Las Noticias de hoy 16 Abril 2020

Enviado por adminideas el Jue, 16/04/2020 - 13:24
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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 16 de abril de 2020   

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

Catequesis del Papa: Los santos, constructores de la verdadera paz de Cristo  

Papa Francisco: La paz, “manifestación de la gracia de Cristo”

AL ENCUENTRO DEL SEÑOR: Francisco Fernandez Carbajal

"Todo lo atraeré hacia mí": San Josemaria

Mano a mano con la parca: mujeres que acompañan a la muerte

'Creí que tendría miedo, pero no'

Caminar hacia Jesucristo: J. Diéguez

D. Juan José Segarra: Tras administrar la Unción de los enfermos, “muchos de ellos sanan”

 “Ante la pandemia, ¿sirve rezar?”: + Felipe Arizmendi Esquivel. Obispo Emérito de SCLC

El futuro del cardenal Pell: embajador del ministeriopenitenciario o luchar contra el abuso sexual

Diario de un pastor ante el Covid-19. 15/04/2020: + Juan del Río Martín. Arzobispo Castrense de España

¡R E S U C I T Ó!: Magui del Mar. 

¿Puede el aislamiento tener efectos psicológicos en los niños?: AsistencialMedica

La biotecnología es una de las múltiples herramientas para luchar contra la pobreza y el hambre: JDM

Cargarse al santo: Suso do Madrid

Procurar el trato digno que toda persona merece: José Morales Martín

La Misa del sacerdote solo: Xus D Madrid

El sentido profundo de la vida humana: Domingo Martínez Madrid

Algo de cómo va la política aquí y allá:  Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Miércoles, 15 de abril de 2020

https://youtu.be/O4Zi16D2TVc
 
Monición de entrada

Recemos hoy por los ancianos, especialmente por los que están aislados o en residencias. Tienen miedo, miedo a morir solos. Sienten esta pandemia como algo agresivo. Ellos son nuestras raíces, nuestra historia. Nos han dado la fe, la tradición, el sentido de pertenencia a una patria. Pidamos por ellos para que el Señor esté a su lado en este momento.

 Homilía

Ayer reflexionamos sobre María de Magdala como imagen de fidelidad: fidelidad a Dios. Pero, ¿cómo es esa fidelidad a Dios? ¿A qué Dios? Precisamente al Dios fiel. Nuestra fidelidad no es otra cosa que una respuesta a la fidelidad de Dios. Dios que es fiel a su palabra, que es fiel a su promesa, que camina con su pueblo llevando adelante la promesa junto a su pueblo. Fiel a la promesa: Dios, que continuamente se deja sentir como Salvador del pueblo porque es fiel a la promesa. Dios, que es capaz de rehacer las cosas, de recrear, como hizo con este lisiado de nacimiento que le recreó los pies, lo curó (cfr. Hch 3,6-8), el Dios que cura, el Dios que siempre trae consuelo a su pueblo. El Dios que recrea. Una recreación nueva: esa es su fidelidad con nosotros. Una recreación que es más maravillosa que la creación.
 
Un Dios que va adelante y que no se cansa de trabajar –digamos “trabajar”, “ad instar laborantis” (cfr. Ejercicios espirituales, 236), como dicen los teólogos– para llevar adelante al pueblo, y no tiene miedo de “cansarse”, digamos así… Como aquel pastor que cuando vuelve a casa se da cuenta de que le falta una oveja y vuelve a buscar la oveja perdida (cfr. Mt 18,12-14). El pastor que hace horas extra, pero por amor, por fidelidad… Y nuestro Dios es un Dios que hace horas extra, pero no cobrando: gratuitamente. Es la fidelidad de la gratuidad, de la abundancia. Y la fidelidad es aquel padre que es capaz de subir muchas veces a la terraza para ver si vuelve el hijo, y no se cansa de subir: lo espera para hacerle una fiesta (cfr. Lc 15, 21-24). La fidelidad de Dios es fiesta, es alegría, es una alegría tal que nos hace lo que hizo con este cojo: entró en el templo caminando, saltando, alabando a Dios (cfr. Hch 3,8-9). La fidelidad de Dios es fiesta, es fiesta gratuita. Es fiesta para todos.
 
La fidelidad de Dios es una fidelidad paciente: tiene paciencia con su pueblo, lo escucha, lo guía, le explica lentamente y le enciende el corazón, como hizo con esos dos discípulos que se iban lejos de Jerusalén: les enciende el corazón para que vuelvan a casa (cfr. Lc 24,32-33). La fidelidad de Dios, es lo que no sabemos: qué pasó en aquel diálogo, y es el Dios generoso que buscó al Pedro que le negó, que le había negado. Solo sabemos que el Señor ha resucitado y se apareció a Simón: qué pasó en aquel diálogo no lo sabemos (cfr. Lc 24,34). Pero sí sabemos que es la fidelidad de Dios la que busca a Pedro. La fidelidad de Dios siempre nos precede y nuestra fidelidad siempre es respuesta a esa fidelidad que nos precede. Es el Dios que nos precede siempre. Es la flor del almendro, en primavera: florece la primera. Ser fieles es alabar esa fidelidad, ser fieles a esa fidelidad. Es una respuesta a esa fidelidad.

Comunión espiritual

Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y te deseo en mi alma. Como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si hubieras venido, te abrazo y me uno del todo a ti. No permitas que jamás me separare de ti

 

Catequesis del Papa: Los santos, constructores de la verdadera paz de Cristo  

Ciclo sobre las bienaventuranzas

ABRIL 15, 2020 12:41LARISSA I. LÓPEZAUDIENCIA GENERAL

(zenit – 15 abril 2020).- La verdadera paz y el verdadero equilibrio interior “brotan de la paz de Cristo, que viene de su Cruz y genera una humanidad nueva, encarnada en una multitud infinita de santos y santas, inventivos, creativos, que han ideado formas siempre nuevas de amar. Los santos, las santas que construyen la paz”, indicó el Santo Padre.

Y añadió: “Esta vida como hijos de Dios, que por la sangre de Cristo buscan y encuentran a sus hermanos y hermanas, es la verdadera felicidad. Bienaventurados los que van por este camino”.

En la audiencia general de hoy, 15 de abril de 2020, celebrada en la biblioteca del Palacio Apostólico debido a la pandemia del coronavirus, el Papa Francisco ha reanudado la serie de catequesis sobre las bienaventuranzas.

En concreto, esta vez reflexionó sobre la séptima de ellas: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt. 5, 8), y que Francisco denomina “la de los ‘trabajadores de la paz’, que son proclamados hijos de Dios”.

Inquietud para lograr la paz

El Papa se refirió al significado de la palabra paz, que en sentido bíblico “expresa abundancia, prosperidad, bienestar” y en la sociedad actual se entiende como una “especie de tranquilidad”, de “equilibrio interior”.

No obstante, matizó que esta última acepción es incompleta y no debe ser absolutizada, pues: “Muchas veces es el Señor mismo el que siembra en nosotros la inquietud para que salgamos en su búsqueda, para encontrarlo. En este sentido es un momento de crecimiento importante, mientras que puede suceder que la tranquilidad interior corresponda a una conciencia domesticada y no a una verdadera redención espiritual”.

En muchas ocasiones, Dios “debe ser ‘señal de contradicción’ (cf. Lc 2,34-35), sacudiendo nuestras falsas certezas para llevarnos a la salvación. Y en ese momento parece que no tengamos paz, pero es el Señor el que nos pone en este camino para llegar a la paz que él mismo nos dará”.

Aprender y practicar “el arte de la paz”

Y es que, recuerda el Pontífice, la paz de Jesús es “diferente de la mundana”, no tiene que ver con derrotas de bandos o tratados de paz. Asimismo, lleva a considerar que “en el contexto de una globalización compuesta principalmente por intereses económicos o financieros, la ‘paz’ de unos corresponde a la ‘guerra’ de otros. ¡Y ésta no es la paz de Cristo!”.

En cambio, la paz del Señor es “la que hace dos pueblos uno”, la que anula la enemistad y reconcilia. Así, en este sentido, para el Obispo de Roma, “son llamados hijos de Dios aquellos que han aprendido el arte de la paz y lo practican, saben que no hay reconciliación sin la donación de su vida, y que hay que buscar la paz siempre y en cualquier caso”.

A continuación, sigue la catequesis completa del Papa Francisco.

***

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La catequesis de hoy está dedicada a la séptima bienaventuranza, la de los «trabajadores de la paz», que son proclamados hijos de Dios. Me alegro de que caiga inmediatamente después de la Pascua, porque la paz de Cristo es el fruto de su muerte y resurrección, como escuchamos en la lectura de San Pablo. Para entender esta bienaventuranza debemos explicar el significado de la palabra «paz», que puede entenderse mal o, a veces, trivializarse.

Debemos orientarnos entre dos ideas de paz: la primera es la bíblica, donde aparece la hermosa palabra shalom, que expresa abundancia, prosperidad, bienestar. Cuando en hebreo se desea shalom, se desea una vida bella, plena y próspera, pero también según la verdad y la justicia, que se cumplirán en el Mesías, Príncipe de la paz (cf. Is 9,6; Mic 5,4-5).

Luego está el otro sentido, más difundido, en el que la palabra «paz» se entiende como una especie de tranquilidad interior: estoy tranquilo, estoy en paz. Se trata de una idea moderna, psicológica y más subjetiva. Comúnmente se piensa que la paz sea la tranquilidad, la armonía, el equilibrio interior. Esta acepción de la palabra “paz”es incompleta y no debe ser absolutizada, porque en la vida la inquietud puede ser un momento importante de crecimiento. Muchas veces es el Señor mismo el que siembra en nosotros la inquietud para que salgamos en su búsqueda, para encontrarlo. En este sentido es un momento de crecimiento importante, mientras que puede suceder que la tranquilidad interior corresponda a una conciencia domesticada y no a una verdadera redención espiritual. Tantas veces el Señor debe ser «señal de contradicción» (cf. Lc 2,34-35), sacudiendo nuestras falsas certezas para llevarnos a la salvación. Y en ese momento parece que no tengamos paz, pero es el Señor el que nos pone en este camino para llegar a la paz que él mismo nos dará.

En este punto debemos recordar que el Señor entiende su paz como diferente de la paz humana, la del mundo, cuando dice: «»Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo» (Juan 14:27). La de Jesús es otra paz, diferente de la mundana.

Preguntémonos: ¿cómo da el mundo la paz? Si pensamos en los conflictos bélicos, las guerras normalmente terminan de dos maneras: o bien con la derrota de uno de los dos bandos, o bien con tratados de paz. No podemos por menos que esperar y rezar para que siempre se tome este segundo camino; pero debemos considerar que la historia es una serie infinita de tratados de paz desmentidos por guerras sucesivas, o por la metamorfosis de esas mismas guerras en otras formas o en otros lugares. Incluso en nuestra época, se combate una guerra «en pedazos» en varios escenarios y de diferentes maneras (1) . Debemos, al menos, sospechar que en el contexto de una globalización compuesta principalmente por intereses económicos o financieros, la «paz» de unos corresponde a la «guerra» de otros. ¡Y ésta no es la paz de Cristo!

En cambio, ¿cómo «da» su paz el Señor Jesús ? Hemos escuchado a San Pablo decir que la paz de Cristo es «la que hace de dos pueblos, uno» (cf. Ef 2:14), anular la enemistad y reconciliar. Y el camino para alcanzar esta obra de paz es su cuerpo. Porque él reconcilia todas las cosas y hace la paz con la sangre de su cruz, como dice el mismo Apóstol en otro sitio (cf. Col 1, 20).

Y aquí, yo me pregunto, podemos preguntarnos todos:¿Quiénes son, pues, los «trabajadores de la paz»? La séptima bienaventuranza es la más activa, explícitamente operativa; la expresión verbal es análoga a la utilizada en el primer versículo de la Biblia para la creación e indica iniciativa y laboriosidad. El amor, por su naturaleza, es creativo – el amor es siempre creativo- y busca la reconciliación a cualquier costo. Son llamados hijos de Dios aquellos que han aprendido el arte de la paz y lo practican, saben que no hay reconciliación sin la donación de su vida, y que hay que buscar la paz siempre y en cualquier caso. ¡Siempre y en cualquier caso, no lo olvidéis! Hay que buscarla así. No es una obra autónoma fruto de las capacidades propias, es una manifestación de la gracia recibida de Cristo, que es nuestra paz, que nos hizo hijos de Dios.

El verdadero shalom y el verdadero equilibrio interior brotan de la paz de Cristo, que viene de su Cruz y genera una humanidad nueva, encarnada en una multitud infinita de santos y santas, inventivos, creativos, que han ideado formas siempre nuevas de amar. Los santos, las santas que construyen la paz. Esta vida como hijos de Dios, que por la sangre de Cristo buscan y encuentran a sus hermanos y hermanas, es la verdadera felicidad. Bienaventurados los que van por este camino.

Y una vez más, ¡Feliz Pascua a todos, en la paz de Cristo!

___________________

1 Cf. Homilía en el Sacrario Militar de Redipuglia, 13 de septiembre de 2014; Homilía en Sarajevo, 6 de junio de 2015Discurso ante el Consejo Pontificio para los Textos Legislativos, 21 de febrero de 2020.

© Librería Editorial Vaticana

 

 

Papa Francisco: La paz, “manifestación de la gracia de Cristo”

Palabras del Santo Padre en español

ABRIL 15, 2020 10:27LARISSA I. LÓPEZAUDIENCIA GENERAL

(zenit – 15 abril 2020).- Para el Papa Francisco, los que trabajan por la paz “asumen el arte de la paz y la ejercen, sabiendo que no hay reconciliación sin donación de la propia vida y que la paz no es fruto de las propias capacidades, sino que es la manifestación de la gracia de Cristo, que nos ha hecho hijos de Dios”.

Hoy, 15 de abril de 2020, en la audiencia general, celebrada en la biblioteca del Palacio Apostólico y transmitida en streaming como medida de protección adoptada por el Vaticano para evitar aglomeraciones en la plaza de San Pedro y frenar los contagios de la COVID-19, el Santo Padre retomó la serie de catequesis sobre las bienaventuranzas.

En concreto, esta versó sobre la séptima beatitud: “Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.

Significado de la palabra “paz”

En esta línea, Francisco reflexionó sobre el significado de la palabra “paz”. El término bíblico shalom “quiere decir abundancia, bienestar, en una vida conducida bajo la verdad y la justicia, que se cumplen en la espera del Mesías, Príncipe de la paz”.

El otro sentido, muy extendido en nuestra sociedad, “es el de tranquilidad y equilibrio personal, que en ocasiones no corresponde a un crecimiento interior”. De hecho, subraya el Papa, “la paz del Señor es diferente a la que da el mundo, con sus guerras y con sus múltiples tratados de paz rotos. La paz que viene del Señor es la que ‘hace de dos pueblos uno solo’; es la paz que aniquila la enemistad y que reconcilia con la sangre de su cruz”.

Finalmente, el Pontífice indicó que los que trabajan por la paz “son llamados hijos de Dios porque actúan de forma activa y artesanal, colaborando en la obra de la creación”.

 

AL ENCUENTRO DEL SEÑOR

— Aparición a los Once. Jesús conforta a los Apóstoles. Presencia de Jesucristo en nuestros sagrarios.

— La Visita al Santísimo, continuación de la acción de gracias de la Comunión y preparación de la siguiente. El Señor nos espera a cada uno.

— Frutos de este acto de piedad.

I. Después de haberse aparecido a María Magdalena, a las demás mujeres, a Pedro y a los discípulos de Emaús, Jesús se aparece a los Once, según nos narra el Evangelio de la Misa1Él les dijo: ¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.

Les mostró luego las manos y los pies y comió con ellos. Los Apóstoles tendrán para siempre la seguridad de que su fe en el Resucitado no es efecto de la credulidad, del entusiasmo o de la sugestión, sino de hechos comprobados repetidamente por ellos mismos. Jesús, en sus apariciones, se adapta con admirable condescendencia al estado de ánimo y a las situaciones diferentes de aquellos a quienes se manifiesta. No trata a todos de la misma manera, pero por caminos diversos conduce a todos a la certeza de su Resurrección, que es la piedra angular sobre la que descansa la fe cristiana. Quiere el Señor dar todas las garantías a quienes constituyen aquella Iglesia naciente para que, a través de los siglos, nuestra fe se apoye sobre un sólido fundamento: ¡El Señor en verdad ha resucitado! ¡Jesús vive!

La paz sea con vosotros, dijo el Señor al presentarse a sus discípulos llenos de miedo. Enseguida, vieron sus llagas y se llenaron de gozo y de admiración. Ese ha de ser también nuestro refugio. Allí encontraremos siempre la paz del alma y las fuerzas necesarias para seguirle todos los días de nuestra vida. «Acudiremos como las palomas que, al decir de la Escritura (Cfr. Cant 2, 14), se cobijan en los agujeros de las rocas a la hora de la tempestad. Nos ocultamos en ese refugio, para hallar la intimidad de Cristo: y veremos que su modo de conversar es apacible y su rostro hermoso (Cfr. Cant 2, 14), porque los que conocen que su voz es suave y grata, son los que recibieron la gracia del Evangelio, que les hace decir: Tú tienes palabras de vida eterna (S. Gregorio Niseno, In Canticum Canticorum homiliae, V)»2.

A Jesús le tenemos muy cerca. En las naciones cristianas, donde existen tantos sagrarios, apenas nos separamos de Cristo unos kilómetros. Qué difícil es no ver los muros o el campanario de una iglesia, cuando nos encontramos en medio de una populosa ciudad, o viajamos por una carretera, o desde el tren... ¡Allí está Cristo! ¡Es el Señor!3, gritan nuestra fe y nuestro amor. Porque el Señor se encuentra allí con una presencia real y sustancial. Es el mismo que se apareció a sus discípulos y se mostró solícito con todos.

Jesús se quedó en la Sagrada Eucaristía. En este memorable sacramento se contiene verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y la Sangre, juntamente con el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor y, por consiguiente, Cristo entero. Esta presencia de Cristo en la Sagrada Eucaristía es real y permanente, porque, acabada la Santa Misa, queda el Señor en cada una de las formas y partículas consagradas no consumidas4. Es el mismo que nació, murió y resucitó en Palestina, el mismo que está a la diestra de Dios Padre.

En el Sagrario nos encontramos con Él, que nos ve y nos conoce. Podemos hablarle como hacían los Apóstoles, y contarle lo que nos ilusiona y nos preocupa. Allí encontramos siempre la paz verdadera, la que perdura por encima del dolor y de cualquier obstáculo.

II. La piedad eucarística, dice Juan Pablo II, «ha de centrarse ante todo en la celebración de la Cena del Señor, que perpetúa su amor inmolado en la cruz. Pero tiene una lógica prolongación (...), en la adoración a Cristo en este divino sacramento, en la visita al Santísimo, en la oración ante el sagrario, además de los otros ejercicios de devoción, personales y colectivos, privados y públicos, que habéis practicado durante siglos (...). Jesús nos espera en este Sacramento del Amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las graves faltas y delitos del mundo»5.

Jesús está allí, en el sagrario cercano. Quizá a pocos kilómetros, o quizá a pocos metros. ¿Cómo no vamos a ir a verle, a amarle, a contarle nuestras cosas, pedirle? ¡Qué falta de coherencia, si no lo hiciéramos con fe! ¡Qué bien entendemos esta costumbre secular de las «cotidianas visitas a los divinos sagrarios»!6. Allí el Maestro nos espera desde hace veinte siglos7, y podremos estar junto a Él como María, la hermana de Lázaro –la que escogió la mejor parte8–, en su casa de Betania. «Os diré –son palabras de San Josemaría Escrivá– que para mí el Sagrario ha sido siempre Betania, el lugar tranquilo y apacible donde está Cristo, donde podemos contarle nuestras preocupaciones, nuestros sufrimientos, nuestras ilusiones y nuestras alegrías, con la misma sencillez y naturalidad con que le hablaban aquellos amigos suyos, Marta, María y Lázaro. Por eso, al recorrer las calles de alguna ciudad o de algún pueblo, me da alegría descubrir, aunque sea de lejos, la silueta de una iglesia: es un nuevo Sagrario, una ocasión más de dejar que el alma se escape para estar con el deseo junto al Señor Sacramentado»9.

Jesús espera nuestra visita. Es, en cierto modo, la devolución de la que Él nos ha hecho en la Comunión y «es prueba de gratitud, signo de amor y deber de adoración a Cristo Señor, allí presente»10. Es continuación de la acción de gracias de la Comunión anterior, y preparación para la siguiente.

Cuando nos encontremos delante del sagrario bien podremos decir con toda verdad y realidad: Dios está aquí. Y ante este misterio de fe no cabe otra actitud que la de adoración: Adoro te devote... Te adoro con devoción, Deidad oculta; de respeto y asombro; y, a la vez, de confianza sin límites. «Permaneciendo ante Cristo, el Señor, los fieles disfrutan de su trato íntimo, le abren su corazón pidiendo por sí mismos y por los suyos y ruegan por la paz y la salvación del mundo. Ofreciendo con Cristo toda su vida al Padre en el Espíritu Santo, sacan de este trato admirable un aumento de su fe, su esperanza y su caridad. Así fomentan las disposiciones debidas que les permiten celebrar con la devoción conveniente el memorial del Señor y recibir frecuentemente el pan que nos ha dado el Padre»11.

III. «Comenzaste con tu visita diaria... —No me extraña que me digas: empiezo a querer con locura la luz del Sagrario»12. La Visita al Santísimo es un acto de piedad que lleva pocos minutos, y, sin embargo, ¡cuántas gracias, cuánta fortaleza y paz nos da el Señor! Allí mejora nuestra presencia de Dios a lo largo del día, y sacamos fuerzas para llevar con garbo las contrariedades de la jornada; allí se enciende el afán de trabajar mejor, y nos llevamos una buena provisión de paz y alegría para la vida de familia... El Señor, que es buen pagador, agradece siempre el que hayamos ido a visitarle. «Es tan agradecido, que un alzar de ojos con acordarnos de Él no deja sin premio»13.

En la Visita al Santísimo vamos a hacer compañía a Jesús Sacramentado durante unos minutos. Quizá ese día no han sido muchos quienes le han visitado, aunque Él los esperaba. Por eso le alegra mucho más el vernos allí. Rezaremos alguna oración acostumbrada junto a la Comunión espiritual, le pediremos ayudas –espirituales y materiales–, le contaremos lo que nos preocupa y lo que nos alegra, le diremos que, a pesar de nuestras miserias, puede contar con nosotros para evangelizar de nuevo el mundo, le diremos, quizá, que queremos acercarle un amigo... «¿Qué haremos, preguntáis algunas veces, en la presencia de Dios Sacramentado? Amarle, alabarle, agradecerle y pedirle. ¿Qué hace un sediento en vista de una fuente cristalina?»14.

Cuando dejemos el templo, después de esos momentos de oración, habrá crecido en nosotros la paz, la decisión de ayudar a los demás, y un vivo deseo de comulgar, pues la intimidad con Jesús no se realizará completamente más que en la Comunión. Nos habrá servido, en fin, para aumentar la presencia de Dios en medio del trabajo y de nuestras ocupaciones diarias. Nos será fácil mantener con Él un trato de amistad y de confianza a lo largo del día.

Los primeros cristianos, desde el momento en que tuvieron iglesias y reserva del Santísimo Sacramento, ya vivían esta piadosa costumbre. Así comenta San Juan Crisóstomo estas breves palabras del Evangelio: «Y entró Jesús en el templo. Esto era lo propio de un buen hijo: pasar enseguida a la casa de su padre, para tributarle allí el honor debido. Como tú, que debes imitar a Jesucristo, cuando entres en una ciudad debes, lo primero, ir a la iglesia»15.

Una vez en la iglesia, podremos localizar fácilmente el sagrario –que es a donde se debe dirigir en primer lugar nuestra atención–, pues deberá estar situado en un lugar «verdaderamente destacado» y «apto para la oración privada». Y en él, la presencia de la Santísima Eucaristía estará indicada por la pequeña lámpara que, como signo de honor al Señor, arderá de continuo junto al tabernáculo16.

Al terminar nuestra oración le pedimos a nuestra Madre Santa María que nos enseñe a tratar a Jesús realmente presente en el sagrario como Ella le trató en aquellos años de su vida en Nazaret.

1 Cfr. Lc 24, 35-48. — 2 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 302. — 3 Cfr. Jn 21, 7. — 4 Cfr. Concilio de Trento, Can. 4 sobre la Eucaristía, Dz 836. — 5 Juan Pablo II, Alocución, 31-X-1982. — 6 Pío XII, Enc. Mediator Dei, 20-XI-1947. — 7 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 537. — 8 Cfr. Lc 10, 42. — 9 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 154. — 10 Pablo VI, Enc. Mysterium fidei, 3-IX-1965. — 11 Cfr. Instrucción sobre el Misterio Eucarístico, 50. — 12 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 683. — 13 Santa Teresa, Camino de perfección, 23, 3. — 14 San Alfonso Mª de Ligorio, Visitas al Stmo. Sacramento, 1. — 15 San Juan Crisóstomo, en Catena Aurea, vol. III, p. 14. — 16 Cfr. Instrucción sobre el Misterio Eucarístico, 53 y 57. Cfr. Código de Derecho Canónico, can. 938 y 940.

 

 

"Todo lo atraeré hacia mí"

Un secreto. -Un secreto, a voces: estas crisis mundiales son crisis de santos. -Dios quiere un puñado de hombres "suyos" en cada actividad humana. -Después... "pax Christi in regno Christi" -la paz de Cristo en el reino de Cristo (Camino, 301).

16 de abril

Instaurare omnia in Christo, da como lema San Pablo a los cristianos de Efeso (Eph I, 10.); informar el mundo entero con el espíritu de Jesús, colocar a Cristo en la entraña de todas las cosas. Si exaltatus fuero a terra, omnia traham ad meipsum (Ioh XII, 32.), cuando sea levantado en alto sobre la tierra, todo lo atraeré hacia mí. Cristo con su Encarnación, con su vida de trabajo en Nazareth, con su predicación y milagros por las tierras de Judea y de Galilea, con su muerte en la Cruz, con su Resurrección, es el centro de la creación, Primogénito y Señor de toda criatura.

Nuestra misión de cristianos es proclamar esa Realeza de Cristo, anunciarla con nuestra palabra y con nuestras obras. Quiere el Señor a los suyos en todas las encrucijadas de la tierra. A algunos los llama al desierto, a desentenderse de los avatares de la sociedad de los hombres, para hacer que esos mismos hombres recuerden a los demás, con su testimonio, que existe Dios. A otros, les encomienda el ministerio sacerdotal. A la gran mayoría, los quiere en medio del mundo, en las ocupaciones terrenas. Por lo tanto, deben estos cristianos llevar a Cristo a todos los ámbitos donde se desarrollan las tareas humanas: a la fábrica, al laboratorio, al trabajo de la tierra, al taller del artesano, a las calles de las grandes ciudades y a los senderos de montaña (Amigos de Dios, 105).

 

 

Mano a mano con la parca: mujeres que acompañan a la muerte

Reportaje sobre el Hospital Centro de Cuidados Laguna en la revista JotDown.

REVISTA DE PRENSA28/11/2014

Fotografía: Begoña Rivas

Artículo original en JotDown

¿Miedo a la muerte? Sí, definitivamente sí. Cuando la parca decide cortar con su guadaña ese sutil hilo que nos une a la vida, en ese instante, la muerte siempre va con otros, nunca ocurre en primera persona. Negamos la muerte y hacemos como si no nos perteneciera, pero morir es vivir, es amar, sentir, sufrir, reír… Si queremos vivir no podemos desechar la otra cara de la moneda. La vida y la muerte siempre llegan del mismo modo, como un regalo inesperado. Nos empeñamos en negarla, hacemos como que no la vemos, como si no existiera, la ignoramos porque duele, pero cuanto más huimos de ella, más sufrimiento nos genera.

Acompañar a un moribundo, asistir a su muerte, nos puede llevar a experimentar una sensación de temor, cuando no de pánico. Interiormente deseamos salir corriendo, pedir auxilio, como si aquella fuera una experiencia más de entre las experiencias temporales.

Pocos se atreven a trabajar con la muerte día tras día. Esto solo es posible en esos remansos de paz en los que miles de seres anónimos dedican su vida a convivir con ella. En esos rincones en los que, día tras día, palabras como cuidados paliativos, duelo, deseos, sueños cumplidos, despedidas, legado… se convierten en la única realidad. En Madrid existe un pequeño oasis en el que el viaje hacia el fin se convierte en una experiencia en la que se enredan las sonrisas y la paz de manera inaudita, insospechada, incluso, paradójica. A la Fundación Vianorte Laguna se va a morir, sin embargo, entre sus muros rezuma la paz, del rostro de sus trabajadores solo surgen sonrisas y los enfermos únicamente transmiten felicidad. Por increíble que parezca, cuando has pasado cinco días entre sus paredes viendo como trabajan desde el sótano hasta la tercera planta, desde la cocinera hasta los doctores pasando por el equipo de voluntariado o de limpieza, comunicación, recepción, cuando has conversado con enfermos, con familiares, con trabajadores, no hay otra forma de contarlo.

Hacer más llevadera esa última e inevitable estación es lo que persiguen en la fundación, donde, además de centro de día para personas con alzhéimer hay una zona de hospitalización de cuidados paliativos, un área de formación de profesionales, consultas médicas, fisioterapia y acaban de apostar por un hospital de día para cuidados paliativos pediátricos.

Teresa Fuentes es la directora del equipo de psicólogos que, gracias al patrocinio de la Obra Social de la Caixa, acompaña a estas personas y a sus familias. Ella es también la responsable de elegir y formar al equipo de voluntarios que han decidido prestar su tiempo para acompañar a la muerte. «Para el voluntariado en paliativos no vale todo el mundo, tienen que cumplir una serie de requisitos. El primero y principal es no estar en pleno proceso de duelo, es muy importante y, sobre todo, aprender a no llevarse los asuntos a casa», confiesa tajante.

Realmente hay que tener las cosas muy claras y la cabeza tan bien amueblada como la tiene Montse, una voluntaria que dejó atrás los ochenta, una señora a la que llegar a Laguna le cuesta hora y media, dos transbordos de metro y un viaje en autobús. «¿Me preguntas por qué lo hago? ¡Ay, hija! A mi edad y como estoy tengo que estar muy agradecida. ¡Qué menos que ayudar a los demás!». Montse pasa un día a la semana en la fundación y en el momento que la interrumpimos se encuentra en el pasillo charlando con la veteranaJosefa, una enferma que lleva ingresada más de trescientos días. «Su caso es muy especial», confiesa con cautela Ana María Pérez, responsable de comunicación.

Por prudencia no buceamos en la herida de Josefa. Ella está allí, feliz, sonriendo a todo el que pasa. Hay preguntas prohibidas en paliativos y una de ellas es esa, curiosear en la enfermedad.

A nadie le importa qué es lo que te corroe por dentro, en Laguna se trata de hacer la vida, lo que queda de ella, lo más llevadera posible. «Casi siempre acompañamos a los familiares, una mano o un abrazo a tiempo es algo que les reconforta», explica Maria José, una voluntaria que tan solo lleva seis meses en paliativos.

Del voluntario se espera que sea discreto, que no pregunte, basta con que esté presente. «Los familiares vienen muy asustados, tienen miedo a lo que se tienen que enfrentar y no saben qué hacer. Muchas veces nuestra labor consiste simplemente en quedarnos con el enfermo mientras bajan a tomar un café. Nosotras estamos disponibles tanto para el enfermo como para los familiares». A pesar de la discreción que se les exige, las voluntarias son humanas y no pueden evitar cogerle cariño a los enfermos, pero un día llegan por la mañana y en su lista de enfermos ese nombre no se encuentra porque «se ha ido». Entonces, a pesar del cariño, a pesar de las horas invertidas, a pesar de los vínculos todo se acaba. «No se permiten despedidas, ni mantener vínculos con la familia. Los días malos, la vuelta a casa es dura. Durante el trayecto regresan a la mente todas las vivencias, pero cuando llegas todo se queda atrás», confiesa esta voluntaria que antes ayudaba a los ancianos y a los indigentes en la Fundación Jiménez Díaz.

María José nunca está sola, siempre visita la fundación con su amiga Teresa, voluntaria de vocación y madre de tres niños de diecinueve, diecisiete y trece años. «Mis hijos me notan cuando he tenido un mal día, pero poca gente más sabe lo que hago, muchos no lo entenderían», matiza. «Me puse dos semanas de prueba, no tenía muy claro que fuera capaz». Esas dos semanas ya se han convertido en seis meses y ahora Teresa se encuentra en la lista de la nueva unidad pediátrica de paliativos de día. «Nos encantan los niños y queremos ser voluntarias de pediatría», confiesa ilusionada.

La unidad pediátrica está recién estrenada, de momento solo como hospital de día, pero está preparada para aceptar ingresos en cuanto encuentren un patrocinador. Cuando las puertas de pediatría se abren la luz inunda este rincón de la primera planta. Predominan los colores fuertes, esos que transmiten alegría, pelotas enormes, peluches pero ni una sola huella, ni un rastro de personajes infantiles. «Decorar este rincón le ha resultado muy complicado a Lourdes, la directora de Servicios Generales de Laguna y responsable de la intendencia del hospital. Si hablamos de cuidados paliativos pediátricos siempre pensamos en cáncer, pero no es así, la mayoría suelen ser niños con enfermedades raras y ellos son tratados en pediatría hasta los veintiún años, así que encontrar el equilibrio ha sido una labor ardua», explica la directora de comunicación.

De Lourdes depende todo lo que no es terapéutico en la Fundación Laguna. Aterrizó en junio de 2009. Se encontró un hospital «descuidado de limpieza y falto de detalles», su primer empeño fue crear equipo y conseguir que todo el mundo, absolutamente todo el mundo se diera cuenta de lo importante que es su trabajo para la marcha de la fundación. «Siempre les digo lo mismo, su trabajo no se va a notar cuando esté bien hecho, solo cuando esté mal hecho. La verdad es que formamos un equipo muy bueno, todo el mundo es consciente de la situación que tienen los pacientes que están aquí. Además, a las señoras de las limpieza se les cuentan muchas cosas y ellas en ocasiones nos han ayudado a mejorar», sonríe.

Una vez conseguido, Lourdes se empeñó en mejorar el servicio de cocina. «Encontrar a una cocinera comprometida, con ilusión por un proyecto como este fue muy complicado porque es un trabajo duro y con mucha dedicación. Entrevistamos a muchas personas y al final dimos con Teresa, nuestra gran cocinera que dirige los fogones de la fundación desde 2012».

La cocina de Laguna está en el sótano del hospital. Es un espacio recoleto y pulcro en el que se da de comer tanto a enfermos como a trabajadores. Teresa trabaja tranquila guisando enormes ollas, esa paz solo se interrumpe a la hora punta, mediodía y noche, cuando tienen que emplatar la comida de los enfermos, una labor complicada por la naturaleza de los ingresados. Mientras una canta la habitación la otra comprueba el tipo de dieta y sirve los platos. «La 308. Uy, a Antonio le voy a poner un par de albóndigas más que siempre se queda con hambre».

A Teresa no se le escapa una. Antonio se encuentra en la 308 acompañado a todas horas por su hijo y confiesa que le encantan sus albóndigas.

Día tras día la rutina. Por la mañana visita del servicio médico, las enfermeras, psicólogos, servicio de fisioterapia… y para que el que lo desee, el capellán siempre está dispuesto. Por las tardes las ofertas de ocio son variadas: clases de pintura, manualidades, juegos, incluso servicio de peluquería para el o la que lo desee.

Todos los pacientes establecen una relación especial con sus médicos y con sus ATS y si no que se lo digan aPepe, un sevillano que a su enfermera la ha bautizado como su ángel. «Ya vienes con las pastillitas», le sonríe, «anda pincha donde quieras, que yo "pa ti" estoy siempre».

Rebeca es fisioterapeuta, lleva tres años trabajando en Laguna. «Mi profesión es muy bonita, me dedico a mejorar. Los pacientes suelen venir muy malitos, sintiéndose un cargo para sus familias, pero cuando les das un poco de autonomía esa sonrisa no se puede olvidar. No lo dudes, este es el hospital de la sonrisa. Una vez, a un paciente para que anduviera por los pasillos le pusimos una camiseta de correr y aquella cara fue increíble. Aunque te quede poco de vida siempre tienes que tener unas metas para tener una ilusión». Si incierto es el lugar donde la muerte nos espera, hagamos que no genere más sufrimiento del necesario.

Fotografía: Begoña Rivas

 

 

'Creí que tendría miedo, pero no'

Antonio Segura falleció el pasado domingo tras tres semanas en cuidados paliativos. EL MUNDO ha recogido el testimonio de sus últimos días, su legado de vida y de muerte. 'La muerte es lo más natural. Hay que irse sin traumas', afirmó en su habitación del hospital. Vídeo cedido por El Mundo.

REVISTA DE PRENSA27/11/2014

 

 

Enlace al reportaje en elmundo.es

PDF: 'Creí que tendría miedo, pero no'

Tenía 69 años recién cumplidos, una mujer de la edad primera, tres hijos, tres nietos, dos pulmones comidos por el cáncer, el candado de la morfina, los días contados y ningún miedo.

Ningún miedo a derrumbarse.

Ni a las despedidas.

Ni a hablar de su muerte después de muerto.

A lo largo de dos semanas, este periódico ha recabado el testimonio de Antonio Segura Cabral, un enfermo terminal en cuidados paliativos que sabía que se estaba muriendo y decidió romper un tabú: el de hablar de la muerte en España.

No busquen lágrimas en su relato. Ni escenas de agonía. Ni estertores íntimos. Sólo a un hombre incalculable. Desgranando un testamento ético por vez primera en un periódico.

-¿Nos vemos el lunes, Antonio?

-Yo creo que no.

-Bueno, te llamo antes de venir.

-Noto el deterioro de un día para otro, de la mañana a la tarde, de una hora a otra... Supongo que me sedarán. Les dije que lo único que me preocupaba era morir con sensación de asfixia. Me han dicho que no sentiré nada. O sea, que estoy tranquilo.

-¿En qué piensas ahora?

-En la suerte que tengo... Espero que a alguna persona le sirva todo lo que te voy a contar.

Antonio falleció en paz el pasado domingo a las 18.10 horas, después de cinco largas tardes de conversación. Este cronista recuerda la suavidad del último beso. También cómo de fuerte da la mano un hombre que sabe que no te verá más.

-Sigo sin entenderlo.

-Es muy sencillo. De alguna manera te rindes. No se siente miedo. Ni angustia. La muerte es lo más natural de la vida. Hay que irse sin traumas. No quiero dramatizaciones entre los míos. Sino que recuerden lo positivo.

Esta es la vida explicada por él pero sin él.

Martes 11 de noviembre

Hospital Centro de Cuidados Laguna. Madrid. Planta primera. Habitación 113. Nada más entrar a la derecha, Antonio está sentado en la cama en un ángulo de 45 grados, semiincorporado, como uno de esos heridos de las películas. Por la ventana hay un sol de postal de otoño que destila una luz de melocotón.

El paciente es una extraña mezcla de fragilidad y de resistencia. Pilar, su esposa -sin la cual no se explicaría Antonio-, hace las presentaciones y nos deja a solas. Al periodista le llama la atención uno de los objetos y lo coge. El paciente bromea y se disculpa: tiene prensa de la competencia en la mesa.

-Míralo por el lado bueno: se le va a morir un lector al ABC. Y no a vosotros.

Reímos. Antonio, con el sonido de un motor gastado.

Eso será una constante durante todos estos días: la risa ahogada de Antonio, como esas salvas de confeti que no dejan ver las nubes.

"El puntito. Todo empezó cuando vi el puntito en la placa. Llevaba tiempo encontrándome muy cansado, con síntomas extraños, sin apetito, me daban tiritonas. En abril de 2013 me mandaron unas pruebas y allí estaba el puntito. Me senté frente al médico y le dije que fuera al grano, que no me viniera con historias. Así supe lo que tenía: cáncer".

Y entonces hablamos de cuando nació en Olivenza y de sus paseos en bici por Salamanca con su hermano detrás, de cómo se casó con la mujer de su vida en los 70 y de su carrera de ingeniero naval, de su estancia en Bilbao y del puerto refugio de los hijos.

No hay marejada ni tormenta en Antonio. Sorbito a sorbito, se va tomando el zumo. Y se bebe la vida.

-¿No te lo terminas?

-No.

-Si quieres más te lo acerco.

-Ya me lo cojo, no te preocupes.

-Vale.

-Hay que hacerme de todo. Pelarme la fruta, asearme, sacarme a pasear, llevarme al baño... En sólo una semana he notado que la curva va hacia abajo rápidamente. Pero por alguna extraña circunstancia me lo estoy tomando con deportividad. A mí me ayuda muchísimo la fe: estoy muy esperanzado con que, cuando esto acabe, me voy a encontrar con algo plenamente satisfactorio. Creo que Dios me está dando fuerzas. Para los creyentes es más fácil: como cruzar una puerta. Pensaba que iba a tener miedo, pero no. Pensaba que iba a estar enfebrecido con la angustia, pero tampoco... He elegido no aislarme. Sino disfrutar de todo y de todos: de la familia, de los amigos, de esta conversación... Cuando termina el día, acabo agotado de vivir. Pero me encuentro mejor que nunca. No me duele nada. Siento mucha paz.

La máquina del oxígeno burbujea como un guiso a fuego lento. La morfina no hace ruido, pero entra en su torrente sanguíneo cada cuatro horas. Las manos enjutas de Antonio son sarmientos vivísimos. Señalan algo. Entonces viene un prolongado silencio.

-¿Qué miras?

-¿Cómo es posible que esté muriéndome y disfrute tanto de esta luz y de estos árboles?

-Ya -sonreímos con él-.

-Dime tú, ¿por qué tiene uno que estar muriéndose para disfrutar de esto? No fastidies... No fastidies.

Miércoles 12 de noviembre

"No me gusta ser sensiblero, pero hoy me he despertado a las 5.40 y me he sentado en la cama a ver a mi hijo Javier, que dormía en el sofá-cama de al lado. A oscuras. Le he estado mirando una hora".

El tiempo se escurre entre los dedos. El tiempo tiene una connotación distinta con Antonio, donde reloj son cinco letras sin sentido. El tiempo es una ola que viene y te derrumba el castillo de arena que has estado horas levantando. Siempre el tiempo. Dice Antonio que le "falta tiempo". Que él nunca ha sido de madrugar y que ahora sí. Al alba, con las primeras luces, se encienden sus ojos.

"En el verano empezamos con nuevas sesiones de quimio porque la mancha había crecido. Notaba que iba a peor. Me fui a ver a la doctora: 'Blanca, yo no pongo objeción a nada. Pero si hay muy pocas posibilidades yo no quiero este final'. Ella se sintió aliviada: 'Pues sí, en este momento la quimio te va a hacer más daño que bien. Se acabó la quimio'. Y desde entonces ya supe que empezaba el final. Aquí llegué a últimos de octubre. No vienes a curarte. Sino a lo más difícil de todo: a morir".

Pilar le dice que sonría para la fotografía, que está "más guapo" cuando lo hace: tiene que renovar el DNI en breve y la almohada blanca hace las veces de fondo de fotomatón.

-No te gustan las fotos, eh.

-Me han dado la cita para el carné de identidad el 4 de diciembre y ni siquiera sé si estaré vivo entonces.

Hoy no ha abierto la biografía de Isabel La Católica que se está leyendo. A primera hora ha venido su hermano, José María, con quien deletreó la infancia y el mundo. A una enfermera le dice que tienen un baile pendiente. Ha tomado unas notas. Estrena pijama.

"Ya nadie se asusta cuando me oye hablar así. Decir que estoy disfrutando. Encarar la muerte como si no fuera algo prohibido. Porque a lo mejor mañana no estoy, pero me estáis regalando momentazos increíbles. Creo que perdemos el tiempo con tonterías. De verdad. He empezado a pedir perdón a todos los que me rodean. Me indigno con cosas que he hecho mal. Vivir es menos complicado de lo que pensamos. También morir. Una cosa tengo clara: no sé cómo nunca nos podemos creer más que los demás, si no somos nadie".

Hay quien dice que somos lo que hacemos; otros, que somos lo que leemos. Si somos conforme a los objetos que nos rodean, Antonio es una agenda, una linterna, un frasco de colonia, un abanico, los retratos de los nietos, una imagen de la virgen, un libro y un barquito de papel que su amigo Luis, ingeniero naval, le ha regalado a este niño de 69 años.

-¿Algún objeto más?

-Bueno, tengo una botellita de vino de La Rioja ahí guardada -sonríe, sonreímos, otra vez el confeti de Antonio-. Cuando puedo, me tomo un dedito para comer, sólo un dedito. Hay que conservar los placeres que pueda hasta el final. ¿Quieres un poco?

Al final brindamos. Hasta la borrachera brindamos.

Con agua.

Jueves 13 de noviembre

En La 2 hoy han puesto un documental de los osos polares con el que Antonio se ha puesto a hibernar un rato, como el plantígrado de la televisión. La siesta, que antes era una herejía, ahora es un narcótico y una liturgia.

"Les digo que esto se acaba. Lo noto. Me han dicho que no será una asfixia agónica, sino un tránsito suave. No sentiré nada. Tendré tantos fármacos paliativos que el cuerpo no responderá. Todos los papeles están más o menos arreglados. Lo que tengo que hacer ahora es gozar de todo".

Gozar del amigo de la planta de arriba, al que va a visitar cuando puede. "El hombre se emociona mucho. Y eso que parecía que era yo el que iba a durar menos. Estamos donde estamos. Y eso hay que asumirlo".

Gozar de la memoria. "El colegio de los maristas estaba en la otra punta de Salamanca. Cada dos por tres mi hermano y yo hacíamos barrabasadas. Te cuento algunas...".

Gozar de las visitas y de las despedidas: "Cada día es una sorpresa. Hoy me ha llamado el ministro Pedro Morenés, con quien trabajé un tiempo, que se ha enterado de lo mío".

Gozar de los cinco sentidos: "Todavía mantengo el apetito, pero me estoy frenando, porque cada vez tengo más problemas para ir al baño. Cada cosa que como es como si me hubiera tragado una vaca".

Gozar de esta charla: "¿Ya te vas?".

Antonio tiene más dificultades al respirar. Como esos ciclistas cabeceantes que a medida que ganan altura pierden pie. Pero aprieta los dientes y da pedales.

Hace ya 10 días, cuando se encontraba ostensiblemente mejor, la doctora le miró a los ojos y le hizo una pregunta definitiva: "Antonio, ¿tienes que volver a casa por algo? ¿Es indispensable que regreses para alguna cosa? Dínoslo ahora".

"Le contesté que no... Entonces ya sabes por dónde va la pregunta. Sucederá aquí. Está bien: necesito que sepan mil veces lo bien que me encuentro, lo feliz que soy".

Pilar nos acompaña hasta el ascensor. Y nos habla de los nietos. Y de qué buen paciente es Antonio, que nunca quiere molestar. Y a Pilar no le da la gana de llorar, sino de reír. Y recibe un beso -bienintencionado y paliativo- que a buen seguro no palia nada. Y habla como si ella diera ánimos al visitante y no al revés. Qué cosas. Por qué será que ninguna revista saca jamás a una mujer tan relevante como ella en su portada.

Martes 18 de noviembre

-¿Cómo estás hoy, Antonio?

-Se me va la vida. Noto que se me va. Pero de ánimo sigo relativamente bien. Tanto que a veces me pregunto: "¿Y no seré un insensato?".

-¿Qué tal ha ido el fin de semana?

-Ha sido muy malo. No podía con nada. Ahora me encuentro mejor. Siempre que amanece me digo: aquí empieza otro día. A ver si lo termino.

-¿Quieres que hablemos?

-Claro que quiero.

Entre el sábado y domingo apenas ha comido media croqueta y algo de fruta. Calcula que ha perdido ocho kilos en esta última etapa, pero nunca se ha sentido tan pleno. Antonio se alimenta de abrazos. Abrazos grandes y calientes, esféricos, como tortas de pan recién hechas.

Un corazón con miga. "Soy un privilegiado. Hay mucha gente en circunstancias más jodidas que yo. Aquí hay una paciente joven, con tres criaturas, se va a casar en paliativos. Yo la he visto aquí con los niños haciendo los deberes. Ella no ha cerrado su vida, pero yo ya la he cumplido... Sí, he sido un privilegiado. He vivido bien. Tengo tres hijos maravillosos que me adoran. Una mujer increíble. En este hospital me han tratado con gran generosidad. Todo eso me reconforta, me tranquiliza".

Antes de entrar, Pilar nos advierte: "Este fin de semana han muerto cuatro. Pero Antonio no lo sabe. No le digáis nada para que no se disguste".

Nada más entrar, Antonio nos aclara: "¿Sabes? Este fin de semana han muerto cuatro... Pero es que el fin de semana anterior murieron nueve. Nacemos para morir. El que no entienda eso no entiende nada".

Viernes 21 de noviembre

Hay una quietud de portazo recién dado en el pasillo según avanzamos. Y algo heroico en el hombre que nos recibe a pesar de todo. Incorporándose en un esfuerzo épico. Hace tres días que no venimos, pero parecen tres semanas.

-Tenemos 10 minutos.

-Lo que mandes.

"Hoy le he dicho a Pili que me limite las visitas". Antonio toma aire, respira con dificultad, pide tiempo muerto. "Sólo visitas de mis hijos, de mis nietos, de mi hermano... y las tuyas. Porque me he comprometido y quiero contarte lo más posible".

Cuando uno ya creía haberlo visto todo en el ejemplo incalculable del hombre que se muere, Antonio se preocupa por un problema de salud (nada serio) de quien tiene delante.

"He pedido que me bajen la morfina. Porque me genera como una especie de ensoñación que no me deja pensar con lucidez y tengo la sensación de que me quita la poca fuerza que tengo".

Nació un "4 de noviembre de 1945". Su padre era "militar y químico" y su madre "trabajaba en casa". Jugaba "a los coches" con su hermano José María. Su boda fue en 1973 y "las fotos se velaron". Está "orgulloso" de la "educación humanista" de sus hijos. Pilar ha sido el "motor" de todo. "Ser abuelo es volver a nacer"... Uno estaría toda la vida tomando notas como éstas.

-He cumplido un ciclo. Estoy a punto de empezar otro. Y voy muy sereno.

-Vendré el martes.

-Muy bien.

Siempre nos estrechamos las manos en la despedida. Apretando como el que quiere traspasar al otro. Mirándonos a los ojos con entusiasmo. No sé por qué hoy nos hemos dado un beso.

Domingo 23 de noviembre

Antonio falleció en su cama del Hospital Centro de Cuidados Laguna sin crispación aparente y en completa calma. Fue el domingo, 23 de noviembre, pasadas las seis de la tarde.

El lunes, sobre el tanatorio de Las Rozas, luce un sol de septiembre. En la sala 4, casi nadie se atreve a llorar, porque al fin y al cabo estamos hablando de Antonio, que nos dejó todo esto dicho.

"Me gustaría que me recordaran como una buena persona, leal, que puso empeño en dar. (...) No quiero dramatizaciones. Ausencia es una palabra muy relativa. Yo andaré por ahí".

(...)

Nos quedaron pendientes varios temas, ¿recuerdas? Uno de ellos: al final no te hice cambiar de periódico.

Espero haber puesto todo lo que me contaste, Antonio. Espero haber sido fiel a tus últimas tardes. Espero que tu testimonio "les sirva de algo" -como tú querías- a los que saben que no hay vuelta atrás.

Pocas cosas tienen tanto sentido en esta profesión como haberte conocido. En cualquier caso, no olvides algo: allá donde estés, me debes un vino.

 

 

Caminar hacia Jesucristo

Como enseñó san Josemaría, en este artículo contemplamos el pasaje del Evangelio en que Jesús camina sobre las aguas. Metiéndonos en la escena –como si fuéramos un personaje más- comprenderemos que junto a Él se superan las dificultades, inseguridades y temores.

CRISTO25/01/2009

 

Varios miles de personas habían escuchado la predicación de Jesucristo y se habían saciado de los panes y los peces que Él les había proporcionado, con tal abundancia que incluso había sobrado una buena cantidad[1]. Es de suponer que el asombro se había apoderado de los apóstoles.

Con el asombro, les embargaba también la alegría. Una vez más habían experimentado la cercanía del Señor. Puede parecer que esta nueva experiencia no debería tener mayor importancia para quienes estaban ya habituados a convivir con Jesucristo. Pero qué pronto olvidamos los momentos en los que hemos palpado la presencia de Dios a nuestro lado; y por eso, cómo nos volvemos a sorprender y alegrar cuando la percibimos de nuevo.

Cuántas veces notamos con claridad que Dios está junto a nosotros, que no nos ha abandonado en un momento importante, y nos llenamos de una alegría y de una seguridad que no se deben sólo al buen resultado de lo que nos interesaba, sino también -y principalmente- a la conciencia de que vivimos con el Señor.

Y cuántas veces, sin embargo, lo perdemos de vista y dejamos que nos atenace el miedo de que otro asunto importante no tenga tan buen fin; como si Dios se pudiese olvidar de nosotros, o como si la cruz fuese señal de que Él se ha alejado.

Dificultades

Después de despedir a la muchedumbre, Jesús pidió a los Apóstoles que pasaran a la otra orilla del lago mientras Él dedicaba un tiempo a la oración[2]. Para ellos, expertos como eran, la travesía no presentaba una particular dificultad. Y aunque así fuera, después de lo que acababan de vivir, ¿qué obstáculo podría parecerles insuperable?

Poco a poco la barca se fue apartando de tierra, y llegó un momento en que su progreso se hizo muy lento. Cuando cayó la noche, la barca ya se había alejado de tierra muchos estadios, sacudida por las olas, porque el viento le era contrario[3]: no podían volver atrás, pero tampoco parecía que avanzasen; tenían la impresión de que las olas y el viento -las dificultades- habían tomado el mando y ellos podían sólo tratar de mantenerse a flote.

Se asustaron. ¡Qué lejano resultaba ahora el milagro que habían contemplado pocas horas antes! Si al menos estuviese el Señor con ellos..., pero se había quedado en tierra. Se había quedado, sí, pero no les había dejado solos, no les había olvidado: aunque ellos no lo supiesen, desde el monte contemplaba su dificultad, su esfuerzo y su fatiga[4].

Es fácil que en los inicios de la vida interior se experimente con cierta claridad el propio progreso: a los ojos de quien comienza a adentrarse en el mar, la orilla se aleja rápidamente. Pasa el tiempo y, aunque se siga luchando y avanzando, no se advierte de modo tan patente. Se sienten más las olas y el viento, la orilla parece haberse quedado fija en un mismo punto. Es el momento de la fe. Es el momento de fomentar la conciencia de que el Señor no se ha desentendido de nosotros. Es el momento de recordar que las dificultades -el viento y las olas- forman inevitablemente parte de la vida, de esa existencia que hemos de santificar y a la que nos enfrentamos sabiéndonos muy acompañados de Jesucristo.

La experiencia de la cercanía de Dios y del poder de su gracia, no nos ahorra la tarea de enfrentar las dificultades. No podemos pretender que lo sensible de esa experiencia sea permanente; no podemos pretender que, puesto que estamos cerca de Dios, los problemas no nos pesen. Ni tampoco hemos de caer en el error de verlos como una manifestación de que el Señor se ha apartado de nosotros, aunque sea sólo un poco y por un tiempo breve.

Las dificultades son precisamente la ocasión de mostrar hasta qué punto amamos a Dios, hasta qué punto somos buenos, con la aceptación serena de los inconvenientes que no hemos podido o no hemos sabido superar.

Inquietudes

Pedro y los demás llevaban tiempo peleando con el viento y las aguas, y con su propia angustia interior, cuando el Señor acudió en su ayuda[5]. Podía haberlo hecho de muchas maneras: podía haber cancelado enseguida la dificultad o presentarse en la barca sin que le vieran llegar; pero tenía otras enseñanzas que transmitirles. Se les acercó caminando sobre el mar.

Era de noche y no resultaba fácil reconocerle. El hecho era de por sí sobrecogedor, pero además ellos estaban ya asustados, y el miedo roba a quien lo sufre la serenidad y claridad de juicio sobre los acontecimientos que de algún modo le afectan. En estas circunstancias, es comprensible su reacción: comenzaron a gritar.

El Señor les tranquilizó: tened confianza, soy yo, no tengáis miedo [6]. No calmó en ese momento el viento y las olas, pero les dio una luz para que su corazón no naufragase: sé que estáis atravesando dificultades, pero no temáis, seguid peleando, confiad en que Yo no os he olvidado y sigo estando cerca.

Pedro tuvo una reacción impulsiva: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas [7]. Entre los Apóstoles es casi siempre Pedro quien se lanza, para bien o para mal: es él quien recibe las reprimendas más fuertes del Señor [8] y es también él quien le confiesa con una audacia que acaba arrastrando a los demás en momentos difíciles [9]. Pero su iniciativa de ahora resulta sorprendente incluso en un carácter impulsivo: Simón se encontraría en el apuro de tener que bajar de la barca y apoyarse en una superficie agitada, incontrolada, imposible de dominar y de prever.

A la voz de su Maestro, sacó un pie por la borda, luego el otro y se puso a caminar hacia el Señor: quería acercarse a Cristo y estaba dispuesto a cualquier cosa para lograrlo.

Ojalá los propósitos de mayor generosidad que formulamos ante el Señor en momentos de inquietud, no se queden en palabras. Ojalá nuestra confianza en Dios sea más fuerte que la indecisión o el temor a ponerlos en práctica. Ojalá seamos capaces de sacar nuestros pies por la borda, aunque suponga apoyarlos en una base aparentemente nada apta para sostenernos, y caminemos hacia Cristo. Porque para ir hacia Dios hay que arriesgar, hay que perder el miedo a las inquietudes, hay que estar dispuesto a jugarse la vida.

Caminando sobre las aguas, Pedro sentía las olas y el viento más que los demás; su vida dependía de la fe más que la vida de los otros, precisamente porque había bajado de la barca y marchaba hacia Jesucristo. ¿No es ésta la arriesgada situación del cristiano? ¿No estamos también nosotros tratando de caminar hacia el Señor en unas circunstancias -externas, pero también interiores- que en buena parte escapan a nuestro control?

Estamos más expuestos a las olas que quienes, temiendo enfrentarse con la inmensidad de lo sobrenatural, prefieren la pobre y aparente seguridad que les ofrece el ámbito pequeño de su barca. ¿Es, entonces, extraño que a veces notemos que el suelo se mueve, que tengamos alguna inquietud? Son precisamente esos, momentos para tomar conciencia una vez más de que vivimos de fe; no de una fe que calma las olas, que elimina la inquietud de caminar sobre ellas; sino más bien, de una fe que en esa inquietud nos da una luz, y que da un sentido a esas olas.

Por la fe, [los israelitas] cruzaron el Mar Rojo como si fuera tierra seca, mientras que los egipcios que lo intentaron fueron tragados por las aguas [10]. Sin fe, las dificultades de la vida nos tragan, nos abruman, nos hundimos en ellas. Con la fe no las evitamos, pero tenemos más recursos, sabemos que Dios las puede volver a nuestro favor: al pueblo elegido le resultaría pesado y aterrador caminar por el fondo del mar, con el peligro, además, de que sus enemigos los alcanzasen; pero a través de esa dificultad y esa inquietud lograron su salvación. Al final se comprueba que la inquietud de caminar hacia Dios proporciona una base más firme para edificar la propia vida, que la aparente seguridad que ofrece la barca.

Inseguridades

Pedro había dado ya unos cuantos pasos cuando, al ver que el viento era muy fuerte se atemorizó. Comenzó a hundirse y pidió ayuda al Señor. Jesús alargó la mano, lo sujetó y le dijo: Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado? [11].

Hombre de poca fe. Quien lee el Evangelio se queda sorprendido ante estas palabras. Incluso es posible que se sienta abrumado y se pregunte: si el Señor recrimina por su falta de fe a quien venciendo su miedo ha bajado de la barca y ha comenzado a caminar hacia Él, ¿qué podría decir de mí?; ¿me queda alguna esperanza de que un día Cristo vea en mí un hombre o una mujer de fe? Pero si sigue meditando le surgirán también otros interrogantes: ¿es que Jesús esperaba que Pedro caminase sobre el mar con toda tranquilidad, como lo hubiera hecho sobre tierra firme en un día apacible y soleado? ¿Significan acaso las palabras del Señor que hemos de ser impasibles o indiferentes ante los problemas? No, porque el mismo Jesucristo se angustió en el huerto ante algo objetivamente temible.

La lucha por vivir de fe no tiene como meta sentirse seguro ante las dificultades; no es el intento de que no nos afecten las cosas, que no nos importe lo importante, que no nos duela lo doloroso, o que no nos preocupe lo preocupante. Es más bien el empeño por no olvidar que Dios nunca nos deja y aprovechar esas circunstancias difíciles para acercarnos aún más a Él. Verdaderamente, la vida, de por sí estrecha e insegura, a veces se vuelve difícil. Pero eso contribuirá a hacerte más sobrenatural, a que veas la mano de Dios: y así serás más humano y comprensivo con los que te rodean [12].

Es lógico que Pedro sintiera inquietud, y es lógico que la sintiera desde sus primeros pasos, porque lo que estaba haciendo superaba sus capacidades humanas, tanto si había viento y olas como si no los había: no es más fácil caminar sobre el agua sin viento y olas que con ellos. ¿Dónde estuvo, entonces, la falta de fe de Pedro? Quizá no tanto en la inseguridad que sintió, como en dudar de Cristo. Hasta ese instante su mirada estaba en Él; se sentía inseguro, por supuesto, pero no reparaba demasiado en ello porque lo crucial, lo que requería su atención, eran sus pasos hacia el Maestro. De repente fue consciente de su inseguridad y no se fió de Jesús. La inseguridad natural, razonable, degeneró en miedo.

Temores

El miedo atenaza y hace reales problemas que inicialmente estaban sólo en la imaginación. Algunas cosas nos suceden porque tenemos miedo de que nos sucedan: miedo a tener una tentación, miedo a ponernos nerviosos, miedo a quedar mal, miedo a no conseguir explicar algo con la suficiente firmeza, miedo a no saber enfocar un problema...

¿Cómo luchar? Procuremos aceptar esa inseguridad, porque sólo así evitaremos que se convierta en objeto de nuestra atención. No nos debe importar cómo nos sentimos mientras lo hacemos. Podremos así caminar hacia Jesucristo entre las olas y el viento, sin angustiarnos por la dificultad que eso supone.

San Juan escribe en una de sus epístolas que en el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor, (...) y el que teme no es perfecto en el amor [13]. A san Josemaría le gustaba resumirlo así: el que tiene miedo, no sabe querer [14]. El amor y el miedo pertenecen a órdenes diversos, que se excluyen. Sólo pueden convivir cuando el amor no es perfecto.

El miedo es un sentimiento de inquietud ante la posibilidad de perder algo que se tiene o se anhela poseer en el futuro. Ahora bien, la inseguridad forma parte de la condición humana, del hecho de que no tenemos un dominio perfecto ni siquiera sobre nosotros mismos. Por eso no podemos excluir del todo la inseguridad en esta vida. De otro modo, la esperanza no existiría como virtud, porque donde hay certeza absoluta no cabe la esperanza [15].

El orden del amor ha de excluir, por tanto, el temor, pero no forzosamente la inseguridad. Vivir en el orden del amor supone, pues, que la inseguridad no degenere en miedo, supone aceptarla, asumirla integrándola dentro de una visión más amplia, dentro de la confianza en Dios, sin pretender ilusoriamente excluirla del todo. No podemos aspirar a una seguridad total. La inseguridad que podemos sentir ante nuestras pocas fuerzas es ocasión de fomentar el abandono en Dios.

De este modo, la fe no se ve como un peso, sino como una luz, como algo que señala un camino, que enseña a aprovechar la propia miseria para abrir el alma a Dios. El cristiano no espera de Dios que le haga sentirse seguro en sí mismo; espera que la confianza en Él le ayude a ver más allá de su inseguridad. Si nuestra mirada no se detiene en la propia limitación sino que, sin rechazarla, la transciende, podemos realmente excluir el temor y vivir en el orden del amor.

Un hombre o mujer de fe experimenta la inquietud, la duda, se pone nervioso, siente vergüenza, teme quedar mal, se ve incapaz... Pero acepta esos sentimientos sin atribuirles más importancia de la que tienen, sin permitir que absorban su mirada y le paralicen; no se rebela contra ellos, no los ve como una prueba de su falta de fe, ni deja que le desanime el hecho de sentirlos; y sigue adelante aunque descubra puntos de doctrina que ha de entender mejor, o aunque se sienta superado o fuera de sitio... o aunque le tiemble la voz. Ha aprendido a no dar especial atención a esas inquietudes. Ha aprendido a caminar hacia Cristo entre las olas. Y si la fuerza del viento o del mar le impidiese verle, se sabe niño. ¿Has visto a las madres de la tierra, con los brazos extendidos, seguir a sus pequeños, cuando se aventuran, temblorosos, a dar sin ayuda de nadie los primeros pasos -No estás solo: María está junto a ti [16].

Con Ella, el alma ha aprendido a fiarse de Dios.

J. Diéguez

[1] Cfr. Mt 14, 20-21.

[2] Cfr. Mt 14, 22-23.

[3] Mt 14, 24.

[4] Cfr. Mc 6, 48.

[5] Cfr. Mt 14, 25.

[6] Mt 14, 27.

[7] Mt 14, 28.

[8] Cfr. Mt 16, 23; Mc 8, 33.

[9] Cfr. Mt 16, 15-16; Jn 6, 67-68.

[10] Hb 11, 29.

[11] Mt 14, 29-31.

[12] San Josemaría, Surco, n. 762

[13] 1 Jn 4, 18.

[14] San Josemaría, Forja, n. 260.

[15] Cfr. Rm 8, 24.

[16] San Josemaría, Camino, n. 900.

 

Don Juan José Segarra, Capellán Del Hospital Clínico De Valencia

D. Juan José Segarra: Tras administrar la Unción de los enfermos, “muchos de ellos sanan”

Entrevista al capellán del Hospital Clínico de Valencia

ABRIL 15, 2020 18:29ENTREVISTAS

(zenit – 15 abril 2020).- “Con mucha intensidad emocional y espiritual”, así vive el sacerdote español Juan José Segarra esta situación desgarradora que deja día tras día la pandemia en los hospitales. En su caso, como capellán del Hospital Clínico de Valencia, acompaña a los enfermos, la mayoría de COVID-19, y administra el sacramento del descanso eterno.

“Cada vez que administro la Unción a los enfermos, bien sean los más graves, a personas mayores o enfermos en general, siento la presencia de Cristo conmigo en la habitación”, expresa el párroco de la Santísima Cruz de Alaquàs. “Siento que estoy haciendo algo valioso por esa persona y me siento confirmado en mi fe y en mi sacerdocio”.

Don Juan José fue cooperador de una bellísima historia vivida por un padre y un hijo, ambos enfermos de coronavirus pero ingresados en diferentes hospitales. En el cementerio de Benimaclet se celebró un responso íntimo por el eterno descanso de Salvador padre, presenciado por su hermano, su hija y sus nietas.

El amor de Dios es creativo y ocurrente

Juan José Segarra, amigo de la familia, participó en dicha celebración y la grabó en vídeo. Al día siguiente, 28 de marzo, el sacerdote visitó a Salvador, hijo del fallecido, para atender a su cuidado espiritual y humano, durante su estancia en el hospital.

El capellán le habló de la grabación del entierro, le preguntó si quería verla y Salvador no dudó un instante y dijo: “Sí, quiero despedirme de mi padre”. Durante algo menos de 10 minutos visionó la celebración de despedida de su padre entre lágrimas. “Había silencio y tristeza”, recoge en un artículo la Archidiócesis de Valencia.

El capellán señala con humildad que esta idea “fue una moción del Espíritu Santo. Es una luz que viene a tu alma de forma súbita y se te ocurre la idea”. Y aclara: “No es mérito mío sino de Dios. El amor de Dios es creativo y ocurrente”.

A continuación, reproducimos la entrevista completa que el capellán valenciano respondió en exclusiva a zenit.

***

¿Cómo está acompañando espiritualmente a los enfermos COVID-19? ¿Qué necesidades ve en los afectados por la enfermedad? ¿Puede acceder a sus habitaciones sin problema?

D. Juan José Segarra: Estamos acompañando a los enfermos COVID-19 en la medida de las posibilidades que las circunstancias actuales permiten. Las directrices de los hospitales han cambiado y son restrictivas, como es lógico. En estos momentos acudimos a las habitaciones de pacientes COVID-19 cuando nos llaman los familiares o ellos mismos. Tratamos también de prestar toda la atención posible estando presentes de forma permanente en la Capellanía. No faltan nunca nuestras oraciones y la Santa Misa del sacerdote que, celebrada en privado, se ofrece por todos los enfermos, sus familiares, por el personal sanitario y por las almas de los que fallecen.

La necesidad más grande que veo en los afectados por la enfermedad sería la del acompañamiento con presencia física, la del consuelo espiritual directo de forma más asidua. Al estar aislados, sólo tienen contacto con el personal sanitario, que les animan mucho también. Gracias a Dios, la mayoría de ellos pueden conversar por el móvil con sus familiares. Naturalmente, entro en las habitaciones, aunque no tanto como se desearía.

Hasta ahora, la dirección del Hospital Clínico de la ciudad de Valencia, no ha puesto ningún impedimento para acceder a las habitaciones. Lo contrario, la relación es muy buena. Eso sí, nos recuerda siempre que extrememos precauciones. Por otra parte, el personal sanitario, en general, suele ser comprensivo con nuestra labor. No obstante, algo debiéramos hacer para mejorar y crecer en la interrelación del trabajo y comprensión entre la labor de los capellanes de hospital y el personal sanitario en su conjunto.

¿Cuántos enfermos de COVID-19 hay en su hospital? ¿Cuántos sacerdotes están ahora allí?

D. Juan José Segarra: No podría determinar la cifra. En estos momentos se nota un poco más de desahogo. Hay menos cantidad de enfermos que padecen COVID-19 y hay un buen número que se va recuperando.

El equipo lo formamos tres sacerdotes y dos religiosas Siervas del Hogar de la Madre, fundadas por el sacerdote Rafael Alonso. En estos momentos, las hermanas no están visitando. Lo hacen los sacerdotes para administrar los sacramentos dado que las visitas son restrictivas. Ellas se encargan de mantener la capilla en perfectas condiciones para que, las personas que se acercan –normalmente el personal sanitario-, puedan tener la tranquilidad de que se cuida su desinfección. Los sacerdotes, una vez realizado y aprendido el protocolo en el Gabinete de Riesgos Laborales para memorizar cómo colocarnos y quitarnos correctamente los EPIS (equipos de protección individual), atendemos el hospital las veinticuatro horas y siete días a la semana. Las hermanas también quedan en la capilla orando por todos y atendiendo a las personas que se acercan administrando la Comunión a los familiares de los enfermos y a todo el personal del Hospital.

 Desgraciadamente, muchas personas están falleciendo por el coronavirus. ¿Cómo procede usted cuando un paciente fallece en su hospital?

D. Juan José Segarra: Cuando tenemos constancia de un enfermo moribundo, le administramos el sacramento de la Unción de los enfermos, junto con la Indulgencia plenaria del Papa concedida para esta situación, y la Recomendación del alma. Ante el fallecimiento de un enfermo, sea o no a causa del coronavirus, ofrecemos la Santa Misa por sus almas, hayamos tenido constancia o no de su fallecimiento. Hayan sido atendidos o no por nosotros, en el memento de los difuntos, durante la Santa Misa, siempre presentamos a todas las personas fallecidas orando por la salvación de sus almas.

zenit: En el marco de la Indulgencia plenaria que el Papa ha concedido a los enfermos de coronavirus y a los asistentes sanitarios y cuidadores que los asisten, se contempla la posibilidad de dar absoluciones colectivas, ¿lo ha hecho en alguna ocasión? En el caso de Valencia, ¿tienen el permiso pertinente del obispo?

D. Juan José Segarra: Efectivamente, las absoluciones colectivas están contempladas por la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe. Sin perder de vista el Concilio de Trento, en donde se declara de modo solemne los tres actos necesarios para una remisión íntegra y perfecta de los pecados, a saber: la contrición, la confesión auricular y la satisfacción; desde la Instrucción de la Sagrada Penitenciaria apostólica el Ordinario del lugar juzga si se dan las condiciones señaladas en dicha Instrucción para impartirlas. Supuesto lo anterior, y dado que el Papa Francisco, el Domingo de Resurrección impartió la Bendición Urbi et Orbi, en la que se concede la Indulgencia, –junto con la propia indulgencia a los enfermos de COVID-19–, hasta el momento en Valencia no hemos recibo ninguna instrucción más.

Estos días, ¿cómo está viviendo la administración de la Unción de los enfermos? ¿Ha tenido alguna experiencia especial?

D. Juan José Segarra: Con mucha intensidad emocional y espiritual. Emocionalmente, a veces, y de forma espontánea, te pones a llorar sin saber la razón concreta. Un poco por todo, por el sufrimiento de las personas enfermas, de emoción por ver el coraje y gran esfuerzo del personal sanitario, por la frustración que causa no poder hacer más. Espiritualmente también. Cada vez que administro la Unción a los enfermos, bien sean los más graves, a personas mayores o enfermos en general, siento la presencia de Cristo conmigo en la habitación. Siento que estoy haciendo algo valioso por esa persona y me siento confirmado en mi fe y en mi sacerdocio.

Como experiencia especial diría que, además de notar la presencia de Cristo intensamente, también he visto como, después de administrar la Unción de los enfermos, muchos de ellos sanan. Ya sabemos que el sacramento no es un rito de magia, pero es verdaderamente eficaz respecto de la sanación del cuerpo, junto con el perdón de los pecados de toda la vida pasada de la persona que lo recibe. Tanto es así, que me gustaría que alguien haga lo mismo por mí, llegado el caso. De hecho, así lo he dejado por escrito a mis superiores, en caso de que yo no pudiese solicitarlo y para que no dependa nunca, ni siquiera puntualmente, de la persona responsable de mi asistencia médica del hospital en la que estuviere ingresado y pudiese poner algún impedimento a la hora de que entrasen en mi habitación para administrarme el Sacramento.

En esta situación, ¿se ha encontrado con personas que previamente no se identificaran con la fe cristiana o fueran no creyentes, y al verlo a usted allí, se hayan querido acercar a Dios a través de usted?

D. Juan José Segarra: Efectivamente, así ha sido. Tampoco ha salido a colación en ese momento si la persona se identificaba o no con la fe cristiana o fuera no creyente. Pero la muerte da miedo, asusta. Esta enfermedad nos pone delante nuestra fragilidad y contingencia. Ante esto, muchas personas se abren a Dios. Y Dios, a través de sus sacerdotes que administran los Sacramentos, está siempre esperando para dar ese abrazo a sus hijos como la parábola del Padre Misericordioso. Desde luego que, si te ven, te solicitan. De ahí la absoluta necesidad de la presencia permanente de un sacerdote en la capellanía.

A finales de marzo, varios medios de comunicación publicaron la historia de Salvador padre y Salvador hijo, de la que usted fue cooperador. Al participar en el entierro de Salvador padre, al que asistieron varios familiares, excepto Salvador hijo, usted grabó la ceremonia que luego ofreció verla a Salvador hijo. ¿Cómo se le ocurrió la idea?

D. Juan José Segarra: Fue una moción del Espíritu Santo. Es una luz que viene a tu alma de forma súbita y se te ocurre la idea. No es mérito mío sino de Dios. El amor de Dios es creativo y ocurrente.

La muerte de un padre, sin una despedida, sin un último beso o abrazo, es tremendamente dura. De repente, tu padre o tu madre, un día desaparecen de tu vida sin más. Por eso, y bajo esa moción del Espíritu, entendí que el visionado del responso que se realizó por el papá de Salvador sería una manera de decir adiós a la persona amada. Ante la muerte de un ser querido, la despedida es muy importante para poder cerrar la etapa del duelo. Salvador estaba muy agradecido y se sintió confortado. Le dije también que, en su momento, celebraríamos el funeral convenientemente junto con toda la familia.

En estas situaciones, el sentimiento de tristeza que sienten los familiares es mayor al no poder despedirse de sus allegados difuntos, ¿cómo consuela usted a estas personas? ¿les propone alguna oración en concreto?

D. Juan José Segarra: Consolar a alguien a quien un familiar, de repente, desaparece de su vida, no es fácil. Aun así, es muy importante el testimonio del mensajero, es decir, del sacerdote o creyente que está consolando al familiar. Somos hombres y mujeres de fe, y ese trasfondo de esperanza que albergamos en nuestra alma se nota.

La oración por antonomasia que les propongo es la Santa Misa, que es lo más grande que un sacerdote puede ofrecer. Además de llevar el consuelo de Dios con nuestro testimonio, también lo hacemos con los sacramentos de la Iglesia, que son eficaces en el alma y en el cuerpo. No somos una especie de “psicólogos espirituales”, sino que, además, administramos los sacramentos que tienen un verdadero efecto en el alma para consolarla como ninguna otra palabra que un ser humano podría pronunciar para animar a alguien.

 

 

 “Ante la pandemia, ¿sirve rezar?”

“La COVID-19 sigue arrasando todo a su paso”

VER

El Papa Francisco hizo una oración extraordinaria, en la vacía Plaza de San Pedro, el pasado 27 de marzo, con participación de millones de televidentes, para pedir el fin de la pandemia, con bendición del Santísimo e indulgencia plenaria. Sin embargo, la COVID-19 sigue arrasando todo a su paso. En Italia, donde reside el Papa, los contagios y las muertes no se detienen. Entonces, ¿para qué sirvió esa oración?

Se han llevado a cabo muchas celebraciones, Misas, Horas Santas, sacrificios, vuelos en helicóptero y avioneta sobre poblaciones, o recorridos a pie o en vehículos, con la Custodia y Jesús Sacramentado, con imágenes de la Virgen y reliquias de santos, para pedir que se detenga esta plaga. Sin embargo, entre nosotros sigue avanzando. ¿Sirvieron de algo esas creativas manifestaciones de fe?

Muchísimas familias cristianas, encerradas en su hogar, han multiplicado súplicas, rosarios y cadenas de oración, para que no siga el contagio. Sin embargo, éste cobra más y más víctimas en todo el mundo, aunque de momento, gracias a Dios, no tenemos familiares enfermos de este mal. ¿Tienen un efecto real nuestras plegarias?

Claro que sirven. No somos capaces de advertir toda su eficacia, porque su efecto es espiritual, invisible. Sólo Dios sabe cuánto bien hemos hecho al mundo unidos en la plegaria. Si no fuera por tantas oraciones, la pandemia ya habría causado muchos más destrozos.

Pero, como no vemos resultados palpables e inmediatos, nos puede llegar la duda de si en verdad ayudan en algo nuestras oraciones. Aún más, nos podemos preguntar si Dios nos escucha. Y todavía más, algunos pueden dudar de la existencia de Dios. Ateos convencidos o prácticos pueden echarnos en cara la inutilidad de lo que hacemos, e incluso de nuestra religión. Nos dirán que lo importante es inventar la vacuna adecuada, aplicar las medicinas oportunas, curar a los enfermos y evitar más muertes y sufrimientos. Para ellos, lo que vale es lo cuantificable, lo visible e inmediato, los enfermos recuperados, la economía rescatada. No tienen ojos para ver más allá. Son ciegos del alma.

No faltan Judas de ayer y de siempre, que repiten que vendamos los bienes de la Iglesia y los destinemos a remediar económicamente esta pandemia, sobre todo en favor de los pobres. Es cierto que éstos tienen prioridad, y son ejemplares el Papa y muchos otros que apoyan con su dinero a los que hoy se están quedando sin recursos; pero nuestros críticos ni un peso ponen de sus bolsillos para remediar la pobreza. Algunos viven de los pobres, pues son miembros de alguna ONG con magníficos sueldos y no están dispuestos a que se los reduzcan, o a compartirlos con los más necesitados. Estas críticas nos resbalan, pues la Iglesia destina mucho dinero a los pobres y, en la mayoría de los casos, sin publicidad; casi nadie se entera.

Pero, volviendo a la oración por la pandemia; ¿de algo sirve? ¡Claro que sí! De mucho y, en la mayoría de las circunstancias, no sólo es lo único que podemos hacer, sino que es nuestra aportación más valiosa, sólo apreciada por el corazón de Dios, que ve lo más profundo de nuestro ser. No podremos comprobar físicamente su efecto, porque es algo espiritual. La vida no es sólo dinero y medicinas, sino también fortaleza espiritual, ánimo y esperanza, lucha por la vida propia y de los demás. Dios puede hacer milagros inmediatos, físicos, corporales, y la historia los consigna; pero su fuerza es sobre todo espiritual, invisible, aunque real y efectiva. No cuenta sólo el dinero. Como ser papá, no es sólo llevar recursos económicos a la familia, sino también dar ternura, cariño, seguridad y fortaleza, y eso no se mide materialmente.

Claro que no basta rezar; también hay que hacer cuanto podamos para ayudar en lo material; pero lo horizontal, sin lo vertical, se cae; no se sostiene. El mundo necesita no sólo dinero, sino también espiritualidad, fe, amor y esperanza. Necesitamos volver a Dios.

PENSAR

El Papa Francisco, en la audiencia general del miércoles pasado, dijo: “En estas semanas de preocupación por la pandemia que está haciendo sufrir tanto al mundo, entre las muchas preguntas que nos hacemos, también puede haber preguntas sobre Dios: ¿Qué hace ante nuestro dolor? ¿Dónde está cuando todo se tuerce? ¿Por qué no resuelve nuestros problemas rápidamente? Son preguntas que nos hacemos sobre Dios.

¿Cuál es el verdadero rostro de Dios? Habitualmente proyectamos en Él lo que somos, a toda potencia: nuestro éxito, nuestro sentido de la justicia, e incluso nuestra indignación. Pero el Evangelio nos dice que Dios no es así. Es diferente y no podíamos conocerlo con nuestras fuerzas. Por eso se acercó a nosotros, vino a nuestro encuentro y precisamente en la Pascua se reveló completamente. ¿Y dónde se reveló completamente? En la cruz. Allí aprendemos los rasgos del rostro de Dios. No olvidemos que la cruz es la cátedra de Dios.

Nos hará bien mirar al Crucificado en silencio y ver quién es nuestro Señor. Él es omnipotente en el amor, y no de otra manera. Es su naturaleza, porque está hecho así. Él es el Amor. El poder de este mundo pasa, mientras el amor permanece. Sólo el amor guarda la vida que tenemos, porque abraza nuestras fragilidades y las transforma. Jesús cambió la historia acercándose a nosotros y la convirtió, aunque todavía marcada por el mal, en historia de salvación. Ofreciendo su vida en la Cruz, Jesús también derrotó a la muerte. Desde el corazón abierto del Crucificado, el amor de Dios llega a cada uno de nosotros. Podemos cambiar nuestras historias acercándonos a Él, acogiendo la salvación que nos ofrece.

Abrámosle todo el corazón en la oración. Dejemos que su mirada se pose sobre nosotros y comprenderemos que no estamos solos, sino que somos amados, porque el Señor no nos abandona y nunca se olvida de nosotros” (8-IV-2020).

Dijo el P. Raniero Cantalamessa, en su homilía del Viernes Santo en la Basílica de San Pedro: “¿Acaso a Dios le gusta que se le rece para conceder sus beneficios? ¿Acaso nuestra oración puede hacer cambiar sus planes a Dios? No, pero hay cosas que Dios ha decidido concedernos como fruto conjunto de su gracia y de nuestra oración, casi para compartir con sus criaturas el mérito del beneficio recibido. Es él quien nos impulsa a hacerlo: ‘Pedid y recibiréis, ha dicho Jesús, llamad y se os abrirá’ (Mt 7,7). ¡Dios es aliado nuestro, no del virus! El que lloró un día por la muerte de Lázaro llora hoy por el flagelo que ha caído sobre la humanidad. Sí, Dios ‘sufre’, como cada padre y cada madre. Dios participa en nuestro dolor para vencerlo. ‘Dios —escribe san Agustín—, siendo supremamente bueno, no permitiría jamás que cualquier mal existiera en sus obras, si no fuera lo suficientemente poderoso y bueno, para sacar del mal mismo el mismo bien’”.

ACTUAR

Intensifiquemos la oración, y ojalá la acompañemos con ayunos y sacrificios, pues estos demonios sólo así salen, como dijo Jesús. Y confiemos en el corazón de nuestro Padre Dios: El decide, con su amor, cuándo y cómo interviene. A nosotros sólo nos toca decirle: “Señor, si quieres, puedes curarnos de esta pandemia… Ten misericordia de nosotros”.

+ Felipe Arizmendi Esquivel. Obispo Emérito de SCLC

 

El futuro del cardenal Pell: embajador del ministeriopenitenciario o luchar contra el abuso sexual

Vaticanista expone algunas funciones que podría desempeñar el que fuera número 3 de la Santa Sede, tras ser declarado inocente por un delito de abusos

Cardenal Pell en Sky News.

Tras ser declarado inocente por el Tribunal Superior de Australia por un delito de abuso sexual histórico y haber pasado  más de 400 días en prisión, el cardenal George Pell, de 78 años, se enfrenta todavía a al menos ocho demandas civiles que le acusan de participar o encubrir delitos sexuales, algunas de ellas se remontan a la década de 1970. 

Ante estas nuevas acusaciones, el arzobispo australiano, que fue número 3 en el Vaticano como Secretario de Economía, tiene dos formas de proceder: o defenderse o regresar a Roma con pasaporte del Vaticano e invocar inmunidad soberana. 

Según John L. Allen Jr. editor del diario católico Crux, especializado en la cobertura del Vaticano y la Iglesia Católica, Pell se defenderá vigorosamente. "No es su estilo" pedir inmunidad vaticana. 

En una entrevista el 14 de abril con Sky News Australia, Pell afirmó que por ahora quiere una vida tranquila de cultivo de rosas y repollo, pero dada su personalidad dinámica, indudablemente terminará haciendo algo más que meterse en el jardín, afirma Allen, según recoge Ángelus News. 

En esa misma entrevista el cardenal australiano señaló que su tiempo en prisión se había interesado por personas que están "condenadas injustamente". 

Coronavirus y sufrimiento 

Así mismo, en un artículo para "The Australian" publicado el Viernes Santo, Pell relacionó sus propias experiencias con el coronavirus como parte de una meditación sobre el sufrimiento. 

"Acabo de pasar 13 meses en la cárcel por un delito que no cometí, una decepción tras otra", escribió.

"Sabía que Dios estaba conmigo, pero no sabía lo que estaba haciendo, aunque me di cuenta de que nos había dejado a todos en libertad", escribió Pell. "Pero con cada golpe fue un consuelo saber que podía ofrecerlo a Dios por algún buen propósito, como convertir la masa de sufrimiento en energía espiritual".

​Uno de estos sufrimiento los ha ofrecido por todas aquellas personas que han muerto debido a la pandemia, en especial por los sacerdotes. Hasta el domingo de Pascua, al menos 100 sacerdotes habían muerto en Italia debido al coronavirus.

Teología del sufrimiento 

"Para aquellos de nosotros que seguimos viviendo, saquemos nuevas fuerzas y consuelo del Señor Resucitado", dijo Pell. “Cuán cercano está a todos los que sufren, a los enfermos y con dolor, a los acusados ​​falsamente, y particularmente a los que están solos. Apóyate en Él. Acércate a Él. Para el Señor, no existe el distanciamiento social. Él te está buscando a ti". afirma el carnal en el artículo. 

"Tal lenguaje sugiere que Pell podría decir mucho sobre la teología y la espiritualidad del sufrimiento",  señala Allen. 

Según el vaticanista, Pell también podría convertirse en un embajador itinerante para el ministerio penitenciario, un asunto cercano al corazón del Papa Francisco. El Santo Padre ha hablado en sus misas diarias sobre el aislamiento especial de los reclusos durante este período y también para pedir reformas en temas como el hacinamiento en las cárceles.

"Es difícil imaginar a alguien en los niveles superiores de la Iglesia Católica que tenga una mejor comprensión existencial de la dinámica emocional y espiritual que enfrentan las personas tras las rejas", manifiesta el editor de Crux. 

Su papel contra los abusos 

Allen sugiere también que Pell podría desempeñar un papel importante en las reformas de la Iglesia católica sobre los escándalos de abuso sexual clerical, "ya que pocas personas pueden entender la ira visceral que provoca tal abuso". 

George Pell siempre ha estado orgulloso de sus primeros esfuerzos como arzobispo de Melbourne para lidiar contra los escándalos de abuso. 

"Convertirse en un defensor de la reforma del abuso infantil puede ser delicado, ya que muchos sobrevivientes todavía tienen una opinión negativa de Pell, pero eso nunca le ha impedido hablar cuando cree que algo importante está en juego", expone el editor de Crux. 

Comentarista de asuntos públicos 

Otra de las funciones que podría desempeñar el cardenal es convertirse en un comentarista de asuntos públicos. Durante años escribió una columna popular para "The Sunday Telegraph" de Sydney, y es una personalidad televisiva ágil. No tiene miedo de tomar posiciones controvertidas sobre temas delicados y está convencido de que la voz de la fe tiene derecho a ser escuchada incluso en el corazón de la cultura secular.

Pase lo que pase, Pell, según Allen, ha sido un luchador desde su juventud y no está en su naturaleza darse por vencido.

"Es una apuesta segura, por lo tanto, que no hemos visto lo último de George Pell, una de las personalidades más notables y fascinantes que la Iglesia Católica ha producido", concluye el vaticanista. 

 

Diario de un pastor ante el Covid-19. 15/04/2020

CONTAGIAR ESPERANZA

         Larga y pesada se está haciendo la cuarentena del Covid19. Muchos son los infectados y caminamos en España hacia la cifra de los veinte mil muertos. Afloran tensiones en las casas, desaliento en las personas y el pánico hace sus estragos en la ciudadanía. Se valoran los esfuerzos de médicos, sanitarios, personal de residencias de mayores, policías, militares y demás componentes que se encuentran en primera línea de batalla contra el enemigo invisible de esta pandemia del coronavirus.

Es valiosa esa lucha mencionada de tantos colectivos y los esfuerzos para encontrar pronto una vacuna que cure y frene la propagación de este mal. Sin embargo, es necesario no olvidar en este tiempo de crisis global, que el ser humano es un espíritu encarnado en el mundo, que necesita del antivirus de la esperanza parar frenar el desaliento espiritual, el pesimismo existencial y la arrogancia egoísta.

Por eso mismo, es vital suscitar razones para la confianza, que nos hagan sentir que la enfermedad y la muerte no pueden tener la última palabra de la historia. Porque si eso fuera así, tendríamos que aceptar el mito griego: la caja de Pandora se ha abierto y ha vertido sobre el mundo todos los males y enfermedades desconocidos para el hombre y que sólo los dioses nos han dejado la engañifa de la esperanza para que nos consolemos, porque al fin y al cabo nadie puede cambiar el destino, como diría el filósofo M. Heidegger somos “un ser-para-la-muerte”.

Sin embargo, nos resistimos a ese funesto planteamiento, porque hay en nosotros un anhelo de eternidad, felicidad y perfección que configuran las esperanzas humanas que tiene todo hombre que viene a este mundo. Ahora bien, la tradición judeocristiana lleva a la criatura a levantar sus ojos por encima de las esperanzas materiales que son caducas como ella. De modo que, desde nuestra libertad, voluntad y acción pongamos la confianza del corazón en Alguien que nos sobrepasa y nos acompaña (homo viator) hacia la plenitud eterna. Ese Ser supremo es el origen de la esperanza que nunca defrauda, por eso el creyente dirá una y otra vez: “Dios mío confío en ti…tú eres mi esperanza desde mi juventud…tú eres mi refugio y fortaleza donde me pongo a salvo…” (Sal 25; 28; 71; 119). Esta esperanza basada en la fe en Dios, no invalida las esperanzas humanas por efímera que sean, sino que bien conducida nos puede llevar al amor a Dios y a los hermanos.

Pero dice San Agustín que: “un gran médico bajó del cielo porque había un gran enfermo que curar: todo el mundo” (Sermón 175). El objeto de la esperanza cristiana no es otro que Cristo, Dios Humanado, Médico de nuestras almas y cuerpo, Aquel que pasó por todas las necesidades del hombre y venció a la misma muerte con su Resurrección. Por eso hemos cantado en la noche Pascual “¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!”.

Esta confianza en el gran Viviente produce: gozo frente a tristeza, seguridad ante desalientos, ilusión cuando llega la desesperación, vida eterna ante aquellos que nos condena al vacío. En esta situación de pandemia, nos exhorta el Papa Francisco a contagiar esperanza: “Que se trasmite de corazón a corazón, porque todo corazón humano espera esta Buena Noticia… No se trata de una fórmula mágica que hace desaparecer los problemas. No, es eso la resurrección de Cristo, sino la victoria del amor sobre la raíz del mal, una victoria que no pasa por encima del sufrimiento y de la muerte, sino que los traspasa, abriendo un camino en el abismo, transformando el mal en bien, signo distintivo del poder de Dios” (Vaticano 12.4.2020). ¡Que nadie nos oculte o robe esta esperanza, que ningún poder de este mundo nos impida proclamar esta Esperanza que sana y salva al mundo!

 

+ Juan del Río Martín. Arzobispo Castrense de España

 

¡R E S U C I T Ó!


Autora: Magui del Mar
La Dama Azteca de la Pluma de Oro
Poeta Mexicana
Domingo de Resurrección

Cómo puede la pluma describir
un hecho que resulta tan sublime:
ver el amor de Cristo que redime,
sufrió por ello hasta en la cruz, morir.

Un ¡Aleluya! el universo entona
un ¡Aleluya! que se eleva al cielo,
¡Cristo resucitó!, con cuánto anhelo
el milagro esperaba…y lo pregona.

¡Resucitó! ¡Resucitó! ¡Aleluya!
Este canto se eleva hasta la gloria…
Hoy Cristo confirmó la salvación.

El mundo esta pregunta hace suya:
“Di dónde está, oh muerte tu victoria!
O dónde está, oh muerte, tu aguijón?”

Derechos Reservados.

Magui del Mar. 

La Dama Azteca de la Pluma de Oro

ruizrmagui@gmail.com

 

¿Puede el aislamiento tener efectos psicológicos en los niños?

AsistencialMedica - 06.04.2020

 

Foto: freepik 

¿Qué efectos psicológicos puede tener el aislamiento y/o cuarentena en los niños? Esta es una de las preguntas que están rondando en la cabeza de muchos padres en este momento, y aunque Catherine L'Ecuyer nos daba un parte de tranquilidad afirmando que «si los padres están bien, los niños también», también está claro que el Coronavirus nos ha cambiado la vida a todos de un día para otro, y es normal que en este tiempo los niños pueden llegar a sentir miedo, angustia, tristeza, soledad… 

Así que nos dimos a la tarea de investigar sobre el tema y encontramos la siguiente información publicada por una institución de asistencia médica que puede ser de mucha ayuda para las familias. 

Los expertos señalan que en algunos niños se pueden prestar alteraciones de 3 tipos: 

- Alteraciones a nivel corporal: sueño, pesadillas, miedos nocturnos, comer más o menos de lo habitual.

- Alteraciones en el comportamiento: irritabilidad, rebeldía.

- Alteraciones en su estado de ánimo: miedo, tristeza, ansiedad. 

¿Cómo podemos ayudarlos?

Los expertos recomiendan entonces:

Hablar con ellos

- Explicarles de forma clara y sencilla lo que está sucediendo, adaptarnos a su edad y a su madurez, transmitiendo calma y seguridad. 

- Ser sinceros de que se trata de un virus peligroso, pero que la mayoría de las personas se recuperan, enfatizando en la importancia de tener los hábitos de higiene correspondientes para cuidar de no enfermarnos y evitar posibles contagios.

- Contarles sobre los síntomas frecuentes: fiebre, tos y falta de aire.

Escucharlos

- Preguntarles qué saben del coronavirus para aclarar posible información errónea. Si hay algo que desconocemos la respuesta, podemos incluso buscarla juntos en sitios confiables, MSP, OMS.

Preguntarles cómo se sienten al respecto, validar lo que están sintiendo y recordarles que cuentan con nosotros ante cualquier duda o inseguridad. No generar un tabú en referencia al tema, los niños son sumamente sensibles a lo que no se dice en su entorno y esto incrementa en mayor medida sentimientos de miedo y ansiedad.

Protegerlos

- Evitar el bombardeo excesivo de información, cuidar las conversaciones adultas frente a ellos, ¡no alimentemos más su miedo! Necesitan adultos que los guíen y transmitan seguridad.

- Contarles que tenemos que confiar en las recomendaciones de las personas que cuentan con el conocimiento y herramientas necesarias para protegernos del virus.

- Propiciar espacios de comunicación con los familiares y amigos que no están viendo, ya que también pueden sentirse preocupados por su bienestar.

Proponer actividades

Es importante tener presente que los niños no sólo sufren del corte abrupto de sus rutinas, sino también, en muchos casos donde no hay un patio en casa o grandes espacios, pierden el contacto con la naturaleza y la libertad de movimiento corporal. En este momento, al igual que los adultos, se ven restringidas áreas fundamentales para su desarrollo y bienestar físico y emocional. Por esta razón es que los agentes de Salud insistimos en la importancia fundamental de proponer rutinas adaptadas a la situación actual, así como actividades que involucren a la familia en conjunto y a cada uno de forma individual.

Para quienes pueden quedarse en casa con su familia, sostener y contener el aislamiento no es sencillo. Tener presente que pueden surgir momentos donde el propio malestar facilite los roces y las dificultades vinculares. Para ésto, de ser posible, es útil que los adultos puedan coordinar entre ellos al menos media hora para tomar un baño tranquilos, leer un libro, o simplemente descansar. De no contar con otro adulto que facilite la tarea de sostener a los más pequeños, teniendo en cuenta la situación particular, las pantallas pueden darnos un tiempo de respiro para volver a cargar energías y estar disponibles de una mejor manera.

Estos son algunas actividades: ¡a ponernos creativos!

Rutina: Crear una rutina adaptada al momento actual. Proponer horas para levantarnos, (no olvidar sacarnos el pijama y vestirnos), baño, hacer tareas de la escuela, hablar con amigos por teléfono, comidas, juegos en familia, sueño.

Compartir las tareas de la casa en general. Cocinar, preparar la mesa para la comida, doblar ropa, ordenar, barrer. Proponer un momento para la limpieza, pudiendo pensar juntos que ésto también es una forma de cuidarnos entre todos y que necesitamos de su colaboración para lograrlo. (Aquí te damos más ideas: Tareas hogareñas que pueden hacer tus hijos según su edad)

Jugar y jugar. Según las edades esto puede cambiar. Con lo más pequeños, es una oportunidad para observar su creatividad, sin muchas propuestas preestablecidas dejarnos llevar por su imaginación e ingenio. Con los más grandes, proponer juegos clásicos y conocidos, de mesa, cartas, etc. pero también acercarnos a lo que ellos hacen habitualmente, con seguridad más de uno disfrute de las pantallas. En este sentido CUIDAR de todos modos el tiempo de exposición a estos juegos.

¡A mover el cuerpo! Aunque el espacio sea pequeño, aunque no haya patio, busquemos la forma de movernos. Bailar con canciones conocidas o inventadas, correr, saltar, o expresión corporal libre, movernos “como si” …. como si fuera un perro, un elefante … ¡o una hoja!

 

 

La biotecnología es una de las múltiples herramientas para luchar contra la pobreza y el hambre

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, se estima que en 2008 el número de personas con desnutrición crónica en el mundo aumentó a 821,6 millones, frente a 811,7 millones en 2017. La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y el Decenio de Acción de las Naciones Unidas sobre Nutrición exhortan a todos los países y partes interesadas a trabajar como uno solo para eliminar el hambre y la desnutrición para 2030.

La agricultura sigue siendo predominantemente tradicional y la mayoría de los países africanos muestran una gran dependencia de la ayuda alimentaria, que representa una cuarta parte de todos los envíos mundiales de ayuda alimentaria. Revertir esta tendencia requiere intervenciones estratégicas que aumenten drásticamente la productividad agrícola, teniendo en cuenta las realidades y la diversidad de los sistemas agrícolas de África.

Se necesitan múltiples enfoques para luchar contra la pobreza y el hambre. En 2018, los cultivos biotecnológicos ocuparon 191,7 millones de hectáreas en el mundo, cultivadas por 17 millones de agricultores en 26 países (21 países en desarrollo y 5 países desarrollados). El área global con cultivos biotecnológicos ha aumentado de 1.7 millones de hectáreas en 1996 a 191.7 millones de hectáreas en 2018. Los cultivos transgénicos son una herramienta clave para cumplir estos objetivos, una tecnología que permite una agricultura más rentable con unas prácticas agrícolas más sostenibles.

Información obtenida de un artículo Publicado por F. Antamael. Publicado en 31/03/2020 en Actualidad,

JDM

 

Cargarse al santo

Los antimonárquicos -que apenas renuevan sus argumentos y sustentan sus pretensiones republicanas en razonamientos antiguos, apolillados y más que trillados- aprovechan cualquier situación, por dramática que sea, para arremeter no contra una persona en concreto a la que se la supone un obrar reprobable, sino para intentar cargarse toda una Institución y, lo que es más grave, el sistema político y las estructuras de organización que nos dimos todos los españoles.

Resulta bochornoso que quienes siempre han predicado que los desmanes personales no tienen por qué afectar a las organizaciones y mucho menos a las ideologías, aprovechen cualquier presunto error de alguno de los miembros de la realeza para intentar derribar la Institución.

Y no es menos vergonzoso que quienes, desde las redes sociales y a través de sus terminales mediáticas, censuran agriamente a quienes se permiten criticar la actuación de Sánchez, en aras de una pretendida unidad por la situación que estamos viviendo, se permitan atacar al Rey y a la Monarquía porque el Rey emérito tenga puestas en tela de juicio algunas de sus actuaciones.

Suso do Madrid

 

Procurar el trato digno que toda persona merece

La legalización de prácticas como la eutanasia y el suicidio asistido pretende mostrar como un bien un proceder del todo inaceptable, tanto médicamente como desde una perspectiva bioética, basada en el respeto a la dignidad humana y su defensa en toda circunstancia. Abordar el sufrimiento humano pretendiendo eliminar a las personas que lo padecen es, ante todo, un fracaso del sistema asistencial, pero también de la sociedad moderna que, lejos de suprimir a los débiles y sufrientes, debería dedicarles los mejores esfuerzos y recursos disponibles, precisamente porque son los que más los necesitan. En el estado actual de la medicina y la práctica clínica, estos recursos existen, son eficaces para aliviar el sufrimiento de los enfermos crónicos o terminales y constituyen, a través de los cuidados paliativos de calidad, la herramienta que procura el trato digno que toda persona merece en atención a su inviolable dignidad, máxime cuando padece un estado de dependencia absoluta.

José Morales Martín

 

La Misa del sacerdote solo

La Semana Santa que hemos vivido este año, tan distinta a las demás, si la hemos vivido bien, seguro nos ayudará más que ninguna otra. Es cierto que han a faltado las prácticas piadosas a las que estamos habituados: oficios litúrgicos, viacrucis por las calles el viernes, procesiones… Dios quiera que regresemos a la normalidad pronto, pero mientras que llegue ese día estamos aprendiendo a distinguir lo esencial de nuestra fe de lo que es secundario.

Muchos estamos siguiendo la Misa por internet y/o por televisión, y bastantes sacerdotes intentan suplir, con gran mérito y mucha creatividad, la dificultad de la gente para ir a la iglesia con predicaciones y prácticas piadosas virtuales. Pero la mayoría de las Misas no tienen público. Los sacerdotes se ven muy solos. Y además de ellos hay tantos que celebran la Misa en la intimidad de sus iglesias o capillas, sin transmitir por internet, solos delante de Dios. Qué triste saber que el Jueves Santo tantos sacerdotes han celebrado la Misa vespertina solos.

Esta epidemia interpela a los sacerdotes por el valor de su ministerio. ¿Realmente vale menos la Misa solitaria de un sacerdote? ¿No es cierto que el auténtico valor de la Misa procede de la renovación del sacrificio del Señor en la Cruz (cf. Const. Sacrosanctum Concilium, 47), y sus efectos sacramentales son independientes de la presencia del pueblo en ella?

Xus D Madrid

 

 

El sentido profundo de la vida humana

Parece importante volver a pensar en el sentido profundo de la vida humana, para evitar contradicciones: “justo en una época en la que se proclaman solemnemente los derechos inviolables de la persona y se afirma públicamente el valor de la vida, el derecho mismo a la vida queda prácticamente negado y conculcado, en particular en los momentos más emblemáticos de la existencia, como son el nacimiento y la muerte” (n. 18).

La clave está en el concepto de libertad, que se manifiesta en la tendencia a transformar meros deseos en derechos e, incluso, a invertir la calificación jurídica de algunos delitos contra la vida, por entender que responden a “legítimas expresiones de la libertad individual, que deben reconocerse y ser protegidas como verdaderos y propios derechos”. Como muestran las consecuencias, entender la libertad desde la exaltación absoluta de la conciencia individual, la acaba transformando en “libertad de los ‘más fuertes’ contra los débiles” (n.19).

En el trasfondo, gravita el fundamento de los derechos humanos, tema muy querido de Karol Wojtyla, como pude comprobar cuando conocí en Roma al cardenal de Cracovia en 1974: subrayaba una idea reproducida casi a la letra en la EV: “el hombre, a diferencia de los animales y de las cosas, no puede ser sometido al dominio de nadie”; si se niega ese cimiento radical de lo humano, “todo es pactable, todo es negociable: incluso el primero de los derechos fundamentales, el de la vida”. Algunos de los invocados nuevos derechos llevan a “atribuir a la libertad humana un significado perverso e inicuo: el de un poder absoluto sobre los demás y contra los demás” (n. 19).

Domingo Martínez Madrid

 

Algo de cómo va la política aquí y allá

                          

QUIEREN QUE DESAPAREZCA EL PSOE: “El partido político que debería desaparecer por higiene democrática es el PSOE, un partido criminal que ha cometido todo tipo de delitos desde hace casi un siglo, que ha convertido la corrupción en su modus vivendi, pervirtiendo las instituciones mientras ha gobernado, y que no duda en pactar con los enemigos de España para alcanzar el poder». (Periodista Digital 31-01-2020)

MI RESPUESTA: Los indeseables partidos que nos han arruinado y que tienen a España en la quiebra; debieran desaparecer, pero A TRAVÉS DE LAS URNAS; y como ya desaparecieron otros; ello es LO CIVILIZADO; pero mientras todos estos indeseables, lleguen al poder y empleen el dinero de todos, en comprar voluntades, y mantener “estómagos agradecidos”; aún a costa de endeudar mucho más la ya impagable deuda pública con que nos han cargado, no sólo a nosotros, sino a varias generaciones de nuestros descendientes; y tras hacernos pagar ya IMPUESTOS CONFISCATORIOS QUE COLAPSAN la iniciativa privada, que es la que mantiene la verdadera prosperidad de un país. Y como las elecciones generales, pueden llegar de un momento a otro, tal es “el caos político de la España actual”; entonces sólo entonces se pueden eliminar mucha de la basura con que cargamos hoy. ¿Se conseguirá? Las urnas lo dirán si la inteligencia de los españoles ve la realidad que soportamos.

 

 LA GENTE HUYE DE LA BASURA POLÍTICA: Y es lógico, puesto que ya el que no lo vea es idiota o tonto integral; la política se ha convertido en múltiples agrupaciones o bandas de mercenarios, que sólo van al saqueo del dinero público; lean y mediten el suelto publicado en un diario de gran audiencia.

“La audiencia televisiva y el número de lectores se desploman en cuanto comienzas a dar la tabarra con el embrollo catalán, porque la inmensa mayoría de los españoles está harto de tanto pasteleo, enredo, chapuza y cuitas parroquianas y mentiras, pero es obligado sobreponerse a la pereza, porque lo que contemplamos este 30 de enero de 2020 en La Moncloa no tiene precedentes. Por lo vergonzoso. (Periodista Digital 31-01-2020)

 

EL EMPOBRECIMIENTO Y MISERIA QUE AUMENTA EN ESPAÑA: No encuentro otra explicación a lo que a continuación recojo de la prensa:

Por vez primera en España se está registrando un mayor número de concursos de acreedores de personas físicas declarados que de empresas. El Boletín Oficial del Estado publicó el jueves anuncios de declaración de concursos de acreedores de 32 personas físicas, y 20 de empresas. También el viernes el BOE publicó 15 concursos de personas y 9 de empresas. Nunca antes había ocurrido algo así”.

            Esto y a mi entender, no representa nada más que la cruel realidad, de que cada vez más, los ya empobrecidos españoles, siguen empobreciéndolos más, las nefastas políticas nacionales, que inútiles políticos indocumentados, producen esos caldos de cultivo, que sólo producen ruina; y a la vista está "el desencanto, cuando no desesperación, de cada vez más personas". Y los políticos, incluyendo al rey o jefe de Estado, en sus discursos, nos dicen que en España vivimos “en el mejor de los mundos”; como para mondarse de risa.

 

LAS HUELGAS DE CAMPESINOS, AGRICULTORES, GANADEROS Y EN GENERAL “QUIENES TIENEN EL HONOR DE ALIMENTARNOS”.

Lo que no tiene explicación por mucho que quieran explicarlo, es que el precio de un producto del campo, incluso del mar, lo paguemos el consumidor, cuatro, cinco, seis o diez veces, a lo que cobró el que tuvo que con su trabajo y riesgos, lo produjo en origen. Si los gobiernos que pagamos y que mantenemos, junto a ya, "ejércitos de parásitos", no tienen solución para regular esto y que el que verdaderamente produce ese bien imprescindible, cual es EL ALIMENTO VITALMENTE NECESARIO PARA VIVIR, OBTENTA UN RENDIMIENTO QUE LE COMPENSE; entonces que esos gobiernos dimitan y veamos si surgen, VERDADERAMENTE ESTADISTAS, QUE REGULEN ESTOS TEMAS, QUE SON COMO CÁNCERES Y QUE ACABARÁN POR PRODUCIR "MUERTES INNECESARIAS".

 

La ruptura entre Gran Bretaña y la Unión Europea: Los ingleses, ante todo y sobre todo, saben ser ingleses por encima de todo: Siempre han despreciado a europeos y resto de terrícolas no ingleses; por tanto si se han ido, es porque les interesa. Ahora veamos al resto de los de esa peculiar “Unión Europea”; lo que hacen para pactar con “estos pájaros de las islas”; que siempre han recorrido el mundo llevándose para ellas y ellos, todo lo que han pillado y además, son duros como el granito. Ahora vamos a ver la calidad de los que tienen que defendernos en esos pactos a realizar, puesto que trabajo e inteligencia necesitarán mucho y mucha. De momento que supriman el idioma inglés en sus órganos de gobierno; es lo menos que se debe hacer; puesto que dejar el idioma inglés, es dejar “una colonia”.

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes