Las Noticias de hoy 25 Abril 2020

Enviado por adminideas el Sáb, 25/04/2020 - 12:16
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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 25 de abril de 2020   

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

América Latina: Continuo aumento de víctimas por el coronavirus

SAN MARCOS EVANGELISTA*: Francisco Fernandez Carbajal

"No te duela que vean tus faltas": San Josemaria

Aprender de María Magdalena: meditación de San Rafael (25.IV.2020)​

¿Entre Dios y yo?: Liturgia y sacramentos: Felix María Arocena

¿Cómo se explica la resurrección de Jesús?

Comentario al Evangelio: Camino de Emaús

CONSEJOS PARA LEER LA SAGRADA ESCRITURA... SIN MORIR EN EL INTENTO: Alberto García-Mina Freire

Liderazgo frente al COVID-19: Nuria Chinchilla

¿Por qué se ha consagrado el sábado a Nuestra Señora?: Plinio Corrêa de Oliveira

Aprendiendo a acompañar a las familias: María Pilar Lacorte Tierz

La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad: Juan García Inza

¿Castigo, o sufre Cristo con nosotros?: Ernesto Julia

¿Cuánto mide el alma?: Blanca Sevilla

Ante la crisis económica que se viene: Jesús Martínez Madrid

Eliminar el dolor, no al enfermo:  José Morales Martín

Es un deber moral: Jaume Catalán Díaz

Comentando el día a día… “Desde la cárcel”: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Viernes, 24 de abril de 2020

https://youtu.be/JuJvB2CQEJI
 
Monición de entrada

Recemos hoy por los profesores que deben trabajar tanto para dar clases vía internet y por otros medios, y recemos también por los estudiantes que deben hacer los exámenes de un modo al que no están acostumbrados. Acompañémosles con la oración.

 Homilía

Una frase de este pasaje (Jn 6,1-15) nos hace pensar: «Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer». Es lo que tenía en mente Jesús cuando dijo: «¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?». Pero lo decía para ponerlo a prueba. Él lo sabía. Aquí se ve la actitud de Jesús con los apóstoles. Continuamente los ponía a prueba para enseñarles y, cuando la situación les superaba y no sabían qué hacer, se detenía y les enseñaba.
 
El Evangelio está lleno de estos gestos de Jesús para hacer crecer a sus discípulos en ser pastores del pueblo de Dios, en este caso obispos. Y una de las cosas que a Jesús más le gustaba era estar con la gente, pues también es un símbolo de la universalidad de la redención. Y una de las cosas que menos le gustaba a los apóstoles era la gente porque a ellos les gustaba estar cerca del Señor, escuchar al Señor, oír todo lo que Él decía. Hoy fueron allí a pasar un día de descanso –lo dicen las otras versiones de los Evangelios, porque los cuatro lo cuentan, ya que hubo dos multiplicaciones de panes–; venían de una misión y el Señor dijo: “Vayamos a descansar un poco”. Y fueron. Pero la gente supo adónde iban por mar, dieron un rodeo y les esperaron allí. Y los discípulos no estaban contentos porque la gente les había arruinado la excursión, no podían descansar con el Señor. A pesar de eso, Jesús empieza a enseñar, y ellos escuchan, luego hablan entre sí y pasaban las horas, las horas, las horas: ¡Jesús hablaba y la gente feliz! Pero ellos decían: “Nos han arruinado la fiesta y el descanso”.
 
El Señor buscaba la cercanía de la gente y procuraba formar el corazón de los pastores en la cercanía al pueblo de Dios, para servirlo. Pero ellos –se comprende– habían sido elegidos y se sentían como un círculo predilecto, una clase privilegiada, “una aristocracia”, digamos así, cerca del Señor, y por eso muchas veces el Señor hacía gestos para corregirlos. Por ejemplo, pensemos en los niños. Ellos protegían al Señor: “No, no, no, no acerquéis a los niños que molestan, incomodan… No, los niños con sus padres”. ¿Y Jesús? “Que vengan los niños”. Ellos no entendían. Luego lo comprendieron. También pienso de camino a Jericó, aquel otro que gritaba: “Jesús, hijo de David, ten piedad de mí”. Y ellos: “Cállate, que pasa el Señor, no lo molestes”. Y Jesús dice: “¿Quién es ese? Llamadlo”. Otra vez el Señor. Y así les iba enseñando la cercanía al pueblo de Dios.
 
¡Es verdad que el pueblo de Dios cansa al pastor, agota!: cuando hay un buen pastor se multiplican las cosas, porque la gente va siempre al buen pastor por un motivo o por otro. Un gran párroco de barrio sencillo y humilde, que tenía su casa junto a la parroquia, y la gente llamaba a la puerta o a la ventana a cualquier hora, una vez me dijo: “Me dan ganas de tapiar la puerta y la ventana para que me dejen descansar…”. Pero sabía que era pastor y debía estar con la gente. Así forma Jesús, enseña a los discípulos, a los apóstoles, esa actitud pastoral que es la cercanía al pueblo de Dios.
 
Y el pueblo de Dio cansa porque siempre nos pide cosas concretas, siempre te pide algo concreto, quizá se equivoca, pero te pide cosas concretas. Y el pastor debe cuidar esas cosas. La versión de los otros evangelistas cuando dicen a Jesús que han pasado las horas y la gente debería irse porque empieza a oscurecer, dice: “Despide a la gente para que vayan a comprarse de comer”, justo en el momento de oscuridad, cuando empezaba la noche… Pero, ¿qué tenían en la cabeza? Quizá tener un poco de fiesta entre ellos, ese egoísmo no malo –se entiende– de estar con el pastor, de estar con Jesús que es el gran pastor. Y Jesús responde, para ponerlos a prueba: “Dadles vosotros de comer”. Y eso es lo que Jesús dice hoy a todos los pastores: “Dadles vosotros de comer”. “¿Están angustiados? Dadles vosotros consuelo. ¿Están perdidos? Dadles vosotros una vía de salida. ¿Están equivocados? Dadles vosotros la solución a los problemas. Dadles vosotros…”. Y el pobre apóstol siente que debe dar y dar y dar, pero ¿de quién recibe? Jesús nos lo enseña: del mismo que recibía Jesús. Después de esto, despide a los apóstoles y va a rezar al Padre, a la oración. Esta doble cercanía del pastor es lo que Jesús intenta ayudar a entender a los apóstoles, para que sean grandes pastores.
 
Pero muchas veces la gente se equivoca y aquí se equivocó. «La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: “este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo”. Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo». Quizá –no lo dice el Evangelio– alguno de los apóstoles le dijera: “Pero Señor, aprovechemos esto y tomemos el poder”. Otra tentación. Y Jesús les hace ver que ese no es el camino. El poder del pastor es el servicio, no tiene otro poder, y cuando se equivoca con otro poder se arruina la vocación y acaban –no sé– como gestores de empresas pastorales, pero no como pastores. La estructura no hace la pastoral: el corazón del pastor es el que hace la pastoral. Y el corazón del pastor es el que Jesús nos enseña ahora.
 
Pidamos hoy a Dios por los pastores de la Iglesia, para que el Señor les hable siempre, porque los quiere mucho: nos hable siempre, nos diga cómo son las cosas, nos explique, y sobre todo nos enseñe, a no tener miedo del pueblo de Dios, a no tener miedo de estar cerca.

 Comunión espiritual.

Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y te deseo en mi alma. Como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si hubieras venido, te abrazo y me uno del todo a ti. No permitas que jamás me separare de ti

 

América Latina: Continuo aumento de víctimas por el coronavirus

Más de 120.000 casos confirmados

ABRIL 24, 2020 19:21CHRISTIAN VALLEJOMEDICINA Y SALUD

(zenit – 24 abril 2020).- América Latina y el Caribe suman ya un total de 121.544 casos de contagios confirmados por COVID-19 y para las Naciones Unidas, “el continente se arriesga a la peor crisis económica de la historia”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) se preocupa especialmente por América Latina, ya que han aumento 20.000 casos en las últimas 48 horas y las cifras de fallecidos ya superan las 6.000 personas, informan desde Vatican News.

Brasil es el país que cuenta con más casos de infectados, pero el periodista Alfredo Luis Somoza, presidente del Instituto de Cooperación Económica Internacional de Milán, explica: “el brote más importante se da en la ciudad de Guayaquil, en el Ecuador y también en el Perú, el número de muertes está aumentando considerablemente”.

Sistema sanitario

“Si hubiera una situación como la que está sufriendo Europa, sin duda no podrían gestionar la epidemia, porque la salud pública está devastada en todas partes y la atención sanitaria privada es sólo para aquellos que pueden permitírsela”, añade Somoza.

Según la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe, se estima que en este año se producirá una caída del 5,3% del PIB en toda la zona debido a la pandemia, aseguran desde la fuente citada.

Consecuencias

Se producirá la reducción del comercio internacional, la caída de los precios de los productos básicos y la menor demanda de servicios turísticos, así como altas tasas de desempleo. “En este momento en que los estados deciden, como sucedió en Colombia, dar apoyo a los trabajadores en crisis, no se llega a estas personas, porque estadísticamente ni siquiera existen. Y estamos hablando de porcentajes que pueden estar cerca del 50% en Bolivia o Perú”, destaca Somoza.

Asimismo, preocupante es la situación Venezuela, donde la crisis sanitaria se suma a la política y económica ya existente con anterioridad. “Se estima que en los últimos años alrededor del 50% de los médicos han emigrado. Sólo en Argentina hay 4.000 que han llegado en este período, por lo que la estructura sanitaria se redujo al mínimo por falta de recursos, pero también por falta de profesionales. A esto se añade, y esta es la gran paradoja, que Venezuela está prácticamente sin petróleo, a pesar de ser uno de los países del mundo con más petróleo, ya no tiene la capacidad de refinarlo”, concluye el presidente del Instituto de Cooperación Económica Internacional de Milán

 

 

SAN MARCOS EVANGELISTA*

Fiesta

— Colaborador de Pedro.

— Recomenzar siempre para llegar a ser buenos instrumentos del Señor.

— El mandato apostólico.

I. Desde muy joven, San Marcos fue uno de aquellos primeros cristianos de Jerusalén que vivieron en torno a la Virgen y a los Apóstoles, a los que conoció con intimidad: la madre de Marcos fue una de las primeras mujeres que ayudaron a Jesús y a los Doce con sus bienes. Marcos era, además, primo de Bernabé, una de las grandes figuras de aquella primera hora, quien le inició en la tarea de propagar el Evangelio. Acompañó a Pablo y a Bernabé en el primer viaje apostólico1; pero al llegar a Chipre, Marcos, que quizá no se sintió con fuerzas para seguir adelante, los abandonó y se volvió a Jerusalén2. Esta falta de constancia disgustó a Pablo, hasta tal punto que, al planear el segundo viaje, Bernabé quiso llevar de nuevo a Marcos, pero Pablo se opuso por haberles abandonado en el viaje anterior. La diferencia fue tal que, a causa de Marcos, la expedición se dividió, y Pablo y Bernabé se separaron y llevaron a cabo viajes distintos.

Unos diez años más tarde, Marcos se encuentra en Roma, ayudando esta vez a Pedro, quien le llama mi hijo3, señalando una íntima y antigua relación entrañable. Marcos está en calidad de intérprete del Príncipe de los Apóstoles, lo cual será una circunstancia excepcional que se reflejará en su Evangelio, escrito pocos años más tarde. Aunque San Marcos no recoge algunos de los grandes discursos del Maestro, nos ha dejado, como en compensación, la viveza en la descripción de los episodios de la vida de Jesús con sus discípulos. En sus relatos podemos acercarnos a las pequeñas ciudades de la ribera del lago de Genesaret, sentir el bullicio de sus gentes que siguen a Jesús, casi conversar con algunos de sus habitantes, contemplar los gestos admirables de Cristo, las reacciones espontáneas de los Doce...; en una palabra, asistir a la historia evangélica como si fuéramos uno más de los participantes en los episodios. Con esos relatos tan vivos el Evangelista consigue su propósito de dejar en nuestra alma el atractivo, arrollador y sereno a la vez, de Jesucristo, algo de lo que los mismos Apóstoles sentían al convivir con el Maestro. San Marcos, en efecto, nos transmite lo que San Pedro explicaba con la honda emoción que no pasa con los años, sino que se hace cada vez más profunda y consciente, más penetrante y entrañable. Se puede afirmar que el mensaje de Marcos es el espejo vivo de la predicación de San Pedro4.

San Jerónimo nos dice que «Marcos, discípulo e intérprete de Pedro, puso por escrito su Evangelio, a ruego de los hermanos que vivían en Roma, según lo que había oído predicar a este. Y el mismo Pedro, habiéndolo escuchado, lo aprobó con su autoridad para que fuese leído en la Iglesia»5. Fue sin duda la principal misión de su vida: transmitir fielmente las enseñanzas de Pedro. ¡Cuánto bien ha hecho a través de los siglos! ¡Cómo debemos agradecerle hoy el amor que puso en su trabajo y la correspondencia fiel a la inspiración del Espíritu Santo! También la fiesta que celebramos es una buena ocasión para examinar qué atención, qué amor prestamos a esa lectura diaria del Santo Evangelio, que es Palabra de Dios dirigida expresamente a cada uno de nosotros: ¡cuántas veces hemos hecho de hijo pródigo, o nos hemos servido de la oración del ciego Bartimeo –Domine, ut videam!, ¡Señor, que vea!– o de la del leproso -Domine, si vis, potes me mundare!, ¡Señor, si quieres, puedes limpiarme...!. ¡Cuántas veces hemos sentido en lo hondo del alma que Cristo nos miraba y nos invitaba a seguirle más de cerca, a romper con un hábito que nos alejaba de Él, a vivir mejor la caridad, como discípulos suyos, con esas personas que nos costaba un poco más...!

II. Marcos permaneció varios años en Roma. Además de servir a Pedro, lo vemos como colaborador de Pablo en su ministerio6. A aquel que no quiso que le acompañara en su segundo viaje apostólico, ahora le sirve de profundo consuelo7, siéndole muy fiel. Todavía más tarde, hacia el año 66, el Apóstol pide a Timoteo que venga con Marcos, pues este le es muy útil para el Evangelio8. El incidente de Chipre, de tanta resonancia en aquellos momentos primeros, está ya completamente olvidado. Es más, Pablo y Marcos son amigos y colaboradores en aquello que es verdaderamente lo importante, la extensión del Reino de Cristo. ¡Qué ejemplo para que nosotros no formemos nunca juicios definitivos sobre las personas! ¡Qué enseñanza para saber, si fuera preciso, reconstruir una amistad que parecía rota para siempre!

La Iglesia nos lo propone hoy como modelo. Y puede ser un gran consuelo y un buen motivo de esperanza para muchos de nosotros contemplar la vida de este santo Evangelista, pues, a pesar de las propias flaquezas, podemos, como él, confiar en la gracia divina y en el cuidado de nuestra Madre la Iglesia. Las derrotas, las cobardías, pequeñas o grandes, han de servirnos para ser más humildes, para unirnos más a Jesús y sacar de Él la fortaleza que nosotros no tenemos.

Nuestras imperfecciones no nos deben alejar de Dios y de nuestra misión apostólica, aunque veamos en algún momento que no hemos correspondido del todo a las gracias del Señor, o que hemos flaqueado quizá cuando los demás esperaban firmeza... En esas y en otras circunstancias, si se dieran, no debemos sorprendernos, «pues no tiene nada de admirable que la enfermedad sea enferma, la debilidad débil y la miseria mezquina. Sin embargo -aconseja San Francisco de Sales detesta con todas tus fuerzas la ofensa que has hecho a Dios y, con valor y confianza en su misericordia, prosigue el camino de la virtud que habías abandonado»9.

Las derrotas y las cobardías tienen su importancia, y por eso acudimos al Señor y le pedimos perdón y ayuda. Pero, precisamente porque Dios confía en nosotros, debemos recomenzar cuanto antes y disponernos a ser más fieles, porque contamos con una gracia nueva. Y junto al Señor aprenderemos a sacar fruto de las propias debilidades, precisamente cuando el enemigo, que nunca descansa, pretendía desalentarnos y, con el desánimo, que abandonáramos la lucha. Jesús nos quiere suyos a pesar, si la hubo, de una historia anterior de debilidades.

III. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación10, leemos hoy en la Antífona de entrada. Es el mandato apostólico recogido por San Marcos. Y más adelante, el Evangelista, movido por el Espíritu Santo, da testimonio de que este mandato de Cristo ya se estaba cumpliendo en el momento en que escribe su Evangelio: los Apóstoles, partiendo de allí, predicaron por todas partes, y el Señor cooperaba y confirmaba la palabra con los milagros que la acompañaban11. Son las palabras finales de su Evangelio.

San Marcos fue fiel al mandato apostólico que tantas veces oiría predicar a Pedro: Id al mundo entero... Él mismo, personalmente y a través de su Evangelio, fue levadura eficaz en su tiempo, como lo debemos ser nosotros. Si ante su primera derrota no hubiera reaccionado con humildad y firmeza, quizá no tendríamos hoy el tesoro de las palabras y de los hechos de Jesús, que tantas veces hemos meditado, y muchos hombres y mujeres no habrían sabido nunca -a través de él que Jesús es el Salvador de la humanidad y de cada criatura.

La misión de Marcos, como la de los Apóstoles, los evangelizadores de todos los tiempos, y la del cristiano que es consecuente con su vocación, no debió resultar fácil, como lo prueba su martirio. Debió estar lleno de alegrías, y también de incomprensiones, fatigas y peligros, siguiendo las huellas del Señor.

Gracias a Dios, y también a esta generación que vivió junto a los Apóstoles, ha llegado hasta nosotros la fuerza y el gozo de Cristo. Pero cada generación de cristianos, cada hombre, debe recibir esa predicación del Evangelio y a su vez transmitirlo. La gracia del Señor no faltará nunca: non est abbreviata manus Domini12, el poder de Dios no ha disminuido. «El cristiano sabe que Dios hace milagros: que los realizó hace siglos, que los continuó haciendo después y que los sigue haciendo ahora»13. Nosotros, cada cristiano, con la ayuda del Señor, haremos esos milagros en las almas de nuestros parientes, amigos y conocidos, si permanecemos unidos a Cristo mediante la oración.

1 Cfr. Hech 13, 5-13. — 2 Cfr. Hech 13, 13. — 3 1 Pdr 5, 13. — 4 Cfr. Sagrada Biblia, Santos Evangelios, EUNSA, Pamplona 1983, pp. 468-469. — 5 San Jerónimo, De script. eccl. — 6 Cfr. Fil 24. — 7 Col 4, 10-11. — 8 2 Tim 4, 11. — 9 San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota, 3, 9. — 10 Antífona de entrada. Mc 16, 15. — 11 Mc 16, 20. — 12 Is 59, 1. — 13 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 50.

Marcos, aunque de nombre romano, era judío de nacimiento y era conocido también con el nombre hebreo de Juan. Conoció con toda probabilidad a Jesucristo, aunque no fue de los Doce Apóstoles. Muchos autores eclesiásticos ven, en el episodio del muchacho que soltó la sábana y huyó a la hora del prendimiento de Jesús en Getsemaní, una especie de firma velada del propio Marcos a su Evangelio, ya que solo él lo relata. Este dato viene corroborado por el hecho de que Marcos era hijo de María, al parecer viuda de desahogada posición económica, en cuya casa se reunían los primeros cristianos de Jerusalén. Una antigua tradición afirma que esa era la misma casa del Cenáculo, donde el Señor celebró la Última Cena e instituyó la Sagrada Eucaristía.

Era primo de San Bernabé, y acompañó a San Pablo en su primer viaje apostólico y estuvo a su lado a la hora de su muerte. En Roma fue también discípulo de San Pedro. En su Evangelio expuso con fidelidad, inspirado por el Espíritu Santo, la enseñanza del Príncipe de los Apóstoles. Según una antigua tradición recogida por San Jerónimo, San Marcos -después del martirio de San Pedro y San Pablo, bajo el emperador Nerón se dirigió a Alejandría, cuya Iglesia le reconoce como su evangelizador y primer Obispo. De Alejandría, en el año 825, fueron trasladadas sus reliquias a Venecia, donde se le venera como Patrono.

 

"No te duela que vean tus faltas"

Cuanto más me exalten, Jesús mío, humíllame más en mi corazón, haciéndome saber lo que he sido y lo que seré, si tú me dejas. (Camino, 591)

25 de abril

No olvides que eres... el depósito de la basura. -Por eso, si acaso el Jardinero divino echa mano de ti, y te friega y te limpia... y te llena de magníficas flores..., ni el aroma ni el color, que embellecen tu fealdad, han de ponerte orgulloso.

-Humíllate: ¿no sabes que eres el cacharro de los desperdicios? (Camino, 593)

No eres humilde cuando te humillas, sino cuando te humillan y lo llevas por Cristo. (Camino, 594)

No te duela que vean tus faltas; la ofensa de Dios y la desedificación que puedas ocasionar, eso te ha de doler.

-Por lo demás, que sepan cómo eres y te desprecien. -No te cause pena ser nada, porque así Jesús tiene que ponerlo todo en ti. (Camino, 596)

 

Aprender de María Magdalena: meditación de San Rafael (25.IV.2020)​

Durante estas semanas publicaremos, en formato audio, algunas meditaciones predicadas por sacerdotes, que ayuden a fortalecer la vida de oración.

ÚLTIMAS NOTICIAS24/04/2020

Meditaciones anteriores: “La Divina Misericordia” (18.IV.2020) - “La hora de los valientes” (4.IV.2020) - “La pregunta acertada” (28.III.2020) - “Que vea con tus ojos, Cristo mío” (21.III.2020) - “La llave de tu corazón” (14.III.2020) - Explicación sobre qué es una meditación de San Rafael


Escucha la meditación “Aprender de María Magdalena” (25.IV.2020)

 

¿Por qué regaló Jesús a María Magdalena verle resucitado antes que a los apóstoles? Tiempo atrás había expulsado de ella siete demonios. La Magdalena había estado aherrojada por el pecado y sin embargo…

¿Qué experimentó María Magdalena? ¿Cómo podemos imitarla? El Papa Francisco resaltó la figura de esta mujer e instituyó su fiesta, como apóstol de apóstoles. Ella fue la primera que dio testimonio de Cristo resucitado, a quien siguió con toda su vida apasionadamente porque se supo perdonada y amada por Él.


?Escucha la meditación “La Divina Misericordia” (18.IV.2020)

Cristo vive y vive en nosotros. Por eso el tiempo de Pascua es un tiempo de alegría: es el más cristiano porque es gozar de la gloria de Dios. Pero podría suceder que, en estas semanas más difíciles, se nos escapara.

Lo propio de la Pascua se capta en varias escenas del Evangelio de estos días. Es la alegría por haber encontrado de nuevo a Jesucristo, ahora resucitado y glorioso. Un reencuentro con el Él transforma la vida de los apóstoles, de las santas mujeres o de los discípulos de Emaús.

Como a ellos, Jesucristo puede tocar nuestros miedos y fracasos para darnos fortaleza, esperanza y paz. Eso es vivir de Cristo. Ha resucitado y eso significa que la muerte -nuestros defectos, miserias y pecados- no tienen la última palabra, porque Él nunca nos abandona.

En el evangelio del Domingo de la Misericordia (Jn, 20, 19-31), podemos extraer tres enseñanzas. En primer lugar Jesús saluda con la paz a los discípulos, que están encerrados por miedo. Él tiene la paz que necesitamos, una paz diferente a la que propone el mundo. Es una paz -don de Dios-, que no se pierde aunque haya problemas. En segundo lugar, Jesús muestra las heridas de la crucifixión para que reconozcan el amor de Dios Padre, para que entiendan que la Cruz era la respuesta de Dios al mal. Esta imagen se representa en la imagen del la Divina Misericordia, en la que Jesús muestra sus manos atravesadas por los clavos y los rayos de sus dones que salen de su Corazón. La última idea es el momento en el que instituye el sacramento de la Confesión, sacramento de la misericordia de Dios. Fomentemos los deseos de recibir este sacramento, con actos de contrición como ha aconsejado el Papa Francisco.


?Escucha la meditación “La hora de los valientes (4.IV.2020)

Es tiempo de evitar las quejas y de preocuparnos y de rezar por tantas personas que lo necesitan. Mañana, con el Domingo de Ramos, comienza la Semana Santa en la que podemos contemplar -con la ayuda del Evangelio y de nuestra imaginación- cómo se entregó Jesucristo por nosotros.

De la misma manera que ahora caemos en la cuenta de que no es lo mismo un médico más que uno menos -por las acuciantes necesidades de tantos enfermos-, podemos entender que cualquiera de nosotros es imprescindible: todos tenemos un papel protagonista, una misión. Podemos ser mediadores ante Dios rezando y trabajando por los demás, con la valentía de Marcia que, con su ejemplo y amistad, llevó a su amiga Junia al encuentro con Jesucristo.


?Escucha la meditación “La pregunta acertada (28.III.2020)

“Había un enfermo que se llamaba Lázaro, de Betania, la aldea de María y de su hermana Marta”. Así comienza el evangelio de mañana, 5º domingo de Cuaresma, en el que Jesús nos enseña a confiar en Él a pesar de que a veces parezca que no atiende a nuestras peticiones, también ante todo lo que nos sucede durante la pandemia del coronavirus.

Jesucristo quiere mostrarnos cuál es la actitud; no preguntarnos tanto por el porqué sino por el para qué. Y que, de esta manera, confiemos en Él y nos esforcemos por acogerle, con detalles de servicio y cariño en nuestras casas, con la oración y los pequeños sacrificios.


?Escucha la meditación “Que vea con tus ojos, Cristo mío” (21.III.2020)

El ciego de nacimiento protagoniza el evangelio del domingo 4º de Cuaresma. Una escena en la que Cristo, no solo le hace recobrar la vista sino que también le conduce a aceptarle como el Salvador.

La luz de de Jesús puede iluminar nuestro corazón. Nos llevará a mirar los problemas y dificultades con sus ojos, a percibir esta situación de cuarentena como una ocasión para ganar en santidad, como una oportunidad para aceptar y comprender a los demás, incluso con buen humor.

Oración introductoria y final del rato de oración (Imagen de Saintips)


?Escucha la meditación “La llave de tu corazón (14.III.2020)

Crecer para adentro. Estas semanas son una oportunidad para tratar a Jesucristo con mayor intimidad, para contemplarlo en las páginas del Evangelio.

Como en este tiempo se reducirán las actividades formativas en los Centros de la Obra, ofrecemos esta meditación en la que el sacerdote utiliza las circunstancias en las que nos encontramos --lejanamente similares al periodo de aislamiento de san Josemaría con un grupo de personas de la Obra, en 1937, durante la guerra civil española-, y el evangelio del domingo para proponer unos puntos para conversar con el Señor.


¿Qué es una meditación de San Rafael?

Es un medio o instrumento que desarrolla el Opus Dei para la formación de la gente joven.

En cada centro de San Rafael se organiza al menos una meditación semanal predicada por el sacerdote: un rato de oración a partir de un texto del Evangelio, de la liturgia del día, etc. La oración es una exigencia de la vida cristiana: “El contacto vivo con Cristo es la ayuda decisiva para continuar en el camino recto [...]. Quien reza no desperdicia su tiempo, aunque todo haga pensar en una situación de emergencia y parezca impulsar sólo a la acción”. Por eso, la pedagogía del arte de la oración será siempre una prioridad educativa en la obra de San Rafael.

Si es posible, la meditación se suele tener los sábados, día tradicionalmente dedicado a la Virgen, como manifestación de amor a la Madre de Dios. De ordinario, la meditación va seguida de la exposición y bendición con el Santísimo Sacramento y del canto de la Salve o de otra antífona mariana, según el tiempo litúrgico. Es una expresión más del lugar central que ocupa la Eucaristía en la Iglesia.

 

¿Entre Dios y yo?: Liturgia y sacramentos

La centralidad de Jesucristo en nuestra vida adquiere su sentido más pleno y real en la celebración litúrgica, cuando Dios se deja "rozar" por nosotros y nos trae el hoy de su salvación.

LA LUZ DE LA FE16/11/2019

Los cristianos creemos y anunciamos a Jesucristo, el Hijo de Dios que ha muerto y resucitado por todos y por cada uno de nosotros, insertándose en los aconteceres del linaje humano para hacer de ellos una historia de salvación. No podemos llegar a Dios Padre si no somos hechos hermanos de Cristo por el agua y el Espíritu, si no seguimos –de corazón– sus gestos y palabras.

Sintiendo hondamente esta realidad, Pablo VI, en el viaje más largo de su pontificado, pronunciaba ante una multitud reunida en Manila palabras que conmueven porque son un elogio encendido a Cristo que brotaba de su corazón: «Yo nunca me cansaría de hablar de Él; Él es el pan y la fuente de agua viva, que satisface nuestra hambre y nuestra sed; Él es nuestro pastor, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Por nosotros habló, obró milagros, instituyó el nuevo reino en el que los pobres son bienaventurados, en el que la paz es el principio de la convivencia, en el que los limpios de corazón y los que lloran son ensalzados y consolados, en el que los que tienen hambre de justicia son saciados, en el que los pecadores pueden alcanzar el perdón, en el que todos son hermanos. ¡Jesucristo! Recordadlo: Él es el objeto perenne de nuestra predicación; nuestro anhelo es que su Nombre resuene hasta los confines de la tierra y por los siglos de los siglos».[1]

Que el núcleo del cristianismo sea la persona viva de Jesús, el Crucificado-Resucitado, nos invita a poner la lógica de nuestra identidad y de nuestra vida en conexión con Cristo que muere y resucita, y percibir que toda nuestra existencia lleva, día a día, una impronta pascual. Para entender esta profunda afirmación se requiere prestar una especial atención a la persona de Cristo en su íntima relación con el misterio litúrgico.

“Rozar” a Cristo en la liturgia

San Josemaría recordaba, en cierta ocasión, que «un obispo muy santo, en una de sus incesantes visitas a las catequesis de su diócesis, preguntaba a los niños por qué, para querer a Jesucristo, hay que recibirlo a menudo en la Comunión. Nadie acertaba a responder. Al fin, un gitanillo tiznado y lleno de mugre, contestó: “¡porque para quererlo, hay que rozarlo!”»[2]. Ese niño puso de relieve, sin proponérselo, una cuestión central: el roce de Cristo, o sea, dónde, cuándo y cómo el cristiano puede tener su personal experiencia del Resucitado. Porque para vivir como hijos en el Hijo, además de saber conceptualmente quién es Jesús, se precisa “rozarlo” es decir, que exista la posibilidad de tratarle de un modo real. Pero, ¿es esto viable? ¿con cuánto realismo?

LA LITURGIA ES EL LUGAR PRIVILEGIADO PARA VIVIR "LA EXPERIENCIA DE CRISTO", PARA CONOCERLE Y TRATARLE

“Experiencia” significa, aquí, conocer y sentir a Cristo vivo. Pues bien, en la Iglesia, tratar de esta experiencia equivale a hablar principalmente de la santa liturgia, como lugar privilegiado donde vivir esa pasión de lo divino, algo que para los cristianos no es opcional ni irrelevante, pues ser contemplativos en medio del mundo requiere crecer al calor de la Palabra de Dios y de la liturgia.

Experimentar el “hoy” de la salvación

Entonces, ¿es posible “rozar” hoy a Cristo tras su ascensión al cielo? Para dar respuesta a esta cuestión, ayuda contemplar un pasaje del libro del Éxodo donde se describe el deseo de Moisés por tener una experiencia más íntima de Dios: «Moisés exclamó: muéstrame tu gloria. Y el Señor respondió: Yo haré pasar todo mi esplendor ante ti (…), pero no podrás ver mi rostro, pues ningún ser humano puede verlo y seguir viviendo». Siendo Dios infinito, resulta imposible para el hombre abarcar su excelsitud; no obstante, el Señor añade: «cuando pase mi gloria, te colocaré en la hendidura de la roca y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Luego retiraré mi mano y tú podrás ver mi espalda» (Ex 33,1-3). Participar en las acciones sagradas de la Iglesia podría compararse con esa hendidura desde la cual contemplar las sagradas especies, que –sin ser la espalda de Dios– son el sacramento de su verdadero Cuerpo y de su verdadera Sangre.

Otro texto que recoge una experiencia significativa es el pasaje de la hemorroisa. Aquella mujer toca con fe la orla del manto de Cristo y la fuerza del Señor la cura de su prolongada enfermedad. Llama la atención que la lámina que el Catecismo de la Iglesia Católica escoge para iniciar la exposición sobre la liturgia y los sacramentos sea la más antigua representación del pasaje de la hemorroísa en las catacumbas de san Marcelino y san Pedro. ¿Por qué motivo se elige esta imagen? La razón estriba en que los sacramentos de la Iglesia continúan ahora la obra de salvación que Cristo realizó durante su vida terrena. Los sacramentos son como fuerzas que salen del Cuerpo de Cristo para darnos la vida nueva de Cristo[3]. Lo enseñaba san Ambrosio con términos muy vivos y realistas: «oh Cristo, a quien encuentro vivo en tus sacramentos»[4]. Los términos claves de esta frase son “vivo” y “sacramentos”. Lo primero se refiere a la comparecencia del Resucitado, a su presencia real; lo segundo alude a las celebraciones litúrgicas. Y Ambrosio enlaza ambas realidades con el verbo encontrar. En las celebraciones se da el encuentro entre Cristo y la Iglesia. Por eso, es posible experimentar, aquí y ahora, el mismo poder divino del Hijo de Dios, que, trascendiendo la distancia geográfica y temporal, salva al hombre por entero, cuando la Iglesia celebra la liturgia de cada uno de los sacramentos.

EN LA LITURGIA SE PRODUCE EL ENCUENTRO ENTRE CRISTO Y LA IGLESIA, SU ESPOSA

Y en los sacramentos lo que vemos materialmente es agua, pan, vino, aceite, la luz, la cruz...; observamos unos gestos y escuchamos unas palabras. Son gestos y palabras que Jesús, al tomar nuestra naturaleza ­-al encarnarse-­, los asumió para hacerse presente a través de ellos con el fin de seguir curando, perdonando o enseñando[5]. Es una lógica que cuesta entender, como le costaba a Felipe y por eso el Señor tiene que ayudarle a comprenderlo con una cariñosa reprensión: «Felipe, quien me ve a mí, ve al Padre» (Jn 14,9). Y esto no es algo que Cristo decida, sino algo que Cristo es. Que Él sea el gran Sacramento no proviene de su voluntad, sino de su ser, de su ontología. Derivadamente, la Iglesia es sacramento de Cristo y los sacramentos son sacramentos de la Iglesia. Se ha dicho pedagógicamente –con las limitaciones de un ejemplo– que, cuando se trata de alcanzar un objeto, la cabeza (Cristo) envía una orden al brazo (la Iglesia) para que los dedos (los sacramentos) lo tomen. Son los sacramentos, el organismo sacramental de la Iglesia.

Un contacto sacramental

La segunda pregunta planteaba qué tipo de contacto es el que se establece entre Cristo y nosotros. En la fe de la Iglesia, este contacto se llama mistérico o sacramental, lo cual quiere decir que acontece mediante un régimen de signos y símbolos.

La comunicación del misterio de Cristo a nosotros se realiza a través de mediaciones simbólicas, que son los ritos del culto cristiano: la celebración del bautismo, de la Eucaristía, del matrimonio... Todo tiene un significado en el universo simbólico de la liturgia, toda ella manifiesta la fe. Los sacramentos se llaman sacramentos de la fe.

La liturgia es una membrana sutil que pone en relación el misterio de Dios y el misterio del hombre. Esta membrana es una membrana de símbolos. El espacio de una catedral, ermita u oratorio; el tiempo de la aurora o del ocaso, de Navidad o de Cuaresma; los textos de la Biblia y las oraciones del Misal; los gestos de adorar de rodillas o de recibir la ceniza; la comunidad reunida en torno al altar; los cantos y aclamaciones, luces y colores, aromas y sabores..., todos estos –y aún otros más– son los símbolos cristianos en cuya celebración reverbera la insondable trascendencia de Dios, el poder de su amor salvífico. Estos símbolos son como fisuras a través de las cuales el Eterno ilumina nuestra cotidianidad hasta hacernos hombres y mujeres dignos de «servirle en su presencia»[6]. Por medio de ellos, Dios permite que pregustemos la liturgia de la Jerusalén del cielo. Participar definitivamente en ella será un día la consumación definitiva de nuestra vocación bautismal.

La connaturalidad con los símbolos de la liturgia es patrimonio de los cristianos. Al igual que una madre no mima a su hijo mediante el uso exclusivo de palabras, sino por medio de una rica gama de códigos maternos de comunicación, así también la celebración litúrgica invita al cristiano a participar en la acción sagrada con todas las posibilidades de su sensibilidad, con el alma y con el cuerpo, con todos sus sentidos: aclama la Palabra de Dios, venera al santísimo Sacramento, canta los himnos con los cuales los Ángeles alaban a Dios, ofrece incienso, gusta del pan y del vino consagrados, guarda silencio... De este modo, los signos del misterio de Cristo nos llevan como de la mano al misterio de Cristo y entonces todo el peso de verdad, que tiene ese misterio, lo percibimos en la envolvente de los ritos que lo celebran.

Y, además de la connaturalidad, el aprecio. Estimamos los humildes velos tras los cuales el Resucitado manifiesta y oculta su presencia. En este sentido, era san Agustín quien confesaba: «pero yo no era humilde, no tenía a Jesús humilde por mi Dios, ni sabía de qué cosa pudiera ser maestra su flaqueza»[7].

El realismo sacramental

Al comienzo nos preguntábamos también: ¿con cuánto realismo? Hemos de mencionar también el realismo sacramental, si queremos responder a la pregunta de hasta qué punto ese roce, ese contacto con Cristo es verdadero. Realismo sacramental quiere decir que, al participar en la liturgia, recibimos la mismísima realidad divina a través de los signos de la Iglesia. Los signos y símbolos litúrgicos están colmados de esa realidad, máxime en la Eucaristía. Decir que el contacto entre Cristo y la Iglesia es sacramental en nada merma la neta realidad de ese contacto.

EL CONTACTO ES SACRAMENTAL; ESTO ES, SE PRODUCE MEDIANTE SIGNOS Y SÍMBOLOS

El sustantivo contacto es un término que encontramos en las antiguas fuentes litúrgicas: «oh Dios, que en la participación de tu sacramento llegas hasta nosotros (contingis)», es decir, entras en contacto con nosotros, te acercas hasta alcanzarnos[8]. Dios contacta con nosotros y nosotros contactamos con Dios por medio de la participación en el misterio celebrado. Contactos físicos con el Señor los tuvieron santo Tomás, la hemorroisa o los leprosos; en nosotros, esos contactos son ahora sacramentales. No se trata de imaginar el pasado como algo que ahora está presente solo para la fe de los creyentes. La liturgia no dice: esto simbolizaimagina..., sino que afirma: esto es. No es un mero enunciado ¡es una noticia! Es un acontecer real.

Los Padres de la Iglesia subrayaron este realismo del misterio sacramental y lo han mostrado por medio de expresiones, como en el caso del Papa san León Magno, quien, comentando los efectos del bautismo sobre quien lo recibe, afirma: «el cuerpo del bautizado es carne del Crucificado»[9]. Fruto del punzante realismo sacramental, que late en esta expresión, es la apertura inmediata de un gran horizonte en la comprensión de quién es un cristiano: una identidad que abraza dimensiones que van desde el valor sagrado de su cuerpo, hasta la esperanza de gloria con la que será revestido; desde su condición de concorpóreo con Cristo, hasta la santidad de las relaciones esponsales (cfr. Ef 3,6). Son valores insospechados que, al brotar de la fuente inagotable que ofrece la Iglesia en sus sacramentos, enaltecen hasta el extremo la condición humana del bautizado.

De otra parte, en la tensión por narrar el misterio, los lenguajes no se excluyen, sino que se complementan mutuamente, y por eso la liturgia sabe intuir cuándo es el momento de la palabra, cuándo el del canto o del silencio, cuándo es el momento del gesto o cuándo la adoración; pero siempre es momento del arte, pues, al ser Dios la eterna Belleza, su acontecer sacramental –la liturgia– se constituye en arte de las artes. En ella, la verdad y el bien se muestran envueltos en la hermosura y, por eso, el decoro y el buen gusto comparecen siempre por ser elementos estructurantes de la acción sagrada. La experiencia de Dios discurre a través de esa via pulchritudinis, que es la celebración, cada una de las cuales es un acontecimiento de alta envergadura estética.

Para que la remisión que hacen los ritos al plus de significado sea notoria, se precisan celebraciones que irradien verdad y sencillez, autenticidad y dignidad. La celebración se realiza en la solemnidad de lo sencillo. Todo cuanto en ellas interviene no puede ser prosaico, ni suntuoso, sino límpido, noble y de buen gusto. Son las cualidades del decoro con el que la Esposa dedica su humilde homenaje al Esposo, su aprecio a lo que celebra: el amor salvífico desbordante de la santa Trinidad.

Felix María Arocena


[1] San Pablo VI, Homilía durante un viaje pastoral a Manila, 29-XI-1970.

[2] San Josemaría, Notas de una meditación12-IV-1937, en“Crecer para adentro”, p. 50 (AGP, Biblioteca, P12). Este prelado era don Manuel González, que había ocupado la sede de Málaga, y fue canonizado en el año 2016.

[3] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1066.

[4] San Ambrosio, Apologia prophetæ David 1, 2.

[5] San Josemaría recordaba la enseñanza de los Padres cuando decían que los sacramento son “huellas de la encarnación del Verbo” (cfr. San Josemaría Escrivá. Amar al mundo apasionadamente).

[6] Misal Romano, Plegaria eucarística II.

[7] San Agustín, Confesiones 7, 18.

[8] Cfr. Sacramentario Veronense 1256. El verbo latino contingo es un compuesto de tango (cum-tango), que significa tocar; contingere remite a “con-tactar”.

[9] San León Magno, Sermo 70, 4: “corpus regenerati fit caro Crucifixi”.

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¿Cómo se explica la resurrección de Jesús?

Una de las 50 preguntas frecuentes sobre Jesucristo y la Iglesia, respondidas por un equipo de profesores de Historia y Teología de la Universidad de Navarra.

PREGUNTAS24/04/2016

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La resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas. Los Apóstoles dieron testimonio de lo que habían visto y oído. Hacia el año 57 San Pablo escribe a los Corintios: «Porque os transmití en primer lugar lo mismo que yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas, y después a los doce» (1 Co 15,3-5).

Cuando, actualmente, uno se acerca a esos hechos para buscar lo más objetivamente posible la verdad de lo que sucedió, puede surgir una pregunta: ¿de dónde procede la afirmación de que Jesús ha resucitado? ¿Es una manipulación de la realidad que ha tenido un eco extraordinario en la historia humana, o es un hecho real que sigue resultando tan sorprendente e inesperable ahora como resultaba entonces para sus aturdidos discípulos?

A esas cuestiones sólo es posible buscar una solución razonable investigando cuáles podían ser las creencias de aquellos hombres sobre la vida después de la muerte, para valorar si la idea de una resurrección como la que narraban es una ocurrencia lógica en sus esquemas mentales.

De entrada, en el mundo griego hay referencias a una vida tras la muerte, pero con unas características singulares. El Hades, motivo recurrente ya desde los poemas homéricos, es el domicilio de la muerte, un mundo de sombras que es como un vago recuerdo de la morada de los vivientes. Pero Homero jamás imaginó que en la realidad fuese posible un regreso desde el Hades. Platón, desde una perspectiva diversa había especulado acerca de la reencarnación, pero no pensó como algo real en una revitalización del propio cuerpo, una vez muerto. Es decir, aunque se hablaba a veces de vida tras la muerte, nunca venía a la mente la idea de resurrección, es decir, de un regreso a la vida corporal en el mundo presente por parte de individuo alguno.

En el judaísmo la situación es en parte distinta y en parte común. El sheol del que habla el Antiguo Testamento y otros textos judíos antiguos no es muy distinto del Hades homérico. Allí la gente está como dormida. Pero, a diferencia de la concepción griega, hay puertas abiertas a la esperanza. El Señor es el único Dios, tanto de los vivos como de los muertos, con poder tanto en el mundo de arriba como en el sheol. Es posible un triunfo sobre la muerte. En la tradición judía, aunque se manifiestan unas creencias en cierta resurrección, al menos por parte de algunos. También se espera la llegada del Mesías, pero ambos acontecimientos no aparecen ligados. Para cualquier judío contemporáneo de Jesús se trata, al menos de entrada, de dos cuestiones teológicas que se mueven en ámbitos muy diversos. Se confía en que el Mesías derrotará a los enemigos del Señor, restablecerá en todo su esplendor y pureza el culto del templo, establecerá el dominio del Señor sobre el mundo, pero nunca se piensa que resucitará después de su muerte: es algo que no pasaba de ordinario por la imaginación de un judío piadoso e instruido.

Robar su cuerpo e inventar el bulo de que había resucitado con ese cuerpo, como argumento para mostrar que era el Mesías, resulta impensable. En el día de Pentecostés, según refieren los Hechos de los Apóstoles, Pedro afirma que «Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte», y en consecuencia concluye: «Sepa con seguridad toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús, a quien vosotros crucificasteis» (Hch 2,36).

La explicación de tales afirmaciones es que los Apóstoles habían contemplado algo que jamás habrían imaginado y que, a pesar de su perplejidad y de las burlas que con razón suponían que iba a suscitar, se veían en el deber de testimoniar.

Bibliografía

N. Tom Wright, «Jesus’ Resurrection and Christian Origins»: Gregorianum 83,4 (2002) 615-635;

Francisco Varo, Rabí Jesús de Nazaret (B.A.C., Madrid, 2005) 202-204.

 

 

Comentario al Evangelio: Camino de Emaús

Evangelio del 3º domingo de Pascua (Ciclo A) y comentario al evangelio.

VIDA CRISTIANA

Evangelio (Lc 24,13-35)

Ese mismo día, dos de ellos se dirigían a una aldea llamada Emaús, que distaba de Jerusalén sesenta estadios. Iban conversando entre sí de todo lo que había acontecido. Y mientras comentaban y discutían, el propio Jesús se acercó y comenzó a caminar con ellos, aunque sus ojos eran incapaces de reconocerle. Y les dijo:

—¿De qué veníais hablando entre vosotros por el camino?

Y se detuvieron entristecidos. Uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:

—¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado allí estos días?

Él les dijo:

—¿Qué ha pasado?

Y le contestaron:

—Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y ante todo el pueblo: cómo los príncipes de los sacerdotes y nuestros magistrados lo entregaron para que lo condenaran a muerte y lo crucificaron. Sin embargo nosotros esperábamos que él sería quien redimiera a Israel. Pero con todo, es ya el tercer día desde que han pasado estas cosas. Bien es verdad que algunas mujeres de las que están con nosotros nos han sobresaltado, porque fueron al sepulcro de madrugada y, como no encontraron su cuerpo, vinieron diciendo que habían tenido una visión de ángeles, que les dijeron que está vivo. Después fueron algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como dijeron las mujeres, pero a él no le vieron.

Entonces Jesús les dijo:

—¡Necios y tardos de corazón para creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era preciso que el Cristo padeciera estas cosas y así entrara en su gloria?

Y comenzando por Moisés y por todos los Profetas les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él. Llegaron cerca de la aldea adonde iban, y él hizo ademán de continuar adelante. Pero le retuvieron diciéndole:

—Quédate con nosotros, porque se hace tarde y está ya anocheciendo.

Y entró para quedarse con ellos. Y cuando estaban juntos a la mesa tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su presencia. Y se dijeron uno a otro:

—¿No es verdad que ardía nuestro corazón dentro de nosotros, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?

Y al instante se levantaron y regresaron a Jerusalén, y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían:

—El Señor ha resucitado realmente y se ha aparecido a Simón.

Y ellos contaban lo que había pasado en el camino, y cómo le habían reconocido en la fracción del pan.


Cuenta san Lucas, que el domingo de resurrección dos discípulos de Jesús se marcharon de Jerusalén hacia Emaús. Iban cargados de incertidumbre, pues ya habían oído el anuncio angélico de que Jesús vivía, (v. 22s) pero todavía dudaban de la resurrección. Iban discutiendo entre sí (v. 15). Y estaban tan centrados en la propia tristeza, que eran incapaces de reconocer a Jesucristo en aquel personaje que caminaba junto a ellos; les parecía un mero forastero (v. 18). Sin embargo, el Resucitado les explica las Escrituras lleno de compasión y parte para ellos el pan. Así enciende sus corazones y abre sus ojos para que puedan reconocerlo. Entonces regresan con Pedro y los demás, llenos de alegría y seguridad.

Dice el relato que Emaús distaba de Jerusalén unos 60 estadios (12 km). Los expertos debaten la localización exacta de dicha aldea, pero la tradición suele identificar el lugar con Emaús Nicópolis[1], que dista de Jerusalén unos 25 km, es decir, 160 estadios, como recogen muchos manuscritos del evangelio de Lucas. En cualquier caso, aquel día los discípulos debieron caminar bastantes horas. Y alejarse de Jerusalén es como si dejar atrás su fe en Jesús. Pero el Resucitado sale a caminar con ellos para transformarlos.

Con gran pedagogía, Jesús les hace contar sus penas para disiparlas. La escena enamoraba a san Josemaría, que sabía traerla al día a día en su meditación personal: “con naturalidad, se les aparece Jesús, y anda con ellos, con una conversación que disminuye la fatiga. Me imagino la escena, ya bien entrada la tarde. Sopla una brisa suave. Alrededor, campos sembrados de trigo ya crecido, y los olivos viejos, con las ramas plateadas por la luz tibia. Jesús, en el camino. ¡Señor, qué grande eres siempre! Pero me conmueves cuando te allanas a seguirnos, a buscarnos, en nuestro ajetreo diario. Señor, concédenos la ingenuidad de espíritu, la mirada limpia, la cabeza clara, que permiten entenderte cuando vienes sin ningún signo exterior de tu gloria”[2].

Jesús siempre sale al encuentro de los suyos en su andar abatido y sin perspectiva. Y el evangelio nos enseña a reconocerlo: Jesús no es un forastero en nuestro caminar, sino el crucificado que ha resucitado; y nos conoce, nos ama y nos busca. “El camino de Emaús se convierte así en símbolo de nuestro camino de fe —comentaba el Papa Francisco en una ocasión—: las Escrituras y la Eucaristía son los elementos indispensables para el encuentro con el Señor. (…) Recordadlo bien: leer cada día un pasaje del Evangelio, y los domingos ir a recibir la comunión, recibir a Jesús. Así sucedió con los discípulos de Emaús: acogieron la Palabra; compartieron la fracción del pan, y, de tristes y derrotados como se sentían, pasaron a estar alegres. Siempre, queridos hermanos y hermanas, la Palabra de Dios y la Eucaristía nos llenan de alegría”[3].

Sentimos cercano a Jesús cuando leemos la Escritura y frecuentamos la Eucaristía. Porque, como decía Benedicto XVI citando a san Jerónimo, “ignorar la Escritura es ignorar a Cristo. Por eso es importante que todo cristiano viva en contacto y diálogo personal con la Palabra de Dios, que se nos entrega en la Sagrada Escritura (…) Y el lugar privilegiado de la lectura y la escucha de la Palabra de Dios es la liturgia, en la que, celebrando la Palabra y haciendo presente en el sacramento el Cuerpo de Cristo, actualizamos la Palabra en nuestra vida y la hacemos presente entre nosotros”[4].


[1] “Emaús, de donde era originario Cleofás, mencionado en el Evangelio de Lucas, es Nicópolis, una ciudad célebre de Palestina” (Eusebio de Cesarea, Onomasticon 90, 15-17).

[2] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 313.

[3] Papa Francisco, Regina coeli, 4 de mayo de 2014.

[4] Benedicto XVI, Audiencia general, 7 de noviembre de 2007.

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CONSEJOS PARA LEER LA SAGRADA ESCRITURA... SIN MORIR EN EL INTENTO

En enero propuse crecer en amistad con Cristo con la lectura diaria meditada de la Sagrada Escritura, en especial de los Evangelios, “corazón de todas las Escrituras” (Catecismo de la Iglesia n. 125). Señalé que esa vía es un medio imprescindible para conocer, amar e imitar a Jesús, participar en su misión; “san Jerónimo escribió con verdad: «La ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo»” (Francisco, carta apostólica Aperuit illis n. 1). En la exposición cité ideas que el Papa recoge en su carta Aperuit illis (30.09.2019), escrita para instituir el Domingo de la Palabra de Dios, que celebramos por vez primera el pasado 26 de enero, 3o domingo del Tiempo Ordinario. Para no alargar esa exposición no hablé de algunos consejos para leer con fruto la Biblia. Lo hago ahora. Antes recuerdo una lección póstuma de Jesús... en el día de su Resurrección.

La lección de Jesús a los discípulos de Emaús

San Lucas recoge el relato de la aparición de Jesús resucitado a Cleofás y su compañero en la tarde del domingo de Resurrección (ref. Lucas 24, 13-35). Volvían a su aldea, Emaús. Eran cercanos al círculo de los apóstoles. En esa mañana, antes de abandonar Jerusalén, habían sido testigos de las noticias dadas a los que estaban reunidos en el Cenáculo por parte de algunas mujeres sobre el sepulcro vacío y el anuncio de ángeles de que Jesús estaba vivo, y de las idas y venidas de Pedro y Juan a la tumba del Señor (ref ídem 24, 22-24). Posiblemente fueran del grupo de los 72 discípulos que Jesús envió a predicar. Habían acompañado al Señor en su vida pública y escuchado sus enseñanzas. Regresaban a su casa derrotados, sin esperanza. Jesús sale a su encuentro en el camino. No le reconocen (esta paradoja ocurrió con la Magdalena y en otras apariciones; El Resucitado se muestra cuando desea). Les pregunta de qué hablaban entre ellos. Oye con atención su decepción: “nosotros esperábamos que él (Jesús el nazareno) iba a liberar a Israel, pero...” (ídem 24, 21), empatiza con su tristeza, y “les habla en primer lugar a través de las Escrituras” (Francisco Audiencia 24.05.2017).

Jesús les reprocha su lentitud para entender, les recuerda que todo lo que había sucedido esos días fue anunciado en los Libros Sagrados: “comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras” (ídem 24, 27). El evangelista no refiere esa explicación del Maestro, seguro que fue magnifica y exhaustiva, sin darse cuenta llegaron al final del camino. A lo mejor, al escucharle, vino a la memoria de Cleofás esas palabras pronunciadas por el Señor en la sinagoga de Nazaret: “Hoy se ha cumplido esta Escritura (había leído el pasaje de Isaías (61, 1-2) acerca del Mesías) que acabáis de oír” (Lucas 4, 21). Los dos de Emaús invitan al misterioso personaje a quedarse con ellos, ya que anochecía. Y en la cena, Jesús se les manifiesta al bendecir el pan, partirlo y dárselo. Al desaparecer de su presencia, “se dijeron el uno al otro: <¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?>” (ídem 24, 32). Inmediatamente, a pesar del cansancio y de la hora, vuelven a Jerusalén para contar “lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan” (ídem 24, 35).

La lección de Jesús a los de Emaús permanece como don y tarea para los discípulos de todas las épocas: “El contacto frecuente con la Sagrada Escritura y la celebración de la Eucaristía hace posible el reconocimiento entre las personas que se pertenecen (...) nos urge la necesidad de tener familiaridad e intimidad con la Sagrada Escritura y con el Resucitado, que no cesa de partir la Palabra y el Pan en la comunidad de los creyentes. Para esto necesitamos entablar un constante trato de familiaridad con la Sagrada Escritura, si no el corazón queda frío y los ojos permanecen cerrados, afectados como estamos por innumerables formas de ceguera”, nos enseña el Papa (Francisco, carta apostólica Aperuit illis n. 8). Para avanzar en este conocimiento de la Biblia siempre contaremos con la ayuda del Maestro; como a los discípulos reunidos en el Cenáculo al caer el día de Resurrección, Jesús nos abre “el entendimiento para comprender las Escrituras” (Lucas 24, 45) y nos hace “testigos” (ídem 24, 48) de este mensaje de salvación para todos los hombres. Es lo que revivimos en la Liturgia del tiempo de Pascua.

Algunos consejos para leer la Biblia... sin morir en el intento

Era costumbre que en el hogar de una familia cristiana existiera, como seña de identidad, una Sagrada Biblia, el Crucifijo, alguna imagen de la Virgen o de un Sagrado Corazón. Solían ocupar algún lugar destacado. En el

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caso de la Biblia, muchas veces era un ejemplar con un formato de edición cuidado. Al mismo tiempo, qué pocos la habían leído. Actualmente, el acceso a la Escritura es muy variado y asequible, desde ediciones de bolsillo, manejables, a reproducciones en versión digital para Kindle y teléfonos móvil. Aun así, muchos de los que comienzan a leerla acaban abandonado la tarea. A continuación, expondré algunos consejos para emprender este proyecto... sin morir en el intento.

Esta obra de miles de páginas está agrupada en 73 libros, 46 (45 si se cuentan Jeremías y Lamentaciones como uno solo) corresponden al Antiguo Testamento, y 27 al Nuevo. Ante este número de textos, podemos pensar que no es una única obra sino una colección; una biblioteca de escritos independientes entre sí, que puedo entenderlos por separado, uno al margen del resto. No es el caso. “Toda la Escritura divina es un libro y este libro es Cristo, <porque toda la Escritura divina habla de Cristo, y toda la Escritura divina se cumple en Cristo> (Hugo de San Víctor)” (Catecismo de la Iglesia n. 134). Ocurre lo mismo respecto a sus dos partes. “La unidad de los dos Testamentos se deriva de la unidad del plan de Dios y de su Revelación. El Antiguo Testamento prepara el Nuevo mientras que éste da cumplimiento al Antiguo; los dos se esclarecen mutuamente; los dos son verdadera Palabra de Dios” (ídem n. 140). Mostraré dos vías de exploración para introducirnos en esta extensa historia de Salvación. La primera ruta es la Liturgia, su medio ambiente natural para el que fue escrito: ser leída y explicada en el culto del sábado en la sinagoga en el pueblo de Israel, en la santa Misa en la Iglesia primitiva. La segunda ruta es la lectura personal.

En ambas vías, no solo en la primera, hemos de adentrarnos con unas disposiciones interiores adecuadas para una recepción fructífera de la Palabra de Dios. Resaltó dos: primero, una actitud de confianza, cum fide, de fe en que la Sagrada Escritura es “una carta de Dios a su criatura” (así lo explicaba san Gregorio Magno a Teodoreto, médico, en el siglo VI), acogiéndola “no como palabra humana, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios que permanece operante en vosotros los creyentes” (1 Tesalonicenses 2, 13). Y la segunda, ser conscientes de que la Biblia es la historia de nuestra familia, de los hijos de Dios, la Iglesia, la comunidad de la Nueva Alianza; la leemos a la luz de una tradición de siglos, con la guía del Espíritu Santo, “pues nunca fue proferida profecía alguna por voluntad humana, sino que, movidos por el Espíritu Santo, hablaron los hombres de parte de Dios” (2 Pedro 1, 21). Nos preceden una multitud de hermanos que se han alimentado de la lectura de la Palabra de Dios, la han meditado y estudiado, algunos han recibido luces sobrenaturales, la han puesto en práctica en su vida, la han enseñado ... muchos de ellos son santos. La Biblia se ha enriquecido con esa memoria viva de la Tradición, con la asistencia del Magisterio de los Apóstoles y sus sucesores, “que recibió de Dios el encargo y el oficio de conservar e interpretar la palabra de Dios” (C Vaticano II, Const. Dei verbum, 12). Ya, al comienzo de la vida de la Iglesia, san Pedro avisó que no vale cualquier exégesis: “sabiendo, sobre todo, lo siguiente, que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia” (2 Pedro 1, 20); y avisó sobre los falsos maestros “que propondrán herejías de perdición” (ídem 2, 1); más adelante les acusa de que “tergiversan (se refería a las cartas de san Pablo) como hacen con las demás Escrituras para su propia perdición (ídem 3, 16).

1a vía de exploración: La Liturgia (en un curso de dos o tres años, gratuito, con método y clases incluidas)

Una de las tareas acometidas en el Concilio Vaticano II fue la elaboración de una nueva ordenación de las Lecturas de la Misa. A juicio de especialistas en Sagrada Escritura, fue un trabajo impecable, tanto que la han adoptado algunas comunidades protestantes. En un máximo de tres años, las lecturas de la Misa recorren casi todos los libros de la Biblia. Además, aportan un método para entenderlas. La elección del texto del Antiguo o Nuevo testamento, del Salmo y del Evangelio es tal que los tres están interconectados, y siguen una lógica mostrando la coherencia del plan de Salvación de Dios, hasta la venida de Cristo, culmen de la Revelación. Y, a la escucha se añade la homilía; recuerda el Papa que “los Pastores son los primeros que tienen la gran responsabilidad de explicar y permitir que todos entiendan la Sagrada Escritura” (carta apostólica Aperuit illis n. 5), de ahí la importancia de que los ministros de la Palabra la preparen con este propósito pastoral. De lo anterior se concluye que, en la Liturgia, dedicamos un tiempo amplio a la Biblia (hay 52 domingos al año, más fiestas de guardar... pongamos 60 días, que suponen 10-20 horas al año, según la duración de la homilía; si se asiste cada día... sale un tiempo de especialista). Es un curso gratuito, con método y clases, que se reanuda cíclicamente (en Adviento, Navidad y Cuaresma las Lecturas se repiten cada año; en las restantes semanas, cada dos; salvo los domingos, que es cada tres); un tesoro a nuestro alcance si ponemos atención e ilusión para aprender; incluyendo la posibilidad de repasar esos textos en algún otro momento del día.

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La Biblia y la Liturgia están hechas una para la otra. La proclamación y enseñanza de la Palabra de Dios en la celebración del Domingo, día de la Resurrección del Señor, fue connatural a los primeros cristianos, judíos; educados en la acogida de las Escrituras los sábados en la sinagoga, desde el regreso del exilio en Babilonia. Consideremos que gran parte de los cristianos serían analfabetos, como ocurría en esos siglos, y que los libros eran escasos, se hacían copias a mano. Por tanto, más que leer las Escrituras, las asimilaban escuchándolas. Es más, al principio no había nada escrito sobre Jesús, era la predicación de los Apóstoles y de los primeros discípulos, testigos de la Resurrección; como recoge san Lucas: “perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones” (Hechos 2, 42). Y se actuaba como Pablo instruye a Timoteo: “lo que has oído de mí, a través de muchos testigos, esto mismo confíalo a hombres fieles, capaces, a su vez, de enseñar a otros” (2 Timoteo 2, 2). Pasados pocos años, con gran probabilidad antes de la destrucción de Jerusalén (70 d.C.), los cuatro evangelistas escribieron “escogiendo algunas cosas de las muchas que ya se transmitían de palabra o por escrito, sintetizando otras, o explicándolas atendiendo a la condición de las Iglesias, conservando por fin la forma de proclamación, de manera que siempre nos comunicaban la verdad sincera acerca de Jesús” (C Vaticano II, Const. Dei verbum, 19). Y se sumaron los Hechos de los Apóstoles, en que Lucas cuenta los primeros momentos de la Iglesia, con especial protagonismo de Pedro y de Pablo; y las epístolas apostólicas, de carácter didáctico, de Pablo, Pedro y otros apóstoles a iglesias concretas o a personas (algunas de esas cartas se perdieron). Y, por último, el Apocalipsis de Juan. En los primeros siglos, junto a estos escritos había otros de autores cristianos: unos, eran apreciados y populares como la Didaché, la carta de Bernabé, de Clemente, el pastor de Hermas...; otros, como los evangelios apócrifos (alrededor de 50), no tuvieron tanta relevancia por sus relatos fantasiosos.

“La Tradición apostólica hizo discernir a la Iglesia qué escritos constituyen la lista de los Libros Santos (cf. Const. Dei verbum, 8). Esta lista integral es llamada <Canon> de las Escrituras” (Catecismo de la Iglesia n. 120). La Iglesia primitiva adoptó la versión de las Escrituras judías recogida en el Canon Alejandrino, comúnmente llamada “Biblia de los Setenta” (abreviada como LXX). Es lo que llamamos Antiguo Testamento. Es una traducción del hebreo-arameo al griego, realizada en Alejandría en los siglos III-II a.C., usada en Israel en tiempos de Jesús. Y ¿para fijar el Nuevo Testamento? La Iglesia realizó un discernimiento con la ayuda del Espíritu Santo para reconocer como inspirados solo algunos de los escritos que circulaban entonces entre los cristianos. Fue una tarea en el tiempo que cuajó en el año 382, cuando el papa san Dámaso fijó el Canon Bíblico. Estos textos se copiaban y se distribuían para ser leídos en la Misa, como en nuestros días. “La Iglesia siempre ha venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo” (C Vaticano II, Const. Dei verbum, 21).

2a vía de exploración: la lectura personal

La primera ruta no excluye la segunda, es más la reclama al caer en la cuenta del potencial de la Biblia para vivir la Vida, con mayúscula, fruto de experimentar ser amados por un Dios incondicional y misericordioso. Por eso, Francisco escribía: “no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra, no es lo mismo poder contemplarlo, adorarlo, descansar en Él, que no poder hacerlo. No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo sólo con la propia razón. Sabemos bien que la vida con Él se vuelve mucho más plena y que con Él es más fácil encontrarle un sentido a todo” (La alegría del Evangelio n. 266). Esta esperanza luminosa nos motiva a conocer más y mejor nuestra historia de familia, y actualizarla en nuestra existencia. A continuación, desarrollaré tres puntos: cómo elegir una edición de la Biblia apropiada; contar previamente con un esquema y asimilarlo... de alguna manera; y valerse de recursos complementarios.

¿Qué ejemplar de la Biblia leo?

¿Vale la primera que caiga en mis manos? Pues, no. ¿Por qué razones? Son varias. Al comentar algunas encontraremos diversas claves para la lectura de la Biblia.

La edición ha de ser completa. Ha de recoger todos los libros canónicos, es decir, aquellos que la Iglesia determinó en el siglo IV. A raíz de la Reforma protestante en el siglo XVI, Lutero y otros reformadores

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rebajaron el valor de algunos escritos del Nuevo Testamento (pe. la carta de Santiago, que calificaban “carta de paja”), y del Antiguo, los llamados libros deuterocanónicos (Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, Tobías, Judit, 1 y 2 Macabeos). Una de las razones aducidas fue que exponían enseñanzas que ellos rechazaban, como la existencia del Purgatorio o la necesidad de rezar por los difuntos.

La edición ha de recoger una buena traducción. Debe combinar la máxima fidelidad a los textos originales, teniendo en cuenta los avances exegéticos y hermenéuticos actuales, y la plena comunión con la Tradición y el Magisterio de la Iglesia. No olvidemos, por ejemplo, que los Evangelios tienen su origen en la predicación de Jesús. Jesús habló en arameo y enseñó a sus discípulos como lo hacía un maestro en el mundo judío. Siguió una técnica que permitía a los discípulos memorizar el mensaje y reproducirlo con fidelidad. Era un arte cultivado durante siglos en el pueblo de Israel. En los textos escritos del Antiguo Testamento subyace este origen de tradición oral de maestros a discípulos, lo mismo que en los Evangelios. Además, los textos que nos han llegado son a su vez traducciones: unos libros fueron originalmente escritos en hebreo y se tradujeron al griego; otros fueron escritos en griego, pero partiendo de relatos orales en hebreo; san Jerónimo tradujo la Biblia al latín a finales del siglo IV partiendo del hebreo y del griego... y los copistas en ocasiones cometían pequeños errores. Y, desde la Reforma protestante no fue extraño que algunos versículos fueran traducidos según conveniencia. Por ejemplo, olvidando que el contexto literario de cualquier escrito es toda la Escritura, ya que forma una unidad, un único libro; o no teniendo en cuenta que la traducción debe ser coherente con el resto de la fe cristiana. Como señalaba el Papa: “La interpretación de las Sagradas Escrituras no puede ser sólo un esfuerzo científico individual, sino que debe ser siempre confrontada, integrada y autenticada por la tradición viva de la Iglesia. Esta norma es decisiva para precisar la relación correcta y recíproca entre la exégesis y el Magisterio de la Iglesia” (Discurso 12.04.2013).

La edición ha de incluir comentarios. Son una valiosa guía para entender correctamente los textos. No perdamos de vista que, “para descubrir la intención de los autores sagrados, es preciso tener en cuenta las condiciones de su tiempo y de su cultura, los "géneros literarios" usados en aquella época, las maneras de sentir, de hablar y de narrar en aquel tiempo” (Catecismo de la Iglesia n. 110), muy lejano y diferente al nuestro. Además, descubrir el mensaje en su totalidad puede no ser fácil, ya que “según una antigua tradición, se pueden distinguir dos sentidos de la Escritura: el sentido literal y el sentido espiritual; este último se subdivide en sentido alegórico (pe. el paso del Mar Rojo es un signo de la victoria de Cristo y por ello del bautismo), moral (nos conducen a un obrar justo) y anagógico (podemos ver realidades y acontecimientos en su significación eterna, que nos conduce (en griego: "anagoge") hacia nuestra Patria). La concordancia profunda de los cuatro sentidos asegura toda su riqueza a la lectura viva de la Escritura en la Iglesia” (ídem n. 115). Por eso, que existan comentarios, sean acertados y congruentes con la Tradición y el Magisterio de la Iglesia, es un criterio para elegir una Biblia.

Antes de empezar a leer: hacerse con un esquema y aprendérselo... de alguna manera

La Biblia es una historia muy larga, a la vez muy concreta. Es posible hacer un esquema, que permita colocar las piezas del puzle a medida que caen en nuestra mano. Tener una visión de conjunto. Por eso, antes de acometer el proyecto de leer la Biblia, aconsejo empezar por ahí. Presento dos esquemas provechosos; sus autores son especialistas de Escritura bíblica, prestigiosos profesores y conferenciantes, con abundantes publicaciones. Uno, pastor protestante, otro, ministro presbiteriano, conversos al catolicismo (en 2011 y en 1986 respectivamente), compañeros en la Franciscan University of Steubenville (Ohio EE.UU.): John Bergsma y Scott Hahn. Porque no leer alguno de estos esquemas en estos tiempos de confinamiento por el covid-19.

“La Biblia paso a paso” (John Bergsma ed. Rialp). Como apunta el profesor Hahn, con la lectura de este libro

“acabarás teniendo una visión completamente nueva de la Biblia y continuarás leyéndola, con más sabiduría y con más clarividencia, durante el resto de tu vida”. El esquema que Bergsma propone parte del concepto de Alianza, que es “la ampliación del parentesco mediante un juramento”. A lo largo de los siglos, Dios establece seis grandes alianzas. En la primera con Adán, Dios nos hizo hijos suyos; pero Adán falló a la alianza y rompió esa relación. Dios vuelve a intentarlo una y otra vez... con Noé, Abrahán, Moisés y David. Bergsma repasa cada una de las alianzas veterotestamentarias descubriendo el hilo conductor que las une; después habla de los profetas que anunciaron una Nueva Alianza, la que Jesús realizó y llevó a término en el Calvario,

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reparando para siempre nuestra relación filial con Dios. Es una gira relámpago que muestra la unidad de la Biblia, cómo encaja todo dentro de ella. La didáctica que emplea para hacer fácil lo difícil es magnífica. Su esquema es original, sencillo e instructivo, fácil de recordar.

“Un Padre fiel a sus promesas” (Scott Hahn ed. Palabra). Es un esquema parejo al de Bergsma, en el que Hahn relata el plan paternal de Dios de establecer alianzas con su familia a lo largo de la historia de la Salvación. “Con cada sucesiva alianza Dios fue ampliando el área de enfoque de sus pactos con la familia humana”. La historia se inició con la alianza de Dios con la primera pareja humana, Adán y Eva; la segunda alianza fue con Noé y su descendencia, tres hijos casados, el matrimonio se ha convertido en una gran familia; la tercera con Abrahán, y la gran familia pasó a un clan, las 12 tribus de Israel; en la cuarta alianza, con Moisés, las doce tribus se convirtieron en un pueblo, en la nación hebrea; la quinta fue con David, Israel se convirtió en un reino...; con la Nueva Alianza, Jesús hizo la familia de Dios universal, católica, todos los hombres están convocados, sin distinción de raza y región, a formar parte de la familia de los hijos de Dios. Hahn incide en los personajes y acontecimientos más importantes del relato bíblico. De paso, muestra cuánta sabiduría práctica contiene la Biblia para los católicos de a pie. Es un esquema rico en información concluyente para entender la Escritura, y, por tanto, más extenso que el anterior. Uno potencia al otro, no son excluyentes.

Algunos recursos complementarios

En este último apartado presento algunos recursos que ayudan a situarse antes y durante la lectura de alguno de los libros de la Biblia. Al tratarse de una historia, en cada libro hay personajes, con fechas y lugares concretos. Por eso, aconsejo disponer de una cronología de la historia de la Salvación (en la última página aporto una). También sugiero tener a mano algunos mapas de los lugares bíblicos. Una publicación sencilla con esquemas desplegables, que aportan cronología y mapas en paralelo, referenciándolos a los libros de la Biblia, es “Visión Bíblica” (Hernán J. Pereda ed fecom Fundación para la Evangelización y Comunicación).

Con la lectura de alguno de los dos libros que he propuesto, es probable que se despierte el interés por conocer más detalles acerca de la Biblia. Datos del contexto histórico, del proceso de composición, del autor del libro que se quiere leer... Apunto dos posibles manuales, que por su redacción me parecen adecuados: “Las Claves de la Biblia” (Francisco Varo Ed. Palabra) y “Comprender las Escrituras. Curso completo para el estudio de la Biblia” (Scott Hahn ed. Edibesa).

De las abundantísimas ediciones de Biblia que existen, señalo dos que cumplen los criterios que expuse en “¿Qué ejemplar de la Biblia leo?”. Aunque están impresas en papel, su edición digital es incomparablemente más ágil de manejar y barata. Están disponibles para su descarga en todos los dispositivos desde iTunes, iBooks, Google Play y Amazon. “Sagrada Biblia de la Universidad de Navarra” (2,99€) y “Sagrada Biblia Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española” (6,64€).

¿En qué orden leo los 73 libros? La Biblia permite acceder a los diversos libros que la componen sin seguir un estricto orden. Dado que todas las palabras de la Biblia tienen su cumplimiento y su significado en la persona de Jesús, parece conveniente empezar con la lectura del Nuevo Testamento antes de pasar al Antiguo. Te paso una propuesta que me parece acertada:

Nuevo Testamento: 1a Carta de san Juan, Evangelio de san Marcos, Las cartas de san Pablo (Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1a y 2a Tesalonicenses, 1a y 2a Timoteo, Tito, Filemón); Evangelio de san Lucas, Hechos de los Apóstoles, Carta a los Romanos, Evangelio de san Mateo, 1a y 2a Carta a los Corintios, Hebreos, Carta de Santiago, 1a y 2a Carta de San Pedro, 2a y 3a Carta de San Juan, Carta de San Judas, Apocalipsis y Evangelio de san Juan.

Antiguo Testamento: Génesis, Éxodo, Números, Josué, Jueces, 1° y 2o Samuel, 1o y 2o Reyes, Salmos (1-50), Amós, Oseas, Isaías (1-39), Miqueas, Nahúm, Sofonías, Habacuc, Jeremías, Lamentaciones, Ezequiel, Abdías, Isaías (40-55), 1o y 2o Crónicas, Salmos (51-100), Esdras, Nehemías, Ageo, Zacarías, Isaías (56-66), Malaquías, Joel, Jonás, Rut, Tobías, Judit, Ester, Proverbios, Eclesiástico, Cantar de los cantares, Job, Eclesiastés, 1o y 2o Macabeos, Salmos (101-150), Baruc, Daniel, Sabiduría, Levítico, Deuteronomio.

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Cronología desde Abrahán a Jesús

1.800 a.C.

Abram es llamado por Dios a trasladarse de Ur a Canaán, es el 1o patriarca. Dios le dio el nombre de Abrahán (padre de muchos pueblos) y hace con él una Alianza. Su hijo Isaac es el heredero. Isaac tuvo dos hijos: Esaú y Jacob. Jacob recibió la progenitura. Dios le dio el nombre de Israel (el que lucha con Dios). Israel tuvo 12 hijos, de los que proceden las 12 tribus (Rubén, Simeón, Leví, Judá, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón, José y Benjamín).

1.700 a.C.

1.300 a.C.

1.100 a.C.

900 a.C.

A raíz de la historia de José, los Israelitas se trasladan de Canaán a Egipto, donde permanecen 4 siglos. Durante ese periodo, el pueblo elegido crece y se hace numeroso. Los faraones los esclavizan en un momento dado.
Moisés es llamado por Dios a liberar al pueblo hebreo de la esclavitud de Egipto, y lo conduce durante 40 años por el desierto del Sinaí antes de entrar en Canaán. Es el Éxodo. Dios hace con Moisés una Alianza en el monte Sinaí.

El profeta Samuel unge a Saúl, de la tribu de Benjamín, rey de Israel por mandato de Dios al escuchar la petición del pueblo: querían un rey que los guiara en la lucha y librase de los filisteos.

Las 10 tribus del norte se rebelan contra la casa de David, nombran rey a Jeroboam, funcionario disidente de Salomón, quien funda el reino de Israel, con capital en Samaria; la tribu de Judá se queda sola con la de Benjamín. Es el reino de Judá, con capital en Jerusalén.

1.200 a.C.

Moisés muere a las puertas de Canaán. Confía el pueblo a Josué, que conquista y reparte la Tierra prometida entre las 12 tribus. A su muerte entramos en la época de los Jueces. Los clanes vivían dispersos. Por su infidelidad a Dios, serán sometidos por otros pueblos, con los que compartían el territorio o hacían frontera, como los filisteos. Dios envía Jueces (14) para liberar puntualmente aquellas tribus que han sido sometidas a esclavitud.

 

1.000 a.C.

A la muerte de Saúl en batalla contra los filisteos, su yerno David, de la tribu de Judá, es coronado rey en Hebrón. David unifica las tribus del Sur con las del Norte; conquista Jerusalén a los jebuseos y establece allí la capital. A su muerte, le sucede su hijo Salomón, que construye el primer Templo de Jerusalén e instituye los sacrificios y el culto. Al final de su vida, Salomón cayó en la infidelidad a Dios. Por ese pecado, la Monarquía se dividirá en el reinado de su hijo Roboam.

 

800 a.C.

En el 726 a.C. Salmanasar V, rey de Asiria, invade el reino de Israel; en el 722 a.C. Sargón II conquista la capital, Samaria, y deporta a las personas principales de Israel a Nínive. El territorio queda como provincia asiria; los israelitas que no fueron deportados conviven con personas de otros pueblos provenientes del Imperio. Muchos caen en la idolatría y se paganizan.

Senaquerib emprende la campaña contra el reino de Judá. Por intervención de Dios, los asirios levantaron el asedio a Jerusalén. Ezequías, rey de Judá, llega a un acuerdo de paz, pagando un tributo.

600 a.C.

En el 612 a.C. Nínive fue destruida por los neobabilonios (caldeos). En el 597 a.C. Nabucodonosor, rey de Babilonia, pone asedio a Jerusalén. El rey Jeconías se rinde; es exiliado con los judíos principales a Babilonia (1a deportación). En su lugar, Sedecías fue nombrado rey vasallo. Al poco tiempo, éste hizo un pacto con el faraón de Egipto, en contra del profeta Jeremías, y se rebeló contra Babilonia. En el 586 a.C. el ejército de Nabucodonosor conquista Jerusalén, que fue arrasada y el templo de Salomón destruido. Sedecías y gran número de judíos son desterrados a Babilonia (2a deportación). Permanecen aquellos que fueron leales al Imperio babilónico, como el profeta Jeremías, que más tarde huirá a Egipto.

En el 539 a.C. Ciro el grande, rey de Persia (aqueménidas), conquista Babilonia. Movido por Dios, Ciro permite regresar a Jerusalén a los judíos del Destierro. Con su ayuda, los judíos reconstruyen Jerusalén, incluido el Templo (536 a.C.); será el segundo, después del de Salomón. Y se restablecen los sacrificios y el culto.

400 a.C.

En el 333 a.C. Alejandro Magno, rey de Macedonia, conquista el Imperio Persa. A su muerte (323 a.C.), todo Oriente Medio se vio envuelto en luchas entre sus generales por el control de diversas regiones.
Durante el siglo III a.C. Palestina estuvo bajo el dominio del reino ptolomeo de Egipto. En el siglo II a.C. pasó a estar bajo el poder de Antíoco III, un seléucida, de Siria.

200 a.C.

Antíoco IV Epifanes activó el proceso de helenización de Jerusalén. Suprimió los sacrificios y el culto en el Templo. En el 167 a.C. se produce la rebelión de los Macabeos (Matatías el asmoneo y sus hijos). En el 161 a.C. Judas Macabeo restablece el culto del Templo de Jerusalén. En el 141 a.C. su hermano Simón logró la independencia nacional e instituyó la dinastía de los Asmoneos.

100 a.C.

En el 63 a.C. el general Pompeyo tomó Jerusalén y sometió a los judíos al dominio de Roma. En el 40 a.C. el Senado romano nombra a Herodes rey de los judíos. Su padre, un oficial de alto rango de Hircano II, último rey asmoneo, era pagano convertido al judaísmo. Tres años llevó a Herodes conquistar Jerusalén y deponer a Antígono, sobrino de Hircano, que se había levantado contra Roma con ayuda del Imperio Parto. Herodes el Grande realizó la ampliación majestuosa del Templo de Jerusalén (que fue arrasado por Tito en el 70 d.C.). Al final de su reinado, Jesús nació en Belén, cuando Octavio Augusto era emperador de Roma.

 

Liderazgo frente al COVID-19

Estos últimos días se han venido resaltando los avances contra el COVID-19 que hacen los diferentes países. La BBC ha publicado un artículo, que podéis leer aquí, donde recoge los países y el número (relativamente bajo) de fallecidos por el COVID-19 en las 7 naciones lideradas por mujeres, con fecha del 16 de abril, según datos periódicos de la Universidad Johns Hopkins:

Diferentes medios internacionales, como ForbesCNN, se están haciendo eco de cómo las mujeres en los puestos de liderazgo de estos países están haciendo un gran trabajo a la hora de gestionar esta crisis sanitaria, económica y social.

La semana pasada me entrevistaron en directo desde el canal de TV  NTN24, desde Washintong DC, para debatir sobre el tema. Aproveché la ocasión para hablar de cómo esta pandemia mundial ha amplificado algunos rasgos que definen a un buen líder, utilizando las cinco letras del acrónimo para resumirlos: la C, de cuidados. La O, de orden/organización. La V, de valores. La I, de inspiración. Y la D, de desarrollo, propio y de los demás. Aquí tenéis el vídeo para que podáis escuchar la entrevista completa (13 minutos).

 

 

¿Por qué se ha consagrado el sábado a Nuestra Señora?

Fra Angélico, Detalle de descendimiento de Cristo de la Cruz

Solo Ella tuvo una fe perfecta, ya que como dice San Pablo: «Sin la Resurrección, nuestra fe sería vana». El sábado, por lo tanto, solo Nuestra Señora en toda la Tierra personificó a la Iglesia Católica, y por eso, en este día los medievales la alababan especialmente.

Según los hábitos de la piedad católica, el viernes está consagrado a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. El hecho es muy explicable porque murió un viernes.

El domingo fue dedicado a la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. El hecho también es explicable: resucitó un domingo.

Entre viernes y domingo hay un día que es el sábado. Y ese día trae consigo una connotación que es más triste que feliz, porque el sábado fue el día consagrado al Señor en la antigua sinagoga. Era un día de Dios, era un día en que la creación se había completado.

Y el sábado dejó de ser un día sagrado desde el momento en que se extinguió la sinagoga, y con eso quedó relegada a la situación de reproche en la que usted sabe, es decir, perdió su alianza con Dios.

¿Por qué, entonces, se dedica el sábado a Nuestra Señora?

Contenidos

Por qué, por ejemplo, Ella pidió las comuniones reparadoras de los primeros sábados del mes. ¿Qué conexión hay entre esta costumbre católica de consagrar el sábado a Nuestra Señora y un orden más profundo de razones, de razones que nos hagan descubrir esto?

La tradición medieval

En un documento histórico relativo a Cluny, podemos leer:

La devoción a Nuestra Señora recibió un gran impulso a principios del siglo X con la reforma monástica, liderada por Cluny, que construyó la civilización medieval.

Fue entonces que se generalizó el hábito de consagrar el sábado especialmente a Ella.

San Hugo,[1] por ejemplo, determinó que cuando no había una celebración inamovible el sábado, en todos los Monasterios de Cluny, se cantara en ese día el Oficio y la Misa «De Beatae», es decir, «Beata Maria Virgine», especialmente compuesta en su alabanza.

Y Urbano II mandó agregar al Oficio de la Iglesia en ese día de la semana el Oficio Parvo [2] de Nuestra Señora.

Por lo tanto, el impulso dado por las grandes personalidades de cluniacenses a la devoción a Nuestra Señora, especialmente el sábado.

Hay varias explicaciones para esta costumbre. Sin embargo, la más extendida en la cristiandad, la que más conmovió a las almas en este culto especial a la Santísima Virgen era una consecuencia de la importancia que la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo tuvo en la espiritualidad medieval.

Los Evangelios nos dicen que después de la muerte de Nuestro Señor Jesucristo, los Apóstoles, los Discípulos y las Santas Mujeres no creyeron en la resurrección a pesar de que Nuestro Señor la había enunciado varias veces.

Por lo tanto, desde la hora en que Nuestro Señor murió en la Cruz el Viernes Santo hasta el domingo de la Resurrección, solo Nuestra Señora creyó en la divinidad de Nuestro Señor. Por lo tanto, solo Ella tenía una fe perfecta, ya que como dice San Pablo: «Sin la Resurrección, nuestra fe sería vana». El sábado, por lo tanto, solo Nuestra Señora en toda la Tierra personificó a la Iglesia Católica, y por eso, en este día los medievales la alababan especialmente.

La explicación no podría ser más bonita.

La Fe de la Santísima Virgen María

Sin embargo, sería una exageración decir que las Santas Mujeres y el Apóstol San Juan perdieron su Fe en este día, no tenían Fe en la Resurrección. Aunque nuestro Señor habló sobre su resurrección varias veces, no lo sabían, no lo habían entendido.

Dificultad para creer en la Resurrección

La Resurrección es un hecho tan violento, es un hecho tan contrario al orden natural de las cosas, que el espíritu humano es propenso a no imaginarlo. Y aunque Nuestro Señor resucitó a Lázaro, y ellos vieron esta resurrección, por la dureza de alma que los caracterizaba, no se dieron cuenta de que Quien había resucitado a Lázaro se resucitaría a sí mismo. No se dieron cuenta de que Nuestro Señor iba a aceptar el desafío que las blasfemias le arrojaron desde el pie de la Cruz, cuando le dijeron: «Si eres el Hijo de Dios, desciende de la cruz y cúrate a ti mismo».

El hizo mucho más que descender de la Cruz y sanarse a sí mismo, se dejó morir y luego se resucitó.

Esto es más extraordinario. Es más extraordinario resucitarse a sí mismo que resucitar a Lázaro. ¿Por qué? Que una persona viva resucite a una persona muerta es extraordinario, es inconcebible, es imposible en el orden de la naturaleza, pero en última instancia es una persona viva que resucitó a un muerto.

Pero un hombre muerto que se resucita; que por su propia fuerza salga de los abismos de la muerte y le diga a su alma: «Levántate, entra en tu cuerpo y vuelve a ser uno con él». Este es una especie de victoria dentro de la victoria, un tipo de esplendor dentro del esplendor que es inconcebible para el espíritu humano.

La Fe perfecta de la Santísima Virgen

Durante este período, solo Nuestra Señora creyó en la Resurrección. Por lo tanto, solo Ella tenía Fe completa. Sobre toda la faz de la Tierra era la única criatura que tenía una Fe completa. Pero una Fe muy completísima, una Fe sin sombra de duda. Una certeza absoluta, una expectativa inmensamente dolorosa debido al pecado que se había cometido, pero inmensamente tranquila con la certeza de la victoria que se acercaba.

Como solo Ella en ese momento representaba la Fe, podemos decir que si no lo hubiera hecho, también creía que el mundo habría terminado, porque el mundo no puede existir sin la Fe. Desde el momento en que no hubiese más Fe en el mundo, la Providencia acababa con el mundo. Y es porque existió la admirable Fe de Nuestra Señora que solo Ella sostuvo el mundo y solo Ella dio continuidad a las promesas evangélicas.

Porque todas las promesas hechas en el Evangelio, todas las promesas hechas en el Antiguo Testamento de que el Mesías gobernaría sobre toda la Tierra, y que Él sería el Rey de la Gloria y el centro de la Historia, todas estas promesas no se habrían cumplido si en cierto momento la Fe se hubiese apagado.

Arca de la esperanza

Todo esto vivió en Nuestra Señora. Fue el Arca de la esperanza de los siglos venideros. Tenía en Ella como en una semilla toda la grandeza que la Iglesia desarrollaría a lo largo de los siglos, todas las virtudes que sembraría, todas las promesas del Antiguo Testamento y todos las realizaciones del Nuevo Testamento, todo esto vivió dentro de Una sola alma, vivió dentro del alma de Nuestra Señora.


[1] San Hugo (el Grande) fue el sexto abad de Cluny. La Orden benedictina fue clave en la estabilidad conseguida por la sociedad europea del siglo XI, y Cluny se convirtió en el monasterio reconocido como ejemplo del estilo de vida monacal en Occidente desde finales del siglo X.

[2] Es un Oficio breve establecido en loor de la Virgen, análogo al cotidiano de los eclesiásticos.

Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

Aprendiendo a acompañar a las familias


El Papa Francisco nos recuerda en ‘Amoris laetitia’ que el camino de la nueva evangelización pasa por la familia

Es precisa una profunda “conversión pastoral” de la iglesia, la sociedad y también de las familias, que deben estar dispuestas a acompañar a otras familias en crisis. La tarea del acompañamiento no se improvisa: requiere convicciones firmes, pero también una adecuada formación.

La familia, como parte y fundamento de la sociedad en la que vivimos, ha sido invadida, y al mismo tiempo genera y retroalimenta formas de vida marcadamente individualistas: una visión del hombre como ser independiente y autosuficiente que supone el olvido de la verdad del hombre como ser familiar, llamado a la existencia por amor y destinado al amor a través del don de sí. Algunas manifestaciones de esta mentalidad se pueden observar hoy en muchas familias: apenas se comparten tiempos comunes en la vida de familia, no se prevén ni valoran los momentos de convivencia en la mesa, celebraciones o cuidado de los enfermos, ancianos, niños, etc.

Postmodernidad y familia

La vida profesional de los cónyuges, con el fenómeno conocido como “doble carrera”, la influencia de los estereotipos sociales y un malentendido igualitarismo que lleva a formular las cosas desde la óptica de la competitividad y no desde la lógica del don −“si tú ganas, yo pierdo”−, hace estragos en la vida de muchas familias, que hoy más que nunca necesitan reconocer qué significa para ellos ser una “comunidad de vida y amor”.

En este contexto, los hijos corren entonces el riesgo de ser pensados dentro de una lógica de autorrealización personal: y, o bien suponen un impedimento que hay que evitar, o bien son una necesidad a satisfacer, cueste lo que cueste.

Dificultades y crisis

Muchas personas manifiestan no tener un proyecto familiar definido, cosa que no sucede en el aspecto laboral, de manera que este entorno, con sus expectativas y sus reglas, acaba por organizar la vida de las personas en todas sus dimensiones. Esta situación deriva en una visión negativa del proyecto familiar, que se entiende supeditado y a menudo en contraposición a “la realización personal”: algo muy propio de la posmodernidad, que afecta profundamente al dinamismo y a la fuerza de las relaciones familiares.

A estas dificultades “vivenciales” para la comprensión de lo familiar, hay que añadir el obstáculo de la falta de herramientas para comunicar la verdad sobre la familia. Sigue siendo habitual utilizar un lenguaje voluntarista para explicar el proceso de amar, lenguaje que difícilmente se comprende hoy ya que, sobre todo los jóvenes, “razonan con los afectos” más que con las facultades intelectuales.

En nuestra sociedad se ha ido extendiendo una visión de la unión conyugal como un ideal que podría conseguir sólo una minoría, y que en la práctica es inasequible para la mayor parte de los seres humanos. Muchos jóvenes han pasado por la experiencia de la ruptura, separación y divorcio, en definitiva, la experiencia del desamor, de sus padres. Este es uno de los motivos por el que se tiene miedo a un amor incondicionado, para no sufrir las mismas decepciones que han visto en sus progenitores.

Dentro de esta visión pesimista de la familia, las dificultades y crisis se contemplan como patologías o fracasos, y no como parte de la normalidad en el crecimiento de todas las relaciones personales. Las dificultades, que en el normal devenir de la vida de familia y de la relación de esposos se afrontaban antes como “crisis de crecimiento”, se consideran hoy como motivos irremisibles de ruptura. La experiencia muestra, sin embargo, que las principales causas por las que hoy se rompen muchas familias no son en realidad irreparables. La causa de las dificultades se debe sobre todo al desconocimiento −teórico y vital− de la dinámica de las relaciones familiares y de lo que significa amar, lo cual hace muy difícil la tarea de construir esas relaciones.

Los retos: mostrar, educar, acompañar

Para ayudar a las familias a cambiar esta situación, es necesaria una tarea urgente, que tiene como base tres acciones, que se pueden desarrollar simultáneamente desde diferentes ámbitos y en las diversas etapas del ciclo vital familiar: mostrar, educar y acompañar para recuperar la verdad originaria sobre el amor conyugal y familiar.

Para mostrar la belleza de la familia, es necesario en primer lugar comprender la realidad y adecuar el lenguaje para explicarla según las exigencias de la cultura en cada lugar y momento histórico, dando las razones oportunas para lograr transmitir la verdad originaria de la persona y su vocación al amor de manera eficaz.

Es necesario redescubrir quiénes somos y qué significa amar, y al mismo tiempo reinventar una pedagogía y un lenguaje para transmitir eficazmente y hacer comprensible esta verdad a las nuevas generaciones. Esta tarea de formación se debe realizar en primer lugar y por su propia naturaleza en el seno de las familias.

La segunda acción consiste en educar para el amor. El esfuerzo de los esposos por vivir su compromiso matrimonial es el fundamento de la educación familiar, la relación que enseña a los hijos a sobrellevar las dificultades y los cambios, la que imprime la certeza de poder amar y ser amado con y a pesar de las limitaciones e imperfecciones propias y ajenas. En el amor conyugal de los padres se aprende el significado del amor como proceso y como compromiso.

El vínculo conyugal muestra un compromiso en el que cada uno es amado por el otro para siempre, a través de los acontecimientos cotidianos, un vínculo del que “nace toda la energía afectiva que crea la solidez de la relación familiar”.

Cuando el hijo se sabe y se siente fruto de este amor de los padres, se le está facilitando la tarea de aprender a amar. Esta es la mejor preparación remota para el matrimonio de los hijos.

La tarea de acompañar a las familias

El tercer reto es aprender una tarea imprescindible; acompañar, que es formar y orientar al mismo tiempo, para que las familias sean capaces de ver las dificultades también como oportunidades de fortalecer y mejorar la vida de familia. Acompañar implica dar el apoyo para que cada familia asuma su propio protagonismo.

Para abordar este reto se precisa una formación que adecúe los instrumentos y técnicas de resolución de conflictos a la naturaleza específica del ámbito familiar. Como en otros temas, el auténtico problema no es el conflicto, sino qué respuesta le damos. Por ello, las técnicas que se ponen en práctica en los procesos de acompañamiento familiar deben adecuarse siempre a las necesidades de la familia en general y de cada familia en particular.

La tarea del acompañamiento requiere personas formadas, procesos claros, formalizados y adecuados; de manera que, así como las personas sin recursos acuden a determinadas instituciones, las familias en dificultades, o que simplemente necesiten orientación y apoyo, puedan acudir a un primer punto de ayuda y colaboración, que en ocasiones será suficiente, y que en otros casos orientará y derivará a otro tipo de intervención.

Las familias que atraviesan dificultades la mayoría de las veces no necesitan terapeutas, ya que sus problemas, por lo menos al principio, no suelen ser patologías. En muchas ocasiones basta, como en todo, conocer mejor la verdadera naturaleza de las cosas, en este caso cuáles son las dinámicas de las relaciones familiares: qué significa amar y cómo se construye eficazmente una relación, y contar con la ayuda para entender ésa formación y aprender a aplicarla en las circunstancias concretas de cada familia.

Por este motivo, el hecho de que poder relacionarse con familias que hayan atravesado situaciones similares y que estén adecuadamente formadas en la tarea del acompañamiento, también puede ser el impulso para decidirse y construir una mejor vida de familia.

Los hijos necesitan el amor de un padre y una madre, y también del amor de unos padres que se esfuerzan por amarse. Porque incluso en el supuesto de que se haya producido la ruptura, los hijos los siguen necesitando a ambos y precisan respetarse y hacer presente que ambos quieren el bien del hijo. También aquí puede ser de gran ayuda la tarea de acompañar.

Es importante señalar la diferencia entre el acompañamiento y la mediación. Mientras el acompañamiento llega antes y actúa de modo preventivo, la mediación, en la mayor parte de las legislaciones civiles occidentales, se reduce a una “ayuda” que en muchas ocasiones llega tarde y facilita que la familia pueda “morir sin dolor”.

Aunque el acompañamiento es necesario en cualquier etapa del ciclo vital familiar, es especialmente importante en los primeros años de matrimonio, que es cuando se establecen el fundamento de la convivencia y los hábitos de comunicación. En este periodo los cónyuges sientan las bases de lo que será su estilo familiar, aprenden a comunicarse y a compartir, a respetarse, admirarse y resistir la adversidad.

Es el momento para aprender a tomar decisiones conjuntamente y afrontar las dificultades, respetando las diferencias. Es el mejor momento para aprender y valorar la necesidad de dedicarse tiempo y ternura como el mejor modo de ser padres y esposos.

Desde el Instituto de Estudios Superiores de la Familia formamos profesionales del acompañamiento familiar, a través del postgrado en Consultoría y Orientación Familiar. El programa aborda los fundamentos, estructura, funcionalidad de la familia así como la naturaleza de las relaciones familiares y de la educación familiar; y dedica también un amplio capítulo a la comunicación familiar, las disfunciones familiares y las técnicas de resolución de conflictos.

María Pilar Lacorte Tierz
Instituto de Estudios Superiores sobre la Familia (UIC, Barcelona)

 

 

La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad


1. “El hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente”. Esta afirmación de Juan Pablo II al inicio de su pontificado expresa la condición humana, algo que toda persona experimenta. Todo hombre necesita el amor para reconocer la dignidad propia y de los otros y para encontrar un sentido valioso a su vida. Es el amor que le pueden ofrecer, en primer lugar, sus padres, su familia y, después, tantas otras personas. Y también la sociedad.

Efectivamente, la vida de las personas está decisivamente condicionada por la cultura de la sociedad en que vive. Cuando el amor por la verdad y el bien del hombre no impregna la cultura de las relaciones sociales y de la administración pública, el puesto central de la persona es sustituido por bienes menores, como los intereses económicos, de poder o de bienestar meramente material.

 El hombre no puede vivir sin amor

2. Pero hay una forma de amor que aparece mucho más ligada a la realización de la persona, al logro de una vida plena, porque expresa relaciones que constituyen a la persona como tal: es el amor de los padres a los hijos (que está en el origen de cada persona, que viene a la existencia como hijo), y el amor del hombre y la mujer (pues la dimensión esponsal es también constitutiva de la persona).

La felicidad de las personas guarda una relación intrínseca con ese amor familiar. Por ello, muchos de los sufrimientos que marcan la vida de tantos hombres y mujeres hoy tienen que ver con expectativas frustradas en el ámbito del matrimonio y la familia. Y es que a la persona no le basta cualquier amor: necesita un amor verdadero, es decir, un amor que corresponda a la verdad del ser y de la vocación del hombre.

Amor en la familia y en la sociedad

Los cristianos sabemos que sólo en el misterio de Cristo se revela y se cumple en plenitud el misterio de la vida humana en todas sus dimensiones; sólo en el Hijo amado puede cada ser humano encontrar el amor del Padre eterno que sacia los anhelos más profundos de todos los corazones. Ese amor infinito llena de sentido la vida familiar y la convivencia social.

“Yo he venido para que tengan vida” (Jn 10,10)

Misión de la Iglesia: la evangelización

3. La predicación del Evangelio es la primera misión que Cristo encomienda a los apóstoles y a sus sucesores, los obispos, quienes tenemos el deber de llevarla a cabo en toda su integridad. Nuestra primera tarea es anunciar a Jesucristo, el Salvador de todo hombre, el camino, la verdad y la vida (cfr. Jn 14,6). En comunión pastoral con el sucesor de Pedro queremos seguir su invitación para adentrarnos en la contemplación del rostro de Cristo -en quien resplandece el hombre nuevo- y secundar dócilmente su envío misionero: ¡echad de nuevo las redes!.

Esta es la tarea que los Obispos encomiendan a la familia hoy: vivir el auténtico amor cristiano, que es todo lo contrario al egoísmo y a la prepotencia. En la familia este amor se traduce en servicio y esfuerzo por hacer la vida feliz a los demás. Y nos recuerdan que la familia es la primera comunidad evangelizadora. Ella ha de recibir el mensaje evangélico, y ella lo ha de trasmitir a todos sus miembros, y las personas de su entorno. La familia cristiana se ha de tomar en serio la defensa de la vida humana, y la atención al espíritu. Una familia es una comunidad de vida y amor, y si esto es una realidad su propio espíritu se contagia necesariamente a los demás. La familia es el ecosistema humano en donde el hombre nace, crece y se desarrolla como persona. Ella es patrimonio de la humanidad, y como tal debemos cuidarla y defenderla.

Que la Sagrada Familia sea modelo y ayuda para nuestras familias cristianas.

Por Juan García Inza

 

 

¿Castigo, o sufre Cristo con nosotros?

Cementerio de La Almudena.

“Cerraron sus ojos/ que aún tenía abiertos, taparon su cara/ con blanco lienzo/ y unos sollozando, / otros en silencio, / de la triste alcoba/ todos se salieron/ (…) Ante aquel contraste/ de vida y misterio, / de luz y tinieblas, / yo pensé un momento:/ ¡Dios mío, qué solos/ se quedan los muertos!”

Hace pocos días, al dar la Unción de los enfermos a una persona a quien sus propios familiares daban ya pocos días de vida, me vinieron a la memoria estos versos de Bécquer.

Recordé al enfermo que Quien le iba a dar el Sacramento era el mismo Cristo, yo lo hacía en su nombre, y que el Señor quería acompañarle en sus sufrimientos, no dejarle solo nunca y estar con él en lo que le quedaba de su caminar en la tierra.

Después de pedir perdón por sus pecados viviendo también el sacramento de la Confesión, de la Reconciliación, que había abandonado muchos años atrás; y recibir la Unción y la Eucaristía, el hombre se quedó con mucha paz. Sabía que si se moría, el Señor no le dejaría de su mano. No se quedaría solo; y así fue.

Después de despedirse de los suyos, esbozó una sonrisa y murió. No podemos negar que hay muchas personas desconcertadas ante el sufrimiento provocado por un organismo como el coronavirus, y piensan que es un castigo de Dios, porque hemos pecado. Hay quien recurre a los castigos anunciados en el Apocalipsis, para explicar un castigo paternal de Dios. Debo confesar que tengo mis profundas dudas de que esas palabras de la Escritura se puedan aplicar sin más a una situación como la actual, producto de un “desastre biológico” –si se puede llamar así-, que tiene sus propias leyes, como sucede con tantos otros acontecimientos naturales: terremotos, inundaciones, etc., etc.

Algunos comentan, incluso, que Dios, en su misericordia nos da lo que necesitamos: un virus, una epidemia, un terremoto, etc., para que reaccionemos y dejemos el pecado. Sin descartar en modo alguno el castigo de Dios que quiere corregirnos como un buen padre hace con sus hijos cuando lo necesitan, me inclino a pensar que esta pandemia es una ocasión que el Señor quiere que aprovechemos para darnos cuenta de que Él mismo, Dios y hombre verdadero, sufre y padece por
nosotros para redimirnos del pecado, y nos acompaña en nuestro sufrimiento para que descubramos el Amor que le ha llevado a la Cruz.

Ante estos acontecimientos pienso que el Señor nos da la gracia –si la queremos recibir como Dimas- para que nos demos cuenta de que nuestra vida vale la pena; y que tiene valor a los ojos del mismo Dios.

El hombre, la mujer, tiene la posibilidad de descubrir con la gracia de Dios en la acción de este casi invisible microorganismo, que nuestra vida no es una banalidad; que nuestra vida tiene un sentido. Si nos paramos ante la Cruz de Cristo, y unimos nuestro sufrimiento al Suyo, que ha padecido y muerto para redimirnos del pecado y salvarnos de la muerte eterna, descubriremos que nuestra vida vale la
pena; y daremos gracias eternamente al Señor de haber sufrido con Él, por Él, en Él., y de haberle pedido perdón por nuestros pecados, al verle clavado en la Cruz.

El buen ladrón dará gracias eternamente a Dios, por haber acompañado a Cristo, por haber sufrido con Él, en su subida al monte Calvario. Ese sufrimiento, y poner los ojos en Cristo, le llevó a descubrir que el Señor estaba muriendo también por él. “Acuérdate de mí cuando estés en un tu reino”.

Dimas, ante la cruz de Cristo, se planteó el verdadero problema del hombre: la Vida y la Muerte. No fue tiempo de banalidades; de encogerse de hombros y “qué más da”. Una ocasión como esta pandemia es el momento de clamar a Dios, en su Hijo Jesucristo, que se ha encarnado, ha muerto y ha resucitado por nosotros.

Algunos se quejan de que en la Iglesia se habla hoy mucho de la necesidad de “renovar la sociedad”, de solucionar los problemas de la convivencia humana, de llegar a una paz entre las naciones, entre las múltiples religiones, etc., y se habla poco, y en términos moralistas e indeterminados, de ese afán que el mismo Cristo nos manifestó: “Cuando sea levantado en lo alto atraeré a Mi todas las cosas” ; o
sea, que se hace necesario recordar que el sufrimiento actual nos invita a mirar a Cristo Crucificado, como el Buen ladrón, descubrir su Amor y arrepentirnos de nuestros pecados y unir nuestros dolores a los suyos, ayudándole a llevar la Cruz para la salvación. Así, dicen, la Iglesia se manifestaría, verdaderamente, como la Ciudad de Dios en la tierra.

El sufrimiento familiar se agranda al no poder enterrar a sus muertos con la compañía humana del pésame y el duelo; y tampoco estar presente el consuelo de Dios en los funerales.

La familia del hombre que murió acompañado de Cristo en los Sacramentos, se quedó con mucha pena, es cierto, y a la vez con mucha paz.

No se quedan solos los muertos que mueren en el Señor.

ernesto.julia@gmail.com

 

¿Cuánto mide el alma?

Blanca Sevilla

 Si pudiera inventar el tiempo me quedaría con este instante, sin quitarle nada. Absolutamente nada.

Sería capaz de inventar el tiempo.

De alguna manera, este encuentro es una manera de invertirlo para hacerlo eterno.

Pero… si pudiera inventarlo, lo tornaría íntegro, en este momento único que conjunta todo para hacerse nada.

Se escuchan las palabras; se traduce el mensaje a no sé que lenguaje acumulativo, vivencial, nutritivo, de corazón a corazón, anudador de destinos y de almas.

La química es una, una la mirada, una la sonrisa, la sensación también es una. Simplemente miméticas. Simplemente soy yo porque hay un grito dentro, y afuera, un escalofrío que sólo es reflejo de la trascendencia que se prueba, que se gusta, que se sufre, que se llora. Momento indefinible.

Sé que soy, confirmo que soy, corroboro que soy, aquí y ahora; aunque sea por un momento que ya siento eterno. Los árboles son árboles, la Luna es la Luna micra a micra. ¿Será la locura que invadió a Don Quijote y que irradió a Sancho?

Lo demás podría ser un invento.

Esto es lo real, es el aprendizaje que se espera en esa inconformidad cotidiana y corriente; es la belleza que se toca con la mano que ha estado extendida tanto tiempo. Y vacía. Son los días todos; el ayer y el hoy esculpidos de una manera singular y total. Una manera única, tan simple como la certeza de un alma que no tiene medida.

Es el contenido para siempre y por siempre.

Después de esto… ¿para qué inventar el tiempo?

El ser se corrobora, se hace resumen de anhelos e ilusiones, de años, de minutos en este momento único de reflejo, de aceptación, de verdad, de sosiego intranquilo, de explosión de un mundo que me hace ser, que le da sentido a todo y a todos.

Si pudiera inventar el tiempo me quedaría con este instante, sin quitarle nada. Absolutamente nada.

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Cuidados paliativos en España

La propuesta de ley de eutanasia en España se presenta como una garantía de muerte digna. Sería un nuevo derecho del enfermo ante un padecimiento que "la persona experimenta como inaceptable y que no ha podido ser mitigado por otros medios” según dice la exposición de motivos. Pero para que exista una decisión libre y se respete la dignidad en el proceso de morir hace falta que exista la alternativa de unos cuidados paliativos, esos "otros medios" capaces de controlar el dolor ¿Hasta qué punto están disponibles en España?

Las referencias a los cuidados paliativos en esta proposición de ley son muy escuetas. Antes de que el enfermo pueda hacer la petición de eutanasia, debe disponer de una información por escrito sobre su proceso médico y las alternativas de actuación, "incluida la de acceder a cuidados paliativos" (art. 5, 1, b). Una vez que ha hecho la petición, el médico debe realizar con el paciente un "proceso deliberativo" sobre su diagnóstico, posibilidades terapéuticas y resultados esperables, "así como sobre posibles cuidados paliativos" (art. 8, 1). Y esto es todo. No se contempla ninguna medida para que el acceso a los cuidados paliativos sea una realidad, ni para impulsar la formación de personal sanitario especializado en ese campo, ni para destinar los suficientes recursos a esta prestación.

Por eso no es extraño que los expertos en cuidados paliativos hayan mostrado su decepción ante esta regulación de la eutanasia. La Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL) y la Asociación Española de Enfermería en Cuidados Paliativos (AECPAL) han dicho en un comunicado que la proposición "afronta el sufrimiento extremo de aquellas personas que prefieren dar por finalizada su vida y, en cambio, obvia el de aquellos ciudadanos que piden vivir de forma digna esta etapa con el mayor apoyo posible para paliar ese sufrimiento".

Jaume Catalán Díaz

 

 

Ante la crisis económica que se viene

Ahora no hay más remedio que mirar hacia delante, asegurar el pleno funcionamiento de los servicios sanitarios y prepararnos para una crisis económica que debe servir para que el Gobierno, la oposición y los agentes sociales, concierten un gran pacto nacional. Esta situación de emergencia ha dejado bien claro que no son tiempos para gobernar desde prejuicios ideológicos excluyentes. Ha llegado el la hora de admitir la realidad sin engaños ni oportunismos políticos. Lo mismo que el virus no ha excluido a nadie, la búsqueda del bien común debe ser tarea de toda la sociedad, sin anteojeras sectarias. Tenemos la experiencia del espíritu de consenso que prevaleció en la transición a la democracia, que hizo posible la Constitución. Esa debe ser una de las muchas lecciones que nos deje el coronavirus.

Jesús Martínez Madrid

 

Eliminar el dolor, no al enfermo

Ante la primera situación de eutanasia considero que nunca hay motivo que justifique la directa eliminación de un ser humano. El interés general de la sociedad exige que ningún ciudadano pueda cooperar o ejecutar la eliminación de otro, menos aún los profesionales sanitarios. Ni el dolor ni la ausencia de ninguna otra cualidad inherente a la persona anulan su dignidad", en cuanto no se puede admitir excepciones al principio "no matarás al inocente".

Nunca es lícito para conseguir un bien hacer el mal, o lo que es lo mismo, que el fin justifique los medios. Ni las circunstancias de sufrimiento, ni la intención última de eliminarlo, ni el propio consentimiento del paciente, que demanda la eutanasia, cambian sustancialmente la acción de elegir la muerte de un ser humano provocándola o colaborando con ella. La actitud pues de la propia persona y especialmente de los que le atienden debe dirigirse hacia otras soluciones en cuanto hay que "eliminar el dolor y el sufrimiento, no a la persona con dolor y sufrimiento.

(...) Las pocas peticiones eutanásicas que se pueden dar terminan cuando los pacientes reciben tratamiento paliativo adecuado... Lo que piden los enfermos es ser valorados, seguridad ante la incertidumbre de la muerte, ser tratados y cuidados profesionalmente", "hacer caso" a las intimas necesidades de un ser humano en ese periodo de su vida, con cariño y profesionalidad.

José Morales Martín

 

 

Es un deber moral

Ciertamente es un deber moral tratar de aliviar los sufrimientos de los pacientes crónicos e incurables, pero no eliminar a dichos pacientes para acabar con sus sufrimientos.

Tampoco parece justificado el argumento del dolor intolerable, pues existen hoy en día remedios terapéuticos suficientes para eliminarlos, especialmente a través de los Cuidados Paliativos. 

La demanda de eutanasia no aparece como uno de los problemas prioritarios de los españoles en las encuestas del CIS, y en la web del INE, ni siquiera se encuentra referida esa palabra.

Por lo que se puede decir que no existen datos objetivos para afirmar que la eutanasia sea hoy día una demanda social.

En la ley propuesta por Unidas Podemos, se hace hincapié en que en la solicitud de la eutanasia debe prevalecer la autonomía de los pacientes sobre el valor de la vida humana.

Jaume Catalán Díaz

 

 

Comentando el día a día… “Desde la cárcel”

Sí por cuanto nos tienen en, “cárcel; dicen que salvadora”.

 

“PEDRO SANCHEZ, PABLO IGLESIAS Y SU CUADRILLA:La Conjura de los Necios: el coronavirus y la ineptitud del Gobierno destruyen cada día en España siete veces más empleo que la crisis financiera de 2008: Ni uno sólo de los 23 personajes que se sientan alrededor de la mesa en los Consejos de Ministros, sabe lo que es una empresa, ha trabajado por cuenta ajena, ha pagado un IVA o creado riqueza”. (Periodista Digital 03-04-2020)

Y “el suma y sigue, continuará cada vez más acelerado y peligroso”; lo que puede terminar en “asaltos” a los suministros alimenticios, aquellos que no tengan medios en su momento, para ir a comprar (ya lo pude oír a uno en Granada que ya exaltado y a destiempo, se manifestaba así, a través del canal televisivo regional). Por tanto y cómo y por los motivos que justifica el gobierno, hay millones trabajando, desde la policía al ejército y desde ciertos servicios oficiales a agricultores, ganaderos, pescadores, dependientes de establecimientos, farmacias, transportes y repartos, etc. etc… ¿Por qué el resto de cuántos componemos la vida diaria y humana, que al propio tiempo de vivirla producimos la riqueza que todos necesitan, incluido el gobierno, no nos dejan vivirla con cierta normalidad y sin tenernos metidos en la madriguera? De acuerdo que con las recomendaciones máximas para evitar contagios, pero nunca con la paralización que se han empeñado en mantener, que también es mortal y lo va a ser cada vez más, a medida que la desesperación y el hastío invada al ser humano; sino al tiempo.

“China tendrá que demostrar ante un juzgado que el COVID-19 no es un arma biológica que se escapó de sus laboratorios. Un grupo de activistas estadounidenses interpuso una demanda por 20.000 millones contra las autoridades chinas por el brote de coronavirus, alegando que es producto de un arma biológica. Las medidas legales están lideradas por el abogado estadounidense Larry Klayman y su grupo de defensa Freedom Watch, junto con la empresa de Texas, Buzz Photos. En el documento se observa que la demanda apunta contra el gobierno chino, el ejército chino, el Instituto de Virología de Wuhan, el director del Instituto de Virología de Wuhan, Shi Zhengli, y el general de división del ejército chino Chen Wei”. (Periodista Digital 03-04-2020) https://www.periodistadigital.com/mundo/20200402/grupo-eeuu-demanda-china-20-000-millones-coronavirus-arma-biologica-noticia-689404288287/

 

Los norteamericanos y con todos los defectos, que se les puedan demostrar; también hay que reconocerles la valentía y el tesón, para conseguir empresas muy difíciles; y como prueba, recordemos que con la ley en los tribunales, lograron defenestrar al presidente Nixon; y que incluso al actual Trum, le han iniciado otro expediente similar, pero del que ha podido librarse, por “las martingalas que dan las leyes también norteamericanas”; quiero decir con ello, que este grupo que acusa directamente a China (que no olvidemos “es la madre del virus porque allí nació) ha de tener argumentos muy fuertes, como para promover esta acusación, que tendrá que sostener en los tribunales internacionales, que existen para ello; esperemos ahora a ver qué reacción tienen los chinos, puesto que indudablemente tienen que manifestarse, ya que no es una acusación de “cualquiera o cualquieras”. Es mundial.

EL EXTRAÑO CASO DE SUECIA: “Con las correspondientes variantes los planteamientos se repiten en muchos países de Europa. Hay sin embargo una excepción, Suecia, que como en tantas ocasiones no tiene miedo a circular por su propia vía, la vía sueca. En ese país no han permitido que la discusión política tapara a la científica y han dejado a autoridades independientes como el Director General de la Agencia de la Salud – que no recibe instrucciones políticas del Gobierno- , la explicación de las medidas que recomiendan, “que no pueden ser draconianas, pues estas tendrían un impacto limitado en la pandemia pero paralizarían la sociedad”. Lo cierto es que el Gobierno ha ordenado tan solo el cierre de los colegios para alumnos de más de 16 años y de las Universidades. Las escuelas no se cierran, de momento, porque muchos padres forman parte del sistema de salud transporte e infraestructuras y si recurrieran a los abuelos, pondrían a estos en más peligro del necesario. Ha prohibido las reuniones de más de 50 personas y que restaurantes y bares, con muy baja ocupación, sirvan en la barra limitándose a atender en las mesas y recomendando a los ciudadanos, que salgan solo lo necesario. Pero no ha cerrado por ejemplo las estaciones de esquí a pesar de que los primeros infectados fueron esquiadores que volvían de Italia y Austria”. (Resto en la dirección siguiente)

https://wiki-blues.blogspot.com/2020/04/el-extrano-caso-de-suecia-ignacio.html

Por cuanto indica la noticia copiada arriba, “los suecos opinan que sí, que precauciones, las lógicas, pero que meterlos a todos en la cárcel no”; o sea, piensan lo que yo y que he manifestado en varios de mis artículos; “la vida siempre es un riesgo sostenerla, pero con miedo y menos con terror, no se consigue; al contrario, se muere antes”; y al escribir esto, me acuerdo de la isla de Molokai y el santo (Damián) que voluntariamente fue allí a curar leprosos; y también de la Madre Teresa y su labor en Calcuta; y la que ha prendido en gran parte del mundo, con la siembra de sus hijas que continúan”. Damián de MolokaiSS.CC., también conocido como Padre Damián, cuyo nombre de nacimiento fue Jozef de Veuster (Tremelo), Reino de Bélgica3 de enero de 1840MolokaʻiReino de HawáiEstados Unidos15 de abril de 1889) fue un misionero católico belga de la Congregación de los Sagrados Corazones, que dedicó su vida al cuidado de los leprosos de Molokai… Amén

“El rumor del divorcio de Iglesias y Montero, con amante incluida, sacude la cuarentena de Podemos”. (Periodista Digital 04-04-2020)

En Andalucía y dónde la inteligencia natural es abundante (si bien no se practica en pro del progreso regional) ya hace muchos años que se estableció una sentencia para los progresistas y en relación “al cambio”; y que más o menos afirma… “El cambio ha sido para los políticos, que han cambiado de sueldo, de casa, de coche, de pareja, de rentas y de jubilación; el resto no hemos progresado”. La verdad es que hay muchos ejemplos y algunos muy notables, como el de Felipe González Márquez.

VEAN COPIEN Y DIFUNDAN:La opinion de un empresario español

https://www.youtube.com/watch?v=mf7MmvkPxts

Bajado de WhatsApp y colgado en YouTube por un amigo.

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) 

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