positivas de la teología de la liberación latinoamericana, ante todo su opción ética en el sentido de la compasión hacia el sufrimiento e incluso una propia mística que intenta vincularse a la espiritualidad apostólica de Jesús de Nazaret. En segundo término, el señalar que en toda teología hay un trasfondo más o menos implícito de opciones culturales e ideológicas que es necesario discernir. Además, el haber puesto de relieve la “catolicidad intensiva” de la Iglesia, que se traduce en la capacidad para elaborar teologías inculturadas. En fin, el intento de elaborar una reflexión teológico-práctica[18]. Esto último plantea hasta qué punto la teología de la liberación puede considerarse una Teología pastoral.

a) La teología de la liberación, ¿una Teología pastoral?

Para enfocar una respuesta, es útil evocar la distinción que en 1983 hacía J. C. Scannone, cuando distinguía dentro de la teología de la liberación cuatro corrientes[19].

En primer lugar una teología de la liberación (en sentido amplio) a partir de la praxis pastoral de la Iglesia, entendida como “cuerpo institucional”, tal como se refleja en documentos eclesiásticos como Medellín y Puebla. Tiene como finalidad la evangelización liberadora “integral”, en perspectiva bíblica y eclesial, aunque, según Scannone, explicita más bien poco el hecho de que la praxis liberadora en sentido político es propia de la misión de los fieles laicos.

En segundo término, la teología de la liberación a partir de la praxis de los grupos revolucionarios, no necesariamente violentos. Representada por H. Assmann y no pocas posiciones de los “cristianos para el socialismo”, recurre al análisis marxista, aunque rechaza el materialismo dialéctico por ateo. En su juicio, Scannone advierte que aquí la fe llega “demasiado tarde” para discernir los presupuestos de una acción política previamente asumida. No extraña por eso, que esta corriente acuse a la anterior de “espiritualizar” el mensaje de la liberación.

En tercer lugar, una teología a partir de la praxis histórica no sólo pastoral o eclesial (a diferencia de la corriente anterior, esta desea ser fiel a la Iglesia y a la tradición teológica), sino sobre todo económica, social, política, etc., especialmente la praxis liberadora de determinados sectores cristianos mentalizados; al mismo tiempo propone que el sujeto de esta reflexión teológica sea el pueblo cristiano, particularmente las comunidades de base. Representada por los hermanos Boff, continúa la primera reflexión de G. Gutiérrez, y se inspira en el análisis marxista de la realidad como mediación socio-analítica, análisis que intenta desvincular de sus presupuestos ateos, recurriendo a los criterios de la ética cristiana.

La crítica principal a esta corriente, y necesariamente a la anterior, es el uso del análisis marxista, con su interpretación reduccionista de la categoría “pobre”, y sobre todo, la dificultad de separar ese análisis de sus presupuestos filosófico-antropológicos[20], como reconocen algunos teólogos de esta corriente.

En cuarto y último lugar, se refiere a una teología a partir de la praxis de los pueblos latinoamericanos, o “teología de la pastoral popular”, representada principalmente por L. Gera[21] o el mismo Scannone. El sujeto de esa reflexión teológica es el mismo sujeto de la praxis humana y cristiana, el pueblo latinoamericano como categoría histórico-cultura y como parte del pueblo de Dios inculturado en Latinoamérica; en cuanto comunidad orgánica representado de algún modo por los “pobres y sencillos” en sentido bíblico. El pueblo no como “clase” oprimida, sino desde una perspectiva histórico-cultural fuertemente marcada por su dimensión religiosa. Esta dimensión religiosa implica una praxis liberadora a favor de los pobres y los sencillos. Para su análisis utiliza entre las ciencias humanas, preferentemente la historia y la antropología social y cultural, sin desatender la mediación del conocimiento sapiencial y religioso de la tradición latinoamericana, particularmente en sus aspectos simbólicos y poéticos.

Scannone advierte que esta reflexión debería estar atenta al discernimiento de las mediaciones culturales, para no caer en la tentación del romanticismo populista.

Es esta cuarta corriente la que aporta a nuestro juicio más elementos interesantes, con vistas a una Teología pastoral entendida como Teología de la acción eclesial. Puede considerarse prolongación de esta línea la reflexión de los teólogos hispanos de los Estados Unidos.

b) El acompañamiento teológico del “catolicismo popular”

En el contexto cultural de los hispanos que residen en Estados Unidos, que tienen en común el castellano (aunque con frecuencia escriban en inglés para darse a conocer en los ambientes académicos), se viene desarrollando en las últimas tres décadas una teología propia[22]. Característico de estos teólogos, además de situarse en diálogo con la teología de la liberación, es considerar como “lugar teológico” la realidad de la fe del pueblo hispano y su contexto vital. Tomanos como representante de esta teología a Roberto Goizueta, laico cubano, profesor del Boston College[23].

Goizueta conecta la “antropología orgánica” hispana con la fiesta litúrgica y su belleza, pues para los latinos y latinas toda acción humana viene a ser una celebración litúrgica, forma más alta de la praxis, por ser la afirmación del valor intrínseco de la vida humana como un bien que llama a la alegría. Además de la celebración litúrgica, el otro gran paradigma de la vida comunitaria es el hogar familiar, en torno al cual se preservan la cultura, las tradiciones y el lenguaje. Como prolongaciones del hogar surgen la iglesia y la plaza pública, donde se transmiten los afectos, la fe cristiana y los valores que surgen en la familia.

Según Goizueta, la “manera de ser” de los hispanos “supone y afirma a la vez la relacionalidad y la sacramentalidad como realidades fundamentales y definitivas de la praxis humana”[24]; pide de suyo la transformación social, de acuerdo con la naturaleza de la persona y se acompaña de un sentido de la estética; ambas dimensiones, ética y estética se conciben como intrínsecas a la praxis cristiana.

En su análisis sobre la praxis, a partir de los trabajos de H. G. Gadamer, J. Habermas, R. Bernstein y M. Lamb, señala Goizueta que la noción moderna de práctica es reduccionista (la praxis se reduce a práctica y ésta a técnica), y por tanto está distorsionada, en cuanto que se concibe extrínsecamente a la persona. Goizueta propone una vuelta a Aristóteles en la línea de A. MacIntyre y N. Lobkowicz. Afirma Goizueta que “la opción por los pobres es la más importante pre-condición epistemológica de la fe cristiana”[25], siempre que se comprenda no sólo en sus aspectos ético, estético o racional, sino fundamentalmente como una “opción espiritual”.

Ya se ve que la antropología propia de los “hispanos” es esencialmente comunitaria. Por eso implica a la Iglesia, vista no desde la institución, sino desde los cristianos mismos y sus familias. De esta manera, el acompañamiento teológico como reflexión sobre esa “praxis”, se constituye en una teología de la acción eclesial.

c) La Teología práctica como comunicación orientativa de la praxis eclesial

En dirección en parte diversa, que intenta integrar la reflexión teológico-práctica proveniente de otros ámbitos, se mueve el texto de Germán Neira, profesor de la Pontificia Universidad Javeriana[26]. Entiende la teología práctica como “la construcción de la Iglesia en el hoy de su realización” o “en el hoy de su vida”[27].

En la parte central de su libro, titulada “La Teología práctica como orientación de la praxis de la Iglesia hoy”, G. Neira se apoya en cuatro teólogos: K. Rahner y P.A. Liégé, para la definición sistemática, y J. Audinet y B. Lonergan para las cuestiones de método[28].

Entiende Neira que “la teología práctica y la acción pastoral de la Iglesia se orientan a la construcción de comunidades cristianas concretas en las que sea posible vivir el Evangelio dentro de un nuevo dinamismo de relaciones. Esta construcción supone una ubicación personal en una tradición eclesial concreta y una apertura misionera a los nuevos problemas sociales y eclesiales”[29]. Tal sería también, según este autor, la perspectiva pastoral que adopta el Documento de Santo Domingo (1992).

De acuerdo con J. Audinet, la teología práctica trata de orientar la praxis eclesial en un mundo cambiante, donde se ha desplazado el “lugar” de la acción (la Iglesia lo comparte con otros grupos religiosos y civiles), han variado los instrumentos de acción (avances tecnológicos, ciencias humanas), y los sistemas de referencia (el discurso teológico se sitúa en relación con otros discursos)[30].

La referencia a Lonergan se vuelve casi exclusiva en la tercera parte del libro, donde se explora la Teología práctica como función teológica, y concretamente como representante de la función comunicativa de la teología. Como síntesis puede valer esta afirmación de G. Neira: “La Teología práctica orienta la autoconstitución de la Iglesia cristiana como comunidad especifica hoy y su compromiso con la promoción del bien humano integral”[31].

II. Identidad y dinámica de una Teología de la acción eclesial

Como anuncié al principio, siguen algunas reflexiones sobre la identidad y dinámica de una Teología de la acción eclesial. En recuerdo del método de esta disciplina, esta segunda parte tiene tres pasos. Primero, una mirada valorativa a la situación de la Teología pastoral. Segundo, una presentación de criterios teológicos que ayuden a identificar los objetivos del estudio. Tercero, una propuesta sobre la identidad y la dinámica de la disciplina, junto con algunas observaciones metodológicas.

II.1. Una mirada a la situación de la “Teología pastoral”

El itinerario histórico de nuestra disciplina y los intentos de configurar su identidad y su método a partir del Concilio, permiten subrayar algunos rasgos fundamentales, más allá de las dependencias de la historia sociopolítica y eclesial.

Después de la etapa pragmática centrada en el pastor, y de la denominada etapa eclesiológica (en realidad sería mejor denominarla “eclesiástica”), el contexto sociorreligioso parece haber reconducido la reflexión teológico-pastoral a las relaciones entre religión, Iglesia y sociedad, especialmente en el área de habla alemana. Para muchos autores de este ámbito, el periodo en que nos encontramos supone la superación del anterior centrado en la “Iglesia”. Otros, como N. Mette, interesados también por las relaciones entre cristianismo y sociedad, han llamado al mismo tiempo la atención hacia la reflexión sobre el obrar cristiano eclesial, más allá de los márgenes eclesiásticos institucionales, en el marco de la sacramentalidad salvífica y en un horizonte universal[32].

En el área francesa, factores como el descubrimiento de la dimensión misionera de toda la Iglesia, la profundización de la catequesis en relación con las ciencias humanas y el movimiento litúrgico, hicieron posible que surgieran figuras como la de P.A. Liégé, que supo unir la tradición de Tubinga con la tradición eclesiológico-pastoral francesa que tanto había contribuido al Concilio Vaticano II. En esa estela, acentuando más las aportaciones de las ciencias sociales, se puede comprender el desarrollo actual y muy diversificado de la Teología práctica en ámbito francófono. La fundamentación propiamente eclesiológica ha encontrado un refuerzo con la obra de Daniel Bourgeois[33].

La producción teológico-pastoral italiana ha marcado una pauta fructífera, desde los años ochenta, en la profundización sobre la acción salvífica de la Iglesia, tal como se da en la historia, en relación con el mundo y el hombre. Junto a otros autores, que se sitúan particularmente en diálogo con el mundo germanófono, destaca Sergio Lanza, que sostiene la especificidad de la Teología pastoral como “teología de la acción eclesial” en un sentido pleno, y se interesa por perfilar el método de nuestra disciplina.

En cuanto al área anglófona, viene participando del momento dialogal entre eclesiología y ciencias humanas, con más énfasis en las cuestiones empíricas y éticas, que en el estatuto epistemológico y metodológico de la Teología práctica; dicho estatuto sólo es aludido en referencia a las cuestiones de la psicología y la pedagogía, la sociología, la política, la hermenéutica etc.

En fin, por lo que se refiere a nuestro ámbito de lengua española, al que he dedicado la primera parte de mi intervención, no me detendré ahora sino para calificar de sugerentes los desarrollos que han tenido lugar en las últimas décadas. Ya he señalado la influencia de la teología de la liberación, surgida en Latinoamérica, sobre la reflexión en España y en otros ámbitos de lengua española.

II.2. Algunos criterios teológicos hoy fundamentales

A nuestro juicio, los estudios realizados muestran, con su diversificación y sus conclusiones, la necesidad de algunos criterios que iluminen el objeto y el método de nuestra disciplina. Para esta tarea clarificadora, ella misma una tarea teológico-pastoral, se proponen a continuación algunos puntos interconectados, que parecen fundamentales en el “aquí” y “ahora” de nuestro diálogo.

1. La teología pastoral se sitúa en el marco unitario de la teología. En primer lugar, la Teología pastoral es teología. La teología es reflexión desde la fe y en la fe vivida. En las disciplinas teológicas se subrayan únicamente “dimensiones” de la reflexión teológica, determinadas no tanto por el “objeto material” –que es siempre Dios conocido y amado a partir de su obrar salvífico– como más bien por los objetos formales en cada caso; es decir, por el punto de vista o la perspectiva desde la que se sitúa la razón que busca entender para vivir y en el vivir. Así, la dimensión pastoral o práctica es propia de toda la teología, y la Teología pastoral (o práctica) es la decantación de esa dimensión pastoral en una disciplina que requiere identidad y método propio.

2. La teología es tarea al servicio de la vida cristiana y la misión. Con el término “misión”, la teología no se refiere primeramente al “papel” que la Iglesia debe desempeñar en el seno del mundo actual, sino a su naturaleza de sacramento de salvación, cuya “eficacia” proviene ante todo de la doble misión del Hijo y del Espíritu Santo. Tener en cuenta esta realidad viva y volver siempre a ella para tratar de adecuarse al obrar divino en la historia (“dejarse hacer por Dios”) con el fin de colaborar en la salvación, no puede considerarse “deductivismo” metodológico, sino simplemente coherencia teologal.

La inmanencia entre teología y vida cristiana se ha de traducir en una reflexión que mire a la vez a la Iglesia toda entera y al contexto sociocultural en que la acción eclesial tiene lugar. La Iglesia no se reduce a sus manifestaciones institucionales, por importantes que sean, pues la mayor parte de los cristianos son fieles laicos que contribuyen a edificar la Iglesia mientras contribuyen a edificar la sociedad civil, sus desarrollos y progresos. Es precisamente el Evangelio, por su carácter público, el que permite enriquecer la vida social y cultural con la oferta cristiana de un sentido pleno para la vida.

3. La acción eclesial debe apoyarse en la primacía de la gracia y de la vida espiritual. Una visión reducida de la acción en sentido de acción externa, fomentada por la metodología de las ciencias empíricas, puede hacer perder de vista que la acción eclesial se dinamiza desde su fuente viva. Esto lleva a conceder un lugar central de hecho a la oración y los sacramentos, especialmente la Eucaristía. La vida de oración y el horizonte de la santidad bien comprendidos no significan espiritualismo o intimismo. Si en el siglo XX se dio una tendencia en ese sentido, una auténtica recepción del Concilio Vaticano II conduce a superar todo individualismo, precisamente a través del encuentro personal con Jesucristo en la comunión eclesial, como germen universal de solidaridad. De ahí que si en una comunidad cristiana no hubiera un interés real por el bien de todas las personas, especialmente de los pobres y necesitados, esto supondría carencia de una auténtica oración y de una vida sacramental coherente.

4. La vivencia del Evangelio comporta esencialmente la transformación efectiva de la sociedad, particularmente en el caso de los fieles laicos. La teología de la liberación acentúa con razón esta dimensión del cristianismo, dando por supuesta la oración y la contemplación. Sin embargo, algunas de sus corrientes, sobre todo las que más dialogan con el marxismo, han cambiado de significación la espiritualidad cristiana; han tendido a reducir la misión eclesial en un horizonte meramente terreno, dejando además en la sombra otros aspectos fundamentales de la evangelización, como el valor de la vida humana y de las culturas. Una tendencia a confundir la historia de la salvación con la historia humana se une con frecuencia al olvido de la misión propia de los fieles laicos, y por tanto, a un clericalismo de tipo político. En todo caso, es preciso restablecer la unidad entre teología especulativa y espiritual, y hecho esto, no se puede oponer una teología dogmática y contemplativa a una teología transformadora de la realidad, pues la transformación del mundo es tarea intrínseca de la praxis cristiana.

5. La acción eclesial requiere una esmerada atención a la persona. La misión eclesial se apoya en las virtudes teologales y morales de las personas. En su diálogo con las ciencias —especialmente las que tienen que ver con la acción humana—, la Teología pastoral debe mostrar que la evangelización sólo puede tener éxito si los cristianos cuentan personalmente con Dios y dan testimonio de la verdad y del amor. Esto requiere también el acompañamiento personal y que se conceda prioridad a las personas sobre las fórmulas, las estructuras y los programas.

6. La acción eclesial no puede comprenderse ni realizarse sin una visión de conjunto, pues corresponde a todos, según los diversos dones, vocaciones y carismas. Lo personal no se opone a lo eclesial, sino a toda forma tanto de individualismo como de colectivismo. Las condiciones y las situaciones de las personas determinan de modo principal la acción. Por tanto, la dinámica entre los “portadores” de la misión (laicos, ministros, miembros de la vida consagrada) y la diversidad y complementariedad de las tareas (pastoral, nueva evangelización, tarea ecuménica, misión ad gentes) se convierten en criterios decisivos para la acción eclesial. 

7. La “Teología pastoral” tiene una vocación directamente formativa, al alcance de todos. El servicio de la teología a la misión, o si se quiere a la “pastoral”, implica, al mismo tiempo un impulso a la dimensión teológica de la “pastoral”[34], de modo que se facilite a todos los cristianos el pensar, prever y evaluar la acción eclesial; pues el sujeto de la reflexión sobre la acción de la Iglesia solo puede ser la Iglesia misma. Hoy la teología debe hacer un esfuerzo por hablar el lenguaje de la gente, volverse a la cultura y la sabiduría populares, servir a los pobres y a los sencillos, bajarse humildemente a la altura de los “pequeños”, muchos de ellos grandes a los ojos de Dios. Sin duda ello requiere no sólo una crítica constructiva de la razón moderna, sino un esfuerzo de inteligencia cristiana.

Si esto es así para toda la teología, con más motivo la Teología pastoral, llamada a un acompañamiento cercano de la vida cristiana, ha de ponerse, en sus núcleos sustanciales, al alcance de todos. En colaboración con sus colegas de otras disciplinas y con el servicio autoritativo del Magisterio, el teólogo pastoral profesional debe ser capaz de ejercer un servicio de articulación reflexiva y crítica de la experiencia cristiana y eclesial a la luz de la Palabra de Dios, de modo que los cristianos puedan interpretar y vivir su fe, y sean capaces de testimoniarla en todas sus actividades cotidianas.

Como queda dicho, estos criterios, que no pretenden ser exhaustivos, parecen importantes en el momento actual, si bien son esenciales para una Teología de la acción eclesial. En efecto, la configuran y determinan de tal manera que no pueden considerarse “anteriores” a su proceso metodológico, y si se pasaran por alto, podrían invalidar ese proceso.

II.3. La acción eclesial secunda las misiones trinitarias

Las perspectivas desde las que se actúa en la Iglesia son necesariamente diversas, y ya los mismos evangelistas y demás autores del Nuevo Testamento escriben desde una interpretación de la misión. La “pastoral” requiere, en suma, un redescubrimiento continuo, pues vive en una tensión entre los proyectos concretos y la misión divina recibida[35]. Sin embargo, hay algo común a todas las interpretaciones de la acción eclesial: el hecho, ya señalado, de la misión confiada desde el Padre por Cristo y su presencia en la Iglesia junto con la acción del Espíritu Santo. No hay en esto parcialidad o abstracción, pues se trata nada menos que de la confesión de la fe y de la vida de la fe.

Esto significa que el fundamento y fuente viva de la acción de la Iglesia –y de los cristianos en ella– es lo mismo que unifica y vivifica su misión: la unión con Cristo y la obra del Espíritu Santo en cada persona, en cada tarea, en cada acción concreta. La Iglesia actúa en la medida que se deja amar por Cristo y vivificar por el Espíritu Santo. Su “eficacia” depende, ante todo, de esa unidad y de esa vida, que ella participa de la Trinidad y da a participar a los cristianos. En consecuencia, la acción de la Iglesia requiere la “pedagogía de la oración” y la “pastoral de la santidad” a todos los niveles. En este marco, hay que promover en los cristianos las convicciones, disposiciones y actitudes de santidad y de servicio que sean acordes con su participación en la misión de la Iglesia. A ello contribuye en primera línea la teología pastoral con su propio método.

En otros términos, la Teología pastoral es teología del quehacer o de la autorrealización de la Iglesia, concebida a partir de su sacramentalidad (la Iglesia es “sacramento” que significa y actúa gracias a la misión del Verbo y del Espíritu Santo). El objeto (material) de la “teología pastoral”, entendida como teología de la acción eclesial, es todo lo que la Iglesia “hace” (la predicación y la catequesis, el testimonio y el diálogo, la práctica del ecumenismo, la liturgia, la dirección espiritual y la promoción humana, etc.). Todo ello puede articularse en la triple fórmula clásica martyria-leiturgia-diakonia[36]. El objeto formal “quod”, o punto de vista propio de la teología de la acción eclesial, es el “aquí y ahora” de la edificación de la Iglesia, que sigue la “lógica” o la “ley de la Encarnación” (Arnold) bajo el impulso y la fuerza del Espíritu Santo.

De un modo que subraya los presupuestos propiamente teológicos, puede entenderse la teología pastoral (o práctica) como ciencia teológica de la autorrealización de la Iglesia en su “colaboración” salvífica con las misiones trinitarias, pues sólo Cristo y el Espíritu Santo dan “eficacia divina” a la Iglesia y a la acción de cada cristiano en ella[37].

Este concepto de autoedificación o autorrealización de la Iglesia no puede concebirse en sentido absoluto: la Iglesia no se edifica a sí misma ni se “autoproduce”. Es la misión del Hijo y del Espíritu la que la mantiene renovándose continuamente hasta su estado definitivo, con la aportación de los cristianos, que procuran secundar o hacer eco a las misiones trinitarias. Es así como, según los Padres, la Iglesia se “engendra a sí misma” (S. Beda el Venerable).

II.4. Otras observaciones sobre el método teológico-pastoral

Los elementos que intervienen en el método de la Teología pastorar se encuentran en la siguiente definición descriptiva, inspirada en D. Bourgeois:

La teología pastoral es teología de la acción [1] de la Iglesia [2], que enseña a leer los designios de Dios en una determinada situación de lugar y tiempo, “aquí y ahora” [3], atendiendo a la Revelación y a los datos que proporcionan las ciencias humanas [4], a fin de que esos designios sean reconocidos por la Iglesia, sean celebrados en su vida, y sean orientados hacia la realización del proyecto de Dios[38].

A partir de aquí, en efecto, pueden señalarse cuatro elementos fundamentales del método teológico-pastoral:

[1,2] Veamos los dos primeros conjuntamente. El binomio teología-acción nos interesa en cuanto referido a la acción de la Iglesia de un modo explícito o implícito, bajo fórmulas como “vida de los cristianos”, “existencia cristiana”, etc. Teología y acción deben distinguirse pero no pueden separarse. La acción de la Iglesia es la “práctica” de la teología, es decir, de ese “saber” sobre Dios y por tanto sobre la acción de la Trinidad, que se hace vida en el cristiano[39]Saber que permite comprobar la fidelidad de la Iglesia a Cristo y a la Revelación. Derivadamente, la acción de los cristianos es fruto de su conciencia de “ser Iglesia”.

Una acción puede ser denominada “acción de la Iglesia” en dos sentidos fundamentales: bien en un sentido institucional u oficial, cuando se trata de actos jerárquicos; bien como acción de un cristiano en estado de gracia, y por tanto como acto meritorio que colabora a la salvación propia o de otros. En el segundo sentido no hay acciones cristianas sólo “privadas” o individuales, pues todo lo que realiza un cristiano si procede de la gracia, que es eclesial, edifica la Comunión y enriquece la capacidad del sacramentum salutis, la “eficacia” de la sacramentalidad de la Iglesia.

Por otra parte, cabe señalar que la acción eclesial puede y debe ser siempre mejorada, pero la “práctica” no crea la verdad revelada (el designio salvífico divino manifestado en Cristo), si bien la secunda y la hace plena en el mundo. Por tanto, la situación histórica interpela a la inteligencia creyente para que estudie cómo mejorarla.

[3] El discernimiento de los “signos de los tiempos” (cfr. Mt 16, 4; Lc 12, 54-56). El discernimiento es el método –germinalmente teológico‑ con el que la Iglesia, a la luz del misterio de la salvación, de la que es por gracia guardiana y dispensadora, lee la historia, para ejercer eficazmente su misión de salvación del mundo[40].

Perteneciente a la dinámica propia del acto de fe, el discernimiento supone una comprensión de la acción del Espíritu Santo en la Iglesia, que la pone al servicio de la humanidad –para la promoción integral del hombre– y adapta el anuncio del Evangelio en la situación cultural de cada tiempo[41]. El discernimiento de los signos de los tiempos es tarea de la Iglesia y de los creyentes, y se realiza conjuntamente mediante la recepción de los desarrollos teológicos, la experiencia cristiana, el estudio y el diálogo[42].

El discernimiento de los signos de los tiempos requiere unos principios científicos, pero no es cuestión de elaborar una “ética pastoral” sin más, porque ese discernimiento lleva también consigo un impulso práctico hacia la acción. La teología pastoral ha de servir a la comunidad cristiana y a quienes en ella tienen la misión de tomar las decisiones prudenciales en orden a la acción, respetando y fomentando la pluralidad de opciones y de iniciativas que caben en el Pueblo de Dios. Por análoga razón, nuestra disciplina podrá ayudar al resto de la teología a mantener su referencia vital a cada persona y su destino en Cristo[43], y a profundizar aún más en las consecuencias de la Revelación, siguiendo la línea de los elementos irrenunciables de la praxis Ecclesiae.

Según Pablo VI, con el discernimiento de los signos de los tiempos se trata de individuar en el curso de los acontecimientos algunos signos de la Providencia divina, más concretamente, ciertos indicios de la relación de los acontecimientos con la edificación misteriosa del “Reino de Dios” e incluso relacionados con la posibilidad, disponibilidad o exigencia de la acción apostólica. Es un juicio que ha de realizarse a la luz del Evangelio, y que, ha de evitar tanto la actitud de un “profetismo carismático” (que vería manifestaciones milagrosas en los acontecimientos), como una observación “puramente fenoménica” (deducida por instrumentos técnicos y sociológicos, que no pueden sustituir a la teología), como finalmente una consideración prevalente del “aspecto histórico” (puesto que los signos no alteran el elemento inmutable de la Revelación, si bien lo dejan entrever y lo realizan en la humanidad)[44].

[4] El diálogo con las ciencias humanas. Porque la Iglesia es, en Cristo y por el Espíritu Santo, sacramentum mundi y está llamada a recorrer el camino del hombre, la teología debe entrar en diálogo con la filosofía y las ciencias humanas. Los datos que las ciencias (también las ciencias experimentales, pero sobre todo, la historia, la pedagogía, la psicología, la sociología, etc.) pueden ofrecer para este diálogo han de valorarse a la luz de la Revelación, es decir, en un proceso que parte de la fe, camina en la fe, y desemboca en la fe.

Dicho de otro modo, la teología pastoral no es una “ciencia interdisciplinar”, sino teología. Por tanto, debe mantener en ese diálogo la perspectiva de la teología, subrayando en ella el aspecto existencial. En diálogo con el esfuerzo científico por mejorar el resultado de la vida humana, nuestra disciplina está llamada a destacar la “relevancia” práctica de la escucha de la Palabra de Dios en Cristo. En su diálogo con las ciencias, la Teología pastoral debe mostrar que la acción de las personas sólo puede tener éxito si en la vida se cuenta con Dios, si se da la primacía a las personas sobre las estructuras, a la gracia de Dios sobre el activismo humano[45]. Esto no significa en modo alguno fomentar una actitud quietista o escapista ante los esfuerzos de la teología o ante la investigación científica.

Finalmente, cabe referirse a las etapas concretas que implica el método teológico-pastoral. La reflexión sobre la acción en la que intervienen los hombres vive de un triple momento[46]: 1) análisis y valoración de la situación que y su contexto; 2) decisión y proyecto: identificación de objetivos o metas para la acción pastoral o apostólica; 3) actuación y verificación, lo que implica tener en cuenta los recursos necesarios para la puesta en marcha del proyecto de que se trate (personas, referencias, modos de la acción, medios materiales, etc.), así como los sistemas y las modalidades de verificación.

En cada una de estas fases intervienen tanto los criterios de la fe (que no son sólo doctrinales, sino también sapienciales) como criterios de razón (recibidos en el diálogo con las ciencias humanas en la medida en que sean compatibles con la antropología cristiana). Estos criterios de razón han de articularse dentro de los criterios de la fe para poder hablar de una metodología teológico-práctica.

El método teológico-pastoral se ejercita en el discernimiento pastoral o eclesial. Éste implica, como condición y como fruto, determinadas actitudes en los cristianos, así como una dinámica concreta.

a) En el plano eclesial, el discernimiento impulsa no simplemente a recordar los principios generales que han de inspirar la vida cristiana. Invita ante todo a una reflexión que permita abordar con fidelidad renovada las nuevas situaciones con la fuerza y la plenitud que procede del Evangelio (reflexión sobre la acción de la Trinidad). Por otra parte, promueve una actitud de diálogo y una sensibilidad de servicio hacia las personas, particularmente los más necesitados (referencia a las personas y atención a las ciencias humanas). Finalmente, hay que contar con la rica experiencia de la tradición eclesial, para asumir, en continuidad con la intencionalidad salvífica, las innovaciones requeridas por la situación presente (atención a los signos de los tiempos)[47].

b) En los cristianos, el discernimiento debe partir de una convicción profunda sobre la llamada universal a la santidad y sobre la respuesta a esa llamada con la vida cristiana, en las circunstancias en que cada uno se encuentra (trabajo, familia, cultura y política, etc.). Desde esa convicción y esa respuesta, el discernimiento implica, en fin, generosidad y desprendimiento de sí, oración que disponga para una conversión constante, estudio y reflexión a la luz del Evangelio, diálogo fraterno y obediencia filial a los Pastores, fidelidad renovada e iniciativa en los planos espiritual, apostólico o misionero, cultural y social[48].

Ramiro Pellitero

Esta intervención fue publicada, en italiano, en D.E. Viganò (dir.), La Teologia pastorale oggi (Istituto Pastorale Redemptor Hominis − Lateran University Press, Roma) 2010, pp. 99-120.

 

[1] Vid. L. Arenas Maldonado, La riflessione (sulla Teologia pastorale) in area di lingua spagnola, "Studia Pattavina" 46 (1999) 15-42 [reproducido en Teologia pastorale in Europa: panoramica e approfondimenti, G. Trentin–L. Bordignon (a cura di) Padova 2003, pp. 187-224], y el más amplio de R. Calvo Pérez, La teología pastoral en España (1950-1999). Expectativas y perspectivas de un lento caminar, “Burgense” 40 (1999) 565-613; R. Pellitero, Evolución del concepto “Teología pastoral”. Itinerario y estatuto de una Teología de la acción eclesial, en “Scripta Theologica” 32 (2000/2) 471-508; Idem, Teología pastoral: panorámica y perspectivas, Bilbao 2006, pp. 46 ss., con la bibliografía ahí señalada.

[2] Cfr. por ejemplo J.A. Gallego-A. Pazos, La Iglesia en la España contemporánea, II. 1936-1998, Madrid 1999 (ed. franc. Histoire religieuse de l’Espagne, Paris 1998).

[3] I.J. de Celaya y Urrutia, Teologia pastoral, en Gran Enciclopedia Rialp (GER), XXII, Madrid 1984, 278-283 (texto original de 1975).

[4] F. J. Calvo Guinda, ¿Qué se entiende por teología pastoral? en "Vocaciones" 59 (1973) 43-55.

[5] Idem, Teología pastoral, en Conceptos fundamentales de pastoral, C. Floristán- J. J. Tamayo (coords.), Madrid 1983, 716-729; vid. también Idem, Teología pastoral/ Teología práctica, en Conceptos fundamentales del cristianismo, C. Floristán- J. J. Tamayo (eds.), Madrid 1993, pp. 1337-1351.

[6] Cfr. F. J. Calvo Guinda, ¿Hacia dónde va la Teología pastoral?, "Scripta Fulgentina" 2 (1992/3) 125-137. En la linea eclesiológica sitúa a P.M. Zulehner y C. Floristán. La orientación crítica-social está representada por los pastoralistas protestantes como K.W. Dahm, G. Otto y M. Jossutis. Como reacción, surge en el mismo ambiente la orientación pragmática (formación profesional de los pastores) de W. Neidhart y W. Steckt. La orientación antropológica desemboca en la pastoral psicológica-clínica de cuño norteamericano, que pasó a Europa en los años sesenta.

[7] Vid. especialmente F. Placer Ugarte, A los 25 años de la promulgación de "Gaudium et Spes": los signos de los tiempos en la pastoral y en la teología, "Lumen" 40 (1991) 113-134; La organización pastoral desde los signos de los tiempos de los pobres, "Lumen" 41 (1992) 237-265.

[8] Cfr. J. Sastre, “Teología pastoral”, en Diccionario de Pastoral y Evangelización, V.Mª Pedrosa- J. Sastre- R.Berzosa, (dirs), Burgos 2000, 1006-1014. Vid. también del mismo autor “Teología pastoral” en Nuevo Diccionario de Catequética, V. Mª Pedrosa–Mª Navarro–R. Lázaro–J. Sastre (dirs.), vol. II, Madrid 1999, 2155-2171. Define la disciplina como “teoría que ilumina la praxis de las comunidades cristianas”. Subraya la fundamentación eclesiológica, las aportaciones de la teología de la liberación y la centralidad de la pastoral vocacional en el conjunto de la pastoral.

[9] Cabe señalar además el influjo de las traducciones de obras extranjeras. Concretamente, los libros de M. Pflieger, G. de Bretagne, G. Ceriani y R. Spiazzi, las obras de F. X. Arnold y P. A. Liégé, el pensamiento de K. Rahner y de V. Schurr, y, acercándose a nuestros días, la influencia de B. Seveso, J. Audinet, P. M. Zuhlener y M. Szenmártoni.

[10] C. Floristán - M. Useros, Teología de la acción pastoral, Madrid 1968, 686 pp.

[11] C. Floristán, Teología práctica. Teoría y praxis de la acción pastoral, Salamanca 1991, 757 pp.

[12] Acerca de la teología de la liberación en Latinoamérica vid., en perspectiva histórica, J.-I. Saranyana (dir.)–C.-J. Alejos Grau (coord.), Teología en América Latina, vol. III: El siglo de las teologías latinoamericanistas (1899-2001), Madrid-Frankfurt am Main 2002, pp. 255 ss.

[13] C. Floristán, Teología práctica…1991, p. 177. Para una síntesis de su posición, cfr. Idem, Naturaleza de la teología práctica, en “Journal of Hispanic/Latino Theology” 6 (1998/2) 5-17; “Teología práctica” en Diccionario de Pastoral y Evangelización, ya citado, 1014-1021. El autor relaciona su modo de entender la teología pastoral con la teología de liberación, en cuanto que la teología de la liberación es teología pastoral o práctica. En efecto, afirmaciones como “la denominada teología de la liberación cabe entenderla como teología práctica”, “la teología de la liberación es hoy básicamente teología práctica fundamental… es cercanamente teología práctica porque es teología de la praxis” (es decir, “teología de la praxis de liberación de los oprimidos de este mundo” en la perspectiva de G. Gutiérrez, 1982) plantean la cuestión de si, y en qué sentido, la “teología de la liberación” es o no teología pastoral. Puede considerarse a Floristán en la tercera corriente de teólogos de la liberación que describe J.C. Scannone (cfr. nuestro apartado siguiente: “Perspectivas latinoamericanas y estadounidenses”).

[14] Conceptos fundamentales de pastoral (1983), ya citado, que se sitúa en perspectiva sociológica, teológica y pastoral; C. Floristán- J. J. Tamayo, Diccionario Abreviado de Pastoral, Estella (Navarra) 1988, que recoge los principales conceptos de las ciencias religiosas; Conceptos fundamentales del cristianismo (1993), también citado, que acentúa el plano sociopolítico y el lugar teológico-social de los pobres y marginados.

[15] R. Prat i Pons, Tratado de Teología pastoral. Compartir la alegría de la fe, 2ª ed., Salamanca 1995, 430 pp. (La 1ª ed. es de 1988). Hay una 3ª ed. aumentada de 2005.

[16] J. A. Ramos Guerreira, Teología pastoral, BAC, Madrid 1995, 450 pp. Vid. nuestra recensión en “Scripta Theologica” 28 (1996/3) 910-917.

[17] A. González Montes se preguntaba sobre la licitud de denominar “Teología pastoral” a la acción evangelizadora de la Iglesia en su totalidad (que es de lo que trata el manual de J. Ramos), pareciendo obviar la tarea específicamente pastoral de los ministros (“pastores”). Cfr. “Salmanticensis” 43 (1996) 326.

[18] M. Midali, Teologia pratica, 2. Attuali modeli e percorsi contestualli di evangelizzazione, Roma 2000, pp. 214 ss.

[19] Cfr. J.C. Scannone, Teologia della liberazione, en Neufeld K.H. (erd), Problemi e prospettive di teologia dogmatica, Brescia 1983, 393-424, especialmente pp. 406-415. Vid. también, con anterioridad, J.C. Scannone, Teología, cultura popular y discernimiento. Hacia una teología que acompañe a los pueblos latinoamericanos en su proceso de liberación, en R. Gibellini (ed), La nueva frontera de la teología en América latina, Salamanca 1977, 199- 222.

[20] Como señalaba el Documento de Puebla en el n. 545.

[21] Cfr. Escritos Teológico-Pastorales de Lucio Gera, 2 vols, V.R. Azcuy-C.M. Galli-M. González (eds), Buenos Aires 2006 y 2007.

[22] Como instrumentos que de algún modo les representan, poseen una asociación, la ACHTUS (Academy of Catholic Hispanic Theologians of the United States), fundada en 1988, y una revista, el “Journal of Hispanic/Latino Theology”, que se publica desde 1993. Permítasenos remitir a lo escrito bajo el título Los “hispanics” o “latinos” de los Estados Unidos: su realidad teológica y su proyección sobre la sociedad norteamericana, “Scripta Theologica”34 (2002) 329.369; más sintéticamente, La teología de los hipanos estadounidenses, en Teología en América Latina, vol. III: “El siglo de las teologías latinoamericanistas (1899-2001)”, ya citado, pp. 367-378.

[23] Cfr. R.S. Goizueta, Rediscovering Praxis: The Significance of U. S. Hispanic Experience for Theological Method, en el libro por él editado We Are a People!: Initiatives in Hispanic American Theology, Minneapolis (MN) 1992, pp. 51 ss; Caminemos con Jesús: Toward a Hispanic/Latino Theology of Accompanyment, Maryknoll (NY) 1995.

[24] Redisconvering praxis, p. 63.

[25] Caminemos con Jesús, 177.

[26] Es el tercer libro de un curso de formación pastoral. Los dos anteriores, a los que no hemos accedido, tratan respectivamente de las “líneas pastorales en América Latina” y de “El Evangelio como fundamento”.

[27] G. Neira Fernández, Edificar la Iglesia hoy. Teología práctica, Santafé de Bogotá 1994, Introducción.

[28] Textos principales a los que se refiere: K. Rahner, Teología Pastoral, en E. Neuhäusler-E. Gösmann, Qué es teología?, Salamanca 1969, 348-378; P.A. Liégé, Positions de la Theólogie Pastorale: Une théorie de la praxis de l’Église, en Le Point Théologique, n. 1, Juin 1971, Paris, 61-76; J. Audinet, Positions de la Theólogie Pastorale: Questions de Méthode, en Le Point Theólogique, n. 1., Juin 1971, Paris, 73-88; B. Lonergan, Método en teología, Salamanca 1988.

[29] G. Neira Fernández, Edificar la Iglesia hoy, 85.

[30] pp. 93 ss.

[31] p. 147.

[32] En N. Mette, Einführung in die katholische Praktische Theologie, Darmstadt 2005, toma como guía la “comunicación del Evangelio”, no sólo referida a la proclamación o predicación verbal, sino como dimensión de la entera edificación del Reino de Dios (cfr. p. 21; vid. también W. Engemand, Personen, Zeichen und das Evangelium. Argumentationsmuster der Praktischen Theologie, Leipzig 2003).

[33] Cfr. D. Bourgeois, La pastoral de la Iglesia, Valencia 2000 (vid. “Scripta Theologica” 34 (2002/1) 373-378.

[34] Cfr. J. Doré, Théologie et pratique pastorale, en Introduction à l’étude de la théologie, J. Doré (dir.), II, Paris 1992, pp. 575 ss.

[35] Cfr. J. P. Bagot, Pastorale, en Catholicisme, vol. X, Paris 1985, cols 765-774, aquí 767.

[36] Como dimensiones fundamentales e intrínsecas de la acción eclesial. Vid. A. Wollbold, Handbuch der Geimendepastoral, Regensburg 2004; para su visión sintética de nuestra disciplina, cfr. Idem, Teologia pastorale, Pregassona (Lugano) 2002.

[37] Según Juan Pablo II, “es necesario el estudio de una verdadera y propia disciplina teológica: la teología pastoral o práctica”. Y la describe así: “Una reflexión científica sobre la edificación de la Iglesia en su vida diaria con la fuerza del Espíritu, a través de la historia; una reflexión sobre la Iglesia como ‘sacramento universal de salvación’ (LG 48), como signo e instrumento vivo de la salvación de Jesucristo en la Palabra, en los Sacramentos y en el servicio de la caridad” (Exhort. postsinodal Pastores dabo vobis, n. 57). En términos más personalistas, puede también describirse como una reflexión sobre la acción de la Iglesia como familia que Dios quiere formar con todos los pueblos “mediante la fuerza unificadora de la verdad y del amor” (Benedicto XVI, Primer mensaje, 20-IV-2005).

[38] Cfr. D. Bourgeois, La pastoral de la Iglesia, ya citado, p. 57.

[39] “Es la vida ordinaria –predicaba San Josemaría Escrivá– el verdadero lugar de nuestra existencia cristiana. (…) Sabedlo bien: hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir” (Homilía Amar al mundo apasionadamente, pronunciada el 8-X-1967 en el campus de la Universidad de Navarra). Toda la teología, y con su propio método la “Teología pastoral “, se sitúa al servicio de ese “descubrimiento”.

[40] Utilizada por Juan XXIII (AAS 1962, n. 6), esa expresión o algunas equivalentes pasaron a la const. Gaudium et spes (nn. 3s, 10s y 42 y 44) y otros textos conciliares. Para aquellos que pertenecen a la vida consagrada, el discernimiento de los signos de los tiempos tendrá en cuenta su propia misión y carismas.

[41] Cfr. GS 11 y 44. El discernimiento como método propio de la Teología pastoral invita a toda la teología a seguir el camino del hombre. El pragmatismo de la Escuela de Frankfurt y el movimiento neomarxista sustituyó el viejo positivismo de principios del siglo XX, pero con ello, escribía Joseph Ratzinger en 1985, se abre un camino para recuperar el puesto de la teología en la universidad y en la sociedad: “Nel ventaglio delle discipline teologiche la cosidetta ‘teologia pratica’ offre allora l’appropriato punto di partenza e di arrivo dell’intero complesso: l’insieme delle discipline teologiche sarebbe perciò da intendere come parte di un impegno per il futuro dell’uomo sulla base della memoria conservata nella storia della fede. A questo punto la teologia potrebbe improvvisamente ridivenire ‘scientifica’ nel significato più attuale e, nello stesso tempo, più concreto della parola. Si comprende immediatamente come questa è stata ed è una proposta affascinante” (J. Ratzinger, Natura e compito della teologia, Milano 1993, p. 72). En estos tres años de pontificado, Benedicto XVI ha mostrado, precisamente en el plano teológico-pastoral, una honda captación de este principio.

[42] Como lugares de la experiencia cristiana de Dios, C. Theobald (Le christianisme comme style, Paris 2007) señala la “ciudad” (el contexto político y social), las comunidades cristianas y la conciencia del sujeto. Vid. las observaciones de B. Seveso, Vita cristiana e situazione umana, en “Teologia” 32 (2007) 370 ss. Más ampliamente, J. Morales, La experiencia de Dios, Madrid 2007.

[43] La atención al espacio y al tiempo es condición de toda la teología y especialmente de la teología pastoral, pues “mirar al hombre es hacerlo el centro de la reflexión teológico-pastoral, el eje del diálogo entre la fe y la cultura en cada momento y situación” (A. Martínez Riquelme, ‘Hic et nunc’: Las coordenadas de espacio y tiempo en la teología pastoral, en Gozo y esperanza. Memorial Prof. Dr. Julio A. Ramos Guerreira, M.A. Pena González–J.R.Flecha Andrés–A. Galindo García (eds), Salamanca 2006, 285). Como bien señala Martínez Riquelme, los Sínodos universales, con las exhortaciones postsinodales correspondientes, han contribuido mucho a esta tarea.

[44] Cfr. Pablo VI, Audiencia general, 16.IV.1969 (el texto puede encontrarse en la web del Vaticano: http://www.vatican.va).

[45] La Iglesia implora que la gracia divina inspire, sostenga y acompañe nuestras acciones, para que todo nuestro obrar comience en Dios, como en su fuente, y tienda siempre a El, como a su fin (cfr. Colecta, Jueves después de Ceniza).

[46] En su versión más divulgada el trinomio metodológico “ver, juzgar, actuar” es insatisfactorio, ante todo porque no hay un “ver” neutro e independiente de criterios interpretativos (que en este caso son los de la fe). Esos tres términos no se pueden entender como fases sucesivas, sino como dimensiones del método teológico-práctico que ha de estar presentes en cada etapa. Cfr. S. Lanza, Teologia pastorale, en Dizionario Critico di Teologia, J.-Y. Lacoste- P. Coda (dirs.), Roma 2005, 1331-1340, p. 1337.

[47] Cfr. Pablo VI, Octogesima adveniens (1971) n. 42.

[48] La dinámica concreta del discernimiento admite muchas posibilidades. Vid. S. Lanza, Teologia pastorale, en La Teologia del XX secolo. Un bilancio, G. Canobbio- P. Coda (eds.), 3. Prospettive pratiche, Roma 2003, pp. 466ss; Idem, Teologia pastorale, en Dizionario Critico di Teologia, citado, p. 1334.

 

Jesús y los niños

De entre los pasajes del Evangelio, ninguno me despierta una sonrisa como los que narran la relación de Jesús con los niños. Influidos por una imaginería un tanto relamida, nos hemos hecho a la idea de que Cristo actuaba como un repartidor de caramelos o como uno de aquellos artistas gitanos que, no hace demasiados años, llegaban a cualquier esquina para entretener a pequeños y mayores con la trompeta y el número de la cabra.

Jesús no fue un flautista de Hamelín, mucho menos un encantador de infantes. En aquellos tiempos los niños se cuidaban de no molestar a los mayores, so amenaza materna de repartir unos cuantos azotes en la intimidad del hogar. Hasta que no cumplían doce años (los varones), a los niños no se les tenía en cuenta más allá de su casa, como si fueran parte de una camada ruidosa.

¿Qué tenía Jesús que cautivaba a los pequeños allí por donde pasaba? Para Él no eran invisibles, y me da que a veces abandonaba el camino, el descanso bajo la sombra de un árbol, la compañía de aquellos hombres y mujeres que le mostraban fidelidad y la de los fariseos y saduceos más graves, siempre al acecho de quien hacía milagros y hablaba del Innombrable como si lo conociera como a la palma de su mano.

Se presentaba el Señor en medio de ellos de los niños, para interesarse por sus partidas de tabas, por sus equipos de policías y ladrones, por sus correrías alrededor de la aldea, por sus travesuras y hasta por sus peleas, que a ningún niño disgusta la palabrota y el empujón. Quizá tenía Jesús habilidad para hacer algún truco de magia, como sacar una moneda de cobre de la oreja de una chicuela. Quizá compartía con ellos dátiles dulzones o cualquier otra golosina que le regalaban los pobres.

Juan García. 

 

 

La mezcla entre religión y política no parece buen camino.

Hace unos días, la conferencia episcopal se vio obligada a desautorizar a una persona de sus oficinas que declaró públicamente su simpatía por Kamala Harris. En una nota breve, indica que no se ha autorizado en ningún momento al personal de la Conferencia a “hablar en nombre de los obispos apoyando o bien oponiéndose a candidatos a cargos electivos”. Ante el riesgo de una posible confusión de la opinión pública, afirman con claridad que cada fiel católico debe evaluar personalmente a cada uno, teniendo en cuenta, como es lógico, si sus programas están en línea o no con los principios del Evangelio. La nota recuerda el criterio expresado por los obispos en el documento de 2016 titulado Forming Consciences for Faithful Citizenship.

La decisión no es sencilla, porque en algunos temas –como la defensa de la vida o de la familia- el católico Biden se aleja claramente de Trump. No parece de recibo la difusión propagandística del breve vídeo de la audiencia del papa Francisco en Roma al entonces vicepresidente. A su vez, Trump tiene una visión de las políticas migratorias y de la atención médica universal que más bien se apartan de criterios evangélicos. No se puede simplificar ni quedarse en estereotipos. Tampoco es posible esperar que todos los ciudadanos estén en condiciones de formar a fondo su conciencia en una sociedad dependiente en exceso de mensajes demasiado sentimentales, propios del lenguaje audiovisual y de la amplia difusión de las redes sociales. Pero, desde luego, la mezcla entre religión y política no parece buen camino.

Valentín Abelenda Carrillo

 

 

No fondos estadounidenses de las actividades de aborto de la ONU

Sesenta miembros de ambas cámaras del Congreso de los Estados Unidos enviaron una carta al director interino de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) instando a la agencia a no financiar actividades a favor del aborto en la ONU.

La carta ordena a USAID que haga cumplir la Enmienda Siljander, que prohíbe que los fondos estadounidenses se utilicen para cabildear a favor o en contra del aborto.

La carta agradece al director interino de USAID, John Barsa, por oponerse al lenguaje sobre los servicios de "salud sexual y reproductiva", que eufemísticamente incluye el aborto, en el Plan de Respuesta Humanitaria Global COVID-19 de la ONU. Asimismo, los miembros del Congreso piden a USAID, así como a los Departamentos de Estado y Salud y Servicios Humanos de los EE. UU., oponerse al lenguaje de "salud reproductiva" en las negociaciones de la ONU y hacer cumplir la ley que rige el financiamiento para operaciones en el extranjero, que incluye la Enmienda Siljander.

La administración Trump ya ha tomado medidas para aplicar Siljander a instituciones internacionales. El año pasado, el secretario de Estado Mike Pompeo recortó fondos a organismos de la Organización de Estados Americanos (OEA) que estaban presionando a los países latinoamericanos para que liberalizaran sus leyes sobre el aborto.

Esa acción se inspiró en una carta similar a Pompeo por parte de miembros del Congreso que citan ejemplos del cabildeo del aborto por parte de las entidades de la OEA. Desde entonces, las organizaciones pro-vida han pedido que la ley se aplique de la misma manera a la ONU y sus agencias.

Enric Barrull Casals

 

 

Máximas de un sabio “poco conocido”

 

                                Hoy les ofrezco algunas de las máximas de otro sabio estoico y el que debiera ser rescatado y llevado a todos los centros de enseñanza, para tratar de… “dessalvajar” bastante, al actual mono humano, que vive entre “luces de bengala, ansias de dinero y placeres; y flota en una realidad ficticia con miedos enormes a enfrentarse a su dura realidad, cuya dureza ha sido siempre la horma donde se ha forjado el hombre/o mujer de todos los tiempos”; el resto en vez de vivir, ha “vegetado de similar forma a como hoy vegeta la mayoría y que muertos de miedo por el virus chino, que nos han colocado para que no pensemos otra cosa que en cómo librarnos de él”.

                                Se trata del sabio Epicteto, que fue esclavo de un secretario de Nerón, pero que junto a Séneca y Marco Aurelio, son los más destacados sabios estoicos que nos proporcionó Roma, ya establecido su Imperio. Veamos.

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                                “Aquel que se entrega en cuerpo y alma a cualquier cosa que sea, es normal que lleve ventaja al que no se preocupa de ella. Unos se afanan toda su vida en crecer a costa de acumular riquezas; desde que se levantan no piensan sino en cómo podrán ganar a algún servidor estimado o a algún favorito del monarca; para ello se arrastran a sus pies y les colman de regalos. Además, en sus plegarias y sacrificios tan solo piden a los dioses que les concedan el don de caerles en gracia.  Por las noches hacen el siguiente examen de conciencia: ¿Qué he hecho hoy? ¿He olvidado algo de lo que debía? ¿Descuidé alguna lisonja que hubiese agregado? ¿Se me escapó quizás, imprudentemente, alguna verdad que pudo desagradarle? ¿He dejado de aplaudir alguno de sus defectos, de alabar alguna de sus injusticias o de dar mi aprobación a las malas acciones que ha cometido? Y si por casualidad ha salido de su boca una palabra digna de un hombre honrado y libre, se recrimina, se arrepiente y se considera perdido. Así es como obra para medrar y amontonar riquezas.

                                Mientras que tú no halagas a nadie, ni a nadie adulas; cultivas tu alma, te afanas por adquirir conocimientos sabios, y tu examen de conciencia es poco más o menos éste: ¿He descuidado algo –te dices- de lo que contribuye a la verdadera felicidad y es al mismo tiempo grato a los dioses? ¿He faltado a la amistad, a mis semejantes o a la justicia? ¿He dejado de cumplir con mi deber de hombre honrado? Con deseos tan opuestos, con sentimientos tan contrarios, con intención y norma tan distinta, ¿podrás apenarte de no igualar a aquellos que tienen vienes y fortuna? Porque por tu parte, no dudes que lo menos que les inspiras a ellos es envidia. Y esto porque ellos, sumidos en la ceguera y en la ignorancia, creen firmemente gozar de los verdaderos bienes, y de que tú no estás suficientemente iluminado ni tienes suficiente firmeza en tus principios para ver y conocer que toda la felicidad está de tu parte.

                                No tienes que librar a la tierra de monstruos porque no naciste Hércules ni Teseo; pero puedes imitarlos librándote tú mismo de los monstruos formidables que llevas en ti. En tu interior hay un león, un jabalí, una hidra; pues bien, procura dominarlos. Procura dominar el dolor, el miedo, la codicia, la envidia, la malignidad, la avaricia, la pereza y la gula. Y el único medio de vencer a estos monstruos es tener siempre muy presentes a los dioses, serles afecto y fiel y obedecer ciegamente sus mandatos.

                                Sacude el yugo, y una vez libre de esclavitud, levanta los ojos al cielo y di a tu dios: Sírvete de mí, Señor, como mejor te plazca; nada he de rehusar de lo que te sirvieres enviarme; es más, justificaré tu conducta a los ojos de los demás hombres.

                                En vez de dispensar tu afecto a un rico, dispénsalo a un sabio. El trato de éste jamás te hará ruborizar, y nunca volverás a tu casa sin haber aprendido algo. Si dudas de mis palabras, no tienes más que hacer la prueba. Hazla; que en modo alguno, sino al contrario, es vergonzosa”.

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                                Es todo un tratado sobre conseguir una vida serena, exenta de ambiciones perniciosas, pero no carente de las verdaderas necesidades que te harán vivir conforme con tu destino, puesto que Dios o “los dioses”; no suelen enviar cargas que no podamos soportar, siempre haciéndoles frente con la dignidad suficiente y que todo ser humano que quiere, la tiene siempre dentro de sí; o seguro, que, cerca del mismo, hay otro ser lo suficientemente formado como para ayudarle a salir airoso, del atolladero (“siempre natural personal e intransferible) que padezcas; por aquello ya sabido pero olvidado, de que… “Dios no envía cargas que no pueda soportar el ser humano”; y pruebas de ello, las tenemos a nuestro alrededor si nos fijamos en nuestro entorno.

 

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes