Las Noticias de hoy 22 Abril 2020

Enviado por adminideas el Mié, 22/04/2020 - 11:51
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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 22 de abril de 2020   

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

Ayuda a Iglesia Necesitada: Mensajes de solidaridad procedentes de todo el mundo

AMOR CON OBRAS: Francisco Fernandez Carbajal

“Nadie da lo que no tiene”: San Josemaria

La figura histórica de Jesús: B. Estrada

Vivir con alegría – El ejemplo de los primeros cristianos para la Pascua: Gabriel Larrauri

Cómo las epidemias y enfermedades ayudaron a la Iglesia primitiva a crecer: Primeros Cristianos

Virtudes en tiempos de pandemia: Salvador Bernal

“Y que el COVID los una”: Mario Salvador Arroyo.

Con mirada limpia y oídos para la sorpresa: + Jesús Sanz Montes, ofm. Arzobispo de Oviedo

Manos vacías: José María López Ferrera

El caos, la nueva y peligrosa estrategia revolucionaria: Acción Familia

EL FUTUROSE ACELERA EN LLEGAR: Dr. Hugo SALINAS

El virus chino y la confianza en la Santísima Virgen

¿Dónde está la Iglesia católica en esta pandemia?: Domingo Martínez Madrid

Si algo tiene que salir reforzado: Enric Barrull Casals

La dimensión moral: Jesús Martínez Madrid

A los que más lo necesitan: Juan García. 

La cárcel en que nos tienen, el dinero público y otros abusos: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Martes, 21 de abril de 2020

https://youtu.be/mSrdKvXTLHQ
 
Monición de entrada

En este tiempo hay mucho silencio. Hasta se puede oír el silencio. Que este silencio, que es un poco nuevo en nuestras costumbres, nos enseñe a escuchar, nos haga crecer en la capacidad de escucha. Recemos por esto.

 Homilía

«Nacer de lo alto» (Jn 3,7) es nacer con la fuerza del Espíritu Santo. No nos podemos apoderar del Espíritu Santo; solo podemos dejar que Él nos transforme. Y nuestra docilidad abre la puerta al Espíritu Santo: es Él quien hace el cambio, la transformación, ese renacimiento de lo alto. Es la promesa de Jesús de enviar al Espíritu Santo (cfr. Hch 1,8). El Espíritu Santo es capaz de hacer maravillas, cosas que ni siquiera podemos imaginar.
 
Un ejemplo es la primera comunidad cristiana, que no es fantasía lo que nos dicen aquí: es un modelo al que se puede llegar cuando hay docilidad y se deja entrar al Espíritu Santo y nos transforma. Una comunidad –digamos así– “ideal”. Es verdad que muy pronto comenzarán los problemas, pero el Señor nos muestra hasta dónde podremos llegar si estamos abiertos al Espíritu Santo, si somos dóciles. En esa comunidad hay armonía (cfr. Hch 4,32-37). El Espíritu Santo es el maestro de la armonía, es capaz de hacerla, y aquí la hizo. La debe hacer en nuestro corazón, debe cambiar tantas cosas en nosotros, hacer armonía: porque Él mismo es la armonía. También es la armonía entre el Padre y el Hijo: es el amor de armonía. Y, con la armonía, crea cosas como esta comunidad tan armónica. Pero luego la historia nos cuenta –el mismo Libro de los hechos de los Apóstoles– tantos problemas de la comunidad. Es un modelo: el Señor permitió ese modelo de una comunidad casi “celestial”, para hacernos ver dónde deberíamos llegar.
 
Pero luego comenzaron las divisiones en la comunidad. El apóstol Santiago, en el segundo capítulo de su carta, dice: «No intentéis conciliar la fe (…) con la acepción de personas» (St 2,1): ¡porque había! “No hagáis discriminaciones”: los apóstoles deben salir a amonestar. Y Pablo, en la primera Carta a los Corintios, en el capítulo 11, se lamenta: «Oigo que (…) hay divisiones entre vosotros» (cfr. 1Cor 11,18): comienzan las divisiones internas en las comunidades. Hay que llegar a ese “ideal”, pero no es fácil: hay tantas cosas que dividen una comunidad, ya sea una comunidad cristiana parroquial o diocesana o presbiteral o de religiosos o religiosas… tantas cosas entran para dividir la comunidad.
 
Viendo cuáles son las cosas que dividieron a las primeras comunidades cristianas, yo encuentro tres: primero, el dinero. Cuando el apóstol Santiago dice eso de no tener favoritismos personales, da un ejemplo porque “si en vuestra iglesia, en vuestra asamblea entra uno con anillo de oro, enseguida lo ponéis adelante, y al pobre lo dejáis de lado” (cfr. St 2,2). El dinero. Y Pablo dice lo mismo: “Los ricos llevan comida y comen ellos, y los pobres, allá de pie” (cfr. 1Cor 11,20-22), los dejamos allí como diciendo: “Apañaos como podáis”. El dinero divide, el amor al dinero divide la comunidad, divide la Iglesia.
 
Muchas veces, en la historia de la Iglesia, donde hay desviaciones doctrinales –no siempre, pero muchas veces– detrás está el dinero: el dinero del poder, sea poder político, sea dinero contante y sonante, pero siempre dinero. El dinero divide la comunidad. Por eso, la pobreza es la madre de la comunidad, la pobreza es el muro que protege la comunidad. El dinero y el interés personal divide. También en las familias: ¿cuántas familias acaban divididas por una herencia? ¿Cuántas familias? Y ya no se hablan… Cuántas familias… Una herencia divide: el dinero divide.
 
Otra cosa que divide una comunidad es la vanidad, esas ganas de sentirse mejor que los demás. “Te doy gracias, Señor, porque no soy como los demás” (cfr. Lc 18,11), la oración del fariseo. La vanidad, sentirme que soy… Y también la vanidad al hacerme ver, la vanidad en las costumbres, en el vestir: cuántas veces –no siempre, pero cuántas veces– la celebración de un sacramento es un ejemplo de vanidad, quién va con los mejores vestidos, quién hace esto y lo otro… La vanidad por tener la fiesta más grande… También ahí entra la vanidad. Y la vanidad divide, porque te lleva a pavonearte, y donde hay pavoneo hay división, siempre.
 
Una tercera cosa que divide una comunidad es el chismorreo: no es la primera vez que lo digo, pero es la realidad, es así. Eso que el diablo mete en nosotros, como una necesidad de criticar a los demás. “Pero qué buena persona es aquel…”“Sí, sí, pero…”: enseguida el “pero”: eso es una piedra para descalificar al otro y en cuanto oigo algo lo digo, y así al otro lo rebajo un poco.
 
Pero el Espíritu viene siempre con su fuerza para salvarnos de esa mundanidad del dinero, de la vanidad y del chismorreo, porque el Espíritu no es el mundo: está contra el mundo. Es capaz de hacer milagros, cosas grandes.
 
Pidamos al Señor esta docilidad al Espíritu para que Él nos transforme y transforme nuestras comunidades, nuestras comunidades parroquiales, diocesanas, religiosas: las transforme, para ir siempre adelante con la armonía que Jesús quiere para la comunidad cristiana.

 Comunión espiritual

Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y te deseo en mi alma. Como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si hubieras venido, te abrazo y me uno del todo a ti. No permitas que jamás me separare de ti

 

 

Ayuda a Iglesia Necesitada: Mensajes de solidaridad procedentes de todo el mundo

Temor al COVID-19 en países pobres

ABRIL 21, 2020 16:43LARISSA I. LÓPEZORGANIZACIONES CARITATIVAS Y DE VOLUNTARIOS

(zenit – 21 abril 2020).- Obispos, sacerdotes y religiosas de hasta 50 países de todo el mundo han escrito a la organización benéfica católica Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) ofreciendo oraciones en respuesta a la pandemia y advirtiendo de la catástrofe a medida que se extiende a algunos de los países más pobres del mundo.

Así lo comunicó ayer, 20 de abril de 2020, la propia fundación, a través de un comunicado firmado por John Pontifex.

Desde Brasil en América Latina hasta Filipinas en el sudeste asiático, pasando por África, Oriente Medio, toda Europa del Este, incluida Ucrania, han llegado mensajes de oración y solidaridad de los socios del proyecto de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) para la organización benéfica y sus benefactores.

“Campana de oración”

ACN puso en marcha una iniciativa llamada “campaña de oración” en la que exhortaba a las religiosas de todo el mundo para que rezaran durante esta pandemia. En un plazo de 48 horas, 35 congregaciones de 17 países –incluidos Camerún, Bangladesh, Perú y Bulgaria– respondieron y aceptaron el reto

Desde las Carmelitas Descalzas de Jalingo, Nigeria, llegó el mensaje: “Nuestra comunidad está muy agradecida a ACN y a todos sus benefactores por todo lo que han hecho por nosotros a lo largo de los años”.

“Siempre le recordamos en nuestras oraciones – que [el Señor] se complazca en escuchar todas sus oraciones mientras le gritamos en este gran momento de necesidad”.

Paquete de ayudas

A través de mensajes de correo electrónico, muchos de los miembros del clero manifiestan el temor a los estragos que la COVID-19 pueda provocar en los países en desarrollo, afectando a las personas más pobres y vulnerables.

Muchas de ellas corren un riesgo directo de contraer la enfermedad y luchan por conseguir alimentos suficientes para sobrevivir como resultado de las medidas de confinamiento necesarias.

Dichos mensajes llegan después de que ACN anunciara un paquete de ayuda de 5 millones de euros (4,35 libras esterlinas) para sacerdotes y relogiosas, muchos de ellos en primera línea atención a las víctimas del coronavirus y sus familias.

Burkina Faso y Uganda

En Kossogha, Burkina Faso, el personal del Seminario Santos Pedro y Pablo informó que tanto ellos como los estudiantes estaban en cuarentena después de que el director espiritual, el padre Justin Savadogo, de 67 años, falleciera a causa de COVID-19 el jueves 16 de abril.

Atrapado en Uganda, con todos los vuelos a Italia cancelados, el misionero salesiano, padre Thomas Varghesev, escribió: “Cuando vemos que miles de personas caen en Europa y Estados Unidos donde los sistemas médicos están tan avanzados, pensamos: ¿cuál será la situación si el coronavirus abraza a los países más pobres del mundo, donde puede que no haya apenas 100 ventiladores en funcionamiento en todo el territorio? Será desastroso”.

Myanmar, Siria e India

Desde Birmania (Myanmar), un sacerdote que prefiere permanecer en el anonimato contó a la organización benéfica: “Nosotros también estamos alarmados por esta crisis mundial y, juntos como una comunidad humana, también rezamos por el bienestar de toda la comunidad. También recordamos con cariño a su organización (ACN)”.

Por su parte, el padre católico armenio Antoine Tahhan, destinado en Alepo (Siria), indicó a ACN que, tras nueve años de conflicto, la gente es muy vulnerable al virus, con la economía hecha jirones y muchos hospitales y otros centros de salud cerrados o que solo funcionan parcialmente.

Ante las amplias medidas de cierre que se han aplicado en Alepo, incluido el cierre de iglesias, el padre Tahhan narró: “El sistema de salud se encuentra en un estado frágil y esta es la raíz de las preocupaciones de que el virus pueda propagarse entre la población”.

Con respecto a la situación en una remota aldea de Andhra Pradesh, en el sudeste de la India, el padre Anthony escribió: “Le pido que recen por nosotros. Los casos positivos de coronavirus aumentan cada día. Cerca de mi parroquia hay 19 casos positivos, así que tenemos miedo a ello”.

Ayuda a la Iglesia Necesitada

Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) es una Fundación Pontificia. Como caridad católica, ACN apoya a los fieles donde quiera que sean perseguidos, oprimidos o necesitados a través de la información, la oración y la acción.

Fundada en 1947 por el P. Werenfried van Straaten, a quien el Papa san Juan Pablo II nombró “un destacado apóstol de la caridad”, la organización trabaja actualmente en 140 países de todo el mundo.

ACN, que realiza miles de proyectos cada año, proporciona ayuda de emergencia a las personas que sufren persecución, transporte para el clero y los trabajadores laicos de la Iglesia, Biblias para niños, proyectos de medios de comunicación y de evangelización, iglesias, estipendios de misa y otras ayudas para sacerdotes y monjas y formación para seminaristas.

 

AMOR CON OBRAS

— El Señor nos amó primero. Amor con amor se paga. Santidad en los quehaceres de cada día.

— Amor efectivo. La voluntad de Dios.

— Amor y sentimiento. Abandono en Dios. Cumplimiento de nuestros deberes.

I. Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que crea en él no perezca sino que tenga la vida eterna1.

Con estas palabras del Evangelio de la Misa se nos muestra cómo la Pasión y Muerte de Jesucristo es la manifestación suprema del amor de Dios por los hombres. Él tomó la iniciativa en el amor entregándonos a quien más quiere, al que es objeto de sus complacencias2: su propio Hijo. Nuestra fe «es una revelación de la bondad, de la misericordia, del amor de Dios por nosotros. Dios es amor (Cfr. 1 Jn 4, 16), es decir, amor que se difunde y se prodiga; y todo se resume en esta gran verdad que todo lo explica y todo lo ilumina. Es necesario ver la historia de Jesús bajo esta luz. Él me ha amado, escribe San Pablo, y cada uno de nosotros puede y debe repetírselo a sí mismo: Él me ha amado y sacrificado por mí (Gal 2, 20)»3.

El amor de Dios por nosotros culmina en el Sacrificio del Calvario. Dios detuvo el brazo de Abraham cuando estaba a punto de sacrificar a su hijo único, pero no detuvo el brazo de quienes clavaron a su Hijo Unigénito en la Cruz. Por eso exclama San Pablo, lleno de esperanza: El que no perdonó a su propio Hijo (...), ¿cómo no nos dará con Él todas las cosas?4.

La entrega de Cristo constituye una llamada apremiante para corresponder a ese amor: amor con amor se paga. El hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios5, y Dios es Amor6. Por eso el corazón del hombre está hecho para amar, y cuanto más ama, más se identifica con Dios; solo cuando ama puede ser feliz. Y Dios nos quiere felices, también aquí en la tierra. El hombre no puede vivir sin amor.

La santificación personal no está centrada en la lucha contra el pecado sino en el amor a Cristo, que se nos muestra profundamente humano, conocedor de todo lo nuestro. El amor de Dios a los hombres y de los hombres a Dios es un amor de mutua amistad. Y una de las características propias de la amistad es el trato. Para amar al Señor es necesario conocerlo, hablarle... Le conocemos meditando su vida en los Santos Evangelios. En ellos se nos muestra entrañablemente humano y muy cercano a la vida nuestra. Le tratamos en la oración y en los sacramentos, especialmente en la Sagrada Eucaristía.

La consideración de la Santísima Humanidad del Señor -especialmente cuando leemos el Evangelio y cuando consideramos los misterios del Rosario- alimenta continuamente nuestro amor a Dios y es enseñanza viva de cómo hemos de santificar nuestros días. En su vida oculta, Jesucristo quiso descender a lo más común de la existencia humana, a la vida cotidiana de un trabajador manual que sustenta a una familia. Y así le vemos durante casi toda su vida trabajando día a día, cuidando los instrumentos del pequeño taller, atendiendo con sencillez y cordialidad a los vecinos que llegaban para encargarle una mesa o una viga para la nueva casa, cuidando con gran cariño de su Madre... Así cumplió la Voluntad de su Padre Dios en esos años de su existencia. Mirando su vida, aprendemos a santificar la nuestra: el trabajo, la familia, la amistad... Todo lo verdaderamente humano puede ser santo, puede ser cauce de nuestro amor a Dios, porque el Señor, al asumirlo, lo santificó.

II. Saber que Dios nos ama, con amor infinito, es la buena nueva que alegra y da sentido a nuestra vida, y es la extraordinaria noticia que Cristo resucitado nos envía a anunciar a todos los hombres. Nosotros también podemos afirmar que hemos conocido y creído el amor que Dios nos tiene7. Y ante este amor nos sentimos incapaces de expresar lo que nuestro corazón tampoco acierta a sentir: «¿Saber que me quieres tanto, Dios mío, y... no me he vuelto loco?»8.

Cuanto el Señor ha hecho y hace por nosotros es un derroche de atenciones y de gracias; su Encarnación, su Pasión y Muerte en la Cruz que hemos contemplado en estos días pasados, el perdón constante de nuestras faltas, su presencia continua en el sagrario, los auxilios que a diario nos envía... Considerando lo que ha hecho y hace por los hombres, nunca nos debe parecer suficiente nuestra correspondencia a tanto amor.

La prueba más grande de esta correspondencia es la fidelidad, la lealtad, la adhesión incondicional a la Voluntad de Dios. En este sentido Jesús nos enseña mostrando sus deseos infinitos de hacer la Voluntad del Padre, y nos dice que su alimento es hacer el querer del que le envió9Yo he guardado los mandamientos de mi Padre -dice el Señor- y permanezco en su amor10.

La Voluntad de Dios se nos muestra principalmente en el cumplimiento fiel de los Mandamientos y de las demás enseñanzas que nos propone la Iglesia. Ahí encontramos lo que Dios quiere para nosotros. Y en su cumplimiento, realizado con honradez humana y presencia de Dios, encontramos el amor a Dios, la santidad.

El amor a Dios no consiste en sentimientos sensibles, aunque el Señor los pueda dar para ayudarnos a ser más generosos. Consiste esencialmente en la plena identificación de nuestro querer con el de Dios. Por eso debemos preguntarnos con frecuencia: ¿hago en este momento lo que debo hacer?11. ¿Ofrezco mi quehacer a Dios al comenzarlo y durante su realización? ¿Rectifico la intención cuando se intenta introducir la vanidad, «el qué dirán»...? ¿Procuro trabajar con perfección humana? ¿Soy fuente habitual de alegría para quienes viven o trabajan junto a mí? ¿Les acerca a Dios mi presencia diaria en medio de ellos?

«Amor con amor se paga», pero amor efectivo, que se manifiesta en realizaciones concretas, en cumpIir nuestros deberes para con Dios y para con los demás, aunque esté ausente el sentimiento, y hayamos de ir «cuesta arriba». «En lo que está la suma perfección claro está que no es en regalos interiores ni en grandes arrobamientos (...) -escribía Santa Teresa-, sino en estar nuestra voluntad tan conforme a la Voluntad de Dios, que ninguna cosa entendamos que quiera, que no la queramos con toda nuestra voluntad»12.

El amor debe subsistir incluso con una aridez total si el Señor permitiera esa situación. Es en estas ocasiones donde, habitualmente, el trato con el Señor se purifica y se hace más firme.

III. En el servicio a Dios, el cristiano debe dejarse llevar por la fe, superando así los estados de ánimo. «Guiarme por el sentimiento sería dar la dirección de la casa al criado y hacer abdicar al dueño. Lo malo no es el sentimiento sino la importancia que se le concede (...). Las emociones constituyen en ciertas almas toda la piedad, hasta tal punto que están persuadidas de haberla perdido cuando en ellas desaparece el sentimiento (...). ¡Si esas almas supieran comprender que ese es precisamente el momento de comenzar a tenerla!...»13.

El verdadero amor, sensible o no, incluye todos los aspectos de nuestra existencia, en una verdadera unidad de vida; lleva a «meter a Dios en todas las cosas, que, sin Él, resultan insípidas. Una persona piadosa, con piedad sin beatería, procura cumplir su deber: la devoción sincera lleva al trabajo, al cumplimiento gustoso -aunque cueste- del deber de cada día... hay una íntima unión entre esa realidad sobrenatural interior y las manifestaciones externas del quehacer humano. El trabajo profesional, las relaciones humanas de amistad y de convivencia, los afanes por lograr -codo a codo con nuestros conciudadanos- el bien y el progreso de la sociedad son frutos naturales, consecuencia lógica, de esa savia de Cristo que es la vida de nuestra alma»14. La falsa piedad carece de consecuencias en la vida ordinaria del cristiano. No se traduce en un mejoramiento de la conducta, en una ayuda a los demás.

El cumplimiento de la voluntad de Dios en los deberes -las más de las veces pequeños- de cada jornada es la más segura guía para el cristiano que ha de santificarse en medio de las realidades terrenas. Estos deberes pueden realizarse de modos muy diferentes: con resignación, como quien no tiene más remedio que hacerlos; aceptándolos, lo que supone una adhesión más profunda y meditada; con conformidad, queriendo lo que Dios quiere porque, aunque no se vea en ese momento, el cristiano sabe que Él es nuestro Padre y quiere lo mejor para sus hijos; o bien con pleno abandono, abrazando siempre la Voluntad del Señor, sin poner límite alguno. Esto último es lo que nos pide el Señor: amarle sin condiciones, sin esperar situaciones más favorables, en lo ordinario de cada día y, si Él lo permite, en circunstancias más difíciles y extraordinarias. «Cuando te abandones de verdad en el Señor, aprenderás a contentarte con lo que venga, y a no perder la serenidad, si las tareas -a pesar de haber puesto todo tu empeño y los medios oportunos- no salen a tu gusto... Porque habrán “salido” como le conviene a Dios que salgan»15.

Con palabras de una oración que la Iglesia nos propone para después de la Misa, digámosle al Señor: Volo quidquid vis, volo quia vis, volo quómodo vis, volo quámdiu vis16: quiero lo que quieres, quiero porque lo quieres, quiero como lo quieres, quiero hasta que quieras.

La Santísima Virgen, que pronunció y llevó a la práctica aquel hágase en mí según tu palabra17, nos ayudará a cumplir en todo la Voluntad de Dios.

1 Jn 3, 15. — 2 Cfr. Mt 3, 17. — 3 Pablo VI, Homilía en la fiesta del Corpus Christi, 13-VI-1975. — 4 Rom 8, 32. — 5 Cfr. Gen 1, 27. — 6 1 Jn 4, 8. — 7 1 Jn 4, 16. — 8 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 425. — 9 Cfr. Jn 15, 10. — 10 Jn 15, 10. — 11 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 772. — 12 Santa Teresa, Fundaciones, 5, 10. — 13 J. Tissot, La vida interior, Herder, Barcelona 1963, p. 100. — 14 San Josemaría Escrivá, In memoriam, EUNSA, Pamplona 1976, pp. 51-52. — 15 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 860. — 16 Misal Romano, Oración del Papa Clemente XI. — 17 Lc 1, 38.

 

“Nadie da lo que no tiene”

Convéncete: tu apostolado consiste en difundir bondad, luz, entusiasmo, generosidad, espíritu de sacrificio, constancia en el trabajo, profundidad en el estudio, amplitud en la entrega, estar al día, obediencia absoluta y alegre a la Iglesia, caridad perfecta... –Nadie da lo que no tiene. (Surco, 927)

22 de abril

No lo olvides: tanto mejor convencemos cuanto más convencidos estamos. (Surco, 929)

"No se enciende la luz para ponerla debajo de un celemín, sino sobre un candelero, a fin de que alumbre a todos los de la casa; brille así vuestra luz ante los hombres, de manera que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos".

Y, al final de su paso por la tierra, manda: «euntes docete» –id y enseñad. Quiere que su luz brille en la conducta y en las palabras de sus discípulos, en las tuyas también. (Surco, 930)

¿Que es vieja esa idea del catolicismo, y por tanto inaceptable?... –Más antiguo es el sol, y no ha perdido su luz; más arcaica el agua, y aún quita la sed y refresca. (Surco, 937)

Algunos no saben nada de Dios..., porque no les han hablado en términos comprensibles. (Surco, 941)

Créeme, el apostolado, la catequesis, de ordinario, ha de ser capilar: uno a uno. Cada creyente con su compañero inmediato. (Surco, 943)

 

 

La figura histórica de Jesús

¿Quién es Jesús? ¿qué sabemos de Él? El autor de este artículo define la figura de Cristo como "una piedra de escándalo para la razón".

La figura histórica de Jesús (En PDF)

En los años que marcan el comienzo del tercer milenio parece que se hubiera despertado en el mundo un interés especial por Jesús de Nazaret. En realidad, los libros escritos en los últimos años sobre su figura y su persona, aunque no todos positivos, ponen de relieve la actualidad y la trascendencia del Hijo de Dios hecho hombre, y el atractivo de su vida.

En efecto, en su comunión con el Padre, Jesús se hace presente hoy ante nosotros. ¿Y qué trae Jesús, qué da al mundo? La respuesta es sencilla: Dios [1] .

Enciende tu fe. –No es Cristo una figura que pasó. No es un recuerdo que se pierde en la historia. ¡Vive!: “Jesus Christus heri et hodie: ipse et in saecula!” –dice San Pablo– ¡Jesucristo ayer y hoy y siempre! [2] .

La predicación de la Iglesia primitiva presenta siempre a Jesucristo como Hijo de Dios y único Salvador. La proclamación del Misterio Pascual llevaba consigo un paradójico anuncio de humillación y de exaltación, de vergüenza y de triunfo: nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios [3] .

No fue fácil para los primeros cristianos superar el escándalo de la cruz, la realidad de la crucifixión y muerte del mismo Hijo de Dios. De ahí el intento de los docetistas y de los gnósticos de negar que Jesús tuviese un cuerpo real y pasible, o el de Nestorio, dos siglos más tarde, de afirmar la existencia en Jesucristo de dos personas, una humana y otra divina.

A ningún estudioso serio escapa, sin embargo, el hecho histórico de Jesús de Nazaret. Aunque no hay una gran cantidad de datos extra-bíblicos sobre su persona y su misión, son suficientes para afirmar, sin lugar a dudas, su paso por la tierra. Es substancialmente aceptado, por ejemplo, el testimonio de Flavio Josefo. En uno de sus libros, este historiador judío del siglo primero se refiere a Jesús como «hombre sabio (…); Él realizó obras extraordinarias, siendo un maestro de hombres que acogen la verdad» [4] . Más adelante escriben sobre Jesús, durante el imperio de Trajano, Plinio el Joven y Tácito; y después lo hará Suetonio, secretario de Adriano.

Sábana Santa de Turín.

Junto a estas referencias, los evangelios constituyen «el testimonio principal de la vida y doctrina de la Palabra hecha carne, nuestro Salvador» [5] ; son las fuentes que proporcionan una visión detallada de su personalidad.

La Tradición de la Iglesia, bajo la inspiración del Espíritu Santo, ha reconocido en estos escritos la plasmación auténtica y segura de la figura histórica del Señor, una figura histórica que posee un carácter divino.

El valor de los evangelios como fuentes primarias para conocer a Jesús no fue puesto en duda por los cristianos hasta finales del siglo XVIII. En ese momento, surgieron algunos autores que pretendieron analizarlos con criterios historiográficos y positivistas, eliminando las narraciones que consideraban inaceptables para el hombre moderno ; esto es, los milagros y las profecías, sólo explicables por el carácter extraordinario de la intervención divina en la historia. Se trataba del primer intento de estudiar los evangelios solo como libros de historia, sin considerar su contenido sobrenatural, un proyecto que abordaba los textos excluyendo la fe en la divinidad de Cristo.

A partir de entonces, abundaron las “vidas de Jesús” en las que Cristo aparecía como uno de tantos candidatos a mesías; un fracasado condenado a muerte por la autoridad romana que, eso sí, poseía una indudable autoridad moral.

De este modo, con frecuencia, estas pretendidas biografías históricas retrataban más el carácter de quien las escribía que el de Jesucristo.

Detalle del rostro de la sábana santa.

Posteriormente, el avance de los estudios exegéticos llevó a una fuerte reacción contra este planteamiento: se pasó a considerar los evangelios como textos escritos con fe sincera, aunque desinteresados de las coordenadas de la historia; no se superó el escepticismo sobre la divinidad de la figura histórica de Cristo En los últimos decenios, los nuevos criterios metodológicos han permitido una lectura teológica de la Biblia más de acuerdo con la fe [6] .

La verdad proclamada por la Iglesia sobre el Hijo de Dios, que después de veinte siglos sigue siendo una piedra de escándalo para la razón, es la de una Persona ante la cual cada uno debe comprometer su propia vida a través de un acto de fe; pero no una fe puramente fiducial o credulona , sino una fe que se apoya en que Dios mismo ha hablado y actuado en la historia; una fe que cree en la vida y obras reales del Hijo de Dios hecho hombre, y que encuentra en Él la razón de su esperanza.

La importancia de la realidad histórica del mensaje evangélico se hizo patente desde los primeros instantes del cristianismo; como señala San Pablo, si Cristo no ha resucitado, inútil es nuestra predicación, inútil es también vuestra fe [7] .

Los milagros y la autoridad de Jesús

En los evangelios se relata que Jesús hace milagros. En el Antiguo Testamento ya se narraban prodigios realizados por profetas como Elías y Eliseo, por no hablar de los protagonizados por Moisés o Josué. También en la literatura antigua, tanto judía como helenística, se cuentan portentos de algunos personajes.

Monte de las Bienaventuranzas.

Quienes buscan negar la veracidad de los milagros de Cristo –y, en general, de todos los que aparecen en la Escritura–, suelen apoyarse en estos últimos para afirmar que los relatos de hechos milagrosos implican un género literario de ficción, tal vez dirigido a exaltar un personaje histórico.

Pero las similitudes dejan pronto paso a profundas divergencias, que constituyen signos de la credibilidad y de autenticidad de los evangelios. En primer lugar, los milagros de Jesús sorprenden por su verosimilitud. Los evangelios hablan, sí, de portentos; pero nada hay de exagerado en cómo los describen.

Un ciego recobra la vista; un cojo empieza a andar... Se aprecia, en la sencillez del relato, que se está muy lejos de pretender exaltar una figura; son relatos ajenos a toda aparatosidad, y en los que se refleja la vida cotidiana de los protagonistas.

También llama la atención la autoridad que Jesús ejerce cuando los realiza. Los prodigios narrados en la literatura rabínica se obtienen después de largas oraciones. Él, en cambio, los hace con su propio poder, con una palabra o un gesto, y el efecto se sigue casi siempre de modo inmediato.

Otra característica única es la discreción de Jesús: rara vez toma la iniciativa, se muestra reticente, manda que no se divulgue... Incluso en ocasiones dice el texto sagrado que no pudo hacer milagros [8] , porque no encontró en los interesados las disposiciones espirituales adecuadas.

Via dolorosa que Cristo recorrió con la cruz.

Por último, es importante notar cómo los milagros de Cristo poseen siempre un sentido que trasciende el mero efecto físico. El Señor no cede al gusto de los hombres por lo maravilloso, o a la curiosidad: busca la conversión del alma, quiere atestiguar su misión. Jesús hace ver que no son simples prodigios; para realizarlos, exige la fe en su Persona, en la misión que el Padre le ha confiado. Parten de la fe y llevan a la fe.

De todo esto se concluye que los evangelistas se propusieron poner al alcance de todos hechos históricos, para que pudieran ser trascendidos por la fe; testimonian que «todo en la vida de Jesús es signo de su misterio. A través de sus gestos, sus milagros y sus palabras, se ha revelado que “en Él reside la plenitud de la Divinidad corporalmente”» [9] .

De ahí la centralidad, en la vida del cristiano, del consejo de san Josemaría: Saboread aquellas escenas conmovedoras en las que el Maestro actúa con gestos divinos y humanos, o relata con giros humanos y divinos la historia sublime del perdón, la de su Amor ininterrumpido por sus hijos. Esos trasuntos del Cielo se renuevan también ahora, en la perenne actualidad del Evangelio: se palpa, se nota, cabe afirmar que se toca con las manos la protección divina [10] .

La autoridad de Jesús, sin embargo, no se manifiesta sólo en su modo de hacer milagros. Aparece todavía más límpidamente en su modo de disponer de la ley y de la tradición: las interpreta, profundiza y corrige. Éste es otro rasgo diferenciador, que no se encuentra en ningún otro testimonio de la época. La originalidad de esta actitud, patente en las enseñanzas recogidas en los evangelios, sólo se explica por el carácter único del Maestro, por su fuerte personalidad y doctrina.

Este poder sobre la Ley se percibe cuando se examina cómo Él la cumple fielmente. Por una parte, en ese cumplimiento Cristo muestra unas exigencias que van hasta lo más profundo del corazón, más allá de cualquier asomo de formalismo.

Fragmento del muro del templo de Jerusalém, donde acudía Cristo.

Es cierto que Jesús mantiene la ley, pero la interpreta según un espíritu novedoso que, al mismo tiempo que la cumple, la supera; trae un vino nuevo que rechaza componendas con los odres viejos. Por otra parte, esto lo hace como un legislador que habla en nombre propio, superando a Moisés. Lo que Dios había dicho a través de Moises, lo perfecciona su Hijo Unigénito.

Jesús inaugura una nueva era, la del Reino anunciado desde hacía mucho tiempo por los profetas: destruye el Reino de Satanás arrojando los espíritus con el dedo de Dios [11] . La mesianidad de Jesús no puede ser una invención de sus discípulos ideada después de la Pascua: la tradición evangélica contiene tantos recuerdos sólidos y armónicos de su vida pública que no es posible rechazarlos diciendo sencillamente que se trata de una creación póstuma, fruto de una presunta ideologización apologética. Las enseñanzas de Cristo son inseparables de la autoridad con que las proclama.

La divinidad de Jesús en los Evangelios

De modo análogo a como se niega la historicidad de los milagros, a veces se afirma que el título de «hijo de Dios» sólo designa, en los evangelios, una cercanía especial de Jesús con Dios. Generalmente, se argumenta señalando que este título tiene diversos usos en los textos de la época: se aplica a personajes que se distinguen por ser justos, al pueblo de Israel, a los ángeles, a la realeza o a personas con alguna facultad especial. Pero cuando consideramos los relatos evangélicos, de nuevo aparecen diferencias sólo explicables si se reconoce la naturaleza divina de Cristo, proclamada a la luz del Misterio Pascual.

Así, en el evangelio según San Marcos se testimonia que la personalidad de Jesús es sobrehumana. Ciertamente, en ocasiones, Jesús es proclamado hijo de Dios por quienes tal vez sólo lo hacen según el sentido normal de la época, sin conocer a fondo sus implicaciones.

Pero también la voz del mismo Padre en el Bautismo y en la Transfiguración atestigua que Jesús es Hijo de Dios; y a la luz de esta declaración se puede apreciar en otros muchos pasajes el carácter real y único de la filiación divina de Cristo. Por ejemplo, Jesús mismo se presenta como el “hijo amado” en la parábola de los viñadores homicidas, radicalmente distinto a todos los enviados anteriores; también manifiesta una relación personal única de filiación y confianza con el Padre al llamarle –y éste es el único evangelio que lo recoge– Abba [12] , Papá.

En este contexto, es de interés señalar cómo la fe del evangelista en la divinidad de Jesús queda enmarcada por el versículo programático evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios [13] , y la confesión del centurión, al final del texto: ¡verdaderamente este hombre era Hijo de Dios! [14] .

En San Mateo, la filiación divina de Jesús se presenta con más profusión que en San Marcos. El título viene pronunciado por endemoniados, por el centurión, por quienes pasan bajo la Cruz en el Calvario, por los sacerdotes, por Pedro y los discípulos, especialmente después de un milagro. Aún más claramente que en San Marcos se ve que no todos los que le llaman hijo de Dios lo reconocen como tal, y sin embargo esta actitud sirve al evangelista como contrapunto de quienes sí lo hicieron.

Por su parte, el tercer evangelio resalta la relación entre Jesús y el Padre, enmarcándola en un ambiente de oración, de intimidad y confianza, de entrega y sumisión, que desemboca en las últimas palabras pronunciadas en la Cruz: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu [15] .

Al mismo tiempo es fácil captar cómo su vida y su misión son continuamente guiadas por el Espíritu Santo, ya desde la Anunciación donde se proclama su filiación divina. Junto a estos rasgos particularmente destacados en San Lucas, volvemos a encontrar otros testimonios comunes con los demás evangelistas: también los demonios llaman “Hijo de Dios” a Jesús en las tentaciones y en las curaciones de los endemoniados en Cafarnaún y en Gerasa.

En San Juan se presenta la filiación divina de Cristo en su sentido más profundo y trascendente: Él es el Verbo, que está en el seno de Dios y se hace carne; es preexistente, ya que es anterior a Abrahán; ha sido enviado por el Padre, ha bajado del cielo... Son características que destacan la realidad divina de Jesús.

La confesión de la divinidad por parte de Tomás puede considerarse la culminación del evangelio, que ha sido escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre [16] .

En San Juan es patente, tal vez más que en ningún otro evangelista, cómo la afirmación de la divinidad real de Jesús pertenece al mismo núcleo de la predicación apostólica. Una afirmación, por lo demás, que hunde sus raíces en la conciencia que Cristo tenía de ella en su paso por la tierra.

En este sentido, es de especial interés recordar –y es un elemento común a todos los evangelistas– el que Jesús diferencia su relación con el Padre de la que tienen los demás hombres: mi Padre es el que me glorifica, el que decís que es vuestro Dios [17] ; subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios [18] ; la expresión «Padre nuestro» en labios de Jesús sólo aparece en una ocasión, al enseñar a los discípulos el modo en que deben rezar. Cristo nunca pone en el mismo nivel su especial filiación con la de los discípulos: una muestra de la conciencia que Él mismo tenía de su divinidad.

La predicación de la primitiva comunidad cristiana presenta las formas de anuncio, de catequesis, de exhortación o de argumentación en favor de la fe, que vienen recogidas en la narración evangélica. Esto influye más en sus características literarias que en el contenido de lo que aconteció.

Es útil descubrir que las necesidades de la predicación han llevado a seleccionar algunos pasajes frente a muchos otros [19] , y que movieron a los evangelistas a presentar la vida de Cristo en un modo más teológico que biográfico, más sistemático que cronológico. Pero no hay motivo para pensar que ese interés y esas necesidades lleven a falsificar los recuerdos, a crearlos o a inventarlos.

Más aún, las expresiones y sucesos desconcertantes son una prueba más de la credibilidad de los evangelios –¿por qué el bautismo, si Cristo no tenía pecado?, ¿por qué afirmar la aparente ignorancia de Jesús respecto a la Parusía, o que no pudo hacer milagros, o que estaba cansado?–, como lo son también la forma semítica de las palabras, o el uso de expresiones arcaicas o no asumidas por la teología posterior –como «hijo del Hombre».

Los evangelios están repletos de episodios llenos de candor y naturalidad; cada uno de ellos es una muestra de veracidad, y del deseo de contar la vida de Jesús en el seno de la tradición de la Iglesia. Quien escucha y recibe esa Palabra puede llegar a ser discípulo [20] .

En el mensaje cristiano se entrelazan fe e historia, teología y razón, y los testigos apostólicos manifiestan la preocupación de apoyar su fe y su mensaje sobre los hechos, contados con sinceridad.

En esas páginas, Cristo mismo se da a conocer a los hombres de todos los tiempos, en la realidad de su historia, de su anuncio. Leyéndolas, no accedemos a un ideal moral; meditar el evangelio no es un reflexionar sobre una doctrina. Es meditar la historia de Cristo, desde su nacimiento en un pesebre, hasta su muerte y su resurrección [21] , porque cuando se ama a una persona se desean saber hasta los más mínimos detalles de su existencia, de su carácter, para así identificarse con ella [22] .

B. Estrada

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[1] Cfr. Joseph Ratzinger – Benedicto XVI, Jesus von Nazareth , cap. 1 y 2.

[2] Camino , n. 584.

[3] 1 Co 1, 23s.

[4] Cfr. Flavio Josefo, Antiquitates Judaicæ 18, 3, 3.

[5] Conc. Vaticano II, Const. dogm. Dei Verbum , n. 18.

[6] Cfr. Joseph Ratzinger – Benedicto XVI, Jesus de Nazareth (I) , Introducción.

[7] 1 Co 15, 14.

[8] Cfr. Mt 13, 18; Mc 6, 50.

[9] Catecismo de la Iglesia Católica , n. 515.

[10] Amigos de Dios, n. 216.

[11] Cfr. Lc 11, 20.

[12] Mc 14, 36.

[13] Mc 1, 1.

[14] Mc 15, 39.

[15] Lc 23, 46.

[16] Jn 20, 31.

[17] Jn 8, 54.

[18] Jn 20, 17.

[19] Cfr. Jn 21, 25.

[20] Cfr. Joseph Ratzinger – Benedicto XVI, Jesus de Nazareth (I) , cap. 4.

[21] Es Cristo que pasa , n. 107.

[22] Es Cristo que pasa , n. 107.

 

 

Vivir con alegría – El ejemplo de los primeros cristianos para la Pascua

VIVIR CON ALEGRÍA

El ejemplo de los primeros cristianos para la Pascua

La vida de los primeros cristianos está llena de una alegría rebosante, porque saben que están haciendo, en cada momento de su día, lo que el Señor quiere de ellos.Su alegría no depende del estado de ánimo, ni de la salud, ni de ninguna otra causa humana, sino de la cercanía de Dios, que es el motivo de su gozo profundo e incomparable.

Su alegría es capaz de subsistir en medio de todas las pruebas, incluso en los momentos más duros y oscuros, como la persecución y el martirio. Además su alegría es contagiosa: transmitirla es el tesoro más valioso que pueden dar a los que les rodean. Muchas personas encontraron y encuentran a Dios viendo la alegría de los cristianos.

 

“Una persona alegre obra el bien, gusta de las cosas buenas y agrada a Dios. En cambio, el triste tiende a obrar el mal”
(HERMAS, “EL PASTOR”, Siglo II)

 

1. (En su libro “El Pastor”, Hermas –hermano del papa Pío I- en la mitad del siglo II da una serie de recomendaciones a los cristianos referentes a la importancia de evitar la tristeza y estar alegres…)

Arranca, pues, de ti la tristeza y no atribules al Espíritu Santo que mora en ti, no sea que supliques a Dios en contra tuya y se aparte de ti. Porque el espíritu de Dios, que fue infundido en esa carne tuya, no soporta la tristeza ni la angustia.
(HERMAS, “El Pastor”, Mandamientos, 10, 2-4)

 

2. Revístete, pues, de la alegría, que halla siempre gracia delante de Dios y le es acepta, y ten en ella tus delicias. Porque todo hombre alegre obra el bien y piensa en el bien y desprecia la tristeza. En cambio, el hombre triste se porta mal en todo momento. Y lo primero en que se porta mal es en que contrista al Espíritu Santo, que le fue dado alegre al hombre. En segundo lugar, comete una iniquidad, por no dirigir súplicas a Dios ni alabarle; y, en efecto, jamás la súplica del hombre triste tiene virtud para subir al altar de Dios.
(HERMAS, “El Pastor”, Mandamientos, 10, 2-4)

 

3. Los santos, mientras vivían en este mundo, estaban siempre alegres, como si siempre estuvieran celebrando la Pascua.
(SAN ATANASIO, Carta 14, 1-2)

 

4. Siempre estarás gozoso y contento, si en todos los momentos diriges a Dios tu vida, y si la esperanza del premio suaviza y alivia las penalidades de este mundo.
(SAN BASILIO MAGNO, Homilía sobre la alegría, 25)

5. “Quien practique la misericordia – dice el Apóstol -, que lo haga con alegría“: esta prontitud y diligencia duplicarán el premio de tu dádiva. Pues lo que se ofrece de mala gana y por fuerza no resulta en modo alguno agradable ni hermoso.
(SAN GREGORIO NACIANCENO, Disertación sobre amor a los pobres, 14)

6. Como acabáis de escuchar en la lectura de hoy, amados hermanos, la misericordia divina, para bien de nuestras almas, nos llama a los goces de la felicidad eterna, mediante aquellas palabras del Apóstol: Estad siempre alegres en el Señor. Las alegrías de este mundo conducen a la tristeza eterna, en cambio, las alegrías que son según la voluntad de Dios durarán siempre y conducirán a los goces eternos a quienes en ellas perseveren. Por ello, añade el Apóstol: Os lo repito, estad alegres.
Se nos exhorta a que nuestra alegría, según Dios y según el cumplimiento de sus mandatos, se acreciente cada día más y más, pues cuanto más nos esforcemos en este mundo por vivir entregados al cumplimiento de los mandatos divinos, tanto más felices seremos en la otra vida y tanto mayor será nuestra gloria ante Dios.
(SAN AMBROSIO, Tratado sobre la carta a los Filipenses, 1)

7. Los seguidores de Cristo viven contentos y alegres y se glorían de su pobreza más que los reyes de su diadema.
(SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilía sobre San Mateo, 38)

8. En la tierra hasta la alegría suele parar en tristeza; pero para quien vive según Cristo, incluso las penas se truecan en gozo.
(SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilía sobre San Mateo, 18)

9. Si tenemos fija la mirada en lascosas de la eternidad, y estamos persuadidos de que todo lo de este mundo pasa y termina, viviremos siempre contentos y permaneceremos inquebrantables en nuestro entusiasmo hasta el fin. Ni nos abatirá el infortunio, ni nos llenará de soberbia la prosperidad, porque consideraremos ambas cosas como caducas y transitorias.
(CASIANO, Instituciones, 9)

10. El gozo en el Señor debe ir creciendo continuamente, mientras que el gozo en el mundo debe ir disminuyendo hasta extinguirse. Esto no debe entenderse en el sentido de que no debamos alegrarnos mientras estemos en el mundo, sino que es una exhortación a que, aun viviendo en el mundo, nos alegremos ya en el Señor.
(SAN AGUSTÍN, Sermón 171, 1)

11. Entonces será la alegría plena y perfecta, entonces el gozo completo, cuando ya no tendremos por alimento la leche de la esperanza, sino el manjar sólido de la posesión. Con todo, también ahora, antes de que esta posesión llegue a nosotros, antes de que nosotros lleguemos a esta posesión, podemos alegrarnos ya con el Señor. Pues no es poca la alegría de la esperanza, que ha de convertirse luego en posesión.
(SAN AGUSTÍN, Sermón 21, 1)

12. Porque no hay nada más infeliz que la felicidad de los que pecan.
(SAN AGUSTÍN, De la vida feliz, 10)

13. Eso fueron los primeros cristianos, y eso hemos de ser los cristianos de hoy: sembradores de paz y de alegría, de la paz y de la alegría que Jesús nos ha traído. (SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Es Cristo que pasa, 30)

Del libro:
ORAR CON LOS PRIMEROS CRISTIANOS
Gabriel Larrauri (Ed. Planeta)

 

 

Cómo las epidemias y enfermedades ayudaron a la Iglesia primitiva a crecer

El cristianismo ofrecía una respuesta

“Las epidemias se encontraban entre los grandes terrores del mundo antiguo. Los médicos sabían cómo identificar las enfermedades, pero no sabían cómo detener su propagación. Los antibióticos y las drogas antivirales todavía estaban a siglos de distancia en el futuro”.

Entonces, cuando la plaga golpeó una ciudad, los médicos fueron de los primeros en irse. Vieron lo que venía y no pudieron hacer nada para detenerlo.

Los historiadores hablan de tres grandes plagas durante los primeros siglos del cristianismo, y estiman que cada una redujo la población del imperio entre un cuarto y un tercio.

Mientras que la población se desplomó, sin embargo, la Iglesia creció. El sociólogo Rodney Stark argumenta, en su libro “The Rise of Christianity” (1997), que las epidemias eran un campo de pruebas de los principios cristianos y un momento en que las virtudes específicamente cristianas se mostraban públicamente.

En la primera de las plagas, en el año 165 d. C., el médico pagano Galeno alabó la valentía de los cristianos al preocuparse por los demás.

En el segundo, que comenzó alrededor del año 250 DC, encontramos al obispo africano San Cipriano exhortando a su congregación a movilizarse para la tarea de curación. Los instó a cuidar no solo a sus compañeros creyentes, sino también a sus perseguidores paganos.

 “No hay nada extraordinario en apreciar a nuestra propia gente”, dijo, “… [Nosotros] deberíamos amar a nuestros enemigos también … el bien [debería hacerse] a todos, no simplemente a la familia de la fe”.

El obispo egipcio San Dionisio el Grande describió con gran detalle los esfuerzos de ayuda realizados por la Iglesia a todos, a pesar de que la práctica de la fe era un crimen castigable con la muerte. Los cristianos estaban dispuestos a arriesgarse a una doble exposición, a las autoridades y a la enfermedad, para atender a los enfermos y moribundos.

En la epidemia del 312, durante la más feroz persecución anticristiana, la Iglesia proporcionó el único cuidado disponible en las ciudades.

En las crisis, los cristianos establecieron sistemas de atención que en tiempos de paz, cuando cesaron las persecuciones, la Iglesia se institucionalizaría en los hospitales.

Stark cree que las epidemias fueron un factor importante en el crecimiento temprano de la Iglesia: “Si la sociedad clásica no hubiera sido perturbada y desmoralizada por estas catástrofes, el cristianismo nunca habría sido una fe tan dominante”.

Mike Aquilina

 

Solidaridad cristiana

En el año 165, durante el reinado de Marco Aurelio, se desató una epidemia que, en el transcurso de quince años, causó la muerte de un tercio de los habitantes del Imperio, Marco Aurelio incluido.

En el año 251 se declaró una epidemia parecida, probablemente de sarampión, con resultados similares. En general, los historiadores concuerdan en que estas epidemias produjeron un despoblamiento que contribuyó a la caída del Imperio romano más que la degeneración moral a la que se suele atribuir el hundimiento.

Stark señala que estas epidemias favorecieron la rápida difusión del cristianismo por tres razones. La primera, porque el cristianismo ofrecía una respuesta más satisfactoria que la brindada por el paganismo antiguo a la pregunta sobre el sufrimiento de los inocentes; una respuesta basada en la pasión y muerte de Cristo.

En segundo lugar, “los valores cristianos del amor y la caridad se habían traducido, desde el principio, en normas de servicio social y solidaridad.

Cuando sobrevenía algún desastre, los cristianos tenían mayor capacidad de respuesta, lo que producía tasas de supervivencia notablemente superiores. Esto significa que, tras cada epidemia, los cristianos constituían un porcentaje mayor de la población, aun sin contar los nuevos conversos”.

Stark concluye: “Durante las epidemias, en cierto modo el paganismo ‘cayó fulminado’ o al menos contrajo una enfermedad mortal: fue víctima de su relativa incapacidad para enfrentarse social o espiritualmente con estas crisis; incapacidad que puso súbitamente de manifiesto el ejemplo de su nuevo contrincante”.

 

Virtudes en tiempos de pandemia

Salvador Bernal

Macron junto a su mujer y obispos franceses.

Nunca quizá como en este tiempo de pandemia habían aparecido tantas virtudes en titulares de prensa y en boca de políticos. Sin ir más lejos, el diario Le Monde presentaba así la cuarta alocución del presidente Macron a los franceses desde el comienzo de la crisis: “Coronavirus: esperanza y humildad”.

En su intervención ante las cámaras de televisión presentaba un panorama a los ciudadanos para el 11 de mayo, con una salida progresiva de la cuarentena. Como resume el diario, “la retórica de la guerra dejó paso a la modestia y a la compasión”.

Ciertamente, l’espoir no es la esperanza teologal. Pero, sin necesidad de acudir a estudios eruditos sobre espera y esperanza, se entiende el cambio de actitud de un líder más bien caracterizado hasta ahora por una cierta arrogancia y confianza en sí mismo.

La amplitud de la pandemia, con la vacilación de los científicos y las indudables exigencias políticas, le lleva a admitir al fin errores, insuficiencias, falta de preparación, fracasos… Aunque aporta horizontes de futuro, reconoce la inseguridad, porque no queda claro que la inmunidad colectiva esté a la vuelta de la esquina. Con lenguaje ético, expresa su gratitud a los franceses que, con disciplina y compromiso, han hecho posible la fortaleza del país.

Viene al pensamiento la clásica idea del contrato del dirigente político con los ciudadanos que le eligen y le siguen, en términos de mutua responsabilidad. Romper las “cláusulas” de ese pacto es tanto como abrir las puertas a la desconfianza. Ese camino suele comenzar, más que con la prepotencia, con la falsía: la sustitución retórica de la verdad por la imagen, el reemplazo de los hechos por el prejuicio ideológico. De ahí que la veracidad haya pasado al primer plano de la conciencia ciudadana.

Cuando en tantos países se abren balcones y ventanas a las ocho de la tarde, para “honrar” –agradecer- a quienes arriesgan su vida cuidando a los enfermos, se advierte la profundidad de un término que parecía asfixiado en medio de tanta sofística. Se cae en la cuenta de que el valor “honra” funda la honradez y exige “honrar” a quienes practican esa virtud. Al contrario, la mentira lleva a una deshonra personal, sentida como tal por la opinión. No es una tautología: de ordinario, uno es honrado –reconocido así- porque es honrado.

Pienso el caso límite del cardenal australiano George Pell: su inocencia prevalece hoy después de meses de acciones y decisiones que buscaban deshonrarle –quizá, en él, al conjunto de la jerarquía católica-, con afirmaciones increíbles para cualquier persona con un mínimo de sentido común aplicado a la justicia. Mucho antes del caso Dreyfus, la Biblia había descrito dramáticamente la condena inicua del inocente en la figura de la casta Susana.

Según el relato del libro de Daniel el pueblo acaba arropándola, cuando estaba a punto de lapidarla. No sabemos qué habría sucedido en Australia, si no se hubiera decretado el confinamiento; pero noticias de la absolución por el Tribunal Supremo como la de AFP –incompatible con un mínimo de profesionalidad periodística- habrían justificado, si no promovido, la sinrazón de la protesta contra el cardenal.

La honradez y la veracidad de los gobernantes forman parte del “contrato” con los ciudadanos. La correspondencia de éstos hacia sus dirigentes, como se está demostrando hoy, se refleja en los índices de popularidad. Ciertamente, los estudios demoscópicos pueden estar influidos por operaciones de imagen, tanto o más que la propia realidad. Pero, en los países democráticos, el pluralismo permite corregir posibles excesos y al cabo, como en Francia, puede producir una notable recuperación a favor del jefe de Estado –en sondeos no estatales-: ha aumentado 14 puntos, tras la caída derivada de la concatenación de crisis como la revuelta de los chalecos amarillos y las manifestaciones y huelgas interminables contra la reforma de las pensiones, zanjadas de momento por la amplitud de la pandemia.

Se publican muchos artículos de grandes figuras tratando de diseñar el futuro tras esta gran crisis mundial de la globalización. Mi impresión es que proyectan sobre el porvenir su visión del presente y los deseos de reforma que tantas veces habían manifestado tiempo atrás. Quizá no pueda ser de otra
manera. Y quizá también por esto, me alegra esa actualización de las virtudes clásicas, al compás de la pandemia, que da pie a soñar en un renacimiento de la ética pública.

 

 

“Y que el COVID los una”

Escrito por Mario Salvador Arroyo.

La unidad es el punto en común que exalta tanto el papa Francisco como uno de los ateos más recalcitrantes Yuval Noah Harari.

En medio de la vorágine de la pandemia, hemos podido palpar una vez más, algo que parecía olvidado, incluso superado: que la humanidad forma una unidad, una gran familia, y que, por encima de los egoísmos e individualismos, aletea un espíritu de comunión. La desgracia nos ha unido, reuniendo a quienes antaño eran antagonistas. El dolor ha tenido la virtualidad de suturar las fracturas de nuestra civilización doliente. Uno de los ámbitos donde gozosamente esto se ha hecho patente, es en el marco religioso, donde por una vez creyentes en Dios y ateos beligerantes vamos de la mano en busca de un fin común, ofreciendo la misma medicina para paliar el colosal problema que juntos enfrentamos, y que solamente unidos podremos superar.

No deja de sorprender, en este sentido que el papa Francisco, portavoz de quienes creemos en Dios, y Yuval Noah Harari, adalid de quienes niegan su existencia, ofrezcan el mismo consejo, la misma receta, para hacer frente a la pandemia. Dejemos que sean ellos los que lo digan. Como “la edad va antes que la belleza”, escuchemos primero a Francisco, que nos habla del tema en las dos bendiciones “Urbi et Orbi”, la extraordinaria del 27 de marzo y la pascual del 12 de abril.

En la primera dice: “Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una única voz y con angustia dicen: ‘perecemos’ también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino sólo juntos”.

En la segunda fue más enfático: “Este no es el tiempo de la indiferencia, porque el mundo entero está sufriendo y tiene que estar unido para afrontar la pandemia... Que estos hermanos y hermanas más débiles, que habitan en las ciudades y periferias de cada rincón del mundo, no se sientan solos… Este no es el tiempo del egoísmo, porque el desafío que enfrentamos nos une a todos y no hace acepción de personas… Es muy urgente, sobre todo en las circunstancias actuales… que todos se reconozcan parte de una única familia y se sostengan mutuamente… Este no es tiempo de la división…Las palabras que realmente queremos escuchar en este tiempo no son indiferencia, egoísmo, división y olvido. ¡Queremos suprimirlas para siempre!”

Por su parte, Yuval Noah Harari, quizá el intelectual ateo más relevante en la actualidad, una vez que Stephen Hawking ha muerto, afirma en una entrevista reciente: “El mayor peligro son las personas, no el virus. Si colaboramos a nivel nacional e internacional, saldremos adelante sin ninguna duda. Pero el problema de verdad es la falta de unidad global… Necesitamos colaboración e intercambio con otros países, pero lo que está ocurriendo en estos momentos es terrible. En lugar de una producción conjunta de test, ropa de protección y respiradores y de un reparto coordinado entre todos los países, lo que estamos viendo es que los más ricos tratan de hacerse con todo. Cada uno va a lo suyo. Los estados tendrían que tenderse la mano en vez de dejar de lado a las víctimas. Deberían compartir información honesta y veraz y no pensar solo en su economía. Pero eso exigiría un elevado nivel de confianza internacional… El remedio contra el coronavirus no es separarse, sino mantenerse unidos.”

El creyente y el ateo, el papa y el intelectual, claman por la unidad. Uno en plan positivo, el otro en negativo, el primero pone el énfasis en lo que deberíamos hacer, el segundo en lo que no hemos hecho, pero el diagnóstico es el mismo: solo unidos saldremos adelante, solo unidos hay futuro, solo unidos superaremos la pandemia. Y al hacerlo, ateos y creyentes dan un bello ejemplo de unidad, poniendo el acento más en lo que tenemos en común: nuestra común condición humana; que no en las creencias que nos dividen, pues mientras unos creemos en Dios, otros creen que no existe. Ambos insisten, también, en aprovechar la pandemia para reflexionar y corregir lo que no va bien en nuestra civilización, ¿no es curioso como la espiritualidad cristiana y la atea pueden ofrecer el mismo diagnóstico descubriendo la misma oportunidad?

 

 

Con mirada limpia y oídos para la sorpresa

Sigue imparable el tiempo de pascua como si estuviera distraído y fuera ajeno a lo que está sucediendo. Una fiesta de luz que aparentemente no tiene en cuenta nuestras densas penumbras. Un brindis por la vida que parece desconocer nuestras últimas muertes. Y un requiebro de esperanza que no logra abrazar en principio nuestras lágrimas.

Entonces daría la impresión de que nuestro almanaque cristiano sigue su estela marcada en una agenda hecha sólo de fechas y calendas, sin que sea sabedor de esta crónica diaria durante tanto tiempo ya confinada.

Y, sin embargo, hay quienes, con mirada limpia de negruras y de largo horizonte, es capaz de asomarse a lo que nos está sucediendo sin censurar lo que nos aflige hasta desesperarnos, y sin dejar de leer y escuchar lo que Dios como buen escribano, nos relata en medio de nuestros renglones torcidos y nuestras conversaciones varias. ¡Quién tuviera esos ojos capaces de leer entrelíneas y de escuchar con sorpresa!

El papa Francisco tuvo una conmovedora vigilia de oración en la Plaza de San Pedro hace unos días, tan vacía de gente como tan llena de confianza en el buen Dios que nos acompaña. Fue una reflexión sobre cómo nos situamos unos y otros ante la pandemia. El Santo Padre comentaba el evangelio de la tempestad sobre el lago, en la que los discípulos aterrados se morían de miedo, mientras que Jesús parecía que dormía ajeno al pánico asustado de aquellos profesionales de la pesca que no controlaban el riesgo de naufragio. Y añade el papa en su comentario: «La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad. La tempestad pone al descubierto todos los intentos de encajonar y olvidar lo que nutrió el alma de nuestros pueblos; todas esas tentativas de anestesiar con aparentes rutinas “salvadoras”, incapaces de apelar a nuestras raíces y evocar la memoria de nuestros ancianos, privándonos así de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la adversidad. Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos».

Sí, hay que leer y escuchar, porque aquí hay un mensaje que puede y debe ser una dulce provocación que se dirige directamente a nuestro corazón y a nuestra conciencia, porque se están desvelando los sentimientos verdaderos que nos anidan en todos nuestros adentros. Por eso, remataba el Santo Padre diciendo que «el Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar. El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual… En medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado. El Señor nos interpela desde su Cruz a reencontrar la vida que nos espera, a mirar a aquellos que nos reclaman, a potenciar, reconocer e incentivar la gracia que nos habita. No apaguemos la llama humeante (cf. Is 42,3), que nunca enferma, y dejemos que reavive la esperanza». ¡Quién tuviera esos oídos abiertos y quién tuviera esa mirada! Es lo que hemos de aportar también los cristianos en estos momentos como testigos de la pascua.

+ Jesús Sanz Montes, ofm. Arzobispo de Oviedo

 

 

Manos vacías

(En la fiesta de la Misericordia)

 

Como agua que escapa

entre las manos,

como humo que se forma

y desvanece,

como flor que es cortada

y se marchita,

como sombra que pasa

y no hace huella,

como olas que no alcanzan

las orillas.

 

Así son los proyectos

de los hombres

que sólo dan un poco

de alegría

por no ser consistentes

y fenecen,

sin alcanzar apenas

cierta dicha,

que sólo junto a Dios

se alcanzaría.

 

Y es que los pobres seres

racionales

no pueden erigirse

como guías

del mundo y de las cosas

que tenemos,

como administradores

otorgadas,

para dar cuenta de ellas

algún día.

 

¿Cómo he de presentarme,

cuando llegue,

al final de la vida?

¿Qué llevaré que pueda

contentarle

al Hacedor Supremo

en lo que pida?

y no pueda enseñarle

más bagaje

que una alforja vacía.

 

 

 

 

 

 

Pero consuelan tanto

las palabras

que el mismo Jesucristo

nos decía

sobre cena y convite,

para muchos,

en mesa de familia

y una paga,

si no nos excusamos,

que es divina.

 

Item más, meditar

la coronita

que Dios mismo inspirara

a una Faustina

para que le ofreciera

sus obras negativas,

torpes fragilidades,

y que le abriera

 a su Misericordia

las heridas.

José María López Ferrera

 

El caos, la nueva y peligrosa estrategia revolucionaria

El caos es la nueva y peligrosa estrategia de los movimientos revolucionarios sobrevivientes del comunismo y de otros movimientos anticristianos de carácter religioso

El caos fue uno de los puntos de mayor preocupación y análisis, en los últimos años de la fecunda vida del eminente pensador católico y hombre de acción brasileño, Prof. Plinio Corrêa de Oliveira.

Plinio Corrêa de Oliveira

Corrêa de Oliveira se distinguió por sus lúcidas previsiones sobre la realidad social, política y religiosa de Brasil y del mundo, muchas de las cuales se fueron cumpliendo a lo largo de las décadas, demostrando un innegable espíritu profético.

El tema del caos como instrumento revolucionario siempre estuvo presente en sus observaciones.

En su obra maestra «Revolución y Contra-Revolución» (1959) Corrêa de Oliveira afirma que

«encarados superficialmente, los acontecimientos de nuestros días parecen una maraña caótica e inextricable, y de hecho lo son desde muchos puntos de vista».

Sin embargo, añade,

«es posible discernir resultantes, profundamente coherentes y vigorosas, de la conjunción de tantas fuerzas desvariadas». En efecto, «al impulso de esas fuerzas en delirio, las naciones occidentales van siendo gradualmente impelidas hacia un estado de cosas que se va delineando igual en todas ellas, y diametralmente opuesto a la Civilización Cristiana». De donde concluye que la crisis contemporánea «es como una reina a quien todas las fuerzas del caos sirven como instrumentos eficientes y dóciles».

Según señaló Plinio Corrêa de Oliveira en numerosas conferencias y en artículos como «Cuatro dedos sucios y feos» (1983), “Los dedos del caos y los dedos de Dios» (1992), intelectuales de izquierda y hasta «teólogos de la liberación» pasaron a ver el caos como un nuevo y eficaz instrumento de revolución social, después de la crisis del comunismo.

Las llamadas teorías del caos, con sus aplicaciones al campo social, se pusieron en boga. No es por casualidad que el caos está siendo incentivado por diversos movimientos anticristianos, con raíz política y religiosa, que actúan de manera indiscutiblemente articulada en este mundo globalizado.

* * *

El caos va penetrando de modo creciente en la vida de muchos países

 

Traducimos a continuación el artículo “La inmovilidad móvil del caos» (A imobilidade móvel do caos” – 1993)

Si existe un denominador común de la vida pública y privada de tantas naciones hoy en día, se puede decir que es el caos. Las perspectivas caóticas parecen alimentarse a sí mismas y, cada vez más, se camina en las vías del caos, nadie sabe bien hasta dónde.

Las fuerzas enigmáticas del caos producen explosiones, erupciones, que dan la impresión de que el mundo se va a rajar. Los optimistas, los tontos -disculpe el lector el pleonasmo- se asustan poco, porque piensan que todo volverá a ser como antes. Los que se tienen en cuenta de clarividentes se alarman, creyendo que el mundo quedará «patas arriba» en cualquier momento. Pero ellos también se equivocan, pues «plus ça change, plus c’est la même chose» – cuanto más eso cambia, es más lo mismo…

En efecto, el proceso caótico que todos presenciamos y padecemos, por así decirlo, se mueve en la inmovilidad. Aquí, allí, más allá se manifiestan desavenencias, situaciones tan tensas y críticas, que se diría que una guerra mundial va a explotar en cualquier momento en algún lugar. Sin embargo, en ese girar del caos las situaciones terminan quedándose inmóviles.

Ahora, precisamente esa inmovilidad fija de la movilidad continua, de las situaciones que no mejoran, ni empeoran, constituye el propio drama en que, cada vez más, un número creciente de países se va hundiendo.

Es una especie de SIDA psicosocial que se difunde por el mundo entero: esa enfermedad no mata, pero debilita todo lo que pueda haber de sano y orgánico el interior de las naciones.

 

El demonio. padre del mal, del error y de la mentira, gime con estertores desesperados, vociferando su eterno y nefasto grito de rebelión: «Non serviam» – ¡No serviré!

El hombre de hoy, acobardado ante de la multiplicación de las catástrofes,  ruinas morales y materiales, se pone en cuclillas lamentando: «la regla de la vida es que las cosas se quiebren y a ella todos tienen que sujetarse. Todo se rompe y nada tiene significado. Las cosas ya no significan nada».

Desde el fondo de todo ese panorama parece proyectarse el siguiente mensaje: «Habitúate y comprende que nada tiene razón de ser. ¡La razón humana está extinguida y nada más ocurrirá de forma razonable, nunca más! Pero esto no te será dicho explícitamente: ¡el operar de los acontecimientos mundiales será cada vez más absurdo e irracional. Y todos tendrán que habituarse a la idea de que el absurdo asumió el cetro del mundo!»

Ese parece ser el mensaje actual de los hechos: «¡Razón humana, retírate! ¡Pensamiento humano, enmudece! Hombre, no reflexiones más, y como un animal déjate arrastrar por los acontecimientos»…

Y, de lo más recóndito de ese abismo es dado al católico discernir las fulguraciones engañosas, el cántico al mismo tiempo siniestro y atrayente, emoliente y delirante de aquel ser abyecto que es como una personificación de la ilogicidad, del absurdo, de la rebelión irracional y llena de odio contra el Omnipotente sapientísimo: el demonio. Padre del mal, del error y de la mentira, gime con estertores desesperados, vociferando su eterno y nefasto grito de rebelión: «Non serviam» – ¡No serviré!

Esas son las perspectivas sobre las cuales pueden y deben discutir los teólogos. Los teólogos verdaderos, es claro. Es decir, los pocos entre ellos que aún creen en la existencia del demonio y del Infierno.

 

 

EL FUTUROSE ACELERA EN LLEGAR

Dr. Hugo SALINAS

salinas_hugo@yahoo.com

Como consecuencia de la pandemia COVID-19, el futuro de las personas y de la sociedad se acelera en llegar. Se sienten grandes cambios a nivel planetario. La producción y elaboración de bienes económicos está cambiando de eje. Los hábitos de consumo abren nuevos caminos hacia el bienestar general y, como consecuencia, las grandes desigualdades socio-económicas se cuestionan con mayor vigor y claridad. El equilibrio mundial de las grandes potencias se reacomodan. Un modelo socio-económico alternativo al capitalismo se dibuja con mayor claridad.

La economía industrial que tuvo como emblema a las fábricas, está dando paso aceleradamente a los centros de investigación y de aplicación que son el emblema de la economía inmaterial, llamada también economía de los conocimientos o economía digital. En suma, la “producción” está dejando su lugar de importancia a la “elaboración” de bienes económicos. Mientras la primera se caracteriza por una producción en serie, de millones de unidades del mismo producto, la segunda es la elaboración de un bien económico único. Cada bien económico no admite ni siquiera un duplicado.

Son dos formas de trabajar diferentes, En el primer caso se trata del Proceso Artificial de Producción, producción de bienes materiales por excelencia, como los automóviles, aviones, casas, sillas, mesas… En el segundo caso se trata del Proceso de Trabajo de Concepción, elaboración de bienes económicos que son el resultado de un invento, una creación, una innovación o un descubrimiento. Es decir, la pandemia del coronavirus está acelerando la llegada de un nuevo mundo; una nueva manera de trabajar y de vivir.

El Proceso de Trabajo de Concepción tiene a los conocimientos y competencias del trabajador como su elemento fundamental. Y esto hará, como lo veremos luego, una gran diferencia no solamente en la evolución de los procesos de trabajo sino también, y sobre todo, en el cambio del tipo de repartición del resultado de la actividad económica. Dicho con mayor claridad, el elemento fundamental del Proceso de Trabajo de Concepción impide la creación y desarrollo de las grandes desigualdades socio-económicas. Este proceso de trabajo, como lo hicieron en su tiempo los procesos de trabajo a mano desnuda y con herramientas, impedirá la explotación del hombre sobre el hombre.

Asimismo, el COVID-19 no solamente está acelerando la instalación de un nuevo proceso de trabajo sino que también, al mismo tiempo, está poniendo de relieve un nuevo sector de la actividad económica. Mientras que el proceso de trabajo que anima la economía industrial puso delante de la escena al confort material, el proceso de trabajo que anima la economía inmaterial está incidiendo con prioridad, en su camino de evolución, en la salud del ser humano. Un campo de la actividad económica que había sido dejado de lado por el principio de rentabilidad y de las ansias de hacer dinero y más dinero, en agravio de la salud de las personas y, muy especialmente, de los trabajadores, de sus familias, de los desempleados y marginados.

Una recomposición en la importancia de los sectores de la actividad económica, la misma que redundará inevitablemente en una recomposición del equilibrio de poder a nivel mundial. La pululación de los uno mil centros de investigación y aplicación serán los agentes directos del cambio. El centralismo de los Estados Unidos en el ordenamiento planetario está siendo cuestionado con mayor vigor. Y un transitorio multipolarismo se hará presente con mayor claridad.

De igual modo, los hábitos de consumo de las personas están desplazando su prioridad hacia la salud de los seres humanos y de la sociedad. Porque el COVID-19 lo está mostrando con claridad que, no es suficiente tener un buen control sanitario a nivel de la persona si la sociedad no está implementada correctamente para proteger ese control sanitario personal. Los centros de salud, el personal que lo compone y las correctas disposiciones sanitarias están tomando una importancia vital para el buen vivir tanto de las personas como de la sociedad.

Estas dos cosas, la gran diseminación de centros de investigación y de aplicación, así como los nuevos bienes de consumo para preservar y sanar la salud de las personas, requieren de un cierto nivel de poder adquisitivo y de financiamiento, a nivel de cada persona y de la sociedad. Esto se hace tan evidente y se convierte en una exigencia diaria y vital de las personas de casi todos los estratos de la sociedad, así como de los recursos financieros con los que debe contar el Presupuesto Público del país.

De ahí que, se hace evidente que los recursos financieros destinados a la salud en proporción al Producto Bruto Interno del país, deben ser más consecuentes. La persona y su bienestar deben volver a ser la primera prioridad en el objetivo de la actividad económica y en el reparto equilibrado del resultado de dicha actividad económica.

Al respecto, el COVID-19 nos está ilustrando que las personas no pueden tener como única fuente de ingresos ya sea los salarios o los dividendos. Si la empresa que les brinda ese tipo de ingresos quiebra, la mayoría de dichas personas se quedarán en la completa orfandad. Y en el caso de los trabajadores que pierden su centro de trabajo es mucho más grave. Sin ningún recurso para sobrevivir, menos aún para adquirir los medicamentos o tratamientos que exige su estado de salud. Los trabajadores ocupados que pierden su trabajo y, por tanto, su única fuente de ingresos, están destinados a morir.

Los trabajadores que pierden su única fuente de ingresos pasarán a aumentar la masa de personas que se encuentran en la plena orfandad tales como los trabajadores desocupados, los otros miembros de la familia, las personas de la tercera edad, los inválidos, los niños y jóvenes abandonados o que pierden sus padres por accidentes de la vida, etc. Esta es la dura realidad de la sociedad capitalista.

Ante tal calamidad que nos brinda la sociedad capitalista, la Humanidad está encontrando una salida a este problema, en algunos casos por intereses egoístas como es lo que sucede con las empresas petroleras en Alaska. A principios de este milenio, y habida cuenta de que el suelo de Alaska contiene inmensos yacimientos de petróleo, las empresas crearon un apreciable fondo de compensación para ser repartido, en partes iguales, entre todos los habitantes del país. Una especie de Icome Basic (Remuneración de Base) para cada persona, que serviría a compensar los efectos nocivos de la explotación petrolera.

En Europa así como en América Latina se expande la idea de una Remuneración de Base, producto de una reflexión sobre el nivel inhumano en el que viven grandes franjas de la población. La Remuneración de Base se orientaría a paliar la falta de recursos monetarios para sufragar las necesidades básicas de la persona y de las familias. Esta remuneración no estará ligada a ninguna contraprestación. Ella se recibirá solamente por el hecho de ser parte de su sociedad.

A esta corriente de aplicación de la Remuneración de Base, en plena ebullición a progresión creciente, la podemos clasificar en dos según sus fuentes de financiamiento. Los unos piden que el fondo monetario que serviría a cubrir la aplicación de la Remuneración de Base debe provenir del Presupuesto Público del país. Los otros, sostienen que esta Remuneración de Base debe provenir de la totalidad de las utilidades de las empresas-país. Dos puntos de vista con su pro y su contra.

Mientras que el monto de la Remuneración de Base proveniente del Presupuesto Público del país estaría completamente supeditado a los caprichos de los políticos y de los gobernantes,  la Remuneración de Base proveniente de las utilidades de las empresas-país sería recibida automáticamente y sin ninguna supeditación a los caprichos de políticos y gobernantes, pero requiere de un Gran Cambio de la base socio-económica del país, así como del consentimiento de la totalidad de la población del país.

Son dos proposiciones sustentadas en dos modelos socio-económicos diferentes. La propuesta que recurre a utilizar los fondos del Presupuesto Público del país responde a la decisión de conservar el modelo socio-económico capitalista vigente. Su único objetivo es de “reformar” o “mejorar” el modelo pero, en esencia, opta porque quien maneja el acto económico se siga apropiando la totalidad del resultado de la actividad económica generado por un pueblo, presente y pasado. Es decir, a partir de esta opción se estaría optando porque continúen las grandes desigualdades socio-económicas al interior del país.

En cambio la opción de obtener la Remuneración de Base a partir de la totalidad de las utilidades de las empresas-país se orienta a realizar un cambio de la base socio-económica del país y, con ello, facilitar la instalación de nuevas instituciones que remplacen a aquellas de la Democracia Representativa que, a través de su centralismo, justifica y preserva las grandes desigualdades socio-económicas.

Es bueno saber que la Remuneración de Base a partir de la totalidad de las utilidades de la totalidad de las empresas-país significa, en otros términos, la Repartición Igualitaria de la totalidad de las utilidades de la totalidad de las empresas-país.

Esta Repartición Igualitaria será una decisión de sociedad. Es decir, la totalidad de la población del país decidirá la instalación de este mecanismo que creará, en términos bien concretos, los lazos de hermandad entre todos los miembros de la sociedad. Pero para que esta “decisión de sociedad” persista en el tiempo será indispensable poner de pie la institución que lo valide en el tiempo. Y esta es precisamente la Propiedad Comunitaria o Propiedad Colectiva de las empresas-país, en el sentido de que la propiedad es de todos y de ninguno en particular. Con ello estamos diciendo que las empresas-país serán de propiedad del pueblo, en el sentido de propiedad comunitaria, como la nueva y principal institución jurídica del país.

Algo más, en base a la propiedad comunitaria de todas las empresas-país se podrá sustentar un nuevo sistema financiero que facilitará un Financiamiento Ilimitado para la creación y desarrollo de empresas-país. Empresas que pertenecerán a todos los habitantes del país, que formarán el sector económico más importante del país, y sobre cuyos activos, físicos y financieros, se podrá emitir dinero en la forma de financiamiento de nuevas empresas-país o del desarrollo de las mismas.

El financiamiento ilimitado de empresas-país será la condición suficiente para que se elimine de una vez por todas, la explotación del hombre sobre el hombre.

Recordemos que la condición necesaria para impedir la explotación de un hombre sobre otro hombre está dado por el elemento fundamental del Proceso de Trabajo de Concepción que son los conocimientos y habilidades del trabajador. Este elemento de dicho proceso de trabajo se encuentra esencialmente localizado en el cerebro del trabajador, con lo cual se hace imposible que una tercera persona pueda apropiársela en forma permanente, como sucedió con los centros de alimentación o las herramientas, elementos fundamentales del Proceso de Trabajo a Mano Desnuda y el Proceso de Trabajo con Herramientas.

Ahora, con el financiamiento ilimitado para la creación y desarrollo de empresas-país se pondrá en acción lacondición suficiente para impedir la explotación de un hombre sobre otro hombre, basado en la hegemonía de la Repartición Individualista del resultado de la actividad económica, que permite, como sucede desde hace unos diez mil años, que un reducido número de personas se apropie del 100% del resultado de la actividad económica.

De otra manera, estamos llegando al fin del impero de la Repartición Individualista del resultado de la actividad económica, y de su forma externa de presentación, la economía y sociedad capitalista.

Lima, 13 de abril del 2020

 

 

El virus chino y la confianza en la Santísima Virgen

 

 

En medio de la agitación y la incertidumbre causada por el virus chino, la Santísima Virgen María se levanta como una luz brillante para calmar los temores, calmar el pánico y generar confianza.

 

La crisis del virus chino ha llevado a las autoridades a recomendar a todos quedarse en casa. Nadie en, varios municipios, tiene permitido salir de casa por razones no esenciales. El resto del País está sujeto a restricciones similares.

Debido a esta reclusión forzada, muchos se sienten atrapados.

Las noticias contradictorias sobre la gravedad del virus empeoran esta sensación.

De hecho, aquellos que buscan estudiar los hechos más profundamente quedan enterrados bajo montañas de especulación. Son como moscas en una telaraña; cuanto más luchan por encontrar la verdad, más enredados se encuentran.

En medio de la agitación y la incertidumbre, la Santísima Virgen María se levanta como una luz brillante para calmar los temores, calmar el pánico y generar confianza.

Nuestra Señora es el refugio de todo hombre, independientemente de cuán grande sea el mal que enfrenta.

Esto es obvio porque el pecado es el mayor de todos los males. De hecho, el pecado es tan terrible que para remediarlo, el Divino Hijo de Dios se hizo Hombre y sufrió su cruel pasión y muerte. El pecado trajo enfermedad, sufrimiento y muerte sobre el mundo. Causó que el hombre fuera expulsado del Paraíso.

Por lo tanto, si la Iglesia ha proclamado a Nuestra Señora el Refugio de los Pecadores, esto significa que Ella protege a los culpables del mayor mal que existe, que es el pecado. Ciertamente, defenderá al hombre aún más fácilmente cuando cualquier mal menor lo asalte.

Ella merece absoluta confianza.

El conocimiento de estas dos verdades lleva al hombre a depositar una confianza absoluta e irrestricta en Nuestra Señora como Refugio de los Pecadores. Hacerlo evitará que caiga en dos grandes peligros espirituales que pueden resultar del virus chino.

La primera verdad, que todos los hombres son pecadores, lo protege contra el peligro de encolerizarse y rebelarse contra Dios. Esta es una reacción común cuando ocurre un desastre.

Recomendamos muy especialmente que lean el Libro de la Confianza

Sin embargo, cuando el hombre se da cuenta de que es pecador y merece ser castigado, disminuye esta tentación. Lo dispone a aceptar en espíritu de resignación lo que pueda venir y a hacer penitencia. Esta actitud no solo lo protege del pecado sino que lo acerca a Dios.

El segundo peligro espiritual del que Nuestra Señora del Refugio protege a la humanidad es el miedo y el pánico. La constatación de que la protección materna de Nuestra Señora está perpetuamente al alcance de la mano es un bálsamo calmante contra la propagación del terror por informes, noticias y especulaciones exageradas.

Transcribo a continuación una oración que impetra la protección de María y nos anima a mantener la confianza.

 

Oración de la confianza

 

¡Oh Corazón de María!, el más amable y compasivo de los corazones después del de Jesús, Trono de las misericordias divinas en favor de los miserables pecadores; yo, reconociéndome sumamente necesitado, acudo a Vos, en quien el Señor ha puesto todo el tesoro de sus bondades, con plenísima seguridad de ser por Vos socorrido. Vos sois mi refugio, mi amparo, mi esperanza; por esto os digo y os diré en todos mis apuros y peligros: ¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!

Cuando la enfermedad me aflija, o me oprima la tristeza, o la espina de la tribulación llegue a mi alma, ¡Oh Corazón de María, sed la salvación mía!

Cuando el mundo, el demonio y mis propias pasiones coaligadas para mi eterna perdición me persigan con sus tentaciones y quieran hacerme perder el tesoro de la divina gracia, ¡Oh Corazón de María, sed la salvación mía!

En la hora de mi muerte, en aquel momento espantoso de que depende mi eternidad, cuando se aumenten las angustias de mi alma y los ataques de mis enemigos, ¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía.

Y cuando mi alma pecadora se presente ante el tribunal de Jesucristo para rendirle cuenta de toda su vida, venid Vos a defenderla y a ampararla. Y entonces; ahora y siempre, ¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!

Estas gracias espero alcanzar de Vos, Oh Corazón amantísimo de mi Madre a fin de que pueda veros y gozar de Dios en Vuestra compañía por toda la eternidad en el cielo.

Amén.

 

 

¿Dónde está la Iglesia católica en esta pandemia?

¿Dónde está la Iglesia católica en esta pandemia? La pregunta apareció publicada en los medios de comunicación a los pocos días de decretarse en España el estado de alarma. En realidad la Iglesia estaba allí donde está siempre, solo que en estas circunstancias redobló su presencia. La cuestión es que para saber lo que hace la Iglesia conviene estar a pie de calle. Quizás por eso quienes más de cerca lo han visto y tocado son precisamente los ayuntamientos y sus alcaldes.

La atención espiritual y religiosa a los enfermos y a sus familias, la presencia de un sacerdote en entierros lo suficientemente duros para provocar traumas difíciles de sanar, la atención a familias necesitadas de recursos materiales, la asistencia a las personas que viven en la calle, son modos específicos de contribución al bien de todos los españoles. Solo hay que reconocerlo con normalidad, sin aspavientos ni cuestionamientos ideológicos. Además la acción de la Iglesia se coordina naturalmente con los servicios sociales, empresas y asociaciones, lo que permite que sea mucho más eficaz.

Domingo Martínez Madrid

 

Si algo tiene que salir reforzado

La familia no entiende de políticas, de ideologías y mucho menos de clases sociales. Por eso asombra el afán de muchos que, escudándose en no se sabe bien que ideologías de progreso y de modernidad, orillan a la familia, la privan de ayudas por justas que sean y, lo que es peor, intentan por todos los medios hacer tabla rasa de la institución cuando no atacarla directamente en su misma naturaleza, inventando adjetivos peyorativos, sustituciones antinaturales y denominaciones falsas que apuntan directamente a sus mismas esencias.

Asombra que individual y colectivamente sean tantos los que ven sin preocupación la disminución del número de matrimonios y aplauden sin tapujos la mentalidad de muchos jóvenes que, independientemente de las reales dificultades económicas, se resisten a formar una familia porque “tienen miedo al compromiso”.

Una sociedad que no cuida y protege a la familia es una sociedad en descomposición desde cualquier punto de vista,; es una sociedad llamada a derrumbarse en situaciones comprometidas y a permanecer estéril en el transcurrir normal de los tiempos.

Si algo tiene que salir reforzado de esta grave situación que estamos viviendo, tiene que ser la familia y todo lo que la familia supone.

Enric Barrull Casals

 

 

La dimensión moral

Esta tarde, en casa hemos recibido una llamada, era de un voluntario que se interesaba por si teníamos alguna dificultad o necesitábamos algún servicio. En mi casa vivimos unos cuantos mayores de 70 años. La situación actual es un buen recordatorio de que no podemos olvidar a los más vulnerables. No se trata solo de situaciones extraordinarias. Raro es el bloque de vecinos en el que no vive una persona anciana o enferma que estos días va a requerir la ayuda de los vecinos. También es importante hacer un uso moderado y racional de los servicios públicos. O evitar actitudes egoístas, como los desplazamientos innecesarios o el acaparamiento de víveres, que solo contribuyen a agravar la situación de emergencia. Son momentos en los que cada cual debe poner de su parte. Y para los creyentes eso incluye naturalmente rezar. Aunque sea participando en las Misas a través de la radio o la televisión. Sin perder nunca la dimensión providencial ni moral de esta crisis sanitaria. La Iglesia, que a lo largo de su historia ha hecho frente a incontables epidemias, es plenamente consciente, y sigue ofreciendo su contribución para afrontarla de la forma mejor y más acorde a la dignidad de la persona y al bien común.

Jesús Martínez Madrid

 

 

A los que más lo necesitan

Como nos han recordado los obispos españoles, esta situación global es signo también de los vínculos que nos unen y que fundan la llamada a la solidaridad en el cuidado a las personas más débiles y necesitadas de ayuda. Hemos de disponernos a un nuevo y exigente ejercicio de fraterna solidaridad. Tenemos delante una oportunidad de fortalecer el trabajo en favor de un objetivo común. Es el momento de ejercer una caridad activa, siempre atenta y creativa, para no exponernos al contagio ni ser cauce de contagio para otros.

Metidos de lleno en el Tiempo Pascual, y en este inesperado desierto que atravesamos, tenemos ocasión, en definitiva, de propiciar que en el otro se despierte una mirada a Dios y una mayor acogida y solicitud por los hermanos, especialmente aquellos que, en la delicada situación actual, más lo necesitan.

Juan García. 

 

La cárcel en que nos tienen, el dinero público y otros abusos

“Juan Calaza, impulsor del manifiesto contra el confinamiento: "No va a arreglar nada": El economista y matemático cree que las restricciones a la movilidad en distintos países para frenar los contagios de coronavirus sólo destruirán la economía: El economista y matemático Juan José R. Calaza ha impulsado un manifiesto contra las medidas de confinamiento dictadas por el Gobierno para frenar la expansión del coronavirus. Junto a Andrés Fernández Díaz, catedrático emérito de Política Económica de la UAM; Joaquín Leguina, estadístico superior del Estado; y Guillermo de la Dehesa, economista del Estado, sostiene que paralizar el país no servirá para evitar los contagios y sólo supondrá el hundimiento de la economía. A todos ellos, mayores de setenta años, les une una relación académica con varios artículos publicados en revistas”. (Vozpópuli 06-04-2020)

            Esto concuerda con lo que vengo afirmando en mis artículos (verlos en mi Web) y que se resume en la viejísima sentencia de nuestra cultura española… “EL REMEDIO ES PEOR QUE LA ENFERMEDAD”; se confirma todo ello con esta declaración, la que nos da a entender, que, “los muertos y heridos en esta nueva y desconocida guerra que alguien ha provocado”, van a ser más o menos los mismos, pero la miseria que va a arrastrar por, “meternos a todos en la cárcel domiciliaria”, esa va a ser “tremenda”. El manifiesto citado lo pueden leer aquí: https://www.vozpopuli.com/espana/coronvirus-manifiesto-confinamiento-humillante-traumatizante-destructivo-fascista-ineficaz_0_1342667008.html

OPINA UN TÉCNICO Y DICE CUANTO SIGUE: “Te presento a alguien que sabe lo que dice, el doctor Mariano Provencio, un oncólogo e investigador de los muchos que estos días, con su solo esfuerzo personal, caminan tan por delante del Gobierno. https://www.elespanol.com/opinion/tribunas/20200403/sociedad-civil-va-cien-pasos-delante-gobierno/479572041_12.html?mkt_tok=eyJpIjoiTTJGaE5XRXdNREJpTXpNeSIsInQiOiJcL2FKaU5QbFVcL1RzT2hzUTNQaHgwV2NkbDkySFdLbGlickJWakkxdG1scnpnMmNXcjd2d1I2WXo3S202YnpkSVhFeEJ2NVZtTHVvZHhNR3N6S21YcU54UUlvZGVQUUdnNXB5ZWZEWGVOYThremhcL0t5NG0xZkM4R2dDYitWOVludCJ9

Este es su diagnóstico: Los ciudadanos vamos cien pasos por delante del Gobierno. La sociedad civil ha estado más a la altura que la Administración que la dirige. (Cuando la sociedad civil va cien pasos por delante de su Gobierno) Durante toda esta crisis el Gobierno ha estado ausente. Solo sabe chupar cámara, acaparar horas y horas de televisión, interminables ruedas de prensa que o no dicen nada nuevo, o difunden mentiras. El Gobierno ha actuado siempre a remolque de la sociedad, de las personas que han tomado iniciativas cruciales, de tantos héroes que se están jugando la vida para combatir la enfermedad y ayudar a quienes la contrajeron. Mariano Provencio, oncólogo y presidente del Grupo Español de Investigación en Cáncer de Pulmón: Ante la falta de protocolos unificados y equipos de protección, en cada ciudad y en cada hospital hemos hecho, a la carrera, lo que como profesionales creíamos que era más acertado. Hemos sido los sanitarios los que hemos ido compartiendo información unos con otros, utilizando las Redes Sociales como plataforma para comunicar dudas y conocimiento. Adelantándonos de nuevo y organizando la información dentro del caos. En definitiva, los ciudadanos vamos cien pasos por delante del Gobierno. Y no sólo nosotros, los sanitarios, sino también empresas, universidades, científicos, matemáticos, transportistas… padres que llevan más de quince días sin salir de casa con sus hijos, y un sinfín de ejemplos que nos demuestran que, como sociedad, hemos estado a la altura de la grave crisis que vivimos. (Mariano Provencio: Cuando la sociedad civil va cien pasos por delante de su Gobierno) Por la tele no paran de asomar miembros del Gobierno y algunos de sus escuderos intentando convencernos de que hablar horas y horas es hacer algo. Pero no nos han mostrado ni una sola imagen de la realidad”.

            Les dejo las direcciones de las publicaciones en Internet y pueden pulsar en ellas y leer el resto; luego que cada cual opine lo que crea oportuno; apreciando los muchos abusos que nos tienen impuestos, en “la cárcel en que nos han metido”; sin que los motivos que nos dan nos convenzan, de que son los que debieran ser, por cuanto otros países con muchos menos impedimentos, viven mucho más libres que nosotros.

 

EL DINERO PÚBLICO Y CÓMO SE EMPLEA: “TVE hace de oro al comunista millonario Carlos Bardem con una vomitiva comedia que oculta las mentiras del Gobierno Sánchez. No hay dinero para respiradores, ni para mascarillas ni para los autónomos pero sí para que TVE haga una sitcom llamada ‘Diarios de la cuarentena’ en plena tragedia del coronavirus y con más de 13.000 muertos, que son mucho más como han denunciado varias CCAA. A los mandarines de la propaganda oficial les ha parecido oportuno para ocultar tanta desolación y muerte lanzar una mala comedia en la que colocar a un pésimo actor como el millonario Carlos Bardem —y otros titiriteros como Gorka Otxoa, Fele Martínez y Montse Plá— en agradecimiento a sus soflamas contra VOX, partido del que Bardem llegó a decir en una entrevista en laSexta «que no había que darle voz en los medios”. (Periodista Digital 07-04-2020)

 

                  “El dinero público no es de nadie”; y convencida de ello, lo dijo en sede parlamentaria, nada menos que, la actual vice presidenta del gobierno, Carmen Conde Poyato… y visto cómo se emplea ese dinero que es del pueblo, está claro que, “es propiedad del político que administra la caja de los impuestos” (sálvese el que pueda); por tanto y como en este trabajo se publica, ese  dinero irá siempre en defensa y propaganda del político que manda. En cuanto al miserable que vende su inteligencia intelectual por dinero, como en este caso se denuncia, para mí, ese ser, es peor que “una piltrafa humana”; la inteligencia nos la da la Naturaleza (o Dios que para mí es lo mismo) para ser útiles al que menos sabe, no para engañarlo miserablemente; cosa que hacen los miserables y los que aparte de serlo, son mucho más abyectos y sólo merecen el mayor de los desprecios.

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

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