as Noticias de hoy 4 Enero 2020

Enviado por adminideas el Dom, 19/01/2020 - 17:03
Papa

Ideas  Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 04 de enero de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Francisco a los enfermos: La Iglesia desea ser “la ‘posada’ del Buen Samaritano”

Comunión y Liberación: Presentación del Reglamento sobre protección de menores

Video del Papa: Rezar por la promoción de la paz y la justicia en el mundo

NATURALIDAD Y SENCILLEZ: Francisco Fernandez Carbajal

“Debemos santificar todas las realidades”: San Josemaria

3 de enero: fiesta del Nombre de Jesús

Conocerle y conocerte (II): De labios de Jesús: Nicolás Álvarez de las Asturias

Comentario al Evangelio: En el principio era el Verbo

6 de enero: los Reyes Magos y la Epifanía del Señor

Saber vivir la Navidad como un católico: Sheila Morataya

La dignidad del cuerpo femenino: José Martínez Colín

La Madre de Dios y nuestras madres: Daniel Tirapu

Alegría en Navidad: Ángel Cabrero Ugarte

La proporción de niños prematuros que sobreviven sin alteraciones neurológicas o discapacidades, no ha mejorado: Justo Aznar

Conclusiones del XII Congreso de la Asociación Española de Bioética y Ética Médica (AEBI)

La familia institución única: Ana Teresa López de Llergo

Las oportunidades pasan: Lucía Legorreta

 El  "cierre" y lo que implica.: José Manuel Belmonte

Santos Inocentes 2019: Josefa  Romo

Derecho a morir con dignidad: Valentín Abelenda Carrillo

‘Laudato Si’: Jaume Catalán Díaz

Catalanes inteligentes y catalanes idiotas: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Francisco a los enfermos: La Iglesia desea ser “la ‘posada’ del Buen Samaritano”

Mensaje de la XXVIII Jornada Mundial del Enfermo

enero 03, 2020 12:44Larissa I. LópezPapa y Santa Sede

(ZENIT – 3 enero 2019).- “La Iglesia desea ser cada vez más —y lo mejor que pueda— la “posada” del Buen Samaritano que es Cristo (cf. Lc 10,34), es decir, la casa en la que podéis encontrar su gracia, que se expresa en la familiaridad, en la acogida y en el consuelo”, dice el Papa Francisco a los enfermos.

Con motivo de la XXVIII Jornada Mundial del Enfermo, que se celebra el 11 de febrero, memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes, la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha publicado hoy, 3 de enero de 2020, el Mensaje del Santo Padre para la ocasión.

“Curar al cuidar”

En primer lugar, el Papa indica que en la XXVIII Jornada Mundial del Enfermo, “Jesús dirige una invitación a los enfermos y a los oprimidos, a los pobres que saben que dependen completamente de Dios y que, heridos por el peso de la prueba, necesitan ser curados”. El Pontífice explica también que Jesús nutre estos sentimientos porque “él mismo se hizo débil, vivió la experiencia humana del sufrimiento y recibió a su vez consuelo del Padre” y “solo quien vive en primera persona esta experiencia sabrá ser consuelo para otros”.

Asimismo, alude las formas graves de sufrimiento (enfermedades incurables y crónicas, patologías psíquicas, las que necesitan rehabilitación o cuidados paliativos, las diversas discapacidades, las enfermedades de la infancia y de la vejez…) y resalta cómo en estas circunstancias a veces existe falta de “humanidad” y “resulta necesario personalizar el modo de acercarse al enfermo, añadiendo al curar el cuidar, para una recuperación humana integral”.

En este sentido, recuerda que en la enfermedad está comprometida no solo la integridad física de la persona, “sino también sus dimensiones relacionales, intelectiva, afectiva y espiritual”. Por  eso, “además de los tratamientos espera recibir apoyo, solicitud, atención… en definitiva, amor”.

Acudir a Jesús

Después, el Obispo de Roma describe la importancia de acudir a Jesús, para encontrar “la fuerza para afrontar las inquietudes y las preguntas que surgen en vosotros, en esta ‘noche’ del cuerpo y del espíritu”.

También agrega que la Iglesia pretende ser una casa donde “podréis encontrar personas que, curadas por la misericordia de Dios en su fragilidad, sabrán ayudaros a llevar la cruz haciendo de las propias heridas claraboyas a través de las cuales se pueda mirar el horizonte más allá de la enfermedad, y recibir luz y aire puro para vuestra vida”.

Defender la dignidad de la vida

En su mensaje, el Papa Francisco se refiere, asimismo, al rol de los agentes sanitarios, invitándoles a que, en cada acción con los pacientes, el sustantivo “persona” siempre esté “antes del adjetivo ‘enferma’”, de manera que su trabajo “tenga constantemente presente la dignidad y la vida de la persona, sin ceder a actos que lleven a la eutanasia, al suicidio asistido o a poner fin a la vida, ni siquiera cuando el estado de la enfermedad sea irreversible”.

“En cualquier caso, vuestra profesionalidad, animada por la caridad cristiana, será el mejor servicio al verdadero derecho humano, el derecho a la vida. Aunque a veces no podáis curar al enfermo, sí que podéis siempre cuidar de él con gestos y procedimientos que le den alivio y consuelo”, remarca.

Acceso a los cuidados para todos

Finalmente, el Santo Padre dirige un pensamiento a los hermanos y hermanas en todo el mundo que, debido a la pobreza, no tienen acceso a los tratamientos que necesitan, realizando un llamado a las instituciones sanitarias y a los Gobiernos de todos los países: “a fin de que no desatiendan la justicia social, considerando solamente el aspecto económico. Deseo que, aunando los principios de solidaridad y subsidiariedad, se coopere para que todos tengan acceso a los cuidados adecuados para la salvaguardia y la recuperación de la salud”.

Además, agradece la labor de los voluntarios “que se ponen al servicio de los enfermos, que suplen en muchos casos carencias estructurales y reflejan, con gestos de ternura y de cercanía, la imagen de Cristo Buen Samaritano”.

A continuación sigue el mensaje completo del Papa Francisco.

***

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28)

Queridos hermanos y hermanas:

1. Las palabras que pronuncia Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28) indican el camino misterioso de la gracia que se revela a los sencillos y que ofrece alivio a quienes están cansados y fatigados. Estas palabras expresan la solidaridad del Hijo del hombre, Jesucristo, ante una humanidad afligida y que sufre. ¡Cuántas personas padecen en el cuerpo y en el espíritu! Jesús dice a todos que acudan a Él, «venid a mí», y les promete alivio y

consuelo. «Cuando Jesús dice esto, tiene ante sus ojos a las personas que encuentra todos los días por los caminos de Galilea: mucha gente sencilla, pobres, enfermos, pecadores, marginados… del peso de la ley del sistema social opresivo… Esta gente lo ha seguido siempre para escuchar su palabra, ¡una palabra que daba esperanza!» (Ángelus, 6 julio 2014).

En la XXVIII Jornada Mundial del Enfermo, Jesús dirige una invitación a los enfermos y a los oprimidos, a los pobres que saben que dependen completamente de Dios y que, heridos por el peso de la prueba, necesitan ser curados. Jesucristo, a quien siente angustia por su propia situación de fragilidad, dolor y debilidad, no impone leyes, sino que ofrece su misericordia, es decir, su persona salvadora. Jesús mira la humanidad herida. Tiene ojos que ven, que se dan cuenta, porque miran profundamente, no corren indiferentes, sino que se detienen y abrazan a todo el hombre, a cada hombre en su condición de salud, sin descartar a nadie, e invita a cada uno a entrar en su vida para experimentar la ternura.

2. ¿Por qué Jesucristo nutre estos sentimientos? Porque él mismo se hizo débil, vivió la experiencia humana del sufrimiento y recibió a su vez consuelo del Padre. Efectivamente, sólo quien vive en primera persona esta experiencia sabrá ser consuelo para otros. Las formas graves de sufrimiento son varias: enfermedades incurables y crónicas, patologías psíquicas, las que necesitan rehabilitación o cuidados paliativos, las diversas discapacidades, las enfermedades de la infancia y de la vejez… En estas circunstancias, a veces se percibe una carencia de humanidad y, por eso, resulta necesario personalizar el modo de acercarse al enfermo, añadiendo al curar el cuidar, para una recuperación humana integral. Durante la enfermedad, la persona siente que está comprometida no sólo su integridad física, sino también sus dimensiones relacionales, intelectiva, afectiva y espiritual; por eso, además de los tratamientos espera recibir apoyo, solicitud, atención… en definitiva, amor. Por otra parte, junto al enfermo hay una familia que sufre, y a su vez pide consuelo y cercanía.

3. Queridos hermanos y hermanas enfermos: A causa de la enfermedad, estáis de modo particular entre quienes, “cansados y agobiados”, atraen la mirada y el corazón de Jesús. De ahí viene la luz para vuestros momentos de oscuridad, la esperanza para vuestro desconsuelo. Jesús os invita a acudir a Él: «Venid». En Él, efectivamente, encontraréis la fuerza para afrontar las inquietudes y las preguntas que surgen en vosotros, en esta “noche” del cuerpo y del espíritu. Sí, Cristo no nos ha dado recetas, sino que con su pasión, muerte y resurrección nos libera de la opresión del mal.

En esta condición, ciertamente, necesitáis un lugar para restableceros. La Iglesia desea ser cada vez más —y lo mejor que pueda— la “posada” del Buen Samaritano que es Cristo (cf. Lc 10,34), es decir, la casa en la que podéis encontrar su gracia, que se expresa en la familiaridad, en la acogida y en el consuelo. En esta casa, podréis encontrar personas que, curadas por la misericordia de Dios en su fragilidad, sabrán ayudaros a llevar la cruz haciendo de las propias heridas claraboyas a través de las cuales se pueda mirar el horizonte más allá de la enfermedad, y recibir luz y aire puro para vuestra vida.

En esta tarea de procurar alivio a los hermanos enfermos se sitúa el servicio de los agentes sanitarios, médicos, enfermeros, personal sanitario y administrativo, auxiliares y voluntarios que actúan con competencia haciendo sentir la presencia de Cristo, que ofrece consuelo y se hace cargo de la persona enferma curando sus heridas. Sin embargo, ellos son también hombres y mujeres con sus fragilidades y sus enfermedades. Para ellos valen especialmente estas palabras: «Una vez recibido el alivio y el consuelo de Cristo, estamos llamados a su vez a convertirnos en descanso y consuelo para los hermanos, con actitud mansa y humilde, a imitación del Maestro» (Ángelus, 6 julio 2014).

4. Queridos agentes sanitarios: Cada intervención de diagnóstico, preventiva, terapéutica, de investigación, cada tratamiento o rehabilitación se dirige a la persona enferma, donde el sustantivo “persona” siempre está antes del adjetivo “enferma”. Por lo tanto, que vuestra acción tenga constantemente presente la dignidad y la vida de la persona, sin ceder a actos que lleven a la eutanasia, al suicidio asistido o a poner fin a la vida, ni siquiera cuando el estado de la enfermedad sea irreversible.

En la experiencia del límite y del posible fracaso de la ciencia médica frente a casos clínicos cada vez más problemáticos y a diagnósticos infaustos, estáis llamados a abriros a la dimensión trascendente, que puede daros el sentido pleno de vuestra profesión. Recordemos que la vida es sagrada y pertenece a Dios, por lo tanto, es inviolable y no se puede disponer de ella (cf. Instr. Donum vitae, 5; Carta enc. Evangelium vitae, 29-53). La vida debe ser acogida, tutelada, respetada y servida desde que surge hasta que termina: lo requieren simultáneamente tanto la razón como la fe en Dios, autor de la vida. En ciertos casos, la objeción de conciencia es para vosotros una elección necesaria para ser coherentes con este “sí” a la vida y a la persona. En cualquier caso, vuestra profesionalidad, animada por la caridad cristiana, será el mejor servicio al verdadero derecho humano, el derecho a la vida. Aunque a veces no podáis curar al enfermo, sí que podéis siempre cuidar de él con gestos y procedimientos que le den alivio y consuelo.

Lamentablemente, en algunos contextos de guerra y de conflicto violento, el personal sanitario y los centros que se ocupan de dar acogida y asistencia a los enfermos están en el punto de mira. En algunas zonas, el poder político también pretende manipular la asistencia médica a su favor, limitando la justa autonomía de la profesión sanitaria. En realidad, atacar a aquellos que se dedican al servicio de los miembros del cuerpo social que sufren no beneficia a nadie.

5. En esta XXVIII Jornada Mundial del Enfermo, pienso en los numerosos hermanos y hermanas que, en todo el mundo, no tienen la posibilidad de acceder a los tratamientos, porque viven en la pobreza. Me dirijo, por lo tanto, a las instituciones sanitarias y a los Gobiernos de todos los países del mundo, a fin de que no desatiendan la justicia social, considerando solamente el aspecto económico. Deseo que, aunando los principios de solidaridad y subsidiariedad, se coopere para que todos tengan acceso a los cuidados adecuados para la salvaguardia y la recuperación de la salud. Agradezco de corazón a los voluntarios que se ponen al servicio de los enfermos, que suplen en muchos casos carencias estructurales y reflejan, con gestos de ternura y de cercanía, la imagen de Cristo Buen Samaritano.

Encomiendo a la Virgen María, Salud de los enfermos, a todas las personas que están llevando el peso de la enfermedad, así como a sus familias y a los agentes sanitarios. A todos, con afecto, les aseguro mi cercanía en la oración y les imparto de corazón la Bendición Apostólica.

Vaticano, 3 de enero de 2020,

Memoria del Santísimo Nombre de Jesús

FRANCISCO

 © Librería Editorial Vaticano

 

 

Comunión y Liberación: Presentación del Reglamento sobre protección de menores

Carta de su presidente, Julián Carrón

enero 03, 2020 18:59Larissa I. LópezProtección de Menores

(ZENIT – 3 enero 2020)-. El presidente de Comunión y Liberación, Julián Carrón, presenta, a través de una carta fechada el 2 de enero de 2020, el nuevo Reglamento aprobado por la Fraternidad sobre protección de menores y personas vulnerables.

Este documento surge como respuesta a las indicaciones del Papa Francisco y el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida sobre este tema e incluye instrumentos para “no mirar a otro lado” ante las heridas que afligen también a la Iglesia.

En la misiva, el padre Carrón remite a las palabras del Papa Francisco, quien indica que vivimos un verdadero “cambio de época” que se hace patente en la “mutación radical en las relaciones entre las personas, en la sociedad y en las instituciones”.

Estos cambios suponen “una gran provocación a no dar nada por descontado” y obliga a preguntarse sobre “cuál es nuestra esperanza», “qué nos permite levantarnos la mañana, ir a trabajar, amar, no escandalizarnos de nuestros límites, afrontar la vida sin miedo y sin violencia en las relaciones”. Además, el padre Carrión señala que “estamos llamados a un salto de autoconciencia».

El drama de los abusos

En este contexto, continúa el texto, “ha surgido con una fuerza y una evidencia hasta ayer desconocidas el drama de los abusos a menores que, por desgracia, ha implicado también a personas dentro del ámbito de la Iglesia”.

Asimismo, el presidente de esta fraternidad, destaca como el Papa Francisco, en continuidad con Benedicto XVI, “ha abordado el problema de frente, pidiendo a toda la realidad de la Iglesia no mirar para otro lado ante esta terrible herida”.

En esta línea, remarca también que para que estos casos no vuelvan a suceder, “se necesita una continua y profunda conversión de los corazones, acompañada de acciones concretas y eficaces que involucren a todos en la Iglesia, de modo que la santidad personal y el compromiso moral contribuyan a promover la plena credibilidad del anuncio evangélico y la eficacia de la misión de la Iglesia”.

El Reglamento

Por todo ello, y ante la petición del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, de que todas las asociaciones y movimientos elaboren sus propios reglamentos en lo referente a esta materia “como ayuda para afrontar este tema con mayor conciencia”, Carrón señala que en los últimos meses la fraternidad de Comunidad y Liberación ha trabajado en este aspecto “partiendo de la originalidad de la experiencia del carisma que se nos ha donado”.

Como resultado, existe ahora el Reglamento elaborado por la comunidad, disponible en distintas lenguas en la página web del movimiento www.clonline.org, junto con las indicaciones sobre la composición, las funciones y las modalidades de contacto de la Comisión, a la cual se podrá dirigir para eventuales informes o peticiones de ayuda.

Cauce de encuentro con Cristo

El padre Julián Carrón concluye la carta pidiendo sustento mutuo “con el testimonio recíproco para que esta circunstancia no haga desaparecer la pasión por comunicar a Cristo, haciendo resplandecer Su belleza ante tantos jóvenes que buscan, a veces a tientas, algo que responda a sus exigencias más humanas”.

Y desea que al respetar su vida, que es “sagrada”, “cada uno de nosotros pueda convertirse en cauce del encuentro con Cristo, ‘camino, verdad y vida’”.

 

 

Video del Papa: Rezar por la promoción de la paz y la justicia en el mundo

Intención de oración en enero

enero 02, 2020 16:47Larissa I. LópezPapa y Santa Sede

(ZENIT – 2 enero 2020).- “Recemos para que los cristianos, los que siguen otras religiones y las personas de buena voluntad promuevan juntamente la paz y la justicia en el mundo”, pide el Santo Padre en su nuevo video.

La intención del Santo Padre para este mes de enero ha sido presentada hoy, 2 de enero de 2019, en el conocido como “Video del Papa” y está destinada a la promoción de la paz en el mundo.

“En un mundo dividido y fragmentado, quiero invitar a la reconciliación y a la fraternidad entre todos los creyentes y también entre todas las personas de buena voluntad”, explica Francisco.

Y recuerda que “nuestra fe nos lleva a difundir los valores de la paz, de la convivencia, del bien común”.

Video del Papa

El “Video del Papa” es una iniciativa oficial de alcance global que tiene como objetivo difundir las intenciones de oración mensuales del Santo Padre.

Es desarrollada por la Red Mundial de Oración del Papa (anteriormente conocida como Apostolado de la Oración) y la productora La Machi.

 

 

 

NATURALIDAD Y SENCILLEZ

— Sencillez y naturalidad de la Sagrada Familia. La sencillez, manifestación externa de la humildad.

— Sencillez y rectitud de intención. Consecuencias de la «infancia espiritual». Sencillos en el trato con Dios, y en el trato con los demás y en la dirección espiritual.

— Lo que se opone a la sencillez. Frutos de esta virtud. Medios para alcanzarla.

I. El Mesías llegó al Templo en brazos de su Madre. Nadie debió reparar en aquel matrimonio joven que llevaba a un niño pequeño para presentarlo al Señor.

Las madres tenían que esperar al sacerdote en la puerta oriental. Allá se fue María, junto con otras mujeres, y aguardó a que le llegara el turno para que el sacerdote tomara en sus brazos al Hijo. A su lado estaba José, dispuesto para pagar el rescate. La ceremonia de la purificación de María y del rescate del Niño del servicio del Templo en nada se diferenciaron exteriormente de lo que solía ocurrir en estas ocasiones.

Toda la vida de María está penetrada de una profunda sencillez. Su vocación de Madre del Redentor se realizó siempre con naturalidad. Aparece en casa de su prima Isabel para ayudarla, para servirla durante aquellos meses; prepara para su Hijo los pañales y la ropa; vive treinta años junto a Jesús, sin cansarse de mirarlo, con un trato amabilísimo, pero con toda sencillez. Cuando en Caná alcanza de su Hijo el primer milagro, lo hace con tal naturalidad que ni siquiera los novios se dan cuenta del hecho portentoso. En ningún momento alardea de especiales privilegios: «María Santísima, Madre de Dios, pasa inadvertida, como una más entre las mujeres de su pueblo.

»—Aprende de Ella a vivir con “naturalidad”»1. La sencillez y la naturalidad hicieron de la Virgen, en lo humano, una mujer especialmente atrayente y acogedora. Su Hijo, Jesús, es el modelo de la sencillez perfecta, durante treinta años de la vida oculta y en todo momento: cuando comienza a predicar la Buena Nueva no despliega una actividad ruidosa, llamativa, espectacular. Jesús es la misma sencillez cuando nace o es presentado en el Templo, o cuando manifiesta su divinidad por medio de milagros que solo Dios puede hacer.

El Salvador huye del espectáculo y de la vanagloria, de los gestos falsos y teatrales; se hace asequible a todos: a los enfermos desahuciados y a los más desamparados, que acuden confiadamente a Él para implorarle el remedio de sus dolencias; a los Apóstoles que le preguntan sobre el sentido de las parábolas; a niños que le abrazan con confianza.

La sencillez es una manifestación de la humildad. Se opone radicalmente a todo lo que es postizo, artificial, engañoso. Y es una virtud especialmente necesaria para el trato con Dios, para la dirección espiritual, para el apostolado y la convivencia con las personas con las que cada día hemos de relacionarnos.

«Naturalidad. —Que vuestra vida de caballeros cristianos, de mujeres cristianas –vuestra sal y vuestra luz– fluya espontáneamente, sin rarezas ni ñoñerías: llevad siempre con vosotros nuestro espíritu de sencillez»2.

II. Si tu ojo fuera sencillo, todo tu cuerpo estará iluminado3. La sencillez exige claridad, transparencia y rectitud de intención, que nos preserva de tener una doble vida, de servir a dos señores: a Dios, y a uno mismo. La sencillez, además, requiere una voluntad fuerte, que nos lleve a escoger el bien, y que se imponga a las tendencias desordenadas de una vida exclusivamente sensitiva, y domine lo turbio y complicado que hay en todo hombre. El alma sencilla juzga de las cosas, de las personas y de los acontecimientos según un juicio recto iluminado por la fe, y no por las impresiones del momento4.

La sencillez es una consecuencia y una característica de la llamada «infancia espiritual», a la que nos invita el Señor especialmente en estos días en que estamos contemplando su Nacimiento y su vida oculta: En verdad os digo que si no os volvéis y hacéis semejantes a los niños –en la sencillez y en la inocencia– no entraréis en el Reino de los Cielos5. Nos dirigimos al Señor como niños, sin actitudes rebuscadas ni ficticias, porque sabemos que Él no se fija tanto en la apariencia externa, sino que mira el corazón6. Sentimos sobre nosotros la mirada amable del Señor, que es una invitación a la autenticidad, a comportarnos con sencillez en su presencia, a tratarle en una oración personal, directa, confiada. Por eso hemos de huir de cualquier formalismo en el trato con Dios, aunque hay una «urbanidad de la piedad»7, que nos lleva a mostrarnos delicados, especialmente en el culto, en la liturgia; pero el respeto no es convencionalismo ni pura actitud externa, sino que hunde sus raíces en una auténtica piedad del corazón.

En la lucha ascética hemos de reconocernos como en realidad somos y aceptar las propias limitaciones, comprender que Dios las abarca con su mirada y cuenta con ellas. Y esto, lejos de inquietarnos, nos llevará a confiar más en Él, a pedirle su ayuda para vencer los defectos y para alcanzar las metas que vemos necesarias en nuestra vida interior en este momento, aquellos puntos que más estamos siguiendo en nuestro examen particular y en nuestro examen general de conciencia.

Si somos sencillos con Dios sabremos serlo con quienes tratamos cada día, con nuestros parientes, amigos y compañeros. Y es sencillo quien actúa y habla en íntima armonía con lo que piensa y desea; quien se muestra a los demás tal como es, sin aparentar lo que no es o lo que no posee. Produce siempre una gran alegría encontrar un alma llana, sin pliegues ni recovecos, en quien se puede confiar, como Natanael, que mereció el elogio del Señor: he aquí un verdadero israelita, en quien no hay doblez ni engaño8. Por el contrario, en otro lugar el Señor nos pone en guardia contra los falsos profetas que van a vosotros disfrazados9, contra los que piensan de un modo y actúan de otro.

En la convivencia diaria, toda complicación pone obstáculos entre nosotros y los demás, y nos aleja de Dios: «Ese énfasis y ese engolamiento te sientan mal: se ve que son postizos. —Prueba, al menos, a no emplearlos ni con tu Dios, ni con tu director, ni con tus hermanos: y habrá, entre ellos y tú, una barrera menos»10.

De modo especial, hemos de mostrarnos con una sencillez plena en la oración, en la dirección espiritual y en la Confesión, hablando con claridad y transparencia, con el deseo de que nos conozcan bien, huyendo de las generalidades, de los circunloquios y medias verdades, sin ocultar nada. El Señor quiere que manifestemos con llaneza lo que nos pasa, las alegrías y las preocupaciones, los motivos de nuestra conducta.

III. La sencillez y la naturalidad son virtudes extraordinariamente atrayentes: para comprenderlo, basta mirar a Jesús, a María y a José. Pero hemos de saber que son virtudes difíciles, a causa de la soberbia, que nos lleva a tener una idea desmesurada sobre nosotros mismos, y a querer aparentar ante los demás por encima de lo que somos o tenemos. Nos sentimos humillados tantas veces por desear ser el centro de la atención y de la estima de quienes nos rodean; por no reconocer que, en ocasiones, actuamos mal; por no conformarnos con hacer y desaparecer, sin buscar la recompensa de una palabra de alabanza o de gratitud. Muchas veces nos complicamos la vida por no aceptar las propias limitaciones, por tomarnos demasiado en serio. La soberbia puede inducirnos a hablar demasiado sobre nosotros mismos, a pensar casi exclusivamente en nuestros problemas personales, o a procurar llamar la atención por caminos a veces complejos y enrevesados: hasta puede hacernos simular enfermedades inexistentes, o alegrías y tristezas que no se corresponden con nuestro estado de ánimo.

La pedantería, la afectación, la jactancia, la hipocresía y la mentira se oponen a la sencillez y, por tanto, a la amistad; también dificultan una convivencia amable. Son un verdadero obstáculo para la vida de familia.

Pero la sencillez que nos enseña el Señor no es ingenuidad: Mirad, nos dice, que os envío como ovejas en medio de lobos. Por tanto, habéis de ser prudentes como serpientes, y sencillos como palomas11. Los cristianos hemos de ir por el mundo con estas dos virtudes –la sencillez y la prudencia–, que se perfeccionan mutuamente.

Para ser sencillos es preciso cuidar la rectitud de intención en nuestras acciones, que deben estar dirigidas a Dios. Solo así podrán prevalecer sobre nuestros complejos sentimientos, sobre las impresiones del momento o la confusa vida de los sentidos. Y junto a la rectitud de intención, la sinceridad clara, escueta –ruda, si fuese necesario– para exponer nuestras propias flaquezas, sin tratar de disimularlas o negarlas: «Mira: los apóstoles, con todas sus miserias patentes e innegables, eran sinceros, sencillos..., transparentes.

»Tú también tienes miserias patentes e innegables. —Ojalá no te falte sencillez»12.

Para aprender a ser sencillos contemplemos a Jesús, a María y a José en todas las escenas de la infancia del Señor, en medio de su vida corriente. Pidámosles que nos hagan como niños delante de Dios, para tratarle personalmente, sin anonimato, sin miedo.

1 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 499. — 2 Ibídem, n. 379. — 3 Mt 6, 22. — 4 Cfr. I. Celaya, voz Sencillez, en Gran Enciclopedia Rialp, Madrid 1971, vol. 21 pp. 173-174. — 5 Mt 18, 2-3. — 6 1 Sam 16, 7. — 7 Cfr. San Josemaría Escrivá, o. c., n. 541. — 8 Jn 1, 47. — 9 Mt 7, 15. — 10 San Josemaría Escrivá, o. c., n. 47. — 11 Mt 10, 16. — 12 San Josemaría Escrivá, o. c., n. 932.

 

 

“Debemos santificar todas las realidades”

Tu tarea de apóstol es grande y hermosa. Estás en el punto de confluencia de la gracia con la libertad de las almas; y asistes al momento solemnísimo de la vida de algunos hombres: su encuentro con Cristo. (Surco, 219)

Estamos en Navidad. Los diversos hechos y circunstancias que rodearon el nacimiento del Hijo de Dios acuden a nuestro recuerdo, y la mirada se detiene en la gruta de Belén, en el hogar de Nazareth. María, José, Jesús Niño, ocupan de un modo muy especial el centro de nuestro corazón. ¿Qué nos dice, qué nos enseña la vida a la vez sencilla y admirable de esa Sagrada Familia?
Entre las muchas consideraciones que podríamos hacer, una sobre todo quiero comentar ahora. El nacimiento de Jesús significa, como refiere la Escritura, la inauguración de la plenitud de los tiempos, el momento escogido por Dios para manifestar por entero su amor a los hombres, entregándonos a su propio Hijo. Esa voluntad divina se cumple en medio de las circunstancias más normales y ordinarias: una mujer que da a luz, una familia, una casa. La Omnipotencia divina, el esplendor de Dios, pasan a través de lo humano, se unen a lo humano. Desde entonces los cristianos sabemos que, con la gracia del Señor, podemos y debemos santificar todas las realidades limpias de nuestra vida. No hay situación terrena, por pequeña y corriente que parezca, que no pueda ser ocasión de un encuentro con Cristo y etapa de nuestro caminar hacia el Reino de los cielos.
No es por eso extraño que la Iglesia se alegre, que se recree, contemplando la morada modesta de Jesús, María y José. (Es Cristo que pasa, 22)

 

3 de enero: fiesta del Nombre de Jesús

Textos del fundador del Opus Dei para meditar con ocasión de la fiesta del Nombre de Jesús.

Textos para orar03/01/2020

​Textos de San Josemaría para la fiesta del Santo Nombre de Jesús. Photo by Mark Fletcher-Brown on Unsplash

Pierde el miedo a llamar al Señor por su nombre -Jesús- y a decirle que le quieres.

Si amamos a Cristo, si lo seguimos sinceramente, si no nos buscamos a nosotros mismos sino sólo a Él, en su nombre podremos transmitir a otros, gratis, lo que gratis se nos ha concedido. Amigos de Dios, 262

¡Poder de tu nombre, Señor! —Encabecé mi carta, como suelo: "Jesús te me guarde". —Y me escriben: "El ¡Jesús te me guarde! de su carta ya me ha servido para librarme de una buena. Que Él les guarde también a todos". Camino, 312

Aquella mañana —para superar la sombra de pesimismo que te asaltaba— también insististe, como haces a diario..., pero te "metiste" más con tu Ángel. Le echaste piropos y le dijiste que te enseñara a amar a Jesús, siquiera, siquiera, como le ama él... Y te quedaste tranquilo. Forja, 271

Cuentan de un alma que, al decir al Señor en la oración "Jesús, te amo", oyó esta respuesta del cielo: "Obras son amores y no buenas razones". Piensa si acaso tú no mereces también ese cariñoso reproche. Camino, 933

Decía un alma de oración: en las intenciones, sea Jesús nuestro fin; en los afectos, nuestro Amor; en la palabra, nuestro asunto; en las acciones, nuestro modelo. Camino, 271

Siempre nos acompaña

Se termina el trayecto al encontrar la aldea, y aquellos dos que —sin darse cuenta— han sido heridos en lo hondo del corazón por la palabra y el amor del Dios hecho Hombre, sienten que se vaya. Porque Jesús les saluda con ademán de continuar adelante. No se impone nunca, este Señor Nuestro. Quiere que le llamemos libremente, desde que hemos entrevisto la pureza del Amor, que nos ha metido en el alma. Hemos de detenerlo por fuerza y rogarle: continúa con nosotros, porque es tarde, y va ya el día de caída, se hace de noche.

Así somos: siempre poco atrevidos, quizá por insinceridad, o quizá por pudor. En el fondo, pensamos: quédate con nosotros, porque nos rodean en el alma las tinieblas, y sólo Tú eres luz, sólo Tú puedes calmar esta ansia que nos consume. Porque entre las cosas hermosas, honestas, no ignoramos cuál es la primera: poseer siempre a Dios.

Y Jesús se queda. Se abren nuestro ojos como lo de Cleofás y su compañero, cuando Cristo parte el pan; y aunque Él vuelva a desaparecer de nuestra vista, seremos también capaces de emprender de nuevo la marcha —anochece—, para hablar a los demás de Él, porque tanta alegría no cabe en un pecho solo. Camino de Emaús. Nuestro Dios ha llenado de dulzura este nombre. Y Emaús es el mundo entero, porque el Señor ha abierto los caminos divinos de la tierra. Amigos de Dios, 314

Por amor y para enseñarnos a amar, vino Jesús a la tierra y se quedó entre nosotros en la Eucaristía. Como hubiese amado a los suyos que vivían en el mundo, los amó hasta el fin. Es Cristo que pasa, 151

No dejes la Visita al Santísimo. —Luego de la oración vocal que acostumbres, di a Jesús, realmente presente en el Sagrario, las preocupaciones de la jornada. —Y tendrás luces y ánimo para tu vida de cristiano. Camino, 554

Si buscáis a María, encontraréis a Jesús. Y aprenderéis a entender un poco lo que hay en ese corazón de Dios que se anonada, que renuncia a manifestar su poder y su majestad, para presentarse en forma de esclavo. Hablando a lo humano, podríamos decir que Dios se excede, pues no se limita a lo que sería esencial o imprescindible para salvarnos, sino que va más allá. La única norma o medida que nos permite comprender de algún modo esa manera de obrar de Dios es darnos cuenta de que carece de medida: ver que nace de una locura de amor, que le lleva a tomar nuestra carne y a cargar con el peso de nuestros pecados. Es Cristo que pasa, 144

 

 

Conocerle y conocerte (II): De labios de Jesús

En este segundo editorial de la serie se considera la iniciativa de Dios en la oración, que acude al encuentro del hombre y educa su corazón para que pueda entrar en relación con Él y descubra su condición de hijo amado de Dios.

Vida espiritual01/01/2020

Los primeros discípulos de Jesús vivían permanentemente fascinados y sorprendidos por su Maestro: enseñaba con autoridad, los demonios se le sometían, afirmaba que tenía potestad para perdonar los pecados, hacía milagros para que no dudaran… Un hombre tan sorprendente debía encerrar algún misterio. Uno de aquellos días, al alba, cuando están por comenzar otra agotadora jornada, los discípulos no encuentran a Jesús. Salen de casa preocupados y recorren la pequeña ciudad de Cafarnaún. Jesús no aparece. Finalmente, en una ladera que mira al lago, le descubren... ¡orando! (cfr. Mc 1,35).

El evangelista nos induce a pensar que no lo entendieron en un primer momento, pero enseguida pudieron comprobar que el episodio de Cafarnaún no era un hecho aislado. La oración formaba parte de la vida del Maestro tanto como la predicación, la atención a las necesidades de la gente o el descanso. Pero, mientras todas esas actividades les resultaban comprensibles e incluso admirables, aquellos tiempos de silencio les fascinaban, aunque no los entendían del todo. Solo tras un tiempo junto al Maestro se atrevieron a pedirle: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos» (Lc 11,1).

Non multa…

Conocemos la respuesta de Jesús a esa petición: la oración del Padrenuestro. Y alguno podría pensar que los discípulos debieron quedar decepcionados: ¿tan solo esas pocas palabras? ¿Eso es lo que hacía el Maestro durante largas horas? ¿Repetía siempre lo mismo? Podemos incluso imaginar que la respuesta de Jesús les debió saber a poco; hubieran deseado que Jesús siguiera enseñándoles. En ese sentido, el evangelio de san Mateo —a diferencia del de san Lucas— nos puede iluminar algo más, ya que sitúa la enseñanza del Padrenuestro en el contexto del Sermón de la Montaña: allí Cristo había señalado las condiciones principales de la oración, del trato verdadero con Dios. ¿Cuáles son esas condiciones?

La rectitud de INTENCIÓN, la confianza y la sencillez son tres condiciones para poder dirigirse a Dios

La primera es la rectitud de intención: se trata de dirigirse a Dios por Dios, no por otros motivos; desde luego, no hacerlo simplemente para que nos vean, ni para aparentar una bondad de la que carecemos (cfr. Mt 6,5). Dirigirnos a Dios porque él es un ser personal, que no debe ser instrumentalizado. Nos ha dado todo lo que poseemos, existimos por su amor, nos ha hecho hijos suyos, cuida tiernamente de nosotros y ha entregado su propia vida para salvarnos. Él no merece nuestra atención solo, ni principalmente, porque puede conseguirnos cosas. La merece… ¡porque es él! San Juan Pablo II, cuando era aún obispo de Cracovia, lo recordaba a los jóvenes: «¿Por qué oran todas las personas (cristianos, musulmanes, budistas, paganos)? ¿Por qué oran? ¿Por qué oran incluso los que creen no orar? La respuesta es muy sencilla. Oro porque hay Dios. Sé que hay Dios. Por eso oro»[1].

La segunda es la confianza: nos dirigimos a quien es Padre, Abbá. Dios no es un ser lejano, ni mucho menos un enemigo del hombre, al que habría que tener contento, aplacando su ira o sus exigencias constantemente. Él es el padre que se preocupa por sus hijos, que sabe lo que necesitan, que les da lo que más les conviene (cfr. Mt 6,8), que «tiene sus delicias con ellos» (cfr. Prov 8,31).

Se entiende así mejor la tercera de las condiciones de la oración, que es la que introduce la revelación del Padrenuestro: no usar demasiadas palabras (cfr. Mt 6,7). De esa manera podremos experimentar lo que nos recordaba el papa Francisco: «¡Qué dulce es estar frente a un crucifijo, o de rodillas delante del Santísimo, y simplemente ser ante sus ojos!»[2]. Demasiadas palabras pueden aturdirnos y desviar nuestra atención. Así, en vez de mirar a Dios y descansar en su amor, existe el peligro de acabar prisioneros de nuestras necesidades urgentes, de nuestras angustias o de nuestros proyectos. Es decir, podemos terminar encerrados, sin que la oración nos abra verdaderamente a Dios y a su amor transformador.

Hay un adagio latino, non multa, sed multum[3], que san Josemaría usaba para referirse al modo de estudiar ya que recuerda la importancia de no dispersarse en muchas cosas —non multa—, sino de profundizar en lo esencial —sed multum—. Se trata de un consejo que sirve también para entender la enseñanza de Jesús sobre la oración. El Padrenuestro, en su brevedad, no es una lección decepcionante, sino auténtica revelación del modo en que resulta posible la conexión verdadera con Dios.

…sed multum

«A la tarde te examinarán en el amor; aprende a amar como Dios quiere ser amado y muda tu condición»[4]. Estas palabras de san Juan de la Cruz nos recuerdan que amar significa acompasarse con el otro, adivinar sus gustos y gozar en satisfacerlos, aprender —a veces con cierto sufrimiento— que no basta nuestra buena intención, sino que hay que aprender a acertar.

Y para amar a Dios, ¿cómo conseguiremos acertar? ¿Cómo sabremos sus gustos? El libro de Job pone de manifiesto aquella dificultad cuando, al final, humildemente dice: «Yo te preguntaré y tú me instruirás» (Jb 42,4). Se trata de la misma petición que siglos después dirigieron los discípulos a Jesús: «Enséñanos a orar». Aprender a rezar no es, pues, primariamente cuestión de técnica o de método. Ante todo, es apertura a un Dios que nos ha manifestado su verdadero rostro y que ha abierto para nosotros la intimidad de su corazón. Solo conociendo lo que anida en el corazón de Dios podremos orar verdaderamente, podremos amarle como él quiere ser amado. Y, a la luz de ese conocimiento, mudar la condición de nuestra oración, aprender a rezar de la mejor manera

El Padrenuestro es, pues, la gran instrucción de Jesús para que podamos sintonizar con el corazón del Padre. Por eso se ha hablado del carácter performativo de esta oración: son palabras que realizan en nosotros aquello que significan, son palabras que nos cambian. No son meramente frases para repetir: son palabras para educar nuestro corazón, para enseñarle a latir con los latidos de amor que agradarán a nuestro Padre del cielo.

La oración va más de apertura y de dejarse transformar que de una simple técnica o método

Decir Padre y nuestro me sitúa existencialmente en la relación que configura mi vida. Repetir hágase tu voluntad me enseña a amar los planes de Dios y recitar perdona nuestras ofensas como también perdonamos a los que nos ofenden me ayuda a tener un corazón más misericordioso con los demás. «Las palabras nos instruyen y nos permiten entender lo que debemos desear y pedir nosotros. Y no como si con ellas fuésemos a convencer nosotros al Señor para obtener lo que pedimos»[5]. Recitando esta oración aprendemos a dirigirnos a Dios poniendo el acento en lo que es verdaderamente importante.

Meditar las distintas peticiones del Padrenuestro, quizás con la ayuda de algunos de los grandes comentarios antiguos —el de san Cipriano o el de santo Tomás[6]— o de otros más recientes como el del Catecismo de la Iglesia Católica, puede ser un buen modo de comenzar a renovar nuestra vida de oración y, así, vivir con mayor intensidad la historia de amor que tiene que ser nuestra vida.

Con palabras inspiradas

Los discípulos, testigos de la oración de Jesús, vieron también que él se dirigía a su Padre en muchas ocasiones con las palabras de los salmos. Así lo habría aprendido de su madre y de san José. Los salmos alimentaron su oración hasta en el momento supremo de su sacrificio en la cruz: «Elí, Elí, ¿lamma sabachtani?» reza el primer versículo del salmo 22 en arameo, tal y como lo pronunció Jesús en el momento en que se consumaba nuestra redención. San Mateo también recoge que en la Última Cena, «cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos» (Mt 26,30). ¿Qué himnos son esos con los que el mismo Cristo rezaba?

Durante la comida de Pascua, los judíos tomaban cuatro copas de vino, que representaban las cuatro promesas de bendición de Dios para su pueblo cuando fueron liberados de Egipto: «Os sacaré», «os libraré», «os redimiré» y «os tomaré» (Éx 6,6-7). Se bebían en cuatro distintos momentos durante la cena. Al mismo tiempo, se cantaban los himnos del Hallel, llamados así porque comenzaban con la palabra «hallel» («aleluya»)[7]. Seguramente Jesús recitó todos lleno de agradecimiento y alabando a Dios, su Padre, como un verdadero israelita, consciente del carácter inspirado de estas oraciones, en las que se condensan tanto la historia de amor de Dios por su pueblo, como las actitudes propias del corazón del hombre ante un Dios siempre más admirable: la alabanza, la adoración, la súplica, la petición de perdón…

No resulta extraño, pues, que los primeros cristianos siguieran este modo de rezar de Jesús, apoyados también en el consejo de san Pablo: «Llenaos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones, dando gracias siempre por todas las cosas a Dios Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo» (Ef 5,19-20). Al igual que las del Padrenuestro, las palabras de los salmos educaban sus corazones, abriéndolos a una relación auténtica con Dios. Descubrían, con asombro y agradecimiento, cómo aquellos versos habían prefigurado siempre la vida de Cristo. Y, sobre todo, comprendían que su corazón de hombre verdadero era el que mejor había sabido hacer suyas las alabanzas, peticiones y súplicas que en ellos se contienen. Desde entonces, «rezándolos en referencia a Cristo y viendo su cumplimiento en Él, los salmos son elemento esencial y permanente de la oración de su Iglesia. Se adaptan a los hombres de toda condición y de todo tiempo»[8]. También nosotros encontraremos en ellos «alimento sólido» (cfr. Hb 5,14) para nuestra oración.

Los salmos y los textos de la Liturgia forman un tesoro con el que podemos educar nuestro corazón para acudir al encuentro del Maestro

Y no solo los salmos. A estos se unieron enseguida distintas composiciones —«himnos y cánticos espirituales»— para alabar al Dios tres veces santo, que se les había revelado como comunión de personas, Padre, Hijo y Espíritu. Comenzó así la elaboración de las oraciones que se utilizarían en la liturgia o que alimentarían la piedad fuera de ella; el propósito era el de ayudarnos a dirigirnos a Dios con palabras adecuadas, que expresaran nuestra fe en él. Esas oraciones, fruto del amor de la Iglesia por su Señor, constituyen también un tesoro en el que podemos educar nuestro corazón. Por eso, escribía san Josemaría: «Tu oración debe ser litúrgica. —Ojalá te aficiones a recitar los salmos, y las oraciones del misal, en lugar de oraciones privadas o particulares»[9].

Bajo el soplo del Espíritu Santo

Todos hemos aprendido estudiando textos escritos. Por eso podemos entender que las palabras del Padrenuestro, de los salmos o de otras oraciones de la Iglesia son las que nos han educado en nuestro trato con Dios, aunque hasta ahora no lo hubiéramos pensado así. Sin embargo, la palabra de Dios tiene una característica propia: está viva y, por eso, puede aportar novedades insospechadas. La carta a los Hebreos nos recuerda que «la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que una espada de doble filo: entra hasta la división del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y descubre los sentimientos y pensamientos del corazón» (Hb 4,12).

Por eso, las mismas palabras, consideradas una y otra vez, no suenan siempre de la misma manera. Algunas veces se abren horizontes nuevos ante nuestros ojos, sin que sepamos explicar muy bien por qué: es la acción del Espíritu Santo que habla a nuestro interior. Lo explicaba, con precisión, san Agustín: «El sonido de nuestras palabras golpea vuestros oídos, pero el maestro está dentro (…). ¿Queréis una prueba, hermanos? ¿Acaso no habéis oído todos este sermón? ¡Cuántos no van a salir de aquí sin haber aprendido nada! En lo que de mí depende, he hablado a todos, pero aquellos a quienes no habla interiormente la Unción, a los que no enseña interiormente el Espíritu Santo, regresan con la misma ignorancia»[10].

Se percibe así la estrecha relación entre el Espíritu Santo, la palabra inspirada y nuestra vida de oración. Con razón la Iglesia lo invoca como el «Maestro interior», que educa nuestro corazón con las palabras que el mismo Jesús nos enseñó, haciéndonos descubrir en ellas horizontes siempre nuevos, para conocer mejor a Dios y así amarle cada día más.

* * *

«María guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón» (Lc 2,19). La oración de nuestra Madre se nutría de su propia vida y de la meditación asidua de la Palabra de Dios; allí encontraba luz para ver con más profundidad las cosas que la rodeaban. En su cántico de alabanza —el Magnificat— percibimos hasta qué punto la Sagrada Escritura era el alimento constante de su oración. El Magnificat está entretejido de referencias a los salmos y a otras palabras de la Sagrada Escritura como el «cántico de Ana» (1Sam 2,1-11) o la visión de Isaías (Is 29,19-20), entre otros[11]. Con ese alimento preparaba el Espíritu Santo su sí incondicional a la embajada del ángel. A ella nos encomendamos para que también nosotros dejemos que la palabra divina eduque nuestro corazón y nos haga capaces de responder fiat! —¡hágase! ¡quiero!— a tantos planes que Dios tiene para nuestra vida.

Nicolás Álvarez de las Asturias


[1] K. Wojtyla, Ejercicios espirituales para jóvenes, BAC, Madrid 1982, p. 89.

[2] Francisco, Evangelii Gaudium, n. 264.

[3] Cfr. Camino, n. 333.

[4] San Juan de la Cruz, Dichos de amor y luz, 59.

[5] San Agustín, Carta 130.

[6] Cfr. San Cipriano, La unidad de la Iglesia, el padrenuestro, a Donato, Ciudad Nueva, Madrid 1991; Santo Tomás de Aquino, Obras catequéticas. Sobre el credo, Padrenuestro, Avemaría, decálogo y los siete sacramentos, Ediciones Eunate, Pamplona 1995, pp. 98-128.

[7]El Hallel se compone del pequeño Hallel, integrado por los salmos 113 (112) a 118 (117), y del gran Hallel, que es el salmo 136 (135), en el que se repite, en cada versículo, «porque es eterna su misericordia». Este último es el salmo con el que se concluye la cena pascual.

[8] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2597.

[9] Camino, n. 86.

[10] San Agustín, Tercera homilía sobre la I Carta de San Juan, 13.

[11] Además de los ya citados, también hay referencias a Habacuc 3,18; Job 12,19-20; 5,11-12 y Salmos 113,7; 136,17-23; 34,2-3; 111,9; 103,1; 89,11; 107,9; 34,10; 98,3; 22,9.

 

Comentario al Evangelio: En el principio era el Verbo

Evangelio del domingo segundo después de Navidad (Ciclo A) y comentario al evangelio.

Vida cristiana

Evangelio (Jn 1,1-18)

En el principio existía el Verbo,

y el Verbo estaba junto a Dios,

y el Verbo era Dios.

Él estaba en el principio junto a Dios.

Todo se hizo por él,

y sin él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho.

En él estaba la vida,

y la vida era la luz de los hombres.

Y la luz brilla en las tinieblas,

y las tinieblas no la recibieron.

Hubo un hombre enviado por Dios,

que se llamaba Juan.

Éste vino como testigo,

para dar testimonio de la luz,

para que por él todos creyeran.

No era él la luz,

sino el que debía dar testimonio de la luz.

El Verbo era la luz verdadera,

que ilumina a todo hombre,

que viene a este mundo.

En el mundo estaba,

y el mundo se hizo por él,

y el mundo no le conoció.

Vino a los suyos,

y los suyos no le recibieron.

Pero a cuantos le recibieron

les dio la potestad de ser hijos de Dios,

a los que creen en su nombre,

que no han nacido de la sangre,

ni de la voluntad de la carne,

ni del querer del hombre,

sino de Dios.

Y el Verbo se hizo carne,

y habitó entre nosotros,

y hemos visto su gloria,

gloria como de Unigénito del Padre,

lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y clama:

“Éste era de quien yo dije:

‘El que viene después de mí ha sido antepuesto a mí,

porque existía antes que yo’”.

Pues de su plenitud

todos hemos recibido,

y gracia por gracia.

Porque la Ley fue dada por Moisés;

la gracia y la verdad

vinieron por Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás;

el Unigénito, Dios,

el que está en el seno del Padre,

él mismo lo dio a conocer.


Comentario

En estas fiestas de Navidad estamos meditando con gozo los relatos, llenos de colorido, con que los Evangelios nos hablan del nacimiento de Jesús. Pero también se presentan a nuestra consideración textos como el de hoy, que nos invita a elevarnos por encima de los detalles anecdóticos y pintorescos, para contemplar lo que implica el misterio del Nacimiento de Jesucristo y comprender mejor su significado y las consecuencias que tiene para nuestra vida. Estamos ante un texto admirable, donde se sintetizan armónicamente los fundamentos de nuestra fe.

“En el principio existía el Verbo”: El Verbo (o la Palabra) no es una criatura, sino alguien que existía desde toda la eternidad. “Y el Verbo estaba junto a Dios (ho Theós)”: se trata, pues, de una persona distinta de aquella a la que en el texto griego se denomina ho Theós, con artículo, y que se refiere al Padre, origen de todo. Pero esa persona, distinta del Padre, también desde el principio “era Dios” (v. 1), compartía su misma naturaleza. El texto del Evangelio nos va introduciendo así en la intimidad de la Trinidad: una única naturaleza divina, en la que hay una distinción de personas. De momento, se nos habla de aquella de la que todo procede (ho Theós), y del Verbo.

A continuación, rememorando el capítulo primero del libro del Génesis, el relato de la creación del mundo en siete días, se explicita lo que allí se decía de modo sencillo, pero muy profundo. En ese relato, cada uno de los días se inicia así: “Dijo Dios… (haya luz, haya firmamento, brote la tierra hierba verde, etc.)”, y lo que Dios dice, inmediatamente se hace: “y así fue”. Es decir, Dios crea todo cuanto existe articulando su Palabra, mediante su Verbo. Por eso ahora se indica que “todo se hizo por él (por el Verbo), y sin él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho” (v.3).

Pues bien, y aquí está lo más grandioso de lo que Dios quiso hacer en la plenitud de los tiempos, la novedad sorprendente e inaudita, “el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros” (v. 14a). Esa persona divina que es el Verbo asumió una naturaleza humana, de modo que, sin dejar de ser Dios, se hizo hombre, como cada uno nosotros. Se encarnó en una persona concreta y tangible: Jesús. Las palabras del evangelio de Juan tienen toda la fuerza del testigo ocular: “hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (v.14b). “No es la palabra erudita de un rabino o de un doctor de la ley –señala Benedicto XVI–, sino el testimonio apasionado de un humilde pescador que, atraído en su juventud por Jesús de Nazaret, en los tres años de vida común con él y con los demás Apóstoles, experimentó su amor –hasta el punto de definirse a sí mismo ‘el discípulo al que Jesús amaba’–, lo vio morir en la cruz y aparecerse resucitado, y junto con los demás recibió su Espíritu. De toda esta experiencia, meditada en su corazón, san Juan sacó una certeza íntima: Jesús es la Sabiduría de Dios encarnada, es su Palabra eterna, que se hizo hombre mortal”[1].

Todo esto nos muestra, como lo hace notar san Josemaría, que “el Dios de nuestra fe no es un ser lejano, que contempla indiferente la suerte de los hombres: sus afanes, sus luchas, sus angustias. Es un Padre que ama a sus hijos hasta el extremo de enviar al Verbo, Segunda Persona de la Trinidad Santísima, para que, encarnándose, muera por nosotros y nos redima”[2].

En todos los momentos de su vida, también como niño en el pesebre de Belén, Jesús nos da a conocer la bondad, sabiduría, misericordia, ternura y grandeza de Dios. “A Dios nadie lo ha visto jamás; el Unigénito, Dios, el que está en el seno del Padre, él mismo lo dio a conocer” (v. 18).


[1] Benedicto XVI, Ángelus 4 de enero de 2009

[2] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 84.

 

6 de enero: los Reyes Magos y la Epifanía del Señor

Diez textos y audios para preparar la fiesta de la Epifanía del Señor, en la que los Reyes Magos —predecesores en la fe de los cristianos procedentes de la gentilidad— entregaron sus presentes a Jesús.

De la Iglesia y del Papa01/01/2020

​“La Adoración de los Reyes Magos” (Gentile da Fabriano)

1. Homilía En la Epifanía del Señor (audio y texto), pronunciada por San Josemaría el 6 de enero de 1956 y publicada en el libro Es Cristo que pasa.

2. Comentario al Evangelio: Epifanía. Evangelio de la Epifanía (Ciclo A) y comentario al evangelio.

3. Algunas enseñanzas de los Reyes Magos para encontrar a Jesús (Homilía del Papa Francisco, 6 de enero de 2019)

4. Libro electrónico: Homilías de Epifanía Benedicto XVI (ePub) - Homilías de Epifanía Benedicto XVI (Mobi)

5. Aprender a ser fiel. La fidelidad a una persona, a un amor, a una vocación, es un camino en el que se alternan momentos de felicidad con periodos de oscuridad y duda. Artículo escrito por J.J. Marcos.

6. Vida de María (IX): Adoración de los magos La serie sobre la Vida de Maria se fija en la escena de la adoración de los magos, con la que se profetizaba la llegada a la Iglesia de todos los pueblos. Artículo de J.A. Loarte.

7. El origen de los Reyes Magos y otras tradiciones de Navidad. Artículo escrito por M. Narbona, Dra. en Historia.

​Niño Jesús de la Gruta de la Natividad en Jerusalén

8. ¿Qué fue la estrella de Oriente? Tres hipótesis de la exégesis moderna sobre la estrella que menciona el evangelio de San Mateo.

9. La Adoración de los Reyes Magos (audio y texto): San Mateo relata en el segundo capítulo de su Evangelio la Epifanía del Señor.

10. El Belén perenne del Sagrario: texto y audio sobre la Navidad. En él se recuerda que los Magos llevaron oro, incienso y mirra. ¿Y qué llevamos nosotros al Niño Jesús?: El trabajo de todas las actividades humanas.

 

 

Saber vivir la Navidad como un católico

Durante estos días santos de Adviento, los católicos nos acercamos al “misterio” del Hijo de Dios encarnado. Es un evento extraordinario que nos lleva al agradecimiento.

En estos días santos haces reflexiones espirituales, oras, y profundizas en el misterio, ante el acontecimiento maravilloso de ver a Dios nacer en la persona de Jesús.

Sin embargo, en estos días santos una nube oscura parece desencadenarse.  Hay una palpitación permanente en muchos corazones: el rencor.

Hago un alto en el camino y pienso que tenemos esperanza de sanar a tiempo. Jesús vino para dejarnos con un corazón vivificado por su divinidad y llenarnos de un “contentamiento sobrenatural” que sólo Dios es capaz de dar.

Pienso en todas esas personas que en este momento compran regalos para su familia, sus esposos y esposas, sus hijos y lo hacen con el corazón infeliz, con el corazón lleno de amargura y de cansancio o tristeza, y me pregunto: “¿Es qué su corazón se llenó hasta el tope de todo esto que no es la ternura de Cristo y se quedó tan apretado que ya no es capaz de hacer espacio para la Navidad del Corazón?”

Tú y yo somos católicos y es necesario acercarnos a la fe, despertar, vivirla. Esta es la oportunidad para fijar los ojos en ese niño recién nacido acostado en el pesebre, que vino para rehacerte como ser humano y curar tus heridas.  Pero para esto necesita que lo mires con el corazón desprendido y que creas lo que Él puede hacer por ti.

Jesús viene a nacer en tu corazón para que aprendas a vivir en paz y así regalarte la paz.

Él mismo nos dijo en Juan 14, 27: «Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde.»

Hoy tienes la oportunidad de ir a un confesionario, pedir perdón por tus pecados que te consumen el alma y hablar ahí al sacerdote de cuando se te hizo piedra el corazón; contarle lo infeliz que eres; decirle que estas harto, que ya no puedes más que ninguno de tus sueños se hizo realidad.

Entonces tu sinceridad tocará el corazón compasivo de Jesús y tus lágrimas lo harán llorar a El de felicidad porque habrá comprobado que estás vivo. 

Esto hacemos los católicos. No hay navidad sin confesión, sin reflexión y sin apertura del corazón, sin perdonar y pedir perdón, sin amar como Jesús nos amó.

El Papa San Juan Pablo II en una ocasión preguntaba a los jóvenes: – ¿Cómo se preparan la Navidad? –

“Con la oración”, respondieron algunos.

“Bien con la oración, pero también con la confesión. Tenéis que confesaros para acudir a la comunión. Hay que hacerlo. El Papa también se confesará para recibir dignamente al Niño Dios.”

Así es como se prepara el corazón para poder convertirse en la cuna de Jesús.

Yo te invito a comprar una cunita vacía, no importa que mañana sea Navidad, ésta continua hasta dos meses después. En esa cuna cada día imagina que depositas un resentimiento de todos esos que has acumulado a lo largo de los años. La cuna se va llenando de todos ellos y llegado el día hay que colocar ahí al niño: ¿con qué tipo de sentimientos quedaría envuelto ahí el niño?

Creo que hoy puede ser un gran día para ti, un día en que después de reflexionar mucho, de tener la valentía de mirarte en el espejo borroso y añejado quizá de tu corazón, quedes iluminado hasta el punto de poder ver lo que en verdad te cansa y no te deja ser feliz.

Anda, ve a confesarte y restaura tu amistad con Dios, la paz en tu corazón.

Yo deseo desde lo más profundo de mi alma, queridísimo lector católico, que esta Navidad el milagro del catolicismo se haga en ti.

Que San José, Nuestro Padre y Señor y la Virgen del Amor Hermoso estén contigo y te guarden siempre.

¡Feliz Navidad!

Sheila Morataya

 

 

La dignidad del cuerpo femenino

¿Tomo en serio la vida?

 

  • Para saber

Cuenta el famoso escritor inglés Chesterton que un día viajaba en un autobús con muchos pasajeros. Era un día frío de niebla y todos iban callados y aburridos. En eso se subió una madre joven llevando en brazos a su niño pequeño muy gracioso. La madre era simpática y la comunicación entre ambos era tan alegre que los pasajeros se contagiaron de esa alegría y ya hablaban y reían. Concluía el escritor que en el viaje de la humanidad todo era tristeza y aburrimiento. Pero un día se subió una Madre con su precioso Niño. Fue un 25 de diciembre, Jesús en brazos de su Madre, María, y todo cambió.

La presencia de María propició un cambio en el mundo. La Sagrada Escritura nos dice que «Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer» (Ga 4,4). Comenta el Papa Francisco, que Jesús no apareció en el mundo como adulto, sino que fue «concebido» en el vientre de la Virgen: “allí hizo suya nuestra humanidad, día tras día, mes tras mes. En el vientre de una mujer, Dios y la humanidad se unieron para no separarse nunca más. Ahora, en el Cielo, Jesús vive en la carne que tomó en el vientre de su madre”. Ello nos hace vislumbrar la gran dignidad que tiene la mujer y su cuerpo.

  • Para pensar

El primer día del año comienza con una celebración dedicada a la Madre de Dios. Durante el año hay varias celebraciones dedicadas a la Virgen María. La del primero de enero fundamenta las demás: Madre de Dios.

“Nacido de mujer”, señala San Pablo. María es mujer y madre. De ella, mujer, surgió la salvación y, por lo tanto, no hay salvación sin la mujer. Allí Dios se unió con nosotros y, para unirnos con Él, debemos ir a través de María.

El renacer de la humanidad comenzó con la mujer, que es fuente de vida. Sin embargo, no siempre se respeta a la mujer e incluso se llega eliminar la vida que lleva en el vientre. Cuántas veces, dice el Papa, el cuerpo de la mujer se sacrifica en los altares profanos de la publicidad y la pornografía: es una profanación, pues Dios nació de una mujer. El cuerpo de la mujer ha de ser liberado del consumismo, debe ser respetado y honrado. Es la carne más noble del mundo, pues concibió y dio a luz al Amor que nos ha salvado. La salvación para la humanidad vino del cuerpo de una mujer: de cómo tratamos el cuerpo de la mujer comprendemos nuestro nivel de humanidad, indicó el Pontífice. Pensemos, ¿qué grado de humanidad tengo?

  • Para vivir

«María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2, 50). María tomaba en serio las cosas y las ponía en su corazón. Es propio de la mujer tomarse la vida en serio, dice el Papa, y nos invita a pedir la gracia de tomar en serio a los demás, de que nos importe la dignidad de toda mujer.

La mujer tiene como misión la generación y protección de la vida, ocuparse de todo dándole sentido y poniendo armonía. Es ella la que nos enseña a amar con ternura, y que hace que el mundo sea una cosa hermosa, comenta el Papa. Cuando las mujeres transmiten sus dones, el mundo se encuentra más unido y más en paz.

Al comenzar este nuevo año, veamos qué tenemos en el corazón, si tenemos al Señor o son otros intereses, como la riqueza, el placer o el poder. Confiamos este año a nuestra Madre, para que lo custodie en su corazón.

3 de Enero de 2020

 

 

La Madre de Dios y nuestras madres

Daniel Tirapu

photo_camera Virgen peregrina.

1 de enero, María madre de Dios. Sólo el Padre y María pueden decir realmente: “ Este es mi Hijo”.

Sin madre no hay navidad, ni pasión, ni cruz, ni resurrección. Vocación de Madre, la mejor vocación. Gracias a nuestras madres y a todas las madres que sacan el mundo adelante. 

Benditas las ojeras de las madres, y bienaventuradas las espaldas de las madres, los pasos con varices de las madres. La noches arrasadas de las madres. Y bienaventuradas las madres, madres, madres.

Porque ser madre es una puerta abierta; ser madre es un peral junto al camino. Es un agua sencilla, una pradera...Un árbol sin horarios ni preguntas, ni prohibidos. Un poco de nieve que se pisa. Ser madre es lo que nunca termina. 

Lo que parece Dios de tan, tan madre. Yo bendigo a las madres con toda la poesía que me cabe en la voz. Y digo para el puro diccionario de los ángeles: madre, la mujer que al dolor le enseña
a ser sonrisa

 

Alegría en Navidad

photo_camera Encendido Navideño en Piñeiros y luces de navidad Narón

Parece que todos estamos de acuerdo en que el hombre quiere ser feliz. Es algo que todos buscamos. Pero además nos gustaría estar alegres. ¿Ah, pero no es lo mismo? La única felicidad auténtica y consistente es la del cielo. Y aquí en la tierra somos más o menos felices en la medida en que estamos en el buen camino. Y puede haber quien esté ciertamente descaminado, sin una idea clara de qué sea la felicidad, pero que tenga momentos de alegría. Incluso puede ocurrir que haya quien esté en el camino de la felicidad, con la paz que eso aporta, y que tenga tristezas que le producen desgracias familiares, problemas económicos serios, etc.

“Todos deseamos ser felices en la vida y vamos buscando alegría”. Así empieza un amable y sugerente librito, de Maurizio Mirilli, párroco de Roma, con un sugerente título: “Una pizca de alegría… siempre que sea honda”. El autor habla mucho de alegrías: una sorpresa, un acontecimiento inesperado… Y nos trae los sucesos del evangelio de San Lucas, donde Jesucristo se hace presente.

Por ejemplo, el encuentro con Mateo, pecador por publicano. Hay una gran alegría porque hay un cambio. Mateo se encuentra con Cristo y decide cambiar de vida y, feliz por el acontecimiento, quiere hacer partícipes a sus amigos. Cuando Jesús cura al paralitico, contra toda expectativa Jesús le dice: “Tus pecados son perdonados”. Sin duda una alegría mucho más grande que la producida por la salud corporal. De esta manera, con estos relatos, el autor nos recuerda que uno de los modos de llegar a una alegría consistente, que se parece a la felicidad, es cambiando de vida.

Hay todavía ingenuos que piensan que la Navidad, por si misma, nos traerá alegría. Felicitamos la Navidad. Feliz Navidad, deseamos, porque es lo mejor que nos puede pasar, porque Jesús nace y viene a nosotros, somos felices. Por eso sería lógico afrontar las fiestas con una buena confesión. Todavía habrá algún ingenuo que vaya diciendo “año nuevo, vida nueva”, pero solo es verdad cuando ponemos empeño en acercarnos a la auténtica felicidad, que es el Amor de Dios.

También hace hincapié el autor de este librito, en algo que suena parecido: saber perdonar. A la confesión vamos a que Dios nos perdone, y sabemos que es misericordioso. Pero si hay algo que nos impide ser felices es no saber perdonar. Dios nos perdona y nosotros ¿estamos dispuestos a perdonar siempre? “Ser cristianos no significa mantenerse lejos de los pecadores para no ensuciarse las manos, sino amar al prójimo como a nosotros mismos y como Dios nos ama” (p. 27).

“¿Quién de vosotros, si tiene cien ovejas y pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y sale en busca de la que se perdió hasta encontrarla? ¡Ninguno! Digamos la verdad. (…) Jesús nos provoca para que demos un salto de calidad” (p. 31). Y es entonces, no nos engañemos, cuando somos mucho más felices, tenemos alegrías profundas.

Y nos habla de la parábola del hijo pródigo. Y nos cuenta de su experiencia de ponerse con la estola morada en la plaza de la parroquia, a ver si cae alguien. “Debo ser sincero: no son muchísimos, pero tampoco son pocos” (p. 38).

En fin, no nos engañemos, las alegrías de encontrarse con la familia son importantes, pero no definitivas. Las alegrías de los regalos de Reyes son efímeras. Lo que vale es volver a Dios.

Ángel Cabrero Ugarte

 

 

La proporción de niños prematuros que sobreviven sin alteraciones neurológicas o discapacidades, no ha mejorado

En los últimos años ha mejorado la tasa de supervivencia de los niños prematuros (más del 90% de estos menores sobreviven más de 30 semanas) y se han mejorado los indicadores referentes a su asistencia sanitaria”. Sin embargo, “la proporción de niños prematuros que sobreviven sin alteración neurológica o discapacidad a largo plazo, no ha mejorado paralelamente a la supervivencia”.

Recientemente hemos publicado una noticia sobre si es pertinente, desde un punto de vista médico y bioético, retirar o no las medidas de soporte vital a neonatos prematuros y muy prematuros. Completamos la misma, comentando un artículo publicado en Diario Médico en el que evalúan las medidas terapéuticas que actualmente se dan a los bebés prematuros.

Comienza el Informe aportando algunos datos sobre el porcentaje de estos niños que nacen en España, que es del 7%, y de su supervivencia, manifestando que “en los últimos años hemos mejorado su tasa de supervivencia (más del 90% de estos menores sobreviven más de 30 semanas) y se han mejorado los indicadores referentes a la asistencia sanitaria de estos niños”. Sin embargo, manifiesta el autor, Juan Arnáez, que “la proporción de niños prematuros que sobreviven sin alteración neurológica o discapacidad a largo plazo no ha mejorado paralelamente a la supervivencia. En efecto, el 15% de los que nacen antes de las 28 semanas de gestación presentará parálisis cerebral moderada-grave, y el 40% retraso cognitivo en la edad escolar, con disfunción en áreas como atención, procesamiento visual, progreso académico, funciones ejecutoras, comportamiento y control emocional e interacción social”.

Pero a pesar de estos datos, en principio negativos, el autor propone que “las intervenciones neuroprotectoras probadas se utilicen de forma constante y generalizada en todos los centros del Sistema Nacional de Salud que asisten a prematuros”, cosa que no se hace de forma generalizada, lo que provoca desigualdades en el tratamiento y oportunidades para el mejor desarrollo posible de estos bebés dependiendo de donde nazcan”.

Para obviar esta disfunción el autor sugiere medidas terapéuticas concretas, como pueden ser ofrecerle durante la hospitalización “todos los cuidados y estrategias terapéuticas que han probado favorecer positivamente su desarrollo cerebral y una vez dado de alta, realizar el seguimiento y atención temprana para su futuro”.

Por ello, recomienda que es “inexcusable y urgente que las autoridades favorezcan la aplicación del conjunto de estrategias de atención y cuidado que contribuyen a aminorar la discapacidad asociada a la prematuridad. Esto no puede depender de los recursos y voluntad de cada hospital o autonomía, sino que debe incorporarse a todas las unidades de prematuros del servicio Nacional de salud”.

No hace falta decir que estamos de acuerdo en la política sanitaria que en este artículo se especifica, añadiendo además que responder bioéticamente a todos los problemas que estos niños presentan, es una necesidad ineludible en la atención de los bebes prematuros y muy prematuros.

Justo Aznar

Observatorio de Bioética

Universidad Católica de Valencia

 

Conclusiones del XII Congreso de la Asociación Española de Bioética y Ética Médica (AEBI)

20 diciembre

El XII Congreso de Bioética de la  AEBI,  celebrado en Valencia del 25 al 26 de Octubre de 2019 en la Universidad CEU Cardenal  Herrera, reunió  a numerosos expertos  de  distintos ámbitos,  procedentes, en su mayoría, de España, pero también de otros países de Europa e Iberoamérica (ver vídeo AQUÍ).

El tema central del mismo fue la celebración de los 25 años de la Asociación, con el título “25  AÑOS  HACIENDO  BIOÉTICA: investigando,  enseñando  y  promoviendo  la dignidad  humana”.

En él, se analizaron, en  la Conferencia  Plenaria  y  en distintas  Mesas Redondas, diversos temas de bioética, tanto de fundamentación como relacionados con el  inicio  y  final  de  la  vida, así como sobre cómo  afecta  la  cultura  del  deseo  en  el  desarrollo  de  la bioética, la vigencia e idoneidad  del  concepto  de  “dignidad  humana”, la ética en la comunicación de diagnósticos de malformaciones en fetos y neonatos, la relación entre reproducción asistida y dignidad  humana, o  cómo  llevar  a  cabo  la  adecuación  del esfuerzo terapéutico en los últimos días de la vida.

Algunas de las conclusiones alcanzadas

1. “Se puede desear lo imposible pero sólo se puede  elegir lo posible”. (Aristóteles). Plantear la existencia teniendo como uno de sus fines ser cada vez más libre es algo deseable, pero cuando se concibe la libertad humana solo como capacidad de elección de todo aquello que se desea, ésta puede devenir en una incapacidad para el hombre de vincularse con los propios bienes humanos. La utilización de la tecnociencia desde este modo  de  entender  la  libertad, supedita  el  desarrollo de  la  persona a  las  diversas posibilidades que concibe el deseo en el uso de las mismas.

2. La referencia a la dignidad, entendida como valor intrínseco de todo ser humano, invariable y reconocido, no otorgado, es el  fundamento de

los derechos humanos y del  bioderecho, y está sólidamente asentada, tanto en las  normas  internacionales  de derechos humanos, como en las constituciones de los Estados de Derecho. En el plano de la valoración ética de las biotecnologías, y de la asistencia sanitaria en general, se tiende a aceptar la pertinencia de invocar el principio de dignidad  humana  como  un principio  sustancialmente  distinto  del  principio  de  autonomía. Se reconoce de  forma general la necesidad de humanizar la asistencia clínica y los cuidados de salud.  Para lograrlo,  el  principio  de  dignidad  de  la  persona  constituye  una  referencia principal. Ni desde  el  punto  de  vista  jurídico,  ético  o  clínico  se  puede  sostener  la  falta  de  vigencia del  concepto  de  dignidad  humana. Ésta  es  un  concepto  nuclear  e  informador  de  la bioética tanto a la hora de curar como en los cuidados de salud. La excelencia del ser humano  conlleva  orientar  cualquier intervención  biosanitaria al  servicio de la  persona siendo su respeto la primera premisa a la hora de intervenir sobre ella.

3. La comunicación real es una condición necesaria de una buena relación clínica entre los profesionales y sus pacientes. Los primeros tienen un papel muy importante en las posteriores decisiones de los pacientes, algo que se hace más patente a la hora de dar un  diagnostico  de  enfermedad  en  el  niño  no nacido.  La  experiencia  actual  indica que existen deficiencias muy importantes en los profesionales sanitarios en este tipo de comunicación, que exigen  programas  de  aprendizaje, tanto  en  la  formación  de  grado como   especializada.  Es   fundamental   comunicar  de forma   personalizada, siendo especialmente importante  la  primera  comunicación  de  una    mala  noticia.  Para transmitirla bien  es necesario considerar la información contenida en esa noticia como un proceso, no como un hecho puntual. Los médicos deben comunicar el diagnóstico a ambos progenitores empleando un lenguaje delicado, afectuoso, y positivo, evitando en todo momento  referirse  al  niño  como  un  síndrome. Hay que comunicar la verdad soportable, adaptada, de forma escalonada, y respetuosa. La información tiene que ser en  principio no directiva, sin cuestionar  la decisión  de  las madres  de tener  a  su  hijo proporcionando  la  información  sobre  las  posibilidades de los niños diagnosticados de forma equilibrada, realista, objetiva y actualizada, y teniendo siempre en cuenta que  todo ser  humano,  independientemente de su condición, edad y estado, tiene  una dignidad  intrínseca  y  unos derechos fundamentales que le son inherentes, entre ellos, el derecho al respeto de su integridad, su vida y su salud. Se debería considerar el no nacido como un paciente al igual que la madre.

4. Las distintas tecnologías “in   vitro” de generación de seres humanos están conformando socialmente diversas ideas sobre la procreación humana que llevan a una cosificación  del  niño  concebido. La contingencia ligada a la mutua  donación  del  acto conyugal salvaguarda, protege

y está en consonancia con la dignidad del concebido. Si queremos evitar la creciente  mercantilización  de  la  procreación  humana  es  necesario introducir  alternativas  médicas  que  no  siendo  sustitutivas  del  acto  conyugal  ayuden  a éste  a  alcanzar  la  concepción. Además, esto supondrá una posibilidad para  muchas parejas de concebir  un  hijo  a  través  de  medios  que consideran  lícitos  frente  a  los actuales “in vitro”. Las actuales alternativas basadas en el conocimiento de la biología de  los  esposos  son  respetuosas  de  la  ecología humana,  y no plantean  problemas éticos en relación a la vida del nasciturus como a la naturaleza de la unidad conyugal y familiar.

5. La adecuación, que no límite de  los esfuerzos médicos, es uno de los fines más importantes que tienen que plantearse  los  profesionales sanitarios a la hora de la atención  de  los  pacientes en las últimas  fases  de  su  vida.  Para  ello,  es  necesario conocer la situación clínica y el pronóstico que acontece en esos momentos, manteniendo siempre una actitud de proporcionalidad en los tratamientos, entre el bien que se pretende alcanzar con ellos – mantener el mejor bienestar posible del paciente- del efecto negativo que puedan poseer, sea porque dañan, o porque son muy gravosos para el enfermo o  simplemente fútiles.  Es necesario el autocuidado de los profesionales de la salud  que  atienden  a  las  personas  en  el  final  de  la  vida  y  fomentar  el  apoyo  de profesionales expertos en los momentos que lo precisen. La toma de decisiones hay que realizarla desde una  posición  de  racionalidad y respeto a los  valores  de  las personas que acompañamos. Para ello, es preciso mantener la calma, de modo que las emociones no dificulten el asesoramiento adecuado. Es necesario, junto a la serenidad la  actitud de  escucha.  Así,   se  puede  empatizar con  el  paciente, conocer  sus  deseos, analizar la situación éticamente y realizar la toma de decisiones conjuntamente (ver más AQUÍ).

 

La familia institución única

Ana Teresa López de Llergo

El deterioro de un pueblo empieza por el deterioro de las familias, algunas encubren su deterioro viviendo bajo el mismo techo, pero con una separación espiritual asfixiante.

La familia es una institución única porque está diseñada para arropar la vida de los seres humanos. Es el entorno propio y adecuado a la que cada persona está llamada. Allí la dignidad humana queda totalmente protegida siempre que se cuiden las características auténticas de la familia. También, cuando no se deforma su esencia, hace posible el desarrollo. Por eso, se puede decir que es camino y es escuela.

La esencia de la familia es la de una sociedad formada por personas y para las personas, pero no inventada por las personas, porque la familia surge al mismo tiempo en que aparece la primera pareja de la tierra, formada por un hombre y una mujer. Por lo tanto, las peculiaridades de cada familia sí son propias del modo de ser da cada uno de los integrantes, pero la esencia es la misma para todas las familias y la persona no tiene poder para modificarla, o cuando lo hace transgrede un orden fundamental y se hace daño.

Las auténticas características de la familia están para proteger la dignidad humana. Son la unidad y la indisolubilidad. Tampoco las eligió el ser humano, se las dieron como principios para que la creatividad de los habitantes de las respectivas familias den su toque peculiar a la unidad y a la indisolubilidad.

Entre las múltiples ocasiones en que el papa Francisco ha hablado de la familia, una de ellas es: “grupo de personas llenas de defectos, que Dios reúne para que convivan con las diferencias y desarrollen la tolerancia, la benevolencia, la caridad, el perdón, el respeto, la gratitud, la paciencia, el derecho, el deber, los límites, en fin que aprendan a amar: haciendo por el otro lo que le gustaría que hicieran por sí mismos. Sin exigir de ellos la perfección que aún no tenemos. No nacemos donde merecemos sino donde necesitamos evolucionar”.

La meta para formar la propia familia es muy alta porque es un ámbito donde cada persona ha de crecer para bien, pero partiendo de la realidad de que cada ser humano tiene defectos y no todos se corrigen. Además, las diferencias no necesariamente son reflejo de deficiencias y, sin embargo, pueden ser motivo de incomprensiones. Esta es la razón de todos los calificativos del párrafo anterior.

La unidad y la indisolubilidad son dos características frágiles que pueden sufrir deterioro en el día a día, pero si se recompone de inmediato, las personas crecen en sensibilidad, valentía respeto y capacidad de perdón. Estos resanes a tiempo hacen mejores a las personas. Si por el contrario se ofenden, guardan el resentimiento y no dan pie a la rectificación, la brecha se hace grande y a veces muy difícil de recomponer. Por eso es importante estar alerta.

De todos modos, si los cónyuges se descuidan y llegan a un distanciamiento que parece imposible de resanar, es necesario recurrir a la benevolencia y a la responsabilidad de asumir los derechos y los deberes, con heroísmo. Pero para conservar la unidad es preciso ver primero los derechos de los demás. Seguir el plano inclinado descendente y no rectificar es una cobardía que empobrece al padre, a la madre y mucho más a los hijos, porque heredan un futuro lleno de sombras, de escepticismo y de inseguridad.

En casos más delicados, hay que recordar los aspectos positivos que originaron la unión conyugal. Luego reconocer los errores al afrontar o soslayar las exigencias y responsabilidades cotidianas de la vida familiar práctica. Además, complicadas con el entramado de obligaciones, intereses y condicionantes que vienen del mundo profesional, económico, cultural y educativo. E ir resolviendo los problemas de los distintos campos sin hacer una mezcla de todos que sólo complica las soluciones.

La familia es camino y escuela. Es camino porque la convivencia íntima con personas diferentes enriquece la personalidad porque se descubren modos distintos de captar las cosas, también diferentes preferencias y maneras de resolver los asuntos. La elección de distintas profesiones hace ver lo necesarias que son para mejorar el sistema de vida y el enriquecimiento de la cultura. Pero, todo eso es real si se dedican tiempos a la convivencia y a interesarse unos por otros.

Especialmente se hace más fácil recorrer la vida cuando se tiene un sitio al que se pertenece, donde hay espontaneidad y facilidad para satisfacer las necesidades cotidianas y realizar las actividades más simples y naturales como puede ser el modo de descansar, la facilidad para expresar anhelos, deseos o temores, y sentirse escuchado y comprendido. Por eso es importante fomentar la acogida por la donación generosa, y fomentar el respeto cuando los demás necesiten del silencio.

La familia es escuela porque los hijos atesoran de su familia de origen una serie de experiencias que les servirán de plataforma para formar su propia familia, cuando llegue el momento. Por ejemplo, cómo se comparten los momentos dolorosos: si hay solidaridad y se sufre en compañía, sin culpar a los demás de las desgracias. Por eso, la unidad es necesaria porque se puede hacer compatible con las alegrías, las penas, los trabajos o las pruebas.

El deterioro de un pueblo empieza por el deterioro de las familias, algunas encubren su deterioro viviendo bajo el mismo techo, pero con una separación espiritual asfixiante, sin interesarse unos por otros, cubriendo apariencias, poniendo sus afectos en otras personas. Esta simulación no es camino ni escuela.

Mucho peor es el divorcio porque se priva del derecho de los hijos a tener un padre y una madre bajo el mismo techo. Aunque, a veces se recomienda el divorcio como un mal menor. En este caso se requiere de los padres la honradez de no criticar al otro cónyuge con el fin de ganarse para sí a los hijos.

El deterioro social ha debilitado a las instituciones. Actualmente la familia está bombardeada y esto es gravísimo. Cada uno ha de salvar la suya.

 

Las oportunidades pasan

Lucía Legorreta

Tanto en momentos de calma como en tiempos de crisis, hay oportunidades que se abren ante nosotros para dar un giro a nuestra vida. Resignarte a lo conocido y no atreverse a poner en marcha los sueños, limita tus posibilidades.

La vida de cada persona está llena de oportunidades que pasamos por alto. Nos sentimos tan agobiados por nuestras obligaciones y miedos, que nos aferramos a lo que tenemos sin contemplar otras alternativas. Incluso en tiempos de profundas crisis, las oportunidades aparecen a la espera de ser descubiertas.

Para poder verlas hay que pensar en clave de limitaciones para empezar a pensar en clave de posibilidades.

Si revisamos las biografías de los grandes inventores veremos que muchos de ellos no tuvieron una vida nada fácil. Tal vez fueron las mismas dificultades que padecieron lo que les hizo especialmente soñadores, empujados a imaginar una realidad mejor que la que habían conocido.

Uno de ellos es el de Graham Bell que en 1876 patentaría un aparato tan insólito como revolucionario: el teléfono. Su infancia estuvo marcada por la temprana sordera de su madre, para quien la familia inventó un lenguaje de signos. El interés por la comunicación hizo que Graham estudiara acústica y fuera un experto ventrílocuo, además de aprender a tocar solo el piano.

Sus dos hermanos ya habían muerto de tuberculosis cuando Bell se centró en la experimentación con la electricidad para transmitid el sonido.

Todos sabemos a donde llegaron estos esfuerzos, ya que utilizamos diariamente el teléfono. No obstante, fueron muchos los que dudaron de la utilidad del invento. Un ejecutivo de la Western Union lo calificó como un “aparato sin valor, con el que nadie desearía comunicarse, pues ¿quién querría hablar con alguien a quien no veía?”

Un gran visionario comentaba: “Todas las cosas nuevas en algún momento parecen imposibles ante los ojos de los incrédulos, pero los demás no pueden decir qué podemos o no podemos realizar, sólo nosotros somos capaces de marcar nuestros límites y metas”.

No hay ninguna cumbre que no pueda ser escalada por una persona que conozca el secreto para hacer realidad sus sueños. Este secreto son cuatro palabras con C: curiosidad, confianza, coraje y constancia. Cuando creas en algo, créelo sin dudar y sin cuestionarlo.

Pere Casaldáliga afirma: “Hay que dejar el pesimismo para tiempos mejores, y el optimismo para los peores”.

Nos dice Norman Vicent Peale: “No importa lo negras que parezcan o sean las cosas. Levanta la mirada y contempla las posibilidades. Siempre están ahí”.

Reflexiona hoy: ¿Qué tan agobiado estás en tus obligaciones y tu vida diaria que no tienes tiempo para ver las oportunidades que se presentan en tu vida?

O bien, cuando se te presentan, prefieres cerrar los ojos y dejarlas pasar, porque implican cambios, ¿retos y salir de zona de confort?

Te invito a dejar a un lado el conformismo, a soñar alto y a aprovechar todas aquellas oportunidades que se te presentan.

Recuerda ahora que termina un año: las oportunidades solo pasan una vez, sino las tomas… no vuelven, y tu vida, ¡sigue siendo la misma!

 

 

            El  "cierre" y lo que implica.

        En estas fechas que estamos celebrando la NAVIDAD me gustaría resaltar noticias relacionadas con la vida.

        Podríamos partir de hechos o datos puesto que las estadísticas están ahí; intentan informar pero dicen lo que quieren  que no es todo, ni siquiera todo lo que interesa.

        Dicen, por ejemplo que en Guadalajara los nacimientos  han caído el 3,3%; que en la Comunidad Autónoma de CLM, caen un 11,1%, y que a nivel nacional, el número de nacimientos se desploma hasta niveles de hace 80 años, cuando comenzaron a registrarse estos datos (Nueva Alcarria). 

        Así que a día de hoy, 11 de las 17 Autonomías registran crecimiento negativo. Es cierto que en muchos pueblos, ciudades y provincias españolas, hay más defunciones que nacimientos; con lo que el saldo vegetativo, es negativo. Ya hay pueblos, ¡ sin niños! Pero en general, según el Instituto de Política Familiar (IPF) : "España lleva más de 35 años por debajo del reemplazo generacional". Y casi todas las Comunidades Autónomas están llegando al "suicidio demográfico".

           ¿Y si alguien se tomara la molestia de pasar de la estadística y empezar a preguntar cómo se ha llegado a que sean reales los datos que refleja?  No se llega a esas cifras de  la noche a la mañana. Tiene  que haber un por qué o varios. Tal vez sean varios y cada vez más evidentes:

 

          1) El desinterés institucional por la juventud, la mujer embarazada y la familia.

 

           La juventud, desprotegida. Fuera de la escolarización, institucionalmente no suele encontrar apoyo ni para encontrar trabajo, -aunque las familias hayan procurado que tengan estudios- y si encuentran trabajo las empresas les explotan como becarios y trabajo temporal y sueldos que no dan para vivir, ni apoyo crediticio para encontrar vivienda y poderse emancipar. La realidad es que el plan estatal de vivienda para jóvenes hasta 35 años, que está en vigor, en una ciudad normal, que supere los 5.000 habitantes se queda en nada, dado el precio de la vivienda actual. Puede verse el enlace:

https://www.companias-de-luz.com/plan-estatal-vivienda-jovenes/

 

         Tener un hijo en estas condiciones, sería tenerlo a la intemperie, y aunque sea abril y luzca el sol y la sangre hierva, hay que pensar el mañana, -el suyo, claro- que no está garantizado.

 

          Ni política de juventud, ni política de apoyo familiar, ni política de empleo. Ni el Estado ni las Comunidades Autónomas tienen a la familia como una prioridad. Si alguna concede ayudas directas son mínimas o ponen restricciones de renta y provoca que haya comunidades de primera, País vasco y Navarra o de segunda, como Asturias, Castilla-La Mancha y Andalucía. Estas son las comunidades que menos ayudan a la familia.

 

            Desde abril de 2019, tan solo los permisos están garantizados o mejor, se ha dejado de hablar del permiso de maternidad o de paternidad, porque al entrar en vigor el Real Decreto-Ley 6/2019, se engloban en un único concepto "permiso por nacimiento y cuidado de menor", pero  eso supone "tener trabajo" y poder solicitar la baja, según el art.48 del "Estatuto de los Trabajadores".

 

            Y es que tener un hijo te cambia la vida, sobre todo si tienes trabajo y un hogar donde cuidarlo. Tanto la madre como el padre, deben gozar de tiempo -desde el 1 de enero, gozarán de 12 semanas- para recibir al nuevo miembro de la familia. En ese caso, ¡qué maravilla! está regulado que la retribución durante el tiempo de la baja se establece según la nómina del trabajador, y es la Seguridad Social y no la empresa quien realiza el pago de la prestación.

 

            Pero...¿dónde vas si no has podido emanciparte? ¿Y si uno de los dos, -o ambos- se encuentran sin trabajo? ¿De qué te sirven el 100% de la base reguladora del sueldo o los períodos de tiempo que puedes disfrutar junto a tu hijo? ¿De qué te sirve la manita extendida de de ese indefenso pequeño que al rozarte la cara te estremeces? ¿Qué le respondes a esos  interrogantes de luz que son sus ojos?

  

            ¿Se encuentra la respuesta en la estadística a la falta de nacimientos? ¿Será que no importa el apoyo a la familia y a la mujer que se queda embarazada? o ¿vivimos  en la mentira? Lo digo porque en estos días en todas las instituciones, en todos los pueblos, en las ciudades, en las galerías de arte, en los templos, en la montaña, en los valles, en el fondo del mar,  y en las viviendas se ha colocado "El Nacimiento", como tema central.

 

           Otro dato que no suele analizarse, es la España de la maternidad tardía. Suele tratarse menos de un capricho de la juventud, que de una precaria situación social, en que los jóvenes no encuentran apoyos suficiente para emanciparse, ni por parte del gobierno, ni los salarios adecuados por parte de los empresarios, ni facilidades crediticias por parte de los bancos. Y, sin embargo, el futuro  de la sociedad pasa vitalmente por ellos ¿o no? Está reconocido oficialmente

"la maternidad como función social".

 

          Y, ya puestos se puede preguntar si por lo menos, ¿existe alguna compensación para la madre, a la hora de calcular su pensión? De lo contrario, de ahí nace una desigualdad con el varón en la cuantía de la próxima pensión. ¿No va a ser su hijo, -con su trabajo futuro- un apoyo a las pensiones de los mayores? ¿Las y los partidarios de la igualdad, no ven discriminación?  

 

           2) El desaliento a los nacimientos, peor que el desinterés.

 

           Si alguien se tomara la molestia de pasar de la estadística y empezara a preguntar cómo es que a nivel nacional, el número de nacimientos se desploma hasta niveles de los años 40 del siglo pasado, tal vez descubriera que  tiene  que haber un por qué o varios.

    

           Uno de ellos, puede ser el que se ha dicho antes: la falta de apoyo -socioeconómico- a la juventud, la embarazada y la familia. Es decir: desinterés político. Pero el dato no aparece en la estadística.

 

          Otro dato real, pero que tampoco aparece en la estadística del crecimiento negativo de la población, por falta de nacimientos, ni en los comentarios de los medios de comunicación, es que: ¡"sí hay dinero" para lo contrario!

 

          ¿Se dice en algún medio que según fuentes del Ministerio de Sanidad desde hace años, en España se registran más de 362 abortos diarios? ¿Se dice quién subvenciona a las Clínicas abortistas y con qué dinero?

 

         El dato de las interrupciones voluntarias del embarazo: aumentaron en 2018 un 1,91% respecto al año anterior, hasta 95.917 intervenciones, o  (11,12 por cada 1.000 mujeres).

 

          Y según el Instituto de Política Familiar, en España, desde  1990 se han producido más de 2,2 millones de abortos registrados (2.216.538 abortos) es decir niños concebidos que no han llegado a nacer.

 

https://www.epdata.es/datos/cifras-aborto-estadisticas/247/espana/106

 

           3) El  "cierre" y lo que implica.

 

          ¿Por qué he denominado a este apartado "el cierre"? Para resaltar el contraste.

 

          Y además, porque en la América de la Planned Parenthood, la cadena de abortos más grande de los Estados Unidos, y en el país en que gracias a la sentencia Roe v. Wade, 1973 comenzó la legalización del aborto, muchos de los centros independientes que los venían practicando, han echado el cierre o han colgado el cartel de "Closed" según LifeNews.com., el 11 de diciembre de 2019.

 

          En los últimos 5 años, nada menos que  136 empresas abortistas independientes, cerraron. Puede leerse más en el siguiente enlace de CiViCa, el 12-12-2019.

http://civica.com.es/bioetica/tercio-las-todas-las-clinicas-del-aborto-cerrado-los-ultimos-5-anos-salvando-los-bebes-los-abortos/

 

          Seguro que algunas personas han pensado, en los 46 años de existencia de la ley citada, que el dinero no lo es todo y el derecho a decidir, tampoco. Así que hay que repensar, primar  y armonizar el derecho a la vida con el de la libertad y la salud sexual. Respetando a todos siempre.

           

         El aborto es un tema debatido desde hace décadas. Cambiar un sistema de aborto a petición de la embarazada a un sistema  de plazos, con la Ley de Salud sexual y reproductiva, no disminuye la exigencia del consentimiento informado. Si en Estados Unidos se está reduciendo la industria del aborto, puede ser porque cada vez más madres están mejor preparadas para elegir la vida de sus bebés

         El "cierre", no puede ser entonces más que un dato positivo. En cuyo caso, lo mismo que allí marcaron un camino en el 73, el dato actual y la mayor información sobre lo que sucede en  esas clínicas, puede ser un cambio de tendencia. El secretismo, el llamar derecho a lo que no lo es, terminarán dando paso a la verdad. Y, la verdad hace libres y termina por imponerse.  

        "Si el aborto como pretendido derecho no se desprende ni de la salud sexual y reproductiva, ni del ejercicio de los derechos humanos por parte de la mujer, ¿dónde encontraría amparo legal? O por el contrario, ¿será que tiene derechos el concebido no nacido? ¿O se le protegerá al menos de alguna manera? La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 reconoce que “todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona” (art. 3). Al reconocerlos en este orden, el derecho a la vida es considerado por las Naciones Unidas como el primero y base de todos los demás derechos. Sólo si el Estado garantiza el derecho a la vida cobran significado los derechos de libertad y seguridad de la persona. El origen de todos los derechos reside en la propia dignidad humana, irrenunciable en cualquier filosofía o ideología", según Carmen González Marsal “Especialista en Derechos Humanos” del Instituto de Derechos de la Universidad Complutense de Madrid. http://aebioetica.org/rtf/marsal-sa.pdf

          En España también hay datos positivos. Precisamente el día 28 de diciembre, algunos médicos y un grupo de ciudadanos "Pro-vida" harán una sentada, a las puertas de la Clínica DATOR, una de las más activas Ive  de Madrid.  ¡La vida se defiende, no se quita! Por si alguien no lo recuerda, el 28 es el día de Los Santos Inocentes. La vida, el primer derecho.

        José Manuel Belmonte

 

 

Santos Inocentes 2019

La Fiesta de los Santos Inocentes ( 28-12), siempre fue muy popular. “Celebramos la Fiesta de los Santos Inocentes, de los mártires, porque Herodes quiso asegurarse de que matando a los niños en aquellos alrededores eliminaría a quien pensaba que venía a arrebatarle el reino. Murieron, ya, por el nombre del Señor” ( cardenal Blázquez, 28-XII-019). Enorme salvajada de un rey ególatra. La matanza de tantísimos niños en el vientre materno, permitido por gobiernos “democráticos” (  una paradoja),  hace que los defensores de la vida tengan en cuenta esa fecha. En Madrid, junto a la Dator, de la Red Planned Parenthood, fue arrastrado por la policía, el Doctor Poveda, que sueña “con convertir el centro abortista Dator en una guardería” (Actuall, 28-12-2019). Como dijo Abby Jhonson, antes Directora de  clínica abortista en EE UU ( dejó el cargo en 2009, cuando  contempló un aborto por ultrasonido. Su caso llegó al cine en 2019: “UNPLANNED”): “ No hay algo más miserable en la vida que matar a esos seres que se están desarrollando y creciendo. Si supieran lo que es y supone el aborto, tanto para el bebé como para la madre, todas las conciencias se despertarían y nadie permanecería apático”.

Josefa  Romo

 

 

Derecho a morir con dignidad

Regular el suicidio, en cualquiera de sus formas, como si se tratara de un derecho, supone un disparate que solo puede hacerse digerible a la opinión pública por medio de altas dosis de propaganda ideológica. La misma que se ha utilizado en presentar la postura de la Iglesia como retrógrada, como si considerar esta vida un don de Dios implicara tratar de mantenerla por cualquier medio. Nada más lejos de la realidad, pero algunos parecen haberlo descubierto con el documento de los obispos “Sembradores de esperanza. Acoger, proteger y acompañar en la etapa final de esta vida”, que reitera el rechazo de la Iglesia al encarnizamiento terapéutico y su defensa de los cuidados paliativos y de cualesquiera otros medios para ayudar al paciente terminal y a su familia. Existe, dice el documento, el “derecho a no sufrir inútilmente”. Como existe el “derecho” a vivir del modo más humano posible ese tiempo final.

Valentín Abelenda Carrillo

 

‘Laudato Si’

El llamamiento de Francisco sobre la cuestión ecológica entroncaba con la llamada de sus predecesores, desde Pablo VI en adelante y reforzaba la llamada que ya Juan Pablo II hiciera a favor de una conversión ecológica global. ‘Laudato Si’ no es una “encíclica verde” como algunos siguen diciendo maliciosamente: trata de la ecología integral, y propone una conversión profunda de las relaciones de los hombres entre sí y con la naturaleza. No hay dos crisis, una ambiental y otra social, sino una sola crisis que demanda cuidar la naturaleza, combatir la pobreza y devolver la dignidad a los excluidos. Las grandes religiones, que dialogaron en Madrid en el marco de la COP25, comparten esta propuesta. No olvidemos que de la seriedad con la que afrontemos la presente crisis depende el futuro de las generaciones venideras.

Jaume Catalán Díaz

 

 

                        

Catalanes inteligentes y catalanes idiotas

                               

Me va pareciendo que algunos o muchos catalanes y catalanas, son ya masoquistas y como tales, les gusta que los apaleen; puesto que el hecho que hoy comento, da a pensar en ello, puesto que, “enmierda mucho más que limpia lo catalán”. Vean y lean lo que hoy copio para mis lectores…

“PERIODISTA DIGITAL 25 Dic 2019 – TITULARES: “Los catetos de La Sagrada Familia felicitan la Navidad en árabe y excluyen el español.

La Sagrada Familia de Barcelona ha tenido el detalle navideño de excluir al español de entre las seis lenguas que ha elegido para felicitar la Navidad. Entre ellos, el árabe, la lengua de muchos que si por ellos fuera harían volar el templo de Gaudí por los aires. Los otros cinco han sido el coreano, el inglés, el catalán, el alemán y la lengua de signos”. https://www.periodistadigital.com/cultura/religion/20191225/catetos-sagrada-familia-felicitan-navidad-arabe-excluyen-espanol-video-689404231435/ Les dejo la dirección, por si quieren leer el resto, más intervenciones que hay de lectores.

                                No son catetos, son “pobres bestias” incultas y llenas de “la soberbia de los idiotas”; puesto que entre otras cosas, ese templo no les pertenece, ya que se ha construido en una gran parte del mismo (que publiquen los datos contables) con donativos de visitantes; entre los que más abundantes deben haber sido; LOS DE HABLA ESPAÑOLA… yo mismo y allá por 1961, dejé en el buzón que allí había, un billete de cien pesetas y sin que nadie me pidiera nada (hoy hay “nubes de pedigüeños” allí y que piden a los visitantes); entonces aquella cantidad, equivalía a casi dos jornales de un albañil; y no me arrepiento de ello, puesto que “algo mío está en ese maravilloso edificio”… Pero estos “capullos”, se creen dueños y señores de una obra, en la que puede que muchos de ellos, no pusieran “ni una sola pela”. ¡Pobres diablos! ignorar una lengua que se habla en más de 20 países y se estudia en todas las universidades del mundo y además, como españoles que son, es suya también”; ya digo  ¡Pobres diablos los que obran así! Terminarán mal, puesto que “la miseria no trae más que miseria,  y los que obran así son muy miserables.

                                   Afortunadamente para mí y en los muchos años en que me he dedicado al comercio y a los negocios; he entablado buenas relaciones con una respetable cantidad de catalanes, de los que siempre hablo bien, porque deduzco son mayoría. Incluso mantengo una buena amistad con un catalán de Lérida (Alberto Vidal Font) desde hace ya la friolera de sesenta años; y antes por escrito y ahora por teléfono, nos saludamos con verdadera y sincera amistad, que data de cuando ambos, “nos llevaron obligados a Melilla, para servir al ejército de la España de Franco 1960 y 1961; dieciocho meses de los mejores años de nuestras vidas, que allí nos tuvieron confinados; pero en Cataluña como en cualquier sitio, “hay estas basuras que ni me explico cómo existen precisamente allí, donde se amasó tanta cultura y en la que destaca esa obra del tarraconense Gaudí”. Pero como dice el dicho ganadero… “en toda manada hay ovejas negras y en las catalanas, parece ser que son más abundantes por el jaleo y daño que hacen a la sociedad”.

                                   En fin, ya y como escritor, hace muchos años, que señalé a España como algo así… “Es como un queso de muchas leches”; lo que es significar, la larga y complicada historia de toda la Península Ibérica, como puente de hordas y pueblos, que por aquí han pasado viniendo de todas direcciones; y es claro que cada grupo “aquí dejó sus leches”; pero también es claro, que muchas de ellas fueron “malas o muy malas leches”; puesto que aquí llevan o nos llevan, va para tres mil años de guerras intestinas; las que en principio, cortaron los del “Imperio Romano”; pero después “ni los que dicen seguir a Cristo, han hecho algo parecido”; y lo que ocurre hoy en España da fe de esa, “inquina nacional que solo hace, el destruir el territorio común”.

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

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