Las Noticias de hoy 25 Mayo 2020

Enviado por adminideas el Lun, 25/05/2020 - 12:03

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 25 de mayo de 2020   

Indice:

ROME REPORTS

El Papa Francisco anuncia un “año de Laudato si´”

Regina Coeli: “Jesús nos promete permanecer siempre con nosotros”

El Papa vuelve a saludar con fieles en la Plaza San Pedro

EL DON DE CONSEJO: Francisco Fernandez Carbajal

"Que sepamos abrir el alma": San Josemaria

Novena a san Josemaría por la familia

Enamoramiento: el papel de los sentimientos y las pasiones (1): Enrique Rojas

Expertos católicos diseñan el post-coronavirus en la Iglesia | Mayo 22,23,24

El Coronavirus, el inesperado “STOP” para el mundo: MTF Rosario Prieto

Tanto amor me sobrepasa Señor​: Sheila Morataya

Cañizares, a los periodistas: “Más aún ahora deben buscar y comunicar la verdad”

Redescubriendo la Familia: Ernesto Juliá 

¿Eutanasia? Médico de paliativos: «Un enfermó me la pidió y cuando se controló el dolor, la rechazó»: J. Lozano

Entre herencias y virtudes: Blanca Sevilla

Cuidado con los vicios: Silvia del Valle

¿Pueden las calamidades considerarse castigo de Dios?: Julio Loredo

La responsabilidad personal: Suso do Madrid

La búsqueda de sus grandes preguntas: Juan García. 

Después de doce semanas:  Jesús D Mez Madrid

Rodeado de daños colaterales: Domingo Martínez Madrid

Los “Argonautas”: de Vicente Blasco Ibáñez: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

 

El Papa Francisco anuncia un “año de Laudato si´”

Por “un mundo más fraterno y más sostenible”

MAYO 24, 2020 16:59ANITA BOURDINANGELUS Y REGINA COELI

(zenit – 24 mayo 2020).- Las tres recomendaciones del Papa Francisco para una “ecología integral” y “un mundo más fraterno y más sostenible”, se resumen en un tweet, en este Día de Oración Laudato si’. El Papa anunció un Año Laudato si´ del 24 de mayo de 2020 al 24 de mayo de 2021 después de la oración de Regina Coeli, en el quinto aniversario de la publicación de su encíclica social y ecológica.

“Una ecología integral implica dedicar un poco de tiempo a redescubrir la serena armonía con la creación”, dijo el Papa en primer lugar.

Luego invitó a “reflexionar sobre nuestro estilo de vida y nuestros ideales”.

Finalmente, el Papa pidió “contemplar al Creador, que vive entre nosotros y en lo que nos rodea. # LaudatoSi5

En una oración, el Papa desea invitar “a escuchar y responder al clamor de la tierra y al grito de los pobres”, y expresa el deseo de que “los sufrimientos actuales son los dolores del nacimiento de un mundo más fraterno y duradero”.

Al evocar este quinto aniversario de la encíclica Laudato si’, después del Regina Coeli, el Papa enfatizó su objetivo: “llamar la atención sobre el clamor de la Tierra y de los pobres”.

El Papa anunció un “año Laudato si’«: “Gracias a la iniciativa del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, la Semana Laudato si’ «, que acabamos de celebrar, florecerá en un año especial de aniversario de Laudato si´, un año especial para reflexionar sobre la encíclica, desde el 24 de mayo de este año hasta el 24 de mayo del próximo”.

Insistió en la hermandad humana: “invito a todas las personas de buena voluntad a unirse a nosotros para cuidar nuestro casa común y nuestros hermanos y hermanas más frágiles. La oración dedicada a este año se publicará en el sitio web. Será bueno rezarla”.

En otro tweet, el Papa expresa este extracto de su oración: “Dios del amor, muéstranos nuestro lugar en este mundo como instrumentos de tu afecto por todos los seres en esta tierra, porque ninguno de ellos está olvidado dante ti. Alabado seas. # LaudatoSi5 ″

El Papa ha compuesto una oración para este año especial:

Dios amoroso,
creador del cielo, la tierra y todo lo que contienen.
Abre nuestras mentes y toca nuestros corazones,
para que podamos ser parte de la creación, tu regalo.

Esté allí para los necesitados en estos tiempos difíciles,
especialmente los más pobres y vulnerables.
Ayúdenos a mostrar solidaridad creativa frente a las consecuencias de esta pandemia global.
Haznos valientes para aceptar los cambios realizados
en pos del bien común.
Ahora más que nunca, ¿qué podemos sentir todos que estamos
interconectados e interdependientes?

Haznos escuchar y responder
al grito de la tierra y al grito de los pobres.
Que los sufrimientos actuales sean los dolores de parto de
un mundo más fraterno y más sostenible.

Bajo la mirada amorosa de María Auxiliadora,
te rezamos a través de Cristo nuestro Señor.
Amén.

 

 

Regina Coeli: “Jesús nos promete permanecer siempre con nosotros”

Palabras del Papa antes de la oración mariana

MAYO 24, 2020 13:29RAQUEL ANILLOANGELUS Y REGINA COELI

(zenit – 24 mayo 2020).- En este VII domingo de Pascua, el Papa  desde la Biblioteca del Palacio Apostólico Vaticano medita el Evangelio de hoy, con esta promesa consoladora de la presencia de Jesús entre nosotros.: “Id por todo el mundo haciendo discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado, porque Yo estaré con nosotros todos los días hasta el final de los tiempos”.

A continuación las palabras del Papa:

***

Palabras del Papa  antes del Regina Coeli

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy, en Italia y en otros países, celebramos la solemnidad de la Ascensión del Señor. El pasaje del Evangelio (cf. Mt 28, 16-20) nos muestra a los Apóstoles reunidos en Galilea, “en la montaña que Jesús les había indicado” (v. 16). Aquí tiene lugar el último encuentro del Señor Resucitado con los suyos. La “Montaña” tiene una fuerte carga simbólica y evocadora. En una montaña Jesús proclamó las Bienaventuranzas (cf. Mt 5:1-12); en la montaña se retiraba a orar (cf. Mt 14:23); allí acogía a las multitudes y curaba a los enfermos (cf. Mt 15,29). Pero esta vez, en la montaña, ya no es el Maestro quien actúa y enseña y cura, sino que es Aquel resucitado que pide a los discípulos que actúen y anuncien, confiándoles a ellos el mandato de continuar su obra.

Los inviste con la misión a todo el pueblo. Dice: “Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observa todo lo que os he mandado” (vv. 19-20). El contenido de la misión confiada a los apóstoles son éstos: anunciar, bautizar, enseñar a caminar por el camino trazado por el Maestro, que es el Evangelio, el Evangelio vivo. Este mensaje de salvación implica, en primer lugar, el deber del testimonio, sin testimonio no se puede anunciar a lo que también nosotros, discípulos de hoy, estamos llamados a dar cuenta de nuestra fe. Ante una tarea tan exigente, y pensando en nuestras debilidades, nos sentimos inadecuados, como seguramente se sintieron también los mismos Apóstoles. Pero no hay que desanimarse, recordando las palabras que Jesús les dirigió antes de ascender al Cielo: “Estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (v. 20).

Esta promesa asegura la constante y consoladora presencia de Jesús entre nosotros. Pero, ¿de qué modo se realiza esta presencia? A través de su Espíritu, que conduce a la Iglesia a caminar en la historia como la compañera de cada hombre. Ese Espíritu que, enviado por Cristo y el Padre, obra la remisión de los pecados y santifica a todos aquellos que, arrepentidos, se abren con confianza a su don

.

Con la promesa de permanecer con nosotros hasta el final de los tiempos, Jesús inaugura el estilo de su presencia en el mundo como el Resucitado, Jesús está presente en el mundo pero con otro estilo, con el estilo del Resucitado, es decir: una presencia que se revela en la Palabra, en los Sacramentos, en la constante e interior acción del Espíritu Santo. La fiesta de la Ascensión nos dice que Jesús, aunque habiendo ascendido al Cielo para morar gloriosamente a la derecha del Padre, está todavía y siempre entre nosotros, de ahí derivan nuestra fuerza, nuestra perseverancia y nuestra alegría, justamente en la presencia de Jesús entre nosotros con la fuerza del Espíritu Santo.

Que la Virgen María acompañe nuestro camino con su protección maternal: de Ella aprendemos la dulzura y el coraje de ser testigos en el mundo del Señor resucitado.

 

 

El Papa vuelve a saludar con fieles en la Plaza San Pedro

Palabras del Papa después de la oración mariana

MAYO 24, 2020 15:53RAQUEL ANILLOANGELUS Y REGINA COELI

(zenit – 24 mayo 2020).- Al final del Regina Coeli de este domingo 24 de mayo de 2020, el Papa se ha dirigido a la ventana del estudio del palacio Apostólico Vaticano asomándose para bendecir a los primeros fieles que se han congregado en la Plaza de San Pedro después de este tiempo de confinamiento.

He aquí las palabras del Papa después del Regina Coeli:

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Palabras del Papa después del Regina Coeli

Queridos hermanos y hermanas,

Unámonos espiritualmente con los fieles católicos de China, que están celebrando hoy, con particular devoción, la fiesta de la Santísima Virgen María, Auxilio de los Cristianos y Patrona de China, venerada en el santuario de Sheshan en Shanghai. Confiamos a la guía y a la protección de nuestra Madre Celestial a los pastores y fieles de la Iglesia Católica en ese gran país, para que sean fuertes en la fe y firmes en la unión fraternal, testigos alegres y promotores de caridad y fraterna y buenos ciudadanos.

Queridos hermanos y hermanas católicos en China, deseo aseguraros que la Iglesia universal, de la cual son parte integrante, comparten sus esperanzas y los sostiene en sus pruebas de la vida. Ella os acompaña con la oración por una nueva efusión del Espíritu Santo, para que en vosotros pueda resplandecer la luz y la belleza del Evangelio, el poder de Dios para la salvación de todos los que creen.

Al expresaros a todos vosotros una vez más mi gran y sincero afecto, les imparto una especial Bendición. ¡Que Nuestra Señora os proteja siempre!

Finalmente, confiamos a la intercesión de María Auxiliadora a todos los discípulos del Señor y a todas las personas de buena voluntad que, en estos tiempos difíciles, en todas partes del mundo trabajan con pasión y compromiso por la paz, por el diálogo entre las naciones, por el servicio a los pobres, por el cuidado de la creación y por la victoria de la humanidad sobre toda enfermedad del cuerpo, el corazón y el alma.

Hoy también se celebra la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, dedicada este año al tema de la narración. Que este evento nos anime a narrar y compartir historias constructivas, que nos ayuden a entender que todos somos parte de una historia más grande que nosotros mismos y que podemos mirar hacia el futuro con esperanza, si realmente nos cuidamos como hermanos los unos a los otros.

Hoy, en el día de María Auxiliadora, dirijo un afectuoso y cordial saludo a los Salesianos y Salesianas. Recuerdo con gratitud la formación espiritual que recibí de los hijos de Don Bosco.

Hoy habría tenido que ir a Acerra, para apoyar la fe de esa población y el compromiso de todos los que trabajan para combatir la tragedia de la contaminación en la llamada Tierra de fuego. Mi visita ha sido pospuesta; sin embargo, envío al Obispo, a los sacerdotes, a las familias y a toda la comunidad diocesana mis saludos, mi bendición y mi ánimo, en espera de encontrarnos lo antes posible. ¡Iré, seguro!

Y hoy es también el quinto aniversario de la Encíclica Laudato sí´, con la que intentamos llamar la atención sobre el clamor de la Tierra y los pobres. Gracias a la iniciativa del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, la “Semana Laudato sí´”, que acabamos de celebrar, desembocará en un año especial de la  Laudato sí´, un año especial para reflexionar sobre la Encíclica, desde el 24 de mayo de este año hasta el 24 de mayo del próximo año, por ello Invito a todas las personas de buena voluntad a unirse, para cuidar de nuestro casa común y de nuestros hermanos más frágiles. En la página web se publicará la oración dedicada a este año, hay que rezarla.

Les deseo a todos un buen domingo y por favor no se olviden de rezar por mí, buen almuerzo y adios

 

EL DON DE CONSEJO

— El don de consejo y la virtud de la prudencia.

— El don de consejo es una gran ayuda para mantener una conciencia recta.

— Los consejos de la dirección espiritual. Medios que facilitan la actividad de este don.

I. Son muchas las ocasiones de desviarnos del camino que conduce a Dios, muchos son los senderos equivocados que a menudo se presentan. Pero el Señor nos ha asegurado: Yo te haré saber y te enseñaré el camino que debes seguir; seré tu consejero y estarán mis ojos sobre ti1. El Espíritu Santo es nuestro mejor Consejero, el más sabio Maestro, el mejor Guía. Cuando os entreguen –prometía el Señor a los Apóstoles refiriéndose a situaciones extremas en las que se encontrarían– no os preocupéis de cómo o qué hablaréis, porque se os dará en aquella hora lo que debéis decir. No seréis vosotros los que habléis, sino el Espíritu de vuestro Padre será el que hable por vosotros2. Tendrían una especial asistencia del Paráclito, como la han tenido los cristianos fieles a lo largo de los siglos en circunstancias similares.

La conducta de tantos mártires cristianos prueba cómo se ha cumplido en la vida de los fieles aquella promesa que les hizo Jesús. Conmueve el comprobar la serenidad y la sabiduría de personas a veces de escasa cultura, incluso de niños, según ha quedado constancia en numerosos documentos. El Espíritu Santo, que nos asiste aun en las circunstancias de menos relieve, lo hará de una manera singular cuando debamos confesar nuestra fe en situaciones difíciles.

El Espíritu Santo, mediante el don de consejo, perfecciona los actos de la virtud de la prudencia, que se refiere a los medios que se deben emplear en cada situación. Con mucha frecuencia debemos tomar decisiones; unas veces en asuntos importantes, otras, en materias de escasa entidad. En todas ellas, de alguna manera, tenemos comprometida nuestra santidad. Dios concede el don de consejo a las almas dóciles a la acción del Espíritu Santo, para decidir con rectitud y rapidez. Es como un instinto divino para acertar en el camino que más conviene para la gloria de Dios. De la misma manera que la prudencia abarca todo el campo de nuestro actuar, el Espíritu Santo, por el don de consejo, es Luz y Principio permanente de nuestras acciones. El Paráclito inspira la elección de los medios para llevar a cabo la voluntad de Dios en todos nuestros quehaceres. Nos lleva por los caminos de la caridad, de la paz, de la alegría, del sacrificio, del cumplimiento del deber, de la fidelidad en lo pequeño. Nos insinúa el camino en cada circunstancia.

La vida interior de cada uno es el primer campo donde este don ejerce su acción. Ahí, en el alma en gracia, actúa el Paráclito de una manera callada, suave y fuerte a la vez. «Es tan hábil para enseñar este sapientísimo Maestro, que es lo más admirable ver su modo de enseñar. Todo es dulzura, todo es cariño, todo bondad, todo prudencia, todo discreción»3. De estas «enseñanzas» y de esta luz en el alma vienen esos impulsos, las llamadas a ser mejores, a corresponder más y mejor. De aquí vienen esas resoluciones firmes, como instintivas, que cambian una vida o son el origen de una mejora eficaz en las relaciones con Dios, en el trabajo, en el actuar concreto de cada día.

Para dejarnos aconsejar y dirigir por el Paráclito debemos desear ser por entero de Dios, sin poner conscientemente límites a la acción de la gracia; buscar a Dios por ser Quien es, infinitamente digno de ser amado, sin esperar otras compensaciones, tanto en los momentos en que todo se presenta más fácil como en situaciones de aridez. «A Dios hay que buscarle, servirle y amarle desinteresadamente; ni por ser virtuoso, ni por adquirir la santidad, ni por la gracia, ni por el Cielo, ni por la dicha de poseerle, sino solo por amarle; y cuando nos ofrece gracias y dones, decirle que no, que no queremos más que amor para amarle; y si nos llega a decir pídeme cuanto quieras, nada, nada le debemos pedir; solo amor y más amor, para amarle y más amarle»4. Y con el amor a Dios llega todo lo que puede saciar el corazón del hombre.

II. El don de consejo supone haber puesto los demás medios para actuar con prudencia: recabar los datos necesarios, prever las posibles consecuencias de nuestras acciones, echar mano de la experiencia en casos análogos, pedir consejo oportuno cuando el asunto lo requiera... Es la prudencia natural, que resulta esclarecida por la gracia. Sobre ella actúa este don; es el que hace más rápida y segura la elección de los medios, la respuesta oportuna, el camino que debemos seguir. Existen casos en los que no es posible aplazar la decisión, porque las circunstancias requieren una respuesta segura e inmediata, como la que dio el Señor a los fariseos que le preguntaban con mala fe si era lícito o no pagar el tributo al César. El Señor pidió una moneda con que se pagaba el tributo, y les preguntó: ¿De quién es esta imagen y esta inscripción? Le respondieron: del César. Entonces les dijo: Dad, pues, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Al oírlo se quedaron admirados y dejándole se marcharon5.

El don de consejo es de gran ayuda para mantener una conciencia recta, sin deformaciones, pues, si somos dóciles a esas luces y consejos con que el Espíritu Santo ilumina nuestra conciencia, el alma no se evade ni autojustifica ante las faltas y los pecados, sino que reacciona con la contrición, con un mayor dolor por haber ofendido a Dios. Este don ilumina con claridad el alma fiel a Dios para no aplicar equivocadamente las normas morales, para no dejarse llevar por los respetos humanos, por criterios del ambiente o de la moda, sino según el querer de Dios. El Paráclito advierte, por sí o por otros, acerca de la senda recta y señala los caminos a seguir, quizá distintos de los que sugiere el «espíritu del mundo». Quien deja de aplicar las normas morales, importantes o menos importantes, a su conducta concreta es porque prefiere hacer su antojo antes que cumplir la voluntad de Dios.

Ser dóciles a las luces y mociones interiores que el Espíritu Santo inspira en nuestro corazón de ningún modo excluye «el que se consulte a los demás, ni el que se escuchen humildemente las directrices de la Iglesia. Al contrario, los santos se han mostrado siempre presurosos a someterse a sus superiores, con el convencimiento de que la obediencia es el camino real, el más rápido y seguro, hacia la santidad más alta. El Espíritu Santo inspira Él mismo esta filial sumisión a los legítimos representantes de la Iglesia de Cristo: Quien a vosotros oye, a mí me oye, y el que a vosotros desecha a mí me desecha (Lc 10, 16)»6.

III. Este don de consejo es particularmente necesario a quienes tienen la misión de orientar y guiar a otras almas. Santo Tomás enseña que «todo buen consejo acerca de la salvación de los hombres viene del Espíritu Santo»7. Los consejos de la dirección espiritual –por los que tantas veces y de modo tan claro nos habla el Espíritu Santo– debemos recibirlos con la alegría de quien descubre una vez más el camino, con agradecimiento a Dios y a quien hace sus veces, y con el propósito eficaz de llevarlos a la práctica. En ocasiones estos consejos tienen particulares resonancias en el alma de quien las recibe, promovidas directamente por el Espíritu Santo.

El don de consejo es necesario para la vida diaria, tanto para los propios asuntos como para aconsejar a nuestros amigos en su vida espiritual y humana. Este don corresponde a la bienaventuranza de los misericordiosos8, pues «hay que ser misericordiosos para saber dar discretamente un consejo saludable a quienes de él tienen necesidad; un consejo provechoso, que lejos de desalentarles les anime con fuerza y suavidad al mismo tiempo»9.

Hoy pedimos al Espíritu Santo que nos conceda ser dóciles a sus inspiraciones, pues el mayor obstáculo para que el don de consejo arraigue en nuestra alma es el apegamiento al juicio propio, el no saber ceder, la falta de humildad y la precipitación en el obrar. Facilitaremos la acción de este don, si nos acostumbramos a llevar a la oración las decisiones importantes de nuestra vida: «no tomes una decisión sin detenerte a considerar el asunto delante de Dios»10; si procuramos despegarnos del propio criterio: «no desaproveches la ocasión de rendir tu propio juicio», aconseja San Josemaría Escrivá11; si somos completamente sinceros a la hora de pedir un consejo en la dirección espiritual, o a la hora de hacer una consulta moral en algún asunto que nos afecta muy directamente: de ética profesional, o para valorar si Dios pide más generosidad para formar una familia numerosa... Si somos humildes, si reconocemos nuestras limitaciones, sentiremos la necesidad, en determinadas circunstancias, de acudir a un consejero. Entonces no acudiremos a uno cualquiera, «sino a uno capacitado y animado por nuestros mismos deseos sinceros de amar a Dios, de seguirle fielmente. No basta solicitar un parecer; hemos de dirigirnos a quien pueda dárnoslo desinteresado y recto (...). En nuestra vida encontramos compañeros ponderados, que son objetivos, que no se apasionan inclinando la balanza hacia el lado que les conviene. De esas personas, casi instintivamente, nos fiamos; porque, sin presunción y sin ruidos de alharacas, proceden siempre bien, con rectitud»12.

El que me sigue no anda en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida13. Si procuramos seguir al Señor cada día de nuestra vida, no nos faltará la luz del Espíritu Santo en todas las circunstancias. Si tenemos rectitud de intención, no permitirá Él que caigamos en el error. Nuestra Madre del Buen Consejo nos conseguirá las gracias necesarias, si acudimos a Ella con la humildad del que sabe que por sí solo tropezará y tomará frecuentemente sendas equivocadas.

1 Sal 32, 8. — 2 Mt 10, 19-20. — 3 Francisca Javiera del Valle, Decenario al Espíritu Santo, Rialp, 4ª ed., Madrid 1974, p. 96. — 4 ídem, loc. cit. — 5 Mt 22, 20-22. — 6 M. M. Philipon, Los dones del Espíritu Santo, Palabra, Madrid 1983, pp. 273-274. — 7 Santo Tomás, Sobre el Padrenuestro, en Escritos de Catequesis, Rialp, Madrid 1975, p. 153. — 8 ídem, Suma Teológica, 2-2, q. 52, a. 4. — 9 R. Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior, Palabra, 9ª ed., Madrid 2003, vol. II, p. 637. — 10 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 266. — 11 Ibídem, n. 177. — 12 ídem, Amigos de Dios, 86 y 88. — 13 Jn 8, 12.

 

 

"Que sepamos abrir el alma"

«Tota pulchra es Maria, et macula originalis non est in te!» –¡toda hermosa eres, María, y no hay en ti mancha original!, canta la liturgia alborozada. No hay en Ella ni la menor sombra de doblez: ¡a diario ruego a Nuestra Madre que sepamos abrir el alma en la dirección espiritual, para que la luz de la gracia ilumine toda nuestra conducta! –María nos obtendrá la valentía de la sinceridad, para que nos alleguemos más a la Trinidad Beatísima, si así se lo suplicamos. (Surco, 339)

25 de mayo

No me abandones, Señor mío: ¿no ves a qué abismo sin fondo iría a parar este pobre hijo tuyo?

–Madre mía: soy también hijo tuyo. (Forja, 314)

Asoma muchas veces la cabeza al oratorio, para decirle a Jesús: ...me abandono en tus brazos.

–Deja a sus pies lo que tienes: ¡tus miserias!

–De este modo, a pesar de la turbamulta de cosas que llevas detrás de ti, nunca me perderás la paz. (Forja, 306) «Nunc coepi!» –¡ahora comienzo!: es el grito del alma enamorada que, en cada instante, tanto si ha sido fiel como si le ha faltado generosidad, renueva su deseo de servir –¡de amar!– con lealtad enteriza a nuestro Dios. (Surco, 161)

 

 

Novena a san Josemaría por la familia

San Josemaría desde el Cielo puede interceder ante Dios para fortalecer la unidad de una familia, mejorar la relación en un matrimonio o ayudar a los hijos ante alguna dificultad. Ofrecemos la novena a San Josemaría por la familia en formato PDF, Mobi y ePub.

REZAR A SAN JOSEMARÍA25/05/2020

📂 Descarga en formato PDF la Novena de la familia a san Josemaría Escrivá

📂 Descarga en formato Mobi la Novena de la familia a san Josemaría Escrivá

📂 Descarga en formato ePub la Novena de la familia a san Josemaría Escrivá


 

Novena a san Josemaría por la familia


Novena a san Josemaría sobre la familia

1º día: El matrimonio, vocación cristiana
2º día: El matrimonio, camino de santidad
3º día: El amor cristiano
4º día: El amor de cada día
5º dia: Hogares luminosos y alegres
6º día: Superar, con Dios, las crisis y dificultades
7º día: Colaboradores de Dios
8º día: Educar a los hijos
9º día: Dios en el hogar


Explicación de la Novena por la familia

Esta Novena -pensada para matrimonios (esposos y padres)- tiene por finalidad pedir a Dios, por intercesión de San Josemaría Escrivá, la gracia de formar una autentica familia cristiana y de mantenerla y mejorarla continuamente, sobre la base firme del amor a Cristo y del ejemplo de la Sagrada Familia, fundamento sobre el cual -con la gracia del Espíritu Santo- toda familia cristiana ha de ser construida.

Cada día de la novena consta de dos partes:

1) La primera es una selección de textos, de enseñanzas de San Josemaría Escrivá que transmiten luces de doctrina cristiana y orientaciones prácticas sobre algún aspecto concreto de la familia. Se incluyen esos textos como temas de reflexión (personal o en conjunto) y de examen de consciencia de cada uno de los participantes.

2) La segunda parte, en consonancia con los textos leídos y meditados, consta de una serie de intenciones, de peticiones dirigidas a Dios nuestro Señor, por intercesión de San Josemaría, para que todo lo que fue meditado se traduzca en propósitos concretos, en esfuerzos sinceros para mejorar en las virtudes, en actitudes y en acciones eficaces para el bien de la familia.

Como se indica en las páginas dedicadas a cada uno de los días de la novena, los que practican esa devoción pueden utilizar todos los textos que se incluyen en ellas - tanto los textos de meditación como los de las intenciones -, o escoger sólo algunos de ellos, como les parezca más conveniente. Sobre el modo de hacer la novena, sugerimos lo siguiente:

- Esta novena -como ya se ha dicho- se dirige principalmente a los esposos y padres, como la finalidad de ayudarles a santificarse en el cumplimiento de sus deberes conyugales y familiares. Por eso, será conveniente que la practiquen los esposos, a solas o en conjunto con otros matrimonios; y también aquellos hijos que, por sus circunstancias personales (por estar ya casados o prometidos) puedan aprovechar mejor la doctrina y las sugerencias prácticas del folleto.

- La novena puede hacerse a lo largo de nueve días consecutivos, o en un solo día semanal a lo largo de nueve semanas; o, con plena libertad, en plazos mayores y ritmos menos regulares -aunque haya interrupciones- , según las posibilidades de los que la practican.

- Cuando hacen la novena uno o varios matrimonios, pueden repartir entre los diversos participantes la lectura - pausada, en voz alta - de los textos para reflexión, de las intenciones y de la oración final a San Josemaría. Puede hacer esa última el que dirige o coordina la novena. Cada matrimonio o grupo de matrimonios, además de determinar libremente los textos que desea escoger, decidirá sobre la conveniencia de hacer o no una pausa de silencio después de cada texto de reflexión que se haya leído y de cada intención. Pueden hacerse también comentarios espontáneos, siempre que se eviten en absoluto criticas o discusiones.

- En el caso de que no sea posible practicar la novena en conjunto, puede hacerse individualmente, del modo que a cada uno le parezca más conveniente. Y los textos de la novena podrán ser usados, oportunamente, para una meditación y examen personal, en silencio, delante de Dios nuestro Señor.


Oración a san Josemaría

Oh Dios, que por mediación de la Santísima Virgen otorgaste a San Josemaría, sacerdote, gracias innumerables, escogiéndole como instrumento fidelísimo para fundar el Opus Dei, camino de santificación en el trabajo profesional y en el cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano: haz que yo sepa también convertir todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte, y de servir con alegría y con sencillez a la Iglesia, al Romano Pontífice y a las almas, iluminando los caminos de la tierra con la luminaria de la fe y del amor. Concédeme por la intercesión de San Josemaría el favor que te pido. Así sea.

Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

 


1º día: El matrimonio, vocación cristiana

Reflexión: Palabras de San Josemaría Escrivá (se pueden leer y meditar todas o sólo algunas, conforme se prefiera)

1. ¿Para qué estamos en el mundo? Para amar a Dios, con todo nuestro corazón y con toda nuestra alma, y para extender ese amor a todas las criaturas. ¿O es que esto parece poco? Dios no deja a ningún alma abandonada a un destino ciego: para todas tiene un designio, a todas las llama con una vocación personalísima, intransferible. El matrimonio es camino divino, es vocación (Conv, nº 106).

2. El matrimonio no es, para un cristiano, una simple institución social, ni mucho menos un remedio para las debilidades humanas: es una auténtica vocación sobrenatural. Sacramento grande en Cristo y en la Iglesia, dice San Pablo, y, a la vez e inseparablemente, contrato que un hombre y una mujer hacen para siempre, porque - queramos o no- el matrimonio instituido por Jesucristo es indisoluble: signo sagrado que santifica, acción de Jesús, que invade el alma de los que se casan y les invita a seguirle, transformando toda la vida matrimonial en un andar divino en la tierra (ECQ, nº 23).

3. Llevo casi cuarenta años predicando el sentido vocacional del matrimonio. ¡Qué ojos llenos de luz he visto más de una vez, cuando -creyendo, ellos y ellas, incompatibles en su vida la entrega a Dios y un amor humano noble y limpio- me oían decir que el matrimonio es un camino divino en la tierra! (Conv, nº 91).

4. Es importante que los esposos adquieran sentido claro de la dignidad de su vocación, que sepan que han sido llamados por Dios a llegar al amor divino también a través del amor humano; que han sido elegidos, desde la eternidad, para cooperar con el poder creador de Dios en la procreación y después en la educación de los hijos; que el Señor les pide que hagan, de su hogar y de su vida familiar entera, un testimonio de todas las virtudes cristianas (Conv, nº 93).

5. Los esposos cristianos […] deben comprender la obra sobrenatural que implica la fundación de una familia, la educación de los hijos, la irradiación cristiana en la sociedad. De esta conciencia de la propia misión dependen en gran parte la eficacia y el éxito de su vida: su felicidad (Conv, nº 91).

6. El amor, que conduce al matrimonio y a la familia, puede ser también un camino divino, vocacional, maravilloso, cauce para una completa dedicación a nuestro Dios. Realizad las cosas con perfección, os he recordado, poned amor en las pequeñas actividades de la jornada, descubrid ese algo divino que en los detalles se encierra… (Conv, nº 121).

* * *

Intenciones (se pueden enunciar todas, o escoger sólo algunas)

Pidamos a Dios nuestro Señor, por intercesión de San Josemaría:

A - Que nos haga comprender la grandeza del matrimonio cristiano; que entendamos que se trata de una vocación divina - una llamada personal, amorosa, de Dios - y de una misión que Él nos confía en el mundo: formar una familia cristiana, sana y santa, "célula fundamental, célula vital - como dijo el Papa Juan Pablo II - de la gran y universal familia humana" y de la Iglesia.

B - Que nos conceda la alegría de saber que nuestro matrimonio y nuestra familia son un camino divino, en el cual - cultivando una intensa vida espiritual y ayudándonos unos a otros - podemos y debemos seguir a Cristo, camino, verdad y vida, e imitar su amor y su entrega.

C - Que no nos olvidemos nunca de que Dios nos acompaña, fortalece y ampara con la gracia del Sacramento del Matrimonio; y, por eso, que confiemos en que Él -con la gracia del Espíritu Santo- no llenará de bendiciones y nos hará capaces de enfrentar fielmente todas las responsabilidades y problemas de la vida familiar.

D - Que Él siempre nos recuerde el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret, Jesús, María y José, que - llenos de fe y de amor, y olvidándose de si mismos - vivieron plenamente entregados a amar a Dios Padre, y unos a otros, con una dedicación alegre e sencilla, llena de generosidad y de espíritu de servicio.

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2º día: El matrimonio, camino de santidad

Reflexión: Palabras de San Josemaría Escrivá (se pueden leer y meditar todas o sólo algunas, conforme se prefiera)

1. Ésta es la voluntad de Dios, vuestra santificación. Hoy, una vez más me lo propongo a mí, y os recuerdo también a vosotros y a la humanidad entera: ésta es la Voluntad de Dios, que seamos santos […] ¿Y qué nos dice a los casados? ¿Qué, a los que trabajamos en el campo? ¿Qué, a las viudas? ¿Qué, a los jóvenes? […]. Y suelo puntualizar que Jesucristo Señor Nuestro predicó la buena nueva para todos, sin distinción alguna […]. A cada uno llama a la santidad, de cada uno pide amor: jóvenes y ancianos, solteros y casados, sanos y enfermos, cultos e ignorantes, trabajen donde trabajen, estén donde estén (AD, n. 294).

2. El matrimonio está hecho para que los que lo contraen se santifiquen en él, y santifiquen a través de él: para eso los cónyuges tienen una gracia especial, que confiere el sacramento instituido por Jesucristo. Quien es llamado al estado matrimonial, encuentra en ese estado -con la gracia de Dios- todo lo necesario para ser santo, para identificarse cada día más con Jesucristo, y para llevar hacia el Señor a las personas con las que convive. Por esto pienso siempre con esperanza y con cariño en los hogares cristianos, en todas las familias que han brotado del sacramento del matrimonio, que son testimonios luminosos de ese gran misterio divino (Conv, n. 91).

3. Los casados están llamados a santificar su matrimonio y a santificarse en esa unión; cometerían por eso un grave error, si edificaran su conducta espiritual a espaldas y al margen de su hogar. La vida familiar, las relaciones conyugales, el cuidado y la educación de los hijos, el esfuerzo por sacar económicamente adelante a la familia y por asegurarla y mejorarla, el trato con las otras personas que constituyen la comunidad social, todo eso son situaciones humanas y corrientes que los esposos cristianos deben sobrenaturalizar [santificar] (ECQ, n. 23).

4. [El nacimiento de Jesús, nuestro Salvador] se cumple en medio de las circunstancias más normales y ordinarias: una mujer que da a luz, una familia, una casa. La Omnipotencia divina, el esplendor de Dios, pasan a través de lo humano, se unen a lo humano. Desde entonces los cristianos sabemos que, con la gracia del Señor, podemos y debemos santificar todas las realidades limpias de nuestra vida. No hay situación terrena, por pequeña y corriente que parezca, que no pueda ser ocasión de un encuentro con Cristo y etapa de nuestro caminar hacia el Reino de los cielos (ECQ, n. 22).

5. Hijos míos, allí donde están vuestros hermanos los hombres, allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo. Es, en medio de las cosas más materiales de la tierra, donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres (Conv, n. 113).

6. Admira la bondad de nuestro Padre Dios: ¿no te llena de gozo la certeza de que tu hogar, tu familia, tu país, que amas con locura, son materia de santidad? (F, n. 689)

7. Santificar el hogar día a día, crear, con el cariño, un auténtico ambiente de familia: de eso se trata. Para santificar cada jornada, se han de ejercitar muchas virtudes cristianas; las teologales en primer lugar y, luego, todas las otras: la prudencia, la lealtad, la sinceridad, la humildad, el trabajo, la alegría... (ECQ, n. 23).

* * *

Intenciones (se pueden enunciar todas, o escoger sólo algunas)

Pidamos a Dios nuestro Señor, por intercesión de San Josemaría:

A - Que comprendamos que, viviendo con amor y con la mirada puesta en Dios los deberes conyugales y familiares (deberes de esposos, de padres, de hijos), podemos santificarnos; o sea, que podemos ir alcanzando, paso a paso, las cumbres del ideal cristiano de santidad, y crecer día tras día en la identificación con Jesucristo, imitando especialmente su amor y las demás virtudes cristianas.

B - Que Él coloque en nuestro corazón el entusiasmo por ese ideal de santidad, que no es sólo para las almas totalmente dedicadas a Dios en el celibato, sino también para nosotros, los casados, pues la vocación para la santidad, como enseñó San Josemaría y la Iglesia proclama insistentemente, es para todos los hijos de Dios, para todos los bautizados: solteros, casados, viudos…, sea cual sea su situación en el mundo.

C - Que nos ayude a crear un auténtico ambiente de familia, que sepamos luchar para vivir las virtudes que nos lleven "a ser y a hacer familia": el cariño abnegado, la humildad y el olvido de sí, la comprensión, la grandeza de corazón para olvidar y perdonar, y todo lo que contribuya a vencer las pequeñeces del egoísmo y a hacer triunfar el amor.

D - Que nos demos cuenta de que Cristo está presente y nos espera en todos los momentos y circunstancias de la vida familiar, y que enfoquemos cada uno de nuestros deberes como una respuesta de amor a Jesús, una respuesta a lo que Él espera de nosotros.

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3º día: El amor cristiano

Reflexión: Palabras de San Josemaría Escrivá (se pueden leer y meditar todas o sólo algunas, conforme se prefiera)

1. El amor tiene necesariamente sus características manifestaciones. Algunas veces se habla del amor como si fuera un impulso hacia la propia satisfacción, o un mero recurso para completar egoístamente la propia personalidad. Y no es así: amor verdadero es salir de sí mismo, entregarse. El amor trae consigo la alegría, pero es una alegría que tiene sus raíces en forma de cruz. Mientras estemos en la tierra y no hayamos llegado a la plenitud de la vida futura, no puede haber amor verdadero sin experiencia del sacrificio, del dolor. Un dolor que se paladea, que es amable, que es fuente de íntimo gozo, pero dolor real, porque supone vencer el propio egoísmo, y tomar el Amor como regla de todas y de cada una de nuestras acciones. (ECQ, n. 43).

2. El amor puro y limpio de los esposos es una realidad santa que yo, como sacerdote, bendigo con las dos manos [...]. El Señor santifica y bendice el amor del marido hacia la mujer y el de la mujer hacia el marido [...]. Ningún cristiano, esté o no llamado a la vida matrimonial, puede desestimarla. (ECQ, n. 24).

3. El amor humano, el amor de aquí abajo en la tierra cuando es verdadero, nos ayuda a saborear el amor divino. Así entrevemos el amor con que gozaremos de Dios y el que mediará entre nosotros, allá en el cielo, cuando el Señor sea todo en todas las cosas (I Corintios 15, 28). Ese comenzar a entender lo que es el amor divino nos empujará a manifestarnos habitualmente más compasivos, más generosos, más entregados. (ECQ, n. 166).

4. Cada uno de nosotros tiene su carácter, sus gustos personales, su genio -su mal genio, a veces- y sus defectos. Cada uno tiene también cosas agradables en su personalidad, y por eso y por muchas más razones, se le puede querer. La convivencia es posible cuando todos tratan de corregir las propias deficiencias y procuran pasar por encima de las faltas de los demás: es decir, cuando hay amor, que anula y supera todo lo que falsamente podría ser motivo de separación o de divergencia. En cambio, si se dramatizan los pequeños contrastes y mutuamente comienzan a echarse en cara los defectos y las equivocaciones, entonces se acaba la paz y se corre el riesgo de matar el cariño (Conv, n. 108).

5. Sólo serás bueno, si sabes ver las cosas buenas y las virtudes de los demás. Por eso, cuando hayas de corregir, hazlo con caridad, en el momento oportuno, sin humillar..., y con ánimo de aprender y de mejorar tú mismo en lo que corrijas (F, n. 455).

* * *

Intenciones

(se pueden enunciar todas, o escoger sólo algunas)

Pidamos a Dios nuestro Señor, por intercesión de San Josemaría:

A - Que nos libre del egoísmo y haga que nunca consideremos el matrimonio como una solución para nuestra realización egoísta, como un modo de ejercer "el derecho de ser feliz". Que veamos que eso seria diluir el valor del matrimonio y transformarlo en un simple medio para alcanzar satisfacciones egocéntricas, placeres y sueños puramente personales. Que no perdamos de vista que es una vocación de amor, de aquel amor verdadero, que -como enseña Jesús- encuentra más alegría en dar que en recibir.

B - Que alcancemos el amor autentico, que consiste en "querer bien", o sea, en querer el bien de los demás (esposa, marido, hijos): aquello que les puede ayudar a ser mejores, a trabajar con más alegría; lo que les puede aliviar los dolores y las sobrecargas; lo que contribuye a aumentar el cariño entre todos; lo que nos pueda unir más, hasta que todos juntos formemos - como dice el Papa Juan Pablo II - una "comunidad de vida y de amor".

C - Que mujer y marido comprendamos que no nos pertenecemos a nosotros mismos, pues, delante de Dios, ofrecimos el uno al otro la disponibilidad generosa del cuerpo - para vivir la unión conyugal santa y pura, de acuerdo con la ley de Dios y de la Santa Iglesia - , y ofrecimos también mutuamente nuestros corazones. Que, por eso, estemos decididos a vivir las atenciones, las delicadezas, la dedicación y el sacrificio propios del amor santificado; y que vivamos con responsabilidad el deber de proteger nuestra fidelidad, con toda la sensibilidad y prudencia necesarias (procurando viajar juntos, siendo discretos y reservados en el trato con colegas, parientes y amigos del otro sexo, etc.).

D - Que todos nos empeñemos - pidiéndole a Dios mucha ayuda - en corregir nuestro mal genio, nuestro mal humor, las fluctuaciones de carácter, nuestras manías, nuestra comodidad, y todos los defectos que perjudican la convivencia; y, al mismo tiempo, que sepamos tener comprensión y paciencia con las faltas ajenas, sin exagerarlas ni dramatizar los problemas.

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4º día: El amor de cada día

Reflexión: Palabras de San Josemaría Escrivá (se pueden leer y meditar todas o sólo algunas, conforme se prefiera)

1. No olviden [los esposos] que el secreto de la felicidad conyugal está en lo cotidiano, no en ensueños. Está en encontrar la alegría escondida que da la llegada al hogar; en el trato cariñoso con los hijos; en el trabajo de todos los días, en el que colabora la familia entera; en el buen humor ante las dificultades, que hay que afrontar con deportividad (Conv, n. 91).

2. Para que en el matrimonio se conserve la ilusión de los comienzos, la mujer debe tratar de conquistar a su marido cada día; y lo mismo habría que decir al marido con respecto a su mujer. El amor debe ser recuperado en cada nueva jornada, y el amor se gana con sacrificio, con sonrisas y con picardía también. Si el marido llega a casa cansado de trabajar, y la mujer comienza a hablar sin medida, contándole todo lo que a su juicio va mal, ¿puede sorprender que el marido acabe perdiendo la paciencia? (Conv, n.107).

3. [Para las esposas] Es siempre actual el deber de aparecer amables como cuando erais novias, deber de justicia, porque pertenecéis a vuestro marido: y él no ha de olvidar lo mismo, que es vuestro y que conserva la obligación de ser durante toda la vida afectuoso como un novio. Mal signo, si sonreís con ironía, al leer este párrafo: sería muestra evidente de que el afecto familiar se ha convertido en heladora indiferencia. (ECQ, n. 26).

4. Cuando la fe vibra en el alma, se descubre que los pasos del cristiano no se separan de la misma vida humana corriente y habitual. Y que esta santidad grande, que Dios nos reclama, se encierra aquí y ahora, en las cosas pequeñas de cada jornada. (AD, n. 312).

5. Cuando un cristiano desempeña con amor lo más intrascendente de las acciones diarias, aquello rebosa de la trascendencia de Dios. Por eso os he repetido, con un repetido martilleo, que la vocación cristiana consiste en hacer endecasílabos de la prosa de cada día. En la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria... (Conv, n. 116).

6. Realizad [los esposos] las cosas con perfección, os he recordado, poned amor en las pequeñas actividades de la jornada, descubrid -insisto- ese algo divino que en los detalles se encierra: toda esta doctrina encuentra especial lugar en el espacio vital, en el que se encuadra el amor humano. (Conv, n. 121).

* * *

Intenciones (se pueden enunciar todas, o escoger sólo algunas)

Pidamos a Dios nuestro Señor, por intercesión de San Josemaría:

A - La gracia de no caer nunca en la rutina y el cansancio en la forma de actuar, de mirar, de hablar unos con otros; en el cariño con que nos saludamos al encontrarnos o despedirnos; en la alegría que manifestamos al llegar a casa; en la educación con que pedimos las cosas ("por favor") y con que las agradecemos; en la delicadeza con que avisamos de nuestras salidas ("voy a salir, estaré en tal lugar hasta las….), y en el esmero con que cuidamos las cosas materiales del hogar.

B - Que marido y mujer, nos tratemos siempre "como si fuéramos novios" (como aconsejaba San Josemaría); que pensemos en las alegrías cotidianas que podemos darnos el uno al otro y a los hijos, a través de tantos pequeños detalles; que no caigamos nunca en el abandono personal (descuido de la presentación y del arreglo personale de la esposa; abandono del marido en la forma de presentarse, de sentarse, de aislarse por comodidad, de omitirse con la excusa de que está cansado); que huyamos, como del demonio, de las groserías, las inconveniencias y las palabras ofensivas.

C - Que no permitamos que la televisión y el ordenador - la Internet - se conviertan en los "dueños" de nuestra casa, en tiranos que ahogan y eliminan los momentos de intimidad, de cambios de impresiones; o la cordialidad de las charlas en la mesa, o los momentos de confidencias a solas entre marido y mujer y entre padres e hijos.

D - Que, como decía San Josemaría, sepamos hacer, de la prosa diaria, poesía heroica, viendo en todos los momentos y circunstancias del trabajo del hogar, del cumplimiento de los deberes cotidianos, hasta de los más materiales (como lavar los platos, hacer la propia cama, poner o recoger la mesa, limpiar la cocina, etc.) ocasiones de amar y de servir, con alegría y con sencillez, servicios que procuramos repartir y asumir entre todos, con generosidad y alegría.

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5º dia: Hogares luminosos y alegres

Reflexión: Palabras de San Josemaría Escrivá (se pueden leer y meditar todas o sólo algunas, conforme se prefiera)

1. Cada hogar cristiano debería ser un remanso de serenidad, en el que, por encima de las pequeñas contradicciones diarias, se percibiera un cariño hondo y sincero, una tranquilidad profunda, fruto de una fe real y vivida. (ECQ, n. 22)

2. La fe y la esperanza se han de manifestar en el sosiego con que se enfocan los problemas, pequeños o grandes, que en todos los hogares ocurren, en la ilusión con que se persevera en el cumplimiento del propio deber. La caridad lo llenará así todo, y llevará a compartir las alegrías y los posibles sinsabores; a saber sonreír, olvidándose de las propias preocupaciones para atender a los demás; a escuchar al otro cónyuge o a los hijos, mostrándoles que de verdad se les quiere y comprende; a pasar por alto menudos roces sin importancia que el egoísmo podría convertir en montañas. (ECQ, n. 23)

3. Lo que verdaderamente hace desgraciada a una persona -y aun a una sociedad entera- es esa búsqueda ansiosa de bienestar, el intento incondicionado de eliminar todo lo que contraría. La vida presenta mil facetas, situaciones diversísimas, ásperas unas, fáciles quizá en apariencia otras. Cada una de ellas comporta su propia gracia, es una llamada original de Dios: una ocasión inédita de trabajar, de dar el testimonio divino de la caridad. (Conv, n. 97).

4. Verdaderamente es infinita la ternura de Nuestro Señor. Mirad con qué delicadeza trata a sus hijos. Ha hecho del matrimonio un vínculo santo, imagen de la unión de Cristo con su Iglesia, un gran sacramento en el que se funda la familia cristiana, que ha de ser, con la gracia de Dios, un ambiente de paz y de concordia, escuela de santidad […] Si se vive el matrimonio como Dios quiere, santamente, el hogar será un rincón de paz, luminoso y alegre (ECQ, n. 78).

5. Lo que se necesita para conseguir la felicidad, no es una vida cómoda, sino un corazón enamorado (S, n. 795).

6. No me olvides que a veces hace falta tener al lado caras sonrientes. Propósito sincero: hacer amable y fácil el camino a los demás, que bastantes amarguras trae consigo la vida. (S, n. 63).

7. La atención prestada a su familia será siempre para la mujer su mayor dignidad: en el cuidado de su marido y de sus hijos o, para hablar en términos más generales, en su trabajo por crear en torno suyo un ambiente acogedor y formativo, la mujer cumple lo más insustituible de su misión y, en consecuencia, puede alcanzar ahí su perfección personal. Eso no se opone a la participación en otros aspectos de la vida social [...]. También en esos sectores puede dar la mujer una valiosa contribución, como persona, y siempre con las peculiaridades de su condición femenina. Es claro que, tanto la familia como la sociedad, necesitan esa aportación especial, que no es de ningún modo secundaria. (Conv, n. 87).

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Intenciones (se pueden enunciar todas, o escoger sólo algunas)

Pidamos a Dios nuestro Señor, por intercesión de San Josemaría:

A - Que nos conceda la gracia de no exagerar las contradicciones, los conflictos y los sacrificios diarios, las cosas que nos hacen sufrir; que sepamos tener grandeza de alma para aceptar y ofrecer esas cruces a Dios - muy unidos a la Cruz de Cristo -, evitando descargarlas sobre los demás en forma de quejas, de lamentos, de palabras rencorosas, de comentarios que amargan la vida del hogar. Y que huyamos, como del propio demonio, de los celos enfermizos, esas obsesiones sin fundamento serio, que son una verdadera tortura y que pueden destruir la armonía del matrimonio.

B - Que seamos capaces de encubrir con una sonrisa - por amor a Dios y a los demás - el sacrificio de nuestra dedicación, nuestra paciencia con los defectos de los demás y con sus manías, y también nuestro cansancio; y que nunca andemos con aires de victima o con la cara triste del que se siente incomprendido y despreciado, porque cree que los demás no reconocen todo lo que hace, ni corresponden como deberían.

C - Que sepamos dar siempre un tono optimista a nuestras conversaciones; que evitemos juicios y comentarios pesimistas sobre los hechos y las personas; que no dramaticemos los momentos de dificultad económica, sino que sepamos luchar y rezar juntos para superarlos; de forma que la certeza de que Dios nos ama y la virtud de la esperanza envuelvan en serenidad toda la vida familiar.

D - Que comprendamos que la paz y la serenidad del hogar se apoyan, sobre todo, en estas bases firmes: la confianza en Dios; la humildad (que nos lleva a olvidarnos de nosotros y a darnos a los demás); y también la virtud del orden (orden material, orden en los horarios, orden en los planes familiares, orden en las cuentas…), pues la paz, como repiten los santos, "es la tranquilidad en el orden", y es, por lo tanto, incompatible con el desorden y el abandono.

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6º día: Superar, con Dios, las crisis y dificultades

Reflexión: Palabras de San Josemaría Escrivá (se pueden leer y meditar todas o sólo algunas, conforme se prefiera)

1. Pobre concepto tiene del matrimonio -que es un Sacramento, un ideal y una vocación-, el que piensa que el amor se acaba cuando empiezan las penas y los contratiempos, que la vida lleva siempre consigo. Es entonces cuando el cariño se enrecia. Las torrenteras de las penas y de las contrariedades no son capaces de anegar el verdadero amor: une más el sacrificio generosamente compartido (Conv, n. 91).

2. Tendría un pobre concepto del matrimonio y del cariño humano quien pensara que, al tropezar con esas dificultades, el amor y el contento se acaban. Precisamente entonces, cuando los sentimientos que animaban a aquellas criaturas revelan su verdadera naturaleza, la donación y la ternura se arraigan y se manifiestan como un afecto auténtico y hondo, más poderoso que la muerte (Cant. 8, 6) (ECQ, n. 24).

3. Si alguno dice que no puede aguantar esto o aquello, que le resulta imposible callar, está exagerando para justificarse. Hay que pedir a Dios la fuerza para saber dominar el propio capricho; la gracia, para saber tener el dominio de sí mismo. Porque los peligros de un enfado están ahí: en que se pierda el control y las palabras se puedan llenar de amargura, y lleguen a ofender y, aunque tal vez no se deseaba, a herir y a hacer daño. (Conv, n. 108).

4. Otra cosa muy importante: debemos acostumbrarnos a pensar que nunca tenemos toda la razón. Incluso se puede decir que, en asuntos […] ordinariamente tan opinables, mientras más seguro se está de tener toda la razón, tanto más indudable es que no la tenemos. Discurriendo de este modo, resulta luego más sencillo rectificar y, si hace falta, pedir perdón, que es la mejor manera de acabar con un enfado: así se llega a la paz y al cariño. (Conv, n. 108).

5. Un último consejo: que no riñan nunca delante de los hijos: para lograrlo, basta que se pongan de acuerdo con una palabra determinada, con una mirada, con un gesto. Ya regañarán después, con más serenidad, si no son capaces de evitarlo. La paz conyugal debe ser el ambiente de la familia, porque es la condición necesaria para una educación honda y eficaz. Que los niños vean en sus padres un ejemplo de entrega, de amor sincero, de ayuda mutua, de comprensión; y que las pequeñeces de la vida diaria no les oculten la realidad de un cariño, que es capaz de superar cualquier cosa. (Conv, n. 108).

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Intenciones (se pueden enunciar todas, o escoger sólo algunas)

Pidamos a Dios nuestro Señor, por intercesión de San Josemaría:

A - Que comprendamos que todas las "crisis" matrimoniales pueden tener dos salidas, dependiendo de la fe y de la grandeza de corazón de los dos: o "acaban" con el matrimonio, rompiendo la unidad y provocando la separación (lo que suele ser el triunfo del egoísmo y la alegría del demonio); o, por el contrario, marido y mujer ven en la "crisis" una llamada de Dios para profundizar los dos juntos en las causas de sus desacuerdos y peleas. Ésa es la salida que Dios espera. Después de haber rezado mucho y de pedir consejo, los dos tendrán que decidirse a corregir los antiguos defectos; con humildad, verán la mejor manera de ayudarse, teniendo la seguridad de que así saldrán fortalecidos de la crisis, con más madurez de carácter y virtudes más firmes; de manera que lo que podría haber sido una piedra de tropiezo en el camino, se transforme en un escalón que les haga subir y crecer en su santa unión.

B- Que sepamos tener la sinceridad de reconocer que, cuando decimos "no aguanto más", en el fondo todos sabemos que, rezando con fe y acercándonos más de Dios - sobre todo por medio de la confesión y de la comunión -, podremos levantar más alta la Cruz y cargarla con más garbo; y que, de este modo, seremos capaces de transformar nuestro amor - mediante la paciencia, el perdón y la generosidad - en un cariño más puro, reflejo del amor misericordioso de Cristo, y alcanzar la gracia de la conversión de nuestros corazones. Y que no nos olvidemos de que, sobre todo en las crisis más serias, podrá ser necesario buscar, con humildad y confianza, la orientación de un sacerdote, el tratamiento de un psiquiatra cristiano, el consejo de un matrimonio amigo.

C - Que evitemos con toda el alma comentarios despectivos, críticas y expresiones ofensivas sobre los parientes (el suegro, la suegra, los cuñados y cuñadas, primos y primas); y que, en general, evitemos todas las actitudes, palabras omisiones y olvidos que puedan herir el amor propio de los demás y dejar abiertas llagas difíciles de curar.

D - [Si, desgraciadamente, ya hubo una separación] Que el que haya padecido una injusticia (porque el otro le fue infiel, porque no le concedió el perdón cuando volvió arrepentido, porque no quiso comprender), vea con claridad que ahora, más que nunca, necesita estar cerca de Dios, fortalecido por la gracia divina y por la orientación espiritual de un buen confesor; y que comprenda que, en esos momentos, Dios le pide principalmente dos cosas: primero, que rece para vencer el resentimiento contra el que tuvo la culpa principal en la separación, al mismo tiempo que mantiene la esperanza en el milagro de la reconciliación; y, en segundo lugar, que no se cierre en su amargura, sino que se dedique con más empeño a los hijos, al apostolado, a las obras de caridad. - Y que el que provocó con su comportamiento la separación piense que Dios le pide la humildad de arrepentirse, de pedir perdón con toda sinceridad y de reparar, procurando compensar lo más posible el mal causado.

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7º día: Colaboradores de Dios

Reflexión: Palabras de San Josemaría Escrivá (se pueden leer y meditar todas o sólo algunas, conforme se prefiera)

1. El Señor santifica y bendice el amor del marido hacia la mujer y el de la mujer hacia el marido: ha dispuesto no sólo la fusión de sus almas, sino la de sus cuerpos [...]. Nos ha dado el Creador la inteligencia, que es como un chispazo del entendimiento divino, que nos permite -con la libre voluntad, otro don de Dios- conocer y amar; y ha puesto en nuestro cuerpo la posibilidad de engendrar, que es como una participación de su poder creador. Dios ha querido servirse del amor conyugal, para traer nuevas criaturas al mundo y aumentar el cuerpo de su Iglesia (ECQ, n. 24).

2. El sexo no es una realidad vergonzosa, sino una dádiva divina que se ordena limpiamente a la vida, al amor, a la fecundidad. Ese es el contexto, el trasfondo, en el que se sitúa la doctrina cristiana sobre la sexualidad. Nuestra fe no desconoce nada de lo bello, de lo generoso, de lo genuinamente humano, que hay aquí abajo. (ECQ, n. 24).

3. La castidad - la de cada uno en su estado: soltero, casado, viudo, sacerdote - es una triunfante afirmación del amor. (S, n. 831).

4. Participáis del poder creador de Dios y, por eso, el amor humano es santo, noble y bueno: una alegría del corazón, a la que el Señor -en su providencia amorosa- quiere que otros libremente renunciemos. Cada hijo que os concede Dios es una gran bendición divina: ¡no tengáis miedo a los hijos! (F, n. 691).

5. Bendigo a los padres que, recibiendo con alegría la misión que Dios les encomienda, tienen muchos hijos. E invito a los matrimonios a no cegar las fuentes de la vida, a tener sentido sobrenatural y valentía para llevar adelante una familia numerosa, si Dios se la manda. Cuando alabo la familia numerosa, no me refiero a la que es consecuencia de relaciones meramente fisiológicas; sino a la que es fruto de ejercitar las virtudes cristianas, a la que tiene un alto sentido de la dignidad de la persona […], a la que sabe que dar hijos a Dios no consiste sólo en engendrarlos a la vida natural, sino que exige también toda una larga tarea de educación: darles la vida es lo primero, pero no es todo. Puede haber casos concretos en los que la voluntad de Dios -manifestada por los medios ordinarios- esté precisamente en que una familia sea pequeña. Pero son criminales, anticristianas e infrahumanas, las teorías que hacen de la limitación de los nacimientos un ideal o un deber universal o simplemente general. (Conv, n. 94).

6. No es el número por sí solo lo decisivo: tener muchos o pocos hijos no es suficiente para que una familia sea más o menos cristiana. Lo importante es la rectitud con que se viva la vida matrimonial. El verdadero amor mutuo trasciende la comunidad de marido y mujer, y se extiende a sus frutos naturales: los hijos. El egoísmo, por el contrario, acaba rebajando ese amor a la simple satisfacción del instinto y destruye la relación que une a padres e hijos. [....] Veo con claridad que los ataques a las familias numerosas provienen de la falta de fe: son producto de un ambiente social incapaz de comprender la generosidad, que pretende encubrir el egoísmo y ciertas prácticas inconfesables con motivos aparentemente altruistas (Conv, n. 94).

* * *

Intenciones (se pueden enunciar todas, o escoger sólo algunas)

Pidamos a Dios nuestro Señor, por intercesión de San Josemaría:

A- Que sepamos agradecerle todos los días el gran don de los hijos - si Él nos los dio -, y veamos en ellos, en su educación humana, en su formación cristiana, en su verdadero bien espiritual y material, una parte importantísima de la misión que Dios nos confió al llamarnos con la vocación matrimonial y familiar.

B - Que no olvidemos nunca que un hijo nuestro, aun cuando sepamos que va a nacer - o ya nació - con alguna deficiencia física o mental, es un hijo de Dios dotado de un alma inmortal, alma creada directamente por Dios a su imagen y destinada a gozar eternamente del amor de la Santísima Trinidad. Que, con esa seguridad, no nos dejemos nunca influenciar por los consejos criminales (como el de abortar) recibidos de personas que no saben lo grande que es el menor de los hijos de Dios, amado y redimido por Cristo, que murió por él en la Cruz, como si fuera único en el mundo.

C - Que tengamos la generosidad, la fe y el valor de recibir de Dios todos los hijos que honrada y generosamente podamos criar y educar; y, que, si alguna vez hay motivos objetivamente graves, serios y justos (nunca por pura comodidad o egoísmo) - como enseña la doctrina católica - para espaciar por algún tiempo o indefinidamente la llegada de hijos, sepamos seguir fielmente (pidiendo el consejo y la orientación oportunos) las indicaciones de la Iglesia sobre los métodos naturales correctos para diferir el embarazo.

D - [Para los que no han tenido hijos] Que estemos convencidos de que, si Dios no nos ha dado hijos, eso no significa que haya querido disminuir en nosotros el ideal santo de la paternidad y de la maternidad, porque siempre lo podremos ejercitar - buscando diligentemente hacer la voluntad de Dios -, dedicándonos a otros miembros de la familia, o a entidades y actividades caritativas cristianas que cuidan de niños abandonados; o trabajando activamente en la formación cristiana de la juventud; y, si es el caso, estudiando la posibilidad de adoptar, con el debido consejo y prudencia, uno o más niños sin hogar.

Rezar la oración a San Josemaría


8º día: Educar a los hijos

Reflexión: Palabras de San Josemaría Escrivá (se pueden leer y meditar todas o sólo algunas, conforme se prefiera)

1. La paternidad y la maternidad no terminan con el nacimiento: esa participación en el poder de Dios, que es la facultad de engendrar, ha de prolongarse en la cooperación con el Espíritu Santo para que culmine formando auténticos hombres cristianos y auténticas mujeres cristianas. Los padres son los principales educadores de sus hijos, tanto en lo humano como en lo sobrenatural, y han de sentir la responsabilidad de esa misión, que exige de ellos comprensión, prudencia, saber enseñar y, sobre todo, saber querer; y poner empeño en dar buen ejemplo. No es camino acertado, para la educación, la imposición autoritaria y violenta. El ideal de los padres se concreta más bien en llegar a ser amigos de sus hijos: amigos a los que se confían las inquietudes, con quienes se consultan los problemas, de los que se espera una ayuda eficaz y amable (ECQ n. 27).

2. Los padres educan fundamentalmente con su conducta. Lo que los hijos y las hijas buscan en su padre o en su madre no son sólo unos conocimientos más amplios que los suyos o unos consejos más o menos acertados, sino algo de mayor categoría: un testimonio del valor y del sentido de la vida encarnado en una existencia concreta, confirmado en las diversas circunstancias y situaciones (ECQ, n. 28).

3. Si tuviera que dar un consejo a los padres, les daría sobre todo éste: que vuestros hijos vean -lo ven todo desde niños, y lo juzgan: no os hagáis ilusiones- que procuráis vivir de acuerdo con vuestra fe, que Dios no está sólo en vuestros labios, que está en vuestras obras; que os esforzáis por ser sinceros y leales, que os queréis y que los queréis de veras. Es así como mejor contribuiréis a hacer de ellos cristianos verdaderos, hombres y mujeres íntegros capaces de afrontar con espíritu abierto las situaciones que la vida les depare, de servir a sus conciudadanos y de contribuir a la solución de los grandes problemas de la humanidad. (ECQ, n. 28).

4. Es necesario que los padres encuentren tiempo para estar con sus hijos y hablar con ellos. Los hijos son lo más importante: más importante que los negocios, que el trabajo, que el descanso. En esas conversaciones conviene escucharles con atención, esforzarse por comprenderlos, saber reconocer la parte de verdad -o la verdad entera- que pueda haber en algunas de sus rebeldías. Y, al mismo tiempo, ayudarles a encauzar rectamente sus afanes e ilusiones, enseñarles a considerar las cosas y a razonar; no imponerles una conducta, sino mostrarles los motivos, sobrenaturales y humanos, que la aconsejan. En una palabra, respetar su libertad, ya que no hay verdadera educación sin responsabilidad personal, ni responsabilidad sin libertad. (ECQ, n. 27).

* * *

Intenciones (se pueden enunciar todas, o escoger sólo algunas)

Pidamos a Dios nuestro Señor, por intercesión de San Josemaría:

A - Que sepamos entregarnos de verdad a la misión de educar integralmente a los hijos que Dios nos confió, sabiendo que - en materia de educación - nada en el mundo puede sustituir el ejemplo diario de los padres, ni la dedicación con que se consagran, con esfuerzo y perseverancia, a formar a los hijos para que se hagan hombres y mujeres de carácter y buenos cristianos. Y que - al mismo tiempo - no olvidemos que, para formar hombre y mujeres de carácter se necesita unir, al cariño, la fortaleza de saber decir que no, cuando es necesario para evitarles un mal o un peligro moral, aunque eso los haga sufrir, pues la debilidad y la condescendía cobarde de los padres (o de los abuelos) sólo sirven para causar daño a los hijos.

B- Que Dios nos ayude a evitar el autoritarismo irritado - que no es más que una explosión de mal genio - , las imposiciones ásperas, las riñas violentas, el descontrol de los nervios, pues muchas veces son una señal clara de que a los padres les faltó el sacrificio suficiente para dedicar tiempo y paciencia a oír a los hijos, a comprenderlos, a dialogar con ellos… Que Dios nos ayude especialmente a ver el modo práctico de enseñarles las virtudes básicas, como la lealtad, la sinceridad, el respeto por todo tipo de personas, la generosidad y el desprendimiento, el orden, la disciplina, la responsabilidad en el estudio y en el trabajo, la solidariedad con los necesitados..., virtudes humanas que son la base de las sobrenaturales - Y que entendamos que sólo se puede exigir mucho y con cariño, cuando se ha dado mucho.

C- Que nunca olvidemos que - como enseñaba San Josemaría - cada ser humano es como una piedra preciosa, que tiene un modo propio, único, de ser tallada y de llegar a la perfección. Que evitemos, por eso, educar a los hijos en serie, intentando meterlos en el mismo molde. Las virtudes cristianas se pueden adquirir por diversos caminos - sin hacer concesiones al error, al abandono, ni a la tibieza -, y el corazón de los padres debe tener la "sabiduría del amor", que sabe respetar la natural diversidad de los hijos y tratar a cada uno de ellos con justicia, del modo más adecuado a sus condiciones personales.

D- Que los padres cristianos sepamos comprender que cada uno de nuestros hijos es, por encima de todo, hijo de Dios, y que lo más importante para cada uno es lo que Dios le pide, su autentica vocación, tanto en el terreno humano (vocación profesional, desarrollo de sus dones y aptitudes), como en el terreno espiritual: la vocación a la santidad en el matrimonio; o en la llamada a una dedicación total al servicio de Dios y de los demás, viviendo el celibato; y también la dedicación a diversas manifestaciones de responsabilidad y servicio social, de apostolado, de catequesis, de asistencia, etc.

Rezar la oración a San Josemaría


9º día: Dios en el hogar

Reflexión: Palabras de San Josemaría Escrivá (se pueden leer y meditar todas o sólo algunas, conforme se prefiera)

1. Los matrimonios tienen gracia de estado -la gracia del sacramento- para vivir todas las virtudes humanas y cristianas de la convivencia: la comprensión, el buen humor, la paciencia, el perdón, la delicadeza en el trato mutuo. Lo importante es que no se abandonen, que no dejen que les domine el nerviosismo, el orgullo o las manías personales. Para eso, el marido y la mujer deben crecer en vida interior y aprender de la Sagrada Familia a vivir con finura -por un motivo humano y sobrenatural a la vez- las virtudes del hogar cristiano. Repito: la gracia de Dios no les falta (Conv, n. 108).

2. En todos los ambientes cristianos se sabe, por experiencia, qué buenos resultados da la natural y sobrenatural iniciación a la vida de piedad, hecha en el calor del hogar. El niño aprende a colocar al Señor en la línea de los primeros y más fundamentales afectos; aprende a tratar a Dios como Padre y a la Virgen como Madre; aprende a rezar, siguiendo el ejemplo de sus padres. Cuando se comprende eso, se ve la gran tarea apostólica que pueden realizar los padres, y cómo están obligados a ser sinceramente piadosos, para poder transmitir -más que enseñar- esa piedad a los hijos (Conv. n. 103).

3. ¿Los medios? Hay prácticas de piedad -pocas, breves y habituales- que se han vivido siempre en las familias cristianas, y entiendo que son maravillosas: la bendición de la mesa, el rezo del rosario todos juntos […], las oraciones personales al levantarse y al acostarse […]. De esa manera, lograremos que Dios no sea considerado un extraño, a quien se va a ver una vez a la semana, el domingo, a la iglesia; que Dios sea visto y tratado como es en realidad: también en medio del hogar. (Conv, n. 103).

4. No se pierde nunca la piedad que las madres metéis en el corazón de vuestros hijos (Boletín Romana, 2001, vol. 1, pág. 121).

5. Pienso siempre con esperanza y con cariño en los hogares cristianos, en todas las familias que han brotado del sacramento del matrimonio, que son testimonios luminosos de ese gran misterio divino -sacramentum magnum! (Eph 5, 32), sacramento grande- de la unión y del amor entre Cristo y su Iglesia. Debemos trabajar para que esas células cristianas de la sociedad nazcan y se desarrollen con afán de santidad (Conv, n.91).

6. Quizá no puede proponerse a los esposos cristianos mejor modelo que el de las familias de los tiempos apostólicos [...] Familias que vivieron de Cristo y que dieron a conocer a Cristo. Pequeñas comunidades cristianas, que fueron como centros de irradiación del mensaje evangélico. Hogares iguales a los otros hogares de aquellos tiempos, pero animados de un espíritu nuevo, que contagiaba a quienes los conocían y los trataban. Eso fueron los primeros cristianos, y eso hemos de ser los cristianos de hoy: sembradores de paz y de alegría, de la paz y de la alegría que Jesús nos ha traído. (ECQ, n. 30).

* * *

Intenciones (se pueden enunciar todas, o escoger sólo algunas)

Pidamos a Dios nuestro Señor, por intercesión de San Josemaría:

A - Que nos ayude a comprender que no hay nada que atraiga más hacia Dios a los hijos que ver que la fe y la practica religiosa de sus padres se traduce, día tras día, en frutos prácticos, en virtudes cristianas. Que vean que el padre y la madre están más alegres, más unidos, que son más pacientes, que tienen fuerzas para enfrentar con optimismo - confiando plenamente en Dios - las tribulaciones, por grandes que sean; que saben comprender, disculpar y perdonar las ofensas o ingratitudes que reciben. En resumen, que los hijos noten que nosotros, los padres, más que con palabras o sermones, enseñamos con el ejemplo una conducta impregnada por el amor de Cristo.

B- Que los hijos vean que la participación de los padres en la Santa Misa, la comunión frecuente, el Santo Rosario, las oraciones de la mañana y de la noche, la bendición de la mesa, etc., se viven con fidelidad alegre y no mecánicamente o como una obligación. Que, en todas nuestras practicas religiosas, noten un autentico amor a Dios Padre, a Jesucristo (sobretodo en la Eucaristía), al Espíritu Santo, un cariño filial a Nuestra Señora, y también la confianza con los santos Ángeles y la "amistad" familiar con los santos de particular devoción de cada uno.

C - Que, con la ayuda de la gracia divina, no nos cansemos de rezar los unos por los otros, y especialmente los padres por los hijos, sobre todo si ésos se encuentran en dificultades serias (morales, espirituales, de hábitos o compañías peligrosas); que no nos falte una fe grande en que el cariño, el ejemplo y la paciencia, unidos a una oración perseverante - contando siempre con la mediación de la Virgen -, dejarán una buena semilla plantada en el corazón de los hijos, semilla que no se perderá, sino que terminará por dar su fruto, aunque tarde años.

D - Que, muy conscientes de que - como repetía el Papa Juan Pablo II - "el futuro de la humanidad pasa por la familia", se encienda en nuestros corazones el ideal de formar un hogar cristiano, que pueda ser un punto luminoso en medio de la oscuridad de este mundo materialista y hedonista; que sea como una luminaria que atraiga a muchos matrimonios y novios jóvenes, y despierte en ellos el deseo de hacer todo lo posible para formar una familia cristiana, unida, alegre y fecunda.

Rezar la oración a San Josemaría

 

 

Enamoramiento: el papel de los sentimientos y las pasiones (1)

Enamorarse es un sentimiento de atracción hacia otra persona. ¿Qué experimentamos cuando nos enamoramos? ¿cómo ayuda la fe cristiana a que el enamoramiento acompañe a una vida feliz? Nuevo editorial sobre el amor humano.

AMOR HUMANO13/07/2015

Qué es enamorarse

Los sentimientos son el modo más frecuente como experimentamos la vida afectiva. Y podemos definirlos de la siguiente manera: son estados de ánimo difusos, que tienen siempre una tonalidad positiva o negativa, que nos acercan o nos alejan de aquello que tenemos delante de nosotros. Trataré de explicar esta definición que propongo:

  1. La frase estados de ánimo significa algo que es sobre todo subjetivo. La experiencia es interior. Es una vivencia que circula dentro de esa persona.
  2. La palabra difuso quiere decir que la noticia que recibimos no es clara, precisa, sino algo vaga, etérea, poco nítida, de perfiles borrosos y desdibujados, y que más tarde se va aclarando en la percepción de esa persona.
  3. La tonalidad es siempre positiva o negativa y en consecuencia acerca o aleja, se busca ese algo o se rechaza. No existen sentimientos neutros; el aburrimiento, que podría parecer una manifestación afectiva cercana a la neutralidad, es negativa y está cerca del mundo depresivo. Todos los sentimientos tienen dos caras contrapuestas: amor-desamor, alegría-tristeza, felicidad-infortunio, paz-ansiedad, etc.

El enamoramiento es un sentimiento positivo de atracción que se produce hacia otra persona y que hace que se la busque con insistencia. El enamoramiento es un hecho universal y de gran importancia, pues de ahí arrancará el amor, que dará lugar nada más y nada menos que a la constitución de una familia.

Si pensáramos el enamoramiento como una cierta “enfermedad”, deberíamos destacar dos tipos de síntomas. Unos síntomas iniciales, que son sus primeras manifestaciones.

Para enamorarse de alguien tienen que producirse una serie de condiciones previas que poseen un enorme relieve.

La primera es la admiración, que puede darse por diversos hechos: por la coherencia de su vida, por su espíritu de trabajo, por las dificultades que ha sabido superar, por su capacidad de comprensión, y un largo etcétera.

La segunda es la atracción, que en el hombre es más física y en la mujer más psicológica; para el hombre significa la tendencia a buscarla, a relacionarse con ella de alguna forma, a estar con ella[1]. Y esto va a conllevar un cambio de la conducta: el pensar mucho en esa persona o dicho de otro modo, tenerla en la cabeza. El espacio mental se ve invadido por esa figura que una y otra vez preside los pensamientos.

Y vienen a continuación dos notas que me parecen especialmente interesantes: el tiempo psicológico se vuelve rápido, lo que significa que se goza tanto con su presencia que el tiempo vuela, todo va demasiado deprisa: se está a gusto con él/ella y se saborea esa presencia; y asoma después, la necesidad de compartir…, que se desliza por una rampa que acaba en la necesidad de emprender un proyecto de vida en común.

La secuencia puede no ser siempre lineal, aunque va apareciendo aproximadamente así, con los matices que se quiera; todo ello se hace presente de un modo u otro: admiración, atracción física y psicológica, tener hipotecada la cabeza, el tiempo subjetivo corre en positivo y se quiere compartir todo con dicha persona.

Pero aún no se han revelado en ese itinerario afectivo lo que llamo los síntomas esenciales del enamoramiento, aquellos que son raíz y fundamento de todo lo que vendrá después, y que consiste en decirle a alguien: no entiendo la vida sin ti, mi vida no tiene sentido sin que tú estés a mi lado. Tú eres parte esencial de mi proyecto de vida. En términos más rotundos: te necesito. Esa persona se vuelve imprescindible.

Enamorarse es la forma más sublime del amor natural. Es crear una “mitología” privada con alguien. Es descubrir que se ha encontrado a la persona adecuada con quien caminar juntos por la vida. Es como una revelación súbita que ilumina toda la existencia[2]. Se trata de un encuentro singular entre un hombre y una mujer que se detienen el uno frente al otro. En ese pararse emerge la idea central: compartir la vida, con todo lo que eso significa.

Los 3 principales componentes del amor conyugal

Pero, ¿qué entendemos por ‘amor’? –se pregunta el papa Francisco–. ¿Sólo un sentimiento, una condición psicofísica? Ciertamente, si es así, no se puede construir encima nada sólido. Pero si el amor es una relación, entonces es una realidad que crece y también podemos decir, a modo de ejemplo, que se construye como una casa. Y la casa se edifica en compañía, ¡no solos!”. Construidla “sobre la roca del amor verdadero, el amor que viene de Dios”[3].

Uno de los errores más frecuentes sobre el amor, consiste en pensar que éste es sobre todo un sentimiento y que ésta es la dimensión clave del mismo. Se ha dicho, igualmente, que los sentimientos van y vienen, se mueven, oscilan, están sujetos a muchos avatares a lo largo de la vida. Este fallo conceptual ha recorrido casi todo el siglo XX.

“El paso del enamoramiento al noviazgo y luego al matrimonio exige diferentes decisiones, experiencias interiores. (…) Es decir, el enamoramiento debe hacerse verdadero amor, implicando la voluntad y la razón en un camino de purificación, de mayor hondura, que es el noviazgo, de modo que todo el hombre, con todas sus capacidades, con el discernimiento de la razón y la fuerza de voluntad, dice realmente: ‘Sí, esta es mi vida’”[4].

Nadie pone en duda que el amor nace de un sentimiento, que es enamorarse y experimentar una vivencia positiva que invita a ir detrás de esa persona. Pero para concretar más los hechos que quiero desmenuzar, voy a las Normas del Ritual Romano del Matrimonio[5], en el que se realizan tres preguntas de enorme importancia:

  • ¿quieres a esta persona…?
  • ¿estáis decididos a…?
  • ¿estáis dispuestos a…?

Voy a detenerme en estas tres cuestiones, porque de ahí arranca el verdadero tríptico del amor, lo que constituye el fin y como el culmen del enamoramiento. Cada una de ellas nos remite en una dirección bien precisa, veámoslo.

La primera, utiliza la expresión quieres. Y hay que decir que querer es sobre todo un acto de la voluntad. Dicho de otro modo: en el amor maduro la voluntad se pone en primer plano, y no es otra cosa que la determinación de trabajar el amor elegido. La voluntad actúa como un estilete que busca corregir, pulir, limar y cortar las aristas y partes negativas de la conducta, sobre todo, aquellas que afectan a una sana convivencia. Va a lo concreto[6].

Por eso, la voluntad ha de representar un papel estelar, sabiendo además hacerla funcionar con alegría[7]. Esto lo saben bien los matrimonios que llevan muchos años de vida en común, con una relación estable y positiva.

La segunda pregunta utiliza la expresión ¿estáis decididos? La palabra decisión remite a un juicio, que no es otra cosa que un acto de la inteligencia. La inteligencia debe actuar antes duranteA priori, sabiendo elegir la persona más adecuada. El juicio ha de ser capaz de discernir si esa es la mejor de las personas que uno ha conocido, y la más apropiada para embarcarse con ella toda la vida[8]. Es la lucidez de tener los cinco sentidos bien despiertos. Por eso, inteligencia es saber distinguir lo accesorio de lo fundamental; es capacidad de síntesis. Inteligencia es saber captar la realidad en su complejidad y en sus conexiones. Y debe actuar también aposteriori, utilizando los instrumentos de la razón para llevar con arte y oficio a la otra persona. Ese saber llevar está repleto de lo que actualmente se llama inteligencia emocional, que es la cualidad para mezclar, ensamblar y reunir a la vez inteligencia y afectividad[9]: capacidad imprescindible para establecer una convivencia armónica, equilibrada, y feliz, en definitiva.

El tercer ingrediente del amor de la pareja, aunque lo hemos mencionado al principio, son los sentimientos. La siguiente pregunta que se hace en el Rito del matrimonio es: ¿estáis dispuestos? La disposición es un estado de ánimo mediante el cual nos disponemos para hacer algo. En sentido estricto esto depende de la afectividad, que está formada por un conjunto de fenómenos de naturaleza subjetiva que mueven la conducta. Y como ya hemos comentado, se expresan de forma habitual a través de los sentimientos[10].

¿Qué quiere decir esto, y cuáles son las características que aquí deben darse? Las personas, hombre y mujer, deben casarse cuando estén profundamente enamorados uno de otra. No se trata d e sentirse atraído sin más o que le guste o le llame la atención. Tiene que ser mucho más que eso. ¿Por qué? Porque se trata de la opción fundamental. No hay otra decisión tan importante y que marque tanto la existencia, se trata nada más y nada menos de la persona que va a recorrer el itinerario biográfico a nuestro lado.

Se han visto muchos fracasos en personas que se casaron sin estar enamorados de verdad, porque llevaban años saliendo de novios o “porque tocaba casarse” o porque muchas de las amistades más cercanas ya estaban casadas o por no quedarse soltera/o; y así podríamos dar otras respuestas inadecuadas, si ese matrimonio arranca ya con unas premisas poco sólidas…, amores que nacen más o menos con materiales de derribo y que, antes o después, tienen mal pronóstico.

El amor conyugal debe estar vertebrado de estas tres notas: sentimiento, voluntad e inteligencia. Tríptico fuerte, consistente. Cada uno con su propio ámbito, que a la vez se cuela en la geografía del otro. “Es una alianza por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de vida, ordenando al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole”[11]. De este modo se aspira a alcanzar una íntima comunidad de vida y amor, pues se trata de un vínculo sagrado, que no puede depender del arbitrio humano[12], porque está arraigado en el sentido sobrenatural de la vida, teniendo a Dios por su principal artífice.

Enrique Rojas


[1] Hay dos modalidades, por tanto, de atracción, que son la belleza exterior, por un lado, y la belleza interior, por otro. La primera se refiere a una cierta armonía que se refleja especialmente en la cara y en todo lo que ella representa; todo el cuerpo depende de la cara, ella es programática, anuncia la vida que esa persona lleva por dentro. Y luego está el cuerpo como totalidad. Ambos aspectos forman un binomio. La segunda, la belleza interior, hay que descubrirla al conocer al otro, y consiste en ir adivinando las cualidades que tiene y que están sumergidas, escondidas en su sótano y que es menester ir captando gradualmente: sinceridad, ejemplaridad, valores humanos sólidos, sentido espiritual de la vida, etc.

[2] San Juan Pablo II expresó esto con gran riqueza de argumentos en su libro Amor y responsabilidad. El amor matrimonial es la opción fundamental, que implica a la persona en su totalidad.

[3] Papa Francisco, Audiencia general, 14-II-2014.

[4] Benedicto XVI, Intervención en el VII Encuentro mundial de las Familias, Milán, 2-VI-2006.

[5] Cfr. Ritual del Matrimonio, 7ª ed., 2003, nn. 64 y 67.

[6] Hay que saber distinguir bien, en este contexto, entre metas objetivos; ambos son conceptos que se parecen, pero entre los dos hay claras diferencias. Las metas suelen ser generales y amplias, mientras que los objetivos son medibles. P. ej., en una relación matrimonial con dificultades, la meta sería arreglar esas desavenencias más o menos sobre la marcha, lo que realmente no suele ser fácil de entrada. Los objetivos, como veremos después, son más concretos: aprender a perdonar (y a olvidar) los recuerdos negativos, poner las prioridades en el otro en las cosas del día a día, no sacar la lista de reproches del pasado, etc. A la hora de mejorar en la vida matrimonial, es decisivo tener objetivos bien determinados e ir a por ellos.

[7] El fin de una adecuada educación es la alegría. Educar es convertir a alguien en persona. Educar es seducir con valores que no pasan de moda, y cuyo resultado final es patrocinar la alegría.

[8] Don Quijote, en un momento determinado, dice una sentencia completa: “el que acierta en el casar, ya no le queda en qué acertar”.

[9] Fue Daniel Goleman el diseñador de este concepto. Remitimos aquí a su libro La inteligencia emocional. Hoy es un tema de primera actualidad en la Psicología moderna.

[10] Existen cuatro modos de vivir la afectividad: sentimientos, emociones, pasiones y motivaciones. Cada uno ofrece una mirada distinta. Los sentimientos constituyen la vida regia de la afectividad, el modo más frecuente de vivirla. Las emociones son estados más breves e intensos, que además se acompañan de manifestaciones somáticas (alegría desbordante, llanto, pellizco gástrico, dificultad respiratoria, opresión precordial, etc.). Las pasiones presentan una mayor intensidad y tienden a nublar el entendimiento o a desdibujar la acción de la inteligencia y sus recursos. Y, finalmente, las motivaciones, cuyo palabra procede del latín motus: lo que mueve, lo que empuja a realizar algo; son el fin, y también, por tanto, el motor del comportamiento, el porqué de hacer esto y no aquello. Entre las cuatro existen estrechas relaciones.

[11] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 1601 ss. En otras páginas se define el amor entre un hombre y una mujer como humano, total, fiel y fecundo. Y si cada una de estas características se nos abriera en abanico, nos ofrecería toda su riqueza (vid. ibid., 1612-1617).

[12] Es importante saber proteger el amor. Evitar aventuras psicológicas que lleven a conocer a otras personas e iniciar con ellas una cierta relación, quizá en principio de poco relieve, pero en la que puede llegar a darse un enamoramiento, no deseado al principio, pero que tras el paso de un cierto tiempo puede ser una seria amenaza para el matrimonio. Cuidar la fidelidad en sus detalles más pequeños es clave. Y eso tiene mucho que ver con la voluntad, por una parte, y con tener una vida espiritual fuerte, por otra.

 

 

Expertos católicos diseñan el post-coronavirus en la Iglesia | Mayo 22,23,24

Expertos católicos diseñan el post-coronavirus en la Iglesia

Católicos de todo el mundo hispano, participarán del 21 al 24 de mayo, en el primer Simposio Católico Virtual. La inscripción es gratuita, entrando a catolicovirtual.com

Estarán virtualmente presentes poco mas de setenta expertos. Analizarán las experiencias vividas, en la Iglesia Católica, en el tiempo del coronavirus. Además, hablarán de lo que puede hacer la Iglesia en la siguiente época, la del después de la pandemia que azota al mundo entero. Los que se inscriban, podrán hacer sugerencias y propuestas en la plataforma virtual. Esperan que entren miles de personas de toda América y España.

Durante cuatro días, los que se inscriban, tendrán acceso a la plataforma virtual, para disfrutar conferencias, diálogos y paneles virtuales, con reconocidos católicos de Latinoamérica, España y Estados Unidos.

Entre los expositores estará el presidente de la Conferencia Episcopal Mexicana, Mons. Rogelio Cabrera, arzobispo de Monterrey, México; el obispo de San Sebastián, España, José Ignacio Munilla; el obispo chileno, Juan Ignacio González Errasuri, que ha logrado tener un canal de televisión en su diócesis; algunos sacerdotes que contribuyen, con mucha creatividad, saber evangelizar; el iniciador de este portal, encuentra.com, el padre Pablo Arce Gargollo; directores de comunicación de diversas diócesis y el de la Conferencia Episcopal Española, Josexto Vera; el conocido canta autor, Martín Valverde; el fotógrafo del Papa Francisco; la conocida como «la coach del pueblo”, Sheila Morataya, con amplia experiencia en tv y radio, responsable, desde hace 22 años, de la sección mujer de encuentra.com; el director de ACI Prensa y de noticias en EWTN en Español, Alejandro Bermudez;, el CEO de Ingenia, Pablo Hernández O´Hagan, la mejor agencia digital en México y otros muchos. Todos tienen historias de éxito que contar.

El Simposio Virtual ha despertado gran interés. Son ya miles los inscritos, especialmente del mundo de habla hispana. Los organizadores están sorprendidos, pues día a día van aumentando las solicitudes de ingreso. Todos los participantes tendrán la oportunidad de aportar comentarios y sugerencias sobre lo que debería hacer la Iglesia en el post-coronavirus. Algunos de los expositores ofrecerán a todos los inscritos, textos, libros o presentaciones de regalo.

Inscripción gratuita en: catolicovirtual.com

 

 

El Coronavirus, el inesperado “STOP” para el mundo

Algunos hombres mueren cuando dejan de respirar, otros mueren cuando pierden la esperanza, decía Víktor E. Frankl, creador de la Logoterapia cuando vivió aquella terrible experiencia en el campo de concentración en Alemania en tiempos de guerra el siglo pasado. Qué dolor experimentar la separación, la muerte, el dolor, la injusticia, el duelo, el hambre, el frío, el calor, la suciedad, el odio, sobre ti y sobre tus seres queridos… Eso es lo que hemos experimentado muchos en el día con día, en la guerra diaria, donde la inseguridad, la pobreza, la violencia, la enfermedad, la injusticia, se agolpan en el mundo.

La persona se ha dedicado a olvidarse de Dios, de sus padres, de sus hermanos, ha desconocido y hasta asesinado a sus propios hijos en el vientre materno, se ha encerrado en sí misma. La persona se ha equivocado de rumbo, se ha perdido, durante años y años. Es la persona quien sabotea su propia felicidad, porque al saber que merece el Bien, se conforma con ciertos “bienes” o incluso males que satisfacen momentáneamente ciertos instintos y que equivocados le alejan de su Fin último.

Quiero iniciar dando gracias a Dios por el don de la vida y de la salud, hoy más que nunca las personas somos conscientes del Valor Sagrado de la Vida debemos valorarlo; gracias porque hoy me desperté, me levanté y puedo escribir estas líneas con la esperanza, el anhelo de que toque lo más profundo de tu corazón para que a partir de ahora tu vida sea distinta, no por lo que escribo, sino por lo que Dios quiera decirte a través de este texto y que solo Dios contigo en la soledad te permitirá descubrir.

Tardé en hacer este artículo, discúlparme estimado lector, lo venía pensando desde tiempo atrás, justo cuando inició toda esta tragedia, esta pandemia en China, no sabía a ciencia cierta ni qué escribir, pero quería expresar desde entonces unas palabras de aliento para ellos, para todos los que seguíamos las noticias de estas personas, hermanos que estaban sufriendo… Pronto, llegó el virus a Europa, después a América y es ahora cuando nos han “encerrado” para frenar la expansión del virus, unos gobiernos mucho más conscientes que otros, algunos más previsores y respetuosos de la vida, otros solo pensando en la situación económica mundial que parece que se nos cae encima. Lo cierto es que algunos sin trabajo, otros, sin colegio, otros en el hospital a nivel mundial, pero nos han encerrado o hemos decidido encerrarnos a pesar de todo con el propósito de vivir.

Nunca antes había la humanidad vivido algo igual, hubo en el pasado cólera, peste, influenza, en donde tristemente murieron muchísimas personas y hubo crisis de grandes magnitudes; sin embargo, la vida es distinta hoy, con tantos adelantos científicos difícilmente damos crédito a esta situación y la propagación del virus por la manera de vida es mundial; la humanidad recordará un antes y un después de la pandemia por coronavirus.

Las redes sociales parece que van a explotar de tanta información alguna cierta, otra mucha, falsa y especulativa que nos llega y permitimos que entre a nuestros hogares, nuestras mentes y corazón y nos altera, nos genera incertidumbre, ansiedad, ataques de pánico, miedo y reaccionamos sin pensar, sin ver la realidad, sin juzgar y no actuamos ni decidimos conforme a lo mejor para la salvaguarda de nuestra vida y familia.

Corresponsables, responsable de mi hermano y todos somos hermanos

Que no seamos otro Caín, no matemos a nuestros hermanos, no los expongamos, no los maltratemos, cuidemos de nosotros y cuidemos de los otros. Por humanidad, por caridad; en tu esencia y en la mía, tenemos el llamado a velar unos por otros; en el silencio del corazón encontraremos que a eso hemos venido al mundo, a amar y ayudarnos a ser felices en la tierra, y no perder la esperanza, pase lo que pase, para encontrar la felicidad eterna en el Cielo.

Duele mucho ver esas compras de pánico en la que unos cuantos se apoderan de todo lo que es de todos, en los que los comercios venden a precios exorbitantes las cosas de primera necesidad, en los que las personas se pelean y ofenden en lugar de compartir, en lugar de personas racionales parecemos animales irracionales, en donde el que llega primero, el que más dinero tiene, es el más fuerte y aplasta a los demás.

Pandemia del egoísmo, traducida en mil pandemias actuales: La Pandemia del aborto, de la eugenesia, de la eutanasia, de la violencia, de la guerra, de la persecución religiosa, del feminismo mal entendido, del machismo, de la ideología de género, de la pornografía, de los acosos y abusos sexuales, de los homicidios, los homeless, del analfabetismo, de la falta de educación, la hambruna. ¿Cuántos de los nuestros mueren a diario por la falta de amor, la falta de respeto a la vida, la falta de fortaleza, de honestidad, de justicia, de humanidad? ¿Cuándo han pensado en la pandemia de la obesidad, de la diabetes, accidentes cardiovasculares, de los enfisemas pulmonares… Causados por la oferta de productos porquería para el cuerpo humano que inflan los bolsillos de unos cuantos a millones de dólares?

Dejamos de valorar la vida, la salud, el amor, la familia, el tiempo, la naturaleza, realmente nuestra sociedad se volvió inhumana, cosificada, materialista, consumista, en donde lo que importa es la economía, el lucimiento y el poder; a pesar de todo, a pesar de todos. Hoy, vivimos las consecuencias, vivimos con miedo, alertas todo el tiempo; los trastornos de la personalidad, de la sexualidad, de la alimentación, del ánimo, las adicciones, la pérdida del sentido en la vida, el suicidio son tema de todos los días, cada vez desde más pequeños. Hay un terrible sufrimiento, generado por una cultura de muerte, de perdición, de dolor sin sentido que lleva a la desesperanza y a la muerte en vida.

¿Qué te ha pasado amadísima persona? ¿Qué te ha ocurrido? ¿Dónde está la humanidad que hace que los individuos se comporten a la altura de su dignidad propia de hijos de Dios? Alienada, perdida, vacía, rota, pervertida, denigrada…. Así has quedado después de excesos de mal y ausencia de bien.

Tu conciencia dormida o mal formada no te permite descubrir la belleza, ni elegir con libertad lo que es bueno para ti y para los tuyos, la humanidad. Al no reconocerte y amarte, has dejado de reconocer y respetar a los demás y a toda la Creación, has acabado con los bosques, los ríos, los mares; los animales.

Como Adán y Eva, caíste, te dejaste engañar una y otra vez, has querido ser como Dios y le has sido infiel, te has sido infiel a ti mismo y desde hace tanto que no sabes ¿Quién eres, de dónde vienes y a dónde vas?

Eres la creación más bella de Dios, el Todopoderoso, a quien tal vez, has recurrido ahora que hay pánico mundial por la pandemia del Coronavirus, las personas enferman de esto y algunas, muchas, lamentablemente mueren, pero pocas se dan cuenta, de que antes de que enfermara su cuerpo, su alma estaba enferma y muerta; pero no temas, Dios te ama de todas maneras, su amor es incondicional, es eterno, eres su hijo muy amado y aunque no le conozcas mucho, El a ti te conoce mejor que nadie, mejor que tú mismo; así que no esperes más y échate a correr y abrázale, que está en la Cruz esperándote con los brazos abiertos.

Regresar a Ti Señor.

Cuántas personas no habrán orado, acudido a Ti Dios Todopoderoso en estos tiempos de tribulación, cuántos de nosotros hemos vuelto la mirada al Padre, como el Hijo Pródigo que ha despilfarrado todo y se encuentra roto por dentro, así estamos, colapsados, llenos de “todo” y vacíos en realidad. ¿Dónde está Dios? Su Santuario es tu corazón ¿Lo has perdido? Vuelve tu mirada a tu interior y dile aquí estoy Señor, recíbeme, te necesito.

Cuidémonos de la ausencia del bien en el cuerpo, y también en el alma, no pierdas el tiempo, que nadie es eterno; ama a Dios, encuéntrate con El, encuéntrate con los tuyos, tu familia, vivan las virtudes que son el camino más seguro para ser en verdad felices, pidamos las virtudes teologales, fe, esperanza y caridad, luchemos por las cardinales: templanza, paciencia, justicia y prudencia y esforcémonos por realizar actos operativos buenos, una y otra vez, actos justos, sinceros, honestos, generosos, solidarios, subsidiarios, sobrios, etc.; el camino, es el Amor.

Que este encierro sea un parteaguas no solo en la historia económica, científica y tecnológica mundial; que este STOP tenga sentido, solo tú puedes dárselo si lo vives junto a Cristo y no te olvides que la manera más rápida de llegar a Él es a través de María, no temas, ¿No está Ella aquí, que es Tu Madre?

Dios nos bendiga a todos, recordemos que no estamos solos, estamos aislados en casa, pero no solos, Dios no se muda, solo Dios basta.

MTF Rosario Prieto
Psicología Clínica
Persona y Familia

 

Tanto amor me sobrepasa Señor

Querido Jesús:

Te escribo en medio de esta Pandemia, atemorizada como muchos, pero llena de esperanza, en tu amor infinito.

Quisiera que mi alma te adorará cada segundo que pasa.

Quisiera que toda mi actividad subiera como el más delicioso de los inciensos hasta ti.

Quisiera que supieras que el fuego que desatas en mi corazón no se parece al de la tierra.

Me recuerdas este pasaje de las Escrituras, cuando Jeremías te dice: “Por eso decidí no recordar más a Yavé, ni hablar más en su nombre, pero sentía en mí algo así como un fuego ardiente aprisionado en mis huesos, y aunque yo trataba de apagarlo, no podía.” (Jer. 20, 9)

Quisiera comprender por qué siempre me has dejado tan sola… por qué nunca quisiste que encontrará un director espiritual.  Sólo quisiera… son preguntas de una mujer enamorada…

Hubiera sido quizá menos doloroso… Hubiera dado menos tumbos…. Quizá yo misma no me hubiera golpeado tanto.

Los ojos se llenan de lágrimas porque me conmueve lo que estás hacienda en mi alma. Me ha dicho que es tu pedagogía, que así tratas a los que amas, con ternura y misericordia.

No lo comprendo…  tanto amor me sobrepasa. No lo merezco. y como nunca antes, hoy palpitas en mí.

Esto es lo que me ha enseñado la cuarentena… que soy una mujer contemplativa… que no necesito nada más que tu Mirada… Que me urge poder mirar Tu rostro… Tú Hermosura… Tú Luz… Y es cuando acudo a las Escrituras y las abro al azar, la boca de Dios, la llamaba San Francisco de Asís, para escucharte y conocer tu voluntad en mí. Y nos dices a todos que confiemos en la Providencia, que amemos, que no tengamos miedo de ir más allá.

“Jesús fijó su mirada en él, le tomó cariño y le dijo: “Sólo te falta una cosa: vete, vende todo lo que tienes y reparte el dinero entre los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo. Después, ven y sígueme”. (Marcos 10, 21)

No me sorprende que le hayas pedido abandonarlo todo por ti, sueles pedirlo todo Me sorprenden estas palabras: “Fijó su mirada en él y le tomó cariño”. Imagino esa experiencia, sentir tu mirada amorosa, que atraviesa el alma.

Me miras… Me miras como solo quizá tú Santa Madre me ha mirado… y solo ahora sé que todo esto que me pasa se llama “Gracia”.

Quizá, soy sincera cómo nunca, finalmente acepte que soy esta alma,  dispuesta a darte todo y vivir para ti. No la mujer que veo en el espejo, pero sí un alma, que te ama apasionadamente Jesús.

Señor Tú palpitas en todo mi ser….

Tú te haces sentir en cada célula de mi cuerpo….

Sueño que llegue la noche para poder estar a solas contigo…

Anhelo despertar de madrugada para entrar en tu Sagrado Silencio…

Hay muchos días en los que quisiera solo vivir en silencio…

Dios de Dios… Luz de Luz… Dios verdadero de Dios Verdadero…

¡Cuánto amo masticar estas palabras!

Sheila Morataya

 

 

Cañizares, a los periodistas: “Más aún ahora deben buscar y comunicar la verdad”

El arzobispo de Valencia publica una carta con motivo de de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

El arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, publicó ayer en la web del arzobispado una Carta, fechada el 24 de mayo,  con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, en la que expresa su “aprecio” y “gratitud” por la labor que desempeñan los profesionales de la comunicación.

A la vez que destaca “cómo los medios están contribuyendo al enriquecimiento humano y espiritual, de muchas formas”, Cañizares destaca que “no podemos ser ingenuos y dejar de reconocer también hechos que contribuyen al enfrentamiento”.

Pide “examen de conciencia” a los medios

Citando a San Juan Pablo II, el arzobispo recuerda que sería seguramente conveniente o  “necesario un cierto tipo de ‘examen de conciencia’ por parte de los medios de comunicación que conduzca a una mayor conciencia crítica, sobre esta tendencia a un probable escaso respeto a las convicciones morales”.

Además de aludir a que los medios tienen la misión de servir a la verdad y a la libertad, alerta sobre la necesidad de que “busquen y comuniquen la verdad, se apasionen por ella y la sirvan, y más aún ahora, cuando se están observando, movimientos reales, no imaginarios, de poderes que se apoyan y difunden la mentira”.

Cañizares reconoce que “no es fácil dar con la verdad”, en un mundo que la niega o tergiversa, impera o “manda la mentira y unos poderes que manipulan la verdad”, y por ello mismo confía en los profesionales de la comunicación para que desarrollen su tarea contribuyendo a la “humanización de nuestro mundo”, donde no predominen “El dinero, los intereses económicos, ni los afanes de poder”, sino la justicia y la participación de los pobres y excluidos.

Critica el “nuevo orden mundial”

Se refiere al “nuevo orden mundial” de modo crítico, “dominado por los poderes, casi todopoderosos económicos e ideológicos que están muy identificados concretamente, como se sabe, en los momentos actuales”.

“Trabajar en los medios de comunicación no es fácil”, escribe el arzobispo, subrayando las “presiones múltiples que en ellos se reciben, lo saben muy bien quienes en ellos trabajan o los dirigen, son muy grandes y fuertes”, para afirmar que “puede parecer fácil sólo a quien nunca se ha decidido a hacerlo verdaderamente”, con la palabra oral o escrito, o bien con la imagen.

Se basó en las palabras del Papa San Juan Pablo II, en su primera visita a España, cuando afirmó, dirigiéndose a los profesionales de los medios de comunicación: “la búsqueda de la verdad indeclinable exige un esfuerzo constante, exige situarse en el adecuado nivel de conocimiento y de selección crítica. No es fácil, lo sabemos bien. Cada hombre lleva consigo sus propias ideas, sus preferencias y hasta sus prejuicios. Pero el responsable de la comunicación no puede escudarse en lo que suele llamarse la ‘imposible objetividad’”.

Agradece la labor de los medios en la pandemia

En su Carta, el arzobispo agradece a los medios de comunicación “el impagable servicio que están llevando a cabo en esta crisis de la pandemia, que es muy grande, patente y de todos conocido, y les pido encarecidamente que sigan ayudando, mirando al futuro que se presenta incierto, tanto en el plano sanitario como en otros”.

En el contexto de un futuro incierto, destaca la importancia del trabajo, recordando que el Papa Francisco está preocupado “por el trabajo que corre el riesgo de perderse y por las demás consecuencias que la crisis actual trae consigo (…), para permitir que todos tengan una vida digna y favorecer, cuando las circunstancias lo permitan, la reanudación de las actividades cotidianas”.

 

Redescubriendo la Familia

Ernesto Juliá 

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Al anunciar su catequesis sobre la familia, el papa Francisco señaló que iba “a reflexionar durante este año, precisamente sobre la familia, sobre este gran don que el Señor entregó al mundo desde el inicio, cuando confirió a Adán y Eva ((hombre y mujer)) la misión de multiplicarse y llenar la tierra (cf. Gn 1, 28). Ese don que Jesús confirmó y selló en su Evangelio”.

 “Y esta es la gran misión de la familia: dejar sitio a Jesús que viene, acoger a Jesús en la familia, en la persona de los hijos, del marido, de la esposa, de los abuelos... Jesús está allí. Acogerlo allí, para que crezca espiritualmente en esa familia. Que el Señor nos dé esta gracia”. (audiencia del 17 diciembre 2014).

“Gran don de Dios”

En algunos momentos de la vida de una familia esa conciencia viva de que es un “gran don de Dios”, se puede perder o, al menos, no saborear en toda su riqueza y grandeza. Y, también puede ocurrir, y de hecho ocurre que cuando las situaciones se complican, las dificultades se hacen más difíciles de solucionar, cuando parece que se ha llegado al límite de las fuerzas, el esplendor de ese “don de Dios” surge con más luz y con más viveza. Se redescubre el amor conyugal, el amor filial, el amor familiar. Se redescubre que la alegría y la paz de las bodas de Caná lo llenan todo.

En algún periódico se ha dado la noticia de que en este ir superando los meses de encerramiento familiar, habían aumentado la petición de divorcios y separaciones matrimoniales. Todo es posible, sin la menor duda

No he visto, sin embargo, recogida, salvo en correos digitales, la reacción de tantas familias que han ido re-descubriendo viviendo día a día el confinamiento al que hemos estado sometidos, ese “gran don de Dios”, y que han renovado unos lazos afectivos humanos y divinos que Dios bendijo en el Sacramento del Matrimonio, y en el engendrarse de la familia, con o sin hijos, y que se habían quedado algo dormidos en el transcurrir de cada día. Las situaciones son muy variadas, pero todas tienen un revivir de la luz en las bodas de Caná:  el agua convertida en vino.

Horarios de trabajo de padres y de madres que no les permitían compartir mucho tiempo con sus hijos, y al darse más a ellos han saboreado el gozo de sentarse a la mesa, de bendecir los alimentos preparados con amor.

La madre que se echa a llorar porque oye a su hija más pequeña llamar mamá a la mujer que le cuida todo el día; y cambia la mirada con la que contemplaba a su marido y a sus hijos al volver a casa de un trabajo muy comprometido y brillante: adelanta en tres horas su vuelta a casa. 

El padre que descubre la dificultad de sus hijos para concentrarse y estudiar con fruto, y decide emplearse a fondo para ayudarles, acompañarles, en vez de enviarlos al psicólogo como tenía pensado.

El abuelo que se queda embobado y conmovido al ver correr por los pasillos de su casa a un nieto de tres años, y abrazarle llamándole abu.

El marido que redescubre a la mujer a la que ya se había acostumbrado un poco, se quedaba sólo con sus defectos y ahora llega a contemplarla como un “regalo de Dios”; y la mujer que redescubre al marido al que ya le prestaba poca atención y reverdece en su corazón el amor que le llevó al altar: los sentimientos se convierten en acoger de verdad al hombre con el que Dios quiere que sea santa.

El matrimonio es una comunión de amor indisoluble, recordaba Juan Pablo II. “Esta íntima unión, como mutua entrega de dos personas, lo mismo que el bien de los hijos, exigen plena fidelidad conyugal y urgen su indisoluble unidad” (…) Se comprende, pues, que el Señor, proclamando una norma válida para todos, enseñe que no le es lícito al hombre separar lo que Dios ha unido.

Confiados como estáis al Espíritu, que os recuerda continuamente todo lo que Cristo nos dejó dicho, vosotros, esposos cristianos, estáis llamados a dar testimonio de estas palabras del Señor: “No separe el hombre lo que Dios ha unido”.

“Así contribuiréis al bien de la institución familiar; y daréis prueba —contra lo que alguno pueda pensar— de que el hombre y la mujer tienen la capacidad de donarse para siempre; sin que el verdadero concepto de libertad impida una donación voluntaria y perenne. Por esto mismo os repito lo que ya dije en la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio: “Testimoniar el valor inestimable de la indisolubilidad y de la fidelidad matrimonial es uno de los deberes más preciosos y urgentes de las parejas cristianas de nuestro tiempo” (Homilia en Madrid, 2-XI-82).

Ante la Reina de las Familias, la Virgen María, el milagro de las bodas de Caná se renueva, en el silencio del hogar, todos los días en tantas familias cristianas.

ernesto.julia@gmail.com

 

 

¿Eutanasia? Médico de paliativos: «Un enfermó me la pidió y cuando se controló el dolor, la rechazó»

 

Adriá Gómez es médico internista, tiene un máster en Bioética y ha trabajado en una unidad de cuidados paliativos

J. Lozano / ReL

El coronavirus ha puesto de manifiesto la muerte, el dolor y también ha evidenciado la necesidad de una buena muerte, justo cuando muchos pacientes han muerto solos sin poder ser acompañados debido al colapso sanitario.

Pese a esta situación con casi 30.000 muertos oficiales, el Gobierno sigue empeñado en sacar adelante su ley de eutanasia, y ni siquiera se ha parado a plantearse aplicar primero unos buenos cuidados paliativos, justo cuando se ha puesto de manifiesto lo importantes que son.

El doctor Adriá Gómez es uno de los miles de médicos españoles que estas semanas se ha entregado en cuerpo y alma a salvar vidas o al menos en que tuvieran una muerte lo más aceptable posible. Es médico internista, tiene un máster de Bioética por la Universidad Católica de Murcia y además tiene experiencia en una unidad de cuidados paliativos.

Cuidados paliativos versus eutanasia

A tenor su experiencia médica, el doctor Gómez indicaba en una entrevista que recoge la diócesis de Córdoba que “las personas quieren vivir, es excepcional una petición en otro sentido y está más bien condicionada por otro tipo de factores: dolor, mal control sintomático, soledad o ausencia de soporte. Verdaderamente la gente quiere vivir, así lo he comprobado en mi tiempo de servicio en una unidad de cuidados paliativos”.

Ante la posibilidad cada vez más real de que se legalice la eutanasia en España, este médico asegura que en la unidad de cuidados paliativos en la que estaba “(la eutanasia) me la pidió en una ocasión un paciente con síndrome refractario del dolor y cuando se controló el dolor, la rechazó y una persona con ELA que todavía no presentaba síntomas de la enfermedad. En ese momento, la ley no lo permitía y éste fue un resguardo para profesionales que no creemos en este tipo de medidas. Después, el paciente lo aceptó, tuvo un buen seguimiento con nosotros y finalmente falleció tranquilamente en su casa”.

En su opinión, en caso de que se aprobara la eutanasia los que la demandarían personas que estén “en posición de debilidad”. Es decir, “la soledad o la precariedad crean un sentimiento de culpa y carga en el enfermo. La eutanasia abre la puerta a pacientes vulnerables que ven en ella una salida para aliviar el sufrimiento a sus familiares”.

La fe en médicos y pacientes

Sin embargo, el doctor Gómez insiste en que “cuando se dan unos cuidados paliativos que llegan a tiempo y dan la posibilidad de acompañar a la familia y facilitar el soporte social, los pacientes no quieren morir, sino vivir; es cuando más valoran su biografía. Trasladar al paciente que merece la pena vivir cada día es el fin último de los cuidados paliativos, esta es la filosofía que subyace: hacerle ver el sentido de su vida, que merece la pena vivir cada día”.

Además, este médico es católico practicante. Y en un testimonio que también publica la diócesis cordobesa habla que ante tantos casos que ha visto de personas afrontando el final de su vida, “la enfermedad como otros acontecimientos de sufrimiento en la vida, ponen de manifiesto la verdadera fe de las personas. Y también en ese sufrimiento ves fe que deslumbra a través de la enfermedad”.

El doctor Gómez afirma que este hecho “es lo que más me ha corregido mi profesión, es decir, ver cómo personas con fe no se escandalizan del sufrimiento, de su enfermedad, de su discapacidad. Estos enfermos no reniegan, y sobre todo siempre hablan del bien que representa Dios en sus vidas. Suelen decir ‘Dios me ayuda...’, ‘no me ha abandonado...’, ‘es para mí salvación...’, ‘puedo estar contento...’,’la vida es un Don...’, ‘doy gracias a Dios por todo lo que me ha dado...’. Es realmente edificante poder escuchar esta vida en medio del sufrimiento. Vida que solo puede dar Cristo en medio de la muerte. Cristo que se encuentra a través de la fe, y que es Don que regala Dios a quien la pide y la busca”.

Este médico recuerda un caso concreto que le impactó. “Como cristiano en mi profesión lo que más me ha marcado es ser instrumento para colaborar con la salvación de las personas. Ese momento de ‘sacar’ del pozo, de la ‘muerte’ a una persona con tu palabra. Recuerdo a un paciente EPOC terminal (enfermedad bronquial secundaria al tabaco excesivo) que estaba en aislamiento en el hospital y que no recibía más visita que el médico y la enfermera cuando pasaba. En una guardia me avisaron por ahogo y tras atenderlo empezó a injuriar por si situación, su angustia, su penuria, su soledad... cuando terminó solo le dije, ‘no estás solo’ y miré al cielo... en ese momento cambió su rostro y su actitud... Por su mujer supe meses más tarde que había fallecido pero algo cambio en él, pidió perdón a los que rodeaba, se acercó a la Iglesia, murió en paz”.

"Todos son hijos de Dios"

Adriá Gómez se lamenta de que por desgracia el “mundo tecnicista” impregna la realidad diaria, también en la medicina. “Es importante estar en la vanguardia, la ciencia y la evidencia pero no nos podemos dejar atrás lo que realmente trasciende al enfermo, su vida, su biografía, sus expectativas y sus creencias. Nunca podremos curar verdaderamente a las personas si no las amamos de corazón. Porque como me dijo no hace mucho la hija de un paciente: ‘trátelo bien que es miembro fundador de un partido político y ha luchado por todos los progresos sociales’. Yo le transmití lo que la Iglesia me ha enseñado: ‘lo trataré bien porque para mí todos son hijos de Dios y se merecen la mayor dignidad’”.

"Dios acontece en momentos concretos de la enfermedad, del sufrimiento, en cada persona lo hacen un momento concreto, de una determinada manera. Es ahí donde la persona se pregunta si está Dios, si será verdad que Dios existe. Y es también ahí donde los cristianos podemos dar testimonio de que la muerte está vencida, que Dios y el cielo existe y que en la cruz no se acaba todo, que la cruz es la herramienta, la llave, el misterio que ha usado Dios para encontrarse con los hombres y salvarlos", concluye.

 

Entre herencias y virtudes

Blanca Sevilla

No hay por qué tener envidia de lo que tienen príncipes y señores, porque la sangre se hereda y la virtud se adquiere. La virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale. (Don Quijote de la Mancha)

Un refrán muy viejo dice: aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

Tal vez eran otros tiempos, esos en que también solía afirmarse que la educación se adquiere desde la cuna y, de ese modo, se quería destacar que cuando menos lo esperamos nos salta aquello que es prestado, que es actuado.

Cuando las actitudes se aprendieron desde la infancia se vuelven hábitos permanentes, son parte de las vivencias, constituyen ese todo que es la persona.

Así, por lujoso que sea nuestro atuendo, por estudiados que sean nuestros movimientos, lo que se tiene dentro, las bases que cimientan nuestro yo integral, siempre saltan a la vista, más tarde o más temprano.

Hoy, sin embargo, en una sociedad individualista a ultranza, caprichosa y superflua, vivimos en un mundo de apariencias. Basta parecer tal o cual para serlo.

Así están las cosas. Y lo peor del caso es que los hombres llegamos a creer tanto en ese disfraz que nos engañamos en la intimidad, nos negamos a nosotros mismos para asumir el papel que elegimos ante los otros.

Muchas personas de generaciones anteriores se enorgullecen de contar su historia. Empezaron desde abajo, como ayudantes en una oficina, como mensajeros o como aprendices de algún oficio, y fueron subiendo, progresaron gracias a sus esfuerzos y a las ayudas generosas de los demás.

Hoy son funcionarios o jefes, y en agradecimiento a la colaboración que recibieron, se superaron, ayudan a otras personas, cuentan su historia con orgullo, ponen su esfuerzo cotidiano en ser mejores.

Tienen razones para hacerlo: nada hay más valioso que el crecimiento, que el perfeccionamiento constante de nuestras potencialidades.

Deberían saberlo quienes niegan sus orígenes, porque están cobijados a la sombra de lo aparente.

¿Realmente nos engañamos?

La superación personal no es efímera. Para lograrla hace falta valentía, constancia, humildad; es una lucha constante que debería enorgullecernos más que la vida que se actúa.

Recurro a Don Quijote de la Mancha. No hay por qué tener envidia de lo que tienen príncipes y señores, porque la sangre se hereda y la virtud se adquiere. La virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale.

 

Cuidado con los vicios

Silvia del Valle

Pensar que porque no tienen acceso a internet no pueden caer en los vicios. Los videojuegos, también causan adicción. La flojera también es un vicio y en muchas ocasiones nuestros hijos ya son esclavos sin darse cuenta.

Con el nuevo estilo de vida que llevamos desde hace más de dos meses, a nuestros hijos les sobra tiempo, por lo que pueden pasar horas jugando en los videojuegos o navegando en internet.

Esto es muy peligroso porque ya hay cifras que dicen que el número de niños que han accedido a páginas pornográficas ha aumentado de forma considerable.

Es importante estar al pendiente de que nuestros hijos no caigan en las garras de los vicios, sin importar de qué tipo sea.

Los vicios son costumbres malas que se realizan de forma repetitiva y a veces de forma automática y que les quitan la libertad, volviéndolos esclavos y en muchas ocasiones, provocando grandes males en su persona, pero sobre todo en su alma y en su corazón.

Por eso aquí te dejo mis 5Tips para evitar que nuestros hijos caigan en los vicios cuando tienen tiempo de sobra.

PRIMERO. Establece un horario familiar.

La idea es que el tiempo que tienen durante el día esté bien ocupado, en cosas productivas y sanas, así no tendrán tiempo que perder.

Una buena planeación de los días nos ayuda a que nuestros pequeños no tengan tiempos de ocio que les den oportunidad de pensar en cosas malas o de caer en la tentación de visitar sitios o páginas de internet poco adecuados para ellos.

Pero no caigamos en el error de pensar que porque no tienen acceso a internet no pueden caer en los vicios. Los videojuegos, también causan adicción.

La flojera también es un vicio y en muchas ocasiones nuestros hijos ya son esclavos de ella sin darse cuenta.

Es necesario decir que, dependiendo la edad, es más factible que se enganchen con algún vicio. Entre más pequeños sean, es más fácil que estemos pendientes de lo que hacen y que seamos nosotros los que definamos sus actividades; pero conforme van creciendo y se sienten más independientes, debemos estar más al pendiente de enseñarles a usar bien de su tiempo y de presentarles opciones de actividades productivas, que les eduquen y les ayuden a crecer integralmente.

Es por eso que en el horario familiar debemos presentarles actividades de formación, actividades de recreación, tiempos para lectura, tiempos para juego, y sobre todo tiempos de convivencia familiar.

SEGUNDO. Que los tiempos de esparcimiento estén bien definidos.

Los tiempos de esparcimiento deben estar bien delimitados en nuestro horario familiar para que no haya dudas y nuestros hijos aprendan a distribuir y aprovechar sus tiempos adecuadamente.

Por ejemplo, si nuestros hijos tienen dos horas de juego al día y dos horas de tiempo libre, es necesario definir específicamente cuánto tiempo pueden pasar navegando en internet o jugando videojuegos, o simplemente, cuánto tiempo pueden pasar viendo la tv o flojeando en la cama.

Los deportes también causan adicción y si son practicados en exceso, también se vuelven un vicio. Lo más sano es que todo tenga un justo medio, un sano límite.

Cuando les dejamos mucho tiempo libre, es más fácil que caigan en la tentación de ver o realizar cosas que atentan contra su persona, contra la moral o contra otras personas.

Bien dice el dicho que la ociosidad es la madre de todos los vicios; por lo tanto, debemos propiciar que nuestros hijos tengan bien ocupado su tiempo para su desarrollo integral.

TERCERO. Vigila lo que ven en internet.

El mayor problema que tenemos en estos tiempos de aislamiento y encierro es el internet ya que es necesario que nuestros hijos naveguen en él, pero también es muy fácil que al hacerlo se topen con páginas que atentan contra su dignidad, su pureza y que les generen sentimientos y emociones que les creen adicción, haciéndolos esclavos y provocando que dieran su voluntad, lo que desencadena que pasen horas y horas en esas páginas.

Para eso es necesario establecer horarios de uso del internet y estar al pendiente de que se cumplan.

También debemos tener cuidado de que no entren a internet por medio de otros dispositivos que quizá no sabíamos que pueden tener acceso a la red, por ejemplo las consolas de videojuego.

Los dispositivos móviles también deben estar regulados tanto en el uso como en las revisiones que haremos de ellos ya que algunos tienen la opción de una navegación oculta y que eso genera historial.

Es necesario que nuestros hijos accedan a internet en lugares públicos de la casa, donde podamos acercarnos a ellos y revisar lo que están haciendo, ya que es muy fácil que nos digan que están haciendo tarea o investigando y de pronto estén jugando o visitando páginas indecorosas.

Otro peligro son las conversaciones con desconocidos que se pueden establecer por medio de las redes sociales y los videojuegos.

Por eso debemos regular muy bien los tiempos de uso de internet y las condiciones en las que se llevarán a cabo las actividades dentro de la red.

CUARTO. Que tengan alguna actividad recreativa.

Algunos de nuestros hijos, por carácter, les cuenta trabajo realizar actividades físicas, pero es necesario que las tengan, aunque sea un poco forzados, ya que las actividades físicas ayudan a que la energía que tienen, la saquen y que desestresen su cuerpo.

Esto ayuda a que tengan un sano descanso y estén siempre dispuestos a realizar las actividades propias de cada día.

Los juegos de mesa, los deportes, las manualidades son actividades que les pueden ser de utilidad ahora que estamos en casa.

Cuando tengamos oportunidad de salir, podemos agregar a la lista salir al parque a jugar o caminar, jugar futbol, correr, ir al cine, etc. por ahora podemos también establecer el que nuestros hijos y como familia podamos ver una película al día, que tenga valores o que nos enseñe la vida de algún santo.

Y QUINTO. Dialogamos con ellos y apoyamos si es necesario.
Esto es indispensable ya que es la forma que tenemos para saber que nuestros hijos están bien o tienen la necesidad de nuestra ayuda.

Una buena comunicación es la base de un sano desarrollo integral.

Debemos hacer que nuestros hijos sepan que pueden hablar con nosotros en cualquier momento, ya sea para platicarnos sus cosas, para consultarnos alguna duda que les surja de lo que ven y escuchan o para contarnos como se sienten y pedirnos ayuda.

Nosotros debemos establecer el canal de comunicación y el mecanismo para que ellos se acercan cuando quieran hablar.

Debe ser personal y debe estar rodeado de la paciencia y el sigilo para que tengan la confianza de contarnos lo que piensan y sienten.

Algo muy importante que no sientan que nos estamos burlando de ellos cuando nos platiquen sus cosas porque a veces, lo que para ellos es una tormenta, para nosotros es algo muy sencillo que muchas veces nos genera ternura o se nos hace insignificante, pero para ellos es muy difícil y debemos respetarles y ayudarles dignamente.

Y recuerda, que nuestros hijos aprenden a ocupar su tiempo sanamente, ya que cuando tienen tiempo ocioso, es más fácil que caigan en los vicios y que después sea muy difícil dejarlos ya que los vicios los esclavizan, por lo que es necesario que les ayudemos a salir de ellos, pues no son capaces de hacerlo por sí solos.

 

¿Pueden las calamidades considerarse castigo de Dios?

 

¿Puede Dios castigar? ¿Pueden los desastres, naturales o provocados por el hombre, considerarse un castigo de la Providencia?

La pandemia del COVID-19 ha vuelto a poner sobre la mesa un tema que ya en los últimos años había sido objeto de un acalorado debate: los castigos divinos. ¿Puede Dios castigar? ¿Pueden los desastres, naturales o provocados por el hombre, considerarse un castigo de la Providencia?

“En ese tiempo escudriñaré con lámparas a Jerusalén y pediré cuenta a los hombres que se sientan sobre sus heces, los que dicen en su corazón: El Señor no hace ni bien ni mal” (Sofonías 1, 12).

 

Esta es la terrible advertencia de Sofonías a los hombres que dicen “Dios no puede castigarnos”. Sobre ellos, continúa el profeta, caerá “un día de cólera, de angustia y de congoja; día de destrucción y de ruinas, de sombras y tinieblas; día de nubarrones y neblina, día en que suena el clarín en lo alto de la muralla y da la alarma en todas las fortalezas” (Sofonías​​1, 15-16).

La pandemia del COVID-19 ha vuelto a poner sobre la mesa un tema que ya en los últimos años había sido objeto de un acalorado debate: los castigos divinos.

¿Puede Dios castigar? ¿Pueden los desastres, naturales o provocados por el hombre, considerarse un castigo de la Providencia?

La negación de la posibilidad que Dios castigue

Contenidos

 

Si bien el Magisterio pontificio y el consenso de los Doctores hayan sido claros y constantes durante dos mil años, respondiendo a las dos preguntas afirmativamente, la mentalidad relativista y ecuménica moderna ha cambiado por completo el criterio.

“Los terremotos, los huracanes y otros desastres, que golpean al mismo tiempo a culpables e inocentes, jamás son un castigo de Dios. Decir lo contrario es ofender a Dios y a los hombres”, ha afirmado el padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa pontificia, en la homilía en presencia del Papa en el Vaticano, con motivo de la celebración de la liturgia del Viernes Santo. No solo negó que, en concreto, la actual pandemia pueda ser considerada un castigo divino, sino que afirmó un principio general: “Los desastres no son jamás un castigo divino”. Implícitamente, se rechaza la propia idea de castigo. Pero no es el único.

“La idea de castigo divino, especialmente a través de una situación dramática como la que estamos viviendo, no hace parte de la visión cristiana”, sentencia el cardenal Angelo Scola, arzobispo emérito de Milán. “Es pagano pensar en un Dios que envía flagelos”, reitera su sucesor, Mons. Mario Delpini. “No es Dios quien nos castiga”, agrega el obispo de San Miniato, Mons. Andrea Migliavacca. “Muchos se han preguntado si este virus es un castigo. La respuesta es NO. No es un castigo. Jesús en varias ocasiones dejó claro que no hay relación entre el pecado cometido y el mal sufrido”, profundiza Mons. Angelo Spina, arzobispo de Ancona-Osimo. “Esta pandemia no es un castigo”, concluye Mons. Paolo Giulietti, arzobispo de Lucca.

El pecado de las naciones y sus castigos

Los ejemplos podrían multiplicarse. Estamos presenciando una especie de competencia para ver quién niega de modo más contundente que esta epidemia pueda considerarse un castigo divino. Se llega al extremo de decir “Dios no castiga”. Punto. Y no puede castigar porque, como afirma Mons. Enrico dal Covolo, ex Rector Magnífico de la Pontificia Universidad de Lateranense, “Dios es amor… el coronavirus no es un castigo divino”.

El Magisterio de la Iglesia

Esto está en contradicción con el Magisterio de la Iglesia y el consenso de los Doctores, sin mencionar las diversas apariciones reconocidas por la Iglesia, en las que Nuestra Señora habla explícitamente de castigo. El pensamiento de la Iglesia siempre ha tenido en cuenta, al menos como una hipótesis teológicamente válida, que una calamidad pueda también interpretarse como un castigo divino, del cual Dios hace derivar un bien: la conversión de los pecadores arrepentidos. Las citas de los Papas, Padres, Doctores, Santos y Concilios en este sentido serían infinitas. Una de muestra. En la audiencia general del 13 de agosto de 2003, el Papa Juan Pablo II declaró: “Dios recurre al castigo como un medio para llamar al camino recto a los pecadores sordos a otros llamados”.

Hoy, sin embargo, hay una especie de Inquisición que castiga duramente a quienes se atreven a decir que Dios castiga. Ellos pueden castigar, Dios no. ¿Por qué esta saña?

Sin juzgar las intenciones, permítasenos levantar una hipótesis.

El ‘pecado social’

Estrictamente hablando, el pecado solo puede ser cometido por una persona dotada de responsabilidad moral. Sin embargo, se puede hablar analógicamente del pecado colectivo o social. “Podemos y debemos hablar en el sentido analógico del pecado social, y también del ‘pecado estructural’, ya que el pecado es propiamente un acto de la persona”, enseñaba el Papa Juan Pablo II en el discurso de clausura de la VI Asamblea General del Sínodo de los Obispos, el 29 de octubre de 1983. Un ejemplo sería el aborto. Uno es el pecado personal cometido por quienes practican o inducen al aborto: la mujer, el médico, el enfermero, el asistente social que orientó a la mujer hacia el aborto, etc.; otro es el pecado de una sociedad en la que el aborto se ha convertido en ley del Estado, con financiamiento público y facilidades. Esto analógicamente constituye un “pecado social”.

Según la doctrina de la Iglesia, magníficamente expuesta, por ejemplo, por San Agustín, este tipo de pecado social o estructural merece castigo en esta tierra, ya que las sociedades no tienen un alma inmortal y, por lo tanto, no pueden ser recompensadas o castigadas en el más allá. Las guerras y las desgracias, por ejemplo, pueden constituir castigos divinos por los pecados colectivos de los hombres, con los cuales Dios los llama amorosamente a la conversión.

En Fátima, Nuestra Señora habló claramente de las dos guerras mundiales del siglo pasado, y luego del comunismo, como “castigos por los pecados de la humanidad”.

Un pecado colectivo

¿Qué pecado colectivo atraería toda esta serie de castigos?

No es difícil identificarlo en la situación creada, desde hace ya siglos, por  esa crisis que los Papas y los pensadores católicos han llamado Revolución. Una revolución de carácter liberal e igualitario que, hundiendo sus raíces en lo más profundo del alma humana, se extiende a todos los aspectos de la personalidad del hombre contemporáneo y a todas sus actividades. Esta crisis, por desgracia, ha penetrado hasta en el recinto sagrado de la Santa Madre Iglesia, precipitándola en ese proceso de “auto-demolición” denunciado por el Papa Pablo VI.

En este contexto, “convertirse” significaría rechazar este proceso revolucionario secular, proclamando exactamente lo contrario. “Si la Revolución es el desorden, la Contrarrevolución es la restauración de la Orden – explica Plinio Corrêa de Oliveira. Y por Orden entendemos la paz de Cristo en el Reino de Cristo. Es decir, la Civilización cristiana, austera y jerárquica, sagrada en sus cimientos, antigualitaria y antiliberal”.

Sin embargo, esto implicaría repudiar aspectos dominantes de la tan venerada “modernidad” y de su versión eclesiástica, el “aggiornamento”. Y esto, claramente, no se quiere. Entonces, “todo estará bien”, “Dios no castiga”. Es un pacto infame entre ciertos cuerpos laicos y algunos eclesiásticos para mantener a nuestra sociedad en los rieles de la Revolución. ¿Qué diría el profeta Sofonías?

Por nuestra parte, debemos aprovechar la pandemia para golpearnos el pecho y rezar: «Dios mío, me arrepiento y lamento con todo mi corazón mis pecados, porque al pecar merecía tus castigos, y mucho más porque te ofendí, a Ti, infinitamente bueno y digno de ser amado por encima de todo. Propongo con tu santa ayuda nunca más ofenderte y huir de las ocasiones próximas del pecado. ¡Señor, misericordia, perdóname! »

Julio Loredo

 

 

La responsabilidad personal

El creyente tiene que trascender toda esta situación, la producida por la pandemia, y tratar de ver la mano de Dios en todo, para no perder la fe ni la esperanza ante la tragedia, sino unirse íntimamente a Cristo paciente, para resucitar con Él a la vida eterna.

¿Y qué decir de la responsabilidad personal…?

Además de las enseñanzas que cada uno pueda extraer  de estos días, también hemos de pensar en la responsabilidad que hayamos podido tener en esta situación…

Yo –podemos decir cada uno-, ciudadano corriente, ¿qué responsabilidad puedo tener?  Ciertamente la que se derive de haber cuidado o no las normas de prudencia que están indicadas en la relación con otras personas para evitar el contagio. En los momentos iniciales era comprensible que no se tuviera una idea clara de la importancia de esas normas, pero una vez anunciadas por la autoridad competente a todos nos corresponde observarlas, aunque hayan llegado a situaciones excepcionales de aislamiento.

Suso do Madrid

 

 

La búsqueda de sus grandes preguntas

El confinamiento ha permitido también que aflore la búsqueda religiosa con sus grandes preguntas, constitutivas de la experiencia humana. El Papa repite en estos días que la pandemia, además de hacernos más conscientes de nuestra fragilidad, es una oportunidad de conversión. La sociedad contemporánea se ha edificado a menudo sobre el presupuesto de que la fe debe quedar en los márgenes de la ciudad, pero ya hemos visto en el último siglo que el olvido y la marginación de Dios no hacen mejor la convivencia ni facilitan el verdadero progreso de la familia humana. Como recordó Benedicto XVI en el Colegio de Los Bernardinos de París, la búsqueda de Dios ha sido el gran motor de la cultura europea. Una búsqueda que se hace acuciante estos días, y en la que los cristianos podemos encontrarnos y reconocernos con hombres y mujeres de cualquier tradición.

Juan García. 

 

 

Después de doce semanas

Se van a cumplir doce semanas desde que una parte de la ciudadanía –al menos la minoría que prestaba mayor atención a las informaciones procedentes de fuentes fidedignas- comenzó a sospechar que el COVID-19 podría ser en nuestro país “algo más que una gripe, con escasa posibilidad de tener una incidencia relevante”, según expresiones no literales de algunos de los presuntos expertos, entre los que no faltaban quienes ostentan responsabilidades públicas en la Administración del Estado.

Comprendo que es fácil “pontificar a toro pasado” y también que el Gobierno del Estado y quienes están al frente de las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos tienen muchos frentes de actuación y se les debe conceder el “beneficio de la duda”. Pero también es cierto que a ellos se ha confiado la gobernanza de la “cosa pública”.

Al analizar los, a mi entender, errores más relevantes cometidos en estas doce semanas, voy a centrarme en el Gobierno de Estado y en su Presidente, y ello por dos razones: la primera, que les corresponde la tarea –no sencilla- de ejercer sus propias competencias y -en una situación de emergencia- coordinar y orientar a los responsables de las demás Administraciones públicas; la segunda, que si algo ha caracterizado su actuación desde que, hace más de diez semanas, se declaró el estado de alerta, ha sido la falta de diálogo en la práctica –muchas de las conferencias de presidentes autonómicos y las comparecencias públicas abiertas a preguntas de los medios de comunicación tienen, a mi juicio, bastante de “postureo”-, la decisión patente de reducir al mínimo el control de las dos Cámaras, la decisión más explícita que implícita de tergiversar con datos al menos ambiguos la opinión pública, la descalificación de quienes no coinciden con sus decisiones, etc.

Es en este contexto en el que me dispongo a señalar los que considero mayores y más perniciosos errores cometidos por el gobierno del señor Sánchez.

Jesús D Mez Madrid

 

 

Rodeado de daños colaterales

Con esto del mando único, el responsable del caos de la gestión del Gobierno –de toda la gestión, en todas las áreas y no solamente en el ámbito de la pandemia- es Sánchez, pero lo cierto es que está rodeado de daños colaterales en forma de ministros, de vicepresidentes, de expertos y hasta de “fontaneros”.

Bien es verdad que son daños colaterales que él mismo se ha agenciado pero, como los sufrimos todos, todos tenemos derecho a lamentarnos del ¡ay! En que nos tienen los dichosos daños que son otra plaga no menos dolorosa.

Los más dañinos en eso de la colateralidad, de momento, son Illa y Simón que, mentiras aparte, no han dado una desde mucho antes de que decidieran que sí, que teníamos al coronavirus encima. Decisión que tomaron con un evidente retraso y que es una de las causas del enorme daño, este no colateral, que está sufriendo la sociedad española.

Cada uno en su estilo, lloroso y filosóficamente fúnebre el uno y de suficiencia pseudocientífica el otro, nos traen y nos llevan, cambian las cifras, cuentan historias para no dormir, se justifican, nos traspasan los timos que ellos protagonizan en los mercados, se sacan empresas e intermediarios de la manga y no es que dobleguen la famosa curva, es que la retuercen para que las cifras sean menos alarmantes. Y cuando esas cifras son mínimamente esperanzadoras, se apresuran a sacar pecho, cuando lo que tendrían que hacer era meter y hasta esconder toda la caja torácica.

Domingo Martínez Madrid

                 

 

Los “Argonautas”: de Vicente Blasco Ibáñez

 

                                He dicho y escrito bastantes veces, que este escritor, debiera ser de lectura obligatoria no sólo en España, sino en toda “la Hispanidad”; amén de aquellas personas que quieran saber, “del mundo y sus monos humanos”, lo que este gran escritor supo “retratar”, con una veracidad y crudeza sorprendentes; demostrando unos conocimientos culturales, asombrosos; una rebeldía que le honra, como ser libre; tan fue así que tuvo que huir de España y murió (bastante rico por cierto) en la “Costa Azul” y en su lujoso palacete. Se mostró siempre como español, defendiendo su idioma (incluso ante el poderosísimo Henry Ford I, que le invitó a que escribiera en inglés) y sin dejar de ser valenciano y saber y emplear su idioma vernáculo, cuando lo creyó oportuno. En resumen fue y sigue siendo, de los principales escritores y pensadores, que dio esta ridícula España, que para su mayor vergüenza, permitió que el propio Cerbantes (firmaba con b) muriese en la pobreza, fuese olvidado; y si fue rescatado, fue por interés de una dama de la realeza inglesa, que se interesó por su vida; y con su dinero, mandó investigar por tan interesante escritor, entre, “los enchufados de siempre de la España de siempre”; o sea, “lo normal en esta tierra de conejos, pero de madriguera, siempre”.

                                Como me precio de haber leído toda la obra completa y publicada de este autor; y hoy con “esta plaga que nos retiene en nuestras madrigueras como a conejos”; estoy dándole otra vuelta más a esa obra; me detengo y les hablo de su novela, “Los Argonautas”; por su gran interés para todos los tiempos y por cuanto el autor la consideró en vida, como una de sus mejores obras, o la mejor de ellas… ¿Por qué?

                                “Vicente Blasco Ibáñez narra una hermosa y emocionante novela sobre esas dos semanas durante las que, encerradas en el Goethe, un transatlántico que hace el viaje entre Europa y Argentina, vidas distintas se entrecruzan, coinciden y se oponen. Ha sido un viaje lleno de voluntad y de esperanza para millonarios europeos y nuevos ricos americanos, o para tristes emigrantes italianos y españoles que sufren vejámenes y transformaciones apoyados en la ilusión. En Los Argonautas, Vicente Blasco Ibáñez se entrega puramente a su labor de artista, escribiendo una bella novela, sin asomos ni prejuicios de tesis. En esta novela, Blasco Ibáñez ha mejorado considerablemente el estilo y perfeccionado su prosa”.

                                Aparte de esta semblanza que aparece en las publicaciones de la novela; hay que decir más, mucho, muchísimo más; y que yo añado a continuación.

                                El autor se muestra como un profundo historiador de España y los españoles; del incomparable hecho de conquistar y colonizar “medio mundo”, más por la fuerza y constancia, de “aquel pueblo español hambriento como en tantas otras épocas”; y el que lanzado, desde con el primer viaje de Colón (“el que sin los navieros andaluces, llamados “Los Pinzones”, no hubiese conseguido nada) y donde ya fueron hombres de España, generalmente y en mayoría andaluces; hasta llegar a las conquistas de los imperios Aztecas e Incas, pasando por instalar las primeras universidades europeas, en la “Española” (hoy Repúblicas Dominicana y Haití); Perú y Méjico; llevar “todos sus saberes, junto a la rueda, el caballo, mulo, asno, vaca, cerdo, trigo, legumbres etc.; llenar  de caminos y rutas, aquellos inmensos horizontes, crear miles de poblaciones (muchas de ellas grandes capitales después), incluso llegar a dominar en el norte, hasta más de la mitad de lo que hoy son los Estados Unidos USA; navegar desde los Andes, por el desconocido río, al que navegaron hasta salir al Atlántico (El Amazonas y sus afluentes) dándole el nombre con el que hoy se conoce. Y sobre todo dejar allí, el hoy segundo idioma mundial (EL ESPAÑOL, que no castellano); incluso dejarle a la Iglesia Católica, su mayor imperio mundial; y ya no pudiendo hacer más, puesto que, “faltaban hombres para conquistar y controlar más tierras”; pues si bien en el Gran Océano Pacífico, quedaron las “Filipinas”, que fueron así nombradas, en honor del rey de turno, incluso la enorme Australia, su nombre proviene de la dinastía de los reinantes “Austrias”, e infinidad de muchas cosas más; España y sobre todo los españoles, quedaron en las miserias posteriores, que terminaron en sus muchas y continuas guerras y masacres, culminadas en la de 1931 hasta muchos años después, puesto que es ridículo pensar en que todo empezara en 1936, y terminara en 1939; “aquella guerra fue mucho más larga y los que la padecimos lo sabemos porque lo vivieron nuestras propias carnes”.

                                Los herederos que quedaron en aquellas colonias y los muchísimos nativos que allí quedaron (“en el Norte y los otros europeos, practicaron mucho más lo de que, “el mejor indio era el indio muerto”) aún hoy se quejan, de “los expolios” y demás latrocinios; ignorando que esa ha sido y sigue siendo la marcha, del “mundo que conquistó y conquista el mono humano”; y de la que los españoles, tenemos la experiencia de, fenicios, judíos que vinieron con ellos, cartagineses, romanos, bizantinos,  bárbaros del norte, musulmanes, e incluso posteriores franceses e ingleses, que nos robaron todo lo que pudieron; y que como prueba de ello, “ahí sigue la colonia de Gibraltar”; pero ya digo, “es el mono humano, visto en la desnudez que merecemos y como un primate más, o peor que todos ellos, según se mire y analice”.

                                Pero la novela que les indico (también la obra completa de Vicente Blasco Ibáñez, contiene mucho, muchísimo más; léanla y no me lo agradezcan) y leyéndola, seguro que van a vivir, “muchas vidas más” y les hará mucho más fuertes.

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)

 

 

 

NOTAS: Los Argonautas (en griegoἈργοναῦται [Argonautai], ‘marineros en el barco Argo’), en la mitología griega, fueron los héroes que navegaron desde Págasas hasta la Cólquide en busca del vellocino de oro, comandados por Jasón. Sus avatares fueron contados en varios poemas épicos de la Antigüedad cuyos detalles en muchas ocasiones difieren entre sí.

SU MUERTE: Vicente Blasco Ibáñez murió el 28 de enero del 1928 en su casa de Menton, en la Costa Azul francesa, afectado de una bronconeumonía, complicada con estado diabético. El novelista valenciano falleció un día antes de cumplir los 61 años. Inmediatamente los hijos del escritor salieron en dirección a la Riviera francesa. La noticia de su muerte causó impresión en Valencia, por la talla del personaje y por lo inesperado. Por disposición del finado, se mandó una tela con los colores de la Senyera, tejida en una fábrica valenciana, para envolver el féretro, que fue enterrado en Menton. El día 29 miles de personas depositaron flores y tarjetas al pie de un busto colocado en la entrada de la editorial Prometeo, donde ha editado todas sus obras, y que es propiedad de sus hijos.