Las Noticias de hoy 22 Junio 2020

Enviado por adminideas el Lun, 22/06/2020 - 12:26

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 22 de junio de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Ángelus: Palabras del Papa antes de la oración mariana

Ángelus: Día Mundial de los Refugiados

Letanías Lauretanas: Tres nuevas invocaciones a la Virgen María

Benedicto XVI espera regresar al Vaticano el lunes

SANTOS JUAN FISHER Y TOMÁS MORO, MÁRTIRES*: Francisco Fernandez Carbajal

“¡Si los cristianos supiésemos servir!”: San Josemaria

Una biografía ilustrada de san Josemaría para acercar su vida al lector del siglo XXI

La belleza de los santos y la mortificación cristiana

La Magdalena junto al sepulcro (Jn 20, 1-18): Josep Boira

¿Existe el derecho a morir?: José Miguel Serrano Ruiz-Calderón

XII Domingo del tiempo ordinario.: + Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

Not only #BlackLivesMatter: Nuria Chinchilla

¿Quién inventó la palabra “bioética”?: Fernando Pascual, L.C

Las secuelas del COVID-19: Dilemas bioéticos: Julio Tudela

Los adolescentes: José Morales Martín

DEL CORONAVIRUS Y OTRAS PANDEMIAS.:  Amparo Tos Boix, Valencia.

Rendir cuentas: Pedro García

Reflexionar sobre la Familia: Juan García. 

Los “okupas” y otros delincuentes peores: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

Ángelus: Palabras del Papa antes de la oración mariana

Jesús invita a sus discípulos a no tener miedo

JUNIO 21, 2020 12:46REDACCIÓNANGELUS Y REGINA COELI

(zenit – 21 junio 2020).- A las 12 del mediodía de este domingo, 21 de junio de 2020, el Santo Padre Francisco se ha asomado a la ventana del estudio del Palacio Vaticano Apostólico para recitar el Ángelus con los fieles y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro.

Estas son las palabras del Papa al introducir la oración mariana:

***

Palabras del Papa

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de este domingo (cf. Mateo 10, 26-33) recoge la invitación que Jesús dirige a sus discípulos a no tener miedo, a ser fuertes y confiados ante los desafíos de la vida, advirtiéndoles de las adversidades que les esperan. El pasaje de hoy forma parte del discurso misionero con el que el Maestro prepara a los Apóstoles para la primera experiencia de proclamar el Reino de Dios. Les insta con insistencia a “no tener miedo”, y Jesús describe tres situaciones concretas a las que se enfrentarán.

En primer lugar, la hostilidad de los que quieren silenciar la Palabra de Dios, edulcorándola o silenciando a los que la anuncian. En este caso, Jesús anima a los Apóstoles a difundir el mensaje de salvación que Él les ha confiado. Por el momento, Él lo ha transmitido con cautela, casi en secreto al pequeño grupo. Pero tendrán que llevar “a la luz”, es decir, abiertamente, y anunciar “desde las azoteas”, esto es, públicamente, su Evangelio.

La segunda dificultad con la que se encontrarán los misioneros de Cristo es la amenaza física en su contra, o sea, la persecución directa de su pueblo, incluso hasta el punto de que los maten. Esta profecía de Jesús se ha cumplido en todo momento: es una realidad dolorosa, pero atestigua la fidelidad de los testigos. ¡Cuántos cristianos son perseguidos aún hoy en día en todo el mundo! Si sufren por el Evangelio y con amor, son los mártires de nuestro día y podemos decir con seguridad que son más que los mártires de los primeros tiempos, tantos mártires solamente por ser cristianos. A estos discípulos de ayer y de hoy que sufren la persecución, Jesús les recomienda: “no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma” (v. 28). No hay que temer a los que intentan extinguir el poder de la evangelización mediante la arrogancia y la violencia. De hecho, no pueden hacer nada contra el alma, es decir, contra la comunión con Dios: nadie puede quitársela a los discípulos, porque es un regalo de Dios. El único amor que debe tener el discípulo es el de perder este don divino, renunciando a vivir según el Evangelio y procurándose así la muerte moral, que es el efecto del pecado.

El tercer tipo de desafío al que los Apóstoles deberán enfrentarse lo identifica Jesús en el sentimiento, que algunos experimentarán, de que el mismo Dios los ha abandonado, permaneciendo distante y en silencio. También en este caso nos exhorta a no tener miedo, porque, aunque pasemos por estos y otros escollos, la vida de los discípulos está firmemente en manos de Dios, que nos ama y nos cuida. Son como las tres tentaciones, edulcorar el Evangelio, aguarlo, segunda la persecución y tercera, la sensación de que Dios nos ha dejado solos. Jesús sufrió esta prueba en el huerto de los olivos, en la cruz: “¡Padre, por qué me has abandonado!”, dijo Jesús. Cuantas veces se siente esta aridez espiritual, pero no tenemos que tener miedo. El Padre nos cuida porque nuestro valor es grande a sus ojos. Lo importante es la franqueza del testimonio de fe: “reconocer a Jesús ante los hombres”, seguir adelante haciendo el bien.

Que María Santísima, modelo de confianza y abandono en Dios en momentos de adversidad y peligro, nos ayude a no ceder nunca al desánimo, sino a confiarnos siempre a Él y a su gracia,  que siempre es más poderosa que el mal.

© Librería Editorial Vaticano

 

 

Ángelus: Día Mundial de los Refugiados

Palabras del Papa después del Ángelus

JUNIO 21, 2020 13:50RAQUEL ANILLOANGELUS Y REGINA COELI

(zenit – 21 junio 2020).- Después de la oración mariana el Papa recordó el Día Mundial de los Refugiados y la jornada del Padre que se celebra en Argentina y en otros lugares invitando a orar por ellos.

También recordó a San Luis Gonzaga “un muchacho lleno de amor a Dios y al prójimo; murió muy joven, aquí en Roma, porque se ocupó de las víctimas de la peste”, confiando a su intercesión a todos los jóvenes del mundo.

A continuación las palabras del Papa después del Ángelus:

***

Palabras del Papa

Queridos hermanos y hermanas:

Ayer celebraron las Naciones Unidas el Día Mundial de los Refugiados. La crisis que ha provocado el coronavirus ha puesto en relieve la necesidad de asegurar la protección necesaria también a las personas refugiadas, para así garantizar su dignidad y seguridad. Os invito a uniros a mi oración por un empeño renovado y eficaz de todos en favor de la protección efectiva de cada ser humano, en particular los que se han visto obligados a huir debido a situaciones de grave peligro para ellos o sus familias.

Otro aspecto sobre el que la pandemia nos ha hecho reflexionar es la relación entre el hombre y el medio ambiente. La cuarentena ha reducido la contaminación y ha redescubierto la belleza de muchos lugares libres de tráfico y ruido. Ahora, con la reanudación de las actividades, todos deberíamos ser más responsables de cuidar la casa común. Aprecio las muchas iniciativas que, en todas partes del mundo, vienen “desde abajo” y van en esta dirección. Por ejemplo, hoy en Roma hay una dedicada al río Tíber. ¡Pero hay muchas en otras partes! Que fomenten una ciudadanía cada vez más consciente de este bien común esencial.

Hoy en mi patria y en otros lugares se celebra el día dedicado al padre, a los papás. Aseguro mi cercanía y oración a todos los padres. ¡Todos sabemos que ser papá no es un trabajo fácil! Por esto recemos por ellos. Recuerdo de manera especial a nuestros padres que continúan protegiéndonos desde el Cielo.

Os saludo a todos vosotros, queridos fieles romanos y peregrinos venidos de varias partes de Italia – ahora empiezan a verse los peregrinos– y, cada vez más, también de otros países; veo algunos con sus banderas… Os saludo especialmente a vosotros, jóvenes: hoy recordamos a San Luis Gonzaga, un muchacho lleno de amor a Dios y al prójimo; murió muy joven, aquí en Roma, porque se ocupó de los enfermos de la peste. A su intercesión confío a los jóvenes de todo el mundo.

Y a todos os deseo un buen domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y adiós!

 

 

Letanías Lauretanas: Tres nuevas invocaciones a la Virgen María

Una para los migrantes, querida por el Papa

JUNIO 21, 2020 17:50ANNE KURIANPAPA Y SANTA SEDEROMA

(zenit – 21 junio 2020).- Por voluntad del Papa Francisco, se insertarán tres nuevas invocaciones en las “Letanías de Loreto”, dedicadas a la Virgen María: “Madre de la misericordia” (Mater misericordiae), Madre de la esperanza (Mater spei) y bienestar para los migrantes (Solacium migrantium).

En una carta a los presidentes de las Conferencias Episcopales publicada el 20 de junio de 2020, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos subraya que la oración a la Virgen María es una “forma privilegiada y segura de encontrarse con Cristo”.

Carta de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

Del Vaticano, 20 de junio de 2020
Memoria del Inmaculado Corazón de la Virgen María

Eminencia,

Peregrina a la Santa Jerusalén del cielo, para gozar de la inseparable comunión con Cristo, su Esposo y Salvador, la Iglesia recorre los caminos de la historia confiando en Aquel que creyó en la palabra del Señor. Sabemos por el Evangelio que los discípulos de Jesús han aprendido, de hecho, desde el principio, a alabar a la “bendita entre las mujeres” y a contar con su intercesión maternal. Son innumerables los títulos e invocaciones que la piedad cristiana, a lo largo de los siglos, ha reservado a la Virgen María, el camino privilegiado y seguro para el encuentro con Cristo. Incluso en la época actual, marcada por razones de incertidumbre y desconcierto, el recurso devoto a ella, lleno de afecto y confianza, es particularmente sentido por el pueblo de Dios.

Como intérprete de este sentimiento, el Sumo Pontífice FRANCISCO, aceptando los deseos expresados, quiso disponer que en la forma de las letanías de la Santísima Virgen María, llamadas “Lauretane”, se insertaran las invocaciones “Mater misericordiaeMater spei y Solacium migrantium.

La primera invocación se insertará después de “Mater Ecclesiae”, la segunda después de “Mater divinae gratiae”, la tercera después de “Refugium peccatorum”.

Si bien me complace comunicarle a Su Eminencia esta disposición para que sea conocida y aplicada, aprovecho la oportunidad para expresarle mis sentimientos de mi estima.

Vuestro muy devoto en el Señor

Cardenal Robert Sarah, prefecto

Arzobispo Arthur Roche, arzobispo secretario

 

 

Benedicto XVI espera regresar al Vaticano el lunes

Visitó la tumba de sus padres en Baviera

JUNIO 21, 2020 18:24ANNE KURIANBENEDICTO XVI

(zenit – 21 junio 2020).- Benedicto XVI debería regresar al Vaticano el lunes 22 de junio de 2020, después de tres días en su tierra natal en Baviera, con su hermano enfermo, indica la diócesis de Ratisbona en un tweet.

El papa emérito de 93 años viajó a Alemania el 19 de junio en una silla de ruedas y visiblemente debilitado para visitar a su hermano Georg Ratzinger, de 96 años. Después de llegar a Ratisbona el viernes por la tarde, los dos hermanos celebraron misa juntos. Después Benedicto XVI se retiró al seminario por la tarde y regresó a la casa de su hermano por la noche.

Al día siguiente, después de un desayuno bávaro en el seminario, Benedicto XVI volvió a celebrar una misa con su hermano, por el Sagrado Corazón de Jesús, y volvió a ver a Georg por la noche.

El sábado 20 de junio, el Papa Emérito visitó la casa de su familia, conmovido por los retratos de sus antepasados, y su antigua residencia, donde vivió entre 1970 y 1977. También visitó la tumba de sus padres y de su hermana Maria en el cementerio Ziegetsdorf, donde se recogió.

 

 

SANTOS JUAN FISHER Y TOMÁS MORO, MÁRTIRES*

Memoria

— Un testimonio de fe hasta el martirio.

— Fortaleza y vida de oración.

— Coherencia cristiana y unidad de vida.

I. En Inglaterra, en 1534, se exigió a todos los ciudadanos que hubieran alcanzado la edad legal que prestasen juramento al Acta de Sucesión, en la que se reconocía como matrimonio la unión de Enrique VIII y Ana Bolena. Se proclamaba el rey Jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra, negando al Papa toda autoridad. Juan Fisher, Obispo de Rochester, y Tomás Moro, Canciller del Reino, se negaron a jurar el Acta, y fueron encarcelados en abril de 1534 y decapitados al año siguiente.

En un momento en que muchos se doblegaron a la voluntad real, su juramento habría pasado prácticamente inadvertido y hubieran conservado la vida, la hacienda y el cargo, como tantos otros1. Sin embargo, ambos fueron fieles a su fe hasta el martirio. Supieron dar la vida en aquel momento porque fueron hombres que vivieron su vocación día a día, dando testimonio de fe en cada jornada, a veces en asuntos que podrían parecer de escaso o de ningún relieve.

Tomás Moro es una figura muy cercana a nosotros, pues fue un cristiano corriente, que supo compaginar bien su vocación de padre de familia con la profesión de abogado y más tarde de Canciller, en una perfecta unidad de vida. Se encontraba en el mundo como en su propio hogar; amaba todas las realidades humanas que constituyen el entramado de su vida, donde Dios le quiso. Vivió al mismo tiempo un desprendimiento de los bienes y un amor a la Cruz tan grandes que puede decirse que ahí asentó toda su fortaleza.

Tomás Moro tenía costumbre de meditar cada viernes algún pasaje de la Pasión de Nuestro Señor. Cuando sus hijos o su mujer se quejaban por dificultades y contrariedades comunes, les decía que no podían pretender «ir al Cielo en un colchón de plumas» y les recordaba los sufrimientos que padeció Nuestro Señor, y que no es el siervo mayor que su dueño. Además de aprovechar las contrariedades para identificarse con la Cruz, Moro hacía otras penitencias. Algunos días llevaba, a flor de piel y oculta, una camisa de pelo áspero. Esta práctica la continuó durante su encarcelamiento en la Torre de Londres, a pesar del frío, humedad y privaciones de toda clase que pasó en aquellos largos meses2. Aquí, en la Cruz, encontró su fortaleza.

Nosotros, cristianos que siguen de cerca a Cristo en medio del mundo, dando testimonio, casi siempre callado, ¿encontramos las fuerzas en el desprendimiento de los bienes, en la mortificación diaria y en la oración?

II. Cuando Tomás Moro hubo de dimitir de su cargo de Lord Canciller, reunió a la familia para exponerles el futuro que les aguardaba y hacer previsiones económicas. «He vivido –dijo, resumiendo su carrera– en Oxford, en la hospedería de la Cancillería... y también en la Corte del rey..., desde lo más bajo a lo más alto. Actualmente dispongo de poco más de cien libras al año. Si tenemos que seguir juntos, todos deberemos aportar nuestra parte; pienso que lo mejor para nosotros es no descender de golpe al nivel más bajo». Y les sugiere un descenso gradual, recordándoles cómo uno puede vivir feliz en cada categoría. Y si ni siquiera pueden sostenerse en el nivel más bajo, el que vivió en Oxford, «entonces –les dice con paz y buen humor– todavía nos queda ir juntos a pedir limosna, con bultos y bolsas, y confiar en que alguna buena persona sienta compasión de nosotros (...), pero aun entonces nos mantendremos juntos, unidos y felices»3. Nunca permitió que nada rompiera la unidad y la paz familiar, ni siquiera cuando se encontró ausente o en la cárcel. Vivió desprendido de los bienes cuando los tuvo, y con gran alegría cuando no disponía de lo indispensable. Siempre supo estar a la altura de las circunstancias. Sabía cómo celebrar un acontecimiento, incluso en prisión. Un biógrafo contemporáneo suyo dice que, estando preso en la Torre, solía vestirse con más elegancia en los días de fiesta importantes, en cuanto se lo permitía su escaso vestuario. Mantuvo siempre su alegría y su buen humor, incluso en el momento en que subía al cadalso, porque se apoyó firmemente en la oración.

«Dame, mi buen Señor, la gracia de esforzarme para conseguir las cosas que en la oración te pido», rezaba. No esperaba que Dios hiciera por él lo que, con un poco de esfuerzo, podía lograr por sí mismo. Trabajó con empeño toda su vida hasta llegar a ser un abogado de prestigio antes de ser nombrado Canciller, pero nunca olvidó la necesidad de la oración, aunque a veces, sobre todo en circunstancias tan dramáticas como mientras esperaba la ejecución, no le era fácil. En estos días escribió una larga plegaria, en la que, entre muchas piadosas y conmovedoras consideraciones del hombre que sabe que va a morir, exclamaba: «Dame, Señor mío, un anhelo de estar contigo, no para evitar calamidades de este pobre mundo, y ni siquiera para evitar las penas del purgatorio, ni las del infierno tampoco, ni para alcanzar las alegrías del Cielo, ni por consideración de mi propio provecho, sino sencillamente por auténtico amor a Ti»4.

Santo Tomás Moro se nos presenta siempre como un hombre de oración; así pudo ser fiel a sus compromisos como ciudadano y como fiel cristiano en todas las circunstancias, en perfecta unidad de vida. Así hemos de ser nosotros. «¿Católico, sin oración?... Es como un soldado sin armas»5. ¿Cómo es nuestro trato con el Señor? ¿Nos esforzamos en crecer día a día en intimidad con Él? ¿Influye nuestra oración en el resto del día?

III. Give me thy grace, good Lord, to set the world at nought... «Dadme vuestra gracia, buen Señor, para estimar el mundo en nada, para tener mi mente bien unida a vos; y no depender de las variables opiniones de los demás... Para que piense en Dios con alegría, e implore tiernamente su ayuda. Para que me apoye en la fortaleza de Dios y me esfuerce con afán en amarle... Para darle gracias sin cesar por sus beneficios; para redimir el tiempo que he perdido...»6. Así escribía el Santo en los márgenes del Libro de las Horas que tenía en la Torre de Londres. Eran aquellos días en que estaba dedicado a contemplar la Pasión, preparando así su propia muerte en unión con la que padeció Cristo en la Cruz.

Pero Santo Tomás no solo vivió de cara a Dios en aquellos momentos supremos. Su amor a Dios se había manifestado diariamente en su vida de familia, de modo sencillo y afable, en el ejercicio de su profesión de abogado, en el más alto cargo de Inglaterra, como Lord Canciller. Cumpliendo los deberes de todos los días, unas veces importantes y otras menos, se santificó y ayudó a otros a encontrar a Dios. Entre muchos ejemplos de un apostolado eficaz, nos ha dejado el que llevó a cabo con su yerno, que había caído en la herejía luterana. «He tenido paciencia con tu marido –decía a su hija Margaret– y he razonado y discutido con él acerca de esos puntos de la religión. Le he dado además mi pobre consejo paterno, pero veo que no ha servido de nada para atraerlo de nuevo al redil. Por ello, Meg, ya no voy a discutir más con él, sino que lo voy a dejar enteramente en manos de Dios, y voy a rezar por él»7. Las palabras y las oraciones de Tomás Moro fueron eficaces, y el marido de su hija volvió a la plenitud de la fe, fue un cristiano ejemplar y padeció mucho por ser consecuente con su fe católica.

Santo Tomás Moro está entre nosotros como ejemplo vivo para nuestra conducta de cristianos. Es «semilla fecunda de paz y de alegría, como lo fue su paso por la tierra entre su familia y amigos, en el foro, en la cátedra, en la Corte, en las embajadas, en el Parlamento y en el gobierno.

»Es también el patrono silencioso de Inglaterra, que derramó su sangre en defensa de la unidad de la Iglesia y del poder espiritual del Vicario de Cristo. Y siendo la sangre de los cristianos semilla germinante, la de Tomás Moro va lentamente calando y empapando las almas de quienes a él se acercan imantados por su prestigio, dulzura y fortaleza. Moro será el apóstol silencioso del retorno a la fe de todo un pueblo»8.

A Juan Fisher y a Tomás Moro les pedimos hoy que sepamos imitarlos en su coherencia cristiana para vivir en todas las circunstancias de nuestra existencia como el Señor espera de nosotros, en lo grande y en lo pequeño. Con la liturgia de la fiesta, pedimos: Señor, Tú que has querido que el testimonio del martirio sea perfecta expresión de la fe; concédenos, te rogamos, por la intercesión de San Juan Fisher y de Santo Tomás Moro, ratificar con una vida santa la fe que profesamos de palabra9.

1 Cfr. A. Prévosi, Tomás Moro y la crisis del pensamiento europeo, Palabra, Madrid 1972, p. 392. — 2 Cfr. T. J. McGovern, Tomás Moro, un hombre para la eternidad, Madrid 1984, pp. 22-23. — 3 Roper’s Life of More, citado por T. J. McGovern, o. c., p, 31. — 4 T. Moro, Un hombre solo (Cartas desde la Torre), Rialp, Madrid 1988, p. 125. — 5 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 453. — 6 T. Moro, Un hombre solo, pp. 120-122. — 7 N. Haspsfield, Sir Thomas More, Londres 1963, p. 102; A. Vázquez de Prada, Sir Tomás Moro, Rialp, 3ª ed., Madrid 1975, pp. 284-285. — 8 A. Vázquez de Prada, o. c., pp, 15-16. — 9 Oración colecta de la Misa.

Juan Fisher fue ordenado sacerdote en 1491. Ejerció diversos cargos en la Universidad de Cambridge, a la vez que asumía la dirección espiritual de la reina Margarita, madre de Enrique VII, pasando a ocupar más tarde la Cátedra de Teología que la reina fundara allí. A principios de 1504 es nombrado rector de Cambridge y a finales de año sería consagrado Obispo de Rochester, la más pequeña y pobre diócesis de Inglaterra; dos días más tarde tomaba posesión de su puesto como miembro del Consejo del Rey.

Tomás Moro realizó estudios de Literatura y Filosofía en Oxford y de Derecho en New Inn. En 1504 fue elegido miembro del Parlamento y ocupó distintos cargos públicos, logrando un gran prestigio por sus conocimientos de leyes y por su honradez. Aunque su vida profesional fue intensa, siempre encontró tiempo para dedicar a la familia, su gran ocupación, y para los estudios literarios o históricos: publicó varios libros y ensayos. En 1529 fue nombrado Canciller de Inglaterra, a pesar de que ya había contestado claramente al rey que no podía estar de acuerdo con la disolución del matrimonio real. Plenamente interesado por los problemas de su tiempo, se entregó a su trabajo con afán de llenar de contenido cristiano las leyes e instituciones de su época.

Ambos murieron decapitados en 1535 por negarse a reconocer la supremacía de Enrique VIII sobre la Iglesia de Inglaterra y la anulación del matrimonio del rey.

 

 

“¡Si los cristianos supiésemos servir!”

Cuando te hablo del "buen ejemplo", quiero indicarte también que has de comprender y disculpar, que has de llenar el mundo de paz y de amor. (Forja, 560)

22 de junio

¡Si los cristianos supiésemos servir! Vamos a confiar al Señor nuestra decisión de aprender a realizar esta tarea de servicio, porque sólo sirviendo podremos conocer y amar a Cristo, y darlo a conocer y lograr que otros más lo amen.

¿Cómo lo mostraremos a las almas? Con el ejemplo: que seamos testimonio suyo, con nuestra voluntaria servidumbre a Jesucristo, en todas nuestras actividades, porque es el Señor de todas las realidades de nuestra vida, porque es la única y la última razón de nuestra existencia. Después, cuando hayamos prestado ese testimonio del ejemplo, seremos capaces de instruir con la palabra, con la doctrina. Así obró Cristo: coepit facere et docere, primero enseñó con obras, luego con su predicación divina.

Servir a los demás, por Cristo, exige ser muy humanos. Si nuestra vida es deshumana, Dios no edificará nada en ella, porque ordinariamente no construye sobre el desorden, sobre el egoísmo, sobre la prepotencia. Hemos de disculpar a todos, hemos de perdonar a todos. No diremos que lo injusto es justo, que la ofensa a Dios no es ofensa a Dios, que lo malo es bueno. Pero, ante el mal, no contestaremos con otro mal, sino con la doctrina clara y con la acción buena: ahogando el mal en abundancia de bien. (Es Cristo que pasa, 182).

 

Una biografía ilustrada de san Josemaría para acercar su vida al lector del siglo XXI

“Que solo Jesús se luzca” es una biografía del fundador del Opus Dei ilustrada con más de 300 fotos, mapas, infografías y textos autógrafos. En el deseo de sus autores, Jesús Gil y Enrique Muñiz, está que “las imágenes permitan a los lectores sintonizar con la vida de san Josemaría”.

BIBLIOGRAFÍA Y ENSAYOS04/12/2019

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Ante una biografía ilustrada, es fácil que venga a la cabeza el famoso proverbio: “Una imagen vale más que mil palabras”. Sumando algunos datos, “Que solo Jesús se luzca”, como publicación visual, cumple con esa expectativa: con poco más de 20.000 palabras, 300 fotos, 15 mapas e infografías, y 10 textos autógrafos, ofrece a los lectores aproximadamente 1 imagen por cada 65 palabras en 240 páginas (en su versión impresa).

La versión electrónica se distribuye de modo gratuito a través de las principales plataformas, como Apple Libros, Google Play Libros o Amazon. La versión impresa, diseñada con un formato estándar a nivel global (Crown Quarto – 189 x 246 mm), está disponible en librerías y también directamente en la red a través de servicios de impresión bajo demanda.

Una narración visual de la vida de san Josemaría

Los autores de la publicación, Jesús Gil y Enrique Muñiz, van más allá de los números: “En esta biografía, el contenido visual aporta una comprensión más profunda, más completa. Queremos que las imágenes permitan a los lectores sintonizar con la vida de san Josemaría: no solo que entiendan sus vivencias intelectualmente, sino que compartan algo de los sentimientos que las acompañaron. Para algunos lectores será su primera aproximación al santo de lo ordinario, como le llamó san Juan Pablo II, para otros este libro es un álbum familiar”.

El modo de narrar y mostrar algunos acontecimientos de la vida del fundador del Opus Dei es paradigmático. Por ejemplo, en la página 21 se lee: “En 1910 murió su hermana Rosario, la más pequeña, a los nueve meses de edad; dos años más tarde falleció Lolita, a los cinco años; y al año siguiente Asunción, a la que todos llamaban Chon, con ocho años”. Es más fácil hacerse cargo del drama familiar contemplando los recordatorios de defunción de las tres hermanas, junto a una foto de Lolita y Chon cuanto tenían tres y cinco años aproximadamente (páginas 22 y 23).

Otro ejemplo. En la época en que san Josemaría hizo la primera comunión, se le define como “un chico alegre, educado en una piedad profunda, despierto y sencillo, trabajador y buen estudiante (...). En definitiva: un chico normal” (página 21). Es de agradecer que esa descripción se acompañe de una fotografía suya con 10 años: el retrato de su primera comunión (páginas 20, 26 y 27).

Un último ejemplo. San Josemaría decía que su padre “murió agotado: con solo 57 años, pero estuvo siempre sonriente” (página 41). El lector lo comprueba al ver una fotografía de doña Dolores Albás y don José Escrivá que puede datarse en 1922 (página 42): don José tiene ahí 55 años, y efectivamente parece avejentado.

Una adaptación del libro de la beatificación del fundador del Opus Dei

Estas fotografías familiares se cuentan entre las inéditas que incluye la nueva biografía; o para ser más precisos, la renovada biografía. Para preparar “Que solo Jesús se luzca", los autores se han basado en el libro que se distribuyó a los participantes en la beatificación de Josemaría Escrivá, en 1992. Aquel fue escrito por José Miguel Cejas (fallecido en 2016) y diseñado por José Luis Saura, y se tradujo a varios idiomas. Jesús Gil y Enrique Muñiz —que ya colaboró en el libro de la beatificación— han revisado, corregido y actualizado el texto, y han añadido numerosos contenidos, de forma que se presenta como una obra diferente.

Entre las aportaciones nuevas, algunos gráficos se incluyen pensando en los lectores de las más diversas procedencias, como los planos de varias ciudades españolas donde vivió san Josemaría: Logroño, Zaragoza, Burgos y Madrid (páginas 30-31, 36-37, 56-57 y 100-101). Otros servirán a los que ya están familiarizados con su biografía para entender con mayor claridad algunos acontecimientos, como el paso a través de los Pirineos, en 1937, durante la guerra civil española (página 94); o los viajes por Europa entre 1948 y 1958 para impulsar la expansión del Opus Dei (páginas 156-161).

Respecto a la publicación de 1992, en algunos capítulos se han añadido fotos de capillas o de imágenes de san Josemaría colocadas en iglesias para la veneración pública. Son un reflejo de cómo se ha difundido su devoción en los últimos decenios, en especial desde que fue canonizado, en el año 2002. También hay referencias a la beatificación de Álvaro del Portillo, primer sucesor del fundador al frente del Opus Dei, que se celebró en Madrid el 27 de septiembre de 2014 (páginas 118-121), y a la beatificación de Guadalupe Ortiz de Landázuri, que se celebró también en Madrid, el 18 de mayo de 2019 (páginas 62-65): muestran los frutos de santidad de las enseñanzas de san Josemaría.

Jesús Gil (Logroño, 1976) es sacerdote de la prelatura del Opus Dei y doctor en Teología Espiritual. Con anterioridad estudió Publicidad y Relaciones Públicas en la Universidad de Navarra, y trabajó como periodista en Diario de Burgos y La Voz de Galicia. También ha publicado Huellas de nuestra fe: apuntes sobre Tierra Santa.

Enrique Muñiz (Madrid, 1962) es licenciado en Filología Hispánica por la Complutense, trabaja en la Fundación Beta Films y lleva más de treinta años dedicado a la consultoría lingüística y a tareas de comunicación corporativa.

 

 

La belleza de los santos y la mortificación cristiana

Pablo Marti del Moral es Doctor en Teología por la Pontificia Università della Santa Croce.

VIRTUDES09/05/2015

Dos premisas para entender la mortificación cristiana

Para abordar este tema, en el marco más o menos polémico en que se presenta hoy día, debemos partir de dos premisas. La primera, de importancia esencial, es tener en cuenta que el cuerpo desempeña un papel central e insustituible para la vida de fe. El cristianismo no es una religión, filosofía o visión del mundo espiritualista. Es decir, el cuerpo representa un rol fundamental. Sin el cuerpo no hay cristiano, es más: no hay cristianismo. A la vez, el cuerpo en el conjunto de la persona tiene sus reglas, su autonomía y sus límites, con los que hay que contar.

SI TENEMOS EN NUESTRA RETINA LA FLAGELACIÓN EN CUALQUIER PERSONA, NO ENTENDEREMOS NADA. ESO NO ES MORTIFICACIÓN CORPORAL SINO MASOQUISMO. LA MORTIFICACIÓN TIENE UN MOTIVO MÁS ALLÁ DE SÍ MISMA, Y ADEMÁS UN MOTIVO BUENO, DE LO CONTRARIO NO ES MORTIFICACIÓN CRISTIANA

La segunda premisa es más circunstancial. Sabemos que una imagen vale más que muchas palabras. Si tenemos en nuestra retina la flagelación en cualquier persona, no entenderemos nada. Eso no es mortificación corporal sino masoquismo. La mortificación tiene un motivo más allá de sí misma, y además un motivo bueno, de lo contrario no es mortificación cristiana.

En el Cristianismo la mortificación no busca el dolor por el dolor. En este sentido, para entender la mortificación del cuerpo hay que ponerla junto a la imagen de un santo: cuadra con la sonrisa de Juan Pablo II o con la paz de Teresa de Calcuta en medio de los más pobres entre los pobres.

LA MORTIFICACIÓN DEL CUERPO RESPONDE FUNDAMENTALMENTE A DOS MOTIVACIONES: EL AUTOCONTROL O DOMINIO DE SÍ MISMO Y EL EMBELLECIMIENTO DE LA PERSONA

Valoradas ambas premisas, si entramos en el fondo del asunto, encontramos que la mortificación del cuerpo responde fundamentalmente a dos motivaciones: el autocontrol o dominio de sí mismo y el embellecimiento de la persona.

1. El cuerpo manifiesta a la persona y es el cauce para expresar sus sentimientos, su libertad y su amor.

La persona es su cuerpo, pero no solo su cuerpo. El mundo interior de cada persona no está hecho de tejidos y líquidos, sino de pensamientos, amores y sentimientos. Por eso ya decían los griegos que el hombre es en cierto modo todas las cosas, un microcosmos, un mundo.

En la persona humana existe el nivel biológico, pero también el psicológico y el espiritual. Aunque la persona es una unidad, observamos en nuestra vida la existencia de fuerzas o tensiones diversas que nos conducen a distintos objetivos y que es preciso controlar e integrar en la unidad personal. Por ejemplo, me apetece fumar (el cuerpo me lo pide) pero sé (aquí aparece la inteligencia) que no me conviene o que está prohibido y me pueden multar, por lo que decido fumar o no e impongo esta decisión a mi actuar (esto sería la voluntad).

PARA CONTROLAR Y DIRIGIR TODAS LAS FUERZAS O TENSIONES QUE APARECEN EN MI VIDA, PARA QUE SE INTEGREN EN TORNO A MI IDENTIDAD PERSONAL DE MANERA ARMONIOSA, ES PRECISO EDUCAR LA INTELIGENCIA Y FORTALECER LA VOLUNTAD

Para controlar y dirigir todas las fuerzas o tensiones que aparecen en mi vida, para que se integren en torno a mi identidad personal de manera armoniosa, es preciso educar la inteligencia y fortalecer la voluntad. Aquí la mortificación se demuestra necesaria.

Conseguir el auto-dominio o señorío sobre mi cuerpo precisa de la mortificación, que puede describirse como negación voluntaria de una apetencia (me apetece fumar pero no fumo), o afirmación voluntaria de algo que no me apetece (no me apetece comer esto porque no me gusta, pero es lo que hay y me lo como; no me apetece ponerme a estudiar o trabajar, pero me pongo; no me apetece levantarme, pero me levanto).

La mortificación del cuerpo es un acto libre forjado por una decisión de la voluntad, informada por la inteligencia (que proporciona el motivo de esa decisión), que contraría las apetencias o gustos del cuerpo en un acto determinado.

LA MORTIFICACIÓN DEL CUERPO ES UN ACTO LIBRE FORJADO POR UNA DECISIÓN DE LA VOLUNTAD, INFORMADA POR LA INTELIGENCIA (QUE PROPORCIONA EL MOTIVO DE ESA DECISIÓN), QUE CONTRARÍA LAS APETENCIAS O GUSTOS DEL CUERPO EN UN ACTO DETERMINADO

Ahora bien, ¿por qué necesito controlar mi cuerpo?, o mejor ¿para qué busco controlar mi cuerpo? Los motivos pueden ser muy variados, como por ejemplo la educación o cortesía humana. Así, debo mortificar mi cuerpo para no llevar a cabo actitudes que disturben la paz y la convivencia próxima.

Entre las muchas razones que llevan a mortificar o sujetar -si se quiere, reprimir- el cuerpo, pienso que la fundamental es la petición al cuerpo de un servicio a la persona por encima de sus posibilidades iniciales u ordinarias.

ENTRE LAS MUCHAS RAZONES QUE LLEVAN A MORTIFICAR O SUJETAR -SI SE QUIERE, REPRIMIR- EL CUERPO, PIENSO QUE LA FUNDAMENTAL ES LA PETICIÓN AL CUERPO DE UN SERVICIO A LA PERSONA POR ENCIMA DE SUS POSIBILIDADES INICIALES U ORDINARIAS

Me explico con algunos ejemplos. En el mundo en que vivimos, sobre todo en las sociedades avanzadas, solemos mortificar el cuerpo principalmente en relación con el trabajo profesional. Soportando frío o calor (especialmente las personas que trabajan a la intemperie); superando el cansancio y el sueño (casi universalmente cada mañana al levantarse -¿a quién no le pide el cuerpo quedarse un buen rato más en la cama, todos o casi todos los días?-; en los trabajos de atención directa al público no me puedo permitir poner mala cara y omitir la sonrisa, aunque realmente el cuerpo pida enfadarse o simplemente pasar de alguien o algo), ¡cuántos proyectos nos llevan más allá de nuestras fuerzas y exigen mortificar el cuerpo!, en períodos determinados o para determinados trabajos siempre.

Por supuesto, también debo mortificar mi cuerpo para cumplir otros deberes, especialmente con la familia o con los amigos. Prácticamente cada día debo mortificar mi cuerpo y sus apetencias, a favor de los requerimientos de otros: el padre y la madre entre ellos y respecto a sus hijos pequeños; los novios; los amigos; los vecinos. No estamos solos en el mundo, la relación con los demás lleva muchas veces a poner sus cosas antes que las nuestras y, por tanto, mortificar los gustos propios. En caso contrario, en poco tiempo llegaremos a encontrarnos realmente solos.

Hoy quizá la mortificación corporal más severa se exige a los deportistas. Deben vivir rozando y superando el límite de las posibilidades del cuerpo humano. Para ello necesitan mortificar el cuerpo hasta la extenuación en su vida diaria de entrenamiento; además deben seguir una dieta rigurosa, sin permitirse excesos ni caprichos; un horario estable y regular que limite la diversión. Es algo voluntario, pero que exige mucha mortificación: piénsese en las discusiones y críticas -a veces con fundamento- sobre si un deportista está gordo o no, o si los futbolistas deben salir por la noche o no. Aunque el caso de los futbolistas es un poco especial. Si pensamos en ciclistas, tenistas, nadadores, atletas, montañistas o gimnastas no nos quedará duda de la dureza de su vida: del entrenamiento y de la competición.

LA MORTIFICACIÓN CORPORAL CRISTIANA SE PUEDE ENCUADRAR DENTRO DE ESTE SENTIDO DE EJERCICIO O ENTRENAMIENTO PARA CONTROLAR EL CUERPO, CON IDEA DE DISPONERLO AL SERVICIO DE DIOS Y DE LOS DEMÁS

Con los deportistas profesionales, a veces justificamos todo ese esfuerzo en que ellos son los mejores o representan la excelencia de la humanidad. En este sentido estos personajes de élite son unos elegidos para la gloria y por tanto se les puede pedir e incluso exigir todo ese sometimiento o mortificación del cuerpo, mientras los demás contemplamos esas maravillas desde nuestro sillón de la tele. Pero según el cristianismo todos hemos sido elegidos para la gloria, por tanto cada persona singular es tratada por Dios como su mejor hijo, como si fuera el único.

Conectamos así con el tema que nos ocupa. La mortificación corporal cristiana se puede encuadrar dentro de este sentido de ejercicio o entrenamiento para controlar el cuerpo, con idea de disponerlo al servicio de Dios y de los demás. En la sociedad en que vivimos, tiene sentido mortificar el cuerpo para controlar sus fuerzas e integrarlas hacia la ejecución de un proyecto laboral, la realización de tareas o deberes en relación con los demás, el logro de unas metas deportivas, etc. Sin embargo, a algunos les puede extrañar la mortificación del cuerpo para conseguir un objetivo espiritual, religioso. La renuncia a un gusto sensible o material, para apreciar con mayor soltura un valor espiritual. Es curioso, aunque explicable por el materialismo práctico de nuestra cultura.

LA VIDA CRISTIANA ENSEÑA QUE EL IDEAL DE AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS Y A LOS DEMÁS COMO A UNO MISMO, NO SALE SOLO Y NECESITA DE LA IMPLICACIÓN PERSONAL, DE LA LUCHA Y EL ESFUERZO. AHÍ APARECE LA NECESIDAD DE LA MORTIFICACIÓN DEL CUERPO, PARA INVOLUCRARLE POR COMPLETO EN LA ÍNTIMA UNIDAD DE LA PERSONA Y ASÍ PUEDA DAR LO MEJOR DE SÍ MISMO

La vida cristiana enseña que el ideal de amar a Dios sobre todas las cosas y a los demás como a uno mismo, no sale solo y necesita de la implicación personal, de la lucha y el esfuerzo. Ahí aparece la necesidad de la mortificación del cuerpo, para involucrarle por completo en la íntima unidad de la persona y así pueda dar lo mejor de sí mismo.

No sólo porque existen tendencias desordenadas que conducen la persona a su propia ruina, y que es preciso controlar. El deseo de satisfacción y de goce, desordenado por el pecado, lleva a cosas que, si las hiciéramos, nos apartarían de la paz interior y de la comunión con Dios. Por ejemplo, el apetito desordenado por la comida o la bebida, la envidia, la crítica o intolerancia con alguna persona (familiar, amigo, vecino o compañero), la pereza ante los propios deberes, etc. Sino también porque la excelencia del ideal cristiano (amar con todas las fuerzas y todas las obras), conlleva la práctica intensa de la virtud (la caridad y todas las demás), lo cual no es posible sin imponerse cosas, por así decir, desagradables, que nos restan comodidad y reposo para obligarnos al compromiso y al trabajo por los demás. Para poder avanzar en la vida cristiana, hay que mortificarse. Como sucede en muchos aspectos de la vida humana (el deporte, el trabajo o la carrera profesional, la estética personal, etc.). Cambia la motivación: el amor a Dios y a las demás personas.

2. Una belleza que huye de la uniformidad y la uniformación

Pero pasemos al segundo punto. Me parece que el otro motivo fundamental de la mortificación corporal es el adorno del cuerpo, o si queremos el cuerpo como adorno. Con dos precisiones. Hablamos de adorno no en el sentido de algo bonito pero superfluo, sino como algo esencial o trascendental, es decir, como belleza. Por otro lado, subrayamos que la belleza del cuerpo expresa y es parte de la belleza de la persona. De ahí que siempre sea una belleza individual y singular, propia de cada persona, que huye de la uniformidad y la uniformación de criterios generales.

Pues bien, para conseguir la belleza del cuerpo o en el cuerpo también se precisa la mortificación corporal. Sin duda el cuerpo danone se consigue tomando muchos yogures, pero a la vez dejando de tomar muchas otras cosas, ricas y sabrosas, que reclaman la atención y el gusto, pero a las que es preciso responder con un exigente “no".

PARA EL CRISTIANO EL ADORNO DEL CUERPO, EL CUERPO COMO ADORNO Y MANIFESTACIÓN DE LA PERSONA ES FUNDAMENTAL

En ocasiones, la belleza estética requiere una mortificación corporal más específica. Aquí entra el campo de las operaciones quirúrgicas, sin duda violentas e invasivas pero de aceptables resultados en algunas ocasiones, estilo liposucción, estiramientos faciales, nariz, etc. De nuevo tenemos una mortificación del cuerpo, pero por un motivo que trasciende y supera el sacrificio: la belleza del cuerpo.

En este ámbito entra también todo el tema de las exigencias de la moda, respecto a la incomodidad (determinados tacones no son lo mejor ni para el pie ni para el caminante, pero la belleza justifica esa mortificación), al frío o al calor; o de la costumbre (no se puede olvidar el llanto de una niña pequeña al abrirle un agujerito en las orejas). En este contexto, quizá un punto especial merece el adorno del cuerpo mediante el piercing, el tatuaje, etc.

EL EMPLEO TRADICIONAL EN LA IGLESIA DE PRÁCTICAS DE PENITENCIA CORPORAL COMO EL CILICIO O -EN EL CASO QUE NOS OCUPA- LAS DISCIPLINAS, VA UNIDO A ESE ADORNAR EL CUERPO ESPIRITUALMENTE CON LOS SUFRIMIENTOS Y LAS LLAGAS DE CRISTO, COMPARTIENDO EN NUESTRO CUERPO LOS DOLORES DE JESÚS

Para el cristiano el adorno del cuerpo, el cuerpo como adorno y manifestación de la persona es fundamental. Ese adorno se manifiesta en la sonrisa, en el esfuerzo a veces heroico por el otro (entre los esposos o entre amigos; el padre o la madre por sus hijos), en el compartir la pobreza con el pobre y la enfermedad con el enfermo, etc. Como se ve es un adorno de la persona, manifestado de modos visibles (lo que siempre se han llamado obras de misericordia corporales. Pero como se trata de un cuerpo animado por el espíritu, por el alma, en la unidad de la persona el adorno también es espiritual: el adorno del cuerpo pobre o enfermo es el amor solidario de ese cuerpo, de esa persona.

Principalmente en este sentido de adorno y belleza espiritual del cuerpo, se ha entendido la mortificación corporal del cristiano. Y también directamente relacionada con la Pasión de Jesucristo. Se trata de adornar el cuerpo en correspondencia a Jesucristo Crucificado. El empleo tradicional en la Iglesia de prácticas de penitencia corporal como el cilicio o -en el caso que nos ocupa- las disciplinas, va unido a ese adornar el cuerpo espiritualmente con los sufrimientos y las llagas de Cristo, compartiendo en nuestro cuerpo los dolores de Jesús.

Para comprender esto es preciso intentar entender el sacrificio de Cristo. Sólo así puede haber tolerancia y respeto hacia el cristiano. Probablemente para nuestra sociedad, este es el aspecto de la mortificación corporal que más nos cuesta comprender. Quizá porque la disciplina o el cilicio se ve como castigo al cuerpo.

LA REALIDAD QUE ACONTECE ES QUE CRISTO TRANSFORMA LA VIOLENCIA BRUTAL DE LA HUMANIDAD A LO LARGO DE LA HISTORIA EN EL AMOR TOTAL DE DIOS Y DE LOS HOMBRES

Cristo sufre una violencia brutal por parte de los soldados y del pueblo. El prendimiento, los insultos, la flagelación, la corona de espinas, el camino de la cruz y la crucifixión. Pero esta descripción no explica casi nada de la realidad profunda que ahí está sucediendo.

La realidad que acontece es que Cristo transforma la violencia brutal de la humanidad a lo largo de la Historia en el amor total de Dios y de los hombres. Cristo no sufre sin más la violencia de un condenado a muerte, sino que Él que es dueño de su vida, la ofrece, y la ofrece por amor a la humanidad, a los pecadores, a los marginados, a los pobres. Por eso el Crucificado adorna: expresa a través de su cuerpo mortificado la corona del amor desinteresado y total por Dios y por los demás.

Cristo sufre porque quiere, y quiere porque con su sufrimiento se une a cada persona que sufre, la acompaña, la sostiene, le da esperanza. No se puede pedir al cristiano que renuncie a la cruz (“la señal del cristiano es la santa cruz"), ni que renuncie al crucifijo.

EL SUFRIMIENTO DEL CRISTIANO, Y DENTRO DE ÉL, LA MORTIFICACIÓN CORPORAL, ES LA MANIFESTACIÓN DE UNA REALIDAD MÁS PROFUNDA: SU SOLIDARIDAD Y CERCANÍA CON EL SUFRIMIENTO DE TODOS LOS HOMBRES Y DE CADA HOMBRE A LO LARGO DE LA HISTORIA Y DE SU VIDA

El sufrimiento del cristiano, y dentro de él, la mortificación corporal, es la manifestación de una realidad más profunda: su solidaridad y cercanía con el sufrimiento de todos los hombres y de cada hombre a lo largo de la Historia y de su vida. No es un castigo al cuerpo, como si éste fuera malo o despreciable, sino todo lo contrario. Es un adorno del cuerpo que hace más bella a la persona, ya que expresa en su carne el amor solidario y la unión con Cristo y con la humanidad sufriente, necesitada, marginada, olvidada.

No es obligatorio tener un cuerpo danone, ni ir a la moda aunque sea incómoda, ni llevar un piercing o hacerse tatuar, como tampoco es obligatorio utilizar la mortificación corporal del cilicio o las disciplinas.

Tampoco esos son los únicos medios para adornar el cuerpo. Pero sí que son unos medios, utilizados por muchos hoy como ayer, que han probado su eficacia para llegar a una particular belleza. Ahí tenemos sobre todo el ejemplo de Cristo y de tantos mártires. Y también el ejemplo de la vida y obra de tantos santos. No es fácil dedicar la vida a Dios y a los demás, antes y por encima de lo que puede apetecer al propio yo: cuidar y vivir entre los más pobres entre los pobres, no sólo un día, sino un día y otro, la vida entera; etc.

¿Por qué estigmatizar a nadie o juzgar a priori, con un cierto grado de intolerancia? Mejor tratemos de comprender las razones que puede tener cada uno para vivir y actuar a su manera. Entre todos, cada uno procurando ser mejor personalmente, haremos una civilización y un mundo mejor.

 

 

La Magdalena junto al sepulcro (Jn 20, 1-18)

La Magdalena es la amada del Señor, que nos enseña a buscar con perseverancia al Amor de nuestra alma

María Magdalena es la primera protagonista en el relato de las apariciones del cuarto Evangelio: pasado el sábado, muy de madrugada, fue ella al sepulcro, pero al ver la piedra quitada, regresa a toda prisa “adonde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, el que Jesús amaba”. Les dice que se han llevado al Señor. Los discípulos acuden presurosos, y luego regresan. Pero María, fuera junto al sepulcro, sumida en la tristeza, no se rinde en su búsqueda, hasta que dos ángeles le interrogan sobre su llanto. Ella insiste en que quiere encontrar a su Señor pues no sabe dónde lo han puesto quienes se lo han llevado.

Luego se le aparece el propio Jesús, que le pregunta no solo por qué llora, sino a quién busca. Ella, tomándolo por el hortelano y presunto autor del robo, se muestra dispuesta a recoger el cuerpo del Señor. Jesús la vuelve a llamar, esta vez por su nombre y ella lo reconoce enseguida y se echa a sus pies, pero Jesús le ruega que la suelte porque todavía no ha subido al Padre, y le pide que vaya a anunciar eso mismo a sus “hermanos”.

La amada

El amor apasionado de la Magdalena por su Señor la hace merecedora de encarnar la figura de la amada en el Cantar de los Cantares: “En mi lecho, por la noche, buscaba al amor de mi alma; lo buscaba, y no lo encontraba. ‘Me levantaré y rondaré por la ciudad, por las calles y las plazas, buscaré al amor de mi alma’. Lo busqué y no lo encontré. Me encontraron los centinelas que hacen la ronda por la ciudad. −‘¿Habéis visto al amor de mi alma?’. En cuanto los hube pasado, encontré al amor de mi alma. Lo abracé y no lo solté” (Ct 3, 1-4).

Precisamente, en la misa de la fiesta litúrgica de Santa María Magdalena escuchamos estas palabras en la primera lectura, y de ese modo se nos invita a imitar a la santa en su afán por buscar, encontrar y no perder al Amor de nuestra alma. Esa actitud es reforzada por la expresión del salmo que sigue a esa lectura: “Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti” (Sal 63, 2).

El buen pastor y las ovejas

Cuando Jesús le habla por segunda vez, llamándola por su nombre (“¡María!”, Jn 20, 16), ella reconoce enseguida a Jesús. Él es “pastor de las ovejas. A este le abre el portero y las ovejas atienden a su voz, llama a sus propias ovejas por su nombre y las conduce fuera […]. Yo soy el buen pastor, conozco las mías y las mías me conocen” (Jn 10, 2-3.14). Jesús se nos revela así como el amado del Padre, porque ha entregado la vida por todas las ovejas, y retoma de nuevo la vida, y quiere hacer de todos un solo rebaño (cfr. Jn 10, 16-17), tal como anunció el profeta Ezequiel: “Mi siervo David será rey sobre ellos y todos ellos tendrán un solo pastor” (Ez 37, 24).

María acoge esa voluntad de Jesús, que es a su vez la voluntad del Padre, y obedece enseguida al mandato de anunciar a los discípulos la gran noticia, convirtiéndose, según una antigua tradición oriental en isapóstolos, (“igual a los apóstoles”), o, en la tradición latina, apostola apostolorum (“apóstola de los apóstoles”). También la oración litúrgica manifiesta esta cualidad de María, y es mostrada como intercesora y ejemplo para la misión apostólica: “Oh Dios, tu Unigénito confío a María Magdalena, antes que nadie, el anuncio de la alegría pascual, concédenos, por su intercesión y ejemplo, proclamar a Cristo vivo y que le veamos reinando en su gloria” (Oración colecta, 22 julio, fiesta de Santa María Magdalena).

No me retengas, que todavía no he subido al Padre

Contemplamos a la Magdalena que, al reconocer al Maestro, adorándole, se echa a sus pies y lo aferra para no perderlo. Sin embargo, Jesús le responde algo desconcertante: “No me retengas, que todavía no he subido al Padre” (20, 17). La expresión original griega (Μή μου ἅπτου), fue traducida inicialmente en la Vulgata quizá demasiado literalmente: noli me tangere (“no me toques”). En verdad, el verbo griego ἅπτω significa básicamente “tocar”. Pero hay motivos gramaticales para pensar que se trata de una acción más continuada en el tiempo. La Neovulgata de hecho modificó la traducción: iam noli me tenere, que se puede traducir por “no me retengas”, o más sencillamente “suéltame”.

Esa traducción hace algo más comprensible las siguientes palabras de Jesús: “que todavía no he subido al Padre”. De un modo muy llano, podríamos entender que Jesús tranquiliza a la Magdalena, pues tendrá ocasión todavía de verle antes de la ascensión.

Sin embargo, podemos ir más allá de esta lectura simplemente coyuntural, puesto que la expresión “subir al Padre” tiene un denso significado. Del casi centenar de veces en el que en el cuarto Evangelio Jesús menciona al Padre, expresando su íntima unión con Él, una decena de ellas es para expresar que Jesús “se va al Padre”“pasa al Padre”“vuelve a Él”“sube donde estaba antes”, o que “el Padre lo glorifica”, hecho que está íntimamente unido al envío del Espíritu (cfr. Jn 7, 39: “Todavía no se había dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado”; etc.). Es así como Jesús −san Juan ha sabido expresarlo en su Evangelio− anuncia que su pasión, muerte, resurrección y ascensión son un mismo misterio, el de la “hora” de su glorificación y exaltación junto al Padre, sin aludir a lo que luego será relatado: el prendimiento, la condena, la flagelación, coronación de espinas, carga de la cruz, crucifixión, muerte en la cruz, resurrección y apariciones. “Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12, 23-24). Para Jesús, morir es ser levantado (cf. Jn 12, 32.34), es “subir donde él estaba antes” (cfr. Jn 6, 62), para poder enviar al Espíritu.

Sin embargo, ¿por qué ese “todavía no he subido al Padre”? Es un modo de advertir a la Magdalena que está tratando a Jesús como si todavía estuviera en la tierra antes de su glorificación. Pero eso ya no es posible: ahora la relación con Jesús ha de ser a partir de su unión con el Padre, y gozando del don del Espíritu, “el Paráclito, que él enviará desde el Padre” (Jn 15, 26). Los discípulos se han convertido en “hermanos”, hijos de un mismo Padre: “Vete donde están mis hermanos” (Jn 20, 17), le dice Jesús a la Magdalena.

En este diálogo se muestran dos planos: el terrenal representado por la actitud de María y el eterno, al que nos quiere conducir Jesús ya en esta tierra: “Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna” (Jn 3, 14-15).

Conclusión

La Magdalena es la amada del Señor, que nos enseña a buscar con perseverancia al Amor de nuestra alma. Jesús es el buen pastor que conoce a sus ovejas y las llama por su nombre. Ella es también la primera en obedecer al mandato de anunciar la buena nueva de la resurrección. Jesús le enseña que con su glorificación, la relación de los discípulos de Jesús es nueva: “desde el Padre”, “con el Espíritu”, como “hermanos”, hijos de un mismo Padre.

Josep Boira

Fuente: Revista Palabra

 

¿Existe el derecho a morir?

El derecho a la muerte se define desde el olvido de la muerte, característica de la sociedad contemporánea. La defensa de la eutanasia, lejos de ser una contradicción con ese olvido, constituye su constatación

Afirmada como acto altruista y benevolente encubre la necesidad propia de olvidar el sufrimiento y la muerte, y la incapacidad de observar la muerte ajena. Como derecho, el derecho a la muerte se presenta como la prohibición del Derecho y la comunidad de interferir en el acto tanático para sí mismo o para otro. Pero como efecto se instaura un derecho de carácter social e indicación ética que constituye un riesgo para la vida dependiente.

1. La muerte, elemento definidor del animal humano

Oímos hablar constantemente del derecho a la muerte, o si se prefiere el derecho a morir o, mejor aún, el derecho a la muerte digna y observamos una ocultación permanente del significado de la muerte en la vida humana. Estamos probablemente ante una forma de mantener la ficción de una vida sin muerte y ante la precipitación de la situación del moribundo. Como si quisiésemos mantener la ficción de Epicuro, que tan poco resultado nos ha dado a lo largo de la Historia: Acostúmbrate a pensar Meneceo que cuando tÚ estas ella no está y que cuando ella está tu ya no estás. Por ello, la eutanasia lejos de suponer una objeción a la observación general desde la sociología de los cincuenta de que entre nosotros la muerte está ocultada, supone la ratificación de esta observación.

Robert Redeker en su obra “El eclipse de la muerte” contrapone esta ocultación con el sentido que tiene la muerte para la vida del hombre[1].

En línea con la filosofía más antigua, los dioses envidian a los hombres la muerte, o la más cercana, el hombre es el animal que muere, Redeker observa la muerte como el hecho definidor de la muerte.

El hombre muere, los animales no, y el hombre percibe la muerte a través de su amenaza y muy sustancialmente a través de la muerte del otro. Con la muerte del otro se descubre la banalidad de la afirmación de Epicuro: Meneceo la muerte está entre nosotros, aunque sea por el temor de que los seres amados desaparezcan con nuestro recuerdo, como señaló con más acierto San Agustín.

Además, y con gran importancia para nuestra cuestión, pues al fin y al cabo el Derecho es una parte importante de la idea de Orden[2] que construimos con dificultad, la muerte, su concepción, la relación con los muertos y con nuestra muerte está en la base de la civilización. La forma de tratar a la muerte o a los muertos es indicio de civilización y por esa razón nuestra civilización parece bárbara o, al menos, en proceso de barbarización.

Si no fuera por el lenguaje, por la representación, por el culto la muerte no sería otra cosa que un acontecimiento banal. Con el nacimiento puramente animal, la muerte puramente animal se repite miles de millones de veces. La muerte humana se humaniza en el rito y así civiliza. Recuérdese el texto de las Analectas “¿Cuál es la raíz de los ritos…? En las ceremonias, preferir la simplicidad al lujo; en los funerales, preferir el duelo a las convenciones”[3].

Pero junto al aspecto limitador de la muerte, que se define como una muerte que hay que controlar con la cultura, la muerte puede presentar un aspecto positivo de forma que es condición de la vida, al menos tal como la conocemos. Sin muerte no habría futuro, la sociedad, el planeta quedarían paralizados, envejecidos. Gracias a la muerte hay nacimientos y gracias a los nacimientos en palabras de Arendt hay futuro. Sin nacimientos no tendríamos esperanza seríamos una mera prolongación de un mundo paralizado[4].

También la muerte puede concebirse como un límite deseable a una vida que se percibe como un constante esfuerzo, donde el mito del progreso más que un mito aparece como una máscara encubridora que engaña al hombre. La vida no edulcorada, en las actuales circunstancias, con sus alegrías y penas, con la desaparición de los allegados, con el fenómeno de la vejez parece exigir un límite.

Surgiría la muerte como liberación, no sabemos si como contenido de un derecho, cuando se espera una vida mejor o también cuando se busca como alternativa a los sufrimientos o cansancio de la vida, como nos describe Cioran hablando no ya de la muerte sino del mismo suicidio[5].

2. La muerte ocultada

Si en línea con lo descrito con Robert Redeker y antes por los sociólogos como Philippe Aries nuestra realidad es la de una sociedad con muerte ocultada, la reivindicación del derecho a la muerte, la discusión sobre este, las sesiones dedicadas a cÓmo se muere en todo tipo de parlamentos parecen ser contradictorias con ese eclipse[6].

Es decir, la mayor dificultad que tenemos al intentar explicar el fenómeno cultural de la eutanasia, que se extiende sin límites en Occidente, es compaginar dos datos aparentemente opuestos.

Uno es el ya citado del ocultamiento de la muerte, que incluye a los agonizantes, a los muertos, a los cementerios y a la propia presencia de esta realidad tan humana, o si se quiere, tan definidora de lo humano.

La muerte se oculta como se oculta la vejez según una muy adecuada observación de Robert Redeker. El viejo disfrazado de adolescente, “el mayor” debe pasar de una juventud cosmética a desaparecer, de la forma más rápida e indolora posible.

De esta forma la muerte deja de ser un acontecimiento para el que nos preparamos, ya no nos preparamos ni para nuestra muerte ni para la muerte ajena[7].

Y ello aunque sabemos desde antiguo que como afirma della Rochefoucauld ni la muerte ni el sol se pueden contemplar directamente[8].

3. Derecho a morir

Pero la ocultación de la muerte coincide con el denominado “derecho a morir” que se ha convertido en el paradigma de los derechos, el derecho que completa todos los derechos. Y este derecho dista de estar oculto.

La aparente paradoja se resuelve precisamente en la supresión de la muerte como acontecimiento que da sentido a lo humano y en la desvalorización de todo dolor, entendido como un sinsentido, en un sistema que supuestamente sólo garantiza gozos.

El derecho a morir es realmente el derecho a eliminar las vidas sin sentido. Pues en su contenido es el derecho a la muerte medicamente administrada; como un elemento final del tratamiento.

La apuesta es peligrosa pues el número de vidas sin-sentido para uno mismo o para otros es ilimitado. No se sabe qué sentido tiene nada en el juego producción-consumo cuando surgen unos desechos de la producción y tantos no alcanzan los niveles de consumo aceptable.

Pero desde luego no tienen sentido ni las vidas de los sufrientes, ni la de los graves deficientes, ni la de los incurables y finalmente la de los viejos, entendidos como sujetos que están en una edad que ya no pueden imitar el juego del adolescente que disfruta sin límite.

De esta forma, al quitar la vejez, la muerte o el sufrimiento del horizonte del significado humano lo que se prepara es lo que el mismo autor ha denominado un geronticidio[9]. Siempre será por el bien de quien lo reciba, y es posible que en principio se mantengan las formalidades de la muerte voluntaria”.

En efecto, el acto de dar muerte se vuelve una acción veterinaria, pues sin la comprensión de la muerte lo humano vuelve a lo animal y este hecho se produce paradójicamente cuando en su proceso de liberación gnóstica el hombre se cree Dios. Ni Dios ni animal es el hombre en cuanto muere.

Lo veterinario en la muerte administrada al hombre que ya no puede comportarse como un Dios, pues se orina encima, babea, o no reconoce, explica una aparente incoherencia; en un momento en el que no se puede retribuir con la muerte. Es decir, la comunidad aparentemente no puede sancionar con la muerte un acto voluntario, cruel, que incluso provoque la muerte de muchas vidas insustituibles. Pero si puede administrar la muerte como un beneficio, evidentemente sin la crueldad del pasado, sin los simbolismos que condenaba el propio Aristóteles cuando aclaraba que la igualdad que restituía la justicia retributiva era analógica pues al que había obtenido una ventaja no se le hacía lo mismo.

No podemos matar como castigo, es decir, no tenemos una muerte jurídica, pero podemos matar como beneficio, es decir, tenemos una muerte extrajurídica pues la muerte se saca del derecho y quien la recibe no es ya tratado como un hombre, si hemos de seguir las afirmaciones de Heidegger de que son los hombres los únicos que mueren.

La muerte como beneficio que se otorga a un hombre ha sido también analizada por Redeker. Este autor francés, de nuevo en una tradición enraizada en lo mejor de nuestro pensamiento duda de los verdaderos motivos de ese beneficio.

Redeker nos previene de los verdaderos motivos de quien quiere aplicar la muerte como un beneficio para el que la recibe. Ambos son bastante incompatibles con el tratamiento humano a un humano.

“Detrás de la filantropía para evitar demasiado sufrimiento a los enfermos que hay que matar...o para ayudarles a partir dos fenómenos se ocultan: la psicología del débil que tiene miedo a sufrir viendo sufrir... y el odio estético de un determinado estado del hombre, la repugnancia ante un estado físico y mental alejado de la imagen que nuestro mundo difunde del hombre”[10].

La raíz ideológica del nuevo “derecho” que se construye respecto a una muerte que en el resto de la cultura se niega es el enfrentamiento entre la imagen que el sujeto construye de sí mismo, si se quiere la razón del engaño al que se somete al hombre, y la realidad de una vida humana que pese al enmascaramiento de la adolescencia prolongada debe terminar en la vejez primero y luego en la muerte.

4. Distopia y muerte

El modelo de lo que acontece fue previsto por las distopias que jalonan el siglo XX. Tanto en El Señor del mundo[11] de forma explícita como en Un mundo feliz[12] hay eutanasia algo disimulada en el segundo caso. La eutanasia es un medio de garantiza la supuesta filantropía ocultando la verdad del sufrimiento y de la muerte. Es un final casi necesario que sin embargo necesita eliminar lo específico humano.

En la discusión final de la novela de Aldous Huxley como en el magnífico dialogo del Gran Inquisidor[13] que aparece en la novela Los hermanos Karamazov parece claro lo que los poderes enmascaran detrás de su supuesta ley bonancible, la eliminación de la libertad pero esta eliminación de la libertad apunta al elemento principal que subyace a todo el proceso, la eliminación de la Naturaleza humana.

Si el hombre sufre porque es libre, la aplicación de las leyes científicas, como en el discurso articulado de Zamiatin en Nosotros[14], produce dos efectos elimina el sufrimiento con la condición de eliminar la libertad. La eutanasia juega con ambos conceptos.

La muerte apartado, con aspecto juvenil, desprovista de sufrimiento, contemplada de forma natural, como si la muerte humana fuera algo meramente natural, es descrita por Huxley. No se puede negar la similitud con la eutanasia.

Visto este proceso no cabe duda de que la argumentación del derecho a la muerte tiene un entorno ideológico que no se puede negar, so pena de no alcanzar la lucidez sobre lo que ocurre y acabaríamos así discutiendo sobre dosis de opiáceos o sistemas de asistencia que es precisamente de lo que no se trata.

El entorno de la expansión del derecho a la muerte es el de la incomprensión ante el sufrimiento por un lado, pero sobre todo la voluntad ideológica de desconocer la realidad de la vida humana necesariamente desfalleciente a partir de un determinado momento. La realidad de la vejez.

Se ha alabado mucho la voluntad de mantener un corazón joven, siguiendo el mito del romanticismo primero y del fascismo después, pero se ha entrado poco en el ridículo de no aprovechar la ancianidad en sus elementos alabados desde la Antigüedad y sustituirla por un remedo cosmético de una juventud de la que sólo se mantiene una cierta ignorancia idiota.

Precisamente si conectamos el abandono de la valoración de las virtudes de la edad madura con la eutanasia tenemos el fenómeno del geronticidio. El significado de la eutanasia no es sólo acortar e momento del dolor sino más precisamente acortar o eliminar un momento inevitable de la vida alargada.

Por eso la liberación que se supone que es la eutanasia es ante todo liberación de la naturaleza humana y en definitiva supone la eliminación del derecho. Lejos de tener en cuenta los conceptos de voluntad y pacto, o el concepto de voluntad, la eutanasia entra en el discurso de las vidas sin sentido.

No hay que temer un alboroto radical nihilista que llegue a la conclusión de que ninguna vida humana reducida a la producción consumo tiene sentido. No hay peligro. La eutanasia parte de la base de que hay una vida, que no calificamos ya de hedonismo por respeto a Epicuro, sino que sería puramente animal, en la reducción al goce, que tiene un sentido pleno y otras que no alcanzan ese nivel que no.

El propio Simon Leys en “Una carta abierta al Gobernador General” define las implicaciones sociales de la benevolencia esbozada hacia los deficientes y expresada en el homicidio médico. En efecto el Gobernador general de Australia Bill Hayden había pronunciado un discurso favorable a la eutanasia, en el que tras sentirse orgulloso de haber tenido una vida plena y satisfactoria temía que en algún momento la senilidad le robará su dignidad humana. Para ese momento esperaba la eutanasia. Contesta con sarcasmo Leys que el Gobernador General parece haber olvidado la diferencia ya definida por Pascal entre dignidad institucional y dignidad natural. Se pregunta cómo sabe el Gobernador General que en el orden de la grandeza natural la condición de un Bill Hayden senil, incoherente, amnésico e incontinente, en una silla de ruedas constituiría una degradación respecto a la plena humanidad que supuestamente ha alcanzado como Gobernador General.

Y entonces Leys, uno de los espíritus más finos del siglo XX pronuncia su sentencia “Una sociedad que deja de percibir que debería respetar la grandeza natural de un viejo, senil, incontinente y amnésico tanto como debe respetar la dignidad institucional de su Gobernador General simplemente ha abandonado el principio básico de la civilización y cruzado el umbral de la barbarie”.

Y más adelante encuentra la razón subyacente, en-mascarada por el “yo preferiría en su caso”. “Las generaciones sucesivas merecen ser liberadas de algunas cargas improductivas.” E insiste en su sarcasmo preguntándose si no deberíamos dotar a cada domicilio de unos cubos de basura donde los parientes ancianos pudiesen reciclarse higiénicamente en alimentos para mascotas[15].

Como el discurso sólo en algunas ocasiones tiene la claridad que critica Leys suele enmascararse bajo la reivindicación de un Derecho que en cierta medida se encubre bajo la apariencia de un derecho a la propia muerte, es decir, a un suicidio mediato.

5. Homicidio, Derecho y Ética médica

Al referirse al derecho a morir, que se adjetiva dignamente, no se reclama como es notorio el hecho inevitable de la muerte. Pedirla como derecho sería absurdo. Tampoco se limita esta reivindicación a exigir la abstención del otro, sea del médico o del gran Otro, la sociedad ante los actos de un individuo que avanza hacia la muerte dentro del curso natural.

Es decir, aunque pueda aparentarlo, no estamos ante una reivindicación de abstención médica, una libertad frente al poder médico, encarnado no ya en el viejo médico patriarcal (o paternalista que tanto monta) sino en el médico mero agente del único patriarca que se tolera en nuestra sociedad, el Estado.

En sentido estricto la reivindicación es que en de-terminadas circunstancias, que tienen que ver con el incumplimiento de una ilusión de vida que enmascara la realidad contemporánea, un médico mate a su paciente.

Es importante recalcar que esta reivindicación al ser jurídica y traducirse en la legislación no se pide respecto a uno mismo, como la retórica de casos como el de Ramon San Pedro nos hace creer, sino que se impone respecto a todos los miembros de una sociedad, o en el delirio contemporáneo, respecto a la Humanidad.

Esta es la notable paradoja del derecho. El juego de lo que los anglosajones llaman win/win no existe. Ciertamente la Justicia en abstracto viene bien a todos pero en concreto a algunos garantiza y a otros obliga en unas ocasiones y en general a todos obliga y a todos garantiza.

Esto tiene también algunas implicaciones que conviene considerar siempre en derecho pero que se pierden en el discurso de los derechos absolutos.

Cuando se pide el reconocimiento judicial o legislativo de un derecho no basta exigir una reivindicación con anhelo sino hay que encajarla, por así decirlo.

La primera forma de encajarla es, por supuesto, en el derecho mismo, por analogía o derivación lógica. Esto se puede hacer por las vías habituales de interpretación sobre textos o de forma “creativa”. Como veremos hay que ser muy creativo, como ocurre con muchos tribunales actuales, para derivar del Derecho, se entienda como se entienda, un derecho a morir y para ignorar la tradición jurídica de sancionar primero el suicidio, hasta el s XIX, luego el auxilio al suicidio y siempre el homicidio compasivo, incluso cuando la compasión es sincera.

También se requiere encajar el derecho concreto en el punto de vista sobre la Justicia que constituye todo Derecho, hay que justificar su relación con el bien común, en su acepción menor, es decir que no lo afecta negativamente, o en su forma más propia, es decir, que lo promueve.

El reconocimiento de un derecho, que no implica sin más una aspiración satisfecha, tiene por tanto efectos mucho más allá de quienes lo reclaman. El primero de estos efectos es obvio. Obliga a otros muy directamente y a todos en cierta forma. El segundo es que al implicar una visión del mundo, una antropología, un intento de explicación sobre la justicia estas opciones valorizan unas cosas y desvalorizan otras. Esta valorización y desvalorización es social, tiene efectos sobre otros y, por supuesto, afecta en cascada al Derecho.

Esto en sí nos es bueno ni malo. Es lo que es. Pero hay que tenerlo en cuenta cada vez que se incorpora al Derecho uno de estos derechos subjetivos o si se quiere cada vez que se inventa un derecho.

Esto de inventarse derechos, o incluso de inventarse todo el derecho es sabido que no le gusta al reaccionario. “La primera revolución estalló cuando se le ocurrió a algún tonto que el derecho se podía inventar”.

En este punto uno de los argumentos vulgares más utilizados y de mayor éxito, de nuevo recuerdo el caso San Pedro, es el que acusa a quienes se oponen al reconocimiento al derecho a la muerte digna de imponer una determinada moral. Supongo que será la moral de una interpretación estricta del principio, o mandato, o revelación, de ·”No matarás al inocente” y de la necesidad de su traducción en el derecho.

Mi argumento es que no incluir esta prohibición en el Derecho, aunque la única excepción sea vinculada a la voluntad de quien recibe el beneficio de la muerte, implica adoptar una noción de libertad, de vida, de hombre, de moral y de Derecho determinada. Así bien podríamos decir a algunos que nos imponen su moral.

Esta moral que se transmite al Derecho sin los habituales principios de salvaguarda o sin los critierios que han sostenido el Derecho occidental tiende a volverse absoluta. Es totalitaria, en la forma en que Aldous Huxley define el futuro Totalitarismo en su novela “Un Mundo Feliz”.

Se hace necesaria una digresión sobre esta peculiaridad moral que produce una legislación asfixiante centrada obviamente no en el propio perfeccionamiento, que es el oficio de la moral sino en el perfeccionamiento ajeno, fin de las leyes.

Aunque la base del nuevo derecho sea la apelación a los deseos-derechos naturales del sujeto liberado y este individuo liberado tiende a moralizar con radicalidad todas sus conductas, el habla, la estética, y los microgestos, el hecho es que precisamente por como advirtieron juristas de la talla de Francesco D’Agostino, la moral actual ha pasado a ser legislada y la legislación ha pulverizado toda línea de división entre lo privado y lo público que nos protegiese[16]. Como ese deseo-derecho no se apoya en lo existente en el Derecho, la moral o las costumbres sino que como todo movimiento revolucionario aspira a transformarlo, el efecto es un activismo asfixiante donde la expresión del moda del reivindicador, eso de “no nos impongas tu moral”, parece un sarcasmo.

6. Eutanasia y suicidio

Hemos dicho que el derecho a la muerte digna no puede confundirse con el suicidio pero también que el argumento de partida parece vincularse al argumento del suicidio como acto libérrimo en el que no debe inmiscuirse la moral social ni el derecho, y ello a pesar de que ambos ordenes normativos siempre han tenido mucho que decir sobre el suicidio.

Para tratar con lealtad esta cuestión del supuesto derecho a morir debemos asumir también algunos presupuestos que no están plenamente presentes en la hagiografía pro vida. Hay razones para desear la muerte., de hecho mucha gente la desea. Hay que considerar aquí el anhelo de la muerte como rasgo espiritual del misticismo, como en Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, como signo de agotamiento ante el mundo o como displicente valoración de este, realidad falsa, destierro o prisión. Es más pueden encontrarse razones para suicidarse, razones claramente razonables. De hecho el hombre que es el único animal que muere (al ser el único que es consciente de la muerte) es también quien tiene la exclusiva del suicidio. Frente a esta realidad universal no son del todo útiles las admoniciones morales extendidas desde antiguo y recogidas en el derecho inglés del Siglo XVIII. Quien se suicida actúa contra el instinto de conservación, contra la Ley de Dios y contra la ley del Rey. En concreto toma algo que no es suyo.

Precisamente porque el suicidio no es detenido por el instinto de conservación, se sobrepone a él, la sociedad en general, ha entendido que la disuasión del suicidio es una obligación social que incluye a todos. El camino opuesto es la epidemia de suicidios, románticos. Nihilistas, por el dolor o por el puro agotamiento de la vida sin sentido. El denominado derecho a morir dignamente trastoca este camino, lo invierte, desmonta una a una las barreras de prevención.

Ciertamente el derecho a la muerte digna se limita a unas causas específicas. Sólo quienes se encuentran en unas circunstancias determinadas accederán a estos derechos que no parece ni universal ni meramente voluntario. Las causas justificativas englobarán lo que en sentido clásico se llamaba el suicidio pusilánime.

Estas causas ligadas a la gravedad e irreversibilidad de la enfermedad y a los graves sufrimientos a ella asociados, se extienden en dos direcciones. Por un lado, hacia prescindir del acuerdo explícito del paciente. Por otro, hacia la extensión del concepto de vida que no merece vivirse.

Con la labor de zapa, o casi diría de asalto, del discurso eutanásico contra las barreras, al final poco queda de ellas.

Es más, termina por moralizarse el suicidio en ciertos casos, ante ciertos estados clínicos como antes sucedía en ciertos suicidios de honor, del guerrero ofendido o de la mujer ultrajada.

Por ejemplo, el suicido de honor de la mujer ultrajada, tal como se aplica en Roma enseña mucho de como una obligación socialmente impuesta puede presentarse como una liberación, o como una conducta excelente respaldada por un amplio consenso social[17].

Si la primera medida antisuicidio es no hacer su panegírico, la eutanasia tiene una presencia en la vida social, en los medios y en el debate público de efectos completamente opuestos a esa medida. Hay apóstoles de una forma de morir, más bien de esa forma reglada por la que se mata. Los defensores de esta práctica no son sujetos más o menos malditos, sino que están en la cresta de la ola.

El temor numinoso ante la muerte y ante el acto de matarse es sobrepasado con la eutanasia técnicamente dirigida, administrada, incluida en la cartera de servicios.

Esto a su vez elimina otros obstáculos como el temor personal al “paso suicida” que a tantos retiene precisamente por la presencia de un “natural” instinto de conservación.

Otras barreras en la práctica individual del suicidio, incluso por el que tiene la firme voluntad de cometerlo, son la prohibición jurídica y el reproche moral. En el mundo eutanásico desaparece de raíz. La eutanasia es un acto autónomo de una autonomía tanática que “se pone en marcha” cuando las alegrías de la vida, la su-puesta felicidad, el control del deber, el dominio sobre la enfermedad, la adolescencia perpetua ceden y la vida se manifiesta sólo para unos pocos, con toda su crudeza.

Si la sociedad apoya la eutanasia, si el medio empleado modificara el obstáculo que representa el temor numinoso, el obstáculo tan sólo podría ser el afecto cercano y natural de los familiares. Es decir, no dar el enorme disgusto de matarse. Ciertamente esto no disuade a muchos suicidas pero es significativo que esté al menos presente en las cartas de perdón y despedida.

Pero este obstáculo deja de serlo cuando el suicidio se describe como un bien para el beneficiario y sus familiares. Con un poco de esfuerzo manipulador, practicado por sus defensores, puede incluso aparecer para la mayoría en el disfraz de un acto solidario que evita sufrimientos y, no lo olvidemos, también costes. Emprendida la pendiente, nuestra sociedad suicida puede tender hacia una salida suicida o a un suicidio médico que, a su vez, es un homicidio.

Lo fundamental es en consecuencia que con la eutanasia, en general, tratamos de un homicidio de justificación suicida y esto es así en cuanto el concepto de cultura de la muerte incluye la eutanasia como un elemento de la autodeterminación del hombre.

Por eso la justificación no es sencillamente el corte de algún dolor intenso sino que el suicidio aparece como una libertad. Para ser mas precisos como la manifestación de la libertad completa.

Esta libertad es, como indica Dostoievski en los discursos de los hermanos Karamazov la libertad de Dios. La liberación completa de Dios lleva, sin embargo, a la esclavitud completa del hombre y esto es igualmente válido en el efecto totalitario que vimos en la sociedad del siglo XX como en la postotalitaria del XXI.

Por ello cuando se trata de discutir este derecho, presentado como el más valioso de los derechos de forma paradójica, la muerte como el mayor valor, han sido más agudos los literatos y los poetas en general que los tratadistas jurídicos, especialmente los que se han atrincherado en una especie de derecho natural absoluto a ser de una determinada forma, una forma que estaría al margen de las exigencias sociales y del derecho concreto, es decir, del único derecho que existe.

El derecho que se proclama tiene evidentemente una base nihilista que manifiesta con especial fuerza la tendencia eutanásica que sufrimos. La revuelta contra Dios que caracteriza el paso del XIX al XX impide concebir la vida en su sentido más profundo.

El poeta ruso, fallecido en el GULAG Ossip Mandelstam, que recordemos intentó suicidarse una vez, lo dice con claridad a su mujer y biógrafa Nadezhda, cuando ante la amenaza de la deportación a los campos de concentración esta ofrece el suicidio.

La vida es un don dice Ossip y la obligación del hombre es vivirla, la vida es un don incluso en las peores circunstancias y no deja de serlo aun cuando no se pueda alcanzar una felicidad prometida e ilusoria. Y debemos recordar que en el camino de esa felicidad, siempre futura, se ha privado durante el siglo XX a los hombres de los elementos más básicos de su propia vida. Dice Ossip, y corrobora Nadezhda, que la obligación del hombre es vivir, no ser feliz y, como más tarde, contesto ya en los setenta Nadezhda, en una entrevista en el NYTM, cuando se le decía que el cristiano debe vivir con esperanza “yo tengo esperanza en la vida eterna que se nos ha prometido”[18].

Esto puede parecer filosófico (es decir no cuantificable y entonces no juridificable). Pero entre considerar la vida como un don o considerarla un acto de autodeterminación que tiene su máxima realización en el propio homicidio no hay un punto intermedio o neutral. Nos deslizamos hacia el segundo con todas sus implicaciones y la única forma de reaccionar es afirmar lo primero.

La muerte, exactamente el suicidio como autodeterminación completa, cambia todo y afecta a lo más profundo de las relaciones e instituciones humanas. Reaparece la familia homicida y la sujeción de la vida humana, del reconocimiento como persona, a cierto grado de aptitud o felicidad.

La opción don o libertad autodeterminada es un base de civilización. Por eso cuando algunos grandes pensadores del XX y principios de XXI hablaron de cultura de la vida y cultura de la muerte dieron con la definición del debate o describieron la crucial elección a los que nos vemos abocados.

La construcción de la cultura de la muerte tiene una traducción jurídica en el derecho al suicidio (realmente al homicidio encubierto de suicidio) que se extiende por Europa y en general por el mundo que se llama desarrollado y tiene su punto nuclear no tanto en el concepto vida o persona, al que hemos dedicado grandes esfuerzos, sino en el concepto libertad.

Un error de juicio sobre la libertad, que es un error de juicio de la relación del hombre con el Creador, puede llevar como hemos dicho a sostener que el suicidio no es una libertad sino la libertad por excelencia. De ahí a considerar lo mismo respecto a la ayuda al suicidio o el suicidio administrado sólo hay un paso.

7. Vida y libertad

Fue Dostoievski, y sigo la lectura de Nadezhda Mandelstam, quien distinguió con mayor agudeza la libertad (freedom en ingles) como la posibilidad de hacer lo que se debe hacer y la libertad como licencia (license en inglés Svoevolie en ruso) que nos conduce a la noche del no ser[19].

Si como sociedad elegimos la noche del no ser el fin garantizado será aplicar esa inversión de los valores y nos encontramos con la paradoja.

Lo libre, lo moderno, lo actual, lo europeo, no es aceptar la vida, ayudar a su venida o desarrollo, paliarla en lo que los hombres podemos paliar, sino favorecer la muerte, ignorar el don de la vida y aceptarlo como una carga.

No podemos evitar el debate fundamental, manteniéndonos en la neutralidad de opciones, pues si la vida no es un don indisponible lo que se pone en marcha en la cultura social es la maquinaria de la muerte.

Y tenemos así la paradoja que consiste en que el camino de la libertad es el camino de la muerte sanitaria y esa muerte planificada, profesionalizada, se convierte en un derecho subjetivo; pero es un derecho que se aplica en nombre del paciente que le sustituye, que le presiona. La alternativa se va tornando una obligación cuando quienes tienen poder para ello entienden que lo debido es morirse.

Al echar la vista sobre el siglo XX comprobamos las veces que se ha esclavizado hasta la inanición en nombre de la felicidad.

Pues aquí aparece la máscara. Sin disparar la tasa de suicidios a las que nos acostumbramos en las fases agudas de las crisis nihilistas desde el siglo XIX aumenta la defensa y práctica del homicidio médicamente administrado.

Esta administración sanitaria del homicidio exige un juicio de adecuación del paciente al “tratamiento” y esclaviza mediante la ley al médico y a los pacientes que reúnen ciertas características objetivas. Se produce lo que hemos denominado pendiente deslizante lógica, lo que se defendió en nombre de la libertad, se aplica a quienes no pueden ejercerla.

Esta sujeción a la voluntad tanática del Estado, pues para todos en algún momento, pero para unos específicamente ahora, lo indicado es la muerte.

En efecto la tentación contemporánea del dejar hacer, de no implicarse en las decisiones amenazantes sobre la vida humana, ignora que cuando la muerte clínicamente administrada se convierte en un derecho todos resultan obligados respecto a ese derecho.

El llamado derecho a morir dignamente es infame cuando lejos de suponer una opción o no de tratamientos se convierte en la obligación de matar.

Si culturalmente parece que esta otra enorme estafa se ha impuesto entre nosotros y es cuestión de tiempo que nos alcance, me permito repetir las palabras de Nadezhda Mandelstam en los años setenta cuando nada hacía presagiar esperanza para Rusia.

“El camino de la libertad es duro, particularmente en tiempos como los nuestros pero si todo el mundo hubiese escogido el camino de la licencia, la humanidad hubiera dejado hace mucho de existir.

Si todavía existe es debido al hecho que el impulso creativo ha permanecido más fuerte que el destructivo. Si esto será así en el futuro no nos corresponde decirlo”[20].

Hasta aquí Nadezhda. Yo creo, sin embargo, sin riesgo de que se me tache de optimista, que nosotros aquí, precisamente, y cara al futuro inmediato, si tenemos mucho que desenmascarar, mucho que construir, mucho que paliar pero, sobre todo, mucho que vivir.

Sabemos que el derecho a la muerte difícilmente puede ser un derecho en sentido estricto, es decir, algo derivado de un convenio que vincula dos voluntades. En su momento Sergio Cotta en unas palabras que algunos no valoramos convenientemente señaló que en el pacto suicida resulta anulada totalmente una voluntad, sea la del médico sea la del paciente, y en ese sentido no puede ser jurídico[21].

Pero no podemos olvidar que el derecho a la muerte se inscribe en la lógica de la instrucción oficial, de la reglamentación benevolente que establece un Estado Total, que aplica una ideología única donde los viejos límites salvación-bien común, externo-interno, autónomo-heterónomo que marcaban la diferencia entre moral y derecho no existen. El Estado no admite límites aunque dice actuar en nombre no ya de una raza, de un pueblo o de una clase sino en nombre de una multitud de voluntades individuales que se reducen a una.

Por eso la regulación de la eutanasia tiene como efecto la total transformación de la deontología médica. De la función del médico.

Referencias

Andres González-Cobo, Ramon. Semper Dolens: historia del suicidio en Occidente. Barcelona: El Acantilado, 2015.

Arendt, Hannah. Los orígenes del totalitarismo. Madrid: Alianza Editorial, 2006.

Benson, Hugh. Señor del Mundo. Madrid: Palabra, 2015.

Cioran, Emil. Syllogismes de l’amertume. Paris: Galli-mard, 1995.

Confucio. Analectas. Ed. Simon Leys. Trad. Simon Leys. Madrid: EDAF, 2013.

Cotta, Sergio. «Aborto ed eutanasia un confronto.» Ri-vista di Filosofia I dirito alla vita. Fascicolo speciale (1983): 5-23.

D’Agostino, Francesco. Bioética. Turín : Giapichelli, 1996.

de Mauny, Elisabeth. «The winter years of Nadezhda Mandelstam.» The New York Tmes 17 de febrero de 1982: 006045.

Dostoievski, Fiodor. El gran inquisidor y otros cuentos. Madrid: Siruela, 2010.

Gómez Dávila, Nicolás. Escolios a un texto implícito. Ma-drid: Siruela, 2001.

Huxley, Aldous. Un mundo feliz. Barcelona: Debolsillo, 2012.

Leys, Simon. «An Open Leter to the Gobernor-General.» Quadrant 39.9 (1995): 9.

Mandelstam, Nadezhda. Hope Abandoned. Londres: The Harvill Press, 2011.

Mandelstam, Nadiezhna. Contra toda esperanza. Barce-lona: Acantilado, 2012.

Redeker, Robert. Bienhereuse vieillesse. Paris: Editions du Rocher, 2015.

—. L’eclipse de la mort. Paris: Descleé de Brouwer, 2017.

Voegelin, Eric. The Collected Works. Order and History. Israel and Revelation. Vols. 14-18. Columbia: The Uni-versity of Missouri Press, 2001.

Zamiatin, Eugueni. Nosotros. Madrid: 2008, Akal.

José Miguel Serrano Ruiz-Calderón
Universidad Complutense de Madrid, España

Fuente: aebioetica.org.

 

[1] Redeker, R. l’eclipse de de la mort., Desclee de Brouwer, Paris, 2017, 89.

[2] Voegelin, E. The collected Works. Order and History. Israel and Revelation. The University of Missouri Press, Columbia, 2001, 10 ss.

[3] Confucio, Analectas, EDAF, Madrid, 2013. 50.

[4] Arendt, H. Los orígenes del totalitarismo. Alianza Editorial, Madrid, 2006.

[5] Cioran, E. Syllogysmes de l’amertume. Gallimard, Paris, 1995.

[6] Redeker, R. l’eclipse de de la mort., Desclee de Brouwer, Paris, 2017, 19.

[7] Redeker, R. l’eclipse de de la mort., Desclee de Brouwer, Paris, 2017, 60.

[8] Ibid., 148.

[9] Redeker, R. Bienhereuse vieillesse, Editions de Rocher, Paris, 2015.

[10] Redeker, R. l’eclipse de de la mort., Desclee de Brouwer, Paris, 2017, 169.

[11] Benson, H. El Señor del Mundo, Palabra, Madrid, 2015.

[12] Huxley, A. Un mundo feliz, Debolsillo Barcelona, 2012.

[13] Dostoievski, F. El gran Inquisidor y otros cuentos, Siruela, Madrid, 2010.

[14] Zamiatin, E. Nosotros, Akal, Madrid, 2008.

[15] Leys, S. ”An open letter to the Gobernor-General“. Quadrant, 39, 9, septiembre, 2015, 9.

[16] D’Agostino, F. Bioetica, Giapichelli, Turin, 1996.

[17] Andrés González-Cobo, R. Semper dolens . Historia del suicidio en Occidente. El Acantilado, Barcelona 2015, 123.

[18] De Mauny, E. The winters years of Nadezhda Mandelstam, The New York Times, 17 febrero 1982, 006045.

[19] Mandelstam, N. Hope Abandoned, The Harvill Press, Londres, 2011, 266.

[20] Mandelstam, N. Hope Abandoned, The Harvill Press, Londres, 2011, 282.

[21] Cotta, S. “Aborto ed eutanasia: un confronto”. Rivista di filosofía.(Il diritto alla vita fascicolo speciale) Einuaudi, Torino, 1983, 5-23.

 

XII Domingo del tiempo ordinario.

 

Mt 10,26-33.

 

El evangelio eclesial de San Mateo nos habla de no tener miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar al alma. Sentir miedo es muy humano. Dejarse vencer por el miedo paraliza el alma. Con miedo se avanza poco. Miedo no es prudencia, es más bien falta de confianza en quien sabemos que nos ama.

 

El evangelio de este domingo es un canto a la confianza en el Señor, a no tener miedo. De donde debe brotar esa confianza ilimitada, es del Amor de Dios que vence todas las adversidades.

 

1.     La transparencia con el Señor nos hace libres. No tengáis miedo de proclamar el Evangelio por todo el mundo. Desde los tejados. No hay nada oculto que no se llegue a saber. El Señor es muy bueno con nosotros. Actúa siempre a nuestro favor. Vence todos los obstáculos. Abramos el Corazón sabiendo que es propio de su amor actuar siempre a nuestro favor.

 

2.     Los contemplativos que miran la vida con ojos de fe, desde la pupila de Dios, saben que el Señor cuida los pájaros y embellece los lirios del campo. Algo que puede parecer insignificante es muy importante para Dios. Nosotros somos preciosos para el Padre. Le interesa nuestra vida y todo lo nuestro. No sabe mirar desde lejos. Se acerca todo lo que le dejamos para llenarnos el corazón de esperanza. No es bueno desconfiar de un Dios que, solo abriendo nuestros ojos con un poco de fe, descubrimos su ternura sin comparación, como ya tiene con las aves del cielo y con los lirios.

 

3.     Este canto de alabanza a su infinita misericordia es porque sabemos que resucitado es vencedor del pecado y de la muerte. Cuando pasan los años y la vida demasiado deprisa, nos va quedando la convicción de tantos apuros como nos ha sacado el Señor. En todo ello hemos vencido por quien sabemos que nos ama...y estamos seguros de que así será siempre por su gran bondad con nosotros.

 

+ Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

 

 

Not only #BlackLivesMatter

La mujer de la foto es Leslyn Lewis. Se presenta a las elecciones para primer ministro de Canadá, el país que inicia y abandera muchas de las campañas sociopolíticas de tinte progresista que inundan nuestras redes sociales. El actual titular, Justin Trudeau, suele estar en primera fila de las protestas. Leslyn es la primera mujer no blanca que aspira a la posición en toda la historia del país, tanto desde el partido conservador -al que pertenece-  como desde el progresista. Su adscripción al partido conservador le ha acarreado varios ataques directos e indirectos con tintes racistas y/o machistas. Ha sido repetidamente ignorada y desestimada en los programas de contenido político en los medios de comunicación de su país. Hay tres candidatos más, todos hombres y blancos. Parece que black lives matter…excepto cuando son conservadoras en políticas sociales. Podéis leer más sobre la señora Lewis aquí.

El movimiento #BlackLivesMatter (#BLM), dedicado a la protesta no violenta y la desobediencia civil, no es nuevo, ya existe de forma organizada desde 2013, cuando en 2012 un agente de policia asesinó a un adolescente negro en Florida. No surge de manera espontánea: tiene tres fundadores (Alicia Garza, Patrisse Cullors y Opal Tometi) y actualmente tiene capítulos en 30 países. Poco después de ese y otros asesinatos de personas negras, el movimiento se extendió a la defensa de otras causas. Y también se hicieron virales los gestos. En estas últimas semanas, tras la terrible muerte de George Floyd, se han generalizado dos: la genuflexión y el derribo de estatuas de presuntos racistas.

Foto RICH PEDRONCELLI / AP

Y aquí es donde nuestra políticamente correcta sociedad pierde pie. Son múltiples los ejemplos. Para tomar alguno más reciente, El País informó ayer de que California retirará un grupo escultórico de Cristóbal Colón e Isabel la Católica (que luchó explícitamente contra la esclavitud) que lleva 137 años en el Capitolio estatal «porque ofende a los indígenas americanos. La decisión la adoptaron este martes los demócratas que dominan el Legislativo californiano en el contexto de la ola de protestas antirracistas en el país, que comenzaron siendo contra la policía y ahora se extienden a los símbolos de la conquista europea de América (…) La estatua de Cristóbal Colón es una figura histórica profundamente polémica, dado el impacto que su llegada a este hemisferio tuvo para la población indígena». El comunicado publicado por el capitolio del estado señala que «la presencia continuada de su estatua en el Capitolio de California, donde ha estado desde 1883, está hoy completamente fuera de lugar». No olvidemos que Colón nunca pisó el actual territorio estadounidense… Podéis leerlo aquí.

La cuestión es ¿podemos comprobar que realmente son los indígenas norteamericanos los que se sienten ofendidos…o es una manipulación de la opinión pública? Realmente no, hasta tal grado llega la magnitud de lo absurdo cuando ya se ha perdido de vista el motivo de la protesta y se encadenan acciones de seguidores de seguidores de seguidores.

Desde 2015 existe el movimiento contrario, #AllLivesMatter. Todo aquel que usa esta etiqueta es tildado poco menos que de nazi o fascista. Sus detractores aducen que este eslogan admite implícitamente que todas las vidas están en igual grado de peligro, y es cierto: no todas las vidas lo están, pero entre las que sí lo están, no hay solo negros, de hecho hay más hispanos, y hay asiáticos, etc.

Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, acaba de anunciar que no retirará la estatua de Colón que hay al final de las Ramblas, pero que la va a «contextualizar». Veremos.

 

¿Quién inventó la palabra “bioética”?

Fernando Pascual, L.C.

Durante años los especialistas de bioética han creído, y muchos siguen creyendo, que la palabra “bioética” fue inventada por Van Rensselaer Potter en 1970 (o quizá algunos años antes). Pero nuevos estudios obligan a corregir esta creencia.

        Potter (1911-2001) era un bioquímico y oncólogo de Estados Unidos. Empezó a usar la palabra “bioethics” en dos trabajos: un artículo, publicado en 1970 con el título “Bioethics: the Science of Survival”; y un libro, publicado en 1971, que llevaba por título “Bioethics: Bridge to the Future” y que reproducía el artículo publicado el año anterior.

        Según el mismo Potter explicaría años más tarde, la palabra le vino a la mente al improviso, al unir dos términos: “bios”, que representaría las ciencias biológicas; y “ethics”, una palabra con la que no aludía simplemente a la ética, sino a los valores humanos en general.

        El sentido de la bioética, según Potter, era sencillo y apremiante: elaborar una ciencia orientada a garantizar la supervivencia humana en el planeta Tierra, a través del diálogo entre las ciencias experimentales y las ciencias humanísticas.

        Potter supuso que nadie, antes que él, había usado la palabra bioética. Sin embargo, varios expertos están empezando a reconocer que el término ya había sido usado en 1927, quizá por vez primera en la historia humana (salvo prueba contraria).

        El año 1927, un teólogo alemán, Fritz Jahr, publicó un editorial en la revista Kosmos (vol. 21, pp. 2-4), titulado “Bio-ethik: Eine Umschau über die ethischen Beziehungen des Menschen zu Tier und Pflanze” (Bio-ética: una panorámica sobre la relación ética del hombre con los animales y las plantas).

        Años más tarde, en 1934, Jahr publicó otro trabajo donde volvió sobre la noción de “Bio-ethik”: “Drei Studien zum 5. Gebot”, en la revista Ethik. Sexual und Gesellschaftsethik (vol. 11 (1934), pp. 183-87).

        La idea de Fritz Jahr era sencilla: inspirado en los famosos imperativos éticos de Kant, quería subrayar la importancia de un “imperativo bioético” que orientase correctamente nuestro comportamiento respecto de todos los seres vivos.

        Es casi seguro que Potter no conocía a Jahr, y que de buena fe pensaba haber descubierto una palabra a la que dio un sentido diferente del que había dado Jahr. De haber conocido Potter la obra de su predecesor, seguramente lo habría citado y estudiado con interés.

        Son varios los trabajos que empiezan a reconocer la importancia de las ideas de Fritz Jahr. Uno es un opúsculo publicado en 2007 por Hans-Martin Sass, que lleva como título “Fritz Jahr’s Bioethischer Imperativ. 80 Jahre Bioethik in Deutschland von 1927 bis 2007”. En esta publicación se recogen los dos textos de Jahr (el de 1927 y el de 1934). Puede accederse a este trabajo completo, en pdf, en http://www.ethik-in-der-praxis.de/MM-175.pdf

        Existen otros estudios recientes sobre el tema, que mencionamos al final de estas líneas.

        La bioética, una disciplina nueva pero con raíces profundas en el pensamiento humano, empieza a dar su justo espacio a quien, por lo menos según lo que sabemos hasta ahora, inventó un término afortunado y fecundo: Fritz Jahr.

        Quizá no todas las ideas de Jahr son condivisibles, como tampoco lo son las de Potter (un autor que defendía, entre otras cosas, la licitud del aborto). Pero vale la pena, por amor a la justicia, reconocer y estudiar el papel de Jahr en la bioética, y actualizar los numerosos libros y estudios de bioética que hasta ahora no mencionaban al inventor del término.

 

Las secuelas del COVID-19: Dilemas bioéticos

Las secuelas del COVID-19: Dilemas bioéticos
 

 

16 junio

08:212020

 

La comunidad científica debe revisar en profundidad, con datos objetivos sobre la mesa y firme voluntad de aproximarse a la verdad de lo sucedido, los procedimientos y medios empleados en el abordaje de la pandemia, para mitigar las nefastas consecuencias de los errores y omisiones cometidos y tratar de que no se repitan en el futuro.

El transcurso del tiempo, la reducción de la gravedad de la situación en los países del primer mundo, el acúmulo de datos todavía no bien evaluados y la perspectiva de la evolución de todo lo acaecido, ofrecen nuevas posibilidades de análisis de la crisis más grave relacionada con la salud global de la historia reciente.

Los problemas en la contención de la pandemia en Asia, Europa y Norteamérica, generan dudas sobre la oportunidad de las medidas adoptadas, muchas de ellas tomadas desde la improvisación o, directamente, desde la ignorancia o el error.

La reciente publicación de los resultados fallidos de la hidroxicloroquina en el tratamiento de la enfermedad, las secuelas no bien establecidas de los tratamientos más agresivos con medicación antirretroviral o de soporte vital, que abarcan problemas neurológicos, circulatorios, renales, cardiacos, etc., provocan que la comunidad científica deba revisar en profundidad, con datos objetivos sobre la mesa y firme voluntad de aproximarse a la verdad de lo sucedido, los procedimientos y medios empleados en el abordaje de la pandemia, para mitigar las nefastas consecuencias de los errores y omisiones cometidos y tratar de que no se repitan en el futuro.

El primero de los aspectos conflictivos es el del tratamiento epidemiológico de la enfermedad. Los erráticos movimientos de la OMS en los primeros momentos de su evolución comprometieron seriamente la eficacia de las medidas que los distintos gobiernos fueron adoptando, y que, a la larga, se mostraron ineficaces en muchos casos, con enormes costos en vidas humanas, empobrecimiento social y secuelas físicas y psicológicas en los afectados y su entorno.

Los titubeos en la declaración de la pandemia, la tardanza en las propuestas de medidas de intervención, los errores en las indicaciones sobre el uso de las mascarillas faciales de protección individual o la necesidad de realizar previsiones en el acopio de equipos de protección individual y medios de diagnóstico y tratamiento, han demostrado que los parámetros epidemiológicos que se emplean para evitar que situaciones como la actual lleguen a producirse, no han funcionado suficientemente por obsoletos, inadecuados, insuficientes, equivocados o imprecisos.

El reiterado recurso a la “opinión de los expertos” se ha mostrado poco fiable y eficaz, cuando estas opiniones han cambiado con ligereza, errando, llegando tarde o ignorando la magnitud real del problema hasta que lo testarudo de la evidencia así lo ha demostrado, con las imágenes de servicios hospitalarios desbordados o cadáveres hacinados.

La ineficacia de la cascada de medidas adoptadas desde la improvisación y el temor a sus consecuencias sociales o políticas ha forzado a muchos gobiernos, como el español, a adoptar drásticas medidas de control social, con supresión de derechos y libertades, confinamientos masivos y paralización de la vida social y económica.

La tardanza y desacierto en la toma de decisiones oportunas y proporcionadas, ha generado una inercia en la adopción de otras que ahora resultan difíciles de manejar. De la no conveniencia en el uso de mascarillas, hemos pasado a la extensión obligatoria de su uso sine die. De la tardanza en la toma de medidas de distanciamiento social, con el mantenimiento de eventos multitudinarios bien entrados en la pandemia, a la imposición de nuevos distanciamientos de “longitud variable” – 1 metro, metro y medio, dos metros…- sin fecha de caducidad.

El caso español, además de por las altas cifras de mortalidad, es especialmente triste en cuanto a dos cuestiones: la protección de los sanitarios implicados en el control de la pandemia y el manejo de los datos epidemiológicos, que digerimos diariamente entre el asombro, la sorpresa, el desconcierto o la indignación.

La insuficiencia en la provisión de equipos de protección individual para el personal sanitario ha provocado que sean los españoles los sanitarios más afectados por la enfermedad. Alguien debe tomar nota de qué no volver a hacer y qué decisiones tomar, pronto y decididamente, en el futuro. Aún hoy, los diagnósticos a los posibles afectados son escandalosamente insuficientes, evitándose test de diagnóstico en muchas ocasiones, e impidiendo así la localización de los infectados y su aislamiento. La ineficacia en la detección de los casos mediante test diagnósticos insuficientes obliga a adoptar medidas de aislamiento generalizado y agresivo ante la imposibilidad de localizarlos y actuar sobre su entorno. Sin embargo, este extremo es negado sistemáticamente por medios ofíciales que insisten en que los métodos diagnósticos empleados son suficientes.

La segunda cuestión es la triste incapacidad de manejar los datos epidemiológicos de la enfermedad con un mínimo de rigor y coherencia. Nos hemos acostumbrado ya a cifras absurdas y contradictorias, que no parecen preocupar mucho a quienes las publican pero que indignan a clínicos y científicos, junto a la población bienpensante. Parece que la vieja máxima de Joseph Goebbels “repite muchas veces una mentira, al final se convertirá en una verdad”, está cumpliéndose en amplios sectores sociales que engullen sin digerir la cascada de contradicciones sobre fallecidos, infectados, y diagnosticados, imposibles de interpretar con un mínimo de fiabilidad.

Esta lamentable desinformación puede deberse a incapacidad técnica del sistema o quien lo interpreta, o a una deliberada tergiversación de los datos, que persigue obtener réditos políticos o minimizar las secuelas y efectos colaterales que el drama epidémico pueda ocasionarles.

Por último, las consecuencias sociales y económicas son las que ganan protagonismo a partir de ahora. Las cifras de parados, la paralización de la economía, la manifiesta dependencia de la economía global, y los síndromes post-traumáticos en todo el tejido social amenazan con oscuros horizontes de empobrecimiento, que están forzando a los gobiernos a levantar apresuradamente las drásticas medidas de aislamiento que han tenido que adoptarse para tratar de paliar la ineficacia y tardanza en la actuación inicial.

Un reciente artículo publicado en la prestigiosa revista BMJ (BMJ 2020;369:m2202 doi: 10.1136/bmj.m2202 (Published 4 June 2020), alerta del riesgo de adoptar ahora medidas para salir del bloqueo social y económico en ausencia de una vacuna o tratamiento efectivo. Afirma el artículo que solo la realización de pruebas en masa, el rastreo de contactos y su aislamiento, hará que sea seguro salir del bloqueo. Son necesarios datos fiables de prevalencia para la adopción de medidas ajustadas a las necesidades reales.

De nuevo, la seriedad en el abordaje científico resulta clave para la protección de la salud y la dignidad de las personas. La urgencia actual en África y Sudamérica, con la pandemia en plena expansión, constituye una deuda moral para todos aquellos que, con más medios y experiencia, pueden enmendarse ofreciéndoles su asesoramiento y recursos.  ¿Aprenderemos de nuestros errores? ¿Podremos identificarlos y reconocerlos finalmente, para no volver a cometerlos? ¿Podrán beneficiarse los países del tercer mundo de las lecciones aprendidas y las conquistas ganadas? Quizá sea este el rostro positivo que toda crisis entraña, la superación y la solidaridad.

Julio Tudela

Observatorio de Bioética

Universidad Católica de Valencia

 

 

Los adolescentes

En los últimos años debemos contemplar dos aspectos sociales de gran relevancia que influyen en los adolescentes, y normalmente para mal. Por un lado, la influencia de las redes sociales, y por otro lado la frecuencia de familias rotas.

“Para algunos adolescentes, la posibilidad de contactar con sus amigos y estar conectado con ellos en todo momento y en cualquier sitio no sólo es cómodo sino necesario. Este uso intenso de los medios sociales digitales, conocido por ser típico de la adolescencia, refuerza el sentimiento de estar en consonancia con su generación” (p. 37). Y esta necesidad creada en solo los últimos 15 años no deja de preocupar, porque lo que puede ser un canal de amistad, es indudable que lo es también de pérdidas ingentes de tiempo y de riesgos evidentes de transmitir contenidos muchas veces dañinos.

Los jóvenes de estas edades necesitan la amistad de sus padres. No es fácil y el problema surge sobre todo en la falta de dedicación de tiempo y, a veces, en la falta de empatía. Si los padres se acercan a los hijos solo para exigir o regañar, no hay nada que hacer. Pero con tiempo, con dedicación de esos ratos tranquilos que debe haber en los hogares, se consigue mucho. Y claro, en el momento en que el matrimonio se rompe, se rompen muchas cosas importantes en la educación de los hijos, especialmente de los adolescentes.

Es este, sin duda, un aspecto, de gran utilidad para padres con hijos en esa edad, o que llegarán pronto.

José Morales Martín

 

 

DEL CORONAVIRUS Y OTRAS PANDEMIAS.

Termina el estado de alarma. Ha sido muy doloroso, por los muchos fallecidos, por el desastre económico que ha provocado, y el paro. También ha tenido aspectos positivos, como el gran ejemplo de solidaridad que ha movido a personas, instituciones y políticos (de estos, pocos).

Parece que el coronavirus pasa, pero no nos olvidemos de otras pandemias que asolan a la sociedad, provocadas por el hombre. Hablaré solo de dos: el aborto y la eutanasia .Ellas son como el resumen de todos los males que acechan a la humanidad: la soberbia y un exacerbado egoísmo.

La soberbia, porque se suplanta a Dios Creador de la Ley Natural, que reconoce el derecho a la vida de todo ser concebido.Y el egoísmo, porque se niega la dignidad del ser humano, poniéndolo al nivel de la rentabilidad de un producto de consumo. 

Son ejemplares las muestras de afecto a los infectados del virus, así como los aplausos de agradecimiento a sanitarios, policía, y otros grupos que han plantado cara a esta pandemia.

Pero es deplorable que esa actitud no se refleje en un apoyo sin fisuras del pueblo a erradicar de la sociedad estas otras pandemias que se contagian en el pensamiento, en el corazón, en la conciencia…

Amparo Tos Boix, Valencia.

 

 

Rendir cuentas

Todos los recursos que la Iglesia recibe y gestiona son para llevar a cabo su misión: anunciar y vivir el Evangelio, educar en la fe, servir a los pobres, generar la cultura del encuentro, y promover la vida y la dignidad de cada persona en cualquier circunstancia.

La Iglesia sabe que es portadora de un tesoro de gracia que viene de su Señor, pero está llamada a comunicarlo a través de las manos, la inteligencia y el corazón de hombres y mujeres que caminan en la historia. Por eso necesita recursos económicos cuyo uso podemos valorar a través de los datos de la Memoria de actividades de la Iglesia Católica en España durante 2018 presentada el pasado día 5. Rendir cuentas, como hace la Iglesia anualmente, es parte de un compromiso que va más allá de las obligaciones o las recomendaciones de tipo legal. Se trata de un ejercicio de transparencia que refleja el rostro real de una Iglesia comprometida con las personas y con la sociedad en la que está cordialmente arraigada.

Pedro García

 

 

Reflexionar sobre la Familia

Al anunciar su catequesis sobre la familia, el papa Francisco señaló que iba “a reflexionar durante este año, precisamente sobre la familia, sobre este gran don que el Señor entregó al mundo desde el inicio, cuando confirió a Adán y Eva ((hombre y mujer)) la misión de multiplicarse y llenar la tierra (cf. Gn 1, 28). Ese don que Jesús confirmó y selló en su Evangelio”.

“Y esta es la gran misión de la familia: dejar sitio a Jesús que viene, acoger a Jesús en la familia, en la persona de los hijos, del marido, de la esposa, de los abuelos... Jesús está allí. Acogerlo allí, para que crezca espiritualmente en esa familia. Que el Señor nos dé esta gracia”. (audiencia del 17 diciembre 2014).

“Gran don de Dios”

En algunos momentos de la vida de una familia esa conciencia viva de que es un “gran don de Dios”, se puede perder o, al menos, no saborear en toda su riqueza y grandeza. Y, también puede ocurrir, y de hecho ocurre que cuando las situaciones se complican, las dificultades se hacen más difíciles de solucionar, cuando parece que se ha llegado al límite de las fuerzas, el esplendor de ese “don de Dios” surge con más luz y con más viveza. Se redescubre el amor conyugal, el amor filial, el amor familiar. Se redescubre que la alegría y la paz de las bodas de Caná lo llenan todo.

Juan García. 

 

 

Los “okupas” y otros delincuentes peores

 

LOS OKUPAS EN ESPAÑA: “Varias decenas de vecinos de Premià de Mar (Barcelona) asaltaron un piso ocupado por «jóvenes migrantes» (como le llaman los medios de izquierdas a los MENAS), a los que trataron de desalojar a pedradas contra la fachada de una vivienda. La escena es una más que retrata el hartazgo de ciudadanos españoles que ven cómo con el dinero de sus impuestos se alienta la okupación de viviendas con total de impunidad.(Periodista Digital 17-06-2020)

       Como contrapartida a lo que aquí se permite a los delincuentes, les copio un relato escrito por mí en Suiza, año 1993, en que junto a mi esposa, nos encontrábamos alojados en el Hotel "d'Auteuil", y el que se encuentra en Lausana y muy cercano a la Plaza de "Cornavin", por tanto bastante céntrico. Resalto que era ya muy avanzado el mes de noviembre, y Suiza en gran parte de la misma estaba nevada y por tanto el ambiente era de invierno… “Hasta las nueve no tendremos la cena, por tanto subimos a nuestra habitación; y ya en ella, para "pasar el tiempo", sintonizo la radio que en la misma existe y por pura casualidad, "aparece radio Berna y hablando en español", la que está ofreciendo un informativo para todos los países de habla hispana. Por este noticiario me informo que el ministro español de gobernación (Sr. Corcuera) ha dimitido hoy, cosa "sin mayor importancia para mí", pero sí que me llama la atención otra noticia y es la siguiente... "doscientos okupas (desarraigados que suelen ocupar edificios vacíos o abandonados) han sido desalojados de unos edificios privados, mediante la fuerza policial, auxiliada por los bomberos, los que han empleado sus mangueras a presión en "baldear" y echar a estos okupas"...?  Es claro (la noticia me lo confirma) que aquí en Suiza (el hecho que refiero ha tenido lugar en la propia Berna) no se andan con "muchas contemplaciones", para hacer cumplir "su ley", creo  que por ello y en contraposición con otros países (entre ellos España) aquí no existen ni negocios, o comercios "blindados", ni cierres o rejas "carcelarias"; y por ello, hemos podido ver, incluso joyerías, exponiendo en sus escaparates piezas de un cierto valor apreciable (en millones de pesetas) y las que protegen solo cristales de mayor o menor grosor, pero cristales al fin y al cabo. También he visto puestos de venta de periódicos instalados en las aceras de las calles y donde se practica el autoservicio, donde el cliente, coge el periódico y deposita su importe en una ranura, que tiene una caja metálica de construcción muy sencilla, anexa al citado puesto y ello, "funciona"; lo que demuestra que aquí hay mucha educación cívica o que... "las leyes suizas, surten el efecto deseado y las gentes tienen el suficiente respeto o miedo y... las cumplen".

       Y reitero, este hecho ocurría en la muy civilizada Suiza, y los ocupas fueron echados a la calle incluso “a mangazo limpio y con agua fría”; lo que demuestra que cuando hay leyes y se cumplen, si la delincuencia no desaparece totalmente, pero sí que se reduce una enormidad; y reitero, este hecho, era hace veintisiete años. Aquí en España “pareciera”, que las leyes van más bien en favor del delincuente, que de las víctimas de sus fechorías. Y es claro que así nos va.

 

“JUNQUERAS NO PODRÁ EJERCER NINGÚN CARGO PÚBLICO NI PRESENTARSE A LAS ELECCIONES HASTA 2031 FRANCISCO VELASCO | MADRID: El Tribunal Constitucional (TC)rechaza por unanimidad suspender las condenas a los líderes golpistas catalanes”. (Periodista Digital 16-06-2020)

            Menos mal que aparecen jueces que demuestran serlo y se atienen a las leyes que corresponden a los delitos; y no olvidemos que estos individuos, son rebeldes que se rebelaron contra nada menos que “la ley madre”, cuál es la Constitución Española; por ello que carguen con las consecuencias.  Puesto que está visto lo que aquí ocurre con los mayores responsables de delitos; y es como dice el dicho popular… “mientras más te agaches más se te verá el culo”.

 

Podemos prepara una ofensiva contra Felipe González para evitar injerencias en el Gobierno: Los morados creen que detrás de los cambios en Prisa se encuentra el expresidente y erigen una barrera para evitar que Sánchez plantee cambios estructurales en el Ejecutivo. La contraofensiva se realizará en el Congreso y en la prensa y algunos en Podemos apuntan a las propiedades del expresidente. (Vozpópuli 17-06-2020)

       Está claro que todo son intrigas, zancadillas, y destruir “al enemigo”, pero todo “se cuece o desarrolla en la casta política”; a los súbditos que somos los que “mantenemos el gasto con los grandes impuestos que soportamos”, no pintamos absolutamente nada que no sea pagarles sus desaciertos; y esta situación ya rebasa lo que se califica de corrupción, puesto que esto es ya un saqueo impune; y como los que tienen que arreglar esta situación, siguen en sus luchas, el resultado final ya es inimaginable por lo terrible que puede ser.

 

LA VERDAD DEL ESPAÑOL Y RESTO DE MONOS HUMANOS: Se podría escribir mucho sobre la inconsciencia del español, sus miedos y pelotilleos, su cobardía, etc., pero me bastaré hoy, con lo que escribió un poeta andaluza de fama y que curiosamente era republicano y socialista... Pero esto ocurree en todo el planeta

 

     "EN ESPAÑA DE CIEN CABEZAS, UNA PIENSA... EL RESTO EMBISTEN"   Creo recordar que lo escribió, nada menos que Antonio Machado.

 

COMUNISMO Y WINSTON CHURCHILL: "Poned a un comunista al frente del desierto del Sahara, en 5 años habrá escasez de arena". (Publicado en un foro por un visitante)

 

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)