Las Noticias de hoy 27 Abril 2020

Enviado por adminideas el Lun, 27/04/2020 - 11:50
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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 27 de abril de 2020   

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

Mayo: El Papa invita a rezar el Rosario

Regina Coeli: “Elijamos el camino de Dios, no el camino del yo”

Papa Francisco: “Tener el hábito de leer el Evangelio, todos los días”

NUESTRA SEÑORA DE MONTSERRAT*: Francisco Fernandez Carbajal

“Donde hay humildad hay sabiduría”: San Josemaria

El fuego de los primeros cristianos

«Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno» (La creación, I): Marco Vanzini / Carlos Ayxelá

Tercer domingo de Pascua.: + Francisco Cerro Chaves. Arzobispo de Toledo Primado de España

La Universidad, entre las cien mejores universidades del mundo por su impacto en la lucha contra la pobreza y el hambre

Gómez Samblas, familia muy especial con 8 hijos, 5 adoptados con discapacidad: ¿por qué lo hicieron?: Javier Lozano / ReL

Coronavirus. Nueva mirada: Josefa  Romo Garlito

Enseñanzas y responsabilidad ante la pandemia: Juan Moya

NOCHE DE ESTRELLAS: Magui del Mar

No somos un bar ni un estadio: Jorge Ordeig Corsini

7 motivos para oponerse a la regulación de la eutanasia.: Centro Jurídico Tomás Moro

La Iglesia está arrimando el hombro: Suso do Madrid

¿Son posibles los cuidados paliativos?: Jesús Martínez Madrid

Vuelta a Dios: Domingo Martínez Madrid

Chicas y chicos no son iguales: Jesús D Mez Madrid

La familia real y sus cosas; y el virus chino que nos tiene presos: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

 

 

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Domingo, 26 de abril de 2020

https://youtu.be/GoD49687Zqs
 
Monición de entrada

Recemos hoy, en esta Misa, por todas las personas que sufren la tristeza, porque están solas o porque no saben qué futuro les espera o porque no pueden sacar adelante la familia porque no tienen dinero o no tienen trabajo. Tanta gente que sufre la tristeza. Por ellos rezamos hoy.

Homilía

Muchas veces hemos oído que el cristianismo no es solo una doctrina, no es un modo de comportarse, no es una cultura. Sí, es todo eso, pero antes y más importante es un encuentro. Una persona es cristiana porque ha encontrado a Jesucristo, se ha dejado “encontrar por Él”. Y este pasaje del Evangelio de Lucas nos relata un encuentro, el modo de entender bien cómo actúa el Señor, cómo debe ser nuestro modo de obrar. Hemos nacido con una semilla de inquietud. Dios lo quiso así: inquietud de encontrar plenitud, inquietud de encontrar a Dios, muchas veces incluso sin saber que tenemos esa inquietud. Nuestro corazón está inquieto, nuestro corazón tiene sed: sed del encuentro con Dios. Lo busca, muchas veces por caminos equivocados: se pierde, luego vuelve, lo busca… Y, por otra parte, Dios tiene sed del encuentro, hasta tal punto que envió a Jesús para encontrarnos, para salir al encuentro de esa inquietud.
 
¿Y cómo actúa Jesús? En esta parte del Evangelio (cfr. Lc 24,13-35) vemos bien que respeta nuestra situación, no se adelanta. Solo, alguna vez, con los testarudos…, pensemos en Pablo, cuando lo tira del caballo. Pero habitualmente va lentamente, respetuoso de nuestros tiempos. Es el Señor de la paciencia. ¡Cuánta paciencia tiene el Señor con cada uno de nosotros! El Señor camina junto a nosotros.
 
Como hemos visto aquí con estos dos discípulos, escucha nuestras inquietudes –¡las conoce!– y en cierto momento nos dice algo. Al Señor le gusta oír cómo hablamos, para entendernos bien y dar la respuesta correcta a esa inquietud. El Señor no acelera el paso, va siempre a nuestro paso, muchas veces lento, pero su paciencia es así. Hay una antigua regla de los peregrinos que dice que el auténtico peregrino debe andar al paso de la persona más lenta. Y Jesús es capaz de eso, lo hace, no acelera, espera que demos el primer paso. Y cuando es el momento, nos hace la pregunta. En este caso es claro: “¿De qué habláis?” (cfr. v.17), se hace el ignorante para hacernos hablar. Le gusta que le hablemos, le gusta oírnos, le gusta que charlemos así. Para escucharnos y responder nos hace hablar, como si fuese ignorante, pero con mucho respeto. Y luego responde, explica lo que sea necesario. Aquí nos dice: «¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria? Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras» (v. 26). Explica, lo aclara.
 
Yo confieso que tengo curiosidad de saber cómo Jesús lo explicó, para hacer lo mismo. Fue una catequesis lindísima. Y luego, el mismo Jesús que nos ha acompañado, que se nos ha acercado, simula seguir adelante para ver la medida de nuestra inquietud:“No, ven, ven, quédate un poco con nosotros” (v. 29). Así se da el encuentro. Pero el encuentro no es solo el momento de partir el pan, sino todo el camino. Encontramos a Jesús en la oscuridad de nuestras dudas. Y también en la duda fea de nuestros pecados, Él está ahí para ayudarnos en nuestras inquietudes. Está siempre con nosotros.
 
El Señor nos acompaña porque desea encontrarnos. Por eso decimos que el núcleo del cristianismo es un encuentro: el encuentro con Jesús. ¿Por qué eres cristiano? ¿Por qué eres cristiana? Y mucha gente no sabe decirlo. Algunos, por tradición, pero otros no saben decirlo: porque han encontrado a Jesús, pero no se han dado cuenta de que era un encuentro con Jesús. Jesús siempre nos busca, siempre. Y nosotros tenemos nuestra inquietud. En el momento en que nuestra inquietud encuentra a Jesús, ahí comienza la vida de la gracia, la vida de la plenitud, la vida del camino cristiano.
 
Que el Señor nos conceda a todos esa gracia de encontrar a Jesús todos los días, de saber, de conocer que Él camina con nosotros en todos nuestros momentos. Es nuestro compañero de peregrinación.

Comunión espiritual

Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y te deseo en mi alma. Como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si hubieras venido, te abrazo y me uno del todo a ti. No permitas que jamás me separare de ti

 

Mayo: El Papa invita a rezar el Rosario

Solos o en familia

ABRIL 26, 2020 10:02REDACCIÓNPAPA Y SANTA SEDE

(zenit 26 abril 2020).- El Papa Francisco invita a los fieles de todo el mundo a rezar el rosario durante el mes de mayo: da su “secreto” en una carta y en dos oraciones, publicadas en ocho idiomas este 25 de abril de 2020. Una forma también de mejorar la oración en familia, en tiempos de pandemia y contención.

¿El secreto para rezar el rosario? “simplicidad”, responde. “Contemplar juntos el rostro de Cristo con el corazón de María, nuestra Madre, nos unirá aún más como familia espiritual y nos ayudará a superar esta terrible experiencia”, afirma también.

A continuación la Carta del Santo Padre a todos los fieles para el mes de mayo de 2020:

***

Queridos hermanos y hermanas:

Se aproxima el mes de mayo, en el que el pueblo de Dios manifiesta con particular intensidad su amor y devoción a la Virgen María. En este mes, es tradición rezar el Rosario en casa, con la familia. Las restricciones de la pandemia nos han “obligado” a valorizar esta dimensión doméstica, también desde un punto de vista espiritual.

Por eso, he pensado proponerles a todos que redescubramos la belleza de rezar el Rosario en casa durante el mes de mayo. Ustedes pueden elegir, según la situación, rezarlo juntos o de manera personal, apreciando lo bueno de ambas posibilidades. Pero, en cualquier caso, hay un secreto para hacerlo: la sencillez; y es fácil encontrar, incluso en internet, buenos esquemas de oración para seguir.

Además, les ofrezco dos textos de oraciones a la Virgen que pueden recitar al final del Rosario, y que yo mismo diré durante el mes de mayo, unido espiritualmente a ustedes. Los adjunto a esta carta para que estén a disposición de todos.

Queridos hermanos y hermanas: Contemplar juntos el rostro de Cristo con el corazón de María, nuestra Madre, nos unirá todavía más como familia espiritual y nos ayudará a superar esta prueba. Rezaré por ustedes, especialmente por los que más sufren, y ustedes, por favor, recen por mí. Les agradezco y los bendigo de corazón.

Roma, San Juan de Letrán, 25 de abril de 2020
Fiesta de san Marcos, evangelista

FRANCISCO

Oración 1

Oh María,
tú resplandeces siempre en nuestro camino
como un signo de salvación y esperanza.
A ti nos encomendamos, Salud de los enfermos,
que al pie de la cruz fuiste asociada al dolor de Jesús,
manteniendo firme tu fe.

Tú, Salvación del pueblo romano,
sabes lo que necesitamos
y estamos seguros de que lo concederás
para que, como en Caná de Galilea,
vuelvan la alegría y la fiesta
después de esta prueba.

Ayúdanos, Madre del Divino Amor,
a conformarnos a la voluntad del Padre
y hacer lo que Jesús nos dirá,
Él que tomó nuestro sufrimiento sobre sí mismo
y se cargó de nuestros dolores
para guiarnos a través de la cruz,
a la alegría de la resurrección. Amén.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios,
no desprecies nuestras súplicas en las necesidades,
antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.

Oración 2

“Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios”.

En la dramática situación actual, llena de sufrimientos y angustias que oprimen al mundo entero, acudimos a ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y buscamos refugio bajo tu protección.

Oh Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos en esta pandemia de coronavirus, y consuela a los que se encuentran confundidos y lloran por la pérdida de sus seres queridos, a veces sepultados de un modo que hiere el alma. Sostiene a aquellos que están angustiados porque, para evitar el contagio, no pueden estar cerca de las personas enfermas. Infunde confianza a quienes viven en el temor de un futuro incierto y de las consecuencias en la economía y en el trabajo.

Madre de Dios y Madre nuestra, implora al Padre de misericordia que esta dura prueba termine y que volvamos a encontrar un horizonte de esperanza y de paz. Como en Caná, intercede ante tu Divino Hijo, pidiéndole que consuele a las familias de los enfermos y de las víctimas, y que abra sus corazones a la esperanza.

Protege a los médicos, a los enfermeros, al personal sanitario, a los voluntarios que en este periodo de emergencia combaten en primera línea y arriesgan sus vidas para salvar otras vidas. Acompaña su heroico esfuerzo y concédeles fuerza, bondad y salud.

Permanece junto a quienes asisten, noche y día, a los enfermos, y a los sacerdotes que, con solicitud pastoral y compromiso evangélico, tratan de ayudar y sostener a todos.
Virgen Santa, ilumina las mentes de los hombres y mujeres de ciencia, para que encuentren las soluciones adecuadas y se venza este virus.

Asiste a los líderes de las naciones, para que actúen con sabiduría, diligencia y generosidad, socorriendo a los que carecen de lo necesario para vivir, planificando soluciones sociales y económicas de largo alcance y con un espíritu de solidaridad.

Santa María, toca las conciencias para que las grandes sumas de dinero utilizadas en la incrementación y en el perfeccionamiento de armamentos sean destinadas a promover estudios adecuados para la prevención de futuras catástrofes similares.

Madre amantísima, acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria. Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio y la constancia en la oración.

Oh María, Consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, haz que Dios nos libere con su mano poderosa de esta terrible epidemia y que la vida pueda reanudar su curso normal con serenidad.

Nos encomendamos a Ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Amén.

© Libreria editorial vaticana

 

Regina Coeli: “Elijamos el camino de Dios, no el camino del yo”

Palabras del Papa antes del Regina Coeli

ABRIL 26, 2020 13:56RAQUEL ANILLOANGELUS Y REGINA COELI

(zenit 26 abril 2020).- Dos caminos, el de ida hecho en la tristeza y el de vuelta en la alegría. En el primero está el Señor caminando a su lado, pero ellos no lo reconocen; en el segundo ya no lo ven, pero lo sienten cerca. En el primero están desanimados y sin esperanza; en el segundo corren para llevar la buena noticia del encuentro con Jesús Resucitado a los demás. Son las palabras del Papa esta mañana antes de la oración del Regina Coeli desde la Biblioteca del Palacio Apostólico Vaticano.

También nos invita a realizar estos tres pasos que podemos hacer en nuestros hogares: primero, abrir nuestros corazones a Jesús, confiándole las cargas, las dificultades, las decepciones de la vida; después el segundo paso, escuchar a Jesús, tomando en sus manos el Evangelio, lea este pasaje hoy en el capítulo veinticuatro del Evangelio de Lucas; tercero, rezar a Jesús, con las mismas palabras que aquellos discípulos: “Señor, quédate con nosotros”. (v. 29): “Señor, quédate conmigo”. “Señor, quédate con todos nosotros, porque te necesitamos para encontrar el camino y sin ti está la noche”.

Estas son las palabras del Papa antes de la oración mariana:

***

Palabras del Papa antes del Regina Coeli

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de hoy, ambientado en el día de Pascua, cuenta el famoso episodio de los dos discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 13-35). Es una historia que comienza y termina en el camino. De hecho, existe el viaje de los discípulos que, tristes por el epílogo de la historia de Jesús, dejan Jerusalén y vuelven a casa a Emaús, caminando unos 11 kilómetros. Es un viaje con la mayor parte del camino hacia abajo de la colina. Y está el viaje de regreso: otros once kilómetros, pero hecho al anochecer, con parte del camino cuesta arriba después de la fatiga del viaje de ida. Dos viajes: uno fácil de día y otro agotador por la noche. Y sin embargo, el primero se realiza en la tristeza y el segundo en la alegría. En el primero está el Señor caminando a su lado, pero ellos no lo reconocen; en el segundo ya no lo ven, pero lo sienten cerca. En el primero están desanimados y sin esperanza; en el segundo corren para llevar la buena noticia del encuentro con Jesús Resucitado a los demás.

Los dos caminos diferentes de esos primeros discípulos nos dicen a nosotros, discípulos de Jesús hoy, que en la vida tenemos por delante dos direcciones opuestas; está el camino de quien como aquellos a la ida se dejan paralizar por las desilusiones de la vida y van adelante tristes; y está el camino de aquellos que no se ponen a sí mismos y sus problemas en primer lugar, sino a Jesús que nos visita, y a los hermanos que esperan su visita y esperan que nosotros cuidemos de ellos. Este es el punto de inflexión: dejar de orbitar alrededor del propio yo, de las decepciones del pasado, de los ideales incumplidos, también de las cosas feas, nosotros estamos acostumbrados a orbitar, orbitar, hay que dejar eso e ir adelante mirando la realidad más grande y verdadera de la vida: Jesús está vivo y me ama y yo puedo hacer algo por los demás. El cambio de marcha es este: pasar de los pensamientos sobre mi yo a la realidad de mi Dios; pasar – con otro juego de palabras – de los “si” al “si”. Del “sí” al «si», ¿qué significa? si nos hubiera liberado, si Dios me hubiera escuchado, “Si la vida hubiera seguido mi camino, si tuviera esto y aquello… Una serie de lamentos que no son fecundos, no ayudan.   He aquí nuestros “si”, similares a los de los dos discípulos. Pero pasan al sí: “Sí, el Señor está vivo, camina con nosotros. Sí, ahora, no mañana, sí, nos ponemos en camino para anunciarlo”.

Yo puedo hacer esto para que la gente sea más feliz, para que la gente mejore, para ayudar a tanta gente, sí, sí. Del “sí” al “si”. Del lamento a la alegría y a la paz. Porque cuando nosotros nos lamentamos no estamos en la alegría, estamos en un gris, ese aire gris de la tristeza y esto no ayuda, ni siquiera nos hace crecer bien. Del “si” al “sí”. Del lamento a la alegría del servicio.

Este cambio de ritmo, del yo a Dios, de si a si, ¿cómo sucedió?. Les sucedió a los discípulos encontrando a Jesús: los dos de Emaús, primero le abren su corazón; luego le escuchan explicar las Escrituras; y después le invitan a casa. Hay tres pasos que nosotros también podemos realizar en nuestros hogares: primero, abrir nuestros corazones a Jesús, confiándole las cargas, las dificultades, las decepciones de la vida; después el segundo paso, escuchar a Jesús, tomando en sus manos el Evangelio, lea este pasaje hoy en el capítulo veinticuatro del Evangelio de Lucas; tercero, rezar a Jesús, con las mismas palabras que aquellos discípulos: “Señor, quédate con nosotros”. (v. 29): “Señor, quédate conmigo”. “Señor, quédate con todos nosotros, porque te necesitamos para encontrar el camino y sin ti está la noche”.

Queridos hermanos y hermanas, en la vida siempre estamos en camino. Y nos convertimos en aquello hacia lo que vamos. Elijamos el camino de Dios, no el camino del yo; el camino del sí, no el de los si. Descubriremos que no hay ningún imprevisto, no hay salida, no hay noche que no se pueda afrontar con Jesús. Que la Virgen, Madre del Camino, que al acoger la Palabra ha hecho de toda su vida un “sí” a Dios, nos muestra el camino.

 

Papa Francisco: “Tener el hábito de leer el Evangelio, todos los días”

Palabras del Papa después del Regina Coeli

ABRIL 26, 2020 15:01RAQUEL ANILLOANGELUS Y REGINA COELI

(zenit 26 abril 2020).- Después de recitar el Regina Coeli, el Papa saludó a todos los que hoy, en Polonia, participan en la“Lectura Nacional de la Sagrada Escritura”. Ha invitado a todos a leer el Evangelio todos los días y a llevarlo en el bolsillo.

Recordando rezar el Rosario en este mes de mayo para que junto con María vivamos con fe y esperanza este tiempo de prueba.

Al final del rezo como cada domingo, se asomó a la ventana de su despacho para dar la bendición.

Estas son las palabras del Papa después del Regina Coeli:

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Palabras del Papa después de la Regina Coeli

Queridos hermanos y hermanas,

Ayer se celebró el Día Mundial del Paludismo de las Naciones Unidas. Mientras estamos en la lucha contra la pandemia del coronavirus, también debemos continuar nuestros esfuerzos para prevenir y curar el paludismo, que amenaza a miles de millones de personas en muchos países. Estoy cerca de todos los enfermos, de los que los curan, y de los que trabajan para asegurar que cada persona tenga acceso a buenos servicios de salud básico.

También me gustaría saludar a todos los que hoy, en Polonia, participan en la «Lectura Nacional de la Sagrada Escritura». Lo he dicho muchas veces y me gustaría repetirlo, lo importante que es el hábito de leer el Evangelio, todos los días. Llevémoslo en el bolsillo. Que siempre esté cerca de nosotros y leer un poco cada día.

Dentro de unos días comenzará el mes de mayo, dedicado de manera especial a la Virgen María. Con una breve carta, publicada ayer, invité a todos los fieles durante este mes el santo Rosario, solos o en familia y rezar una de las dos oraciones que pongo a la disposición de todos. Nuestra Madre nos ayudará a afrontar con más fe y esperanza el tiempo de prueba de que estamos pasando.

Les deseo a todos un buen mes de mayo y un buen domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. Buen almuerzo y adiós.

 

 

NUESTRA SEÑORA DE MONTSERRAT*

Memoria

— Los santuarios de la Virgen, «signos de Dios».

— Nuestra Señora, esperanza nuestra en cualquier necesidad.

— Esperanza y filiación divina.

I. Y vendrán muchedumbres de pueblos diciendo: Venid, subamos al monte de Yahvé, a la casa del Dios de Jacob, Él nos enseñará sus caminos e iremos por sus sendas, porque de Sión ha de salir la ley y de Jerusalén la palabra de Yahvé1.

Incontables peregrinos se dirigen diariamente a los innumerables santuarios dedicados a Nuestra Señora, para encontrar los caminos de Dios o reafirmarse en ellos, para hallar la paz de sus almas y consuelo en sus aflicciones. En estos lugares de oración, la Virgen hace más fácil y asequible el encuentro con su Hijo. Todo santuario se convierte en «una antena permanente de la buena Nueva de la Salvación»2.

Hoy celebramos la fiesta de Nuestra Señora de Montserrat, a la que durante siglos tantos cristianos han acudido a buscar el auxilio de María para seguir adelante en un camino no siempre fácil. ¡Cuántos han encontrado allí la paz del alma, la llamada de Dios a una mayor entrega, la curación, el consuelo en medio de una tribulación...! La liturgia de la fiesta está centrada en el misterio de la Visitación, «que constituye la primera iniciativa de la Virgen. Montserrat encierra, por consiguiente, lecciones valiosísimas para nuestro caminar de peregrinos»3, pues eso somos. No podemos olvidar que nos dirigimos a una meta bien concreta: el Cielo. El fin de un viaje determina en buena parte el modo de viajar, los enseres que se llevan, las vituallas del camino... La Virgen nos dice a cada uno que no llevemos demasiados pertrechos, ni atuendos excesivamente pesados, que entorpecen la marcha, y que debemos caminar deprisa hacia la casa del Padre. Nos recuerda que no existen metas definitivas aquí en la tierra y que todo ha de estar orientado al término de ese recorrido, del que quizá ya hemos hecho una buena parte.

Además, «en la marcha, hay que imitar el estilo de la Madre en la visita que hiciera a su prima: En aquellos días se puso María en camino y con presteza fue a la montaña, a una ciudad de Judá (Lc 1, 39)»4. Ella marcha con presteza, con paso rápido y alegre. Así hemos de ir nosotros por la senda que nos lleva a Dios. Además, hemos de llevar en el corazón la alegría y el espíritu de servicio que llevaba Nuestra Señora en el suyo.

II. La virtud del peregrino es la esperanza; sin ella dejaría de caminar. o lo haría cansinamente. La Virgen es nuestra esperanza, pues nos alienta continuamente a seguir adelante, nos ayuda a superar los momentos de desaliento, nos saca adelante maternalmente en las circunstancias más difíciles. Siempre que acudimos a Ella –aunque sea con la brevedad de una jaculatoria, o con una mirada a una imagen suya salimos reconfortados. «Incluso sin que nos demos cuenta, como hiciera con los esposos de Caná de Galilea, interviene siempre con solicitud y delicadeza de madre. Lo hizo de forma ejemplar en el misterio de la Visitación, subrayado con trazo litúrgico indeleble en Montserrat. Se explica, por tanto –continuaba Juan Pablo II que resuene a diario en esta montaña el acento melodioso del saludo a la Señora, a la Reina, a la Madre, a la depositaria de la esperanza que alienta a los peregrinos: Deu vos salve, vida, dolcesa i esperança nostra»5, Dios te salve, vida, dulzura y esperanza nuestra... Así podemos saludarla en muchas ocasiones.

Nuestra Señora fue motivo de alegría, de paz y de esperanza para todos mientras estuvo presente aquí en la tierra. El sábado santo, cuando con la Muerte de Jesús se hizo la oscuridad más completa sobre el mundo, solo quedó encendida la esperanza de María. Por ello, los Apóstoles se congregaron bajo su amparo. Ahora, desde el Cielo, «con su amor materno se cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada»6. San Bernardo explica bellamente que la Virgen es el acueducto que, recibiendo la gracia de la fuente que brota del corazón del Padre, nos la distribuye a nosotros. Este hilo de agua celestial desciende sobre los hombres, «no todo de una vez, sino que hace caer la gracia gota a gota sobre nuestros corazones resecos»7, según nuestra necesidad y los deseos de recibir.

La Virgen nos reconforta siempre y está presente cuando necesitamos protección, pues esta vida es como una larga singladura en la que hemos de padecer vientos y tormentas. Ella es puerto seguro, donde ninguna nave naufraga8. No dejemos que entre la rutina en esas devociones con las que cada día nos acogemos a su protección: el Ángelus, el Santo Rosario, las tres Avemarías para pedir por la santa pureza de todos, la devoción del escapulario... Cuando hacemos alguna romería, o vamos a buscar su intercesión en algún santuario o ermita a Ella dedicada, nos acoge con especial misericordia y amor.

III. Porque la peregrinación de la vida prosigue y no tenemos aquí morada permanente9, es una medida de elemental prudencia solicitar de nuestra Madre del Cielo «provisión de energías en vista de ulteriores etapas»10, las que aún nos falta por recorrer. Uno de los mayores enemigos del caminante, lo que resta más fuerzas, es el desaliento, la falta de esperanza en llegar a la meta. No cae en el desánimo quien padece dificultades y dolor, sino quien deja de aspirar a la santidad y quien después de un error, de una caída, no se levanta deprisa y sigue caminando.

El que ha puesto su esperanza en Cristo vive de ella, y lleva ya en sí mismo algo del gozo celestial que le espera, pues la esperanza es fuente de alegría y permite soportar con paciencia las dificultades11; ora confiadamente y con constancia en todas las situaciones de la vida; soporta pacientemente la tentación, las tribulaciones y el dolor; trabaja esforzadamente por el Reino de Dios, en un apostolado eficaz, principalmente con aquellos con quienes más se relaciona... La esperanza lleva al abandono en Dios, a la filiación divina, pues sabe el cristiano que Él conoce y cuenta con las situaciones por las que hemos de pasar: edad, enfermedad, problemas familiares o profesionales... Sabe también que en cada situación tendremos las ayudas necesarias para salir adelante. Y es la Virgen la que adelanta esas ayudas y gracias, la que las multiplica... Ella nos da la mano después de una caída, de un momento de vacilación, facilita la contrición por nuestras faltas y pone en nuestro corazón los sentimientos del hijo pródigo.

Cuenta Santa Teresa que al morir su madre, cuando tenía unos doce años, se dio cuenta de lo que realmente había perdido, y «afligida –escribe la Santa– fuime a una imagen de nuestra Señora y suplicaba fuese mi madre, con muchas lágrimas. Paréceme que, aunque se hizo con simpleza, que me ha valido; porque conocidamente he hallado a esta Virgen soberana en cuanto me he encomendado a Ella y, en fin, me ha tornado a sí»12. Con esta sencillez y confianza hemos de acudir a Nuestra Señora en cada una de sus fiestas y de sus advocaciones. Hoy acudimos a Nuestra Señora de Montserrat, pidiéndole que nos enseñe el camino de la esperanza, que es el mismo de la filiación divina. Ella, «sentada en su trono, con el Hijo en sus rodillas, parece estar esperando poder abrazar con Él a todos sus hijos. Nuestra peregrinación espiritual se cifra, en definitiva, en alcanzar la filiación divina. Nuestra vocación es un hecho; por predilección incomprensible del Padre, nos hizo hijos en el Hijo: Bendito sea Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que en Cristo nos bendijo con toda bendición espiritual en los cielos; por cuanto que Él nos eligió antes de la constitución del mundo para que fuésemos santos e inmaculados ante Él en caridad, y nos predestinó a la adopción de hijos suyos por Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, para la alabanza del esplendor de su gracia, que nos otorgó gratuitamente en el amado (Ef 1, 3-6)»13.

1 Is 2, 3. — 2 Juan Pablo II, A los rectores de los santuarios, 22-I-1981. — 3 ídem, Discurso en el Santuario de Nuestra Señora de Montserrat, 17-XI-1982. — 4 Ibídem. — 5 Ibídem. — 6 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 62. — 7 San Bernardo, Homilía en la Natividad de la Bienaventurada Virgen María, 3-5. — 8 Cfr. San Juan Damasceno, Homilía en la Dormición de la Bienaventurada Virgen María. — 9 Heb 13, 14. — 10 Juan Pablo II, Discurso en el Santuario de Nuestra Señora de Montserrat, cit. — 11 Cfr. Col 1, 11-24. — 12 Santa Teresa, Vida, 1, 7. — 13 Juan Pablo II, Discurso en el Santuario de Nuestra Señora de Montserrat, cit.

El culto de la Virgen de Montserrat, Patrona de Cataluña, es antiquísimo. pues se remonta más allá de la invasión de España por los árabes.

La imagen, ocultada entonces, fue descubierta en el siglo ix. Para darle culto, se edificó una capilla a la que el rey Wifredo el Velloso agregó más tarde un monasterio benedictino.

En los orígenes fue un santuario mariano de ámbito regional, pero los milagros atribuidos a la Virgen de Montserrat fueron cada vez más numerosos, y los peregrinos que iban hacia Santiago de Compostela los divulgaron y la fama del santuario catalán trascendió las fronteras. Así, por ejemplo, en Italia se han contado más de ciento cincuenta iglesias o capillas dedicadas a la Virgen de Montserrat, bajo cuya advocación se erigieron algunas de las primeras iglesias de México, Chile y Perú, y con el nombre de Montserrat han sido bautizados monasterios, pueblos, montes e islas en América.

 

“Donde hay humildad hay sabiduría”

“Quia respexit humilitatem ancillae suae” –porque vio la bajeza de su esclava... ¡Cada día me persuado más de que la humildad auténtica es la base sobrenatural de todas las virtudes! Habla con Nuestra Señora, para que Ella nos adiestre a caminar por esa senda. (Surco, 289)

27 de abril

Si acudimos a la Sagrada Escritura, veremos cómo la humildad es requisito indispensable para disponerse a oír a Dios. Donde hay humildad hay sabiduría, explica el libro de los Proverbios. Humildad es mirarnos como somos, sin paliativos, con la verdad. Y al comprender que apenas valemos algo, nos abrimos a la grandeza de Dios: ésta es nuestra grandeza.

¡Qué bien lo entendía Nuestra Señora, la Santa Madre de Jesús, la criatura más excelsa de cuantas han existido y existirán sobre la tierra! María glorifica el poder del Señor, que derribó del solio a los poderosos y ensalzó a los humildes. Y canta que en Ella se ha realizado una vez más esta providencia divina: porque ha puesto los ojos en la bajeza de su esclava, por tanto ya desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones.

María se muestra santamente transformada, en su corazón purísimo, ante la humildad de Dios: el Espíritu Santo descenderá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, por cuya causa el santo que de ti nacerá será llamado Hijo de Dios. La humildad de la Virgen es consecuencia de ese abismo insondable de gracia, que se opera con la Encarnación de la Segunda Persona de la Trinidad Beatísima en las entrañas de su Madre siempre Inmaculada. (Amigos de Dios, nn. 95-96)

 

El fuego de los primeros cristianos

¿Cómo reaccionaron los primeros cristianos ante el mundo que les rodeaba? A veces, aparece la tentación de atribuir la expansión del Evangelio a prodigios y milagros. Sin embargo, la fe fue el prodigio que arrastró a hombres de toda clase, condición y cultura. La fe, y el amor hacia Cristo.

OTROS27/04/2020

Aún faltan unas horas para que amanezca. Un hombre pasea por la orilla de una playa, contemplando el mar. Es famoso en muchos círculos intelectuales. No tarda en descubrir a otra persona en este lugar ahora desierto: es un anciano. El intelectual se pregunta qué puede hacer aquí a estas horas, pero no dice nada. Sólo lo mira, sorprendido. El anciano percibe su desconcierto y se dirige a él. Le explica que espera a unos familiares, que están navegando. La conversación prosigue. El intelectual opina sobre cualquier tema: cultura, política, religión. Le gusta hablar. El anciano sabe escuchar y he aquí que, cuando interviene, lo hace con sentido cristiano. Tal vez, en otra ocasión, el intelectual hubiera ironizado o dado por terminado el diálogo. Sin embargo, la sencillez del anciano le desarma. El intelectual puede no compartir sus ideas, pero reconoce que tienen mucho en común. Mira con simpatía la fe inocente del anciano. Pasan las horas. Se despiden. Nunca se volverán a ver.

El intelectual no olvidará este encuentro. Meses después, comprenderá que sólo las palabras del anciano parecen dar razón de sus ansias de verdad. Un encuentro fortuito le ha acercado a la fe, abriéndole un horizonte más amplio del que le presentaban todas sus ideas anteriores. Al poco tiempo, Justino, el filósofo, recibirá el bautismo y se convertirá en uno de los más grandes apologetas cristianos [1].

Tal vez un suceso similar se ha producido en amigos nuestros, o en nosotros mismos. La historia de San Justino es actual porque las respuestas a las preguntas que el hombre no puede dejar de hacerse –el sentido de la vida, la posibilidad de la felicidad, el modo de lograrla, la existencia del sufrimiento– sólo se encuentran en Cristo. Sin embargo, no es evidente que en la Cruz esté la felicidad y la plenitud de la vida. Tal vez por eso, en ocasiones desviamos nuestra atención del problema. Buscamos huir del dolor a cualquier precio; pero el dolor es inevitable. Dirigimos la vida hacia el éxito, la seguridad del dinero, el placer; pero son fundamentos que se demuestran falsos, que acaban saturando y fallando. Al final sólo queda la soledad que sintió el hijo pródigo, el desamparo del hombre que ha intentado construir su vida sin Dios [2].

Al leer las Confesiones de San Agustín o las vidas de los primeros conversos, descubrimos que sus inquietudes esenciales son las mismas que las del hombre de hoy. Las mismas ansiedades, las mismas soluciones, los mismos sucedáneos, la misma única respuesta real: Cristo. Hay quien intenta negar esta realidad, presentando a los hombres del siglo I como incapaces de diferenciar realidad y ficción. Se presenta la creencia en Dios como imposible a la luz del progreso actual, incompatible con el sentido moderno de la libertad.

Tal modo de considerar a los primeros cristianos –¡y a sus coetáneos!– les hace poca justicia: también en la antigua Roma abundaban modernos que aprovechaban el progreso para su mayor placer y defendían en nombre de la libertad los propios egoísmos. Los primeros cristianos supieron afrontar las mismas dificultades que nosotros, correspondiendo a la gracia. Incluso puede que sus dificultades fueran objetivamente mayores, pues vivieron en un mundo ajeno a las ideas del cristianismo. Un mundo en el que, junto a un nivel técnico y cultural nunca antes conocido, palabras como “justicia” o “igualdad” estaban reservadas a unos pocos; donde los crímenes contra la vida eran moneda común; donde la diversión incluía contemplar la muerte de otros. A veces se habla del mundo moderno como post-cristiano, con un tono negativo. Tal consideración olvida que incluso quienes buscan negar el mensaje de Cristo, no pueden –ni quieren– prescindir de sus valores humanos. El terreno común es patente a los hombres de buena voluntad, que nunca faltan. De algún modo, la realidad, después de Cristo, es cristiana.

La piedad de los primeros cristianos

¿Cómo reaccionaron los primeros cristianos ante el mundo que les rodeaba? A veces, aparece la tentación de atribuir la expansión del Evangelio a prodigios y milagros. Cabe el error de pensar que, disminuidos éstos, sólo queda resignarse a los errores que nos circundan. Olvidamos entonces que Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre, que no se ha acortado su mano. Y olvidamos también que la mayoría de las primeras comunidades cristianas no vio ningún signo extraordinario. La fe fue el prodigio que arrastró a hombres de toda clase, condición y cultura. La fe, y el amor hacia Cristo.

Los primeros cristianos eran conscientes de poseer una nueva vida. El hecho, sencillo y sublime, del Bautismo [3] les había dado una nueva realidad: nada podía ser igual. Eran depositarios y participaban del amor de Jesús por todos los hombres. Dios habitaba en ellos, y por eso los primeros cristianos intentaban buscar la voluntad divina en cada momento; actuar manifestando la misma docilidad del Hijo a los planes del Padre. Así, a través de su vida diaria, de su coherencia heroica –a menudo heroica sólo por su constancia–, Cristo vivificó el ambiente que les rodeaba.

Pudieron ser instrumentos de Dios porque quisieron actuar siempre como Jesús mismo. San Justino reconocerá en el anciano de la playa al hombre que le llevó a la fe, a pesar de que su conversión fue posterior. Priscila y Aquila descubrieron las potencialidades de Apolo. Hoy vemos que las consecuencias de tales encuentros son incalculables. No cabe pensar en los apologistas sin Justino; en la expansión del cristianismo sin Apolo. Y todo dependió de un instante: ¿qué hubiera pasado si el anciano no hubiera tomado la iniciativa y preguntado a Justino si se conocían?; ¿si Aquila o Priscila hubieran admirado la oratoria de Apolo y hubieran seguido su camino? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que correspondieron a la moción del Espíritu que les llevó a descubrir esa ocasión, y Dios llenó de frutos su docilidad. En ellos se cumplió lo que San Josemaría quería de sus hijos, y de todos los cristianos: Cada uno de vosotros ha de procurar ser un apóstol de apóstoles [4].

Si ellos podían responder a las mociones del Espíritu en su alma era, en primer lugar, porque cultivaban una profunda vida de piedad. Sabían reservar varios momentos de su día para tratar más al Señor. No los dejaban al azar. Consideraban que de esos momentos de trato más íntimo dependía encontrar también al Señor durante el resto de la jornada.

Numerosos textos de los primeros siglos permiten acercarse al modo en que los cristianos de entonces vivían su fe. Al levantarse, daban gracias a Dios puestos de rodillas. En tres momentos del día oraban con el Padrenuestro, sin reducirlo a una repetición de palabras: los comentarios de los Padres y de los primeros escritores eclesiásticos muestran cómo lo relacionaban con la actividad ordinaria. Entre otras consideraciones, esta oración les ponía frente a su filiación divina, que no quedaba en una realidad abstracta. Al pedir por sus enemigos, se preguntaban por el modo en que podían manifestarles el amor de Dios. En el momento de pedir el pan encontraban una relación con la Eucaristía, agradeciendo tal don; en la misma petición descubrían la necesidad de estar desprendidos de los bienes terrenos, no queriendo más de lo necesario ni preocupándose en exceso por las carencias. El Padrenuestro se convertía en la síntesis de todo el Evangelio y en la norma de la vida cristiana.

Los mismos momentos elegidos para este tipo de oración les recordaban los misterios de la fe y la necesidad de identificarse con Jesús a lo largo del día, hora a hora: «Ciertamente, a la hora de tercia descendió el Espíritu Santo sobre los apóstoles (...). El Señor fue crucificado a la hora de sexta, a la de nona lavó con su sangre nuestros pecados» [5]. La catequesis, la formación que recibían, nunca separaba el misterio cristiano de la vida.

Muchos fieles cristianos practicaban el ayuno los miércoles y los viernes, los dies stationis. El trabajo continuaba; pero toda la jornada se teñía de un firme deseo de vigilancia, concretada en la petición por los demás hombres. Como soldados de guardia, quienes seguían esta costumbre se veían a sí mismos velando en la presencia de su Señor. Y esta práctica de piedad tenía consecuencias en el ambiente que les rodeaba: «de la comida que ibas a tomar calcularás la cantidad de gasto que correspondería a aquel día y lo entregarás a una viuda, a un huérfano o a un necesitado» [6]. Es conmovedor este vínculo que, a lo largo de siglos de cristianismo, une la verdadera piedad con la caridad.

La Eucaristía ocupaba un lugar privilegiado. La asiduidad a la palabra de Dios, las oraciones y la fracción del pan [7] no se reducía a los domingos. Algunos textos de los primeros escritores cristianos permiten ver a unos hombres que frecuentaban la Sagrada Comunión entre semana, a veces a costa de incomodidades para no romper los ayunos voluntarios. Cualquier pequeño sacrificio era nada con tal de fortalecer la unión con Jesús. Hombres y mujeres sabían que, cuanto más unidos estuvieran a Cristo, más fácilmente podrían descubrir lo que Dios esperaba de ellos, las ocasiones que Él tenía preparadas para hacer llegar la felicidad plena a tantos hombres.

No se consideraban estas practicas de piedad como imposiciones obligatorias de la fe. Eran el modo lógico de corresponder al don recibido. Dios se había dado, ¿cómo los hombres no iban a tratarle, a buscarle? Por eso no se conformaban con mínimos, y se servían de todo lo que honra a Dios para tratarle [8]. De estas normas de piedad –así podríamos llamarlas–, tomaban las fuerzas para mostrar a Cristo en sus obras; para vivir de modo contemplativo, comprendiendo que Él quería servirse de cada una de sus acciones para anunciar el Reino de Dios. No olvidaban que dependían muchas cosas grandes de que se comportaran como Dios quería [9].

Con la fuerza de la caridad

Por eso, la vida de piedad era inseparable de un profundo apostolado. En algunos casos, los amigos de los primeros cristianos percibirían cambios en su modo de vida: la dignidad de la condición cristiana es incompatible con muchas acciones consideradas entonces, como ahora, normales.

Los cristianos aprovechaban este contraste para explicar la razón de su esperanza y de su nueva actitud. Destacaban cómo su postura era más acorde a la dignidad del hombre, y que su fe no les hacía negar lo bueno del mundo: «no me baño durante las saturnales para no perder el día y la noche, pero sí a la hora conveniente que me conserve el calor y la salud (...). No como en la calle, en las fiestas del Liber; pero allí donde ceno, lo que tú ceno» [10]. Explicaban que su actitud permitía guardar el propio corazón para Dios y los demás, porque «si huimos de los pensamientos, mucho más rechazaremos las obras» [11]. Rompían así el sofisma de una moral puramente exterior, pues lo que procede del corazón es lo que hace impuro al hombre [12].

Alguna vez la conversión al cristianismo no se notaría exteriormente, al menos en un primer momento. Abundaba gente que, antes de su bautismo, era conocida por su rectitud: San Justino, el cónsul Sergio Pablo [13], Pomponia Grecina [14], el senador Apolonio [15], los Flavios [16] y muchos otros pueden servir de ejemplo.

Los historiadores romanos recogieron algunos nombres ilustres; pero la mayor parte de los primeros cristianos eran personas corrientes que reconocieron la verdad en el mensaje del Señor, movidos por la gracia. El hecho de encontrar la fe en edad adulta hizo que su profesión y sus relaciones sociales adquirieran aún más valor: formaban el ambiente donde Cristo iba a actuar en y a través de ellos. En ningún caso decidieron autoexcluirse o aceptar que se les separara de la sociedad en la que habían crecido y a la que amaban. Ciertamente no transigían con lo que ofendía a Dios, pero buscaban excederse en el cumplimiento de sus deberes y sabían que su acción contribuiría a un mundo más justo.

Los testimonios son innumerables, pero tal vez la mejor prueba de su actitud sea la incisividad apostólica de los primeros cristianos. Detrás de la historia de cada conversión, encontramos a alguien que mostró con obras que había hecho una elección buena y verdadera. Un hombre, o una mujer, que afrontaba la vida con empuje y alegría.

A la hora de actuar, los cristianos no se planteaban falsas disyuntivas entre lo público y lo privado. Vivían su vida, la misma vida de Cristo. Esto chocaba con la mentalidad de la época, en la que muchos entendían la religión como un instrumento para la cohesión del estado. Tal desconcierto se ve, por ejemplo, en el acta martirial de San Justino. El prefecto Rústico no era capaz de aceptar o comprender las palabras de responsabilidad e iniciativa personal del mártir: «cada uno se reúne donde puede y prefiere. Sin duda imaginas que nos juntamos en un mismo lugar, pero no es así (...). Yo vivo junto a cierto Martín, en el baño de Timiotino (...). Si alguien quería venir a verme, allí le comunicaba las palabras de la verdad» [17]. Su acción apostólica era el resultado de la plena libertad e iniciativa de los hijos de Dios. El gran cambio social que propiciaron fue siempre el resultado de numerosísimos cambios personales.

Las incomprensiones eran para los primeros cristianos un acicate para mostrar su fe por las obras. El amor a Dios se mostraba en el martirio. Éste se entendía como testimonio: pero si sufrir martirio físico era el testimonio supremo, la mayoría de los cristianos advertían que debían reflejar un martirio espiritual, mostrando en su vida el mismo amor que movía a los mártires. Durante siglos, “mártir” y “testigo” fueron términos intercambiables, pues correspondían a un único concepto.

Nuestros antepasados en la fe sabían que actuar cristianamente facilitaría la comprensión del Evangelio y que la incoherencia llevaría al escándalo, «porque los gentiles, cuando oyen de nuestra boca las palabras de Dios, se maravillan de su hermosura y grandeza; pero cuando descubren que nuestras obras no son dignas de las palabras que decimos, inmediatamente empiezan a blasfemar, diciendo que es un cuento falaz y un engaño» [18].

Benedicto XVI ha recordado la necesidad de mostrar así la caridad de Cristo: «El amor al prójimo enraizado en el amor a Dios es ante todo una tarea para cada fiel» [19]. ¡Qué tarea más apasionante hacer presente aquí y ahora el amor que el hombre siempre necesita! [20] Amor que los primeros cristianos manifestaron con su preocupación social, su honradez profesional, su vida limpia y su sentido de la amistad y de la lealtad. En definitiva, con su coherencia. «Nosotros somos siempre y en todo consecuentes y acordes con nosotros mismos, pues obedecemos a la razón y no le hacemos violencia» [21].

A la luz de estas consideraciones, es fácil comprender por qué San Josemaría animó a sus hijas e hijos a imitar a los primeros cristianos. Apasiona vivir como vivieron ellos: la meditación de la doctrina de la fe hasta hacerla propia, el encuentro con Cristo en la Eucaristía, el diálogo personal –la oración sin anonimato– cara a cara con Dios, han de constituir como la substancia última de nuestra conducta [22]. De este modo nuestro trabajo, nuestra vida corriente, manifestarán lo que somos: ciudadanos cristianos que queremos responder alegremente a las estupendas exigencias de nuestra fe en su plenitud [23]

Experimentaremos el pasmo de los primeros discípulos al contemplar las primicias de los milagros que se obraban por sus manos en nombre de Cristo, pudiendo decir con ellos: “¡Influimos tanto en el ambiente!” [24].


[1] Cfr. San Justino, Dialogus cum Tryphone, 2.

[2] Cfr. Lc 15, 16.

[3] Conversaciones, n. 24.

[4] Camino, n. 920.

[5] San Cipriano, De Dominica oratione, n. 35.

[6] Pastor de Hermas , Mandatum V, 4.

[7] Cfr. Hch 2, 42.

[8] Cfr. Tertuliano, De oratione, 27.

[9] Cfr. Camino, n. 755.

[10] Tertuliano, Apologeticum, 42.

[11] Atenágoras, Legatio pro christianis, 33.

[12] Mt 15, 18-19.

[13] Hch 13, 7.

[14] Tácito, Annales ,13, 32.

[15] Suetonio, Vita Domitiani, 10, 2.

[16] Suetonio, Historia Romana, 67, 14.

[17] Martyrium S. Iustinii et sociorum, 75.

[18] Pseudo-Clemente, Homilía [Secunda Clementis], 13.

[19] Benedicto XVI, Litt. enc. Deus caritas est, 25-XII-2005, n. 20.

[20] Cfr. Ibid., n. 31.

[21] Atenágoras, Legatio pro christianis, 35.

[22] Es Cristo que pasa, n. 134.

[23] Cfr. Ibid.

[24] Camino, n. 376.

Fuente: Documentos, agosto de 2006.

 

 

«Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno» (La creación, I)

Si el mundo antes transparentaba a Dios, hoy se ha vuelto, para muchos, opaco. Por qué la fe en la creación es aún decisiva en la era de la ciencia.

LA LUZ DE LA FE06/08/2017

«Cuando veo los cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas, que Tú pusiste, ¿qué es el hombre, para que de él te acuerdes, y el hijo de Adán, para que te cuides de él?» (Sal 8,4-5). La contemplación del mundo inspira asombro en los hombres de todas las épocas. También hoy, aunque podamos conocer bien las causas físicas de los colores de una puesta de sol, de un eclipse o de la aurora boreal, nos fascina presenciar estos fenómenos. Además, a medida que la ciencia avanza, se hace más patente la complejidad y la inmensidad que nos rodea, tanto por debajo de nuestra escala –desde la vida microscópica hasta las entrañas mismas de la materia– como por encima de ella, en las distancias y magnitudes de las galaxias, que sobrepasan la imaginación de cualquiera.

A MEDIDA QUE LA CIENCIA AVANZA, SE HACE MÁS PATENTE LA COMPLEJIDAD Y LA INMENSIDAD QUE NOS RODEA, TANTO POR DEBAJO COMO POR ENCIMA DE NUESTRA ESCALA

El estupor también nos puede captar de modo profundo al detenernos a considerar la realidad de nuestro yo: cuando uno se da cuenta de que existe, sin ser capaz de comprender del todo el origen de su vida, y de la conciencia que tiene de sí mismo. ¿De dónde vengo? –Aunque la velocidad con que se vive hoy en muchas partes del planeta lleva a eludir este tipo de preguntas, en realidad no son algo reservado a espíritus particularmente introspectivos: responden a una necesidad de dar con las coordenadas fundamentales, un sentido de la orientación que a veces puede adormecerse, pero que de un modo u otro, tarde o temprano, vuelve a aflorar en la vida de todos.

La búsqueda de un Rostro más allá del universo

La percepción del abismo de la propia conciencia o de la inmensidad del mundo puede limitarse a veces a experimentar un profundo vértigo. Sin embargo, la religiosidad de los hombres ha sondeado en todas las épocas más allá de estos fenómenos; ha buscado, de formas muy variadas, un Rostro que adorar. Por eso, ante el espectáculo de la naturaleza, dice el salmista: «Los cielos pregonan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos» (Sal 19,2); y también, ante el misterio del yo, de la vida: «Te doy gracias porque me has hecho como un prodigio» (Sal 139,14). Durante siglos este paso desde el mundo visible hasta Dios se hacía con gran naturalidad. Pero el creyente se ve hoy a veces ante interrogantes que pueden causarle perplejidad: ¿no es esta búsqueda de un Rostro más allá del universo conocido una proyección del hombre, propia de un estadio superado de la humanidad? Los avances de la ciencia, aun cuando esta no disponga de respuesta para todas las preguntas y problemas, ¿no hacen de la noción de creación una suerte de velo de nuestra ignorancia? ¿No es, por lo demás, una cuestión de tiempo que la ciencia llegue a salir al encuentro de todas esas preguntas?

Sería un error descartar demasiado rápido estas cuestiones como impertinencias, o como síntomas de un escepticismo infundado. Sencillamente, ponen en evidencia cómo «la fe tiene que ser revivida y reencontrada en cada generación»[1]: también en el momento presente, en el que la ciencia y la tecnología han mostrado con creces todo lo que el hombre puede conocer y hacer por sí mismo, hasta el punto de que la idea de un orden anterior a nuestra iniciativa se ha vuelto a veces lejana y difícil de imaginar. Estas cuestiones, pues, requieren una consideración sosegada, que permita afianzar la propia fe, comprendiendo su sentido y su relación con la ciencia y la razón, para poder iluminar también a otros. Naturalmente, en un par de artículos solo es posible trazar algunas vías, sin agotar una cuestión que por sí misma incide en multitud de aspectos de la fe cristiana.

La revelación de la creación

En nuestro recorrido podemos partir sencillamente de la afirmación fundamental de la Biblia sobre el origen de todo lo que existe y, en particular, de cada persona a lo largo de la historia. Se trata de una afirmación muy concreta y fácil de enunciar: somos creación de Dios, fruto de su libertad, de su sabiduría y de su amor. «Todo cuanto quiere el Señor, lo hace en los cielos y en la tierra, en los mares y en los abismos» (Sal 135,6). «¡Qué numerosas son tus obras, Señor! Todas las hiciste con sabiduría. Llena está la tierra de tus criaturas» (Sal 104,24).

EL GÉNESIS NO AHORRA DETALLES SOBRE LOS MODOS EN QUE EL MAL Y EL DOLOR SE ABREN CAMINO DESDE MUY PRONTO, Y SIN EMBARGO AFIRMA REPETIDAMENTE QUE EL MUNDO ES ESENCIALMENTE BUENO

Sin embargo, a veces las afirmaciones más simples encubren las realidades más complejas. Si en la actualidad la razón humana percibe a veces borrosamente esta visión del mundo, tampoco llegó de un modo sencillo hasta ella. Históricamente, la noción de creación –en el sentido en que la Iglesia la recoge en el Credo– surgió solo en el curso de la revelación al pueblo de Israel. El apoyo de la Palabra divina permitió poner al descubierto los límites de las distintas concepciones míticas sobre los orígenes del cosmos y del hombre, para llegar más allá de las especulaciones de los brillantes filósofos griegos, y reconocer al Dios de Israel como el único Dios, que creó todo de la nada.

Un rasgo distintivo del relato bíblico es, pues, el hecho de que Dios cree sin partir de nada preexistente, con la sola fuerza de su palabra: «Dijo Dios: –haya luz. –Y hubo luz (…). –Hagamos al hombre a nuestra imagen (…) –Y creó Dios al hombre a su imagen» (Gn 1,3.26-27). También es propio de este relato el que en el origen no haya ningún rastro de mal: «Y vio Dios todo lo que había hecho; y he aquí que era muy bueno» (Gn 1,31). El propio Génesis no ahorra detalles sobre los modos en que el mal y el dolor se abren camino desde muy pronto en la historia. Con todo, y en abierto contraste con esta experiencia universal, la Biblia afirma repetidamente que el mundo es esencialmente bueno, que la creación no es una forma degradada de ser, sino un inmenso don de Dios. «El universo no surgió como resultado de una omnipotencia arbitraria, de una demostración de fuerza o de un deseo de autoafirmación. La creación es del orden del amor (…): «Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que hiciste, porque, si algo odiaras, no lo habrías creado» (Sb 11,24). Entonces, cada criatura es objeto de la ternura del Padre, que le da un lugar en el mundo. Hasta la vida efímera del ser más insignificante es objeto de su amor y, en esos pocos segundos de existencia, él lo rodea con su cariño»[2].

 

NUESTROS ANTEPASADOS NO TENÍAN MICROSCOPIO, ACELERADORES DE PARTÍCULAS O REVISTAS ESPECIALIZADAS, PERO QUIZÁ SABÍAN Y VEÍAN COSAS ESENCIALES QUE NOSOTROS PODEMOS HABER PERDIDO DE VISTA POR EL CAMINO

El inicio del evangelio de San Juan arroja también una luz decisiva sobre este relato. «En el principio existía el Verbo» (Jn 1,1), escribe el cuarto evangelista, retomando las primeras palabras del Génesis (Cfr. Gn 1,1). En el inicio del mundo está el logos de Dios, que hace de él una realidad profundamente racional, radicalmente llena de sentido. «Contigo está la sabiduría, que conoce tus obras, que estaba presente cuando hiciste el universo, y sabe lo que es agradable a tus ojos y conforme con tus mandamientos» (Sb 9,9). A propósito del término griego con que se designa al Verbo de Dios, explicaba Benedicto XVI: «Logossignifica tanto razón como palabra, una razón que es creadora y capaz de comunicarse, pero precisamente como razón. De este modo, san Juan nos ha brindado la palabra conclusiva sobre el concepto bíblico de Dios, la palabra con la que todos los caminos de la fe bíblica, a menudo arduos y tortuosos, alcanzan su meta, encuentran su síntesis. En el principio existía el logos, y el logos es Dios, nos dice el evangelista. El encuentro entre el mensaje bíblico y el pensamiento griego no era una simple casualidad»[3]. Todo diálogo presupone un interlocutor racional, con logos. Así, el diálogo con el mundo que empezaron a entablar los filósofos griegos era posible precisamente porque la realidad creada está transida de racionalidad, de una lógica muy simple y muy compleja a la vez. Este diálogo venía a encontrarse, pues, con la afirmación decidida de que el mundo «no es producto de una necesidad cualquiera, de un destino ciego o del azar»[4], sino de una inteligencia amorosa –un Ser personal– que trasciende el orden mismo del universo, porque lo precede.

 

El núcleo de los relatos de la creación

No es infrecuente que los relatos de la creación en el Génesis se perciban hoy como textos bellos y poéticos, llenos de sabiduría, pero quizá a fin de cuentas poco a la altura de la sofisticación y la seriedad metodológica que entretanto han adquirido la ciencia y la crítica literaria e histórica. Sin embargo, sería un error tratar con desdén a nuestros antepasados porque no tuvieran microscopio, aceleradores de partículas o revistas especializadas: olvidaríamos demasiado fácilmente que quizá sabían y veían cosas esenciales; cosas que nosotros podemos haber perdido de vista por el camino. Para comprender lo que una persona o un texto quieren decirnos es necesario atender a su modo de hablar, sobre todo si es distinto del nuestro. En este sentido, conviene tener en cuenta que, en los relatos de la creación, «la imagen del mundo queda delineada bajo la pluma del autor inspirado con las características de las cosmogonías del tiempo»; y que es en ese cuadro donde Dios inserta la novedad específica de su revelación a Israel y a los hombres de todos los tiempos: «la verdad acerca de la creación de todo por obra del único Dios»[5].

INCLUSO EN MEDIO DE LA IMPERFECCIÓN, DEL MAL, DEL DOLOR, EL CRISTIANO VE EN CADA SER UN REGALO QUE SURGE DEL AMOR Y QUE LLAMA AL AMOR: A DISFRUTAR, A RESPETAR, A CUIDAR, A TRANSMITIR

Con todo, se objeta con frecuencia que, si la noción de creación tuvo un papel en el pasado, hoy resulta ingenuo intentar proponerla de nuevo. La física moderna y los hallazgos acerca de la evolución de las especies habrían hecho obsoleta la idea de un creador que interviene para generar y dar forma al mundo: la racionalidad del universo sería, en el mejor de los casos, una propiedad interior a la materia, y hablar de otros agentes supondría desafiar la seriedad del discurso científico. Sin embargo, se hace así fácilmente, sin saberlo, una lectura literalista de la Biblia, que la Biblia misma descarta. Si, por ejemplo, se comparan los dos relatos sobre los orígenes, situados uno detrás de otro en los dos primeros capítulos del Génesis, se observan diferencias muy claras que no es posible atribuir a un descuido redaccional. Los autores sagrados eran conscientes de que no tenían que proporcionar una descripción detallada y literal acerca de cómo se produjo el origen del mundo y del hombre: procuraban expresar, a través del lenguaje y los conceptos de que disponían, algunas verdades fundamentales[6].

Cuando se acierta a comprender el lenguaje peculiar de estos relatos –un lenguaje primitivo, pero lleno de sabiduría y de profundidad–, se puede identificar su verdadero núcleo. Nos hablan de «una intervención personal»[7] que trasciende la realidad del universo: antes del mundo existe la libertad personal y la sabiduría infinita de un Dios creador. A través de un lenguaje simbólico, aparentemente ingenuo, se abre camino una profunda pretensión de verdad, que podríamos resumir así: todo esto lo hizo Dios, porque quiso[8]. La Biblia no pretende pronunciarse sobre los estadios de la evolución del universo y del origen de la vida, sino afirmar la «libertad de la omnipotencia»[9] de Dios, la racionalidad del mundo que crea, y su amor por este mundo. Se despliega así una imagen de la realidad, y de cada uno de los seres que la conforman, como «un don que surge de la mano abierta del Padre de todos»[10]. La realidad, a la luz de la fe en la creación, queda marcada en su entraña misma bajo el signo de la acogida. Incluso en medio de la imperfección, del mal, del dolor, el cristiano ve en cada ser un regalo que surge del Amor y que llama al amor: a disfrutar, a respetar, a cuidar, a transmitir.

Marco Vanzini / Carlos Ayxelá

Foto: Kurt K. Kreger (cc)


[1] J. Ratzinger, Dios y el mundo, Random House Mondadori, Barcelona 2002, 49.

[2] Francisco, Enc. Laudato si’ (24-V-2015), 77.

[3] Benedicto XVI, Discurso en la Universidad de Ratisbona (12-IX-2006).

[4] Catecismo de la Iglesia Católica, 295.

[5] San Juan Pablo II, Audiencia, 29-I-1986.

[6] Junto a esas razones internas a la propia Biblia, el conocimiento sobre la forma correcta de interpretar el texto sagrado también se ha logrado a través del diálogo –no exento de tensiones, pero muy fructífero– entre la teología y la ciencia. En estos largos procesos es frecuente que se den excesos por ambas partes, que se alimentan mutuamente: una lectura fundamentalista de la Biblia, por la que se pretende hacerle decir más de lo que realmente dice, suele desacreditar al texto sagrado, de modo que la ciencia se considera autorizada a decir más de lo que realmente es capaz de decir sobre el origen y sentido de la realidad.

[7] J. Ratzinger, La fiesta de la fe, Desclée, Bilbao 1999, 25.

[8] Esta convicción estaba radicada fuertemente en la fe de Israel, como muestran las palabras de una madre a su hijo, antes del martirio: «Te suplico, hijo, que mires el cielo y la tierra, y viendo todo lo que hay en ellos reconozcas que Dios no los ha hecho de cosas ya existentes, y que lo mismo sucede con el género humano» (2 M 7,28).

[9] R. Guardini, La fine dell’epoca moderna. Il potere, Morcelliana, Brescia 1993, 17.

[10] Francisco, Laudato si’, 76.

 

 

Tercer domingo de Pascua.

Lc 24, 13-35.

 

Emaús.

 

El Señor resucitado sigue cumpliendo con su cita habitual en el cenáculo, en la Galilea de la vida y en los caminos de los decepcionados de la vida. Emaús es un camino muy recorrido por la humanidad. Sobre todo para los que se instalan cómodamente en la queja, para no hacer nada. Emaús es el camino que pueden recorrer también comunidades, parroquias, personas… que no han descubierto lo que para ellos es decepcionante, la cruz. Es como el Señor nos ha descubierto un amor hasta el extremo, no nos ha amado en bromas.

 

1.     Jesús se pone a caminar con ellos. Les escucha hasta el final. No les interrumpe. Escucha una por una sus aburridas quejas de siempre. Hace el camino el Señor con todos los decepcionados de la vida.

 

2.     Ante la pregunta de Jesús sobre lo que hablan por el camino, quedan delante de Él rematadamente pobres. De que vamos hablar sino de Jesús el Nazareno. Proclaman que Cristo ha muerto pero no tienen ni la convicción, ni la luz del Resucitado. Dicen las palabras de todos los decepcionados de Cristo y de la vida...nosotros esperábamos. ¿Qué esperabas tú de Jesús? ¿De dónde brotan nuestras decepciones?

 

3.     Jesús les quita del horizonte, el nosotros esperábamos de los decepcionados, para afirmar, era necesario. Todo lo que ha ocurrido, ocurre o ocurrirá era necesario para entrar en su gloria...y comenzando por los profetas, los salmos… les explicó su vida y la nuestra a la luz de su Palabra.

 

Pedirle al Señor que nos explique nuestra vida desde la Palabra de su Corazón. Vivir con la convicción de que el caminante resucitado acompaña nuestros caminos.

+ Francisco Cerro Chaves. Arzobispo de Toledo Primado de España

 

 

La Universidad, entre las cien mejores universidades del mundo por su impacto en la lucha contra la pobreza y el hambre

Un ranking de Times Higher Education ha evaluado la aportación de la universidad a los Objetivos de Desarrollo Sostenibles de la ONU

FOTO: Manuel Castells

La Universidad de Navarra se encuentra entre las cien mejores universidades del mundo por su aportación a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU relacionados con la lucha contra el hambre (objetivo 2), donde obtiene una posición 51, y la lucha contra la pobreza (objetivo 3), con el puesto 92. Así lo destaca la segunda edición del ranking de impacto de Times Higher Education 2020, en el que participan unas 767 universidades de 85 países.

Asimismo, el centro académico ha mejorado la posición global en la clasificación respecto al año anterior y ha pasado del rango 201-300 al 101-200 del mundo. Destaca en los objetivos 11, Ciudades y Comunidades Sostenibles; el 3, Salud y Bienestar;  y en el mismo compromiso con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (objetivo 17). Para la evaluación, THE analizó cuatro áreas: la investigación que se realiza respecto a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, cómo se gobierna el centro respecto a ellos, la docencia impartida y el impacto que tiene la universidad en la sociedad.

Entre las iniciativas evaluadas por Times Higher Education en la contribución de la Universidad de Navarra a la lucha contra la pobreza se encuentran el Fuel Freedom Chair for Energy and Social Development y la Africa Initiative, del IESE; la aportación a la sostenibilidad de algunas empresas participadas por Innovation Factory (como metal78); la colaboración internacional del Navarra Center for International Development (NCID) del ICS o los proyectos locales de solidaridad de Tantaka (como el de Reparación de viviendas deterioradas).

En cuanto al papel en la lucha contra el hambre, se evaluó la intensa investigación en Nutrición que hace la Universidad; el trabajo de grupos como la Cátedra Timac Agro de la Facultad de Ciencias o la Biodevices and MEMS Group del Ceit; y la iniciativa que promueve la vida sana entre estudiantes y empleados “Por una comida sana, tú decides”. Un resumen de la participación en el desarrollo sostenible de la Universidad de Navarra puede encontrarse en el buscador: https://bit.ly/aportacionesodsunav.

Times Higher Education y los Objetivos de Desarrollo Sostenible

El ranking de impacto de Times Higher Education evalúa a las universidades en referencia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible establecidos en 2015 por la ONU. Estas metas, acordadas por los líderes mundiales, se plantearon erradicar la pobreza, proteger al planeta y asegurar la prosperidad en el marco de una agenda de desarrollo sostenible (Agenda 2030). Los objetivos, que sustituyeron a los del Milenio de la ONU, se han convertido en una nueva medida de la innovación global. Se concretan en metas específicas que deben alcanzarse en la década 2020-2030. Se preocupan por la pobreza, educación, igualdad de la mujer, el acceso al agua, el crecimiento sostenible o la paz y justicia en todo el mundo. Una multitud de organismos internacionales, Estados nacionales, empresas y otras instituciones locales y regionales han prestado apoyo público a este plan global.

Con una metodología desarrollada junto con Vertigo Ventures, el ranking evalúa a las universidades en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible a partir del impacto en la sociedad. Teniendo en cuenta los cuatro mejores resultados, Times Higher Education construye una clasificación global de impacto, que mide cómo contribuyen de forma global al desarrollo sostenible todas las universidades del mundo.

 

 

Gómez Samblas, familia muy especial con 8 hijos, 5 adoptados con discapacidad: ¿por qué lo hicieron?

La familia Gómez Samblas está compuesta por Alejandro y Coro, que tienen 8 hijos, 3 biológicos y 5 adoptados, de los cuales ha fallecido uno

Javier Lozano / ReL

En el pasado Congreso Nacional Provida que se celebró el fin de semana anterior a la declaración del Estado de Alarma contó su testimonio una familia muy especial, los Gómez Samblas, que mostraron la belleza de la vida humana, la dignidad de toda persona pero también el torrente de amor y de fe profunda que les ha permitido superar situaciones que parecían imposibles.

Alejandro (46 años) y Coro (44 años) son un matrimonio, ambos controladores aéreos, casados desde hace 21 años y que tienen ocho hijos, tres biológicos y otros cinco adoptados, todos ellos con graves discapacidades tanto físicas como intelectuales. Y sobre esta experiencia quisieron hablar.

"Una llamada en sí misma, no un plan B"

Durante el congreso ofrecieron su historia en boca de Coro, que comenzó su intervención explicando que “tenemos ocho hijos, aquí veréis siete, el otro nos mira desde el cielo, es Borja”. Además, indicó que “los tres primeros hijos son biológicos, los demás también pero han llegado a nosotros a través de la adopción. Nosotros decimos que tenemos hijos que nos ha enviado Dios y otros que nos manda Dios a buscarlos”.

El matrimonio siempre había tenido en mente la idea de adoptar y aunque tuvieron tres hijos biológicos con el tiempo vieron que lo de adoptar se convertía para ellos “en una llamada en sí misma y no en un ‘plan B’”.

 

 

Optaron por China y allí descubrieron que había hasta siete años con lista de espera. Observaron que había niños para dar en adopción pero no los que normalmente se querían. Un año antes el país abrió la adopción de niños con necesidades especiales, y decidieron que esta era la vía que debían seguir.

La llegada de la discapacidad a la familia

Somos creyentes y pensamos que Dios no elige a los capacitados si no que capacita a los que elige”, afirmaba. No fue fácil adoptar este tipo de niños. De hecho, recordaba que les “llamaron de todo, locos e irresponsables, y nos decían que al tener más hijos era una locura. Pero a nosotros nos parecía lo contrario”.

Así fue como llegó a sus vidas Bruno, que sufría una cardiopatía compleja. Y esta experiencia les marcó, pues contaban que una vez que vieron a tantos niños que esperaban una familia, éstos entraron en su corazón y ya no salieron.

En su experiencia, “la orfandad es la mayor de las miserias, no la enfermedad. La maravilla que es vivir en familia es la mayor necesidad del ser humano. A su lado una enfermedad se sobrelleva”. Ya en España operaron a Bruno y ahora hace deporte y nadie diría que tiene una cardiopatía.

Olaya, abrazando al Papa Francisco

Olaya, una niña muy especial

No pararon ahí, pues Alejandro y Coro no se olvidaban de los niños que seguían en China sin familia. Y entonces llegó Olaya. Tenía también una cardiopatía, pero además sufría síndrome de Noonan, que implicaba una discapacidad intelectual.

Así entró en nuestra vida la discapacidad intelectual, y recomiendo que todas las familias tengan en su hogar o muy cerca personas con discapacidad intelectual. Estas personas te ayudan a vivir en lo esencial, te dejas de tonterías. Nos enseñan a vivir sin rencor”, relataba esta madre.

El milagro viviente de Borja

Borja fue el siguiente en llegar desde China. “Era especial, tenía sólo medio corazón, era un milagro viviente. Tenía seis años y había vivido con medio corazón y todas las vísceras descolocadas”, contó su madre.

Que hubiera vivido tantos años ya era en sí un milagro, pero Coro indicó que “le adoptamos para luchar a su lado, sin condiciones. El objetivo era que cuando se fuera lo hiciera desde los brazos de su familia. Y se fue al cielo muy pronto. Intentamos dos operaciones”.

Momento del bautizo de Borja

"Un gozo doloroso"

Esta experiencia –aseguraba esta familia- “lo vivimos como un gozo doloroso. Gozo porque sabemos que está en el cielo, y allí tenemos un intercesor brutal. Lo conseguimos vivir así. Fue doloroso pero lo vivimos todos en casa, hasta Olaya, con muchísima verdad. Esto es la vida”.

Cuando fueron a China a por Borja conocieron al que era su “súper mejor amigo” y que ahora es su hermano, Benjamín. En él vieron “un niño que era pura luz, hablaba sin parar. Nos llamaba y nos echaba piropos. Alejandro y yo nos miramos y vimos que no podía quedarse ahí”.

La llegada de las sillas de ruedas

Benjamín tiene parálisis de los miembros inferiores por causa desconocida. Bromeando, Coro explicaba que “así entró en nuestra vida la silla de ruedas”. Al principio creían que sería algo dificilísimo para su vida familiar pero “no fue para tanto”.

“Con esta tranquilidad que tuvimos de la silla de ruedas nos lanzamos otra vez y fuimos a por Samuel, que lleva mes y medio con nosotros”, contaba Coro sobre la reciente llegada del más pequeño de la familia, también en silla de ruedas.

Las conclusiones que saca esta familia tan especial

Y antes de acabar esta familia quiso ofrecer tres conclusiones:

  1. “Lo que nos mueve es el amor. Lo esencial es invisible a los ojos. Hay que mirar con el corazón, no con los ojos o las estadísticas. Esa mirada tiene que ser de amor”.
  2. “Somos adictos a los milagros. No somos adictos al riesgo, nos ponemos en riesgo porque vivimos en la esperanza de milagro. Si tú no sales de tu zona de confort nunca vas a experimentar los milagros que hemos experimentado”.
  3. “La experiencia más ‘salvaje’, según la RAE aquello que no está controlado ni dominado, es la que más te permite crecer”.

 

 

Coronavirus. Nueva mirada

El coronavirus copa comentarios familiares, telefónicos, de wassap y demás redes sociales. La pandemia nos ha sorprendido como un ladrón, y son muchas las preguntas que nos hacemos. La preocupación por el trabajo y la economía; por la salud y la muerte que planea desde el coronavirus, lleva, a muchos, a profundas reflexiones trascendentales, que exceden lo inmediato y visible. En las primeras cuatro semanas del confinamiento, las visitas a la web de Filosofía de la Universidad de Valencia fueron de 60.000 páginas, lo que evidencia –dicen desde la UCV- que “la pandemia ha golpeado la consciencia de las personas (…) y hay que dar soluciones sanitarias y económicas, perotambién respuestas filosóficas desde una perspectiva cristiana”. 

Las preguntas llueven en los conventos. La Madre Verónica Berzosa, la célebre Clarisa de Lerma ( en su congregación, “Jesu Communio”,  ingresan cientos de jóvenes; muchas, universitarias),  confiesa:  “Desde el inicio de la pandemia una lluvia de llamadas cayó sobre nuestra casa. Creyentes y no creyentes expresaban todo tipo de dudas, dolor, lágrimas, impotencia, rabia, esperanza, petición de oraciones… Todas traspasaban nuestro corazón y, como Iglesia orante, eran presentadas ante nuestro Señor”, Así surgieron las reflexiones de Sor Verónica - se pueden seguir por Internet- “sobre el verdadero fundamento de la esperanza humana y la fragilidad de los ídolos en los que, no pocas veces, el hombre busca su salvaguarda”. En una de esas reflexiones, la Madre Verónica dice: “Reconozco como don incomparable tener Fe”. Luego, parafraseando a San Pedro, suspira: “A quién vamos a acudir, si sólo Tú tienes palabras de Vida Eterna?”

Los católicos – En España, lo somos la mayoría – se ven movidos a una práctica más intensa de la Fe. Miles de fieles siguen, incluso  a diario,  la Santa Misa por radio, televisión, Internet o wassap. Hay hambre de Dios, y se echa de menos la Eucaristía presencial, “concreta” que dice el Papa. Miro, por ejemplo, las entradas de un día cualquiera en Santa María de Caná (Pozuelo): viernes 24, Misa de 20 h 5.205 visualizaciones; meditación del 11 de abril emitida en directo, 11.061 visualizaciones.

Los sacerdotes, en general,  están muy activos: misa diaria ( bastantes, se retransmiten por youtuve; por Internet, en 13 TV y en TVE-2); meditaciones online, cadenas de oración y solidaridad con los mayores. Con la prudencia necesaria, acompañan y consuelan a enfermos y a otras personas vulnerables; ayudan a los necesitados a través de Cáritas; administran el sacramento de la unción cuando son requeridos en hospitales y domicilios…Una vecina mía en el pueblo, al darle el pésame por su padre, vía telefónica, me decía, anegada en llanto: “fuimos al cementerio sólo mi marido y yo, y el Sr. Cura, que fue a ayudarnos a meter la caja”.

Una cosa tengo muy clara: la necesidad de la oración para implorar la Misericordia del Señor por nosotros y por el mundo entero. Es urgente rezar por la conversión de los pecadores y pedir perdón a Dios por nuestros pecados. Como dice la Sagrada Escritura – lo recuerdan las Apariciones en  Fátima-,  “la raíz de todos los males es el pecado”. Hoy, hay pecados muy graves y globalizados: idolatría, impiedad y olvido de Dios; pecados contra la vida, como el aborto y la eutanasia, promovidos por los gobiernos; pecados de lujuria y contra natura;soberbia y loca  ambición … “Frente a esto sólo puede oponerse la fe, la religión como la consecución de los más altos valores. Yo creo que esto es lo único que podemos oponer frente a toda acción moral desviada. La única resistencia es la de la luz de la fe en el amor a Dios” P. Fortea, conocido exorcista).

Josefa  Romo Garlito

 

Enseñanzas y responsabilidad ante la pandemia

Juan Moya

Bendición especial del Papa Francisco por el fin del Covid-19.

El Papa, en la Vigilia de Pascua nos hablaba del  derecho a la esperanza, porque necesitamos tenerla en la situación de pandemia en que nos encontramos. Una esperanza que se apoya en la certeza de que “Dios conduce todo hacia el bien, porque incluso hace salir de la tumba la vida”. Y además “desea que llevemos la esperanza a la vida de cada día”, a todos, “porque todos necesitan ser reconfortados, “porque todos somos hermanos y hermanas”, y si no lo hacemos nosotros que “hemos visto” a Cristo resucitado, ¿quién lo hará?

El mundo se encuentra ante un desafío que no conoce fronteras. Dios no lo ha querido, pero lo ha permitido. No podemos tener una respuesta exacta al por qué de esa permisión, pero hemos de creer –si no queremos caer en la  desesperación o el absurdo- que, como nos ha recordado el Papa, “Dios conduce todo hacia el bien”. Esto se hace tanto más difícil de ver cuando lo que vemos son muchos miles de muertos en el mundo entero, y unas consecuencias económicas que serán también un grave problema para muchos cientos de miles de personas.

Y si es así, ¿cuál puede ser ese bien que podamos sacar de esta situación? Sin una vida de fe costará más verlo, pero no obstante, sí podemos ver –porque lo estamos viendo ya- muchas cosas buenas: estamos viendo la generosidad y el heroísmo de muchas personas que han puesto su trabajo, su tiempo y hasta su vida para atender a los enfermos. Los profesionales de la salud en primer lugar, y un sinfín de profesionales imprescindibles para que, a pesar del confinamiento, la vida siga y podamos comer, lavarnos, tener agua y luz, desplazarnos en transportes públicos, contar con las personas que cuidan de la seguridad y de las instalaciones especiales necesarias  para la atención de tantos enfermos; y los transportistas, que han seguido llevando las mercancías de alimentación a las grandes superficies para la distribución en las ciudades; y hemos podido recibir información en periódicos, con el riesgo también de estos  profesionales. Y hemos visto sacerdotes que han arriesgado su vida en la atención de muchos enfermos… Y grandes empresarios, que han hecho generosamente donativos importantes, y han orientado el trabajo de sus empresas hacia la elaboración de productos sanitarios o de otro tipo más necesarios en estos momentos, etc.

Por tanto entre las enseñanzas de estos días indudablemente ésta es una importante: el trabajo como servicio a la sociedad, desempeñado con el interés e incluso el heroísmo que hemos contemplado. La satisfacción personal es inmensa cuando se trabaja así.

Hemos visto también la generosidad de muchas personas, con disponibilidad para hacer pequeños servicios  domésticos, sobre todo a los que lo necesitaban más. Sin ninguna duda, los lazos de la solidaridad y la fraternidad se han estrechado

Seguramente hemos aprendido también a valorar más los mil pequeños detalles de que gozamos en la vida diaria, y que estos días hemos tenido que renunciar a buena parte de ellos, encerrados en casa.

Más importante aún, hemos confirmado una vez más la grandeza de la familia: tener personas a las que amamos y nos aman, con las que hemos compartido estos días  en una convivencia que a veces habrá podido tener también sus pequeños roces, pero que sin nuestros seres queridos estas  semanas habrían resultado difícilmente soportables.

Y en fin, sin ánimo de ser exhaustivo, todos nos hemos “topado” con el riesgo imprevisto de perder la vida. Si bien es cierto que las personas mayores son las más susceptibles de sufrir gravemente la enfermedad, la incertidumbre ante lo desconocido y la acumulación de defunciones afecta anímicamente a todos, por no hablar de la soledad de los que fallecen, sin poder tener la cercanía de sus seres queridos… Esta situación debe  llevar a profundizar en la convicción de que nuestra vida está siempre en las manos de Dios, y Él sabe más, aunque a veces nos pueda  costar entender…

El creyente tiene que trascender toda esta situación, y tratar de ver la mano de Dios en todo, para no perder la fe ni la esperanza ante la tragedia, sino unirse íntimamente a Cristo paciente, para resucitar con Él a la vida eterna.

¿Y qué decir de la responsabilidad personal…?

Además de las enseñanzas que cada uno pueda extraer  de estos días, también hemos de pensar en la responsabilidad que hayamos podido tener en esta situación…

Yo –podemos decir cada uno-, ciudadano corriente, ¿qué responsabilidad puedo tener?  Ciertamente la que se derive de haber cuidado o no las normas de prudencia que están indicadas en la  relación con otras personas para evitar el contagio. En los momentos iniciales era comprensible que no se tuviera una idea clara de la importancia de esas normas, pero una vez anunciadas por la autoridad competente a todos nos corresponde observarlas, aunque hayan llegado a situaciones excepcionales de aislamiento.

¿Y los responsables de la sanidad nacional y del gobierno? Teniendo en cuenta el muy elevado número de muertes, de enfermos, mas la situación económica y de limitación de derechos de los ciudadanos a la que hemos llegado, los responsables de la sanidad y del gobierno tienen el deber moral grave de dar cuenta a los ciudadanos, de modo objetivo y cierto, de qué han hecho o han dejado de hacer para abordar esta gran tragedia.  Los resultados tan distintos de unos países a otros, en cuanto al número de muertos e infectados,  hacen ver que en gran parte depende de las medidas de gobierno que se hayan adoptado: aplicación oportuna de las recomendaciones de la O.M.S., experiencias de otros países,  medios adecuados suficientes para detectar los infectados, medidas de protección eficaces y suficientes para los profesionales de la salud, instalación especial de hospitales de urgencia…

Y también en cuanto a las medidas económicas y sociales especiales que haya que toma, por ser situaciones excepcionales requieren también medidas excepcionales. Y por serlo conviene contar con el apoyo de todas las fuerzas sociales –partidos políticos, empresarios, otros representantes sociales-, porque en realidad todas las fuerzas deben contribuir a sacar adelante el país en esas circunstancias. Es responsabilidad de los que gobiernan buscar esa fuerte colaboración, encontrando los puntos comunes fundamentales en los que todos pueden estar de acuerdo, al margen de finalidades políticas particulares más inmediatas.

 

 

 

NOCHE DE ESTRELLAS


Autora: Magui del Mar
La Dama Azteca de la Pluma de Oro.
Tijuana, B.Cfa., México.

En mis noches calladas miro al cielo
y siento que me invade dulce calma,
disfruto de esas noches de desvelo
que llenan de quietud y paz el alma.

Entonces les platico a las estrellas
de mis sueños…mi amor…mis ilusiones,
de todo lo que en mí ha dejado huellas
y les cuento también mis decepciones.

Al contemplar el cielo tachonado
de esos miles de puntos luminosos,
se siente el corazón en él inmerso

 y mi espíritu así reconfortado
disfruta los arpegios armoniosos
del sublime cantar…del Universo.

Derechos Reservados.

 

GMAGUI DEL MAR 

La Dama Azteca de la Pluma de Oro

ruizrmagui@gmail.com

 

 

No somos un bar ni un estadio

Jorge Ordeig Corsini

Momento que comunican al Mons. Javier Martínez que tiene que desalojar la catedral de Granada.

Ha pasado ya una semana de la irrupción, probablemente ilegal y anticonstitucional, de la policía en la Catedral de Granada y en algunos otros templos de la ciudad.

En un primer momento no quise decir nada, porque cuando uno está enfadado es mejor callarse y dejar pasar un poco de tiempo. Pienso que ha llegado el momento de hacer algún comentario.

El despropósito de esa irrupción de la policía arranca de una visión de la jugada radicalmente diferente. Para una autoridad no cristiana o con una fe floja, un templo es un lugar de reunión, muy poco distinto a lo que pueda ser un bar, un estadio, o una sala de cine. Desde este punto de vista es coherente que, si los otros lugares de reunión están cerrados, también deberían cerrarse las iglesias.

El problema estriba en que hay un error de bulto en el planteamiento. Una iglesia no es un lugar de reunión, sino la casa de Dios: un lugar al que, una persona con fe, tiene derecho –amparado por la Constitución– de acudir cuando lo necesite, para hablar con Dios, o adorarle como mejor sepa y quiera. Derecho que ha sido respetado por el Real Decreto del estado de alarma del 14 de marzo, en su artículo número 11, que admite incluso la asistencia a la Santa Misa con el único requisito de que se cuiden las medidas de prudencia necesarias para evitar los contagios: separación suficiente, etc.

Me parece que este conflicto debería hacernos reflexionar a los cristianos. ¿No será que, con nuestra actuación, hemos dado la impresión de que nuestras iglesias son un lugar de reunión social, en vez de la casa de Dios? ¿A qué vamos a las iglesias? ¿Cuando estamos en una boda, en un funeral o unas primeras comuniones… estamos adorando y hablando con Dios?, ¿o estamos más bien hablando con los de al lado? Hay un gran número de cristianos, es evidente, que saben estar en el templo con la
reverencia debida al Dios escondido en el sagrario; pero no son pocos los que han perdido ese sentido de la trascendencia.

Si los cristianos, en nuestros templos, no sabemos comportarnos de un modo que deje claro que no son lugares de encuentro social, sino sitios para adorar y tratar a Dios… ¿cómo pretender que las personas sin fe no los consideren simplemente como un lugar más de reunión?

Y, con todo respeto a quienes puedan opinar de modo distinto, pienso que, en la situación de pandemia en la que nos encontramos, nuestros templos deberían estar abiertos todo el día. Pienso –repito que es una opinión personal– que la Iglesia debería dar un fuerte ejemplo de fe real y práctica. Y ese ejemplo debería pasar, entre otras cosas, por abrir las puertas de los templos de par en par.

Aunque venga poquísima gente. Pero que nunca, nadie, pueda decir que ha ido a una iglesia en un tiempo de necesidad como este… y se la ha encontrado cerrada. Si nuestras iglesias son la casa de Dios, no podemos cerrar las puertas a nadie, y menos en un momento de dolor y sufrimiento como el actual.

Estamos en unos momentos muy angustiosos para muchas personas, y es tarea de los sacerdotes ofrecerles la posibilidad de rezar delante del sagrario, así como de escucharles cuando tengan necesidad. Y también, lógicamente, de ayudar a resolver las numerosas situaciones de extrema penuria económica que están dándose estos días. Las parroquias abiertas estamos recibiendo un auténtico aluvión de personas desesperadas, que no tienen donde dormir o qué comer. Con la iglesia cerrada es imposible ayudar a nadie.

Evidentemente, con la prudencia necesaria para evitar contagios. No estoy proponiendo una vuelta masiva a Misa, sino que las iglesias no estén cerradas. Además, es mucho más fácil evitar la infección en una iglesia, que en un supermercado o en un lugar de trabajo. No hay ningún peligro de contagio cuando en un templo como la catedral de Granada, donde caben miles de personas, acuden a misa una veintena: están más separadas y con menos contacto que en un supermercado o en la cola de la
farmacia.

En resumen: son momentos duros; pero, precisamente estos momentos duros son, a la vez, los momentos de la fe. Momentos para demostrar con hechos reales que nuestra fe no es una mera cuestión cultural.

Y esa demostración pasa, entre otras muchas cosas, por defender, entre todos, nuestro derecho a rezar en las iglesias. Nuestros templos no son bares ni estadios de fútbol.

Jorge Ordeig Corsini es doctor en Filosofía e Ingeniero de Telecomunicaciones
Párroco de la iglesia de San Ildefonso, de Granada

 

7 motivos para oponerse a la regulación de la eutanasia.

Desde el Centro Jurídico Tomás Moro consideramos que en ningún caso es lícita la regulación de la muerte deliberada de los enfermos; el único motivo real para regular la eutanasia es la injusta reducción del gasto público en sanidad.

El CJTM lanza un vídeo de 2 minutos explicando 7 motivos para oponerse a la eutanasia.

Nota de Prensa del Centro Jurídico Tomás Moro, Madrid, 26 de abril de 2020- A pesar de los miles de fallecidos por la deficiente gestión del COVID 19, tanto el PSOE como Unidas Podemos, mantienen su agenda ideológica, y siguen con su intención de despenalizar en España la eutanasia.

Desde el Centro Jurídico Tomás Moro consideramos que en ningún caso es lícita la regulación de la muerte deliberada de los enfermos; el único motivo real para regular la eutanasia es la injusta reducción del gasto público en sanidad.

Igualmente, el Centro Jurídico Tomás Moro considera que si existiera voluntad real de reducir el sufrimiento de los enfermos, el Gobierno debería apostar por intensificar y garantizar los cuidados paliativos.

Es necesario recordar que la obligación de los poderes públicos es garantizar la correcta asistencia sanitaria de los españoles, y si bien la crisis del coronavirus ha demostrado como el Gobierno socialista es capaz de abandonar a su suerte a nuestros mayores, sin embargo la sociedad española se ha manifestado rotundamente contra la eutanasia silenciada, el olvido, y el abandono de nuestros mayores. Si algo ha demostrado la gestión del coronavirus, es que el pueblo mayoritariamente está dispuesto a garantizar la vida de los enfermos, cueste lo que cueste.

Por este motivo, el Centro Jurídico Tomás Moro ha lanzado un vídeo de dos minutos en el que se difunde las verdades q.ue otros esconden sobre la eutanasia, y expone 7 motivos para no legalizar la eutanasia

El Centro Jurídico Tomás Moro habla claro sobre la eutanasia, pues bajo una capa de buenismo se oculta algo perverso que atenta contra la dignidad del ser humano.

El Centro Jurídico expone siete motivos para no legalizar la eutanasia:

1.- La eutanasia mata. La eutanasia, en el caso de legalizarse, será un tipo de homicidio, o de suicidio, según como se legisle. Para el CJTM la muerte deliberada nunca es la solución, supone un fracaso de la sociedad, además es susceptible de manipulación.

2.- La eutanasia no sirva pera evitar el sufrimiento. Para evitar el sufrimiento existen los cuidados paliativos, y el acompañamiento.

3.- La eutanasia es una forma de eugenesia. La eutanasia busca aligerar los costes del Estado en sanidad y pensiones, produce el descarte de lo que los defensores de la eutanasia llaman “cargas sociales”.

4.- La eutanasia discrimina. Los datos confirman que los ricos no utilizan la eutanasia. La eutanasia es un instrumente para eliminar a los pobres y la clase media.

5.- La eutanasia empeora la relación médico- paciente. La eutanasia pervierte la ética médica que desde Hipócrates se ha centrado en eliminar el dolor, no en eliminar el enfermo. Además la eutanasia introduce en las relaciones familiares la desconfianza, y la soledad.

6.- La eutanasia es irreversible. Fomenta la desesperanza de los enfermos, llevándoles a rendirse. En muchos casos una depresión no tratada es la causa de la manifestación de una voluntad viciada.

7.- La eutanasia no es consecuencia de la libertad, sino del egoísmo. Se basa en la indiferencia de que cada uno haga lo que quiera, y que nadie se mete en mi vida, fomentando una sociedad individualista e insolidaria.

Por todo ellos el Centro Jurídico Tomás Moro, fiel a su compromiso en defensa de la dignidad de la vida se manifiesta claramente en contra de la legalización de la eutanasia.

Para ver el vídeo se puede consultar el siguiente enlace: https://youtu.be/2WPLjvzT2cI

 

Para más información:

www.tomasmoro.info

info@tomas-moro.org 

Recursos periodísticos: 

Vídeo: https://youtu.be/2WPLjvzT2cI

 

 

La Iglesia está arrimando el hombro

Los Directores de las Caritas diocesanas de toda España reconocen que los servicios están desbordados, los responsables de la pastoral social y de la caridad trabajan a destajo, miles de voluntarios prestan asistencia personal y telefónica a quienes lo necesitan, Caritas Madrid fue la primera en generar propuestas de apoyo vecinal, las comunidades de clausura fabrican mascarillas, los capellanes se dejan la vida atendiendo a enfermos y moribundos en los hospitales, se ceden seminarios, residencias, casas de ejercicios, y, cómo no, se multiplican la donaciones por parte de instituciones católicas para comprar material sanitario. Pese a todo esto, hay personajes públicos que han dicho que la Iglesia es el colectivo más invisible en esta crisis.

Suso do Madrid

 

 

¿Son posibles los cuidados paliativos?

La propuesta de ley de eutanasia en España se presenta como una garantía de muerte digna. Sería un nuevo derecho del enfermo ante un padecimiento que "la persona experimenta como inaceptable y que no ha podido ser mitigado por otros medios” según dice la exposición de motivos. Pero para que exista una decisión libre y se respete la dignidad en el proceso de morir hace falta que exista la alternativa de unos cuidados paliativos, esos "otros medios" capaces de controlar el dolor ¿Hasta qué punto están disponibles en España?

Las referencias a los cuidados paliativos en esta proposición de ley son muy escuetas. Antes de que el enfermo pueda hacer la petición de eutanasia, debe disponer de una información por escrito sobre su proceso médico y las alternativas de actuación, "incluida la de acceder a cuidados paliativos" (art. 5, 1, b). Una vez que ha hecho la petición, el médico debe realizar con el paciente un "proceso deliberativo" sobre su diagnóstico, posibilidades terapéuticas y resultados esperables, "así como sobre posibles cuidados paliativos" (art. 8, 1). Y esto es todo. No se contempla ninguna medida para que el acceso a los cuidados paliativos sea una realidad, ni para impulsar la formación de personal sanitario especializado en ese campo, ni para destinar los suficientes recursos a esta prestación.

Por eso no es extraño que los expertos en cuidados paliativos hayan mostrado su decepción ante esta regulación de la eutanasia. La Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL) y la Asociación Española de Enfermería en Cuidados Paliativos (AECPAL) han dicho en un comunicado que la proposición "afronta el sufrimiento extremo de aquellas personas que prefieren dar por finalizada su vida y, en cambio, obvia el de aquellos ciudadanos que piden vivir de forma digna esta etapa con el mayor apoyo posible para paliar ese sufrimiento".

Jesús Martínez Madrid

 

 

Vuelta a Dios

Los programas religiosos aumentan exponencialmente la cuota de pantalla por televisión y lo mismo en las radios más humanistas así como en internet, desde que empezó el confinamiento. Puede pensarse que es una salida ante el obligado confinamiento, aunque hay algo más cuando las personas buscamos una esperanza en Dios más consistente que la resiliencia ante la adversidad.

De ahí que la oferta diaria de Misas en streaming o en diferido consuela a las familias, a los ancianos en residencias, y a los conventos.

Muchos millones en el mundo entero siguieron la retransmisión de la consagración de Portugal y España, en primer lugar, y al mundo entero a la Virgen de Fátima, que evoca un par de ocasiones solemnes para obedecer a la Virgen María y consagrarle el mundo, ante las guerras del siglo XX, con san Juan Pablo II, o ahora la pandemia que nos envuelve.

Domingo Martínez Madrid

 

Chicas y chicos no son iguales

Entre chicas y chicos hay ya diferencias cerebrales en la etapa fetal y muy claras en la primera infancia, en la que se produce un baño del cerebro en las hormonas sexuales. A lo largo de la adolescencia, los cuatro lóbulos y las diferentes regiones de la corteza maduran a diferente ritmo en ellos y en ellas. También maduran de forma diferente tres de las regiones subcorticales implicadas en la memoria emocional (hipocampo), la evaluación de los estímulos en positivos o negativos (las amígdalas cerebrales) y los estímulos sexuales (zona del hipotálamo).

Estas diferencias se traducen en que en las chicas maduran más rápidamente las regiones de la corteza frontal que procesan el lenguaje, el control del riesgo, de la agresividad y de la impulsividad. En los chicos, las regiones del lóbulo inferior parietal, cruciales para las tareas espaciales. En ellas priman las relaciones con los demás; y en ellos, el sexo y el deporte.

Jesús D Mez Madrid

 

La familia real y sus cosas; y el virus chino que nos tiene presos

 

              “SU PRIMERA ACCIÓN: Venganza de Don Juan Carlos: una noticia en el ‘medio oficial’ de Casa Real destroza a los Reyes Felipe y Letizia”. (Periodista Digital 12-04-2020)

            Ya escribí y mantengo, que en definitiva no son otra cosa que “seres humanos y por tanto descendientes del primer primate”, como todos los demás, “monos humanos”; por tanto están sujetos a iguales sentimientos, ambiciones y demás; “lacras y virtudes”, del resto; además tenemos ejemplos bochornosos, en sus antepasados, “el rey felón o Fernando VII y su padre Carlos IV vean la historia de estos “pájaros reales”, sobre todo en el antes y después de la invasión de Napoleón; y la que dio lugar, a una guerra muy mal clasificada, puesto que fue de LA DEPENDENCIA Y NO DE LA INDEPENDENCIA; “Al final ambiciones materiales y que siempre paga el pueblo”.

 

“Un millón de personas en España están confinadas en menos de 50 metros: Ocupan en total 546.200 hogares, ya que en muchos de ellos viven familias de cinco, seis, siete y hasta ocho miembros que comparten muy poco espacio.  Más de un millón de personas en España están recluidas en viviendas de menos de 50 metros cuadrados, muy poco espacio teniendo en cuenta que la mayoría de ellas no están solas (se trata de hogares que alojan a familias muy numerosas en algunos casos) y que actualmente el estado de alarma por el coronavirus les obliga a permanecer bajo ese pequeño techo, todos juntos, las 24 horas”.  (Vozpópuli 12-04-2020)

            “Todo esto y que es aglomeración de seres humanos”, aumentando los que si dejan en la calle, por mor de “oficios necesarios o imprescindibles”, que también y por lógica se aglomeran en algún momento del día y por pura necesidad; destruye todas las imposiciones de, “tenernos en la cárcel al resto”; por cuanto ese virus chino, sigue una marcha que no saben ni pueden controlar; por tanto “esos cuervos negros” que salen en las televisiones sólo para aumentarnos el terror a la muerte; deben desaparecer de la pantalla; y el gobierno suprimir estas órdenes draconianas y dejarnos vivir cada cual como pueda, puesto que todo lo demás es mentira y se demuestra con lo que arriba digo.

 

“Sánchez o el virus de la división y el odio”: Se trata de un muy crudo artículo, escrito por Jesús Cacho; y al que he aportado lo que abajo escribo, dejándoles la dirección por si quieren leerlo y luego meditarlo, obrando en consecuencia, puesto que, “nos trata a los españoles, “peor que a conejos”, ya contaminados, con el virus francés que casi acabó con aquella raza conejil española; Amén. https://www.vozpopuli.com/opinion/pedro-sanchez-virus-division-odio_0_1345066031.html

“Leyendo su artículo, simplemente me acuerdo del episodio que cuentan  de Diógenes  el cínico, paseando a plena luz del día en Atenas, con un candil encendido y con el que buscaba "un hombre íntegro"; esperemos que en España surjan  los suficientes para que vía elecciones, parlamento y la constitución que tenemos, sepan parar las tiranías que usted anuncia y que espero no se cumplan... egoístamente y como nací en 1938, me quedan "cuatro días, o meses, o algún año"; y en parte estoy deseando irme de esta mierda de mundo, lleno de parásitos y sanguijuelas, que viven de los demás”: AGF 13-04-2020, en “Vozpópuli”.

 

A ver si los políticos TODOS, SE DEJAN YA DE MUERTOS; puesto que ya está visto que van a morir (o vamos) los que tengan que morir o contagiarse; pero lo que hay es que VER A ALEMANIA CON DOBLE POBLACIÓN QUE ESPAÑA, Y YA ESTÁN PROGRAMANDO la salida de la cárcel de los que nos tienen en ella y en nuestras propias viviendas. ¿CUÁNDO NOS VAN A DEJAR SALIR DE ELLAS AQUÍ EN ESPAÑA, ESTOS INÚTILES, QUE NOS HACEN PADECER MUCHO MÁS DE LO QUE SERÍA LÓGICO Y QUE OTROS PAÍSES YA HAN SUPERADO. ESO ES LO QUE MÁS NOS INTERESA, ¡DÉJENSE YA DE MUERTOS, QUE REITERO VAN A MORIR LOS QUE TENGAN QUE MORIR Y NI UNO MÁS!

 

“LA RAZÓN' LE EXIGE UN CHEQUE EN BLANCO AL PP: Marhuenda acude al rescate del sátrapa Sánchez presionando a Pablo Casado a que entregue un cheque en blanco al PSOE: El cártel mediático de Atresmedia no abandona su miseria moral ni en tiempos de pandemia. Tras decapitar a Alfonso Ussía, el único columnista de ‘La Razón’ con los arrojos de subírsele a la chepa,  Paco Marhuenda ha puesto su periódico a disposición de Pedro Sánchez. «El más listo, el resistente, el que ha hecho una carrera política brillante» como le ha elogiado en varias oportunidades”. (Periodista Digital 14-04-2020)

            Tal y como se está poniendo la política en España, cada vez más, me recuerda los terribles años del antes y después del Franquismo. Por tanto bien harán (“si de verdad se sienten y son españoles, simplemente españoles”) los políticos de la oposición, del actual gobierno; que procuren forzarlo y cuanto antes, a que convoque nuevas elecciones, a ver si los nuevos que entren, nos convencen y nos dan la seguridad que gobiernan para todos los españoles y en pro de un periodo de VERDADERO PROGRESO y no de las miserias que venimos sufriendo hace ya más de cuarenta años. A nosotros, el pueblo, nos importan dos cojones, los políticos que sean; lo que queremos son verdaderos estadistas, o sea, hombres y mujeres de Estado, y que de verdad, vayan solucionando los verdaderos problemas de España, que no son de partido alguno; son de todos los españoles y eso se olvida totalmente.      

 

POLÍTICA Y JUSTICIA: "La ley es como una red que atrapa las moscas y deja pasar a los pájaros". La política se creó para "legalizar" la corrupción. (Anacarsis. siglo VII a.C.) Otro sabio sentenció lo que sigue: “La mayor pobreza es la del juez que alquila o vende su toga”.

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

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