Las Noticias de hoy 20 Julio 2020

Enviado por adminideas el Lun, 20/07/2020 - 12:52

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 20 de julio de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Ángelus: La paciencia de Dios nos abre a la esperanza

Ángelus: El Papa renueva el llamamiento a un alto al fuego

LA FE Y LOS MILAGROS: Francisco Fernandez Carbajal

“No quieras ser mayor. –Niño, niño siempre”: San Josemaria

Mensaje del Prelado (20 julio 2020)

¿Cómo aprovechar las vacaciones?

Os he llamado amigos (I): ¿Dios tiene amigos?: Giulio Maspero y Andrés Cárdenas

Construir sobre roca una vida en pareja

Cinco lecciones del coronavirus, según un médico católico

Protección contra el error – ¿Estoy seguro de mi fe?: José Martínez Colín

Sucedió en una confesión: Sheila Morataya

Padres e hijos : Josefa Romo Garlito

Los que quieren edulcorar: Jesús Martínez Madrid

El valor social del enfermo:  JD Mez Madrid

El casado, con menos dolores:  Domingo Martínez Madrid

Gratitud hacia nuestros padres y abuelos: Jaume Catalán Díaz

La actual persecución religiosa: Suso do Madrid

¡A qué tanto miedo!: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Ángelus: La paciencia de Dios nos abre a la esperanza

Palabras antes del Ángelus

(zenit – 19 julio 2020).- A las 12 del mediodía de este domingo, 19 de julio de 2020, el Papa Francisco se ha asomado a la ventana del estudio del Palacio Apostólico vaticano para recitar el Ángelus con los fieles y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro.

El Papa indica que el Evangelio de hoy presenta dos modos de actuar y de vivir la historia: por un lado, la mirada del amo; por otro, la mirada de los siervos. Los criados se preocupan por un campo sin malezas, el amo por el buen trigo. El Señor nos invita a asumir su misma mirada, la que mira al buen grano, que sabe custodiarlo también en las malas hierbas.

Deteniéndose en la primera primera parábola, la de la cizaña, a través de la cual nos hace conocer la paciencia de Dios, abriendo nuestro corazón a la esperanza.

A continuación, sigue la traducción oficial de las palabras del Santo Padre al introducir el Ángelus ofrecida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

***

Palabras del Papa

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el Evangelio de hoy (cfr. Mt 13, 24-43) nos volvemos a encontrar a Jesús hablando a la multitud en parábolas sobre el Reino de los cielos. Me detengo solamente en la primera, la de la cizaña, a través de la cual nos hace conocer la paciencia de Dios, abriendo nuestro corazón a la esperanza.

Jesús cuenta que, en el campo en el que se ha sembrado la semilla buena, brota también la cizaña, un término que resume todas las malas hierbas, que infestan el terreno. Entre nosotros, podemos decir que también hoy el terreno está devastado por muchos herbicidas y pesticidas, que al final también hacen mal tanto a la hierba, como a la tierra y a la salud. Pero esto, entre paréntesis. Los siervos entonces van donde el amo para saber de dónde viene la cizaña, y él responde: «Algún enemigo ha hecho esto» (v. 28). ¡Porque nosotros hemos sembrado trigo bueno! Un enemigo, uno que hace la competencia, ha venido a hacer esto. Ellos quieren ir enseguida a arrancar la cizaña que está creciendo, sin embargo el amo dice que no, porque se corre el riesgo de arrancar juntas las malas hierbas —la cizaña— y el trigo. Es necesario esperar el momento de la cosecha: solo entonces se separan y la cizaña será quemada. Es también una historia de sentido común.

En esta parábola se puede leer una visión de la historia. Junto a Dios —el amo del campo— que esparce siempre y solo semilla buena, hay un adversario, que esparce la cizaña para obstaculizar el crecimiento del trigo. El amo actúa abiertamente, a la luz del sol, y su propósito es una buena cosecha; el otro, el adversario, sin embargo, aprovecha la oscuridad de la noche y obra por envidia, por hostilidad, para arruinar todo. El adversario tiene un nombre: es el diablo, el opositor de Dios por antonomasia. Su intención es obstaculizar la obra de salvación, para que el Reino de Dios sea obstaculizado por trabajadores injustos, sembradores de escándalos. De hecho, la buena semilla y la cizaña no representan el bien y el mal de forma abstracta, sino a nosotros los seres humanos, que podemos seguir a Dios o al diablo. Muchas veces, hemos escuchado que una familia que estaba en paz, después han comenzado las guerras, las envidias… Un barrio que estaba en paz, después han empezado cosas feas… Y nosotros estamos acostumbrados a decir: “Alguien ha venido ahí a sembrar cizaña”, o “esta persona de la familia, con los chismes, siembra cizaña”. Siempre es sembrar el mal lo que destruye. Y esto lo hace siempre el diablo o nuestra tentación: cuando caemos en la tentación de chismorrear para destruir a los otros.

La intención de los siervos es la de eliminar enseguida el mal, es decir a las personas malvadas, pero el amo es más sabio, ve más lejos: estos deben saber esperar, porque soportar las persecuciones y las hostilidades forma parte de la vocación cristiana. El mal, por supuesto, debe ser rechazado, pero los malvados son personas con las que hay que tener paciencia. No se trata de esa tolerancia hipócrita que esconde ambigüedad, sino de la justicia mitigada por la misericordia. Si Jesús ha venido a buscar a los pecadores más que a los justos, a curar a los enfermos antes que a los sanos (cfr. Mt 9,12-13), también nuestra acción como sus discípulos debe estar dirigida no para suprimir a los malvados, sino para salvarlos. Y ahí, la paciencia.

El Evangelio de hoy presenta dos modos de actuar y de vivir la historia: por un lado, la mirada del amo, que ve lejos; por otro, la mirada de los siervos, que ven el problema. Los criados se preocupan por un campo sin malezas, el amo se preocupa por el buen trigo. El Señor nos invita a asumir su misma mirada, la que mira al buen trigo, que sabe custodiarlo también en las malas hierbas. No colabora bien con Dios quien se pone a la caza de los límites y de los defectos de los otros, sino más bien quien sabe reconocer el bien que crece silenciosamente en el campo de la Iglesia y de la historia, cultivándolo hasta la maduración. Y entonces será Dios, y solo Él, quien premie a los buenos y castigue a los malvados. La Virgen María nos ayude a comprender e imitar la paciencia de Dios, que no quiere que ninguno de sus hijos se pierda, que Él ama con amor de Padre.

 

Ángelus: El Papa renueva el llamamiento a un alto al fuego

Palabras después del Ángelus

(zenit – 19 julio 2020).- Tras el rezo del Ángelus, de este domingo, 19 de julio de 2020, el Papa Francisco expresa su “cercanía” a los que están afrontando la enfermedad y sus consecuencias económicas y sociales a causa de la pandemia. Dirige su pensamiento “especialmente a las poblaciones, cuyos sufrimientos se agravan por situaciones de conflicto”.

Después, saludó a los peregrinos y fieles reunidos en la plaza de San Pedro. A continuación, sigue la traducción de las palabras del Pontífice tras la oración mariana ofrecida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

***

Palabras del Papa

Queridos hermanos y hermanas,

en este tiempo en el que la pandemia no muestra signos de detenerse, deseo asegurar mi cercanía a los que están afrontando la enfermedad y sus consecuencias económicas y sociales. Mi pensamiento va especialmente a esas poblaciones, cuyos sufrimientos se agravan por situaciones de conflicto.

En base de una reciente Resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, renuevo el llamamiento a un alto el fuego global e inmediato, que permita la paz y la seguridad indispensables para proveer la asistencia humanitaria necesaria.

En particular, sigo con preocupación el agudizarse, en los días pasados, de las tensiones armadas en la región del Cáucaso, entre Armenia y Azerbaiyán. Mientras aseguro mi oración por las familias de aquellos que han perdido la vida durante los enfrentamientos, deseo que, con el compromiso de la comunidad internacional y a través del diálogo y la buena voluntad de las partes, se pueda alcanzar una solución pacífica duradera, que se preocupe por el bien de esas amadas poblaciones.

Dirijo mi saludo a todos vosotros, fieles de Roma y peregrinos procedentes de Italia y de otros países.

Os deseo a todos un buen domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta pronto.

 

 

LA FE Y LOS MILAGROS

— Necesidad de buenas disposiciones para recibir el mensaje de Jesús.

— Querer conocer la verdad.

— Limpiar el corazón para ver claro. Dejarse ayudar en momentos de oscuridad.

I. Leemos en el Evangelio de la Misa1 que se acercaron a Jesús algunos escribas y fariseos para pedirle un nuevo milagro que definitivamente les mostrase que Él era el Mesías esperado; querían que Jesús confirmara con espectáculo lo que predicaba con sencillez. Pero el Señor les contesta anunciando el misterio de su muerte y de su Resurrección, sirviéndose de la figura de Jonás: no se dará otro prodigio que el del Profeta Jonás. Con estas palabras muestra que su Resurrección gloriosa al tercer día (tantos cuantos estuvo el Profeta en el vientre de la ballena) es la prueba decisiva del carácter divino de su Persona, de su misión y de su doctrina2.

Jonás fue enviado a la ciudad de Nínive, y sus habitantes hicieron penitencia por la predicación del Profeta3. Jerusalén, sin embargo, no quiere reconocer a Jesús, de quien Jonás era solo figura e imagen. También nos dice Jesús cómo la reina del mediodía, la reina de Saba, visitó a Salomón4 y quedó maravillada de la sabiduría que Dios había infundido al rey de Israel. Jesús está prefigurado también en Salomón, en quien la tradición veía al hombre sabio por excelencia. El reproche de Jesús cobra más fuerza con el ejemplo de estos paganos convertidos, y termina diciendo: aquí hay algo más que Jonás... aquí hay algo más que Salomón. Ese algo más en realidad es infinitamente más, pero Jesús, quizá pensando en sí mismo y con una cariñosa ironía, prefiere suavizar esa inconmensurable diferencia entre Él y los que lo habían prefigurado, que eran como sombra y signo del que había de venir5.

Jesús no hará en esta ocasión más milagros y no dará más señales. No están dispuestos a creer, y no creerán por muchas palabras que les hable y por muchas señales que les muestre. A pesar del valor apologético que tienen los milagros, si no hay buenas disposiciones, hasta los mayores prodigios pueden ser mal interpretados. Lo que se recibe, ad modum recipientis recipitur: las cosas que se reciben toman la forma del recipiente que las contiene, reza el viejo adagio. San Juan nos dice en su Evangelio que algunos, aunque habían visto muchos milagros, no creían en Él6. El milagro es solo una ayuda a la razón humana para creer, pero si faltan buenas disposiciones, si la mente se llena de prejuicios, solo verá oscuridad, aunque tenga delante la más clara de las luces.

Nosotros pedimos a Jesús en esta oración que nos dé un corazón bueno para verle a Él en medio de nuestros días y de nuestros quehaceres, y una mente sin prejuicios para comprender a nuestros hermanos los hombres, para jamás juzgar mal de ninguno de ellos.

II. Para oír la verdad de Cristo, es necesario escucharle, acercarse a Él con una disposición interna limpia, estar abiertos con sinceridad de corazón a la palabra divina.

Carecían de buenas disposiciones aquellos fariseos que piden al ciego de nacimiento, a quien ha curado Jesús, una nueva explicación del milagro: ¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos? Y la respuesta del ciego descubre que los prejuicios de aquellos hombres les impiden entender la verdad; quizá oyen, pero no escuchan. Él replicó: os lo he dicho ya y no me habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo otra vez?7.

Lo mismo ocurre con Pilato: oye a Jesús estas palabras: He venido al mundo para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz. Entonces le preguntó el procurador romano: ¿Qué es la verdad? Y como no estaba dispuesto a escuchar, dicho esto volvió a salir donde los judíos8. Se vuelve de espaldas, sin dejar tiempo a una respuesta que en el fondo no le interesaba. A Pilato no le interesa la verdad; quiere averiguar el modo de salir de aquel asunto, que le resulta oneroso, incómodo.

Si estamos bien dispuestos, el Señor, por caminos muy diversos, nos dará abundancia y sobreabundancia de señales para seguir fieles en el camino que hemos emprendido. Tendremos la alegría de poder contemplarle en lo que nos rodea: en la naturaleza misma, en la que ha dejado huellas para que le veamos como Creador; en medio del trabajo; en la alegría; en la enfermedad... La historia de cada hombre está llena de señales. Muchas veces, la luz para verle la obtendremos en la intimidad de la oración; otras muchas, en los consejos de la dirección espiritual.

Muchos fariseos no cambiaron, no se convirtieron al Mesías a pesar de tenerle tan cerca y de ser espectadores de muchos de sus milagros, por su falta de buenas disposiciones: su orgullo los dejó ciegos para lo esencial. Incluso llegaron a decir: expulsa a los demonios por arte del príncipe de los demonios9. Muchos hombres se encuentran hoy también como ciegos para lo sobrenatural por su soberbia, por su empeño en no rectificar su juicio cargado de suspicacias, por su apegamiento a las cosas de aquí abajo, por su desmedido deseo de confort y de bienestar, por su hedonismo y sensualidad. «Oí hablar a unos conocidos de sus aparatos de radio. Casi sin darme cuenta, llevé el asunto al terreno espiritual: tenemos mucha toma de tierra, demasiada, y hemos olvidado la antena de la vida interior...

»—Esta es la causa de que sean tan pocas las almas que mantienen trato con Dios: ojalá nunca nos falte la antena de lo sobrenatural»10.

III. Aquí hay algo más que Jonás... aquí hay algo más que Salomón. ¡Está el mismo Cristo a nuestro lado! Llama al interior del hombre –a su inteligencia y a su corazón–, no como un extraño, sino como la persona que nos ama, que desea comunicar sus sentimientos y hasta su propia vida, que quiere dar solución divina a aquello que nos preocupa o incluso nos atenaza.

Pero, de la misma manera que en las ondas sonoras se dan interferencias que impiden una buena sintonía, se pueden presentar obstáculos en el campo de la fe. En ocasiones, puede darse la oscuridad en personas que llevan años siguiendo a Cristo y que se quedan, culpablemente o no, desconcertadas y como perdidas, sin ver la alegría y la belleza de la entrega. En esos casos, se hacen precisas unas preguntas hechas con sinceridad en la intimidad del alma: ¿verdaderamente deseo ver?, ¿estoy plenamente dispuesto a querer ver, a afirmar al menos que existe una serie de razones y de sucesos que descubren la presencia de Dios en mi vida?, ¿me dejo ayudar?, ¿expongo mi situación con claridad?, ¿desvelo mi intimidad, sin hacer teorías, sin maquillajes, sin paliativos?

Junto a la soberbia, que es el principal obstáculo, se pueden presentar otras dificultades: el ambiente ávido de confort, que tiende a rechazar de plano lo que suponga sacrificio y cruz, y que puede tender sutiles lazos cargados de razones humanas contrarias a lo que Dios pide en ese momento: un camino lleno de alegría, pero más arduo y empinado que el de un ambiente cargado de hedonismo. Se precisará entonces un esfuerzo, hablar con valentía en la dirección espiritual y luchar decididamente para desprenderse de toda rémora, de pasiones que tiran hacia el polvo de la tierra; es necesario purificar el corazón de amores desordenados para llenarlo del amor verdadero que Cristo ofrece, pues difícilmente podrá apreciar la luz quien tiene la mirada turbia.

La pereza y la comodidad son otros tantos obstáculos que se pueden interponer en el camino hacia Dios. Como todo amor auténtico, la fe y la vocación conllevan entrega de la persona, que al amor nunca le parece suficiente. La pereza y la comodidad tienden a señalar un límite, a defender unos derechos mezquinos, que entorpecen y retrasan la respuesta definitiva para esa fe amorosa.

Alguna vez, el Señor puede ocultarse a nuestra vista, para que le busquemos con más amor, para que crezcamos en humildad, dejándonos llevar por quien Dios ha puesto a nuestro lado para realizar esa misión. Siempre, sin fallar nunca, se acaba descubriendo el rostro amable de Cristo, con más claridad que antes, con más amor.

La palabra fe tiene en su raíz un matiz que viene a significar dejarse llevar por otra persona que es más fuerte que nosotros, confiar en otro que nos presta su ayuda11. Confiamos fundamentalmente en Dios, pero también Él quiere que nos apoyemos en esas personas que ha puesto a nuestro lado para que nos ayuden a ver. Dios da frecuentemente luz a través de otros.

El Señor pasa a nuestro lado con las suficientes referencias para verle y seguirle. El sacramento de la Confesión será, de manera habitual, un medio excelente para ver a Dios con más claridad en nosotros y en quienes nos rodean. Pidamos a la Virgen que nos ayude a purificar la mirada y el corazón para poder interpretar acertadamente los acontecimientos de cada día, descubriendo a Dios en ellos.

Creo, Señor, pero ayúdame a creer con más firmeza; espero, pero haz que espere con más confianza; te amo, pero haz que te ame con más fuego12.

1 Mt 12, 38-42. — 2 Cfr. Sagrada Biblia, Santos Evangelios, EUNSA, Pamplona 1983, in loc. — 3 Jon 3, 6-9. — 4 1 Rey 10, 1-10. — 5 Cfr. Sagrada Biblia, ibídem. — 6 Jn 12, 37. — 7 Jn 9, 26-27. — 8 Jn 18, 38. — 9 Mt 9, 34 — 10 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 510. — 11 Cfr. J Dhetlly, Diccionario bíblico, Herder, Barcelona 1970, voz FE, p. 445 ss. — 12 Misal Romano, Acción de gracias para después de la Misa: oración del Papa Clemente XI.

 

 

“No quieras ser mayor. –Niño, niño siempre”

No quieras ser mayor. –Niño, niño siempre, aunque te mueras de viejo. –Cuando un niño tropieza y cae, a nadie choca...: su padre se apresura a levantarle. Cuando el que tropieza y cae es mayor, el primer movimiento es de risa.

20 de julio

–A veces, pasado ese primer ímpetu, lo ridículo da lugar a la piedad. –Pero los mayores se han de levantar solos. Tu triste experiencia cotidiana está llena de tropiezos y caídas. ¿Qué sería de ti si no fueras cada vez más niño? No quieras ser mayor. –Niño, y que, cuando tropieces, te levante la mano de tu Padre-Dios. (Camino, 870)

La piedad que nace de la filiación divina es una actitud profunda del alma, que acaba por informar la existencia entera: está presente en todos los pensamientos, en todos los deseos, en todos los afectos. ¿No habíais observado que, en las familias, los hijos, aun sin darse cuenta, imitan a sus padres: repiten sus gestos, sus costumbres, coinciden en tantos modos de comportarse?

Pues lo mismo sucede en la conducta del buen hijo de Dios: se alcanza también –sin que se sepa cómo, ni por qué camino– ese endiosamiento maravilloso, que nos ayuda a enfocar los acontecimientos con el relieve sobrenatural de la fe; se ama a todos los hombres como nuestro Padre del Cielo los ama y –esto es lo que más cuenta– se obtiene un brío nuevo en nuestro esfuerzo cotidiano por acercarnos al Señor. No importan las miserias, insisto, porque ahí están los brazos amorosos de Nuestro Padre Dios para levantarnos. (Amigos de Dios, 146)

 

 

Mensaje del Prelado (20 julio 2020)

Ante la experiencia de la propia vulnerabilidad, Mons. Ocáriz nos recuerda que Cristo escogió a sus discípulos conociendo sus debilidades y su pasado, pero sabiendo también que el Espíritu Santo es más fuerte.

CARTAS PASTORALES Y MENSAJES20/07/2020

Queridísimos: ¡Que Jesús me guarde a mis hijas ya mis hijos!

Sigamos rezando juntos –como lo hicimos en la Misa del 26 de junio que se transmitió a través de la página web– por las personas que nos han dejado por causa de la pandemia, que sigue tomando fuerza en numerosos países. Tengamos presentes también en nuestra oración –y, cuando sea posible, en nuestra acción– a quienes están sufriendo las consecuencias a nivel personal, familiar, médico o económico. Todo esto nos continúa haciendo experimentar la natural vulnerabilidad humana y la inseguridad que genera confiar solo en nuestras propias fuerzas. Estas circunstancias nos han llevado a fijar nuestra mirada con mayor abandono en Dios y en quienes están a nuestro lado, sabiendo que de estar acompañados puede surgir un verdadero consuelo.

En estas breves líneas, querría que considerásemos también otro tipo de vulnerabilidad que, de un modo u otro, a todos nos afecta. Me refiero a la debilidad personal que a veces experimentamos en comparación con la estupenda propuesta que la fe cristiana y el espíritu de la Obra nos presenta. Esta desproporción, entre el ideal y la realidad de la propia vida, no nos debe producir desánimo o desencanto.

Nos puede servir recordar que Cristo no llamó a sus discípulos porque fuesen mejores que los demás, sino que los convocó conociendo sus debilidades, y –como lo hace también con nosotros– lo más profundo de sus corazones y de su pasado; por eso también podía contar con todas las cosas buenas que cada uno de ellos era capaz de hacer. Jesús sabía que no les faltaría la fuerza del Espíritu Santo en su camino, si se disponían a recomenzar nuevamente cada día. Hijas e hijos míos, aunque a veces nos sintamos muy poca cosa, podemos decir con verdad: «Dominus illuminatio mea et salus mea, quem timebo?» (Sal 27,1).

Con todo cariño os bendice

vuestro Padre

Pamplona, 20 de julio de 2020

 

 

¿Cómo aprovechar las vacaciones?

El Señor, después de enviar a sus discípulos a predicar, a su vuelta, los reúne y les invita a que vayan con Él a un lugar solitario para descansar... Recogemos 11 reflexiones breves de san Josemaría para meditar sobre el descanso.

TEXTOS PARA ORAR20/07/2020

Te puede interesar: Artículo en dos entregas, en los que se abordan algunas cuestiones en torno a la fatiga y el descanso: 'Sine sole sileo': cansancio y descanso (I) y El alma baila: cansancio y descanso (II). Y para toda la familia: Ocho claves para aprovechar el verano en familia


1. Me parece oportuno recordaros la conveniencia del descanso. Si llegara la enfermedad, la recibiremos con alegría, como venida de la mano de Dios; pero no podemos provocarla con nuestra imprudencia: somos hombres, y necesitamos reponer las fuerzas de nuestro cuerpo.

Carta de san Josemaría Escrivá, 15-X-1948, n. 14.

2. Urge recristianizar las fiestas y costumbres populares. —Urge evitar que los espectáculos públicos se vean en esta disyuntiva: o ñoños o paganos.

Pide al Señor que haya quien trabaje en esa labor de urgencia, que podemos llamar "apostolado de la diversión".

Camino, 975

Un “Amigo” que no aburre

3. Aquel amigo nos confiaba sinceramente que jamás se había aburrido, porque nunca se había encontrado solo, sin nuestro Amigo.

—Caía la tarde, con un silencio denso... Notaste muy viva la presencia de Dios... Y, con esa realidad, ¡qué paz!

Surco, 857

4. Jesús (...) sale a nuestro encuentro y nos dice: si alguno tiene sed, venga a mí y beba. Nos ofrece su Corazón, para que encontremos allí nuestro descanso y nuestra fortaleza. Si aceptamos su llamada, comprobaremos que sus palabras son verdaderas: y aumentará nuestra hambre y nuestra sed, hasta desear que Dios establezca en nuestro corazón el lugar de su reposo, y que no aparte de nosotros su calor y su luz.

Es Cristo que pasa, 170

5. Cristo, que es nuestra paz, es también el Camino. Si queremos la paz, hemos de seguir sus pasos. La paz es consecuencia de la guerra, de la lucha, de esa lucha ascética, íntima, que cada cristiano debe sostener contra todo lo que, en su vida, no es de Dios: contra la soberbia, la sensualidad, el egoísmo, la superficialidad, la estrechez de corazón. Es inútil clamar por el sosiego exterior si falta tranquilidad en las conciencias, en el fondo del alma, porque del corazón es de donde salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.

Es Cristo que pasa, 73

6. El Señor, después de enviar a sus discípulos a predicar, a su vuelta, los reúne y les invita a que vayan con El a un lugar solitario para descansar... ¡Qué cosas les preguntaría y les contaría Jesús! Pues... el Evangelio sigue siendo actual.

Surco, 470

De viaje...

7. Me escribías: se unió a nuestro grupo un chico joven, que iba hacia el norte. Era minero.

Cantaba muy bien, y vino acompañando a nuestro coro. Le encomendé hasta que llegó a su estación. Al despedirse, comentó: “¡cuánto me gustaría prolongar el viaje con vosotros!”

—Me acordé enseguida del «mane nobiscum!» —¡quédate con nosotros, Señor!, y le pedí nuevamente con fe, que los demás “le vean” en cada uno de nosotros, compañeros de “su camino”.

Surco, 227

8. Un saludo vibrante de un hermano te recordó, en aquel ambiente viajero, que los caminos honestos del mundo están abiertos para Cristo: únicamente falta que nos lancemos a recorrerlos, con espíritu de conquista.

Sí, Dios ha creado el mundo para sus hijos, para que lo habiten y lo santifiquen: ¿a qué esperas?

Surco, 858

9. La gracia del Señor no nos faltará, porque Dios estará a nuestro lado y enviará a sus Angeles, para que sean nuestros compañeros de viaje, nuestros prudentes consejeros a lo largo del camino, nuestros colaboradores en todas nuestras empresas. In manibus portabunt te, ne forte offendas ad lapidem pedem tuum, sigue el salmo: los Angeles te llevarán con sus manos, para que tu pie no tropiece en piedra alguna.

Es Cristo que pasa, 63

Sin pausas

10. La santidad, el verdadero afán por alcanzarla, no se toma pausas ni vacaciones.

Surco, 129

11. Todos los pecados de tu vida parece como si se pusieran de pie. —No desconfíes. —Por el contrario, llama a tu Madre Santa María, con fe y abandono de niño. Ella traerá el sosiego a tu alma.

Camino, 498

 

Os he llamado amigos (I): ¿Dios tiene amigos?

Dios siempre ha buscado activamente la amistad con los hombres, ofreciéndonos vivir en comunión con Él. Ni la debilidad humana ni el polvo del camino le han hecho cambiar de opinión. Dejarnos abrazar por ese Amor incondicional nos llena de luz y de fuerza para ofrecerlo a los demás.

OTROS15/05/2020

Una pregunta frecuente que seguramente se encuentre entre nuestros mensajes en el teléfono móvil es: «¿Dónde estás?». También la habremos enviado a nuestros amigos y familiares buscando su compañía, aunque sea a distancia, o simplemente por traer a la otra persona a nuestra imaginación de una manera más concreta. ¿Dónde estás? ¿Qué haces? ¿Todo va bien? Esa pregunta es también una de las primeras frases que Dios, mientras «paseaba por el jardín a la hora de la brisa» (Gn 3,8-9), dirige al hombre. El Creador, desde el inicio de los tiempos, quería caminar junto a Adán y Eva; podríamos pensar, con cierto atrevimiento, que Dios buscaba su amistad –y ahora la nuestra– para contemplar plenamente realizada su creación.

Una novedad que va in crescendo

Esta idea, que tal vez no es totalmente nueva para nosotros, ha causado bastante extrañeza en la historia del pensamiento humano. De hecho, en uno de sus momentos de mayor esplendor, se había aceptado con resignación la imposibilidad para el ser humano de ser amigo de Dios. La razón era que entre ambos media una absoluta desproporción, son demasiado distintos[1]. Se pensaba que podría haber, como mucho, una relación de sometimiento a la que, en el mejor de los casos, podríamos acceder lejanamente a través de ciertos ritos o de ciertos conocimientos. Pero una relación de amistad era inimaginable.

Sin embargo, la Escritura presenta una y otra vez nuestra relación con Dios en términos de amistad. El libro del Éxodo no deja lugar a dudas: «El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como se habla con un amigo» (Ex 33,11). En el libro del Cantar de los Cantares, que recoge de manera poética la relación entre Dios y el alma que lo busca, a esta última la llama continuamente «amiga mía» (cfr. Ct 1,15 y otros). También el libro de la Sabiduría señala que Dios «se comunica a las almas santas de cada generación y las convierte en amigos» (Sb 7,27). Es importante notar que en todos los casos la iniciativa proviene del mismo Dios; la alianza que ha sellado con su creación no es simétrica, como podría ser un contrato entre iguales, sino más bien es asimétrica: nos ha sido regalada la desconcertante posibilidad de hablar de tú a tú con nuestro propio creador.

LA ESCRITURA ESTÁ LLENA DE EJEMPLOS QUE MUESTRAN LA LA BÚSQUEDA CONSTANTE POR PARTE DE DIOS DE ESTABLECER UNA RELACIÓN DE AMISTAD CON LOS HOMBRES

Esta manifestación de la amistad que nos ofrece Dios, la comunicación de esta novedad, continuó in crescendo a lo largo de la historia de la salvación. Todo lo que nos había dicho por medio de la alianza se ilumina definitivamente con la vida del Hijo de Dios en la tierra: «Dios nos ama no solo como criaturas, sino también como hijos a los que, en Cristo, ofrece una verdadera amistad»[2]. Toda la vida de Jesús es una invitación a la amistad con su Padre. Y uno de los momentos más intensos en los que nos transmite esta buena noticia es durante la Última Cena. Allí, en el Cenáculo, con cada uno de sus gestos, Jesús abre su corazón para llevar a sus discípulos –y a nosotros con ellos– a la verdadera amistad con Dios.

Del polvo a la vida

El evangelio de san Juan se divide en dos partes claras: la primera se centra en la predicación y en los milagros de Cristo, la segunda en su pasión, muerte y resurrección. El puente que las une es el siguiente versículo, que nos adentra en el Cenáculo: «Sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, como amase a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin» (Jn 13,1). Allí estaban Pedro y Juan, Tomás y Felipe, todos los doce juntos, apoyados cada uno hacia un costado, como era costumbre en la época. Por lo sucesos que se narran, probablemente era una mesa de tres lados –con forma de U– en la que Jesús se encontraba casi en un extremo, el importante, y Pedro en el opuesto, el del sirviente; es posible que estuvieran frente a frente. Jesús, en un determinado momento, a pesar de que no era una tarea que le correspondía a quien estaba situado en ese lugar preferencial, se puso de pie para realizar un gesto que quizá su Madre habría realizado muchas veces con él: tomó una toalla y se la ciñó a la cintura para quitar el polvo de los pies de sus amigos.

La imagen del polvo está presente desde el inicio en la Sagrada Escritura. En la historia sobre la creación se nos cuenta que «el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra» (Gn 2,7). Entonces, para que dejara de ser algo inanimado, muerto e incapaz de relacionarse, Dios «insufló en sus narices aliento de vida y el hombre se convirtió en un ser vivo» (Gn 2,7). Desde ese momento, el hombre experimentará una tensión que proviene de ser polvo y espíritu, una tensión entre sus límites radicales y sus deseos infinitos. Pero Dios es más fuerte que nuestra debilidad y que cualquiera de nuestras traiciones.

Ahora, en el Cenáculo, el polvo del hombre vuelve a aparecer. Cristo se dobla sobre el polvo de los pies de sus amigos, para recrearlos, devolviéndoles la relación con el Padre. Jesús nos lava los pies y, divinizando el polvo del que estamos hechos, nos regala la amistad íntima que tiene con su Padre. En medio de la emoción que le embarga, con los ojos de todos sus discípulos fijos en él, dice: «A vosotros, en cambio, os he llamado amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he dado a conocer» (Jn 15,15). Dios quiere compartirlo todo. Jesús nos comparte su vida, su capacidad de amar, de perdonar, de ser amigos hasta el fin.

EN EL HOMBRE COEXISTEN EL POLVO Y EL ESPÍRITU. DIOS LO SABE Y SALE A NUESTRO ENCUENTRO

Todos hemos tenido la experiencia de cómo las buenas relaciones de amistad nos han cambiado; tal vez no seríamos los mismos si no hubiésemos encontrado esas relaciones en nuestra vida. También ser amigos de Dios transforma nuestro modo de ser amigos de quienes nos rodean. Así, como Cristo, podremos lavar los pies de todos, sentarnos a la mesa de quien nos podría traicionar, ofrecer nuestro cariño a quien no nos comprende o incluso no acepta nuestra amistad. La misión de un cristiano en medio del mundo es precisamente «abrirse en abanico»[3] a todos, porque Dios sigue infundiendo su aliento al polvo del que estamos hechos y actúa en esas relaciones enviándonos su luz.

Dejarnos llevar hacia la comunión

Hemos visto que la amistad que nos ofrece Jesucristo es un acto de confianza incondicional de Dios en nosotros, que no termina nunca. A distancia de veinte siglos, en nuestra existencia diaria, Cristo nos cuenta todo lo que sabe sobre el Padre para continuar atrayéndonos a su amistad. Sin embargo, aunque esto no nos faltará, será siempre una parte, ya que «a esta amistad correspondemos uniendo nuestra voluntad a la suya»[4].

Los verdaderos amigos viven en comunión: en el fondo de su alma quieren las mismas cosas, se desean la felicidad el uno al otro, a veces ni siquiera necesitan utilizar palabras para comprenderse mutuamente; se ha dicho incluso que reírse de las mismas cosas es una de las mayores manifestaciones de compartir intimidad. Esta comunión, en el caso de Dios, más que un agotador esfuerzo en tratar de cumplir ciertos requisitos –esto no sucede entre amigos– se trata igualmente de estar el uno con el otro, de acompañarse mutuamente.

Un buen ejemplo puede ser precisamente el de san Juan, el cuarto evangelista: dejó que Jesús se acercara y le lavara los pies, se recostó tranquilamente en su pecho durante la Cena y, finalmente –tal vez sin comprender completamente lo que sucedía–, no se despegó de su mejor amigo para acompañarlo en los mayores sufrimientos. El discípulo amado se dejó transformar por Jesucristo y, de esa manera, Dios fue quitando poco a poco el polvo de su corazón: «En esta comunión de voluntades se realiza nuestra redención: ser amigos de Jesús, convertirse en amigos de Jesús. Cuanto más amamos a Jesús, cuanto más lo conocemos, tanto más crece nuestra verdadera libertad»[5].

LA COMUNIÓN ENTRE DOS AMIGOS SE MANIFIESTA, FUNDAMENTALMENTE, EN EL DESEO MUTUO DE ESTAR JUNTOS, DE ACOMPAÑARSE, DE DEJARSE TRANSFORMAR POR EL OTRO

Jesús, en esa Última Cena, nos muestra que el secreto de la amistad está en permanecer con Él: «Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí» (Jn 15,4). Es Jesús quien quiere amar en nosotros. Sin él no podemos ser amigos hasta el fin. «Por mucho que ames, nunca querrás bastante», señala san Josemaría. Pero inmediatamente añade: «Si amas al Señor, no habrá criatura que no encuentre sitio en tu corazón»[6].

***

«¿Dónde estás?» son las palabras que Dios, mientras paseaba por aquella espléndida creación que había salido de sus manos, dirigió al hombre. También ahora quiere entrar en diálogo con nosotros. Nadie, ni siquiera el más brillante de los pensadores, podía imaginar un Dios que pidiese nuestra compañía, que mendigase nuestra amistad hasta el extremo de dejarse clavar en una cruz para así no cerrarnos nunca sus brazos. Habiendo entrado en esa locura de amor, nos veremos impulsados también nosotros a abrirlos sin condiciones a todas las personas que nos rodean. Nos preguntaremos mutuamente: ¿Dónde estás? ¿Todo va bien? Y a través de esa amistad podremos devolver la belleza a la creación.

Giulio Maspero y Andrés Cárdenas


[1] Cfr. Aristóteles, Ética a Nicómaco, 1159a, 4-5.

[2] F. Ocáriz, Carta pastoral 1-XI-2019, n. 2.

[3] Cfr. San Josemaría, Surco, n. 193.

[4] F. Ocáriz, Carta pastoral 1-XI-2019, n.2.

[5] Joseph Ratzinger, Homilía en la Misa pro eligendo pontifice, 18-IV-2005.

[6] San Josemaría, Via Crucis, VIII estación, n. 5.

Photo: Alex Bertha, on Unsplash

 

 

Construir sobre roca una vida en pareja

Christophe y Oriane, de Bélgica, llevaban tiempo dándole vueltas a una idea: cómo ayudar a jóvenes parejas amigas y conocidas a fundamentar y orientar bien su matrimonio.

EN PRIMERA PERSONA19/07/2020

Christophe y Oriane, belgas que ayudan a matrimonios jóvenes.

Hoy día son muchos los retos y desafíos a los que se enfrentan las parejas jóvenes. Si, además, a eso le sumamos que muchos de ellos no cuentan con nadie que les ayude u oriente con una visión cristiana de la relación de pareja, la dificultad se agranda. Pensando en todo esto fue como Oriane y Christophe tuvieron la idea de lanzar la iniciativa: “Bâtir ta maison sur le roc” (“Constuir tu casa sobre roca”).

¿En qué consiste vuestro proyecto?

NUESTRO SISTEMA UTILIZA COMO HILO CONDUCTOR “LA COMUNICACIÓN EN LA PAREJA”

Fundamentalmente, consiste en dar formación a las parejas jóvenes, recién casadas o todavía novios, para prepararlos al matrimonio o ayudarles a vivirlo. Nuestro sistema utiliza como hilo conductor “la comunicación en la pareja”, pues pensamos que es en este campo donde surgen las mayores dificultades, que pueden dar al traste para mantener unida a una joven pareja. Organizamos un ciclo cada año, con siete sesiones, una por mes. Los participantes reciben antes de cada sesión un formulario con las ideas que se van a dialogar, y así puedan prepararla con algo de antelación.

¿Cómo os vino la idea de lanzar esta iniciativa?

Pienso que, como casi todas estas iniciativas, poco a poco. Antes de lanzarnos con este proyecto, dábamos conferencias sobre comunicación y nos dimos cuenta de que muchas parejas de la edad de nuestros hijos o de otros amigos se enfrentaban, incluso después de varios años de matrimonio, a problemas serios de comunicación. Entonces nos dijimos: no somos expertos en psicología del matrimonio, ni sabemos nada sobre terapia, pero nosotros podríamos ocuparnos de la prevención. Buscamos y dialogamos con las respuestas a esos problemas, utilizando como fundamento la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio y la experiencia de nuestras propias vidas.

¿Cómo vinieron las primeras parejas que participaron en vuestro ciclo?

Cuando empezamos, invitamos a muchos conocidos, amigos nuestros o amigos de nuestros amigos. Al final solo vino una pareja, con la que empezamos nuestra actividad. Esto nos sirvió de experiencia. En el ciclo siguiente, hubo tres parejas. Y después, quizá por el éxito de los resultados, se fue inscribiendo más gente. Bastantes personas llegaron a través de las actividades de los scouts, concretamente aquellas en las que participaban nuestros hijos.

 

¿Qué resultados podéis mostrar ahora ya, en vuestro trabajo de formación de jóvenes parejas recién casadas o que se van a casar en breve?

El resultado después de quince años de actividad es que hemos formado más de ciento cincuenta parejas al matrimonio. Actualmente la inmensa mayoría son felices, con bastantes hijos, y tratan de vivir bien la doctrina católica, irradiando su fe en la sociedad.

HEMOS FORMADO MÁS DE CIENTO CINCUENTA PAREJAS AL MATRIMONIO

Hay muchas anécdotas de la vida corriente. Entre lo más significativo está que bastantes parejas, que vivían juntos antes del matrimonio, después de seguir el ciclo y haber oído hablar, quizá por primera vez en su vida, de la riqueza de la castidad antes del matrimonio, decidieron separarse algunas semanas, o incluso meses, antes de la boda. Volvieron a casa de sus padres y así se prepararon para vivir con toda intensidad el día de la celebración del matrimonio. Casi todos afirman que nadie les había aconsejado no vivir juntos antes de casarse. Pero cuando les explicamos las razones, les acabó pareciendo una excelente idea y un desafío que valía la pena afrontar. Esto les ha permitido, en muchos casos, redescubrirse el uno al otro y crecer en el auténtico amor. Todos están muy agradecidos.

Otro suceso que me viene a la cabeza fue la situación a la que tuvo que enfrentarse una pareja días antes de su matrimonio. La madre del chico se oponía a la boda. No sabían qué hacer, se encontraban en un momento de soledad y desamparo. Vinieron a vernos y, tras escucharles con detenimiento, les aconsejamos permanecer firmes en su propósito, abandonándose en la oración y en la confianza en Dios, y seguir queriendo mucho a sus padres. Volvió la serenidad, el matrimonio se celebró de la mejor manera posible y son felices.

LES HA LLEVADO EN MUCHOS CASOS A MEJORAR LA TERNURA EN EL MATRIMONIO Y LA APERTURA A LA VIDA

Un día –ésta es una historia singular que muestra la confianza que estas personas mantienen en el programa–, una señora que había seguido el ciclo y que luego había perdido contacto con nosotros, llamó a mi esposa llorando: habían diagnosticado a su marido un cáncer de cerebro y le daban solo unos meses de vida; tenían dos niños pequeños. Estaba totalmente desamparada, no sabía con quién compartir su dolor y trataba de encontrar un poco de apoyo. Los ayudamos como pudimos. Su marido vivió dos años más, lo que permitió que se preparasen para la separación definitiva. De esta manera el fallecimiento de su marido llegó con dolor, pero sin causar un trauma a la familia.

Como consecuencia de la formación del ciclo, bastantes personas han decidido formarse en los métodos naturales de regulación de nacimientos. Esto les ha llevado en muchos casos a mejorar la ternura en el matrimonio y la apertura a la vida.

¿Los párrocos de las iglesias cercanas, conociendo el proyecto que desarrolláis, os han enviado parejas para que las preparéis al matrimonio?

A lo largo de los años, bastantes sacerdotes han conocido esta iniciativa a través de algunos de sus feligreses o a través de la página web. Muchos han visto los resultados en algunas parejas y, efectivamente, aconsejan el curso a parejas jóvenes que se preparan para el matrimonio. Desde hace unos años, hemos confiado una sesión a un sacerdote, que explica todo lo relativo a la doctrina de la Iglesia y la moral conyugal. Esto facilita también que, los que lo desean, puedan mantener un contacto posterior con el sacerdote.

¿Tenéis planes de expansión de vuestro ciclo de preparación al matrimonio?

Es verdad que hay una tendencia a la expansión. Desde hace tres años, otro matrimonio ha comenzado también un ciclo en los alrededores de Bruselas. Este año ha habido una iniciativa similar en las cercanías de París. Otros matrimonios están interesados en lanzar este ciclo en Grenoble y otros lugares de Francia.

 

Cinco lecciones del coronavirus, según un médico católico

El doctor José María Simón Castellví, presidente emérito de la Federación Internacional de Asociaciones Médicas Católicas (FIAMC)

Después de meses de la pandemia originada por el coronavirus, que remite en unas partes del mundo mientras que empeora en otras, el doctor José María Simón Castellví, presidente emérito de la Federación Internacional de Asociaciones Médicas Católicas (FIAMC), ha recogido las lecciones que puede aprender todo creyente.

1. Aceptar nuestra fragilidad

La primera, lección que subraya el doctor Simón “es muy evidente pero que no parece que queramos asumir completamente: el ser humano es frágil y mortal”.

Según el médico, esta situación “nos tendría que llevar a todos a reflexionar más sobre la propia muerte y sobre el sentido de la vida. Esta es un don que debemos hacer fructificar. No vivimos para nada ni morimos para nada. Estamos siendo probados y deberíamos dar lo mejor de nosotros mismos a los demás y a Dios. Es deseable que el día de nuestra muerte podamos presentar algunos activos”.

2. Preparar nuestro encuentro con Dios

En segundo lugar, invita a “estar siempre preparados para irnos de este mundo en paz y en gracia. En cuanto a nuestra fragilidad, su existencia es tan obvia que incluso los que rebosan de salud, esperan una larga vida e imperan sobre los demás como dioses, un día no podrán levantarse y lo saben”.

“La fragilidad atrae a Dios y las obras de misericordia que todos deberíamos realizar a menudo -junto con la misión de los sanitarios, que también es un envío del Altísimo-, atenúa los sufrimientos ajenos”.

3. Ofrecer actos de caridad

De este modo, el doctor continúa recomendando “en estos tiempos, una visita (si están permitidas) a un anciano solo, una llamada telefónica, un buen consejo, una caja de bombones o unas flores…”.

Estos gestos, subraya, “pueden reparar en parte la soledad de los que están en las prisiones de la enfermedad o la vejez. Estas condiciones son en las que delega ordinariamente Dios para pasar de este mundo al otro”.

4. Purificar cuerpo… y alma

El doctor Simón considera que las normas higiénico-sanitarias adoptadas para evitar el coronavirus son muy útiles para no enfermar. “Yo creo que incluso nos servirán para sufrir menos resfriados, gripes o toxiinfecciones alimentarias por E. coli en este mismo verano en el hemisferio norte”.

“El distanciamiento interpersonal, la buena ventilación de las estancias, el frecuente lavado de manos y el uso de máscaras es muy útil para cortar la cadena de transmisión del virus que produce la epidemia. Incluso en el interior de las iglesias y en funciones religiosas se toman medias prudenciales de este tipo. Sin embargo, no hay que olvidar que somos cuerpo y alma y que esta debe también limpiarse prioritariamente antes de presentarnos ante Dios hoy y siempre”.

5. Cambio de vida

Por último, el doctor Simón considera que “esta epidemia puede tomarse también como una oportunidad para cambiar de vida y de sistema de vida a mejor. Es un aviso-oportunidad para todos, un castigo para algunos, una gran prueba para muchos y quizá para otros un regalo. Pienso en una paciente concreta, viuda mayor muy piadosa que deseaba irse con Dios y con su familia. A ella le ha ido bien”.

El cardenal Peter Turkson, presidente de la comisión vaticana COVID-19 creada por el Papa Francisco, reafirmaba recientemente algunos elementos de la Doctrina Social que tienen toda lógica.

“Es mejor invertir en sanidad que en armas, promover la paz, afrontar con valentía la crisis económica priorizando los empleos y cuidar más de la Creación”, concluye el doctor.

es.aleteia.org

 

Protección contra el error – ¿Estoy seguro de mi fe?

Pbro. José Martínez Colín

  • Para saber

Con cierta frecuencia hay diálogos en que cada parte defiende su opinión sin llegar a ponerse de acuerdo. Hay temas que son opinables y es válido pensar distinto: sobre los equipos de un deporte, el gusto por ciertos alimentos, el arte, los mejores lugares para visitar, etc. Pero cuando se trata de la religión, que atañe a creencias muy personales, no siempre es fácil el diálogo, pues lo que se expresa es algo muy serio.

No obstante, hay una gran diferencia entre la religión y los temas opinables: en la religión católica, quien ha establecido los principios y verdades fundamentales es el mismo Dios. Por ello, quien profesa esa fe, cree lo establecido en ella, aunque no sepa explicarla con facilidad. Pero ello no disminuye en nada la fuerza de la seguridad de su creencia.

¿Cómo se asegura que con el paso de los años no se haya deformado o adulterado lo revelado por Dios? El Papa Francisco nos advierte que “el Espíritu Santo evita que la doctrina se equivoque, y evita que permanezca parada allí sin crecer en nosotros”. Para evitar el error, Jesús prometió enviar al Paráclito. Pero, ¿qué significa “paráclito”?

 

  • Para pensar

La palabra “paráclito” viene del griego, y dice el Papa Francisco, significa “el que sostiene, el que defiende, el que te acompaña para no caer, el que te mantiene firme, el que es cercano a ti para sostenerte”.

Así, al Espíritu Santo, que es Dios, se le conoce también como “Paráclito”, pues es quien acompaña a la Iglesia para que nunca caiga en el error o se desvié de la verdad. Esta es la razón de la seguridad en la creencia de lo enseñado que, por ser realidades profundas, no se ven con plena claridad.

Tal vez hoy en día se respetan más las diversas opiniones que en otras épocas. Sin embargo, ese respeto no significa aceptar como verdaderas los distintos pareceres. Uno puede y debe respetar a las personas aunque piensen distinto. Mas no por ello, he de aceptar como verdaderas sus opiniones. En cuestiones de fe, no se defiende una opinión personal, sino se está aceptando una verdad que no viene de mi parecer, sino de Dios mismo. Ello no es intolerancia, sino estar convencido de la verdad recibida. Si en un plano matemático no estoy dispuesto a aceptar que dos más dos sean cinco, ello no significa ser intolerante. En el plano de las afirmaciones religiosas enseñadas por la Iglesia, también se está convencido de su verdad.

 

  • Para vivir

Dos son las acciones que se le atribuyen al Espíritu Santo, señaló el Papa Francisco: enseñar y recordar. Por una parte, nos enseña la doctrina de Jesús, y cómo desarrollar nuestra fe sin equivocarnos. Así, podemos comprender la fe cada vez más. Porque la fe puede crecer. Es como los árboles, que siendo los mismos, cada vez son más grandes, con más fruto.

En segundo lugar, el Espíritu Santo es como la memoria. Nos recuerda lo que Jesús dijo, nos mantiene despiertos en las cosas del Señor. Así, el Espíritu Santo: “te guía para discernir qué debes hacer ahora. Cuál es el camino bueno y cuál el equivocado. También en las pequeñas decisiones. Si nosotros pedimos la luz al Espíritu Santo, Él nos ayudará a discernir para tomar las buenas decisiones. Las pequeñas de cada día y las más grandes”. (articulosdog@gmail.com)

17 de Julio de 2020

 

 

Sucedió en una confesión

Llegaba la iglesia 10 minutos antes de que las confesiones comenzaran. Quería ser de las primeras, sino la primera. Le urgía hablar con el sacerdote, contar lo que vivía, la confusión en la que estaba. Al llegar pudo ver que había 20 penitentes antes de ella. No dudó en quedarse.

Empezaron el rezo del Santo Rosario y se unió a él, tuvo varios momentos donde las lágrimas brotaban copiosamente. Sabía que le estaba pasando algo, pero no alcanzaba a comprender lo que era. Había tan solo un sacerdote, pues el otro se había contagiado del Covid 19. De repente llegó el diácono diciendo que las confesiones habían terminado que volvieran mañana a las 3 pm.

Es extraño, pero no se molestó. Aceptó y se dijo que mañana volvería. Llegado el día salió temprano para estar 30 minutos antes de la confesión y ser la primera. Al llegar a la iglesia el diácono le dice que no puede entrar, ella le pregunta:

—¿No hay confesiones a las 3 pm?

—Sí— le responde el diácono—, regrese a esa hora. Si quiere vaya a la capilla que está abierta.

Notó que obedeció sin sentir enojo, pero no pudo dejar de reconocer que el diácono había sido bastante extraño.

Al faltar 5 minutos para las 3 pm regreso a la Iglesia. El diácono le dijo, pase usted que es la segunda.  Ese día, minutos antes de entrar, vino a su memoria Santa Hildegarda Von Bigen. Desde hace unos seis años la admiraba y las últimas semanas había pensado mucho en ella. Le cautivaba su misticismo, su pasión por Cristo. Platicó con esta santa acerca de esta confesión…. le pidió ayuda.

Empezó a llorar con dolor de corazón y un arrepentimiento sincero.  Entonces alguien la tocó en el hombro. Era su turno. Se sentó detrás del divisor pues era un confesionario improvisado.

—Padre, ¿usted habla español?

—Sí claro— respondió una voz de más más dulces que haya escuchado.

Suspiró muy hondo, y con lágrimas en los ojos contó al sacerdote lo que pasaba. Entonces comenzó el momento más hermoso de su vida buscando a Jesús. Era como si el sacerdote conociera su alma. Entonces le dijo que el Señor estaba permitiendo ese dolor para darle una Gracia… que el Espíritu Santo estaba haciendo ese trabajo…

Entonces algo quedó iluminado en su inteligencia y pudo sentir una paz sobrenatural que inundaba su corazón y su cuerpo. Era como si el sacerdote se hubiese convertido en Jesús. Y le preguntó:

—¿Qué has sentido?

Ella respondió sentir una gran paz y alivio.  El sacerdote le dijo que repitiera estas palabras después de él:

—Jesús perdóname porque soy una pecadora. Ten Misericordia de mí.

Le dijo que fuera en paz y que rezara un Padre Nuestro y 3 Aves María. Se fue corriendo a la capilla. Iba toda conmovida. Se detuvo frente a una imagen del Sagrado Corazón de Jesús y le dijo:

—Por favor Jesús….

Y siguió conmovida hacia la capilla.

Entró y se dirigió hacia la imagen del Sagrado Corazón. No recuerda un momento en su vida en que haya tenido el gesto de tocar una imagen, puso su mano sobre el Sagrado Corazón y lloró, lloró como mujer enamorada, como mujer de un solo hombre, como alguien que busca desesperadamente la Gracia del Salvador.

Entonces sintió que Él la miraba con el amor que como mujer necesitaba. Y se sintió inundada de un gran gozo. Le había dicho que sí al Señor de la forma en la que Él quisiera.

Salió de ahí con una alegría indescriptible, escuchando claramente unas palabras:

—Vivirás a partir de ahora con Alegría sobrenatural. Yo te amo.

Ha sido el encuentro con Jesús más maravilloso de su vida. Me hizo recordar estas palabras de las Sagradas Escrituras:

“Pero llega la hora, y ya estamos en ella, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Entonces serán verdaderos adoradores del Padre, tal como él mismo los quiere. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad.” (Juan 4, 23- 24)

Sheila Morataya

 

 

Padres e hijos        

En verano se produce el mayor número de bodas del año. Pasado un tiempo, suelen venir hijos. El matrimonio y sus hijos forman la institución familiar, una comunidad unida por vínculos de parentesco y de amor. Los hijos son un don recibido de Dios, el mayor tesoro que tenemos los padres, nuestra alegría y responsabilidad; pero no una propiedad, porque no se trata de cosas.

A los padres, de cuya unión amorosa proceden los hijos, les compete la crianza y la educación de su prole. De ellos reciben amor y seguridad emocional, el lenguaje… Son la columna de apoyo de sus hijos. Del afecto que los niños reciben de sus padres y del amor que observan entre ellos, brota la capacidad de amar.

La misión  del Estado en materia educativa es únicamente de subsidiariedad;  no de suplantación del deber de los padres, que tienen el derecho natural y propio a que  sus hijos “reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”, como recoge nuestra Constitución ( art. 27), con base en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (art. 26.3). Los gobiernos con tendencia totalitaria no respetan a la familia ni a otros grupos con capacidad educativa elegidos por los padres, y violan la libertad y la “patria potestad”; infringen la legalidad y la retuercen. Intolerable. Evoco los totalitarismos que sufrió Europa en el siglo XX.

Josefa Romo Garlito

 

Los que quieren edulcorar

 “Ante todo (…) la hostilidad de los que quieren silenciar la Palabra de Dios, edulcorándola, aguándola o acallando a los que la anuncian. En este caso, Jesús anima a los Apóstoles a difundir el mensaje de salvación que les ha confiado.” Estas palabras del papa en el ángelus del domingo 21 de junio me han animado a escribir estas líneas. No sé si mis pensamientos coinciden plenamente con los que bullían en la mente del papa al pronunciar esas palabras, que él vinculaba a advertencias del Señor a los apóstoles y primeros discípulos, para que no tuvieran miedo a tres situaciones que se podrían presentar. Esta sería la primera.

¿Quiénes, hoy, en la Iglesia podrían caber entre los que quieren edulcorar las palabras de Cristo, y al aguarlas, quitarles su verdadero sentido, y llegar así a convertir externamente a la Iglesia, quizá más allá de sus propias intenciones, en una organización que no reconocería ni el mismo san Pablo, por no decir san Pedro?

Los que apenas mencionan a la Santísima Trinidad, Dios Uno y Trino. Los que, para acercarse a todas las religiones, apenas hablan de la singularidad de Cristo, Dios y Hombre Verdadero, Único Redentor de los pecados de los hombres que nos anuncia la Verdad de Dios, el Camino para vivir en Dios y con Dios, la Vida, el amor de Dios que nos da vida.

Los que sitúan, de alguna manera, en el mismo nivel de redención y de salvación, a todas las religiones que los hombres hemos ido construyendo a lo largo de la historia para tratar de relacionarnos con un ser absolutamente desconocido, y solamente añorado y temido en la lejanía. Y no hablan con toda claridad de la Única Religión revelada, y por tanto verdadera, en su tradición judeo-cristiana, manifestada por Dios en la Vida y en la Palabra de Dios Hijo, Jesucristo. Luz del mundo.

Jesús Martínez Madrid

 

El valor social del enfermo

Entre los criterios de triaje en hospitales saturados por los afectados por el coronavirus se han propuesto también criterios de corte utilitarista o que priman el bien común, entendido como el mayor beneficio posible al mayor número de personas o el mejor bien para la sociedad: este es el tercer punto controvertido. Por ejemplo, la SEMICYUC recomienda, para fijar la prioridad de unos pacientes sobre otros, tener en cuenta "las personas a cargo del paciente" y "el valor social de la persona enferma".

Un informe del Ministerio de Sanidad español afirma el criterio de "no discriminación por ningún motivo ajeno a la situación clínica del paciente y a las expectativas objetivas de supervivencia, basadas en la evidencia". Para el CBE, el criterio del valor social es "extremadamente ambiguo y éticamente discutible". Sobre esto admite solamente lo señalado en las "Recomendaciones para la gestión de cuestiones éticas en epidemias", de la OMS. Según ellas, "puede ser ético -explica el CBE- priorizar a las personas que son esenciales para manejar un brote"; pero no a otras por su "valor social" en otros aspectos.

Aparte, dice el CBE, es en principio un criterio adecuado "priorizar a los colectivos más vulnerables". En la presente pandemia, uno es el de las personas mayores. Con independencia de que en momentos de saturación hospitalaria no se pueda atenderlos a todos como sería menester, el Consejo de Bioética de Galicia lamenta la falta de respeto con que a veces se está hablando de los ancianos, por la forma en que se ha publicado que "la edad" es el "principal criterio de adec5úapón de intensidad asistencial".

JD Mez Madrid

 

 

El casado, con menos dolores

La tesis de que el matrimonio tiene una incidencia positiva en la salud del hombre es también el tema de un amplio artículo publicado en la web de la Escuela de Medicina de Harvard, en el que se plantea la interrogante de si, en vez de que el matrimonio favorece la salud, no es más bien que los hombres saludables son los que más se casan.

"Las investigaciones muestran que es al revés -señala el articulista-, pues los no saludables son quienes se casan más temprano, y asimismo tienen menos probabilidades de divorciarse. Además, una vez divorciados o tras enviudar, tienden más que los saludables a volver a casarse".

Con independencia de si primero fue el huevo o la gallina, las estadísticas acuden en apoyo de la tesis del matrimonio como garantía de mayor salud. A principios de los 2000, un sondeo de los CDC a 127.545 adultos estadounidenses reveló que los casados sufrían menos dolencias, como migrañas y estrés psicológico severo; tenían menos limitaciones físicas o psicológicas para trabajar, y fumaban y bebían menos. Nota de interés era que quienes vivían en uniones de hecho tenían, a semejanza de los divorciados, mayor tendencia a padecer problemas de salud.

Al final, al traducirse en más años y en mayor calidad de vida, el a veces tan denostado hecho de "firmar un papel" tiene más alcance que el que aparenta el simple trámite.

Domingo Martínez Madrid

 

 

Gratitud hacia nuestros padres y abuelos

 “La gravedad del momento, tras la pandemia de la CIVUD-19, nos llama a todos a hacer algo más. Individualmente o como Iglesias locales, podemos hacer mucho por las personas mayores: orar por ellas, curar la enfermedad de la soledad, activar redes de solidaridad, y mucho más. Frente al escenario de una generación golpeada de una manera tan fuerte, estamos llamados a una responsabilidad común, que nace de la conciencia del valor inestimable de cada vida humana y por la gratitud hacia nuestros padres y abuelos. Debemos dedicar nuevas energías para defenderlos de esta tempestad, así como cada uno de nosotros ha sido protegido y ayudado en las pequeñas y grandes tormentas de la propia vida. No dejemos solas a las personas mayores, porque en la soledad el coronavirus cobra más vidas”.

Esta solicitud resulta inseparable del esfuerzo continuo para la difusión de los cuidados paliativos, objetivo impulsado también por la Academia Pontificia de la Vida, que convocó a finales de 2019 en Roma, junto con la Fundación Qatar, un simposio internacional sobre “Religión y ética médica: Cuidados paliativos y salud mental durante el envejecimiento”. Al presentarlo, el presidente de la Academia, Mons. Vincenzo Paglia, recordó el documento firmado el 28 de octubre con representantes de las tres religiones abrahámicas, y el Libro Blanco sobre la Promoción y Difusión de los Cuidados Paliativos en el Mundo, preparado por un grupo internacional de expertos y disponible en www.academyforlife.va. “Nos une –añadió- la voluntad de promover una ‘cultura paliativa’, tanto para responder a la tentación de la eutanasia y del suicidio asistido, como, sobre todo, para desarrollar una cultura del cuidado que nos permita ofrecer una compañía de amor hasta el pasaje de la muerte”.

Jaume Catalán Díaz

 

La actual persecución religiosa

Estamos acostumbrados a considerar como persecución religiosa aquellos momentos que se han ido repitiendo a lo largo de la historia, desde el momento, mismo, de los orígenes del cristianismo, en los que de un modo directo se terminaba con la vida de los cristianos y de sus lugares de culto, con la pretensión de hacer desaparecer del mundo la influencia del ideal cristiano.

¡Es curioso! Que, a pesar de tantos intentos mundiales de devastación cristiana, la Iglesia de Jesucristo no ha hecho más y más que florecer. Sin embargo, los cristianos lo entendemos bien, porque Cristo dijo, con una rotundidad a la que nadie se atrevería, “Yo estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos”.

Hoy, desde hace mucho tiempo, el cristianismo, es con mucho, la religión más extendida en el mundo entero y, dentro de él, el catolicismo.

Pero, volvamos a la idea inicial: la consideración generalizada de persecución religiosa de aquellos momentos y lugares en los que ha habido mártires de la fe y devastación de iglesias.

Hoy, lamentablemente, el mundo nos demuestra que esto ya no es así. Aunque el mundo en el que vivimos actualmente continúe produciendo mártires en diversos lugares de la tierra, en una gran parte de este mundo, compuesto fundamentalmente por los países de mayor desarrollo y progreso, el martirio “no es políticamente correcto”, por lo que han surgido fórmulas diversas de persecución religiosa y que si somos coherentes con nuestra fe, a veces las sufrimos. En estos momentos estamos viviendo la decisión tomada en Sofía.

Suso do Madrid

¡A qué tanto miedo!

 

                                ¡Qué el miedo es el motor de la vida! Eso lo supe yo hace muchos años, puesto que a lo largo de mi ya muy larga vida, sentí y padecí muchos miedos; pero “a trancas y barrancas”, por decisión más sosegada, o por simple instinto “como animal que soy”, los fui superando todos; y ahora me encuentro casi con ochenta y dos “tacos” (años) casi cumplidos, y la verdad, no tengo miedo alguno; quizá miento un poco, puesto que sí que siento, “algo de miedo”, pero no a morir, sino muy al contrario, “a la forma en que me llegue la muerte”. Y afirmo esto último, por cuanto he visto morir a demasiadas personas, de forma “angustiosa y lenta”, entre ellas a mi propia madre; y no quisiera yo ser, “en el que considero el último castigo de esta perra vida”; uno de esos muy desgraciados seres, que incluso, sus más allegados filiales, les desean la muerte por cuanto los están viendo tanto sufrir, que esa muerte la consideran, “una bendición”; por ello, “bendito sea el infarto o colapso que acaba con cualquier individuo y lo pasa de la vida a la muerte, en escaso tiempo”; que en realidad es lo que quiere la mayoría con quienes he hablado sobre este tema; y yo incluido.

                                Tema que para muchos les parece terrible, puesto que en su ignorancia, no aceptan algo tan natural y cotidiano, “como es nacer y morir”; por lo que de las primeras enseñanzas cuando llegas a ser adulto o quizá antes; debiera recibirlas el individuo para aprender a aceptarlas, como lo que es; “un hecho natural y que llega en ese momento indeterminado”, en el que tiene que nacer “nace”; y el que tiene que morir muere; y ello no hay medicina que lo elimine; por muchos “sabios” que se crean algunos de, “los muchos ilusos monos humanos que pueblan este planeta”.

                                Y he dicho y afirmo que. “el miedo es el motor de la vida”; puesto que si observamos, “todo lo vivo de la naturaleza”; todo tiene miedo y lo siente, como algo innato y natural… “hasta se han hecho pruebas con plantas o vegetales arrimándoles una llama poco a poco y ese ser vegetal, se va retirando de la misma, a medida que le llega el calor que le ocasionaría la muerte”. No digamos el resto de seres vivos, cuyo cometido es, “comer o ser comido”; y ello conlleva los miedos correspondientes; pero entendamos, que esos miedos, son los que llevan a que cada ser se perfeccione y sea más fuerte, en su propia generación, o en las sucesivas y que lleguen a través de sus genes; por tanto simplemente, “es ley de vida” y punto.

                                Hoy y en todo “el mundo mundial”, se ha impuesto un nuevo tipo de miedo, que desconocíamos; y junto con el mismo; han salido infinidad de inquisidores, salvavidas y tiranos, que con el pretexto de “salvarnos la vida”; han creado un problema, que como ya anticipé, tan pronto me di cuenta, “del percal político de imposición que emplearon y siguen empleando”; afirmé y mantengo que “el remedio es mucho peor que la enfermedad”.

                                Puesto que esa es otra verdad incuestionable, “en la Naturaleza no se producen enfermedades exterminadoras”; normalmente las que crea esa “cruel pero sabia Madre”; es para fortalecer las especies, puesto que va eliminando las partes más débiles, pero al propio tiempo, inmuniza a las más fuertes, para que sigan viviendo y creando generaciones mucho más fuertes y resistentes. O sea que para ello, en cada individuo, contamos con la mejor farmacia del mundo y que se denomina, “nuestras defensas naturales”; que constantemente, “están en lucha con lo que ataque a nuestro organismo”. Por todo ello, al miedo hay que darle el valor que tiene; y de paso creer en lo que nada menos que el Maestro Pitágoras, afirmó hace ya dos milenios y medio… “No temáis a la muerte, es un tránsito más, y se  sigue viviendo después de la muerte”. Por todo ello y en un foro en Internet, yo he escrito sobre lo que sigue, y que aterroriza a tanta gente, que lo que ya, “da miedo, es el futuro que nos espera por la reacción que han creado estos inquisidores que han creado ese terror”.

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SOBRE EL MIEDO AL VIRUS CHINO: He visto/leído muchos trabajos de personas que se dicen conocedores, y que no están dentro de la política; y la conclusión que saco, es que en realidad no saben nada de nada. Esta epidemia les ha caído de pronto (yo creo que ha sido creada "como arma de guerra") y los políticos, han optado por crear el miedo atroz que han creado, lo que paralizó la vida, ya que al coartar la circulación del dinero, que provoca, "una vida normal"; ha ido matando todo lo productivo. Y ahora ni saben cómo reponer al individuo de ese miedo, que por otra parte considero absurdo, simplemente analizando y respondiendo a estas tres preguntas. ¿CUÁNTAS FORMAS HAY DE MORIR Y SE MUERE TODOS LOS DÍAS? ¿CUANTAS MUERTES O CONTAGIOS HAY EN RELACIÓN A LA POBLACIÓN MUNDIAL? ¿Entonces por qué y para qué tanto miedo? Hay que seguir viviendo y con la normalidad máxima; "sólo se contagian y mueren los que débiles de defensas naturales, son propicios a ello, el resto que somos inmensa mayoría no nos afecta nada; además observen que los contagiados, la mayoría lo superan. Así es que menos miedos y a vivir, con las precauciones lógicas, pero no, "LAS INQUISITORIALES QUE NOS HAN IMPUESTO LOS QUE DICEN QUE NOS SALVAN LA VIDA”.

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                                Para mí es desolador, ver a los políticos y a los que se dicen “informadores”; sólo hablar primero, del virus y sus contagios, pero nadie razona de forma humana y comprensible, el cómo enfrentarse a ello, de forma natural, cuidadosa pero no de la forma “tan inquisitorial”, que nos quieren imponer… “al final va a morir el que tenga que morir; “enmascarillado” o sin mascarilla, pero en realidad los afectados son minorías muy minorías, y deduzco que es por esa deficiencia de sus defensas naturales; además la mayoría de afectados se recuperan y vuelve a la vida”; y como hay infinitas formas de morir, tengamos la suficiente entereza para aceptar, que esta, es una más; como lo es el tabaco, el alcohol, la carretera, las drogas, incluso esa desconocida enfermedad que lleva al suicidio; y tantas otras que matan a millones cada día. Y que por las circunstancias que vamos padeciendo y que ya he explicado, “considero que va a tener sus víctimas por las terribles consecuencias que la sociedad padece ya, a costa de ese maldito virus chino, el que hay que saber cómo y dónde nació y el por qué y para qué de ello, puesto que lo que no hay duda, es que no viene ni de Dios, ni de los dioses; nació en lugar humano y seguro que de manos humanas”. Amén.

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

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