Las Noticias de hoy 8 Abril 2020

Enviado por adminideas el Mié, 08/04/2020 - 13:00
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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 08 de abril de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

Coronavirus: El Papa Francisco envía 60.000 euros al hospital de Bérgamo

Confinamiento: ¿Puedo seguir acudiendo a la confesión sacramental?

“Personas mayores: En la soledad, el coronavirus mata más”

CAMINO DEL CALVARIO: Francisco Fernandez Carbajal

Miércoles santo: “Amor con amor se paga”: San Josemaria

Retransmisiones de la Semana Santa (Triduo Pascual)

Audio meditación del Prelado: Cristo, espejo de nuestra fragilidad

Miércoles santo: Judas traiciona a Jesús: Mons. Javier Echevarría

Retiro de abril #DesdeCasa

Las carreras de Dios: Diego Zalbidea

"Qué hago con mi vida":Juan M.

Compartir con Dios el sufrimiento, temores y dolores: Rosa Corazón

Otro peligroso virus en China: la persecución religiosa: Salvador Bernal

Niños y confinamiento: «Si los padres están bien, los niños también», dice Catherine L'Ecuyer

La Semana Santa y la educación de los hijos en la fe: LaFamilia.info

Traer matrimonios al mundo’, hoy: Pablo Marina Riopérez

Cómo vivir la Semana Santa en familia y digitalmente: Silvia del Valle.

El ojo en lo demográfico: José Morales Martín

¿El interés superior del niño?: Jesús Martínez Madrid

Auténticos refugiados: Jesús D Mez Madrid

Semana Santa 2020: Josefa Romo

La mujer y el hombre, los separatistas y…EL MIEDO? : Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Martes, 7 de abril de 2020

https://youtu.be/6V8re6Iycao
 
Monición de entrada

En estos días de Cuaresma hemos visto la persecución que sufrió Jesús y cómo los doctores de la Ley se ensañaron contra Él: fue juzgado con dureza, con saña, siendo inocente. Quisiera rezar hoy por todas las personas que sufren una sentencia injusta por ensañamiento.

 Homilía

La profecía de Isaías que hemos escuchado es una profecía sobre el Mesías, sobre el Redentor, pero también una profecía sobre el pueblo de Israel, sobre el pueblo de Dios: podemos decir que puede ser una profecía sobre cada uno de nosotros. En sustancia, la profecía subraya que el Señor eligió a su siervo desde el vientre materno: lo dice dos veces (cfr. Is 49,1). Su siervo fue elegido desde el principio, desde el nacimiento o antes del nacimiento. El pueblo de Dios fue elegido antes de nacer, también cada uno de nosotros. Ninguno ha caído en el mundo por casualidad. Cada uno tiene un destino, un destino libre, el destino de la elección de Dios. Yo nazco con el destino de ser hijo de Dios, de ser siervo de Dios, con la tarea de servir, de construir, de edificar. Y eso, desde el seno materno.
 
El siervo de Yahvé, Jesús, sirvió hasta la muerte: parecía una derrota, pero era la manera de servir. Y esto subraya la manera de servir que debemos tener en nuestras vidas. Servir es darse uno mismo, darse a los demás. Servir no es pretender otro beneficio que no sea el de servir. Servir es la gloria, y la gloria de Cristo es servir hasta aniquilarse en la muerte y muerte de cruz (cfr. Flp 2,8). Jesús es el servidor de Israel. El pueblo de Dios es siervo, y cuando el pueblo de Dios se aleja de esa actitud de servicio es un pueblo apóstata: se aleja de la vocación que Dios le dio. Y cuando cada uno se aleja de esa vocación de servicio, se aleja del amor de Dios, y construye su vida sobre otros amores, muchas veces idólatras.
 
El Señor nos ha elegido desde el vientre materno. En la vida hay caídas: cada uno es un pecador y puede caer, y ha caído. Salvo la Virgen y Jesús, todos los demás hemos caído, somos pecadores. Pero lo que importa es la actitud ante el Dios que me eligió, que me ungió como siervo; es la actitud de un pecador capaz de pedir perdón, como Pedro, que jura que “no, nunca te negaré, Señor, nunca, nunca, nunca”, pero luego, cuando el gallo canta, llora, se arrepiente (cfr. Mt 26,75). Ese es el camino del siervo: cuando resbala, cuando cae, pide perdón. En cambio, cuando el siervo no es capaz de comprender que ha caído, cuando la pasión lo domina de tal manera que lo lleva a la idolatría, abre su corazón a satanás, entra en la noche: es lo que le pasó a Judas (cfr. Mt 27,3-10).
 
Pensemos hoy en Jesús, el siervo, fiel en el servicio. Su vocación es servir hasta la muerte y muerte de Cruz (cfr. Flp 2,5-11). Pensemos en cada uno de nosotros, parte del pueblo de Dios: somos siervos, nuestra vocación es servir, no aprovechar nuestro lugar en la Iglesia. Servir. Siempre en servicio. Pidamos la gracia de perseverar en el servicio. A veces con resbalones, caídas, pero al menos con la gracia de llorar, como Pedro lloró.

 Comunión espiritual

Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y te deseo en mi alma. Como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si hubieras venido, te abrazo y me uno del todo a ti. No permitas que jamás me separare de ti

 

 

Coronavirus: El Papa Francisco envía 60.000 euros al hospital de Bérgamo

Un signo concreto de su paternidad

ABRIL 07, 2020 12:39ANNE KURIANPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 7 abril 2020)-. El Papa Francisco envió 60.000 euros al hospital de Bérgamo como señal de cercanía con la ciudad italiana de Lombardía, devastada por la pandemia del coronavirus COVID-19, indica la diócesis. Los medios de comunicación del Vaticano se hicieron eco de ello el 3 de abril de 2020.

Epicentro de la epidemia en la Península, Bérgamo ha visto aumentar aún más el número de víctimas y de personas infectadas en los últimos días. La donación del Papa fue entregada al director del Hospital Juan XXIII, quien utilizará este “signo concreto de la paternidad del Papa” para ayudar a la nueva estructura creada para satisfacer las necesidades de la población.

El pasado 18 de marzo, el Papa llamó por teléfono a Mons. Beschi, quien explicó en un comunicado: “La expresión de su paternidad, como es comprensible, llega a todas las diócesis afectadas por la violencia de la contaminación, pero desea manifestarla particularmente a las comunidades más afectadas. El hospital de Bérgamo, que lleva el nombre del santo papa de Bérgamo, es una razón más de particular valor simbólico para este gesto de cercanía al Papa Francisco”.

 

Confinamiento: ¿Puedo seguir acudiendo a la confesión sacramental?

Por D. Alejandro Vázquez-Dodero

ABRIL 07, 2020 19:21REDACCIÓNIGLESIA CATÓLICA

(zenit – 7 abril 2020)-.  La confesión individual representa el modo ordinario de celebrar este sacramento. Sin embargo, no hay obligación de confesar los pecados ante el sacerdote cuando a un fiel le resulta imposible recibir la absolución sacramental. Es el supuesto de la imposibilidad generada por la incomunicación que impone la actual pandemia, si impide acudir al sacerdote para confesarse.

En ese caso, y como respuesta al amor de Dios amado sobre todas las cosas, el fiel podrá expresar su sincera petición de perdón de los pecados cometidos mediante la “contrición perfecta”. Es decir, el dolor sincero, motivado por el amor y acompañado del propósito de no pecar más. Para que perdone también los pecados mortales debe comprender el firme propósito de recurrir a la confesión en cuanto sea posible.

Así lo recogen los puntos 1452 y 1457 del Catecismo de la Iglesia Católica, y así lo recuerda la Nota de 20 de marzo 2020 de la Penitenciaría Apostólica sobre el sacramento de la Reconciliación en la actual situación de pandemia.

¿Confesarse a través del teléfono o medios telemáticos?

La respuesta es no, con carácter general y en particular durante el tiempo de confinamiento generado por el COVID-19.

De un lado el Código de Derecho Canónico, tras señalar que el lugar propio para oír confesiones es una iglesia u oratorio, dispone que “No se deben oír confesiones fuera del confesonario si no es por justa causa” (can. 964, § 3).

El confinamiento domiciliario decretado para esta pandemia no justifica una confesión telefónica o telemática y la razón principal que lo sostiene es que ya contamos con el recurso a la “contrición perfecta”, que en sí misma resalta la esencia del sacramento del perdón de Dios: el sincero arrepentimiento, acogido misericordiosamente por el Señor al dispensar su amoroso perdón.

El 22 de febrero de 2002 el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales manifestó que “no existen los sacramentos en Internet; e incluso las experiencias religiosas posibles ahí por la gracia de Dios son insuficientes si están separadas de la interacción del mundo real con otras personas de fe”.

Cercanía pastoral y humana

Así, la Iglesia quiere subrayar la necesidad de la cercanía pastoral y humana de un encuentro personal y fraterno para la dispensación del sacramento de la alegría.

Hasta tal punto la Iglesia vela por esa cercanía que la Penitenciaría Apostólica, en su nota del 20 de marzo pasado, anima a considerar la necesidad y la conveniencia de establecer, cuando sea necesario, de acuerdo con las autoridades sanitarias, “grupos de capellanes extraordinarios de hospitales, también con carácter voluntario y en cumplimiento de las normas de protección contra el contagio, para garantizar la necesaria asistencia espiritual a los enfermos y moribundos”.

De otro lado, el rito previsto para la celebración ordinaria del sacramento invita a preservar el aspecto presencial, como garantía de su auténtica dispensación –sin la presencia y cercanía del confesor difícilmente quedará garantizada su correcta litúrgica “celebración”–. ¿Cómo aseguraría el ministro si no es mediante la presencia física del penitente, que es a ese penitente en concreto a quien en efecto absuelve de sus pecados, y que lo hace observando la liturgia dispuesta a tal efecto?

Por último, otro argumento que confirma la imposibilidad de confesarse telefónica o telemáticamente: el 23 de septiembre de 1988 la Congregación para la Doctrina de la Fe aprobó un decreto por el que tutelaba el sacramento de la Penitencia sancionando con excomunión latae sententiae a cualquiera que capte mediante instrumentos técnicos o divulgue mediante instrumentos de comunicación social lo que se dice por el confesor y por el penitente. ¡Qué fácil sería interceptar –y grabar– una conversación telefónica o telemática para luego divulgarla! Mejor no tentar la suerte moral, y evitar riesgos innecesarios.

¿Puedo seguir confesándome en persona?

Sí, puedo. En la presente emergencia pandémica, señala la nota de la Penitenciaría Apostólica de 20 de marzo de 2020, corresponde al obispo diocesano indicar a los sacerdotes y penitentes las atenciones que deben adoptarse en la celebración individual de la reconciliación sacramental.

Y señala, entre ellas, la celebración en un lugar ventilado fuera del confesionario, la adopción de una distancia adecuada, el uso de mascarillas protectoras, sin perjuicio de la absoluta atención a la salvaguardia del sigilo sacramental y la necesaria discreción.

Absolución colectiva

La nota de 20 de marzo se refiere a la confesión individual como el modo ordinario de celebrar este sacramento, mientras que la absolución colectiva, sin la confesión individual previa –prevista en el can. 961, § 2 CIC–, no puede impartirse sino “en caso de peligro inminente de muerte, por falta de tiempo para oír las confesiones de los penitentes individuales o por grave necesidad”, cuya consideración corresponde al obispo diocesano, teniendo en cuenta los criterios acordados con los demás miembros de la Conferencia Episcopal.

Ello sin perjuicio de la necesidad, para la válida absolución, del denominado votum sacramenti por parte del penitente individual, esto es, del propósito de confesar a su debido tiempo los pecados graves que en su momento no pudieron ser confesados.

En efecto, corresponde al obispo, teniendo en cuenta el nivel de contagio pandémico en su diócesis, determinar los casos de grave necesidad en los que es lícito impartir la absolución colectiva. En este sentido, la referida nota de 20 de marzo señala “por ejemplo a la entrada de las salas de hospital, donde estén ingresados los fieles contagiados en peligro de muerte, utilizando en lo posible y con las debidas precauciones los medios de amplificación de la voz para que se pueda oír la absolución”.

En caso de que surja la necesidad repentina de impartir la absolución sacramental a varios fieles juntos, el sacerdote está obligado a avisar, en la medida de lo posible, al obispo diocesano o, si no puede, a informarle cuanto antes.

Para dar la absolución colectiva no se requiere que los fieles presentes antes hayan solicitado confesarse. Sí se requiere su arrepentimiento, y el propósito al que nos hemos referido de confesar a su debido tiempo los pecados graves que en su momento no pudieron ser confesados.

 

“Personas mayores: En la soledad, el coronavirus mata más”

Mensaje del Dicasterio para Laicos, Familia y Vida

ABRIL 07, 2020 17:59ROSA DIE ALCOLEAFAMILIA Y VIDA

(zenit – 7 abril 2020).- El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida exhorta a acompañar a las personas mayores, las más vulnerables ante la soledad y el coronavirus, y pide orar por ellas: “Estrechémonos a su alrededor, con el pensamiento y con el corazón, y cuando posible, actuemos, para que no estén solos”.

De este modo, la Congregación Vaticana ha difundido un mensaje “sobre las personas mayores en tiempo del coronavirus” este martes, 7 de abril de 2020, en el que revela un pensamiento de “preocupación y agradecimiento” por los ancianos.

El texto comienza con la cita del Papa Francisco: “En el corazón de esta tempestad inesperada y furiosa nos hemos dado cuenta de estar en la misma barca” y recuerdan que “al interior están también las personas mayores”. Como todos, “son frágiles y están desorientadas”.

Su generación, en estos días “difíciles para todos” está pagando el precio más alto a la pandemia de COVID-19, señalan. “Las estadísticas nos dicen que en Italia más del 80% de las personas que han perdido la vida tenían más de 70 años”, apuntan en la nota.

Tenemos una “responsabilidad común”

La ciencia nos dice que el motivo por el cual tantas personas mayores mueren es porque “ellas son más frágiles”, y que el virus tiene un porcentaje de mortandad más elevado en las personas que tienen una o más patologías previas, reseña el Dicasterio. “Se trata de una explicación convincente, pero que podría hacernos pensar que casi no se puede hacer nada”, reflexionan.

Frente al escenario de una generación golpeada de una manera tan fuerte, “estamos llamados a una responsabilidad común, que nace de la conciencia del valor inestimable de cada vida humana y por la gratitud hacia nuestro papás y abuelos”, señalan. “No dejemos solas a las personas mayores, porque en la soledad el coronavirus cobra más vidas”.

Curar la soledad

Hace unas pocas semanas, recibiendo a los participantes al primer congreso internacional de la pastoral de las personas mayores, organizado por el Dicasterio, el Santo Padre afirmó que “la soledad puede ser una enfermedad, sin embargo, con la caridad, la cercanía y el consuelo espiritual podemos curarla”.

Estas palabras ayudan a comprender que, “si es verdad que el coronavirus es más letal cuando encuentra un cuerpo debilitado, en muchos casos la patología preexistente es la soledad”, aclaran los miembros del Dicasterio para la Vida.

“No es casualidad que estamos presenciando la muerte, en proporciones y formas terribles, de tantas personas que viven fuera de sus casas y apartados de su núcleo familiar, en condiciones de soledad en verdad desgastantes y deprimentes”, observan.

Por esto, la Iglesia llaman a hacer “todo lo que sea posible para remediar esta situación de abandono que, en las circunstancias actuales, podría significar salvar vidas humanas”.

A pesar de tantas iniciativas en tal sentido que la Iglesia está poniendo en práctica, el Dicasterio llama a todos a “hacer algo más” y aseguran que “individualmente o como Iglesias locales, podemos hacer mucho por las personas mayores: orar por ellas, curar la enfermedad de la soledad, activar redes de solidaridad, y mucho más”.

Residencias de mayores

En su mensaje, el Dicasterio solicita una particular atención a “aquellos que viven al interno de las estructuras residenciales”, porque “escuchamos cada día noticias terribles sobre las condiciones en que se encuentran”, advierten, “y ya son miles de personas que han perdido la vida”.

En otras circunstancias, sin embargo, “la crisis actual es hija de una abandono existencial y terapéutico que ha comenzado en el pasado”. Aún en la compleja situación que vivimos, “es necesario aclarar que salvar las vidas de las personas mayores que viven en las instituciones, o que están solas o enfermas, es una prioridad del mismo modo que salvar a cualquier otra persona”.

En este sentido, hacen un llamamiento a los países en los cuales la pandemia no ha tomado grandes dimensiones, en los que “es aún posible tomar medidas preventivas para protegerlos” y “actuar para encontrar soluciones emergentes”.

No se trata de algo secundario, de ello depende el futuro de nuestras comunidades eclesiales y de nuestra sociedad porque, como dijo recientemente el Papa Francisco, “las personas mayores son el presente y el mañana de la Iglesia”.

 

CAMINO DEL CALVARIO

— Jesús con la Cruz a cuestas por las calles de Jerusalén. Simón de Cirene.

— Jesús acompañado de dos ladrones en su camino hacia el Calvario. Modos de llevar la cruz.

— El encuentro con su Santísima Madre.

I. Tras una noche de dolor, de burlas y desprecio, Jesús, roto por el terrible tormento de la flagelación, es llevado para ser crucificado. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de haberle hecho azotar, se lo entregó para que fuera crucificado1, dice sobriamente el Evangelio de San Mateo.

El pueblo no aceptó el canje por Barrabás, del que era inocente por quien era culpable de robo con homicidio. Jesús es condenado a sufrir un doloroso castigo y la muerte reservada a los criminales. Al poco tiempo, todos ven que está demasiado débil para llevar sobre sus hombros la cruz hasta el Calvario. Un hombre, Simón de Cirene, que va camino de su casa, es forzado a cargar con ella. ¿Dónde están tus discípulos? Jesús les había hablado de llevar la cruz2, y todos ellos habían afirmado con gran seguridad que estaban dispuestos a ir con Él hasta la muerte3. Ahora ni siquiera encuentra a uno para que le ayude a llevar el madero hasta el lugar de la ejecución. Lo ha de hacer un extraño, y obligado a la fuerza. Alrededor del Señor no hay rostros amigos y nadie quiso comprometerse. Hasta quienes recibieron beneficios y curaciones quieren pasar ahora inadvertidos. Se cumplió al pie de la letra lo que profetizó Isaías muchos siglos antes: He pisado el lagar yo solo, sin que nadie de entre las gentes me ayudase... Miré, y no había quien me auxiliase; me maravillé de que no hubiera quien me apoyara4.

Cogió Simón el extremo de la cruz y lo cargó sobre sus hombros. El otro, el más pesado, el del amor no comprendido, el de los pecados de cada hombre, ese lo llevó Cristo, solo.

Hay una excepción en este desamparo en que el Señor se encuentra, y que nos ha sido transmitida por tradición: una mujer –a la que se conoce por el nombre de Verónica– se acerca con un paño para limpiar el rostro de Jesús, y en la tela quedó impreso el rostro del Señor. «El velo de la Verónica es el símbolo del conmovedor diálogo entre Cristo y el alma reparadora. La Verónica respondió al amor de Cristo con su reparación; una reparación especialmente admirable, porque fue hecha por una débil mujer que no temió las iras de los enemigos de Cristo (...). ¿Se imprime en mi alma (...) el rostro de Jesús, como en el velo de la Verónica?»5.

El Señor sigue su camino; algún alivio físico le ha llegado. Pero la vía es tortuosa y el suelo irregular. Sus energías están cada vez más mermadas; nada tiene de extraño que Jesús caiga. Una, dos, tres veces. Cae y a duras penas se levanta. Y a los pocos metros vuelve a caer. Al levantarse nos dice lo mucho que nos ama; al caer expresa la gran necesidad que siente de que le amemos.

«No es tarde, ni todo está perdido... Aunque te lo parezca. Aunque lo repitan mil voces agoreras. Aunque te asedien miradas burlonas e incrédulas... Has llegado en un buen momento para cargar con la Cruz: la Redención se está haciendo –¡ahora!–, y Jesús necesita muchos cirineos»6.

II. En otro momento de ese caminar hacia el Calvario, Jesús pasa delante de un grupo de mujeres que lloran por Él. Las consuela y hace una «llamada al arrepentimiento, al verdadero arrepentimiento, al pesar, en la verdad del mal cometido. Jesús dice a las hijas de Jerusalén que lloran a su vista: No lloréis por mí; llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos (Lc 23, 28). No podemos quedarnos en la superficie del mal, hay que llegar a su raíz, a las causas, a la más honda verdad de la conciencia (...). Señor, ¡dame saber vivir y andar en la verdad!»7.

A Jesús, formando parte del cortejo, y para hacer más humillante su muerte, le acompañan dos ladrones. Un espectador recién llegado, que nada supiera, vería tres hombres, cada uno cargado con su cruz, camino de la muerte. Pero solo uno es el Salvador del mundo, y una sola la Cruz redentora.

Hoy también se puede llevar la cruz de distintas formas. Hay una cruz llevada con rabia, contra la que el hombre se revuelve lleno de odio o, al menos, de un profundo malestar; es una cruz sin sentido y sin explicación, inútil, que incluso aleja de Dios. Es la cruz de los que en este mundo solo buscan la comodidad y el bienestar material, que no soportan el dolor ni el fracaso, porque no quieren comprender el sentido sobrenatural del sufrimiento. Es una cruz que no redime: es la que lleva uno de los ladrones.

Camino del Calvario marcha una segunda cruz llevada con resignación, quizá incluso con dignidad humana, aceptándola porque no hay más remedio. Así la lleva el otro ladrón, hasta que poco a poco se da cuenta de que muy cerca de él está la figura soberana de Cristo, que cambiará por completo los últimos instantes de su vida aquí en la tierra, y también la eternidad, y le hará convertirse en el buen ladrón.

Hay un tercer modo de llevarla. Jesús se abraza a la Cruz salvadora y nos enseña cómo debemos cargar con la nuestra: con amor, corredimiendo con Él a todas las almas, reparando por los propios pecados. El Señor ha dado un sentido profundo al dolor. Pudiendo redimirnos de muchas maneras lo hizo a través del sufrimiento, porque nadie tiene amor más grande que aquel que da la vida por sus amigos8.

Las personas santas han descubierto que el dolor, el sufrimiento, la contrariedad dejan de ser algo negativo en el momento en que no se ve la cruz sola, sino con Jesús que pasa y sale a nuestro encuentro. «¡Dios mío!, que odie el pecado, y me una a Ti, abrazándome a la Santa Cruz, para cumplir a mi vez tu Voluntad amabilísima..., desnudo de todo afecto terreno, sin más miras que tu gloria..., generosamente, no reservándome nada, ofreciéndome contigo en perfecto holocausto»9.

Simón de Cirene conoció a Jesús a través de la Cruz. El Señor le recompensará la ayuda prestada dando la fe también a sus dos hijos, Alejandro y Rufo10; serían pronto cristianos destacados de la primera hora. Debemos pensar que Simón de Cirene más tarde sería un discípulo fiel, estimado por la primera comunidad cristiana de Jerusalén. «Todo empezó por un encuentro inopinado con la Cruz.

»Me presenté a los que no preguntaban por mí, me hallaron los que no me buscaban (Is 65, 1).

»A veces la Cruz aparece sin buscarla: es Cristo que pregunta por nosotros. Y si acaso ante esa Cruz inesperada, y tal vez por eso más oscura, el corazón mostrara repugnancia... no le des consuelos. Y, lleno de una noble compasión, cuando los pida, dile despacio, como en confidencia: corazón, ¡corazón en la Cruz!, ¡corazón en la Cruz!»11.

La meditación de hoy es un momento oportuno para que nos preguntemos a nosotros mismos cómo llevamos las contrariedades, el dolor. Buena ocasión para examinar si nos acercan a Cristo, si estamos corredimiendo con Él, si nos sirven para expiar nuestras culpas.

III. «Caminaba el Salvador, el cuerpo inclinado con el peso de la Cruz, los ojos hinchados y como ciegos de lágrimas y de sangre, el paso lento y dificultoso por su debilidad; le temblaban las rodillas, se arrastraba casi detrás de sus dos compañeros de suplicio. Y los judíos se reían, los verdugos y los soldados le empujaban»12. En el cuarto misterio doloroso del Rosario contemplamos a Jesús con la Cruz a cuestas camino del Calvario «Estamos tristes, viviendo la Pasión de Nuestro Señor Jesús. —Mira con qué amor se abraza a la Cruz. —Aprende de Él. —Jesús lleva Cruz por ti: tú, llévala por Jesús.

»Pero no lleves la Cruz arrastrando... Llévala a plomo, porque tu Cruz, así llevada, no será una Cruz cualquiera: será... la Santa Cruz (...).

»Y de seguro, como Él, encontrarás a María en el camino»13.

En el Vía Crucis meditamos que, en una de aquellas callejuelas, Jesús se encontró con su Madre. Se paró un instante. «Con inmenso amor mira María a Jesús, y Jesús mira a su Madre; sus ojos se encuentran, y cada corazón vierte en el otro su propio dolor. El alma de María queda anegada en amargura, en la amargura de Jesucristo.

»¡Oh vosotros cuantos pasáis por el camino: mirad y ved si hay dolor comparable a mi dolor! (Lam 1, 12).

»Pero nadie se da cuenta, nadie se fija, solo Jesús (...).

»En la oscura soledad de la Pasión, Nuestra Señora ofrece a su Hijo un bálsamo de ternura, de unión, de fidelidad, un sí a la voluntad divina»14.

El Señor continúa su camino y María le acompaña a pocos metros de distancia, hasta el Calvario. La profecía de Simeón se está cumpliendo con perfecta exactitud.

«¿Qué hombre no lloraría, si viera a la Madre de Cristo en tan atroz suplicio?

»Su Hijo herido... Y nosotros lejos, cobardes, resistiéndonos a la Voluntad divina.

»Madre y Señora mía, enséñame a pronunciar un sí que, como el tuyo, se identifique con el clamor de Jesús ante su Padre: non mea voluntas... (Lc 22, 42): no se haga mi voluntad, sino la de Dios»15.

Cuando el dolor y la aflicción nos aquejen, cuando se hagan más penetrantes, acudiremos a Santa María, Mater dolorosa, para que nos haga fuertes y para aprender a santificarlos con paz y serenidad.

1 Mt 27, 26. — 2 Mt 16, 24. — 3 Mt 26, 35. — 4 Is 63, 3 y 5. — 5 J. Ablewicz, Seréis mis testigos, Madrid 1983. Vía Crucis, Sexta estación, pp. 334-335. — 6 San Josemaría Escrivá, Vía Crucis, V, 2. — 7 K. Wojtyla, Signo de contradicción, Madrid 1978. Vía Crucis, Octava estación, pp. 244-245. — 8 Cfr. Jn 15, 13. — 9 San Josemaría Escrivá, loc. cit., IX. — 10 Cfr. Mc 15, 21. — 11 San Josemaría Escrivá, loc. cit., V. — 12 L. de la Palma, La pasión del Señor, p. 168. — 13 San Josemaría Escrivá, Santo Rosario, cuarto misterio doloroso. — 14 ídem, Vía Crucis, IV. — 15 Ibídem, IV, 1.

 

Miércoles santo: “Amor con amor se paga”

¿Quieres saber cómo agradecer al Señor lo que ha hecho por nosotros?... ¡Con amor! No hay otro camino. Amor con amor se paga. Pero la certeza del cariño la da el sacrificio. De modo que ¡ánimo!: niégate y toma su Cruz. Entonces estarás seguro de devolverle amor por amor. (Via Crucis, Vª Estación. n. 1)

8 de abril

No es tarde, ni todo está perdido... Aunque te lo parezca. Aunque lo repitan mil voces agoreras. Aunque te asedien miradas burlonas e incrédulas... Has llegado en un buen momento para cargar con la Cruz: la Redención se está haciendo –¡ahora!–, y Jesús necesita muchos cirineos. (Via Crucis, Vª Estación. n. 2)

Por ver feliz a la persona que ama, un corazón noble no vacila ante el sacrificio. Por aliviar un rostro doliente, un alma grande vence la repugnancia y se da sin remilgos... Y Dios ¿merece menos que un trozo de carne, que un puñado de barro?

Aprende a mortificar tus caprichos. Acepta la contrariedad sin exagerarla, sin aspavientos, sin... histerismos. Y harás más ligera la Cruz de Jesús. (Via Crucis, Vª Estación. n. 3)

¿Cómo amar de veras la Cruz Santa de Jesús?... ¡Deséala!... ¡Pide fuerzas al Señor para implantarla en todos los corazones, y a lo largo y a lo ancho de este mundo! Y luego... desagráviale con alegría; trata de amarle también con el latir de todos los corazones que aún no le aman. (Via Crucis, Vª Estación. n. 5)

 

Retransmisiones de la Semana Santa (Triduo Pascual)

El Papa Francisco celebrará los ritos de la Semana Santa en el Altar de la Cátedra, en la Basílica de San Pedro. Todas las ceremonias se podrán seguir en directo. Y el Santuario de Torreciudad también transmitirá la celebración del Domingo de Ramos y los Oficios del Triduo Pascual.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA04/04/2020

Calendario de las ceremonias presididas por el Papa Francisco.
• Domingo 5, Domingo de Ramos, Santa Misa a las 11:00.
• Jueves 9, Jueves Santo, Santa Misa in Coena Domini a las 18:00.
• Viernes 10, Viernes Santo, Pasión del Señor a las 18:00.
• Viernes 10, Viernes Santo, Vía Crucis a 21:00.
• Sábado 11, Sábado Santo, Vigilia Pascual a las 21:00.
• Domingo 12, Domingo de Pascua, Santa Misa a las 11:00. Y Bendición Urbi et Orbi a las 12:00.
Más información en el sitio web del Vaticano.

 

 

Programación de las celebraciones retransmitidas por el santuario de Torreciudad (Hora peninsular española UTC +1)
• Domingo de Ramos: Misa de Ramos a las 11:00. Resto de Misas: 13:15 y 18:00. Ángelus a las 12:00 y Rosario a las 17:00
• Lunes, Martes y Miércoles Santo: Misas a las 11:00, 13:15 y 18:00. Ángelus a las 12:00 y Rosario a las 17:00.
• Jueves Santo: Oficios a las 17:00. Ángelus a las 12:00. Desde el final de los Oficios hasta las 15:00 del Viernes Santo se podrá adorar al Señor en la Eucaristía con la cámara fija en el Sagrario del retablo del Santuario.
• Viernes Santo: Oficios a las 17:00. Al terminar, celebración del Via Crucis. Ángelus a las 12:00.
• Sábado Santo: Vigilia Pascual a las 20:00. Ángelus a las 12:00 y Rosario a las 17:00.
• Domingo de Resurrección: Misas a las 11:00, 13:15 y 18:00. Rosario a las 17:00.

 

 

 

Audio meditación del Prelado: Cristo, espejo de nuestra fragilidad

Tercer fragmento de la oración de Mons. Fernando Ocáriz sobre la Pasión del Señor. En este audio, reflexiona sobre la figura del "Ecce Homo", Cristo torturado que se presenta frágil ante los hombres.

HOMILÍAS08/04/2020

Audio y transcripción de la meditación de Mons. Fernando Ocáriz: “Cristo, espejo de nuestra fragilidad”.

Enlace al primer episodio: “Unidos en la última cena”

Enlace al segundo episodio: “El Mandamiento Nuevo del Señor”


La liturgia del Viernes Santo nos sitúa directamente ante el gran misterio de la Cruz de Jesucristo.

En el Evangelio contemplamos al Señor en Getsemaní, apresado por una cohorte encabezada por Judas; lo vemos conducido ante el sumo sacerdote Caifás y, después de ser interrogado, recibir una injusta bofetada.

Después, en presencia de Pilato, el pueblo grita: «¡Crucifícalo, crucifícalo!» (Jn 19, 6); a continuación, Jesús es azotado y coronado de espinas.

En la mañana del Viernes Santo, Pilato presentó a Cristo, torturado y humillado, ante el pueblo, diciendo: Ecce Homo “he aquí al hombre” (Jn 19,5). Unas horas después, sería crucificado.

En un famoso cuadro de Tiziano -el Ecce homo- se puede ver a Jesús, destrozado como hombre, pero que, sin embargo, trasluce su divinidad y belleza. Dios ha querido hacerse visible también en la vulnerabilidad.

En el padecimiento y quizá oscuridad de tantas personas que sufren en el mundo (ahora también por la pandemia del coronavirus) podemos contemplar a Cristo flagelado y coronado de espinas. San Juan Pablo II lo contemplaba así: “¡Es el hombre, todo el hombre, cada hombre en su ser único e irrepetible, creado y redimido por Dios (…) Ecce homo...!”.

Es verdad que sufrimos juntos, y hay tantas pruebas de solidaridad que lo muestran, pero en último término el dolor lo experimenta cada uno, a solas con Dios.

JESÚS, HERIDO Y MANSO, ES TAMBIÉN COMO UN ESPEJO, EN EL QUE NOS MIRAMOS

La soledad de Jesús mostrado al pueblo, recuerda a los enfermos que, por el aislamiento de estos días, mueren sin poder despedirse de sus familias y a otros que sufren la enfermedad en solitario. Jesús ante el pueblo probaba también la soledad. Su grito en la Cruz (“¿por qué me has abandonado?”), quizá comenzó antes con el silencio sereno del Ecce Homo.

Cristo presentado por Pilato al pueblo es también un icono de la dignidad humana maltratada. Hay una presencia misteriosa de Dios en el sufrimiento de toda persona. En el inocente que sufre por desastres naturales o por injusticias humanas, pero también cuando sufrimos a causa de nosotros mismos, principalmente por nuestros pecados. Pedimos a Dios que nos ayude, que nos salve. Él lleva sobre sí todas las consecuencias de los pecados de los hombres. Él es nuestra esperanza.

Jesús, herido y manso, es también como un espejo, en el que nos miramos. El Dios que es amor se muestra en las llagas de Cristo doliente.

Una especial presencia de Dios acompaña también a quien se entrega a los demás desinteresadamente, pues “donde está la caridad y el amor ahí está Dios: Ubi caritas et amor, Deus ibi est! Hemos visto a tantas mujeres y hombres, que son como esos buenos samaritanos, figuras de Jesús, en los hospitales, en las residencias de ancianos, en las familias. Comprobamos que el individualismo y lo útil no tienen la última palabra. En una sociedad aparentemente autosuficiente, el Espíritu de Dios late en el corazón de muchas personas. De una manera o de otra, Dios siempre se hace presente en la historia y la fecunda de nuevo con amor.

La figura del Ecce Homo nos puede ayudar también a tomar más conciencia de que somos frágiles y a menudo indefensos ante muchos acontecimientos, como nos recordaba el Papa -desde esa plaza de San Pedro vacía- al hablarnos de aquella tormenta que revela nuestra fragilidad. Reconocer esta verdad sobre nosotros mismos nos puede ayudar a reconfigurar nuestra relación con Dios y con los demás.

El Evangelio sigue: Jesús carga el madero, es despojado de sus vestiduras y, aparentemente, también de su dignidad. En el momento de la crucifixión, el Señor dirige aquellas palabras procedentes de un salmo: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Mt 27,46).

¿Por qué todo este sufrimiento? ¿Por qué la Cruz?

Aunque no podemos entenderlo del todo, la crucifixión nos revela que ahí donde parece haber sólo debilidad, Dios manifiesta su poder sin límites; donde vemos fracaso, derrota, incomprensión y odio, precisamente ahí Jesús nos revela el gran poder de Dios: transformar la Cruz en expresión de Amor y de Victoria.

En la epístola a los Hebreos, leemos que en el madero encontramos “el trono de la gracia, para alcanzar misericordia” (Heb 4,16).

Esta fue la vivencia de uno de los ajusticiados al lado de Cristo en el Calvario. El “buen ladrón” experimenta cómo la Cruz de Jesús se convierte en el lugar en el que se sabe perdonado y amado: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”, le dice el Señor (Lc 23, 43). En la Cruz oímos pronunciar la palabra “Paraíso”.

Cruz y paraíso. De instrumento de tortura, de violencia y de desprecio, la Cruz se transforma en medio de salvación, en símbolo de esperanza; se ha convertido en manifestación del amor infinito y misericordioso de Dios. San Josemaría explica que en el camino hacia la Cruz vemos cómo Cristo "se entrega a la muerte con la plena libertad del Amor". Mirar al Crucificado es contemplar nuestra esperanza.

Nosotros también podemos contemplarlo, tomando un crucifijo en nuestras manos para, simplemente, mirar al Señor. El Papa Francisco nos ha invitado a “dejarse mirar por él en el momento en el que da la vida por nosotros y nos atrae a sí. El Crucifijo no nos habla de derrota, de fracaso; paradójicamente nos habla de una muerte que es vida, que genera vida, porque nos habla de amor, porque él es el Amor de Dios encarnado, y el Amor no muere, más aún, vence el mal y la muerte. El que se deja mirar por Jesús crucificado es re-creado, llega a ser una «nueva criatura»”.

¡Cuánta esperanza nos puede dar en estos momentos mirar el Crucifijo! Puede ser el mismo Crucifijo que tenemos en nuestra habitación o en otro lugar de la casa. Detenerse en silencio, mostrarle nuestras heridas interiores, nuestros cansancios, nuestras preocupaciones y ponerlas en sus manos.

Así experimentaremos el poder transformador del Amor de Dios, que en la Cruz abraza lo débil y lo llena de esperanza. Y nos convertiremos también nosotros en signo concreto del amor de Dios: en nuestras familias, en nuestras amistades, en todos los ambientes en que nos movamos… En cada uno de esos “lugares” podemos ser signo concreto de esperanza, si nos unimos a Jesús en la Cruz y abrimos con Él nuestros brazos a los demás.

Agradezcamos de modo especial, en el Viernes Santo, la misericordia divina que nos llega en el sacramento de la Penitencia. Precisamente en este periodo de más oración y penitencia, que es la cuaresma y la Semana Santa, muchas personas en todo el mundo no puedan acercarse a la Confesión.

En esta circunstancia tan peculiar, el Papa nos aconsejaba, hace unos días, a poner por obra lo que dice Catecismo de la Iglesia Católica sobre los actos de contrición[1]: "Si no encuentras un sacerdote para confesarte, habla con Dios, que es tu Padre, y dile la verdad: ‘Señor, he hecho esto, esto, esto... Perdóname’, y pídele perdón de todo corazón, con el acto de dolor y prométele: 'Me confesaré después, pero perdóname ahora'".

El viernes santo, la Iglesia dirige su atención hacia el Lignum Crucis, el árbol de la Cruz. En la liturgia rezamos:

«Adoramos tu Cruz, Señor, y alabamos y glorificamos tu santa Resurrección. Por el madero ha venido la alegría al mundo».

La Cruz irradia esperanza al mundo entero. Ahí vemos al Señor con sus brazos abiertos, dispuesto a acoger y curar nuestras debilidades. Y ahí vemos también a la Virgen María.

Tiziano, después del Ecce Homo, pintó La Dolorosa con las manos abiertas”. Durante años los dos cuadros colgaron, uno al lado otro, en la misma pared. Cuando el sufrimiento se presente en nuestra vida, al mirar a Jesús, nos sabremos también siempre acompañados por María. A ella le pedimos que nos ayude a permanecer cerca de la Cruz, para ofrecer esperanza a quienes nos rodean.

 

Miércoles santo: Judas traiciona a Jesús

"En el lugar donde estamos, realizando bien nuestro trabajo, cuidando de la familia, sirviendo a los amigos, podemos ayudar a la felicidad de tantas gentes". Palabras de mons. Javier Echevarría, emitidas por la cadena de Estados Unidos EWTN.

CONFERENCIAS08/04/2020

Miércoles santo: palabras de Mons. Javier Echevarría (2004).

El Miércoles Santo recordamos la triste historia de uno que fue Apóstol de Cristo: Judas. Así lo cuenta San Mateo en su evangelio: Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: "¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?". Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento, andaba buscando una oportunidad para entregárselo.

¿Por qué recuerda la Iglesia este acontecimiento? Para que nos hagamos cargo de que todos podemos comportarnos como Judas. Para que pidamos al Señor que, de nuestra parte, no haya traiciones, ni alejamientos, ni abandonos. No solamente por las consecuencias negativas que esto podría traer a nuestras vidas personales, que ya sería mucho; sino porque podríamos arrastrar a otros, que necesitan la ayuda de nuestro buen ejemplo, de nuestro aliento, de nuestra amistad.

En algunos lugares de América, las imágenes de Cristo crucificado muestran una llaga profunda en la mejilla izquierda del Señor. Y cuentan que esa llaga representa el beso de Judas. ¡Tan grande es el dolor que nuestros pecados causan a Jesús! Digámosle que deseamos serle fieles: que no queremos venderle —como Judas— por treinta monedas, por una pequeñez, que eso son todos los pecados: la soberbia, la envidia, la impureza, el odio, el resentimiento... Cuando una tentación amenace arrojarnos por el suelo, pensemos que no vale la pena cambiar la felicidad de los hijos de Dios, que eso somos, por un placer que se acaba enseguida y deja el regusto amargo de la derrota y de la infidelidad.

Hemos de sentir el peso de la Iglesia y de toda la humanidad. ¿No es estupendo saber que cualquiera de nosotros puede tener influencia en el mundo entero? En el lugar donde estamos, realizando bien nuestro trabajo, cuidando de la familia, sirviendo a los amigos, podemos ayudar a la felicidad de tantas gentes. Como escribe San Josemaría Escrivá, con el cumplimiento de nuestros deberes cristianos, hemos de ser como la piedra caída en el lago. —Produce, con tu ejemplo y con tu palabra un primer círculo... y éste, otro... y otro, y otro.. Hasta llegar a los sitios más remotos.

Vamos a pedir al Señor que no le traicionemos más; que sepamos rechazar, con su gracia, las tentaciones que el demonio nos presenta, engañándonos. Hemos de decir que no, decididamente, a todo lo que nos aparte de Dios. Así no se repetirá en nuestra vida la desgraciada historia de Judas.

Y si nos sentimos débiles, ¡corramos al Santo Sacramento de la Penitencia! Allí nos espera el Señor, como el padre de la parábola del hijo pródigo, para darnos un abrazo y ofrecernos su amistad. Continuamente sale a nuestro encuentro, aunque hayamos caído bajo, muy bajo. ¡Siempre es tiempo de volver a Dios! No reaccionemos con desánimo, ni con pesimismo. No pensemos: ¿qué voy a hacer yo, si soy un cúmulo de miserias? ¡Más grande es la misericordia de Dios! ¿Qué voy a hacer yo, si caigo una vez y otra por mi debilidad? ¡Mayor es el poder de Dios, para levantarnos de nuestras caídas!

Grandes fueron los pecados de Judas y de Pedro. Los dos traicionaron al Maestro: uno entregándole en manos de los perseguidores, otro renegando de Él por tres veces. Y, sin embargo, ¡qué distinta reacción tuvo cada uno! Para los dos guardaba el Señor torrentes de misericordia. Pedro se arrepintió, lloró su pecado, pidió perdón, y fue confirmado por Cristo en la fe y en el amor; con el tiempo, llegaría a dar su vida por Nuestro Señor. Judas, en cambio, no confió en la misericordia de Cristo. Hasta el último momento tuvo abiertas las puertas del perdón de Dios, pero no quiso entrar por ellas mediante la penitencia.

En su primera encíclica, Juan Pablo II habla del derecho de Cristo a encontrarse con cada uno de nosotros en aquel momento-clave de la vida del alma, que es el momento de la conversión y del perdón (Redemptor hominis, 20). ¡No privemos a Jesús de ese derecho! ¡No quitemos a Dios Padre la alegría de darnos el abrazo de bienvenida! ¡No contristemos al Espíritu Santo, que desea devolver a las almas la vida sobrenatural!

Pidamos a Santa María, Esperanza de los cristianos, que no permita que nos desanimemos ante nuestras equivocaciones y pecados, quizá repetidos. Que nos alcance de su Hijo la gracia de la conversión, el deseo eficaz de acudir —humildes y contritos— a la Confesión, sacramento de la misericordia divina, comenzando y recomenzando siempre que sea preciso.


Meditaciones de Mons. Javier Echevarría sobre la Semana Santa

 

 

 

Retiro de abril #DesdeCasa

¿Quién ha dicho que no puedas hacer tu propio retiro desde casa? Aunque no estés con otras personas, ni acudas a un centro de la Obra, te facilitamos material para que hagas el retiro mensual en tu casa.

ÚLTIMAS NOTICIAS07/04/2020

∙ Descarga, en PDF, el material para el retiro mensual #DesdeCasa

Retiro de abril #DesdeCasa from Opus Dei

1. Introducción: Para situarnos en los temas del retiro y mejorar nuestras disposiciones interiores.

2. Meditación I y II: Distintos temas para hacer tu oración personal.

3. Lectura y Evangelio: Dos lecturas a elegir y el evangelio de la Resurrección.

4. Santo Rosario: Vamos a acudir con fe a la Virgen poniendo intenciones en cada misterio.

5. Examen: Párate en la presencia del Señor a pensar unas preguntas y después, haz un acto de contrición.

6. Vía Crucis meditado

7. Santa Misa Online: Se puede vivir bien desde casa.

1. Introducción

El retiro de abril es una buena ocasión para contemplar y vivir la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.

Estos van a ser los temas sobre los que vamos a meditar: abrazar la Cruz para alcanzar la identificación con Él, la Eucaristía, misterio de fe y de amor, la alegría de la Resurrección.

Es éste un buen momento para mirar nuestra propia vida y descubrir dónde está lo esencial. Con frecuencia nos afanamos en tantas cosas, nos enfrentamos por otras, hacemos de lo relativo algo esencial y lo esencial lo relativizamos. La epidemia nos obliga a parar y nos damos cuenta de que no somos capaces, no nos resulta fácil porque no sabemos estar "haciendo nada". En este retiro, párate, piensa, reza, pierde tu valioso tiempo con el Señor. Cuando estamos obligados a reducir nuestra labor externa nos encontramos ante una oportunidad de crecer para adentro.

Es tiempo de recordar que somos vulnerables, más de lo que creemos; que necesitamos la fuerza de Dios para caminar en esta vida; que no podemos dejar de lado el consuelo y la fortaleza que nos da saber que somos hijos de Dios. Ahora, más que nunca, necesitamos renovar nuestra confianza en Dios y recobrar la esperanza. El miedo está siendo otro virus que nos paraliza, desechemos este miedo y pidamos ayuda al Señor.

Como nos ha dicho recientemente el Papa Francisco: “En medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado. El Señor nos interpela desde su Cruz a reencontrar la vida que nos espera, a mirar a aquellos que nos reclaman, a potenciar, reconocer e incentivar la gracia que nos habita. No apaguemos la llama humeante, que nunca enferma, y dejemos que reavive la esperanza”. (Momento extraordinario de oración en tiempos de Pandemia, Plaza de San Pedro, 27 de marzo de 2020).

Puedes escuchar unas palabras de Mons. Javier Echevarría emitidas por la cadena de Estados Unidos EWTN. Nos da ideas para este retiro y tips sobre cómo acompañar a Cristo en la Cruz.

Durante este retiro miremos y contemplemos la Cruz, a Jesús muerto. “Pero acerquémonos con sinceridad, sabiendo encontrar ese recogimiento interior que es señal de madurez cristiana. Los sucesos divinos y humanos de la Pasión penetrarán de esta forma en el alma, como palabra que Dios nos dirige, para desvelar los secretos de nuestro corazón y revelarnos lo que espera de nuestras vidas”. (San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 101).

2. Meditación I y II

Meditación I:

- Entrar de corazón en la Semana Santa:

- Los amó hasta el fin:

Meditación II: Jesús ha vencido a la muerte

3. Lectura y Evangelio

Puedes elegir una de estas dos lecturas:

Lectura I: La muerte de Cristo, vida del cristiano/ 20 min. Homilía del Viernes Santo, pronunciada por san Josemaría y recogida en “Es Cristo que pasa”.

Puedes leerlo en este enlace o escucharlo en este otro enlace.

Lectura II: Desde la Llaga de la mano derecha/ 15 min. Artículo Nuevos Mediterráneos III.

Puedes leerlo en este enlace o escucharlo en este otro enlace.

Evangelio/4 min.: La Resurrección de Jesús.

4. Santo Rosario

Ha sido la oración con que los cristianos han acudido a la Virgen en todas las épocas, para pedir su protección en momentos de dificultad.

Aquí tienes una guía para rezar el Rosario. Puedes hacerlo por tu cuenta, o con la gente que está contigo.

¡No te olvides de poner intenciones!
Por las intenciones del Papa.
Por nuestros mayores y las personas más vulnerables.
Por las autoridades, médicos, enfermeras, voluntarios y todo el personal sanitario.
Para que recuperen la salud los enfermos y afectados por la epidemia.
Por los que han fallecido por esta epidemia.
Para que quienes se sientan llamados por Dios entreguen por entero su corazón.
Para que este momento de cuarentena sea una ocasión para acercarnos más al Señor.
Para que, en este tiempo, redescubramos las cosas que realmente importan en nuestras vidas.
Por los afectados económicamente a causa de esta crisis.
Para que estos días, sean ocasión para recuperar los momentos de oración en familia.
Para que en las familias, durante este tiempo de confinamiento, se conserve el ánimo y el buen humor ante las tensiones y sepamos recomenzar pidiendo perdón con frecuencia.

5. Examen de conciencia

«Y adelantándose un poco, se postró rostro en tierra mientras oraba diciendo: Padre mío, si es posible, aleja de mí este cáliz; pero que no sea tal como yo quiero, sino como quieres tú» (Mt 26,39).

¿Busco en la oración las fuerzas para identificarme con la voluntad de Dios, también cuando me supone esfuerzo o, en alguna ocasión, incluso heroísmo?

«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga» (Mt 16,24).

¿Estoy convencido de que tomar mi cruz –las cosas que me cuestan– implica cumplir, con la fuerza de la gracia, el pequeño deber de cada instante?

Quédate con nosotros, porque nos rodean en el alma las tinieblas, y solo Tú eres luz, solo Tú puedes calmar esta ansia que nos consume (San Josemaría, Amigos de Dios, n. 314).

¿Recuerdo con frecuencia al Señor que camina siempre conmigo y le busco enseguida cuando pierdo la claridad en mi vida interior? ¿Le pido también que, junto a Él, me ayude a ser luz para los demás?

«Vino Jesús, se presentó en medio de ellos y les dijo: –La paz esté con vosotros (…) Al ver al Señor, los discípulos se alegraron» (Jn20,19).

¿Descubro a Jesús en medio de mis quehaceres diarios y dejo que me inunde su gozo y su paz? ¿Transmito a los demás la serenidad de quien se sabe acompañado constantemente por el Señor?

«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía» (Lc 22,19).

¿Encuentro en el sacrificio eucarístico -también en este momento en que tengo que vivir la Misa online- la fuente que renueva mi entrega diaria? ¿Le pido al Señor que me enseñe a darme a los demás, como Él se entrega por mí?

6. Via Crucis meditado

¿Qué es?

El Vía Crucis es una de las prácticas piadosas más habituales durante los viernes de Cuaresma y el Viernes Santo. Es una manera de recordar la pasión de Jesús y de vivir con Él, acompañándolo en los sufrimientos camino al Calvario.

Consta de 14 estaciones, cada una de las cuales se fija en un paso o episodio de la Pasión del Señor.

¿Cómo se reza?

1. Se anuncia la estación.

2. Se reza la siguiente jaculatoria: “Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos” a lo que se contesta: “Que por tu Santa Cruz redimiste el mundo”.

3. Se lee o escucha el texto correspondiente a esa estación.

4. Se reza un Padre Nuestro y un Avemaría. Y a continuación se dice: “Señor, pequé”, “Tened piedad y misericordia de mí”.

Después de cada estación se puede hacer un parón para meditar, ayudados de un texto.

I ESTACIÓN: Condenan a muerte a Jesús

Para meditar:

3. Durante el simulacro de proceso, el Señor calla. Iesus autem tacebat (Mt XXVI,63). Luego, responde a las preguntas de Caifás y de Pilatos... Con Herodes, veleidoso e impuro, ni una palabra (cfr. Lc XXIII,9): tanto deprava el pecado de lujuria que ni aun la voz del Salvador escucha.

Si se resisten a la verdad en tantos ambientes, calla y reza, mortifícate... y espera. También en las almas que parecen más perdidas queda, hasta el final, la capacidad de volver a amar a Dios.

(San Josemaría, Via Crucis, I Estación, n. 3)

II ESTACIÓN: Jesús carga con la cruz

Para meditar:

5. Hay en el ambiente una especie de miedo a la Cruz, a la Cruz del Señor. Y es que han empezado a llamar cruces a todas las cosas desagradables que suceden en la vida, y no saben llevarlas con sentido de hijos de Dios, con visión sobrenatural. ¡Hasta quitan las cruces que plantaron nuestros abuelos en los caminos...!

En la Pasión, la Cruz dejó de ser símbolo de castigo para convertirse en señal de victoria. La Cruz es el emblema del Redentor: in quo est salus, vita et resurrectio nostra: allí está nuestra salud, nuestra vida y nuestra resurrección.

(San Josemaría, Via Crucis, II Estación, n. 5)

III ESTACIÓN: Cae Jesús por primera vez

Para meditar:

5. ¡Cuántos, con la soberbia y la imaginación, se meten en unos calvarios que no son de Cristo!

La Cruz que debes llevar es divina. No quieras llevar ninguna humana. Si alguna vez cayeras en este lazo, rectifica enseguida: te bastará pensar que El ha sufrido infinitamente más por amor nuestro.

(San Josemaría, Via Crucis, III Estación, n. 5)

IV ESTACIÓN: Jesús encuentra a María, su Santísima Madre

Para meditar:

3. Ha esperado Jesús este encuentro con su Madre. ¡Cuántos recuerdos de infancia!: Belén, el lejano Egipto, la aldea de Nazaret. Ahora, también la quiere junto a sí, en el Calvario.

¡La necesitamos!... En la oscuridad de la noche, cuando un niño pequeño tiene miedo, grita: ¡mamá!

Así tengo yo que clamar muchas veces con el corazón: ¡Madre!, ¡mamá!, no me dejes.

(San Josemaría, Via Crucis, IV Estación, n. 3)

V ESTACIÓN: Simón ayuda a llevar la cruz de Jesús

Para meditar:

2. No es tarde, ni todo está perdido... Aunque te lo parezca. Aunque lo repitan mil voces agoreras. Aunque te asedien miradas burlonas e incrédulas...

Has llegado en un buen momento para cargar con la Cruz: la Redención se está haciendo —¡ahora!—, y Jesús necesita muchos cirineos.

(San Josemaría, Via Crucis, V Estación, n. 2)

VI ESTACIÓN: Una piadosa mujer enjuga el rostro de Jesús

Para meditar:

4. Ut in gratiarum semper actione maneamus! Dios mío, gracias, gracias por todo: por lo que me contraría, por lo que no entiendo, por lo que me hace sufrir.

Los golpes son necesarios para arrancar lo que sobra del gran bloque de mármol. Así esculpe Dios en las almas la imagen de su Hijo. ¡Agradece al Señor esas delicadezas!

(San Josemaría, Via Crucis, VI Estación, n. 4)

VII ESTACIÓN: Cae Jesús por segunda vez

Para meditar:

3. Me has dicho: Padre, lo estoy pasando muy mal.

Y te he respondido al oído: toma sobre tus hombros una partecica de esa cruz, sólo una parte pequeña. Y si ni siquiera así puedes con ella... déjala toda entera sobre los hombros fuertes de Cristo. Y ya desde ahora, repite conmigo: Señor, Dios mío: en tus manos abandono lo pasado y lo presente y lo futuro, lo pequeño y lo grande, lo poco y lo mucho, lo temporal y lo eterno.

Y quédate tranquilo.

(San Josemaría, Via Crucis, VII Estación, n. 3)

VIII ESTACIÓN: Jesús consuela a las hijas de Jerusalén

Para meditar:

4. El Maestro pasa, una y otra vez, muy cerca de nosotros. Nos mira... Y si le miras, si le escuchas, si no le rechazas, Él te enseñará cómo dar sentido sobrenatural a todas tus acciones... Y entonces tú también sembrarás, donde te encuentres, consuelo y paz y alegría.

(San Josemaría, Via Crucis, VIII Estación, n. 4)

IX ESTACIÓN: Jesús cae por tercera vez

4. Parece que el mundo se te viene encima. A tu alrededor no se vislumbra una salida. Imposible, esta vez, superar las dificultades.

Pero, ¿me has vuelto a olvidar que Dios es tu Padre?: omnipotente, infinitamente sabio, misericordioso. Él no puede enviarte nada malo. Eso que te preocupa, te conviene, aunque los ojos tuyos de carne estén ahora ciegos.

Omnia in bonum! ¡Señor, que otra vez y siempre se cumpla tu sapientísima Voluntad!

(San Josemaría, Via Crucis, IX Estación, n. 4)

X ESTACIÓN: Despojan a Jesús de sus vestiduras

Para meditar:

5. Cuando luchamos por ser verdaderamente ipse Christus, el mismo Cristo, entonces en la propia vida se entrelaza lo humano con lo divino. Todos nuestros esfuerzos —aun los más insignificantes— adquieren un alcance eterno, porque van unidos al sacrificio de Jesús en la Cruz.

(San Josemaría, Via Crucis, X Estación, n. 5)

XI ESTACIÓN: Jesús es clavado en la cruz

Para meditar:

4. Después de tantos años, aquel sacerdote hizo un descubrimiento maravilloso: comprendió que la Santa Misa es verdadero trabajo: operatio Dei, trabajo de Dios. Y ese día, al celebrarla, experimentó dolor, alegría y cansancio. Sintió en su carne el agotamiento de una labor divina.

A Cristo también le costó esfuerzo la primera Misa: la Cruz.

(San Josemaría, Via Crucis, XI Estación, n. 4)

XII ESTACIÓN: Muerte de Jesús en la cruz

Para meditar:

4. He repetido muchas veces aquel verso del himno eucarístico: peto quod petivit latro poenitens, y siempre me conmuevo: ¡pedir como el ladrón arrepentido!

Reconoció que él sí merecía aquel castigo atroz... Y con una palabra robó el corazón a Cristo y se abrió las puertas del Cielo.

(San Josemaría, Via Crucis, XII Estación, n. 4)

XIII ESTACIÓN: Desclavan a Jesús y lo entregan a su madre

Para meditar:

5. “No valgo nada, no puedo nada, no tengo nada, no soy nada...”

Pero Tú has subido a la Cruz para que pueda apropiarme de tus méritos infinitos. Y allí recojo también —son míos, porque soy su hijo— los merecimientos de la Madre de Dios, y los de San José. Y me adueño de las virtudes de los santos y de tantas almas entregadas...

Luego, echo una miradica a la vida mía, y digo: ¡ay, Dios mío, esto es una noche llena de oscuridad! Sólo de vez en cuando brillan unos puntos luminosos, por tu gran misericordia y por mi poca correspondencia... Todo esto te ofrezco, Señor; no tengo otra cosa.

(San Josemaría, Via Crucis, XIII Estación, n. 5)

XIV ESTACIÓN: Dan sepultura al cuerpo de Jesús

Para meditar:

5. Cuando me siento capaz de todos los horrores y de todos los errores que han cometido las personas más ruines, comprendo bien que puedo no ser fiel... Pero esa incertidumbre es una de las bondades del Amor de Dios, que me lleva a estar, como un niño, agarrado a los brazos de mi Padre, luchando cada día un poco para no apartarme de Él.

Entonces estoy seguro de que Dios no me dejará de su mano. ¿Puede la mujer olvidarse del fruto de su vientre, no compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré (Is XLIX, 15).

(San Josemaría, Via Crucis, XIV Estación, n. 5)

7. Santa Misa online

Sigue la Misa como si estuvieras en la parroquia: levántate para la lectura del Evangelio, ponte de rodillas para la Consagración, etc. Los gestos son importantes.

En el momento de la comunión, reza una comunión espiritual. Te puede servir la que rezaba san Josemaría:

"Yo quisiera, Señor, recibiros
con aquella pureza, humildad y devoción,
con que os recibió vuestra Santísima Madre,
con el espíritu y fervor de los santos".

 

 

Las carreras de Dios

En estos días de cuarentena, la mayoría de nosotros tenemos muy difícil acudir a la confesión. Tal vez esté aún lejos el momento del retorno a la normalidad; sin embargo, cuando nos ve arrepentidos, Él mismo corre hacia nosotros, emocionado, feliz y orgulloso de que regresemos a casa.

VIDA ESPIRITUAL21/03/2020

Photo by Anna Earl on Unsplash

Jesús piensa que ha llegado el momento de manifestar hasta qué extremo ama su Padre a los hombres. Quiere introducirles en la antesala del cielo, y aspira a que disfruten del gozo que embarga a Dios cada vez que un pecador decide volver a casa. Les narra una parábola. No es fácil imaginar la emoción y el asombro de los discípulos al escuchar por primera vez la historia del hijo pródigo (cfr. Lc 15,11-32). Debió sorprenderles la desproporción entre la desfachatez del hijo pequeño y el cariño del padre, o la reacción airada de su hermano mayor.

NO SABEMOS CUÁNDO PODREMOS VOLVER A CONFESARNOS, PERO NO DEBEMOS DUDAR DE QUE NUESTRO PADRE DIOS, SI ACUDIMOS A ÉL CON UN CORAZÓN «CONTRITO Y HUMILLADO»

En estos días de cuarentena, la mayoría de nosotros tenemos muy difícil acudir a la confesión, y mucho más difícil es acercarse a ese sacramento con la frecuencia que quizá nos gustaría. Las restricciones de la circulación física de las personas para prevenir nuevos contagios pueden comportar el retraso por un tiempo indeterminado de la recepción del sacramento de la Misericordia divina. Esta contrariedad, junto a otras que estamos viviendo, son también un modo de crecer para adentro: «Es bueno recordar que el Señor nos da su gracia para santificarnos también en esas circunstancias de incertidumbre»[1]. No sabemos cuándo podremos volver a confesarnos, pero no debemos dudar de que nuestro Padre Dios, si acudimos a Él con un corazón «contrito y humillado» (Sal 50,19), siempre nos ofrece su perdón, por grande que haya sido nuestra fragilidad (cfr. Lc 15,20-24).

 

Un regalo que no se merece

El hijo menor añora su casa: «¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan abundante mientras yo aquí me muero de hambre!» (Lc 15,17). Aunque no piensa en la angustia y el dolor de su padre, no exige el perdón —¿cómo va a hacer eso?—; lo implora. Espera y confía en la bondad de su padre. Y ese es ya un primer cambio en su corazón.

SENTIMOS LA NECESIDAD DE PEDIR PERDÓN A DIOS (...) PERO ¿PENSAMOS EN EL EFECTO QUE PRODUCE EN ÉL NUESTRO ARREPENTIMIENTO?

A nosotros nos sucede a veces algo parecido. Luchamos por confesarnos con la regularidad que hace bien a nuestra alma. Somos muy conscientes de cuánto bien nos hace y la alegría que nos transmite una confesión contrita. Es verdad que no la consideramos un derecho ante Dios —¡faltaría más!; nadie tiene derecho al perdón. Como escribía san Bernardo: «Nadie tiene una misericordia más grande que el que da su vida por los sentenciados a muerte y a la condenación. Luego mi único mérito es la misericordia del Señor. No seré pobre en méritos, mientras él no lo sea en misericordia»[2].

Estamos convencidos de que todo es gracia. Sentimos la necesidad de pedir perdón a Dios, quizá incluso aumentada en estos días, pero ¿pensamos en el efecto que produce en Él nuestro arrepentimiento?

 

Un Dios que corre a nuestro encuentro

El corazón del hijo pródigo tenía aún mucho por descubrir. «Cuando aún estaba lejos, le vio su padre y se compadeció. Y corriendo a su encuentro, se le echó al cuello y le cubrió de besos» (Lc 15,20). San Josemaría se conmovía al contemplar esta imagen: «Ante un Dios que corre hacia nosotros, no podemos callarnos, y le diremos con San Pablo, Abba, Pater!, Padre, ¡Padre mío!, porque, siendo el Creador del universo, no le importa que no utilicemos títulos altisonantes, ni echa de menos la debida confesión de su señorío»[3]. No es solo que su padre sea bueno, es que sigue considerándole hijo, el hijo de su alma. No es que no quiera castigarnos, es que quiere abrazarnos fuerte, y llenarnos de besos, y susurrarnos al oído: «Hijo mío, hija mía,…».

Dios no va a esperar a que lleguemos, a que logremos efectivamente confesarnos. Tal vez esté aún lejos el momento del retorno a la normalidad; sin embargo, cuando nos ve arrepentidos, Él mismo corre hacia nosotros, emocionado, feliz y orgulloso de que regresemos a casa. Por eso, no merece la pena detenernos demasiado en nuestros pecados: «Siguiendo los impulsos del Espíritu, que ahonda en lo más íntimo de Dios, pensemos en la dulzura del Señor, qué bueno es en sí mismo. Pidamos también, con el salmista, gozar de la dulzura del Señor, contemplando, no nuestro propio corazón, sino su templo, diciendo con el mismo salmista: Cuando mi alma se acongoja, te recuerdo»[4].

 

Regálame tus pecados

Al papa Francisco le gusta mucho narrar una historia: «Me acuerdo de un pasaje de la vida de un gran santo, Jerónimo, que tenía muy mal genio, y trató de ser manso, pero con ese genio… porque era un dálmata y los de Dalmacia son fuertes… Había logrado dominar su forma de ser, y así ofrecía al Señor tantas cosas, tanto trabajo, y le preguntaba al Señor: "¿Qué quieres de mí?" –"Todavía no me has dado todo". –"Pero Señor, te he dado esto, esto y esto…" –"Falta algo". –"¿Qué falta?" –"Dame tus pecados". Es hermoso escuchar esto: "Dame tus pecados, tus debilidades, te curaré, tú sigue adelante"»[5].

EN ESTOS DÍAS ECHAREMOS EN FALTA ESAS PALABRAS, PERO, AGUZANDO EL OÍDO, OIREMOS LA VOZ CARIÑOSA Y SUAVE DE JESÚS QUE NOS CONSUELA

Nuestro sufrimiento y nuestra tristeza es lo que causa dolor a Dios, porque es el principal resultado de la estafa que supone cualquier pecado. Por eso, si regresamos a Él, su dolor cesa, y cesa también nuestro mal. El poder del pecado es limitado, la Cruz le ha robado su veneno: estamos salvados, si somos humildes y nos dejamos salvar.

A menudo podremos decir: «Me basta examinar las pocas horas que llevo de pie en este día, para descubrir tanta falta de amor, de correspondencia fiel. Me apena de veras este comportamiento mío, pero no me quita la paz. Me postro ante Dios, y le expongo con claridad mi situación. Enseguida recibo la seguridad de su asistencia, y escucho en el fondo de mi corazón que Él me repite despacio: meus es tu!; sabía —y sé— cómo eres, ¡adelante!»[6].

En la confesión escuchamos la voz tierna y serena de Dios que nos dice: «Yo te absuelvo de tus pecados». En estos días echaremos en falta esas palabras, pero, aguzando el oído, oiremos la voz cariñosa y suave de Jesús que nos consuela.

La mejor de las devociones

A san Josemaría le encantaba comparar los actos de contrición con algo que había aprendido de los italianos. Afirman, respecto a las tazas de café, que hay que tomar no menos de tres y no más de treinta y tres: «¡cuantos más, mejor!»[7].

La contrición es el dolor que experimentamos frente a los pecados cometidos. La Iglesia ha distinguido tradicionalmente entre una contrición perfecta y otra imperfecta. El Catecismo enseña que la contrición perfecta es el dolor que «brota del amor de Dios amado sobre todas las cosas»[8]. Por ser un acto de Amor, se entiende que es ya una obra de la gracia, y por eso «perdona las faltas veniales» y puede obtener «también el perdón de los pecados mortales, si comprende la firme resolución de recurrir tan pronto sea posible a la confesión sacramental»[9].

LA CONTRICIÓN ES EL DOLOR QUE EXPERIMENTAMOS FRENTE A LOS PECADOS COMETIDOS

Existe también una contrición imperfecta, que «nace de la consideración de la fealdad del pecado o del temor de la condenación eterna y de las demás penas con que es amenazado el pecador»[10]. Podría parecer un dolor inmaduro, y sin embargo «es también un don de Dios, un impulso del Espíritu Santo»[11], que nos prepara para la confesión y la absolución de los pecados, aunque no alcance por sí misma el perdón de los pecados graves.

El Papa Francisco lo ha resaltado en una homilía de estos días: «si no encuentras un sacerdote para confesarte, habla con Dios, que es tu Padre, y dile la verdad: “Señor, he hecho esto, esto, esto... Perdóname”, y pídele perdón con todo tu corazón, con el Acto de Dolor, y prométele: “Me confesaré más tarde, pero perdóname ahora”. Y de inmediato, volverás a la gracia de Dios. Tú mismo puedes acercarte, como nos enseña el Catecismo, al perdón de Dios sin tener un sacerdote a mano. Piensa en ello: ¡es la hora! Y este es el momento adecuado, el momento oportuno. Un acto de dolor bien hecho, y así nuestra alma se volverá blanca como la nieve»[12] .

Por otra parte, la dificultad actual puede servirnos para pedir a Dios por las personas que quisiéramos que se confesaran, o por aquellos que están atravesando situaciones graves y necesitan reconciliarse con Dios. Viviremos así esta particular comunión de los santos que tanto consuelo ha dado a los cristianos en momentos difíciles.

* * *

Saber todo esto puede que no sea suficiente en algún momento para restaurar la paz y la alegría en nuestros corazones. Es entonces el turno de nuestra Madre, de sus caricias que todo lo arreglan: «Todos los pecados de tu vida parece como si se pusieran de pie. —No desconfíes. —Por el contrario, llama a tu Madre Santa María, con fe y abandono de niño. Ella traerá el sosiego a tu alma»[13].

Diego Zalbidea


[1] Carta del Prelado del Opus Dei, 14 de marzo de 2020.

[2] San Bernardo, Sermón 61, 3-5.

[3] Es Cristo que pasa, n. 64.

[4] San Bernardo, Sermón 5, 4-5.

[5] Francisco, Homilía, 7-VII-2017.

[6] Amigos de Dios, n. 215.

[7] Surco, n. 480.

[8] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1452.

[9] Ibídem.

[10] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1453.

[11] Ibídem.

[12] Francisco, Homilía, 20-III-2020.

[13] Camino, n. 498.

 

 

"Qué hago con mi vida"

Queridos todos, me permito enviaros  estas reflexiones que he escrito estos días, con motivo del coronavirus, por si os pueden ser de alguna utilidad. Como veréis, es una invitación a reflexionar sobre la propia vida, a partir de esta situación especial, fuerte e imprevista, en la que estamos inmersos, de la que debemos sacar alguna enseñanza positiva.
¡Un fuerte abrazo para todos, en estos días de Semana Santa  con el deseo de que estéis bien y pronto podamos volver a la vida normal!  Juan M.

 

Compartir con Dios el sufrimiento, temores y dolores

Rosa Corazón

Tierra Santa

Getsemani…. El supremo dolor moral… Fue tanto, que hasta llegó a sudar gotas de sangre. La absoluta soledad… Por tres veces, fue a buscar alguien con quien compartir su angustia mortal, pero no lo encontró…, estaban durmiendo. Jesucristo, el Hijo de Dios vivo, nos salvó con su dolor. Es Sumo y Eterno Sacerdote. Nos redimió con su sangre.

El Bautismo nos ha constituido en sacerdotes-reyes. San Pedro nos dice: “también vosotros- como piedras vivas- estáis edificados como edificio espiritual para un sacerdocio santo” (1Pedro,2:5). “Vosotros sois linaje escogido, sacerdocio real, nación santa, pueblo de su propiedad” (1Pedro,2:9).

El sacerdote es mediador entre Dios y los hombres.

Podemos, al pie de la Cruz, ofrecer toda esta situación actual y poner en el Corazón del Hijo de Dios, crucificado y traspasado, tanto dolor, tanto trabajo, tanto esfuerzo, tanto sufrimiento y el temor de toda la humanidad en este tiempo de pandemia por el Coronavirus. Pidiéndole, a nuestro Padre Dios, que nuestro ofrecimiento sea corredentor. Compartiendo con el Hijo de Dios su dolor y acompañándole en su sufrimiento y soledad y pidiéndole que Él esté en nuestro sufrimiento y soledad, y nosotros con Él.

Aunque hayan transcurrido veintiún siglos desde Getsemaní, para Dios no hay tiempo, pues el espacio y el tiempo son accidentes, y son humanos. En Dios lo que hay es un “hoy” eterno. 

Compartir con Jesucristo su dolor y el nuestro, su soledad y la nuestra, es manifestación de nuestra alma sacerdotal. Dios está siempre a nuestro lado, en la vida y en la muerte.

Por el bautismo, todos los fieles participamos del sacerdocio de Cristo y estamos llamados a compartir sus sentimientos. Por tanto, hasta el más pequeño vencimiento, ofrecido a Dios y hecho por amor, puede tener valor de eternidad.

Esto es así por el sacerdocio común de los fieles –que tenemos los fieles laicos y los sacerdotes-recibido con el Bautismo.

¿Hasta dónde llegará la grandeza del sacerdocio sacramental que, a diario y en cada Eucaristía, hace bajar a Dios del Cielo a la tierra para mí y para toda la Iglesia universal, tanto si la Misa es con pueblo como sin él, perdona los pecados en la confesión, porque recibió de Jesucristo el poder de atar y desatar y actúa en nombre y en la persona de Cristo cabeza?

La Virgen santa participa de un modo excelso del sacerdocio de su Hijo, Jesucristo, por ser madre de Dios, madre de la Iglesia y madre nuestra (Lumen Gentium,63). Ella nos enseñará, guiará y nos acompañará en la vida y en la muerte, en nuestro camino hasta el Cielo.

 

 

Otro peligroso virus en China: la persecución religiosa

Salvador Bernal

Un bandera de China en la Plaza de San Pedro del Vaticano.

No pretendo en modo alguno suscitar lamentaciones, sino más bien ampliar horizontes de oración entre los creyentes, en solidaridad con quienes llevan años sufriendo graves limitaciones de su libertad religiosa en China. El régimen de Pekín, con el proceso de “chinización” lanzado por Xi Jinping, ha
acentuado los problemas, que parecían haber alcanzado una vía de solución, al menos para los católicos, gracias al acuerdo con Roma sobre nombramiento de obispos.

No es posible resumir en pocas palabras el alcance de los problemas, que se difunden con cuentagotas, y pueden quedar ahogados por las fuertes campañas de imagen que las autoridades chinas lanzan periódicamente en occidente, para lavar una imagen francamente deteriorada. Lo estamos viendo estos días, con el doble juego de la aparente cooperación internacional que oculta la falta de información, cuando no la pura “desinformación”.

Aunque no lo parezca a primera vista, China es uno de los Estados con mayor número de cristianos: una minoría en el conjunto de la nación con más habitantes del planeta, pero superior en cifras absolutas a muchos países del mundo. Se comprende el interés hacia el continente amarillo mostrado desde siempre por los romanos pontífices. Es más, en este último mes de marzo, en El vídeo del Papa, Francisco manifiesta una vez más su solicitud hacia aquel inmenso pueblo: “La Iglesia quiere que los cristianos chinos sean cristianos en serio y que sean buenos ciudadanos”. Y no olvida el gran deseo de “alcanzar la unidad de la comunidad católica, que está dividida”.

Desde Roma se hizo desde hace años un gran esfuerzo, que protagonizó con especial prudencia el cardenal Roger Etchegaray, fallecido en agosto pasado a los 96 años: fue un gran colaborador de Juan Pablo II en diversas misiones de paz en el mundo; organizó la histórica jornada interreligiosa de Asís
en 1986; y buscó incansablemente la reconciliación de los católicos chinos en la etapa final de su trabajo en Roma, así como la apertura hacia la tolerancia del partido comunista chino.

En el primer objetivo se lograron grandes avances, que permitieron las conocidas decisiones de Benedicto XVI, así como las orientaciones de su carta de 2007. Pero, tras un periodo de aparente distensión, la intolerancia parece haberse agravado bajo el mandato de Xi Jinping. La firma del acuerdo de 2018 no parece haber logrado la libertad deseada: el gobierno de Pekín continúa
actuando a través de organismos e instituciones oficiales que casi se identifican con la llamada iglesia patriótica.

Como es sabido, Pekín concede autonomía a las autoridades provinciales para lo que le conviene; esto permite un cierto doble juego en materia de libertad religiosa, en la medida en que les puede hacer responsable –ahora- de las medidas anticristianas: demolición de lugares de culto o de cruces, aprovechando que los ciudadanos están confinados en sus casos por la cuarentena debida a la pandemia. Así lo denuncia, con conocimiento de causa, The Voice of Martyrs, una ONG que ayuda a cristianos perseguidos en todo el mundo. Concretamente, como un ejemplo entre varios semejante, una demolición en la ciudad de Yixin fue grabada y difundida por Bob Fu, el fundador de China Aid. Además, como informó Religión Confidencial, consta que las autoridades en la provincia de Shandong, no sólo establecieron el cierre de lugares de culto: prohibieron también la emisión de misas on line, algo que no afecta a la difusión de la pandemia…

Se comprende la reticencia ante la secretaría de Estado Vaticana del cardenal Joseph Zen, arzobispo emérito de Hong Kong. Fue llamado al orden por el decano del colegio cardenalicio Giovanni Battista Re, a finales de febrero.

Pero Zen insiste en lo fundado de su planteamiento, desde la experiencia directa de años. En la mente de algunos, resulta inevitable pensar en la época del cardenal secretario de Estado Agostino Casaroli y en la que la prensa dio en llamar ostpolitik vaticana. Desde luego, la defensa de los uigures en Xinjiang
por parte de importantes diarios internacionales más bien laicistas, confirmaría el despotismo de Pekín.

Por lo demás, la opacidad y el desprecio de la opinión pública no juegan a favor de la credibilidad de Pekín. Nada menos que otro cardenal católico, Charles Bo, arzobispo di Yangon (Myanmar), se ha hecho famoso, al acusar de modo explícito en una carta publicada en su diócesis, al régimen comunista como principal responsable de la actual epidemia mundial: “por lo que ha hecho y por lo que no ha hecho”. Desde luego, “el pueblo chino fue la primera víctima de este virus y luego de un régimen represivo”. El cardenal concluye su carta abierta con las conocidas palabras del evangelio de san Juan: “La verdad os hará libres”.

La Semana Santa no es tiempo de lamentaciones, aunque se me tolerará, espero, el desahogo. En todo caso, ante el COVID-19, se impone renovar la confianza en Dios y vivir la situación “con la fuerza de la fe, la certeza de la esperanza y el fervor de la caridad”, como señaló el papa Francisco hace ahora un mes.

 

 

Niños y confinamiento: «Si los padres están bien, los niños también», dice Catherine L'Ecuyer

Catherine L´Ecuyer - ElPais.com / 31.03.2020


Catherine L´Ecuyer - Foto catherinelecuyer.com

Catherine L´Ecuyer es toda una referencia en temas de educación, reconocida en el mundo entero por sus libros Educar en el Asombro y Educar en la Realidad . Esta canadiense radicada en España, y madre de cuatro hijos, responde a esta inquietud que a muchos padres nos ronda en este momento, ¿qué efectos puede tener todo esto en nuestros hijos? Para dar respuesta, compartimos el siguiente artículo publicado en ElPais.com.

Durante estos días, ha surgido la duda de si el confinamiento produce efectos adversos en los niños. Reconozco de entrada que no soy experta en la materia; de hecho, no conozco a nadie que tenga un título de especialista. Seguramente se consideraría inmoral diseñar un experimento así en un grupo controlado de niños. En cualquier caso, creo que antes de aventurarse a responder a esa pregunta, es preciso tomar en consideración tres cuestiones.

Primero: los niños son supervivientes. Como nos decía María Montessori, los menores tienen una capacidad de adaptación que ningún adulto posee. Por supuesto, nadie está diciendo que el confinamiento les convenga. Pero los niños de tres, cinco u ocho años llevan años viviendo en circunstancias antinaturales. Madrugan demasiado, se tragan el desayuno en tres minutos y van a colegios con patios de cemento donde les cuidan sucesivamente unos 10 maestros. Algunos, a esto, le suman actividades extraescolares hasta muy tarde cada día. Y muchos apenas ven a sus padres, que llegan por la noche, agotados. Sin duda, si pueden con todo esto, deberían ser capaces también de aguantar este confinamiento que nos ha tocado vivir. Hasta, incluso, les podría ir bien en ciertos aspectos, si se lleva a cabo correctamente. Pero eso depende de una serie de factores, lo que nos lleva a la segunda cuestión: las circunstancias del confinamiento.

No es lo mismo vivir en una casa con jardín de dos plantas que en un piso de 50 metros. Y no es lo mismo vivir solo o con una persona deprimida o con problemas mentales que en una familia en la que hay equilibrio psicológico. Por ese motivo, la atención psicológica en grupos vulnerables es tan necesaria ahora mismo. No es igual que los padres se griten y se tiren los platos a la cabeza a que haya un ambiente de paciencia y de escucha generosa; no es lo mismo estar todo el día delante de la pantalla que leyendo libros y conversando; no es lo mismo que los padres compartan su ansiedad porque no tienen ingresos para llegar a final de mes, que lo lleven con alegría y buen humor a pesar de las dificultades. Tampoco es lo mismo que la televisión esté puesta de fondo permanentemente, con una sensación apocalíptica de fin de mundo que anuncia el número de muertos cada 10 minutos, que vivir en un ambiente silencioso de trabajo y de juego tranquilo. Y, finalmente, no es igual vivirlo en una cultura nórdica, acostumbrada al confinamiento en inviernos fríos, que en una cultura mediterránea que acostumbra salir a la calle cada día.

Para los niños, todos estos factores son más determinantes que el confinamiento en sí. En la medida en que están bien sus padres, ellos están bien. Nuestros hijos siempre buscan la clave de interpretación de la realidad mirando a los rostros de sus padres, con los que tienen un vínculo de apego. Educamos con y desde la mirada. Como decía Robert Fulghum, "no te preocupes porque tus hijos no te escuchan; te observan todo el día".

La tercera cuestión es que podemos aprovechar esa oportunidad para enseñarles las pequeñas cosas de una vida sencilla. A lo largo de los últimos dos años, se ha puesto de moda reclamar la creación de asignaturas nuevas en los colegios para aprender cosas que, a mi juicio, deberían aprenderse en casa. Los que estemos confinados con nuestros hijos durante mucho tiempo, si es que la situación laboral nos lo permite y siempre adaptándonos a su edad, podemos aprovechar para enseñarles a hacer cosas sencillas domésticas. Tareas como coser un botón; hacer gelatina, una bechamel o un sofrito; cortarse las uñas; limpiarse bien las manos; poner una sábana bajera o cuidar de una planta limpiando sus hojas con delicadeza, entre otras cosas. En definitiva, les podemos enseñar cómo disfrutar de la convivencia, del silencio y de una vida sencilla.

En conclusión, lo que estamos viviendo es un experimento a gran escala para el que no hay manual de instrucciones, salvo el buen humor, la amabilidad, el cariño y la generosidad. Es una oportunidad única para aprender a querernos más en el hogar. Es una ocasión para asombrarnos de lo que tenemos, para aprender a no dar nada por supuesto. Esperemos de todo corazón poder resistir entre todos esta gran prueba, y esperemos que las familias salgan de esa situación no rotas, sino fortalecidas.

 

La Semana Santa y la educación de los hijos en la fe

LaFamilia.info

 

 

Los padres de familia, antes que nadie, son los verdaderos protagonistas de la educación espiritual de sus hijos; y es la Semana Santa una ocasión especial para transmitirles los propósitos de este tiempo de acuerdo a su nivel de comprensión. Las siguientes son pautas a seguir dependiendo de la edad de los hijos.

Entre los 0 y los 3 años

Desde que nace el niño, debe sentir a Dios en la vida de sus padres. En esta etapa, la vivencia religiosa se debe transmitir dentro de la máxima claridad y con actos concretos en un clima de intensa afectividad. Conviene por lo tanto, que el niño vea desde su cuna o cama una imagen del Niño Jesús y de la Virgen.

 

Entre los 3 y los 6 años

 

Más importante que enseñar oraciones, es desarrollar en los niños la capacidad de diálogo sencillo y espontáneo con Dios. Hay momentos del día que se convierten en ocasiones especiales para este diálogo, como es por ejemplo en la noche cuando acompañamos a los pequeños a la cama o al despertarse, igualmente durante las cenas en las que damos gracias por los alimentos y demás aspectos que cada quien considere.

 

Esta es la etapa en que el niño comienza a comprender el valor de la Santa Misa y por lo tanto es bueno llevarlo, cuando sea posible, a misas especiales para chicos. Esto les ayudará a tomar la Eucaristía no como un compromiso obligado, sino como un diálogo con Dios a través de esta ceremonia.

 

Entre los 6 y los 10 años

 

Esta es la llamada “Edad de Oro” y es el momento en el que los padres pueden ganar en buena parte la batalla de la adolescencia. Es la edad del razonamiento y por lo tanto conviene tener en cuenta lo siguiente:

·       - Elegir un buen colegio

·       - Continuar con el ejemplo

·       - Consolidar su formación religiosa

·       - Prepararlos para la Primera Comunión

·       - Ayudarles a formar su conciencia

·       - Continuar con las virtudes humanas y sociales

·        

 

Entre los 10 y los 12 años

 

En esta etapa los consejos son una continuación de la etapa anterior, pero con una clara orientación a preparar para la edad de la crisis: la adolescencia. Por esto conviene cuidar, entre otras cosas, las siguientes:

 

·       - Dar criterios claros y asegurarse que se han entendido bien.

·       - Ayudarle a intensificar la vivencia de las virtudes, especialmente la caridad, la sinceridad, la laboriosidad y la reciedumbre.

·       - Darle una información sexual adecuada a su edad y a las circunstancias del ambiente en que se mueve.

·       - Ayudarle a usar su libertad responsablemente.

·       - Resaltar la necesidad y el valor de ayudar a los demás.

·       - Enseñarles a descubrir el valor de una buena amistad.

·       - Mantener con los hijos un clima de confianza y alegría.

·        

 

Adolescencia

 

En esta etapa puede darse un poco de rebeldía y hasta pueden negarse a asistir a las celebraciones religiosas. En este caso los padres deben transmitirles a los hijos la enseñanza de Dios de forma positiva, presentar a Jesús como su amigo, su compañía, su protector. Para ampliar más esta etapa leer el artículo "Qué hacer cuando los hijos se alejan de Dios".

 

 

Traer matrimonios al mundo’, hoy

El nuevo contexto de la preparación de los novios

“Traer matrimonios al mundo”, preparando y acompañando a los novios, es una preciosa tarea. También en un contexto cultural y social en el que la posición de la familia ha cambiado. He aquí algunos de los ejes necesarios en ese camino.

Hoy en día, nos encontramos con un cambio en la fisonomía tradicional de la familia en los países de tradición cristiana. En especial en occidente, está cambiando a marchas forzadas. Las relaciones prematrimoniales parecen obvias para algunos y los divorcios se han convertido en algo casi normal, muchas veces consecuencia de la infidelidad conyugal. A esto, hay que añadir las ideas de género y los llamados matrimonios homosexuales. Lo que no ha cambiado es el corazón del ser humano en cuyo hondón late el deseo de formar una familia y si es posible, estable.

En esta tesitura, de giro copernicano en el modo de entender el matrimonio y la familia, así como de plantear su preparación, las más de las veces en medio de una relación de convivencia previa, solo caben dos actitudes: la resignación, conducente al pesimismo unilateral, o adoptar el espíritu del Concilio Vaticano II, que en estas cuestiones se concreta en: a) acoger, y b) reorientar hacia Cristo Salvador.

Así, en Gaudium et Spes (GS), nn. 47-52, nos encontramos con un acercamiento al matrimonio y la familia más personalista y en continuidad con la tradición anterior. Más adelante, san Juan Pablo II, en sus Catequesis sobre el amor humano y en la Exhortación Apóstolica Familiaris Consortio, abrió nuevas perspectivas a los problemas actuales. A esto, cabe añadir, los dos sínodos sobre la familia convocados por el Papa Francisco en los años 2015 y 2018 como una manifestación más de su interés por lo todo lo que atañe al matrimonio y a la familia.

Aterrizando en el tema que nos ocupa, ¿cómo está siendo la experiencia de preparar a los novios para el matrimonio, considerando que la mayoría de ellos (7 de cada diez parejas), ya conviven en una unión de hecho estable, a veces de larga duración? Comenzamos con un ejemplo que nos puede ayudar a situarnos ante el problema, que no deja de ser un reto y un desafío para la Iglesia del siglo XXI.

Alvaro y Cinthia han venido a la parroquia de la Natividad, en Navacerrada, a pedir una fecha para casarse el próximo mes de septiembre. Después de fijar la fecha y explicar sus motivaciones para casarse en la Iglesia, hemos quedado otro día, en el que hemos podido dialogar y profundizar en su historia personal y su proyecto de vida matrimonial. Ellos quieren hacer con nosotros el cursillo prematrimonial para favorecer ese conocimiento por parte del sacerdote. En ese diálogo, ha surgido la cuestión acerca del sacramento de la confirmación, que ella sí ha recibido y él, aún no. Me pregunta si podría prepararse para recibir el sacramento de la confirmación antes de la boda.

Hemos quedado un segundo día, en el que hemos concretado una serie de encuentros y de lecturas como material básico para preparar su confirmación. Y, al hilo de este último diálogo, le he preguntado al novio: “¿Por qué decidisteis iros a vivir juntos, y qué ‘pros’ y qué inconvenientes habéis encontrado?”. Él me ha respondido: “La experiencia de vivir juntos nos ha ayudado a conocernos mejor en la convivencia diaria, pero nos hemos dado cuenta de que, como creyentes, hay algo que no estábamos haciendo bien”; por ello, prosigue, “ha llegado el momento de casarnos”.

Continuamos la conversación con mi pregunta: “¿Queréis tener hijos?”. La respuesta: “Sí; de hecho, ha sido un factor muy importante a tener en cuenta a la hora de decidir casarnos”.−Prosigue el sacerdote: “¿Recomendaríais a amigos vuestros ‘probar’ antes de casarse?”, el novio: “Sí y no. Sí, por la oportunidad de conocernos mejor; y no, desde el punto de vista moral, somos conscientes que hemos empezado la casa por el tejado”.

Todas las dimensiones

Consideramos muy relevante y esclarecedora esta entrevista, realizada al novio en los 9 meses previos a la boda. De una parte, emite un juicio valorativo de la experiencia de convivencia como algo “necesario”, aunque no lo valora positivamente desde el punto de vista moral. Es más, esa sería la razón única para no recomendarlo. Y, de otra parte, reconoce que han vinculado su deseo de tener hijos a la decisión de casarse.

Esto último es cada vez más habitual: después de convivir, a veces durante un largo tiempo, al ver que pasan los años y que la edad fértil de la mujer se va acortando, es cuando vienen a la Iglesia para pedir casarse. Algunos, pocos, lo hacen cuando ella ya está embarazada o con un niño/a ya nacido/a, para ser bautizado/a. Celebrar una boda con bautizo es algo con lo que hemos de contar los sacerdotes y que conviene saber plantear. Un “dos por uno” vende bien en el ámbito pastoral y siempre es camino de evangelización.

Como anécdota: en una ocasión nos tocó celebrar una boda con bautizo (como digo, algo bastante habitual hoy en día), en la que los novios habían invitado a la familia “sólo al bautizo”, sin mención alguna de la boda. La sorpresa mayúscula fue general, y en especial del padre de ella, cuando al comienzo de la celebración el sacerdote les anuncia que han venido a la boda de sus hijos y al bautizo de su nieto. Los pañuelos comenzaron a salir de los bolsillos en la nave de la Iglesia...

Casarse, y hacerlo en la Iglesia, es un paso definitivo que cambia la vida de esos novios y les sitúa en un escalón existencial diferente, pudiendo contar con la gracia de Dios en su vida matrimonial y educando a los hijos en la fe católica. Y, además, les garantiza el estatuto social y jurídico necesario para el desarrollo de su vida familiar en sociedad. La boda, aunque haya solo cuatro invitados, no deja de ser una celebración pública, por el indudable sentido social que tiene el matrimonio. Es algo que no debemos olvidar cuando preparamos para el matrimonio en la Iglesia.

Se trata de un desafío pastoral, por medio del cual se vislumbra que, como en la preparación al matrimonio, entran en juego todas las dimensiones de la persona: intelectiva, afectiva y espiritual. Todos los que vienen a casarse en la Iglesia requieren un acompañamiento específico que les ayude a discernir bien su vocación, así como la idoneidad de la persona que han elegido para casarse. No hay crisis de la familia; hay crisis del ser humano, y por ello hemos de incidir en este discernimiento previo, tan necesario.

Acompañamiento personalizado

Nos acercamos a la importancia de un buen acompañamiento pastoral por parte del sacerdote y de otros agentes implicados (laicos competentes y bien formados, matrimonios con vida de fe comprometida), que puede facilitar a los novios el acceso al matrimonio con pleno conocimiento de lo que hacen y con plena libertad, además de favorecer que se encuentren fructuosamente con Dios, en un momento tan decisivo de sus vidas.

El Papa Francisco, en Amoris Laetitia (n. 297), nos recuerda que “se trata de integrar a todos, se debe ayudar a cada uno a participar en la comunión eclesial, para que se sienta objeto de una misericordia ‘inmerecida, incondicional y gratuita’”. Esta indicación que el Papa refiere a las personas en situaciones llamadas irregulares es extensiva por analogía a los novios que conviven antes de casarse. La mayoría de estos vinculan su decisión de casarse en la Iglesia con el momento de tener los hijos. No les cuesta aceptar con normalidad el vivir juntos sin estar casados, pero no conciben tener hijos fuera del matrimonio. Por eso es tan importante que los pastores sepamos acoger a las parejas que vienen a pedir el bautismo de un niño sin estar casados, pues muchas veces, durante o después de la preparación de ese bautismo, surge también la oportunidad de que esos padres se planteen el matrimonio.

De esta forma, la preparación para cualquier sacramento, pero en especial para el matrimonio, se presenta como una oportunidad dentro de la Iglesia de anunciar a los novios la Buena Nueva de Jesucristo, el cual también nació en una familia, se santificó en ella y la convirtió en modelo de vida familiar para toda la humanidad. Tal oportunidad requiere saber acoger, acompañar e integrar.

− Acoger implica hacer ver a los novios que vienen a casarse en la Iglesia que no están solos. Al haber elegido el matrimonio canónico están, aún sin saberlo, respondiendo al plan de Dios en su vida. Es tarea del sacerdote que les recibe y en su caso, los acompaña, hacerles ver esta gran verdad: la de que el matrimonio es una vocación y en cuanto tal reclama de ellos una respuesta. Y, hoy más que nunca, se hace precisa una clara y completa explicación a los novios de lo que es el matrimonio cristiano en cuanto institución natural querida por Dios, encaminada al bien de los cónyuges y abierta a la vida, para formar una familia.

Lo obvio por evidente no debe dejar por ello de explicarse, máxime en los tiempos presentes, en los que lo más básico, como pueda ser la complementariedad varón y mujer, requiere de una explicación.

A todos nos ha ocurrido, que hablando con los novios, en la primera entrevista, él o ella eran reticentes sobre la conveniencia del matrimonio en la Iglesia (lo hacían más por el otro que por ellos mismos), porque pensaban que para casarse hace falta, por ejemplo, ir a misa todos los domingos o confesar de vez en cuando. Y se sorprenden cuando se les explica que lo que la Iglesia pide, para poder celebrar el matrimonio canónico, es querer lo que quiere la Iglesia. Ni más, ni menos.

La Iglesia quiere que el matrimonio sea la unión de uno con una, para toda la vida y abierto a la procreación y educación de los hijos. Lo que exceda de esto no puede ser exigido a los novios para poder casarse. Tampoco se les puede pedir menos. A la pareja en la que él o ella manifiesten en modo positivo y expreso una voluntad contraria a tener los hijos (lo que es diferente a querer posponer el momento de tenerlos) hay que aconsejarle esperar y en algunos casos disuadirles de celebrar ese matrimonio. Pues podrían verse abocados por propia voluntad a contraer un matrimonio nulo por exclusión de uno de los dos fines del matrimonio (en este caso, el de la generación y educación de los hijos). Se trata de que los pastores que acompañan a los novios mantengan una posición de equilibrio que garantice su derecho a casarse y les ayude a discernir acerca del matrimonio que van a contraer, sabiendo que la libertad interna y externa es determinante para su validez.

Lógicamente, este diálogo con los novios ha de hacerse en un ambiente de confianza y cercanía, capaz de suscitar entre novios y sacerdote un franco diálogo acerca del modo de ser de cada uno, sus aficiones, virtudes y defectos dominantes, vida de fe. Si él o ella, o los dos, me dicen que no tienen vida de fe, los animaré a que la tengan; que acudan a alguna adoración, a la misa del domingo o a un retiro. Todos hemos tenido muy gratas experiencias en este sentido. Pero insisto en que no podemos vincular el grado de fe vivida con la validez de su matrimonio, aunque sí podemos ayudar a que esta preparación favorezca su encuentro con Dios y con la Iglesia… Poco a poco, llevando a los novios como por un plano inclinado.

− Acompañar: es la fase más importante de la preparación matrimonial, porque requiere dedicar tiempo a los novios. No debemos considerar que el cursillo prematrimonial y el expediente sean preparación suficiente. Ambas cosas han de ser el colofón de la previa preparación con los novios. En mi parroquia −así lo he visto en las tres parroquias por las que he pasado− este acompañamiento lo hace el párroco o el sacerdote vicario. Y ahora surge la pregunta fundamental: ¿qué duración ha de tener esta preparación?

Recientemente, se han presentado los materiales Juntos en camino, +Q2, encaminados a acompañar a los novios en su discernimiento vocacional durante dos años. Esto nos debe llevar a pensar si la preparación que damos actualmente en las Parroquias es la que realmente hace falta y si es suficiente en el tiempo y contenidos. Es verdad que nos centramos en explicar el matrimonio-sacramento y lo que conlleva, pero no atendemos tanto a la importancia de que los novios disciernan su vocación y su correspondiente y recíproca idoneidad para el mismo. Una cosa es estar enamorado/a, y otra bien distinta que ese amor encuentre el cauce adecuado para poder desarrollarse y crecer.

Como aspectos, que no deben dejar de ser tratados con los novios:

a) El primero, la biografía de los contrayentes y las vicisitudes por las que han pasado antes de conocerse, durante el noviazgo y en los meses previos a la boda.

b) El segundo, profundizar en el conocimiento de ambos contrayentes (uno puede ir viendo el modo de reaccionar ante determinadas preguntas o incluso el estado de ánimo de ellos, con respecto a la última entrevista). En este sentido, nos ha ocurrido que, “una semana antes de la boda”, la novia nos explica que padece una depresión grave que le incapacita en determinados momentos para una vida normal, impidiéndole incluso ir a trabajar. Es un dato que no había salido a la luz en encuentros previos y que surge a pocos días de la boda.

La incidencia que estas cuestiones pueden tener en el consentimiento que se ha de dar y prestar exigen por parte del pastor una gran atención para ayudar a los novios a discernir y valorar el matrimonio que van a contraer y la idoneidad de la persona y del momento en que lo van a contraer. No es tanto el “qué”, evidentemente importante, como el “cuándo” y “con quién”, lo que debe guiar al pastor de almas en la difícil tarea de ayudar a discernir. Se trataría de provocar en los novios la gran pregunta: ¿es viable nuestro matrimonio? ¿Tiene perspectivas de prosperar y de mantenerse en el tiempo? En relación con este aspecto, tiene pleno sentido la pregunta que aparece en el expediente prematrimonial de la diócesis de Madrid acerca de “si habéis tenido dudas acerca del éxito de vuestro matrimonio”; saber orientar esa pregunta y la respuesta que obtengamos arroja no poca luz a la hora de valorar el sacramento que van a celebrar y las condiciones en que lo van a hacer. Les da pistas a ellos y al sacerdote.

c) y d) En tercer y cuarto lugar, nos centraremos en preparar el sacramento (el día de la boda) y en ayudar a los novios a reconciliarse con Dios a través del sacramento de la confesión. Es preciso destacar que algunos de ellos hace mucho tiempo que no confiesan, por lo que en esos momentos previos a la boda están en un tiempo óptimo para experimentar la misericordia de Dios en sus vidas. El acompañamiento del sacerdote, tanto antes como durante la confesión, respetando el ritmo y el grado de fe del penitente, es esencial.

2. Discernir e Integrar: somos partidarios de situar en esta fase de integración en la comunidad eclesial los “grupos de novios”, que se están formando en muchas parroquias, el cursillo prematrimonial y la realización del expediente. El primero, porque es el momento en que la pareja de novios que hemos ido preparando de forma individualizada se integra con otras parejas como ellos y también distintos a ellos por edad, circunstancias, cultura, etc., un momento de mucha riqueza para todos, también para el sacerdote. Así, cuando llegan al cursillo prematrimonial ya han discernido su vocación y están integrados en la comunidad eclesial que les ha acogido, capaces de desarrollar una apertura y disponibilidad muy grande en relación con la información y experiencias que se les van a seguir comunicando. De hecho, algunos de ellos nos han dicho en la encuesta que les hacemos al terminar el cursillo que nunca antes habían experimentado la maternidad de la Iglesia como lo han hecho en el grupo de novios y en el cursillo prematrimonial.

Los grupos de novios, como los de matrimonios, requieren luego de un acompañamiento y regularidad al menos mensual, de manera que se pueda tener un rato de oración, algo de formación y tiempo para compartir: esto último, quizá, lo más enriquecedor.

Lo esencial para transmitir y comunicar

Respecto al contenido y duración de los cursillos, hay tantas formas como parroquias. Pero creemos que es importante que no falte nunca:

− un tratamiento adecuado y sistemático de los aspectos fundamentales del matrimonio. Su carácter de institución natural querida por Dios y por la Iglesia, el matrimonio sacramento, sus propiedades y fines, las dificultades que pueden surgir y cómo resolverlas, la sexualidad y la comunicación en la pareja, los métodos de planificación natural de la natalidad y, muy importante, cómo acompañar a los esposos que no han podido tener hijos. La novedosa naprotecnología y la tradicional adopción son realidades que hay que conocer y saber ofrecer a los esposos.

− la duración debe ser la suficiente para poder impartir el contenido adecuado. Ni más, ni menos. Pero es claro que los cursillos de varios días, a lo largo de cuatro o cinco semanas, son un medio ideal para conocer mejor a los novios y ver su evolución en el tiempo; si uno sabe mirarles, puede advertir cómo están y qué necesitan. La mirada de la Iglesia es muy importante en este momento de la preparación matrimonial.

− el expediente matrimonial: depende de cada sacerdote el fruto de ese encuentro con los novios y con los testigos de soltería. Si aprovechamos las preguntas que lo conforman como ocasión para dialogar con ellos sobre temas fundamentales del matrimonio, estaremos haciendo de él un maravilloso momento de transparencia y sinceridad para los contrayentes.

En definitiva, la Iglesia está llamada a hacer, a través del magisterio de los Papas y con la ayuda de los pastores, obispos, sacerdotes y los laicos más comprometidos, un anuncio de vida y de verdad a los jóvenes novios y esposos, que les haga capaces de ver por encima de las contingencias materiales para poder disfrutar y saborear las realidades del cielo que les van a llegar de modo admirable a través de su matrimonio. Animándoles a contraerlo y permitiéndoles darse cuenta de que “cualquiera que sea la firmeza del propósito de los que se comprometen en relaciones sexuales prematuras, éstas no garantizan que la sinceridad y la fidelidad de la relación interpersonal entre un hombre y una mujer queden aseguradas, y sobre todo protegidas, contra las veleidades de las pasiones” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Persona humana). La unión carnal sólo es legítima cuando se ha instaurado una comunidad de vida definitiva entre el hombre y la mujer. El amor humano no tolera la “prueba”. Exige un don total y definitivo de las personas entre sí (Familiaris Consortio, 80 y Catecismo de la Iglesia Católica, 2391).

Llamados a la santidad

Sería una incongruencia de los pastores no mostrar a los novios con claridad la vocación universal a la santidad que subyace al matrimonio. GS 48 nos lo recuerda con estas palabras: “Imbuidos del espíritu de Cristo, que satura toda su vida de fe, esperanza y caridad, llegan cada vez más (los esposos) a su propia perfección y su mutua santificación”. Y GS 49.2 señala: “Para hacer frente con constancia a las obligaciones de esta vocación cristiana se requiere una insigne virtud; por eso, los esposos, vigorizados por la gracia para la vida de santidad, cultivarán la firmeza en el amor, la magnanimidad del corazón y el espíritu de sacrificio, pidiéndolos asiduamente en la oración”.

Atendiendo a los “tiempos recios” que nos ha tocado vivir, es fundamental crear plataformas familiares donde estén presentes todas las instancias educativas: los colegios, las universidades como centros del saber, las parroquias como auténticos areópagos de la fe, los movimientos eclesiales, los agentes de la pastoral familiar, los Centros de Orientación Familiar (COF), los servicios de mediación familiar, los foros católicos en internet y cualquier persona en definitiva, con recto interés y formación, para “traer matrimonios cristianos al mundo”. Al mundo, a la Iglesia y a las generaciones futuras, se lo debemos…

¡No cabe mejor tarea, no cabe mayor reto!

Pablo Marina Riopérez

 
Párroco, juez eclesiástico y doctor en Derecho

Fuente: Revista Palabra

 

Cómo vivir la Semana Santa en familia y digitalmente

Escrito por Silvia del Valle.

Esta Semana Santa es importante prepararnos para vivir desde casa las celebraciones litúrgicas lo mejor posible.

Nos han tocado vivir esta situación histórica, donde hemos tenido que modificar la forma de celebrar la Semana Santa.

Si Dios lo permite, habrá transmisiones de cada celebración los diferentes días, pero también la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) ha preparado un subsidio para vivir la Semana Santa en familia.

Ahora más que nunca debemos apuntalar nuestra iglesia doméstica, nuestra primera comunidad de fe y amor.

Nosotros como papás debemos educar a nuestros hijos para que vivan esta Semana Santa lo más profunda y espiritualmente posible, por eso aquí te dejo mis 5Tips para lograrlo.

PRIMERO. Dispón un espacio adecuado para cada celebración.

Es necesario hacer de nuestra casa una verdadera iglesia doméstica y para eso es necesario también disponer de un espacio digno para vivir las celebraciones de la Semana Mayor.

Y todo debe ir de acuerdo a nuestras posibilidades. Si tenemos una casa amplia, podemos designar una habitación para ver las transmisiones; pero si no es así, podemos tratar de tener el espacio siempre limpio, digno, libre de juguetes, comida o cosas que nos puedan distraer.

Otro punto importante es dejar a un lado los dispositivos para evitar la tentación y la distracción.

Si debemos usar el espacio de la sala o del comedor, debemos tener la precaución de tenerlo digno y a tiempo para la transmisión de las celebraciones.

SEGUNDO. Vístanse dignamente.

Es una gran tentación participar en las celebraciones en pijama o en ropa poco digna ya que nadie más nos verá, pero es necesario participar lo más dignamente posible pues a quien se le debe respeto es a Cristo y ahora entrará a nuestro hogar por medio de las redes sociales.

Trata de evitar los shorts, las chanclas, las blusas escotadas, estar descalzo o mal sentado, etc.

TERCERO. Prepara todo con anticipación.

Como te decía, es necesario tener el espacio listo con tiempo; pero también tener a mano los signos que se van a usar en cada celebración, por ejemplo, el Domingo de Ramos debemos tener algunas palmas u hojas listas y hasta pegadas en la puerta de la casa, un cirio o vela para encenderla en las celebraciones, etc.

También es bueno que revisemos la señal del internet para ver que tengamos conexión adecuada o si es necesario cargar los videos con tiempo desde el YouTube para que podamos verlos de forma fluida.

De ser posible ten a mano la biblia o el misal para que te sirva de apoyo y guía.

Recuerda que es muy bueno ver en vivo las celebraciones, pero si no puedes hacerlo porque tu conexión no te lo permite, puedes esperar y verlo un poco más tarde.

En Flor y Canto Santa María Reina de la Paz estamos preparando videos de los subsidios que la CEM ha puesto a nuestra disposición por si son de utilidad, estos estarán disponibles el día anterior a que se lleven a cabo para que puedas revisarlos y preparar lo que necesitas para vivirlos al máximo.

CUARTO. Que la familia tenga una actitud de recogimiento.

Es importante que todos en casa tengamos una actitud acorde a lo que estamos viviendo.

La Semana Santa es la semana mayor para nosotros los católicos, por lo mismo, debemos darle su lugar y estar con una actitud adecuada, aunque la vivamos desde casa.

Mientras esté la transmisión debemos evitar los gritos, pleitos, enojos, jugueteos, el uso de los dispositivos, la plática entre nosotros, etc.

Tampoco se vale ver las celebraciones mientras barremos, hacemos ejercicio o comemos. Hay que darles la importancia que tienen. No son una película o un documental.

Y QUINTO. Ve toda la celebración o el video y participa interactivamente.

A veces se nos hace fácil sólo ver las lecturas y la homilía y luego, porque son aburridas o porque hay prisa, quitar la transmisión.

Debemos verlas completas, como cuando estamos en el templo, no nos salimos antes.

Si la transmisión es en vivo hasta que termine, y si es un video pregrabado, podemos hacer pausas para hacer las meditaciones a las que nos invitan, o traer la Biblia para hacer las lecturas que se hacen.

Y debemos buscar que nuestros hijos participen también, que contesten lo que toca y que hagan las peticiones que ellos tengan en el corazón.

Nos ha tocado vivir esta era de la Iglesia digital por la necesidad que nos ha generado la pandemia, por lo mismo debemos reeducarnos para comprenderla y participar activamente.

Para una época nueva, una Iglesia con medios nuevos; pero siempre de acuerdo al magisterio, la doctrina y la tradición.

 

El ojo en lo demográfico

La recién estrenada Comisión Europea, acaban de cumplirse los cien primeros días, de Ursula von der Leyen quien se plantea coger al toro -al toro demográfico- por los cuernos, y para ello cuenta con una vicepresidencia específica: Demografía y Democracia, al frente de la cual ha colocado a la croata Dubravka Suica.

La tesis sería que, si en la Europa del siglo XXI hay sitios a los que no llegan determinados servicios básicos, o si muchas familias tienen difícil la conciliación, o no cuentan con ayuda estatal para procrear, o los mayores están desatendidos, ello puede terminar inspirando desconfianza en el sistema democrático y dar al traste con todo el proyecto.

"Aquellos que sienten que el progreso ( ... ) los ha dejado atrás, son los más propensos a la desafección. Para muchos, la causa principal de esta tiene que ver más con el cambio demográfico que con las estructuras democráticas", apunta Von der Leyen en una carta a Dubravka (1 -12-2019) sobre los asuntos que debe abordar en su puesto, y en la que recuerda que dicho cambio afecta desde la economía hasta la atención sanitaria, la migración y el medio ambiente, e impacta en la posición de la Unión Europea en el mundo.

Por ello ha encomendado a la vicepresidenta varias tareas, como trabajar con los gobiernos nacionales y locales en las regiones más relegadas, para atraer a ellas inversiones que mejoren las infraestructuras y el acceso a los servicios. Asimismo, tendrá que evaluar la incidencia real que tienen los programas de protección social en la vida de las personas mayores y coordinar las vías para favorecer la conciliación entre vida laboral y familiar.

José Morales Martín

 

 

¿El interés superior del niño?

Hoy hay muchos padres, de derechas y de izquierdas, que no quieren que en la escuela se inculque una visión de la sexualidad y de la afectividad contraria a lo que se enseña en casa. Ni que la escuela pública se utilice como altavoz de una ideología de género, que debe ganarse sus adeptos en libre debate en la arena pública, no transmitida como doctrina oficial en los centros educativos.

Para ningunear a los padres en este asunto, algunos invocan "el interés superior del menor", que exigiría: recibir esta enseñanza -impartida por ellos, claro está- para garantizar "su derecho a saber". Pero ¿qué diríamos si la Iglesia católica se empeñara en que la clase de religión fuera obligatoria para garantizar el derecho a saber de todos los alumnos en materia religiosa y superar así la fobia antirreligiosa de algunos?

En realidad, los padres que se resisten a ser dejados de lado en este asunto no están en contra de que sus hijos reciban una educación afectivo-sexual, sino de que se les enseñe con criterios qué no comparten. Y sin duda conocen más a su hijo y están más interesados en su bienestar que los políticos y los activistas que pretenden saber mejor lo que le conviene.

Es verdad que los hijos no son propiedad de los padres, como tampoco de los políticos ni de los profesores. Pero es a los padres a los que la Constitución española garantiza el derecho a "que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones". Y parece que la concepción de la sexualidad no es ajena a la moral.

Jesús Martínez Madrid

 

 

Auténticos refugiados

A principios de este mes se reunieron en Croacia los Ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea para afrontar la nueva crisis de refugiados que se ha producido en la frontera de Turquía con Grecia. El alto representante para la Política Exterior, Josep Borrell, hizo un llamamiento para que los refugiados que no vayan a la frontera. "La frontera no está abierta y unas 25.000 personas se han quedado en una especie de tierra de nadie. Hay familias enteras viviendo a la intemperie porque no tienen dónde vivir en Turquía, lo abandonaron todo. Es cierto que este movimiento masivo de refugiados hacia la frontera "ha sido creado y orquestado por Turquía". Pero también es cierto que las medidas utilizadas por Grecia para impedir su entrada son desproporcionadas y contrarias al derecho internacional. Los ministros de Asuntos Exteriores sostuvieron que no van a tolerar entradas ilegales y que Europa tiene derecho a proteger sus fronteras. El problema es que muchas de estas personas son auténticos refugiados.

Jesús D Mez Madrid

 

 

Semana Santa 2020

Extraña Semana Santa, que jamás habíamos conocido. Ni misas, ni oficios divinos, ni procesiones… Eso sí: no olvidamos el Gran Acontecimiento Histórico que revive la liturgia en estos días santos: un Dios hecho Hombre dio su vida y su sangre “por muchos para la remisión de los pecados”. A veces, pienso si su agonía en Getsemaní hasta sudar sangre, sería porque su entrega en la Cruz iba a ser inútil para tantos hombres que, vendados sus ojos por la soberbia, resistirían a la gracia.

Estos días invitan a contemplar los detalles de la inmensa Misericordia del Corazón ardiente de Jesucristo. Como predicaba el Venerable Padre Morales,  “se clavó entre mis pecados y el Infierno” ( los de cada uno)  para evitarnos la condenación eterna. Como digo a mis hijos, mayor Amor, imposible.

Es tiempo de conversión. Este año se me viene a la mente, tanta frialdad demostrada con Dios;  también,  tanta dureza con el prójimo…, hasta el punto de ser,  “el hombre,  un lobo para el hombre” (Hobbes)”. Sucede a nivel global. ¿ Iba a quedar sin consecuencias?- nos preguntamos, muchos-.  La injustita y violencia del aborto provocado en países democráticos; el empeño en aplicar la eutanasia en vez de procurar cuidados paliativos; ataques a la familia, tratando de confundir a la gente sobre la verdad de la naturaleza de la persona humana,   creada por Dios en su dualidad de hombre y mujer; la falta de respeto a la inocencia de los niños; el afán desmedido de riquezas con desprecio a los pobres y a costa de la explotación de trabajadores; la trata de personas ‘en pro’ del sexo o del dinero. Una cosa se me ocurre: si queremos que Dios nos mire con su Misericordia y no nos aplique su Justicia, tenemos que cambiar; o sea, convertirnos. Es urgente pedir perdón a Dios y arrepentirnos del pecado. Entonces, Dios se apiadaría de nosotros y del mundo entero. Ante el coronavirus,  en Estados Unidos se decretó un día de oración y, en varias naciones de Latinoamérica, los gobernantes invocan a Dios. Aquí, muchos piden la conversión de políticos y de opulentos poderosos. Curioso: el cura Arellano, de Toledo,  pide, a Pedro y Pablo, en un vídeo publicado en las redes sociales y en prensa digital, que se conviertan, como remedio al coronavirus. Para convertirse hace falta Fe, clara conciencia del mal y humildad. ¿Las tenemos? Si permanecemos en el mal, desastres mayores podrían sucedernos.

Josefa Romo

 

 

La mujer y el hombre, los separatistas y…EL MIEDO? 

 

LOS SEPARATISTAS CATALANES Y EL EJÉRCITO ESPAÑOL:

El independentismo lanza una campaña para expulsar al Ejército de Cataluña: Se trata de una iniciativa similar a la llevada a cabo contra policías nacionales y guardias civiles, con el objetivo de hacer sentir a los 2.300 militares en la región que no son bienvenidos. (Vozpópuli 08-03-2020)

¿Cuántas veces estos indeseables han pedido la ayuda del Ejército Español, para catástrofes que ellos solos no habían podido hacerles frente? ¿Cuánto dinero le deben a la tesorería pública de España? ¿Cuántas de sus mercancías les consumimos el resto de España? ¿Cuánto dinero controlan con sus bancos y cajas establecidas en el resto de España? Hechos estos balances supongo que las cuentas no les resultarán favorables; además la mayoría de catalanes quieren seguir perteneciendo a España.

 

EL DÍA DE LA MUJER Y DEL HOMBRE: “Cristina López Schlichting tiene claro que el 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer, pero ella, en el actual contexto que se vive en España no está por la labor de hacerle el caldo gordo a las Irene Montero, Carmen Calvo o Begoña Gómez, la saltimbanqui esposa del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez”. (Periodista Digital 09-03-2020)

Vamos a hablar claro mujeres: Ustedes/vosotras tenéis un arma no igual por cuanto la igualdad no existe en el Universo, pero sí de un casi igual valor, se denomina EL CEREBRO; con ella, muchas mujeres se han situado y están, por encima de los hombres que dirigen; por tanto el camino a seguir es ese; no sean idiotas y no se dejen llevar de los políticos/políticas, que viven de ustedes y “sus movimientos”; la ayuda del ser humano que se precie de serlo, ES LA QUE SE DA A SÍ MISMO; todo lo demás es mentira; aplíquense pues al cuento; y ni chillen, ni griten, ni lloren, ni pidan limosna; LA MUJER SERÁ MUJER CUANDO LO DEMUESTRE, AL IGUAL QUE EL HOMBRE, pero ojo, nunca iguales, por lo que arriba digo.

 

Pablo Echenique Robba  (RosarioSanta FeArgentina): Nacionalizado Español y hoy, destacado político militante en “Podemos”:  Y al que, Federico Jiménez Losantos; le dedicó un vapuleo intelectual, como para que se hubiese vuelto a Argentina de inmediato, motivado por sus pretensiones de “independencia aragonesa”: No tiene desperdicio; y ese discurso, también vale, para “restregárselo” a tantos y tantos traidores, mercenarios, renegados, apátridas, aprovechados, y otros simples parásitos; que, viviendo de, “los jugos de España y los españoles que trabajamos”; no pierden ocasión para “tirar” a España, en vez de defenderla, siquiera por cuanto ella les proporciona la buena vida que se llevan. Pero ya se sabe, que, una de las plagas terribles de España, son los traidores que siempre han anidado en ella. Vean, oigan despacio el discurso; y luego difundan este vídeo cuanto más mejor: Gracias como español: https://www.youtube.com/watch?v=5Omx7Gf4rDQ#action=share

 

CARTA DE AGRADECIMIENTO AL DUEÑO DE UN MEDIO DE DIFUSIÓN ITALIANO:   Que valientemente, ataca al presidente de USA por los excesivos impuestos con que ha cargado AL ACEITE DE “ACEITUNA” ESPAÑOL (Mal denominado de oliva, que es el árbol), con lo que consigue es, perjudicar a sus “súbditos”, al encarecerles un producto, que es imprescindible para la salud humana.

“Ante todo, muchas gracias por defender el olivo y EL ACEITE DE ACEITUNA; cuya producción mundial no es muy abundante y debiera por sí mismo, mantener unos precios, razonables y rentables PARA QUIENES LO CULTIVAN Y PRODUCEN; por cuanto además, es un producto único, ya que es, ALIMENTO, MEDICINA, COSMÉTICO, Y PRODUCTO INDUSTRIAL PARA INFINIDAD DE CONSERVACIÓNES ALIMENTICIAS, DE FORMA NATURAL E INOCUA POR ELLO (QUESOS, EMBUTIDOS, PESCADOS, VERDURAS Y GUISOS, ETC. ETC.). Pero lo que ocurre, es que como estamos gobernados por DESCEREBRADOS, y consecuentemente, carentes de cultura y sentimientos, “nos llevan como nos llevan”; y sin solución, puesto que LA PLAGA ES MUNDIAL; y esta es mucho peor que la que nos dicen del virus chino, que como he escrito; ya; es un arma política, y tome nota... "VA A CREAR CON EL MIEDO Y EL TERROR CONSIGUIENTE, MUCHO MÁS DAÑO A LA HUMANIDAD, QUE LAS MUERTES QUE PRODUZCA"; cuando si de verdad hubiese verdaderos líderes, ya debieran haberse arremangado y decirle al mundo que, no hay que tener más miedo que "el mínimamente necesario": QUE LA MUERTE NOS PUEDE LLEGAR DE TAN INFINITAS FORMAS Y MANERAS, QUE ESTA ES UNA MÁS... Y PUNTO.   Un abrazo y prosigamos en nuestro compromiso de difundir noticias POSITIVAS, AUNQUE DUELAN...ya que ese dolor, sólo lo van a sentir los tontos o idiotas.  AGF  10 Marzo 2020

 

EL CORTE INGLÉS EL VIRUS  Y LA BAJADA DE VENTAS: “Las alarmas han saltado en el gran comercio por el pánico provocado por la expansión del coronavirus. La afluencia de consumidores a los establecimientos públicos se ha derrumbado cerca de un 20% desde que las administraciones públicas empezaron a advertir la semana pasada del creciente riesgo de contagio del Covid-19. El Corte Inglés, la empresa emblemática de la distribución, está sufriendo el miedo generalizado entre la población, por lo que ha activado un comité de crisis para poner en marcha un plan de ajustes que compense, el brusco descenso de las ventas” (El Confidencial 11-03-2020).

            El miedo y ya pánico en algunos, lo que crea es mucho peor que lo que pueda producir la enfermedad; y eso lo vamos a ver a no tardar mucho. Lo del Corte Inglés es una muestra simplemente. Además los políticos y toda la parafernalia que los arropa metiendo más miedo, a mi parecer, "no saben una papa", del enemigo viral, puesto que la conclusión que se puede sacar es que están dando "palos de ciego" y con ellos, quieren controlar a un enemigo invisible, que en realidad ni saben o sabemos, por dónde anda. Pero ya digo, "los remedios que imponen, son peores que la enfermedad".

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

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