Las Noticias de hoy 6 Abril 2020

Enviado por adminideas el Lun, 06/04/2020 - 12:14
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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 06 de abril de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

El Papa invita a “redescubrir que la vida no sirve si no se sirve”

Día Internacional del Deporte: Frutos en tiempo de pandemia

Semana Santa: El Papa invita a las personas confinadas a recogerse en sus casas

El Papa reza por los presos y piensa en los pobres: Jesús se identifica en ellos

LAS NEGACIONES DE PEDRO: Francisco Fernandez Carbajal

Lunes santo: “Se consuma la vida de Jesús”: San Josemaria

Lunes santo: Jesús en Betania: Mons. Javier Echevarría

Audio meditación del Prelado: El Mandamiento Nuevo del Señor

Ejemplos de fe (VIII): Marta y María: Juan Chapa

“Huellas de nuestra fe”: un viaje por Tierra Santa

Cuaresma y Semana Santa

La comunión espiritual que repetía san Josemaría

No es encierro es ponerte a salvo: Rosario Prieto

Más Dios y más ciencia: Francisco Serrano Oceja

Misericordia, Pecado, Muerte: Ernesto Juliá

TE OFREZCO LO QUE SOY:  Magui del Mar

«Semana de dolor»: † Card. Juan José Omella. Arzobispo de Barcelona  

Empresarios católicos hacen un llamamiento a mantener el mayor número de empleos posibles: Luis Hernando de Larramendi, presidente de ASE.

El COVID-19 tiene orígenes naturales: JDM

¿Por qué tenéis miedo?: Jaume Catalán Díaz

 “Cada gesto cuenta”: Enric Barrull Casals

El problema de los refugiados: Jesús Martínez Madrid

Una alianza educativa: JD Mez Madrid

De jueces, políticos, tiranos y el desempleo atroz: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Papa invita a “redescubrir que la vida no sirve si no se sirve”

Homilía en el Domingo de Ramos

ABRIL 05, 2020 13:04REDACCIÓNPAPA Y SANTA SEDESEMANA SANTA 2020

(zenit – 5 abril 2020).- A las 11 de la mañana, el Papa Francisco preside el Altar de la Cátedra en la Basílica de San Pedro, la solemne celebración litúrgica del Domingo de Ramos y de La pasión del Señor.

Hoy se celebra la XXXV Jornada Mundial de la Juventud, este año a nivel diocesano, con el tema: “!Joven, te digo, levántate!” (cf. Lc 7:14).

Publicamos a continuación la homilía que el Papa Francisco pronunció después de la proclamación de La pasión del Señor según Mateo:

***

Homilía del Papa

Jesús «se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo» (Flp 2,7). Con estas palabras del apóstol Pablo, dejémonos introducir en los días santos, donde la Palabra de Dios, como un estribillo, nos muestra a Jesús como siervo: el siervo que lava los pies a los discípulos el Jueves santo; el siervo que sufre y que triunfa el Viernes santo (cf. Is 52,13); y mañana, Isaías profetiza sobre Él: «Mirad a mi Siervo, a quien sostengo» (Is 42,1). Dios nos salvó sirviéndonos. Normalmente pensamos que somos nosotros los que servimos a Dios. No, es Él quien nos sirvió gratuitamente, porque nos amó primero. Es difícil amar sin ser amados, y es aún más difícil servir si no dejamos que Dios nos sirva.

​Pero, ¿cómo nos sirvió el Señor? Dando su vida por nosotros. Él nos ama, puesto que pagó por nosotros un gran precio. Santa Ángela de Foligno aseguró haber escuchado de Jesús estas palabras: «No te he amado en broma». Su amor lo llevó a sacrificarse por nosotros, a cargar sobre sí todo nuestro mal. Esto nos deja con la boca abierta: Dios nos salvó dejando que nuestro mal se ensañase con Él. Sin defenderse, sólo con la humildad, la paciencia y la obediencia del siervo, simplemente con la fuerza del amor. Y el Padre sostuvo el servicio de Jesús, no destruyó el mal que se abatía sobre Él, sino que lo sostuvo en su sufrimiento, para que sólo el bien venciera nuestro mal, para que fuese superado completamente por el amor. Hasta el final.

El Señor nos sirvió hasta el punto de experimentar las situaciones más dolorosas de quien ama: la traición y el abandono.

La traición. Jesús sufrió la traición del discípulo que lo vendió y del discípulo que lo negó. Fue traicionado por la gente que lo aclamaba y que después gritó: «Sea crucificado» (Mt 27,22). Fue traicionado por la institución religiosa que lo condenó injustamente y por la institución política que se lavó las manos. Pensemos en las traiciones pequeñas o grandes que hemos sufrido en la vida. Es terrible cuando se descubre que la confianza depositada ha sido defraudada. Nace tal desilusión en lo profundo del corazón que parece que la vida ya no tuviera sentido. Esto sucede porque nacimos para amar y ser amados, y lo más doloroso es la traición de quién nos prometió ser fiel y estar a nuestro lado. No podemos ni siquiera imaginar cuán doloroso haya sido para Dios, que es amor.

​Examinémonos interiormente. Si somos sinceros con nosotros mismos, nos daremos cuenta de nuestra infidelidad. Cuánta falsedad, hipocresía y doblez. Cuántas buenas intenciones traicionadas. Cuántas promesas no mantenidas. Cuántos propósitos desvanecidos. El Señor conoce nuestro corazón mejor que nosotros mismos, sabe que somos muy débiles e inconstantes, que caemos muchas veces, que nos cuesta levantarnos de nuevo y que nos resulta muy difícil curar ciertas heridas. ¿Y qué hizo para venir a nuestro encuentro, para servirnos? Lo que había dicho por medio del profeta: «Curaré su deslealtad, los amaré generosamente» (Os 14,5). Nos curó cargando sobre sí nuestra infidelidad, borrando nuestra traición. Para que nosotros, en vez de desanimarnos por el miedo al fracaso, seamos capaces de levantar la mirada hacia el Crucificado, recibir su abrazo y decir: “Mira, mi infidelidad está ahí, Tú la cargaste, Jesús. Me abres tus brazos, me sirves con tu amor, continúas sosteniéndome… Por eso, ¡sigo adelante!”.

El abandono. En el Evangelio de hoy, Jesús en la cruz dice una frase, sólo una: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46). Es una frase dura. Jesús sufrió el abandono de los suyos, que habían huido. Pero le quedaba el Padre. Ahora, en el abismo de la soledad, por primera vez lo llama con el nombre genérico de “Dios”. Y le grita «con voz potente» el “¿por qué?” más lacerante: “¿Por qué, también Tú, me has abandonado?”. En realidad, son las palabras de un salmo (cf. 22,2) que nos dicen que Jesús llevó a la oración incluso la desolación extrema, pero el hecho es que en verdad la experimentó. Comprobó el abandono más grande, que los Evangelios testimonian recogiendo sus palabras originales: Elí, Elí, lemá sabaqtaní.

¿Y todo esto para qué? Una vez más por nosotros, para servirnos. Para que cuando nos sintamos entre la espada y la pared, cuando nos encontremos en un callejón sin salida, sin luz y sin escapatoria, cuando parezca que ni siquiera Dios responde, recordemos que no estamos solos. Jesús experimentó el abandono total, la situación más ajena a Él, para ser solidario con nosotros en todo. Lo hizo por mí, por ti, para decirte: “No temas, no estás solo. Experimenté toda tu desolación para estar siempre a tu lado”. He aquí hasta dónde Jesús fue capaz de servirnos: descendiendo hasta el abismo de nuestros sufrimientos más atroces, hasta la traición y el abandono. Hoy, en el drama de la pandemia, ante tantas certezas que se desmoronan, frente a tantas expectativas traicionadas, con el sentimiento de abandono que nos oprime el corazón, Jesús nos dice a cada uno: “Ánimo, abre el corazón a mi amor. Sentirás el consuelo de Dios, que te sostiene”.

​Queridos hermanos y hermanas: ¿Qué podemos hacer ante Dios que nos sirvió hasta experimentar la traición y el abandono? Podemos no traicionar aquello para lo que hemos sido creados, no abandonar lo que de verdad importa. Estamos en el mundo para amarlo a Él y a los demás. El resto pasa, el amor permanece. El drama que estamos atravesando nos obliga a tomar en serio lo que cuenta, a no perdernos en cosas insignificantes, a redescubrir que la vida no sirve, si no se sirve. Porque la vida se mide desde el amor. De este modo, en casa, en estos días santos pongámonos ante el Crucificado, que es la medida del amor que Dios nos tiene. Y, ante Dios que nos sirve hasta dar la vida, pidamos la gracia de vivir para servir. Procuremos contactar al que sufre, al que está solo y necesitado. No pensemos tanto en lo que nos falta, sino en el bien que podemos hacer.

Mirad a mi Siervo, a quien sostengo. El Padre, que sostuvo a Jesús en la Pasión, también a nosotros nos anima en el servicio. Es cierto que puede costarnos amar, rezar, perdonar, cuidar a los demás, tanto en la familia como en la sociedad; puede parecer un vía crucis. Pero el camino del servicio es el que triunfa, el que nos salvó y nos salva la vida. Quisiera decirlo de modo particular a los jóvenes, en esta Jornada que desde hace 35 años está dedicada a ellos. Queridos amigos: Mirad a los verdaderos héroes que salen a la luz en estos días. No son los que tienen fama, dinero y éxito, sino son los que se dan a sí mismos para servir a los demás. Sentíos llamados a jugaros la vida. No tengáis miedo de gastarla por Dios y por los demás: ¡La ganaréis! Porque la vida es un don que se recibe entregándose. Y porque la alegría más grande es decir, sin condiciones, sí al amor. Como lo hizo Jesús por nosotros.

© Librería Editorial Vaticana

 

Día Internacional del Deporte: Frutos en tiempo de pandemia

Palabras del Papa antes del Ángelus

ABRIL 05, 2020 16:03RAQUEL ANILLOANGELUS Y REGINA COELISEMANA SANTA 2020

(zenit – 5 abril 2020).- Con motivo del Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz, celebrado el 6 de abril, el Papa Francisco destaca los frutos del deporte, beneficiosos en tiempos de pandemia.

Al rezar el Ángelus al final de la Misa del Domingo de Ramos, transmitida en vivo desde la Basílica de San Pedro el 5 de abril de 2020, el Papa habló de este día lanzado por las Naciones Unidas.

Estas son las palabras del Papa al introducir la oración mariana:

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Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas,

antes de concluir esta celebración, deseo saludar a todos los que han paticipado a través de los medios de comunicación social. En particular, mis pensamientos van a los jóvenes de todo el mundo que viven de una manera sin precedentes, a nivel diocesano, el Día Mundial de La juventud. Hoy se planeó pasar la Cruz de los jóvenes de Panamá a los de Lisboa.

Este gesto tan sugerente se pospone al domingo de Cristo Rey, el 22 de noviembre. En espera de ese momento, les insto a ustedes, jóvenes, a cultivar y dar testimonio de esperanza, generosidad y solidaridad que todos necesitamos en estos tiempos difíciles.

Mañana, 6 de abril, se celebra el Día Mundial del Deporte para el Desarrollo y la Paz, proclamado por las Naciones Unidas. En este período, muchos eventos están suspendidos, pero salen a la luz los mejores frutos del deporte: la resistencia, el espíritu de equipo, la hermandad, el dar lo mejor de uno mismo… Por lo tanto, relancemos el deporte para la paz y el desarrollo.

Queridos hermanos, comencemos con fe la Semana Santa, en la que Jesús sufre, muere y resucita. Las personas y las  familias que no podrán participar en las celebraciones litúrgicas están invitadas a recogerse en oración en casa, ayudados también por los medios de comunicación tecnológicos. Unámonos espiritualmente a los enfermos, a sus familias y a los que los cuidan con tal abnegación; recemos por los enfermos, a sus familias y los que los cuidan con tanta abnegación. Recemos por los difuntos en la luz de la fe Pascual. Cada uno está presente en nuestros corazones, en nuestro recuerdo, en nuestra oración.

De María aprendemos el silencio interior, la mirada del corazón, la fe amorosa para seguir Jesús en el camino de la cruz, que conduce a la gloria de la Resurrección. Ella camina con nosotros y sostiene nuestra esperanza.

 

Semana Santa: El Papa invita a las personas confinadas a recogerse en sus casas

María camina con nosotros

ABRIL 05, 2020 16:23ANNE KURIANPAPA Y SANTA SEDESEMANA SANTA 2020

(zenit – 5 abril 2020).- “Las personas y familias que no podrán participar en las celebraciones litúrgicas están invitadas a rezar en sus hogares, a través de los medios de comunicación”: esta es la invitación del Papa Francisco al inicio de la Semana Santa, este 5 de abril de 2020.

“Comencemos con fe en la Semana Santa, durante la cual Jesús sufre, muere y resucita”, alentó al introducir la oración del Ángelus, al final de la Misa de Ramos que acababa de celebrar en transmisión en vivo desde la Basílica de San Pedro.

“Acerquémonos espiritualmente a los enfermos, de sus seres queridos y de aquellos que los cuidan con tanta abnegación; oremos por los difuntos, a la luz de la fe pascual. Todos están presentes en nuestro corazón, en nuestra memoria, en nuestra oración”, aseguró el Papa.

También nos invita a vivir esta Semana con la Virgen María: “De María, aprendamos el silencio interior, la mirada del corazón, la fe amorosa para seguir a Jesús en el camino de la cruz, que conduce a la gloria de la Resurrección. Ella camina con nosotros y sostiene nuestra esperanza”.

 

 

El Papa reza por los presos y piensa en los pobres: Jesús se identifica en ellos

Este 6 de abril, en la Misa en Santa Marta, el Santo Padre volvió a dirigir su pensamiento a los encarcelados y al grave problema del hacinamiento en las instituciones penitenciarias, rezando para que los responsables encuentren soluciones. En su homilía, habló de los pobres, víctimas de la injusticia de las políticas económicas mundiales, y recordó: que al final de nuestras vidas seremos juzgados por nuestra relación con los pobres.

Vatican News

En la Misa matutina celebrada – y transmitida en vivo – en la Capilla de la Casa Santa Marta, este Lunes Santo, el Papa Francisco pidió en la intención de la Eucaristía por el problema de la superpoblación en las cárceles:

“Pienso en un grave problema que existe en muchas partes del mundo. Me gustaría que hoy rezáramos por el problema de la superpoblación en las cárceles. Donde hay hacinamiento – tanta gente allí – existe el peligro, en esta pandemia, de que termine en una grave calamidad. Oremos por los responsables, por los que tienen que tomar las decisiones en esto, para que encuentren un camino justo y creativo para resolver el problema”.

En su homilía, el Papa Francisco comentando el pasaje del Evangelio de Juan (Jn 12, 1-11) en el que María, hermana de Lázaro, ungió con un precioso perfume los pies de Jesús, provocando la crítica de Judas: ese perfume – dice el que iba a traicionar al Señor – podría venderse y lo recabado podía ser entregado a los pobres. El evangelista señala que dijo esto no porque se preocupaba por los pobres, sino porque era un ladrón y, como tenía la bolsa común, cogía lo que ponían en él. Jesús le respondió: "Déjala hacer, porque ella tenía reservado ese perfume para el día de mi sepultura. Porque siempre tienen a los pobres con ustedes, pero no siempre me tienen a mí. El Papa habla de los pobres: son muchos, en su mayoría están escondidos y no los vemos porque somos indiferentes. Muchos pobres son víctimas de las políticas financieras y de la injusticia estructural de la economía mundial. Muchos pobres se avergüenzan de no tener medios y acuden a Cáritas en secreto. Los pobres – recuerda el Papa – los encontraremos en el juicio final: Jesús se identifica en ellos. Seremos juzgados por nuestra relación con los pobres.

A continuación el texto de la homilía según nuestra transcripción y al mismo tiempo te invitamos a seguir la Santa Misa (video integral) desde nuestro canal de Youtube:

Este pasaje termina con una observación: “Los jefes de los sacerdotes decidieron entonces matar a Lázaro también, porque muchos judíos se alejaban de ellos por él y creyeron en Jesús”. El otro día vimos los pasos de la tentación: la seducción inicial, la ilusión, luego crece – paso dos – y paso tres, crece y se contagia y se justifica. Pero hay otro paso: sigue adelante, no se detiene. Para éstos no fue suficiente con matar a Jesús, sino también a Lázaro, porque era un testigo de la vida.

Pero hoy me gustaría detenerme en una palabra de Jesús. Seis días antes de Pascua – estamos justo en la puerta de la Pasión – María hace este gesto de contemplación: Marta servía – como en el otro pasaje – y María abre la puerta a la contemplación. Y Judas piensa en el dinero y piensa en los pobres, pero no porque se preocupara por los pobres, sino porque era un ladrón y, como guardaba la caja de dinero, cogía lo que ponían en ella. Esta historia del administrador infiel es siempre actual, siempre la hay, incluso a un alto nivel: pensemos en algunas organizaciones caritativas o humanitarias que tienen tantos empleados, tantos, que tienen una estructura muy rica en personas y al final el cuarenta por ciento llega a los pobres, porque el sesenta es para pagar el sueldo a tanta gente. Es una forma de quitarles el dinero a los pobres. Pero la respuesta es Jesús. Y aquí quiero parar: "Los pobres siempre están con ustedes". Es una verdad: "Los pobres siempre están con ustedes". Los pobres están ahí. Son muchos: están los pobres que vemos, pero ésta es la parte más pequeña; la gran cantidad de pobres son los que no vemos: los pobres ocultos. Y no los vemos porque entramos en esta cultura de indiferencia que es negacionista y negamos: "No, no, no son muchos, no se ven; sí, es así...", siempre disminuyendo la realidad de los pobres. Pero hay muchos, muchos.

O incluso, si no entramos en esta cultura de la indiferencia, existe la costumbre de ver a los pobres como adornos de una ciudad: sí, están ahí, como estatuas; sí, están ahí, se pueden ver; sí, esa viejecita mendigando, esa otra... Pero como si fuera algo normal. Es parte de la ornamentación de la ciudad tener gente pobre. Pero la gran mayoría son las víctimas pobres de las políticas económicas, de las políticas financieras. Algunas estadísticas recientes lo resumen así: hay tanto dinero en manos de unos pocos y tanta pobreza en muchos, en muchos. Y esta es la pobreza de tantas personas que son víctimas de la injusticia estructural de la economía mundial. Y [hay] tantos pobres que se avergüenzan de mostrar que no llegan a fin de mes; tantos pobres de la clase media, que van en secreto a Cáritas y piden en secreto y sienten vergüenza. Los pobres son mucho más que los ricos; mucho, mucho... Y lo que dice Jesús es cierto: "Porque los pobres están siempre con ustedes". ¿Pero yo los veo? ¿Soy consciente de esta realidad? Especialmente la realidad oculta, los que se avergüenzan de decir que no llegan a fin de mes.

Recuerdo que en Buenos Aires me habían dicho que en el edificio de una fábrica abandonada, vacía durante años, estaba habitado por unas quince familias que habían llegado en esos últimos meses. Fui allí. Eran familias con niños y cada uno había tomado una parte de la fábrica abandonada para vivir. Y, mirándolos, vi que cada familia tenía buenos muebles, muebles de clase media, tenían televisión, pero iban allí porque no podían pagar el alquiler. Los nuevos pobres que tienen que dejar la casa porque no pueden pagarla, van allí. Es esa injusticia de la organización económica o financiera la que los lleva allí. Y hay tantos, tantos, que nos encontraremos con ellos en el juicio. La primera pregunta que nos hará Jesús es: "¿Cómo te va con los pobres? ¿Los has alimentado? Cuando estaba en prisión, ¿los has visitado? En el hospital, ¿lo viste? ¿Ayudó a la viuda, al huérfano? Porque yo estaba allí". Y por eso seremos juzgados. No seremos juzgados por el lujo o los viajes que hagamos o la importancia social que tengamos. Seremos juzgados por nuestra relación con los pobres. Pero si yo, hoy, ignoro a los pobres, los dejo de lado, creo que no están ahí, el Señor me ignorará el día del Juicio. Cuando Jesús dice: "Tienen a los pobres siempre con ustedes", quiere decir: "Siempre estaré contigo en los pobres". Estaré presente allí". Y esto no es ser comunista, es el centro del Evangelio: seremos juzgados por esto.

Finalmente, el Papa terminó la celebración con la adoración y la bendición Eucarística. Antes de salir de la Capilla dedicada al Espíritu Santo, se cantó la antigua antífona mariana Ave Regina Caelorum ("Ave Reina del Cielo").

 

 

LAS NEGACIONES DE PEDRO

— San Pedro niega conocer al Señor. Nuestras negaciones.

— La mirada de Jesús y la contrición de Pedro.

— El verdadero arrepentimiento. Acto de contrición.

I. Mientras se desarrolla el proceso contra Jesús ante el Sanedrín tiene lugar la escena más triste de la vida de Pedro. Él, que lo había dejado todo por seguir a nuestro Señor, que ha visto tantos prodigios y ha recibido tantas muestras de afecto, ahora le niega rotundamente. Se siente acorralado y niega hasta con juramento conocer a Jesús.

Cuando Pedro estaba abajo en el atrio, llega una de la criadas del Sumo Sacerdote y, al ver a Pedro que se estaba calentando, fijándose en él, le dice: También tú estabas con Jesús, ese Nazareno. Pero él lo negó diciendo: Ni le conozco, ni sé de qué hablas. Y salió afuera, al vestíbulo de la casa, y cantó un gallo. Y al verlo la criada empezó a decir otra vez a los que estaban alrededor: éste es de los suyos. Pero él lo volvió a negar. Y un poco después, los que estaban allí decían a Pedro: Desde luego eres de ellos, porque también tú eres galileo. Pero él comenzó a decir imprecaciones y a jurar: No conozco a ese hombre del que habláis1.

Ha negado conocer a su Señor, y con eso niega también el sentido hondo de su existencia: ser Apóstol, testigo de la vida de Cristo, confesar que Jesús es el Hijo de Dios vivo. Su vida honrada, su vocación de Apóstol, las esperanzas que Dios había depositado en él, su pasado, su futuro: todo se ha venido abajo. ¿Cómo es posible que diga no conozco a ese hombre?

Unos años antes, un milagro obrado por Jesús había tenido para él un significado especial y profundo. Al ver la pesca milagrosa (la primera de ellas) Pedro lo comprendió todo, se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: Apártate de mí, Señor, que soy un pobre pecador. Pues el asombro se había apoderado de él2. Parece como si en un momento lo hubiera visto todo claro: la santidad de Cristo y su condición de hombre pecador. Lo negro se percibe en contraste con lo blanco, la oscuridad con la luz, la suciedad con la limpieza, el pecado con la santidad. Y entonces, mientras sus labios decían que por sus pecados se siente indigno de estar junto al Señor, sus ojos y toda su actitud le pedían no separarse jamás de Él. Aquel fue un día muy feliz. Allí comenzó realmente todo: Entonces dijo Jesús a Simón: No temas; desde ahora serán hombres los que has de pescar. Y ellos, sacando las barcas a tierra, dejadas todas las cosas, le siguieron3. La vida de Pedro tendría desde entonces un formidable objetivo: amar a Cristo y ser pescador de hombres. Todo lo demás sería medio e instrumento para este fin. Ahora, por fragilidad, por dejarse llevar del miedo y de los respetos humanos, Pedro se ha derrumbado.

El pecado, la infidelidad en mayor o menor grado, es siempre negación de Cristo y de lo más noble que hay en nosotros mismos, de los mejores ideales que el Señor ha sembrado en nosotros. El pecado es la gran ruina del hombre. Por eso hemos de luchar con ahínco, ayudados por la gracia, para evitar todo pecado grave –los de malicia, fragilidad o ignorancia culpable– y todo pecado venial deliberado.

Pero incluso del pecado, si tuviéramos la desgracia de cometerlo, hemos de sacar frutos, pues la contrición afianza más la amistad con el Señor. Nuestros errores no deben desalentarnos jamás si nos comportamos con humildad. Un sincero arrepentimiento es siempre la ocasión de un encuentro nuevo con el Señor, del que se pueden derivar insospechadas consecuencias para nuestra vida interior. Si pecamos, hemos de volver al Señor cuantas veces sea preciso, sin angustiarnos pero sí con dolor. «Pedro invirtió una hora para caer, pero en un minuto se levanta y subirá más alto de lo que estaba antes de su caída»4.

El Cielo está lleno de grandes pecadores que supieron arrepentirse. Jesús nos recibe siempre y se alegra cuando recomenzamos el camino que habíamos abandonado, quizá en cosas pequeñas.

II. El Señor, maltratado, es llevado por uno de aquellos atrios. Entonces, se volvió y miró a Pedro5. «Sus miradas se cruzaron. Pedro hubiera querido bajar la cabeza, pero no pudo apartar su mirada de Aquel que acababa de negar. Conoce muy bien las miradas del Salvador. No pudo resistir a la autoridad y al encanto de esa mirada que suscitó su vocación; esa mirada tan cariñosa del Maestro aquel día en que, mirando a sus discípulos, afirmó: He aquí a mis hermanos, hermanas y madre. Y aquella mirada que le hizo temblar cuando él, Simón, quiso apartar la Cruz del camino del Señor. ¡Y la compasiva mirada con que acogió al joven tan poco desprendido para seguirle! ¡Y la mirada anegada de lágrimas ante el sepulcro de Lázaro...! Conoce las miradas del Salvador.

»Y, sin embargo, nunca jamás contempló en el rostro del Señor la expresión que descubre en Él en aquel momento, aquellos ojos impregnados de tristeza, pero sin severidad; mirada de reconvención, sin duda, pero que al mismo tiempo quiere ser suplicante y parece decirle: Simón, yo he rogado por ti.

»Su mirada solo se detuvo un instante sobre él: Jesús fue empujado violentamente por los soldados, pero Pedro la sigue viendo»6. Ve la mirada indulgente sobre la llaga profunda de su culpa. Comprendió entonces la gravedad de su pecado, y el cumplimiento de la profecía del Señor respecto a su traición. Y recordó Pedro las palabras del Señor: Antes que el gallo cante hoy, me habrás negado tres veces. Salió fuera y lloró amargamente7. El salir fuera «era confesar su culpa. Lloró amargamente porque sabía amar, y bien pronto las dulzuras del amor reemplazaron en él a las amarguras del dolor»8.

Saberse mirado por el Señor impidió que Pedro llegara a la desesperanza. Fue una mirada alentadora en la que Pedro se sintió comprendido y perdonado. ¡Cómo recordaría entonces la parábola del Buen Pastor, del hijo pródigo, de la oveja perdida!

Pedro salió fuera. Se separó de aquella situación, en la que imprudentemente se había metido, para evitar posibles recaídas. Comprendió que aquel no era su sitio. Se acordó de su Señor, y lloró amargamente. En la vida de Pedro vemos nuestra propia vida. «Dolor de Amor. —Porque Él es bueno. —Porque es tu Amigo, que dio por ti su Vida. —Porque todo lo bueno que tienes es suyo. —Porque le has ofendido tanto... Porque te ha perdonado... ¡Él!... ¡¡a ti!!

»—Llora, hijo mío, de dolor de Amor»9.

La contrición da al alma una especial fortaleza, devuelve la esperanza, hace que el cristiano se olvide de sí mismo y se acerque de nuevo a Dios en un acto de amor más profundo. La contrición aquilata la calidad de la vida interior y atrae siempre la misericordia divina. Mis miradas se posan sobre los humildes y sobre los de corazón contrito10.

Cristo no tendrá inconveniente en edificar su Iglesia sobre un hombre que puede caer y ha caído. Dios cuenta también con los instrumentos débiles para realizar, si se arrepienten, sus empresas grandes: la salvación de los hombres.

Muy probablemente Pedro, después de las negaciones y de su arrepentimiento, iría a buscar a la Virgen. También nosotros lo hacemos ahora que recordamos con más viveza nuestras faltas y negaciones.

III. Además de una gran fortaleza, la verdadera contrición da al alma una particular alegría, y dispone para ser eficaces entre los demás. «El Maestro pasa, una y otra vez, muy cerca de nosotros. Nos mira... Y si le miras, si le escuchas, si no le rechazas, Él te enseñará cómo dar sentido sobrenatural a todas tus acciones... Y entonces tú también sembrarás, donde te encuentres, consuelo y paz y alegría»11.

Sobre Judas también recayó la mirada del Señor, que le incita a cambiar cuando, en el momento de su traición, se sintió llamado con el título de amigo. ¡Amigo! ¿A qué has venido aquí? No se arrepintió en ese momento, pero más tarde sí: viendo a Jesús sentenciado, arrepentido de lo hecho, restituyó las treinta monedas de plata12.

¡Qué diferencia entre Pedro y Judas! Los dos traicionaron (de distinta manera) la fidelidad a su Maestro. Los dos se arrepintieron. Pedro sería –a pesar de sus negaciones– la roca sobre la que se asentará la Iglesia de Cristo hasta el final de los tiempos. Judas fue y se ahorcó. El simple arrepentimiento humano no basta; produce angustia, amargura y desesperación.

Junto a Cristo el arrepentimiento se transforma en un dolor gozoso, porque se recobra la amistad perdida. En unos instantes, Pedro se unió al Señor –a través del dolor de sus negaciones– mucho más fuertemente de lo que había estado nunca. De sus negaciones arranca una fidelidad que le llevará hasta el martirio.

Judas fue todo lo contrario, se queda solo: A nosotros ¿qué nos importa?, allá tú, le dicen los príncipes de los sacerdotes. Judas, en el aislamiento que produce el pecado, no supo ir a Cristo; le faltó la esperanza.

Debemos despertar con frecuencia en nuestro corazón el dolor de Amor por nuestros pecados. Sobre todo al hacer el examen de conciencia al acabar el día, y al preparar la Confesión.

«A ti que te desmoralizas, te repetiré una cosa muy consoladora: al que hace lo que puede, Dios no le niega su gracia. Nuestro Señor es Padre, y si un hijo le dice en la quietud de su corazón: Padre mío del Cielo, aquí estoy yo, ayúdame... Si acude a la Madre de Dios, que es Madre nuestra, sale adelante»13.

1 Mc 14, 66-67. — 2 Cfr. Lc 5, 8-9. — 3 Lc 5, 10-11. — 4 G. Chevrot, Simón Pedro, p. 261. — 5 Lc 22, 61. — 6 G. Chevrot, loc. cit., pp. 265-266. — 7 Lc 22, 61-62. — 8 San Agustín, Sermón 295. — 9 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 436. — 10 Is 66, 2. — 11 San Josemaría Escrivá, Vía Crucis, VIII, 4. — 12 Cfr. Mt 27, 3-10. — 13 San Josemaría Escrivá, Vía Crucis, X, 3.

 

 

Lunes santo: “Se consuma la vida de Jesús”

Nuestros pecados fueron la causa de la Pasión: de aquella tortura que deformaba el semblante amabilísimo de Jesús, perfectus Deus, perfectus homo Y son también nuestras miserias las que ahora nos impiden contemplar al Señor, y nos presentan opaca y contrahecha su figura.

6 de abril

Cuando tenemos turbia la vista, cuando los ojos se nublan, necesitamos ir a la luz. Y Cristo ha dicho: ego sum lux mundi! (Ioh VIII,12), yo soy la luz del mundo. Y añade: el que me sigue no camina a oscuras, sino que tendrá la luz de la vida (Via Crucis, VI Estación, n. 1)

Esta semana, que tradicionalmente el pueblo cristiano llama santa, nos ofrece, una vez más, la ocasión de considerar –de revivir– los momentos en los que se consuma la vida de Jesús. Todo lo que a lo largo de estos días nos traen a la memoria las diversas manifestaciones de la piedad, se encamina ciertamente hacia la Resurrección, que es el fundamento de nuestra fe, como escribe San Pablo (Cfr. 1 Cor XV, 14.). No recorramos, sin embargo, demasiado de prisa ese camino; no dejemos caer en el olvido algo muy sencillo, que quizá, a veces, se nos escapa: no podremos participar de la Resurrección del Señor, si no nos unimos a su Pasión y a su Muerte (Cfr. Rom VIII, 17.). Para acompañar a Cristo en su gloria, al final de la Semana Santa, es necesario que penetremos antes en su holocausto, y que nos sintamos una sola cosa con El, muerto sobre el Calvario (...).

Meditemos en el Señor herido de pies a cabeza por amor nuestro. Con frase que se acerca a la realidad, aunque no acaba de decirlo todo, podemos repetir con un autor de hace siglos: El cuerpo de Jesús es un retablo de dolores. A la vista de Cristo hecho un guiñapo, convertido en un cuerpo inerte bajado de la Cruz y confiado a su Madre; a la vista de ese Jesús destrozado, se podría concluir que esa escena es la muestra más clara de una derrota. ¿Donde están las masas que lo seguían, y el Reino cuyo advenimiento anunciaba? Sin embargo, no es derrota, es victoria: ahora se encuentra más cerca que nunca del momento de la Resurrección, de la manifestación de la gloria que ha conquistado con su obediencia (Es Cristo que pasa, 95).

 

Lunes santo: Jesús en Betania

"En los últimos días de su vida en la tierra, Jesús pasa largas horas en Jerusalén...". Palabras de Mons. Javier Echevarría emitidas por la cadena de Estados Unidos EWTN.

DEL PRELADO22/03/2016

Lunes santo: reflexiones de Mons. Javier Echevarría (2004).

Ayer recordamos el ingreso triunfal de Cristo en Jerusalén. La muchedumbre de los discípulos y otras personas le aclamaron como Mesías y Rey de Israel. Al final de la jornada, cansado, volvió a Betania, aldea situada muy cerca de la capital, donde solía alojarse en sus visitas a Jerusalén.

Allí, una familia amiga siempre tenía dispuesto un sitio para Él y los suyos. Lázaro, a quien Jesús resucitó de entre los muertos, es el cabeza de familia; con él viven Marta y María, hermanas suyas, que esperan llenas de ilusión la llegada del Maestro, contentas de poder ofrecerle sus servicios.

En los últimos días de su vida en la tierra, Jesús pasa largas horas en Jerusalén, dedicado a una predicación intensísima. Por la noche, recupera las fuerzas en casa de sus amigos. Y en Betania tiene lugar un episodio que recoge el Evangelio de la Misa de hoy.

Seis días antes de la Pascua —relata San Juan—, fue Jesús a Betania. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con Él a la mesa. María tomó entonces una libra de perfume de nardo auténtico, muy costoso, ungió a Jesús los pies con él y se los enjugó con su cabellera, y la casa se llenó de la fragancia del perfume.

Inmediatamente salta a la vista la generosidad de esta mujer. Desea manifestar su agradecimiento al Maestro, por haber devuelto la vida a su hermano y por tantos otros bienes recibidos, y no repara en gastos. Judas, presente en la cena, calcula exactamente el precio del perfume.

Pero, en vez de alabar la delicadeza de María, se abandona a la murmuración: ¿por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres? En realidad, como hace notar San Juan, no le importaban los pobres; le interesaba manejar el dinero de la bolsa y hurtar su contenido.

«La valoración de Jesús es muy diversa», escribe Juan Pablo II. «Sin quitar nada al deber de la caridad hacia los necesitados, a los que se han de dedicar siempre los discípulos —"pobres tendrán siempre con ustedes"—, Él se fija en el acontecimiento de su muerte y sepultura, y aprecia la unción que se le hace como anticipación del honor que su cuerpo merece también después de la muerte, por estar indisolublemente unido al misterio de su persona» (Ecclesia de Eucharistia, 47).

Para ser verdadera virtud, la caridad ha de estar ordenada. Y el primer lugar lo ocupa Dios: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es como éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo.

De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas. Por eso, se equivocan los que —con la excusa de aliviar las necesidades materiales de los hombres— se desentienden de las necesidades de la Iglesia y de los ministros sagrados. Escribe San Josemaría Escrivá: «aquella mujer que en casa de Simón el leproso, en Betania, unge con rico perfume la cabeza del Maestro, nos recuerda el deber de ser espléndidos en el culto de Dios.

—Todo el lujo, la majestad y la belleza me parecen poco.

—Y contra los que atacan la riqueza de vasos sagrados, ornamentos y retablos, se oye la alabanza de Jesús: "opus enim bonum operata est in me" —una buena obra ha hecho conmigo».

¡Cuántas personas se comportan como Judas! Ven el bien que hacen otros, pero no quieren reconocerlo: se empeñan en descubrir intenciones torcidas, tienden a criticar, a murmurar, a hacer juicios temerarios. Reducen la caridad a lo puramente material —dar unas monedas al necesitado, quizá para tranquilizar su conciencia— y olvidan que —como escribe también San Josemaría Escrivá— «la caridad cristiana no se limita a socorrer al necesitado de bienes económicos; se dirige, antes que nada, a respetar y comprender a cada individuo en cuanto tal, en su intrínseca dignidad de hombre y de hijo del Creador».

La Virgen María se entregó completamente al Señor y estuvo siempre pendiente de los hombres. Hoy le pedimos que interceda por nosotros, para que, en nuestras vidas, el amor a Dios y el amor al prójimo se unan en una sola cosa, como las dos caras de una misma moneda.

 

 

Audio meditación del Prelado: El Mandamiento Nuevo del Señor

Segundo audio del Prelado del Opus Dei sobre la Pasión del Señor. El tema central es “el Mandamiento Nuevo del Señor”, que podemos vivir “en nuestro hogar, cada día, en muchos pequeños actos de amor”.

HOMILÍAS05/04/2020

Audio y transcripción de la meditación de Mons. Fernando Ocáriz: El Mandamiento Nuevo del Señor

Enlace al episodio anterior: “Unidos en la última cena”


En la Última Cena Jesús nos dio el mandamiento nuevo: “Que os améis los unos a los otros como yo os he amado” (Jn 15,12). Y para que quedase bien grabado en la memoria de sus discípulos y en la de cada uno de nosotros, lavó los pies a los apóstoles.

San Juan, en su primera epístola, escribe: “En esto hemos conocido el amor: en que Él dio su vida por nosotros; por eso, también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos” (1 Jn 3,16).

Hay muchos modos de dar la vida. Los padres de familia, con sus desvelos por cuidar de cada uno de sus hijos; los profesionales que trabajan con espíritu de servicio, procurando mejorar su entorno, sin dejarse llevar por la avidez de las ganancias. Dan la vida los sacerdotes que atienden con abnegación a todos los hombres y mujeres que acuden a ellos para encontrarse con Cristo.

Hoy vemos de un modo especial cómo tantas personas están dando su vida por los demás. Comenzando por los agentes sanitarios que arriesgan su vida por tantas personas que padecen la pandemia. Cargan con el sufrimiento de cada paciente y con el de sus familiares que en muchos casos no los pueden acompañar. No se limitan a cumplir con su deber, son conscientes que tantos se sostienen gracias a su trabajo generoso. Lo mismo se puede decir de muchas otras personas que, con su ocupación tan necesaria y que quizá pasa inadvertida, colaboran para que el mundo no se pare: transportistas, cajeros de supermercado, personal de farmacias, policías...

Los que tienen contacto más directo con el dolor: médicos, enfermeras, personal sanitario de todo tipo, y naturalmente los sacerdotes… hacen de diversos modos presente la compañía de Cristo a quienes sufren la enfermedad, o el miedo o están solos. Recemos por todos ellos, también para que cuando estén cansados o superados por la situación, se acuerden de que Jesús les conforta.

Todos podemos colaborar de un modo o de otro, a veces también con detalles pequeños, como escribir mensajes a enfermos o amigos o conocidos que puedan estar más solos. Todos podemos poner iniciativa y creatividad para ayudar, de maneras que estén permitidas por las autoridades, a personas ancianas y más vulnerables.

Pero el mandamiento nuevo del Señor, lo vivimos en nuestro hogar cada día en muchos pequeños actos de amor, que dan paz y alegría a nuestras familias y a las personas que nos rodean. San Josemaría nos da este consejo: “Más que en dar, la caridad está en comprender”[1].

Otras maneras de hacer vivo y hacer vida nuestra ese mandato son: el perdón, la disculpa, el interés sincero por los demás, los detalles de servicio en la vida cotidiana, la paciencia en la familia, que ahora para muchos significa vivir con serenidad el confinamiento en casa…

EL TRABAJO ES, ANTE TODO, UN SERVICIO, Y QUE LA CARIDAD PUEDE DARLE SU SENTIDO MÁS PLENO

Hoy resulta muy patente que el trabajo es, ante todo, un servicio, y que la caridad puede darle su sentido más pleno. Una sociedad se mantiene en pie si hay quien pone sus talentos, su esfuerzo, su labor, para el beneficio de los demás, aunque exija sacrificio.

Durante la Última Cena, Jesús también pidió al Padre por la unidad de todos los que serían sus discípulos a lo largo de los siglos. “Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste” (Jn 17,21).

“Ut omnes unum sint”, que todos sean uno. No se trata solo de la unidad de una organización humanamente bien estructurada, sino de la unidad que da el Amor con mayúscula: “Como Tú, Padre, en mí y yo en Ti”. En este sentido, los primeros cristianos son un claro ejemplo: así se relata en los Hechos de los Apóstoles: “La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma” (Hch 4,32).

Por ser consecuencia del amor, la unidad que nos pide Jesús no es uniformidad, sino comunión. Se trata de unidad en la diversidad, manifestada en la alegría de convivir con las diferencias, aprender a enriquecernos con los demás, fomentar a nuestro alrededor un ambiente de afecto, sin poner condiciones, queriendo a los demás como son.

Jesús señaló que esta unidad es condición de fecundidad en la transmisión del Evangelio, en el apostolado: “Para que el mundo crea”. Unidad que no constituye un grupo cerrado, sino que nos abre a ofrecer nuestra amistad a todas las personas en esta magnífica misión evangelizadora. La vocación del cristiano, plenamente vivida, acercará a Jesús a nuestros amigos, a nuestros colegas, se encuentren ya cerca del Señor o no lo estén todavía.

“Como tú, Padre, estás en mí y yo en ti” (Jn 17,21). Que el Señor nos conceda el don de la unidad y nos ayude a hacerlo vida en obras de servicio de unos por otros.


[1] Camino, n. 463.

Music: Beethoven Piano Concert n.5 - 2nd Movement (by @alvarosiviero, Alvaro Siviero)

 

Ejemplos de fe (VIII): Marta y María

La fe es abrir las puertas a Cristo, hospedarle en la propia casa, compartir la mesa con él, dejar que entre hasta lo más íntimo del alma. Así lo hizo la familia de Betania compuesta por Marta, María y Lázaro, de quienes se habla en este editorial.

VIRTUDES09/12/2016

Los evangelios recogen los recorridos de nuestro Señor por los senderos de Palestina. En esos trayectos fueron muchas las personas que se encontraron con Él. Algunos, tristemente, no supieron reconocer al Hijo de Dios en esa figura misericordiosa, amable y extraordinaria que les salía al encuentro. Otros, en cambio, creyeron en Él y supieron acogerle. Así lo hicieron las gentes de Galilea que habían visto los signos realizados por Jesús[1] y otros muchos cuyos nombres no han quedado recogidos en los evangelios. Pero de entre los que dijeron que sí a Cristo encontramos, por ejemplo, a los Doce, a Zaqueo, al centurión… En otros capítulos hemos considerado el ejemplo de fe que nos han dado algunas de estas personas. Ahora miraremos a Marta y María, que tuvieron la maravillosa fortuna de hospedar a nuestro Señor.

El recibimiento que Marta hace al Señor «en su casa»[2] es expresión y resultado de su fe en Él. Marta creyó en Jesús. Le abrió no solo las puertas de su vivienda, sino las de su corazón. Y como a Marta, el Señor llama también a los corazones de los hombres y mujeres de todos los tiempos, pidiendo entrar. La Palabra Eterna del Padre hecha Hombre sale al encuentro de sus hermanos los hombres buscando acogida. Por nuestra parte, solo hace falta recibirle por la fe, tal como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: la fe es la respuesta a Dios que se revela y se entrega al hombre[3]. La fe es abrir las puertas a Cristo, hospedarle en la propia casa, compartir la mesa con él, dejar que entre hasta lo más íntimo del alma. Así lo hizo la familia de Betania compuesta por Marta, María y Lázaro. Y a imitación de ellos, nosotros también podemos participar en la intimidad divina, pues «la fe nos hace gustar de antemano el gozo y la luz de la visión beatífica, fin de nuestro caminar aquí abajo», pues es «el comienzo de la vida eterna»[4].

 

Fe con obras

La fe supone una confianza y un abandono en Dios que constituyen el comienzo de la justificación. Además, esta virtud lleva consigo el asentimiento a un conjunto de verdades que se proponen para ser creídas. A la vez, la fe, si es verdadera, «actúa por la caridad»[5], manifestándose en detalles concretos de amor, porque el encuentro con Cristo «da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva»[6] a la vida cotidiana. La fe no «nos separa de la realidad, sino que nos permite captar su significado profundo, descubrir cuánto Dios ama a este mundo y cómo lo orienta incesantemente hacía sí; y esto lleva al cristiano a comprometerse, a vivir con mayor intensidad todavía el camino sobre la tierra»[7]. Marta acoge al Señor y manifiesta su fe y confianza en Él ocupándose de «las tareas de servir»[8]. No sólo cree en Jesús, sino que le deja entrar en su vida, reconociendo su señorío con obras y buscando con hechos concretos agasajar al Divino Huésped.

La actitud de Marta manifiesta que la respuesta a Dios no se queda solo en el plano intelectual, ni solo en el afectivo, sino que se reconoce también por los hechos. Una vez que la persona acoge a Dios que se revela, la fe afecta al conjunto de su ser y de su actuar. Por eso, las obras –realizadas también por amor– son necesarias para la salvación. Santiago, ante la posibilidad de que alguno pudiera decir que tiene fe y no obras, dice: «muéstrame tu fe sin obras, y yo por mis obras te mostraré la fe»[9]. Las obras cooperan en el crecimiento y aumento de la justificación[10]. Como enseña el Catecismo, «la fe permanece en el que no ha pecado contra ella. Pero, "la fe sin obras está muerta" (St 2,26): Privada de la esperanza y de la caridad, la fe no une plenamente el fiel a Cristo ni hace de él un miembro vivo de su Cuerpo»[11].

Así como Cristo manifestó su amor al Padre con obras, los cristianos, como buenos hijos, debemos realizar y madurar nuestra condición filial en nuestro cumplimiento amoroso de la voluntad de Dios. No basta afirmar que creemos en Dios y nos abandonamos a su querer, si no lo ratificamos con hechos: si no acabamos bien nuestro trabajo por amor a Él, si no sabemos sufrir por Él, si no tenemos detalles de delicadeza con los demás, si no aceptamos las enfermedades y contratiempos, si nos quejamos ante lo que nos disgusta… San Agustín, recogiendo esta doctrina, escribe: «todas tus obras se deben basar en la fe, porque "el justo vive de la fe y la fe obra por el amor"»[12]. Las obras buenas, las acciones realizadas con esperanza y por amor, serán las que nos acompañen cuando debamos presentarnos ante el Altísimo. Esto es lo que enseña san Josemaría cuando habla de una fe operativa[13], una fe que obra por el amor y se manifiesta en la vida cotidiana de las hijas e hijos de Dios.

Marta, aun cuando inicialmente se queja ante el Señor por la aparente inactividad de su hermana, es ejemplo de confianza y fe en Jesús. San Josemaría animaba a seguir su ejemplo, y a manifestar sinceramente al Señor «hasta las más pequeñas» inquietudes [14]. También para nosotros, la verdadera señal de que creemos y amamos a Dios serán las obras de amor: el cariño que ponemos en vivir una determinada práctica de piedad o una devoción cristiana, los detalles de caridad con la gente que nos rodea, el cuidado del trabajo, el interés en comprender y ayudar a las personas que tratamos, y un sin fin de acciones que llenan nuestra jornada. Todas esas actividades deben reflejar nuestra fe, porque estarán iniciadas y acabadas por el amor a Dios y al prójimo. Los hechos concretos realizados por amor confirmarán la autenticidad de lo que creemos, de que la fe obra en nosotros por la caridad.

 

Fe que adora

Ciertamente, las obras no deben sofocar la fe. Ese es el riesgo del activismo, del hacer por hacer, del dejarse llevar por un torbellino de gestiones. Jesús reprochó a Marta el olvidarse de lo más importante: «Tú te preocupas y te inquietas por muchas cosas. Pero una sola cosa es necesaria»[15]. Es una enseñanza que también recuerda el Señor cuando advierte del peligro de centrarse en las necesidades materiales más inmediatas: «Por todas esas cosas se afanan las gentes del mundo. Bien sabe vuestro Padre que estáis necesitados de ellas. Buscad más bien su Reino, y esas cosas se os añadirán»[16]. El peligro de afanarse en muchas cosas, del hacer, del activismo, está siempre al acecho.

Por eso, la actividad que desempeñamos, y que queremos que esté entretejida de obras de amor a Dios, tiene necesidad de la escucha atenta y contemplativa de la Palabra divina. Así lo manifiesta María, quien, «sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra»[17]. Es fácil imaginarse la escena: María mirando sin pestañear a Jesús y embebiéndose en sus palabras. Por eso, la Tradición de la Iglesia ha visto en ella una imagen de la vida contemplativa. San Josemaría animaba a tratar a Jesús en la oración como lo hacía María, ensimismándonos como ella, que estaba «pendiente de las palabras de Jesús»[18].

Si la fe sin obras está muerta, la fe que no se alimenta de la adoración languidece. Nuestra jornada, desde la mañana a la noche, está repleta de múltiples ocupaciones: de un trabajo absorbente y exigente, de la atención a la familia, del trato con nuestros amigos. Pero si queremos que todas esas actividades sean un encuentro con el Señor, necesitamos unos momentos del día para “sentarnos”, como María, en la presencia de Dios, para arrodillarnos ante el Señor y adorarle; queremos que en ese tiempo no haya nada que pueda distraernos de la contemplación, de mirar y escuchar atentamente al Señor. «Antes que cualquier actividad y que cualquier cambio del mundo, debe estar la adoración. Sólo esta nos hace verdaderamente libres, sólo esta nos da los criterios para nuestra acción. Precisamente en un mundo en el que progresivamente se van perdiendo los criterios de orientación y existe el peligro de que cada uno se convierta en su propio criterio, es fundamental subrayar la adoración»[19].

La fe, pues, lleva a la adoración, conduce a anticipar lo que será nuestra vida con Dios para siempre en los cielos, a querer realizar aquí en la tierra lo que los ángeles hacen en el Cielo dando gloria a Dios. La fe que adora nos lleva a postrarnos ante Dios y a desear unirnos a Él. Por eso, la fe, que es confianza y adhesión a Dios, encuentra un momento culminante en la adoración eucarística. Esa fue también la enseñanza de san Josemaría: «Dios Nuestro Señor necesita que le repitáis, al recibirlo cada mañana: ¡Señor, creo que eres Tú, creo que estás realmente oculto en las especies sacramentales! ¡Te adoro, te amo! Y, cuando le hagáis una visita en el oratorio, repetídselo nuevamente: ¡Señor, creo que estás realmente presente! ¡Te adoro, te amo! Eso es tener cariño al Señor. Así le querremos más cada día. Luego, continuad amándolo durante la jornada, pensando y viviendo esta consideración: voy a acabar bien las cosas por amor a Jesucristo que nos preside desde el tabernáculo»[20]. Se entiende por eso que el fundador de Opus Dei se refiriera al sagrario como Betania y animara a quienes le oían a meterse en él[21]. Por la fe en el Señor sacramentado podemos introducirnos en el sagrario y pregustar la visión de Dios, y esa actitud de adoración nos permite estar pendientes de Él hasta lograr una unión de amor que se manifiesta en todas las actividades del día.

***

Cuando en una ocasión le anunciaron a Jesús que su Madre y sus parientes deseaban verle, Él en respuesta les dijo: «mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios y la cumplen»[22]. La escena de Betania ratifica esta enseñanza. Escucharle como María y cumplir lo que dice como Marta encarna la fe de los que pertenecen a la familia de Dios. Mediante la escucha de la Palabra y el esfuerzo por ponerla en práctica seremos miembros vivos de la Iglesia y, con la gracia de Dios, llegaremos a la meta: «Para vivir, crecer y perseverar hasta el fin en la fe debemos alimentarla con la Palabra de Dios; debemos pedir al Señor que la aumente (cfr. Mc 9,24; Lc 17, 5; 22, 32); debe “actuar por la caridad” (Gal 5, 6; cfr. St 2, 14-26), ser sostenida por la esperanza (cfr. Rom 15, 13) y estar enraizada en la fe de la Iglesia»[23]. Y si en alguna ocasión nos puede parecer difícil o no sabemos bien cómo hacerlo, encontraremos ejemplo y ayuda en Nuestra Madre Santa María. Ella fue quien con más atención escuchó la Palabra de Dios y quien, con su fiat, más fielmente la puso en práctica. En Ella en todo momento la fe actuó por el amor.

Juan Chapa


[1] Cfr. Lc 8, 40.

[2] Lc 10, 38.

[3] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 26.

[4] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 163.

[5] Gal 5, 6.

[6] Benedicto XVI, Carta enc. Deus Caritas est, 25-XII-2005, n. 1.

[7] Francisco, Carta enc. Lumen fidei, 29-VI-2013, n. 13.

[8] Lc 10, 40.

[9] St 2, 17-18.

[10] Cfr. Conc. de Trento, Decreto sobre la justificación, cap. 10.

[11] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1815, refiriéndose al Concilio de Trento.

[12] San Agustín, Enarrationes in Psalmos 32, 2, 9.

[13] Cfr. San Josemaría, Camino, n. 317; Surco, n. 111; Forja, n. 155; Amigos de Dios, n. 198, etc.

[14] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 222.

[15] Lc 10, 41-42.

[16] Lc 12, 30-31.

[17] Lc 10, 39.

[18] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 222.

[19] Benedicto XVI, Discurso a la Curia Romana, 22-XII-2005.

[20] San Josemaría, Apuntes tomados en una tertulia, 4-IV-1970, en J. Echevarría, Carta pastoral, 6-X-2004.

[21] Cfr. Camino, nn. 269 y 322.

[22] Lc 8, 21.

[23] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 162.

 

 

“Huellas de nuestra fe”: un viaje por Tierra Santa

La Fundación Saxum ha publicado la tercera edición de una guía para conocer los principales Lugares Santos. Sus autores, Jesús Gil y Eduardo Gil, sitúan los pasajes del Evangelio en sus escenarios, apoyándose en los datos de las investigaciones históricas y arqueológicas, y en los testimonios de la Tradición y la liturgia de la Iglesia.

ÚLTIMAS NOTICIAS07/02/2019

El libro “Huellas de nuestra fe: un viaje por Tierra Santa”, que puede descargarse completa o por capítulos, en la página web de la Fundación Saxum. Está disponible en castellano, inglés, francés e italiano. El libro se ha editado en formato digital (PDF, ePub y Mobi).


Los peregrinos que acudirán a Saxum disponen ya de una guía que les preparará para conocer en profundidad Tierra Santa. El libro "Huellas de nuestra fe", preparado por Jesús Gil y Eduardo Gil, recoge veintiséis artículos con unos apuntes religiosos, históricos y arqueológicos sobre los principales Lugares Santos: Nazaret, Ain Karim, Belén, Jerusalén, el río Jordán, Caná, Cafarnaún, el mar de Genesaret, Betania, Emaús...

Los textos originales aparecieron entre 2012 y 2013 en Crónica, una publicación mensual dirigida a los fieles del Opus Dei, con ocasión del Año de la fe que convocó Benedicto XVI y concluyó el papa Francisco. Se presentan ahora recopilados –con algunas adaptaciones–, bajo el patrocinio de la Fundación Saxum.

Los artículos están escritos con el deseo de que ayuden a meterse en el Evangelio, como aconsejaba san Josemaría, y participar personalmente en cada escena de modo que la Palabra de Dios resuene eficazmente en la propia vida. Por eso, además de aprovechar los datos de investigaciones históricas y arqueológicas recientes que eran de utilidad para ese fin, los autores han recurrido a los testimonios de los Santos Padres, que nos han transmitido la Tradición; al Magisterio y la Liturgia de la Iglesia; y, por supuesto, a las enseñanzas del fundador del Opus Dei y sus sucesores.

San Josemaría quiso ir en peregrinación a Tierra Santa y soñó con la puesta en marcha allí de varias iniciativas apostólicas en beneficio de la Iglesia. Sin embargo, por diversas circunstancias, no pudo ver cumplidos esos deseos. El beato Álvaro del Portillo hizo realidad aquel antiguo anhelo, recorriendo los Santos Lugares del 14 al 22 de marzo de 1994. En la madrugada del día 23, tan solo unas horas después de haber regresado a Roma, Dios lo llamó a su presencia, habiendo celebrado por última vez la Santa Misa en la iglesia del Cenáculo.

Teniendo en cuenta lo significativo que es este viaje para los fieles del Opus Dei, sus cooperadores y quienes tienen devoción al beato Álvaro, en la edición extendida de "Huellas de nuestra fe" se hacen varias referencias a lo que ocurrió durante aquellas jornadas.

La Fundación Saxum edita esta publicación para uso privado y sin ánimo comercial, y lo distribuye en formato electrónico de modo gratuito en su página web.

Quien lo desee, puede obtener copias impresas a través de varios servicios bajo demanda, que imprimen las copias por encargo. Cobran los costes de impresión y de envío (con un coste variable según las empresas y los países, con lo que es conveniente comprobar el precio final al solicitar las copias). Por el momento está disponible en castellano, en un libro de 360 páginas, (376 en su versión extendida) de 17 x 24 cm, con más de 260 fotos, mapas y gráficos a todo color.

Capítulos de “Huellas de nuestra fe”

1. Nazaret: basílica de la Anunciación. En Nazaret se venera la habitación donde la Santísima Virgen recibió el anuncio del Ángel. El beato Álvaro del Portillo celebró la Santa Misa en esa gruta.

2. Ain Karim: la patria del Precursor. La tradición localiza la casa de Zacarías e Isabel en Ain Karim, un pueblo situado a seis kilómetros de la Ciudad Vieja.

3. Belén: basílica de la Natividad. En la aldea de Belén vino al mundo Nuestro Salvador. La gruta donde nació se encuentra en la cripta de la basílica de la Natividad.

4. Belén: Campo de los pastores. En un santuario a tres kilómetros de Belén, se recuerda el lugar donde los ángeles anunciaron el nacimiento de Jesús a los pastores.

5. El Templo de Jerusalén. Después del nacimiento de Jesús, cumplido el tiempo de purificación de Santa María, el Niño es presentado en el Templo.

6. Con la Familia de Nazaret. En Nazaret, en la cripta de la iglesia de San José, se conservan los restos de la casa donde la Sagrada Familia habría vivido.

7. Al otro lado del Jordán. La tradición sitúa el bautismo de Jesús nueve kilómetros al norte del mar Muerto, en la margen oriental del Jordán, cerca del camino que iba del monte Nebo a Jericó.

8. Bodas en Caná de Galilea. En Caná, un pequeño pueblo cerca de Nazaret, el Señor hizo su primer milagro: a petición de la Virgen, convirtió el agua en vino.

9. Cafarnaún: la ciudad de Jesús. Esta pequeña población en la ribera del mar de Genesaret, que Jesús eligió para residir establemente, fue el centro de su ministerio público en Galilea.

10. Tabgha: Iglesia de las Bienaventuranzas. En una ladera que domina el mar de Genesaret, un santuario recuerda el sitio donde Jesús pronunció el Sermón de la Montaña.

11. Tabgha: iglesia de la Multiplicación. En Tabgha se venera la roca sobre la que el Señor apoyó los cinco panes y los dos peces con los que dio de comer a una multitud.

12. Monte Tabor: basílica de la Transfiguración. La tradición señala el monte Tabor, en medio de la llanura de Esdrelón, como el lugar donde el Señor se transfiguró.

13. Jerusalén: la gruta del Padrenuestro. En el año 326, santa Elena hizo construir una basílica sobre la gruta venerada como el lugar donde Jesús enseñó el Padrenuestro.

14. Betania: Santurario de la Resurrección de Lázaro. Cuando Jesús iba a Jerusalén, con frecuencia se hospedaba en la casa de Marta, María y Lázaro, en Betania. Allí se visita la tumba donde enterraron a aquel amigo del Señor, antes de que lo resucitara.

15. Al ver la ciudad, lloró por ella. En la falda occidental del monte de los Olivos, el santuario del Dominus Flevit recuerda el llanto de Cristo por Jerusalén durante su entrada mesiánica, pocos días antes de la Pasión.

16. En la intimidad del Cenáculo. Según antiguas tradiciones, la sala de la Última Cena se encuentra en el extremo suroccidental de la Ciudad Vieja, sobre una colina que empezó a llamarse Sión desde la época cristiana.

17. Getsemaní: oración y agonía de Jesús. En el monte de los Olivos, al otro lado del torrente Cedrón, la tradición ha transmitido el emplazamiento de Getsemaní.

18. San Pedro in Gallicantu. Cerca del Cenáculo, se alza la iglesia de San Pedro in Gallicantu, donde algunas tradiciones emplazan la casa del sumo sacerdote.

19. Jerusalén: Vía Dolorosa. Este itinerario con catorce estaciones recuerda el camino que Jesús recorrió, cargado con la Cruz, desde el pretorio hasta el Calvario, y allí, desde que fue enclavado hasta su deposición en el Sepulcro.

20. Jerusalén: el Calvario. Las últimas cinco estaciones de la Vía Dolorosa, incluidas las del Gólgota, se encuentran en el interior de la basílica del Santo Sepulcro.

21. Jerusalén: el Santo Sepulcro. La tumba donde fue depuesto el cuerpo de Jesús, donde al tercer día resucitó, ocupa el lugar privilegiado de la basílica del Santo Sepulcro.

22. Una aldea llamada Emaús. El Señor resucitado se apareció el domingo a dos discípulos en el camino hacia Emaús. Varios lugares de Tierra Santa podrían corresponder con esta aldea.

23. Tabgha: iglesia del Primado. En un punto de la ribera del mar de Genesaret, se venera el lugar donde Jesús resucitado se apareció a los discípulos, propició la segunda pesca milagrosa y confirmó a san Pedro en el primado de la Iglesia.

24. El lugar de la Ascensión. En armonía con los relatos evangélicos, la tradición sitúa la Ascensión en la cima del monte de los Olivos, en el camino hacia Betfagé.

25. De su Asunción se alegran los ángeles. En Jerusalén, el misterio de la Asunción de la Virgen se recuerda en dos iglesias: la basílica de la Dormición, en el monte Sión, y la Tumba de María, en Getsemaní.

26. Monte Carmelo: santuario de Stella Maris. En 1994, el beato Álvaro del Portillo empezó su peregrinación a Tierra Santa en este santuario situado sobre la ciudad de Haifa, ligado al profeta Elías y al nacimiento de la Orden del Carmen.

 

 

Cuaresma y Semana Santa

Recursos para vivir la Cuaresma y la Semana Santa, con textos y audios del Papa Francisco, san Josemaría y el beato Álvaro del Portillo; y respuestas a las preguntas más habituales.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA04/04/2020

Cuaresma | Semana Santa | Respuestas a las preguntas más habituales sobre la Cuaresma y la Semana Santa

Cuaresma

∙ Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2020: El Papa Francisco pide que “escuchemos el llamado a dejarnos reconciliar con Dios, fijemos la mirada del corazón en el Misterio pascual y nos convirtamos a un diálogo abierto y sincero con el Señor”.

 

∙ La conversión de los hijos de Dios. San Josemaría pronunció esta homilía en Cuaresma: un tiempo litúrgico en el que aconseja “mantener el alma joven, invocar al Señor, saber oír, haber descubierto lo que va mal, pedir perdón”

∙ Tras los pasos del Señor. “Jesús es el camino. Él ha dejado sobre este mundo las huellas limpias de sus pasos, señales indelebles que ni el desgaste de los años ni la perfidia del enemigo han logrado borrar”, dice San Josemaría en esta homilía.

∙ Desprendimiento (Cuaresma). Homilía de san Josemaría sobre la virtud cristiana del desprendimiento.

∙ El respeto cristiano a la persona y a su libertad. “No puedo negar que a mí me causa tristeza el alma del que ataca injustamente la honradez ajena, porque el injusto agresor se hunde a sí mismo”, escuchamos en esta homilía San Josemaría.

∙ Del beato Álvaro del PortilloCuaresma y apostolado | Cuaresma: un hondo sentido de reparación | Preparar la Semana Santa.

∙ Cuaresma: El camino hacia la Pascua. Texto sobre la Cuaresma, perteneciente al ciclo sobre el Año litúrgico.

∙ Comentarios del Evangelio

Ciclo A (2020)Entrada en Jerusalén: evangelio del Domingo de Ramos | La resurrección de Lázaro Evangelio del 5º domingo | El ciego de nacimiento: evangelio del 4º domingo|Dame de beber: evangelio del 3º domingo | Transfiguración de Jesús: evangelio del Domingo 2º Tentaciones en el desierto: evangelio del 1º domingo

Ciclo C (2019)Evangelio del Domingo de RamosLa mujer adúltera: evangelio del 5º domingo de Cuaresma | El hijo pródigo, Dios está de fiesta: evangelio del 4º domingo de CuaresmaConversión: evangelio del 3º domingo de Cuaresma | La Transfiguración: evangelio del 2º domingo de Cuaresma | Tentaciones: evangelio del 1º domingo de Cuaresma


Semana Santa, día a día

La Semana Santa es el centro del año litúrgico: revivimos en estos días los momentos decisivos de nuestra redención. La Iglesia nos lleva de la mano, con su sabiduría y su creatividad, del Domingo de Ramos a la Cruz y a la Resurrección.

∙ Semana Santa: Nos amó hasta el fin. Explicación de la liturgia de estos días.

Domingo de Ramos

 

∙ La lucha interior (Domingo de Ramos). Texto y audio de la homilía de san Josemaría publicada en Es Cristo que pasa.

∙ Explicación de la liturgia del Domingo de Ramos.

∙ Comentario del Comentario del Evangelio.

∙ Domingo de Ramos: Jesús entra en Jerusalén (Audio y texto de una meditación de Mons. Javier Echevarría en EWTN).

Lunes Santo

∙ Jesús en Betania. (Audio y texto de una meditación de Mons. Javier Echevarría en EWTN).

∙ Ejemplos de fe: Marta, María y Lázaro.

Martes Santo

∙ ¿Cómo es nuestra fe? (Audio y texto de una meditación de Mons. Javier Echevarría en EWTN).

∙ María, modelo y maestra de fe.

∙ Simón de Cirene, Verónica y el rostro de Jesús.

∙ «Tu rostro, Señor, buscaré»: la fe en el Dios personal.

Miércoles Santo

∙ Judas traiciona a Jesús (Audio y texto de una meditación de Mons. Javier Echevarría en EWTN).

∙ Nuevos Mediterráneos (III): «Desde la Llaga de la mano derecha…».

∙ La Confesión: una guía paso a paso / Las carreras de Dios (la confesión, en tiempos de confinamiento).

Jueves Santo

 

 

∙ La Eucaristía, misterio de fe y amor. Texto y audio de la homilía de san Josemaría sobre el Jueves Santo y publicada en 'Es Cristo que pasa'.

∙ Explicación de la liturgia del Jueves Santo.

∙ Comentario al Evangelio: Los amó hasta el fin.

∙ Jueves santo 2018: homilía del Prelado.

∙ El mandamiento nuevo (audio y textos del fundador del Opus Dei sobre esta escena del Evangelio).

La institución de la Eucaristía (Audio y texto de una meditación de Mons. Javier Echevarría en EWTN).

Viernes Santo

∙ La muerte de Cristo, vida del cristiano. Texto y audio de la homilía del Viernes santo, pronunciada por san Josemaría y recogida en 'Es Cristo que pasa'.

∙ Vía Crucis de San Josemaría. Catorce estaciones del libro Vía Crucis escrito por el Fundador del Opus Dei (33ª ed, 2008. Editorial Rialp). Producido por la Fundación Beta Films.

∙ Explicación de la liturgia del Viernes Santo.

∙ Comentario al Evangelio: “Tengo sed”.

∙ Viernes santo 2018: homilía del Prelado.

∙ «Nosotros predicamos a un Cristo crucificado»: Cuatro imágenes sobre el misterio de la Redención.

∙ Pasión y Muerte de Jesucristo (Audios y textos del Evangelio de San Juan).

∙ Acompañar a Cristo en la Cruz (Audio y texto de una meditación de Mons. Javier Echevarría en EWTN).

Sábado Santo

∙ Explicación de la liturgia del Sábado Santo.

∙ Sábado santo, día de silencio y de conversión (Audio y texto de una meditación de Mons. Javier Echevarría en EWTN).

Vigilia Pascual y Domingo de Resurrección

 

∙ Explicación de la liturgia de la Vigilia Pascual.

∙ Cristo presente en los cristianos. Texto y audio de la homilía pronunciada por san Josemaría el Domingo de Resurrección de 1967, que se encuentra recogida en 'Es Cristo que pasa'.

∙ Comentario al Evangelio: Cristo vive.

∙ Resurrección de Jesucristo (Audio y texto del Evangelio de San Juan).

∙ La Resurrección de Jesucristo (Audio y textos de san Josemaría sobre esta escena del Evangelio)

∙ Jesús ha vencido la muerte (Audio y texto de una meditación de Mons. Javier Echevarría en EWTN)

∙ La oración del Regina Coeli.


Algunas preguntas sobre la Cuaresma y la Semana Santa

Seis preguntas clave para entender la Semana Santa.

¿Cómo fue la Última Cena? Entrevista a Bernardo Estrada, profesor de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz.

¿Por qué nos imponen la ceniza?

¿Por qué 40 días de Cuaresma?

¿Qué sentido tiene la mortificación cristiana? (Cuatro artículos)

¿Qué actitud mostró Jesús ante las prácticas penitenciales?

¿Qué pasó en la Última Cena?

¿Por qué condenaron a muerte a Jesús?

¿Quién fue Caifás?

¿Qué era el Sanedrín?

¿Cómo fue la muerte de Jesús?

¿Cómo se explica la resurrección de Jesús?


Vídeos

∙ Vídeo breve de San Josemaría: Mirar al crucifijo. Acordarse de Dios en el trabajo no siempre es fácil. Un pequeño crucifijo sobre la mesa puede ayudar a dirigir el pensamiento al Señor mientras continuamos con nuestras tareas.

Vídeo breve de San Josemaría: Alegría y dolor. Ante un revés en la vida, san Josemaría aconseja recuperar la serenidad en la oración. “En cuanto aceptes la voluntad de Dios, el dolor no es dolor, porque esa cruz la lleva Él”.

 

La comunión espiritual que repetía san Josemaría

En el aniversario de la ordenación sacerdotal de san Josemaría, compartimos un audio en el que el historiador José Luis González Gullón habla sobre la comunión espiritual que san Josemaría solía recitar, y que puede ayudarnos también en días en que muchas personas no pueden recibir la Eucaristía.

RELATOS BIOGRÁFICOS

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José Luis González Gullón es historiador y trabaja en el Instituto Histórico San Josemaría Escrivá. Es autor, entre otros libros, de "DYA. La Academia y Residencia en la historia del Opus Dei (1933-1939)” y "Escondidos: El Opus Dei en la zona republicana durante la Guerra Civil española (1936-1939)".

En este audio comenta el origen de la oración que san Josemaría recitaba como comunión espiritual y da algunos consejos para vivir esta práctica cristiana especialmente durante los días en que no es posible comulgar.

Recogemos, a continuación, el audio y su transcripción.


La Misa hace presente el sacrificio de la Cruz. En el momento de la consagración, el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, que se ofrece por nosotros. Después, nos acercamos a comulgar y –como nos enseña el Catecismo de la Iglesia– se produce “la unión íntima con Cristo Jesús”.

LA COMUNIÓN ESPIRITUAL ES UNA ORACIÓN QUE MANIFIESTA EL DESEO ARDIENTE DE RECIBIR AL SEÑOR

A veces queremos recibir a Jesucristo, pero no podemos porque no ha llegado el momento de la Misa o porque nos es imposible acudir. Rezamos entonces una comunión espiritual, una oración que manifiesta el deseo ardiente de recibir al Señor.

Hay muchas fórmulas de comunión espiritual. También se puede hacer con el corazón, sin unas palabras determinadas.

Los que participamos en las actividades apostólicas del Opus Dei, hemos aprendido de san Josemaría una oración concreta. Tiene un poco de historia. Se remonta al año 1912. Por entonces, Josemaría Escrivá era un niño de diez años que iba a recibir la primera Comunión en el colegio de los escolapios de Barbastro. Junto a sus padres, un escolapio, el P. Manuel Laborda, le preparó para la Comunión. Para acrecentar la ilusión de recibir a Jesús por vez primera, el P. Laborda –al que los niños llamaban con cariño el P. Manolé– enseñó al pequeño Josemaría una comunión espiritual que recitaban los escolapios desde hacía siglos.

La víspera de la primera Comunión, los padres de Josemaría llamaron al peluquero para que le arreglase el peinado; pero, al ir a cogerle un mechón de pelo con las tenacillas ardiendo, para hacerle un bucle, le produjo una quemadura en la cabeza. El niño aguantó sin quejarse, para evitar que riñeran al peluquero y no causar un disgusto. Más adelante, su madre descubrió la cicatriz de la quemadura. San Josemaría sacó de esta anécdota una enseñanza. Decía que el Señor nos bendice con la Cruz, también en los días de fiesta. Y a la vez, nos da su gracia para llevar las contrariedades con garbo.

Llegó el 23 de abril de aquel año, 1912, y el pequeño Josemaría recibió la primera Comunión. Siempre recordó que, además de pedir por sus padres y hermanas, le pidió a Jesucristo la gracia de no perderlo nunca con un pecado grave. Años después, en un aniversario de la primera Comunión, dijo: “para mí hoy es una fiesta muy grande” “porque [Jesús] quiso venir a hacerse dueño de mi corazón”.

A MEDIDA QUE PASA EL TIEMPO, EL DESEO DE RECIBIR AL SEÑOR SE ACRECIENTA EN NOSOTROS

Pasan los días de esta cuarentena. No podemos acercarnos a las iglesias y templos para recibir al Señor en la Eucaristía. Vemos en la televisión y en Internet la celebración de la Santa Misa, celebrada por el Papa, por los obispos, por los sacerdotes sin la asistencia de los fieles. Otras veces, leemos los textos de la Misa despacio, dándonos cuenta de la grandeza del Santo Sacrificio, en el que Dios se hace presente y se ofrece por nosotros. Y, cuando llega el momento de comulgar, rezamos una comunión espiritual con toda el alma.

Y no solo cuando rezamos o vemos la Misa en las pantallas. También a lo largo del día nos viene a veces el pensamiento y el deseo de estar más cerca de Jesús, de recibirle sacramentalmente.

Nos pasa lo que le ocurrió a san Josemaría en el año 1936, cuando estalló la Guerra Civil española. En los primeros días de la contienda, estaba escondido en casa de su madre y no podía celebrar el Santo Sacrificio. Entonces, tomaba un misal y leía despacio las oraciones de la Misa del día. Cuando llegaba el momento de comulgar, recitaba una comunión espiritual.

A medida que pasa el tiempo, el deseo de recibir al Señor se acrecienta en nosotros. Le ofrecemos ahora el dolor de que no se pueda hacer realidad. A la vez, vivimos con paz porque somos hijos de Dios y el Señor está presente en nuestra alma en gracia.

Tenemos la esperanza de que volverá la vida ordinaria. Nos acercaremos de nuevo a comulgar, nos unirnos sacramentalmente con el Señor. Ese día será emocionante. Jugando con las palabras, nos preparamos para una “segunda primera Comunión”. Y, cuando llegue el momento, le diremos al Señor: “que alegría volver a recibirte, Jesús mío, unirme íntimamente a tu Corazón”.

Ahora nos toca santificar el presente, lleno de vida en familia, trabajo en casa y oración. Y le decimos al Señor, una vez más, las palabras de la comunión espiritual que nos enseñó san Josemaría, en las que resplandece el recuerdo y la intercesión de Santa María: “Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre; con el espíritu y fervor de los Santos”.

 

 

No es encierro es ponerte a salvo

Y de pronto!  Todo cambió, la orden hoy, es permanecer en casa  y como muchas veces, queremos lo contrario, cuando nos piden estar en casa nos urge salir para todo!

Sentimos que el tiempo es eterno y las preocupaciones se acumulan, sobre todo la salud de la familia y la economía… hay incertidumbre y con ella ansiedad es normal, natural, nunca habíamos atravesado una crisis de este tipo a nivel no solo nacional sino  mundial, parece película y de terror.  Sin embargo, esto no es para siempre, no hay mal que dure cien años, así que nada de deprimirse, al contrario, es momento de poner la creatividad a trabajar, a ser resilientes y reinventarse; a dar ejemplo desde casa, lo que siempre soñaste hacer, llevarlo a cabo con los tuyos y  trabajar desde tu trinchera en lo que todo vuelve a la  normalidad ajustandose a la realidad y adaptándose a los cambios y a tomar de la familia la fuerza del cariño,  la ternura, el respeto y los valores para ser mejores cada día.

Es fácil decirlo, lo sé, pero las crisis son para aprender y salir victoriosos. Es preciso enfocarse en lo importante. Para lo cual esto puede servirte:

1 – Ten un horario, levántate, arreglate y ve a un área de casa donde tengas lo necesario para realizar tu trabajo.

2 – Come a tus horas y sanamente, toma mucha agua.

3 – Ayuda en casa, vives ahí, te corresponde.

4 – Desconectate de los aparatos y dialoga con amigos, comunícate con tu familia.

5 – Haz ejercicio, juega.

6 – Aprende algo nuevo.

7 – Ten medidas de prevención para no enfermarte de nada, pero tampoco caigas en excesos.

8 – Entre los miembros de la familia, respetense y mantengan una relación no solo cordial y educada sino amorosa y servicial, teniendo cada uno su espacio personal.

9 – Mantente informado de fuentes confiables y no dediques más de 20 minutos en leer noticias por la mañana y noche para así bajar tu nivel de ansiedad y estrés.

10 – Ponte en manos de Dios, reza con fe y si es necesario contacta a un experto para cualquier ayuda u orientación.

El optimismo, la esperanza, el buen humor  y la fortaleza son clave en este momento de vida para todos. Anímate, no te encierres y menos en ti mismo, tienes  mucho que darte y dar a los demás. Es una suerte quedarte en casa, no todos tienen la oportunidad de cuidarse, hazlo y con gallardía que tu familia te ve y aprende de ti para enfrentar las dificultades que vendrán día tras día a lo largo de la vida.

¡Mueve desde el interior de su hogar al mundo entero!

3 de abril de 2020

MTF Rosario Prieto
Psicología Clínica
Persona y Familia

 

 

Más Dios y más ciencia

John C. Lennox, doctor en matemáticas, nos pone al día sobre los científicos que plantean objeciones a la existencia de Dios

Francisco Serrano Oceja

¿Ha enterrado la ciencia a Dios?
John C. Lennox
Rialp

Qué paradoja. Dios y la ciencia. Probablemente los dos temas más importantes de conversación en este tiempo de pandemia. Qué paradoja para una reseña cultural en una Semana Santa en la que la pasión de Dios es la pasión de toda la humanidad.

Necesitamos más que nunca a Dios y necesitamos más que nunca a la ciencia. Quizá porque hayamos olvidado más que nunca a Dios y porque la humanidad, y quienes tienen en su mano a la ciencia, se hayan olvidado del sentido del auténtico conocimiento de la naturaleza.

La respuesta a la pregunta del libro es clara. La ciencia no ha enterrado a Dios. La ciencia lo muestra resucitado en un adecuado imaginario colectivo de sabiduría. 

Relaciones entre Dios y ciencia 

Vayamos por partes. El autor de este magnífico ensayo sobre las relaciones entre Dios y la ciencia es doctor en matemáticas, prestigioso catedrático de filosofía de la ciencia en el Green Templeton College de Oxford. Vamos, una autoridad en la materia. No hay más que ver la capacidad de erudición y la capacidad para sintetizar y dar respuesta a los más variados argumentos sobre  la cuestión que se plantea en el libro.

El libro, que recibí pocos días antes del confinamiento, está en la línea de las apuestas librescas que nos ponen al día sobre cuáles son los científicos que plantean objeciones a la existencia de Dios desde su conocimiento, cuáles son los argumentos que utilizan y cuáles las falacias que subyacen a esas argumentaciones.

Y de paso, nuestro autor, nos explica qué es la ciencia, cuál es su método o sus métodos y los riesgos de esos métodos, y las limitaciones de esos métodos. Nos ofrece además algunas interesantes píldoras de historia de la ciencia en la perspectiva del diálogo con la religión. Por supuesto que está el caso Galileo, pero también, por ejemplo, el debate Huxley-Wilberforce de 1860 en Oxford. 

Capacidad pedagógica y divulgativa 

Aunque este libro está construido sobre la base del curso “Faith, Reason and Science”, impartido en la Universidad de Salzburgo, tiene una lógica interna que facilita la lectura, incluso para los que no somos especialistas en materias propias de las ciencias experimentales o de la naturaleza.

Hay que aclarar que el lector no habituado a los libros de ciencia no tiene ningún problema a la hora de entender los argumentos que se utilizan aquí. En el caso de las teorías cosmológicas, físicas o biológicas, el autor manifiesta una notable capacidad pedagógica y divulgativa.

Uno de los lemas más repetidos por parte de los científicos materialistas o naturalistas es que las personas religiosas están mal informadas y llenas de prejuicios a la hora de abordar la ciencia, en su conjunto, y por lo tanto el papel de la ciencia en relación con la vida personal y social.

Pues bien, lo que se deduce de este libro es lo contrario. El prejuicio está hoy más del lado de quienes no contemplan la compatibilidad de la afirmación de la existencia de Dios con el desarrollo científico que al revés. La pregunta sobre qué cosmovisión es más coherente con al ciencia, si el teísmo y el ateísmo, tiene, al final del libro, fácil respuesta.

En clave de conflicto 

Sin lugar a dudas hay que evitar dos extremos. Contemplar la relación entre ciencia y religión en clave de conflicto y creer que toda ciencia es filosóficamente neutra.

John C. Lennox nos ofrece, al fin y al cabo, con la misma pregunta de fondo dos libros. El primero, en el ámbito de la matemática, la física y la cosmología. Y, el segundo, en el de la biología. En la primera parte plantea los marcos del enfrentamiento, los ámbitos y límites de la ciencia y la pregunta por el diseño del cosmos.

En el segundo, parte de una peculiar tesis sobre la evolución, dentro del contexto de la cuestión del diseño inteligente, para después meternos en el origen de la vida, el código genético, y los problemas que a la religión supuestamente le plantean los diversos modelos de información, que abarcan desde los universos paralelos, a la vida en otros planetas, aspectos recurrentes en este tipo de análisis
por la influencia de la opinión pública.

No me voy a detener, por mor de la extensión, en argumentos concretos, en análisis de teorías concretas, en nombres de una pléyade de científicos que aparecen, adecuadamente citados, en estas páginas.

Solo dejo aquí constancia de la conclusión del libro: “He intentado presentar evidencia de que, lejos de haber enterrado a Dios, los resultados de la ciencia no solamente apuntan a su existencia, sino que hasta su misma posibilidad queda validada por su existencia”.

 

Misericordia, Pecado, Muerte

Ernesto Juliá

Sacerdotes.

Las escenas que contemplamos estos días nos invitan a meternos en ellas, con toda el alma, y con todo el corazón, y a la vez que acompañamos a quienes sufren la muerte de seres queridos, y nos animan a dejar a un lado la banalidad, la superficialidad con que a veces podemos pararnos ante la realidad de nuestro vivir, de nuestro morir.

La atención sacerdotal en los grandes y pequeños hospitales está siendo una manifestación de Fe, de Esperanza y Caridad, Una verdadera ayuda del Cielo para personas que no pueden estar acompañadas por sus seres queridos en los momentos finales de su vida en la tierra, y les llevan su compañía y la de Cristo. Y algunos y algunas hasta descubren la realidad del Espíritu Santo.

Ante una situación semejante muchos creyentes han revitalizado su anhelo de dirigir una palabra a Dios Padre, a Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre. Morir con un crucifijo, un rosario, en las manos, aun en medio de la soledad de un hangar convertido en hospital, transmite a muchos moribundos la posibilidad de vivir serenamente un posible encuentro definitivo con Dios –el sentido más profundo y bello de la Muerte, después de haber tenido la ocasión de vivir su arrepentimiento, pidiendo perdón por sus pecados al mismo Cristo, en estos días de Semana Santa.

Los sacerdotes ayudan a los enfermos a clamar con confianza filial a Dios Padre, y así se haga realidad lo que el Papa pide en la oración añadida a la liturgia del Viernes Santo: “a fin de que lleguen hasta Dios Padre las súplicas de quienes lo invocan en su tribulación, para que todos sientan en sus adversidades el gozo de su misericordia”.

Algunos sacerdotes se han podido encontrar con una primera reacción de rechazo a su presencia, como si su llegada les fuera a anunciar su muerte inmediata. Después viene la reacción cuando se les habla con claridad. No se trata de tranquilizar la conciencia de nadie a base de cuentos de fábula, como: “El Señor es misericordioso y nos perdona siempre, hagas lo que hagas”; “no te preocupes,
has pecado mucho, pero el Señor no tiene en cuenta esos pecados; te ama más”; “cuidas del planeta, no hay más pecados”, etc. El sacerdote anuncia la muerte del pecado; por eso le molesta tanto al diablo que vistamos de sacerdotes.

Ante la conciencia de ver avecinarse la muerte física, el creyente lo que de verdad necesita es vivir antes la muerte al pecado. Sabe que con la muerte no se acaba todo y desea prepararse. Y así gozará de la alegría del hijo pródigo. Y no solo. Verá en esa muerte al pecado el gozo adelantado de vivir con Cristo la Resurrección.

Estamos ya en esta Semana que la Iglesia conoce con el nombre de Semana Santa. Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre ha venido a la tierra para abrirnos los caminos del Cielo, de la Vida Eterna con Dios. Pero si nosotros no somos conscientes del mal que hacemos, de nuestro pecado personal, de nuestras acciones contra Dios, contra nuestros hermanos, contra nosotros mismos; y no pedimos
perdón arrepentidos, nunca llegaremos a apreciar el amor con que el Señor muere en la Cruz para redimirnos, y nunca gozaremos de la vida eterna. 

Misericordia, pecado, muerte.

Los sacerdotes hemos de actuar como san Pablo; quien al recordar a los corintios pecados que les apartan de Dios, les anima a pedir perdón y manifiesta el corazón de Cristo, que acoge siempre. “Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces, heredarán el Reino de Dios.” “Huid de la fornicación”-

Muchos de los enfermos en los hospitales que ven acercarse al sacerdote viven el gesto de san Pedro después de una de las pescas milagrosas. Se echa al mar, se acerca al Señor que está en la orilla, y le dice: “Apártate de mí, que soy un pecador”.

El sacerdote le sonríe, le habla con cariño, y en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, le absuelve de sus pecados. Una sonrisa, después de alguna lágrima; y el enfermo, la enferma, ha vencido la muerte del espíritu; y convierte la Muerte en Vida Eterna.

“Oremos, con el Papa, también por todos los que sufren las consecuencias de la pandemia actual: para que Dios Padre conceda la salud a los enfermos, fortaleza al personal sanitario, consuelo a las familias y dé la salvación a todas las víctimas que han muerto”. .

ernesto.julia@gmail.com

 

TE OFREZCO LO QUE SOY


Autora: Magui del Mar
La Dama Azteca de la Pluma de Oro,
Poeta Mexicana
Abril 5 2020 (Domingo de Ramos).

No puedo, no, entender, la mente humana…
Hoy con palmas y hosannas te reciben.
¡Insensatos!, no piensan que mañana
con infinita saña, te proscriben.

Reflejando tu rostro mansedumbre
e infinita tristeza en tu mirada,
al pensar que esa misma muchedumbre
te herirán con certera puñalada.

Por eso al verte, mi Jesús, tan triste,
te ofrezco lo que soy…¡aunque es tan poco!
Si bajar a la tierra, Tú quisiste

y con ese sufrir, nos redimiste,
perdónanos, Señor, con fe te invoco:
Si con tu Amor…¡La salvación nos diste!

Derechos Reservados

MAGUI DEL MAR 

La Dama Azteca de la Pluma de Oro

ruizrmagui@gmail.com

 

«Semana de dolor»

La pandemia del coronavirus que estamos padeciendo nos está marcando profundamente y obligando a vivir una experiencia muy dura: llorar a nuestros familiares y amigos difuntos desde la distancia sin podernos despedir de ellos como merecen, sin poder vivir el duelo con abrazos reconfortantes.

¿Cómo Dios puede permitir todo esto? Es la pregunta que puede surgir en nuestro interior. En una conversación con el periodista Jordi Évole, el papa Francisco respondió a semejante pregunta con un significativo silencio y una invitación a no decir muchas palabras, ya que para encontrar sentido al misterio del mal y del dolor no hay mejor manera que contemplar la vida de Jesucristo y, particularmente, sus últimos días.

Contemplar los últimos días de la vida de Jesucristo es lo que la Iglesia nos invita a hacer durante la Semana Santa que iniciamos este Domingo de Ramos. Esta va a ser diferente a todas las que hemos vivido hasta ahora. Nos vamos a hermanar con las Semanas Santas vividas durante años en muchos otros países del mundo que viven la guerra, el hambre, las epidemias…

Mirar a Jesús en sus últimos días de vida nos va a acercar al sufrimiento y a la experiencia de los que padecen la enfermedad y la muerte en soledad, alejados de sus hogares y de sus familias. Dios, en Jesús, ha experimentado ese dolor que hoy padecen algunos de nuestros hermanos y hermanas. Dios también llora con nosotros ante la muerte cruel y aislada.

Me consuela mucho mirar el Cristo de la capilla del castillo de Javier en Navarra que, mientras el gran misionero san Francisco Javier moría en soledad en una pequeña isla sin poder entrar en China, mostró un extraño sudor que fue, para su familia, el signo de que Francisco Javier entraba de la mano del Señor en la Jerusalén celeste.

Las madres y los padres, como Santa María, sufren viendo padecer y morir a sus hijos. Lamentan enormemente no poder abrazarlos, acariciarlos, hablar y despedirse de ellos.

Dios no está tan lejos de nosotros como podría parecer. Dios Padre, su Hijo Jesucristo, su familia formada por María y el apóstol Juan, sufren con inmenso dolor y desgarro una separación radical, injusta, inhumana. Dios ha vivido el dolor, nos comprende, nos acompaña en el sufrimiento y llora con nosotros.

Entramos en el dolor de la Semana Santa, quizá en un contexto más cercano que nunca al que vivieron Jesús, sus familiares y amigos. Ojalá mirando al Señor colgado en la Cruz recibamos la gracia de experimentar su amor y cercanía en los momentos de dolor y angustia que estamos viviendo a causa de esta pandemia.

Afortunadamente, a diferencia de Jesús, nuestros hermanos enfermos y agonizantes tienen la cercanía y el cariño del personal sanitario que, con un amor inmenso, los acompañan en los momentos de dolor y pasión. Nuevamente doy las gracias y oro por tantos «cireneos», tantas «Marías» y «Juanes» que acompañan a nuestros hermanos en el momento de la cruz.

La Semana Santa no acaba con la Cruz del Viernes Santo. Aguardamos con gran esperanza el Domingo de la Resurrección. La muerte y el sufrimiento injustos no tienen la última palabra. Una vida vivida desde el amor no puede morir. Gracias, Dios Misericordioso, por hacernos este regalo.

Queridos hermanos y hermanas, dejemos que en la debilidad de nuestras lágrimas y en la vulnerabilidad de nuestras vidas, se manifieste la fortaleza de Cristo en nosotros.

 

† Card. Juan José Omella. Arzobispo de Barcelona  

 

Empresarios católicos hacen un llamamiento a mantener el mayor número de empleos posibles

Ante la crisis del coronavirus, piden a las Administraciones Públicas crear las mejores condiciones para las empresas

Luis Hernando de Larramendi, presidente de ASE.

La Asociación de empresarios y directivos católicos integrados en ASE-Acción Social Empresarial ha hecho un llamamiento a través de un comunicado en el que pide a las Administraciones Públicas crear las mejores condiciones para las empresas.

Así mismo, piden a los empresarios "mantener la esperanza" y guiarse por la "Doctrina Social de la Iglesia" en esta "hora de desolación y prueba" por la crisis del coronavirus.  

En su comunicado, instan a las Administraciones a crear "las mejores condiciones y clima para que las empresas y los empresarios, una vez superada la crisis sanitaria, puedan operar con todo su potencial, en libertad y con responsabilidad", para que las empresas "puedan sobrevivir al parón económico". 

Sobreponerse a la crisis económica 

ASE considera que junto a la ayuda de las Administraciones, el esfuerzo de empresarios y directivos va a ser decisivo. Recae sobre ellos "una enorme responsabilidad" y una vez superada la crisis sanitaria, deberán contribuir de "forma decisiva a que España pueda sobreponerse a la crisis económica lo antes posible; permitiendo que todos, especialmente los más pobres y marginados, sientan que llega un aire de esperanza".

Pero no solo es necesario el esfuerzo de los empresarios porque para que crezca la economía, es necesario "generar puestos de trabajo" para que se produzca una "recuperación de ingresos fiscales" que permitan acometer programas sociales que difícilmente puede llevar a cabo el Gobierno incrementando solo "la deuda pública hasta niveles insostenibles". 

Mantener las empresas 

Ante la crisis del coronavirus, animan a "todos los empresarios y directivos a mantener la esperanza y a inspirarse en los principios de la Doctrina Social de la Iglesia para realizar su labor desde la mayor solidaridad y siempre buscando el servicio al bien común". En este sentido, piden que se mantengan activas sus empresas "con el mayor número de empleos posible sin que ello comprometa la viabilidad de la propia empresa".

Los empresarios y directivos católicos integrados en ASE-Acción Social Empresarial,  se solidarizan con "tantos y tantos enfermos, y de sus familias y amigos, por la difícil situación que atraviesan y por la pérdida de sus seres queridos", así como elogian los esfuerzos de la sanidad, fuerzas del orden y empresas relacionadas con el transporte y la alimentación.

"Rezamos -y os exhortamos a todos a hacerlo igualmente- por las víctimas de la pandemia y sus familias, por el eterno descanso de los fallecidos, para que la Providencia disponga que cuanto antes termine esta plaga mortal, y para que se mantenga en todos viva la esperanza, dándonos fuerzas para que vuelva a florecer pronto una sociedad más próspera y solidaria", concluyen. 

 

 

El COVID-19 tiene orígenes naturales

El novedoso coronavirus SARS-CoV-2 que surgió en la ciudad de Wuhan (China) en diciembre de 2019 y que ha causado la pandemia de COVID-19, que se ha extendido a 170 países y regiones, es producto de la evolución natural. Así se desprende de un estudio internacional realizado por científicos de los Estados Unidos, Reino Unido y Australia y que acaba de ser publicado en Nature Medicine. El análisis de los datos públicos de la secuencia del genoma del SARS-CoV-2 y los virus relacionados no hallaron evidencia de que el virus se haya producido en un laboratorio o haya sido diseñado de otro modo.

Poco después de que comenzara la epidemia, los científicos chinos secuenciaron el genoma del SARS-CoV-2 y pusieron los datos a disposición de los investigadores de todo el mundo. Los datos de la secuencia mostraron que el número de casos de COVID-19 aumentó debido a la transmisión de humano a humano después de una sola introducción en la población humana. Luego, los científicos analizaron la plantilla genética para las proteínas espiga, estructuras externas al virus que utiliza para atrapar y penetrar las paredes externas de las células humanas y animales.

Examinaron las dos características importantes de la proteína espiga, el dominio de unión al receptor (RBD), una especie de gancho de agarre que se adhiere a las células del huésped, y el sitio de escisión, un abridor de latas moleculares que permite que el virus se abra y entre al huésped células. Los científicos descubrieron que la porción RBD de las proteínas de la punta del SARS-CoV-2 evolucionó para atacar efectivamente una característica molecular en el exterior de las células humanas llamada ACE2, un receptor involucrado en la regulación de la presión arterial.

La proteína del pico SARS-CoV-2 fue tan efectiva en la unión de las células humanas, de hecho, que los científicos concluyeron que era el resultado de la selección natural y no el producto de la ingeniería genética. Los coronavirus son una gran familia de virus que pueden causar enfermedades que varían ampliamente en severidad. La primera enfermedad grave conocida causada por un coronavirus surgió con la epidemia del Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SRAS) de 2003 en China. Un segundo brote de enfermedad grave comenzó en 2012 en Arabia Saudita con el Síndrome Respiratorio del Medio Oriente (MERS).

JDM

 

¿Por qué tenéis miedo?

¿Recuerdan? La ceremonia penitencial presidida por el papa Francisco en el Vaticano ha sido impresionante y la hemos vivido como una llamada de Dios. La presencia del Cristo imponente del siglo XVI chorreando sangre y agua así como la mirada maternal de la Virgen ‘Salus populi romani’ acogen la oración de los creyentes ante Jesús Eucaristía.

La soledad de la Plaza de San Pedro no estaba vacía pues millones de miradas se empapaban con la lluvia fecunda de la contrición.

El Papa Francisco seguía como hilo conductor el evangelio de la barca a punto de naufragar en medio de la tempestad mientras los hombres se ven impotentes para frenar el acontecimiento: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe? El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos, solos, nos hundimos. Necesitamos al Señor como los antiguos marineros las estrellas.

Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza. Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere».

Jaume Catalán Díaz

 

 “Cada gesto cuenta”

La gravedad de la pandemia del coronavirus tiene uno de sus rostros más evidentes en una crisis social que ya está causando pobreza y precariedad. Ya en la Semana Santa, la Iglesia católica en España invita a unos días de profunda y efectiva fraternidad. El Jueves Santo, Día del Amor fraterno, lo celebraremos en nuestras casas: una vela encendida y la oración por los fallecidos, los enfermos y sus familias, es el signo común de cercanía que la Iglesia invita a realizar durante la cena del Jueves Santo.

Esa sencilla vela encendida recuerda la unión en una comunidad fraterna, al tiempo que es un signo de esperanza hacia la Pascua. Nuestra fe nos impulsa a asumir compromisos para paliar el impacto socioeconómico que la pandemia está causando ya en muchas familias. Y es que “la Caridad no cierra”, como demuestran las 70 Cáritas Diocesanas que llevan tres semanas movilizadas para sostener y acompañar a los más necesitados. Ahora Cáritas, con el apoyo de la CEE, nos invita a participar en su campaña de emergencia bajo el lema “Cada gesto cuenta”, para responder a las necesidades más urgentes de las personas en situación más vulnerable.

Enric Barrull Casals

 

 

El problema de los refugiados

Hace justo un mes era un problema mundial que ocupaba todos los medios, que yo sepa no se ha solucionado, pero hoy, un mes después, no se habla. En la frontera de Grecia con Turquía aguardan 15.000 personas, leía entonces. Son refugiados. Turquía, después de participar activamente en la Guerra de Siria y provocar el exilio forzoso de miles de personas, les usa para presionar a la Unión Europea. Grecia, por su parte, les cierra las puertas y no duda en agredirles físicamente para evitar que crucen la frontera.

La situación ha provocado la convocatoria de una cumbre europea. A Turquía se le pide que frene a los refugiados según está establecido en el acuerdo con la Unión. Grecia, por su parte, está obligada a cumplir con las normas internacionales en materia de asilo y refugio. El derecho a controlar las fronteras no puede justificar el uso de medidas desproporcionadas. Estas cuestiones fueron abordadas de urgencia en la reunión entre los Ministros de Interior y Justicia de la Unión Europea porque la “cuestión griega” vuelve a poner sobre la mesa con carácter de urgencia un tema no resuelto sobre el que no caben grandes soluciones, sino medidas siempre parciales. ¿Se está solucionando?

Jesús Martínez Madrid

 

 

Una alianza educativa

Para hacer frente a los retos de este momento, Francisco propone una alianza educativa entre todos los habitantes de nuestra “casa común”, que suscite paz, justicia y acogida entre todos los pueblos, así como el necesario diálogo entre religiones. Es un proyecto ambicioso y de largo alcance, para cuyo éxito se requerirá la implicación leal de numerosos actores gubernamentales y de la sociedad civil. El gobierno español ya ha manifestado su voluntad de participar en este Pacto, algo que debería venir acompañado de un ejercicio de responsabilidad en su propia casa, propiciando un gran acuerdo nacional sobre la educación en España. Por desgracia, el nuevo proyecto de ley nace sin diálogo y con el lastre de la imposición ideológica. Una contradicción más del Ejecutivo de Sánchez.

JD Mez Madrid

 

De jueces, políticos, tiranos y el desempleo atroz

 

De vergüenza ajena lo del magistrado Antonio Seoane. Desde su casa, protegido con mascarilla, con respirador a sus disposición si le sube la fiebre y tres semanas después de los juzgados madrileños suspendieran su actividad, por temor a que alguno de los trabajan en ellos se contagiara de ‘peste china‘, el titular del Juzgado de lo Social número 34 de Madrid, carga contra la Policía Nacional por exigir medios para seguir ayudando a los españoles, pero algo protegidos contra el coronavirus. (Periodista Digital 01-04-2020)

            “Hay oficios que no son profesiones puesto que deben ser “vocaciones” y entre ellas destaca LA DE JUEZ, por cuanto es y representa (o debe serlo, sino mejor haberse dedicado a la cría del cerdo, o el mejillón, por ejemplo) y de ahí la terrible sentencia de la sabiduría popular que afirma… “La mayor pobreza y miseria es, la del juez que vende o alquila su toga”; por todo ello el que se atreve a ejercer en estos hermosos pero peligrosos terrenos, han de cuidarse mucho no sólo de lo que dicen, sino lo que es mucho peor, lo que hacen basados en unos soportes que no merecen en absoluto.

 

“EL TOTAL DE DESEMPLEADOS EN ESPAÑA SE SITÚA YA EN 3.548.312 PERSONAS Y SUBE ACELERADAMENTE: Batacazo histórico de la economía española: casi un millón de afiliados menos y 300.000 parados más: La catástrofe impulsada por el coronavirus y el confinamiento, nos pilla con el Gobierno más inepto de la Historia”. (Periodista Digital 02-04-2020)

Esto es sólo el principio: Ya escribí y mantengo, que, “el remedio sería peor a la enfermedad del virus chino”; puesto que la parálisis social seguirá aumentando, ya que ello, es consecuencia directa de haber paralizado la marcha humana metiéndonos a todos en “una inmensa cárcel”, donde además, no se nos garantiza (no se puede) ni la manutención de tantos presos “sin delito”. Que sí, que sí, que “el virus va a matar mucha gente”, pero igualmente mata la carretera, el alcohol, el tabaco, las otras drogas, e incluso los suicidios y muchos otros excesos del “mono humano”; por tanto, esta paralización, “a palo limpio”, va a tener unas consecuencias que ya lo dirá la historia. Ya veremos si nos dejan salir a partir de mediados de mes… “o sigue la condena”.

 

SOBRE SUELDOS, DIETAS, SINECURAS Y DEMÁS REGALÍAS:

Son muchos los que se preguntan por qué  los políticos no se bajan el sueldo en pleno estado de Alarma por la pandemia del COVID-19.  Pero el 1 de abril de 2020. Joaquín Pat, en ‘Cuatro al día’, se enfadó al descubrir que los políticos siguen cobrando dietas y desplazamientos mientras  que el país sufre una de las peores crisis sanitarias y económicas de su historia. (Periodista Digital 02-04-2020)

            Ya lo dice el sabio dicho de nuestro riquísimo idioma Español… “Una cosa es predicar y otra muy distinta el repartir el trigo”; y como los políticos en general son “de panza y bolsillo”; y el bolsillo lo llevan con cremallera; pues lo normal es que lo abran para recibir, pero nunca para dar; y como ellos son los que ordenan y mandan… ¿Van a legislar de forma de suprimir tan ricos, abundantes y generosos ingresos, todos procedentes del sufrido y ya apaleado contribuyente? ¡¡Vamos anda y que lo hagan los “hotentotes”!! Que dicho sea de paso, vivían sin políticos.

 

LOS GOBIERNOS Y SUS MIEDOS Y CONTROLES: Cualquier gobierno y desde tiempos remotos, lo que trata es de entretener a sus gobernados y que no piensen en la realidad en que viven y menos, en el expolio a que son sometidos; por ello "el pan y circo de la república y luego imperio romano"; y en el hoy, la drogadicción con el mal llamado "deporte" y todas las demás cosas y basuras que nos colocan, los "desinformativos afines al gobierno"; o sea y concretando, lo que dijo y quedó escrito el siglo pasado. "EL MUNDO ESTÁ GOBERNADO POR LA MENTIRA", (FRANÇOIS REVEL) y a lo que yo añado, "el miedo al individuo que piensa y que no quiere ser masificado", es considerado por el gobernante como peligroso y al que hay que eliminar.

 

Abusos y tiranías en gran parte del actual mundo: El mundo ha retrocedido a los tiempos medievales de los "señores de horca y cuchillo", que como tales, hacen en sus feudos, lo que les da la gana, ya que son "dueños de vidas y haciendas"; y como ello se ha extendido tanto y a tantos, unos se tapan a los otros y esto no tiene solución, puesto que el siervo (que no pueblo) está sujeto al capricho de los nuevos señores feudales; todo lo demás es mentira. “La mierda tapa a la mierda y así todo latrocinio, robo o abusos mil, son tapados y consentidos por todos los que dicen gobernar esta ya mierda de mundo”, que nos dicen ha progresado; pero ¿en qué?

 

            FILIPINAS: Anoche mismo y en los informativos televisivos, sale el “tirano que hoy maneja a los filipinos”; y ordena a “sus policías y ejército”, que al que se resista a cumplir las órdenes de reclusión por la epidemia del virus chino, que simplemente, les disparen y lo maten. Ya este mismo energúmeno, creo recordar que ordenó lo mismo sobre los drogadictos; por lo que seguro que se cree, “el dios supremo y dueño de vidas y haciendas de todos sus siervos”. Ahora y como antes, “los que manejan el mundo, simplemente callan y dejan hacer al tirano y resto de otros tiranos que hay”. Amén.

 

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)