Las Noticias de hoy 18 Abril 2020

Enviado por adminideas el Sáb, 18/04/2020 - 13:19
i

Ideas  Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 18 de abril de 2020   

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

Artículo del Papa Francisco: Un “plan para resucitar” ante la emergencia sanitaria

ID AL MUNDO ENTERO...: Francisco Fernandez Carbajal

“Que os queráis, que os ayudéis”: San Josemaria

La Divina Misericordia: meditación de San Rafael (18.IV.2020)​

Diez recursos para el Domingo de la Divina Misericordia

El derecho fundamental a la esperanza: María Candela

Comentario al Evangelio: “¡Hemos visto al Señor!”

Segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia.: + Francisco Cerro Chaves. Arzobispo de Toledo Primado de España

Más allá de la conciliación: integrar la vida: Nuria Chinchilla

Virtudes humanas: Daniel Tirapu

Tiempo Pascual 2020, Sobre la Fe en la Resurrección: Josefa Romo Garlito

Para sanar una relación rota: Lucía Legorreta

Vencer los obstáculos: Norma Mendoza Alexandry.

Vivamos la misericordia en familia: Silvia del Valle.

El Cima participa en la investigación de un fármaco en fase clínica que neutraliza al virus causante de COVID-19: Miriam Salcedo

“¿Qué mascarillas de protección frente a la COVID-19 son más eficaces?”: Julio Tudela Cuenca

¿Qué debe hacer la Iglesia en esta pandemia?: Jesús Domingo Martínez

Ante la vulnerabilidad: Jesús D Mez Madrid

Un antes y un después: Pedro García

De pronto: Valentín Abelenda Carrillo

Violencia de género y nacionalizar para privatizar: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

BAJA BOLETÍN: boletin-unsubscribe@ideasclaras.org

 

ROME REPORTS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Viernes, 17 de abril de 2020

https://youtu.be/uMB88mKibn8
 
Monición de entrada

Querría que hoy rezásemos por las mujeres que están esperando, las mujeres encinta que serán madres y están inquietas, se preocupan. Una pregunta: “¿En qué mundo vivirá mi hijo?”. Recemos por ellas, para que el Señor les dé el coraje de sacar adelante esos hijos con la confianza de que será ciertamente un mundo distinto, pero será siempre un mundo que el Señor amará mucho.

 Homilía

Los discípulos eran pescadores: Jesús les había llamado precisamente en el trabajo. Andrés y Pedro estaban trabajando con las redes. Dejaron las redes y siguieron a Jesús (cfr. Mt 4,18-20). Juan y Santiago, lo mismo: dejaron a su padre y a los compañeros que trabajaban con ellos y siguieron a Jesús (cfr. Mt 4,21-22). La llamada fue justo en su oficio de pescadores. Y este pasaje del Evangelio de hoy, este milagro, de la pesca milagrosa nos hace pensar en otra pesca milagrosa, la che cuenta Lucas (cfr. Lc 5,1-11): también allí pasó lo mismo. Tuvieron pesca, cuando pensaban que no tenían. Después de predicar, Jesús les dijo: “Remad mar adentro. ¡Pero hemos bregado toda la noche y no hemos pescado nada!”. “Id”. “Por tu palabra –dijo Pedro– echaré las redes”. Y fue tanta la cantidad –dice el Evangelio– que “quedaron asombrados” (cfr. Lc 5,9), por ese milagro. Hoy, en esta otra pesca no se habla de asombro. Se ve una cierta naturalidad, se ve que ha habido un progreso, un camino andado en el conocimiento del Señor, en la intimidad con el Señor; yo diré la palabra justa: en la familiaridad con el Señor. Cuando Juan vio esto, dijo a Pedro: “Es el Señor”, y Pedro se vistió, se echó al agua para ir al Señor (cfr. Jn 21,7). La primera vez, se arrodilló ante Él: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador” (cfr. Lc 5,8). Esta vez no dice nada, es más natural. Nadie pregunta: “¿Quién eres?”. Sabían que era el Señor, era natural el encuentro con el Señor. La familiaridad de los apóstoles con el Señor había crecido.
 
También los cristianos, en el camino de nuestra vida estamos en camino, progresando en familiaridad con el Señor. El Señor, podría decirse, está un poco “a mano”, pero “a mano” porque camina con nosotros, conocemos que es Él. Nadie le preguntó, aquí, “¿quién eres?”: sabían que era el Señor. La del cristiano es una familiaridad cotidiana con el Señor. Y seguramente desayunaron juntos, con el pescado y el pan, seguramente hablaron de tantas cosas con naturalidad.
 
Esta familiaridad de los cristianos con el Señor es siempre comunitaria. Sí, es íntima, es personal, pero en comunidad. Una familiaridad sin comunidad, una familiaridad sin el Pan, una familiaridad sin la Iglesia, sin el pueblo, sin los sacramentos es peligrosa. Puede acaban en familiaridad –digamos– gnóstica, una familiaridad solo para mí, separada del pueblo de Dios. La familiaridad de los apóstoles con el Señor siempre era comunitaria, siempre en la mesa, signo de comunidad. Siempre era con el Sacramento, con el Pan.
 
Digo esto porque alguno me ha hecho pensar en el peligro que este momento que estamos viviendo, esta pandemia que ha hecho que todos nos comuniquemos también religiosamente a través de los medios, a través de los medios de comunicación, incluso esta Misa, estamos todos comunicados, pero no juntos, espiritualmente juntos. El pueblo es pequeño. Hay un gran pueblo: estamos juntos, pero no juntos. También el Sacramento: hoy lo tenéis, la Eucaristía, pero la gente que está conectada con nosotros, solo la comunión espiritual. Y esa no es la Iglesia: esa es la Iglesia en una situación difícil, que el Señor permite, pero el ideal de la Iglesia es siempre con el pueblo y con los sacramentos. Siempre.
 
Antes de la Pascua, cuando salió la noticia de que yo celebraría la Pascua en San Pedro vacía, me escribió un obispo –un buen obispo– y me reprochó. “Pero, ¿cómo? Es tan grande San Pedro, ¿por qué no mete a 30 personas al menos, para que se vea gente? No habrá peligro…”. Yo pensaba: “¿Pero este qué tiene en la cabeza para decirme esto?”. No entendía en el momento. Pero como es un buen obispo, muy cercano al pueblo, algo querrá decirme. Cuando lo vea se lo preguntaré. Luego lo comprendí. Él me decía: “Esté atento a no viralizar la Iglesia, a no viralizar los sacramentos, a no viralizar al pueblo de Dios. La Iglesia, los sacramentos, el pueblo de Dios son concretos”. Es verdad que en este momento debemos tener esta familiaridad con el Señor de este modo, pero para salir del túnel, no para quedarnos en él. Y esa es la familiaridad de los apóstoles: no gnóstica, no viralizada, no egoísta para cada uno de ellos, sino una familiaridad concreta, en el pueblo. La familiaridad con el Señor en la vida cotidiana, la familiaridad con el Señor en los sacramentos, en medio del pueblo de Dios. Ellos hicieron un camino de madurez en la familiaridad con el Señor: aprendamos nosotros a hacerlo también. Desde el primer momento, estos entendieron que la familiaridad era distinta de lo que imaginaban, y llegaron a esto. Sabían que era el Señor, lo compartían todo: la comunidad, los sacramentos, el Señor, la paz, la fiesta.
 
Que el Señor nos enseñe esta intimidad con Él, esta familiaridad con Él, pero en la Iglesia, con los sacramentos, con el santo pueblo fiel de Dios.

 Comunión espiritual

A tus pies, Jesús mío, me postro y te ofrezco el arrepentimiento de mi corazón contrito que se abaja en su nada y en tu santa presencia. Te adoro en el Sacramento de tu amor, la inefable Eucaristía. Deseo recibirte en la pobre morada que te ofrece mi corazón. En espera de la felicidad de la comunión sacramental, quiero poseerte en espíritu. Ven a mí, Jesús mío, que yo voy a ti. Que tu amor inflame todo mi ser, en la vida y en la muerte. Creo en ti, espero en ti, te amo.

 

Artículo del Papa Francisco: Un “plan para resucitar” ante la emergencia sanitaria

Publicado en ‘Vida Nueva’

ABRIL 17, 2020 12:24LARISSA I. LÓPEZPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 17 abril 2020).- El Papa Francisco ha presentado “un plan para resucitar” al mundo ante la crisis mundial generada por la expansión del coronavirus.

Así se titula el artículo escrito por el Santo Padre para la revista española Vida Nueva en el que ofrece su hoja de ruta para reconstruir el planeta y conformar “la civilización del amor” frente a “la pandemia de la exclusión y la indiferencia”.

“Invitar a la alegría pudiera parecer una provocación, e incluso, una broma de mal gusto ante las graves consecuencias que estamos sufriendo por el COVID-19. No son pocos los que podrían pensarlo, al igual que los discípulos de Emaús, como un gesto de ignorancia o de irresponsabilidad (cfr. Lc 24, 17-19)”, señala el Papa en el documento.

El Pontífice toma como referencia a las mujeres que vieron el sepulcro vacío para hablar de la “unción de la vida” que supuso la Resurrección de Señor: “Esta es la fuente de nuestra alegría y esperanza, que transforma nuestro accionar: nuestras unciones, entregas… nuestro velar y acompañar en todas las formas posibles en este tiempo, no son ni serán en vano; no son entregas para la muerte”, aclara.

Además, Francisco plantea: “¿Estaremos dispuestos a cambiar los estilos de vida que sumergen a tantos en la pobreza, promoviendo y animándonos a llevar una vida más austera y humana que posibilite un reparto equitativo de los recursos? ¿Adoptaremos como comunidad internacional las medidas necesarias para frenar la devastación del medio ambiente o seguiremos negando la evidencia?”.

“La globalización de la indiferencia seguirá amenazando y tentando nuestro caminar… Ojalá nos encuentre con los anticuerpos necesarios de la justicia, la caridad y la solidaridad. No tengamos miedo a vivir la alternativa de la civilización del amor, que es ‘una civilización de la esperanza’”, agrega.

A continuación sigue el texto íntegro de la meditación escrita por el Santo Padre publicada por Vida Nueva en su edición de hoy, 17 de abril de 2020.

***

Artículo del Santo Padre

De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: ‘Alégrense’” (Mt 28, 9). Es la primera palabra del Resucitado después de que María Magdalena y la otra María descubrieran el sepulcro vacío y se toparan con el ángel. El Señor sale a su encuentro para transformar su duelo en alegría y consolarlas en medio de la aflicción (cfr. Jr 31, 13). Es el Resucitado que quiere resucitar a una vida nueva a las mujeres y, con ellas, a la humanidad entera. Quiere hacernos empezar ya a participar de la condición de resucitados que nos espera.

Invitar a la alegría pudiera parecer una provocación, e incluso, una broma de mal gusto ante las graves consecuencias que estamos sufriendo por el COVID-19. No son pocos los que podrían pensarlo, al igual que los discípulos de Emaús, como un gesto de ignorancia o de irresponsabilidad (cfr. Lc 24, 17-19). Como las primeras discípulas que iban al sepulcro, vivimos rodeados por una atmósfera de dolor e incertidumbre que nos hace preguntarnos: “¿Quién nos correrá la piedra del sepulcro?” (Mc 16, 3). ¿Cómo haremos para llevar adelante esta situación que nos sobrepasó completamente? El impacto de todo lo que sucede, las graves consecuencias que ya se reportan y vislumbran, el dolor y el luto por nuestros seres queridos nos desorientan, acongojan y paralizan. Es la pesantez de la piedra del sepulcro que se impone ante el futuro y que amenaza, con su realismo, sepultar toda esperanza. Es la pesantez de la angustia de personas vulnerables y ancianas que atraviesan la cuarentena en la más absoluta soledad, es la pesantez de las familias que no saben ya como arrimar un plato de comida a sus mesas, es la pesantez del personal sanitario y servidores públicos al sentirse exhaustos y desbordados… esa pesantez que parece tener la última palabra.

Sin embargo, resulta conmovedor destacar la actitud de las mujeres del Evangelio. Frente a las dudas, el sufrimiento, la perplejidad ante la situación e incluso el miedo a la persecución y a todo lo que les podría pasar, fueron capaces de ponerse en movimiento y no dejarse paralizar por lo que estaba aconteciendo. Por amor al Maestro, y con ese típico, insustituible y bendito genio femenino, fueron capaces de asumir la vida como venía, sortear astutamente los obstáculos para estar cerca de su Señor. A diferencia de muchos de los Apóstoles que huyeron presos del miedo y la inseguridad, que negaron al Señor y escaparon (cfr. Jn 18, 25-27), ellas, sin evadirse ni ignorar lo que sucedía, sin huir ni escapar…, supieron simplemente estar y acompañar. Como las primeras discípulas, que, en medio de la oscuridad y el desconsuelo, cargaron sus bolsas con perfumes y se pusieron en camino para ungir al Maestro sepultado (cfr. Mc 16, 1), nosotros pudimos, en este tiempo, ver a muchos que buscaron aportar la unción de la corresponsabilidad para cuidar y no poner en riesgo la vida de los demás. A diferencia de los que huyeron con la ilusión de salvarse a sí mismos, fuimos testigos de cómo vecinos y familiares se pusieron en marcha con esfuerzo y sacrificio para permanecer en sus casas y así frenar la difusión. Pudimos descubrir cómo muchas personas que ya vivían y tenían que sufrir la pandemia de la exclusión y la indiferencia siguieron esforzándose, acompañándose y sosteniéndose para que esta situación sea (o bien, fuese) menos dolorosa. Vimos la unción derramada por médicos, enfermeros y enfermeras, reponedores de góndolas, limpiadores, cuidadores, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas, abuelos y educadores y tantos otros que se animaron a entregar todo lo que poseían para aportar un poco de cura, de calma y alma a la situación. Y aunque la pregunta seguía siendo la misma: “¿Quién nos correrá la piedra del sepulcro?” (Mc 16, 3), todos ellos no dejaron de hacer lo que sentían que podían y tenían que dar.

Y fue precisamente ahí, en medio de sus ocupaciones y preocupaciones, donde las discípulas fueron sorprendidas por un anuncio desbordante: “No está aquí, ha resucitado”. Su unción no era una unción para la muerte, sino para la vida. Su velar y acompañar al Señor, incluso en la muerte y en la mayor desesperanza, no era vana, sino que les permitió ser ungidas por la Resurrección: no estaban solas, Él estaba vivo y las precedía en su caminar. Solo una noticia desbordante era capaz de romper el círculo que les impedía ver que la piedra ya había sido corrida, y el perfume derramado tenía mayor capacidad de expansión que aquello que las amenazaba. Esta es la fuente de nuestra alegría y esperanza, que transforma nuestro accionar: nuestras unciones, entregas… nuestro velar y acompañar en todas las formas posibles en este tiempo, no son ni serán en vano; no son entregas para la muerte. Cada vez que tomamos parte de la Pasión del Señor, que acompañamos la pasión de nuestros hermanos, viviendo inclusive la propia pasión, nuestros oídos escucharán la novedad de la Resurrección: no estamos solos, el Señor nos precede en nuestro caminar removiendo las piedras que nos paralizan. Esta buena noticia hizo que esas mujeres volvieran sobre sus pasos a buscar a los Apóstoles y a los discípulos que permanecían escondidos para contarles: “La vida arrancada, destruida, aniquilada en la cruz ha despertado y vuelve a latir de nuevo” (1) . Esta es nuestra esperanza, la que no nos podrá ser robada, silenciada o contaminada. Toda la vida de servicio y amor que ustedes han entregado en este tiempo volverá a latir de nuevo. Basta con abrir una rendija para que la Unción que el Señor nos quiere regalar se expanda con una fuerza imparable y nos permita contemplar la realidad doliente con una mirada renovadora.

Y, como a las mujeres del Evangelio, también a nosotros se nos invita una y otra vez a volver sobre nuestros pasos y dejarnos transformar por este anuncio: el Señor, con su novedad, puede siempre renovar nuestra vida y la de nuestra comunidad (cfr. Evangelii gaudium, 11). En esta tierra desolada, el Señor se empeña en regenerar la belleza y hacer renacer la esperanza: “Mirad que realizo algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notan?” (Is 43, 18b). Dios jamás abandona a su pueblo, está siempre junto a él, especialmente cuando el dolor se hace más presente.

Si algo hemos podido aprender en todo este tiempo, es que nadie se salva solo. Las fronteras caen, los muros se derrumban y todo los discursos integristas se disuelven ante una presencia casi imperceptible que manifiesta la fragilidad de la que estamos hechos. La Pascua nos convoca e invita a hacer memoria de esa otra presencia discreta y respetuosa, generosa y reconciliadora capaz de no romper la caña quebrada ni apagar la mecha que arde débilmente (cfr. Is 42, 2-3) para hacer latir la vida nueva que nos quiere regalar a todos. Es el soplo del Espíritu que abre horizontes, despierta la creatividad y nos renueva en fraternidad para decir presente (o bien, aquí estoy) ante la enorme e impostergable tarea que nos espera. Urge discernir y encontrar el pulso del Espíritu para impulsar junto a otros las dinámicas que puedan testimoniar y canalizar la vida nueva que el Señor quiere generar en este momento concreto de la historia. Este es el tiempo favorable del Señor, que nos pide no conformarnos ni contentarnos y menos justificarnos con lógicas sustitutivas o paliativas que impiden asumir el impacto y las graves consecuencias de lo que estamos viviendo. Este es el tiempo propicio de animarnos a una nueva imaginación de lo posible con el realismo que solo el Evangelio nos puede proporcionar. El Espíritu, que no se deja encerrar ni instrumentalizar con esquemas, modalidades o estructuras fijas o caducas, nos propone sumarnos a su movimiento capaz de “hacer nuevas todas las cosas” (Ap 21, 5).

En este tiempo nos hemos dado cuenta de la importancia de “unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral” (2). Cada acción individual no es una acción aislada, para bien o para mal, tiene consecuencias para los demás, porque todo está conectado en nuestra Casa común; y si las autoridades sanitarias ordenan el confinamiento en los hogares, es el pueblo quien lo hace posible, consciente de su corresponsabilidad para frenar la pandemia. “Una emergencia como la del COVID-19 es derrotada en primer lugar con los anticuerpos de la solidaridad” (3). Lección que romperá todo el fatalismo en el que nos habíamos inmerso y permitirá volver a sentirnos artífices y protagonistas de una historia común y, así, responder mancomunadamente a tantos males que aquejan a millones de hermanos alrededor del mundo. No podemos permitirnos escribir la historia presente y futura de espaldas al sufrimiento de tantos. Es el Señor quien nos volverá a preguntar “¿dónde está tu hermano?” (Gn, 4, 9) y, en nuestra capacidad de respuesta, ojalá se revele el alma de nuestros pueblos, ese reservorio de esperanza, fe y caridad en la que fuimos engendrados y que, por tanto tiempo, hemos anestesiado o silenciado.

Si actuamos como un solo pueblo, incluso ante las otras epidemias que nos acechan, podemos lograr un impacto real. ¿Seremos capaces de actuar responsablemente frente al hambre que padecen tantos, sabiendo que hay alimentos para todos? ¿Seguiremos mirando para otro lado con un silencio cómplice ante esas guerras alimentadas por deseos de dominio y de poder? ¿Estaremos dispuestos a cambiar los estilos de vida que sumergen a tantos en la pobreza, promoviendo y animándonos a llevar una vida más austera y humana que posibilite un reparto equitativo de los recursos? ¿Adoptaremos como comunidad internacional las medidas necesarias para frenar la devastación del medio ambiente o seguiremos negando la evidencia? La globalización de la indiferencia seguirá amenazando y tentando nuestro caminar… Ojalá nos encuentre con los anticuerpos necesarios de la justicia, la caridad y la solidaridad. No tengamos miedo a vivir la alternativa de la civilización del amor, que es “una civilización de la esperanza: contra la angustia y el miedo, la tristeza y el desaliento, la pasividad y el cansancio. La civilización del amor se construye cotidianamente, ininterrumpidamente. Supone el esfuerzo comprometido de todos. Supone, por eso, una comprometida comunidad de hermanos” (4).

En este tiempo de tribulación y luto, es mi deseo que, allí donde estés, puedas hacer la experiencia de Jesús, que sale a tu encuentro, te saluda y te dice: “Alégrate” (Mt 28, 9). Y que sea ese saludo el que nos movilice a convocar y amplificar la buena nueva del Reino de Dios.

NOTAS

1.    R. Guardini, El Señor, 504.

2.    Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 13.

3.    Pontificia Academia para la Vida. Pandemia y fraternidad universal. Nota sobre la emergencia COVID-19 (30 marzo 2020), p. 4.

4.    Eduardo Pironio, Diálogo con laicos, Buenos Aires, 1986.

 

ID AL MUNDO ENTERO...

— El Señor nos envía al mundo para dar a conocer su doctrina.

— Como los Apóstoles, encontraremos obstáculos. Ir contra corriente. La reevangelización de Europa y del mundo. Santidad personal.

— «Tratar a las almas una a una». Optimismo sobrenatural.

I. La Resurrección del Señor es una llamada al apostolado hasta el fin de los tiempos. Cada una de las apariciones concluye con un mandato apostólico. A María Magdalena le dice Jesús: ... ve a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre1; a las demás mujeres: Id y decid a mis hermanos que vayan a Galilea y que allí me verán2. Los mismos discípulos de Emaús sienten la necesidad, aquella misma noche, de comunicar a los demás que Cristo vive3. En el Evangelio de la Misa de hoy, San Marcos recoge el gran mandato apostólico, que seguirá vigente siempre: Por último se apareció a los Once, cuando estaban a la mesa (...). Y les dijo: Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda la creación4.

Desde entonces, los Apóstoles comienzan a dar testimonio de lo que han visto y oído, y a predicar en el nombre de Jesús la penitencia para la remisión de los pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusalén5. Lo que predican y atestiguan no son especulaciones, sino hechos salvíficos de los que ellos han sido testigos. Cuando por la muerte de Judas es necesario completar el número de doce Apóstoles, se exige como condición que sea testigo de la Resurrección6.

En aquellos Once está representada toda la Iglesia. En ellos, todos los cristianos de todos los tiempos recibimos el gozoso mandato de comunicar a quienes encontramos en nuestro caminar que Cristo vive, que en Él ha sido vencido el pecado y la muerte, que nos llama a compartir una vida divina, que todos nuestros males tienen solución... El mismo Cristo nos ha dado este derecho y este deber. «La vocación cristiana es, por su misma naturaleza, vocación también al apostolado»7, y «todos los fieles, desde el Papa al último bautizado, participan de la misma vocación, de la misma fe, del mismo Espíritu, de la misma gracia (...). Todos participan activa y corresponsablemente (...) en la única misión de Cristo y de la Iglesia»8.

Nadie nos debe impedir el ejercicio de este derecho, el cumplimiento de este deber. La Primera lectura de la Misa nos relata la reacción de los Apóstoles cuando los sumos sacerdotes y los letrados les prohíben absolutamente predicar y enseñar en el nombre de Jesús. Pedro y Juan replicaron: ¿Puede aprobar Dios que os obedezcamos a vosotros en vez de a él? Juzgadlo vosotros. Nosotros no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído9.

Tampoco nosotros podemos callar. Es mucha la ignorancia a nuestro alrededor, es mucho el error, son incontables los que andan por la vida perdidos y desconcertados porque no conocen a Cristo. La fe y la doctrina que hemos recibido debemos comunicarla a muchos a través del trato diario. «“No se enciende la luz para ponerla debajo de un celemín, sino sobre un candelero, a fin de que alumbre a todos los de la casa; brille así vuestra luz ante los hombres, de manera que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.

»Y, al final de su paso por la tierra, manda: “euntes docete” —id y enseñad. Quiere que su luz brille en la conducta y en las palabras de sus discípulos, en las tuyas también»10.

II. En cuanto los Apóstoles comenzaron, con valentía y audacia, a enseñar la verdad sobre Cristo, empezaron también los obstáculos, y más tarde la persecución y el martirio. Pero al poco tiempo la fe en Cristo traspasará Palestina, alcanzando Asia Menor, Grecia e Italia, llegando a hombres de toda cultura, posición social y raza.

También nosotros debemos contar con las incomprensiones, señal cierta de predilección divina y de que seguimos los pasos del Señor, pues no es el discípulo más que el Maestro11. Las recibiremos con alegría, como permitidas por Dios; las acogeremos como ocasiones para actualizar la fe, la esperanza y el amor; nos ayudarán a incrementar la oración y la mortificación, con la confianza de que la oración y el sacrificio siempre producen frutos12, pues los elegidos del Señor no trabajarán en vano13. Y trataremos siempre bien a los demás, con comprensión, ahogando el mal en abundancia de bien14.

No nos debe extrañar que en muchas ocasiones hayamos de ir contra corriente en un mundo que parece alejarse cada vez más de Dios, que tiene como fin el bienestar material, y que desconoce o relega a segundo plano los valores espirituales; un mundo que algunos quieren organizar completamente de espaldas a su Creador. A la profunda y desordenada atracción que los bienes materiales ejercen sobre quienes han perdido todo trato con Dios, se suma el mal ejemplo de algunos cristianos que, «con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión»15.

El campo apostólico en el que habían de sembrar los Apóstoles y los primeros cristianos era un terreno duro, con abrojos, cardos y espinos. Sin embargo, la semilla que esparcieron fructificó abundantemente. En unas tierras el ciento, en otras el sesenta, en otras el treinta por uno. Basta que haya un mínimo de correspondencia para que el fruto llegue, porque es de Dios la semilla, y Él quien hace crecer la vida divina en las almas16. A nosotros nos toca el trabajo apostólico de prepararlas: en primer lugar, con la oración, la mortificación y las obras de misericordia, que atraen siempre el favor divino; con la amistad, la comprensión, la ejemplaridad.

El Señor nos espera en la familia, en la Universidad, en la fábrica, en las asociaciones más diversas, dispuestos a recristianizar de nuevo el mundo: Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda la creación, nos sigue diciendo el Señor. Es la nuestra una época en la que Cristo necesita hombres y mujeres que sepan estar junto a la Cruz, fuertes, audaces, sencillos, trabajadores, sin respetos humanos a la hora de hacer el bien, alegres, que tengan como fundamento de sus vidas la oración, un trato lleno de amistad con Jesucristo.

El Señor cuenta con nuestros propósitos de ser mejores, de luchar más contra los defectos y contra todo aquello, por pequeño que sea, que nos separa de Él; cuenta con un apostolado intenso entre aquellas personas con las que nos relacionamos más a menudo. Debemos pensar hoy en nuestra oración si a nuestro alrededor, como ocurría entre los primeros cristianos, hay una porción de gente que se está acercando más firmemente a Dios. Debemos preguntarnos si nuestra vida influye para bien entre aquellos que frecuentan nuestro trato por razón de amistad, de trabajo, de parentesco, etcétera.

III. Del misterio pascual de Cristo nace la Iglesia y esta se presenta a los hombres de su tiempo con una apariencia pequeña, como la levadura, pero con una fuerza divina capaz de transformar el mundo, haciéndolo más humano y más cercano a su Creador. Muchos hombres de buena voluntad han respondido hoy a las frecuentes llamadas del sucesor de Pedro para dar luz a tantas conciencias que andan en la oscuridad en tierras en las que en otro tiempo se amaba a Cristo.

Como hicieron los primeros cristianos, «lo verdaderamente importante es tratar a las almas una a una, para acercarlas a Dios»17. Por eso, nosotros mismos debemos estar muy cerca del Señor, unidos a Él como el sarmiento a la vid18. Sin santidad personal no es posible el apostolado, la levadura viva se convierte en masa inerte. Seríamos absorbidos por el ambiente pagano que con frecuencia encontramos en quienes quizá en otro tiempo fueron buenos cristianos.

La Primera lectura de la Misa nos dice que los sumos sacerdotes, los ancianos y los letrados estaban sorprendidos viendo el aplomo de Pedro y Juan, sabiendo que eran hombres sin letras ni instrucción, y descubrieron que habían sido compañeros de Jesús19. A los Apóstoles se les ve seguros, sin complejos, con el optimismo que da el ser amigos de Cristo. Esa amistad que crece día a día en la oración, en el trato con Él.

El cristiano, si está unido al Señor, será siempre optimista, «con un optimismo sobrenatural que hunde sus raíces en la fe, que se alimenta de la esperanza y a quien pone alas el amor (...).

»Fe: evitad el derrotismo y las lamentaciones estériles sobre la situación religiosa de vuestros países, y poneos a trabajar con empeño, moviendo (...) a otras muchas personas. Esperanza: Dios no pierde batallas (San Josemaría Escrivá, passim) (...). Si los obstáculos son grandes, también es más abundante la gracia divina: será Él quien los remueva, sirviéndose de cada uno como de una palanca. Caridad: trabajad con mucha rectitud, por amor a Dios y a las almas. Tened cariño y paciencia con el prójimo, buscad nuevos modos, iniciativas nuevas: el amor aguza el ingenio. Aprovechad todos los cauces (...) para esta tarea de edificar una sociedad más cristiana y más humana»20.

Santa María, Reina de los Apóstoles, nos encenderá en la fe, en la esperanza y en el amor de su Hijo para que colaboremos, eficazmente, en nuestro propio ambiente y desde él, a recristianizar el mundo de hoy, tal como el Papa nos pide. En nuestros oídos siguen resonando las palabras del Señor: Id a todo el mundo... Entonces solo eran Once hombres, ahora somos muchos más... Pidamos la fe y el amor de aquellos.

1 Jn 20, 17. — 2 Mt 28, 10. — 3 Cfr. Lc 24, 35. — 4 Mc 16, 14-15. — 5 Cfr. Lc 24, 44-47. — 6 Cfr. Hech 1, 21-22. — 7 Conc. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 2. — 8 A. del Portillo, Fieles y laicos en la Iglesia, EUNSA, 1ª ed., Pamplona 1969, p. 38. — 9 Hech 4, 20. — 10 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 930. — 11 Mt 10, 24. — 12 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, nn. 694-697. — 13 Is 65, 23. — 14 Cfr. Rom 12, 21. — 15 Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 19. — 16 Cfr. 1 Cor 3, 6. — 17 A. del Portillo, Carta pastoral, 25-XII-1985, n. 9. — 18 Cfr. Jn 15, 5.  19 Hech 4, 13. — 20 A. del Portillo, Ibídem, n. 10.

 

 

“Que os queráis, que os ayudéis”

¡Con cuánta insistencia el Apóstol San Juan predicaba el “mandatum novum”! –“¡Que os améis los unos a los otros!” –Me pondría de rodillas, sin hacer comedia –me lo grita el corazón–, para pediros por amor de Dios que os queráis, que os ayudéis, que os deis la mano, que os sepáis perdonar. Por lo tanto, a rechazar la soberbia, a ser compasivos, a tener caridad; a prestaros mutuamente el auxilio de la oración y de la amistad sincera. (Forja, 454)

18 de abril

Sólo por volver a El su hijo, después de traicionarle, prepara una fiesta: ¿qué nos otorgará, si siempre hemos procurado quedarnos a su lado?

Lejos de nuestra conducta, por tanto, el recuerdo de las ofensas que nos hayan hecho, de las humillaciones que hayamos padecido -por injustas, inciviles y toscas que hayan sido-, porque es impropio de un hijo de Dios tener preparado un registro, para presentar una lista de agravios. No podemos olvidar el ejemplo de Cristo, y nuestra fe cristiana no se cambia como un vestido: puede debilitarse o robustecerse o perderse. Con esta vida sobrenatural, la fe se vigoriza, y el alma se aterra al considerar la miserable desnudez humana, sin lo divino. Y perdona, y agradece: Dios mío, si contemplo mi pobre vida, no encuentro ningún motivo de vanidad y, menos, de soberbia: sólo encuentro abundantes razones para vivir siempre humilde y compungido. Sé bien que el mejor señorío es servir.

Me alzaré y rodearé la ciudad: por las calles y las plazas buscaré al que amo... Y no sólo la ciudad: correré de una parte a otra del mundo -por todas las naciones, por todos los pueblos, por senderos y trochas- para alcanzar la paz de mi alma. Y la descubro en las ocupaciones diarias, que no me son estorbo; que son -al contrario- vereda y motivo para amar más y más, y más y más unirme a Dios. (Amigos de Dios, nn. 309-310)

 

 

La Divina Misericordia: meditación de San Rafael (18.IV.2020)​

Durante estas semanas publicaremos, en formato audio, algunas meditaciones predicadas por sacerdotes, que ayuden a fortalecer la vida de oración.

ÚLTIMAS NOTICIAS17/04/2020

Meditaciones anteriores “La hora de los valientes” (4.IV.2020) - “La pregunta acertada” (28.III.2020) - “Que vea con tus ojos, Cristo mío” (21.III.2020) - “La llave de tu corazón” (14.III.2020) - Explicación sobre qué es una meditación de San Rafael


Escucha la meditación “La Divina Misericordia” (18.IV.2020)

Cristo vive y vive en nosotros. Por eso el tiempo de Pascua es un tiempo de alegría: es el más cristiano porque es gozar de la gloria de Dios. Pero podría suceder que, en estas semanas más difíciles, se nos escapara.

Lo propio de la Pascua se capta en varias escenas del Evangelio de estos días. Es la alegría por haber encontrado de nuevo a Jesucristo, ahora resucitado y glorioso. Un reencuentro con el Él transforma la vida de los apóstoles, de las santas mujeres o de los discípulos de Emaús.

Como a ellos, Jesucristo puede tocar nuestros miedos y fracasos para darnos fortaleza, esperanza y paz. Eso es vivir de Cristo. Ha resucitado y eso significa que la muerte -nuestros defectos, miserias y pecados- no tienen la última palabra, porque Él nunca nos abandona.

En el evangelio del Domingo de la Misericordia (Jn, 20, 19-31), podemos extraer tres enseñanzas. En primer lugar Jesús saluda con la paz a los discípulos, que están encerrados por miedo. Él tiene la paz que necesitamos, una paz diferente a la que propone el mundo. Es una paz -don de Dios-, que no se pierde aunque haya problemas. En segundo lugar, Jesús muestra las heridas de la crucifixión para que reconozcan el amor de Dios Padre, para que entiendan que la Cruz era la respuesta de Dios al mal. Esta imagen se representa en la imagen del la Divina Misericordia, en la que Jesús muestra sus manos atravesadas por los clavos y los rayos de sus dones que salen de su Corazón. La última idea es el momento en el que instituye el sacramento de la Confesión, sacramento de la misericordia de Dios. Fomentemos los deseos de recibir este sacramento, con actos de contrición como ha aconsejado el Papa Francisco.


🎧Escucha la meditación “La hora de los valientes” (4.IV.2020)

Es tiempo de evitar las quejas y de preocuparnos y de rezar por tantas personas que lo necesitan. Mañana, con el Domingo de Ramos, comienza la Semana Santa en la que podemos contemplar -con la ayuda del Evangelio y de nuestra imaginación- cómo se entregó Jesucristo por nosotros.

De la misma manera que ahora caemos en la cuenta de que no es lo mismo un médico más que uno menos -por las acuciantes necesidades de tantos enfermos-, podemos entender que cualquiera de nosotros es imprescindible: todos tenemos un papel protagonista, una misión. Podemos ser mediadores ante Dios rezando y trabajando por los demás, con la valentía de Marcia que, con su ejemplo y amistad, llevó a su amiga Junia al encuentro con Jesucristo.


🎧Escucha la meditación “La pregunta acertada” (28.III.2020)

“Había un enfermo que se llamaba Lázaro, de Betania, la aldea de María y de su hermana Marta”. Así comienza el evangelio de mañana, 5º domingo de Cuaresma, en el que Jesús nos enseña a confiar en Él a pesar de que a veces parezca que no atiende a nuestras peticiones, también ante todo lo que nos sucede durante la pandemia del coronavirus.

Jesucristo quiere mostrarnos cuál es la actitud; no preguntarnos tanto por el porqué sino por el para qué. Y que, de esta manera, confiemos en Él y nos esforcemos por acogerle, con detalles de servicio y cariño en nuestras casas, con la oración y los pequeños sacrificios.


🎧Escucha la meditación “Que vea con tus ojos, Cristo mío” (21.III.2020)

El ciego de nacimiento protagoniza el evangelio del domingo 4º de Cuaresma. Una escena en la que Cristo, no solo le hace recobrar la vista sino que también le conduce a aceptarle como el Salvador.

La luz de de Jesús puede iluminar nuestro corazón. Nos llevará a mirar los problemas y dificultades con sus ojos, a percibir esta situación de cuarentena como una ocasión para ganar en santidad, como una oportunidad para aceptar y comprender a los demás, incluso con buen humor.

 

​Oración introductoria y final del rato de oración (Imagen de Saintips)

 


🎧Escucha la meditación “La llave de tu corazón (14.III.2020)

Crecer para adentro. Estas semanas son una oportunidad para tratar a Jesucristo con mayor intimidad, para contemplarlo en las páginas del Evangelio.

Como en este tiempo se reducirán las actividades formativas en los Centros de la Obra, ofrecemos esta meditación en la que el sacerdote utiliza las circunstancias en las que nos encontramos --lejanamente similares al periodo de aislamiento de san Josemaría con un grupo de personas de la Obra, en 1937, durante la guerra civil española-, y el evangelio del domingo para proponer unos puntos para conversar con el Señor.


 

¿Qué es una meditación de San Rafael?

Es un medio o instrumento que desarrolla el Opus Dei para la formación de la gente joven.

En cada centro de San Rafael se organiza al menos una meditación semanal predicada por el sacerdote: un rato de oración a partir de un texto del Evangelio, de la liturgia del día, etc. La oración es una exigencia de la vida cristiana: “El contacto vivo con Cristo es la ayuda decisiva para continuar en el camino recto [...]. Quien reza no desperdicia su tiempo, aunque todo haga pensar en una situación de emergencia y parezca impulsar sólo a la acción”. Por eso, la pedagogía del arte de la oración será siempre una prioridad educativa en la obra de San Rafael.

Si es posible, la meditación se suele tener los sábados, día tradicionalmente dedicado a la Virgen, como manifestación de amor a la Madre de Dios. De ordinario, la meditación va seguida de la exposición y bendición con el Santísimo Sacramento y del canto de la Salve o de otra antífona mariana, según el tiempo litúrgico. Es una expresión más del lugar central que ocupa la Eucaristía en la Iglesia.

 

 

Diez recursos para el Domingo de la Divina Misericordia

La Fiesta de la Divina Misericordia se celebra el domingo siguiente a la Pascua de Resurrección. Esta fiesta fue propuesta por San Juan Pablo II en el año 2000.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA17/04/2020

 

Sor M. Faustina Kowalska (1905-1938), recibió el mensaje de la misericordia de Dios, que pide por la confianza en Dios y la actitud de misericordia hacia el prójimo. Llama a proclamar y orar por la Divina Misericordia para el mundo, incluyendo la práctica de nuevas formas del culto.

La devoción a la Divina Misericordia creció muy rápidamente después de la beatificación (18 de abril de 1993) y canonización (30 de abril de 2000) de Sor Faustina y también debido a las peregrinaciones del Papa Juan Pablo II a Lagiewniki (1997 y 2002).

En el año 2000 el Papa Juan Pablo II canonizó a Santa Faustina y durante la ceremonia declaró: “Así pues, es importante que acojamos íntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua, que a partir de ahora en toda la Iglesia se designará con el nombre de ‘Domingo de la Divina Misericordia’”. (Homilía, 30 de abril, 2000). Tanto Benedicto XVI como el Papa Francisco han recomendado esta devoción.

 

 

La imagen de Jesús Misericordioso, que también se conoce como la imagen de la Divina Misericordia.

 

Diez recursos sobre la Divina Misericordia

1. Santuario de la Divina Misericordia y Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia: ambas páginas tienen numerosos recursos sobre esta devoción, textos de Santa Faustina y de San Juan Pablo II, etc.

2. Homilía de Benedicto XVI en el Domingo de la Divina Misericordia (15 de abril de 2007)

3. El Papa Francisco en el Santuario de la Divina Misericordia (30 de julio de 2016), durante la Jornada Mundial de la Juventud (Libro electrónico)

4. Carta Apostólica “Misericordia et Misera”, del Papa Francisco, al concluir el Jubileo Extraordinario de la Misericordia.

5. San Josemaría Escrivá de Balaguer y la devoción al Amor Misericordioso (1927-1935). Publicado en Studia et Documenta en el año 2009.

6. El beato Álvaro del Portillo y la misericordia de Dios (vídeo)

7. Artículo de Mons. Javier Echevarría, con motivo de la JMJ de Polonia, en el que aconseja seguir los pasos de san Juan Pablo II y de santa Faustina Kowalska.

8. Libro electrónico de Mons. Javier Echevarría: “Misericordia y vida cotidiana”. Transcripción de las meditaciones sobre las catorce obras de misericordia.

9. Libro electrónico “La ternura de Dios”. Este ebook gratuito reúne los ocho editoriales sobre la misericordia, publicados en la sección Textos para la vida interior.

 

10. ¿Cómo mantener vivo el Jubileo de la Misericordia? (10 de noviembre de 2016): vídeos de la serie Just Start; una explicación de las obras de misericordia corporales y espirituales; podcast de Mons. Javier Echevarría, etc.

 

El derecho fundamental a la esperanza

La esperanza es el ancla del alma. La situación que se atraviesa ahora en muchos países y en muchas familias puede llevar al desaliento. Pero, como ha dicho el Papa, es también una oportunidad para "una esperanza nueva, viva, que viene de Dios".

TEXTOS PARA ORAR17/04/2020

La mañana del domingo de resurrección, cuando el sol apenas empezaba a despuntar, debió reinar un gran silencio. Sería un silencio distinto, expectante, como ocurre cuando se presagia algo grande: el tiempo parece detenerse, y todos callan y contienen el aliento, para romper después en una exclamación de sorpresa.

EN EL SILENCIO DE NUESTRAS CIUDADES, RESONARÁ EL EVANGELIO DE PASCUA

En las últimas semanas, las calles de numerosas ciudades se han sumido también en un silencio muy particular. No se oye el ronroneo continuo de los motores o el pitido de los cláxones, han cesado el ruido y las voces de los transeúntes. Es un silencio triste, envuelto de luto y dolor. Pero incluso en este ambiente sobrecogedor hay un lugar para la esperanza ya que, como nos hacía considerar el Papa Francisco el pasado 3 de abril, “en el silencio de nuestras ciudades, resonará el Evangelio de Pascua”[1].

La tumba vacía

El Triduo Pascual, que este año hemos celebrado de una forma inusitada, no concluye el Viernes Santo, con la piedra rodada y la entrada del sepulcro sellada. Si fuese así tendríamos motivos de sobra para desalentarnos. Pero Evangelio quiere decir “buena noticia” y ésta es sin duda la que las santas mujeres transmitieron a los apóstoles al tercer día de la muerte de Cristo: la losa movida, el anuncio de los ángeles y la tumba vacía[2].

“Cristo vive. Esta es la gran verdad que llena de contenido nuestra fe. Jesús, que murió en la Cruz, ha resucitado, ha triunfado de la muerte, del poder de las tinieblas, del dolor y de la angustia”[3], predicaba san Josemaría en una homilía pronunciada el Domingo de Resurrección de 1967. Y proseguía: “Jesús es el Emmanuel: Dios con nosotros. Su Resurrección nos revela que Dios no abandona a los suyos”[4].

“Surréxit Christus, spes mea!”[5], se reza cada año en la liturgia romana durante la Octava de Pascua. Como nos recordaba el sucesor de Pedro, “en Jesús resucitado, la vida ha vencido a la muerte. Esta fe pascual alimenta nuestra esperanza”[6]. Y añadía, con el pensamiento puesto en la difícil prueba que nos ha tocado vivir: “es la esperanza de un tiempo mejor, en el que también nosotros podamos ser mejores, finalmente liberados del mal y de esta pandemia. Es una esperanza: la esperanza no defrauda; no es una ilusión, es una esperanza”.

Otra cosa que paladear

La palabra esperanza tiene su raíz en el verbo latino “sperare”, esperar. Cuando se espera algo o a alguien, es porque se tiene la esperanza de que ese deseo se verá colmado. Pero aguardar exige paciencia. Y es quizá esta una de las virtudes que más salen a relucir en estos días de confinamiento en casa.

Acabamos de revivir la Semana Santa. Hay un conocido pintor barroco español, Bartolomé Esteban Murillo, que posee numerosas representaciones de Cristo y de su Santísima Madre. Entre otras obras, pintó varios “Ecce Homo” que muestran a Jesús con el torso desnudo, cubierto sólo por un manto de púrpura y coronado de espinas. En algunos de ellos aparece maniatado y sujetando con la mano derecha el cetro que los soldados romanos le han ofrecido entre burlas, y dirige la mirada hacia el suelo. Es una mirada de una compasión y una ternura infinitas. Así, en silencio, soporta todos los ultrajes y afrentas. Contemplando esta representación del Señor, no resulta extraño que muchos, en vez de llamarlo “Ecce Homo”, se refieran a él como “el Cristo de la paciencia”.

ES LÓGICO QUE EN OCASIONES NOTEMOS QUE SE NOS HACEN CUESTA ARRIBA SITUACIONES, COMENTARIOS O DETALLES DE LA CONVIVENCIA

Algunos de nosotros llevamos un mes sin salir prácticamente de nuestras casas. Y es lógico que en ocasiones notemos que se nos hacen cuesta arriba situaciones, comentarios o detalles de la convivencia a los que en una situación normal no les daríamos mayor importancia. Por no hablar de la paciencia con uno mismo, que en ocasiones es especialmente costosa. Quizá lo que más nos hace temer es un futuro incierto. En Surco, san Josemaría nos da una buena receta para sobrellevar la posible y natural intranquilidad: “Un remedio contra esas inquietudes tuyas: tener paciencia, rectitud de intención, y mirar las cosas con perspectiva sobrenatural”[7].

El Fundador del Opus Dei, que era por carácter dinámico y fogoso, a lo largo de su vida tuvo que aprender a esperar. Especialmente, a partir de su llegada a Roma y debido a todas las gestiones que emprendió para lograr el reconocimiento jurídico más adecuado para la Obra. En una carta escrita a sus hijos, fechada en Italia en abril de 1947, les hablaba de un cambio de planes, ocurrido a su pesar: “Se ha hecho necesario que continúe yo aquí un poco de tiempo más, cosa que me mortifica bastante, aunque estoy muy contento en Roma”[8]. Y finalizaba con su característico sentido del humor: “Paciencia. Otra cosa más que paladear”. Paladear significa gustar con detenimiento, y es esta una de las lecciones de la paciencia: gracias a ella aprendemos a apreciar, aun en las situaciones que nos contrarían, el lado amable que encierran.

Madurar en el dolor

Ahora que los periódicos e informativos transmiten noticias alarmantes y a veces poco consoladoras, nos preguntamos por el sentido que tiene la tragedia que presenciamos en nosotros, en nuestros seres queridos o en nuestro alrededor, y a duras penas encontramos respuestas. Considerando la pandemia del COVID-19 y sus nefastas consecuencias, podría sobrevenirnos el desaliento. Pero entonces estaríamos perdiendo de vista la enseñanza que esta situación contiene. Hemos de aprender a ver también las oportunidades, cómo el bien se abre paso incluso en medio de la calamidad.

La muerte de Jesús -el mayor mal jamás cometido- ha dado como fruto nuestra justificación y reconciliación con Dios, y la esperanza de una vida eterna. La cruz de Cristo ha cambiado el sentido del dolor y del sufrimiento humano. Las historias de solidaridad y heroísmo que hemos presenciado estos días así nos lo demuestran. “Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito”, escribía Benedicto XVI[9]. Afrontar estas situaciones con un sí en los labios es “camino de purificación y maduración, un camino de esperanza”[10].

El ancla del alma

La esperanza es el ancla del alma[11]. A ella corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón del hombre. Esta virtud nos lleva a poner nuestra confianza en las promesas de Cristo y no en nuestras solas fuerzas, protege del desaliento, sostiene en todo desfallecimiento y dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna. Su impulso preserva del egoísmo y conduce a la dicha de la caridad[12]. De las tres virtudes teologales es la que se muestra más particularmente necesaria en nuestros días. La esperanza nos hace capaces de logros increíbles, pues con ella podemos sobrellevar las mayores pruebas e incluso de sorprender a Dios.

Así lo ha plasmado Charles Péguy, un poeta francés de inicios del siglo XX, en un hermoso poemario dedicado precisamente a esta virtud. El autor realiza un elogio de la esperanza, y pone en los labios del Creador los siguientes versos: “la esperanza, dice Dios, sí que me sorprende. A mí mismo. Sí que es sorprendente. Que esos pobres niños vean cómo pasa todo eso y crean que mañana irá mejor. Que vean cómo pasa eso hoy y crean que irá mejor mañana en la mañana. Sí que es sorprendente y seguro la más grande maravilla de nuestra gracia. Y yo mismo me quedo sorprendido”[13].

LA ESPERANZA DE JESÚS ES DISTINTA, INFUNDE EN EL CORAZÓN LA CERTEZA DE QUE DIOS CONDUCE TODO HACIA EL BIEN

Durante la homilía que predicó en la Vigilia Pascual, el Papa nos hacía considerar cómo “este año percibimos más que nunca el sábado santo, el día del gran silencio”. Igual que a las santas mujeres, la tragedia inesperada nos ha dejado “la memoria herida, la esperanza sofocada. Para ellas, como para nosotros, era la hora más oscura”[14]. Sin embargo, sabemos que el silencio del sepulcro no puede tener la última palabra.

“En esta noche”, prosigue el Romano Pontífice, “conquistamos un derecho fundamental, que no nos será arrebatado: el derecho a la esperanza; es una esperanza nueva, viva, que viene de Dios. No es un mero optimismo, no es una palmadita en la espalda o unas palabras de ánimo de circunstancia, con una sonrisa pasajera. No. Es un don del Cielo, que no podíamos alcanzar por nosotros mismos: Todo irá bien, decimos constantemente estas semanas, aferrándonos a la belleza de nuestra humanidad y haciendo salir del corazón palabras de ánimo. Pero, con el pasar de los días y el crecer de los temores, hasta la esperanza más intrépida puede evaporarse. La esperanza de Jesús es distinta, infunde en el corazón la certeza de que Dios conduce todo hacia el bien, porque incluso hace salir de la tumba la vida”[15].

* * *

Creer “contra toda esperanza”[16]. Esa es la gran lección que nos deja la resurrección de Cristo. Pero la esperanza nunca es solitaria, sino compartida[17]. Es lo que vemos en los Evangelios. Tras la muerte de Jesús, los discípulos y las santas mujeres están desconsolados, y buscan refugio en el cenáculo de Jerusalén, reunidos alrededor de Santa María, que reza y anhela volver a ver a su divino Hijo, esta vez resplandeciente de gloria. A su intercesión nos acogemos al inicio de este tiempo de Pascua: “Madre nuestra, ¡nuestra Esperanza!, ¡qué seguros estamos, pegaditos a Ti, aunque todo se bambolee!”[18].

María Candela


[1] Videomensaje del Papa Francisco, 3 de abril de 2020

[2] Cfr. Mc 16, 1-11.

[3] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 102.

[4] Ibidem.

[5] Himno “Victimae paschali laudes”.

[6] Videomensaje del Papa Francisco, 3 de abril de 2020.

[7] San Josemaría, Surco, n. 853.

[8] A. VÁZQUEZ DE PRADA, El Fundador del Opus Dei, tomo III, Rialp, Madrid 2003, p. 80.

[9] Benedicto XVI, Carta Encíclica Spe Salvi, n. 37.

[10] Ibid., n. 38.

[11] Cfr. Hb 6, 19.

[12] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1817-1818.

[13] Charles Péguy, “Pórtico del misterio de la segunda virtud”, Ed. Encuentro, Madrid, 1991.

[14] Papa Francisco, Homilía en la Vigilia Pascual, 11 de abril de 2020.

[15] Ibidem.

[16] Rm 4, 18.

[17] Cfr. Benedicto XVI, Carta Encíclica Spe Salvi, nn. 13-15.

[18] San Josemaría, Forja, n. 474.

 

 

Comentario al Evangelio: “¡Hemos visto al Señor!”

Evangelio del 2º Domingo de Pascua y comentario al evangelio.

VIDA CRISTIANA

Evangelio (Jn 20,19-31)

Al atardecer de aquel día, el siguiente al sábado, con las puertas del lugar donde se habían reunido los discípulos cerradas por miedo a los judíos, vino Jesús, se presentó en medio de ellos y les dijo:

—La paz esté con vosotros.

Y dicho esto les mostró las manos y el costado. Al ver al Señor se alegraron los discípulos. Les repitió:

—La paz esté con vosotros. Como el Padre me envió, así os envío yo.

Dicho esto sopló sobre ellos y les dijo:

—Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos.

Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le dijeron:

—¡Hemos visto al Señor!

Pero él les respondió:

—Si no le veo en las manos la marca de los clavos, y no meto mi dedo en esa marca de los clavos y meto mi mano en el costado, no creeré.

A los ocho días, estaban otra vez dentro sus discípulos y Tomás con ellos. Aunque estaban las puertas cerradas, vino Jesús, se presentó en medio y dijo:

—La paz esté con vosotros.

Después le dijo a Tomás:

—Trae aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.

Respondió Tomás y le dijo:

—¡Señor mío y Dios mío!

Jesús contestó:

—Porque me has visto has creído; bienaventurados los que sin haber visto hayan creído.

Muchos otros signos hizo también Jesús en presencia de sus discípulos, que no han sido escritos en este libro. Sin embargo, éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.


Comentario

El domingo de Resurrección Jesús se manifestó a los discípulos, que estaban recluidos por temor, para llenarlos de alegría y enviarlos a anunciar la Buena Noticia como el Padre lo envío a Él. El Señor les muestra sus llagas gloriosas como pruebas palpables de su triunfo y les desea la paz, que es “el don precioso que Cristo ofrece a sus discípulos después de haber pasado a través de la muerte y los infiernos –explica el Papa Francisco−. Es el fruto de la victoria del amor de Dios sobre el mal, es el fruto del perdón”[1].

Nos cuenta el evangelio que el discípulo Tomás no estaba con los otros en aquella ocasión. Cuando regresa, no cree en el testimonio jubiloso de todos: “¡Hemos visto al Señor!”. Lo achaca quizá a una experiencia interna o a un desvarío colectivo. Tomás exige algo más que el testimonio apostólico y pide signos evidentes para creer y cambiar de vida. Al domingo siguiente, Jesús volvió a mostrarse. “Quizá tú también escuches en este momento el reproche dirigido a Tomás –escribió san Josemaría−: mete aquí tu dedo, y registra mis manos; y trae tu mano, y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino fiel; y, con el Apóstol, saldrá de tu alma, con sincera contrición, aquel grito: ¡Señor mío y Dios mío!, te reconozco definitivamente por Maestro, y ya para siempre —con tu auxilio— voy a atesorar tus enseñanzas y me esforzaré en seguirlas con lealtad”[2].

Hoy, Domingo de la Misericordia, “entrando en el misterio de Dios a través de las llagas –comenta el Papa Francisco−, comprendemos que la misericordia no es una entre otras cualidades suyas, sino el latido mismo de su corazón. Y entonces, como Tomás, no vivimos más como discípulos inseguros, devotos pero vacilantes, sino que nos convertimos también en verdaderos enamorados del Señor”[3].

Es natural que sintamos el anhelo de Tomás −querer ver y palpar a Jesús−, porque conocemos a través de nuestros sentidos corporales. Por eso nos preguntamos con el Papa, “¿cómo saborear este amor, cómo tocar hoy con la mano la misericordia de Jesús? Nos lo sugiere el Evangelio, cuando pone en evidencia que la misma noche de Pascua (cf. v. 19), lo primero que hizo Jesús apenas resucitado fue dar el Espíritu para perdonar los pecados. Para experimentar el amor hay que pasar por allí: dejarse perdonar”[4].

También podemos sentir como dirigida a nosotros la última bienaventuranza que pronunció Jesús en la tierra, provocada por el desconfiado Tomás: “Bienaventurados los que sin haber visto hayan creído”. La fe, la confianza en Dios sin pruebas llamativas, es una dicha, un don que hemos de pedir humildemente: “¡auméntanos la fe!” (Lc 17,5). Es un regalo que hemos de cultivar y practicar con obras diarias, porque “el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y las hará mayores que éstas porque yo voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre eso haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo” (Jn 14,12-14). Por eso decía san Josemaría, “Dios es el de siempre. −Hombres de fe hacen falta: y se renovarán los prodigios que leemos en la Santa Escritura”[5].


[1] Papa Francisco, Regina Coeli, II Domingo de Pascua 2013.

[2] San Josemaría, Amigos de Dios, 145.

[3] Papa Francisco, Homilía, Misa 2 Domingo de Pascua 2018.

[4] Ibidem.

[5] San Josemaría, Camino, 586.

 

 

 

Segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia.

Jn 20, 19-31.

 

Ocho días.

 

El cenáculo es el lugar del encuentro con el Resucitado, con su Divina Misericordia. El cuadro de la Divina Misericordia expresa este momento de envío, que lleva consigo la buena noticia del perdón de los pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, se inaugura la proclamación por parte del Resucitado de su Misericordia.

 

1.     Siempre el peligro de nuestra vida por tantos miedos acumulados es cerrarnos. El peligro de los miedos nos paraliza el corazón. Vencer definitivamente los miedos, es a veces, una misión que nos sobrepasa. Contamos con la gracia y la ayuda del Señor. Los miedos hay que atravesarlos, si queremos caminar hacia el Señor. Sabemos que al final del túnel, siempre está el Resucitado y que nos alienta su Misericordia en el canino de la vida.

 

2.     El miedo de los apóstoles paraliza su capacidad para salir al mundo y proclamar la redención de Cristo. Todavía deben prepararse para que el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, les ilumine y les de fuerzas para vencer todas las resistencias a las que nos lleva el pecado.

 

3.     Es necesario volver al Corazón de su Misericordia, que es la Eucaristía. Es necesario hacer un nuevo éxodo, para salir de nosotros mismos, de nuestro pánico, para ir al encuentro de un mundo necesitado de Misericordia. Nos podemos quedar encerrados en nuestras quejas y nuestras disculpas, con un corazón que no ama. Pero también podemos volver al encuentro con la vida que impulsa Pentecostés, y que nos envía a proclamar por los cuatro vientos, que la Misericordia del Señor se expresa en su perdón, a través del sacramento de la Penitencia y de la Eucaristía, pan de los pobres y maná en el camino de la vida.

 

+ Francisco Cerro Chaves. Arzobispo de Toledo Primado de España

 

 

Más allá de la conciliación: integrar la vida

¿Por qué tiene que haber conflicto entre mi vida personal, mi familia, mi desarrollo profesional y mi desempeño en la empresa? Hay un itinerario que comienza en la conciliación con uno mismo para después abrirse a los elementos que integran nuestra vida: la pareja, la familia, la empresa, el trabajo y, finalmente, la sociedad.

En estas semanas de confinamiento por el #Covid-19 estamos comprobando que tener una vida integrada, donde todos los aspectos se entrelacen y convivan armoniosamente, no es nada fácil. Llevamos a cabo muchas tareas en un mismo espacio, nuestro hogar: teletrabajamos (incluidas las telerreuniones y las vídeollamadas), mientras estamos con los hijos educándolos y ayudándolos con sus tareas y jugando con ellos, hacemos ejercicio con la ayuda de algún vídeo o aplicación, «quedamos» con nuestros amigos o familiares para charlar y «tomar» algo juntos, vemos películas y series… Es un apretado programa que, aunque sea de manera virtual, puede llegar a ser extenuante. Se pone aún más de relieve la conveniencia de integrarlo todo.

Porque ¿cuál es nuestro rol en cada uno de estos ámbitos? ¿Por qué hacemos lo que hacemos? Una vez que somos capaces de conocer nuestra misión y ser coherentes y fieles a ella, todos los elementos se integran y adquieren sentido y trascendencia, proporcionándonos esa grata satisfacción espiritual y física que nos dará la posibilidad de tener una vida plena y feliz.

Siempre tendremos nuevos retos y habrá nuevas circunstancias, pero si aprendemos a liderar nuestra trayectoria profesional y personal, el entorno no será el que domine sobre nuestra realidad, sino que sabremos manejar el timón también en tiempos de tormenta. Si aún no lo conocéis, os aconsejo el libro Integrar la vida, que escribí con mi amiga y colega Esther Jiménez, y con Pilar García-Lombardía,  gran investigadora y coach. Es un libro que invita a la reflexión aterrizada en nuestra vida diaria.

Aquí lo tenéis en formato e-book o en papel. Acabamos de lanzarlo también en inglés, os dejo el enlace aq

 

 

Virtudes humanas

Daniel Tirapu

Cruz Lampedusa

Últimamente y no sé porqué, se habla mucho de valores y poco de virtudes. La virtud es un hábito bueno costoso; Jesús Urteaga en el libro "El valor divino de lo humano" resaltaba que el cristiano se edifica sobre una base sólida de virtudes humanas: lealtad, sinceridad, reciedumbre, constancia, magnanimidad,
puntualidad, paciencia, ideales grandes, estudio y trabajo serio.

Cómo vas a ir contracorriente en un mundo muy cómodo, si no eres capaz de aguantar una ducha fría. Cómo ser fiel si no eres leal a la palabra dada.

"Oras, te mortificas, trabajas en mil cosas de apostolado, pero si eres estudiante y no estudias seriamente, no sirves si no cambias";. Es un punto de Camino, no literal, que me enseñaron de joven.

Cristiano no es quien acumula prácticas de piedad que no se corresponden con una vida atractiva llena de virtudes humanas. Eso sería como adornarse con joyas en paños menores. Jesús fue perfecto hombre y perfecto Dios, ejemplo de humanidad y divinidad. Por eso es urgente formar en virtudes humanas, que claro, exigen esfuerzo.

 

Tiempo Pascual 2020, Sobre la Fe en la Resurrección

Por temor al coranavirus, hemos pasado confinados, casi toda la Cuaresma; lo mismo, la Semana Santa. Vino la Pascua, e igual. Ahora, algunos salen al trabajo. Como digo a mis hijos, abandonar completamente  los medios de producción, sería una catástrofe económica y social incalculable; además, los niños precisan expandirse; los jóvenes, hacer deporte; los ancianos, el paseo diario; desde el punto de vista psicológico, a los adultos tampoco les conviene tanto tiempo encerrados.

Gracias a las Santas Misas, que nos sirven por Televisión e Internet, hemos podido participar, online, de la liturgia; pero, como dice el Papa Francisco, “ésta no es una situación ideal, necesitamos la familiaridad con Dios en el sacramento, y con el pueblo” ( 16-4-020).

Superior en importancia a la Semana Santa, es el Domingo de Resurrección, tiempo pascual prolongado en una Octava. En palabras de San Pablo,  “si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe. Pero no, Cristo ha resucitado de entre los muertos como primicias de los que duermen”  (I Corintios, 15: 14, 20). La Resurrección del Señor nos llena de alegría y, además, de esperanza, porque la Resurrección de Cristo es garantía de la nuestra.

Jesús había dicho que resucitaría al tercer día.  ¿Era fácil que los suyos lo creyeran? Después de verle expiar y atravesado su Corazón por la lanza, ¿ cómo iban a creer, esos hombre de mar, en la Resurrección, tan sujetos al sentido común y a lo palpable? Cuando la Magdalena  les anunció que lo había visto vivo, no le dieron crédito. Pedro y Juan fueron a comprobarlo y encontraron, en la tumba, “las fajas allí colocadas y el  sudario de la cabeza envuelto aparte”.  Dice la Escritura: Juan “vió y creyó” ( Jn. 20, 3-8). A la Virgen no la mencionan, los evangelistas; quizá, porque no necesitaba las apariciones: su Fe era cierta y sencilla, perseverante;  es modelo de Fe.

El Nuevo Testamento narra las Apariciones de Jesús resucitado a los Apóstoles. Les hacía falta mucha Fe para lanzarse a la predicación, que suponía sacrificio y riesgo de su vida. Se les presentó en el Cenáculo con las puertas “trancadas”: “Mirad mis manos y mis pies, soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo”. Era tal su alegría, que no daban crédito a sus ojos; hasta tuvo que comer delante de ellos.

Además del testimonio de los Apóstoles, hasta dar la vida por su Fe en la Resurrección, la Sábana Santa –pienso-  es prueba  tangible de la Resurrección de Cristo. San Juan Pablo II dijo que es “icono del Evangelio”.  La Ciencia ha descubierto, en ella, datos sorprendentes de su autenticidad, y alguno sólo podría explicarse desde la iluminación de la resurrección del Cuerpo inerte que envolvió durante tres días. Se venera en la catedral de Turín. Debido a la epidemia,  el Viernes Santo se expuso para la oración y su veneración “online”.

La Resurrección de Cristo alegra el corazón de los cristianos, y fortalece nuestra esperanza, seguros de que la muerte no tiene la última palabra. Me emociona esta canción, que  oí en un funeral: “Hoy vuelvo de lejos, /de lejos./  Hoy he vuelvo a tu casa,/ Señor, a mi casa./Y un abrazo me has dado,/ Padre del alma./  (…)Tu casa, mi casa será,/ será mi morada./ Banquete de fiesta, mi hogar,/ vestido de gracia,/ y una túnica nueva / para la Pascua.”

Josefa Romo Garlito

 

Para sanar una relación rota

Lucía Legorreta

La confianza es elemental para una relación sana. Cuando esta se daña el dolor y la decepción hace que sea complicado poder restaurarla, pero no imposible.

 

Te invito hoy a responder a dos preguntas: ¿tienes una relación rota?, es decir, ¿después de una relación cercana con un familiar (papá, mamá, hijos, abuelos, tíos, primos, suegros), con una pareja o amigo, algo sucedió, y ese lazo se rompió?

Y viene la segunda y muy importante pregunta: ¿te interesa sanar esta relación?

Si ambas respuestas son afirmativas, lo que platicaremos a continuación te servirá.

La confianza es elemental para una relación sana. Cuando esta se daña el dolor y la decepción hace que sea complicado poder restaurarla, pero no imposible.

Comparto algunos consejos que pueden ayudarte a restaurar esa relación que algún día fue muy buena y que ahora no lo es:

- Confrontación y honestidad: si esa persona te engañó, mintió, traicionó; te dijo que iba a hacer algo que no hizo, o bien te dice que ya no te ama. Es el momento de ser honestos y decirse las cosas de frente. Ocultar las cosas es negar una herida, e impedir que sane. Aceptar la responsabilidad de ambas partes y analizar fríamente que fue lo que sucedió.

- Humildad: olvida tu orgullo. Después de un engaño, mentira o traición y de sufrir una decepción, nuestro orgullo se hiere también. Perdonar o ser perdonado, en ambos casos se requiere de mucha humildad.

- Comunicación: se debe tener una buena comunicación para restaurar la confianza y sanar la relación rota. Expresar los sentimientos y el dolor, es momento para hablar, no te guardes nada y no tengas temor de decir lo mucho que te lastimaron las acciones del otro. No es momento para hacerte el valiente y guardarte lo sucedido, hablen y escúchense.

- Perdonar y olvidar: si realmente quieres restablecer esta relación, no puedes decirle: te perdono, y recordar lo que sucedió cada vez que se vean. El perdón es un proceso, pero sobre todo es una actitud de vida.

- Amor: el amor y la confianza van de la mano. Si realmente amas a esta persona, ya sea pareja, amigo o familiar, podrás recuperar esos lazos que alguna vez se rompieron.

- Paciencia: no pretendas que de un día para otro todo vuelva a ser igual. El restablecer una relación rota lleva tiempo, por lo que la paciencia es sumamente importante.

- Respeto: no hieras ni insultes a la otra persona. Valora mucho esta “nueva relación”, y dale su lugar. No necesitan enterarse los otros lo que sucedió entre ustedes, guárdalo para ustedes.

- Sentido del humor: deja pasar un poco de tiempo, y si es posible métele un poco de sentido de humor, es decir, ríete mejor de lo que sucedió y no te tomes demasiado en serio.

La vida es muy corta y las relaciones cercanas ayudan en gran parte a vivirla plenamente. No dejes pasar más tiempo. Si tienes una relación cercana que está rota, sánala de inmediato.

Nunca te arrepentirás de haberte reconciliado con un ser querido, y, sin embargo, estoy segura de que podrás arrepentirte sino lo haces

 

 

Vencer los obstáculos

Escrito por Norma Mendoza Alexandry.

Orar, confiar, actuar y tener esperanza son los elementos que nos ayudará a tener fortaleza aún en los momentos más difíciles.

“¿Reparamos en la diferencia que existe entre el barro y la roca? Al barro, cualquier lluvia lo diluye, cualquier torrente lo lleva por las mil veredas de los caminos, cualquier bache del terreno lo transforma en un charco…La roca se mantiene firme frente a las tempestades, se levanta como un baluarte después de la tormenta, como un desafío al mar y a la impetuosidad de las olas”. (Dr. Rafael Llano C.)

Esta es la manera en que comienza a hablar un doctor en Derecho Canónico sobre la “fortaleza”, y pregunta: “¿A qué clase de hombres (y mujeres) pertenecemos? ¿Somos inconsistentes como el barro o sólidos como la roca?”

El mundo cristiano o no, se dio cuenta de que este pasado fin de semana se conmemoró el gozne de la historia, cuando con la Muerte y Resurrección de Cristo Jesús comenzó una nueva época en la existencia humana. Es recapitulado anualmente con la transición de la sombría temporada de Cuaresma, a la alegría de la Pascua. Y ya que muchos de nosotros estamos atrapados en una cuaresma que parece no tener fin, la Pascua sin embargo aparece mientras Cristo se introduce en la historia de la humanidad al principio casi sin ser notado, más allá de las costas de Galilea y la Ciudad de Jerusalén.

Una vez más estamos necesitados de una perspectiva. El salmista escribe: “Porque el Señor es bueno: su misericordia es eterna, y su fidelidad por todas las generaciones” (Sal. 100), pero esto no significa que el mundo ofrezca soleadas e iluminados caminos. La historia de la cristiandad nos muestra no sólo retrocesos, sino fracasos y colapso en algún tiempo y lugares. Simplemente pensemos en aquellas tierras lejanas del Medio Oriente y qué ha pasado con el cristianismo (v.gr The Lost History of Christianity: The Thousand Year Golden Age of the Church in the Middel East, Africa and Asia –and How it Died. Philip Jenkins)

Y ¿nos hemos preguntado sobre el liberalismo occidental y sus orígenes? Cuando a partir del siglo XV, la cristiandad revolucionó la moralidad del viejo mundo occidental al alabar la dignidad del ser humano individual hecho a imagen de Dios, sin importar sexo, clase, raza, nacionalidad, riqueza o poder. Y en segundo lugar, los ingredientes para el surgimiento de sociedades libres fundadas en igualdad de derechos humanos limitando el poder del gobierno, todo esto estuvo presente en el mundo occidental antes de la llegada de la “modernidad”.

Esencialmente, debemos tener en mente que la Cristiandad –precisamente a través del poder redentor de la Crucifixión y la Redención –dio al mundo un nuevo entendimiento del Amor. Especialmente en la temporada de Pascua, debemos apuntar nuestro pensamiento a lo que significa obedecer en los Mandamientos, que debemos amarnos los unos a los otros. (v.gr. The Four Loves, C.S. Lewis)

“Dios creador del ser humano, no nos ha declarado antropológicamente cómo somos, pero sí, éticamente, cómo debemos comportarnos si queremos ser de verdad lo que somos. Por eso, todo hombre bien constituido se reconoce a sí mismo en ese código ético en el que coinciden, según C.S. Lewis, las grandes civilizaciones de la historia: ocurre, como también él mismo asegura, que en el cristianismo se encuentra expresado con más claridad y precisión que en otras religiones.” (Los Fantasmas de la Sociedad Contemporánea. Carlos Llano C.)

Si hemos de hablar de vencer los obstáculos, en principio deberemos hablar de cómo ser fuertes, sobre todo en este tiempo en que, por un tremendo virus, parece que el mundo se nos viene encima. El primer autor mencionado, nos dice que, ante la necesidad de fortaleza, surge la presencia generalizada de la debilidad en lo más íntimo de la persona humana, ésta nos rodea, nos invade, tiende a tomar posesión de nosotros, reconocemos que somos extraordinariamente vulnerables. Y después nos dice que el significado de ser fuerte o valiente es “poder recibir una herida”. Si el hombre puede ser fuerte, es por ser esencialmente vulnerable.

Esto lo vemos reflejado en que la mayoría de nosotros estamos experimentando una angustia espiritual e incertidumbre por la pandemia coronavirus. Pero como cristianos ¿qué pensamos que somos? ¿Nos apoyamos en la fuente de la fortaleza que es Cristo? “La reciedumbre humana que debemos intentar adquirir servirá de base a la virtud sobrenatural de la fortaleza, infundida por Dios en el alma, la cual eleva y potencia nuestros propios recursos. Solo ayudados por ella, conseguiremos alcanzar esas metas arduas y difíciles del vivir cristiano”. (Op. Cit. Pág. 3)

Hemos de responder a este tiempo presente con una respuesta de Fe, cómo mantener la perspectiva, cómo ser. Muchos están experimentando dolor, angustia, miedo, aflicción. Muchos están esperando respuestas, algo a qué aferrarse.

Un autor, abogado, profesor distinguido en la Universidad Sto. Tomás en Minneapolis, Michael Stokes Paulsen, propone que, para reaccionar espiritualmente de manera positiva a la crisis actual, debemos: Orar, Confiar, Actuar y tener Esperanza. Resumo:

Orar. Jesús nos enseñó que orar, importa. “Así pues, yo os digo: pedid y se os dará, buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá” (Lc 11. 9) Después de todo, hemos de estar seguros, que este virus es el trabajo de un enemigo –es mala hierba despiadada en oposición a los deseos de Nuestro Señor por el amor a la humanidad, “Señor ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña? … Él les dijo: Algún enemigo lo habrá hecho” (Mt 13. 24) Dios es quien activamente se compromete en batalla en contra del demonio, Él mismo nos invita a orar por Su milagrosa intervención. Oremos por ese milagro.

Confiar. Difícil confiar en estos tiempos, pero no vivamos con temor, a pesar de todo. Vivamos nuestra FE. Los milagros sí son posibles, pues si fue Dios quien creó el universo y toda la existencia, muy seguramente es capaz de intervenir milagrosamente en Su creación. Muchas veces no palpamos los milagros que Dios nos concede día con día, no vemos lo extraordinario en lo ordinario de cada día. Esperemos, oremos por más y más milagros, Dios los hace a través de seres humanos ordinarios.

Actuar. Actuar propiamente con FE, hacer lo correcto. Muchos de nosotros queremos actuar, ir a la acción, pero tantos otros no podemos hacer nada. Entonces, nosotros cristianos ¿qué podemos o debemos hacer? Lo primero es no-hacer lo que siempre hacemos, detenernos en la vida rápida que todos llevamos, quedémonos en casa. También pedir a Dios que rompa las cadenas que nos atan, que dé respuesta a nuestras plegarias, que nos ayude a romper, entender y obedecer que no debemos seguir nuestra costumbre de activismo diario, tener por prioridad el bien de todos. Tomar en cuenta que el bien común, es mi propio bien, “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, aplicarlo literalmente, conectémonos, compartamos, expresemos, comuniquemos, ayudemos a los demás de esta manera, vivamos por los demás y no sólo por nosotros mismos. Vivamos en la comprensión que todos somos mortales, y preparémonos para lo que venga después.

Tener Esperanza. Ver a futuro con esperanza al día en que la obscuridad termine, y prepararse a ese día con confianza. La esperanza es derivada de la confianza. Alimentemos tal esperanza. Podemos hacerlo preparándonos para ese día en que nuestras plegarias sean respondidas, nuestra confianza sea justificada, nuestras acciones (e inacciones) sean compensadas y nuestras esperanzas se realicen. ¡Preparémonos!

El Evangelio compara la vida de los hombres débiles y de los fuertes con aquellos que edifican su casa blanda e inconsistente, o sobre roca, sólida y segura (Cfr. Mt 7, 23-27). “…Alguien tiene personalidad cuando mantiene, como la roca, en todo momento –en medio de la variedad de circunstancias, incluso las más adversas--, una unidad fuerte y coherente, un centro de equilibrio permanente y sólido cimentado en los más profundos principios y convicciones personales.” (R. Llano)

Un santo dijo: “Acepta la Voluntad de Dios, porque cuando aceptas el dolor, el dolor no es dolor, porque esa Cruz la lleva Él” (San Josemaría).

 

 

Vivamos la misericordia en familia

Escrito por Silvia del Valle.

Todos debemos aprender a ser misericordiosos, a perdonar sin guardar rencor. Además de reconocer que todos somos pecadores y necesitamos misericordia.

Es tiempo de fiesta, tiempo de esperanza, es tiempo de celebrar que Jesús ha resucitado y nos ha regalado la vida eterna, pues ha cargado con nuestros pecados; en una palabra, es tiempo de la Misericordia de Dios.

A veces, no le damos la importancia que tiene, pero debemos educar a nuestros hijos para que aprendan a reconocerla y a pedirla, pues todos somos pecadores y necesitamos de ella.

En la medida de lo posible también debemos educar a nuestros hijos para sepan ser misericordiosos para que puedan obtener misericordia, por eso aquí te dejo mis 5Tips para lograrlo.

PRIMERO. Que aprendan a reconocer sus debilidades y defectos.

Es de vital importancia que nuestros hijos sepan ser humildes y puedan reconocer sus errores, sus debilidades, lo que les cuesta más trabajo, lo bueno les gusta hacer; para así trabajar en eso y poder ser mejores.

El problema viene cuando la soberbia entra en ellos sienten que todo lo que hacen está bien, cuando sienten que cuando los corregimos es porque les hacemos injusticias y se ponen a la defensiva, que los que piensan diferente que ellos están mal y deben ser doblegados.

Este tipo de actitudes lo único que provocan es prepotencia y violencia; por eso debemos educarlos desde pequeños a detectarlas y corregirlas con amor.

Entre más pronto comencemos, más fácil será, pues nuestros hijos sabrán que vivir así es el estilo de vida familiar.

SEGUNDO. Que aprendan a ofrecer disculpas.

Una forma muy sencilla es, que no importa quién tuvo la culpa o quién provocó en alguna situación, los implicados en esa situación deben ofrecerse entre ellos disculpas y a los que están al rededor por incomodarlos.

Esto les ayudará para doblegar el orgullo y ser humildes para ofrecer disculpas y reconocer que se equivocaron.

Ante estos actos, los agresores y agredidos no pueden seguir lastimándose, pues la humildad sana y elimina la violencia.

Es necesario que vayamos contracorriente y dejemos de lado lo que dice el mundo, que debemos hacer justicia por propia mano.

Debemos propiciar que nuestros hijos sean humildes y que sepan ofrecer disculpas sin que les cause problemas.

TERCERO. Que no les cueste otorgar el perdón

Un problema muy grave se da cuando nuestros hijos son los agredidos y se vuelven rencorosos y no otorgan el perdón.

Esto les genera sentimientos de venganza y amargura, que no les dejan vivir con dignidad y que les tienen el alma envenenada y por lo mismo están buscando como hacer justicia por propia mano, o como darle en la torre a las personas que los dañaron.

Esto debemos evitarlo educándolos en el amor y en el perdón, con nuestro ejemplo.

Nuestros hijos deben saber que los amamos y por eso los educamos. Que para educarlos hay que corregirlos pero que lo hacemos con amor. No pueden notar nuestro enojo o coraje al corregirles porque entonces aprenderán que la venganza es buena.

Nuestra forma de educarlos les deja una huella muy honda y debemos tener cuidado.

Que todo lo que hagamos por nuestros hijos sea por amor.

CUARTO. Que aprendan a restituir los daños causados

Para ser misericordiosos debemos sentir dolor de lo que hemos realizado o debemos conmovernos por el mal de los que nos rodean, es decir, debemos aprender a reconocer nuestros sentimientos y tratar de hacer algo para solucionar las situaciones que duelen más.

La injusticia es terrible, porque provoca deseos de venganza y violencia, es por esto que debemos educar a nuestros hijos para que no les cueste trabajo recuperar o resarcir el daño que han causado con sus acciones, sin pretextos ni justificaciones.

Para esto deben sentir que los apoyamos en todo y que los estamos respaldando, aunque no les demos nuestra aprobación a sus actos.

Restituir a veces consiste en abrazar, en sobar, en ofrecer la mano, en compartir lo que se tiene, en dar tiempo a los otros, etc. no siempre tiene que ver con la cuestión meramente económica; pues esa es la más fácil de dar.

Y QUINTO. Que sepan clamar a Dios por misericordia pues son sus hijos muy amados.

Ya hablamos de la parte humana, ahora hablemos de la parte espiritual.

Es necesario que nuestros hijos sepan que tenemos un Padre amoroso que nos cuida siempre y que está atento a nuestras peticiones.

Por eso debemos enseñarles que Dios está siempre atento a nuestras oraciones, que si le pedimos él nos escucha y que nos va a dar lo que es mejor para nosotros, por eso no siempre es tal cual lo que le pedimos; o no en el momento en que lo hacemos.

Debemos educarles con el ejemplo y propiciar momentos de oración para que nuestros hijos sepan que la familia completa hace oración y que es lo más natural, así cuando tengan alguna dificultad, acudirán a Dios para pedirle misericordia y ayuda.

Celebremos por todo lo alto la misericordia de Dios y pidámosle que tenga misericordia de nosotros y que nos libre de la pandemia que nos azota.

 

El Cima participa en la investigación de un fármaco en fase clínica que neutraliza al virus causante de COVID-19

Los científicos del Programa de Medicina Regenerativa y el laboratorio de Genómica Avanzada han colaborado en la identificación de la nueva diana terapéutica a la que se dirige el medicamento

Imagen al microscopio de un organoide de riñón generado in vitro a partir de células madre humanas. FOTO: Cima

08/04/20 14:20 Miriam Salcedo

La prestigiosa revista científica Cell ha publicado recientemente una investigación internacional que demuestra la eficacia de un fármaco en fase inicial para bloquear la acción de SARS-CoV-2, virus que causa la enfermedad COVID-19. Así lo han descubierto los autores del trabajo al analizar cómo actúa este nuevo virus en células humanas de riñón. Para esto han empleado pequeñas réplicas de estos órganos generadas con células madre y técnicas de bioingeniería denominadas organoides.

Investigadores del Programa de Medicina Regenerativa y del Laboratorio de Genómica Avanzada del Cima han colaborado en este trabajo multicéntrico liderado por el Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC) (España), el Instituto Karolinska (Suecia)  y el Instituto de Ciencias de la Vida de la Universidad de British Columbia (Canadá).

Caracterización de los organoides de riñón

Un paso previo a la experimentación con el fármaco es el conocimiento de la interacción entre el virus y la célula humana. Para agilizar el proceso de investigación y llevar los posibles resultados cuanto antes a la clínica, los investigadores han empleado miniriñones u organoides de riñón infectados con SARS-CoV-2. Mediante la caracterización de estas réplicas de riñón humano, “hemos conseguido identificar las células del tejido renal que expresan la enzima ACE2, un receptor que utiliza el virus para entrar en las células humanas”, señala el Dr. Felipe Prosper, director del Programa de Medicina Regenerativa del Cima y participante en la investigación.

Como explica el artículo, la enfermedad por COVID-19 se produce por la interacción entre esta enzima y el virus SARS-CoV-2. Con este conocimiento, los investigadores han probado un fármaco ya existente en el mercado pero cuyo uso se desconocía para afrontar este nuevo virus (llamado APN01). Estos prometedores resultados han activado un ensayo clínico con 200 pacientes con COVID-19.

Gracias a la experiencia del laboratorio de Genómica Avanzada en los análisis genómicos de “single-cell” (caracterización de células únicas) “hemos podido estudiar en detalle las distintas poblaciones de células que componen los organoides de riñón e identificar en cuáles de ellas está presente el receptor ACE2.  Esta investigación demuestra cómo estas avanzadas técnicas de análisis celular y molecular permiten identificar mecanismos que intervienen en el funcionamiento normal de las células. A su vez, demuestra cómo la innovación en el campo de la terapia celular y la bioingeniería son imprescindibles para una medicina de vanguardia”, añade el Dr. Prosper.

 

 

“¿Qué mascarillas de protección frente a la COVID-19 son más eficaces?”

Observatorio de Bioética – Universidad Católica de Valencia

ABRIL 17, 2020 09:40JULIO TUDELABIOÉTICA Y DEFENSA DE LA FAMILIA

(zenit – 17 abril 2020).- La actual epidemia de coronavirus ha provocado numerosas polémicas y confusiones en el mundo científico-sanitario, no sólo sobre el origen y tratamiento de la enfermedad sino también sobre los métodos preventivos que deben aconsejarse a la población para reducir el riesgo de transmisión.

Aunque las evidencias científicas son limitadas, si parecen establecerse algunos consensos que conviene divulgar, así como informaciones sesgadas o no fundamentadas que también conviene desmentir.

El uso generalizado de mascarillas ha sido desaconsejado por la O.M.S repetidas veces, y encarecidamente aconsejado por otros organismos y científicos, específicamente relacionados con áreas de especial incidencia de la epidemia, como China o Italia.

Las posiciones de la O.M.S están cambiando recientemente, ante la evidencia de la transmisión del virus por parte de personas asintomáticas, que podrían estar agravando en gran medida la extensión de la pandemia.

Ante este cambio, y la generalización de las recomendaciones dirigidas a extender el uso de mascarillas faciales, se plantean nuevos interrogantes sobre su eficacia y posibilidades de reutilización.

Aunque la norma general es que este tipo de mascarillas son mayoritariamente de un solo uso, las circunstancias de desabastecimiento en las que nos vemos actualmente que afecta a todos los tipos de equipos de protección individual (E.P.I.), obliga a la reutilización de las mascarillas, previa desinfección, evitando al máximo su degradación para que sigan ofreciendo protección a los usuarios.

Las mascarillas disponibles actualmente son de varios tipos, que pueden resumirse en los siguientes:

MASCARILLA QUIRÚRGICA: Protege a los demás ya que están diseñadas para filtrar las partículas emitidas por el usuario durante la respiración, impidiendo que lleguen al exterior. También protege al usuario de salpicaduras de fluidos biológicos.

MASCARILLA DE ALTA EFICACIA FFP: Protege al usuario ya que están diseñadas para filtrar las partículas y aerosoles líquidos presentes en el medio ambiente, impidiendo que sean inhaladas por el usuario En función de su diseño puede ser: cónica, horizontal (pico-pato) y vertical. Según la eficacia de filtración la mascarilla es de clase 1, 2 o 3. El tipo de clase a utilizar se determina en función de la toxicidad del contaminante y de la concentración ambiental presente.

FFP1 (eficacia de filtración 78%, concentraciones ambientales hasta 4 VLA –Valor Límite Ambiental–).

FFP2 (eficacia de filtración 92%, concentraciones ambientales hasta 12 VLA).

FFP3 (eficacia de filtración 98%, concentraciones ambientales hasta 50 VLA).

Las mascarillas pueden tener válvula de exhalación. La válvula facilita la respiración y evita la condensación; se recomiendan para largos periodos de uso. Como no filtran el aire exhalado por el usuario, LAS MASCARILLAS CON VÁLVULA NO SE DEBEN COLOCAR A PACIENTES o personas susceptibles de diseminar el virus, aun siendo asintomáticos. Este extremo es muy difícil de controlar, por lo que de modo general, la recomendación es elegir mascarillas sin válvula siempre que sea posible, como método de dificultar la transmisión del coronavirus.

Desinfección y reutilización de las mascarillas

La reutilización, no siendo recomendable en circunstancias normales, sí lo es en las actuales, por el desabastecimiento que soportamos.

Aunque los métodos propuestos son muchos, deben elegirse aquellos que logran tanto desinfectar eficazmente el dispositivo como mantener sus características filtrantes y forma, que permita seguir ajustando el dispositivo a la cara eficazmente.

El método más eficaz a la vez que más accesible para la población parece ser el de someter las mascarillas a calor seco (horno doméstico, preferiblemente con recirculación de aire) a la temperatura de 70 grados durante, al menos 30 minutos. Con este sistema pueden realizarse varios ciclos de desinfección manteniendo su eficacia en más de 90 %.

Se adjunta un documento ilustrativo de lo que aquí exponemos resumidamente, publicado por el Servicio Murciano de Salud, en el que se recogen los estudios relacionados publicados.

Julio Tudela Cuenca

Observatorio de Bioétia

Universidad Católica de Valencia

 

 

¿Qué debe hacer la Iglesia en esta pandemia?

¿Qué debe hacer la Iglesia en esta pandemia? Nos preguntamos. En primer lugar, rezar: conscientes de que es el primer remedio y que Dios puede parar los virus, oremos. Podemos pedirle como el Rey David “no envíes la peste sobre tu pueblo”, rogando que detenga al ángel exterminador (cf. 1 Cr 21, 17). Estos días de encierro obligatorio para muchos puede ser una ocasión para aumentar nuestra fe en la oración.

Luego hemos de ayudar. Siguiendo las disposiciones de la legítima autoridad, mostrémonos disponibles para otros que están necesitados. Y no olvidemos a los que padecen la peor de las plagas, la soledad: seguro que todos conocemos a varios que viven solos y ahora no tienen el consuelo de la conversación. Acerquémonos a ellos mediante el teléfono o las redes sociales.

Y por fin, aliviar. Recordemos que el mejor calmante es la gracia de Dios, por lo que los sacerdotes podrán facilitar (siempre dentro del respeto a las normas de la autoridad) el sustento de los sacramentos. A muchos otros les podrá llegar el consuelo de la oración en común, porque gracias a internet se puede hacer una reunión de personas que están físicamente separadas.

Hemos de aceptar la voluntad de Dios. Todos hubiéramos querido que en esta Cuaresma se realizaran Viacrucis, procesiones y oficios litúrgicos como los demás años, pero el Señor en su sapientísima providencia quiere que busquemos la conversión mediante el confinamiento, la oración por internet y el ayuno de la Eucaristía. Nuestra Señora, salud de los enfermos, hará que esta sea la mejor Cuaresma que recordamos.

Jesús Domingo Martínez

 

 

Ante la vulnerabilidad

Puede pensarse que el coronavirus ha llevado a cada cual a guarecerse en su casa y, por lo tanto, ha provocado dispersión, desunión, pero en realidad no es así. La verdad es que, por una vez, estamos todos pensando en lo mismo. Vas por la calle y ves a aquella señora con rostro de cierta angustia y se te ocurre: está en lo mismo que yo, pensando en la pandemia.

Es nuevo en esta generación. Somos de unos tiempos en que no ha habido guerras, al menos en este país, dejando a un lado las ayudas de nuestro ejército en conflictos extranjeros. Hemos tenido terrorismo, pero no conflictos bélicos. Ha habido terremotos, pero bastante localizados. Ha habido, recientemente, desastres meteorológicos, más o menos graves, pero en zonas de costa más que nada. Y todo esto con apenas fallecidos.

Encontrarnos con una pandemia que puede afectar a todo el país, a todas las personas que tenemos alrededor, es una novedad. Y eso produce preocupaciones, actitudes histéricas, miedo. Por primera vez, desde hace mucho tiempo, existe un miedo generalizado.

Esto ha sido normal por los siglos de los siglos. Peligros inminentes y ciertos de guerras, enfermedades que tenían poca curación, fallecimientos a los 70 años como media, y de eso hace muy poco. Pero no había miedo generalizado, porque era previsible y se organizaban las cosas contando con ello.

En nuestra sociedad del bienestar nos hemos creído que todo lo que ocurre está en nuestras manos, está controlado. Contamos con que el poder público tenga remedios: para eso les pagamos. No contamos con imprevistos. Así que la pandemia, que creíamos cosa de otros siglos, nos ha llegado con gran susto. Primero miramos a los chinos pensando “pobres”. Ahora los miramos con admiración porque han superado los problemas.

Jesús D Mez Madrid

 

 

Un antes y un después

Sin lugar a dudas, la pandemia del coronavirus va a suponer un antes y un después, no solo en los ámbitos de la ciencia médica, de la salud pública, de las políticas de prevención y de contención de fenómenos de esta naturaleza.

Hannah Arendt nos recordó que las crisis “nos obliga a volver a las preguntas”. Se impone ante nosotros la imagen de la fragilidad, quiebran las certezas más inmediatas, la conciencia de cada uno se expresa, en su mundo interior, y en el exterior, entre barreras de incertidumbre que no solo restringen la libertad de movimientos, la libertad aparente, sino que limitan nuestra expresión de existencia.

Tengo bien cerca la experiencia, en estas horas, de los adolescentes y jóvenes que, en la plenitud de la vida y con una percepción de que a ellos les afectan de verdad pocas cosas, no están habituados al hábito de negarse a sí mismos, de aceptar las normas, de cumplir una disciplina no habitual, es decir, otra distinta que no proceda de la rutina. Que el Estado, el gobierno, imponga medidas en la convivencia produce una difícil digestión. Los refugios personales se activan, buscan salidas. Ahora percibimos un sentido añadido a la tecnología, sus aportaciones y carencias.

Pedro García

 

De pronto

De pronto, ante la crisis provocada por el coronavirus, nos hemos dado cuenta de las toneladas de trivialidad bajo las que hemos vivido. Nos hemos dado cuenta de todo el tiempo que hemos perdido en riñas absurdas, en acentuar las diferencias. Nos hemos dado cuenta de que no se puede dar por descontado que haya una vida próspera, segura y feliz. De pronto nos hemos dado cuenta de que hay gente dando su vida para que no muramos. Y necesitamos razones y afectos para convivir con la muerte, con la enfermedad, con el imprevisto.

Los viejos discursos y las viejas riñas políticas y sociales nos parecen cosas de una época que quedó muy lejana. La realidad ha entrado sin permiso y queremos tener la seguridad de que somos más que la epidemia, y más que las incertidumbres que sufrimos.

Valentín Abelenda Carrillo

 

 

Violencia de género y nacionalizar para privatizar

VIOLENCIA DE GÉNERO: “El Gobierno de Pedro Sánchez quiere sortear un artículo de la ley presupuestaria para asegurar que este año las comunidades autónomas reciban otros 100 millones de euros para la lucha contra la violencia de género. La ley presupuestaria obliga el Estado a entregar subvenciones en función de lo que las regiones pueden ejecutar. En el caso de las medidas contra la violencia de género, esa cifra el año pasado fue del 30% de lo entregado, según datos oficiales. El decreto del Gobierno al que ha tenido acceso Vozpópuli plantea la "urgencia" de la crisis de la Covid-19 para ignorar las normas de racionalización del gasto público”. (Vozpópuli 11-04-2020).

            Veamos lo que encierra esta plaga (que también es mundial y en la que España no destaca en relación a otros países “más ricos y adelantados de Europa”) que por mis observaciones no tiene remedio, y no se puede cortar con ninguna medicina, sencillamente porque no existe forma de controlar, unos hechos que son pasionales, instantáneos la mayoría de veces, y que se conocen cuando ya han ocurrido. Imposible el control de ello; y nos lo dicen cada año, las muertes que se producen, por lo que no hay nada más que ver las cifras para convencerse de ello. Lo que ocurre (aquí en España) es que este doloroso tema, se emplea como arma política; y como refugio de infinidad de personas que ya viven de ello, por lo que necesitan cantidades enormes de dinero, para no sólo sostener un ministerio, sino la cantidad de delegaciones por todo el país, amén de “los chiringuitos” que hábilmente fundados y organizados, piden dinero para sostener los mismos; pero la realidad es que las muertes van a seguir, como han seguido todos los años que se llevan contabilizados, si bien ahora mismo; “y posiblemente por los encarcelamientos del personal y debido al virus chino”; me da la sensación que hay muchas menos muertes; “y es curioso ello”. Por tanto ese dinero "es un negocio" para que vivan muchos más, a costa del dinero del contribuyente.

“Estos son los sectores susceptibles de ser nacionalizados ante la crisis de la Covid-19: El exministro de Exteriores y Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos exteriores, Josep Borrell, afirmó esta semana que el Estado deberá nacionalizar empresas por el coronavirus. La palabra "nacionalización" sobrevuela La Moncloa. Aunque todo apunta que en España no se contempla, se habla con fuerza de la intención de la rama del Gobierno de Unidas Podemos, liderada por Pablo Iglesias, de poner encima de la mesa este escenario para poder afrontar esta crisis y proteger los sectores estratégicos y su tejido empresarial”. (Vozpópuli 12-04-2020)

NACIONALIZAR O NO NACIONALIZAR: El nacionalizar hasta hoy en este planeta, es la argucia del que gobierna, para apoderarse de los bienes públicos y pasarlos a su propiedad privada; tal ha sido todo el enorme dominio comunista de la URSS, satélites, Venezuela, Cuba y otros; o sea un robo bien organizado y que a la vista está, cuando se destapó el verdadero ser “o capitalismo comunista”, que hoy encabeza China, con su inmenso poder de dominio que avanza y no sabemos en cómo y dónde acabará. “Lo de para el pueblo es una de las grandes mentiras de este perro mundo”. ¿Por qué de ello? La nacionalización pudiera ser el mejor de los servicios de bienes mundiales y en verdadero servicio de “la comunidad mundial”; pero ello sería posible, si los que lograran ello, fuesen algo así, “como los arcángeles de la iglesia católica, que aun así su historia nos dice que se rebelaron contra Dios, por cuanto entiendo quería restarle poder”… Pero como aquí en este miserable planeta, los que gobernaron, gobiernan y gobernarán, siguen teniendo, panza, bolsillo, ambición, y apetencias sexuales variadas; esos instintos predominaron y predominarán por mucho tiempo más, puesto que estos individuos (“en ambos sexos y los mixtos”), seguirán queriendo tener más y cada vez más, el resto les importa lo que puedan imaginar. Es porque lo menos malo del tipo de gobiernos y según dijeron ya otros, sigue siendo LA DEMOCRACIA, PERO LA DEMOCRACIA VERDADERAMENTE LIBERAL Y CONTROLADA, COMO YA LA DESARROLLÓ MONTESQUIEU HACE TRES SIGLOS, si no es así, todo seguirá igual o peor y acabarán como siempre. “Y digo acabarán, por cuanto y como soy ya muy viejo, espero estar muerto, gracias s Dios o a la Fuerza que me diera el ser, la vida y la capacidad de pensar y deducir”.

         “Impedir la privatización de Bankia, el viejo sueño de Iglesias que cobra fuerza: Unidas Podemos defendía en su programa para las elecciones de noviembre de 2019 impedir la privatización de Bankia. El partido liderado por Pablo Iglesias sostenía que la figura del presidente de la entidad debía ser elegida en el Congreso”. (Vozpópuli 12-04-2020)

            De momento debiera seguir siendo propiedad del Estado, puesto que se salvó con dinero público y bien empleado ese poder, sería un equilibrio con el capital privado, no hay más que recordar, el equilibrio que mantuvieron los gobiernos de Franco con el resto de bancos privados, y eso está en la Historia, no hay más que leerla y estudiarla. Franco creó y mantuvo diferentes bancos públicos los que sirvieron para un verdadero progreso social de infinidad de españoles, unidos claro está a la cajas de ahorros, que hoy "se las ha merendado el capital privado sometiéndonos a los abusos que padecemos".

 

“Algo estará haciendo bien el Gobierno Merkel y bastante muy mal el Gobierno Sánchez, porque a estas alturas de la tragedia, Alemania -con 83 millones de habitantes- sólo ha registrado 1.861 víctimas mortales y España, con 47 millones de habitantes -poco más de la mitad-, ha sufrido ya 16.353 muertos, casi diez veces más que los germanos. Y hay quien asegura que además de no tener un Gabinete de sectarios e irresponsables, los alemanes han contado con la inesperada y vital ayuda de una pizca de sal. Como suena”. (Periodista Digital 12-04-2020)

 

            Leyendo esta información, simple y tristemente nos demuestra, lo que es un gobierno responsable y que se preocupa de verdad de la población que administra, y por el contrario, de otro (el español) que sólo se preocupa de mantener los puestos de mando que controla y que nutre de partidarios afines, sirvan o no, para los mismos. Es por lo que España siempre fue y sigue yendo mal.

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                    

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)